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IVE – Ejercicios Espirituales 1

Segunda Semana

NACIMIENTO
[110-117, 264]
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Ven Espíritu Santo llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu Amor.
Envía Señor tu Espíritu y serán creadas las cosas y renovarás la faz de la tierra.

¡Oh Dios! que habéis adoctrinado los corazones de tus fieles con las luces del Espíritu Santo,
danos a gustar de todo lo recto y bueno según ése mismo Espíritu y gozar para siempre de sus
celestiales consuelos. Por Cristo Nuestro Señor. Amén.

Ave María.

San Ignacio de Loyola, ruega por nosotros.

El Nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo lo trae San Ignacio del número [110] al [117]. De
todos modos a lo que hace al relato vamos a seguir la Biblia y a lo que él quiere que hagamos en el
ejercicio. Es muy parecido a lo que hablaba en la encarnación. Es decir, estar ahí, mirar lo que hacen e
ir meditando, reflexionando y escuchando lo que dicen. Y justamente es en esta en donde nos dice
que tenemos que ser como unos “esclavitos indignos”.
Oración preparatoria, la de siempre.
El primer preámbulo es la historia: Lc. 2,1-20.
El segundo preámbulo es la composición de lugar: ver con la imaginación el camino desde
Nazaret a Belén considerando el largo, el ancho, si es llano o si va por valles o cuestas; ver también el
lugar del nacimiento, la gruta con sus animales (el ancho, el largo, el alto), el pesebre... [114].
Insiste en que uno se imagine, cuan pequeño, cuán grande, cuán bajo, cuán alto y cómo
estaba aparejado. Junto con lo que dice en el número 114, ver las personas a saber a la Virgen, a
Jesús, etc.: "haciéndome yo un pobrecito y esclavito indigno, mirándolos, contemplándolos y
sirviéndolos en sus necesidades, como si presente me hallare; con todo acatamiento y reverencia
posible y después reflexionar en mí mismo, para sacar algún provecho.” Mientras más viva nos
podamos hacer la imagen, más fácil va a ser estar ahí como esclavitos indignos, sirviendo a la virgen y
a Jesús. Recordemos que los misterios de Cristo son salvíficos, por eso, estar en contacto de esta
manera es de gran provecho para nosotros.
Para ubicarnos geográficamente: Galilea está al norte, y Judea al sur, distan unos 150 Km,
unos 4 o 5 días de camino, con el agravante o dificultad de que María estaba de 9 meses. El pesebre
está en una cueva bien profunda.

• El tercer preámbulo es la petición: “pedir conocimiento interno del Señor, que por mí
se ha hecho hombre para que más le ame y le siga”. La contemplación de este misterio tiene que
llenarnos no sólo de gozo sino de determinación de seguir a Cristo que nace por mí.

♦ Primer Punto: El camino de Belén

Ver la casa de Nazaret. José recibe la orden de César Augusto de empadronarse en el pueblo

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de su familia, y éste era Belén, pues él era de la familia de David, oriundo de allí. La Virgen, dice
Carvajal, no estaba obligada a acompañarlos, sin embargo, a pesar de estar a punto de dar a luz lo
acompañó.
El edicto del César era una molestia para todos, sobre todo para la Sagrada Familia, estando
por dar a luz María Santísima. Sin embargo, ya se muestra, cómo Dios va acomodando la historia
según sus planes.
En Roma, junto al Tiber hay un templo que se llama el “Ara Pacis Augustana”. Es un
monumento a la paz que hizo erigir Cesar Augusto para conmemorar que después de tanto tiempo
Roma tenía paz en todas sus fronteras. Era la plenitud de los tiempos, era en el momento que iba a
nacer el Rey de la paz. “Será llamado Rey de Paz”, había dicho Isaías: “Porque una criatura nos ha
nacido, un hijo se nos ha dado. Estará el señorío sobre su hombro, y se llamará su nombre «Maravilla
de Consejero», «Dios Fuerte», «Siempre Padre», «Príncipe de Paz». Grande es su señorío y la paz no
tendrá fin sobre el trono de David y sobre su reino, para restaurarlo y consolidarlo por la equidad y la
justicia” (Is. 9,5-6). La carta a los Hebreos, muestra como figura de Cristo a Melquisedec que era Rey
de Salem, es decir, “Rey de Paz” (Hb. 6,20). Por eso los ángeles cantan, “paz a la los hombres de
buena voluntad”.
El Papa Juan Pablo II en la bula Encarnationis Mysterium, decía que sin dejar de lado, que era
la plenitud de los tiempos debido a la paz reinante en el mundo, principalmente era la plenitud
porque nació el Salvador. Él es el motivo de que sea la plenitud de los tiempos.
La Virgen conocía las escrituras, conocía también que misteriosamente había sido elegida
Belén, para que nazca allí el Redentor. Dice la profecía de Miqueas: “Mas tú, Belén Efratá, aunque
eres la menor entre las familias de Judá, de ti me ha de salir aquel que ha de dominar en Israel, y
cuyos orígenes son de antigüedad, desde los días de antaño” (Mi 5,1).
Monseñor Fulton Sheen dice que solo dos clases de personas encontraron al niño: los
pastores y los magos. Como sabemos, los escribas y fariseos conocían donde nacería el Mesías, pues
Herodes les consulta y ellos responden que en Belén; cabe, pues, preguntarse por qué no van ellos
también a Belén. “Solo dos clases de personas encontraron al Niño: los pastores y los magos; los
sencillos y los doctos; aquellos que sabían que no sabían nada, y aquellos que sabían que no lo sabían
todo −los que con sabiduría eran humildes o los que eran humildes sin sabiduría− Solo los humildes
pueden encontrar a Dios”.

♦ Segundo Punto: Belén

“Sucedió que hallándose allí, le llegó la hora del parto, y parió a su hijo primogénito y
envolvióle en pañales, y recostóle en un pesebre porque no hubo lugar para ellos en la posada”; Cristo
es perseguido desde el momento de su nacimiento.
Dice Monseñor Fulton Sheen: “Cuando el libro de la Historia esté completo hasta la última
palabra en lo temporal, la línea más triste de todas será la siguiente: «no había sitio para ellos»”. Dios
hecho hombre busca un lugar donde nacer y no se le da lugar, “Vino a los suyos y los suyos no lo
recibieron” dice San Juan.
Acá uno tiene que hacer el esfuerzo de quitarle a los pesebres que conocemos, toda la
hermosura que tienen, porque se arman lindos, la Navidad es un momento lindo, pero acá hay que
imaginarse el pesebre tal cual fue, que si bien había toda una belleza, ésta no era sensible. Había
animales, olor a animales, estaban incómodos y si hacía frio, tenían frio. Todas las inclemencias que
puede tener un lugar así. No es tan difícil imaginárselo. Si nos dirían que una mujer tuvo un hijo en un
lugar así o en la calle ¿qué pensaríamos? ¡Pobre Mujer!, tirada por ahí. ¿Y la Virgen? lo tuvo en donde
vivían los animales. Por eso hay que tratar de entender eso con toda la crudeza que tiene, para

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aprovechar más, para entender más las virtudes de la Virgen y de la vida que eligió Nuestro Señor.

Dice Fulton Sheen: “En el sitio más repugnante del mundo, en un establo, había nacido la
Pureza, Aquel que más tarde había de ser sacrificado por hombres que actuaban como bestias, nació
entre bestias. Aquel que habría de denominarse a sí mismo «el pan de la vida que descendió del cielo»,
fue colocado en un pesebre, que es precisamente el lugar en que comen las reses. Siglos antes, los
judíos habían adorado el becerro de oro, y los griegos el asno. Los hombres se inclinaban, ante estos
animales como ante Dios. El buey y el asno se hallaban ahora presentes para realizar su inocente
reparación inclinándose delante de su Dios.

No había sitio en la posada, pero lo hubo en el establo. La posada es el lugar de concurrencia


de la opinión pública, el centro de las maneras mundanas, el sitio donde se cita la gente del mundo,
los que tienen popularidad y gozan del éxito. Pero el establo es el lugar de los proscritos, de los
oscuros, de los olvidados. El mundo no podía haber esperado que el Hijo de Dios naciera −si es que en
realidad había de nacer− en una posada. Un establo era el último lugar del mundo en que podía ser
esperado.

[…] Y ésta es precisamente la razón por la que muchos no quieren creer en Él. La Divinidad se
halla siempre donde menos se espera encontrarla.”

Esto también podemos ir aplicándolo a nuestra vida, a nuestros criterios, y tener esa apertura
de encontrar a Dios.

Escuchemos las conversaciones de María y José. Las preocupaciones del gran patriarca; sus
angustias al ver que no puede conseguir nada para su esposa que va a dar a luz al Hijo de Dios. Sus
dolores: él fue designado por Dios como custodio de la Virgen, y no puede conseguirle un lugar para
el parto ¿Habrá fallado en su misión? La Virgen lo alienta para que vayan a ese establo. Dios no les ha
revelado nada, pero Ella intuye que el Niño ha preparado todo para nacer de ese modo, para empezar
a dar ejemplo, para empezar a atraer a las almas generosas que no tienen miedo ni asco a asumir la
pobreza y la miseria voluntarias.
El hecho de nacer en un establo, habla mucho de la Cruz de Cristo. “Puesto que nació –dice
Monseñor Fulton Sheen− en una caverna, todos los que desean verle tienen que agacharse.
Agacharse es señal de humildad. Los orgullosos se niegan a hacerlo, y por ello pierden de vista la
Divinidad. Sin embargo, aquellos que doblan el espinazo a su ego, que renuncian a su propio yo, y
entran en la cueva, advierten que en realidad no se trata en modo alguno de ninguna cueva, sino que
se hallan en un nuevo universo en el cual un Niño está sentado en el regazo de su madre y sostiene el
universo en la mano.
Por tanto vemos que el pesebre y la cruz se hallan en los dos extremos de la vida del Salvador.
Aceptó el pesebre porque no había sitio en la posada; aceptó la cruz porque la gente decía: «no
queremos por rey a ese hombre». Expropiado de su derecho al entrar, rechazado cuando se iba, fue
colocado al principio en establo ajeno y fue puesto, al fin, en una tumba ajena. Un buey y un asno
rodeaban su cuna en Belén; dos ladrones estaban a su lado en el Calvario. Fue envuelto en pañales en
su lugar de nacimiento, fue envuelto de nuevo en mortajas, en los pañales de la muerte, en su tumba,
y esos lienzos simbolizan en uno y otro caso las limitaciones impuestas a su divinidad cuando asumió
la forma humana.
[…] Y estos son los pañales que constituyen su «señal». Si Él que es la omnipotencia misma
hubiera venido en medio de rayos y truenos, no habría habido señal alguna. No hay señal a menos que
ocurra algo contrario a la naturaleza. El resplandor del sol no es ninguna señal, pero un eclipse sí lo es.
Él dijo que en el último día su venida sería anunciada por «señales en el sol», quizás una extinción de
la luz. En Belén, el Divino Hijo se eclipsó, de suerte que sólo los humildes en espíritu pudieran

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encontrarle.”
Debemos ver la humildad de Cristo, los sacrificios de la Sagrada Familia, y entender que si no
estamos dispuestos a humillarnos como Él lo hizo, o a sufrir lo que El sufrió, no podremos conocerlo,
ni amarlo, ni unirnos con Él.
Otra cosa que debemos contemplar en este misterio, y sacar como fruto de la meditación de
estar ahí presentes, es la alegría de los corazones de San José y de la Virgen.
A pesar de que el panorama, sensiblemente, no era para nada hermoso, la alegría de ellos
está en Jesucristo. Quien tiene a Dios no le falta nada. Es la alegría de la Virgen María, “causa de
nuestra alegría”; “Alégrate María” (Lc 1, 28); “Exulta de júbilo mi espíritu en Dios mi salvador” (Lc 1,
47); “Y por eso todas las generaciones la llamarán bienaventurada” (Lc 1, 48). Alegrarnos, entonces,
aprender en esta contemplación, a pesar de lo que circunda, a pesar de la situación concreta, del
lugar donde se está, aprender a alegrarnos con la Virgen que está alegre y con San José que está
alegre y con los pastores que están alegres. Para poder alegrarnos en nuestra vida, cuando
sensiblemente las situaciones no sean hermosas, ¿cuántas veces pasa?
Debemos comprender que a pesar de que la situación puede ser muy adversa, muy difícil,
moralmente tenemos que estar intachables. No hay situación difícil que nos autorice a faltar a la Ley
de Dios; por más duro que sea, por más débiles que seamos, Dios sigue siendo Dios, Él nos da la
fuerza. Muchas veces sucede que cuando todo está bien, vamos hacia a delante, pero cuando la
situación se complica un poco, comenzamos a ser esquivos a la cruz, dejamos de hacer todo lo que
está de nuestra parte.
La Virgen, aun estando en aquel lugar que no era digno de Ella sigue con su pureza y santidad,
nace el Hijo de Dios y ella no pierde la virginidad. Dice Santo Tomas siguiendo a San Agustín: “así
como la luz atraviesa el cristal sin romperlo, así salió Jesucristo del vientre de María, dejándola
intacta”
También podemos admirar la confianza de José y María en la Providencia. Dice San Alberto
Hurtado: “nuestra vida está escrita en el corazón de Dios, abandonémonos, que no fallará. En todos
los santos vemos una fe dulcísima y una fortaleza inquebrantable entre contradicciones. Una de las
faltas más graves es dudar contra la Providencia Divina”.
Imagínenselo a Dios viéndonos a nosotros totalmente entregados a Él, a su servicio, ¿Cómo
podría Dios dejar de ayudarnos viendo una entrega total de nuestra parte? Y qué triste de nuestra
parte no confiar en Su ayuda, que en poco lo tenemos a Dios si desconfiamos de que este siempre a
nuestro lado.
“Dios a veces obra en forma extraordinaria −dice el P. Hurtado−como en el caso de Herodes,
pero la verdadera ley de la Providencia consiste en que Dios deja obrar las leyes naturales y las cosas
humanas como si no se preocupase de sus escogidos”.
Ver, entonces, la providencia en las cosas en las cuales no está Dios, pero está la providencia
porque a Dios nada se le escapa.
“A pesar de todo llega al fin que se propone, segura y suavísimamente por medios que los
hombres no podrían emplear. Nuestra seguridad está en que Dios conoce todo y lo dirige con amor de
padre. Tiene contados los cabellos de nuestras cabezas, viste los lirios del campo, no cae un pajarito
sin permiso providencial. ¿Qué no hará por nosotros a quienes nos dio a Su Hijo? Belén; pudo
realizarse esta entrada prevista en las profecías de otros modos. Dios escogió este modo doloroso. Las
criaturas se alzarán en contra mía despóticamente, como dueñas de mi vida, pero si tengo sentido
sobrenatural no harán sino trabajar por mi santidad y por realizar los planes de Dios.”
El palacio real fue la cueva de pastores. Rechazo en el hotel por su pobreza. San José alza sus
ojos al cielo lleno de dolor por aquella virgen y por su hijo a punto de nacer. La Virgen enrojecida pero

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en paz profunda. “Hoy sabréis que viene Dios; toda tribulación es la vigilia de la venida de Dios”, dice
San Clemente Hoffbawer.
Esto puede iluminar muchos sucesos de nuestra vida.
El P. Hurtado tiene una oración a la Virgen que nos puede servir de coloquio, porque se la
hace a la Virgen en el pesebre con el niño en sus brazos:

"... ¡Madre mía querida y muy querida!


Ahora que ves en tus brazos
A ese bello y tierno niño
No te olvides de este esclavito indigno,
Aunque sea por compasión mírame,
Ya sé que te cuesta apartar los ojos de Jesús
para ponerlos en mis miserias,
Pero Madre si tú no me miras,
¿cómo se disiparán mis penas?
Si tú no te vuelves hacia mi rincón
¿quién se acordará de mí?
Si tú no me miras,
Jesús que tiene sus ojitos clavados en los tuyos,
No me mirará:
Si tú me miras Él seguirá tu mirada y me verá
Y entonces con que le digas
¡pobrecito! Necesita nuestra ayuda:
y Jesús me atraerá a sí y me bendecirá
y lo amaré y me dará fuerza y alegría
y confianza y desprendimiento
y me llenará de su amor y de tu amor
y trabajaré mucho por Él y por Ti
y haré que todos te amen
y amándote se salvarán..."
Madre, y solo con que me mires.
Amén.
Padre Alberto Hurtado S.J.

Puede servir también, siguiendo la Sagrada Escritura, contemplar a los pastores o la


aparición de los ángeles: “Paz a los hombres de buena voluntad”, es decir, aquellos que quieren hacer
las cosas bien, que equivale abrir el corazón a Cristo y recibir su redención.

Monseñor Fulton Sheen nos da un ejemplo que nos puede servir: “Supongamos que en
una orquesta un músico produce libremente una nota desafinada. El director es competente. La
música está correctamente anotada y es fácil de ejecutar, pero el músico con su libre albedrío
introduce una disonancia que inmediatamente pasa al espacio. El director puede hacer una de estas
dos cosas: ordenar que se comience de nuevo la pieza, o pasar por alto la disonancia. En realidad poco
importa lo que haga, puesto que la nota falsa sigue viajando por el espacio a muchos metros por
segundo, y en tanto continúe, habrá una disonancia en el universo. ¿Existe algún medio para
restablecer en el mundo la armonía? Solo puede hacerlo alguien que venga de la eternidad y detenga
la nota en su rápida carrera. ¿Pero será todavía una nota falsa? La falta de armonía solo puede
destruirse de una manera: si aquella nota se convierte en la primera nota de una nueva melodía;
entonces se hará armoniosa”.

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Esto fue precisamente lo que ocurrió con el nacimiento de Jesucristo. Se había producido
una nota falsa de disonancia moral introducida por el primer hombre, que infectó a la humanidad
entera. Dios podía haberla pasado por alto, pero ello habría representado para Él una violación de la
justicia, cosa que es naturalmente inconcebible. Lo que hizo, por tanto, fue pedir a una mujer, la cual
representaba la humanidad, que le diera libremente una naturaleza humana con la cual Él iniciaría
una nueva humanidad. Así como había una vieja humanidad en Adán, habría una nueva humanidad
en Cristo, el cual era Dios hecho hombre, merced a la libre actuación de una madre humana. Cuando
el ángel se apareció a María, Dios estaba anunciando este amor por la nueva humanidad; era el
comienzo de una nueva tierra y María llegó a ser un paraíso ceñido de carne para ser labrado por el
Nuevo Adán. Así como en el primer jardín Eva trajo la destrucción, en el jardín de su vientre María
traería la Redención. Esto fue precisamente lo que ocurrió con el nacimiento de Jesucristo”.

Hermosa comparación que nos puede ayudar a entender la gran Sabiduría de Dios. De
escribir derecho en renglones torcidos, de vencer en aquello que el hombre había sido vencido, de
salvarnos por aquello que nosotros menos esperamos ser salvados, por la humildad, por la pobreza,
por la cruz.

Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo

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