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Arquímedes

Dueño de tus aguas, querida mía,


Ese detalle, el de saber aprisionar tu fuerza,
Vía una floritura de émbolo, en medición de
Tu solemne fuerza. Ávida de irrigación física.
En mares y ríos,
Vas aprisionada, pero viva.
Oh preciosa mía,
Heredera de naves silentes, braveras,
No durmientes.
Querida mía, creo en ti, en tu fuerza,
En el diseño de tus aguas potenciadas.

Diógenes
Casi como luz ciega,
Casi en ignorancia real, más no supina.
Luciérnaga mía, que decantas haces,
Como si la óptica se hiciera, de ti,
Benévola, acuciosa, heredera,
De la lógica no quieta, ni lineal,
Más bien en líneas curvas,
Niña iridiscente, como si lo recordaras a cada día,
Ese sujeto pleno de memoria
Ajeno a los silencios.

Newton
Mecánica, la tuya.
Acelerada mirada. Yendo en lo básico, físico,
Convocando la potencia de tu distancia,
Consumida por mí. Como sujeto, móvil,
En velocidad actuante,
Vanessa mía, te veo,
Rozando el piso.
Te veo, en perplejidad solemne.

Colores
En lo primario abierto,
En ese sentido visual tuyo, pleno.
Mujer de siempre. Negra, pesada, liviana,
Mujer roja, inmensa.
Niña del rosado inane,
Mujer convergente,
Mirándote a ti misma,
Como silueta fría.

Química

Mercurio
Mi irritación, hoy, es más que a flor de piel,
Un insidioso volumen,
Interacción entre calor y cuerpo,
Evaporándose mi amor por ti.
Y enajenando mi ser,
Vertiendo una sangría impávida,
Potente,
En asfixiante desarmonía con la vida,
Hiriéndola en lo que, ella, más es.
Fabricadora de empatías,
Creativas, solidarias.

Oxigeno
Te siento como sujeta ida,
Por ahí, navegando,
Llamándome con tu palabra,
Viva,
Como viento no alucinado,
Como mar embravecido,
Creador de vida.
En fin, que, te veo y te siento,
Como hilatura fresca,
Que vuela en busca
De ternura.

Carbono
En esa simpleza,
De doncella primera, nervadura ansiada,
Trama más que milenaria,
Te he erigido en mi diosa herética,
Con el enlace simple, alotrópico,
De esa dación de vida, física
O incorpórea,
Qué estando. Que, yendo,
Qué ansiado,
Qué momento envolvente, lúcido,
Brilloso, todo ahí. Cierto, perdurable,
Lo tuyo. En tus ojos,
En tu sexo.

Iridio
No en simbología, simple. Tal vez, hueca,
Más bien en esa templanza, adquirida al calor extremo,
Virtuosa niña mía. Repeles los ácidos,
De las huestes de la insania,
En los entornos dramáticos,
En que vivimos.
Ternura, la tuya, adquirida en
Mil batallas,
Que creías perdidas.

Aluminio
En proclama de metalistería,
Blanda, ígnea, aleación diáfana.
Querida niña mía,
Tus miedos a estar sola. Ahí, inerme,
Convocan a juntar cuerpos,
A promover hechizos punzantes, benévolos.
Te amo así, pulcra,
Heterodoxa, punzante.
Como Jano
Te vi llegar aquella tarde,
Imbuida de prepotencia artera.
Mirándome ahí,
Y escudriñándome en el entorno,
De aquí y de allá.
En pura geometría envolvente,
Con trazos convexos,
Desafiando a Thales.
Mirándome, como en dossier melifluo, bastardo.
En pura lógica apagada,
Adquirida en mercado de tronera,
De alfiles estáticos,
Informantes vergonzosos.
Te vi partir, hoy, como ecuación propuesta. A uno u otro lado.
En lo que es, hoy por hoy, tu oficio.

Geodesia
Un vuelo estático, el mío.
Y llegué a ti, por esa vía de vientos ávidos.
En lejanía,
Como señuelo. Ahí, graficado. Condensado,
Mi ser que creo tuyo,
Pero, a decir verdad, simple expectación insincera.
Codificada. Como tabla de verdad referida,
A coordenadas, a mitad de camino. En los mares,
Buscando la llave mágica. Los husos. La Cruz del Sur,
La estrella Solitaria.
Un vuelo simple, el mío,
Solo referente, vértigo, ampuloso.

Matrices
Cuadrado ampliado, en signos. Solo referentes,
Como en cuadrado mágico.
Fui por ti para tratar de resolver lo nuestro,
Inventándome variables traídas a cuento como réplicas
De vigencias idas.
Hasta, por qué no, creo que te estoy confundiendo
Con la Primera Ley de Newton,
O con la caída libre,
Siendo, yo, cuerpo físico en colisión
Con el Gran Piso que es nuestra realidad,
Pobre, esmirriada, perdida.

Poisson
Sucumbo ante tanta presión. Ir venir, como andariego sujeto.
Pegado al piso. Observando todo como prontuario manifiesto,
O posible. En la cortedad de un intervalo, asfixiante. Presuntamente, en veces,
Irónico, Cínico, ilógico.
Y, en esa navegadora propuesta, en universo insólito,
Deviene en demostración aceptada. O puesta ahí. Expósita.
Sucinto, yo, en la explicación de verdades y atributos,
Espero, al final de lo todo lo habido, obtener mi razón de ser,
Mi función real, inyectiva,
Como derivación de cálculos físicos,
Absorbidos por el áurea hechiza,
Envuelta en signos y valores.

Geometría
Envoltura gruesa, en hilaturas,
Paralelas. O intersectas. Yo, como volantín, iridiscente.
Metido en las bisecciones. De Colores. Y de huellas eclécticas,
Universales. Bitácoras en la esfera que habito,
Seguido, en mi vuelo surcando las miríadas, opacas,
Elípticas, parabólicas. En esas prolongaciones afines,
Como sofocado mi cuerpo por tanta acritud, enlistado, avistado,
Desde la infinitud. Hilvanando, mi memoria, los hilos y trazos.
Envoltura gruesa, en trueques,
Con paralelos increados; en la dorsal crítica,
Ínclito, yo en toda nomenclatura.

Límites
A ras de la Tierra, he crecido. No en la exponencial casi incorpórea,
Más bien colocado en el vuelo iterativo. Siempre en nexo con los ciclos.
Y con los intervalos desde cero opciones de vida. Y en posibilidad de
Hacerme sujeto, desde ahí, hasta el menos o el más infinito.

Filosofía
Leyenda
He decidido volver a Sócrates,
En la idea de recorrerte, en cuerpo nítido.
Una envoltura, la mía, malversada,
Una herencia, en cátedra ilusionada, ciega, volátil,
Laura que conocí, en andanzas,
Cuando Atenas, retenía al maestro,
Cuando tú y yo, teníamos su palabra.

Kafka
y el silencio náufrago, por lo mismo que su palabra,
Inició el decorado borrascoso,
Me inicié contigo en la frontera,
Entre la esperanza y la quietud.
Narrativa, Emiliana mía, en los días,
Lógica abrasiva. Instigadora,
Emiliana que lo leíste en toda su hondura,
Y me transferiste la ética virtuosa, heterodoxa,
De su perfil.

Pico della Mirandola


Como guerrero contra entelequias,
Dulce Luciana, me decías de él,
Y, cuando no nos amábamos, lo leíamos,
Cábala, Corán, Averroes.,
Nos ilusionó conocer lo del rapto, de la mujer,
Que no supimos si la amó o si la tuvo ahí.
Oratio Hominis Dignitate,
Repetías cada día,
Cuando nos iniciamos en eso de la libertad,
De la diferencia,
En sus 900 propuestas,
Que se fueron haciendo ciertas, en el tiempo,
En lo nuestro.

Bertrand Russell
Lo seguiste en vivo,
Fuiste a su fuente de universalismo,
De verdad,
Me hablaste de su lógica matemática untuosa,
Creativa.
Mujer, mi Yocasta, amada,
Huidiza,
Con él marchamos, con su talante,
Con su ígnea veta, discurso embriagante,
Por lo bello.

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