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ESTILOS DE VIDA Y SALUD PERCIBIDA EN ESTUDIANTES DE UN PROGRAMA DE ODONTOLOGÍA DE UNA

ESTILOS DE VIDA Y SALUD PERCIBIDA EN ESTUDIANTES DE UN PROGRAMA DE ODONTOLOGÍA DE UNA UNIVERSIDAD DE SANTIAGO DE CALI

PS. ANGELICA MARÍA GONZALEZ CEBALLOS FLGA. JENNIFER PALACIOS LENIS

PONTIFICIA UNIVERSIDAD JAVERIANA

FACULTAD DE HUMANIDADES Y CIENCIAS SOCIALES

MAESTRÍA EN PSICOLOGÍA DE LA SALUD

SANTIAGO DE CALI, FEBRERO 3 DE 2017

ESTILOS DE VIDA Y SALUD PERCIBIDA EN ESTUDIANTES DE UN PROGRAMA DE ODONTOLOGÍA DE UNA UNIVERSIDAD DE SANTIAGO DE CALI

PS. ANGELICA MARÍA GONZALEZ CEBALLOS

FLGA. JENNIFER PALACIOS LENIS

DIRECTOR: FABIÁN BRAVO REYES

PONTIFICIA UNIVERSIDAD JAVERIANA

FACULTAD DE HUMANIDADES Y CIENCIAS SOCIALES

MAESTRÍA EN PSICOLOGÍA DE LA SALUD

SANTIAGO DE CALI, FEBRERO 3 DE 2017

la

Resolución No. 13 del 6 de

del

Reglamento de la Pontificia Universidad Javeriana.

Julio

ARTICULO

23

de

de

1946,

“La Universidad no se hace

los

conceptos emitidos por sus alumnos en sus trabajos de Tesis. Solo velará porque no

responsable

por

se publique nada contrario al dogma y la moral católica y

porque

las

Tesis

no

contengan

ataques

 

o

polémicas

puramente

personales;

antes

bien,

se

vea

en

ellas el

anhelo de

buscar la

Verdad

y

la

Justicia”.

Contenido

1. INTRODUCCIÓN

1

2. MÉTODO

32

Diseño de la investigación

32

Participantes

33

Criterios de inclusión

33

Criterios de exclusión

33

Instrumentos

33

Procedimiento

35

Consideraciones éticas

36

3. RESULTADOS

38

4. DISCUSIÓN

59

5. REFERENCIAS

69

ANEXOS

79

LISTA DE TABLAS

Tabla 1 Características sociodemográficas

38

Tabla 2 Características familiares

39

Tabla 3 Características educativas

40

Tabla 4 Puntuaciones posibles de cada dimensión

40

Tabla 5 Actividad física

41

Tabla 6 Tiempo de ocio

42

Tabla

7

Alimentación

43

Tabla 8 Consumo de alcohol, cigarrillo y drogas ilegales

44

Tabla

9

Sueño

45

Tabla

10

Afrontamiento

46

Tabla 11 Estilos de vida por sexo

47

Tabla 12 Salud Percibida

48

Tabla 13 Salud percibida por sexo

48

Tabla 14 Dimensión actividad física y salud física y mental percibida

49

Tabla 15 Dimensión tiempo de ocio y salud física y mental

50

Tabla 16 Dimensión Alimentación y salud física y mental percibida

51

Tabla 17 Dimensión consumo de alcohol, cigarrillo y drogas ilegales y salud física y mental

52

Tabla 18 Dimensión sueño y salud física y mental percibida

53

Tabla 19 Dimensión Afrontamiento y salud física y mental

54

Tabla 20 Prueba de Pearson para estilos de vida y salud física percibida

55

Tabla 21 Prueba de Pearson para estilos de vida y salud mental percibida

57

Tabla 22 Prueba de Pearson para estilos de vida y salud percibida

58

LISTA DE ANEXOS

Anexo 1. Cuestionario de estilos de vida en jóvenes universitarios (CEVJU R-2)

Anexo 2. Cuestionario SF-36v2

Anexo 3. Consentimiento informado estudiantes

Anexo 4. Carta entrega de resultados

RESUMEN

Objetivo: Relacionar los estilos de vida de los estudiantes de odontología en las dimensiones de alimentación, actividad física, sueño, consumo de alcohol, cigarrillo y drogas ilegales, tiempo de ocio y afrontamiento con el autoreporte de salud física, salud mental y las sub-escalas que las componen. Metodología: Investigación concebida desde el enfoque cuantitativo, con un diseño no experimental transeccional correlacional, realizada con 313 estudiantes de odontología de una universidad de Santiago de Cali, en la cual se aplican los cuestionarios de estilos de vida en jóvenes universitarios CEVJU-R2 y salud percibida SF-36v2. El análisis de la información se realizó a través del programa estadístico SPSS versión 23 con análisis descriptivos e inferenciales. Resultados: Las prácticas más saludables de los jóvenes universitarios se encuentran en las dimensiones de consumo de alcohol, cigarrillo y drogas ilegales, seguido por afrontamiento y tiempo de ocio a diferencia de las dimensiones alimentación, actividad física y sueño. Con respecto al autoreporte de salud física y mental los jóvenes expresan una buena percepción especialmente de su salud física y para ambos componentes los hombres tienen una percepción más favorables de su salud a diferencia de las mujeres. Al momento de relacionar los estilos de vida y la salud percibida, se encuentra que estas variables correlacionan débilmente Conclusiones: Este estudio revela que los estudiantes presentan prácticas saludables en tres de las seis dimensiones de los estilos de vida y además sugiere que las prácticas de los estilos de vida que tienen los jóvenes universitarios no predicen la percepción que tienen con respecto a su salud, es decir, la percepción de salud es independiente del estilo de vida.

Palabras clave: universitarios, odontología, estilos de vida, salud percibida.

1

1. Introducción Los estilos de vida de los jóvenes universitarios se constituyen en uno de los

principales determinantes de su estado de salud, teniendo en cuenta que los patrones de

comportamiento que se asumen en esta etapa de la vida tienden a consolidarse y mantenerse

durante la vida adulta. Dos aspectos a tener en cuenta en esta población, corresponden a la

percepción que tienen de su salud y prácticas que pueden llegar a estar influenciadas en el

contexto universitario, convirtiéndose éste en un espacio que predispone hábitos poco

saludables que pueden llegar a desencadenar lo que se conoce como enfermedades crónicas

no transmisibles (ECNT), considerando que la universidad es un espacio de transición que

se ve influenciado por modificaciones en los hábitos, resultado de cambios en los horarios,

lugar de residencia, disminución del tiempo libre y la exigencia que demandan las tareas

académicas y asistencia a clases, además de la gran influencia social por parte de los pares

(Martínez, 2009).

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2013), a nivel mundial el 63%

de las muertes anuales son causadas por las ECNT, dentro de las cuales se encuentran las

enfermedades cardiovasculares, respiratorias, diabetes y cáncer que comparten factores de

riesgo directamente relacionados con los estilos de vida especialmente con el consumo de

cigarrillo y alcohol, la inactividad física y la alimentación poco saludable.

De acuerdo a los datos registrados en el tercer informe realizado por el Instituto

Nacional de Salud (INS) y el Observatorio Nacional de Salud (ONS) de Colombia, en el

periodo 2009-2011 las principales causas de muerte evitable corresponden a: agresión con

arma

de

fuego,

seguida

de

la

cardiopatía

isquémica,

accidente

cerebrovascular

hemorrágico, enfermedad pulmonar obstructiva crónica, agresión con objeto afilado,

diabetes mellitus, cáncer de tráquea, bronquios y pulmón, entre otras. Dentro de esta

jerarquía se entiende por muerte evitable aquellos fallecimientos que se pudieron prevenir

2

haciendo uso de los conocimientos y tecnologías médicas que están disponibles en la

actualidad. Estos datos muestran que mientras en el mundo la principal causa de muerte es

una ECNT, en Colombia estas son precedidas por los efectos de la violencia (INS, 2014).

Dentro de las principales causas de ECNT, se encuentran la alimentación no

saludable, el sedentarismo y el uso de sustancias psicoactivas. En cuanto al primer factor

las evidencias destacan la relación existente entre la mala nutrición y la enfermedad

coronaria (Ministerio de la Protección Social, 2010). El sedentarismo es otro importante

factor de riesgo que conduce a elevadas tasas de mortalidad y desenlace de ECNT como

diabetes, obesidad, hipertensión, entre otras, siendo el 60% de la población adulta en el

mundo la que no realiza actividad física, únicamente el 14,1% de la población colombiana

cumple con el mínimo de actividad física recomendada. Con respecto al consumo nocivo de

cigarrillo, alcohol y otras sustancias, se estima que el fumar causa cerca del 10% de las

enfermedades cardiovasculares en población mundial, (Ramírez, Rodríguez y Martínez,

2013). Adicionalmente se conoce la relación entre el consumo de alcohol y enfermedades

como la cirrosis hepática, algunos tipos de cáncer, enfermedades cardiovasculares y

trastorno mental (OMS, 2015a).

Como se ha mencionado las ECNT comparten como factores de riesgo los hábitos

y estilos de vida que se consolidan en las primeras etapas del ciclo vital, dentro de ellas la

adolescencia (Rodríguez, Ríos, Lozano y Álvarez, 2009) y la adultez temprana, razón por la

cual los universitarios constituyen una población de especial interés. La mayoría de la

población universitaria se encuentra en la adolescencia tardía y adultez joven, etapas de

transición en las que se asumen nuevas responsabilidades personales y académicas de

impacto notable en los estilos de vida y subsecuentemente en el desarrollo físico y

psicosocial. Por esta razón, la universidad constituye un contexto muy apropiado para

3

promover cambios que favorezcan la salud

y así disminuir el número de muertes

prematuras relacionadas con el comportamiento del individuo.

Los estilos de vida se definen como una forma general de vida que considera la

interacción entre las condiciones en el vivir y los patrones individuales de conducta

influenciados por aspectos socioculturales y características personales. En lo que respecta a

los estilos de vida saludables estas condiciones de vida hacen principalmente alusión a las

prácticas de alimentación, sueño, consumo de sustancias tóxicas, actividad física

y

sexualidad

que

se

construyen

inicialmente

en

el

contexto

familiar,

influenciado

posteriormente por otros contextos como es el académico, deportivo y social (OMS, 1986).

Además de otras conductas de salud como autocuidado e higiene, medidas de seguridad,

seguimiento de recomendaciones médicas (Salazar-Torres, Varela-Arévalo, Lema-Soto,

Tamayo-Cardona y Duarte-Alarcon, 2010).

Al estudiar la población universitaria es importante considerar la subjetividad que

corresponde a la forma como perciben su estado actual de salud incluyendo aspectos físicos

y psíquicos que condicionan su bienestar o malestar y el estilo de vida, entendiéndose esta

como salud percibida (Schwartzmann, 2003). Es por esto, que los estilos de vida y la salud

percibida se convierte en un tema de interés donde la objetividad de los estilos de vida son

determinantes en la salud y bienestar, pero existe el desconocimiento de la autopercepción

que tienen sobre su salud, dejando de lado aspectos generacionales, imaginarios populares y

singularidades que pueden estar incidiendo tácitamente.

Existen pocos estudios (Arrivillaga, Salazar y Correa, 2003; Arrivillaga y Salazar,

2005; Becerra, 2016; Borquez, 2011; Huntsinger y Luecken, 2004; Lema, et al., 2009;

Salazar y Arrivillaga 2004;) que establecen la relación entre estos dos conceptos que

configuran la salud de los estudiantes universitarios convirtiéndose en el requisito para su

caracterización y por tanto el diseño de programas de promoción de la salud y prevención

4

de la enfermedad en dicho contexto. Sin embargo, en un estudio se encontró que los niveles

de salud percibida en la población latinoamericana en el contexto universitario es positiva,

aunque las estadísticas revelan índices altos en consumo de tabaco y alcohol, alteraciones

del sueño y sedentarismo, entre otros (Chau y Saravia, 2014).

La etapa del ciclo vital considerada como adultez emergente corresponde al periodo

que transcurre entre el final de la adolescencia y los años intermedio o finales de la tercera

década de la vida, es decir, entre los 18 y 30 años (Arnett, 2000). Los jóvenes que se

encuentran en el contexto universitario se enfrentan a un proceso de transición y por tanto a

una etapa vulnerable para desarrollar costumbres y hábitos de riesgo que afectan el proceso

de salud-enfermedad, aunque es una población en general sana, teniendo en cuenta que las

enfermedades aparecen con mayor frecuencia e intensidad en edades posteriores (Intra,

Roales-Nieto y Moreno-San Pedro, 2011).

Dentro de este marco, se hace necesario que las instituciones de integración social

como son las universidades, se comprometan a promocionar la salud a través de diferentes

estrategias. Actualmente, la mayoría de las universidades en el mundo le han hecho una

apuesta a convertirse en entornos promotores de salud a través de los programas de

“Universidad saludable” que promueve la OMS, el cual tiene como objetivo el desarrollo

humano, la modificación del contexto universitario mediante estrategias que permitan

mejorar la calidad de vida de quienes allí pasan la mayor parte de su tiempo, generando una

cultura de autocuidado que propenda por el bienestar de los demás y del medio ambiente en

el ejercicio de la responsabilidad social con respecto a la salud de una comunidad (Lange y

Vio, 2006; OMS, 2015b).

De esta manera, el interés por la salud ha sido una constante en la historia de la

humanidad, observándose varios eventos y documentos como antesala a lo que actualmente

se denomina “universidad saludable” (Becerra, 2013). Desde Septiembre de 1978 en la

5

Unión Soviética con la Declaración de Alma Ata, se reconoce la necesidad de generar una

gran alianza y establecer una estrategia que permitiera mejorar el estado de salud con una

gran meta “salud para todos en el año 2000”, haciéndose énfasis en las condiciones

sanitarias y sociales necesarias para que las personas pudieran gozar de un completo

bienestar físico, psicológico y social, lo cual podría conseguirse a través de la atención

primaria en salud (De Alma Ata, 1978). En coherencia con esta primera declaración, ocho

años después la carta de Ottawa en Canadá, que suscribe el concepto de promoción de la

salud en la cual se presentan enfoques, estrategias y proposiciones fundamentales en el

progreso del concepto, específicamente centra su atención en cinco estrategias enfocadas a

la modificación de condiciones que determinan la salud, entre ellas la elaboración de una

política pública sana, creación de ambientes favorables, reforzamiento de la acción

comunitaria, desarrollo de las aptitudes personales y una reorientación de los servicios

sanitarios (Carta de Ottawa, 1986).

Uno de los elementos constitutivos del programa de universidad saludable está

relacionado con los estilos de vida que tienen los jóvenes universitarios. Estos jóvenes

inician una nueva etapa enfrentándose a grandes procesos de transformación donde

cambian las dinámicas de las relaciones sociales, inician la construcción de nuevas

relaciones

en

el

ámbito

universitario

que

les

exige

adaptación

al

contexto

social,

organizativo y educativo siguiendo una serie de normas algunas implícitas y otras explícitas

que requieren conocer para facilitar su proceso de adaptación (Figuera, Dorio y Forner,

2003).

Adicionalmente,

esta

transición

estará

permeada

por

actitudes,

creencias

y

comportamientos que influyen en el estilo de vida y se verá reflejado en la disposición para

asumir conductas saludables o no.

En el contexto internacional en el año 2003, surge el movimiento que plantea que

las universidades deben promover ambientes físicos, psíquicos y sociales que mejoren la

6

calidad de vida de la comunidad (Lange y Vio, 2006). Por su parte, en Colombia en el año

2010 se crea la Red Colombiana de Universidades Promotoras de Salud (REDCUPS) en la

cual diferentes instituciones de educación superior se integran para el mejoramiento de

salud en las comunidades educativas. En este sentido, dentro del plan decenal de salud

pública 2012-2021 una de sus dimensiones prioritarias se plantea en términos de “vida

saludable y condiciones no transmisibles” la cual propone desarrollar e implementar una

agenda transectorial que propicie entornos cotidianos que favorezcan una vida saludable

(Ministerio de Salud y Protección Social, 2013). A nivel local la secretaria de Salud Pública

Municipal de Cali retoma el plan decenal de salud en la Dimensión Vida Saludable y

Condiciones

no

Transmisibles

a

través

de

la

Línea

Estilos

de

Vida

Saludable

desarrollando acciones de promoción de modos, condiciones y estilos de vida saludable con

el fin de contribuir a la prevención y el control de las enfermedades no transmisibles siendo

uno de los ámbitos de intervención las universidades públicas y privadas a través de

estrategias operativas como conoce tu riesgo y peso saludable, espacios libres de humo,

proyectos pedagógicos de promoción de estilos de vida saludable y la red colombiana de

universidades promotoras de salud (Alcaldía de Santiago de Cali, 2017).

Conjuntamente a las medidas objetivas de los comportamientos en salud de los

universitarios, es importante también conocer la percepción que estos tienen de su estado de

salud física y emocional donde la persona puede percibirse como “saludable” y no

necesariamente corresponder a su realidad, por el contrario objetivamente estar sano y no

percibirlo de esta manera (Ardila, 2003).

Teniendo en cuenta lo anterior, surgió como objetivo general de esta investigación

analizar si existe relación entre los estilos de vida y la salud percibida en estudiantes de

odontología de una universidad de la ciudad de Santiago de Cali. Con los resultados, se

realizó un aporte a la psicología de la salud amplía elementos relacionados con el concepto

7

de salud de la población universitaria fortaleciendo los aspectos necesarios para la

implementación de programas de promoción de la salud y prevención de la enfermedad en

la institución. Además, se apoyará en el sustento teórico a instituciones educativas y

universidades en posibles investigaciones que surjan con respecto a ésta población, no sólo

beneficiando los programas que se quieran desarrollar sino también actualizará ésta

temática que es tan poco estudiada, principalmente en el contexto colombiano. Enriquecerá

también aquellos programas de universidad saludable permitiendo contemplar los estilos de

vida de los estudiantes, e incluirá la salud percibida como aspecto subjetivo importante en

esta población.

Para el desarrollo de esta investigación, se precisaron los conceptos teóricos

relacionados con los estilos de vida en jóvenes universitarios y la salud percibida.

Complementando la definición de estilos de vida abordado con anterioridad, se conoce que

los estilos de vida saludable son considerados comportamientos individuales que una

persona asume a partir de un repertorio de factores internos relacionados con su biología,

genética, rasgos de personalidad y procesos de aprendizaje, acompañado de factores

externos como puede llegar a ser la cultura, los procesos de escolarización y en general el

contexto social en el que se desenvuelve la persona teniendo como efecto la incidencia

favorable o desfavorable en la salud (Arguello, et al., 2009).

En este sentido, existen teorías del cambio de comportamiento en salud que sirven

de recurso en el área de educación y promoción de la salud y prevención de la enfermedad,

entre ellas el modelo que se ajusta en el abordaje de los estilos de vida es el modelo

transteórico del comportamiento en salud, que explica el comportamiento de las personas a

través de cinco etapas. La primera etapa hace referencia a la precontemplación o momento

en el que las personas aún no manifiestan interés en la modificación de su comportamiento

en el lapso de seis meses, seguido por la contemplación en la cual la persona tiene una

8

intensión de cambio y realiza un intento en dicha modificación. La etapa siguiente, hace

alusión a la preparación en la que la persona toma la decisión de cambio y se compromete a

dar continuidad a la acción. Finalmente, se dan las etapas de mantenimiento y terminación,

donde es observable el cambio de las personas y logran aumentar en el tiempo su

autoconfianza para mantenerse en el cambio deseado (Prochaska y DiClemente, 1984).

Dentro de las variables más estudiadas que han demostrado un nivel significativo de

influencia en el estilo de vida saludable, se encuentra la alimentación, el nivel de actividad

física, el consumo de alcohol, cigarrillo y drogas ilegales, los comportamientos de

autocuidado, la calidad del sueño, la sexualidad, entre otras, que llegan a ser determinantes

para el inicio o mantenimiento de enfermedades no transmisibles, lo que significa que las

personas y sus sistemas de creencias, valores y conductas, especialmente estas últimas,

marcan un patrón de comportamiento que lleva como resultado un nivel de calidad de vida

y salud

correspondiente

a

los

hábitos

elegidos

(Salazar-Torres,

et

al.,

2010).

Adicionalmente, estas variables son las contempladas en el Cuestionario CVJU R-2 y

abordadas en la presente investigación a excepción de sexualidad. Cuestionario que

pretende conocer los diferentes aspectos de la vida de los jóvenes universitarios, diseñado

por el grupo de investigación de salud y calidad vida de la Pontificia Universidad Javeriana

Cali.

En el contexto universitario se evidencia que los estilos de vida de los jóvenes

intervienen directamente en el desarrollo físico, psíquico y social y, posteriormente, tienden

a preservarse en la edad adulta. Específicamente para esta población, se ha encontrado que

las actitudes, creencias, organización de prioridades, factor económico, contexto familiar y

social, medios de comunicación y accesibilidad son variables a tener en cuenta al momento

de caracterizar los estilos de vida saludable en esta población (García-Laguna, García-

Salamanca, Tapiero-Paipa y Ramos, 2012).

9

Ahora

bien,

las

dimensiones

del

estilo

de

vida

saludable

en

los

jóvenes

universitarios que serán descritas en esta revisión corresponden a la actividad física, la

alimentación, el consumo de alcohol, cigarrillo y drogas ilegales, el sueño, afrontamiento y

tiempo de ocio, estilos de vida que se encuentran relacionados específicamente con los

problemas de salud de esta población, entre los que se encuentran trastornos por consumo

de sustancias, trastornos de la conducta alimentaria, enfermedades crónicas y discapacidad

física (Organización de las Naciones Unidas [ONU], 2010), y posteriormente, la percepción

que los jóvenes tienen respecto a su salud física y emocional.

1.1 Actividad Física Para iniciar, la actividad física es una dimensión de los estilos de vida saludables

por

el

impacto

que

genera

en

la

salud

de

las

personas;

se

ha

identificado

como

motivaciones de los jóvenes para la práctica de ejercicio y actividad física, la percepción

favorable en el estado de salud, reconocimiento social por la apariencia física como

consecuencia de una práctica regular, ampliación del círculo social y liberación de energía

y tensiones (García-Laguna, et al., 2012).

Las recomendaciones mundiales de actividad física para la salud, contemplan como

conceptos fundamentales la frecuencia, duración, intensidad, tipo y cantidad total de

actividad física necesarias para favorecer la salud y prevenir las ECNT.

Para la población entre 18 y 64 años se ha considerado que deben acumular un

mínimo de 150 minutos semanales de actividad física aeróbica moderada o 75

minutos

de

actividad

física

aeróbica

vigorosa

cada

semana

o

realizar

una

combinación entre actividad moderada y vigorosa (OMS, 2010, p. 24).

Se entiende en este contexto la actividad física como aquellas que se llevan a cabo

durante un día cotidiano en el tiempo de desplazamientos, ocio, juegos, recreación,

ejercicio e incluso aquellas que se realizan como parte de la labor doméstica.

10

Dentro de los beneficios reconocidos que tiene la práctica regular de ejercicio físico

para los diferentes niveles del organismo encontramos que: a nivel cardiovascular existe

una disminución de las resistencias periféricas, la frecuencia cardiaca en condiciones

basales, la presión arterial en personas hipertensas; y genera neovascularización, aumento

del

gasto

cardiaco,

resistencia

a

la

hipoxia,

aumento

de

los

procesos

oxidativos,

estabilización eléctrica de las membranas protegiendo así de cardiopatías, hipertensión

arterial y muerte prematura (García-Laguna, et al., 2012).

A nivel metabólico, se encuentra como principales beneficios la disminución de los

niveles de triglicéridos y la mejora de los niveles de lipoproteína de alta densidad (HDL);

en personas con predisposición a la diabetes disminuye el riesgo de su evolución, mejora la

tolerancia a la glucosa y aumenta la sensibilidad a la insulina; se conoce igualmente que

reduce el riesgo de trombosis aguda y favorece la reducción de la grasa corporal. A nivel

pulmonar esta práctica saludable desarrolla más capacidad del consumo de oxígeno en la

persona lo que permite mejorar el funcionamiento respiratorio. A nivel musculoesquelético,

se reconocen múltiples beneficios, dentro de ellos activa el metabolismo del calcio y

fósforo en el hueso, existe más resistencia ósea, genera mayor posibilidad de amortiguación

del cartílago y favorece la fuerza tensil de ligamentos, además de un aumento en el número

y tamaño de mitocondrias (Ramírez-Hoffmann, 2002; García-Laguna, et al., 2012).

Estos beneficios, que representan una juventud biológica, se evidencian en la

medida en que diariamente el gasto calórico sea mínimo de 200 calorías que estarían

representados en un ejercicio aeróbico moderado de 30 minutos preferiblemente cinco días

por semana o de un ejercicio vigoroso de 20 minutos al día por lo menos tres días a la

semana conjuntamente con ejercicios de resistencia muscular, ejercicios de flexibilidad y de

coordinación motriz. Cabe mencionar que el tiempo invertido en la actividad física puede

11

distribuirse durante el día teniendo en cuenta que lo importante es el volumen de actividad

que es acumulativo (Ramírez-Hoffmann, 2002).

La actividad física como estilo de vida tiene beneficios a nivel psicológico y social,

facilitando una percepción de bienestar que se relaciona con una mejor autoestima,

autoconocimiento,

autoconcepto

que

repercute

en

un

desempeño

adecuado

en

las

actividades cotidianas laborales y/o académicas, además de promover las relaciones

interpersonales y el reconocimiento social (Gómez, Ruiz, García, Granero y Pieron, 2009).

Para la OMS (2009), el cuarto factor de riesgo de mortalidad mundial corresponde a

la inactividad física representado en el 6% de las defunciones, la hipertensión representa un

13%, el consumo de tabaco 9%, exceso de glucosa en sangre 6% y la obesidad 5%. Cada

vez más la inactividad física influye considerablemente en la salud general de la población

en el mundo, en concordancia con la prevalencia de las enfermedades no transmisibles

entre ellas el cáncer, la diabetes y las enfermedades cardiovasculares así como en sus

factores

de

riesgo,

respectivamente.

Se

el

sobrepeso,

estima

que

exceso

de

glucosa

la

inactividad

física

en

es

sangre

y

la

la

causa

hipertensión

principal

de

aproximadamente entre el 21% y 25% de los cánceres de mama y colon, 30% de las

cardiopatías isquémicas y 27% de la diabetes, representando casi la mitad de la carga

mundial total de morbilidad.

Según la Encuesta Nacional de la Situación Nutricional (Ministerio de Protección

social, 2010) entre los 18 y 64 años de edad el sobrepeso y la obesidad fue el principal

problema de malnutrición, mostrando una prevalencia general del 46%. Adicionalmente, en

este rango poblacional el 42.6% cumple con el mínimo de actividad física recomendada (30

minutos diarios por lo menos 5 días a la semana en tiempo libre).

La OMS (2015c), refiere que una de las principales causas del sobrepeso es el

descenso de la actividad física debido en gran parte por el tipo de trabajo más sedentario,

12

los

nuevos

modos

de

desplazamiento

y

la

creciente

urbanización,

desencadenando

enfermedades cardiovasculares como las cardiopatías y accidentes cerebrovasculares.

Concretamente, la baja actividad física en jóvenes universitarios puede estar

relacionado con el aumento de responsabilidades académicas, uso de nuevas tecnologías, el

ocio pasivo donde se destaca varias horas al día viendo televisión y transporte propio lo

cual genera una disminución en la necesidad de ejercicio físico diario (Arguello, et al.,

2009). En la etapa universitaria, el sedentarismo se asocia además con la influencia social

ejercida principalmente por su grupo de pares, los cuales pueden llegar a ejercer presión en

la toma de decisiones en cuanto a la práctica; además se asocia a factores como el consumo

de

sustancias

psicoactivas,

composición

corporal,

falta

de

elementos

deportivos,

accesibilidad, falta de seguridad en los espacios para la práctica del deporte, disponibilidad

de recursos económicos, actitudes, creencias, costumbres y/o percepción de la falta de

habilidad para la práctica del deporte (García-Laguna, et al., 2012).

Teniendo

en

cuenta

las

variables

de

interés

del

presente

estudio,

en

una

investigación realizada en 4 universidades de Colombia ( Cali, Tuluá, Bogotá, Manizales)

en el año 2011, se encontró la relación entre el sexo y la práctica del ejercicio, siendo los

hombres los que más practican algún deporte 59.1% en comparación con las mujeres

40.9%, con respecto a los recursos para hacer ejercicio, corresponde en un 59.8% al buen

estado de salud y el 57.1% por los aditamentos deportivos (Varela, Duarte, Salazar, Lema y

Tamayo, 2011).

En un estudio realizado en Chile, sobre el cambio conductual ante el control del

peso y la actividad física de 184 universitarios chilenos muestran que ante el ejercicio

físico, las mujeres se encontraban en etapa de contemplación, preparación a la acción y la

acción de iniciar la actividad física en comparación con los hombres que estaban en una

etapa previa correspondiente a la precontemplación de la idea de iniciar ejercicio físico

13

(39% mujeres y 13% hombres); cuando se observó cuál de las dos poblaciones se mantenía

más en la práctica regular del ejercicio se encontró que son los hombres quienes lideran

esta etapa (28% hombres y 12% mujeres) (López,2008). Es evidente que en relación a la

actividad física en universitarios, existe diferencia de género siendo los hombres quienes

registran un porcentaje más alto con respecto a las mujeres.

1.2 Alimentación Ahora se dará paso con la siguiente variable que influye en el estilo de vida de los

jóvenes universitarios, a saber, la alimentación. Esta es el proceso mediante el cual los seres

humanos consumen diferentes alimentos con el fin de obtener los nutrientes necesarios para

sobrevivir. Dichos nutrientes son transformados en energía que permite la realización de

diferentes actividades que implican un acto motor. Estos alimentos están clasificados en

diferentes grupos como carbohidratos, grasas, proteínas, vitaminas, minerales y fibras que

son consumidos en diferentes horarios, contemplando básicamente cinco momentos durante

el día: desayuno, almuerzo, cena y refrigerios.

Las investigaciones con respecto a la alimentación sugieren que el gasto calórico

debe ser equivalente a la ingesta de calorías. Además, indican que para evitar el aumento de

peso, las grasas no deberían superar el 30% de la ingesta calórica, lo que conlleva a evitar

el consumo de grasas saturadas y disminuir el consumo de las grasas tipo trans. El consumo

de azúcar debe ser igualmente limitado a menos del 10% de la ingesta calórica, con una

cantidad mínima de 5 gramos de sal disminuyendo así el riesgo de enfermedades

cerebrovasculares y prevención de la hipertensión. De esta manera, la alimentación

saludable es el resultado de la ingesta de frutas, verduras, legumbres, frutos secos y cereales

integrales. En cuanto a las porciones de estos alimentos, se ha considerado que diariamente

se consuma al menos 400 gramos de frutas y hortalizas. Cabe mencionar que esta

composición está determinada por factores psicosociales como la edad, sexo, estilos de

14

vida, alimentos disponibles y el contexto cultural en que se desenvuelve la persona (OMS,

2015d).

Teniendo en cuenta lo anterior, el consumo apropiado de frutas y verduras es

considerado un factor protector para las enfermedades que se han relacionado con los

estilos de vida entre ellos la enfermedad cardiovascular, el síndrome metabólico y la

hipertensión arterial. En un estudio realizado entre los años 2001 y 2008 con adultos

jóvenes ingleses se demostró la asociación inversa entre el consumo adecuado de frutas y

verduras (7 porciones al día) y la mortalidad por cáncer y enfermedad cardiovascular

Al relacionar la alimentación y la población universitaria intervienen variables

como el tiempo, el fácil acceso a comidas rápidas, precios económicos de estos alimentos

que puestos en un contexto de facilidad para el joven termina siendo su primera elección a

la hora de alimentarse (López, 2008); otra variable que influye es la presentación de los

alimentos en el buffet de la cafetería, donde se ha evidenciado que al presentar diversas

opciones de frutas y verduras aumenta el consumo de las mismas durante el almuerzo

(Kongsbak, et al., 2016; Lorenizini, Betancur-Anacona, Chel-Guerrero, Segura-Campos y

Castellanos-Rucias, 2015).

Según los estudios publicados en estudiantes universitarios del sector salud, quienes

tienen conocimientos con respecto a los hábitos saludables de alimentación, evidencian que

no modifican sus hábitos a pesar de tener información suficiente al respecto, donde los

resultados exponen la existencia de un desequilibrio en la dieta caracterizada por la ingesta

excesiva de lípidos y proteínas, por ejemplo las comidas rápidas, contemplando un déficit

en carbohidratos y micronutrientes (Rizo-Baeza, González-Bauer y Cortés, 2014).

En las investigaciones revisadas se evidencia divergencia respecto a la relación

entre género y la alimentación. Sánchez y Luna (2015), encontraron que las mujeres tienen

15

mejores prácticas de alimentación que los hombres y en un estudio realizado por López

(2008), no encontró relación significativa entre el género

y

las

etapas

del

cambio

conductual en lo que concierne a la ingesta de frutas y verduras. Este estudio es llevado a

cabo utilizando el Modelo Transteórico (MT) del cambio del comportamiento el cual

considera

cinco

etapas:

precontemplación,

contemplación,

preparación,

acción

y

mantenimiento por las cuales pasa una persona para llevar a cabo un comportamiento de

salud. Teniendo en cuenta lo anterior, son más las mujeres que se encuentran en la etapa de

preparación

a

la

acción,

los

hombres

con

estado

nutricional

normal

se

asocian

significativamente con las etapas de consideración de adoptar la conducta sin tener aún

ningún plan específico y la toma de decisión de adoptar el comportamiento deseado,

mientras

que

las

mujeres

se

encuentran

en

la

toma

de

decisión

de

comportamiento deseado y adoptar la conducta.

adoptar

el

En lo que respecta al control de peso, este mismo autor afirma que los hombres con

estado nutricional normal presentan patrones de conducta ligadas a la precontemplación y

contemplación, mientras que las mujeres se asocian a conductas de preparación a la acción,

encontrando

que

en

hombres

y

mujeres

con

obesidad

no

se

observó

diferencias

significativas respecto a las etapas de la conducta en la ingesta de frutas y verduras,

ejercicio físico y control del peso.

Un estudio realizado en Colombia con estudiantes de la Universidad Nacional

muestra que aproximadamente 3 de cada 4 estudiantes presentan un índice de Masa

Corporal (IMC) normal, considerando en su dieta el consumo de leche y derivados en un

70%, carnes diariamente en un 61%, huevos 2 a 3 veces por semana y la mitad de la

muestra refirió consumir jugos naturales y únicamente un 37% consume frutas enteras. La

ingesta de verduras es escasa en esta población y cerca del 10% consumía alimentos como

productos de paquetes, gaseosa, salsas y un 5% comidas rápidas. En el estado nutricional

16

son las mujeres las que presentan mejor nutrición con respecto a los hombres (Becerra-

Bulla y Vargas- Zarate, 2015).

1.3 Consumo de alcohol, cigarrillo y drogas ilegales Dentro de las variables que más se han estudiado como influyentes en el estilo de

vida de los jóvenes se encuentra el consumo de sustancias psicoactivas, el cual es

considerado un problema de salud pública que trasciende las fronteras del país. Al respecto

existen estimaciones del consumo en el grupo poblacional juvenil que más allá de

representar un problema social, económico y político, representa un problema para la salud

de quien consume estas sustancias de manera regular en el tiempo. Se ha descrito de

manera amplia las consecuencias que a nivel físico trae el consumo prolongado del

cigarrillo y alcohol, para sus sistemas respiratorio, cardiaco, digestivo con desenlaces de

enfermedades crónicas, además de posibles predisposiciones para la ansiedad y depresión

(Daniulaityte, et.al., 2010).

En América Latina, en promedio el consumo de alcohol es más elevado que en el

resto del mundo. Los episodios de consumo excesivo de alcohol, entiéndase como la

ingesta de 5 bebidas alcohólicas estándar o más de alcohol puro por lo menos una vez en

los últimos treinta días, han aumentado en los últimos cinco años de 17,9% a 29,4% en los

hombres y 4,6% a 13% en las mujeres (Organización Panamericana de la salud, 2015).

En el contexto Colombiano según El Ministerio de Salud y la Protección Social

(2016), la antigua Dirección Nacional de Estupefacientes y la Oficina de las Naciones

Unidas contra la Droga y el Delito en Colombia (UNODC) el 44,84% del total de la

población consume alcohol y el 35% consume tabaco. Específicamente en los jóvenes

universitarios Colombianos el 20% registra consumir alcohol por lo menos una vez a la

semana, 13% fumar por lo menos una vez al día y el 4% consume drogas ilegales como

marihuana,

cocaína,

éxtasis,

heroína,

popper

y

otros

alucinógenos.

Las

principales

17

motivaciones para el consumo de alcohol y cigarrillo están sentirse mejor, disminuir la

tensión y estrés siendo común en los contextos físicos en los que participa; los motivos para

el consumo de drogas ilegales corresponde a olvidar los problemas, sentirse mejor y

experimentar otras sensaciones, sin embargo, se ha encontrado también que empiezan a

reemplazar sus actividades de estudio, trabajo o encuentro con amigos para consumir

alguna de las sustancias psicoactivas siendo más frecuente en hombres que en mujeres

(Duarte, Varela, Salazar, Lema y Tamayo, 2012).

Encontraron en un estudio con 1811 universitarios colombianos que dentro de los

factores motivacionales para el consumo, existen diferencias de acuerdo al tipo de droga,

así el 20,6% de los estudiantes reportaron sentirse mejor cuando se consumía licor, el

42,4% tenían la percepción de una disminución de síntomas de ansiedad, tensión o estrés

cuando fumaban y 35,9% de los estudiantes que consumían alguna sustancia psicoactiva

como marihuana, cocaína, éxtasis, entre otras, refirieron una necesidad de experimentar

sensaciones distintas a las habituales. Igualmente, se describieron los motivos para el no

consumo y varían igualmente de acuerdo a la droga, 42,8% de la muestra refirieron no

necesitar beber alcohol para disfrutar su espacio social, el 31,4% rechazan el consumo de

sustancias ilegales por considerarlas perjudiciales para la salud y el 25,2% no escogen

fumar por ser displacentero su sabor, olor o porque sus efectos son negativos. Se encontró

una relación importante entre el consumo de sustancias legales o ilegales con el recurso

económico y el conocimiento sobre expendio, en la primera el 58.3% de la muestra cuentan

con el dinero para su compra y el 34.7% tienen el conocimiento suficiente para conseguir la

droga (Duarte, Varela, Salazar, Lema, y Tamayo, 2012).

Se ha identificado igualmente que el alcoholismo y consumo de cigarrillo es un

problema social asociado a actividades de diversión, escape, soledad y relajación sin estar

18

directamente relacionado con actividades académicas sino con el contexto situacional de la

universidad que facilita el consumo (Paswan, Gai y Sua, 2015).

En una Universidad de la ciudad de Cali, se realizó un estudio con 548 estudiantes y

encontraron que el 96% alguna vez en su vida ha consumido una bebida alcohólica, siendo

los 15 años la edad promedio de inicio de ese consumo sin encontrar diferencias entre los

géneros. Se identificó que en ambas poblaciones el consumo en los últimos 12 meses

corresponde a un 89%, sin mostrar tampoco diferencia entre las edades. Existieron

diferencias significativas en el estrato socioeconómico y el consumo, siendo mayor éste en

la medida en que el estrato también era mayor (91% estudiantes de estrato alto consumieron

alcohol en el último año). Al analizar el consumo en el último mes, observaron que el 48%

de los estudiantes bebieron entre 2 y 4 días, el 34% 5 o más días y el 17% lo hicieron solo

un día; de estas personas que consumieron en el último mes alcohol, 43% llegaron a la

embriaguez al menos 1 vez. Los sitios identificados propicios para este tipo de consumo lo

lideran los bares en un 62% seguido por casas de amigos, conciertos, paseos, tiendas y

sitios alrededor de la universidad (Lema, Varela, Duarte y Bonilla, 2011).

El consumo de alcohol tiene también como variable asociada la familia, se encontró

relación entre un inicio de consumo por parte de los jóvenes a menor edad con antecedente

de familia que tomaba con frecuencia de aquellos que no reportaron este antecedente. Otra

variable que presenta relación con la prevalencia del consumo de manera significativa ha

sido el tener amigos que se embriagan con respecto a los que no lo hacen (Lema, et al.,

2011).

De acuerdo al patrón de consumo de alcohol, los hombres tienen un patrón de riesgo

y un patrón perjudicial mayor que el de las mujeres, encontrando 169 en este nivel de

consumo, de los cuales, el 27% evidencian un nivel 2 considerado consumo riesgoso, en un

nivel

3

el

2,5% con un consumo perjudicial y el

1,6%

ya estarían

en

un

nivel 4

19

correspondiente a nivel de dependencia del alcohol de acuerdo a los niveles del Test de

Identificación de los Trastornos Debidos al Consumo de Alcohol Audit (Babor, Higgins-

Biddle, Saunders y Monteiro, 2001). No se encuentran diferencias significativas con el

consumo, edad y estrato de los jóvenes. Aquellos jóvenes con antecedentes de familiares

que se embriagaban, el 40% se encuentran en el nivel 2 de riesgo a diferencia del 25% que

no tienen este antecedente; similar ocurre con aquellos que tienen amigos que se embriagan

ya que el 34% tienen un consumo nivel 2 de riesgo y los que no, son el 19% (Lema, et al.,

2011).

1.4 Tiempo de ocio Existen otras dimensiones igualmente importantes dentro de los estilos de vida en

jóvenes universitarios, como es el uso del tiempo libre que merece ser descrito por su

influencia en la calidad de vida de los estudiantes. Al señalar el tiempo de ocio dentro de

los estilos de vida de los jóvenes, se considera que éste es aquel que es usado para

desarrollar una o varias actividades de tipo creativo, lúdico y/o formativo que tienen el

objetivo de generar bienestar físico, psíquico y social, este tiempo puede llegar a ser

utilizado también para establecer relaciones sociales, cese de actividades y descansar

(Lemp y Behn, 2008).

La ONU (2010), reconoce en el esparcimiento y en las actividades recreativas un

factor de desarrollo y bienestar para la población joven manifestando que es la oportunidad

de incluirse en la sociedad con prácticas deportivas, culturales y recreativas convirtiéndose

en protección para problemáticas crecientes como la delincuencia y el consumo de

sustancias psicoactivas manifiestas en esta población. Al involucrarse consistentemente en

las

prácticas

recreativas

se

contribuye

psicológicas y emocionales.

al

desarrollo

de

las

potencialidades

físicas,

20

En el proceso de escogencia de la actividad a desarrollar en su tiempo de ocio, los

jóvenes median su decisión por múltiples factores entre los que se destacan sus preferencias

y gustos personales, la situación económica y algunos factores sociales, donde se empieza a

reconocer por ejemplo la influencia en los cambios tecnológicos y cómo éstos generan una

vinculación del joven con las Tecnologías de Información y Comunicación (TIC) siendo

cada vez más notorio cómo su uso modifican sus prácticas cotidianas, llegando a desplazar

actividades

académicas,

actividades

propias

del

proceso

de

socialización

e

incluso

modifican su escala de prioridades relacionadas con los estilos de vida saludable por estas

prácticas; sin embargo, también se reconoce en las TIC la posibilidad que tienen para

desarrollar nuevos aprendizajes, nuevas formas de relacionarse, estudiar, trabajar y de

conectarse simultáneamente (Crovi, 2011).

El tiempo de ocio de los estudiantes universitarios significa por una parte, integrarse

a las posibilidades que ofrece la universidad adicionales a su actividad académica, algunas

de

estas

ofertas

pueden

estar

relacionadas

con

idiomas,

informática,

habilidades

interpersonales,

autocontrol,

adaptación

e

inteligencia

emocional;

es

así

como

la

universidad está llamada a posibilitar los recursos e infraestructura para el uso del tiempo

adicional al de sus responsabilidades. Por otra parte, el tiempo también puede distribuirse

con las ofertas sociales y culturales del contexto en el que se ubica la universidad. Al

respecto, se llevó a cabo una investigación con 554 jóvenes de la Universidad de

Compostela donde se encontró que el 68% de los estudiantes habían participado de aquellas

actividades promovidas por el área cultural de la universidad, seguido con un 44% de

actividades deportivas, 20% invirtieron su tiempo en actividades de informática y tan solo

el 9% había hecho uso de formación en idiomas (Méndez, 2010).

En la universidad de Huelva, casi el 50% de los estudiantes tienen en promedio

entre 2 y 3 horas libres diarias, se destacó que aquellos que practicaban de manera regular

21

actividad física refirieron más tiempo libre que aquellos que no tenían esta práctica,

probablemente este resultado esté relacionado con una mejor organización del tiempo.

Adicionalmente, los estudiantes respondieron que en orden de prioridad les gustaría en el

tiempo libre compartir tiempo en familia, hacer deporte y escuchar música. El estudio

concluyó que la cantidad de tiempo libre va disminuyendo en la medida en que la persona

aumenta de edad (Castillo, Giménez y Sáenz-López, 2009).

En el contexto colombiano, el uso del tiempo libre está determinado en gran parte

por el contexto social y sus dinámicas que en muchas ocasiones terminan imponiendo

estilos

de

vida

relacionados

con

el

consumo

de

bebidas

alcohólicas

y

cigarrillo,

desarrollándose en los espacios de esparcimiento, y tienen efecto socializador pero muy

poco en su desarrollo personal. En una Corporación Universitaria de Caldas encontraron

que la escogencia de actividades en su tiempo libre está determinada por aspectos culturales

y económicos, sin embargo, en ocasiones se ha encontrado que estudiantes que poseen el

recurso económico para llevar a cabo cualquier actividad lúdica, cultural o recreativa, no

cuentan con el repertorio cultural que favorezca la escogencia de otras expresiones que van

más allá de lo transmitido por el núcleo familiar en el proceso de socialización primaria.

Concretamente, se encontró una discrepancia entre la oferta institucional y la participación

de los jóvenes en estas propuestas relacionado con una visión “light” y facilista de la

mayoría de los jóvenes, caracterizada por actividades como ver televisión, conectarse a

internet, visitar bares y discotecas. Por otra parte, se encuentra la minoría que sí está

interesada en propuestas culturales de más alta calidad relacionadas con la lectura, el cine,

clases de baile, práctica de un arte marcial, tocar un instrumento y el voluntariado, las

cuales están relacionadas con un grado de compromiso y disciplina mayor (Huertas, Caro,

Vásquez y Vélez, 2008).

22

1.5 Sueño Al terminar una jornada laboral, académica, deportiva o social las personas tienen

un gasto energético importante considerando la función cerebral. Para esto, sienten la

necesidad

biológica

de

descansar

y restaurar

sus

funciones

para

continuar

con

las

actividades de la vida cotidiana, haciéndolo mediante el sueño independientemente de su

calidad y las horas invertidas. El sueño es definido como un estado necesario del ser

humano, en el cual en una parte de las 24 horas del día abandona la vigilia como necesidad

biológica para descansar y relajarse, entrando en una etapa de aparente inconsciencia e

inactividad motora pero con excelente actividad cerebral (Cruz, 2010) .

Dentro de los factores biológicos que inciden en el mismo, se encuentran los

llamados patrones de sueño, caracterizados como el conjunto de información cuantificable

sobre los ritmos temporales, estructurales y fisiológicos de ciclo sueño-vigilia y donde la

intensidad de horas necesaria en el ser humano está condicionada por diferentes factores

que dependen del organismo, el medio ambiente y el comportamiento, mediado por el

interés de optimizar el metabolismo y la utilización de energía (Rodríguez, et al., 2009).

El aspecto cultural también incide considerablemente, en el caso de los estudiantes

universitarios, cambian sus hábitos de sueño por realizar trabajos, cumplimiento de

horarios, responsabilidades y dejan de tener el tiempo necesario para descansar y hacer

otras actividades. Durante el proceso de adaptación al nuevo entorno universitario y con el

fin de llevar a cabo todas las actividades que les demanda la universidad, los estudiantes se

ven enfrentados a realizar cambios en los hábitos que hasta el momento han adquirido. Es

importante indicar que en las prácticas cotidianas de éstas personas varían los horarios para

acostarse y levantarse, cambia el número de horas, se adquieren nuevos hábitos o se

modifican los ya adquiridos, teniendo en cuenta que estos no desaparecen completamente

(Rodríguez, et al., 2009).

23

Un estudio realizado con universitarios en Estados Unidos, evidencia que la

dependencia de las redes sociales, y síntomas como depresión y ansiedad tienen un impacto

negativo en la calidad del sueño, que genera trastornos importantes del mismo y el

desempeño académico considerando principalmente la función ejecutiva. Asevera que los

estudiantes que duermen mal reportan mayores niveles de depresión y ansiedad con

respecto a los que duermen bien, además indican cifras más altas con el uso y dependencia

de mensajes de texto en dispositivos electrónicos y a su vez reportan bajo rendimiento

académico (Ferraro, Holfeld, Frankl, Frye y Halvorson, 2015).

En el mismo contexto, los estudiantes universitarios registran uso moderado de

internet en un marco de tiempo de 24 horas al día acompañado de falta de ejercicio,

síntomas depresivos y estrés, desencadenando a largo plazo dificultades en las dimensiones

social y psicológica (Derbyshire, et al., 2013). Otro factor importante a tener en cuenta en

la calidad del sueño, es el consumo de psico-estimulantes, los cuales son consumidos por

los estudiantes para aumentar el rendimiento académico y la concentración que trae como

consecuencia el aumento de somnolencia diurna (Clegg-Kraynok, Mcbean y Montgomery-

Downs , 2011).

En un estudio transversal llevado a cabo en 8 universidades de Estados Unidos con

1035 estudiantes entre los 18 y 24 años cuyo objetivo era relacionar la conducta y calidad

del sueño con ser comedores competentes (“eating competence” entendido como las

actitudes y comportamientos positivos frente al alimento), encontraron que aquellos que

reportaron ser comedores competentes tendían a presentar una mejor calidad del sueño,

menos trastornos del sueño y disfunción diurna. Aquellos estudiantes que reportaron ser

menos competentes frente al alimento y tener una menor calidad en el sueño se asocian a

problemas de sobrepeso y obesidad. La relación entre estas dos variables pueden estar

24

siendo afectadas por los niveles de estrés (emocional, social y económico), apoyo social y

percepción de éxito que tienen los jóvenes universitarios (Quick, et al., 2015).

En Colombia, un estudio realizado en la Universidad de Ciencias Aplicadas y

Ambientales en Bogotá, registra que para lograr un sueño reparador es importante

contemplar los hábitos, donde existe una estrecha relación con el tiempo insuficiente para

realizar sus actividades académicas, por lo que resulta necesario reducir las horas de sueño

para dar cumplimiento con las responsabilidades académicas y extracurriculares (Claros,

Rodríguez, Forero, Camargo y Niño, 2013). En este sentido, un estudio realizado en la

Universidad del Atlántico, los jóvenes muestran que el tiempo de sueño es susceptible a ser

estudiado dentro del marco de la teoría económica; es decir, el tiempo asignado para dormir

depende de la elección individual contrastado con el rendimiento académico y otros usos

del tiempo de acuerdo a las preferencias (Trujillo y Iglesias, 2010).

A este respecto, una población proclive a presentar baja calidad del sueño y

trastornos del mismo son los estudiantes universitarios teniendo en cuenta que además de

sus responsabilidades académicas aparece una gran diversidad de conductas (estrés,

periodos de ayuno, consumo de cigarrillo y alcohol, bebidas energéticas) que influyen

directamente en la calidad del sueño.

1.6 Afrontamiento

La transición a la adultez a la cual se enfrentan los universitarios está caracterizada

por diferentes retos que les demanda una serie de estrategias que le permitan adaptarse a las

nuevas situaciones, conocidas como afrontamiento. En ese sentido, el afrontamiento se

relaciona con el estrés, que se define como la relación entre la persona y el entorno que es

asumido a partir de una valoración en términos de contar con los recursos necesarios para

hacerle frente o por el contrario, percibir que las demandas sobrepasan sus propias

capacidades. La evaluación cognitiva que realiza la persona se divide en primaria y

25

secundaria; la primaria es aquella donde la persona define si la situación es irrelevante,

buena o estresante, esta última daría paso a una percepción de daño, amenaza, pérdida o

reto que da lugar a la evaluación secundaria, donde la persona se plantea que puede hacer

frente a la situación (Lazarus y Folkman, 1985). Al referirse a un afrontamiento adaptativo,

se entiende que la persona logra mitigar el distress fisiológico, las reacciones emocionales

negativas, mejorar su respuesta corporal, ampliar respuestas emocionales positivas, resolver

problemas y mejorar tanto el rendimiento como el ajuste social (Campos, Iraurgui, Páez y

Velasco, 2004).

En un estudio realizado en la Universidad de Arizona con jóvenes entre los 17 y 19

años se encontró que una percepción de mayor estrés de lo habitual en la última hora, se

asocia con la presencia de elevados índices de cortisol relacionado con un porcentaje por

debajo del promedio en el uso de estrategias de afrontamiento por parte de los jóvenes.

Estos resultados indican a su vez que ante situaciones de estrés la reactividad del cortisol

varía de acuerdo a la situación y a las habilidades de afrontamiento individuales lo cual

permitiría

comprender

que

en

la

medida

en

que

exista

una

desregulación

del

eje

hipotalámico-hipofisiario-adrenal en jóvenes su salud se verá afectada (Sladek, Doane,

Luecken y Eisenberg, 2016).

Por su parte, en Arabia Saudita en un estudio con estudiantes de odontología

durante el año 2009, se evidenció que los estudiantes tuvieron resultados relativamente

altos de estrés percibido, siendo las mujeres más jóvenes y solteras las que puntuaron más

alto, encontrando a su vez diferencias en los factores relacionados con autoeficacia,

creencias, carga de trabajo, la formación clínica y trabajo bajo presión. Adicionalmente se

registra que cambios en factores ambientales y las estrategias de afrontamiento afectan de

manera independiente la percepción del estrés (Al-Sowygh, 2013).

26

La vida universitaria hace que los jóvenes se enfrenten a nuevas situaciones donde

deben poner en funcionamiento las estrategias que mejor se ajustan para mantener su salud,

es así como en un estudio llevado a cabo en jóvenes de una Universidad de Estados Unidos,

encontraron que aquellos estudiantes que lograron hacer uso de estrategias relacionadas con

comportamientos protectores, actúa como mediador entre la asociación inversa entre

afrontamiento centrado en el problema y el consumo de alcohol, en otras palabras, está

indicando que aquellos que usan como estrategia de afrontamiento ante las situaciones de

estrés, centrarse en el problema como forma más adaptativa, predicen un menor uso de

alcohol, diferente a lo que sucede con personas que hacen uso de estrategias de aceptación

social (Walker y Stephens, 2014). Por otra parte, en el contexto mexicano los estudiantes

presentan dificultades para afrontar las situaciones estresantes que se les presenta a diario,

acudiendo al consumo de alcohol que se convierte en una forma de evasión para resolver

estas situaciones (Chimal, et al., 2014).

En algunos universitarios argentinos, se evidencia que la evitación es una estrategia

que predomina con respecto a situaciones de afrontamiento. Los estudiantes optan por

distanciarse físicamente de las situaciones, en especial la evaluativa, aunque hacen uso de

otras estrategias como la descarga emocional y la búsqueda de gratificaciones alternativas

realizando nuevas actividades que generan fuentes de satisfacción. Así mismo, en cuanto a

la relación entre los niveles de ansiedad y estrategias de afrontamiento, se establece que a

mayor nivel de ansiedad mayor evitación y a menor nivel de ansiedad mayor acercamiento.

La estrategia de reevaluación positiva es más utilizada en mujeres mientras que la descarga

emocional es más frecuente en hombres (Casaril, Anglada, Daher, 2014). Por su parte,

Colombia registra en un estudio llevado a cabo con 283 jóvenes universitarios el uso

frecuente de estrategias de afrontamiento tales como: religión en un 96%, búsqueda de

apoyo social y solución de problemas 89% y evitación emocional 78%. Estas estrategias se

27

encuentran relacionadas con características de inmadurez concomitante con la etapa de la

vida en la que se encuentran y con ciertos contextos culturales que no favorecen la

adquisición y perfeccionamiento de las diferentes estrategias de afrontamiento (Palacio,

Caballero, González, Gravini y Contreras, 2011).

1.7 Salud percibida El análisis precedente sobre los principales hábitos que repercuten en la salud de los

jóvenes universitarios, muestra principalmente las creencias, motivaciones y prácticas para

llevar

a

cabo

determinado

comportamiento.

Ahora

bien,

estos

podrían

o

no

estar

relacionados con sus propias percepciones del estado de salud, por lo que a continuación se

realizará una descripción del concepto calidad de vida relacionada con la salud, también

conocido como salud percibida.

Si bien el concepto de calidad de vida es amplio y complejo, se ha llegado al

consenso que además de su medida objetiva, existe una medida subjetiva que reconoce la

percepción de la persona, la cual recibe influencia de los valores personales, sistema de

creencias, historia personal y del contexto sociocultural. Al relacionar la calidad de vida y

la salud de una persona en una medición se indaga por qué tan saludable física y

psíquicamente

se

siente

dando

(Schwartzmann, 2003).

como

resultado

una

medida

de

su

salud

percibida

De igual manera, Urzúa (2010) hace referencia a que la evaluación que una persona

realiza sobre su área personal, social, emocional que impactan su salud puede definirse

también como la calidad de vida relacionada con la salud y va a estar mediada por un

proceso de comparación social que realiza la persona condicionando de esta manera su

respuesta. Rebollo y Ortega (2007), complementan esta definición afirmando que esta

evaluación subjetiva va a estar determinada por el estado de salud, la atención sanitaria y la

promoción de la salud sobre la capacidad y el nivel funcional que la persona perciba en el

28

desarrollo de las actividades significativas y que están relacionadas con su bienestar.

González (2010), describe cómo en la medida en que las personas se sienten bien frente a

su estado de salud no realizan acciones sistemáticas para mantener ese estado, por el

contrario, cuando la percepción es desfavorable por percatarse de algunos síntomas o

sensaciones, se preocupan y se disponen a actuar para mejorar esa situación, lo cual indica

que las personas realizan más fácilmente procesos de movilización ante la enfermedad que

ante la salud o a la promoción de ésta.

La salud auto-reportada, es considerada un buen indicador para medir el estado de

salud de las personas e incluso puede llegar a predecir el estado de salud en el futuro, la

búsqueda de atención en salud y de la mortalidad. Al referirse particularmente a la

población joven, se conoce que una percepción en la salud favorable está estrechamente

relacionada con hábitos saludables y con la disposición y motivación para la realización de

actividad física, a diferencia de aquellas personas que no tienen una percepción favorable

de su salud que está relacionado con enfermedad crónica o incapacidad funcional (Jylha,

2009; Barrios-Vicedo, et al., 2015).

En un estudio con 143 estudiantes cubanos sobre su percepción de la calidad de vida

en relación a la salud, se encontró que los hombres (prácticamente en todas las edades)

tienen una percepción más favorable de su calidad de vida relacionada con la salud que las

mujeres, sin embargo, ellos tienen una menor esperanza de vida. Este hallazgo en mujeres

puede relacionarse con una mayor demanda de los servicios en salud, la incidencia de

síntomas agudos y algunas conductas de riesgo, como por ejemplo el embarazo no planeado

y en edad precoz. En este mismo estudio, refieren que la población universitaria tiene unas

características sociales particulares en las cuales se intercambian información y modos de

actuar donde los pares ejercen influencia en muchos comportamientos y en la visión de

calidad de vida de favorable o desfavorable. Concretamente los estudiantes que evaluaron

29

negativamente

su

salud

presentaron

frecuentemente

manifestaciones

clínicas

y

comportamientos poco saludables en comparación con los estudiantes con una visión más

positiva (Pacheco, Michelena, Mora y Miranda, 2014).

En algunos estudios con población universitaria en países latinoamericanos como

Perú, Paraguay y Colombia se ha encontrado una percepción favorable de su salud, sin

embargo, no siempre esta percepción favorable responde a que éstos tengan hábitos

saludables (Chau y Saravia, 2014). Lo que se observa entonces, es que la percepción de los

jóvenes en el proceso de salud-enfermedad está determinada por factores psicosociales, por

ejemplo, la edad como referencia de cambios biológicos y la ausencia de enfermedades

graves,

la

percepción

de

bienestar

psicológico,

estar

centrados

en

sus

experiencias

corporales; lo anterior se convierte en importantes factores que inciden en la percepción de

su salud (Piko, 2007).

En México, en la Facultad de Estudios Superiores Iztacala (FESI) de la Universidad

Nacional Autónoma de México, se realizó un estudio del perfil de salud de los nuevos

ingresos a las carreras de Biología, Odontología, Enfermería, Medicina, Optometría y

Psicología. En el estudio realizado con 1593 estudiantes se encontró que el 39.9% de la

población tenía diagnosticada alguna enfermedad crónica y los jóvenes que tenían como

antecedentes enfermedad pulmonar, hipertensión y enfermedad renal, fueron los que

percibieron de manera más negativa la salud. Adicionalmente, esta misma población fue la

que más conductas de riesgo para la salud presentó, identificando el consumo de tabaco y

alcohol y el sedentarismo como las más frecuentes (Rodríguez, Ríos, Lozano y Álvarez,

2009). Estos hallazgos corroboran la transición epidemiológica donde el estilo de vida de

los jóvenes los lleva a perder su bienestar y ser más propensos a una muerte prematura.

Otro estudio de carácter epidemiológico observacional realizado en la Universidad

del Salvador en Argentina con 85 estudiantes de primer y último año de psicología,

30

encontraron que los estudiantes que cursaban último año presentaron conductas de riesgo

más altas que su grupo de comparación en los estilos de vida relacionados con tiempo de

ocio, consumo de sustancias psicoactivas legales e ilegales y prácticas sexuales; y para los

estudiantes de primer año, las conductas de riesgo estuvieron relacionadas con nivel de

actividad física y alimentación poco saludable. Estos hallazgos cuando se correlacionan con

la percepción del estado de salud, se observa que tanto los estudiantes de primer y último

año consideran que su salud es buena o muy buena en un 86,5% y 87,5% respectivamente,

sin embargo, del porcentaje correspondiente a los de primer año el 59,4% reportan tres o

más conductas de riesgo para su salud a diferencia de un 40,5% que reportaron menos de

tres conductas de riesgo, mientras que los porcentajes de los estudiantes de último año

alcanzan un 70,8% de 3 o más conductas de riesgo (Intra, et al., 2011). Lo reportado por

este estudio muestra de manera preocupante el empeoramiento de los estilos de vida en la

medida en que transcurre su vida universitaria pese a que su percepción de la salud es

favorable y adicionalmente tienen información pertinente relacionada con la salud por ser

un programa académico del área de la salud, es decir, que los estudiantes no perciben el

riesgo para la salud que tienen sus comportamientos.

Para llevar a cabo estudios de los estilos de vida y salud percibida en los jóvenes

universitarios, se presenta como barrera que no existen muchos instrumentos o existe

restricción en alguna dimensión que refleje la totalidad del concepto de estilo de vida

(Sánchez-Martínez, Torres y Velásquez, 2005). Existen instrumentos que evalúan este

constructo para población hispana, "Perfil del estilo de vida promotor de la salud para

hispanos", "Cuestionario de prácticas y creencias relacionadas con estilos de vida” y la

“Encuesta sobre factores del contexto relacionados con el estilo de vida". (Arrivillaga,

Salazar y Gómez, 2002; Salazar-Torres et al., 2010). Se encontró adicionalmente el uso del

cuestionario on-line desarrollado en la unión Europea, Comunidad Andina “Encuesta

31

epidemiológica sobre salud pública y factores asociados en estudiantes universitarios de los

países

andinos”,

el

cual

contempla

información

sociodemográfica,

consumo

de

las

diferentes sustancias psicoactivas y fármacos, conductas sexuales y su exposición a

programas sobre prevención en consumo.

En

conclusión,

los

estilos

de vida que se están observando

en

los

jóvenes

universitarios representan hoy en día los determinantes de una cantidad considerable de las

ECNT a pesar de su nivel de instrucción. Dichos comportamientos están influenciados por

sus motivaciones, creencias, círculo social, accesibilidad, tiempo, entre otras, lo que sugiere

la implementación de programas de salud para promover estilos de vida saludable en esta

población enfocados al cambio conductual principalmente.

Específicamente en estudiantes de odontología se ha encontrado que las prácticas

más riesgosas para la salud se relacionan con las habilidades interpersonales, sueño,

consumo de alcohol, cigarrillo y drogas ilegales superando el 70% de la población

(Tamayo, Rodríguez, Escobar y Mejía, 2015), aunque se desconoce la percepción que

tienen estos con relación a su salud. Así el presente estudio tiene como objetivo general

analizar la relación entre los estilos de vida y la salud percibida en estudiantes de

odontología de una universidad de Santiago de Cali. Como objetivos específicos se

propone: a) describir los estilos de vida de los estudiantes en las dimensiones de

alimentación, actividad física, sueño, consumo de alcohol, cigarrillo y drogas ilegales,

tiempo de ocio y afrontamiento, clasificándolos como saludabes y no saludables, b)

describir el autoreporte de salud física y mental incluyendo sus respectivas sub-escalas y c)

identificar las dimensiones de los estilos de vida que presentan relación significativa con la

salud percibida en sus dos componentes. Lo anterior con el fin de dar respuesta a la

pregunta de investigación ¿Qué relación existe entre los estilos de vida y la salud percibida

en estudiantes de odontología de una universidad de la ciudad de Santiago de Cali?.

32

Se plantea como hipótesis correlacional del estudio, la existencia de una correlación

positiva entre las prácticas saludables en las dimensiones alimentación, actividad física,

sueño, afrontamiento, tiempo de ocio, consumo de alcohol, cigarrillo y drogas ilegales de

los jóvenes y una percepción favorable de la salud.

2. Método

2.1 Diseño de la investigación El desarrollo de esta investigación estuvo concebida desde el enfoque cuantitativo,

con un diseño no experimental transeccional correlacional. Con este tipo de diseños se

estudia la relación entre dos o más variables en un momento específico definido por el

investigador

(Hernández,

Fernández

y

Baptista,

2010).

Se

utilizó

en

la

presente

investigación este diseño debido a que el objetivo fue analizar la relación entre los estilos

de vida y la salud percibida de los estudiantes de odontología de una universidad de la

ciudad de Santiago de Cali, para lo que se requirió previamente describir los hábitos de

33

alimentación, actividad física, sueño, consumo de alcohol, cigarrillo y drogas ilegales,

tiempo de ocio y afrontamiento y la percepción de salud física y mental reportada por los

estudiantes.

2.2 Participantes

Esta

investigación

se

llevó

a

cabo

con

los

estudiantes

de

un

programa

de

odontología, de la ciudad de Santiago de Cali. La muestra fue escogida por conveniencia, la

cual incluyó el 70% de los estudiantes matriculados para un total de 313 participantes, los

cuales fueron convocados a través de la secretaría académica de la institución la tercera

semana de ingreso al periodo académico 2016-2. A continuación se detallan los criterios de

inclusión, seguidos por los de exclusión.

2.2.1 Criterios de inclusión A. Estudiantes con edades comprendidas entre los 18 y 30 años. B. Estudiantes de

odontología matriculados en el periodo académico 2016-2. C. Estudiantes de odontología

que firmen el consentimiento informado y acepten participar.

2.2.2 Criterios de exclusión A Estudiantes de postgrado. B. Estudiantes con dificultades cognitivas u otro signo

que impida la comprensión del estudio. C. Estudiantes mayores de 30 años.

2.3 Instrumentos

Para medir los estilos de vida de los universitarios se utilizó el autoinforme CEVJU-

R2 “Cuestionario de estilos de vida en jóvenes universitarios”;(ver Anexo 1), versión que

se encuentra validada (alfa de Cronbach superior a 0.6, menos en la dimensión de

sexualidad) para la población universitaria colombiana. Este cuestionario consta de un

34

apartado de datos sociodemográficos y seis dimensiones de los estilos de vida: Actividad

física, Tiempo de ocio, Alimentación, Consumo de alcohol, cigarrillo y drogas ilegales,

Sueño, y Afrontamiento. Según los autores, aunque la dimensión de comportamiento sexual

hizo parte del estudio de validación, no demostró adecuadas propiedades psicométricas

(Salazar, Varela, Lema, Tamayo, y Duarte, 2013) por lo tanto, no será incluida dentro de la

presente investigación.

En cada dimensión se relaciona las prácticas, las motivaciones para llevar a cabo o

no

dicha

práctica

y

los

recursos

tanto

personales

como

externos

que

permiten

u

obstaculizan la práctica, sin embargo, para el objetivo de la presente investigación solo se

analizó los datos correspondientes a las prácticas, que son justamente las que permiten

clasificar a los universitarios como saludables y no saludables. Las opciones de respuesta

son de tipo Likert para las preguntas sobre prácticas, múltiple opción de respuesta para

aquellas preguntas de recursos y de única opción de respuesta para las preguntas de

motivaciones. El CEVJU-R2 tiene la posibilidad de ser aplicado de manera individual o

grupal con una duración promedio de 20 minutos (Salazar, et al., 2013).

En la calificación del cuestionario se calcula las puntuaciones parciales de las

prácticas de seis dimensiones y no hay un total. Las puntuaciones se obtienen sumando los

valores de las preguntas sobre prácticas de cada una de las dimensiones y su resultado se

compara con el punto medio que indica que prácticas son saludables y cuales no (superior

al punto medio son consideradas no saludables) (Salazar, et al., 2013).

Para medir salud percibida se aplicó el SF-36 V2, (ver Anexo 2), cuestionario que

fue elaborado por Ware y Sherbourne en 1992, posteriormente validado y descrito en

detalles por McHorney, Ware y Raczek en 1993 y McHorney, Ware, Lu y Sherbourne en

1994. Está diseñado para personas mayores de 14 años de población general o con

cualquier condición de salud, del sexo femenino y masculino. El objetivo es medir la

35

calidad de vida relacionada con la salud o salud percibida en estudios descriptivos y de

evaluación. Consta de 36 ítems entre los cuales se miden 8 dimensiones: Función Física

(10); Rol físico (4); Dolor corporal (2); Salud General (5); Vitalidad (4); Función Social

(2); Rol Emocional (3) y 2 componentes sumarios (Físico y Mental). Según Lugo, García. y

Gómez (2006) el cuestionario es confiable para evaluar calidad de vida en salud para

población colombiana además de su validación lingüística y cultural en Colombia realizada

por los autores.

La calificación es de acuerdo a los ítems y dimensiones del cuestionario que

proporcionan puntuaciones directamente proporcionales al estado de salud, es decir, cuanto

mayores sean, mejor es el estado de salud y el rango de las puntuaciones para cada

dimensión oscila de 0 a 100 (Maruish, 2011).

El cuestionario no está diseñado para proporcionar un índice global, en su lugar se

obtendrán dos puntuaciones representativas de la salud física y mental como, promediando

las subescalas. El cuestionario detecta tanto los estados positivos como negativos y se

centra en aspectos funcionales y de bienestar emocional. Puede ser auto-aplicado o ser

contestado a través de una entrevista personal, telefónica o por e-mail en un promedio de 5

a 10 minutos. (Ministerio de la protección social, 2006).

2.4 Procedimiento La presente investigación contempló las siguientes fases: Primera fase, donde se

cumplieron

aquellos

requerimientos

solicitados

por UNICOC

para

llevar

a

cabo

la

investigación, tales como la presentación del anteproyecto y solicitud formal ante el comité

de ética institucional. Segunda fase: Una vez se otorgó el aval del comité de ética por parte

de la institución, se realizó una prueba piloto con cinco sujetos que cumplían con los

criterios de inclusión de la muestra descritos anteriormente. Posteriormente, se inició

exponiendo a la población diana de forma grupal los objetivos y justificación del proyecto

36

de investigación. Finalmente se diligenció el consentimiento informado para cada uno de

los participantes y se dio inicio con el autoregistro de ambos cuestionarios. La aplicación

fue colectiva en las aulas de clase con el permiso del docente, con una duración aproximada

de 60 minutos.

Tercera fase: una vez finalizada la etapa de recolección de la información a través

de la aplicación de los cuestionarios, se realizó

el procesamiento

y análisis

de

la

información recolectada haciendo uso del paquete estadístico para las ciencias sociales

(statistical package for social sciences, SPSS versión 23) donde inicialmente se caracterizó

la muestra por medio

de estadística descriptiva

y posteriormente se calcularon

las

puntuaciones obtenidas mediante la aplicación de los dos instrumento, para relacionar las

variables del estudio se utilizaron

pruebas T para muestras independientes y también

coeficientes de correlación de Pearson para determinar la relación lineal entre variables

cuantitativas. Cuarta fase: Los resultados del estudio se analizaron desde el marco teórico

del estudio y finalmente los hallazgos se socializarán con representantes del centro de

bienestar universitario (Ver anexo 4).

2.5 Consideraciones éticas La presente investigación estuvo enmarcada en lo establecido por el Ministerio de

Salud dispuesto en la resolución No. 008430 del 4 de octubre de 1993 y según la Ley 1090

del 6 de septiembre de 2006 (Congreso de la República de Colombia). Esta investigación se

enmarcó dentro de los principios de beneficencia, no maleficencia y autonomía.

Este estudio, comprende el desarrollo de acciones que contribuyen a la descripción

y comprensión de un problema de salud y se ajusta a los principios científicos y éticos, que

se fundamenta en el conocimiento acumulado bajo estricto rigor metodológico. Por tanto,

se clasifica como una investigación de bajo riesgo, debido a que no se realizó ningún tipo

de intervención en salud, sino que se identificaron y describieron elementos relacionados

37

con los estilos de vida y la salud percibida de jóvenes universitarios. La recolección de los

datos se llevó a cabo una vez se contó con la autorización de los y las participantes, a través

de la firma de consentimiento informado (Ver anexo 3).

Finalmente, esta investigación se basó en los principios de Hernández (2010), sobre

la ética en investigación. Para ella: “la ética de la intervención no depende sólo del rigor

metodológico

y científico, sino sobre todo de la relevancia social

de las acciones

profesionales” (p.113). “Se hace responsable del impacto de las acciones profesionales y

considerando el rigor de la investigación consiste precisamente en dar cuenta de las

vicisitudes de los procesos humanos involucrados en estos proyectos” (p.116).

38

3. Resultados

Respondiendo a los objetivos de la investigación, en este apartado inicialmente se caracteriza socio-demográficamente a los participantes del estudio, después se describen cada uno de los estilos de vida de los estudiantes, los componentes de salud física y salud mental y finalmente se analiza la relación existente entre los estilos de vida y la salud percibida.

3.1 Caracterización de los participantes En la investigación participaron 313 estudiantes de la facultad de odontología representando el 70% del total de estudiantes matriculados, predominando el sexo femenino en un 74.1%. La mayoría de los estudiantes se encuentran en edades entre los 18 y 21 años (59.1%) y entre los 22 y 25 años (29%), la edad promedio es 21 años (D.E: 2.90). Con respecto al estado civil se encontró que el 92% de los estudiantes son solteros y sólo el 6.4% está casado o tiene pareja. En lo laboral, solamente el 13,4% afirman estar trabajando simultáneamente mientras estudia (Ver tabla 1).

Tabla 1 Características sociodemográficas Características sociodemográficas

 

n

%

Sexo

Hombre

81

25,9

Mujer

232

74,1

Edad 18-21 años 22-25 años 26-30 años Estado Civil Soltero Casado o unión libre Separado Viudo Tiene pareja

185

59,1

91

29

37

11,8

289

92,3

20

6,4

2

0,6

2

0,6

 

Si

139

44,4

No

174

55,6

Trabaja

Si

42

13,4

No

271

86,6

En lo que respecta a la familia, un poco más de la mitad de los estudiantes viven con la familia de origen (52.4%), y la cuarta parte de ellos viven solos o con otros familiares

39

(25.3%) Con respecto a la educación de los padres se registró que casi la mitad tienen formación universitaria, tanto para la madre (48.9%) como para el padre (47.9%), y menos del 10% no supera la educación primaria (Ver tabla 2).

Tabla 2 Características familiares Características familiares

 

n

%

Vive con Familia nuclear Familia propia Otros familiares Solo Educación de los padres Madre

164

52,4

70

22,4

19

6,1

60

19,2

Sin escolaridad

2

0,6

Primaria

23

7,3

Secundaria

131

41,9

Universidad

153

48,9

Padre

Sin escolaridad

1

0,3

Primaria

26

8,3

Secundaria

126

40,3

Universidad

150

47,9

Por otra parte, en la clasificación por semestre se registra que la muestra incluye estudiantes en los diferentes momentos de formación, con porcentajes cercanos al 20% para los dos primeros años, que aumenta a 30.3 % y 27.8% para el tercer y cuarto año. Adicionalmente, del total de participantes casi la tercera parte (31.5%) cambió de ciudad para estudiar, proviniendo principalmente de otras ciudades del Valle del Cauca (45,4%) y del departamento del Cauca (14,1%). Llama la atención que la migración de otros orígenes es igual para otras ciudades de Colombia que para el extranjero, siendo en ambos casos ligeramente superior al 12% (Ver tabla 3).

40

Tabla 3 Características educativas Características educativas

 

n

%

Semestre Estudiante de primer año Estudiante de segundo año Intermedia

68

21.7

63

20.1

95

30.3

Senior Migró para estudiar Si No De donde migra Valle del Cauca Nariño Cauca País Extranjero

87

27.8

99

31.5

214

68.1

45

45.45

15

15.15

14

14,14

12

12.12

Otros

13

13.13

3.2 Estilos de vida de los participantes Para describir los estilos de vida de los universitarios, los resultados del instrumento CEVJU-R2 se presentan por separado para las seis dimensiones, teniendo en cuenta que las mismas están conformadas por un número variable de indicadores. Con respecto a las puntuaciones posibles en cada una de las dimensiones, se tiene en cuenta que si la puntuación obtenida por el estudiante es superior al punto medio, se clasifica como poseedor un estilo de vida no saludable, mientras que una puntuación inferior a este indica practicas saludables; entendiéndose que una puntuación igual al punto medio alcanza el nivel saludable. Los puntos de corte para cada dimensión se presentan en la tabla 4. Otro aspecto importante a considerar antes de iniciar con la descripción de los estilos de vida es que con la aplicación del instrumento se obtuvo respuesta del total de los estudiantes exceptuando la dimensión de consumo de alcohol, cigarrillo y drogas ilegales donde se registraron datos perdidos que ascienden hasta el 38% de los participantes. Específicamente para las preguntas en las que se indaga por dejar de hacer actividades por el consumo, se tienen datos perdidos para el 23.5% y para dejar de ir a la universidad por consumo, los datos perdidos corresponden al 23.6%.

Tabla 4 Puntuaciones posibles de cada dimensión

Puntuaciones posibles de cada dimensión

41

Dimensión

Nº de

Puntuaciones

Punto

preguntas

posibles

medio

Actividad física

3

3 a 12

7,5

Tiempo de ocio

3

3 a 12

7,5

Alimentación

8

8 a 32

20

Consumo de alcohol, cigarrillo y drogas ilegales

7

7 a 33

20

Sueño

5

5 a 20

12,5

C

Afrontamiento

5

5 a 20

12,5

3.2.

1

Act

ivid

ad

físi

ca

om

o se aprecia en la tabla 5, el CEVJU-R2 caracteriza la actividad física de los universitarios

con tres indicadores correspondientes a caminar o usar la bicicleta como medio de

transporte, al deporte recreativo o competitivo y la frecuencia semanal de actividad superior

a 30 minutos, encontrando en los estudiantes niveles de actividad saludables, opciones

siempre y frecuentemente, en el 37.4%, 40% y 41.2% respectivamente. La puntuación

promedio estimada en 8.08 (D.T.=2.34) es superior al punto de corte (7.5), al igual que el

I.C 95% cuyo rango es 7.82 8.34. De las puntuaciones individuales se deriva que solo

36.4% presenta un estilo de vida saludable en lo que respecta a la actividad física.

Tabla 5 Actividad

Actividad física

Variable

F

M(D.T)

I.C

S

F

PV

N

 

95%

Caminar/bicicleta como transporte Deporte competitivo o recreativo Actividad física mayor 30 minutos 3v/semana Dimensión actividad física Estudiantes saludables

313

13.7

21.4

42.5

22.4

313

15.3

24

31.9

28.8

313

20.4

19.8

3.7

21.1

313

8.08

7.82 a

(2,34)

8.34

36. 4%

F: Frecuencia, M: media, D.T: Desviación típica, I.C 95%: Intervalo de confianza al

95%,

S: Siempre, F: Frecuentemente, PV: pocas veces, N: Nunca.

42

3.2.2 Tiempo de ocio

Por otra parte, la dimensión de tiempo de ocio es calificada por el instrumento con

tres indicadores, los dos primeros hacen referencia a una semana habitual donde los

estudiantes llevan a cabo actividades para descansar y relajarse y el tiempo que comparte

con su familia, amigos o pareja, evidenciando en ellos niveles de actividad saludables,

opciones siempre y casi siempre, en el 78.6% y 83% respectivamente. En el tercer

indicador, que hace referencia a actividades de diversión o entretenimiento, cultural o

artística en un mes habitual, se encontró con opciones de respuesta todas las semanas y la

mayoría de las semanas que el 51.7% realiza estas actividades. El promedio estimado es de

5.95 (D.T=1.68) puntuando conductas saludables por debajo del punto de corte (7.5),

semejante al I.C 95% con un rango de 5.75-6.19 observándose que el 78.3% de los

estudiantes presentan prácticas saludables (ver Tabla 6).

Tabla 6 Tiempo de ocio

Tiempo de ocio

Variable

F

M(D.T)

IC

S

CS

RV

N

 

95%

En una semana: Actividades descansar y relajarse Tiempo familia, amigos, o pareja

313

35.1

43.5

18.5

2.9

313

43.1

39.9

16.0

1.6

TS

MS

PC

NS

En un mes: Actividades diversión o entretenimiento.

313

10.2

41.5

43.1

5.1

Dimensión tiempo de ocio

313

5.95

5.71 a

 

(1.68)

6.19

Estudiantes saludables

78.3%

M: media, D.T.: Desviación típica, I.C 95%: Intervalo de confianza al 95%, S:

Siempre, CS: Casi siempre, RV: Rara vez, N: Nunca, TS: Todas las semanas, MS:

Mayoría de semanas, PC: Pocas veces, N: Nunca.

3.2.3 Alimentación

En esta dimensión se tienen en cuenta ocho indicadores entre los cuales cinco de

ellos obtienen resultados poco favorables para la salud de los estudiantes como se evidencia

en la tabla 7. Las prácticas menos saludables corresponden a dejar de comer aunque tengan

hambre con un 88.8%, omite alguna de las comidas principales el 75.8%, no comen en

horarios habituales un 62% y consumen comidas rápidas, fritos, mecato, dulces, gaseosas y

bebidas artificiales el 60.5% con opciones de respuesta, mayoría de los días y todos los días

43

para cada uno de los indicadores. Sin embargo, registran prácticas muy saludables el 98.1%

en lo que respecta al no vomitar ni tomar laxantes después de comer. La puntuación media

de esta dimensión estimada en 20.5 (D.T=2.67), indica la presencia de un mayor número de

prácticas no saludables, puntuación que se encuentra por encima del punto de corte (18.5),

similar al I.C 95% con un rango de 19.85-20.45 sugiriendo que el 28.8% de los estudiantes

presentan un estilo de vida saludable.

Tabla 7 Alimentación

Alimentación

Variable

F

M

I.C

ND

PD

MD

TD

 

(D.T.)

95%

En una semana: Comidas rápidas, fritos, mecato o dulces

313

9.3

30.4

56.9

3.5

Gaseosas, bebidas artificiales

313

11.2

28.1

47.9

12.8

Vegetales, frutas Desayuno, almuerzo, cena horario habitual Omite comidas principales Deja de comer aunque tenga hambre

313

3.8

34.5

41.9

19.8

313

6.1

31.9

34.8

27.2

313

5.4

19.5

44.1

31.0

313

0

11.2

35.1

53.7

Come en exceso sin hambre Vomita/ Toma laxantes

313

55.3

37.1

5.8

1.9

313

92.7

5.4

1.6

0.3

 

20.15

19.85

Dimensión alimentación

313

(2.67)

a

 

20.45

Estudiantes saludables

28.8%

M: media, D.T.: Desviación típica, IC 95%: Intervalo de confianza al 95% ,ND: Ningún día, PD: Pocos días, MD: Mayoría de los días, TD: Todos los días.

3.2.4 Consumo de alcohol, cigarrillo y drogas ilegales Dando continuidad a la descripción de las dimensiones, la calificación para esta

dimensión considera entre los indicadores el consumo de alcohol, consumiciones de

alcohol por ocasión, frecuencia del consumo de alcohol, consumo de cigarrillo y drogas

ilegales, dejar de realizar actividades y de asistir a la universidad por el consumo de estas

sustancias, para un total de siete indicadores. En el consumo de alcohol se evidencia que el

23.2% de los estudiantes nunca han consumido esta sustancia y el 60.6% lo ha hecho por lo

menos una vez al mes, las consumiciones menores de 4 unidades de bebida alcohólicas en

un día están en un promedio de 68.5%. Se observa que un poco más de la mitad de los

estudiantes nunca toman cinco o más bebidas en un solo día (58%). Así mismo, en el

44

consumo de cigarrillo se encontró que el 87.5% de los jóvenes nunca lo ha hecho,

porcentaje similar encontrado en el consumo de drogas ilegales con un 88.5%. Teniendo en

cuenta que el punto de corte es 20, la puntuación promedio obtenida fue de 11.44

(D.T:3.38) siendo inferior a éste y con un 95% de certeza, la población se encuentra en un

rango entre 10.96 a 11.92. Por tanto, el 97.4% de los universitarios presenta un estilo de

vida saludable en lo que respecta al consumo de sustancias psicoactivas.

Tabla 8 Consumo de alcohol, cigarrillo y drogas ilegales

Consumo de alcohol, cigarrillo y drogas ilegales

Variable

F

M

I.C

4 V/S

2 o 3 V/S

2 o a

1

V/M

N

 

(D.T.)

95%

4

Alcohol

310

0

2.3

13.9

60.6

23.2

 

10 o más

7,8 o 9

5 o 6

3 o 4

1 o 2

Consumiciones alcohol en un día

229

12.2

9.2

10

23.1

45.4

 

A diario

Semanal

Men-

Menos

N

 

sual

1

V/M

Frecuencia más de 5 bebidas en el día

293

0.3

2.4

12.6

26.6

58.0

 

VVD

1 D

1 S

DVC

N

Cigarrillo

311

1.6

1.9

0.6

7.7

88.1

Drogas ilegales

311

3.2

0

1.6

6.4

88.7

Deja de realizar actividades por consumo Deja de ir universidad por consumo Dimensión Consumo

 

S

F

PC

N

277

0.4

2.9

10.1

86.6

277

0

1.8

10.9

87.3

 

11.44

10.96

194

(3.38)

a

 

11.92

Estudiantes

saludables

97.4%