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¿Qué misterios guarda la galleta de Tula?

La galleta de Tula es considerada uno de los recuerdos


rusos más originales y dignos (loables). La delicadeza
popular favorita - sabrosa, dulce, hermosa - hoy se
muestra en postales, empaques, o póster. La historia de la
galleta de Tula se remonta a 1685, cuando se mencionó
por primera vez en los catastros. Esta auténtica
delicadeza rusa se comenzó a hornear ya en los viejos
tiempos. La galleta de Tula se produce (manufacturan) de
varias maneras: impresa, tallada (labrada, esculpida)
o moldeada en relieve. Se diferenciaron en la consistencia
de la harina, y se cocinaron con o sin relleno.

Los más populares fueron las galletas impresas. Para


hacerlas, se fabricaron moldes de madera especiales (por
lo general de abedul o peral), en los que se tallaban
diferentes imágenes, por lo que se les llamó galletas
impresas. Impresionaban por la riqueza de su sabor a
natilla, a miel, a crema, o al natural… Sin ellas no había ni
una sola fiesta. Estos postres dulces se prepararon para
grandes fiestas religiosas, bodas, aniversarios y
conmemoraciones funerarios.

Estas galletas, cocinadas de una forma peculiar, son


consideradas las más únicas. Las producciones más
famosas han sido las que se han hecho para un pedido
especial, por ejemplo, para la coronación del emperador
Nicolás II. El sitio kultura-rf.ru recuerda que en varias
ocasiones se dieron galletas para honrar a presidentes
rusos como Boris Yeltsin y Vladimir Putin, al patriarca de
toda Rusia Alexy II, al presentador del juego televisivo “El
campo de los milagros” Leonid Yakubovich, Es interesante
el hecho de que todos los maestros del arte de las galletas
de Tula siempre utilizaban sus propias recetas, las cuales
conservaban en estricta confidencialidad. Los panaderos
jamás empleaban pesas, ninguno de ellos, por lo que nadie
podía husmear y averiguar cuánto se necesitaba de harina
o miel en la receta. Los maestros pesaban los
ingredientes con piedras o pedazos de fierro, que se
escondían bajo llave de las miradas curiosas (fisgonas).

En el siglo XIX, alrededor de diez pasteleros grandes


trabajaban en Tula. Uno de los maestros de renombre
(distinguido) fue Vasily Serikov. Poseía una fábrica en la
que trabajaban casi doscientas personas. Durante un año
produjeron aproximadamente 4 mil puds (unidad de peso
rusa equivalente a 16.39 Kg) galletas. Vasily Serikov
también producía dulces, que vendía dulces en su propia
confitería, en cuyas vitrinas siempre se podían ver
pasteles de almendra, naranja, chocolate y melón.

El primer maestro que empacó sus productos en cajas de


cartón y estaño fue Pyotr Kozlov. Su fábrica no solo
producía galletas y dulces, sino también tartas, pasteles y
chocolate. Estas sabrosas mercancías del maestro fueron
calificadas en la Exposición Mundial de Confiteros en
Roma, donde recibió una medalla honoraria y un diploma.
Hornear estos manjares/delicias es algo que ha hecho
toda la familia y se ha trasmitido como herencia, pero sólo
en la línea masculina. La gloria de los legendarios
pasteleros también fue alcanzada en la dinastía
Grechikhina, la cual ganó 12 premios e hizo que se hablara
de ella en todo el mundo después de la construcción de
una exhibición de galletas en la Exposición Internacional
de París, Los hermanos Belolipetsk también fueron
famosos. Sus dulces fueron los favoritos de la emperatriz
María Feodorovna.
Después de dos guerras mundiales en Tula, prácticamente
no quedaron fábricas en absoluto. Casi todos los
panaderos murieron, las recetas se perdieron. Pero la
población local decidió revivir la producción de los
manjares tradicionales. Apareció la única persona que
conocía la receta de la galleta de Tula: Stepan
Sevastyanov. Con el tiempo, inventó formas para hornear
galletas básicas/más vendidas. Los manjares de Tula
siempre se llevaban de las montañas a Moscú y San
Petersburgo. El secreto del sabor de estas galletas está
oculto en las peculiaridades de las materias primas. Las
condiciones climáticas y naturales de la región de Tula
determinan la calidad no solo del trigo, sino también de
las bayas y las frutas, con las cuales se prepara el relleno.

Hoy en día, se exhiben manjares de diferente sabor y peso


en el museo “Galletas de Tula”, que se disfruta desde
1996. Entre sus exhibiciones están la galleta más pequeña
(con un peso de 50 cópecs/medio rublo) y las más grande
(pudonyj/pesada). Hemos reducido significativamente el
precio al ordenar MDF (My dear friend), ¡apúrate, no hay
tales precios!