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El derecho al aborto como parte de los Derechos Sexuales y

Reproductivos

El objetivo de este apartado es describir a los derechos sexuales y reproductivos como concepto
conformado a partir de diversos elementos y explicar su trascendencia para las mujeres como
fundamento para decidir de forma informada sobre su sexualidad y reproducción.

Los derechos sexuales y reproductivos hacen referencia al derecho humano reconocido de todas las
personas a decidir sobre su reproducción y sexualidad (Ávalos Capín, 2013, pág. 3); es decir, se
encuentran vinculados con el libre ejercicio de estos dos aspectos, independientemente de la edad,
condición social, raza o religión. De esta manera, los derechos sexuales y reproductivos posibilitan
alcanzar un estado óptimo de salud sexual y reproductiva.

Para su aplicación, al igual que para cualquier otro derecho, es necesario conocerlos, para luego
ejercerlos y finalmente, luchar por su cumplimiento o bien, para alcanzar su plena aplicación.

En lo inmediato, estos derechos parten de la premisa del reconocimiento de que cada persona es
responsable de su cuerpo (Sánchez Olvera, 2009, pág. 267), pero necesariamente implican nociones
genealógicas más profundas, libertad, integridad personal y corporal, así como autodeterminación
corporal.

Los derechos sexuales y reproductivos cumplen también una función dentro del sistema
democrático, donde uno de los conceptos más trascendentales es el de ciudadanía que, desde el
punto de vista de la modernidad, es definida como la capacidad de autodeterminación de los
agentes de desarrollo (Lamas, 2001, pág. 189), por lo que, en la medida de que su pleno ejercicio
esté garantizado por el Estado, se hablará también de la capacidad social de transitar hacia una
ciudadanía plena.

Lamas plantea que existen condiciones que son el punto básico para redefinir estos derechos desde
una perspectiva democrática, tales condiciones van desde la defensa de la libertad sexual, hasta el
acceso igualitario a los servicios de salud.

Diversos autores distinguen de forma clara a los derechos sexuales de los reproductivos, puesto
que, a pesar de que para su instrumentación necesariamente se debe incluir a ambos, en tanto se
encuentran vinculados, para un análisis más claro y puntual de lo que significan cada uno, es posible
y preciso diferenciarlos.

Derechos sexuales
La Organización Mundial de la Salud define a los derechos sexuales, desde la perspectiva de salud
sexual, como el derecho de toda persona a alcanzar el nivel más elevado posible de salud, en
relación con la sexualidad; sin embargo, el concepto no se limita a esta perspectiva, sino que
también se refieran a (Sánchez Olvera, 2009, pág. 268):

 El respeto absoluto a la integridad física del cuerpo humano


 El derecho a la información y a los servicios necesarios para su ejercicio, así como la garantía
de absoluta confidencialidad.
 El derecho a tomar decisiones sobre sexualidad libres de discriminación, coerción o
violencia.

Estos tres derechos se traducen en prácticas y decisiones particulares como el derecho y acceso a
educación sexual, la elección de pareja, ser o no sexualmente activos, relaciones sexuales
consensuadas, contraer matrimonio de mutuo acuerdo y en general, el derecho a vivir una vida
sexual satisfactoria, segura y placentera.

En el marco normativo internacional se ha buscado garantizarlos como parte de una sexualidad libre
de coacción, discriminación y violencia que, de acuerdo con (Ávalos Capín, 2013, pág. 6), es el
elemento más destacado de los derechos sexuales.

A pesar de que en México no se encuentran garantizados por la Constitución, sí lo están por diversos
instrumentos internacionales suscritos por nuestro país.

Como bien señala (Ávalos Capín, 2013, pág. 268), el reconocimiento de los derechos sexuales es
importante porque ayuda, particularmente a mujeres y niñas, para que no se vean sujetas a:

 Relaciones sexuales forzosas


 Embarazos no deseados
 Violencia fisca, sexual o psicológica en la comunidad o lugar de trabajo, incluyendo
hostigamiento sexual
 Servicios de anticoncepción coercitivos o de riesgo
 Violencia fisca, sexual o psicológica en el hogar, incluyendo la violación marital
 Discriminación y violencia basada en la orientación sexual
 Contagio de infecciones de transmisión sexual
 Violación sistemática como arma de guerra

Derechos reproductivos

En cuanto a los derechos reproductivos, al igual que los derechos sexuales, se encuentran
íntimamente ligados a la salud reproductiva, pero tampoco se limitan a esta noción, sino que son
parte de los derechos humanos ya reconocidos e incluyen (Sánchez Olvera, 2009, pág. 269):

 El derecho de todas las parejas e individuos a decidir de forma libre y responsable el número
y el espaciamiento de los hijos, así como disponer de la información y los medios necesarios
para lograrlo
 El derecho a tomar decisiones respecto a la reproducción, sin discriminación o violencia

Es decir, los derechos reproductivos incluyen necesariamente el derecho a disponer servicios de


planificación familiar que se traduce en información y acceso a métodos anticonceptivos.

Es preciso señalar que, para el ejercicio pleno de los derechos sexuales y reproductivos, es necesario
contar con las condiciones sociales, económicas y culturales, así como recursos que garanticen su
instrumentación, por lo que el Estado se convierte en el ente responsable de que estas condiciones
y recursos existan; de lo contrario, gran parte de la población en condiciones de vulnerabilidad,
como lo son las mujeres pobres, no podrán ejercer con plenitud estos derechos.

Con esto, es posible distinguir la distancia que existe entre poseer y ejercer un derecho, es decir, en
una misma sociedad sus habitantes pueden ser sujetos de derecho, sin que esto signifique que cada
uno de ellos tiene la posibilidad particular de ejercerlo, posibilidad que es circunstancial, en tanto
que depende del marco de opciones que se brinde a cada grupo que integra la sociedad.

Aborto y derechos reproductivos


A manera de recapitulación y tomando en cuenta los principios y categorías expuestos tanto el
derecho a una vida libre de violencia sexual como el acceso a la interrupción legal del embarazo,
son los aspectos principales de los derechos sexuales y reproductivos, respectivamente (Ávalos
Capín, 2013, pág. 6).
Por lo tanto, el objetivo de este apartado es exponer y establecer la relación que existe a partir del
marco teórico que nos brindan los derechos sexuales y reproductivos, con la posibilidad de decidir
interrumpir un embarazo en términos legales y seguros, puesto que implica un ejercicio de
autodeterminación e integridad corporal.

Para ello, se profundizará en el análisis de los derechos reproductivos, sus principios y naturaleza,
para luego definir qué es aborto y por qué constituye la parte central de los derechos reproductivos
de las mujeres.

De acuerdo con (Sánchez Olvera, 2009, pág. 270), los derechos reproductivos se constituyen a partir
de cuatro principios fundamentales: la igualdad, la diversidad, la autonomía personal y la integridad
corporal derechos sexuales y reproductivos; sin embargo, a pesar de que es clara la relación entre
los derechos sexuales y reproductivos con la autodeterminación corporal y sexual, a lo largo del
proceso para alcanzar su pleno reconocimiento, la definición de la titularidad ha sido un punto nodal
del conflicto, tanto en el ámbito jurídico como en el discursivo.

Dentro de los derechos reproductivos destacan tres principios fundamentales: el de integridad


corporal, el de autodeterminación personal.

El principio de integridad puede entenderse como el control sobre el propio cuerpo y, a partir de
que el cuerpo es una parte integral de la persona, cuya salud y bienestar son una parte importante
para su plena participación social, se afirma que la integridad corporal es un derecho individual,
pero también un derecho social (Sánchez Olvera, 2009, pág. 283).

El principio de autodeterminación personal implica que las mujeres sean tratadas como a actores
principales y como tomadoras de decisiones en materia de reproducción y sexualidad; es decir,
como sujetos y no como objetos receptores de políticas de planificación familiar y de población.

Para las mujeres, los derechos reproductivos son fundamentales, puesto que permiten controlar y
decidir sobre su fecundidad; sin embargo, históricamente la titularidad de estos derechos ha pasado
por la familia, la pareja y más recientemente, a partir de la construcción política y jurídica, a las
mujeres, en tanto que están directamente involucradas en el proceso reproductivo y de gestación.

Respecto a su instrumentación, muchas veces se traduce en la intervención política y los programas


de salud dirigidos hacia la planificación familiar; sin embargo, estas pueden convertirse en
intervenciones contrarias a su ejercicio bien, autoritarias en el espacio de reproducción, tal como es
el caso de la penalización del aborto.

Por su parte, la responsabilidad de los gobiernos, a partir de la inclusión del derecho a la decisión
reproductiva en el Plan de Acción Mundial en Población, 1974, se estableció que ningún gobierno
debe inhibir el proceso de toma de decisiones con respecto a la reproducción, además de ser
responsables de proveer los medios necesarios para el ejercicio de las decisiones (Sánchez Olvera,
2009, pág. 273).

El aporte feminista en los derechos sexuales y reproductivos


De acuerdo con (Lamas, 2001, pág. 177) la especificidad de la defensa de los derechos sexuales y
reproductivos depende en gran medida del contexto político, puesto que afecta directamente las
condiciones de defensa de los mismos, así como también define el lugar del debate y redimensiona
el campo de competencia del tema, que puede ser médico, jurídico o político.

La construcción de los derechos sexuales y reproductivos en el discurso feminista significa también


el desarrollo de un proceso que sacó del ámbito privado las vivencias de las mujeres para llevarlas
a un terreno de discusión y exigencia de derechos, de acuerdo con (Sánchez Olvera, 2009, pág. 277),
este proceso fue posible gracias al método de autoconciencia utilizado en la organización de las
mujeres que asocian la acción política a la práctica reflexiva dirigida hacia la compresión ontológica
del sujeto femenino.

Además, el principio de autonomía es uno de los valores más significativos de la propuesta


feminista, en tanto promueve una auténtica autodeterminación informada, por lo que deben ser
consideradas autónomas.

En el caso de México, desde hace aproximadamente tres décadas, el movimiento feminista trajo al
terreno público propuestas en torno a los derechos sexuales y reproductivos que, mediante su
discurso, discusión y reflexiones, lograron llegar a la sociedad y al ámbito político y jurídico, al grado
de lograr la despenalización hasta las doce semanas de gestación en al menos una entidad del país.

Igualmente, lograron trascender al plano internacional, en el que propiciaron su legitimidad


mediante Conferencias y Foros que marcaron un parteaguas en el paradigma sexual y reproductivo
de las mujeres y como parte de otra generación de derechos vinculados al ejercicio de la ciudadanía
de las mujeres.
En general, la creación de los derechos sexuales y reproductivos realizada por los feminismos, tiene
como objetivo (Sánchez Olvera, 2009, pág. 266) transformar aquellas condiciones que han
violentado la integridad corporal de las mujeres y que han violado el derecho a decidir sobre su
cuerpo y sexualidad.

El movimiento feminista puso y pone de manifiesto los riesgos de que prevalezcan los enfoques
cuyo propósito es controlar y decidir sobre el cuerpo de las mujeres, es decir, evidencia la ineficacia
de las practicas que violan sus derechos humanos.

Teóricamente, la posibilidad de interrumpir un embarazo es un eje temático que genera discusión,


reflexiones, posturas y que da contenido a la construcción de derechos sexuales y reproductivos.
Las mujeres en los feminismos constituyen una pieza clave en la reconceptualización de estos
derechos, sus movimientos constituyen la parte política de su construcción, a partir de los cuales
lograron colocar en el centro de la reflexión y de la lucha el cuerpo de las mujeres, es decir, dieron
voz a las propias mujeres para hablar y decidir sobre sus cuerpos.

En este sentido, las demandas feministas de los años setenta introdujeron una categoría que
incluiría al aborto seguro como un derecho: la maternidad voluntaria.

El concepto de maternidad voluntaria significó una mirada distinta de la maternidad, no ya como un


destino, sino como una opción que proviene del deseo y, como lo indica, de la voluntad de decidir
ser madre o no; es decir (Sánchez Olvera, 2009, pág. 294), se antepone la defensa a una vida digna
de la mujer y de sus hijos e hijas, a la defensa de lo que se considera vida intrauterina.

La maternidad voluntaria, como aporte feminista, incluyó cuatro elementos fundamentales:


educación sexual, acceso a anticonceptivos, aborto seguro y oposición a la esterilización forzada.
Las acciones feministas conformaron la lucha contra la despenalización del aborto como eje central
de las demandas del movimiento.

Entonces, el aborto forma parte de la maternidad voluntaria y si la maternidad es elegida, entonces


se cumple el derecho a decidir libremente en el número y espaciamiento de los hijos, es decir, se
ejercen los derechos reproductivos de las mujeres.

Las feministas introdujeron a la demanda de aborto seguro el elemento de justicia social que, como
parte de su dimensión social (Ávalos Capín, 2013, pág. 5), los derechos sexuales y reproductivos
buscan transformar los desequilibrios de poder a partir de dinámicas de género, raza, etnia,
discapacidad, entre otros, para crear un cambio sistémico que permita a todas las personas gozar
de los recursos sociales, políticos y económicos necesarios para tomar decisiones sobre su cuerpo,
su sexualidad y su familia.

Sin embargo, el objetivo, aún pendiente, del movimiento feminista sobre aborto, es desarrollar una
estrategia que permita anclar las “reivindicaciones feministas” en el contexto social y en la agenda
política. Una vía para lograrlo es mediante la vinculación con la agenda democrática,
particularmente con la construcción de ciudadanía, para que esos derechos se vuelvan parte de la
aspiración política ciudadana; otra vía es el fortalecimiento político de los derechos reproductivos
para introducir la interrupción del embarazo dentro del derecho a la salud de las mujeres.

Pese a lo que aún está pendiente de lograr, en el proceso de construcción se han elaborado
propuestas en torno a la salud reproductiva de las mujeres , derechos humanos, democracia de
género y desarrollo, que constituyen parte de la apropiación y ejercicio de los derechos humanos
como pilar en la construcción ciudadana de las mujeres (Sánchez Olvera, 2009, pág. 278).

Las contribuciones feministas en torno a la configuración de los derechos sexuales y reproductivos


van desde la seguridad, la libertad, la integridad física, las decisiones sobre sexualidad, la maternidad
y el rechazo a toda forma de coerción, por lo que su vinculación con políticas públicas y la fortaleza
de la sociedad civil tiene gran importancia estratégica.

Bibliografía
Ávalos Capín, J. (2013). Derechos Reproductivos y Sexuales. México, D. F.: Instituto de
Investigaciones Jurídicas, UNAM. Fundación Konrad Adenauer. SCJN.

Lamas, M. (2001). Movimiento feminista y discurso político: los derechos sexuales y reproductivos
en la construcción de ciudadanía moderna. En J. G. Figueroa, Encuentros y desencuentros
en la salud reproductiva. Política pública, marcos normativos y actores sociales (págs. 175-
194). México: Colmex.

Sánchez Olvera, A. R. (2009). Derechos sexuales y reproductivos en México: feminismo y


construcción de ciudadanía para las mujeres. México, D. F.: UNAM. Facultad de Estudios
Superiores Acatlán.