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409 UNA EXCURSION ENTRE LOS INDIOS MATACOS La civilizacién niveladora de hibitos y de vida, al asomarse a las tribus indigenas, hace amenguar cuando no desaparecer las viejas costumbres y echar al olvido_utensilios y prendas tipicas: menos interés para el estudioso, pero yentaja para la civilizacién por la doctora WANDA HANKE $s distintas tribus de aborigenes, | que juntamente forman la fa- milia de los indios Matacos ocu- pan actualmente una extensa zona pe- ralela a la orilla argentina del rio Pilcomayo y la regién del Bermejo, si bien otrora su “habitat” se e: mucho més lejos, llegando qui los contrafuertes andinos. Su territorio es lindante con los dominios de los indios Toba-Pilag: Como se sabe, los indios matacos pertenecen a la familia lingiiistica de los mataco-mataguayos, siendo asi pa- rientes de los indios churupi del Cha- co paraguayo; su idioma es parecido al de los churupis, no sdlo en las raices, sino también en Jas palabras mismas y en la promuneiacién. Mientras los indios churupis permanecen atin en un cstado muy primitivo y casi salvaje, los matacos ya han adquirido los rudimentos dé la Civilizaciém, lo que en gran parte se debe a la labor desplegada por la misién* anglicana, desde hace veinte afios esta- blecida en Algarrobal, a unas diez leguas de Embarcacion. ‘Alli pasé dos semanas, observando las cosiumbres de Ja tolderfa india, pero/MNMMieade encontrar muy pocos vestigmendelsn propia cultura autéc- tona, ya que casi todos sus habitantes son eristianos y han olvidado sus mi- tos, sus leyendas y sus supersticiones, Ya no se baila mas de noche ni se canta al son de Ja misica de tambores_ y sonajeres. Las noches pasan tranquilas y s6lo les viejos suefian atin en los tiempos |pasados, con sus fiestas y danzas, on sus juegos y libaciones de chicha que llevaban al paroxismo la alegria primitiva de los selvicolas eter- namente ociosos. Ahora los matacos duermen de noche y trabajan todos los. dias para ganarse la vida. Los misio- neros les ensefiaron los trabajos de carpinteria, talabarterfa y otras pro- fesiones. Sus mujeres saben coser, ser- vir la mesa y arreglar las habitaciones. Sus chicos concurren a la escuela, donde aprenden a leer y a escribi cantan cantes cristianos y rezan el Padre Nuestro, pues todos los dies tienen que ir a la Iglesia en las horas de la tarde y los domingos también a la majiana. Al llegar a Algarrobal, tuve la im- presién de que los matacos ya habfan perdido su cardcter natural, ocultén- dolo bajo una mascara de quietud y religiosidad. Ofreci unos cigarrillos a un hombre, y éste los rechazd diciéndome que al cristiano no le conviene fumar. Noté que si se pregunta a uno u otro indio si quiere fumar, siempre contesta que no; pero a hurtadillas o lejos de la misién fuman casi todo Gracias a la obra de los misioneros, la vida de los matacos ha mejorado muchisimo en estos tltimos afios. Ya no viven en chozas redondas y estrechas durmiendo en el suelo sin ninguna comodidad: ahora tienen chozas grandes semejantes a los ranchos de los campe- sinos, de madera o material, y duermen en catres con almohadas y frazadas, tienen mesas y sillas, y guardan sus cosas en cajones y baules, en vez de utilizar para ello el techo, como solian hacer antes, Visten a la paisana_y han dejado el uso de tatuaje y de pintura. Es dificil encontrar entre los mata- cos objetos étnogréficos de su_primi- tiva cultura. Si bien usan atin cdntaros y vases de barro hechos por las mu- jeres, la mayor parte de su vajilla pro- viene del almacén, salvo unos platos de madera que todavia fabrican a ins- 410 ISTA GEOG! APICA AMERICANA tancias de los misioneros, asi como cucharas del mismo material, en substitucién de las de concha y calabaza que usaban anteriormente. Las mujeres todavia tejen ¢ bilan y hacen ponchos, fajas y bolsas de lana de oveja y de algodén, y unos bolsones grandes de fibras de plantas, como los solian hacer en la selva, los que atin. no han empezado a teitir con anilina, que desgraciadamente aplican ya asus ponchos y fajas. Pero las mujeres matacas poco a poco van olvidando todos es- fos trabajos y con frecuencia suelen usar Golsas dé género, substituyendo sus fajas por cintos de cuero y reemplazando Ics ponchos por abrigos mo- ee notes eaten Bae Coe 2 Risescatided cataiccsarer 16et aciguras eet adaris nicl |e So Oa am mec j habito de higiene y demucstran un verdadero placer en 4 esta tendencia evidenciada ; ‘cumplir con el precepto del baile diario por los matacos, el viajero que tiene inferés en comprar : algunos objetos etnograficos, encuentra ,muchas dificulta- des para realizar su propésito. El primer dia, a pesar de muchos esfuerzos, no encontré mas que unos céntaros y una bolsa, pero si se sabe tratar a los indios, poco a poco vienen a aparecer flas fajas, los ponchos, calabazas de va- rios tamafios y al fmal pipas y juguetes, Sin embargo, pese a toda mi diligencia, ng pude encontrar arma alguna, como sea arcos, flechasy mazag. Una sola flecha vi en el toldo de un anciano y al preguntarle si la querfa vender, éste me dijo que si y que tenia otras mas, asi como un arco viejo que usaba en su fuventud No sé dénde guardabal todo este “arsenal”, perp después eZ is ye de unas horas me! frajo_ un SG Iss Ges ‘tna Gon In ropa puesta fe Geica OOS oan asi en un solo acto Ia higienizacion del cuerpo y de sus Puntas de madera jdura, Pa- prendas de vestir rece que mi “armero” habia UNA EXCURSION ENT! INDIOS MATACOS 411 Una belleza juvenil El 412 REVISTA GEOGRAFICA AMERICANA Una madre mataca con su hija. En consonancia con el ambiente civilizado de la misién, las mujeres matacas con- feccionan sus vestidos con telas compradas en la tienda y ya empiezan a olvidar el arte de tejer Las indias matacas han aprendide todos los quehaceres domésticos y con frecuencia se emplean para los trabajos ccaseros. La fotografia muestra a una mujer mataca Hevando agua ala cocina de la mision quedado contento con el precio que le pagué, ya que en los dias siguientes otros viejos Iegaron ofreciéndome armas, y uno de ellos me entregé una maza, y me ex- plico como usarla. Hoy estos antiguos tiradores de flechas andan cazando con escopeta, cuando no prefieren comprar la carne en el almacén de los _misioneros 0 matar sus ovejas 0 cabras. También se presentaron al- gunas mujeres, con carrete- les y una viuda anciana con un sonajero que encontré en su casa. La generacién joven ya no posee nada que tenga algin valor cultural, pues ape- nas saben tallar unos juguetes y pipas de madera. Cambié por completo el aspecto de la vida de los Matacos en Algarrobal, cam- biaron sus costumbres, sus necesidades, sus creencias re- ligiosas y quizds su cardcter. 2Pero quién sabe leer en el alma de un indio? Recuerdo a los Matacos del Rio Pilcomayo que visité hace un aiio y medio. Alli también hay dos misiones anglicanas, una en San Andrés y otra en Yuto. La misién de San Andrés existe alli desde hace 7 afios, mientras que la de Yuto sdlo ha sido fundada hace 20 meses, en la época en que la visité. En Yuto logré encontrar a ma- tacos que atn® conservaban sus costumbres propias y su cultuta peculiar. Andaban con collares y adornos de plumas, pintados y tatuados, y ambos sexos usaban el ¢hiripé — un pafio que cubre Ia parte infe- rior del cuerpo hasta las rodillas, legando a veces a tocar los tobillos. El chiripa es muy comtin entre todas las tribus de Indios Chaquefios y s6lo desaparece con Ia Ile- gada de la civilizacién. Lo vi entre los indios Churupt sin excepcién, muy a menudo también entre los Toba - Pilagd y los Lengua y Macé, mientras que los Chirizuanos no lo usaban més desde hace muchos afios y entre los Ma- tacos, como ¥a wbservé, va a desaparecer dentro de poco. En Yuto, como en Sen Andrés, los Matacos estaban bajo el mando de sus caciques. Habia entre ellos también algunos médicos-hechiceros, cuya influencia ha disminuido enormemente con el arraigo de la religién cristiana, de modo que en la més anticua misién de Algarrobal ya no existe ningtin médico-hechi- cero y los caciques han per- dido toda su autoridad, pres- tigio y poder. Estuve en Yuto y observé a los hombres que se pintaban y engalanaban y vi a las mujeres trabajando en sus tejidos y a los nifios jugando y tiendo. Visité San Andrés, donde los Matacos ya se habjan puesto “mds serios”, hablando de su nueva cultura y demostrando mucho orgullo de no vivir més como sus antepasados y de tener mue- bles y trajes de gente civiliza- da. “Estos indios ya habjan abandonado sus diversiones salvajes y esperaban hallar la felicidad'en Ia nueva vida que Mevaban. Y estuve wiltima- mente en Algarrobal, donde todo lo nuevo ya es habitual y donde la vida del indio no se distingue mds de la vida campesina de los blancos. Asi es que se pueden observar en« tre los matacos tres perfodos de evolucién cultural: desde el estado primitivo, semi-nd- mada, estos indios se hasta el grado de ci ‘CURSION ENTRE LOS INDIOS MATACOS 415, Indios matacos de Ia misién. Los i aptitud Tos emplea: demostrado una gran ios y los misioneros jajos de la colonia Mujeres matacas alrededor de un pozo de la misién. En Jas épocas de grandes sequias las instalacio lernas de las colonias misioneras resultan para los indios y pobladores vecinos una verdadera bendicidn ais REVISTA GEOGRAFICA AMERICANA Los pequetios alumnos en la escuela misionera, Algo flegmé- ticos y ensimismados, los nifos indigenas siguen, sin embargo, con mucha atencién y curiosidad la enseflanza’ rudimentaria que se les imparte en la colonia En las aulas de las escuelas mantenidas por la misién angli- cana se sigue el método de enseiianza mixta y, como se puede observar en esta fotografia, las clases con frecventadas por alumnos de diferentes edades de la poblacién argentina que vive en las regiones apar- tadas. Los beneficios de esta evo- Incién se evidencian especial- mente durante los periodos de grandes sequias, como por cjemplo la de este afio, pues el Chaco en ciertas épocas no produce nada y parece un desierto, con sus cactus y plantas espinosas y palos des- nudos en lugar de los Arboles, entre los cuales sdlo el al- garrobo muestra ain escasas hojas de un verde palido. Es inutil plantar porque nada crece ‘Asi es que en los Ultimos tiempos los matacos de Al- garrobal no se dedicabanga cultivo alguno y tenian que ganarse la vida tnicamente con su trabajo, ya sea para los misioneros, 0 enganchén- dose en los pueblos vecinos como Embarcacién, Lozano, Tartagal u Oran. Su habilidad manual y su paciencia en el cumplimiento de sus deberes, fruto de la civilizacién que se les habia inculcado, con- tribuyeron muchisimo para su adaptacién a los distintos tra- bajos y profesiones. Nosotros especialmente los que estu- diames las culturas indigenas, podemos lamentar la pérdida de sus costumbres primitiv: y el cambio de toda su vid: pero también debemos com- prender todas las ventaj que esta tfansformacién re- presenta para el pervenir de los indios. E] indio de nuestros tiempos, si quiere sobrevivir, debe adaptarse a la vida mo- derna y a la civilizacién de los blancos con quienes tiene que entenderse y armonizar, y los matacos ya han hecho grandes progresas en este se tido. Es cierto que las misiones

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