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Por Santiago Giordano

Los elementos del folklore elaborados en la dinámica del trío. El jazz como forma de
enunciación. Podrían ser estas algunas de las coordenadas que conducen al sonido del
Colegiales Trío, el más reciente proyecto de Adrián Iaies. Junto a Facundo Guevara en percusión
y Diana Arias en contrabajo, el pianista y compositor ubica su música en la zona franca de los
géneros y los estilos, dentro un plan expresivo que se completa en la interpretación, en el
fermento de las diferencias y la articulación de variedades. Mucho de eso se escucha en La
paciencia está en nuestros corazones, el disco que el trío está presentado todos los sábados de
septiembre en Thelonious Club (Nicaragua 5549). “Uno mantiene la costumbre de sacar discos,
a pesar de que ya no sabemos bien qué quiere decir hoy editar un disco. Más allá de los
cambios, estoy seguro de que sigue siendo una manera de dar cuenta del propio trabajo, de
dejar testimonio. Si tipos como (Horacio) Larrumbe hubiesen grabado más, ¿cuánto más rica
sería nuestra música?, plantea Iaies a Página/12.

El pianista, además director artístico del Festival de Jazz de Buenos Aires y de la Usina del
Arte, asegura que con este trío encontró la posibilidad de refundar cierto espíritu del que su
música no puede dejar de nutrirse, que entre otras cosas tiene que ver con la dimensión
colectiva del trabajo. “Hacía tiempo que mis proyectos tenían una base personal, en cambio
con este trío se dio la posibilidad de un trabajo en grupo y eso resulta muy estimulante.
Colegiales Trío es como volver a un espíritu primordial en la manera de hacer y compartir la
música. Logramos generar la energía de un grupo de barrio”, dice Iaies, y plantea muy
concretamente la razón del trío: “Yo quería tocar con Facundo (Guevara). Todo nace ahí”,
asegura.

“Facundo es el depositario de una manera de tocar que viene de Domingo Cura, de Rodolfo
Sánchez, tipos que dejaron una marca muy profunda en la manera de interpretar el folklore. El
sonido del bombo tocado por Facundo me abrió un universo muy especial, me resulta muy
estimulante. A esto se suma Diana (Arias), que viene del jazz, pero tiene formación clásica y
creció tocando cumbia en las orquesta infantiles en Cali, su ciudad natal. Para mí se presenta
como una oportunidad de aprender, porque encontré la compañía ideal para ir más a fondo
con algo que evidentemente está en mí. Componer una zamba, una chacarera, jugar sobre esos
ritmos y esas melodías, son cosas que para mí tomaron sentido con este trío. Ahora, a partir de
esta experiencia, me doy cuenta que se redondean mis años de estudio con Manolo Juárez”,
sostiene el pianista.

“No siento que con este trío esté postergando el jazz más clásico, que tal vez tenga que ver
más con lo que hice y con lo que por ahí el público me identifica. Al contrario, hay un lado mío
que disfruta inmensamente de tocar esta música, con la que me siento bien, cómodo”, asegura
el músico, y se entusiasma hablando del trío como parte de un propósito más amplio. “La idea
es la de un ‘Proyecto Colegiales’, que incluye un segundo disco, que ya fue grabado y se
publicará en diciembre, donde abundan las zambas y las chacareras. Además, en estos días
comenzamos a grabar un disco de dúos con Diana (Arias), y por último un disco del Colegiales
Trío con distintos invitados”, enumera.

Los conciertos en Thelonious articularán los temas de La paciencia está en nuestros


corazones con los del próximo disco. Así fue el sábado pasado, en la primera de las
presentaciones de la serie que se prolongará durante los sábados de septiembre. Temas como
“Aroma de enero”, “Guille y la medalla del Trapiche” y el vertiginoso “Facu’s Box”, se
conjugaron en el mismo swing con “Cholo’s Knife”, “La Chango Farías Juárez” --toda una
declaración de principios— y la bella “Cuando te vas, cuando te has ido”. Una zamba como esa
lleva la marca de un cultor cuidadoso de la forma breve y la melodía atrapante, que no se priva
de combinar movimientos de emotividad gentil con fraseos más ácidos, que bien podrían venir
de la música de Thelonious Monk, por ejemplo. “Es algo natural y sorprendente la
correspondencia que existe entre esos universos. Lo ‘monkiano’ es muy compatible con ciertas
cosas del folklore, en muchos sentidos. El principio tiene que ver con un toque percusivo e
irregular y también con un fraseo abierto. Cuando eso se empasta con el sonido del bombo
tocado por Facundo (Guevara), es de una expresividad única, muy original”, describe Iaies.

Sobre esos márgenes, espacios conquistados para la aventura de un sonido personal, Iaies
elabora su música, que se consuma en el encuentro con el trío. “El folklore es muy generoso en
este sentido, posiblemente más que el tango, donde los códigos están más estructurados.
Siempre me llamó la atención la manera en que dentro de las tradiciones del folklore han
parecido y encontrado lugar artistas como el Cuchi Leguizamón, Manolo Juárez, Oscar Alem,
Raúl Carnota, Lilian Saba, el Negro Aguirre, Liliana Herrero… gente que aprovechó esos
márgenes para plantear una obra propia, personal y en muchos sentidos única”, asegura Iaies.
“Siento que en términos de posibilidades para la improvisación el folklore es muy potente. En
este sentido mi lado más jazzero queda absolutamente satisfecho y asombrado. Es muy
gratificante componer lo que termina de completarse en la ejecución, ser parte de un trío que
interpreta esa riqueza confluyendo desde distintos lugares. Descubrís que tocando esta música,
o hablás de tu vida, o no hablás de nada”, concluye.