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Palabras de Hadas, Sirenas, Duendes,

Gnomos y Elfos

Autora: María Jesús Verdú Sacases

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© 2013 Bubok Publishing S.L.
1ª edición
Esta obra está registrada en el Registre de la Propietat Intel·lectual de Catalunya
y en el Registro de la Propiedad Intelectual de Safe Creative
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3.0

Impreso en España / Printed in Spain


Impreso por Bubok

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Dedico este libro a mi pareja, ese ángel que ha venido a recordarme el amor

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¿Por qué no enseñar a los niños el movimiento y la música y el deleite del arte y el misterio de los cuentos
de hadas y la maravilla de la vida?

Conversaciones con Dios Segunda Parte

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Relatos de los seres de luz

Entrada al país de las hadas

Una entrada al país de las hadas, los duendes, los elfos y los gnomos me recibe. Una rama en forma de
arco corona este acceso a una dimensión de luz y fantasía que subsiste en el corazón más profundo del
bosque.

Las montañas resguardan y protegen a los seres de luz y les ofrecen sus escondrijos para salvaguardar su
identidad y la sabiduría de los secretos ancestrales que celosamente guardan en la luz de sus corazones
alados.

El silencio más absoluto es mayor aliado pues estos seres se desenvuelven en una actitud de cautela,
sutilidad y discreción que resulta oculta para la mayoría de las personas.

Ellos contagian su vibración de alegría y de juego a todo aquello que les rodea: los árboles, las plantas,
los arroyos, los minerales y los animales. Pero, a veces, posan su mirada dulce y transparente en el alma
inquieta pero noble y sincera de los niños o en la de algunos adultos que reúnen esas cualidades. Desde la
paz del espíritu es posible atraerlos aún sin desearlo pues el desapego es una virtud que poseen los que
han logrado vaciar su mente y reconocer su vacuidad para acunar a su divinidad en la luz del alma. Sin
apego ni deseo ellos pueden estar contigo y también si se lo pides desde la verdad del corazón.

Ellos han trascendido la dualidad y desde su dimensión de unidad, pueden ayudarte a comprender para
que integres nuevas perspectivas que te ayuden a entenderte y a entender la actitud de los demás para que
no los juzgues sino que percibas desde tu espacio de neutralidad las razones de los comportamientos
ajenos y puedan integrar la dualidad.

Al traspasar la entrada a este mundo, aunque no sé a donde me dirijo, hay algo invisible que guía mis
pasos. Mientras los doy con confianza y serenidad, voy encontrando rincones de poder que nutren mi
energía vital y que me impulsan a reencontrarme en el recogimiento del alma, allá donde no eres nada y
dejas que todo sea. Ese recogimiento me emociona, me cautiva y engulle mi atención hacia dentro.

Vivo este instante como lo que realmente soy: la expresión natural y espontánea de la magia del
momento.

Está todo tan silencioso que incluso puedo escuchar y percibir mi respiración pausada que se ha
acompasado al ritmo del latido de esta naturaleza salvaje y tremendamente conmovedora.

Aquí di mis primeros pasos y ahora estoy recogiendo la ternura de mis días de infancia y el sentir de esa
niña luminosa que no tenía miedo y que cada mañana sonreía al sol y jugaba con sus rayos y por la noche
le susurraba a la luna y a las estrellas cuanto las quería.

Aquí creció la niña que corría libre por el bosque y chapoteaba en los barrancos. Esa niña está conmigo y
me está mirando con su mirada de asombro y su carita hermosa repleta de pecas de naturalidad y de
sabiduría. Esa niñita conocía las leyes del Universo y los procesos que rigen la naturaleza, los cuales
atestiguó desde que nació.

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Esa niña sabe que es silencio y es sonoridad. Su amigo silencio le toma la mano y para fundirse en él, ella
lo recoge en un abrazo para brindarle su aliento de luz y despertar juntos el vínculo de su fuerza.

Esa niña debe reorientar su fortaleza para que, con un simple gesto cálido, pueda despertar a muchos de
su letargo. Esa niña recupera su herencia y se la ofrece al alma del planeta Tierra a través de los ángeles.
Esa niña que un día fue ángel y que se reúne con otros ángeles aquí encarnados, ahora encuentra a los
suyos para recordar y juntos abren las alas de su conocimiento para ayudar y bendecir.

Todos ven su imagen en las aguas cristalinas del río de sus almas y fluyen en paz y en línea con el aquí y
el ahora. Se dejan ser y por eso se han vuelto ligeros en su fusión con el infinito. Esto les produce tal gozo
que siguen formando parte del río y se dejan llevar conscientes de que la divinidad permanece y opera en
ellos. Se han abierto a su maestro interior y éste les ha mostrado su propio reflejo, producto de su armonía
en el sentir.

Gnomos y duendes danzarines

Me he dejado condicionar por el dolor y esto me ha hecho perder fuerza en el ahora. Lo lanzo
simbólicamente río abajo, confiando en que se disuelva y se transforme en algo bueno. Me entrego al sol
de la mañana y mi mente se aquieta.

El sonido del agua del río disipa mi ruido interior y lo engulle hasta el fondo. Desde aquí la vida se
percibe mansa y sin resistencia. Los pinos forman parte del silencio de este entorno natural y mágico, que
aviva mis sentidos, mientras una agradable sensación me lleva a la quietud del ser.

La vida me mece entre el puente de los divino y lo terrenal y me integro en su equilibrio. La dualidad
tiene el encanto de empujarnos a los extremos, a encontrar el punto medio o bien de experimentar cada
matiz de la balanza. La alteración me ha enseñado a valorar la paz interior como el más preciado de los
regalos. La prisa me ha impulsado a saber vivir la vida con pausa y equilibrio. La soledad del ser me ha
mostrado lo mejor de mí. La naturaleza es esa maestra que nos anima a aquietarnos y a silenciar todo
aquello que nos aparta de la verdad: aquella que hemos venido a descubrir. La vida se presenta como una
aventura emocionante, cargada de incertidumbre, que nos hace más sabios, comprensivos y fuertes,
aunque, a veces, su sabor sea el del sufrimiento. Una vez superado y perdonado, alcanzaremos un nivel
mayor de evolución.

La tranquilidad con que fluyen las aguas del río me aporta serenidad y seguridad y me adentra más en mí
misma. Todo discurre despacio y ello permite que nos empapemos de las lecciones de la vida y
alcancemos nuestro particular grado de maestría.

El seno de la tierra nos ofrece todo aquello que precisamos para reencontrarnos con el ser y alcanzar un
conocimiento supremo de nosotros que nos permitirá comprender mejor al mundo para dejar de
enjuiciarlo.

Todo confabula a nuestro favor, si aceptamos escuchar y confiar en nuestra intuición. Siempre podemos
equivocarnos pero cuando nos demos cuenta de un error, es porque ya hemos aprendido de él.

Los rayos del sol se entrelazan en el fondo del río y el movimiento los hace danzar en un juego de haces
de luz que parece propio de los ángeles.

La soledad de este rincón paradisíaco me permite disfrutar de él con toda mi atención, abandonándome a
la belleza que me enraíza en el ahora y soltando el control.

Este momento destila espiritualidad y me siento en libertad, libre de ser y de seguir allá donde el instante
me lleve.

La luz incide sobre la superficie del río y pequeños diamantes corren sobre ella, como si fueran gnomos o
duendes danzarines que juegan a ser felices. Y en esto precisamente consiste el juego de la vida: en
empeñarnos en ser felices a pesar de todo.

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Cerca de mis guías en el río

Estoy en el pueblo donde vengo a meditar y a dejarme embelesar por la belleza del ahora que se presenta
ante mi en este paisaje natural donde mis preocupaciones se esfuman. He abierto la reja de acceso al río y
he invitado a venir conmigo a un perro de cara bondadosa que se ha cruzado conmigo. Él me ha seguido
durante un trecho pero cuando me he sentado a escribir sobre la hierba, él ha preferido seguir su camino y
se ha separado de mí.

Aquí siento sonreír a mis guías y me adentro en un estado de paz que me enseña a reverenciar el instante.
Sin embargo, el verdadero mérito es aceptar el instante sin juzgarlo, aunque éste no sea de nuestro agrado.
Apelar, entonces, a la quietud interior, aunque resulte difícil, ayuda a recordar que a pesar del terremoto
emocional, sigues ahí, enraizada en tu equilibrio y tu fe.

Desde la alerta consciente, emergen lágrimas de tristeza por todo lo vivido lo cual hace que perciba que
me estoy recreando en el papel de víctima, aunque también estoy sintiendo y mirando a una tristeza que
había creído tener olvidada. La tomo en mis brazos emocionales y me responsabilizo de la situación.
Responsabilizarse significa decir sí a lo que es o a lo que ha sido, asumirlo, aceptarlo sin sucumbir al
juicio y seguir adelante, dando gracias por lo aprendido.

Me doy cuenta de que, mientras he estado llorando durante este breve espacio de tiempo, reviviendo mi
dolor, me he perdido el sonido sublime del canto de los pájaros que rompen el silencio del paisaje para
recordarme que siga aquí y ahora. Sumidos en nuestro sufrimiento, nos perdemos lo mejor.

Hace poco ha llovido durante unos minutos y las gotas de lluvia reposan sobre las briznas de hierba,
confundiéndose con el rocío matinal.

El sol parece que hoy le cuesta brillar pues unas nubes traviesas están jugando a ocultar su luz, pero al
final el sol les está ganando la batalla. Por eso estoy empezando a saborear su triunfo, sintiendo un calor
reconfortante en mi espalda.

La vida me ha enseñado que la felicidad se basa en la libertad, la sencillez, la humildad y el contacto con
la naturaleza, ese regalo divino que nos ofrece la Madre Tierra y que las hadas custodian con tanto celo y
vocación. Debemos respetar al planeta Tierra y amarlo como a nosotros mismos. Una forma de tratar con
cariño al planeta es saber cultivar buenos pensamientos pues éstos inciden sobre la energía terrestre y
elevan su vibración a la vez que elevamos la nuestra y la de quines nos rodean.

El río sigue sonando… su sonido no cesa, impulsado por su fuerza eterna y abrazado por los árboles de la
orilla. Los árboles lo abrazan, agradecidos de que el agua los alimente y les garantice su subsistencia. A
pesar de que lo árboles están a cierta distancia del río, se hallan más cerca de lo que parece ya que sus
raíces se orientan hacia el río y es como si lo tocaran.

Nuestras raíces también pueden acercarnos a lo que nos nutre y nos aporta, ellas saben sabiamente adonde
dirigirse, si se lo permitimos. Cuanto más pretendemos complacer y más nos dejamos absorber por las
exigencias y los cánones del exterior, menos conectamos con nuestras raíces interiores y vivimos la vida
en desconexión con lo que realmente somos: seres de luz con alas de alma.

Me pasaría la existencia contemplando este río y no entiendo como su belleza y su perfección pueda pasar
desapercibidas a los demás. Pero aquí reside precisamente el encanto de este lugar de cuento de hadas
pues, de este modo, puedo disfrutarlo en recogimiento y en soledad, algo que ahora me pide el alma a
gritos.

Hacía tanto tiempo que necesitaba detenerme y llevar una vida sencilla y tranquila de escucha interior que
ahora la vida me parece un sueño del que sé que un día despertaré y me encontraré cara a cara con mi
alma y le diré:

-Ahora no sólo puedo sentirte sino que puedo verte no contenida en cada cosa que he visto como hasta
ahora sino que al fin te puedo contemplar tal como eres en esencia. Te veo y me veo a mí misma. Y sé
que algún día de nuevo partiré a tu encuentro…

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Perdida en el bosque...

Me siento un punto de luz enraizado en esta naturaleza que me ancla en la perfección de un sentimiento
de libertad que, a su vez, me da alas para adentrarme en el alma y comprometerme a seguir mi verdad.

No sé adonde me llevará la senda del bosque pero su belleza me motiva a continuar caminando para
descubrir el sentido de lo auténtico.

El silencio es mi compañero de viaje. Tan sólo me aparta momentáneamente de él, el trino de los pájaros.
Si el silencio tuviera algún sonido, sería ése.

Mi intuición me susurra que los pájaros son ángeles disfrazados que alientan nuestro camino de luz
en la Tierra.

Aquí es fácil conectar con la divinidad. Le pido a mis guías que alejen mis preocupaciones para que éstas
no me impidan disfrutar de la claridad y la lucidez del ahora, pero me doy cuenta de que la que estoy
haciendo el esfuerzo para conseguirlo soy yo y que mi fuerza de voluntad me está ayudando a perseverar
en mi propósito.

Ahora me siento en conexión con el instante que aquí, en el corazón del bosque, se vuelve mágico y
cambiante. Los rayos de sol vienen y van y yo me tumbo en el suelo, en un claroscuro donde el sonido del
viento disipa mis dudas. El manto del sonido me reconforta, se funde con mi latido y me acaricia de
forma fugaz pero tan como eficaz como para seguir presente.

Con las montañas por compañeras, me siento segura. El zumbido de una abeja me recuerda que estaba
distraída. Regreso al instante. Existe grandeza en retornar al aquí y al ahora, en lugar de inquietarme por
haberme escapado de la dimensión presente.

Desde este rincón secreto, les he ofrendado a mis guías pétalos de una rosa que me regaló mi marido.
Estos pétalos vienen cargados de amor, que ojala regrese a donde pertenece pues todo se va y todo
regresa.

La altitud del valle me acerca a la presencia invisible de los seres de luz que custodian este paraje de
ensueño. Percibo como me recargan con su energía vital y sin condiciones. Su mensaje es claro: la vida
hay que sentirla sin condiciones, desde un amor sano, sin juicios, desde una conciencia neutral que
nos ayuda a aceptar en una actitud de no resistencia pero sin adoptar una postura de servilismo
pues uno nunca debe olvidarse de sí mismo.

Desarraigada, desasida, desapegada, desprendida. Así soy ahora pues ése se ha convertido en el techo de
mi felicidad porque hace que el vuelo del ser resulte grácil, ligero y tremendamente libre y revelador.
Conforme alcanzamos más altura en nuestro vuelo, más secretos nos revela el alma.

Le pido perdón a la Madre Tierra por haberla manchado con mis pensamientos negativos durante años y
me comprometo a elevar mi vibración con la fuerza del pensamiento positivo y, así, potenciar mi vínculo
con el planeta. Una piña que acaba de caer desde lo alto de la copa de un pino, me confirma que mi
intención ha sido escuchada.

Uno de los secretos que me ha revelado mi vuelo de vida es que muchas personas no vienen a
cambiar sino a hacernos cambiar a nosotros y esto supone una gran bendición pues sin pretenderlo,
nos impulsan a evolucionar, aunque a ellos les cueste mantenerse en una posición de parón
espiritual o, quizás, simplemente se estén tomando una pausa, un respiro antes de despertar. A
todos ellos les doy las gracias, los dejo atrás y sigo mi camino por el bosque.

Me detengo en lo que parece ser una madriguera e introduzco en ella dos cristales de cuarzo y una
amatista para los duendes y los gnomos. Ellos me obsequian con un momento de paz tan profunda que
cierro los ojos y entro en un estado de meditación sublime. Sin embargo, la mejor meditación es la que
veo ahora con mis ojos abiertos y la que percibo con el corazón.

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Descubro que el lenguaje del alma puede adquirir muchas formas pero que nace de la forma
indiferenciada del silencio. El silencio se convierte en un amigo dócil cuando no se espera y, entonces, se
mantiene con él un diálogo en el que no son necesarias las palabras, sino sólo la complicidad.

Sigo mi camino y me pierdo hasta que me encuentro a mí misma sana y salva.

Vivenciando mis recuerdos...

El sonido de las aguas del río que fluyen por instinto serenas de la mano de la sabiduría ancestral que las
guía eternamente, me adentra en el alma y me ayuda a desechar pensamientos ajenos a la perfección del
ser que anida en todos.

La aceptación de lo que etiqueté como como malo, le resta poder a lo que presté tanta atención como para
permitir que mermara mis aptitudes emocionales. Sin embargo, ya no me resigno a este proceso sino que
simplemente lo suelto, lo libero y me despido de él sin rencores. Lo abrazo para integrar las lecciones que
me dejó y le digo adiós para siempre. Ahora me siento yo misma: ligera y en armonía. Soltar es
terriblemente liberador.

Visitar en mi tiempo libre este lugar silencioso quebrado ahora por el tañido de las campanas del pueblo,
se ha convertido en un ritual en mi vida que me aporta paz de espíritu. Mi pareja, un ángel que bajó a la
Tierra para enseñarme a amar la vida, me mostró hace tiempo este paraíso natural que desde hace unos
meses se ha convertido en mi vía de escape hacia dentro

Las casas de piedra tienen una belleza particular que armoniza con la orilla del río y con la de este paraje
pétreo donde mis guías se han convertido en el testimonio de excepción lo cual lo transforma en un lugar
sagrado. Desde aquí agradezco y venero el instante que tengo la dicha de presenciar desde mi alegría
interior: esa alegría inocente e innata que sentía cuando era chiquilla y que ahora ha regresado.
No me movería nunca de aquí, seducida y cautivada por la corriente del río, el canto de los pájaros, la
profundidad de los valles y la fuerza del momento que me enraíza en estas tierras que testimoniaron mis
días de infancia.

Doy gracias por todo lo que ha contribuido al ahora y por este calor matinal que se funde con la luz de mi
alma. También doy infinitamente las gracias a las aguas por nutrir el suelo y provocar que mi corazón
estalle de dicha y de serenidad.

Siento a mi corazón tan cerca, que es como si lo tuviera sobre mi piel y su latido besara mi boca.

Veo en cada brizna de hierba, en cada árbol, en cada nube a un pequeño Dios que brinda su luz al mundo
y que se expresa desde el sosiego y la integridad con que fue creado.

En este rincón me siento segura y percibo una conexión espiritual con lo divino y lo sublime que todo lo
impregna y que sólo puede reconocerse desde la intuición y la capacidad creadora del alma y de la mente
a su servicio.

Aquí vengo a recuperar y a vivenciar mi infancia, ahondando en la libertad de esos días y que ahora se ha
traslado al momento en el que vivo. Además, esa sensación de ligereza y de margen de acción se ha
apoderado del instante y es mi timón. Pero permito que sea él quien me guíe y en vez de inquietarme, me
ha ayudado a conciliarme con la incertidumbre de la vida, la cual encierra cierta dosis de emoción que
alimenta mi corazón de niña y me envuelve en un halo angélico y luminoso que me susurra que soy la
niña amada del Universo.

A veces siento que durante mucho tiempo atrás estuve aquí y que ahora vengo a recoger las semillas de
calma que sembré entonces. Desde este lugar especial honro a mis antepasados, recojo su amor y me
libero del karma que sus expectativas pudieran haberme causado. De esta manera, suelto cadenas y dejo
que mi alma camine libre, destinada a irradiar la luz que la creó.

Estoy experimentando 2012 como ese año de bendición donde mis pensamientos se vuelven tan pacíficos
como los remansos del agua del río.

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El silencio me abraza y me siento arropada por la energía hadada y élfica que se respira aquí. Intuyo que
amé durante mucho tiempo este paisaje encantador y encantado, el cual una y otra vez me arrastra hacia
él...

Desde la paz del bosque

En este día lluvioso aquí me siento tan invisible y a salvo como los elfos y las hadas, que adivino que me
observan desde la lejanía, tras la frescura de este rincón natural de ensueño, y los cuales me han empujado
hasta aquí. Aunque yo no los vea, los siento conmigo y en el recogimiento y la intimidad del instante
reverencio su presencia y les envío un beso desde el calor del alma.

La lluvia cesa y apacigua el momento. La serenidad se apodera del instante e impregna el espíritu animal
y vegetal que me rodea, me abrazara con la luz de su corazón. Las nubes empiezan a deslizarse, a
corretear entre la maleza y rozan el suelo casi sin querer. Las tengo enfrente de mí, esponjosas,
escurridizas y etéreas y las percibo como una bendición que me infunde armonía y confianza. Es como si
el silencio naciera aquí y yo hubiera venido a enraizarme en él.

Me siento una con la vegetación y sus raíces de sosiego se anclan en mi alma. Me susurran que fui la niña
que corría libre por las montañas y que pronto la veré sonreír. La visualizo, la tomo de la mano y la mezo
en mi regazo. Pronto se queda dormida y tiene un hermoso sueño. Pero el mejor sueño es el que se vive
despierto desde el ahora pues nos conecta con la perfección del instante visto sin juicios ni temor,
respirando agradecimiento y hablándole desde el corazón.

La magia de este lugar me cala tan hondo como la humedad que ha dejado la lluvia. Este parece un
bosque de cuento de hadas capaz de albergar vida con el amor sin condiciones de una madre que ama sin
esperar nada a cambio.

El instante me agarra y me fundo en su esencia libre de forma, disfrutando de su magneficiencia pero sin
tratar de asirlo. La naturaleza de la vida es libre. Así, todo tiene derecho a ser pues es por sí mismo. Tratar
de modificar esto mediante el control es una locura.

Existe una fuerza tan grande en la naturaleza que me estremece el simple hecho de percibirla... pero la
Madre Tierra tiene el don de llevarnos hacia dentro para reconocer al ser y embebernos de su paz y de la
explosión de vida que irradia. Este es un milagro que estoy experimentando en este 2012, el milagro de
estar aquí y ahora y de ser consciente de la grandiosidad que se halla en todo incluso en lo diminuto.
Ahora percibo la dualidad como algo que hay que aceptar e integrar en nuestra experiencia en bien
de un mayor conocimiento para comprendernos mejor y a todo y a todos los están incluidos en
nuestro camino.

Me sigo dejando sobrecoger por el ambiente calmo de este paraíso callado sólo rasgado por el sonido
fugaz del movimiento rápido de los animales y el canto melodioso de los pájaros. Con su trino elevan la
vibración del Universo y le otorgan la condición de sublime y especial.

El planeta Tierra es un lugar único y testimoniar la belleza y perfección que poseen sus paisajes es un
regalo del cielo. Intuyo que los ángeles y los seres elementales de la naturaleza custodian este lugar y les
pido que sigan protegiendo el mundo para que una mayor conciencia se instale en cada uno de nosotros.
El potencial de la raza humana es infinito y puede usarlo en beneficio de toda la creación.

Me quedo inmóvil antes los árboles. Esto me enseña a observar y a ser testigo imparcial de los
acontecimientos. Esta constituye una de las mayores joyas de la sabiduría que nos dejaron nuestros
antepasados: ser capaces de dejar de emitir juicios y desarrollar una mente neutral y ecuánime. Pero
para eso se necesita aprender escuchar más y a hablar menos para que el silencio y la tranquilidad de
espíritu se aposenten en nuestros pensamientos. Esto sólo lo consigue la perseverancia, la fe y la
paciencia. La paciencia constituye esa maestra que proviene del ser y que nos alienta a caminar más
despacio, para comprender cada paso dado y estar alerta sin tensión. Hay que tener mucha paciencia
para vencer a la mente parlanchina.

La elevación de este lugar montañoso me conecta con mis ancestros y les transmito mentalmente mi
cariño para que sepan que siguen formando parte de mi familia de luz.

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En un tiempo anterior todos tuvimos alas y volverlas a desplegar para encontrar nuestro lugar, trascender
y elevarnos a donde pertenecemos, forma parte de nuestra misión.

Una mayor luminosidad baña el bosque y noto que lo invisible está más cerca. No siento miedo sino
acompañamiento y respeto hacia mi espacio vital. El respeto es el secreto que hace que las relaciones
funcionen y que lo diferente pueda convivir sin dañar.

Las nubes están subiendo. Yo me iría con ellas, lejos, hasta el arco iris y me quedaría allí con mi niña
interior, bajando por él como si fuera un tobogán.

Resulta todo tan hermoso e idílico desde aquí que las preocupaciones se han escapado... Aquí todo se
embellece y el mundo emocional se eleva con la luz del sol.

El sol empieza a acariciar el aura del bosque y la brisa juega con mis cabellos, con las ramas de los
árboles y con los duendes que se esconden tras las piedras. Lo divino cobra vida sobre todo cuando la
claridad y la transparencia lumínica dan paso a una belleza tremendamente viva que antes quedaba oculta.
Este momento es espectacular y gratificante.

Las hojas siguen moviéndose al compás de la brisa, mientras las hadas danzan y juegan sin ser vistas.

La existencia es un baile en el que hay que saber hallar el compás del corazón y, entonces, cada
paso nos conduce a la perfección que reside en cada uno de nosotros, a esa belleza interior que se
convertirá en nuestro legado de vida.

Arrojar luz

Las hadas nos envían desde su reino encantado esta reflexión...

Arrojar luz es seguir y defender la verdad de cada uno con todas las consecuencias. Esta opción es
tomada por aquellos que han perdido el miedo y que han adoptado el coraje y la determinación como
llave para acceder a la verdad del alma.

Una persona que vive comprometida con su propósito, con lucidez mental y con desapego es capaz de
arrojar luz sobre cuestiones que atañen a su existencia. Es alguien a quien no amedrentan ni condicionan
los comentarios de los demás pues ha dejado de dejarse condicionar por la manipulación y la mentira
ajenas.

Arrojar luz con sus actos hace que las personas sean dignas de respeto, de admiración pues viven su vida
alineadas a la luz del alma y la potencian con cada uno de sus gestos y palabras.

Arrojar luz es no tener miedo a decir la verdad con respeto y a no dejarse asustar por la actuación de los
demás, sino más bien a utilizar los hechos llevados a cabo por otros para posicionarse en lo que nos ha
enseñado el devenir existencial de cada uno, siendo sinceros y coherentes con nosotros mismos, y no dar
la espalda al sufrimiento propio ni al ajeno, aceptando sin resignarse, expresando o evidenciando hechos
que lastiman el corazón con los medios posibles a nuestro alcance., Aunque a veces tan sólo constituyan
unas pocas palabras, unas palabras prudentes pero cargadas de verdad van a reportarnos más de lo que
esperamos y van a ayudar a que el mundo sea un lugar mejor donde evolucionar con dignidad, armonía y
respeto.

Arrojar luz es propio de personas sensibles, que han aprendido a hacerse valer, que han sufrido
pero sin vengarse de sus tiranos, asimilando y entendiendo las lecciones del dolor y ampliando su
capacidad de comprensión de tal manera que su capacidad de amar y de valorar la vida crece, lo cual las
empuja a estar cada vez más presentes y a alcanzar un mayor nivel de conciencia y humanidad.

La comprensión nos hace más tolerantes y humildes lo cual aumenta nuestro nivel de coherencia
interior, no permitiendo que las contradicciones y las dudas nos superen, volviéndonos más empáticos
pero sin transigir en círculos viciosos emocionales, aprendiendo a decir que no sin culpabilidad,
adquiriendo un mayor discernimiento e intuición y, por tanto, arrojar luz en cada paso del camino con la
certeza de que alma y corazón laten al unísono.

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Reflexiones

El aprendizaje de las hadas en el planeta Tierra

Dentro del aprendizaje de las hadas en el planeta Tierra, esas hadas encarnadas en personas de carne y
hueso que nacen en el planeta para erigirse como representantes de las hadas en La Tierra, están incluidos
los períodos de incertidumbre. Aquellas que deseen superar su estancia en el planeta no deben dejarse
arrastrar por la desesperación, el miedo, la lamentación o el desánimo. Al contrario, deben emplear esta
valiosa oportunidad para recordarse a sí mismas que hay algo que guía divinamente sus existencias y que,
más que nunca, no deben perder la fe en sí mismas ni en la vida. Por tanto, van a utilizar todas las
herramientas adquiridas en La Tierra, como el conocimiento de las leyes que rigen aquí el Universo, para
ir transformando su camino y descubrir el propósito de su misión.

Como consecuencia de la plena aceptación de su situación actual, estas hadas de carne y hueso no va a
dejarse llevar por la confusión o la oscuridad sino que no pararán hasta ver su luz, la misma luz con la que
nacieron y con la que deben reencontrarse para sentirse en paz en este hogar que les ha sido asignado.

Estas que fueron hadas en anteriores existencias saben que por la ley del karma o de causa y efecto, si
tienes miedo, engendras y recoges más miedo o si te dejas afectar por el sufrimiento, lo esparces a tu
alrededor y, además, acabará volviendo a ti, o sea, que es mejor sembrar alegría y calma, para cosecharlas
después.

Así pues, la incertidumbre las empujará a emplear todas sus armas de positivismo y a no olvidarse de
carácter sagrado y divino de la existencia de la cual debemos tomar consciencia y no permitir que se nos
vaya de las manos o que se nos escape sin haber reconocido lo bueno y las lecciones que nos brindó y que
nos permitieron cambiar, madurar, empatizar y comprender.

Estar en paz con el destino para estas hadas aquí sin alas, aprendizas en el planeta Tierra, va a ser
su principal reto. Para ello, van a seleccionar cuidadosamente sus pensamientos, los cuales, si son
agradables dejarán luz en La Tierra y van a desechar todos los pensamientos o sensaciones de
pesadumbre, celos, melancolía o tristeza.

Cada uno está en el lugar que le corresponde y es responsabilidad de cada cual cambiar el destino,
si creemos en nuestras posibilidades y abrimos nuestra mente a nuevas perspectivas y respuestas. Si
somos coherentes y sinceros con el corazón, lograremos despojarnos de la duda, la confusión o el temor
para sustituirlas por claridad y presencia atenta en cada instante.

Discutir, juzgar, forzar o criticar sólo conseguirán anclarnos en arenas movedizas donde nuestra
luz quedará oculta. Mostrarla implica ser y desarrollar nuestras mejores facetas y habilidades y
dar cabida al ser en cada minuto de nuestra valiosa y efímera vida.

Vivir despacio, aprovechar el tiempo libre para hacer lo que nos gusta, apreciar la belleza hasta en lo
minúsculo y dejarnos fascinar por lo simple y sencillo, mirando las cosas con los ojos de nuestro niño
interior, sacará a flote nuestros dones y obrará milagros pues la magia está en nuestro interior y de
nosotros depende agitar la varita mágica y concedernos lo mejor.

El aprendizaje de las hadas en el planeta Tierra (2)

Las hadas pueden encarnar tras su existencia como hadas en este planeta. Por eso, las hadas
aterrizarán en La Tierra en carne y hueso y su principal desafío será recordar sus orígenes para poder traer
a este planeta la sabiduría, la magia y la luz del Reino de las Hadas que las vio partir y que espera algún
día su regreso tras haber trascendido la tercera dimensión terrestre. Sin embargo, las hadas acostumbradas
a la unidad, en La Tierra van a tener que lidiar con la dualidad y el sufrimiento pero también
experimentarán la alegría y la creatividad y verán la inocencia no sólo en sus propias infancias sino
también en los niños con los que ellas, ahora convertidas en personas, puedan entrar en contacto en su
adolescencia y madurez.

Establecer contacto con los niños es un modo de reír, de soñar y de jugar, saludando al dulce
momento presente. Si un niño llora, luego lo olvida y sigue con sus juegos. Esta a va ser una importante

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lección para las hadas en cuerpo humano, esa capacidad de salir adelante que tienen los niños, de ser
de forma natural, siempre con una sonrisa en el rostro y la mirada llena de luz. Parece así que el
rencor está reservado para las etapas siguientes a la niñez, cuando el niño se contamina por las exigencias
del entorno, pero las hadas, cualquiera que sea su etapa aquí de crecimiento, gracias a los grandes
maestros que son los niños, los cuales viven libres de negatividad, van a aprender a perdonar, a
dejar atrás, a olvidar el dolor, a soltarlo como si de una cometa que se pierde en el cielo se tratara y
a permitir que cada cual siga su camino y sea tal cual es, pues la aceptación es decir sí al instante que nos
acaricia con destellos de conciencia y de lucidez. De este modo, ellas instaurarán en su ahora esa
visión fresca, renovada, feliz y tierna que los niños traen consigo y que es posible conservar más allá
de la niñez. Por eso, las antes hadas se sentirán llenas de vida aquí en La Tierra pues los niños son
tremendamente vivificantes y establecer contacto con el alma de un niño es una bendición que hace
que todo sea natural y fluido y esta lección es tan importante que posibilita la apertura del ser con la
misma naturalidad con que una flor se abre inocente al despuntar el alba. Por tanto, las antes hadas van a
llegar a la conclusión de que los niños no sólo constituyen grandes cambios en la vida de quien los
cuida, sino que son un milagro en sí mismo que merece la pena disfrutar y escuchar.

El contacto con animales también puede ilustrar a las antes hadas con valiosas lecciones ya que los
animales pueden convertirse en nuestros mejores amigos y nos aportan calidez, compañía, sonrisas y
juegos. No en vano los niños adoran a sus mascotas. De hecho, las hadas en La Tierra van a sentirse
muy bien con los animales pues ellas suelen ser unas defensoras del respeto a las especies animales y
vegetales, y en su existencia hadada conocían el lenguaje de los animales.

No obstante, tras el regalo de estas hermosas lecciones, las hadas van a tener que asumir mayores
transformaciones en sus vidas humanas hasta lograr despertar su ser.

El aprendizaje en el planeta Tierra pasa por rendirse al cambio y aceptar la incertidumbre o la


inseguridad como valiosas herramientas para aprender a confiar en sí mismas e integrar el hecho
de que todo sucede para mejor y de que las cosas no pueden forzarse, aunque no siempre resulte fácil
comprenderlo sobre todo durante el inicial desconcierto que una novedad inesperada puede causarnos.

Para lograr entender y armonizarse con los sucesos de su entorno, estas personas con alma de hada van a
desplegar todos los medios a su alcance aquí para enraizarse en su lugar y destapar su luz. Lo principal
residirá en mantener la calma a pesar de las circunstancias y no caer en una espiral de queja, infortunio o
frialdad. Al contrario, el sufrimiento las enseñará a ser más sensibles y a tener en cuenta sus
necesidades y las de los demás, a tratar de comprenderse a sí mismas y a los demás para luego poder
ayudarse a sí mismas, sanar sus heridas emocionales y contribuir con su misión de vida al servicio a los
demás.

Para conseguir calmar su mente, estas personas venidas del Reino de las Hadas disponen de
técnicas como el yoga, la meditación, escuchar música suave, pasear tranquilamente, dedicarse a una
afición o enviar energía reiki a sí mismas, a los demás o al planeta Tierra, imprimiendo los símbolos
en su mente e irradiando esta energía a La Tierra, visualizándola frente a ellas.

Sea cual sea la técnica elegida, practicada con constancia producirá sus frutos reflejados en una mayor
paz mental lo cual acabará redundando en nuestro entorno, pues, iniciando el cambio en sí mismas, lo
verán manifestado en el exterior. Desde la calma mental les resultará más fácil dar esquinazo al ego y
abrazarse al ser, recordar su luz de hadas y toda aquella sabiduría que están predestinadas a
dejarnos en La Tierra.

Así pues, el mensaje de las hadas es que en épocas de confusión, inseguridad o convulsión debemos
profundizar más que nunca en nuestro estado de serenidad interior y llevarlo allá donde vayamos
pues la paz es el mejor regalo con que podamos obsequiar a los demás.

La misión de las hadas en el planeta Tierra (3)

La aceptación para las hadas en el planeta Tierra es el gran reto al que se enfrentan, cuando
descienden aquí para vérselas con un gran maestro que más de una lágrima y rabieta les ha costado: el
sufrimiento. Al provenir de una dimensión de unidad, las hadas al llegar a la dualidad de la Tierra hacen
gala de una inocencia y espontaneidad que deben aprender a mesurar pero sin perder estas cualidades que

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les recuerdan que los dones de la infancia deben de seguir presentes en la edad madura, adaptándolos al
instante sin dejar de lado la alegría y la creatividad del espíritu hadado.

Cuando un hada descubre que lo es, pero en carne y hueso, no puede evitar que la frustración se instale en
su corazón pues el hada es entonces incapaz de sentir sus alas y mucho menos de disfrutar de la libertad
que antaño fue su eterna compañera en el reino de las hadas. Hasta que ella no entienda que su alma
eligió desde una posición de no juicio venir aquí para completarse y ayudar, ella vivirá su estancia en el
planeta como un calvario, un cautiverio en el cual le es imposible volar y huir. Sin embargo, los guías del
hada van a orientarla para que su comprensión alcance un mayor entendimiento y tras llorar y rebelarse,
llegue a la conclusión de que las enseñanzas en la escuela de la Tierra tienen el poder de elevar a las
personas a la conexión de la grandeza y la belleza del ser. Hasta que no lo consiga, el hada parecerá
una niña enfadada a quien se le ha cerrado las puertas de su reino y de su castillo mágico.

No obstante, el hada hallará grandes maestros en su existencia, en cada apariencia habrá un instructor
camuflado cuya enseñanza se irá repitiendo una y otra vez hasta que el hada encarnada en persona
esté dispuesta a escuchar, flexibilizarse, tolerar e integrar en su sentir nuevas perspectivas, sin olvidarse
de su autoestima y dignidad. A veces, el maestro con su ejemplo pretenderá mostrarle lo contrario que
ella deba de hacer. De este modo, el hada se hallará ante las dos caras de la balanza y podrá elegir cuál
tomar, habiendo comprendido la opuesta. Además, el hada descubrirá que la soledad y el recogimiento le
permitirán adentrarse en su paz, esa entrada a la libertad y la magia del ser desde la que todo es
posible en alineación con el alma, que nos irá mostrando en cada paso cómo somos, proporcionándonos
lo necesario para ello y no descarriarnos del camino a seguir.

Desde la aceptación, se aprende ni a resignarse como una víctima vulnerable ni a forzar los
acontecimientos, sino más bien a saber esperar con paciencia que lo que nos está destinado llegue a
nosotros. La improvisación será una gran aliada gracias a la cual la respuesta buscada nos llegará
en el instante adecuado y nos impulsará a tomar grandes decisiones con claridad y determinación.
El hacer planes puede resultar adecuado en algunos casos pero nunca para tratar de imponer nuestros
criterios o controlar los de los demás. La libertad es lo opuesto al control y desde la libertad se abre la
puerta del amor y de la creatividad de la que todos somos capaces y que contribuirá a aliviar el
mundo de tanto sufrimiento.

Cuando el hada aprende a respetar la decisión que tomó su alma al venir aquí, entra en contacto con el
desapego, con el desinterés y con el compromiso de evolucionar de acuerdo a la luz de esa alma que aún
estando aquí, sigue siendo hadada. El hada, entonces, aprende a amarse y a amar al planeta, a dejarse
cautivar y respetar la esencia sagrada que se respira en cada muestra viviente del planeta y una vez
sanadas sus heridas y sintiéndose completa tal y como es, se instala en ella de forma natural y
espontánea el deseo de ayudar a los demás sin interferir ni dañar sus vidas. Al hada le ayudará
recordar el estado de no juicio y de ecuanimidad desde el cual todos son tratados por igual, que ya
poseía antes de venir aquí y que irá recordando para contribuir al bienestar del mundo.

Las lecciones a las hadas les vendrán dadas directamente por sus guías, por personas, animales, plantas o
cualquier otra situación que les sirva de marco de crecimiento. También comprenderán la tristeza que
pueden experimentar sus guías al guiarlas en las duras condiciones del planeta Tierra, lo cual las
conducirá a elogiar y agradecer su rol y a dejar de maldecirlos por permitir que ellas bajaran aquí. Para
los guías puede no resultar siempre fácil guiarnos, pero ellos deben respetar el plan de vida que el alma
eligió previamente a la encarnación actual, entre cuyos aspectos se halla la limpieza de karma pendiente.

De hecho, cuando las hadas se integran en la red paisajística que configura su existencia terrenal, ya no
tienen prisa por regresar a su dimensión hadada pues el aprender y el aportar a este planeta que tuvo la
bondad de acogerlas, las alienta a permanecer aquí sin angustia, sin prisas, habiendo soltado todo lastre y
confusión emocional y aceptando que su regreso se producirá en el momento adecuado, pero disfrutando
ahora de su estancia en este bello planeta azul creador de vida y que a tantas almas, aparte de las mismas
hadas, tiene cautivado. De este modo, las hadas dejarán de tener miedo y llegarán a sentirse hijas de
la Tierra.

Y tú, ¿qué has aprendido de tu paso por la vida?

Caminar en bendición según las hadas

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Caminar en bendición según las hadas es sentirse en unidad con la vibración del agradecimiento
por todo lo aprendido y por todo lo que se extiende ante nosotros. Cada paso del camino es tan bendito
que es como si las rosas aparecieran allá donde otros sólo ven espinas, ciegos ante el manto de luz divina
que nos insufla vida cada día.

Caminar en bendición es percibir el aroma del hogar, encontrar nuestro lugar, sabiendo encajar en
el tablero de la vida y jugar libres de expectativas la partida, convencidos de que nuestro propósito nos
llevará a donde nos corresponde, por tanto, no vamos a asustarnos sino a dejar que todo sea, eso no
implica resignación, abnegación o adoptar el rol de víctima sino el asumir las consecuencias del ahora,
intentando aportar lo que nos revela el corazón.

Caminar en bendición es agradecer hasta lo mínimo o minúsculo, reconociendo su lugar en el


instante. Caminar en bendición es saber que incluso las cosas se manifiestan antes de pedirlas, como si el
Universo adivinara con antelación lo que vamos a necesitar.

Caminar en bendición es contemplar la magia del ahora, esa luz sublime y sabia que nos rodea con su
halo amoroso y, de forma sutil, adormece nuestros miedos hasta que caen por sí solos.

Caminar en bendición es descubrir que el mejor milagro es sentirse bendecido por el mero hecho de
estar aquí y ahora.

Los maestros invertidos según las hadas

Los maestros invertidos son aquellas personas que se cruzan en tu camino y que con su ejemplo te
enseñan lo contrario a lo que debes aprender. Por tanto, si son diestros en el arte de la mentira, aprende
sinceridad o sin son hábiles en el arte de la hipocresía, aprende autenticidad. Marcarles límites y
mantenernos firmes en su osada actitud sin caer en su juego será nuestra mayor baza y nos conectará con
nuestra seguridad y autoestima. Sin embargo, la presencia de un maestro invertido implicará paciencia
por nuestra parte pues a veces su comportamiento es seguido por los demás o el cambio no siempre
depende de nosotros en el preciso momento que vivimos la experiencia. No debe hacernos sentir mal el
no estar de acuerdo con un maestro invertido y con los que aparentemente se les muestran sumisos.

Los maestros invertidos también son maestros que te muestran tus partes vulnerables, de las que quizás
no eres consciente, aquellas que debilitan a tu ser y que precisan de tu transformación emocional para que
emerja el ser auténtico y fuerte que eres. Por tanto cuando en tu vida tengas autenticidad o sinceridad, la
valorarás más pues habrás conocido el lado contrario de la balanza gracias a ellos. Esto te permitirá
conocer mejor tus límites y también tus fortalezas y ayudar a quienes estén pasando por tu misma
experiencia.

La mejor arma de los maestros invertidos es el dolor que te causan con su comportamiento pero una vez
gestionado el sufrimiento, la mejor lección que ellos nos dejan es que ante el odio o el resentimiento es
mejor el perdón y el olvido: olvidarnos de quienes nos hicieron daño para apostar por el amor por la vida
y por nosotros mismos. Podemos dejarlos libres una vez aprendida la lección y seguir nuestro camino,
dejándoles atrás. Perdonar es un sentimiento de libertad interior en el que soltamos lastre y le damos un
nuevo rumbo a nuestra vida. El perdón nos abre a la tolerancia y a la comprensión. Seremos capaces de
comprender, aunque nuestros valores y dignidad nos impidan compartir lo que un maestro invertido nos
enseñó con su actitud. Aceptar la realidad no significa necesariamente resignarnos a ella.

Con el perdón, los maestros invertidos habrán quedado atrás y también sus seguidores. Habremos dejado
de alimentarles el ego y ellos mirarán en otra dirección allá donde haya quienes les nutran
emocionalmente. Nosotros ya no seremos su alimento pues una vez integrada su lección, nuestra
vibración habrá cambiado y ya no será pareja a la suya. Vibraciones similares se atraen, pero vibraciones
opuestas se repelen a no ser que tengan pendiente alguna cuestión kármica, entre otras posibilidades.

Un maestro invertido es incapaz de reverenciar el momento o de recrearse en el milagro de la vida, en la


bendición de vivir cada minuto o de dejarse llevar por un corazón enternecido ante la belleza del entorno
y de los aspectos de quienes nos rodean. Lo sublime les pasa por alto, por tanto, su presencia es un aviso
de las hadas para que aprendamos a desplegar nuestra propia magia para reconocer la luz en lo que vemos
pues un maestro invertido está tan ciego que no sabe donde está. En cada flor, en cada niño, en cada

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elemento que está cerca de nosotros hay un pequeño Dios que al igual que nosotros ha venido a aprender
y la sabiduría de su espíritu va a enriquecernos, si le abrimos el corazón y nuestra intuición nos lo pide.
La intuición es esa voz interior que debería de tener tanta presencia como la voz que emana de nuestra
boca, pero no siempre es así. Normalmente, ante la presencia de un maestro invertido, una persona
intuitiva tendrá una extraña sensación que la alertará.

Los maestros invertidos según las hadas (2)

Los maestros invertidos son aquellos que nos dan ejemplo con su actitud de aquello en lo que no
debemos convertirnos o de aquello que, sin ser conscientes, reside en nosotros, y que debemos pulir
en nuestro interior para que dicho rasgo deje de ser un hábito. Por tanto, si algo nos molesta de
alguien, podemos marcarle límites y ser asertivos, pero, también lo que debemos hacer es precisamente
analizar en nosotros qué es lo que puede haber en nuestra personalidad que se parezca a ese
comportamiento ajeno que tildamos como molesto. Si lo encontramos, con el sólo hecho de haberlo
identificado hemos dado un primer paso para tomar conciencia y rectificar, desarrollando en nosotros
precisamente su valor opuesto en la balanza. Por ejemplo, si nos molesta la actitud rígida de alguien,
entonces deberemos desarrollar tolerancia o flexibilidad.

Las hadas también nos indican otro ejemplo: si encontramos a alguien ruidoso, entonces quizás
nosotros tenemos este ruido en nuestro interior, a lo mejor, tenemos un tono de voz demasiado alto,
charlamos demasiado o le damos vueltas a todo, en un constante parloteo interior, o bien es
momento de aprender a encontrar el silencio interior, de escucharnos o de hablar menos para
adentrarnos en la sabiduría del alma. Si nos perturba la intolerancia o la soberbia de alguien, a lo mejor
existe rigidez u orgullo en nosotros, por tanto, al trabajar en uno mismo la humildad o la flexibilidad ya
sea física o mental, provocará una transformación evidente en nuestra realidad. Otro ejemplo sería en
caso de los algunos suelan aprovecharse de nosotros, entonces quizás sea momento de fortalecer la
autoestima, de saber decir que no o de empezar a conocernos mejor y dedicarse tiempo a uno mismo. Si
precisas de mayor coherencia en tu vida, la actitud del maestro invertido va a ser decirte o más bien
ordenarte lo que debes hacer en tu vida, pero tu maestro invertido, en cambio, en circunstancias similares
a las tuyas no predicará con el ejemplo que paradójicamente tiene costumbre de imponer a los demás.
Esto te hará darte cuenta de que si él no actúa conforme a las palabras que pronuncia, tú haz lo contrario
que él y actúa conforme a las palabras serenas que brotan de tu corazón.

Al implementar nuevas actitudes, el maestro invertido está condenado a desaparecer o bien nosotros
escalaremos una posición mejor. Y si no somos incapaces de detectar qué es lo que puede existir en
nosotros que se asemeje a lo que nos afecta de ese comportamiento ajeno, entonces, podemos tratar de
averiguar qué otros aspectos podemos identificar en esa tercera persona para poderlos corregir en
nosotros mismos. En este caso, puede haber algún defecto en nosotros cuyo opuesto podemos
integrar a nuestra escala de valores o a nuestra forma de actuar. Este cambio interno pero decidido
conscientemente por uno mismo no será fácil, pero, de llevarlo a cabo, se obrará el milagro o el cambio
favorable en nuestras vidas destinado a llenarlas de paz y bienestar emocional.

Los maestros invertidos no suelen venir a aprender, más bien, ellos nos enseñan a nosotros y aunque su
enseñanza no sea agradable de asimilar, sus lecciones suelen ayudarnos a avanzar más de lo que creímos
en un principio. Al habernos transformado nosotros en el cambio que deseamos ver en nuestro entorno y,
por tanto, en el opuesto que tanto manifiesta nuestro maestro invertido, entonces él deja de ser nuestro
espejo, para pasar a convertirnos precisamente nosotros en su espejo. Pero raramente un maestro invertido
va a aprender de nosotros y, por tanto, a preguntarse qué es lo que le muestra el espejo de otro (o lo que
puede aprender de otro). Sin embargo, al haber cumplido el maestro invertido su rol en nuestra vida, le
guste o no, la nueva realidad le salpicará de formas que jamás hubiese imaginado sobre todo teniendo en
cuenta que dos personas con vibraciones distintas, por ley del Universo, están condenadas a completarse
o a repelerse pues sólo personas con vibraciones similares suelen estar juntas durante mucho tiempo.

Cuando la vida desplaza a alguien de este modo, no se debe cometerse el error de ser indulgente con él
pues si así se hiciera, no sólo se impediría u obstaculizaría su trayectoria o camino de aprendizaje, sino
que además ese alguien al estar interfiriendo u obstaculizando, acumularía más karma en su propia
experiencia al cargar con el karma del otro, quizás por querer responsabilizarse o inmiscuirse en una
situación ajena que no le incumbe. Cuando se logra aprender de un maestro invertido, siempre nos llega
una ayuda milagrosa e inesperada capaz de dejar boquiabierto a cualquiera y a mostrarnos que nadie
escapa a la sabiduría y la perfección de la vida.

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La vida tiene un carácter sagrado que un maestro invertido nunca sabrá alcanzar pero que,
paradójicamente, su insólita actitud nos ayudará a tocar con su peculiar varita mágica y al hacerlo, logrará
que reconozcamos el regalo de la vida y a reverenciarla en cada instante.
Vivir en un estado continuo de agradecimiento suele alejar a todo aquél que repudie esta forma de vida,
incluso a los maestros invertidos, dependientes de la aprobación de los demás, enemigos de la soledad o
el recogimiento en uno mismo e indiferentes a lo sencillo y a la luz del corazón.

Los maestros invertidos según las hadas (3)

Los maestros invertidos son aquellos que con su ejemplo precisamente nos enseñan lo contrario a como
debemos obrar, por ejemplo, con actitudes de vanagloria, narcisistas o de vanidad.

Las hadas nos revelan que uno de los puntos débiles de los maestros invertidos es querer tener siempre
razón y forzar las circunstancias para que parezca que el único punto de vista válido es el suyo,
plenamente convencidos de sus argumentos que no dudarán en utilizar no sólo frente a nosotros sino
también frente a los demás para encontrar apoyo en ellos y tratar de dejarnos al descubierto. Por tanto,
van a tratar de reafirmarse en su posición desde su apariencia de lobo con piel de cordero, aunque
nosotros nunca hubiéramos esperado esta reacción por su parte.

Nuestro error sería enfadarnos por eso o seguirles el juego a ellos o a quienes les apoyan ya que eso
solamente fortalecería su posición, les inflaría el ego y además nos absorberían energía. Por tanto, o bien
les aportamos una visión más ecuánime de las cosas o bien lo dejamos correr, siendo conscientes de que
con esta actitud nunca alcanzarán a atisbar ni por un segundo la sacralidad de la vida y considerándonos
bendecidos por haber llegado al punto de que considerar cada instante como milagro implica no perder el
tiempo en aquello que no nos nutre y que no nos ayudará a crecer. Al contrario, seguir según que argucias
es apartarse de esta belleza de la vida que aparece de forma natural al desplegar el ser y que el ego es
incapaz de ver, absorto en pláticas y elucubraciones.

No caigamos en el mismo error que un maestro invertido el cual invierte todas sus energías en su
posicionamiento egoísta sin reconocer en ningún momento la luz del instante, la perfección del ahora, la
sencillez y la naturalidad del alma.

No rendirse a la sacralidad o divinidad que encierra la vida en cada segundo, sería como despreciar o
ignorar la autenticidad de la vida misma, el milagro de ser. Reverenciarla en cada instante es el primer
paso hacia el despertar en el cual sabremos discernir la verdad que hemos venido a descubrir y conocer a
través de nuestro propósito.

Los maestros invertidos según las hadas (4)

Las hadas nos enseñan que los maestros invertidos son aquellos que son invertidos porque obran desde el
aspecto negativo de la balanza pero como fieles reflejos de nosotros mismos nos hacen el regalo con su
actitud de informarnos en qué debemos mejorar o que debemos trascender para que no se altere nuestro
equilibrio. Como suelen mostrarnos nuestros defectos, de los cuales no somos conscientes, si trabajamos
y profundizamos en lo contrario a lo que nos muestran, nos enseñan a mejorar y a evolucionar.

Así pues, si un maestro invertido vocifera y emite críticas continuas, podemos aprender a hablar de forma
más pausada, con un tono adecuado y a tratar de ser más prudentes en el habla, más ecuánimes, más
neutrales y a no juzgar. De esta manera, lo neutralizamos. Si un maestro invertido actúa desde la ira,
entonces debemos de desterrarla de nuestro interior para potenciar la paz. Por tanto, lo que a primera vista
parece venir a inquietarnos, bien gestionado, puede convertirse en un toque de atención para progresar en
nuestro camino de despertar.

Según las hadas, la presencia de un maestro invertido nos indica que no es él quien debe cambiar
sino nosotros. Gracias a eso, nuestra forma de pensar se transformará y maduraremos para integrar una
nueva perspectiva que nos convertirá a la larga en más sabios y neutrales.

Emisores de lo paradójico, los maestros invertidos se acercan para luego alejarse o no hacerse notar
tanto, si hemos superado la lección. Además, la verdadera paz es aquella que se es capaz de manifestar
en circunstancias tumultuosas, que vienen a cuestionarla o alterarla y, en eso, los maestros invertidos

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resultan verdaderos expertos. Un maestro espiritual predica con el ejemplo pues en él cuerpo, mente y
espíritu son uno, en total coherencia pero el maestro invertido no experimenta dicha coherencia sino más
bien contradicción o engaño a sí mismo y, por ende, a los demás. Eso debe alentarnos a ser sinceros,
honrados con nosotros mismos y a conocernos y a aceptarnos tal como somos, potenciando lo que
realmente somos y sin dejarnos condicionar o influir por lo que sea opuesto a nosotros. Un maestro
espiritual se conoce a sí mismo, un maestro invertido, en cambio, no ha invertido todavía el tiempo
necesario para esta meta, algo que le hace actuar según los dictados de su ego. Sin embargo, un maestro
espiritual a aprendido a ser, a dejar ser y a actuar desde el ser y el amor incondicional. En un maestro
invertido, en cambio, el amor siempre va a ser condicional pues las riendas las maneja el ego.

El maestro invertido en su enseñanza puede venir a darnos una lección en la que puede crearse o no más
karma. Si se lo crea, arrastrará a aquellos que dejen manipular por él en su juego, sólo los que logren
trascenderlo, aprendiendo y no dejándose engañar ni afectar, serán más fuertes y seguirán su camino con
mayor convicción, serenidad, humildad y más ligereza. En este sentido, no dejar que un maestro invertido
interfiera o condicione nuestras vidas es un importante paso adelante en nuestro camino y supone un
avance espiritual profundo. Comprender las razones de su actuación provocará que logremos colocarnos
en una perspectiva más objetiva con respecto a él y que sus pataletas o maniobras no consigan el grado
que a él le gustaría. Por el contrario, ser conscientes de que esa experiencia al igual que otras, pasará y
que tras ella, seremos distintos y más maduros al haberla integrado, nos hará llegar a la conclusión de que
los regalos en la vida a veces llegan por los medios más inusitados o inesperados.

Los maestros invertidos según las hadas (5)

El maestro invertido, aquél que nos rompe las estructuras y que actúa en modo contrario a cómo tú debes
actuar, aquél que te muestra algo oscuro en ti que debes llenar de luz para avanzar a otro lado de la
balanza más cálido o que, simplemente, está ahí para enseñarte lo que no eres para llevarte a lo que sí.

Gracias, maestro invertido, por enseñarme a honorar, a reverenciar, a homenajear el ahora. A


sentirlo como un niño que juega en mi interior sin preocuparse por el siguiente juego, sin malograr el
instante con demasiada palabrería sino más bien honrándolo con una actitud que brota de un corazón
tan limpio como el agua que fluye en las cimas.

Gracias por recordarme estar aquí, respirar cada instante, sin dejar que el momento se vaya, o que
no se escape gracias a mi atención consciente.

El ahora nos invita a despojarnos de vestigios obsoletos, de restos sobrantes para quedarnos
desnudos en la luz del corazón y la belleza del ser. Una vez desnudos vibramos en el ahora y el
Universo nos invieste de su poder, fundido con el nuestro. Desde entonces, la vida se hace sola, viene
hacia nosotros aquello que nos pertenece y a lo que no nos aferramos, permaneciendo conscientes en cada
momento de la existencia, con los ojos interiores abiertos para no perdernos en el mundo y no perder
el instante. La serenidad se instaura en nuestros actos y la infinitud se refleja en nuestra nueva mirada.

Con el silencio posado en el corazón, cada latido constituye un canto a la vida donde se mecen las
melodías de los ángeles. La vida sabe dulce y amarga pero siempre se percibe igual, impasible e
imparcial desde la paz y la fortaleza de adentro.

Gracias por mostrarme la bendición de la vida, que debo comprometerme con la alegría de vivir y
con el poder de la palabra hablada y escrita. Mostrarme lo que no soy, clarifica y esclarece lo que sí
soy. Inevitablemente, me conduce directa a ello. Gracias por enseñarme a ser neutral.

Y si hay algo negativo en ti que sí soy, entonces lo rectifico, lo reparo en mí y ya no será necesaria tu
presencia. He venido a recordar lo que soy, a entrenarme mediante el aprendizaje para rememorar
lo que en otro plano dejé atrás o quedó pendiente y que debo encontrar en la Tierra para llevármelo allá
donde vaya y completar mi evolución aquí.

Gracias, maestro invertido, por una ser una señal de mi camino y por mostrarme a pesar de mi
perplejidad por tus actos que la felicidad y la plenitud constituyen mi compromiso de aquí. La vida
resulta una paradoja y mi vida está llena de personajes que así actúan empeñados en mostrarme la verdad
por caminos que jamás hubiera imaginado.

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Gracias a todos:

Por enlazarme con el presente, por contribuir a crear en mi mente un espacio más amplio, por mostrarme
los entresijos de la mente humana, por adiestrarme en el reconocimiento del cada ahora que por nada se
deja afectar o contaminar pues es en sí mismo, imbatible en su naturaleza divina, eterno y efímero en su
constitución.

Los maestros invertidos según las hadas (6)

Las hadas nos enseñan que existen grandes maestros que pretenden hacernos sentir mal pero eso es
consecuencia de su propio estado de malestar interior. El reto consiste en no permitir que ese estado que
ellos expanden se instale en tu corazón. Para ello es preciso que tengas presentes técnicas de arraigo y
de respiración consciente que te sostengan plenamente en el instante pero libre, sin ataduras ni
toxicidades ajenas.

En momentos de zozobra acuérdate de agradecer todo lo experimentado y de vibrar, ser uno con vida
multiplica sus efectos, mucho más que haciéndolo cuando vivimos experiencias calificadas como
positivas pues cuando alguien pretende interferirnos en esta labor, debemos hacer un esfuerzo y este acto
se convierte en un suplemento extra que añade mayor fuerza y sabor a nuestra receta creativa cuyo
resultado será mayor al haber añadido el ingrediente extra del esfuerzo para no dejarse vencer y
mantenerse focalizado en el propósito que el instante lleva.

Estos maestros no saben que si sabemos gestionar adecuadamente lo que ellos nos envían, nos
colocan en nuestro papel más genuino de creadores, si somos capaces de no dejarnos manosear
emocionalmente y de mantener una mente clara y firme que orienta cada paso, experimentado a
flor de piel y encaminado a las obras creadoras del alma.

Las hadas nos recuerdan que la vida está llena de estos maestros que no predican con el ejemplo y que
nos estimulan a adoptar una actitud opuesta a la suya para desarrollar en nuestro interior aspectos
opuestos a los suyos y así poder bloquear su efecto pernicioso en nosotros y además provocar que
nosotros sigamos adelante con nuestro arraigo en el ahora, sin perdernos un sólo instante y sin perdernos
en nosotros mismos, sino más bien habiendo encontrado nuestro mayor punto de anclaje, vibrante,
latiente, sintiente: el corazón.

Estos maestros a quienes pudiéramos llamar maestros invertidos pues en ellos también puede
existir incoherencia ya que a menudo nos hablan sobre como debería el mundo hacer las cosas más
cuando ellos experimentan las mismas situaciones en sus carnes, no hacen lo que nos habían
aconsejado u impuesto, también pueden venir a darnos una lección para tomar consciencia de
algún aspecto oscuro de nuestro interior que debemos pulir (bien ya superado por ellos anteriormente o
que bien posteriormente deberán de superar en su propia experiencia) o bien también pueden mostrarnos
que nosotros en algún o algunos aspectos guardamos incoherencia y que, por tanto, es nuestro momento
de tomar conciencia de ello, aclararnos y dejar atrás la confusión.

Según las hadas, es necesario trabajar en tener una mente clara pues toda incoherencia en uno
mismo resulta siempre acumuladora de karma. Hay maestros invertidos que actúan y vibran en el lado
que etiquetamos negativo en la balanza y, por tanto, no tienen remordimiento alguno en hacerlo así por
una cuestión de convicción o certeza en lo que hacen, así, aquí no habría incoherencia por su parte pero
experimentar en un lado de la balanza que genera daño a nuestros semejantes siempre acarrea acciones
correctivas en un futuro para elevarse en la paz, el amor y la compasión y compensar a las almas que han
recibido el dolor que nosotros les generamos.

No dejarse arrastrar por estos maestros invertidos y considerarlos como una valiosa señal de
aprendizaje constituye una enorme garantía de evolución del alma que nos avisa de los aspectos a
trabajar en nuestra misión de recuerdo, independientemente de lo que le acontezca al maestro
invertido que por mucho que pretenda enseñarnos a buen seguro también tendrá algo que aprender de
nosotros, lo cual, esto último pocas veces hará absorbido por su rol impositivo hacia nosotros. Eso nos
garantiza que si somos capaces de aprender lo que consciente o inconscientemente viene a enseñarnos,
quizás seremos nosotros quiénes en generaciones futuras le recordaremos precisamente lo que éste olvidó
y que sin embargo nos hizo recordar.

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El miedo según las hadas

Aunque nada sea perfecto, en realidad, es como es y oponerse o resistirse al momento presente no sólo
nos creará mayor angustia sino que además aumentará nuestra carga de karma. Aceptarlo, en cambio, la
descarga. Aceptar no necesariamente es someterse, aceptar es reconocer la manifestación de las
circunstancias lo cual no impide cambiarlas, si está en nuestra mano. Si no es así, podemos aprender a
esperar a que se den circunstancias de cambio y si no, deberemos abrirnos a la lección que nos brindan
tales circunstancias.

A veces pensamos que si estuviéramos en otro lugar o incluso en otra dimensión quizás no sufriríamos,
pero, en realidad en todo existe algo que quizás no nos resultara cómodo y de lo que podemos aprender
para ir cambiando posiciones mentales y ampliando nuestra perspectiva y conocimiento del mundo. El fin
del alma es crecer por lo que nuestros guías irán creando las situaciones necesarias para nuestra evolución
y crecimiento personal y espiritual. Todos somos seres divinos y encender esa chispa interior es el reto de
nuestra alma.

Las hadas nos enseñan que uno de los mayores obstáculos es el miedo y enfrentarnos a él puede significar
haber andado un gran trecho en nuestro camino. Luchar contra nuestros miedos nos aportará paz,
seguridad y una mayor fe en nuestras posibilidades y capacidades. Vencer el miedo abre caminos prueba
de la fuerza de la luz del alma. Dejarse atrapar en miedos es negar la magia de la existencia y la fortaleza
que reside en cada uno. A veces al enfrentar un miedo, llegamos a la conclusión de que nos habíamos
preocupado demasiado y que vencerlo ha sido más fácil de lo previsto, otras, en cambio, nos convertimos
en presa del miedo y otras, simplemente con la firme intención de dar la cara, se nos presenta una
solución instantánea totalmente inesperada. Un miedo puede llegar a vencernos una primera vez, pero en
una segunda ocasión estaremos mejor preparados y quizás descubriremos alguna faceta sobre nosotros
mismos que hasta entonces desconocíamos.

El miedo, como todo en la vida, nos transforma y nos impulsa a conciliarnos con el latido de la vida, con
descifrar y compartir el significado de lo que somos y de las áreas en las que podemos manifestar nuestra
valía y dejar nuestra particular imprenta. Nos enseña que nos somos débiles sino que somos capaces de
adoptar actitudes emprendedoras para manejar la empresa de nuestra vida y sacarle el mayor rendimiento
personal, laboral y espiritual en nuestro beneficio y en el de los demás.

Desde el espíritu de las flores

Las hadas te cantan al oído...

Recibes el don de la transmisión de un conocimiento oculto y sutil que requiere de apertura y sensibilidad
de corazón para su adquisión e integración.

Del corazón de las flores nace un espíritu efímero y salvaje, anclado en el ahora y que vuela,
adaptándose increíblemente al momento en la dirección del viento que abraza tu alma.

La luz del sol incide sobre este corazón para acariciar su latido y reconfortar sus raíces. La humedad
garantiza el sustento del tallo, y la densidad de la tierra, su enclave o posicionamiento.

Las flores asoman a la vida y sonríen con su belleza a la existencia que las toma bajo su manto cálido
y amoroso, experimentando ellas su apertura al momento.

Existe una paz en la esencia de las flores que puede percibirse como una adaptación continua al cambio y
a la climatología desde la aceptación y la flexibilidad a lo que es. Ese espíritu natural, libre de
obstáculos y condicionamientos mentales, se extiende libre e inocente en su reino del ser sin
importarle como será el siguiente instante pues tan sólo es ahora. Sabe que la naturaleza provee sus
necesidades y que respirar o desprender oxígeno tras cada alba es una bendición que se manifiesta
espontáneamente en cada instante: una bendición llamada la dicha de ser. Esta dicha es por sí misma, es
porque sí porque no precisa de nada externo para alentarla, aunque si eso llega, resulta bienvenido.

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El instante pasa y el espíritu de las flores, al quedar libre de cualquier condicionamiento, pasa a
través del instante con la ligereza de una avecilla que recién ha aprendido a batir sus alas y es libre
desde su primer piar.
Las flores confían en que la profundidad del valle cuidará de ellas y que la lluvia y el sol constituirán su
fuente de abastecimiento. Sus cortas vidas suponen un continuo cambio de paisaje, es un fluir sin
caminar, un devenir donde la naturaleza corre libre, ejerciendo su rol en la magneficiencia de la obra
divina.

Discurso de la Papisa

La Papisa, gran conocedora de las leyes del Universo, es una sabia figura del tarot que me ha
soplado parte de sus conocimientos. Los comparto con vosotros a través de este escrito:

Somos creadores de la realidad que nos circunda y cuanto más limpios estén nuestros pensamientos,
cuanto más honestos, coherentes y sinceros seamos con nuestra verdad, más posibilidades existen de ser
implementadas.

La fe es un arma poderosa que siempre debe ir acompañada de una visión realista y a veces un tanto
atrevida de una idea propia. La música brota del alma y nos marca el ritmo para seguir adelante con
nuestros proyectos del alma. La constancia garantiza la consecución de un proyecto. A veces, en cambio,
renunciamos, nos desasimos de algo por lo que hemos luchado y, cuanto menos lo esperamos,
presenciamos la cristalización de nuestro deseo. Y es que el desapego deja un espacio creador maravilloso
que puede obrar milagros por paradójico que pueda resultar. En este caso, soltarnos nos acercaría a lo que
realmente somos.

La virtud más noble que acompaña un deseo es la sincera intención de ayudar, de aportar al mundo algo
para que se convierta en un lugar mejor. El Universo va a solidarizarse con nuestro ferviente deseo y, si
no prospera, no por eso vamos a abandonar nuestra vocación. Quizás entonces volver a intentar lo mismo
más tarde, iniciar algo parecido pero con alguna variante o novedad o simplemente buscar otro camino. El
apoyo aparecerá en su momento y el Universo nos sustentará, si estamos alineados con el propósito de
nuestra alma.

Nuestra vocación de servicio es algo que nos hace sentir bien, en la que el tiempo nos pasa volando, que
nos llena y nos hace sentir útiles. La mente de un servidor del mundo debe de ser ecuánime, neutral,
desapegada de juicio ya que así sabrá escuchar y nunca confundirá ayudar con perjudicar o dañar,
tratando de imponer solapadamente a los demás los propios prejuicios o conceptos contaminados de ego.
Ayudar es impulsar al otro para ser y dejar ser y nunca manipularle o hacerle sentir culpable para plegarlo
a nuestros deseos, deseos que suponemos que son lo mejor para él. Pero una mente abierta sabe que no lo
sabemos todo y mucho menos sobre los demás y que lo pensamos que les pueda convenir pueda ser
erróneo. Por eso, para tratar de conocer a los demás, el primer compromiso que debemos cumplir es
conocernos a nosotros mismos, requiera esto el tiempo que sea necesario, sanar las heridas, ser consciente
de las propias debilidades y virtudes, para luego ayudar, escuchar y comprender mejor a los demás. Esta
posición nos permitirá empatizar o colocarnos en la situación del otro y tanto más cuanto nosotros la
hayamos experimentado anteriormente o seamos capaces de entenderla aún sin haberla vivido en nuestras
carnes.

La ayuda a los demás no debe implicar renunciar a ser uno mismo o agotarnos excesivamente en el
intento de dedicarnos al prójimo, ya que si nos olvidamos de nosotros mismos, nos acabaremos olvidando
de vivir, se nos escapará la vida, sobre todo, si intentamos a toda costa agradar a los demás, y nos
sentiremos desorientados y perdidos al no conocer lo básico sobre nosotros mismos.

Conocerse abre un amplio abanico de posibilidades creadoras y nos hace sentir libres y seguros.
Conociéndonos desplegamos nuestras alas de conocimiento para luego fundirlas con las de los demás y
continuar con la cadena humana de libertad que rompe viejos miedos y nos acerca a nuestra autenticidad.
De este modo, el primer servicio es a nosotros mismos y cuando estemos preparados, lo ampliaremos al
resto de la humanidad. Iremos encontrando en nuestro caminar a aquellos que son reflejos de nuestras
cualidades y defectos, lo cual nos permitirá tomar consciencia de cosas que casi habíamos olvidado e ir
puliendo nuestra personalidad, perfeccionándonos para acercarnos cada vez más al ser. Conforme
vayamos trabajando interiormente nuestros puntos débiles y cambiando nuestras actitudes, también

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cambiarán los de nuestro alrededor o bien seguirán o seguiremos otros derroteros para dejar paso a los
que se asimilan a nosotros.

Así pues, la vida se convierte en una escuela cuyo éxito proviene de creer en nosotros mismos. Si
aprendemos a tener convicción en los designios y dones del corazón y a fortalecer nuestra autoestima,
sabremos despertar estas valiosas cualidades en los demás.

Discurso de la Papisa (2)

Sigo notando la presencia discreta de la Papisa, cuya sabiduría se dirige directo a tu corazón:

Seduces a la brisa con esas alas inmensas que abarcan corazones que ansian despertar. Con movimientos
suaves y sutiles, consigues hacerlos salir de su letargo y darse cuenta de las maravillas que les circundan.
Un reguero de luz se desploma alrededor de tu aura, es como una idea divina que se enciende para
iluminar tu mente. Se cae, entonces, ese telón de acero que consiguió doblegarte y te quedas en tu verdad
desnuda y vacía. Ya no hay rastro de duda, sólo de la certeza del instante que siempre ha sido tu mejor
amigo y aliado.

Extiendes esta gran victoria a tu paso sin buscar nada ni tener objetivos. Te has convertido en el ejemplo
de tu enseñanza y eso crea seguidores.

En el silencio de tu corazón, rodeas de paz a tus pensamientos, siervos de tu ser y llenos ahora de
luz. Cada forma de vida que se te acerca resulta la adecuada. Sin juicios ni límites, tu realidad cogra más
vida que nunca y admiras su enorme perspectiva, posibilidades y margen de acción donde todo se
entrecruza en un equilibrio perfecto, propio de artesanos diestros o de tejedoras del destino.

Desde la nada brindas al instante tu mayor reflejo y cada segundo se convierte en ese riachuelo cristalino
que siempre fluyó por tu corazón. Todos somos ríos cuya transparencia nos retorna a las raíces, a
nosotros mismos, a esa cristalinidad sublime del ser donde nos espera o queda lo que somos
realmente.

Sin nada, vacíos, libres de todo, encontramos la mejor de las riquezas: la del ser pletórico, en
libertad, en estado salvaje, puro, carente de todo lo añadido.

Como una niña preciosa y sonriente que te pide en el parque que cuides de su juguete, mientras ella corre
a jugar con su hermana, tú confías en que la existencia te ofrezca el abrazo maternal de sus cuidados y sus
mimos. El mayor de los afectos es permitir la creatividad de cada uno. Así, la tuya se escapa por cada
poro de tu piel y nadie va a cortar ese flujo de identidad con uno mismo pues la creatividad es el
mayor de los dones. Existe creatividad en todo lo que es auténtico o inocente: en los niños, que
intuitivamente saben que pueden confiar en ti, también en la manera de sobrevivir de los animales, en el
respirar de la vegetación, en la belleza con que se alzan las montañas y en el sabio proceder de la
humanidad. Todo lo que te haga sentir bien a ti y a los demás, es creativo.

Como la falda de una muchacha que se levanta con el viento, la vida a veces juega con nosotros y nos
gasta bromas. Considerar las bromas agradables que vienen a fortalecernos y aleccionarnos o como
desagradables, que vienen a hacernos caer, es nuestra elección.

La vida vivida despacio es cuando más permite el flujo creativo de cada uno porque te detinenes a
sentirla. Cuando vives despacio, pierdes frecuentemente la noción del tiempo, no te da la sensación de
que se te escapa, sino que actúa a tu favor y a tu ritmo. Es, entonces, el tiempo un aliado que te dice que
te tomes el tiempo que necesites para sentir, entregarte a la sensación del ahora y permitir a su vez que
todo emane vida. De este modo, un doble efecto actúa en tu existencia, lo que sientes en tu interior,
afectará inevitablemente a tu exterior. Si en tu interior siempre vivencias cuentos de hadas y los escribes,
tu exterior va a estar repleto de tus personajes a los que vas a contemplar desde tu escenario en
perspectiva, ayudándote a ser más neutral y ecuánime, pues las cosas vistas desde afuera nos
convierten en los mejores monarcas, aquellos que toman sabias y objetivas decisiones que tú plasmas
siempre en tus cuentos.

Pule tus herramientas interiores y el exterior fluirá con maestría y una genialidad que excederá a tu
imaginación. Tiñe de realidad tus cuentos, tiñe de fantasía tu realidad y te asombrará o fascinará lo

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subliminal de tu escenario. Lo divino se manifiesta en cada obra de creatividad y dedicación o
servicio por pequeño que sea.

Cada acto desinteresado es una muestra de amor que seguirá permaneciendo en el mundo, cuando
te vayas. Lo negativo debe impulsarte a potenciar lo positivo y, luego, a tratar de ser más ecuánime, más
neutral para ver que, en realidad, no existe ni el bien ni el mal sino que todo sucede porque no sabemos
hacerlo de otro modo y porque tuvo que ser así para que la vida pudiera ofrecerte un regalo, una valiosa
lección o, simplemente, a veces hay que rendirse al misterio mágico de la vida y no pedir
explicaciones. Aceptar lo que nos pasa, no nos hace sucumbir a las preguntas insidiosas a las que nos
somete el ego, lleno de dudas, vacilaciones, exigencias o miedos. Podemos aceptar, aunque no compartir
algo con lo que no estamos de acuerdo. Podemos aceptar y compartir. Podemos no aceptar y no
compartir. Siempre tenemos libertad de actuación pero cuanto más despojados estemos de nuestros
juicios y prejuicios, menos manipulación y contaminación emocional pasará por nuestros actos y, por
tanto, mayor muestra de nosotros mismos le rendiremos al mundo.

En el miedo a perder, a veces, ganamos la mejor de las batallas, al darnos cuenta de que, a pesar de
todo, nunca dejaremos de sentir nuestros pasos, la ropa que nos viste, la luz del sol sobre nuestra espalda,
el paso de la brisa que nos sigue recordando que estamos ahí, vivos, aquí, presentes, y tan libres y
desposeídos que ya no tratamos de agarrarnos a nada. Esa es la mayor de las libertades y nos
confiere la mayor confianza en nosotros mismos y fe en nuestro camino, a veces, paradójico pero no por
eso menos mágico, asombroso, fructífero o perfecto en cada trazo. Y es que los tejedores del destino, nos
entregan el hilo, la madeja y la aguja para que creemos en cada momento presente nuestro tapiz particular
y mostremos de lo que somos capaces sin depender de la aprobación de los demás sino tan sólo del
alineamiento con nuestra misión de vida. Esa alineación se construye sobre la quietud del espíritu,
desacelerando los pensamientos, dejando de correr, de competir, de compararse o prejuzgar.

Cuando estamos vacíos de lo que creíamos que éramos, no existe nada que apartar ya que la
realidad se nos muestra inclusiva y a sabiendas de nuestra verdad nos convertimos en los propios
tejedores de nuestro destino. Este es el rol que debe desempeñar cada uno. Todos somos nuestros
propios maestros. La verdad es lo que alienta cada maestría a pesar de la opinión de los demás y esa
verdad es la que hemos venido a conocer y descubrir. ¿Cuánta verdad hay en tu vida?

Discurso de la Papisa (3)

Aquí os dejo una canalización que he recibido de la Papisa, esa sabia dama del tarot, que nos
enseña a dejarnos llevar por la voz interior y descubrir los tesoros interiores, plenamente conectada
con las leyes que gobiernan el Universo. En esta canalización también interviene el arcano del tarot,
El Loco:

Que te hayan decepcionado tanto los demás en el pasado, te ha dejado la mejor de las lecciones:
aprender a no esperar nada. Eso te convierte en una dadora incondicional que no espera recibir nada a
cambio y te eleva a la altura del desapego, esa meta que nos entrega el ansiado regalo de la libertad
del espíritu.

Procura no etiquetar las cosas ni las actitudes de las personas, en todo caso, envíales mantras sanadores.
Nada es malo ni bueno, simplemente, es como es: no como debería ser ni como nosotros nos gustaría que
fuera. Eso nos enseña a captar el instante más genuinamente y a sentirnos cómodos en la incertidumbre de
no saber. Pretender controlarlo todo es fruto de la inseguridad y de una autoestima pobre que busca
pilares en lo exterior en lugar de apoyarse en la más fuerte de las luces: la luz del alma.

El que es tolerante y deja ser y se entrega al momento, confía en el espíritu que le insufló vida al nacer y
colabora con él y lo hace con amor. En su mirada brilla la ilusión de los niños.

El ansia de control no proviene del amor, sino de la imposición y el despotismo del ego, que sintiéndose
pequeñito pretende engrandecerse con la sumisión de los demás. Pero el que ha aprendido a soltarse ya no
tiene miedo, pues no depende de lo externo y, entonces, todo se le vuelve manso, agradable, dulce y
llevadero. Ha aprendido a no forzar y es, precisamente, entonces cuando el manto de la vida se
adapta a cada poro de su piel porque ella es por si misma y él es por si mismo. Él podría ser el Loco
del tarot, ese caminante con divertidas ocurrencias, nómada, desapegado, aventurero, mirador del instante
y sin ninguna posesión ni pertenencia que le ate a un mudo en el que él tan sólo pretende ser libre, sin

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ninguna pesadumbre a cuestas. Encima sólo lleva lo imprescindible y nunca hace planes, sino que permite
que la vida los haga por él. El Loco se ha reconciliado con el paso del tiempo, no tiene prisa, camina y
se deja llevar por sus pasos. El Loco es un loco muy cuerdo, un loco bendito que le ha dicho sí al
presente y lo mira con dulzura, flexibilidad y aceptación.

Al Loco sólo le importa el ahora. Silba al instante como anuncio de que el mejor de los amigos entra en
escena: el alma. El alma es la única guía que rige el destino de un Loco que se ha trabajado a si
mismo. Un Loco a veces inocente, un tanto inmaduro y quizás egoísta, dirían muchos. Pero hay que ser
un poco egoísta para ocuparse de uno mismo, les respondo yo. Ese egoismo resulta una bendición porque
nos permite escucharnos (aunque no es egoísmo, sino amor a la escucha del alma), mirar hacia dentro y
abrir las puertas de la empatía, la compasión y la comprensión.

Para tener un valor equilibrado es preciso haber haber experimentado antes su opuesto y con
discernimiento para saber balancearnos hasta encontrar la dirección correcta para degustar mejor
el instante, saboreando la luz infinita del alma. Por tanto, si hemos sido malos es la mejor plataforma
de lanzamiento hacia el otro extremo y descubrir qué nos hace sentir mejor para contactar con la parte
más auténtica de nosotros mismos, la que nos revela nuestra verdad.

Una vida llena de mentiras es una no vida. Todo lo que destapa verdad, te hace renacer de forma
natural, te sientes bien, sin confusión, sin miedo, con la mente clara. Tu verdad te hace seguro y fuerte
y ésta no tiene porque gustar a los demás. Cuando empiezas a conocer tu verdad, te sumerges en tu
propio silencio, en una paz que antes desconocías pero que siempre ha estado junto a ti para que la
descubrieras y la integraras en tu corazón, en cada palabra, en cada gesto, en cada acto o muestra de tu
ser. Entonces, descubres rincones de poder que te conectan con tu creatividad allá donde menos lo esperas
y la improvisación se convierte en tu aliada, es tu vestido de vida que seduce al ahora. Sabes lo que tienes
que hacer en el proceso preciso, no antes y dejas de mirar a ciegas o de pronunciar palabras vacías. Eso
implica cambios de vida, de actitud, de escenarios o personas pero la dicha que te proporciona saber
quien eres, bien merece la pena.

Ya no volverás a sentirte perdido porque has encontrado tu lugar en ti mismo, el cual no depende de nada
exterior pues en todas partes puedes sentirte tú y todo tu exterior reflejar tu armonía.

Has aprendido a respetarte y a tomar de ese espacio interior de sabiduría lo que necesitas para desarrollar
tu actividad. La paciencia no se hace pesada de llevar sino que es tu nueva amiga y las sorpresas no se
hacen esperar.

La brisa fresca renueva tu horizonte y la belleza es tu nueva bandera de presentación ante el


mundo. Desde tu rostro humilde, una sonrisa asoma al exterior: eres tú quien en la escuela de la vida has
superado con brillantez lecciones que estaban reservadas a unos cuantos. Ahora puedes subir otro peldaño
más, pero, si no, no te hubiera importado porque hace tiempo que dejaste de buscar o planear. Si te caes,
simplemente te levantas y sigues adelante. Dejaste de buscar ascensos y, por eso, es ahora la vida quien te
asciende y te muestra el reino del ahora, ése en el que, incluso, el sufrimiento te mira por encima de los
hombros, mientras tú pasas de largo...

Puedes llorar, pero en tu interior, incluso cada lágrima te da nuevos motivos de felicidad. Siempre los
tenemos y no debemos dejar que nos pasen desapercibidos pues la esencia de la vida estriba en
pequeños detalles que reconocidos con la luz del alma vienen a engrandecer nuestra vida.

¿Y si nuestra verdad estuviera equivocada? Nunca debemos negar dicha posibilidad, pues los
términos absolutos no existen, todo es cambiante, transitorio, pasajero y, por tanto, también puede serlo
nuestra verdad. No tenemos porque saberlo todo, ¿y qué? el alma sigue viviendo y aprendiendo
eternamente e irá hacia una nueva verdad con todas las consecuencias.

Discurso de la Papisa (4)

La Papisa, esa dama discreta y sabia del tarot, me hace llegar la siguiente reflexión...

Te sientas en la penumbra y descubres la cara de aquellos que te instigaron y que ahora han dejado de ser
en tu vivir. Los comprendes pero no te inspiran tristeza ni pena pues entiendes perfectamente que se vean
inmersos en las consecuencias de sus gestos. Hasta de ésto has conseguido vaciarte y despojarte. Este

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vacío te ha compenetrado con algo divino y grande que reside en lo pequeño y en lo sublime. Tienes la
sensación de haber estado así antes, de haber llegado a este sentido completo de vida a través de tantos
contrasentidos. Has conseguido que cayeran todos y que te mostraran sin quererlo (pues nunca
pretendieron ayudarte) el lugar de donde provienes: aquél sin juicio pues ya no hay nada que juzgar, la
vida es demasiado valiosa como para perderla con palabras vanas. No sabes como describir tu lugar
de origen pero sí percibes que es como una inefable felicidad construida en tu interior con vigas de luz.

Ves a alguien caminando con gracia y te das cuenta de que tu alma es así: grácil y ejecutora fiel a su
destino. El hecho de que te haya costado tanto llegar hasta aquí es consecuencia de que todo el mundo
paraece haberte enseñado el camino contrario a tomar quizás para valorar más tomar luego el
correcto y que nunca te arrepintieras de ello. Hasta que no tomaste la decisión de salir de tu confusión,
sintiéndote por un tiempo perdida pero ya harta de sucumbir a las exigencias de los demás, no conseguiste
alzar tu vuelo y simplemente ser, existir, estar aquí, viviendo el instante, no huyendo apresuradamente de
él.

Cuando vives, colaboras, miras estando presente y eso te hunde en la sabiduría del alma y el recuerdo
de lo aprendido en tantas existencias anteriores. Se llega a este paso tras una tremenda aceptación y
rendición donde te sientes cómoda sin saber y sin ceder a la pretensión del control: dejando que la
vida sea y sin molestarte tan siquiera en enjuiciarla. Hablando menos, callando, observando
silenciosamente se llega al vacío del silencio, allí donde comprendes que ya no hay nada que manejar,
tan sólo ser consciente de estar inmersa en ese momento rebelador. Entonces, te sientes tú y te sientes
limpia, pura, libre e inocente como una chiquilla. Tan inocente que ya estás desintoxicanda de tus juicios
y abres la puerta del ser, aquella donde todo cae por su propio peso y en la que sólo estáis el
instante y tú, aunque tú no te percibes separada del instante. Sólo aparece ante ti lo correcto, lo
divino, lo idoneop y la existencia cobra el sentido de ser, aquél que reverencia la vida como el milagro
que es, como la enseñanza que nos eleva y nos convierte en lo que hemos venido a ser. Emitimos,
entonces, una vibración tan amplia y pura que todo lo que no se le asemeje, simplemente, la atraviesa y se
va, como un ruido destinado a acallarse. Es la esencia del momento: la única que conversa con nuestra
alma y lo hacen como si fueran viejas amigas o almas gemelas, que han venido a completarse.

Al igual que la luna precisa de la noche para brillar, nosotros hemos precisado del dolor, del
sufrimiento y del hastío para comprender que para perfeccionarnos e integrarnos en los opuestos,
primero hay que cabalgar de un lugar a otro de la dualidad para llegar con nuestra montura a la
cima del conocimiento, el cual habrá empezado por conocernos a nosotros mismos, despojándonos
de ropajes y adornos que interferían en nuestra libre y genuina expresión del alma.

Como niños que todos fuimos y somos, hemos venido a reinar en nuestro Universo y a tomar el
cetro para desempeñar la misión del alma. Ése cetro sólo nos está reservado a nosotros. El cetro
guarda secretos tan osados capaces de cambiarnos a nosotros y al mundo. Y es que sólo desde el
refugio de nuestra soledad, de nuestra intimidad con el corazón, lo hermoso en nosotros puede
emerger transparente como un lago que fluye sereno y que no precisa para ello de nada más que de
sí mismo. Pues el ser no depende, el ser es.

Discurso de la Guardiana de la Luna

La Guardiana de la Luna, esa dama introspectiva y sabia, nos desvela...

Estáte receptiva y atenta a la belleza de la vida para que no se me escape ni un instante.


El instante cobra mayor sentido, cuando no se le juzga y, por tanto, no se le limita para dejarse ser y volar
a su aire.

Todo acontecimiento debe fluir e irradiar luz, la luminosidad del instante que le insufla vida y acción.
Desde el reino omnisciente y de meditación consciente, te alentamos a que irradies energía de luz
diariamente sobre el planeta durante toda tu existencia pues es esa luz sutil la que transforma el cariz de
los acontecimientos para erigirse en la verdad divina predestinada a todo y a todos, aunque no lo parezca.

Pero preocuparnos por lo que parece es darle cancha al ego, siempre hay algo más allá, algo que no es
comprensible pero que no por eso está destinado a desaparecer sino más bien a cobrar fuerza ante la
mirada inaudita de muchos y es que venimos a cambiar nos guste o no.

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Es al ego a quien le gusta o no porque el ser siempre acepta, aunque eso no implique someterse o
compadecerse como una víctima o resignarse.

De lo más sencillo, puede obtenerse una plenitud y una libertad infinita sobre todo cuando lo simple se
siente como divino.

Enfoca la energía en la realización de lo sublime en cada visión y cada acto cotidiano por intrascendente
que este parezca. Ello implica mirar con ojos de niño, libre de conceptos predeterminados y repleto de
alegría innata e incesante. Un niño está vacío, dispone del don de la vacuidad, por eso él es sensible a
realidades y situaciones que otros ignoran.

Los niños son empáticos y es, desde esa posición de comprensión neutral a partir de la cual debemos
partir en cada gesto que se convertirá en generador de energía limpia de transtornos y de distorsiones
emocionales.

Por eso, la purificación es algo constante que deberíamos integrar en nuestro quehacer. Uno está
purificado cuando se siente tan ligero y liviano como las alas de una mariposa. Entonces, la inocencia se
respira en cada poro y el agradecimiento interior bañado de desapego nos eleva al propósito de nuestra
misión, a ese poder que nos permite trascender el dolor y comprender, aunque no siempre compartir, las
actitudes de quienes nos dañaron y nos favorecieron.

Como piezas en el tablero de ajedrez de una existencia dual, al encontrar nuestro punto de equilibrio,
aprendemos a mantener una mente neutral, no condicionada al juicio, completamente abierta a lo efímero
e instantáneo del momento, en linea con el ser, en un estado absoluto de presencia.

El presente, así pues, se rige como nuestro monarca, nuestro guía que nada espera a cambio y que todo
obtiene en cada mirada desinteresada pero que ha aprendido a reconocer todas las bendicines recibidas
del cielo en La Tierra y que para todos existen en nuestro camino. El secreto reside en no dejarlas pasar,
dándoles el valor que realmente tienen.

Discurso de la Guardiana de la Luna (2)

Emociónate con la belleza natural del paisaje. Con su fauna y con su flora. Tanto las plantas como los
animales salvajes obedecen a la pauta de libertad de ser. La naturalidad fluye en cada gesto del reino
animal y vegetal y la presencia en su estado genuino gobierna su realidad.

La ligereza de las mariposas y la belleza de su cuerpo, atrae nuestras miradas y nos hace brotar las
lágrimas pues el vuelo de las mariposas las conduce a una unión sutil con la fuerza de los cielos. El
verdadero tiempo vivido en plenitud es aquél en el que se llora de felicidad. Es entonces cuando se puede
sonreír y llorar a la vez y cuando se produce una integración de los opuestos, un acto subliminal que sólo
se consigue desde la perspectiva de la dualidad.

Y es, precisamente, en esas lágrimas producto de la emoción de elevada felicidad y reconocimiento que
nos produce un momento concreto, cuando nos rendimos a la magia de ese momento que ha conseguido
atraparnos en su divinidad.

Sigue caminando sin prisas por el sendero de la vida y conocerás cada vez más profundamente su fluir.
Conocerlo es sentirlo y asombrarse ante esa grandiosa aventura que implica adentrarse en él.

Podemos establecer un lenguaje implícito e incondicional con los animales y las plantas. Es un lenguaje
asombroso y cautivador, tan limpio que carece de juicios condicionantes y limitadores al menos por parte
de las plantas y los animales. Y, si algún humano es capaz de interactuar con ellos de forma imparcial,
entonces ambas partes están poniendo en práctica la mente neutral, aquella que nace de la paz y la
libertad de un ser que se ha desperezado y que respira en nuestro corazón.

Mira a las plantas y a los animales con el corazón y preserva su existencia y su entorno. Estas creando
dharma sin saberlo y protegiendo amparando a otros reinos que en un futuro van a favorecerte. Pero
hazlo porque te lo pide el corazón, sin pretender nada y la ayuda te llegará, cuando no la esperes.

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Porque cuando nada se espera, llega el milagro. Desprendida de toda intención interesada, actúas de
forma honesta y te conviertes en bendición personificada, el luz humana iluminando el corazón divino, en
mensajera de los ángeles, hadas y elfos a los que perteneces.

Discurso de la Guardiana de la Luna (3)

La Guardiana de la Luna nos obsequia de nuevo con su sabiduría ancestral...

En la superficie acristalada de un edificio, descansa el reflejo del cielo, antesala de la belleza del Universo
y emisario de los ángeles.

El cielo sonríe cada vez que nuestro corazón permanece abierto y las hadas aletean para festejarlo. Así es
como cada uno de nuestros actos queda imprimido en el cosmos y afecta más de lo que pensamos. Por
eso, es mejor centrarse en lo que es o en lo positivo. Ello nos eleva a un estado perfecto de bendición o
milagro que acaba instaurándose de forma natural en la realidad vivida desde los ojos del ser: ecuánime y
neutral.

Libre de opiniones, el ser es ese árbitro imparcial que ejerce sin pretenderlo, desde el desapego que
provoca la caída del ego. El ser toma las riendas, siguiendo al alma y aventurándose en un caminar libre,
ligero y espontáneo que acaricia el instante del ahora mismo, ese que se funde en la presencia. Estando
presentes, soltamos, dejamos de interferir o inmiscuirnos y tampoco permitimos que otros lo hagan pues
no nos sentimos obligados a complacer ni a someternos, tan sólo comprometidos con nuestra verdad,
aquella que nace del conocimiento de uno mismo. Ese conocimiento nos llevará a conocer el resto y a no
infestarlo con conceptos o prejuicios, si hemos conseguido una mente neutral, comprensiva y equilibrada.
Una mente producto de la vacuidad que recibe la existencia como el mayor de los tesoros.

Aquella existencia que sabe que cada lección superada es un regalo que nos ofrece un mayor
conocimiento, perspectiva y fe en los valores que nos configuran como personas con humanidad, capaces
de emocionarse con lo simple y lo sencillo.

Esas personas dan la bienvenida al instante de forma espontánea y natural e irradian una luz especial que
no precisa de palabras. Es la luz producto de haber conquistado el silencio interior.

El Hada de la Sabiduría te desvela...

El Hada de la Sabiduría te desvela tus siete tesoros interiores...

Primero: Encontrarás en ti un poderoso vacío despojado de condicionamientos, prejuicios y opiniones


donde reside lo que tú eres y al hallar esta inmensa vacuidad, descubrirás que tú eres el infinito
contenedor donde transcurren todos los contenidos y, tú, simplemente, los dejas pasar a través de ti en
una actitud de completa entrega al instante. Desde este vacío, que todo lo llena, podrías redescubrir el
lenguaje de los animales y de las plantas y sentir una mayor conexión con la naturaleza.

Segundo: Al desaprender, al deshilar todos los tejidos que han ido conformando tu vida para los que otros
te han programado, esperando que respondieras a sus expectativas, tras un tiempo, dejarás de sentirte
perdido y desorientado para dar paso a un período de mayor claridad, paz, comprensión, libertad y
sencillez. Ese espacio que descubrirás al escucharte y desapegarte es el llamado espacio de silencio,
aquél que sólo conquistan sabios y místicos.

Tercero: La quietud de tu mente va a regalarte el conocimiento del amor incondicional, ese amor
desasido de conceptos que sólo atañe a lo que es, comunicando a cada uno lo que merece oír (no lo que
desea escuchar). El amor incondicional nace desde una actitud fresca que mira todo con ojos renovados,
libres de resentimiento, de aquella mirada propia de los que renacen espiritualmente y han dejado de
someterse al miedo y al engaño. Ese lenguaje de amor incondicional hará que puedas comprender y
entablar diálogo con un niño, una flor, un animal o, incluso, un valle. Vas a poder imprimir tus
sensaciones en un lenguaje de amor incondicional capaz de llegar allá donde otros no pueden.

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Cuarto: Aunque dejaste atrás a muchos, ahora tienes una familia de amor en la cual todos los miembros
os completáis y os enriquecéis mútuamente desde el cariño, el afecto y la amistad de un vínculo
verdadero y estable.

Quinto: El instante te conecta con el alma, cuando has aprendido a aceptar y disolver el sufrimiento,
comprender lo que te enseñó y no volver a caer en los mismos errores. Mirar el instante te brinda la
posibilidad de no escapar a la frescura de la brisa, la humedad de la tierra, el zumbido de un insecto o la
grandiosidad de las olas del mar. Mirar el instante te hace notar la ropa bajo tu piel y te hace sentir
feliz por el mero hecho de estar aquí y ahora. No necesitas nada más.

Sexto: En cada nueva vida, ampliamos nuestra visión de la verdad y vamos ligando la coherencia entre
todas las partes de la verdad aprendidas hasta ir evolucionando hacia un todo, como una madeja de hilo
que vamos enrollando hasta haber completado toda la madeja. Ella es la que ha ido hilando el tejido de la
vida. Enfrentarnos a la verdad, nos enseña a marcar límites, a descubrir nuestra valía y a llevar a
cabo el propósito del alma con perseverancia, paciencia y coraje. Todos aquellos que se opongan al
propósito del alma descubrirán que forzar la satisfacción del ego tan sólo comporta sufrimiento,
dependencia, infelicidad y aumentar la propia carga de karma.

Séptimo: En la negatividad puedes descubrir lo que no es Dios y teniendo claro lo que no es, podrás llegar
a acariciar su corazón y el de los ángeles. Y si llegas a escuchar su latido, fundirte con ellos para siempre.
También podrás encontrar a la divinidad en la belleza del instante y en todo lo sutil y sublime que te
muestra la vida como un milagro y una bendición tal de la que hay tanto que aprender, que dar y recibir...
Tratarás a la vida como algo sagrado al hacer las cosas por desinterés, por designio del corazón y
sin esperar nada a cambio. Los gestos hechos de corazón son los que encierran mayor nobleza y los
que provienen de un linaje divino.

Ejercicio de recarga de chacras y de limpieza de células (1)

Reiki, creado por Mikao Usui (1865-1925), es una energía de amor universal que consta de 5 principios:

• Sólo por hoy no te enfades.


• Sólo por hoy no te preocupes.
• Sólo por hoy expresa tu gratitud.
• Sólo por hoy sé aplicado y honesto en tu trabajo.
• Sólo por hoy sé amable con los demás.

Una persona encantadora me ha pedido que la inicie en reiki y que le vaya mostrando las técnicas con que
puede trabajarse en el manejo de la energía reiki, como, por ejemplo, el trabajo con los chacras. Así que
le he preparado este sencillo ejercicio de recarga y equilibrio de chacras y de limpieza de las células, que
he ilustrado con mis dibujos para facilitar su comprensión.

Existen 7 chacras alineados desde la coronilla hasta la base de la columna vertebral o coxis. Es
conveniente que estén equilabros ya que si alguno de ellos no lo está, no sólo puede afectar a los demás
chacras, sino también a nuestras emociones, entre otros. A cada chacra se le asigna un color.

El color del chacra nº 7 es el violeta. Al chacra nº 7 se le denomina el chacra corona. Se halla situado
en la coronilla, en la parte superior de la cabeza y se le asocia con la comunicación con seres superiores,
con el Universo y, en general, con el estar dispuesta a que hay algo más allá de uno mismo.

El color del chacra nº 6 es el índigo. Al chacra nº 6 se le denomina el chacra del tercer ojo pues está
ubicado en el entrecejo, un dedo por encima. Es el chacra de la intuición, la clarividencia o la capacidad
de imaginación.

El color del chacra nº 5 es el azul. Al chacra nº 5 se le denomina chacra laríngeo o chacra de la


garganta pues es allí donde está situado. Es el chacra de la comunicación y la creatividad.

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El color del chacra nº 4 es el verde. Al chacra nº 4 se le denomina chacra corazón pues está ubicado
al lado del corazón, en el centro del esternón. Es el chacra de la apertura del corazón, del amor
incondicional, la compasión y la conexión con los demás.

El color del chacra nº 3 es el amarillo. Al chacra nº 3 se le denomina chacra del plexo solar y en la
boca del estómago, debajo del diafragma. Esta relacionado con el autodominio y la voluntad.

El color del chacra nº 2 es el naranja. Al chacra nº 2 se le denomina chacra sacro y está situado unos
cuatro dedos por debajo del ombligo,en el bajo vientre. Está relacionado con las emociones, la
reproducción y la sexualidad.

El color del chacra nº 1 es el rojo. Al chacra nº 1 se le denomina chacra base o chacra raíz pues está
situado en la base de la columna vertebral o coxis. Este chacra se asocia a la seguridad y a la voluntad de
sobrevivir. .

Os dejo una práctica fácil para fortalecer nuestros chacras y limpiar nuestras células:

Nos sentaremos en posición de sedestación como en la ilustración que he dibujado o bien también
podemos sentarnos en una silla.

Cerramos los ojos, respiramos profundo y conforme nos vayamos relajando, visualizaremos una
columna de luz blanca entorno a nosotros, que nos protege durante el ejercicio y que va disolviendo
toda la negatividad. Mientras la columna blanca va realizando esta función, nosotros colocaremos
nuestras manos cruzadas sobre cada uno de los chacras para recargarlos a la vez que visualizamos
en cada uno de ellos su color asociado.

Las manos las colocaremos sobre cada chacra, la una sobre la otra o bien tan sólo tocándose los
dedos. Empezaremos por colocar las manos sobre la coronilla para cargar el chacra corona. Luego,
visualizaremos un punto de luz de color violeta en esta parte superior de la cabeza, que cada vez se hace
más intenso.

Durante la visualización del color de cada chacra, los iniciados en reiki, además, pueden dibujar en las
manos el símbolo Choku Rei y copiarlo tres veces, mientras visualizan como se introduce en cada chacra.
También pueden dibujarlo al aire y copiarlo tres veces y, luego, visualizar como el símbolo se ensancha y
se instala en cada uno de los chacras. Los que no tengan ningún nivel de reiki, pueden seguir visualizando
el color violeta en la coronilla de la cabeza, mientras sienten que el chacra resplandece en violeta y se
limpia o purifica a la vez que nuestras manos están colocadas sobre este chacra para fortalecer la energía
en ese punto.

Después, haremos lo mismo con el siguiente chacra, el chacra del tercer ojo, situado entre ceja y ceja.
Bajaremos las manos hasta este chacra y las colocaremos cruzadas, la una sobre la otra o bien tan sólo
tocándose los dedos, entre las cejas, para cargar el chacra del tercer ojo –tal y como he dibujado en la
imagen- el cual fortaleceremos con nuestra visión interior en color índigo y sentiremos como su
resplandor es tan fuerte como el de una estrella.

Acto seguido, bajamos las manos hasta el siguiente chacra. Visualizaremos el chacra de la laringe, situado
en la garganta, como un círculo de luz azul, que se va fortaleciendo y purificando, mientras nuestras
manos están colocadas sobre esa zona para darle luz y calor.

Bajamos las manos al siguente chacra. Se trata del chacra del corazón, al lado del corazón, el cual
visualizaremos como una hermosa luz verde que irradia amor y que la que se va disolviendo cualquier
rastro opuesto a este sentimiento. Esta luz verde brilla y su fulgor es tan intenso que nos hace sonreír. Al
igual que con los otros chacras anteriores, nuesrtas manos estarán colocadas sobre esta zona o sobre este
chacra, tal y como he dibujado en la imagen, mientras visualizamos su luz verde.

Después, seguiremos con el chacra del plexo solar situado en la boca del estómago, debajo del diafragma,
cuyo color es el amarillo. Con nuestras manos sobre esta zona, visualizaremos su luz de forma tan intensa
que podría confundirse con el sol.

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Bajamos las manos al siguiente chacra, el chacra sacro. Visualizamos el chacra sacro con su color
naranja, ubicado a cuatro dedos por debajo del ombligo, en el bajo vientre, donde colocaremos nuestras
manos para trabajar con este chacra. Su luz es fuerte y poderosa y podemos sentir su calidez en la barriga
y en nuestras manos.

A continuación, bajamos las manos al siguiente chacra, el chacra base. Lo visualizamos como un círculo
rojo. El rojo es el color de la energía del planeta Tierra y ahora este color está instalado en la base de la
columna vertebral o coxis, la localización del chacra base.

Ya hemos equilibrado nuestros chacras. Colocamos ahora nuestras manos sobre las piernas.

Para finalizar, respiramos profundamente y enviamos mentalmente un baño de luz ligeramente


blanca, cristalina, pura, transparente a todas las células de nuestro cuerpo para que la vigorice, las
limpie y disuelva en ellas todo rastro de toxicidad. Contemplamos a nuestras células felices, fuertes
en su baño sanador y restaurador.

Este baño de luz sana todas nuestras células por que ellas ahora nos sonríen y nos agradecen este
ejercicio de sanación y de amor por nosotros mismos.

La columna de luz blanca que hemos creado al iniciar el ejercicio seguirá con nosotros y nos seguirá
protegiendo durante el día.

Las hadas te cuentan ahora que...

Las flores estallan de belleza al amanecer, abrigadas por el rocío matinal y embelesadas por la energía
solar que reconforta su sentir.

El palpitar de la existencia brota de forma natural cada día, experimentándose el milagro de la vida que
garantiza la supervivencia de las especies en la Tierra.

Las hadas y los duendes celebran cada nuevo despertar del día, mientras los elfos tocan con sus
instrumentos mágicos sus mejores melodías, hermanándose y sintonizándose con la energía solar. Atrás
ha quedado la danza de las hadas de la noche que siempre sonríen a la luna y a las estrellas.

La vida se abre paso y las crías de los animales piden comida a sus progenitores los cuales se afanan en
sustentar a su prole. La vida es un reclamo de luz y movimiento cuyo latido brota del corazón del
Creador.

Las crías de los animales se adormecen con el calor del sol tras haber comido y caen en un dulce letargo,
abrazadas por los ángeles.

La naturaleza amamanta y abastece a aquellos que la habitan y, por eso, merece nuestro respeto y
admiración.

Las crías de los animales se vuelven curiosas exploradoras de su hábitat y juegan, custodiadas por sus
progenitores y por los gnomos del bosque. Los gnomos habitan en los árboles y plantas a quienes
consagran su vida y cuidan con esmero.

La existencia de los seres de luz del elemento Tierra gira en torno al bosque y ellos velan por protegerlo
al haberse confraternizado con él desde su nacimiento.

El baile espectacular de las hadas nos conecta con la sintonización del movimiento y el equilibro que él
genera en un ritmo perfecto cuya pareja de baile es el Universo.

La ligereza, la libertad y el desapego conforman las notas de esta danza de la magia que tranforma lo
simple en sublime como obra cotidiana de la mirada que lo hace posible.

La paz del corazón es un bálsamo que tonifica las emociones

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El círculo de la música hadada

Hada,

Los destellos de las estrellas me llegan al corazón y me ensancho, batiendo mis alas y elevándome hacia
la luz que me hechiza.
Te descubro ahí como si estuviera en un sueño y me conmueve tu presencia apacible.

Te colocas a mi lado y me soplas tu magia, mientras iniciamos un vuelo hacia el país de las hadas.

Allí todo es tan divino como los ángeles. Las estrellas, que permanecen en mi corazón, salen a bailar en
círculo y llaman a las hadas para que se unan a su danza. Los duendes y los gnomos también se agregan
al espectáculo sonriente donde la alegría es la diva que capta mi atención. Ella se apodera de mí y las
notas de música traviesas atraviesan mi piel y me invitan a participar.

Os abrazo a todos al ritmo de mi alma, conocedora de esa partitura que cambia mi vida y que me impulsa
a seguir la melodía de mis sueños: es la dulce sinfonía que escucho cada noche antes de dormirme y que
hace que parpadeen las estrellas en el firmamento, ansiosas por trasladarse de nuevo a mi corazón y
regresar de nuevo al círculo de la música hadada cuya orquesta interpreta la vida como un canto a la
conciencia, donde cada instrumento se afina en cada paso hasta alcanzar el tono de la maestría del alma.

Pensamientos de las Sirenas

Relato de las sirenas

Esta tierra de hermosos colores, bosques, selvas, volcanes, montañas, lagos y mares me cautivó desde el
principio al igual que las leyendas que aquí se cuentan sobre las sirenas.

La noche se deja caer sobre el mar embebido de sal y de claro de luna para dar paso al baile de estrellas y
de hadas que embellece el cielo.

Cuando el misterio nocturno desvela sus secretos desde las profundidades del océano, las sirenas emergen
a la superficie y descansan sobre conchas de nácar y perlas de cristal. El lenguaje celestial de los ángeles
se cruza con el canto de las sirenas y su potente vibración se eleva hasta tocar el corazón del cielo.

La playa parece una sala del Universo donde los pacientes han dejado de esperar la felicidad simplemente
porque la encontraron en la magia del instante.

Pletórica, la luna se muestra desinhibida y sincera y se une a la danza de las estrellas y las hadas mientras
se despoja de destellos lunares que recuperan algunas especies acuáticas para alimentar su instinto y su
sentido de la orientación. En estas aguas cada cual lleva a cabo su rol en consonancia con su interior y los
designios divinos. Por tanto, se trata de una danza del instante en comunicación con el propio potencial y
con todo aquello que impulsa el crecimiento.

Anclada en la vividez del momento, sigo mi instinto y algo me dice que debo seguir observando
imparcialmente este hermoso espectáculo marino donde todo irradia desde el alma.

La reina de las sirenas corona esta escena, emergiendo con su corte de delfines, ballenas y horcas que
anuncian su ascenso y su llegada a la costa. La reina acaricia la arena con su aura de energía marina y
eleva sus manos para recoger la energía estrellada y planetaria.

Cuando pisa la arena, la reina deja caer la energía, mientras los granos de arenisca revolotean en torno a
ella para recargarse y esparcirla gracias a la brisa. Esta energía engendra sonrisas, espontaneidad y
maravillas terrestres.

El ahora dialoga con mi ser y me adentra en mis propias profundidades más allá de aquellas de este
océano de paz y me descubro sonriendo a la vida y refulgiendo en mi propia estrella, enraizada sobre el
firmamento y enamorándome de este planeta llamado la Tierra.

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Le guiño el ojo al momento, a la luna y a la belleza que serena mis emociones y las torna ligeras como
una barca que recorre el río en la mera dirección del instante. Me siento como pez en el agua, en perfecta
interacción con la brújula del mar, fluyendo en el hábitat natural.

El mar de las sirenas...

La noche sigue tranquila y misteriosa, docta en los secretos del alma de la Tierra, la noche le confiesa a la
luna el sufrimiento del planeta y la constante necesidad de luz que precisa de la humanidad.

El viento se arremolina alrededor del corazón de la noche y se funde con su infinitud. La sensación de
frescura y de intimidad que se forja en su núcleo hace que el viento vuele más alegre que nunca hasta la
puerta de los ángeles y que se acerque a Dios para cantarle bendiciones.

El canto de las sirenas se posa sobre el arrecife de coral y es absorbido por las esponjas marinas,
exultantes de amor. Se ha depositado tanto dolor en el mundo que incluso llega a las sirenas, cuyas
lágrimas caen al mar. Pero la luna las incita a sonreír, bailando en el firmamento, seguida por sus estrellas
destellantes. Cuando las sirenas estallan en risas, el océano se ilumina y esa luz contribuye a disolver
el pesar.

La belleza del mar me extasía y embriaga mis sentidos. Las hojas de las palmeras ondean al viento y la
arena aprovecha la brisa para correr silenciosa hacia las olas y permanecer así más cerca de las
sirenas.

Las caracolas de la orilla llevan consigo el sonido del océano para todos aquellos que deseen escucharlo y
recordar el mar. En su fondo, los peces están a salvo, ocultos mientras duermen. Sueñan con sireñas y
hadas, recibiendo su magia y su abrazo de luz.

Las flores exóticas de la playa miran a la luna, antes de acostarse. Los vigías alados de la playa velan por
ellas, para que no se marchiten durante su sueño y se despierten resplandecientes de luz y de vida.

Todo en la costa refulge vida, latidos, amor. Este canto a la vida dulcifica la mirada del océano, esa
mirada salina con forma de espuma y aguas cristalinas con el poder de albergar tanta vida que precisó de
la tierra para establecerse y ser contenidas. El mar y también las aguas dulces poseen tanta riqueza
que no puede ser medida. Respetarla y preservarla se convierte en el propósito de una raza humana
despierta que sabe escuchar a las sirenas.

Una hamaca es mecida por el viento y te sientas para ser partícipe de este movimiento rítmico que te
adentra en el presente y te acopla al latido del corazón, a ese brío de vida que se expande por tus venas
y al que sirves, fiel al alma, como guardiana de los secretos de ese lugar cuya lengua te habla ser
adentro como el mar adentro del que te has enamorado.

Las hadas y las sirenas desde el mar...

La noche cae serena y mansa sobre el océano infinito bañado de estrellas y de destellos de luz divina. Un
carruaje porteado por un cochero alado con una aura pura y etérea trae la dicha a la bóveda celeste,
mientras la alegría baila con las hadas sobre la cresta de las olas.

Un sendero de luz serpentea sobre el mar hasta llegar en silencio a la orilla y fundirse con el canto de las
sirenas. Ellas se elevan, hermosas y resplandecientes, y se hermanan con las estrellas, abrazándose a sus
rayos y filtrando la luz estelar. El amor sin condiciones, sin expectativas, el amor y puro libre reposa en la
espuma de este mar de ensueño y danza en los arrecifes de coral en honor al instante que la corriente
marina mece suavemente. Los delfines con sus juegos acompañan este espectáculo nocturno de luz y de
amor por el momento presente desde la atención de la consciencia. De este modo, en la superficie
acuática no se permite a sus integrantes que se les escape la vida, al contrario, la gozan en plenitud y en
armonía con el ser, arropados por la noche, guardiana del océano y vigía del instante.

El silencio de la noche nos habla en sueños desde el alma del planeta y nos conduce a ser nosotros
mismos en paz con el ahora y con el destino que nos rige. Rendidos a él, el momento toma las riendas y

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nos convertimos en los hijos de la Tierra que permiten que todo sea, latiendo al unísono con el corazón de
la existencia, libre como los niños que corren en la playa y sonríen a las gaviotas.

Sigo con las sirenas en el mar...

Cantos de sirena te bañan el alma, mientras te sumerges parcialmente en este mar de ensueño, arropada
por ballenas y delfines que a lo lejos asienten que formes parte de este escenario salado y marino donde
todo cobra vida.

Contemplas el horizonte y la posición de los delfines y las ballenas te parece como si ellos se asomaran a
verte por la ventana del mar o es quizás al revés, es decir, ¿eres tú quien se asoma a verlos? Te planteas el
mundo como una enorme comunidad de vecinos donde todos salimos a la ventana y nos vemos unos a
otros desde nuestra visión particular. El reto consiste en ampliar esta visión, en ensanchar nuestra ventana
interior para una mejor comprensión y escucha de cuanto aparece ante esta ventana que inevitablemente
irá cambiando con el tiempo.

En el mar me relajo y disfruto de mi ligereza y flotabilidad, mientras recibo la tibieza del sol como el
amor de un padre hacia su hija.

Durante este baño, celebro la vida con el mismo agradecimento con que un niño juega con algo simple
pero que lo reconoce como el más grande instrumento para sus juegos. En el mar me resulta fácil fluir con
la vida. ¿Cómo se siente la corriente, cuando circula? ¿El agua siente?

No sé si ella siente, sin embargo, si sé que ella contribuye a que yo me sienta bien. El agua constituye un
depósito valioso engendrador de vida que contribuye a que otras formas de vida puedan existir.

El agua es un medio que al adentrarte en él, te permite ejercitar tu cuerpo con facilidad, además, la
salinidad del mar sana el cuerpo y me revitaliza las articulaciones y los músculos.

El agua es la mayor bendición para el planeta Tierra. Me siento afortunada por contar con este líquido
maravilloso: el oro verdadero de la Tierra que nutre a la maravilla de la creación. Así es como el agua
constituye una puerta de acceso a la vida.

Desde pequeña me gustó el contacto con el agua sobre todo con el agua dulce. Me crié en plena
naturaleza salvaje de montañas majestuosas que osaban elevarse casi a la altura de lo divino y acariciar
con su cima la luz de los ángeles.

El agua brotaba a chorros por todas partes sobre todo en estaciones de lluvias que dibujaban arroyos,
barrancos o lagos en casi toda la zona. Gracias a la lluvia el agua nos salpica el alma y nos llena de vida.
Gracias, agua, por esa labor que facilita que todo exista aquí.

Cuentos

El príncipe del bosque

Érase una vez un príncipe que harto de la vida tediosa, fácil y fastuosa de palacio, quiso experimentar el
otro lado de la balanza. Así que partió para vivir solo en el campo. Con sus propias manos construyó una
casa en un claro en el bosque y empezó con su nueva vida fresca, sencilla y humilde. El príncipe adoraba
despertarse con el canto melodioso de los pájaros, con la caricia de los rayos del alba y con el olor a tierra
fresca que embriaga el bosque en las primeras horas de la mañana. Esas sensaciones lo conectaban con la
protección del regazo de la madre tierra, la cual amparaba a su hijo a través de la belleza que irradiaba la
naturaleza que el príncipe tenía el honor de presenciar en cada instante.

-Me siento el rey del bosque- murmuraba el príncipe, mientras sonreía para sus adentros.

El príncipe se sentía tan en paz consigo mismo y con el entorno natural y mágico que lo rodeaba que él, a
veces, al atardecer parecía escuchar el latido que provenía del corazón la brisa, mientras ésta jugaba con
los cabellos del monarca.

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Cuando finalizó la construcción de su casa en la naturaleza, el príncipe sembró la tierra y con esfuerzo y
sudor, empezó a cosechar sus frutos.

Un día, se acercó a la casa del príncipe un antiguo sirviente del éste y él lo acogió en su hogar de olor a
madera joven. El sirviente construyó en él un horno de piedra y de leña para cocinar pan y otros víveres
que luego vendía en el mercado junto a los frutos que daba la tierra de cultivo. Ambos trabajaban duro y
su recompensa era la paz que sentían en su corazón y la ligereza y la liviandad con que experimentaban el
ser tan lejos ahora de los entresijos, de las murmuraciones y de la algarabía de palacio.

El sirviente también construyó un pequeño granero junto a la casa. A veces notaba que pequeñas
cantidades de grano desaparecían pero eran tan insignificantes que se olvidó del asunto.

El príncipe y su sirviente, ahora amigo, acababan tan cansados al llegar la noche que no notaban la
presencia de unos discretos y minúsculos seres que durante la noche colaboraban en las tareas de limpieza
del hogar y también correteaban y jugaban en el jardín de la casa. Un día el príncipe no podía dormir y
los descubrió y vio como varias alas y piernecitas se marchaban revoloteando a gran velocidad y con
nerviosismo para esconderse en el reducido espacio entre las cortinas y los cristales de las ventanas en un
movimiento en zigzag que no parecía propio de los insectos. Sin embargo, el príncipe no le dio
importancia.

Al despertarse, en la casa del bosque del príncipe se recibió un mensaje del pregonero del reino
anunciando el bautizo del sobrino del príncipe. No podía faltar. Así que el príncipe y su sirviente
asistieron al evento con gran ilusión. Fueron recibidos en palacio con pompa y honores y, acto seguido,
pudieron conocer a la encantadora criatura protagonista de la fiesta.

El príncipe y su sirviente se quedaron a solas con el bebé, mientras éste sonreía, pero era una sonrisa
especial. Entonces ambos se dieron cuenta de que el niñito no les sonreía a ellos sino a los seres de luz
que había tras ellos: hadas, duendes y elfos que no habían podido resistir la tentación que deleitarse con la
presencia del niño y jugar con él.

El príncipe y su sirviente se retiraron silenciosamente para permitir tan tierna escena. Sin duda, ellos no
habían acudido solos a la fiesta. Los habían seguido los seres de luz que cada noche bendecían con su
presencia el hogar del príncipe.

-Ellos son los que se comen el grano que desaparece del granero –pensó el sirviente.

-Ellos son los que limpian la cocina por las noches –pensó el príncipe.

Pero ambos guardaron el secreto.

El príncipe y la brisa

Érase una vez un príncipe que vivía ostentosamente en su palacio en el bosque. Sin embargo, él soñaba
con bailar con la brisa. Por eso miró con el corazón al sol del alba y le pidió que le brindara su deseo pues
su manifestación le acercaría a la libertad. Un rayo de luz penetró en su pecho y le susurró que el secreto
se encontraba en escuchar el latido de su corazón. Así que el príncipe se retiró a sus aposentos reales y en
su quietud trató de escuchar su propio latido. No podía, pero el rayo de luz, que seguía estando en su
corazón, le aconsejó que siguiera con su empeño. El príncipe siguió concentrándose en su propósito y
aunque no conseguía escucharlo, sintió la vida que brotaba de su corazón y cómo se esparcía en la energía
de su cuerpo. Supo que aunque hay cosas que nos cuesten, no por eso debemos desatenderlas, e, incluso,
cerrar la puerta a otras posibilidades.

El secreto está en mantener abiertos los ojos de nuestro corazón y serenar nuestras emociones.

El príncipe pensó que bailar con la brisa le proporcionaría un estado de alegría y de ligereza, libre de
cargas. Y eso era lo que más ansiaba.

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Pasaban los días sin resultados pero, sin embargo, él era feliz en el proceso pues cada vez más abría los
ojos hacia sí mismo y a los que le rodeaban. Notó que él sonreía más y que a la vez veía la sonrisa en los
demás.

-No he bailado con la brisa, pero no por eso dejo de sentirme satisfecho pues un nuevo impulso se está
aposentando en mí y me está dotando de una seguridad que me lleva a manejarme en paz con la fuerza
que me lleva..

Pasaban los meses y un día, cuando el príncipe no lo esperaba, la brisa se topó con un corazón noble tan
henchido de paz, que incluso para alguien de espíritu tan libre como ella, resultaba imposible rendirse a
él. Y cuenta la leyenda que desde entonces dos corazones bailan juntos una melodía espiritual y bella que
enternece a quien la escucha...

¿Quieres ser tú?

El pacto de la reina y el sol

Una piedra encantada en forma de asiento invita a la reina a sentarse en el trono y a tomar posesión de su
cetro real. Ese cetro que ostentó como la maestra espiritual que fue en otras vidas y que ahora retorna a
ella por derecho de nacimiento y de evolución personal.

La reina contemplaba el paisaje que rodeaba a los aposentos reales. Aquel lugar lloraba niebla y las
formas parecían esconderse, melancólicas de su estado original de luz.

Con el cetro entre sus manos, la reina iba recordando como por arte de magia.

-Todos venimos a recordar- dijo la reina.

La niebla, que gobernaba los parajes del castillo real, parecía esconder secretos. Eran secretos que sólo el
sol podía desvelar por lo que la niebla se mantenía firme en su densa presencia para, así, impedir que
alguien pudiera descifrar los mensajes de la luz y que todos siguieran siendo sus cautivos.

Pero la reina había estado en dimensiones de luz y, de hecho, ella era su canalizadora y su mensajera pues
su corazón noble y auténtico era incapaz de enmascarar la verdad que yace en el don de una vida de luz.

-Todo el que nace tiene derecho a ser y a sentir y la niebla ya no va a esconder eso -dijo la reina.

Así que la reina pidió ayuda al guerrero-sol, el cual se alzó majestuosamente en el horizonte para ejercer
su papel de astro-rey con el objetivo de derrotar a la niebla la cual no opuso resistencia y marchó, sigilosa
y cobarde, a otro mundo en el que puediera seguir robando la verdad del ser a los demás.

Todos agradecieron al sol que su luz cegadora hubiera vencido al caballero de la niebla, ese caballero que
con su velo había mantenido aletargados a todos los elementos de aquel lugar hasta entonces hechizado y
que ahora había descorrido el telón de la libertad.

El sol se erigió como el soberano del mundo del cielo y la reina, como la soberana del mundo de la Tierra
y ambos sellaron una alianza para proteger a ambos mundos del mal y de la confusión y que todos en
ellos pudieran vivir su verdadera identidad.

Cuento de la niña interior

Érase una vez una niña interior que se encontraba atrapada en la eternidad de una pradera abrazada por las
montañas y cruzada por un río. La niña interior se resistía a trasladarse a la edad adulta pues huía del
sufrimiento que en su más tierna infancia había vivido.

Un día su adulta interior fue a buscarla y le pidió que ambas partieran de aquel refugio de la niña para
convertirse en una. La niña tenía miedo y se negó. La adulta se puso a llorar y le confesó que sentía que
ellas eran la misma persona y que la adulta ya no podía seguir viviendo separada de su niña interior.

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-Reconócelo -le dijo la adulta a la niña- : estás atrapada entre dos mundos emocionales. Sal y reúnete
conmigo-.La niña desapareció pero la adulta le advirtió que no cejaría en su empeño de ir a buscarla,
cuantas veces la vida se lo permitiera. Y la adulta con lágrimas en los ojos y con toda la fuerza de su alma
y de su corazón le pidió a sus ángeles guardianes:

-Por favor, dejadme que me funda con mi niña interior. Esa niña con quien deseo reencontrarme. Esa niña
que casi había olvidado y que no me conoce pero que ahora se ha convertido en el centro de mi mundo.
Quiero amarla, cuidarla y protegerla como se merece. La miro y veo una hada, incluso más que a una
hada pero siempre se marcha volando con sus alas...
Los ángeles le prometieron que la ayudarían.

Un día la adulta soñó con un nuevo horizonte y una voz de niña la despertó y le sonrió con dulzura.

Una nueva vida había empezado para ellas.

Cuento de la niña del río

Érase una vez una niña que adoraba estar en el río. Algo le decía que antaño ella estaba fundida en el
alma de ese lugar acuoso y terráqueo cuya belleza había sido creada para despertar.

Ella sabía que en el sonido de las aguas encontraría la vibración del recuerdo y del infinito que le
permitiría elevarse para trascender el sufrimiento y vivir ese camino consciente del ser. Con confianza la
niña se columpiaba cada día en el pequeño parque junto al río, mientras sonreía a cada rayo de sol y a
cada nube que se desplazaba callada y serena en el cielo azul. La niña miraba ese cielo y en silencio le
confiaba sus secretos. Ella sabía que el cielo era su padre y le pidió que los guardara con amor para que
los ángeles custodios se los revelaran, cuando los hubiera olvidado.

Sus recuerdos eran su herencia y en un pasado sanado se halla un presente lúcido, de dicha y de gracia
divina donde la magia se muestra en cada instante.

Con el tiempo la niña se perdió, pero un día alguien que la quería le mostró el río en que ella había sido
tan feliz..Al principio, ella no lo reconoció pero su intuición la impulsó a volver sola. Allí, se sentía en
paz, alguien la acompañaba aunque no pudiera verlo. Sin embargo, de lo que sí estaba segura es de que
allí podía vislumbrar un nuevo camino de luz.

El agua cristalina del río ya no guardaba secretos para ella. El fluir de esas aguas sagradas la hacían
detenerse y sumergirse en el ahora. El ahora le parecía un abrazo del cosmos que le regalaba besos y
palabras de aliento e inspiración que ella se apresuraba a escribir antes de que se marcharan. Tras plasmar
esas palabras, el mundo le regaló sus recuerdos, ésos que ella había depositado en los ángeles y que ahora
habían regresado a ella en como en un sueño.

La niña se dio cuenta de que lo hermoso siempre está ante nosotros y que en caso de que no existiera nada
bello, hay que invocarlo para que se imprima en el pensamiento y regrese a nosotros con la misma
naturalidad con que una mariposa bate sus alas y su movimiento sutil se percibe, incluso, en otras
dimensiones. La mariposa volverá a batir sus alas y su grácil movimiento seguirá llegando allá donde se
necesite y ese amor regresará a sus alas y se seguirá generando a través de ellas. A veces, damos sin
darnos cuenta...

La niña pensó:

-Somos creadores de belleza y ésta siempre regresa a nosotros, a la fuente que la creó.-

La niña pasó el resto de su vida creando belleza y ahora ella se ha convertido en la vigía de nuestros
sueños junto a los ángeles y, en cada uno de ellos, la niña hace lo que siempre hizo: crear belleza para
nosotros.

Ayuda a la niña con tus pensamientos positivos y la niña se mostrará ante ti con sus alas de hada cargadas
de obras de plenitud y de amor.

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Los pasteles de mamá

Érase una vez una cocina mágica donde una mamá cocinaba con todo su amor dulces postres y deliciosa
comida cargada de la dulzura que una madre dedica a sus hijos. Esta mamá dedicaba sus mimos y su vida
a su pequeña hijita con la que jugaba a las cocinitas. Su hija se había convertido en una ayudante de
excepción en esa cocina compartida por ambas y que se había convertido en una original sala de juegos
en la que la niña estaba aprendiendo el poderoso poder de la creatividad y el buen sabor de una vida en la
que su madre le enseñó a amar. La niña solía soplar y hacer volar el coco rallado el cual se esparcía en el
aire y caía lentamente sobre el suelo de la cocina. Su mamá le explicaba cuentos sobre las hadas y por eso
la niña imaginaba que los puntos de coco rallado eran pequeñísimas hadas de luz que volaban alrededor
de ellas dos.

La niña decoraba con el coco rallado las tartas de chocolate que su mamá preparaba y de este modo les
daba el último toque junto antes de servirlas.

Un día su mamá leyó un anuncio sobre un prestigioso concurso de cocina de repostería y decidió
participar en él. Cuando se lo contó a su preciosa hija ésta no cabía en sí de gozo.

-Te ayudaré con gusto, mamá, y te aseguro que tus pasteles serán los mejores- dijo la niña.

Su mamá presentaría a concurso un original bosque de chocolate de colores. En cada rincón especial de
ese bosque, la mamá colocó un pastel, pero los pasteles cada vez se adentraban en lo más profundo del
bosque... La madre le explicó a su hija que los pasteles representaban las señales que envía el corazón a
las personas para que se animen a explorar su interior con el fin de descubrir tesoros y talentos ocultos
que afloran a la luz, cuando nos empeñamos en crecer espiritualmente.

-Es entonces cuando el latido de nuestro corazón se convierte en nuestra voz interior y ella nos muestra
nuestro camino y nunca nos deja de la mano- contó la madre a su hija.

La niña disfrutaba escuchando las sabias palabras de su mamá y ayudándola en la preparación de esos
pasteles que cada vez más se acercaban al corazón del bosque.

La mamá y la hija ganaron el concurso pues consiguieron encandilar a un jurado que se mostró
entusiasmado ante la idea de plasmar la victoria del corazón sobre la mente, la cual a veces nos juega
malas pasadas.

En el jardín de su casa la mamá sigue jugando hoy con su hija y, al final, ella siempre acaba
preguntándole:

-Mamá, ¿cuándo prepararemos más pasteles?.

El hada y los animales alados

Érase una vez un hada-humana que estaba aprendiendo a escucharse a sí misma y a perdonarse porque su
existencia no había tomado el rumbo que ella hubiera deseado. No encontraba su brújula. De hecho, en
este momento, se sentía tan vacía y desorientada que había perdido el timón de su magia. Y en este vasto
océano de perdición y de lamento interior, ¿dónde estaba su luz?, ¿acaso seguía brillando? Seguro que su
luz se había escapado con las olas… Ella la buscaba también en cada estrella del cielo que abrazaba el
mar cada noche, sin éxito. No percibía su luz, lo único que afloraban eran sus lágrimas y sus
pensamientos de desilusión y de tristeza. El ruido de fondo de estos pensamientos a veces le resultaba
fastidioso pues quería escucharse a sí misma y no podía.

En una ocasión se hallaba en su cocina de sueños, una cocina donde ella procuraba crear aquello en lo que
realmente creía pero como se había olvidado de sí misma, las recetas no le salían: o se le quemaban en el
horno o los sabores sabían sosos pues en ellos no residía el condimento de la fe y del amor por sí misma.

Sin embargo, poseía la esencia espiritual de una verdadera hada y, por eso, aunque no era capaz de
reconocerla, mientras ella observaba en la cocina como iba horneándose un pastel, una diminuta mariposa
de jardín se posó en su hombro y se quedó un buen rato con ella. La mariposa no sentía temor de estar tan

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cerca, al contrario, pues percibía un aura de luz agradable en la chiquilla-hada que la hacía sentirse bien.
La niña procuraba moverse poco, pues no quería que la pequeña mariposa se marchara. De hecho, ella se
sentía halagada de que tan delicada criatura la hubiera elegido a ella para permanecer sobre ella en ese
momento. Ella lo estaba viviendo como un momento especial, lleno de magia y, de algún modo, ella
podía respirar el halo de ternura que la mariposa desprendía. Fue un instante bello. Sin embargo, el
tiempo de cocción de la tarta había finalizado y cuando la niña se agachó para abrir el horno, el calor que
de él escapó, hizo que la mariposa emprendiera su vuelo... Sin embargo, la chiquilla sonrió pues la tarta
estaba en su punto y de ella emanaba un agradable aroma que todavía la convertía en algo más apetitoso.

Mientras ella le estaba hincando el diente a tan dulce manjar, ocurrió algo que conmovió su corazón. En
la ventana cerrada que daba al jardín, había en el cristal una hermosa mariposa, de grandes alas cuyo
colorido blanco en sus alas le recordaron la luz blanca de la paz. En la parte superior de sus alas había un
punto negro, que contrastaba con el fondo blanco de las alas. Ese punto negro tenía un gran significado
para la joven pues en sus meditaciones siempre visualizaba uno así. Este punto negro le recordaba que en
la pida a pesar de sentirnos apesadumbrados, siempre hay algo más, que, aunque desconocemos, por eso
vemos simplemente el punto negro, en el momento adecuado, se transformará.

La mariposa no podía atravesar el cristal y se movía inquieta arriba y abajo. Así, que la chiquilla, con
cuidado, abrió el cristal para que tan hermosa mariposa pudiera volar en libertad, no sin antes haberle
agradecido su presencia y haber apreciado su sencilla belleza, tan natural que había conseguido llegarle al
corazón.

La mariposa marchó, pero antes de desaparecer estuvo visitando el jazmín del jardín, de ese jardín que tan
maravilladas tenía a las mariposas que lo visitaban. Era el jardín de la joven, quien siempre adoró y sintió
un gran respeto y afinidad por las flores y las plantas. Salió al jardín a respirar, desde ese jardín ella se
sentía libre y ese punto negro que a veces visualizaba, dejó de preocuparle. La situación que le inquietaba
se resolvería, confiando en la sabiduría de los procesos de la vida. Ella era una experta en contemplar los
procesos de crecimiento de la madre naturaleza. De hecho, ella lo hacía cada día en su jardín y le
sorprendía la belleza y la armonía que era capaz de generar la madre naturaleza. Esa madre con olor a
hierba fresca que tan amorosamente velaba por la vegetación del planeta.

Si la joven era capaz de cuidar su jardín, entonces el amor residía en su interior y si era capaz de
proporcionárselo a sus plantas, también debía ser capaz de reconocerlo en su interior. Las flores y las
mariposas ya lo estaban haciendo, las flores, creciendo y luciendo sus inspiradores colores, reavivados
por la luz del sol, y las mariposas, volando cerca de la niña y del néctar de las flores.

La joven salió a dar un paseo por el campo, necesitaba ampliar su visión sobre las cosas y llenarse de la
expansión que le producía contemplar la cordillera de montañas que rodeaba el lugar donde nació. Esas
montañas que amaba desde pequeña, tanto que le parecía que sus latidos eran los de las montañas. Ella
caminaba lentamente para no perderse ningún detalle, sentía en cada paso el corazón de las montañas en
unidad con el suyo. Deseaba que ese instante no acabara nunca y cerró los ojos para sentirlo
intensamente, como un sueño. El aire besaba su rostro. Sentir la brisa en su piel le resultaba tan
placentero que hubiera deseado que esa brisa le llegara al alma y refrescara sus emociones y envolviera
cada uno de sus sentimientos en una tela mágica de amor incondicional con destellos al infinito.

Una ladera descendía en su camino y formaba una pendiente. En esta pendiente del terreno, ella vio unos
pájaros que volaban en círculo casi a ras de suelo. Estaban relativamente cerca de la joven y su presencia
no los incomodaba en absoluto. No paraban de piar. Ese trino le recordó que en sus pensamientos y
meditaciones diarias no sólo podía hallar silencio sino también sonidos agradables como el que estaba
escuchando y hermosos recuerdos, en lugar de tanto parloteo mental que la estaba haciendo infeliz, ella
debía ser consciente de que lo bello residía en su interior y que la belleza se manifiesta de diversas formas
en el exterior, pero si lo hace, es porque la belleza ya está presente en nosotros desde que nacemos. La
belleza interior puede manifestarse en forma de paz, de una puesta de sol o de una hermosa vivencia que
os dejó un buen sabor de boca. ¡Vaya, qué parlanchín estaba hoy el espíritu de las montañas! Sin
embargo, la niña pensó que era mejor no tratar de interpretar o de concluir sus mensajes, sino
simplemente mirarlos con los ojos de un niño y de agradecerlos como un regalo inesperado.

La niña-hada siguió su camino, lamentando tener que dejar tan bella escena atrás. Se hubiera pasado la
vida contemplando a los pájaros, tan cerca de ella, pero un amigo suyo pasó con su carro y la invitó a
subir en él. Ella aceptó complacida. Le encantaba viajar en el carro de madera junto a ese amigo de

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infancia, que sabía escucharla. En ese momento, la brisa más bien se convertía en aire que rozaba su piel
con más intensidad al sentirla a contracorriente debido a la velocidad del carro. La niña comparaba la
suave brisa que había sentido antes cuando caminaba, con el aire que justo entonces levantaba sus
cabellos. Saboreaba el contraste de sensaciones.

En secreto, la niña pidió una sorpresa más a la naturaleza y ésta la escuchó. En el cielo, justo al lado de la
niña, apareció un ave que en pleno vuelo hacía lo posible por mantenerse en el aire pero sin avanzar,
como si el pájaro quisiera parar el tiempo y el movimiento. El conductor del carro era ajeno a cuanto
sucedía pues él miraba hacía delante para dirigir a los caballos. La escena le resultó graciosa a la niña y
digna de gran habilidad y destreza. Sólo duró unos segundos. Pero si ese pájaro era capaz de controlar el
movimiento con sus alas para parecer quieto en el aire, también la niña podía aprender a dejar que sus
malos pensamientos la hicieran volar allá donde a ellos se le antojara. Podía hacerlo aquietándolos,
dejándolos volar y marcharse o impregnándolos de paz y perdón para centrar el movimiento de sus
pensamientos en el momento presente sin despistarse y desde esa posición sentirse en sosiego para
desprenderse de las preocupaciones. Desde una perspectiva de paz interior, todo se ve de otro modo.
Gracias a las mariposas y a los pájaros la niña había aprendido a mirar la vida de otra manera y así se lo
contó a su amigo, que, como siempre, la escuchaba con la luz del corazón. Esa misma luz que ahora
brillaba en la mirada de la niña.

La princesa del desierto

En las dunas del desierto una princesa contempla la salida del sol. Anhela las gotas de lluvia y la brisa
fresca que seduce el alma. La arena se deja llevar por el viento cálido de la mañana, trazando formas que
rompen la rectitud de la superficie.

Ella se crió en ese desierto caluroso y árido, que, sin embargo, siempre le dio sustento y cubrió sus
necesidades básicas. Eso le hizo crecer el en agradecimiento y en la plena conciencia en el ahora. Cada
segundo irradiando luz, la princesa la arremolinaba en su pecho y silenciosamente la daba en ofrenda a
los dioses y a todos aquellos que a ella se le acercaban, pues ella percibía la divinidad en todo y en todos.
Dar su luz a alguien significaba para ella compartir su divinidad y recibir la divinidad de los demás.

Que esa actitud de reverencia se integrara de forma natural en su vida desde su más tierna infancia, la
colocaba en una actitud de receptividad a los corazones que latían henchidos de vida a su alrededor. Su
maestro y mentor la inició desde niña en el respeto a toda forma de vida y la ecuaniminidad de la mente.

Así que la princesa procuraba ser cautelosa en sus juicios para evitar que las malas palabras interfirieran
en la objetividad de sus criterios y no se contaminaran por las aguas turbulentas del ego.

Cuando la princesa se hallaba en arenas movedizas emocionales, para evitar que lograran abatirla,
invocaba a la fuerza de su luz con tanta convicción y fe que nada lograba que su aura luminosa se
agrietara. La creencia de que su ser irradiaba luz al mismo tiempo que el sol del cielo emitía sus rayos,
hacía que ella actuara al unísono y sin resistencia a todos los acontecimientos que el Universo le lanzaba.

La princesa adquirió destreza en el manejo de las armas como medio de defensa, nunca de ataque. No le
resultó difícil debido a su agilidad y al equilibrio de una mente disciplinada entregada a su propósito que
le granjeaba el mismo equilibrio y seguridad ante sus adversarios. Así, se erigía como una princesa
luchadora desde la quietud de su espíritu lo cual la solía conducir a tomar otros derroteros diferentes a la
batalla, como, por ejemplo, el diálogo o el pacto. Se convirtió en una verdadera embajadora de la paz en
el desierto.

La princesa conocía gracias a su intuición el lenguaje de los animales y eso le permitió aprender
rápidamente lecciones que provenían de algunos de sus mascotas, encarnadas en grandes maestros que a
veces manifiestan su coraje y esponteneidad para demostrar a los ojos de quienes los contemplaban que
ellos también abrigaban dichas cualidades en su ser. Sin embargo, en los animales salvajes residía un
encanto especial que les hacía actuar limpios de condicionamientos, alineados con su razón de ser.
Encontrarse sin esperarlo con ellos era un auténtico honor para la princesa.

Ante el enojo se imponía la compasión, la aceptación, pero no la resignación, si ello era posible, para
hacer prevalecer los valores inherentes al amor que cada cual siente por su ser y, en el caso de la princesa,

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por su pueblo. Por eso la princesa sólo luchaba para defender la verdad de su corazón y los de sus
súbditos, a quienes siempre escuchaba.

Un día en que la princesa fue a adquirir víveres en el mercado, se quedó conversando con uno de los
mercaderes. A ella le gustaba estar cerca de su pueblo y experimentar las vivencias que a sus habitantes
les afectaban.

-En el compartir reside la mayor de las riquezas -le decía siempre su mentor-. Y el primer paso para saber
compartir es saber escuchar.

La princesa se quedó en el mercado hasta caer la tarde. Subió con el mercader por la ladera de una
pequeña colina desde donde se observaba la maravillosa vista del atardecer en ese pequeño poblado
bendecido por la belleza del desierto. Desde allí arriba se veían las lucecitas del pueblo las cuales le
conferían un misterio y una magia que competía con la luz de las estrellas que ya empezaban a asomar.

-Te llevaré a ver el mar- le dijo el mercader a la princesa.

Tras un arduo viaje, cuando llegaron al mar, la princesa pudo ver como las olas acariciaban la arena con
el amor de una madre. En la orilla había una caracola. El mercader la cogió para dársela a la princesa. La
princesa se la acercó al oído. El sonido que escuchó le pareció tan relajante y precioso, que ella quiso
llevárselo con ella al desierto. El mercader le dijo que podía llevarse la caracola, pero no el sonido. El
sonido le pertenecía al mar.

-El sonido reside en el interior de la caracola, princesa, de igual manera que también puede residir en el
interior de tu corazón. A cada latido, lo recordarás vivo y presente y da igual lo lejos que te vayas porque
siempre lo llevarás contigo.

El hada y el niño del planeta sombrío

Érase una vez un niño que vivía en soledad en otro planeta. Era un planeta sombrío donde el niño se
sentia alicaido y apático. A veces un rayo de luz pretendía llegarle al corazón para despertarlo de su
estado de letargo emocional, pero el niño ni tan sólo podía sentirlo.

Un hada receptiva dejaba caer su luz, vertiendo amor y alegría a través del latido del niño. Pero el
corazón del niño estaba cerrado, ensimismado en sus sentimientos de tristeza. Pero el hada no se
desanimó. Ella le enviaba constantemente tanta luz que al final al niño le pareció ver al mismo sol frente a
él.

-¿De dónde procedes, luz?- preguntó el niño.

-Soy un hada que procede de tu corazón –le respondió la voz del hada.

-¿Por qué yo? –le preguntó el niño.

-¿Por qué no? –le respondió el hada con otra pregunta.

-Porque la vida a veces se nos escapa y nos parece que ya es tarde –le respondió el niño.

-¿Qué quieres recuperar?- le cuestionó el hada.

-Mi luz. Me siento apagado –le confesó el niño.

El hada agitó su varita mágica con una mano y con la otra sembró nuevos y esperanzadores caminos de
luz para el niño, con escenarios alegres y llenos de sonrisas, para que ese niño puediera conocer la
felicidad y sentir en su corazoncito la bendición de vivir.

El niño esbozó una sonrisa, mientras sentía como se le abría el pecho y escuchaba latir a su corazón más
fuerte. El sonido del latido lo unió poderosamente a la fuerza del ahora y a la vitalidad que reside en cada
instante. El niño estaba experimentando un milagro y cuando logró ver el rostro del hada acarició la

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belleza y la magia. La cara del hada le abrió al optimismo y le regaló un nuevo mundo en el que el niño se
vio tal como era.

-Reflejarse en lo que uno es y ser espejo del propio corazón es el don que te otorgo para tu nueva vida- le
dijo el hada, que se marchó volando, prometiéndole regresar y velar por él.

Cuento del reino de los cuentos de hadas

Érase una vez un reino encantado llamado el reino de los cuentos de donde de las flores brotaban cuentos
y de las palabras de sus habitantes emanaban raudales de fantasía e imaginación que tenían encandilados
a los niños que habitaban ese lugar tan especial.

Los cuentos tomaban las calles de esa población de cuento de hadas, abrazada por un bosque y un valle de
tal belleza que monarcas de los alrededores solían visitar fascinados por la fantástica vibración y
encanto que se sentía en cada paso.

El lugar más atereado del lugar era la imprenta la cual echaba chispas y trabajaba a toda prisa para dar
respuesta a la demanda literaria de las gentes para leer cuentos para sus nietos con el calor de la lumbre
de hogares bañados de estrellas y repletos de inocencia infantil.

Los cuentos representaban el cultivo de la parte espiritual e intuitiva a la que los niños siempre están
receptivos. Un trobador del reino siempre llevaba libros en sus viajes y cantaba y representaba a sus
personajes en otros lares. Una vez una hermosa princesa quedó tan fascinada con estos relatos de hadas,
duendes, animalitos y otros personajes mágicos que creó amplios jardines para que los seres alados se
instalaran en ellos y susurraran a los niños historias de luz que les hiciera bailar el alma. Esos jardines se
asemejaban a paraísos naturales donde estanques con patos y arboledas de ensueño se enseñorearon del
lugar. Sucedió que los cuentos del reino de los cuentos se escaparon a los fantásticos jardines de este
reino que los acogió con amor e ilusión.

El monarca del reino de los cuentos se quedó desesperanzado pues los más fructíferos creadores de
cuentos también partieron hacia esos jardines divinos donde las palabras corrían tras los niños. Triste y
desolado el monarca lloró tanto que una hada se acercó a él y le dijo:

-Aferrarse y depender de elementos de nuestro entorno acaba revelándonos nuestras debilidades. Todos
somos creativos y ésta fluye libremente del corazón. Toma pluma y papel e intenta escribir cuentos. Yo te
ayudaré y te soplaré sabiduría hadada con el poder de despertar a los niños.

El monarca se fue a la imprenta entonces vacía y con las máquinas paradas para abrir su corazón a su
pluma la cual parecía haber cobrado vida pues no paraba de escribir y escribir. Numerosas historias
empezaron a salir de los dedos de ese monarca de corazón abierto, revelándole la verdad de que en
nuestro interior existe un foco infinito de un talento único e innato que asombrosas circunstancias del
entorno se encargarán de que aflore a la luz. Las historias del monarca llegaron tan lejos que revitalizó la
creatividad de ese reino de los cuentos perdidos para convertirse en el reino de los cuentos nacidos del
corazón.

Los niños se apelotonaban para poder disfrutar en la escucha atenta de esos cuentos de su rey. Este
monarca imprimió tal pasión y devoción en su recién descubierto talento que contagió rápidamente a su
entorno y sorprendemente incluso los mismos niños escribian cuentos dando lugar a un notable cuerpo de
contadores de cuentos cuyos relatos arrasaban allá por donde eran contados. Estos cuentos llegaron
incluso a los jardines de la princesa, empezando a competir con el nuevo cuerpo de contadores de
cuentos.

Un día el hada que antaño se había aparecido ante el rey le dijo:

-¿Por qué competir cuando podéis completaros los unos con los otros, colaborando y compartiendo
conocimientos para disfrutarlos con los demás?

El rey contactó con la princesa y de inmediato el cuerpo de contadores de cuentos trabajó en equipo con
los seres alados que habitaban los jardines y, de este modo, comenzó un pacto de una fructífera
colaboración entre el reino de los humanos y el reino de los seres de luz como las hadas,los elfos, los

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duendes y los gnomos. Este pacto todavía hoy continúa vigente y si alguna hada está cerca de ti, te guiará
hacia esos reinos, reinos reales donde los cuentos infantiles cobran vida en cada palabra.

Supermami, la mamá gallina

Érase una vez una mamá gallina que vivía en un corral de gallinas y codornices de una granja de campo,
cercana a la ciudad. Desde allí no se escuchaba el bullicio de la gran urbe, por esta razón, en la granja se
respiraba una atmósfera apacible donde los animales pacían en los prados y convivían en armonía.

El granjero muñía las vacas cada mañana, ensillaba a los caballos y daba de comer a las gallinas, ocas,
conejos y patos. En esa granja había un estanque enorme donde los patos nadaban sobre los peces. Los
patos más pequeños chapoteaban en el agua y jugaban y correteaban sin cesar al llegar al suelo bajo la
atenta mirada de sus progenitores.

Un día una vecina del granjero, que vivía junto a un lago, se puso en contacto con el granjero pues en su
lago aparecieron unos bebés patitos que parecían perdidos. Su mamá no estaba y nunca apareció. La
vecina se compadeció de tan tiernos animalitos y deseó por encima de todo que crecieran con el amor de
una madre, algo que después queda en el corazón para siempre. Así que la vecina le propuso al
granjero si la mamá gallina de su corral los podía adoptar.

-La gallina decidirá -dijo el granjero.

Tenía el granjero una gallinita perica que solía incubar no sólo sus propios huevos sino los de otras aves,
si se daba el caso de que las aves mamás originarias no pudieran hacerlo. Por eso, antes de ser
abandonados, según el granjero, la mejor opción era que esta gallinita que emanaba amor sin condiciones
se hiciera cargo de los huevos. Ella lo hacía encantada pues era su misión y su gran vocación. Debido a
esta gran virtud, dedicación y entrega, el granjero llamaba a esta gallinita: la Supermami. Para que la
gallinita pudidera llevar a cabo su noble misión, el granjero le acondicionó en el corral un lugar
privilegiado donde ella disponía de agua, comida y suficiente espacio.

Hacía días que la gallina incubaba huevos propios y de una codorniz del mismo corral que había
enfermado. Supermami apenas se levantaba pues siempre estaba sentada sobre los huevos para darles
calor y que, de este modo, dispusieran de la temperatura adecuada.

El granjero colocó los cinco patitos de tan sólo tres días de vida al lado de Supermami. Ella no se movió y
la verdad es que resultó un tanto indiferente hacia los nuevos patitos que piaban pidiendo amor. Pero si
Supermami se levantaba, entonces los huevos quedarían sin incubar. ¡Qué dilema!

Los patitos se acercaban a Supermami pero ella más bien trataba de apartarlos para proteger los huevos
que estaban bajo su vientre. Entonces, el granjero la miró fijamente y le dijo:

-Por favor, cría a los patitos y ayúdales con tu amor a crecer fuertes y seguros-.

La gallinita, que hacía días que estaba prácticamente inmóbil, pestañeó al escuchar estas palabras. Al
cabo de media hora, el granjero comprobó que la gallinita, que seguía sentada incubando los huevos, ya
tenía a los patitos también bajo su cobijo y su vientre. Sin embargo, la gran cantidad de huevos que la
gallinita estaba incubando desde hacía días, impedía que los patitos pudieran estar cómodos bajo el
regazo de mamá gallina. Así, que el granjero se vio obligado a retirar los huevos en bien de los recién
llegados patitos. La prioridad del momento era la supervivencia de los pequeños.

Supermami les daba afecto y les enseñaba a buscar insectos. Era divertido observar como los patitos
perseguían a las moscas antes de comérselas. La gallina también los protegía del resto de gallinas del
corral para evitar que sufrieran pequeños ataques por falta de aceptación de los demás animalitos en un
espacio común. Ellos siempre seguían a la gallina y la consideraban su mamá.

El granjero les colocó en el corral un recipiente grande con agua a modo de bañera para que los patitos
pudieran nadar bajo la vigilancia de su mamá adoptiva. Comenzó, así, para los patitos una época feliz. El
granjero sonreía y se considera afortunado por presenciar tanta felicidad. De algún modo, eso a él le
alentaba y le hacia sentirse más vivo.

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-Gracias, gallinita, por ser tan buena mamá -solía decirle el granjero.

Los patitos crecían felices y sanos. Eran inquietos y tenían a su mamá gallina un tanto agotada pues la
tarea de vigilarlos consumía sus energías pero ella más que como un sacrificio lo vivía como una
bendición. Era evidente, pues cuando los patitos estaban cerca de ella, ella estaba inflada, satisfecha,
orgullosa de ellos y de tenerlos a su cargo.

Supermami era una mamá muy responsable y valiente. Un día que el granjero decidió construir un corral
de madera más grande para que los pequeños patitos dispusieran de más espacio para corretear, el
granjero tuvo que colocar a los patitos junto a las otras gallinas, mientras él limpiaba y adecuaba el nuevo
espacio. Eso provocó que las otras gallinas picaran a los patitos. Supermami los defendió como pudo,
pero, lo cierto, es que ella por tratar de defender a su prole adoptiva, recibió algunos picotazos del resto
de las gallinas, que se habían unido en grupo contra Supermami. Como pudo, ella aguantó el ataque pero
fue más lista que todas ellas. Supermami se repuso enseguida de los picotazos que sus compañeras de
corral le acababan de propinar y esperó a que el resto de las gallinas se separaran. Cuando lo hicieron,
Supermami les propinó un picotazo una por una. Separadas ya no eran tan fuertes ni socarronas.
Supermami lo sabía y al darles un escarmiento cara a cara, de forma individual, consiguió acobardarlas y
que entendieran que ellas debían respetar a los patitos. Supermami se convirtió en un ejemplo de mamá
valiente e inteligente.

-Albergas grandeza y una gran inteligencia emocional en tu interior -le dijo el granjero a la gallina
Supermami.

El granjero también permitió a Supermami que saliera del corral con los patitos a disfrutar del gran jardín
que rodeaba la granja. En condiciones normales y teniendo en cuenta que Supermami llevaba encerrada
muchos días, quizás ella al verse en libertad en el jardín, habría tratado de volar. Pero nunca lo hizo por
no separarse ni un instante de sus patitos, que seguían siendo tan pequeños que aún no volaban. Los
patitos iban por todo el jardín y se agachaban para toquetear con el pico todo cuanto se les antojaba. Pero
Supermami les enseñaba a seleccionar y a llevarse a la boca solamente lo que era comida. Siempre
seguían a su mamá gallina y todos formaban una familia muy unida, llena de amor y de vida.

-Tú eres la dueña del jardín -le dijo el granjero a la gallinita mamá- Tú eres el hada de mi jardín.
Supermami, ¿eres una hada disfrazada?

A veces los encantadores patitos daban cariñosos picotazos en la cresta de Supermami. Les sorprendía esa
cresta roja que les parecía un corona en lo alto de la cabecita de su mamá adoptiva. Ella soportaba esos
picotazos con resignación y abnegación y cuando no podía más, levantaba la cabeza para que los patitos
no llegaran a tocarle la cresta.

Supermami era una gallinita preciosa, llena de luz, que cuidaba de los patitos con la devoción que sólo
una madre conoce. Por la noche, todos los patitos querían dormir bajo las alas de Supermami. Eso resultó
posible cuando los patitos sólo contaban unos días de vida pero conforme iban creciendo -y crecían
rápido pues el granjero se aseguró de dejarles mucho alimento en el corral-, todos ya no cabían bajo las
alas de Supermami. Era divertido observar cuando por la noche todos los patitos trataban de conseguir
estar bajo el ala de Supermami, pero no podía ser y la mayoría de ellos tenía que contentarse con estar a
su alrededor, dándose calor unos a otros. Nada más despuntar el sol, los patitos despertaban y ya estaban
en acción. Supermami siempre emitía un cacareo particular para indicar su posición a los patitos. De este
modo, ella procuraba que ellos estuvieran cerca de ella y si cuando los llamaba, ellos no acudían,
entonces ella iba a buscarlos. Era una mamá atenta y paciente.

Cuando Supermami encontraba alguna lombriz o babosa, emitía un cacareo para que los patitos se
acercaran a ella y ella les daba la lombriz. Para los patitos, las lombrices y las babosas constituían un
delicioso manjar.

Supermami por las noches se sentía cansada pero feliz y satisfecha con su labor maternal. El granjero
también estaba contento al comprobar que esos patitos habían encontrado en Supermami la madre que
tanto necesitaban

Supermami, la mamá gallina (2)

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Supermami, la mamá gallina adoptiva seguía criando a sus patitos con el amor, el esmero y la dedicación
de una madre. El granjero opinaba que ella era la viva muestra de que las madres entregadas, en sí
mismas, son un verdadero milagro en La Tierra pues ellas alientan a sus retoños a ser por sí mismos,
cuidándoles pero sin tratar de interferir ni coartar la expresión espontánea y natural de esas pequeñas
almas juguetonas y tiernas.

Los patitos no paraban de comer y piar y mamá gallina estaba resplandeciente de felicidad con ellos.
Desde que los estaba protegiendo, Supermami estaba más bonita que nunca. El estar siempre pendiente de
ellos formaba parte de su vocación de madre.

-He tenido mucha suerte de que hayas llegado a mi gallinero, Supermami -decía el granjero-. ¿Te han
enviado los ángeles?

En una jaula grande anexa al gallinero había unas codornices chinas. Su plumaje claro y amarillo les
confería una belleza particular. Un día el granjero observó como el codorniz macho picoteaba en la
cabeza de la codorniz hembra y le causaba daño. El granjero se dio cuenta de que la cabeza de la hembra
empezaba a sangrar. Por eso la tomó en sus manos y con el amor que profesaba a los animales de su
granja, le limpió las heridas. Hinchados de dolor, los ojos de la codorniz no se abrían. La hija del granjero
que había heredado de su padre la pasión por los animales, le pidió a su papá si podía tener bajo su
cuidado a la codorniz hembra. Su padre accedió.

La niña intentó tomar a la hembra entre sus brazos, pero ella, dolida por el ataque que acababa de sufrir,
no permitió que la niña la abrazara. La niña comprendió el miedo de la codorniz. La niña se entristeció
pues la codorniz pasaba sus días sin comer, con la cabeza siempre agazapada, como si hubiera sido
vencida. Siempre estaba plegada, retraída y con los ojos cerrados. La niña podía sentir el sufrimiento de
ese animal en su propio corazón y solía llorar al verla tan débil. La niña le rezaba a los ángeles y les
suplicaba que por favor le devolvieran la vista a la codorniz.

-Por favor, tenéis que curar a mi codorniz - susurraba la niña a su ángel guardián.

El granjero trataba de que la codorniz comiera y bebiera algo pero no siempre lo conseguía. El animal
estaba muy abatido y desconsolado. El granjero cogió a la codorniz macho que dañó a la hembra y lo
trasladó al corral con las gallinas. Allí el macho codorniz intentó propinar un picotazo a uno de los patitos
y tuvo que vérselas con Supermami que ni por un momento dudó en defender a su pequeño. Luego el
codorniz macho cayó en el recipiento lleno de agua que el granjero había colocado allí a modo de balsa
para los patitos. El codorniz no pudo salir de allí y tuvo que pasar toda la noche en el agua fría. El
granjero lo sacó por la mañana y lo recolocó de nuevo en su jaula pero esta vez aislado. El animal estaba
como inmóbilo aletargado a causa del efecto del agua.

-Papá -le dijo la hija a su padre granjero -la codorniz que me has permitido adoptar se llama Princesa y
aunque ahora es una princesa triste, yo rezo a los ángeles para que se recupere-..

-Ten paciencia. Los ángeles escuchan todas nuestras peticiones -le dijo el granjero a su hijita.

-Papá, por favor, deja que Princesa esté un tiempo conmigo, fuera del corral -le pidió a su padre.

-¿Por qué? -le preguntó su padre.

-Por que quiero que sane y deje de sufrir este asedio -le dijo su hija.

-A veces los animales se atacan entre ellos. Nosotros no podemos juzgarlos desde nuestra perspectiva
humana pues su naturaleza animal es quien los rige. Pero por esta vez voy a respetar tu petición -le dijo
amorosamente el padre a su hija.

Entonces sucedió un pequeño milagro: Princesa empezó a abrir un ojo y a recomponer su compostura
habitual. Ya no estaba siempre agazapada, con la cabeza gacha, sino que ahora estaba más levantada,
parecía una verdadera princesa. Pero por aquel entonces sucedió otro milagro y es que el granjero tenía en
la granja una incubadora artificial donde días atrás había colocado unos huevos de Princesa. Dos de ellos
empezaron a romperse y nacieron dos preciosas y diminutas codornices. La hija lloró de felicidad al
presenciar el milagro y experimentar la emoción de ese momento mágico.

47
-Cúrate pronto, Princesa, tus hijos están aquí. Pero no te apures, mientras estés enferma, papá los alimenta
-le dijo la hija del granjero a su codorniz

Los patitos seguían siendo las estrellas del gallinero bajo el atento cuidado de Supermami. El resto de
gallinas de corral estaban alicaídas, tristes. El granjero se dio cuenta de la razón: el gallinero se estaba
quedando pequeño ante tante correteo de los patos, además, éstos siempre se bañaban y mojaban toda la
paja y el suelo de tierra del gallinero. Por esta razón, el granjero agrandó el corral y retiró parte de la paja
mojada y en su lugar el granjero colocó piedras de grava cerca de la bañera, de este modo, esa zona no
estaba tan húmeda y sería más cómoda para las gallinas.

-Papá, no pongas grava por todo el suelo del corral -le dijo la niña a su padre - Deja parte del corral con el
suelo de tierra, la que esté más alejada de la bañera de los patos. A los patos y a las gallinas les encanta
buscar insectos en la tierra.

-Qué lista que es mi niña -dijo el granjero.

Supermami, la mamá gallina (3)

Supermami, la mamá gallina, sigue siendo una dama al cuidado de sus cinco hijos patitos que desde que
llegaron al gallinero, recibían el amor y cuidados de su mamá adoptiva. Tras haber sido rescatados de una
balsa a la cual cayeron con tres días de vida y de la que no podían salir por sí solos y tras ser
abandonados, Supermami, veló por los recién llegados patitos a la granja y seguía sus pasos con mirada
atenta. Los estaba criando en el corral como si fueran hijos suyos y eso se reflejaba en la mirada de
alegría y felicidad de esas pequeñas aves que expandían ternura e inocencia con sus juegos y sus
continuos baños en el recipiente que el granjero dispuso para ellos en el corral.

Un día el granjero cogió entre sus manos a uno de los patitos para verificar su crecimiento y buen estado
de salud y, Supermami, creyendo que el granjero iba a dañar a su pequeño patito, se alzó con la patas en
garra, con la cola en alto, con todo el cuerpo muy hinchado, creciéndose ante el que ella creía un agresor
de su retoño, y con una expresión de ira y enfado, ella se abalanzó sobre el granjero, el cual, sorprendido
y un tanto asustado por la actitud sobreprotectora de Supermami, soltó de inmediato a la cría de pato.

-Gracias, Supermami- dijo la hijita del granjero, que acababa de presenciar la escena-. Me has
demostrado el coraje del que es capaz una madre por sus hijos, la valentía con la que se enfrenta al
mundo y lo vence sin dudas y con la determinación del alma. Gracias, Supermami, por cuidar de tus
patitos y darles ese amor que sólo tú sabes dar y por demostrarme con tu acción de ahora que el papel de
una madre en la defensa de sus hijos es admirable y uno de los más nobles que jamás hubiera imaginado.
Gracias, Supermami, por ser mi maestra y también la de mi papá, que, a partir de ahora, tratará de ser
más respetuoso con tus patitos. Pero quiero que sepas, linda gallina, que nosotros queremos a tus patitos
tanto como a tú a ellos y que a nosotros también nos preocupa su crecimiento. Verlos crecer fuertes y
sanos es nuestra mayor bendición y que tú veles por ellos como su ángel de la guarda resulta una
bendición aún mayor.

Princesa, la codorniz, ya se había restablecido completamente y volvía a poner huevos, además, regresó
junto a su pareja, el macho codorniz, ahora más tranquilo, receptivo y en paz, el cual la trataba como a
una verdadera princesa. Eran una pareja de codornices felices que habían recuperado el afecto y el cariño
que los unió desde el principio. Los polluelos de Princesa correteaban por el corral y comían y crecían
sanos y contentos.

Sin embargo, los meses pasaban y los patitos cada día eran más simpáticos y divertidos. Su plumaje de
cuello verde despuntaba y su piar se iba convirtiendo en un cuac-cuac. Supermami empezó a respetar esta
fase de su crecimiento y a distanciarse prudencialmente para dejarles el espacio adecuado a los que
habían sido sus patitos-polluelos pero que ahora ya manifestaban independencia e integración en el grupo
de aves del corral. Y aunque Supermami comenzaba a relacionarse más con el resto de las gallinas, los
patitos a veces seguían acercándose a la que con tanto amor los había cuidado. Supermami se había
convertido en su mamá y para ellos siempre lo sería.

Los patitos descansaban tranquilos y desprendían una humanidad a través de una expresión de
sosiego y ligereza, que estremecía al granjero al contemplarlos.

48
-Patitos, sois mis ángelitos -decía el granjero.

Un mirlo se instaló en un nido sobre un árbol cerca de la granja y su canto melódico despertaba a sus
habitantes y los sumía en un estado de dicha por la bella sinfonía que se desprendía de su trino. Al
atardecer el mirlo también cantaba y el granjero daba gracias por la belleza de este armónico canto que le
confirmaba que los ángeles andaban cerca y que custodiaban y protegian a sus amadas aves. Los pájaros
conferían vida a la granja y recordaban al granjero el milagro de la vida, la bendición del crecimiento y el
regalo de poder compartir su vida humana con tan dóciles y alegres animales.

Un día una tormenta de granizo azotó la granja y la piedra de granizo echó de su nido a la cría de mirlo
cuyos progenitores alegraban la granja con su canto. El granjero cogió del suelo a la cría de mirlo
empapada, asustada y aturdida y lo colocó junto a la lumbre para que se secara y reconfortara. Trató de
darle de comer, pero el pequeño mirlo no quiso comer. Era de noche y sus padres no aparecían, así que el
granjero colocó a la cría de mirlo junto a una lamparita en la jaula de las crías de codorniz de Princesa
para que al menos allí el pajarito estuviera calentito. El mirlo era precioso y tenía unos ojos muy
grandes. La hija del granjero rezó a los ángeles para pedirles que los padres del mirlo vinieran a
recogerlo por la mañana y los ángeles atendieron su petición.

Al despuntar el alba, el trinar del mirlo que despertaba a la granja cada mañana no era tan melodioso
como era acostumbrado, sino que era diferente. Se trataba de los progenitores del mirlo que estaban
llamando a su cría. El pequeño ya tenía las plumas completamente secas y estaba restablecido del susto de
la tormenta del día anterior. Ahora sólo deseaba regresar al nido. El granjero abrió la jaula, lo liberó y el
voló junto a sus padres.

El granjero solía dejar intencionadamente grano fuera de las jaulas y corrales para que otras aves
pudieran alimentarse. Era una manera de tener cerca a los mirlos, a los gorriones y a otras aves
que se habían enseñoreado de la vastedad del cielo y que visitaban la granja para llenar el buche.

Supermami, la mamá gallina (4)

En la granja el granjero seguía tan atareado como siempre. Sin embargo, obtenía tanto amor al cuidar de
sus animales que cada día daba gracias por ello. Su hija lo ayudaba pues ella había heredado el amor que
su padre sentía por los animales. Las gallinas, sus polluelos, las codornices, los patitos, los caballos, las
vacas y cabras formaban parte de la familia de animales de la granja.

Los patos habían dejado de ser esos indefensos patitos que fueron criados por la gallina Supermami y
ahora se habían convertido en unos hermosos patos que estaban cambiando su plumaje. Eran unos
animales preciosos, simpáticos y tenían una mirada de bondad y de inocencia que tenía encandalida a la
hija del granjero. Contemplarlos le producía una sensación de paz que hacía que a la niña todavía le
gustara más estar en la granja con su padre.

Pero los patos estaban creciendo y el granjero se estaba planteando la posibilidad de dejarlos libres en el
campo para que pudieran volar, ser libres y encontrar un grupo de patos donde relacionarse con sus
congéneres. A la hija del granjero le daba mucha pena desprenderse de sus patitos por lo que su padre le
había prometido que se quedarían con una pareja, pero liberarían al resto. Sin embargo, separarlos no iba
a ser una decisión fácil pues desde pequeños se habían criado todos juntos con su mamá gallina adoptiva,
Supermami.

El granjero colocó unos huevos de codorniz en el corral y tres gallinas ponedoras se disputaron el
incubarlos pero como buenas hermanas al final se turnaron para la incubación. Después, se colocaron una
al lado de la otra para incubarlos juntas y darles más calor. La gallina del centro, extendió sus alas para
abrigar a las gallinas que se habían sentado a sus lados para incubar. Era una imagen fraternal.

-Si alguna lección nos dan los animales, querida hija -dijo el granjero- es que ellos saben convivir en paz
-.
-Sí, papá y debemos aprender de ellos -le respondió su hija.

Luego, las gallinas se levantaron, ¿y quien siguió incubando los huevos?

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¡Supermami!

Su instinto para la maternidad era infinito...

La liberación de los patos de la granja

Había llegado el día de la liberación de los patos de la granja. Habían sido cuidados por Supermami, su
mamá gallina adoptiva, pero había llegado el momento de dejarlos libres en su entorno natural. El
granjero se quedó con una pareja de patos a petición de su hija, que se había encariñado muchísimo con
estos simpáticos animales, pero el resto serían trasladados a la naturaleza pues la vida en libertad sería la
mejor opción.

El granjero no pudo evitar llorar, cuando trataba de capturarlos en el corral de gallinas donde habían sido
criados, recordando las anécdotas que había vivido con ellos desde que llegaron a su granja siendo unas
crías de pato de tan sólo tres días de vida. Aquél duro momento le enseñaba que cuando nuestros guías de
luz nos protegen, también sufren al tener que respetar nuestra libertad y plan de vida. Al igual les resulta a
nuestros progenitores. Separarte de los que quieres, no resulta fácil. El granjero había aprendido y
disfrutado de los patitos y con ellos se había sentido completamente en paz. Nunca olvidaría su mirada
profunda y sus juegos en el corral.

El granjero colocó a los patos en cajas de cartón y los trasladó al mismo lugar donde fueron hallados. Se
trataba de una zona rural de campos no cultivados con lagunas naturales. El este entorno había poca
presencia humana, hecho que había favorecido que la fauna y la flora de ese lugar aumentara y se
diversificara. Las pocas personas que habitaban esos terrenos eran respetuosos con el medio ambiente
debido a su conciencia ambiental y ecológica y respetaban y protegían a los animales, potenciando su
presencia y permitiéndoles que vivieran en paz. Un río caudaloso atravesaba el lugar y le confería mayor
frescura y desarrollo.

La hija del granjero acompañó a su padre en tan señalado día pues, muy emocionada, deseaba compartir
con los patitos, aquellos que habían sido sus amiguitos en la granja, este momento tan especial. La hija
dejó de llorar al ver la belleza, la espaciosidad y la tranquilidad que se respiraba en esas praderas
apacibles y frondosas.

Había en ese lugar que parecía de cuento de hadas, una vieja casona cuyos propietarios estaban
acondicionando. Al lado de esta casa había un huerto de frutas y hortalizas, rodeado de fincas y pastos. El
lugar era idóneo para los patos. Cerca del huerto había una enorme laguna, con algas, peces y abundancia
de insectos, donde los patos fueron hallados por la propietaria de la casa de campo al ser abandonados.
Antaño había sido una piscina pero la propietaria había querido seguir conservándola como laguna, para
respetar la vida animal y vegetal que albergaban esas transparentes aguas. Esa laguna desprendía una
serenidad especial y sus amorosas aguas contribuían a la cría y crecimiento de numerosas especies
acuáticas, algunas de ellas, minúsculas. Los propietarios de ese lugar de naturaleza en estado salvaje
habían prometido desde niños contribuir a la preservación de la Madre Tierra, en especial de los reinos
animal y vegetal, por lo que habían fundado varias asociaciones de compromiso hacia los ecosistemas
naturales.

El granjero y su hija soltaron a los patos ante la laguna, uno de ellos se alzó rápidamente en vuelo,
disfrutando de su recién estrenada libertad. En el corral de la granja los patos no habían podido volar, así
que no era cuestión de perder el tiempo para saborear la inmensidad del cielo. El pato se alejó
rápidamente hasta que desapareció en el horizonte. Sin embargo, el resto de los patos se quedaron en el
lago. Disfrutaron nadando, chapoteando y aleteando en el agua tranquila del gran lago, que nada tenía que
ver con el pequeño recipiente que el granjero les había preparado a los patos en la granja para que
puedieran bañarse. Sin duda, el lago les convenció más. La hija del granjero les dejó grano cerca del lago
para que los patos puedieran comerlo, si les apetecía. Era verano y hacía buen tiempo. Los patos tenían
tiempo de sobras para adaptarse a la climatología de las diferentes estaciones y buscar comida. De hecho,
en los campos había muchas caracolinas. A los patos les encantaban, ya que les aportaban calcio, las
encontraban deliciosas y resultaban fáciles de capturar.

El granjero y su hija regresaron a la granja. La niña a pesar de tener en la granja a su pareja de patos,
echaba de menos al resto. Su padre, el granjero, le dijo:

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-Hija, los padres debemos aprender a respetar el camino de nuestros hijos. Ellos son libres de marcharse y
de hacer su vida, de fallar y de acertar. No podemos sobreprotegerles, sino permitir, aunque nos duela,
que se marchen y emprendan su rumbo. No sufras por los patos. Los patos en el campo están bien.
Además, allí vuelan y caminan e inspeccionan su nuevo lugar. Para ellos es una aventura divertida.
Seguro que ese paraje natural se convertirá en su lugar.

-¿Estás seguro de que estarán bien allí, papá? -le preguntó la niña a su padre.

-Sí, seguro. La naturaleza es su lugar. Allí estarán muy bien. No sufras por ellos -le tranquilizó su padre.

La niña al irse a dormir encendió una vela a su ángel de la guarda y le pidió que protegiera a los patos en
el campo, especialmente, esa noche, que era la primera que pasaban fuera de la granja. La hija estaba
preocupada porque hacía una noche muy ventosa y sabía que el fuerte viento se llevaría los granos que les
dejó a los patos cerca de la laguna.

-Lo dejo todo en tus manos, mi ángel -pensó la niña.

Al cabo de un par de días, la propietaria de la casa de campo se puso en contacto con el granjero y su hija
para decirle que los patos liberados estaban bien y seguían en la laguna. A veces, se iban para descubrir el
lugar y buscar alimento pero siempre acababan regresando. La niña le preguntó por el montón de grano
que ella misma había depositado cerca de la laguna y la propietaria le respondio que seguía ahí, casi
intacto, ya que los patos habían comido parte de él.

La niña sabía que eso resultaba casi imposible debido la ventisca que había azotado la zona la primera
noche que los patos habían pasado allí. Pero la niña marchó a agradecerle a su ángel que hubiera
protegido el montículo de grano para que los patitos pudieran alimentarse de él hasta tener un mayor
conocimiento del lugar.

-Gracias, querido ángel, por cuidar de ellos. Por favor, sigue protegiéndolos. Les echo mucho de menos.-
le confesó la niña a su ángel en voz baja.

Al regresar del colegio cada tarde, la niña se iba a ver a la pareja de patos del corral y a las gallinas y les
daba grano.

-Papá, ¿me dejarás cuidar de ellos a partir de ahora? -le preguntó la chiquilla al granjero.

-¿Por qué? -le preguntó su padre.

-Porque me siento muy bien, cuando estoy con ellos. Mi miran con sus ojitos curiosos. Es como si con
ellos pudieras olvidarte del mundo -le respondió la niña a su padre.

-A mí me pasa lo mismo -le respondió su padre, el granjero-. Cuidando de los animales, recibes mucho
amor. Puedes cuidar de los patos y las gallinas-.

Por la mañana, la niña se levantaba antes para escaparse unos instantes al jardín de la granja antes de ir al
colegio. ¿Por qué? Pues porque cerca del corral de patos y gallinas había un caminito de piedras. La niña
levantaba las piedras por la mañana temprano, cuando la tierra todavía estaba fresca y húmeda, pues
estaba repleta de lombrices. La niña las tomaba y se las daba a su pareja de patos y también a las
gallinas.A la niña le encantaba estar cerca de ellos y ocuparse de su bienestar. La hacía feliz el simple
hecho de ver que ellos estaban bien. Y mientras les acercaba al pico las lombrices, la niña se preguntaba
qué estarán haciendo los patitos del campo.

La niña de ojos rasgados

Érase una vez una niña de ojos rasgados. Su mirada estaba atravesada de oscuridad, enojo y tristeza y sus
lágrimas solían escaparse de sus ojos grandes.

Además, a la niña le costaba sonreír pues en la vida todo le había conducido a estar triste.

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La niña vivía en una sombría región donde siempre llovía. Las nubes eran de tonos oscuros y el cielo
siempre estaba gris. Era una región con un aire melancólico, apático, apesadumbrado. Este tipo de
atmósfera envolvía el lugar donde vivía la niña, cautiva de la tristeza.

Un día llegó a la región un gnomo alegre y aquello lo cambió todo. Su nombre era Gnomo Sonriente.
Llegó con sus piruetas, cabriolas y sonrisas y contagió a todo el mundo con sus aires renovados, frescos,
llenos de colorido y de gracia. Pero a la niña le seguía costando sonreír. Ella trataba de hacer la mueca de
la sonrisa con sus pequeños labios ésta pero ni tan siquiera fingida le salía. Sus ojos rasgados se negaban
a salir de su estado natural de desánimo y descontento hasta tal punto de que ni tan siquiera la mirada del
gnomo consiguió cautivarlos ni hacerlos brillar de ilusión. ¿Qué podía hacer la niña?

El gnomo se fue al bosque donde empezó a brincar y a cantar. De hecho, cantaba tan fuerte que hasta las
montañas podían oírle cantar y cantaron junto a él. También lo hicieron los pájaros, las flores, los árboles,
los ríos y las nubes. Todos cantaban con el Gnomo Sonriente para alegrar a la niña y verla feliz.

Al escuchar tantos cantos al unísono, por primera vez, los ojos rasgados de la niña se suavizaron y una
sonrisa empezó a dibujarse en su rostro gracias a la canción que provenía del bosque, orquestada por el
gnomo.

El gnomo y la niña se cogieron de la mano y cuenta la leyenda que ambos se convirtieron en duendes y
que pasean por el bosque, cogidos de la mano, cantando juntos esa canción tan alegre que tanto cambió a
la niña y a la región donde desde entonces luce el sol.

Cuento del muchacho que creyó en sí mismo y en los demás

Érase una vez en un lejano reino un muchado que desde su nacimiento aprendió a crear y a seguir a su
corazón. Él fue consciente desde el principio de su papel de creador. Esto le procuraba una existencia
pacífica y auténtica donde el esplendor de su ser se manifestaba de forma natural y espontánea en todo
momento. Por esta razón, el muchacho se sentía bendecido en cada minuto del ahora y podía percibir
claramente el milagro latente en todo lo que veía.

Cada instante de quietud le proporcionaba una visión sagrada de la vida y de profundo entendimiento y
respeto por todo lo que le rodeaba. Esta actitud de observación, interacción y sensibilidad hacia su
entorno le permitió graduarse y prestar sus servicios en la edad adulta en una institución al servició de los
demás.

Las paredes del edificio donde trabajaba eran acristaladas por lo que la luz se filtraba a través de los
cristales, volviéndolo todo calmo y transparente o del colorido de los rayos de la luz del sol los cuales se
dejaban caer sobre las escaleras blancas para transformarlas en un hermoso arco iris de colores cósmicos
sobre el que las hadas, elfos, duendes y gnmos derramaban sus dones y bendiciones.

En ese edificio todos recibían de forma sutil la magia del reino de las hadas por lo que la creatividad y la
expresión del alma y del corazón eran la nota que componía la melodía del día a día.

Las nubes se dejaban caer mansamente sobre los cristales de ese edificio tan elevado, limpio y puro que
parecía un templo donde la paz infinita hacía estallar la belleza que todos llevamos dentro y que sale a
relucir en el cumplimiento de nuestra misión de vida.

El muchacho, ahora convertido en adulto, se sentía en un estado de completa serenidad y liviandad,


cuando seguía adelante con su propósito lo cual, a su vez, le proporcionaba el coraje, la claridad, la
sensatez, la determinación y la paciencia necesaria para seguir llevándolo a cabo. Ese adulto todavía
sentía su espíritu de muchacho danzando con la lluvia y jugando con la brisa. Con el paso de los años no
se sentía apesadumbrado o pesado, al contrario, se mostraba cada día más agradecido y seguro de sí
mismo.

Sin pretenderlo, pues el ahora adulto era desapegado pero comprometido con la escucha y la expresión de
su corazón libre, había conseguido crear un aura de arte y de habla del alma alrededor del edificio
acristalado y luminoso que llegó a oídos del soberano de dicho reino. Por este motivo, el rey visitó al que
había sido un muchacho sincero y abierto para felicitarle por haber permitido y facilitado que muchos
desnudaran sus dones, talentos y virtudes a través del arte del corazón. Él había dejado ser sin juicios,

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libre de condicionamientos pero enraizado en el amor incondicional que nada exige y que se alza en los
cimientos de nuestro edificio interior. Ese edificio emocional cálido y cristalino como el agua del río y
que nos hace libres como chiquillos que corren tras los pájaros para aprender a abrir y batir sus propias
alas en el vuelo del ahora, ese vuelo que no debemos permitir que se nos escape...

Los Elfos

Los elfos somos criaturas amantes de las tranquilidad, la naturaleza y todo lo que ofrece la Madre
Tierra en su estado puro y salvaje. Por eso, estamos comprometidos con ella desde nuestro nacimiento
y seríamos capaces de hacer todo lo necesario para su preservación como buenos guerreros que somos.

Somos ágiles, escurridizos y reservados. No gustamos de estar cerca de los humanos a nos ser que
tengan un corazón extraordinariamente noble, sensible y altruista o bien que en anteriores encaranaciones
hubieran encarnado en los de nuestra especie.

Vibramos en el mismo nivel energético que el reino de las hadas y han llegado a nacer hermosas
criaturas cruzadas de ambas especies. Son seres élficos y hadados que cruzan el umbral con un
propósito especial no siempre fácil.

Desde nuestro reino élfico presenciamos y vivimos todo lo que sucede con la Madre Tierra y a veces
nos sentimos tristes por el dolor inflingido al planeta y a sus reinos animal y vegetal.

Como la brisa que te habla con su susurro al atravesar las ramas de los pinos, nosotros nos acercamos a ti
desde niña pues te recordamos como una de los nuestros. Sabemos que los humanos no siempre te han
tratado bien, pero al ir cada vez ocupando tu lugar, mientras van encajando todas las piezas, sólo los que
somos como tú fluiremos contigo y seguiremos un sueño alado y mágico en el que todos estaremos
despiertos.

Deja de preocuparte por cosas que no van a suceder y siéntete libre, liviana y elevada como la hada que
fuiste emparentada con los elfos.

Como el olor profundo y fresco de este valle te embriaga los sentidos, nuestra magia llegará a ti en forma
de silencio y seguridad.

Los elfos nos dejan este relato desde su hogar en el bosque:

"Me encanta escuchar la lluvia. Es uno de los sonidos más relajantes y sagrados que conozco. Es como si
las voces susurrantes de mis antepasados se desprendieran de cada gota. Cada gota impacta en el suelo y
deja su frescura y sus nutrientes a la tierra.

La lluvia contemplada desde el calor del hogar, me adormece y me aletarga los sentidos. Esta caída libre
del agua que proviene del cielo siempre trae bendiciones y transformación.

La lluvia es como una madre celestial que trae alimento a su hija Tierra.

Los chasquidos de las gotas de lluvia que impactan en la cristalera de casa, me despiertan de mi estado de
ensoñación y me recuerdan que sigo aquí. Desde el presente, el instante se deja caer mansamente,
como la lluvia, y nos trae nuevas experiencias momento tras momento. La vida es una constante
lluvia de acontecimientos que nos convierten en lo que hemos venido a ser.

Viendo llover me da la impresión de que la lluvia limpia mis preocupaciones, sintiéndome entonces más
ligera y anclada en el ahora.

La gotas de lluvia reposan en la vegetación del bosque como un rocío matinal adicional que reciben las
plantas y que embellece su aspecto.

Las hadas se esconden tras la cortina de lluvia, mientras los duendes juegan a perseguir las gotas.

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Los elfos presenciamos el instante y sentimos el regocijo de la Madre Tierra. En silencio,
contemplamos el curso de la existencia, presagiando los ritmos del planeta y velamos por él. La
Madre Tierra es nuestra divinidad y respetamos sus ciclos.

La lluvia regenera la tierra y hace estallar el colorido y la belleza de las flores y árboles.

El bosque reluce tras la lluvia y reaparece más callado que nunca.

Me perdería en este bosque bendito de luz cuyo verdor es obra de la Madre Tierra.

La acción incesante de la lluvia ha desdibujado los senderos y los convierte en regueros que formarán
charcas donde amanecerá nueva vida acuática. El caudal de ríos, pantanos y lagos restablece su equilibrio
y una nueva luz lo sigue bañando todo."

El pájaro y la estrella

Érase una vez una estrella del cielo que se preguntaba cómo sería caminar sobre el planeta al cual ella
iluminaba cada noche, o cómo sería caminar o sentir la brisa sobre su piel. Así que le pidió al Hada de la
Luna que por un sólo día la transformara en pájaro para poder sentir la libertad de volar en el firmamento,
de disfrutar de la belleza de este planeta y de sentir la tierra bajo sus pies.

El Hada de la Luna le concedió su deseo y la primera sensación que tuvo la estrella, ya convertida en
pájaro, es la de haber perdido su luz, sin embargo, su instinto animal la orientaba.

La estrella-pájaro saboreó por vez primera el placer del vuelo en libertad, el placer de dejarse llevar a la
merced del viento, sin batir sus alas, simplemente, manteniéndolas desplegadas e inmóviles para
entregarse a los caprichos del movimiento de la corriente del aire. El ahora pájaro supo lo que era
atravesar una nube y sentir la agradable sensación de la calidez de los rayos del sol envolviéndole su alma
animal.

-¡Uy! Puedo cantar –dijo la estrella-. ¡Qué trino más cautivador y melodioso sale de mí!

Y con su hermoso cantar, el entonces convertido en pájaro, recorrió sin parar de cantar y piar las colinas y
los valles, mientras se dejaba seducir por la belleza natural de nuestro planeta.

Un pájaro de bello plumaje se acercó a él y le pidió si podían compartir vuelo en aquella aventura y
ambos siguieron surcando los cielos. También encontraron otros pájaros en su camino.

Los dos pájaros empezaron a sentirse sedientos y se posaron cerca del río para saciar su sed.

¡Qué ligera, escurridiza y cristalina le pareció el agua al pájaro! La saboreaba y la miraba maravillado.
Desde el universo era imposible disfrutar de la sensación de frescura del agua.

El otro pájaro le preguntó el porqué de tanta sorpresa y expectación por algo tan normal como el agua,
pero no obtuvo respuesta.

Siguieron volando y empezó a llover una fina lluvia. Las diminutas gotas atravesaban sus plumas y
llegaron a su piel. Un escalofrío recorrió a la estrella convertida en pájaro.

-Parece que estás temblando –le dijo su nuevo y único amigo en la tierra-. No entiendo porque te afectan
tanto unas simples gotas de lluvia... Pero, de nuevo, sin respuesta.

Los pájaros siguieron volando y la lluvia cesó. El arco iris presidió el cielo y, de nuevo, el pájaro se
quedó fascinado ante la belleza de la sublime combinación de colores que vestía el firmamento.

-¡Oh, qué bonito! –exclamó.

-Sí, a mí también me gusta –le dijo su amiguito- pero no grito de satisfacción cada vez que lo veo.
Cualquiera diría que no eres terrícola- afirmó. De nuevo, sin respuesta.

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-¿Vamos al nido? –le preguntó- ¿Por qué no respondes? ¿Dónde está el tuyo?-.

De nuevo, sin respuesta. Simplemente, siguieron volando. Se dirigieron a un paraje natural donde otras
especies de animales pacían tranquilamente en los pastos, mientras se ponía el sol. También vieron
algunas casas de campo y cabañas. De pronto, un banco de niebla se asentó en el lugar y un frío húmedo
empezó a calarles los huesos. Así que ambas aves debían cobijarse en sus nidos.

-¡Vamos al mío! –dijo el nuevo amigo del pájaro-estrella.

En el nido, se colocaron uno junto a otro para transmitirse calor corporal y esta nueva y desconocida
sensación transmitió tibieza y seguridad al pájaro venido del Universo hasta que se quedó plácidamente
dormidito...

Lo despertó el Hada de la Luna.

-¿No te acuerdas que debes regresar al universo? –le preguntó el Hada.

-Sí, pero soy tan feliz aquí... –le respondió, mientras su amigo seguía dormido.

-Perteneces al cielo estrellado –le dijo el Hada-. ¿No echas de menos tu luz? –le preguntó.

-Sí, pero aquí puedo sentir el latido de mi corazón y vivo en movimiento con el momento presente que me
acaricia el alma –le dijo el pájaro al hada.

-Recuerda que prometiste regresar –le advirtió el Hada de la Luna.

Entonces el otro pájaro despertó y el pájaro-estrella le contó toda la verdad.

-Regresa –le dijo el pájaro al pájaro-estrella-. Yo seguiré volando cerca de ti en el cielo estrellado.
Compartiremos las noches y tú me iluminarás con tu luz estelar.

-No será lo mismo –le dijo triste, el pájaro estrella.

-Bueno, al menos tú siempre estarás ahí todas las noches y tu luz siempre me guiará. Serás mi brújula.
Por la mejilla del pájaro-estrella brotó una lágrima y, de este modo, conoció el amargo sabor de la
tristeza. Pero la lágrima empezó a transformarse en luz y la luz fue rodeando al pájaro-estrella el cual
empezó a batir sus alas hacia el firmamento, que, amorosamente le esperaba... De pronto, volvió a su
forma cósmica originaria y se elevó junto al Hada de la Luna, despidiéndose de su amigo pájaro.

Cuentan que todas las noches un pájaro tras recorrer el cielo, siguiendo a una brújula oculta en algún
recóndito lugar, susurra a una estrella un bello trino al alba...

Cuento de la araña que amaba a las flores

Érase una vez una araña que vivía en su tela en el bosque. La araña amaba la frondosidad de la vegetación
del bosque y se sentía dichosa por vivir en él. A la araña le encantaba ver como el rocío se posaba sobre
su tela por la mañana y como los rayos del sol del amanecer atravesaban su tela y la convertían en un arco
iris de colores.

La belleza de la luz fascinaba a la araña y eso era lo primero que agradecía la araña cada mañana al
despertar al alba. Un día, cerca de su hogar, se instaló otra araña, que tenía dificultades a la hora de tejer
su tela de araña. Por eso, nuestra protagonista se le acercó y le preguntó:

-¿Puedo ayudarte a construir tu tela de araña? Yo vivo en una preciosa, justamente aquella de al lado y
me ha quedado preciosa. Puedo ayudarte a que la tuya sea igual-.

La otra araña accedió encantada y le agradeció de corazón su ayuda pues gracias a ella, la otra araña tenía
desde entonces una tela de araña bonita y bien construida donde vivir.

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Nuestra servicial araña bajó al suelo, donde caminó unos pasos para sentir sus pies en la tierra y aspirar el
olor a tierra húmeda. Sin embargo, tras haber caminado algunos pasos, un pájaro la acechaba para
comérsela. Entonces, el pájaro le dijo a la araña:

-No voy a comerte porque he visto como ayudabas a la otra araña a tejer su tela y no hay que destruir a
aquellos que ayudan, sinó a impulsarlos en su labor. Por tanto, dejaré que sigas tu camino.

-Gracias, pájaro- dijo la araña, cuando se sobrepuso del susto.

La araña sintió que había vuelto a nacer y que debía seguir consagrando su vida al canto al corazón y
seguir sus impulsos. Por eso, ella siempre escuchaba a su corazón y procuraba prestar atención a su
intuición. De este modo, nunca se sentía perdida sino más bien de acuerdo con su destino.

La araña siguió su camino y encontró unas flores tan hermosas que se detuvo a contemplar. Su fragancia
era de ensueño y cautivó a la araña de inmediato.

-¡Qué flores tan bonitas y qué bien huelen! -exclamó la araña-. Estar con ellas me parece un sueño-.

Tras esas flores había una hada que era conocedora del carácter altruista de la araña y le dijo:

-¡Hola araña! Soy el Hada de las Flores. Dime, si pudieras pedir un deseo, ¿qué pedirías?-.

-Mi deseo está en el ahora -dijo la araña- en cada ahora de mi vida. Por tanto, mi mayor deseo es el ahora
y ya lo estoy satisficiendo viéndote a ti, preciosa hada, ¿qué más puedo desear? Verte es una bendición.

El hada se marchó halagada y sorprendida por la respuesta de este insecto encantador de cuyo corazón
emanaban tan hermosas palabras.

La araña se despidió de las flores y se marchó a su tela de araña. Antes de llegar, la araña se encontró a un
escarabajo pelotero que empujaba una bolita de tierra y como el escarabajo parecía cansado, la araña lo
ayudó a hacer rodar la bolita. Finalmente, la araña siguió su camino hasta llegar a casa donde durmió
plácidamente en su tela de araña.

Por la noche, soñó con la belleza del Hada de las Flores y de las flores que había contemplado el día
anterior. En ese sueño, el Hada de las Flores le dijo que le concedía un deseo aún sin haber pretendido la
araña que se hiciera realidad.

-Voy a premiarte por ser una araña tan generosa y cariñosa. Voy a concederte el deseo de que puedas
vivir en las flores que ayer encontraste en tu camino y además voy a trasladaros al Reino de las Hadas
para que las flores no sean perecederas y así puedas disfrutar de su fragancia y belleza todos los días de tu
vida - le dijo el hada.

-No me lo puedo creer, querida hada -dijo la araña-. Te lo vuelvo a repetir, hada: verte es una bendición-.
Y fue así como la araña se fue a vivir al Reino de las Hadas y tejió su tela de araña sobre esas hermosas
flores que para siempre iban a convertirse en su nuevo hogar.

Cuento del hada y el duende

Érase una vez un humano tan introvertido que no sólo se había cerrado al mundo exterior, sino también al
interior, de tal modo que le costaba reconocer sus propios sentimientos. No se conocía a sí mismo. Así
que un duende y un hada trabajaron en colaboración para lograr identificar sus sueños e impulsarle hacia
ellos. De día, indagaban en su corazón y de noche, reposaban en su alma para descifrar los mensajes que
la respiración del humano les revelaba sobre su psique.

Un día, el humano abrió un libro en el que leyó el cuento de un duende y un hada que habían partido
hacia un lugar lejano en busca de los ingredientes de una receta mágica para alegrar a alguien que ya no
creía en nada, ni tan sólo en sí mismo. En ese momento, el humano cerró el libro de golpe porque se dio
cuenta de que los ingredientes debía descubrirlos él y para ese fin, partió en su búsqueda pero se trataba
de una búsqueda interna en la cual al final del camino llegaría a conocer el final de ese libro que acababa
de cerrar…

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No estaba sólo pues supo que al igual que en el cuento que había leído, él también podía contar con su
duende y su hada y fue entonces cuando sintió su presencia y la sintió como un beso de aire fresco…
Miró por la ventana y vio los primeros rayos del alba. En el inicio de ese nuevo día, él empezaría a auto
explorarse hasta que uno de esos rayos le mostrara sus sueños…

El enanito y su árbol

Érase una vez un enanito que desde que nació, cuidó con esmero de un árbol del bosque donde vivía.
Solía hacerlo con todas las setas, sobre las cuales le gustaba sentarse, y también cuidaba del resto de los
árboles del bosque, pero del que más se encargaba era del árbol que constituíta su hogar. Así que le
prodigaba los mejores cuidados y el árbol le correspondía, guareciéndolo de las gotas de lluvia, de la
ventisca, refrescándole con su sombra y filtrando con sus hojas los calurosos rayos de verano.

El enanito había conectado con el espíritu de su árbol, por eso, le encantaba sentarse y guarecerse debajo
de él y sentir cómo le protegía. La copa de su árbol le parecía majestuosa y podía percibir el equilibrio de
la energía de la tierra con la del cielo, recogida a través de sus hojas y succionada por las raíces del árbol.
El enanito se apoyaba contra el tronco del árbol y le parecía que se mecía entre el cielo y la tierra, en un
dulce vaivén que lo adormecía lentamente…

Estar con su árbol le producía una sensación de paz y de confianza en los elementos de la naturaleza: esa
naturaleza verde que él adoraba. De cada elemento del bosque se desprendía una sensación de vida latente
que el enanito podía captar y proteger.

Pero un día un rayo destruyó el árbol y el enanito no paró de llorar. Lloró tanto que el suelo empezó a
humedecerse. La escena conmovió al mismísimo sol el cual, tras una ligera lluvia, se acercó de puntitas
un poquito más a La Tierra y con sus primeros rayos matinales, apareció en el mismo lugar donde antes
estaba el árbol, un tímido brote con un tallo pequeño y hojitas verdes… Cuando el enanito lo vio, se
alegró y reconoció a su árbol y… ¡empezó a dar saltos de alegría! Su amigo, el árbol, ante tanto llanto
había decidido volver a nacer. Así que el enanito empezó a cuidarlo con esmero…

Poesía

Poesía del presente con los ángeles

Esta noche contemplo a las personas


paseando,
empapadas del halo de la luna
y las estrellas les acarician,
les mecen y sonríen a sus sueños.

Los transeúntes se entregan al presente


en cada paso
con la misma devoción
que tiene un bebé al nacer
y lo miran desde la luz de la divinidad,
bendiciendo cada minuto recibido.

El ahora nos abraza


y nos llama a la neutralidad,
a la alerta de los sentidos,
a la apertura del ser,
como una hoja que se va desflorando
para arrojar el milagro de la vida
de su semilla.

La Tierra está acurrucada


en un baño de energía vivificante
que renace serena al alba.
Todo lo que en el planeta permanece

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es elevado a la vibración del amor
y cae lo fútil,
mientras arrecia lo verdadero.

Abro mis ojos y agradezco la dicha


del aquí y del instante
y me fundo en la esencia del momento
y la recibo con la complacencia
de un niño
que se siente amado
y que ha aprendido a jugar honestamente
con la vida.

Cuando las luces se apagan,


veo a los ángeles
que rodean mi corazón alegre
y que me ayudan a discernir
para alcanzar el despertar soñado
que siempre estuvo ante mí,
descalzo, desnudo y ahora compañero,
que me da la mano
y me besa el alma.

El bálsamo del sonido relajante

Me siento bendecida por la sonoridad del planeta Tierra


cuyos sonidos agradables tienen el don de serenar el alma
y conectar con el espíritu del infinito,
que todos albergamos.

Son sonidos renovadores,


cantos nacidos de la intuición
que despiertan nuestra voz interior
y nutren el ser.

Un bálsamo de paz fluye en mi corazón


y sus latidos se convierten en mensajeros del Universo
para transmitir una ola de armonía
de la que todos somos originarios.

Percibo como la vida me abraza


y me mima con el cariño
que sólo una madre sabe expresar
y que permite que su hijo sea lo que es.

El desapego es la lección que la Madre Tierra


me ha estado transmitiendo.

El desapego nace de la sencillez, de la humildad,


del amor sin condiciones y del respeto
por el camino propio y el del otro.

El desapego es una vía de acceso


a la plenitud y a la felicidad.

Desde el desapego siento amor


incluso por lo inerte
y noto en ello una luz
que no puede verse pero sí sentirse.

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Resulta como una complicidad callada
que manejo en secreto
y que sé que mis guías
impulsan con su aliento de luz.

Me adentro en la sacralidad del momento


y una mariposa de la misma tonalidad
de la vegetación árida del entorno,
se posa sobre una planta cerca de mí.

Ella me permite observarla,

mientras me maravilla como sus colores


se confunden con los del lugar.
Sin duda, ésa es su protección.

Ella no se marcha pero yo sí


para respetar su intimidad,
dejarla que sea como es
y que esté donde está.

Esta experiencia me enseña


que si te adaptas a tu alrededor con desapego,
éste acaba adaptándose a ti
y entonces es cuando sabes
que estás en el lugar que te corresponde
y el desapego se ha transformado
en tu llave de acceso a la libertad del ser.

Una poesía de las hadas...

Tocan las campanas en el pueblo


complacidas ante el renacer
del nuevo día,
que me bendice
con su caricia de luz
y me regala el silencio del amanecer.

El borboteo del agua del río


me amansa los sentidos
y me resuena en el ser.

La hierba se ha despojado
de las gotas de rocío,
se las sacude
y moja a las hadas,
que se van volando
antes de que la humedad
les empape las alas.

Y el río sigue ahí:


presente y eterno,
testigo ancestral de la dualidad del ahora.

Un pájaro baña con su trino


el río por la mañana,
mientras la belleza de su canto
enternece a los elfos y a los duendes,
ocultos a la vista humana.

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Este paisaje quieto y sublime
invita a la meditación
y a la contemplación del alma que lo nutre.

Tener la dicha de estar aquí


es como un susurro de bendición y de cariño.

La melodía del río penetra en mi corazón


y me eleva hasta el canto de los ángeles.

Anclada en la tierra,
me siento en el cielo,
cuando las nubes se escapan
y los rayos del sol,
dóciles y tibios,
se funden con mi piel.

Observo a la divinidad
que mora en todo
y una sensación de alivio y liberación
se adueña de mí.

La perfección, que se halla ante mí,


viene vestida de naturalidad
y de una presencia callada
cuya voz silente
nació de constelaciones
que constituyen la atalaya
desde donde se avistan nuestros sueños.

Pero mi sueño está en el instante que respiro,


en las montañas que me abrazan,
en el alma gemela
junto a quien me despierto cada mañana.

En la intimidad del ser,


me hundo en mi espacio de paz
en el que ha entrado de puntillas
las sonoridad de la naturaleza.

La alfombra de la pradera
se extiende más allá de lo que puedo divisar.

Hay tanta vida dentro y fuera de ella


que me siento muy afortunada de atestiguar
en este momento
el ciclo continuo de la vida.

Las hormigas recogen su alimento,


las mariposas liban el néctar
y las lagartijas corren veloces,
cuando las sorprendo.

En la quietud reside el amor


que todos albergamos
y que queda al descubierto,
cuanto más perdonamos
y nos desprendemos de lo viejo.

Entonces, el ahora nos abre

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a una dimensión de magia
cuya llave es el sentir
y su sabor se cuece
con especias suaves, sanas y equilibradas
en la cocina
pausada, consciente y en armonía
con cada minuto de la existencia.

Sigo agradeciendo con el alma....

Las hadas se bañan en el río junto a las nereidas


y juntas entonan con los ángeles
una sinfonía de amor
que corre libre, sin condiciones
y llega a cada recodo
de todas las dimensiones creadas.

Todos los seres de luz


bailan al unísono
y agradecen infinitamente
este momento de alegría,
que regenera el instante,
y le aporta una chispa de felicidad.

Las estrellas abren los ojos


y se rinden a la melodía
que seduce su luz
y la transforma en perfección.

Todo el Universo se eleva,


ante las notas cautivadoras
que emanan del reino hadado y angélico,
para luego postrarse
ante la belleza de tal creatividad.

El agua del río fluye con el instinto


otorgado por la madre naturaleza
con el don de refrescar las emociones
de quien se acerca a ella.

Desde aquí siento el amor del ser


y el milagro del ahora,
cálido, efímero, radiante.

Desde este estado sólo existe cabida


para el agradecimiento
y el reverenciamiento
de todo lo que es.

Conmemoro el ahora
junto a mis guías.

Permito que las aguas se lleven lo obsoleto


para dejar espacio a la magia del instante
y envío luz y amor a toda la creación.

Mis guías me ayudan


y favorecen que caminen hacia mí
experiencias enriquecedoras

61
que me conducen
a la delicia de ser.

Mi hada sigue cerca...

Seduce a la voz del infinito


tu voz de hada,
cantando entre besos y estrellas,
volando entre dimensiones
y serenando el espíritu
de quienes se dejan encandilar
por ti.

Tu luz llega a corazones ocultos


y enciende su chispa divina,
aportándoles una sensación de alivio
y de gratitud con el presente.

Me abrazas, mi hada, con tu resplandor estelar


y me colmas de bendiciones,
regalándome la belleza de este instante.

Irradias destellos de armonía


que abrazan mi alma con ternura,
mientras tu aleteo se posa en mi corazón
y me recuerda que permanecerás siempre conmigo,
compartiendo un amor sin condiciones

y dejándome promesas de fantasía y de magia.

Sigo en paz...

Siento como a este lugar de paz y silencio


yo viniera a completar mi alma,
como si recogiera aquí partes
que me estaban esperando desde hace tiempo,
cuando las estrellas brillaban en la galaxia
y yo permanecía tan cerca de ellas
que podía confundirme con su luz.

Cada destello estelar me indicaba la dirección


en que yo recogería mi legado
y aquí estoy,
sintiendo la dicha de estar
y dejar que lo correcto venga a mí,
como un rayo de sol
que se funde en el corazón
y se queda dentro,
abrazado por el latido del ser.

Recogemos lo sembrado, lo creado


y en aceptarlo y permitirlo
reside una magia
que nos impulsa a confiar
en que en nuestro interior
se halla la llave que puede abrirse
en un instante especial

62
que nos invita a irradiar luz
y a experimentar la naturalidad de ser
que imprime belleza
en cada uno de nuestros actos.

Todos pertenecemos a esa belleza


nacida del alma
y que es capaz de desplegar
sus alas de perfección,
en cada paso,
en cada palabra,
desde la atenta consciencia
y volar al infinito
para traerlo al ahora.

Meditación con los guías

Aquí os dejo una meditación guiada para vosotros desde los reinos ominisciente, hadado y élfico:

Una luz blanca me penetra en la coronilla y en dirección hacia abajo, recargando mis chacras, mis centros
vitales y limpia todo lo que ya no debe permanecer conmigo. Visualizo como lo que no está destinado a
aportar nada nuevo ni fresco, se va lentamente para retornar al lugar de donde provino. Y yo me siento
pura, limpia, fresca y libre como el agua de un riachuelo que fluye y alimenta como muestra de la
cristalinidad y transparencia que guía el alma del planeta Tierra. Para poder fluir el agua se ha aliado con
elemento Tierra, su sostén, sin el cual ella no podría correr y juntos forman un equipo de nutrientes,
conductor de la vida en la Tierra.

Desde mi posición, envío fuerza a mi colaboración con el entorno y con todos aquellos aspectos que
facilitan la expresión de una conciencia sana y de unidad con el corazón. Sigo transmitiendo fuerza
creadora a este pensamiento meditativo, envolviéndolo en color rosa y dorado y soltándolo en dirección a
los ángeles, que ya están extendiendo sus alas para recoger al vuelo este elevado pensamiento y
reconducirlo a su destino final.

Sigo respirando y agradeciendo el simple acto de agradecer, que me demuestra que estoy viva, que estoy
sintiendo, a eso he venido, a sentir, no a permitir que se me escape la vida.

Estoy sintiendo el ahora en toda su plenitud y abasto, completamente centrada en mi respiración y en el


Universo que habito y que ahora percibo desde dentro, desde mi santuario íntimo y apacible que me
abraza el alma y que se queda con ella para destilar su energía, esa energía mía que cada vez mana más
fluida, sana y serena, como el agua del riachuelo.

Sigo sentada, sola conmigo y con la magneficencia de todo lo que soy capaz de contener, y es como si la
Madre Tierra me hubiera tomado entre sus brazos y me besara el alma con la ternura del mejor de los
guías de luz.

Le agradezco al planeta todo lo que me ha dado, todo lo que me da y le envío energía reiki y todo lo que
me surge en el ahora, mientras le pido a la madre que piso con mis pies que me de permiso para llegar
energéticamente a su núcleo, profundo, inmenso y enigmático.

Los ángeles, las hadas y los elfos aguardan a mi alrededor, aunque yo no les vea, y se unen a mi
meditación, alentándome a embeberme de la sensación de amor que me nace de dentro y que he
recuperado, ese amor que siento por mí misma, por todo lo que soy y que baña cada compromiso que
pronuncio y llevo a cabo.

Desde que he decidido que cada gesto e iniciativa que emprenda, esté guiado por el amor, la vida ha
tomado un cariz sereno y dulce que comparto ahora con los guías que me rodean, los cuales me han
procurado el escenario adecuado para el desarrollo de mi misión. A ellos les doy las gracias por sus
señales y les pido que sigan cerca de mi, orientándome e inspirando mi caminar de palabras.

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Siguiendo mi meditación, recuerdo que ahora es el turno del agradecimiento y fortalecimiento de la
energía del cuerpo y, por eso, envío luz de sanación y amor a cada célula que forma parte de mis
entrañas, a cada uno de mis órganos vitales y a todo lo que facilita que yo sea alma de vida y que pueda
desarrollar mi vocación aquí y ahora.

Entregarme a estos momentos de meditación y contemplación interior me llena y me gratifica pero aún
más satisfactorio me resulta enviar energía a los demás, a todos aquellos que sufren y a los que disfrutan,
a los que están dormidos y a los que están despiertos, a los sanos y a los enfermos y, en definitiva, a cada
rastro de vida sobre el planeta.

Envío luz al reino animal y vegetal para que deje de sufrir, pueda respirar y ser en paz, desde su ser
sintiente y feliz. También envío energía al mundo marino, al del agua dulce y a toda la belleza creada por
el planeta para que pueda seguir brillando en todo su esplendor y sea respetada y venerada como la
expresión más sagrada y divina.

Envío energía ahora al reino humano y lo lleno de tanta luz que cada uno es libre de ser y de expresarse.
Envío energía al planeta, a su núcleo y le sigo recordando que mi mayor bendición es ser hija de la Tierra,
esa Tierra tan nuestra que yo he aprendido a amar y que tan encandilados tiene a mis guías, los cuales
siguen todavía conmigo y que me piden que siga con este ejercicio de meditación a partir de ahora sin
guiar ni ser guiada, simplemente, observando mi mente e irradiando la paz infinita y el gozo por el
agradecimiento de ser todo lo que he venido a ser aquí y ahora.

Del reino de las hadas a un águila

Las hadas y los elfos suelen estar muy vinculados al reino animal.

Un águila se ha convertido en el testigo en la Tierra de la magia del reino de las hadas. Este ave rapaz
permanece con las hadas y los elfos haciendo de puente intermedio entre el cielo y la tierra. El águila ha
inspirado a uno de estos seres alados, este poema-meditación:

Alzas el vuelo majestuoso rumbo al horizonte


que inspira tus sueños y que levanta a tus ideales.

Tus plumas de luz recuerdan a las de las alas de los ángeles


y por eso son ligeras y sedosas.

Tus garras fuertes se enraizan firmemente en la Tierra,


mientras tus alas te conectan con el cielo,
testimonio de tus triunfos.

Tu canto te hace eternamente presente


y resquebraja el manto de silencio
que descansa en el valle al amanecer.

Has resurgido de entre tus cenizas


y te alzas victoriosa al servicio de tu verdad.

Compartimos la magia de la luz


que impulsa nuestra misión
y ahonda en nuestro propósito.

Te vuelves dócil en mi presencia


y yo te pido que no renuncies
a tu libertad.

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Pero tú avanzas hacia mí
y me dices que ahora te sientes más libre que nunca.

Libres de ser, recorremos juntos nuestro camino,


vinculados por la sinceridad del corazón,
unidas nuestras almas
en el encuentro del ser.

Aquietas mis pensamientos


y complementas mi existencia.

Siento tu latir
como si fuera el mío
y confío en que acabará unificándose en uno,
en esa luz a la que hacemos honor,
y que nos ha conducido juntos al ahora.

Las hadas, los elfos y los gnomos comparten contigo estas palabras...

Hay un espíritu natural


que todo lo guía
y que encauza cada experiencia
según el divino camino del amor
de cada uno.

Como el caudal de un río


que fluye según
el camino de la luz del alma,
el ahora sigue su curso
libre de ser
y de expresar su misión.

El aquí es el único lugar


donde puedo sentir
el espacio infinito del ser
y la fuerza creadora del alma,
que nutre cada instante
y le confiere aliento de vida,
imbuida de amor sin condiciones.

Un manto de calma
inunda el agua del río,
teñida del ahora,
diluida en el presente,
llena de ser.

Existe una vida en estas aguas


que me atrapa en el alma

y me empuja a ella,
apartándome de lo caduco
y abriéndome a lo imperceptible
para percibirlo desde adentro.
Eso genera un equilibrio,
un alineamiento en el ahora,
donde todo viene a ti,
atraído por el desprendimiento del ser
y la vibración elevada
de su perfecta e infinita radiancia.

65
Y yo les cuento a las hadas y a los ángeles:

Estoy en un lugar árido y le envío energía


de regeneración y renovación.

Visualizo como la lluvia impregna


hasta el último grano de tierra
y como la humedad alimenta el manto terrestre
para que la vida explote
y rebose de energía de vida y de color.

Percibo como mis guías se muestran complacidos


ante este cambio que yo doy por hecho
al cual ellos han contribuido a crear
apoyando mis pensamientos y mi intención.

La luz cósmica sustenta la Tierra


y le brinda la fuerza necesaria
para retornarle lo que le pertenece.

El aire fresco me recuerda que estoy


aquí y ahora
y que si pienso en positivo,
la brisa esparcirá esa forma de pensar
y la difundirá allá donde corresponda.

Yo no preciso saberlo ni controlarlo


pues esto corresponde a la divinidad.

Simplemente, obedezco a la voz de mi intuición


sin cuestionar ni juzgar.

Mi regalo es sentirme bien al hacerlo.

La luz me llena de paz


y me brinda la sensación de hacer lo adecuado.

Sé que los ángeles y las hadas


me abrazan y me ayudan
a cumplir mi cometido:
en este momento, el de visualizar
una energía de purificación
sobre la superficie y el alma de la Tierra,
conducida a cada una de las arterias del planeta azul
con el amor del ser, la vocación de servicio
desde el compromiso, el desapego
y la sabiduría que me soplan
mis seres alados,
que han guiado mis pasos desde que nací.

Imagino un auricular
desde donde hago y recibo peticiones,
las mías son satisfacidas desde lejos,
y yo recibo las ajenas desde lejos.

Pido la orientación, la integridad y la seguridad


para seguir adelante con mi proceso creativo y energético
y para recordar y difundir la energía de quien me creó.

Meditaciones

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Meditación guiada

En meditación, respiro profundo y trato de sentir mis ser y cómo este se expande en una luz blanca que
sana mis heridas y que me hace sentir ligera y conectada a mi alma. De hecho, ése es el espacio
privilegiado que he ocupado siempre y que constituye el timón que dirige la embarcación de la vida, esa
vida que tengo la dicha de vivir en libertad.

Con los ojos cerrados, me siento una nómada del tiempo y percibo como éste me abraza y sella un pacto
conmigo: el de una alianza eterna en la cual yo me siento una con él en una nueva dimensión que me
lleva a lo que he venido a ser. Este lazo me flexibiliza a él y él a mí, de tal modo que intuyo que el teimpo
me acompaña y vibra en cada instante para revelarme el significado de la vida y, si conviene, el tiempo
parece ensancharse o dejar de transcurrir tan veloz. Sigo respirando en postura de sedestación y tengo la
sensación de que el ir y venir de las circunstacias deja de afectarme, ues, al ser consciente de la luz de mi
centro, siempre me nutro de este equilibrio interno y eterno, inalterable, el cual la fuerza de mi alma me
entrega como el mejor de los regalos. Y ése es precisamente mi mayor tesoro: mi alma eterna acariciada
por cada momento que la alimenta y la convierte en una con todo.

En mi tiempo de meditación, soy consciente de la necesidad de dejar atrás mis apegos y de exprimir en
cada instante hasta la más insignificante de las bendiciones, que la vida coloca ante mi. Traigo al recuerdo
algunas de las afrentas recibidas y las disuelvo en una luz rosada, con amor, deseando lo mejor a sus
ejecutores. Ya no pueden hacerme daño y he aprendido a comprender las razones de su actuación y
aceptar que todo aquello ocurrió pero ya se fue, me enseñó empatía, comprensión por los demás y
vulnerabilidades sobre mi de las que he tomado conciencia. Este nuevo entendimiento me permite vivir la
vida en la frecuencia del milagro que soy, que no sólo se halla en lo bueno, sino también en lo que nos
inquieta.

Sigo con mi sesión de introspección y me doy cuenta de la belleza que experimento en cada instante de
recogimiento. En la intimidad con el ser puedo escucharlo y conectar con él. Pero si no quiere
transmitirme ningún mensaje, lo respeto y sigo adelante con mi ejercicio de interiorización, aprovechando
para revisar mi estado mental, siendo consciente de mis sensaciones de ahora y tratando de ver desde este
momento el escenario desde afuera, en paz con lo que soy y dejando de juzgarme y de juzgar a otros.
Aceptar lo que me ocurre en lugar de juzgar es mi mejor opción.

Llego a la conclusión en el transcurso de mi mirada hacia dentro que cada juicio resulta una pérdida de
tiempo que nos ancla en hechos que sucedieron en el pasado que nubla nuestra visión de las cosas y que
nos abocan a un entendimiento equivocado. Este hecho que nos hizo sufrir, ahora ya no está. Por eso no
voy a regalar mi valioso tiempo o experiencias a una entidad fantasmal que ahora veo salir por la puerta
trasera de mis emociones.

Doy las gracias a todo ese sufrimiento por cada lección recibida, entre otras, me ha acercado a mi
humanidad y a la paz latente que nació conmigo, que he aprendido a reconocer y de la cual me desconecté
durante años.

Sigo ante mi escenario mental y observando la circulación de pensamientos, envolviéndome de una luz
reconfortante que me envía como respuesta que desde que juzgo menos o trato de no juzgar, la vida la
percibo desde el corazón alegre de mi niña interior a quien le encantan los juegos, las sonrisas, los paseos
y la creatividad. La siento ahora fundida en mi corazón y la abrazo con cariño. En ese abrazo también
incluyo a toda la humanidad, especiamente a los que me perjudicaron y doy gracias por ahber ganado mi
nuevo espacio de libertad y confianza en mí misma.

Nunca me arrebataron nada que no me perteneciese y eso me ha conducido a la mejor de las enseñanzas:
la plenitud que siento ahora, cuando me dedico el tiempo que antes me arrebataron.

Sigo en meditación y agradeciendo el regalo de dedicarme tiempo a mi misma, el cual empleo para seguir
respirando profundo y dar rienda suelta a la creatividad y bailar con el corazón junto a mi niña interior,
que es tan preciosa, que parece un ángel que me ha venido a enseñar a amar la vida.

Respiro más profundo todavía para conectarme más con el instante y siento como un caudal infinito de
nuevas creaciones está latiendo con tanta fuerza que dará lugar a un estallido de vida. Esta explosión de
vida me muestra como la bendición y la hazaña que implica el hecho de vivir una vida consciente y

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despierta. A ese despertar nos dirigimos todso y allí es donde encontramos el núcleo de lo que realmente
somos: luz y divinidad en carne y hueso.

Sigo bañándome de paz y mis guías de luz me rodean con amor en una canción callada cuya melodía
compartimos desde mi nacimiento y que ha venido a recordarme en cada paso del camino mi origen y el
porqué estoy en este precioso planeta.

Visualizo la sacralidad del planeta Tierra, la perfección que alberga y el ritmo de ascensión trepidante que
circula en mis venas. Sonrío porque ya no tengo miedo, gracias a la plena aceptación de lo que me brinda
el ahora y el convencimiento en que todo sucede, atendiendo a un plan.

Visualizo, respirando profundo, como el cielo se une con la Tierra, en el centro de mi corazón y mi niña
interior y yo formamos parte de este escenario divino y tranquilo que la vida nos regala aquí y ahora.

Agradezco lo bueno y lo malo, mientras sigo con los ojos cerrados, respirando aún más profundamente,
entregada al ahora.

Meditación para expandir el amor

Siento la cercanía de las hadas y esa luz sutil que irradian en dirección a mi corazón y yo, a su vez, lo
envío al reino animal y al reino vegetal para que se les permita ser y vivir en paz. Hacia cada uno de sus
integrantes envió la luz recibida de las hadas a mi corazón y la multiplico para que llegue a todos y cada
uno de sus seres. Puedo sentir como canalizo ese amor y como ese amor sabe adonde llegar. Desde el
lenguaje del amor incondicional todo se sabe y se intuye y se abren canales implícitos de comunicación
que crean lazos invisibles pero duraderos y armoniosos.

De los animales y plantas pueden recibirse sabias lecciones, todas ellas bañadas de amor divino, ése que
rige su destino y conduce sus ahoras. Los animales y las plantas son unos poderosos anclajes en el ahora y
ellos pueden ayudarnos a enraizarnos en el poder del instante, en la plenitud del presente que es por si
misma y que se manifiesta desapegada, libre, mágica y genuina.

Sigo con mis queridas hadas y les pido en mi posición de meditación, sentada cómodamente, que me
ayuden a comprender sin juzgar y a mantener mi mente estable ante cualquier perturbación,
poderosamente anclada en el planeta Tierra y en mi centro de paz.

Las hadas bailan entorno a mí y toman nota de mi petición y ya están preparando el envío...

Una melodía silente en la que tan sólo se oye un aleteo rápido y perfectamente perceptible, llega hasta mi
alma y lo agradezco como una muestra de complicidad del reino del mundo hadado y angelical.

Ahora envío mi amor desde mi fuente interior a ese planeta en el que mi alma eligió encarnar, sin duda,
porque se trata de una gran escuela y porque su belleza y peculiaridades son únicas en su género. Se trata
del planeta Tierra, ese planeta azul que enamoró a mi alma y donde ostento el privilegio de ser Hija de la
Tierra. Envío mi amor y mi sincera intención de que todos los Hijos de la Tierra se libren del sufrimiento
y sean felices por el simple hecho de ser y sentir en sus corazones ese amor e ilusión que los niños sienten
de forma natural, conscientes de la vida los cuida y los mima y de que hay que sonreír a cada instante,
agradeciéndole que esté allí con nosotros. Los niños dan por el placer de dar, sin esperar nada a cambio y
esta es una de las lecciones que nos brindan estos pequeños maestros destinados a cambiar el mundo, por
eso merecen ser escuchados y protegidos a fin de que puedan cumplir su misión. Les pido a las hadas y a
los ángeles que tutelen a los niños del planeta y que cese cualquier muestra de hostilidad o
deshumanización hacia ellos. Muchos de ellos son hermosos mensajeros, cuya luz estelar brilla en sus
corazones y en sus palabras.Muchos niños muestran sensiblidad hacia las especies animales y mantienen
una conexión especial con la naturaleza. Permitamos y aprendamos de estos pequeños ángeles encarnados
en La Tierra, que nos van a enseñar a descubrir nuestras alas.

Respiro profundo visualizando una humanidad despierta pero respetando a quien no elija esta opción,
libre de seguir su propio camino. Envío fuerza al despertar espiritual para que siga enclavándose y
expandiéndose, abriendose con alas poderosas en los corazones que respondan a su llamado. La
humanidad puede conseguir cosas increíbles, muestra de la perfección del ser que late y al que podemos
dirigir nuestra mirada, esa mirada que irradian los niños y cuyo cariño podemos sentir en contacto con

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animales que se han ganado nuestro corazón, recordándonos que a pesar del dolor sufrido todos somos
capaces de experimentar la ternura y la emoción de algo verdadero y noble.

Meditación con las hadas

Pronunciar esta meditación atraerá a las hadas para transformar nuestras vidas:

Mi hada, percibo el calor del sol en las piernas y me siento bendecida por la calidez del instante, sumida
en la vivencia del ahora.

Mi hada, me tienes embelesada en la belleza del momento, ésa que toma las alas del corazón
y me muestra la sencillez de ser.

Hermanada con el instante, me elevo serena y ando sin preocupaciones por el camino de la vida. Inmóbil
noto mi latido unificado con el de todos, mientras me emociono por la naturalidad del proceso, tan limpio
e inocente como la mirada de un niño.

Es la humildad una actitud (a través de la cual nunca debe dejarse atrás la propia coherencia, integridad ni
la dignidad) y a través de la cual florece la personalidad del ser, aquella que endulza hasta lo negativo y lo
disuelve en la nada.

Un halo de luz divina me baña el rostro y me recuerda que los ángeles andan cerca, irradiando aquello
que tomo con agradecimiento y me enraiza al milagro del ahora.

La estabilidad de los árboles nos transmite el saber estar en cada momento, sonriendo a las
circunstancias, prestando atención a sus enseñanzas, permaneciendo impasibles cual testigo observador
de la propia existencia.

Mi hada, siento tu magia cada vez más cerca y como tus palabras fluyen en mi río interior, cristalino,
profundo, éstas se quedan dentro de mí para ser integradas.

Gracias por estos instantes de paz donde siento y no pienso, volando hacia el camino de regreso a casa,
ésa que ahora contemplo con dulzura y que me reconoce como hija.

En silencio sigo contigo y es precisamente mi silencio interno quien me hace trascender el ruido como
camino de regreso a lo que siempre fui.

Cada segundo que paso contigo, mi hada, me doy cuenta del gozo que significa formar parte del latido del
despertar.

Me acurruco en tu regazo luminoso, mi hada, cuando la luna se enseñorea del horizonte y me invita a
quedarme dormida, mientras las estrellas custodian mis sueños y los tiñen de infinitud y grandeza. En
ellos subimos tú y yo, mi hada, a una carroza que nos espera en la bóveda celeste y durante el camino,
descubro quien soy y adonde me dirijo.

Me despierto sin hacerme preguntas, simplemente, volviéndome transparente al ahora, cediendo y


permitiéndome erigirme en un mero canal donde todo pasa a través de mi y de nada me apodero pues en
el vacío de la esxistencia, me reflejo en lo que realmente soy en un acto espontaneo donde me despojo de
lo que era.

En esa vacuidad me disuelvo contigo, mi hada y solo queda la luz. Me extasío ante tanta perfección.
Ahora es cuando realmente te veo, mi hada, y es como si fuéramos la misma alma hadada, despierta y
juguetona y, desde esta posición, comprendo el lenguaje de los animales y lloro al sentirme en completa
unidad con la Madre Naturaleza.

Meditación de hadas, duendes, gnomos y elfos

Aquí os ofrezco una meditación de los seres de luz del bosque con destellos hadados y élficos.

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Los duendes nos susurran que nos nos dejemos escapar la vida y para ello nos dejan esta meditación junto
con sus amigas hadas, gnomos y elfos:

Siéntate en posición de meditación, cierra los ojos y respira tan suavemente que incluso la brisa se pare
ante ti y quédate en silencio, visualizando un sol inmenso que poco a poco se hace más pequeño hasta que
es del tamaño de tu corazón y entra en él, lentamente.

Siente como la calidez de los rayos del sol se posa en tu pecho e impulsa cada latido, sintiéndote más vivo
que nunca. Ya nada te faltará con el sol en tu interior bañándote, nutriéndote, alimentando todo tu ser.

Visualiza como tu ser está predestinado a salir, reforzado ahora por la luz del sol, iluminando su poder y
su fuerza, mientras el ego se va a hurtadillas por la puerta de atrás. Puedes dejarlo marchar o pedirle que
se una con vosotros para formar uno solo.

Sigue respirando y visualiza como seres de luz bailan de júbilo a tu alrededor: ángeles, hadas, duendes,
gnomos y elfos se alegran por tu despertar, mientras tu sonrisa cada vez tiene mayor alcance. Contagias a
todos con tu alegría por lo que tu entorno empieza a cambiar y se vuelve más fresco, alegre como un niño.
Todo es nuevo a tu alrededor, gracias a la luz del sol que se ha fundido con tu corazón.

Una nueva realidad se despliega ante, mientras sigues respirando profundamente, sonriendo, saludando a
la nueva vida que se gesta en tu interior desde ahora mismo pues tú eres creador de tu realidad y tienes el
poder de empezar de nuevo, cuando quieras. Emprendes un nuevo camino de alegría, caminas con
seguridad y trazas un nuevo plan para tu sueño, despreocupándote del resultado, sino más bien teniendo
claros los pasos.

Sigues respirando mientras hadas irradiando los rayos de colores del sol llenan tu ser, te visualizas lleno
de luz amarilla, después ésta se torna anaranjada y, finalmente, es el rojo el color que se queda contigo.
Es un rojo de energía, es, precisamente esta energía roja la que va a dar vida a tu sueño. Cógelo en tus
manos y llévalo a tu corazón. Sigues bañado en rojo y envías esta energía a todos aquellos que tú
conozcas que deseen llevar a cabo un sueño o un propósito en el que estén ilusionados.

Finaliza esta meditación, visualizando el propósito de luz para el que la humanidad fue creada y
convéncete de que la paz está contigo. Abre los ojos y sigue llevando contigo esta sensación de paz allá
donde vayas.

Meditación de los niños con las hadas y las sirenas

Las hadas y las sirenas se van al bosque con los niños de la Escuela del planeta Tierra y exploran el
entorno como lo haría un niño o un animalito que vive desde el ser. Lo hacen con curiosidad e inocencia,
con mirada limpia y sin encasillar.

Resulta encantador experimentarse desde estado de ser, libre de preocupaciones y hermanado con
el instante desde un compromiso sincero y fuerte del alma que nos engendró.

El riachuelo mana generoso y en él todos se refrescan y beben. Los rayos del sol inciden sobre sus aguas
puras y embellecen aún más la superficie. La vuelven tan resplandeciente como las estrellas. Después
todos se van a la playa y mientras anochece, los niños cantan esta canción:

"La luna llena clarea el mar y teje en él hilos de seda y plata


que las sirenas agarran para salir afuera
y convertirse en personas por una noche
y disfrutar de sus pasos en tierra firme.

Yo bailo con las sirenas y las invito a entrar a mi casa.

Ellas me cuentan leyendas del mar y me cantan hasta

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que me quedo dormido.

Cuando me despierto, ya no están.

Han regresado al mar pero no me importa


porque sueño con ellas cada noche
y protegen mi cama.

Las sirenas me hablan en sueños desde el mar."

Aquí los niños creen en las sirenas y en las hadas y respetan las formas de vida del planeta. Estos niños
comprenden la simbología sagrada y son nuestros pequeños grandes maestros.

El ahora se resuelve plácidamente con ellos y se convierte en ese aliado que nos besa el corazón
cada instante. Son niños que nos enseñan desde la humildad, te enseñan sin pretender hacerlo.
Rebosan sabiduría.

Son niños que desde su nacimiento y durante su crecimiento se les ha permitido ser y fluir amorosamente
como el viento lo hace en el cielo y la corriente en el mar. Aunque nosotros pretendamos enseñarles, hoy
simplemente los observamos hasta percatarnos de sus talentos y los acompañamos para que salgan a la
luz y se desarrollen naturalmente en una atmósfera de juego y responsabilidad compartidos.

Esos niños crecen libres y responsables, atentos, conscientes y a cargo del Ahora. Ellos encarnan en
sus cuerpos pequeños la esencia crística y el amor incondicionado por todo lo que es. Son niños
aborígenes que veneran la vibración de alta intensidad y transmutan con sus risas lo que no concuerda con
la luz.

Este lugar nuevo nos define como personas expresadas en el ser, desde el ser y por el ser y nos muestra
nuevas facetas de nuestros dones y talentos que aquí se abren con la naturalidad con que lo hacen las
flores exóticas y olorosas al amanecer.

Aquí florecemos y lucimos la mejor de nuestras sonrisas, pletóricos/as de alegría. Esos niños nos han
revivido y nos han hecho despertar de nuestro letargo, contemplar desde el tercer ojo nuestra
verdadera realidad. Los vemos, así, como ángeles del despertar sin que nadie altere ni condicione esta
naturaleza.

Canalizaciones

Relato de las Ninfas

Te reflejas en la superficie de este lago tan etéreo por el efecto de la bruma que más bien se asemeja a una
capa nebulosa y vaporosa. Aquí florece tu ser que permanece reposado y bañado de luz blanca como
los nenúfares del lago.

El nivel de paz aquí y ahora es infinito pero te das cuenta de que no depende del aspecto tranquilizador
del lago sino de ti. Sin embargo, el lago es consecuencia de tu estado apacible. Por eso, se ha presentado
ante ti como fiel reflejo de tu estado interior.

Este lago rebosa divinidad, constituye un centro de pureza donde la mismísima Reina de las Aguas
podría establecer su castillo de luz y agua.

La armonía es el emblema de este lugar del que te vistes con gusto y luces, así, tus mejores galas. Sientes
una hermandad con las ninfas del agua que, juegan a lo lejos ajenas a tu discreta mirada.

Las ninfas interactúan con las libélulas, mariposas, peces e insectos del agua y comprenden su lenguaje.
Disfrutar del estado hadado siempre fue tu mayor sueño y ahora lo estás experimentando a tu manera, de
forma terrenal. Estás más perceptiva y abierta que nunca y por eso llegan a ti sucesos e información que
antes te pasaban desapercibidos.

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Es algo que agradeces infinitamente y que siempre supiste que llegaría. Te muestras complacida de que
los seres hadados se dejen ver, aunque hoy tú estés un poquito lejos de ellos. Sin embargo, aunque estén
distantes, tú los notas muy cerca, como si te protegieran.

Este lago de ensueño se halla rodeado de vegetación tropical y de pájaros y otros animales que se acercan
a beber. Ellos te miran pero siguen bebiendo, tú no te mueves para no interrumpir sus sorbos.

Las abejas liban el néctar de las hermosas flores que viven en el lago. Desde tu posición imparcial
permites que todo siga su curso, su fluir natural sin tratar de alterarlo ni influir. Percibes en tu
interior una ventana abierta al mundo que sólo mira como un espectador consciente de su papel
desposeído de cualquier juicio. Sólo mirar, sólo observar con tu mirada atenta y consciente.

El trinar de los pájaros te resulta una caricia para tus oídos y te tranquiliza por completo. Siempre hay
alguien ahí además de ti. Relata y dibuja de forma neutral lo que acontece para reproducir una fiel
muestra de la realidad atestiguada desde el ser. La práctica de este estado que bien pudiera definirse como
meditativo bien pudiera ser tu pasaje a la iluminación. Sabes que todo te guiará allí pero no te preocupa
en absoluto el cómo ni el cuando. Simplemente, anclas tus raíces mentales, como si fueran un gancho,
un eje central que te pasa por la columna que sigue hacia abajo bajando sin parar, extendiéndose,
creciendo hacia el mismo centro de la Tierra. ¿Y cómo no iba a ser así, si eres hija de la Tierra?

Enseñanzas del Maestro Gnomo y del Hada-Ninfa

Te apoyas en el instante, dejando caer tus pensamientos, dejándolos correr hasta que se callan y
desaparecen. Escribes ahora el guión de tu vida, es un guión del instante del que desconoces el final pero
eso no te importa. Basta con experimentar cada paso.

Ya basta de objetivos y planes, ahora estáis sólos el momento y tú. Eso te hace inmensamente feliz
porque no te ata a nada. Hace tiempo que has dejado de agarrarte, de asirte, de ser la cómplice de
los caprichos de tu mente.

Cada paso te conduce hacia lo que el alma te guarda para ti, lo que te tiene especialmente
reservado.

Descubres que la vida es una caja de sorpresas con herramientas para que surjan y se manifiesten
en el regocijo del instante y, aunque el instante no te parezca como desearas, lo miras igualmente y
tratas de extraer su enseñanza con agradecimiento. Te sientes completa en cada momento sin precisar
de nada exterior. El simple hecho de tomar consciencia del ahora, hace que todo fluya entre tus
manos y que se te presente de una forma tan sencilla y natural como los juegos de los niños. La
respuesta adecuada emerge en el instante preciso, como si el mecanismo que sabe las respuesta accionara
un resorte para que ésta aflore al exterior.

Déjate llevar por la corriente de instantes que nadan a tu favor y que siguen a la brújula de tu destino. Éste
se rige por la luz del alma la cual se filtra en todo lo que te ocurre en el ahora. Enraizada como los
árboles, sabes que si eres capaz de sentir el latido del tronco de los árboles al tocarlos con la mano,
éstos te soplarán la respuesta que necesitas.

El reino vegetal está enraizado, enclavado, anclado en la dimensión del momento presente y tratar
de conectar o comunicar con la vegetación y la flora te conducirá directo al ahora. Siéntete presente:
ésta es la mayor de las bendiciones. Experimenta y siente pues a la Tierra venimos a sentir, a
dejarnos emocionar, a caer y a levantarnos y sobre todo a ser los dignos hijos de la madre tierra que nos
cobija.

Tus hadas te anuncian...

Pequeñas chispas de alegría brotan en el planeta Tierra para las almas que merecen ser escuchadas y que
tú alientas con tus pasos de hada. Lo haces desinteradamente, como una chiquilla libre y pizpireta que
hace las cosas impulsada por los actos de su ser.

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Esparces semillas de luz e ilusión en tu camino terrestre y hadado y siembras más de lo que piensas. Esas
semillas hacen sonreír a quienes las ven florecer en su experiencia y tú sigues corriendo libre... en tu
campo florido e impregnado de aroma de flores y de almas perfumadas de paz.

Graciosos animalitos se asoman a tu experiencia y toman de ella la pureza de tu corazón. Con tu mirada
limpia contemplas el dolor y la alegría de este mundo cambiante que te susurra cantos de sirena y versos
mágicos de hadas, elfos, gnomos y duendes que felices de permanecer a tu lado, te recuerdan
constantemente tus orígenes y el sabor de tu hogar de melodías élficas.

Siente en tu regazo el calor que desprenden los animales que se acomodan en él, esas mascotas con
quienes compartes tu vida y que tantas grandes lecciones amorosas han venido a impartirte desde sus
cuerpos pequeños. Ellos irradian un amor incondicional que nada espera ni pide a cambio, que no guarda
rencor ni exige explicaciones, algo que debes asumir entre tus lecciones de vida y que ellos te van a ir
mostrando a lo largo de ella.

El no juicio alivia, nos conecta con el espacio del alma y abre las puertas del ser al agrandar el espacio de
silencio hasta reposar en su totalidad. Esa totalidad, ese espacio infinito, esa energía pura es lo que todos
somos y estás destinada a probar su sabor y experimentar sus delicias. Ser capaz de contemplar este
espacio tremendamente potencial desde la imparcialidad constituye la llave de regreso al hogar que te
mostrará lo que eres y lo que desde lo más hondo de tu corazón siempre has sabido.

Llénate del sabor dulzón de los cuentos de hadas, de los relatos contados en torno a la lumbre del hogar
en un ambiente familiar, acogedor y entrañable que alimenta los sueños de infancia.

Descorre el velo de luz de tu alma de niña-hada y descubre todo lo que alberga en su interior pues eso
dará una nueva luz al mundo que junto a las nuevas luces que se hallan en todas partes conferiréis a la
Tierra un brillo tan potente como el de las nebulosas y estrellas de todo el Unverso, capaz de derrocar
todo aquello que no comparte esa unidad amorosa que despertará al mundo.

Las hadas te soplan hoy

Las hadas te seguimos invitando a desnudarte interiormente, a quedarte desposeida, tan sólo brillando con
tu luz y ese brillo te indicarádonde tomar posesión de tu varita y volar hacia el Reino de las Hadas.Aquí
traes tus cuentos y leyendas, tus reflexiones hadadas con pócimasmágicas con un poder alquímico de
transformación de las aparienciasque hará las delicias de niños y adultos. Despójate de la
vestimenteegoica y trae al descubierto el ser de luz que res. El silencio terodea con su abrazo y te
estremece ese grado de paz absoluta que te toma por sorpresa y te embebe de su amor. Te percibes ligera
y cristalina, fluyendo como una corriente de luz que se filtra en tusvenas y te toca el corazón. Llegas a un
punto máximo de elevación quete muestra tus alas y algunas ndicaciones a seguir para trascender eldolor
terrenal y dibujar una sonrisa en cada paso del camino.Las nubes rodean tu alma. La vaporosidad de las
nubes destila un halode luz divina que se cuela por tus poros y te completa., dejando aldescubierto la
luminosidad de tu ser.

Los ángeles cuchichean...

Del momento surge un espacio para estar y ser y tú lo presides por medio de la atención. Tu primera
sensación es de infinitud y paz. Sonríes como una chiquilla feliz y despreocupada que sabe que su mamá
es la vida y que siempre cuidará de ella. Te has despojado de todo lo accesorio para quedarte
desnuda, al descubierto. Cayeron las etiquetas y máscaras como lastres que en su caída abrieron la
puerta de tu libertad emocional. Un jardín interior de ligereza y de plenitud brota de tu corazón como
agua que mana cristalina para limpiarte por dentro. Irradias transparencia, vacío, luz y eso se refleja en
tu mirada llena de estrellas y sonrisas.

Caminas sin prisa para sentir a fondo el instante y besarlo con el amor con que se besa a un hijo.
Profesas afecto al ahora, rindiéndote, renunciando, entregándoselo todo y quedándote sin nada.
Vaciándote has acabado encontrando tu luz, lo que en realidad eres.

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Has dejado de pedir y te ha llegado todo. Has hallado un sentido de magia en la existencia, inherente
al ser, que te cautiva y te muestra la naturalidad con que todo acontece, sin forzar, sin maquillar.

La vida se abre ante ti como un capullo que se transforma en una hermosa flor y que florece en todo su
esplendor, receptiva al sol y a lo que el momento le brinda.

Confía que su camino está guiado por una fuerza invisible pero que palpita en su corazón y que le
proveerá de todo lo necesario. La flor agradece la lluvia fresca, el rayo de sol reconfortante, la suave
brisa que la balancea y los nutrientes de la tierra. La flor ha germinado de la semilla que se gestó en el
vientre de la madre tierra y que le ha otorgado el milagro del crecimiento.

La madre naturaleza es creadora y engendradora de vida vegetal. Tambien proporciona el hábitat para los
reinos animal y humano. Ella nos acoge sin enjuiciar y a ella le debemos nuestra subsistencia. Un don de
la naturaleza es que nos ancla fuertemente en el presente, nos tranquiliza al entrar en contacto con sus
bosques y aguas y si vivimos en compromiso y estrecho contacto con ella, nos libera de las manchas de la
mente. La naturaleza nos adentra en el alma, nos invita a interiorizarnos y a escuchar los latidos del
corazón y las palabras silenciosas que la intuición pronuncia.

Como una enfermedad que el cuerpo cura por sí mismo, la dimensión presente sana todo lo que
nubló nuestra visión en el pasado. Los grillos y cigarras no cesan de cantar como ruido de fondo que
proviene de los claros del bosque. Ese sonido te recuerda al que había en los campos en verano, cuando
eras niña, pero ahora esa niña está despierta y junto al canto de estos insectos, ella canta su propia
melodía y le grita al presente, cuánto ama la canción que está cantando en este momento.

Las Ninfas siguen contigo...

Te bañas en el lago desnuda como una ninfa de agua y te dejas caer sobre los nenúfares blancos en
una caída suave coronada de aromas tan sublimes y profundos que se te van a quedar impregnados
en el alma.

Completamente entregada al instante, estás cara a cara con él, habiendo renunciado a todo. Has soltado
amarras para partir y empezar de nuevo.

Sientes ahora una pureza intensa que te brota del alma, como las fuentes que brotan de las
montañas y que se dan a beber a desconocidos. Pisas el ahora con la fuerza de un ermitaño que
camina lento pero cuya huella permanece estable.

Experimentas un renacimiento sin igual en tu vida que te arroja frente al instante y te deja al
descubierto. Ya no dependes de la necesidad de protección por lo que empiezas a sonreír por el mero
hecho de estar aquí y contemplar con sinceridad al momento que la vida ha depositado en ti. Lo
acoges con amor y le abres las manos, haciendo el ademán de abrazarlo.

Notas una presencia transparente y hadada que observa la escena y aprovechas para integrar su
neutralidad y distancia a esta percepción de tu ahora para hacerlo más auténtico.

Sales del agua, te secas y coges tu cuaderno de dibujo. Has adquirido perspectiva y profundidad y ya no
dudas al plasmar la belleza que te rodea. Dibujas hermosas palabras y variadas formas que recogen la
tenue luz de la escena. Sientes que estás en intimidad y a salvo. El silencio te rodea y te trae la canción
de los ángeles, como un soplo divino que ya se ha colado por los poros de tu piel para quedarse en
cada pliegue.

Sigues dibujando y será el destino el que dictará en que se empleará cada ilustración: como cartas de
clarividencia, como ilustraciones para cuentos o reflexiones o simeplemente para levantar capas de polvo
hadado y concatenar la vida de tu ahora con la de las hadas y atraerlas hacia ti. Hace tiempo que has
dejado de asustarte y de ruborizarte y te has permitido ser alma, puramente, alma. El ego se fugó y se fue
hacia arriba... Le deseas que algún ser alado lo acoja y sea capaz de dialogar con él para guiarlo en los
pasos de la luz.

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Castillos de fuego se divisan a lo lejos, como un visión, y como el humo, se desvanecen. Quizás sean las
moradas de las hadas o de algunos de los personajes de tus cuentos. Tomas la idea de la forma de estas
magníficas edificaciones medievales y la llevas a tu cuaderno. Esos castillos iluminarán tus cuentos de
hadas y los niños jugarán frente a ellos, henchidos de felicidad.

La dimensión de ahora te enlaza con otras dimensiones paralelas las cuales tomas a tu gusto según te
sople la brisa de este lugar especial que te habla sin palabras y que te conecta con tus ancestros.

El Hada de la Transformación te cuenta...

Soy el Hada de la Transformación y de la Estabilidad. ¿Cómo pueden conjugarse estos opuestos?


Simplemente, en el centro de la paz del corazón.

A pesar de sentirnos estables y fuertes, nos rendimos a la naturaleza cambiante y transformadora


del instante. Sabemos que existe en cada uno de nosotros una semilla divina, una chispa amorosa que nos
habla al permanecer nosotros en silencio. Desconocemos qué sucederá en el siguiente momento pero
ser conscientes de que estamos fluyendo en esta preciso instante, en sintonía con la danza del ahora,
nos trae las respuestas que el momento demanda.

Por tanto, si sabemos que todo llega en el momento adecuado, preocuparse resulta una pérdida de
energía que, además, consume nuestra atención al ser desviarda innecesariamenten hacia un foco
distractor. Distraídos, seguimos olvidando. Conscientes, recordamos y, simplemente, nos dejamos
caer en el ser.

Rendidos al instante, nos entregamos a su naturaleza impermanente y lo miramos sin formarnos una
opinión, como un juez sin juicios, sólo presenciando el momento pero participando del momento al
permitir que éste nos penetre y transforme nuestra propia naturaleza antes de partir para convertirse en el
siguiente.

Un recuerdo no debe mantenernos agarrados a él sino que a través de él nos informamos, lo aceptamos,
nos completamos y seguimos adelante con un nuevo brío. Por tanto, un recuerdo no debe mantenernos
hacia atrás, sino traernos de vuelta al ahora, vaciándonos de los condicionantes que nos han
confundido hasta ahora o que nos confundirían para un acceso real a este ahora.

Respira cada ahora en tu pecho, percibe el subir y bajar de tus latidos y aunque no sepas cómo será el
siguiente instante, lo vital radica en que tu corazón seguirá latiendo y, si dejara de hacerlo, no importa
porque se añadirá al ritmo eterno de la vida, que respira por sí misma.

Para mi abuela...

Estás perfectamente en paz, en arraigo con la madre naturaleza, embellecida interiormente, irradiando luz
al exterior.

Te sientes tan ligera que es como si te disolvieras con los primeros rayos del amanecer y te dejaras
caer como las gotas de lluvia. Te permites desaprender y vaciarte de todo lo adquirido para
quedarte desnuda, sólo con la piel del alma.

El ego se retira casi con vergüenza y te sientes ahora una criatura salvaje y libre.

Fluyes, tomas consciencia y la apertura es indescriptible. Tienes los sentidos alerta en una mezcla de
felicidad y atención donde todo cobra primer plano en un escenario inclusivo donde percibes varios
planos en un todo.

El equilibro que experimentas no depende de lo externo sino de la fuerza de ese campo de luz que sientes
parte de tí.

Tu libertad nace de dentro, sale de aquí y corre silenciosamente como si tuviera piernas, corre
como la corriente del riachuelo que se ha formado con las abundantes lluvias. Tu cuerpo es tan ligero

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que es como si se levantara para jugar con el viento y saludar a las praderas de las montañas que
visitabas de niña con tu abuela.

Ella te mecía en su regazo y te cantaba nanas. Te prodigaba amor y te transmitió su amor por los
ángeles y devas de la naturaleza. Tu abuela vivía en plena naturaleza y aprendió a subsistir en ella.
Tú estabas con ella los veranos, creciste con ella, juntas ibáis a los campos, a las montañas, a los
grandes árboles y a los ríos cristalinos como el corazón de las hadas que luego integrarías en tu vida
como un miembro más.

Despierta, serena, atenta a tu interior y tu exterior, tú te experimentas como un puente entre dentro y
fuera, como si fueras un lazo entre el cielo y la Tierra, totalmente abierta al cosmos y al infinito.

Abres la vida como un regalo y hallas en su interior grandeza, sabiduría e iluminación pues la vida es
sagrada y nos reconduce una y otra vez hasta llegar a las puertas del alma, redescubrirnos y probar
las mieles del ser.

Sonríes con tu niña interior y estalláis de gozo y os quedáis en una, fundidas en un beso eterno.
Nacida de la tierra, a ella volverás con tus alas de hada, amando el planeta y recibiendo el amor que le
das.

Creces nutriéndote de tu esencia hadada con tu familia de elfos, gnomos, duendes y hadas, saludando a
vuestro sol interior, ése que te reconforta en todo momento. Te sientes más integradora que nunca, en
unidad, como si tu respiración fuera la misma que la del Universo.
Eres la tierra, la lluvia, el mar, el desierto, las montañas, el reino animal y el vegetal. Respiras pureza a
pleno pulmón. Con tu embarcación a toda vela surcas el mar de tus sueños, pero lo haces despierta,
palpando la realidad y la inmensidad de ese mar te sobrecoge.

Las sirenas te toman por sorpresa con sus cantos, acompañados por los sonidos de delfines y
ballenas y te dejas abrazar por el instante. Te emocionas ante la perfección de la vida y la tomas por
montera. Como si te rodeara con su capa, te envuelves de la sensación más vivificante que jamás hubieras
experimentado.

Respiras profundamente, inhalas conscientemente, invitando a la vida a seguir entrando,


invitándote a ti a adentrarte en ella y bailar juntas como una pareja de bailarines perfectamente
coordinados al son del ritmo del ahora.

Las ninfas siguen estando presentes...

Las ninfas te saludan hoy desde su lago ecuestre, rodeado de pegasos y caballos que trotan
elegantemente, mecidos por el canto de los ángeles. Desde la calidez y la pureza de estas aguas, ellas te
invitan a serenarte y perfumarte de paz.

El perfume que desprende la humildad y la sabiduría es el que debes desarrollar comprometiéndote de


corazón. Los seres alados te seguirán soplando bajito al oído para que sigas transmitiendo su pureza y su
conocimiento.

Desde las ondas del agua, las ondinas juegan con su vibración armónica y danzan con ella. La ligereza de
los seres de luz les permite bailar con la mismísima luz pues todos vibran en unidad.

En el lago ninfas y ondinas se funden con la capa vaporosa de la niebla al amanecer hasta que se
levantan y se deshacen con los rayos del sol. Una caricia sublime irradia entonces el lugar, mientras
es absorbida por la vegetación y por el reino animal. Sin embargo, tú también puedes percibirla y
te nutres de ella. Esta caricia supone un alimento para tu alma y una prueba fehaciente de que el
reino hadado existe en la Tierra pero sólo se manifiesta ante algunos.

Este lugar paradisíaco te trae recuerdos del alma. Es como si ella se hallara presente en cada latido
de este lago que te parece tan vivo que es como si hubieras respirado con él desde tu nacimiento.
Podrías hundirte en él sin ningún peligro para ti pues sabes que ninfas y ondinas se encargarían de velar

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por ti pero por el mometo prefieres seguir observándolo desde tu papel de espectadora sin opinión o de
guionista sin guión. De este modo, es el instante el que toma la palabra y el que te usa como un canal
empoderado de una tremenda posición creadora.

El discurso de tu vida se va escribiendo sólo, tú sólo te limitas a transcribir las palabras impresas en tu
alma y que deben salir a la luz. Encuentras perfección en tus compañeros de trabajo, de alma pues ellos
destilan esa misma luz que circulaba en ellos en anteriores encarnaciones y que tú reconoces y compartes
con ellos. Es una luz suave y limpia que a las hadas les encanta. El polvo de hadas congenia muy bien con
esta luz y un juego hermoso se establece entre ellos. Se trata de una convergencia libre y armónica que
seduce y aquieta.

Los grillos y las ranas entonan su melodía campestre y eso te alegra y te acompaña este momento único
que presencias.

Con las hadas y los ángeles....

La alegría se posa en tu corazón como una mariposa, mientras cantas con las cigarras en un caluroso día
de verano. Risas y susurros arropan este día especial donde tomas conciencia de esa luz que te configura
como hada y alma libre.

Pliegas tus alas y te sientas sobre esa colina mágica que un día te vio nacer y desplegar tus alas. Los niños
te han alentado a recordar lo que eres y atreverte a llevar al mundo tu magia, volando entre cuentos de
hadas y castillos encantados.

Por eso, las hadas han sido tus ángeles custodios y te hablan en sueños y en meditación. Debes creer en
ellas y en ti misma y abrirte a las enseñanzas de los niños maestros que inundarán tu mundo con su
palabrería inocente y espontánea. La inocencia y la pureza del corazón de esos niños va a impresionarte y
a impulsarte para creer en un mundo de pura vida donde la humildad y la sencillez se posan en las ramas
del bosque donde juegan esos niños cuyos progenitores les permiten ser y desarrollar sus dones.

Tú desplegarás tus alas con ellos y te conmoverá la dulzura que manifiestan en sus gestos y su devenir
cotidiano. Ellos implementan la naturalidad desde que han comenzado a respirar y la libertad con la que
se crían constituye el escudo con que se alzan ante una realidad que consideran su aliada.

No hay prisa ni noción del tiempo en esta región de inigualable belleza natural donde la madre tierra se
muestra en todo su esplendor y gracias al respeto que la población le profesa, luce más pletórica que la
luna llena de San Juan.

El agua corre aquí tan cristalina que es como si la hubieran vertido los ángeles en los arroyos, manantiales
y playas, como si esas aguas destilaran la pureza de Dios. Te reflejas en la superficie de un remanso del
río coronado por una impresionante cascada y te parece ver un ángel o quizás una hada.

La escucha atenta del instante te adentra en un arraigamiento o enraizamiento sobre la tierra donde te
dejas de agarrar a todo y te entregas al ahora sin importar qué sucederá. De este modo, cobra
protagonismo lo efímero que todo resulta y en todos esos momentos que acaban pasando de largo como
las nubes en el cielo, tú te asientas como los hacen los insectos que se alimentan de las flores y viven en
la pradera que tan familiar te resultó desde el principio.

Es como si te alimentaras del instante, de ese tiempo sin tiempo en el cual se ha perdido su noción pero en
el que la atención consciente está tan interiorizada como el hecho de respirar en sí mismo. Te dejas llevar
por esta vida plácida y agradable presidida por el aroma de las flores, el sonido de los animales y la
frescura del agua que embellece y hace brillar a una vegetación que hoy te saluda con amor y te invita a
seguir despierta, a caminar en la arboleda, a seguir observando sin cuestionar el día de hoy y a disfrutar
del abrazo de la vida.

Sirenas y hadas te anuncian que...

Sientes tal grado de felicidad y de paz que no cabes en ti.

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Bailas con los rayos de sol al ritmo del vaivén de las olas entre sirenas y hadas. Aquí respiras tu casa, tu
hogar inmortal, tu puerto de destino. Una vibración que te hace zozobrar preside la escena pero tú sigues
adelante con tu danza energética. Ballenas y delfines conversan entre ellos al fondo, en el horizonte lejano
y se dejan escuchar por ti.

Siempre te ha gustado el canto o el sonido de delfines, ballenas u otras especies acuáticas. Te sientes
profundamente hermanada con ellas y les haces un guiño de complicidad, mientras sigues bailando
lentamente, tomando conciencia de cada movimiento y dejándote penetrar por la pureza del instante.

Pero descubres que simplemente todo pasa a través de ti y que no pretendes asir este momento de pura
vida sino tan solo presenciarlo conscientemente, libremente y dejarlo ir, si su camino es no seguir
contigo.

Te dejas conducir por algo vivificante, como si fuera un organismo vivo que alienta la vida del Universo,
que rige sus leyes y que no siempre se comunica contigo con palabras pues proviene del puro sentir.

La vida te besa en la mejilla, mientras tus hadas y sirenas se añaden a ese beso de energía que te transfiere
la convicción de que todo acompaña a tu propósito, como un niño que es tomado de la mano con amor.

La flor de sándalo te perfuma y te sonríe esta manaña, mientras se abre al amanecer y te recuerda que tu
baile en la orilla debe acabar. Te despides de hadas y sirenas y te diriges a tu casa terrenal, enclavada en
un vergel, en un territorio cuya ley es el respeto y el soplo de la pura vida. Se trata de un lugar bañado de
inocencia, esa que queda cuando el cerebro se ilumina y el cuerpo se convierte en pura luz. Se trata de un
estado de gracia, de dulzura que respiran los niños en sus primeros años de infancia y al que tú has
logrado regresar. Desde esta posición todo cobra vida por sí mismo y resulta sencillo.

Todo llega a ti como por arte de magia, incluso antes de haberlo solicitado. Te desenvuelves de maravilla
en esta nueva etapa de tu vida donde eres una más en la naturaleza, enraizada por completo en esta selva
boscosa o en este bosque selvático, acariciado por la neblina y bendecido por ese océano tan cristalino
como el cielo. Te parece tan transparente y sereno que bien pudiera confundirse con un manantial de
propiedades terapéuticas.

Siempre has adorado el agua y curiosamente este elemento te rodea ahora en todas sus formas: en hielo,
en lluvia, en vapor, nubes, en laguna, río, mar, cascada, arroyo, lago, charca...

El agua es vida, es pura vida y por eso en estas tierras respetan su curso natural y su pureza, no la alteran
por eso en este lugar se respira a pleno pulmón y todavía quedan sitios que apenas han sido visitados por
personas o ni tan siquiera avistados por el ojo humano. A esos lugares vas a llegar tú, acompañada por tu
buen guía y compañero de ruta.

Hadas y duendes desde una isla de ensueño...

El día amanece en la isla con una nueva luz.

La brisa acaricia el despertar de los oriundos del lugar y se acerca para susurrarles cánticos de
ángeles y de sirenas. Inicias el día con tu entusiasmo de siempre, maravillada por la energía que respiras
en tu hogar dulce y acogedor.

Sabes que un duende vive contigo, oculto, y aunque le invitas a hacerse visible, a él le resultan
indiferentes tus llamadas. A ti no te importa pues has integrado el sentido de juego, humor y de
desapego en la vida, indispensable para formar parte del vínculo de tu familia de amor incondicional.

El arroyo sigue manando con la fuerza del afluente que lo engendró iluminado por los rayos de sol
que atraviesan sus aguas terapéuticas dulces y saladas. El amanecer baña su superficie de color violeta
y percibes como si una columna de ese color te limpiara el aura y te hiciera soñar despierta.

El amor baña este valle protegido por los seres elementales y en el que los dioses se dejan caer, creando a
su alrededor un vacío que lo llena todo. Inhalas profundamente y te das cuenta de que la santidad preside
ese altar sagrado al que consideras como tu isla.

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Empiezas tu meditación en el bosque a solas con el alma de tan hermoso paraje donde la frescura,
la neblina vaporosa y las gotas de rocío cobran protagonismo cada mañana. Aquí experimentas la
magia y te reencuentras con la energía de tus antepasados. Puedes escuchar su voz y tomar nota.
Puedes dibujar también las formas de sus cuerpos de luz, tan bellas que te cautivan. Pero sabes que
no debes tratar de atraparlas para no desgarrar el momento sino tan sólo trazarlas en tu cuaderno
para acompañar a tus palabras escritas. Desde este vacío embriagador, fluyes con la misma
naturalidad con que una hada lo hace con la magia de su varita. Algunos animales han tomado su su
papel de espectadores, testigos de tu experimentar y se han quedado mudos.

El silencio es la norma implícita de este instante que todo lo cubre. Un velo de complicidad ondea en
cada uno de vosotros como un estandarte que os alza como vividores de vuestra propia aventura
compartida. Permaneces vibrando con el instante y dejándote llevar mansamente como lo hacen las
olas y la corriente. Te resulta todo tan fácil que es como si estuvieses viviendo tu propio cuento de hadas
en un paraíso que jamás hubieras soñado que te estuviera destinado.

Todo aquí contribuye a tu propósito y puedes desplegarlo del mismo modo que las manadas de lobos o de
leones se dispersan, ocupando sus posiciones para prepararse para el ataque. Sólo que tú no atacas.
Simplemente, permaneces atenta para acompañar al instante y ser su voz o su fiel ejecutora en tu
cuerpo sintiente que ya es uno con el ser y el alma. La madre naturaleza te cuida con amor y tú le
correspondes.

Le gritas tu felicidad al sol naciente y los duendes asustadizos huyen despavoridos pero sabes que
regresarán. Tu vibración los atrae como la miel a las moscas pues tú has recordado el palpitar de
este bendito país y ya eres una más entre sus habitantes.

Los guías alados te cuentan...

Maestra en hacer soñar a los demás, elevas sus alas de fantasía al castillo encantado donde la magia silba
en sus muros risas de duendes y canciones de sirenas.

La magia llama al alma de las persona y las invita a visitar este castillo, arropado por el bosque y los
susurros de las hadas. En la gran biblioteca hay estanterías a rebosar de cuentos y leyendas que ansían ser
leídos con la sonrisa en el rostro de miles de niños.

Los niños acogen con alegría cada retazo de fantasía, mientras bordan en el corazón ilusiones con el hilo
de la inocencia. Recupera ese estado divertido de ser y olvídate de opinar sobre cometidos ajenos pues
emitir un juicio sobre los demás también es una forma de interferir o agredir emocionalmente.

Preparas en tu cocina mística, espiritual, luminosa sabrosas recetas mágicas con ingredientes de
luz. Revolotean espíritus dichosos a tu alrededor, expectantes con lo que haces. Tratan de
acompañarte y de aconsejarte para guiarte o inspirarte, aunque a veces los notes demasiado
parlanchines. Sus palabras te han resultado familiares desde que eras niña y ahora de adulta aún sigues
abrazando esta voz como la más hermosa de las melodías, como aquella voz amiga que siempre se halla
presente, incluso en el silencio.

De hecho, la voz de nuestros guías nace del silencio que clama por hablar pues en la dualidad
incluso lo callado puede ser expresado.

La magia y la filosofía de luz que te transmitió tu abuelo con tanto amor revive para que tomes tu cetro,
ocupes tu lugar en el trono y prosigas la labor que él inició. Tú fuiste su discípula, ahora has recordado
completamente, y también ahora estás llamada a ejercer tu rol de maestra para regresar la magia de las
hadas a la Tierra.

Escribe, pronuncia, dibuja, vuela, baila, canta, sueña, sé, regocíjate, despreocúpate, desinfla tu ego
y dale cabida al corazón.

Camina despacio y respira como si se tratara de tu último latido. Vive en el tiempo sin tiempo,

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canta la melodía del corazón, vuela con las alas de tu intuición. Habla y calla, escucha y siente.
Experimenta con intensidad, entregada al momento como un cachorro se entrega a los mimos de su
madre. Escribe las iniciales que identifican a los grandes reyes pues hay un monarca sabio en cada uno de
nosotros que se alza por encima del sufrimiento y comprende lo que necesitamos.

Mira tu carita de cuando eras una niña cantarina y danzarina, hablando con la brisa y escuchando
a los ángeles. Habla el lenguaje de los animales y de los seres elementales del bosque porque está
impreso en tu alma. Quédate callada para recibir los secretos del bosque y del Universo que alienta la
vida que contiene.

Embébete de las aguas puras que lo recorren y de la elevación majestuosa del lugar. Déjate cobijar por
los enormes árboles de tu jardín que irradian su energía en tu aura y la limpian por completo.
Limpia y serena, te reflejas en el rostro de los ángeles los cuales te regalan instantes de bendición y de
milagros.

Cree firmemente en el poder de la magia, en el despertar de los niños y en la pureza de sus actos.
Ama al reino animal y vegetal como el mayor presente que Dios ofreció a los humanos y que debe ser
preservado y alientado en todas sus formas.

Abre la puerta del reino de la fantasía que se cuela por la puerta trasera de los sueños de los niños y
les sopla en las noches estrelladas dulces palabras que lograrán recordar después aún sin saber de
donde provienen.

El corazón generoso de los niños según las hadas

Un niño descorre el velo del sueño y se despereza para entregarse al regalo del día de hoy.

El ahora se muestra inocente y puro como su carita infantil que juega a sentir la vida correteando con
cada instante como si fuera el mejor de los amigos. Ese niño besa cada ahora como si fuera un juguete
que lo escucha y a quien presta toda su atención. De este modo, el niño se permite ser su juguete y
comprenderlo sin encasillarlo pues la naturaleza del niño es pura.

El niño se entrega despreocupado y feliz a sus juegos y sonríe a la vida y cuando llora, lo hace sin rencor
por lo que la sonrisa pronto se vuelve a dibujar en su expresión menuda.

Según las hadas, ser lo que nos rodea es permitir que todo sea, desvistiéndonos de todo lo adquirido.
Dejándonos de agarrar, permitimos que todo surja y, así, podemos captar la naturaleza del instante, la del
instante en sí mismo percibido por la grandeza del ser, que renunciando al yo, casi sin darse cuenta, se
disuelve y renace en cada momento para resurgir fortalecido, como la leyenda del ave fénix, y expresarse
a sí mismo tal como es, tal como es la natureza pura, creativa y prístina de los niños.

La actitud de los niños bien pudiera compararse como la de la cordillera de las montañas que se erige
como vigía del lugar, como testimonio imparcial que ha aprendido a amar y a ser a cambio de nada.

Un niño camina y corre libre tras los pájaros, las mariposas. Luego se agacha y coge las florecitas y se las
entrega a sus compañeros de juegos. El corazón de un niño es generoso, dadivoso por naturaleza, por eso,
el niño acaba recibiendo tanto. Los niños sobre todo cuando son muy pequeños, nos dan todo lo que ven,
simplemente, lo toman y nos lo entregan. Por tanto, reciben el abrazo de la vida, los mimos de cada
instante, la caricia del entorno.

El interior del niño rebosa belleza. Cuando la carita de un niño se refleja en un estanque, si la contemplas,
puedes observar que el niño se asemeja a un angelito. Los niños pueden recordar de donde provienen,
ellos se recrean en su naturaleza angelical, disfrutar sin importarles qué vendrá a continuación.

Resulta como si el niño fuera libre de toda expectativa ni estuviera atado a lo que un adulto pretendería en
qué se convirtiera cada instante para forzarlo a ser a la medida de sus pretensiones. Sin embargo, el niño
simplemente se suelta y suelta cada instante, como si se tratara de un globo de colores que está a su lado.
Simplemente, el niño va con él, juega con él, lo levanta en el aire, lo vuelve a coger para volverlo a
liberar y se recrea viendo como el globo se eleva sin esperar que el globo baje de nuevo y sin

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preocuparse, pues sabe que si el globo se escapa hacia arriba quizás se va para seguir jugando con los
ángeles.

El niño está, sigue, es, toma, deja y se expande como si fuera un pequeño dios y, como tal, viene a
enseñarnos con su ejemplo.

Creer en los niños de acuerdo con los gnomos

Los niños y los jóvenes son nuestro presente y nuestro futuro y constituyen el motor de cambio de la
sociedad. Educarles en las emociones, habilidades sociales, inteligencia emocional, asertividad y a
trabajar en equipo, entre otros, propiciará un cambio de paradigma hacia una nueva humanidad.

Creer en los niños implica estar atentos a sus necesidades y a impulsarles en sus procesos creativos,
escuchando sus emociones, enseñándoles a manejarlas y a sentirse en paz y en equilibrio incluso en el ojo
del huracán. De este modo, se respetarán a sí mismos y a los demás y podrán llevar a cabo su misión,
desarrollar su potencial e interactuar adecuadamente con el entorno.

Según los gnomos, los niños son muy imaginativos pero existe sabiduría y pureza en sus palabras, pues su
estado de niños es tan puro que incluso recuerdan aspectos inherentes a la intuición y a la naturalidad con
que todo fluye, que siempre puede existir algo más allá de lo que ven nuestros ojos pero que para ser
sensibles a ello hay que sentir desde un corazón abierto.

La sencillez con que los niños ven las cosas es algo que podemos aprender de ellos. Los niños encuentran
alegría incluso en cosas que los adultos consideraríamos como intrascendentes pero que a ellos les hacen
sonreír. Es como si fueran capaces de captar algo especial que al mundo adulto se nos escapa o nos pasa
por alto.

Cada niño supone un rayo de esperanza pues en ellos reside la llave del cambio y las puertas que sólo
ellos se atreverán a abrir. Para ello resulta básico que el niño aprenda a creer en sí mismo y que sea
apoyado en sus habilidades o bien que se le estimule a identificarlas y potenciarlas. De niños sanos
emocionalmente nacen sociedades sanas y con bienestar. Por eso, no hay que descuidar a la población
joven sino favorecer los medios para su desarrollo y evolución emocional. El trabajo en equipo donde
todas los integrantes son conscientes de su papel constituye una herramienta poderosa que crea el milagro
de la intercomunicación, la cooperación y la solidaridad para un mundo mejor. Asumida la propia
responsabilidad por el rol de cada uno, se genera la empatía para mejorar la situación de los demás. Así
pues, una infancia que cree en sí misma es capaz de crear un mundo más feliz, en paz, ético, más humano
y eficaz. Prestando atención a nuestros niños, puede lograrse.

Escuchar a los niños según los duendes

Escuchar a los niños y ser conscientes de sus necesidades sin que esa percepción se vea condicionada por
criterios egoicos empieza por escucharse a uno mismo. Desde esta perspectiva, aprendemos a ser
empáticos con las situaciones ajenas y no sólo con la de los niños que nos rodean sino también con
nuestros mayores, compañeros, amigos, familiares e incluso nuestros animales, mascotas o plantas. Una
persona que se escucha a sí misma desarrolla una intuición que le permite ser sensible a lo que los demás
necesitan y lo hace desde una posición de desapego, compromiso y neutralidad y desde esa posición
conoce, por ejemplo, lo que verdaderamente necesita un niño.

De acuerdo con los duendes, los niños deben ser alentados a desarrollar sus dones y habilidades y a
ejercitarlos con creatividad y libertad. Desde la base del respeto y la convivencia, podemos enseñar a los
niños a pensar de forma positiva para que sean individuos seguros de sí mismos y que enfrenten las
situaciones con fortaleza y a la vez con serenidad. De este modo, los niños se convierten en adultos que
dan la importancia justa a las cosas y que se centran en lo primordial, en lo que el instante presenta sin
dejarse confundir por sucesos superficiales que no deben interferir en lo que realmente resulta relevante
en sus vidas.

El diálogo y la escucha fomentará niños creativos, autónomos, emprendedores, sociales, adaptativos y


dialogantes. Se trata de niños que aprenden a conocerse a sí mismos y, por ende, a conocer su entorno.

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Por tanto, son niños abiertos y que son ellos mismos de forma natural, además, por este motivo, tienen
las ideas claras, saben defenderse y saben qué es lo que tienen que hacer para llevar a cabo sus propósitos.

El área de la creatividad es aquella en la que los niños van a poder manifestar sus talentos, sobre todo si
se les permite expresar sus sentimientos, y en la que van a plasmar aquello que son. De esta forma, el
niño descubre y explora sus dones y reconoce sus puntos fuertes y también sus debilidades pues prestar
atención a su interior, permitirá al niño conocerse bien desde pequeño, una arma poderosa que le
permitirá enfrentar sus miedos y ser consciente de hasta donde puede llegar. Además, el niño
espontáneamente expresa sus sentimientos pero si esto se le reprime, no se le va a permitir manifestar esa
alegría natural que todos los niños desarrollan simplemente por el hecho de estar. Permitir al niño
desarrollar el poder de su mente, obrará milagros y contribuirá a crear sonrisas pero para ello es necesario
saber escuchar a los niños y permitirles ser.

Motivar a los niños según las ondinas

El motor de la motivación en los niños radica en elevar su autoestima y en escuchar y comprender sus
necesidades dirigidas al desarrollo de su creatividad y talentos. El niño adquiere su autoestima a través de
su historia personal y se forma desde la familia, la escuela, padres, amigos, entorno… Por tanto, el hecho
de que el niño crea en sí mismo es el factor más decisivo para su felicidad y para que se sienta lo
suficiente motivado como para ser capaz de crear sus sueños.

Las ondinas te cuentan que la autovaloración y la confianza del niño son factores que conforman la propia
imagen que le mantendrán motivado y, además, se escuchará a sí mismo. La autovaloración es la imagen
que el niño tiene de sí mismo a partir de la que hacen de él personas importantes de su entorno.

El hecho de que el niño tengo un elevado grado de confianza en sí mismo provocará que éste sea capaz de
ponerse a prueba y de que no tema al fracaso. Y si el niño cometiera un error, lo integrará como una
herramienta de aprendizaje. El niño se sentirá motivado y adquirirá seguridad en sí mismo a medida que
haga cosas en el proceso de la vida.

Terapia de dibujo con niños y adultos según las hadas

Dibujar como una afición, sin prisas, dedicándole nuestro tiempo libre no sólo da rienda suelta a nuestra
creatividad, sino que nos hace sentir libres y, por lo tanto, más niños.

Dibujar y pintar es una forma excelente de contactar con nuestro niño interior y darle alas para volar y
expresarse.

Curiosamente, en nuestros trazos, colores y forma de dibujar se manifiestan rasgos de nuestra


personalidad. Esto puede verse, por ejemplo, en que la forma que los niños colorean los mandalas hace
aflorar aspectos de su carácter, incluso defectos, lo cual permite detectarlos a tiempo y corregirlos.
También aparecen cualidades las cuales al ser identificadas, pueden ser potenciadas. Lo que está claro es
que dibujar nos da mucha información sobre la persona que hace y pinta el dibujo. Por ejemplo, una
persona obstinada y de mente cerrada puede reflejar problemas de perspectiva en su dibujo, una persona
insegura dibujará trazos temblorosos o una persona con problemas de atención o no realista puede no
reflejar adecuadamente el juego de sombras y claros en su ilustración. Incluso una persona demasiado
fantasiosa puede no ser capaz de asentar sus personajes, pareciendo que flotan.

En todo caso, todo ello puede rectificarse y, sin darse cuenta, seguro que esos cambios sobre el papel
transformarán la personalidad del dibujante y así será como su pasión por los dibujos le enseñará o
impulsará a ser mejor persona, a tomar conciencia de sí mismo y a tener en cuenta los detalles.

Las hadas te cuentan que a todos los niños les encanta dibujar y traer esta agradable actividad a la edad
adulta es una forma de sentirse más joven, vivo y de entablar diálogo con el niño que todos llevamos
dentro.

Toda forma de creatividad que podamos desarrollar va a beneficiar nuestro estado mental y va a
contribuir notablemente a que nos sintamos mejor y más a gusto con nosotros mismos.

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Cuando un niño nos enseña sus dibujos no debemos reírnos de él como si nos burláramos de lo absurdo o
de lo que no entendemos de sus dibujos. Al contrario, debemos apoyar y animar al niño en su labor
creativa y preguntarle qué es lo que para él significa aquello que no desciframos o comprendemos de su
dibujo e intercambiar y compartir puntos de vista. Esto hará que el niño se sienta escuchado y que se pone
interés en sus inocentes creaciones.

Un niño a la hora de dibujar o colorear nunca debe sentirse descorazonado por un adulto, al contrario,
impulsar la creatividad del niño lo hará conectar de forma natural con su fuente creativa lo cual implica
que el niño adopta su rol creador, escucha y presta atención a sus necesidades y, por eso, va a ser más
capaz de satisfacerlas. Además, la creatividad levanta el estado de ánimo, nos enseña a creer en nosotros
mismos y nos motiva y estimula a hacer frente a las posibles eventualidades u obstáculos que pudiera
conllevar el desarrollo de nuestro potencial creativo.

Los adultos solemos pensar que somos nosotros quienes enseñamos a los níños, pero, en realidad los
niños son un unos grandes maestros y algunos de ellos suelen mostrárnoslo desde sus dibujos.

Escucha a las hadas hablar sobre la belleza del instante

Reconocer y admirar la belleza del instante nos ancla profundamente en el momento presente, en el cual
nos dejamos abrazar por él y sólo estamos él y nosotros. En la naturaleza resulta sencillo sentir este
estado emocional en el que estamos alerta a las percepciones para captar lo que nos rodea y nos sentimos
particularmente relajados por el murmullo del agua, el canto de los pájaros o la brisa rozando las hojas de
los abetos. En esos momentos nos abrimos a la magnificencia y la perfección de todo lo que es y podemos
apreciarla sin juzgarla, simplemente nos abrimos a su inmensidad y sabiduría, la sabiduría de la madre
naturaleza.

Según las hadas, el momento se manifiesta de forma natural y espontánea como una alfombra que se
despliega ante nosotros y que abre su telón para que nos fundamos en él y nos sintamos plenamente
presentes. Incluso los sonidos de la naturaleza pueden actuar como elementos que nos traen de vuelta al
presente, si nos hubiéramos dejado distraer por nuestros pensamientos.

El susurro de la vegetación, el juego de claroscuros sobre la hierba, la elevación de las montañas o la


frescura de la llovizna nos recuerdan que existe belleza en todo lo que vemos y que, cuánto menos
juzguemos, más la disfrutaremos, simplemente, contemplándola y llevándola a nuestro ser, ese ser que se
activa completamente en el presente y que invita al ego a caerse o a ir tomados de la mano hacia la unidad
de la que todos provenimos.

La belleza del instante según las hadas (2)

La belleza del instante nos ancla poderosamente en el momento presente en el cual nos extasía lo que
contemplamos. En ese momento, conectamos con nuestro silencio interior y reverenciamos lo sublime a
la vez que nos dejamos maravillar por la perfección que se despliega mansamente ante nosotros.

La naturalidad con la que se expresa y se abre paso la naturaleza constituye una de las formas más
potentes de enraizarnos en el ahora, hermanados con la espontaneidad del momento. De esta
manera, el presente se convierte en el único foco de atención que la Madre Naturaleza cría o gesta en
cada una de sus creaciones a partir de las cuales al sentirnos en unidad con ellas, nos damos cuenta de que
el ahora no sólo es lo único que importa, sinó que existe en él una magia y una sacralidad que todo lo
impregna. No resultar indiferentes a esta pauta es lo que nos convierte en hijos conscientes de la Tierra
plenamente presentes en lo único que existe: el instante que nos abraza ahora.

Es en ese instante cuando las respuestas afloran al ser en su debido momento, fruto de la sabiduría
del alma que fluye despierta y alegre por el sendero de la vida.

Según las hadas, en linea con nuestro propósito de vida, la iluminación nos toma de la mano para
mostrarnos el papel creador del hombre sobre la faz de la Tierra, erigiéndose como Guardián y
Benefactor de la naturaleza y de sus especies.

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La luz del niño que todos fuimos se asoma con la sencillez y la naturalidad con que las estrellas son por sí
mismas desde el momento en el que brillan. Así, el milagro de la existencia es el que nos eleva en un
latido único con todo lo que es, testigos imparciales y neutrales del reino humano y de todo lo
inherente a éste.

Desde esta posición, el agradecimiento y la confianza se convierten en nuestras banderas, izadas en


cada ahora eterno y efímero a la vez, el cual configura nuestras vivencias, ondeando éstas con ligereza y
en lugar de por inercia, con atención a lo que les insufla vida y movimiento y nosotros, como las
banderas, nos dejamos llevar, permitiendo que el aire del ahora nos renueve, nos guíe obedeciendo al
corazón y nos transforme de acuerdo a lo divino y celestial que nos mueve, aquello, precisamente, que
nos trajo aquí y para lo que estamos destinados como raza al despertar.

Gracias a la expresión libre y sincera del alma, todo pasa a través de nosotros, meros receptáculos de todo
lo que nos sucede en este plano sin tratar de agarrar o poseer en ningún momento lo que está a nuestro
abasto y es desde esta actitud desapegada y desasida, cuando nos convertimos en el milagro que hemos
venido a experimentar: el no juicicio y la elevación del espíritu.

Vibrar adquiriendo este nuevo nivel de despertar interno nos conduce a abandonar la
superficialidad para transformarla en autenticidad y en alegría de ser. Una alegría que no precisa de
un protagonismo especial para sonreír, pues la persona que la alberga ha conquistado la vacuidad,
comprende que en la nada recupera lo que realmente es y se ha despojado de todo lo que la oscurecía o la
condicionaba para elevarse a un estado bendecido de ser, tan libre, ligero, natural, apacible y reposado
que incluso lo indecible lo transforma en un estado natural de forma de vida en total armonía y
coherencia con ese instante maravilloso en el que brillamos con tanta luz como la de las estrellas.
Desde aquí ningún opuesto va a conseguir apagarla pues en presencia de la luz ese opuesto sólo podrá
disolverse para fundirse e integrarse con ella y retornar al Uno que desde el origen fueron y,
precisamente, es así como el ritmo cíclico de los acontecimientos alcanza su cúspide

Del agradecimiento al reverenciamiento según los elfos

Según los elfos, un grado superior al agradecimiento lo constituiría el reverenciamiento o reconocimiento


de la luz del instante.

Reverenciar el instante no sólo incluye el agradecimiento sino venerar lo sagrado, lo sabio y lo sublime
que cada experiencia, elemento o ser encierra. Así pues, existe un pequeño dios en cada persona, en cada
animal, en cada vivencia o en cada elemento que nos rodea. Se podría decir que ese pequeño dios ha
bajado a aprender a la Tierra aunque en sí mismo es una divinidad que existe en cada uno de nosotros y
en todo lo que nos rodea.

Reverenciar el momento nos ancla profundamente en el ahora, nos enraiza con fuerza, nos permite
apreciar la perfección de cada momento, la aceptación del karma y confiar en que todos tenemos nuestro
papel aquí y ahora, aunque a veces no lo comprendamos. De esta manera, la vida se nos presenta como
una paradoja, como un misterio que no siempre se rige por la lógica, como una escuela que nos empuja a
alcanzar una mayor conciencia de nosotros mismos y de nuestro alrededor.

A veces, la apreciación de la luz del instante puede hacer que en cierto modo nos sintamos embelesados
ante la belleza que se nos muestra, la simple adaptación a las circunstancias o el reonocimiento de la
fuerza de nuestro ser.

En la veneración del instante, éste nos cautiva y nos presenta al ahora como el eterno amigo donde el
futuro y el pasado no son relevantes pues la atención se centra en lo que es.
Cuanto más fuerte emocionalmente y equilibrado es un individuo mayor capacitación para sumergirse en
el aquí y el ahora. Las preocupaciones, los juicios, el dar rienda suelta a las invenciones del ego y el odio
o las rencillas son, entre otros, factores que provocan que se nos escape el instante pues nuestra atención
queda atrapada en el pasado o en el futuro, ambos completamente inexistentes ahora. De esta forma, es
como si viviéramos virtualmente en tiempos que no están y que nos alejan del despertar, del ser que todos
somos y sobre todo de sentir desde el corazón y conocer el significado verdadero del amor.

El agradecimiento como forma de vivir el día a día por los gnomos del bosque

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Los gnomos nos cuentan que el agradecimiento sentido desde lo más profundo del corazón nos conecta
con la abundancia y nos sintoniza con el aquí y el ahora, a la vez que enriquece todas aquellas
experiencias que están por sucedernos.

Una persona agradecida eleva su vibración, reconoce la luz en todo y en todos y valora la sencillez y la
belleza que le rodean como el más preciado de los tesoros. Además, el agradecimiento nos impulsa a la
aceptación y, en ocasiones, a la humildad pues sólo el sensible y el humilde reconoce lo grande en lo
pequeño y sabe darle las gracias, reverenciarlo y percibirlo como algo sagrado y perfecto.

Agradecer cada día todo aquello que nos hace la vida más ligera, que nos allana el camino y que nos
facilita las cosas es fundirnos con nuestra esencia más humana y desinteresada. El agradeciento es un
camino que hará que la vida cada vez sea más generosa con nosotros y nos aporte experiencias que sean
como chispas de alegría para nuestro corazón.

El agradecimiento nos hace sonreír y aceptar todas las bendiciones que nos suceden a diario y que otros
pasan por alto. Esta es una de las razones por las que el ahora nos alinea con el ahora, sobre todo, porque
nos permite reconocer la luz sutil que se halla en todo y que, a veces, no es visible a simple vista pero sí
ante la mirada de un corazón agradecido.

El agradecimiento nos convierte en mejores personas y nos empuja a cuidar nuestro entorno como forma
de hacer crecer a las razones por las cuales dar las gracias cada día.

Da las gracias incluso a las cosas inanimadas pues en todo reside un alma invisible que capta todas las
sensaciones recibidas y que nos retornará la misma moneda de cambio.

Las personas de pensamiento positivo tienen una tendencia natural al agradecimiento, el cual se convierte
en el centro de sus vidas y las transforma como por arte de magia.

Las hadas te susurran el coraje de ser

Ser uno mismo requiere valentía, determinación y confianza en las propias posibilidades. También
implica tomarse con uno mismo el tiempo y la paciencia necesarios para llevar a cabo una introspección
que nos empuje al autoconocimiento y a la plena consciencia de nuestras debilidades y fortalezas.

No dejarse influenciar por aquellos que pretenden controlarnos para su propia conveniencia e intereses es
otro punto importante para no dejar que nadie nos manipule o confunda.

La soledad puede convertirse en una valiosa herramienta que nos permite conocernos mejor para después
poder compartir con los demás todo aquello que hemos experimentado y perfeccionado y que les
enriquecerá a ellos.

Llevar a cabo nuestro propósito en la vida requiere estar seguros y tener la convicción de que es el alma
quien nos habla y que nos guía por el camino adecuado, sabiendo reconocer y no dar importancia a las
pretensiones del ego ni dejarnos bloquear por él. Puede ayudarnos ver al ego y a los miedos que pretende
infundirnos como si fuera un enanito malhumorado que viene a gastarnos una broma y no lo consigue.

En el coraje de ser reside lo mejor de nosotros, en expresar desde el corazón aquello que nos define con la
autenticidad del ser, ese ser libre de ser y de actuar y cuya sabiduría es nuestro timón en el barco de la
vida.

Los gnomos y el respeto

El respeto a uno mismo hace que actuemos desde la autoestima, la dignidad y la confianza en lospropios
recursos internos.

Cuando aprendemos a respetarnos, entonces respetamos a los demás. Cuando nos respetamos a nosotros
mismos, aprendemos a marcar límites y a volvernos asertivos.

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En una actitud de respeto a uno mismo, somos independientes y autónomos pero pedimos ayuda, si es
necesario.

El respeto es la base del amor por uno mismo.

Cuando nos respetamos, nos valoramos, valoramos lo bueno en los demás y los pequeños detalles de la
vida que tanto nos dan y que antes nos pasaban desapercibidos.

El respeto es una de las bases de la felicidad, la seguridad y la convivencia en armonía.

El entusiasmo según las ondinas

El entusiasmo es esa energía que impulsa nuestros proyectos pero que debe ir acompañada de dosis de
realismo, perseverancia y autoestima. De esta manera, la semilla del entusiasmo y de la ilusión
cristalizará en el hecho que hemos creado en la mente o, incluso, en algo mejor.

El entusiasmo es esa chispa que nos conecta con las ganas de vivir y de sentir la emoción del momento y
de todo aquello de lo que somos capaces ahora.

El entusiasmo es producto de la sonrisa del corazón y del alma.

Entusiasmarmos, ilusionarnos y llevar a cabo lo que nos proponemos es aquello para lo que el alma está
programada y que la vida va mostrándonos paso a paso en un ciclo sin fin de evolución continua. Por eso,
no perder de vista la alegría y la pasión que podemos imprimir en nuestros actos es algo que nos conecta
con el ser, que nos concilia con nosotros mismos y que nos hace sentir vitales e integrados con el instante.

El entusiasmo saca la luz que hay en nosotros y es un buen antídoto contra el miedo.

El entusiasmo combinado con la curiosidad nos empujará a ir más allá incluso de lo previsto.

El entusiasmo nace del coraje de nuestro guerrero interior.

Los guías te hablan sobre: Mirar lo ajeno

Mirar lo ajeno es una forma de olvidarnos a nosotros mismos.

Mirar lo ajeno nos conecta con lo exterior y nos hace sentir mal en el interior.

Mirar lo ajeno es prueba de que no sabemos valorarnos lo suficiente y de que no sabemos agradecer y
agradecer lo que somos y como somos pues no nos aceptamos.

Mirar lo ajeno nos aleja del momento presente que envuelve nuestra alma.

Mirar lo ajeno nos conecta con la envidia, con los celos, con la falta de amor por nosotros mismos en
lugar de alegrarnos por lo bueno que hay en nosotros y en los demás.

Mirar lo ajeno es la mejor prueba de que debemos empezar a fortalecer nuestra autoestima y seguridad.

Mirar lo ajeno nos hace depender de la aprobación de los demás y compararnos con ellos.

Mirar lo ajeno (2)

A veces miramos al otro como dando por supuesto que él está mejor que nosotros y no necesariamente
debe ser así. Lo triste de esto es que mientras estamos pendientes suponiendo o imaginando sus
condiciones personales o emocionales, estamos descuidando nuestro propio estado emocional, sobre todo,
porque quizás prestamos más atención a lo negativo que se halla en nosotros (lo cual nos empuja a valorar

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o cuestionarnos las condiciones o situaciones ajenas en lugar de reconocernos a nosotros y vivir nuestro
presente o tratar de ver al otro como un espejo de nuestro mundo interior) que a lo bueno que se
manifiesta o se halla escondido en nosotros. Una excelente opción sería tratar de escudriñar donde se
halla nuestra belleza interna, aquella que nos confiere la luz de la verdadera naturaleza humana, en forma
de autoestima, honestidad, sinceridad, etc. en lugar de ignorarla y dejar que emociones negativas nos
dominen sin ser conscientes de ello y aceptar lo negativo para tratar de pulirlo. Si alguien está mejor que
nosotros, debemos alegrarnos por él y, si está peor, aceptar su proceso de evolución y desearle lo mejor.

La mejor opción es pensar que en lugar de mejor o peor, en realidad, se trata de diferentes grados de
evolución y que el camino de cada uno es personal y variable, por tanto, lo que hoy es de un modo,
mañana puede cambiar pues todo es transitorio y estamos de paso, por eso, si hemos desarrollado el
desapego y la aceptación de las circunstancias, más entregados estaremos a la misión de nuestra alma y,
por tanto, más profundizaremos en el mejor aprendizaje: el de nosotros mismos, aquél que nos habla
desde el silencio, la intuición y certeza que nos otorga la sabiduría interior. En esta sabiduría reside la
auténtica magia de la vida porque nos conecta con el ser, aquello que somos en esencia y que estamos
destinados a conocer y experimentar.

Los guías te siguen hablando sobre…

La asertividad

La asertividad se basa en la delimitación de límites respetándose a uno mismo y a los demás y en un


conocimiento consciente de las necesidades del entorno y de las expectativas de todos sus implicados
pero sin dejar que las expectativas de otros obstaculicen las nuestras, valorando los intereses comunes en
la consecución de acuerdos que beneficien a todos.

Una persona asertiva es una persona sensible a sus necesidades y a las necesidades ajenas y sabe
mantener el equilibrio entre la propia dignidad y la de los demás.

La asertividad implica empatía y dotes de habilidades sociales además de una sana autoestima y el haber
encontrado el equilibrio entre el proísmo y el egoismo.

La asertividad está íntimamente relacionada con la inteligencia emocional y con dotes comunicativas y
dialogantes en las que la persona no se siente mal por expresar y delimitar los propios límites y
defenderlos de forma correcta en base a sus criterios y valores.

Una persona empática confía en sí misma y sabe mantener la armonía consigo misma y con los demás.

La confusión

La confusión es un sentimiento que imposibilita decidir cuestiones importantes a la persona que le invade,
por lo que prefiere postergar la toma de decisiones debido a esta confusión que puede ir acompañada de
miedo, temor o inseguridad. Además, el sujeto confundido se siente vulnerable y carece de la
determinación necesaria para afrontar las consecuencias de cualquier decisión. Así pues, sigue navegando
sin rumbo fijo, dejándose arrastrar por las circunstancias. Si toma una decisión, la persona no se siente
segura y le es fácil dudar y echarse atrás.

La mejor manera de luchar con la confusión es calmar la mente y buscar el silencio interior con técnicas
como el yoga, la meditación o similares que nos ayuden a encontrar la confianza y la paz en nosotros
mismos y en la vida. Escucharnos a nosotros mismos y encontrar el tiempo para detenernos también nos
ayudará.

Cuando la mente está en calma es el alma quien nos habla y no la mente egótica por lo que el camino a
seguir se descifrará y la claridad mental sobrevendrá. Sin embargo, es necesario darse tiempo para abrirse
al proceso de reencuentro con uno mismo y de darse permiso para ser conscientes que somos seres de luz
y que la luz interior se abrirá paso, si escuchamos los designios del corazón, aprendemos a dejarnos llevar
por la intuición y a descubrir quienes somos, precisamente, para dedicarnos a ser y a desarrollar la misión
del alma.

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La tristeza

La tristeza es un estado vital en el cual a la persona le cuesta tomar decisiones acertadas, llevar a cabo
actividades energéticas o tomar la iniciativa pues su estado mental impide seguir adelante con las propias
decisiones, sobre todo si, además, se siente frustración, resentimiento, falta de fe en uno mismo,
melancolía o falta de aceptación del presente.

Cuando la melancolía aflora, un antídoto es hacer un esfuerzo por valorar y agradecer lo bueno que la
vida nos ofrece, que nos ha ofrecido y que nos ofrecerá, sintiéndolo como algo nuestro en el ahora.

Cuando la frustración aparece, podemos imaginar o reconocer las buenas cualidades que existen en
algunas personas y extenderlas al resto, como si fueran una capa de energía pegajosa que se adhiere al
alma de aquellos a quienes llega. También podemos sentir como este capa de energía de cualidades
positivas emocionales, nos envuelve y se asienta en nuestro corazón. De igual modo, también podemos
enviar la energía de nuestras propias cualidades y habilidades a los demás como si fuera una alfombra de
luz que bendice a quienes ponen sus pies sobre ella.

De esta forma, contribuimos a potenciar aquello que calificamos como bueno o positivo.

Cuando el resentimiento nos nubla los sentidos, nos concentraremos en el concepto de la compasión, en la
cual nos colocamos en el lugar del otro, de aquél que nos causa sufrimiento, lo comprendemos aunque no
lo compartamos, lo respetamos y no lo menospreciamos y proyectamos amor, perdón y liberación,
visualizando como cada uno sigue su camino en paz, sin cargas inútiles.

Cuando la tristeza va acompañada de falta de fe en uno mismo, visualizaremos a nuestro niño interior, ese
niño amoroso, alegre por nacimiento que corría libre, jugaba y se sentía maravillado ante cosas que pasan
desapercibidas en la edad adulta. Finalmente, le pediremos a ese amor que impregnaba el alma del niño
que se adhiera al adulto que somos ahora, el cual beberá de esa cascada energética y vaporosa, infinita y
poderosa que siempre está a nuestra disposición.

Cuando la tristeza va acompañada de falta de aceptación del presente, le pediremos al presente que se
presente como una caricia ante nosotros la cual sentiremos a flor de piel gracias a los sentidos. Cuando
toquemos, rocemos intentaremos sentirlo tan intensamente como podamos y cuando los rayos del sol o la
frescura de las gotas del rocío se crucen en nuestro camino, les agradeceremos que estén allí para
recordarnos que la vida pasa y que todo es transitorio, incluso la tristeza o las cosas que no nos gustan, las
cuales podemos disolver, valorando otras cosas buenas por simples que parezcan y tratando de
comprender que lo que no nos gusta está ahí por alguna razón que no entendemos, pero que nos dejará
una valiosa lección y probablemente abrirá la puerta a nuevos caminos o nuevas formas de pensar que se
materializarán en nuevas experiencias. A veces, la magia de la vida se abre a partir de la inquietud, del
sufrimiento, de lo imprevisible, de lo desconocido o de lo emocionante.

El poder de los cinco sentidos y el ser plenamente conscientes de que están teniendo lugar ahora mismo,
nos ancla poderosamente en el presente, trayéndolo de este modo a nuestra realidad y llegando a dejar en
segundo lugar a aquello que no nos gusta. Si además, aprendemos a mirar a lo que nos disgusta, pero a la
vez reconocer que ante lo que nos desagrada podemos también sentir serenidad o alegría, descubriremos
que no siempre es posible sentir una sola emoción en este mundo dual y que la mezcla de dos o más
emociones cobra fuerza en lo cotidiano. De hecho, la verdadera serenidad o paz es la que es capaz de
cobrar fuerza a pesar de la tristeza, la decepción o el conflicto.

La tristeza (2)

La tristeza es este sentimiento que nos causa abatimiento y que nos impide tener la claridad necesaria
para vislumbrar una solución a aquello que nos angustia, precisamente, porque nos dejamos vencer por la
pesadumbre y nos sentimos hundidos y frustrados al no haberse satisfecho nuestras expectativas. Las
expectativas nos hacen esclavos del futuro y lo condicionan a los rígidos esquemas de nuestra mente pues
si estos esquemas dejaran de ser tan rígidos y se volvieran más flexibles para aceptar la realidad tal como
es, la tristeza no se apoderaría de nosotros hasta el punto de abatirnos.

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Una forma de vencer la tristeza es entregarse a ella, llorarla, para sacarla afuera y darnos cuenta de que
las cosas no son siempre como querríamos que fueran pues nos hallamos en un mundo dual donde las
circunstancias se mecen en los diversos grados de la balanza. Esos diversos grados nos dejan una
enseñanza gracias a la cual nos volvemos más sabios, más tolerantes y más fuertes. La tristeza, bien
gestionada, nos conduce posteriormente a la aceptación y a la paz que nos deja.

Cualquier sentimiento se vence aceptándolo y abriéndole los ojos, en lugar de darle la espalda, aunque
nos cause dolor al principio pues el dolor forma parte de la vida y acaba convirtiéndose en nuestro
maestro, ese maestro que nos conducirá por la senda de la existencia y que, a veces, nos abrirá a
posibilidades inesperadas.

Así pues, la tristeza:

• nos hunde en la negatividad


• nos abate y cierra nuestro margen de acción
• proviene de la no aceptación de las circunstancias
• nos aleja de nuestro centro de poder y confianza en nosotros mismos
• nos demuestra que no sabemos transitar en la incertidumbre
• puede llegar a ser el preludio de algo mayor

Confiar ciegamente

Confiar en los demás no debería ser confiar ciegamente y nunca debe implicar que creamos tanto en
alguien que cometamos el error de idealizarlo a toda costa pues todos actuamos en función de nuestro
momento actual de evolución y, por tanto, cometemos errores y aciertos. La idealización, por tanto, no
contempla que alguien pueda equivocarse y nunca responde a una realidad objetiva.

De igual manera, si alguien comete un error y lo censuramos duramente y para siempre por ello o lo
apartamos de nuestra vida, no contemplamos la posibilidad de que pueda rectificar, enmendarse o
simplemente reconocer su error. Por tanto, centrarse en la idealización o en su opuesto, el menosprecio o
la indiferencia es una muestra de que nos movemos en los extremos de la balanza.

Confiar en las personas nunca debe cerrarnos los ojos a la posibilidad de error en su actuación y, de igual
forma, confiar en nosotros mismos incluye que nos aceptemos con nuestros defectos y virtudes y que nos
perdonemos por nuestros errores y valoremos y potenciemos nuestras cualidades. Además, perdonarnos a
nosotros mismos facilitará que perdonemos a los demás.

Más reflexiones de los guías de luz…

Las alas del momento presente

Tratar de asirnos a un momento presente que nos gusta para apropiarnos de él y pretender que se eternice
es no reconocer la esencia temporal y transitoria del momento el cual se va transformando para obedecer
a su naturaleza variable. La principal enseñanza que nos transmite la esencia temporal del instante cuya
manifestación de cambio es inevitable es que cuando ese cambio no nos agrada, debemos abrirnos a su
aceptación o a la posibilidad de hacer lo posible por generar otro cambio o, incluso, que ocurra lo
inesperado, a veces, simplemente confiando y dejando de preocuparse.

El momento presente puede ser valorado y disfrutado, mientras dure, abiertos a sus alas las cuales pueden
desplegarse para ser reconocido, aceptado o cambiado. Una mente consciente sabe que el momento se
desvanecerá para dar lugar a otro y que en ese inevitable devenir podemos encontrar el jugo y el néctar de
la vida en lugar de encerrarnos o limitarnos en nuestros juicios o miedos que envenenan el instante y le
roban su frescura, sobre todo, cuando tratamos de defender nuestro territorio como consecuencia de una
falta de flexibilidad o tolerancia.

La libertad del momento presente nos invita a entregarnos a él y a adaptarnos a su esencia mutable
conciliándonos a través de ella con nuestra naturaleza más humana y genuina: aquella en la que se fluye
con la vida y se camina de la mano con ella, respirando con la conciencia, respetando su ritmo y

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unificándonos con ella, dejando atrás la resistencia, la queja, la crítica o la culpa. El momento presente es
libre en sí mismo, por tanto, nunca podremos alargarlo, agarrarlo o adquirirlo. Podremos dejarlo atrás,
soltarlo, abrirle los ojos, paladearlo o fundirnos con él. Pero pretender asirnos a él, sin que nada cambie
nos hace sucumbir ante el ego que todo pretende controlarlo y que nos esclaviza y tiraniza limitándonos
en el tiempo, a las prisas, a las exigencias y a los temores que nos vuelven inconscientes, sin control sobre
nuestras emociones. El tiempo no pasa tan rápido como el ego quiere hacernos creer, pues si lo asumimos
de forma consciente, percibimos que todo tiene su duración, su ciclo, su proceso en cada instante que,
vivido y reconocido desde su raíz, desde el ahora, nos conecta con el convencimiento y la seguridad
interior en que sabemos que estamos haciendo lo correcto, cumpliendo con nuestra misión en la que la
magia de la vida se manifiesta en sintonía con el todo: especialmente, cuando nos detenemos para
escuchar y recrearnos en nuestro silencio interior, agradeciéndolo como un regalo y un amigo a quien
prestar atención. El momento presente se manifiesta, se desarrolla y se va en un vaivén de circunstancias.
Aceptarlo y permitirlo así es el arte de la vida. De esta forma, el momento eclosiona, se manifiesta, se
expande y cesa para dar lugar al siguiente en un continuo flujo vital en el que se asienta la sabiduría de la
existencia.

La felicidad y el gozo de vivir

La felicidad reside en la satisfacción y la aceptación de lo que nos sucede y en el ensalzamiento de lo


positivo de cada experiencia. Sin embargo, la verdadera felicidad se basa en la fortaleza, la confianza y la
serenidad ante el conflicto y en la seguridad y en la fe en la propia capacidad para resolver las situaciones.
La felicidad va de la mano de la intuición, que escucha a la guía y la voz interior y no teme a lo
desconocido, a lo imprevisto o a lo inesperado.

La verdadera felicidad es un estado interior de no apego que no depende del lujo, la exclusividad o la
ostentación sino que va siguiendo el camino del impulso cósmico en un diálogo interior apacible que va
marcando sus huellas en el camino exterior que dibuja cada circunstancia. De este modo, la felicidad nace
del instante y mira lo que tiene ante los ojos, suavizando las emociones y los juicios. Así pues, la
verdadera felicidad aparta la crítica, la duda, la hipocresía y la testarudez, adaptándose al presente y
agradeciendo cada paso con el firme convencimiento de que la sabiduría del Universo está de nuestro
lado y de que nos toca jugar en las inmensas posibilidades que una mente abierta y lúcida intuye, sabe y
vislumbra gracias al optimismo, la sensatez, el equilibrio y la inteligencia de un corazón lleno de amor y
perdón por uno mismo, por los demás y por todo cuanto nos rodea.

La felicidad sabe escuchar y analizar con calma las emociones para tornarlas apacibles y embellecer así
nuestros sentimientos para descubrir la belleza de nuestra luz interior y la de los demás, en una balanza de
empatía, dulzura, paciencia, tolerancia y humildad.

La persona auténticamente feliz es serena, alegre, honesta, generosa y se nutre de la belleza que el
momento presente nos regala en lo cotidiano para convertirlo en mágico, único y sublime.

La felicidad (2)

La felicidad es aquel sentimiento de bienestar emocional que nos comunica con nuestro ser interior para
descubrir lo mejor de nosotros mismos y de nuestro alrededor.

Una vida en armonía con nosotros mismos y con los demás, de acuerdo con nuestros valores y en el pleno
desarrollo de nuestros talentos y habilidades, nos brinda la seguridad de que ocupamos nuestro lugar en la
vida y de que estamos cosechando una existencia de prosperidad emocional.

El equilibrio de la mente, el positivismo y el control sobre los nuestros pensamientos para desechar los
negativos y potenciar los positivos, incidirá en una calidad de vida que nos aportará un estado natural de
alegría interior, que generará en el exterior experiencias de dicha y de gozo en las cuales los obstáculos se
afrontarán como retos que nos mostrarán nuestra fortaleza interior y capacidad de adaptación y nos
servirán para que nos conozcamos mejor a nosotros mismos.

Los factores que nos acercan a la felicidad son, entre otros:

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• La realización personal
• La creatividad
• La plenitud
• La flexibilidad
• La aceptación
• El desapego
• La paz interior
• La confianza en nosotros mismos y en la vida
• Centrarse en cada instante
• La autoestima
• Valorar los pequeños detalles y apreciar lo bueno en los demás
• Abrirse a lo inesperado

Además, conseguir un estado de felicidad emocional depende en gran parte de nuestra capacidad de no
resistencia al cambio, de escucharnos a nosotros mismos y a los demás, de dejar atrás los miedos y las
dudas y de atreverse a experimentar la libertad de ser uno mismo en el respeto a los demás y por todo
cuanto nos rodea.

Llorar de felicidad

Llorar de emoción o de felicidad es un llanto que normalmente tendemos a reprimir sobre todo si lo
hacemos en público.

Curiosamente, es un tipo de llanto cuyas lágrimas nos conectan con el gozo, la felicidad o la dicha de un/
os momento/s en base a la rememoración de una emoción generada antaño la cual traemos a la memoria y
cuya vibración es tan fuerte y profunda, que nos provoca una situación emocional latente que aflora en
forma de lloro que bien pudiera considerarse una sonrisa interior.

Llorar de felicidad es un acto que podríamos permitir que se manifestara en toda su extensión en lugar de
tratar de pararlo, no obstante, en público es algo que solemos hacer en base a la discreción, vergüenza o
decoro. Sin embargo, son lágrimas de alegría, de nostalgia que nos aportan la calidez de un momento o
época tan sublimes que todavía nos hacen vibrar a flor de piel.

Entonces, ¿por qué reprimir este acto tan bello y significativo?

Si lloramos de emoción por algo que nos causa dolor, con las lágrimas liberamos el sufrimiento y si lo
hacemos por la alegría que el llanto trae al ahora, entonces, mayor motivo para seguir abriéndonos a él.

Llorar de felicidad:

• Nos acerca a nuestra dimensión más humana y nos hace sentir vivos.
• Nos ancla en el ahora, aunque nos recuerde el pasado pues el llanto sucede aquí y ahora.
• Nos enseña que vale la pena vivir.
• Es una forma peculiar de sonreír

El encuentro con la paz interior (2)

Hallar la paz interior es posible, si nos detenemos e intentamos dejar atrás los lastres, que nos perjudican
y nos condicionan, gracias al perdón y al desapego. En la paz y en el encuentro con uno mismo también
influyen factores como:

-La autoestima: Potenciar la autoestima es una fuente directa de acceso a nuestra paz interior ya que
cuanto más nos amemos, más bien nos sentiremos con nosotros mismos y cuanto más bienestar
atraeremos hacia nuestra vida, más mejorarán nuestras relaciones y más cerca estaremos de conseguir
nuestros objetivos.

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-La energía positiva: Todos somos canalizadores de energía. El hecho de pensar en positivo genera
energía positiva que fluye en nosotros y afecta también a las personas que nos rodean. Ello implica que la
canalización interna de la energía positiva que generan nuestros pensamientos, se verá reflejada en
nuestras vivencies cotidianas y las transformará para mejorarlas sustancialmente.

-El autocontrol: y saber reflexionar para tomar las decisiones adecuadas resulta vital para nuestra
experiencia, tomando consciencia de que de los errores siempre se aprende y también de que no hay que
tener mido de volver a empezar pero siempre habiendo asumido la valiosa lección a que nos ha conducido
el hecho de haber cometido el error.

Así pues, la paz interna nace como consecuencia de tomar decisiones que nos afectan a nosotros y a las
personas de nuestro entorno, teniendo en cuenta las circunstancias del momento que nos toca vivir y
buscando el punto de equilibro, aunque a veces nos equivoquemos.

El encuentro con la paz interior (1)

La paz interior es un estado al cual todos deseamos acceder y que, de forma natural, ya se halla en
nosotros. Sin embargo, para adentrarnos en ella es necesaria una introspección, por ejemplo, siendo
conscientes de nuestra respiración pausada o llevando a cabo otras técnicas, entre ellas, la meditación.
Pero hay otras maneras a nuestro abasto que nos ayudarán a conectar con nuestro equilibrio emocional y
con la quietud:

-Estar en la consciencia del momento presente: es muy importante crear más presencia en la nuestra
vida cotidiana y prestar atención a lo que nos está sucediendo en el momento actual. Por esta razón, no
hay que dejarse distraer o atormentar por hechos del pasado o de lo que nos pueda suceder en el futuro ya
que la clave del éxito o del hecho de encontrar las herramientas para mejorar las circunstancias siempre
reside el momento presente, el único escenario en donde todo se desarrolla y en el que, si nos permitimos
hacerlo en paz con nosotros, conseguiremos que esa misma paz se manifieste en el exterior. Lo más
importante es el ahora, el aquí, lo que estamos haciendo ahora y el ser conscientes de que hay una
inteligencia superior y universal que todo lo guía y observa. Sentirla anclada en nosotros es
encontrarse con uno mismo.

-El poder de los pensamientos: es tan grande el poder de los pensamientos que, si fuéramos plenamente
conscientes de ello, pensaríamos sólo en positivo y automáticamente atraeríamos excelentes resultados en
el día a día. Sin embargo, los pensamientos negativos también poseen fuerza creadora, por eso, es vital
sustituirlos por los positivos para dejar atrás las preocupaciones que nos esclavizan en el pasado y en el
futuro y que, en muchos casos, no dependen de nosotros. Además, las preocupaciones nos impiden
confiar en nosotros y en el proceso de la vida.

-El poder de las palabras: es importante medir nuestras palabras y esto también incluye utilizar un tono
de voz adecuado, no muy elevado. También evitaremos, en la medida de lo posible, hacer comentarios
negativos, despectivos o de crítica.

-El poder de nuestras acciones: Toda acción tiene una consecuencia, según la ley del karma, de la causa
y el efecto. Por tanto, recibimos lo que damos o lo que hemos dado en forma de experiencia presente. De
hecho, a través del karma nos vienen experiencias gratificantes y satisfactorias, y también algunas otras
que no vivimos de esta manera pero que, si sabemos gestionarlas superando el sufrimiento inicial, nos
brindarán una valiosa lección. Una vez integrada la lección nos sentiremos en paz con nosotros mismos,
más seguros y más sabios, aunque el verdadero secreto reside en aceptar con serenidad lo que nos trae el
instante, confiando en que todo sucede por una misteriosa razón que el Universo ha elegido para nosotros
y que en algún momento, comprenderemos. En este sentido, actuar correctamente, en función de nuestros
valores y principios, es la mejor manera de atraerse circunstancias positivas, de superar desafíos sin
resistencias y de sentirse en paz con uno mismo y con los demás.

Más reflexiones de las hadas…

Reiki según las hadas

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Los efectos de la energía reiki se potencian considerablemente, cuando se llevan a cabo en equipo y sobre
todo cuando se hace de forma comprometida pero desapegada en la que uno asume su papel de mero
canal de energía y acepta que es la energía y los guías quienes llevan realmente a cabo el proceso
energético a través de nosotros. Por tanto, a pesar de tener la intención de ayudar y un propósito, hay que
tener la humildad de asumir que la verdadera sanación corresponde a la divinidad, quien dirige la energía
canalizada a través de nosotros como sus meras herramientas en la Tierra.

La energía reiki nos ayuda a elevar nuestra vibración, a sentirnos en paz y conectados con algo superior a
nosotros lo cual aunque no sepamos explicar, podemos experimentar como seres espirituales que somos
en carne y hueso. Reiki nos acerca a nosotros mismos y a los demás y contribuye notablemente a la
transformación y sanación de nuestra realidad.

La serenidad y el calor de la energía que se siente en cualquier imposición de manos de energía reiki es la
puerta de acceso a la capacidad espiritual que reside en cada uno de nosotros. Vivir esta experiencia
compartiéndola con los demás y sintiendo como nuestros guías de luz trabajan con nosotros, es algo
sumamente gratificante para lo cual no siempre existen palabras pero que se acerca a la perfección
inherente a la raza humana alineada con el ser.

Los intercambios de energía reiki en grupo generan lazos de unión entre sus miembros pues se suscitan
entre ellos una conexión de luz especial que potencia la fuerza del grupo y las ganas de compartir.

La conexión con el planeta Tierra es profunda y auténtica en Reiki pues puede enviársee energía al
planeta en su conjunto o bien focalizarla en un lugar concreto a kilométros de distancia, o bien podemos
enviarla allá donde estamos presencialmente, por ejemplo, dirigirla a nuestro hogar, jardín y a sus plantas
o a lo que en él esté, por ejemplo, mascotas, a nuestro lugar de trabajo, también en parques o plazas de
ciudades o desde cualquier otro punto en el que estemos presentes y al que deseemos infundirle energía
de luz y de amor.

Reiki nos recuerda que somos seres espirituales y que es posible crear un lugar mejor a través de la
energía y los símbolos.

Meditación o reiki al planeta Tierra

Reiki es una poderosa herramienta que nos permite enviar energía no sólo a nosotros y a los demás, sinó
al planeta Tierra. Para ello, existen símbolos que refuerzan esta intención y que nos conectan con la
Madre Tierra. Sin embargo, conectar, enviar y recibir energía del planeta no es exclusivo de la técnica
reiki sino que podemos conseguir este efecto con una sencilla meditación gracias a nuestra firme
intención o concentración.

La voluntad humana es cocreadora por propia naturaleza y este poder no es nada despreciable por lo que
cada uno puede cultivarlo a través del compromiso, la certeza, la fe en sí mismo y la perseverancia.

Por esta razón, al igual que en reiki es posible visualizar el planeta Tierra y enviarle energía a través de
los chacras de las manos, en meditación podemos adoptar una práctica meditativa con el mismo
propósito.

Aquí tenemos la fortuna de vivir en un planeta que nos ha procurado siempre sustento y que nos cobija
desde nuestro nacimiento y, a cambio, podemos meditar en agradecimiento por ello y por todo lo que
consideremos conveniente.

Por esta razón, nos sentaremos en postura de sedestación, cerraremos los ojos y respiraremos
profundamente hasta que nos relajemos y nos sintamos más ligeros y calmados. En este momento de la
meditación, las personas que sean reikistas trazarán los símbolos pero, si no, puedes proseguir del
siguiente modo: ahora, tal y como consta en la imagen que he dibujado, levantaremos nuestros brazos y
manos hasta la altura del corazón y visualizemos que entre las palmas de las manos está el planeta Tierra
en pequeño. Podemos acariciarlo y luego con las manos inmóbiles colocadas a derecha e izquierda del
globo terráqueo, que seguiremos visualizando, le enviaremos el calor de nuestra energía y nuestras buenas
intenciones. Podemos enviarle en silencio aquello que más deseamos para el mundo, para nosotros e

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incluso pedir ayuda a los ángeles o a nuestros guías para que nos ayuden a potenciar los efectos de la
meditación.

La Madre Tierra escuchará y recibirá. Esta acción repercutirá en nosotros y en nuestro bienestar y, por
este motivo, daremos las gracias por adelantado a la Madre Tierra porque al igual que le damos, también
ella nos dará. Cuando queramos finalizar, hacemos con las manos el gesto de tomar al planeta Tierra
sobre las palmas de las manos, ahora colocadas la una junto a la otra, y lentamente las llevamos al pecho
con el propósito de llevar al planeta al corazón tal y como consta en la segunda ilustración que he
dibujado.

La sencillez de este ejercicio de meditación lo convierte en idóneo para practicarlo unos instantes
cada día.

Tesoros interiores

Todos tenemos una imagen de algo a quien venerar como la divinidad, los santos, los ángeles, las hadas,
Buda, la Madre Teresa y tantos otros seres inspiradores y sabios maestros que con tanto bien han
contribuido a la humanidad. Sin embargo, esa santidad o sacralidad que reverenciamos está en nosotros y
la encontraremos siguiendo los designios del corazón no de la mente egoica. A través del cumplimiento
de nuestro propósito de vida, aquél en cuya obra encontramos nuestra verdad, descubriremos quienes
somos realmente, cuáles son los valores que nos guían y encontraremos apoyo inesperado como por arte
de magia pues todos los obstáculos se salvan, cuando se trata de llevar a cabo la misión de vida. Ésta nos
conecta con el ahora mismo, ése en el que nos llegan las respuestas adecuadas para obrar en el momento
adecuado y en el que sólo existe certeza, no miedo.

Al realizar nuestro propósito, nos sentimos bien y ya no quedan dudas al respecto. Sabemos que hemos
venido para esto y desplegamos todos nuestros tesoros interiores para llevarlo a cabo con genialidad y
maestría pues todos somos maestros con valiosos dones para ofrecer y compartir. Una emoción
inconfundible nos embarga al ser conscientes del fruto de nuestro propósito de vida y es entonces cuando
agradecermos el estar aquí y ahora y nos abrimos de forma natural y espontánea al fluir de la vida, a su
sacralidad y a la bendición que supone el sentirnos alineados y en armonía con quienes somos. Todo se
confabula para ello pues la vida nos va guiando allá donde se halla nuestro camino. Por eso no es
necesario forzar ni quitarle nada a nadie pues lo que nos está predestinado, vendrá a nosotros.

Cuanto más en paz estamos con nosotros y con el entorno que nos rodea, mayor es la probabilidad de
desplegar nuestros dones y genialidades, nuestras virtudes, ésas que convierten en mágica nuestra
existencia y la de aquellos a quienes llegan.

Sentir es el mayor propósito de la vida, por eso, no hay que correr, competir o vivirla deprisa ya que si no,
se nos escapa y es como si viviéramos pero dejándonos arrastrar, sin fluir, sin sentirnos libres. Sentir que
somos almas ligeras, llenas de luz, con tanto potencial como el que podamos imaginar y disponer de la
claridad y determinación necesaria para llevarla a cabo es la llave que abrirá el castillo de nuestros
sueños.

El mejor sueño: el del aquí y el del ahora y hay que vivirlo despierto y sin juzgarlo pues todo acabará
encajando en el tablero de la vida.

La bendición del ahora

Permitir que el momento presente pase a través de ti es una bendición en la que te sientes feliz porque sí.
Sin precisar de nada externo, sientes como múltiples sonrisas se despliegan en tu interior de forma tan
natural como los pájaros baten sus alas para elevarse. Y aunque por fuera, la situación requiere que no
sonrías, por dentro estás pletórico.

El grado de paz que acompaña a esta forma de sentir, te hace sentirte ligero y tranquilo. Sabes que nada
conseguirá tumbarte pues el anclaje en el instante te enseña a no tener miedo y a sentirte en un estado
vivificante de renacimiento espiritual en el que pareces estar flotando por encima de las dificultades a las
que antes prestabas tanta atención que te absorbían por completo y te hacían sentir abatido y desdichado.
Sin embargo, al estar centrado en el ahora ya no tienes objetivos que te angustien y las respuestas te

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llegan en su momento. Como aprendes a no vivir deprisa, ya que con tanto correr la vida se nos escapa a
todos sin darnos cuenta, entonces consigues adoptar una actitud natural de paciencia y a estar en una
posición receptiva a lo que precisas del instante y a las posibles respuestas que puedan manifestarse.
Entonces es cuando colaboras con el momento, en lugar de forzarlo o ir a contracorriente.

Te das cuenta de que no necesitas todo para ser feliz, sino tan sólo de una vida sencilla, humilde, en
libertad y en reconciliación con todo lo que hemos sido. A fin de cuentas, gracias a todo lo que ha sido
ahora aceptamos lo que es y es esta aceptación, precisamente, la que nos regala el paso a una nueva
dimensión de libertad donde es posible mirarlo todo con la mirada de sorpresa, ilusión y agradecimiento
de un niño y totalmente libres de prejuicios o condicionantes.

El juicio nubla nuestra visión y nuestra ecuanimidad. Aprender a observar, a ver las cosas desde afuera,
tratando de comprenderlas sin emitir opiniones es la antesala a despojarnos de nuestra coraza de dolor, a
desaprender y a permitirnos comenzar de nuevo desde la posición que nos permite ser lo que hemos
venido a ser y llevar a cabo nuestro propósito de vida. Con una mente clara y escuchando nuestras
necesidades, identificaremos nuestras prioridades y sabremos qué pasos tomar. En cuanto hayamos
retomado nuestro camino, de forma natural sentiremos la necesidad de ayudar y de contribuir al de los
demás.

Momentos de oportunidad

En tiempos de crisis, aprendemos a no dejarnos caer, de nuestros errores, a ser responsables y a reconocer
nuevas oportunidades, haciendo lo que amamos, aunque nos resulte duro abrirnos paso. Nos
transformamos y queremos estar en paz. Aprendemos a creer en nosotros mismos, valorando nuestras
prioridades y descartando lo que ya no nos aporta. Distribuimos mejor nuestro tiempo y nuestras recursos.
En el desapego, nos liberamos y aprendemos a ser más libres, más humildes y agradecidos y a dejar de
sentirnos condicionados por la materialidad y la vanidad del exterior. Además, se propicia la colaboración
y nos sentimos impulsados a ayudarnos y a ayudar a los demás. A veces, un simple gesto puede hacer
más de lo que pensamos.

En estos tiempos, nos detenemos, miramos hacia dentro -como un niño inocente que no sabe juzgar ni
quejarse-, nos escuchamos y aprendemos a conocernos mejor. Todos tenemos a un sabio en nuestro
interior y que nos enseña a ser felices, a tener fe y paciencia. Ese sabio nos conduce a un estado de
claridad, donde todo llega y se comparte.

El dolor o nos hunde o nos hace crecer y nos muestra nuestro potencial, nuestra fuerza y cambia nuestra
actitud, gracias al esfuerzo por comprender el mundo, en lugar de tratar que éste nos entienda a nosotros.

Aceptar lo que nos pasa, nos conduce a disolver hábitos de resistencia y a abrirnos a una nueva
perspectiva que nos conducirá a sendas inesperadas que nos mostrarán lo que realmente somos, en
alineación con nuestro propósito de vida que sirve al alma.

El juicio nos aparta de la verdad del alma. El alma huye de la necesidad de controlar, basada en el
desapego y la libertad de ser y es quien nos muestra nuestra verdadera riqueza y las verdaderas riquezas
que realmente nos hacen sonreír permanentemente. Y aunque la vida resulte paradójica, es una bendición
y un milagro en sí misma que yo agradezco infinitamente cada día.

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