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Estado y perspectivas de las

relaciones colombo-brasileñas

Daniel Flemes
Eduardo Pastrana Buelvas
Mariana Carpes
Editores
Facultad de Ciencias Políticas y
Relaciones Internacionales

Reservados todos los derechos Asistente académico:


© Pontificia Universidad Javeriana Rafael Castro
© Escola de Comando e Estado-Maior do Exército
© Germán Institute of Global and Area Sudies Asistente editorial:
© Konrad Adenauer Center for International Relations and Paula Alejandra González
Security Studies
© Daniel Flemes, Eduardo Pastrana Buelvas y Mariana Carpes Corrección de estilo:
editores Eduardo Franco
© Klaus Bodemer, Mariana Carpes, Rafael Castro, Daniel
Flemes, Alexandre Fuccille, Jorge F. Garzón, Benjamín Herrera Diagramación:
Chaves, Adriana Aparecida Marques, Eduardo Pastrana Buelvas, Diego Quintero
Germán C. Prieto, Michael Radseck, Sören Scholvin, Eduardo
Velosa, Diego Vera Piñeros Montaje de cubierta:
Kilka Diseño Gráfico SAS

Primera edición: Bogotá, D. C., Impresión:


noviembre de 2017 Javegraf
isbn: 978-958-781-135-3
Número de ejemplares: 500 Pontificia Universidad Javeriana | Vigilada
Impreso y hecho en Colombia Mineducación. Reconocimiento como Universidad:
Printed and made in Colombia Decreto 1297 del 30 de mayo de 1964.
Reconocimiento de personería jurídica: Resolución
Editorial Pontificia Universidad Javeriana 73 del 12 de diciembre de 1933 del Ministerio de
Carrera 7.ª n.° 37-25, oficina 13-01 Gobierno.
Teléfono: 3208320 ext. 4752
www.javeriana.edu.co/editorial
editorialpuj@javeriana.edu.co
Bogotá, D. C.

Pastrana Buelvas, Eduardo Fidel, 1961-, autor, editor


Estado y perspectivas de las relaciones colombo-brasileñas / Eduardo Pastrana Buelvas [y otros trece];
editores Daniel Flemes, Eduardo Pastrana Buelvas y Mariana Carpes. -- Primera edición. -- Bogotá: Editorial
Pontificia Universidad Javeriana, 2017.

368 páginas: ilustraciones, mapas y tablas; 24 cm


Incluye referencias bibliográficas.
ISBN: 978-958-781-135-3

1. COLOMBIA - RELACIONES EXTERIORES - BRASIL. 2. BRASIL - RELACIONES EXTERIORES - COLOMBIA. 3.


COLOMBIA - POLÍTICA Y GOBIERNO. 4. BRASIL – POLÍTICA Y GOBIERNO. 5. COLOMBIA - POLÍTICA EXTERIOR. 6.
BRASIL - POLÍTICA EXTERIOR. 7. COOPERACIÓN INTERNACIONAL. 8. SEGURIDAD INTERNACIONAL. 9. GEOPOLÍ-
TICA. I. Pontificia Universidad Javeriana. Facultad de Ciencias Políticas y Rela¬ciones Internacionales

CDD 327.861081 edición 21


Catalogación en la publicación - Pontificia Universidad Javeriana. Biblioteca Alfonso Borrero Cabal, S.J.

inp. 12 / 10 / 2017

Prohibida la reproducción total o parcial de este material, sin autorización por escrito de la Pontificia
Universidad Javeriana.
Contenido
Introducción........................................................................ 11
Daniel Flemes, Eduardo Pastrana Buelvas y Mariana Carpes

Relaciones colombo-brasileras en la esfera de la seguridad

Colombia y Brasil: seguridad, fronteras y crimen organizado


transnacional....................................................................... 29
Eduardo Pastrana Buelvas y Diego Vera Piñeros

Las relaciones colombo-brasileñas


de defensa: panorama actual................................................ 57
Michael Radseck

Relaciones económicas entre Brasil y Colombia

Contestación institucional: Colombia


en la Alianza del Pacífico..................................................... 95
Daniel Flemes y Rafael Castro

Estrategias de inserción económica internacional de Colombia


y Brasil: regionalismo cruzado y estrategia de tamaño......... 119
Jorge F. Garzón y Germán C. Prieto

Conflicto colombiano

El papel de Brasil en la era del posconflicto de Colombia..... 149


Mariana Carpes

El efecto del conflicto armado interno sobre la política


exterior colombiana: las repercusiones en las relaciones
colombo-brasileñas............................................................. 167
Diego Vera Piñeros
Parámetros geográficos

Separados por la geografía: las relaciones de Colombia y América


del Sur desde la óptica de la geopolítica realista................... 199
Sören Scholvin y Benjamín Herrera Chaves

Gramática del comercio, lógica del conflicto: el poder geoeconómico


de Colombia y Brasil.......................................................... 229
Sören Scholvin

El efecto de las potencias extranjeras en las relaciones


colombo-brasileñas

La dinámica de las relaciones entre Estados Unidos, Colombia


y Brasil: cooperación, competición y conflicto...................... 251
Alexandre Fuccille y Adriana Aparecida Marques

China en Suramérica: los roles de Brasil y Colombia........... 271


Eduardo Velosa

El efecto de la Unión Europea en las relaciones


colombo-brasileñas............................................................. 297
Klaus Bodemer

Conclusiones: relaciones colombo-brasileñas


y opciones estratégicas......................................................... 343
Daniel Flemes, Eduardo Pastrana Buelvas y Mariana Carpes

Autores.............................................................................. 365
China en Suramérica: los roles de Brasil
y Colombia

Eduardo Velosa

Introducción

Las relaciones bilaterales entre Brasil y Colombia no ocurren en un vacío


global y regional. Todo lo contrario, las dinámicas de los sistemas interna-
cional y regional juegan en la manera en que estos dos Estados se relacio-
nan entre sí. Esto ocurre no solo porque Brasilia y Bogotá se encuentran
regularmente en escenarios de discusión y decisión de los diversos asuntos
de la agenda global y regional (la Organización de las Naciones Unidas, la
Organización Mundial del Comercio, la Unión de Naciones Suramericanas,
la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, la Organización
de Estados Americanos, para nombrar solo algunos), sino que también los
actores internacionales influencian la forma en que los dos Estados cons-
truyen sus intereses y buscan materializarlos a través de su política exterior.
Estos procesos obedecen a que las regiones (en este caso Suramérica) son
sistemas abiertos y, por tanto, “son vulnerables a los efectos externos y cu-
yas unidades constitutivas pueden interactuar de diversas formas con el
ambiente externo”1 (Prys, 2012, p. 8).
Esta característica de apertura tiene un doble sentido: la dimensión
outside-in y la dimensión inside-out. La primera hace referencia a la manera
en que las regiones están sujetas a las presiones del sistema internacional y
de los actores más poderosos y la segunda a “las ambiciones globales del po-
der regional, lo cual puede desviar su atención y recursos de sus aparentes
responsabilidades regionales” (Prys, 2012, p. 8).

  Las traducciones son mías.


1

27 1
272 | Eduardo Velosa

En este concepto, Suramérica como un sistema abierto se expresa a tra-


vés, por ejemplo, de la afectación de la crisis económica internacional de 2008
a las economías de sus miembros o a la presencia (mantenimiento, creación,
transformación o resurgimiento de relaciones) de actores extrarregionales,
como los Estados Unidos, la China y Rusia en diversos puntos geográficos
y en diversos temas importantes para cada uno de ellos. En la dinámica en
sentido contrario, los esfuerzos de Brasil para lograr la reforma, de acuerdo
con sus intereses, del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas hacen
parte de estas ambiciones globales y que pueden ir en detrimento de su po-
sición regional (por ejemplo, por la reticencia que estas aspiraciones generan
en países como Argentina y Colombia).
En esta perspectiva, cobra plena relevancia la idea de analizar la mane-
ra en que China, y su crecimiento económico, político y militar, influencia
las relaciones entre Colombia y Brasil. El papel que desempeña en estas
relaciones bilaterales pasa, necesariamente, por la manera en que cada uno
de estos Estados construye su propia relación con China en un contexto
global y regional que es interpretado de manera distinta por Brasilia y
Bogotá. Empero, China no es un objeto pasivo. Todo lo contrario. China
también construye la región (América Latina y el Caribe en general y Sur-
américa en particular) de acuerdo con sus propias visiones e intereses, en
su ascenso como actor global.
En relación con la primera condición, Brasil y Colombia han cons-
truido las relaciones con China de una manera completamente distinta. El
expresidente João Baptista Figueiredo, en viaje oficial a Pekín realizado en
1984, sostuvo que la relación con China tenía como base asuntos de política
internacional, además de los económicos y de cooperación (Cabral, 2003, p.
264). Esta visión amplia de lo que representa China se refleja, en la actualidad,
en el Plan de Acción Conjunta entre Brasil y China, donde se manifiesta que
ambas partes deben mantener diálogos en los siguientes asuntos interna-
cionales: la Organización de las Naciones Unidas y la reforma al Consejo de
Seguridad; la gobernanza económica global y la reforma de las instituciones
financiero-económicas; la crisis financiera internacional y las negociaciones
de la Ronda de Doha de la Organización Mundial del Comercio; el cambio
climático y la protección ambiental; la seguridad alimentaria; la seguridad
energética; los Objetivos de Desarrollo del Milenio; la financiación para el
desarrollo; el control de armas, el desarme y la no proliferación; y los con-
flictos regionales (Dai-mre.serpro.gov.br, s. f.).
China en Suramérica: los roles de Brasil y Colombia | 273

De una manera mucho más reduccionista, Colombia ha construido una


imagen de China como un objeto exclusivamente económico. Así lo expresó
el expresidente Julio César Turbay en 1979, en el momento de estudiar el es-
tablecimiento de relaciones con China: “Si China compra café colombiano
no habrá problemas para establecer relaciones diplomáticas” (Xu Shicheng,
citado por Castro, 2005). Más allá de la ideología anticomunista que tenía
el expresidente, lo que se puede observar con esta afirmación, es que para
Colombia no era importante el régimen político y económico del gigante
asiático (claro, después del acercamiento entre Richard Nixon y Mao Zedong
a principios de la década de 1970), sino la necesidad de aumentar las exporta-
ciones del otrora principal producto de exportación colombiano.2 Ahora bien,
esta visión economicista sobre China ha continuado y se puede identificar
cuando el presidente Juan Manuel Santos, en 2014, afirmaba: “Nos interesa
que la China esté presente en todas estas propuestas de infraestructura, de
financiación de los proyectos que estamos sacando a licitación. Y por supuesto,
cualquier aporte que China quiera hacer al desarrollo colombiano, más que
bienvenido” (Colombia, Presidencia de la República, 2014).
En un proceso intersubjetivo, estas visiones diferentes sobre el rol que
desempeña China para ambos Estados también se ven confrontadas con la
manera en que China se involucra en América Latina y el Caribe y en el rol
que le asigna a la región dentro de sus intereses domésticos e internacionales
(Cheng, 2006, p. 512; Ellis, 2009, p. 10). En el ámbito doméstico, tanto América
Latina como el Caribe representan fuentes de recursos primarios para sos-
tener su proceso de industrialización. Asimismo, esta región es importante
en el principio de Una sola China, dado que en América Latina y el Caribe
se encuentran “12 de las 22 embajadas que tiene esta última [la República de
China, Taiwán] en el globo” (Velosa, 2014, p. 404). En cuanto a su política
exterior económica, le representa un mercado para sus productos manufac-
turados. Finalmente, en su política exterior global, la región es un escenario
en el que busca disminuir la posibilidad de conflicto en su ascenso pacífico.
Dada esta disparidad en las visiones que tienen Brasil y Colombia sobre
China, es importante explorar el tipo de relacionamiento que han construido
y cómo ello ha incidido en la relación bilateral entre Brasil y Colombia. Esto

2
  De hecho, durante la presidencia de Turbay Ayala (1978-1982) se establecieron las relaciones
diplomáticas entre Colombia y China (7 de febrero de 1980) y no fue casualidad que el primer
embajador colombiano en Pekín haya sido el industrial Julio Mario Santo Domingo (Velosa, 2012).
274 | Eduardo Velosa

se hará con el trasfondo de los objetivos que tiene China en América Latina
y el Caribe en general y en Suramérica en particular.

El emparejamiento de los roles económicos

Las relaciones entre América Latina y el Caribe y China han cambiado sobre-
manera con el proceso de reforma y apertura en la política exterior llevada a
cabo por Deng Xiaoping a finales de la década de 1970, con el fin de la Guerra
Fría y, desde el plano netamente económico, con la entrada de China a la
Organización Mundial del Comercio en 2001.
En la época de Mao Zedong, las relaciones se limitaban al “apoyo di-
plomático retórico e intercambios ideológicos” (Ding, 2008, p. 206), expre-
sadas en visitas de latinoamericanos a China y de algunas visitas de grupos
culturales y de negocios procedentes del país asiático (Zheng, Sun y Yue,
2012). Los Estados de América Latina y el Caribe consideraban que la China
comunista de ese entonces tenía poco que ofrecer y, a su vez, ella construía
esta parte del globo como “el ‘patio trasero’ geopolítico y económico de los
Estados Unidos” (Mora, 1999, p. 94).
Sin embargo, a partir del crecimiento económico de China, derivado
del proceso de reforma consignado en las Cuatro Modernizaciones y de las
necesidades de recursos primarios que este proceso conlleva, América Latina
y el Caribe ha aparecido en el radar de Pekín como una región proveedora
de ellos. Esto ha llevado a que el comercio con la región se haya multiplicado,
aunque de manera desigual. De acuerdo con Gallagher y Porzecanski (2008),
el crecimiento de China entre 2000 y 2004 ha tenido un efecto positivo en el
aumento de las exportaciones de la región. Sin embargo, este no ha sido ho-
mogéneo, el Cono Sur es el más beneficiado, seguido por los países andinos,
y el último lugar en esta relación lo ocupan los países de América Central
y el Caribe. Dados los casi inexistentes vínculos comerciales entre China y
América Latina previos al fin de la Guerra Fría, según estos mismos autores,
las exportaciones a China en 1993-1997 tuvieron un crecimiento espectacular,
que fue de un 1625,7 % y en 2001-2005 de un 761,2 %.
Ahora bien, contextualizada esta relación comercial en el ámbito suda-
mericano y en un tiempo más cercano, se puede observar una tendencia clara
en las relaciones de China con Suramérica. En 2012-2014,3 los dos principales
socios chinos fueron Brasil y Chile. En exportaciones totales, Brasil ocupa el

3
  Con datos tomados del texto de Rosales (2015).
China en Suramérica: los roles de Brasil y Colombia | 275

primer lugar de los diez países analizados,4 mientras que Colombia el sexto.
En importaciones de 2014, Brasil es el primero y Colombia el tercero. En re-
sumen, para 2014, Brasil representó el destino del 37 % de las importaciones
desde China a toda Suramérica y el 42,6 % de las exportaciones que salieron
de esta región con destino al país asiático. Muy lejos de estos números se en-
cuentra Colombia, que representó un 12 y un 6 %, respectivamente.
A partir del ingreso de China en la Organización Mundial del Comercio,
estos dos países suramericanos han visto un crecimiento importante en sus
respectivas relaciones comerciales bilaterales con Pekín.5 Desde 2000, un año
antes del ingreso de China en esta organización, hasta 2013, Brasil aumentó
sus exportaciones en un 4241 %, mientras que Colombia lo hizo en casi un
17 402 %. Aunque estas cifras son abrumadoras y demuestran el dinamismo
de la relación comercial, también manifiestan que las ventas de Colombia y
Brasil a China, en ese año base, tenían poco más que un carácter simbólico.
Más aún, estos datos no deben ser descontextualizados. Si se toma como
periodo de análisis 2008 a 2014, se observa que China logró ser el destino,
en 2014 como año máximo, de apenas un 11 % del total de las exportaciones
colombianas al mundo. En el caso brasileño, en 2013, como año máximo,
las exportaciones hacia China fueron un 19 % de sus exportaciones totales.
Estas cifras también se pueden comparar con las exportaciones que
estos países (y los de la región) les hacen a los Estados Unidos.6 Brasil, en
2000-2014, ha visto disminuir sus ventas a los Estados Unidos de un 25,1 %
del total de las exportaciones que tenía a este país como destino a un 13,6 %.
Esta disminución también la ha vivido Colombia, que pasó de destinar un
poco más de la mitad de todas sus exportaciones (53,4 %) a un tercio de ellas
(33,4 %), con tratado de libre comercio incluido, en 2014. Sin embargo, esto
no es ajeno a Suramérica, pues todos, salvo Bolivia y Paraguay, han visto
decrecer el volumen de ventas hacia el Norte. En otras palabras, mientras en
este siglo las ventas a los Estados Unidos han decrecido, las que tienen como
destino a China han crecido, hasta el punto de que China se ha convertido
en el primer o segundo socio comercial de la región.

  Por las características de sus economías, se excluyeron del análisis Surinam y Guyana.
4

5
  Esta sección está construida a partir de los datos de Interwp.cepal.org (2015), Comtrade.un.org
(2015), Dane.gov.co (2015) y Desenvolvimento.gov.br.
6
  Con datos del United States Census Bureau y de la Organización Mundial del Comercio (Cen-
sus.gov, 2015; y Stat.wto.org, 2015).
276 | Eduardo Velosa

En las importaciones, al igual que en las exportaciones, Brasil supera a


Colombia en sus relaciones comerciales con China.7 A partir de la segunda
mitad de la década de 1990, se observa un aumento significativo en las com-
pras por parte de Brasilia y Bogotá a Pekín. Mientras que de 1991 a 1995 en
ningún caso las compras superaban el 1 % del total de compras de los dos
países, en la primera década del siglo xxi las compras de productos chinos
por parte de Bogotá y Brasilia representaron, aproximadamente, un poco
más del 7,5 %. En 2014, las importaciones de China de Brasil correspondieron
a un 16,3 % del total de sus compras, mientras que en el caso colombiano
fue de un 18,4 %.
La dinámica en las importaciones es un poco distinta si se compara
con las compras que estos países, y la región, les han hecho a los Estados
Unidos en el mismo periodo. 8 Brasil ha visto disminuir sus compras al
país del norte en 2000-2014, que pasaron de un 26,1 a un 17,7 %. Esta ten-
dencia a la baja la comparte con Argentina, Bolivia, Paraguay, Uruguay
y Venezuela. En una dirección opuesta, se encuentran Colombia, que ha
mantenido relativamente estable sus importaciones (31,8 a 31,4 % en el
mismo periodo),9 mientras que Chile, Ecuador y Perú han visto aumentar
en algunos puntos sus compras a los Estados Unidos sobre el total de im-
portaciones en el mismo periodo.
Estas relaciones comerciales con China se corresponden con el grado de
inversiones de Pekín y los contratos asignados en esta región durante 2005-
2014. De acuerdo con The Heritage Foundation, el mayor receptor de dinero
chino de la región, con estas dos categorías, es Brasil. Le siguen Venezuela,
Perú y Argentina. Colombia solo supera a Bolivia10 (Heritage.org, s. f.). En
Brasil, la mayoría de estas inversiones se ha dirigido al sector de petróleo y
petroquímicos, a la minería y a la agricultura. En Colombia, por su parte, el
grueso del dinero se ha ido al sector del petróleo y petroquímicos (Ellis, 2014).

7
  Esta sección está construida a partir de los datos de Interwp.cepal.org (2015), Comtrade.un.org
(2015), Dane.gov.co (2015) y Desenvolvimento.gov.br.
8
  Con datos del United States Census Bureau y de la Organización Mundial del Comercio (Cen-
sus.gov, 2015; Stat.wto.org, 2015).
9
  Colombia bajó a un mínimo de importaciones de los Estados Unidos en 2006, con un 25,6 %
del total de sus importaciones. Sin embargo, las compras se han recuperado hasta llegar casi al
nivel de 2000.
  No se encuentran Paraguay y Uruguay como receptores de inversión china en la base de datos
10

China Global Investment Tracker de The Heritage Foundation.


China en Suramérica: los roles de Brasil y Colombia | 27 7

Esta breve descripción económica pone de presente varias dinámicas


en la relación económica de China, Brasil y Colombia, con Suramérica co-
mo telón de fondo. En primer lugar, las dinámicas comerciales generales se
encuentran dentro del parámetro que le asigna China a la región: ser pro-
veedora de recursos primarios para sostener su proceso de industrialización.
De ahí que los principales productos que le vende Brasil a China sean soya,
mineral de hierro y petróleo (Pereira y De Castro Neves, 2011). En 2014, la
soya y el mineral de hierro acumularon el 70 % del total de las exportaciones
brasileñas a China (Un.org, 2015). Colombia, por su parte, en 2014, exportó
a China, principalmente, petróleo, con un poco más del 90 % del total de
sus exportaciones (Colombia, Ministerio de Comercio Industria y Turismo,
2015). Esto quiere decir que, frente al rol que les asigna China a Brasil y a
Colombia, como parte integral de Suramérica, de proveedores de insumos
para su proceso de industrialización, existe un complemento perfecto. Las
necesidades de China se ven satisfechas con los intereses de Brasil y Colombia
de abrir mercados para sus productos básicos.
Sin embargo, la satisfacción de esta necesidad china no ha estado exenta
de críticas desde algunos sectores de las economías sudamericanas o desde
los sectores académicos. La base de estas críticas estriba en la naturaleza de
la canasta exportadora a China. Al estar constituida principalmente por
bienes primarios, y al estar apoyadas por el boom de sus precios en la se-
gunda mitad de la década pasada y comienzos de esta, la orientación de las
economías en el aprovechamiento de tal coyuntura ha hecho que se hable de
un proceso de reprimarización o desindustrialización de las economías de
la región (Ellis, 2013; Gallagher y Porzecanski, 2008; Jenkins, 2012; Salinas
de Dosch y Dosch, 2015).
Desde una perspectiva más optimista, esta dinámica hizo que las eco-
nomías de la región hayan tenido, en su mayoría, la capacidad de soportar la
crisis económica internacional de 2008 por el ingreso de dineros provenien-
tes de China. Pero, desde la segunda mitad de 2014, esta relación de precios
favorables con las exportaciones a China ha cambiado, así como la demanda
china por las materias primas de América Latina y el Caribe. Esto ha hecho
que, en efecto, en 2014, se haya visto una reducción de las exportaciones de la
región a China, por primera vez desde 2000, de un 10 % con respecto a 2013
(Rosales, 2015). Para Brasil significó una reducción del 11,75 %. Colombia,
por su parte, logró escapar de esta dinámica y aumentó sus exportaciones
en 2014 en un 11,3 % con respecto al año anterior.
278 | Eduardo Velosa

En segundo lugar, dada la naturaleza de las importaciones que tanto


Brasil como Colombia hacen de China, Pekín ha logrado abrir un mercado
para sus productos de exportación. Colombia importó en 2014, principal-
mente, teléfonos y máquinas para el procesamiento de datos (Ministerio de
Comercio Industria y Turismo, 2015), Brasil le compró, en un 98 %, pro-
ductos manufacturados (Brasil, Ministério do Desenvolvimento, Indústria
e Comércio Exterior, 2015). Acá, también, existe una compatibilidad entre
lo que propone China para la región y las necesidades que tienen Brasil y
Colombia de importaciones.
En tercer lugar, dadas las necesidades económicas chinas, las inversio-
nes que ha hecho le aseguran un suministro constante de los recursos que
necesita para sostener su proceso de industrialización. De hecho, de acuerdo
con Wolf, Wang y Warner (2013), América Latina ha sido la región que más
dinero ha recibido por parte de China en la última década. Esta cooperación
se ha destinado, en su mayoría, a proyectos de recursos naturales. Y dado
que Brasil se ha convertido en el principal socio comercial, también se ha
erigido en el principal receptor de estos recursos.
Por último, en este relacionamiento económico, Brasil y Colombia se
mueven en dos niveles distintos. Aunque sus exportaciones pueden ser con-
sideradas competitivas, las dimensiones del mercado chino hacen que esta
competencia se vea minimizada. En este sentido, el volumen de las relaciones
comerciales y de inversión con Brasil supera con creces aquel de Colombia.
En esta lógica, el hecho de que Brasil no tenga una costa al Pacífico no le ha
significado una pérdida de competitividad con respecto a cualquier otro
Estado en la región, incluida Colombia.
No obstante, la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Re-
gional Suramericana, creada en la Cumbre de Brasilia en 2000 con el lideraz-
go de Fernando Henrique Cardoso, le sirve a Brasil para buscar consolidar su
liderazgo regional y su proyección global (Armijo y Burges, 2010; Pecequilo
y Do Carmo, 2013). Y más aún, le permite conectarse con el Pacífico de una
manera más eficiente. Por ello, Brasil hace parte de siete de los diez ejes de
integración y desarrollo.11 Lo interesante es que cuatro de ellos tienen como
meta específica conectar los océanos Atlántico y Pacífico o en los que se men-
ciona la naturaleza bioceánica de su construcción. El eje amazónico pretende
conectar “determinados puertos del Pacífico (con los puertos brasileños de

  La extensión de Brasil en Suramérica hace suponer que Brasil sea considerado en casi cualquier
11

disección que se haga de la región, por lo que no es una sorpresa esta presencia.
China en Suramérica: los roles de Brasil y Colombia | 279

Manaos, Belém y Macapá” (Iniciativa para la Integración de la Infraestruc-


tura Regional Suramericana, 2011, p. 67). El Eje Capricornio “tiene en sus
extremos importantes instalaciones portuarias tanto en el océano Pacífico
como en el Atlántico que dan cuenta de su carácter bioceánico” (Iniciativa
para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana, 2011, p. 69).
El eje interoceánico central busca la “vinculación de los principales puertos
en el Pacífico y el Atlántico” (p. 72). El eje Mercado Común del Sur-Chile
pretende “la vinculación de los principales centros económicos, ciudades y
puertos del territorio que cubre partes de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay
y Uruguay” (p. 73). Un quinto eje, el de la hidrovía Paraguay-Paraná, aunque
no lo plantee explícitamente, es un eje subsidiario en esta búsqueda de la
conexión entre los océanos al estar “intersectad[o] por distintos corredores
transversales (viales y ferroviarios) que l[o] vinculan con los Ejes Interoceá-
nico Central, de Capricornio y Mercosur-Chile” (p. 71).
Con este tipo de participación en el desarrollo de la infraestructura de la
región y en la conexión entre los océanos Atlántico y el Pacífico, Brasil puede
disminuir los costos de transporte de productos a China y asimismo no perder
competitividad frente a otros Estados de la región. De hecho, la idea de hacer
un canal ferroviario bioceánico desde Brasil hasta Perú, con apoyo financiero
chino, sigue esta misma lógica.12 Precisamente, Ellis lo resume de esta forma:

Para los que se encuentran frente al Atlántico como Brasil, por ejemplo,
los vecinos con fronteras en el Pacífico de Colombia a Perú, y los esta-
dos en el medio, como Bolivia y Ecuador, tendrán mayor importancia
como parte de la infraestructura comercial que vincula a la nación con
Asia. De igual manera, las relaciones con sus vecinos del Sur, Argentina
y Uruguay, incrementarán su significancia para Brasil en la medida en
que exporte cantidades incrementales de soya a Asia a través de rutas
que pasan a través de estos países. (2014, p. 205)

Esta iniciativa geopolítica, además, le permite, por un lado, acceder a los


recursos energéticos de sus vecinos (Gomes, 2011, p. 59) y, por otro, le ayuda,
junto con otras organizaciones como la Unión de Naciones Suramericanas y
el Consejo de Defensa Suramericano, a construir a Suramérica como región,

12
  Ya existe un memorando de entendimiento entre las tres partes, firmado en Pekín en noviembre
de 2014. Y en 2015 firmaron otro para desarrollar los estudios de viabilidad. El texto se encuentra
disponible en la página del Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil (2015c).
280 | Eduardo Velosa

con unas identidades geopolíticas particulares,13 que le sirva para su proyec-


ción global (Flemes, 2012; Gratius y Gomes, 2013; Pastrana y Vera, 2012).
En esta lógica, el siguiente apartado se ocupará del último objetivo de
China frente a la región: el ascenso pacífico de China y su efecto en las polí-
ticas exteriores de Brasil y Colombia.

China entre diversos espacios: Suramérica, América


Latina y el mundo

Dos objetivos restan para analizar el marco de la relación y los roles que
le asigna China a la región y, específicamente, a Brasil y Colombia y su
incidencia en la relación bilateral. El primero de ellos tiene que ver con
la política y el principio de Una sola China. Aunque China considera que
la relación entre Pekín y Taiwán es de carácter interno, es cierto que el
Partido Comunista ha diseñado y desarrollado una estrategia diplomática
muy fuerte para cerrarle los espacios internacionales a la isla en la región
(He, 2005). Con esta política, China entiende que el establecimiento de
relaciones diplomáticas, con todo el empuje económico que esto puede
significar, tiene la única condición de que la contraparte debe dejar de
reconocer a Taiwán como un Estado independiente y adherirse al princi-
pio de Una sola China. El ejemplo más reciente de los resultados de esta
política en América Latina ocurrió en 2007, cuando Costa Rica decidió
normalizar las relaciones con Pekín y dejar de reconocer a Taiwán y, co-
mo contraprestación, recibió 130 millones de dólares en cooperación, así
como la posibilidad de firmar un tratado de libre comercio con China
(Velosa, 2014), el cual entró en vigencia en 2011.
A pesar del esfuerzo de China, en la región aún quedan algunos Esta-
dos que sostienen relaciones diplomáticas con Taiwán.14 Este no es el caso
de Brasil y de Colombia, que tras el acercamiento hecho entre Nixon y Mao
a comienzos de la década de 1970, decidieron seguir el camino abierto por
los Estados Unidos y normalizaron sus relaciones con Pekín en 1974 y 1980,

  Las regiones no solo se definen desde un punto de vista geográfico y de intercambios estables
13

entre sus miembros, sino que también se construyen desde la creación de una identidad que per-
mita ser reconocida por otros como tal (Acharya, 2012).
14
  En Suramérica solo queda Paraguay. En Centroamérica, reconocen a Taiwán Belice, El Sal-
vador, Guatemala, Honduras, Nicaragua y Panamá. En el Caribe, República Dominicana, Haití,
San Cristóbal-Nevis, Santa Lucía y San Vicente y las Granadinas mantienen relaciones diplo-
máticas con Taipéi.
China en Suramérica: los roles de Brasil y Colombia | 281

respectivamente. Con esta decisión, Brasilia y Bogotá aceptaron el principio


de Una sola China y han permanecido fieles al apoyo a una resolución pacífica
en la reunificación del territorio chino. Sin embargo, esto no ha impedido
que Taiwán tenga oficinas de representación económica y cultural tanto en
Bogotá como en Brasilia y en São Paulo, e intercambios comerciales. Por
ejemplo, Brasil se ubicó en 2014 en el puesto 25 en volumen total de comer-
cio con Taiwán, mientras que Colombia ocupó el puesto 6015 (Trade.gov.tw,
2015). En este sentido, Brasil y Colombia, en sus políticas exteriores, se alinean
con los intereses de China y cumplen con el rol de defender los principios de
integridad territorial, soberanía y no injerencia externa en asuntos internos,
concentrados en la política y principio de Una sola China.
El último objetivo que tiene China en la región es el establecimiento de
un escenario positivo para su ascenso pacífico, esto es, construir una serie
de relaciones políticas, económicas y militares que le permitan alimentar
sus intereses, domésticos e internacionales, pero que, asimismo, no genere
controversias ni enemistades innecesarias (ni mucho menos un desafío hege-
mónico abierto [Paz, 2012]), en especial con los Estados Unidos (Bunck, 2009).
Esto es de vital importancia si se consideran que las relaciones objeto de
estudio ocurren en la región denominada “el patio trasero estratégico” de
Washington (Noesselt y Soliz-Landivar, 2013). Más aún, “el ascenso de China
es concomitante con una disminución percibida de los Estados Unidos […]
[y con] un aumento de los políticos antiestadounidenses en la región” (Spa-
nakos y Yu, 2012, p. 159). Por ello, la relación que tienen tanto Brasil como
Colombia con los Estados Unidos es un factor que media entre las relaciones
de aquellos con China, así como la visión que tiene Washington sobre el in-
cremento de las relaciones de Pekín con América Latina y el Caribe.
Esta triangulación de relaciones cobra aún más importancia en la medi-
da en que Colombia y Brasil difieren en la propia definición de regionalismo
y la construcción de la/s región/es a la que pertenecen y, por supuesto, el rol
que pueden desempeñar en ellas actores externos. Mas si se tiene en cuenta
que la capacidad de influencia sobre la construcción de la identidad regio-
nal, la ideación de los principios políticos y la delimitación geopolítica del
proyecto son atributos que debe tener el líder regional (Nolte, 2010), el cual,
en este caso, es Brasil (Gratius y Gomes, 2013; Moniz, 2006; Pastrana y Vera,

  Brasil ocupó el puesto 22 como destino de las exportaciones de Taiwán; mientras que Colombia,
15

el 37. En importaciones de Taiwán, Brasil ocupó el puesto 24; y Colombia, el 83. En Suramérica,
en 2014, Brasil fue el principal socio comercial de Taiwán y Colombia fue el quinto.
282 | Eduardo Velosa

2012; Soares de Lima y Hirst, 2006). Por esta razón, es importante revisar
cómo construyen Brasilia y Bogotá sus regiones y en qué medida aceptan la
presencia de actores externos en ellas.
Por un lado, Colombia da prioridad a América Latina y el Caribe como
un todo, pero a partir de diferentes espacios de concertación e integración
(Colombia, Ministerio de Relaciones Exteriores, 2015). Por ello, Colombia se
construye como un país andino (Comunidad Andina), caribeño (Asociación
de Estados del Caribe), amazónico (Organización del Tratado de Coopera-
ción Amazónica),16 mesoamericano (Proyecto Mesoamérica), sudamericano
(Unión de Naciones Suramericanas), pacífico (Alianza del Pacífico), lati-
noamericano y caribeño (Comunidad de Estados Latinoamericanos y del
Caribe) y panamericano (Organización de Estados Americanos) a partir de
su participación en cada una de estas instancias. Estas identidades se super-
ponen con el fin de lograr un aprovechamiento de estas múltiples iniciativas,
aunque unas pueden primar más que otras, dependiendo de las estructuras
y coyunturas, internacional y regional, y de las ideas y prioridades que se
tracen por el Gobierno de turno.
Estas organizaciones a las que pertenece Colombia pueden ser incluidas
en dos de las tres categorías planteadas por Vieira (2011, p. 155): un área más
interesada en insertarse a la economía global a través de los tratados de libre
comercio y en continuar dando prioridad a los Estados Unidos y, reciente-
mente, a Asia-Pacífico; y otra área, que busca un poco más de autonomía
frente a los procesos globalizadores, liderada por Brasil y expresada en el
Mercado Común del Sur y la Unión de Naciones Suramericanas, pero que
no es radical como sí lo es la tercera categoría, la cual comanda Venezuela a
partir del Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América.
Precisamente, los tratados de libre comercio han sido el instrumento pri-
vilegiado por Bogotá para construir su región: los tratados de libre comercio y
el Área de Integración Profunda en la Alianza del Pacífico, el tratado de libre
comercio con el Triángulo del Norte (El Salvador, Guatemala y Honduras) y
los acuerdos suscritos con Costa Rica y con Panamá (los cuales aún no han
entrado en vigencia). Estos tienen en común la estrategia de inserción y los
principios liberales apoyados por los Estados Unidos (Wu, 2015).

16
  La referencia a la membresía de Colombia en esta organización no está referenciada en la pá-
gina de la Cancillería con el rótulo “Mecanismos de Integración e Integración Regionales”, sino
que se encuentra bajo “Organismos Regionales”.
China en Suramérica: los roles de Brasil y Colombia | 283

En relación con China, la Alianza del Pacífico tiene como uno de sus
objetivos la inserción con Asia-Pacífico. Así, Colombia busca seguir la línea
de Chile, Perú y México en la profundización de las relaciones con esta re-
gión y poder participar en los distintos escenarios económicos y políticos de
la región.17 Un elemento en común de los miembros de la Alianza es que los
cuatro quieren el rol de “puerta de entrada” económica a América Latina y
el Caribe, pero, precisamente por esto, la configuración de este rol limita las
opciones de países como China en la región (Velosa, 2014).
En una segunda instancia, se encuentra el acuerdo Comunidad Andina
de Naciones-Mercado Común del Sur, en la Unión de Naciones Suramerica-
nas, con el que se encuentra con Brasil. Sin embargo, no es el escenario que
más le atrae a Colombia.18 El caso más claro fue la negativa inicial del expre-
sidente Álvaro Uribe Vélez de entrar en el Consejo de Defensa Suramericano,
porque consideraba que no se alineaba con su visión de seguridad regional
y el rol de Colombia allí (Elespectador.com, 2008). Sin embargo, después
de, precisamente, una reunión presidencial con Luiz Inácio Lula da Silva en
Brasil, cambió de posición, una vez se garantizaron las condiciones exigidas
por Colombia para su participación (Infodefensa.com, 2008).
Esta tensión entre las ideas que guían el proceso de inserción internacio-
nal de Colombia y el de Brasil es la expresión de lo que Tussie (2009) denomina
el regionalismo abierto y el regionalismo defensivo (representado en el Mer-
cado Común del Sur y transmitido a la Unión de Naciones Suramericanas).
Mientras el primero mantiene vivos los preceptos neoliberales de economía,
el segundo busca nuevos espacios y escenarios, esto es, nuevas reglas, para
la participación de la región en los asuntos económicos y políticos globales.
De ahí que para Brasil la construcción de Suramérica, a través del Mer-
cado Común del Sur y de la Unión de Naciones Suramericanas, sea priori-
taria por diversas razones: 1) para cumplir con el principio de autonomía a
través de la diversificación, vigente desde la transición democrática; 2) para
lograr una mejor posición de negociación en los asuntos globales (Vigevani,
Fernandes de Oliveira y Thompson, 2007); y 3) como una forma de avanzar

  Colombia ha buscado ingresar en el Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico sin éxi-


17

to, debido a la moratoria impuesta por sus miembros. De igual forma, ha solicitado su ingreso
a las negociaciones del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica, también sin éxito
(O’Neil, 2015).
  A pesar de haber tenido a María Emma Mejía como secretaria general de la Unión de Naciones
18

Suramericanas por un año y contar con el actual secretario, el expresidente Ernesto Samper Pizano.
284 | Eduardo Velosa

en una identidad común en el subcontinente (Gomes, 2011).19 De ahí que


“la identidad de Brasil como un país latinoamericano ha sido entonces re-
emplazada cada vez más por la idea del país como un poder sudamericano”
(Soares de Lima y Hirst, 2006, pp. 29-30). Así, esta definición de su región,
y su rol como una potencia dentro de ella, se encuentra anclada de manera
instrumental a su visión de convertirse en un poder global (Gardini, 2011).
En adición, Brasil se presenta como país latinoamericano a partir de su
participación en la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños y
la Asociación Latinoamericana de Integración. En un paralelo con el rol de los
países miembros de la Alianza del Pacífico, Brasil también desea ser un puente
entre China y América Latina. Esto además quedó consignado en el Plan de
Acción Conjunta 2015-2021 (Brasil, Ministério das Relações Exteriores, 2015c,
art. 4, num. 5). Sin embargo, a diferencia de lo planteado por los países de la
Alianza, el puente que plantea el Plan de Acción es mucho más que económico,
al utilizar los organismos multilaterales regionales de concertación política y
de otros ámbitos, como la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Cari-
beños y el Foro de Cooperación de América Latina y Asia del Este.
Asimismo, el Palácio Itamaraty resalta la participación en diferentes me-
canismos interregionales (Brasil, Ministério das Relações Exteriores, 2015a),
los cuales tienen un carácter más global que los mencionados. En el grupo
de los brics (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) y en el Foro de Diálogo
Brasil, India y Sudáfrica (ibsa) tiene una importante participación, lo cual
le permite ocupar el rol de potencia emergente (Armijo y Burges, 2010; Des-
tradi, 2010; Nolte, 2010; Sotero y Armijo, 2007). Por otro lado, en la Cumbre
América del Sur-África, la Cumbre América del Sur-Países Árabes, la Co-
munidad de Países de Lengua Portuguesa, el Foro de Cooperación América
Latina Asia del Este, la Conferencia Iberoamericana, la Unión Africana,20 la
Liga Árabe,21 la Alianza de las Civilizaciones22 y el G15, desempeña el papel de

puente entre el Norte y el Sur, lo cual le permite a sus diplomáticos es-


tablecer al país como un organizador crítico de coaliciones y un líder

19
  Estas razones las encarnan tres corrientes dentro del Palácio Itamaraty: los institucionalistas
pragmáticos, los autonomistas y un tercer grupo, ajeno al ministerio, pero con contactos e in-
fluencia, representados por políticos y académicos, con énfasis en lo ideológico (Gomes, 2011).
20
  Brasil participa como país observador.
21
  El embajador brasileño en Egipto actúa como representante especial ante la Liga.
22
  Esta organización es la única que referencia Itamaraty en la que participan los Estados Unidos.
China en Suramérica: los roles de Brasil y Colombia | 285

ideacional para los actores del Sur que buscan cambios significativos en
los sistemas de gobernanza global y como un interlocutor central para
los actores del norte que tratan de lidiar con la presión del Sur. (Zhenbo,
2013, p. 360)

Uno de los elementos transversales en estos escenarios de participa-


ción de Brasil es la ausencia de los Estados Unidos en ellos. Por eso, puede
construir un rol diferente del que podría desempeñar en escenarios en los
que comparta el espacio con Washington. Esto se ve reflejado, entonces, en
la tensión entre las dos estrategias de inserción y, por supuesto, en la manera
en que Brasil y Colombia aceptan el ingreso de terceros actores en la región
que denominan como propia.
Por un lado, Colombia ha permanecido aferrado a su principio de res-
pice polum (Drekonja, 1983) y acepta, e invita (Tickner, 2007), a los Estados
Unidos para garantizar un orden regional específico —aquel guiado por los
principios liberales defendidos por Washington— y atender sus necesidades
de seguridad internas, vinculadas con el conflicto armado interno y con el
problema mundial de las drogas psicoactivas ilícitas. Esta visión positiva de
la presencia de los Estados Unidos en la región no es compartida por Brasil.
De hecho, la considera como una amenaza a su integridad territorial —en
especial la Amazonia— y tuvo objeciones a la implementación del Plan Co-
lombia (Martins, 2005). Esto luego fue reiterado con su posición frente al
acuerdo entre Bogotá y Washington para la utilización de siete bases militares
colombianas por parte de militares estadounidenses (G1.globo.com, 2009) y
la presencia de fuerzas militares extrarregionales en su región.
Estas relaciones cercanas de los Estados Unidos y Colombia —y algo
distantes con Brasil— también se expresan en los escenarios multilaterales.
Por ejemplo, en la Asamblea General de las Naciones Unidas, en las votaciones
de las resoluciones que Washington considera importantes, en los últimos
diez años, Colombia ha coincidido con el país del norte en un 49,8 %. Por el
contrario, en este mismo periodo, Brasil solo ha votado de la misma forma
que los Estados Unidos un 31,7 %23 (State.gov, 2014).

23
  La diferencia entre las coincidencias con los Estados Unidos aumenta de manera importante
a partir de 2010, cuando Juan Manuel Santos alcanza la presidencia de Colombia. En 2010-2014,
Colombia coincidió con los Estados Unidos un 75 %, mientras que Brasil lo hizo en un 39 %. Por
otro lado, la China tiene un porcentaje aún más bajo de coincidencias: un 10,4 % para el periodo
de diez años y un 11,9 % a partir de 2010 hasta la fecha.
286 | Eduardo Velosa

En el ámbito regional, este escenario le impone a China restricciones


en su relacionamiento con Colombia y Brasil en su ascenso pacífico. En
primer lugar, la cercana relación de Bogotá con Washington hace que los
dirigentes chinos sean cautelosos, pero afirmativos en su acercamiento con
Colombia. El caso más ilustrativo de esto ocurrió en 2010, cuando la Corte
Constitucional de Colombia devolvió al presidente de la República el Acuer-
do Complementario para la Cooperación y Asistencia Técnica en Defensa y
Seguridad entre los Gobiernos de la República de Colombia y de los Estados
Unidos de América24 para que siguiera el curso de un tratado internacional
estipulado en la Constitución. Tan solo tres semanas después, China le donó
a Colombia 1 millón de dólares para compras de logística militar (Semana.
com, 2010). Este gesto le permite acercarse a Colombia, pero sin que sea in-
terpretado por los Estados Unidos como un acto hostil frente a la relación
con su socio sudamericano.
En segundo lugar, las acciones en el ámbito militar están más orientadas
a la utilización del soft power que un despliegue de fuerza o una amenaza
directa a los Estados Unidos en la región. Uno de los instrumentos más uti-
lizado es el intercambio educativo, que ha venido en aumento en los últimos
años (Ellis, 2011), y en el que militares de la región reciben algún tipo de for-
mación en China y militares chinos la reciben en las escuelas de los países
de la región. Así, “la construcción de vínculos regionales entre los militares
disputa en gran medida el orden preexistente” (Bunck, 2009, p. 199).
Por último, el ascenso pacífico de China en lo regional se conecta con
lo global. Y es en este escenario donde el vínculo político con Brasil es más
fuerte, pues Pekín ve a Brasilia como el socio multipolar (Scott, 2009, p. 117):
uno que no está alineado con los Estados Unidos como sí lo está Colombia.
De hecho, Brasil fue el primer país con el que China estableció una relación
estratégica, en 1993 (Feng y Huang, 2014). Este acto, que estuvo en parte
mediado por el aislamiento sufrido por China debido a la represión de las
manifestaciones prodemocráticas en la plaza de Tiananmen en 1989 por
parte de Occidente y el final de la Guerra Fría, se produjo como una con-
vergencia de intereses por parte de Brasil y de China. Por un lado, coincidió
con un interés del entonces presidente Itamar Franco de orientar de nuevo
la política exterior brasileña con una búsqueda de autonomía y participación
internacional con la diversificación de relaciones y socios (Ramos, 2011). Y

24
  Este acuerdo ampliaba la cooperación militar entre Colombia y los Estados Unidos y le per-
mitía la utilización de al menos siete bases militares colombianas.
China en Suramérica: los roles de Brasil y Colombia | 287

por otro, China buscó en el Tercer Mundo países que pudieran compartir
sus intereses con el fin de superar el aislamiento (Mora, 1999).
Estos intereses comunes los han transformado, y el plan de acción
2015-2021 expresa claramente que uno de los objetivos de la relación sea
la promoción de un orden internacional más democrático (Ministério das
Relações Exteriores, 2015c, art. 2, num. 7). De ahí que su participación en
el grupo brics sea un escenario ideal para avanzar en este aspecto. De
hecho, en el ámbito económico y financiero internacional, iniciativas co-
mo el Nuevo Banco de Desarrollo creado por los cinco miembros de este
grupo (Justo, 2014) y el hecho de que sea miembro fundador del Banco
Asiático de Inversión en Infraestructura, creado por China (Brasil, Minis-
tério das Relações Exteriores, 2015b), son pasos en este sentido, al ofrecer
una alternativa a las instituciones derivadas de Bretton Woods a los países
del Tercer Mundo.
En el ámbito político global, aunque comparten la idea de crear un
mundo multipolar, la coordinación en los asuntos globales puede ser muy
difícil entre Brasil y China, ya que los intereses y las capacidades actuales
son distintos (Pereira y De Castro Neves, 2011). En la reforma al Consejo de
Seguridad de las Naciones Unidas, por ejemplo, los dos Estados coinciden
en que debe ampliarse para asegurar la presencia de los países emergentes y
así legitimar sus decisiones en la estructura internacional actual (Ouro Pre-
to, 2011). Sin embargo, Brasil, en su aspiración de convertirse en miembro
permanente (Malamud, 2011), con los privilegios del veto que ello implica,
no ha tenido correspondencia por parte de Pekín dada su reticencia a cam-
biar el statu quo (Brasil de Holanda, 2011). De hecho, el liderazgo de Brasil
en la Misión de Paz de la Organización de las Naciones Unidas en Haití es
un esfuerzo en ese sentido: cumplir su rol como contribuyente a la paz y la
seguridad internacionales y así mostrar que puede asumir las responsabi-
lidades como miembro permanente del Consejo de Seguridad25 (Soares de
Lima y Hirst, 2006). Por su parte, Colombia argumenta que ha estado, desde
la creación de la Organización de las Naciones Unidas, en contra del veto
y considera que, en el grupo Uniting for Consensus, el Consejo debe am-
pliarse con membresías regionales rotatorias (Un.org, 2005). De hecho, en
la búsqueda de consenso, Colombia se encuentra con los intereses de China
en este aspecto (China-un.org, 2005).

25
  En este sentido, ver los discursos del exministro de Relaciones Exteriores Celso Amorim y del
expresidente Lula (De Mello, 2012, pp. 114-120).
288 | Eduardo Velosa

De esta manera, los espacios globales, aunque no están exentos de con-


flictos, se convierten en escenarios donde la relación Brasil-China se hace más
fuerte. Aunque como lo sostiene Glosny (2010), China no necesita imperio-
samente a ninguno de los países de los brics, sí le conviene profundizar las
relaciones con países que desempeñen el rol de potencias emergentes. Brasil,
por otro lado, también necesita este apoyo, pues, sin un claro dominio en la
región (Malamud, 2011), encontrar un grupo de países similares le permite
tener un mayor peso relativo en las discusiones globales.

Conclusiones y recomendaciones

Con estas condiciones, regionales y globales, la construcción de roles de


Brasil y Colombia con respecto a China se hace en espacios diferentes. Por
un lado, Colombia limita las alternativas que le puede ofrecer China al dar
prioridad a la relación con los Estados Unidos y la defensa de un orden eco-
nómico guiado por Washington. Esta orientación también limita la posibi-
lidad de profundizar en las relaciones con Brasil. En adición, la asignación
exclusiva del rol de proveedor de recursos a China, aunque caza de manera
perfecta con algunos de los objetivos que tiene China en América Latina y el
Caribe, también hace que los diálogos en otras esferas no generen vínculos
más estrechos.
Brasil, por su parte, juega con la posibilidad de asignarle a China dife-
rentes roles. En una primera instancia, al igual que Colombia, Brasilia ve a
China como un mercado y como un inversor. De esta manera, también se
acopla a los intereses de China en la región. Más aún, a pesar de no tener una
costa en el Pacífico, Brasil se ha convertido en el principal socio comercial
de Pekín. Esto aunque los esfuerzos recientes por parte de los miembros de
la Alianza del Pacífico para “venderse” como la puerta de salida hacia Asia
o la de entrada a América Latina.
Sin embargo, las prioridades en política exterior que tiene Brasil le
permiten ocupar espacios que no han sido ocupados por ningún otro país
de la región. Por ello, aunque existan otros socios estratégicos en América
Latina,26 Brasil es el que tiene la cooperación bilateral más avanzada, no solo
en interacciones directas, sino en escenarios multilaterales.

26
  Venezuela, México, Argentina, Perú y Chile hacen parte de este tipo de relación con China
(Feng y Huang, 2014).
China en Suramérica: los roles de Brasil y Colombia | 289

Por esta razón, es importante que Colombia empiece a buscar alternati-


vas de relacionamiento con China diferentes de lo estrictamente comercial y
financiero. Un mecanismo es dotar a la Alianza del Pacífico con una voz en
los asuntos internacionales, producto de los acuerdos a los que pudieren llegar
los miembros. En este sentido, más allá de los eventuales encadenamientos
productivos que se puedan establecer y de los mecanismos para optimizar y
reducir los costos de representación que la diplomacia requiere, los miembros
deben empezar a discutir temas del sistema económico internacional y de la
política global que les permita aunar esfuerzos y convertirse, como bloque,
en un interlocutor con mayor peso en el sistema internacional.
Por otro lado, como se mostró, las relaciones comerciales con China tie-
nen serios riesgos para el desarrollo de los países de la región, entre ellos Brasil
y Colombia. Dada la idea de proyectarse como líder regional y su cercanía con
China, Brasilia puede asumir un mayor papel en la búsqueda de intercambios
mucho más benéficos (no solo la entrada de dineros producto de la exportación
de bienes primarios o de baja intensidad tecnológica) en el sentido de que el
comercio, en efecto, genere posibilidades de desarrollo en la región.
En este sentido, aunque las relaciones con China de Colombia y Brasil
se mueven en diferentes espacios a partir de los roles que cada uno de ellos
construye y toma del otro, es precisamente este aspecto el que brinda la po-
sibilidad de construir nuevas dinámicas que acerquen a China a América
Latina y el Caribe. Y, de paso, que permitan la construcción de escenarios
para la confluencia de los intereses de Brasil y Colombia.

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