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República Bolivariana de Venezuela

Centro Nacional de Historia

Red de Historia Memoria y Patrimonio

Crónicas

La Niña del Silencio

Autor: Gladys Eloina Garrido

Maracay, Julio 2019


La Niña del Silencio

Corrían los años de 1.954 en una pequeña casita ubicada en El Valle, Caracas; vivían
la sra. Georgina con sus tres pequeñas hijas: Elen de 8 años, Margot de 6 años y Gaby de 5
años de cabellos castaño y tez blanca. Georgina se encontraba separada de su marido
desde hace 5 años y tenía 9 hijos en total, los otros 6 hijos vivían con sus tíos, por cosas de
la vida, ella tenía que mantener a sus hijas y trabajaba medio día y las dejaba a cargo de la
vecina la sra. Teolinda para que las vigilara y les dejaba la llave en caso de una emergencia.

Una mañana estando las niñas en su casa jugando con sus pequeños juguetes, riendo
entre su inocente situación de soledad; comenzaron a oír duros golpes que le daban a la
puerta principal de la su casa y gritaban: ¡hay alguien aquí, abran! y las niñas asustadas se
metieron debajo de la cama, Elen le tapaba la boca a Gaby para que no llorara, pero esta no
pudo contener los gritos. Afuera los hombres seguían dándole golpes a la puerta, hasta que
la derrumbaron a patadas, entraron dos hombres sacando a las niñas debajo de la cama,
ellas pataleaban y gritaban, ellos le entregaron las niñas a dos mujeres que andaban con
ellos, eran trabajadoras sociales las cuales trataron de calmarlas y regalándoles caramelos y
juguetes, pero estas no paraban de llorar, gritar y patalear.

Ya algunos vecinos estaban afuera, la sra. Teolinda salió y le reclamo a estos hombres
porque se llevaban niñas, su mamá estaba trabajando y no tenía con quien dejarlas. Ellos
alegaron que venían de parte del Consejo Venezolano del Niño, de acuerdo a las leyes de
protección al niño.

El vehículo arranco y recorrió varias calles de la ciudad de Caracas, se estaciono en


una casa muy grande de pared blanca, donde los hombres bajaron del vehículo todavía
llorando a Elen y Margot, mientras que Gaby seguía gritando aún más fuerte dentro del
vehículo y las dos mujeres luchando con la pequeña, de pronto el vehículo arranco rumbo a
San Agustín del Norte, donde bajaron con la niña las dos mujeres frente a una casa colonial,
la cual fue recibida por una señora de tercera edad de piel blanca, cabello blanco corto, de
baja estatura; la cual tomo a la niña con mucho cariño, la abrazo tratando de calmarla la llevo
al cuarto, al rato la baño, la cambio y esa noche la acompaño hasta que el sueño la rindió.
Los hombres se quedaron en la sala hablando con otra señora que vivía allí, la cual era
morena, delgada, de pelo largo y entrada en años.

Poco a poco la niña se fue acostumbrando a su soledad, en su cuarto rodeada de: sus
muñecas, sus tacitas, platos en miniaturas de loza, una zaranda con música y luces de
colores. A diario veía la televisión junto a las 2 señoras a horas del mediodía, era El Show de
Víctor Saume. Algunas veces la llevaban al patio trasero donde se entretenía observando los
gatos, las palomas y un el morrocoy grande.

Cuando la niña estaba más grande, los hombres que visitaban frecuentemente la
casa, un día la agarraron por el brazo muy fuerte y ella se asustó; le enseñaron unas fotos de
personas heridas y con golpes, le dijeron: si te dejas ver, si te asomas a la ventana o hablas
con alguien te puede pasar esto, ¡oíste, ya sabes!, la niña corrió a su cuarto llorando y esa
noche no pudo dormir. Ellos trabajaban para el gobierno del General Marcos Pérez Jiménez.

A Gaby la inscribieron en una escuela que quedaba lejos, un vehículo la iba a buscar a
diario, pero eso era rápido, ella nunca formo fila como los otros niños para entrar y salir de la
escuela, la entregaban directamente a su maestra del primer grado.

El 23 de enero de 1958, como siempre la niña estaba en su cuarto y salió corriendo


asustada llamando a Lolita (la señora que la atendía), al oír: gritos, pitos, cornetas, personas
gritando, ¡ya cayo!, ¡ya cayo!, ¡abajo la dictadura!, “retumbaba desde la calle”; y los aviones
retumbaban en el cielo. Llegaron a la casa los hombres que siempre se reunían allí, sacando
cajas y maletas que estaban escondidas en espacios secretos entre la caña brava y las tejas
del techo. Ellos se fueron rápido.

Al transcurrir unos meses, estaba Gaby viendo la televisión junto a las señoras,
tocaron la puerta y como siempre ella corrió a esconderse en su cuarto; la sra. Lolita abrió la
puerta y
de pronto comenzó a llamar a la niña, ¡Gaby!, ¡Gaby ven a ver a tu hermano! . Cuando la
niña salió Lolita le dijo: él es tu hermano que vino a buscarte, ¿te quieres ir con él?, y la niña
asustada por lo que le habían dicho, no contesto. El hermano le dijo: yo vine a buscarte para
llevarte con tu mamá, ¡vámonos!, ella allí ni se movía; a lo que le contesto Lolita: anda
recoge tus cosas que te vas. Él hermano exclamó: yo me la llevo así, después vengo a
buscar su ropa y sus juguetes, ¡estoy apurado!. El hermano estaba vestido de uniforme, ya
que se desempeñaba como capitán de la marina mercante de Venezuela.

A la niña la llevaron a casa de su mamá, se sentía rara porque no la reconoció, en


esos días comenzó a conocer a sus hermanos, se enteró que sus dos hermanas; también
secuestradas, aparecieron a los pocos meses de dicho acto; una en Caracas y otra en
Oriente.

Todas desconocen las causas del secuestro porque en aquellos años, a los niños con
problemas familiares, lo llevaban directo al Consejo Venezolano del Niño. Algunos de los
familiares de las niñas estaban en contra del régimen dictador de Marcos Pérez Jiménez y
eran militantes del partido de izquierda de la época; los cuales constantemente se escondían
porque eran buscados por La Seguridad Nacional.

Gaby se enteró de algunos detalles del incidente vivido luego del regreso a su casa al
conversar con sus otras dos hermanas que eran de mayor edad que ella. En casa de Elen,
Margot y Gaby hasta el sol de hoy no se habla del tema.

Modelo del Vehículo de la Época