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Pontificia Universidad Javeriana

Noviembre 8, 2018
Estudios de población – Avance: informe final de investigación
Presentado por: Juan David Duarte

Signos de vitalidad: Una presentación de las concepciones de


salud y enfermedad desde la significación del Riesgo en Apia,
Risaralda

Introducción
Una de las grandes misiones de la ciencia social en el siglo XXI es ese de dotar de
sentido social los diferentes fenómenos que atañen al ser humano. Ello no quiere
sugerir una híper-relativización de la realidad y sus componentes, reduciendo
dichos fenómenos a causas esporádicas e inciertas, arbitrarias y sin sustento alguno
por la misma realidad que los engendra. Todo lo contrario, al caer en los hombros
de la ciencia social la tarea de descubrir las causas sociales para el estado actual
de la realidad, ésta no debe perder de vista dicho objetivo contemporáneo. Es a
partir de esta reflexión epistemológica que el presente informe investigativo se nutre
y engendra su objetivo: al reconocer el entramado de lo real como algo abarcable
mediante el empleo de diferentes perspectivas investigativas, todas encaminadas
hacia el descubrimiento de causas y recurrencias (por no decir leyes) que justifican
el desenvolvimiento de la misma, la comprensión de las diferentes causas de
existencia de un fenómeno específico se hacen alcanzables para el investigador.
Con tal premisa en mente, nació el objetivo de dar cuenta de las causas, no solo de
orden epidemiológico, sino sociológicas y culturales, que posibilitan la prevalencia
de enfermedades transmisibles en la sociedad de Apia, Risaralda. Para la
identificación de las mismas se propuso un abordaje etnográfico sustentado en
datos de orden cualitativo y cuantitativo, el cual bebió de tanto datos municipales de
carácter oficial como de datos “micro sociológicos” con ánimos de sectorizar las
causas de prevalencia de tales enfermedades.
De tal manera y reconociendo el rol de las ciencias sociales contemporáneas, el
presente informe da cuenta de un acercamiento improductivo de lo que me he
permitido denominar investigación multiepistemológica, al estar sustentado este
acercamiento en diversas posiciones epistémicas, no solo de las ciencias sociales
(tales como el interaccionismo simbólico, hermenéutica social, demografía) sino
asimismo de premisas epidemiológicas y clínicas afines al actual conocimiento
médico (mal) llamado occidental. Así el presente consta de tres ejes centrales: el
primero, la delimitación de los marcos teóricos de análisis empleados,
contrapuestos con algunas de las implicaciones de este tipo de abordajes; seguido
por la identificación y análisis de datos etnográficos bajo la luz de los marcos ya
establecidos, correspondiente a la segunda parte. A manera de conclusión y como
tercer eje, el presente informe de investigación cierra señalando posibilidades
investigativas para futuras oportunidades, las cuales a partir de lo aquí analizado
serían posibles vías para la comprensión de las causas de prevalencia de
enfermedades de transmisión viral en la población del municipio de Apia, en
Risaralda, Colombia.

Consideraciones teóricas y epistemológicas para la edificación del objeto de


estudio.
A portas de un planteamiento “multiepistemológico”, al emplear perspectivas tanto
clínicas como sociológicas, no sería de más dedicarle unos párrafos a hacer una
serie de aclaraciones a lo que refiero con tal noción, así como advertencias a
considerar en el momento de plantear una investigación de tal naturaleza. Ello en
miras de justificar la delimitación epistemológica que sustenta el presente informe
investigativo, a manera introductoria al marco teórico del mismo.
Me gustaría iniciar aclarando a qué refiero por investigación multiepistemológica, y
hacer una distinción de tipo cualitativo más que valorativo en relación a los
abordajes de carácter interdisciplinar. La diferencia entre estos abordajes radica en
la extensión del cuerpo de investigadores, más que en la multiplicidad de
perspectivas analíticas empleadas de manera alogámica para el desarrollo de una
investigación. De tal manera se podría considerar un abordaje multiepistemológico
como un paso inicial a un abordaje propiamente interdisciplinar, en donde participen
una multiplicidad de investigadores provenientes de diferentes disciplinas. Ello
reconociendo que si bien existe una similitud entre estos dos tipos de abordajes, el
primero supone una menor profundización en los diferentes enfoques propuestos,
los cuales podrían ser perspectivas a ahondar en una posterior investigación
interdisciplinar y desde el aporte de profesionales en cada perspectiva aquí
introducida.

Continuando con las advertencias frente a una investigación de esta naturaleza, la


propuesta de este planteamiento multiepistemológico no equivale a un esfuerzo
investigativo de amplias referencias bibliográficas, debido que el empleo de diversas
epistemes en la edificación del objeto a analizar demanda la evasión a la
contradicción. Con esto refiero a que en el momento de contemplar esta posibilidad
de vía investigativa, el investigador debe asegurarse que las diferentes perspectivas
no sean contradictorias entre sí, así como garantizar que ambas son vías de
objetivación legítima para un mismo noúmeno (en su sentido kantiano estricto).
Esta advertencia abstracta por naturaleza podría ser explicada mejor mediante un
ejemplo: imaginemos que nos enfrentamos a la simbología religiosa como objeto de
estudio. Si bien existen múltiples vías epistemológicas para estudiar este mismo
objeto (la cruz católica, por ejemplo), no quiere decir que estas sean inherentemente
compatibles. Ante la tentación de desarrollar un abordaje multiepistemológico, el
investigador podría estar seducido a partir de múltiples epistemes, supongamos un
abordaje materialista, psicoanalítico y teológico propiamente dicho. El conflicto de
esta amalgama teórica no es evidente, empero interfiere directamente con la
construcción de un objeto de estudio conciso, en la medida que parte de premisas
que conciben la naturaleza de, nuevamente, la cruz católica, como algo
incompatible (sea un mecanismo de coerción social, un estado catártico entre los
niveles de la conciencia o la representación simbólica de la muerte de Jesucristo).

Es a partir de esta reflexión que el uso de los marcos teóricos elegidos para el
presente informe puede ser justificado, abriendo lugar al señalamiento de tales
perspectivas de análisis aquí empleadas. Como y se mencionó, éste informe consta
con tres ejes centrales de orden teórico-epistemológico, a saber, dos perspectivas
estrictamente sociológicas; una demográfica enfocada en su sentido
epidemiológico. Las perspectivas teóricas de carácter sociológico serían las
perspectivas cristalizadas en las obras La Sociedad del –riesgo: hacia una nueva
modernidad de Ulrich Beck (1998) y The Social Construction of Reality de los
profesores norteamericanos Peter Berger y Thomas Luckmann (1996). Paralelas a
estas, la perspectiva demográfica fue empleada stricto sensu de forma
metodológica y analítica, al estar el presente orientado a vincular dinámicas
microsociales de la población con indicadores demográficos macrosociales; y a
partir de ésta la perspectiva epidemiológica (es decir, el análisis de la distribución
demográfica de diferentes patologías en poblaciones determinadas), extraída del
Módulo de Principios de Epidemiología para el Control de Enfermedades
(MOPECE) producido por la Organización Panamericana de la Salud (2011), es
nutrida y encuentra su vínculo con la perspectiva sociológica.
Ahondando en los límites y contenidos de cada perspectiva teórica empleada,
quisiera aclarar de qué manera estas perspectivas son compatibles. Iniciaré
decantando la perspectiva sociológica entre los autores Beck y Berger y Luckmann.
En posiblemente su obra más difundida, Ulrick Beck propone un cambio de
concepción del riesgo en una sociedad caracterizada por los avances tecnológicos
que inevitablemente configuran el comportamiento de la población así como su
comprensión del mundo. En la obra ya mencionada, La Sociedad Del Riesgo, Beck
afirma que gracias a la proliferación de los avances científicos vividos en los 70’s y
80’s, los cuales vivieron un crecimiento desenfrenado hasta la catástrofe de
Chernóbil en 1986, la sociedad moderna ha efectivamente reconfigurado la forma
en la que el riesgo es concebido. a partir de lentes probabilísticos, fuertemente
relacionados con paradigmas (y tecnologías) de carácter estrictamente científico.
La modalidad moderna de relación con el mundo externo (poseedor por excelencia
de los diferentes riesgos a lo largo de las sociedades) se encuentra reconfigurada
debido a esta reconfiguración de las tecnologías con las que interactuamos con el
mundo. Frente a esto el autor afirma:
Así pues, ya no se trata (o ya no exclusivamente) del aprovechamiento de la
naturaleza, del desprendimiento del ser humano respecto de obligaciones
tradicionales, sino que se trata también y esencialmente de problemas que
son consecuencia del desarrollo técnico-económico mismo. El proceso de
modernización se vuelve reflexivo, se toma a sí mismo como tema y
problema. Las cuestiones del desarrollo y de la aplicación de tecnologías (en
el ámbito de la naturaleza, la sociedad y la personalidad) son sustituidas por
cuestiones de la “gestión” política y científica. – Página 26

Al ser producto de la modernidad y su pretensión globalizadora, Beck señala más


adelante como si bien el cálculo y medición de estos riesgos ha sido reconfigurada,
no por ello tiene el mismo impacto y manifestación en diferentes sectores sociales
(ver Beck 1998, páginas 40-49). Con ello el autor distingue entre el riesgo como
producto de una concepción técnico-científica de la realidad, y la interacción de esta
concepción moderna de la misma con diferentes unidades sociales, todas regidas
por sus propias lógicas sociales, instituciones, sentidos y configuraciones mentales,
Distinción en dónde la aplicabilidad de una perspectiva interaccionista adquiere
sentido.
Si bien los planteamientos ya señalados de Beck nos permiten identificar el origen
de la nueva concepción del riesgo, la forma en la que esta visión probabilística
mediada por tecnologías interactúa con diferentes sociedades se mantiene incierta.
Precisamente con el propósito de clarificar esta incertidumbre es que los aportes de
Peter Berger y Thomas Luckmann en su célebre tratado teórico The Social
Construction of Reality, se vuelven no solo pertinentes, sino necesarios
considerando los intereses de vinculación entre factores micro y macro-sociales del
presente informe.

En la obra en cuestión, representativa de la vertiente de estudios del


Interaccionismo Simbólico como vertiente de los estudios sociológicos, los autores
norteamericanos no solo definen sistemáticamente la noción de Universo Simbólico,
entendiendo este como el mecanismo lógico-conceptual a partir del cual los
miembros de una unidad social organizan y categorizan su contexto, sino asimismo
establecen los diferentes medios por los cuales es éste socializado y difundido
dentro de los confines de la sociedad. Este concepto central en el contenido de la
obra en cuestión, si bien complejo por naturaleza, podría resumirse para intereses
de la presente investigación como el aparataje teórico-cognitivo (ver página 104)
dotado de legitimidad lograda desde la institucionalización social de conductas y
percepciones, a partir de la cual el conocimiento es socializado, estructurado y
jerarquizado (ver página 95).
Considerando la condición de institucionalización de dichos universos simbólicos
en, en el caso del presente informe, el municipio de Apia en Risaralda, no solo
interesa estudiar la condición conceptual y lógica de los mismos, sino
adicionalmente identificar las relaciones que estos poseen con las diferentes
esferas institucionales presentes en dicha sociedad (familiar, comunal, laboral, entre
otros). Ello, partiendo de la premisa ya establecida de la modernidad globalizante
de Beck, la cual presupone la generalización (socialmente relativa) de la percepción
del mundo externo mediante un lente probabilístico y científico, permite suponer
algún tipo de influencia de ésta visión moderna sobre los universos simbólicos de
Apia.
Al ser el universo simbólico la facultad cognitiva de origen social que permite a los
individuos jerarquizar su mundo externo, existe una relación directa entre el
contenido conceptual de éste con la acción de un individuo determinado. Por
ejemplo, un sujeto cuyo proceso de socialización haya resultado en la edificación
de un universo simbólico que concibe a la naturaleza como un ser antropomórfico
no estaría tentado de incurrir en prácticas extractivistas de la misma manera que un
segundo sujeto que conciba la misma, desde un segundo universo simbólico, la
naturaleza como un medio de enriquecimiento. Es con esto en mente que la
consideración de los universos simbólicos y su facultad jeraquizante podría permitir
la identificación de relaciones entre causas de transmisión de enfermedades, la
jerarquía socialmente instaurada de la realidad y su contenido, y la lógica
modernizante ya señalada.

Ante este panorama sociológico, la integración de una visión epidemiológica sobre


la difusión de la enfermedad es posible, gracias a que como se ha señalado, los
lentes epistemológicos considerados operan de manera complementaria. Al
enfocarse en “el estudio de la frecuencia y distribución de los eventos de salud y
sus determinantes en las poblaciones humanas” (MOPECE, página 9), el abordaje
epidemiológico de la salud establece tanto la etiología de la enfermedad (su carácter
transmisible, condiciones y causas de enfermedad), como su distribución en el perfil
demográfico de una unidad social. El beneficio de interrelacionar estas dos
perspectivas (la sociológica y la epidemiológica) podría complementar esta visión
etiológica de la enfermedad, al incluir a la consideración de las causas de
transmisión de enfermedades no solo las condiciones socio-ambientales, sino
adicionalmente los sentidos que permiten que estas condiciones se mantengan. A
esto faltaría agregarle, finalmente, la aclaración que el desarrollo del presente
informe se enfocó de manera exclusiva en el abordaje epidemiológico y sociológico
de enfermedades transmisibles de carácter viral, prevalecientes en la población
infantil general (rural y urbana), tales como la enfermedad diarreica aguda (EDA) y
la infección respiratoria aguda (IRA) (ver Plan territorial de Salud de Apia, Risaralda
2008-2011, página 33).

Presentación y análisis del campo y datos etnográficos

Antes de presentar el contenido etnográfico propiamente dicho, me gustaría señalar


un tercer concepto que, a través de medios inductivos fue evidenciado y matizado
desde el inicio del trabajo de campo. Este concepto, sintetizado bajo la categoría de
asociatividad, fue en pocas palabras el eje central del ejercicio de campo grupal, el
cual, desde una orientación epistemológica de carácter materialista-dialéctico,
explora las condiciones sociales que han permitido la evolución socioeconómica de
Apía en los últimos 10 años. El concepto de asociatividad, así como sus
manifestaciones empíricas, primordialmente cristalizadas en la proliferación de
diferentes asociaciones productivas, resuena íntimamente con los dos conceptos ya
señalados como parte del marco teórico, al instaurar la asociatividad códigos
legitimados institucionalmente en la sociedad (reafirmando la estructuración de un
cierto universo simbólico) así como estar planteada en clave globalizante,
característico del riesgo de Beck.
Originalmente planteadas como el espíritu de asociatividad caracterizado por el
profesor Carlos Alfonso Victoria Mena (2017) en su artículo Desarrollo endógeno y
Gobernanza Local. El caso del Espíritu Asociativo en el Municipio de Apía,
Risaralda, este espíritu o sentido asociativo alude a los mecanismos
socioeconómicos empleados por la población apiana para, por decirlo de forma
brusca, modernizarse. Encauzada como población en exigencias provenientes de
nuevos mercados globalizantes (haciendo de esta dinámica una íntimamente
relacionada con el Riesgo como conceptualizado por Beck), desde la segunda
década del siglo XXI Apía ha conocido una serie de reestructuraciones económicas
en torno a su productividad y producción agropecuaria. Explorado en detalle en este
artículo, el espíritu asociativo característico de los apianos es concebido como el
fruto de, por una parte, los esfuerzos institucionales del ahora exalcalde del
municipio Francisco Alzate, orientados a revitalizar en primera instancia la
productividad; sumado a la identidad cultural de la comunidad de carácter colectivo
(ver págs. 195-196). Gracias a los diversos esfuerzos gestados originariamente por
el entrelazamiento de estos causales, Apía vivió, mediante la consolidación de
gobernanzas locales promotoras del desarrollo endógeno afín a exigencias
contemporáneas, la revitalización de su aparataje económico a partir de la
formalización de organizaciones o asociaciones productivas (págs. 199-200).
De tal manera, este espíritu asociativo promotor de la consolidación de instituciones
sociales, promotoras de este nuevo sentido modernizado de pensamiento mediante
la consolidación de instituciones promotoras y legitimadoras de esta cosmogonía,
se exploró la pista inicial sugerente de que, a partir de la consolidación de estos
diferentes esfuerzos asociativos, nuevos universos simbólicos eran consolidados.

Así la presentación de la evidencia etnográfica recogida podría iniciar mediante el


señalamiento de la conferencia entre el grupo de estudiantes con el exalcalde del
municipio, Francisco Alzate. En esta conferencia se complementaron los
fundamentos de los ya señalados delineamientos del concepto de asociatividad (los
cuales también fueron reiterados en otra charla inaugural del trabajo de campo con
el Profesor Mena), presentados sin embargo desde la experiencia administrativa
que había tenido Francisco. Docente por formación y experiencia, el exalcalde
expuso cómo gracias a un trabajo colaborativo con los diferentes gremios
productores de Apía, en cual el rol del gobierno fue mediar y apoyar la consolidación
de asociaciones productivas mediante préstamos de Medios de Producción y
fomentación de consolidación de las redes de trabajo, en la actual consolidadas en
las diferentes asociaciones campesinas de carácter endógeno (tales como Asoapía,
asociación cafetera, y Asoplapía, asociación platanera, retomadas más adelante).
Al haber sido uno de los principales intereses de dicha promoción el fortalecimiento
económico municipal mediante la “explotación” de los signos de mercadeo de “lo
local” y “lo comunitario”, mecanismo mediante el cual las diferentes asociaciones,
una vez consolidadas, apuntarían a entrar al mercado internacional. Y así lo
hicieron.
Sin embargo y a pesar de toda la felicidad y merecido orgullo expresado por el
exalcalde, su expresa preocupación al enfrentar la pregunta referente a las
condiciones de salud en la población que cambió la expresión en su rostro
súbitamente, señala que no todo es color de rosa en el municipio. Si bien este tipo
de avances sociales de tipo comunitario contribuyen a la mejora general de las
condiciones de bienestar social, en ello no se incluye la mitigación de diferentes
condiciones epidemiológicas encontradas en la población apiana. El exalcalde
señaló que, si bien las condiciones presupuestales del área de la salud en el
municipio no eran precarias, aun así prevalecían condiciones de salud mejorables
(sugiriendo causas de tipo diferente al económico para la prevalencia de dichas
condiciones). Agregando a ello y retomando la ya delineada noción de riesgo, la
consolidación de estas asociaciones legitimadas estatalmente (haciendo de estas
instituciones de función y estructuración social) afiliadas al proyecto globalizante
mediante la planificación de su ingreso a mercados globales, sugiere que estas
instituciones podrían jugar un nuevo papel en la concepción social del riesgo.

Esta suposición se ve complementada con otra evidencia recogida en una charla


previa de corte más informal en comparación a la ya mencionada, con el fundador
de la ya introducida asociación cafetera apiana Asoapía, Francisco Herrera.
Desarrollada en el laboratorio de la asociación cafetera (cuyas paredes se
encontraban tapizadas de tablas técnicas de información cafetera, en inglés y en
español) en la plaza del pueblo, Pacho nos señaló las diferentes implicaciones en
términos administrativos de una asociación de esta naturaleza. Como el fundador
de Asoapía, Pacho nos dio una segunda perspectiva respecto a las diferentes
condiciones de entrada a la asociación para los cultivadores, así como los diferentes
apoyos productivos que la asociación ofrecía a sus afiliados. El cafetero asociado -
señaló Pacho- debía ser propietario de una cierta cantidad de tanto terreno como
número de plantas en producción (un mínimo de dos hectáreas y 900 plantas de
café), y debía estar exclusivamente asociado a esta única asociación cafetera.
Adicionalmente, entre los beneficios de hacer parte de Asoapía para el caficultor se
encontraba la posibilidad de recibir consultas técnicas encaminadas al refinamiento
de la calidad del café. Esto, claro está, a partir de la integración de este producto a
estándares de competencia globales, los cuales empujaron a la asociación a
implementar técnicas “modernas” de medición de calidad del café, así como la
implementación tecnológica de diagnóstico y pronóstico para la mejora del producto
final.

Una segunda experiencia etnográfica de tipo conferencia asociada también a las


dinámicas de asociatividad productivas fue la charla en las oficinas de Asoplapía, la
asociación platanera del municipio. En esta ocasión se nos dio un recorrido en torno
a las mismas restricciones de asociatividad puestas por (en este caso) esta otra
organización productiva apiana. Similarmente que en Asoapía, la asociación
platanera (llamada Asoplapía) también facilita asesorías técnicas y científicas
encaminadas a mejorar la producción y productividad del campo platanero (y
asociado). Tal es el caso que fue en esta oportunidad que se nos dieron a presentar
las Buenas Prácticas Agrícolas o BPA, consistentes en una serie de estatutos de
salubridad y economización del rendimiento productivo. Aludo a una relación directa
entre las BPA y la salubridad del municipio al estas incluir estatutos referentes al
ocio del productor, sus buenos hábitos en torno al cuidado de su producto
(directamente influyendo con condiciones higiénicas) y a sí mismos.

Referente a la proliferación de una resignificación del riesgo en la sociedad apiana,


podemos establecer con certeza un siguiente punto analítico: habiendo establecido
la formalización de la institución social de la asociación productiva, como medio y
mecanismo de legitimación y continuación del esquema cognitivo que da sustento
al riesgo en su presentación moderna y probabilística en Apía, se hace evidente
como mediante estas diferentes asociaciones productivas existen mecanismos de
configuración del riesgo en la comunidad (tales como las intervenciones,
capacitaciones y asesorías técnicas ya sugeridas) fuertemente afinados en clave
exclusivamente productiva. Adicionalmente se hace notorio como estas
instituciones configuran nuevos modelos de organización productiva, generando
nuevas sectorizaciones dentro de la población productora (p.ej.: aquellos asociados
y aquellos que por diversos motivos no han podido hacerlo), y de tal manera
redibujando los esquemas de jerarquías y prioridades dentro del marco de
productividad económica.

Como se podrá haber notado, mediante estas relaciones conceptuales hiladas, en


parte, gracias al aporte de las diferentes instituciones sociales (estado y
asociaciones productivas, mal llamadas “horizontales” fueron las estudiadas)
promotoras de esta nueva concepción globalizada de la existencia, la brecha entre
dinámicas macrosociales y manifestaciones de éstas de tipo microsociológico (por
no decir subjetivos en la población) se hace saldable. De esta manera e
introduciendo dos nuevas evidencias etnográficas, ambas extraídas de entrevistas
semidirigidas a funcionarias del área de la salud en el municipio (la jefe de
enfermería del hospital de Apía y la promotora del programa de salud mental en la
plaza del pueblo), el reconocimiento de cómo estas nuevas mentalidades sociales,
legitimadas por medios institucionales, influyen en el cuidado de los diferentes
individuos de la comunidad.

Dos factores de suma relevancia son rescatables del análisis sincrónico de estas
evidencias: inicialmente y retomando fuertemente el carácter epidemiológico de la
transmisión de enfermedades como la Enfermedad Diarreica Aguda (EDA) o la
Infección Respiratoria Aguda (IRA), enfermedades cuyo principal sector
demográfico de afectación es la población infantil (siguiendo los informes de
desarrollo de salud del municipio) y cuyas causas de transmisión obedecen
primordialmente a condiciones higiénicas, se señaló la dificultad en implementar
programas preventivos en la población para evitar la recurrencia de este tipo de
enfermedades. A ello la jefa de enfermería del hospital reiteraba que, independiente
de la eficacia del tratamiento de la enfermedad y el manejo de esta, tal intervención
era incompleta al referir esta exclusivamente al tratamiento de la enfermedad, más
no a su prevención. De tal manera, los pacientes, fuesen urbanos o rurales, e
incluso infantes o adultos, vuelven sistemáticamente a las condiciones que
propiciaron la transmisión de las enfermedades tomadas como ejemplo.

Por otra parte, y gracias a lo mencionado por la promotora de salud mental,


entrevistada en la plaza del pueblo en el día de mercado campesino, en dónde al
descender y congregarse todos los productores en el pueblo a intercambiar sus
productos, era un lugar idílico para continuar la ya avanzada campaña de
concientización de enfermedades psiquiátricas y psicológicas. A partir de lo
discutido con ella, se estableció que, para beneficio de la campaña, no existía mayor
dificultad en la difusión de la importancia de la salud mental en la población apiana.
Eso sí, la promoción de esta acarrea ciertos impactos en lo que concierne la
concepción simbólica de la población sobre los procesos de salud y enfermedad, al
ser esta la bisagra comprensiva entre, como señalado en la entrevista, la
menopausia como proceso fisiológico (concepción promovida desde tanto la
campaña en cuestión como desde la misma institución médica) versus un signo de
pérdida en el vigor y la vitalidad de la mujer. Al preguntar las causas de esta visión
“local” de la menopausia, fue señalado que ella se origina dados las repercusiones
enérgicas, anímicas y somáticas que trae consigo la menopausia, la cual es
concebida como una pérdida de vitalidad al restar fuerza, energía, vitalidad y, en un
segundo plano, la capacidad reproductiva.
Desgraciadamente y cómo suele ocurrir con los trabajos de campo productivos, la
recolección de evidencia etnográfica no se extendió mucho más de lo sintetizado en
el presente informe. Aun así y analizando lo recogido referente a las concepciones
de riesgo percibidas desde el cuidado y el bienestar, se pueden delinear ciertos
aspectos dignos de profundización en oportunidades futuras, como se habrá
evidenciado mediante el caso de la concepción de la menopausia, la cual es
caracterizada como una reducción en la vitalidad por su impacto en las facultades
laborales y productivas de las mujeres, una posible pista de cómo se es
caracterizada la salud en el universo simbólico de un sector de la población apiana.
Esto considerando como ésta en su conceptualización señala aspectos resonantes
de la concepción productiva difundida institucionalmente y gestora de la noción del
riesgo en la comunidad. Al estar fuertemente reafirmado el discurso productivo
mediante diferentes ejes sociales de dimensión e influencia considerables, el hecho
de que este mismo sentido productivo, originario de un riesgo económico producto
de los márgenes de competencia internacional, influencie la misma visión y
concepción de la salud y el bienestar en la población apiana.

A manera de cierre: algunas consideraciones finales


Como ya se señaló, esta corta investigación etnográfica dejó más preguntas que
certezas en lo que concierne los matices de la concepción de la salud, lo peligroso
y enfermizo, y lo intocable en un sentido higiénico. Sin embargo, los datos aquí
recolectados y decantados bastan para, por una parte, concluir de manera asertiva
que efectivamente sí existe una variabilidad conceptual en lo que refiere estos
aspectos en los universos simbólicos apianos y bogotanos (por poner un pequeño
ejemplo etnológico), así como facilitar el delineamiento de posibles ejes futuros de
investigación.

Esta distinción conceptual entre el bienestar encontrada en los universos simbólicos


de estas sociedades radica en la misma identificación de la vitalidad mediante
diferentes signos biológicos, jerarquizados y significados de maneras diferentes
según cada universo simbólico: mientras la significación de la vitalidad en la
concepción más metropolitana (tomando a Bogotá como ejemplo de una sociedad
más modernizada y alineada a los mencionados proyectos globalizantes de Beck,
en comparación con Apía) radica en una interiorización de una visión anatomo-
fisiológica del cuerpo, la significación de la vitalidad para los apianos está, como ya
se exploró, afinada acorde a lógicas productivas más que hipocráticas. La
realización de esta concepción modernizada de la salud se la debo a una colega y
coinvestigadora del trabajo de campo, quien en una caminata dijo “amo sudar,
quiere decir que todo en mi cuerpo funciona bien”, sublimemente cristalizando la
significación de la vitalidad moderna ya mencionada.

Por último, y reconociendo que el presente es tan solo un informe de investigación,


me permito concluir señalando posibles vías investigativas para ahondar desde lo
aquí delineado.

1. En miras a evitar teoricísmos, hacer un rastreo genealógico de la concepción


productiva de la vitalidad, considerando que puede ser originaria a dinámicas
sociales preexistentes a la consolidación de la asociatividad como medio de
promoción institucional.
2. Valdría la pena ahondar en una próxima oportunidad en los sentidos y
significados de las técnicas de cuidado de la población en clave de higiene y
prevención, con ánimos de delimitar con mayor claridad el alcance de la
concepción productiva de la vitalidad.
3. Finalmente, la identificación de posibles medios de reproducción de la
concepción hipocrática del cuidado y la salud, empero en clave resonante
con esta concepción productiva de la vitalidad podría contribuir a la reducción
de enfermedades transmisibles como las aquí ejemplificadas.
Bibliografía
• Bech, U., 1998. La Sociedad del Riesgo: hacia una nueva Modernidad.
España, Barcelona: Ediciones Paidós Ibérica.
• Berger, P.; Luckmann, T., 1996. The Social Construction of Reality. A treatise
in sociology of knowledge. Estados Unidos, Nueva York: Anchor Books.
• Organización Panamericana de la Salud, 2011. Módulo de Principios de
epidemiología para el Control de Enfermedades (MOPECE). Salud y
enfermedad en la Población.
• Victoria Mena, C. A., 2017. Desarrollo Endógeno y Gobernanza Local. El
Caso del Espíritu Asociativo en el municipio de Apía, Risaralda. En:
Universidad y Desarrollo Regional: Aportes del CIDER en sus 40 años
(Compiladores: Pineda, J.A.; Helmsing, A.H.J. y Saldías B., C.). Colombia,
Bogotá: Universidad de los Andes.