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Venerado por una generación

 EL MUNDO regala este domingo la película 'Buenas noches y buena suerte'


 Ed Murrow cambió la forma de informar a través de la televisión

VÍCTOR DE LA SERNA | MADRID

Actualizado viernes 16/01/2009 20:02 horas

Ed Murrow fue un héroe americano, un pionero del periodismo audiovisual y el inventor


de la información radiofónica en vivo. Encaramado precaria y valientemente a un balcón
londinense para que sus oyentes norteamericanos pudiesen oír en directo el sonido sordo
y siniestro de las bombas alemanas que caían a su alrededor, cubrió para la CBS el 'Blitz'
de 1940-41.

Fue también él quien entró con las tropas en Buchenwald el 15 de abril de 1945 para
describir, otra vez en directo, el horror de las "filas de cadáveres amontonados como
leños" y rompió con los códigos de la asepsia informativa de la época para describir en
tono desafiantemente indignado y muy subjetivo el horror que le rodeaba, para terminar
la emisión con estas frases: "Les ruego que se crean lo que les he contado de
Buchenwald. He narrado lo que he visto y oído, y solamente en parte. Para la mayoría de
todo ello no encuentro palabras. Si les he ofendido con este informe bastante suave sobre
Buchenwald, no lo lamento lo más mínimo".

Esa aureola ganada en la II Guerra Mundial, y que la película de George Clooney


recuerda en un breve rótulo a su inicio, explica por qué el temible y tramposo senador por
Wisconsin, Joseph McCarthy, no pudo destruirlo ni intimidarlo como a otras muchas
personas durante su tristemente célebre campaña anticomunista. Todos los ciudadanos
conocían a Murrow y ninguno dudaba de su acendrado patriotismo (de hecho,
acabaría su carrera, antes de una muerte prematura por cáncer de pulmón, dirigiendo 'La
Voz de América' y los servicios de propaganda gubernamentales bajo los presidentes
Kennedy y Johnson).

Con su feroz disección de los métodos de McCarthy en el programa 'See it now' en 1954,
cambió la historia de la información televisada y también acabó con el inquisidor
alcohólico. Es la historia que cuenta 'Buenas noches y buena suerte'. (Esa despedida la
aprendió Murrow de los londinenses durante el 'Blitz': es lo que se decían cada tarde
al abandonar el 'pub', expresando su temor al bombardeo nocturno que llegaba y la duda
sobre si verían un nuevo día...).

Un pasaje de la historia del periodismo

Toda una generación de periodistas creció en Estados Unidos venerando a Murrow. Yo


pertenezco a ella, y muy directamente, porque el co-productor de Murrow, Fred Friendly
-el personaje al que encarna Clooney en la película- dirigía el departamento audiovisual
de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia cuando estudié allí la carrera
a principios de los años 70, y él mismo se encargaba de presentarnos las ya legendarias
filmaciones del programa 'See it now'.

Las seguíamos en un silencio reverente. Éramos conscientes de estar contemplando un


pasaje glorioso de la historia del periodismo. Y si no lo éramos lo suficientemente, el
propio Friendly se encargaba de remachar con su voz tronante lo grande que había
sido Murrow (sobreentendido: y él mismo).

Grandullón, narigudo, altisonante y jactancioso, Friendly era todo un personaje más


grande que la vida misma. Francamente diferente del personaje ponderado y discreto que
interpreta Clooney en la película: cuando se estrenó, crepitaban por internet los mensajes
que nos intercambiábamos sus ex alumnos, diciendo más o menos eso de "éste no es mi
Fred, que me lo han cambiado".

La licencia poética, que no daña lo esencial de la narración, se debe quizá a que el propio
Clooney ha heredado de su padre, el periodista Nick Clooney -seguidor de las proezas de
Murrow en Londres cuando era niño, y admirador de 'See it now' cuando joven reportero
en los 50- esa veneración por el gran cruzado del periodismo de investigación.

Un leve exceso hagiográfico marca, de hecho, la película. Pero su descripción de la gloria


y la miseria del periodismo televisivo, con el declive de 'See it now' frente a las presiones
comerciales en la cadena CBS, es irreprochable y, de hecho, de una gran exactitud
histórica.

En su despedida, en 1958, Murrow vaticinaba la muerte del periodismo riguroso a


manos del comercialismo y el escapismo crecientes de la TV. Su amargura es
comprensible, pero hay que resaltar que eso fue hace ya medio siglo y, aunque el
vaticinio se ha repetido muchas veces desde entonces, la vocación periodística ha seguido
rebrotando una vez y otra en todo el mundo. Como demostrarían en 1972-74 dos jóvenes
reporteros del 'Washington Post', también miembros de nuestra generación de 'hijos de
Murrow', Bob Woodward y Carl Bernstein, que tumbaron a un presidente. Hemos perdido
muchas batallas, y ahí tenemos el 'tomateo' con el que la TV española confunde hoy la
información. Pero, y en esta casa lo sabemos bien, seguimos ganando algunas...