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LA USURARIA DEUDA EXTERNA ANTE

EL DERECHO INTERNACIONAL PÚBLICO

-La “Doctrina Espeche” - Su vigencia y actualidad

XXII Congreso Argentino de Derecho Internacional Salta,


Argentina, 21 al 23 de octubre de 2010

LA USURARIA DEUDA EXTERNA ANTE EL DERECHO


INTERNACIONAL PÚBLICO
Miguel Ángel Espeche Gil*
El imaginario colectivo visualiza las multifacéticas prácticas usurarias en los ámbitos de la moral, de
las relaciones interpersonales, del derecho privado y del penal. Lamentablemente, en las últimas
décadas, pari passu con la reiteración de los procesos inflacionarios, se ha ido opacando la
percepción de su malignidad intrínseca.

Mientras tanto se ha ido abriendo paso el considerarlas también dentro del ámbito del derecho
internacional público, y esto a raíz del surgimiento del problema de la deuda externa, en particular
la de los países en desarrollo. Esta calamidad, que se torna endémica desde su génesis injusta,
causa innumerables males a los pueblos que la sufren.

La Deuda Externa deriva cada vez más fondos públicos para saciar los reclamos de los
prestamistas, detrayéndolos de su destino legítimo: el bienestar general, la felicitas civitate de los
países llamados deudores, causándoles cuantiosos daños sociales.
La génesis usuraria de este sistema de expoliación comenzó en 1980 con el aumento unilateral de
las tasas de interés dispuesto por la Reserva Federal de los Estados Unidos, el banco central de ese
país, y que recayó sobre los créditos contraídos en los años ’70 por los países en desarrollo. La
banca internacional había otorgado créditos a países, empresas públicas y privadas y a particulares,
mediante una campaña mundial de inducción al endeudamiento para colocar la enorme cantidad
de dólares que recibió en depósito de los productores de petróleo, fruto del gran aumento del
precio de esa materia prima. Esta campaña hizo creer que tomar créditos sería la panacea para los
países en desarrollo; la tasa de interés era insignificante y el precio histórico del dinero no
superaba el 6% anual, siendo inimaginables tasas superiores a esa cifra. Así, cuando la Reserva
Federal comenzó a aumentar las tasas de interés, la banca, inexorablemente y por sorpresa, hizo lo
mismo con todos los créditos que había otorgado durante la década anterior.

Sea cual fuere el criterio para calificar la naturaleza de esos aumentos, cuando la tasa aplicada por
la banca salta del 6% al 22%, en menos de un año es indudable que se está ante un caso de usura.

Si cupiera alguna duda, ella se desvanece al comprobar que, en 1989, aquella deuda de 300.000 MD (millones
de dólares) contraída a través de miles de contratos de préstamo por los países de América Latina en la década
de los 70 había generado el pago, con desembolsos reales en concepto de intereses y servicios, de 750.000
MD. A pesar de ello, la deuda, por los intereses impagos, adosados por anatocismo, ya era de otros 700.000
MD.

El análisis del alza unilateral e ilimitada de las tasas de interés de 1980, aplicada a escala planetaria, no podía
quedar limitado a la esfera del derecho privado y del penal porque también afecta al Derecho Internacional
Público, una de cuyas fuentes son los principios generales de derecho entre los que están los que,
históricamente, incriminan a la usura y al abuso de derecho.

Los principios generales son una suerte de patrimonio común de la humanidad que sustenta la convivencia y
en los que abrevan las civilizaciones. Están más cerca de la esencia espiritual de la especie y tal vez sean
prueba contundente contra el relativismo; como un «mínimo de la ética», adquieren sanción coactiva,
conformando la matriz del derecho positivo.

Los aumentos aplicados por la banca fueron condenados por diversas entidades académicas, sindicales,
políticas y religiosas.

El Magisterio Pontificio venía advirtiendo, antes de que apareciera, sobre los riesgos del endeudamiento
externo. Uno de los documentos pontificios más notables es la exhortación apostólica «Ecclesia in America»,
de enero de 1999, texto casi desconocido en nuestro país inclusive en ambientes católicos1.

El Papa Juan Pablo II aborda allí dos veces el tema de la deuda externa. En una oportunidad anterior el Sumo
Pontífice sostuvo que el problema debería encaminarse a través del derecho internacional.

En 1998 el Grupo de Jurisprudencia del Consejo Europeo de Investigaciones sobre América Latina (CEISAL)
convocó una reunión de expertos de América Latina, España e Italia, en Sant’Agata dei Goti con el objeto de
ampliar las bases argumentales de los aspectos jurídicos de la deuda externa. El resultado fue el documento
conocido como la «Carta de Sant´Agata dei Goti», en el que se señalan los principios vulnerados:

1. La buena fe objetiva en la formación, interpretación y ejecución de los contratos.

2. La libertad contractual

3. La prohibición de Culpa in contrahendo.

4. La causalidad de los contratos.


5. La equidad.

6. La lesión enorme (excesivo desequilibrio de las prestaciones).

7. La prohibición de acuerdos usurarios.

8. La diligencia del deudor.

9. La excesiva onerosidad sobreviniente de las obligaciones, Rebus sic stantibus.

10. El Favor debitoris.

11. La prohibición del abuso de derecho.

12. El Beneficium competentiae.

13. La inviolabilidad de los derechos humanos, en particular del derecho a la vida.

14. La autodeterminación de los pueblos.

1 Dicha Exhortación Apostólica en su capítulo 56, titulado «Vicios sociales que claman al cielo», expresa:
«…Cada vez más, en muchos países americanos impera un sistema conocido como “neoliberalismo”. Este
sistema, haciendo referencia a una concepción economicista del hombre, considera las ganancias y las leyes del
mercado como parámetros absolutos en detrimento de la dignidad y del respeto de las personas y de los
pueblos. Dicho sistema se ha convertido, a veces, en una justificación ideológica de algunas actitudes y modos
de obrar en el campo social y político, que causan la marginación de los más débiles. De hecho, los pobres son
cada vez más numerosos, víctimas de determinadas políticas y de estructuras frecuentemente injustas».

El Derecho Internacional Público tiene las virtualidades necesarias para enfrentar el problema ya que, como
fuente de obligaciones y derechos, tienen plena vigencia en su ámbito los principios mencionados en la «Carta
de Sant’Agata dei Goti». Por ello se propone que la Asamblea General de las Naciones Unidas utilice su
facultad de pedir opiniones consultivas a la Corte Internacional de Justicia sobre cualquier cuestión jurídica.

La novedad de este planteo estriba en que la decisión unilateral de los prestamistas, de aumentar
abusivamente las tasas de interés, cae bajo la órbita del Derecho Internacional Público porque viola principios
generales del derecho que son fuente del derecho de gentes (art. 38, literal c. punto 1 del Estatuto de la Corte
Internacional de Justicia, que forma parte de la Carta de las Naciones Unidas).

La propuesta de utilizar este procedimiento ante el Tribunal de La Haya ha sido defendida por numerosas
entidades y foros, tales como el Parlamento Latinoamericano, la Conferencia Interparlamentaria Europa-
América Latina, cámaras legislativas, concejos municipales, universidades, la Central Latinoamericana de
Trabajadores de Caracas (CLAT), la Central Mundial de Trabajadores de Bruselas y, entre nosotros, por la
Cámara de Diputados de la Nación en la declaración del 26 de octubre de 1996, aprobada por unanimidad y
desestimada por el Poder Ejecutivo de entonces.

El 25 de julio de 2000 el Parlamento italiano sancionó la Ley 209 cuyo artículo 7º dispone:

El gobierno, en el ámbito de las instituciones internacionales competentes propondrá la actuación de los


procedimientos necesarios para el pedido de opinión consultiva a la Corte Internacional de Justicia sobre la
coherencia entre las reglas internacionales que ajustan la deuda externa de los países en vías de desarrollo y el
cuadro de los principios generales del derecho y de los derechos de los hombres y de los pueblos.
La Federación Luterana Mundial ha asumido esta posición y además viene actuando en apoyo de los países
víctimas del sistema de la deuda externa, colaborando con la Comisión Integral del Crédito Público del Ecuador
y realizando una campaña que culminó con la condonación de deudas de países en desarrollo decidida por
Noruega, país que se ha considerado corresponsable de la concertación anómala de esos créditos.

Es de destacar un antecedente jurisprudencial:

una sentencia arbitral en la que, invocando al derecho común, se aplicaron, como principios generales del
derecho, normas del derecho romano clásico con las que se resuelve de modo magistral la elusiva respuesta a
la pregunta: ¿cuándo empieza a ser usuraria la exigencia de pago de intereses?

La respuesta se halla implícita en la sentencia citada por el Profesor Julio A. Barberis en su obra Formación del
Derecho Internacional (Buenos Aires, 1994, pág. 224). Se trata de «…la sentencia arbitral pronunciada por el
Senado de Hamburgo el 21/X/1861 en el caso “Yuille, Shortridge & Co.”» que reconoció los intereses
adeudados hasta un monto igual al capital, fundándose en el «derecho común».

9 « …Mais comme, d’après le droît commun, seul applicable ici, le cumul des intérêts arriérés s’arrête lorsqu’ils
atteignent le principal (Dig., de cond. indeb., 12, 6; Code, de usuris, 10, 32), on a dû restreindre les intérêts de
ce chef à…» (La PradellePolitis, Recueil des arbitrajes internationaux, 2ª. ed., París, 1957, t. II, p. 108).

El profesor Norberto Darío Rinaldi, titular de la Cátedra de Derecho Romano de la Facultad de Derecho de la
Universidad de Buenos Aires, me informó lo siguiente:

A modo de breve comentario con respecto a lo que usted me preguntara, le hago saber que, efectivamente, el
Derecho Romano establecía una serie de limitaciones en materia de intereses.

En la época clásica (aprox. siglos I, II y III) los intereses del mutuo — contrato que en principio es gratuito si no
se pactan intereses— estaban en el 1% mensual. Cuando triunfó la filosofía del cristianismo se redujo al 6%
anual y se les prohibió a las personas de clase alta. Justiniano siguió ese criterio pero permitió en algunos casos
especiales que llegara al 8% anual.

Había otra limitación también de la época clásica que establecía que EN NINGÚN CASO los intereses podían
superar al doble (supra duplum) del capital y si lo excedían y se hubieran pagado se podían repetir.

Hay tres fuentes distintas y absolutamente indubitables, dos de la época clásica —reflejadas en el Digesto y en
el Código Justinianeo— y una del propio Justiniano, que encontramos en las Novelas. D 12.6.26.1 (atribuida a
Ulpiano en comentarios al edicto Libro XXVI); C 4.32.10 (Constitución de Caracalla) y Nov. 121.2 (Constitución
de Justiniano).

Las dos primeras fuentes fundamentan el fallo arbitral y la tercera, que es coincidente, es la que aportó el Dr.
Rinaldi en latín y su traducción al español.

Este fallo del Senado de Hamburgo puso límites a una pretensión desmedida de la parte acreedora. Aplicó el
derecho internacional apoyándose en los principios contenidos en las normas citadas que, con un preciso
criterio de justicia, superan la dificultad del elusivo cálculo de porcentajes de las tasas de intereses admisibles
en derecho y adopta un claro criterio al establecer el quantum de los intereses debidos. Además, pone en
evidencia la exacción ilimitada y perpetua con la que el sistema financiero somete hoy a tantos países, entre
los que se halla el nuestro.

Cabría destacar que la legislación romana aplicada en el fallo podría ser considerada como favorable a la parte
acreedora, porque el pago de intereses podía alcanzar el monto del capital y aún subsistía la obligación del
deudor de reintegrarlo íntegramente.

Hoy, ese mismo principio sería sumamente favorable a la parte deudora (favor debitoris), porque pondría coto
a la pretensión de cobro perpetuo de los prestamistas que, por la vía usuraria del anatocismo, vienen
cobrando varias veces, en intereses, el monto de los capitales originarios. Se rescataría la naturaleza genuina
del contrato de mutuo, que, como todo contrato, debe establecer límites a las prestaciones. Es de tener en
cuenta la comprobación que hacen los doctores Alfredo y Eric Calcagno en el libro La Deuda Externa explicada
a todos (los que tienen que pagarla), (Buenos Aires, 1999, págs. 53 a 55):

Debe destacarse también la enorme importancia que tuvo la acumulación de intereses sobre el monto total de
la deuda… si los intereses pagados por encima de las tasas históricas (considerando como tales las de la
inflación de los Estados Unidos más 1%) se hubieran aplicado a la amortización del capital, la deuda externa se
hubiera terminado de pagar en… ¡1988!

Una opinión consultiva que reconociese el carácter abusivo de la exigencia de pago de intereses exorbitantes,
que continúan efectuándose sine die, permitiría iniciar la cuenta regresiva del agobio que sufrimos al ponerle
un límite cierto a las prestaciones. Además, si la C.I.J. adoptase el criterio jurisprudencial del caso «Yuille,
Shortridge & Co.» mejoraría la posición negociadora de los países, acuciados por los injustos reclamos de los
prestamistas.

El Premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel, en el Encuentro en Caracas sobre Deuda Social, de julio del
2001, afirmó:

Éste es uno de los caminos que está a nuestro alcance, HOY. Sólo hace falta decisión y unidad política para
ponerlo en marcha, algún gobierno Latinoamericano que impulse la propuesta ante la Asamblea General de
Naciones Unidas, y todos junto le demos el apoyo de toda la región, de todo el Sur, desde todos los rincones del
planeta.

Una opinión consultiva que contemple el punto de vista de los deudores, como la que propiciamos,
contribuiría a disciplinar el comportamiento censurable de los capitales especulativos y el de la banca
internacional, que en su irresponsabilidad han provocado la crisis mundial que afloró en 2008. Abriría
asimismo consistentes posibilidades de defensa procesal a los Estados demandados por incumplimiento de
prestaciones en tribunales donde rige el sistema de derecho anglosajón, que aplican directamente el Derecho
Internacional Público como «ley de la tierra», y en los del sistema del CIADI; no podrían desconocer un
pronunciamiento del tribunal mundial que establezca cuál es el derecho vigente respecto de las deudas.

Las opiniones consultivas no son sentencias judiciales, pero son vinculantes para los organismos de las
Naciones Unidas como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. El FMI debería ajustar su
conducta a lo que opine la corte (si lo hace en los términos justos que propiciamos) y no podría continuar
extralimitándose en sus funciones estatutarias imponiendo ajustes salvajes a los países en desarrollo y
presionándolos para cambiar sus legislaciones, tal como ocurrió con nuestro país que en el 2002 se vio
compelido a la humillación de derogar leyes laborales y la figura penal de la subversión económica.

Los argumentos que esgrimimos valdrían para todas las deudas externas que se originaron por el alza de las
tasas de interés de 1980.

El profesor Barberis, en su obra citada (pág. 252), afirma: «En rigor de verdad y según una descripción fiel de
la realidad, los principios generales de derecho son normas que forman parte del orden jurídico
internacional». En apoyo de esa afirmación cita a Verdross, Mosler y Pau.

La pervivencia de la deuda externa, que lleva ya tres décadas, ha creado un acostumbramiento y una anestesia
en sus víctimas.

La visión jurídica del origen de la deuda externa y sus consecuencias ha sido eludida sistemáticamente por la
banca mundial, que se ha ocupado de que los medios de comunicación no la difundan y así lograr que los
países pagadores terminen acostumbrándose a esa práctica de sometimiento que los degrada, y que vean
como un hecho natural la persistencia de esa sangría creciente de recursos que derivan hacia las arcas
insaciables del poder financiero mundial.
La relación causa-efecto de la deuda externa con las violaciones a los Derechos Humanos, son un capítulo de
este drama. La Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas incorporó este tema en su agenda en
el año 2000. Es prueba de ello el fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos de San José de Costa
Rica sobre los hechos trágicos acaecidos en Caracas, Venezuela, a raíz de los ajustes presupuestarios
dispuestos en 1989 para el pago de la deuda externa.

Cada país deudor por lo general tiene una segunda causa de ilicitud de al menos parte de su deuda externa. En
muchos casos los contratos de crédito están viciados de fraude y falsedad instrumental.

Recordemos que los actos ilícitos que generaron la deuda en nuestro país (sentencia recaída en la Causa
Olmos Nº 14.467, Juzgado Federal Criminal y Correccional Nº 2, julio de 2000) han sido el sustento de todas las
transformaciones posteriores de la deuda argentina —Plan Brady, Blindaje, megacanjes— por lo que
correspondería que el mismo juzgado declarara la nulidad absoluta de todos los actos basados en aquellos
ilícitos como le ha sido requerido por demanda presentada en 2010.

De acuerdo con el texto expreso del Artículo 1047 del Código Civil:

La nulidad absoluta puede y debe ser declarada por el juez, aun sin petición de parte, cuando aparece
manifiesta en el acto. Puede alegarse por todos los que tengan interés en hacerlo excepto el que ha ejecutado
el acto, sabiendo o debiendo saber el vicio que lo invalidaba. Puede también pedirse su declaración por el
Ministerio Público, en el interés de la moral o de la ley. La nulidad absoluta no es susceptible de confirmación.

Una tercera causa de ilicitud se produjo cuando un negociador oficial (el caso del Plan Brady argentino)
renunció poco después a su cargo y de inmediato pasó a ocupar en Nueva York posiciones en entidades
financieras beneficiadas por esos acuerdos. Por ese motivo y por la responsabilidad incurrida por funcionarios
en los sucesivos reciclados de deudas generadas en actos ilícitos, como el Plan Brady y los megacanjes,
procesan varias causas penales en tribunales federales argentinos.

Contra la usura encubierta en las renovaciones de pagarés por sumas superiores a las que realmente son
dadas en préstamo existe una norma preventiva, la del artículo 723 del Código Civil: «Si el acto del
reconocimiento agrava la prestación original, o la modifica en perjuicio del deudor, debe estarse simplemente
al título primordial, si no hubiese una nueva y lícita causa de deber». Esta norma es aplicable a las
transformaciones anómalas de deuda operadas por el Plan Brady y sus sucesivos avatares: los megacanjes.

Como si las finanzas fuesen ajenas al Derecho, los gobiernos, en sus negociaciones sobre la deuda externa,
omiten aducir el origen usurario y abusivo del aumento de las tasas de interés de 1980 y no recurren a los
argumentos de la «Carta de Sant’Agata dei Goti». Se han limitado a proyectar el problema hacia delante,
renovando deuda a tasas cada vez más altas y condenando a las generaciones venideras a soportar una carga
que compromete las posibilidades de progreso e independencia de sus países.

En la Argentina las renovaciones de deuda se han efectuado sin cálculo alguno de su real capacidad de pago y
sin intervención del Congreso, al que compete «arreglar» la deuda (Art. 75 de la Constitución Nacional). Las
sucesivas administraciones, desde los gobiernos de facto hasta ahora, han usurpado esa atribución del Poder
Legislativo, amparándose en supuestas autorizaciones genéricas de la ley de presupuesto. Así se pretende
justificar el manejo discrecional de nuevos endeudamientos y el reciclaje de los antiguos por parte del
Ministerio de Economía.

Es necesaria una auditoría integral, tal como la llevada a cabo por el Ecuador con resultados muy beneficiosos
para la negociación de su deuda externa. En este sentido es auspicioso el proyecto presentado en la Cámara
de Diputados para la formación de una comisión investigadora que tenga en cuenta los resultados probatorios
contenidos en la sentencia recaída en la Causa Olmos sobre la «parte ilegítima» de la deuda externa argentina
y los de las causas penales en trámite en el fuero federal: la Causa Olmos II, la del Plan Brady y las de los
megacanjes. Paralelamente convendría un censo obligatorio de acreedores.
Otra vertiente de abusos proviene de la aplicación dogmática de la doctrina de la «autonomía de la voluntad»
lo que no es justo ya que cualesquiera fueren los términos establecidos en los contratos, éstos no pueden
prevalecer sobre los principios generales del derecho y los dictados de la ley moral (conf. Fresnedo de Aguirre,
Cecilia, «La autonomía de la voluntad en la contratación internacional», Montevideo, 1991.)

En el libro El futuro del dinero, de Bernard Lietaer, se cita, en la página 264, la reflexión profética del
economista germano-argentino Silvio Gesell, publicada en 1918 en el periódico alemán «Zeitung am Mittag»:

… si se mantiene el actual sistema monetario –el de una economía movida por las tasas de interés—, me atrevo
a predecir que no pasarán veinticinco años sin que enfrentemos una guerra aún más terrible. Como en el
pasado, se intentarán anexar territorios de otras naciones y a tal fin se fabricarán armas con el justificativo de
que al menos así se dará trabajo a los desocupados. Entre las masas insatisfechas se generarán intensos
movimientos revolucionarios y florecerá la planta venenosa del nacionalismo extremo. Ya no habrá mutuo
entendimiento entre las naciones, y esto solo puede llevar a la guerra.

Esta visión profética de la deuda externa como amenaza para la Paz fue compartida por Lord Keynes, al
predecir que la injusta deuda externa impuesta por los vencedores a Alemania derrotada en 1918 llevaría a
una Segunda Guerra Mundial.

Es indispensable eliminar la barrera de silencio y erradicar la ignorancia implantada en torno al problema de la


deuda externa y que la ciudadanía reclame a las fuerzas partidarias y a los poderes públicos que asuman en el
plano internacional la defensa jurídica de nuestro país y de todos los países llamados deudores, poniendo en
práctica las propuestas reseñadas en este trabajo.

Dr. Miguel Ángel Espeche Gil

* Doctor en Derecho y Ciencias Sociales, Embajador Extraordinario y Plenipotenciario de la Rep. Argentina (R),
dos veces candidato al premio Nobel de la Paz 2002- 2008. Miembro Titular de la AADI.

FUENTE: XXII Congreso Argentino de Derecho Internacional Salta, Argentina, 21 al 23


de octubre de 2010
La “Doctrina Espeche”: Su vigencia y
actualidad

www.cadtm.org/La-Doctrina-Espeche

Derecho Internacional

La “Doctrina Espeche” - Su vigencia y actualidad


por Ramiro Chimuris

23 de enero de 2018

Es interesante resaltar, desde el punto de vista de la ciencia del derecho, el aporte del Prof. Miguel Ángel
Espeche Gil (argentino) [1] , que permitió advertir la inescindible relación de los principios generales del
derecho y el sistema de la deuda [2]. Entre ellos el que castiga la usura y el abuso de derecho, con el alza
unilateral de las tasas de interés aplicada unilateralmente por los acreedores a comienzos de 1980, lo que
determinó el abusivo incremento exponencial de la deuda externa. Esta acción de los acreedores constituye un
caso de apropiación indebida por anatocismo. Los países deudores cuanto más pagaban más debían. Como no
podían pagar sino parte de los intereses, la deuda continuó creciendo desmesuradamente. En términos reales
los desembolsos efectuados superaron varias veces el monto de las deudas originales.

Miguel Ángel Espeche Gil elabora su doctrina sobre la “Ilicitud de la deuda externa y la responsabilidad de los
Estados" [3] en 1984. Pone énfasis en la ilicitud en el alza unilateral de los intereses de los documentos de
deuda externa, y la aplicación del derecho internacional público. Propone solicitar una opinión consultiva de la
Corte Internacional de Justicia de conformidad con los artículos 65 y concordantes del estatuto de la Corte
Internacional de Justicia, en lo que se dio a conocer como la Doctrina Espeche. [4]

Los aumentos de las tasas de interés también infringen normas consuetudinarias de derecho internacional
general como la rebus sic stantibus (cambio fundamental de las circunstancias, art. 62 de la Convención de
Viena sobre Derecho de los Tratados, 1969).

La preocupación de Espeche Gil, son las consecuencias del alza unilateral de los intereses dispuesta por los
países acreedores y sus instituciones financieras en montos que van desde el 6% al 22%. [5] A consecuencia de
esas alzas unilaterales, la deuda externa de América Latina se elevó de 60 mil millones de dólares en los años
70 a 204 mil millones a fines de 1980, 443 mil millones en 1990 y a 706 mil millones de dólares en 1999.
La propuesta jurídica de recurrir a la opinión consultiva de la Corte Internacional de Justicia ha recibido
objeciones desde la corporación financiera internacional. Los argumentos son que el reconocimiento
efectuado por los Estados deudores y la novación de la deuda convertida en bonos Brady, saneó la ilicitud que
acaso pudiera tener cuando se contrajo originalmente además de la lesión generada por el alza desmedida de
intereses aplicada unilateralmente [6]. Es de señalar que las objeciones enunciadas son a mi criterio muy
débiles e infundadas desde el punto de vista jurídico, si analizamos los “instrumentos de deuda” [7] y sus
elementos constitutivos [8], apreciaremos la ilicitud e ilegitimidad en la mayoría de los mismos siendo
aplicables las consecuencias jurídicas de nulidad absoluta e ineficacia. A modo de ejemplo: si utilizamos los
principios generales de derecho, podemos afirmar que un contrato que adolece de vicios que acarrean su
nulidad absoluta en su origen, no puede ser ratificado o convalidado por actos posteriores.

La posición de Lozada, Salvador María (2001): “¿En qué se apoya, pues, la afirmación de que los aumentos de
las tasas de interés son acciones ilícitas para el Derecho Internacional Público? En que contravienen normas
convencionales y consuetudinarias de derecho internacional y principios aplicables de derecho interno,
positivo y vigente, estos últimos, por la citada norma del Art.38, 1, inc. c. del estatuto de la Corte Internacional
de Justicia, son transpuestos a la órbita del derecho de gentes.” [9] Aplicando a los contratos de deudas
públicas, los diferentes principios de derecho y las teorías de derecho sobre obligaciones, contratos y negocios
jurídicos: “Tales principios son, tanto los que reprimen la usura y el abuso del derecho como los que
constituyen la excesiva onerosidad sobreviniente de las prestaciones, la teoría del riesgo, la necesaria
equivalencia de las prestaciones, el enriquecimiento ilícito, la buena fe objetiva, la finalidad objetiva del
contrato, la lesión enorme, la equidad, la teoría de la imprevisión, la corresponsabilidad de los acreedores, el
favor debitoris, la inviolabilidad de los derechos humanos, en particular del derecho a la vida, etc.” [10]

Con los trabajos mencionados se conformó una base sustantiva para la propuesta de realizar un pedido de
consulta en la Asamblea General de las Naciones Unidas y después la opinión consultiva a la Corte
Internacional de Justicia sobre los aspectos jurídicos de la deuda externa. En el Seminario Roma-Ciudad del
Vaticano de marzo de 1992 se formó una Comisión [11]que redactó un proyecto de «cuestiones» a ser
formuladas por la Asamblea General a la Corte Internacional de Justicia en un eventual pedido de opinión
consultiva (Art. 65.2 del estatuto de la CIJ) que se conoce como «fórmula de Roma» y es la siguiente: “La
Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas pide a la Corte Internacional de Justicia una opinión
consultiva sobre:

1. ¿Cuál es el marco jurídico de derecho internacional en el cual se sitúan las obligaciones que resultan de la
deuda externa y su cumplimiento?

2. En particular, ¿qué consecuencias producen sobre dichas obligaciones el aumento imprevisto en términos
reales de los capitales y de los intereses?.

Un documento para el análisis jurídico sobre la injusticia, ilegitimidad e ilicitud del sistema de la deuda
externa, es la Dechiarazione su usura e debito internazionale del 29 de setiembre de 1997, denominada Carta
de Sant’ Agata dei Goti [12] y que fuera elaborada por la Comisión de Estudio sobre la Usura y el Débito
Internacional [13]. La declaración solicitó un nuevo reconocimiento de los siguientes principios generales de
derecho que son a la vez fuente del derecho internacional (art. 38, inc.1 “c”) ellos son: la buena fe objetiva en
la formación, interpretación y ejecución de los contratos; la libertad contractual; la prohibición de la culpa in
contrahendo, que veda cualquier lesión, abuso o desviación de la libertad contractual mediante dolo, culpa o
inobservancia de la buena fe objetiva; la causalidad digna de tutela en los contratos [14] ; la equidad; la laesio
enormis y el excesivo desequilibrio de las prestaciones; la prohibición de acuerdos usurarios; la liberación del
deudor diligente; la cláusula rebus sic stantibus; el favor debitoris; la prohibición del abuso de derecho;
el beneficium competentiae; la inviolabilidad de los derechos humanos, en particular el derecho a la vida; la
autodeterminación de los pueblos. [15]
Espeche Gil propuso enfrentar esta flagrante injusticia con el recurso que da el Derecho Internacional Público
de pedir una opinión consultiva a la Corte Internacional de Justicia, por parte de la Asamblea General de las
Naciones Unidas, para ver en qué medida la deuda habría sido ya efectivamente saldada con lo pagado en
concepto de intereses. La Doctrina Espeche ha sido propuesta como una de las vías de acción para enfrentar el
sistema de la deuda pública, en foros, seminarios, universidades e instituciones, especialistas en diferentes
disciplinas -jurídicas, sociales, económicas y morales-, libros, revistas y artículos publicados por distintas
organizaciones. [16]

En ese sentido la Ley No. 209 del año 2000 [17] , aprobada por unanimidad por el Parlamento de la República
Italiana, dispone que se inicien las gestiones tendientes a llevar el problema de la deuda a la Asamblea General
de Naciones Unidas, como paso previo a la solicitud de una opinión consultiva a la Corte Internacional de La
Haya.

Falta la decisión política de cualquier Estado -o la propia Asamblea General de Naciones Unidas-, para la
presentación formal de la “Consulta” ante la Corte Internacional de Justicia.

Al momento de escribir estas líneas (2018), ningún gobierno latinoamericano ha llevado ante un tribunal
internacional una denuncia sobre el pago de una deuda pública (externa e interna) ilegítima [18]. Sin embargo,
quiero resaltar que en los informes jurídicos que elaboramos en la Auditoría del Ecuador (2007-2008),
recomendamos el no pago de la deuda del Ecuador. En el elenco de los argumentos jurídicos, pedimos la
aplicación de las doctrinas jurídicas latinoamericanas: “Calvo”, “Drago” y “Espeche”.

Esta posición de no pago –los informes de la auditoria, y los fundamentos de las doctrinas latinoamericanas,
sustentaron el acto soberano del Ecuador del “no pago”- fue reconocida por los acreedores. Ecuador, en el año
2008, no pago 30 millones de dólares de la deuda soberana, por considera que era absolutamente ilegítima. En
el 2009, el presidente de Ecuador presentó la propuesta soberana a los tenedores de los títulos, proponiendo
recomprar por el valor máximo del 30% la deuda de los Bonos 2012 y 2030, que pagaban intereses anuales de
10 y 12%, respectivamente. El 95 % de los tenedores de esos títulos, aceptaron la propuesta soberana, sin
ningún cuestionamiento judicial.

Las preguntas finales serían:¿por qué, los países no aplican la “Doctrina Espeche”?, ¿por qué los “acreedores”
reconocieron esta doctrina en el caso de Ecuador?. ¿Por qué los “acreedores” renunciaron al cobro de un 70%
del valor de los “bonos soberanos”?.

Mientras continuemos dentro del sistema capitalista (financiero, especulativo), seguiremos siendo esclavos
de su sistema deuda. Solo depende de nosotros, si realmente queremos liberarnos de las cadenas o
continuar sometidos a la esclavitud de un sistema “deuda”, que es fraudulento, ilegítimo e ilícito.

Dr. Ramiro Chimuris


* Este artículo forma parte de un futuro libro a cargo del autor de este artículo, denominado Deuda Pública y
Derechos Humanos.

Notas :

[1] Jurista, diplomático, profesor de derecho internacional público, y coordinador de la Catedra de la “Deuda
Externa” en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires desde su creación 2005. Integrante y
fundador de la Red de Cátedras sobre la Deuda Pública.

[2] “Los principios generales de derecho como fuente del derecho internacional público” Julio A. Barbieris. Rev.
IIDH. Vol. 14, 1991. Disponible en: file: ///C:/Users/usuario/Downloads/7796-7059-1-PB%20(1).pdf

[3] Moyano Bonilla, César et. al. La deuda externa y la responsabilidad internacional del Estado, México,
UNAM, 1994
[4] La Doctrina Espeche. Ilicitud del Alza Unilateral de los Intereses de la Deuda Externa, La Ley, Doctrina-
Documentos, Buenos Aires, 2004. Esta doctrina planteada en 1984, fue adoptada, como propia por el Instituto
Hispano-Luso Americano de Derecho Internacional, en el Congreso reunido en Santo Domingo el 28 de abril de
1989. El Consejo Europeo de Investigaciones Sociales de América Latina (CEISAL) también adopta la Doctrina
Espeche.

[5] “La usuraria deuda externa ante el derecho internacional público” Miguel Ángel Espeche Gil. En libro del
XXII Congreso Argentino de Derecho Internacional “Argentina y su proyección Latinoamericana en el
Bicentenario de la Revolución de Mayo” Salta, Argentina, 21 al 23 de octubre de 2010. Disponible
en: http://www.ucasal.edu.ar/htm/institutos/idi/archivos/Libro-Congreso.pdf

[6] Argumentos citados en Ortega, Roberto J. Deuda Externa: La Restauración del Estado de Derecho, Dunken,
Buenos Aires, 2007, p. 93

[7] Contratos y Anexos, títulos de deuda (“bonos soberanos”, “bonos globales”, “notes”) y otros títulos valores.

[8] Tasas de interés, pago de comisiones y “servicios de deuda”, cláusulas de acción colectiva en los bonos,
prórroga de jurisdicción, etc.

[9] Lozada, Salvador M. (2001). La Deuda Externa y el Derecho. Buenos Aires. El doctor Lozada, ex Juez
Nacional de Comercio de la Capital Federal de la Rep. Argentina. Presidente Honorario de la Asociación
Internacional de Derecho Constitucional. Presidente del Instituto Argentino para el Desarrollo Económico
(IADE). Profesor de derecho constitucional. El 8 de noviembre de 1974 dicto un fallo que fue un leading case
en el ordenamiento judicial de la República Argentina.

[10] idem

[11] La comisión estaba integrada por juristas de reconocimiento internacional entre los integrantes
latinoamericanos participaron Miguel Ángel Espeche Gil, André Franco Montoro, Gross Espiell, y dos ex –
integrantes de la Corte Internacional de Justicia: Eduardo Jiménez de Aréchaga y José María Ruda. Los juristas
italianos y el Grupo de Trabajo de Jurisprudencia del CEISAL en particular los profesores Sandro Schipani,
Pierángelo Catalano, Antonio Colomer Viadel, Máximo Panebianco, quienes pusieron de relevancia la
importancia de los principios generales del derecho en relación a la deuda, y aporte doctrinario que significó la
Carta de Sant’Agata Dei Goti

[12] Está publicada en Roma e América. Diritto Romano Comune, nº 9, año 2000, 361 y en la página Web de la
Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos
Aires. http://www.derecho.uba.ar/institucional/proyectos/dext_Sant_Gata_Dei_Goti.pdfcitada por Atilio
Aníbal Alterini La injusticia de la deuda externa en Liber Amicorum per Francesco D. Busnelli. Il Diritto Civile tra
Pricipi e Regole, vol. II, Milano, 2008, p. 281 y ss. La Declaración está disponible en el siguiente
link: http://www.cadtm.org/Carta-de-Sant-Agata-dei-Goti,15031

[13] Integrada por los profesores Francesco D. Busnelli, Asdrúbal Aguiar, Pierangelo Catalano, Raffaelle
Coppola, Miguel Ángel Espeche Gil, Sabatino Majorano, Sergio Marchisio, José M. Peláez Marón, Fausto Pocar,
Sandro Schipani y Álvaro Villaça Azevedo, con la colaboración de los profesores Luigi Labruna, Pietro
Perlingieri, Piero Roggi, Sebastián Tafaro y Leo Valladares Lanza.

[14] Para Pietro Rescigno (“Manuale del Diritto Privato Italiano”, 7ª ed., Napoli, 1986, pág. 303) el contrato
debe cumplir una función socialmente digna, la cual está determinada por el interés de los propios
contratantes; para Francesco Galgano (1992). El negocio jurídico, trad. F. P. Blasco Gascó y L. Prats Albentosa,
Valencia, pág. 109; Il negozio giuridico (1998). Milano. La función económico social del contrato debe
responder a la protección de los contratantes, especialmente del más débil, citados por Alterini, ob. cit. pág.
284.
[15] Schipani, S., Principios generales del derecho e iniquidad de las obligaciones: perfiles jurídicos de la deuda
internacional latinoamericana, en Derecho Económico actual. Homenaje al profesor M. A. Laquis, Buenos
Aires, 1992, 815.

[16] El Consejo Europeo de Investigaciones sobre América latina (CEISAL), Comité para abolición de deudas
ilegítimas (CADTM), Jubileo Sur/Américas, Latindad, CETIM, entre otras. En Ecuador, ciudad de Quito 8 y 9 de
julio de 2008, se realizó el seminario jurídico internacional, denominado “I Encuentro Internacional de
Juristas”, sobre Aspectos Jurídicos y Políticos de la Deuda Externa.Realizado por laFederación Luterana
Mundial, Consejo Latinoamericano de Iglesias, y la Comisión para la Auditoria Integral del Crédito Público –
CAIC/Ecuador. En ella participaron: Miguel Ángel Espeche Gil, Franklin Canelos, Nilton Giese, Andrés Soliz
Rada, Ángel Furlan, Alejandro Olmos Gaona, Nildo Ouriques, Juan Pedro Schaad, Daniel Marcos, Fabio
Marcelli, Elvira Méndez Chang, Ramiro Chimuris, Alfredo Carella, Hugo Ruiz Díaz Balbuena, Miguel Rodríguez
Villafañe, María Lucia Fattorelli, Franklin Rodríguez Da Costa, César Sacoto.
En diciembre de 2017 se desarrollaron dos actividades sobre la deuda pública, estando presente la necesidad
de aplicación de los instrumentos jurídicos vigentes en defensa de los intereses, soberanía y
autodeterminación de los pueblos.“Italia: A veinte años de la Carta di Sant’Agata de’ Goti”. En ese artículo
describo las actividades realizadas en Italia en diciembre de 2017, y cito otros ejemplos a las experiencias de
auditorías: Brasil (1931-2012(Comisión Parlamentaria Investigadora)), Ecuador (2007) y Grecia (2015).
Disponible en http://www.cadtm.org/Italia-A-veinte-anos-de-la-Carta.

[17] Disponible en la siguiente dirección: http://www.camera.it/parlam/leggi/00209l.htm

[18] Quiero señalar que Islandia fue demandada por los titulares de bonos (especuladores), que no fueron
cobrados luego de la crisis financiera sistémica del año 2008. Por qué ese país aplicó la ley de quiebras a los
bancos que luego de ser privatizados permitieron ese negocio especulativo. Y por dos referéndums que
ratificaron el no pago de las especulaciones (altas tasas de interés pactadas en los bonos).El tribunal de
Luxemburgo dio la razón a Islandia y negó el reclamo de los especuladores.En un excelente artículo la Prof.
María Elvira Méndez Pinedo (Universidad de Islandia, especialista en Derecho Comunitario Europeo), analiza el
tema: “La cuestión clave decidida por el Tribunal de la Asociación Europea deLibre Comercio (AELC) en su
sentencia Icesave fue si la legislación bancaria europea obligabaen 2008 a los Estados miembros de la Unión
Europea (EU) y por ende del EspacioEconómico Europeo (EEE) a nacionalizar la deuda dejada por el colapso del
bancoLandsbanki en el Reino Unido y los Países Bajos (sucursales Icesave) cuando esta deudacarecía de una
conexión con la economía de Islandia y su territorio. ¿Imponía el Derechoeuropeo (UE / EEE) en aquel
momento y lugar la obligación de convertir parte de esa deudabancaria privada (depósitos garantizados) en
deuda soberana? La respuesta, al menos enel caso islandés y por acontecimientos juzgados en el marco de la
anterior Directiva 94/19/CE sobre sistemas de garantía de depósitos, es negativa. El Tribunal estima además
quetampoco existió discriminación ni bajo el ámbito de la Directiva en cuestión (que no se
aplicó siquiera) ni bajo la prohibición general de discriminación del Artículo 4 Acuerdo EEE(por fallar el test de
comparación).” Cita que corresponde a Méndez Pinedo, M.E. en NOTA A LA SENTENCIA ICESAVE DEL
TRIBUNAL DE LA ASOCIACIÓN EUROPEA DE LIBRE COMERCIO (AELC) DE 28 DE ENERO DE 2013. GARANTÍA DE
DEPÓSITOS BANCARIOS, DISCRIMINACIÓN TERRITORIAL Y DEUDA SOBERANA TRAS LA CRISIS FINANCIERA EN
ISLANDIA en Revista de Derecho Comunitario Europeo ISSN 1138-4026, núm. 46, Madrid,
septiembre/diciembre (2013), págs. 1093-1117. Consultado en file:///C:/Users/usuario/Downloads/Dialnet-
NotaALaSentenciaIcesaveDelTribunalDeLaAsociacionEu-4540739.pdf. Lo mismo ocurrió con las acciones de los
bonistas franceses que acudieron a la Corte Suprema de Francia.

Ramiro Chimuris
Universidad de la República Oriental del Uruguay (Udelar). Facultad de Derecho. Coordinador y co-fundador de
la Red de Cátedras de Deuda Pública. Red Cadtm Ayna.

http://www.cadtm.org/spip.php?page=imprimer&id_article=15739