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El instante, Newman.

Comentario
Renata Casanova

El ángel

En la comparación entre las obras de duchamp y las de newman, hablando sobre la


narratividad de las obras, en duchamp una instalación como Étant donnés permite la
observación, la interpretación del discurso, de los elementos, de los símbolos, de la
materialidad variada que aparece, de la escenificación de una “historia”, en cambio en
Newman todo lo que hay es lo que vés, como dice el autor: “¿qué decir que no esté dado?”,
el foco en este caso está en el sentir, en el efecto que hace en el espectador o “lo sublime”.
Duchamp retrata un paso del tiempo, Newman en cambio deja que el cuadro se presente,
sea.

La obligación

Duchamp se plantea como el destinador de un mensaje, que envía al público, pero que el
público no quiere realmente ver, por lo que debe hacerse de “mil artimañas y paradojas”
para que el público cumpla su función de destinatario, esto hace que el destinatario tenga
que interpretar el mensaje, “adivina”.
Comparándolo con Newman, dice que en este caso el artista no es quien emite el mensaje,
el cuadro en este caso es el mensaje y el mensajero, el mensaje se forma en la unión de
cuadro y espectador, en el aquí y ahora. La obligación en la obra de Newman está en el
“mírame” la obligación de ver, pero realmente de sentir la pieza, que el autor termina
definiendo como un “escuchame” vinculado al tiempo y no al espacio, pero que también
podemos relacionar a un sentir, como en las obras de Klein y Pollock, es necesario vivir la
obra.

El “tema”

Las obras de Newman no son figurativas, no son relatos, ni alegorías, según Lyotard
“simbolizan acontecimientos” sugerido por los títulos, pero el hecho de que el título guíe el
simbolismo, ofrezca un camino de interpretación, da al espectador una idea de lo que el
artista buscaba (o encontraba) en la obra. Sin embargo, sin la pista que provee el nombre,
la obra no deja de portar información, no deja de representar en sí misma el acontecimiento,
ya que, como antes expresamos, el cuadro es el mensaje además del mensajero. “El
cuadro presenta la presencia, el ser se ofrece aquí y ahora”, con esta frase el autor define la
esencia de la obra de Newman, pero ¿no es acaso aplicable de igual modo al resto del
expresionismo abstracto? La diferencia recae justamente en el “tema”, pero no siendo éste
un tema narrativo o figurativo interpretable (aunque podría muy bien estar vinculado a las
interpretaciones que el autor presenta de parte de Thomas B. Hess), recae en esa conexión
que se genera, no porque el espectador “entienda” el cuadro, si no porque lo “siente” y más
allá de que no sea el artista el mensajero, de él depende ese sentir, ofreciendo los
diferentes artistas de este movimiento diferentes acontecimientos.
Lo sublime

El acontecimiento que presenta la obra de Newman y otros artistas del expresionismo


abstracto se explica claramente en este segmento del texto. La frase levantada de Crítica
del Juicio de Kant explica que las Ideas puras no pueden ser presentadas en el espacio y
tiempo, únicamente pueden ser evocadas mediante una “presentación negativa” que el
autor interpreta como una anunciación del abstraccionismo. La temática, por lo tanto, de
éstas obras no es otra que la evocación de ideas demasiado puras, demasiado grandes,
demasiado abstractas para ser representadas figurativamente.
Newman toma los temas que son importantes para él y busca evocar esos sentimientos de
inicio, de ruptura, momento crucial del ser, de la presencia, del acontecimiento, de la
epifanía.

La pasión

Respecto a esta última parte del texto, es aquí donde todo debe aclararse, y es con la
respuesta a la “pregunta original”: ¿Por qué me has abandonado?. El problema es que esta
no es una pregunta que pueda ser contestada, sólo se puede hallar la respuesta siendo.
Newman titula dos de los cuadros de su último tiempo Be I y Be II, este sé imperativo es lo
que marca toda su obra. El ser, más allá de tiempo y lugar, lo es todo, el origen, el momento
presente, la vida.