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EL NARCISISMO.

Según Bleichmar, las necesidades narcisistas tienen aún más fuerza y poder que las de
heteroconservación/supervivencia y las sexuales, alzándose el narcisismo como uno de
los grandes motores del psiquismo humano. Se trata de la necesidad de ser preferido,
admirado, que sería el origen del Edipo, en que el hijo quiere ser preferido al padre,
pero cualquier relación triangular sujeto-otro-rival puede ser edípica (entre
hermanos, amigos, compañeros de trabajo, etc.) y no se limita a que el hijo desee la
destrucción del padre/madre.

El narcisista no tiene en cuenta el entorno y actúa ante un público imaginario al


que necesita relatar sus gestas.

El narcisismo puede subyacer a numerosos trastornos, como la anorexia (o la falta de


apetito sexual, etc.) que puede generarse en busca de un yo ideal que ahoga el deseo por
el alimento, debido a:

a) Oposicionismo hacia la madre, para humillarla al no conseguir que coma. Se trata de


una lucha de poder, una forma de narcisismo en la que se priva al otro de placer. Este tipo
de anorexia se da sobre todo en la infancia.

b) Ideal estético derivado del superyó, conciencia moral, yo ideal o también llamada
capacidad de autoobservación valorativa, por la que la persona se compara con un ideal.

El narcisismo normal es indispensable para un desarrollo adecuado, al hacer que la


persona quiera mejorar, y todos comparamos valorativamente en mayor o menor medida,
pero cuando nos encontramos en el extremo máximo se desarrollan trastornos narcisistas
en los que el narcisismo llega a superar el resto de motivaciones sexuales, de apego y de
autoconservación. En el extremo mínimo hablaríamos de depresión, por lo que es básico
para progresar y sentirse bien ser narcisizados por nuestros otros significativos.

El balance narcisista que nos haga sentirnos insatisfechos puede deberse a:

- un superyó demasiado exigente.

- unas expectativas demasiado altas. Cuánto más altas sean las expectativas más
posibilidades habrá de caer en depresión.

- una representación desvalorizada del yo. En el extremo patológico podemos encontrar


un superyó sádico que se descalifica constantemente y es agresivo contra sí mismo.

En general, la personalidad narcisista descodifica todo en función de si lo hace bien


o mal, seleccionando lo que observan en base a ese código, que actúa como filtro. Así,
en vez de decidir en base al pragmatismo, antes de tomar una decisión se asegurarán
y reasegurarán y tendrán dificultades por miedo a equivocarse.

Será siempre importante explorar las motivaciones de las conductas.


TRASTORNOS NARCISISTAS DE LA PERSONALIDAD.

A) Por exceso: narcisismo grandioso. Características:

- falta de empatía, envidia y arrogancia.


- fantasías de grandiosidad.
- dependencia de la admiración externa, aburriéndose si no son el centro de atención.
- pueden ser hábiles socialmente, pero rechazan a quienes no “les doran la píldora”.
- no padecen ausencia por separación, ya que sólo les interesa el otro para vanagloriarse
a si mismos y no generan apego, remplazando sin problemas una pareja por otra con
frecuencia. Suelen cortar descalificando además al otro, al que ven como un mero objeto
para la propia satisfacción narcisista.

Algunas personas se vuelven malvadas si no consiguen el amor del otro y se valoran


sintiendo al otro bajo su mando o humillándole, llegando incluso a organizar complots.

- ORÍGENES.

a) Primario: derivado del exceso de narcisización de los padres, que ven a su hijo como
excepcional y creen que los demás deben amoldarse a él, estando éste exento del
cumplimiento de las leyes.

b) Secundario o compensatorio: para contrarrestar una imagen de vergüenza generada por


trauma narcisista en la infancia, transformando su antigua posición en otra y despreciando
a los que se encuentran en otras posiciones. X ej., los nuevos ricos que desprecian a los
de “clases más bajas”. Puede también darse por envidia hacia otros “mejor vistos”. Sin
embargo, debajo de esa aparente grandiosidad del narcisismo secundario, hay
inseguridad; suelen tener sueños de desnudez, de vergüenza, que se organizan por
sentimientos en la memoria afectivamente dependiente.

A su vez puede tratarse de un narcisismo de dos tipos:

- amoroso o libidinal: haciendo regalos y grandes fiestas para conseguir la


admiración de los demás.
- destructivo: atacando y humillando a los demás para sentirse grandioso.

- MECANISMOS SUBYACENTES.

a) Intrapsíquicos: superyó exigente y perfeccionista que demanda grandes acciones.

En el narcisismo primario, durante la infancia generan la necesidad de satisfacerse


a si mismos, siendo siempre los mejores en todo. Aprenden a mirarse desde la
perspectiva en que lo miraban sus padres y “sobornan” continuamente al superyó
otorgándole ofrendas y satisfacciones, al tiempo que se exigen cumplir con las normas
morales.

En el secundario se genera un conflicto entre una conducta externa de soberbia y


una conducta interna de inferioridad. Exponen conductas que le demuestren poder,
pero sin matices morales. Podrán coexistir sentimientos de altivez y omnipotencia, de
inferioridad y superioridad al mismo tiempo.

b) Interpersonales: con el fin de conseguir o sentir grandiosidad.

I. Identificación proyectiva.

II. Idealización, de alguien con el que se siente una relación especial, fusionándose con
él.

III. Retracción narcisista: aislamiento para evitar comparaciones de las que se


pueda salir perjudicado.

En cualquier caso, las personas narcisistas son muy independientes, ya que quieren
estar sólo con personas que les halaguen constantemente, y les cuesta tener
dependencia de alguien, como posible muestra de vulnerabilidad. Igualmente la
jubilación y la vejez afectarán negativamente a su ego, ya que acarrean pérdida de salud
y capacidades intelectuales.

TRATAMIENTO.

1º. No buscar confrontaciones bruscas mediante juicios de realidad, sino mostrar


tolerancia. Tratar primero lo intrapsíquico que lo relacional, para sentirse cómplices y no
que nos ponemos de la otra parte. Una buena forma de comenzar es analizar lo que
se exige a sí mismo, empatizando con sus esfuerzos y sufrimiento.

2º. Relacionar estas exigencias con su historia vital, relacionando como ésta
biografía le ha llevado a ser tan exigente. Además, como terapeutas, entendiendo y
empatizando con la historia del paciente, toleraremos mejor el caso y sus salidas de tono.

3º. No debemos denunciar sus mecanismos de defensa, ya que son extremadamente


sensibles a la crítica, sino que trabajaremos las razones de éstas. Se le puede hacer
ver que tuvo un entorno muy exigente que le llevó a acostumbrarse a tener que hacerlo
todo bien y ocultar los errores si surgían. Al tiempo, le explicaremos que esa actitud le
pudo servir en algún momento de su desarrollo para tratar de mejorar y progresar, siendo
adaptativa, pero que una sobreexigencia constante no lo es.

Para que se dé el cambio debemos conseguir que el paciente reconozca los estados y
procesos desde diferentes contextos y que sienta así de verdad que quiere cambiar.
Será muy importante detectar sus motivaciones, ya que las angustias narcisistas pueden
dar lugar a síntomas tan variados como la fobia social, anorexia, adicciones, agresividad,
etc., y por tanto será preciso dar un doble diagnóstico en el que expliquemos también
porque se da una conducta síntoma u otra.

Los pacientes narcisistas suelen acudir a tratamiento cuando ven que la realidad no es
como pensaban y les produce el denominado “colapso narcisista”; por ej., cuando la
pareja no les aguanta más o “duelos” porque no cumplieron un sueño. Por norma general
no suelen tener propósito de enmienda y muestran gran resistencia al tratamiento, sin
querer además mostrar ningún indicio de fracaso ni de dificultades. De hecho el
narcisismo oposicionista viene a ser el principal factor de resistencia en personas que se
oponen a que no sean ellos mismos quienes descubran las cosas. Tienden a alternar
la idealización del terapeuta para que éste a la altura de él mismo, y furia ante sus
confrontaciones, siendo común que remarquen nuestros errores e incluso descalifiquen
para sentirse ellos en una posición superior.

- LA VERGÜENZA.

Supondría una falla en la dimensión del narcisismo, plasmada en sensación de


inferioridad, complejo o defectos frente al observador. Es la angustia específica
asociada al narcisismo si éste no se satisface. Para Kohut es la angustia máxima del
narcisismo. Se representa al otro como superior, por lo que es sano darse cuenta de
las limitaciones del otro.

Es frecuente sentir vergüenza por el cuerpo, sobre todo en la adolescencia (los sueños
de desnudez simbolizan vergüenza) y también hay temor a la desilusión, viéndose al
prójimo como un juez, produciéndose cierto sometimiento inconsciente, aunque el
otro no esté presente. La intersubjetividad de imaginar que otro puede ver sus defectos
será suficiente.

Intrapsíquicamente el superyó exigente nos calificará de defectuosos al compararse


con el ideal y uno se sentirá más o menos defectuoso y por tanto peor o mejor en función
de la exigencia de cada superyó. Puede darse también cierta patología en personas que se
autoobservan constantemente, por haber tenido ese tipo de padres y haberlo normalizado.
La hiperconciencia de uno mismo puede derivar en hipocondría o sentimientos de
inferioridad. Kreschner observó el delirio sensitivo de autorreferencia o delirio de
relación en personas que se fijan tanto en el resto que creen que todo el mundo hace
lo mismo e incluso llegan a creer que les critican por la tv o la radio.

Cada persona tiende a pensar que los otros le miran como se mira uno a sí mismo,
como le mira el superyó, como una proyección de éste. Ej., el exhibicionista creerá que
los otros le admirarán.

- La culpa, en cambio, aunque se refiere también al sentimiento de fallo o defecto,


afecta al plano moral y además es una preocupación hacia el otro, no hacia a uno
mismo como sucede en la vergüenza. Así en el proceso evolutivo, el niño sentirá antes
vergüenza que culpa, ya que esta última implica empatía y sentimiento moral.
Encontramos casos atípicos y/o extremos, como el del mafioso, que puede sentirse débil,
pero nunca siente culpa.

- Causas del desarrollo de formas de vergüenza patológicas.

a) Identificación con padres vergonzosos y la persona se siente observada.


b) Padres descalificadores que generan sentimientos de inferioridad.
c) La infidelidad o ser avergonzado socialmente, lo que crea complejos.

- Defensas contra la vergüenza.


a) Modificación de la representación de uno mismo.
b) Perfeccionismo, cuidar cada detalle para no ser criticados. Como defensa para no ser
atacado, se puede buscar el perfeccionismo tanto en el plano intelectual, como en el
moral o el físico. En estos casos es necesario ver con el paciente que es lo que
trata de evitar; no basta decirle “no hace falta ser tan perfeccionista”.
c) Modificación de la representación del otro, ridiculizándolo o descalificándolo, de
manera que parezca que el que tiene los defectos es él. La agresividad puede
fortalecer a uno, por lo que puede tapar su vergüenza peleando y sintiéndose más
fuerte y digno mostrando que es el otro el que se equivoca. Se trataría de un tipo de
vergüenza encubierta, no declarada.
d) Rabia narcisista: enfadarse con el otro para no sentirse mal; para no sentirse
humillados o dolidos, humillan o hacen daño al otro.
e) Retracción o fobia social: ocultarse para no exponerse a posibles críticas o
discrepancia de opiniones. Suele estar acompañada de excusas racionalizantes.

- TRATAMIENTO.

En el tratamiento terapéutico, es muy importante no desmontar las defensas hasta que


el paciente no esté fortalecido ante posibles exposiciones, y lo primero que habrá que
trabajar es su narcisismo, su sentimiento de valía.

Igualmente hay que ser cauteloso puesto que la vergüenza es estructural y en la situación
terapéutica el psicólogo está idealizado.

En algunas personas la vergüenza genera patologías no específicas al crearse un “doble


vínculo o doble atadura” en el que haga lo que haga sale perdiendo, generándose una
situación sin salida.

Aunque nunca se puede generalizar, es más frecuente que los hombres se avergüencen
de debilidad, miedo o fracasos laborales, mientras que las mujeres lo hacen por tener
deseos intensos o ser objeto de deseo o ser agresiva (mujeres fálicas).

- Análisis y elaboración.

a) Ayudar al paciente a identificar cuando se siente avergonzado, en que


circunstancias y con qué personas. No hay que preguntarlo explícitamente, sino guiar
al paciente: “de niño sentías vergüenza cuando…la persona que más me avergonzó
fue…en mi familia era vergonzoso…a mis padres les daba vergüenza de mí…sentía
vergüenza de mis padres cuando…la persona que más me avergonzó me miraba y
decía…las posibles situaciones traumáticas que generaron mi vergüenza actual fueron…”

b) Aspiraciones narcisistas: tolerancia a los fallos, clase social.

- Objetivos del tratamiento.

1. Abandonar metas tiránicas de un superyó excesivamente perfeccionista.


2. Integrar los rasgos que causan vergüenza en el conjunto global de la personalidad.
a) Orientar al paciente a que se pregunte: ¿ese rasgo de mi carácter que tanto me
avergüenza es lo único que soy?
b) Ayudarle a descentrarse de los rasgos defectuosos y que vea también los positivos.
“No desdeñes la rosa porque tiene espinas ni a las espinas, ya que son parte de la
rosa”.

Hay personas que reprimen sus valores positivos, los suprimen para evitar ser
atacados por personas envidiosas, que castigan, ya que ante éstos les incomoda tener
aspectos buenos de si mismo.

Examinar las áreas de competencia del paciente, ver lo valioso de uno y los defectos
del otro ayuda a disminuir los sentimientos de vergüenza al decrecer la sensación de
inferioridad.

LA DEPRESIÓN.
- Características.

Se dan una serie de pasos que conllevan al siguiente, influyéndose entre ellos:

1º) Fijación a deseos centrales sentidos como no realizables, produciéndose un estado


psicológico depresivo.

2º) Representación del yo como impotente, indefenso, desesperanzado.

3º) Efectos afectivos, motivacionales y somáticos.

4º) Mecanismos de defensa (intentos de salida):

a) Irritabilidad, agresividad.
b) Dormir.
c) Drogas.
d) Aventuras.

5º) Inestabilidad: alternancia de estados depresivos y alegres con intentos de restitución.


Así se generará un cuadro psicológico consistente en el estado depresivo más las
defensas, que dará lugar al trastorno depresivo o depresión clínica.

El núcleo común a toda depresión será la percepción de no conseguir lo que se


desea, generándose un sentimiento de impotencia y desesperanza ante la
imposibilidad de conseguir el deseo al cual la persona está fijada.

- SUBTIPOS DE ESTADOS DEPRESIVOS (de origen psicológico, no orgánico).

Bleichmar plantea diversos tipos de depresión en función de cuales sean las causas del
origen y de mantenimiento de ésta, y el tratamiento se basará en el abordaje de éstas.
I. Clasificación en función de las condiciones causales.

- Internas: padres depresivos, pesimistas, que transmiten el sentimiento de que no se


conseguirá lo que se quiere. Proveen de esta idea a los hijos, que se identifican con ellos
y su estado afectivo, pudiendo dar lugar a una personalidad depresiva.

- Externas:

a) Fijación de experiencias que hacen sentirse impotentes, como la pérdida temprana de


uno de los progenitores sin que nadie sustituya su apego. La pérdida de apoyo genera
depresión.

b) Enfermedades crónicas.

c) Abuso físico o psicológico, como en mujeres de alcohólicos o maltratadas que no


pueden separarse.

d) Traumas externos, como el paro por ej.

e) Personas asustadas que desarrollan fobias por miedo a ser criticados o fracasar, se
aíslan y ni siquiera quieren aprender: ej. no acuden a entrevistas de trabajo, no cortejan
chicas…Las angustias persecutorias propician el surgimiento de la fobia que, al
impedirles desarrollarse, genera depresión. Se sienten impotentes y acaban siéndolo.
En estos casos hay que tratar primero las angustias persecutorias, el miedo al
fracaso, y no valdrá con una terapia de apoyo que sólo anime con sus valores
positivos. Frente al sentimiento de persecución el paciente generará agresividad y el
terapeuta debe hacerle ver que ésta es una forma de defensa ante el sentimiento de
ataque. La gente asustada con frecuencia se torna agresiva.

f) Sometimiento por miedo y adaptación a otros, viviendo por ej. la vida que quiere la
pareja y no la suya propia. El masoquismo vendría a ser la renuncia a algo para evitar la
persecución.

g) La agresividad, mediante dos vías:


- depresión narcisista: ataque al otro (a la representación del objeto).
- depresión culposa: ataque a uno mismo.
Según la Tª Clásica, la agresividad genera culpa y esa culpa lleva a la depresión,
pero para Bleichmar, si tras la agresión no se da el sometimiento previsto, eso genera
frustración, impotencia y rabia, lo que lleva a la depresión. La frustración a su vez
volverá a generar rabia creando un círculo vicioso que debilita el narcisismo
provocando depresión por dos vías: sentirse rechazado y dejar de tener placer en las
relaciones, al ser un contacto no afectivo. Creo q esto se da también si se busca
compasión, o al menos interés, en el otro, y éste no se da, generando frustración, más
tristeza e impotencia y entonces desmotivación hacia las relaciones, perdiendo
conexión e iniciativa hacia éstas.

h) Déficit de recursos o habilidades sociales o instrumentales, en cuyo caso habrá que


tratar de desvelar los propios recursos o aumentarlos en su ausencia, tal y como promulga
la Tpª de solución de problemas de Nezu.
i) Trastornos narcisistas previos a la depresión, en los que la persona se muestra
omnipotente hasta que recibe un castigo social porque la gente le rechaza y comienza
la impotencia.

j) Estrés crónico y/o cansancio, pero no se sabe si la causa de la depresión y su impotencia


es el desbordamiento o si la depresión se da porqué se modifican mecanismos biológicos
como podría suceder con una sobrestimulación de dopamina.

TRATAMIENTO.

En primer lugar se debe trabajar el elemento más cercano a la conciencia del paciente;
el último eslabón de la cadena causal, yendo progresivamente de delante hacia atrás. Se
empieza por lo superficial y se va trabajando hacia lo más profundo, en origen
inverso a como se originó el trastorno. Me comentó Maite q en su caso hacerla dsd atrás
cdo no estaba preparada la sumió en una depresión más profunda.

Por ej., en un caso en que la angustia persecutoria genere agresividad, el consecuente


rechazo de los otros y un trastorno narcisista, el tratamiento debe comenzar por este
TN.

Es importante ver como el paciente construyó su realidad, ya que una parte


importante del trabajo se basará en que no se identifique con ciertos relatos
contados por los padres. La identificación negativa supondría haberse identificado, por
oposición, justo con lo contrario a lo que pensaban los padres, lo que puede ser igualmente
erróneo.

II. Clasificación en función del núcleo que mantiene la depresión.

a) Narcisismo patológico con fantasías de grandeza. Ante las angustias persecutorias estas
personas desarrollarán mayor agresividad. Pacientes que continuamente hacen juicios de
valor y generalizan su narrativa nuclear a todos los ámbitos. Ej., dice “no debería estar
aquí, no soy un loco”, o “nadie me quiere”, en una clara demostración de estructura
paranoide.

Cuando el paciente se siente acusado, es frecuente que critique a otra gente para
demostrar que no es el único malo. La agresividad puede ser el modo de sentirse
valioso, descalificando a los otros, como defensa ante la envidia. Puede ser también
una vía de someter, de sentirse fuertes, omnipotentes.

La interpretación debe estar cerca de la superficie consciente de modo que sea siempre
comprensible, pero será tan importante el análisis del pasado como de la dinámica
presente, puesto que hay que evitar que se dé el círculo vicioso.

Es esencial valorar distintas alternativas de tratamiento con sus pros y contras antes de
elegir el que se considere más adecuado al caso, pero en general se deben trabajar
primordialmente tres patas:
- el narcisismo y la aceptación incondicional.
- la agresividad.
- la autoprivación de placer.

En el caso de depresiones mayores se debe comenzar el tratamiento con medicación


psiquiátrica, puesto que de lo contrario la depresión puede atrapar al paciente aún más,
dificultando su mejora, y además la psicoterapia actúa de forma mucho más lenta y puede
darse un deterioro social importante.

b) Déficit narcisista. Es frecuente encontrar pacientes que nunca han sido


narcisizados por sus padres o/y que se identifican con los sentimientos de
inferioridad de éstos, y acaban creyendo que no es posible alcanzar la felicidad. El
tratamiento consistirá en una desidentificación de ese sentimiento de inferioridad a
través de un trabajo de narcisización por parte del terapeuta, a través de dos pasos:
- reconstrucción del origen de los sentimientos de inferioridad.
- narcisización, mediante la creación de un inconsciente de elogio y placer que
posiblemente nunca hubo en la paciente.

Nadie se separa de sus padres si no tiene seguridad, y se aferra a ellos


independientemente de la relación que tengan.

Zajonc mostró que la familiaridad implica aceptación; al inicio de la terapia el


paciente está en un sitio nuevo y desconfía más, pero poco a poco se va familiarizando
con el terapeuta y la consulta y abriéndose. Se favorece un sentimiento más positivo.

Vemos un caso de depresión por identificación con la angustia persecutoria de los


padres, que acaba reduciendo el refuerzo narcisista del paciente, y otro caso de depresión
por culpa ante una enfermedad crónica del padre, que le hacía sentirse mal si se divertía
en vez de cuidar a su padre.

HEINZ KOHUT (1913-1981). - LA PSICOLOGÍA DEL SÍ MISMO (Pª DEL SELF)

Para Kohut el psiquismo se construye en función de como sean las relaciones con las
figuras significativas, y especialmente con quienes están llamados a dotarnos de
vitalidad y satisfacción personal, lo que supondrá la base de nuestro desarrollo psíquico
futuro.

Llama a las figuras parentales objeto del self, ya que constituyen también al hijo,
por lo que más tarde unificará el concepto llamándolo objeto-self, destacando que el
adulto envuelve al niño en su placer, desarrollando así un estado afectivo que será
al que recurra en situaciones futuras.

Estudia el narcisismo que necesitamos todos los seres humanos en mayor o menor
medida y las posibles causas de su perturbación, con atención especial a las fallas de las
figuras parentales y a los intentos de compensación del hijo. Estudia actitudes que
limitan el entusiasmo.
En tpª creía en la experiencia emocional correctiva, al igual que Franz Alexander,
como vía de mejora, mostrando al paciente un tipo de relación diferente que contrarreste
las malas experiencias de la infancia. No vale con transmitir conocimiento al paciente.

Se centrará en los momentos que tiene cada persona tanto de satisfacción y


diversión como de vacío y aburrimiento, con el fin de que el narcisismo se desarrolle
correctamente, para lo que los padres deben cumplir tres funciones:

I. Funciones del objeto del self.

a) Especularización del niño: que muestren placer ante la presencia del niño. A
modo de espejo afectivo, no cognitivo, aplicable también a las relaciones de pareja
y toda relación interpersonal en general.

b) Imago parental idealizadora: fusionarse con el niño cuando éste les idealiza,
haciéndole los padres sentirse valioso a él al mismo tiempo. Se trata de que el
niño, en la idealización de sus padres, sienta que forma parte de ellos.

c) Función gemelar: sentir que el otro comparte y siente lo mismo. El “gemelo”


me convalida, me hace sentir valioso. Todos necesitamos tener esta sensación
en mayor o menor medida y si no no nos sentimos valiosos.

El también kohutiano Wolf añade una cuarta función:

d) La confrontación con el otro de manera que uno mismo quede revitalizado al


sentir que tiene sus propias ideas, que discute, se hace escuchar y tiene su
propio punto de vista. Al discutir, y no ser reprendido, se acepta al niño como
“rival” y éste adquiere confianza. Por ello es importante que el niño cuestione
a sus padres, como el paciente al tp., adquiriendo confianza y sentimiento de
valía y de tener iniciativa propia. Se trata de que el niño o el paciente se sienta
eficaz, que vea que los padres o el tp. se pueden equivocar y rectificar para darles
la razón.

Vemos de nuevo que el otro vuelve a ser necesario y que el desarrollo del psiquismo
se basa en las relaciones interpersonales.

El niño se sentirá tal y como lo miran su madre y su padre y esta sensación perdurará
a lo largo de toda la vida, más o menos modificada, extendiéndose a la relación de
pareja, en la que también será básico sentirse valorado por el otro, gratificándose
uno cuando el otro está alegre en su presencia.

Será pues básico una buena elección de los objetos del self, aunque si una de las figuras
falla siempre puede ser compensada por la otra y nutrir así su narcisismo. Debemos pues
ser capaces de distinguir las personas que nos hacen sentir bien, expandirnos, ser
nosotros, revitalizarnos y acercanos más a ellas, y menos a las que por el contrario
taponan nuestro entusiasmo e ilusión. Igualmente el psicoterapeuta debe cumplir esta
función, por lo que las interpretaciones deben ser en positivo recogiendo y
narcisizando al paciente. Con todo, es inevitable tener objetos del self que nos fallen.
II. Fallas parentales.

a) Fallos en la especularización: derivados de desatención y/o descuido hacia el hijo, a


causa de algún trastorno u otros motivos, sintiéndose éste rechazado. Es común en el
psiquismo, cuando alguien se siente rechazado, que tienda a pensar que es por
motivos personales y no por el otro, y para el niño la respuesta del adulto es sentida
como evidencia de su valía. De ahí que las depresiones maternas sean tan
perjudiciales en edades tempranas, ya que el niño interioriza ese sentimiento de falta
de valía.

El primer sentimiento de eficacia de un bebe se produce cuando sonsaca una


sonrisa a la madre, y si ella no responde así éste sentirá que no es valioso. Igualmente
el placer de jugar con los padres deriva de sentir placer en ellos. La afectividad es
intersubjetiva y contagiosa, como se observa en las sonrisas, risas o bostezos, y se
desarrolla por tanto en función de quien nos rodea.

Estudios de epigenética demuestran que los rasgos adquiridos también se heredan, tal
y como ya adelantó Lamarck. Hablamos de “memes” cuando se trata de rasgos
transmitidos por identificación.

b) Falta de narcisización: cuando ante un despliegue entusiasta de cualidades


(exhibicionismo), el padre o el otro lo tapona hablando de otras cosas, de sus propias
virtudes o buscándole defectos.

c) Fallas en la imago parental: al no existir para el niño nada que idealizar de sus
padres, llegando en el extremo a tornarse en vergüenza hacia ellos o incluso a
desvalorizarse por identificarse con valores negativos. Se da también cuando los padres
mantienen un discurso social desvalorizador constante.

Ante estas fallas - igual que es imprescindible que el niño, al idealizar a sus padres, se
sienta parte de la idealización -, el tratamiento debe ir dirigido a especularizar y vitalizar
al pac. y, en el proceso de idealización del pac. al tp, que el pac. se fusione con esta
imagen idealizada, que sienta que son parte de lo mismo.

Trataremos de que el paciente interiorice, en un proceso de internalización


transmutadora, que las personas son mucho más que sus limitaciones, buscando así
el tratamiento un self cohesivo.

III. Popiedades del Self Cohesivo.

a) Sentimiento de que uno está en consonancia con lo que hace, que se compenetra y
está integrado en ello. Sentir que lo que se hace es profundo y disfrutarlo en cada
momento.

b) Sentir que la iniciativa parte de uno. El niño que juega a lo que él decide, sin que se
lo impongan siempre padres, profesores o amigos. Que los padres no impongan sus
deseos.
c) Unidad corporal y mental. Representación única de cuerpo y mente, sin sentirse
fragmentado ni extraño por lo que aparezca en la mente. Se trata de no centrar la atención
en las partes insatisfactorias que todos tenemos, sino sentir tanto lo que nos gusta como
no de nosotros como un conjunto, integrado. Que los padres no focalicen su atención
en lo que tengamos negativo, que no nos fragmenten.

d) Sentirnos siempre la misma persona, como una unidad en el tiempo, con las
variaciones lógicas comunes a la edad, pero sin centrarnos en esas limitaciones.

Kohut busca así desarrollar la capacidad de hacer las cosas con interés, y es que cuando
uno está bien consigo mismo, mostrará interés y estará contento haga lo que haga.

Por supuesto el self cohesivo busca ser un estado prevalente, pero es imposible que sea
constante, y siempre se darán momentos mejores y peores a lo largo de la vida. Aunque
es inevitable que hagamos cosas en contra de nuestra voluntad que impone la sociedad en
la que vivimos, siempre debemos encontrar momentos en los que nos reconozcamos,
que nos proporcionen placer. No hay una norma, la idea es estar en paz con uno
mismo, el solitario en soledad y el sociable con su gente por ej.

En mayor o menor medida es universal sentir que perdemos parte de nuestra


identidad al estar dominados por otro/s de algún modo, pero siempre debemos dejar
márgenes para la libertad, para ser uno mismo.

La angustia de fragmentación supondría lo opuesto al self cohesivo al sentirse en


disonancia con lo que se hace.

V. Otras ideas.

Cuando alguien es demasiado grandioso tiende a taponar a los otros, como el


hermano mayor “perfecto” que se siente superior y no deja expandirse a los
pequeños, e igualmente los tp. debemos tener cuidado con nuestras necesidades
narcisistas y no sentirnos grandiosos y taponar el entusiasmo de nuestros pacientes.

Kohut habla de la importancia del contacto corporal madre/padre -hijo, al igual que es
importante también abrazarse en una relación de pareja; como le decía un paciente a
Hugo, “dormir acurrucados como dos cucharillas”. También una mirada emocionada,
una frase emotiva o cualquier gesto que transmita el placer de estar con alguien,
necesario para que cualquier persona pueda sentir el placer de estar consigo mismo,
de sentirse a gusto con uno mismo. Sentir simplemente el placer de existir: aunque uno
se crea del montón, que no destaque, Kohut busca que uno se sienta bien con uno mismo.

En función de como reaccionen nuestros padres ante nuestros deseos, así


reaccionaremos nosotros ante nuestros deseos futuros y por ej., si fueron
comprendidos y alentados desde pequeños a sabiendas de sus posibles dificultades,
seguiremos teniendo deseos que nos motiven a lograrlos. Si por el contrario nuestros
padres nunca ponían límites ni objeciones a nuestros deseos, seguramente seremos
personas compulsivas, acostumbradas a tener siempre lo que queremos y
necesitaremos además tenerlo inmediatamente, facilitando por ej. así la entrada a
las compras compulsivas y las adicciones. En cambio padres que ponen siempre
objeciones a los deseos de sus hijos, o nunca les parece el momento adecuado para
llevarlos a cabo, como posponer siempre los regalos para Reyes o para cuando tengan
más dinero o vivan en la casa nueva, crearán con mayor facilidad personalidades
obsesivas que se piensen todo muy mucho.

Es básico por tanto, también en tpª, canalizar los deseos de nuestros pacientes y
conectarlos con la realidad, pero no ahogarlos, sino mantenerlos siendo conscientes
de los pasos que hay que dar para lograrlos.

Con todo, como diría Anna Ornstein,“No puede esperarse que un amante, un esposo,
un amigo o un hijo abarque empáticamente las dificultades psicológicas del paciente.
Más bien sería cierto lo contrario: responderán según sus propias necesidades y su
propio dolor”.

La necesidad de agradar al otro lleva a renunciar al propio yo y olvidarse de sus


necesidades. Se tratará de sacar a la luz esas necesidades, ver en que momento se
perdieron y volverlas a tener en cuenta.

Cuando sonreímos o saludamos a alguien y no nos devuelven la sonrisa o el saludo,


tendemos a venirnos abajo y reaccionamos aislándonos con tristeza o agrediendo,
porq tenemos necesidad de que el otro nos sonría.

Si alguien no nos abre los ojos podemos validar una idea errónea toda la vida.

Alguien se vitaliza cuando hace lo que desea y se desvitaliza cuando sólo hace cosas
por obligación. No se puede vivir siempre sometido al superyó.

IX. Rabia narcisista. Anna ORNSTEIN. “Destino de la rabia narcisista en


psicoterapia” (1998). (Aperturas nº 33).

Cada vez que alguien importante para nosotros nos cuestiona, no nos valora o, en
definitiva, no nos especulariza, saldrá de nosotros rabia narcisista. Necesitamos
sentirnos grandiosos y que el otro significativo lo reconozca. Si en cambio se trata de
gente que no es cercana, que no nos ha especularizado, y por tanto no tenemos
expectativas, no se da dicha rabia.

El rencor hacia quien nos ha frustrado o humillado, fragmentándonos y haciéndonos


perder parte de nuestra identidad, nos puede hacer sentir identificados con nosotros
mismos y cohesionarnos de nuevo.

A. Ornstein habla de masoquismo en el sentido universal de romper o distanciar el


vínculo con alguien por sentirse humillado y/o frustrado por él, aunque ello conlleve
privación de placer como forma de culpar al otro. Pero aunque sea universal, no se
pueden “coleccionar injusticias” que justifiquen nuestro comportamiento y hay que
tratar este tipo de reacciones, ya que las decepciones no analizadas pueden generar
trauma.

En definitiva, la rabia narcisista devuelve la cohesión al self, restituyendo la


autoestima frente a la agresión; es una manera de dignificarse ante el cuestionamiento
del otro.

“La aserción y la agresión tienen distintos orígenes en nuestra herencia biopsicosocial,


que sirven a distintas funciones en nuestras vidas y que están acompañadas por distintas
experiencias afectivas: la afirmación se acompaña por el interés, el entusiasmo y la
alegría, mientras que la agresión destructiva se asocia con afectos disfóricos de miedo,
angustia y hostilidad.
En nuestra perspectiva actual, toda agresión destructiva tiene en sus raíces rabia
narcisista; sea cual sea su manifestación externa; sea moderada o grave, aguda o
crónica: “subyacente a todos estos estados emocionales está la insistencia inflexible
en la perfección del objetoself idealizado y en el poder y conocimiento ilimitados del
self grandioso” (Kohut, 1972, p. 643).

El que la rabia entre o no directamente o indirectamente en el tratamiento depende no


sólo de las expectativas transferenciales del paciente y de las inevitables frustraciones
de estas expectativas, sino también de la dominancia y la naturaleza de las estructuras
defensivas que hayan evolucionado en relación con la rabia narcisista crónica, que es
el legado de las decepciones traumáticas y las traumatizaciones activas al principio de
la vida.

Lo que complica este tipo de cuadro clínico es que los mismos pacientes pueden
responder en un marco determinado a la frustración de sus expectativas con una
conducta masoquista o paranoide. La conducta sádica (dar rienda suelta a la rabia
hacia el que frustra en forma de ataque físico y/o verbal) expresa la rabia
directamente: no puede cuestionarse ni su medida ni su intensidad. Sin embargo,
puesto que la rabia narcisista es también el motivo de la conducta masoquista y
paranoide, las manifestaciones de estas formas de psicopatología (retirada arrogante,
dar por perdidas a las personas, guardar rencor, coleccionar injusticias así como
auto-recriminaciones, depresión, cortarse, y amenazas suicidas) también expresan
rabia pero en estos ejemplos lo hacen indirectamente. La conducta masoquista, en
concreto, es una potente acusación dirigida al ofensor por la angustia mental que los
pacientes sienten que les ha sido infligida descuidada o deliberadamente por los otros
(Berliner, 1947, 1958).

Sea la conducta manifiesta masoquista o sádica, en ambos casos los pacientes se ven
obligados a vengarse para restablecer la cohesión del self y/o una autoestima dañada.
Temporalmente, la rabia fomenta la cohesión del self y otorga poderes al self
“borrando la ofensa que se perpetró contra el self grandioso y la imperdonable furia
que surge cuando se pierde el control sobre el objetoself especularizante o cuando el
objetoself omnipotente no está disponible” (Kohut, 1972, pp. 386-387). La necesidad
imperativa de venganza, que caracteriza la agresión destructiva, es también
responsable del aislamiento social y de la actitud paranoide hacia el entorno que
muchos pacientes están sintiendo. En la situación terapéutica, la necesidad de
venganza puede crear algunas de las respuestas contratransferenciales más insidiosas
y difíciles de reconocer: al percibir la demanda de una perfecta sensibilidad y la
hostilidad siempre que ésta se frustra, los terapeutas pueden retirarse
inconscientemente para distanciarse de tales demandas y de las subsiguientes
reacciones de rabia.

La rabia narcisista, entonces, desde una perspectiva de la psicología del self, surge de
la matriz de un self fragmentado o un self amenazado de fragmentación. En el curso
del tratamiento, lo que aparece como una “transformación” de la rabia en un afecto
señal es, en realidad, indicativo de los cambios que han tenido lugar en la estructura
del self: la creciente consolidación del self reduce la amenaza de fragmentación y la
rabia narcisista puede, entonces, ser vivida en forma de irritación fugaz.”

Es inútil esperar que los otros me reaseguren, tengo que ser capaz de sentirme valioso
por mí mismo. En definitiva, en línea con Henry Rollins, la solución pasa por confiar
plenamente sólo en uno mismo y que no afecte lo que diga el resto.

Bleichmar comienza la siguiente clase hablando de la desilusión, que puede venir


provocada internamente o por traumas externos, y que relaciona con tres tipos de
estructuras diferentes: estructuras primarias o del desarrollo normal., estructuras
compensatorias y estructuras defensivas. Hemos de desinteriorizar poco a poco
ideas como: “yo necesito que usted piense y sienta lo mismo que yo y si no me vengo
abajo” o “te valido sólo cuando percibes bien”. Es cierto, como decía Kohut, esperamos
del otro una sensibilidad perfecta, y eso es imposible.

Cuando alguien no se siente en línea con su interlocutor, se frustra o al menos siente


desasosiego, y lo que más puede irritar a alguien muy enfadado es que el destinatario de
su ira permanezca en calma.

Volviendo al caso de Ornstein, su paciente era humillado por su padre y la madre en vez
de protegerlo trataba de que le comprendiese, descalificando inconscientemente a su
propio hijo. En la tpª. pasa lo mismo: ella intenta que comprenda a Peggy y él siente que
apoya a ella y no a él, sintiéndose desplazado.

Si entiende que acierta cuando le explica que sus reacciones actuales son consecuencia
de su pasado, sin transmitir que pueda defender a Peggy. Le hace ver que reacciona así
ante ella por su propia estructura psíquica, no por la actitud de ella. El lo comprende y
acepta, pero ahora le surge vergüenza ante tales reacciones e impotencia por no ser capaz
de frenarlas.

En tp.ª será pues clave trabajar porqué el paciente reacciona de una u otra manera, ver
en que personajes actuales proyecta el tipo de relación que en su infancia tuvo con sus
figuras más significativas. En este caso vemos como transfiere la relación con el padre a
Peggy y la relación con la madre a Anna Ornstein como tp. Da igual de quien sea la razón,
no se trata de defender a uno o a otro, sino de ver como se ha estructurado ese tipo de
reacciones, de donde vienen. En esta línea, para entender las reacciones de sus pacientes,
Osrntein hacía preguntas tipo: ¿su padre reaccionaba así? ¿en la infancia o la adolescencia
usted realizaba así?

Orsntein explora también que consecuencias emocionales puede tener en el paciente


cada cosa que le diga. En este paciente el insight, el darse cuenta de esta transferencia de
relaciones pasadas a la actualidad le hizo deprimirse en un primer momento y pasa de ser
paranoide con otros a ser paranoide con él.

Será pues básico hacer sentir al paciente querible, y para ello hay que empezar porqué
el mismo se quiera. Si no el paciente se mostrará muy susceptible y necesitará
constantemente sentirse querido por otros. Bleichmar suele utilizar en estos casos en tp.
la metáfora: “no se siente querible y busca el antídoto fuera”.

La idea es tolerar lo inadecuado cada de uno mismo y poco a poco ir apreciándose, para
lo que plante dos posibilidades de tratamiento:

1ª. Hacer ver al paciente, poco a poco, que se muestra a la defensiva porque está
acostumbrado a que le traumaticen.

2º. Tratar de que el paciente aprenda autovalorarse, buscando y valorando sus puntos
fuertes, enterrando paulatinamente la idea de que deben ser los otros quienes nos valoren;
acabar con la idea de pedir fuera el valor, interés y amor que no somos capaces de darnos.

Trabaja también los sueños y recuerda Bleichmar que Freud apuntaba que los diferentes
personajes de un sueño representan aspectos de uno mismo.

X. TOLPIN, M. - Apego. (discípula de Kohut).

Nuestras figuras de apego nos dan parte de nuestra identidad en los intercambios que
con ellos hacemos y nos influyen también en la organización de nuestra conducta.

Presenta el caso de una mujer de 49 años que perdió su padre cuando tenía 9, perdiendo
así parte de su identidad al dejar de hacer todas las acciones que hacía con él, y además
no es compensada por su madre ni por ningún otro allegado, por lo que dificulta aún más
su desarrollo.

No tenía ningún tipo de satisfacción en su vida y cada noche lloraba, sin ser capaz de
dormir a pesar de tomar sedantes. En los picos de mayor angustia tenía impulsos
cleptómanos. Encontraremos que con frecuencia ante necesidades de apego negadas
surgen síntomas compulsivos.

Todos los seres humanos tenemos necesidades que desconocemos o no reconocemos,


pero que si no realizamos nos dejan insatisfechos. El análisis ayudará a revelar estas
necesidades sentidas no reconocidas.

Se desarrollarán apegos evitativos por temor a ilusionarse o entusiasmarse más que


el interlocutor y entonces frustrarse y generar una situación traumática. Evitamos
experimentar otra vez lo que ya nos traumatizó, desarrollando una coraza
caracterológica con las defensas que vamos incorporando para evitar
retraumatizaciones, que son adaptativas en un determinado momento pero que
pueden dejar de serlo más adelante. La mayoría de nuestros rasgos de carácter
provienen de hechos de los que no somos conscientes y debemos trabajar para ver si
defensas que fueron adaptativas han dejado de serlo.

Es habitual encontrar padres preocupados con el trabajo u otros temas que entonces no
empatizan con las necesidades de sus propios hijos. Para estos hijos, es decir, para todo
el mundo, estar en la mente del otro, existir y ser importante para el otro, es crucial
para la satisfacción personal. La soledad puede ser terrorífica y, de hecho, muchas
agorafobias suponen más una angustia ante la ausencia de personas que por el gran
espacio abierto en sí.

Tolpin profundiza también en los sentimientos, ya que las palabras que tratan de
expresarlos se quedan cortas y no llegan a cubrirlos. Relaciono esto con lo que
postulaba Lacan sobre la desnaturalización y culturización del lenguaje.

Además se enfoca en lo que salvó a cada paciente en su situación traumática, no


sólo en el hecho traumático en sí, haciendo preguntas tipo, ¿qué es lo que le salvó en
esos momentos tan duros? Cada uno nos defendemos con lo que podemos y es legítimo.

Se refirió también al “instinto maternal limitado” para describir aquellas madres que
cumplen en el cuidado de los niños pero no les transmiten sentimientos de valía. Es
habitual encontrar padres preocupados por la salud de los hijos, alimentación y
demás “obligaciones paternas” pero que luego no transmiten placer en el contacto,
lo que es básico para autoconstruir un sentimiento de valía. Como hijos, al igual que
como pacientes, necesitamos cercanía afectiva, no sólo protocolo, de nuestros padres
o tp respectivamente.

Cuando el entorno de un niño no reconoce sus necesidades es probable que el niño


solo no las encuentre, creándose un falso self, como diría Winnicott, para
adaptarnos a las necesidades de los otros, disociándose y desconectando de lo que
quiere uno mismo. Una educación rígida nos puede desconectar de nuestras propias
emociones llegando a normalizar cosas que nos hacen sufrir. Hay padres que no
toleran ciertos estados afectivos en sus hijos e inconscientemente éstos reprimen su self,
mutilándolo. Creo que esto sucede también en el mundo de la empresa, en la relación con
los jefes, que nos taponan, llegando a anular a mucha gente que acaba normalizando
auténticas aberraciones.

Es interesante también como Tolpin acompañaba a sus pacientes en la interpretación de


sus sueños, compartiendo con ellos en la explicación su angustia, soledad o las diversas
emociones surgiesen de ellos.

Por último, fue pionero también en tener en cuenta las necesidades del tp. en tpª y
no sólo del paciente.

Bleichmar recomienda también nos leamos el libro de Paul Wastchler “La comunicación
terapéutica”, sobre los mensajes implícitos en la relación tp.-pac., tratando de que el
paciente se identifique en ocasiones con alguna actitud desconocida u olvidada por él, a
modo de experiencia emocional correctiva.

Y como conclusión a Kohut menciona a Gergeley, quien trabajó con Peter Fonagy, y
que planteaba que debemos empatizar con el paciente y responder a sus necesidades
y sentimientos pero sin llegar a sus niveles, sin ser su espejo, ya que esto aumentaría
aún más estos niveles de angustia o de la emoción vivida en cada momento, ya que
uno reconoce su propio estado afectivo en el estado afectivo del otro.

Y en general, un exceso de empatía en un sujeto, al conectar siempre más con los


demás que con él mismo, puede llegar a desconectarle de sí mismo, sus emociones y
sentimientos propios y de la realidad. No se puede ser sólo empático con los demás,
hay que ser también empático con uno mismo.

Después me pierdo la primera clase sobre apego en la que habla sobre los tipos y
recomienda el libro de Marrone por recoger todos los aspectos vinculados. En la siguiente
enumera las preguntas de la Entrevista de Apego para Adultos (EAA) y sobre la
importancia da Williamson a la pregunta “que piensa vd que el otro piensa acerca de lo
que vd piensa sobre ella”. En tpª también puede ser interesante preguntar al paciente “que
piensa vd sobre lo que yo pienso de eso”.