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“AÑO DE LA LUCHA CONTRA LA VIOLENCIA Y LA IMPUNIDAD”

 TEMA : “APEGO Y RELACIÓN DE PAREJA”

 DOCENTE : OSCAR VELA MIRANDA

 GRADO : MAESTRIA EN TERAPIA FAMILIAR

 CURSO : TÉCNICAS DE INVESTIGACIÓN EN CRISIS DE

PAREJA

 INTEGRANTES : GARCIA CARRASCO WENDY MARITE

NORIEGA MERINO, ROCIO


RAMIREZ SAAVEDRA , LISNEY ANALI

 FECHA : AGOSTO 2019


APEGO Y RELACIÓN DE PAREJA

INTRODUCCIÓN

Dentro del campo de la psicología y las relaciones humanas, la teoría del apego tiene una
importancia muy relevante. Las personas necesitamos establecer vínculos con aquellos que están
a nuestro alrededor. Vínculos de afecto, cariño y seguridad. Si un niño no contara, por ejemplo,
con ese “apego” con su madre y con su padre, su desarrollo emocional sería muy deficitario.

Las personas necesitamos intimidad y cercanía con las personas que queremos. Y lo mismo
ocurre a nivel de pareja. Cuando alguien se convierte de pronto en una figura significativa e
importante en nuestra vida, creamos un vínculo y un tipo de apego determinado. Y aquí es donde
está la cuestión central: no todos los apegos son iguales, ni todos son igual de saludables para
conseguir una relación de pareja estable y feliz. Hablemos hoy sobre ello. Veamos cómo pueden
desarrollarse estos sistemas de apego y cómo pueden beneficiarnos o dañarnos.

Lo importante es que exista como eje central, una relación basada en un apego seguro donde
ambos miembros de la pareja, se respeten. Es normal sentirse ansioso en algún momento dado.
En sentir celos de vez en cuando. Pero si eres una persona madura y emocionalmente equilibrada,
no caerás en la obsesión. Sabes dónde está el límite del respeto

Nuestro estilo de apego afecta a casi todo, desde nuestra selección de amigos hasta lo bien que
progresan nuestras relaciones y, lamentablemente, la forma en cómo terminan. Es por eso que
reconocer nuestro patrón de apego puede ayudarnos a comprender nuestras fortalezas y
vulnerabilidades en una relación.
APEGO Y RELACIÓN DE PAREJA

El Vínculo Afectivo de Apego en las Relaciones Interpersonales


Significativas.

Por su valor intrínseco en las relaciones significativas de vida, sobretodo en aquellas que dejan
“huella” y marcan pautas para el establecimiento de relaciones interpersonales posteriores, el
estudio del vínculo de apego sigue siendo uno de los más analizados por los estudiosos del área
de relaciones humanas. Desde sus orígenes ha sido explorado a lo largo de diferentes décadas,
hasta la actualidad (Ainsworth, 1969; Bowlby, 1969; Ojeda, 2003).

En particular al apego se le ha definido como una especie de “lazo psicológico”, producto de las
sensaciones agradables y desagradables que se experimentan al lado de aquella persona, quien
inspira el deseo de permanecer cerca o próximo, recibir no sólo cuidados, sino también atenciones,
sonrisas, caricias y afectos (Ainsworth, 1969) y con quien se busca compartir, sentir confort,
cercanía y disfrutar de su compañía en términos de significado y sentido para la vida personal
(Bowlby, 1969). Por su arte, Tzeng (1992) lo define también de manera conductual y puntualiza,
que son todas aquellas dinámicas emocionales que conducen al amor romántico.

Harlow (1958) define al apego simplemente como la necesidad por identificar amor; mientras que
Rubin (1974) lo define como sinónimo de amor. Para Bowlby (1973) es toda conducta que tiene
como objetivo conservar o alcanzar la proximidad con la figura de amor, pues a ésta es a quien se
le percibe como la mejor capacitada, intelectual y socialmente para enfrentar la vida, o bien, su
atención hacia el apegado permite que éste también pueda responder a la vida con mayor
estabilidad emocional.

En el campo de las relaciones adultas el término de proximidad, como tal, no sólo se refiere a un
acercamiento físico, conductual y de locomoción, sino que visualiza bajo los conceptos de cercanía
e intimidad, una definición que se refiere a la tendencia individual que impulsa a realizar esfuerzos
sustanciales para buscar y mantener contacto con el otro, pues es éste quien le provee un
potencial subjetivo de seguridad tanto física como psicológica (Berman & Sperling, 1994).
SUS DEFINICIONES SOBRE EL TÉRMINO APEGO

Maslow.- 1955.-Una forma deficiente e inmadura del amor, es decir, una manera de expresar amor
al otro, a través de depender de éste último.

Harlow. 1958.- Lo define como la necesidad por identificar amor.

Ainsworth 1969.- Una especie de “lazo psicológico”, producto de las sensaciones agradables y
desagradables experimentadas al lado de aquella persona quien inspira el deseo de permanecer
cerca o próximo.

Bowlby, 1969.-Son lazos que seres humanos tienden a mostrar en sus relaciones en momentos
donde están expuestos a algún tipo de peligro, alguna situación vulnerable o ante alguna
enfermedad.

Bowlby 1973.-Es una conducta que tiene como objetivo conservar o alcanzar la proximidad con
otro individuo a quien se le percibe como mejor capacitado enfrentar la vida.

Rubin 1974.-Lo define como sinónimo de amor.

Hazan & Shaver 1987.-El apego es un reflejo de la forma en que fue cuidado los cuales tienden a
ser duraderos a lo largo del tiempo y están predispuestas a responder de la misma forma en que
lo hizo en la infancia con sus padres.

Bartholomew y Horowitz 1991.-El estrés del vínculo emocional en las relaciones amorosas adultas,
se centra en temer, rechazar sentir, evitar experimentar ansiedad por abandono, o bien, desde el
polo opuesto, evitar la proximidad, siempre y cuando ésta no sea producto de un apego seguro.
Los individuos con estilo de apego seguro, han generado este estilo como resultado de la eficacia
de la figura de apego en responder adecuadamente y en el momento preciso a las necesidades
del apegado.

Los individuos con estilo de apego inseguro desenvolvieron este tipo, como consecuencia a la
carencia de respuesta precisa y constante de la figura de apego, hacia las señales del apegado.
Los individuos con estilo de apego invitante, se han desarrollado como consecuencia de la
inefectividad de la figura de apego y de la interpretación emocional del apegado a los estímulos
que experimenta como estresantes, dolorosos y de rechazo.
En general, se puede entender que el apego es la capacidad que se tiene para entregarse en una
relación interpersonal, en términos de dar y recibir.

Tzeng.- 1992 Son todas aquellas dinámicas emocionales que conducen al amor romántico.
Milling & Walsh 2009.-Es el proceso de cuidados expresados y no, que están interrelacionados de
manera directa uno con el otro, relación que repercute en el estilo del cuidado que tiene la persona
en su ser. El funcionamiento del vínculo de apego depende de la coordinación emocional entre la
persona, la relación y el cuidado que se recibe por parte de la pareja.

Parker, Johnson & Ketring, 2011.-Es una actitud que es adoptada durante la relación y tiene una
influencia determinante en la reactividad de sus integrantes.

A pesar de las diferentes interpretaciones que se le ha dado al vínculo de apego, es importante


tener claro que su permanencia se ha debido a sus dos tenencias en su conceptualización:

 La primera, que centra al apego en la relación entre el padre y el hijo, como resultado de la
experiencia temprana, del contexto de la familia nuclear y los cuidados recibidos en la misma,
siendo el enfoque clínico el que más lo ha abordado, ya que es el que se encarga de explicar
cómo se manifiesta el apego en las relaciones interpersonales del niño.

 La segunda tendencia refiere que el apego es resultado de una relación romántica adulta (visto
como un vínculo afectivo formado por el proceso de amor romántico) producto del proceso de
socialización y maduración que se va obteniendo al paso del tiempo a través de las relaciones
cercanas y significativas, con lo anterior busca formar relaciones de apego saludables, aunque
no siempre se logren.

A partir de tales definiciones, es que se ha pensado que el vínculo de apego tiene una función
intrínseca de tipo social, su valor emocional permite a su vez hacer una conexión entre lo
sentimental, lo cognitivo y lo espiritual (Sternberg, 1995).

Y fue Bowlby, quien en 1969 fundamentó que los seres humanos sanos tienden a mostrar un
mayor apego a sus relaciones en momentos donde están expuestos a algún tipo de peligro, alguna
situación vulnerable o ante alguna enfermedad. Asimismo, se cree que el apego tiene una
explicación biológica, ya que el ser humano tiende a formar relaciones afectivas con fines de
supervivencia, por ejemplo, el caso de un bebé y sus cuidadores, el recién nacido por medio del
apego busca obtener la seguridad y el confort dado por sus cuidadores, de lo contrario su conducta
se modificará haciendo que la formación de sus relaciones sean encaminadas a buscar algún tipo
de apego donde encuentre dicha seguridad y afecto de los cuales carece.

Es importante hacer énfasis en el apego creado con los padres, ya que de él depende cómo el
individuo se relacionará no sólo en un ambiente escolar, laboral, o social sino también con la
pareja, siendo éste un factor determinante en el pronóstico de la relación, con la pareja misma y
con los hijos que engendren (Hazan & Shaver, 1987).

Conforme el ser humano va creciendo, la importancia de sus relaciones afectivas van cambiando,
al principio será importante lograr un apego con los padres, como figuras primarias de afecto, sin
embargo, las relaciones afectivas más importantes, son los lazos que se crean con una pareja o
con un amigo a medida que los seres humanos vamos creciendo, en la edad adulta, los lazos
afectivos con los hijos cobran fuerza en ambos sentidos y el ciclo se vuelve a repetir (Ainsworth,
1989; como cita Daniels, 2005).

Este primer abordaje del apego, tuvo implicaciones clínicas bajo una perspectiva de salud-
enfermedad, algunos estudiosos se dedicaron a observar la relación con el primer objeto de amor
y sus consecuencias emocionales como: la angustia de separación, duelo, desapego emocional,
trauma, ira, culpa, depresión, envidia, entre otros, y busca sentar las bases para establecer los
primeros años de vida y la forma en la que constituyen el período más sensible en el crecimiento
así como desarrollo de una persona (p. e.: Ainsworth et al., 1978; Freud, 1927; Klein, 1958; Mahler,
cita en Brenner, 1955; Robertson, 1952; Spitz, 1974).

Algunos otros, como Bartholomew et al. (1991) y Bowlby (1969) sostuvieron que la conducta de
apego se desarrolla como parte del proceso de socialización, por la eficacia de la figura de apego,
es decir, el apego es el producto de los cuidados que se reciben en la infancia.

Milling y Walsh (2009) consistentemente han visto que éste (el apego) y el proceso de cuidados
expresados o no, están interrelacionados de manera directa uno con el otro, relación que repercute
en el estilo del cuidado que tiene la persona en su ser. Por lo que el funcionamiento del vínculo
de apego depende de la coordinación emocional entre la persona, la relación y el cuidado que se
recibe por parte de la pareja.
A través de la calidad de las experiencias vividas con la figura de apego, el apegado organizará
sus estructuras psicológicas en “modelos internos de trabajo” o también conocidos como
“esquemas mentales”. Reminiscencias operan con mayor intensidad ante la ausencia de la figura,
representan las ideas y sentimientos que tienen acerca de sí mismos y de las personas cercanas
con las cuales existen lazos afectivos, es decir, las figuras de apego. El apego en infantes y la
forma en que son cuidados, generalmente por sus padres, atiende no sólo necesidades
alimentarias sino también aquellas que tienen que ver con cuidados físicos y atenciones
emocionales, lo que genera de acuerdo a esta interacción modelos cognitivos y de actitudes
positivos o negativos (Bowlby 1969):

 Si la persona tiene una valoración positiva de sí misma, y hacia el otro también es positiva,
sus modelos cognitivos y actitudes hacia el otro serán positivos.
 Si la persona tiene una valoración positiva de sí misma, y hacia el otro es negativa, sus
modelos cognitivos y actitudes hacia el otro serán ansiosos.
 Si la persona tiene una valoración negativa de sí misma, y hacia el otro también es
negativa, sus modelos cognitivos y actitudes hacia el otro serán evitantes.

Los modelos cognitivos, por lo general tienden a ser duraderos y que son reflejados en algunos
casos durante la adultez. Sus relaciones están predispuestas a responder de la misma forma en
que lo hizo el infante con sus padres (Hazan & Shaver, 1987).

De acuerdo con Sternberg (1984) el hogar es responsable del desarrollo socio-emocional y


psicológico, en él es moldeada la conducta adulta y las formas de aprendizajes; por consiguiente,
la formación de los distintos estilos de apego también se ven influenciados en gran medida por el
mismo.

Bowlby sólo habla de 3 estilos, 3 modelos, (figura 2). Con el tiempo y siguiendo su razonamiento
es que los autores (figura 3) dan por resultado 4 modelos de trabajo cognitivos:

Figura
2

Figura 3
Al formarse modelos mentales, se cree que son los organizadores del desarrollo de la
personalidad, las maneras de responder al ambiente, las guías de conducta social y el
establecimiento de las relaciones interpersonales a lo largo de la vida.

Bowlby (1969) asevera que necesariamente estas ideas o sentimientos tienden a jugar un rol
positivo o negativo. Por consiguiente, cabe la posibilidad de que en el proceso de formación de la
conducta de apego, se generen cuatro combinaciones a nivel cognoscitivo:

 El estilo de apego seguro es producto de la combinación de la evaluación positiva de


ambos modelos de trabajo internalizados (del yo y de la figura de apego) se caracteriza
por manifestar confort, intimidad y autonomía.
 El estilo de apego preocupado es producto de la alta evaluación negativa del si mismo y
la búsqueda constante de la evaluación positiva de los otros, por lo que se caracteriza por
estar constantemente preocupado en las relaciones interpersonales.
 El estilo de apego alejado es producto de la evaluación negativa tanto por si mismo Como
por los otros, por lo que se caracteriza por manifestar una disminución de intimidad e
independencia en sus relaciones interpersonales.
 El estilo de apego temeroso es producto de la disposición negativa hacia la demás gente,
protegiéndose de las relaciones interpersonales, evitándolas y manteniendo una
sensación de independencia e invulnerabilidad.

Ante los diferentes estímulos y cuidados, la conducta de apego se refleja en diversas formas, de
acuerdo con el Modelo Teórico de los Estilos de Apego desarrollado por Ainsworth (1969) y Bowlby
(1969) existen tres tipos:
 Los individuos con estilo de apego seguro, han desarrollado este estilo Como
consecuencia de la eficacia de la figura de apego en responder adecuadamente y en el
momento preciso a las necesidades del apegado. Ante la separación, su comportamiento
está libre de miedo y ansiedad, mantienen la tranquilidad y frente a la presencia de la
figura de apego, realizan comportamientos que expresan accesibilidad, confianza y
seguridad. Asimismo, estos individuos pueden gravitar hacia el desarrollo estable de sus
relaciones interpersonales, pues soportan relativamente altos niveles de confianza,
interdependencia, compromiso y satisfacción (Simpson, 1990). Se caracterizan por ser
tolerantes ante los desacuerdos con el otro miembro de la relación (Remshard, 1998).
Tienden a desarrollar modelos mentales de sí mismos como de bienestar con sus amigos
y otros; bien intencionados, realistas y confiables. Describen sus relaciones de amor,
como felices, amistosas y de confianza (Fuller & Finchman, 1995).

 Los individuos con estilo de apego inseguro han desarrollado este tipo como consecuencia
a la carencia de respuesta precisa y constante de la figura de apego, hacia las señales
del apegado. De modo que ante la separación, las personas con este apego suelen
expresar en sus comportamientos angustia excesiva, poca concentración en la tarea que
realizaban, e incluso sentimientos de nostalgia y, ante la presencia de la figura de apego
manifiestan su falta de confianza con conductas de enojo y protesta (Tzeng, 1992).
Además, tienden a desarrollar modelos mentales de miedo, desconfianza y sobre
apreciación, un tanto irreal para los otros, incapaces de entregarse a una relación
permanente. Describe sus relaciones de Amor como una obsesión, con niveles
emocionales altos y bajos (bipolares), con extrema atracción sexual y gran nivel de celos
(Fuller et al., 1995).

 Los individuos con estilo de apego evitante, se desarrollan a consecuencia de la


inefectividad de la figura de apego y de la interpretación emocional del apegado a los
estímulos que experimenta como estresantes, dolorosos y de rechazo. Por lo que ante la
separación, estas personas suelen manifestar angustia, pasividad y tristeza.

Para Fincham (1992) y más adelante, según Pearce y Halford (2008) el proceso de
interdependencia es producto de que en las relaciones cercanas hay una clásica exposición de
aspectos cognitivos y afectivos, mismos que son necesarios para el fortalecimiento de la misma,
pero implican aprender a manejarlos, negociarlos, asimilarlos o acomodarlos. Entre los que
refieren con más énfasis:

 Atención hacia eventos de la relación (procesamiento primario).


 Eventos dónde participa la pareja.
 Conductas de la pareja que se procesan en automático.
 Atención a percibir conductas negativas de la pareja (procesamiento secundario).
 Quejas de ellos con respecto a la conducta de su pareja.
 Quejas de su pareja sobre su conducta.

LA TEORÍA DE APEGO DE JHON BOWLBY

La teoría del apego fue desarrollada originalmente por John Bowlby (1907 - 1990), un psicoanalista
británico que intentaba comprender la intensa angustia experimentada por los bebés que habían
sido separados de sus padres.

Bowlby observó que los bebés separados de sus progenitores podrían llegar a extremos
extraordinarios para evitar la separación o para restablecer la proximidad de un progenitor ausente
(por ejemplo: llorar desconsoladamente, aferrarse con fuerza a esa figura por temor a la
separación, buscar frenéticamente a sus progenitores al perderlos).

En el momento de los estudios iniciales de Bowlby la tendencia de la época se basaba en el


psicoanálisis y sostenía que estas expresiones eran manifestaciones de mecanismos de defensa
inmaduros que operaban para reprimir el dolor emocional, pero Bowlby señaló que tales
expresiones son comunes a una amplia variedad de especies de mamíferos, y especuló con que
estos comportamientos podían provenir y tener una función evolutiva.

Basándose en la etología (estudio científico del comportamiento humano y animal), Bowlby postuló
que estos comportamientos de protesta asociados al apego, como son el llanto y la búsqueda
ansiosa del progenitor, eran respuestas adaptativas de los niños a la separación de una figura de
apego primaria: alguien que brinda apoyo, protección y cuidado. Debido a que los bebés humanos,
al igual que otras crías de mamíferos, no pueden alimentarse ni protegerse a sí mismos, dependen
del cuidado y la protección de los adultos "mayores y más sabios". Bowlby argumentó que, a lo
largo de la historia evolutiva, los bebés que pudieron mantener la proximidad a una figura de apego
a través de conductas de protesta motivadas por un sistema de apego activado tendrían más
probabilidades de sobrevivir hasta la edad reproductiva. Según Bowlby, un sistema de activación,
lo que él llamó el sistema de comportamiento del apego, fue gradualmente "diseñado" por la
selección natural para regular la proximidad a una figura de apego.

El sistema de comportamiento de apego es un concepto importante en la teoría del apego porque


proporciona el vínculo conceptual entre los modelos etológicos del desarrollo humano y las teorías
modernas sobre la regulación y la personalidad de las emociones.

Según Bowlby, el sistema de apego esencialmente se "hace" la siguiente pregunta fundamental:

¿Mi figura de apego está cerca, es accesible y está atenta a mí?

Si el niño percibe que la respuesta a esta pregunta es "sí", se siente amado, seguro y confiado,
y, es probable que explore su entorno con autonomía, juegue con los demás y sea sociable.

Sin embargo, si el niño percibe que la respuesta a esta pregunta es "no", el niño experimenta
ansiedad y, conductualmente, es probable que muestre comportamientos de apego que van desde
la simple búsqueda visual al seguimiento activo y las señales vocal (llanto y gritos). Estos
comportamientos continúan hasta que el niño sea capaz de restablecer un nivel deseable de
proximidad física o psicológica con la figura de apego, o hasta que el niño "se agote", como puede
suceder en el contexto de una separación o pérdida prolongada. En tales casos, Bowlby creía que
los niños pequeños experimentaban una profunda desesperación y depresión.
Así pues, el conjunto de metas del sistema de comportamiento de apego es la de mantener un
vínculo con una figura de apego accesible y disponible.

«Alarma» es el término usado para la activación del sistema conductual del apego causado por el
miedo o el peligro.

«Ansiedad» es la anticipación o el miedo de ser descartado por la figura de apego. Si la figura no


está disponible o no responde, ocurre la angustia por la separación.

APEGO INFANTIL Y APEGO ADULTO.


IMPLICACIONES EN LAS RELACIONES DE PAREJA

Los estudios sobre apego adulto se basan en el supuesto de que el mismo sistema activo que da
lugar al estrecho vínculo emocional entre padres e hijos es el responsable del vínculo que se
establece entre los adultos en las relaciones de pareja. El objetivo de este artículo es proporcionar
una breve exposición de la investigación sobre el apego adulto, la clave de las principales ideas
teóricas y una muestra de algunos de los hallazgos descubiertos con estas investigaciones. Este
artículo ha sido escrito para personas que están interesadas en aprender más acerca del apego
adulto y sus relaciones de pareja.
1.- APEGO INFANTIL

Aunque Bowlby creía que la dinámica básica descrita anteriormente abarcaba las dinámicas
habituales del sistema conductual de apego, reconoció que existen diferencias individuales en la
forma en que los niños evalúan el acceso a la figura de apego y cómo regulan su comportamiento
de apego en respuesta a las amenazas.

Sin embargo, no fue sino hasta que su colega, Mary Ainsworth(1913-1999), comenzó a estudiar
sistemáticamente las separaciones entre padres e hijos que se articuló una comprensión formal
de estas diferencias individuales.

Ainsworth y sus alumnos desarrollaron una técnica llamada "situación extraña", un procedimiento
de laboratorio para estudiar el apego de los niños con sus progenitores.

En una situación extraña, los niños de 12 a 18 meses y sus padres son llevados a una habitación
con juguetes donde se les puede observar, y son sistemáticamente separados y reunidos el uno
con el otro.

En la situación extraña, la mayoría de los niños (es decir, alrededor del 60%) se comportan de la
manera implícita en la teoría de Bowlby, cumplen con lo que se puede predecir: Se molestan
cuando el padre o la madre se van de la habitación, pero cuando él o ella regresan, buscan
activamente a los padres y son fácilmente consolados por él o ella. Los niños que exhiben este
patrón de comportamiento a menudo se llaman seguros. Sin embargo, otros niños (alrededor del
20% o menos) se sienten incómodos inicialmente, y, después de la separación, se les ve
extremadamente angustiados. Es importante destacar que, cuando se reúnen con sus padres,
estos niños tienen dificultades para calmarse, y a menudo muestran comportamientos conflictivos
que sugieren que desean ser consolados, pero que también quieren "castigar" a los padres por
irse. A estos niños a menudo se les llama resistentes, ambivalentes o ansiosos.

El tercer patrón de apego que Ainsworth y sus colegas documentaron se llama evasivo, evitativo
o huidizo. Los niños evitativos (aproximadamente el 20%) no parecen demasiado angustiados por
la separación, y, al reunirse, evitan activamente buscar contacto con sus padres, a veces
volcándose a jugar con objetos en la habitación antes que recibir con alegría a sus padres
El trabajo de Ainsworth fue importante por al menos tres razones:

En primer lugar, proporcionó una de las primeras demostraciones empíricas de cómo el


comportamiento del apego se modela en contextos de la infancia según estos sean seguros o
turbadores.

En segundo lugar, proporcionó la primera clasificación empírica de las diferencias individuales en


los patrones de apego infantil. De acuerdo con su investigación, existen al menos tres tipos de
niños: los que están seguros en su relación con sus padres, los que son inseguros-ansiosos y los
inseguros-evitativos.

Finalmente, ella demostró que estas diferencias individuales se correlacionaron con las
interacciones entre padres e hijos en el hogar durante el primer año de vida. Los niños que parecen
seguros en una situación extraña, por ejemplo, tienden a tener padres que responden a sus
necesidades. Los niños que parecen inseguros en la situación extraña (es decir, tendentes a la
ansiedad o a la evitación) a menudo tienen padres que son insensibles a sus necesidades, o
inconsistentes o que rehusan la atención que les deben brindar. En los años que siguieron, varios
investigadores han demostrado vínculos entre la sensibilidad temprana de los padres y la
capacidad de respuesta y la seguridad del apego.

2.-TRES IMPLICACIONES DE LA TEORÍA DEL APEGO ADULTO

La idea de que las relaciones románticas pueden ser relaciones de apego ha tenido una profunda
influencia en la investigación moderna sobre las relaciones de pareja. Hay al menos tres
implicaciones críticas de esta idea:

Primero, si las relaciones románticas adultas son relaciones de apego, entonces debemos
observar las mismas diferencias individuales en las relaciones adultas que Ainsworth observó en
las relaciones entre niños y cuidadores. Podemos esperar que algunos adultos, por ejemplo,
estén seguros en sus relaciones, que se sientan seguros de que sus compañeros estarán allí para
ayudarlos cuando sea necesario y estén dispuestos a depender de los demás y hacer que otros
dependan de ellos. Deberíamos esperar que otros adultos, por el contrario, sean inseguros en sus
relaciones. Por ejemplo, algunos adultos inseguros pueden ser proclives a la ansiedad: les
preocupa que los demás no los amen completamente, y se frustran fácilmente o se enojan cuando
no se satisfacen sus necesidades de apego. Otros pueden ser evasivos: pueden parecer que no
les importan demasiado las relaciones cercanas, y pueden preferir no depender demasiado de
otras personas o hacer que los demás no dependan demasiado de ellas.

Segundo, si las relaciones románticas adultas son relaciones de apego, entonces la forma en que
las relaciones adultas "funcionan" debería ser similar a la forma en que funcionan las relaciones
entre niños y cuidadores. En otras palabras, los mismos tipos de factores que facilitan la
exploración en los niños (es decir, tener un cuidador receptivo) deberían facilitar la exploración
entre adultos (es decir, tener un compañero receptivo). Los tipos de cosas que hacen que una
figura de apego sea "deseable" para los bebés (es decir, receptividad, disponibilidad) son los tipos
de factores que los adultos deberían considerar deseables en las parejas románticas. En resumen,
las diferencias individuales en el apego deberían influir en el funcionamiento relacional y personal
en la adultez de la misma manera que lo hace en la infancia.

Tercero, si un adulto es seguro o inseguro en sus relaciones adultas puede ser un reflejo parcial
de sus experiencias con sus cuidadores principales, de su infancia. Bowlby creía que
las representaciones mentales o modelos de trabajo (es decir, expectativas, creencias, "reglas" o
"guiones" para comportarse y pensar) que un niño tiene con respecto a las relaciones son una
función de sus experiencias de cuidado. Por ejemplo, un niño seguro tiende a creer que los demás
estarán allí para él porque las experiencias previas le han llevado a esta conclusión. Una vez que
un niño ha desarrollado tales expectativas, tenderá a buscar experiencias relacionales que sean
consistentes con esas expectativas y percibir a los demás de una manera que esté coloreada por
esas creencias. Según Bowlby, este tipo de proceso debería promover la continuidad en los
patrones de apego durante el curso de la vida, aunque es posible que el patrón de apego de una
persona cambie si sus experiencias relacionales son inconsistentes con sus expectativas. En
resumen, si asumimos que las relaciones adultas son relaciones de apego, es posible que los
niños que están seguros como niños crezcan seguros en sus relaciones amorosas.
En las siguientes secciones, abordo brevemente estas tres implicaciones a la luz de la
investigación temprana y contemporánea sobre el apego de adultos.

1º. ¿Observamos los mismos tipos de patrones de apego entre los adultos que observamos
entre los niños?
La investigación más temprana sobre el apego de adultos incluyó el estudio de la asociación entre
las diferencias individuales en el apego adulto y la forma en que las personas piensan sobre sus
relaciones y sus recuerdos sobre cómo son sus relaciones con sus padres. Hazan y Shaver (1987)
desarrollaron un cuestionario simple para medir estas diferencias individuales. (Estas diferencias
individuales a menudo se conocen como estilos de apego , patrones de apego , orientaciones de
apego o diferencias en la organización del sistema de apegos) , pidiendo a los sujetos de
investigación que lean los tres párrafos enumerados a continuación e indiquen qué párrafo se
caracteriza mejor por la manera en que piensan, sienten y se comportan en relaciones cercanas:

A. Me siento algo incómodo al estar muy cerca de mi pareja. Me resulta difícil confiar en mi
pareja por completo, me es difícil permitirme depender de ella. Estoy nervioso cuando se
acerca demasiado, y a menudo, mis parejas quieren más intimidad de la que me haría
sentir cómodo.
B. Me resulta relativamente fácil acercarme a mis parejas y me siento cómodo dependiendo
de ellas y de que dependan de mí. No me preocupa que me abandonen o que alguien se
acerque demasiado a mí o quiera mucha intimidad.
C. Me parece que mis parejas se muestran reacias a acercarse tanto como a mí me
gustaría. A menudo me preocupa que mi pareja no me quiera o no quiera quedarse
conmigo. Quiero estar muy unida a mi compañero, y esto a veces asusta a la gente.

Los hallazgos de Brennan sugirieron que hay dos dimensiones fundamentales con respecto a los
patrones de apego adulto.

 Una variable crítica ha sido etiquetada como ansiedad relacionada con el apego. Las
personas que obtienen una puntuación alta en esta variable tienden a preocuparse por si
su pareja está disponible, receptiva, atenta, etc. Las personas que obtienen puntajes bajos
en esta variable son más seguras en cuanto a la capacidad de respuesta percibida de sus
parejas.
 La otra variable crítica se llama evitación relacionada con el apego. Las personas en el
extremo superior de esta dimensión prefieren no confiar en los demás o abrirse a los
demás. Las personas en el extremo inferior de esta dimensión se sienten más cómodas
al intimar con los demás y son más seguras dependiendo de que otros dependan de ellas.
Un adulto de prototipo seguro es bajo en estas dos dimensiones.

Los hallazgos de Brennan son críticos porque los análisis recientes del patrón estadístico del
comportamiento entre bebés en el experimento de la situación extraña revelan dos dimensiones
funcionalmente similares: una que capta la variabilidad en la ansiedad del niño y otra que capta la
variabilidad en la disposición del niño para encontrar en sus progenitores un refugio donde
apoyarse. Funcionalmente, estas dimensiones son similares a las dos dimensiones descubiertas
entre los adultos, lo que sugiere que existen patrones de apego similares en diferentes momentos
de la vida.

2º. ¿Las relaciones románticas adultas 'funcionan' de la misma manera que las relaciones
entre bebés y cuidadores?
Ahora hay una creciente cantidad de investigaciones que sugieren que las relaciones románticas
adultas funcionan de manera similar a las relaciones entre bebés y cuidadores, con algunas
excepciones notables, por supuesto.
La investigación en adultos que se separaban de sus parejas en un aeropuerto demostró que los
comportamientos de cuidados y de protesta relacionados con el apego eran evidentes, y que la
regulación de estos comportamientos estaba asociada con estilo de apego (Fraley y Shaver,
1998). Por ejemplo, mientras que las parejas que se separan generalmente mostraron más
comportamiento de apego que las parejas que no se separan, los adultos altamente evitativos
mostraron mucho menos comportamiento de apego que los adultos menos evitativos.

Elección de pareja

Los estudios transculturales sugieren que el patrón de apego seguro en la infancia es


universalmente considerado el patrón más deseable por las madres. Por razones obvias, no existe
un estudio similar que pregunte a los bebés si preferirían una figura de apego que les proporcione
seguridad. Los adultos que buscan relaciones a largo plazo identifican las cualidades receptivas
del cuidado, como la atención, la calidez y la sensibilidad, como los más "atractivos" en posibles
parejas (Zeifman y Hazan, 1997). A pesar del atractivo de las cualidades de seguridad, sin
embargo, no todos los adultos están emparejados con personas de estilo de apego seguro.

Base segura y comportamiento de refugio seguro

En la infancia, los bebés seguros tienden a ser los más equilibrados, en el sentido de que son
relativamente flexibles, se llevan bien con sus compañeros y son muy apreciados. Tipos similares
de patrones han surgido en la investigación sobre el apego adulto. En general, los adultos seguros
tienden a estar más satisfechos en sus relaciones que los adultos inseguros. Sus relaciones se
caracterizan por una mayor durabilidad, confianza, compromiso e interdependencia y es más
probable que se apoyen en su pareja afectiva como una base segura desde la cual explorar el
mundo (por ejemplo, Fraley). Y Davis, 1997).

Una gran parte de la investigación sobre el apego de adultos se ha dedicado a descubrir los
mecanismos conductuales y psicológicos que promueven la seguridad y aseguran el
comportamiento de base en los adultos. Ha habido dos descubrimientos importantes hasta el
momento:

 Primero y de acuerdo con la teoría del apego, los adultos seguros tienen más
probabilidades que los adultos inseguros de buscar apoyo de sus parejas cuando están
angustiados. Además, es más probable que sean capaces de proporcionar apoyo a sus
compañeros cuando están angustiados (por ejemplo, Simpson et al., 1992).
 En segundo lugar, las atribuciones que las personas inseguras hacen con respecto al
comportamiento de su pareja durante y después de conflictos relacionales exacerban, en
lugar de aliviar, sus inseguridades (p. Ej., Simpson et al., 1996).

Mecanismo de evitación y mecanismos de defensa

De acuerdo con la teoría del apego, los niños difieren en los tipos de estrategias que utilizan para
regular la ansiedad relacionada con el apego. Después de una separación y reunión, por ejemplo,
algunos niños inseguros se acercan a sus padres, pero con ambivalencia y resistencia, mientras
que otros se retiran de sus padres, aparentemente minimizando los sentimientos y el
comportamiento relacionados con el apego. Una de las grandes preguntas en el estudio del apego
infantil es si los niños que se retiran de sus padres -niños evitativos o evasivos- están realmente
menos angustiados o si su comportamiento defensivo es un encubrimiento de sus verdaderos
sentimientos de vulnerabilidad. La investigación que ha medido la capacidad de atención de los
niños, la frecuencia cardíaca.

La investigación reciente sobre el apego de adultos ha revelado algunas complejidades


interesantes con respecto a las relaciones entre evitación y defensa. Aunque algunos adultos
evitativos, a menudo llamados adultos temerosamente evitativos, están mal equilibrados a pesar
de su naturaleza defensiva, otros, a menudo llamados adultos despedido-evitativo, pueden usar
estrategias defensivas de una manera adaptativa.

3º. ¿Los patrones de apego son estables desde la infancia hasta la edad adulta?

Tal vez la implicación más provocativa y controvertida de la teoría del apego adulto es que el estilo
de apego de una persona como adulto está determinado por su interacción con las figuras de
apego de los padres.

Aunque la idea de que las primeras experiencias de apego pueden tener una influencia en el estilo
de apego en las relaciones de pareja es relativamente indiscutible, las hipótesis sobre el origen y
el grado de solapamiento entre los dos tipos de estilo de apego (el infantil y el adulto) han sido
polémicas.
Hay al menos dos cuestiones involucradas al considerar la cuestión de la estabilidad del apego
desde la infancia al adulto:

(a) ¿Cuánta similitud existe entre la seguridad que tienen las personas con las que actúan y
se relacionan en sus vidas (por ejemplo, madres, padres, parejas)?
(b) Con respecto a cualquiera de estas relaciones, ¿Cómo de estable es la seguridad en el
tiempo?

Con respecto a esta primera cuestión, parece que hay un grado moderado de solapamiento entre
la seguridad que las personas sienten con sus madres, por ejemplo, y lo seguros que se sienten
con sus parejas. Fraley, por ejemplo, recopiló las medidas de personas que realizaron un
autoinforme de su estilo de apego actual con una figura parental significativa y con su pareja actual,
y encontró correlaciones que oscilaban entre aproximadamente .20 a .50 (es decir, pequeño a
moderado) entre los dos tipos de relaciones de apego.

Con respecto al segundo problema, la estabilidad del apego generado por los padres parece ser
igual a una correlación de alrededor de .25 a .39. Solo hay un estudio longitudinal del que tenemos
conocimiento que evaluó el vínculo entre la seguridad a la edad de 1 año en el experimento de la
situación extraña y la seguridad de las mismas personas 20 años después en sus relaciones de
pareja ya adultas. Este estudio no publicado descubrió una correlación de .17 entre estas dos
variables.

Hazan y Shaver (1987) encontraron que los adultos que estaban seguros en sus relaciones de
pareja eran más propensos a recordar sus relaciones de infancia con los padres como cariñosos,
atentos y receptivos.

En base en este tipo de estudios, parece probable que los estilos de apego en el ámbito padres-
hijo y los estilos de apego en el ámbito de la relación de pareja estén solo moderadamente
relacionados en el mejor de los casos.
3.- ESTILOS DE APEGO Y SU IMPLICACIÓN EN LA RELACIÓN DE PAREJA

EL APEGO EN LAS RELACIONES DE PAREJA

Aunque Bowlby se enfocó principalmente en comprender la naturaleza de la relación entre niño y


cuidador, creía que el apego caracterizaba la experiencia humana desde "la cuna hasta la tumba".
Sin embargo, no fue hasta mediados de la década de 1980 que los investigadores comenzaron a
tomar en serio la posibilidad de que los procesos de apego se desarrollen en la adultez. Hazan y
Shaver (1987) fueron dos de los primeros investigadores en explorar las ideas de Bowlby en el
contexto de las relaciones amorosas. Según Hazan y Shaver, el vínculo emocional que se
desarrolla entre parejas sentimentales es, en parte, una función del mismo sistema motivacional,
el sistema conductual de apego, que da lugar al vínculo emocional entre los bebés y sus
cuidadores. Hazan y Shaver señalaron que la relación entre los bebés y los cuidadores y la relación
entre parejas románticas adultas comparten las siguientes características:

 ambos se sienten seguros cuando el otro está cerca y responde


 ambos participan en un contacto estrecho, íntimo y corporal
 ambos se sienten inseguros cuando el otro es inaccesible
 ambos comparten reconocimiento y revelaciones el uno con el otro
 ambos se comunican y juegan mediante rasgos faciales y muestran una fascinación y
preocupación mutual

Sobre la base de estos paralelismos, Hazan y Shaver argumentaron que las relaciones románticas
adultas, como las relaciones entre bebés y cuidadores, son apegos, y que el amor romántico es
una propiedad del sistema de comportamiento del apego, así como los sistemas de motivación
que dan lugar a la prestación de cuidados y a la sexualidad.

EL APEGO EN LA RELACIÓN DE LA PAREJA.- Es una vinculación mental y emocional


(obsesiva) a objetos, personas, ideas o sentimientos, originada en la creencia irracional de que
ese vínculo proveerá, de manera única y permanente, placer, seguridad o autorrealización.
El apego es el vínculo afectivo más primario. Lo establecen los bebes durante el primer año de
vida con la persona que les cuida, con uno o varios cuidadores. Salvo situaciones muy extremas,
mantienen el apego hacia estas personas durante toda la vida. Incluso cuando éstas mueren,
pueden seguir siendo figuras muy importantes.
SÍNTOMAS TÍPICOS DEL APEGO EMOCIONAL

Es importante conocer los síntomas que nos pueden ayudar a detectar si en nuestra relación
tenemos apego o, por el contrario, disfrutamos de una relación sana.
Aquí te dejamos los signos más evidentes de la dependencia en la pareja para que analices tu
situación:

• Pensamientos obsesivos: algo muy común entre las parejas con dependencia es que
tengan algunas "obsesiones". Por ejemplo, los celos compulsivos o la desconfianza es un claro
síntoma de esta situación emocional. También es habitual que se idealice a la persona con la que
se comparte la vida o que se ignoren aquellas situaciones negativas que se viven en el seno de la
pareja.

• Contacto compulsivo: otra característica de las parejas dependientes es que están todo el
día hablando por teléfono, por mensajes, etcétera. Y en el momento en el un miembro no puede
contactar con el otro, lo habitual es que se creen grandes discusiones, desconfianzas o situaciones
complicadas que son fruto de esta toxicidad que hay en la pareja.

• Falta de realismo en la pareja: otro síntoma muy común es que la relación se viva de forma
fantasiosa. Es decir, que no se acepte la realidad y que nunca se tomen decisiones al respecto.
Este tipo de relación está condenada al fracaso, pero, en la mayoría de las veces, la pareja sigue
intentándolo una y otra vez porque ven imposible que la relación se termine.

TIPOS DE APEGO EN LAS RELACIONES DE PAREJA

1. RELACIONES DE PAREJA CON UN APEGO “ANSIOSO”


Las personas con un perfil de apego “ansioso” buscan la cercanía de la pareja de un modo casi
obsesivo. Caen fácilmente en situaciones de celos, de ansiedad y de desconfianza. Lo cual acaba
generando numerosos problemas. Podemos identificarlos también mediante estas ilustrativas
dimensiones:

•Suelen identificar muy bien si algo pasa en la relación. Están muy pendientes siempre de tus
reacciones, de tus miradas, de tus palabras…
•Suelen ser bastante manipuladores. Gustan de poner a las parejas en situaciones donde valorar
hasta qué punto estamos comprometidos con ellos.
•Cambian muy fácilmente de humor. A instantes son pura energía como al momento, se muestran
decaídos y con una sutil tristeza para llamar nuestra atención.
•Buscan siempre instantes de intimidad y utilizan el sexo casi como pilar, donde demostrar su
ansiosa cercanía.

2. RELACIONES DE PAREJA CON UN APEGO “DISTANTE”

Sería la cara opuesta al apego “ansioso”. En esto caso, la pareja, es el típico ejemplo de la persona
que siempre necesita “espacio para sí misma”. No es que evite el compromiso, es que lo entiende
de un modo un poco más frío y sin una necesidad de cercanía constante.
•No suelen ser muy buenos percibiendo las emociones de la pareja. Tampoco ven qué
necesidades tiene o si hay algún problema. Y ojo, no es que “no les importe”. Es su forma de ser,
no perciben las emociones con facilidad.
•Disfrutan estando solos.
•Necesitan diariamente su espacio personal, y les molesta que pasemos “ese límite”.
•Tienen criterios de la pareja ideal, de lo que para ellos, sería la pareja perfecta. Suelen poner el
listón tan alto que es muy difícil alcanzarlo en alguna ocasión. Lo cual genera mucho sufrimiento.
•Reprimen además muchas sus emociones en lugar de expresarlas.
•Suelen ser muy exigentes, de esas personas que gustan de evidenciar los defectos ajenos. Lo
cual implica una falta de empatía.
•Suelen evitar la cercanía física, no son muy dados a mostrar afecto.

3. RELACIONES DE PAREJA CON UN APEGO “SEGURO”

•Es el tipo de apego más saludable, el que más seguridad y felicidad ofrece.
•Se respetan los espacios personales a la vez, que se construye uno entre los dos, el de la propia
pareja. Ahí donde hay confianza y se establece una buena comunicación.
•Se gestionan bien las diferencias, los problemas cotidianos.
•Se puede comunicar abiertamente los deseos y las preocupaciones.
•Hay respeto, los celos no son obsesivos ni dañinos. Se valora la confianza mutua.
•Las personas con un apego seguro son capaces de reconocer cuando están equivocados.
•Comunican bien sus sentimientos.
•No manipulan, son sinceros y buscan la cercanía de la pareja a la vez que respetan su espacio
personal.
•Saben perdonar.
•Establecen relaciones sanas donde no hay coacción, donde no hay egoísmos. Donde el amor es
maduro y no obsesivo, ni aún menos distante.

3.- RELACIONES DE PAREJA CON UN APEGO DESORGANIZADO

Es el extremo opuesto al apego seguro, ocurre en casos de abandono o maltrato al niño. Son
personas que crecen con mucha ira, odio y frustración. En la vida adulta “pareciera” que no
quisieran tener o destruir una relación de pareja pero en el fondo lo que tiene es un anhelo gigante
de tener pareja; pero ya que la tienen no saben cómo comportarse para mantenerla porque
empiezan hacer cosas para alejar a la gente que los quiere y a la vez no quieren estar solos. Se
llama apego desorganizado porque si te quiero, pero ya que te siento demasiado cerca me da
miedo, entonces empiezo hacer cosas para alejarte puedo a ser berrinches, hacer dramas, hacer
infiel emiten una serie de conductas para que me dejes porque no saben cómo manejar el apego
de una forma segura.

Básicamente se da cuando el padre, la madre o la figura de referencia, les dan cariño, pero a la
vez les hace daño o simplemente les ignora sin ninguna explicación aparente. Al llegar a adultos
tendrán relaciones de mucha dependencia emocional, pero al mismo tiempo, cuando la otra
persona se acerque demasiado, sentirán rechazo. Sus relaciones son muy tóxicas, cargadas de
ataques de celos, de desconfianza y serán de montar pollos a sus parejas.

En el apego desorganizado, el vínculo entre el bebé y el cuidador resulta más amenazante que en
el apego evitativo y ansioso-ambivalente, porque el cuidador es agresivo, violento, y abusa o
maltrata al niño. Las personas que tienen que proteger y cuidar son precisamente las que
maltratan, de manera que esto genera un desequilibrio interno muy fuerte. Es decir, se llama apego
desorganizado porque los cuidadores actúan de manera desorganizada: son imprevisibles e
impredecibles.

Pero el bebé no puede sobrevivir sin el cuidador, de manera que tratará de mantenerse cerca de
él soportando la agresión. Para ello, desarrolla una estrategia que implica desconectarse de sentir
miedo, porque no puede hacer frente al peligro dado que es más fuerte que él. Así, el niño ante
las agresiones empezará a activarse, es decir, gritar por ejemplo; pero puede ser que esto tenga
la consecuencia de que la agredan más. Si ese es el caso, entonces entrará en parálisis, porque
no puede remediar el peligro, de manera que se disociará. La disociación es una pérdida de
contacto con la realidad, que tiene graves consecuencias para el desarrollo psicológico posterior
del niño.

Todo ello tiene consecuencias del apego desorganizado para su desarrollo adulto, especialmente,
si no hay otras figuras cuidadoras que puedan darle apoyo y sostén. Entre ellas, como adultos,
son personas con mucha dificultad para identificar sus emociones, también para fantasear y
pensar más allá de lo que está presente, con un intenso sentimiento de confusión interna, con
dificultad para entender lo que otros pueden pensar o sentir, así como lo que ellos mismos piensan
y sienten; con menor desarrollo del lenguaje, una etiqueta personas malas o peligrosas, e incluso
pueden tender a auto-agredirse.

Como adultos, las personas con apego desorganizado han aprendido que las relaciones íntimas
están conformadas por la agresividad, de manera que anticiparán que van a ser agredidos por los
demás. De este modo, aunque lo que necesitan es seguridad, tenderán a evitar o romper las
relaciones fácilmente, o bien rechazar a los otros porque lo viven como peligroso; e incluso, a
agredirles.

Además, a diferencia del resto de apegos que mantienen el respeto por el otro, en el apego
desorganizado esto no sucede así porque el respeto se aprende en la familia y los modelos que
tuvieron les enseñaron una forma de relacionarse donde no había respeto por lo que el niño sentía,
sino imposición y autoritarismo. Es decir, no había respeto por lo que necesitaba, por tener su
propio espacio, por su persona, y cruzaban sus límites.

Para concluir, cabe señalar un importante aspecto. No todas las personas disponemos de un solo
tipo de “apego”. Nadie es “puramente” seguro o únicamente distante. En ocasiones se mezclan
alguna pincelada de ese apego ansioso con el seguro.

Lo importante es que exista como eje central, una relación basada en un apego seguro donde
ambos miembros de la pareja, se respeten. Es normal sentirse ansioso en algún momento dado.
En sentir celos de vez en cuando. Pero si eres una persona madura y emocionalmente equilibrada,
no caerás en la obsesión. Sabes dónde está el límite del respeto

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