Está en la página 1de 4

Tomás Moulian

El consumo me

consume

El autor:
Tomás Moulian (chileno, 1939). Sociólogo y
profesor universitario, cuyo libro Chile actual.
Anatomía de un mito, Lom Ediciones, 1997, ha
tenido sucesivas reimpresiones, constituyéndo-
se en nuestro país en el primer bestseller del aná-
lisis social, es autor además de Democracia y
Socialismo en Chile, 1983, La forja de Ilusio-
nes: el sistema de partidos. 1932-1973, 1993.

Texto de contratapa:
Escrito por Germán Marín para la presente edi- Libros del Ciudadano
ción.
que incluso carecen del auxilio de la esperanza
en la vida eterna, que actúan por motivos
Consumo, deseo, placer puramente humanos, entregándose sin tener la
promesa del cielo.
Se trata de personas dispuestas a dar su
vida, pero que exigen el máximo rigor moral, la
máxima coherencia entre discurso y acción. Se la
imponen a sí mismos y la exigen de los otros.
Algunos llegan a tener la fibra de los
inquisidores o de los fanáticos, que consideran
mundanos todos los placeres, porque están
En las sociedades modernas podemos entregados en cuerpo y alma a una Causa
encontrar tres figuras ético-culturales devoradora. Para el asceta, los placeres y goces
arquetípicas: la del asceta, la del hedonista y la están subordinados a las finalidades
del estoico. Reflexionar sobre ellas nos puede trascendentes que dan sentido a la existencia.
permitir analizar el problema del consumo. En el extremo contrario se ubica el he-
Para el asceta el "sentido de la vida" o la donista. Este sólo responde al llamado de los
dirección de su proyecto existencial es realizar placeres. Para esta figura arquetípica el deseo
objetivos trascendentales, a través de una no constituye en sí mismo un goce, puesto que
negación de sí mismo, la cual envuelve la sólo encuentra sentido en la consumación, por
negación de los otros, en la medida que la tanto se tranquiliza exclusivamente en la
finalidad superior lo exija. El asceta busca la realización vertiginosa, en la voracidad. Todo
salvación, la cual puede tomar una forma intra- límite le parece una negación, cualquier
mundana, concretada en la lucha política por la control, interno o externo, una represión. El
emancipación, o puede tomar la forma de una deseo lo inquieta. Necesita acabarlo, como si
salvación extra-mundana, en la otra vida. El fuera una sensación de hambre que roe las
asceta puede encarnarse en un militante entrañas. Debe consumar lo más rápidamente
revolucionario, como el Che, en un filántropo posible el deseo, llegar al goce y reempezar,
extremo, como el Doctor Schweitzer, o en un porque el placer es sólo la sombra del deseo.
apóstol religioso como Sor Teresa. En efecto, siempre será inconmensurable la
La modalidad del asceta nos ha fascinado distancia entre deseo y placer. Este último es la
durante mucho tiempo. El héroe, que es la realización contingente de algo que se experi-
figura superior, forma parte de cierto menta como absoluto.
imaginario religioso y político también, muy El hedonista abomina del deseo, puesto que
seductor, porque realiza el absoluto. Albert está totalmente volcado al goce, a la bús-
Camus en La Peste hizo un retrato inolvi-
dable de uno de esos héroes radicales, 17
16
queda de la suspensión del deseo, a la saciedad. El consunto como tipo de deseo
Es pues un ser sin interior, totalmente poseído
por los objetos (bienes o personas) en quienes
encuentra la satisfacción.
Entre medio de esas dos figuras opuestas se
ubica la que nos interesa reivindicar. Es la figura
del estoico. Para éste el deseo está en el centro
del existir. El arte de vivir consiste en la
economía y administración de ese deseo en
función de la realización del yo a través del ¿Qué forma del deseo se puede encontrar
vínculo social, o sea en el nosotros. en el impulso de consumir, más allá de la
El asceta practica la anulación del yo en necesidad? Carpentier pone en boca de
función del nosotros y el hedonista practica el Enrique, uno de los protagonistas de La con-
narcisismo, esto es la anulación del nosotros. El sagración de la primavera, el siguiente juicio
estoico representa la figura mora! donde el deseo sobre la ostentación consumista de su aris-
se hace compatible con la solidaridad, tocrática familia: "Seres que creen que la Idea,
donde deja de ser voraz y consumatorio, de la única Idea posible es la posesión".
modo de hacer factible el vínculo social. Enrique habla de posesión, por tanto de un
La figura moral del estoico representa en impulso surgido de la interioridad del ser. Pero
nuestra cultura a aquellos que intentan preservar no. En rigor, la posesión sólo puede referirse a
su estructura íntima del asedio vertiginoso de las personas y no a los objetos, mucho menos a
esta sociedad consumatoria, en la que el esos bienes intangibles que son los servicios.
mercado trata de devoramos y el alud de Los objetos no son poseídos porque carecen de
información impedirnos pensar. interior. Sólo se puede poseer aquello que lo
Como estas sociedades capitalistas ne- tiene. No hay en los objetos ninguna voluntad
cesitan de consumidores ávidos, ellas buscan que se resista, que sea necesario domesticar. La
instalar el consumo como una necesidad interior. posesión tiene que ver con el control del alma,
Cuando el consumo es el eje o el motivo central de del interior.
un proyecto existencial, puede decirse que éste El deseo que motiva el consumo es otro: se
se instala como "sentido de vida". Eso constituye trata de la adquisición. Aunque conectado con
una hipertrofia del consumo, significa su el habitar y con la búsqueda del placer del
transformación en un motivo esencial, cuya confort, se trata de móviles que no surgen de la
privación haría desmoronarse el proyecto vital. interioridad del ser, sino de las capas exteriores.
Este deseo de objetos o de entretenciones
(consumo de cine, televisión, restaurantes.

18 19