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¿Cuál Jesús?
(La búsqueda del Jesús histórico)

Un Jesús a la carta. Eso es lo que parecen ofrecer los escritores


populares de hoy. Se han hecho famosas las historias,
"biografías" y novelas históricas de Jesús, al estilo de la
afamada serie del escritor español J. J. Benítez, "Caballo de
Troya". Aunque no existe coincidencia exacta en el retrato que
los autores de estas obras hacen de Jesús de Nazaret, sí existe
un denominador común: Todos se apartan del Jesús
"tradicional", legado de la religión cristiana. Aunque a veces
más que retratos parecen caricaturas, estas nuevas visiones del
Galileo pretenden librarnos de la "visión distorsionada" de la
Iglesia. ¿Nos hacen un favor o nos engañan? ¿Es posible
distinguir entres los dos "Jesús"? ¿Corresponde el fundador del
Cristianismo a uno de estos dos perfiles? En este artículo, el
primero de cuatro, el autor nos acerca a las evidencias y a los
procedimientos que nos pueden aclarar tan importante dilema.
Sin entrar en disquisiciones teológicas o en complicados
argumentos, este artículo nos ayuda a considerar las bases
históricas sobre Jesús y nos facilita el entendimiento necesario
para decidir sobre Aquél que dijo de sí mismo: "Yo soy el
camino, la verdad y la vida...

A. Introducción — ¿A cual Jesucristo te refieres?, preguntó Alberto. —


¿Cómo que a cuál Jesús? ¡Sólo hay un Jesús!— ripostó Cristian indignado.
—Eso será para ti— dijo Alberto con sarcasmo. La realidad es que hay
muchos "Jesús". Cada grupo tiene el suyo propio y lo amolda a sus
propias creencias o ideologías. ¿Un Jesús de amor? ¿Un Jesús
revolucionario? ¿El que en los evangelios bendice a los niños o el que echa
a los mercaderes del templo? ¿El Jesús político? ¿El Jesús de las masas?
¿El Jesús de la religión cristiana? ¿El Jesús de los Evangelios o el de San
Pablo? ¿El de la Iglesia Católica o el de J. J. Benítez? ¿El de la fe o el de la
historia...? ¿Deseas que siga...? Este diálogo tan común respecto a la
visión actual sobre Jesús de Nazaret nos indica que hay tantas versiones
del personaje histórico como religiones o ideas. Aunque no siempre nos
demos cuenta, las visiones populares sobre el fundador del Cristianismo
son el resultado de las opiniones de los "expertos". Éstas eventualmente
llegan al público general. Por eso, diálogos como el de arriba se hacen cada
vez más frecuentes entre los no-teólogos, e incluso entre las personas
ajenas a cualquier tipo de religión. ¿Qué está pasando?
B. ¿Teología? ¡A mí no me interesa la teología! Pocas veces los
comentarios de los teólogos interesan al público. Quizás por eso han
tomado a muchos por sorpresa las noticias que en recientes años han sido
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publicadas relacionadas a la persona de Jesús de Nazaret. Revistas y


periódicos seculares, entre ellos la afamada TIMES, han dedicado
considerable espacio al tema. ¿Qué ha pasado? ¿Desde cuándo es Jesús
noticia? Y, además. ¿Qué importa? Varios factores son importantes para
entender este fenómeno.
a) Primero, la fuente de las noticias. Un grupo de teólogos, conocido
como el "Seminario de Jesús" ("Jesús Seminar" en inglés), ha
trabajado en años recientes en torno al tema de la fiabilidad de los
documentos del Nuevo Testamento y el testimonio que estos pueden
dar sobre la historicidad de Jesús. (De ahí la frase por la que se
conoce también a este movimiento teológico: "la búsqueda del Jesús
histórico").
b) Segundo, lo radical de las conclusiones. Las conclusiones
anunciadas por el "Seminario de Jesús", tanto a través de libros
publicados por sus miembros como en sus declaraciones a la
prensa, indican una clara tendencia a alejarse de lo que por siglos
ha sido la enseñanza cristiana sobre Jesús. Las conclusiones de este
grupo presentan a Jesús como un judío común y corriente, con visos
de filósofo y con una clara agenda política, a quien sus posteriores
seguidores exaltaron a la posición de Salvador y Dios. Para ellos el
"Jesús histórico" es diferente al "Jesús de la fe" (en el que los
cristianos creen).
c) Tercero, la extensión de su impacto. Se ha logrado captar la
atención y la aprobación del público general. Los resultados de la
búsqueda del "Jesús histórico" han influenciado a muchos. Un
sector importante de la sociedad moderna ha recibido a este "Jesús"
con los brazos abiertos. En una sociedad claramente identificada
como pluralista, un Mesías genérico ha caído como anillo al dedo.
Pero, ¿qué importa? Esto es más importante de lo que a primera
vista parece. ¡Créame!
C. La relevancia para el cristianismo. La persona de Jesús de Nazaret es
central al cristianismo. Si se socava la historicidad de Jesucristo, al
cristianismo sólo le quedan dos opciones: defender su postura tradicional
en el terreno de la erudición bíblica o reinterpretar la enseñanza
tradicional para acomodarla a las nuevas tendencia. Muchos han optado
por la segunda postura negando que Jesús fuera el Hijo de Dios, el Mesías,
el Salvador. Estas personan no creen que Jesús naciera de una virgen, que
hiciera milagros o que resucitara de entre los muertos. Para ellos Jesús se
convierte entonces en otro más entre los fundadores de religión y deja de
ser el único camino a Dios, como enseñan los Evangelios y la Iglesia
Cristiana, y el cristianismo es tan sólo una alternativa entre muchas: Una
religión más.
D. ¿Cómo llegamos a esto?: Las tres "búsquedas del Jesús histórico."
La Reforma Protestante del Siglo XVI abrió una inesperada Caja de
Pandora cuando afirmó el sacerdocio de todos los creyentes y la capacidad
de cada cristiano para leer e interpretar las Escrituras. Súbitamente el
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pueblo tuvo acceso a la Biblia traducida en su propia lengua. La Palabra


de Dios se puso al alcance de todos para ser interpretada por todos. A
esto se unió en siglos subsiguientes la Modernidad, una época donde la
razón reinó y donde todo estaba sujeto al examen más riguroso del
intelecto. Todos los asuntos de la fe y de la religión se convirtieron en
blanco de los estudiosos. El "método crítico" del estudio aplicado a la
Biblia (siglos XVIII, XIX y XX) fue el resultado inevitable. Las Escrituras se
convirtieron en otro texto a ser examinado y diseccionado. El texto bíblico
fue escudriñado de otro modo y visto con nuevos ojos. En la Alemania de
mediados del siglo XIX la Escuela de Tubingen fue un reflejo de esta
tendencia, y el liberalismo teológico de los tiempos actuales es el resultado
final de este proceso. Las "búsquedas" del Jesús histórico se enmarcan en
este enfoque. A continuación incluyo una brevísima explicación de cada
"búsqueda" y de sus más importantes características y protagonistas.

a) Primera búsqueda. Se da en el siglo XVIII. Se identifica a


Reimarius como su originador (con una publicación póstuma) y
contó con destacadas figuras como David Strauss. Éste hablaba de
los Evangelios como documentos no-históricos en los que el
elemento mítico predominaba. Este período concluyó con la
influyente obra del conocido médico, explorador y teólogo Albert
Schweitzer. Con su obra "La búsqueda del Jesús histórico" demostró
que el resultado de esta búsqueda había sido un Jesús que se
adaptaba claramente a las expectativas de cada investigador. Dicho
de otra manera, cada investigador encontró al Jesús que quiso
hallar. A la misma vez, este autor presentó a Jesús como un Mesías
"desilusionado" con Dios al no cumplirse en su tiempo la
intervención divina que él había anunciado. Segunda búsqueda.

b) La segunda corresponde al Siglo XIX y cuenta nuevamente con


reconocidas figuras del mundo teológico de entonces, como la de
Rudolph Bultmann y Karl Barth. Significativamente influenciada por
el existencialismo de la época, su predominio duró hasta 1970.
Algunos llaman a este período la "no búsqueda" ya que se enfatizaba
que, por encima de las disquisiciones históricas, lo más importante
era la figura misma de Jesús. Simultáneamente se le llama "la
nueva búsqueda," ya que algunos optaron por no seguir la línea
mitológica (que aún otros continuaban persiguiendo) ni la
existencial, y optaron por conectar históricamente con Jesús.
Podríamos decir que comienza en el año 1953 con una importante
ponencia presentada por Ernst Käseman, discípulo de Rudolph
Bultmann. Para unos, esto fue una nueva oportunidad para
conectar al "Jesús de la fe" con el "Jesús de la historia" (Wolfhart
Pannenberg y Jürgen Moltmann, entre otros).
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c) Tercera búsqueda. En ésta "búsqueda" la discusión se desconecta


casi completamente del ámbito eclesiástico y se mueve al mundo
académico y mediático. Probablemente la característica principal de
esta tercera etapa que se desarrolló en la parte final del Siglo XX, lo
es la consideración del carácter judío de Jesús como un elemento
indispensable para entenderle. A ésta "tercera búsqueda" se dedica
un gran grupo de eruditos bíblicos, tanto conservadores como
liberales. La literatura producida por ellos es abundantísima.
Simultáneamente, otro grupo aparte de éste retoma las posturas de
Strauss y de Bultmann. Este grupo es muy particular en su
composición, ideas, metodología y, por supuesto, resultados. Se han
hecho llamar el “Seminario de Jesús.” © Dr. José R. Martínez
Villamil Febrero 2001. Barcelona Mente Abierta
(www.menteabierta.org) 1999-2001 Apartado Nº. 37013· 08080
Barcelona, España © Menteabierta 1999-2001

El "Seminario de Jesús"
En este artículo, el segundo de cuatro, el autor nos acerca a las
evidencias y a los procedimientos que nos pueden aclarar tan
importante dilema. Sin entrar en disquisiciones teológicas o en
complicados argumentos, este artículo nos ayuda a considerar
las bases históricas sobre Jesús y nos facilita el entendimiento
necesario para decidir sobre Aquél que dijo de sí mismo: "Yo soy
el camino, la verdad y la vida...

Introducción. Se ha denominado de esta manera a un grupo de


estudiosos cuyo fin era identificar, de entre los escritos de los Evangelios,
la información fidedignamente histórica que se remonta a la persona real
(histórica) de Jesús, el hombre de Galilea. Este grupo fue fundado por
Robert Funk en el 1985 y desde su inicio éste lo ha dirigido junto a John
Dominic Crossan. Como examinamos en el artículo anterior (Las tres
"búsquedas del Jesús histórico"), el trabajo de este grupo continúa la línea
que, a priori, descarta la fiabilidad histórica de la narrativa de los
Evangelios. Debemos contrastarle con otro grupo de eruditos que, aunque
no necesariamente conservadores en sus posturas teológicas, ha
reafirmado la historicidad de la figura de Jesús tal y como lo presentan los
Evangelios. Ambos grupos son parte del movimiento de finales del siglo XX
conocido como la "tercera búsqueda" del Jesús histórico.

A. El Seminario de Jesús El trabajo del "Seminario" se desarrolló en su


primera etapa entre los años 1985 al 1993. Consiste de un grupo de 74
estudiosos elegidos por los propios (y primeros) miembros. Son pocos los
que de este grupo son parte de la elite académica del mundo teológico que
actualmente estudia la figura de Jesús. Más aún, la inclinación de estas
personas corresponde de manera marcadamente desproporcionada (¡por
no decir exclusiva!) al sector liberal de la teología moderna, excluyendo a
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los conservadores. ¿Cuáles son sus premisas? Aunque por momentos


pretenden negarlo, los componentes de este grupo parten de una premisa
anti-sobrenaturalista. Niegan el elemento milagroso de los Evangelios
porque no creen en lo sobrenatural. Es imposible, dicen, que los milagros
registrados en los Evangelios fueran realizados por Jesús. De manera
particular, y muy importante, dicen que el relato de la resurrección de
Jesús no corresponde con la realidad histórica. Por ejemplo, J.D. Crossan,
co-fundador del "Seminario" escribió así: "Yo presumo que Jesús no le
sanó y que tampoco podía sanar ésta ni ninguna otra enfermedad, curó la
enfermedad de ese pobre hombre rehusándose a aceptar la suciedad ritual
y el ostracismo social asociado a la enfermedad. Yo entiendo, por lo tanto,
la historia de Lázaro como un proceso encarnado en un evento y no al
revés. Yo no creo que persona alguna, en cualquier lugar, vuelve los
muertos a la vida." (1) Es importante enfatizar que no es que los
miembros del SJ llegaran a esa conclusión por sus estudios. Más bien
partieron de una premisa anti-sobrenaturalista. Dicho de otra manera,
como los milagros NO son posibles a priori (dicen ellos), había que buscar
una explicación racional (natural, materialista) a las narraciones
milagrosas de los Evangelios. ¿Y cómo explican ellos el elemento
sobrenatural de los Evangelios? De forma sencilla, nos dicen. Los
seguidores de Jesús, en las décadas posteriores a su muerte, llegaron a
verle como un ser especial. Creían que la presencia de Jesús continuaba
con ellos de manera espiritual, de modo que crearon estas historias (que
constituyen una buena parte de los Evangelios) sin tener un fundamento
real o histórico, aunque sí correspondían con lo que ellos habían llegado a
creer sobre Jesús luego de su muerte. ¿Crearon mentiras, entonces? No
es así como lo expresa el Seminario. Más bien usaron recursos literarios
para representar "verdades supra-históricas" en un lenguaje humano
inteligible. Con respecto a la resurrección de Jesús, el mismo autor
comenta en otro de sus libros: "Yo no encuentro cosa histórica alguna en
el hallazgo de la tumba vacía, que muy probablemente fue creada por el
mismo [evangelista] Marcos... Las apariciones de la resurrección no son
eventos históricos... Una tumba vacía o un cuerpo resucitado susceptible a
la comida y al tacto eran formas dramáticas de experimentar aquella fe."
(2)
B. ¿Cuál es la metodología del SJ? Fundamentados en sus
presuposiciones, y ayudados por sus peculiares métodos, procedieron a
estudiar los dichos atribuidos a Jesús en los Evangelios canónicos (Mateo,
Marcos, Lucas Juan) y en el Evangelio apócrifo de Tomás.
Evangelios a la carta. Los miembros del Seminario no creen que los
Evangelios, tal y como los tenemos, corresponden a la existencia original e
histórica de Jesús. En su opinión, tan sólo una parte de ellos lo son. Con
base en criterios por ellos establecidos, sus miembros votaron (usando
canicas de colores) sobre los dichos de Jesús en los Evangelios. De esta
manera decidieron cuáles fueron o no en verdad pronunciados por Jesús.
A través de este procedimiento codificaron con colores el texto de los
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Evangelios, cada color representando un determinado grado de


probabilidad de autenticidad. De acuerdo a sus deliberaciones el
Seminario estimó que sólo el 18% de los dichos atribuidos a Jesús
corresponde en realidad a lo que él dijo. Otras fuentes. Los miembros del
grupo ignoraron las Cartas Apostólicas, aún cuando algunas de éstas
fueron escritas antes que los Evangelios. También hicieron caso omiso a la
contribución de algunas fuentes extra-bíblicas sobre Jesús. Sin embargo,
algunos prominentes miembros del Seminario han dado una credibilidad
exagerada a los Evangelios Apócrifos. Estos son reconocidos por el
consenso de los eruditos bíblicos (creyentes y no-creyentes por igual;
liberales y conservadores por igual) como NO auténticos. Este es el caso
del Evangelio de Tomás y del Evangelio de Pedro, documentos NO
reconocidos como auténticos por no ser suficientemente antiguos y por no
contar con la evidencia documental necesaria. A pesar de esto los autores
del SJ les otorgan de una mayor credibilidad que a los Evangelios
canónicos en contra del consenso de los expertos en su campo. Igual
comportamiento exhibe el SJ en lo que se refiere al estudio de las
condiciones socio-culturales de Palestina en los tiempos de Jesús. El peso
que dan a esta información, como bien se observa en las obras del autor
referido en el párrafo anterior, fuerza la interpretación del texto bíblico
innecesariamente.
C. Resultados del "Seminario de Jesús" El primer resultado de su
estudio como grupo fue el libro "Los cinco evangelios" publicado en 1993.
En él tradujeron los cuatro Evangelios canónicos (Mateo, Marcos, Lucas y
Juan) junto al Evangelio Apócrifo de Tomás. Los dichos de Jesús aparecen
en este libro codificados por colores de acuerdo a la posibilidad de que en
verdad Jesús hubiera sido el autor de esas palabras, con base en los
resultados de la votación de los miembros del Seminario. Presento otros
ejemplos tomados de participantes del Seminario de Jesús. En el libro
Who Killed Jesus? (¿Quién mató a Jesús?) de J. D. Crossan, su autor
propone una re-lectura de los orígenes de la narración de la pasión y
muerte de Jesucristo. En esencia el autor propone que existió una
corriente anti-semítica en el trabajo editorial de los evangelios canónicos.
La fuerza de este trabajo, según él, es lo que él llama "profecía historizada"
(o hecha historia). Lo que significa que textos del Antiguo Testamento
fueron identificados como relacionados proféticamente al Mesías y sobre
ellos se construyó una historia de la pasión, muerte y resurrección del
Señor. Marcus Borg, otro de los paladines del SJ dice lo siguiente sobre el
significado de la muerte de Jesús ("The Meaning of Jesus"; El significado
de Jesús, pp. 80-81): "Pero yo soy escéptico de que podamos trazar un
significado salvífico de su muerte al mismo Jesús. Más bien, yo creo que
fue la comunidad cristiana temprana que primero la interpretó así. De
hecho, existe más de una interpretación de su muerte en el Nuevo
Testamento... Yo las veo como poderosas y verdaderas metáforas post-
resurrección para expresar el significado de la muerte y resurrección de
Jesús." En "The Essential Jesus" (El Jesús esencial) otra obra de J. D.
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Crossan, leemos: "Jesús perdió la fe en Dios como 'el Apocalíptico' ". (p. 47)
"Jesús era analfabeta." (p. 147) Quizás no debería sorprendernos, pero el
resultado de este estudio por parte del autodenominado “Seminario de
Jesús,” es un Jesús “diferente”. A esto dedicamos nuestra atención en el
próximo artículo © Dr. José R. Martínez Villamil Febrero 2001. Barcelona
Mente Abierta (www.menteabierta.org) 1999-2001 Apartado Nº. 37013·
08080 Barcelona, España © Menteabierta 1999-2001
El "Seminario de Jesús": Evaluación

En este artículo, el tercero de cuatro, el autor nos acerca a las


evidencias y a los procedimientos que nos pueden aclarar tan
importante dilema. Sin entrar en disquisiciones teológicas o en
complicados argumentos, este artículo nos ayuda a considerar
las bases históricas sobre Jesús y nos facilita el entendimiento
necesario para decidir sobre Aquél que dijo de sí mismo: "Yo soy
el camino, la verdad y la vida…

A. El Jesús del "Seminario de Jesús." Seguro que ya se están


preguntando... ¿Qué clase de Jesús podrá presentar este grupo? Dadas su
premisas y presuposiciones, ¿qué nos ofrecerá, un retrato histórico o una
caricatura manipulada? Aunque varias de las presentaciones que siguen
podrían fundirse y formar un sólo perfil de Jesús (según el "Seminario"),
diferentes autores relacionados al grupo identifican unas particulares
características a las que atribuyen predominancia. Es importante no
perder de vista que algunos de los aspectos mencionados por ellos como
rasgos de Jesús, sin duda contribuyen a describir al carácter de Jesús y
de su ministerio. La dificultad estriba en enfatizar un aspecto específico en
detrimento de un perfil equilibrado. Examinemos los tres perfiles
principales que ofrecen los miembros del "Seminario de Jesús". Al final de
esta sección presentaré una crítica un poco más amplia sobre las
características generales del "Jesús del Seminario".

a) El campesino y filósofo cínico itinerante. Esta es la postura de


J.D. Crossan, co-fundador del "Seminario de Jesús." Para él, Jesús
fue un campesino palestino del siglo primero arrastrado por las
fuerzas políticas y económicas de su tiempo. Analfabeta, pero
carismático, logró influenciar a muchos de su entorno. Según este
punto de vista, Jesús fue influenciado por la filosofía de los cínicos
griegos que se había extendido por algunas ciudades cerca de
Nazaret, el pueblo donde se crió Jesús. Su estilo de vida, así como
su forma de enseñar, corresponde a la de los filósofos de esta
escuela griega. La enseñanza de Jesús sobre el Reino de Dios se
centraba, según Crossan, en los milagros que gratuitamente hacía
Jesús para el pueblo y en las oportunidades de compartir la mesa.
En su momento Jesús perdió su fe en Dios como el que intervendría
con poder para liberar a su pueblo. Su osadía en el templo (cuando
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echó a los comerciantes de los lugares sagrados) fue el evento que


precipitó su muerte.
b) El profeta. Los profetas eran comunes en el entorno judío en los
tiempos del Antiguo Testamento. Y en el período inmediatamente
antes de Jesús, así como en el primer siglo, muchos hombres se
presentaban a sí mismos como profetas enviados por Dios. Ninguno
de ellos fue aceptado como tal por la mayoría del pueblo ni por los
líderes religiosos. Pero Jesús fue diferente. Con su mensaje de la
restitución de Israel y de la inminente instauración del Reino de
Dios, fue recibido como mensajero divino. Su mensaje rompió
importantes esquemas como el del perdón sin la práctica de las
ceremonias prescritas por la ley mosaica. Éstas y otras enseñanzas
provocaron su choque con la clase religiosa dominante: los fariseos.
c) El Sabio. En este perfil Jesús es el hombre (un completo ser
humano sin rasgos ni pretensiones de divinidad) con la habilidad de
narrar historias y de formular aforismos que iluminaban a sus
oyentes. Su enseñanza contracultural halló terreno fértil en
Palestina con su mensaje del Reino de Dios a ser instaurado. Nada
hubo en sus palabras sobre su propia muerte o su resurrección.

B. El Jesús de "El Seminario de Jesús": Evaluación Para lograr la


reconstrucción que de Jesús hacen J.D. Crossan y sus colegas, el registro
bíblico tuvo que ser hábilmente diseccionado y trágicamente mutilado.
Ideas de los evangelios apócrifos de Pedro y Tomás recibieron igual
credibilidad que los Evangelios reconocidos como auténticos por los
expertos. El perfil fabricado (campesino, labriego, analfabeta, profeta, etc.)
de ninguna manera compagina con el aporte de la historia secular y
religiosa. Se presume (sin evidencias) la no demostrada influencia de los
cínicos sobre la región en la que Jesús vivió y ministró. ¿Qué evaluación
se merece el trabajo del "Seminario de Jesús"? ¿Cómo evalúa el consenso
de los eruditos bíblicos estas conclusiones? El debate ha sido extenso y
complicado. Incluiré aquí algunos de los puntos más importantes. Sobre
el libro "The Historical Jesus: The Life of a Mediterranean Jewish Peasant"
(El Jesús histórico: La vida de un campesino judío mediterráneo) de J. D.
Crossan, dice el filósofo cristiano C. S. Evans: El retrato que ofrece
Crossan está cimentado en una maquinaria crítica elaborada, abarcando
respaldo antropológico, histórico y documental. Sin embargo el Jesús
ofrecido por Crossan parece estar muy en contacto con las sensibilidades
contemporáneas; Jesús parece ser, sorprendentemente, políticamente
correcto. Este Jesús tiene más de un parecido con un radical salido de la
década de los sesenta... El Jesús de Crossan tiene mucho de feminista en
él... [...] Sean o no respaldados por una complicada metodología histórica,
las vidas truncadas de Jesús todavía parecen decir más de sus autores
que del Jesús histórico. Los teólogos de la liberación nos dan un Jesús que
es un revolucionario político y los feministas ven a Jesús como un proto-
feminista y varios retratos académicos nos enseñan a un Jesús que es
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"políticamente correcto". Dichos retratos pueden ser sin lugar a dudas


valiosos e iluminadores, particularmente en resaltar un aspecto de la
historia que ha sido abandonado, pero son invariablemente parcializados.
(1) Comentemos ahora sobre varios aspectos del trabajo del "Seminario de
Jesús": 1. Sus fuentes. Como ya he señalado, los Evangelios Canónicos
(aquellos aceptados como auténticos por la Iglesia Cristiana y por los
eruditos bíblicos), son ignorados o descuartizados por los métodos del
"Seminario". Se les ha adulterado, equiparándoseles con los Evangelios
Apócrifos de Pedro y de Tomás. Estos últimos no cuentan con el respaldo
de los eruditos como auténticos. Se sabe que fueron escritos por lo menos
100 años después que los canónicos y, al menos en el caso del Evangelio
de Tomás, nace en otro ambiente socio-cultural (Egipto en este caso) y
fuertemente influenciados por el movimiento gnóstico (una herejía
temprana). 2. ¿Judío? El Jesús presentado por el “Seminario de Jesús”
es un Mesías muy poco judío. Curiosamente, en un tiempo donde el
carácter judío de Jesús está siendo enfatizado por la erudición bíblica (por
ejemplo los trabajos de John P. Meier y de N.T, Wright), el "Seminario" nos
presenta un Mesías que no parece judío, apenas es un galileo que por sus
ideas y convicciones muy bien podría ser un "collage" de las ideas
vanguardistas de hoy (¿proyección de los investigadores del "Seminario"?).
De esto comenta Ben Witherington II: ... Al final [el Seminario] produce un
Jesús esencialmente no-judío, un Jesús que no trata los asuntos como el
Corbán o el Sabat, matrimonio o divorcio, resurrección o Mesías (...) En
lugar de encajar en su entorno judío, el Jesús de Crossan suena
sospechosamente como un defensor de las nociones egalitarias modernas.
(2) 3. De aquí y no de allá. El Jesús presentado por el “Seminario de
Jesús” es un Jesús "de este mundo", o sea completamente natural. La
ausencia total del elemento milagroso, como ya hemos dicho, se debe NO a
las conclusiones del estudio basadas en las evidencias disponibles, sino a
las PREMISAS de los investigadores. 4. Un Cristo sin cruz. El Jesús
presentado por el “Seminario de Jesús” es un Jesús sin la Cruz. Es muy
difícil de explicar cómo un Jesús al estilo del "Seminario" hubiera podido
provocar tanta animosidad entre las autoridades judías y romanas como
para que su vida terminara en la cruz. La crucifixión se usaba para los
peores criminales y el estigma que conllevaba era enorme. ¿Qué pudo decir
el "Jesús-campesino" o el "Jesús cínico" para merecer la muerte? ¿Qué
hizo "el profeta" o "el sabio" para terminar crucificado? Las contestaciones
que los miembros del SJ dan a esta pregunta son insuficientes. 5. Jesús
el liberal al estilo del Siglo XX. El Jesús presentado por el “Seminario de
Jesús”, más que un líder religioso del Siglo I en Palestina, parece ser una
proyección de los actuales conceptos liberales en los Estados Unidos. Nos
preguntamos si la crítica de Albert Schweitzer a sus contemporáneos no
aplicaría también a los miembros del "Seminario de Jesús". ¿Nos
presentan al Jesús de la Historia o al Jesús de su propia historia, es decir,
al de sus ideas preconcebidas? 6. ¿Quién le hubiera seguido? En los
tiempos de Jesús en Palestina nunca escasearon los auto-proclamados
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profetas y Mesías, pero ninguno causó el impacto que Jesús logró en su


tiempo y en futuras generaciones. El Jesús presentado por el “Seminario
de Jesús” no hace sentido. ¿Qué en cualquiera de los perfiles presentados
hubiera podido provocar que multitudes le siguieran? 7. ¡Vaya fundador!
El Jesús presentado por el "Seminario de Jesús" no explica el surgimiento
de la Iglesia Cristiana. Nada de lo dicho por el Seminario es capaz de
explicar cómo, muerto Jesús, un poderoso movimiento surgiría llevando su
mensaje a todo el mundo conocido de entonces en el lapso de una
generación. Queda sin explicar la tumba vacía y las historias (muy
tempranas y predicadas ante testigos oculares de la crucifixión) de la
Resurrección de Jesús. Queda sin explicar que un grupo de hombres y
mujeres sencillos conmocionaran los cimientos del Imperio Romano
contando lo que sería "una mentira". No explica tampoco el que un famoso
líder fundamentalista judío, Saulo de Tarso, súbita e inesperadamente, se
convirtiera en el Apóstol Pablo. Para concluir esta sección echemos un
vistazo otras Opiniones de algunos expertos. Existen aquí, sin embargo,
varios problemas metodológicos. A) Primero, estos autores no comienzan
con los documentos existentes más cercanos a Jesús de Nazaret,
buscando entenderle dentro de su vida y de su tiempo. En su lugar, ellos
comienzan con el contexto de Galilea, tal y como ellos lo reconstruyen, y
entonces ubican en él al "movimiento de Jesús", explicando el movimiento
por su contexto social. B) Segundo, esta sociología reconstruida de Galilea
es en sí misma bastante especulativa; los datos estadísticos necesitados
para el análisis social y económico existen en forma fragmentaria e
incompleta. C) Tercero, cuando el texto del evangelio (o su fuente
subyacente) es considerado, se utiliza selectivamente, como controlado por
el análisis social, dejando fuera otros pasajes que presentan otra visión. (3)
(...) El caso argumentado en este libro no se sostendría en ningún juzgado.
El estudio crítico de el Jesús histórico es una tarea importante (...) pero [el
libro] "Los cinco Evangelios" no avanza significativamente la tarea ni
representa un cuadro justo del estado actual de la investigación de este
problema. Algunas de sus supuestas revelaciones son viejas noticias y
muchos de sus reclamos noveles son, al menos, dudosos. (4) El Jesús que
emerge de este procedimiento es necesariamente un iconoclasta por libre,
aislado artificialmente de su gente y de sus Escrituras y artificialmente
aislado del movimiento que él fundó. (5) (...) Jesús es despojado de su
contexto histórico y sus dichos son desarraigados de su contexto literario.
Los procedimientos en sí mismos garantizan que a muy poca de la
información relevante se le permite aportar al tema en cuestión de lo que
Jesús dijo o hizo. El Seminario mismo está compuesto exclusivamente de
estudiosos de los Estados Unidos (...) Muchos de los Departamentos de
Estudios Religiosos, Escuelas Graduadas y Seminarios de las
universidades más importantes no están representados (...) El mismo
proceso de votación (del Seminario) sobre los dichos de Jesús deja poco
espacio para variaciones o probabilidades, y, más importante, produce un
cuadro de Jesús con el que ningún erudito concuerda completamente.
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Este cuadro compuesto nos deja con un Jesús, "cabeza parlante", un


Jesús que no encaja bien en el contexto del judaísmo temprano y cuya
historia no podemos discernir. (6) Le invitamos a continuar con el
siguiente (y último) artículo de esta serie: "Jesús y la historia". © Dr. José
R. Martínez Villamil Febrero 2001. Barcelona © Mente Abierta 1999-2001.

NOTAS 1. Evans, C. Stephen, The Historical Christ and the Jesus of Faith
(El Cristo histórico y el Jesús de la fe). Oxford University Press, Oxford, pp.
39-40. 2. Ben Witherington III, The Jesus Quest (La Búsqueda de Jesús).
Illinois: InterVarsity Press, 1995, p. 58. 3. Barnett, Paul, Jesus and the
Logic of History (Jesús y la lógica de la Historia). Cambridge: Eerdsman,
1997. Pp. 60-61. 4. Richard Hays, profesor en la Universidad de Duke,
USA. Citado en The Real Jesus (El Jesús Real), por Luke Timothy
Johnson. Harper: San Francisco, 1996, p. 26. 5. Richard Hays, citado en
Ben Witherington III, The Jesus Quest. P. 47. 6. Ben Witherington III, The
Jesus Quest (La Búsqueda de Jesús). P. 42.
Apartado Nº. 37013· 08080 Barcelona, España © Menteabierta 1999-2001

Jesús y la Historia
En este artículo, el segundo de cuatro, el autor nos acerca a las
evidencias y a los procedimientos que nos pueden aclarar tan
importante dilema. Sin entrar en disquisiciones teológicas o en
complicados argumentos, este artículo nos ayuda a considerar
las bases históricas sobre Jesús y nos facilita el entendimiento
necesario para decidir sobre Aquél que dijo de sí mismo: "Yo soy
el camino, la verdad y la vida...

Jesús en la Historia ¿Existió Jesucristo? ¿Fue como lo presentan los


Evangelios y la religión cristiana? ¿Qué dice la Historia sobre Jesús?
Como ya hemos presentado en las Partes I, II y III de esta serie, la persona
de Jesús, aún cuando existió hace dos mil años, continúa siendo noticia
hoy. La cantidad de libros publicados, de artículos escritos y hasta de
películas filmadas es considerable. La figura del Maestro de Nazaret sigue
vigente. Claro está, la pregunta en la mente de muchos es la siguiente:
¿Podemos recuperar la verdadera figura de Jesús de entre los anales de la
historia? Antes de entrar en este tan importante tópico, estamos obligados
a comentar sobre los problemas relacionados con la historia y la fe, así
como la importancia de la Historia para el cristianismo. Historia y Fe
Tenemos que partir de la premisa que, lo que podemos lograr en nuestro
estudio histórico, está limitado. Esto no quiere decir que los cristianos
huimos del desafío de la historicidad de los orígenes del cristianismo.
Antes, al contrario. La fe cristiana es una firmemente sembrada en la
historia. Los cristianos creemos que Dios intervino en la historia de la
Humanidad, encarnándose en la persona de Jesús. Creemos no sólo que
esto es un dato verificable sino que también animamos a que se investigue
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y confirme por el estudio de la Historia misma. De esto comenta Michael


Grant (conocido historiador no cristiano) lo siguiente: "Aún cuando el
interés primario de los autores de los Evangelios era espiritual, viniendo la
historia después, la Iglesia cristiana siempre se ha preocupado, más que
cualquiera de sus rivales, con la idea de que la vida de Jesús fue historia;
y con buena razón, ya que el cristianismo es la única religión que cae o
permanece por supuestos hechos históricos." (itálicas del autor Grant) (1)
Hay varios acercamientos a este asunto. Para unos, la historia (de los
orígenes del Evangelio) no puede reconstruirse al ser demasiado grandes
las dificultades del proceso. Para otros la conexión entre la Historia y
Jesús puede llevarse a cabo, pero produciendo un resultado contrario al
que el cristianismo moderno enseña. (Interesantemente, y como ya hemos
mencionado en otra sección, el "Jesús" producido por los que así piensan
tiene un más que sospechoso parecido con los ideales modernos de
egalitarianismo, feminismo y corrección política.) Otros solucionan la
situación separando la historia de Jesús de "La Historia", como bien
demuestra C. S. Evans en su libro "The Historical Christ". Los que así se
acercan al tema clasifican el contenido histórico y textual de los orígenes
del Evangelio en la categoría de mito. Lo que se escribió, dicen ellos, es
correcto, pero no como verdad (realidad) histórica, sino como una
narración realizada con la intención de presentar más un "mito" (en el
sentido sociológico) que el mundo de la factibilidad histórica. Dicho de otra
manera: la historia del personaje Jesucristo (real) no concuerda con la del
Nuevo Testamento (mitificada). Tal y como explica Evans (citando a C.S.
Lewis) los cristianos no intentamos decir que la narración sobre Jesucristo
no tenga elementos de mito en el sentido que representa valores
metafísicos y sociológicos que trascienden la historia. Lo que decimos es
que, a pesar de esto, la narración evangélica corresponde con la realidad
histórica. Dadas las características únicas de la narración de los
Evangelios, no se admite que su origen sea fruto de la invención humana.
Nuevamente C.S. Evans, luego de explicar cómo Kierkegard explica este
asunto, dice lo siguiente: “Si el cristianismo es verdadero, entonces su
narrativa fundacional es un mito de origen divino. Ya que es un mito
divino que contiene la respuesta al dilema humano, éste se asemeja en
algunos aspectos a los mitos humanos que intentan proveer
contestaciones a los problemas fundamentales de la vida humana. Sin
embargo, ya que el Cristianismo enseña que los seres humanos son
incapaces de resolver el dilema por ellos mismos, él también
necesariamente sostiene que el mito divino es único e irreemplazable". )
¿Existió Jesús?: Jesús, ¿mito religioso o realidad histórica? Todavía
hay quien, sus ojos cerrados ante la abrumadora evidencia, sostiene que
Jesús no existió en realidad. De manera resumida menciono a
continuación la evidencia que demuestra que esta postura es insostenible
hoy en día. (Aquí sigo principalmente el argumento de G. R. Habermas en
su libro The Historical Jesus). 1. El Jesús de las cartas apostólicas. Los
escritos de Pablo, los documentos más antiguos del Nuevo Testamento,
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contienen confesiones de fe más tempranas que los mismos documentos.


En ellos se afirma la creencia en la existencia de un Jesús real en la
historia (puede verse, por ejemplo, I Corintios 15:3; Filipenses 2:5-8). En
los mismos documentos se presenta a Jesús como contemporáneo del
escritor y de otras personas citadas por él, como Pedro, Santiago (el
hermano de Jesús) y una multitud (500 personas) de testigos oculares (I
Corintios 15). 2. La iglesia cristiana y su enseñanza. La existencia de la
Iglesia cristiana muy poco tiempo después de la muerte de Jesús es fácil
de demostrar históricamente. Las creencias de esa iglesia están
claramente presentes en las cartas de Pablo. Es fácil trazar el origen de
dichas creencias al mismo Jesús. Examinemos brevemente algunas de
dichas creencias. "Redefinición" de Dios. Aún cuando desde el Antiguo
Testamento podemos hablar de Yahvé como un Dios "personal", muy poco
del Antiguo Testamento nos prepara para la presentación que Jesús hace
de su Padre, Dios. Un nuevo aire de familiaridad es introducido por Jesús,
como se observa en el uso de abba, la palabra aramea para describir
cariñosamente al padre (el equivalente en castellano a "papi", "papaíto" o
"papito". Jesús como Hijo de Dios. Jesús no se presentó a sí mismo
como "un hijo" de Dios, sino como "El Hijo" de Dios. Utilizando conceptos,
enseñanzas y pasajes del Antiguo Testamento en una forma novedosa,
reúne en sí mismo los personajes veterotestamentarios de "hijo de David"
(de la profecía mesiánica), "hijo del hombre" (de los escritos de Daniel) y "el
siervo sufriente" del profeta Isaías. El reino de Dios. El concepto del
Reino de Dios no es introducido por el Nuevo Testamento. Es una rica
enseñanzas cuyas raíces están firmemente establecidas en los escritos de
los Profetas del Antiguo Testamento. Sin embargo la visión que de este
Reino se tenía era una limitada al campo escatológico. Esto quiere decir
que se hablaba del Reino de Dios exclusivamente como una manifestación
del juicio de Dios sobre las naciones y la reivindicación de Israel como el
pueblo de Dios. Jesús cambia todo eso y presenta el Reino de Dios como
un realidad presente en él mismo, aunque con una compleción aún futura,
"al final de los tiempos". La muerte vicaria de Cristo. El perdón de los
pecados por la muerte expiatoria y vicaria de Cristo no era un concepto
entendido ni esperado durante el período intertestamentario. La vida y
estilo de oración de la Iglesia. El Nuevo Testamento, escrito principalmente
por judíos muy celosos con su creencia monoteísta, nos sorprende al
mostrarnos a la misma iglesia orando a Jesús. 3. Los Evangelios son
documentos tempranos. Contrario a lo que se decía al final del S. XIX, los
cuatro Evangelios estaba escritos antes del final del siglo primero. Más
aún, tanto Marcos como Mateo y Lucas son aceptados hoy como escritos
en la década de los 60s, muy cerca de los relatos que narran. ¿Por qué
fueron escritos los Evangelios? Toda esta gama de "ideas novedosas" en la
naciente iglesia cristiana, compuesta principalmente por judíos
monoteístas, requiere de la explicación y proclamación apostólica. Los
"sucesores" o "delegados" de Jesús eran la única voz autoritativa en la
Primera Iglesia. Con la paulatina desaparición de los apóstoles se hace
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necesario el registro escrito de las enseñanzas de Jesús para la Iglesia,


especialmente cuando comenzaron a surgir herejías (doctrinas extrañas a
la enseñanza de la Iglesia). Aunque tratamos el tema en otros artículos,
creo que corresponde aquí, aunque sea de manera resumida, unas
palabras en favor de la historicidad de los Evangelios. Historicidad de los
Evangelios. Los Evangelios (Mateo, Marcos, Lucas y Juan), son los
documentos que narran el nacimiento, ministerio, muerte y resurrección
de Jesucristo. Pero, a pesar de esto, no podemos decir que sean biografías
al estilo moderno, aunque sí se acercan muchísimo a la línea seguida por
relatos biográficos de la antigüedad. A pesar de que está más que
demostrado lo temprano de la composición de los Evangelios, algunas
personas siguen cuestionando la capacidad de estos para darnos una
visión real del Jesús de la historia. Se aduce una larga tradición oral
previa a que los evangelios fueran escritos. En esta tradición oral se
supone que la Iglesia alteró los dichos e historias de Jesús para aplicarlo a
las diversas circunstancias y problemas en las primeras décadas de
existencia de la Iglesia. Pero esto no fue así. Recordemos que estos
documentos históricos fueron escritos poquísimo tiempo después de los
hechos que narraban. En adición, tenemos que recordar la tradición
rabínica del pueblo judío, capaz de conservar oralmente sus tradiciones y
la capacidad de recitar de memoria grandes cantidades de texto. Si a esto
añadimos el hecho de que Jesús, como buen maestro (rabino), utilizaba
historias y parábolas que hacían memorables sus dichos, tenemos el
escenario perfecto para una adecuada preservación oral de las enseñanzas
cristianas que unen a los Evangelios con la persona de Jesús. 4.
Aplicación de una metodología. Si se aplican los mismos principios en el
estudio de la historia de Jesús que los que se aplican en el resto de la
investigación de documentos antiguos, hay que concluir que Jesús sí
existió. Sobre la validez de los Evangelios como documentos históricos
hacemos referencia aquí de lo que escribió el reconocido historiador (no
creyente) Michael Grant : "Pero, sobre todo, si aplicamos al Nuevo
Testamento, como debemos, la misma clase de criterios que aplicaríamos a
otros escritos antiguos que contienen material histórico, no podemos
rechazar la existencia de Jesús como tampoco lo hacemos con la multitud
de personajes paganos cuya realidad como figuras históricas nunca ha
sido cuestionada... Para resumir, los métodos críticos modernos fallan en
apoyar la historia del "mito de Cristo". 'Vez tras vez éste han sido
contestado y aniquilado por eruditos de renombre'. En años recientes
'ningún erudito se ha aventurado a postular la no-historicidad de Jesús' o
quizás tan sólo unos pocos, y no han tenido éxito en contrarrestar la
mucho más firme evidencia, y de hecho muy abundante, de lo contrario."
(3) Interesantes y aún más osadas son sus palabras respecto al hecho
histórico de la tumba (vacía) de Jesús, una contundente evidencia
cristiana para la resurrección de Jesucristo: “Pero si nosotros aplicamos la
misma clase de criterios que aplicaríamos a cualquier otra fuente literaria
antigua, entonces la evidencia es suficientemente firme y factible para
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necesitar la conclusión que la tumba fue de hecho hallada vacía." (4) 5.


Multitud de documentos cristianos. La literatura de la iglesia de los
primeros siglos es bastísima, especialmente los escritos por los llamados
"Padre Apostólicos" (escritos entre el 90 y el 125 A.C.). Como era natural
esperar, estos mencionan datos relacionados con la vida de Jesús. Por
ejemplo: • Clemente de Roma (Carta a los Corintios, 42) • Ignacio
(Tralianos, 9; Esmirneanos, 1). • Cuadrato (Magnesianos, 119 • Eusebio
(Historia eclesiástica, IV:III 6. Otros "Padres de la Iglesia". Lo mismo que
hemos escrito arriba aplica a estos documentos. • Bernabé (Bernabé, 5) •
Justino Mártir (Primera Apología, XLVII; XXX; XXXII; XXXV; L; Diálogo con
Trifo, LXXVII; XCVII; CVIII) 7. Fuentes extra-bíblicas (seculares).
Muchas personas ignoran que hay referencias a la persona de Jesús en
fuentes histórica no cristianas. Bosquejo algunas. • Cornelio Tácito, 55-
120 D. C. (historiador romano; 15.44) • Gaius Suetonius (secretario del
Emperador Adriano entre los años 117 y 138 AD. C.; Claudius, 25; Nerón,
16 • Flavio Josefo (37-97 D. C.; historiador judío; Antigüedades 18:3) •
Plinio el Joven (autor romano; Cartas, Vol. II, X:96) • Trajano (Emperador;
citado en la anterior obra, X:97) • Hadriano (Emperador romano entre 117
y 138 D. C.; documentación citada por Eusebio, Historia Eclesiástica,
IV:IX) • El Talmud (Obra judía, escrita antes del 135 D. C; Vol. III,
Sanedrín 43a) • Luciano (Sátiro griego del 2do siglo; La muerte de
Peregrina, 11-13) 8. Fuentes extra-bíblicas (gnósticas). Por último, y no
menos interesantes, están los escritos por aquellos dentro de la Iglesia que
intentaron abrazar doctrinas no-cristianas, en especial los de fundamento
gnóstico. Por ejemplo: Evangelio de la Verdad (136-160 D. C., 26:4-8;
30:27-33; 31:4-6); El Apócrifo de Juan (120-130 D.C.; 1:5-17); El
Evangelio de Tomás (140-200; 32:10-11; 34:30-35:4; 44:34-35; 45:11-15;
etc) y otros. En su libro "The Historical Jesus" el Dr. G. R. Habermas
demuestra que muchos de los asuntos principales respecto a la vida,
ministerio, muerte y resurrección de Jesús pueden ser reconstruidos a
partir de las fuentes NO bíblicas. Lo mejor es citar sus palabras: “Hemos
examinado un total de 45 fuentes antiguas para la vida de Jesús, que
incluye 19 de credos tempranos, cuatro arqueológicas, 17 no cristianas y
cinco fuentes cristianas fuera del Nuevo Testamento. A partir de estos
datos hemos enumerados 129 hechos reportados relacionados con la vida,
persona, enseñanzas, muerte y resurrección de Jesús y el mensaje
temprano de sus discípulos. Con esto no estamos diciendo que todas estas
fuentes son de la misma calidad (por variedad de razones). Pero estos
hechos... están dispersos a lo largo de todas las categorías y tipos de
escritores de manera más o menos equilibrada". (5) Conclusión
Reconocidas las limitaciones de la investigación histórica y demostrada la
fiabilidad del Nuevo Testamento como documento histórico, estamos en
posición de presentar un esbozo del “Jesús Histórico.” En su libro "The
Real Jesus" (El verdadero Jesús), el erudito bíblico Dr. Luke Timothy
Johnson concluye brillantemente: “A través de mirar a la "historia de
Jesús" no en términos de una colección de hechos o en términos de una
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pila de piezas discretas, sino en términos de patrón y significado, hemos


hallado una profunda consistencia en la literatura cristiana temprana en
lo que concierne al carácter de Jesús. La convicción a veces toma la forma
del epítome narrativo, una forma abreviada de la "historia de Jesús" que es
aplicada a la vida de los creyentes. Ella expresa el significado del
ministerio de Jesús en términos de su final: Jesús es el Siervo Sufriente
cuya muerte es un acto de obediencia radical hacia Dios y una expresión
de cuidado amoroso para con sus seguidores. Tanto en los Evangelios
como en la literatura epistolar, este "patrón mesiánico" está explícitamente
conectado a un entendimiento del discipulado. Ser un miembro de la
comunidad mesiánica es vivir de acuerdo a esta "mente de Cristo",
expresar fe obediente en Dios a través del servicio en amor al prójimo.
Cuando el testimonio del Nuevo Testamento es tomado como un todo, una
consistencia profunda puede apreciarse bajo su diversidad en la
superficie. El "Jesús real" es, en primer lugar, el poderoso Señor
resucitado cuyo espíritu transformador está activo en la comunidad. Pero
seguir a Jesús no es un asunto del tipo de poder que domina sobre otros,
ni el del "dominio actual" en el Reino de Dios (I Cor. 4:8). Es en su lugar
un asunto de transformación de acuerdo al patrón del Mesías. El "Jesús
real" ("verdadero") es por lo tanto también Aquel a través de quien se
reproduce en la vida de los creyentes una fiel obediencia a Dios en el
servicio de amor a otros. [...] En resumen, abandonar el cuadro de
significado dado a Jesús por los cuatro Evangelios canónicos es abandonar
el cuadro de significado dado a la historia de Jesús y del discipulado
cristiano por el resto del Nuevo Testamento. A la luz de estas sencillas
observaciones, la pregunta debe ser formulada: ¿No será acaso que lo que
pretende ser una búsqueda del Jesús histórico sea en realidad un escape
de la imagen de Jesús y del discipulado que está inexorablemente
arraigado en estos textos? Para nuestra era presente, en que la "sabiduría
del mundo" está expresada en individualismo, narcisismo, preocupación
por los propios derechos y competencia, la "sabiduría de la cruz" es el
mensaje más profundamente contracultural de todos. En lugar de
esforzarnos por rectificar el efecto distorsionador de la narración de los
Evangelios, el esfuerzo de reconstruir a Jesús de acuerdo a algún otro
patrón parece ser cada vez más un intento de escapar del escándalo del
Evangelio. (6) © Dr. José R. Martínez Villamil Febrero 2001. Barcelona ©
Mente Abierta, 1999-2001. NOTAS 1. Grant, Michael. Jesus: An
Historian's Review of the Gospels (Jesús: Un historiador examina los
Evangelios). Scribner's Sons, New York, 1977. P. 182,. 2. Stephen Evans,
C. The Historical Christ & the Jesus of Faith (El Cristo histórico y el Jesús
de la fe). Orford Press, Oxford, 1996. P. 63. 3. Grant, Michael. Op cit, pp.
199-200. 4. Ibid., p. 176. 5. Habermas, Gary R. The Historical Jesus (El
Jesús Histórico). College Press, Missouri. P. 250. 6. Johnson, Luke
Timothy, The Real Jesus (El Jesús verdadero). Harper Collins, San
Francisco, 1997. BIBLIOGRAFÍA Barnett, Paul, Jesus and the Logic of
History. 1997: Eerdsman, Cambridge. Borg, Marcus and N. T. Wright, The
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Meaning of Jesus. 1999: Harper, San Francisco. Copan, Paul Ed., Will the
Real Jesus Please Stand Up? 1998: Baker Books, Michigan. Crossan,
John Dominic, The Historical Jesus. 1991: Harper, San Francisco. Jesus:
A Revolutionary Biography. 1994: Harper Collins, San Francisco. The
Essential Jesus. 1994: Harper Collins, San Francisco. Who Killed Jesus?
Harper Collins, San Francisco. Eckardt, A. Roy, Reclaiming the Jesus of
History. 1992: Fortress Press, Minneapolis. Evans, C. Stephen, The
Historical Christ and The Jesus of Faith. 1996: Oxford University Press,
Oxford. Grant, Michael, Jesus: An Historian Review of the Gospels. 1977:
Scribner's, New York. Habermas, Gary R., The Historical Jesus. 1996:
College Press, Missouri. Johnson, Luke Timothy, The Real Jesus. 1996:
Harper Collins, San Francisco. Muggeridge, Malcolm, Jesus: The Man
Who Lives. 1975: Harper and Row, Londres. Wilkins, Michael J. and J. P.
Moreland Eds., Jesus Under Fire. 1995: Zondervan, Michigan.
Witherington, Ben III, The Jesus Quest. 1996: Intervarsity Press, Illinois.
Wright, N. T., The Original Jesus, 1996: Eerdsman, Michigan. The
Challenge of Jesus. 1999: Intervarsity, Illinois.

Han pasado ya casi dos mil años y aún es un tema fascinante.


¿Qué ocurrió realmente la mañana de Pascua que siguió a la
ejecución de Jesús de Nazaret? ¿Resucitó realmente? Este
artículo fue escrito por el Dr. N. T. Wright, reconocido historiador
y erudito inglés. En él se practica un nuevo acercamiento al
estudio de la Resurrección desde el punto de vista histórico.
¿Qué tiene de nuevo? El autor se concentra en la forma en que,
a la luz de la historia, lo sucedido aquella mañana misteriosa
alteró para siempre la manera en que los primeros cristianos
entendieron las profecías mesiánicas y el importante tema del
Reino de Dios. Muy a propósito nos viene aquello de Hume que
decía que él podía creer en los milagros siempre y cuando la
explicación "no milagrosa" fuera más difícil de creer que el
hecho sobrenatural bajo examen.

Introducción El tema de la resurrección de Jesús está en el centro mismo


de la fe cristiana. No se conoce ninguna expresión del cristianismo en sus
comienzos —aunque existen algunas inventados por ingeniosos eruditos—
que no afirme como elemento fundamental el hecho de que después de la
vergonzosa muerte de Jesús Dios lo resucitó a vida nueva. Ya para el
tiempo de Pablo, el primero en escribir sobre este hecho, la resurrección de
Jesús no era un mero evento separado de la fe. Ya era algo entrelazado a la
misma estructura de vida y pensamiento cristiano, afectando entre otras
cosas los conceptos sobre el bautismo, la justificación, la ética y la
esperanza futura para todo ser humano y para todo el cosmos. Además de
la relación de Jesús para con el judaísmo, de las metas de su ministerio y
de las razones de su muerte, todo historiador del primer siglo, no importa
Escuela de Capacitación Transcultural CNBM 18

cual fuera su trasfondo, tiene que hacerse la inevitable pregunta: ¿cómo


fue que surgió el cristianismo y por qué tomó la forma que tiene? Los
primeros cristianos contestarían: existimos a causa de la resurrección de
Jesús. En base a esa respuesta, es indispensable que el historiador
investigue cuál es precisamente el significado que ellos le daban a esta
declaración y cuál es el comentario histórico que se debe dar a esta
creencia tan fundamental e importante para el cristianismo. Yo le doy
importancia al aspecto histórico desde un comienzo porque se ha
discutido, aún más, se ha insistido en muchos círculos, de que cualquier
significado que queramos darle a la resurrección de Jesús no es algo que
sea accesible a la investigación histórica. O como declaró Dominic Crossan
en cuanto a la investigación sobre la resurrección de Jesús: hay quienes
han sostenido que no se puede hacer, otros que no se debe hacer, y otros
que han dicho lo primero cuando en realidad quisieron decir lo último.(1)
No es posible llegar al corazón de todas las objeciones y contestarlas en
detalle dentro de los límites que impone un capítulo de libro. Sólo quiero
insistir en que el historiador, en lugar de aceptar la imposibilidad de
investigar el tema, tiene la obligación de realizar dicha investigación. Sin
ella, quedaría un hueco enorme en el centro de la historia del primer siglo,
no importa las presuposiciones que pueda tener el historiador. Ha habido,
por supuesto, varias falsas pistas en la investigación que se ha realizado
sobre este asunto a nivel popular o semi popular. Falsas pistas Bárbara
Thiering ha sugerido que Jesús y los otros hombres que fueron
crucificados con él no murieron (a pesar de que a los otros dos se les
fracturaron las piernas) y que uno de ellos en realidad era un hombre
llamado Simón Mago, quien era un médico y que tenía consigo un
medicamento que le administró a Jesús para que reviviera en la tumba,
haciendo posible que reanudara su carrera, viajara a todos lados con Pablo
y otros seguidores y que, además, se casara y tuviera hijos.(2) Esta teoría
es nada más que una vuelta muy imaginativa sobre la antigua hipótesis de
que Jesús en realidad no murió en la cruz. Como se ha comprobado
muchas veces, los Romanos sabían muy bien cómo ejecutar a las personas
y la reaparición de un Jesús, golpeado y exhausto, no podría sugerirle a
sus seguidores algo para lo que no estaban preparados, a saber, que había
pasado por la muerte y regresado a la vida. De la misma manera, hay
muchas personas que siguen produciendo teorías para explicar que en
realidad Jesús no resucitó de los muertos, dejando tras de sí un tumba
vacía. Al nivel popular, la BBC (British Broadcasting Corporation) realizó
un programa a mediados de los años 90 basado en los descubrimientos en
Jerusalén de un osario con el nombre grabado “Jesús, hijo de José”. En la
misma tumba había otros osarios de personas con nombres como José,
María, Mateo, y alguien con el nombre de “Judá, hijo de Jesús”. No es de
sorprender que entre los muchos que no quedaron impresionados por el
hallazgo se encontraran los arqueólogos israelíes, quienes sabían que estos
nombres eran por demás comunes en el primer siglo. Sería como
encontrar los nombres de John y Sally Smith en la guía telefónica de la
Escuela de Capacitación Transcultural CNBM 19

ciudad de Londres. En el verano de 1996 se publicó un libro en el que dos


intrépidos investigadores armaron una movida novela policial que incluía
Caballeros Templarios medievales, los Rosacruces, los Masones, los
gnósticos, patrones escondidos en pinturas medievales y otras cosas
parecidas, todo para llegar a la conclusión de que los huesos de Jesús
están enterrados en la ladera de un cerro en el sudoeste de Francia, y que
el verdadero mensaje del Evangelio tenía que ver con vivir una vida buena
y ganarse el premio de una resurrección no corporal sino espiritual.
Además los autores sostienen que la iglesia primitiva inventó la doctrina
de la resurrección corporal de Jesús para lograr poder político y
económico. El libro lleva como título La tumba de Dios —título irónico,
puesto que si los huesos de Jesús están en una tumba en Francia, no hay
ninguna razón de suponer que él fue o es Dios. Si estos autores creen que
la resurrección era una vía al poder y al dinero, deben leer el Nuevo
Testamento y pensarlo de nuevo. Por lo menos estas aventuras de seudo-
historiografía a nivel popular revelan una cosa: la resurrección de Jesús
sigue siendo un tema perennemente fascinante, lo que es una buena
noticia. Pero también revelan la gran cantidad de desinformación que
sigue dando vueltas alrededor del tema. Una reseña sobre La tumba de
Dios comenzó diciéndoles a los lectores que la creencia de los cristianos en
la resurrección de Jesús significaba que Jesús, después de su muerte, fue
exaltado al cielo. Esta es una manera muy engañosa de presentarlo, ya
que los cristianos tradicionalmente han creído que cuando mueren sus
almas “van al cielo”, dejando sus cuerpos en la tumba. De acuerdo a esta
creencia se hace parecer que lo que le ocurrió a Jesús es simplemente lo
que ha de ocurrir a todo cristiano cuando muera. Esto no es lo que los
primeros cristianos pensaban sobre la resurrección de Cristo. A nivel
popular esto no detiene a muchas personas de asumir que cuando se dice
que “Jesús resucitó de los muertos”, en realidad es una forma más
adornada de decir “Jesús fue al cielo cuando murió”. Al nivel de la
erudición académica siempre ha existido mucha y continua discusión
sobre la resurrección. Sin embargo, ésta ha tendido a desarrollarse en
tratamientos a nivel filosófico o de la teología sistemática. Aquellos
eruditos del Nuevo Testamento que han escrito recientemente sobre la
resurrección han tendido a pertenecer a la escuela histórica-tradicional
alemana, que ha intentado investigar el trasfondo de los detalles del texto
de los Evangelios y de 1 Corintios 15 para ver de dónde podrían haber
surgido estas tradiciones. Pero dichos esfuerzos, especialmente los
primeros dos, han tendido a ser fragmentados, a romper la tradición en
sus fragmentos hipotéticos más tempranos; como ocurre en mucha de la
investigación histórico-tradicional, a tal punto que se termina con más
interrogantes al final que al comienzo. Lo que ha faltado es una
investigación histórica seria sobre el tema realizada por un escritor
firmemente arraigado en la historia del judaísmo del primer siglo. Lo que
más se aproxima a esto son las insinuaciones presentes en dos escritores
que al parecer no creen en la resurrección corporal de Jesús pero que, no
Escuela de Capacitación Transcultural CNBM 20

obstante, declaran que algo sumamente extraño parece haber ocurrido.


Geza Vermes, en su primer libro sobre Jesús, afirma que la tumba tuvo
que haber quedado vacía y él no parece creer que los discípulos robaron el
cuerpo.(3) Ed Sanders, uno de los más destacados escritores americanos
contemporáneos sobre la persona de Jesús, habla de que los discípulos
llevaron adelante la lógica de la obra de Jesús “en una circunstancia
transformada” y declara que el resultado de la vida y de la obra de Jesús
culminó en “la resurrección y en la creación de un movimiento que
perduró”.(4) El niega cualquier explicación especial o racionalización de las
experiencias de los discípulos después de la muerte de Jesús. Por un lado
él señala que los discípulos de Jesús tendrían que haber estado
preparados para un evento dramático que establecería el Reino pero que,
por otro lado, lo que realmente aconteció (que Sanders describe
simplemente como “muerte y resurrección”) obligó a los discípulos “a
ajustar su expectativa, pero no creó una nueva de la nada”. Como los
historiadores del judaísmo del primer siglo, tanto Vermes como Sanders
dan testimonio de la gran dificultad que existe en decir, por un lado, que
nada ocurrió con el cuerpo de Jesús, pero por otro en admitir que el
cristianismo empezó poco después de su muerte como un movimiento
dinámico basado precisamente en la resurrección. Resurrección y
Divinidad Un problema serio que necesita ser encarado antes de que
empecemos nuestra propia argumentación, es el hecho de que desde el
inicio de la iglesia, la resurrección ha sido considerada como la prueba de
la divinidad de Jesús. Resurrección y encarnación han sido ligadas entre
sí. Ésta, de hecho, es la posible razón por la cual la gente ha negado que el
historiador pueda pronunciarse sobre la resurrección, porque del
historiador, como historiador, no se puede esperar que llegue a
conclusiones seguras sobre Dios. Pero esto sólo demuestra una falta de
claridad en la investigación histórica. Los mártires de la insurrección de
los Macabeos tenían la esperanza de ser resucitados de la muerte, pero es
más que seguro que no esperaban que este hecho les otorgara divinidad.
Pablo argumenta que los cristianos serán resucitados así como Jesús fue
resucitado, pero no supone que por ese hecho ellos compartirán la relación
única de ser hijos divinos, que en esta misma carta, Pablo atribuye a
Jesús. Podemos ver en los escritos de Pablo la clara distinción entre
“resurrección”—un vida encarnada nuevamente—y “exaltación” o
“entronización”, una distinción que algunos eruditos han sugerido que
entró únicamente con Lucas. Pero nos estamos adelantando. Por el
momento, basta decir que cualquiera que fuese nuestro punto de vista en
cuanto a la divinidad de Jesús, ésta no puede ser el primer significado de
su resurrección. Lo opuesto también es importante. El hecho de que los
discípulos hubieran llegado a la convicción de la divinidad de Jesús por
otras pruebas, no sería en sí argumento suficiente como para que ellos se
hubieran visto dirigidos a afirmar que él había sido levantado de los
muertos. Permítanme entonces proponer un argumento histórico,
enfocado principalmente en el surgimiento de la iglesia primitiva dentro
Escuela de Capacitación Transcultural CNBM 21

del mundo del judaísmo del primer siglo, sobre lo que debe haber ocurrido
esa mañana de Pascua. Esto significa, primero y más importante, enfocar
la resurrección de Jesús como un problema fundamentalmente histórico.
Existen tres etapas en este argumento, cada una de las cuales contiene los
mismos cuatro pasos básicos. (5) El surgimiento del cristianismo
primitivo Como un movimiento del “Reino de Dios”. La primera etapa
del argumento tiene que ver con el surgimiento del cristianismo como un
movimiento del “Reino de Dios” dentro del mundo judío de su tiempo. Los
cuatro pasos pueden ser resumidos de la siguiente forma: Primero, el
cristianismo primitivo creció como un movimiento del “Reino de Dios”.
Segundo, dentro del judaísmo, el concepto del “Reino de Dios” tenía ciertos
significados particulares Tercero, ya que dichas expectativas ciertamente
no se habían cumplido, tenemos que preguntarnos por qué los primeros
cristianos decían que el Reino había llegado. Y cuarto, como historiadores,
debemos postular la razón por la que se hacía esa extraña afirmación. Es
necesario ahora tratar cada uno de estos pasos un poco más. Primero, el
cristianismo primitivo se conceptuó a sí mismo un “movimiento del Reino
de Dios”. Ya para el tiempo de Pablo, la frase “Reino de Dios” había llegado
a ser casi como una forma abreviada para identificar al movimiento,
definiendo su estilo de vida y su razón de ser. Y a pesar de los intentos de
algunos de sugerir que para los primeros cristianos este Reino de Dios
representaba una nueva experiencia personal o espiritual en lugar de un
movimiento de características judías designado para establecer el gobierno
de Dios en el mundo, toda la evidencia que actualmente tenemos (en
contraste con la evidencia inventada basada en las hipótesis de los
documentos tempranos Qumram o Tomás) indica que si el movimiento de
Jesús fue un movimiento contra el Templo judío, el cristianismo primitivo
fue un movimiento contra el imperio romano. Cuando Pablo declaraba que
“Jesucristo es el Señor”, quedaba claro que entonces el César no lo era.
Esto no fue un escapismo gnóstico sino una teología al estilo judío de “solo
Dios es rey,” pero con la diferencia que Jesús es su centro. Y esta teología
generó y sustentó, no a un grupo de conventículos al estilo gnóstico, sino a
una nueva comunidad del nuevo pacto al estilo judío. El cristianismo fue
de hecho, un movimiento del Reino de Dios en el pleno sentido judío.
Segundo, no obstante, dentro de judaísmo la llegada del Reino de Dios
significaba, como vimos en otro capítulo, el fin del exilio de Israel, el
derrocamiento del imperio pagano y la exaltación de Israel y el regreso de
Yahweh a Sión para juzgar y salvar. En un enfoque más amplio,
significaba la renovación del mundo y el establecimiento de la justicia de
Dios en todo el cosmos. No era visto como una experiencia existencialista o
gnóstica de carácter privado, sino como eventos públicos. Si usted le
hubiera dicho a judíos del primer siglo que “el Reino de Dios ha llegado” y
luego lo explicara refiriéndose a una nueva experiencia espiritual, a un
nuevo sentido de perdón, a un emocionante reordenamiento de su vida
religiosa interior, pudiera ser que ellos hubieran contestado que estaban
contentos de que usted hubiera tenido esa experiencia, pero que no
Escuela de Capacitación Transcultural CNBM 22

entenderían el por qué usted se refiere a ello como el Reino de Dios. No


obstante, tercero, era abundantemente claro que el Reino de Dios no
había llegado en la manera como los judíos del primer siglo lo habían
imaginado. Israel no había sido liberado ni había sido reconstruido el
Templo. En una mirada más amplia era obvio que la maldad, la injusticia,
el dolor y la muerte aún seguían rampantes. Nos vemos forzados,
entonces, a preguntar: ¿por qué insistían los primeros cristianos que el
Reino de Dios había llegado? Una respuesta obvia podría ser: porque ellos
cambiaron radicalmente el significado de la frase haciendo que se refiriera
no a los asuntos de un estado político, sino a una condición interior o
espiritual. Pero, como hemos visto, esto sencillamente no es cierto en el
cristianismo primitivo. En la primera exposición escrita sobre la teología
cristiana del Reino (que, significativamente, es el mismo capítulo donde
encontramos la primera exposición sobre la resurrección, 1 Corintios 15),
Pablo explicó que el Reino llegaría en un proceso de dos etapas, de tal
manera que la esperanza judía (que Dios fuera el todo en todo) sería
realizada plenamente en el futuro, siguiendo a su decisiva inauguración en
los eventos relacionados con Jesús. De hecho, los primeros cristianos no
sólo usaron la frase (de hecho la utilizaron con tanta regularidad que
cuando los Gnósticos tempranos quisieron producir su propia nueva
religión tomaron prestada la frase aún cuando no significaba nada de lo
que ellos mismos ofrecían) sino que ellos reordenaron su mundo simbólico
y narrativo y su praxis habitual alrededor de él. En otras palabras, ellos
actuaron como si el Reino (al estilo judío) estuviera de verdad presente.
Ellos reorganizaron su vida como si de verdad fueran el pueblo que ya
había regresado del exilio, el pueblo del nuevo pacto. Al mismo tiempo
debemos preguntarnos: ¿por qué los cristianos no continuaron con la clase
de revolución del Reino que ellos pensaban que Jesús iba a liderar? ¿Cómo
podemos explicar el hecho de que el cristianismo primitivo ni fue un
movimiento nacionalista judío ni tampoco una experiencia existencial
privada? Por lo tanto, como historiadores nos es necesario postular una
razón que explique cómo este grupo de judíos del primer siglo (que
abrigaban estas expectativas en relación al Reino) pudieron declarar que
sus expectativas habían sido cumplidas, aunque no en la forma como lo
habían imaginado. Los mismos cristianos declararían a una voz que la
razón fue la resurrección corporal de Jesús. Pero antes de indagar más
sobre este asunto, es necesario pasar a la segunda etapa del argumento.
El cristianismo no fue meramente un “movimiento del Reino de Dios”; fue,
desde su comienzo, un movimiento de la resurrección. Pero, ¿qué
significaba la resurrección para el judío del primer siglo? Como un
movimiento de la resurrección. Como ya he mencionado, no existe
evidencia alguna de la existencia de alguna forma de cristianismo primitivo
que no tuviera como una creencia central la resurrección. Tampoco
podemos decir que esta creencia hubiese sido “pegada” a los márgenes del
cristianismo. La resurrección fue la fuerza motriz que impregnó todo el
movimiento. Pero—el segundo paso de la segunda etapa del argumento—
Escuela de Capacitación Transcultural CNBM 23

hay que decir que el concepto de resurrección para el judío del primer siglo
tenía un significado específico. Este es un asunto bastante complejo y
controversial por lo que necesitamos explicarlo con más precisión.(6)
Primero, existe todo un espectro de puntos de vista en cuanto a lo que los
judíos del primer siglo creían en relación a lo que ocurriría a las personas
después de la muerte. Existen algunos escritos que insisten en un estado
final incorpóreo de gran dicha; los escritos de Filo y el libro de Jubileos
son dos ejemplos. Existen algunos escritos que insisten que los cuerpos
físicos de los muertos justos serían restaurados para que, por ejemplo, los
mártires fueran, podría decirse así, “reconstruidos” para enfrentarse a sus
torturadores y verdugos y por ello celebrar su derrota. El ejemplo más
obvio de esto es el segundo libro de los Macabeos. Hay algunos escritos
que hablan de un estado incorpóreo temporal, seguido por una plena
restitución del cuerpo. Es importante enfatizar que el libro La sabiduría de
Salomón, capítulos 2 y 3, pertenece a esta categoría y no a la de los
escritos de Filo y Jubileos, a pesar de las declaraciones populares y
eruditas al contrario. Cuando Sabiduría habla de que “el alma de los
justos” está “en las manos de Dios”, esto no significa que éste sea el lugar
de descanso final, sino un seguro refugio temporero antes del tiempo
cuando han de “brillar y correr como chispas entre el rastrojo” y ser
puestos por el Señor para gobernar sobre naciones y reinos (3:1-8). Esto
parece ser el punto de vista de Josefo, por lo menos cuando se está
cuidando de describir lo que realmente creen sus conciudadanos judíos,
en lugar de poner en boca de sus héroes lo que él confiaba que apelaría a
su educada audiencia romana. Finalmente, también existieron aquellos
que negaban que hay un existencia eterna después de la muerte: los
Saduceos, de mala fama, tenían esta postura aunque, por lo visto, no
dejaron ningún escrito que nos dé la posibilidad de confirmarlo Lo único
que tenemos son los comentarios de personas que estaban en desacuerdo
con ellos. Dentro de este espectro debemos establecer con claridad dos
puntos. Primero, aunque existía toda una diversidad de creencias acerca
de la vida después de la muerte, la palabra resurrección sólo se utilizaba
para describir el volver a la vida del cuerpo y no un estado de dicha
incorpórea. Es decir, resurrección no era un término para referirse a la
“vida después de la muerte” de manera general ni tampoco un término
para describir el hecho de “ir para estar con el Señor” en un sentido
general. Era más bien la palabra que se utilizaba para describir lo que
pasaría cuando Dios creara nuevos seres humanos con sus cuerpos
después de cualquier estado intermedio que pudiera existir. Segundo,
había una variedad de términos que se podían utilizar cuando las
personas se referían a un estado incorpóreo temporero antes de una
eventual resurrección. Se les podía describir como almas, o como ángeles,
o palabras equivalentes, o como a espíritus, pero no como cuerpos
resucitados. La “resurrección” significaba que el cuerpo volvía a la vida,
pero eso no era todo. Desde el tiempo de Ezequiel 37 en adelante la
“resurrección” era una imagen utilizada para referirse al grandioso regreso
Escuela de Capacitación Transcultural CNBM 24

del exilio, a la renovación del pacto y para connotar la creencia de que,


cuando esto ocurriera, significaría que el pecado y la muerte (el exilio) de
Israel ya habían sido perdonados, que Yahweh había renovado su pacto
con su pueblo. Por tanto, la resurrección de los muertos llegó a ser tanto
metáfora como metonimia, tanto el símbolo de la venida de una nueva era,
y ella misma (la resurrección) como elemento central de todo el conjunto.
Cuando Yahweh restaurara a su pueblo, entonces Abraham, Isaac y
Jacob, junto a todo el pueblo de Dios hasta e incluyendo a los mártires
que habían muerto por causa del Reino, volverían a la vida y serían
resucitados a nueva vida en el nuevo mundo de Dios. Cuando los judíos
del segundo templo creían en la resurrección, entonces, esa creencia se
refería, por un lado, a la resurrección física de seres humanos que antes
estaban muertos y, por otro, a la inauguración de la nueva era, el nuevo
pacto, donde todos los justos muertos serían resucitados
simultáneamente. Presumiblemente es por eso que cuando Jesús habló de
la resurrección del Hijo del Hombre como algo individual dentro del
continuo fluir de la historia (Marcos 9:10), los discípulos estaban
confundidos sobre lo que él pudiera estar hablando. Así que, si el judío
del primer siglo decía que alguien había sido “resucitado de entre los
muertos”, lo que por cierto no quería decir era que esa persona había
pasado a un estado de dicha incorpórea, para descansar en esa condición
por siempre o esperar al gran día de resurrección corporal. Podemos
probar esto preguntándonos si alguien que viviera en el año 150 a. C. y
que creyera apasionadamente que los mártires Macabeos eran verdaderos
y justos israelitas, o si lo preguntáramos a alguien del año 150 d. C. y que
creyera que Simeón ben-Kosiba era el verdadero Mesías habrían dicho que
ellos, habían sido resucitados de los muertos (dando a entender con esto
sencillamente que su causa era en verdad justa y que ellos estaban vivos
en un lugar de honor en la presencia de Dios). La respuesta es obvia. En
cambio, las personas en los dos casos mencionados pudieran haber dicho
que los mártires, o ben-Koshiba, estaban vivos en la forma de ángeles o
espíritus, o que sus almas estaban en las manos de Dios. Pero de ninguna
manera se atreverían a decir que ya habían sido resucitados de los
muertos. La resurrección significaba la vuelta a la vida del cuerpo y daba
de entender que la nueva era había amanecido. Si, entonces, usted
hubiera dicho a un judío del primer siglo “la resurrección ya ha ocurrido”,
este le hubiera respondido con algo de asombro que era obvio que eso no
era cierto porque no se veía caminando por las calles a los patriarcas, los
profetas y ya que la restauración de la cual habló Ezequiel (capítulo 37) no
había ocurrido tampoco. Y si usted agregara, a modo de explicación, que
no estaba refiriéndose a esos eventos sino, mas bien, a un maravilloso y
nuevo sentido de perdón y sanidad interior y que creía que el antiguo líder
de su movimiento estaba vivo y en la presencia de Dios después de haber
sido sometido a una vergonzosa tortura y cruel muerte, es más que
probable que su interlocutor le hubiera felicitado por esa creencia y
conversara con usted sobre sus experiencias. Pero aquella persona
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hubiera seguido estando confundida de por qué usted insistía en usar la


frase “la resurrección de los muertos” para describir cualquiera de estas
cosas. Sencillamente, ese no era el significado de estas palabras. Pero, y
esto es el tercer paso en el argumento, como hemos enfatizado antes, la
nueva era no había llegado en la forma como lo judíos del primer siglo la
habían imaginado. Ni tampoco había acontecido la resurrección del
antiguo pueblo de Dios (aunque en un pasaje extraño, Mateo da a
entender que algo como un anticipo ocurrió después de la resurrección de
Jesús).(7) Sin embargo, la iglesia primitiva declaró enfáticamente no
solamente que Jesús había resucitado sino que también la “resurrección
de los muertos” ya había ocurrido (Hechos 4:2). Lo que es más, ellos se
ocuparon en redefinir toda su cosmovisión—su praxis habitual, sus
historias definitorias, su universo simbólico y su teología básica—
alrededor de esta nueva verdad clave. En otras palabras, se portaron como
si la nueva era ya hubiera llegado. Esa fue la lógica interna de la misión
hacia los Gentiles: ya que Dios había hecho por Israel lo que quería, los
Gentiles por fin podían compartir la bendición. Ellos no se comportaron
como si hubieran tenido un nuevo tipo de experiencia religiosa o como si
su anterior líder (como los seguidores de los mártires Macabeos hubieran
dicho de sus héroes) estuviera vivo y bien en la presencia de Dios, sea
como un ángel o como un espíritu. La única explicación para su
comportamiento, para sus historias, para sus símbolos y para su teología
es que ellos de verdad creían que Jesús había sido resucitado
corporalmente de los muertos. De hecho, esta conclusión casi no se
disputa hoy en día ni siquiera por aquellos que insisten que el cuerpo de
Jesús se descompuso en la tumba. El cuarto paso en esta segunda etapa
del argumento es, por supuesto, el de preguntarnos si la iglesia primitiva
estaba en lo cierto. Debemos postular algo que pudiera explicar cómo este
grupo de judíos del primer siglo, incluyendo a un fariseo altamente
educado como lo fuera Pablo, llegaran con tanta rapidez y convicción a la
conclusión de que, a pesar de las expectativas de que todos los justos
muertos serían vueltos a la vida al final de la presente era, y cambiándolo
para decir que una sola persona había sido resucitada a la mitad de la era
actual. Consideraremos en seguida las diversas posibilidades. Cómo un
movimiento mesiánico. Ya he considerado la manera de cómo el
cristianismo surgió como un movimiento mesiánico, con la desconcertante
diferencia de que, en contraposición a los movimientos mesiánicos que nos
son conocidos, su Mesías era alguien que ya había enfrentado el
procurador romano y había sido ejecutado por soldados romanos.
Sostengo que no es posible explicar el surgir de las creencias mesiánicas
únicamente por la resurrección. Debemos postular, y los Evangelios nos
estimulan a aceptar que Jesús actuó y habló mesiánicamente durante
toda su vida y que estas acciones y palabras fueron la causa directa de su
muerte. Pero igualmente no podemos explicar por qué la iglesia primitiva
continuó creyendo que Jesús era el Mesías si él había sido ejecutado por
los romanos en la forma típica de los Mesías fracasados. Esto es claro
Escuela de Capacitación Transcultural CNBM 26

desde el segundo paso del argumento. Las expectativas judías acerca del
Mesías, como hemos visto varias veces, se enfocaban en la derrota de los
paganos, en la reconstrucción del Templo, y en la llegada de la justicia de
Dios para el mundo. Si un presunto Mesías fuera muerto por los paganos,
especialmente si no hubiera reconstruido el Templo, ni liberado a Israel, ni
traído la justicia al mundo, esto sería indicio más que seguro de que no
era sino uno más en la larga lista de falsos Mesías. La crucifixión de un
Mesías no declaraba de por sí que era el verdadero Mesías y que el Reino
había llegado. Era exactamente lo opuesto. Declaraba que no lo era y que
no había acontecido. Antes al contrario. Si el Mesías que usted hubiera
estado siguiendo fuera muerto por los paganos, tendría dos opciones:
usted podía, por un lado, abandonar la idea de una revolución y el sueño
de liberación. Algunos tomaron ese camino, notablemente el movimiento
rabínico después de los años 135 d.C. O por el contrario podía buscarse
un nuevo Mesías, si fuera posible de entre la misma familia del
recientemente. Algunos tomaron este camino: se conoce el caso del
movimiento que empezó con Judas el Galileo en el año 6 d.C. y continuó
con sus hijos y nietos en los años 50, para ser continuado por otro
descendiente, Menahem, durante la guerra de los años 66 a 70, y luego
pasando a otro, Eliazar, quien fue el líder de los mal venidos Sicarios en
Masada en el año 73. Los seguidores continuaron esa dinastía aún cuando
vez tras vez terminaba en la nada. Y, nuevamente, seamos claros. Si
después de la muerte de Simón bar-Giora en el triunfo de Tito en Roma
usted hubiera sugerido que Simón de veras era el Mesías, hubiera recibido
el apoyo de un amplio sector del pueblo judío del primer siglo. Si, a modo
de explicación, usted hubiera dicho que sentía la presencia de Simón
apoyándole y guiándole, la respuesta más amable que pudiera esperar de
alguien sería que “el ángel o el espíritu de Simón estaba comunicándose
con usted” pero nunca diría que él había resucitado de los muertos. Así
que—nuevamente—el tercer paso del argumento—concediendo que Jesús
de Nazaret fue crucificado como un rey rebelde y, al igual que Simón bar-
Giora, fue torturado antes de su ejecución, nos vemos obligados a
considerar como algo sumamente extraño el que los primeros cristianos no
solamente insistieron que Jesús era en verdad el Mesías, sino que también
reordenaron su cosmovisión, su praxis, sus historias, sus símbolos y su
teología alrededor de este hecho. Tenían dos opciones: podrían haber
abandonado el sueño mesiánico como lo hicieron los rabinos después del
año 135 d.c. y, como ellos, adoptar en su lugar una forma de religión
privada, sea ésta de observación estricta de la Torá o alguna otra cosa.
Pero es evidente que los cristianos no hicieron eso. Sería difícil imaginar
una religión menos privada que aquella donde sus adeptos iban por todo el
mundo declarando que Jesús era el kyrios kosmou, el Señor del mundo.
Igualmente, y esto es algo digno de considerar, podrían haber buscado un
nuevo Mesías entre los parientes de Jesús. Sabemos por varias fuentes
que los parientes de Jesús siguieron teniendo un perfil prominente en la
iglesia primitiva. Uno de ellos, Jacobo (o Santiago), el hermano de Jesús,
Escuela de Capacitación Transcultural CNBM 27

aunque no tuvo parte en el movimiento durante la vida de Jesús, llegó a


ser la figura central y clave en Jerusalén mientras Pedro y Pablo partieron
a diferentes partes del mundo. Sin embargo—y esta es una pista vital—a
nadie en los primeros años del cristianismo se le ocurrió decir que
Santiago era el Mesías. Nada hubiera sido más natural dado el ejemplo de
la familia de Judas el Galileo. Sin embargo, Jacobo fue simplemente
conocido, aún a Josefo en Antigüedades 20, como “el hermano del
presunto Mesías”. Nos vemos obligados de nuevo—el cuarto paso en esta
tercera etapa del argumento—a postular algo que pueda explicar el por
qué este grupo de judíos del primer siglo, quienes habían abrigado y
puesto sus esperanzas mesiánicas en Jesús de Nazaret, no sólo siguieron
creyendo que él era el Mesías aún luego de su muerte, sino que lo
declararon como tal al mundo judío y pagano, gustosamente acomodando
el mensaje de su identidad mesiánica y negándose a abandonarla.
Conclusión. Al ir cerrando esta explicación del cristianismo primitivo
dentro del contexto judío, podemos observar los siguientes puntos de
continuidad y discontinuidad. El lenguaje de la resurrección sólo cobra
sentido dentro del contexto del judaísmo del primer siglo y claramente es
la presuposición para el cristianismo de ese tiempo. No obstante, desde el
punto de vista del curso de la historia actual, tenemos que decir que la
resurrección de una persona no era lo que esperaban los judíos de aquel
tiempo. Todos los informes que tenemos describen las apariciones de
Jesús de tal manera que indican que había una clara distinción entre las
apariciones iniciales y las experiencias de Su presencia manifestada en la
iglesia en los días y años sucesivos. Nos vemos obligados, por asuntos de
la historia, de tratar de explicar como fue que la iglesia primitiva llegó a
hacer una afirmación que sólo tenía sentido en el contexto judío; pero que,
no obstante, no fue precisamente lo que los judíos esperaban; cómo fue
que llegaron a describir a Jesús en ciertos términos en base a su vida y
obras, pero no en la forma como él se hizo conocer a ellos a través de sus
experiencias diarias. Ese es el problema histórico de la resurrección de
Jesús. Y para tratar de aclarar el asunto, debemos ir a la primera fuente,
en este caso, los escritos de Pablo. San Pablo: 1 Corintios 15 A esta
altura alguien seguramente dirá, siguiendo las opiniones de ciertos
escritores populares, que seguramente Pablo, el primer escritor en
mencionar la resurrección de Jesús, está refiriéndose a un cuerpo
espiritual. ¿Verdad? ¿No es cierto que para él la resurrección no fue un
evento físico? En todo caso, ¿no es el hecho de que Pablo “vio” a Cristo en
el camino a Damasco un ejemplo de una “visión” que se tiene que entender
en términos espirituales? ¿No debemos suponer que todas las otras
“visiones” que tuvo Pablo de Jesús fueron así? ¿Y no es cierto que no fue
hasta mucho después que diversas tradiciones influenciaron a los
evangelistas quienes agregaron, confundiendo el cuadro, al sostener que
Jesús apareció sobre la playa preparando un desayuno para los discípulos
y comiendo pescado? Para iniciar una respuesta, debemos observar que
Pablo es el ejemplo clásico entre los primeros cristianos de alguien que ha
Escuela de Capacitación Transcultural CNBM 28

entrelazado la resurrección tan completamente en su forma de pensar y


actuar que si se lo quitáramos, toda su teología se derrumbaría en
nuestras manos. Debemos notar, además, que Pablo vino de un trasfondo
farisaico, y siendo uno de los fariseos más fanáticos, creía
apasionadamente en la restauración de Israel y en la venida de una nueva
era en la cual Dios juzgaría al mundo y rescataría a su pueblo. Este es,
entonces, el hombre cuyos escritos estamos leyendo cuando llegamos al
capítulo 15 de 1 Corintios. Empecemos con el versículo 8: “y por último,
como a uno nacido fuera de tiempo, se me apareció también a mí”. Esta es
una imagen violenta que da la idea de una cesárea, donde el bebé es
arrancado de la matriz de la madre antes de que esté listo para nacer,
pestañeando ante el choque de la luz, apenas capaz de respirar en su
nuevo e inesperado mundo. Percibimos algo más que una mera reflexión
autobiográfica de parte de Pablo al recordar cómo se sintió en el camino a
Damasco. Uno tiene el sentido de que Pablo sabía que lo que le había
acontecido era algo sumamente diferente a lo que le había pasado a los
otros discípulos. Además, sólo llegó a ser testigo de la resurrección en una
de las últimas apariciones de Jesús antes que éstas cesaran. Cuando dice
“por último” quiere señalar que lo que le pasó fue muy diferente a lo que se
podía llamar la experiencia cristiana normal de experimentar por medio de
la fe, la oración y los sacramentos la presencia del Cristo resucitado en la
vida de la iglesia. Es decir, él hace una clara distinción entre su
experiencia en el camino a Damasco y todas las demás apariciones previas
y subsiguientes de Jesús resucitado en la vida de la iglesia, incluyendo las
que él mismo pudiera haber tenido luego. Volviendo al comienzo del
capítulo de 1 Corintios, encontramos en los versículos 1 a 7 que Pablo
describe lo que fue la tradición temprana común a todos los cristianos. Él
la recibió y la transmite a otros. Estos son términos que hablan de la
transmisión de la tradición y tenemos que suponer que ella representan lo
que fue aceptado y creído en los primeros días de la iglesia (en los años 30
d.C.). La tradición incluía el entierro de Jesús (un detalle ignorado
convenientemente por Crossan, quien sugiere oscuramente que el cuerpo
de Jesús fue devorado por perros mientras colgaba sobre la cruz a tal
punto que no quedó nada para enterrar).(8) Se ha dicho con frecuencia
que, en el mundo en que vivía Pablo (aunque aún no es avalado por
muchos eruditos), que alguien había sido enterrado y luego resucitado tres
días después era equivalente a decir que la tumba había quedado vacía—
aunque el hecho de que la tumba quedara vacía, algo tan importante en la
discusión sobre el tema en el siglo veinte, fue algo en lo que Pablo no vio la
necesidad de enfatizar. Para él, utilizar la palabra “resurrección” llevaba
implícito el hecho de que la tumba había quedado vacía. No existe ninguna
evidencia para suponer que para la persona instruida en la mitad del
primer siglo la palabra “resurrección” podría significar que una persona
que había muerto estaba viva en el sentido incorpóreo, mientras que su
cuerpo yacía aún en una tumba. En su lista de las apariciones de Jesús,
Pablo no hace mención de las mujeres. Esto no quiere decir (como algunos
Escuela de Capacitación Transcultural CNBM 29

han sugerido) que Pablo u otros escritores del Nuevo Testamento fueran
machistas, sino que esta tradición tenía como intención ser utilizada en la
predicación donde las personas enumeradas eran consideradas como
testigos a la resurrección. Por supuesto, en esa cultura las mujeres no
eran consideradas como testigos confiables. La mención que hace Pablo de
las quinientas personas que en una ocasión vieron a Jesús no debe ser
interpretada como siendo la misma ocasión que la experiencia de
Pentecostés que se menciona en Hechos capítulo 2, como han sugerido
algunos. La aparición a las quinientas personas precede a la aparición a
Jacobo y él ya estaba involucrado en el movimiento para el tiempo de
Pentecostés. Pero quizá lo más importante acerca de los primeros párrafos
de 1 Corintios 15 es lo que Pablo entendía en cuanto al significado de la
resurrección. Para él, no fue una cuestión de la iniciación de una nueva
experiencia religiosa. Fue la prueba de la supervivencia, de vida después
de la muerte. Significaba que las Escrituras habían sido cumplidas, que el
Reino de Dios había llegado, que una nueva era se había insertado en
medio de la era presente, sorprendiendo a un mundo que no lo esperaba.
Todo aconteció, dice, “según las Escrituras”, lo que no quiere decir que
Pablo podía encontrar algunos textos que apoyaban la idea de la
resurrección si buscaba lo suficiente, sino que toda la narración bíblica
había llegado por fin a su clímax y su veracidad había sido comprobada en
estos eventos asombrosos.(9) Como resultado, Pablo ahora puede
desarrollar su argumento en los versículos 12 a 28, de que la venida de la
nueva era se definía a través de dos etapas: primero la que tiene que ver
con el Mesías mismo y, finalmente, la que tienen que ver con todos los que
pertenecen al Mesías. Debemos fijarnos con cuidado, a la luz de la
discusión que antecede, que al Mesías no se conceptuaba en aquel tiempo
como un alma, un espíritu o un ángel. Pablo nunca sostuvo que Jesús
estaba en algún estado intermedio, esperando el momento cuando sería
resucitado. Ya ha sido resucitado; decía, en forma humana y ha sido
exaltado a la presencia de Dios; ya está gobernando el mundo, no en su
capacidad como ser divino sino, precisamente, como humano, trayendo a
su fin el destino que fue marcado para el hombre desde el sexto día de la
creación.(10) Sobre esta base, en los versículos 29 a 34 Pablo puede
afirmar enfáticamente la doctrina de la resurrección de los cristianos ya
muertos como también de los que están vivos o, para ser más preciso, la
futura resurrección (en el sentido de volver a adquirir un cuerpo físico) de
los que han muerto en Cristo, como también la futura transformación de
los que aún vivan. Esto, declara, es la única explicación para que este
lenguaje tome sentido dentro del contexto judío. Pablo señala la curiosa
práctica de algunos en la iglesia primitiva de hacer bautismo por los
muertos (v. 29) para contrastarlo con la imagen más correcta de la labor
apostólica (v. 58). En otras palabras, la finalidad de la iglesia no es la
creación de “seres-almas”, es decir, el intento de producir o entrenar seres
incorpóreos para una vida futura (sin cuerpo). Tiene que ver con trabajar
con seres totalmente humanos que al final serán resucitadas en cuerpo
Escuela de Capacitación Transcultural CNBM 30

siguiendo el mismo modelo que tenemos en el Mesías. ¿Pero qué tipo de


cuerpo será este? Podemos adelantarnos a los versículos 50 a 57. Allí
Pablo declara enfáticamente su creencia de que será un cuerpo
transformado, no abandonado. El actual cuerpo con toda su
transitoriedad, su podredumbre, sus debilidades, sus enfermedades y su
mortalidad no va a continuar para siempre. Esto es lo que quiere decir
“cuerpo y sangre no podrán heredar el Reino de Dios”. Para Pablo, “cuerpo
y sangre” no se refieren a la parte física de por sí sino a lo corruptible y
decadente de nuestro estado físico. A lo que se refiere es a lo que
podríamos llamar un “estado físico incorruptible”: los muertos resucitarán
con un cuerpo “incorruptible” (v. 52) y nosotros—los que aún estaremos
vivos en ese gran día—seremos transformados. Pablo tiene la visión, y lo
declara también en 2 Corintios 5, de que el cuerpo actual ha de
“revestirse” con un cuerpo nuevo, algo así como una nueva identidad física
que trasciende la que tenemos y conocemos ahora. Pero esto no es una
resucitación [en el sentido médico de la palabra] ni mucho menos tampoco
una separación del cuerpo. Y si esto es lo que Pablo cree acerca del cuerpo
resucitado de los cristianos, podemos suponer (ya que su argumento
procede de uno al otro) que éste es también su punto de vista acerca de la
resurrección de Jesús. Entre los pasajes que hemos examinado
brevemente está la parte más compleja de todo el capítulo, los versículos
35 a 49. En ellos Pablo habla de dos tipos de cuerpo físico, entre los cuales
existe continuidad y discontinuidad. Dentro de esto, cuando él habla de
un futuro cuerpo resucitado como un “cuerpo espiritual”, no quiere decir,
como algunos han sugerido, un cuerpo “intangible”. Sostener que sería un
cuerpo-espíritu únicamente es caer en la filosofía Helénica que de ninguna
manera encuadra en este capítulo que tiene un enfoque judío más
marcado que cualquier otro. Pablo está haciendo un contraste entre el
cuerpo actual, que es soma psychikon, con un cuerpo futuro, que es soma
pneumatikon. Soma en griego se refiere a “cuerpo”, pero ¿que significan
los dos adjetivos? A veces las traducciones de la Biblia confunden el tema.
Por ejemplo, la palabra psyche (psique), de la cual se deriva psychikon,
frecuentemente se traduce por “alma”. Podríamos pensar que Pablo creía
que el cuerpo que tenemos actualmente no es físico. Pero como eso es
imposible, estamos en lo correcto en tomar ambas frases como refiriéndose
a un cuerpo físico verdadero que es animado por el “alma”, por un lado, y
por el “espíritu”—claramente el espíritu de Dios—por otro lado. (Podemos
comparar con Romanos 8:10 a 13 donde Pablo dice que el Espíritu de Dios
es el agente de la resurrección de los cristianos). Por lo tanto, Pablo está
diciendo que nuestro “cuerpo [físico] es animado por el alma” mientras que
el futuro “cuerpo [físico transformado] es animado por el Espíritu de Dios”.
Quiero agregar una nota final en cuanto al punto de vista de Pablo sobre la
resurrección. Se ha dicho con frecuencia que él y muchos otros de los
primeros cristianos no distinguían entre la resurrección y la exaltación y
que, entre los dos, la exaltación tenía prioridad porque la idea de la
resurrección del cuerpo surgió posteriormente. Las palabras de Pablo en 1
Escuela de Capacitación Transcultural CNBM 31

Corintios 15 descartan esto por completo. La exaltación de Jesús es visto


como algo claramente distinta de la resurrección. Pero, por supuesto,
como el Jesús resucitado es la misma persona que el Señor exaltado, y
como su resurrección es la condición previa para su exaltación, hay una
cercana continuidad entre los dos. Donde el argumento del pasaje lo
requiere (por ejemplo, en Filipenses 2:5 a 11), Pablo es capaz de referirse
únicamente a la exaltación de Jesús y no a la resurrección. Pero en este
pasaje donde él expone el tema más extensamente que en cualquier otro
lugar en sus escritos, los dos están alineados sin confusión y separados
sin dislocación. Podemos decir, entonces, que Pablo, que escribió al
comienzo de los años 50 d.C., en representación de lo que era la creencia
de la vasta mayoría de la iglesia, insistía en ciertos elementos en cuanto a
la resurrección de Jesús, a saber: 1. Fue el momento cuando el Dios
creador cumplió su antigua promesa a Israel de salvarlos de “sus pecados”
y terminar su exilio. En tanto, dio inicio a “los últimos días” cuyo fin será
la victoria sobre la muerte, iniciada en la Pascua, y que sería completado
de manera absoluta en el futuro. 2. Esto involucró la transformación del
cuerpo de Cristo. Pero no fue una resucitación del cuerpo muerto de Jesús
a la misma vida que antes, ni tampoco fue el abandono de su cuerpo a la
descomposición normal de la muerte. El relato de Pablo presupone una
tumba vacía. 3. Incluyó el hecho que Jesús fue visto con vida por un
período muy breve al comienzo, después del cual su presencia en la iglesia
se conoció en una forma muy distinta. Esas apariciones tempranas del
Jesús resucitado convirtieron a los que las tuvieron en apóstoles. (11) 4.
Fue el prototipo de la resurrección de todo el pueblo de Dios cuando llegue
el final de los tiempos. 5. Fue la base no solamente para la esperanza
futura de los cristianos sino para el impulso de su obra actual.

Conclusión: la resurrección y las tradiciones del Evangelio He


concentrado mi atención en los amplios argumentos históricos basándome
en el primer documento escrito sobre el tema, a saber, 1 Corintios capítulo
15. Pero al poner nuestra mirada sobre el resto del Nuevo Testamento y los
primeros escritos del cristianismo, sugiero que podemos encontrar la
perspectiva de Pablo reafirmada en ellos. Todos los relatos de la
resurrección que encontramos en los Evangelios, por más desconcertantes
y conflictivos que parecen ser para algunos, tienen bien en claro tres
elementos. Primero, los encuentros que tuvieron los discípulos con Jesús
después de su resurrección no tenían nada que ver con visiones celestiales
o la aparición de una figura rodeada de luz brillante, envuelto en nubes y
manifestado por una gloria deslumbrante como se podía esperar de las
tradiciones místicas y apocalípticas que tenían los judíos de ese tiempo. Es
decir, no son intentos de describir lo que se podía esperar de alguien que
quisiera establecer que Jesús había sido exaltado a la gloria celestial o a
una posición de divinidad. El cuadro de Jesús mismo en estos relatos no
parece haber sido modelado en base a historias ya existentes de
“apariciones sobrenaturales”. No fue creada basada sólo en expectativas.
Escuela de Capacitación Transcultural CNBM 32

Segundo, el cuerpo de Jesús después de la resurrección parece haber sido


tanto físico, en el sentido que no era como un ángel o espíritu inmaterial,
como transfísico, en el sentido de que él podía traspasar puertas cerradas.
Cuando leo los relatos en los Evangelio, tengo la sensación de que los
escritores están diciendo: “sé que esto es extraordinario, pero así fue como
ocurrió”. En efecto, ellos están describiendo con bastante exactitud aquello
para lo que Pablo provee el fundamento teórico subyacente: un evento
para el cual no hay precedentes y que aún permanece sin ejemplo
comparable en toda la historia subsiguiente; un evento que ni fue la
resucitación de un cuerpo muerto ni el abandono de un cuerpo físico, sino
la transformación de un cuerpo a un nuevo y desconocido modo de vida.
Tercero, los relatos de las apariciones de Jesús después de su muerte
dejan en claro que estos eventos no continuaron dándose posteriormente
en el desarrollo de la iglesia primitiva. Lucas no toma por sentado que sus
lectores podrían seguir encontrándose con Jesús en el camino a Emaús.
Mateo no supone que su audiencia podría seguir encontrándose con Jesús
sobre un monte. Ni tampoco Juan cree que las personas podrían
encontrarse de repente con Jesús preparando un desayuno sobre la playa.
Marcos no esperaba que sus lectores “no dijeran nada a nadie porque
estaban atemorizados”. Desde este punto de vista, encuentro totalmente
increíble suponer (como un buen número de eruditos del Nuevo
Testamento lo ha hecho) que los relatos de la resurrección, especialmente
los de Lucas y Juan, representan una evolución en el tiempo de ciertas
tradiciones, y que entonces las personas sintieron que era apropiado, y
hasta obligatorio, hablar de Jesús en términos físicos. La idea de que las
tradiciones tuvieron una evolución de un enfoque helénico al comienzo a
uno más judío luego es, en cualquier caso, extremadamente raro y,
aunque aceptado ampliamente por algunos en este siglo, debe ser
abandonado por no tener justificación y ser, en todo caso, contraintuitivo.
Sugiero que cuando los Evangelios de Lucas y Juan llegaron a su forma
final, las tradiciones que contienen ahora en sus últimos capítulos estaban
basadas en las primeras memorias, sin duda narradas y vueltas a narrar
muchas veces, tomadas y transformadas por la vida de la comunidad pero,
con todo, guardando intacto su mensaje básico. Francamente, este no es el
tipo de cosa sobre la que la gente de aquel tiempo solía hablar o escribir.
Todos los esfuerzos por demostrar que las narraciones sobre la
resurrección en los Evangelios fueron tomados de otra literatura han
fracasado. Sin entrar en más detalles, para lo cual no nos queda espacio,
permítame agregar muy brevemente lo que considero es la fuerza añadida
que este punto de vista puede reclamar. Muchas veces se ha señalado que
la tumba de Jesús no fue venerada como era la costumbre para con otros
mártires. También se ha señalado la necesidad que tenemos de explicar
cómo fue que en el cristianismo primitivo se puso énfasis sobre el primer
día de la semana como el Día del Señor. Pero no se señala tan a menudo
que la intención en cuanto al entierro de Jesús fue la de enterrarlo en dos
fases [primero una tumba provisional], si su cuerpo hubiera estado en la
Escuela de Capacitación Transcultural CNBM 33

tumba alguien hubiera tenido que, tarde o temprano, recoger los huesos
para guardarlos en un osario, y el juego hubiera terminado aquí. Estas y
otras consideraciones nos obligan a mirar atrás en el tiempo a la primera
Pascua y hacernos la pregunta que hemos estado considerando: ¿al fin,
qué ocurrió exactamente? Entre aquellos que niegan la resurrección
corporal de Jesús, hay una teoría que es muy común hoy. Algunos han
argumentado que Pedro y Pablo experimentaron un tipo de alucinación
visual. Pedro, dicen, estaba tan abrumado con pena y culpa que
experimentó lo que personas en ese estado frecuentemente sienten: la
sensación de que la persona muerta está con ellos, hablando con ellos y
calmando sus inquietudes. Pablo, declaran, estaba igualmente en un
estado de culpa tan intensa, resultado de su fanatismo, que indujo en él
una fantasía parecida. Los dos luego comunicaron su experiencia con
entusiasmo a los discípulos quienes experimentaron una clase de versión
colectiva de la misma fantasía. Esta teoría no es nueva aunque ha sido
reavivada de muchas maneras. Es una versión actualizada de la teoría
Bultmaniana que sostiene que, aunque el cuerpo de Jesús permaneció en
la tumba, los discípulos experimentaron una nueva y singular dimensión
del amor y la gracia de Dios. O si no, una versión como la que sostiene
Schillebeeckx, que cuando los discípulos fueron a la tumba, sus mentes
quedaron tan llenas de luz que no importaba si había o no un cuerpo allí.
No tengo tiempo de discutir estas teorías en detalle. Pero tengo que decir
que, como historiador, las encuentro más difíciles de aceptar que los
relatos de los mismos evangelistas, por más problemas que tengan. Para
empezar, si Pedro o Pablo hubieran tenido las experiencias que estos
teólogos sugieren, lo que ellos hubieran dicho no hubiera sido
“resurrección” sino que en las apariciones de Jesús habían visto su “ángel”
o su “espíritu”.(12) Si alguien hubiera descrito tal experiencia a un judío
del primer siglo, y aún si esa persona hubiera quedado tan entusiasmada
como para querer experimentar algo parecido, de ninguna manera esto le
hubiera convencido de que la nueva era venidera había irrumpido en el
tiempo presente, que ya era el tiempo para que los Gentiles escucharan las
buenas nuevas, que el Reino había llegado y que Jesús era el Mesías. Yo
creo, por lo tanto, que para nosotros los historiadores, la única forma de
progresar sobre el tema es aceptar lo que nos irrita, reconociendo que nos
encontramos aquí en el límite del lenguaje, de la filosofía, de la historia y
de la teología. Debemos aprender a tomar en serio el testimonio de toda la
iglesia primitiva, de que, tres días después de su ejecución, Jesús de
Nazaret fue resucitado corporalmente a una nueva forma de vida. Y es
esto, por supuesto, lo que nos ofrece, con diferencia, la mejor explicación
del rápido surgir de la iglesia cristiana en sus primeros años. Toda otra
explicación deja más preguntas sin resolver que resueltas. En particular,
explica por qué la iglesia llegó a creer en poco tiempo que la nueva era
había amanecido; por qué, en consecuencia, ellos llegaron a creer que la
muerte de Jesús no había sido un accidente lamentable, ni el final de un
sueño hermoso, sino más bien el acto salvífico climático del Dios de Israel,
Escuela de Capacitación Transcultural CNBM 34

el único Dios de toda la tierra; y por qué, en consecuencia, ellos llegaron a


la conclusión, para su gran asombro, que Jesús de Nazaret había hecho lo
que, de acuerdo a las Escrituras, sólo el Dios de Israel podía hacer. En ese
sentido, la resurrección los encaminó a una cristología plena que quedó
establecida en unos veinte años. Pero el punto crítico desde el mismísimo
comienzo era que la resurrección de Jesús demostró que Jesús era de
verdad el Mesías; que Jesús había verdaderamente llevado sobre sus
hombros el destino de Israel, y al cargar la cruz romana sobre sus
hombros fuera de las murallas de Jerusalén, que había atravesado el
clímax del exilio de Israel y había vuelto tres días después de acuerdo y en
cumplimiento de toda la narrativa bíblica, y que sus seguidores, siendo los
testigos de estas cosas, quedaban comisionados para llevar la noticias de
su victoria hasta los confines de la tierra. Si el estudio de Jesús en su
contexto histórico va a ser más que un mero ejercicio en historia antigua
(aunque sea uno muy fascinante) es quizás en este punto donde podemos
observar la manera en que éste apunta más allá de sí. La línea que
comienza con el Jesús histórico se mueve hacia delante, a la historia
presente, ofreciendo un desafío tan grande para el mundo de la
postmodernidad de finales del siglo XX como lo hizo al mundo del
judaísmo del segundo templo y al imperio romano de entonces.

NOTAS 1. John Dominic Crossan, The Historical Jesus: The Life of a


Mediterranean Jewish Peasant (Jesús Histórico: La vida de un campesino
judío del mediteráneo). San Francisco: Harper, 1991. P. xxvii. 2. Barbara
Thiering, Jesus the Man (El hombre Jesús). New York, Bantam, 1994. 3.
G. Vermes, Jesús the Jew: A Historian’s Reading of the Gospels (Jesús el
judío: La lectura de los Evangelios por un historiador). Londres: Collins,
1973. P. 37 a 41. 4. E.P. Sanders, Jesus and Judaism (Jesús y el
judaísmo). ¨Filadelfia: Fortress, 1985. P. 320, 340. 5. He tratado este tema
de forma más completa en Sewanee Theological Review 41, no. 2
(1998):107-140 6. Para más detalles cf. N.T. Wright, The New Testament
and Tthe People of God (Minneapolis: Augsburg Fortress, 1992), 320-334.
7. Mateo 27:51 a 54. 8. John Dominic Crossan, Jesus: A Revolutionary
Biography (Jesús: Una biografía revolucionaria). San Francisco, Harper,
1994. Capítulo 6. 9. Ver N.T. Wright, New Testament, 241-243. 10. Este
es el significado de la cita de Pablo en 15:27, del Salmos 8:6. 11. 1
Corintios 9:1 Tomado del libro The Challenge of Jesus. (1999: Intervarsity,
Illinois) de N. T. Wright. Usado con permiso. © N. T. Wright. Traducción:
David Constance Mente Abierta (www.menteabierta.org) 1999-2001
Apartado Nº. 37013· 08080 Barcelona, España © Menteabierta 1999-2001

La resurrección de Jesús de Nazaret es fundamental para la fe


cristiana. Como con cualquier otro hecho histórico la
Resurrección de Cristo no puede demostrarse científicamente,
ya que los hechos acontecidos no pueden reproducirse. Sin
Escuela de Capacitación Transcultural CNBM 35

embargo, las evidencias históricas abrumadoramente favorecen


la historicidad de este sobrenatural evento. La existencia de la
iglesia cristiana, la vida y martirio de los apóstoles, la
conversión de Pablo y de Santiago (el hermano de Jesús), así
como la tumba vacía, deben ser explicados de alguna manera.
Queremos mostrar que estos hechos se explican mejor como el
resultado de la resurrección de Cristo. Las teorías que
pretenden explicar la resurrección de una manera natural son
menos creíbles que el milagro mismo. Así lo han entendido
personas que han intentado desmentir la resurrección desde un
punto de vista histórico. Después de estudiar el tema en
profundidad, comprobaron su veracidad y depositaron su fe en
Jesús. Ejemplos de esto lo son Lord Lyndhurst (Gran Bretaña),
Simon Greenleaf (prominente abogado y profesor en Harvard,
USA) y Frank Morrison, abogado y escritor inglés. Si, en
cumplimiento de sus propias palabras Jesús de Nazaret se
levantó de entre los muertos, su resurrección es el sello divino a
su identidad: Hijo de Dios y Salvador del mundo.

Introducción
La Resurrección de Cristo, fundamental para el Cristianismo. Los
cristianos son los primeros en admitir que en la veracidad o no de la
Resurrección de Cristo yace el fundamento de la Fe Cristiana. Jesucristo,
figura central del cristianismo, alegó ser Hijo de Dios y Salvador del
mundo. Como parte central y señal de la veracidad de su mensaje anunció
que se levantaría de entre los muertos. Es el carácter de Jesús lo que está
en juego en la resurrección. El apóstol Pablo escribió que "si Cristo no
resucitó, vana es nuestra fe." Si Jesús no resucitó, ¿cómo explicamos
lo que sucedió? Son varios los hechos históricos que sólo pueden
explicarse si Cristo resucitó. Veamos algunos. La existencia de la Iglesia
Cristiana. El mensaje cristiano comenzó a ser predicado apenas unos
cincuenta días después de la muerte de Jesús. Comprobar la falsedad o la
veracidad de la resurrección que Pedro proclamaba era fácil. ¿Por qué no
fue refutada entonces? El cristianismo hubiera muerto allí mismo, en "la
cuna." Los apóstoles. Todos los discípulos de Jesús tenían miedo y,
aterrorizados después de su muerte se encerraron temiendo lo peor.
Ninguno de ellos esperaba que Jesús resucitara. Ahora bien. Tan sólo
unas semanas después, este grupo de hombres se pusieron frente a una
multitud, algunos de ellos responsables directos de la muerte de Jesús, y
predicaron el mensaje de Dios. ¿Qué transformó a estos cobardes en
valientes? ¿Qué les sostuvo ante la persecución que siguió? ¿Qué les llevó
a sufrir el martirio? Pablo. Un caso en extremo particular e importante lo
es el de Saulo de Tarso, mejor conocido como el Apóstol Pablo. Lo que hace
a este caso tan especial lo es este hecho: existe abrumadora evidencia
histórica de que su extrema aversión contra la naciente iglesia cristiana
cambió súbitamente. Él se convirtió en el mayor exponente del Evangelio y
Escuela de Capacitación Transcultural CNBM 36

en el autor de una tercera parte del Nuevo Testamento. De miembro del


Sanedrín (organismo que regía al pueblo judío en lo religioso) se convirtió
en Apóstol cristiano. De perseguidor en perseguido. Finalmente, murió
decapitado por su fe en Roma cerca del año 64 DC. ¿Cómo explicarlo?
Mientras perseguía a la iglesia algo sobrenatural le sucedió. Jesús
resucitado se le presentó visiblemente. El encuentro le dejó ciego y confuso
por tres días hasta que, confesando a Cristo, fue bautizado por un líder
judío de la comunidad cristiana de Damasco. Santiago. Lo que lo hace
particular es su parentesco con Jesús. Él era uno de sus hermanos y
rechazó las inclinaciones mesiánicas de su hermano mayor. Se burló de él
tildándolo de loco. Sin embargo, años más tarde le vemos presidiendo el
primer Concilio de la iglesia cristiana en Jerusalén. ¿Qué ocurrió? Los
documentos hablan de un encuentro del Cristo resucitado con su hermano
Santiago. El gran monumento. La tumba de Jesús no contiene sus restos.
La tumba de Jesús siempre ha estado vacía. Aún en el primer siglo nunca
se discutió la ausencia del cuerpo de Jesús. ¡No lo creo!, dirás. No te
culpo. Es increíble. Muchas personas han dudado de esta explicación
milagrosa de los hechos, y han dado varias explicaciones naturales que los
expliquen. Examinémoslas. Pero antes, es necesario explicar algunos
detalles. Antecedentes de la Resurrección El proceso de la crucifixión.
El tormento de la cruz comenzaba antes de la propia crucifixión. A ésta le
precedía la tortura. El soldado romano usaba un látigo con trozos de metal
o de hueso en su extremo. Con repetidos golpes la espalda del preso era
desgarrada hasta el extremo de que, según lo atestiguan fuentes antiguas,
la piel se rompía y los músculos y las vísceras podían quedar expuestas.
La pérdida de sangre era significativa. Ya en el lugar de la crucifixión se
aplicaban los clavos traspasando las muñecas y uniendo con un sólo clavo
los dos talones al madero. En condiciones normales, los crucificados
morían en una lenta agonía que podía durar varios días. Para acelerar el
desenlace, se les quebraban las piernas de manera que perdieran su punto
de apoyo y murieran de asfixia. Tumba, roca y guardia. Los líderes judíos
sabían que Jesús había hablado de su resurrección. Por esa razón
consiguieron que Pilato, el gobernante romano, ordenara el emplazamiento
de una guardia romana que custodiara la tumba de Jesús. La guardia
romana constaba de unos cuatro soldados que cada cuatro horas
alternaban su turno de vigilancia. Estaban preparados para defender con
sus armas y con su vida la tumba. Las leyes romanas establecían la pena
de muerte para el soldado que se durmiera en su puesto de vigilancia.
Volvamos a nuestro tema. Aclarados estos importantes antecedentes,
presentemos ahora las explicaciones naturales que pretenden desmentir el
milagro de la resurrección de Jesús. Intentaremos contestarlas
seguidamente. Explicación Nº 1. En realidad Jesús no murió. Sólo sufrió
un desmayo. Creyéndole muerto cumplieron con él los ritos mortuorios y le
dejaron en la tumba. Allí despertó y se recuperó de sus heridas. Hay varios
problemas con esta teoría. En primer lugar las personas que declararon
muerto a Jesús tenían experiencia en ejecuciones y sabían distinguir entre
Escuela de Capacitación Transcultural CNBM 37

una persona viva y una muerta. En adición, uno de los testigos oculares
observó cómo, cuando se le perforó el pecho a Jesús con una lanza, salió
"sangre y agua." Cosa sólo posible con una lesión cardiaca que haría
imposible la vida. Explicación Nº 2. Jesús no resucitó y lo que sus
seguidores vieron fue una alucinación. Esta interesante teoría plantea que
lo acontecido tras la muerte de Jesús obedece a un tipo de histeria en
masa. Lo que a primeras luces suena plausible deja de serlo con un ligero
examen. Se sabe que las alucinaciones van acompañadas de ciertas
particularidades tanto en el carácter de las personas que las sufren como
en las circunstancias en las que se dan. Las alucinaciones son usualmente
experimentadas por personas impresionables, nerviosas y fácilmente
sugestionables. Se suelen dar en lugares y momentos específicos. Suelen
afectar sólo uno de los sentidos y desaparecen poco a poco. El fenómeno
narrado en el caso de Jesús nos presenta una situación muy diferente. Los
testigos de la Resurrección (en ocasión llegó a haber 500) eran personas de
características muy diferentes. Los discípulos no esperaban ver a Cristo
con vida. Estaban aterrados y encerrados esperando que vinieran a por
ellos. Al ver a Jesús, todos se sorprendieron y expresaron temor. Varios
sentidos fueron afectados en estos encuentros. A Jesús se le vio, escuchó,
tocó y se le observó comer. Sus apariciones duraron unas siete semanas y,
luego terminaron abruptamente. ¿Alucinaciones? Improbable.
Explicación Nº. 3. El cuerpo de Jesús fue robado del sepulcro. El interés
de esta teoría es grande ya que fue la usada en el primer siglo por los
líderes judíos. Varios grupos podrían haber sido responsables del robo:
Romanos, judíos o los mismos discípulos. Veamos... Que los judíos o
romanos robaran el cuerpo es muy improbable. Si hubiera ocurrido así,
ellos mismos podrían haber enseñado el cadáver y terminar temprano con
la naciente fe cristiana, y con las complicaciones que trajo a la ya difícil
situación judía. Que fueran los discípulos los que robaran el cuerpo de
Jesús es la otra variante de esta teoría. Examinemos. Sin quererlo, fueron
los mismos judíos y sus cómplices romanos los que prepararon el
escenario para que esta teoría pudiera contradecirse hoy. Para robar el
cuerpo de Jesús los discípulos (que huyeron despavoridos cuando Jesús
aún estaba con vida) tendrían que haber sido capaces de desarmar a los
soldados romanos. Luego tendrían que mover una piedra de dos toneladas.
Aún hay más. El carácter de estos hombres está descrito en la historia,
tanto religiosa como secular, como uno de la más alta integridad y
honestidad. Además, ¿morirían estos hombres por una mentira fabricada
por ellos mismos? Explicación Nº. 4 ¿Invención premeditada? El número
de testigos, su carácter y su martirio van contra esta posibilidad. En
adición, las características de la historia tal y como están registradas en
los documentos antiguos, presentan algunos aspectos que sugieren que es
una historia real y no una invención. Por ejemplo, de nosotros inventar
una historia como ésta, ¿presentaríamos a Pedro, el primer líder de la
iglesia, como un pusilánime y miedoso? ¿Presentaríamos a los apóstoles
asustados y escondidos en el mismo lugar donde tuvieron su última
Escuela de Capacitación Transcultural CNBM 38

reunión con Jesús antes de morir. Considerando el bajo nivel que se le


otorgaba a la mujer en esta sociedad, ¿hubiéramos escogido a María
Magdalena como primer testigo de la Resurrección? No, la historia está
llena de aspectos que revelan su originalidad y veracidad. Mente abierta,
a pesar del escepticismo. Hablar de la Resurrección de Cristo es, por
supuesto, hablar de lo milagroso. Nuestro problema ante un evento así
suele ser que descartamos de antemano la posibilidad de lo milagroso o
sobrenatural. Entonces rehusamos creer en la resurrección, no porque las
evidencias no nos convenzan, sino porque ya hemos decidido que no puede
ser cierta. Por eso te invito a "dudar de tu duda" y, con "Mente Abierta",
examinar la evidencia. ¿Qué nos queda? Como decíamos al principio, las
explicaciones que se dan para explicar de manera natural lo que ocurrió
aquel domingo en Jerusalén son más difíciles de creer que la misma
Resurrección. El conocido escritor inglés C.S. Lewis escribió que tenemos
sólo tres alternativas para explicar a Jesús y lo que dijo de sí. "O era un
loco, o un mentiroso o lo que dijo ser era verdad." Si Jesús resucitó,
entonces lo que él dijo de sí era cierto. Si Jesucristo resucitó, sus palabras
"Yo soy el camino la verdad y la vida" no son el exabrupto de un maniático
o de un farsante, sino la afirmación del mismo Hijo de Dios. Y lo que yo
decida respecto a Él es determinante para mi vida aquí... Y en la eternidad.
©José R. Martínez Villamil Barcelona, 1999. Apartado Nº. 37013· 08080
Barcelona, España © Menteabierta 1999-2000

LA CRUCIFIXION DESDE EL PUNTO DE VISTA MEDICO


(Dr. C. Truman Davis)

Hace algunos años me interese en los aspectos físicos de la pasión o sufrimiento de


Jesucristo cuando leí un relato de la crucifixión en el libro de Jim Bishop "El día en que
murió Cristo". De pronto comprendí que había tomado la crucifixión más o menos por
sentado todos estos años -que me había endurecido al horror, al familiarizarme muy
livianamente con los tétricos detalles. Finalmente se me ocurrió que como medico, ni
siquiera sabía en verdad la causa inmediata de la muerte de Cristo. Los escritores del
evangelio no son de mucha ayuda en este sentido. Como la crucifixión y los azotes eran
tan comunes en los tiempos en que ellos vivían, sin duda consideraban que una
descripción detallada era innecesaria. Por ese motivo solo tenemos las breves palabras
de los evangelistas. "Pilatos...entrego a Jesús después de azotarle, para que fuese
crucificado." (Marcos 15:15)

A pesar del silencio del relato del evangelio sobre los detalles de la crucifixión de Cristo,
muchos han examinado este tema en el pasado. En mi estudio personal del hecho desde
el punto de vista medico, estoy en deuda especialmente con el Dr. Pierre Barbet, cirujano
francés que hizo investigaciones históricas y experimentales y escribió extensamente
sobre el tema.

El intento de examinar el infinito sufrimiento físico y espiritual del Hijo de Dios encarnado
al efectuar la redención por los pecados del hombre caído, está más allá del alcance de
este artículo. Sin embargo, los aspectos fisiológicos y anatómicos de la pasión del Señor
Escuela de Capacitación Transcultural CNBM 39

se pueden examinar con cierto detalle. ¿Que fue lo que el cuerpo de Jesús de Nazaret en
verdad soporto durante esas horas de tortura?

EL METODO DE LA CRUCIFIXION

Aparentemente el primer uso que se conoce de la crucifixión fue entre los persas.
Alejandro y sus generales introdujeron la práctica al mundo mediterráneo, a Egipto y a
Cartago. Los romanos evidentemente aprendieron la técnica de los cartaginenses y, como
ocurrió con casi todo lo que los romanos hicieron, rápidamente desarrollaron un alto grado
de eficiencia y habilidad en ejecutarlo.

En la literatura antigua se describen varias innovaciones y modificaciones. Solo unas


pocas tienen alguna importancia aquí. La porción vertical de la cruz, o "stipes", podía
tener el travesaño o "patíbulo" colocado dos o tres pies debajo de la parte superior. Esta
es la que consideramos hoy como el formato típico de la cruz, llamada cruz latina.

La forma común usada en tiempos de Jesús era la cruz "tau", con forma de "T". En esta
cruz el patíbulo se ubicaba en una ranura en lo alto del madero vertical. Hay excelente
evidencia arqueológica de que fue en este tipo de cruz que crucificaron a Jesús.
El madero vertical generalmente permanecía enterrado en el lugar de ejecución. El
condenado era obligado a cargar el patíbulo, que aparentemente pesaba 50 Kg., desde la
prisión hasta el lugar de ejecución. Sin tener ninguna prueba histórica o bíblica, sin
embargo, los pintores del medioevo y del renacimiento nos han dado una imagen de
Cristo cargando toda la cruz. Muchos pintores y escultores de crucifijos también cometen
el error de mostrar los clavos atravesándole las palmas de las manos. Los relatos
históricos de los romanos y el trabajo experimental han demostrado que los clavos eran
clavados entre los pequeños huesos de las muñecas. Los clavos a través de la palma de
la mano cortarían y se zafarían entre los dedos, al sostener el peso de un cuerpo humano.
Esta mala interpretación pudo haber venido de un error de comprensión en las palabras
de Jesús a Tomas: "Mira mis manos". Los anatomistas antiguos y modernos, sin embargo,
siempre han considerado que la muñeca es parte de la mano.

GETSEMANI

De los diversos aspectos del sufrimiento inicial, el que es de particular interés fisiológico
es el sudor de sangre. Es interesante notar que el medico -San Lucas- es el único
evangelista que menciona este acontecimiento. Dice: "Y estando en agonía, oraba mas
intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra."
(22:44)

Aunque es muy raro, el fenómeno de la hematidrosis o sudor de sangre, esta bien


documentado. Bajo una gran tensión emocional los frágiles capilares de las glándulas
sudoríparas se rompen mezclándose así el sudor con la sangre. Este proceso de por si
podría haber producido marcada debilidad y posiblemente una conmoción.
Aunque la traición y arresto de Jesús son porciones importantes de la historia de la
pasión, el próximo suceso en la narración, que es significativo desde una perspectiva
médica es su juicio ante el sanedrín y Caifás, el Sumo Sacerdote. Aquí se le infligió el
primer trauma físico: un soldado le propino una bofetada por permanecer en silencio
cuando Caifás lo interrogaba. Después, los guardias del palacio le colocaron una venda
Escuela de Capacitación Transcultural CNBM 40

en los ojos y burlonamente lo provocaron con palabras groseras a que los identificara al
pasar cada uno delante de el, lo escupieron y le dieron golpes en el rostro.

ANTE PILATO

Temprano por la mañana, magullado y amoratado, deshidratado y exhausto por una


noche en vela, llevaron a Jesús de un lado al otro de Jerusalén, al pretorio, que estaba en
el fuerte Antonia -el asiento del gobierno del Procurador de Judea- Poncio Pilato. Estamos
familiarizados con la decisión de Pilato de tratar de pasarle la responsabilidad a Herodes
Antipas, el Tetrarca de Judea. Aparentemente Jesús no sufrió ningún maltrato físico a
manos de Herodes y fue devuelto a Pilato, quien, en respuesta al clamor de la plebe, da la
orden de que Barrabas fuera soltado y condeno a Jesús a ser azotado y crucificado.

Los judíos tenían una antigua ley que prohibía más de 40 azotes. Los fariseos, que
siempre se aseguraban que la ley fuese estrictamente observada, insistían en que se
administraran solo 39 azotes; en la eventualidad de un error en recuento, se aseguraban
permanecer dentro de la ley.

El prisionero era despojado de sus ropas y sus manos atadas a un poste por encima de la
cabeza. El legionario romano se adelantaba con el "flagelo" en su mano. Este era un
látigo corto con varias lonjas de cuero con dos bolitas de plomo cerca del final cada una.
El pesado látigo se descargo con toda la fuerza una y otra vez sobre los hombros,
espalda y piernas de Jesús.

Al principio las lonjas con peso adicional solo le cortaban la piel. Luego, al continuar los
golpes, cortaban mas profundamente dentro del tejido subcutáneo, produciendo primero
una herida sangrante de los capilares y venas de la piel y finalmente la sangre brotaba
abundantemente de arterias de las capas musculares más profundas.

Las bolitas de plomo primero le produjeron grandes y profundos hematomas o marcas


que cos los siguientes azotes se abrieron. Finalmente la piel de la espalda colgaba en
largas lonjas y toda el área era una masa irreconocible de tejido desgarrado que
sangraba. Cuando el centurión que estaba a cargo determinaba que el prisionero estaba
casi muerto, detenía los azotes.

BURLA

El desfalleciente Jesús fue luego desatado y dejado caer como un fardo en el empedrado
mojado con su propia sangre. Los soldados vieron a este judío provinciano que pretendía
ser rey como un hazmerreír. Le arrojaron un manto sobre los hombros y le pusieron una
vara en la mano por cetro. Aun necesitaban una corona para hacer su parodia completa.
Utilizaron ramitas flexibles llenas de largas espinas y las trenzaron formando una tosca
corona. La colocaron a presión en su cuero cabelludo y nuevamente sangro
abundantemente, cuando las púas perforaron el propio tejido vascular.

Después de burlarse de Él y abofetearle, los soldados le arrebataros la vara de la mano y


le golpearon en la cabeza incrustando las púas mas profundamente en su cuero
cabelludo. Finalmente se cansaron de su diversión sádica y le quitaron con violencia el
manto de la espalda. El manto ya se había adherido a los coágulos de sangre y suero de
las heridas y al ser quitado como cuando un vendaje quirúrgico se quita al descuido, le
causo un dolor insoportable y las heridas comenzaron a sangrar otra vez.
Escuela de Capacitación Transcultural CNBM 41

GOLGOTA

El pesado patíbulo de la cruz fue atado sobre sus hombros. La procesión del condenado
Cristo, dos malhechores y el piquete de ejecución de soldados romanos encabezados por
un centurión comenzaron su lenta marcha por la ruta que hoy conocemos como "La Vía
Dolorosa".
A pesar de los esfuerzos de Jesús para caminar erguido, el peso del madero junto con el
espasmo producido por la perdida de sangre era demasiado. Tropezó y cayó
clavándosele el tosco madero en la piel lacerada y músculos del hombro. Trato de
levantarse pero los músculos humanos habían sido llevados más allá de su tolerancia. El
centurión, ansioso de proseguir con la crucifixión, eligió a un fornido africano del norte que
miraba -Simón de Cirene- para llevar la cruz. Jesús lo seguía sangrando aun y
transpirando el frió y pegajoso sudor del espasmo. La marcha de unos 600 metros desde
el Fuerte Antonia al Gólgota fue finalmente completada y el prisionero volvió a ser
desnudado excepto por el taparrabo que se les permitía a los judíos.
Comenzó la crucifixión: se le ofreció a Jesús vino mezclado con mirra, una suave mezcla
analgésica para aliviar el dolor. Rehusó la bebida. A Simón se le ordeno dejar el patíbulo
en el suelo y derribaron a Jesús de espaldas con sus hombros contra la viga. El legionario
le palpo la hendidura por delate de la muñeca y perforo con un pesado clavo cuadrado de
hierro forjado la muñeca clavándolo en la madera. Se pasó rápidamente al otro lado y
repitió la operación, cuidando de no extender demasiado el brazo permitiéndole cierta
flexión y movimiento. El patíbulo era luego alzado y calzado al tope del madero vertical y
el "titulo" donde se leía "Jesús de Nazaret, Rey de los judíos", fue clavado en su lugar.

El pie izquierdo era presionado hacia atrás contra el derecho. Con ambos pies extendidos
con los pies hacia abajo, se clavaba un clavo a través de ambos arcos dejando las rodillas
flexionadas moderadamente. La victima estaba ahora crucificada.

EN LA CRUZ

Cuando Jesús lentamente se deslizo hacia abajo hasta colgar, con el mayor peso
depositado en los clavos de las muñecas, un dolor ardiente agudísimo se disparo a lo
largo de los dedos y hacia arriba por los brazos hasta explotar en el cerebro. Los clavos
de las muñecas presionaban los nervios medios que son fibras nerviosas troncales que
atraviesan el centro de la muñeca y de la mano. Al empujarse hacia arriba para evitar este
tormento por estiramiento, colocaba todo su peso sobre el clavo que atravesaba los pies.
Nuevamente se producía una agonía de dolor ardiente al desgarrar el clavo los nervios
entre los huesos metatárcicos de los pies.

A este punto se producía otro fenómeno: al fatigársele los brazos grandes oleadas de
calambres le pasaban por los músculos engarrotándolos en profundo dolor punzante que
no cedía. Con estos calambres se producía la incapacidad de impulsarse hacia arriba. Al
colgar de los brazos los músculos pectorales, grandes músculos del pecho, se
paralizaban y los músculos intercostales, pequeños músculos entre las costillas, no
podían actuar. Se podía inhalar aire a los pulmones pero no se podía exhalar. Jesús
luchaba por elevarse para tener al menos un pequeño respiro. Finalmente el nivel de
dióxido de carbono de los pulmones y del torrente sanguíneo aumentaba y los calambres
se atenuaban parcialmente.
Escuela de Capacitación Transcultural CNBM 42

En forma espasmódica Jesús podía elevarse hacia arriba para exhalar e inhalar oxigeno
vivificante. Fue sin duda en estas ocasiones que pronuncio las siete breves oraciones que
fueron registradas. La primera mirando a los soldados romanos jugándose su manto de
una sola pieza a los dados: "Padre perdónalos porque no saben lo que hacen" la segunda
al malhechor penitente: "Hoy estarás conmigo en el paraíso" la tercera, mirando a Maria
su madre dijo: "Mujer, he ahí tu hijo" y luego, vuelto hacia el aterrorizado adolescente
Juan, traspasado de dolor-el amado apóstol Juan- dijo: "He ahí tu madre" el cuarto clamor
es el comienzo del Salmo 22: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?"

Sufrió horas de dolor ilimitado, ciclos de calambre que producían desgarradoras


torceduras, asfixia parcial intermitente y dolor ardiente al desgarrársele tejido de su
espalda lacerada debido a su movimiento hacia arriba y hacia abajo contra el rugoso
madero de la cruz.
Después empezó otra agonía: un dolor profundo como si se le hundiera el pecho,
mientras el pericardio -la bolsa que rodea el corazón-, lentamente se llenaba de suero y
comenzaba a comprimir el corazón. La profecía del Salmo 22: 14 se estaba cumpliendo:
"Soy derramado como agua y todos mis huesos están descoyuntados;
mi corazón es como cera; se derrite en medio de mis vísceras."

MUERTE

Todos estamos familiarizados con los detalles finales de la ejecución de Jesús. Para que
no se profanase el sábado, los judíos solicitaron que se diera fin a los condenados y
fueran sacados de las cruces. El método común de terminar una crucifixión era por
"crurifragio" (cruris: piernas y fragere: romper) o sea la fractura de los huesos de las
piernas. Esto le impedía a la victima empujarse hacia arriba y la tensión de los músculos
del pecho no se podía aliviar: la asfixia sobrevenía con rapidez. Las piernas de los dos
malhechores fueron fracturadas, pero cuando los soldados se acercaron a Jesús vieron
que esto era innecesario.

Aparentemente para asegurarse doblemente de que estaba muerto, el legionario le clavo


la lanza entre las costillas hacia arriba a través del pericardio llegando al corazón. Juan
19: 34 dice: "Inmediatamente brotaron sangre y agua". De modo que se produjo un
escape del fluido acuoso de la bolsa que rodea el corazón y la sangre del interior del
corazón. Esta es una evidencia post-mortem bastante concluyente de que Jesús murió,
no de la muerte común de crucifixión -por asfixia- sino de falla cardiaca, debido al
espasmo y compresión del corazón por el liquido acumulado en el pericardio.

RESURRECCION

En estos hechos hemos dado un vistazo al colmo de la maldad que el hombre puede
exhibir contra su prójimo y hacia Dios. Esta es una horrible visión y probablemente nos
deje desanimados y deprimidos.

Pero la crucifixión no fue el fin de la historia. Cuan agradecidos podemos estar de que
tenemos una continuidad -un vistazo a la infinita misericordia de Dios para con el hombre-
el don de la redención, el milagro de la resurrección y la expectativa de la mañana de
Escuela de Capacitación Transcultural CNBM 43

Pascua.

Las siguientes declaraciones de fe son extraídas de libro "Oraciones y proclamaciones"


de Derek y Ruth Prince.

1- EL INTERCAMBIO HECHO EN LA CRUZ

Jesús fue CASTIGADO para que nosotros fuésemos perdonados -Isaías 53:4,5 Jesús fue
HERIDO para que nosotros fuésemos sanados -Isaías 53: 4-5
Jesús fue hecho PECADO con nuestra pecaminosidad para que nosotros fuésemos
hechos justos con su justicia -Isaías 53: 10, 2 Corintios 5:21-
Jesús MURIO nuestra muerte para que nosotros pudiésemos recibir su vida -Hebreos 2:9-
Jesús fue hecho MALDICION para que nosotros pudiésemos entrar en la bendición
-Gálatas 3:13-14-
Jesús sufrió nuestra POBREZA para que nosotros pudiésemos compartir su abundancia
-2 Corintios 8: 9 y 9: 8-
Jesús soportó nuestra VERGÜENZA para que nosotros pudiésemos compartir su gloria
-Mateo 27: 35- 36, Hebreos 12:2 y 2: 9-
Jesús soportó nuestro RECHAZO para que nosotros tuviésemos aceptación con el Padre
- Mateo 27: 46- 51, Efesios 1:5-6-
Jesús fue CORTADO por muerte para que nosotros fuésemos unidos a Dios eternamente
-Isaías 53: 8, 1 Corintios 6: 17-

Nuestro viejo hombre fue muerto en El, para que el nuevo hombre pudiese venir a la vida
en nosotros -Romanos 6: 6, Colosenses 3:9-10-
2- DIGANLO LOS REDIMIDOS Salmo 107: 2. Mi cuerpo es un templo para el Espíritu
Santo 1 Corintios 6: 19, Redimido Efesios 1: 7, Limpiado 1 Juan 1: 7 Santificado Por La
Sangre De Jesús Hebreos 13: 12. Mis miembros, las partes de mi cuerpo, son
instrumentos de justicia Romanos 6:13, Entregados a dios para su servicio y para su
gloria. El diablo no tiene cabida en mí, no tiene poder sobre mí, no tiene cuentas
pendientes contra mí. Todo ha sido pagado por la sangre de Jesús Romanos 3: 23- 25 y
8: 33-34. Yo venzo a Satanás por la sangre del cordero y por la palabra de mi testimonio
menospreciando mi vida hasta la muerte Apocalipsis 12: 11 Mi cuerpo es para el señor y
el señor es para mi cuerpo 1 Corintios 6: 13 AMEN.

LA CONTROVERSIA ARRIANA.

Un presbítero de Alejandría llamado Arrio, se había opuesto a su obispo, Alejandro, por


intentar salvar en el seno de la Trinidad los privilegios del Padre, el único no engendrado
(agénnetos): "el obispo nos destruye y persigue y tira todo tipo de lazos contra nosotros,
para echarnos de la ciudad como a hombres sin Dios, porque no estamos de acuerdo con él
cuando públicamente predica: Siempre Dios, siempre Hijo, al mismo tiempo el Padre y al
mismo tiempo el Hijo, el Hijo coexiste ingénitamente con Dios, siempre engendrado,
engendrado ingénito, Dios no precede al Hijo ni en concepto ni por un instante, siempre
Escuela de Capacitación Transcultural CNBM 44

Dios siempre el Hijo, el Hijo proviene de Dios mismo" (Arrio, Carta a Eusebio de
Nicomedia 2).

Esto llevó a Arrio a desvalorizar relativamente al Verbo: "antes que fuese engendrado o
creado o delimitado o fundado, no existía. Porque no es sin-origen. Porque no era ingénito
(agénnetos). Somos perseguidos porque hemos dicho que el Hijo tiene principio, en
cambio Dios es sin-principio (anarkhós). Por eso se nos persigue: porque afirmamos que
existe de la nada. Y hemos dicho así, porque no es ni parte de Dios ni de un sujeto
preexistente" (idem 3).

Arrio intentó expresar la superioridad ontológica más que la anterioridad cronológica, pero
tuvo que esforzarse en multiplicar las precauciones. Así, dice que la generación del Verbo
se produjo antes de todos los tiempos, antes de todos los siglos, y precisa que, si bien es
verdad que fue creado (Prov 8,22: el versículo arriano por excelencia), de ningún modo es
comparable con el resto de los seres creados: inmutable e inalterable, criatura perfecta de
Dios, pero no como una de las criaturas, engendrado, pero no como uno de los
engendrados (Carta a Alejandro de Alejandría 2). Demuestra así una tendencia
subordinacionista explícita, llevando al extremo la teología de Orígenes acerca de la
distinción de las tres subsistencias (hypóstasis: utiliza esta expresión en su carta a
Alejandro).

Alejandro había convocado un sínodo de casi cien obispos de Egipto y Libia, que condenó
los errores de Arrio, y lo había excomulgado a él y a sus partidarios (cinco presbíteros, seis

diáconos y solamente dos obispos). Arrio, por su parte, no había aceptado la condena, sino
había buscado apoyo en Palestina junto a Eusebio de Cesarea y en Asia Menor junto a
Eusebio de Nicomedia. A iniciativa de éste los sínodos provinciales de Bitinia y Palestina
lo habían rehabilitado.

A partir de entonces, la polémica llegó a extenderse a cada región del Imperio,


reaccionando los obispos uno contra otro. La complejidad de la situación y la agitación
desatada movió al emperador a invitar a las partes enfrentadas a la reconciliación: "He
sabido el origen de vuestras diferencias. Tú, Alejandro, preguntaste a tus sacerdotes qué
pensaba cada uno sobre cierto texto de la ley, o mejor dicho sobre un punto y un detalle
insignificante. Tú, Arrio, emitiste imprudentemente una opinión que no había que concebir
o, si se concibiera, no había que comunicar. Desde entonces, la división se estableció entre
vosotros, se rehusó la comunión, el pueblo santo se dividió y la unidad quedó rota. Pues
bien, que cada uno de vosotros perdone al otro y siga los consejos de vuestro servidor"
(carta citada por Eusebio de Cesarea, Vida de Constantino II,69). Constantino estaba
interesado en mantener la unidad del imperio y se sentía con autoridad (a pesar de su falta
de formación teológica que lo llevó a minimizar la cuestión doctrinal) para involucrarse en
la disputa. Viendo que la agitación continuaba, decidió la convocación de un gran concilio
que resolviera el tema.

A lo largo de los siglos anteriores se habían celebrado varios concilios locales. Pero al
convocar a todos los obispos en Nicea de Bitinia, Constantino daba origen a una nueva
institución; el concilio ecuménico: De todas las Iglesias que llenaban Europa entera, Libia y
Escuela de Capacitación Transcultural CNBM 45

Asia, se reunió lo más representativo de los ministros de Dios. "Una sola casa (oikoumene)
de oración, como dilatada por el poder divino, reunió a sirios y cilicianos, a los fenicios y a
los árabes, a los palestinos y a los de Egipto, Tebaida, Libia y Mesopotamia" (Eusebio,
Vida de Constantino III, 15). A pesar de haber puesto a disposición de los obispos todas las
facilidades que Constantino tenía a su alcance, las dificultades materiales provocaron la
ausencia de muchos prelados. Así, la representación no fue homogénea en todas las
regiones. De los trescientos presentes más de cien son de Asia Menor, treinta de Siria-
Fenicia, veinte de Palestina y Egipto, apenas tres o cuatro de Occidente (que
probablemente se encontraban en la corte), y dos presbíteros romanos delegados por el
anciano obispo Silvestre.

La disposición de las tendencias variaba desde un extremo a otro:


1- Arrio y los discípulos de la primera hora, apoyados por el grupo de Eusebio de
Nicomedia.

2- Un grupo cercano a ellos formado por Eusebio de Cesarea y los partidarios de un


subordinacionismo moderado.

3- A ellos se agregaban los tímidos que buscaban más la unidad que la precisión, y que por
lo tanto se oponían a toda formulación no bíblica ajena a la tradición recibida.

4- Los moderados que desenmascararon al arrianismo: Alejandro de Alejandría y su futuro


sucesor, el diácono Atanasio, y Osio de Córdoba.

5- Y los extremistas que apoyaban a éstos: Eustacio de Antioquía y Marcelo de Ancira (éste

se opondrá tan fuertemente al arrianismo que, adhiriendo al viejo principio de la monarquía

divina caerá en la herejía simétricamente opuesta a Arrio: el modalismo).

Fue fácil lograr una mayoría contra los errores de Arrio, pero fue más trabajoso introducir,
frente a la reserva de los conservadores, precisiones de origen filosófico no bíblico para
expresar las relaciones trinitarias. Después de larga discusión, a una profesión de fe
propuesta por Eusebio de Cesarea se agregaron aclaraciones decisivas: "al Dios de Dios,
Luz de Luz se agregó Dios verdadero de (ek) Dios verdadero, engendrado y no creado,
consustancial (homoousios) al Padre". Con la introducción de esta expresión en la fórmula
la teología ingresó en una nueva etapa en el esfuerzo de la comprensión y del progreso de
la fe: "Creemos en un solo Dios Padre omnipotente, creador de todas las cosas, de las
visibles y de las invisibles; y en un solo Señor Jesucristo Hijo de Dios, nacido unigénito
del Padre, es decir, de la sustancia del Padre, Dios de Dios, luz de luz, Dios verdadero de
Dios verdadero, engendrado, no hecho, consustancial al Padre, por quien todas las cosas
fueron hechas, las que hay en el cielo y las que hay en la tierra, que por nosotros los
hombres y por nuestra salvación descendió y se encarnó, se hizo hombre, padeció, y
resucitó al tercer día, subió a los cielos, y ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos.
Y en el Espíritu Santo".
Escuela de Capacitación Transcultural CNBM 46

Mas a los que afirman: "Hubo un tiempo en que no fue y que antes de ser engendrado no
fue, y que fue hecho de la nada, o los que dicen que es de otra hipóstasis o de otra
sustancia o que el Hijo de Dios es cambiable o mudable, los anatematiza la Iglesia".
(Símbolo de Nicea).

A pesar de su incompetencia teológica, el emperador influyó en el rápido resultado de la


deliberación, sea por persuasión o por intimidación: "Cuando se oyó la señal que advertía la

llegada del emperador, todos los obispos se levantaron, e inmediatamente entró él en medio
de una corte de personas distinguidas y se presentó como un ángel de Dios. Deslumbraba a
los ojos el esplendor de su púrpura y el brillo del oro y piedras preciosas que lo
engalanaban" (Eusebio, Vida de Constantino III,15). Apoyó con todo el peso de su
autoridad las conclusiones a las que se llegaron en los debates. Fue él quien pidió que se
agregaran las precisiones a la fórmula de fe de Eusebio, según el consejo de Osio de
Córdoba.

Los dos obispos desde el principio asociados a Arrio se opusieron al homoousios y a los
anatemas que lo comentaban, y por eso fueron desterrados junto con Arrio. Otras
decisiones del concilio se referían a las secuelas de la persecución, la reconciliación de los
herejes, las modalidades de la penitencia litúrgica. Aparece también, por primera vez, el
tema del celibato de obispos, sacerdotes y diáconos. A pesar de la propuesta de hacerlo
obligatorio, el obispo célibe Pafnucio, aconsejó no imponer un yugo tan duro a los que ya
estaban casados: "bastaba con que los que habían sido admitidos al clero no se casasen
después, según la antigua tradición de la Iglesia, sin obligar a los que se habían casado
siendo laicos a abandonar a sus mujeres... Todos los obispos se atuvieron a su parecer y, sin
deliberar más, dejaron que optaran libremente los que ya estaban casados" (Sócrates,
Historia eclesiástica I,11). Cada clérigo conservaría el estado que tenía al recibir la
ordenación (casado o soltero) sin poder casarse después (sea que fuera soltero o que
quedara viudo).

El problema arriano parecía estar resuelto, pero no fue así, porque pronto se reanudó la
contienda. Muchos obispos orientales habían aceptado la noción de consustancial no sin
vacilaciones ni reticencia. Le reprochaban su carácter demasiado material, pues en el
lenguaje común el término homoousios se empleaba al hablar de dos objetos, por ejemplo
dos monedas, hechas del mismo metal. Se podría sintetizar la situación doctrinal como una
aceptación inamovible y tranquila del homoousios en Occidente y una reserva intranquila
en el Oriente.

En esa región cambió el foco de atención de la cuestión: el problema no era ya los errores
extremos de Arrio; tampoco el mismo Arrio, sometido mediante la profesión de una
fórmula de fe bastante vaga compuesta por él mismo. El actual peligro procedía del
modalismo latente de uno de los defensores del homousios: Marcelo de Ancira. Era
necesario ponerse en guardia contra la equivocidad del término.

Se formó entonces un frente antimodalista. El alma de este frente fueron Eusebio de


Cesarea y Eusebio de Nicomedia (éste es hábil para las intrigas y poderoso por su lugar en
la corte).
Escuela de Capacitación Transcultural CNBM 47

Lograrán la deposición de varios obispos defensores del consustancial, no tanto mediante


refutaciones teológicas, sino a través de intrigas y calumnias. Así, Marcelo de Ancira fue
depuesto por sus doctrinas sospechosas de modalismo. Eustacio de Antioquía fue depuesto
bajo la acusación (de parte de una prostituta) de adulterio. Atanasio de Alejandría fue
depuesto en el sínodo de Tiro (335) por no querer reintegrar a Arrio al presbiterio
alejandrino. Esta deposición fue seguida de una orden de destierro a Tréveris (en la
frontera con Germania) mandada por Constantino.

La figura del emperador será decisiva en estos años: "él definirá la situación más allá de lo
que puedan discutir los obispos. Si hay un cambio de emperador, cambia también el apoyo
prestado a uno u otro bando". Esto se verá claro a la muerte de Constantino (338), cuando
se repartieron el Imperio sus hijos Constante en el Occidente (protector de la fe nicena) y
Constancio II en el Oriente (que permanecerá bajo la influencia de los teólogos
arrianizantes). Al mismo tiempo estos emperadores continuaron la cristianización del
Imperio, pero sin tener en cuenta el edicto de tolerancia de Milán, que permitía la libertad
de todos los cultos. Ambos prohíben los sacrificios paganos, y obligan a cerrar sus templos.
A la muerte de Constante, Constancio aplicará la pena de muerte para reforzar estas leyes:
"Comunicamos que pueden ser condenadas a muerte las personas de las que se haya
probado que han participado en los sacrificios u honrado a los ídolos" (recogido en el
Código Teodosiano, XVI, 10,6). Cincuenta años antes eran los cristianos los que morían por
negarse a hacer lo que ahora se prohibía.

Se sucedieron en esos años varios concilios locales que propusieron fórmulas de fe


diversas, desde algunas semiarrianas hasta una vagamente ortodoxa en 359, en Sirmio: "En
cuanto al nombre de sustancia, como los Padres la emplearon demasiado ingenuamente,
sin comprenderla el pueblo que quedó escandalizado por ella, y como no figura en las
Escrituras, se ha decidido abandonarla y que en adelante no se hable ya de sustancia a
propósito de Dios. Pero, tal como las santas Escrituras lo dicen y enseñan, decimos que el
Hijo es semejante (homoios) en todo al Padre". Esta fórmula fue impuesta por el
emperador Constancio con el fin de pacificar el imperio, bajo pena de destierro contra
quien no la aceptara.

Unos pocos, entre ellos el obispo de Roma, Liberio, se opusieron a firmarla, pues aunque
ortodoxa, no contenía la palabra clave que expresaba la fe de Nicea: homoousios.
Liberio, Hilario de Poitiers, Osio de Córdoba y Atanasio partirán al destierro. La Iglesia se
había visto beneficiada por el edicto de tolerancia y el favor del emperador, pero
comenzaba a ser seriamente perjudicada por esta misma protección. Todos estos conflictos
siembran la división en cada Iglesia local. Antioquía llega a tener cinco obispos distintos a
la vez. A Roma le resulta difícil elegir un sucesor para el obispo Liberio, muerto en 366;
allí se producen motines que provocan 173 muertos. Atanasio de Alejandría conocerá siete
destierros.

El temor de la persecución, todavía vivo en el recuerdo de sus supervivientes, pareció


renacer cuando Juliano se enfrentó con su primo Constancio y lo venció, quedando como
su sucesor por la aclamación de los soldados en 361. Juliano tuvo un gobierno muy hostil
hacia las comunidades cristianas: * Las privó de los privilegios concedidos por
Constantino y sus hijos. * Restauró y organizó el culto pagano, habiendo sido él cristiano;
Escuela de Capacitación Transcultural CNBM 48

por eso se lo llamará el Apóstata. * En las poblaciones donde los paganos eran mayoría los
cristianos sufrieron muchas vejaciones, y a veces el martirio. * Pero sobre todo, para
debilitar el cristianismo, favoreció la confusión arriana.

Permitió que regresaran todos los obispos desterrados, para que las diversas facciones se
hicieran mutuamente la guerra. Pero esta situación duró poco tiempo, pues en 363 Juliano
murió luchando contra los partos. Se dice que sus últimas palabras fueron "¡Venciste
Galileo!". Realmente, el último intento de conservar el paganismo moría con Juliano.

¿Quién fue Jesús? Mitos modernos vs. Base bíblica


por Dr. Craig L. Blomberg
Traducido por Floriano Ramos Esponda
Enero 1996

A respected scientist writes a book about a document supposedly


discovered in the Middle East (and then lost again) that resembles the
Gospel of Matthew. En éste, Jesús aparece como un alien del espacio
exterior quien promueve la Nueva Era como una teología cristiana. Los
científicos argumentan que ésta es la versión original del evamgelio.1 A
local newscaster describes the recent controversies over the yet
untranslated Dead Sea Scrolls and then claims that many scholars believe
these scrolls will undermine the very foundations of Christianity. A
nationwide group of Bible professors known as the Jesus Seminar
produces a four-color coded edition of the Gospels in which every saying of
Jesus is colored either red, pink, gray or black, in decreasing order of
probability that Jesus actually spoke these words. Only 18% of the sayings
turn up either red or pink.2 What is going on here? How should thoughtful
people respond to these and related incidents?

Mitos modernos acerca de Jesús


Escuela de Capacitación Transcultural CNBM 49

Hay por lo menos cuatro diferentes maneras en las que la gente hoy
distorsiona la verdad acerca de Jesús.

1. Perspectives Unrelated to Any Real Historical Evidence


The simplest way to re-create Jesus is just to make up an alternative. Over
the years, all kinds of stories have been fabricated about secret documents
that retell the Gospel story as it really was. In the second through fifth
centuries, apocryphal gospels invented numerous stories about Jesus. In
one document he became a child prodigy who breathed life into clay
pigeons and withered up annoying playmates (The Infancy Gospel of
Thomas). In later centuries, creative authors filled in the gaps in Jesus'
young adulthood by describing his exotic travels to the Orient to learn
from various Eastern gurus.3 In recent years, conspiracy theories have
been concocted about newly discovered documents from the desert sands
of the Middle East but hidden from the public-at-large because they
portray a Jesus greatly at odds with the biblical figure (e.g., Irving
Wallace's novel and movie, The Word, or the U.F.O.-related rewrite of
Matthew described above). While often capturing the public's imagination,
there is no solid historical evidence that any of these stories is true. This is
a verdict that non-Christian as well as Christian historians readily
concede.

2. Distortion of Newly Discovered Historical Evidence.


Since the second World War, two large bodies of ancient literature relevant
to our understanding of the world of Jesus have been unearthed in Israel
and Egypt. The first is the Dead Sea Scrolls. This Hebrew literature from
the second century B.C. through the first century A.D. falls into two
categories: (a) copies of most all books of the Hebrew Bible (our Old
Testament) and (b) religious literature produced by the Essene sect of
Judaism that lived in the monastic site known as Qumran on the shores of
the Dead Sea. A handful of bona fide scholars has popularized outlandish
theories about how some of these Jewish documents refer to characters
who are really code-named for Jesus and his followers.4 The vast majority
of scholars, however, agrees that while the scrolls can illumine much
about the background to Jesus' life and ministry by teaching us of one
strand of first-century Judaism in more detail, nothing in either the
published or unpublished scrolls can either confirm or disprove basic
tenets of Christian faith.5 Periodic, sensationalistic media reports to the
contrary (e.g., about a scroll that speaks of a slain Messiah) are largely
inaccurate.
The other major post-War find was a collection of largely Gnostic
documents from Nag Hammadi, Egypt. The oldest of these date to the mid-
second century A.D. The Gnostic Gospel of Thomas (different from the
Infancy gospel noted above) is a compilation of 114 sayings attributed to
Jesus. Intriguingly, about a third of these sayings parallel canonical
sayings, approximately another third are clearly Gnostic and unorthodox
Escuela de Capacitación Transcultural CNBM 50

in origin, and the remaining third, while not necessarily unorthodox, are
not found elsewhere in Scripture. Could some of these preserve additional
teachings of the real Jesus? In theory, yes, of course, but the likelihood is
small. And they tend to be so cryptic that they would not add much to
what we really understand about Jesus (e.g., He who is near me is near
the fire, and he who is far from me is far from the Kingdom" [saying 82], or
Split a piece of wood, and I am there. Lift up the stone, and you will find
me there" [saying 77b]). That, however, has not stopped some scholars
from building elaborate theories about how Thomas is more trustworthy
than Matthew, Mark, Luke or John.6

3. Claims of Alleged Textual Corruption.


The most common way various other religions have tried to discredit the
canonical Gospels is by arguing that they have not been accurately
preserved and that other sectarian documents, in places, give us the real
truth about Jesus. Thus both Mormonism and Islam argue that the New
Testament as we have it is textually corrupt and that its original writers
never claimed that Jesus was the Son of God, the second person of the
Trinity. Islam appeals to the Gospel of Barnabas, first written in medieval
times, which describes Judas as replacing Jesus on the cross. Joseph
Smith, founder of Mormonism, rewrote the Bible, allegedly under
inspiration, to correct such texts as John 1:1, which now emerges as "In
the beginning was the gospel preached through the Son. And the gospel
was the word, and the word was the Son, and the Son was with God, and
the Son was of God." Here, again, informed people should be able to
respond confidently that these claims of corruption are simply unfounded.
The text of Scripture, particularly the New Testament, is in outstanding
condition. The variations in the ancient manuscripts that amount to
anything are compiled in modern editions of the Greek New Testament.
The most important of these appear in the footnotes or margins of all the
standard contemporary English translations. No cardinal doctrine of
Christianity hangs on any disputed text of Scripture, and not a shred of
historical evidence supports the idea that the text of the New Testament as
we have it is significantly corrupt or missing various books.7

4. Portraits of Jesus Based on Only Parts of the Gospels.


The one serious scholarly challenge to orthodox pictures of Jesus comes
from modern skepticism about the historical trustworthiness of various
portions of the canonical Gospels. (In other words, just because we can be
confident we know what the Gospel writers originally wrote, that does not
necessarily mean that their information was uniformly reliable.) Here
evangelicals must admit that they are in a minority in the scholarly world,
though it continues to be a growing minority. Most contemporary scholars
believe that we must sift the historically accurate from the inaccurate
within Matthew, Mark, Luke and John, and they have developed a variety
of criteria for doing so. The Jesus Seminar, noted above, is actually one of
Escuela de Capacitación Transcultural CNBM 51

the most liberal and skeptical groups of scholars even outside the
evangelical world. Probably the most balanced or centrist approach, and
certainly the most ambitious study of the historical Jesus among modern
scholars, is A Marginal Jew: Rethinking the Historical Jesus, a three-
volume work-in-progress by long-time professor at Catholic University of
America, John P. Meier.8 Meier imagines a Protestant, Catholic, Jew and
atheist all locked in the bowels of the Harvard Divinity School library, who
must use all the tools of modern scholarship to come up with a consensus
view on what can be known about Jesus solely via historical research (i.e.,
leaving all faith or anti-faith commitments to one side). The results are
remarkably even-handed and demonstrate that good, historical reasons
exist for believing in the major contours of Jesus' life as we know it from
the Gospels, including at least some of his miracles. Nevertheless, Meier
also points out how in many places we can glean only a general idea of
what Jesus did or said; many of the specific details in any given passage
go well beyond what can be historically confirmed with any probability.
Meier hasn't gotten to the resurrection yet, so it will be interesting to see
what he does with it!
Evangelicals should appreciate Meier's quest for objectivity but should
probably insist that the various reasons for believing in the general
trustworthiness of the Gospel tradition mean that where certain data
cannot be either confirmed or disconfirmed, they should be accepted on
principle. In other words, ancient historians who find that authors can be
trusted where they can be tested generally trust them in other areas, too.
If we did not, our knowledge about the ancient world would be virtually nil,
since so much is attested to by only one source.9
Suppose we accept that the four canonical Gospels were a consistently
reliable source of information about the historical Jesus. The resulting
portrait of Jesus would simply be that which current evangelical
churchgoers have learned from little up, right? Well, maybe not! We often
may be equally guilty of picking and choosing just those parts of the
Gospels that we like or that fit our preconceived notions or inherited
theological and denominational traditions. Consider the following five
fundamental elements of the Gospel snapshots of Jesus.

Base bíblica acerca de Jesús


1. La humanidad de Jesús.
The first Christians all knew Jesus as a man. What is remarkable is that
monotheistic Jews ever predicated deity of him. Today matters are
reversed. Most evangelical Christians readily accept his divine nature, but
are we as quick to embrace his full humanity? We take it for granted that
from start to finish Jesus walked on this earth revealing his deity so
plainly that only the foolish or willfully rebellious could miss it. However, a
careful reading of the Gospels discloses a quite different picture. In the
Synoptics (Matthew, Mark and Luke), Jesus tries to prevent people from
speaking too openly about his exalted nature (e.g., Mark 1:43-44, 5:43,
Escuela de Capacitación Transcultural CNBM 52

9:9). His disciples recognize him as the Christ (Messiah) only just before he
sets his face to go to Jerusalem one last time (Luke 9:20 and parallels). His
confession before the Sanhedrin is at best a veiled affirmative of his
Sonship (Matthew 26:64 literally, "you say that I am;" cf. Luke 23:68, 70).
All of this reticence is generated by two primary factors: most of the Jews
are looking for a nationalistic, even militaristic Messiah who will lead them
in overthrowing Rome, and they are not ready for one who would come to
suffer and die.
But what about the Gospel of John, in which Jesus says he is one with
God (10:30), the Way, Truth and the Life (14:6), the Resurrection and the
Life (11:25) and so on? To be sure, John is the Gospel that most stresses
Christ's deity, but this reflects a recognition that took time to dawn on the
first disciples. John's was the last Gospel to be written. Many other
religious leaders have made claims similar to those of Jesus and meant
only that they were prophets or special spokesmen for God. In fact the one
claim that many charlatans have made throughout the centuries but that
is never ascribed to Jesus on the pages of the Gospels is the direct
statement, "I am God." God never revealed himself so unambiguously in
Jesus as to coerce faith. There is always another plausible explanation for
the skeptic to put forward. Jesus says to Thomas, "Blessed are those who
have not seen and yet believed" (John 20:29). Luke teaches that Jesus
grew just like any other child intellectually, physically, socially and
spiritually (Luke 2:52). One of the main reasons that it is important not to
overshadow Christ's humanity in our exposition of his deity is well
expressed in Hebrews 4:15: "For we do not have a high priest who is
unable to sympathize with our weaknesses, but we have one who has been
tempted in every way, just as we are yet without sin." Do we really believe
this when we are painfully aware of how often we have failed our Lord?10
2. Jesús el judío.
Can any Gentile Christian ever fully appreciate Jesus the Jew?11 The
Gospels brim with distinctively Jewish controversies between Jesus and
his country's leaders: about keeping the Sabbath, fasting and feasting, the
dietary laws and much more. Jesus' harshest words were consistently
reserved for the legalists of his day who, without exception, were found
within the ranks of the conservative religious leadership (see esp. Matthew
23). We quickly look to members of cults and other religions for our
modern-day pontificating against legalism only to forget that the closest
equivalent in our world to the Pharisees of old are prominent evangelical
pastors! Of all the Jewish sects, this was the one most respected and liked
by the masses, most concerned to apply Scripture to every area of life,
most concerned to stress a lifestyle of holiness. If some in their midst
could end up so hypocritical, perhaps we had best not look too far away
from ourselves for contemporary application.

3. Compasión for Social Outcasts.


Escuela de Capacitación Transcultural CNBM 53

Conversely, Jesus went out of his way to fraternize with and minister
among the outcasts of his day the poor, sick (including the "untouchable"
lepers), women, Samaritans and tax-collectors. In so doing, he further
incurred the wrath of his era's authorities. He allowed a notorious woman
to fawn all over him in a way that his society deemed scandalous (Luke
7:36-50), whereas Simon the Pharisee, had he been alive today, would
probably have quoted, in his self-righteous rebuke, Paul's teaching in the
King James Version about abstaining from every appearance of evil (1
Thessalonians 5:22, better rendered in the New International Version as
"avoid every kind of evil").
Jesus refused to adopt an overtly political agenda supporting either the
left- or right-wing politicians of his day (the Zealots and Sadducees
respectively) but called all people to a more holistic understanding of God's
priorities as concerned to save both body and soul. "Your faith has made
you whole" is perhaps the best translation of a repeated refrain of Christ
upon curing people's physical and spiritual maladies (e.g., Mark 5:34,
10:52; Luke 17:19).12 If Jesus were living in the America of the 1990s, his
teaching would be "completely pro-life."13 In other words, he would be
equally concerned to stop the abortion of the unborn as to promote a
decent standard of living for all those who have been born. He would be as
committed to loving homosexuals and pointing out the "beams" in the eyes
of those who condemn them as he would be in telling them to "go and sin
no more." He would surely support adequate health care for all people and
not distinguish between citizens and illegal aliens in determining who to
love.

4. Money and Stewardship.


By some estimates, one-fifth of all Jesus' teachings were about how to use
one's material resources. While a handful of people in the New Testament
are both rich and Christian, there is no example of any true followers of
Jesus who are not generous and compassionate in using their wealth.
Compare the rich young ruler who goes away sorrowful with Zaccheus who
voluntarily gives half of his goods to the poor (Luke 18:22-23, 19:8-10).
Still others invest all they have for their master's benefit (Luke 19:16-
19).14 But in an age in which polls consistently show that the average
American evangelical gives between 3%-4% of his or her gross income to
all charitable causes put together, it is hard not to conclude that our pews
are filled with nominal Christians whose checkbook ledgers belie any
professions of faith they may have made.15

5. Creating Community.
Whatever else Jesus did, he created communities of followers. He never
invested himself in individual believers for any length of time but in
groups. He proclaimed that it was through their unity and love that others
would be drawn to them and thus to him (John 17:11, 20-23). This is
perhaps the hardest of all the countercultural commands of the Gospel to
Escuela de Capacitación Transcultural CNBM 54

fathom, much less to implement, in our radically individualistic Western


world. In an age of a resurging commitment to "family values," Jesus might
well have been branded as a heretic when he said, "If anyone comes to me
and does not hate his father and mother, his wife and children, his
brothers and sisters yes, even his own life he cannot be my disciple" (Luke
14:26). Matthew 10:37 makes his meaning clearer: "Anyone who loves his
father or mother more than me is not worthy of me ..."16 Most suburban
parents of my generation are too busy carting their children around to a
hundred and one activities (including church-related activities) to be really
sold out to Christ and his cause and have time to build intentional
Christian community with one another.17

Conclusión
What was Jesus all about? The word the Gospels use more than any other
to answer this question is the "kingdom." Although the fullness of God's
kingdom will not be created until Christ returns, Jesus was creating an
outpost or colony of heaven on earth. The purpose of leaving followers
behind to carry on his mission was to create countercultural enclaves
demonstrating how transformed humanity could really live, lighthouses
attractively beckoning those disgusted with the alternatives to see what life
could really be like. The most comprehensive and adequate definition of
the kingdom of God in all its facets as revealed in the Gospels that I have
ever encountered comes from a long-term British evangelical missionary to
Latin America, Andrew Kirk:
The kingdom sums up God's plan to create a new human life by
making possible a new kind of community among people, families
and groups. [It combines] the possibility of a personal relationship to
Jesus with man's responsibility to manage wisely the whole of
nature; the expectation that real change is possible here and now; a
realistic assessment of the strength of opposition to God's
intentions; the creation of new human relationships and the
eventual liberation by God of the whole of nature from corruption.18
Is this our vision of our task in this life? If not, our Jesus may be as much
a modern myth as some of the others we try so hard to debunk!
Dr. Craig Blomberg is professor of New Testament at Denver Seminary.

Notas al pie de página


1. James W. Deardorff, Celestial Teachings: The Emergence of the True
Testament of Jmmanuel (Jesus) (Tigard, OR: Wild Flower, 1990).

2. Robert W. Funk, Roy W. Hoover, and the Jesus Seminar, The Five
Gospels: What Did Jesus Really Say? (New York: Macmillan, 1993).

3. For representative samples, see Douglas Groothuis, Revealing the New


Age Jesus (Downers Grove: IVP, 1990).
Escuela de Capacitación Transcultural CNBM 55

4. Most notably Barbara Thiering, Jesus and the Riddle of the Dead Sea
Scrolls (San Francisco: Harper San Francisco, 1992).

5. An excellent overview of what we can know is found in James C.


VanderKam, T he Dead Sea Scrolls Today (Grand Rapids: Eerdmans,
1994). The most recent official English translation of the scrolls and their
fragments is Florentino GarcÁa MartÁnez, ed., The Dead Sea Scrolls
Translated: The Qumran Texts in English (Leiden: Brill, 1994).

6. The standard English translation of all these documents is James M.


Robinson, ed., The Nag Hammadi Library in English (Leiden: Brill, 1988,
3rd ed.). For a responsible treatment of Thomas, see John P. Meier, A
Marginal Jew: Rethinking the Historical Jesus, vol. 1 (New York:
Doubleday, 1991) 123-39.

7. For a convenient Introduction to New Testament Textual Criticism, see


the book so-entitled by J. Harold Greenlee (Grand Rapids: Eerdmans,
1964).

8. For vol. 1, see n. 6 above. Vol. 2 was released in 1994 and vol. 3 is
forthcoming.

9. I have devoted an entire book to the topic of The Historical Reliability of


the Gospels , and I refer the interested reader to that work for a full-
fledged defense of this perspective (Downers Grove: IVP, 1987). More
recently, helpful evangelical treatments of the historical Jesus have
included Ben Witherington, The Christology of Jesus (Minneapolis:
Fortress, 1990) and Jesus the Sage (Minneapolis: Fortress, 1994); Markus
Bockmuehl, This Jesus: Martyr, Lord, Messiah (Edinburgh: T & T Clark,
1994); and N.T. Wright, Jesus and the Victory of God (Minneapolis:
Fortress, forthcoming). A direct and helpful response to the Jesus Seminar
is Michael J. Wilkins and J.P. Moreland, eds., Jesus Under Fire (Grand
Rapids: Zondervan, 1995).

10. Even the Gospel of John strongly stresses Jesus' humanity; see esp.
Marianne Meye Thompson, The Incarnate Word (Peabody: Hendrickson,
1993).

11. For two prominent scholarly attempts, cf. E.P. Sanders, Jesus and
Judaism (Philadelphia: Fortress, 1985); with James H. Charlesworth,
Jesus Within Judaism (New York: Doubleday, 1988).

12. On which, cf. my article, 'Your Faith Has Made You Whole': The
Evangelical Liberation Theology of Jesus," in Jesus of Nazareth: Lord and
Christ , ed. Joel B. Green and Max Turner (Grand Rapids: Eerdmans,
1994), 75-93.
Escuela de Capacitación Transcultural CNBM 56

13. The title is taken from Ronald J. Sider, Completely Pro-Life (Downers
Grove: IVP, 1987).

14. For a full-scale treatment of a New Testament theology of material


possessions, see my forthcoming Give me Neither Poverty nor Riches
(Grand Rapids: Eerdmans).

15. For representative statistics, and for very modest and attainable
models in doing substantially better, see John Ronsvalle and Sylvia
Ronsvalle, The Poor Have Faces: Loving Your Neighbor in the 21st Century
(Grand Rapids: Baker, 1992).

16. See esp. Rodney Clapp, Families at the Crossroads: Beyond Traditional
and Modern Options (Downers Grove: IVP, 1993), for a brilliant expos‚ of
how much of what passes for Christian family values today is really the
product of secular Victorian England.

17. For models of how it can be done, however, see Christian Smith, Going
to the Root: 9 Proposals for Radical Church Renewal (Scottdale: Herald,
1992).

18. Andrew Kirk, The Good News of the Kingdom Coming (Downers Grove:
IVP, 1983), 47.

ENCARNADO PARA SUFRIR

“Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria,
gloria como del unigénito del padre), lleno de gracia y de verdad" (Juan
1:14) El texto que encabeza estas reflexiones, escrito por el apóstol Juan
hace algo más de 20 siglos, es uno de los más profundos y misteriosos de
toda la Biblia. Antes del principio de los tiempos, cuando la Historia no
había dado aún su primer paso, ya existía el Verbo, la Palabra, es decir,
Dios. El Verbo eterno encarnó en cuerpo de niño una noche del año cero
de la era cristiana. Dicen que fue el 29 de septiembre de dicho año. Otros
defienden el 2 de abril. Hay quienes aseguran que fue el 6 de enero. La
mayor parte de la cristiandad acepta el 24 de diciembre. Poco importa la
fecha. Lo que importa es el hecho en sí. Hace años Dios manifestó al
mundo la prueba definitiva de Su amor. En la Persona del Hijo se
identificó corporalmente con la raza humana ¡Sublime y eterno misterio
cuya explicación escapa a la mente humana y sólo los cielos conocen! El
Escuela de Capacitación Transcultural CNBM 57

Verbo que vino para redimir nuestras vidas y alegrar nuestros corazones,
vivió en la tierra 33 años de sufrimientos. Unos 600 años antes de nacer,
el profeta Isaías lo presentó como varón de dolores, experimentado en todo
tipo de quebrantos, y así fue. Humanamente considerada, la de Jesús fue
una vida afligida, martirizada, sacrificada. El varón de dolores vino al
mundo entre los dolores del parto, pero también la espada le persiguió a lo
largo de su corta vida. Niño aún, los padres huyen con él a Egipto para
evitarle la muerte. Pasado el peligro, regresan a su tierra y se instalan en
Nazaret. Nada más sabemos de Jesús hasta que cumple 12 años. A partir
de entonces, otro largo y silencioso período biográfico. ¿Dónde estuvo
Jesús desde los 12 hasta los 30 años? Unos dicen que en los desiertos,
viviendo y estudiando con los esenios. Otros afirman que en Nazaret,
trabajando de carpintero. En cualquier caso, su vida no fue la de un
triunfador. Si anduvo entre los esenios no destacó como líder, porque
cuando aparece a orillas del Jordán está completamente solo. Si trabajó de
carpintero debió haber sido un carpintero pobre. A los 30 años, el varón
de dolores no ha fundado una familia. Carece de hogar propio. Sus
seguidores son los miserables de la tierra que buscan en Él alimento y
salud. Carece de dinero para satisfacer pequeños caprichos. No dispone de
medio de transporte: ni de una carroza magnífica ni de un brioso caballo
blanco; un borriquillo humilde y por una sola vez. Su popularidad es
relativa. Los grandes de la nación conspiran para matarle. Nunca es
invitado a dar una conferencia en el templo de Jerusalén o en una de las
principales sinagogas. En la cruz está casi solo. Su madre, su tía, Juan y
unos pocos más le consuelan con su presencia. Las multitudes que habían
sido alimentadas y curadas por El se hallan entre los que piden su muerte.
Es curioso. La única vez que el Nuevo Testamento emplea la palabra
triunfo en referencia a Cristo está relacionada con su resurrección de entre
los muertos. ¿Nos dice algo esto? Que ése es el destino humano. Jesús
abrió nuestros ojos para que comprendiéramos en qué consiste el
itinerario del hombre en la tierra: nacer, crecer, padecer y morir. La
auténtica dimensión del hombre hay que buscarla más allá de la tumba, al
otro lado de esta muralla infinita que nos separa de la eternidad. Como
dice el himno, si hay penas aquí, gozo eterno hay allí. Juan Antonio
Monroy es escritor, conferenciante internacional y director de la revista
Alternativa 2000 © J.A. Monroy © I+CP, Madrid,

EL TERRIBLE CASTIGO
por Ray C. Stedman

Marcos 15 nos trae al relato de la crucifixión. Debido a lo sagrado de este


incidente, detengámonos por un momento y orar juntos antes de examinar
este pasaje.

Oración: Padre nuestro, te pedimos que tu Espíritu Santo tome esta


escena, que vamos a examinar esta mañana, y que la grabe
Escuela de Capacitación Transcultural CNBM 58

profundamente en nuestros corazones y en nuestras mentes, y que


podamos entender algo acerca de las maravillosas implicaciones que tiene.
Sabemos que no estamos examinando sencillamente el martirio de un
hombre de elevados ideales, sino que estamos ante el pago de un rescate
por el pecado. Te pedimos en oración que lo podamos entender y que los
ojos del corazón puedan iluminarse a fin de que podamos captar la verdad
tal y como se aplica a cada uno de nosotros. Te lo pedimos en el nombre
de Jesús, amén.

El relato de Marcos sobre la crucifixión es ligeramente diferente al de los


otros escritores de los evangelios. Marcos se deja algunas cosas que los
otros escritores incluyen. Por ejemplo, incluye solo una frase pronunciada
por Jesús de las siete palabras que pronunció estando en la cruz. De
hecho, la descripción en sí de las acciones y las palabras de Jesús, que
nos cuenta Marcos se limitan a tres breves pasajes en este relato. La
primera de ellas la encontramos en el versículo 22: "Y le llevaron al lugar
llamado Gólgota, que traducido es lugar de la calavera."
Muchos de nosotros que hemos estado en Jerusalén sabemos que justo
fuera de la puerta de Damasco, en la muralla norte de la ciudad, se
encuentra un montículo que tiene el aspecto de una calavera y muchos
creen que ese es el lugar donde fue crucificado Jesús. Tiene el aspecto
de una calavera y, por lo tanto, en hebreo se le llamaba "Gólgota, que
quiere decir calavera.

Entonces Marcos nos dice: "Le dieron vino mezclado con mirra, pero él no
lo tomó." Ese es el débil esfuerzo realizado por el hombre por aliviar el
sufrimiento de la cruz, "pero él no lo tomó. Entonces Marcos nos dice con
unas breves palabras, "y le crucificaron.
Los escritores del evangelio muestran una gran reserva en lo que se refiere
a describir la crucifixión. Ninguno de ellos describe cómo le clavan o la
agonía que debió mostrar Jesús en aquellos momentos, sencillamente lo
expresan mediante palabras muy escuetas diciendo "y le crucificaron.
Marcos se salta prácticamente las tres primeras horas que estuvo clavado
en la cruz hasta la hora novena en la que Jesús grita (versículo 33):
"Cuando llegó la hora sexta, descendió oscuridad sobre toda la tierra,
hasta la hora novena. Y en la hora novena Jesús exclamó a gran voz: --
¡Eloi, Eloi! ¿Lama sabactani?, que traducido quiere decir, Dios mío, Dios
mío, ¿por qué me has desamparado?"
El tercer y final pasaje que describe Marcos es el que se encuentra en el
versículo 37: "Pero Jesús, dando un fuerte grito, expiró. Y el velo del
templo se rasgó en dos, de arriba abajo."
El resto de la historia que cuenta Marcos se centra en las personas que se
reunieron alrededor de la cruz. La visión que nos ofrece Marcos no es la de
las personas que estaban allí reunidas mirando a Jesús, sino mas bien la
vista desde la cruz misma, contemplando a la multitud.
Escuela de Capacitación Transcultural CNBM 59

Reunidos al pie de la cruz había un gran número de personas, o grupos de


personas, que trae ante nosotros para que podamos ver la reacción de
estas personas ante la crucifixión de nuestro Señor.
Está perfectamente claro que Marcos lo que pretende es presentar un
contraste entre la obra inescrutable de Dios y las maneras de hacer las
cosas y de pensar de los hombres. Lo que nos está diciendo claramente es
que este acontecimiento es infinito. Si a Jesús le crucificasen hoy
en Palo Alto (California), las mismas personas estarían reunidas alrededor
de la cruz; los personajes permanecerían los mismos. Poco importa el
tiempo o la época de la escena del Calvario representada para nosotros,
siempre nos encontraríamos con estas actitudes. Creo que ese es el
propósito con que Marcos describe con todo cuidado a los que estaban
reunidos alrededor de la cruz.
La primera descripción de uno de estos personajes es la que nos
encontramos en el versículo 21, donde Marcos describe un incidente que
sucedió cuando Jesús iba de camino a la cruz. A los soldados romanos les
han dado orden de que se lleven a Jesús y le crucifiquen. De camino
desde donde tenía su sala de juicios Pilato, al pasar por la Via Dolorosa, el
"camino del sufrimiento, pasando por las calles de Jerusalén, Jesús
tropieza y se cae. La segunda vez que tropieza, los soldados romanos
agarran a un extraño de entre la multitud y le obligan a llevar la
cruz de Jesús. El versículo 21 dice: "Obligaron a uno que pasaba viniendo
del campo, a un cierto Simón de Cirene, padre de Alejandro y de Rufo, a
que cargara la cruz de Jesús."
Si tiene usted la más mínima imaginación, podrá imaginarse fácilmente los
sentimientos y las actitudes de Simón al verse tan groseramente
interrumpido en lo que tenía planeado hacer aquel día. Era de la región de
Cirene, del norte de Africa, y había venido a Jerusalén para celebrar la
fiesta de la pascua. Venía de su alojamiento en las afueras de la ciudad y
no tenía ni idea de que iba a suceder aquel extraño acontecimiento, pero al
observar a Jesús dar un traspié bajo el peso
de la cruz, Simón fue de repente agarrado por los soldados y obligado a
llevar la cruz. Es evidente que debió de sentirse enfadado por semejante
interrupción. Sin duda, su actitud debió de ser una de participación
forzada. Marcos nos indica que esa es una actitud corriente que
muestran muchos actualmente con respecto a Dios y las cosas de Dios y
especialmente en relación con la cruz.
Hay muchas personas en la actualidad que se sienten resentidas con Dios
por cambiar sus planes, por interrumpir lo que ellos habían planeado
llevar a cabo. Yo mismo me he sentido de esa manera y usted también.
Nos molesta cuando alguna circunstancia sobre la que no tenemos
ningún control de repente cambia nuestros planes, en especial si implica
dolor y sufrimiento. Esa fue la actitud de Simón de Cirene al llevar la cruz
de Jesús.
Existe en las Escrituras mucha evidencia en el sentido de que este suceso
tuvo un gran efecto en la vida de Simón. En el libro de Hechos hay una
Escuela de Capacitación Transcultural CNBM 60

insinuación de que estaba allí en el Día de Pentecostés y que es muy


posible que se hiciese cristiano como resultado de aquella repentina
interrupción de sus planes. Marcos nos indica claramente que Simón era
el padre de Alejandro y de Rufo, que son bien conocidos para los creyentes
gentiles a los que les está escribiendo Marcos. Si lee usted lo que dice en la
epístola de Pablo a los romanos, el capítulo 16, verá usted que menciona a
un tal Rufo, con el cual estaba íntimamente relacionado y cuya madre
había sido muy amable con Pablo. Es evidente que se trata del mismo
Rufo. Pero en este caso, Marcos se limita a destacar la actitud de Simón,
que tiene que participar involuntariamente en la crucifixión de Jesús.
Reunidos al pie de la cruz estaban los soldados que habían crucificado a
Jesús, aquellos duros soldados romanos que posiblemente habrían
crucificado ya a montones de personas. Aquella era una época de gran
inquietud y de desasosiego en la tierra de Israel y durante esa misma
época hubo otros que fueron crucificados y sin duda aquellos soldados
debían de tener mucha experiencia en lo que se refiere a crucificar porque
cuando acabaron su trabajo y Jesús colgaba de la cruz, estos soldados
endurecidos sacaron unos dados y comenzaron a jugar a los dados al
pie de la cruz. A nosotros nos resulta extraño que ningún hombre pudiera
contemplar a Jesús muriéndose y que se portase de ese modo, pero se
trata de hombres que estaban mas interesados en ganarse un dinero de lo
que lo estaban en la sangre de Jesús. Marcos nos indica que en todas las
épocas ha habido personas a las que no les ha importado para nada el
significado de la muerte de Cristo y a las que lo único que les interesa es
ganarse rápidamente un dinero. Estos soldados serán siempre un ejemplo
de las personas endurecidas e insensibles que no tienen el más mínimo
interés en la historia de la cruz, que se encogen de hombros con una gran
indiferencia ante cualquier persona que quiera llamar su atención a lo que
realmente estaba sucediendo en aquella escena y vuelven sencillamente a
su costumbre de aferrarse al dinero.
También están relacionados con la cruz los ladrones que estaban
crucificados junto a Jesús (versículo 27): "Y con él crucificaron a dos
ladrones, uno a su derecha y el otro a su izquierda." Y mas adelante,
Marcos añade en el versículo 32: También los que estaban crucificados
con él le injuriaban.
Aquí tenemos el caso de dos hombres que habían sido arrestados por su
campaña de terror y de violencia y que eran revolucionarios profesionales.
Eran jóvenes que estaban furiosos, que vivían practicando la filosofía
"conseguir lo que uno quiera de cualquier forma que se pueda lograr, sin
importar quién salga perjudicado en el proceso. Estos dos consideraban a
Jesús como si hubiera sido la misma clase de hombre y pagaron sus
frustraciones con él, injuriándole porque no les podía ayudar más de lo
que ellos le podían ayudar a él.
Hace solo una semana estaba leyendo una entrevista que le han hecho a
Lynette Fromme, la muchacha que intentó dispararle al Presidente Ford en
Sacramento hace algunas semanas y que ha sido miembro de la familia
Escuela de Capacitación Transcultural CNBM 61

Manson. Le dijo a la persona que la estaba entrevistando que lo que la


atrajo de Charles Manson fue que cuando vino a hablarle, le dijo que su
filosofía consistía en "conseguir lo que uno quiere cuando lo desea porque
ese es un derecho inspirado por Dios. Esa es una filosofía que está
actualmente muy extendida y no hay duda alguna de que si Jesús volviese
a ser crucificado de nuevo aquí en Palo Alto, habría representantes de esta
filosofía alrededor, que se burlarían de él y le injuriarían como lo hicieron
los dos ladrones.
Marcos no nos dice lo que le sucedió a uno de estos dos hombres. Otros
escritores de los evangelios nos informan que el otro estaba contemplando
todo lo que sucedía y que se arrepintió del abuso que había cometido con
Jesús. Dijo: "nosotros a la verdad padecemos con razón, porque estamos
recibiendo lo que merecieron nuestros hechos, pero éste no hizo ningún
mal. Una de las cosas más hermosas acerca del relato de la crucifixión es
que antes de que Jesús emitiese su último aliento, este hombre, viendo
todo lo que había sucedido, se dio cuenta de repente, en un momento de
verdad, que Jesús era realmente un rey que estaba entrando en un
reino en el que tenía un gran poder y autoridad. Este hombre, que había
sido un ladrón, se colocó bajo la misericordia de Jesús y clamó con una
gran voz, cuyo eco se ha venido escuchando a lo largo de los siglos: "Jesús,
acuérdate de mi cuando vengas en tu reino.
En el versículo 29, Marcos que hubo algunos viandantes que se detuvieron
junto a la cruz mientras Jesús estaba colgado de ella: "Y los que pasaban
le insultaban, meneando sus cabezas y diciendo: --¡Ah! Tú que
derribas el templo y lo edificas en tres días, ¡sálvate a ti mismo y desciende
de la cruz!"
No eran más que espectadores, pero al ver a Jesús se acordaron de que él
había sido el que había hecho aquellas grandes declaraciones y le dijeron:
"oye, te han cogido ¿verdad? Has ido demasiado lejos. Te iba viendo
enseñando a las gentes, pero cuando empezaste a hacer esas
ridículas declaraciones, diciendo que podías derrumbar el templo y
reconstruirlo de nuevo has conseguido que hiciesen contigo lo que te
merecías. Fíjese que Marcos muestra la burla por medio de esta frase
"meneando sus cabezas y diciendo: --¡Ah! Te han cogido. Encima le
insultaron.
En nuestros días hay muchas personas que sienten de la misma manera;
aquí mismo, en Palo Alto, hay un grupo de personas que le dan una gran
importancia a las enseñanzas de Jesús. Hacen propaganda acerca de sí
mismos como personas que siguen a un gran maestro y dirigente
moral y están extendiendo la idea de que las enseñanzas de Jesús tienen
como fin bendecir al hombre, pero cuando estas personas leen en las
Escrituras las afirmaciones hechas por Jesús, en el sentido de que es
mucho mas que un hombre, cuando ven que afirmó ser sobrenatural o que
dijo "soy el Hijo de Dios o "soy el único camino al Padre no lo pueden
aceptar. No pueden realmente aceptar esa clase de afirmación y la
arrancan de sus Biblias. Marcos deja perfectamente claro que considerar a
Escuela de Capacitación Transcultural CNBM 62

Jesús de ese modo es algo totalmente equivocado y se queda corto en


cuanto a reconocer y aceptar lo que Dios quiere que vean en él.
En los versículos 31 y 32, Marcos describe también a los sacerdotes que se
encontraban junto a la cruz. "De igual manera, burlándose de él entre
ellos mismos, los principales sacerdotes junto con los escribas decían: --A
otros salvó; a sí mismo no se puede salvar. ¡Que el Cristo, el rey de Israel,
descienda ahora de la cruz para que veamos y creamos!"
Estos sumos sacerdotes se habían mostrado con anterioridad muy
asustados de Jesús, pero en esos momentos se mostraban arrogantes.
Antes se habían sentido amenazados por él, dándose
cuenta de que podía guiar y dirigir a las multitudes y bendecirlas de
maneras que los propios sacerdotes eran incapaces de hacer, por lo que
tenían celos de Jesús y estaban furiosos con él y consiguieron que fuese
condenado a muerte. Había llegado el momento de aquellos hombres y
estaban alrededor de la cruz, burlándose de él y mostrando su satisfacción
por la impotencia del Señor, arremetiendo contra él con estas palabras
"desciende ahora de la cruz, sálvate a ti mismo como salvaste a otros, pero
a ti mismo no te puedes salvar. Si tan solo desciendes de la cruz, veremos
y creeremos. En la actualidad hay muchos dirigentes religiosos que usan
el nombre del Cristianismo, pero dicen que pueden aceptar todo acerca del
cristianismo menos la cruz. Si tan solo Jesús abandonase la cruz, se
tragarían el resto. No les gusta la cruz por causa de la violencia y la
sangre. Si alguna vez escucha usted la predicación de un evangelio que no
tenga como tema central la cruz de Jesucristo, estará usted escuchando a
lo que Pablo llamó "otro evangelio, que es anatema a Dios. La cruz es el
corazón mismo de las buenas nuevas de Jesucristo.
Había otro individuo junto a la cruz interesado en todo lo que estaba
sucediendo. No se nos dice cómo se llamaba, solo que era uno de los
espectadores, pero aparece en escena cuando Jesús clama a Dios en los
versículos 35 y 36.
"Al oírle, algunos de los que estaban allí decían: --He aquí, llama a Elías.
Corrió uno y empapó una esponja en vinagre, la puso en una caña y le dio
a beber diciendo: --Dejad, veamos si viene Elías a bajarle."
A primera vista, da la impresión de que aquel hombre se había sentido
movido por la misericordia que sentía por Jesús. Corre a buscar el vinagre,
una anestesia que adormece el dolor causado por el sufrimiento, y empapa
una esponja con él, acercándoselo a los labios de Jesús. Parece como si
intentase aliviar su sufrimiento y ofrecerle un poco de alivio a su dolor,
pero si nos fijamos detenidamente en el relato de Marcos, nos damos
cuenta de que ese no fue ni mucho menos el motivo. Lo hizo para ver si
sucedía algo emocionante y no es la compasión lo que le motiva, sino la
curiosidad.
En ocasiones leemos en los periódicos acerca de algún hombre que se ha
arrastrado por una cornisa de un edificio, sobre una de las calles de la
ciudad, y está a punto de suicidarse. Abajo se reúne una multitud para
observarle. Tal vez se quede allí sentado, indeciso durante unos
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momentos, incluso durante horas, pero la multitud se queda allí parada


con la intención de ver cuándo saltará. Al demorar su decisión, la multitud
se muestra impaciente y hasta algunos le gritan: "salta, ¿qué te pasa? Eso
indica el deseo que sienten actualmente las personas de buscar
algo emocionante, intentando ver sus propias pasiones momentáneas
satisfechas al precio de una vida humana. El hombre que está junto a la
cruz está diciendo "demoremos esta muerte. Le dio a Jesús la esponja para
que no se muriese tan rápidamente. "Esperad dice, "veamos si viene
Elías a bajarle. Creo que de entre todos los que estaban reunidos alrededor
de la cruz de Cristo, no hay incidente más característico de nuestra propia
época que el de aquel hombre, que lo que busca es la emoción y su propio
placer.
En ese momento, Jesús muere. Clama con una gran voz y exhala su
último aliento. Marcos nos ofrece aún tres relatos mas acerca de las
personas que están reunidas alrededor de la cruz, pero
estas personas son de una naturaleza diferente. Después de la muerte de
Jesús, no se menciona para nada que hubiera personas que se siguiesen
burlando de él, que le vituperasen o que se metiesen con él. Las personas
a las que se describe a continuación son personas que le querían
y que le admiraban. La primera, se encuentra en el versículo 39 y es el
centurión que era responsable del equipo de la crucifixión.
"El centurión que estaba de pie delante de él, cuando vio que había muerto
de esta manera, dijo: --¡Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios!"
El centurión era un pagano, un hombre que seguramente creería en
muchos dioses, pero la cruz le hace sentir la sobriedad de la realidad que
estaba contemplando, dándose cuenta de que no se trataba de ninguna
broma después de todo, que se había cometido una espantosa
equivocación al crucificar a aquel hombre. Ve que Jesús es
verdaderamente un personaje real, el Hijo de Dios, y este centurión,
posiblemente acostumbrado a hacer acto de presencia ante la realeza, de
repente se da cuenta de la verdadera personalidad de Jesús. Fíjese que
habla en pasado, este hombre era Hijo de Dios. No hay esperanza alguna
aquí, no entiende que puede haber ayuda para él en el proceso. Creo que
esto es representativo de muchas personas en nuestros días.
Muchas personas entienden que Dios está obrando por medio de la muerte
de Jesús, entienden que se están poniendo en movimiento extrañas y
poderosas fuerzas en este acontecimiento totalmente extraordinario.
Entienden que era algo más que un hombre, pero no llegan más allá de
esto. Se sienten impresionados por la cruz y por la personalidad de Jesús,
pero nunca se convierte en algo personal y no llegan nunca al fondo del
valor que tiene esa muerte.
En el versículo 40, Marcos describe a una gran multitud de mujeres que
están reunidas alrededor de la cruz.
"También estaban allí algunas mujeres, mirando desde lejos. Entre ellas se
encontraban María Magdalena, María la madre de Jacobo el Menor y de
José y Salomé. Cuando Jesús estaba en Galilea, estas le seguían y le
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servían. También había muchas otras que habían subido con él a


Jerusalén."
¿No resulta extraño que se reuniese esa multitud de mujeres alrededor de
la cruz? ¿Dónde estaban los hombres? ¿Dónde estaban Jacobo, Juan y
Pedro, con toda su bravuconería en aquella hora? El Evangelio de Juan
nos dice que Juan estuvo allí, había estado allí con María,
la madre de Jesús, y estuvieron al pie de la cruz. Durante aquellas
primeras tres horas, Jesús había encontrado tiempo en medio de su
sufrimiento para entregar a su madre al cuidado de Juan, el discípulo,
pero es evidente que Juan se ha marchado ya. Se había llevado a María, y
todo lo que quedaba alrededor de la cruz era la multitud de mujeres. Las
mujeres habían sido las primeras en amar a Jesús y habían sido las
últimas en dejar de amarle. Eso nos dice algo precioso que creo que es
verdaderamente característico de las mujeres.
¿Son los hombres y las mujeres sencillamente seres humanos que se
parecen mucho en el fondo, pero que sencillamente vienen en dos modelos
diferentes? Esa es una importante pregunta en la actualidad y creo que la
escena alrededor de la cruz nos ofrece una respuesta parcial. Sí, existe
una diferencia. La rigurosa revelación de la luz diáfana de la cruz pone de
manifiesto
exactamente lo que está sucediendo en los corazones humanos. Revela que
las mujeres, que son las primeras en amar, que reaccionan fácilmente
desde el punto de vista emocional, también son capaces de conseguir que
su amor dure más. Este es un maravilloso tributo a la feminidad.
Aquellas mujeres no se reúnen alrededor de la cruz con esperanza, sino
que lo hacen con una total falta de esperanza. Es una escena de una
entrega totalmente carente de esperanza. Fueron las mujeres las que
permanecieron con Jesús y las que habían intentado atender a las
necesidades de su cuerpo ya muerto, trayendo las especias para ungirle.
Los hombres se habían marchado. Hay muchos hoy en día que creen en
Dios, creen en lo que dicen las Escrituras, creen que Dios está ahí y que
está obrando, hasta que llega el momento de la crisis en su propia vida
y entonces desaparece su esperanza. Realmente no tienen la menor
esperanza de que Dios pueda obrar en su momento de desesperación.
Mientras permanece su amor, se han desvanecido su esperanza y su fe. Su
fe sigue siendo fuerte mientras todo sale bien, pero cuando todo se viene
abajo, siguen amando, pero su fe ha desaparecido.
Marcos nos cuenta una escena final en los versículos 42 a 47: "Cuando ya
atardecía, siendo el día de la Preparación, es decir, la víspera del
sábado, llegó José de Arimatea, miembro ilustre del concilio, quien
también esperaba el reino de Dios, y entró osadamente a Pilato y le pidió el
cuerpo de Jesús. Pilato se sorprendió de que ya hubiese muerto. Y
llamando al centurión, le preguntó si ya había muerto. Una vez informado
por el centurión, concedió el cuerpo a José. Comprando
una sábana y bajándole de la cruz, José lo envolvió en la sábana y lo puso
en un sepulcro que había sido cavado en una peña. Luego hizo rodar una
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piedra a la entrada del sepulcro. María Magdalena y María la madre de


José miraban dónde le ponían."
Aquí tenemos a José de Arimatea, un discípulo secreto, un miembro rico
del Sanedrín de Jerusalén, que estaba buscando el reino de Dios. Se
sentía atraído por Jesús, pero le daba miedo hacerlo abiertamente. En
todo el relato que tenemos acerca del juicio de Jesús, no hay el
menor rastro de la existencia de José. No levanta su voz en el tribunal en
el que hizo acto de presencia Jesús ante el Sanedrín. Pero después de la
muerte del Señor, cuando el cuerpo colgaba muerto del madero, Marcos
dice que José se armó de valor y finalmente se puso en pie
para ser contado.
Muchos de nosotros somos así. Estamos dispuestos a seguir con nuestro
cristianismo hasta que nos mete en problemas o hasta que se convierte en
una amenaza. Entonces nos resistimos y nos escondemos durante mucho
tiempo, pero cuando ha pasado el peligro, nos ponemos en pie y
decimos: "sí, yo también estoy con él. Gracias a Dios por José, que por fin
encontró el valor necesario como para defender aquello en lo que creía.
Ahí tenemos los corazones de las personas alrededor de la cruz,
descubiertos de toda pretensión y encubrimiento. La cruz sirve siempre
para eliminar cualquier hipocresía y nos deja completamente desnudos
ante Dios. En medio de todo esto, Marcos hace una lista de estos
destacados acontecimientos. En primer lugar, la ciudad aclama a nuestro
Señor durante las tres últimas horas, cuando una misteriosa y extraña
oscuridad cubre toda la faz de la tierra. De esa oscuridad surgió lo que se
ha denominado "el grito de orfandad de Emmanuel: "¿Eloi, Eloi,
lama sabactani, Dios mío, Dios mío, por qué me has desamparado? En
segundo lugar, casi inmediatamente después de clamar Jesús a gran voz,
Jesús entrega su espíritu, no se muere, sino que entrega su espíritu. No
fue muerto, entregó su espíritu, siendo obediente hasta la muerte.
Finalmente, a una media milla de distancia del patio del templo, dentro del
recinto sagrado del lugar santo, el enorme velo, que separa el lugar
santísimo en el cual solo le estaba permitida la entrada una vez al año al
sumo sacerdote, ese gran velo se rasga de arriba abajo. Una mano
invisible lo ha partido y lo ha abierto de par en par, dejando al descubierto
el lugar santísimo a la vista de los sacerdotes.
Tal vez uno de los sacerdotes le contó a Marcos lo que pasó con el velo,
pero en lo que se refiere a una escena dramática en la historia no hay otra
igual. El grito que retumbó en la oscuridad de la cruz, el que Jesús
entregue su espíritu, y el que se rasgase el velo del templo, son cosas que
Marcos menciona en orden, a fin de que podamos entender lo que
significaron aquellos sucesos. Al escucharse el grito de Jesús "Dios mío,
Dios mío, ¿por qué me has desamparado? muchos entre la multitud
debieron de reconocer que eran las palabras con las que comenzaba el
salmo 22. Si quiere usted tener una idea más exacta de los antecedentes y
del ambiente léase el salmo entero. No hay explicación adecuada en cuanto
a la pregunta que hace Jesús, solamente decir lo que nos dicen
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exactamente las Escrituras, especialmente en 2ª de Corintios 5:21 donde


Pablo nos dice: "Al que no conoció pecado, por nosotros Dios le hizo
pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él. No creo
que sea posible que ninguno de nosotros podamos ni siquiera
remotamente empezar a comprender la agonía que hizo que se arrancase
de labios de Jesús aquel terrible grito. Si nos podemos imaginar a una
muchacha joven y preciosa, a una virgen inocente, que está siendo violada
por un hombre de horrible aspecto, violento y el horror que debe de sentir
la muchacha en ese momento, ni siquiera nos acercamos a lo que debió de
pasar por el alma de Jesús al hacerse pecado por nosotros. Usted dirá: "no
lo entiendo. Pues, somos muchos los que sentimos lo mismo. Yo no puedo
explicarle nada más acerca de estos acontecimientos.
Entonces se oye el grito cuando entrega el espíritu y se rasga el velo. ¿Por
qué se rasgó el velo en dos? Era la manera dramática de decir Dios que a
lo largo de todos los tiempos y para todas las gentes el corazón de Dios
está totalmente abierto. Dios no está planeando una venganza.
Todos aquellos que se reunieron alrededor de la cruz con odio y malicia en
contra de Jesús, a cada uno de ellos se les da la bienvenida para que
regresen. Eso es lo que significa el velo rasgado. El precio ha sido pagado a
favor de las personas llenas de odio, de crueldad, de ignorancia, de
egoísmo, de los que solo buscan insensatamente una emoción. El camino
ha quedado despejado y Dios está esperando restaurar a los que carecen
de esperanza, a los impotentes, a los temerosos.
Cuando yo no era más que un cristiano joven, de poco más de veinte años,
leí un mensaje de D.L. Moody que no he olvidado jamás. Era la descripción
imaginativa del gran evangelista sobre lo que sucedió después de que
Jesús se levantase de los muertos. Moody dice que reunió a sus discípulos
en Jerusalén y les dijo: "Hombres, quiero que vayáis y busquéis a los
sacerdotes que se burlaron de mi, que me dijeron en la cara "a otros salvo,
a sí mismo no puede salvarse., Explicadles que si yo me hubiera salvado a
mi mismo, ellos serían hombres condenados, pero decidles que ahora el
camino está abierto por completo. El libro de los Hechos dice que al
predicar Pedro y los otros discípulos en Jerusalén "inclusive un gran
número de sacerdotes obedecía a la fe.
Moody dice que Jesús les dijo a los discípulos: "id y buscad a los soldados
que echaron suertes sobre mis ropas, por mi túnica sin costuras y decidles
que les espera un mayor tesoro si vienen a mi. No tendrán una túnica sin
costuras, pero sí un corazón sin mancha y toda su culpa será
lavada, toda su insensible crueldad será perdonada si vienen. Hallad al
centurión que metió su espada en mi costado y decidle que hay una
manera mejor de acercarse a mi corazón si viene, como un pecador que
necesita recibir perdón.
En esta preciosa escena del velo que se rasga en el momento de la muerte
de Jesús, Dios nos está diciendo que el camino hacia él ha quedado
despejado, a pesar de las actitudes que con tanta frecuencia tenemos con
respecto a él. Como expresó Charles Wesley en su himno: ¡Todo ello es un
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misterio! ¡Muere el inmortal! ¿Quién podrá investigar sus extraños


designios? ¡En vano intenta el primer serafín nacido hallar las
profundidades del amor divino! ¡Todo es misericordia! Adore la tierra que
la mente de los ángeles cese de inquirir. ¡Qué amor tan maravilloso! Cómo
pudiste, tú, mi Dios morir por mi.
Oración: Padre nuestro, al haber contemplado esta maravillosa escena de
la cruz de Jesús, muchos de nosotros nos hemos encontrado allí. Nos
hemos reconocido a nosotros mismos en esas actitudes tan corrientes
alrededor de la cruz; nos hemos identificado con ellos. Te damos gracias
por la maravilla de tu gracia, por tu amor insondable, que llega a nosotros
cuando ninguna otra cosa puede hacerlo. Pedimos que cada una de las
personas que esta mañana se encuentra aquí llegue al punto en su vida en
que se apropie personalmente del valor de la muerte de Jesús en la cruz a
su favor. Te pedimos que hagan suyas esas maravillosas palabras, de
manera individual y personal, "hizo pecado al que no conoció pecado para
que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él. No conocemos mayor
misterio, ni mayor maravilla en el universo que ésta. Al contemplar este
acto supremo en toda la historia de la humanidad, pedimos en oración que
nunca más volvamos a ser iguales. Pero tú, Señor Jesús, reinarás
supremo como rey de nuestras vidas y nosotros estaremos dispuestos a
ponernos en pie y a ser contados. Lo pedimos en su nombre, amen.

Jesús contra el Imperio Romano

Rubén Dri / Teólogo

El anuncio de Jesús sobre la inminencia del Reino de Dios debía


necesariamente chocar con el reino establecido y dominante, el imperio
romano. Este enfrentamiento queda, en los evangelios, en las sombras.
Una primera lectura nos pone siempre en el enfrentamiento que Jesús
tiene con el templo, con los escribas, con los fariseos, con los sacerdotes y
los herodianos. Incluso, en las narraciones sobre la pasión y muerte de
Jesús da la impresión de que el imperio es exculpado pues Pilato intenta
inútilmente dejarlo libre.

Es, por otra parte, evidente que esta narración no puede responder a la
realidad histórica. No es concebible que un funcionario de la burocracia
imperial como Pilato —el que, por otras fuentes lo sabemos, además era
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cruel— se preocupe por la suerte de un campesino galileo que anda


agitando a los marginados de una oscura región. Leyendo a Marcos
creemos descubrir la línea antiimperial que, no dudamos, debe de haber
sido la de Jesús. Trataré de mostrarla en los pasajes más significativos.

Las buenas noticias vienen del campesino Jesús

Marcos comienza su narración de la siguiente manera: "Principio del


evangelio de Jesucristo". "Evangelio", como se sabe, del griego eu-angélion,
significa buena nueva, buena noticia, buen mensaje. Marcos no inventa el
término, sino que le da un significado específico y, precisamente,
antiimperial.<O:P</O:P

Efectivamente, evangelio era "término técnico para las novedades de


victoria", o sea, para el anuncio de las nuevas victorias de las tropas
imperiales romanas. "(La deificación del emperador) da a evangelion su
significación y poder, porque el emperador es más que un hombre común,
sus ordenanzas son mensajes de espada y sus órdenes son escritos
sagrados. Él proclama evangelia mediante su aparición... el primer
evangelium es la noticia de su nacimiento" (Diccionario Teológico del
Nuevo Testamento, 2:724).

De modo que el evangelio se encuentra en el centro de la política imperial.


Las buenas noticias eran tanto la noticia del nacimiento de un nuevo
emperador como de las victorias que las tropas imperiales habían obtenido
sobre el enemigo. Formaba parte de la ideología imperial.

Teniendo esto en cuenta, que un escritor en el año 71 de nuestra era se


atreva a denominar evangelio al mensaje transmitido por un campesino
marginado en su propia sociedad que era, a la vez, una oscura y pequeña
región dominada por el imperio era absolutamente subversivo. Las buenas
noticias sólo las podía dar el poder, el máximo poder que se encontraba en
Roma.

Además de subversiva esta proclamación era absurda. Bien lo expresaría


Natanael, según nos relata Juan: "¿De Nazaret puede salir algo bueno?".
Era una concepción muy expandida, perteneciente a la ideología del
dominador y devenida "sentido común de los dominados". Nada bueno
puede salir de los pobres, de los marginados, de las regiones marginadas.

Las buenas noticias no provienen de arriba sino de abajo, no del poder


imperial sino de los marginados por ese poder. Proviene de los márgenes
del imperio, de la pequeña Palestina, de los márgenes de palestina, de la
oscura Galilea, de los márgenes de Galilea, del desierto y de los campos.
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Jesús no puede entrar en las ciudades. Sólo entró en dos, en Cafarnaúm,


al principio, y en Jerusalén, al final, donde lo aprehenden y asesinan.
Desde abajo, desde el no-poder que, vamos a ver, genera un nuevo poder,
un poder de liberación como servicio, es desde donde se anuncia el
evangelio, la buena noticia. El primer y principal enemigo del Reino de
Dios denunciado por Marcos es el imperio romano.

El imperio es el enemigo principal

Después de narrar una serie de escenas en las cuales Jesús va mostrando


su mensaje liberador, al mismo tiempo que enfrenta a los enemigos
internos del evangelio, Marcos nos presenta al enemigo principal. Lo hace
en forma quiásmica:

A) "Y viene a casa: Y se aglomera otra vez la multitud, de suerte que no


podían ni siquiera comer pan. Al enterarse los de su casa salieron a
apoderarse de él, pues decían: "está loco" (fuera de sí).

B) "Los escribas, que habían bajado de Jerusalén, decían: ´Tiene a


Belezebul´ y también: ´Por el príncipe de los demonios echa afuera a los
demonios´".

C) "Llamándoles la atención con parábolas (Jesús) les decía: ´¿Cómo puede


Satanás echar fuera a Satanás? Si un reino está dividido contra sí mismo,
no puede subsistir. Si una casa está dividida contra sí misma, no puede
subsistir. Si Satanás se ha levantado contra sí mismo y está dividido, no
puede subsistir y llega a su fin. Pero nadie puede entrar en la casa del
fuerte y saquear sus bienes, si primero no ata al fuerte".

D) "En verdad les digo que todo se perdonará a los hijos de los hombres,
los pecados y las blasfemias, por más que blasfemen, pero cualquiera que
blasfeme contra el espíritu santo, no tiene perdón por los siglos, sino que
es reo de eterno pecado. Porque decían: ´Tiene espíritu impuro´".

E) "Vienen su madre y sus hermanos y, quedándose afuera, le mandaron a


llamar. El pueblo estaba sentado a su alrededor y le dicen: ´Allí están tu
madre y tus hermanos afuera y te buscan´. Respondiendo, les dice:
´¿Quién es mi madre y mis hermanos? Y mirando en torno a los que
estaban sentados en círculo, a su alrededor, dice: ´¡Aquí están mi madre y
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mis hermanos!. Pues cualquiera que haga la voluntad de Dios, éste es mi


hermano y mi hermana y mi madre" (Mc 3, 20-35).

Se sabe que el quiasmo dispone las partes del discurso de tal manera que
el mensaje central quede en el centro. El texto presenta una cierta síntesis
de los enemigos del Reino. De los menos peligrosos a los más peligrosos.
Primero los parientes, luego los escribas y finalmente, en el centro, el
fuerte –isjyrós-.

En la interpretación de este texto generalmente se ha pasado por alto, o se


ha minimizado, la enemistad de los parientes de Jesús, entre los cuales se
encuentra su madre. Es absolutamente comprensible que tanto María
como sus hermanos se preocuparan por el rumbo que tomaba la práctica
de Jesús, enfrentado ya con todos los poderes de la sociedad.

La enemistad de los escribas es conocida; si bien, como se sabe, en el


evangelio se refleja más el enfrentamiento entre los escribas y la
comunidad de Marcos que entre los escribas y Jesús, pero no se puede
negar que un mensaje como el de Jesús debía encontrar oposición en un
cuerpo de escribas que ostentaban el poder que daba el saber en una
sociedad analfabeta.

Pero hay dos temas que la interpretación generalizada no ha visto


correctamente. Me refiero a los temas del fuerte y los pecados y blasfemias
contra el espíritu que no tienen perdón por los siglos. Ambos están unidos.

Se trata de los enemigos del Reino. El enemigo principal, el más peligroso y


temido es, naturalmente, el que se encuentra en el centro del quiasmo, es
decir, el fuerte. ¿Quién es este fuerte? No puede ser sino aquél contra el
cual se anuncia el eu-angélion, es decir, el imperio romano. Éste es el
fuerte, el poderoso, el opresor cuya casa debe ser "saqueada". El verbo
utilizado diarpádsein significa precisamente saquear, devastar, robar,
desgarrar.

Se trata de entrar en su casa y saquearla. Pero ello es imposible si primero


no amarra al fuerte. La figura utilizada es la de un hombre fuerte,
poderoso en su casa. Es necesario amarrar al hombre fuerte y luego
saquear la casa. Es evidente que para amarrarla se requerirá toda una
estrategia. Es la que Jesús está elaborando, es lo que está proponiendo.

Pero resulta que esa tarea se encuentra obstaculizada, entre otros, por los
escribas que esgrimen argumentos teológicos. Citan a Beelzebul, con quien
Jesús habría hecho un trato. Demonizar de esta manera los anuncios del
Reino y las prácticas de liberación que a él conducen es una malicia
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imperdonable. Se utilizan argumentos religiosos, teológicos en contra de la


obra liberadora.

Es el pecado teológico, el de utilizar malignamente la teología para oprimir,


para esclavizar, para dominar, para desacreditar a quienes trabajan por el
Reino que no tiene perdón por los siglos. Es ese mismo pecado el que en el
Apocalipsis es presentado como la bestia que surge de la tierra.
Efectivamente son las religiones orientales y sus respectivas teologías que
apoyan al monstruo que surge del mar, es decir al imperio romano.

El verdadero demonio es el imperio

Después de esta escena Marcos presenta una colección de parábolas


mediante las cuales Jesús preparaba al pueblo y a sus discípulos para la
gran tarea de apresurar el Reino. En ellas se siguen apuntando al enemigo
y dando indicaciones sobre las acciones a llevar a cabo. Exhorta, por
medio de la parábola de "la semilla que crece por sí sola…." (Mc 4, 26-29) a
ejercitar la paciencia revolucionaria, y por medio de la del "grano de
mostaza" (Mc 4, 30-32), a la acción revolucionaria.

La travesía del lago (Mc 4, 35-41) por su parte llama la atención sobre los
vientos que se oponen al proyecto del Reino. La barca, símbolo, de la
comunidad de Jesús, el pueblo, de la comunidad de Marcos, corre serios
peligros. Son los vientos de los enemigos. Pero allí está Jesús para
calmarlos.

Con ello entramos en un nuevo terreno, en el que las legiones romanas


realizan sus tropelías. Jesús llega a enfrentarlas. Así presenta Marcos la
escena:

"Llegaron al otro lado del mar, a la región de los Gerasenos. Al salir él de la


barca, inmediatamente vino a su encuentro, de entre los sepulcros, un
hombre con un espíritu inmundo que tenía la habitación en los sepulcros;
nadie podía sujetarlo, ni siquiera con cadena: porque él muchas veces
había sido atado con grillos y cadenas, pero las cadenas y los grillos eran
destrozados por él, y nadie podía dominarlo.

Al ver a Jesús desde lejos, corrió y se postró ante él. Y habiendo gritado
con voz potente, dice: ´¿Qué a mí y a ti, Jesús, hijo del Dios altísimo?
¡Conjúrote por Dios, no me atormentes!´. (Jesús) , en efecto, le había
dicho: ´Sal, espíritu inmundo, de ese hombre´. Y le preguntaba: ´¿Qué
nombre tienes?´. Y le dice: ´Legión es mi nombre´, porque somos muchos!´.
Y le suplicaba mucho que no los enviara fuera de la región.
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Había allí, al pie del monte, paciendo, una piara grande de cerdos. Le
suplicaron diciendo: ´Envíanos a los cerdos, para que entremos en ellos.
Se lo permitió. Luego que salieron los espíritus inmundos, entraron en los
puercos, y se arrojó la piara hacia abajo por el despeñadero al mar, como
unos dos mil, y se ahogaron en el mar. Los que los apacentaban huyeron y
dieron aviso en la ciudad y en los campos. Entonces vinieron a ver qué era
lo sucedido.

Y vienen a Jesús, y miran al endemoniado sentado, vestido y en su sano


juicio, al mismo que la legión había tenido encadenado. Y tuvieron miedo.
Los que habían visto les contaron cómo le había sucedido al endemoniado
y lo de los cerdos. Y comenzaron a rogarle que se fuera de sus confines.

Él subió a la barca y el endemoniado le pidió que lo dejase estar con él.


Pero no se lo permitió, sino que le dijo: “Ve a tu casa, a los tuyos y
cuéntales cuantas cosas el Señor hizo contigo y cómo se compadeció de ti”.
Se fue y comenzó a publicar cuán grandes cosas hizo Jesús con él, y todos
se asombraban" (Mc 5, 1-20).

Está por demás claro que el tema sigue siendo el del fuerte que debe ser
amarrado o destruido. Efectivamente, al endemoniado en cuestión nadie
podía sujetarlo, ni siquiera con cadenas. Ya se había intentado hacerlo
repetidas veces, pero todo resultaba inútil. Rompía las ataduras,
cualesquiera ellas fueran. Es la fuerza y prepotencia del imperio que había
derrotado una y otra vez los intentos de liberarse de él.

La fuerza no pertenece al endemoniado sino al demonio, es decir, al


imperio. Es éste el que utilizando al mismo endemoniado rompe cuantos
intentos de liberación se producen. Son los mismos ejércitos, policías y, en
general, fuerzas de represión de los países dominados los que ejercen la
fuerza que les da el imperio o los grandes centros de poder.

Por otra parte, el endemoniado en cuanto persona tiene el comportamiento


desequilibrado, distorsionado, esquizofrénico, propio de los habitantes de
países dominados. El mejor comentario de este comportamiento es el
descrito por Franz Fanon en Los condenados de la tierra. El dominado
introyecta la dominación y se desequilibra completamente.

Cuando el demonio se siente conminado por la fuerza superior de Jesús a


decir su nombre, manifiesta su identidad sin vuelta de hoja: legión. Es la
legión romana, el ejército romano, instrumento de opresión del imperio.
Jesús, es decir, su mensaje, su proyecto, derrota al poder de la legión, la
cual busca refugio en los cerdos, en lo despreciable, y es precipitada en el
abismo de las aguas del mar.
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Después de tamaña batalla no es de extrañar el miedo de los gerasenos.


Pelear contra el poder de dominación y derrotarlo puede traer aparejada
una terrible represión. Los gerasenos le ruegan a Jesús que se vaya. Ellos
aceptan la dominación. La lucha por la liberación les produce miedo. El
que ha sido liberado deberá quedarse para revertir la situación.

El imperio asesinó a Jesús

Como puede verse, todas las referencias al enfrentamiento de Jesús con el


imperio, Marcos las hace mediante símbolos, nunca directamente.
Podríamos citar la última, es decir, la que se refiere al tributo debido al
César (Mc 12, 13-17). La interpretación tradicional que sostiene que Jesús
dice que hay que pagar el tributo al César y no mezclar esa acción
perteneciente al ámbito político y económico con el ámbito religioso,
porque es necesario dar a Dios lo que le corresponde.

En realidad Jesús afirma lo contrario: No hay que pagar el tributo. La


respuesta, nuevamente, se expresa a través de símbolos, el del denario
mediante el cual se pagaba el tributo y el del pueblo como viña
perteneciente a Dios. El denario que tiene la inscripción del emperador y la
inscripción Ti(berius) Divi Aug(usti) F(ilius) Augustus (Tiberio Augusto,
César, hijo del divino Augusto) debe ser devuelto al César, a su dueño. El
verbo utilizado apó-dídomi significa "devolver".

Aceptar el tributo era aceptar la divinidad del emperador romano. Jesús


dice que no se lo puede aceptar. Por otra parte, afirma que es necesario
dar el pueblo a Dios. El pueblo se presenta como la viña, de la que se
hablo en el pasaje anterior (Mc 12, 1-12). Devolverla a Dios significa
cuidarla, cultivarla, es decir, practicar la justicia.

Entonces ¿por qué ese intento de exculpar a Pilato? Es lo más probable


que se deba a la necesidad de resguardar a las comunidades que
comienzan a ser perseguidas. Mientras para los cristianos que saben
interpretar los símbolos queda claro el enfrentamiento de Jesús con el
imperio, para los enemigos esto queda oculto. Si Pilato no encontró a
Jesús peligroso, no hay motivo para que las comunidades sean
consideradas en ese sentido. Esto requiere un fundamentado desarrollo
que será motivo de otro artículo.

¿FUE JESÚS UN ESENIO?

Medio siglo después del hallazgo de los manuscritos de Qumrán, en el mar


Muerto, persisten las incógnitas sobre aquella exclusivista y primitiva
comunidad cristiana. ¿Fue Jesucristo uno de sus miembros? ¿Quiénes
escribieron aquellos textos 160 años antes de nacer el Mesías? Llegaba el
Escuela de Capacitación Transcultural CNBM 74

año 1946 a su final cuando tres pastores pertenecientes a la tribu beduina


T'amireh encontraron de forma casual un conjunto de manuscritos en una
cueva situada en Qumrán, un enclave cercano al mar Muerto. El hallazgo
de los manuscritos, muchos de los cuales fueron a manos de los beduinos
y del mejor postor, dejó de manifiesto la necesidad de realizar unas
excavaciones arqueológicas que permitieran acceder a otros posibles
documentos. Los beduinos se negaron a revelar el lugar por temor a perder
futuros botines y hubo que recurrir a la Legión árabe para localizar la
cueva. LA RAPIÑA La primera sorpresa que encontraron los arqueólogos
fue que los beduinos se les habían adelantado llevándose de la cueva el
material más interesante y dejando únicamente unos 600 fragmentos
pertenecientes a una setentena de manuscritos. Sin embargo se pudo
determinar que en Qumrán había vivido una comunidad a lo largo de tres
periodos de tiempo bien definidos. El primero se inició en alguna fecha
situada entre el 161 y el 143 a. de Cristo. En la época de Herodes el
Grande (37-4 a.C.), el enclave sufrió un terremoto o un incendio y se
produjo un abandono del lugar que no volvió a ser ocupado hasta el
reinado de Arquelao (4 a.C. 6 d.C.) permaneciendo en esa situación hasta
el 68 d.de C. en que las fuerzas romanas en guerra con los judíos lo
ocuparon. Se inició así un tercer periodo que duró hasta el año 73 d.C.
cuando Roma obtuvo la victoria tras la toma de la fortaleza de Masada.
Israel fue adquiriendo con grandes dificultades los manuscritos que
faltaban. Su publicación concluyó finalmente con el anuncio por parte de
la Oxford University Press de que la colección, de 39 volúmenes, aparecerá
este mismo mes bajo el título de Discoveries in the Judaean Desert, 52
años después de la publicación de los primeros textos. La combinación de
esta dilatada labor con los crecientes rumores sobre el verdadero
contenido de los manuscritos provocaría una avalancha de literatura
sensacionalista que pretendería encontrar en Qumrán no sólo indicios de
una vida oculta de Jesús, sino también de los antepasados de masones y
los rosacruces e incluso huellas de extraterrestres. Alguno de estos libros
ha producido pingües beneficios a sus autores y editores el que suscribe
estas líneas recibió hace años un ofrecimiento para escribir un fraude
literario semejante bajo seudónimo pero su base historiográfica es nula.
De los documentos se puede decir que algunos son simplemente
reproducciones de los textos bíblicos; otros son textos religiosos judíos que
han llegado hasta nosotros también a través de otras fuentes. Finalmente
y esto es lo más importante nos encontramos con un conjunto de obras
diversas que nos permiten adentrarnos en las costumbres y en la ideología
de la comunidad establecida en Qumrán desde su aparición. Es
precisamente entre estos documentos donde hallamos la figura enigmática
de un personaje, fundador del movimiento, al que se denomina con el
título de Maestro de Justicia. Al parecer, perteneció al grupo de judíos que
en torno al 165 a.C. se enfrentaron con el rey helénico Antíoco IV Epífanes,
que pretendió acabar con Israel y que llegó a profanar el templo de
Jerusalén. Fue derrotado pero durante el proceso de posguerra, algunos
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se sintieron desilusionados con la manera en la que se configuraba la


nueva sociedad judía. Entre ellos se encontraba el Maestro de Justicia que
logró reunir a algunos seguidores, posiblemente pertenecientes al
movimiento religioso de los esenios, y marchó a vivir a orillas del mar
Muerto en Qumrán, donde creó una comunidad exclusivista que esperaba
la irrupción de Dios en la Historia legitimando las interpretaciones del
Maestro de Justicia. Al parecer, el Maestro falleció tras una incursión
contra la comunidad protagonizada por un antiguo camarada que ahora
militaba en el bando oficialista. ¿Qué sucedió con sus seguidores?
Aunque alguno combatió en Masada contra los romanos, lo cierto es que la
Historia los engulló y sólo hallamos posibles huellas de ellos en la secta
judía medieval de los karaítas, que se oponía a las interpretaciones
oficiales del judaísmo contenidas en el Talmud. JESÚS Y QUMRAM
¿Pudo pertenecer Jesús de Nazaret a la comunidad de Qumrán o ser el
Maestro de Justicia? La segunda pregunta sólo admite una respuesta
negativa dado que el Maestro de Justicia vivió dos siglos antes de Jesús y,
sobre todo, era muy diferente a él. Pertenecía a la tribu de Leví (Jesús a la
de Judá), era sacerdote (Jesús, no), sentía una enorme carga de culpa
religiosa (Jesús se presentaba como impecable), se negaba a participar en
las ceremonias del templo de Jerusalén (Jesús las frecuentó) y seguía una
visión del judaísmo rigorista y exclusivista que choca frontalmente con la
que tenía Jesús. Descartada pues esa hipótesis persiste la cuestión de si
Jesús pudo ser un miembro del grupo de Qumrán. Las coincidencias entre
Jesús y el mundo de los manuscritos del mar Muerto no son escasas. En
ambos casos, nos hallamos con una cosmovisión nacida del judaísmo.
Asimismo, algunos de los adversarios de Jesús, como eran los saduceos
que dominaban el Templo o los fariseos, también aparecen en los
documentos del mar Muerto descritos bajo una luz negativa. De la misma
manera, tanto Jesús como los miembros de la comunidad de Qumrán eran
célibes. Además, en los dos casos encontramos referencias repetidas a la
imposibilidad del ser humano para salvarse por sus propios medios y a la
necesidad de confiar en la acción de Dios para llegar a alcanzar la vida
eterna. Pero también hallamos diferencias notables entre las enseñanzas
contenidas en los documentos del mar Muerto y las de Jesús. Los
sectarios de Qumrán ponían un enorme énfasis en el ritual religioso, que
incluía un sofisticado sistema que se prolongaba durante años, para
acabar formando parte de la comunidad o la práctica cotidiana de
abluciones purificadoras. Seguían con rigor especial los preceptos
relativos a los alimentos puros e impuros, contaban con un bien
estructurado sistema sacerdotal que pretendía equivaler al del templo de
Jerusalén y abogaban por una fidelidad estricta a la tradición religiosa que
se había originado en el Maestro de Justicia. De la misma manera,
excluían del seno de la comunidad a las mujeres y a cualquier persona que
pudiera padecer alguna enfermedad o tara física. Finalmente, creían en la
aparición de dos Mesías, uno que, siguiendo las profecías sobre el Siervo
sufriente formuladas en el libro del profeta Isaías, debía morir y en otro
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que tendría como misión triunfar sobre los enemigos de Dios. Todos y
cada uno de estos aspectos se ven criticados frontalmente en las
enseñanzas de Jesús. De hecho, fue un gran acierto argumental de Lewis
Wallace, el autor de Ben Hur, el convertir a la madre y a la hermana del
protagonista en dos leprosas curadas por Jesús fundiendo así dos de sus
comportamientos más habituales y poco comunes en el mundo antiguo.
Incluso su visión del mesianismo resultaba bien diferente a la de los
esenios de Qumrán. Además, la muerte del Maestro de Justicia no
significó el final de su movimiento, pero lo colocó en una dinámica que se
traduciría finalmente en su desaparición. En el caso del cristianismo
sucedió todo lo contrario. A pesar de todo, los documentos que los
seguidores del Maestro de Justicia nos dejaron constituyen un rico y
sustancial legado histórico. En ellos encontramos una interesante faceta
del judaísmo del segundo Templo (s. II a.C. s. I d.C.), descubrimos el afán
de un colectivo minoritario aferrado a unas enseñanzas y reticente ante la
idea de desaparecer y palpamos una cosmovisión que descansaba sobre la
convicción de que el mundo se asienta sobre bases no meramente
materiales sino también espirituales. Autor: César Vidal Manzanares
Fuente: Diario El Mundo