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LUIS HERNÁNDEZ CONTRERAS



MÚSICA Y PODER POLÍTICO


EL CASO TACHIRENSE (1869-1929)






PROCULTA
San Cristóbal, 2012











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Dedico este particular esfuerzo al Dr. José Humberto Ocariz Espinel, Profesor Titular Jubilado de
la Universidad de Los Andes, pero ante todo médico y músico y último paradigma de la
Tachiranidad quien, con sus sabios consejos, guio esta investigación.
Con gratitud y deferencia



A la memoria de mi profesora, la Dra. Elizabeth Gámez Sánchez

























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ÍNDICE

- Prólogo. Elizabeth Gámez Sánchez
- Gratitud personal
- Introducción
- A manera de resumen
- El Táchira como entidad política
o La formación de la tierra tachirense
o ¿Un Táchira feudal y bárbaro?
o El Táchira, crisol cultural
- El hecho musical
o Inicios de la música en el Táchira
o La enseñanza de la música
o La enseñanza musical en Caracas
o El Estado fomenta la actividad musical tachirense
- La música en la dinámica social tachirense entre 1869 y 1929
o Música y festividades patrias
o La iniciativa particular auspicia la música
o Un paréntesis para el Estado
o Pasodobles y toros
o Los escuchadores de la Banda le dan prestigio social
o Sangre y desgracia en la Banda
o Música en la Iglesia Católica
- Las otras expresiones culturales. Relación con el hecho musical
o Música y Teatro
o Música y Artes Plásticas
o Música y Letras
o Música y Periodismo
o El Estado apoya la música
- Los espacios donde se hizo la música
o Los espacios privados. La música entre paredes
o Los espacios públicos. La música en la calle
o El Estado toma sus plazas
o Un Teatro para San Cristóbal
- Influencia externa en la cultura musical tachirense
o San Cristóbal, punto de encuentro cultural
o Especiales visitantes. Artistas y Compañías líricas
o Sones de guerra
o La fiesta continúa
o Doña Zoila vuelve a su tierra. La Exposición Regional. Loas y elogios con música
o Con tiple y bandola. El Cuarteto Colombiano
o Otras visitas musicales
o Afinando el piano
o Cuatro influencias en la música popular tachirense
§ Influencia caraqueña o “centrana”
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§ Influencia llanera
§ Influencia europea
§ Influencia colombiana
• Con música se hacen las paces. La nota diplomática
- Penetración de la industria cultural
o Introducción al concepto
o Pianos y pianolas
o Música comprimida en discos
o La música incita al baile
o El futuro hace su entrada
o El Estado se rinde ante la industria cultural
- Música y política
o La música en el poder
o La música prestigia al poder
o El Estado compone su Himno
o En el poder se inspiró la música
o Las serenatas políticas. Dedicatorias musicales al detentador del poder
o La música en la Memoria Anual de los gobernantes
o El poder prestigia la música
- Los hacedores de la cultura musical tachirense entre 1869 y 1929
- Conclusiones
- Bibliografía
- Hemerografía

PRÓLOGO. Por Elizabeth Gámez Sánchez



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GRATITUD PERSONAL

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INTRODUCCIÓN
Este trabajo de investigación tiene varias connotaciones. Una, la condición de músico
de su autor, trabajo desempeñado durante años en la dirección de bandas y orquestas
sinfónicas, habiendo comprendido desde muy temprano, la absoluta importancia de la música
regional en todo su ámbito, es decir, a través de sus compositores, sus creaciones y la
interpretación de éstas. Otra, el haber cursado la escolaridad del postgrado en Ciencias
Políticas en el Centro de Estudios Políticos y Sociales de América Latina, Cepsal, de la
Universidad de Los Andes, donde adquirió herramientas para el análisis de la situación, que la
investigación histórica, oficio que ejerce por vocación, sin ser egresado en esa compleja área,
le reflejó, mostrándole un interesante encuentro en el cual la música y el poder son las
constantes de un período determinado.
El permanente interés por el análisis del espectro cultural del Táchira lo condujo a una
persistente observación. ¿Por qué de todas las expresiones artísticas, es la música la que
mayor atención social despierta? Esto se colige de una simple perspectiva por el ámbito
artístico de esta región, desde su formación como provincia autónoma en 1856. Músicos,
recitales, bandas por doquier, y ante todo, la cantidad de músicos notables ubicados en las
esferas del poder se hacen presentes como pianistas, violinistas, compositores y directores.
También ejercieron como presidentes del Estado, jueces superiores, magistrados, fiscales del
Ministerio Público, directores de gabinete, tesoreros, secretarios Generales de Gobierno,
administradores municipales, jueces de parroquia, militares, diputados, senadores y
presidentes de la Asamblea Legislativa.
Algún vínculo debe deducirse de tamaña presencia de variados intereses. Tal vez, el
Táchira sea único en este particular en el ámbito venezolano. Grosso modo, se presentaba un
interesante campo a abordar, ante todo, por la inclinación que siempre ha manifestado el
Ejecutivo tachirense en apoyar las artes musicales. En esto, valga decir, el ejercicio por parte
del autor, del cargo titular como director de Cultura y Bellas Artes durante tres años, entre
1996 y 1999, le permitió comprobar tal preferencia, concluyendo que más del 50% del
presupuesto está dedicado al fomento de la música, y un número considerable de músicos
forman parte de la nómina oficial, superando también ese porcentaje ante la presencia de
representantes de las otras expresiones del arte.
Por su condición de abogado, el autor hizo una revisión del arqueo jurídico cultural
producido por el Estado tachirense, hallando la existencia de documentos emitidos entre 1927
y 1928. Luego, la primera organización autónoma que el poder creó para la administración de
la cultura, llevó el nombre preferencial de Instituto Autónomo Estadal de Música. Dentro del
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mismo plano, la existencia de bandas filarmónicas, municipales, coros, orquestas y elementos


de la expresión musical en más de veinte municipios, aumentó ese interés.
Durante su ejercicio como burócrata al servicio de la cultura regional, tuvo la
oportunidad de realizar estudios superiores en Política Cultural en una universidad
colombiana, ante la inexistencia, en ese entonces, de esta rama académica en el país. Egresado
como especialista en Gerencia y Gestión Cultural, abordó con mayor entusiasmo el
comportamiento del ente administrador de la cultura, la Dirección de Cultura y Bellas Artes.
Por su lado, la investigación iniciada para cumplir la exigencia del CEPSAL-ULA permanecía
latente, madurándose con los elementos de interpretación del espectro cultural, su
comportamiento, sus nexos indiscutibles con el Estado, la promoción particular y la urdimbre
jurídica que se había formado. Alguna explicación debía resultar del trabajo propuesto ante las
autoridades académicas de Mérida, las que aprobaron la realización de la tesis “La Cultura
Musical Tachirense. 1869-1929”, transformada en este libro bajo el título “Música y Poder
Político”, subtitulado, “El caso tachirense 1869-1929”.
El período a estudiar tiene sus explicaciones. En primer lugar, 1869 constituyó el año
en que aparece la primera manifestación formal organizada de la música en el Táchira, a través
de la Sociedad Filarmónica de San Cristóbal, compuesta por notables representantes, algunos
de los cuales estaban vinculados con el ejercicio del poder político. Debe destacarse que
durante ese lapso, el Táchira vivió, por su propia estructura geográfica, un aislamiento, con las
inevitables consecuencias de indiferencia e indolencia por parte del Gobierno Nacional con
sede en Caracas. El Táchira, elevado a Provincia en 1856, luego Estado independiente desde
1864, era visto desde el centro de la República como tierra de forajidos, y como tal fue tratado.
Delegados Nacionales, misiones plenipotenciarias y demás enviados viajaban para llevar el
mensaje distante e invisible del Gobierno Nacional. En consecuencia, por razones afectivas,
geográficas y culturales, además de afinidades consanguíneas, el Táchira miró hacia Colombia.
En ese lapso la entidad fue anexionada de nuevo a Mérida, conformando el Gran
Estado de Los Andes con su capital en Trujillo. Desde 1879 y durante dos décadas, el Gobierno
Nacional pactó con los más conspicuos representantes del conservadurismo, quienes
gobernaron la entidad como un feudo. Liberales y conservadores se alternaron en el ejercicio
del poder, estableciendo las llamadas Secciones, consideradas como parcelas para fomentar la
anarquía, las rivalidades políticas, el vejamen, las guerritas locales y, en consecuencia, los
odios. Asimismo, la distancia geográfica con los centros de toma de decisiones permitió el
nacimiento de una cultura particular, manifestada en el surgimiento de un singular campo
musical ejercido por prestantes elementos de la sociedad, realizado exclusivamente por la
iniciativa privada, expresándose en espacios cerrados. En escasas oportunidades, estos dieron
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su apoyo a los frágiles gobiernos locales, amenizando las fiestas patrias que surgían en el
calendario político, haciéndose en sitios públicos no apropiados para ello, logrando aglutinar
un pequeño grupo de personas.
A través del ejercicio del poder desde Mérida o Trujillo, San Cristóbal quedó libre para
que su sociedad civil - conformada por elementos nacidos allí, unidos a individuos de las
culturas europeas, llaneras, las del centro, tildadas de centranas y las colombianas – produjera
un crisol cultural de enriquecedoras experiencias. La distancia del centro del poder permitió
ese avance social, sustentado en la enorme riqueza vivida durante los años de mayor
explotación del café, producto que modificó la balanza económica venezolana a través de su
exportación a destinos internacionales. Esta dinámica fue realizada por competentes y
prestigiosas firmas comerciales extranjeras, establecidas entre San Cristóbal, Cúcuta y
Maracaibo.
Este interés logró que la sociedad civil desarrollara la creación de vías de comunicación
expeditas para tal propósito, destacándose que la única salida del Táchira al exterior se trazaba
por territorio colombiano. Este tributo dejó de pagarse cuando en 1895, los rieles del
ferrocarril llegaron a tierra tachirense. El impulso del fuerte conglomerado civil que actuaba
por iniciativa propia tenía sus consecuencias en la educación, en la música, en el periodismo,
en el comercio y en la política.
Al estallar la Revolución Liberal Restauradora, otro orden se impondría. Un músico y
militar, Cipriano Castro, encabezó el ejército de doctores, militares, bachilleres, músicos y
campesinos que tomó el poder nacional en octubre de 1899. Meses antes, el Gobierno
venezolano restituía la Constitución de 1864, en consecuencia, la autonomía del Táchira como
estado independiente. En ese momento, el Estado se encontró con la decadencia de una
sociedad ante la caída inevitable de la otrora riqueza cafetera, diezmada, entre otras razones,
por las incidencias internacionales del producto, las plagas que atacaron los cultivos, los
alzamientos locales, la inestabilidad política y el decrecimiento de la presencia alemana en el
ámbito internacional con su máxima consecuencia, su derrota en la conflagración mundial
iniciada en 1914.
El Estado recibió la herencia cultural gestada en estos años de florecimiento por la
iniciativa particular. Aceptó tutelarla, siendo la expresión musical la única de las artes que
había obtenido un máximo desarrollo. La inclinación de Cipriano Castro por la música y la
presencia acentuada de músicos en la esfera política, motivó ese paso. Desde julio de 1903 el
Estado intervino, fomentando desde entonces, sistemática e ininterrumpidamente tal
particular al tutelar la Banda del Estado. Con elementos simples de administración, ésta
dependía exclusivamente del presidente del Estado, llamado gobernador en 1947. Medio siglo
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después el Estado creó la Dirección de Educación y Cultura y el citado Instituto Autónomo


Estadal de Música. Desde 1903 manifestó interés en asumir la inversión total del conjunto,
incluyendo su sostenimiento y orden interno, complementando su mantenimiento y la
incorporación de elementos propios de superación técnica.
Visto así, el Estado comprendió que con la música podía darle una significación
especial a los actos que gestaba en el calendario oficial. Fiestas públicas, efemérides,
celebraciones especiales, serenatas políticas y cantos al poder, eran factibles de ejecutarse por
la banda, ejecutando ésta en el formal y protocolar acto, los himnos y honores militares al
detentador del poder. Esa supremacía ante los demás actores sociales era posible con la
música, al interpretarse en espacios abiertos y cerrados, el canto del poder a su titular.
También el Estado dedujo que podía, a través del sonido, aglutinar las gentes en torno
suyo brindándoles un espacio diversivo. Entonces, mejoró y construyó plazas públicas con
todos los elementos necesarios de la institucionalidad política, de la religión civil: una estatua,
un busto, una glorieta, un espacio para la ofrenda, para el discurso altisonante, para el culto a
la personalidad, para la reverencia con genuflexión, para la exhibición pública del poder. Y en
tal pretensión, visto el avance de la sociedad, se hizo para sí sus símbolos: el escudo, el himno,
la bandera...
La banda, ahora oficial dejó de ser conformada por aquellos elementos prestantes de
la sociedad que la habían gestado. En adelante, sería constituida por músicos profesionales. La
elegancia y discreción del señorío artístico se replegó a los sitios privados que edificó para
refugiarse, como el club o la sociedad cultural. Los públicos se dividieron entre los asistentes al
teatro que disfrutaron de la zarzuela, la opereta, el recital y la velada, con toda la etiqueta,
pompa y circunstancia del momento. En paralelo estaban los oidores de la retreta compuesta
por valses, marchas y fantasías en la plaza pública. En un instante, el Estado advirtió que tenía
un público insatisfecho integrado por las colonias extranjeras, que habían escuchado en sus
tierras buena música. Esto lo motivó a contratar solventes conductores que imprimieron su
estilo autoritario, logrando la aprobación pública de exquisitos oídos. Pero el rigor iba por
dentro. Cualquier observación contra tal despotismo artístico fue castigada por ese Estado,
cual peligrosos subversivos, con la cárcel, con los grillos. El ámbito musical, por rivalidades
absurdas se tiñó de sangre, y desde entonces los filarmónicos fueron despreciados por el
colectivo.
Desde entonces, todo sería diferente. El Estado coartó con su presencia las
expresiones de libertad cultural expuestas por la sociedad civil. Los músicos-periodistas, los
músicos-institutores, los músicos-militares, los músicos-comerciantes, se replegaron dejando
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el campo para los músicos-músicos. Desde el momento de esa fuerte intervención, acentuada
con el uso despótico del poder, otro ambiente se gestó.
Sólo la presencia de otro músico-Presidente del Táchira, atenuó un poco el campo ya
desestructurado. Las evocaciones, los afectos y la nostalgia se adueñaron de una vida musical
influida por los elementos de la industria cultural que impondrían otros estilos y gustos. Esta es
la razón de la conclusión de esta investigación en 1929, momento cuando cesa el mandato
político de ese cuarto presidente del Táchira que había sido músico. Además, fue marcado por
la llegada al campo oficial de la música, de la Banda del Estado, del compositor y director
Marco Antonio Rivera Useche, quien impondría un ejercicio completamente diferente, noble y
adelantado.
En razón de lo expuesto, la investigación se orienta en las siguientes interrogantes:
1. ¿Permitió el aislamiento geográfico del Táchira la formación de una cultura especial
plasmada en el hecho musical como factor decisivo, gestada por la iniciativa particular
en la que sus exponentes fueron personajes estrechamente vinculados con el poder?
2. Luego de la intervención oficial a partir de 1903, ¿desarrolló el Estado una política
cultural a través del mecenazgo, permitiéndole emplear la música como elemento
constructor de sociedad e interventor del hecho político y social, manifestado en la
supresión de los planteamientos hechos por la sociedad civil anteriormente?
Estas propuestas tienen varias respuestas posibles emitidas por la investigación,
intentándose dilucidar en las siguientes páginas.















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A MANERA DE RESUMEN
Desde 1856, año en que logró su erección como provincia autónoma, separándose de
Mérida, el Táchira pudo reunir los más variados elementos culturales que lo transformaron en
crisol del pensamiento y de la acción. Es tal vez, el único caso en la convulsionada Venezuela
de la segunda mitad del siglo XIX, en que, a diferencia de episodios fratricidas y de continuas
tragedias de desolación, guerra y muerte, fue posible conformar un espacio particular para la
educación, la cultura, el afianzamiento de la identidad y la fabricación de una delicada
urdimbre de tejido social. Se hizo también dentro de un gran aislamiento geográfico,
principalmente de Caracas, cuyos gobiernos desatendieron los persistentes llamados y
requerimientos de sus habitantes que perseguían el progreso. De igual manera, el territorio
fue anexado durante veinte años al llamado Gran Estado Los Andes, dominado desde Mérida y
Trujillo, dejando a la deriva las iniciativas de la peculiar sociedad civil que se gestaba en tan
florido espacio. Sus monitores comprendieron la dimensión de la obra que deberían realizar a
expensas del Estado, que hizo caso omiso de su obligación.
Con la sede del poder político distante de San Cristóbal, se gestó entre los años 1879 y
1899, uno de los más grandes crecimientos económicos manifestados en el país. La producción
del café y su dinámica capitalista, efectuada por casas comerciales europeas, particularmente
alemanas, colocaron los números de las finanzas nacionales en dígitos jamás conocidos,
concluyendo en una floreciente bonanza que cambió la faz de la distante comarca. A ella
llegaron los más prestantes elementos de la cultura europea, especialmente italianos, corsos,
franceses y alemanes que llevaron su tenaz brazo y su mente ávida de negocios, trazando
particulares formas de actuar en el comercio, en la agricultura y en la apertura de vías de
comunicación, entre ellas, las que persiguieron dejar atrás, los días cuando debía pagarse
tributo a Colombia por la salida tachirense al Lago de Maracaibo. La fuerza promocional del
Gran Ferrocarril del Táchira, concluido en su primera fase en 1895, inscribió una desconocida
manera de viajar, y los puertos de Nueva York y Hamburgo recibieron, de primera mano, la
exquisitez del café producido en las tierras de Santa Ana o Rubio. Esto condujo a una innegable
proyección del apartado territorio, en todos los órdenes.
Muchedumbres provenientes de los Llanos, familias enteras que huían de los desastres
de la Guerra Federal se asentaron en San Cristóbal, cargando su pasado colonial para crear
empresas de toda índole, siendo la más significativa la explotación petrolera en La Alquitrana,
cerca de Rubio, a partir de 1878. Brazos forjadores del centro de la República llegaron como
políticos, soldados o aventureros en busca de paz. Tiples, bandolas, bambucos, pasillos,
periódicos, sacerdotes, masones, institutores y panegiristas pasaron la frontera colombiana
para huir de la persecución promovida por los “godos”. En el Táchira, la inmigración
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colombiana consiguió una fuente natural de crecimiento, un territorio apropiado a sus


intereses. Este mágico crisol de factores europeos, centranos, llaneros y colombianos
constituyó el Táchira como sociedad político-cultural. El tejido estuvo hecho de esa madeja. Al
contrario, mientras el país se desangraba en cambios interminables de gobernantes y pactos,
al menos, el Táchira vivía el esplendor de la bonanza económica con una interacción social en
provecho de lo educativo, lo comercial, diversivo, intelectual, empresarial, financiero, cultural
y social.
Así como el Táchira se nutrió de esas cuatro influencias, la música popular tachirense
es la única expresión artística que se formó de esa argamasa. De Europa llegó la polca, la
mazurca y el gran vals, conocido en Austria como ländler. De Los Llanos surgió el vibrante
joropo, que junto a los cagones, término con que eran conocidos los arreadores de ganado, y
un largo trecho de reses, pasaron a pie venciendo la Selva de San Camilo. Del centro, las manos
de prodigiosos pianistas hicieron oír el sincopado valse, y los brazos recolectores del café, los
institutores, periodistas y curas colombianos incorporaron el bambuco y el pasillo. Esta mágica
amalgama produjo lo que puede citarse como la primera manifestación de la música popular
tachirense.
Esta expresión fue realizada en primer lugar por la iniciativa particular. Los señores
prestantes de la sociedad, provenientes de otros lares incorporaron la música como una
expresión del alma, ejecutada en la música de cámara que los europeos interpretaron en tríos
de cuerdas presentados en solariegas casas, a las que sumaron los pianos cargados a lomo de
mula, destinados a las frágiles manos de las hijas de los musiúes, producto de estos con criollas
barinesas o tachirenses. Esas niñas contraerían matrimonio con los viajeros teutones que
horadaron esas montañas en razón de su faena comercial. A la tertulia cultural se agregarían
los generales, los doctores y los prestantes elementos que ejecutaban el piano, instrumento
del que manó la música que se adueñó de celosías y poyos, motivando serenatas y múltiples
honores. Esta música privada, íntima, hecha por los señores de bien, fue observada desde la
calle por los curiosos, por quienes comprendieron que no podían, por razones del prejuicio
social, de la distancia y del dinero, abarcar esos espacios.
Sin embargo, el mando público, avistó la necesidad de constituir pequeñas bandas de
música, llamando a esos elementos de primer orden para hacerlas. En consecuencia el general,
el doctor, el magistrado, el institutor, entre otros caballeros, empuñaron violines,
bombardinos y bajos de viento para dar algunos toques o tocatas en las fechas oficiales que el
Estado empezó a fundar. Peculiares efemérides que obligaban a las gentes a recordar el
pasado, a las glorias de la Patria, los fueros de la Nación.
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Ese apoyo esporádico no tuvo continuidad, porque el poder político, en lo físico, seguía
distante. En este estado de cosas, un grupo especial de músicos, de compositores, de
tañedores de instrumentos, incursionaba con fuerza en la vida pública. Llegaron a ser
gobernadores de la región, presidentes de la Legislatura, jueces de alto vuelo y magistrados
ejemplares, fiscales del Ministerio Público, diputados, senadores, concejales, presidentes de la
municipalidad, amén de institutores, grandes señores y verdaderos monitores que expresaron
su pensamiento a través de la prensa. De este modo, el vínculo entre música y poder político
se expresó en el Táchira de la segunda mitad del siglo XIX y primeros años del XX,
confeccionado con esa mágica mixtura sociocultural.
Luego del triunfo de la Revolución Liberal Restauradora, en 1899, con la que se
restableció el orden territorial planteado en la Constitución Nacional de 1864, el Táchira
retornó a su antigua condición de Estado. San Cristóbal era la capital física del poder político,
entonces sus efectos comenzaron a ser inmediatos, cercanos, tangibles. Estaban allí, cerca, no
en la distante Mérida, o en la colonial Trujillo. Esta decisión trajo otras consecuencias. Las
circunstancias mundiales que derrumbaron los precios del café, y una crisis económica
echaron abajo la floreciente industria de exportación. El Táchira había caído en un marasmo
inexplicable. La fuerte sociedad civil de otrora se debilitaba y no podía sostener bandas
musicales, menos sus vistosos programas dominicales.
El Estado comprendió que había llegado su hora de intervenir, haciéndolo en razón del
gusto filarmónico del general Cipriano Castro, quien extendió una nacional política de
mecenazgo cultural por todo el país, plasmada en compañías líricas, teatros, bandas y fiestas
que invadieron el ambiente. Además, Cipriano Castro era músico. Como última respuesta, la
iniciativa particular tachirense respondió con tres últimas manifestaciones, plasmadas en el
Teatro Garbiras (1904), el Club Táchira (1905) y el Salón de Lectura (1907). Después, todo lo
demás surgiría de las manos de los detentadores del poder político. En adelante, estos se
encargarían de dirigir la banda, dotándola de instrumentos y accesorios, además de pagar sus
músicos, sosteniéndolos. El conjunto filarmónico no sería conformado por la serie antigua de
doctores y generales. Siendo el Estado el nuevo mantenedor, la Banda se conformaría por
músicos de oficio, simples artistas. Los señores retornarían a sus salones de abolengo, con los
suyos.
El Estado haría sus propios espacios con la única de las disciplinas artísticas que servía
para tal cometido. Con la música creó la banda, y con la banda buscó reunir las gentes en razón
de retretas semanales, como medio de distracción social. Para ello acondicionó los terrenos
baldíos, convirtiéndolos en plazas con glorietas y escaños, ahuyentando a las gentes de mal
vivir, ante la presencia de distinguidas familias. Con la banda, el Estado se adueñó de esos
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sitios donde germinó la religión civil o ideologización propagada de bustos, estatuas y


monumentos a los que se ofrendaba en las fechas políticas de los diferentes regímenes, que
debieron tolerar las verdaderas y sentidas por la Patria. El establishment del poder se hizo
presente con sus instituciones, exhibiéndose con la banda de música. La intención era enseñar
al pueblo que el jefe era aquel a quien se le rendían los honores, a quien le ejecutaban himnos
y marchas militares. Ese mandamás tuvo en su puño, como haz mágico, la banda para rendirse
honores, para hacer picnics musicales, para brindar serenatas, llevando música a las escuelas, a
la cárcel, al asilo o al hospital. Comenzó siendo un dador de alegría sonora y comprendió que
utilizaba para su propósito un elemento de evolución social, de ornato público, de creación de
identidad, de tejido social, de progreso estético.
El Estado entendió que a través de la música era capaz de todo, hasta de coartar la
libertad de expresión de esa pujante sociedad civil, que al sentirse castrada se recluyó en sus
vetustos espacios de la galantería, de los finos modales y de la música de aires alemanes,
franceses e italianos. A la calle salió el acorde disonante del poder avasallador, con el que hizo
y deshizo a su antojo. Sin embargo, los músicos-mandatarios, en el caso estrictamente de sus
gobiernos en el Táchira, no participaron en la violación de derechos humanos, suscitando
ultrajes públicos, levantando deshonras morales. Al contrario, fueron hombres de disciplina,
llevándola desde su ontología musical, condición necesaria para conducir con método y orden
esos caminos. Esos seres supieron integrarse a los demás, como lo hicieron en los conjuntos
filarmónicos sometidos a la dirección de un solo hombre. Los músicos-mandatarios llevaron
esos esquemas de progreso a sus sociedades, creando el espacio necesario para la
composición de ese tejido particular en el Táchira que comprendió, en su momento, la hora
conclusiva de su aislamiento. El inexpugnable territorio se abrió ante la penetración de la
industria cultural, que invadió las carreteras que la dictadura abría para romper la barrera
infranqueable de las distancias con Caracas. Desde julio de 1925, el tortuoso viaje de tres
semanas entre San Cristóbal y la capital venezolana, empleando goletas y trenes, pudo
reducirse a cuatro días en automóvil. Nacía la Carretera Trasandina. El poder de Gómez lo
hacía posible.
La música surgida, bien desde el sector privado o del público, tuvo una peculiar escuela
que no profundizó en el dominio más allá de la interpretación, quedando un cultivo silvestre
de la composición. En su ejecución ahondó todos los espacios manifestados en la plaza pública,
el reducido pero único teatro, el señorial salón, las plazas de toros y las calles para efectuar
desfiles, carnavales, procesiones, y el singular recinto del templo católico. La música fue
empleada para acompañar la guerra, y con ella se hicieron las paces en búsqueda de armonía y
sensatez con Colombia en 1904, luego de los sucesos de julio de 1901, patentizados en la
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invasión de los colombianos y la batalla de San Cristóbal. Es tal vez, el único caso en Venezuela,
en que el arte es utilizado como elemento de concordia.
La música entró al Táchira, cual moda fulgurante, en los sones foráneos de foxes y
charlestones, en irreverentes ambientes juveniles que dejaron el boato y las refinadas formas
de cuadrillas decimonónicas. Se pasó del piano, del tiple, de la guitarra y de la bandola, a unas
extrañas pastas negras de las que salía música por medio de sofisticados aparatos que llevaban
nombres jamás escuchados. De allí tantos bautizados con el nuevo nombre de Víctor. Tiempo
más adelante, diría Ramón J. Velásquez, el clarinete daría paso al extraño saxofón,
instaurándose un nuevo modo de oír la melodía.
La música sirvió al poder y el poder a la música. Esta convirtió la simbología oficial en
algo audible, reconocido por los demás. Desde entonces, con su viso oficial, adquirió
reconocimiento, convirtiéndose en identidad, concepto manido y peligroso. De igual manera la
música cantó al poder, a sus hombres y mujeres, a los campos de lucha, a las batallas y
revoluciones, a los caídos en combate y a quienes sobrevivieron. Para todos, la banda fue
explotada en homenajear esos personajes, en afán cortés, o en gesto adulador de admiración
o lisonja del oferente. Por el uso de la música fueron ensalzados y perseguidos sus creadores,
humildes artesanos del sonido que murieron en la indigencia, en la miseria, sin protección
social, sin recuerdos, sin posterior gratitud. El poder político llevó la música al campo del honor
y al de la humillación, al de la degradación social, del mismo modo al de la creación de un
necesario orden jurídico para su administración y la incorporación a la Memoria Anual del
gobernante como un símbolo de progreso.
Este libro es único en este sentido. La forma de germinar el poder político tachirense
está impregnada de inevitables sonidos de viejas melodías, que deambulan en el inconsciente
colectivo de muchas generaciones. Toda una urdimbre mágica se teje en un misterio que
sobrepasa las partituras dominicales, el sonido de violines y flautas, el resonar de céntricas
glorietas, el tibio aroma de teatros y veladas. Es la comprensión del papel social y político del
artista del momento, indagándose en este estudio la manera de ejecutarlo en el papel de
pentagrama y en el oficio del poder, que en Ciencia Política, está compuesto de esos
elementos de fantasmagoría, misticismo y realidad, expresada en algo que va más allá del
afecto filarmónico.

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EL TACHIRA COMO ENTIDAD POLÍTICA


La formación de la tierra tachirense
Un proceso de autonomía política surgido desde mediados del siglo XIX dio vida propia
a lo que hoy se conoce como el Táchira. Sin embargo, sus antecedentes se remontan desde los
tiempos de la conquista. Fundada la ciudad de San Cristóbal en marzo de 1561, como villeta de
paso entre Pamplona (Colombia) y Mérida, el Gobierno español decretó la erección de la
Gobernación de La Grita y Cáceres en 1588, bajo la dependencia del Nuevo Reino de Granada.
A partir de 1607, este territorio pasó a formar parte del llamado Corregimiento de Mérida,
creado con los de la ciudad de Mérida y las villas de San Cristóbal y de San Antonio de
Gibraltar.1
En 1625, el Corregimiento fue elevado a la categoría de Provincia, comprendiendo el
territorio de las actuales entidades de Mérida, Táchira, Barinas y Apure. Por Real Cédula del 31
de diciembre de 1676, le fue anexionada la ciudad de Maracaibo para llamarse Mérida del
Espíritu Santo de Maracaibo. Cuando el rey Carlos III creó la Capitanía General de Venezuela en
1777, la Provincia de Maracaibo integró el estamento territorial que daría surgimiento al
nuevo país, a raíz de la gesta independentista de 1810, año en que surgió la Provincia de
Mérida, compuesta por los actuales estados Mérida y Táchira.2
En el territorio que se conocería como el Táchira, el Congreso Nacional erigió en 1835
el Cantón de Lobatera, sumándose los de San Cristóbal, La Grita y San Antonio.3 Veinte años
luego, en enero de 1855, un grupo de ediles de San Cristóbal promovió la constitución de una
comisión que elevara ante la Diputación Provincial y la Cámara de Representantes, “la división
de esta Provincia y que se excite a los otros Concejos Municipales de San Antonio, La Grita y
Lobatera, para que hagan igual solicitud a la posible brevedad”.4
La idea de separarse de Mérida, de pedir autonomía y construir su propia vida política
e institucional por parte de esos habitantes, creció cada momento. Esto condujo que el
Gobierno Nacional encomendara al general Carlos Luis Castelli, designado ante el Gobierno de
la Nueva Granada en funciones diplomáticas, para viajar por la Provincia de Mérida y
sustanciar un expediente sobre esas solicitudes de la parte oriental de ésta. Desde Cúcuta
envió, el 5 de abril de 1855, un informe al ministro del Interior, aconsejando

1
VILA, Marco Aurelio. GEOGRAFÍA DEL TACHIRA. Corporación Venezolana de Fomento. Caracas.
1957. Pág. 31.
2
Ídem. Pág. 31.
3
CONTRERAS SERRANO, Juan Nepomuceno. CENTENARIO DE LA PROVINCIA DEL TÁCHIRA.
Ejecutivo del Estado Táchira. San Cristóbal. 1956. Pág. 19.
4
MONTILLA, José Abel. EL TERRUÑO, LA PATRIA Y EL MUNDO. Biblioteca de Autores y Temas
Tachirenses. Tomo n° 72. San Cristóbal. 1977. Pág. 34.
19

que se lleve a efecto la división de la prova de Mérida en dos, conforme a la


petición que ya han presentado a la consideración de las Cámaras legislativas
muchos vecinos de los cuatro cantones occidentales, a saber: San Cristóbal, La
Grita, Táchira y Lobatera.5

FOTO 1. Carlos Luis Castelli


De nuevo, el Cantón de San Cristóbal solicitó, el 7 de febrero de 1856, ante el Congreso
Nacional la creación de la Provincia Torbes, formada por los cantones San Cristóbal, La Grita,
Lobatera y Táchira (como era conocido el actual territorio de San Antonio), los cuatro
pertenecientes a la Provincia de Mérida. Esta petición fue resuelta favorablemente el 11 de
marzo del mismo año, pero con el nombre de Táchira.6 En esta fecha, el Congreso Nacional
decretó la erección de la Provincia Táchira, integrada por los Cantones San Cristóbal, San
Antonio, Lobatera y La Grita.7 El día 14 de marzo, el presidente José Tadeo Monagas puso el
Ejecútese al Decreto que creó definitivamente la Provincia del Táchira, designando al abogado
zuliano Pascual Casanova como gobernador interino.

FOTO 2. Pascual Casanova. Primer


presidente de la Provincia del Táchira
En su condición de provincia, el Táchira presenció los avatares de la Guerra Federal
(1859-1863), situación que movilizó desde Los Llanos una interesante y provechosa corriente
migratoria, pues fue el Táchira una tierra de paz, distinta al país. Concluida la conflagración y
proclamada la Federación con la asunción al poder del mariscal Juan Crisóstomo Falcón, éste
constituyó provisionalmente el Estado Zulia con las provincias de Maracaibo, Trujillo, Mérida y
Táchira.8 De nuevo, la idea de independencia surgió de los munícipes de San Cristóbal, quienes
el 3 de agosto de 1863, proclamaron la soberanía e independencia del Estado Táchira con la
misma demarcación geográfica de la Provincia del Táchira.9

5
CARRERO, Manuel. CIPRIANO CASTRO. EL IMPERIALISMO Y LA SOBERANÍA NACIONAL
VENEZOLANA. 1895-1908. Biblioteca de Autores y Temas Tachirenses. Tomo n° 172. Caracas. 2000.
Págs. 58 y 59.
6
CARDOZO, Arturo. PROCESO DE LA HISTORIA DE LOS ANDES VENEZOLANOS. Biblioteca de
Autores y Temas Tachirenses. Tomo n° 109. Caracas. 1993. Pág. 123.
7
CHIOSSONE, Tulio. HISTORIA DEL ESTADO TÁCHIRA. Biblioteca de Autores y Temas
Tachirenses. Tomo n° 83-A. Caracas. 1982. Pág. 98.
8
CHIOSSONE, Tulio. Ob. Cit. Págs. 99-100.
9
AYESTARÁN, Ítalo. TÁRIBA EN LA HISTORIA DEL TÁCHIRA. Caracas. 1951. Pág. 20.
20

Constituida por convocatoria del mariscal Falcón, la Asamblea Constituyente de 1863,


la Provincia del Táchira presentó cinco diputados. La política autonomista surtió efecto cuando
el territorio fronterizo, independiente relativamente desde 1856, fue elevado a Estado
mediante decreto del presidente Falcón del 24 de noviembre de 1863.10 La séptima Carta
Magna de la República, promulgada por la Asamblea Constituyente el 28 de marzo de 1864,
reafirmó la situación del naciente Estado. Así, el Estado Táchira dictó, a través de su propia
Asamblea Constituyente, su primera Constitución, el 21 de septiembre de 1864, la cual lo
organizó como Estado Federal.11
Se configuraba una entidad autónoma con caracteres propios. Era una herencia
colonial implantada en esta tierra, en la que no vivieron personajes interesantes de la realeza
española, ni personajes de la nobleza, tampoco notables héroes de la Independencia. Lo
explica Ramón J. Velásquez señalando que
quienes fundaron ciudades, construyeron caminos, iniciaron el cultivo del
cacao, el añil y el algodón y fundaron los primeros rebaños, fueron españoles
del llamado estado llano, muchos de ellos, labradores que se encontraron en el
nuevo mundo sin la dominación que sobre ellos ejercía la nobleza en la
Península. Al crear riqueza y sentirse dueños de la tierra, se empeñaron en
establecer esas mismas diferencias sociales de que habían sido víctimas en su
nativa tierra europea.12

Esa manera de sentirse independiente de la nobleza, distante del poder, los condujo a
crear un nuevo sistema, que en consecuencia determinó particulares formas de ser, en la
extensión de la palabra, venezolano. Lo reafirma Velásquez, enfatizando ante todo que
durante esos siglos coloniales (siglo XVI al XVIII) las cinco Provincias que se van
a unir a partir del 8 de septiembre de 1777 tuvieron tiempo suficiente para
marcar las diferencias de comportamiento social, de afirmación de sus
creencias, de consagrar lo peculiar de sus costumbres, y de inventar la forma
de pronunciar las palabras. De calificar con nombres inventados a los animales,
de saber querer y odiar, de preferir unas cosas y rechazar otras. Es decir de ser
llanero, o andino, de ser oriental o guayanés.13

Ese es el estado de cosas que se vive durante el tiempo histórico marcado por esta
investigación, iniciado en 1869, año de constitución de la Sociedad Filarmónica de San
Cristóbal. Apenas dos años antes, en 1867, el Táchira se había anexionado al Zulia, para volver

10
FUNDACIÓN POLAR. DICCIONARIO DE HISTORIA DE VENEZUELA. Tomo 4. Caracas. 1997.
Pág. 8.
11
Ídem. Pág. 8.
12
VELÁSQUEZ, Ramón J. EL PAÍS Y SU GENTILICIO. En VENEZUELA Y... LOS PAÍSES
HEMISFÉRICOS, IBÉRICOS E HISPANOHABLANTES. Coordinador y Director Kaldone G.
Nweihed. Instituto de Altos Estudios de América Latina. Universidad Simón Bolívar. Caracas. 2000. Pág.
21.
13
Ídem Pág. 22.
21

a su anterior situación independiente el 1° de julio de 1868.14 Continuó como tal, hasta que el
30 de abril de 1879, en el gobierno del general Antonio Guzmán Blanco, se creó el Estado de
Los Andes, territorio integrado por los Estados Guzmán (Mérida) y Trujillo, convertidos en tres
secciones.15 De nuevo, el Táchira perdía su autonomía. Mérida volvía a ser su capital,
generándose desde ésta todas las acciones a desarrollarse en el rebelde territorio que
rechazaba tal imposición.

FOTO 03. San Cristóbal en 1870. Dibujo a


pluma de Anton Goering

En los estertores del Liberalismo Amarillo, el 3 de enero de 1899, la Legislatura del
Estado Los Andes admitió la separación de la sección Trujillo, quedando la conformación del
territorio compuesto por Táchira y Mérida, con su capital en ésta última.16 El proceso de
desintegración de la gran entidad era inminente. Unos días después, el 16 de enero, la
Asamblea Constituyente del Estado Los Andes, presidida por Juan Bautista Chávez, promulgó la
Constitución de esta entidad y la Ley de División Territorial el día 18. Mediante ésta, se designó
a La Grita como capital de este territorio.17

FOTO 03ª. Juan Bautista Chávez


El 27 de abril de 1899, el Congreso Nacional decretó la entrada en vigencia de la
Constitución de 1864, retornando la división política del país en veinte estados separados y
autónomos, en consecuencia, el Gran Estado Los Andes quedó disuelto.18 Al triunfar la
Revolución Liberal Restauradora, iniciada el 23 de mayo de ese año, liderada por el general
tachirense Cipriano Castro, éste, en su condición de presidente Constitucional de la República
dictó, el 28 de octubre de 1899, un decreto por medio del cual surgieron como unidades
autónomas los mencionados veinte Estados de la República, entre ellos el Táchira.19 Desde ese
momento, hasta la fecha, se mantiene tal orden.
Como bien lo señala Chiossone,

14
VILA, Marco Aurelio. Ob. Cit. Pag. 36.
15
Idem. Pag. 36.
16
Idem. Pag. 39.
17
CONSTITUCIÓN DEL ESTADO LOS ANDES. Enero de 1899. Archivo Histórico del Estado Mérida.
18
FUNDACIÓN POLAR. Ob. Cit. Tomo I. Pág. 153.
19
VILA, Marco Aurelio. Ob. Cit. Pág. 39.
22

la creación del Estado Táchira es necesariamente producto del triunfo de la


Federación, pues fue creado por la Constitución Federal de 1864. Sin embargo,
la formación del Estado como entidad autónoma, obedeció a un proceso
interno constituido por una serie de acciones políticas y militares que
empezaron a desarrollarse desde 1858.20

Se aplicó en este territorio la clásica definición de autonomía, referida por el
expresidente ecuatoriano Rodrigo Borja, según la cual
en el Estado federal son autónomas las circunscripciones territoriales en que él
se divide. Cada una de ellas tiene su propia ley y órganos gubernativos y
administrativos que la conducen. Las atribuciones en el orden legislativo,
ejecutivo y judicial que no han sido asignadas al gobierno central –denominado
también federal – competen a las circunscripciones autónomas.21

Luego de haber obtenido su gentilicio, los tachirenses o tachireños22, término
empleado por el gobernador Pascual Casanova para llamar a los habitantes de la novel
provincia, siempre demostraron su rebeldía cuando la entidad fue anexionada al Zulia o en
último caso al Estado Los Andes.

¿Un Táchira feudal y bárbaro?
En una parte de la historiografía nacional se ha tenido la desviada creencia de
considerar al Táchira como un mundo de salvajes, de bárbaros. Su aislamiento, los intrincados
caminos para abordarlo y la poca investigación que se ha realizado en tal sentido, conducen a
mostrar una incierta apreciación. Es desde 1899, con los sucesos de la Revolución Liberal
Restauradora, cuando empieza a tomarse interés por esa tierra de montañeses, que desde
luego, no eran ningunos irracionales. A partir de ese momento, otra ha sido la consideración.
Bien lo señala el autor en su oportunidad, diciendo que
el siglo XX es vital para la entrada del Táchira en el contexto nacional. La
Revolución Liberal Restauradora de 1899 permite conocer en la dimensión
venezolana una desconocida sociedad de militares, religiosos, comerciantes,
intelectuales, científicos, artesanos, campesinos y artistas. Todos hombres y
mujeres de trabajo muy distintos de las pretendidas hordas salvajes, con las
que algunos quisieron estigmatizar las variadas pero también singulares
formas de vivir y ser tachirense.23

20
CHIOSSONE. Ob. Cit. Pág. 99.
21
BORJA, Rodrigo. ENCICLOPEDIA DE LA POLÍTICA. Fondo de Cultura Económica. México. 1997.
Pág. 57.
22
CONTRERAS SERRANO, Juan N. Ob. Cit. Pág. 38.
23
HERNÁNDEZ CONTRERAS, Luis. MARTIN MARCIALES, HIJO. UN TACHIRENSE EN EL
TÁCHIRA. Fundación Martín Marciales Moncada. Mérida. 2002. Tomo I. Pág. 164.
23

FOTO 04. Revolución Liberal Restauradora



Sin embargo, la pérdida de la inicial autonomía y su anexión al nuevo territorio
decretado por Guzmán Blanco tuvo sus causas, entre ellas, la marcada distancia entre sus
poblaciones, la exigua atención por parte del devastado Estado Nacional, los pertinentes
alzamientos revolucionarios, la delincuencia y la necesidad de proyectar en el poder central el
clamor del olvidado territorio. Esto condujo que una serie de monitores sociales lanzara desde
1878, la obligatoria creación del llamado Estado Los Andes o Gran Estado de los Andes. Desde
San Cristóbal, el periodista Luis Felipe Briceño lo sostuvo en las páginas del periódico Unión de
la Cordillera.
Luego de considerar el sentir colectivo al aprobar esa nueva unión federal,
argumentando las ventajas del nuevo régimen “como heroico remedio para que la sociedad
recobre su aplomo, la ley su imperio, la moral su acción, la seguridad su asiento y la confianza
su camino”, ante las revueltas civiles fomentadas por instigadores de oficio, habiéndose
sucedido entre agosto de 1877 y junio de 1878 dos conmociones, llamadas “la Reintegración”
y “la Restauración”, el redactor consideró esa búsqueda de paz como la principal causa de la
unificación del nuevo estamento político, ante la inestabilidad surgida por la acción de grupos
desestabilizadores. Pues, según el citado Briceño
basta que cualquier aventurero reúna unos cincuenta hombres, aunque sea
mal armados, para que la paz se turbe, para que el Gobierno se ponga en tren
de guerra, y para que la sociedad se alarme y de allí surja la desconfianza;
mientras que en un Estado grande, potente y respetable, con gobernantes
enérgicos y rodeados del prestigio de todos los hombres de buena voluntad, se
hace imposible la alteración de la paz, y una vez que su territorio es más
extenso, toda tentativa de revuelta tiene que encallar o frustrarse al tratar de
combinarla por virtud del aumento que habría de tener el radio
revolucionario.24

Concluye, enfatizando que “ese mal podemos conjurarlo realizando la formación del
grande Estado compuesto de las pequeñas secciones del Táchira, Mérida y Trujillo.”25
Sin embargo, la violencia continuó. Las afrentas personales, los abusos de autoridad y
el vejamen público sucedidos entre 1882 y 1886, en la Sección Táchira gobernada por Marcos
Rodríguez y Francisco Alvarado26, fueron sustituidas por los episodios de la llamada “La
Aclamación Nacional”, proceso que permitió la vuelta al poder de Guzmán Blanco entre 1886 y
1888. En consecuencia, La Voz del Táchira, - órgano de esos intereses, dirigido por Alejandro

24
UNIÓN DE LA CORDILLERA. San Cristóbal. 4 de diciembre de 1878.
25
Ídem.
26
CÁRDENAS, Horacio. BIBLIOGRAFÍA Y HEMEROGRAFÍA DEL ESTADO TÁCHIRA. Biblioteca
de Autores y Temas Tachirenses. Tomo n° 107. Caracas. 1992. Pág. XXX.
24

Baptista, quien apoyaba al gobierno nacional de Joaquín Crespo, y al andino del caudillo
trujillano Juan Bautista Araujo, con Guzmán detentando las riendas nacionales - denunció las
atrocidades de los funcionarios de Crespo, ante la visita del delegado Nacional, Simón Bolívar
O’Leary, quien nombró a Nepomuceno Sánchez como gobernador interino.27

FOTO 05. Francisco Alvarado. Presidente


del Gran Estado Los Andes en 1886
El ambiente descrito por la prensa no podía ser más desolador, aún para el desarrollo
de cualquier movimiento artístico o social.
Ancianos y jóvenes vapuleados en las plazas públicas por los empleados de
policía; machetes quebrados en las espaldas de ciudadanos inermes; la
propiedad arrebatada como por piratas en alta mar; el hogar doméstico
allanado brutalmente por los soldados y rondas de policía armadas de fusil y
machete; señoras respetadas amenazadas de ser planeadas por esos mismos
agentes de policía, y echadas de su hogar para ser ocupado para cuartel,
hombres de lo más distinguido y honorable reducidos a la cárcel, cargados de
grillos, puestos en el cepo a la intemperie, y criminales puestos en libertad y
armados para matarlos al primer tiro del combate; potes de dinamita con
mecha lista para hacer volar cuarteles y otros edificios al aproximarse las
fuerzas libertadoras; las industrias monopolizadas; la libertad anulada en el
campo del sufragio y en la esfera civil, ahogada toda manifestación y hasta el
derecho de protesta, que es como la última válvula en la asfixia de la
atmósfera política cuando impera la tiranía, como ha imperado en el Táchira.28

El Gran Estado de Los Andes, constituido el 30 de abril de 1879, confirmado por la
Constitución del 27 de abril de 1881, no fue la solución a los problemas expuestos por los
ciudadanos que promovieron su creación. Ante la debacle expuesta, sucedida entre 1882 y
1886, un sector del Táchira aceptó la presencia de Guzmán en el Palacio Federal, respaldó el
liderazgo de los Araujo en Trujillo, acatando la designación del general Pedro Vallenilla como
presidente Provisional del Estado.29 El surgimiento de Cipriano Castro como líder regional, el
ejercicio de su presidencia de la Sección Táchira, el movimiento de la política nacional, y la
continuación de la violencia, originó una lenta corriente de rechazo público a la dependencia
de Mérida. Atrás quedaban los tiempos de considerar a Guzmán Blanco como “árbitro en la

27
LA VOZ DEL TACHIRA. San Cristóbal. 17 de julio de 1886.
28
Ídem.
29
LA VOZ DEL TACHIRA. San Cristóbal. 11 de septiembre de 1886.
25

decisión de las trascendentales cuestiones de Los Andes”.30 La existencia del Gran Estado era
discutida.
Así lo hicieron los redactores de El Fisgón, el abogado Tito Sánchez y el bachiller Jesús
Manuel Colmenares Pacheco, éste último, frustrado presidente del Táchira en 1910, cuando
debió dejar el mando por insania mental. En 1891 llevaban la vocería de quienes pedían de
nuevo la autonomía del Táchira. Describían la frustración, desesperanza y engaño por el que
había sido sometido el pueblo tachirense, defendiendo su rebeldía y hasta su desobediencia
ante las circunstancias. Sostuvieron que la creación del Estado Los Andes “fue aborto del
general Guzmán Blanco y de muchos de los que están en el poder en la actualidad, la cual
convenía a sus medidas políticas, y hoy venimos a sufrir las consecuencias”.31
Resaltaban la provechosa ubicación geográfica del Táchira, ofreciendo ésta variadas
alternativas para el comercio con Colombia, con los Llanos y cuestionaban la distancia con
Mérida, centro de las decisiones, la cual, paradójicamente, a pesar de las circunstancias,
fomentó una creciente participación de la sociedad civil en el desarrollo de lo económico,
social, educacional, diversivo y hasta en lo artístico. La pretendida creación de la entidad más
fuerte como un rechazo a las rebeliones civiles, se había convertido en un rotundo fracaso.
Dijeron así los redactores:
Es innegable que la misma posición, el número de habitantes, su comercio
propio, su riqueza y relaciones con Colombia, le hacen más importante; siendo
por esta misma razón capaz de darse una vida independiente. Por otra parte,
la distancia a la capital retarda la acción de los poderes, como los malos
caminos perjudican y las relaciones se perturban; aparte de los perjuicios que
por tales causas reciben los procesados. La distancia a la capital hace más
asequibles las invasiones y la impunidad de los delitos.32

La reacción merideña argumentó que con esas tendencias autonomistas, los
tachirenses se reducirían a la condición de parias, pues ante las autoridades nacionales “no se
oiría nuestra voz”. Los tachirenses respondieron que
es mejor conservar la dignidad y el buen crédito en un pequeño territorio que
no la desconfianza en una vasta extensión. Es muy triste vivir aniquilado,
empobrecido, de esperanzas desvanecidas, siguiendo una vida indiferente y
adormecida bajo el imperio de quien de ninguna manera puede jamás hacerle
feliz.33

En el periódico Eco de Occidente, Pedro María Morantes, libelista y divulgador de las
atrocidades y desmanes del gobierno de Cipriano Castro, publicó en abril de 1897, bajo el

30
Ídem.
31
EL FISGÓN. Táriba. 14 de mayo de 1891.
32
Ídem.
33
Ídem.
26

seudónimo “SCN”, un artículo titulado “Andinismo”, propiciando la idea de un Táchira


autónomo, una entidad federal propia. Ante las elecciones a la legislatura nacional, cuestionó
en primer lugar que “ninguno o muy pocos de los que la componen son andinos”, denunciando
que el creciente movimiento regionalista o “autonomista reivindicador de sus derechos de
entidad federal” era una reacción contra las antiguas imposiciones, contra la determinación
del poder central al excluir los propios liderazgos de las regiones, designando a sus lisonjeros
en tal representación. Subrayó que si el gobierno es autónomo, “no comprendemos por qué
nos hablan de federación los políticos, ni de Bases de Unión nuestra carta fundamental”.34

FOTO 06. Pedro María Morantes


Usando sus argumentos de abogado, Morantes rechazaba la imposición de
gobernantes que no conocían la realidad de la región, es decir, los funestos delegados
nacionales o enviados plenipotenciarios del Presidente. Además, protestaba el nombramiento
de jefes ajenos a las necesidades que afectaban a sus habitantes. No era un provincialismo
arcaico el que instaba esta rebeldía, “sino que defendemos esa forma de gobierno consagrado
por la ciencia política que se llama Federación, pues la principal atribución de un Estado
Federal después de la administración de su renta, es la de darse sus mandatarios y
representantes”, como lo concluyó en otra edición publicada con su propia firma, dos meses
después.35
La Constitución Federal de 1864 permitió el nivel de anarquía fomentado por las
distancias geográficas de los centros del poder. Fueron los tiempos de anexiones caprichosas
según los intereses de el señor del Zulia o el señor de Trujillo. Instalado Guzmán Blanco en el
poder, entendió que en el caso andino, debía pactar con los rancios conservadores para
detentar el poder, sabiendo que estos reconocían su alta investidura, aun siendo liberal.
Arturo Cardozo simplifica este enmarañado proceso.
De este modo se desenvuelve la política andina: se alternan los gobiernos
constitucionales, de los liberales y los gobiernos de ipso de los conservadores.
Como períodos de “relleno” aparecen las reorganizaciones de los Delegados
Nacionales. Así se llega hasta el año 1881, cuando Guzmán Blanco decide
reducir a trece los veinte feudos que integran la República. La Cordillera pasa a
ser una sola Entidad Federal y el Gral. Juan Bautista Araujo, el “hombre fuerte”
de Los Andes, recibe el señorío del gran Estado. La Asamblea Regional
Constituyente, reunida en Timotes, expulsa de su seno a los diputados liberales
del Táchira, pero estos regresan y se les admite por orden de Guzmán.36

34
ECO DE OCCIDENTE. San Cristóbal. 29 de abril de 1897.
35
LOS ANDES. San Cristóbal. 1° de julio de 1897.
36
CARDOZO, Arturo. PROCESO DE LA HISTORIA DE LOS ANDES. Biblioteca de Autores y Temas
Tachirenses. Tomo 41. Caracas. 1967. Pág. 94.
27

El Táchira, crisol cultural


Entre 1869 y 1899, transcurren diez años de autonomía política (1869-1879), hasta la
creación del Estado Los Andes. Vendrían veinte años de nueva dependencia de Mérida (1879-
1899). Fueron tiempos de incorporación de otras culturas a la región, la europea con sus
alemanes, corsos, franceses e italianos que sembraron la tierra, explotaron las vías de
comunicación y dinamizaron de forma capitalista el cultivo, recolección y exportación del café
a los puertos europeos y norteamericanos; la llanera, que huía de la devastadora Guerra
Federal, consiguiendo paz en San Cristóbal; la centrana y zuliana que arribó con sus
mercaderes, viajantes y artistas; y la colombiana con su notoria influencia de periodistas,
institutores, comerciantes, militares, sacerdotes, músicos, artesanos, campesinos, criadores y
recogedores del café que traían en sus alforjas todo un crisol cultural.
Fue el Táchira que asentó a notables familias, acérrimos enemigos, probos
magistrados, funestos mandatarios, y a quienes han construido una imbricada urdimbre social
en razón del hecho cultural. Se manifiesta la rebeldía de una entidad que rechazaba su
aislamiento, su abandono por parte del gobierno central. Las difíciles vías de comunicación con
Venezuela obligaban su mirada a Colombia. Bogotá siempre fue más cercana para el
tachirense que Caracas. Pamplona y Tunja irradiaron su conducta. Desde 1925, ese habitante
pudo acercarse a la capital venezolana en una semana, en condiciones climáticas favorables,
gracias a la Carretera Trasandina. De lo contrario, esa montaña incomunicada, separada,
desamparada, produjo una particular forma de cultura, manifestándose, en primer lugar un
atenuado mecenazgo exteriorizado en los precarios capitales privados invertidos para hacer un
hecho estético. Esto fue seguido por una tímida incursión del Estado, con una posterior
intervención, confundiéndose la voluntad del mandatario con la institución musical que le
brindaba, ante todo, la posibilidad de distinguirse de los demás. La banda podía interpretar en
su honor, dentro de un protocolo fabricado, los himnos que representaban el poder,
marcándose la diferencia con los demás, que en reiteradas ocasiones, ni siquiera eran
considerados como ciudadanos. Este paisaje, según Spengler, citado por Borja, condicionó la
cultura. Es el manifiesto telurismo, concebido como “la influencia de la tierra y el paisaje sobre
el ser humano y su quehacer cultural.”37
Se hace necesario destacar esas diferencias, las manifestadas cuando la sociedad civil
sostenía el hecho cultural cuando la capital del Estado estaba en Mérida, es decir, durante la
autarquía evidenciada en los veinte años del Estado Los Andes. Al contrario, están las
evidenciadas cuando se reduce la territorialidad, y en consecuencia, la independencia

37
BORJA. Ob. Cit. Pág. 195
28

institucional a través del proceso de autonomía política, en una cercanía del poder, instalado
de nuevo en San Cristóbal como capital del Táchira. En esta circunstancia el Estado y sus
representantes, comprendieron que apoyando las artes musicales, tenían una vía de
distinción, más bien de diferenciación, creando la simbología que distancia al mandatario de
sus mandantes.

FOTO 07. San Cristóbal en 1893. Foto de


Quintilio Gavassa
En el caso del Táchira que surgió a raíz de la Revolución Liberal Restauradora de 1899,
la intervención del Estado en el hecho cultural se iniciaría un lustro después, prosiguiendo
desde entonces hasta la actualidad. Sin embargo, los monitores culturales de ese Táchira de
comienzos del siglo XX, se consideraban herederos de un proceso social que describieron así.
El Táchira había venido en una elaboración penosa desde hacía muchos años.
Dos bandos se disputaban la dirección de sus destinos. En esa lucha acerba y
prolongada se moldearon caracteres dignos de Roma y de la antigua Grecia;
eximios varones de uno y otro partido se distinguieron: hombres como
Villafañe, Pulido, Garbiras, los Cárdenas, los Guerreros de La Grita, el Dr.
Briceño, Niño, Jácome, los Entrenas, el Gral. Baldó, Ramón M. Maldonado y
tantos otros, honra y prez de esta región, que pusieron su inteligencia y sus
virtudes al servicio del país y que sostuvieron con tenacidad ejemplar y con
aliento de poderosa energía, digna quizá de mayor causa, pero no por eso
menos benemérita, lo que creía su derecho. En ese pasado fecundo, en esa
lucha embravecida, se formó esa pléyade de hombres de que la restauración,
dirigida por uno de los varones más esclarecidos de este suelo, el Gral. Castro,
ha esparcido por todo el ámbito de la República, distinguiéndose en todas
partes por su carácter viril y su capacidad. Los directores de la Nación y de
algunos Estados bebieron en aquellas fuentes y tendrán puesto distinguido en
nuestra historia.38


La subjetiva apreciación deja a un lado a sus opositores. El triunfador aquí escribe la
historia, sin advertir que, de un momento a otro, todo cambiaría. En 1908, un golpe de Estado
condujo a Juan Vicente Gómez al poder, deponiendo a su compadre Cipriano Castro. Este
mandato concluirá con su muerte en diciembre de 1935, por lo que, por razones de la
demarcación del período a estudiar, se está ante la presencia de gobiernos que interpretaron
el hecho cultural como un campo para destacar el ámbito musical, excluyendo las otras artes.
Entretanto, los gobernantes del Táchira, siendo este autónomo o dependiendo de la
jurisdicción de Mérida, mantuvieron particulares relaciones con la música, sus cultores y sus

38
ECOS DEL TÁCHIRA. San Cristóbal. 5 de octubre de 1906.
29

instituciones, siendo algunos destacados ejecutantes. Una peculiar relación se evidencia. Por lo
tanto, las posturas de la política cultural fueron manifestadas de manera tácita, pero
determinante.
El Táchira como marco geográfico permitió, entre 1869 y 1929, la exposición de
variadas expresiones culturales y sociales. La ciudad de San Cristóbal, en particular, fue
epicentro de importantes comercios de origen europeo, importadores de mercancías y
exportadores de café. Dos colegios federales, algunos nacionales y otros municipales fueron
albergue para la juventud que buscaba superarse. Se constituyeron bandas de música muy
incipientes, algunos conjuntos instrumentales, organizaciones de mínima estructura, y solistas
locales ofrecieron su talento en peculiares espacios a través de recitales, veladas y conciertos,
en los que participaron generales, doctores, institutores, estudiantes, señoritas de reconocidas
familias, funcionarios públicos, comerciantes, oficinistas, hasta músicos de oficio.
Muchos periódicos y escasos libros fueron publicados por escritores regionales.
Algunos de ellos dejaron sus producciones en las páginas, luego archivadas por celosas
hemerotecas, como la de don Tulio Febres Cordero en Mérida. La institucionalidad, el
afianzamiento del territorio, los llamados valores regionales fueron traducidos en himnos,
escudos y banderas. La ciudad mostraba su adelanto urbanístico con nuevos barrios, parques,
plazas, bustos y estatuas, y los progresos de la técnica como el alumbrado eléctrico, el
telégrafo, el teléfono, el cine, el fonógrafo, la máquina de escribir, el ferrocarril y el automóvil
asombraban a los maravillados parroquianos.
Las fiestas de enero de San Cristóbal servían para el acercamiento con sus congéneres
colombianos, construyéndose precarios caminos y puentes para el tránsito de gentes y
mercancías. La ciencia exponía su adelanto con intervenciones quirúrgicas realizadas en la
ciudad por facultativos graduados en Mérida, Caracas o Europa. El arte musical era enseñado
en la capital, y en sus minúsculos distritos por conspicuos representantes de las clases sociales,
inclusive militares. El Estado consideró necesario apoyar la banda gestada por la iniciativa civil,
coartando con ello su crecimiento, con su inesperada intervención desde 1903. Esta
corporación logró adelantos jamás sospechados, con la presencia de connotados músicos
oriundos de Colombia y del Llano, que expresaban su talento en las muy concurridas retretas
dominicales, una distracción común de esa ciudad.

FOTO 08. San Cristóbal en los años 20.


Esquina calle 8 con carrera 6
30

La población crecía paulatinamente. En 1920, la capital tachirense tenía 21 mil y tantos


habitantes,39 que tenían a su disposición un centro cultural como el Salón de Lectura fundado
en 1907, varios clubes sociales y cinco bibliotecas. La fe católica se profesaba en dos templos
(Catedral y La Ermita), y los asuntos civiles, mercantiles y criminales eran sustanciados y
decididos por la institucionalidad judicial.
El Táchira afianzaba su forma autónoma. Aun dependiendo de Mérida, en los años
del Gran Estado de Los Andes, tenía vida propia. Las distancias, la indiferencia e
irresponsabilidad de los mandatarios centrales con sus funciones, la obligaban crear una forma
propia de conducción. Vivió por su condición geográfica este fenómeno, mostrando ese
desarrollo particular, con un gran aislamiento de los centros nacionales del poder. También fue
el territorio de las persecuciones, de la anarquía, del oprobio, de la irracional violencia, de la
comidilla política, del entredevoramiento de las facciones políticas y de la desidia
administrativa en el manejo de la cosa pública. Fue, además, un suelo forajido, pasto de
crímenes, atentados y lances personales. En determinados momentos, y por fuerza del orden,
se impuso la paz.
Recorrió épocas de relativa concordia ciudadana desde el siglo XX con los mandatos
regionales de Celestino Castro, Jesús Velasco Bustamante o Luis Varela. El gomecismo designó
entre 1909 y 1929 como presidentes a Aquiles Iturbe, José María García, Régulo Olivares,
Pedro Murillo, Eustoquio Gómez y Juan Alberto Ramírez.40 El general Eustoquio Gómez
implantó un severo régimen represivo entre 1914 y 1925, cambiando el estado de cosas para
originar una castración del orden social, inclusive del musical, a cambio de una paz duradera.
La ciudad de San Cristóbal vivió largos períodos de desarrollo, también algunos de
anomia colectiva. Una refriega intestina, el volcamiento de la pasión política, la visita de algún
personaje notable o una noticia impactante, despertaban el aletargado pueblo, descrito en
1894 como una sociedad “un tanto retraída y apática”, en la que el extranjero “se siente mal
impresionado en los primeros días, pero el trato exquisito y franco de las señoras, y la cultura
de los caballeros, bien pronto le hacen querer estas simpáticas regiones”.41

EL HECHO MUSICAL
Inicios de la música en el Táchira
Datos dispersos y sueltos se consiguen sobre la realización de la actividad musical en el
Táchira. El historiador Samir Sánchez, cronista de Lobatera, en el Libro de la Cofradía de

39
DIARIO CATÓLICO. San Cristóbal. 11 de febrero de 1925.
40
CÁRDENAS BECERRA, Horacio. Ob. Cit. Pág. XXXII.
41
EL CONTADOR. San Cristóbal. 1° enero de 1894.
31

Nuestra Señora de la Concepción, abierto el 22 de marzo de 1774, logró encontrar algunos


elementos, destacándose el gasto de ocho pesos para la adquisición de cuerdas para el arpa e
instrumentos de música en 1799; el pago a un clarinero por “el trabajo de tocar en Víspera y
día de la festividad de la Patrona”, en 1810, la compra de voladores para tal efecto y la
existencia en el inventario de la parroquia de “una arpa vieja” en 1824.42
Con motivo del arribo de Pascual Casanova, primer gobernador de la Provincia del
Táchira a San Cristóbal, el 30 de junio de 1856, el historiador Juan Nepomuceno Contreras
Serrano hace referencia a otra actividad musical. Al describir el desfile de entrada a la ciudad
por parte del funcionario, relata que
seguido de lujoso acompañamiento de vecinos de Táriba y San Cristóbal,
continuó su marcha el señor Casanova, a las dos de la tarde, hacia la capital de
la provincia. En el barrio de la Ermita una banda de música, allí apostada, el
Cuerpo de Policía de riguroso uniforme, banderas desplegadas y numeroso
público, rindiéronle honores con una descarga de fusilería, música, fuegos
artificiales y otras demostraciones de regocijo popular.43

La tercera noticia, hasta ahora hallada, es la creación de la Sociedad Filarmónica de San
Cristóbal, cuya acta de instalación en el Colegio del Táchira por parte de los ciudadanos
Antonio María Delgado, Luis Felipe Briceño, Manuel Hernández, José Ignacio Cárdenas y Juan J.
Rangel, fue publicada en Correo del Táchira el 28 de agosto de 1869.44 El primero de ellos,
Delgado, se desempeñó como secretario General de Gobierno del Táchira en 1871 y juez de
Primera Instancia en lo Civil. Casado con la institutora Josefa Briceño, fue el padre del pianista,
compositor, abogado y funcionario público Antonio María Delgado Briceño (c. 1869-1921),
compositor del valse Quejas del Alma. Falleció en Guanare en octubre de 1903.45 Briceño,
igualmente músico y periodista fue uno de los fundadores del Partido Liberal del Táchira.
Amigo de Guzmán Blanco, con quien mantuvo importante epistolario, destacó en su periódico
El Porvenir (1872-1883), buena parte de la vida social y política de la época.46 De los demás,
hasta la fecha, no se ha encontrado mayor referencia.

La enseñanza de la música
Precarias bandas, conjuntos instrumentales que actuaban en ciertas reuniones
oficiales, actos escolares, además de la presencia de solistas en esporádicos recitales de orden

42
LIBRO DE LA COFRADÍA DE NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO DE CHIQUINQUIRÁ. (1774-
1850) Archivo de la Iglesia Parroquial de Lobatera. Táchira.
43
CONTRERAS SERRANO, Juan Nepomuceno. Ob. Cit. Pág. 32.
44
CORREO DEL TÁCHIRA. San Cristóbal. 28 de agosto de 1869.
45
HERNÁNDEZ CONTRERAS, Luis. DICCIONARIO DE LA MÚSICA EN EL TÁCHIRA. Proculta.
San Cristóbal. 1999. Pág. 78.
46
Ídem. Págs. 53-54.
32

familiar, eclesiástico o a favor de alguna obra social, surgieron en esos tiempos. En la


formación o instrucción de músicos, este proceso se realizaba según la vieja usanza de la
relación entre maestro y alumno, en clases particulares pues no existían escuelas de música,
menos conservatorios.
En este sentido de la enseñanza, se evidencia un gran interés en los tres últimos lustros
del siglo XIX. La presencia de artistas e institutores extranjeros y de músicos no nacidos en San
Cristóbal motorizó este paso, como lo realizara el barinés Diego García y el ingeniero bogotano
Teodosio V. Sánchez en 1887.47 Este último dictaba clases de piano en 1891, usando el Método
de Bertini.48 La ejecución del piano era enseñada en el Colegio de Señoritas del Sagrado
Corazón de Jesús, regentado por la también colombiana Amalia de Vargas en 1892.49 Otra
dama, Olimpa Crowther, funcionaria de la casa alemana Andressen Möller, exportadora de
café, ofrecía “dar lecciones de piano y canto a precios módicos” en marzo de 1894.50

FOTO 09. Casa Andressen Möller (1891),


luego Casa Steinvorth
El Boletín Comercial editado en Táriba por José Trinidad Colmenares, publicó en varias
ediciones de 1897, la lista de los docentes musicales esparcidos por el Táchira, denotándose la
importancia de esta actividad. La enseñanza artística era dirigida por el militar Florentino
Vargas en Colón; Luis Gonzaga Vivas y Santos Colmenares en Lobatera; Román Sosa y Jesús
María Mora en Seboruco; el merideño Emilio Muñoz y el colombiano Ramón Vera Guerrero en
La Grita; los colombianos Alejandro Fernández, Domingo Bolívar y Gabriel Bargalló en Rubio; el
maestro Rosario Añez y la señora Florinda de Avendaño en Táriba; Jesús Velasco Bustamante y
Abraham Parada en Capacho, advirtiendo que el primero llegaría a ser general y presidente del
Estado, además de cuñado de Cipriano Castro. En San Cristóbal la profesión estaba
representada por el funcionario municipal y violinista Eloy Galaviz, el general José Ascensión
Niño, el magistrado Régulo Bustamante, los comerciantes Diego García y Antero García
Espinel, el guitarrista y pianista Hermenegildo Rivera, el funcionario público Ramón Vargas,
padre de Ramón Eugenio Vargas, abogado y autor de la letra del tercero y actual Himno del
Táchira, y el mencionado Teodosio V. Sánchez,51 quien en 1914, aún regentaba el Colegio del
Sagrado Corazón de Jesús donde se impartían “clases de canto, piano e instrumentos de

47
LA PAZ DEL TÁCHIRA. San Cristóbal. 14 de julio de 1887.
48
EL CONTADOR. San Cristóbal. 1° de agosto de 1891.
49
EL CONTADOR. San Cristóbal. 15 de febrero de 1892.
50
EL CONTADOR. San Cristóbal. 15 de marzo de 1894.
51
BOLETÍN COMERCIAL. Táriba. 20 de enero de 1897.
33

orquesta” dirigidas por él, la pianista colombiana Julia de Blen y el merideño Caracciolo
Lamus.52

Foto 10. José Trinidad Colmenares


Otra referencia notifica la presencia de dos músicos colombianos en el Táchira de la
segunda mitad del siglo XIX. Así lo sostuvo Emilio Constantino Guerrero, historiador,
jurisconsulto y ex presidente de la República, quien escribió en su obra El Táchira, Físico,
Político e Ilustrado, publicada en 1905, que
Nada se sabe de los progresos de la música clásica en épocas pasadas entre
nosotros. Nuestras crónicas no recuerdan el nombre de ningún artista que
sobresaliese verdaderamente en el arte de Euterpe. Algunos maestros
granadinos enseñaron la música en nuestros pueblos, a mediados del siglo
anterior, y aún hay ancianos que los recuerdan con verdadera admiración:
entre ellos pueden nombrarse los maestros Secundino Jácome y Julio
Quevedo.53

Según el presbítero Raimundo Ordóñez Yáñez, Jácome era natural de Cúcuta y fue cura
de Gramalote, Norte de Santander, describiéndolo como “muy definido por la música, a cuyos
acordes sus canas toman un aire juvenil”, resaltando su condición de compositor de “algunas
misas”.54 La presencia en tierras tachirenses del bogotano Quevedo Arvelo (1829-1897), hijo
del coronel caraqueño, violinista y edecán del Libertador, Nicolás Quevedo Rachadell, donde
“se radicó en Michelena y allí construyó un órgano (el de Zipaquirá fue construido por él),
luego pasó a Táriba, donde compuso su bellísima misa del mismo nombre, más comúnmente
conocida por su tonalidad Mi bemol”, es citada por el historiador colombiano, el presbítero
José Ignacio Perdomo Escobar.55 Otro colombiano e institutor musical fue el pianista y
compositor Luis David Villamizar, quien enunciaba una larga lista de autores con la que
enseñaba su escuela moderna pianística con detalles a perfeccionar en mecanismo, expresión
y ejecución trascendental en marzo de 1904.56

52
HORIZONTES. San Cristóbal. 3 de octubre de 1914.
53
GUERRERO, Emilio Constantino. EL TACHIRA FÍSICO, POLÍTICO E ILUSTRADO. Tip. Herrera
Irigoyen. Caracas. 1905. Pág. 304.
54
ORDÓÑEZ YÁÑEZ, Raimundo. GRAMALOTE. En Gaceta Histórica del Centro de Historia del Norte
de Santander. Cúcuta. Enero a Junio de 1961. Nos. 51-52. Pág. 91.
55
PERDOMO ESCOBAR, José Ignacio. HISTORIA DE LA MÚSICA EN COLOMBIA. Academia
Colombiana de Historia. Bogotá. 1963. Pág. 139. Encontramos en los archivos musicales del Archivo
Nacional de Música de Bogotá, la partitura de la citada Misa.
56
VARIEDADES. San Cristóbal. 5 de marzo de 1904.
34

FOTO 11. Julio Quevedo Arvelo


Esa fue la Escuela en la que aprendieron los músicos tachirenses de fin de siglo. No
hubo por parte del Estado interés alguno en fomentar la enseñanza, complejo proceso para el
que se requiere sistematización, método, organización y una alta dosis de paciencia. Fue hasta
1903 cuando la Banda Sucre, institución sostenida por los comerciantes de San Cristóbal,
comenzó a ser tutelada por el Estado transformándose en Banda Oficial, en manifiesto inicio
de una desconocida e indirecta política cultural. Siete años después, la iniciativa de un
gobernante tachirense, el general Régulo Olivares, interesado en crear una Escuela de Artes y
Oficios, concluyó en una incipiente pero efectiva aula musical dirigida por Nicolás Costantino,
músico italiano que se encargó de la conducción de la Banda del Estado en junio de 1910. Así
lo relató uno de sus discípulos, Marco Antonio Rivera Useche, al periodista José Mardonio
González, quien lo refiere en su trabajo Sencillamente un Maestro.
Régulo Olivares encarga al Maestro Nicolás Constantino (sic)57 la tarea de
remozar la Banda del Estado. Y para ello se abre una Escuela de Música, la que
va a funcionar en el Hotel de doña Evarista Vega, más tarde conocido como el
Hotel Royal, en las vecindades de la Plaza Bolívar. En la Escuela se inscribirá
Rivera Useche, junto a un puñado de ex compañeros de Educación Primaria. Al
cabo de seis meses, el Maestro Constantino considera que sus muchachos
están listos para el primer “concierto” público. El que agrada tanto al general
Olivares, que decide pagar diez bolívares por actuación a cada uno de los
ejecutantes de la que más adelante será la nueva Banda del Estado.58

Fuera de estas iniciativas, consideradas como nobles gestos de algunos mandatarios,
mas no una política educativa del Estado en el área de las artes auditivas, la primera
participación de éste, en el sector de la formación de artistas surgió el 25 de agosto de 192659,
cuando mediante decreto, el general Juan Alberto Ramírez, antiguo ejecutante del
bombardino de la Banda de Rubio, y en esa ocasión presidente del Táchira, designó a su viejo
amigo y maestro Alejandro Fernández en el cargo de director de la Escuela de Música del
Estado, con las cátedras de “teoría y solfeo, clarinete, bombardino, flauta, cornetín y demás
instrumentos requeridos para el aprendizaje del arte filarmónico”,60

57
Los documentos oficiales lo citan como Costantino.
58
GONZÁLEZ, José Mardonio. SENCILLAMENTE UN MAESTRO. MARCO ANTONIO RIVERA
USECHE. Publicación del Banco Hipotecario de Occidente. San Cristóbal. 1989. Pág. 17.
59
HERNÁNDEZ CONTRERAS, Luis. DICCIONARIO DE LA MÚSICA EN EL TÁCHIRA. Pág. 87.
60
PEÑÍN, José y GUIDO, Walter. ENCICLOPEDIA DE LA MÚSICA EN VENEZUELA. Tomo I.
Caracas. 1998. Pág. 551.
35

La enseñanza musical en Caracas


Inclusive a nivel nacional, el Estado manifestaba un mínimo interés por las artes. Fue
hasta abril de 1877, cuando el presidente de la República, general Francisco Linares Alcántara,
fundó el Instituto Nacional de Bellas Artes, dirigido por Ramón de la Plaza. Como lo expresa el
presidente del Consejo Nacional de la Cultura, en el prólogo a la redición de Ensayos sobre el
Arte en Venezuela, escrito por de la Plaza en 1883, “esta incipiente organización cultural que
por primera vez asumía el Estado venezolano era el reflejo de una inquietud popular que ya
compelía al gobierno a preocuparse por los altos requerimientos del espíritu y tomar la
responsabilidad de atenderlos”61
El propio de la Plaza informaba al ministro de Fomento que
la música aunque ha sido entre nosotros acaso la más descuidada, presenta sin
embargo el contraste de ser la que ha logrado mejor provecho, produciendo
artistas capaces de ejercer el profesorado, estando de su parte las buenas
disposiciones y medianos estudios.62

En comunicación dirigida a los presidentes de los Estados, el 24 de agosto de 1877, de
la Plaza hizo una atinada observación sobre la ausencia de propuestas de instrucción artística
por parte del Estado venezolano.
Venezuela, por una de esas raras inconsecuencias de sus gobiernos, había
descuidado tanto la atención del importante ramo de la enseñanza de las
artes, que ha sido necesario el transcurso de más de cuarenta años para que
bajo la época actual, se haya al fin creado la importante institución, que de
antiguo venía reclamando señaladamente las condiciones especiales de un
pueblo nacido por su espiritualidad para el cultivo de las artes.63

Antes de esta intervención estatal surgió, por iniciativa particular, previo a la
Independencia, una escuela de grandes compositores como los hermanos Juan y José Luis
Landaeta, Juan Manuel y Juan Bautista Olivares, Lino Gallardo, y otros, que como clase social,
representaban a los pardos, fenómeno extendido por toda América que demuestra su aporte a
las artes. La obra de estos creadores y su proyección obligó al musicólogo e historiador chileno
Mario Milanca Guzmán, a sostener que “la música colonial fue una de las artes en las cuales
sobresalió el espíritu del venezolano.”64

61
GARCÍA MORALES, Luis. CIEN AÑOS HAN PASADO. Prólogo a la redición de ENSAYOS
SOBRE EL ARTE EN VENEZUELA DEL GENERAL RAMÓN DE LA PLAZA. Imprenta Nacional.
Caracas. 1977. Pág. VII.
62
DE LA PLAZA, Ramón. ENSAYOS SOBRE EL ARTE EN VENEZUELA. Edición facsimilar del
original de 1883. Imprenta Nacional. Caracas. 1977. Pág. 242.
63
Ídem. Pág. 244.
64
MILANCA GUZMÁN, Mario. LA MÚSICA VENEZOLANA: DE LA COLONIA A LA
REPÚBLICA. Monte Ávila Editores Latinoamericana. Caracas. 1993. Pág. 51.
36

Este estamento colonial produjo la más importante generación de músicos de esa


época. Por razones geográficas, ninguno de ellos llegó a la zona occidental del territorio
venezolano. Los compositores referidos fueron producto de la instancia promovida por el
sacerdote Pedro Palacios y Sojo,
quien solicitó ante la Corona autorización para fundar en Caracas la
Congregación del Oratorio de San Felipe Neri. Logró congregar en el Oratorio a
los músicos de Caracas, a los aspirantes a compositores o ejecutores y a los
aficionados y, además, aglutinar aquellos elementos dispersos y sistematizar la
enseñanza haciéndola accesible a los jóvenes. Se le considera como el
propulsor de la música en Caracas.65

FOTO 12. Pedro Palacios y Sojo


Sin intervención del orden estatal, y previo a la gestación de la República, los pardos,
como clase, se sobrepusieron a todas las barreras que obstaculizaban su ascenso, en su duro
oficio de ejecutantes, maestros de capilla, cantantes y compositores en las iglesias
parroquiales de Caracas, particularmente. En su seno se gestó el Gloria al Bravo Pueblo, y el
recuerdo de una época memorable en las artes nacionales, sin apoyo institucional en el ámbito
de la música académica.
Guzmán Blanco convirtió el Instituto en Academia Nacional de Bellas Artes. La tutela
oficial continuó cuando el Código de Instrucción Pública “del 20 de enero de 1904 estableció
como parte del mismo la enseñanza de la música, por lo cual ésta quedó adscrita al Ministerio
de Fomento, hasta la creación del Ministerio de Instrucción Pública”.66
Para finalizar las consideraciones sobre la intervención estatal en la formación de
músicos en el Táchira, la escuela de Alejandro Fernández de 1926 no tuvo mayor trascendencia
por su enfermedad y posterior muerte en 1934. Sería en el gobierno de José Abel Montilla, a
partir de 1939, cuando otro esfuerzo oficial concluiría con la fundación de la Academia de
Música del Estado en 1942, dirigida por Luis Felipe Ramón y Rivera, según decisión del
presidente del Estado, mayor Francisco Angarita Arvelo.67 En el orden eclesiástico, la entidad
no vivió un surgimiento estético planteado por la Iglesia, como sucediera en Caracas con el
padre Sojo. Tampoco se logró la implementación de estudios superiores musicales para la
formación de compositores o ejecutantes a un superior nivel.

65
MASSIANI, Felipe A. LA POLÍTICA CULTURAL EN VENEZUELA. UNESCO. París. 1977. Pág.
15.
66
PEÑÍN, José y GUIDO, Walter (directores). ENCICLOPEDIA DE LA MÚSICA EN VENEZUELA.
Fundación Bigott. Caracas. 1998. Tomo I. Pág. 405.
67
INSTITUTO AUTÓNOMO ESTADAL DE MÚSICA. Academia de Música del Táchira. Bodas de
Plata. San Cristóbal. 1962. Pág. 5.
37

No hubo en ese período una enseñanza musical sistemática, mucho menos


institucional, bien fuera pública o privada. Todo se circunscribía a la realización de los
mencionados actos culturales con la participación de alguna banda compuesta por músicos
independientes, la presencia de algún regular solista, instrumentista o cantante acompañado
al piano. La actividad musical se circunscribía a la difusión de obras semiclásicas y populares en
retretas organizadas a tal efecto y ejecutadas en plazas públicas, además de las veladas en
algunas casas de la ciudad.
La Venezuela de la segunda mitad del siglo XIX estaba sumergida en una vorágine
social que originó contiendas fratricidas, estableciendo, en el caso de Los Andes, semifeudos
gobernados por hombres casi ignaros provenientes de otras regiones del país. El panorama
educacional era lamentable, igualmente el artístico. Lo sostiene Felipe A. Massiani, al decir que
Iniciada ya la segunda mitad del siglo XIX, Venezuela se encontraba en
situación de franco estancamiento. Las guerras civiles, con sus víctimas y
devastaciones, acumulaban miseria. Venezuela, país exportador de materias
primas de origen agrícola e importador de productos manufacturados,
continuamente sufría las consecuencias de una balanza comercial
desfavorable, siendo imposible, conforme a los recursos fiscales disponibles,
crear una dinámica de recuperación.68


El Estado fomenta la actividad musical tachirense
Ante la debacle de la sociedad civil, el Estado comprendió su obligación de patrocinar
tal distracción, considerada tal vez la única en una sociedad no invadida entonces por la
industria cultural. Además de tutelar la promoción de la banda convertida en oficial, llamada
Banda del Estado, designándose el 20 de julio de 1903 al músico colombiano Alejandro
Fernández como director, el ente público la empleó para dar lustre a su esfera. La banda
ejecutaba los honores del protocolo y los himnos, bien a la primera autoridad del Estado, a la
autoridad superior militar o comandante de Armas, marcándose con las demás expresiones
artísticas una considerable distancia. Las otras artes no significaron para el detentador del
poder, la utilidad que le presentó la música. En adelante, la banda fue utilizada en serenatas
políticas, homenajes, agasajos y reuniones en las que el poder se hacía presente.
Entre 1869 y 1929, el Estado dictó las siguientes disposiciones de pretendida
intervención no sistemática ni continua. Entre los documentos revisados, está un decreto
emitido el 28 de abril de 1870 por el doctor Manuel Hernández, primer designado encargado
del Poder Ejecutivo del Estado, estableciendo una “banda de música militar”, bajo la dirección

68
MASSIANI, F. Ob. Cit. Pág. 17.
38

de Ascensión Niño, erogando 107 pesos para la compra de instrumentos “cuya cantidad se
cargará al ramo de imprevistos”, pues
la protección a las Bellas Artes honra a todo Gobierno y particularmente la
música que modera las costumbres de los pueblos que les sirve de ornato,
recreo y aún de industria para algunos de los que se dedican a su
aprendizaje.69

También figura la cancelación de cien bolívares al compositor Eloy Galaviz “por el
Himno Patriótico presentado para el certamen del cinco de Julio del corriente año (1879)
conforme a la orden del gobierno del doce de julio N° 226”70, lo que se considera como el
primer Himno del Táchira.
La función del Estado protector de las artes o mecenas cultural se reitera al cancelar
los servicios profesionales (320 bolívares) a músicos como el ya mencionado violinista Eloy
Galaviz, en noviembre de 1880, como “valor de las tocatas para la celebración del 28 de
Octubre, la inauguración del Nuevo gobierno y de los puentes de la calle Bolívar y una retreta
extraordinaria”.71 Más adelante, se afianza esta presencia cuando el general Juan Vicente
Gómez, jefe Civil y Militar del Táchira, designó el 12 de agosto de 1900, al músico colombiano
Celso Pérez, como “profesor de las Escuelas de Música de Independencia y San Cristóbal, y a la
vez Director de la Banda de Música que ejecuta en esta ciudad las Retretas.”72 El Estado
concedió en abril de 1902, un auxilio financiero a la Banda Sucre, promovida por los
comerciantes de San Cristóbal, pagando su asignación completa.73
A esto se suma la reorganización de la Banda Filarmónica del Estado, anterior Banda
Sucre, y el nombramiento de Alejandro Fernández, el 20 de julio de 1903, como se dijo, “con el
sueldo mensual de cuatrocientos bolívares” y mil doscientos bolívares mensuales a ser
distribuidos proporcionalmente entre sus catorce músicos,74 además de designar y destituir
directores e instrumentistas, fomentando la creación de himnos y cantos patrióticos.

69
LIBRO DE DECRETOS, ACUERDOS Y RESOLUCIONES. Presidente del Estado Táchira. San
Cristóbal. 1870. Tomo XV. Archivo General del Estado Táchira. (recopilado por el historiador Horacio
Moreno).
70
LIBRO COPIADOR DE CORRESPONDENCIA DIRIGIDA POR EL GOBIERNO A PERSONAS
PARTICULARES. Sección Gobierno. San Cristóbal. 1880. Tomo XXXI. Archivo General del Estado
Táchira. (recopilado por el historiador Horacio Moreno).
71
LIBRO 1260. Tesorería General. Cuentas y Comprobantes. San Cristóbal. 1880. Archivo General del
Estado Táchira. (recopilado por el historiador Horacio Moreno).
72
LIBRO COPIADOR DE OFICIOS. San Cristóbal. 1900. Archivo General del Estado Táchira.
(recopilado por el historiador Horacio Moreno).
73
LIBRO COPIADOR DE OFICIOS. San Cristóbal. 1902. Archivo General del Estado Táchira.
(recopilado por el historiador Horacio Moreno).
74
RESUELTO suscrito por el Secretario General de Gobierno Rubén González. San Cristóbal. 1903.
Archivo General del Estado Táchira. (recopilado por el historiador Horacio Moreno).
39

Progresivamente, el Estado controlaba la cultura. El 31 de julio de 1928, el general


Juan Alberto Ramírez, presidente del Táchira, emitió un decreto regulador de las relaciones
entre la Gobernación y la Banda del Estado, disponiendo en sus primeros dos artículos que
Art. 1°.- La Banda depende directamente del Presidente del Estado y por
consiguiente el único que podrá llamarla, por sí o por órgano del Secretario
General de Gobierno, para los actos en que se juzgue necesaria su asistencia.
Art 2°.- Todas las disposiciones que emanen del Presidente del Estado,
relacionadas con la Banda, deberán ser dirigidas al Director, o en ausencia de
éste, al que haga sus veces, quien luego dictará las medidas conducentes al
estricto cumplimiento de aquellas disposiciones.75

FOTO 13. Juan Alberto Ramírez


La presencia estatal se había consumado en muchos de los aspectos del hecho cultural.
La iniciativa particular se redujo desde comienzos del siglo XX a unos cuantos actos
presentados en los clubes sociales, en el Salón de Lectura y en el Teatro Garbiras, aforo
inaugurado el 1° de octubre de 1904, por instancia de la familia Semidei Garbiras. El artista
tachirense de esos tiempos tuvo plena conciencia de su responsabilidad, de su actuación y de
su compromiso social. Bien lo plantea Joaquín Marta Sosa, en su trabajo Socio Política del Arte,
cuando indica sobre este particular
que en el artista se cruzan varias líneas de tensión: práctica social, práctica
ideológica, situación de clase, ubicación social, acontecimientos vivos (vividos o
asumidos). Estas tensiones parecen ser las que dotan al artista de una
instrumentalidad particular, privilegiada en ese sentido, cuya propia naturaleza
de estructura de tensiones se homologa con la estructura social que es
siempre, más o menos, una estructura, una totalidad, construida,
transformada y destruida por tensiones. En esa homología, es donde, nos
parece, que el artista cuenta con la posibilidad operativa, y la ejerce
normalmente, de revelar las tensiones sociales.76

El Estado había triunfado sobre la sociedad civil, cayendo ésta en una agonizante
anomia de casi dos décadas. La irrupción del petróleo en la vida nacional y la construcción del
Estado rentista fortalecieron semejante Leviatán, luego dador de bienes culturales por
doquier.


75
LIBRO DE DECRETOS. Gobernación del Estado Táchira. San Cristóbal. 1928. Archivo General del
Estado Táchira.
76
MARTA SOSA, Joaquín. SOCIO POLÍTICA DEL ARTE. Equinoccio. Ediciones de la Universidad
Simón Bolívar. Caracas. 1975. Pág. 58.
40

LA MÚSICA EN LA DINÁMICA SOCIAL TACHIRENSE ENTRE 1869 Y 1929


Música y festividades patrias
La actividad musical coadyuvó al lucimiento de los actos oficiales. Las fiestas
nacionales y las celebraciones políticas que cada gobierno realizaba contaban con la presencia
de un conjunto musical, un pequeño ensamble de maderas, metales y percusión, además de la
participación de variados artistas, instrumentistas o cantantes acompañados del piano. Eran
promovidos por la participación particular o a instancias del Estado.
Estas festividades posibilitaban la congregación de las clases dirigentes de la sociedad,
integradas por militares, funcionarios públicos, comerciantes, institutores, alumnos y
partidarios de los detentadores del poder. Un grupo miraba de lejos, mientras que otro no
asistía al evento. La fecha patria se desarrollaba a través de actos patrióticos, conciertos
infantiles, retretas dominicales y de los jueves, tocatas en clubes, conciertos formales, paseos
musicales, desfiles, corridas de toros, procesiones religiosas, inauguraciones de obras públicas,
graduaciones de bachilleres, celebraciones políticas, homenajes a héroes de la Independencia,
actos escolares, deportivos, fiestas patronales, diversiones colectivas, veladas y formales
remembranzas históricas.
Los gobernantes tachirenses no encontraron en otras artes, el camino para entretener
al pueblo o cantar sus glorias públicas. No lograron conseguir una amalgama particular de
vocaciones estéticas como la danza o el teatro, siendo la más desarrollada la música,
marcando su presencia en detrimento de otras expresiones. Tampoco se manifestó una
reminiscencia a lo evocado en otros núcleos del poder, en otras culturas, donde se aglutinaron
estas concepciones, reseñadas por Roy Strong, estudioso de la cultura, del poder medieval y
renacentista. La distancia y el aislamiento geográfico del Táchira, amén de la indiferencia y de
la formación intelectual de algunos mandatarios, lo apartaron de esos propósitos como lo
hacían los europeos de otras épocas. Valga la referencia.
Hacia mediados del siglo XVII tales expresiones en el lenguaje de los
espectáculos de corte formaban parte del aparato del monarca barroco. Pero
este aparato fue inicialmente una creación de la mente medieval y aún más de
la renacentista. En gran medida, el festival de corte y su contexto
representaron una de las posturas filosóficas más profundas adoptadas por los
escritores y artistas del Renacimiento, los cuales creían sinceramente en la
importancia del papel de las artes y las letras en el servicio del estado. Por toda
Europa los poetas, los arquitectos, los pintores, los escultores y los músicos se
unieron para crear estos efímeros espectáculos.77

Con música se conmemoró en San Cristóbal el centenario del Natalicio del Libertador
en julio de 1883, con una banda particular contratada a tal efecto y un conjunto instrumental

77
STRONG, Roy. ARTE Y PODER. Alianza Editorial. Madrid. 1984. Pág. 21.
41

que ejecutó música académica como la obertura de Rossini La Italiana en Argel, trozos de las
óperas Norma de Bellini y Hernani de Verdi, con un conjunto de flautas y violines,
destacándose la actuación de las señoritas Alis y Ana María Boué, hijas de Alexander Boué,
pastor protestante alemán y factor de importantes casas comerciales exportadoras. En la
ocasión se estrenó el Himno Natalicio del Libertador del compositor José Consolación
Colmenares, quien ejecutó dúo de violines con Eloy Galaviz.78 Colmenares sería maestro de
música de Cipriano Castro y padre del último gobernador tachirense músico, el abogado
Abigaíl Colmenares.
Los actos del 5 de Julio fueron amenizados en 1887 con una “retreta en la Plaza
Bolívar”79, interpretada por la llamada Banda de los Cachacos, organización integrada por
algunos notables de la ciudad que usaban paltó levita en sus paseos musicales. En su afán de
imponer fiestas patrias, el Estado, persiguiendo la reunión de los pobladores en el estrado
público, utilizó el estamento musical para su propósito. En este orden celebró, en julio de
1888, el centenario del nacimiento del coronel Antonio Rangel, prócer merideño y oficial de
caballería del Ejército venezolano en la guerra de Independencia, de quien no se
conmemoraría otro recuerdo a su memoria en el Táchira. En el paseo de música, “la banda del
distrito” interpretó el Himno Nacional y hubo retreta “en la Plaza Colón”80, destacándose la
interpretación del Gloria al Bravo Pueblo que el yugo lanzó, en la presentación del día 4, lo que
podría considerarse como la primera vez que los habitantes de San Cristóbal, escucharan el
canto patriótico declarado oficial por el presidente Guzmán Blanco, el 25 de mayo de 1881.
Ante la distancia y desconocimiento de la partitura es probable que lo hayan arreglado para
banda, tomándolo de la versión oficial para piano editada en 1883 por el pianista cumanés
Salvador Narciso Llamozas. Al día siguiente, 5 de julio, la banda recorrió la ciudad en la mañana
y luego de una procesión, continuó un “paseo hacia la plaza Colón”.81 De esta plaza, no hay en
la actualidad, referencia alguna.
En ese julio de 1888, el Estado tachirense, en la cualidad de Sección del Gran Estado
Los Andes, festejó, dentro de su propio esquema cultural, tal vez no compartido en Mérida o
en Trujillo por razones de cercanía y afecto, la fiesta nacional colombiana del 20 de Julio. Igual
lo haría en 1919, al celebrar el centenario de la Batalla de Boyacá. La misma banda de música,
que podría ser la Banda Marcial fundada por el Poder Ejecutivo del Táchira el 5 de octubre de
1880,82 “acompañó a la Escuela Privada de Eloy Peralta” en su desfile.83 En la institución

78
EL POSTA MERCANTIL. San Cristóbal. 18 de agosto de 1883.
79
LA PAZ DEL TÁCHIRA. San Cristóbal. 4 de julio de 1887.
80
LA PAZ DEL TÁCHIRA. San Cristóbal. 3 de julio de 1888.
81
LA PAZ DEL TÁCHIRA. San Cristóbal. 20 de julio de 1888.
82
HERNÁNDEZ CONTRERAS, Luis. DICCIONARIO DE LA MÚSICA EN EL TÁCHIRA. Pág. 42.
42

educativa regentada por este preceptor colombiano, se realizaron desde marzo de 1907 las
reuniones que concluyeron con la fundación del Salón de Lectura de San Cristóbal.84
La inauguración del “Puente sobre el Torbes” en la fiesta patria del 24 de Julio de 1888,
contó con la actuación de la “Banda de Música”,85 participando además en el grado de
bachilleres del Colegio Nacional el 29 de julio, entre quienes se encontraban los jóvenes
Samuel Niño, Juan Semidei hijo, Carlos T. Pirela Roo y Antonio María Delgado hijo. Allí “se
presentó una Banda de Música organizada ad hoc y bien dirigida por el Sr. Diego García, en la
que tomaron parte el profesor Eloy Galaviz y los señores Obdulio Cacique y Hermenegildo
Rivera, nos dejó oír trozos de música selecta.”86
De ese grupo de bachilleres todos tuvieron vinculación musical. Niño ejecutó la
trompeta en la Banda Sucre y era hijo del compositor y general Ascensión Niño, luego fue
presidente de Carabobo y ministro de Instrucción Pública. Semidei, descendiente de corsos,
fue el promotor de la Banda Sucre, dirigida a fines del siglo XIX por Marco Antonio Castrellón.
Pirela Roo era flautista, pianista, transcriptor, arreglista y director de la efímera Banda
Municipal de San Cristóbal de 1903.87 El pianista y compositor, ya mencionado, Antonio María
Delgado Briceño era hijo de Antonio María Delgado, uno de los fundadores de la Sociedad
Filarmónica de San Cristóbal de 1869.
Otros homenajes se realizaron como la fecha del 19 de Abril, a partir de 1896, año en
que se rindió una Apoteosis a Miranda, en julio, con una velada musical en recuerdo del
Precursor y músico, prestante ejecutante de la flauta. En el acto participó el militar Florentino
Vargas, cantando arias de El Barbero de Sevilla de Rossini, además de haberse ejecutado dos
composiciones suyas: un vals de salón y un Himno alusivo a la apoteosis “cantado por éste y
por varios jóvenes, acompañado al piano”.88 Una de las crónicas fue escrita por el malogrado
poeta y soldado rubiense Eleazar Silva, fallecido en los incidentes de la Revolución Libertadora
en 1902, quien describió el coro integrado por Eustacia de Añez, Zoila Pulido, Dorila y Luisa
Amira Ayestarán, Alcira López, y sus hermanas Flor de María y Josefa Silva, integrantes de
connotadas familias de la zona, además de la participación de un coro infantil.89 La sociedad
civil integrada por destacados monitores sociales, líderes de la comunidad, también organizaba

83
LA PAZ DEL TÁCHIRA. San Cristóbal. 28 de julio de 1888.
84
VILLAMIZAR MOLINA, José Joaquín. HISTORIA DEL SALÓN DE LECTURA, ATENEO DEL
TACHIRA. 80 ANIVERSARIO. Ediciones de la Presidencia de la República. Caracas. 1986. Pág. 28.
85
LA PAZ DEL TÁCHIRA. San Cristóbal. 28 de julio de 1888.
86
LA PAZ DEL TÁCHIRA. San Cristóbal. 18 de agosto de 1888.
87
HERNÁNDEZ CONTRERAS, Luis. DICCIONARIO… Pág. 147.
88
EL PINCEL. San Cristóbal. 22 de julio de 1896.
89
EL COMERCIO. San Cristóbal. 20 de julio de 1896.
43

paralelo al Estado, sus propios actos, participando con sus elementos en el desarrollo estético
del mismo.
Asumido el poder político nacional por parte del general Cipriano Castro, éste impuso
sus fechas patrias, siendo la más resaltante la del 23 de Mayo. Esta efeméride que recuerda el
inicio de la Revolución Liberal Restauradora en 1899, fue utilizada por sus seguidores para
establecer desfiles, honras florales, discursos, valses y marchas. Los actos comenzaron en 1900
y permanecieron hasta 1908, cuando el 19 de diciembre Gómez derroca el estado de cosas.
Después, otra sería la celebración, por supuesto, la del 19 de Diciembre. Siempre con
acompañamiento musical, 23 de Mayo o el 19 de Diciembre en la fiesta de izada de bandera,
desfile, procesión, vespertina, arriada de bandera y retreta de gala. La Banda del Estado hacía
presencia como una de las atracciones en la capital tachirense, que despertaba en esas
festividades con los cañonazos lanzados desde la explanada del barrio San Carlos. Su trabajo
semanal transcurría en la realización de matinés infantiles que se efectuaban curiosamente en
la tarde, las retretas de los jueves con “siete piezas igual que los domingos”.90

FOTO 14. Celebración del Centenario de la


Independencia. Plaza Páez. 1910
La iniciativa particular auspicia la música
La sociedad civil buscó diferenciarse del Estado en muchas de las iniciativas logradas
en el Táchira en el orden cultural. Esta se conformaba por los representantes de la clase “alta”
y clase “media” de San Cristóbal. La primera, de altos ingresos, se integraba por las familias
vinculadas al comercio exportador e importador, los extranjeros (alemanes,
fundamentalmente y franceses) y los asistentes a los clubes calificados como “de primera”, en
razón de sus afiliados, exportadores de café, cebadores de ganado o propietarios de
haciendas. La segunda, de medianos ingresos, estaba compuesta por destacados funcionarios
públicos, militares y profesionales liberales como médicos, abogados e institutores.
En el orden musical de San Cristóbal, Rubio y La Grita destacaron las llamadas veladas
culturales o actos literarios desarrollados en teatros, clubes sociales y espacios como el Salón
de Lectura de la capital tachirense, promovidos por particulares. Estas reuniones se
caracterizaban por la participación de solistas al piano o al violín que interpretaban repertorio
clásico o romántico basado en obras sencillas o de mediana dificultad de Haydn, Mozart,

90
LA IDEA RESTAURADORA. San Cristóbal. 22 de abril de 1905.
44

Beethoven, Liszt, Gounod o Gottschalk. También se ejecutaban romanzas de zarzuelas, género


muy apreciado en esos años, y arias de ópera. Los participantes eran músicos aficionados,
señoritas de la sociedad que estudiaron con maestros particulares, fundamentalmente
europeos o colombianos, y prestantes señores, profesionales universitarios en su mayoría que
aprendieron la música en Caracas o Bogotá. En otras ocasiones actuaron señoras alemanas,
esposas de los factores de comercio de las importantes casas mercantiles radicadas en la
ciudad.
La velada podía contar con recitación de versos, cuadros escenificados o “plásticos”
alusivos a la fiesta a celebrar, y un discurso de orden con la presencia de destacados
intelectuales de la región, siempre afectos al régimen político imperante. Estos tuvieron gran
notoriedad desde el primer año del gobierno del general Juan Vicente Gómez (1909) y se
mantuvieron hasta 1917. Curiosamente, luego del impasse musical sucedido en febrero de
1914 en el seno de la Banda del Estado, cuando el subdirector de la misma atentó contra el
director titular, hiriendo de muerte a uno de los ejecutantes, como se comentará
oportunamente, la presencia de la actividad musical disminuyó ostensiblemente de la crónica
hemerográfica, lanzándose una especie de estigma negativo contra sus oficiantes. Sólo las
veladas de fin de año del Club Táchira de San Cristóbal evocaban una mínima presencia de la
promoción particular en el orden estético. De igual manera, la férrea dictadura local de
Eustoquio Gómez (1914-1925), causante del exilio de un gran número de familias,
pertenecientes en su mayoría a la clase de relevante posición económica, trajo como
consecuencia un manifiesto descenso de los actos culturales motorizados por ese sector social.
Resaltan, entre estas presentaciones, la realizada en julio de 1909 en el Teatro
Garbiras, actuando las pianistas Antonia María Rodríguez y Adela Boué, en la celebración del 5
de Julio, con una ejecución artística “igualmente admirable”.91 De la misma manera, el 31 de
diciembre de 1914, actuaron las señoritas Delia Velasco Castro, María Antonia Semidei, Emma
García Ochoa, Elisa Villasmil, Alcira García, Agripina Cañas, todas descendientes de notables
familias. Delia Velasco Castro era hija del general Jesús Velasco Bustamante, también músico
profesional quien ejerció la Presidencia del Táchira.
La señora Josefina Romero de Bello, esposa del médico Carlos J. Bello, fundador de la
Cruz Roja Venezolana, quien vivió por esos años en esta región, y la pianista colombiana Julia
Amarís de Blen Muñoz, cónyuge del general Emilio Blen Muñoz, director de uno de los
periódicos afectos al régimen, La Unión Tachirense, fueron acompañadas de los hermanos
Pedro Felipe, Augusto y Antonio Villasmil, representantes de esa comunidad de señorío, finos

91
HORIZONTES. San Cristóbal. 7 de julio de 1909.
45

modales y vida social, quienes darían su concurso a esta localidad en la banca, el comercio, el
altruismo y el arte musical con sus ejecuciones del piano, del violín y de la flauta
respectivamente. El abogado merideño José Rafael González Uzcátegui, presidente del Salón
de Lectura, también ejecutó el piano acompañando al coro de voces blancas.92
Al Club Táchira no asistían ni militares activos uniformados, ni los presidentes del
Estado. Tampoco Eustoquio Gómez, quien al igual que su primo Juan Vicente, se distanció de
los espacios habituales de la llamada “burguesía”, creando los suyos. La sociedad civil no se
mezclaba con el Estado en estas particulares actividades. Del Club Táchira se reseñan con
pequeña variedad de programa las fiestas de fin de año de 1916 y 1922. En éste participaron
las señoras A. Friedel y D. Saegelken, de la colonia alemana de la ciudad, interpretando música
de Mendelssohn y Johann Strauss, con la presencia de la señorita Amanda Klock, funcionaria
de una de las casas de comercio germanas, la Van Dissel, Rode y Co. El piano, el violín y el
canto lírico descollaron en esa noche de “verdadera nota de arte”.93 La señorita Klock durante
su breve estancia ofreció sus servicios como profesora de “piano, violín, alemán, francés e
inglés”.94
El Salón de Lectura de San Cristóbal aprovechó la presencia de notables artistas,
invitándolas a participar en alguna festividad. El 18 de octubre de 1917 se ofreció un recital
lírico con la presencia de la señora Irma Marín Peoli de Ceballos, cantando arias de Il
Trovatore, La Gioconda, La Boheme y algunos lieder de Schubert, acompañados de Antonia
María Rodríguez, quien ejecutó a cuatro manos con Julia Amarís de Blen Muñoz, la Rapsodia
Húngara N° 2 de Franz Liszt. Los intelectuales Antonio Rómulo Costa, presidente de la Corte
Suprema de Justicia del Táchira y Amenodoro Rangel Lamus, también abogado de libre
ejercicio y docente del Liceo Simón Bolívar, fueron los oradores de orden de ese acto de la
sociedad cultural encabezada por su presidente, el colombiano Marcelino Hernández
Mantilla.95
Precisamente la señora de Blen Muñoz, quien vivió en Rubio a comienzos de la
segunda década del siglo XX, introdujo en esta capital fronteriza, dinamizada por los años de
gloria de la exportación del café cultivado en fincas y haciendas aledañas, un particular recital
en el Club Sucre de esa localidad. El 5 de marzo de 1911, la referida artista “a quien con sobra
de razones han proclamado muchos órganos de la prensa extranjera como una de las primeras
pianistas de la América del Sur”, efectuó un “gran concierto velada”, en el que se realizaron
combinaciones de piano a cuatro manos, piano a seis manos, dos pianos a ocho manos, dos

92
HORIZONTES. San Cristóbal. 7 de enero de 1915.
93
HELIOS. San Cristóbal. 4 de enero de 1922.
94
HELIOS. San Cristóbal. 5 de noviembre de 1921.
95
HORIZONTES. San Cristóbal. 26 de octubre de 1917.
46

pianos con un solo ejecutante cada uno en música de Gounod, Paganini, Gottschalk,
Meyerbeer, De Beriot y Wagner, entre otros, interpretados por la mencionada señora, las
señoritas Consuelo Baptista, Dolores Pulido Rubio, Sara Lucía Amarís, Mercedes Ostos, Julia
Oliveri, la señora Alcira de Rincón y los caballeros Jaime José Arévalo y Arquímedes Cortés.96
Rubio fue una prestante ciudad cultural pues su banda, dirigida desde 1880 hasta 1903
por Alejandro Fernández tuvo resonancia nacional, su comunidad habitada por extranjeros, el
impulso de su educación religiosa católica o protestante y la presencia de hacendados
cafetaleros y alemanes, le dieron notoriedad. En 1910, en el Club Sucre de esa ciudad, otro
recital se engalanó con la presencia de las pianistas Luisana Guerrero, Antonia María
Rodríguez, Dolores Pulido, Blanca de Villamizar y el mencionado Cortés, quien acompañó al
piano una recitación que hizo la señorita Juana de Dios Arvelo, quien sería luego su esposa.97
Cabe señalar que en los sitios donde esta clase demostró sus facultades artísticas no
quedó vestigio alguno de esas actuaciones. Muchos de sus protagonistas no transmitieron esa
tradición cultural a sus descendientes. La posterior integración de los clubes sociales fue el
reducto de una clase que dejó en los músicos la ejecución del arte, tratándolos, inclusive, con
desprecio, creando para ellos su propia puerta de atrás para entrar y salir, y su cubículo, por no
decir camerino, impidiendo el contacto con los señores de la fiesta. Entonces, ¿qué pudo
quedar de intención sana hacia la música por estas clases? Solo la veleidad de una facultad
artística que quedó refugiada en esos salones, luego vacíos y nostálgicos, en los que no
germinó el respeto hacia el arte, ni hacia sus cultores de calle. Bien lo describió Mariano Picón
Salas, cuando aseveró que
No nos interesa, por ejemplo, la Cultura que sirve tan sólo como el aditamento
decorativo de una clase “esnob”; la Cultura para conversar en el club o para
tomar el té, a la manera londinense, entre mujeres exquisitas, la única Cultura
egocéntrica, narcisista, inútil y culpable a que aspiró durante mucho tiempo
una sociedad decadente y ociosa.98

FOTO 15. Club Táchira


Un paréntesis para el Estado
Por el lado estatal, la presencia musical se resumía a las actividades de la Banda del
Estado con sus acostumbradas retretas semanales en plazas y parques públicos, única
convocatoria que permitía el sano esparcimiento de un sector de la población. Los actos

96
HORIZONTES. San Cristóbal. 13 de marzo de 1911.
97
HORIZONTES. San Cristóbal. 26 de abril de 1910.
98
PICON SALAS, Mariano. COMPRENSIÓN DE VENEZUELA. Antologías y Selecciones de la
Biblioteca Popular Venezolana. Ediciones del Ministerio de Educación Nacional. Tomo 34. Caracas.
1949. Pág. 149.
47

oficiales de festividades patrióticas muy circunstanciales eran amenizados por la banda, como
la celebración, en julio de 1927,99 del 24° aniversario de la Batalla de Ciudad Bolívar, que cerró
el ciclo de contiendas civiles del siglo XX, protagonizada en 1903 por Juan Vicente Gómez. La
moda de la época imponía llamar algunas retretas como matinés infantiles, soireés, picnics,
garden parties y retretas de gala.
La banda mantuvo una particular presencia en los institutos educacionales de San
Cristóbal, con motivo de la clausura del año escolar, en la celebración de exámenes, desfiles en
las fiestas de enero, algunos actos especiales de los colegios públicos y exposiciones de
manualidades. Estas se efectuaron regularmente entre 1903 y 1914. La institución musical
ejerció una forma directa de promoción cultural, llevando la música a los alumnos a través de
los conciertos en escuelas municipales, la escuela de labores y el Colegio Nacional de Varones.
En la interpretación de los himnos, la banda acompañaba el coro escolar, en algunas ocasiones
a dos voces,100 lo que denota un adelanto técnico y una perfecta simbiosis entre cultura y
educación, proceso a favor del arte musical, con la ganancia de posibles adeptos a su ejecución
mediante clases dictadas en el salón de ensayos. Los directores de estas instituciones
educativas, particularmente la señorita Regina Mujica y el superintendente de educación
Ramón Buenahora, siempre agradecían por la prensa en aviso público, la deferencia del
“Presidente del Estado por órgano de su ilustrado Secretario General”, de conceder la
actuación de la banda, gratificando, como lo hiciera la señorita Mujica, luego señora de Ramón
Velásquez Ordóñez, “al muy distinguido artista señor Director de la Banda del Estado, (se
refiere al maestro Nicolás Costantino) por el obsequio que le presentó, amenizando gratis el
acto final con las más delicadas piezas de su escogido repertorio.”101

Pasodobles y toros
Un peculiar festejo social que convoca gran parte de la población es la fiesta taurina.
Las corridas de toros son de vieja data en el Táchira. En 1774, el citado Libro de la Cofradía de
Lobatera registra la donación de seis toros para la festividad de la Chiquinquirá con la
obligación de que se coman cada año.102 Esta herencia española surgió desde 1912,
afianzándose durante los años del mandato regional de Eustoquio Gómez. Es una forma de
vivir de este país, donde

99
EL TÁCHIRA. San Cristóbal. 21 de julio de 1927.
100
HORIZONTES. San Cristóbal. 10 de junio de 1911.
101
HORIZONTES. San Cristóbal. 1° de agosto de 1914.
102
LIBRO DE LA COFRADÍA DE NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO DE CHIQUINQUIRÁ. 1774-
1850. Lobatera. Cortesía del historiador y cronista Dr. Samir Sánchez.
48

hay espectáculo taurino y hay aficionados de todos los niveles y tipos, de los
más comunes hasta los enciclopédicos, muchos de ellos con frecuentes viajes a
España para disfrutar de un espectáculo tan viejo como los fenicios, quienes
llevaron el toro al “país de los conejos”, como llamaban a Iberia.103

La Banda del Estado era solicitada por el empresario al presidente del Estado,
actuando en ciertas ocasiones de la fiesta. Los músicos protestaron esta participación, pues
otros cobraban y ellos no, por ser intérpretes oficiales. Esto motivó que algunos artistas como
Luis Lupi y Alejandro Fernández, constituyeran organizaciones privadas compuestas por
algunos ejecutantes de la Banda Oficial, a las que llamaron Banda Progreso y Banda Bolívar.104
Esta última, fundada por Santos Ignacio Zambrano en 1906, luego dirigida por Alejandro
Fernández, se caracterizaba por participar en procesiones, serenatas y estaba a la orden “del
gremio de artesanos, capitanes de misas y de todos los que a bien tengan oír su muy lucido y
nuevo repertorio”.105 Actuó en las fiestas taurinas de San Cristóbal desde 1907. Fue disuelta
por la intervención del Estado que obligó a la Banda Oficial, luego de 1915 su participación en
el coso taurino, sin cobrar, obviamente. Curiosamente, uno de sus integrantes, el fabuloso
trompetista y cornetista Federico William Hollingsworth, era novillero y actuaba bajo el alias
de Recajo II.106

Foto 16. En las afueras de la Plaza


Los escuchadores de la Banda le dan prestigio social
La Banda Oficial o Banda del Estado Táchira tuvo sus seguidores mientras ofreció sus
clásicas retretas en la Plaza Páez, designada oficialmente, desde el 19 de diciembre de 1912,
como Plaza Bolívar. Un grupo particular de escoltas, asistía religiosamente a sus conciertos
entablando amistad con sus integrantes; entre ellos destacaban los europeos residentes en la
ciudad. Italianos, franceses y alemanes disfrutaban de las interpretaciones de mazurcas,
polcas, arias de ópera, oberturas y cavatinas. Este repertorio aumentó con la presencia del
músico italiano Nicolás Costantino Chicaroni, designado como director titular desde mayo de
1910, como se ha comentado.107

103
MORENO GOMEZ, Luis. LA HUELLA HISPANA EN LA VENEZUELA CONTEMPORÁNEA. En
VENEZUELA Y... LOS PAÍSES HEMISFÉRICOS, IBÉRICOS E HISPANOHABLANTES.
Coordinador y Director de la obra: Kaldone G. Nweihed. Instituto de Altos Estudios de América Latina.
Universidad Simón Bolívar. Caracas. 2000. Pág. 157.
104
HERNÁNDEZ CONTRERAS, Luis. DICCIONARIO… Pág. 38.
105
Ídem. Pág. 38.
106
LA UNION TACHIRENSE. San Cristóbal. 26 de octubre de 1915.
107
HERNÁNDEZ. Ob. Cit. Pág. 76.
49

La admiración por la banda y su director condujo a la colonia alemana obsequiar al


maestro una “artística batuta”, como regalo de Año Nuevo en 1911. La crónica hacía alarde del
adelanto técnico de los treinta ejecutantes y de los tangibles progresos, además de la
interpretación de “los trozos más notables de la música clásica, en cuyas recónditas armonías
sabrá iniciar la diestra batuta del Maestro a sus discípulos, para honor suyo y mayor lustre de
la cultura del Táchira.”108
En la carta dirigida a Costantino, los alemanes Noack, Thoss, Gumpel, Helberg,
Saegelken, Altess, Kuck, Riese y Markmann, representantes de las firmas alemanas radicadas
en la entidad, reiteraron ese avance estético, impuesto por la personalidad del conductor y su
dominio de la dirección de banda. Como europeos, recordarían seguramente las obras con las
que cimentaron su cultura. Por ello le expresaron que
siendo usted un celoso intérprete de esos genios, porque así lo hemos podido
apreciar en el poco tiempo que hace usted nos deleita con algunas de esas
bellas cuanto delicadas partituras musicales ejecutadas por la Banda del
Estado, de la cual es usted digno director.109

El músico, agradeciendo el cumplido, manifestó que sólo
deseo con anhelo que la sociedad y público de esta ciudad queden satisfechos
de mis múltiples esfuerzos en la misión que me está encomendada, como
director de la Banda de este Estado, y ver de esta manera realizadas mis
mayores aspiraciones.”110

Indiscutiblemente, la Banda había percibido un ascenso estético y por lo tanto social,
pues sus componentes eran vistos y apreciados como individuos que resaltaban el orgullo del
Táchira ante el país. Esto se debía al único esfuerzo del Estado, que como institución política
decidió afrontar la subvención del cuerpo musical, apoyándola en la adquisición de
instrumentos, repertorio, uniformes, sueldos y la designación, hasta ese entonces, de dos
directores titulares: Alejandro Fernández entre 1903 y 1910, sucedido desde mayo de este año
por el italiano Nicolás Costantino. La prestancia profesional del europeo le dio a la Banda otro
carácter. Sus ejecuciones fueron de mayor calidad, fue aumentado su personal de catorce a
treinta componentes, logrando la incorporación de otros músicos italianos como Luis y
Ambrosio Lupi, y Leopoldo y Cayetano Martucci.
La banda logró una compenetración social que en otros años disfrutó en menor
intensidad, pues cuando era de orden particular o fomentada por la iniciativa privada, sus
componentes pertenecían en su mayor parte a la llamada clase pudiente, ejerciendo su oficio

108
HORIZONTES. San Cristóbal. 3 de enero de 1911.
109
Ídem.
110
Ídem.
50

en espacios cerrados, distante de las clases populares. En el siglo XIX la banda estaba integrada
por
un numeroso grupo de caballeros de nuestra sociedad, que cultivaban la
música como distracción, y que bajo la dirección de Don Ascensión Niño
formaban un conjunto filarmónico, que tocaba en algunas festividades
patrióticas y religiosas y especialmente en las Fiestas de enero. Los miembros
de este conjunto, cuando tocaban en público, se presentaban elegantemente
vestidos de paltó levita, por lo cual el pueblo bautizó a esta agrupación con el
nombre de Banda de los Cachacos.111

Nicolás Costantino fue el primer funcionario público que siendo músico perteneció a
un club social de San Cristóbal. Fue fundador del Club 19 de Abril112, considerado como “de
segunda”, a diferencia del Club Táchira. En tal condición ofreció la primera retreta en este
centro diversivo el 28 de octubre de 1911, para conmemorar el Día de San Simón.113
Costantino reactivó, además, las retretas del Club Táchira, iniciadas en 1905 por Fernández,
ofreciendo la primera del nuevo ciclo el 16 de diciembre de 1911, pudiendo estrenar su
marcha Independencia, dedicada a este centro social.114 En abril de 1912, la banda retornó al
Club 19 de Abril para realizar otra presentación con motivo del festejo de su primer
aniversario, como lo participara el vicepresidente en ejercicio del instituto, José Antonio
Baldó.115
Los años de celebración del centenario de las fechas 19 de Abril y 5 de Julio,
permitieron la realización de actos culturales resaltándose la música como expresión estética.
Como se puede notar, los organizados por la sociedad civil no tuvieron injerencia del Estado,
participando éste en las invitaciones que hacían los clubes para las especiales retretas, lo que
no significaba intromisión del ente oficial. Los músicos aficionados y profesionales
organizaban, como se explicó, agrupaciones de cámara con recitales instrumentales y líricos,
acompañados de cuadros escénicos. Entretanto, la actividad oficial se evidenciaba por la
presencia de la Banda en los espacios públicos, a los que la gente acudía para disfrutar del
único evento que tenía una regular connotación social, pues era el momento de exhibir el
último traje, de cortejar la pretendida novia además de compartir en familia. Ese espacio de
civilidad no se logró en corto tiempo. Anteriormente, esos sitios eran ocupados por personas
indeseables, como vagos, merodeadores y prostitutas, llamadas por la crónica aves pálidas, las

111
OSTOS, Ovidio. ORÍGENES DE LA BANDA DEL ESTADO. Publicaciones del Grupo Juan
Maldonado. N° 1. San Cristóbal. 1959. Pág. 5
112
HORIZONTES. San Cristóbal. 18 de septiembre de 1911.
113
HORIZONTES. San Cristóbal. 27 de octubre de 1911.
114
HORIZONTES. San Cristóbal. 15 de diciembre de 1911.
115
HORIZONTES. San Cristóbal. 17 de abril de 1912.
51

que recordaban “a Babilonia”.116 Las meretrices o grisetas que deambulaban estos espacios
aledaños a los músicos, eran acusadas de ocupar desde horas tempranas de la noche “los
escaños del Parque Bolívar y formando en reunión de algunos tenores, cuadros que desdicen
mucho de nuestra cultura y del respeto que se debe guardar a la sociedad.”117 A pesar de ello,
la sociedad decente ocupó paulatinamente esas infraestructuras culturales.

Foto 17. Club 19 de Abril



Sangre y desgracia en la Banda
El prestigio alcanzado por la Banda se vio ensombrecido por dos funestos y
desgraciados incidentes. Un antecedente irregular se remonta a septiembre de 1911, cuando
ante las arbitrariedades cometidas por Nicolás Costantino, 22 músicos renunciaron, decisión
que fue aceptada por el jefe del Ejecutivo, general Pedro Murillo, quien no toleró que “se
menoscabara el principio de autoridad de que se haya investido el jefe nato de la banda,
contra el cual se realizaron procedimientos de incorrecta disciplina”.118
En febrero de 1914, restructurada la organización con la presencia, entre otros, de los
músicos italianos Leopoldo y Cayetano Martucci, padre e hijo, solventes y profesionales
intérpretes del bombardino y del clarinete, respectivamente, se había creado un extraño clima
de inconformidad e impaciencia por parte de los músicos debido a las intolerancias y abusos
de autoridad del conductor. Por cualquier razón, Costantino, quien tenía facultad de ordenar la
detención de cualquier músico, envió a las celdas de la Policía del Estado a varios de ellos, por
indisciplina, inclusive por ejecutar con algunas deficiencias algunos compases de la partitura,
como lo dijera años después Marco Antonio Rivera Useche, componente de la misma. Algunos
de los músicos, relató Rivera, llegaron a planificar el asesinato del director, lo que
afortunadamente no sucedió.

FOTO 18. Santos Ignacio Zambrano


El lunes 2 de febrero de 1914, un clarinetista de la institución, también compositor,
Santos Ignacio Zambrano, “dio muerte con proyectil de revólver a su pariente el señor Nicolás
Carrero, honorable y laborioso ciudadano y padre de numerosa familia”.119 El homicida huyó a
Colombia de donde jamás volvió.120 Conmocionada la sociedad ante el suceso, dos días

116
HORIZONTES. San Cristóbal. 17 de diciembre de 1903.
117
TUERCA Y TORNILLO. San Cristóbal. 14 de marzo de 1914.
118
HORIZONTES. San Cristóbal. 20 de septiembre de 1911.
119
HORIZONTES. San Cristóbal. 3 de febrero de 1914.
120
HERNÁNDEZ CONTRERAS, Luis. DICCIONARIO…. Pág. 197.
52

después, un funesto incidente se presentó en la sala de ensayos de la Banda del Estado.


Leopoldo Martucci, el subdirector, por viejas desavenencias con Costantino accionó su
revólver dos veces contra éste, desviándose la trayectoria del proyectil hiriendo al segundo
trombón, Nemesio Miranda, de apenas catorce años, quien falleció al día siguiente.121

FOTO 19 Y 20. Leopoldo Martucci y


Nemesio Miranda
La nota de prensa de Horizontes reflejó la doble consternación en la que estaban
involucrados varios músicos de la Banda del Estado, diciendo que
parece que el crimen fuera también un morbo contagioso, una epidemia que a
manera de ráfaga candente, atravesara el espacio inficionando el aire y
haciendo trágicos hasta a los pueblos más pacíficos y de mejor índole. Nos
traen estas reflexiones los acontecimientos que en estos últimos días se han
sucedido en el Estado, con pérdida de tres o cuatro vidas útiles para las faenas
del trabajo y las luchas de la existencia.122

Fallecido Miranda y detenido Martucci, la Banda realizó como si nada hubiese
sucedido la retreta dominical del día 8, luego la del 15. Actuó en las fiestas patrias del 19 de
Abril y del 5 de Julio, pero en el mensaje anual, el presidente Eustoquio Gómez ni siquiera
mencionó a la institución cultural, como lo hacían otros mandatarios.123 En consecuencia, la
frecuencia semanal de publicar el orden de la retreta dominical en la prensa local disminuyó.
Luego de los incidentes de febrero, la cartelera de retretas dominicales en la prensa volvió a
difundirse hasta el 9 de enero del año entrante, declinando esta costumbre. Mientras Gómez
afianzaba su terror local, la actividad musical desapareció de las notas hemerográficas.
Costantino se fortaleció en su papel de generalmusikdirektor y un grupo de músicos, cansados
de las insolencias del italiano dirigió una comunicación al mandatario regional, la que fue
contestada con una orden a la policía para detener a los ejecutantes, quienes tomaron camino
del exilio, creciendo la larga lista de desterrados.

FOTO 21. Nicolás Costantino

121
Ídem. Pág. 128.
122
HORIZONTES. San Cristóbal. 4 de febrero de 1914.
123
HORIZONTES. San Cristóbal. 30 de mayo de 1914.
53

Marco Antonio Rivera Useche, José Ignacio Delgado, José María Rivera Carreño, Carlos
Medina, Felipe Sebastián Cárdenas y Santos Zambrano Díaz, se fueron a Colombia en agosto
de 1919124. Luego de una temporada pasaron al Zulia para integrar la banda conducida por
Cayetano Martucci, con tan mala suerte que en la retreta inaugural estaba el propio Eustoquio
Gómez. Al reconocer a los desertores, ordenó su encarcelamiento en el Castillo de San Carlos,
pasándolos a la cárcel pública de San Cristóbal donde permanecieron entre el 19 de febrero de
1920 hasta el 24 de octubre de 1921.125 Contra los artistas no hubo juicio, sino la aplicación del
terror de un régimen opresivo.

Foto 22. Marco Antonio Rivera Useche,


Ramón Niño, José Ignacio Delgado y Santos
Zambrano Díaz
Desde entonces, la visión oficial de la música quedó estigmatizada como las marcas
que los pesados grillos de la prisión dejaron en los tobillos de estos artistas. Los músicos fueron
tratados como delincuentes, como subversivos. Su importancia social se rebajó a la condición
de resignados trabajadores que debían cumplir inexorablemente las órdenes del dictador
político y del dictador musical, como bien lo refirió el propio Rivera Useche al autor de este
trabajo en varias conversaciones.
Algunos músicos volvieron al Zulia conectándose con el nuevo mundo que ofrecían los
campos petroleros. Amenizaron los dancings, mabiles y clubes, encontrándose con una
extraña y rítmica música que invadía América Latina, el jazz. Otros se dedicaron a actividades
de comercio y artesanales como bodegueros, zapateros, talabarteros o carpinteros. Un grupo
retornó al exilio colombiano y muy pocos, como José María Rivera Carreño, se infiltraron en la
actividad subversiva contra el gobierno de Gómez. La banda siguió ese camino tortuoso hasta
el fallecimiento de Costantino. Muerto Cipriano Castro en 1924, la política manejada
hábilmente por el tachirense Francisco Baptista Galindo, secretario de la Presidencia de la
República, logró en el espíritu del general Gómez la salida de Eustoquio del territorio
tachirense en julio de 1925. El presidente venezolano nombró al viejo militar y antiguo
bombardinista de la Banda de Rubio, y ex Comandante de Armas del Táchira, Juan Alberto
Ramírez, como nuevo presidente a partir de ese mes. En julio de 1927, Ramírez designó al

124
OSTOS. Ob. Cit. Págs. 17-18.
125
OSTOS. Ob. Cit. Pág. 18.
54

músico coriano Ramón Espinal Font como titular de la banda. Lamentablemente éste atendió
sus negocios personales, descuidando hasta el extremo la calidad artística de la institución. El
29 de agosto de 1927, Nicolás Costantino fallecería en San Cristóbal, viejo, enfermo y
abandonado.126
El nuevo gobernante tuvo más tolerancia con la institución y con su viejo maestro
Alejandro Fernández a quien designó, como ya se ha referido, director de la primera Escuela
de Música decretada oficialmente por el Estado Táchira. En mayo de 1929, el general Pedro
María Cárdenas asumió el poder regional, nombrando, el 21 de junio, a Marco Antonio Rivera
Useche como director.127 Rivera se había formado al lado de Costantino desde 1910. Presenció
el asesinato de Miranda en el ensayo de febrero de 1914, pues estaba a su lado inmediato,
partió al exilio en 1919 y estuvo preso entre 1920 y 1921, al exigir mejor trato y consideración.
Se convirtió en el primer tachirense en asumir esta titularidad en la que permaneció cuarenta
años.
En adelante la historia de la Banda sería otra. Los asesinatos de 1914 cambiaron la faz
social de la música. La gente prestante o de bien se retiró de ella. A diferencia de años
anteriores, su nómina quedó para los músicos de oficio. Los aficionados o profesionales
venidos de la promoción privada colocaron grandes distancias entre ambos sectores, como se
evidenció años después. El músico comenzó a ser visto como una rémora social, un ser de
segunda, lo que el mismo Estado estimuló.

Música en la Iglesia Católica
Un aspecto muy importante lo constituye la relación entre el arte sonoro y la actividad
ejercida por la Iglesia Católica, de gran penetración en este territorio. Bien como promotora,
instructora o creadora, la Iglesia sirvió de marco para la gestación de una visión muy peculiar
de la música, manifestándose con la presencia de bandas o conjuntos musicales como
acompañantes de sus actos, en la promoción de esta disciplina realizada por sacerdotes, en la
realización de veladas y actos especiales con la participación de músicos oficiales o no, con el
oficio desempeñado en su seno por prestantes músicos y hasta en la dotación de armonios y
órganos, teniendo precarios resultados en este último aspecto.
A diferencia de los festejos religiosos de la capital venezolana, San Cristóbal tuvo
manifestaciones peculiares. Al fin y al cabo en el interior, reitera Moreno Gómez, es diferente.
Si se trata de pueblos de la provincia entonces la fiesta va en serio con otra
música menos sacra, cohetería, desfiles y procesiones, casi un exhibicionismo

126
HERNÁNDEZ, L. DICCIONARIO… Pág. 77.
127
VOZ DEL SIGLO. San Cristóbal. 2 de julio de 1929.
55

pagano, que, según algunos autores, tiene su origen en la tradición copiada de


los romanos, cuando éstos penetraron y se establecieron en la Península
Ibérica.128

En lo que se refiere a conjuntos instrumentales que participaron en los actos sacros,
hay referencias sobre la actuación de una banda en las fiestas del Espíritu Santo de La Grita, la
cual se celebraba entonces en 1896,129 en el mes de abril y no en agosto. También se registra la
actuación del emprendedor presbítero Escolástico Duque, como decidido cooperador y
protector de la Banda Padre Justo de Rubio.130 La Iglesia promocionó la Banda Infantil de San
Juan Bautista en La Ermita en 1923, obra liderada por el sacerdote Pedro Pablo Maldonado,
teniendo como primer director a Nicolás Costantino desde el 23 de junio de ese año.131

FOTO 23. Banda San Juan Bautista de La


Ermita y su fundador el Pbro. Pedro Pablo
Maldonado
La Iglesia buscaba recursos para la construcción de sus obras físicas, a través de actos
artísticos realizados en clubes, teatros y espacios afines. Contrataba, por medio de
asociaciones civiles de orden filantrópico como las Hijas de María, artistas particulares que por
diversas circunstancias residían en estas localidades. También llamaba a los músicos lugareños,
solicitando la participación del Estado con sus bandas. En la mayoría de estos encuentros, un
intelectual de la localidad llevaba la palabra en el estrado, y en raras oportunidades, la música
servía de acompañamiento a la cuadrilla de danza.
Siguiendo este orden, la junta pro Bodas de Oro del presbítero Justo Pastor Arias,
notable líder comunitario y párroco de Rubio, publicó en diciembre de 1900, los egresos para
cancelar los honorarios profesionales de Alejandro Fernández y la Banda Junín, cortesía de la
Sociedad Armonía, tutora de promoción privada de esta institución; además del violinista Julio
Angulo Lewis y los cantores de la misa.132 Cuatro años antes, en agosto de 1896, le fue
dedicada a Arias otra velada en las mismas circunstancias.133 En San Cristóbal, la sociedad Hijas

128
MORENO GÓMEZ, L. Ob. Cit. Pág. 156.
129
EL MISIONERO. La Grita. 15 de mayo de 1896.
130
EL ALDEANO. Rubio. 10 de marzo de 1917.
131
UNIÓN, PAZ Y TRABAJO. San Cristóbal. 27 de junio de 1923.
132
EL EXPRESO DEL TÁCHIRA. Rubio. 15 de diciembre de 1900.
133
LA LIMOSNA. Rubio. 15 de agosto de 1896.
56

de María organizó una velada artística a fines de noviembre de 1903, con la presencia de los
músicos colombianos Luis David Villamizar (piano) y Julio Angulo Lewis (violín), además de la
contribución de la recién creada Banda del Estado, en franca alianza de esfuerzos de
promoción cultural.134
La población de Táriba celebró en agosto de 1907, los actos de festividad de la Señora
de la Consolación con una misa cantada por un coro dirigido por el músico y general José
Ascensión Niño, acompañado de los cantantes Julio Aranguren y Vicente Becerra, agregándose
la Banda del Estado conducida por Alejandro Fernández,135 residenciado en la capital
tachirense, luego de su estancia de tres lustros en Rubio.
Independiente de Mérida en lo político, el Táchira estaba adscrito a la Diócesis de
Mérida, luego Arquidiócesis. La recepción de gala al obispo Antonio Ramón Silva, realizada con
motivo de su visita a San Cristóbal en enero de 1914, fue organizada por la iniciativa civil, por
los feligreses, por la dignidad pastoral y por lo más prestante de las clases pudientes. En el Club
Táchira se realizó un programa que incluyó una danza cortesana de cuadrilla distribuida así: “I.
Parte. Introducción. Polonesa y Vals.- Vals. 2.- Polca y Vals. 3.- Cuadrilla y Vals. II. Parte. 4.-
Lanceros y Vals. 5.- Mazurca y Polca. 6.- Vals Final”.136 Esa misma clase social se manifestó en
enero de 1928, en el llamado Bazar de Catedral, realizado en el Club 19 de Abril, con la
actuación de los artistas Josefina Santos, Trina Soulés Baldó, Antonia María Rodríguez, Augusto
Villasmil y la orquesta del violinista Enrique Altuve.137
Muchos músicos, residentes o no en el Táchira dieron su contribución a los actos
promovidos por la Iglesia. En los archivos eclesiásticos tachirenses no existen vestigios sobre la
actividad musical realizada en su seno, como pudiera conseguirse en Caracas. Nada hay en
este sentido. El trabajo particular de la Iglesia con algunos músicos que pudieran considerarse
Maestros de Capilla recayó en Julio Peñuela, laborando en Rubio, en 1895, ofreciendo sus
servicios “en música vocal e instrumental para funciones religiosas y servicios a los venerables
curas”,138 sucedido en esa localidad por Pedro P. Hernández, maestro de música que enseñaba
guitarra, bandola, tiple, flauta, clarinete, instrumentación, teoría y solfeo, además de órgano y
canto religioso “en perfección”.139
Luis Felipe Medina Prada desempeñaba en Táriba, en 1918, el oficio ejercido
esporádicamente por maestros de la vecina San Cristóbal. Asistiendo al músico Pedro Elías

134
LA IDEA RESTAURADORA. San Cristóbal. 6 de noviembre de 1903.
135
EL TIPÓGRAFO. Táriba. 19 de agosto de 1907.
136
HORIZONTES. San Cristóbal. 27 de enero de 1914.
137
VOZ DEL SIGLO. San Cristóbal. 23 de enero de 1928.
138
LA LIMOSNA. Rubio. 15 de junio de 1895.
139
EL ALDEANO. Rubio. 25 de mayo de 1912.
57

García, se logró en esa localidad la ejecución de la misa de Bordesse a dos voces en las fiestas
patronales de ese año140, repitiéndolo en diciembre en la fiesta de la Inmaculada Concepción.
García se presentó como “Maestro de Capilla, Director de Bandas y Orquestas”, ofreciendo en
1911 sus servicios como afinador de pianos y órganos, además de fabricar “casullas, dalmáticas
y frontales”, entre otras vestiduras religiosas.141 Dentro de su ruta itinerante como supervisor
Nacional de Educación, el pedagogo Miguel Ángel Granado, compositor del Himno Al Árbol y
de la música del valse Recuerdos del Táchira, actuó en Táriba en los oficios de junio de 1919
junto al sacerdote italiano José Casazza142, director del Colegio Salesiano de esa población.

FOTO 24. Luis Felipe Medina Prada


Desde la segunda década del siglo XX, Pedro María Monsalve, comenzó en San
Cristóbal, su magisterio como organista del Templo de San Sebastián, Iglesia Matriz y posterior
Catedral. Comenzó a impartir clases en este ramo en 1914, siendo solvente organista
itinerante con su armonio portátil en las visitas pastorales realizadas por el primer obispo de
San Cristóbal, Tomás Antonio Sanmiguel, quien llegó a ésta en 1923.143
Más allá de la ejecución de esas partituras de relativa sencillez, no hay referencia sobre
el desarrollo del arte religioso musical tachirense durante esos años. Tampoco del surgimiento
de un gran creador de obras, ni del montaje de solemnes partituras, menos de la instalación de
órganos profesionales en algún templo del Táchira, como se hiciera en la vecina Mérida. Es
consecuencia de la ausencia de grandes ejecutantes de este instrumento y de verdaderos
cultores de la música sagrada. El Estado no se inmiscuyó en este aspecto, pero tampoco la
iniciativa civil o la jerarquía eclesiástica hizo algo para remediar tan notorio vacío.

Foto 25. Pedro María Monsalve


LAS OTRAS EXPRESIONES CULTURALES. RELACION CON EL HECHO MUSICAL
No hay referencia alguna de la existencia en el Táchira durante el período (1869-1929)
de elencos de danzas, grupos de teatro, escuelas de pintura o editoriales que fuesen
sostenidas sistemáticamente por la inversión privada o pública. La música avasalló todo el
campo cultural y sus actividades se han podido recopilar, denotándose el interés colectivo por
el ámbito sonoro, ante todo el del Estado con políticas de apoyo presupuestario que se han

140
EL ALBUM CATÓLICO. Táriba. 16 de octubre de 1918.
141
HORIZONTES. San Cristóbal. 30 de agosto de 1911.
142
EL ALBUM CATÓLICO. Táriba. 16 de junio de 1919.
143
TUERCA Y TORNILLO. San Cristóbal. 10 de enero de 1914.
58

sostenido a lo largo de un siglo de intervención oficial en la cultura, en manifiesto detrimento


de las otras expresiones artísticas.
La escasa y precaria educación que había recibido el habitante de estas montañas se
reducía a la formación que pudo brindar la Iglesia en el período colonial. El proceso fue
conducido por
párrocos que enseñan a leer y a escribir, Catecismo e Historia Sagrada. Los
alumnos no pueden ser que los hijos de las principales familias y, por vía de
excepción algún mestizo. Jamás un indígena o un negro. Priva el concepto de
que la suma total de los conocimientos necesarios al hombre se encuentra en
el Evangelio y en las Escrituras de los Santos Padres.144

Música y Teatro
A pesar de las imbricadas vías de comunicación de fines del siglo XIX, varias compañías
de teatro procedentes de Caracas se presentaron en San Cristóbal. En la capital tachirense,
uno de sus ex presidentes, el zuliano Arístides Garbiras, quien gobernara en 1876145, sufragó a
sus expensas la construcción de un teatro146, tarea que continuó su familia, ante todo su yerno
José María Semidei, inaugurándolo el 1° de octubre de 1904, confirmándolo Arturo Guillermo
Muñoz al sostener que “Arístides Garbiras, médico y político, periodista y poeta nacido en
Maracaibo, construyó el primer teatro en San Cristóbal y creó un grupo teatral, único en el
Táchira.”147

FOTO 26. Teatro Garbiras


En octubre de 1896, hay una referencia a la existencia en Rubio de una Compañía
Infantil de Zarzuela, presentando la zarzuela Música Clásica de Estremera y Chapí.148 Otro
grupo bautizado como Compañía Infantil de Zarzuela de San Cristóbal, surgió por iniciativa del
institutor colombiano e ingeniero Dr. Teodosio V. Sánchez y del pintor y actor italiano Ángel
Nóferi, en noviembre de 1903149, transformada luego en la Sociedad Filodramática de corta
existencia150. Fuera de estas manifestaciones de agrupaciones locales, el mundo del teatro se
circunscribió a la presentación de compañías europeas, cubanas y caraqueñas de segundo
orden.

144
CARDOZO, Arturo. Ob. Cit. Pág. 56.
145
EL PORVENIR. San Cristóbal. 16 de diciembre de 1876.
146
EL PORVENIR. San Cristóbal. 29 de mayo de 1976.
147
MUÑOZ, Arturo Guillermo. EL TACHIRA FRONTERIZO. Biblioteca de Autores y Temas
Tachirenses. Tomo n° 86. Caracas. 1985. Pág. 66.
148
LA LIMOSNA. Rubio. 15 de octubre de 1896.
149
VARIEDADES. San Cristóbal. 21 de noviembre de 1903.
150
LA IDEA RESTAURADORA. San Cristóbal. 2 de abril de 1904.
59

Música y Artes Plásticas


Las artes visuales o plásticas, representadas en este caso por la pintura y la escultura
corrieron igual suerte. En Cúcuta, en 1896, un colombiano, Domingo Bolívar, pintor y músico,
ofrecía sus servicios profesionales;151 luego haría algunas actuaciones como vocalista en Rubio.
En esa ciudad del Norte de Santander se asentó un pintor tachirense, Salvador Moreno, a
quien se le consideró originario de esa nación.
En 1906, el joven Carlos Manuel Acosta, hijo del general barinés Lisandro Acosta
Canales, periodista, monitor social y fundador de la Sociedad Armonía o Recreativa, que
sostenía la Banda de Rubio desde 1889,152 anunciaba su cualidad de pintor y estudiante de la
Academia de Bellas Artes de Caracas,153 lo cual insistió al año siguiente.154 Parece no haber
tenido mayor fortuna en esta disciplina, pues el infortunio sesgó su futuro. Acosta murió ciego
en San Cristóbal, en diciembre de 1930.
El escaso desarrollo que pudo haber tenido esta disciplina en el Táchira,
particularmente en San Cristóbal, sólo fue expresado por artistas colombianos. Así, llegaron a
esta tierra el mencionado Domingo Bolívar, Marcos León Mariño, también fotógrafo, a quien
se le atribuye erróneamente el diseño del Escudo del Táchira, y León Cabezal. Este último
realizó por encomienda del vicario de San Cristóbal, Felipe Rincón González, los trabajos de
“decoración y óleo en la pared que sirve de portada a la Capilla del Santísimo y al Bautisterio
de la Iglesia Matriz de San Cristóbal”.155 Igualmente vivió en San Cristóbal un hombre del
Renacimiento, funcionario público, militar, pintor y músico, Ramón Pino Farías, quien elaboró
el Escudo del Táchira decretado oficialmente en 1905.156
El colombiano Mariño se estableció en la capital tachirense en 1911.157 En su taller de
pintura y fotografía enseñó esta última disciplina a un joven músico de la Banda del Estado,
discípulo de Nicolás Costantino, quien comenzó con la ejecución del genis. Santos Zambrano
Díaz es el único ejemplo de alguien residente en la ciudad, nativo de ella, que ejerciera las
artes plásticas con cierta notabilidad. En enero de 1917, el novel escultor realizó “un pequeño
busto en greda del general Uribe Uribe”. El trabajo en honor del militar colombiano que
pernoctó en tierras tachirenses en 1901, demostró las cualidades del artista “pues sin
maestros, ni educación académica alguna, logró imprimir a la arcilla el resaltante gesto del

151
EL REPUBLICANO. San Cristóbal. 25 de junio de 1896.
152
HERNÁNDEZ CONTRERAS. Ob. Cit. Pág. 178.
153
LA IDEA RESTAURADORA. San Cristóbal. 17 de julio de 1896.
154
EL TIPÓGRAFO. Táriba. 11 de marzo de 1907.
155
HORIZONTES. San Cristóbal. 6 de abril de 1907.
156
LA IDEA RESTAURADORA. San Cristóbal. 6 de octubre de 1905. Igualmente se encontró el texto
oficial del Decreto. Archivo General del Estado Táchira.
157
HORIZONTES. San Cristóbal. 2 de julio de 1911.
60

guerrero y tribuno liberal”. El llamado de la crónica era para que “sus manifiestas cualidades
artísticas no se ahogaran en la indiferencia y poquedad de nuestro medio”.158
En octubre de 1917, Zambrano pintó un óleo de Rubén Darío,159 y en mayo de 1919
moldeó un busto del Nazareno. De nuevo, la crónica exclamaba la ayuda para este artista del
espectro plástico, área que no recibió aportes del Estado, exceptuando la orden oficial de
elaborar los frescos del Palacio de Gobierno inaugurado en 1907, realizados por el mencionado
italiano Ángel Nóferi.160 Sobre Zambrano, el llamado de la prensa resaltaba
la disposición innata que posee este artista del terruño, bien merecen se
tomaran en cuenta para que medios y estímulos proporcionados a edad
conveniente, permitieran que éste que hoy pasa como un virtuoso ignorado,
fuera mañana una auténtica gloria del terruño, merced a un estudio suficiente
que fuera para la capacidad creadora de él, lo que el polvo de diamante para el
diamante bruto.161

En ese año, Zambrano Díaz (a quien no hay que confundir con Santos Ignacio
Zambrano, el músico homicida de Nicolás Carrero en febrero de 1914, caso ya expuesto), como
músico de la Banda protestó con sus compañeros las arbitrariedades del maestro Costantino.
Huyó del país, se exilió en Colombia, viajó al Zulia y allí fue apresado por orden del general
Eustoquio Gómez. Su talento de pintor y escultor fue ahogado en la cárcel pública de San
Cristóbal donde estuvo recluido entre febrero de 1920 y octubre de 1921, como lo precisó
Ovidio Ostos en su obra Orígenes de la Banda del Estado.

FOTO 27. Santos Zambrano Díaz


Música y Letras
El mundo de las letras corrió igual suerte. Para 1876, algunas pequeñas “obras y
opúsculos” fueron editadas por Domingo Guzmán (1852), Rafael J. Castillo (1864), Juan de Dios
Bustamante (1865) y José Miguel Crespo (1873) con temas parlamentarios, sagrados,
gramaticales, matemáticos y jurídicos.162 Las demás publicaciones fueron esfuerzos
particulares de los escritores que imprimían sus trabajos en Caracas, Mérida o Bogotá. Por la
dificultad en conseguir apoyo para sus libros, dejaron en la prensa tachirense buena parte de
su producción.

158
HORIZONTES. San Cristóbal. 13 de enero de 1917.
159
EL PUEBLO. San Cristóbal. 3 de octubre de 1917.
160
HERNÁNDEZ CONTRERAS, Luis y APARICIO HERRERA, Gregorio. CRÓNICA VISUAL DEL
TÁCHIRA. Municipio San Cristóbal. N° 5. Fototeca del Táchira. Mérida. 2004. Pág. 4.
161
HORIZONTES. San Cristóbal. 14 de mayo de 1919.
162
VILLET, Manuel María y otros. EL TÁCHIRA EN 1876. Biblioteca de Autores y Temas Tachirenses.
Tomo n° 5. San Cristóbal. 1961. Pág. 297.
61

En los periódicos apoyados y sustentados por los diversos regímenes políticos, una
buena parte de intelectuales estuvieron a su servicio. Los opositores iban al exilio, a la cárcel o
al ostracismo. Dos de esas plumas, Emilio Constantino Guerrero y Pedro María Morantes
sirvieron en 1900 a un periódico tachirense creado por el régimen de Castro, La Idea
Restauradora, como directores de sus secciones científicas y literarias.163 Guerrero destacaría
las proezas militares de Cipriano Castro en varios de sus libros como Campaña Heroica de
1903,164 mostrando por primera vez la integridad cultural de su región nativa en El Táchira
Físico, Político e Ilustrado, editado en Caracas por Herrera Irigoyen y bautizado en el marco de
la Exposición Tachirense de enero de 1906, presidida por la primera dama de la República,
doña Zoila Martínez de Castro.165 Entretanto, Morantes fustigó al presidente tachirense en sus
libros El Cabito, Los Felicitadores, y Cuatro Años de mi Cartera, entre otros, escritos bajo el
seudónimo Pío Gil.166 Ellos, como lo cita Marta Sosa, desempeñaron el papel que
Gorki asignaba al escritor la función de ser “el vocero emocional de su país y de
su clase, es su oído, sus ojos y su corazón; es la voz de su época”. El artista
vendría a ser un centro privilegiado de su tiempo, su nación y su situación de
clase.167

Algunos poemas, narrativas y pequeños cuentos quedaron en las páginas de la
hemerografía regional y no han sido recogidos en su totalidad. El Estado no estimuló
sistemáticamente el apoyo a las letras, reduciéndose su participación a un Certamen Literario
programado para el 5 de julio de 1909, adjudicando premios en las modalidades de prosa y
verso. El acto, desarrollado en las instalaciones del Teatro Garbiras contó con discursos,
apologías, recitales de piano con la presencia de señoritas de la sociedad y de la Banda del
Estado.168 Igualmente, la municipalidad de San Cristóbal realizó otro encuentro literario (sin
concurso), para conmemorar el centenario del 19 de Abril de 1810, recitándose unos versos.
Además, se hizo un cuadro plástico en honor del Libertador, se cantaron algunas romanzas, se
escuchó el discurso de José Antonio Baldó, intelectual afecto al régimen y la Banda del Estado
interpretó una obertura y una polca.169
El afecto a lo literario era promovido por sociedades particulares, sin intervención del
Estado. Así lo hizo en Táriba el Gabinete de Lectura y Recreación, fundado el 19 de septiembre

163
LA IDEA RESTAURADORA. San Cristóbal. 24 de octubre de 1900.
164
HERNÁNDEZ CONTRERAS, Luis. ALBAÑILES DEL TACHIRA. Tomo I. Proculta. Mérida. 2002.
Pág. 96.
165
Ídem. Págs. 97 y 98.
166
INSTITUTO DE INVESTIGACIONES LITERARIAS “GONZALO PICÓN FEBRES”.
DICCIONARIO GENERAL DE LA LITERATURA VENEZOLANA. Tomo I. Consejo de
Publicaciones. Universidad de Los Andes. Mérida. 1987. Pág. 216.
167
MARTA SOSA, J. Ob. Cit. Pág. 55.
168
HORIZONTES. San Cristóbal. 3 de julio de 1909.
169
HORIZONTES. San Cristóbal. 16 de abril de 1910.
62

de 1880 por Ascensión Trujillo, instituto cultural que editaba un periódico, reuniendo en torno
de su biblioteca las inquietudes literarias de los jóvenes de la comunidad.170 Este organismo
mantenía una febril actividad reseñada una década después.171 Táriba fue cuna de la inquietud
por las letras. La Sociedad Díaz Rodríguez, iniciativa de comienzos del siglo XX, animada por el
joven José Antonio González Valbuena, luego militar y presidente del Táchira entre 1931 y
1935, creada en honor del médico y escritor mirandino creador de Ídolos Rotos y Peregrina,
entre otras novelas, organizó para la conclusión del año 1910, una velada con muestras de la
obra de su epónimo y exposiciones literarias a cargo de los poetas Pedro Barrios Bosch, Luis
Eladio Contreras y Manuel Beroes. La Banda Cárdenas dio el toque musical al acto.172
Ante la ausencia de iniciativa oficial en el mundo literario, el Salón de Lectura de San
Cristóbal, sociedad civil fundada en abril de 1907, estableció una serie de conferencias,
dictando la primera su presidente Abel Santos.173 Se creó un ciclo de lecturas nocturnas en
1910174, año de la fundación de su Biblioteca circulante,175 y se cumplió con una edición de sus
Juegos Florales, siendo galardonados en la primera justa el sabio Tulio Febres Cordero, en
prosa, y el abogado merideño José Rafael González Uzcátegui en verso.176
En 1911, con motivo del centenario de la fecha patria del 5 de Julio, volvió a realizarse
otra contienda intelectual de esta naturaleza, surgida del sector privado.177 El Estado mantuvo
un relativo apoyo subsidiario mensual a la organización, destacado por algunos mandatarios
regionales como Juan Alberto Ramírez178, quien impulsó la construcción por parte del
Gobierno Nacional de Juan Vicente Gómez, de su primera sede propia, inaugurada el 24 de
julio de 1929.179
Indudablemente, el Salón de Lectura ha representado un centro de formación, difusión
y promoción cultural, auspiciado por la iniciativa particular y fomentado por el Estado, sin
participación alguna en sus postulados. Representó siempre el espacio donde
periódicamente se dictaban conferencias sobre diversos tópicos históricos,
científicos, morales y humanísticos, disertaciones a las cuales se invitaba a
través de la prensa y hojas volantes y que eran posteriormente reseñadas y a
veces reproducidas en su totalidad en los mismos medios.180

170
AYESTARÁN, Ítalo. TÁRIBA EN LA HISTORIA DEL TÁCHIRA. Caracas. 1951. Pág. 55.
171
EL TORBES. Táriba. 24 de mayo de 1889.
172
HORIZONTES. San Cristóbal. 28 de diciembre de 1910.
173
HORIZONTES. San Cristóbal. 6 de mayo de 1907.
174
HORIZONTES. San Cristóbal. 21 de mayo de 1910.
175
HORIZONTES. San Cristóbal. 5 de septiembre de 1910.
176
VILLAMIZAR MOLINA, José Joaquín. Ob. Cit. Pág. 45.
177
HORIZONTES. San Cristóbal. 7 de julio de 1910.
178
EL TÁCHIRA. San Cristóbal. 18 de enero de 1927.
179
DIARIO CATÓLICO. San Cristóbal. 26 de julio de 1929.
180
GONZÁLEZ ESCORIHUELA, R. Ob. Cit. Pág. 38.
63

Es la secuencia de una generación que luchó denodadamente contra el ambiente,


contra la adversidad y la ignorancia. La obra del escritor tachirense del siglo XIX quedó
inconclusa, dispersa. Su mensaje no llegó a las escuelas, como su obra aún no ha sido leída, ni
estudiada, menos investigada. No ha habido tiempo ni voluntad para ello. De nuevo, la
reflexión de Ramón J. Velásquez sobre esta desgracia.
La marca de las tempestades de la política criolla se advierte en lo
fragmentario de sus páginas. Personalidades pertenecientes a estas sucesivas
generaciones de intelectuales merecieron por parte del escritor Luis Correa el
calificativo de “inacabados”. Gonzalo Picón Febres escribía al crítico español
Julio Cejador, en 1912, para señalarle que lo mejor del pensamiento
venezolano del siglo XIX estaba perdido en folletos y en incompletas
colecciones de periódicos.181

FOTO 29. José Antonio Guerrero Lossada


en la Biblioteca del Salón de Lectura

Música y Periodismo
Estrecha relación se mantuvo entre la música y el periodismo, disciplina ésta
emprendida en el Táchira por un colombiano, Domingo Guzmán Escandón, fundador del Eco
del Torbes en 1845, ejercicio intelectual considerado por Arturo Cardozo como “la actividad
más notable en el ámbito cultural”, desplegada por los egresados de la Universidad y de los
Colegios en estas tribunas.182 Algunos de los redactores, directores o creadores de periódicos
eran músicos activos, buenos aficionados, pero ante todo amantes de las artes. En otros casos,
los compositores rindieron homenaje a medios locales con partituras creadas a tal efecto.
En el campo del periodismo regional actuó un joven músico, ejecutante del violín, la
flauta y la trompeta, arte que le permitió ganarse el duro pan del exilio. Cipriano Castro,
general de la República, presidente de la Sección Táchira del Gran Estado Los Andes en 1890, y
primer magistrado nacional desde octubre de 1899, fue administrador del periódico rubiense
El Álbum, dirigido por Miguel Guerrero y Pablo Sánchez en 1878.183

FOTO 30. Cipriano Castro en Cúcuta. 1884

181
VELÁSQUEZ, Ramón J. Ob. Cit. Págs. 31 y 32. Luego, el propio Dr. Velásquez fundaría en 1961 la
Biblioteca de Autores y Temas Tachirenses, recogiendo gran parte de ese pensamiento disperso en casi
200 tomos.
182
CARDOZO. Ob. Cit. Pág. 104.
183
EL ÁLBUM. Rubio. 1878.
64

Unión Liberal es la segunda referencia que en este particular se ha podido hallar.


Fundado en 1880 por el general Ascensión Niño,184 liberal y amigo de Guzmán Blanco, director
de la Banda de los Cachacos, solvente compositor y director, quien fuera por escasos días
presidente del Táchira en 1910. Hacía alusión a las próximas ferias de enero con la presencia
de dos bandas “de 12 individuos cada una”.
Samuel Nathans, seguramente extranjero, era el editor de El 27 de Abril, periódico
creado en razón de la fecha de 1870, cuando Guzmán Blanco tomó Caracas para iniciar su
acción política, conocida como la Revolución de Abril.185 Este órgano comunicacional, fundado
en San Cristóbal en 1883, era además dirigido por partidarios del Ilustre Americano en el
Táchira, como los músicos José Ascensión Niño (redactor), y Marco A. Galaviz quien fungió
como administrador.186 Galaviz perteneció a la musical familia integrada por sus hermanos
Eloy, Julio y Juan de Dios, editando además El Patriota, redactado por los hermanos Carlos
Trinidad y Telasco Pirela Roo, también músicos.187 Otro Galaviz, Felipe, fue encargado de la
Tipografía Seccional.
En 1886, el particular nombre de Brisas del Torbes fue utilizado para denominar el
periódico editado por el impresor y soldado Cornelio Supelano.188 Con ese título, Luis Felipe
Ramón y Rivera escribiría en 1939 el más famoso bambuco de la región, considerado
afectivamente como el segundo himno regional. En 1889, el poeta Horacio Castro y el músico
Hermenegildo Rivera fundaron La Mañana.189 Rivera era hijo del barinés José María Rivera,
integró otra familia musical ejecutando la guitarra y el piano. Participó activamente en las
luchas sociales de fines del siglo XIX, actuó en la Banda de los Cachacos como ejecutante del
flautín. Fue el padre del malogrado músico José María Rivera Carreño, y abuelo del consagrado
compositor e investigador Luis Felipe Ramón y Rivera.190 Hermenegildo Rivera también trabajó
como redactor de La Idea Artística en 1892.191 Un año después, el mencionado Ascensión Niño
era activo colaborador de El Noventa y Dos, órgano redactado por los jóvenes José Abel
Montilla y Abdón Vivas.192
Finalizando el siglo XIX, el ingeniero e institutor Teodosio V. Sánchez fundó El Pincel, en
1895, reseñando con profusión la actividad de la Banda Sucre y el apoyo dado a ésta por la

184
UNIÓN LIBERAL. San Cristóbal. 20 de diciembre de 1880.
185
FUNDACIÓN POLAR. Ob. Cit. Tomo 2. Pág. 628.
186
EL 27 DE ABRIL. San Cristóbal. 17 de mayo de 1883.
187
HERNÁNDEZ CONTRERAS. DICCIONARIO… Pág. 91.
188
BRISAS DEL TORBES. San Cristóbal. 3 de noviembre de 1886.
189
LA MAÑANA. San Cristóbal. 3 de mayo de 1889.
190
José María Rivera era tío materno de Luis Felipe Ramón y Rivera.
191
LA IDEA ARTÍSTICA. San Cristóbal. 1° de enero de 1892.
192
EL NOVENTA Y DOS. San Cristóbal. 26 de mayo de 1893.
65

comunidad mercantil de la capital tachirense.193 Ya se ha hecho referencia a la actividad de


este pianista, maestro, institutor, fotógrafo y monitor social, promotor fundamental de la
creación del Club Táchira.194
Desde comienzos del siglo XX disminuyó la presencia de músicos o artistas como
directores o redactores de los periódicos tachirenses. En 1903, el compositor llanero Justo
Telésforo Jaime, creador del valse El campo está florido, escribió el valse Pepitorias,195 en razón
de una coloquial y popular columna de prensa publicada por el periódico Variedades, dirigido
por el zuliano Francisco E. Montiel, luego por el Dr. Samuel Niño Sánchez, médico y político,
hijo del mencionado general Ascensión Niño.
Otro músico, José Antonio Villafañe, autor de los valses Siempre adelante y Teresa,
compuesto éste ultimo para la esposa del general Celestino Castro, hermano de don Cipriano y
mandatario regional desde 1900, era redactor en 1904 de El Deber,196 junto al abogado
Francisco Eulogio Niño, igualmente músico e hijo del referido don Ascensión.
Este ciclo de permanencia casi sistemática de músicos en el oficio de periodistas
concluye con el general barinés Lisandro Acosta Canales, fundador de El Propagandista,
referido en una crónica del oficial y castrista La Idea Restauradora.197
Así como el músico zuliano Heraclio Fernández compuso para el periódico zuliano El
Diablo Suelto el valse homónimo, de tan notoria difusión, cuya partitura se publicó en 1878,198
el compositor regional Alejandro Fernández escribió para el diario Horizontes, órgano local
fundado por los hermanos Luis y Rafael Quintero en 1903, el cual circuló hasta 1920, un valse
del mismo nombre, estrenado en la retreta de la Banda del Estado interpretada el domingo 24
de septiembre de 1905. De Horizontes no se ha encontrado su partitura, sino la referencia en
ser la única composición dedicada en ese período a un periódico. Sólo queda el comentario
publicado en la crónica.
Antenoche fue ejecutado el gran vals que el profesor don Alejandro Fernández
tuvo la fineza de dedicarnos con el nombre de nuestro diario. Al oír la
introducción todos comprendimos que la inspiración del maestro compositor
vino de muy alto, y luego lo comprobaron las cinco partes siguientes. La
ejecución estuvo a la altura de la pieza. Por todo esto el vals fue muy aplaudido
y el profesor Sr. Fernández felicitado cordialmente en particular.199

FOTO 31. Portada de Horizontes


193
EL PINCEL. San Cristóbal. 10 de agosto de 1895.
194
HERNÁNDEZ CONTRERAS. DICCIONARIO… Pág. 70.
195
VARIEDADES. San Cristóbal. 8 de abril de 1903.
196
EL DEBER. San Cristóbal. 17 de agosto de 1904.
197
LA IDEA RESTAURADORA. San Cristóbal. 23 de junio de 1905.
198
PEÑÍN, J. y GUIDO, W. Ob. Cit. Tomo 1. Pág. 583.
199
HORIZONTES. San Cristóbal. 26 de septiembre de 1905.
66

El Estado apoya la música


Cuando un siglo después de estos acontecimientos, en pleno siglo XXI, la política
cultural del Estado tachirense sigue apoyando al sector musical con un nivel que supera el
50%, quedando para las artes escénicas el 5% y para las visuales casi un 2%,200 se evidencia una
manifiesta preferencia, que tiene su explicación en la gran actividad desempeñada por la
música como arte en el espectro social de la región desde la segunda mitad del siglo XIX.
Las letras, la danza, el teatro o la pintura recibieron esporádicas ayudas, más bien
dádivas. No alcanzaron un mediano nivel profesional, como se nota aún después de tantos
años en la producción de verdaderos egresados en estas áreas, lo que hasta ahora se evidencia
en escasísimo grado. Con las letras podía alabarse al Gobierno, ensalzársele o adularle, lo que
era premiado con un relevante cargo público como la Secretaría de Gobierno, despacho en
que muchos de estos literatos estuvieron trabajando. Un “buen escrito”, era el trampolín para
“un puestecito” o la incorporación a los cuadros políticos en las representaciones a la
municipalidad, legislatura o el Congreso. Eran cargos para los “bachilleres calígrafos que no
alcanzaban a Jefe Civil”, como lo expresara Picón Salas en agónica hora.201 Pero de manera
sistemática no hubo apoyo al sector de las letras en la gestación de editoriales, publicaciones
oficiales en las que sus creaciones estuvieran difundidas, en el auspicio de investigaciones
históricas o de cualquier orden intelectual. Esto no era bien visto por el poder, ni revestía
interés alguno. No hubo presupuestos para ello.
Debido a su aislamiento geográfico, el Estado Táchira tuvo una vida cultural de escasa
relevancia, según algunos autores como Ramón González Escorihuela, quien antepone como
causa “la pobreza fiscal como obstáculo básico”. El historiador, obviando el trascendental
proceso musical aquí expuesto, la describe como
encerrada en sí misma y ajena a cualquier aliento o iniciativa de renovación. En
general, en toda la región se reproducían de manera reiterada los usos y
costumbres prevalecientes en el período colonial, muy sujetos a la influencia
religiosa y a las directrices de los gobernantes que muy poco o nada hacían por
el fomento de la educación y la cultura aún en los niveles más primarios.202

De igual manera no se compusieron cuerpos de danza, ballet, elencos teatrales o se
constituyó una verdadera escuela de artes plásticas. No quedan vestigios de creaciones
dramatúrgicas, cuadros de baile, montajes de cuadros escénicos o retratos oficiales de los
mandatarios. Esto se debió, simplemente por la ausencia de competentes artistas y

200
DIRECCIÓN DE CULTURA Y BELLAS ARTES. MEMORIA Y CUENTA 1996. Gobernación del
Estado Táchira.
201
PICÓN SALAS, M. Ob. Cit. Pág. 132.
202
GONZÁLEZ ESCORIHUELA, Ramón. LAS IDEAS POLÍTICAS EN EL TÁCHIRA. Biblioteca de
Autores y Temas Tachirenses. Tomo N° 115. Caracas. 1994. Pág. 33.
67

representantes de estas artes en el orden profesional. No había oficiantes con prestancia y el


Estado no manifestó interés alguno por promoverlo. Al menos, para las letras estaban los
espacios del Salón de Lectura. Nada más. Estos eran sitios destinados para veleidosos y
esnobistas.
En razón del periodismo, puede notarse la gran prestancia de esos caballeros que
realizaban las más múltiples ocupaciones. Eran militares, políticos, funcionarios públicos,
institutores, músicos y periodistas. En este sentido, el procurador Ascensión Niño y el
educador Hermenegildo Rivera, resumen parte de esa particular clase dirigente cultural, que
dejó en esas páginas del periódico de ayer, la crónica diaria de esta ciudad en sus más
variantes facetas.
Todo el orden estructural de la misma en sus sucesos diarios fue relatado por esos
artistas del pentagrama, de la pluma y de la imprenta, que entendieron que el oficio de
músico, como ellos lo ejercieron, por iniciativa propia, como respuesta de la sociedad civil ante
la anomia del Estado, iba más allá de una retreta, de una tocata, de una velada. Fueron
verdaderos líderes y monitores sociales que incursionaron los órdenes conductuales de una
sociedad que hizo tejido social inspirada por la música.
El Táchira de la segunda mitad del siglo XIX fue liderado por líderes con plena
responsabilidad de su papel como monitores sociales. Luego de la cercanía del poder político,
es decir, con la capital del Táchira establecida en San Cristóbal, con la vuelta a la autonomía
desde 1899, con la intervención del Estado en lo cultural a través de la Banda, esos líderes o
monitores fueron poco a poco silenciados con el crecimiento del poder institucional. Cuando
éste se impuso por la vía de la arbitrariedad, el terror y el silencio fueron protagonistas de una
vida en la que cada quien se dedicó a su oficio. Así, el periodista estuvo su periódico, el músico
en su atril, el político en su comidilla a la sombra del poder, el militar en su cuartel, el pintor en
su refugio espiritual y el poeta en sus juegos florales y en las veladas del ateneo tachirense.
Quienes contraviniesen ese orden sabían que sufrirían, en tiempos de represión, la cárcel, el
exilio o la muerte. Los hombres del Renacimiento tachirense fueron castrados por la invasión
del Estado en las facetas diarias de la vida común.

68

FOTO 32. San Cristóbal a comienzos del


siglo XX. Carrera 7 con calle 8, casa de
Matías Vivas

LOS ESPACIOS DONDE SE HIZO LA MUSICA
La expresión musical surgida de la iniciativa privada o particular se desarrolló en
espacios cerrados de la ciudad de San Cristóbal. Al contrario, la participación oficial, la apoyada
a través de las bandas, tuvo en plazas y parques el ámbito de su ejecución. Se hizo al aire libre,
y eventualmente, en sitios cerrados, pero oficiales, como institutos educacionales, hospitales,
cárceles y asilos. En raras ocasiones, el Estado participó en los actos organizados por
promotores voluntarios en teatros y clubes. Allí, su presencia no era grata. Se evidenciaba un
contraste de orden político, representando la Banda el estamento del poder. Los músicos de la
Banda Oficial no eran los prestantes señores de la sociedad que integraban la Banda de los
Cachacos o la Banda Sucre. Eran simplemente, músicos, que en sus otros ratos ocupacionales
se desempeñaban como artesanos o precarios comerciantes, como se ha hecho referencia.

Los espacios privados. La música entre paredes
Los lugares privados donde se ejerció la música en San Cristóbal estaban
representados, fundamentalmente, por residencias particulares de pudientes familias con
aceptables patios y corredores que albergaban una apreciable cantidad de asistentes. Además
de éstas, estaban el Teatro Garbiras, los clubes Táchira, 19 de Abril, El Vesubio, El Niágara y el
Demócrata, el Salón de Lectura y el Hotel Central.
La actividad musical expresada en recitales, presentaciones de pequeñas compañías de
zarzuelas y veladas culturales se hacía en residencias particulares, como la de la familia
Semidei. Con motivo del viaje a Europa de algunos de sus integrantes, a fines de 1876, en su
casa actuó una banda dirigida por el general Ascensión Niño. Esta fue del gusto de los
asistentes, como lo refleja la nota social, señalando que
tres o cuatro piezas se tocaron por la banda y a la verdad que se notó en ella el
buen gusto y el estudio, se comprendió el adelanto que en pocos días ha
tenido dicha banda desde que la dirige el general Niño, pudiendo decirse que
ahora sí está organizada.203

203
EL PORVENIR. San Cristóbal. 23 de noviembre de 1876.
69


El club El Vesubio, ubicado en el centro de la ciudad en la primera década del siglo XX,
sirvió de escenario para la actividad musical promovida por elementos como Federico Espina y
Teodosio V. Sánchez.204 De igual manera el Hotel Central, aledaño al anterior, sirvió de espacio
para la velada ofrecida en abril de 1901 por el músico colombiano Ramón Lamus G.205 El hotel
Central era propiedad de J. B. Mendoza y estaba ubicado “en la esquina occidental de la Plaza
Páez frente a la casa comercial de Steinvorth”.206 En este espacio, otro artista colombiano,
Camilo Estévez y Gálvez, enseñaba tiple y bandola “por fantasía en noventa días”,207 y en sus
salones comenzó desde 1910, la elemental escuela de música de Nicolás Costantino,
auspiciada por el presidente del Estado, general Régulo Olivares, como lo refirió Marco
Antonio Rivera Useche a José Mardonio González en el trabajo ya citado Simplemente un
Maestro.
Cuando los hermanos Lupi llegaron a San Cristóbal, invitados por Costantino para
formar parte de la Banda Oficial, y luego de su separación de ésta por desavenencias
personales, Luis Lupi fundó en 1911 la Banda Progreso, con el respaldo del comandante de
Armas del Táchira, general Eustoquio Gómez y del empresario Federico Chacón.208 Disuelta
esta institución, su director agradeció a quienes lo respaldaron en la paralela iniciativa,
resaltando al “entusiasta caballero” don Federico Chacón, “por la generosidad y desinterés con
que se dignó ceder uno de los departamentos de su acreditado establecimiento El Niágara
para los ensayos.”209

FOTO 33. Federico Chacón


A pesar de no ofrecer la logística necesaria para una actividad cultural, los clubes
Táchira, 19 de Abril, y Demócrata, sirvieron de marco para la tertulia cultural, la lectura de
textos literarios, los recitales y algunos conciertos de la Banda del Estado. El Salón de Lectura,
en su recinto alquilado, luego propio desde 1929, promovió algunas reuniones culturales, que
en mayor dimensión, se escenificaron en apropiados espacios como el Teatro Garbiras.

204
LA IDEA RESTAURADORA. San Cristóbal. 25 de junio de 1902.
205
LA IDEA RESTAURADORA. San Cristóbal. 24 de abril de 1901.
206
LA IDEA RESTAURADORA. San Cristóbal. 24 de noviembre de 1900. En el mismo punto, con
edificación reformada, los hermanos Villasmil Candiales fundaron el Hotel Royal, inaugurado el 1° de
enero de 1932.
207
ECOS DEL TÁCHIRA. San Cristóbal. 2 de agosto de 1907.
208
HERNÁNDEZ CONTRERAS, L. DICCIONARIO.... Pág. 45.
209
HORIZONTES. San Cristóbal. 3 de febrero de 1912.
70


Los espacios públicos. La música en la calle
Dentro de su obligación a contribuir con el desarrollo del ornato de la ciudad, y luego
de la decisión de fomentar el arte musical tutelando la Banda del Estado, el Estado construyó,
mejoró y adecuó en San Cristóbal, la infraestructura necesaria para la celebración de retretas y
actividades especiales. Auspiciaba a la vez la actividad artística, ofreciendo un momento lúdico
o diversivo. La retreta se convertía en la única actividad de distracción común semanal. De allí
la importancia de las plazas y parques.
Anterior a 1912, la ciudad tenía una curiosa distribución de sus plazas. La Bolívar,
conocida como tal desde 1871, siendo antes Plaza Mayor, se ubicaba frente a la Iglesia Matriz,
luego Catedral, es decir, en el sitio escogido por el capitán español Juan Maldonado para
fundarla en 1561, conocido actualmente como Plaza Juan Maldonado. Era la zona que
albergaba para mediados del siglo XIX, la cárcel pública y el cuartel. Por consiguiente, estaba
distante del sector de movimiento económico de la ciudad.
Este se situaba aledaño al Mercado Cubierto, inaugurado en diciembre de 1876, sitio
que resumía las transacciones comerciales diarias. En sus alrededores se instalaron las oficinas
de las principales casas mercantiles extranjeras y nacionales. Al norte del Mercado, se
desarrolló desde 1890 la Plaza Páez, conocida inicialmente como Plaza de El Pantano, llamada
en 1888 Plaza Guzmán Blanco, constituyéndose como el natural centro de la ciudad, entre las
calles 8 y 9 y las carreras 6 y 7. Las oficinas públicas se encontraban a dos cuadras de la Iglesia
Matriz, en la carrera 5 entre calles 4 y 5, esquina sureste, albergando la Gobernación y la
municipalidad. Unas cuadras al este, entre las carreras 9 y 10 se estableció el Parque Sucre,
sitio de importancia cuando a su lado se construyó el Palacio de Los Leones, concebido como
Casa Municipal, convertido desde su inauguración en 1931, como sede del Poder Ejecutivo y
Judicial. Estas razones explican la peculiar conformación de San Cristóbal como una ciudad en
la que su centro urbanístico no corresponde con la sede física de los poderes públicos.
Coloquialmente, en San Cristóbal, la Plaza Bolívar está en un lado, la Catedral en otro, y el
despacho del Gobernador ha estado a la merced de caprichos y necedades.
Las retretas de la banda se escenificaban en la Plaza Páez. Cuando llovía no era posible
efectuar allí el concierto, entonces, la institución musical se trasladaba a los espacios del
vecino Mercado Cubierto, propuesto por algunos como sede permanente de las retretas, como
sucedió el 23 de mayo de 1905, cuando la inclemencia del tiempo obligó tal mudanza. La
crónica señaló que
iluminado convenientemente el edificio (el Mercado Cubierto), los
concurrentes paseaban por los largos corredores en amena plática durante los
71

intervalos de silencio. Y de todos los labios salía la proposición de exigir al


Gobierno del Estado que fijara definitivamente las retretas en aquel espacioso
local, al cual podían concurrir las familias.210

El grupo familiar no asistía por diversas razones a la Plaza Páez. El espacio no estaba
suficientemente alumbrado, no existían suficientes escaños para sentarse y las meretrices
continuaban asediando esos sitios. Exponía el cronista que “con la luz, las aves nocturnas
desaparecen. Sin la luz y sin asientos, las familias pasarán oyendo una pieza y no
permanecerán en la plaza durante la retreta.”211
El Estado, sostenedor de la Banda que mejoraba en su conformación técnica, estética e
institucional bajo la dirección de Alejandro Fernández, comprendió que la construcción de un
sitio particularmente diseñado para su ubicación, permitiría una mayor atención del público
ante la única diversión colectiva que ofrecía la ciudad, aún no invadida por los elementos de la
industria cultural que ya estaban en camino como el cine, el fonógrafo y la radio.
El general Jesús Velasco Bustamante, presidente del Táchira, músico y compositor que
ordenó la construcción de una glorieta en la Plaza Páez, inaugurándola el 28 de marzo de 1909.
Argumentó este paso en razón de satisfacer
las necesidades de los pueblos de su mando, (y) hace todo cuanto está a su
alcance para que la renta de fomento sea repartida equitativamente entre
todos los distritos, al propio tiempo que procura con solícito interés que esta
renta sea empleada en obras de verdadera utilidad y progreso.212

La puesta en servicio de la obra colocaba a la banda como un producto cultural a
fomentar. El Estado sustentó los aportes presupuestarios a erogar en aras de las condiciones
mínimas para sus actuaciones, brindando a la ciudad espacios de ornato, en los que esa
indirecta política cultural, jamás pensada como tal, pero con manifiestas ejecutorias mostradas
en la práctica, tenía evidentes resultados. El acto contó con la presencia de Velasco, presidente
de la entidad, acompañado del comandante de Armas, general Pedro Murillo, el cónsul de
Colombia en el Táchira, toda la burocracia oficial y las escuelas de la ciudad. La ceremonia fue
considerada como “una organización y compostura indicativas del grado de cultura a que ha
llegado nuestro pueblo.”213
El marcado apoyo del gobierno de Velasco Bustamante hacia la banda se mostró,
además, con el estreno de sus uniformes, acto considerado como “propio de aquel

210
HORIZONTES. San Cristóbal. 25 de mayo de 1905.
211
HORIZONTES. San Cristóbal. 28 de septiembre de 1905.
212
HORIZONTES. San Cristóbal. 26 de marzo de 1909.
213
HORIZONTES. San Cristóbal. 29 de marzo de 1909.
72

espectáculo intelectual de la ciudad.”214 El éxito de la convocatoria motivó al general y


presidente regional a dictar un decreto, por medio del cual, faltando dos años para la
celebración del centenario del 5 de Julio de 1811, ordenaba la refacción de la plaza Bolívar de
la ciudad, ubicada frente a la Iglesia Matriz, “para convertirla en un hermoso parque, el cual se
inaugurará en el día determinado para la fiesta del centenario.”215
Los festejos de tan importante efeméride motivó en los gobernantes la adecuación
óptima de esos espacios. En febrero de 1911, se adelantaban los trabajos de construcción del
“parque de la plaza Páez”, bajo las órdenes del nuevo presidente del Estado, general Régulo
Olivares, quien dispuso la contratación de Costantino como director de la banda, creando la
informal pero eficiente escuela de música ya comentada. La obra que remplazaba el potrero
allí enmarcado, se levantaba con “fondos del Estado y con el producto del 5% de los sueldos de
los empleados dependientes del Ejecutivo, que estos acordaron ceder generosamente para
contribuir a la celebración del centenario.”216 Un mes después se resaltaba el embellecimiento
de la infraestructura, a la que se añadieron las mínimas comodidades para su óptimo uso, lo
que denotaba un progreso en esa área de la promoción pública.217

El Estado toma sus plazas
Sin embargo, la municipalidad de San Cristóbal dispuso, el 25 de octubre de 1912, dar
el nombre de Parque Bolívar a la plaza central conocida desde fines del siglo XIX como Páez, y
el de Páez a la Plaza Castro, llamada comúnmente San Juan Bautista o de La Ermita, ubicada
frente a la iglesia de este nombre. Entretanto, el Ejecutivo Regional ordenó la erección de un
busto del Libertador en la recién creada Plaza.218

FOTO 34. Plaza Bolívar 1912


El espacio fue inaugurado en una fecha de plácemes para el Gobierno, el 19 de
diciembre de 1912, recordándose los tres años de asunción al poder del general Juan Vicente
Gómez. Otra de las fechas de la religión civil que se incorporaba al calendario venezolano de
fiestas y adulaciones. El acto revistió una solemnidad imponiendo el Estado su sobriedad,
demostrando el control del poder cultural en el orden público.219

214
HORIZONTES. San Cristóbal. 30 de marzo de 1909.
215
HORIZONTES. San Cristóbal. 24 de mayo de 1909.
216
HORIZONTES. San Cristóbal. 10 de febrero de 1911.
217
HORIZONTES. San Cristóbal. 11 de marzo de 1911.
218
HORIZONTES. San Cristóbal. 29 de octubre de 1912.
219
HORIZONTES. San Cristóbal. 21 de diciembre de 1912.
73

Los más prestantes oradores intervinieron resaltando la magnífica obra, entre ellos el
secretario General de Gobierno, Pedro León Arellano, y el doctor Teodosio V. Sánchez, quien
habló en nombre del cónsul de Colombia en San Cristóbal. Varios sectores de la colectividad se
hicieron presentes, y hasta la colonia siria, representada por el notable comerciante Luis
Baclini ofrendó ante el nuevo monumento, que mostraba por primera vez en San Cristóbal por
medio de una imagen, el culto a Bolívar.220 Ante la conquista de un nuevo sitio para el
esparcimiento de sus habitantes, la ciudad brindaba a su banda un campo propicio para la
difusión artística. El notable hecho se acrecentó cuando en el parque “espléndidamente
iluminado”, se efectuó la retreta de gala de despedida de fin de año, con una actuación que
anunciaba “ser sensacional”.221

FOTO 35. Plaza Bolívar 1912


En el nuevo lugar el Estado dio a conocer las ignoradas fechas patrias. Se celebraba en
1914, la primera conmemoración del 24 de Junio de 1821. En 1918 se realizaron los actos con
motivo del natalicio del Libertador, el 24 de julio, quedando atrás la inveterada costumbre del
28 de Octubre, Día de San Simón, que jamás volvería a recordarse. Pero la voluntad de un solo
hombre, ciegamente obedecida, impuso otros sitios de reunión, de convocatoria.
Desde el inicio de su despótico mandato regional en 1914, el general Eustoquio
Gómez, residió con su familia en la manzana sur del Parque Sucre. Al este, decretó, el 6 de
diciembre de 1922, la construcción de la Casa Municipal, la que se llamaría Palacio de Los
Leones, inaugurada el 19 de diciembre de 1931, como sede del Poder Ejecutivo y del Poder
Judicial. El decreto original disponía que el edificio sería sede “de la Ilustre Corporación
Municipal y las Oficinas de su dependencia, la Gobernación del Distrito y el Cuartel de
Policía”.222 Viviendo en esa zona, además de amante de la música y del cine, Gómez
institucionalizó las retretas y las vistas cinematográficas en el Parque Sucre, frente a su casa,
desde cuya entrada se instalaba con los suyos en deleite diversivo. La Plaza Páez pasó a ser un
sitio desolado los jueves y domingos de retretas.

Foto 37. Vista del Parque Sucre

220
TUERCA Y TORNILLO. San Cristóbal. 20 de diciembre de 1912.
221
HORIZONTES. San Cristóbal. 31 de diciembre de 1912.
222
HERNÁNDEZ CONTRERAS Luis. CIEN AÑOS DE HISTORIA TACHIRENSE. Tercera edición.
PROCULTA. San Cristóbal. 2012. Pág. 152.
74

En marzo de 1914, en su condición de presidente Provisional del Estado, Gómez


ordenó el embellecimiento del Parque Sucre, “sitio antaño mirado con un casi desprecio”,223 y
en breve tiempo lo convirtió en el nuevo atractivo de la ciudad, a través de los trabajos
dirigidos por su secretario General de Gobierno, el ingeniero Eliodoro Ocanto.224 En su
Mensaje de Gobierno, Gómez declaró la erogación de 58.574,68 bolívares, para convertir a la
plaza en “la mejor de la capital”.225 En lo sucesivo, las retretas de los jueves y domingos,
inclusive la celebración de las efemérides patrias se desarrollaban allí, entre otras, la consabida
fiesta del 19 de Diciembre, con desfiles, paseos de música, concierto vespertino, arriada de
bandera y retreta de gala.

Foto 36. Eliodoro Ocanto


En algunas ocasiones, la festividad política del régimen se efectuó también en la
llamada Plaza 19, frente a la cárcel y el cuartel, en el antiguo sitio de Cuatro Esquinas, es decir,
calles 5 y 6 con carreras 2 y 3. Eustoquio Gómez inauguró la Plaza 19 de Diciembre el 19 de
diciembre de 1915, poniendo en uso ese día el Parque Sucre.226 La Plaza 19, como la llamaba el
pueblo, sirvió para recordar el ascenso de los Gómez al poder, para efectuar las corridas de
toros, celebrando asimismo los festejos de enero y algunas retretas en tan especial fecha, “con
espléndida iluminación, vistas cinematográficas, bellísima pirotecnia, y globos de múltiples
formas y colores.”227

Foto 37A. Plaza 19 de Diciembre


Por más de una década, y por un capricho personal, la Plaza Bolívar fue abandonada.
Sustituido Gómez por Juan Alberto Ramírez en la conducción del gobierno regional, en julio de
1925, un nuevo estado de cosas volvería. Ramírez ordenó que las retretas volverían a
efectuarse en el Parque Bolívar, implementando una serie de mejoras de limpieza y
acondicionamiento de sus jardines. Se demostraba de tal modo la “acuciosidad e interés que
saben desplegar nuestras autoridades en todo aquello que signifique un paso más hacia el
adelanto moral y material del pueblo que gobiernan.”228
Ramírez fue más allá. En 1929, ordenó erigir una estatua ecuestre del Libertador en la
Plaza Bolívar, constituyendo una Junta de Fomento que recogió el óbolo popular para lograr

223
HORIZONTES. San Cristóbal. 30 de marzo de 1914.
224
LA UNIÓN TACHIRENSE. San Cristóbal. 29 de enero de 1915.
225
LA UNIÓN TACHIRENSE. San Cristóbal. 18 de marzo de 1915.
226
HERNÁNDEZ. Cien Años de Historia Tachirense. Pág. 116
227
HORIZONTES. San Cristóbal. 19 de diciembre de 1917.
228
HERALDO DEL TACHIRA. San Cristóbal. 6 de octubre de 1925.
75

parte del cometido. Allí se incorporó junto a su secretario General, Manuel Toro Chimíes y la
esposa de éste, Josefina Mier de Toro, quien conformó una junta de damas para tal propósito.
Entre los monitores destacaron los doctores Pedro Felipe Villasmil y Amenodoro Rangel
Lamus.229 Ramírez, a diferencia de su antecesor, convocó a la sociedad civil para integrarse en
estas obras de común beneficio. Invitó a los variados sectores de la sociedad, en manifiesta
muestra de alianza y esfuerzos de cooperación. La municipalidad presidida por Rangel Lamus,
ante la envergadura de la obra a realizar, dispuso designar con el nombre de Plaza Bolívar, el
sitio denominado Parque Bolívar.230
En el acto de inauguración de la Plaza Bolívar con su estatua ecuestre, realizado el
domingo 19 de mayo de 1929, la Banda del Estado, dirigida por Ramón Espinal Font efectuó
una retreta de gala de 8 a 10 de la noche, siendo iluminado el espacio “a giorno por los
soberbios lampadóforos que sobre esbeltas columnas de bronce lucen espléndidos fanales
esféricos.”231

Foto 38. Plaza Bolívar. 1929.


El Estado marcó, por obligación propia de su responsabilidad, una determinada vía de
construcciones de espacios públicos para el desarrollo del arte musical. Paradójicamente
construyó plazas y parques, engalanándolos con bustos y estatuas, pero jamás edificó para la
propia Banda la necesaria sede para el desarrollo de ensayos y actividades internas. Tampoco
lo hizo con la Escuela de Música creada definitivamente en 1938. Entendió que la institución
musical podía convidar al colectivo a reunirse en la plaza, en razón de la retreta o del concierto
de gala, cumpliendo hasta allí su cometido. Con la presencia del Teatro Garbiras como muestra
de la promoción de la sociedad civil, no tomó interés en construir una edificación como le
fuera solicitada desde 1905. El anhelado Teatro Municipal jamás se ha concretado.

Un Teatro para San Cristóbal
Más de una centuria tiene San Cristóbal exigiendo la construcción de un buen teatro.
Desde las tres últimas décadas del siglo XIX, la familia Garbiras construyó un teatro que al fin
se inauguró en octubre de 1904. Un año atrás, la crónica registraba la posible conclusión de
este aforo, pero destacaba la necesidad de edificar una infraestructura pública para tal
cometido. Desde entonces surgió el sempiterno tema del necesario teatro para San Cristóbal,

229
VILLAMIZAR MOLINA, José Joaquín. CIUDAD DE SAN CRISTÓBAL, VIAJERA DE LOS
SIGLOS. Publicación del Concejo Municipal de San Cristóbal. San Cristóbal. 1992. Pág. 531.
230
VOZ DEL SIGLO. San Cristóbal. 21 de diciembre de 1928.
231
DIARIO CATÓLICO. San Cristóbal. 21 de mayo de 1929.
76

consigna que transcurrido más de un siglo, aún permanece. En 1903, el diario Horizontes,
alertaba al Concejo Municipal, comentando la iniciativa de la familia Semidei Garbiras,
señalando que
a propósito, sería de desear la erección en esta ciudad de un Teatro Municipal,
capaz de atraer las buenas compañías que suelen llegar hasta Maracaibo.
Nuestros munícipes son hombres de buena voluntad para todo lo que dice
relación con el progreso.232

El recinto del Garbiras, ubicado en la calle 6 con carrera 4, esquina sureste, fue
apropiado para la exhibición de veladas culturales, conciertos y representaciones escénicas
protagonizadas por las compañías de zarzuela que actuaron luego de 1904, bien fueran
auspiciadas por sociedades culturales como el Salón de Lectura y otras, y también por el
propio Estado en pocas ocasiones. Esto posibilitó la gestación de empresarios que vivieron del
espectáculo teatral, las exhibiciones de cine, recitales de música y poesía, además de actos
especiales, ofreciéndolo a través de las boletas que los interesados adquirían en sus taquillas.
Por su lado, el Estado hizo una considerable inversión cultural construyendo las dos
sedes del Salón de Lectura. El 24 de julio de 1929, el Ejecutivo Nacional entregó a esta
sociedad su primer inmueble propio, levantado en la carrera 5 con calle 5, esquina noroeste,
obra del arquitecto Eduardo Filomena Castro . Deficiencias del edificio motivaron la realización
del fastuoso edificio diseñado por el arquitecto Luis Eduardo Chataing, inaugurado el 1° de
abril de 1938 frente a la acera norte de la Plaza Bolívar, en el mandato del general Eleazar
López Contreras, advirtiéndose que sus inicios y el logro de la sede anterior fueron
providencias emitidas por el general Juan Vicente Gómez. La administración pública penetró
en los espacios del Salón de Lectura, tal y como lo indicaba su condición de constructor de la
obra, pero a pesar de ello, jamás intentó inmiscuirse en sus programaciones.
Más adelante, el Ejecutivo Nacional puso a la disposición de la colectividad el Teatro de
la Casa Sindical, obra de la modificación del campo físico promovida por el gobierno de Marcos
Pérez Jiménez en enero de 1957. Pero, la ciudad nunca sintió este espacio como su Teatro, por
lo que aún sigue incitando a la construcción de uno como tal.
Se hace necesario insistir que ambos caminos, el civil y el público, se encontraron
pocas veces, como se expresó en la mutua cooperación auspiciada por el presidente Ramírez
en 1929, al nombrar la Junta de Fomento para la erección de la estatua ecuestre en honor del
Libertador. El resultado musical en consecuencia fue diferente. El del sector oficial, al aire libre,
concluía con la retreta en sus jornadas habituales de jueves y domingos, y en el cumplimiento
de una efeméride oficial. Fue absolutamente realizado por músicos profesionales a quienes se

232
HORIZONTES. San Cristóbal. 4 de septiembre de 1903.
77

les cancelaba su respectivo sueldo. La expresión sonora del sector privado terminaba en una
velada íntima o en el concierto al que se accedía por medio de la compra de una boleta o la
suscripción a una temporada de abono. La zarzuela, el recital clásico, la presentación de figuras
internacionales y nacionales sólo fueron posibles por esta ruta que fue aplastada por el Estado,
y por la decadencia de una sociedad civil que no acompañó a sus promotores en esa política de
fomento.

FOTO 39. Teatro Garbiras


La compra de boletas quedó para un sector reducido de la sociedad en la que sus
gustos se redujeron al grupo de siempre, que generación tras generación, lucha
desaforadamente por tener a la mano una exquisitez musical que tiene un significativo costo,
como real concepto cultural, considerándolo como el resultado de una ecuación entre oferta y
demanda. En el Táchira, muchos se acostumbraron a la política cultural del concierto gratis,
hecho posible por la renta petrolera. He ahí la diferencia. Por ello el incesante e inconsciente
reclamo de un teatro, sin saber que se erigiría un elefante blanco que moriría de inanición por
la ausencia de políticas de mantenimiento, como se ha demostrado con espacios como el
Salón de Lectura o el teatro de la Casa Sindical.
Sólo en el recuerdo quedan los aires del Garbiras, cuya demolición auspició el
municipio en la década de los cincuenta, en consecuencia, se afianzó la inveterada costumbre
de ausencia de políticas de preservación del patrimonio. Algunos, tardíamente, notaron que lo
poco que quedaba de su pasado, había desaparecido para siempre.

INFLUENCIA EXTERNA EN LA CULTURA MUSICAL TACHIRENSE
San Cristóbal, punto de encuentro cultural
La importancia que iba adquiriendo la ciudad de San Cristóbal como epicentro de una
economía capitalista, a consecuencia de la riqueza del café, logró gestar en ella un proceso
conocido como “la cultura musical tachirense”, de profundas raíces sociales.
Se planteó la dicotomía entre el poder oligárquico o conservador, representado por los
cultivadores de trigo, y los aliados del café o buscadores de rutas de comunicación, que
fomentaban las ideas liberales. Sin embargo, ambos motivaron el desarrollo del arte musical a
través de la presentación de conciertos, recitales, temporadas líricas y el fomento de una
banda sostenida por el comercio local. No sería temerario argumentar que la cultura del trigo
tomó para sí los llamados cantos folklóricos como la Perra Baya, El Macallao y El Gobierno,
transmitidos de generación en generación. Entretanto, la cultura del café, originó la música
78

popular tachirense, aquella de la cual se conoce su compositor, la cual presenta cuatro


influencias que hasta la fecha se han podido diferenciar. En el campo político, Arturo Cardozo,
presenta los dos caminos de un interés económico, dos concepciones distintas de la vida.
Durante el siglo XIX, el tradicional cultivo del trigo simboliza en política la
tendencia conservadora, goda; mientras que la caficultura, de reciente
expansión, expresa la liberal. La brevedad de los débiles gobiernos liberales del
Gran Estado Los Andes, presididos por Medina, Alvarado y Morales, revelan la
fuerza que aún conserva en la mayor parte del territorio andino la tradicional
oligarquía del trigo. El sector comercial surge y se desarrolla en la Cordillera,
estimulado por el tráfico del café. A pesar del poderío económico y militar de
la oligarquía triguera, el grupo mercantil va prosperando paulatinamente, al
ganar como aliados potenciales a los caficultores, fracción de la misma
oligarquía. La inmigración extranjera, muy especialmente la italiana, viene a
robustecer y a acelerar este proceso.233

Luego del devastador terremoto de Cúcuta del 18 de mayo de 1875, el que trajo
sentidos efectos en la ciudad de San Cristóbal y otras capitales como Capacho o San Antonio,
se originaría en la capital tachirense un nuevo orden urbanístico. En esos años de prosperidad
material, también de tormentas políticas, conflictos sociales y pasiones partidistas, se notó el
interés por parte de varios artistas de visitar la ciudad en la que convergían, como mágico
crisol, las más distintas influencias del orden cultural. Se sucedió, entonces, un mestizaje de
saberes protagonizado por personajes provenientes de Europa, Colombia, los Llanos
venezolanos, del centro de la República y del Zulia. Esto tendría marcada consecuencia en la
razón esencial de expresarse las múltiples maneras de ser tachirense.
En el estricto orden musical, se puede acotar la presencia de notables pianistas y
concertistas de renombre nacional que dejaron su marcada huella en lo artístico. De igual
manera, la actuación de elencos internacionales de zarzuela y teatro lograron tal efecto,
acentuándose con la visita oficial al Táchira de la primera dama de la República, doña Zoila
Rosa Martínez de Castro, en enero de 1906.
Indudablemente, la influencia se manifestó en la ejecución por parte de músicos
locales y de la Banda del Estado, de una serie de partituras compuestas por esos creadores de
renombre, y el notorio surgimiento de piezas musicales basadas en formas musicales europeas
como el valse, la mazurca, la polca, el pasodoble o colombianas como el bambuco, con sus
respectivas variantes. A esto se agrega en la segunda mitad de los años veinte, la aparición del
radio, con el asombro ante los sonidos emitidos por el peculiar cajón, evidenciándose el paso
de la industria cultural con los pianos eléctricos, pianolas, fonógrafos, victrolas, gramófonos y
discos.

233
CARDOZO, A. Ob. Cit. Pág. 99.
79

Es de acotar que algunos de estos artistas viajaron al aislado territorio promocionando


su espectáculo, cuales músicos itinerantes. Los elencos musicales y escénicos, en principio,
recorrían el país y sus diversas capitales en giras artísticas, buscando algún dinero para su
sostenimiento, por lo que algunos comerciantes de las localidades visitadas actuaban como sus
representantes, adecuando su actuación en clubes de San Cristóbal, Rubio y en el Teatro
Garbiras. Los más prestantes y afamados estaban protegidos por gobernantes como Cipriano
Castro y Juan Vicente Gómez, quienes asumían en nombre del Estado el traslado de los elencos
o solistas y su estancia completa, como especial regalo que daban a su pueblo para que se
culturizara.

Especiales visitantes. Artistas y Compañías líricas
Hay referencias sobre la presencia en San Cristóbal de una compañía de
prestidigitación del señor J. D. Wallace, el 9 de agosto de 1885. En el número musical participó
el artista local Eloy Galaviz, quien estuvo “arrobador con su violín”, acompañado al piano por
el joven Soto234. Es muy probable, que por el apellido y el instrumento, se refiera a Elías
Mauricio Soto, pianista cucuteño nacido en 1858, creador del célebre bambuco Brisas del
Pamplonita.235
En 1886 estuvo en la ciudad la “compañía lírico dramática española” de Raimundo
Miguel de Carmona, de la que no hay mayor referencia.236 Otra empresa teatral y musical, en
la que viajaba el notable pianista caraqueño Rafael Saumell, visitó la ciudad en septiembre de
1893. Se trataba de la Compañía Cuello, integrada por el señor Joaquín Cuello y Moreno, la
señora María Cuello, “con la señora Cabello, el señor Bargalló y el señor García”. En la crónica
se destaca la presencia del muy competente Saumell y el deficiente piano que ejecutó,
señalando que “es un artista de mérito cuya competencia es de todos reconocida; pero el
instrumento sonaba como llaves o estribos o algo así. Se dice por ahí que por un piano bueno
le pidieron a la empresa ¡media morocota por noche!”237 Otra actuación de la Compañía de
Zarzuela Cuello y de su pianista Saumell se realizaría en octubre de 1895.238 Para 1894, aún
permanecía Saumell en el Táchira, participando con el pianista barinés Diego García, en un
recital ofrecido el 26 de marzo con la actuación del violinista Julio Angulo Lewis,
presumiblemente colombiano.239 Era Saumell un considerable artista de dimensión

234
EL 27 DE ABRIL. San Cristóbal. 13 de agosto de 1885.
235
HERNÁNDEZ CONTRERAS, Luis. DICCIONARIO. Pág. 181.
236
EL 27 DE ABRIL. San Cristóbal. 27 de abril de 1886.
237
EL LIBERAL ANDINO. San Cristóbal. 30 de septiembre de 1893.
238
EL MOSAICO. San Cristóbal. 23 de octubre de 1895.
239
EL CONTADOR. San Cristóbal. 29 de marzo de 1894.
80

continental, y la Banda del Estado ejecutaría en agosto de 1905 su famoso valse pianístico
María,240 repitiéndolo en noviembre de 1906,241 lo que denota la fuerte influencia dejada en el
ambiente. En 1894 se presentó el flautista ciego Elisardo Álvarez del Campo, quien ejecutaba la
flauta, el piano y poseía una voz de barítono. Realizaba una gira entre Maracaibo y Cúcuta.242
Según la Enciclopedia de la Música en Venezuela de la Fundación Bigott, Álvarez del Campo era
nativo de La Guaira. Estuvo en La Grita en el Colegio del Sagrado Corazón de Jesús dirigiendo
una misa con la participación de 25 alumnos del plantel.243
Para 1895, Julio A. Peñuela, de quien se desconoce su origen, ofrecía sus servicios en
Rubio en materia de música vocal e instrumental para funciones religiosas, igualmente en
“instrumentación de himnos, piezas para banda y para piano, y para la composición, afinación
y enseñanza del mismo”.244 Al menos este aviso denota su idoneidad profesional. Peñuela
actuaría con el colombiano Gabriel Bargalló en una velada lírica realizada en Rubio, el 3 de julio
de 1896, “a beneficio del Hospital”.245 Es muy probable que Bargalló haya sido el cantante
mencionado que integraba la Compañía Cuello. Con motivo de la fiesta de los setenta años de
vida del sacerdote Justo Pastor Arias, hombre de gran arraigo y monitor social de la zona,
ambos le dedicaron un himno, con letra de Bargalló y música de Peñuela.246 El último obtuvo
como ganancia de la velada artística un producto de cincuenta pesos,247 y trabajó como
administrador del periódico La Limosna.248 No hay más referencias sobre Bargalló a partir de
octubre de 1897.
La temporada ferial de San Cristóbal de 1896 contó con la presencia de la Compañía
Lírico-Española, participando la posibilidad de trasladarse a Rubio.249 No hay certeza si viajó o
no a la capital de Junín, pero en ésta actuó el pianista alemán Franz Richter en una velada a
beneficio del Hospital de Caridad, realizada el 19 de abril. El acto revistió notable interés
asistiendo “el Presidente del Estado y su Secretario”. Participaron, además, la señorita Elena
Richter, hermana del mencionado, cantando varias canciones, la señorita M. Serrano
interpretando “un trozo de Norma ejecutado brillantemente”, además de la Banda Junín
conducida por Alejandro Fernández.250 El músico alemán realizó “una difícil composición” al

240
HORIZONTES. San Cristóbal. 26 de agosto de 1905.
241
VOZ DEL ESTADO. San Cristóbal. 21 de noviembre de 1906.
242
LA REVISTA NEGRA. San Cristóbal. 28 de mayo de 1894.
243
HERNÁNDEZ CONTRERAS. Ídem, Pág. 30.
244
LA LIMOSNA. Rubio. 15 de junio de 1895.
245
LA LIMOSNA. Rubio. 18 de julio de 1896.
246
LA LIMOSNA. Rubio. 9 de agosto de 1896.
247
LA LIMOSNA. Rubio 1° de septiembre de 1896.
248
LA LIMOSNA. Rubio. 15 de octubre de 1897.
249
LA LIMOSNA. Rubio. 1° de enero de 1896.
250
LA LIMOSNA. Rubio. 10 de mayo de 1896.
81

piano. En el acto, el sacerdote Baltasar Vélez leyó “un discurso sobre la música”.251 Culminada
su actuación, la familia Richter, integrada por Franz, su hermana Elena y su esposa Ana viajó a
Alemania.252
Otros músicos colombianos participaron en la promoción particular del arte musical,
destacándose Simón Domingo Bolívar y Julio Angulo Lewis. Desde junio de 1896, Bolívar,
residente en el Hotel Central de Cúcuta, ofrecía sus servicios profesionales “en los ramos de
pintura y música”,253 siendo una de las escasas referencias del arte plástico al que se hizo
acotación, capítulos atrás. Luego, se anunciaba como “maestro de música con diploma de la
Academia de Bogotá y Profesor de ésta”. Decía haber sido director “de las Bandas nacionales
de Tunja y Bucaramanga”. Además de enseñar pintura, Bolívar daba clases de “piano, violín,
contrabajo, teoría y armonía” durante su estancia en el Norte de Santander.254 El jueves 20 de
agosto, Bolívar y Lewis ofrecerían un recital que fue suspendido por mal tiempo. Luego de
efectuado, viajaron a Cúcuta.255 En el referido Boletín Comercial editado en Táriba por José
Trinidad Colmenares, aparecen como profesores de música en Rubio, para abril de 1897, los
mencionados Alejandro Fernández y Domingo S. Bolívar, además de Gabriel Bargalló como
profesor de canto.256 También existe una cita sobre la presencia de una “compañía de zarzuela
española”, anunciando su actuación en Rubio, entre el 1° y el 6 de enero de 1898.257

Sones de guerra
Dos sucesos sacudieron fuertemente la paz del Táchira de fines del siglo XIX y
comienzos del XX. La Revolución Restauradora, campaña iniciada formalmente el 23 de mayo
de 1899 por Cipriano Castro, condujo a diversos encuentros bélicos como las batallas de
Tononó, Las Pilas, Cordero y El Zumbador.258 La inestabilidad política en la región motivó el
traslado del general Juan Vicente Gómez, quien llegó al Táchira con la investidura de jefe Civil y
Militar, cargo que desempeñó desde marzo hasta el 16 de agosto de 1900, cuando entregó el
poder al hermano de Cipriano, Celestino Castro. Un año después, entre el 26 y 27 de julio de
1901, se realizó la invasión del territorio nacional a través del Táchira. El acto
fue liderado por el médico venezolano y general Carlos Rangel Garbiras, quien
está al mando de seis mil hombres provenientes del vecino país,
pertenecientes al ejército de línea colombiano quienes han recibido el apoyo

251
LA LIMOSNA. Rubio. 20 de mayo de 1896.
252
LA LIMOSNA. Rubio. Mayo de 1896.
253
EL REPUBLICANO. San Cristóbal. 25 de junio de 1896.
254
LA LIMOSNA. Rubio. 1° de octubre de 1896.
255
EL PINCEL. San Cristóbal. 22 de agosto de 1896.
256
BOLETÍN COMERCIAL. Táriba. 14 de abril de 1897.
257
LA VOZ DE JUNÍN. Rubio. 11 de noviembre de 1897.
258
HERNÁNDEZ CONTRERAS, Luis. ALBAÑILES. Ob. Cit. Pág. 49.
82

del gobierno colombiano del presidente José Manuel Marroquín, enemigo


político del presidente Cipriano Castro.259

El 28 y 29 estalló la Batalla de San Cristóbal, extendiéndose a varias localidades. En
consecuencia, el ambiente tachirense no estaba para conciertos, veladas o compañías de
zarzuela. Todo se restablecería años después. Por eso, la referencia artístico musical sólo se
circunscribe a las actividades de la Banda Sucre,260 denominada en algunas ocasiones como
Banda del Estado.261

Foto 41. Carlos Rangel Garbiras


La fiesta continúa
José Carrillo, transformista procedente de Mérida, quien “trae consigo un buen
zonófono concierto con el cual amenizará los entreactos”, fue una de las atracciones de
1903.262 A fines de este año, J. R. Díaz Valdepares y el promotor local y contratista Federico
Chacón, anunciaban la posible actuación en San Cristóbal de la compañía dramática española
de Luisa Martínez Casado, “egregia artista”.263 Se trataba, en cuestión, de una prestigiosa
intérprete cubana que actuó por esa temporada en Caracas, Maracaibo, Valencia y La Guaira
causando “sensación en el público caraqueño”, demostrando “su gran superioridad
escénica”.264 El elenco que se presentaría en el Táchira constaba “de treinta y cinco personas, y
el repertorio es de lo más escogido.”265 El viaje no se realizó.
Un año después se anunciaba la posible visita de la citada compañía, conocida como la
de Terradas y Valdepares para las fiestas de enero de 1905.266 El elenco arribó a San Cristóbal
el 27 de diciembre, “proveniente de la capital de la República por orden del general Castro”267.
Su director Enrique Terradas, anunció, como gratitud, dedicar la primera función en honor del
presidente del Táchira, general Celestino Castro. La ocasión no podía ser más importante.
Habían transcurrido seis años “sin la presencia de una compañía en San Cristóbal”.268
La corporación fue conducida musicalmente por el pianista Manuel del Castillo, quien
ofreció durante su estancia sus servicios como afinador de pianos, igualmente “a los amantes

259
Ídem. Pág. 52.
260
LA IDEA RESTAURADORA. San Cristóbal. 27 de noviembre de 1901.
261
LA IDEA RESTAURADORA. San Cristóbal. 14 de marzo de 1902.
262
HORIZONTES. San Cristóbal. 24 de diciembre de 1903.
263
HORIZONTES. San Cristóbal. 30 de diciembre de 1903.
264
MARGHELLA, José Jorge y LEÓN, Moraima Coromoto. EL TEATRO CARAQUEÑO EN LA
ÉPOCA DE CIPRIANO CASTRO (1899-1908). Biblioteca de Autores y Temas Tachirenses. Tomo N°
161. Caracas. 1998. Págs. 110-111.
265
HORIZONTES. San Cristóbal. 27 de noviembre de 1903.
266
EL BOLETÍN. San Cristóbal. 19 de diciembre de 1904.
267
LA IDEA RESTAURADORA. San Cristóbal. 31 de diciembre de 1904.
268
Ídem.
83

del bel canto, los números de música para canto y piano de las zarzuelas estrenadas durante la
temporada”.269 La empresa encabezada por la “primera tiple” Teresa Puch,270 anunciaba la
puesta en escena de las zarzuelas “Los pobres de Madrid; Coro de Señoras; el Rey que rabió; La
carcajada y La obra de Terradas”.271 En caso de ausencia de luz eléctrica, la empresa Terradas-
Valdepares preveía una innovación lumínica compuesta de 65 lámparas de kerosene “para
alumbrar el teatro en las noches de función”, anunciando, en tono de advertencia, “para que
sepa que no se suspenderá ninguna función por falta de luz.”272 Del Castillo había llegado a
Venezuela con una compañía española de zarzuela, contratada para fines de 1903 por el actor
Félix Ramírez.273 Se trataba, por lo tanto, de un solvente músico.

Doña Zoila vuelve a su tierra. La Exposición regional. Loas y elogios con música
Desde comienzos de diciembre de 1905 se advertía sobre la inminente visita de la
Compañía de Zarzuela y Versos de Guillermo Bolívar y Sebastián Díaz Peña. El primero,
precursor del teatro venezolano es citado por la referida Enciclopedia de la Música en
Venezuela editada por la Fundación Bigott, como nativo de La Guaira, quien ya actuaba, en
1881, con una destacada carrera ejercida en varios países de América Latina.274

Foto 42ª. Guillermo Bolívar


Díaz Peña era un notabilísimo pianista, director y compositor nativo de Valencia, cuyo
vínculo musical al gobierno de Cipriano Castro fue más que evidente por las obras que
compuso. Su música era conocida en el Táchira, pues la Banda del Estado dirigida por
Alejandro Fernández había interpretado varias partituras suyas, destacándose los valses Club
Victoria en diciembre de 1903;275 Zoila (en alusión a la primera dama de la República) en enero
de 1905;276 La Reforma en marzo de 1905;277 y El Pacificador, “dedicado al valiente general
Juan Vicente Gómez”, ejecutado en mayo de 1905.278

269
HORIZONTES. San Cristóbal. 10 de enero de 1905.
270
HORIZONTES. San Cristóbal. 5 de enero de 1905.
271
LA IDEA RESTAURADORA. San Cristóbal. 19 de enero de 1905.
272
HORIZONTES. San Cristóbal. 14 de enero de 1905.
273
MARGHELLA y LEÓN. Ob. Cit. Pág. 88.
274
PEÑÍN, J. y GUIDO, W. Ob. Cit. Tomo I. Págs. 208-209
275
HORIZONTES. San Cristóbal. 31 de diciembre de 1903.
276
LA IDEA RESTAURADORA. San Cristóbal. 19 de enero de 1905.
277
HORIZONTES. San Cristóbal. 4 de marzo de 1905.
278
HORIZONTES. San Cristóbal. 27 de mayo de 1905.
84

Foto 42. Sebastián Díaz Peña al frente de la


Banda Presidencial

El maestro arribó a San Cristóbal a fines de noviembre de 1905 con un prestigioso
grupo que incluía, entre otros a los artistas Aurora González, Emma Soler, Rafael Guinand,
Antonio Saavedra, Eugenio Rivero y Ramón Núñez.279 La primera función se realizó el 30 de
noviembre con el drama Mala Raza de Echegaray y la “preciosa zarzuela” Chateau Margaux.280
Es de resaltar la presencia de los célebres Guinand y Saavedra, eximios representantes del
teatro venezolano.

Fotos 43 y 44. Rafael Guinand y Antonio


Saavedra
La importancia de las festividades de Rubio motivó a la compañía de zarzuela a
trasladarse a esa capital para ofrecer cinco funciones, destacándose en los entreactos, las
“escogidas piezas magistralmente ejecutadas al piano” por parte de Sebastián Díaz Peña,281
quien luego de presentar “sus respetuosas consideraciones a la culta sociedad de San
Cristóbal”, mediante pública tarjeta,282 anunció sus oficios como componedor de pianos, es
decir, reparador y afinador de estos instrumentos.283
Desde ese año, el Estado comprendió la necesidad de promover un encuentro o
acercamiento entre los habitantes del Táchira. Era necesario que las gentes de La Grita o de
Pregonero supieran qué hacían sus paisanos de San Antonio o de Rubio, y viceversa. Se hacía
obligante enseñar ante el país nacional que el Táchira era una tierra decente, trabajadora y
compuesta por buenas familias y no por un séquito de bárbaros. Por eso, en su mensaje anual
ante la Asamblea Legislativa, el presidente del Táchira, general Celestino Castro propuso
realizar, en el marco de las festividades de enero de 1906, una exposición con la finalidad que
la entidad “diese una muestra de sus adelantos alcanzados en esta era de paz, de trabajo y de
orden”.284 Surgiría “La Exposición Tachirense”.

279
HORIZONTES. San Cristóbal. 16 de noviembre de 1905.
280
HORIZONTES. San Cristóbal. 28 de noviembre de 1905.
281
HORIZONTES. San Cristóbal. 5 de diciembre de 1905.
282
LA IDEA RESTAURADORA. San Cristóbal. 1° de diciembre de 1905.
283
LA IDEA RESTAURADORA. San Cristóbal. 8 de diciembre de 1905.
284
HERNÁNDEZ CONTRERAS, Luis. CRÓNICAS DE SAN CRISTÓBAL. (sin publicar).
85

El 30 de agosto de 1905, se promulgó el decreto que estableció la junta que regiría


todo el orden del encuentro social y cultural, además de organizar el programa y su
reglamento, nombrando las comisiones indispensables para su cometido. El presidente de la
República, general Cipriano Castro, fue designado presidente honorario de la Exposición por
derecho de supremacía y título de tachirense, actitud aplaudida desde Caracas por los doctores
Emilio Constantino Guerrero, J. Abdón Vivas y el general Simón Bello.285
Participaron todos los distritos que componían el territorio autónomo del Táchira,
sumándose el distrito Páez del estado Apure, perteneciente entonces a la jurisdicción
tachirense. Fueron mostradas las más variadas líneas industriales, artesanales, intelectuales y
científicas, siendo analizadas por notables examinadores. Los pabellones de exposición fueron
ubicados en la casona que ocupaba el palacio de gobierno regional desde 1890, es decir, en la
esquina noreste de la calle 5 con carrera 5, al norte inmediato donde sería construida la sede
posterior de los poderes públicos en 1907. En el aspecto artístico vale señalar que la
decoración de la fachada de los pabellones de exposición, fue realizada por Henrique Soulés y
Ángel Nóferi, ambos pintores y fotógrafos, exhibiéndose un retrato de Cipriano Castro,
elaborado al creyón por Antonio Merchán, también fotógrafo.
En el ámbito literario se presentaron libros escritos por José Abel Montilla, Antonio
Rómulo Costa, Ramón Vera Guerrero, Benjamín Baldó y Emilio Constantino Guerrero. El doctor
Guerrero, afecto al régimen, publicó uno de los primeros análisis hechos sobre la región en los
más variados órdenes, El Táchira Físico, Político e Ilustrado, trabajo del que se han realizado
cuatro ediciones, siendo una antología que muestra toda la identidad en los órdenes
geográfico, físico, económico, social, industrial y cultural, integración que empezó a ser
denominada gentilicio tachirense.

Foto 45. Emilio Constantino Guerrero


Tres composiciones se dieron a conocer en este marco expositivo. El músico
colombiano Eleazar Guerrero, ex director de la Banda Sucre y el poeta V. M. Lugo Blanco
presentaron el Himno Patriótico que el Distrito Castro dedica al General Cipriano Castro. De
igual manera, José Consolación Colmenares, quien enseñó violín al propio caudillo restaurador
en sus años mozos, compositor del Himno al Libertador en 1883, envió desde Pregonero la
partitura del Himno a la Paz, al Trabajo y a la Unión. Entretanto, el director de la Banda del
Estado, Alejandro Fernández, escribió la marcha La Exposición Tachirense.286

285
Ídem.
286
Ob. Cit.
86

Foto 46. Zoila de Castro


La Exposición y Ferias de enero de 1906 tuvieron una visitante muy particular, la
primera dama de la República, doña Zoila Rosa Martínez de Castro. Por primera vez los
tachirenses presenciaban el arribo de una personalidad directamente vinculada al ámbito
político nacional. El peso del poder se reflejaba en la figura menuda de la conocida dama,
investida desde la majestad presidencial con tamaña dignidad. Fue recibida, el 7 de enero por
su cuñado, el mandatario regional, general Celestino Castro, recorriendo varias poblaciones
que salieron a saludarla, como Colón, Michelena y Lobatera.

Foto 47. Llegada de Zoila de Castro al


Táchira
La Banda del Estado por decisión taumatúrgica del poder local se transformó en Banda
Castro, ofreciendo una retreta en su honor en la Plaza Páez, con “iluminación general en la
ciudad”. La estancia de la compañía lírica fue muy efectiva, pues el día 13 de enero le dedicó
en el Teatro Garbiras, en función especial, las zarzuelas La tela de araña y Las amapolas,
precedidas del gran valse Zoila, interpretado al piano por su compositor, el maestro Sebastián
Díaz Peña. De nuevo en el Club Táchira, se le rindió un baile amenizado por la novedosa Banda
Castro dirigida por el propio Díaz Peña,287 cuya influencia marcada en lo estético fue
aprovechada entre otros por Justo Telésforo Jaime, creador del joropo tachirense Punta e’
Soga, cuyos compases iniciales son una evocación del colorido Marisela del valenciano, la cual
éste dedicara al presidente de Venezuela, Francisco Linares Alcántara. La música de Díaz Peña
continuaba ejecutándose años después, pese al exilio que debió tomar a la caída de su mentor
Cipriano Castro. En marzo de 1919, la Banda del Estado interpretaba su valse Favorita.288
Cabe destacar que la participación de Díaz Peña y su vínculo con doña Zoila no eran
improvisados. En Caracas, el general Castro y su esposa ofrecieron varios agasajos, entre el que
destaca “uno de los bailes más fastuosos”, celebrado en la Casa Amarilla en honor de las
sociedades de los Bancos Caracas y Venezuela. Para el mismo se construyó un especial kiosco
donde se ubicó la Banda Marcial de Caracas y una orquesta dirigida por el propio Sebastián

287
Ídem.
288
HORIZONTES. San Cristóbal. 1° de marzo de 1919.
87

Díaz Peña.289 Era la consecuencia de un régimen con visos de providencialismo, cuyo origen es
explicado por Ramón J. Velásquez como
siempre alimentado por la adulación que fabrica himnos y títulos, en donde
siempre el caudillo de turno es comparado con las más altas figuras de la
historia universal, los proclaman sucesores de Bolívar, les consagran estatuas,
bustos, poemas y canciones... indica la instalación de una camarilla integrada
por cortesanos y negociantes (la cual) forma parte de los actos iniciales en
cada uno de esos gobiernos.290

Luego de la rimbombante temporada de enero de 1906, surge la figura de un
desconocido músico colombiano, Camilo Antonio Estévez y Gálvez, quien anunciaba, en agosto
de 1907, la inminente fundación de una estudiantina, ofreciendo la enseñanza de
instrumentos de cuerda “por fantasía” en noventa días.291 Estévez y Gálvez fue del aprecio de
Alejandro Fernández y de la Banda del Estado, pues la institución presentó en varias retretas
sus valses Sí y Club Táchira en 1907, igualmente su serenata Blanca.292 Radicó en Táriba donde
fue profesor de música, estableciéndose luego en Boconó (Trujillo), para fundar la Banda
Filarmónica Gómez.293
La tranquila ciudad no volvió a recibir un gran elenco musical-escénico. Caído Cipriano
Castro en diciembre de 1908, un año después, su sucesor, el general Juan Vicente Gómez
ofrecía los pasajes a una compañía de zarzuela para su visita al Táchira, en manifiesta
intervención como mecenas cultural.294 Esta resultó ser la Compañía Artística de Canto y
Zarzuela dirigida por Luis María Reyes, la que actuó en la temporada de enero de 1910295. En
agosto de ese año, un elenco colombiano visitó San Cristóbal, bajo la dirección de los señores
Luis Felipe Peña maestro director, y J. Faría, maestro concertador. Su representante era
Florencio Ampudia.296
Las temporadas rubienses de diciembre de 1911 y enero de 1912, fueron amenizadas
por la Compañía de Zarzuela dirigida por el pianista Friné Pérez.297 Su estancia fue muy
particular, pues este músico informó sobre la relación económica de su actuación. Es un
curioso dato que se agrega a esta investigación, tal vez la única referencia existente sobre ese
particular. Declaró que ingresaron 1.326,64 bolívares, registrándose en egresos 1.079,70,

289
MILANCA GUZMÁN, Mario. LA MÚSICA EN EL TIEMPO HISTÓRICO DE CIPRIANO
CASTRO. Biblioteca de Autores y Temas Tachirenses. Tomo N° 125. Caracas. 1995. Pág. 214.
290
VELÁSQUEZ, Ramón J. Ob. Cit. Pág. 26.
291
VOZ DEL ESTADO. San Cristóbal. 2 de agosto de 1907.
292
VOZ DEL ESTADO. San Cristóbal. 28 de agosto de 1907.
293
PEÑÍN, J. y GUIDO, W. Ob. Cit. Tomo I. Pág. 563.
294
EL CIVISMO. San Cristóbal. 17 de noviembre de 1909.
295
HORIZONTES. San Cristóbal. 12 de enero de 1910.
296
HORIZONTES. San Cristóbal. 5 de agosto de 1910.
297
HORIZONTES. San Cristóbal. 20 de diciembre de 1911.
88

quedando un abono para la compañía de 241,95 y para la empresa de 4.99.298 Pérez también
se ofreció a dar clases de piano a domicilio. Regresó con otra notable empresa lírica que se
presentó en la capital tachirense en agosto de 1912, la Compañía de Opereta, Zarzuela y Verso
de Manuel Pellicer.299 Se trataba de una agrupación venezolana dirigida por este actor, la cual
debutó en el Teatro Caracas el 19 de septiembre de 1908.300
Con este elenco, el larense Friné Pérez301 hizo el montaje, en el Teatro Garbiras, de La
Tempestad del compositor español Ruperto Chapí, con una orquesta de ocho profesores, con
su concertino Sr. Mogollón, acompañando a los cantantes Altagracia Ochoa (tiple), Eugenio
Rivero (tenor) y el barítono Ramón Zapata. Una curiosa y descriptiva crónica suscrita con el
seudónimo de Fra Filippo Lippi critica a Pérez, argumentando que “los coros, archisuperiores;
orquesta, floja, falta de ensayos; Maestro, ojo con los profesores; luz, media floja; apuntador,
muy alto; público, correctísimo.”302
En 1914 se registra la presencia del “maestro de piano” José Vicente Urdaneta
Guruceaga, quien ofreció sus servicios “a la culta y respetable sociedad de esta ciudad.”303 La
visita de un violinista chileno llamado Luis Palma, un año después, llenó las crónicas culturales
en suceso inusitado. Casi una veintena de referencias quedaron plasmadas desde su anunciado
viaje al Táchira, en crónicas más sociales que artísticas, pasando por sus presuntos estudios en
Europa, la boletería promovida por el empresario Federico Chacón, los poemas que le
dedicaron, su acompañante Antonia María Rodríguez al piano, sus actuaciones en el Garbiras y
los clubes locales, hasta las serenatas políticas llevadas con su violín al secretario General de
Gobierno, adosando sus visitas a Rubio y Táriba, y sus éxitos internacionales.304
En Rubio actuaron en 1916 los artistas colombianos Ernesto Salcedo (tenor) y Ramón
Vargas Sicard (piano), quienes luego de su recital anunciaron su despedida “para Nueva
York.”305 Otro violinista, el venezolano Hernández Mackay, se presentó en la temporada ferial
de 1917, y Nicolás Costantino le arregló y estrenó con la Banda del Estado su valse Sueño de
Artista. El concertista actuaría en el “circo de variedades”.306

298
HORIZONTES. San Cristóbal. 2 de febrero de 1912.
299
LA UNION TACHIRENSE. San Cristóbal. 10 de agosto de 1912.
300
MARGHELLA, J. y LEÓN, M. Ob. Cit. Pág. 133.
301
PEÑÍN, J. y GUIDO, W. ENCICLOPEDIA. Ob. Cit. Tomo II. Pág. 407.
302
HORIZONTES. San Cristóbal. 5 de agosto de 1912.
303
HORIZONTES. San Cristóbal. 15 de septiembre de 1914.
304
HORIZONTES. San Cristóbal. 22 de julio de 1915.
305
EL ANDINO. Rubio. 5 de agosto de 1916.
306
HORIZONTES. San Cristóbal. 19 de enero de 1917.
89

Con tiple y bandola. El Cuarteto Colombiano


Un grupo vocal e instrumental de música típica colombiana se presentó en San
Cristóbal, en junio de 1919. El muy celebrado Cuarteto Colombiano integrado por el tenor
Joaquín Forero, el compositor Rafael Lemoine, el percusionista Jorge García y su director
artístico Jorge Rubiano, causó verdadera sensación durante su breve temporada de actuación
en el Teatro Garbiras iniciada el 25 de ese mes.307 El aviso destacaba los éxitos de la
agrupación, cuyos integrantes
acaban de recorrer entre ovaciones los más importantes pueblos de Colombia,
y de cuyos triunfos en el arte nos ha dado cuenta la prensa de aquella
República. El Cuarteto se propone dar a conocer a los habitantes de San
Cristóbal su extenso y selecto repertorio de canciones, bambucos, etc., que
tantos aplausos han arrancado a los verdaderos apreciadores del arte.
Recomendamos a nuestros lectores los conciertos que dará el Cuarteto
Colombiano, pues además de su refinamiento artístico, ellos nos ofrecerán un
espectáculo que raras veces disfrutamos en él.308

La ya citada pianista colombiana Julia Amarís de Blen Muñoz y su hermana, la
institutora Sara Lucía, publicaron una sentida tarjeta expresando su emoción ante la visita
artística de sus paisanos. Describieron el concierto como
música de nuestra patria. Alma de Colombia llegada hasta nosotras como un
eco dulcísimo de las alegrías y dolores de esa tierra amada. Bendita seas. Tu
armonía, evocadora de recuerdos imborrables, durará en nuestros espíritus
haciendo imperecedero el recuerdo de la ovación que en esta noche han
merecido nuestros compatriotas artistas.309

Foto 48. El Cuarteto Colombiano


El éxito de las actuaciones del Cuarteto Colombiano fue descrito detalladamente.310 Se
trataba de la presencia de cuatro profesionales artistas de fama y trayectoria reconocidas por
respetables auditorios. El escritor colombiano Jorge Añez, en su denso trabajo histórico-
musical Canciones y Recuerdos311 presenta a Rafael Lemoine como abogado, compositor de
aires populares y sinfónicos estrenados, inclusive, en la BBC de Londres; dejó en el repertorio
de la Banda del Estado Táchira su danza María, interpretada en una retreta de julio de 1919.312
De Jorge García, ejecutante de la pandereta, asevera Añez, que formó junto a Pedro Andrade y

307
HORIZONTES. San Cristóbal. 25 de junio de 1919.
308
HORIZONTES. San Cristóbal. 21 de junio de 1919.
309
HORIZONTES. San Cristóbal. 26 de junio de 1919.
310
EL PUEBLO. San Cristóbal. 28 de junio de 1919.
311
AÑEZ, Jorge. CANCIONES Y RECUERDOS. Tercera edición. 1970. Bogotá. Colombia.
312
HORIZONTES. San Cristóbal. 3 de julio de 1919.
90

Marco Tulio García, “el más estupendo trío de panderetistas virtuosos que ha producido
Cundinamarca.”313
Jorge Rubiano, formado desde joven en prestigiosos conjuntos, fue un notable
compositor que radicó luego en Puerto Rico, y Joaquín Forero, un destacado tenor, quien
mantuvo un dúo con Arturo Patiño y formó parte de la “Estudiantina X”, grabó en los años
veinte varios discos en Nueva York, abandonando los círculos bohemios “para dedicarse al
canto religioso en entierros y grandes festividades litúrgicas”.314 Murió “ciego, paupérrimo y
olvidado”, luego haber sido “uno de los mimados de la bohemia, famoso cantor de iglesia y
figura que está ligada a las más célebres melodías nacionales y a los más notables
bambucos.”315
La presencia de tan afamado elenco, indiscutiblemente, dejó marcada influencia en la
música popular tachirense, en la ejecución de los instrumentos de cuerda y en la conformación
de agrupaciones que imitaron los estilos y formas escuchadas, siendo promovido por la
naciente industria cultural que penetraba la sociedad, asida de la mano de los empresarios que
auspiciaron estas actuaciones.

Otras visitas musicales
En 1921 se radicó en San Cristóbal, la señorita alemana Amanda Klock, funcionaria de
la casa comercial europea Van Dissel, Rode & Co., quien en sus ratos libres dictaba clases de
“piano, violín, alemán, francés e inglés”.316 Participó en algunas veladas efectuadas en el seno
del Club Táchira, marchando a Maracaibo en noviembre de 1922.317 A comienzos de diciembre
de este año visitó la ciudad, proveniente de Maracaibo, la Compañía Española de Zarzuela,
Verso y Variedades “Paco Martínez”, dirigida por Antonio Gutiérrez con un elenco de trece
actores y tres subalternos.318
Concluida la férrea dictadura local del general Eustoquio Gómez en julio de 1925, en
septiembre actuó la reconocida cantante española Emilia Benito, conocida como la satisfecha.
Desde la actuación de la cancionista española Carmen Leal, el 6 de mayo de 1922,319 no se
había vuelto a realizar presentación alguna de renombre artístico en la capital del Táchira, la
que había sido sometida a un sitio de terror, persecución, muerte y exilio durante los años más

313
AÑEZ. Ob. Cit. Pág. 275.
314
Ídem. Pág. 181.
315
RESTREPO DUQUE, Hernán. A MI CÁNTEME UN BAMBUCO. Ediciones Autores Antioqueños.
Volumen 28. Medellín. Colombia. 1986. Pág. 227.
316
HELIOS. San Cristóbal. 12 de octubre de 1921.
317
APOLO. San Cristóbal. 17 de noviembre de 1922.
318
APOLO. San Cristóbal. 6 de diciembre de 1922.
319
HERNÁNDEZ CONTRERAS. Cien Años de Historia Tachirense. Pág. 149.
91

feroces y notorios del absolutismo de Gómez. La señora Benito, “embajadora de la gracia


española por tierras de América”, ofreció en el Teatro Garbiras una temporada de cantos
flamencos, música desconocida en esta zona.320
En noviembre de ese 1925, arribó desde Cúcuta la Compañía de Opereta y Zarzuela de
Amparito Valdivieso, elenco juvenil que actuó en el Garbiras.321 Por esos mismos días, otro
grupo colombiano, procedente de Barquisimeto, dirigido por Julio de J. Rey llegó al Táchira322.
Sus integrantes, mejor conocidos como los hermanos Rey Cubillos se establecieron en la
ciudad, formando a varias generaciones de músicos mediante clases particulares en su Estudio
Musical, y en la posterior Academia de Música oficial de 1938 y 1942. Alberto, Evelia y Paulina
Rey Cubillos dejaron marcada huella en la faceta formativa de la música regional, integrando
algunas agrupaciones particulares como la Estudiantina San Cristóbal, dirigidas por Marco
Antonio Rivera Useche. Paulina Rey, luego casada con el músico tachirense Carmelo Lacruz, se
radicó en Mérida fundando el Salón Musical, institución también de orden didáctico.323 Los
hermanos Rey habían arribado a Caracas a comienzos de 1925.

Foto 49. Paulina y Evelia Rey Cubillos


Las Españolitas, trío de cantantes y bailarinas compuesto por las hermanas
barcelonesas “Magdalena, Pepita e Isabel”, actuó en noviembre de 1926 en San Cristóbal.324
Para ese momento, la ciudad había escuchado unos extraños sonidos emitidos por los pianos
automáticos “melodiosos, elegantes y resistentes,”325 y los del “radio concierto”, peculiar
sistema a través del cual, desde Caracas, por medio de ondas pudo escucharse en un receptor
instalado en la casa del telegrafista Nemecio Parada, la transmisión efectuada por la emisora
AYRE.326 La industria cultural empezaría allí su interminable penetración.
Un particular grupo de trovas americanas integrado por los esposos puertorriqueños
Gregorio y Amelia Toro se presentó en abril de 1927 con su repertorio en el Garbiras.327 La cita
de la prensa los describía como “afamados cancionetistas y virtuosos de la divina guitarra
quienes han cosechado lauros abundantes en los públicos que los han oído.”328 Cabe indicar
que desde 1925, el Táchira tenía una nueva facilidad de comunicación con el resto de

320
HERALDO DEL TACHIRA. San Cristóbal. 26 de septiembre de 1925.
321
HERALDO DEL TACHIRA. San Cristóbal. 7 de noviembre de 1925.
322
HERALDO DEL TÁCHIRA. San Cristóbal. 11 de noviembre de 1925.
323
HERNÁNDEZ CONTRERAS, L. DICCIONARIO. Págs. 155,156 y 157.
324
EL TÁCHIRA. San Cristóbal. 6 de noviembre de 1926.
325
EL TÁCHIRA. San Cristóbal. 13 de mayo de 1926.
326
EL TÁCHIRA. San Cristóbal. 15 de mayo de 1926.
327
VOZ DEL SIGLO. San Cristóbal. 7 de abril de 1927.
328
EL TÁCHIRA. San Cristóbal. 7 de abril de 1927.
92

Venezuela, hasta Caracas, a través de la Carretera Trasandina, acrecentándose, obviamente, la


penetración de otras culturas con mayor rapidez.
El pianista cubano Rafael Cabrera, conocido como “el mago de las teclas” hizo su
presentación artística en el Garbiras en febrero de 1928, la que incluía un recital de orden
clásico.329 Otra gloria artística de Colombia estuvo en el Cine Carabobo de San Cristóbal en
septiembre de 1929. El célebre e internacional barítono Carlos Julio Ramírez, quien grabara la
versión oficial del himno de esa nación, cierra las actuaciones de figuras provenientes de otros
lugares fuera del Táchira, enmarcadas dentro del período a estudiar en esta investigación
(1869-1929). Su actuación fue más que notoria.330

Foto 50. Carlos Julio Ramírez en San


Cristóbal
Afinando el piano
Una evidente influencia musical la constituyó la presencia en la ciudad de varios
técnicos reparadores y afinadores de pianos, quienes por unas temporadas pernoctaban en la
ciudad, a la que se llegaba, partiendo desde Caracas, antes de 1925, en un viaje no menor a
tres semanas, por lo que la estancia de estas personas o de las agrupaciones artísticas, no
podía ser menos a tres meses. Los técnicos reparadores provenientes de Caracas, Maracaibo,
Colombia u otros lugares, ofrecían además de su compleja labor artesanal, algunas clases de
música a quienes lo solicitaran.
De este modo, hay datos sobre la presencia de Apolidoro Torres en 1913, quien
anunciaba su especialidad “en la reparación de pianos, cajas melódicas, armonios, máquinas
de coser, armas de precisión, etc.”331 R. Rosell, agente de ventas de los autopianos americanos
Koela-Kimball en 1916, decía proceder de una gira “por Centro y Sur América” como reparador
de pianos y autopianos, ofreciendo “sus servicios profesionales a la distinguida sociedad de
ésta y garantiza el trabajo que se le encomiende.”332 Mientras que Adolfo de Pool, prestigioso
músico curazoleño radicado en Maracaibo, maestro de baile, director de coros y de bandas,
pianista, arreglista, afinador y reparador, entre otros oficios,333 visitó el Táchira en enero de
1918, dedicándose a la afinación y composición de pianolas, pianos y órganos “contando con

329
VOZ DEL SIGLO. San Cristóbal. 6 de febrero de 1928.
330
BROTES. San Cristóbal. 4 de septiembre de 1929.
331
HORIZONTES. San Cristóbal. 15 de febrero de 1913.
332
HORIZONTES. San Cristóbal. 21 de diciembre de 1916.
333
PEÑÍN, J. y GUIDO, W. Ob. Cit. Tomo I. Pág. 490.
93

materiales de primera calidad para los trabajos de su ramo”.334 Indudablemente, la presencia


de estos caballeros fue más allá de su preciso quehacer, en la que su oído fue su principal
aliado.

Cuatro influencias en la música popular tachirense
La música popular tachirense es el resultado de las influencias culturales provenientes
de Europa, los Llanos, Caracas y Colombia. Posteriormente, en el siglo XX surgió una presencia
manifiesta del Zulia, aún no estudiada.

Influencia caraqueña o “centrana”
Se manifiesta a través de las atracciones ya expuestas como compañías líricas, siempre
integradas por un notable pianista que interpretaba los clásicos valses caraqueños
caracterizados por su síncopa. También por las partituras de este género, enviadas a las
bandas tachirenses por la Banda Marcial Caracas, dirigida por el maestro Francisco de Paula
Magdaleno, y la muy fuerte presencia de músicos como Rafael Saumell y Sebastián Díaz Peña,
además de otros artistas portadores de ese mensaje estético.

Influencia llanera
Desde los tiempos de la Guerra Federal, a partir de 1859, fue marcada la presencia de
familias de Apure y de lo que sería el estado Barinas, antes Zamora. Se caracterizaron por
enriquecer económicamente la sociedad regional y la ciudad de San Cristóbal con su poderío
material, su señorío de distinción, sus modales, comportamiento y su presencia en variadas
áreas de la vida pública. Se distinguen entre ellas, apellidos como Inchauspe, Andrade,
Rincones, Pulido, Baldó, Villafañe y Arvelo.335
Sin embargo, el continuo proceso de inmigración que caracterizó el desarrollo
del Táchira, trajo a la región un gran número de individuos de otras partes de
Venezuela, quienes ejercieron una extraordinaria influencia. Gente del Zulia,
de Coro, de Apure y Barinas, igual que caraqueños y algunos orientales figuran
en la historia tachirense de estas décadas. El conocido político, geógrafo y
civilizador José Gregorio Villafañe, nativo del Apure, estudió en Inglaterra y fue
Canciller de Venezuela antes de instalarse en San Cristóbal. Villafañe tenía
numerosos amigos y corresponsales en Caracas. Eran nativos de los llanos de
Barinas, los Pulido, Rincones, González Bona, Baldó y otras personalidades muy
valiosas.336

334
HORIZONTES. San Cristóbal. 16 de enero de 1918.
335
LA LIMOSNA. Rubio. 1° de enero de 1897.
336
MUÑOZ, Arturo G. Ob. Cit. Pág. 66.
94

Los criterios de inmigración de esos años rechazaban indiscriminadamente a los


chinos, judíos o españoles, favoreciendo a los colombianos.337 Los llaneros dejaron su marcada
huella en la música popular desarrollada en el Táchira del siglo XIX, destacándose la figura del
apureño Justo Telésforo Jaime, nacido en Periquera y apodado El llanero, quien como viejo
arreador de ganado o cagón que transitó la Selva de San Camilo, en el duro trabajo de llevar
las reses a San Cristóbal, gustó de estos parajes, casó con una tachirense y entabló sana
amistad por su condición de buen músico, prestante director y solvente compositor.
Luego de la interpretación de su popular valse El campo está florido, la orquesta de
Jaime ejecutaba, según un testigo de la época, “pasodobles, polcas, pasillos, mazurcas,
bambucos y las virginias y lanceros, introducidas estas dos últimas por el general Osuna,
llenaban los programas, que se discutían y se requerían en súplicas románticas de fino corte
medioevo.”338 Jaime compuso, como ya se refirió, el primer joropo tachirense, llamado Punta
e’ soga, en razón de su viejo oficio pastoril. Fue el último director de la Banda Sucre, bajo el
auspicio particular, luego condujo la de Táriba falleciendo en ésta en junio de 1918.339

Foto 51. Justo Telésforo Jaime


La influencia llanera se registra también con la presencia en San Cristóbal de Diego
García Escobar, pianista, director y uno de los jurados musicales que escogió el tercer himno
del Táchira en 1913. Murió el 28 de agosto de ese mismo año.340 Otro músico llanero fue el
violinista Rafael Rubio, nativo de Barinas.341

Influencia europea
La notoria actividad de comerciantes alemanes, artesanos italianos y banqueros
franceses se evidenció en muchas aristas de la sociedad san cristobalense. Los europeos
manifestaban sus gustos musicales, bien con la tertulia cultural organizada en sus residencias,
con la presencia de músicos locales o con la ejecución al piano por parte de sus hijos, producto
de su matrimonio con criollas, niños formados por institutores europeos especialmente
contratados para ello. Arturo Guillermo Muñoz, enfatiza una cualidad particular de esos
viajeros, en razón de su relación con la patria que los recibía.
Una característica común de estos forasteros era su inmediata y sincera
identificación con las aspiraciones de la nueva tierra natal. Generalmente se

337
LA LIMOSNA. Rubio. 1° de junio de 1897.
338
MURILLO CHACÓN, Augusto. ECOS DEL RECUERDO. Biblioteca de Autores y Temas
Tachirenses. Tomo N° 45. Caracas. 1969. Pág. 71.
339
HERNÁNDEZ, L. DICCIONARIO. Pág. 114.
340
Ídem. Págs. 94 y 95.
341
LA IDEA RESTAURADORA. San Cristóbal. 31 de mayo de 1906.
95

casaban con mujeres tachirenses y se dedicaban a crear un patrimonio y a


fomentar nuevas empresas, sin pensar en el retorno a la tierra que habían
dejado atrás. Sus contemporáneos a menudo los consideraban como
tachirenses, y por lo tanto, no es raro encontrar entre los más esclarecidos
voceros de los intereses del Táchira a personas que no eran nativos de la
región.342
El viajero Heinrich Rode, representante de la cultura alemana, era solvente músico y se
dedicó en sus ratos libres a la música de cámara. Casó en San Cristóbal con Alice Boué Méndez,
nativa de esta ciudad, hija del alemán Alexander Boué y de la llanera Ana María Méndez. La
señorita Boué era prestante ejecutante del piano, como se hizo referencia en los actos en
honor al Libertador en 1883.

Foto 52. Alexander Boué


Rode, formado en una culta familia europea, creció rodeado de música. Lo dijo en sus
memorias. “La casa de los Rode era la casa de la música; a mi madre le encantaba tocar el
piano, y que se escuchasen el arpa y la guitarra; ella me dio las primeras lecciones de
música”.343 Esta instrucción y la que recibió en su educación formal le dieron un respetable
criterio. En otro paraje de sus recuerdos, Rode expresó que “hacia 1912, acercándome yo a los
60, años en que uno no quisiera sentirse viejo, quise darle lecciones de música a mi hija
Hildegarda, sobre todo de violín; y hasta me atreví a organizar tríos y cuartetos.”344

Foto 53. Alice Boué y Adela Boué Méndez


Durante sus estancias en esa San Cristóbal de 1880 aproximadamente, el señor Rode
se reunía con otro compatriota suyo, el señor Birtner, director de la casa Minlos Breuer & Co.
Ambos alquilaron una casa y en ella tocaban por las tardes.
Desde entonces - relata Rode - mejoró mi estilo de vida. Cuando ya sabíamos
lo suficiente como para tocar a cuatro manos una sinfonía de Beethoven o algo
parecido, invitamos a gente como el señor Boué, y esto me puso en relaciones
con la familia de éste.”345

Foto 54. Henrique Rode


Esta práctica mostró a los tachirenses, la música europea de la que se desprendieron
los valses, mazurcas y polcas creadas por Alejandro Fernández, Francisco J. Marciales, José

342
MUÑOZ, Arturo G. Ob. Cit. Págs. 66 y 67.
343
RODE, Heinrich. LOS ALEMANES EN EL TÁCHIRA. (MEMORIAS DE HEINRICH RODE).
Traducción de Helga Nietzdche y Carlos Villanueva. Biblioteca de Autores y Temas Tachirenses. Tomo
n° 106. Caracas. 1996. Pág. 70.
344
Ídem.
345
Ob. Cit. Pág. 75.
96

María Rivera, Telésforo Jaime o Eleazar Guerrero. Algunos se acercaron a los alemanes, e
incluso, un colombiano, Antero García Espinel, también músico, fue factor comercial de las
firmas europeas. Pero en el caso de los alemanes, mantuvieron distancia. Bien lo expuso Rode
en sus Memorias. “En nuestro hogar (una casa de 19 habitaciones en San Cristóbal), a cada
rato, solían venir los amigos; casi ninguna noche pasaba sin que tocásemos buena música; es
que para los alemanes de San Cristóbal, aquella casa era su club, su lugar favorito para
entretenerse.”346
Otros, como los italianos tuvieron sus inquietudes musicales. Trajeron esas luces
europeas, las cuales se arraigaron en la música popular tachirense. Este grupo
estaba formado por agricultores y pequeños comerciantes nativos de Italia,
especialmente de la isla de Elba y por corsos. Estos inmigrantes a diferencia de
los alemanes, participaban activamente en la política local tanto dentro del
partido liberal como en la organización conservadora, se casaban con mujeres
de la región y no pensaban en regresar a Europa.347

Influencia colombiana
Pero indudablemente, otra gran parte de esa influencia es colombiana. De allí llegaron
músicos, maestros, institutores, periodistas, impresores, compañías líricas, elencos teatrales,
posaderos, artesanos, militares, médicos, sacerdotes, diplomáticos, poetas y artistas de
verdadero renombre. Esta combinación de recogedores de café y doctores se plasmó en
bambucos, pasillos, valses, tiples, bandolas, violines y pianos. Toda una conjunción que marcó
con nombres y apellidos esa innegable penetración cultural, expuesta también por Arturo
Guillermo Muñoz indicando que “los maestros, periodistas y profesionales colombianos
sobresalían en las actividades culturales de los principales pueblos del Táchira; ellos dirigían
colegios, escuelas y bandas musicales, editaban periódicos y ejercían sus profesiones de
médicos, farmaceutas y odontólogos.”348
En lo estrictamente musical, los nombres de Julio Quevedo, Secundino Jácome,
Alejandro Fernández, Abel Briceño, Teodosio V. Sánchez, Eleazar Guerrero, Saturio Rangel y
Celso Pérez están vinculados a Colombia, la tierra donde nacieron y desde donde partieron
llevando su savia musical al Táchira, en el que unos se refugiaron dejando en esta tierra sus
restos. En 1889 se comentaba la presencia en Rubio de un “hábil tiplista”, o ejecutante del
tiple, instrumento de gran uso en el acompañamiento de la música popular de ese país,
popularizado entre otros, por el general Francisco de Paula Santander, ejecutante del mismo,

346
Ídem. Pág. 88.
347
MUÑOZ, Arturo G. Ob. Cit. Pág. 67.
348
MUÑOZ, Arturo G. Ob. Cit. Pág. 68.
97

quien se encargó de darle cabida social y difusión349. Este caballero, Antonio Escobar, quien
“ejecutó bellísimos trozos de su repertorio” estuvo acompañado de los señores Bernardo
Murillo, Manuel Santander, quien era a la vez juez del Distrito Junín, y Alejandro Fernández,
joven director de la Banda de esa localidad.350 Luego, se manifestarían las ya reseñadas
presencias de Julio Peñuela (pianista), Simón Domingo Bolívar (director), Julio Angulo Lewis
(violinista), Luis David Villamizar (pianista) y Gabriel Bargalló (cantante).
En 1901, en el Hotel Central se realizó una velada con el músico colombiano Ramón
Lamus G.351 Al tiempo se notaba la presencia en la Banda Sucre de las composiciones del
maestro Celso Pérez, entre ellas el valse La Idea Restauradora, dedicado al periódico
homónimo, ejecutado en las retretas del jueves 16 y domingo 19 de octubre de 1902.352 El
mismo Pérez, instrumentó, por orden del médico, músico y político Samuel Niño, seis
composiciones, las cuales éste obsequió a la Banda Sucre.353
Las remembranzas geográficas de un lado y otro de la frontera eran expuestas por esos
creadores colombianos. Eleazar Guerrero escribió el valse En el Táchira,354 mientras que
Alejandro Fernández compuso la polca La Heroína Cucuteña.355 Otro ejemplo de evocación lo
constituye un valse del mismo Fernández, titulado A Cúcuta.356 El referido Celso Pérez, amigo
personal de Castro y Gómez, escribió la marcha De Tocuyito a Caracas, en alianza musical y
política.357 La Banda del Estado ejecutaría en algunas de sus retretas la machicha bogotana La
morenita;358 la danza María de Rafael Lemoine, integrante del mencionado Cuarteto
Colombiano;359 y de Elías Mauricio Soto se interpretó su clásico bambuco Brisas del
Pamplonita, el bambuco 26 de octubre y el pasillo Mientras los años pasan.360
Además de la influencia en el sector bandístico, la música colombiana penetró por sus
raíces populares. En 1904, Próspero Espinel, colombiano y padre de Miguel Ángel Espinel,
compositor del actual Himno del Táchira, galardonado en 1913, vendía “cuerdas para violín,
guitarra, tiple y bandola,”361 mientras que José Antonio Madero, en su establecimiento
llamado La Lira Colombiana, seguramente en alusión al clásico conjunto dirigido por el clásico

349
PORTACCIO FONTALVO, José. COLOMBIA Y SU MÚSICA. Volumen 2. Bogotá. 1995. Pág. 226.
350
EL MUNICIPIO. Rubio. 16 de noviembre de 1889.
351
LA IDEA RESTAURADORA. San Cristóbal. 24 de abril de 1901.
352
LA IDEA RESTAURADORA. San Cristóbal. 15 de octubre de 1902.
353
LA IDEA RESTAURADORA. San Cristóbal. 19 de noviembre de 1902.
354
LA IDEA RESTAURADORA. Ídem.
355
LA IDEA RESTAURADORA. San Cristóbal. 16 de octubre de 1903.
356
ECOS DEL TÁCHIRA. San Cristóbal. 27 de septiembre de 1907.
357
VOZ DEL ESTADO. San Cristóbal. 13 de marzo de 1907.
358
HORIZONTES. San Cristóbal. 19 de octubre de 1912.
359
HORIZONTES. San Cristóbal. 3 de julio de 1919.
360
HORIZONTES. San Cristóbal. 13 de marzo de 1919.
361
LA IDEA RESTAURADORA. San Cristóbal. 11 de marzo de 1904.
98

neogranadino Pedro Morales Pino, ofrecía instrumentos musicales que habían sido premiados
en la Exposición del Táchira de 1906.362
De igual manera, las actividades del violinista Julio Angulo Lewis, de la renombrada
pianista Julia Amarís de Blen Muñoz, el reto educativo logrado por el institutor Teodosio V.
Sánchez, además de su febril dinamismo como monitor social como fotógrafo, fundador de
clubes, escuelas, coros, entre otros, marcan una presencia musical que, en el orden popular,
caminaba por las calles de la ciudad, por los campos del café y por los caminos de frontera,
donde se asimilaron, sin mayor esfuerzo los cantos del Cuarteto Colombiano y la actuación del
consagrado barítono Carlos Julio Ramírez.

Con música se hacen las paces. La nota diplomática
Una invasión proveniente de Colombia, comandada por el general venezolano Carlos
Rangel Garbiras, integrada por seis mil hombres de ejército de línea de esa nación, atacó al
Táchira a fines de julio de 1901. Estaba apoyada por el gobierno conservador del presidente
José Manuel Marroquín, quien perseguía deponer al restaurador Cipriano Castro. Fue
derrotada, luego de tres días de combate. En retaliación, el mandatario venezolano auspició
agredir a Colombia por el territorio de la Guajira. Los venezolanos fueron vencidos.
Rotas las relaciones, cerrado el comercio con el país vecino, transcurridos tres años, el
presidente del Táchira, el médico Rafael Garbiras Guzmán, hijo de Arístides Garbiras, auspició
un acercamiento entre ambas naciones. Autorizado por Cipriano Castro, Garbiras Guzmán
viajó a Cúcuta con una comisión conformada por sus inmediatos colaboradores y los también
funcionarios públicos y músicos, José Antonio Villafañe y Belisario Rivera, quienes
constituyeron, en julio de 1904
la primera delegación oficial que viajaba a la vecina nación, luego de los
penosos incidentes de julio de 1901, conocidos como la invasión de los
colombianos, acción bélica comandada por el san cristobalense, el doctor y
general Carlos Rangel Garbiras. Esta comisión, constituida como misionera de
paz, estuvo también integrada por los veintiséis profesores de la Banda del
Estado dirigida por Alejandro Fernández, reafirmando así el principio de que la
cultura une los pueblos.363

Este acercamiento, promovido por el Estado usando el emblema cultural de la banda,
reabrió las puertas a la presencia de las delegaciones consulares colombianas en San Cristóbal,
y viceversa. En marzo de 1909, la corporación musical ofreció una serenata al representante

362
LA IDEA RESTAURADORA. San Cristóbal. 1° de mayo de 1906.
363
HERNÁNDEZ L. DICCIONARIO. Pág. 160.
99

diplomático colombiano José M. Pérez Sarmiento.364 De igual manera en Cúcuta, al mes


siguiente, la Gobernación del Departamento y la Comandancia de la Segunda División del
Ejército colombiano, testimoniaron “su cariño nunca desmentido” al cónsul venezolano en esa
capital, acto realizado además con un concierto que incluyó el valse Lejos del País.365
Otro encuentro fronterizo se efectuó en octubre de 1913, con motivo de un festival en
honor a la heroína cucuteña Mercedes Ábrego. Los representantes del gobierno tachirense y la
Banda del Estado “atravesaron el río fronterizo”, para encontrarse con la comisión del
gobierno colombiano, llevándolos en tren expreso a Cúcuta. La nota evidencia el uso de la
música en tan representativo acto político.
Al darse el fraternal abrazo de bienvenida, las notas marciales de nuestro
Himno Nacional, tocado por la banda militar colombiana, poblaron el aire con
sus valientes armonías, y la Banda del Estado Táchira hizo oír las hermosas
notas del Himno de Colombia.366

Por cierto, los tachirenses tenían más referencias históricas del himno colombiano que
del venezolano.367 La penetración colombiana fue tan fuerte en esos años, que hasta la
celebración del centenario de la Batalla de Boyacá, hecho que consolidó la independencia de
esa nación, fue festejada en varias poblaciones tachirenses. Así se hizo en San Cristóbal, los
días 6 y 7 de agosto de 1919, con un protocolo que incluyó izada de bandera, paseo de música,
concierto en el Parque Sucre, arriada de bandera y retreta en la Plaza Bolívar.368 De igual
manera, en la vecina y musical Rubio se realizó dicha efeméride con izada de bandera, arriada,
paseo musical, tedeum, matinée y retreta a cargo de la Banda Junín.369 Debe recordarse que
en el Táchira se conmemoraba, en el siglo XIX, comúnmente, la fiesta colombiana del 20 de
Julio.370
Marcada presencia en los actos oficiales tachirenses constituyó la actuación del
abogado y cónsul colombiano Federico Rivas Frade, quien además era un poeta muy vinculado
a la música. Su estancia entre 1907 y 1909 fue notoria, y su palabra elocuente, amén de su
verso, se escuchó la noche de la inauguración del primer Palacio de Gobierno con que contó la
ciudad, acto realizado el 31 de diciembre de 1907.371 Su partida de la ciudad y su viaje a
Colombia, rumbo a Bogotá, fueron reseñados en la prensa regional tratándolo con

364
HORIZONTES. San Cristóbal. 27 de marzo de 1909.
365
HORIZONTES. San Cristóbal. 22 de abril de 1909.
366
HORIZONTES. San Cristóbal. 22 de octubre de 1913.
367
HORIZONTES. San Cristóbal. 21 de julio de 1914.
368
HORIZONTES. San Cristóbal. 7 de agosto de 1919.
369
EL ALDEANO. Rubio. 9 de agosto de 1919.
370
LA PAZ DEL TÁCHIRA. San Cristóbal. 28 de julio de 1888.
371
VOZ DEL ESTADO. San Cristóbal. 1° de enero de 1908.
100

deferencia.372 Regresó en 1913 para incursionar en la educación tachirense en el Colegio


Federal de Varones y luego en el Colegio del Sagrado Corazón de Jesús con su paisano
Teodosio V. Sánchez, pretendiendo fundar la Escuela de Derecho y Ciencias Políticas en
1914.373 La noticia de su muerte en Cundinamarca en 1922, fue lamentada por un gran sector
de la sociedad de San Cristóbal, donde dejó gratos recuerdos.374
El mencionado Jorge Añez, en su trabajo histórico-musical cita a Rivas Frade como un
importante intelectual colombiano, escritor costumbrista y letrista muy difundido de célebres
bambucos, danzas, guabinas y pasillos.375 Por su lado, Hernán Restrepo Duque, gran melómano
y experto conocedor de la música popular latinoamericana, lo incluye junto a los bardos
Enrique Álvarez Henao, Clímaco Soto Borda y Luis María Mora, como productores de
“canciones que regalaban a los músicos, que no querían reconocer.”376 Fue el creador del
bambuco Mis Perros, grabado por el dúo tanguero de Carlos Gardel y José Razzano.377 Todo un
artista, el cónsul Rivas Frade.

Foto 55. Federico Rivas Frade



PENETRACIÓN DE LA INDUSTRIA CULTURAL

Introducción al concepto

Se presenta aquí el constructo que elaboraron Theodor Adorno y Mark Horkheimer,
dos filósofos, que huyendo del nazismo, terminaron en la Norteamérica que masificaba la
cultura, entregándola en especial envoltorio a un consumidor amorfo, pasivo y acrítico, quien
le daba, o no, su propio significado.
Para el san cristobalense de la segunda y tercera década del siglo XX, la música no sólo
se hacía en la plaza, en la retreta, o en el recital del club. Esta era posible a través del disco o
de la radio. Escuchar las voces de Caruso, Lázaro o Gigli, el violín de Heifetz, el piano de
Paderewski o de Rubinstein, las óperas dirigidas por Toscanini o aires más conocidos como las
romanzas de zarzuelas, que en vivo se escuchaban en el Garbiras, resultaba fascinante.
También los aires latinoamericanos entonados por Jorge Rubiano, Carlos Julio Ramírez, Juan
Legido, Juan Arvizu o Guty Cárdenas. Todo era posible. La cultura sonora producida en
distantes países se convertía en un hecho doméstico. Muchos de esos artistas, nacidos y

372
EL RENACIMIENTO. San Cristóbal. 27 de marzo de 1909.
373
HORIZONTES. San Cristóbal. 26 de diciembre de 1914.
374
APOLO. San Cristóbal. 20 de julio de 1922.
375
AÑEZ, Jorge. Ob. Cit. Págs. 267 y 280.
376
RESTREPO DUQUE, H. Ob. Cit. Pág. 196.
377
Ídem. Pág. 205.
101

formados en el siglo XIX rechazaron la masificación de arte. Así lo reflexiona el filósofo Félix de
Azúa en su Diccionario de las Artes.
Todos los músicos verdaderos han detestado los discos hasta hace muy poco.
Los músicos anteriores a la generación de Gould (se refiere al pianista
canadiense Glenn Gould, célebre intérprete de Bach) consideraban el disco
como un artilugio sintético al servicio de la plebe. El auténtico entendido sabía
(o sabe) que la música verdadera sólo puede escucharse en vivo y en directo,
sosteniéndose en la vida del intérprete de tal manera que si a éste le da un
ataque, la música muere con él.378

Sin pensar que se trataba de lo que más adelante sería llamado “industria cultural”, los
pueblos de América Latina abrieron sus gustos a marcas en inglés o francés, que invadían las
columnas de los periódicos anunciando sus novedades tecnológicas. Asistieron asombrados a
ese hecho indetenible. Además, como lo sostiene Massiani,
la migración del campo a la ciudad creó las condiciones para introducir la
cultura de masas. El desarrollo simultáneo de la radiodifusión, de los aparatos
para música grabada en discos, y de cine polarizaron hacia otros mundos y
otras expresiones el sentimiento de las gentes.379

El estudioso de la política cultural Ezequiel Ander-Egg, define la industria cultural como
la fabricación, transformación, reproducción, almacenamiento, difusión y
venta a gran escala (con criterios industriales y comerciales) de bienes,
productos y servicios culturales transformados en bienes de consumo social
masivo, gracias al desarrollo de las mass media y de las sofisticadas
tecnologías.380

La consecuencia de la influencia de la industria cultural trajo un punto de comparación
irracional, como pesar en la misma balanza una obertura de Rossini, interpretada por la banda
tachirense, con la versión de los registros grabados por las orquestas europeas dirigidas por
Sargent, Beecham, Knappertbusch o Nikisch. Era absurdo, pero un sector de los llamados
puristas o culturosos de los sonidos se refugió en sus casas, y aún siguen en esa pretensión de
juzgar el mestizo sonido de los músicos latinoamericanos con los arcos teutónicos o romanos
de completas y profesionales orquestas. La industria cultural castró el esparcimiento de la
plaza o del teatro, domesticándolo. Dijeron Adorno y Horkheimer que
cuanto más se fortalecen las posiciones de la industria cultural tanto más
brutalmente puede actuar ésta contra las necesidades de los consumidores y
suscitarlas, orientarlas y disciplinarlas, llegando incluso hasta el extremo de

378
DE AZÚA, Félix. DICCIONARIO DE LAS ARTES. Editorial Planeta. Barcelona. España. 1996. Pág.
227.
379
MASSIANI, F. Ob. Cit. Págs. 23 y 24.
380
ANDER-EGG, Ezequiel. METODOLOGÍA Y PRÁCTICA DE LA ANIMACIÓN SOCIO-
CULTURAL. Editorial Lumen/Humanitas. Buenos Aires. Argentina. 1997. Pág. 63.
102

abolir el esparcimiento: no se impone ya límite alguno a un progreso cultural


de tales características.381

Tal como lo expresaron estos pensadores, “los métodos de persuasión de las industrias
culturales eran fundamentalmente los mismos en los regímenes de dictadura y en los
liberales.”382 En pleno desarrollo político del severo régimen de Gómez, la masificación de
aparatos mecánicos y electrónicos reproductores del sonido, invadió el mercado tachirense,
particularmente en San Cristóbal. Pianos y pianolas, discos, gramófonos, victrolas, salones
ortofónicos, nombres transnacionales jamás escuchados, novedosos bailes de moda, y
aparatos receptores de radio, se hicieron presentes en cambote desde el tercer lustro del siglo
XX, la era que transformó para siempre el mundo. Se oía música para olvidar la política. Se
ponía el disco de piedra de 78 rpm para disipar la Primera Guerra Mundial.

Foto 59. Publicidad de discos y pianolas


La sociedad tachirense nunca estuvo ajena a la vanguardia mundial tecnológica. En el
caso del cine, éste se exhibió por primera vez en San Cristóbal, el 21 de enero de 1905, en casa
de un caballero llamado Rafael Raggiola, por los empresarios Teunissen y Verhelst.383 Esto
evidenciaba, según González Escorihuela, “el avance cultural alcanzado en la época”, además
de su conciencia contemporánea, pues
como se sabe las primeras proyecciones cinematográficas tuvieron lugar en
Francia, en 1895, y en los Estados Unidos, en 1896. El hecho de que
trascurrieran apenas 10 años para su introducción en el Táchira, revela la
actualización regional en materia cultural.384

Pianos y pianolas
Los pianos, en su mayoría verticales, pesados armatostes que por imbricados caminos
llegaron a los parajes tachirenses, eran ofrecidos por tranquilos o escandalosos sitios de
esparcimiento, que vendían el suyo propio en razón de los nuevos discos. A fines de 1922,
Miguel Ángel Granados, propietario de un botiquín, salía de su piano y hasta de su gramófono
con discos.385
Entretanto, las pianolas, reproductoras mecánicas de variadas piezas musicales a
través de la ejecución de un rollo perforado, eran la sensación de los clubes y otros sitios de
diversión. El afamado Almacén Americano de Caracas, propiedad de William H. Phelps, a

381
ANVERRE, BRETÓN, GALLAGHER y otros. INDUSTRIAS CULTURALES: EL FUTURO DE LA
CULTURA EN JUEGO. Fondo de Cultura Económica. México. 1982. Pág. 9.
382
Ídem.
383
HORIZONTES. San Cristóbal. 28 de enero de 1905.
384
GONZÁLEZ ESCORIHUELA, R. Ob. Cit. Pág. 40.
385
UNIÓN, PAZ Y TRABAJO. San Cristóbal. 6 de diciembre de 1922.
103

través de su representante en San Cristóbal, Arecio Urdaneta, ofrecían en febrero de 1917,


pianos, pianolas, gramófonos y discos Víctor.386 Igual oferta hizo la firma norteamericana
Wurlitzer, representada por su agente local Marcelino Hernández Mantilla, quien fuera
presidente del Salón de Lectura en 1917 y 1923.387 Estos instrumentos musicales eran
considerados como “los más perfectos”, y su nombre, “estampado en la tapa de un
instrumento representa lo mejor que hay en su clase.”388 La Casa Americana ofrecía
igualmente los pianos Milton,389 misión comercial que cumplía el Bazar América con sus
“pianolas eléctricas” recién importadas.390
Las pianolas comenzaron a ser cambiadas por las nuevas innovaciones. Una Eoliam,
“con setenta y cinco rollos de música selecta, clásica alemana, aires españoles y bambucos
colombianos”, se vendía en mayo de 1915 por mil doscientos bolívares.391 Un espacio
diversivo, el Botiquín Verdún, era ofrecido en venta en 1920 “con una pianola, dos gramófonos
y discos”,392 mientras que en Colón, el centro social Gran Mariscal de Ayacucho se ufanaba de
poseer una pianola.393
Una pianola o piano reproductor era un instrumento de considerable precio. Podía
costar entre 4 y 5 mil bolívares, los que se podían negociar en cuotas mensuales, además de
entregarse con su silla giratoria y 20 rollos de música, a elección del comprador.394 Como se
puede notar, la música grabada en los rollos era en su mayor porcentaje extranjera. Aires
europeos, entre los que destacaban los españoles con sus pasodobles y cuplés; los novedosos
americanos con foxes y charlestones, y los del continente latinoamericano con preminencia de
tangos, bambucos y pasillos, “para todos los gustos”. El servicio incluía un salón especial para
que las familias fuesen a escucharlos, enviándose a domicilio “los rollos que se nos pidan para
oírlos, con solamente llamar por nuestro teléfono”, como lo hacía el Salón Ampico y su gerente
Esteban Ramón París.395

386
HORIZONTES. San Cristóbal. 26 de febrero de 1917.
387
EL ANDINO. Rubio. 9 de mayo de 1925.
388
HERALDO DEL TÁCHIRA. San Cristóbal. 24 de abril de 1925.
389
VOZ DEL SIGLO. San Cristóbal. 17 de marzo de 1927.
390
DIARIO CATÓLICO. San Cristóbal. 2 de enero de 1925.
391
HORIZONTES. San Cristóbal. 3 de mayo de 1915.
392
EL PUEBLO. San Cristóbal. 13 de marzo de 1920.
393
CIRANO. Colón. 22 de junio de 1926.
394
HERALDO DEL TÁCHIRA. San Cristóbal. 15 de septiembre de 1925.
395
EL TÁCHIRA. San Cristóbal. 12 de mayo de 1927.
104

FOTO 60. Anuncio de pianola


Música comprimida en discos
La modalidad de los salones ortofónicos comenzó en 1927. El acercamiento a Caracas a
través de la Carretera Trasandina, inaugurada dos años antes, permitió la invasión masiva de
esas modas. El “salón” era un espacio ubicado en estos almacenes patrocinados por firmas
comerciales nacionales y transnacionales a través de los cuales, quienes lo desearan,
particularmente buenos melómanos y familias enteras podían disfrutar de las reproducciones
que hacían los rollos de pianola, o las más variadas composiciones académicas y populares, por
medio de los discos colocados en los innovadores aparatos. La transnacional Víctor inauguró su
salón ortofónico en septiembre de 1927, con “lo más nuevo y chic” de su firma.396 De igual
manera surgieron el Salón Brunswick a fines de 1928,397 y de nuevo la Víctor, representada por
el comerciante José Rafael Ibarra, fundó un club a través del cual se rifaba una victrola portátil
por medio de pagos semanales.398 Estas agencias estaban localizadas en el centro de la ciudad,
en los alrededores de la Plaza Bolívar, y la fuerza de su difusión promocionaba música nacional
entre joropos, pasodobles y valses, además de escenas cómicas actuadas por Rafael
Guinand,399 conocido del público tachirense por sus actuaciones con la célebre compañía de
Terradas y Valdepares en 1906. Las arias de óperas como Tosca, Carmen, Lucía o La Traviata,
podían escucharse con la soprano Dal Monti o el tenor Gigli,400 iconos de la reproducción
masiva de discos que quedaron en el inconsciente colectivo del mundo entero.
Desde la existencia de un gramófono en Cúcuta en 1904,401 el público san cristobalense
comenzó a interesarse por esos artefactos reproductores del sonido. Desde 1919, el Bazar
América inició la venta de discos dobles Columbia, con selecciones de ópera, valses, canciones
y zarzuelas,402 con las voces del tenor español Hipólito Lázaro,403 además de la cantante Pilar
Arcos interpretando el pasodoble Besos y Cerezas.404 Este establecimiento ofrecía distintas
modalidades de victrolas y fonógrafos portátiles,405 a un costo de 250 bolívares de contado.406
Igualmente anunciaba ortofónicas “modelo T 90”, con “grandes perfeccionamientos de

396
VOZ DEL SIGLO. San Cristóbal. 20 de septiembre de 1927.
397
VOZ DEL SIGLO. San Cristóbal. 24 de diciembre de 1928.
398
EL TÁCHIRA. San Cristóbal. 19 de julio de 1977.
399
LA MONTAÑA. San Cristóbal. 5 de octubre de 1929.
400
LA MONTAÑA. San Cristóbal. 17 de diciembre de 1929.
401
VARIEDADES. San Cristóbal. 2 de enero de 1904.
402
EL PUEBLO. San Cristóbal. 3 de diciembre de 1919.
403
HORIZONTES. San Cristóbal. 15 de octubre de 1919.
404
VOZ DEL SIGLO. San Cristóbal. 22 de junio de 1928.
405
VOZ DEL SIGLO. San Cristóbal. 24 de abril de 1929.
406
LA MONTAÑA. San Cristóbal. 21 de noviembre de 1929.
105

sonoridad, belleza, etc.” por 525 bolívares.407 En los avisos de prensa se publicaba la letra
completa de las canciones de moda, para mejor conocimiento del público, cumpliendo una
estrategia de publicidad según los cánones de la masiva industria cultural.408
La música venezolana no fue desdeñada por los productores internacionales. Las
grabaciones realizadas en Caracas, luego mejoradas y prensadas en Norteamérica, incluían
selecciones nacionales como Vallecito (pasodoble), Trina Mercedes (foxtrot), El Gaucho y el
Llanero (fantasía), A Bolívar (marcha), Radio de Caracas (one step), Valles de Aragua (joropo),
Jarro Mocho (joropo), Hendrina (bambuco), Brisas del Zulia (valse) y hasta el Himno Nacional
Gloria al Bravo Pueblo. La multinacional Víctor informaba su respaldo a la música criolla,
anunciando que “en el impulso general que últimamente ha recibido el arte nacional, la música
ha mantenido su puesto y ha logrado verdaderos triunfos. La Casa Víctor, en diferentes
ocasiones ha escogido piezas venezolanas para impresionar discos.”409 Estas unidades de 78
revoluciones por minuto se vendían a tres bolívares.410
La empresa disquera norteamericana promovió la creación de música venezolana,
llamando a los compositores nacionales a concursar. En 1929, la Víctor premiaba con mil
bolívares el mejor joropo; mil bolívares para el mejor valse y mil para el mejor pasodoble. Los
autores debían ser nativos del país, y no podían enviar más de una composición en cada uno
de los géneros especificados. El Almacén Americano de Caracas recibiría los sobres con las
obras, atendiendo que los concurrentes poseyeran el derecho de propiedad intelectual,
debidamente registrado en Venezuela de las partituras enviadas al certamen. Recibirían,
además del premio, sus derechos de autor, entregando sus derechos de reproducción a la
Víctor Talking Machine Company. El jurado estaría compuesto por críticos musicales de los
importantes diarios de Caracas y un representante del Almacén Americano, cuya agencia en
San Cristóbal quedaba facultada para recibir la música enviada por los compositores
tachirenses.411
Aunque sea extemporáneo en razón del término conclusivo planteado en esta obra,
1929, sin embargo vale destacar que en la intención de promover la creación de obras
tachirenses, sólo la iniciativa particular a través del Salón de Lectura, fomentó en 1941 un
concurso anual en las modalidades de valse y bambuco, denominados con los nombres de
“Justo Telésforo Jaime” y “José María Rivera”. En esa ocasión, la institución presidida por el
bachiller Ramón J. Velásquez, otorgó los premios al valse Primer Pensamiento de Jesús

407
LA MONTAÑA. San Cristóbal. 20 de diciembre de 1929.
408
VOZ DEL SIGLO. San Cristóbal. 5 de enero de 1929.
409
EL TÁCHIRA. San Cristóbal. 15 de julio de 1926.
410
EL TÁCHIRA. San Cristóbal. 30 de junio de 1927.
411
LA MONTAÑA. San Cristóbal. 10 de agosto de 1929.
106

Colmenares, y al bambuco Retazo de Cielo de Ricardo Rojas. Dos auspiciantes, la señora Asia
Santana de Pulido Villafañe y el establecimiento comercial Agencia Internacional del
mencionado José Rafael Ibarra, galardonaron respectivamente el valse Juventud Tachirense de
Humberto Morales y el bambuco Cantares de Primavera de Pánfilo Medina.412 En el acto
interpretado por la Orquesta Pro Arte, conducida por Luis Felipe Ramón y Rivera, se ejecutó el
bambuco Brisas del Torbes, estrenado en diciembre de 1939. Los premios por género eran de
cien bolívares cada uno. El escuálido presupuesto de la casa cultural tachirense hacía imposible
competir con las transnacionales del mundo de la música, que luego sirvieron a un interés
completamente ajeno.

FOTO 61. Anuncio de discos


La música incita al baile
Las nuevas músicas trajeron por consecuencia nuevos bailes. La juventud tachirense
estaba al tanto de la moda extranjeras por medio de revistas, periódicos y comentarios de
quienes habían viajado a París o a la nueva capital mundial, Nueva York. Tangos, danzones,
charlestones y foxes salían de la Orquesta del Maño,413 como era llamado el pianista
caraqueño Manuel Espinoza quien debutó en las fiestas de enero de 1925 en San Cristóbal. En
su conjunto se incluía un raro elemento musical acompañante que gustó por su tamaño, peso,
pocas cuerdas y sonoridad. El cuatro empezaría a desplazar al complicado tiple. En 1929 ya se
vendían estos instrumentos con sus cuerdas de tripa.414
Los discos eran tocados por los aparatos de la nueva industria cultural, que avasallaba
la ciudad con sus jóvenes que lucían ataviados trajes al lado de doncellas vestidos y cabellos
cortos, como las bailarinas de charleston. Esa clase social se vio obligada a contratar
profesores de baile, los que llegaron en 1925, año en que se hablaba del “trot trot”, danza que
“viene revolucionando a toda la Europa, por su belleza y elegancia, siendo el baile preferido y
el que bate el record en todos los salones elegantes.” Surgían, igualmente el fox trot, el nuevo
vals, y el tango parisién.415 Un exponente de esa cultura, Manuel Canal, se desempeñó en 1926
como instructor de nuevos pasos de baile y viajaba a Rubio416. Otro bailarín, Mario Amelotti,
llegaba a San Cristóbal en 1928, ofreciéndose “a esta culta sociedad para la enseñanza

412
ÁLBUM DE PROGRAMAS DEL SALÓN DE LECTURA DE SAN CRISTÓBAL. Hemeroteca del
Salón de Lectura-Ateneo del Táchira.
413
AMADO, Anselmo. ASÍ ERA LA VIDA EN SAN CRISTÓBAL. Biblioteca de Autores y Temas
Tachirenses. Tomo N° 1. San Cristóbal. 1961. Pág. 87.
414
VOZ DEL SIGLO. San Cristóbal. 16 de febrero de 1929.
415
HERALDO DEL TÁCHIRA. San Cristóbal. 20 de junio de 1925.
416
EL TÁCHIRA. San Cristóbal. 26 de agosto de 1926.
107

completa de las últimas creaciones de bailes modernos”, los que impartía en el referido Hotel
Central. También enseñaba a domicilio.417

Foto 62. Manuel Canal, profesor de baile


El futuro hace su entrada
Nemecio Parada, telegrafista y luego cronista de pintoresco relato, citado
anteriormente, instaló en su casa de habitación de San Cristóbal un extraño aparato, por
medio del cual podía recibirse la transmisión emanada desde Caracas, a través de las ondas
radioeléctricas. La radio podía escucharse en San Cristóbal y los asistentes al evento, realizado
en mayo de 1926418, comprendieron que otro mundo se haría presente, el de la inmediatez. La
Primera Guerra Mundial fue conocida por los boletines telegráficos publicados en la prensa
regional. La Segunda sería escuchada a través de los reportes de Ed Murrow, emitidos desde la
BBC de Londres. Parada sintonizó la emisora AYRE que ofrecía variadas emisiones “entre 10 de
la mañana y 4 de la tarde, música para prueba de aparatos; a las 7 y 30 pm, cuentos especiales
para niños y concierto a las ocho de la noche.”419

Foto 63. Nemecio Parada


Los tachirenses no fueron ajenos a los adelantos técnicos. Supieron en octubre de
1929 de algo llamado televisión, la que consistiría “en poder contemplar una sala con sus
moradores, aún no hemos llegado a la realización de ese adelanto, sin embargo no estamos
lejos de él, pues ya se hacen ensayos sobre la radiográfica difusión de escenas cinemáticas que
cada uno podrá contemplar en el telón de su casa”.420
En pleno gobierno de Gómez llegó la industria cultural al Táchira. El terror de las
persecuciones, carcelazos, vejámenes y exilios se mitigó con el extraño sonido de aires
foráneos que transformaban todo el esquema cultural conocido hasta entonces. El Estado
permitió con su anuencia “el acceso a los productos del espíritu y a los valores de la cultura”.421
Este proceso se inició en 1915, masificándose cinco años luego. El concepto industria cultural
no era conocido para entonces, pero sí sus efectos en esta tierra latinoamericana que no tenía
la capacidad de producir algo semejante, con el mismo nivel de competencia. Sólo un pequeño
porcentaje de sus habitantes estaba en condición de adquirir sus innovaciones. En el caso

417
VOZ DEL SIGLO. San Cristóbal. 23 de junio de 1928.
418
EL TÁCHIRA. San Cristóbal. 29 de mayo de 1926.
419
VOZ DEL SIGLO. San Cristóbal. 3 de noviembre de 1927.
420
VOZ DEL SIGLO. San Cristóbal. 3 de octubre de 1929.
421
ANVERRE, BRETÓN, GALLAGHER, Y OTROS. Ob. Cit. Pag. 11.
108

musical, las creaciones de las montañas tachirenses jamás se inscribieron en la nueva moda.
Faltarían tres décadas para la grabación del primer disco de música tachirense.

El Estado se rinde ante la industria cultural
El análisis de este factor, producido por las transnacionales norteamericanas y
europeas que invadieron los espacios de recepción pasiva de la música, puede plasmarse en la
nueva actitud del consumo de bienes, de su categoría, de la clasificación de sus destinatarios y
consumidores, además de los vaivenes de la oferta y demanda en razón de gustos. Con la
industria cultural, la cultura comenzaba a ser un vulgar producto que descendía del trono de
las bellas artes para caminar en la senda del dinero, del managment y de las preferencias
individuales.
El Estado no produjo la industria cultural que aquí se analiza. Esta fue el resultado de
los imperios masificadores de la creación artística, enmarcándose dentro de los parámetros de
multitud y tecnología. Los adelantos científicos permitieron la reproducción, la duplicación de
la cultura, la que pasaba a ser doméstica, etiquetándose con el poder de una marca comercial.
Los habitantes del Táchira, como los del mundo entero, cayeron subyugados por
semejante avance que implicaba varios ámbitos de desarrollo. El esparcimiento en vivo
comenzaba a ser atacado lentamente, concediendo el Estado la seguridad jurídica para el
establecimiento de las transnacionales que buscaron hombres prestantes de la sociedad,
hombres de la cultura y de los negocios para abrir las puertas de los inventos a los
maravillados parroquianos, a quienes se les ofreció las facilidades para adquirirlos.
Desde 1926 se cimentó el poder de la industria cultural. Sin contaminantes humos, sus
productos cambiarían rotundamente las formas de pensar y ser de las gentes. Cuando se
escuchó la radio por primera vez en la vieja villa, por su parlante sonó algo más allá de la
dominical retreta interpretada por la Banda Marcial Caracas. Se evidenciaba, sin duda, una
división entre clases. Jorge Bosch, pensador argentino, en su obra Cultura y Contracultura,
expone crudamente esa realidad vivida, dejando una gran duda en su interrogante.
El rasgo estructural más notable de la cultura de Occidente y muy
particularmente de América Latina –hacia el final del siglo XIX y comienzos del
XX, es la escisión; hay un corte tajante entre la cultura de las grandes masas
populares analfabetas o semianalfabetas, y la cultura de las élites. La primera
estaba reducida a lo que se suele llamar folklore: cuentos, leyendas, canciones,
bailes, coplas y estribillos; la segunda estaba imbuida de lo más refinado de la
cultura europea, con importantes componentes científicos y tecnológicos. La
primera era simple, estática y rigurosamente limitada; la segunda era
109

compleja, dinámica y expansiva más allá de todo límite. ¿Cuál de estas dos
culturas definía la “identidad cultural” de América Latina?422

El mundo por surgir sería portador de las noticias inmediatas, del abanico interminable
de ritmos, del fulgor en los deportes, desplazando, en mala hora, la música nacional para
escuchar sones y gustos foráneos. Medio siglo después, el Estado venezolano, en infortunado
momento, pretendió regular mediante decretos, lo que el pueblo no sentía como suyo. La
misión conquistadora de los nuevos almirantes, sin atravesar la embravecida mar como los
imperialistas españoles, había cumplido su cometido. Otra cultura se impuso con la
aquiescencia de los pasivos públicos. Lentamente llegaba la contracultura, y el Estado, en
vergonzosa actitud, le abrió las puertas del virgen paraje. La pretendida “identidad nacional”
quedaría extraviada para siempre.

MÚSICA Y POLÍTICA
La música en el poder
En el caso tachirense que se estudia, una constante permanece en la actividad musical:
la relación de los actores musicales con el poder político. En consecuencia, no por casualidad,
cinco ex presidentes del Táchira fueron músicos profesionales. Integran esta exclusiva lista el
general Cipriano Castro (gobernador constitucional de la Sección Táchira del Gran Estado Los
Andes entre 1888-1890); el general Jesús Velasco Bustamante (1907-1909); el general
Ascensión Niño (encargado de la Presidencia, en su condición de titular de la Corte Suprema de
Justicia del Táchira, entre el 20 y 26 de febrero de 1910); el general Juan Alberto Ramírez
(1925-1929) y el abogado Abigail Colmenares (1937-1938). Esto significa un hecho de
resaltante trascendencia, tal vez único en Venezuela.
La música y el poder político se abrazaron en esta región de manera peculiar. El Estado
interventor en cultura y las formas cómo lo hizo, las partituras, serenatas y veladas dedicadas
al poder, los gobernantes artistas, las disposiciones administrativas, entre otras
manifestaciones, evidencian esta marcada relación, que por peculiares condiciones se dio en
este territorio aislado.
Perdida la autonomía del Táchira por su anexión al Gran Estado Los Andes de 1879,
tres lustros después, cuatro músicos suscribían, en 1894, un documento que exigía la
autonomía del Táchira. Eloy Galaviz, José Antonio Villafañe, Hermenegildo Rivera y Pedro
Telasco Pirela,423 son representantes de los ejecutantes de un arte que trascendía más allá de

422
BOSCH, Jorge. CULTURA Y CONTRACULTURA. Emecé editores. Buenos Aires. Argentina. 1992.
Pág. 176.
423
LA VERDAD. San Cristóbal. 10 de septiembre de 1894.
110

las notas de su atril. El proceso concluyó con la aprobación del anterior estado de cosas, es
decir, la vuelta a la Constitución de 1864 que reconocía la separación entre Táchira, Mérida y
Trujillo. Se evidenciaba, además, una gran indiferencia del Gobierno Nacional hacia la región
tachirense, en tiempos de anarquía, como se exponía detalladamente en 1893.424
Varios músicos fueron activistas políticos y detentaron cargos de decisión. Otros
fueron funcionarios de menor jerarquía, como Antonio María Delgado, fundador de la
Sociedad Filarmónica de San Cristóbal en 1869 y secretario General de Gobierno en 1871,
acompañado del oficial primero, el joven Ascensión Niño.425 Las preferencias políticas de los
artistas eran expuestas en público, como lo hicieron en 1875 Antonio María Delgado,
Ascensión Niño y los hermanos Julio y Felipe Galaviz, prestantes ejecutantes que apoyaban la
candidatura del general falconiano Hermenegildo Zavarce426, máxima autoridad del Táchira
entre 1872-73, a la presidencia de la República, aspiración en la que fue derrotado por el
general Francisco Linares Alcántara.427 Se reflejaba, además, la estrecha relación personal
entre el general Ascensión Niño, director de la Banda de los Cachacos, y el general Antonio
Guzmán Blanco.428
Una peculiar referencia surge en razón de los colaboradores para levantar el obelisco
de San Antonio del Táchira, en homenaje a la celebración del centenario del natalicio del
Libertador. Varios músicos, también funcionarios municipales, colaboraron con tal hecho,
entre ellos los hermanos Eloy, Felipe, Marco Antonio y Nicolás Galaviz. Figura, igualmente, el
general Obdulio Cacique, ejecutante de la Banda Sucre y compositor de la marcha Corazón de
Mármol; el pianista y flautista Carlos Trinidad Pirela Roo y el “empleado municipal” Cipriano
Castro. Curiosamente entre los capitanes de tal movimiento civil de ornato público figura un
residente de esa población fronteriza, “el señor Vicente Gómez”.429
A fines del siglo XIX, en febrero de 1899, previo a la revolución iniciada por Cipriano
Castro, se realizaron elecciones para integrar los cuerpos edilicios. En el caso de Rubio, el
director de la Banda Junín, Alejandro Fernández participó como candidato obteniendo 1.702
votos, integrando el consistorio como suplente.430 En el siglo XX, esta línea de conducta de
actuación de músicos en el espectro público continuó. El general Jesús Velasco Bustamante,
asumió la presidencia del Táchira en los días de la invasión de los colombianos, encargándose

424
EL PATRIOTA. San Cristóbal. 24 de junio de 1893.
425
EL MONITOR. San Cristóbal. 13 de junio de 1871.
426
EL PORVENIR. San Cristóbal. 15 de octubre de 1875.
427
FUNDACION POLAR. DICCIONARIO DE HISTORIA DE VENEZUELA. Caracas. 1997. Tomo
IV. Pág. 332.
428
EL PORVENIR. San Cristóbal. 8 de julio de 1876.
429
EL 27 DE ABRIL. San Cristóbal. 12 de julio de 1883.
430
EL FEDERALISTA. Rubio. 4 de febrero de 1899.
111

de tal responsabilidad el 27 de julio de 1901.431 Julio Ernesto Galaviz fue, en noviembre de


1903, secretario de la Junta de Instrucción Pública Nacional del Táchira, constituida por
Ascensión Niño como vocal;432 y el compositor José Antonio Villafañe, escribió un artículo en
mayo de 1905, manifestando su adhesión a Celestino Castro.433 Un hijo de Antonio María
Delgado, el ya citado Antonio María Delgado Briceño, abogado, pianista, violinista y
compositor del famoso valse Quejas del Alma, fue electo presidente de la Legislatura
tachirense en 1911434 siendo después secretario General de Gobierno de esta entidad.
La música prestigia al poder
Los mandatarios tachirenses encontraron en la música un campo propicio al que
dieron manifiesto, sincero y sistemático apoyo. La utilizaron para sus propósitos políticos y en
sus gestiones administrativas como elemento de interés. El general Luis Varela, primer
vicepresidente encargado de la Presidencia, ordenaba en 1906 a través del Departamento de
Fomento cancelar 320 bolívares al director de la Banda del Estado; 1.984 bolívares para sus 25
músicos y un cuadernero; 32 bolívares por el alquiler del local, además de una subvención de
120 bolívares para el director de la Banda de Independencia. Para ese instante, el médico
Samuel Niño, cornetista de la antigua Banda Sucre, ejercía de nuevo el cargo de secretario
General de Gobierno,435 siendo tesorero el general y bombardinista Juan Alberto Ramírez.436
Precisamente, un lustro atrás, en 1901, en el acto fúnebre con motivo de la muerte de la
madre de Ramírez, entonces jefe Civil del distrito Junín,437 sus compañeros de la Banda
Municipal y su fraterno amigo y maestro Alejandro Fernández, interpretaron la Marcha
Fúnebre del rubiense Román Maldonado, quien se desempeñaba entonces como director de la
Banda Castro de Caracas.438 Encuentros de la música, del poder y de los afectos.
Durante los relucientes actos de inauguración del Palacio de Gobierno de San Cristóbal
el 31 de diciembre de 1907, encabezados por el general Celestino Castro, quien entregaría el
mando el 1° de enero a su cuñado, el general y compositor Jesús Velasco Bustamante, la
música fue fundamental en el desarrollo del baile de cuadrilla ejecutado con todas las reglas
de su protocolo que incluían polonesa, cuadrilla, vals, danza, polca, mazurca, lanceros y
final.439

431
EL EXPRESO DEL TÁCHIRA. San Cristóbal. 3 de agosto de 1901.
432
EL ESTÍMULO. San Cristóbal. 15 de noviembre de 1903.
433
HORIZONTES. San Cristóbal. 4 de mayo de 1905.
434
HORIZONTES. San Cristóbal. 27 de febrero de 1911.
435
LA IDEA RESTAURADORA. San Cristóbal. 20 de abril de 1906.
436
LA IDEA RESTAURADORA. San Cristóbal. 28 de abril de 1906.
437
EL EXPRESO DEL TÁCHIRA. San Cristóbal. 3 de agosto de 1901.
438
EL EXPRESO DEL TÁCHIRA. San Cristóbal. 20 de abril de 1901.
439
VOZ DEL ESTADO. San Cristóbal. 24 de diciembre de 1907.
112

Foto 63ª. Palacio de Gobierno.1907


Otro músico, por circunstancias jurídicas, asumiría por breve lapso la Presidencia del
Táchira. El general Ascensión Niño, con una trayectoria pública de casi cuarenta años, en su
condición de presidente de la Corte Suprema de Justicia de la entidad, tuvo en sus manos esa
responsabilidad entre el 20 y el 26 de febrero de 1910. La entregó al designado José Manuel
Colmenares Pacheco, por cierto buen escritor y periodista, quien nombró a Niño como
secretario Privado, al novel funcionario Diógenes Escalante como secretario General de
Gobierno, en los inicios de su trayectoria burocrática, y de nuevo, Jesús Velasco Bustamante
ejercería como tesorero del Estado.440
Con su poder político, administrativo y gerencial, los mandatarios tachirenses le
dieron cualidad pública a un sector del campo musical. Lo hicieron exclusivamente con la
Banda del Estado, llamada Banda Filarmónica, cuando buscaron “los pasos consiguientes a fin
de traer a esta capital al señor Alejandro Fernández, músico competente, para que se
encargue de la dirección de la banda”.441 Fernández desistió ofertas que pudieron llevarlo a
Mérida o Bucaramanga,442 aceptando el cargo como titular de la nueva corporación. Así “los
jóvenes de la extinta Banda Sucre van a formar parte de la Banda Filarmónica del Estado”.443
En la casa del músico Avelino Chacón se reunieron Telésforo Jaime, José Antonio Fossi, Andrés
Villasmil y el redactor de Variedades, Francisco Montiel, quien resaltaba la figura del general
Celestino Castro como organizador de la oficial banda.444 El Estado había hecho su intervención
en el campo cultural tachirense.
En junio de 1910, el Estado ejerció su autoridad para deponer a Fernández del cargo
oficial. Asumió Nicolás Costantino, iniciando su período sin agradecimiento alguno al anterior
director, y mediante un decreto del 1° de julio de 1927, ese mismo estamento oficial designó a
Ramón Espinal Font “en sustitución del maestro Nicolás Costantino”, expresando,
lacónicamente que “el nombrado, en caso de aceptación, prestará la promesa de Ley ante este
Despacho.”445

Foto 66. Ramón Espinal Font

440
UNIÓN Y LEY. San Cristóbal. 2 de marzo de 1910.
441
LA IDEA RESTAURADORA. San Cristóbal. 24 de julio de 1903.
442
EL EXPRESO DEL TÁCHIRA. San Cristóbal. 23 de marzo de 1901.
443
VARIEDADES. San Cristóbal. 15 de agosto de 1903.
444
VARIEDADES. Ídem.
445
EL TÁCHIRA. San Cristóbal. 5 de julio de 1927.
113

El Estado como interventor de la banda, estableció parámetros de política cultural sin


pretenderlo como tal, pues el término vino a ser conocido a fines de los años cincuenta en
Francia. Sin embargo, ejerció con esas disposiciones oficiales todo su poder ante el arte
musical, en exclusiva razón de la banda como institución.
Creó providencias presupuestarias en el orden nacional, estadal y municipal, en razón
de sus alcances rentísticos, apoyando sociedades culturales privadas como el Salón de
Lectura,446 y recibió solicitudes de distantes comunidades para que creara otras bandas como
lo hicieron algunos residentes de Pregonero en 1907.447 Transformó la decaída banda
particular en oficial, asignándole espacios públicos adecuados para su desenvolvimiento como
plazas y glorietas desde 1909.448 Algunos mandatarios del interior del Táchira, como el caso de
Rubio, apoyados en sus grados militares auspiciaron como mecenas las retretas de las bandas,
e inclusive, se hicieron presentar como sus creadores sin serlo. Así, el coronel Arturo Omaña
reactivó las presentaciones de la banda de esta población en 1910449 y el coronel Hortensio
Gómez, protector de ella desde 1917 fue presentado en 1921 como fundador de la misma450,
cuando ésta fue creada en 1889 por la Sociedad Recreativa presidida por el general Lisandro
Acosta Canales. Estas “protecciones” incluían hasta los pasajes que los presidentes de la
República, Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez, en cualidad de bienhechores, ofrecían a las
compañías líricas para sus viajes desde Caracas hasta San Cristóbal.451 Su posición les permitía
brindar a las ciudades, según su capricho, los instrumentos para fundar bandas de música,
como lo hiciera Gómez con Porlamar en 1913.452

Foto 67. Régulo Olivares


En enero de 1911, bajo la administración del general Régulo Olivares se realizaron
considerables erogaciones para el mantenimiento de la Banda del Estado. La lista enumera la
confección de uniformes, adquisición de instrumentos, transcripción y copia de partituras,
arreglo de atriles y compra de enseres. El apoyo alcanzaba las bandas de Colón, Capacho y la
Escuela de Labores del Estado,453 beneficiada con un “catedrático de música y escritura”.454 El
mandatario regional también cooperaba con las sociedades religiosas y otros entes civiles con
el envío de estas instituciones musicales oficiales y otras privadas para engalanar sus

446
UNIÓN Y LEY. San Cristóbal. 3 de noviembre de 1909.
447
ECOS DE URIBANTE. Pregonero. 10 de agosto de 1907.
448
UNIÓN Y LEY. San Cristóbal. 24 de marzo de 1909.
449
EL ALDEANO. Rubio. 1° de octubre de 1910.
450
EL ANDINO. Rubio. 10 de septiembre de 1921.
451
EL CIVISMO. San Cristóbal. 17 de noviembre de 1909.
452
HORIZONTES. San Cristóbal. 29 de abril de 1913.
453
HORIZONTES. San Cristóbal. 27 de enero de 1911.
454
HORIZONTES. San Cristóbal. 30 de julio de 1912.
114

actividades.455 En el caso de la banda oficial, el presidente del Estado, general Pedro Murillo,
dispuso en 1911 la realización de una matinée los domingos, en particular para la asistencia de
los niños y “aquellas personas que por una u otra causa no pueden asistir a las retretas.”456
La dependencia directa de la banda del despacho del presidente del Estado, le permitía
dictar órdenes de actuación de la misma, además de sus habituales retretas semanales y su
participación en fiestas públicas como las efemérides patrias. Era regular su presencia en
celebraciones especiales como actos del poder legislativo, ceremonias de posesión de
mandatarios, fechas patrias de colonias extranjeras, sepelios de personalidades, inauguración
de obras físicas y pronunciamientos políticos, lo cual no ha cambiado aún, transcurrido un
siglo. Inveterada y perniciosa costumbre.

El Estado compone su Himno
En la función de brindarse sus símbolos de poder, el Estado creó sus propios himnos,
paradigmas de “gloriosos recuerdos”, empleados exclusivamente “para las grandes efemérides
de la Patria”.457 En el caso tachirense, se logró en 1879, una partitura compuesta por Eloy
Galaviz con versos del poeta zuliano Arbonio Pérez.458 Se presume, aunque no se ha hallado
documento oficial que lo confirme, la existencia de un segundo canto con letra de Antonio
Ramón González, surgido en la época restauradora. Un tercer himno, es el actual, que data de
1913. Su única intención fue separar la causa rehabilitadora de Gómez de la restauradora de
Cipriano Castro.
El Estado abrió el concurso de “composición de la letra del himno regional”, pues como
lo establecía el decreto de creación
el Táchira necesita de un Himno del Estado para sus actos oficiales, que haga
presente a sus hijos el fuego del amor patrio, la memoria de los grandes
héroes y aliente sus nobles anhelos de alcanzar en el seno de la moral, la
prosperidad y grandeza que nos reserva el porvenir.459

Designado el jurado, éste recibió el secretario General de Gobierno las creaciones
presentadas para ser analizadas. El presidente del Estado, general Pedro Murillo, suscribió el
decreto, refrendado por el secretario General, el pianista, compositor y abogado Antonio

455
HORIZONTES. San Cristóbal. 30 de mayo de 1911.
456
HORIZONTES. San Cristóbal. 24 de agosto de 1911.
457
HORIZONTES. San Cristóbal. 21 de diciembre de 1912.
458
TUERCA Y TORNILLO. San Cristóbal. 29 de marzo de 1913.
459
HORIZONTES. San Cristóbal, 21 de diciembre de 1912.
115

María Delgado Briceño. El término para la presentación de los textos concluía el 1° de abril de
1913.460

Foto 68. Pedro Murillo


El jurado entregó su labor el 17 de abril de 1913. Estuvo integrado por los doctores
Antonio Rómulo Costa, Horacio Castro, Santiago Rodríguez, Luis Ignacio Bastidas y Pedro León
Arellano. Algunos prestaban labores en el Poder Ejecutivo y otros en el Judicial como
magistrados. Eran por lo tanto, afectos al régimen. Emitieron un detallado veredicto a favor
del texto “que principia las glorias de la Patria, y que aparece rubricado Escarlata.” Los jueces
se permitieron modificar el segundo verso del coro que decía la Ley de la Nación, cambiándolo
por sus fueros de Nación. El autor del texto ganador fue el abogado Ramón Eugenio Vargas.461

Foto 69. Ramón Eugenio Vargas


En relación a la partitura, el concurso fue convocado en abril de 1913, por el nuevo
secretario General de Gobierno, el poeta Luis Eladio Contreras. Se designó un jurado musical
integrado por Teodosio V. Sánchez, Caracciolo Lamus y Diego García. Ninguno de ellos había
nacido en el Táchira y debían juzgar la “pieza que ha de concordar con la letra y espíritu de la
composición poética, Himno del Táchira, premiada en el certamen promovido por el Gobierno
del Estado.” El veredicto debía ser conocido el 24 de junio.462
De las ocho obras enviadas, el jurado se decidió por la signada como Rojo y Gualda.
Formalmente se emitió el resultado.
Visto el veredicto rendido por el jurado nombrado por este Gobierno para
decidir del mérito de las composiciones concurrentes al certamen promovido
para la elección de la música que ha de adoptarse para himno del Táchira,
dispone el ciudadano general Presidente del Estado que se acoja en todas sus
partes dicho veredicto y que en consecuencia se declare, como en efecto se
declara, la adopción oficial como Himno del Táchira, de la composición musical
introducida al certamen con el seudónimo de Rojo y Gualda, por su autor el
señor Miguel Ángel Espinel.463

El Estado entregó las respectivas medallas de oro a los autores Vargas y Espinel,
decidiendo que el Himno se ejecutaría en la fecha patria del 5 de julio de 1913, a cargo de la
Banda Oficial dirigida por Nicolás Costantino. En su cumplimiento público, la autoridad

460
HORIZONTES. Ídem.
461
HORIZONTES. San Cristóbal. 22 de abril de 1913.
462
HORIZONTES. San Cristóbal. 25 de abril de 1913.
463
HORIZONTES. San Cristóbal. 28 de junio de 1913.
116

imponía la obligatoriedad de enarbolar la Bandera Nacional en los días clásicos de la República,


so pena de multa de doscientos bolívares o arresto proporcional.464

Foto 70. Miguel Ángel Espinel


En el poder se inspiró la música
La música plasmada en partituras, sirvió para cantar a los regímenes políticos del
afecto de sus compositores. Los mandatarios, sus gestas heroicas, sus consortes, su tierra,
inspiraron a sus creadores, siendo empleadas en contra suya cuando los vaivenes de la historia
le fueron adversos. El compositor tuvo plena conciencia del momento en el que participaba.
El artista no es autónomo, la época lo activa y condiciona; pero la capacidad
específica del trabajo en arte consiste en vivir y experimentar esa época no por
una mediación simple y pasiva de la ideología – o sea, falseada y deformada –
sino de tal modo que percibe la realidad latente, para ser afectado por ella.465

En este orden, la política inspiró la marcha militar Al Combate (1903) “compuesta en
los días del bloqueo y dedicada al tren gubernativo del Estado”,466 obra de Alejandro
Fernández, basada en el ataque europeo a las costas venezolanas por parte de los acreedores
internacionales. En 1906, motivado por la mencionada Exposición del Táchira, el compositor
Eleazar Guerrero y el poeta V. M. Lugo Blanco presentaron el Himno Patriótico dedicado a
Cipriano Castro, y de nuevo Fernández escribió otra marcha titulada La Exposición
Tachirense,467 complementando su producción con las marchas Viva Castro y Clase Nocturna,
dedicada ésta “al progresista general Luis Varela”, quien se desempeñaba como encargado de
la Presidencia del Táchira.468

Foto 65. Luis Varela


Justo Telésforo Jaime escribió el valse Pepitoria (1903), en honor del médico Samuel
Eugenio Niño, creador de la columna del mismo nombre publicada en el diario tachirense
Variedades, quien había sido secretario General de Gobierno y luego presidente de Carabobo y
Ministro de Instrucción Pública del gobierno de Juan Vicente Gómez, como se ha hecho
referencia. Jaime compuso también el valse El Cachaco (1906),469 en tributo del doctor Rubén
González, secretario General de Gobierno, quien sería otro de los ministros de Instrucción

464
HORIZONTES. San Cristóbal. 17 de diciembre de 1914.
465
MARTA SOSA, J. Ob. Cit. Pág. 60.
466
LA IDEA RESTAURADORA. San Cristóbal. 6 de noviembre de 1903.
467
LA IDEA RESTAURADORA. San Cristóbal. 5 de enero de 1906.
468
LA IDEA RESTAURADORA. San Cristóbal. 16 de junio de 1906.
469
LA IDEA RESTAURADORA. San Cristóbal. 11 de agosto de 1906.
117

Pública de Gómez. Dupla de personajes con intereses y logros comunes, ambos cantados por la
música.

Foto 71. Rubén González


Alejandro Fernández, director de la Banda del Estado Táchira desde 1903, amigo
personal de Cipriano Castro y seguidor entusiasta de su causa, es el compositor regional con
mayor vinculación política en su inspiración. Fue además el predilecto de Castro, como lo fuera
de igual manera el pianista Sebastián Díaz Peña, creador de páginas como Zoila y Siempre
Invicto, quien también escribiera para Juan Vicente Gómez, en tiempos restauradores, el valse
El Pacificador.470 La inspiración musical-política de Fernández produjo además el Himno Anti-
Inglés (1896) con letra de Lisandro Acosta Canales, surgido luego de la invasión británica a la
Guyana;471 el Himno Patriótico (1903) con letra del institutor Juan Antonio Contreras;472 y
compuso en honor de la esposa del mandatario regional Celestino Castro, el valse Teresa de
Castro (1905).473 Asimismo, Fernández instrumentó la marcha del flautista Alejandro Jácome,
La Voz de la Instrucción (1906), dedicada “al Superintendente de Instrucción Pública don
Ramón Buenahora”;474 y el poeta Luis Eladio Contreras le dedicó el Himno al Acta del 5 de Julio
de 1811 (1908).475 Caído Castro, la proverbial enjundia músico-política de Fernández entró en
desgracia.

Foto 72. Ramón Buenahora


Los políticos, mandatarios, militares, detentadores del poder, en fin, fueron
homenajeados por humildes músicos que buscaron con esas creaciones pequeños favores
como la estabilidad en sus cargos o algunas sencillas prebendas satisfechas con mezquindad.
Muy escasos intérpretes recibieron la gracia del Estado de concederles becas para estudiar en
otros países. De ese selectísimo conjunto sólo un tachirense se benefició: Luis Hernández
Alarcón, protegido del general Gómez, nacido en San Antonio del Táchira, quien como
cantante lírico triunfó en Italia.476 Los demás quedaron para disfrutar el halago del momento
de la retreta. Nada más pasó de ahí.

Foto 72ª. El tenor Luis Hernández Alarcón


470
HORIZONTES. San Cristóbal. 27 de mayo de 1905.
471
LA LIMOSNA. Rubio. 1° de marzo de 1896.
472
EL EXPRESO DEL TÁCHIRA. San Cristóbal. 11 de julio de 1903.
473
HORIZONTES. San Cristóbal. 14 de octubre de 1905.
474
VOZ DEL ESTADO. San Cristóbal. 28 de octubre de 1906.
475
EL TIPÓGRAFO. Táriba. 13 de julio de 1908.
476
HERNÁNDEZ, L. DICCIONARIO. Págs. 102 y 103.
118

Triste suerte le correspondió a Luis Felipe Ramón y Rivera, estudiante de viola en


Caracas, quien pretendía una beca para superarse en Europa. Decidió abordar al general Juan
Vicente Gómez. En su libro Memorias de un andino, relata que “concebí entonces ir a Maracay
para tocar en presencia del dictador, y cuando él me preguntara qué deseaba yo, le
manifestaría mis deseos”.477
Ataviado de su viola y con una recomendación de su maestro, Ascanio Negretti, el
joven Ramón llegó a Maracay, a Las Delicias. La concurrencia esperaba al General y el músico
había ensayado un trozo de una suite para viola de Alessandro Longo, acompañándolo el
pianista José Pérez Figuera. Aplaudida la llegada del dictador, Ramón quiso avanzar hacia él
siendo bruscamente detenido por dos guardias. Superado el incidente, comenzó a tocar. A los
minutos fue interrumpido por un conjunto andino de cuerdas. Gómez ni se percató de lo
sucedido.
Yo miré al General, que no movió una mano ni hizo un gesto para indicarme
que me acercara, opté entonces prudentemente por retirarme y volver al
rincón de la orquesta. Metí la viola en su estuche, di las gracias a los colegas,
cogí mis papeles y me fui. Ellos me decían: “No se vaya, quédese; mire que al
final es posible que el General lo llame para darle algo…” Yo les respondí que
no había ido allí para implorar limosna. Y así terminó aquel episodio, único en
mi vida de artista, cuando yo, pobre iluso sin ningún apoyo de ningún “pesado”
de la época, pretendí lograr una beca para irme a Europa a estudiar.478

Foto 73. Luis Felipe Ramón y Rivera


Dentro del grupo de músicos que permanecieron en el Táchira, figuran composiciones
como la marcha De Tocuyito a Caracas del colombiano Celso Pérez,479 inspirada en la
conclusión de la Revolución Liberal Restauradora triunfante en octubre de 1899. Un valse del
cual no aparece su compositor, bajo el título Sombra Gigantesca fue “dedicado a los
ciudadanos Presidente del Estado y Secretario General”.480 El clarinetista Santos Ignacio
Zambrano escribió el bambuco Casanova al general Julián Casanova en 1908,481 y un
desconocido Policarpo Gómez ofreció en tiempos de la rehabilitación, el valse Nicolás Rolando
(1910), ejecutado por la Banda de Rubio,482 en honor del enemigo del ahora caído Cipriano

477
RAMÓN Y RIVERA, Luis Felipe. MEMORIAS DE UN ANDINO. FINIDEF. Caracas. 1992. Pág.
89.
478
RAMÓN Y RIVERA. Ídem.
479
VOZ DEL ESTADO. San Cristóbal. 13 de marzo de 1907.
480
ECOS DEL TÁCHIRA. San Cristóbal. 18 de octubre de 1907.
481
ECOS DEL TÁCHIRA. San Cristóbal. 4 de septiembre de 1908.
482
EL ALDEANO. Rubio. 1° de octubre de 1910.
119

Castro. El general Rolando fue llamado por Gómez para formar parte del Consejo de Gobierno
en 1909.483
Juan de Dios Galaviz, compositor del clásico y muy difundido valse tachirense Flor de
Loto, le dedicó al general Celestino Castro el valse Mi Hogar (1905),484 entretanto Francisco
Mariño,485 escribió el valse Zoila Rosa, ante el anunciado viaje de la primera dama al Táchira.
Este compositor fue fundador de la Banda Civil Venezolana, durante el gobierno de Castro.486
Instalado Gómez en el poder nacional, la efervescencia creadora en razón del poder produjo la
marcha militar La bandera de la libertad, obra de Rafael Fossi,487 con la que homenajeó al
mandatario regional Aquiles Iturbe en 1909, curioso personaje que detentó el poder regional
en secreta misión encomendada desde Caracas. Un hermano de Fossi, Roberto, fue célebre
mártir de las cárceles de Gómez.
Para el pacífico general y músico, Juan Alberto Ramírez, el director de orquesta italiano
Luis Felipe Carbonell488 escribió la marcha Viva la Paz, estrenada por la Banda del Estado en
una retreta de julio de 1910.489 Otra marcha, Patria y Libertad, de A. Vera R. sirvió para cantar
las glorias del mandatario regional, general Régulo Olivares en 1911,490 quien después tomaría,
por discrepancias del poder, largo exilio hasta 1935. Un mandatario feroz y progresista, el
general Eustoquio Gómez, fue honrado por el desdichado José María Rivera con la marcha
Honor al General Eustoquio Gómez, interpretada en la retreta de la banda del jueves 20 de
enero de 1916,491 y Ramiro Perich produjo el gran valse Gloria al Táchira, “dedicado al honrado
y pulcro Presidente General Eustoquio Gómez”.492 Irónicamente, en el caso de Rivera, el
personaje al que hacía honor con su humilde partitura ordenó su prisión luego del exilio de los
músicos que huyeron a Colombia en 1919, por lo que debió pagar dos años de cárcel. Definido
opositor del régimen, Rivera fue asesinado en La Rotunda de Caracas en 1926 y enterrado sin
participar a su familia, como lo testimonió su sobrino materno Luis Felipe Ramón y Rivera. Fue
el creador de la danza-bambuco Aires Andinos.

FOTO 74. José María Rivera.

483
FUNDACIÓN POLAR. Ob. Cit. Tomo 3. Pág. 998.
484
HORIZONTES. San Cristóbal. 6 de mayo de 1905.
485
HORIZONTES. San Cristóbal. 24 de junio de 1905.
486
MILANCA, M. Ob. Cit. Pág. 53.
487
HORIZONTES. San Cristóbal. 27 de octubre de 1909.
488
MILANCA GUZMÁN, Mario. LA MÚSICA EN EL TIEMPO HISTÓRICO DE CIPRIANO
CASTRO. Biblioteca de Autores y Temas Tachirenses. Tomo n° 125. Caracas. 1995. Pág. 160.
489
HORIZONTES. San Cristóbal. 7 de julio de 1910.
490
HORIZONTES. San Cristóbal. 13 de julio de 1911.
491
HORIZONTES. San Cristóbal. 19 de enero de 1916.
492
HORIZONTES. San Cristóbal. 17 de febrero de 1916.
120

Las serenatas políticas. Dedicatorias musicales al detentador del poder


La música fue utilizada para el halago, la gratitud o la lisonja al mandatario, al jefe. Los
compositores buscaban una ayuda personal o un ascenso en su cargo. La banda oficial o
particular, el conjunto instrumental o el oportuno trovador, estuvieron a la orden de la
obligada adulación.
Desde el siglo XIX se instauró la perniciosa costumbre de emplear la banda para un
“paseo con música”. Se hizo en los días de la asunción de Arístides Garbiras como presidente
del Táchira en 1876, con una Banda Marcial dirigida por Ascensión Niño.493 Dos décadas
después, el Concejo Municipal de San Cristóbal honraba el centenario del natalicio del general
José Gregorio Monagas con una banda de música y la participación de los filarmónicos Rosario
Añez y el muy citado Ascensión Niño.494
El general Celestino Castro fue un gran beneficiado en este particular luego de 1900.
En Rubio fue recibido con honores en febrero de 1901, interpretando la banda de esa localidad
la obertura de la ópera Martha de Flotow.495 Dentro de este grupo de “serenatas políticas”,
resalta la que el general Pedro Murillo llevó “con la Banda Filarmónica” al propio Castro, en
septiembre de 1904,496 días para celebrar el primer lustro del triunfo de la Revolución
Restauradora, festejada con una “velada musical”.497 En ese momento, el doctor Rubén
González, secretario General de Gobierno, era correspondido con otra serenata en Rubio por
parte de la Banda Junín.498 Un año después, don Celestino era homenajeado con la misma
“Banda Filarmónica”, es decir, la Banda del Estado, con una velada en el Club Táchira, sitio
considerado como “restaurador”.499 A fines de 1905, la Asamblea Legislativa era honrada con
la presencia de la compañía lírica de Guillermo Bolívar con la realización de la zarzuela El Anillo
de Hierro.500 A las semanas, el elenco, dirigido musicalmente por Sebastián Díaz Peña, dedicó
sus especiales funciones en honor a la primera dama Zoila de Castro, como se comentó
detalladamente.501 Entretanto, la primera dama regional, Teresa Cárdenas de Castro, era
festejada en octubre de 1906 con una serenata por parte de la Banda del Estado,502
repitiéndose un año después.503

493
EL PORVENIR. San Cristóbal. 16 de diciembre de 1876.
494
LA VERDAD. San Cristóbal. 25 de julio de 1895.
495
EL EXPRESO DEL TÁCHIRA. Rubio. 9 de febrero de 1901.
496
LA IDEA RESTAURADORA. San Cristóbal. 2 de septiembre de 1904.
497
VARIEDADES. San Cristóbal. 29 de octubre de 1904.
498
EL BOLETÍN. Rubio. 30 de septiembre de 1904.
499
LA IDEA RESTAURADORA. San Cristóbal. 16 de junio de 1905.
500
LA IDEA RESTAURADORA. San Cristóbal. 15 de diciembre de 1905.
501
LA IDEA RESTAURADORA. San Cristóbal. 5 de enero de 1906.
502
ECOS DEL TÁCHIRA. San Cristóbal. 19 de octubre de 1906.
503
ECOS DEL TÁCHIRA. San Cristóbal. 18 de octubre de 1907.
121

Un hombre del mundo civil, el superintendente de Instrucción Pública Rubén


Buenahora, luego de recibir una medalla por sus servicios, fue correspondido con una serenata
llevada por algunos amigos suyos con la Banda del Estado en febrero de 1905.504 Del mismo
talante fue la serenata ofrecida por el compositor Arturo Arciniegas al ingeniero Aquiles Iturbe,
presidente del Táchira en 1909,505 quien invitado por el general Pedro Murillo “modesto y
valeroso soldado de la reconstrucción nacional”, fue agasajado con un almuerzo y una
“espléndida fiesta de campo”, acompasada por “modernos y escogidos valses con que nos
deleitó la Banda del Estado”.506 El doctor Diógenes Escalante, secretario General de Gobierno
en mayo de 1911, fue obsequiado con la banda dirigida por Costantino con una fantasía de la
507
ópera La Bohemia de Puccini, en sus días previos al inicio de su creciente carrera
diplomática. Otro secretario General, el médico Pedro León Arellano, fue gratificado en su
hogar con una serenata interpretada por el violinista chileno Luis Palma durante su estancia en
la capital tachirense, llevado por “varios jóvenes intelectuales, también cultivadores de la
música.”508

Foto 75. Pedro León Arellano


Los mandatarios militares gustaron de estos eventos musicales por razones de su
doble poder: político y castrense. Al general Pedro Murillo, presidente del Táchira entre agosto
de 1911 y febrero de 1914, “el personal de la Banda del Estado” le dedicó “la interpretación y
humilde ejecución” de la fantasía brillante La media noche de Carlini.509 Una serenata
ejecutada por una orquesta dirigida por Constantino Ramos le fue brindada a Murillo. En
retribución, los músicos y “demás amigos concurrentes al acto, salieron altamente satisfechos
de la fina y galante acogida que les dispensó el culto y caballeroso general”,510 quien fue
homenajeado por la compañía lírica Pellicer, durante la visita de ésta en septiembre de 1912,
velada que fue también ofrecida “en honor del benemérito jefe del país, Sr. Gral. Juan Vicente
Gómez.”511 Entretanto, su primo Eustoquio, titular de la Comandancia de Armas del Táchira,
era agasajado con una “gran serenata” realizada “con gran animación y patriótica

504
HORIZONTES. San Cristóbal. 27 de febrero de 1905.
505
HORIZONTES. San Cristóbal. 15 de noviembre de 1909.
506
HORIZONTES. San Cristóbal. 1° de octubre de 1909.
507
HORIZONTES. San Cristóbal. 6 de mayo de 1911.
508
HORIZONTES. San Cristóbal. 18 de mayo de 1915.
509
HORIZONTES. San Cristóbal. 11 de noviembre de 1911.
510
HORIZONTES. San Cristóbal. 20 de marzo de 1912.
511
HORIZONTES. San Cristóbal. 24 de septiembre de 1912.
122

cordialidad,”512 como consecuencia de la nueva fecha patria del 19 de Diciembre que desplazó
al “oprobioso” 23 de Mayo restaurador.

La música en la Memoria Anual de los gobernantes
Las acciones del Estado a favor del arte musical fueron destacadas por los presidentes
regionales en sus Mensajes Anuales. La obra realizada originaba prestigio, fortaleciendo la
precaria política cultural ejercida, entendida como el criterio personal de mecenazgo ejercido
por cada mandatario.
En 1903, año en que se inicia la intervención formal y sistemática del Estado en la
cultura musical tachirense, a través del tutelaje de la Banda del Estado, el presidente del
Táchira, Celestino Castro, hizo mención especial a la “Banda Filarmónica” en su mensaje
presidencial ante el cuerpo legislativo.513 Igualmente el compositor, pianista y general Jesús
Velasco Bustamante, expuso, en su condición de músico, un notable comentario en el mensaje
anual pronunciado el 3 de diciembre de 1908, días antes del golpe de Estado de Gómez,
expresando que
el Gobierno, convencido de que el arte civiliza y la música mejora los
sentimientos y depura las costumbres, hace con gusto y sacrificio esa
erogación, (el sostenimiento y fomento de la Banda) porque así se llevan
insensiblemente los pueblos al camino de la Paz e impulsa a un factor que
desde la mas remota antigüedad ha laborado por la mansedumbre de los
caracteres, por la cultura del entendimiento y por las tranquilas faenas que
sólo tienen vida a la sombra del orden y de la regularidad administrativa. Se
subvenciona la Banda Castro establecida en Independencia, y se dotó con
algunos instrumentos a la Banda Junín de Rubio y a la Bolívar de esta capital.514

Es la pretensión clásica de la cultura como factor de corrección de las deficiencias
sociales. Es una tradición griega del pensamiento que el español De Azúa esboza, al indicar que
Aristóteles justificaba la música instrumental aduciendo que ésta expresa los
afectos humanos (lo que hoy llamamos “pasiones”) porque sus leyes, aunque
no responden a la armonía del cosmos, sí responden a la armonía del
microcosmos, es decir, del cuerpo de los mortales. La música expresa una
armonía fisiológica y es buena porque puede servir para la educación del
pueblo y el cuidado de las almas cultivadas (Política, 1340 a, 1342 b). Es un
camino empírico, muy utilizado en la época de mayor expansión musical
europea, en los siglos XVII y XVIII.515

512
HORIZONTES. San Cristóbal. 21 de diciembre de 1911.
513
LA IDEA RESTAURADORA. San Cristóbal. 4 de diciembre de 1903.
514
VOZ DEL ESTADO. San Cristóbal. 9 de diciembre de 1908.
515
DE AZÚA, F. Ob. Cit. Pág. 223.
123

El general Régulo Olivares, presidente del Táchira entre marzo de 1910 y agosto de
1911, ni siquiera aludió en su mensaje anual, a la incorporación del italiano Nicolás Costantino
como director de la Banda, acto que este gobernante impulsó, pero creó la citada Escuela de
Oficios con su cátedra de música regentada por el europeo.516 De la misma manera actuó su
sucesor el general Pedro Murillo, quien sólo expresó en su mensaje de abril de 1913, los
1.865,25 bolívares que se erogaron “para vestuarios, música y otros efectos de la Banda del
Estado”.517 Eustoquio Gómez no hizo el más mínimo comentario sobre la actividad artística
durante sus catorce años de mandato transcurridos entre 1914 y 1925.

Foto 76. Eustoquio Gómez


Diferente fue la actitud del músico y general Juan Alberto Ramírez, propiciador de los
dos únicos decretos que en esa época se refieren a la Banda del Estado como representante de
la política cultural. Hizo mención a la Escuela de Música creada el 1° de julio de 1927, la misma
fecha en que remplazó a Costantino como director de la Banda, sustituyéndolo por Ramón
Espinal Font. En el capítulo de Instrucción Pública, el antiguo ejecutante del bombardino y
presidente del Táchira entre julio de 1925 y junio de 1929, expresó en el mensaje oficial
presentado ante la Asamblea Legislativa, en sus sesiones ordinarias de 1927, que
en conocimiento de que existía en esta capital un número considerable de
jóvenes con vocación para el divino arte, sin recursos suficientes para
dedicarse a su estudio, decreté la creación de una Escuela de Música, que fue
inmediatamente establecida, bajo la competente dirección del conocido
profesor Alejandro Fernández. A esta Escuela, instalada en local cuyo
arrendamiento paga también el Gobierno, asiste un apreciable número de
estudiantes, que son otros tantos elementos que se preparan para formar
mañana en las filas de los hombres útiles de la República. (Señaló, también
que) la cantidad asignada en la Ley de Presupuesto para el Salón de Lectura de
esta ciudad, se ha venido pagando religiosamente.518

Hizo un comentario oportuno sobre la Banda del Estado, señalando que
con toda regularidad ha venido llenando su cometido la Banda del Estado, y el
Ejecutivo, en atención a que el personal que la integra necesitaba un uniforme
nuevo y adecuado para presentarse decentemente a los diversos actos
públicos, hubo de erogar la suma correspondiente para aquel fin, habiendo
sido estrenado dicho uniforme el 19 de diciembre.519

516
HORIZONTES. San Cristóbal. 23 de febrero de 1911.
517
EL ALDEANO. Rubio. 5 de abril de 1913.
518
EL TÁCHIRA. San Cristóbal. 18 de enero de 1927. (La primera sede propia de esta institución fue
edificada por el Estado e inaugurada el 24 de julio de 1929, siendo su presidente el Dr. Eduardo Santos,
antiguo enemigo del gobierno de Gómez, luego integrado al Táchira, después de la amnistía de 1925).
519
Ídem.
124

Foto 77. Juan Alberto Ramírez



El poder prestigia la música

El comportamiento del Estado tachirense como institución política ante el hecho


musical lo presenta manteniendo un estrecho vínculo con la presencia de músicos
profesionales, melómanos y diletantes como integrantes de los poderes públicos. Presidentes
de Estado, directores de gabinete, secretarios de Gobierno, tesoreros, diputados, senadores,
jueces y fiscales del Ministerio Público, entre otros funcionarios, tuvieron en su condición de
compositores, ejecutantes y resueltos seguidores, marcada intencionalidad en el apoyo a la
actividad musical.
En consecuencia, el Estado promovió acciones directas a favor de la música, sin contar
para ello con un específico orden jurídico. Sólo una disposición constitucional facultaba a la
Legislatura atender “la educación popular: el progreso de las ciencias y artes, y los
establecimientos de enseñanza práctica industrial”, tradición iniciada en la Carta Magna
regional de 1864.520
Sólo en el caso especial de Juan Alberto Ramírez (1925-1929), como se ha comentado
suficientemente, se dispuso por decreto la creación de la Escuela de Música (1927) y el orden
interno de la Banda del Estado (1928). Entretanto, una indirecta política de mecenazgo, o más
bien de discrecionalidad del príncipe se manifestó sin considerar derechos culturales al
colectivo. Aún no era hora para ello. De allí que el gusto personal de cada mandatario se
evidenció en esa intromisión del Estado, no considerada como una intervención sistemática
del mismo ante el hecho cultural.
Esta presencia oficial, iniciada en tiempos de revolución liderada por un ex seminarista,
ejecutante del violín y de la flauta llamado Cipriano Castro, estuvo impregnada de los gustos
particulares del mandatario, quienes manifestaron según Milanca “un amplio interés por
respaldar el desarrollo del arte”.521 La obra de este caudillo se reflejó en infraestructura, en la
creación de instituciones musicales de enseñanza y promoción, en la difusión musical por todo
el país, auspiciando algunos músicos que siguieron estudios en el exterior. Igual actitud
mantuvo Juan Vicente Gómez, personaje descrito por este historiador chileno como un
gobernante “que asiste a la ópera, la opereta y la zarzuela; que forma parte del grupo que
acompaña a Cipriano Castro a algunos de los bailes oficiales y bailes improvisados”.522

520
SALAZAR, Temístocles. LAS CONSTITUCIONES DEL ESTADO TÁCHIRA. TÁCHIRA SIGLO
XXI. Publicación de la Universidad Católica del Táchira. San Cristóbal. 2002. Pág. 41.
521
MILANCA, M. LA MÚSICA EN EL TIEMPO HISTÓRICO DE CIPRIANO CASTRO. Pág. 249.
522
Ídem. Pág. 248.
125

Foto 78. Juan Vicente Gómez


El Estado mantuvo un interesante acercamiento con la cultura. Los gobiernos de
América Latina, en sus diferentes provincias establecieron realizaciones institucionales,
administrativas, financieras y normativas. Este tema de interés se fortalece con la necesidad de
investigar la relación entre el hecho estético promovido por la sociedad civil, el poder y la
autorictas del Estado, y los actores musicales.
En lo que atañe al inicio de esta relación, surgida en tiempos del Gran Estado Los
Andes, es de resaltar que mientras la capital se radicó en Mérida, la sociedad civil de San
Cristóbal dinamizó una actividad cultural sin precedentes. Esto fue de gran provecho porque
entregó las bases de un camino estético que luego fue intervenido por el Estado, colocándole
cortapisas a esa vocación artística, controlándola por completo. En este sentido, Arturo
Guillermo Muñoz ofrece luces sobre el aislamiento geográfico, asunto que podría considerarse
como la razón de un gobierno autárquico, es decir, como lo indica Rodrigo Borja, por
extensión, definiéndolo como “la condición de bastarse así misma que tiene una comunidad en
materia económica y de prescindir del intercambio con el exterior para abastecerse de los
bienes y servicios que necesita para su pervivencia”.523 Incluso, este autor llama
“autarquismo”, “a la tendencia de un país a desarrollarse hacia adentro, a base de los recursos
naturales, humanos, financieros y tecnológicos internos”.524 Sobre esto, subraya Arturo
Guillermo Muñoz:
Mirando en retrospectiva, se hace evidente que ciertas facetas del aislamiento
regional beneficiaron al Táchira. Lo remoto de la región, hacía difícil para los
dictadores en Caracas destruir la autonomía de las dispersas comunidades del
Táchira. La desierta frontera, un aspecto integral del aislamiento tachirense,
hizo posible un proceso continuo de colonización, el cual fomentó la igualdad y
propició el desarrollo de un campesinado caracterizado por pequeños
propietarios.525

Los ejecutantes del arte musical, compositores o instrumentistas fueron personajes de
marcada presencia social, inclusive más allá del hecho estético. Mantuvieron posiciones
públicas en torno a esa autonomía territorial o la dependencia política del Táchira de otras
jurisdicciones, la adscripción a candidaturas regionales o nacionales, el activismo proselitista,
los comicios electorales y su comportamiento en las funciones burocráticas en el Poder
Público.

523
BORJA, Rodrigo. ENCICLOPEDIA DE LA POLÍTICA. Pág. 54
524
Idem.
525
MUÑOZ, A. Ob. Cit. Pág. 289.
126

Ese debilitamiento del impulso privado se expresó mediante una menguada economía,
que se circunscribía a una decreciente cultura del café y su exportación, la ausencia de
industrias y de políticas de desarrollo tecnológico que tejieron una escasa sociabilidad. Estas
causas coartaron las iniciativas particulares. Es un particular tema en cual algunos
investigadores, como Alphons Silbermann emiten opinión científica
Esta forma de arte (la música) es capaz de recibir dignidad y libertad del
hombre para al mismo tiempo evitar con ello el aislamiento, egoísmo,
sectarismo o algo igualmente lamentable, o si estamos dispuestos a seguir a
Confucio, que hace ya muchos siglos declaró que la música, que sale del
corazón humano, está unida a los orígenes de la actitud humana, que por esta
cualidad es socio-formativa, siempre se vuelve a subrayar el hecho –
sociológicamente interesante- de la fuerza condicionante de sociabilidad que
tiene la música.526

El Estado que comenzaba a ser poderoso en virtud del situado constitucional y de su
capacidad arancelaria, creó con Cipriano Castro un Ejército Nacional por virtud de la Carta
Magna de 1901, otorgándole una condición distinta al sentido de coacción. El presidente se
convirtió en un dador de prebendas sociales, en el solucionador de todos los problemas, en el
gran padre protector de la sociedad. Esto limitó la otrora floreciente sociedad civil del Táchira,
convirtiéndose en receptora pasiva de providencias oficiales. En el campo de las bandas
musicales, la dádiva presupuestaria permitió la creación de la Banda del Estado y de una Banda
Municipal dependiente de la Comandancia de Armas, es decir, del estamento militar. Pareciera
surgir aquí la conducta oficial de crear direcciones culturales en todos los órdenes, con el
propósito de complacer vanidades alimentadas opíparamente con la renta petrolera surgida
desde la tercera década del siglo XX.
Único y monopolizador de la creación de símbolos del poder y de la identidad, el
Estado promovió la composición de su Himno, hecho posterior al Escudo al que se le
cambiaron las fechas según los vaivenes políticos. Así como el Escudo indicaba en sus franjas la
“gloriosa” fecha del 23 de Mayo, después de 1908 era obligatorio abolir “tal aberración”,
incorporándole la fecha del 24 de marzo de 1864, error promovido durante los retoques que
hiciera el pintor colombiano Marcos León Mariño, a quien erróneamente se atribuye su
autoría. El canto musical debía ensalzar la nueva era de unión, paz y trabajo, es decir, la
Rehabilitación, el gobierno instaurado por Juan Vicente Gómez. De allí, la letra de Ramón
Eugenio Vargas, “somos libres, las férreas cadenas del esclavo rompiéronse ya; el hogar
tachirense sonríe bajo un sol, todo luz: la igualdad.”

526
SILBERMANN, Alphons. ESTRUCTURA SOCIAL DE LA MÚSICA. Taurus. Madrid. 1961. Pág.
62.
127

Foto 79. Ramón Eugenio Vargas


Música y política. Extraña pero común simbiosis. Abrazada en peculiar territorio por
particular presencia de hacedores del pentagrama y de la espada guerrera. El Táchira fue crisol
especial donde sólo el arte de Euterpe brindó símbolos de prestancia social al poder político, y
viceversa. Se anduvo a ciegas, sin conformar una manifiesta y sincera vocación. Para el Estado
era una de las formas de expresar el rechazo a la barbarie, aunque dentro de su mundo sonoro
explotaran, en desgraciado momento, manifestaciones de brutalidad y rebeldía, las que
clavaron en el corazón del otrora prestigioso oficio, los estigmas sociales del desprecio y la
ingratitud.


LOS HACEDORES DE LA CULTURA MUSICAL TACHIRENSE ENTRE 1869 Y 1929
El grupo más importante de artistas tachirenses que actuaron en su condición de
músicos bien como compositores, intérpretes o promotores culturales en el período
estudiado, mantuvo en su participación pública ocultas posiciones políticas, manifiestas
pretensiones de admiración o adherencia a una causa proselitista. También destacaron como
como soldados en el campo de batalla, o en el ejercicio de notorias realizaciones como
gobernadores, ministros, representantes en cámaras legislativas y magistrados. De igual
manera lograron resaltantes desempeños como periodistas.
Procedían de las más diversas clases sociales, desde las más humildes, manteniéndose
como tal hasta morir en una absoluta pobreza. Otros ascendieron social y económicamente,
ascendiendo a otros niveles por circunstancias militares y políticas. También participaron los
inmigrantes que, por diversos motivos, llegaron al Táchira en la segunda mitad del siglo XIX.
Aquí se distribuyeron. Unos quedaron en la trova popular que inició una tradición de cultura
oral que pudo o no plasmarse en el pentagrama, y otros con formación realizada, en sus sitios
de origen, se condujeron por la ruta académica que tuvo un límite por la falta de desarrollo
técnico. Un grupo actuó en la plaza pública, mientras que otro nivel social hizo su ambiente en
sitios cerrados como teatros, residencias particulares y clubes.
Un sector artístico pasó a integrar las bandas, actividad que, surgida de la iniciativa
privada, fue desarrollada por los músicos que tenían a su vez otro oficio, como una profesión
liberal, un grado militar o una condición económica solvente. Cuando el Estado intervino el
hecho cultural fomentando la aparición de bandas, el oficio fue exclusivo de los humildes
músicos que complementaban su pírrico sustento con tocatas particulares o modestos
128

trabajos artesanales. Los señores de la sociedad, como fueron llamados, hacían su música en el
club o en la tranquilidad del hogar, complaciendo su sentido de élite.
En este crisol de ambiciones, ascensos sociales, discriminaciones, y la presencia de
arribistas, arrogantes, adulantes, ingenuos, pero también de prestantes artistas, se desarrolló
la cultura musical tachirense entre 1869 y 1929. En el fondo, se persiguió la ejecución de la
música como oficio ennoblecido en razón de la condición social de sus intérpretes, y viceversa.
Esto permitió el desarrollo de la música desde la trinchera pública a través de la Banda del
Estado, quedando la iniciativa particular en la creación de pequeñas estudiantinas, orquestas
típicas, conjuntos instrumentales y la participación del creador musical como compositor y la
aparición de notables intérpretes.
Las referencias a enunciar forman parte del Diccionario de la Música en el Táchira, la
obra publicada por el autor, ya citada.
Intentando hacer una relación cronológica y temática, resalta la figura del general José
Ascensión Niño (c. 1845-1918). Desde 1871 fue oficial en la Secretaría General de Gobierno,
diputado al Congreso Nacional (1876), diputado ante la Legislatura del Gran Estado Los Andes
(1885), presidente de la Junta de Instrucción Pública (1893), secretario General de Gobierno
(1904), juez Superior del Estado (1905), presidente de la Corte Suprema de Justicia del Estado
(1910), presidente Encargado del Táchira (1910), secretario privado del presidente del Estado
(1910), registrador Principal del Distrito Federal (1910) y senador ante el Congreso Nacional
(1913). Amigo de Guzmán Blanco, respaldó la candidatura de Hermenegildo Zavarce a la
Presidencia de la República, dirigió el Partido Liberal del Táchira, sumándose a la causa de
Cipriano Castro para seguir en igual condición con Gómez. Fue director de la Banda de los
Cachacos desde 1876, actuando en las diversas celebraciones públicas del último cuarto del
siglo XIX. Ejerció como profesor de música y canto en San Cristóbal, y conducía en 1907,
algunos oficios musicales en la iglesia de Táriba. Laboró como periodista y editor, participando
como director de los órganos Unión Liberal (1880) y El 27 de Abril (1883). Compuso valses y
bambucos, entre ellos Flor y María. Fue una de las víctimas de la gripe española, falleciendo en
Caracas.

FOTO 80. Ascensión Niño


Samuel Eugenio Niño Sánchez. (1867-1937) Hijo de Ascensión Niño nacido en
Lobatera. Participó en los actos conmemorativos del centenario del natalicio del Libertador en
San Cristóbal (1883). Se recibió como médico en Caracas (1894) y se trasladó a París. Ejerció el
periodismo La Probidad (1897) y Variedades (1904). Fue secretario General de Gobierno (1900
129

y 1906), además de presidente de las Ferias de Enero (1904), presidente de la Junta de


Instrucción del Estado Táchira (1904), presidente del Estado Carabobo (1907), secretario de la
Legación Venezolana en Berlín (1921), integrante de la Comisión de los Exiliados enviada por el
Gobierno Nacional para supervisar el ingreso de las familias provenientes de Colombia, a la
salida del mandatario Eustoquio Gómez (1925), presidente de la Cámara de Diputados,
ministro de Instrucción Pública y presidente del Estado Aragua. Fue ejecutante del cornetín de
la Banda de los Cachacos y de la Banda Sucre, difundiendo las actividades de ésta en el
periódico Variedades. Su controversial vida política fue plasmada por José Rafael Pocaterra en
el libro Política Feminista o El Doctor Bebé, y por José Abel Montilla en su novela Fermín
Entrena. Los compositores Justo Telésforo Jaime y Pedro Elías Gutiérrez le dedicaron sus valses
Pepitoria y El Doctor Niño en Carabobo, respectivamente. Murió en Caracas.

FOTO 81. Samuel Eugenio Niño


El general barinés Lisandro Acosta Canales (c. 1849-1912) llegó al Táchira como
soldado de la Guerra Federal. Respaldó al compositor Alejandro Fernández y a la Banda de
Rubio, constituyendo en 1889 la institución civil que la sustentó, la Sociedad Recreativa. Fue
redactor de los periódicos El Expreso del Táchira, El Federalista, El Boletín, La Paz del Táchira y
El Propagandista. Resaltó como panegirista la figura de Cipriano Castro. Fue secretario de la
Asamblea Legislativa del Táchira e integró la Asamblea Constituyente de 1901. Presidió la junta
directiva que organizó la Exposición Tachirense en 1906. El maestro Fernández le dedicó el
pasodoble El Propagandista, en alusión a su periódico. Escribió los versos que también
Fernández musicalizó del Himno Anti Inglés (1896). Se radicó en San Cristóbal donde murió.

Foto 82. Lisandro Acosta Canales


El general Cipriano Castro (1858-1924) fue el primer mandatario regional que se había
desempeñado como músico. Fue gobernador de la Sección Táchira del Gran Estado Los Andes
entre 1888 y 1890, defendiendo la causa del presidente Raimundo Andueza Palacio. Lideró la
Revolución Liberal Restauradora (1899), conduciéndolo a la presidencia de la República que
ejerció hasta diciembre de 1908. En lo estrictamente musical, Castro “antes de entrar al
Seminario había estudiado algo de música con el profesor Consolación Colmenares,
especialmente en el toque del violín,”527 como lo refiere el historiador Tomás Polanco

527
POLANCO ALCÁNTARA, Tomás. ESQUEMA BIOGRÁFICO. En PINO ITURRIETA, Elías
(compilador) CIPRIANO CASTRO Y SU ÉPOCA. Monte Ávila Editores. Caracas. 1991. Pág. 31.
130

Alcántara, y su biógrafo, seguidor y discípulo el general Eleazar López Contreras relata que
Castro
fue alumno de la Banda de Música fundada por el gran maestro Consolación
Colmenares, contratado por el Padre Montilla. Allí aprendió el arte y oficio que
le permitió a Cipriano ganarse la vida en sus primeras épocas de exilio en
Colombia, en momentos adversos, para obtener algún otro trabajo.528

Fue admirador de la zarzuela, de la ópera y de la música en general, además del baile.
Fomentó la creación de bandas, entre ellas la del Táchira, auspiciada por su hermano
Celestino, presidente del Estado. Construyó en Caracas el Teatro Nacional y el edificio sede de
la Academia de Bellas Artes, luego Escuela Superior de Música de Santa Capilla. Apoyó las
carreras artísticas del pianista Andrés Delgado Pardo y del barítono Lucio Delgado.529 El
primero de ellos compuso en Italia la ópera I due rivali, la que “simboliza una de las páginas
más hermosas de la historia militar del general Cipriano Castro.”530 La Banda del Táchira,
durante la visita de su esposa a San Cristóbal, en 1906, fue denominada Banda Castro. Con su
nombre también se distinguieron la Plaza Castro de La Ermita, llamada desde 1912 “Páez”, y el
Distrito Castro, conocido como Capacho hasta la reforma constitucional de noviembre de
1909. Protegió al compositor y pianista Sebastián Díaz Peña, y envió compañías de zarzuelas en
giras por todo el país, recibiendo múltiples homenajes musicales por parte de compositores
como el propio Díaz Peña, Francisco Mariño, Alejandro Fernández, Vicente Cedeño y su cuñado
Jesús Velasco Bustamante. Murió en Santurce, Puerto Rico.

FOTO 84. Cipriano Castro


Precisamente el general Jesús Velasco Bustamante (c. 1868–1931) tuvo una
interesante carrera como institutor. Fue director del Colegio Bolívar de Independencia, además
de profesor de música en esa localidad (1897) y director del Liceo Simón Bolívar en 1922. Con
su cuñado Cipriano Castro en el poder, fue tesorero General del Táchira (1900 y 1910),
presidente encargado de esta entidad (1901 y 1904) y titular entre 1907 y 1909. Además se
desempeñó como presidente de la Corte Suprema de Justicia del Táchira (1905), senador ante
el Congreso Nacional (1905), administrador general de Rentas Municipales del Distrito Federal
(1907) y primer vicepresidente del Concejo Municipal del Distrito Federal. Como presidente del
Táchira, en 1908, emitió en su Mensaje Anual importantes apreciaciones de indirecta política
cultural, ordenando la construcción, en 1909, de la glorieta de la Plaza Páez para una adecuada

528
LÓPEZ CONTRERAS, Eleazar. EL PRESIDENTE CIPRIANO CASTRO. Imprenta Nacional.
Caracas. 1986. Pág. 72.
529
MILANCA, M. Ob. Cit. Pág. 249.
530
PEÑÍN, J y GUIDO, W. Ob. Cit. Tomo I. Pág. 506.
131

presentación de las semanales retretas. Fue solvente pianista, flautista y compositor, creador
de valses, pasillos, danzas, fantasías y bambucos. Sus hijas cultivaron el arte musical, entre
ellos, Delia María, quien estudió en el Conservatorio de París. Murió en Caracas. Su hermano,
el temible mandatario Rafael María Velasco Bustamante (c. 1874–c. 1950), ingratamente
recordado como gobernador de Caracas durante el gomecismo, en el arte musical fue discípulo
del institutor colombiano Ramón Vera Guerrero, en sus tiempos de estudiante del Colegio del
Sagrado Corazón de Jesús de La Grita, dirigido por monseñor Jesús Manuel Jáuregui, en cuya
orquesta se desempeñó como flautista.

Foto 84. Jesús Velasco Bustamante


El general Juan Alberto Ramírez (1861-1937), fue el cuarto músico profesional que
ocupó la primera magistratura tachirense. Ejecutante del bombardino en la Banda Junín que
dirigía, desde 1889, en Rubio, Alejandro Fernández, Ramírez mantuvo una discreta actuación
como bodeguero, de cuyo gremio también formaba parte Fernández, en 1895. Participó en
1896 en las veladas a beneficio de la construcción del hospital de esa localidad. Liberal
amarillo, fue jefe Civil de la Parroquia Rubio (1892), jefe Civil y Militar del Distrito Junín (1900),
tesorero del Estado Táchira (1906), comandante de Armas de esta entidad (1909), jefe Militar
de la Frontera Venezolana con Colombia (1910), comandante de Armas del Estado Bolívar
(1913), presidente de los Estados Nueva Esparta (1916), Sucre (1922) y Guárico (1929), además
del Táchira, gobernándolo entre 1925 y 1929. En el campo musical nunca olvidó su relación
con su maestro y amigo Alejandro Fernández. En tal sentido, destituyó a Nicolás Costantino
como director de la Banda del Táchira, designando en su lugar a Ramón Espinal Font en 1927.
Emitió el decreto de creación de la Escuela de Música del Táchira en 1926, nombrando a
Fernández como director y usó el ordenamiento jurídico para regular las actividades de la
Banda Oficial. En su Mensaje Anual ante el cuerpo legislativo en 1927, destacó su política de
apoyo a las artes y a la sociedad cultural Salón de Lectura. Inauguró la Carretera Trasandina en
1925 y al año siguiente promovió la recepción de la señal de radio en la capital tachirense,
acentuándose, la penetración de la industria cultural. El director italiano Luis Felipe Carbonell
le dedicó la marcha Viva la Paz (1910). A la muerte de Gómez huyó del país muriendo en
Cúcuta.

Foto 85. Juan Alberto Ramírez


Aunque está fuera de los términos planteados en esta investigación, el mandatario
Abigail Colmenares fue el quinto músico en ocupar la titularidad del Poder Ejecutivo regional,
132

desempeñándolo entre 1937 y 1938. Tuvo el honor de participar en la inauguración de la


segunda sede del Salón de Lectura, construida por el Gobierno Nacional, puso en servicio la
Plaza Páez y concedió las primeras vacaciones oficiales que disfrutaba el personal de la Banda
del Estado, en segura reminiscencia de sus días de músico, arte que aprendió en el Colegio del
Sagrado Corazón de Jesús de La Grita, estudiando la flauta con Ramón Vera Guerrero, Felipe
Vidal y Héctor Gabaldón (1893), e integró un conjunto con sus condiscípulos, entre ellos, el
citado Rafael María Velasco. Murió en Maracaibo en 1943.

Foto 86. Abigaíl Colmenares


El general Obdulio Cacique Volcán (c. 1861–1896) valeroso militar capachero fue
amigo de infancia de Cipriano Castro. Las crónicas lo destacan como superior a Castro en el
desempeño de las armas. Fue secretario del Concejo Municipal de su pueblo natal (1876), y
participó con Juan Vicente Gómez y Cipriano Castro, en su condición de “empleado municipal”,
como patrocinador del obelisco de San Antonio del Táchira, erigido en honor del Libertador
(1883), año en que ejerció como secretario de la Parroquia San Cristóbal, conocida
posteriormente como San Sebastián. Seguidor de Joaquín Crespo, se separó de Castro, quien
se unió a Andueza Palacio en los días de la Revolución Legalista. Estuvo bajo las órdenes de
Espíritu Santo Morales en los tiempos del Gran Estado Los Andes y fue presidente del Concejo
Municipal de Capacho (1893), desarrollando importante obra de provecho. Como integrante
del grupo liberal amarillo fue víctima de las intrigas políticas. Fue acusado de instigar la división
entre “moralistas” (seguidores del general Morales) y “caciquistas” por el control del Partido
Liberal, participando en los banquetes liderados por Diego Bautista Ferrer y León Faría,
comandantes militares de la zona junto a un connotado grupo de activistas, entre los cuales
figuran Ascensión Niño, Santiago Briceño, Pedro María Morantes y Abel Santos, entre otros.
Fue comandante de las Milicias de la Circunscripción de San Cristóbal. En junio de 1886,
Cacique, en compañía de Juan Pablo Peñaloza, Evaristo Jaime y Espíritu Santo Morales se
enfrentó a las tropas revolucionarias de Cipriano Castro, Buenaventura Macabeo Maldonado y
Segundo Prato. Durante ese tiempo actuó como integrante de la Banda de los Cachacos
dirigida por Ascensión Niño. Participó en otra banda de música compuesta por Eloy Galaviz y
Hermenegildo Rivera, bajo la conducción de Diego García en 1888, con motivo de una
graduación de bachilleres egresados del Colegio Nacional. Compuso la marcha Corazón de
Mármol interpretada por las bandas Junín, Sucre y del Estado Táchira en sus acostumbradas
retretas. Su muerte sucedió en circunstancias extrañas. Oficialmente se declaró que fue
causada por “un violento ataque de angina de pecho” y su autopsia fue realizada y suscrita por
133

siete médicos, ante la conmoción política que surgió, atribuyéndose la autoría intelectual de su
“presunto envenenamiento” por parte de su rival, el general Juan Pablo Peñaloza.

Foto 87. Obdulio Cacique Volcán


Otros mandatarios como Celestino Castro, Pedro Murillo, Régulo Olivares y Eustoquio
Gómez, mantuvieron una presencia más o menos pronunciada ante el hecho musical.
Celestino Castro (1856-1924) hermano de Cipriano, presidente del Táchira desde 1900,
fomentó la transformación de la Banda Sucre en Banda del Estado, nombrando en julio de
1903 a Alejandro Fernández como su director, asumiendo de manera ininterrumpida, desde
entonces, el pago de los músicos y sostenimiento de la institución. A él y a su esposa le fueron
dedicadas varias composiciones y veladas culturales, instaurando la costumbre de las
“serenatas políticas”. Falleció exiliado en Cúcuta. Régulo Olivares (1873-1952) fue presidente
de la entidad entre 1910 y 1911. Destituyó a Alejandro Fernández como titular de la Banda,
llamando desde Anzoátegui al músico italiano Nicolás Costantino, quien desempeñó el cargo
durante diecisiete años. Era nativo de Colón, fue ministro de Relaciones Interiores en 1937 y
contralor General de la República en 1945. Falleció en Caracas. El general Pedro Murillo (m.
1916) presidente entre 1911 y febrero de 1914, apoyó la institución bandística, logrando
sortear su división motivada a la separación de los hermanos Lupi, además de fomentar, bien
como presidente o comandante de Armas de la entidad, la gestación de otras instituciones
como la Banda Bolívar, en respaldo al expulsado Alejandro Fernández. En su mandato surgió la
grave situación en la que estuvieron involucrados varios músicos de la Banda Oficial, en
febrero de 1914, con el saldo de dos muertos en diversas circunstancias. Siendo senador al
Congreso murió en Caracas. Entretanto, el general Eustoquio Gómez (1868-1935),
comandante militar en Maracay (1904), Miranda (1904), Falcón (1905) y Táchira (1909-1914),
asumiendo el poder regional en éste entre 1914 y 1925. Su mandato abrió el camino de la
penetración de la industria cultural, la persecución a los artistas, el encarcelamiento de los
mismos y su exilio. Imprimió con Nicolás Costantino un fuerte régimen dentro de la Banda del
Estado, y la música, luego de los incidentes de febrero de 1914, en los que desgraciadamente
estuvieron involucrados varios artistas, decayó ostensiblemente en su promoción por parte de
particulares, quedando en manos de oficiantes reducidos a la condición de súbditos, cual
gobierno feudal. Fue presidente del estado Lara, y pretendiendo ser sucesor de Juan Vicente
Gómez, a los días de la muerte de éste, fue asesinado en Caracas.
En el orden estrictamente musical figuran como promotores entusiastas del arte,
varias figuras que desempeñaron cargos públicos de menor relevancia. Su resignada actuación
134

de funcionarios les permitió en sus tiempos libres, motorizar con recitales, retretas y
especiales presentaciones el gusto por la música, de la que fueron agradecidos servidores,
llevando más allá del pentagrama su vocación altruista y su voluntario servicio a la comunidad.
Eloy Galaviz Ávila (1837-1902) encabeza esta lista. Consumado violinista, nativo de San
Cristóbal, formó parte de una musical familia que inició su padre Nicolás Galaviz Maldonado,
gran promotor de la educación, de la imprenta y de otros servicios sociales a la entidad que
aún dependía de la Provincia de Mérida. Los hermanos Galaviz Ávila se destacaron por su
gusto artístico, representado en Eloy, Juan de Dios y Julio Ernesto. Eloy Galaviz aprendió la
música, entre otros, con su padrino y mentor, el merideño Agustín Arias, de cuya orquesta
formó parte. Organizaba recitales en compañía de Ascensión Niño y Diego García en 1877. Dos
años después compuso la partitura del primer Himno del Táchira, declarado oficialmente en
1880, con versos del poeta zuliano Arbonio Pérez. Se presentó al violín acompañado al piano
por Elías M. Soto e integró una pequeña banda con Diego García, Hermenegildo Rivera, Régulo
Bustamante y el general Obdulio Cacique. Escribió una serie de valses, danzas y bambucos bajo
el álbum Guirnalda Musical Tachirense, publicado en 1888, teniendo interés nacional al ser
reseñado por el periódico El Revisor de Puerto Cabello, en 1891. Fue profesor de música y
canto en San Cristóbal, ciudad a la que sirvió desde su municipalidad como administrador en la
década de los ochenta, y como Secretario en 1893. Se oponía a la anexión del Táchira al Gran
Estado Los Andes, suscribiendo este parecer en documento público de 1894. Por su destreza
en el violín fue conocido como el Paganini venezolano. Mantuvo con su esfuerzo propio la
llama viva del ejercicio musical en esta capital donde murió.

Foto 88. Eloy Galaviz Ávila


Especial mención se hace de Agustín Arias Lobo (1815-1885). Nació en Mérida y fue
un notable institutor público de San Cristóbal. Participó con Eloy Galaviz en la conformación de
grupos instrumentales, siendo jurado examinador de instrucción (1875) y secretario del
Concejo Municipal (1885). Su hijo Agustín, prosiguió esa labor pública a favor de la ciudad. De
él se reseña la referencia que hiciera Pedro María Morantes en una carta fechada en París, en
1912, enviada al general Francisco Alvarado, cuando lo recuerda como jefe del Estado Mayor
en los días de “la invasión de los llaneros”, en oposición a su tranquilo oficio como ejecutante
del violín en la Iglesia de San Cristóbal. Incluir comentario de Morantes.
Los hermanos Pirela Roo siguen esta tradición. Pedro Telasco Pirela Roo (c. 1861-
1904), fue tubista de la Banda de los Cachacos y estuvo interesado por el desarrollo musical de
su tierra, enviando desde Caracas “más de cuatrocientas composiciones instrumentadas”.
135

Opositor a la anexión del Táchira al Gran Estado Los Andes, integró la directiva regional del
Partido Liberal, siendo uno de los restauradores que llegaron a Caracas en 1899, ciudad en la
que falleció. Fue secretario del Juzgado de Primera Instancia en lo Criminal (1891). Carlos
Trinidad Pirela Roo (c. 1866-1936) era agrimensor público y un notable intelectual. Solvente
dibujante y calígrafo, participó como joven empleado municipal en el grupo contribuyente a la
erección del obelisco de San Antonio, ya referido. Obtuvo su grado de bachiller en 1888, en el
Colegio Nacional de San Cristóbal. Fue docente en la escuela alemana regentada por el
preceptor Teodoro Messerschmidt, en la que se formaban los hijos de los europeos y de las
clases pudientes de la localidad. Ejerció como secretario en el Ministerio de Relaciones
Exteriores (1894), en Caracas, donde obtuvo el título de agrimensor en la Universidad Central
en 1897. Ejerció el cargo de vicerrector del Colegio Federal de Varones en la capital tachirense
(1900), directivo de la Junta Ferial (1904), realiza el embellecimiento de la Plaza Páez y
construye su glorieta (1909), desempeñándose en una oficina de ingeniería. Trabajó en la
construcción de las carreteras nacionales, siendo uno de sus directivos por decisión de su
amigo Juan Vicente Gómez. Inspeccionó los trabajos de la Carretera Trasandina e integró la
Comisión de los Exiliados, supervisando la transición gubernamental entre Eustoquio Gómez y
Juan Alberto Ramírez, además del ingreso de los exiliados tachirenses provenientes de
Colombia en julio de 1925. Como artista, Pirela Roo fue pianista, flautista y director.
Transcribió para la Banda Sucre la Marcha del Toreador de la ópera Carmen en 1903, año en
que dirige la Banda Municipal de San Cristóbal, ciudad donde falleció.
El compositor de los valses Quejas del Alma y Sueño de Artista, el pianista y abogado
Antonio María Delgado Briceño (c. 1869-1921) fue hijo de uno de los fundadores de la
Sociedad Filarmónica de San Cristóbal de 1869, Antonio María Delgado, quien murió en
Guanare en 1903. Bisnieto de la heroína tachirense María del Carmen Ramírez de Briceño,
gran colaboradora del Libertador, Delgado Briceño fundó en Táriba el Liceo Táchira (1899),
dotándolo de una banda, adquiriendo de sus propias expensas los instrumentos. Fue
presidente de la Asamblea Legislativa del Táchira en 1911, año en que también asumió la
Secretaría General de Gobierno, correspondiéndole el honor de suscribir el decreto que
llamaba a concurso para la letra del Himno del Táchira. Se trasladó a Caracas donde se
incorporó a la burocracia oficial.

FOTO 91. Partitura de Quejas del Alma


Belisario Rivera Cuéllar (c. 1858-1928), descendiente de una familia llanera y
colombiana, formó con sus hermanos Hermenegildo y José María un tronco musical. Se
136

distinguió como ejecutante del bombardino en la Banda de los Cachacos. Platero de profesión,
término como se conocían a los joyeros, se desempeñó igualmente como escribiente en la
Secretaría General de Gobierno en 1900. Fue primera autoridad civil del municipio San Juan
Bautista entre 1903 y 1904, y encabezó la Junta de Censo Electoral. Acompañó al presidente
del Táchira, Rafael Garbiras Guzmán, en el grupo que hizo las paces con el gobierno
colombiano en julio de 1904, empleando a la Banda del Estado como mensajera de paz, a raíz
de los inconvenientes surgidos desde 1901 con la llamada invasión de los colombianos.
Seguidor de Castro, en el gobierno de Gómez estuvo recluido en el Castillo de San Carlos. El
compositor Alejandro Jácome le dedicó el valse El crisol. Es el padre del director y compositor
Marco Antonio Rivera Useche, titular de la Banda del Estado Táchira desde junio de 1929.
Su hermano Hermenegildo Rivera Cuéllar se distinguió como un notable monitor
social de fines del siglo XIX. En septiembre de 1894, fue uno de los opositores de la anexión del
Táchira al Gran Estado Los Andes. Presidió la sociedad de artesanos “Miranda”, emprendiendo
un programa de alfabetización y clases nocturnas para obreros (1896). Fue periodista en La
Mañana (1890) y La Idea Artística (1892). Ejecutante del flautín, el piano y la guitarra, integró
la Banda de los Cachacos y otros grupos instrumentales, ejerciendo la docencia musical en
1897. Fue el padre del malogrado compositor José María Rivera Carreño, asesinado en La
Rotunda en 1926, y abuelo del compositor e investigador etnomusicológico Luis Felipe Ramón
y Rivera.
Régulo Bustamante Rosales (c. 1858-1909) nativo de San Antonio del Táchira y
ejecutante de la flauta, tuvo una trayectoria como secretario del Concejo Municipal de San
Cristóbal (1887), secretario del Juzgado de Primera Instancia en lo Criminal (1888), secretario
de la Corte Suprema de Justicia del Táchira (1900) de la que fue canciller-procurador, carrera
jurídica continuada con su actuación como defensor de presos en 1903. Fue uno de los
panegiristas de Cipriano Castro, actuando en múltiples recitales y veladas artísticas
promovidas por la sociedad civil, participando con algunas pianistas y cantantes destacadas en
1889 y 1895. En su condición de comandante de Resguardo en el Puerto de La Ceiba, fue
asesinado en 1909.
Sin ser músico, el poeta y abogado Ramón Eugenio Vargas (1876-1949) ha mantenido
gran vinculación por ser el autor de la letra del Himno del Táchira, el tercero de la entidad,
declarado oficial en 1913. Hijo de Ramón Vargas (1853-1921), ejecutante del cornetín de la
Banda de los Cachacos y de la Banda Sucre, Ramón Eugenio, graduado en Mérida en 1900,
publicó por esos días su primer poemario. Su carrera pública fue variada. Actuó como ministro
y presidente de la Corte Superior de Justicia del Táchira (1900), presidente de la Corte
Suprema de Justicia del Distrito Federal (1901), fiscal del Ministerio Público (1908), juez
137

Superior del Estado (1915), presidente de la Asamblea Legislativa (1917), secretario Privado del
general Eustoquio Gómez (1917), hasta su viaje a Caracas en 1918 para ejercer como
secretario del Gobernador de Caracas, el general Juan Crisóstomo (Juancho) Gómez. Actuó en
el periodismo en La Idea Restauradora y ejerció su oficio de abogado.
Del mismo modo, la actividad del empresario local Federico Chacón tiene su
importancia como promotor de cultura, al gestionar las presentaciones de algunos artistas,
entre ellos, la de Luisa Martínez Casado, frustrada en 1904. Gestionó, además, algunas
presentaciones líricas realizadas en 1912, los recitales del violinista chileno Palma en 1915,
además de facilitar los espacios de su establecimiento mercantil El Niágara, para los ensayos
de agrupaciones como la Banda Progreso de Luis Lupi. Fue un entusiasta amigo de los músicos
y difusor de sus actividades.
A este grupo se agregan dos personajes, que tampoco fueron músicos, pero que
tuvieron gran influencia en este particular, como promotores culturales del orden privado.
José María Semidei Gutiérrez (1858-1916), y José Manuel Juan Semidei Sánchez (1865-1926),
mejor conocido como el Dr. Juan Semidei, ambos primos, descendientes de corsos, dejaron
una importante huella de promoción cultural particular. José María Semidei, comerciante,
casado con Rita Elisa Garbiras, hija del médico y ex presidente regional Arístides Garbiras, puso
todo su empeño para culminar la obra emprendida por su suegro desde el último cuarto del
siglo XIX. Inauguró el 1° de octubre de 1904 el Teatro Garbiras, escenario donde se
presentaron las más importantes manifestaciones culturales de todo orden durante cinco
décadas. Entretanto, el doctor Juan Semidei, farmacéutico de profesión, viajó en varias
ocasiones a Europa, siendo festejadas sus salidas y llegadas por conjuntos instrumentales que
actuaban en su residencia. Formó parte del segundo grupo de bachilleres del Colegio Nacional
del Táchira en 1888, en el que se graduaron los músicos Carlos Pirela Roo, Samuel Niño y
Antonio María Delgado Briceño, además del poeta Antonio Ramón González, creador del
segundo Himno del Táchira. Presidió la Junta de Retretas que auspició las actuaciones de la
Banda Sucre, sostenida por los comerciantes de la localidad, la que fue conducida a finales del
siglo XIX por el músico Marco Antonio Castrellón. Se desempeñó en los negocios de
exportación de café, fue agente consular de Francia y representante del Banco de Venezuela
en esta zona.

Foto 93. José Manuel y Juan Semidei


Dos músicos militares mantuvieron notoria presencia en la zona norte del Táchira. El
coronel Román C. Sosa fue director en 1895 de una Banda en La Grita. Se distinguió como
138

profesor de música y canto en Seboruco en 1897, desempeñándose como director de la Banda


Sucre entre 1899 y 1900. En 1904 fue nombrado director de la Banda Ayacucho de Colón,
población en la que actuó también como secretario del Juzgado, cargo que desempeñaba en
1916. Sus creaciones formaban parte de los programas de la Banda del Estado. Del mismo
modo, el coronel Florentino Vargas formó parte del contingente de Colón que se unió a la
Revolución Liberal Restauradora en 1899. Era conocido como pianista y actuó en recitales
artísticos de 1896, en honor del generalísimo Miranda. Fue profesor de música en Colón en
1897, donde sería jefe Civil y Militar. Sus partituras eran difundidas, igualmente, por la Banda
del Estado Táchira.
Ese sector civil, de instancia particular en la vida musical de la región que no
compartió sus gustos con el Estado interventor, está representado por la presencia alemana en
la región, con su consecuente influencia en lo estético y conductual, aspectos que se
asimilaron por imitación, en el gusto musical y en la actividad comercial. Es notoria la
participación en el orden de la difusión, promoción e instrucción del arte musical de Alexander
Boué Schwonleerg (1838-1915), pastor protestante alemán de Hamburgo, quien viajó al
Táchira como representante de una casa comercial. Intervino en el negocio de exportación de
café a Europa y fue considerado aliado de los godos, según documento enviado al presidente
Guzmán Blanco. Citado también como comerciante entusiasta y honrado, fue de los primeros
en importar un piano, el cual llegó San Cristóbal a lomo de mula. Casó con la llanera Ana María
Méndez Brito, heredera de cuantiosa fortuna y sus cuatro hijas fueron solventes ejecutantes
del piano. Su casa era el centro sonoro de la ciudad, acudiendo a ella sus paisanos alemanes
para hacer música de cámara. Alice, Ana María, Enriqueta y Adela Boué Méndez actuaron
como pianistas en los actos de celebración del centenario del natalicio del Libertador en 1883,
y aún participaban en recitales del Teatro Garbiras, en 1909. Contrajeron matrimonio con
gerentes alemanes de las casas europeas como Heinrich Rode, Johann Avé Lallemant, Roberto
Minlos Montorio y Ewald Gumpel. Boué está sepultado en el Cementerio Municipal de San
Cristóbal. Heinrich Rode (1854-1936) llegó al Táchira como agente viajero. Ejecutante del
piano, del violín y del violonchelo, organizó con sus compatriotas veladas culturales para
interpretar música de cámara en casa de su suegro, luego en la suya. De este orden alemán es
la familia llanera Inchauspe Méndez, conformada por el general Pedro Felipe Inchauspe y su
esposa María Josefa Méndez Brito, cuñada de Alexander Boué. Sus hijos Rafael, Josefa,
Magdalena y Ana María nacieron en San Cristóbal. El varón, formado en la escuela local de
Teodoro Messerschmidt fue llevado a Europa para educarse. Allá, entre aventuras y vicisitudes
se cambió el nombre por “Rafael de Nogales Méndez”, convirtiéndose en famoso militar y
escritor, mientras que Josefa casó con el cónsul alemán Paul Gerstäcker. Las hermanas
139

Inchauspe gustaban de la música, aprendiéndola de ese grupo de docentes alemanes que


vivieron en la ciudad como funcionarios de las casas comerciales. El memorialista Nemecio
Parada las recuerda como “dos hermosísimas muchachas que vivían vida retraída, esquivas al
trato con gentes que no fuesen alemanas… y tocaban admirablemente el piano y otros
instrumentos de cuerda y cantaban con exquisita y afinada voz en idioma y música
alemana”.531

Foto 94. Magdalena y Ana María Inchauspe


Méndez
Dentro de esta influencia europea en el Táchira, la cultura italiana ocupa puesto
relevante. Manifestada particularmente en San Cristóbal, La Grita, Seboruco, Colón y Táriba,
tuvo en el ambiente musical representantes artísticos que se adscribieron al proyecto estatal.
Como integrantes de la Banda estuvieron Nicolás Costantino, Luis y Ambrosio Lupi, Leopoldo y
Cayetano Martucci, músicos profesionales y muy solventes en el cumplimiento de su papel. Sin
embargo, dentro de la iniciativa particular destaca Ángel Nóferi Lupi (c. 1880-1910),
concuñado del institutor colombiano Teodosio V. Sánchez. Nóferi fue actor, pintor y músico.
Creó en 1903 la Compañía Infantil de Zarzuela, transformada al año siguiente en la Sociedad
Filodramática de San Cristóbal, órgano de carácter pedagógico. Pintó los frescos del Palacio de
Gobierno inaugurado en 1907 y ejerció la fotografía. Siempre al lado de Sánchez en la
promoción cultural, fue descrito por el merideño Humberto Tejera como “un pintor italiano
que, a falta de algo mejor que hacer, en nuestra tierra ayuna de arte, había decorado las casas
de algunos ricachos provinciales, pintando santos, fumando su pipa desesperadamente, y
estallado de tuberculosis.”532
La participación colombiana en la cultura musical tachirense tiene en el ámbito
popular los cantos transmitidos oralmente, provenientes de recogedores de café, campesinos
y provincianos ejecutantes de tiple y bandola, de orden e interés etnomusicológico. Otro
sector de la musicología popular y académica quedó plasmado en la presencia notable de
varios artistas neogranadinos, la que no ha sido aún investigada a profundidad.
Julio Quevedo Arvelo (1829-1896) nativo de Bogotá fue el primer compositor de nivel
académico que estuvo en el Táchira. Era hijo del caraqueño Nicolás Quevedo Rachadell,

531
PARADA, Nemecio. En Revista Aravanei. NOTICIA SOBRE RAFAEL DE NOGALES MÉNDEZ.
Ford Motor de Venezuela. Septiembre. 1974
532
TEJERA, Humberto. CINCO ÁGUILAS BLANCAS. Biblioteca de Autores y Temas Tachirenses.
Tomo N° 96. Caracas. 1989. Pág. 114.
140

edecán del Libertador, coronel y violinista. Quevedo Arvelo se formó en una variedad notable
de instrumentos, destacándose en el piano y el órgano. Por razones personales, pues estaba
vinculado a la familia Villafañe, vivió en el Táchira. Hay noticias sobre la construcción de un
órgano que hiciera en Michelena, además de la composición de la Misa en Mi bemol Mayor en
honor de la Virgen de la Consolación de Táriba. Su presencia, seguramente motivó el
aprendizaje musical de futuros representantes, como lo expuso Emilio Constantino Guerrero.
Secundino Jácome fue un sacerdote colombiano que laboró en La Grita como
instructor de música en 1856, en documento hallado por la antropóloga Fanny Zulay Rojas.
También es mencionado por Guerrero en libro El Táchira Físico, Geográfico y Humano.
Precisamente en esa ciudad del Espíritu Santo se asentó Ramón Vera Guerrero (c. 1844-1939),
colombiano de Pamplona radicado en el Táchira desde 1864, institutor en La Grita, profesor de
música y cofundador del Colegio del Sagrado Corazón de Jesús con monseñor Jesús Manuel
Jáuregui. Allí formaron a futuros músicos y hombres de notable actuación en la política
venezolana del siglo XX.

Foto 95. Ramón Vera Guerrero


De notable presencia es el ingeniero bogotano Teodosio Velandia Sánchez (c. 1860-
1935) quien por su polifacética actividad parecía un verdadero hombre del Renacimiento. En
1887 se dedicaba a la enseñanza de la música en San Cristóbal, ciudad a la que había huido por
sus ideas liberales, siendo perseguido en su patria. Con el pianista Diego García Escobar se
dedicó a los recitales pianísticos a cuatro manos. Fundó el llamado Colegio del Táchira (1887)
de orden privado. Casó con una tachirense, hija de un prestante militar. Participó en el
periodismo con El Tachirense, El Contador (1891) y El Pincel (1895). Constituyó su
establecimiento comercial La Moda y se dedicó a la fotografía artística. En 1897 figura como
profesor de música y fue activo músico en recitales con Diego García, Eloy Galaviz,
Hermenegildo Rivera, Ramón Vargas y su cuñada, la cantante Alcira García, enseñando
además, los pasos de la cuadrilla, baile cortesano de moda. Fue fundador del club El Vesubio y
promovió la idea de crear el Club Táchira en 1905. Con su concuñado Ángel Nóferi estableció la
Compañía Infantil de Zarzuela, convertida en Sociedad Filodramática de San Cristóbal, la que
no tuvo mayor trascendencia. Volvió a su patria y retornó al Táchira en 1906. En Rubio abrió el
Colegio del Sagrado Corazón de Jesús, trasladándolo a la capital tachirense en 1911, recibiendo
el respaldo del gobierno estadal y municipal para formar un grupo de jóvenes a quienes
imprimía su espartana conducta pedagógica, yendo más allá de la formal educación,
complementándose en actitudes de compostura y urbanidad. Fue jurado musical del Himno
141

del Táchira, premio obtenido por su discípulo Miguel Ángel Espinel en 1913. Continuó su labor
pedagógica con paisanos como la pianista Julia Amarís de Blen Muñoz y el ex cónsul Federico
Rivas Frade. Fue condecorado por el gobierno de Gómez con la Medalla de Instrucción Pública
y la Orden del Libertador en el grado de Comendador. En Caracas prosiguió su tarea
pedagógica en el Colegio de Los Dos Caminos, donde falleció. Compuso el pasillo Lágrimas,
dedicado a la ciudad de San Cristóbal, la que ingratamente lo ha olvidado.

Foto 96. Teodosio V. Sánchez


Colombiano también fue Celso Pérez, director de banda y amigo personal de Castro y
Gómez, quien lo nombró, en agosto de 1900, profesor de las escuelas de música de
Independencia y San Cristóbal, a la vez que director de las retretas en sustitución de Román C.
Sosa. Instrumentó varias obras para la Banda Sucre y cantó las glorias de Cipriano Castro con
sus composiciones La Idea Restauradora, La Espada de Castro y la marcha De Tocuyito a
Caracas. Luego se radicó en Cúcuta. Su sucesor en la Banda Sucre, el también colombiano
Eleazar Guerrero asumió tal responsabilidad en 1901, difundiendo sus semanales retretas
hasta mayo de 1903, año en que viajó a la capital del Norte de Santander, dejando el
compromiso en las manos del nuevo director, Justo Telésforo Jaime. La nota de su despedida
denota el aprecio sus colegas, quienes expresaron que “durante este período los progresos
que obtuvimos son imponderables y el cuerpo permaneció siempre unido y en el seno de la
más completa armonía”. Ejecutante del clarinete y del cornetín, volvió a Capacho para dirigir la
Banda Castro de esa localidad. Vivió en San Antonio del Táchira entre 1923 y 1924, para estar
al frente de la Banda de la Brigada N° 4, acantonada en La Grita en 1926. Se trasladó a Maracay
en 1931. Dejó un completo repertorio traducido en valses, mazurcas, polcas, bambucos,
marchas, pasodobles, pasillos y fantasías.
La gran figura de esa época es el también colombiano, nativo de la Villa del Rosario
Alejandro Fernández (1859-1934). Es muy probable que haya sido alumno de Abel Briceño,
paisano suyo que dirigió bandas en Mérida y en el centro de la República. Fundó con el general
Lisandro Acosta Canales la Sociedad Recreativa de Rubio, dirigiendo su banda por casi tres
lustros. Fue jefe Civil de la parroquia Rubio entre 1897 y 1898. Promovió las actividades
musicales de Rubio con un grupo de músicos locales y colombianos. Su posible traslado a San
Cristóbal como director, motivó toda una movilización de sectores de Rubio que se opusieron
a tal medida, la que llegó en julio de 1903, cuando el general Celestino Castro lo puso al frente
como primer director de la Banda del Estado. Bajo su dirección ésta llegó a considerarse como
la segunda de la República, después de la Banda Marcial Caracas. Fue el músico preferido de
142

los líderes de la Revolución Liberal Restauradora, proceso político al que cantó efusivamente,
con sus partituras dedicadas a sus hechos y protagonistas. En 1910, de la manera más
indiferente fue remplazado por el músico italiano Nicolás Costantino. Pasó a ser subdirector,
pero no pudo congeniar con su sucesor. Fundó la Banda Táchira, rivalizando con sus antiguos
compañeros oficiales, por lo que fue perseguido y humillado. En mayo de 1913, publicó una
nota en la que demuestra su humildad y pobreza, diciendo que “por encontrarse retirado de la
Banda del Estado, está en actitud de aceptar cualquiera solicitud que se le haga sobre el arte
que profesa, ya sea para dar clases de varios instrumentos, o para dirigir una banda”. Se radicó
en Táriba y con Telésforo Jaime dirigió la banda de esa población. Viejo y enfermo, su antiguo
discípulo y amigo, el general Juan Alberto Ramírez lo nombró mediante decreto, director de la
Escuela de Música de San Cristóbal en 1926. A la salida de este mandatario en 1929, volvió a su
anterior situación de desamparo, falleciendo en septiembre de 1934 en San Cristóbal. Su
catálogo de obras es enorme, superando el centenar, y es lamentable que la casi totalidad del
mismo haya desaparecido por la indolencia e indiferencia de sus sucesores.

Foto 97. Alejandro Fernández


Por el lado llanero se destaca la vida fructífera dedicada al arte musical por el apureño
Justo Telésforo Jaime (c. 1874-1918). Curiosamente, el Estado Apure mantuvo una presencia
interesante en la formación de bandas musicales, particularmente en San Fernando (1862) y
Palmarito (1867). Jaime llegó muy joven a San Cristóbal como arreador de ganado, oficio
propio de algunos lugareños de La Sabana, sector como La Concordia, población integrada a la
capital tachirense. Formó parte de la Banda Sucre como clarinetista bajo la conducción de
Marco Antonio Castrellón, Celso Pérez, y Eleazar Guerrero, quien le entregó la batuta, oficio
que desempeñó entre mayo y agosto de 1903. Caso con la hija de un hacendado de La Sabana
y fue sastre de profesión. Participó en la Banda del Estado bajo la conducción de Alejandro
Fernández, demostrando su virtuosismo al clarinete. Se trasladó a Táriba estando al frente de
la banda de esa localidad, difundiendo su propio repertorio. Dirigió ocasionalmente la Banda
Sucre de Lobatera. A su muerte, acaecida en Táriba, a consecuencia de una epidemia de
difteria, su viuda, irracionalmente vendió todo su repertorio, incluyendo su piano. Compuso
varias obras populares consideradas como representantes de esa identidad cultural, entre ellas
los valses El campo está florido, Pluma y Lira, Entre amigos, El decano, el joropo Punta e’ soga,
además de bambucos, contradanzas, polcas, danzas, mazurcas, galopes y fantasías, algunos
peculiares géneros olvidados por la creación estética regional.
143

Foto 98. Telésforo Jaime y la Banda de


Táriba
Tres músicos cierran esta apreciación de los hacedores de este campo. Marco Antonio
Castrellón (c. 1870-1899) Fue el director de la Banda Sucre auspiciada por la iniciativa
particular, recibiendo esporádicos aportes del Estado. Se formó con Alejandro Fernández en la
Banda Junín, hasta que viajó a San Cristóbal para recibir el apoyo de Juan Semidei, quien
presidía la junta de fomento de esta institución cultural. El general Espíritu Santo Morales,
presidente del Gran Estado Los Andes, lo llevó a Mérida para dirigir su Banda en 1898.
Alejandro Jácome Rubio (1873-1934) fue fundamentalmente un flautista que participó
en los conjuntos típicos organizados en los clubes de la ciudad, entre ellos el Táchira. Fue un
hombre de decidida participación altruista, demostrada en su condición de componente de la
Junta Central de Socorros del Táchira, actuando en las labores de apoyo a raíz del terremoto
de Tovar de 1894. Participó en las veladas pro construcción del hospital de Rubio y de la Iglesia
de La Ermita, de la que era parroquiano. Muchas de sus composiciones fueron ejecutadas por
la Banda del Estado en los tiempos de Alejandro Fernández.

Foto 99 Partitura de Jácome


Todo este proceso estético de actividad musical, se condensa en la figura de un artista
que significa el enlace entre esa línea que proviene desde 1870 y el futuro de la música
regional. El vínculo que unifica las cuatro influencias, de las que surge la música popular
tachirense es Francisco Javier Marciales (1890-1932), el más prolífico compositor de la región,
nativo de La Alquitrana. De formación autodidacta, salvo un tiempo al lado del organista Pedro
Hernández, mantuvo su trayectoria entre el Táchira y el Norte de Santander. En Cúcuta fue
director de bandas y conjuntos, siendo admirado por el general Juan Vicente Gómez quien le
ofreció puestos principales en bandas del centro de la República, lo que no aceptó por su vida
bohemia. Escribió las primeras obras de formas musicales superiores, conocidas en el Táchira,
como la obertura Andina (1921). Su producción musical es la mezcla de esos cuatro orígenes,
demostrada suficientemente en sus valses, polcas, mazurcas, pasillos y bambucos, siendo con
Telésforo Jaime, uno de los creadores tachirenses más difundidos nacionalmente. Murió
tempranamente en Valencia, Carabobo.

Foto 100.Francisco Javier Marciales


144

CONCLUSIONES
El desempeño del Poder Público en el territorio tachirense en el lapso 1869-1929, fue
ejercido por importantes representantes del arte musical. Bien fuera en el ámbito ejecutivo,
legislativo o judicial, la manifestación política tuvo una innegable connotación artística, y
viceversa. En este término, cuatro ex presidentes de la entidad fueron músicos profesionales.
Valgan los casos de los generales Cipriano Castro, Jesús Velasco Bustamante, Ascensión Niño y
Juan Alberto Ramírez.
Sin embargo, el aislamiento geográfico al que estuvo sometido el Táchira hasta 1925,
permitió la creación de un campo cultural en el que sus protagonistas fueron innegables
actores políticos de la comunidad. Siendo la actividad artística promovida desde el campo
privado, la gran fuerza de la sociedad civil que promovió las inquietudes del espíritu, se logró
durante el término en que el Táchira perteneció como Sección anexada al Gran Estado Los
Andes (1879-1899). Con su capital en Mérida, San Cristóbal pudo vivir una notoria vida
cultural, una singular “autarquía”. Vuelto el antiguo estado de cosas con el restablecimiento de
la Constitución de 1864, que dio autonomía al Táchira, la ciudad de San Cristóbal se convirtió
en el centro de un nuevo poder político que promovió la intervención del Estado.
Gran parte de ese desarrollo cultural, previo a 1899, se debió al gran crecimiento
económico que vivió el Táchira por el auge del café como producto cosechado en la zona, cuya
exportación condujo a la introducción del capitalismo, representado en las casas de comercio
extranjeras que imprimieron gran dinamismo en todos los órdenes. Sentidas las primeras
consecuencias del desplome de este esquema, patentizadas en la anarquía local, la fluctuación
de los precios del producto en los mercados internacionales, sumándose la derrota de
Alemania en la Primera Guerra Mundial, esa bonanza cesó. Su caída, ya sentida en 1895, se
evidenció en el notorio descenso del apoyo que el sector privado daba al arte musical.
Durante ese florecimiento cultural, la sociedad encontró en la música, la única
expresión artística que permitió cohesionar al colectivo. Las presentaciones de los conjuntos
locales en sitios cerrados, y esporádicamente en algunos públicos, motorizó esa expectativa
que originó notoria admiración por sus cultores, quienes formaban parte del estamento
político regional, de la burocracia administrativa y de la incipiente burguesía alimentada por el
efecto mercantil suscitado por las casas extranjeras.
Los músicos vinculados a la política fueron exponentes de la intelectualidad regional.
Provenientes de hogares campesinos y urbanos, los ilustrados afectos al arte, encontraron en
éste un vehículo para la distracción, también para la formación de una urdimbre social de
actores políticos que tenían un lugar común, la ejecución de algún instrumento y la conducción
del mensaje público a través de los periódicos que editaron.
145

A pesar del auge manifestado, no se logró la creación de una particular Escuela, en el


sentido de una notoria evolución técnica y estética, es decir, como sistema de aprendizaje. No
tuvo grandes representantes como los señalados cuando se hizo referencia a la Escuela de
Chacao de la Caracas colonial. Los compositores tachirenses no abordaron la creación de obras
bajo el patrón de formas musicales superiores. Entretanto, en la ejecución musical,
particularmente en el piano y en el violín hubo notorios exponentes.
El público asistente a la vida cultural, comprendió que ésta se lograba mediante la
participación de estos prestantes representantes, quienes en su mayoría, lo hacían por
motivación propia, sin recibir estipendio económico a cambio, pues se sostenían con su propia
fortuna, con su trabajo en el campo, el producto de su vida intelectual o comercial, o con el
salario que devengaban como funcionarios. Un particular grupo de generales, doctores,
burócratas, magistrados y legisladores animaba el apacible ambiente, viviéndose momentos
singulares cuando notables artistas de oficio visitaban la localidad. La música perteneció a una
distinguida clase social.
El hecho artístico fue comprendido como algo vital. La sociedad que se abría paso
dentro del pacto suscrito entre liberales y conservadores, logró parte de su mutación por el
hecho musical, tejiendo insospechados niveles de sociabilidad. La actividad sonora lograba
aglutinar al colectivo, motivando un particular interés del Estado. Cuando San Cristóbal volvió
a ser la capital del Táchira, a partir de 1899, el Estado había vivido esporádicas manifestaciones
de actos protocolares en la celebración de efemérides que enseñaron al colectivo dónde
estaba el poder.
Cuando se escuchó por primera vez el Himno Nacional, se materializó un evento de
simbología del ejercicio del poder. Entonces, el Estado, con los efectos de su acción pública
más cercanos, en razón de la distancia territorial, empezó a fomentar paulatinamente el apoyo
a la Banda que los comerciantes sostenían dentro de la gran crisis de fines del siglo XIX.
La llegada de Cipriano Castro al poder político nacional, músico de oficio y melómano
empedernido, originó una sentida política cultural, no definida como tal, pero continuadora de
algunos aspectos que el ilustrado Antonio Guzmán Blanco también apoyó, como la
construcción de teatros en Caracas, el sostenimiento a las academias de arte, el auspicio de
artistas en el extranjero y la conformación de bandas.
Estas corporaciones que ejecutaban himnos, interpretaban durante la ceremonia
oficial, la música para ofrendar al poder. El mandatario halagado decidió, en nombre del
Estado que representaba, intervenir directamente para sembrar lo que ha sido un
ininterrumpido proceso de mecenazgo artístico. En el caso tachirense, sólo la música dio al
poder lo que éste necesitó. Las demás expresiones estéticas no fueron fomentadas, mucho
146

menos comprendidas. Las notas musicales elaboraron un sistema de honores que los
gobernantes locales auspiciaron desde 1903. Desde ese momento, los sucesivos gobiernos
regionales han cancelado las subvenciones y las partidas presupuestarias para el
mantenimiento del elenco artístico.

Foto 101. Banda en SL 1910


Con el nacimiento del sector público cultural representado en la banda de música, el
Estado, en su obligación de conductor social, brindó a la sociedad un momento diversivo, de
esparcimiento. Al surgir la retreta semanal de jueves y domingos como hecho aglutinador,
como manifestación de sociabilidad, el Estado comenzó a recibir la aprobación general. Su
apoyo a las artes le brindaba prestigio, creando la infraestructura necesaria para ello, logrando
un cambio en el ornato urbanístico de la ciudad con la construcción y remodelación de plazas
públicas, en cuyos espacios, al aire libre, se congregaba el poder político en las fechas patrias
que estableció para tal convocatoria. La banda ejecutaba el himno y las partituras que
humildes compositores escribieron en loas a ese poder. Esto los hizo acudir a los sitios que los
dirigentes determinaron para llevar la serenata política, rindiendo culto al providencialismo del
héroe, a la personificación del poder y a la búsqueda de la prebenda. También al sincero y
sentido homenaje.
Se distingue, por lo tanto, la música hecha en el espacio cerrado del recinto artístico o
diversivo, como los clubes sociales, con un público que representaba el estamento social
superior. En los espacios abiertos, el Estado formaba otra cultura musical dirigida a quienes
asistieran, para quienes construyó los sitios de interacción social. Pero en este caso, el de la
banda patrocinada por el Estado, con el centro geográfico del poder ya cercano, inmediato,
local, estaba conformada por músicos de oficio. El general, el doctor, el magistrado no
pertenecieron a ese estamento fomentado por el mecenazgo, dividiéndose este aspecto del
arte musical. Eran dos sonidos distintos, en los que se pretendió imponer una discriminación
social.
El prestigio musical se plasmó en los mensajes anuales, que rendían la actuación
administrativa de los generales Jesús Velasco Bustamante y Juan Alberto Ramírez. Para ambos,
el Estado tenía la finalidad de brindar al colectivo, cultura y esparcimiento, apaciguando los
ánimos. Ramírez ordenó jurídicamente el precario estamento cultural, constituyendo un ente
educacional, reglamentando, además, el cuerpo difusor del mensaje político-cultural.
Lejos se estaba en esos tiempos del constitucionalismo cultural que abordaría América
Latina en los años treinta. En Venezuela, las primeras instituciones de este orden fueron
147

creadas por el Estado, como la Secretaría de Cultura del Ministerio del Trabajo o la Dirección
de Cultura del Ministerio de Educación. El lapso estudiado, 1869-1929, no contempló tal
pretensión, pero en indirecta posición de mecenas, la administración pública tachirense
auspició el orden musical con plena conciencia de los efectos sociales y políticos que causaba.
Paradójicamente, la intervención del Estado en el ámbito cultural surgió en tiempos de
gobiernos arbitrarios. Fue la misma época en que se evidenció la gran fuerza de la sociedad
civil, introduciéndose los nuevos códigos y símbolos propios de la industria cultural que
penetró todos los ámbitos. Podría decirse, que el aislamiento del Táchira originó una
dimensión inusitada de conexión entre música y poder, hecho único en Venezuela. En el caso
regional, se motivó el apoyo a la música en detrimento de las demás artes. Hasta 1960, el
Estado tachirense creó el Instituto Autónomo Estadal de Música, contemplando ciertas
expresiones de las artes visuales y escénicas. Luego, la Dirección de Cultura y Bellas Artes, ente
administrativo surgido en 1978, continúa protegiendo el arte musical, el cual, en proporción,
consume más del 50% del presupuesto general asignado. Es una clara herencia del pasado.
Los dirigentes sociales y políticos de la ciudad de San Cristóbal comprendieron el papel
fundamental del hecho musical, conducido en una época por la iniciativa civil, con actores que
estaban involucrados en la política, pero sin la intervención del Estado. Esto le dio prestancia al
movimiento cultural por la cualidad intelectual, moral y la posición social de esos monitores.
Sin embargo, cuando el Estado intervino, desde la Presidencia del Táchira, sus anteriores
protagonistas se replegaron a la dinámica de los espacios cerrados. A pesar de ello, en ambos
sentidos, se tejió un alto nivel de sociabilidad, compartiendo un mismo destino, un mismo
compromiso a vivir en comunidad, admitiendo el orden político establecido, luchando contra
la opresión que pretendiera imponer, aún a riesgo de su propia integridad física, como lo
expresaron varios elementos en el último quinquenio del siglo XIX, rechazando la anexión del
Táchira al Gran Estado Los Andes.
La estructura política del territorio motivó ese comportamiento. Uno, fue el esquema
del gran dinamismo originado desde el sector particular, cuando el Estado fue indiferente por
indolencia o por negligencia ante el hecho social. Desde Mérida, en el Gobierno del Gran
Estado Los Andes no se manifestó interés alguno de fomentar ese apoyo cultural, debiendo la
sociedad civil crear el suyo propio. Triunfante la Revolución Liberal Restauradora, fortalecida la
coacción del Estado a través del Ejército Nacional y del orden jurídico impuesto, el poder se
hizo cercano en las entidades territoriales, desapareciendo los antiguos feudos. Entonces, el
Estado comprendió su papel ante la cultura, dando énfasis a la música por la peculiar
integración de su orden administrativo, compuesto por músicos de oficio que eran presidentes
148

de Estado, tesoreros, jueces, fiscales del Ministerio, secretarios de Gobierno, entre otros
honores y distinciones.
El aislamiento geográfico del Táchira del resto del país, en particular del centro del
poder, Caracas, permitió que sus valores culturales, su estructura social y su conducción
institucional se manifestaran, al igual que la creación de la llamada música popular tachirense,
como el resultado de cuatro grandes influencias que hicieron del Táchira una entidad distinta a
las demás regiones venezolanas. La presencia caraqueña o “centrana”, la llanera, la europea y
la colombiana tejieron eso llamado “tachiranidad”, o la forma de ser-en-el-mundo, Heidegger
dixit.
Esa “tachiranidad”, concepto elaborado por el pensamiento del médico y músico José
Humberto Ocariz, que evoca la religiosidad, el ahorro, la espera ante la cosecha, la vocación
por el poder y la unión familiar, expresada en rasgos como el orden de los alemanes, la
valentía de los llaneros, lo cazurro y malicioso del colombiano y la política aprendida de los
“centranos”, hizo este cuerpo social con sus valores y arquetipos, además de la música
compuesta a partir de un patrón multicultural. Del ámbito musical de Alemania llegó el vals,
hijo del ländler; de Caracas, la síncopa pulsada en el piano; del Llano, el joropo que venció la
Selva de San Camilo; y en las alforjas de los colombianos venían resguardados bambucos y
pasillos rasgados en las cuerdas del tiple y la bandola. Fue un mágico proceso que logró la
conformación social de esa tierra aislada a la que llegaron campesinos, periodistas,
institutores, comerciantes, cebadores de ganado, sacerdotes, masones, políticos, militares y
artistas. Esta mezcla hizo al Táchira, conformando las bases de su música popular, logrando
una serie de valores estéticos, espirituales e individuales de indudable diversidad.
Luego, con el poder asido en sus manos, el Estado impuso su camino a los demás. Una
vía empleada para hacerlo fue la Banda Sucre, convertida por imperio de la Ley en Banda
Oficial o del Estado desde julio de 1903. A ella, el Estado le impuso el nombramiento de sus
conductores, el sostenimiento de sus músicos, la dotación de los implementos necesarios para
su funcionamiento, el rigor de la arbitrariedad, el castigo ante la transgresión, y hasta el
desprecio a que fuera expuesto el oficio de músico, por parte de un colectivo que manifestó su
indiferencia e indolencia, consecuencias inevitables que al paso de los años no ha aminorado
lo suficiente, sin embargo, ese resultado de sonidos se mezcló en todos los ámbitos, en la
diversión popular de festejos esporádicos donde se liberaba el espíritu de una sociedad
oprimida, y en el culto a la divinidad que ha constituido una razón de ser.
El poder prestigió la música y la música al poder. Extraña simbiosis expresada en todos
los elementos que el arte lleva en sí, es decir, en la constitución de una religión civil de
149

símbolos, himnos, escudos, letras, loas y cantos, serenatas políticas y uso de espacios para
expresarla.
En conclusión, durante el período estudiado entre 1869 - año de fundación de la
Sociedad Filarmónica de San Cristóbal y 1929, año de conclusión del gobierno del músico y
general Juan Alberto Ramírez, cuarto presidente del Táchira con esa dualidad especial, a la vez
que tiempo de apertura de la primera sede del Salón de Lectura, icono cultural promovido por
la instancia civil, y época del ascenso de Marco Antonio Rivera Useche como director de la
Banda del Estado – la música representó un hecho social que trascendió el pentagrama. Fue la
expresión más acendrada de un esquema en el cual sus actores políticos, sus decisiones
administrativas y estratégicas estuvieron impregnadas por el culto a esta expresión artística.
Esos protagonistas comprendieron que con el fomento a la música se podía adelantar
socialmente. Ellos tomaron las decisiones que han hecho del Táchira un sitio común, con un
comportamiento político distinto al manifestado en todo el país, cuando la voluntad de su
pueblo no ha sido coartada. La hipótesis desarrollada en este libro marca una ruta en la
investigación particular, en la tarea de hallar científicamente, cual acto heurístico, la razón de
la vocación de sus habitantes por el ejercicio del poder político. Este es, quizás, un camino a
seguir en tal pretensión.

Foto 102. Banda del Estado con Nicolás


Costantino
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