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El privilegio de ​La ciudad letrada​ en “Problema irresoluble” de Vicente Riva Palacio

Lengua y Literaturas Hispánicas


Literatura Mexicana 6 (siglo XIX)
Semestre 2019-2
Diana Abigail Estrada Hernández

[...] Como un pájaro que oye tocar un violín o una flauta, escuchó la lectura,

interrumpida a cada momento por las alegres carcajadas de la lectora [...]

La historia de América ha sido marcada por la opresión de unos sobre otros. El siglo XIX en

México está marcado por un pensamiento positivista de reordenamiento, educación y

progreso (por la creación incipiente del Estado Nación); también de formación de

identidades, de definiciones y clasificaciones de las mismas, el concepto de orden obliga a

que los individuos estén bien identificados los unos de los otros, que se tenga registro de sus

existencias y se sepan las características que los hacen distintos o similares y de esta manera

se esperaba conocer (ya que si se conoce se puede modificar o manipular) qué es lo que nos

constituye como ​mexicanos ​y la imágen que se mostraría al resto del mundo.

En la sociedad los individuos que se consideraron “los otros” fueron las clases

periféricas, poblaciones de campo normalmente constituidas por indígenas y unos pocos

negros, marginadas de la centralización de la economía y de los lugares de poder que fueron

conformados casi exclusivamente por criollos y mestizos.

Ahora bien, las desigualdades sociales se incrementan gracias a estas circunstancias, y

además de la ya bastante clara desigualdad económica, se gestan otras formas que terminan

por reforzar más las diferencias entre clases e individuos convirtiéndose en ventajas o

desventajas para el desarrollo pleno dentro de la sociedad (privilegio); como es el caso de la


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lectoescritura, a la que sólo tuvieron acceso las clases altas, haciendo cada vez más

inalcanzable la igualdad.

Ángel Rama en ​La ciudad letrada, ​se da a la tarea de explicar cómo es que la

lectoescritura se volvió un instrumento de poder sólo accesible a unos pocos (las clases altas

y privilegiadas) y cómo estas dos actividades fueron guardadas celosamente con el fin de

conservar el poder sobre los que no. Estos pocos se asumieron como mejor capacitados para

manejar la vida y los asuntos del resto que no contaba con las nuevas herramientas impuestas

ya como fundamentales para el manejo y desarrollo de la vida en sociedad.

Los privilegiados que sabían escribir y por consiguiente leer, fueron los encargados de

perpetuar las cosas importantes para el estado (escribiendo toda información), como el

control de la población, los matrimonios, la propiedad privada, los bienes, etcétera; dejando a

la oralidad como algo irrelevante, sin sustento ni validez, la práctica de escribir se convirtió

en una herramienta específica para ciertos ámbitos que poco a poco se inmiscuyó en la

oralidad, las formas lingüísticas más “cuidadas” y de protocolo empezaron a ser utilizadas no

sólo en la escritura sino en la vida oral cotidiana, lo que resultó como es evidente, en dos

formas de articular un mismo discurso: una canónica y de status (la que usaban los

privilegiados, más cercana a las formas escritas) y una vulgar (la de los grupos marginados

que existía sólo en la oralidad). Esta última vista como inferior, descuidada e improvisada

que reflejaba la posición social y económica.

En el texto de Vicente Riva Palacio, “Problema irresoluble” se nos plantea toda esta

problemática en forma muy sencilla: Juanita representa las existencias periféricas y

marginales sometidas por las clases altas, pertenecientes a la ​ciudad letrada,​ representadas

por Blanca. De Juanita dice la voz poética, es una doncella, viene de campo y no conoce las

novedades de la civilización, es tímida, no sabe mentir, además dice que es educable y


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mansa. Juanita como buena representante de la otredad, no sabe leer ni escribir por lo que

durante la narración ella no posee las herramientas necesarias para valerse por sí misma en el

contexto al que es ingresada, lo que implica un impedimento para su desarrollo pleno y una

dependencia forzosa a Blanca. Estas dificultades están representadas con la carta que recibe

de su prometido así como la forzosa necesidad de confiar en Blanca y en que las cosas que le

diga son reales, pues ella no es capaz de saberlo.

De Blanca, como representante de la ​ciudad letrada y por consiguiente de la esfera

privilegiada, dice la voz poética, se divierte con la ingenuidad de Juanita y con su capacidad

de poder burlarla echando mano de su ventaja civilizatoria y posicionándose así por encima

de ella, tanto económica, social y ahora culturalmente; Se revela entonces cómo la

lectoescritura se configura como una herramienta de poder, dominación y privilegio sobre las

existencias marginadas u otredades.

FFYL

Bibliografía:
MENEGAZZI, Alejandra, Raza, género y colonia en la novela de Vicente Riva
Palacio: una estrategia de exclusión, Universidad de Granada, Anales de la literatura
hispanoamericana, 2015, 44. pp. 13-28
RANGEL, Dolores, el proyecto de nación e identidad de Vicente Riva Palacio en
Martín Garatuza,Espéculo, revista de estudios literarios, Universidad complutense de Madrid,
2009
RAMA, Ángel,​ La ciudad letrada​, Arca, Montevideo, 1998
RIVA PALACIO, Vicente, ​Los cuentos del general​, “Problema irresoluble”,
Conaculta, México, 2014