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IV Congreso Chileno de Antropología. Colegio de Antropólogos de Chile A.

G,
Santiago de Chile, 2001.

Ocupaciones El Vergel en las


costas de la Araucanía.

Daniel Quiroz.

Cita: Daniel Quiroz. (2001). Ocupaciones El Vergel en las costas de la


Araucanía. IV Congreso Chileno de Antropología. Colegio de
Antropólogos de Chile A. G, Santiago de Chile.

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Ocupaciones El Vergel en las costas de la
Araucanía
Daniel Quiroz

El espacio geográfico que se extiende entre el río Bío cf. Aldunate 1989: 341] y con un área de dispersión
Bío y el canal de Chacao, se inscribe en una región mucho más meridional. Algunos autores prefieren ha-
que ha sido denominada área extremo sur andina [Lum- blar de "tradición cerámica bícroma rojo sobre blanco"
breras 1981] y su formulación considera "la solución y en ella incluyen las manifestaciones. El Vergel y
dialéctica generada entre los pueblos y su medio am- Valdivia como estilos decorativos cerámicos, conside-
biente, como consecuencia de una relación de interde- rando que la mayoría de los elementos decorativos que
pendencia, provocada por un régimen de vida agrícola; aparecen en Valdivia están también en El Vergel, aun-
por tanto, no es aplicable a etapas pre-agrícolas" [op.cit.: que las formas pueden ser otras [Adán & Mera 1997].
42-43]. El mismo Lumbreras señala que, luego de va- Sin embargo, y en términos generales, lo que hasta
rias discusiones con especialistas regionales, este nom- ahora se ha dicho del complejo El Vergel proviene casi
bre se aplicaría en la actualidad sólo a la Araucanía exclusivamente de contextos funerarios, sin asociacio-
[op.cit.: 103]. nes claras con otro tipo de contextos, principalmente
Para la Araucanía se han descrito y analizado dos com- habitacionales. Desde hace algunos años hemos esta-
plejos de funebria [o estilos cerámicos] bastante parti- do trabajando en las costas e islas de Arauco en una
culares, uno más temprano denominado Pitrén, que se serie de sitios habitacionales [Quiroz, et al. 1989;
extiende aproximadamente entre el 400 [o un poco an- Sánchez, Quiroz & Becker. 1993, Sánchez 1997] que
tes] y el 1100 d.C., y otro más tardío llamado El Vergel, presentan algunos de los rasgos diagnósticos del com-
entre el 1000 y el 1500 d.C [o un poco después]. , y se plejo El Vergel. Los trabajos en Isla Mocha nos han
ha sistematizado un poco respecto de algunas de sus permitido mostrar la presencia continua de ocupacio-
características más relevantes para la prehistoria del nes alfareras que perduran hasta la llegada de pobla-
centro sur de Chile [Aldunate 1989; Dillehay 1989, 1990]. ciones europeas [e incluso después] y plantear la pre-
Se ha usado el término Complejo El Vergel, ya sea como sencia de algunos rasgos en que sugieren la existencia
complejo funerario o cerámico [Aldunate 1989, Di lle hay de poblaciones humanas con una tradición alfarera
1989, 1990], para describir una tradición alfarera dife- común desarrollando procesos adaptativos diferencia-
rente a la tradición Pitrén, que se ge.staría con el estí- les en la región centro-sur [Quiroz &Sánchez 1997].
mulo generado por influencias amazónicas y/o andinas Aldunate, basándose principalmente en los trabajos de
y cuyos portadores desarrollarían nuevas estrategias Latcham [1928], Bullock [1955, 1970] y Menghin [1962],
económicas vinculadas a la producción de alimentos caracteriza el Complejo El Vergel como un complejo
por medio del desarrollo de la horticultura y de la do- funerario [1989: 339-342]. El Vergel, se define por la
mesticación de camélidos, entre los que se encontra- presencia de diversas modalidades de inhumación,
ría también la práctica de la metalurgia. Bullock [1970] siendo la más característica la de enterratorios en ur-
plantea que el Complejo [lo llama "cultura"] El Vergel, nas, pero existiendo también la inhumación de cuerpos
se extendería al sur del río Bío-Bío y al norte del Toltén rodeados de piedra, entierros simples en posición ex-
y que el territorio tanto al norte como al sur estaría ocu- tendida y en ataúdes de madera ["canoas funeraria"].
pado por "culturas" con costumbres diferentes. En las ofrendas funerarias se encuentran aros de co-
La presencia de cerámica decorada con motivos bre rectangulares [o trapezoidales] y circulares, pipas
geométricos en pintura roja o negra sobre un engobe de piedra y cerámica, ollas utilitarias con estrías anula-
blanco es uno de los rasgos más utilizados para definir res en el cuello, jarros simétricos y. asimétricos
El Vergel. Este estilo decorativo ha sido confundido con monocromos, engobados de negro y rojo, decorados
el estilo Valdivia, característico más bien de los perío- con rojo o negro sobre engobe blanco, que mantienen
dos colonial y republicano temprano [siglos XVII-XIX ; prácticamente la misma forma que las del Complejo

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Pitrén, es decir lilas asas cinta nacen bajo el labio y con dera no sólo las influencias del ambiente sobre los di-
frecuencia tienen protuberancias verticalesli [Aldunate versos grupos humanos sino también las transforma-
op.cit.: 339]. El Complejo El Vergel se manifestaría prin- ciones que éstos provocaron y provocan en su respec-
cipalmente en las cercanías de Angol, en los faldeos tivos ambientes [Kirch 1997].
orientales y occidentales de la cordillera de Nahuelbuta, Este enfoque busca examinar las relaciones entre po-
en la costa desde Concepción hasta Ti rúa, en las cuen- blaciones y ambientes, dendo cuenta de los mecanis-
cas de los ríos Imperial y Cautín, y en algunos sectores mos de cambio cultural en el mediano plazo, como una
interiores, cercanos a Temuco [op.cit.: 339-340]. Los manera de llenar el vacío dejado por las antropologías
sitios del Complejo El Vergel se ubicarían cercanos a ecológicas neo-evolucionistas [cambios a largo plazo] y
los ríos aprovechando los cursos fluviales para el rega- neofuncionalistas [cambios a corto plazo]. Consideramos
dío de sus cultivos lide papas, maíz, quizá porotos y imprescindible agregar una dimensión histórica al análi-
quínoali, la domesticación de los camélidos lise hallaba sis de las relaciones hombre-ambiente, contraponiéndo-
consolidadali y lila recolección terrestre y marítima y la la a los esquemas anteriores que privilegian el estudio
caza debieron siempre jugar un papel dominante en la de los mecanismos homeostáticos y sincrónicos. Uno
economíali [op.cit: 341 ]. de los conceptos más usado para caracterizar esta pers-
Dillehay nos muestra El Vergel como un complejo pectiva es el de estrategia adaptativa, concepto que pre-
cerámico, licaracterizado principalmente por sus gran- tende informar sobre las respuestas organizadas que todo
des urnas funerariasli, a veces asociadas con liunas grupo humano desarrolla para resolver los problemas
pocas vasijas bicoloresli [1990: 61 ], desconociéndose que le plantea su propio ambiente, relacionados con los
la presencia de otros rasgos culturales asociados [1989, patrones de asentamiento [uso del ambiente como es-
1990]. Dillehay además retoma y actualiza el denomi- pacio] y subsistencia [uso del ambiente como recurso].
nado tiruanense de Menghin [1962; definido ya por Estas estrategias adaptativas son dinámicas, sensibles
Latcham en 1928] y nos habla de la existencia de un a las variaciones ambientales.
Complejo El Tirúa, de naturaleza costera, contemporá- La Araucanía se ha transformado desde la aparición
neo del Complejo El Vergel, interior, y de un Complejo de los grupos El Vergel, a comienzos del último milenio.
.Valdivia, posterior y de distribución más meridional. Estas variaciones han influido en la naturaleza de los
Dillehay piensa que estos complejos tienen en común poblamientos humanos. Entre los distintos factores que
liuna herencia compartida desde los períodos formativos han intervenido tenemos que considerar tanto las
tempranos en los Andes centrales y en la selva glaciaciones y deglaciaciones con las consecuentes
amazónicali [op.cit.: 74]. Es interesante considerar que transgresiones y regresiones marinas [Seguel & Cam-
los planteamientos novedosos de Dillehay respecto de pana 1970, Campana 1973] como las variaciones
las variedades locales en la cerámica regional implican paleoclimáticas regionales [Clapperton 1993, Isla &
aceptar una mayor diversidad y complejidad en el pa- Espinoza 1995, 1riondo 1999] y locales [Lequesne et al.
norama cultural del alfarero tardío en la región centro 1999] que permiten elaborar reconstrucciones
sur de nuestro país [cf. Aldunate 1989]. paleoambientales [Veblen et al. 1981, Markgraf 1987,
La elaboración de un modelo explicativo/interpretativo Heusser 1990] indispensables para definir en forma cla-
que dé cuenta de los factores que influyeron en la for- ra las adaptaciones regionales.
mación de las diversas adaptaciones culturales de los La etnoarqueología nos proporciona un acercamiento
grupos que poblaron las costas de la Araucanía de- teórico y metodológico para intentar dilucidar algunas
pende, en este caso, de la integración que podamos de de las facetas que tiene nuestro problema. Es intere-
los datos arqueológicos con la información proveniente sante notar que la etnoarqueología ha sido reclamada
de los estudios paleoclimáticos y etnohistóricos. Es como instrumento teórico y metodológico adecuado por
general, los autores que han reflexionado sobre las los dos paradigmas rivales de la arqueología contem-
características de los poblamientos en las costas de la poránea, tanto por los llamados procesualistas, que
Araucanía han usado enfoques tipológico-culturales y deseaban obtener herramientas que les permitieran
ecológico-culturales, dimensiones que deseamos con- explicaciones globales del comportamiento humano en
tinuar, considerando ahora las investigaciones las sociedades del pasado [Binford 1962, 1978], y por
ecológico-históricas desarrolladas recientemente tan- los postprocesalistas o interpretativistas, que intenta-
to en la antropología social [Crumley 1994, Balée 1998] ban por su intermedio de develar los significados parti-
como en la arqueología [Kirch & Hunt 1997], que consi- culares de una cultura [Hodder 1988]. En términos muy

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generales, podemos señalar que la etnoarqueología El complejo El Vergel, en esta planicie costera, ha reci-
procesal ha caracterizado más bien los trabajos en la bido el nombre de Tirúa [Latcham 1928, Menghin 1962,
arqueología estadounidense, la etnoarqueología Dillehay 1989], por la localidad homónima que Latcham
postprocesual la arqueología europea y la (1928] usara para describirlo por primera vez. De acuer-
etnoarqueología histórico-cultural, la arqueología chi- do a las investigaciones arqueológicas realizadas en la
lena. Para nuestros propósitos nos interesa la visión zona tenemos que los sitios más septentrionales se
de Thompson cuando señala que "el propósito de la encuentran en ambas riberas del Bío-Bío, sin descono-
etnoarqueología es obtener información etnográfica cer la posibilidad de la presencia El Vergel incluso al
acerca del comportamiento asociado con los objetos norte del ltata [Gaete & Sánchez 1995]. Los sitios de
materiales para compararlos con la data arqueológica" Quiriquina [Seguel 1970, Bustos 1985], Bellavista 1
[1988: 234]. Una de las claves para el buen uso de di- [Seguel 1969], Quinta Virginia [Oliver Schneider 1927],
cha información es la necesaria continuidad entre las Chiguayante [Chizelle, Coronado y Seguel, 1969], y
unidades arqueológicas y etnográficas de comparación. otros sitios no publicados [Hualqui, La Candelaria, La-
Nuestro concepto de información etnográfica es bas- guna de San Pedro] representan la expresión más sep-
tante amplio, pues incluye la información reunida no tentrional de este complejo. Los sitios más meridiona-
sólo por etnógrafos profesionales sino también por ob- les están situados en los alrededores de Tirúa [Latcham
servadores entrenados, cronistas y misioneros, reco- 1928]. Entre ellos tenemos otros sitios: Coronel [Co-2]
nociendo los sesgos que poseen muchos de esos in- y Tubul en el Golfo de Arauco, Yane, entre Punta Lavapié
formes [Wilson 1993] y Lebu, Morhuilla, Llenquehue y Tucapel, entre Lebu y
Los trabajos que han realizado Dillehay [1990, 1997], Tirúa, Isla Mocha, frente a Tirúa.
Gordon [1978], Dillehay y Gordon [1977], combinando ¿Qué relación tiene este complejo, ambiguamente de-
información arqueológica, con información etnográfica finido, con los grupos étnicos que poblaron la misma
y etnohistórica son, sin duda, pioneros en los estudios región y cuyas características fueron registradas tem-
regionales y ofrecen un camino que puede ser muy fruc- pranamente por los cronistas europeos a mediados del
tífero. Son de singular relevancia los trabajos de Dillehay siglo XVI?. ¿Es posible asegurar que los grupos huma-
sobre la presencia del felino en la sociedad mapuche nos que se enfrentaron a los españoles en esa época
[1997] y sobre la profundidad temporal del nguillatún eran portadores de la cerámica decorada rojo· sobre
en la constitución del pueblo mapuche [1990]. Respec- blanco, característica de este complejo?. Estas pobla-
to de este último trabajo resulta curiosa una observa- ciones corresponderían, según nuestros planteamien-
ción hecha por visitantes holandeses de Isla Mocha, a tos, a grupos El Vergelmrúa, antepasados directos de
comienzos del siglo XVII, donde hablan de un poblado los mapuche históricos, constituídos étnicamente en los
de más de cincuenta casas hechas de paja y de forma siglos XV y XVI. Entonces resulta pertinente pregun-
alargada. Si uno observa el grabado que acompaña la tarse por la relación que existe entre la información que
descripción es sorprendente la forma en U del "pobla- entregan los europeos respecto del modo de vida de
do", que recuerda la forma en U de los campos de los mapuche que observaron en los siglos XVI y XVI 1 y
nguillatún. Tal vez los holandeses coincidieron con la la información que hemos reunido a partir de las
celebración de una rogativa y eso explicaría las gran- excavaciones realizadas en los sitios alfareros tardíos
des cantidades de chicha que dicen pudieron observar en las costas de Arauco, en particular en la Isla Mocha.
que bebían los mapuche [Quiroz & Olivares 1977: 57] Estas ocupaciones evidentemente son el reflejo de la
Entre el río Bío Bío y el río Tirúa, se extiende por casi acumulación de experiencias que han logrado pobla-
170 km una planicie litoral de sedimentación marina con ciones desde el arcaico y también durante el alfarero
un ancho medio de 25 km, denominada de Arauco-Ca- temprano, privilegiando la ocupación de un espacio
ñete, limitada al oriente por la Cordillera de Nahuelbuta ecológico que permite una multiplicidad de recursos
[Borgel 1983: 118]. Esta planicie "comienza en la des- tanto acuáticos como terrestres: los recursos marítimos,
embocadura al mar del río Bío Bío, con un hiatus fluviales y lacustres, los frutos del bosque, en especial
fluviomarino impuesto por los cambiantes lechos fluvia- la vegetación que se genera en la Cordillera de
les que ha experimentado este río durante el cuaternario Nahuelbuta, e indudablemente la fauna tanto silvestre
reciente" y termina al sur de Tirúa, donde la "cordillera como semidomesticada.
costera termina por ahogar la planicie marina, la que La situación de la Isla Mocha en este contexto es signi-
desaparece momentáneamente" [Bargel 1983: 119]3. ficativa y relevante ya que permite concentrarse en gru-

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pos humanos que deberían desarrollar una estrategia dos radiocarbónicos, podemos ubicarlo
adaptativa fuertemente vinculada al aprovechamiento cronológicamente entre los años 1240 y 1460 DC, lo
del mar en sus diferentes dimensiones. Es notable, para que nos indica que estamos frente a un sitio habitacional
el alfarero tardío, que aunque existe un aprovechamien- adscribible cronológicamente a lo que conocemos como
to del mar, su relevancia para la subsistencia es bas- Complejo El Vergel [o Ti rúa como su manifestación cos-
tante menor respecto de las actividades hortícolas y tera].
ganaderas. Sin embargo, la navegación parece haber Los datos que nos entrega el sitio, unido a la informa-
jugado un rol mucho más significativo, p.e. en términos ción etnohistórica, nos sugiere que a la llegada de los
de intercambio, que la caza de lobos marinos, la pesca españoles todavía se manejaba por parte de la pobla-
y la recolección de moluscos. Esto nos permite mane- ción nativa, elementos del denominado complejo El
jar mejor algunas de las sugerencias hechas desde hace VergelfTirúa, los que posteriormente [siglo XVIII] se
varios años por los diversos autores que se han expre- transformarán o desaparecerán. El sitio se encuentra
sado sobre la probable presencia de una fase costera sobre una terraza ubicada entre la llanura litoral y el
del Complejo El Vergel, que nosotros podemos deno- cordón de altura, mirando hacia el continente y con una
minar El Vergelffirúa [cf. Menghin 1962, Aldunate 1989, fuerte pendiente hacia el este. Tiene una extensión
Dillehay 1990]. Sin lugar a dudas, la ocupación de Isla aproximada de 10000 m2. En el sitio se han encontra-
Mocha no escapa a la moda de la llamada tradición do restos de alfarería, líticos, metales, instrumentos
bicroma rojo sobre blanco [Adán & Mera 1997], en nues- óseos y en conchas, restos humanos, además de una
tro caso al Estilo El VergelfTirúa. rica y variada arqueofauna compuesta por
La información arqueológica que tenemos producto de equinodermos, moluscos, crustáceos, anfibios, peces,
nuestras excavaciones en Isla Mocha nos habla de tres aves y mamíferos, tanto terrestres como marinos
momentos temporales posibles de diferenciar en la [Sánchez et al 1993].
estratigrafía de los sitios arqueológicos pertenecientes Si revisamos la cerámica proveniente del sitio resalta
al período alfarero tardío: el primero, entre los siglos la presencia de cerámica engobada roja con mayor pro-
XII y XIII, pudiera corresponder a un sustrato formati- fusión, aunque siempre escasa, en los niveles superio-
vo, con indicios de cultivo y domesticación de camélidos, res. La misma situación es detectada para la cerámica
pero con una importante contribución de los recursos revestida de color anaranjado. El conjunto está com-
de caza y recolección en la dieta de las poblaciones y puesto mayoritariamente por variedades monocromas
sin la presencia de cerámica decorada roja sobre blan- pulidas y alisadas, que se distribuyen de manera más o
co; el segundo, entre los siglos XIV y XV, corresponde menos constante en los tres estratos. También es muy
a consolidación del complejo, con un incremento en los significativa la escasa representatividad de los fragmen-
cultivos y en la domesticación de camélidos, una baja tos decorados con pintura roja sobre blanco. Hemos
en el acceso a los recursos del mar, tanto de moluscos estudiado cerca de 7500 fragmentos de cerámica pro-
como de peces y mamíferos marinos, y la aparición de venientes del sitio: de esa cantidad sólo 13 fragmentos
rasgos diagnósticos en la cerámica del período [aun- están decorados con pintura roja sobre enlucido blan-
que escasos son ilustrativos, pues no aparecen en el co. Lo mismo ocurre en otros sitios de la isla tales como
nivel anterior]; y finalmente, un tercer período, entre los P25-1 y P21-1.
siglos XVI y XVI 1, donde se mantienen los rasgos defi- La presencia de fragmentos de grandes contenedores
nidos para el segundo, pero adquiere una importancia [como urnas] que son del todo asemejables a algunas
relativa, los contactos que estas poblaciones sostienen de las variedades usadas con fines funerarias en el
con navegantes y/o con productos europeos. Complejo El Vergel es bastante notable por su frecuen-
Debido a la carencia de trabajos sobre contextos cia en el sitio. Sin embargo, varios de estos fragmentos
habitacionales, uno de los sitios trabajados en Isla Mo- de probables urnas presentan restos de hollín tanto en
cha [P31-1] constituye, entonces, un asentamiento re- su superficie exterior como en el interior. Esto indicaría
levante pues permite aprehender algo más de la vida claramente que aquellos envases tuvieron previamen-
de los grupos humanos que hemos denominado El Ver- te un uso doméstico o que, a lo menos, se usan los
gel. En primer lugar, se trata de un sitio habitacional, mismos tipos de vasijas tanto en contextos funerarios
con una estratigrafía de más de un metro de profundi- como domésticos. No hemos encontrados urnas con
dad, tipo de sitio muy escaso en la arqueología regio- restos humanos en los sitios alfareros en Isla Mocha,
nal. En segundo lugar, gracias a una serie de 1Ofecha- ya que la mayoría de las sepulturas encontradas en la

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isla corresponden a inhumaciones simples, con los cuer- de vista tanto tecnológico como funcional. En el aspec-
pos extendidos de cúbito dorsal. to tecnológico se destaca la presencia de la técnica de
Otra característica interesante respecto de estas formas percusión bipolar. Esta técnica ha permitido fracturar
cerámicas es la presencia de una protuberancia en todo pequeños guijarros, muy abundantes en la isla y cerca-
el ancho de las asas, frecuente en urnas ubicadas en nos al sitio, que con otra técnica sería muy difícil de
áreas cercanas al río Cautín. El hecho de que este mis- lograr; por otra parte permite la obtención de lascas
mo rasgo esté presente en formas menores muestra una largas con una cara de fractura tendiente a recto, lo
fusión o la vigencia de algunos elementos de la alfarería que facilita el aprovechamiento de las pequeñas matri-
más temprana [Adán 1997]. Este tipo de rasgo se en- ces para elaborar instrumentos. Un elemento clave para
cuentra también en jarros decorados en rojo sobre blan- el empleo de esta técnica es el uso de yunques, los
co, procedentes de Tubul 11. Otro elemento que nos per- que se encuentran bien representados en el sitio. La
mite entender mejor las características de los grupos tar- elaboración de instrumentos es muy sencilla pero efi-
díos en Isla Mocha es la completa ausencia de asas ad- ciente, en la medida que se supo aprovechar de mejor
heridas al labio que se reconoce como una característi- forma las materias primas existentes en la isla. La pre-
ca tardía de los contextos del estilo Valdivia. Igualmente sencia de cuarzo de grano muy fino y obsidiana, mate-
llama la atención la ausencia de ollas con estrías anula- rias primas no locales y representadas exclusivamente
res que generalmente aparece junto a la cerámica estilo en puntas de proyectiles, sugiere algún tipo de inter-
Valdivia. El sitio P31-1 permite entender mucho mejor cambio, tal vez de las propias puntas, con grupos con-
las diferencias entre los estilos El Vergel y Valdivia en la tinentales. Los instrumentos formatizados son muy es-
cerámica tardía regional [Adán 1997]. casos y se encuentran representados por tajadores,
Los contextos habitacionales evidencian un conjunto vinculados a tareas múltiples y entre ellas la extracción
de artefactos de uso doméstico donde predominan los de moluscos y el trabajo de madera, cepillos, también
grupos monocromos pulidos y alisados que utilizan para el trabajo de la madera, raspadores, para labores
como materia prima recursos que tienen a mano. Es de manufactura de cuero, tajadores-trituradores para
importante considerar y que en ocasiones homogeneiza tareas relacionadas con "machacar" algún tipo de ma-
excesivamente el panorama cultural en períodos terial semi-blando o blando, instrumentos abrasivos para
prehispánicos, es la presencia de variedades decora- el trabajo del hueso, perforadores, para diversas labo-
das las que, evidentemente, son utilizadas en contex- res, puntas de proyectiles vinculado a actividades de
tos mucho más acotados, como la funebria, siendo caza, pesas de red para la pesca, pulidores para la ela-
mucho menos frecuente en otro tipo de asentamientos. boración de cerámica, así como percutores y yunques
Resalto este punto porque la presencia de alfarería para el propio trabajo del instrumental lítico [Jackson
decorada ha servido para asimilar en unidades 1997].
indiferenciadas los restos culturales de grandes áreas, Los instrumentos óseos constituyen una verdadera in-
mientras que existen otros rasgos como la cerámica dustria en Isla Mocha. En su confección son usados
doméstica e incluso modalidades de funebria que re- preferentemente los huesos de guanacos, lobos mari-
miten a tradiciones específicas con fuertes desarrollos nos, aves y cetáceos. Entre los instrumentos más co-
locales. Por ejemplo, si comparamos en Isla Quiriquina munes tenemos las [a] palas, manufacturadas en hue-
[Bustos 1985], sitio habitacional sin sepulturas, que tie- sos de cetáceos y quemados posteriormente con el
ne un promedio de sólo el 4% para sus variedades de- objeto de endurecer su parte laboral, asociadas a fae-
coradas [rojo sobre blanco y tricolor: rojo y negro sobre nas agrícolas; [b] agujas, confeccionadas en fragmen-
blanco], con Tubul 1 [Campana & Seguel 1982], sitio tos de huesos largo de camélidos [este tipo de artefac-
habitacional con tres entierros y un promedio del 18% to se vincula con actividades relacionadas con hilos y
para las mismas variedades decoradas, podemos pos- fibras, permitiendo postular algún tipo de tejidos]; [c]
tular que la presencia de cerámica decorada se pulidores para cerámica, realizados principalmente en
incrementa en los contextos de funebria. Recordemos fragmentos de huesos largos de guanacos y en costi-
que Quiriquina tiene un fechado de 121 Od.C. y Tubul 1 llas de lobo marino; [d] espátulas, corresponde a ins-
uno de 1140 d.C., es decir, se encuentran dentro del trumentos que presentan una sección acanalada con-
mismo rango cronológico. feccionada en hueso largo de guanaco; [e] adornos,
El instrumental lítico del sitio P31-1 constituye un con- conformados por pendientes y cuentas de collar tubular,
junto de características muy singulares desde el punto los primeros realizados sobre fragmentos de hueso de

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guanaco aserrados con forma triangular. También te- ción tanto del hombre actual o pasado. Se pudieron
nemos instrumentos elaborados en conchas de choro distinguir semillas de quinua [Chenopodium quinoa],
zapato [Choromytilus chorus] y cuentas de collar en papas [Solanum tuberosum], maíz [Zea mays] y una
conchas de gastrópodos [Becker 1997b]. gramínea que tal vez corresponda a Bromus mango
Respecto de la fauna depositada en el sitio, su estudio [Rojas & Cardemil 1995].
resalta la relevancia de una especie de Camelidae que Isla Mocha posee la particularidad de ser un territorio
resultó ser guanaco [Lama guanicoel, destacándose la poblado por grupos mapuche sólo hasta 1685. Desde
presencia de indicadores claves tanto en el esqueleto esa fecha la isla permanecerá deshabitada hasta me-
axil como el apendicular. Respecto del tipo de partes diados del siglo XIX cuando sea nuevamente poblada,
esqueletarias que ingresaron al sitio, se puede men- esta vez por grupos de campesinos de la zona central
cionar que los restos son de gran parte del esqueleto, [Quiroz 1997]. Es decir, las ocupaciones indígenas más
la cercanía de los animales, el proceso de amansa- tardías son de fines del siglo XVII, cuestión que la hace
miento posibilitaría la utilización integral de los un caso único en la prehistoria del centro-sur. Su cro-
guanacos. Los hallazgos de guanaco en la isla permite nología permite, entonces, postular para las poblacio-
reafirmar la idea del transporte de los animales por parte nes El Vergel!Tirúa en Isla Mocha una continuidad des-
de los grupos que la poblaban. Esto requiere que los de el siglo XII hasta el XVII, sin que esto signifique la
animales estuvieran previamente amansados, de ma- inexistencia de cambios bastante significativos. Para
nera de facilitar su transporte. También es posible pos- las costas de Arauco, postulamos su presencia desde
tular el traslado de los animales siendo chulengos, para el siglo X [Morhuilla, Lebu] hasta el siglo XVI
luego criarlos en la isla. Esta alternativa podría explicar [Llenquehue, Cañete].
la alta tasa de mortalidad de individuos juveniles, ya En todo caso el siglo X es, aparentemente, una época
que, algunos de ellos no se adaptarían a las condicio- de grandes cambios regionales donde se nota la pre-
nes de la isla o sufrirían enfermedades durante su pro- sencia simultánea de grupos portadores de cerámica
ceso de amansamiento. Este tema, la posible domesti- diagnóstica Pitrén [Loncotripay, Ti rúa: 1065 +/- 80 d.C.]
cación o semidomesticación de los guanacos, resulta con grupos portadores de cerámica diagnóstica El Ver-
un tanto difícil de abordar desde la perspectiva arqueo- gel!Tirúa [Morhuilla, Lebu: 1020 +/- 90 d.C.]. Un estu-
lógica, aunque permite elaborar hipótesis que deben dio más fino de los procesos climáticos y culturales
ser comprobadas utilizando textos etnohistóricos e in- ocurridos durante esa época entregará valiosos elemen-
tegrando toda la data arqueológica para así lograr una tos para comprender la prehistoria de la región centro
real interpretación de este problema, discutido tan am- sur del país.
pliamente [Becker 1997a]. En la costa continental los sitios más tardíos están re-
También es necesario anotar la presencia de abundan- presentados por el hallazgo de Llenquehue, cerca de
tes restos de lobo marino [Otaria byronia], que repre- Cañete, con una fecha de 1540 d.C., donde se rescató
sentan el segundo mamífero en importancia para estas una urna pintada de rojo y un pequeño jarro asimétrico
poblaciones. Probablemente era cazado por su piel, decorado con pintura roja sobre un engobe crema. Lo
carne, aceite e incluso sus huesos fueron utilizados interesante es que como tapa de la urna había un plato
como materia prima para la fabricación de herramien- decorado en su cara interna con los clásicos motivos
tas. Llama la atención también la existencia de restos 11
estrellados descritos por Latcham para los cemente-
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de cetáceos, que son utilizados preferentemente para rios de cistas de Tirúa. Es decir, en una misma época,
la confección de instrumentos [que hemos denomina- siglos XV y XVI coexisten en la región tres modelos de
do palas, probablemente utilizadas en faenas agríco- entierro completamente diferentes, los que seguramente
las]. No tenemos antecedentes de la caza de ballenas, son todos prehispánicos. El uso de canoas funerarias
por lo que probablemente eran ejemplares que varaban puede corresponder a momentos históricamente pos-
ocasionalmente en algunas playas de la isla [hemos teriores, aunque no necesariamente posthispánicos [cf.
observado algunos de estos varamientos en los últi- Gordon [1978], sin embargo, señala el hallago de una
mos años]. sepultura doble, urna y canoa, con una fecha de 1280
Finalmente, las semillas rescatadas tanto del sitio P31- DC en Padre de Las Casas, Temuco].
1 como P5-1 corresponden, en general, a las familias En resúmen, todo lo dicho apunta a pensar una mayor
de las Chenopodiaceae, Solanaceae, Graminea y otras diversidad y complejidad para los desarrollos humanos
plantas reconocidas como importantes en la alimenta- regionales y que, pese a la existencia de complejos fu-

Tomo II Actas del 4º Congreso Chileno de Antropología Simposio Proyecciones de la... 1461
nerarios claramente definidos, éstos no agotan la expe- 1968 Excavaciones en la Cueva de los Catalanes".
riencia humana en las costas araucanas. Dichas unida- Boletín, Departamento de Historia, Facultad de Filoso-
des arqueológicas deben considerarse por ahora como fía y Educación, Universidad de Chile.
BERON, M.
tales, lo que nos posibilitará dibujar un panorama en el
1995 Cronología radiocarbónica de eventos culturales
que se presentan tradiciones diferentes con las mismas y algo más ... Localidad Tapera Moreira, área de Curacó,
fechas, se registra una suerte de traslape de tradicio- La Pampa. Cuadernos del Instituto Nacional de Antro-
nes, y en algunos casos es posible observar la vigencia pología y Pensamiento Latinoamercano, 16: 261-282.
de algunos rasgos de estos complejos hasta tiempos his- BIBAR, J.
tóricos. En este proyecto nos interesa evaluar aquellas 1979 [1558] Crónica y relación copiosa y verdadera de
características que sólo han sido insinuadas por los di- los reinos de Chile. Berlin, Colloquium Verlag.
versos autores que han tratado el problema. ¿Qué po- BINFORD, L.
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Cementerios Pitrén en el By Pass de Temuco


Carlos Ocampo, Rodrigo Mera y Pilar Rivas

nencias que rodean al Cerro Conuhueno. La superficie


Antecedentes de los sitios del cementerio excavado es de 32.4 m de largo en di-
excavados rección NE-SW, por 15.3 m de ancho en dirección NW-
SE. En él, se discriminaron 70 conjuntos cerámicos, en
Los detalles de los sitios rescatados se encuentran en los que fue posible registrar 365 piezas alfareras, 1 pipa
el "Informe Final" que puede ser consultado con los au- de cerámica, 2 torteras de cerámica, 2 ""pimuntúe" (ver
tores o en el Consejo de Monumentos Nacionales. En más abajo), 23 artefactos líticos varios, 5 artefactos de
él se expone la metodología empleada y los antece- molienda (manos y fragmentos de ellas) y 7 raspado-
dentes; además se describe y caracteriza cada conjun- res. La única evidencia de restos óseos corresponde a
to cerámico y rasgo registrado para cada cementerio. un par de fragmentos de dientes y la impronta de una
En este trabajo, además de los datos básicos acerca diáfisis en los sedimentos, en muy mal estado de con-
de los sitios exponemos aspectos novedosos relacio- servación.
nados con los patrones funerarios y con las nuevas for- La colección cerámica generada por el rescate de es-
mas cerámicas registradas. tos sitios funerarios permite ser adscrita al Complejo
El sitio "Km 20-Licanco Chico" (UTM 5. 704. 735, 594 N Cerámico Pitrén (Aldunate 1989; Dillehay 1990; Adán
/ 707.944, 762 E. SAT 56. HUSO 18) ocupa una super- 2000), el que ha sido relacionado con el Período Alfa-
ficie de 22 x 12 m y la profundidad que alcanzan los rero Temprano de la región Centro-sur de nuestro país
restos varía entre los 30 cm y los 130 cm de profundi- (3).
dad, sin registrar diferencias estratigráficas. En este En este trabajo se plantea los resultados hasta ahora
volumen de suelo se registró un total de 36 rasgos de alcanzados, centrándonos en las observaciones hechas
distintos tamaños (2), algunos de los cuales se identifi- durante la etapa de excavación y en el análisis
caron como tumbas y otros como conjuntos cerámicos, bioantropológico, hasta ahora parcialmente desarrolla-
sin osamentas. De ellos, se rescató 199 ceramios, más do, de un total de 14 individuos. (Aspillaga y Retamal,
algunos artefactos líticos asociados; sin embargo, lo 2000 Ms.) Si bien no existe certeza del número total de
más notable del sitio, resulta ser la presencia de restos individuos que estarían representados en el sitio (km
óseos humanos, hecho que por primera vez se registra 20), es probable que su número se eleve sobre los 24.
en la región Centro-Sur de Chile, para este período
cultural. Los Cementerios "Km 15-LofMahuida"
Por su parte, el sitio "Km 15-Lof Mahuida" (UTM
5.706.235' N / 712.153 E. SAT 56. HUSO 18), se em-
y "Km 20-Licanco Chico".
En relación con el emplazamiento de los cementerios,
plaza en el faldeo del costado sureste de una pequeña
parece corrobarse una selección espacial para este tipo
colina que conforma un ambiente de pequeñas emi-
de sitios, durante este período. Ambos se ubican en

Tomo II Actas del 4º Congreso Chileno de Antropología Simposio Proyecciones de la ... 1465