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TEORÍA

DEL
HUMANISMO
I

Pedro Aullón de Haro


(ED.)
COLECCIÓN VERBUM MAYOR
DIRIGIDA POR PEDRO AULLÓN DE HARO

Serie
Teoría / Crítica

La colección Mayor de Editorial Verbum


se presenta como un proyecto singular y de fondo para la
cultura hispánica mediante obras que detentan, por la
razón que fuere, un valor emblemático o universal.
Se trata, bien de obras relevantes
a menudo difícilmente accesibles, en ocasiones como re-
descubrimientos de un patrimonio intelectual que debe
permanecer vivo y ejemplar, muy enriquecidas mediante
estudios y documentación; bien de nuevas obras capaces
de identificar un sentido de unidad o la visión de un todo
en un momento del saber, de una materia o diversas, en
fin, de una categorización importante del mundo del pen-
samiento o del arte.
El lugar de acción es la lengua española,
pero regido siempre tanto por la liberalidad de espíritu
como por una voluntad humanística y universalizadora.
Materialmente, Verbum Mayor ofrece
obras de sobriedad elegante, a veces de gran extensión,
pero de formato manejable, restituyendo con característi-
cas modernas un estilo de edición netamente cultural y de
vocación perenne casi olvidado en nuestra lengua.
Verbum MAYOR

TEORÍA DEL HUMANISMO


Mª. D. ABASCAL – N. ÁLVAREZ MÉNDEZ – A. AMAYA – I. ARBILLAGA – P. AULLÓN DE HARO –
L. BAGUÉ QUÍLEZ – G. BAK – R. BÉHAR – R. BENZAQUEN DE ARAUJO – L. BERNABÉ PONS –
V. BORSÒ – C. BRU RONDA – L. BUSQUETS – J. J. CAEROLS PÉREZ – C. CALVO RUÍZ DE LOI-
ZAGA – C. CAMPA MARCÉ – J. CANAVAGGIO – F. CANES GARRIDO – H. DE CARLOS – V. CARRERES –
E. CASSIRER – D. CASTRO DE CASTRO – M. CATALÁN – V. CERVERA SALINAS – S. CHIAPELLO –
CHO DONG-IL – A. CIORANESCU – I. CORACHÁN SWIDZINSKA – Mª. I. CORBÍ – J. A. CORDÓN –
F. M. CORNFORD – T. DELGADO – I. DÍAZ – W. DILTHEY – C. D’OLHABERRIAGUE – A. DOMÍN-
GUEZ LEIVA – A. DOMÍNGUEZ REY – I. DONOSO JIMÉNEZ – A. ESCRIBANO – L. ESPINOSA RUBIO –
J. Mª. ESTEVE FAUBEL – A. J. FALERO – C. FLÓREZ MIGUEL – J. FRESNILLO – E. GALLEGO MOYA
– J. GARCÍA GIBERT – M. GARCÍA MORENTE – E. GARIN – D. GONZÁLEZ RAGA – C. GONZÁLEZ
ROYO – D. GRACIA – C. GRÜMPEL – K. GYEKYE – J. HALFWASSEN – J. HERNÁNDEZ ARIZA –
M. HERNÁNDEZ MARCOS – P. HERNÁNDEZ VERDÚ – B. HERNÁNDEZ. – F. HERRERA DE LA TORRE
– W. VON HUMBOLDT – C. ILIESCU GHEORGHIU – R. JACQUES – E. JARDIM – Mª. V. JÁTIVA
MIRALLES – J. L. JIMÉNEZ RUIZ – C. G. JUNG – V. KOVACHOVA – J. KRISHNAMURTI – R. KRITSCH
– P. LARRAÑAGA – E. LLOBET LLEÓ – I. LLOPIS – Mª. P. LÓPEZ MARTÍNEZ – J. LÓPEZ MEDINA –
Mª. Á. LLORCA TONDA – E. LUPINI – L. LUQUE – C. MACÍAS – R. MALPARTIDA TIRADO –
M. Á. MANZANO RODRÍGUEZ – G. MARAÑÓN – Mª. R. MARTÍ MARCO – J. LUIS MARTÍNEZ –
L. MASSIGNON – R. MELLACE – Mª. L. MÉNDEZ LLORET – M. MENÉNDEZ PELAYO – R. MIGUEL
ALFONSO – C. MÍNGUEZ – J. M. MORA FANDOS – F. MORATÓ – J. MORENO SANZ – MUNGUANG
– A. DE MURCIA CONESA – E. NÁJERA – S. NAVARRO PASTOR – M. OLLÉ – Mª. T. DEL OLMO
IBÁÑEZ – D. H. PAGEAUX – R. PANIKKAR – B. PEÑA ACUÑA – F. PÉREZ HERRANZ – C. PÉREZ
SÁNCHEZ – R. PINILLA BURGOS – Mª. L. PIÑEIRO MACEIRAS – J. PIRES FERREIRA – M. PLANE-
LLES IVÁÑEZ – A. PONCELA GONZÁLEZ – J. PORTÚS – Mª. J. POSTIGO ALDEAMIL – J. PULLA –
A. RALLO GRUSS – L. RAMÍREZ SÁINZ – A. RELINQUE ELETA – A. REYES – A. RIVERA GARCÍA –
Mª. I. RODRÍGUEZ FERNÁNDEZ – Mª. J. RODRÍGUEZ SÁNCHEZ DE LEÓN – B. ROSA DE GEA –
F. RUÍZ QUEMOUN – A. SÁNCHEZ CUERVO – E. SÁNCHEZ SALOR – D. SÁNCHEZ-MESA –
J. A. SANDUVETE – Mª. J. SANTOS – J. A. SANZ MORENO – S. SCANDELLARI – M. SERNA ARNAIZ –
F. SERRA – E. SEVERINO – A. SIRVENT RAMOS – I. SOLER – J. SUÁREZ SERRANO – E. SULLÀ –
A. TAGLE – N. TIMOSHENKO KUZTNESOVA – M. DE UNAMUNO – Mª. V. UTRERA TORREMOCHA –
F. J. VARELA POSE – R. VARESE – C. VARONA NARVIÓN – F. VERATELLI – J. L. VILLACAÑAS
BERLANGA – L. VOICU-BREY – G. VOIGT – K. WILBER – YI HYEKYUNG-MERCEDES – YOSHIMI ORII
– P. ZAMBRANO CARBALLO – M. ZAMBRANO – X. ZUBIRI – S. ZWEIG
PEDRO AULLÓN DE HARO
(Ed.)

Teoría del Humanismo


VOLUMEN I

Mª DOLORES ABASCAL – PEDRO AULLÓN DE HARO – FRANCISCO CANES GARRIDO –


ALICIA RELINQUE ELETA – WILHELM DILTHEY – JAVIER FRESNILLO – DIEGO GRACIA –
CLAUDIA GRÜMPEL – PEDRO HERNÁNDEZ VERDÚ – WILHELM VON HUMBOLDT –
JUAN LUIS JIMÉNEZ RUIZ – ELEONORA LUPINI – Mª ROSARIO MARTÍ –
CONCHA D’OLHABERRIAGUE – JULIO LUIS MARTÍNEZ –
ANTONIO DE MURCIA CONESA – Mª TERESA DEL OLMO IBÁÑEZ –
RAIMON PANIKKAR – CRISTINA PÉREZ SÁNCHEZ – Mª LUISA PIÑEIRO MACEIRAS –
Mª JOSÉ SANTOS DELTELL – ARMANDO TAGLE – MIGUEL DE UNAMUNO –
CARLOS VARONA NARVIÓN – XAVIER ZUBIRI
IN MEMORIAM
JUAN ANDRÉS (Planes, Alicante, 1740 - Roma, 1817)

AGRADECIMIENTOS
Editorial Trotta (textos de C. G. Jung, Louis Massignon);
Editorial Bellaterra (Kwame Gyekye); Herederos de García Morente;
Fundación Xavier Zubiri; Fundación Krishnamurti;
Fundación María Zambrano; Editorial Kairós (Ken Wilber);
Emanuele Severino; Herederos de Alfonso Reyes;
Raimon Panikkar y Editorial Siruela; Herederos de Eugenio Garin
GITE-09034-UA: Nuevas tecnologías en el Humanismo

© P. Aullón de Haro y los Autores, 2010


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ÍNDICE

TOMO I
PREFACIO ........................................................................................................... 17

PEDRO AULLÓN DE HARO......................................................................... 25


La ideación del humanismo y la problematización humanística de
nuestro tiempo
CLAUDIA GRÜMPEL y MARÍA LUISA PIÑEIRO MACEIRAS ................... 103
La terminología de “Humanismo”
Mª TERESA DEL OLMO IBÁÑEZ ................................................................. 117
Término y concepto de “Humanismo” en las fuentes enciclopédi-
cas modernas
JUAN LUIS JIMÉNEZ RUIZ ........................................................................... 163
Epistemología de la historia de la cultura y humanismo
RAIMON PANIKKAR...................................................................................... 199
La mutación de la conciencia en el siglo de Buddha (Ed. de
P. Aullón de Haro)
ARMANDO TAGLE ........................................................................................ 217
El humanismo de los profetas y el ideal humanista de Homero
(Ed. de Javier Fresnillo)
CARLOS VARONA NARVIÓN....................................................................... 233
Más allá de la paradoja del humanismo hindú
ALICIA RELINQUE ELETA........................................................................... 251
Sobre el humanismo en China, o de cómo la poesía orientó al
cielo
MARÍA JOSÉ SANTOS DELTELL.................................................................. 269
Idea histórica y concepto humanístico de Europa
WILHELM DILTHEY...................................................................................... 277
El origen de la hermenéutica (Ed. de Antonio de Murcia Conesa)
FRANCISCO CANES GARRIDO.................................................................... 293
El humanismo y la educación clasicista. Una introducción peda-
gógica
ELEONORA LUPINI ...................................................................................... 349
Una bibliografía del humanismo histórico italiano: 1990-2007.
Ensayo de investigación catalográfica mediante soporte digital
PEDRO HERNÁNDEZ VERDÚ ..................................................................... 385
La paideia de Jaeger y la indología de Von Glasenapp
7
8 PEDRO AULLÓN DE HARO

WILHELM VON HUMBOLDT...................................................................... 411


Teoría sobre la formación del hombre (Ed. de María Rosario Martí
Marco)
MIGUEL DE UNAMUNO .............................................................................. 417
Soledad (Ed. de Concha D’Olhaberriague)
XAVIER ZUBIRI.............................................................................................. 433
El hombre y su cuerpo (Ed. de Diego Gracia)
MARÍA DOLORES ABASCAL........................................................................ 445
La teoría humanística del lenguaje
JULIO LUIS MARTÍNEZ ................................................................................ 483
Humanismo y teología cristiana
CRISTINA PÉREZ SÁNCHEZ ........................................................................ 559
Orígenes y evolución del Estado moderno: hacia una nueva con-
cepción del sujeto político

TOMO II
DOMINGO SÁNCHEZ-MESA MARTÍNEZ ................................................... 9
El humanismo en la cibercultura
FRANCISCO JAVIER VARELA POSE ............................................................ 55
La informática humanística y la transmisión del texto digital
CRISTÓBAL MACÍAS..................................................................................... 81
Humanidades y Bibliotecas digitales
JOSÉ ANTONIO CORDÓN ........................................................................... 113
El humanismo, la edición y la función editorial en la época con-
temporánea
ENRIC SULLÁ................................................................................................. 139
Canon literario y humanismo
ASUNCIÓN RALLO GRUSS y RAFAEL MALPARTIDA TIRADO............... 167
La epístola como género literario humanístico
RAFAEL MALPARTIDA TIRADO .................................................................. 189
El diálogo como género literario para el humanismo renacentista
español
MARÍA JOSEFA POSTIGO ALDEAMIL ........................................................ 217
Paremiología y humanismo
CARLOS CAMPA MARCÉ .............................................................................. 247
De humanismo y semblanza. (A propósito de Alfonso Reyes y otros
humanistas hispanoamericanos)
ALEJANDRO CIORANESCU ......................................................................... 271
El proceso de la utopía. El porvenir del pasado (Ed. de Lilica
Voicu-Brey)
IDEA HISTÓRICA Y CONCEPTO HUMANÍSTICO DE EUROPA

M. J. SANTOS DELTELL

La idea de Europa aparece fundada en un criterio cultural y moral,


como individualidad histórica en virtud de su propia tradición y por tanto
pudiéndose apelar para su consideración a toda una serie de nombres, he-
chos y pensamientos que han dejado de ella, secularmente, una huella inde-
leble1. La realidad llamada Europa es evidentemente complicada, y se diría
que su identidad cultural emerge de esa propia complejidad. Ha sido impor-
tante el reconocimiento incluso de una Europa antes de la Historia, una
Europa de la Edad del Bronce2, aunque quizás los polos fehacientes de la
identidad europea puedan establecerse sobre todo entre los extremos repre-
sentados por Platón y la problemática derivación de la ciencia del siglo XX
en tecnología instrumental3. Aquí nos proponemos efectuar un breve ba-
lance histórico-cultural del argumento europeo, balance que en cierto
modo pudiera considerarse como una suma o encadenamiento de tópicos
en su mayoría bien reconocidos tradicionalmente, pero justamente sin los
cuales no resulta concebible ni identificable la idea de Europa mediante la
cual el destino del hombre europeo determinó uno de sus anhelos de eleva-
ción humanística de mayor capacidad significativa y proyección cívica. Natu-
ralmente, no asumiremos un examen crítico de los grandes problemas de la
reflexión cultural europeísta. Eso es cometido de otros capítulos y muy nota-
bles de esta Teoría del Humanismo.
Es de recordar en primer término cómo la primera vez que se men-
ciona a Europa es en la Teogonía de Hesíodo (siglo VIII a.C.), siendo una de
las numerosas hijas que el Océano engendró en Tetis: “una sagrada estirpe
de hijas que por la tierra se encargan de la crianza de los hombres…”4. Una
tradición posterior habla de Europa, que en griego significa “de ancha
1
F. Chabod, Historia de la Idea de Europa, Madrid, Edersa, 1992, p. 20.
2
K. Kristiansen, Europa antes de la Historia, Barcelona, Península, 2001.
3
Puede seguirse este criterio en G. Reale, Raíces culturales y espirituales de Europa, Barce-
lona, Herder, 2005.
4
R. Gómez Pérez, Breve Historia de la cultura europea, Madrid, Rialp, 2005, p. 15.

269
270 M. J. SANTOS DELTELL

frente”, como hija del rey de Tiro (Fenicia). Zeus convertido en un toro
alado sedujo a Europa y se la llevó a Creta para amarla. Europa parió a
Minos, rey de la isla y protagonista de la leyenda del Minotauro.
En tiempos de Herodoto (siglo V a.C.) se pensaba que el mundo se
componía de tres grandes espacios: Europa, Asia y África (Libia). Es decir,
Europa estaba al oeste limitada por el océano y el mar Mediterráneo, Mare-
Nostrum y las columnas de Hércules (Estrecho de Gibraltar). En realidad, el
conocimiento geográfico de Europa no avanzó hasta la época romana gra-
cias a los topógrafos de Julio César y Octavio Augusto.
El desarrollo específico de la idea de Europa hay que reconocer que
tiene su base de partida en el Humanismo, el cual le confiere una dimensión
histórica de la que carecía. En este sentido es de notar que una de las apor-
taciones decisivas del humanismo consistió en el establecimiento de una
clara conciencia histórica. Los humanistas elevaron la historia al rango de
disciplina dentro de los studia humanitatis, en los cuales, ciertamente, el
mundo clásico antiguo y el cristianismo serían tenidos como los pilares de la
civilización europea.
En la formación del concepto de Europa y en el sentimiento que lo
acompaña prevalecieron sobre otros factores los culturales y morales. Al
nombrar Europa se alude a cierta forma de civilización, a un determinado
modo de ser y de pensar, siendo lo que importa, o lo que se selecciona en
principio, el elemento espiritual, la voluntad y el aspecto moral sobre cual-
quier otra consideración material. De ahí que el Humanismo histórico cons-
tituya el gran momento de cristalización de la idea de Europa como senti-
miento arraigado en la voluntad de los hombres. Cabría decir que desde
Padua y Florencia irradia una concepción renacentista que va a rememorar
en las ciudades italianas la pujanza de las antiguas polis griegas. En realidad
la concepción europea es netamente griega por cuanto en Grecia se inicia la
curiosidad cultural y científica, la búsqueda de la verdad y de la belleza que,
al menos idealmente, definirán la personalidad de Europa, tramitada a su
vez por Roma con su particular y extensivo desarrollo administrativo y la
aportación de la lengua latina como suelo común, incluso de evolución di-
recta en las lenguas románicas, de toda cultura y de todo fundamento de la
paideia a través de la humanitas. El establecimiento del Cristianismo como re-
ligión oficial del Imperio (Edicto de Milán, 315) puede entenderse que
otorga definitivamente una evolución humanística y espiritual transcen-
dente a los principios de las culturas clásicas griega y romana. De hecho, la
TEORÍA DEL HUMANISMO 271

simbiosis de helenismo, romanidad y cristianismo se transfirió a los siglos


posteriores mucho antes de que los humanistas ya en el XIV creyeran ser los
primeros en descubrir el valor fundamental de la antigua cultura clásica.
Pero el humanismo no cabe olvidar que también responde a un renacer de-
mográfico tras las mayores crisis de población producidas por la peste a final
de la Edad Media5.
El rasgo cultural griego de amor al saber y razonamiento del mundo y
el hombre se transmite al conjunto del continente europeo, desde donde se
gestan ideas que han convulsionado, transformado y mejorado el mundo, y
también donde finalmente, todo hay que decirlo, las nuevas barbaries totali-
tarias del siglo XX nacieron.
Si se toma a Petrarca como el primer gran representante de cuerpo en-
tero del humanismo italiano, hay también que subrayar cómo Luis Vives es
acaso quien finalmente alcanza una conciencia más clara de Europa. En
Vives es reconocible el hombre europeo por excelencia del Renacimiento6.
En resumidas cuentas, el mundo grecolatino proporcionaba un modelo
para reivindicar la libertad y la dignidad humana libre de las ataduras de la re-
ligión, es decir la posibilidad de un antropocentrismo superador de la cultura
teocéntrica medieval y un sesgo hacia la ética y la política y el consiguiente sen-
tido de la experiencia individual como autoridad. Y ello a partir de la dignidad
individual y una búsqueda de la piedad íntima y personal del individuo. Desde
luego, el neoplatonismo influyó poderosamente en todo ello. La belleza de
los seres materiales es entendida como el reflejo de la belleza de Dios que
puede conducir a la perfección. De ahí surge a su vez la idealización del
cuerpo femenino tan característica de la cultura renacentista.
Como es bien sabido, fueron hombres religiosos, en su gran mayoría
cristianos, quienes lograron establecer un nexo entre la cultura clásica y el
cristianismo desarrollando un pensamiento de carácter crítico frente al dog-
matismo medieval fundamentalmente escolástico difundido desde los mo-
nasterios. Se ha de recordar que la implantación de la imprenta y el
aumento de la publicación de los libros contribuyeron decisivamente a ex-
pandir aún más esta teoría europea del humanismo renacentista, especial-
mente desde las universidades.
5
M. Livi Bacci, Historia de la población europea, Barcelona, Crítica, 1999.
6
F. Calero, Europa en el pensamiento de Luis Vives, Valencia, Ayuntamiento de Valencia,
1997; V. Moreno Gallego, La recepción hispana de Juan Luis Vives, Valencia, Biblioteca Valen-
ciana, 2006, caps. II y III.
272 M. J. SANTOS DELTELL

Si las aportaciones humanísticas desde ámbito religioso fueron cierta-


mente notables, y el conocimiento del latín y la restitución del griego permi-
tieron la difusión de la patrística griega y establecimiento de ese doble eje
humanístico representado por San Agustín y San Jerónimo, es la tendencia
filantrópica del humanismo así como por otra parte el aprecio de la fama y
el disfrute epicúreo aquello que definitivamente permitirá propugnar el pa-
cifismo y la unidad política y religiosa de Europa. En cualquier caso, el na-
ciente individualismo europeo, principio de la moderna autonomía de la
persona, puede detectarse ya a comienzos de la Edad Media7.
El hombre es la mejor criatura de Dios, y la regencia humanística de
una Europa de hombres doctos unidos por la inteligencia permitiría una
compensación mediante la ginecolatría, es decir la alabanza y respeto hacia
la mujer frente a la misoginia medieval. También es de notar cómo la estética
renacentista del clasicismo en algunos sectores derivó hacia un neopaga-
nismo como naturalismo de las costumbres. Era convicción que la filosofía
proporciona un saber práctico para la vida (ars vivendi) y su expresión es el
arte retórico, instrumento idóneo para canalizar el esfuerzo humano desti-
nado a conseguir la virtud a través de la enseñanza. De ahí procede la estre-
cha relación entre virtud y conocimiento que es fundamento de la humanitas.
En el Renacimiento también se encuentra el sentido de la unidad espi-
ritual de Europa, pero sin confundir ésta con la “República cristiana”. Siglos
antes, para Carlomagno, el Rex pater Europeae, el concepto de Europa tenía
únicamente un valor geográfico que había de servir para designar la euro-
peidad. También se utilizaría el vocablo christianitas. Europa fue así la ecclesia
Romana frente a los griegos o bizantinos sometidos al emperador de Cons-
tantinopla.
La formulación de Europa como comunidad política fue eminente-
mente laica. Aparece por primera vez en Nicolás Maquiavelo, en El Príncipe.
Según Maquiavelo, Europa tiene una individualidad propia y una personali-
dad basada en un modo de organización política. Maquiavelo es también el
primer autor en exponer la idea de la voluntad arraigada en el hombre. La
idea de Europa con carácter político, el gobierno republicano de Europa da
lugar a la competencia fecunda de los partidos políticos (pluripartidismo,
base de la democracia) o distintas formas de pensar generalmente de signo

7
Véase Aaron Gurevich (1994), Los orígenes del individualismo europeo, Barcelona,
Crítica, 1997.
TEORÍA DEL HUMANISMO 273

contrario unas de otras, lo que contribuye a la limitación del poder central


en favor de las libertades de los individuos.
Se hace patente el sentido de la diversidad en el pluralismo nacional.
Esta idea se introduce poco a poco en el Derecho Público y en la teoría del
equilibrio europeo que tanta importancia tendrá en siglos sucesivos. En el
Renacimiento, el sentimiento nacionalista de los humanistas italianos estaba
muy arraigado. Un ejemplo prototípico puede verse en el poema “Italia
mía”, de Petrarca, en el que se contrapone “la gentil sangre latina” a la de los
“bárbaros”, esto es los que han nacido fuera Italia. No obstante, esa idea na-
cionalista va transformándose y el hecho es que en el siglo XVI el príncipe de
los humanistas, Erasmo de Rotterdam, ya no había nacido en Italia sino en
los Países Bajos.
En realidad, ese pluralismo nacional, por así decir, esa multiplicidad
de estados sería necesaria para mantener la libertad de Europa e impedir el
advenimiento de cualquier tipo de monarquía universal procedente de Es-
paña o de Francia (siglo XVI). Relacionado con el tipo político europeo
surge una civilización distinta a la de otros continentes.
Se empieza a tomar conciencia del hecho de ser europeo, lo que evi-
dentemente significa diferenciarse del resto. Así, conciencia europea es di-
ferenciar Europa como entidad política y moral respecto de otros continen-
tes o grupos de naciones. Europa existe por contraposición a algo que no lo
es. Ya sabemos que la primera contraposición es obra del pensamiento
griego. Pero Europa desarrollaría la configuración efectiva de la libertad, la
emancipación del individuo y las maduras ideas kantianas de libertad y paz.
Esta reflexión alcanza uno de sus momentos más elevados en la obra tanto
teórica como dramática de Friedrich Schiller, quien sin embargo ya advierte
muy pronto con absoluta claridad del peligro de las revoluciones políticas
violentas y es premonitorio respecto del proceso que derivaría del octubre
soviético de 1917.
El gobierno de Europa es la república que concede valor al individuo,
que se rige por leyes frente al poder absoluto de Asia. Hay una idea antigua,
ya en Filipo de Macedonia, el padre de Alejandro Magno, quien quería con-
traponer un gran estado europeo, que abarcara los alrededores del mundo
helenístico, frente a otro gran estado asiático dirigido por un déspota, el jefe
persa Jerjes (siglo IV a.C.).
Respecto de un tipo de civilización diversa del de otros continentes, es
preciso observar de qué manera han influido en Europa los grandes descu-
274 M. J. SANTOS DELTELL

brimientos geográficos de los siglos XV y XVI. Comúnmente, éstos son exami-


nados desde el punto de vista económico, cuando se desplazó el tráfico co-
mercial desde el Mediterráneo hasta el “Mar Tenebroso” (Océano Atlán-
tico), pero hay que considerar también la influencia que tuvieron los
descubrimientos en la vida espiritual de los europeos.
El descubrimiento del Nuevo Mundo, esa gran apertura de horizontes,
va a ser responsable de la creación del concepto de espíritu moderno, que
hará exclamar a Giordano Bruno: “los verdaderos sabios somos nosotros”,
aludiendo a su época, por oposición al mundo clásico8. Desde ese momento
los habitantes de Europa se van a ir sintiendo cada vez más europeos pres-
cindiendo del sentimiento cristiano. Se subrayarán cada vez más las diferen-
cias culturales sobre las religiosas, pues el continente se va haciendo más
laico al tiempo que las comunidades cristianas se van incrementando al otro
lado del Atlántico.
Es un hecho que la Reforma Protestante divide al mundo cristiano y
los valores que habían sido incuestionables a través de los siglos empiezan a
tambalearse. Progresivamente el mundo se va laicizando a la vez que las
ideologías se separan de la idea de cristiandad. Asimismo se aclara renovada-
mente un concepto Europa al desparecer un mundo de valores y entrar en
escena otro nuevo. Europa queda contrapuesta a la no-Europa (América) y
se tiende a maximizar lo lejano, lo desconocido, lo pintoresco. Se tiende a
ver una estilización de los países de ultramar y se entabla una gran polémica
sobre Europa.
La Utopía de Tomás Moro, que quiere combatir las instituciones políti-
cas de su tiempo creando un estado imaginario que modela a su antojo,
hace evidente ya en el siglo XVI la valoración de lo otro como posibilidad,
aun imaginaria. Ese mito, el de ponderar lo ajeno a nosotros, tuvo una
honda repercusión entre los siglos XVI al XVIII y contribuyó a representar
una lucha abierta contra las instituciones del Antiguo Régimen.
Sin embargo, ese deseo de combatir todo lo europeo, desde Mon-
taigne hasta Voltaire, no pretende aniquilar Europa sino, por el contrario,
hacer surgir una nueva Europa más fuerte, más sabia, más verdadera y maes-
tra de vida para todos. A partir del siglo XVII y en virtud del avance científico
que supuso el desarrollo de la física moderna con Galileo y Newton surge
una nueva corriente de pensamiento que desembocará en el positivismo de

8
F. Chabod, ob. cit., pp. 80 y ss.
TEORÍA DEL HUMANISMO 275

la segunda mitad del siglo XIX, rechazando cada vez más la lógica formal
aristotélico-ecolástica, pero destruyendo también a su paso un saber larga-
mente trabajado e indispensable para el humanismo.
Es incuestionable que a mediados del Setecientos, frente al euro-
peísmo, se va afianzando la idea de nación, la noción de lo particular contra
lo general, la individualidad frente a la universalidad. Para Chabod, con
razón, el europeísmo ilustrado dieciochista resultaba opuesto al romanti-
cismo nacionalista decimonónico, que trasladó gran parte de la fuerza del
sentir europeo a la mera particularidad de la nación9.
Podría afirmarse que la Historia Contemporánea ha estado dominada
por la oposición entre el proyecto de Estados Unidos de Europa y la exalta-
ción del propio país, es decir, los nacionalismos, el ansia de libertad política
que va a prevalecer en la historia de Europa entre 1790 y 1815, desde la Re-
volución francesa (1789) hasta el Congreso de Viena (1815), en el sistema
de estados europeos basado en el principio del equilibrio político según pa-
labras de Metternich. Es éste un europeísmo de cuño conservador. Significa
repudio del principio de nacionalidad y de la revolución que llegaría a ma-
nifestarse con violencia en Europa mediante las llamadas revoluciones bur-
guesas de 1848.
Mazzini ponía en estrecha relación la nación con la humanidad; re-
coge una idea latente en Europa, Alemania y Francia (De Maistre, Montes-
quieu, Voltaire, Rousseau). Cada nación tiene una misión que cumplir (No-
valis). La reforma protestante es vista por Guizot como el origen de la
Europa Moderna. Guizot era calvinista mientras que, por el contrario, el
joven Novalis, que era católico, pensaba que la reforma había sido el princi-
pio de todas las aberraciones10.
Y así la conciencia cultural europea de la primera mitad del XIX, que
recoge casi todos los temas de la Ilustración, a veces los caricaturiza o desvir-
túa, como explicaba Cassirer en La filosofía de la Ilustración a propósito de la
gran historiografía ilustrada, pero también y a menudo los enriquece y los
transforma en temas de nueva consideración histórica. En este sentido deci-
monónico tan apoyado en la evolución de la idea de progreso, la civilización
europea puede existir en tanto que existen muchas civilizaciones nacionales
y el progreso de los pueblos es ingenuamente general, lineal e inacabable.

9
F. Chabod, ob. cit., p. 16.
10
Ibid., p. 148.
276 M. J. SANTOS DELTELL

La civilización europea se caracterizaría por una variedad de ideas que la


hace incomparablemente rica. Tras siglos había de continuar en proceso
constante y veloz.
Pero Benedetto Croce hizo ver que los europeos somos cristianos y no
podemos dejar de serlo por dejar de practicar el culto, pues el cristianismo
ha dado forma imperecedera a nuestro modo de pensar y sentir: “hasta los
librepensadores, ni siquiera los anticlericales, pueden evitar este destino
común de Europa, de su espíritu…”11. La primera mitad del siglo XX fue el
gran momento no sólo del mayor desastre bélico conocido en Europa y en
el mundo sino también, y quizás precisamente por ello y en Alemania, de la
más intensa reflexión europeísta representada por algunas de las mentes
más lúcidas de la cultura moderna, tan importantes y dispares como han
sido los casos de Husserl, Jaeger, Curtius o Zweig.
Tras el horror de las dos guerras mundiales, en las que se ha visto su-
mida la vieja Europa, la segunda mitad del siglo XX ha visto renacer la posi-
bilidad política europea, si bien es más que discutible la prioridad humanís-
tica de todo ello: la Europa unida de Maastrich (1992) cuyos antecedentes
fueron la CEE (Mercado Común Europeo) creada en 1947 por el Tratado
de Roma que inicialmente agrupaba a una Centroeuropa de seis países que
actualmente casi llega a la treintena y ha de asumir una nueva idea de ciuda-
danía12, por lo demás ya inmersos en la era de la globalización que ha ejecu-
tado con amplitud la presencia de Asia en Europa y a la inversa.

11
Ibid., p. 152.
12
Cf. J. Borja, G. Dourthe y V. Peugeot, La ciudadanía europea, Barcelona, Península,
2001.

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