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Mateo, el evangelista de este nuevo año litúrgico

Durante este ciclo A, la Iglesia nos propone la lectura del evangelio de


Mateo. Este evangelio, que ocupa el primer lugar en los libros del Nuevo
Testamento, ha sido muy apreciado en toda la tradición de la Iglesia y
has sido objeto de numerosos estudios y comentarios. Se distingue entre
otras cosas por su clara estructura, la claridad de su lenguaje y su
sentido moral; no obstante, tiene también varios problemas de no fácil
solución. Uno de los principales problemas se refiere al autor de la obra.
En la antigüedad se identificaba a Mateo con Leví, el publicano llamado
por Jesús a ser su discípulo. Marcos y Lucas hablan de este personaje
como «Leví» (cf Mc 2,14; Lc 5,27.29), mientras que primer evangelio lo
llama «Mateo» (Mt 9,9).

Los Padres de la Iglesia consideraban que se trataba de la misma


persona: Mateo era el nombre y Leví el apodo. Así, por ejemplo, el
obispo Papías de Hierápolis (siglo II), Ireneo y Orígenes (s.III). En ellos se
basaron los padres de la Iglesia del siglo IV (Agustín, Ambrosio, Eusebio,
Jerónimo, Atanasio, etc.). Todos ellos pensaban que el primer evangelio
escrito había sido el de Mateo, testigo directo del ministerio de Jesús,
que estaba compuesto principalmente de palabras-dichos y que había
sido escrito para un público judío.

Hay rasgos en el primer evangelio que favorecen la tesis de que fue


escrito por un judeocristiano (por ejemplo, algunas expresiones
semíticas, la alusión a usos y costumbres judías, la predilección por el
número 7 para hablar de perfección, o del número 3 [ej. limosna, ayuno
y oración], el uso frecuente de citas del Antiguo Testamento, etc. Posee
además otros rasgos estilísticos que son propios de una mentalidad
palestina.

Hoy día casi todos los exegetas niegan la autoría mateana del primer
evangelio, pues si el autor hubiera sido un testigo ocular, como el
publicano Leví, habría orientado de modo distinto la narración y habría
expuesto con mayor vivacidad las palabras de Jesús; no habría utilizado
fuentes para la escribir su evangelio (reproduce el evangelio de Marcos
casi totalmente y usa la fuente “Q” de los dichos de Jesús), su griego no
sería tan correcto, etc. Muchos biblistas lo ven autorretratado en la
expresión “el maestro de la ley que se ha hecho discípulo del reino de
Dios…” (Mt 13,52).

Actualmente se considera que el autor fue un judeocristiano


grecoparlante de la segunda generación, que escribió entre los años 80
y 90 a la comunidad de Antioquía de Siria (cf. Hch 11,23-26), que era
fuertemente confrontada por el judaísmo. Antioquía era la tercera ciudad
importante del imperio romano, después de Roma y Alejandría. La
comunidad estaba conformada en su mayoría por judíos de la diáspora y
por una minoría de paganos convertidos de mentalidad más abierta que
los judíos, razón por la cual había mucha tensión entre ellos: en la
comunidad había problemas hacia el exterior para acoger a los nuevos
convertidos y en su interior por su excesivo apego a la ley y sus falsas
seguridades. Era una comunidad necesitada de una catequesis para
superar todas esas dificultades.
(Para saber más sobre el tema, leer R.E. BROWN, Introducción al NT, I,
Madrid 2002, 247-310; BENEDICT T. VIVIANO, «Evangelio según Mateo», en
Nuevo Comentario Bíblico san Jerónimo, Estella 2004, 68-132).

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