Está en la página 1de 2

Comparto con Uds. algunas ideas acerca de "etimologías caprichosas"...

Desde hace un tiempo, y mucho más en los últimos meses comencé a percibir un uso “afectado”
(si se me permite la expresión) de la palabra ESTUDIANTE en lugar de ALUMNO. Indagando un
poco más me encontré con una definición supuestamente etimológica: “el que no tiene luz”.
NADA ABSOLUTAMENTE MÁS FALSO Y SIN FUNDAMENTO LINGÜÍSTICO DE NINGUNA
NATURALEZA. Hice un recorrido largo que describiré brevemente: el Diccionario Etimológico de
Corominas me llevó al latín alumnus (nada nuevo), seguí con el etimológico latino de Ernouth y
Meillet, tras página y media de lucha con el francés ¡eureka! La palabra ALUMNO proviene del
verbo latino ALERE que significa alimentarse, nutrirse… y también acariciar, tratar con cariño.
Alimentarse, nutrirse como acción refleja (que vuelve sobre el mismo sujeto) y también recíproca
(en las experiencias áulicas el alumno se nutre y también los docentes nos nutrimos, es una acción
mutua). Tras ese recorrido tan enriquecedor como innecesario llegué al Diccionario de la Real
Academia (el mismo al que podemos acceder desde nuestros celulares “en un solo click”) y allí
aparecía exactamente en tres renglones esta misma idea: alumno, del latín ALERE, alimentar,
alimentarse.

Esto me permitió llegar a algunas conclusiones directamente vinculadas con una serie de
tensiones muy frecuentes desde hace algún tiempo.(suele aclarase que tensión no significa
oposición, pero la imagen mental que se me ocurre para graficar esta idea es la del juego en que
dos equipos tiran de una soga, fuerzas opuestas…física pura). Entre las tensiones habitualmente
reiteradas se hablaba de “antes-ahora”, “afuera-adentro”, “homogeneización-diversidad”,
“inclusión-calidad”; entonces pensaba (volviendo al disparador de esta reflexión) en la definición
de ALUMNO. Antes como ahora como siempre se hace necesario el uso del diccionario para evitar
equivocaciones tan groseras. A través de una oposición maniquea se pretende reinventar la rueda,
en lugar de hacerla avanzar hacia el futuro en una evolución enriquecedora. Aquí se me cae la
primera tensión, no hay un antes frente a un ahora, sino un antes que enriquece un ahora.

Estamos hablando de una escuela con una misión más amplia y abarcadora, INCLUSIVA… y usamos
la palabra ESTUDIANTE que significa “el que estudia”. ¿TODOS los que están en el sistema
educativo ESTUDIAN? Me parece que hay un buen número que quedaría fuera de esta definición.
Reitero la idea: estamos hablando de una escuela con una misión más amplia y abarcadora,
INCLUSIVA… y nos perdemos de un contenido tan rico, amplio, diverso como es el que tiene la
definición de ALUMNO (alimentarse mutuamente, según las necesidades y exigencias y
responsabilidades de cada uno) ¿No es esto atender a la diversidad?

Ya no encuentro tensiones…

Termino con unas palabras más que elocuentes de Julio Cortázar:

/…/ Es tiempo de decirlo: las hermosas palabras de nuestra lucha ideológica y política no se
enferman y se fatigan por sí mismas, sino por el mal uso que les dan nuestros enemigos y que en
muchas circunstancias les damos nosotros. Una crítica profunda de nuestra naturaleza, de nuestra
manera de pensar, de sentir y de vivir, es la única posibilidad que tenemos de devolverle al habla
su sentido más alto, limpiar esas palabras que tanto usamos sin acaso vivirlas desde adentro, sin
practicarlas auténticamente desde adentro, sin ser responsables de cada una de ellas desde lo más
hondo de nuestro ser. Sólo así esos términos alcanzarán la fuerza que exigimos en ellos, sólo así
serán nuestros y solamente nuestros. La tecnología le ha dado al hombre máquinas que lavan las
ropas y la vajilla, que le devuelven el brillo y la pureza para su mejor uso. Es hora de pensar que
cada uno de nosotros tiene una máquina mental de lavar, y que esa máquina es su inteligencia y
su conciencia; con ella podemos y debemos lavar nuestro lenguaje político de tantas adherencias
que lo debilitan. Sólo así lograremos que el futuro responda a nuestra acción, porque la historia es
el hombre y se hace a su imagen y a su palabra.