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Una relación ambigua con el pasado: la modernidad

Por: Alfonso Mendiola

1. Modernidad y tradición
El discurso de la historia, hasta avanzado el siglo XVIII, pertenecía al ámbito de lo que hoy llamaríamos literatura. Esto no
impidió que la historia entendida como científica aprovechara los desarrollos del siglo XVII con respecto al uso de
documentos. La escritura de la historia, desde los griegos hasta inicios del siglo de las Luces, no pretende contar las cosas
tal como sucedieron, aún más, no se preocupa por el uso de documentos para reconstruir el suceso que relata. La historia,
durante ese periodo, es un género literario ajeno a criterios de verificabilidad. Heródoto nada tiene que ver con las formas
de escribir historias propias de la modernidad. La historia como discurso sustentado en criterios de verdad va
consolidándose poco a poco de fines del siglo XVIII a principios del XIX. Y este nacimiento de la historia como ciencia se
logra en la medida en que ella se va despojando de su existencia anterior como literatura: mientras que en el siglo XVII la
mejor historia era aquella que tenía más elementos de retórica. La representación de forma objetiva del pasado, en la que
se funda la posibilidad de la historia como ciencia, sólo puede emerger gracias al surgimiento de la modernidad.
2. El positivismo como legitimación de la modernidad
La primera figura reflexiva de la ciencia de la historia es epistemológica, y esta preocupación que se inicia en la segunda
mitad del siglo XVIII se transforma en el XIX en metodológica. El metodologismo, a diferencia de los fundamentos
epistemológicos, ya no se pregunta por si el conocimiento de la ciencia es “conocimiento”, sino que parte de que la ciencia,
cualquiera que ella sea, es el conocimiento. Mientras que el siglo XVIII aún se pregunta por el conocimiento en general, en
cambio el siglo XIX estudia como procede cada ciencia en particular, y determina que eso es el conocimiento. A pesar de
esos matices, entre estas dos formas de autoconciencia de las ciencias, en los siglos XVIII y XIX, queremos destacar que
ambas aproximaciones son abstractas o ahistóricas, y es esta razón la que las lleva a retomar ingenuamente la objetivación
de la modernidad como fundamento de las ciencias, y en este caso, de la historia. A este modo de prácticas científicas lo
podemos llamar sociológico. A causa de esos análisis de la ciencia como independiente de la sociedad, es que se creyó, y se
sigue creyendo, que la ciencia de la historia estudia "hechos" pasados que pueden ser constatados empíricamente. Esta
evidencia con la que se justifica la historia sólo es posible porque la modernidad convirtió al pasado en cosa.
3. La crisis de la explicación positivista de la historia
La historia como ciencia deja de ser evidente, al igual que las ciencias en su conjunto, después de la Segunda Guerra
Mundial. La noción de "hecho" en la que se basó la posibilidad del conocimiento del pasado durante el siglo XIX se
desplomó. Se demostró que el "hecho" no es algo dado, sino algo producido. Eso que el historiador delimita como "hecho"
o "acontecimiento" sólo existe inmerso en una “intriga”. El acontecimiento se construye en función del tema que se
estudia. Ahora bien, si el "hecho" es una construcción, por lo tanto, éste sólo existe en cuanto tal en la escritura, y en
relación con lo anterior, se insistirá que la historia se escribe a partir de documentos, y no a partir de "hechos". La
reconstrucción situada del pasado se hace a partir de vestigios -de todo tipo- a los cuales adjudicamos un significado, y por
atribuirles significado es que los llamamos textualidad o escritura.
Por ello, podemos afirmar que la historia es grafía, siempre y cuando por grafía entendamos todo vestigio que nos
comunica algo, la ciencia de la historia, tanto en su punto de partida como en su resultado, es escritura (grafía). El
descubrimiento de que la ciencia de la historia es escritura posibilitó el nacimiento, de la historiografía. La pregunta actual
es cómo se escribe la historia, y no cómo se conoce el pasado. Es decir, el problema actual es cómo le comunico a alguien
por medio de enunciados algo acerca del pasado, y no cómo un sujeto (historiador) conoce un objeto (el pasado).
4. La escritura de la historia
La historiografía es una reflexión acerca del quehacer del historiador. Y esta reflexión, a diferencia del metodologismo del
siglo XIX, se hace desde una aproximación dialéctica. Esta tipo de aproximación al discurso de la historia implica los
siguientes presupuestos:
1. La ciencia de la historia, al igual que toda ciencia, se inscribe en la dinámica de la sociedad. Esto impide que el discurso de
la historia sea pensado como si él fuera ahistórica, veamos un ejemplo: las cuestiones sobre los criterios de verdad del
discurso de la historia no pueden tratarse como si estos fueran comunes a todos los momentos en que se ha escrito
historia, sino que esta cuestión, siempre se remite a una sociedad determinada en la que se sitúa la comunidad o
institución de los historiadores. Los criterios de verificabilidad del discurso de la historia han sido distintos durante el siglo
XIX que en la actualidad. Y como dijimos anteriormente, antes del siglo XVIII el discurso de la historia no tiene que ver con
criterios de verdad o falsedad, sino con criterios de belleza o fealdad.

2. La ciencia de la historia, que siempre se sitúa socialmente, se estudia a partir de las prácticas que posibilitan su realización.
De esta manera la historiografía deja de pensar que el conocimiento es algo que sucede en la mente del investigador, sino
que está sustentado en una serie de procedimientos técnicos. Al analizar las prácticas, es decir, aquello que hace el
historiador cuando hace libros de historia (visitar archivos, clasificar documentos, interpretarlos, escribir textos). La
historiografía no es historia de las ideas, sino historia de las prácticas, y éstas cambian de una época a otra.

3. La ciencia de la historia es, además de lo anterior, un proceso comunicativo y así la estudia la historiografía. Los textos de
historia son enunciados emitidos por alguien en una situación determinada y dirigiéndose a un público también específico.

4. La historiografía insiste en que la historia como disciplina es escritura, es decir, que el pasado no es una cosa sino una
relación. Pero la historiografía no sólo está destinada a analizar los libros de historia como productos de unas prácticas
determinadas, sino también a mostrar que el estudio de documentos, deben ser tratados como procesos
comunicativos contextuados y no como si estos estuvieran destinados al investigador actual. La historiografía es también el
estudio del modo de leer los documentos, y no sólo es estudio de los libros de historia.