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El burgués.

Contribución a la historia espiritual del hombre económico moderno

Sombart, W. (1972, 1977). El burgués. Contribución a la

historia espiritual del hombre económico moderno. Madrid:

Alianza Editorial.

Sombart en este libro quiere captar la esencia del

espíritu capitalista donde enlaza la empresa y el lucro, todo

ello determina unas virtudes burguesas como lo son los

comportamientos, opiniones, principios y actitudes que

constituye la esencia del burgués.

Pero, ¿a qué se refiere con el término burgués? De acuerdo a

Sombart fue adquirido en Florencia a finales del siglo XIV, para definir a todas aquellas

personas que pertenecen al mundo de los negocios. Alberti contribuyó de forma valiosa para

tener un mejor juicio acerca del espíritu burgués, ahondaremos en algunas opiniones y puntos

de vista referentes a la estructura de la económica y sus relaciones, de allí surgen dos grupos

de opiniones los cuales son santa economicidad que refiere al espíritu de economía o de buena

administración y la moral en los negocios; relaciones entre los hombres de negocios y el

mundo exterior.

Cuando se habla de santa economicidad hace referencia a la racionalización de la

administración económica basada en que los gastos no deben superar los ingresos, entendiendo

como la prudencia entre esta relación, esto nos indica Alberti en la obra de Pandolfini en esta

frase:

“Recordad siempre esto, hijos míos; nunca permitáis que vuestros gastos sobrepasen a

vuestros gastos” (Sombart, p. 118). Enlazados a esto tenemos otra característica en la


racionalización en una economización de la administración importantísima que es “gastar

menos de lo que se ganara, es decir, ahorrar” (Sombart, p 119) en el cual se debe mantener un

equilibrio exacto entre el derroche y lo escaso. Albertinos nos muestra un esquema de los

gastos, por orden de necesidad:

1. Gastos de alimentación y vestido

2. Gastos de mantenimiento de inmuebles

3. Gastos que si no son necesarios tampoco son reprobables

4. Gastos absolutamente reprobables

Todo esto se logrará solo si se sabe distribuir bien el tiempo “Quien no pierde el tiempo puede

hacer casi todo; y aquel que sabe emplearlo bien se hará pronto dueño de cualquier situación”

(Sombart, p. 121), para ello se debe establecer un orden lógico en las actividades pues en esta

época se veía el despilfarro y la ociosidad como unos enemigos mortales ya que gracias a éstas

la deshonra y la infamia aparecen.

Como explica el autor, (Sombart 1972, p. 137-138) “Poco a poco se iba viendo la necesidad de

reducir el mundo a cifras y ordenar estas cifras; la cuna del cálculo comercial es Italia ya que

en 1902 se ponen los cimientos de un cálculo correcto” los primeros pasos de una contabilidad

organizada se remonta en el siglo XIII y más adelante en países del Norte en el siglo XVI se

va propagando la aritmética e incluso en 1615 nace la primera máquina calculadora y así mismo

diferentes procesos para mejorar los cálculos. Después en materia de cálculo comercial,

Holanda en el siglo XVIII se convirtió en país modelo, superando en mentalidad calculadora a

los americanos, incluyendo la habilidad de que cada empresario debe estar atento a los todos

los movimientos relacionados con su negocio como contratos, entrada y salida de dinero etc.

Las actitudes burguesas se han mantenido a través de los siglos, eso sí optimizando las técnicas

pues cada siglo tiene su propia necesidad y evolución y lo que en unos años atrás era aceptable

y necesario ahora nos puede parecer muy extraño de aplicar.


O también declaraciones como la de Benjamin Franklin (Sombart 1972, p. 166) “¿De qué le

sirve al hombre ganar todos los bienes del mundo, si él mismo no es un hombre de bien?”. La

riqueza genera privilegios, la riqueza generada desde la honestidad, trae consigo tranquilidad

y la verdadera felicidad.

Y un aspecto curioso del cual se desprenden muchas diferencias a la época actual es su actitud

y normas ante la competencia, antes estaba prohibido hacer jugadas sucias, quitar proveedores

o clientes y causar la ruina de otros ciudadanos.

Estaban prohibidas las tácticas para aumentar la clientela, todo esto tan solo antes del siglo

XIX. ¡Incluso eran reprobables los anuncios comerciales¡ lo cual parece algo impresionante ya

que los comerciantes tuvieron que desempeñar un bajo perfil y no pensar en aumentar sus

beneficios por medio de estrategias ni siquiera dando consejos a sus clientes.

También se velaba por seguir un flujo de actividades con el comercio (proveedor, comprador,

transportador, vendedor y cliente) ya que existía la iniciativa de ciertas personas que iban

directamente donde el proveedor para que le vendieran a muy bajo costo los materiales o

productos y así poder vender directamente al cliente, estas acciones afectaron a los

comerciantes que si seguían el flujo de comercio porque perdían clientela a causa de no

poderles ofrecer productos económicos. Es de saber que esta situación se sigue viendo en

nuestras época, algunos omiten estos pasos para obtener más beneficios.

Claramente la creación de bienes de consumo es el fin principal de los empresarios, por lo cual

se fueron adueñando de la idea de generar productos con mayor calidad que sean eficientes, en

el siglo XVII y XVIII se empiezan a generar numerosas reglamentaciones sobre la producción

de mercancías y el estado empezó a supervisar los productos.

Algo que se movió en este tiempo fue la actitud frente a la técnica pues se temía que los inventos

de máquinas para ahorrar tiempo y optimizar tareas les arrebatara el empleo a muchos
trabajadores, incluso por este temor se llegaron a prohibir muchas de estas ya que las veían

como un enemigo para el trabajador.

Una característica visible es que los empresarios se dejan de preocupar por el hombre en sí (sus

necesidades, placeres, sufrimientos etc.) y se centran en el negocio y en obtener las mayores

ganancias posibles porque como se indica, (Sombart 1972, p. 180) “el empresario quiere que

su negocio prospere y tiene que intentar lucrarse”.

Esta es una actividad donde el verdadero empresario tiene principal interés por su empresa, el

ama su empresa y la actividad que allí desempeña, por esto se evidencia que las empresas tienen

que ir avanzando, viéndose obligadas a expandirse y no solo a abrir nuevas locaciones si no

también a la extensión de productos y servicios, de no ser así sería quedarse un paso atrás.

Queremos avanzar tan rápido por actitudes que poseemos desde de niños, grandeza,

movimiento rápido, novedad, sentimiento de poder. Así se desprenden estas ideas de valor

modernas:

1. Valoración cuantitativa: Las cosas se valorizan, todo se relaciona con el precio y es un


sistema de medida del que se desprende la teoría del éxito.

2. Rapidez: Al hombre moderno le interesa ser el primero en las cosas, o ser aún más
eficientes en sus servicios. Le interesa el famoso “Récord”.

3. Lo nuevo: Causa sensación en el hombre. De aquí que se busque constantemente la


novedad.

4. Sentimiento de poder: Admiración a los hombres con poder y grandes logros.

Se llega pues al gasto de energía del hombre económico moderno alcanzando su límite, se

desgasta tanto en trabajo que hasta deja de lado sus relaciones personales y sus sentimientos.

Esto nos lleva a la conducta económica del empresario moderno:


Son razonables y tienen una observancia estricta. La teoría es que poco importa el producto

final con tal de que genere ganancias.

El afán de vender y obtener mayores ganancias genera los siguientes procedimientos:

Masserizia. Un buen administrador piensa siempre la mejor forma de administrar

La norma suprema con que cierra Alberite en la Obra Pandolfini “Recordad siempre esto, hijos

míos; nunca permitáis que vuestros gastos sobrepasen a vuestros gastos”

Importancia del ahorro de acuerdo Alberti: . Tan mala cosa es el derroche como bueno,

provechoso y admirable es el ahorro. No es por ganar mucho por lo que se hace uno rico sino

por gastar poco.

El burgués al estar escrito de una manera tan elocuente genera en el lector un sentimiento de

placer, haciendo de esta manera fácil su lectura. Al no utilizar ninguna clase de tecnicismos

específicamente financieros, se puede decir con total seguridad que va dirigido a todo el

público; sin embargo, hace un aporte significativo a la disciplina a la cual pertenece.

Las ideas plasmadas del libro, anteriormente mencionadas son realmente significativas para

cualquier persona; ya que cada uno de nosotros pertenecemos directa o indirectamente al

mundo de las finanzas, por medio de los pensamientos plasmados en “el burgués” podemos

adquirir estrategias y optar por un nuevo estilo de vida para administrar sabiamente nuestro

dinero, logrando tener una mejor calidad de vida.

Además, gracias a esta obra podemos descubrir que el capitalismo es una de las principales

razones por las cuáles la inequidad es uno de los mayores problemas en nuestro tiempo, esta

acusación es argumentada bajo las diferencias que existen entre el manejo de los negocios en

el siglo XVI, XVII y XVIII en comparación con el siglo XX hasta hoy día. Una de estas y la

que más peso posee es la preocupación por el bienestar de los otros mercaderes junto con sus

familias, Sombart explica que para los burgueses el eliminar los intermediarios simplemente
para ahorrar algo de dinero y enriquecer a unos pocos estaba moralmente incorrecto. Lo que

para esas personas es un escándalo para nosotros es el pan de cada día.

Es muy considerable el adoptar las prácticas y hábitos mencionados en este libro, ya que nos

orientan al buen manejo de nuestras finanzas, de nuestras actividades diarias debido a que estas

nos llevan a desarrollar nuestras tareas de una manera más organizada y eficiente así

disminuyendo el derroche o despilfarro del tiempo y del dinero.

Angie Paola Castillo Murcia, estudiante de Administración de Empresas,

angiep.castillom@utadeo.edu.co

Nicolás Coronado Morales, estudiante de Ingeniería Química,

nicolas.coronadom@utadeo.edu.co

Angelica Gonzalez Yate, estudiante de Administración de Empresas,

angelica.gonzalezy@utadeo.edu.co

Marlon Ricardo Cardona Gaviria, estudiante de Administración de Empresas,

marlonr.cardonag@utadeo.edu.co