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VIA CRUCIS DE PAUL CLAUDEL

ORACIÓN INICIAL

Guía: Oremos

Sacerdote:
Ven, Espíritu Santo,
ilumina nuestras mentes y nuestros corazones,
para que comprendamos el significado profundo
que tiene hoy el camino de la cruz
para nosotros,
para toda la Iglesia,
para el mundo.

A ti, divino Amor,


con el Padre y el Hijo
todo honor y gloria
por los siglos de los siglos.

Todos: Amén.

PRIMERA ESTACIÓN
Jesús es condenado a muerte

Sacerdote:
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

Todos: Que por tu santa cruz redimiste al mundo.

Lector:
¡Se ha acabado!
Hemos juzgado a Dios y lo hemos condenado a muerte.
No queremos tener más a Jesús entre nosotros, porque nos estorba.
¡No tenemos otro rey que el césar!
¡No tenemos otra ley que la sangre y el oro!
¡Crucificadle, si queréis, pero libradnos de Él! ¡Que se lo lleven!
Tolle! Tolle! ¡Qué le vamos a hacer!
¡Es necesario que Él sea inmolado y que se nos dé a Barrabás!

Pilato está sentado en el lugar llamado Gabbata.


“¿No respondes nada?”, pregunta Pilato.
Y Jesús no responde.
“No encuentro mal alguno en ese hombre”, dice Pilato,
“Pero, ¡bah! ¡Que muera, si así lo queréis!
Os lo entrego. Ecce homo”.

Guía: Oremos

Sacerdote:
Dios omnipotente, danos fortaleza para que ante el ejemplo de Jesucristo sometido a tu
voluntad, a pesar de ser dura y violenta para su naturaleza humana, también nosotros hallemos en tu
voluntad la única razón válida para el sacrificio. Por el mismo Cristo nuestro Señor.

Todos: Amén.

SEGUNDA ESTACIÓN
Jesús es cargado con la cruz

Sacerdote:
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

Todos: Que por tu santa cruz redimiste al mundo.

Lector:
¡Ah, qué instante solemne, aquel en que Jesús
acepta por primera vez la cruz eterna!
¡Oh cumplimiento consumado, en este día, del árbol del Paraíso!
Mira, pecador, y ve a qué ha servido tu pecado.
Ciertamente, el mal del hombre es grande, pero no tenemos nada que decir.
Porque Dios ahora está arriba, Él, que ha venido
no para dar explicaciones, sino para llevar a cumplimiento.

¡Ah, qué larga es la cruz, qué enorme y difícil!


¡Qué dura y qué rígida!
¡Qué carga tan pesada del inútil pecador!
¡Qué inmensa para llevarla, paso a paso, hasta morir en ella!
¿Es que la vas a llevar Tú solo, Señor Jesús?
Hazme paciente, a mi vez, bajo el leño que Tú quieres que cargue.
Porque es necesario que llevemos la cruz
antes de que la cruz nos lleve a nosotros.

Guía: Oremos

Sacerdote:
Señor, te pedimos que nos hagas comprender que la vida en el seguimiento de tu Hijo no
tiene ningún sentido alejada del sacrificio y la abnegación. Por Cristo nuestro Señor.

Todos: Amén.
TERCERA ESTACIÓN
Jesús cae por primera vez

Sacerdote:
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

Todos: Que por tu santa cruz redimiste al mundo.

Lector:
¡En marcha! Víctimas y verdugos a la vez,
todos moviéndose hacia el Calvario.
Dios, quien se arrastra con una soga al cuello,
de repente tambalea y cae a tierra.

¿Qué dices, Señor, de esta primera caída?


Y puesto que ahora la experimentas, ¿qué piensas?
¡Ese minuto en que caes y en que el peso mal cargado te abate!
¿Cómo encuentras esa tierra que Tú has creado?
¡Ah! No sólo el camino del bien es áspero,
también el del mal es pérfido y vertiginoso.
No hay otra sino caminar todo seguido,
aprender a conocer piedra tras piedra.
Y no pocas veces el pie falla,
por más que el corazón se mantenga firme.

Guía: Oremos

Sacerdote:
Dios nuestro, concédenos aprovechar las circunstancias difíciles para conocernos mejor y ver
lo poco que podemos al margen de tu gracia. Haznos sentir más la necesidad de Ti, y ayúdanos a
levantarnos siempre con humildad. Por Cristo nuestro Señor.

Todos: Amén.

CUARTA ESTACIÓN
Jesús encuentra a su madre

Sacerdote:
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

Todos: Que por tu santa cruz redimiste al mundo.

Lector:
La cuarta estación es María que todo lo acepta.
En una esquina de la calle ella espera al tesoro de toda pobreza.
En sus ojos no hay ya lágrimas, en su boca no hay saliva.
Ella no dice una palabra, sólo mira a Jesús que llega.
Ella acepta.
Ella acepta una vez más.
Ella reprime el grito en su corazón fuerte y firme.
Ella no dice una palabra, sólo mira a Jesús que llega.

El corazón de María se dirige casi violentamente hacia Jesús,


como el grito de un soldado que muere.
Ella se mantiene en pie ante Dios y le ofrece su corazón como un libro.
Y porque Dios mismo está ahí, Ella está presente.
Ella acepta y mira a este hijo que ha concebido en su seno.
Y no dice una sola palabra,
sólo mira al Santo de los santos.

Guía: Oremos

Sacerdote:
Concédenos, Señor, sentir como tu Hijo, la cercanía de María en la dura jornada de la vida.
Que Ella sea siempre para nosotros la firme pastora que guíe nuestros pasos y nunca permita que
sintamos compasión de nosotros mismos. Por Cristo nuestro Señor.

Todos: Amén.

QUINTA ESTACIÓN
Jesús es ayuda por el Cireneo

Sacerdote:
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

Todos: Que por tu santa cruz redimiste al mundo.

Lector:
Llega un momento en que todo se detiene,
y no es posible seguir avanzando.
Es ese el momento en el que nos sentimos como envueltos
y Tú permites que también nosotros,
incluso a la fuerza,
seamos “usados” para llevar tu cruz.

Así Simón de Cirene,


que es uncido a este trozo de leño.
El Cireneo lo empuña con fuerza
y se pone en marcha detrás de Jesús,
para que de la cruz arrastre,
y así no quede perdido en el camino.
Guía: Oremos

Sacerdote:
Oh Señor Dios, líbranos del miedo a la abnegación, a perdernos, a morir en el surco; que
nunca dudemos de que Tú sólo deseas nuestro bien y de que nuestro corazón sólo descansará
definitivamente en la entrega completa. Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.

Todos: Amén.

SEXTA ESTACIÓN
La verónica enjuga el rostro de Jesús

Sacerdote:
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

Todos: Que por tu santa cruz redimiste al mundo.

Lector:
Una mujer, entre los más feos insultos y en el círculo mismo de la muerte,
se lanza hacia adelante, se acerca a Jesús
y le toma el rostro entre sus manos.

Enséñanos, Verónica, a desafiar el respeto humano.


Porque, aquél para quien Jesús no es sólo una imagen,
sino una persona verdadera,
llega a ser para los demás hombres desagradable y sospechoso.
Su proyecto de vida es diverso, sus motivos no son los de ellos.
Hay siempre algo en él que se les escapa
y parece de otro mundo.

Déjanos mirar una vez más, Verónica,


el rostro del santo viandante,
en el lienzo en que lo has recogido.
¡Ese velo piadoso de lino en que Verónica ha ocultado
el rostro del vendimiador en el día de su ebriedad,
para que su imagen se adhiriera en él eternamente,
hecha con su sangre, sus lágrimas y nuestros desprecios!

Guía: Oremos

Sacerdote:
Dios de bondad, danos el impulso para fiarnos de tu Hijo Jesús, para que salgamos de
nosotros mismos y nos pongamos en su camino. Que jamás temamos el paso de Cristo por nuestra
vida. Te lo pedimos por el mismo Jesucristo nuestro Señor.

Todos: Amén.
SÉPTIMA ESTACIÓN
Jesús cae por segunda vez

Sacerdote: Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

Todos: Que por tu santa cruz redimiste al mundo.

Lector:
No es la piedra bajo el pie,
ni la cuerda al cuello tirada con fuerza,
es el alma la que falla de repente.
¡Oh centro de nuestra vida!
¡Oh caída espontánea y natural!

¡Al caer extiendes los dos brazos a la vez,


y ya no caes sobre las rodillas, sino sobre el rostro!
El cuerpo cae, es verdad,
pero el alma al mismo tiempo ha consentido.

Sálvanos de la segunda caída


que se comete voluntariamente por aburrimiento.

Guía: Oremos

Sacerdote:
Puesto que la cruz, Señor, es el único camino para llegar a Cristo, más que pedirte que nos la
apartes, te pedimos fuerzas, para llevarla con ilusión y entrega plena por amor. Por el mismo Cristo
nuestro Señor.

Todos: Amén.

OCTAVA ESTACIÓN
Jesús consuela a las santas mujeres

Sacerdote:
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

Todos: Que por tu santa cruz redimiste al mundo.

Lector:
Antes de subir por última vez a la montaña,
Jesús alza el dedo dirigiéndose hacia el pueblo que lo sigue,
algunas pobres mujeres llorosas
con sus pequeños en brazos.

No es sólo un hombre que alza el dedo


en medio de esta pobre representación pictórica;
es Dios que por nuestra salvación
no ha sufrido únicamente en una pintura.
Sí, ha habido un día en que Dios ha sufrido por nosotros.

¿Qué es, pues, el pecado, para que hayamos sido rescatados


a tan alto precio?
Y la salvación del hombre, ¿es una cosa de poca monta, si el Hijo,
para llevarla a cabo, ha sido arrancado del seno del Padre?
Y si así es el Paraíso, ¿qué será el infierno?
¿Qué será del leño muerto, si así se trata al leño verde?

Guía: Oremos

Sacerdote:
Cuánto ejemplo, Señor, nos ha dado Cristo como el amigo que siempre nos soporta y nos
perdona olvidando nuestras pequeñas o tremendas ofensas a su amor. No permitas que nos alejemos
de Jesús como Él nunca se aparta de nosotros. Por el mismo Cristo nuestro Señor.

Todos: Amén.

NOVENA ESTACIÓN
Jesús cae por tercera vez

Sacerdote:
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

Todos: Que por tu santa cruz redimiste al mundo.

Lector:
“Yo he caído de nuevo y, esta vez, es el fin.
Quisiera alzarme, pero no puedo.
Porque he sido exprimido como la uva,
y el hombre que llevo sobre los hombros
es demasiado pesado.
Muramos, pues,
que es más fácil estar rostro en tierra que mantenerse en pie.
¡Preferible morir que vivir,
estar sobre la cruz que no abajo!

¡Sálvanos del tercer pecado, el de la desesperación!


Nada está todo perdido mientras quede la muerte por beber!
¡Con este leño he terminado, pero me quedan los clavos!
Jesús cae una tercera vez, pero en la cumbre del Calvario.

Guía: Oremos
Sacerdote:
Dios nuestro: Cristo crucificado es la fuente de toda gracia, la fuerza de nuestra debilidad y la
alegría de nuestra vida. Haz que esté siempre presente en nuestra vida y sea el alimento de nuestra
debilidad. Por el mismo Cristo nuestro Señor.

Todos: Amén.

DÉCIMA ESTACIÓN
Jesús es despojado de sus vestiduras

Sacerdote: Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

Todos: Que por tu santa cruz redimiste al mundo.

Lector:
Dios está desnudo,
el velo del Tabernáculo está rasgado.
La mano se carga contra Dios,
la Carne se estremece.
El universo, tocado en sus raíces,
tiembla hasta el hondón de sus entrañas.

No te han dejado nada, Señor,


se han tomado todo,
incluso el vestido que se adhiere a la carne.
Han tomado todo.
No le queda nada para cubrirse,
no tiene defensa alguna, está desnudo como un gusano,
entregado a todos los hombres, ¡¡desnudo!!

Pero, queda el hombre del dolor.


Dios está escondido.
Pero Él es mi hermano que llora.

¡Por tu humillación, Señor, por tu deshonra,


ten piedad de los vencidos,
del débil a quien el fuerte se impone!
¡Por el horror de este último vestido que te arrancan,
ten piedad de todos aquellos que son lacerados!

Guía: Oremos

Sacerdote:
Dios nuestro, cuando la vida espiritual no nos resulte fácil ni inteligible, haznos comprender
que la mejor manera de entender la cruz es entregarnos como Cristo tu Hijo, que vive y reina por los
siglos de los siglos.
Todos: Amén.

UNDÉCIMA ESTACIÓN
Jesús es clavado en la cruz

Sacerdote:
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

Todos: Que por tu santa cruz redimiste al mundo.

Lector:
Han atado al Cordero por los pies, han clavado al Omnipresente.
Se marca a tiza sobre la cruz su estatura y la envergadura de sus brazos.
Y cuando está a punto para saborear nuestros clavos,
se nos hace visible toda su figura.

¡Tiran! Y el cuerpo, medio dislocado, cruje y gime.


Es pisoteado como en el lagar,
es angustiosamente descuartizado.
Para que halle justificación el profeta que lo ha predicho:
“Han atravesado mis manos y mis pies y se pueden contar todos mis huesos”.

Estás sujeto, Señor, y no puedes escapar.


Estás clavado en la cruz por las manos y los pies.
No hay que buscar respuestas en el cielo, como hacen el hereje y el loco.
¡Me basta este Dios, clavado con cuatro clavos!

Guía: Oremos

Sacerdote:
Padre, principio y fin de todas las cosas, mira benigno a este mundo que se resiste a creer en
la cruz y vuelve a gritar, como el Viernes Santo, que sólo creerá en Cristo si baja de la cruz.
Concédenos que Cristo crucificado no sea para nosotros piedra de escándalo y contradicción, sino
cimiento que fundamente nuestra existencia. Por el mismo Cristo nuestro Señor.

Todos: Amén.

DUODÉCIMA ESTACIÓN
Jesús muere en la cruz

Sacerdote:
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

Todos: Que por tu santa cruz redimiste al mundo.

Lector:
Ha sufrido largo tiempo, es verdad, pero ahora está por morir.
La gran cruz, en la noche, se agita dulcemente con el Dios que respira.

Está absolutamente solo,


como Adán, cuando estaba solo en el Edén.
¡Por tres horas, solo, y saborea el vino, la ignorancia invencible del hombre
ante el ocultamiento de Dios!
Ya no ve a su Madre y el Padre lo abandona.
Saborea la copa y la muerte que lentamente lo envenena.
¿No te es suficiente este vino agrio y mezclado con agua,
para que te yergas de improviso y grites: “Tengo sed”?

¿Tú, Señor, tienes sed? ¿Es a mí a quien hablas?


¿Es de mí y de mi pecado de quien tienes todavía necesidad?
¿Soy yo el único que falto, antes de que todo sea cumplido?

Guía: Oremos

Sacerdote:
Otórganos, Señor, el gozo de la cruz, la alegría en el dolor, la victoria en la calumnia, para
que nuestra aparente derrota sea salvación de la humanidad en Cristo, que vive y reina contigo por
los siglos de los siglos.

Todos: Amén.

DÉCIMOTERCERA ESTACIÓN
Jesús es bajado de la cruz

Sacerdote:
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

Todos: Que por tu santa cruz redimiste al mundo.

Lector:
La pasión termina, la compasión continúa.
Cristo ya no está en la cruz,
está con María que lo ha acogido.
Como un día lo acogió, al serle prometido,
ahora lo acoge, cuando todo se ha cumplido.

La Iglesia acoge entre sus brazos para siempre


a su bien amado.
Ella lo ha recibido,
ella ve, ella toca, ella ora,
ella llora, ella admira.
Ella es el sudario y el ungüento,
ella es la sepultura y la mirra.
Ella es el sacerdote y el altar
y el cáliz y el Cenáculo.
Aquí termina la Cruz
y comienza
el Tabernáculo.

Guía: Oremos

Sacerdote:
Oh Dios, ayúdanos a trabajar, luchar y negarnos a nosotros mismos para completar en nuestra
vida lo que falta a la pasión de Cristo; y haz que en todo momento vivamos conforme a este criterio.
Por el mismo Cristo nuestro Señor.

Todos: Amén.

DÉCIMOCUARTA ESTACIÓN
Jesús es colocado en el sepulcro

Sacerdote:
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

Todos: Que por tu santa cruz redimiste al mundo.

Lector:
La tumba en la que Cristo,
tras haber sufrido hasta la muerte, es depuesto;
la cueva, abierta a toda prisa,
para que Él duerma su noche
antes de que el Traspasado resucite y suba al Padre,
no es solamente este sepulcro nuevo,
es mi carne,
es el hombre, tu criatura, más profunda que la misma tierra.

Ahora que su corazón está abierto


y sus manos están perforadas,
no existe una sola cruz entre los hombres
a la que su cuerpo no se adapte,
no existe pecado entre los hombres
que sus llagas no sanen.

Guía: Oremos

Sacerdote:
Señor Dios nuestro, al ver cómo la cruz de Cristo desaparece del corazón de muchos hombres
a quienes molesta contemplar a un hombre muerto y clavado en un madero, concédenos abrazar cada
día la cruz de Cristo como auténticos testigos de su valor salvífico. Por el mismo Cristo nuestro
Señor.
Todos: Amén.

CONCLUSIÓN

Guía: Oremos

Sacerdote:
Nos hemos confiado a tu Cruz, oh Creador de la eternidad,
que nos la has dado como protección contra el enemigo.
Te suplicamos que con Ella nos protejas,
oh Salvador.

Todos: Amén.