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Ministros Extraordinarios

de la Comunión

CURSO BÁSICO
Actualizado

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CURSO PARA MINISTROS EXTRAORDINARIOS DE LA COMUNIÓN

Oración del Ministro Extraordinario de la Comunión


Señor: la Iglesia me ha confiado el ministerio extraordinario de la Comunión. La
Iglesia me ha constituido servidor de la comunidad, de la Asamblea Litúrgica, que
comparte la mesa fraternal de la Comunión; en la consolación de los enfermos,
ancianos e impedidos que se fortalecen con el Pan de la Vida.
Yo sé, Señor, que es, en primer lugar, un servicio, Pero íntimamente, lo descubro
también como un honor; por intermediación mía, desde mis manos, hago posible la
común unión de mis hermanos contigo en el Sacramento de tu Cuerpo y de tu Sangre.
Por eso, Señor; te consagro mis labios que te anuncian, mis manos que te entregan;
te consagro mi ser, mi cuerpo y mi corazón para ser tu testigo leal. No quiero, Señor,
que mi vida sea un obstáculo entre mis hermanos y tu Misterio. Quiero ser un puente,
quiero ser cormo dos manos tendidas.
Te pido tu ayuda de modo que yo sea un creyente de verdad, un cristiano ansioso de
tu Palabra, una persona de oración y reflexión: un contemplativo de tus misterios; un
celebrante feliz de tus Sacramentos v un servidor humilde de todos mis hermanos.
Que cuando diga: "El Cuerpo de Cristo", yo desaparezca y vean tu rostro. Amén.

Oración a la Virgen
Virgen Madre: Servidora del Señor, Servidora de la Iglesia, Virgen fiel, orante y
oferente, modelo de la actitud espiritual con que la Iglesia celebra y vive los misterios
divinos; como nosotros, ministros del Cuerpo de Cristo, el Señor; enséñanos a ser
generosos, humildes y simples, para que, como tú, seamos camino, breve y diáfano,
del encuentro de nuestros hermanos con Jesús.
"Maestra de vida espiritual para cada uno de los cristianos" ayúdanos a tener
intimidad con el Señor, en la Palabra recibida con corazón abierto, en la oración, en
los sacramentos, de tal modo que, en Él encontremos, cada día la fuerza y decisión
para vivir el Evangelio; la lucidez para exigimos profundidad en la Fe, serenidad en la
Esperanza y solicitud en el Amor sincero.
Que nuestras manos, que en la Liturgia dan el Cuerpo salvador en la Comunión, sean
manos, que en la vida cotidiana, unan las manos y los corazones divididos, en la
común - unión de la reconciliación fraterna. Ese será nuestro ministerio, prolongado
en el mundo como servicio fraternal.
Corno tú guardabas en tu corazón los misterios de Jesús; ayúdanos a que, también
nosotros sepamos maravillamos y contemplar con admirado gozo, los misterios
sacramentales que la Iglesia puso en nuestras manos, para que la fuerza del Misterio,
nos inunde y nos transforme en testigos de la Fe.
Enséñanos la fidelidad. Ayúdanos a vivir en la alegría. Fortalece nuestro espíritu
servicial. Danos a Jesús como amigo; El dará plenitud a nuestra vida y enriquecerá
nuestro ministerio. Amén.

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CRITERIOS PARA SU EJERCICIO

- Que exista ya un equipo litúrgico en la parroquia.


- Que el candidato sea presentado y promovido por el párroco.
- Conocido y aceptado por la comunidad.
- Una persona de vida cristiana que viva su proceso de conversión en algún grupo,
movimiento o pequeña comunidad.
- Que lleve bien su estado de vida (casado, soltero o viudo).
- Edad mínima 20 años y suficiente madurez física, mental y emocional.
- Que disponga de tiempo y sea generoso en ofrecerlo al servicio de la Iglesia:
ayudar al presbítero o diácono a distribuir la Comunión en la Misa, llevarla a los
enfermos y exponer al Santísimo Sacramento.
- Muestre disponibilidad para su formación permanente (continuar asistiendo a
reuniones y cursos permanentemente).
- En los casados, que su cónyuge esté de acuerdo.
- En los casados, en lo posible, formación conjunta de la pareja.
- Que su decisión sea libre, sin coacciones de ninguna especie.
- Que no reciban dinero de las personas que atienden.
- Cuando tengan que trasladarse a otros ranchos o comunidades, el señor cura
proveerá el pasaje.
- Que tengan una economía familiar sana, sin deudas escandalosas.

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ÍNDICE TEMÁTICO

DESCRIPCIÓN PÁGINA

Unidad I. Introducción al curso .......................................................... 7

Unidad II. Formación Bíblica ............................................................... 9

Unidad III. Formación Teológica ......................................................... 28

Unidad IV. Formación Litúrgica ............................................................ 71

Unidad V. Formación Pastoral ............................................................. 101

Unidad VI. Formación Tanatológica ................................................... 116

Unidad VII. Repaso y Recomendaciones ........................................... 125

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UNIDAD I
INTRODUCCIÓN AL CURSO

INTRODUCCIÓN

A) ORACIÓN INICIAL
Texto Bíblico: (Rm 6,2-4).

Reflexión:
- ¿Cómo es posible que los que hemos muerto al pecado sigamos viviendo en él?
- ¿No saben ustedes que todos los que fuimos bautizados en Cristo Jesús, nos hemos
sumergido en su muerte?
- Por el Bautismo fuimos sepultados con Él en la muerte, para que así como Cristo
resucitó por la gloria del Padre, también nosotros llevemos una Vida nueva.
- Por el Bautismo nacemos en Cristo y sin Cristo no hay salvación.
- Jesús sembró en nosotros una VIDA NUEVA.
- ¿Creemos realmente que resucitaremos con Cristo...?
- ¿Vivimos con entusiasmo esta PASCUA cotidiana: morir a todo Pecado para renacer
a la vida de HIJOS...?

B) PRESENTACIÓN
HERMANO(A):
Has sido llamado(a) al servicio de tus hermanos en el ministerio extraordinario de la
Comunión.
Es un servicio que desempeñas en la asamblea litúrgica, ayudando en la distribución de
la Sagrada Comunión y, también, en el ministerio de la consolación, llevando el Cuerpo
de Cristo a los enfermos e impedidos, privilegiados de Jesús y de la Iglesia, que
necesitan ser fortalecidos con el Pan de la Vida.
Surgen estos ministerios no ordenados en la línea de una mayor participación (DP 625).
El Espíritu prometido por Jesús, que anima a la Iglesia y le señala los caminos que debe
transitar en cada tiempo de la historia, ha suscitado, después del Concilio Vaticano II,
junto a los ministerios jerárquicos, otros ministerios sin el Orden Sagrado. "'Por tanto,
también los laicos pueden sentirse llamados o ser llamados a colaborar con sus pastores
en el servicio a la comunidad eclesial, para el crecimiento y vida de ésta, ejerciendo
ministerios diversos según la gracia y los carismas que el Señor quiere concederles" (Cf.
EN 73; DP 804).

Gracia, servicio y honor...


Como ves, no es una pura casualidad, o suerte, hay un reconocimiento de gracias y
carismas... riquezas que Dios te ha dado para que, como todos los carismas, los pongas
con generosidad al servicio de la "edificación del Cuerpo de Cristo" (Ef. 1,12).

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Esencialmente es un servicio a la comunidad eclesial, "para el crecimiento y vida de
ésta" (DP 804), en colaboración con los pastores.
Tiene que ser, entonces, muy generosa tu permanente actitud, como generosa es la
gracia que el Señor te ha concedido.
Pero, hermano(a), aunque sea esencialmente un SERVICIO, no deja de ser también un
HONOR. Honor no sólo porque este ministerio te es "reconocido públicamente y
confiado por quien tiene la responsabilidad en la Iglesia" (DP 805), sino porque, entre
muchos laicos, se te distingue llamándote a una función eclesial que se da a pocos y
cuidadosamente.

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UNIDAD II
FORMACIÓN BÍBLICA

- Conocimientos generales de la Sagrada Escritura.


- La Revelación de Dios al hombre.
- Textos bíblicos sobre la Iglesia y Eucaristía.

LA BIBLIA: UNA COLECCIÓN DE LIBROS.

EL NOMBRE "BIBLIA"
La palabra "Biblia" viene del griego "biblos", que significa "libro". La Biblia es el libro por
excelencia. Está compuesta por muchos libros.
Los judíos palestinos, menos familiarizados con la lengua griega y usando habitualmente
rollos de papiro o pergamino, llamaban a estos escritos "Sagrada Escritura" o,
simplemente, "La Escritura".
Hoy la Biblia normalmente se edita en un solo volumen.

LA DIVISIÓN DE LA BIBLIA
El conjunto se divide en dos partes llamadas:
• Antiguo Testamento y
• Nuevo Testamento.

Se abrevia AT y NT respectivamente. Los escritos sagrados judíos anteriores a Cristo


pertenecen al AT, y los redactados por los primeros cristianos, después de la muerte de
Jesús, forman el NT. El término "testamento" tiene aquí más bien el significado de
"Alianza" y no tanto como nosotros empleamos hoy la palabra.

Por eso también hablamos de:


• Antigua Alianza (antes de Jesús)
• Nueva Alianza (a partir de Jesús).

LA BIBLIA ES UNA BIBLIOTECA.


La Biblia es como una Biblioteca. Contiene, en su totalidad, 73 libros de épocas y estilos
diferentes.
• El Antiguo Testamento contiene 46 libros
• El Nuevo Testamento contiene 27 libros
En total son 73 libros

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Ya sabemos que estos libros fueron escritos en diversas épocas, y por diferentes autores,
y en diferentes "géneros literarios".
Es muy importante esto para la comprensión de los libros. Pero más tarde trataremos
más a fondo lo que quiere decir "géneros literarios".

LOS LIBROS DEL ANTIGUO TESTAMENTO


Antes de seguir la lectura del folleto, busquemos en el índice de nuestra Biblia los
nombres de los libros del AT.

a. El Pentateuco.
Los primeros cinco libros del AT se llaman "Pentateuco". Viene de una palabra griega
que significa "cinco libros". A estos libros se les llama también "LA TORAH" (=ley),
porque contiene la ley de la Antigua Alianza. A veces se los llama "Primer libro de
Moisés", "Segundo..." "Tercer...", "Cuarto..." y "Quinto libro de Moisés", no porque Moisés
haya escrito todos estos libros, sino que se considera a Moisés como el "Padre
espiritual" de ellos.
Los libros del Pentateuco son:
• GÉNESIS (abreviado Gn) = comienzo.
Es el libro que habla sobre los orígenes del mundo, del hombre, del pecado, de los
patriarcas, del pueblo de Dios.

• ÉXODO (abreviado Ex) = salida.


Reflexiona sobre la salida del pueblo hebreo de Egipto guiado por Moisés. El paso
por el mar Rojo y el desierto. La Ley, de la Alianza del Sinaí = los diez
mandamientos.

• LEVÍTICO (abreviado Lv).


Se llama así porque trata de las leyes del culto y las obligaciones de los sacerdotes
y levitas.

• NÚMEROS (abreviado Nm).


Se llama así porque empieza con el censo estadístico del pueblo de Israel.

• DEUTERONOMIO (abreviado Dt) = segunda Ley.


Es el libro que relata de nuevo la promulgación de la Ley de la Alianza. Invita a la
conversión y a la fidelidad.

b. Otros libros del AT.


• LIBROS HISTÓRICOS.
Son 16 libros que cuentan la historia del pueblo y su líderes, como p.e. Josué,
Jueces, 1 y 2 Samuel. 1 y 2 Reyes.
* Veamos en el índice de la Biblia los nombres de cada uno de estos libros:

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• LIBROS SAPIENCIALES O DE SABIDURÍA.
Son 7 libros. En ellos se expresa la sabiduría y sentimientos del pueblo, proverbios,
poesías, cantos, oraciones, etc. Aquí se ubican p.e. los Salmos.
* Mirar en el índice de tu Biblia cuáles son estos libros.

• LIBROS PROFÉTICOS.
Son 18 libros. Contienen el mensaje y la vida de los profetas. p.e.: Isaías, Jeremías,
Ezequiel, Amos, etc.
* Mira en el Índice de tu Biblia cuáles son esos libros.

CUANDO Y COMO FUE ESCRITO EL AT.


El AT fue escrito poco a poco, a lo largo de casi mil años. Ya habíamos visto, al
comienzo, que la historia y leyes del Pueblo de Israel eran transmitidas oralmente de
padres a hijos.
Algunas personas comienzan a poner por escrito esas tradiciones y de esta manera van
surgiendo los escritos que hoy conocemos (a partir del siglo X a.C., en la época de
Salomón).
La Biblia fue escrita en épocas diversas y por muchas personas. A veces se narra el
mismo asunto de maneras diferentes.
Compara, p.e., el relato de la creación del hombre y de la mujer en Gn 1, 26-31 con el
relato de Gn 2, 7-25.
Otras veces, en un mismo capítulo, están entrelazados textos de épocas diferentes.
También existe una gran variedad de maneras de escribir: ya lo mencionábamos, se les
llama "géneros literarios". En AT tenemos leyes, historias, crónicas, poesías de amor,
cánticos litúrgicos, proverbios y hasta unas cuantas fábulas y novelas.
Si no se tiene presente el género literario puedo entender el texto de manera
equivocada, como muchas veces ha pasado.

EL MENSAJE CENTRAL DEL AT.


¿Cuál es, en pocas palabras, el mensaje central del AT? La pregunta no es fácil, pues
depende de la vivencia. Si a usted le gusta una persona y alguien le pregunta: "¿Cuál es
en pocas palabras, el mensaje de esa persona para Ud."? No es fácil responder. El
resumen de la persona amada, es su nombre. Basta que Ud. oiga nombrar o pronunciar
el nombre, y éste le trae a la memoria todo lo que la persona amada significa para Ud.
¿No es así? Ahora bien, el resumen del AT, su mensaje central es el Nombre de Dios.
El nombre de Dios es Yahvé, cuyo sentido Él mismo lo reveló y lo explicó a su pueblo (cfr.
Ex 3,14). Yahvé significa en el fondo Emmanuel, esto es, Dios-con-nosotros, Dios presente
en medio de su pueblo para liberarlo. Dios quiere ser Yahvé para nosotros, quiere ser
presencia liberadora en medio de nosotros.
Y Dios dio pruebas de que esta es su voluntad para siempre. La primera prueba fue la
liberación de Egipto. La última prueba está siendo dada, hasta hoy, en la resurrección
de Jesús, llamado Emmanuel (cfr. Mt 1,23). Por la resurrección de Jesús Dios venció las
fuerzas de la muerte y abrió para nosotros el camino de la vida.

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Por todo eso, es difícil resumir en pocas palabras aquello que el nombre de Dios hace
surgir en la mente, en la memoria, en el corazón del pueblo, por Él liberado. Solamente
el propio pueblo, que vive y celebra la presencia liberadora de Dios en medio de ellos
puede confirmarlo.
En nuestra Biblia, el nombre de Yahvé fue traducido por SEÑOR. Es la palabra que más
veces aparece en la Biblia. Millares de veces. Pues el propio Dios habló: "Este es mi
nombre para siempre. Con este nombre quiero ser invocado, de generación en
generación" (Ex 3,15).
A Ud. le hace un bien enorme oír, recordar o pronunciar el nombre de la persona
amada. ¡Eso ayuda tanto en la vida! Da fuerza y coraje, consuela y orienta, corrige y
confirma. Un nombre así no puede ser usado en vano, sería una blasfemia usar el
nombre de Dios para justificar la opresión del pueblo. Pues Yahvé significa presencia
liberadora en medio de nosotros. El nombre de Yahvé es el centro de todo. Tantas veces
Dios mismo dice: "Yo quiero ser Yahvé para Uds. y Uds. deben ser mi pueblo" (cfr. Dt 7,6).
Ser el pueblo de Yahvé significa: ser un pueblo donde no haya opresión como en
Egipto; donde el hermano no explote al otro hermano; donde la ley de los diez
mandamientos es observada; donde el amor al prójimo es igual al amor de Dios; donde
el pueblo vive y celebra su fe, y alaba a Dios por sus maravillas. Este es el mensaje
central de la Biblia. Es la llamada que el nombre de Dios hace a todos aquellos que
quieren pertenecer a su pueblo y vivir la salvación que Él nos trae.

LA ESPERANZA DE LOS PROFETAS.


Cayendo y levantándose, el pueblo fue andando, procurando ser el pueblo de Yahvé y
buscando alcanzar, para sí y para los otros los bienes de la promesa divina.
Muchas veces, sin embargo, olvidaban el llamado de Dios y se instalaban. En lugar de
que ellos sirvieran a Dios, querían que Dios les sirviese para sus planes interesados que
ellos mismos habían inventado a su favor. Reducían la voluntad de Dios al tamaño de
sus intereses mezquinos. Invertían la situación. En vez de paz, justicia y fraternidad,
hacían surgir división, opresión y discordia. Ahora bien, en estos momentos de crisis y
abatimiento aparecen los profetas para denunciar el error y anunciar de nuevo la
voluntad de Dios para con su pueblo.
La Biblia, como ya hemos visto, conserva las palabras de cuatro profetas llamados Mayores:
Isaías, Jeremías, Ezequiel y Daniel. Y las de doce profetas Menores: Oseas, Joel, Amos,
Abdías, Jonás, Miqueas, Nahúm, Habacuc, Sofonías, Ageo, Zacarías y Malaquías. Además
de éstos hay otros muchos que se mencionan en la Biblia. El Mayor de ellos es Elías.
Los profetas cuyos nombres, gestos y palabras fueron conservados, son como flores. Las
flores, para aparecer, necesitan un terreno, una semilla y una planta. El terreno, la
semilla y la planta de estos profetas son las comunidades que les transmitieron la fe. Son
también los numerosos profetas locales, profetas pequeños cuyos nombres fueron
olvidados. Como sucede hoy, los grandes profetas son conocidos por todo el país, pero
ellos pudieron surgir gracias al pueblo anónimo, humilde y fiel a sus comunidades", y a la
llamada de Dios que sintieron para responder a la situación de pecado en su pueblo.
Ante las constantes fallas del pueblo, desviado por sus líderes, los profetas comienzan a
alimentar en el pueblo una esperanza. Decían que, en el futuro, la voluntad de Dios se
realizaría a través de un enviado especial, un nuevo líder, fiel y verdadero, llamado MESÍAS.

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Esta gran esperanza alimentada por los profetas sostuvo al resto fiel del pueblo y ayudó
a superar las duras crisis de su camino. El resto fiel eran, sobre todo, los pobres que
ponían su esperanza únicamente en Dios (Sof 3,12).
Como la madre se enfrenta a los dolores del parto, porque tiene amor a la vida nueva
que lleva dentro de ella, así los pobres enfrentaban los sufrimientos del desierto, porque
tenían amor a la promesa divina que llevaban dentro de sí mismos. Ellos creían en la
vida nueva que debía surgir para todos los hombres. Esta vida nueva llegó finalmente
en Jesús de Nazaret, el Mesías = Cristo.

El proyecto de Dios es: Filiación + Fraternidad + Señorío


Filiación = ser su hijo, reconocer a Dios como Padre de todos.
Fraternidad = ser hermanos con Jesús y todos los hombres.
Señorío = ser persona libre, disfrutando de la creación. La tierra es de todos.

Jesús es el gesto amoroso y la palabra definitiva de Dios.

El reino es la Nueva Alianza, es el nuevo pueblo de Dios, es la Iglesia reunida en nombre


de Jesucristo.

REVISEMOS EL CAMINO RECORRIDO:

1. ¿Qué significa la palabra Biblia?


2. ¿Cómo se divide la Biblia?
3. ¿Qué quiere decir la Biblia es una Biblioteca? ¿Cuántos libros tiene la Biblia y cómo se
reparten?
4. ¿Qué quiere decir la palabra "pentateuco" y cuáles son sus libros? ¿Otros nombres
para el pentateuco? ¿Explique por qué?
5. ¿Qué otros libros tiene el AT? ¿De qué tratan?
6. Describa en forma sencilla, ¿cuándo y cómo fue escrita la Biblia?
7. ¿De qué tema habla la Biblia básicamente?
8. ¿Cuál es el papel del profeta? Nombre por lo menos ocho profetas.
9. Comparta con otras personas lo que es el "Proyecto de Dios".
10. ¿Se respeta hoy la visión de Dios sobre el mundo?
11. ¿Qué quiere decir esta frase? "La comunidad eclesial es profética o no es
comunidad de Jesucristo".

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EL NUEVO TESTAMENTO.
Ya vimos cómo Dios hizo Alianza con su Pueblo. Liberó al pueblo de la esclavitud y lo
llevó de regreso a la tierra de Canaán. Dios había dado su ley y esperaba de su pueblo
amor y fidelidad. Pero no siempre le dio esta respuesta. El pueblo se apartó de Dios.
Entonces surgieron los Profetas que recordaron al pueblo su compromiso.

JESÚS ES EL NUEVO PROFETA


Después de haber hablado por los profetas, Dios quiere hablar aún más abiertamente.
Quiere revelarse mejor aún. Y lo hace a través de su Hijo Jesús (Heb 1,1s).
Jesús es el Profeta por excelencia, el gran enviado de Dios, su gran mensajero, el Hijo.
Mucho más que los profetas, Él puede hablar de Dios, mostrar quién es Dios.
Jesús muestra al Dios de la Alianza, un Dios-Amor que se da hasta el final. La bondad de
Jesús, su misericordia, su exigencia, su entrega hasta la muerte, son muestras fehacientes
del amor de su Padre.
El mensaje clave del NT: "¡¿Por qué buscan el vivo entre los muertos?, No está aquí! Ha
resucitado".

EL AT HABLA DE JESÚS.
Los primeros seguidores de Jesús son los judíos. Según su costumbre se reúnen para oír las
Escrituras que en ese entonces son del AT. Pero ellos comienzan a leer aquellos escritos
con ojos nuevos. Todo se ilumina con una nueva luz. Con un nuevo entendimiento. Ellos
descubren que el AT habla de Jesús voladamente, y que lo anuncia como aquel que va
a completar la obra de Dios, como el Mesías esperado.
En el evangelio de Juan (5,39), Jesús dice: "Ustedes estudian atentamente las Escrituras
porque piensan encontrar en ellas la Vida Eterna. Pero esas mismas escrituras hablan en
mi favor".
Cuando Jesús se aparece a sus discípulos después de la resurrección, les dice:
"Todo esto se lo había dicho cuando estaba todavía con ustedes. Tenía que cumplirse lo
que está escrito en la Ley de Moisés, en los profetas y en los salmos respecto a mí.
Entonces les abrió la mente para que lograran entender las Escrituras". (Lc 24,44-25).
Para el cristiano, toda la Biblia es el Libro de Jesucristo. Su venida es el acontecimiento
que divide en dos partes la historia humana. Todo puede ser visto como preparación a
su venida o como consecuencia de ella.

CON JESÚS TODO SE HACE NUEVO.


Con Jesús se inicia un Reino Nuevo; un reino de justicia y de amor. Cristo es el nuevo Rey,
el nuevo David.
Surge un nuevo pueblo: todos los que siguen a Jesucristo se unen en la Iglesia de Jesús.
La antigua Ley tiene su plenitud en la NUEVA Ley del amor.
Jesús es el Nuevo Moisés que libera a su pueblo del pecado y que camina con él hacia
una Tierra Nueva de justicia y paz.

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La historia del Pueblo de Dios (El nuevo Israel), viviendo la Nueva Alianza, continúa.
Cristo quiere renovar, perfeccionar y conducir todo a su plenitud. LOS LIBROS DEL NT.

LOS LIBROS DEL NT.


Como ya habíamos visto, el libro leído en las primeras comunidades era el AT. El NT
todavía no estaba escrito.
Jesús no escribió ni mandó escribir nada. Ni los apóstoles y discípulos tenían grabadora
para registrar las palabras de Jesús. Los apóstoles empezaron a predicar. Transmitían
oralmente lo que Jesús había hecho y enseñado. De esta predicación surgieron
resúmenes. Y tales resúmenes sirvieron de base para los Evangelios que fueron escritos
más tarde, a partir del año 70, o un poco antes, como el caso de Marcos.
En las comunidades cristianas también se reflexionaba sobre las enseñanzas de los
apóstoles, y algunos de ellos, principalmente Pablo, pusieron por escrito sus orientaciones a
través de "cartas" o "epístolas".

Así es como se van produciendo los libros del NT.


• Los Evangelios.
Son los cuatro libros que están inmediatamente al comienzo de nuestro libro del NT.
La palabra "Evangelio" quiere decir: Buena Nueva-Buena Noticia.
Los Evangelios proclaman como BUENA NUEVA: que Jesús es el Cristo, el Salvador.
Cuentan las acciones y las palabras de Jesús, pero de acuerdo al modo y estilo como
las diversas comunidades las capta y reflexionaron. Así resultaron los cuatro Evangelios
como cuatro puntos de vista diferentes sobre la vida y el mensaje de Jesús.
Como autores de los Evangelios se consideran a Mateo, Marcos, Lucas y Juan. Ellos
pusieron por escrito las tradiciones que se habían originado con los Apóstoles,
además de las reflexiones que fueron haciendo las comunidades cristianas.

• Hechos de los Apóstoles.


Es un libro escrito por Lucas, es decir, el autor del tercer Evangelio. Este libro cuenta la
vida de los Apóstoles, especialmente de Pedro y Pablo, sus actividades y su
predicación, desde la resurrección de Jesús hasta la llegada del Evangelio a la
capital del Imperio: Roma.
Describe también un poco de la vida de las pequeñas comunidades cristianas, para
presentarlas como modelo que tendrán que seguir los cristianos de otras épocas.

• Cartas de San Pablo.


A San Pablo se le atribuyen 13 cartas. De las cuales 9 están dirigidas a las
comunidades cristianas. Pablo fundaba comunidades, y de vez en cuando, volvía
para ayudar en ellas, animarlas y resolver sus problemas. Cuando no podía ir
personalmente enviaba cartas extensas.
Las 9 cartas dirigidas a las comunidades cristianas son:
o Carta a los Romanos
o Dos Cartas a los Corintios

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o Carta a los Gálatas
o Carta a los Efesios
o Carta a los Filipenses
o Carta a los Colosenses
o Dos Cartas a los Tesalonicenses

A estas le siguen tres cartas llamadas "Cartas Pastorales" estas Cartas no están dirigidas
a comunidades concretas, sino a sus líderes o "pastores". De ahí el nombre.
Las Cartas Pastorales son:
o La Primera y Segunda Cartas a Timoteo
o La Carta a Tito

Además existe una carta dirigida a un cristiano llamado Filemón.


o Carta a Filemón.

Finalmente hay una carta que está dirigida a los hebreos. Esta y, probablemente, algunas
de las demás cartas no fueron escritas personalmente por Pablo, sino por sus discípulos.
Las Cartas que San Pablo escribió personalmente, son más antiguas que los Evangelios.
La más antigua es la Primera Carta a los Tesalonicenses, escrita en el año 51 d. C, la cual
es también el más antiguo libro del NT.
Pablo murió por el año 64 (o 67), antes de que fuese escrito el primer
Evangelio (Evangelio de Marcos).

• Epístolas Católicas.
Además, hay 7 Cartas o Epístolas "Católicas". Se les llama así porque no están dirigidas
a una persona o a una determinada comunidad sino a todas las Iglesias Cristianas.
(Católico significa universal).
Estas cartas son:
o Carta de Santiago
o Dos Cartas de San Pedro
o Tres Cartas de San Juan
o Carta de San Judas

• Apocalipsis
Este libro se atribuye a Juan. "Apocalipsis" significa "revelación". El autor de este libro
desea apoyar y afianzar la fe de los primeros cristianos y animarlos para soportar con
firmeza las primeras persecuciones, principalmente las de Nerón y Domiciano,
emperadores romanos.
El autor usa un lenguaje simbólico, pero que es comprensible para los cristianos. De
esa forma describe la derrota de los perseguidores y la victoria final de Cristo.
No es un libro de "misterios", ni anuncia desgracias para los cristianos. Por el contrario,
es un libro que conforta y da mucha esperanza y coraje para afrontar las dificultades.

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El Apocalipsis es el último libro de la Biblia, en la colección, no cronológicamente.
* Veamos en nuestra Biblia dónde están los distintos libros del NT.

Unas fechas para los escritos del Nuevo Testamento.


Se indican los libros por el orden como los presenta la Biblia. Para simplificar las cosas,
disponemos las fechas en tres columnas, que corresponden a grandes etapas. Todas las
fechas son aproximativas:

I II III
80 Mateo
65/70 Marcos
80 Lucas
90 Juan
85 Hechos
57 Romanos
55 1 Corintios
56 2 Corintios
56 Gálatas
60 Efesios
56 Filipenses
60 Colosenses
51 1 Tesalonicenses
51 2 Tesalonicenses
65 1 Timoteo
67 2 Timoteo
65 Tito
60 Filemón
70 Hebreos
60 Santiago
63 1 Pedro
110 2 Pedro
95 1 Juan
92 2 Juan
92 3 Juan
85 Judas
96 Apocalipsis

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Usted mismo puede hacerse ahora una lista donde los libros aparecen en orden
cronológico. Así se da cuenta cuál es el libro o escrito más antiguo, o sea, más cerca de
los acontecimientos de la vida de Jesús y cuál de los escritos es el más reciente.

REVISEMOS EL CAMINO RECORRIDO

1. ¿Por qué decimos que Jesús es el nuevo profeta?


2. ¿Cuál es la relación entre AT y NT?
3. ¿Por qué se llama a los cristianos el "Pueblo de la Nueva Alianza"?
4. ¿Cuántos son los libros del NT?
5. ¿Cuántos son los Evangelios? Nómbrelos. ¿Y cuál es el Evangelio más antiguo?
6. ¿Qué significa la palabra "Evangelio"?
7. ¿Cuántas cartas se le atribuyen a San Pablo? ¿Son todas de él?
8. ¿Qué quiere decir "Cartas Pastorales" y "Cartas Católicas"?
9. ¿Qué fin tiene el libro del Apocalipsis y qué significa esta palabra?
10. ¿Cuál es el libro más antiguo del NT? ¿Cuándo fue escrito?
11. ¿Cuál es el mensaje central del NT y qué importancia tiene para nosotros hoy?

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PABLO OBISPO
SIERVO DE LOS SIERVOS DE DIOS
JUNTAMENTE CON LOS PADRES DEL SACROSANTO CONCILIO
PARA PERPETUA MEMORIA

Constitución dogmática
“DEI VERBUM”
sobre la divina revelación
PROEMIO
1. El Santo Concilio, escuchando religiosamente la palabra de Dios y proclamándola
confiadamente, hace cuya la frase de San Juan, cuando dice: "Os anunciamos la vida
eterna, que estaba en el Padre y se nos manifestó: lo que hemos visto y oído os lo
anunciamos a vosotros, a fin de que viváis también en comunión con nosotros, y esta
comunión nuestra sea con el Padre y con su Hijo Jesucristo" (1Jn 1, 2-3). Por tanto
siguiendo las huellas de los Concilios Tridentino y Vaticano I, se propone exponer la
doctrina genuina sobre la divina revelación y sobre su transmisión para que todo el
mundo, oyendo, crea el anuncio de la salvación; creyendo, espere, y esperando, ame.

CAPÍTULO I
LA REVELACIÓN EN SÍ MISMA
Naturaleza y objeto de la revelación
2. Dispuso Dios en su sabiduría revelarse a Sí mismo y dar a conocer el misterio de su
voluntad, mediante el cual los hombres, por medio de Cristo, Verbo encarnado, tienen
acceso al Padre en el Espíritu Santo y se hacen consortes de la naturaleza divina. En
consecuencia, por esta revelación, Dios invisible habla a los hombres como amigos,
movido por su gran amor y mora con ellos, para invitarlos a la comunicación consigo y
recibirlos en su compañía. Este plan de la revelación se realiza con hechos y palabras
intrínsecamente conexos entre sí, de forma que las obras realizadas por Dios en la
historia de la salvación manifiestan y confirman la doctrina y los hechos significados por
las palabras, y las palabras, por su parte, proclaman las obras y esclarecen el misterio
contenido en ellas. Pero la verdad íntima acerca de Dios y acerca de la salvación
humana se nos manifiesta por la revelación en Cristo, que es a un tiempo mediador y
plenitud de toda la revelación

Preparación de la revelación evangélica


3. Dios, creándolo todo y conservándolo por su Verbo, da a los hombres testimonio
perenne de sí en las cosas creadas, y, queriendo abrir el camino de la salvación
sobrenatural, se manifestó, además, personalmente a nuestros primeros padres ya
desde el principio. Después de su caída alentó en ellos la esperanza de la salvación,
con la promesa de la redención, y tuvo incesante cuidado del género humano, para
dar la vida eterna a todos los que buscan la salvación con la perseverancia en las
buenas obras. En su tiempo llamó a Abraham para hacerlo padre de un gran pueblo, al
que luego instruyó por los Patriarcas, por Moisés y por los Profetas para que lo
reconocieran Dios único, vivo y verdadero, Padre providente y justo juez, y para que
esperaran al Salvador prometido, y de esta forma, a través de los siglos, fue preparando
el camino del Evangelio.

19
En Cristo culmina la revelación
4. Después que Dios habló muchas veces y de muchas maneras por los Profetas,
"últimamente, en estos días, nos habló por su Hijo". Pues envió a su Hijo, es decir, al Verbo
eterno, que ilumina a todos los hombres, para que viviera entre ellos y les manifestara los
secretos de Dios; Jesucristo, pues, el Verbo hecho carne, "hombre enviado, a los
hombres", "habla palabras de Dios" y lleva a cabo la obra de la salvación que el Padre
le confió. Por tanto, Jesucristo -ver al cual es ver al Padre-, con su total presencia y
manifestación personal, con palabras y obras, señales y milagros, y, sobre todo, con su
muerte y resurrección gloriosa de entre los muertos; finalmente, con el envío del Espíritu
de verdad, completa la revelación y confirma con el testimonio divino que vive en Dios
con nosotros para librarnos de las tinieblas del pecado y de la muerte y resucitarnos a la
vida eterna.
La economía cristiana, por tanto, como alianza nueva y definitiva, nunca cesará, y no
hay que esperar ya ninguna revelación pública antes de la gloriosa manifestación de
nuestro Señor Jesucristo (cf. 1 Tim., 6,14; Tit., 2,13).

La revelación hay que recibirla con fe


5. Cuando Dios revela hay que prestarle "la obediencia de la fe", por la que el hombre
se confía libre y totalmente a Dios prestando "a Dios revelador el homenaje del
entendimiento y de la voluntad", y asintiendo voluntariamente a la revelación hecha
por El. Para profesar esta fe es necesaria la gracia de Dios, que proviene y ayuda, a los
auxilios internos del Espíritu Santo, el cual mueve el corazón y lo convierte a Dios, abre los
ojos de la mente y da "a todos la suavidad en el aceptar y creer la verdad". Y para que
la inteligencia de la revelación sea más profunda, el mismo Espíritu Santo perfecciona
constantemente la fe por medio de sus dones.

Las verdades reveladas


6. Mediante la revelación divina quiso Dios manifestarse a Sí mismo y los eternos
decretos de su voluntad acerca de la salvación de los hombres, "para comunicarles los
bienes divinos, que superan totalmente la comprensión de la inteligencia humana".
Confiesa el Santo Concilio "que Dios, principio y fin de todas las cosas, puede ser
conocido con seguridad por la luz natural de la razón humana, partiendo de las
criaturas"; pero enseña que hay que atribuir a Su revelación "el que todo lo divino que
por su naturaleza no sea inaccesible a la razón humana lo pueden conocer todos
fácilmente, con certeza y sin error alguno, incluso en la condición presente del género
humano.

CAPÍTULO II
TRANSMISIÓN DE LA REVELACIÓN DIVINA
Los Apóstoles y sus sucesores, heraldos del Evangelio
7. Dispuso Dios benignamente que todo lo que había revelado para la salvación de los
hombres permaneciera íntegro para siempre y se fuera transmitiendo a todas las
generaciones. Por ello Cristo Señor, en quien se consuma la revelación total del Dios
sumo, mandó a los Apóstoles que predicaran a todos los hombres el Evangelio,

20
comunicándoles los dones divinos. Este Evangelio, prometido antes por los Profetas, lo
completó El y lo promulgó con su propia boca, como fuente de toda la verdad
salvadora y de la ordenación de las costumbres. Lo cual fue realizado fielmente, tanto
por los Apóstoles, que en la predicación oral comunicaron con ejemplos e instituciones
lo que habían recibido por la palabra, por la convivencia y por las obras de Cristo, o
habían aprendido por la inspiración del Espíritu Santo, como por aquellos Apóstoles y
varones apostólicos que, bajo la inspiración del mismo Espíritu, escribieron el mensaje de
la salvación.
Más para que el Evangelio se conservara constantemente íntegro y vivo en la Iglesia, los
Apóstoles dejaron como sucesores suyos a los Obispos, "entregándoles su propio cargo
del magisterio". Por consiguiente, esta sagrada tradición y la Sagrada Escritura de
ambos Testamentos son como un espejo en que la Iglesia peregrina en la tierra
contempla a Dios, de quien todo lo recibe, hasta que le sea concedido el verbo cara a
cara, tal como es (cf. 1 Jn., 3,2).

La Sagrada Tradición
8. Así, pues, la predicación apostólica, que está expuesta de un modo especial en los
libros inspirados, debía conservarse hasta el fin de los tiempos por una sucesión
continua. De ahí que los Apóstoles, comunicando lo que de ellos mismos han recibido,
amonestan a los fieles que conserven las tradiciones que han aprendido o de palabra o
por escrito, y que sigan combatiendo por la fe que se les ha dado una vez para siempre.
Ahora bien, lo que enseñaron los Apóstoles encierra todo lo necesario para que el
Pueblo de Dios viva santamente y aumente su fe, y de esta forma la Iglesia, en su
doctrina, en su vida y en su culto perpetúa y transmite a todas las generaciones todo lo
que ella es, todo lo que cree.
Esta Tradición, que deriva de los Apóstoles, progresa en la Iglesia con la asistencia del
Espíritu Santo: puesto que va creciendo en la comprensión de las cosas y de las
palabras transmitidas, ya por la contemplación y el estudio de los creyentes, que las
meditan en su corazón y, ya por la percepción íntima que experimentan de las cosas
espirituales, ya por el anuncio de aquellos que con la sucesión del episcopado
recibieron el carisma cierto de la verdad. Es decir, la Iglesia, en el decurso de los siglos,
tiende constantemente a la plenitud de la verdad divina, hasta que en ella se cumplan
las palabras de Dios.
Las enseñanzas de los Santos Padres testifican la presencia viva de esta tradición, cuyos
tesoros se comunican a la práctica y a la vida de la Iglesia creyente y orante. Por esta
Tradición conoce la Iglesia el Canon íntegro de los libros sagrados, y la misma Sagrada
Escritura se va conociendo en ella más a fondo y se hace incesantemente operativa, y
de esta forma, Dios, que habló en otro tiempo, habla sin intermisión con la Esposa de su
amado Hijo; y el Espíritu Santo, por quien la voz del Evangelio resuena viva en la Iglesia, y
por ella en el mundo, va induciendo a los creyentes en la verdad entera, y hace que la
palabra de Cristo habite en ellos abundantemente (cf. Col., 3,16).

Mutua relación entre la Sagrada Tradición y la Sagrada Escritura


9. Así, pues, la Sagrada Tradición y la Sagrada Escritura están íntimamente unidas y
compenetradas. Porque surgiendo ambas de la misma divina fuente, se funden en

21
cierto modo y tienden a un mismo fin. Ya que la Sagrada Escritura es la palabra de Dios
en cuanto se consigna por escrito bajo la inspiración del Espíritu Santo, y la Sagrada
Tradición transmite íntegramente a los sucesores de los Apóstoles la palabra de Dios, a
ellos confiada por Cristo Señor y por el Espíritu Santo para que, con la luz del Espíritu de la
verdad la guarden fielmente, la expongan y la difundan con su predicación; de donde
se sigue que la Iglesia no deriva solamente de la Sagrada Escritura su certeza acerca de
todas las verdades reveladas. Por eso se han de recibir y venerar ambas con un mismo
espíritu de piedad.

Relación de una y otra con toda la Iglesia y con el Magisterio


10. La Sagrada Tradición, pues, y la Sagrada Escritura constituyen un solo depósito
sagrado de la palabra de Dios, confiado a la Iglesia; fiel a este depósito todo el pueblo
santo, unido con sus pastores en la doctrina de los Apóstoles y en la comunión,
persevera constantemente en la fracción del pan y en la oración (cf. Act., 8,42), de
suerte que prelados y fieles colaboran estrechamente en la conservación, en el
ejercicio y en la profesión de la fe recibida.
Pero el oficio de interpretar auténticamente la palabra de Dios escrita o transmitida ha
sido confiado únicamente al Magisterio vivo de la Iglesia, cuya autoridad se ejerce en el
nombre de Jesucristo. Este Magisterio, evidentemente, no está sobre la palabra de Dios,
sino que la sirve, enseñando solamente lo que le ha sido confiado, por mandato divino y
con la asistencia del Espíritu Santo la oye con piedad, la guarda con exactitud y la
expone con fidelidad, y de este único depósito de la fe saca todo lo que propone
como verdad revelada por Dios que se ha de creer.
Es evidente, por tanto, que la Sagrada Tradición, la Sagrada Escritura y el Magisterio de
la Iglesia, según el designio sapientísimo de Dios, están entrelazados y unidos de tal
forma que no tiene consistencia el uno sin el otro, y que, juntos, cada uno a su modo,
bajo la acción del Espíritu Santo, contribuyen eficazmente a la salvación de las almas.

CAPÍTULO III
INSPIRACIÓN DIVINA DE LA SAGRADA ESCRITURA Y SU INTERPRETACIÓN
Se establece el hecho de la inspiración y de la verdad de la Sagrada Escritura
11. Las verdades reveladas por Dios, que se contienen y manifiestan en la Sagrada
Escritura, se consignaron por inspiración del Espíritu Santo. la santa Madre Iglesia, según
la fe apostólica, tiene por santos y canónicos los libros enteros del Antiguo y Nuevo
Testamento con todas sus partes, porque, escritos bajo la inspiración del Espíritu Santo,
tienen a Dios como autor y como tales se le han entregado a la misma Iglesia. Pero en la
redacción de los libros sagrados, Dios eligió a hombres, que utilizó usando de sus propias
facultades y medios, de forma que obrando El en ellos y por ellos, escribieron, como
verdaderos autores, todo y sólo lo que Él quería.
Pues, como todo lo que los autores inspirados o hagiógrafos afirman, debe tenerse
como afirmado por el Espíritu Santo, hay que confesar que los libros de la Escritura
enseñan firmemente, con fidelidad y sin error, la verdad que Dios quiso consignar en las
sagradas letras para nuestra salvación. Así, pues, "toda la Escritura es divinamente

22
inspirada y útil para enseñar, para argüir, para corregir, para educar en la justicia, a fin
de que el hombre de Dios sea perfecto y equipado para toda obra buena" (2 Tim.,
3,16-17).

Cómo hay que interpretar la Sagrada Escritura


12. Habiendo, pues, hablando dios en la Sagrada Escritura por hombres y a la manera
humana, para que el intérprete de la Sagrada Escritura comprenda lo que Él quiso
comunicarnos, debe investigar con atención lo que pretendieron expresar realmente
los hagiógrafos y plugo a Dios manifestar con las palabras de ellos.
Para descubrir la intención de los hagiógrafos, entre otras cosas hay que atender a "los
géneros literarios". Puesto que la verdad se propone y se expresa de maneras diversas
en los textos de diverso género: histórico, profético, poético o en otros géneros literarios.
Conviene, además, que el intérprete investigue el sentido que intentó expresar y
expresó el hagiógrafo en cada circunstancia según la condición de su tiempo y de su
cultura, según los géneros literarios usados en su época. Pues para entender rectamente
lo que el autor sagrado quiso afirmar en sus escritos, hay que atender cuidadosamente
tanto a las formas nativas usadas de pensar, de hablar o de narrar vigentes en los
tiempos del hagiógrafo, como a las que en aquella época solían usarse en el trato
mutuo de los hombres.
Y como la Sagrada Escritura hay que leerla e interpretarla con el mismo Espíritu con que
se escribió para sacar el sentido exacto de los textos sagrados, hay que atender no
menos diligentemente al contenido y a la unidad de toda la Sagrada Escritura,
teniendo en cuanta la Tradición viva de toda la Iglesia y la analogía de la fe. Es deber
de los exegetas trabajar según estas reglas para entender y exponer totalmente el
sentido de la Sagrada Escritura, para que, como en un estudio previo, vaya madurando
el juicio de la Iglesia. Porque todo lo que se refiere a la interpretación de la Sagrada
Escritura, está sometido en última instancia a la Iglesia, que tiene el mandato y el
ministerio divino de conservar y de interpretar la palabra de Dios.

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LA FIDELIDAD Y EL AMOR DE DIOS A SU PUEBLO.
ORIGEN DE LA EUCARISTÍA EN EL ANTIGUO TESTAMENTO

DIOS ILUMINA NUESTRO CAMINO


La intención del libro del Éxodo es poner en claro la idea de la presencia de Dios en
medio de su pueblo, de las condiciones que se necesitan para que esta presencia se
haga una realidad “la nube se posaba sobre la tienda del encuentro y la gloria de Dios
llenaba el Santuario” (Ex 40,34); aquello que Isaías llamará: “Emmanuel” Dios con
nosotros.
Esa presencia, sin embargo, no se percibe con claridad, sino que se necesita la fe para
descubrirla; por eso, la presencia de Dios se fortalece motivando la fe del pueblo
hebreo por medio de signos palpables, sensibles, ordinarios. Primero, en Egipto ante las
plagas continuamente se encuentra la frase: “para que vean quien soy yo”, y después,
en el desierto a través del agua, el maná y las codornices que Dios les dio. El Señor Dios
quiere caminar cerca de su pueblo, a su lado, pero no quiere hacerlo obligándolo, “si
quieren obedecerme y guardar mi alianza, entre todos los pueblos serán mi propiedad,
porque es mía toda la tierra...” (Ex 19,5), sino manifestándoles la necesidad de estar con
Él: “Yo soy el Señor, tu Dios, que te saqué de Egipto, de la esclavitud... no tendrán otros
dioses” (Ex 20, 2-3).
Dios mismo no consigue ninguna ventaja al tratar con un cariño particular a este
pueblo; incluso su amor es tan misericordioso, que a pesar de la cerrazón del pueblo, Él
sigue siendo fiel. Además, la presencia del Señor Dios en su pueblo, se manifiesta a
través de los mandamientos y en particular aquel mandamiento de celebrar cada año
el memorial de la liberación: la Pascua.
Esta celebración se encuentra n el origen de la institución de la Eucaristía, en los
diversos evangelios: “hagan esto en memoria mía...”; frase que no sólo se reduce a
repetir palabras, sino a disfrutar de la experiencia de liberación, o bien, de la presencia
de Dios en medio de su pueblo.

APRENDIENDO DE LA PALABRA DE DIOS


Para el pueblo de Israel, Dios es un Dios que camina con ellos, que está en los distintos
acontecimientos de su vida, es el Señor que modela su vida y la conduce. Por eso,
cuando el pueblo celebra una fiesta está conmemorando las hazañas de Dios entre
ellos. Y la fiesta principal, la Pascua, celebraba la salida de Israel de Egipto, el don de su
liberación. Israel se fue descubriendo y haciendo pueblo en este largo éxodo: Dios
liberó a este pueblo humilde del poder de Egipto, de la dependencia y del
sometimiento. Lo hizo pasar el Mar Rojo y lo fue llevando a través de un inmenso
desierto hasta la Tierra Prometida, la tierra de la libertad y de la vida abundante. El
pueblo celebraba este memorial en la cena de la Pascua. El Señor les mandaba
celebrarlo todos los años: “En aquel día harás saber a tu hijo: ‘Esto es con motivo de lo
que hizo conmigo Yahvé cuando salí de Egipto’ ” (Ex 13,8).
Jesús en la cena de Pascua instituye la Eucaristía, que es sobre todo memorial de un
acontecimiento liberador del pasado que vuelve a hacerse presente. La celebración
de la Eucaristía trae en su inicio un acontecimiento de salvación.

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Por eso celebramos la Eucaristía, para que en nuestra historia que cambia
continuamente, se haga presente Dios con su salvación. Para los cristianos la Eucaristía
no se celebra sólo como recuerdo de la Última Cena de Jesús, sino como un memorial,
que significa volver hacer presente para nosotros aquel acontecimiento, y celebrar
todo lo que Dios ha hecho en Jesucristo por su pueblo: la predicación de la Buena
Nueva a los pobres, la curación a los enfermos, la liberación a los oprimidos y sobre
todo, su muerte y resurrección. A veces nos olvidamos que Dios actúa en nuestra
historia, dejamos de “hacer memoria” de su amor. Por eso, es esencial celebrar el
memorial de la salvación que Dios nos da en la historia de Jesucristo, para que siga
sucediendo en nuestra historia y en nuestro tiempo.

PARA NUESTRA COMUNIDAD


Existe en nuestro tiempo nuevas y torcidas formas de esclavitud: pobreza, una difícil
situación social para muchas familias y personas, ignorancia, violencia, vicios, etc., nos
dicen los Obispos latinoamericanos: “es el grito de un pueblo que sufre y demanda
justicia, libertad, respeto a los derechos fundamentales de los hombres y pueblos”
(Puebla 87).
Estos problemas los sufrimos y los vivimos cada día en muchas de nuestras
comunidades, no es necesario recorrer grandes distancias ni salir a lugares remotos
para descubrirlos, es más, en muchas de nuestras familias podemos ver con dolor estas
situaciones.
Las promesas que conocemos en la fe, frecuentemente se ven desmentidas en la
realidad, sin embargo, creer de verdad en la Alianza, en la fidelidad de Dios a su
promesa y vivir desde ella, se necesita una conversión que nos abra a Dios, una fuerte
esperanza y un compromiso por transformar las situaciones de esclavitud. La urgencia
de vivir en la esperanza cristiana significa: ser testigos de ella para nuestros hermanos;
dar razón de nuestra esperanza en una generación que no sabe a dónde va; recobrar
en nosotros las energías de la esperanza, traduciéndolas en compromisos que
transformen nuestra realidad e imaginación de la caridad. La esperanza no defrauda.
Un auténtico espíritu de esperanza implica esfuerzo activo y creativo.
La alianza de Dios establecida con nuestros padres y definitivamente restaurada con
Jesús en la Eucaristía se mantiene. En ella encontramos el sentido de nuestra vida, la
alegría cristiana y la confianza de su presencia amorosa en medio de las dificultades.

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LA EUCARISTÍA, FUENTE DE TODO BIEN DE LA IGLESIA Y DEL MUNDO

1. "En la santísima Eucaristía se contiene todo el bien espiritual de la Iglesia, a saber,


Cristo mismo, nuestra Pascua y Pan vivo por su carne, que da la vida a los hombres,
vivificada y vivificante por el Espíritu Santo"; por eso "los otros sacramentos, así como
los ministerios eclesiásticos y obras de apostolado, están íntimamente relacionados
con la sagrada Eucaristía y a ella se ordenan" (PO Sb). Con estas palabras el Concilio
ecuménico Vaticano II quiere inculcar a los presbíteros el amor y respeto con que
deben celebrar la santa Eucaristía como fuente primaria de santificación y de
apostolado pues "la Eucaristía aparece como la fuente y culminación de toda la
predicación evangélica" (ibíd.). En una palabra, ella celebra, actualiza y contiene
toda la salvación, más aún, al mismo Salvador.

2. Aunque el hombre moderno no siempre se da cuenta de manera explícita de la


necesidad que tiene de ser sal vado, es sin embargo cierto que necesita de esta
salvación. La salvación que Cristo nos aporta y ofrece podemos describirla así:
a) Necesidad de ser salvado del mal moral que amenaza la existencia humana, el
pecado.
b) Necesidad de ser salvado de la muerte física, límite infranqueable de toda
creatura humana.
c) Necesidad de ser salvado de la incapacidad de encontrar por sí solo el sentido a
su vida, y de ubicarse con armonía y felicidad entre sus semejantes y en el universo.

3. La respuesta a esta necesidad existencial sólo puede venir de Dios y nos llega de una
manera inaudita, inimaginable que, al decir de Isaías, "asombrará a muchas
naciones, y los reyes se quedarán sin palabras al ver lo que nunca se les había
contado y comprender algo que nunca habían oído" (Is 52, 59). Este anuncio
inimaginable es el objeto de la revelación de Dios narrada en la santa Escritura. La
respuesta de Dios consiste en un evento que constituye el centro y cumbre de la
historia humana, el centro ordenador y hermenéutica de todo el universo; un evento
que es actualización de un designio misterioso de Dios, escondido en El durante los
siglos y revelado por medio de sus santos siervos los profetas en estos días, que son los
últimos. Es un evento que realiza y contiene, por una parte, la obra más grandiosa
que puede realizar un hombre: la glorificación perfecta de Dios, y, por otra, la obra
más maravillosa que pudo realizar Dios a favor nuestro: la santificación del hombre,
es decir, su divinización.

4. Es evidente que ambas obras superan totalmente la capacidad del hombre: Ni está
en sus posibilidades dar gloria plena a Dios y, mucho menos, asimilarse a Dios
participando de su misma vida divina. Por eso, aquí entra de lleno el amor
misericordioso de Dios con una respuesta que supera todo entendimiento humano y
que san Juan enuncia afirmando que el amor del Padre fue tan grande hacia el
hombre, que no dudó en entregarle a su propio Hijo, de modo que quien crea en El
no perezca sino que tenga vida eterna (cf. Jn 3, 16). La respuesta del Padre a la
necesidad de salvación del hombre fue contundente, inimaginable, misteriosa:
entregar a su Unigénito, su Hijo dado, entregado muerto y resucitado.

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Podemos, pues, intuir, pero no comprender, lo que significa la verdad central,
primaria y elemental de nuestra Fe: Jesús, el Hijo de Dios muerto y resucitado, único
Salvador del hombre y Señor del universo.

5. Esta "entrega" amorosa que el Padre hace de su Unigénito al mundo -hombre y


cosmos- tiene su correspondencia en la "entrega" que el Hijo hace de sí mismo, de su
Cuerpo y de su Sangre, es decir, de su Persona total y completa, a los "suyos". a sus
discípulos; "Nadie tiene amor más, grande que el que da la vida por sus amigos" (Jn
15, 13). El amor del Padre que acompaña el gesto de entregar a su Hijo es el mismo
amor que acompaña al Hijo al entregar su persona a sus discípulos: "Habiendo
amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo" (Jn 13, 1); por
eso tomó pan... tomó el cáliz lleno de vino... y se lo dio a sus discípulos diciendo: Esto
es mi Cuerpo... esta es mi Sangre''. Su persona entregada, subida ofrecida es "Cuerpo
dado" (Lc 22, 19) como alimento y su "Sangre derramada por muchos para el perdón
de los pecados" (Mt 26, 28) y como Sacrificio de la "nueva alianza sellada con su
sangre" (cf. Lc 22, 20).

6. Este gesto de amor y de entrega total es objeto de un mandato a su Iglesia: "Hagan


esto en conmemoración mía". Es un "testamento" que debe cumplirse según el
deseo, voluntad y espíritu del testador. La Iglesia lo llama "memorial" según el rico
contenido bíblico de esta expresión. Es un recuerdo cargado, preñado de la
presencia viva del Maestro: "Hagan esto en memoria mía", de modo que su "Cuerpo
entregado" y su "Sangre derramada" estuvieran presentes y disponibles
sacramentalmente, "como alianza nueva y eterna" y como alimento y sustento
espiritual -es decir, que contiene el Espíritu-, hasta su retorno glorioso: "Cada vez que
comen de este pan y beben de este cáliz, anunciarán la muerte del Señor hasta que
El vuelva" (1 Cor 11, 26). Este es el don inapreciable, el regalo inmerecido, el misterio
insondable de la Santa Eucaristía, que será siempre y sólo "memoria del Señor", si la
ofrecemos y celebramos con el "Espíritu eterno", con el amor con que El la ofreció al
Padre y la entregó a su Iglesia y de modo particular a los presbíteros para la
edificación y santificación de todos sus miembros. De lo contrario, dirá San Pablo, "ya
no es la Cena del Señor" (1 Cor 11,29).

7. Quiera Dios, que tanto los obispos como los presbíteros, celebremos y ayudemos a
nuestros hermanos a celebrar dignamente tan gran misterio que el Señor Jesús
misericordiosamente ha puesto en nuestras manos.

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UNIDAD III
FORMACIÓN TEOLÓGICA

- Principales puntos de la Constitución "Lumen Gentium" “Christifideles


Laici”; “Ecclesia de Eucharistia”; "Institución general del Misal Romano".

- Principales nociones sobre ministerios eclesiales y sobre la Eucaristía.


"Redemptionis Sacramentum".

- III Sínodo Diocesano.

LOS LAICOS EN LA IGLESIA.


(Exhortación apostólica "Christifideles Laici" de Juan Pablo II)

A) ORACIÓN INICIAL.
Texto Bíblico: (Rom 6,12-14).

Reflexión:
No permitan que el pecado reine en sus cuerpos mortales, obedeciendo a sus bajos
deseos.
Ni hagan de sus miembros instrumentos de injusticia al servicio del pecado, sino
ofrézcanse ustedes mismos a Dios, como quienes han pasado de la muerte a la Vida, y
hagan de sus miembros instrumentos de justicia al servicio de Dios.
Que el pecado no tenga más domino sobre ustedes, ya que no están sometidos a la
Ley, sino a la gracia" (Rom 6,12-14).

B) MOTIVACIÓN
Espiritualidad de los Ministros
Una muchacha universitaria, Ministro extraordinario de la Comunión, me decía: "Me
parece que la gente tiene derecho a esperar algo más de nosotros que fuimos
autorizados como servidores de su fe y su vida cristiana; derecho a ver algo más del
Evangelio vivido por nosotros; una espiritualidad más profunda... conductas coherentes
con lo que creemos, todo eso y más, de nosotros que, en nuestras manos, les ofrecemos
el Cuerpo de Cristo..." Creo que tiene total razón.
Siempre quedaremos sorprendidos, no desesperados, por la distancia que hay entre lo
que somos en concreto cada día, y lo que deberíamos ser; entre lo que vivimos y lo
grandioso que anunciamos y celebramos.
Por la conciencia de lo grande del Misterio que servimos, nunca nos acostumbramos ni
se vuelve rutina. Cada vez que tomamos el Cuerpo de Cristo, tendrían que seguir
temblándonos las manos como la primera vez.

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Esencialmente laico
Para una adecuada Espiritualidad, el Ministro extraordinario de la Comunión tiene que
tener conciencia clara de su condición laical. Es un laico al que se le ha confiado un
servicio extraordinario. Más aún, en la medida en que viva en profundidad su laicidad,
enriquece a las comunidades a en las cuales ejerce su función.
El Documento de Puebla (789) recuerda, citando a la Evangelii Nuntiandi (73), "que es
en el mundo donde el laico encuentra su campo específico de acción", "Por el
testimonio de su vida, por su palabra oportuna y por su acción concreta, el laico tiene
la responsabilidad de ordenar la realidades temporales para ponerlas al servicio de la
instauración del Reino de Dios".
Sin duda un laico que es Ministro de la Comunión tiene un respaldo muy alto para su
testimonio específico (laical) en el mundo de todos los días. Y a la vez siente la
exigencia de sus hermanos para que, precisamente por ser Ministro su testimonio sea
mayor, más firme, más claro.

Espiritualidad laical
La aspiración a una formación adecuada es legítima y necesaria. También en una
espiritualidad más apropiada a su condición de laico.
Algunas dimensiones de esta espiritualidad:
− Que el laico no huya de las realidades temporales para buscar a Dios, sino
persevere, presente y activo, en medio de ellas, y allí encuentre al Señor.
− Dé a tal presencia y actividad una inspiración de fe y un sentido de caridad
cristiana.
− Por la luz de la fe, descubra en esa realidad la presencia del Señor.
− En medio de su misión, a menudo conflictiva y llena de tensiones para su fe, busque
renovar su identidad cristiana en el contacto con la Palabra de Dios en la intimidad
con el Señor en la Eucaristía, en los Sacramentos y en la oración (DP 796 - 798).

¿Exigencia o vocación?
No sólo porque la comunidad y el mundo, esperan mucho más, del cristiano invitado a
ejercer este Ministerio; sino porque hay una VOCACIÓN a la perfección, a entusiasmar
a los laicos a vivir una profunda identidad con Jesús.
Para renovar su IDENTIDAD cristiana... Puebla propone cuatro líneas necesarias:
1. contacto con la Palabra de Dios;
2. intimidad con el Señor en la Eucaristía;
3. celebración de los Sacramentos;
4. práctica de la oración.

El laico, y más el laico que ha recibido el Ministerio Extraordinario de la Comunión, debe


ser, no un cristiano que a veces lee la Biblia, sino un cristiano que vive cotidianamente
abierto a la Palabra de Dios; no una persona que alguna vez se acerca a la Eucaristía,
celebra los Sacramentos y algunas veces reza, sino una persona que vive una intimidad
con el Señor en la Eucaristía, los Sacramentos y la oración.

29
Por lo tanto, un estilo... un modo de vivir la fe: como opción definida...

"Confiados en la esperanza del Señor"


Dice Juan Pablo II: "Cristianos con vocación de santidad, sólidos en su fe, seguros en la
doctrina propuesta por el Magisterio auténtico, firmes y activos en la Iglesia,
cimentados en una densa vida espiritual... perseverantes en el testimonio y acción
evangélica, coherentes y valientes en sus compromisos temporales, constantes
promotores de paz y justicia contra toda violencia u opresión, agudos en el
discernimiento crítico de las situaciones e ideologías a la luz de las enseñanzas sociales
de la Iglesia, confiados en la esperanza del Señor".

C) TEMA
Comunicación orgánica: unidad en la diversidad (ChL 20-27)
Nota: En cursiva se hacen comentarios al texto transcrito.
La comunión en la Iglesia es orgánica, es decir, como un organismo donde hay diversidad
y complementariedad en los miembros, que cada miembro ofrece a todo el cuerpo su
aportación y que el Espíritu Santo es el principio dinámico de la variedad y de la unidad.
Una comunión orgánica: diversidad y complementariedad
La comunión eclesial se configura, más precisamente, como comunión «orgánica »,
análoga a la de un cuerpo vivo y operante. En efecto, está caracterizada por la
simultánea presencia de la diversidad y de la complementariedad de las vocaciones y
condiciones de Vida, de los ministerios, de los carismas y de las responsabilidades.
Gracias a esta diversidad y complementariedad, cada fiel laico se encuentra en
relación con todo el cuerpo y le ofrece su propia aportación. (ChL 20 a)

En tus manos, el Cuerpo del Señor.


Allí nace la necesidad de tomar clara conciencia de cómo repercute en nuestro
pueblo fiel el solo hecho de verte con el Cuerpo del Señor en tus manos. Eres cristóforo:
portador de Cristo.
Nuestra gente tiene una enorme fe en este Sacramento; hasta el punto de costarle un
poco, al principio, ver que tengas a Jesús sacramentado en tus manos... Admitirte
como el "SERVIDOR" que le dice "El Cuerpo de Cristo", ante sus ojos y su corazón, te
coloca como un cristiano que tiene "algo de especial": una Gracia que la Iglesia te
reconoce para ser Ministro de la Comunión.
Como consecuencia, debes convencerte que es necesario tener un estilo definido de
vida cristiana. La Iglesia vive la seguridad de que "el Espíritu Santo está suscitando hoy la
diversidad de ministerios, ejercidos también por laicos, capaces de REJUVENECER Y
REFORZAR el dinamismo evangelizador de la Iglesia" (DP 858).
REJUVENECER y REFORZAR..., el dinamismo evangelizador. Vale decir; "en esta línea de
mayor participación" (DP 625), la Iglesia se sabe, por la enseñanza del Espíritu, más
joven y más fuerte para que el Evangelio sea conocido y recibido corno lo que es en
verdad: Buena Noticia.

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Sigues siendo un laico.
Sí, laico, enteramente laico…, al que se le ha confiado un ministerios "que no clericaliza;
quienes lo reciben siguen siendo laicos con su MISIÓN FUNDAMENTAL de presencia en el
mundo (DP 811)
Un laico que ha descubierto su condición de tal en la Iglesia y en el mundo, que
comparte la misión real (de Jesús Rey) para consagrar el mundo y ordenarlo a Dios,
misión de ser luz y sal en la familia, la educación, la política, la vida socia! y económica,
en la diversión, en la Universidad en el trabajo, en la búsqueda de instaurar la justicia, la
verdad, la solidaridad, el amor, en el mundo concreto, donde transcurre su vida...
Y que, ADEMÁS, por sus carismas y por las necesidades de la Comunidad, es llamado al
ministerio.
Por eso, hermano, es un riesgo real, que hay que evitar, el de reducir el compromiso
laical en una tendencia a la "clericalización", "dejando de lado la misión fundamental
del laico, que es su inserción en las realidades temporales y en sus responsabilidades
familiares" (DP 815).
De aquí se desprenden dos servicios bien concretos que debes prestar a la comunidad
y a los pastores; uno: enriquecerlos con tu profundo, claro y definido compromiso con
las realidades del mundo. El otro, ayudarlos a que no te absorban de tal manera, por
compromisos intracomunitarios que te alejen del mundo, en el cual debes encontrar al
Señor y servirlo; y de tu familia, porque eso es la "clericalización".

También a mujeres.
A lo largo de esta conversación, es necesario aclarar que la Iglesia, al confiar estos
ministerios, a diferencia de los ordenados (por su relación al Presbiterado), los otorga
también a las mujeres.
El papel de la mujer en la Iglesia es importantísimo... Pensemos sólo en todo cuanto se
refiere; a la catequesis a la educación de la fe, en general, y también a la liturgia, su
presencia y aporte pastoral es claramente mayor que el de los varones. Sin duda, más
de la mitad de la obra pastoral está en sus manos…
La mujer con sus aptitudes propias debe contribuir eficazmente a la misión de la
Iglesia… La posibilidad de confiar a las mujeres ministerios no ordenados les abrirá
nuevos caminos de participación en la vida y en la misión de la Iglesia" (DP 845).
Las "aptitudes propias de la mujer"... "nuevos caminos de participación", todo un mundo
de posibilidades que la Iglesia, el Espíritu que guía a la Iglesia, está suscitando, desde la
dulzura, la feminidad, la capacidad maternal de la mujer, para señalar fecundos
caminos de encuentro con Jesús.
El pensamiento de María, Ministro de la Buena Nueva, debe iluminar este sendero que
crecerá en la oración y la contemplación, al tiempo que ejerciten el servicio, con
verdadero amor.

Testigos del mundo y de la Iglesia; para la Iglesia y el mundo.


Estas reflexiones y estos aportes, hermano(a), sólo pretenden eso: que seas
decididamente laico para testimoniar tu identidad a las comunidades eclesiales y que

31
seas claramente eclesial asumiendo con conciencia y cariño el ministerio, para que tu
testimonio unifique dos aspectos de una misma realidad y haga que la Iglesia sea más
claro signo de salvación universal".
Lo que se ofrece en estas páginas es un intento fraternal y sencillo de responder al pedido
de algunos de ustedes en el deseo de ser más fieles y de crecer en la vida cristiana, ya
que son ministros del sacramento que es fuente y cumbre de esa vida (cf. SC 10).
Este curso básico para ministros extraordinarios de la comunión (MEC) supone
conocimientos de la eclesiología y liturgia.

Para lograr una sana eclesiología de comunión, como propone el Concilio Vaticano II,
hay que instruir a los fieles en:
• El sacerdocio común y el sacerdocio ministerial.
• Unidad y diversidad en las funciones ministeriales.
• Necesidad insustituible del ministerio ordenado.
• La colaboración de los fieles no ordenados en el ministerio pastoral
• Lo básico de la sagrada liturgia.
• Lo básico de las normas del derecho canónico relacionadas con la liturgia.

D) Tema 1: SACERDOCIO COMÚN y SACERDOCIO MINISTERIAL


Durante muchos siglos el término ministro se aplicó únicamente a los obispos, presbíteros
y diáconos. Actualmente se aplica también a algunos laicos.

I. Diferencia y relación entre el sacerdocio común y el sacerdocio ministerial.


I.1. El sacerdocio común (bautismal).
• Como el Pueblo de Dios del Nuevo Testamento es un pueblo que participa
del único e indivisible sacerdocio de Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote.
• Todos los bautizados son consagrados para formar un templo espiritual y un
sacerdocio santo.
• "Común es la dignidad de todos, los bautizados: común es la gracia de la
filiación (ser hijos en el Hijo): común es la llamada a la perfección (a ser
santos)" (LG 32).
• Hay una auténtica igualdad en cuanto a la dignidad de la acción común de
todos los fieles, en orden a la edificación del Cuerpo de Cristo".

I.2. El sacerdocio ministerial (ordenado):


• Lo tienen aquellos fieles que, por el sacramento del orden tienen en el
cuerpo de Cristo, que es la Iglesia - la condición y oficio de CRISTO – CABEZA.
Ellos son los obispos, presbíteros y diáconos.
• Actúan en persona de Cristo cabeza
• Difiere ESENCIALMENTE del sacerdocio común (bautismal) y no solo en grado.
• Confiere orden sagrado para el servicio de los fieles.

32
• Está al servicio del sacerdocio común de los fieles EN ORDEN AL DESARROLLO
DE LA GRACIA BAUTISMAL DE TODOS LOS CRISTIANOS.

I.3. Características que diferencian el sacerdocio ministerial del sacerdocio común:


a) El sacerdocio ministerial tiene su raíz en la sucesión apostólica y está dotado
de una potestad sacra que consiste en la facultad y responsabilidad de obrar
en la persona de Cristo Cabeza y Pastor.
b) Al sacerdocio ministerial le corresponde la proclamación autorizada de la
Palabra de Dios, de la celebración de los Sacramentos y de la guía pastoral
de los fieles, en virtud de que son servidores de Cristo y de la Iglesia.

I.4. Condiciones para que los fieles laicos suplan a los ministros ordenados en
algunas funciones.
Los ministros ordenados tienen una función, que para entenderla la dividen en
tres: El oficio de 1) enseñar, 2) santificar y 3) Pastorear. Los fieles laicos pueden
ayudarlos sólo en algunas actividades de esas funciones, en cierta medida, si son
llamados a dicha colaboración por la legítima Autoridad y en los debidos
modos.
Cabe mencionar que el ejercicio de estas tareas no hacen del fiel laico un
pastor. No es la tarea encomendada lo que constituye a un ministro, sino la
ordenación sacramental. Esta función que se ejerce se hace EN CALIDAD DE,
SUPLENTE, y que adquiere legitimación de la delegación dada por los pastores.
Este ministerio es dirigido por la autoridad Eclesiástica.

I.5. En algunos casos se ha permitido la extensión del término MINISTRO a las


funciones propias de los fieles laicos por el hecho de que también estos, en su
medida, son participantes del único sacerdocio de Cristo.
Los OFICIOS que se les confieren a los laicos son:
1) Confiados temporalmente y
2) son exclusivamente fruto de una delegación de la Iglesia.

Se permite aplicar, en cierta medida, el término de MINISTRO, a los fieles no ordenados:


• Sólo en constante referencia al único y fontal ministerio de Cristo.
• Sin que éste sea percibido y vivido como una indebida aspiración al ministerio
ordenado.
• Sin que sea una progresiva erosión de lo específico del sacerdocio ordenado.

II. Tiempo de Renovación: Anual.


No se debe dar indefinidamente, es necesaria la evaluación de su proceso personal y
comunitario y el ejercicio de este ministerio laical. El lapso de un año parece prudente.
El permiso se dará por escrito por el Sr. Obispo a través del Sr. Vicario General.

III. Criterios para renovar anualmente su permiso de MEC.


1. Evaluación, con el párroco y con la comunidad, de su vida cristiana y de su trabajo
como MEC.
33
2. Que el párroco lo proponga nuevamente y continúe su formación.
3. Que la comunidad confirme su aceptación (Consejo Parroquial, su rancho, su
colonia, su movimiento, etc.)
4. Haber asistido mínimo a un curso de formación o actualización durante el año.
5. Asistir al retiro anual de espiritualidad
6. Publicar la lista en su parroquia de los 1-fEC que renuevan su permiso y por cuanto
tiempo.

IV. Su territorio de acción en la parroquia, lo delimitará el párroco. No habrá MEC que


anden por otras parroquias.
El fundamento de toda esta disciplina debe ser la formación espiritual y el proceso
permanente de conversión de los MEC que se realiza permaneciendo en una pequeña
comunidad o en un movimiento que ofrezca medios de crecimiento espiritual, viviendo
la inserción en la comunidad eclesial.

Evaluación...

E) ORACIÓN FINAL:
Texto Bíblico: (Rm 6,5-11).

Reflexión:
Porque si nos hemos identificado con Cristo por una muerte semejante a la suya,
también nos identificaremos con Él en la Resurrección.
Comprendámoslo: nuestro hombre viejo ha sido crucificado con Él, para que fuera
destruido este cuerpo de pecado, y así dejáramos de ser esclavos del pecado. Porque
el que está muerto no debe nada al pecado.
Pero si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con Él.
Sabemos que Cristo, después de resucitar, no mucre más, porque la muerte ya no tiene
poder sobre Él.
Al morir, Él murió al pecado, una vez por todas; y ahora que vive, vive para Dios.
"Así también ustedes considérense como muertos al pecado, y vivos para Dios, en Cristo
Jesús" (Rm 6,5-11).
Porque Cristo murió y su muerte venció al pecado, éste está vencido -en su raíz-
también en nosotros…
Un esfuerzo perseverante hará que cada día sigamos unidos a Cristo.
- ¿Es nuestra fe lo suficientemente fuerte para afirmar que si vivimos con Cristo
moriremos con Él...?

34
CONGREGACIÓN PARA EL CULTO DIVINO
Y LA DISCIPLINA DE LOS SACRAMENTOS

INSTRUCCIÓN
REDEMPTIONIS SACRAMENTUM
Sobre algunas cosas que se deben observar o evitar
acerca de la Santísima Eucaristía

PROEMIO

[1.] El Sacramento de la Redención, que la Madre Iglesia confiesa con firme fe y recibe
con alegría, celebra y adora con veneración, en la santísima Eucaristía, anuncia la
muerte de Jesucristo y proclama su resurrección, hasta que Él vuelva en gloria, como
Señor y Dominador invencible, Sacerdote eterno y Rey del universo, y entregue al Padre
omnipotente, de majestad infinita, el reino de la verdad y la vida.
[2.] La doctrina de la Iglesia sobre la santísima Eucaristía ha sido expuesta con sumo
cuidado y la máxima autoridad, a lo largo de los siglos, en los escritos de los Concilios y
de los Sumos Pontífices, puesto que en la Eucaristía se contiene todo el bien espiritual de
la Iglesia, que es Cristo, nuestra Pascua, fuente y cumbre de toda la vida cristiana, y
cuya fuerza alienta a la Iglesia desde los inicios. Recientemente, en la Carta Encíclica
«Ecclesia de Eucharistia», el Sumo Pontífice Juan Pablo II ha expuesto de nuevo algunos
principios sobre esta materia, de gran importancia eclesial para nuestra época.
Para que también en los tiempos actuales, tan gran misterio sea debidamente
protegido por la Iglesia, especialmente en la celebración de la sagrada Liturgia, el
Sumo Pontífice mandó a esta Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los
Sacramentos que, en colaboración con la Congregación para la Doctrina de la Fe,
preparara esta Instrucción, en la que se trataran algunas cuestiones referentes a la
disciplina del sacramento de la Eucaristía. Por consiguiente, lo que en esta Instrucción
se expone, debe ser leído en continuidad con la mencionada Carta Encíclica «Ecclesia
de Eucharistia».
Sin embargo, la intención no es tanto preparar un compendio de normas sobre la
santísima Eucaristía sino más bien retomar, con esta Instrucción, algunos elementos de
la normativa litúrgica anteriormente enunciada y establecida, que continúan siendo
válidos, para reforzar el sentido profundo de las normas litúrgicas e indicar otras que
aclaren y completen las precedentes, explicándolas a los Obispos, y también a los
presbíteros, diáconos y a todos los fieles laicos, para que cada uno, conforme al propio
oficio y a las propias posibilidades, las puedan poner en práctica.
[3.] Las normas que se contienen en esta Instrucción se refieren a cuestiones litúrgicas
concernientes al Rito romano y, con las debidas salvedades, también a los otros Ritos
de la Iglesia latina, aprobados por el derecho.
[4.] «No hay duda de que la reforma litúrgica del Concilio ha tenido grandes ventajas
para una participación más consciente, activa y fructuosa de los fieles en el santo
Sacrificio del altar». Sin embargo, «no faltan sombras». Así, no se puede callar ante los
abusos, incluso gravísimos, contra la naturaleza de la Liturgia y de los sacramentos,
también contra la tradición y autoridad de la Iglesia, que en nuestros tiempos, no

35
raramente, dañan las celebraciones litúrgicas en diversos ámbitos eclesiales. En algunos
lugares, los abusos litúrgicos se han convertido en una costumbre, lo cual no se puede
admitir y debe terminarse.
[5.] La observancia de las normas que han sido promulgadas por la autoridad de la
Iglesia exige que concuerden la mente y la voz, las acciones externas y la intención del
corazón. La mera observancia externa de las normas, como resulta evidente, es
contraria a la esencia de la sagrada Liturgia, con la que Cristo quiere congregar a su
Iglesia, y con ella formar «un sólo cuerpo y un sólo espíritu». Por esto la acción externa
debe estar iluminada por la fe y la caridad, que nos unen con Cristo y los unos a los
otros, y suscitan en nosotros la caridad hacia los pobres y necesitados. Las palabras y los
ritos litúrgicos son expresión fiel, madurada a lo largo de los siglos, de los sentimientos de
Cristo y nos enseñan a tener los mismos sentimientos que él; conformando nuestra
mente con sus palabras, elevamos al Señor nuestro corazón. Cuanto se dice en esta
Instrucción, intenta conducir a esta conformación de nuestros sentimientos con los
sentimientos de Cristo, expresados en las palabras y ritos de la Liturgia.
[6.] Los abusos, sin embargo, «contribuyen a oscurecer la recta fe y la doctrina católica
sobre este admirable Sacramento». De esta forma, también se impide que puedan «los
fieles revivir de algún modo la experiencia de los dos discípulos de Emaús: Entonces se
les abrieron los ojos y lo reconocieron». Conviene que todos los fieles tengan y realicen
aquellos sentimientos que han recibido por la pasión salvadora del Hijo Unigénito, que
manifiesta la majestad de Dios, ya que están ante la fuerza, la divinidad y el esplendor
de la bondad de Dios, especialmente presente en el sacramento de la Eucaristía.
[7.] No es extraño que los abusos tengan su origen en un falso concepto de libertad.
Pero Dios nos ha concedido, en Cristo, no una falsa libertad para hacer lo que
queramos, sino la libertad para que podamos realizar lo que es digno y justo. Esto es
válido no sólo para los preceptos que provienen directamente de Dios, sino también,
según la valoración conveniente de cada norma, para las leyes promulgadas por la
Iglesia. Por ello, todos deben ajustarse a las disposiciones establecidas por la legítima
autoridad eclesiástica.
[8.] Además, se advierte con gran tristeza la existencia de «iniciativas ecuménicas que,
aun siendo generosas en su intención, transigen con prácticas eucarísticas contrarias a
la disciplina con la cual la Iglesia expresa su fe». Sin embargo, «la Eucaristía es un don
demasiado grande para admitir ambigüedades y reducciones». Por lo que conviene
corregir algunas cosas y definirlas con precisión, para que también en esto «la Eucaristía
siga resplandeciendo con todo el esplendor de su misterio».
[9.] Finalmente, los abusos se fundamentan con frecuencia en la ignorancia, ya que
casi siempre se rechaza aquello de lo que no se comprende su sentido más profundo y
su antigüedad. Por eso, con su raíz en la misma Sagrada Escritura, «las preces, oraciones
e himnos litúrgicos están penetrados de su espíritu, y de ella reciben su significado las
acciones y los signos». Por lo que se refiere a los signos visibles «que usa la sagrada
Liturgia, han sido escogidos por Cristo o por la Iglesia para significar las realidades
divinas invisibles». Justamente, la estructura y la forma de las celebraciones sagradas
según cada uno de los Ritos, sea de la tradición de Oriente sea de la de Occidente,
concuerdan con la Iglesia Universal y con las costumbres universalmente aceptadas
por la constante tradición apostólica, que la Iglesia entrega, con solicitud y fidelidad, a
las generaciones futuras. Todo esto es sabiamente custodiado y protegido por las
normas litúrgicas.

36
[10.] La misma Iglesia no tiene ninguna potestad sobre aquello que ha sido establecido
por Cristo, y que constituye la parte inmutable de la Liturgia. Pero si se rompiera este
vínculo que los sacramentos tienen con el mismo Cristo, que los ha instituido, y con los
acontecimientos en los que la Iglesia ha sido fundada, nada aprovecharía a los fieles,
sino que podría dañarles gravemente. De hecho, la sagrada Liturgia está
estrechamente ligada con los principios doctrinales, por lo que el uso de textos y ritos
que no han sido aprobados lleva a que disminuya o desaparezca el nexo necesario
entre la lex orandi y la lex credendi.
[11.] El Misterio de la Eucaristía es demasiado grande «para que alguien pueda
permitirse tratarlo a su arbitrio personal, lo que no respetaría ni su carácter sagrado ni su
dimensión universal». Quien actúa contra esto, cediendo a sus propias inspiraciones,
aunque sea sacerdote, atenta contra la unidad substancial del Rito romano, que se
debe cuidar con decisión, y realiza acciones que de ningún modo corresponden con el
hambre y la sed del Dios vivo, que el pueblo de nuestros tiempos experimenta, ni a un
auténtico celo pastoral, ni sirve a la adecuada renovación litúrgica, sino que más bien
defrauda el patrimonio y la herencia de los fieles. Los actos arbitrarios no benefician la
verdadera renovación, sino que lesionan el verdadero derecho de los fieles a la acción
litúrgica, que es expresión de la vida de la Iglesia, según su tradición y disciplina.
Además, introducen en la misma celebración de la Eucaristía elementos de discordia y
la deforman, cuando ella tiende, por su propia naturaleza y de forma eminente, a
significar y realizar admirablemente la comunión con la vida divina y la unidad del
pueblo de Dios. De estos actos arbitrarios se deriva incertidumbre en la doctrina, duda y
escándalo para el pueblo de Dios y, casi inevitablemente, una violenta repugnancia
que confunde y aflige con fuerza a muchos fieles en nuestros tiempos, en que
frecuentemente la vida cristiana sufre el ambiente, muy difícil, de la «secularización».
[12.] Por otra parte, todos los fieles cristianos gozan del derecho de celebrar una liturgia
verdadera, y especialmente la celebración de la santa Misa, que sea tal como la
Iglesia ha querido y establecido, como está prescrito en los libros litúrgicos y en las otras
leyes y normas. Además, el pueblo católico tiene derecho a que se celebre por él, de
forma íntegra, el santo sacrificio de la Misa, conforme a toda la enseñanza del
Magisterio de la Iglesia. Finalmente, la comunidad católica tiene derecho a que de tal
modo se realice para ella la celebración de la santísima Eucaristía, que aparezca
verdaderamente como sacramento de unidad, excluyendo absolutamente todos los
defectos y gestos que puedan manifestar divisiones y facciones en la Iglesia.

CAPÍTULO VII
MINISTERIOS EXTRAORDINARIOS
DE LOS FIELES LAICOS
[146.] El sacerdocio ministerial no se puede sustituir en ningún modo. En efecto, si falta el
sacerdote en la comunidad, esta carece del ejercicio y la función sacramental de
Cristo, Cabeza y Pastor, que pertenece a la esencia de la vida misma de la
comunidad. Puesto que «sólo el sacerdote válidamente ordenado es ministro capaz de
confeccionar el sacramento de la Eucaristía, actuando in persona Christi».
[147.] Sin embargo, donde la necesidad de la Iglesia así lo aconseje, faltando los
ministros sagrados, pueden los fieles laicos suplir algunas tareas litúrgicas, conforme a las
normas del derecho. Estos fieles son llamados y designados para desempeñar unas
tareas determinadas, de mayor o menor importancia, fortalecidos por la gracia del

37
Señor. Muchos fieles laicos se han dedicado y se siguen dedicando con generosidad a
este servicio, sobre todo en los países de misión, donde aún la Iglesia está poco
extendida, o se encuentra en circunstancias de persecución, pero también en otras
regiones afectadas por la escasez de sacerdotes y diáconos.
[148.] Sobre todo, debe considerarse de gran importancia la formación de los
catequistas, que con grandes esfuerzos han dado y siguen dando una ayuda
extraordinaria y absolutamente necesaria al crecimiento de la fe y de la Iglesia.
[149.] Muy recientemente, en algunas diócesis de antigua evangelización, son
designados fieles laicos como «asistentes pastorales», muchísimos de los cuales, sin
duda, han sido útiles para el bien de la Iglesia, facilitando la acción pastoral
desempeñada por el Obispo, los presbíteros y los diáconos. Vigílese, sin embargo, que
la determinación de estas tareas no se asimile demasiado a la forma del ministerio
pastoral de los clérigos. Por lo tanto, se debe cuidar que los «asistentes pastorales» no
asuman aquello que propiamente pertenece al servicio de los ministros sagrados.
[150.] La actividad del asistente pastoral se dirige a facilitar el ministerio de los
sacerdotes y diáconos, a suscitar vocaciones al sacerdocio y al diaconado y, según las
normas del derecho, a preparar cuidadosamente los fieles laicos, en cada comunidad,
para las distintas tareas litúrgicas, según la variedad de los carismas.
[151.] Solamente por verdadera necesidad se recurra al auxilio de ministros
extraordinarios, en la celebración de la Liturgia. Pero esto, no está previsto para
asegurar una plena participación a los laicos, sino que, por su naturaleza, es
suplementario y provisional. Además, donde por necesidad se recurra al servicio de los
ministros extraordinarios, multiplíquense especiales y fervientes peticiones para que el
Señor envíe pronto un sacerdote para el servicio de la comunidad y suscite abundantes
vocaciones a las sagradas órdenes.
[152.] Por lo tanto, estos ministerios de mera suplencia no deben ser ocasión de una
deformación del mismo ministerio de los sacerdotes, de modo que estos descuiden la
celebración de la santa Misa por el pueblo que les ha sido confiado, la personal
solicitud hacia los enfermos, el cuidado del bautismo de los niños, la asistencia a los
matrimonios, o la celebración de las exequias cristianas, que ante todo conciernen a
los sacerdotes, ayudados por los diáconos. Así pues, no suceda que los sacerdotes, en
las parroquias, cambien indiferentemente con diáconos o laicos las tareas pastorales,
confundiendo de esta manera lo específico de cada uno.
[153.] Además, nunca es lícito a los laicos asumir las funciones o las vestiduras del
diácono o del sacerdote, u otras vestiduras similares.

1. EL MINISTRO EXTRAORDINARIO DE LA SAGRADA COMUNIÓN


[154.] Como ya se ha recordado, «sólo el sacerdote válidamente ordenado es ministro
capaz de confeccionar el sacramento de la Eucaristía, actuando in persona Christi». De
donde el nombre de «ministro de la Eucaristía» sólo se refiere, propiamente, al
sacerdote. También, en razón de la sagrada Ordenación, los ministros ordinarios de la
sagrada Comunión son el Obispo, el presbítero y el diácono, a los que corresponde, por
lo tanto, administrar la sagrada Comunión a los fieles laicos, en la celebración de la
santa Misa. De esta forma se manifiesta adecuada y plenamente su tarea ministerial en
la Iglesia, y se realiza el signo del sacramento.

38
[155.] Además de los ministros ordinarios, está el acólito instituido ritualmente, que por la
institución es ministro extraordinario de la sagrada Comunión, incluso fuera de la
celebración de la Misa. Todavía, si lo aconsejan razones de verdadera necesidad,
conforme a las normas del derecho, el Obispo diocesano puede delegar también otro
fiel laico como ministro extraordinario, ya sea para ese momento, ya sea para un
tiempo determinado, recibida en la manera debida la bendición. Sin embargo, este
acto de designación no tiene necesariamente una forma litúrgica, ni de ningún modo,
si tiene lugar, puede asemejarse la sagrada Ordenación. Sólo en casos especiales e
imprevistos, el sacerdote que preside la celebración eucarística puede dar un permiso
ad actum.
[156.] Este ministerio se entienda conforme a su nombre en sentido estricto, este es
ministro extraordinario de la sagrada Comunión, pero no «ministro especial de la
sagrada Comunión», ni «ministro extraordinario de la Eucaristía», ni «ministro especial de
la Eucaristía»; con estos nombres es ampliado indebida e impropiamente su significado.
[157.] Si habitualmente hay número suficiente de ministros sagrados, también para la
distribución de la sagrada Comunión, no se pueden designar ministros extraordinarios
de la sagrada Comunión. En tales circunstancias, los que han sido designados para este
ministerio, no lo ejerzan. Repruébese la costumbre de aquellos sacerdotes que, a pesar
de estar presentes en la celebración, se abstienen de distribuir la comunión,
encomendando esta tarea a laicos.
[158.] El ministro extraordinario de la sagrada Comunión podrá administrar la Comunión
solamente en ausencia del sacerdote o diácono, cuando el sacerdote está impedido
por enfermedad, edad avanzada, o por otra verdadera causa, o cuando es tan
grande el número de los fieles que se acercan a la Comunión, que la celebración de la
Misa se prolongaría demasiado. Pero esto debe entenderse de forma que una breve
prolongación sería una causa absolutamente insuficiente, según la cultura y las
costumbres propias del lugar.
[159.] Al ministro extraordinario de la sagrada Comunión nunca le está permitido
delegar en ningún otro para administrar la Eucaristía, como, por ejemplo, los padres o el
esposo o el hijo del enfermo que va a comulgar.
[160.] El Obispo diocesano examine de nuevo la praxis en esta materia durante los
últimos años y, si es conveniente, la corrija o la determine con mayor claridad. Donde
por una verdadera necesidad se haya difundido la designación de este tipo de
ministros extraordinarios, corresponde al Obispo diocesano, teniendo presente la
tradición de la Iglesia, dar las directrices particulares que establezcan el ejercicio de
esta tarea, según las normas del derecho.

En Roma, en la Sede de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los


Sacramentos, en la solemnidad de la Anunciación del Señor, 25 de marzo del 2004.

Francis Card. Arinze


Prefecto
Domenico Sorrentino
Arzobispo Secretario

39
EL MINISTRO EXTRAORDINARIO
DE LA COMUNIÓN

INTRODUCCIÓN
La palabra "ministerium" en la versión bíblica de la Vulgata, corresponde al griego
"diakonía", términos que traducen a su vez las palabras hebreas "ebed" y "abodah''.
Se trata de servicios públicos que miran a la promoción de la comunidad humana y
civil; de los oficiales y esclavos del rey, en actitud de docilidad y obediencia, para el
bien del pueblo.
No significan poder y autoridad, sino dependencia y humillación. El esclavo es un siervo
en el cual jamás se depositará la confianza, ni llegará a ser heredero o infante.

Ministerialidad de Cristo.
El ministerio es signo de Cristo (que no vino a ser servido sino a servir (Mt 20,28; Mc 10,45).
Cristo es el servidor por excelencia del Padre y de los hermanos (Hch 1,17.25; 6,4, 20,24;
Rm 11,13; 2Co 4,1; 6,3; 1Tm 1,24; Jn 13,1-12).
El "Siervo de Yahveh" es un personaje misterioso, amado y elegido de antemano por
Dios que lo quiere a su disposición para realizar la liberación de Israel y del mundo, y lo
constituye profeta para enseñar, alianza para unir al pueblo, sacrificio para expiar y
redimir. Jesús, por ser Siervo, acepta la muerte.

Ministerialidad de la Iglesia.
La Iglesia es sierva de: Dios y sierva de los hombres. Prolongación de Cristo, es su Cuerpo
y su esposa; refleja su rostro y continúa su misión. Es sierva y ministra de la obra de
glorificación de Dios y de la salvación integral del hombre.
Así como el Espíritu hizo Siervo a Jesús, así hace a la Iglesia en su conjunto una
comunidad ministerial.
La Iglesia traduce en gestos concretos las actitudes de Cristo Siervo.
Cristo resucitado sigue realizando gradualmente el proyecto del Padre a través de su
Iglesia, por la Palabra, la celebración y el servicio de la caridad que hace comunidad.

El Ministerio eclesial:
El término "ministerio eclesial" ha tenido varios significados en el curso de los siglos.
Comporta un servicio prestado a los demás, en la comunidad y a la comunidad, para
su edificación interna y su misión en el mundo y para el mundo, a través de obras
externas de apostolado.
No incluye acciones meramente individuales aunque sean muy útiles en la Iglesia
(contemplación, sacrificio, etc.); ni siquiera el ejercicio de una profesión o actividad
social y política.
Al principio no había aún términos técnicos para designar las distintas funciones que se
desempeñan en la Iglesia.

40
Se habla de pueblo sacerdotal (Ex 19,6; 1 Pe 2,5). 223 veces son llamados todos "santos".
"Siervo de Dios" es un título de honor; así llama Dios a quienes elige, llama, y envía a
realizar su proyecto: profetas, jueces (jefes y guías); se refiere al conjunto del pueblo de
Israel, siervo fiel de Yahveh.

Eclesiología del Concilio Vaticano II:


a) Eclesiología de comunión:
Formamos una iglesia articulada y servida por varios ministerios, no condensados en
pocos miembros, sino distribuidos con variedad y abundancia en el interior de las
comunidades.
Así que los diversos miembros participan activamente en su vida y en su misión,
según la riqueza y variedad de los dones del Espíritu Santo.
b) Sacramentalidad de la Iglesia:
En la Iglesia vive y perdura Cristo y su Misterio; la Iglesia sólo actualiza este Misterio de
salvación mediante la Palabra, el Sacrificio, los Sacramentos, mientras recibe, por la
fuerza del Espíritu Santo, la vida de Cristo para sí misma y para dar testimonio de ella
en el mundo.
La vinculación de sus ministerios con el Sacramento del Orden o con el Bautismo y la
Eucaristía hacen ver que el Espíritu Santo santifica al pueblo de Dios por medio del
ministerio de los sacramentos, y como la organización de la vida de la Iglesia no
puede separarse de la economía sacramental.

c) Complementariedad entre el sacerdocio común y el sacerdocio ministerial:


“El sacerdocio común de los fieles y el sacerdocio ministerial o jerárquico, aunque
diferentes esencialmente y no sólo en grado, se ordenan, sin embargo, el uno al
otro, pues ambos participan a su modo del único Sacerdocio de Cristo. El
sacerdocio ministerial, por la potestad sagrada de que goza, forma y dirige al
pueblo sacerdotal, confecciona el sacrifico eucarístico en la persona de Cristo y lo
ofrece en nombre de todo el pueblo a Dios. Los fieles, en cambio, en virtud de su
sacerdocio regio, concurren a la ofrenda de la Eucaristía y lo ejercen en la
recepción de los sacramentos, en la oración y acción de gracias, mediante el
testimonio de una vida santa, en la abnegación y caridad operante" (LG 10).

d) La Liturgia, cumbre y fuente de la vida y la actividad de la Iglesia:


Los ministros no desempeñan una simple acción ritual, sino una verdadera misión
eclesial que arranca de la celebración, en ella se expresa y robustece, y retorna a la
celebración, Inserta en toda la vida de la comunidad y en todos sus momentos.

41
MINISTERIOS EJERCIDOS POR LAICOS
"La Iglesia instituyó ya en tiempos antiquísimos algunos ministerios para dar
debidamente a Dios el culto sagrado y para el servicio del pueblo de Dios, según sus
necesidades; con ellos se encomendaba a los fieles el ejercicio de funciones
litúrgico-religiosas y de caridad, en conformidad con las diversas circunstancias. Estos
ministerios se conferían muchas veces con un rito especial mediante el cual el fiel, una
vez obtenida la bendición de DIOS, quedaba constituido dentro de una clase o grado
para desempeñar una determinada función eclesiástica" (Motu proprio Ministeria
Quaedam 1).
El Señor suscita ministerios en la comunidad y para la comunidad. Son un servicio en el
campo cultual y pastoral, o en las tareas propiamente laicales.
En ellos se configura una Iglesia toda ministerial, que bajo la acción incesante del
Espíritu Santo nace de la Palabra, se edifica en la celebración de la Eucaristía, y atenta
a los signos de los tiempos, se lanza a la evangelización del mundo mediante el anuncio
misionero del evangelio y el testimonio de la caridad.
Toda la Iglesia, siguiendo el ejemplo de su Señor que no vino a ser servido sino a servir, se
pone en actitud de servicio.
Los laicos llamados a un especial ministerio, no son meros ejecutores de las indicaciones
de los presbíteros y los diáconos. Son verdaderos animadores de las comunidades,
presididas por sus pastores.
Son promotores de la corresponsabilidad en la Iglesia, acompañantes de cuantos
recorren un camino de maduración en su fe, evangelizadores en las nuevas
circunstancias de la vida, servidores de los hermanos en situaciones de emergencia y
necesidad, intérpretes de la condición humana en sus múltiples aspectos.
Los ministros hacen presentes a la comunidad las esperanzas y aspiraciones de los
hombres de nuestro tiempo, y juntos son un signo auténtico de la presencia de la Iglesia
en las familias, en los centros de estudio y de trabajo, y por todos los caminos del
mundo.
Los ministerios son servicios de la Iglesia y que se realizan en la Iglesia y para la Iglesia:
son eclesiales en su origen, en su contenido y en sus destinatarios.

Precisiones:
No podemos llamar ministerio a cualquier prestación o actividad en la Iglesia, ni
podemos petrificar sus funciones sin considerar la marcha de la comunidad.
No son servicios realizados por carisma ni por iniciativa personal.
Porque hay una diferencia entre carisma, servicio y ministerio. El carisma es un don
personal, transitorio, que hace el Espíritu Santo para el bien de la comunidad.
El servicio es una respuesta concreta a una necesidad de la comunidad, de modo
organizado y con cierta permanencia.
El ministerio es un servicio más o menos permanente, exigido por las necesidades de
una comunidad para su vida, su misión y organización, reconocido públicamente y de
algún modo oficializado por la autoridad.

42
No son atribuciones honoríficas, ni acrecentamiento de poder, ni episodios esporádicos
en la vida de un cristiano, ni requisitos jurídicos para llegar a la ordenación.
No todos los carismas son ministerios, pero si todo ministerio es un carisma que responde
a un particular llamado del Señor y se traduce en un servicio a los hermanos.
Por eso se requiere el mandato de la Iglesia y una cierta estabilidad, no sólo de
acuerdo a la disponibilidad personal, sino también a las necesidades de una
determinada comunidad.
Una comunidad viva, acogiendo las aspiraciones del individuo, presenta al obispo su
candidatura para el definitivo discernimiento y la institución.
Así que, primero son colaboradores ocasionales, y luego van pasando a colaboradores
habituales. Se les hace tomar conciencia de su papel en la sinfonía de la Iglesia.
Reciben una preparación especial que los capacite mejor en el servicio prestado. Y
entonces solicitan al obispo su aceptación a un ministerio.
Los ministerios confiados a los laicos no pertenecen a la estructura esencial de la Iglesia,
sino a su fisiología y dinamismo.
Expresan que la Iglesia es la comunión orgánica donde el Espíritu continúa la
ministerialidad de Cristo.
Tampoco pueden consistir en meras prestaciones rituales y servicios en el culto, pues se
caería en la clericalización.
No les brinda un poder sobre la comunidad ni un liderazgo, sino son servidores al estilo
de Cristo.
No es una concesión de los pastores, sino un don del Espíritu.
No es un premio, un estímulo, una consolación, sino el reconocimiento oficial de un
servicio real que prestan a la comunidad.

Su fundamento: el sacerdocio común.


Al no ser confiados por un Sacramento particular, sino por la consagración común de la
Iniciación Cristiana, significan la primacía de la caridad en un cuerpo orgánico, y
revelan que toda la Iglesia es un cuerpo de servidores.
Todos los creyentes son ungidos, consagrados, como Cristo, en el Bautismo y en la
Confirmación y por tanto habilitados para hacer de la propia vida una ofrenda, un don,
un sacrificio.
Pues no solo recibió la unción en la cabeza, sino también los miembros, en Él todos
somos Cristo.
Todos tenemos la misma dignidad sacerdotal, en cuanto hijos y siervos de Dios; la
misma vocación a la santidad y al servicio; la misma libertad de los hijos de Dios; la
misma capacidad de convertir la propia vida en un don para los hermanos; la misma
misión profética, sacerdotal y regia.
Los ministros no actúan por una misión de iniciativa personal, ni por usurpación de
funciones, ni por liderazgo natural, sino en unión con la misión de la Iglesia y en nombre
de ella.
Los ministerios se confieren para que se desarrollen en la vida de la comunidad
cristiana. Exige disponibilidad y continuidad.

43
MINISTROS EXTRAORDINARIOS DE LA SAGRADA COMUNIÓN:
“1. Son ministros ordinarios de la sagrada Comunión el obispo, el presbítero y el diácono.
2. Es ministro extraordinario de la sagrada Comunión, el acólito instituido, o también otro
fiel designado según el canon 230,3” (CIC can 910).
Hay, pues, tres clases de ministros extraordinarios de la Comunión:
a) Los ministros permanentes, que han sido instituidos: los acólitos, sólo varones.
b) Los ministros temporales, elegidos y llamados para distribuir la comunión, tanto
varones como mujeres por un tiempo determinado.
c) Los ministros "ad casum'' llamados por el presbítero en una necesidad concreta.

A inicios de 1966, la Congregación para la Disciplina de los Sacramentos preparó la


Instrucción "Fidei custos" sobre los ministros laicos de la Comunión; la aprobación papal
tiene fecha del 7 de marzo.
El 28 de abril el "Concilium" para la reforma litúrgica pidió que tal ministerio se confiriera
en una celebración litúrgica, por su importancia, y para evitar extrañas iniciativas
particulares. Y también que la Comunión fuera de la Misa se distribuyera en una
Celebración de la Palabra, sobre todo los domingos en los lugares donde falta
sacerdote.
Envío a la Congregación de Sacramentos una propuesta de Rito de la Comunión con
tres formas, para días festivos, para días feriales, y para Comunión ocasional. Y envió al
Papa una propuesta para el Rito de Institución dentro y fuera de la Misa.
El 30 de abril de 1969 se comunicó reservadamente a las Conferencias Episcopales que,
como se trataba de un encargo transitorio, convenía hacerlo sin mucha solemnidad.
El 21 de junio la Secretaría de Estado pidió a la Congregación para el Culto Divino un
rito facultativo para instituir un ministro extraordinario en el mismo momento de la
celebración y sólo para ese caso ("ad actum").
Las Congregaciones de Sacramentos, de la Doctrina de la Fe, y del Clero, pedían que
se precisara qué personas podían instituir y ser instituidas, y que se simplificara el rito.
El Papa Pablo VI dio su aprobación el 8 de noviembre, aunque se siguieron haciendo
enmiendas hasta el 20 de diciembre de 1969.
El 24 de diciembre de 1972 la Secretaría de Estado pidió a la Congregación para el
Culto Divino adaptar los ritos anteriores a la Instrucción "Inmensae Charitatis", y añadir
algunas disposiciones para llevar la Comunión a los enfermos.
Son los Ordinarios del lugar quienes pueden designar ministros extraordinarios si faltan
ministros ordinarios.
El 23 de enero el Papa aprobó los ritos. La instrucción está fechada el 29 de enero,
aunque se publicó hasta el 23 de marzo de 1973. Como vemos, es anterior a la
"Ministeria quaedam".
"El testamento de infinita caridad que Jesucristo nuestro Señor dejó a su Esposa la
Iglesia, es decir, el don inefable de la Eucaristía, el mayor de todos, exige un
conocimiento cada día más profundo del gran Misterio y una participación más plena

44
en su eficacia salvadora... Las circunstancias de nuestro tiempo parecen aconsejar
que, dejando a salvo el máximo respeto debido a tan grande Sacramento, se den
mayores facilidades para acercarse a la Sagrada Comunión, con el fin de que los fieles,
participando más a menudo y con mayor plenitud en los frutos del Sacrificio de la Misa,
se entreguen con mayor generosidad y celo al servicio de Dios y al bien de la Iglesia y
de los hombres.
"En primer lugar hay que procurar que, debido a la escasez de ministros, no resulte
imposible ni demasiado difícil recibir la Sagrada Comunión…” (Instr. Inmensae
Charitatis, Introducción).

Los ministros temporales entran en función cuando:


a) falte sacerdote, diácono o acólito instituido.
b) los mismos se hallen impedidos para distribuir la sagrada Comunión con motivo de
otro ministerio pastoral, por enfermedad o por avanzada edad;
c) el número de los fieles que desean acercarse a la sagrada Comunión es tan
elevado, que se alargaría excesivamente la celebración de la Misa o la distribución
de la Comunión" (Instr. "Inmensae charitatis" 1,1).

Pueden hacerlo:
- durante la celebración de la Misa, con motivo de una gran multitud de fieles, o por
cualquier otra dificultad particular en que se encuentre el celebrante;
- fuera de la Misa, cuando, por las circunstancias de los lugares, es difícil llevar las
Sagradas Especies, sobre todo en forma de Viático, a los enfermos que se hallan en
peligro de muerte, o cuando el número de enfermos requiera la obra de más
ministros (Ibid 1).

" ... Tengan presentes los sacerdotes que estas facultades no les dispensan del deber de
distribuir la sagrada Eucaristía a los fieles que legítimamente la pidan, y en modo
particular de llevada y darla a los enfermos.
El fiel designado y debidamente preparado deberá distinguirse por su vida cristiana, su
fe y sus buenas costumbres. Se esforzará por ser digno de este nobilísimo encargo,
cultivará la devoción a la sagrada Eucaristía y dará ejemplo a los demás fieles de
respeto al santísimo Sacramento del Altar. No será elegido para tal oficio una persona
cuya designación pueda causar sorpresa a los fieles" (lnstr. Eucharisticum Mysterium:
Introducción y n. 1).
"Es ministro ordinario de la exposición del Santísimo Sacramento y de la Bendición
eucarística el sacerdote o el diácono. En circunstancias peculiares, sólo para la
Exposición y Reserva, pero sin Bendición, lo son el acólito, el ministro extraordinario de la
Comunión, u otro encargado por el Ordinario del lugar, observando las prescripciones
dictadas por el obispo diocesano”. (CIC can 943).

PERFIL DEL MINISTRO EXTRAORDINARIO DE LA COMUNIÓN:


1) Es un cristiano:
Por el Bautismo recibió la vida de Cristo, que va desarrollándose hasta su madurez.

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Lo sigue como su discípulo, en las circunstancias concretas que vive.
Pertenece al pueblo sacerdotal, participando de la comunidad ministerial, a la cual
el Espíritu Santo enriqueció con variados dones, carismas y ministerios.
Goza de gracia y responsabilidad para el bien común.
2) Es un servidor del Cuerpo de Cristo:
No es repartidor a domicilio de un producto en esta sociedad de consumo, sino
servidor de Jesucristo.
Sirve al Cuerpo eucarístico de Cristo y también al Cuerpo eclesial.
Distribuye el Pan de la vida a la comunidad, saciando sus hambres. Construye así a
la Iglesia como Cuerpo de Cristo.
Cristo se prolonga en la historia salvando a través de él y su acción.
Vive la Eucaristía, se ofrece con Cristo, experimenta la comunión con Él, tiene
devoción eucarística. Se identifica con el Sacramento.
Siempre disponible a servir (Mc 10,45; Jn 13,12-17; Lc 22,27), a "lavar los pies" (Jn 13,5).
a atender a las necesidades humanas, a obedecer, sirviendo incluso con la propia
vida.
Cercano a los enfermos, a los ancianos y a los pobres llevando la cercanía de su
parroquia.
Integrado en su comunidad, promoviendo la unidad y el amor fraterno.
Es enviado por su comunidad, con el poder del Espíritu Santo, para esa misión
concreta.
3) Es un Portador de Cristo:
Custodia un gran tesoro de la Iglesia, y es “cristóforo”: portador de Cristo. Co gran
respeto al Sacramento valora lo que lleva a los demás.
No lo lleva sólo en el relicario o entre las manos, sino lo manifiesta en su propia vida.
Es un servicio a Jesucristo, que requiere crecimiento en su fe, y fidelidad al Evangelio.
Guarda la memoria de Jesús, sintoniza con sus sentimientos, se identifica con su
causa.
Supone cercanía a Jesús sacramentado, e intimidad con Él. Escucha al Maestro y lo
anuncia a los demás, como las mujeres en la Resurrección (Mc 15,40-41).
4) Desempeña un ministerio pastoral:
Es un doblaje del ministerio de acólito instituido. Acólito viene del verbo "akoloutheo"
que significa: seguir, acompañar, ir detrás. Es, por tanto, un seguidor de Cristo, su
discípulo (Jn 12,25-26). Pertenece a Jesús y por Él se arriesga. Sigue un camino de
espiritualidad. Dejar a Jesús seria cambiar de escuela.
Y es un colaborador del sacerdote, su ayudante y acompañante, según las
necesidades. Como Samuel (1 Sm 2,11.18; 3,1) o los levitas (Nm 18,8.30).
Actúa en nombre de su comunidad cristiana, a la cual está integrado.

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5) Es un ministro de la Comunión:
Celebra el domingo con los enfermos, ancianos o comunidades distantes.
Descubre el domingo como Pascua semanal, haciendo de la Eucaristía su corazón:
día especial de la fe, día del Señor resucitado y del don del Espíritu, centro del misterio
del tiempo.
Es así testimonio, antídoto contra la dispersión, agente del anuncio y la comunión, y
de identidad católica.
Descubre que la comunión es con Cristo y con los hermanos.
Vive una espiritualidad de comunión (NMI43-45). El Concilio redescubrió la comunión
como categoría central para comprender el Misterio mismo de la Iglesia.
Percibe la comunión como don de lo alto, y la vive como relación fraterna, en la
estima acogedora de los dones recíprocos.
La Iglesia es la casa y la escuela de la comunión, y un camino de espiritualidad que
anima las estructuras e instituciones (asambleas, sínodos, consejos y equipos
pastorales).
Vive la gran apuesta por la caridad (NMI 49-50). Ayuda a que el amor se concretice
en la opción preferencial por los pobres, y la “nueva imaginación de la caridad" ante
las nuevas pobrezas.
No bastan eficaces ayudas, sino que es capaz de hacerse cercano y solidario.
No como limosna humillante sino como un compartir fraterno entre los hermanos de
una misma casa: la Iglesia y el mundo.

FORMACIÓN DEL MINISTRO EXTRAORDINARIO DE LA COMUNIÓN:

1) Bíblica: Conocimientos generales de la Sagrada Escritura; la Revelación de Dios al


hombre (Const. "Dei Verbum"); -textos bíblicos sobre Iglesia y Eucaristía.
2) Teológica: Principales puntos de Const. “Lumen Gentium”; Exhort. “Christifideles
Iaici”; Enc. “Ecclesia de Eucharistia”, Institución general del Misal Romano;
Instrucción “Redemptionis Sacramentum”, principales nociones sobre ministerios
eclesiales y sobre Eucaristía.
3) Litúrgica: Nociones generales de Liturgia (Catecismo cap. II): sentido, la celebración,
la asamblea, principales acciones. Misterio Pascual y año litúrgico. La Eucaristía
(banquete, sacrificio y memorial de la Pascua, partes y desarrollo de la Misa). Ritual
del culto eucarístico fuera de la Misa. Los ministerios litúrgicos. El acolitado y los
ministros extraordinarios.
4) Pastoral: La caridad pastoral; la pastoral de enfermos; la visita a los enfermos.

CONCLUSIONES:
Cristo y su Misterio vive y perdura en la Iglesia. La Iglesia hace actual este Misterio de
salvación mediante la Palabra, el Sacrificio, los sacramentos, mientras recibe, por la
fuerza del Espíritu Santo, la vida de su Señor, para testimoniada en el mundo.

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La Liturgia, cumbre y fuente de la vida cristiana, expresa toda la ministerialidad del
pueblo cristiano reunido para la santificación del hombre y la glorificación de Dios.
La sacramentalidad de la Iglesia, prolongación de Cristo el sacramento primordial de
Salvación, es el fundamento de todo ministerio.
Este principio configura la Iglesia organizada, articulada y servida por varios ministerios,
que no se concentran en pocos miembros, sino más bien se distribuyen ampliamente y
con gran variedad al interno de las comunidades.
Los miembros de la Iglesia participan en su vida y en su misión, con la riqueza y
diversidad de los dones del Espíritu Santo.
Cada ministerio instituido tiene un lugar específico dentro de las funciones de la Iglesia
local, como manifestación auténtica de la variada y múltiple iniciativa del Espíritu Santo
que llena y vivifica el Cuerpo de Cristo.
Por eso, debe apreciarse por su valor intrínseco, no sólo como suplencia ante la falta de
vocaciones consagradas, ni por razones temporales siguiendo modas pasajeras o
costumbres modernas.
La Iglesia crece y se desarrolla donde está el pueblo de Dios, guiado por sus pastores,
signos e instrumentos de Cristo, el único siervo, pastor, sacerdote, maestro y salvador, en
cuyo nombre hablan y actúan.
Su dedicación al ministerio provoca que todos maduren en su conciencia ministerial y
pongan sus dones y carismas al servicio de la Iglesia.
Todo ministerio está al servicio de la edificación del Cuerpo de Cristo, y por eso tiene
referencia esencial a la Palabra y a la Eucaristía, centro de toda la vida eclesial y
expresión suprema de la caridad de Cristo, que se prolonga en el sacramento de los
hermanos, especialmente en los pequeños, los pobres y enfermos, en los cuales
acogemos y servimos al mismo Cristo.
Así, la obra del ministro no se encierra en el ámbito ritual, sino se pone dinámicamente
al servicio de una comunidad que evangeliza y se inclina, como el buen samaritano,
para aliviar todas las heridas y los sufrimientos humanos.
Esta nueva expresión de la ministerialidad de la Iglesia no pretende clericalizar al laico,
sino comunicar al corazón de la Iglesia y del mundo la riqueza que el Espíritu Santo
suscita en nuestro tiempo para responder a los retos y desafíos de nuestro tiempo.
Toda la realidad ministerial brota directamente de la dignidad sacerdotal, regia y
profética del pueblo de Dios.
Son un don de Dios, no una mera delegación de funciones.
Animados por los ministerios, tomamos conciencia que todos los miembros del Cuerpo
de Cristo tenemos el compromiso del crecimiento común.

48
III PLAN DIOCESANO DE PASTORAL
9.4 Laicos
204. La mayoría de los agentes laicos ofrecen su servicio con generosidad y
desinteresadamente, ya sea en el apostolado, ofreciendo sus servicios profesionales, su
oración y hasta sus bienes en beneficio de las necesidades de la Iglesia.
205. La presencia de laicos comprometidos en las parroquias ha aumentado en los
últimos años destacándose el papel de la mujer. Por las grandes necesidades de las
comunidades su participación es todavía muy limitada. A algunos de ellos les falta
sentido de corresponsabilidad en la acción pastoral.
206. No siempre estos laicos pueden ejercer su servicio plenamente en la comunidad ya
que a muchos de ellos no se les valora o se les limita a trabajos que no están
relacionados con la pastoral. Por otra parte, este servicio se entiende como una ayuda
o invitación del sacerdote más que un compromiso bautismal. Todo esto propicia aún
más el clericalismo que se vive en muchas de nuestras comunidades.
207. El compromiso de los laicos está centrado demasiado en las actividades internas
de la Iglesia, existe poca conciencia de su compromiso propio y peculiar de los laicos
que son las diversas actividades terrenales, como la economía, la política, la
educación, etc.
208. En la mayoría de las parroquias no se ofrece una formación adecuada para que
los laicos puedan ejercer mejor su servicio o cuando se ofrece en algunas parroquias no
se encuentra el interés suficiente en los mismos laicos.
209. Por otra parte, se puede constatar que muchos laicos, si bien asisten a la Eucaristía
dominical, acuden a la parroquia sólo en demanda de servicios sin buscar otro tipo de
vinculación a la comunidad y, además, algunos de ellos van perdiendo el sentido de
pertenencia a su parroquia.
210. En la Diócesis hay un gran abanico de movimientos y asociaciones laicales en
donde se puede constatar el compromiso convencido y sólido de muchos laicos, sin
embargo, por falta de criterios eclesiales diocesanos, sus carismas y aportes terminan
en la dispersión pastoral, aunque se viene trabajando en la integración de la Comisión
Diocesana de Organismos Eclesiales Laicales, para crear espacios de comunión y de
vinculación al proceso diocesano de pastoral.

11.1.2 Pastoral litúrgica


259. En la EDL, a la pregunta de que si le gustaría participar más en la misa como lector,
monitor, en el coro, etc., la respuesta fue del 57.55% que sí le gustaría, el 32.40% no le
gustaría y al 10% le es indiferente. Esto indica que la asistencia en las celebraciones
litúrgicas es cada vez más participativa, la asamblea responde mejor (participa, canta
y está atenta).
260. La formación de los equipos de pastoral litúrgica parroquiales está apoyada por el
Centro Diocesano de Estudios de Pastoral Litúrgica, incluida la preparación a los
ministros extraordinarios de la Sagrada Comunión. Cada año se ofrecen cursos por
parte de la Sociedad Mexicana de Liturgia (SOMELlT) con la participación de laicos y

49
religiosas de nuestra Diócesis y de otras diócesis. Cabe señalar que en estos últimos
años, en algunas parroquias, los equipos de liturgia reciben preparación.
261. Es preocupante que la asistencia a la celebración Eucarística dominical va
decreciendo, en los datos de la EDL y del censo diocesano se dice que
aproximadamente participa 20% del total de los católicos. Las respuestas de la EDL
también indican que los que asisten van motivados porque sienten la necesidad de
Dios en su vida (50.35%); porque necesitan escuchar la Palabra de Dios (28.10%); y otros
asisten porque les nace (23%). Es preocupante también la poca participación de los
fieles en los demás sacramentos, que frecuentemente se celebran más como
acontecimiento meramente social y no tanto como expresión de un compromiso
cristiano. Aún se siguen celebrando sacramentos en forma particular y en lugares no
aptos para el culto: en fincas, haciendas, ranchos, jardines y salones, sin el
consentimiento de la autoridad competente.
262. La comisión con sus diferentes equipos ha editado algunos subsidios como apoyo
para una participación en la celebración y en el conocimiento de la misma. Hace falta
que dicha comisión se esmere y edite más material y pueda llegar a todas las
comunidades de la Diócesis.
263. La presencia de los ministros extraordinarios de la Sagrada Comunión, en las
celebraciones eucarísticas y en la atención a los enfermos, es cada vez más numerosa.
Pero cabe mencionar que no se tienen criterios diocesanos para su elección,
formación, modo y tiempo de ejercer este ministerio. Además, en algunos lugares de la
Diócesis, no existe, por parte de los fieles aceptación a este ministerio.
264. Ha aumentado el número de coros juveniles, coros polifónicos y maestros de
música en las celebraciones, pero muchos de ellos carecen de criterios y formación
para los cantos litúrgicos.

Capítulo II
MARCO DOCTRINAL

El Marco Doctrinal presenta fundamentalmente tres elementos:


el proyecto de Dios para la Iglesia diocesana; el ideal hacia donde debe
orientarse la acción evangelizadora
y la iluminación doctrinal
para el trabajo y las decisiones pastorales.
En este marco, por consiguiente, podemos identificar
el modelo de Iglesia que se quiere impulsar en la Diócesis:
Iglesia discípula, comunión, servidora, misionera y mariana.
Así mismo, iluminará a todos los agentes:
Obispo, sacerdotes, religiosos (as) y laicos
para que desde su vocación, encuentren
una motivación común a su servicio en la Iglesia.

50
Los principios doctrinales que aquí aparecen están inspirados
en la Sagrada Escritura y en el Magisterio de la Iglesia.
Particularmente tiene como base el Documento de Aparecida,
en continuidad con los aportes del I y II Plan Diocesano de Pastoral.

El Marco Doctrinal determina "hacia dónde vamos" como Iglesia,

1. En el seguimiento de Jesús: Iglesia Discípula


295. "Vayan y hagan discípulos a todos los pueblos y bautícenlos para consagrarlos al
Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, enseñándoles a poner por obra todo lo que les he
mandado y sepan que yo estoy con ustedes todos los días, hasta el final de los tiempos"
(Mateo 28, 19-20). Estas palabras de Jesús a sus discípulos antes de su Ascensión a los
cielos vuelven hoy a escucharse con fuerza en nuestra Iglesia de Aguascalientes para
que seamos discípulos auténticos y para que renovemos la misión que se nos ha
encomendado de anunciar y construir el Reino de Dios.
296. El Señor Jesús con estas palabras encomienda a sus discípulos su misión de
anunciar y construir el Reino de la vida plena para el hombre esclavizado por el
pecado. Ahora nosotros, como miembros de esta Iglesia diocesana, asumimos esta
misión como discípulos que escuchando el llamado del mismo Señor nos sentimos
impulsados a compartir esta alegría de haber sido elegidos y llamados a seguirlo. Esta
alegría no se puede contener, por eso nuestra misión es compartirla y anunciarla a
todos los hombres y mujeres de nuestras comunidades.
297. A la luz de este envío presentamos el Cristo que queremos anunciar, el hombre
que queremos salvar, la Iglesia que buscamos construir y la sociedad que queremos
transformar. Queremos, también que este llamado a ser discípulos y misioneros ilumine a
los diferentes organismos y comisiones diocesanas, a las comunidades parroquiales y a
los diferentes grupos y movimientos en sus programas y acciones pastorales y sea el
ideal que ayude a los agentes de pastoral a responder a su vocación en nuestra Iglesia
de Aguascalientes.

1.1 "Maestro dónde vives": El encuentro con Jesucristo


298. Jesús llama personalmente a cada hombre y a cada mujer a un encuentro íntimo
con Él. El primer contacto de los discípulos con el Maestro a través de su palabra y de su
obra despertó en ellos el deseo de seguirlo, ya que su personalidad los fascinaba y, más
aún su corazón quedó impactado a tal grado que su vida no volvió a ser la misma. No
eran ellos los que elegían sino que eran ellos los llamados, los elegidos por el Señor, no
para cumplir una misión externa a sus vidas sino precisamente para "estar con Él y ser
enviados a predicar" (Me, 3 14; cfr. DA 131). "Como el Padre me ha enviado así los envío
yo" (Jn 20,21; cfr. Jn 12,49).
299. Esto nos recuerda que "no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o
una gran idea, sino por el encuentro, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la
vida y, con ello, una orientación decisiva" de tal modo que quien se dice cristiano tiene
que vivir un verdadero encuentro con Jesús, el Señor, que ha muerto y resucitado para
darnos vida (cfr. DA 243). El evangelista Juan nos presenta el modelo por excelencia de
todo encuentro: todo comienza con una pregunta que Jesús hace a dos discípulos de

51
Juan el Bautista: "¿Qué buscan?" (Jn 1, 38). A esa pregunta siguió la invitación a vivir una
experiencia profunda: "Vengan y lo verán" (Jn 1, 39). Este encuentro cambió la vida de
estos dos discípulos y de este momento en adelante se convirtieron en discípulos de
Jesús (cfr. DA 244).
300. Por eso en la Iglesia cada cristiano, para seguir al Señor Jesús, debe partir de un
encuentro vivo y profundo con Él como lo hicieran aquellos dos discípulos del evangelio
de Juan (Cfr. Jn 1,38-39).

1.2 "Vengan y lo verán": Lugares del encuentro


301. El encuentro con Jesucristo, por la acción del Espíritu Santo, se da a través de la
Iglesia, nuestro hogar, donde hemos recibido y alimentado nuestra fe (cfr. DA 246). Ella,
como madre de la fe, nos ofrece diferentes medios, momentos y espacios para vivir
este encuentro con Él. Nuestra Iglesia diocesana quiere centrar su atención en los
siguientes lugares de encuentro:
302. Encontramos a Jesús en la Sagrada Escritura leída y orada en la Iglesia. En ella
encontramos el mensaje del Padre que llegó a su plenitud en su Hijo Jesucristo, de tal
modo que "desconocer la Sagrada Escritura es desconocer a Jesucristo" (San Jerónimo)
y renunciar a anunciarlo, por eso nosotros reconocemos que la Palabra suscita en
nosotros la fe y que es "palabra de vida eterna" (Jn 6, 68). En la Palabra se inicia una
relación de salvación amorosa entre Dios y el hombre, donde se nos hace la
maravillosa invitación a entablar un diálogo con nuestro Padre y con su Hijo Jesucristo
en el Espíritu Santo. Por esto es necesario educar a la comunidad cristiana en el
conocimiento profundo y vivencial de la Palabra de Dios y en su lectura y meditación
(Lectio Divina), de tal manera que se convierta en su alimento para que, por propia
experiencia, las palabras de Jesús sean "espíritu y vida" (Jn 6,63; cfr. DA 247-248).
303. "Encontramos a Jesucristo, de modo admirable, en la celebración de la Sagrada
Liturgia. Al vivirla, celebrando el Misterio Pascual, los discípulos de Cristo penetran más
en los misterios del Reino y expresan de modo sacramental su vocación de discípulos y
misioneros" (DA 250). De tal modo que cada uno de los sacramentos a su manera nos
unen a Jesucristo sacerdote y a la comunidad cristiana. Y también en la religiosidad
popular expresión de la fe católica de nuestro pueblo (cfr. DA258; 549).
304. Entre los sacramentos la Eucaristía ocupa un lugar privilegiado. Por este
sacramento Jesús nos atrae hacia sí y nos hace entrar en su dinamismo amoroso hacia
Dios y hacia el prójimo. En ella, los cristianos celebran y hacen suyo el Misterio Pascual,
participando en él y haciendo que este misterio sea la centralidad de su vida, de modo
que la vida de cada uno sea cada vez más vida eucarística. Allí, el Espíritu Santo
fortalece y anima la identidad del discípulo y despierta en él la decidida voluntad de
anunciar con audacia a los demás lo que ha escuchado y vivido (cfr. DA251).
305. Al Señor Jesús también lo encontramos de modo especial en los pobres, afligidos,
niños y enfermos (cfr. Mt 25, 37-40; Mc 10,13-16), ya que Él mismo se quiso identificar con
ellos, siendo rico se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza? "Ellos reclaman
nuestro compromiso y nos dan testimonio de fe, paciencia en el sufrimiento y constante
lucha para seguir viviendo. ¡Cuántas veces los pobres y los que sufren realmente nos
evangelizan! En el reconocimiento de esta presencia y cercanía, y en la defensa de los

52
derechos de los excluidos se juega la fidelidad de la Iglesia a Jesucristo... La adhesión a
Jesucristo es la que nos hace amigos de los pobres y solidarios con su destino" (DA257).

1.3 "Vieron donde Él vivía y se quedaron con Él": La formación del discípulo
306. El verdadero discípulo sigue al Maestro con el deseo de identificarse con Él, por
eso, el seguimiento exige un proceso de formación para llegar a ser auténtico discípulo
y ferviente misionero. Esta formación a la luz del evangelio significa hoy "ayudar a los
miembros de la Iglesia a encontrarse siempre con Cristo, y, así reconocer, acoger,
interiorizar y desarrollar la experiencia y los valores que constituyen la propia identidad y
misión cristiana en el mundo" (DA 279). Dicha formación involucra a todos los miembros
de la comunidad cualquiera que sea su servicio o ministerio que realicen en la Iglesia
(cfr. DA276).
307. Esta formación nace de la relación de Jesús con sus discípulos, fue el mismo
Maestro quien formó personalmente a sus discípulos. Y Él mismo nos da el método:
"Vengan y vean" (Jn 1, 39), "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida" (Jn 14, 6). "Con
perseverante paciencia y sabiduría, Jesús invitó a todos a su seguimiento. A quienes
aceptaron seguirlo, los introdujo en el misterio del Reino de Dios, y, después de su
muerte y resurrección, los envió a predicar la Buena Nueva con la fuerza de su Espíritu"
(DA 276).
308. La formación del discípulo hunde sus raíces en la misma invitación personal del
Señor Jesús que llama a los suyos por su nombre, despertando en ellos las aspiraciones
más profundas de una vida plena y ellos lo siguen porque conocen su voz. El discípulo,
por consiguiente, es alguien apasionado por Cristo, a quien reconoce como el
verdadero Maestro que lo conduce y acompaña en la vida (cfr. DA277).
309. En nuestra Iglesia diocesana asumimos el proceso de formación de los discípulos
misioneros que la Iglesia Latinoamericana hizo suyo en el Documento de Aparecida,
con cinco aspectos fundamentales que se compenetran íntimamente y se alimentan
entre sí.

1.3.1 El Encuentro con Jesucristo


310. Quienes serán sus discípulos ya lo buscan (cf. Jn 1, 38), pero es el Señor quien los
llama: "Sígueme" (Mc 1, 14; Mt 9, 9). Se ha de descubrir el sentido más hondo de la
búsqueda, y se ha de propiciar el encuentro con Cristo que da origen a la iniciación
cristiana. Este encuentro debe renovarse constantemente por el testimonio personal, el
anuncio del kerygma y la acción misionera de la comunidad. El kerygma no sólo es una
etapa, sino el hilo conductor de un proceso que culmina en la madurez del discípulo de
Jesucristo. Sin el kerygma, los demás aspectos de este proceso están condenados a la
esterilidad, sin corazones verdaderamente convertidos al Señor. Sólo desde el kerygma
se da la posibilidad de una iniciación cristiana verdadera.

1.3.2 La Conversión
311. Es la respuesta inicial de quien ha escuchado al Señor con admiración, cree en Él
por la acción del Espíritu, se decide a ser su amigo e ir tras de Él, cambiando su forma
de pensar y de vivir, aceptando la cruz de Cristo, consciente de que morir al pecado es
alcanzar la vida. En el Bautismo y en el sacramento de la Reconciliación, se actualiza
para nosotros la redención de Cristo.

53
1.3.3 El Discipulado
312. La persona madura constantemente en el conocimiento, amor y seguimiento de
Jesús maestro, profundiza en el misterio de su persona, de su ejemplo y de su doctrina.
Para este paso, es de fundamental importancia la catequesis permanente y la vida
sacramental, que fortalecen la conversión inicial y permiten que los discípulos
misioneros puedan perseverar en la vida cristiana y en la misión en medio del mundo
que los desafía.

1.3.4 La Comunión
313. No puede haber vida cristiana sino en comunidad: en las familias, las parroquias,
las comunidades de vida consagrada, las pequeñas comunidades. Como los primeros
cristianos, que se reunían en comunidad, el discípulo participa en la vida de la Iglesia y
en el encuentro con los hermanos, viviendo el amor de Cristo en la vida fraterna
solidaria. También es acompañado y estimulado por la comunidad y sus pastores para
madurar en la vida del Espíritu.

1.3.5 La Misión
314. El discípulo, a medida que conoce y ama a su Señor, experimenta la necesidad
de compartir con otros su alegría de ser enviado, de ir al mundo a anunciar a Jesucristo,
muerto y resucitado, a hacer realidad el amor y el servicio en la persona de los más
necesitados, en una palabra, a construir el Reino de Dios. La misión es inseparable del
discipulado, por lo cual no debe entenderse como una etapa posterior a la formación.

1.4 "Eran como las cuatro de la tarde": La alegría de seguir a Jesús como discípulos
315. Los que hemos recibido el bautismo recibimos la primera invitación a ser
discípulos de Jesús, para seguir sus huellas y formar su comunidad. ¡Nuestra mayor
alegría es ser discípulos suyos! "Él llama a cada uno por nuestro nombre, conociendo a
fondo nuestra historia (cfr. Jn 10, 3) para convivir con Él y enviarnos a continuar su misión
(cfr. Mc 3,14-15)" (MF 2; cfr. DA 552).
316. Este llamado a ser discípulos y misioneros del Señor espera una decisión muy
consciente y libre, desde lo más íntimo de la conciencia de cada persona para la
adhesión personal y profunda con Él. "Es un sí que compromete radicalmente la libertad
del discípulo a entregarse a Jesucristo, Camino, Verdad y Vida (cfr. Jn 14,6). Es una
respuesta de amor a quien lo amó primero 'hasta el extremo' (cfr. Jn 13,1)" (DA 136).
317. Seguir al Maestro exige la configuración con Él, y esta configuración lleva a la
necesidad de asumir la centralidad del mandamiento del amor, que Él quiso llamar
suyo y nuevo: "Ámense los unos a los otros, como yo los he amado" (Jn 15, 12). "En el
seguimiento de Jesucristo, aprendemos y practicamos la bienaventuranzas del Reino, el
es estilo de vida del mismo Jesucristo: su amor y obediencia filial al Padre, su compasión
entrañable ante el dolor humano" (DA 139). "Identificarse con Jesucristo es compartir su
destino: 'Donde yo esté estará también el que me sirve' (Jn 12, 26). El cristiano corre la
misma suerte del Señor, incluso hasta la cruz: 'Si alguno quiere venir detrás de mí, que
renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y que me siga', (Mc 8, 34)" (DA 140) para
que después participe de la victoria en su resurrección.

54
318. De manera especial, hoy en día se necesita de la vida contemplativa, como un
gran testigo de que sólo Dios basta para llenar la vida de sentido y de gozo en una
sociedad tan marcada por lo material, lo inmediato y lo superficial (cfr. DA 221). Es
necesario dejarnos iluminar por la luz de Cristo que ilumina a todos los pueblos.

1.5 "Vayan y hagan discípulos": Enviados a ser misioneros


319. Cuando una persona se ha encontrado con el Señor Jesús recibe de Él mismo el
encargo de anunciar el Reino a todas las naciones (cfr. Mt 28, 19; Lc 24,46-48). Por eso
todo discípulo es misionero, pues Jesús lo hace partícipe de su misión, al mismo tiempo
que lo vincula a Él como amigo y hermano. De esta manera, como Él es testigo del
misterio del Padre, así los discípulos son testigos de la muerte y resurrección del Señor
hasta que Él vuelva. "Cumplir este encargo no es una tarea opcional, sino parte
integrante de la identidad cristiana" (DA 144). El testimonio surge de la vocación misma
a ser discípulos y misioneros.
320. "La misión del discípulo no se limita a un proyecto o programa pastoral sino que
significa compartir la experiencia del encuentro con Cristo, testimoniarlo y anunciarlo
de persona a persona, de comunidad a comunidad, y de la Iglesia a todos los confines
del mundo (cfr. Hch 1, 8)" (DA 145). Y como bien lo dice su Santidad el Papa Benedicto
XVI: "El discípulo, fundamentado así en la roca de la Palabra de Dios, se siente
impulsado a llevar la Buena Nueva de la salvación a sus hermanos. Discipulado y misión
son como las dos caras de una misma medalla: cuando el discípulo está enamorado
de Cristo, no puede dejar de anunciar al mundo que sólo Él nos salva (cfr. Hch 4, 12). En
efecto, el discípulo sabe que sin Cristo no hay luz, no hay esperanza, no hay amor, no
hay futuro" (DA 146). Como cristianos somos conscientes que al responder al llamado
de ser discípulos de Jesús en esta Iglesia de Aguascalientes asumimos la misión del
Señor y nos transformamos en misioneros para anunciarlo con la palabra y con la vida.
321. Para nosotros, la participación en esta misión es el camino de la santidad, la cual
no es un camino que nos aleje de los problemas del mundo o que nos haga escapar de
nuestra realidad sino que nos lleva a dar testimonio de palabra y de obra del amor del
Padre en el corazón mismo del mundo especialmente a los pobres y pecadores (cfr. DA
148).
322. Reconocemos que la misión no se entiende sin la acción del Espíritu Santo que
animó e iluminó al mismo Señor Jesús en su obra salvadora. Hoy también el Espíritu en la
Iglesia forja misioneros decididos y valientes como Pedro y Pablo, señala los lugares que
deben ser evangelizados y elige a quiénes deben hacerlo (cfr. DA 150).

2. Llamados a vivir en Comunión: Iglesia Comunión

2.1 "Padre que sean uno": Vivir en comunión

323. El gran desafío que tenemos ante nosotros en el milenio que ya hemos
comenzado es hacer de la Iglesia "la casa y la escuela de la comunión" Los discípulos
misioneros somos elegidos por Jesús para vivir en comunión con Él (cfr. Mc 3,14), pero
hace falta promover una espiritualidad de la comunión, como "una mirada del corazón
sobre todo hacia el misterio de la Trinidad que habita en nosotros, y cuya luz ha de ser

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reconocida también en el rostro de los hermanos que están a nuestro lado... como
capacidad de sentir al hermano de fe en la unidad profunda del Cuerpo místico y, por
tanto, como «uno que me pertenece», para saber compartir sus alegrías y sus
sufrimientos, para intuir sus deseos y atender a sus necesidades, para ofrecerle una
verdadera y profunda amistad" También hoy en nuestra Diócesis Jesús nos sigue
llamando porque quiere entablar una relación íntima para formar una comunidad y
enviarnos a la misión (cfr. DA 154; Jn 17; Mt28,19-20).
324. Toda comunidad cristiana tiene su origen, su modelo, su motivación más
profunda en la comunión de amor de las tres personas divinas. Cada discípulo, por el
bautismo, está llamado a vivir esta vida trinitaria en la "comunión con el Padre (1 Jn 1,3)
y con su Hijo muerto y resucitado, en la comunión en el Espíritu Santo (2Cor 13,13)" (DA
155).
325. "Esta vocación de los discípulos misioneros a la comunión es con-vocación a la
comunión en su Iglesia" (DA 156). De tal modo que la comunión en Cristo se vive en la
comunión con la Iglesia, porque ella es el instrumento de la gracia salvadora de Cristo.
"Ante la tentación, muy presente en la cultura actual, de ser cristianos sin Iglesia y las
nuevas búsquedas espirituales individualistas, afirmamos que la fe en Jesucristo nos
llegó a través de la comunidad eclesial y ella nos da una familia, la familia universal de
Dios en la Iglesia Católica. La fe nos libera del aislamiento del yo, porque nos lleva a la
comunión" (DA 156).
326. La Iglesia, Pueblo de Dios, está vivificada y animada por los dones del Espíritu
Santo por eso en ella se dan los servicios, carismas y ministerios para vivirse en comunión
y de este modo circule la caridad (cfr. 1 Cor 12, 4-12). "Cada bautizado, en efecto, es
portador de dones que debe desarrollar en unidad y complementariedad con los de
los otros, a fin de formar el único Cuerpo de Cristo, entregado para la vida del mundo.
El reconocimiento práctico de la unidad orgánica y la diversidad de funciones
asegurará mayor vitalidad misionera y será signo e instrumento de reconciliación y
paz... Cada comunidad está llamada a descubrir e integrar los talentos escondidos y
silenciosos que el Espíritu regala a los fieles" (DA 162).
327. Nuestra Iglesia, Pueblo peregrino hacia la casa del Padre19, nos anticipa la
comunión definitiva de todos los hombres en el amor de Dios. Ella se alimenta de la
Palabra y de la celebración de los sacramentos especialmente de la Eucaristía que es la
expresión máxima de la comunión y es aquí donde aprendemos a vivir realmente la
comunión (cfr. Hch 2,42 ss.) con Dios, con los hermanos y con el mundo (cfr. DA 158, 160).

2.2 "Como Tú y Yo somos uno": Espacios para vivir la comunión

2.2.1 La Diócesis, lugar privilegiado de la comunión

328. "...El discipulado y la misión siempre suponen la pertenencia a una comunidad.


Dios no quiso salvarnos aisladamente, sino formando un Pueblo. Éste es un aspecto que
distingue la vivencia de la vocación cristiana de un simple sentimiento religioso
individual. Por eso, afirmamos que la experiencia más plena de la fe se vive en una
Iglesia Particular" (DA 164).

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329. Reconocemos que la Iglesia existe y se manifiesta en cada Iglesia particular
reunida y alimentada por la Palabra y la Eucaristía, en comunión con el Obispo de
Roma y las demás Iglesias particulares (cfr. DA 165). Y afirmamos que la Iglesia particular
"es una porción del pueblo de Dios confiada a un obispo para que la apaciente con su
presbiterio" (DA 165). En este primer nivel de comunión, los espacios se vinculan y se
entrelazan para que los cristianos por la fraternidad se relacionen y de este modo
hagan más efectiva la comunión.
330. A la Diócesis le corresponde "impulsar y conducir una acción pastoral orgánica
renovada y vigorosa, de manera que la variedad de carismas, ministerios, servicios y
organizaciones se orienten en un mismo proyecto misionero para comunicar vida en el
propio territorio. Este proyecto, que surge de un camino de variada participación, hace
posible la Pastoral Orgánica, capaz de dar respuesta a los nuevos desafíos. Porque un
proyecto sólo es eficiente si cada comunidad cristiana, cada parroquia, cada
comunidad educativa, cada comunidad de vida consagrada, cada asociación o
movimiento y cada pequeña comunidad se insertan activamente en la Pastoral
Orgánica de cada diócesis. Cada uno está llamado a evangelizar de un modo
armónico e integrado en el proyecto pastoral de la Diócesis" (DA 169).
331. El proyecto pastoral de comunión y participación en la Diócesis de
Aguascalientes se realiza especialmente a través de los decanatos, los cuales como
estructuras pastorales favorecen que varias parroquias afines y vecinas vivan la
comunión en función de la pastoral orgánica y de sus propias necesidades de
evangelización21.

2.2.2 La parroquia, comunidad de comunidades


332. Las parroquias son las comunidades eclesiales privilegiadas donde viven y se
forman los discípulos misioneros, ya que son células vivas de la Iglesia y el lugar
privilegiado en el que la mayoría de los fieles reciben la Palabra de Dios y la celebran
en la vida sacramental especialmente en la Eucaristía dominical y en la práctica de la
caridad y, por consiguiente, es el lugar donde tienen una experiencia concreta de
Cristo y de la comunión con la Iglesia (cfr. DA 170,172, 251)
333. Atentas a la renovación misionera, nuestras parroquias "están llamadas a ser
casas y escuelas de comunión... a fin de que sean de verdad espacios de la iniciación
cristiana, de la educación y celebración de la fe, abiertas a la diversidad de carismas,
servicios y ministerios, organizadas de modo comunitario y responsable, integradoras de
movimientos de apostolado ya existentes, atentas a la diversidad cultural de sus
habitantes, abiertas a los proyectos pastorales y a las realidades circundantes" (DA 170).
Se pide la renovación parroquial que "exige transformar sus estructuras, para que sea
una red de comunidades y grupos, capaces de articularse logrando que sus miembros
se sientan y sean realmente discípulos y misioneros de Jesucristo en comunión" (DA 172)
teniendo a la parroquia como centro de su actividad.

2.2.3 Las pequeñas comunidades, red de fraternidad


334. En comunión con los dos Planes de Pastoral de nuestra diócesis hacemos una
opción por las pequeñas comunidades entendidas como un grupo local o ambiental,
más o menos homogéneo, de cristianos católicos, con tal número de miembros que

57
permita el conocimiento y el trato fraterno, por medio de reuniones periódicas
frecuentes, dedicadas a escuchar y anunciar la Palabra de Dios, iluminando con el
Evangelio la realidad personal, familiar y social, viviendo la comunión con su parroquia
y sus pastores (cfr. DA 179, 308-309). Ellas son un espacio privilegiado para que los laicos
vivan como auténticos discípulos misioneros de Jesucristo (cfr. DA307).
335. Las pequeñas comunidades por su mismo dinamismo se "convertirán
rápidamente en anunciadoras del Evangelio". Puesto que la parroquia se ha de
estructurar como comunidad de comunidades y movimientos, las pequeñas
comunidades son el primero y fundamental núcleo eclesial, célula viva de la vida
parroquial y clave de toda renovación de la parroquia (cfr. DA 179 y 310).
336. Cuando las pequeñas comunidades van madurando en su experiencia de fe,
esperanza y caridad, promueven auténticas relaciones interpersonales en solidaridad
social, dan un claro testimonio evangélico dentro de nuestra sociedad egoísta y
consumista, expresando el amor preferente de la Iglesia por el pueblo sencillo; ofrecen
un valioso punto de partida en la construcción de una nueva sociedad posibilitando así
la oportunidad de transformar el mundo por medio del Evangelio.

2.2.4 La familia, Iglesia doméstica


337. La familia es la primera expresión de Iglesia, es la Iglesia doméstica donde se
tiene la primera experiencia de la fe y de la comunidad humana. Queremos que
nuestras familias lleguen a ser verdaderas comunidades de personas donde se pueda
tener una auténtica formación que prepare a los cristianos para ser discípulos
misioneros de Jesucristo; cooperadoras del amor de Dios al servicio de la vida;
promotoras de la experiencia de comunión y participación como células de la
sociedad; espacio donde todos los miembros asuman su responsabilidad (cfr. DA 434);
"donde se aprende a trabajar y crecer en humanidad".
338. La familia por su vocación y por ser el valor más querido por nuestra cultura, se ha
de convertir en uno de los ejes transversales de toda la acción evangelizadora de la
Iglesia (Cfr. DA 435). Necesitamos "una pastoral familiar 'intensa y vigorosa' para
proclamar el evangelio de la familia, promover la cultura de la vida, y trabajar para que
los derechos de las familias sean reconocidos y respetados" (DA435).

2.3 "Para que el mundo crea": Urgencia del testimonio fraternal


339. "La Iglesia, como 'comunidad de amor', está llamada a reflejar la gloria del amor
de Dios que, es comunión, y así atraer a las personas y a los pueblos hacia Cristo" (DA
159). Hoy más que nunca la comunión impacta a nuestra sociedad individualista y
egoísta. Por eso se afirma que "la Iglesia crece no por proselitismo sino por 'atracción':
como Cristo 'atrae todo a sí' con la fuerza de su amor. La Iglesia atrae cuando vive en
comunión, pues los discípulos de Jesús serán reconocidos si se aman los unos a los otros
como Él nos amó (cfr. Rm 12,4-13; Jn 13,34-35)" (DA 159; cfr. DA 161).
340. A cada bautizado se le llama y se le exige ser un auténtico discípulo y misionero
en la Iglesia según su condición ministerial o de servicio en la Iglesia. El obispo, los
presbíteros, los laicos y los consagrados cada uno de ellos según su vocación y su
condición está llamado, pues, a servir y vivir en comunión con la Iglesia de
Aguascalientes como un discípulo misionero de Jesucristo (cfr. DA 184-220), dando
testimonio con la vida.

58
3. Llamados al Servicio de la Vida: Iglesia Servidora

3.1 "He venido para que tengan vida": Llamados al servicio de la vida

341. "Jesús, el Buen Pastor, quiere comunicarnos su vida y ponerse al servicio de la


vida. Lo vemos cuando se acerca al ciego del camino (cf. Mc 10,46-52), cuando
dignifica a la samaritana (cf. Jn 4, 7-26), cuando sana a los enfermos (cf. Mt 11, 2-6),
cuando alimenta al pueblo hambriento (cf. Mc 6, 30-44), cuando libera a los
endemoniados (cf. Mc 5, 1-20). En su Reino de vida, Jesús incluye a todos: come y bebe
con los pecadores (cf. Mc 2, 16), sin importarle que lo traten de comilón y borracho (cf.
Mt 11, 19); toca leprosos (cf. Lc 5, 13), deja que una mujer prostituta unja sus pies (cf. Lc
7, 36-50) y, de noche, recibe a Nicodemo para invitarlo a nacer de nuevo (cf. Jn 3,
1-15). Igualmente, invita a sus discípulos a la reconciliación (cf. Mt 5,24), al amor a los
enemigos (cf. Mt 5, 44), a optar por los más pobres (cf. Lc 14,15-24)" (DA 353).
342. También nos comunica su vida con su Palabra y en cada uno de los sacramentos,
sobre todo la Eucaristía: "El que me coma vivirá por mí" (Jn 6, 57; cfr. DA 354).

3.2 "Vida en abundancia": Llamados a una vida nueva


343. "Ante una vida sin sentido, Jesús nos revela la vida íntima de Dios en su misterio más
elevado, la comunión trinitaria... Ante la desesperanza de un mundo sin Dios, que sólo ve
en la muerte el término definitivo de la existencia, Jesús nos ofrece la resurrección y la
vida eterna en la que Dios será todo en todos (cfr. 1Cor 15, 28)" (DA 109).
344. Nuestra Iglesia proclama con gran alegría la buena nueva de la vida en Cristo, lo
que significa que cada cristiano es llamado a participar de la vida divina, "Yo he venido
para que tengan vida y la tengan en abundancia" (Jn 10, 10). En esta vida de Cristo, la
Iglesia valora, agradece y defiende la dignidad humana de cada persona desde su
concepción hasta su muerte.
345. Sabemos con gozo que la vida que Cristo nos comunica es una respuesta a los
deseos y anhelos más profundos de felicidad de cada persona para que los viva en
plenitud (cfr. DA 355).
346. "La vida nueva de Jesucristo toca al ser humano entero y desarrolla en plenitud la
existencia humana 'en su dimensión personal, familiar, social y cultural.... La vida en
Cristo sana, fortalece y humaniza. Porque 'Él es el Viviente, que camina a nuestro lado,
descubriéndonos el sentido de los acontecimientos, del dolor y de la muerte, de la
alegría y de la fiesta1. La vida en Cristo incluye la alegría de comer juntos, el entusiasmo
por progresar, el gusto de trabajar y de aprender, el gozo de servir a quien nos necesite,
el contacto con la naturaleza, el entusiasmo de los proyectos comunitarios, el placer de
una sexualidad vivida según el Evangelio, y todas las cosas que el Padre nos regala
como signos de su amor sincero. Podemos encontrar al Señor en medio de las alegrías
de nuestra limitada existencia y, así, brota una gratitud sincera" (DA 356).
347. Además la vida nueva y el amor de Dios abrazan a todas las personas, todos los
ambientes de la convivencia y todos los pueblos. "Nada de lo humano le puede resultar
extraño. La Iglesia sabe, por revelación de Dios y por la experiencia humana de la fe,
que Jesucristo es la respuesta total, sobreabundante y satisfactoria a las preguntas
humanas sobre la verdad, el sentido de la vida y de la realidad, la felicidad, la justicia y
la belleza" (DA 3 80; cfr. DA 109-113).
59
348. Esta vida nueva en Cristo invita a ampliar nuestros horizontes más allá del
consumismo hedonista y a reconocer que, abrazando la cruz de cada día, entramos
en las dimensiones más profundas de la existencia que nos orienta a los valores del
Reino de Dios, "¿De qué le sirve a uno ganar todo el mundo, si pierde su vida?" (Mt 16,26;
cfr. DA 357). "La vida se acrecienta dándola y se debilita en el aislamiento y la
comodidad" (DA 360).

3.3 Vida nueva para todos, especialmente para los más pobres
349. La vida en Cristo sólo se desarrolla plenamente en la comunión fraterna y justa,
como la primera comunidad de sus discípulos, porque "Dios en Cristo no redime
solamente la persona individual, sino también las relaciones sociales entre los seres
humanos", de tal modo que su gracia es fuente de justicia, fraternidad, solidaridad y
paz para todos (cfr. DA 359).
350. El ser discípulos misioneros de Jesucristo en nuestra Iglesia de Aguascalientes nos
lleva a asumir evangélicamente y desde la perspectiva del Reino las tareas prioritarias
que contribuyen a la dignificación de todo ser humano, y a trabajar junto con los
demás ciudadanos e instituciones en bien del ser humano . "El amor de misericordia
para con todos los que ven vulnerada su vida en cualquiera de sus dimensiones, como
bien nos muestra el Señor en todos sus gestos de misericordia, requiere que socorramos
las necesidades urgentes, al mismo tiempo que colaboremos con otros organismos o
instituciones para organizar estructuras más justas en nuestra sociedad. Urge crear
estructuras que consoliden un orden social, económico y político en el que no haya
inequidad y donde haya posibilidades para todos. Igualmente, se requieren nuevas
estructuras que promuevan una auténtica convivencia humana, que impidan la
prepotencia de algunos y faciliten el diálogo constructivo para los necesarios
consensos sociales" (DA384).
351. Si pretendemos cerrar los ojos o ser indiferentes a las personas que están
abandonadas, excluidas e ignoradas en su miseria y su dolor no somos defensores de la
vida del Reino y nos situamos en el camino de la muerte: "Nosotros sabemos que hemos
pasado de la muerte a la vida porque amamos a los hermanos. El que no ama
permanece en la muerte" (Un 3, 14). Recordemos que Jesús es muy claro cuando une
inseparablemente el amor a Dios y amor al prójimo, que nos llama a suprimir las graves
desigualdades sociales y las enormes diferencias en el acceso a los bienes (cfr. DA 358).
352. Por eso nuestra Iglesia hace suya la opción por los pobres, que no es exclusiva ni
excluyente, proclamada por la Iglesia latinoamericana, porque en esta opción
seguimos los pasos de Jesús, "que se ha hecho pobre por nosotros, para enriquecernos
con su pobreza" (cfr. 2 Cor 8, 9) , y nos hacemos solidarios practicando las obras de
misericordia (cfr. Mt 25, 37-40; DA 393), pues "el compromiso evangélico de la Iglesia
debe ser como el de Cristo: un compromiso con los más necesitados" sin otra pretensión
que servir y amar como Jesús lo hizo. No hemos de olvidar que "los pobres son los
primeros destinatarios de la misión y su evangelización es por excelencia señal y prueba
de la misión de Jesús". Como discípulos y misioneros, estamos llamados a contemplar,
en los rostros sufrientes de nuestros hermanos, el rostro de Cristo que nos llama a servirlo
en ellos: "Los rostros sufrientes de los pobres son rostros sufrientes de Cristo". "Ellos
interpelan el núcleo del obrar de la Iglesia, de la pastoral y de nuestras actitudes
cristianas" (DA393).

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4. Llamados a la Misión: Iglesia Misionera
4.1 La Iglesia en misión permanente
353. El Señor Jesús les dijo a los apóstoles antes de partir: "Vayan por todo el mundo y
proclamen la buena noticia a toda creatura" (Mc 16,15), por eso la misión de la Iglesia
es evangelizar, es presentar al mundo que Dios nos ama a través de su Hijo Jesucristo.
"Aquí está el reto fundamental que afrontamos: mostrar la capacidad de la Iglesia para
promover y formar discípulos y misioneros que respondan a la vocación recibida y
comuniquen por doquier, por desborde de gratitud y alegría, el don del encuentro con
Jesucristo. No tenemos otro tesoro que éste. No tenemos otra dicha ni otra prioridad
que ser instrumentos del Espíritu de Dios, en Iglesia, para que Jesucristo sea encontrado,
seguido, amado, adorado, anunciado y comunicado a todos" (DA 14). Por esto,
nosotros, como todo discípulo después del encuentro con Él no podemos quedarnos
indiferentes y pasivos sino que deseamos y queremos proclamar el Evangelio, que es
Cristo mismo, y que su Reino de vida está al alcance de todos (cfr. DA 30).
354. Siguiendo a Jesucristo, primer misionero, nuestra Iglesia de Aguascalientes en
comunión con la Iglesia latinoamericana se declara en "misión permanente", que nos
exigirá profundizar y enriquecer todas las razones y motivaciones que permitan
convertir a cada creyente en un discípulo misionero. "La Iglesia necesita una fuerte
conmoción que le impida instalarse en la comodidad, el estancamiento y en la tibieza,
al margen del sufrimiento de los pobres de nuestro Continente. Necesitamos que cada
comunidad cristiana se convierta en un poderoso centro de irradiación de la vida en
Cristo" (DA362).
355. "Esta firme decisión misionera debe impregnar todas las estructuras eclesiales y
todos los planes pastorales de diócesis, las parroquias, comunidades religiosas,
movimientos y de cualquier institución de la Iglesia. Ninguna comunidad debe
excusarse de entrar decididamente, con todas sus fuerzas, en los procesos constantes
de renovación misionera, y de abandonar las estructuras caducas que ya no
favorezcan la transmisión de la fe" (DA 365).
356. Esta misión nos pide una conversión personal y pastoral para dejarnos guiar por el
Espíritu y así leer e interpretar los signos de los tiempos donde se manifiesta Dios y su
camino de salvación (cfr. DA 366). Además implica una espiritualidad de comunión y
participación "Hoy, más que nunca, el testimonio de comunión eclesial y la santidad
son una urgencia pastoral. La programación pastoral ha de inspirarse en el
mandamiento nuevo del amor" (DA368; cfr. Jn 13,35).
357. "La conversión pastoral de nuestras comunidades exige que se pase de una
pastoral de mera conservación a una pastoral decididamente misionera. Así será
posible que el único programa del Evangelio siga introduciéndose en la historia de
cada comunidad eclesial con nuevo ardor misionero, haciendo que la Iglesia se
manifieste como una madre que sale al encuentro, una casa acogedora, una escuela
permanente de comunión misionera" (DA 370; cfr. DA 202; Rm 10,14-15).

4.2 En el contexto de la Misión Continental


358. Los obispos de América Latina y el Caribe en el Documento de Aparecida,
recordando el mandato del Señor de "ir y hacer discípulos entre todos los pueblos" (Mt

61
28, 19-20), llamaron a toda la Iglesia latinoamericana a la Misión Continental, con la
finalidad de hacer despertar en los cristianos la alegría y la fecundidad de ser discípulos
de Jesucristo, celebrando con verdadero gozo el "estar-con-El" y el "amar-como-El"
para ser enviados a la misión . "No podemos desaprovechar esta hora de gracia.
¡Necesitamos un nuevo Pentecostés! ¡Necesitamos salir al encuentro de las personas,
las familias, las comunidades y los pueblos para comunicarles y compartir el don del
encuentro con Cristo, que ha llenado nuestras vidas de 'sentido', de verdad y amor, de
alegría y de esperanza!" (DA548).
359. La misión nace del encuentro con Jesús que nos transforma con el "dinamismo de
la conversión personal, pastoral y eclesial y que es capaz de impulsar profundamente
hacia la santidad y el apostolado a los bautizados, y de atraer a quienes han
abandonado la Iglesia, a quienes están alejados del evangelio y a quienes aún no han
experimentado el don de la fe".
360. Esta experiencia misionera abre un nuevo horizonte para la Iglesia de todo el
continente y para nuestra Iglesia de Aguascalientes que quiere "recomenzar desde
Cristo" recorriendo junto a Él el camino del discipulado que nos capacite para ir al
encuentro de toda persona, hablando el lenguaje cercano del testimonio, de la
fraternidad y de la solidaridad.

4.3 Por una pastoral misionera y planificada


361. Nuestra Iglesia diocesana desde el I Plan Diocesano de Pastoral ha optado por la
planificación pastoral y hoy, con este nuevo impulso misionero, y tomando conciencia
de la necesidad de comunión y crecimiento en el servicio pastoral hace nuevamente
esta opción, ya que la pastoral orgánica y de conjunto es "una respuesta consciente y
eficaz para atender las exigencias del mundo de hoy, con indicaciones programáticas
concretas, objetivos y métodos de trabajo, de formación y valorización de los agentes y
la búsqueda de los medios necesarios, que permiten que el anuncio de Cristo llegue a
las personas, modele las comunidades e incida profundamente mediante el testimonio
de los valores evangélicos en la sociedad y en la cultura" (DA371).
362. Nuestro proceso de planificación pastoral ha optado por tres estructuras básicas
que permiten una mayor participación de los agentes de pastoral y una mayor
consistencia en las acciones pastorales en las parroquias para una pastoral de
participación y comunión. Estas estructuras son: la pequeñas comunidades (cfr. DA
307-310), los sectores (cfr. DA 372) y los consejos de pastoral parroquial (cfr. DA203, 215).
Si bien no son las únicas estructuras pastorales, si son necesarias y estratégicas para la
pastoral orgánica en la Iglesia diocesana, por lo que es necesario animarlas y
dinamizarlas para la renovación pastoral de nuestras comunidades y de nuestra
Diócesis, con una experiencia orante; con santidad de vida; y con una sólida formación
doctrinal, pastoral y espiritual.

5. María, Primera Discípula y Misionera: Iglesia Mariana


5.1 Por su sí, María es discípula y misionera
363. Nuestra Iglesia diocesana está consagrada a María, la Madre de Dios, en su
misterio de la Asunción, fijamos en ella nuestra mirada como la máxima realización de

62
la vida cristiana, quien por su fe (cfr. Lc 1,45) y obediencia a la voluntad de Dios (cfr. Lc
1, 38), así como por su constante meditación de la Palabra y de las acciones de su Hijo
Jesús (cfr. Lc 2, 19.51), por su servicio (Lc l,39ss), por su presencia al pie de la cruz (cfr. Jn
19,25), y perseverando junto a los apóstoles a la espera del Espíritu es la discípula más
perfecta del Señor (cfr. DA 266); por tal motivo, cuando escuchamos el llamado a ser
discípulos misioneros descubrimos en ella a la discípula más perfecta del Señor48 Ella ha
vivido la perfecta peregrinación de la fe, primero como madre de Cristo y luego como
madre de los discípulos, sin que estuviera exenta de la incomprensión y la búsqueda
constante del proyecto del Padre. De esta manera alcanzó a estar al pie de la cruz en
una comunión profunda entre el Dios redentor y los hombres. Por eso, a ejemplo de
María, nuestra Iglesia está llamada a ser discípula-misionera (cfr. DA266).

5.2 María es Madre y educadora


364. Nuestra Iglesia también descubre en María, a una Madre49, que ora, intercede y
acompaña su caminar como lo hizo en la comunidad de los apóstoles (Jn 19,26-27;
Hech 1,14).Ella fortaleció y animó la comunidad apostólica en los momentos de
oscuridad y de desánimo. La Iglesia aprende de ella a ser maternal con sus hijos y no ser
una institución burocrática (cfr. DA 268). Como hijos volvemos nuestra mirada a Ella
para que nos ayude a vivir más plenamente el llamado a seguir a su Hijo en comunión y
hacer lo que Él nos manda (cfr. Jn 2,1-12). "María ayuda a mantener vivas las actitudes
de atención, de servicio, de entrega y de gratuidad que deben distinguir a los
discípulos de su Hijo. Indica, además cual es la pedagogía para que los pobres, en
cada comunidad, 'se sientan como en su casa'" (DA 272). Es Madre-pedagoga y, como
ella, la Iglesia está llamada a ser buena Samaritana (cfr. DA 176)50.
365. Además, "mientras peregrinamos, será la Madre educadora de la fe. Cuida de
que el Evangelio nos penetre, conforme nuestra vida diaria y produzca frutos de
santidad. Ella tiene que ser cada vez más la pedagoga del Evangelio en América
Latina"51, "modelo y paradigma de humanidad, y artífice de comunión" (DA 268).
366. "En una época de marcado machismo, la práctica de Jesús fue decisiva para
significar la dignidad de la mujer y su valor indiscutible: habló con ellas (cfr. Jn 4, 27),
tuvo singular misericordia con las pecadoras (cfr. Lc 7,36-50; Jn 8,11), las curó (cfr. Mc
5,25-34), las reivindicó en su dignidad (cfr. Jn 8,1-11), las eligió como primeras testigos de
su resurrección (cfr. Mt 28, 9-10), e incorporó mujeres al grupo de personas que le eran
más cercanas (cfr. Lc 8, 1-3). La figura de María, discípula por excelencia entre
discípulos, es fundamental en la recuperación de la identidad de la mujer y de su valor
en la Iglesia. El canto del Magníficat muestra a María como mujer capaz de
comprometerse con su realidad y de tener una voz profética ante ella". (DA 451). Del
Evangelio brota su figura de mujer libre y fuerte y es fundamental en la recuperación de
la identidad de la mujer y de su valor en la misma Iglesia siendo para ella modelo de
Evangelización (cfr. DA266).
367. María como la discípula por excelencia es la gran misionera, continuadora de la
misión de su Hijo y formadora de misioneros. En el acontecimiento guadalupano,
presidió, junto al humilde Juan Diego, el Pentecostés que nos abrió como Iglesia
Latinoamericana a los dones del Espirito. Y nosotros, por tanto, igual que muchas
comunidades hemos encontrado en ella motivo de alegría y de inspiración más
cercana para aprender cómo ser discípulos y misioneros de Jesús (cfr. DA 269).

63
5.3 María es signo de consuelo y garantía de esperanza
368. María en su gloriosa Asunción a los cielos, nos indica la plenitud a la que estamos
llamados a participar en Cristo; nos señala la tarea de trabajar sin descanso para
anticipar la segunda venida de Cristo. El deseo profundo de la Iglesia que se manifiesta
en el grito: "Ven, Señor Jesús" (Ap 22, 20) nos mueve a obrar como misioneros en el
presente (cfr. DA 141). Ella es "la estrella de la esperanza", "y ya glorificada en los cielos
en cuerpo y alma, es la imagen y principio de la Iglesia que ha de ser consumada en el
futuro siglo, así en esta tierra, hasta que llegue el día del Señor (cfr. 2 Pe 3,10), brilla ante
el pueblo de Dios peregrinante, como signo de esperanza segura y de consuelo".
369. En esta tarea desafiante de la construcción del Reino, María como discípula nos
anima y nos invita a no perder de vista la dimensión de plenitud y de futuro donde el
triunfo de Cristo será universal y su poder y su justicia llevarán a plenitud la obra de la
salvación (cfr. Ap 1, 8). "María Santísima, la Virgen pura y sin mancha, es para nosotros
escuela de fe destinada a guiarnos y a fortalecernos en el camino que lleva al
encuentro con el Creador del cielo y de la tierra. El Papa vino a Aparecida con viva
alegría para decirles en primer lugar: Permanezcan en la escuela de María. Inspírense
en sus enseñanzas. Procuren acoger y guardar dentro del corazón las luces que ella,
por mandato divino, les envía desde lo alto" (DA270).

64
TERCER SÍNODO DIOCESANO

CONSTITUCIONES
Y DECRETOS
AGUASCALIENTES, AGOSTO 2014

A. Celebración de la Eucaristía
a) Misa del Día del Señor
44. Que en las Misas de precepto dominical no se admitan "ceremonias":
matrimonios, XV años, graduaciones, etc., a no ser que una suficiente razón pastoral
aconseje lo contrario.
b) Celebración de la Eucaristía fuera del templo
45. Que toda celebración eucarística quede prohibida fuera de un templo o capilla
abierta al público, a no ser que se juzgue que hay una verdadera necesidad pastoral y
se cuente con el permiso por escrito del Ordinario.
46. Que no se celebre la Misa exequial en las funerarias. Si no si puede trasladar el
cuerpo a un templo, celébrese una liturgia de la palabra, que puede ser presidida
incluso por un laico delegado por el párroco correspondiente.
d) Sagrada Comunión
54. Que la comunión en la mano se pueda recibir en circunstancias especiales y a
quienes la soliciten, siempre y cuando la consuman frente al ministro. Catequícese al
pueblo al respecto para que pueda recibirse la comunión dignamente.
55. Que todo bautizado a quien el derecho no se lo prohíba, puede y debe ser
admitido a la sagrada comunión (CIC, 912.915)
56. Que sabiendo la persona que se encuentra en pecado grave, no se acerque a la
comunión sin confesión previa.

e) Ministerios laicales al servicio de la Eucaristía


57. Que los párrocos propicien la corresponsabilidad de los fieles en la liturgia a través
de los diversos servicios, ofreciéndoles la debida formación permanente y dándoles el
debido reconocimiento comunitario (IGMR, 107).

f) Procesión de ofrendas
58. Que el pan y el vino sean las ofrendas principales, porque constituyen la materia del
sacrificio eucarístico. Añádanse otras ofrendas que tengan como destino el culto y la
caridad. Pueden incluirse, por motivos pastorales y en razón al rito que se esté
celebrando, algunas ofrendas simbólicas (IGMR, 73,140).

B. Culto eucarístico fuera de la Misa


59. Que se respeten y cumplan las normas canónicas y litúrgicas establecidas para
estos fines (Cfr. CIC, 934-935); el párroco cuide la dignidad, limpieza y seguridad del
Sagrario y del altar.
65
60. Que se realice en todas las parroquias una Hora Santa Eucarística al menos
semanalmente, de preferencia los Jueves.
61. Que no está permitido a nadie conservar en su casa la Santísima Eucaristía o llevarla
consigo en viajes.
62. Que la exposición del Santísimo siempre se haga sobre el altar. En las capillas de
adoración perpetua asegúrese el manifestador donde se encuentre expuesto, a fin
que no se cometa ninguna irreverencia. La Sagrada reserva renuévese cada semana.
63. Que la CDPL certifique que las capillas destinadas para la adoración continua del
Santísimo Sacramento cumplan con las normas dadas por los libros litúrgicos.

C. Celebración de los Sacramentos de la Iniciación Cristiana


Normas generales
69. Que los sacerdotes ofrezcan diligentemente la confesión sacramental de forma
especial a los enfermos o a quienes están impedidos físicamente para asistir al templo
parroquial.

D. Sacramentos de curación
a) Celebración de la Reconciliación
70. Que la CDPL elabore subsidios para difundir entre sacerdotes y fieles la dignidad y
riqueza del Ritual de la Penitencia.
71. Que se establezcan, publiquen y respeten horarios fijos de confesión en las
parroquias y se utilice el confesionario como lugar propio para celebrarlo, a no ser que
una razón pastoral diga otra cosa.
72. Que se favorezca la celebración penitencial comunitaria, especialmente en
Adviento y Cuaresma, respetada la confesión y absolución individual.
73. Que no se imparta la absolución colectiva o general, salvo en circunstancias de
gravísima necesidad (cfr. CIC, 961&2; Normas Complementarias de la Conferencia del
Episcopado Mexicano (CEM) a la luz del nuevo Código de Derecho Canónico, 4 de
julio de 1994).

b) Celebración de la Unción de los Enfermos


74. Que los sacerdotes incluyan la atención a los enfermos como parte importante y
ordinaria de la pastoral.
75. Promuévase el uso correcto y completo del ritual para la atención pastoral de los
enfermos. En la atención no sacramental a los enfermos en general evítese el uso de
"aceites benditos" u otros gestos que confundan a los fieles.
76. Que los párrocos promuevan en cada parroquia solo dos celebraciones anuales
con la Unción de enfermos. Se haga una catequesis previa, respetando el ritual y
evitando toda superstición o simonía.

F. Celebración de la Liturgia de las Horas


83. Promuévase en las parroquias y comunidades la oración de la Liturgia de la Horas
como una prolongación de la celebración del misterio pascual y forma excelente de
santificar el tiempo.

66
84. Que se instruya a los fieles de las parroquias para celebrar con dignidad y
participación plena la oración comunitaria de la Liturgia de las Horas.
279. Que las parroquias ofrezcan a los laicos, en sus programas pastorales, diferentes
espacios para que vivan fecundamente su compromiso bautismal, y según su manera
particular de ser, ejerciten algún apostolado en su trabajo, barrio, familia, y fomenten
así, la espiritualidad de comunión y misión acompañados por sus pastores (Cfr. CIC, n.
225 &1).

B. Asociaciones de laicos y nuevos movimientos eclesiales


280. Que todas las asociaciones y movimientos de laicos que soliciten establecerse en
la Diócesis, presenten sus documentos referenciales y cartas episcopales de
recomendación de sus lugares de origen y estén dispuestos a asumir el proceso
diocesano de pastoral, según su propio carisma.
281. Que las asociaciones y movimientos laicales de índole diocesana, al renovar su
directiva, presenten al Vicario Episcopal de Laicos una terna de sus candidatos a
presidentes o coordinadores diocesanos y al Obispo presenten el candidato electo.
282. Que cada asociación y movimiento laical proponga candidatos para que se
designe su Asesor Diocesano, nombrado por el Obispo, que conozca su carisma y
misión, y acompañe su crecimiento y su labor apostólica.
283. Que el Equipo de la Vicaría Episcopal de Laicos elabore un perfil para los asesores
de las diferentes asociaciones movimientos, teniendo en cuenta el documento del
Pontificio Consejo para los Laicos: "Los sacerdotes en el seno de las asociaciones de
fieles", para que viviendo una Iglesia de comunión, se comprometan a un trabajo de
pastoral de conjunto.
284. Que los asesores diocesanos estén en relación con la CDOEL y vivan una
espiritualidad de comunión que lleve al movimiento o asociación a integrarse
armónicamente en la pastoral diocesana.

C. Participación de los laicos en las estructuras diocesanas


285. Que las estructuras diocesanas se abran a la participación de laicos con alta
sensibilidad y compromiso eclesial de acuerdo a sus capacidades, formación y
conforme al CIC, a fin de que todos los laicos encuentren un espacio favorable para
que vivan de manera responsable su compromiso cristiano.
286. Que los laicos que realicen actividades pastorales a título propio, personal o
grupalmente, tengan espíritu de comunión, reciban la formación de acuerdo con las
actividades a realizar y un adecuado acompañamiento del párroco respectivo, dando
razón a la Vicaría Episcopal de Laicos.

D. Ministerios laicales instituidos y otros ministerios reconocidos en nuestra Diócesis


287. Que el Vicario Episcopal de Laicos y el Asesor Diocesano de Formación de Agentes
coordinen el instituto de formación laical en sus diferentes escuelas diocesanas,
incluyendo en sus programas la formación de los laicos en vistas de los ministerios a ellos
confiados.

67
288. Que el Vicario Episcopal de Laicos, en coordinación con la Vicaría Episcopal de
Pastoral y el Colegio de Decanos, realice un estudio sobre necesidades pastorales
reales y sentidas, proponiendo al Obispo una lista de diversos ministerios laicales y los
requisitos para acceder a ellos, que en su momento se habrán de reconocer
públicamente.
289. Que el Asesor Diocesano de Ministerios Laicales organice encuentros de Ministros
Extraordinarios de la Comunión a nivel diocesano, al menos una vez al año; que
propicien intercambios enriquecedores de experiencias, incrementen sus
conocimientos y estimulen su misión.
290. Que el párroco y el CPP organicen una celebración de inicio del "año pastoral" en
la que se ponga de manifiesto el "envío" para los servicios apostólicos que los laicos
asumen como expresión de su compromiso evangélico, a favor de la edificación de la
comunidad parroquial.

E. Laicos Consagrados
291. Que todo laico que quiera consagrarse lo haga en los institutos laicales
reconocidos por la Iglesia, pasando por los debidos procesos de discernimiento
vocacional, asesoramiento debido, preparación doctrinal y pedagógica y que se
garantice la libertad del candidato(a).

F. Laicos, "Celebradores de la Palabra"


292. Que sólo en caso de verdadera necesidad, ante la posible ausencia de un
presbítero, el párroco seleccione, capacite y proponga al Obispo, para que otorgue el
ministerio por un tiempo no mayor a dos años, a laicos, varones y mujeres, para
preparar y dirigir Celebraciones de la Palabra incluida la distribución de la Sagrada
Comunión, dada la imposibilidad de la celebración de la Santa Misa. El mismo párroco
considere la pertinencia de solicitar la renovación del periodo ministerial.
293. Que los ministros celebradores de la Palabra sean personas reconocidas en su
comunidad por su calidad humana y moral, y que su ministerio sea por un tiempo
determinado debiendo ser presentados ante los fieles en una celebración litúrgica.
294. Que el párroco proponga y envié al Instituto de Laicos para su formación a la
persona que se desempeñe como celebrador de la Palabra en su ausencia; y el mismo
párroco garantice su acompañamiento espiritual.

G. Acción evangelizadora laical en las estructuras temporales como "alma" de la


sociedad
295. Que el Asesor Diocesano de Formación de Agentes Laicos garantice que el
Instituto Diocesano de formación para laicos elabore sus programas, en orden a los
servicios eclesiales, incluya disciplinas o materias que ayuden a los laicos a ser hombres
de Iglesia en el corazón del mundo.
296. Que el Vicario Episcopal de Laicos gradualmente introduzca pastorales específicas
que apoyen la presencia cristiana de los laicos que se desarrollan en la vida social,
cultural, política y económica, brindándoles asesoría para que realmente iluminen con
la luz del Evangelio esas realidades temporales.

68
297. Que la Vicaría Episcopal de Laicos, teniendo en cuenta que la misión de Iglesia no
puede prescindir de los laicos, que sacando su fuerza de la Palabra de Dios, de los
Sacramentos y de la Oración, brinde un apoyo decidido para que vivan la fe en el
corazón de la familia, de la escuela, de la empresa, del sindicato, del movimiento
popular dando así un testimonio con su vida y con el ejemplo de la alegría del
Evangelio.
298. Que el Vicario Episcopal de Laicos, coordinando tanto a la CDOEL como al
Consejo Diocesano de Laicos (CDL), promueva en la medida de lo posible, la
participación de los laicos en el pronunciamiento a favor de los derechos
fundamentales del hombre (la dignidad de la vida, la integridad física, el derecho a la
familia, a la procreación responsable, a la libertad de conciencia, a los derechos
laborales, a una digna habitación, etc.)

H. Pertenencia de los fieles cristianos a sociedades secretas contrarias a la fe


299. Que la Vicaria Episcopal de Laicos elabore y difunda subsidios para dar a conocer lo
que la Iglesia Católica piensa en relación a sociedades secretas o contrarias a la fe (new
age, masonería, sortilegio, curanderismo, magias, amuletos, falsos espiritualismos,
ocultismo, culto a la "santa muerte", etc.); de tal manera que todos fieles cristianos sepan
que pertenecer a sociedades secretas contrarias a la fe va en contra de su misma
vocación cristiana y, eventualmente, puede llegar a ser objeto de pena canónica.

I. Formación cristiana inicial y permanente de los laicos, los institutos diocesanos,


escuelas diocesanas y los centros parroquiales o decanales para la formación de los
laicos agentes de pastoral
300. Que el Vicario Episcopal de Pastoral, en coordinación con el Vicario Episcopal del
Laicos, unifique los esfuerzos que se están haciendo en pro de la formación integral de
los laicos, potenciando programas de formación permanente, con objetivos claros y
precisos, en la capacitación de agentes cualificados para las pastorales prioritarias y
diversificadas (Cfr. III PDP, n. 390).
301. Que el Instituto Diocesano de Laicos estudie la oportunidad de abrir centros filiales
que favorezcan la formación integral en vistas a un liderazgo efectivo de los laicos en la
construcción de nuestra Iglesia Diocesana, promoviendo e implementado la formación
en los diversos niveles de Iglesia (Cfr. III PDP, n. 394).
302. Que los párrocos favorezcan la formación de los laicos enviándolos, incluso con
apoyo económico, a los centros mencionados en la norma anterior, para que puedan
ofrecer un servicio pastoral efectivo en la parroquia capacitando a los agentes de
pastoral en su ser y quehacer dentro de las pequeñas comunidades de la parroquia
(Cfr. III PDP, n. 395).

J. El papel de los fieles laicos en la evangelización de la cultura


303. Que la Vicaría Episcopal de Laicos promueva la participación de los laicos tanto
en la difusión de la Buena Nueva de Cristo como en la construcción del orden temporal
según el orden querido por Dios. Los fieles laicos, inmersos como están en todas las
actividades seculares, tienen un papel importante en la evangelización de la cultura
desde dentro, recomponiendo así la fractura, que se advierte en nuestros días, entre
cultura y Evangelio (Cfr. DMPO, n. 110).

69
304. Que la Vicaría Episcopal de Laicos promueva su apostolado entre los sectores que
tienen mayormente necesidad de la específica contribución de los laicos, como: a) La
promoción del justo orden social que ponga en práctica los principios de la doctrina
social de la Iglesia, b) La participación honesta y decidida en la política; c) La
evangelización de los centros de difusión cultural, utilizando los medios masivos de
comunicación y las redes sociales; d) La defensa de la libertad religiosa de los
ciudadanos y de la Iglesia para evangelizar∗.


"Hoy se abren grandes horizontes al apostolado propio de los laicos, tanto para la difusión de la
Buena Nueva de Cristo como para la construcción del orden temporal según el orden querido
por Dios, a) La promoción del justo orden social, que ponga en práctica los principios de la
Doctrina Social de la Iglesia. Especialmente quienes se ocupan de modo profesional de dicho
ámbito deben ser capaces; b) La participación en la política, a la que los laicos renuncian a
veces, movidos quizás por el desprecio del arribismo, la idolatría del poder, la corrupción de
determinados personajes políticos o la extendida opinión de que la política es un lugar de
inevitable peligro moral; c) La evangelización de los centros de difusión cultural, como escuelas
y universidades, los ambientes de investigación científica y técnica, los lugares de creación
artística y de reflexión humanística, y los instrumentos de comunicación social, que hay que
dirigir rectamente, de modo que contribuyan al mejoramiento de la misma cultura; d) La
defensa de la libertad propia de la Iglesia comportándose como ciudadanos a todos los
efectos. En el cumplimiento de su propio fin, no sólo como enunciado teórico, sino también
respetando y apreciando la gran ayuda que ella presta al justo orden social. Esto comporta, en
particular, la libertad de asociación y la defensa del derecho a impartir la enseñanza según los
principios católicos" (DMPO, n. 110).

70
UNIDAD IV
FORMACIÓN LITÚRGICA

Nociones generales de Liturgia:


a) Sentido
b) La Celebración
c) Asamblea
d) Principales acciones
e) Misterio Pascual
f) Año Litúrgico
g) La Eucaristía; banquete, sacrificio, memorial de la Pascua.
h) Partes y desarrollo de la Misa
i) Ritual del Culto Eucarístico fuera de la Misa,
j) Los ministerios Litúrgicos.
k) El acólito y los Ministros Extraordinarios de la Sagrada Comunión.

ORIENTACIONES:
"El sacramento más augusto, en el que se contiene, se ofrece y se recibe al mismo Cristo
nuestro Señor, es la santísima Eucaristía, por la que la Iglesia vive y crece continuamente.
El Sacrificio eucarístico, memorial de la Muerte y Resurrección del Señor, en el cual se
perpetúa a lo largo de los siglos el Sacrificio de la Cruz, es el culmen y la fuente de todo el
culto y de toda la vida cristiana, por el que se significa y realiza la unidad del pueblo de
Dios y se lleva a término la edificación del Cuerpo de Cristo. Así pues, los demás
sacramentos y todas las obras eclesiásticas de apostolado se unen estrechamente a la
santísima Eucaristía y a ella se ordenan" (CIC can 897).
"La celebración eucarística es la acción de Cristo y de la Iglesia, es decir, del pueblo
santo reunido y ordenado bajo la guía del obispo. Por este motivo la celebración
eucarística compete a todo el Cuerpo de la Iglesia, lo manifiesta y lo interesa, pues
alcanza a cada uno de sus miembros, en modo diverso y propio, según la diversidad de
órdenes, ministerios y de participación 'efectiva. De esta manera, el pueblo cristiano,
linaje escogido, sacerdocio real, nación santa, pueblo adquirido, manifiesta su
constitución-coherente y jerárquica. Por consiguiente, todos, ministros ordenados y
fieles laicos, cumpliendo cada uno con su oficio, hagan todo y sólo aquello que
pertenece a cada uno" (IGMR 91).
"Es muy de desear que los fieles participen, como está obligado a hacerlo el sacerdote,
del Cuerpo del Señor con Hostias consagradas en esa misma Misa y, en los casos
previstos, participen del Cáliz, de modo que aparezca mejor, por los signos exteriores,
que la Comunión es una participación en el Sacrificio que en ese momento se celebra"
(IGMR 85).

71
Cómo distribuye la Comunión en Misa:
"Para distribuir la sagrada Comunión, el ministro extraordinario reviste la vestidura
litúrgica usada en su región, o una vestidura conveniente para este ministerio" (Rito
anexo a la Instr. Inmensae charitatis III, 13).
"La vestidura sagrada común para todos los ministros, ordenados e instituidos de
cualquier grado, es el alba, que debe ceñirse a la cintura con un cíngulo, a no ser que
esté hecha de tal manera que pueda ajustarse al cuerpo sin necesidad de ángulo. Más
antes de ponerse el alba, si ésta no cubre perfectamente el vestido ordinario alrededor
del cuello, póngase un ámito" (IGMR 336).
"No se acerquen al altar antes que el sacerdote tome la Comunión, y siempre reciban
de las manos del sacerdote celebrante el vaso que contiene las Especies Eucarísticas
que van a ser distribuidas a los fieles" (IGMR 162, b).
"Al distribuir la sagrada Comunión durante la Misa, el ministro, presenta la Hostia un
poco elevada a cada comulgante diciendo: El Cuerpo de Cristo; el comulgante
responde: Amén. Y recibe la Comunión. Terminada la Comunión el ministro se lava las
manos y regresa a su lugar" (Rito anexo a la Instr. Inmensae charitatis III, 14).
"El acólito debidamente instituido, en calidad de ministro extraordinario puede ayudar
al sacerdote, sí es necesario, a distribuir la Comunión a los fieles. Cuando la Comunión
se distribuye bajo las dos especies, él ofrece el cáliz a los fieles, o lo sostiene cuando la
Comunión se reparte por intinción" (IGMR 191).
"No está permitido a los fieles tomar por sí mismos el Pan consagrado o el Cáliz sagrado,
tanto menos pasado entre ellos de mano en mano. Los fieles comulgan arrodillados o
estando de pie, conforme lo establecido por la Conferencia de los Obispos. Si
comulgan estando de pie, se recomienda que antes de recibir el Sacramento hagan
una debida reverencia establecida per las mismas normas" (IGMR 160).
"Si la Hostia o alguna otra partícula llega a caerse, tómese con reverencia. Si cae algo
del Vino consagrado el sitio en que cae lávese con agua y luego échese esta agua en
la piscina colocada en la sacristía" (IGMR 280).
"Cuantas veces algún fragmento de la Hostia quede adherido a los dedos, sobre todo
después de la fracción o de la Comunión a los fieles, el sacerdote debe limpiar los
dedos sobre la patena, y si es necesario lavarlos. En modo análogo, si quedan
fragmentos fuera de la patena, los recoge" (IGMR 278).
"En ausencia del diácono, el acólito lleva los vasos sagrados a la credencia y ahí los
purifica de manera acostumbrada, los seca y ordena" (IGMR 192).
"El sacerdote, el diácono, o el acólito instituido purifica los vasos sagrados después de la
Comunión o después de la Misa, si es posible, en la credencia. La purificación del cáliz
se hace con agua o con agua y vino, que tomará quien haya purificado el cáliz. La
patena se limpia con el purificador, como es costumbre. Se debe procurar que lo que
sobra eventualmente de la Sangre de Cristo, después de la distribución de la
Comunión, se consuma inmediata y completamente" (IGMR 279).

72
Comunión a los enfermos:
"En el Cuerpo de Cristo que es la Iglesia, si padece un miembro, todos padecen con él.
De ahí que sea muy digna de alabar la piedad hacia los enfermos y las obras de
caridad y mutuo auxilio para remediar las necesidades humanas, los esfuerzos
científicos para prolongar la vida, y toda la atención que cordialmente se presta a los
enfermos, como una preparación evangélica, y participan en el misterio reconfortador
de Cristo" (Ritual de la Unción de enfermos y su atención pastoral 32)
"Por eso, conviene que todos los bautizados ejerzan este ministerio de caridad mutua en
el Cuerpo de Cristo, tanto en la lucha contra la enfermedad y en el amor a los que
sufren, como en la celebración de los sacramentos de los enfermos. Estos sacramentos,
como los demás, revisten un carácter comunitario que, en la medida de lo posible,
debe manifestarse en su celebración" (Ibíd. 33).
"Los pastores procurarán que los enfermos y ancianos, aunque no estén graves ni en
peligro de muerte, comulguen con frecuencia y aun diariamente, en especial durante
el tiempo pascual, lo cual puede hacerse a cualquier hora. Si el enfermo no puede
recibir la Eucaristía bajo la forma de Pan, puede darse únicamente bajo la forma de
Vino. Los que asisten al enfermo también pueden comulgar con él, observadas las
normas del caso" (Ibíd. 46).
"No deben ser admitidos a la sagrada Comunión los excomulgados y los que están en
entredicho después de la irrogación o declaración de la pena, y los que
obstinadamente persistan en un manifiesto pecado grave" (CIC can 915).
"Las personas de edad avanzada o enfermas, y quienes las cuidan, pueden recibir la
santísima Eucaristía aunque hayan tomado algo en la hora inmediatamente anterior"
(Ibid 919,3).
"A nadie está permitido conservar en su casa la santísima Eucaristía o llevarla consigo
en los viajes, a no ser que lo exija una necesidad pastoral, y observadas las
prescripciones dictadas por el Obispo diocesano" (Ibid 937).
El Señor está presente en las Especies Eucarísticas, y por eso debe tratar con reverencia
el Sacramento. Se le saluda con la genuflexión (hincar hasta el suelo la rodilla derecha
e inclinar el cuerpo un poco).
Para llevar la Comunión a un enfermo, se debe retirar el Santísimo del Sagrario
inmediatamente antes de salir hacia la casa del enfermo.
"Las Especies Eucarísticas para la administración de la Comunión fuera de la iglesia se
lleven en un relicario o en algún otro recipiente debidamente cerrado. En cuanto a las
vestiduras y otras modalidades se siga todo lo conveniente, según las situaciones y
circunstancias locales" (Ritual del culto eucarístico 20).
El relicario se ha de destinar exclusivamente a ese uso. Es de alabar que se acondicione
una bolsa para colgarse al cuello y llevarse a la altura del pecho para asegurar mayor
respeto. Conviene llevar un purificador.
Es conveniente ir por el camino rezando y adorando al Señor. Si es posible,
acompañado de una persona con una vela encendida y una campanita.

73
Si el enfermo no quiere comulgar, no insiste, para no violentar su conciencia; tampoco
debe imprudentemente invitar a comulgar a los acompañantes. Avisar al sacerdote
para que acuda a ofrecer el sacramento de la Penitencia.
El párroco o sacerdote responsable de una comunidad es quien determina a cuáles
enfermos ha de llevar la Comunión cada ministro extraordinario.
No se deja el Santísimo en casa del enfermo para que comulgue por sí mismo. Preferible
volver otra vez si es necesario.
Conviene preparar en casa del enfermo: una mesita con un mantel, un cirio
encendido, un Crucifijo o imagen del Señor, y un vasito con agua.

Ritos iniciales:
"Para la administración de la Comunión a un enfermo, el ministro reviste el hábito que
mejor se acomoda a este sagrado ministerio. Entrando, dirige un saludo fraterno al
enfermo y a todos los presentes. Colocado después el Santísimo Sacramento sobre la
mesa preparada, lo adora junto con los presentes" (Ritual de la Comunión y del culto
eucarístico fuera de la Misa 56).
No debe usar el saludo de los ministros ordenados ("El Señor esté con ustedes"), sino
otras formas después de signarse con la Cruz, como: Hermanos, bendigan al Señor que,
en su bondad, nos invita a la Mesa del Cuerpo de Cristo. R. Bendito seas por siempre,
Señor.
O bien: Hermanos, alabemos a nuestro Señor Jesucristo, que nos amó hasta entregarse
por nosotros y ahora vive por los siglos de los siglos. R. Amén.
O bien: Alabado sea el Santísimo Sacramento del altar. R. Por siempre sea bendito y
alabado.
O bien: Hermanos, alabemos a nuestro Señor Jesucristo, presente entre nosotros en el
Sacramento de la Eucaristía, que vive y reina por los siglos de los siglos.

"Enseguida, el ministro invita al enfermo y a los presentes al acto penitencial" (Ibid 57).
Puede usar cualquiera de las formas que trae el Misal.

Palabra de Dios:
"Según la oportunidad, uno de los presentes o el mismo ministro puede leer un texto de
la Sagrada Escritura, como se indica en el Ritual" (Ibid 58).
Los domingos, conviene que se tomen de la Palabra del domingo, para que participen
de la misma Mesa de la comunidad.
Cuando el ministro extraordinario proclama el Evangelio, no saluda como los ministros
ordenados, ni hace signación, sino lo anuncia diciendo: "Escuchemos ahora, hermanos,
las palabras del Santo Evangelio según San...", a lo que el pueblo no contesta nada. Al
terminar de leer dice: “Palabra del Señor” y no besa el libro.
El Ritual reporta textos breves, para cuando las condiciones no permiten una lectura
más amplia. Por ejemplo:

74
Dice el Señor: "El que come mi Carne y bebe mi Sangre tiene vida eterna y Yo le
resucitaré en el último día" (Juan 6,54).
O bien: Dice el Señor: “Yo soy el camino, la verdad y la vida, nadie va al Padre sino por
mi” (Juan 14,6).
O bien: Dice el Señor: “El que me ama será fiel a mi Palabra, y mi Padre lo amará; y
vendremos a él y haremos en él nuestra habitación” (Juan 14,23).
Admite, según las circunstancias, Oración de los fieles, o unas preces.

Rito de la Comunión:
"El ministro invita a los presentes a recitar la Oración del Señor, es decir, el Padre nuestro"
(Ritual 59).
Puede usar las fórmulas que reporta el Misal.
"Enseguida, el ministro muestra el Santísimo Sacramento diciendo: Este es el Cordero de
Dios que quita el pecado del mundo, dichosos los invitados a la Cena del Señor. Y el
enfermo, si puede, y los demás que van a comulgar, responden: Señor, yo no soy
digno..." (Ibid 60).
El ministro se acerca al enfermo y le presenta el Santísimo Sacramento diciendo: El
Cuerpo de Cristo, o bien, si es el caso, La Sangre de Cristo. El enfermo responde: Amén.
Y recibe la Comunión. Los demás comulgantes reciben la Comunión del modo
acostumbrado" (Ibid 61).
"Terminada la distribución de la Comunión, el ministro hace las abluciones del modo
acostumbrado. Si se considera oportuno, se puede guardar un momento de silencio
sagrado. Y enseguida el ministro dice la oración conclusiva" (Ibid 62).
Puede ser una de las oraciones del Ritual, o los domingos decir la Oración Colecta.
Consume las Partículas que queden en el relicario, limpia el relicario, toma el agua o la
lleva a la piscina.

Ritos de conclusión:
"El ministro, invocando la bendición del Señor, y trazando sobre sí mismo la señal de la
Cruz, dice: El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
Todos responden: Amén" (Ibid 63).
No da la bendición como los ministros ordenados.
Puede decir también: Que nos bendiga y nos custodie el Señor omnipotente y
misericordioso, el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo (santiguándose).

CELEBRACIÓN DEL VIÁTICO A LOS MORIBUNDOS:


"En el tránsito de esta vida, el fiel, robustecido con el Viático del Cuerpo y Sangre de
Cristo, se ve protegido por la garantía de la resurrección, según las palabras del Señor 'El
que come mi Carne y bebe mi Sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último
día'" (Ibid 26).

75
"Están obligados a recibir el viático todos los bautizados que pueden comulgar. En
efecto, todos los fieles que se hallen en peligro de muerte, sea por la causa que fuere,
están sometidos al precepto de la Comunión; los pastores vigilarán para que no se
difiera la administración de este sacramento y así puedan los fieles robustecerse con su
fuerza en plena lucidez" (Ibid 27).
"En caso de necesidad, o con licencia al menos presunta del párroco, capellán o
superior, a quien se debe informar después, debe llevar el viático cualquier sacerdote u
otro ministro de la sagrada Comunión" (CIC can 911,2).
"Se debe administrar el Viático a los fieles que por cualquier motivo se hallen en peligro
de muerte. Aunque hubieran recibido la sagrada Comunión en el mismo día, es muy
aconsejable que vuelvan a comulgar quienes lleguen a encontrarse en peligro de
muerte" (Ibid 921,1 -2).

Ritos iniciales:
"Para la administración del Viático, el ministro extraordinario reviste la vestidura que mejor
se acomoda a este ministerio sagrado. Entrando, dirige un saludo fraterno al enfermo y a
todos los presentes. Después, dejado el Santísimo sobre la mesa, lo adora con todos los
presentes. Enseguida, el ministro dirige a los presentes una monición adaptada a las
condiciones del enfermo. Y todos oran durante unos minutos en silencio. El ministro invita
al enfermo y a los presentes al acto penitencial. Se hace una breve pausa de silencio. Y
luego todos juntos hacen la confesión. El ministro concluye: Dios todopoderoso tenga
misericordia... Y todos responden: Amén" (Ritual fuera de Misa 68-70).

Palabra de Dios:
"Sería óptimo que uno de los presentes o el ministro mismo lea un pasaje breve de la
Sagrada Escritura" (Ibid 71).

Profesión de fe:
"Conviene además que el fiel, durante la celebración del Viático, renueve la fe de su
Bautismo, con el que recibió su condición de hijo de Dios y se hizo coheredero de la
promesa de la vida eterna" (Ritual de la Unción 28).
"El ministro pronuncia unas breves palabras de introducción, y luego dirige al enfermo las
preguntas rituales: ¿Crees en Dios Padre todopoderoso...? ¿Crees en Jesucristo...? ¿Crees
en el Espíritu Santo...? El enfermo responde: “Creo” (Ritual del culto eucarístico 72).

Oración por el enfermo:


"Enseguida, si las condiciones del enfermo lo permiten, tiene lugar una breve plegaria... a
la cual responde, en cuanto sea posible, el enfermo y todos los presentes con él" (Ibid 73).

Rito del Viatico.


"El ministro invita a los presentes a recitar la oración del Señor. Todos juntos dicen: Padre
nuestro..." (Ibid 74).
"El ministro hace la presentación del Santísimo Sacramento diciendo: Este es el Cordero
de Dios... El enfermo, si puede, y los demás que desean comulgar, dicen: Señor, yo no
soy digno..." (Ibid 75).

76
"El ministro se acerca al enfermo y le presenta el Sacramento diciendo: El Cuerpo de
Cristo, o bien: La Sangre de Cristo. El enfermo responde: Amén. E inmediatamente, o
apenas dada la Comunión, el ministro añade: Que el mismo Señor nuestro Jesucristo te
guarde y te lleve a la vida eterna. El enfermo responde: Amén. Los presentes que
desean comulgar reciben el Sacramento en el modo acostumbrado". (Ibid 76)
"Terminada la Comunión, el ministro hace las abluciones del modo acostumbrado.
Según la oportunidad, pueden permanecer en silencio durante algún espacio de
tiempo" (Ibid 77).

Rito de conclusión:
"El ministro dice luego la oración conclusiva. Y enseguida el ministro y los presentes
pueden intercambiar con el enfermo un signo de paz" (Ibid 78).

COMUNIÓN FUERA DE MISA:


"Se tenga el cuidado de enseñar a los fieles que también cuando se recibe la Comunión
fuera de la Misa, se unen íntimamente al Sacrificio eucarístico, en el cual se perpetua el
Sacrificio de la Cruz, y toman parte en aquel sagrado banquete en el cual, por medio de
la Comunión del Cuerpo y de la Sangre del Señor, el pueblo de Dios participa de los
bienes del Sacrificio Pascual, renueva la nueva Alianza realizada de una vez para
siempre por Dios con los hombres en la Sangre de Cristo, y en la fe y la esperanza
anticipa y prefigura el convite escatológico en el Reino del Padre, anunciando la Muerte
del Señor hasta que vuelva" (Ritual del culto eucarístico 15).
"Esta forma se debe usar sobre todo en los casos en los cuales no hay celebración de la
Misa, o cuando se distribuye la sagrada Comunión en horarios determinados. De este
modo se ofrece a los fieles la posibilidad de nutrirse también de la Palabra de Dios. De tal
modo se dan cuenta de las maravillas de Dios proclamadas en las lecturas, que llegan a
su vértice en el Misterio Pascual, del cual celebramos sacramentalmente el memorial en
la Misa, y en el cual participamos mediante la Comunión. Además, la acogida confiada
de la Palabra de Dios suscita en ellos una actitud de acción de gracias, que les
predispone a participar con fruto en los misterios de la salvación" (Ibid 16).
"El lugar normal para la distribución de la sagrada Comunión fuera de la Misa es la iglesia
u oratorio en el cual se celebra habitualmente la Eucaristía, o una iglesia, oratorio u otro
lugar en el cual se reúne habitualmente la comunidad para una celebración litúrgica. Se
puede hacer en otros lugares, incluso casas particulares, en caso de enfermos,
prisioneros o personas que no pueden salir sin peligro o grave incomodidad" (Ibid 18).

Ritos iniciales:
"Cuando los fieles están reunidos y todo está preparado, el ministro saluda a los
presentes y todos responden. Enseguida se hace el acto penitencial" (Ibid 27-28).

Palabra de Dios:
"Sigue la celebración de la Palabra de Dios, que se desarrolla siguiendo el modelo de la
Misa. Los textos se toman de la liturgia del día, o del Leccionario para las Misas de la
sagrada Eucaristía o la Sangre de Cristo. Se pude hacer una o más lecturas, según se

77
considere oportuno. A la primera lectura sigue un salmo, o un silencio sagrado, la
celebración de la Palabra de Dios se concluye con la oración universal" (Ibid 29).

Rito de la Comunión:
"Terminada la oración universal, el ministro se acerca al lugar donde está reservada la
Eucaristía, toma la píxide con el Cuerpo del Señor, la coloca sobre el altar y hace
genuflexión. Enseguida hace la invitación al Padre nuestro y todos lo recitan juntos. Se
intercambian después el signo de la paz. A continuación, el ministro hace genuflexión,
toma la Hostia y, teniéndola un poco elevada sobre la píxide, vuelto hacia los
comulgantes, dice: Este es el Cordero de Dios..., y los comulgantes dicen juntos: Señor,
yo no soy digno... Si también el ministro va a comulgar, dice en secreto la fórmula y con
reverencia comulga. Toma luego la píxide, se acerca a los comulgantes, presenta a
cada uno la Hostia teniéndola un poco elevada y, diciendo la fórmula, le da la
Comunión. Durante la Comunión se puede hacer, si es oportuno, un canto adecuado.
Terminada la distribución de la Comunión, el ministro deposita las partículas del platillo
en la píxide y se lava las manos. Si quedaron partículas consagradas, las coloca en el
Sagrario, y hace genuflexión. Puede hacer a continuación una pausa de silencio
sagrado, o cantar un salmo o un canto de alabanza. Finalmente, el ministro dice la
oración conclusiva" (Ibid 30-38).

Ritos conclusivos:
"El ministro invoca la bendición de Dios y traza sobre sí mismo la señal de la Cruz. Todos
responden: Amén. Por último, el ministro despide al pueblo y, hecha la debida
reverencia, se retira" (Ibid 39-41).

78
CUIDADO DE LA EUCARISTÍA

A) ORACIÓN INICIAL
Texto Bíblico:
"Mis hermanos: tengan en cuenta todo lo que hay de verdadero, de noble, de justo, de
limpio, de amable, de elogiable, de virtuoso y de recomendable. Practiquen asimismo
lo que han aprendido y recibido, lo que han oído y visto en mí. Y el Dios de la paz estará
con ustedes" (Flp 4,8-9).

Reflexión:
Sea objeto de sus pensamientos todo lo verdadero y noble, justo y puro, amable y
digno de honra, virtuoso y merecedor de alabanza.
Pongan en práctica lo que han aprendido y visto en mí.
El hombre nuevo, el que sigue a Jesús, tiene su corazón marcado por esos ideales.
- ¿No es un hermoso programa de vida para un cristiano llamado a un Ministerio?

B) LA COMUNIÓN CUANDO NO HAY CONFESOR. Canon 916.

I. Cuando tienen conciencia de pecado grave.


Estando en pecado grave, no debe recibirse el Cuerpo del Señor.
• Así lo indica la Sagrada Escritura: San Pablo en 1Cor ll, 27ss. afirma: "Quien coma el
Pan o beba el cáliz del Señor indignamente, será reo del Cuerpo y de la Sangre del
Señor. Examínese pues, cada uno para poder comer del Pan y beber del Cáliz. Pues
quien come y bebe sin discernir el Cuerpo del Señor, come y bebe su propio castigo.
Por irreverencias con el Cuerpo y la Sangre del Señor, hubo corintios castigados con
enfermedades, debilidad, e incluso con la muerte".
• Así lo indica la Iglesia: La disposición en forma de ley de la Iglesia se encuentra en el
canon 916 del Código de Derecho Canónico, que textualmente dice: "Quien tenga
conciencia de hallarse en pecado grave, no celebre la Misa ni comulgue el Cuerpo
del Señor sin acudir antes a la Confesión sacramental, a no ser que concurra un
motivo grave y no haya posibilidad de confesarse; y en este caso, tenga presente
que está obligado a hacer un acto de contrición perfecta que incluya el propósito
de confesarse cuanto antes".
Sólo si se llena esos requisitos, se podrá acercar el sacerdote a celebrar, y el fiel a
comulgar:
1. Que haya motivo grave para comulgar, como sería:
a) infamia para la persona si no celebra o no comulga;
b) escándalo de los presentes al no ver a la persona celebrar la Santa Misa o
comulgar;
c) la persona de quien se trata se encuentra en peligro de muerte, etc.

79
2. Que no haya posibilidad de confesarse:
a) porque ya no hay tiempo para acudir hasta donde se encuentra el sacerdote.
b) se buscó confesor y no se encontró,
c) el confesor está ocupado en otros ministerios, o se encuentra enfermo;
d) sin motivo el sacerdote no quiso confesar,
e) el sacerdote no tiene jurisdicción, etc.

3. Que para recuperar la amistad de Dios y su gracia, se haga un acto de contrición


perfecta:
a) la contrición es la tristeza, el dolor del alma por ofender a Dios y la detestación del
pecado cometido, con propósito de no volver a pecar.
b) Es contrición perfecta si se hace por motivo de caridad, es decir, se duele el alma
de haber cometido el pecado y se arrepiente movida no por el temor al infierno,
o por interés del cielo, sino por amor a Dios, nuestro Padre infinitamente santo y
digno de ser amado y a quien se ha ofendido con el pecado.
c) La contrición perfecta en sí contiene la candad y justifica el alma aún antes de
recibir el sacramento; pero lleva implícito el deseo de recibirlo.

4. Y que se comprometa la persona que va a comulgar a confesarse cuanto antes.


a) No se fija fecha, porque pueden variar las circunstancias para cada persona: Por
ejemplo:
- Una vive en una ciudad donde hay confesores, otra en un lugar retirado y de
difícil acceso a donde hay confesores.
b) La tradición de muchos años marca normalmente el término de tres días para
acudir a confesarse.

II. Cuando tiene conciencia de pecado venial:


1. Teniendo conciencia de sólo pecados veniales, aunque sean muchos y se tenga
bastante tiempo sin recibir el sacramento de la penitencia, los fieles (sacerdotes o
laicos) si pueden acercarse a comulgar sin previa confesión sacramental, ya que los
pecados veniales no rompen nuestra amistad con Dios, ni nos privan de la gracia
santificante (Sir 7,21; Prov 24,16; 1 Jn 1,8; Trento, DS 804, 833, 1020).
2. Pero es muy conveniente hacer un acto de arrepentimiento de todos esos pecados
veniales, junto con un firme propósito de evitarlos, para en esa forma: a) se nos
borren los pecados veniales, b) nuestra comunión sacramental sea más agradable
al Señor, c) nosotros saquemos mayor provecho espirita al de ella.
3. El Concilio Tridentino afirma que hay muchas firmas de obtener el perdón de los
pecados veniales además de la Confesión sacramental, pero en todas las formas se
necesita tener el arrepentimiento de ellos y el propósito de enmienda. (DS 897).
4. Tampoco urge la confesión inmediata, pero es muy recomendable el confesarse
con frecuencia, ya que este sacramento, si nosotros lo recibimos bien dispuesto, nos
produce muy valiosos frutos espirituales (Canon 988,2).

80
5. Los principales frutos de la Confesión sacramental son los siguientes:
a) Nos borra los pecados mortales y veniales
b) Nos perdona la pena eterna debida por el pecado mortal y parte dé la pena
temporal.
c) Nos restituye: la amistad con Dios, la gracia santificante, los méritos de las buenas
obras y el derecho al cielo que habíamos perdido por el pecado mortal.
d) Nos da gracias especiales para no recaer en los pecados mortales y veniales.
e) Nos ayuda a practicar innumerables virtudes: humildad por nuestros pecados,
arrepentimiento de nuestras faltas, propósito de enmienda, ya sea poniendo los
medios apropiados para evitar las recaídas o las ocasiones de pecar, confianza
en la misericordia de Dios, obediencia al sacerdote confesor.
f) Y nos enfervoriza en el servicio de Dios.

C) ¿A QUIÉN DEBE NEGARSE LA EUCARISTÍA?


1. Los derechos de los fieles laicos
Canon 843 párrafo 1: "Los ministros sagrados no pueden negar los sacramentos a
quienes los pidan de modo oportuno, estén bien dispuestos y no les sea prohibido por el
derecho recibirlos".
• El no. 37 de la Constitución Lumen Gentium dice: "Los laicos al igual que todos los
fieles cristianes, tienen el derecho de recibir con abundancia de los sagrados
pastores los auxilios de los bienes espirituales de la Iglesia, en particular de la Palabra
de Dios y los Sacramentos".
• El Concilio reconoce los derechos de todos los fieles cristianos, ya sean clérigos o
laicos.
• La raíz de los derechos de los fieles laicos se encuentran en su personalidad, que son
Iglesia.
• Los deberes que tienen los ministros sagrados de administrar los sacramentos, han de
contemplarse siempre en relación con los derechos de los fieles.

Capítulo III: "Celebración correcta de la Santa Misa"


La materia de la Santísima Eucaristía
• El pan a consagrar debe ser ázimo, de sólo trigo y hecho recientemente. No se
pueden usar cereales, sustancias diversas del trigo. Es un abuso grave introducir en
su fabricación frutos, azúcar o miel (48).
• Las hostias deben ser preparadas por personas honestas, expertas en la elaboración
y que dispongan de los instrumentos adecuados (48).
• Conviene que las partes del pan eucarístico que resultan de la fracción del pan, se
distribuyan al menos a algunos fieles, en la Comunión. No obstante, de ningún modo
se excluyen las hostias pequeñas (49).

81
• El vino del Sacrificio debe ser natural, del fruto de la vid, puro y sin corromper, sin mezcla
de sustancias extrañas. En la celebración se le debe mezclar un poco de agua. No se
debe admitir bajo ningún pretexto otras bebidas de cualquier género (50).

La Plegaria Eucarística
• Sólo se pueden utilizar las Plegarias Eucarísticas del Misal Romano o las aprobadas
por la Sede Apostólica. Los sacerdotes no tienen el derecho de componer plegarias
eucarísticas, cambiar el texto aprobado por la Iglesia, ni utilizar otros, compuestos
por personas privadas (51).
• Es un abuso hacer que algunas partes de la Plegaria Eucarística sean pronunciadas
por el diácono, por un ministro laico, o bien por un solo o por todos los fieles juntos. La
Plegaría Eucarística debe ser pronunciada en su totalidad, y solamente, por el
sacerdote (52).
• El sacerdote no puede partir la hostia en el momento de la consagración (55).
• En la Plegaria Eucarística no se puede omitir la mención del Sumo Pontífice y del
Obispo diocesano (56)

Las otras partes de la Misa


• Los fieles tienen el derecho de tener una música sacra adecuada e idónea y que el
altar, los paramentos y los paños sagrados, según las normas, resplandezcan por su
dignidad, nobleza y limpieza (57).
• No se pueden cambiar los textos de la sagrada Liturgia (59).
• No se pueden separar la liturgia de la palabra y la liturgia eucarística, ni celebrarlas
en lugares y tiempos diversos (60).
• La elección de las lecturas bíblicas debe seguir las normas litúrgicas. No está
permitido omitir o sustituir arbitrariamente, las lecturas bíblicas prescritas ni cambiar
las lecturas y el salmo responsorial con otros textos no bíblicos (62).
• La lectura evangélica se reserva al ministro ordenado. Un laico, aunque sea religioso,
no debe proclamar la lectura evangélica en la celebración de la Misa (63).
• La homilía nunca la hará un laico. Tampoco los seminaristas, estudiantes de teología,
asistentes pastorales ni cualquier miembro de alguna asociación de laicos (66).
• La homilía debe iluminar desde Cristo los acontecimientos de la vida, sin vaciar el
sentido auténtico y genuino de la Palabra de Dios, por ejemplo, tratando sólo de
política o de temas profanos, o tomando como fuente ideas que provienen de
movimientos pseudo-religiosos (67).
• No se puede admitir un "Credo" o Profesión de fe que no se encuentre en los libros
litúrgicos debidamente aprobados (60).
• Las ofrendas, además del pan y el vino, sí pueden comprender otros dones Estos
últimos se pondrán en un lugar oportuno, fuera de la mesa eucarística (70).
• La paz se debe dar antes de distribuir la sagrada Comunión, y se recuerda que esta
práctica no tiene un sentido de reconciliación ni de perdón de los pecados (71).

82
• Se sugiere que el gesto de la paz sea sobrio y se dé sólo a los más cercanos. El
sacerdote puede dar la paz a los ministros, permaneciendo en el presbítero, para no
alterar la celebración y del mismo modo si, por una causa razonable, desea dar la
paz a algunos fieles. El gesto de paz lo establece la Conferencia de Obispos, con el
reconocimiento de la Sede Apostólica, "según la idiosincrasia y las costumbres de los
pueblos" (72).
• La fracción del pan eucarístico la realiza solamente el sacerdote celebrante,
ayudado, si es el "caso, por el diácono o por un concelebrante, pero no por un laico.
Esta comienza después de dar la paz, mientras se dice el "Cordero de Dios" (73).
• Es preferible que las instrucciones o testimonios expuestos por un laico se hagan
fuera de la celebración de la Misa. Su sentido no debe confundirse con la homilía, ni
suprimirla (74).

Unión de varios ritos con la celebración de la Misa


• No se permite la unión de la celebración eucarística con otros ritos cuando lo que se
añadiría tiene un carácter superficial y sin importancia (75).
• No es lícito unir el Sacramento de la Penitencia con la Misa y hacer una única
acción litúrgica. Sin embargo, los sacerdotes, independientemente de los que
celebran la Misa, sí pueden escuchar confesiones, incluso mientras en el mismo lugar
se celebra la Misa. Esto debe hacerse de manera adecuada (76).
• La celebración de la Misa no puede ser intercalada como añadido a una cena
común, ni unirse con cualquier tipo de banquete. No se debe celebrar la Misa, a no
ser por grave necesidad, sobre una mesa de comedor, o el comedor, o en el lugar
que será utilizado para un convite, ni en cualquier sala donde haya alimentos. Los
participantes en la Misa tampoco se sentarán a la mesa, durante la celebración (77).
• No está permitido relacionar la celebración de la Misa con acontecimientos políticos
o mundanos, o con otros elementos que no concuerden plenamente con el
Magisterio (78).
• No se debe celebrar la Misa por el simple deseo de ostentación o celebrarla según
el estilo de otras ceremonias, especialmente profanas (78).
• No se debe introducir ritos tomados de otras religiones en la celebración de la Misa (79).

Capítulo 4: "Sagrada Comunión"


• Si se tiene conciencia de estar en pecado grave, no se debe celebrar ni comulgar
sin acudir antes a la confesión sacramental, a no ser que concurra un motivo grave y
no haya oportunidad de confesarse (81).
• Debe vigilarse para que no se acerquen a la sagrada Comunión, por ignorancia, los
no católicos, o incluso, los no cristianos (84).
• La primera Comunión de los niños debe estar siempre precedida de la confesión y
absolución sacramental. La primera Comunión siempre debe ser administrada por
un sacerdote y nunca fuera de la celebración de la Misa (87).
• El sacerdote no debe proseguir la Misa hasta que haya terminado la Comunión de
los fieles (88). Los fieles comulguen con Hostias consagradas en la misma Misa (89).
83
• Sólo donde la necesidad lo requiera, los ministros extraordinarios pueden ayudar al
sacerdote celebrante (88).
• Se puede comulgar de rodillas o de pie, según lo establezca la Conferencia de
Obispos, con la confirmación de la Sede Apostólica. De pie hacen reverenda (90).
• Así pues, no es lícito negar la sagrada Comunión a un fiel, por ejemplo, sólo por el
hecho de querer recibir la Eucaristía arrodillado o de pie (91).
• Los fieles tienen siempre derecho a elegir se desean recibir la Comunión en la boca,
pero si el que va a comulgar quiere recibir el Sacramento en la mano, se le debe dar
la Comunión (92).
• Si existe peligro de profanación, el sacerdote no debe distribuir a los fieles la
Comunión en la mano (92).
• Los fieles no deben tomar la hostia consagrada ni el cáliz sagrado por uno mismo, ni
mucho menos pasarlos entre sí de mano en mano (94).
• Los esposos, en la Misa nupcial, no deben administrarse de modo recíproco la
sagrada Comunión (94).
• No debe distribuirse a manera de Comunión, durante la Misa o antes de ella, hostias
no consagradas, otros comestibles o no comestibles (96).
• Para comulgar, el sacerdote celebrante o los concelebrantes no deben esperar que
termine la comunión del pueblo (97).
• Si un sacerdote o diácono entrega a los concelebrantes la hostia sagrada o el cáliz,
no debe decir nada, es decir, no pronuncia las palabras "el Cuerpo de Cristo" o "la
Sangre de Cristo" (98).
• Para administrar a los laicos la Comunión bajo las dos especies, se deben tener en
cuenta, convenientemente, las circunstancias, sobre las que deben juzgar en primer
lugar los Obispos diocesanos (101).
• Se debe excluir totalmente la administración de la Comunión bajo las dos especies
cuando exista peligro, incluso pequeño, de profanación (101).
• No debe administrarse la Comunión con el cáliz a los laicos donde: 1) sea tan
grande el número de los que van a comulgar que resulte difícil calcular la cantidad
de vino para la Eucaristía y exista el peligro de que sobre demasiada cantidad de
Sangre de Cristo, que deba consumirse al final de la celebración; 2) el acceso
ordenado al cáliz sólo sea posible con dificultad; 3) sea necesaria tal cantidad de
vino que sea difícil poder conocer su calidad y proveniencia; 4) cuando no esté
disponible un número suficiente de ministros sagrados ni de ministros extraordinarios
de la sagrada Comunión que tengan la formación adecuada; 5) donde una parte
importante del pueblo no quiera participar del cáliz por diversos motivos (102).
• No se permite que el comulgante moje por sí mismo la hostia en el cáliz, ni reciba en
la mano la hostia mojada. La hostia que se debe mojar debe hacerse de materia
válida y estar consagrada. Está absolutamente prohibido el uso de pan no
consagrado o de otra materia (104).

84
Capítulo 5: "Otros aspectos que se refieren a la Eucaristía"
• La celebración eucarística se ha de hacer en lugar sagrado, a no ser que, en un
caso particular, la necesidad exija otra cosa (108).
• Nunca es lícito a un sacerdote celebrar la Eucaristía en un templo o lugar sagrado
de cualquier religión no cristiana (109).
• Siempre y en cualquier lugar es lícito a los sacerdotes celebrar el santo sacrificio en
latín (112).
• Es un abuso suspender de forma arbitraria la celebración de la santa Misa en favor
del pueblo, bajo pretexto de promover el "ayuno de la Eucaristía" (115).
• Se reprueba el uso de vasos comunes o de escaso valor, en los que se refiere a la
calidad, o carentes de todo valor artístico, o simples cestos, u otros vasos de cristal,
arcilla, creta y otros materiales, que se rompen fácilmente (117).
• La vestidura propia del sacerdote celebrante es> la casulla revestida sobre el alba y
la estola. El sacerdote que se reviste con la casulla debe ponerse la estola (123).
• Se reprueba no llevar las vestiduras sagradas, o vestir sólo la estola sobre la casulla
monástica, o el hábito común de los religiosos, o la vestidura ordinaria (126).

Capítulo 6: "La reserva de la Santísima Eucaristía y su culto fuera de la Misa"


• El Santísimo Sacramento debe reservarse en un sagrario, en la parte más noble,
insigne y destacada de la iglesia, y en el lugar más apropiado para la oración (130).
• Está prohibido reservar el Santísimo Sacramento en lugares que no están bajo la
segura autoridad del Obispo o donde exista peligro de profanación (131).
• Nadie puede llevarse la Sagrada Eucaristía a casa o a otro lugar (132).
• Cuando se hace la exposición, se evidencia el carácter de esta oración como
contemplación de los misterios de la vida de Cristo Redentor y de los designios
salvíficos del Padre omnipotente, sin embargo no se excluye el rezo del rosario (137).
• El Santísimo Sacramento nunca debe permanecer expuesto sin suficiente vigilancia,
ni siquiera por un tiempo muy breve (138).
• Es un derecho de los fieles visitar frecuentemente el Santísimo Sacramento (139).
• Es conveniente no perder la tradición de realizar procesiones eucarísticas (144).

Capítulo 7: "Los ministerios extraordinarios de los fieles laicos"


• Las tarcas pastorales de los laicos no deben asimilarse demasiado a la forma del
ministerio pastoral de los clérigos. Los asistentes pastorales no deben asumir lo que
propiamente pertenece al servicio de los ministros sagrados (149).
• Sólo por verdadera necesidad se puede recurrir al auxilio de ministros extraordinarios
en la celebración de la Liturgia (151).
• Nunca es lícito a los laicos asumir las funciones o las vestiduras del diácono o del
sacerdote, u otras vestiduras similares (153).

85
• Si habitualmente hay un número suficiente de ministros sagrados, no se pueden
designar ministros extraordinarios de la sagrada Comunión. En tales circunstancias,
los que han sido designados para este ministerio, no deben ejercerlo (157).
• Se reprueba la costumbre de sacerdotes que, a pesar de estar presentes en la
celebración, se abstienen de distribuir la comunión, encomendando esta tarea a
laicos (157).
• Al ministro extraordinario de la sagrada Comunión nunca le está permitido delegar a
ningún otro para administrar la Eucaristía (159).
• Los laicos tienen derecho a que ningún sacerdote, a no ser que exista verdadera
imposibilidad, rechace celebrar la Misa en favor del pueblo en domingo, o que ésta
sea celebrada por otro sacerdote, si de diverso modo no se puede cumplir el
precepto de participar en la Misa, el domingo y los otros días establecidos (163).
• Cuando falta el ministro sagrado, el pueblo cristiano tiene derecho a que el Obispo,
en lo posible, procure que se realice alguna celebración dominical para esa
comunidad (164).
• Es necesario evitar cualquier confusión entre este tipo de reuniones y la celebración
eucarística (165).
• El clérigo que ha sido apartado del estado clerical está prohibido de ejercer la
potestad de orden. No le está permitido celebrar los sacramentos. Los fieles no
pueden recurrir a él para la celebración (168).

Capítulo 8: "Los Remedios"


• Cualquier católico tiene derecho a exponer una queja por un abuso litúrgico, ante
el Obispo diocesano o el Ordinario competente que se le equipara en derecho, o
ante la Sede Apostólica, en virtud del primado del Romano Pontífice (184).
1. Graviora delicta:
Van contra la santidad del Sacramento y Sacrificio. Reservados a la
Congregación para la Doctrina de la Fe (172):
a) Sustraer, retener o tirar las Especies.
b) Atentar o simulara la celebración.
c) Concelebrar con ministros sin sucesión apostólica o sin fe en la Ordenación.
d) Consagrar una o ambas Especies con fin sacrílego o fuera de la Misa.

2. Actos graves (173)


Ponen en peligro la validez y la dignidad.
• 48-52: Confeccionar o usar pan o vino no auténticos. Usar Anáforas privadas.
• 56: Omitir memento de Obispo y Papa.
• 76-77. Unir Penitencia y Misa. Unir Misa con cena o banquete.
• 79: Tomar ritos de otras religiones.
• 91-92: Negar arbitrariamente la comunión. Dar la Comunión en la mano si hay
peligro de profanación.

86
• 94: Tomar por sí la Comunión, pasar el cáliz de mano en mano. Comunión
recíproca en Misa nupcial.
• 96: Dar pan no consagrado y confundir.
• 101 -102: Dar bajo las dos Especies con peligro de profanación, o sobre mucho
Sanguis, haga desorden, o no garantice vino auténtico, o ministros
insuficientes.
• 104: Mojar la Hostia por sí mismo, recibir la Hostia mojada en Sanguis en la
mano, usar pan no consagrado.
• 106: Vaciar cáliz a otros, usar frascos, vasijas o recipientes no adecuados.
• 109: Celebrar en iglesia no cristiana.
• 111: No admitir sacerdote que acredita
• 115: Promover ayuno de Misa dominical.
• 117: Fabricar vasos sin valor artístico, escaso valor, frágiles o corruptibles.
• 126: Celebrar sin vestiduras adecuadas.
• 131-133: Reservar fuera de control del Obispo o con peligro de profanación.
Llevar Eucaristía a casa; arrojarlo a cualquier sitio. Ir a otros lugares y no
directamente al enfermo.
• 138: Exponer sin vigilancia.
• 153: Laico asuma funciones o vestiduras de diácono o sacerdote.
• 168: Clérigo apartado del estado clerical: celebre, reciba fieles, ejerza tarea o
ministerio. Además: CIC can 1364, 1369, 1373,1376, 2380, 1384-1386, 1398.

Conclusión:
El pecado disgrega, la Eucaristía une (185).
Sentido de Iglesia, conciencia de fidelidad y autenticidad (186).

E) LA PROFANACIÓN DE LAS ESPECIES CONSAGRADAS


Canon 1367
"Quien arroja por tierra las especies consagradas, o las lleva o retiene con una finalidad
sacrílega, incurre en excomunión latae sententiae reservada a la Sede Apostólica; el
clérigo puede ser castigado además con otra pena, sin excluir la expulsión del estado
clerical".
Explicación:
Delitos que se contemplan en este canon:
a) Arrojar con odio, ira o desprecio las especies consagradas de pan o de vino.
No comete este delito quien deposita las Especies sacramentales en el sagrario, o en
el corporal para robar el copón, aunque el robo sea sacrílego.
b) Llevar o retener las especies sacramentales: con un fin sacrílego; o un fin obsceno; o
un fin supersticioso; o un fin impío.

87
No comete este delito si se llevan, o se retienen las Especies sacramentales con el fin de
evitar el robo o el sacrilegio. Pero si comete sacrilegio tanto el que se lleva las especies
sacramentales como el que las retiene para un fin sacrílego. Parece ser que comete un
solo delito si es la misma persona quien se lleva y retiene las especies consagradas.

Sanción penal:
Si es laico, contrae una censura llamada: excomunión cuya absolución se reserva a la
Sede Apostólica.
Si quien cometió el delito es clérigo, además de la excomunión anterior, puede ser
castigado con otra pena, sin excluir la expulsión del estado clerical.

Definición de la sanción penal:


Sanción penal de la Iglesia o pena canónica, es la privación de algún bien espiritual
impuesta por la legítima autoridad para corrección del delincuente y castigo del delito.
- Finalidad de la sanción penal:
Las sanciones penales de la Iglesia tienen como fin último la salvación eterna del
delincuente, y como fin inmediato su conversión en este mundo, así como la
defensa coercitiva de los intereses jurídicos fundamentales de la Iglesia.

- Clases de sanciones penales (CIC 1312)


1) Medicinales o censuras, que buscan como "fin inmediato la conversión del
delincuente", y cesan por absolución dada por el superior que tiene
competencia, al reo que ha cumplido su castigo, y ha desistido en su
contumacia (Párrafo 1).
Como la absolución de la censura depende en forma principal de la conversión
del delincuente, y de la cesación de su contumacia, (CIC 1358, párrafo 1, y 1347,
párrafo 2); es por eso que las censuras:
o no pueden imponerse a perpetuidad,
o ni por un tiempo limitado,
o ni a beneplácito del superior.

2) Expiatorias, son aquellas sanciones penales que sin descuidar la conversión del
delincuente, tienen, como fin inmediato el castigo del delito, y su remisión no
depende de la cesación de la contumacia del delincuente, sino hasta que se
cumpla la reparación pública, o por un acto de gracia del superior, (CIC 1312
párrafos 1-2).

3) Remedios penales, que no son propiamente penas, sino remedios preventivos


para evitar el delito (CIC 1312 párrafo 3).

4) Penitencias canónicas, son aquellas sanciones que usa la Iglesia para aplicarla
en lugar de una pena, o para aumentarla, (CIC 1312 párrafos 3).

88
Tres clases de sanciones medicinales o censuras:
1) La excomunión: Es una censura por la cual se excluye al fiel (seglar o sacerdote), de
la comunión jurídica con la Iglesia, sociedad visible, y lleva consigo los efectos que
posteriormente se van a enumerar, (CIC 1331).
2) El entredicho: Es una censura por la cual se les prohíben a los fieles, sin perder la
comunión con la Iglesia, algunos bienes sagrados expresamente señalados en la ley,
(CIC 1332).
3) La suspensión: Es una censura exclusiva para clérigos por la que se les prohíbe,
parcial o temporalmente, el ejercicio de la potestad del Orden, de la potestad del
régimen, o del oficio; así como el derecho a percibir algún bien, (CIC 1333-1335).

Nos concretamos a explicar un poco la excomunión, sanción penal impuesta al delito


de la profanación de las especies consagradas.
No hay que olvidar que la sanción penal impuesta al delito de profanación de las
especies sacramentales es:
- una excomunión,
- excomunión latae sententiae, y
- excomunión reservada a la Santa Sede.

División de la excomunión:
La excomunión puede ser latae sententiae, o ferendae sententiae, (CIC 1314).
Excomunión latae sententiae:
- La pena ya está bien determinada en la ley o en el precepto;
- En tal forma va anexada o incluida a la ley o precepto, que se incurre en ella por el
mismo hecho de haberse cometido el delito.
- Así en nuestro caso, por el hecho de violar las especies consagradas, "ipso facto", en
el mismo momento que se violan, se contrae la excomunión.

Excomunión ferendae sententiae:


- Es necesario que el juez o el superior aplique la pena, que puede estar determinada
y bien especificada en la ley o en el precepto, o dejarse al arbitrio del juez o del
superior.
- Para aplicar la pena, el superior debe hacer todo un proceso (CIC 1341 y ss.)

La excomunión latae sententiae puede ser:


a) Excomunión latae sententiae declarada
A la excomunión latae sententiae que se contrae por el mismo hecho de violar la
ley, se le suma declarada si el juez o superior hace una investigación y un proceso, o
da un decreto, no para imponer la pena que ya se tiene, sino para declarar que si se
contrajo.
b) Excomunión latae sententiae sin declarar.
Todas las excomuniones latae sententiae en que aún no se hace esta investigación y
proceso, o no se ha dado un decreto asegurando que sí se contrajo la pena.

89
La excomunión latae sententiae ya declarada, obliga más para que se cumpla, que
las que aún no son declaradas, (p. ej. CIC 1335 y 1352 párrafo 2) y es más difícil la
absolución de las excomuniones ya declaradas, (p. ej. 508 párrafos 1; 1355, párrafo
2; 1357, párrafo 1) y algunos actos de régimen del excomulgado con declaración,
pueden ser inválidos, (p. ej. CIC 1331 párrafo 2 2o).
c) Excomunión latae sententiae no reservada a la Santa Sede:
Si la pena de excomunión la puede normalmente absolver el Ordinario del lugar del
delincuente, o el Ordinario que promovió el juicio para imponer o declarar la pena,
o la impuso o declaró por un decreto personal o por medio de otro, es excomunión
no reservada a la Santa Sede, (CIC 1355).
d) Excomunión latae sententiae reservada a la Santa Sede:
Si la absolución de una excomunión solo la puede dar el Papa; es decir, se reserva
para sí o para otros que él designe, la remisión de la pena, la excomunión es
reservada a la Santa Sede, (CIC 1354 párrafos 2y3). En nuestro caso, la violación de
las especies consagradas es uno de los casos concretos que el Código de Derecho
Canónico considera excomuniones reservadas a la Santa Sede. Los otros 5 casos
son:
1) El atentar físicamente contra el Papa, (CIC 1370 párrafo 1)
2) Quitarle la vida, (CIC 1397).
3) El sacerdote que absuelve a su cómplice de pecado torpe, (CIC 1378 párrafo 1).
4) El Obispo que consagra a otro obispo, sin mandato pontificio, (CIC 1382).
5) El confesor que viola directamente el sigilo sacramental, (CIC 1388).

Efectos de la Excomunión
Se prohíbe al Excomulgado:
1. Si la excomunión latae sententiae aún no ha sido declarada, (CIC 1331 párrafos 1º,
2º y 3º):
a) Tener cualquier participación ministerial en la celebración del Sacrificio
eucarístico o en cualquier otra ceremonia de culto (c. 1331, 1, 1°).
Es decir, se le prohíbe la participación activa, y más si es ministerial: como
monitor, cantor, lector, acólito; MEC.
No se le prohíbe la asistencia pasiva, o sea la mera asistencia (en el Código de
1917 can. 2259, 1, se le permitía y recomendaba su asistencia a la predicación de
la Palabra divina).
La prohibición es para participar en los actos litúrgicos, es decir, actos de culto
público (c. 834), no se le prohíbe participar en los actos, de piedad particulares,
aunque estos sean en grupos.
b) Celebrar los sacramentos o sacramentales y recibir los sacramentos (c. 1331, 1, 2°).
Esta prohibición es grave, pero no afecta a la validez de los sacramentos.
Sería sólo ilícito el celebrar los sacramentos o sacramentales, o recibir los
sacramentos.
Pero si el excomulgado recibe el sacramento de la Penitencia sin las debidas
disposiciones, es inválido; pero sería válido si lo hace de buena fe.

90
c) Desempeñar oficios, ministerios, o cargos eclesiásticos, o realizar actos de
régimen (c. 1331, 1, 3o). Si desempeña estos oficios, sus actos son válidos, pero
ilícitos.
Ejemplo de oficios:
Obispo de una diócesis, Vicario General, Párroco, Vicario Parroquial, Capellán
del ejército, Capellán o Rector de una iglesia.
Los oficios eclesiásticos se ejercen para un bien espiritual, y tienen establemente
asignadas funciones públicas de la Iglesia.
Ejemplo de ministerios:
Ordenados: de obispo, de presbítero y de diácono (c. 910, 1)
No ordenados: de lector, de acólito (ce. 230 y 910, 2), de ministro extraordinario
de la comunión (c. 910, 2).
Ejemplo de cargos eclesiásticos:
Padrinos de bautismo.
Cargo de un laico o un clérigo de auditor (c.1428, 2).
Cargos de un laico o un clérigo de promotor de justicia y defensor del vínculo (c.
1435).

91
7. ORDINARIO DE LA MISA alabamos, te bendecimos, te adoramos, te
CELEBRADA CON LA glorificamos, te damos gracias. Señor Dios,
PARTICIPACIÓN DEL PUEBLO Rey celestial, Dios Padre todopoderoso.
Señor; Hijo unido, Jesucristo. Señor Dios,
RITOS INICIALES Cordero de Dios Hijo del Padre; tú que quitas
el pecado del mundo, ten piedad de nosotros;
RITO INTRODUCTORIO tú que quitas el pecado del mundo, atiende
Y SALUDO nuestra súplica; tú que estás sentado a la
S. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del derecha del Padre, ten piedad de nosotros.
Espíritu Santo. Porque sólo tú eres Santo, sólo tú Señor, sólo
S. Amén. tú Altísimo, Jesucristo, con el Espíritu Santo
en la gloria de Dios Padre. Amén.
S. La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el
amor del Padre, y la Comunión del Espíritu ORACIÓN COLECTA
Santo estén con todos ustedes
P. Y con tu espíritu. S. Oremos ...
... Por Jesucristo nuestro Señor,.. .
ACTO PENITENCIAL P. Amén.
S. Hermanos: para celebrar dignamente estos
sagrados misterios, reconozcamos, nuestros LITURGIA DE LA PALABRA
pecados. PRIMERA LECTURA
S. y P. Yo confieso ante Dios todopoderoso y L. Palabra de Dios.
ante ustedes; hermanos, que he pecado: P. Te alabamos. Señor.
mucho de pensamiento, palabra, obra y
omisión. Por mi culpa, por mi culpa, por mi SALMO RESPONSORIAL
gran culpa… Por eso ruego a santa María
siempre Virgen, a los ángeles, a los santos y SEGUNDA LECTURA
a ustedes, hermanos, que intercedan por mí
L. Palabra de Dios.
ante; Dios, nuestro Señor.
P. Te alabamos. Señor.
S. Dios todopoderoso tenga misericordia' de
nosotros, perdone nuestros pecados y nos ACLAMACIÓN
lleve a la vida eternas. L. Aleluya, Aleluya.
P. Amen. P. Aleluya, Aleluya.
INVOCACIONES: LECTURA DEL EVANGELIO
SEÑOR, TEN PIEDAD
S. (En voz baja): Purifica mi corazón y mis
S. Señor, ten piedad. labios. Dios Todopoderoso, para que
P. Señor, ten piedad. anuncie dignamente tu Evangelio.
S. Cristo, ten piedad. S. El Señor esté con ustedes.
P. Cristo, ten piedad. P. Y con tu espíritu.
S. Señor, ten piedad. S. Del santo Evangelio según san ...
P. Señor, ten piedad. P. Gloria a ti. Señor.
GLORIA S. Palabra del Señor.
P. Gloria a ti, Señor Jesús.
S. Gloría a Dios en el cielo,
S. (En voz baja): Que las palabras del
S. y P. y en la tierra paz a los .hombres qué;
Evangelio borren nuestros pecados.
ama el Señor. Por tu inmensa gloria te

93
HOMILÍA S. Bendito seas, Señor, Dios del universo, por
este vino, fruto de la vid y del trabajo del
CREDO hombre, que recibimos de tu generosidad y
S. y P. ahora te presentamos; él será para nosotros
Creo en un solo Dios. Padre todopoderoso. bebida de salvación.
Creador del cielo y de la tierra, de todo lo P. Bendito seas por siempre. Señor.
visible y lo invisible. S. (En voz baja): Acepta, Señor, nuestro
Creo en un solo Señor, Jesucristo. Hijo único corazón contrito y nuestro espíritu humilde;
de Dios, nacido del Padre antes de todos los que este sea hoy nuestro sacrificio y que sea
siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios agradable en tu presencia, Señor, Dios
verdadero de Dios verdadero, engendrado nuestro.
no creado, de la misma naturaleza del Padre,
por quien todo, fue hecho; que por nosotros, LAVATORIO DE LAS MANOS
los hombres, y por nuestra salvación bajó
del cielo; y por obra del Espíritu Sonto se S. (En voz baja): Lava del todo mi delito,
encarnó de María; la virgen, y se hizo Señor, limpia mi pecado:
hombre: y por nuestra causa fue crucificado "OREN HERMANOS"
en tiempos de Pondo Piloto; padeció y fue
sepultado, y resucitó al tercer día, según las S. Oren, hermanos, para que este sacrificio,
Escrituras, y subió al cielo, y está sentado a mío y de ustedes, sea agradable a Dios,
la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con Padre todopoderoso.
gloria para juzgar a vivos y muertos, y su P. El Señor reciba de tus manos este sacrificio,
reinó no tendrá fin. para alabanza y gloria de su nombre, para
Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de nuestro bien y el de toda su santa Iglesia.
vida, que procede del Padre y del Hijo, que
con el Padre y el Hijo recibe una misma ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
adoración y gloria, y qué habló por los S. Oremos...
profetas. ... Por Jesucristo nuestro Señor...
Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y P. Amén.
apostólica.
Confieso que hay un solo bautismo para el
perdón de los pecados. PLEGARIA EUCARÍSTICA II
Espero la resurrección de los muertos y la vida DIÁLOGO INICIAL
del mundo futuro. Amén.
S. El Señor esté con ustedes.
ORACIÓN DE LOS FIELES P. Y con tu espíritu.
S. Levantemos el corazón.
LITURGIA EUCARÍSTICA P. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
OFERTORIO S. Demos, gracias al Señor, nuestro Dios.
P. Es justo y necesario.
S. Bendito seas Señor, Dios del universo, por
este pan, fruto de la tierra y del trabajo del PREFACIO
hombre, que recibimos de tu generosidad y
ahora te presentamos; él será para nosotros S. En verdad es justo y necesario; es nuestro
pan de vida. deber y salvación, darte gracias, Padre
P. Bendito seas por siempre, Señor. Santo, siempre y en todo lugar, por
Jesucristo, tu Hijo amado.
S. (En voz baja): El agua unida al vino sea Por él, que es tu Palabra, hiciste todas las
signo de nuestra participación en la vida cosas; tú nos lo enviaste para que, hecho
divina de quien ha querido compartir hombre por obra del Espíritu Santo y nacido
nuestra condición humana.

94
de María, la Virgen, fuera nuestro Salvador ACLAMACIÓN
y Redentor. Él, en cumplimiento de tu S. Éste es el Sacramento de nuestra fe:
voluntad, para destruir la muerte y P. Anunciamos tu muerte, proclamamos tu
manifestar la resurrección, extendió sus resurrección. ¡Ven, Señor Jesús!
brazos en la cruz, y así adquirió para ti un
pueblo santo. Por eso con los ángeles y los ANAMNESIS Y OBLACIÓN
santos proclamamos tu gloria diciendo:
S. Así, pues. Padre, al celebrar ahora el
"SANTO, SANTO, SANTO" memorial de la muerte y resurrección de tu
Hijo, te ofrecemos el pan de vida y el cáliz
S. y P. Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del de salvación, y te damos gracias porque nos
Universo. Llenos están el cielo y la tierra de haces dignos de servirte en tu presencia.
su gloria. Hosanna en el cielo. Bendito el
que viene en nombre del Señor. Hosanna en INTERCESIONES
el cielo.
Te pedimos, humildemente, que el Espíritu
EPÍCLESIS Santo congregue en la unidad a cuantos
S. Santo eres en verdad. Señor, fuente de toda participamos del Cuerpo y Sangre de Cristo.
santidad; por eso te pedimos que santifiques Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida
estos dones con la efusión de tu Espíritu, de por toda la tierra; y con el Papa ..., con
manera que sean para nosotros Cuerpo y nuestro Obispo ... y todos los pastores que
Sangre de Jesucristo, nuestro Señor. cuidan de tu pueblo, llévala a su perfección
por la caridad. Acuérdate también de
NARRACIÓN DE LA nuestros hermanos que durmieron en la
INSTITUCIÓN DE LA EUCARISTÍA
esperanza de la resurrección, y de todos los
El cual, cuando iba a ser entregado a su que han muerto en tu misericordia;
Pasión, voluntariamente aceptada, tomó admítelos a contemplar la luz de tu rostro.
pan; dándote gradas, lo partió y lo dio a sus Ten misericordia de todos nosotros, y así,
discípulos diciendo: con María, la Virgen, Madre de Dios, los
CONSAGRACIÓN DEL PAN apóstoles y cuantos vivieron en tu amistad a
Y ELEVACIÓN DE LA HOSTIA través de los tiempos, merezcamos, por tu
Hijo Jesucristo, compartir la vida eterna y
TOMEN Y COMAN TODOS DE ÉL, cantar tus alabanzas.
PORQUE ESTO ES MI CUERPO, QUE
SERÁ ENTREGADO POR USTEDES. DOXOLOGÍA
CONSAGRACIÓN DEL VINO S. Por Cristo, con él y en él, a ti. Dios Padre
Y ELEVACIÓN DEL CÁLIZ omnipotente, en la unidad del Espíritu
Santo, todo honor y toda gloria por los
Del mismo modo, acabada la cena, tomó el siglos de los siglos.
cáliz, y, dándote gracias de nuevo, lo pasó a P. Amén.
sus discípulos, diciendo:

TOMEN Y BEBAN TODOS DE ÉL, RITO DE LA COMUNIÓN


PORQUE ÉSTE ES EL CÁLIZ DE MI
SANGRE, SANGRE DE LA ALIANZA EL PADRENUESTRO
NUEVA Y ETERNA, QUE SERÁ S. Fieles a la recomendación del Salvador y
DERRAMADA POR USTEDES Y POR siguiendo su divina enseñanza, nos
MUCHOS PARA EL PERDÓN DE LOS atrevemos a decir:
PECADOS.
HAGAN ESTO EN CONMEMORACIÓN S. y P. Padre nuestro, que estás en el cielo,
MÍA. santificado sea tu Nombre; venga a nosotros

95
tu reino; hágase tu voluntad en la tierra O bien:
como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de Señor Jesucristo, la comunión de tu Cuerpo
cada día; perdona nuestras ofensas, como y de tu Sangre no sea para mí un motivo de
también nosotros perdonamos a los que nos juicio y condenación, sino que, por tu
ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y piedad, me aproveche para defensa de alma
líbranos del mal. y cuerpo y como remedio saludable.
S. Líbranos de todos los males. Señor, y PREPARACIÓN PARA LA COMUNIÓN
concédenos la paz en nuestros días, para
que, ayudados por tu misericordia, vivamos S. Éste es el Cordero de Dios, que quita el
siempre libres de pecado y protegidos de pecado del mundo. Dichosos los invitados a
toda perturbación, mientras esperamos la la cena del Señor.
gloriosa venida de nuestro Salvador P. Señor, no soy digno de que entres en mi
Jesucristo. casa, pero una palabra tuya bastará para
P. Tuyo es el reino, tuyo él poder y la gloria, sanarme.
por siempre. Señor. COMUNIÓN

RITO DE LA PAZ S. (En voz baja); El Cuerpo de Cristo me


guarde para la vida eterna. Amén.
S. Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: La Sangre de Cristo me guarde para la vida
"La paz les dejo, mi paz les doy"; no tengas eterna.
en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu
iglesia y, conforme a tu palabra, concédele S. El Cuerpo de Cristo.
la paz y la unidad. Tú que vives y reinas por P. Amén.
los siglos de los siglos.
P. Amén. RITO DE LA PURIFICACIÓN
S. La paz del Señor esté siempre con ustedes. S. (En voz baja) Haz, Señor, que recibamos con
P. Y con tu espíritu. un corazón limpio el alimento que acabamos
de tomar, y que el don que nos haces en esta
LA FRACCIÓN DEL PAN, INMIXIÓN Y vida nos aproveche para la eterna.
"CORDERO DE DIOS"
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
S. (En voz baja) El Cuerpo y la Sangre de
nuestro Señor Jesucristo, unidos en este cáliz, S. Oremos ...
sean para nosotros alimento de vida eterna. ...Por Jesucristo nuestro Señor...
P. Amén.
P. Cordero de Dios, que quilas el pecado del
mundo, ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del RITO DE CONCLUSIÓN
mundo, ten piedad de nosotros. BENDICIÓN
Cordero de Dios, que quitas el pecado del
mundo, danos la paz. S. El Señor esté con ustedes.
P. Y con tu espíritu.
S. (En voz baja) Señor Jesucristo, Hijo de Dios
vivo, que por voluntad del Padre, S. La bendición de Dios todopoderoso. Padre,
cooperando el Espíritu Santo, diste con tu Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre usted
muerte la vida al mundo, líbrame, por la y permanezca para siempre.
recepción de tu Cuerpo y de tu Sangre, de P. Amén.
todas mis culpas y de todo mal.
Concédeme cumplir siempre tus DESPEDIDA
mandamientos y jamás; permitas que me S. Pueden ir en paz.
separe de ti. P. Demos gracias a Dios.

96
2. La exposición del santísimo Sacramento y sus frutos
Entre nosotros, existe mucho la devoción a la sagrada Eucaristía por medio de la
adoración al santísimo Sacramento, los viernes primero de mes, en las vigilias de los
adoradores nocturnos, en las reuniones de oración de alabanza y jubileos, etc.
Veamos entonces en qué consiste la exposición del Santísimo y enseguida de los frutos
que se obtienen.
2.1. La exposición del Santísimo es poner a la vista de los fieles al santísimo
Sacramento para que reciba pública adoración por parte de los fieles. Veamos
enseguida las normas del C.I.C.:
941 1. En las Iglesias y oratorios en los que esté permitido tener reservada la
santísima Eucaristía, se puede hacer la exposición tanto con el copón como con
la custodia, cumpliendo las normas prescritas en los libros litúrgicos.
2. Durante la celebración de la Misa, no se tenga exposición del santísimo
Sacramento en la misma Iglesia u oratorio.

2.2. Estos son los frutos de la exposición del Santísimo contenidos en Eucharisticum
Misterium 60:
• Impulsa la mente de los fieles a reconocer en la Eucaristía la maravillosa
presencia de Cristo.
• Nos invita a la comunión de corazón con él.
• Nos hace apreciar la santa Misa donde Cristo se nos da como alimento,
remedio y consuelo.
• Toma su sentido de la santa Misa ya ella conduce.
• Fomenta de modo excelente el culto en espíritu y en verdad que es debido a
Jesucristo Eucaristía.

3. Rito de la exposición y reserva por el acólito instituido o MEC


3.1. Exposición
• El cantor o el pueblo entonará un canto eucarístico.
• Mientras tanto el ministro hace genuflexión sencilla, doblando una rodilla, al
sacar el Santísimo del sagrario, y lleva al Santísimo al altar o al manifestador.
• De pié pone incienso en el incensario y se arrodilla para incensar el Santísimo.
• Inicia la adoración rezando o cantando la estación al Santísimo.
• Hace inclinación de cabeza y se retira.
• Puede organizarse:
o Lecturas de la Sagrada Escritura.
o Breves exhortaciones que promuevan el aprecio a la Sagrada
Eucaristía.
o Cantos eucarísticos.
o Oraciones con el pueblo.
o Rezo de la liturgia de las horas, según la hora que toque.
o Oración en silencio.

97
3.2. Reserva
• La reserva del santísimo Sacramento puede hacerse en la forma siguiente:
(mientras la Comisión Episcopal Mexicana de Liturgia no dé las respectivas
normas o mientras carezcamos de orientaciones dadas por la Comisión
Diocesana de Liturgia).
• Se entona un cántico eucarístico por el cantor y el pueblo.
• El ministro inciensa el santísimo Sacramento.
• Reza una de las oraciones «colecta» propias del tiempo. Y/o reza las
alabanzas al Santísimo.
• Bendito sea Dios, Bendito sea su santo nombre ...
• Luego guarda el Santísimo en el sagrario.
• Y hecha genuflexión sencilla, el ministro se retira a la sacristía.

3.3. El párroco o sacerdote encargado enseñará al MEC la forma práctica de la


exposición y reserva asesorándolo en todos los detalles, como por ejemplo:
cómo y dónde poner el corporal, genuflexión doble, cómo incensar, etc.

EXPOSICIÓN DEL SANTÍSIMO


(POR UN MINISTRO EXTRAORDINARIO DE LA COMUNIÓN)

El ministro deberá asegurarse que esté preparada la custodia.


En seguida extenderá en el centro del altar el corporal junto con un purificador.
El ministro se dirige al sagrario y retira el relicario que guarda la santísima Eucaristía.
Para hace la exposición el ministro no ocupará el lugar del sacerdote en el altar. Lo
hará de frente al altar y de espaldas al pueblo; luego se dispone a incensar al
santísimo. Puesto de pie pone el incienso en el incensario; luego se arrodilla y así lo
inciensa tres veces de dos, entrega el incensario o puede dejarlo a los pies del altar.
Luego hace o dirige la estación mayor al Santísimo que consta de seis padres
nuestros; seis aves marías y seis glorias, al terminar la estación se retira y da la
oportunidad a que otras personas dirijan la Hora Santa.
Al término de la hora santa el ministro nuevamente se pone de rodillas a los pies del
altar y de espaldas al pueblo, se hace un canto eucarístico. Al término del canto el
ministro:
• "Nos has dado el pan bajado del cielo"
• R/. Que contiene en si todo deleite.
Luego invita a todos para que juntos digan la siguiente ORACIÓN:
“Oh Jesús que bajo este admirable Sacramento nos has dejado el memorial de tu
pasión, concédenos Señor venerar de tal modo los sagrados misterios de tu Cuerpo
y de tu Sangre, que experimentemos constantemente en nosotros él fruto de tu
redención. Tú que vives y reinas per los siglos de los siglos. Amén.”

98
Enseguida dice el ministro: momento solemne de esta Hora Santa en el que Jesús
tiernamente nos bendice a todos, (momento de silencio).
Luego dirige las alabanzas al santísimo :
• Bendito sea Dios.
• Bendito sea su santo nombre.
• Bendito sea Jesucristo verdadero Dios y verdadero hombre.
• Bendito sea e! nombre de Jesús.
• Bendito sea su sacratísimo corazón.
• Bendita sea su preciosísima sangre.
• Bendito sea Jesús en el Santísimo Sacramento del altar.
• Bendito sea el Espíritu Santo paráclito.
• Bendita sea la excelsa Madre de Dios María Santísima.
• Bendita sea su santa Inmaculada Concepción.
• Bendita sea su gloriosa Asunción.
• Bendito sea el nombre de María, Virgen y Madre.
• Bendito sea san José su castísimo esposo.
• Bendito sea Dios en sus ángeles y en sus Santos.
• Amén.

Enseguida el ministro hace la reserva del santísimo: lo retira de la custodia, lo


deposita en el relicario y lo conduce al Sagrario.
Luego con purificador purifica el Viril de la custodia y él también se purifica.
Dobla el corporal y lleva a la sacristía: la custodia, el corporal y el purificador.

99
UNIDAD V
FORMACIÓN PASTORAL

• La Caridad Pastoral;
o La Pastoral de Enfermos
o La Visita a los Enfermos

PRÓLOGO
El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna, y yo lo resucitaré en el último
día: mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida (Jn 6, 54-55).
La Iglesia ha motivado siempre la participación en la santa comunión: la medicina de
la inmortalidad, el antídoto contra la muerte y el alimento para vivir por siempre en
Jesucristo (San Ignacio de Antioquía).
Y fiel a su fundador, la Iglesia, en su tradición bimilenaria, ha mostrado siempre una gran
solicitud por los pobres, enfermos e impedidos siguiendo el ejemplo y mandato mismos
de Jesús que quiere que su Iglesia anuncie la Buena Noticia del Reino y sea buena
samaritana (cfr. Lc 9, 2).
Esta solicitud de la Iglesia se ha plasmado en pluriformes obras e instituciones de
caridad hacia los necesitados y enfermos; en su acompañamiento humano y. espiritual
a través de la visita pastoral fortaleciendo su esperanza y la de sus familiares; y en el
ofrecimiento de los auxilios de la gracia a través de la Palabra de Dios y la vida
sacramental: especialmente, la santa comunión, el sacramento de la Reconciliación y
la Unción de los enfermos.
Desde los primeros siglos, la comunidad cristiana se ha preocupado de llevar, al
enfermo e impedido de acercarse a la eucaristía, la Palabra proclamada en la
asamblea y el Cuerpo de Cristo.
En nuestros días, la Iglesia quiere (y debe) seguir ofreciendo este auxilio de gracia a
tantos y tantos enfermos y ancianos en su domicilio, y en los cada vez más numerosos
hospitales y centros de internación.
Este libro está destinado específicamente a estos ministros dedicados al servicio del
cuerpo sufriente de Cristo, que ejercen su apostolado en el campo tan difícil de las
zonas oscuras de la existencia humana: dolor, sufrimiento, discapacidad, agonía,
muerte y duelo; y en el mayor templo de la cristiandad: el hombre sufriente.
Estos ministros de la comunión, agentes de pastoral de la salud, agentes de la pastoral
penitenciaria, son un don inestimable de la Iglesia samaritana, expresión visible del
servicio y evangelización asumidos por los laicos.
Este libro considera los aspectos doctrinales, disciplinarios, litúrgicos y pastorales que
siempre ha de tener en cuenta el ministro para ejercer un apostolado con calidad y,
calidez, bajo el modelo de Jesús, buen pastor, buen samaritano.

101
Deseamos que estas páginas ayuden al portador/a de Cristo sacramentado a
intensificar su identidad específica, a revalorizar tan gran don recibido, a vincularse,
con mayor comunión, a su equipo pastoral, a crecer en la espiritualidad de una
configuración progresiva con Cristo, a formarse en la sana relación de ayuda pastoral,
a presentar cualificadamente el misterio redentor de Cristo sufriente y resucitado, y a
gozar del ejercicio gratuito del ministerio al que la Iglesia lo ha llamado.
P. MATEO BAUTISTA
RELIGIOSO CAMILO

UNA RICA TRADICIÓN


Es antiquísima la costumbre de llevar el Cuerpo de Cristo, el pan de los fuertes, a los
impedidos de participar personalmente en la eucaristía: presos, discapacitados,
enfermos, moribundos...
Desde los primeros siglos, la comunidad cristiana se ha preocupado de llevarles la
Palabra proclamada en la asamblea y el Cuerpo de Cristo.
Así lo atestiguan algunos textos antiguos:
Entonces, los que entre nosotros son llamados diáconos, reparten entre los presentes el
pan y el vino con el agua, sobre los que se ha pronunciado la acción de gracias, para
que los consuman y también se lleva su porción a los ausentes (San Justino, Apología).
Y lo atestigua el martirio del joven san Tarcisio, en el año 257. Tarcisio era un acólito o
ayudante de los sacerdotes de Roma.
Después de participar en una santa misa, en las catacumbas de san Calixto, fue
encargado de llevar la sagrada comunión a los cristianos que estaban en la cárcel,
prisioneros por declararse seguidores de Jesús.
Por la calle, se encontró con un grupo de jóvenes paganos que le preguntaron qué
llevaba bajo su manto. Él no lo quiso decir y fue atacado ferozmente para robarle el
precioso secreto. Cuando estaba siendo apedreado, llegó un soldado cristiano y alejó
a los agresores.
Tarcisio le encomendó que llevara la sagrada comunión a los encarcelados. El joven
prefirió morir antes que entregar tan sagrado tesoro.
Tarcisio murió contento por haber podido dar su vida defendiendo la santa comunión.
Sobre su tumba escribió el papa san Dámaso este hermoso epitafio:
Lector que lees estas líneas: te conviene recordar que el mérito de Tarcisio es muy
parecido al del diácono san Esteban. A ellos dos quiere honrar este epitafio. San
Esteban fue muerto bajo una tempestad de piedras por los enemigos de Cristo, a los
cuales exhortaba a volverse mejores. Tarcisio, mientras llevaba el sacramento de Cristo,
fue sorprendido por unos impíos que trataron de arrebatarle su tesoro para profanarlo.
Prefirió morir y ser martirizado, antes que entregar a les perros rabiosos la eucaristía que
contiene la Carne Divina de Cristo.
De esta caridad cristiana de alimentar a los impedidos de acercarse a la eucaristía
surge la reserva del Santísimo en el sagrario. Y éste es su fin principal. Por eso, la Iglesia
nos recuerda:

102
No se olvide que el fin primario y principal de la reserva eucarística consiste en la
posibilidad de llevar la comunión a los enfermos que no han podido participar en la
misa (RU 64b).

MINISTERIO DE LA COMUNIÓN EN UNA IGLESIA SAMARITANA


Los envió a proclamar el Reino de Dios y a curar (Lc 9, 2).

EI ministro de la comunión es un buen reflejo de la iglesia samaritana y ministerial hacia


el Cuerpo desvalido y sufriente de Cristo.
Aunque haya ministros que repartan el Cuerpo del Señor en los templos (su fin
secundario), no existe, propiamente hablando, una pastoral específica de los ministros.
Y aunque su ministerio considere aspectos litúrgicos, no son agentes de la liturgia. Son
miembros de la pastoral donde desarrollan su apostolado.

Ministro de la comunión, agente de pastoral de la salud


La iglesia, que nace del ministerio de la redención en la cruz de Cristo, está obligada a
buscar el encuentro con el hombre, de modo particular en el sufrimiento. En tal
encuentro, el hombre se convierte en el camino de la Iglesia
(Salvifíci Doloris, 3).
El ministro de la comunión al servicio del enfermo no es un franco tirador. Es un miembro
del equipo de la pastoral de la salud.
Existe en la Iglesia una pastoral específica: la pastoral de la salud. Una pastoral que es
termómetro de la caridad de la Iglesia y de su fidelidad al mandato divino de anunciar
y sanar.

¿Qué es la pastoral de la salud?


Pastoral de la salud es la presencia y acción de un ministerio eclesial de relación
de ayuda, específico, entusiasta, encarnado, capacitado, iluminativo,
celebrativo, creativo y organizado, inspirado por el Espíritu Santo, realizado a
ejemplo, por mandato y en nombre del Señor Jesús, buen samaritano y Salvador,
que expresa el amor misericordioso del Padre.

Ministerio llevado a cabo desde la fe, por el anuncio y testimonio explícitos de toda la
comunidad cristiana (específicamente, por el obispo, sacerdote, diácono, religioso/a,
ministro de la comunión, agente de pastoral, profesional cristiano de la salud y por el
mismo enfermo). Apoyándose en los auxilios de gracia divina que son dados en la praxis
sacramental, en la escucha de la Palabra revelada, en la vida de oración, en el
diálogo pastoral...
Su objetivo: ofertar salud-salvación: curación, asistencia, sanación, humanización,
reconciliación, iluminación, sentido vital, crecimiento humano y salvación.
Tiene como misión el encuentro:
- Con el enfermo y su familia, promoviendo la asistencia y buen trato, el
asociacionismo y los grupos de mutua ayuda (dimensión solidaria).

103
- Con los profesionales y las estructuras de salud, suscitando una vocación y mística
de servicio, el sentido ético y humanista, la atención a los más necesitados
(dimensión política-institucional).
- Con los sanos para potenciar una cultura más sensible frente al dolor, sufrimiento,
discapacidad, agonía, muerte, duelo y defensa de la vida (dimensión comunitaria).
- Con la misma comunidad eclesial para impulsar su espíritu hospitalario y sanante, la
creación de equipos de pastoral de la salud y la formación de sus agentes
(dimensión eclesial).

Algunos enfermos, que no pueden participar en la celebración de la eucaristía por


razones de salud, sienten la necesidad de recibir el Pan de la palabra y el Pan
eucarístico que da la vida.
Éste es el servicio del ministro de la comunión, dentro de la gran misión de la pastoral de
la salud hacia el cuerpo sufriente de Cristo.
El ministro de la comunión, como agente de pastoral de la salud, es heredero de una
rica presencia y acción evangelizadoras de la Iglesia samaritana, quien reconoce en
los enfermos la imagen de su fundador pobre y sufriente.
La celebración sacramental ha de constituir habitualmente la culminación de una
relación significativa con el enfermo y es el resultado de un proceso de fe realizado por
éste. Los sacramentos, signos que atestiguan el amor de Dios al enfermo, no deben ser
ritos aislados, sino gestos situados en el corazón de una presencia fraternal, que los que
rodean al enfermo han de expresar de múltiples maneras: lucha contra la enfermedad
y cariño, escucha y atención a las necesidades del enfermo, amistad y servicio… No
por casualidad, Jesús, con el lavatorio de los pies, unió estrechamente la eucaristía al
servicio (cfr. Jn 13, 2-16).
Por eso, el ministro de la comunión para los enfermos no es un agente pastoral de la
liturgia, sino un miembro del equipo de pastoral de la salud.
No debería designarse a ningún ministro/a para este servicio (extraordinario) al enfermo
que no forme parte del servicio (ordinario) de la pastoral de la salud. Y mucho menos
que los ministros que atienden a los enfermos funcionen al margen del equipo de
pastoral de la salud.
Eviten los párrocos confundir o equiparar el servicio de los ministros de la comunión con
pastoral de la salud. Desgraciadamente, en muchas parroquias, hay ministros de la
comunión, y no funciona el equipo de pastoral de la salud.
Reiteramos: los ministros de la comunión son unos miembros más del gran apostolado
que debe ejercer el equipo de la pastoral de la salud.

104
MINISTERIO CON ESPIRITUALIDAD
EI ministro de la comunión ha de vivir con orgullo el don de gozar con su hermano
mayor, Jesús, la filiación con Dios Padre; la dicha de la amistad con ese amigo del alma
y en el alma que es el Espíritu Santo. En esta relación amorosa con la Trinidad, ha de
fundamentar su vida espiritual.
Tratando de vivir la propia existencia a la luz del evangelio de Jesús misericordioso, el
ministro de la comunión fundamenta su actividad en una espiritualidad concreta y
profunda. Consciente del riesgo de caer en un activismo falto de vida, que separa
ministerio y espiritualidad, ha de impulsar su encuentro con Dios en la mística de su
mismo ministerio, en la comunión eclesial, en el silencio contemplativo, en la oración
viva y en la vida sacramental.
El ejercicio de su ministerio debe ser motivo de crecimiento y madurez espiritual. El amor
al prójimo enfermo y a quienes asiste exige abnegación, sacrificio y dolorosa
autocorrección.

CONFIGURADO CON CRISTO


El ministro no es un mero cartero de la comunión. Es, sobre todo, un Cristóforo, portador
de Cristo. Es más, es un configurado con Cristo.
Y constantemente ha de crecer esa configuración que, de manera inigualable,
expresó san Cirilo de Jerusalén:
Al recibir el Cuerpo y la Sangre de Cristo te haces concorpóreo y consanguíneo
suyo. Así, pues, nos hacemos portadores de Cristo, al distribuirse por nuestros
miembros su cuerpo (Catequesis, 22).
Portador por llevar a Cristo dentro de sí y llevar a Cristo a los que sufren.
El ministro ha de configurarse con la humanidad de Jesús de Nazaret, con todo Cristo
resucitado que comulga.

1. CONFIGURADO CON CRISTO PRESENCIA


La dolencia de amor no se cura, sino con la presencia y la figura
(San Juan de la Cruz).
Jesús puso su morada entre nosotros. Nos regaló su presencia visible, siendo modelo de
cómo hacerse presente ante la necesidad, angustia, pobreza y enfermedad de los
hombres. Como otros, las hermanas de Lázaro pidieron su .cercanía ante la muerte, del
ser querido (cfr. Jn 11,3). Siempre regaló Jesús presencia, tacto y mirada saludables.
Así, se constituyó en la plena visibilidad del amor del Padre. En una presencia empática,
terapéutica.
Ser rico de presencia es intensificar el saber acercarse, el saber hacer, el saber estar y el
saber ser. Más que cuantitativas deben ser las presencias cualitativas, significativas,
positivas, simbólicas, iluminativas, saludables... como si el enfermo tuviera delante de sí
a Cristo mismo.

105
Las actitudes en una perspectiva de fe, la presencia, la cercanía positivas y los gestos
humanos del agente pastoral se convierten en símbolo del amor de Dios que él mismo
anuncia con su palabra y dan a su figura un valor casi sacramental.
El enfermo ve en los agentes pastorales la visita y presencia de Dios, conforme a las
palabras del apóstol: Ustedes son el cuerpo de Cristo (1Cor 12, 27).

2. Configurado con Cristo escucha


Todos queremos ser escuchados, pero el que sufre y el enfermo son los que más
necesitan ser escuchados.
Hablar desahogándose favorece la liberación de tensiones, aminora la soledad,
despeja miedos y dudas, abre sendas de esperanzas, da sensación de ser uno amado y
crea sentido de comunión con el prójimo.
El que escucha hospeda, y el que hospeda ha de escuchar. El que escucha ofrece una
de las expresiones más genuinas de hospitalidad hacia el otro6.
Hablar a Dios en oración, sintiéndose escuchado, es sanación espiritual: Confíenle
todas vuestras preocupaciones, pues é cuida de ustedes (1Ped 5, 7).
Jesús es cátedra de la escucha. Él se descentra para centrarse empáticamente en el
centro herido de la persona enferma. Gracias a esta escucha, Jesús puede hacer un
diagnóstico pastoral y una eficaz relación de ayuda espiritual. Por eso, la mujer
hemorroisa le contó toda la verdad (Mc 5, 34).
Jesús nos legó todo un estilo humano y pastoral de escucha.
El ministro de la comunión también es la oreja de Cristo ante el que sufre.

3. Configurado con Cristo compasivo


Vengan a mí todos los que están fatigados y sobrecargados, y yo les daré descanso.
Tomen sobre ustedes mi yugo, y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón;
y hallarán descanso para vuestras almas (Mt 11, 28-29).
Cristo ha revelado la ternura de Dios.
El ministro especialmente ha de configurarse con el Cristo de la compasión y con la
compasión de Cristo.
Se pondrá empáticamente en lugar de quien siente miedo, impotencia, angustia,
amargura, desamparo, abandono, soledad, imposibilidad, rebeldía... acogiendo sus
sentimientos. Recuérdese que el enfermo es "in-firmus", no firme.
El ministro ha de manifestar con su modo de actuar compasivo aquella estima y respeto
profundos que ayudan al enfermo a mantener el sentido de integridad de la propia
persona a pesar del desmoronamiento causado, en el cuerpo y en el espíritu, por la
enfermedad.
Especialmente será compasivo con los niveles de fe de los enfermos y respetuoso de la
lentitud en el proceso de su maduración humana y cristiana.
Con la compasión empática no se llega al paternalismo relacional, sino a la sana
aceptación incondicional de quien sufre, propiciando una saludable relación de
ayuda humana y pastoral.

106
Cuanto más viva el ministro la compasión de Cristo en propia carne, más se configurará
con su estilo compasivo.

4. Configurado con Cristo palabra


Las dos partes de que consta la misa, a saber, la liturgia de la palabra y la liturgia
eucarística, están tan íntimamente unidas que constituyen un solo acto de culto.
No debemos acercarnos a la mesa del pan del Señor sin antes habernos detenido en la
mesa de su palabra (Inestimable donum, 1980).
¡Necesito una palabra! Así suelen hablar muchos enfermos, ancianos y presos.
Y realmente necesitan muchas palabras de apoyo, de consuelo, de ánimo, de
esperanza, de fe...
Necesitan palabras de amor dichas con palabras de amor.
El ministro de la comunión es consciente de que, yendo él, va la comunidad de Cristo,
va Cristo mismo. Es también consciente de que se espera su palabra, pero se espera,
sobre todo, la palabra de la Iglesia, la Palabra de Dios.
Porque la Palabra de Dios tiene autoridad (cfr. Mc 1,22).
Porque la Palabra de Dios tiene salud (cfr. Mt 8, 8).
Porque la Palabra de Dios tiene vida eterna (cfr. Jn 6, 68).
Palabra de Dios que orienta, ilumina y esclarece el misterio del sufrimiento a la luz de la
vida, muerte y resurrección de Cristo mismo. Palabra de Dios que consuela, libera,
reconcilia y salva.
Palabra de Dios con la que se ora.
La Sagrada Escritura ofrece innumerables y variadas oraciones de enfermos y sufrientes,
especialmente en lo salmos. Los evangelios también contienen las plegarias de Jesús. El
agente de pastoral sabrá escoger, proponer y utilizar la que responda mejor a las
necesidades espirituales del enfermo en cada momento.
El ministro tendrá pasión por la palabra divina, como el profeta Jeremías: Se
presentaban tus palabras, y yo las devoraba, eran tus palabras para mí un gozo y
alegría del corazón (Jer 15, 16).
Configurado con Cristo palabra, no hablará de memoria de Dios, interpretará las
escrituras con su vida (San Nilo) y con ello iluminará las sendas de quien sufre, como un
momento excepcional de evangelización.

5. Configurado con Cristo maestro


¿A quién, Señor, iremos. Sólo tú tienes palabras de vida eterna
(Jn 6,69).
Ciertamente el ministro de la comunión no es guía espiritual ni menos confesor, pero sí
debe ser un creyente que puede (y debe) enriquecer a su hermano sufriente en la fe.
Somos conscientes de que muchos enfermos que reciben la santa comunión no tienen
acceso a la lectura personalizada de la Palabra de Dios o dicen no entenderla;

107
encuentran dificultad en la oración; no llegan a descubrir la inagotable riqueza de la
eucaristía; no se preparan adecuadamente para la reconciliación; no asumen su crisis
a la luz del evangelio; el dolor y el sufrimiento los lleva a recelar del amor de Dios; se
sienten probados castigados o abandonados por Dios; asocian pecado-castigo de
Dios-enfermedad y se consideran agentes pasivos de la Iglesia sin misión
evangelizadora, testimonial.
Por eso, el ministro de la comunión se configurará con Cristo maestro y con su estilo
evangelizador-pastoral-catequístico, para enriquecer el itinerario espiritual del asistido,
con prudencia, paciencia, sabiduría, tacto, amor. Consciente de que también los
enfermos y los reclusos son obreros de la viña del Señor (Christifideles Laici, 53), invitará a
hacer de este momento de crisis una oportunidad para el enriquecimiento humano y
espiritual y para testimoniar el valor de la fe.
El ministro no despreciará la oportunidad para enriquecer espiritualmente a la familia
del enfermo.

6. Configurado con Cristo alegría


El que practica la misericordia hágalo con alegría (Rom 12, 8).
La alegría es hija de la paz interior y hermana de la bondad y de la serenidad. Es reflejo
de un alma esperanzada.
La alegría es la antípoda del temor y de la angustia.
Es bálsamo ante tantos sinsabores de la vida.
Su ausencia oxida el buen ánimo y desgasta las relaciones humanas. La alegría es un
don y una conquista.
La alegría espiritual es fruto del Espíritu Santo. El configurado con Cristo es alegre.
Sabemos que Jesús dijo: Yo soy el camino, la verdad, la vida, la resurrección, el buen
pastor..., pero también debemos añadir: Jesús es la alegría.
¿Se imagina usted a Jesús hecho hombre, en Palestina entre los suyos, sin alegría
interior? ¿Se imagina usted a Jesús resucitado sin una perenne alegría?
Con razón Jesús afirmó que quien vive con él, en él y por él tendrá una alegría que
nadie se la podrá quitar (Jn 16, 23). Y esa alegría no podrá desaparecer ni en las duras
ni en las maduras. Deberá permanecer siempre en el apostolado del ministro de la
comunión.

7. Configurado con Cristo resucitado


No creo en la resurrección porque soy cristiano. Porque creo en la resurrección, soy
cristiano.
La resurrección de Cristo constituye el gran dogma cristiano.
La resurrección de Cristo es el cheque en blanco de Dios hacia la humanidad. Es su
máxima gratuidad. Es su última palabra -y de vida- porque, No es un Dios de muertos,
sino de vivos (Mc 12, 27).
Por la resurrección, Dios nos hace huéspedes vitalicios en su presencia, en su casa
celestial, en su felicidad sin fin (cfr. Jn. 14, 1-3).

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El cristiano no sólo ha de pensar y crecer en la resurrección de Cristo, ha de gozar de la
resurrección de sus seres queridos y ha de vivir ya como resucitado.
Todos los agentes de pastoral de la salud (entre ellos el ministro de la comunión) han de
confrontarse en su apostolado con personas agonizantes, moribundas o en duelo. Por
ello, especialmente han de conocer técnicas relaciónales específicas para esta
pastoral y acompañamiento, pero necesitarán, sobre todo, anunciar explícitamente el
Kerigma cristiano de la muerte y resurrección de Jesús y testimoniando la vivencia de la
resurrección en su propia vida y su configuración con Cristo resucitado (cfr. 1Cor 15).
En el Resucitado, la muerte y la enfermedad no son cerradas ni aplastantes. Porque, por
él y en él, siempre hay esperanza.

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4. Formación específica de los ministros de la comunión para los enfermos
y presos.
• El mundo parroquial es muy distinto del mundo hospitalario y del mundo
socio-sanitario. ¡Y ni hablemos del mundo de la pastoral penitenciaria! Tienen leyes
muy diversas.
• El ministro de la comunión como todo agente pastoral necesita para llevar a cabo
cualitativamente su misión y ministerio una formación específica y permanente. No
basta con buena voluntad. La formación no es un lujo que algunos pueden
permitirse. Es una necesidad. Muchos de los ministros de la comunión que visitan a
los enfermos y presos nunca recibieron una preparación específica. Otros se han
limitado a aprender de la experiencia manifestando desinterés por una puesta al día
más necesaria.
• La formación tiene como finalidad no el conferir al ministro/a un rol, sino ayudarlo a
crecer y madurar humana y cristianamente, a configurar la propia identidad, a
capacitarse y perfeccionarse para desempeñar eficazmente su misión.
• La formación ha de privilegiar el crecimiento de actitudes personajes maduras, ya
que el amor de Dios se comunica especialmente a través del testimonio y del
talante de la propia vida.
• La formación ha de ayudar al ministro a conocer en profundidad el mundo interior
del enfermo y del privado de libertad, sus vivencias, comportamientos, crisis,
sentimientos, reacciones y necesidades de todo tipo, especialmente las espirituales.
• Ha de capacitarlo para la relación pastoral de ayuda: para saber discernir con el
asistido la presencia del Señor que actúa en toda situación humana; y para poder
iluminar, desde una relectura vital de las fuentes bíblicas y de los temas teológicos,
los interrogantes que plantea y se plantea cada enfermo y preso.
• La formación ha de ser activa, implicativa y participada. No puede consistir en una
mera instrucción teórica. Ha de ser, por otra parte, gradual y personalizada,
insistiendo en la disposición para la colaboración y el ministerio en equipo.
• La formación ha de partir de la vida. El agente ha de ir modificando su mirada, su
juicio y sus actitudes a la luz del evangelio y desde el contacto con el enfermo y
recluido.
• Ha de cultivarse mediante el estudio, la reflexión personal y la participación en
reuniones, jornadas, encuentros y cursos de formación conjuntos para ministros de la
comunión y agentes de pastoral de la salud y de la pastoral penitenciaria.

5. ¿Cómo y cuántas veces comulga el ministro?


a) Si encabeza la celebración:
Comulga en primer lugar por sí mismo con el Cuerpo del Señor, diciendo: El Cuerpo
de Cristo me proteja para la vida eterna. Amén.
b) Distribuyendo la comunión en la misa
Comulga de la misma forma que el resto de la asamblea, aunque lo hará, en primer

110
término de manos del celebrante (o de otro ministro), quien luego le entregará el
copón para que administre la comunión al resto de los fieles.
c) ¿Cuántas veces puede comulgar?
Sólo puede comulgar hasta dos veces por día; la segunda vez sólo participando de
la misa entera.

6. Retirar el santísimo del sagrario y su traslado


• Tener siempre en cuenta que las especies consagradas son la presencia real de
Jesucristo nuestro Señor. El sacramento eucarístico deberá ser tratado con absoluta
reverencia.
• Acuda el ministro/a vestido adecuadamente, sin ostentación. Ayuda un discreto
signo religioso. En algunas diócesis, hay normativa sobre alguna vestimenta especial.
• Al santísimo sacramento del altar se lo reverencia doblando la rodilla derecha hasta
el piso (genuflexión), tanto cuando está expuesto como cuando está reservado en
el sagrario. Y con mucha devoción. Prescindir de genuflexiones innecesarias y
llamativas.
• Cuídese la higiene. Especialmente evítese las manos grasientas, sucias, con olor a
cigarrillo... No utilizar demasiados perfumes...
• Para llevar la comunión a un enfermo debe retirarse el Santísimo del sagrario
inmediatamente antes de salir hacia el lugar donde se ha de administrar.
• Es importante un momento de preparación espiritual personal ante el sagrario.
• Nunca retirar el Santísimo durante la celebración de la misa. Pídase al sacerdote que
coloque las santas hostias necesarias en la teca después de la comunión del pueblo
de Dios presente.
• No corresponde llevar la eucaristía y ocuparse en otras actividades antes de dar la
comunión, tampoco es lícito retenerla en la casa del ministro. La norma general e
invariable debe ser: desdé el sagrario hasta la casa del enfermo.
• El recipiente donde se lleva la sagrada forma llamado teco (pequeña cajita de
metal), debe ser comprado a tal efecto en un lugar donde se venden elementos
litúrgicos y no puede ser sustituido por pastilleros o artefactos.
• Conviene retirar la comunión del sagrario de la capilla más cercana al enfermo,
evitando viajar en tren, subte o colectivo sin verdadera necesidad.
• La teca se destinará exclusivamente a este uso. Que ella sea colocada en una
porta-teca, una bolsita de tela con un cordón para colgarla del cuello y así se la
llevará oculta entre la ropa a la altura del pecho; este método además de ser el más
respetuoso, evitará robos o pérdidas.
• Durante el camino, realizando este ministerio exclusivo, es conveniente estar en
actitud orante.

111
7. Recogimiento interior
El ministro aconsejará y ayudará al enfermo a recogerse interiormente antes y después
de la comunión.
• Antes de comulgar
Haz todo lo que esté de tu parte y hazlo con mucha diligencia, no por costumbre ni
por obligación. El Cuerpo de tu amado Señor y Dios, que se digna ir a ti, recíbelo con
temor, veneración y amor.
• Después de comulgar
Es preciso no sólo que te prepares devotamente antes de comulgar, sino que
también procures conservarte recogido después de haber recibido el sacramento.
Es necesaria la vigilancia tanto después como antes de la preparación piadosa,
porque el fervor posterior es la mejor disposición para recibir una gracia aún mayor.
No tiene buenas aptitudes para esta gracia el que, luego de comulgar, se
abandona a consuelos exteriores.
Guárdate de hablar mucho; mantente apartado y goza de tu Dios. Si tú lo posees a
él, ni el mundo todo te lo podrá quitar.
Yo soy aquel a quien te debes entregar sin reserva, de manera que libre de toda
inquietud, ya no vivas en ti sino en mí (Tomás de Kempis, La imitación de Cristo, libro
IV, cap. 12).

8. ¿Cuándo se puede administrar la comunión a los enfermos?


• El domingo es el día del Señor, es el día de su resurrección, es el día por excelencia
de la eucaristía y de llevar la comunión a los enfermos.
• Pero la santa comunión fuera de la misa, se puede administrar todos los días y en
todas horas, con el debido criterio pastoral y en consonancia con la normativa
pastoral diocesana, parroquial y de las respectivas capellanías.
• Es sabido que; en Jueves santo, sólo es permitida la comunión dentro de la misa. ¿Y
en Viernes santo? También exclusivamente dentro de la celebración de la Pasión del
Señor. Los enfermos que no puedan acceder a estas celebraciones pueden
comulgar tanto el Jueves o Viernes santo a cualquier hora. En Sábado santo, la
santa comunión sólo la podrán recibir los enfermos como viático.
• Respecto al ayuno eucarístico, es aconsejable enseñarlo y practicarlo. Indica el c.
919.3 del Derecho Canónico:
Las personas de edad avanzada o enfermas y así mismo quienes las cuidan pueden
recibir la santísima eucaristía, aunque hayan tomado algo en la hora
inmediatamente anterior.

9. ¿Cómo administrar la comunión durante la misa?


• El ministro será puntual para estar y participar en la celebración durante toda la misa.
• Participará en la misa, en el presbiterio o entre los fieles. Si está entre éstos, se hará
presente en el presbiterio desde el Padrenuestro hasta la oración postcomunión.

112
Debe desplazarse con toda discreción y revestirse en la sacristía con lo dispuesto por
la normativa diocesana.
• Si hay varios ministros, que el sacerdote distribuya razonablemente las tareas de
cada uno de ellos antes de la misa, así como su ubicación espacial.
• Al abrir el sagrario, siempre en el momento adecuado, no omitir ni agregar
genuflexiones superfluas. Si se está imposibilitado para la genuflexión por razones de
salud, hacer una reverencia con la prudencia y devoción oportunas.
• No dejar el sagrario abierto, si queda en él la reserva del Santísimo, cuando se
distribuye la comunión.
• Conviene trasladar, preferentemente, un solo copón por vez, con toda dignidad.
• Al trasladar el copón, nunca se cruce el ministro entre el presidente y el altar; ni por
detrás del celebrante, sino siempre por delante del altar, haciendo una reverencia.
• El ministro depositará el copón sobre el corporal que usa el sacerdote no sobre el
mantel del altar. Sí sobre otro corporal "ad hoc". No debe retirarse directamente
desde el sagrario para la distribución entre los fieles.
• El ministro no debe permanecer como un concelebrante junto al sacerdote ni hacer
de factótum en el altar.
• Los copones son distribuidos desde el altar, ya destapados, sólo por el sacerdote o
diácono, no por el ministro.
• Para depositar la santa hostia en la boca: se toma con los dedos pulgar e índice, se
muestra al fiel, se dice en tono firme y moderado la profesión de: El Cuerpo de Cristo
y se espera la respuesta: Amén.
• La comunión en la mano: tras responder el fiel con el Amén a las palabras de El
Cuerpo de Cristo, se deposita la hostia en la palma de la mano, quedando
apoyada en ella. No entregarla en los dedos del comulgante.
• Si surge duda de no haber recibido la primera comunión por edad temprana o
discapacidad de quien ya está en la fila, cerciorarse con una pregunta tierna y
decidida.
• Los celíacos sólo deben beber del cáliz del Señor, sin ninguna partícula de la santa
hostia.
• No impartir la comunión a personas claramente alcoholizadas.
• En otros casos, siempre consultar al sacerdote, actuando con caridad y
discernimiento.
• Si una hostia cae o se encuentra en tierra, el ministro puede él mismo consumirla o
llevarla al vaso de purificación que está junto a! altar donde se disolverá.
• Si hubiese en fila algún imposibilitado, enfermo, muy anciano, ciego, o en silla de
ruedas, practicar la caridad de acercarle la comunión.
• Se purificarán los dedos después de la comunión. Todo con mucha discreción.

113
10. En casa del enfermo
• Al llegar a la casa del enfermo, lo primero que debe hacerse es saludar
cordialmente al enfermo y a su familia. Tras un diálogo pastoral, se comenzará la
celebración con los ritos prescriptos por la Iglesia en el ritual.
• Aspectos prácticos: pedir apagar la radio o televisión, disponer de un vaso de agua
para ayudar a tragar al enfermo. Que el enfermo adopte una postura de piedad.
También contar con un mantel y dos velas, si es posible.
• Si el enfermo sólo puede recibir una parte de la hostia, hay que llevar al sagrario, de
inmediato, las partículas restantes. Preceder del mismo modo, si no se encontró al
enfermo o no estaba dispuesto para recibir la comunión.
• Si el enfermo no quiere recibir la eucaristía, no se ha de insistir, con riesgo de violentar
su conciencia.
• Es enriquecedor siempre invitar a orar a los acompañantes con el enfermo y por él,
en un momento oportuno de la visita pastoral.
• Nunca se ha de invitar imprudentemente a que los familiares comulguen. Indicarles
que no comulguen por compromiso, por solidaridad con el enfermo o sin la debida
preparación.
• Si el enfermo es crónico, y su situación resulta complicada para la familia, sea
generoso el ministro para escuchar con empatía y sentido pastoral las inquietudes
de esa familia.
• No admita el ministro remuneración económica de la familia por este ministerio que
siempre ha de ser gratuito (tampoco ningún que otro regalito).

13. Algunas precauciones higiénicas


• Conviene que el ministro se lave adecuadamente las manos con anterioridad
inmediata a la celebración.
• Cuando comulguen varios enfermos, es deseable que porte un purificador. Se lo
lleva en la misma mano que sostiene el copón, sujetándolo entre los dedos para que
cuelgue; será así más cómodo utilizarlo, y se limpiará con discreción.
• Si existiera el riesgo de contagio al distribuir la santa comunión en casos de enfermos
infecciosos, no sólo ha de cumplirse la purificación ritual con el purificador, sino que,
además, es imprescindible lavarse las manos con alcohol puro o con otros
desinfectantes.
• Rigurosamente se han de cumplir las reglas de bioseguridad al entrar en ciertas salas
del hospital, como de quemados, tuberculosos…

114
ORACIÓN DE UN ENFERMO
Señor Jesús, te agradezco el don de la vida.
Tú conoces las personas y las circunstancias
que me han formado ya sea física, emocional y espiritualmente.
Ellas, y las más íntimas experiencias de mi mente y de mi corazón,
me han hecho la persona que soy ahora.
Perdóname, Señor, por todas las veces que te he fallado,
por fallas contra mí mismo y los demás.
Al mismo tiempo,
perdono a todos los que me han fallado
de alguna manera y me han herido.
Ayúdame a ver que mi enfermedad
tiene una parte muy importante en mi vida.
Ella me ayudará a ser plenamente
la persona que Tú quieres que yo sea.
No permitas que yo pierda o desperdicie
lo que Tú quieres hacer conmigo
para hacer completa mi vida en esta tierra
y para preparar mi vida contigo en el Cielo.
Ahora yo no puedo orar de la manera que quisiera.
(Estoy adolorido, cansado confundido).
Te pido que aceptes cada uno de mis respiros
como un acto de amor y de confianza en Ti.
Tú eres mi Salvador.
Yo quiero descansar sobre tu amante Corazón
en la seguridad y en la paz,
como un niño en los brazos de su padre.
Yo sé que Tú no me abandonarás.
Amén.

Virgen Santísima de los Dolores,


mírame cargando la cruz
de mi sufrimiento;
acompáñame como acompañaste
a tu Hijo Jesús
en el camino del Calvario;
eres mi madre y te necesito.
Ayúdame a sufrir
con amor y esperanza,
para que mi dolor
sea dolor redentor
que en las manos de Dios,
se convierta en un gran bien
para la salvación de las almas.
Amén.

115
UNIDAD VI
FORMACIÓN TANATOLÓGICA

• Nociones generales de Tanatología.


• El ministro extraordinario de la Sagrada Comunión es un Tanatólogo.

NOCIONES FUNDAMENTALES DE TANATOLOGÍA


INTRODUCCIÓN
En la vida de toda persona humana hay felicidad, alegría, dolor, sufrimiento y muerte.
La muerte es algo importante en la vida, está siempre ha inquietado al hombre, quien a
través del tiempo, ha hecho infinidad de estudios para alargar su vida, ya que al
enfrentarse con la muerte, se atormenta, se angustia, sufre y trata de evitarla.
La muerte puede causarnos miedo, rebelión, temor, pero no puede causarnos duda, es
el destino temporal más cierto del hombre y su aceptación es prueba de madurez en el
ser humano. La mayoría de las personas no tienen miedo a la muerte misma, sino al
proceso de morir, a la enfermedad larga y dolorosa, al deterioro tísico, a la agonía, a la
pérdida de autocontrol e independencia.
Ante una enfermedad terminal o crónica, el ser humano puede adoptar diferentes
actitudes: renunciar, solicitar ayuda, gritar, llorar o convertirse en inválido antes de lo
necesario. El enfermo suele dirigir su frustración y enojo generalmente hacia sus seres
queridos, familia o personas significativas, llegando a hacer su vida y la de sus seres
queridos, completamente desgraciada, ya que ellos también sufren al ver al enfermo
sufrir. La Tanatología apoya al enfermo para terminar la vida de una manera positiva, al
darle sentido al dotar, buscar la plenitud personal y así servir de ejemplo a otras
personas con una valiente batalla para "vivir" la vida hasta el momento del último
suspiro.
Es un problema existencial, todos los seres vivos moriremos: siendo el hombre el único ser
que se lo cuestiona. No se reduce a un proceso químico ni a un proceso mecánico, no
es la causa del mundo exterior, pertenece a la irrecusable interioridad de la vida, a la
espiritualidad de la persona. El hombre experimenta el dolor más fuerte y profundo de
su vida al enfrentarse con su propia muerte.

CONCEPTO DE TANATOLOGÍA
La muerte es un fenómeno multifacético, que afecta a la vida, nosotros abordaremos
la muerte del ser humano. En la actualidad no es aceptada ni asumida como un suceso
natural, sino como una crisis y. por tanto, se ha convertido en una problemática
personal, familiar y social, por lo cual se ha hecho necesario su estudio formal sistémico
y científico. La Tanatología se encarga del estudio integral e interdisciplinario del
proceso de la muerte y de la muerte misma.

116
La Tanatología se define etimológicamente como el estudio o tratado de la muerte, se
deriva de las raíces griegas thánatos, que significa muerte, y logos, estudio o tratado. La
Tanatología estudia la muerte como el proceso de morir y la muerte misma. No trata de
ir en busca de la muerte sino de que el enfermo la vea como un proceso natural, como
una culminación de vida, como algo trascendental.
Tanatología es "el estudio interdisciplinario del moribundo y de la muerte,
especialmente de las medidas para disminuir el sufrimiento físico y psicológico de los
enfermos terminales, así como la aprensión y sentimientos de culpa y pérdida de los
familiares". Reúne en su quehacer, elementos personales y sociales que influyen en
cada individuo y busca resolver las situaciones conflictivas que existen en torno a la
muerte, como la eutanasia, el suicidio, el abandono de enfermos terminales y ancianos,
entre otros.

OBJETO FORMAL DE LA TANATOLOGÍA


El proceso de morir y la muerte misma.

FINALIDAD DE LA TANATOLOGÍA
Ante el miedo natural a la muerte, tanto del enfermo como de sus seres queridos, la
finalidad de la Tanatología es proporcionar al hombre que muere, una muerte digna,
una muerte apropiada; esto es, apoyándolo para aminorar el sufrimiento, lograr una
buena relación con las personas significativas, resolver conflictos y comprender sus
limitaciones físicas en su entorno personal, familiar y social.
Cuando se habla de una buena muerte, se hace referencia a la persona que muere y
también a los principales sobrevivientes, proporcionándoles la ayuda necesaria para
que vivan el proceso de la muerte de un ser querido.
El morir "es proceso o acción que da como resultado el fenómeno de la muerte"
(Valenzuela, 1996:33) que se presenta de manera compleja y multifacético, por lo que
los objetivos de la 'Tanatología se diversifican según los ámbitos en los que debe incidir.

APOYO TANATOLÓGICO HUMANO


EL ENFERMO TERMINAL
El enfermo terminal presenta dolores e incomodidades físicas, así como sufrimiento: La
Tanatología procura disminuir el dolor y las incomodidades físicas, por medio de ayudas
médicas o farmacológicas y de otros recursos físico-terapéuticos.
El sufrimiento en el paciente terminal, se debe a la confrontación con la muerte, que
conlleva: la pérdida de autosuficiencia e independencia, el deterioro físico y
sentimiento de impotencia y de culpa, la separación de la vida cotidiana y de los seres
queridos.
La manera de disminuir el sufrimiento es mediante un proceso de toma de conciencia,
de una determinada actitud, propiciando que la persona desahogue el sufrimiento y, al
mismo tiempo, que él mismo sea parte activa de este proceso. Para ello, deberá
considerarse lo siguiente:

117
• Adueñamiento de la enfermedad y del proceso de la propia muerte, es enfrentar
los acontecimientos, tomar un papel activo ante la misma, resolviendo
problemas personales, expresando su voluntad respecto de la misma y haciendo
de su muerte un suceso de crecimiento y superación personal.
• Encontrar un sentido a la propia vida, así como al sufrimiento y al dolor.
Enfrentarse a una pérdida significativa, especialmente la de la propia muerte,
debe ser una oportunidad para cuestionarse respecto del sentido no sólo de la
muerte, sino de la vida. Y debe servir para encontrar un sentido personal y
concreto de la propia vida.
• Aprovechamiento del tiempo que queda de vida, revalorándolo como
tiempo-oportunidad. Es decir, ante la inminencia de la muerte, el tiempo cobra
mayor valor para la persona. Se debe aprovechar, en la medida de lo posible, el
tiempo de vida que quede para alcanzar objetivos y anhelos pendientes que se
consideren importantes antes de morir.
• Aceptación de la muerte inminente. La aceptación es diferente a la resignación.
Aceptar implica comprender la propia naturaleza y "vivir" la última etapa de la
vida.

LA FAMILIA
Es difícil aceptar la muerte de un ser querido como algo natural. La Tanatología estudia
también los sentimientos y efectos que la muerte provoca en las personas que rodean a la
persona enferma y al moribundo, especialmente a los familiares o personas involucradas
afectivamente con él. Es importante procurar la comunicación entre el enfermo y sus seres
queridos, proporcionando atención emocional al paciente y a los miembros de la familia.
Respetando la voluntad del enfermo en la toma de decisiones, algunas decisiones
pueden provocar sentimientos de culpa o conflictos entre los miembros de la familia. Se
debe proporcionar información clara, concreta ya que ante el sufrimiento las personas
suelen verse perturbadas. En capítulos posteriores, se analizarán los distintos aspectos,
dependiendo de la edad del paciente, rol familiar, etcétera.

EL DUELO
Se define como los sentimientos, reacciones y cambios que ocurren durante el proceso
de cicatrización de una herida (psicológica) por la pérdida de algún ser querido
(O'Connor, 1990). Para ello es importante ayudar a las personas dolientes a identificar
sus sentimientos y temores, a ser capaces de pedir y otorgar perdón, y asumir una
actitud positiva ante el sufrimiento: facilitar el desahogo de emociones, sintiéndose
aceptado y comprendido, planeando un proyecto de vida que implique actividades a
corto, mediano y largo plazos. En el capítulo 4, se aborda el tema con más
profundidad.

INTERVENCIÓN EN CRISIS DE SUICIDIO


En caso de un suicidio consumado, se apoya a la familia que enfrenta un duelo,
especialmente doloroso y complicado.
Debido al incremento de suicidios en México y en el mundo, y a la complejidad del
tema, en el presente libro se dedica un capítulo al suicidio.

118
APOYO AL EQUIPO MÉDICO
Interacción con el cuerpo médico, liberación de las emociones que el trabajo
constante con la enfermedad, el dolor y la muerte conllevan, para evitar el caso
extremo llamado síndrome de agotamiento terapéutico.
Asimismo, suele ejercer una función mediadora o de enlace entre dolientes y el
personal médico, propugnando una atención humanizada ante el proceso de muerte
y/o duelo que se enfrenta.

CON LA SOCIEDAD
Algunos objetivos tanatológicos en esta área son:
• Mejorar la atención hospitalaria. El hospital es una institución social y el
tanatólogo debe contribuir para que el trato a los usuarios sea humano y digno.
• Ofrecer un servicio particular -a individuos y/o familias-, lo cual repercute
socialmente.
• Fomentar y difundir la toma de conciencia de los valores y virtudes que permiten
aceptar la muerte y el sufrimiento. Entre ellos se encuentran la humildad, la
fraternidad, el optimismo, la fortaleza, el amor y todos aquellos que permitan
valorar lo esencial y despreocuparse de lo superficial en la vida, como es el
apego a lo material, la excesiva competencia entre las personas, el afán de
poseer y dominar, etcétera.

El tanatólogo, como especialista en esta área, debe dirigir su ayuda de manera


personalizada a todos y cada uno de estos sujetos, con el fin de ayudarlos lo mejor posible.

LABOR TANATOLÓGICA
La labor tanatológica consisten en procurar el bien morir, es decir, una muerte digna.
Sus objetivos dependen de cada caso, es decir, de las necesidades del usuario y de las
circunstancias en las que se encuentra. Comprende tres actividades principales que se
mencionan a continuación, y que en ocasiones es difícil diferenciarlas en la práctica,
pues se combinan y se apoyan unas con las otras.

APOYO
Consiste en realizar vanas actividades que propicien tranquilidad y bienestar, ya sea
físico o emocional en el enfermo terminal. El apoyo es tan variado como son las
necesidades de las personas.

ACOMPAÑAMIENTO
Es la actividad que consiste en estar con el enfermo, aun cuando se tenga una actitud
pasiva. Quien realiza el acompañamiento está aportando al moribundo la tranquilidad
de no estar solo.

CONSEJERÍA
Es un proceso de corto tiempo, donde se intercambian ideas, experiencias v
emociones, entre dos o más personas en aras de despertar conciencia. Se dice
también que es un proceso problematizador, donde el consejero escucha y cuestiona
al usuario, a fin de que el mismo encuentre sus propias respuestas.

119
La diferencia principal entre la psicoterapia tradicional y la consejería tanatológica.,
consiste en que la segunda es un proceso breve, con el fin de que se acepte la pérdida
de la propia vida o la de un ser querido y de que asuma un papel activo en el proceso
de muerte y duelo.
Se define a la consejería tanatológica como "un trabajo que busca elevar la
conciencia", con lo que se hace referencia a la necesidad de que el usuario se
cuestione y encuentre el sentido de su vida, e identifique sus propios sentimientos, ideas,
prejuicios, etc., respectó a la muerte.
En general la labor tanatológica busca, en primera instancia, que el individuo
encuentre aceptación ante la muerte, ya sea su propia muerte o la de otra persona.
Sea una muerte inminente, una muerte pasada o la simple idea y probabilidad de ella.
La muerte se facilita cuando no existen conflictos residuales entre las personas, es decir,
problemas interpersonales sin resolver, los cuales provocan sentimientos de culpa,
tristeza, decepción, enojo, etcétera.
Procura que la muerte sea aceptada como un hecho natural, como parte del cielo
mismo de la vida. Esta búsqueda de aceptación está dirigida a cada persona y a la
sociedad en general. A través de las diferentes áreas de la labor tanatológica se puede
resolver el problema que existe en las sociedades, especialmente en las de tendencia
occidental, con respecto a la negación ante la muerte.

SENTIDO DE LA MUERTE Y SIGNIFICADO DE TANATOLOGÍA


¿Tiene algún sentido la vida? Es una pregunta que frecuentemente hace la persona
cuando se enfrenta a la muerte, y sí lo tiene, sobre todo cuando se piensa en los
momentos alegres, en las experiencias placenteras, en los triunfos, etc. Sin embargo,
resulta difícil entender el sentido de la vida, de todos y cada uno de los momentos que
la conforman, e incluso, el de la propia existencia, cuando hay que enfrentar
situaciones desagradables, cuando se fracasa o se es víctima de injusticias, engaños,
enfermedades, accidentes, etcétera.
Es innegable que a lo largo de la vida, la persona enfrenta momentos de dolor,
sufrimiento y pérdida, los cuales son inevitables. Todas las personas viven pérdidas, como
el término de la infancia, de la juventud, la separación de seres queridos e, incluso, el no
poder lograr metas planeadas o la imposibilidad de realizar planes e ilusiones. El mayor
sufrimiento que experimenta el ser humano en su vida es, sin duda, la muerte.

CARACTERÍSTICAS DE LA MUERTE
Se hace referencia a las características propias de la muerte con el fin de comprender
mejor por qué ésta es tan difícil de entender y aceptar, y por qué es justo ante ella
cuando nos cuestionamos el sentido de la vida, siendo que parecieran ser totalmente
opuestas. Dichas características son las siguientes:
• Universal. Todos los seres vivos mueren.
• Natural. Es un suceso vinculado con la vida, por tanto, los seres vivos morirán por
su naturaleza. Es normal que la muerte suceda, ya que los seres vivos son
limitados, en tiempo y espacio.

120
• Necesaria. Contribuye al equilibrio de las especies y es parte del ciclo de la vida.
• Cotidiana. Sucede diariamente.
• Indeterminable. A pesar de la certeza del morir, se tiene incertidumbre respecto
del momento en que la muerte ocurrirá; no hay tiempo, ni edad predeterminada
para ello.
• Única. Todo ser vivo tendrá sólo una muerte, nadie puede tomar el lugar del que
está muriendo.
• Definitiva. No es posible volver a la vida después de la muerte.
• Radical. Muere toda la persona, es el fin de todas las capacidades del ser
humano.

FACTORES QUE INTERVIENEN EN LA MUERTE


• Género.
• Edad.
• Estado civil.
• Nivel y estado socioeconómico.
• Cultura.
• Umbral del dolor.
• Concepto personal de muerte.
• Cambios.
• Tipo de enfermedad y cambios físicos.
• Pérdida de autonomía.
• Tolerancia a la frustración

ANTECEDENTES HISTÓRICOS
Desde la época medieval las órdenes religiosas trabajaron con los enfermos antes de la
muerte y durante la muerte misma. Toda la ayuda que proporcionaban era con base
en el amor, era un acompañamiento para que la persona muriera en paz.

EL MINISTRO EXTRAORDINARIO DE LA COMUNIÓN Y LA MUERTE

El dolor es el gran educador de la humanidad. Desde que nace el ser humano hasta
que muere está en auténtico proceso de educación ayudado por muchos
educadores. Uno de los principales educadores es el sufrimiento. Por él, descubre el ser
humano la gran necesidad que tiene de la ayuda de Dios.
Es obligación del Ministro Extraordinario de la Comunión ayudar al enfermo grave y a
sus familiares a prepararse para la muerte. No hay que tener miedo hablar de la
muerte, es por eso que el MEC debe estar en constante oración. Pedir siempre la ayuda
del Espíritu Santo para que él nos utilice como instrumentos de su voluntad. Recordemos
que la asistencia diaria a la Santa Misa, la comunión, la oración, las visitas al Santísimo

121
son la clave para que el MEC pueda dar palabras de aliento y paz al enfermo grave y a
sus familiares. El primero en mostrar entereza, tranquilidad y dar fortaleza espiritual a la
hora de la muerte de un familiar, o un enfermo al que se le lleva la Sagrada comunión,
es después del Sacerdote, el MEC. La razón es porque se considera que es una persona
espiritual y ce 1 mucho conocimiento de la religión y por ende preparado para atender
cualquier acontecimiento donde se requiera asistencia espiritual.
Veamos brevemente algunos aspectos importantes de la Tanatología.
Qué significa Tanatología: Del griego Thanatos = Muerte y logos= Tratado

¿Qué es la Tanatología?
Es una disciplina integral que estudia el fenómeno de la muerte en los seres humanos y
trata de resolver y enfrentar las situaciones conflictivas que suceden en torno a ella.
Es un intermediario entre la muerte el dolor y el amor. Asegura una muerte digna y en paz.

La Tanatología exige los siguientes pasos:


1) Atención al Sufrimiento (físico, dolor) (enfermera, médico, familia)
2) Atención al sufrimiento espiritual (Sacerdote, Ministro EC)
3) Atención al sufrimiento psicológico (Psicólogo)
4) Atención a las relaciones significativas del enfermo (Sacerdote, MEC, Tanatólogo)
(hijos, esposa, trabajo, deudas, relaciones personales fracturadas)
5) Atención a las últimas voluntades del enfermo. (Sacerdote MEC, Tanatología)
6) Atención a los aspectos Legales. (Abogado)

Cuando a una persona se le ha diagnosticado una enfermedad incurable enfrenta 6


etapas o fases que son importantes conocer y analizar.
1ª Shock: (No es posible, el doctor se equivocó, pediré otro diagnóstico)
2ª Negación: (Mecanismo de defensa actúa como si nada pasara. Etapa de
aislamiento y angustia)
3ª Ira o rabia: (Sentimiento de enojo por la impotencia de enfrentar el sufrimiento.
Su ira es contra una persona cercana y contra Dios)
4ª Negociación: (Es el ofrecimiento de actitudes o sacrificios a cambio de la
restitución de lo que se ha Perdido. Lo que se va a negociar son
sentimientos de culpa ocultos, o manifiestos)
5ª Depresión: (Se manifiesta mediante sentimientos de tristeza, decepción,
desamparo y soledad se tiende al llanto. Es importante llorar pues es
una forma positiva de externar el sufrimiento)
6ª Aceptación: (Es la capacidad de enfrentar la pérdida de la salud y dándole un
sentido positivo al sufrimiento).
Cada persona tiene que morir, esto es inevitable. La manera de enfrentar la muerte
varía de una persona a otra, es justo en éste acontecimiento personal cuando la
persona busca a Dios más que nunca especialmente si estuvo alejada (do) de Él.

122
La enfermedad terminal o grave de un familiar o amigo cercano cambia la vida de la
familia y todos enfrentan cambios muy fuertes en su diario vivir, en su psicología y en su
espiritualidad. Es importante entonces pedir a la familia se una en oración y regale al
enfermo tiempo de calidad amor, caridad y paciencia. Si la familia es grande se puede
pedir hagan un programa semanal donde cada uno ofrezca tiempo para estar con el
enfermo ya que una sola persona no podrá hacerlo sola porque es muy desgastante en
todos los sentidos.
Cuando el MEC es solicitado a llevar la comunión a un enfermo se tratará o de un
enfermo terminal, un enfermo que ha sido intervenido quirúrgicamente, a un enfermo
que ha perdido la movilidad por una enfermedad larga, o a un anciano. Ellos
generalmente estarán muy sensibles, tal vez irritables, cansados de la cama, con dolor
físico o malestares de todo tipo. Es importante interesarse por el enfermo y de ser posible
hacerle alguna visita a la semana exclusivamente para charlar con el enfermo y hablar
con el de Dios. Leerle alguna oración, quizá rezar el Santo Rosario (todo o pudiera ser
uno o dos misterios) Leer la biblia, las lecturas del día o simplemente preguntarle que
siente, qué piensa, qué desea. (Encaminar siempre su charla hacia Cristo Jesús,
hablarle de la confesión, y de cómo ve Dios a los enfermos). Sólo platicando con el
enfermo y su familia podrás ayudar y en su momento hablar de la preparación para la
muerte. Dice Lucio Séneca filósofo: "Habla para que te conozca".
¿Por qué involucrarse con el enfermo y su familia? Porque Dios te está dando la
oportunidad de ayudar, evangelizar y encaminar un alma al cielo a través de tu Ministerio.
Alguna vez leí en algún buen libro que citaba: “Los enfermos existen para que los que
estamos sanos nos hagamos buenos”.

El acompañamiento a un enfermo:
El Sacramento de la unción de los enfermos tiene como finalidad ayudar al enfermo y a
los familiares a entrar en contacto con sus propios sentimientos y a descubrir en la
enfermedad misma y en la muerte un don, y una esperanza que viene de Dios.
Se sugieren los siguientes pasos:
a) Conseguir hablar de la enfermedad y la muerte con serenidad.
b) Vivir juntos la prueba y la realidad humana de la separación inminente.
c) Descubrir la nueva libertad que pueden vivir quienes se acercan a la muerte,
especialmente la libertad que hace posible perdonarse y reconciliarse.
d) Abordar con la mayor paz posible todo lo que en una existencia queda inconcluso a
causa de la muerte.
e) Vivir juntos, en la esperanza, el término de una vida, recordando la muerte de Jesús.

Cuidados Paliativos
La OMS (Organización Mundial de la Salud) define a los cuidados paliativos como el
cuidado activo y total de los pacientes en el momento en que su enfermedad no
responde a las medidas curativas. El principal objetivo es el control del dolor y otros
síntomas. Son medidas que realiza un equipo interdisciplinario (médicos, psicólogos,
enfermeras, Sacerdote, tanatólogo/a, y familiares). Se busca en lo posible el bien estar
del paciente.

123
Es muy importante que el enfermo tenga calidad de vida es decir, ser tratado con
Dignidad porque es imagen de Dios. Que sus medicamentos le sean dados a tiempo,
que tenga el menor dolor posible (Limpieza de su cuarto, de su persona, de su ropa.
Hablarle con respeto, cariño y que siempre se sienta necesitado, amado, respetado).
Si el paciente tiene el menor dolor posible tendrá paz, claridad mental y se le puede
hablar acerca de su situación. (En este caso el MEC ya se ganó la confianza y el cariño
del enfermo a través de las muestras de cariño e interés por la persona) Ej. ¿Ya pensó
usted que Dios le puede mandar llamar?, ¿estará usted listo?, ¿tiene algún pendiente
que hacer?, ¿necesita hablar con alguien en especial?,¿ya tiene usted un
testamento?, ¿le puedo ayudar en algo? Sugerirle que regale sus cosas personales a
Instituciones de caridad de preferencia o a familiares, importante que no haya apegos
materiales de ninguna clase. Jesús nació y murió en la pobreza absoluta y fue feliz.

Recomendaciones / Sugerencias del MEC para la familia


Es importante instruir a la familia en ¿qué hacer en caso de fallecimiento sin un
sacerdote o MEC presente? ¿Qué rezar en esos momentos? Recomendar tener un libro
de oraciones junto al enfermo, la Biblia, un cirio, un crucifijo, una imagen de la Virgen,
un rosario, agua bendita, el teléfono de un sacerdote cercano.
• Rezar con calma (no gritar, mantener la calma, rezar el Rosario de la Misericordia,
a san Miguel Arcángel, salmos, Evangelios, Ave María, Padres Nuestros).
• Hablarle al oído mientras la persona se está yendo.
• No permitir que los vecinos, amigos o curiosos entren a ver el cuerpo, eso es
faltarle al respeto. La muerte no es un espectáculo.
• Se le pueden aplicar los Santos Óleos antes o durante la muerte o dos horas
después de la muerte, después de ese tiempo ningún sacerdote lo hará.
• Es muy importante que hasta el último momento haya dignidad en el trato hacia
el cuerpo.
• Llevar un libro de oraciones a la funeraria, se debe seguir orando en la funeraria e
invitar a las personas que vayan al funeral.
Acompañar a la familia en la medida que se pueda al novenario. Siempre será más
fácil ayudan en caso de una muerte esperada (enfermedad prolongada) que una
inesperada. Es por eso de extrema importancia insistir en que todos participen
cuidando al enfermo/a para que cuando se vaya no haya remordimientos y la
resignación sea más rápida. El comportamiento de los familiares después de la muerte
tendrá que ver con cuántos remordimientos tenga por no haber cooperado en el
cuidado del enfermo pudiendo haberlo hecho. Recomiende siempre el consejo de un
sacerdote antes que el sicólogo, la confesión y la asistencia a la Santa Misa.
Un duelo dependerá del tipo de relación que se tenía con la persona que murió.
Generalmente un duelo sano dura entre 3 y 6 meses. Después de este tiempo la
persona empieza a retomar su vida, a hacer planes, a salir, a hacer cambios positivos. Si
el duelo dura un año ya se requiere ayuda profesional.

124
UNIDAD VII
REPASO Y RECOMENDACIONES

A) ORACIÓN INICIAL
Texto Bíblico:
"Hermanos: también les rogamos, que corrijan a los indisciplinados, que alienten a ¡os
acomplejados, que sostengan a los débiles, que tengan paciencia con todos. Estén
atentos que ninguno devuelva mal por mal; al contrario, esfuércense por hacer siempre el
bien unos a otros y a todos. Estén siempre alegres. Oren en todo momento. Den gracias
por todo, pues ésta es la voluntad de Dios con respecto a ustedes como cristianos. No
apaguen la fuerza del Espíritu; no menosprecien los dones proféticos. Examínenlo todo y
quédense con lo bueno. Apártense de todo tipo de mal" (1Tes 5,14-24).

Reflexión:
Vivan en paz unos con otros.
Nadie devuelva mal por mal; esfuércense por hacer siempre el bien. Den gracias a Dios
en toda ocasión. Disciernan la acción del Espíritu. Cuídense del mal en todas sus formas.
Consérvense irreprochables en todo su ser -espíritu, alma y cuerpo- hasta la venida de
nuestro Señor Jesucristo.
El que los llama es fiel y así lo hará.
Para construir comunidades cristianas se necesitan, más que una buena organización
los cristianos que vivan estas actitudes que señala Pablo.
Más Virtudes que Planes.
- Ministros: ¿Cuál es nuestro aporte a la Comunidad que servimos?

B) REQUISITOS PARA SER MINISTROS EXTRAORDINARIOS DE LA COMUNIÓN


1. Piadoso, de comunión frecuente, maduro en su fe, mayor de 18 años.
2. Apostólico, servicial, especialmente con los enfermos.
3. De buenas costumbres y sin graves problemas familiares.
4. Con el debido permiso de su familia.
5. Escogido por el Sr. Cura, y apoyado por la comunidad.
6. Haya recibido la formación básica.
7. Que vista decentemente.
8. Use relicario y ritual aprobado.
9. Se haga acompañar por la,(s) persona(s).
10. Actúe en su parroquia y de acuerdo a las disposiciones dictadas por el Sr. Cura.
11. Cuente con el permiso por escrito del Excelentísimo Sr. Obispo o de su Delegado
Episcopal para ministerios laicales.

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Estos son los requisitos que varios Obispos piden sean llenados por los candidatos a
ministros extraordinarios de la Comunión.
Cada Obispo en su respectiva Diócesis quita o pone otros requisitos según su prudente
juicio y las necesidades locales.

C) ONCE RECOMENDACIONES
1ª. No descuidar la formación permanente.
El no asistir con regularidad a las juntas de formación y a los retiros espirituales y demás
actos de piedad propios para los MEC va en detrimento de su vida espiritual y
apostólica.

2º. Cumplir con las responsabilidades en la parroquia.


El compromiso con nuestra parroquia debe ser generoso, de ayudar al máximo a
resolver los muchos problemas que tenga, pero sin desatender otros deberes no menos
importantes como son los familiares y de trabajo.
Es positivo comprometemos solo en dos o tres cosas bien concretas y que estén en
relación con el ministerio que ejercemos, pero cumplirlas.
No contribuyamos a la desorganización de la pastoral parroquial.

3º. Vestir decentemente.


Toda persona honesta y toda mujer cristiana siempre debe vestir decentemente y no
ser nunca causa de escándalo para sus hermanos.
Es requisito para ser admitido como MEC, vestir decentemente.

4a. No platicar cosas ajenas mientras se lleva el Santísimo.


No hay nada malo que mientras llegamos a la casa de algún enfermo nos informemos
de su salud, si avanza la enfermedad, si hay otro tipo de problemas para mejor
ayudarlo y servirlo.
Por desgracia, algunos ministros platican de todo asunto profano, que no tiene nada
que ver con su ministerio y con su actitud causan escándalo y disgusto a las personas
que notan esa desatención a nuestro Señor.
Muy bueno sería que se aprovechara el tiempo para pedir por las necesidades de los
enfermos y de sus familiares, o por otras necesidades de la parroquia.

5º. Hacer su ministerio con devoción.


Con frecuencia Dios, nuestro Señor, nos manda unas pruebas llamadas sequedad o aridez.
Nosotros deseamos hacer con fervor nuestros actos de piedad y ponemos los medios
para ello, pero nos cuesta mucho trabajo, y a pesar de ello sentimos no tener fervor.
En este caso debemos seguir insistiendo en el firme deseo de perfección y pedirle al
Señor nos de su gracia para sacar el fruto de esta aridez que es una purificación muy
grande de nuestra alma.

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Pero otras veces estamos sin fervor, a causa de nuestra tibieza y repetidas faltas
veniales:
- no hacemos oración, o la hacemos mal.
- muy poco nos mortificamos,
- criticamos a nuestros superiores,
- envidiamos a otros ministros,
- nosotros fomentamos la división en las mismas organizaciones apostólicas,
- nuestras conversaciones dejan mucho que desear,
- no ponemos ejemplo cristiano en nuestra familia, ni en el trabajo, etc.
Y la solución está en trabajar con entereza para mejorar toda nuestra vida espiritual.
"Porque no eres ni frío ni caliente, por eso estoy por vomitarte" (Apocalipsis 3, 15-16).
Es decir, el Señor nos expulsa y nosotros terminamos por aburrimos y fastidiarnos con
este gran ministerio.

6º. Usar siempre el relicario y el porta relicario.


Es un requisito exigido para ser MEC. Se ve mal llevar la Hostia Consagrada en cualquier
recipiente y que en vez de llevarla junto al pecho, la llevemos en los bolsillos del
pantalón, en el bolso de mano o en la cajuelita del carro.

7º. No cambiar los ritos y ceremonias sin razón.


Una cosa es que el MEC aproveche la autorización que se le concede por la misma
liturgia:
- Para seleccionar las oraciones y lecturas de acuerdo a las circunstancias y
necesidades de los presentes;
- Para suprimir o agregar algunas oraciones o ritos, según la gravedad del
enfermo.
Y otra cosa muy distinta es que el MEC, se salga de las normas dictadas para los libros
litúrgicos aprobados;
- Haga otras ceremonias que en sí son buenas y santas, pero que no están
indicadas en el rito.
No afecta a la validez del sacramento, pero sí a su licitud y esto se considera un acto
reprobable que puede revestir cierta gravedad (Ver comentario al c. 230, párrafo 3).

8º. No ejercer el ministerio sin la debida autorización.


La licencia se concede normalmente temporal por 1 año. Se necesita que el párroco
pida el refrendo anual. El sacerdote encargado tiene la obligación, en conciencia, de
no pedir el refrendo de licencias para aquellos MEC que están faltando notoriamente
en puntos delicados y se les ha llamado la atención sin haber ninguna encomienda.
Se puede dar el caso de que otro párroco distinto del párroco de domicilio, invita a una
persona a que le ayude como MEC, y le consigue el debido permiso. Sería
recomendable que estuviera enterado el párroco por domicilio del MEC invitado por
otro párroco.

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Lo que se debe evitar es tener licencia para ejercer el ministerio de MEC en una
parroquia y ejercitar el ministerio también en otra.
Para grandes eventos como son los congresos, jomadas diocesanas de gran
concentración de personas, los MEC han ayudado a repartir la Sagrada Comunión, no
importando de que parroquia sean, pero siempre bajo la vigilancia del equipo
diocesano.
No se descarta la posibilidad de un acuerdo entre todos los párrocos de un decanato o
zona pastoral para que sus MEC, puedan ejercer su ministerio en todas las parroquias de
la zona. En este caso el decano pide la autorización al Obispo, y se nombra un
sacerdote que atienda a todos los MEC de esa zona pastoral. Otros ministerios no le
están permitidos: Por ejemplo:
- Dar la bendición con el Santísimo.
- Bendecir imágenes y/o agua.
- Bautizar cuando no es caso de necesidad o hay otros ministros ordinarios.
Cuando hay necesidad y no hay ministros ordinarios, con autorización expresa o al
menos presunta, el MEC debe llevar el viático al enfermo grave, según lo dispone el c.
911, párrafo 2; pero después debe informar al párroco, superior, o capellán encargado
de la custodia de la Eucaristía; deber este último, que con frecuencia se descuida.

9º. Todo lo que nos sucede es providencial.


Si se pone un alto a tu hermoso ministerio, recuerda que no se mueve la hoja del árbol
sin la voluntad de Dios; Él es quien te pone esa prueba y tú, con humildad debes
aceptarla y continuar trabajando con cariño unido a tu Iglesia, en el apostolado que se
te ofrezca o en lo que tú puedas hacer.

10º. No conservar la Eucaristía en su casa ni llevarla consigo (c. 935).


c. 935: "A nadie está permitido conservar en su casa la santísima Eucaristía o llevarla
consigo en viajes, a no ser que lo exija una necesidad pastoral y observando las
prescripciones dictadas por el Obispo diocesano". Esta ley es para todos.
Requisitos para conservar en la casa la santísima Eucaristía, o llevarla consigo en viajes,
se requiere:
1. Que lo exija la necesidad pastoral, por ejemplo:
- por inundaciones, incendio, peligro de profanación, (c. 938, párrafo 4), o
- para dar la comunión a los fieles que de otra manera se verían privados de
ella.
Una Instrucción de la Sagrada Congregación para la Disciplina de Sacramentos, del 10
de octubre de 1949, AAS, (1949) 509, permitía tener la reserva del Santísimo en oratorios
privados situados en el campo y lugares retirados de la iglesia, si esto era no sólo a favor
de los dueños, sino redundaba en bien de los habitantes de la comarca. Siempre se
pedía que hubiera una persona encargada de cuidar la Eucaristía y se renovara el
Santísimo cada ocho o quince días.

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En el Código de Derecho Canónico que nos rige actualmente, también hay autorización
para tener el Santísimo en oratorios, (c. 1225) y en capillas privadas (c. 1228), destinadas
al culto divino con autorización del Ordinario del lugar, en beneficio de una comunidad
o grupo de fieles o de una o varias personas físicas (c. 1223 y c. 1226).

11ª. No decir la plegaria eucarística u otras oraciones propias del celebrante (c. 907).
Canon 907: "En la celebración eucarística no se permite a los diáconos ni a los laicos
decir las oraciones, sobre todo la plegaria eucarística, ni realizar aquellas acciones que
son propias del sacerdote celebrante".
La celebración eucarística, es ofrecida por Cristo en unión de toda la Iglesia compuesta por
clérigos: (obispo, sacerdotes y diáconos), y laicos que forman el Cuerpo Místico de Cristo.
Cada uno de los miembros de este Cuerpo interviene de modo diverso, según la
diversidad de órdenes y funciones. Razón por la cual, en las celebraciones litúrgicas y,
en forma especial, en la celebración eucarística, no se puede actuar según el parecer
de cada uno, sino que; "cada cual, ministro o simple fiel, al desempeñar su oficio hará
todo y sólo aquello que le corresponda por la naturaleza de la acción y las normas
litúrgicas" (SC 26 y 28; c. 837, 1).
Las oraciones presidenciales o propias del sacerdote son, además de la plegaria
eucarística:
• Oración colecta,
• Sobre las ofrendas,
• Oración después de la Comunión.
• Algunas moniciones y fórmulas de introducción y conclusión.
• Explicar la Palabra de Dios ordinariamente.
• Dar la bendición final.

¿Cuál es la plegaria eucarística?


La plegaria eucarística, también llamada Canon de la Misa, o Anáfora, es el conjunto
de oraciones que se inician con el "Prefacio", Levantemos el corazón... R./Demos
gracias al Señor. ..y termina con la "Doxología", o alabanza, cuando el sacerdote eleva
la hostia juntamente con el vino consagrado y dice: "Por Cristo, con Él y en Él; a ti, Dios
Padre omnipotente, en unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria, por los siglos
de los siglos, amén".
Corresponde exclusivamente al sacerdote en virtud de su propio ministerio. Está
prohibido por tanto que recite alguna de sus partes un ministro de grado inferior, o la
asamblea, u otro de los fieles. Esto sería ajeno a la naturaleza jerárquica de la liturgia en
la que cada uno debe hacer todo y sólo lo que le pertenece. La plegaria eucarística,
por consiguiente, debe ser proclamada integra y exclusivamente por el sacerdote
(Const. Sobre la Sagrada Liturgia, n. 28).

Elementos de la plegaria eucarística:


• Prefacio: acción de gracias por las maravillas de Dios.
• Aclamación del Santo

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• Epíclesis: invocación al Espíritu Santo para pedir que el pan y el vino sean
convertidos en el Cuerpo y Sangre de Cristo.
• Narración de la Institución y Consagración.
• Anamnesis: se memorial de la Pasión, Resurrección y ascensión de Cristo.
• Oblación: la Iglesia ofrece la Hostia consagrada al Padre, en el Espíritu Santo, y se
ofrece a sí misma en la ofrenda de Cristo.
• Segunda epíclesis: oración para que el Espíritu Santo una en un solo Cuerpo a los
comulgantes de la ofrenda.
• Intercesión: memoria de toda la Iglesia, esto es, los santos, los vivos y los difuntos.
• Doxología: glorificación a la Santísima Trinidad; y termina con la:
• Aclamación del pueblo: "Amén".

Acciones propias del celebrante (IGMR 30-33)


• Presidir toda la celebración eucarística;
• Iniciar la proclamación del "Gloria", del "Credo", de la "Oración comunitaria", y
otras aclamaciones.
• Predicar la homilía.
• Consagrar el Cuerpo y la Sangre de Cristo.
• Distribuir el Cuerpo de Cristo.

Propio del diácono es: (IGMR 94)


• Anunciar el Evangelio,
• ayudar a predicar la Palabra de Dios,
• decir las intenciones y dirigir la respuesta de los fieles en la oración universal,
• preparar el altar y ayudar al sacerdote a distribuir la sagrada Eucaristía, sobre
todo bajo la especie de vino.
• hacer moniciones a los fieles sobre posturas y acciones.
Propio de los laicos, de toda la comunidad que favorece la participación: (IGMR 95-97)
• Los diálogos entre el sacerdote celebrante y la asamblea de fieles
• Las aclamaciones y respuestas al celebrante
Además:
• el acto penitencial,
• la profesión de fe,
• la oración de los fieles,
• el Padre nuestro.
• Las acciones, gestos, o posturas corporales propias de su participación.

Propio del Acólito instituido (IGMR 98)


• Preparar el altar y vasos sagrados,
• preparar a otros ministros participantes, como el lector, salmista, etc.
• ayudar al sacerdote y al diácono,
• distribuir la sagrada Comunión como MEC.

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Propio del Lector instituido (IGMR 99)
• Leer las lecturas, pero no el Evangelio.
• Proponer las intenciones de la oración universal,
• si falta salmista, suplirlo leyendo el salmo responsorial.

Propio del Salmista (IGMR 102)


• proclamar el salmo responsorial,
• ayudar a la asamblea con sus cantos.

Otros ministros que actúan en el presbiterio:


• quienes portan el misal, la cruz alta, los ciriales, presentan el pan y el vino, el agua,
el incensario, etc.
• Los MEC, que ayudan, si hay necesidad, a distribuir la Sagrada Comunión.

Otros ministros que actúan fuera del presbiterio: (IGMR 105)


• El comentarista, el que recibe a los fieles, los colectores, el sacristán; el coro, con
sus músicos y cantores (IGMR 103-104), quienes deben favorecer la participación
activa de los fieles en el canto.

D) HACER SOLICITUD O LA PETICIÓN DE RENUEVO


Elaborarla personalmente.
Va dirigida al Sr. Obispo, con la petición clara de lo que se desea.

E) REPASO (Apuntes)

F) ORACIÓN FINAL

Texto Bíblico:
"No amontonen tesoros en la tierra, donde la polilla y la herrumbre echan a perder las
cosas, y donde los ladrones perforan los muros y roban. Amontonen mejor tesoros en el
cielo, donde ni la polilla ni la herrumbre echan a perder las cosas, y donde los ladrones
no perforan los muros ni roban. Porque donde está tu tesoro, allí estará también tu
corazón" (Mt 6,19-21).

Reflexión:
No acumulen tesoros en la tierra, que se acaban o los roban. Acumulen, tesoros en el
Cielo, que son eternos. Donde esté tu tesoro, estará también tu corazón.
Es propio de inteligentes guardar lo que para muchos no vale: "tesoros en el cielo".
Convendría saber, a ciencia cierta, a qué está apegado nuestro corazón.
- ¿Nos animamos, ante Dios, a buscar la verdad de cada uno de nosotros?

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BIBLIOGRAFÍA

FUENTES
- CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA, (1992).
- CÓDIGO DE DERECHO CANÓNICO, (1983).
- CONCILIO ECUMÉNICO VATICANO II, Constituciones, Decretos y Declaraciones, (1962-1965).
- CONGREGACIÓN PARA EL CULTO DIVINO Y DISCIPLINA DE LOS SACRAMENTOS, Instrucción
Redemptionis Sacramentum, (25 de marzo de 2004).
- CONGREGACIÓN PARA EL CULTO DIVINO Y DISCIPLINA DE LOS SACRAMENTOS, Instrucción
"Inaestimabile Donum" (1980).
- CONGREGACIÓN PARA EL CULTO DIVINO Y DISCIPLINA DE LOS SACRAMENTOS, Directorio de
las Celebraciones dominicales en ausencia del presbítero (1988).
- CONGREGACIÓN PARA EL CULTO DIVINO, Instrucción "Memoriale Domini", (1961).
- CONGREGACIÓN PARA LA DISCIPLINA DE LOS SACRAMENTOS, Instrucción "Inmensae
Charitatis", (1973).
- III Conferencia general del Episcopado Latinoamericano "La Evangelización en el presente y
en el futuro de América Latina". Documento de Puebla (México 1979).
- III PLAN DIOCESANO DE PASTORAL, Diócesis de Aguascalientes.
- IV Conferencia general del Episcopado Latinoamericano, "Nueva Evangelización.
Promoción humana. Cultura Cristiana". Documento aprobado (Santo Domingo 1992).
- JUAN PABLO II, Carta 'Dominicae Cenae" (1980). "-
- JUAN PABLO II, Carta Encíclica Ecclesia de Eucharistia, (17 de abril de 2003).
- JUAN PABLO II, Carta Pastoral Novo Millennio Ineunte, (6 de enero de 2001).
- JUAN PABLO II, Exhortación Apostólica Christifideles Laici, (1987).
- MISAL ROMANO, Institución General del Misal Romano, Tercera edición típica, (2002).
- PABLO VI, Encíclica "Mysterium fidei", (1966).
- PABLO VI, Exhortación Apostólica 'Evangelii nuntiandi", (1975).
- PABLO VI, Motu proprio "Ministeria quaedam" (1972).
- RITUAL ROMANO, Ritual de la Comunión y del culto eucarístico fuera de la Misa, (1973).
- RITUAL ROMANO, Ritual de la Unción de enfermos y su atención pastoral, (1972).
- S. CONGREGACIÓN DE RITOS-CONSILIUM, Instrucción "Eucharisticum Mysterium" (1967).

OBRAS
- ÁLVAREZ C. Carlos G., Servidores del Pan de vida a los Hermanos, Ediciones Fray Juan de
Zumárraga, A.R. México 2002.
- Medina E. Jorge, Los Sacramentos de la Iglesia, Editorial Claretiana; Buenos Aires 1977.
- MERLOS ARROYO Francisco, Iglesia, Comunidad, Ministerios, UPM, México 2000.
- PÉREZ ROMERO Juan Manuel, Ministros Extraordinarios de la Comunión —Curso básico de
formación y folleto de exámenes, Nueva SECAM, Querétaro 1997.
- RUSSO Alejandro G., Manual para los ministros extraordinarios de la Eucaristía, Editorial
Claretiana, Argentina 2000.
- TRUCCO Edgar J., Ministros de la Eucaristía, Editorial Bonum, Argentina 19988.
- ZAMUDIO GUZMÁN Tomás, Orientaciones litúrgicas, canónicas y morales para los Ministros
extraordinarios de la Sagrada Eucaristía, Clavería, México 1993".

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SIGLAS Y ABREVIATURAS

AA CONCILIO VATICANO II, Decreto "Apostolicam Actuositatem".


AAS "Acta Apostolicae Sedis".
AG CONCILIO VATICANO II, Decreto "Ad Gentes Divinitus".
CEC Catecismo de la Iglesia Católica.
ChL Juan Pablo II Exhortación apostólica "Christifideles laici".
CIC Código de Derecho Canónico.
PP III Conferencia general del Episcopado Latinoamericano, Documento de
Puebla.
DS Denzinger, "Enchiridion Simbolorum".
DV CONCILIO VATICANO II, Constitución Dogmática "Dei Verbum".
EN PABLO VI, Exhortación Apostólica "Evangelii Nuntiandi".
IGMR Misal Romano, Institución General del Misal Romano.
LG CONCILIO VATICANO II, Constitución dogmática "Lumen Gentium".
MEC Ministro Extraordinario de la Comunión.
MF PABLO VI, Carta Encíclica "Mysterium fidei".
MQ PABLO VI, Carta "Ministeria Quaedam".
MR Misal Romano.
NMI Juan Pablo II, "Novo Milenio Ineunte".
OE CONCILIO VATICANO II, Decreto "Orientaluim Ecclesiarum".
PO CONCILIO VATICANO II, Decreto "Presbyterorum Ordinis".
S.S. Su Santidad.
SC CONCILIO VATICANO II, Constitución dogmática "Sacrosanctum Concilium".
SD IV Conferencia general del Episcopado Latinoamericano, Documento de
Santo Domingo.
UR CONCILIO VATICANO II, Decreto "Unitatis Redintegratio".

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