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Ficha de lectura

Título “Guerreros y Campesinos”

Autor Georges Duby

Editorial Siglo XXI

Lugar España

Año 1989

Páginas 184

Citas del autor

“…En las regiones más alejadas del Mediterráneo la impla


ntación de campos y viñas se había realizado, de forma cada vez
menos homogénea, en suelos cada vez más escasos y dispersos que
parecían propicios a la creación de claros agrícolas alrededor de villas
aisladas…” Pag. 18

“…La asociación íntima de la ganadería y de la agricultura, la


compenetración del campo de labor y del espacio pastoril, boscoso y
herbáceo, es sin duda el rasgo que más claramente diferencia el
sistema agrario «bárbaro» del sistema romano, en el que el ager y el
saltus aparecen disociados. Sin embargo, la distinción entre los dos
sistemas se hallaba durante la Alta Edad Media en proceso de
progresiva atenuación…”pag, 21
Ideas centrales

El libro es un ensayo sobre la evolución económica de la sociedad


medieval desde la caída del Imperio Romano de Occidente hasta la
entrada a la plena Edad Media (500-1200), centrada sobre todo en la
región de la Galia y zonas adyacentes
Las condiciones climáticas de la época favorecieron la abundancia del
bosque sobre todo en la zona septentrional de Europa a pesar de las
variaciones del clima. Las tierras boscosas estaban prácticamente
despobladas. De los útiles de trabajo se desconoce casi todo. El arado
figuraba entre los útiles de madera y poco a poco se introdujo el uso
del hierro en la agricultura.
Es decir, hay pocos hombres y no están bien equipados. La
explotación de los recursos dependía de los dos tipos de paisajes
dominantes de la época: un tipo romano en degradación donde se
explotaba el ager y otro germánico en vías de perfeccionamiento
donde se explotaba el saltus y predominaba una producción más
pastoril que agrícola. El cultivo mayoritario era de cereales y se
practicaba una rotación bienal sembrándose leguminosas en la zona
de barbecho.
A pesar de ello se tiene un cultivo cerealista extensivo muy poco
productivo por agotamiento edafológico. En consecuencia había
hambre, elevadas tasas de mortalidad sobre todo infantil y un
crecimiento demográfico casi nulo.
Guerreros y Campesinos

INTRODUCCIÓN

Georges Duby, familiarizado con la investigación de los aspectos históricos de la Edad Media,
ofrece en este volumen una síntesis de los datos conocidos sobre las condiciones ecológicas,
demográficas y tecnológicas, así como de las estructuras de la sociedad y los factores del
desarrollo económico apreciable en la Europa medieval.
La síntesis elaborada por Duby está presentada como un ensayo enriquecido por sugerentes
reflexiones, centradas en la larga evolución vivida por el área europea. Las hipótesis que
aventura, derivadas de las lagunas apreciables en la documentación disponible y de la
deficiente marcha de las investigaciones históricas, están marcadas por interrogantes y
observaciones, tan críticas algunas de ellas que fructificarán sin duda en fecundas
incitaciones a la profundización en los temas.
DESARROLLO

El autor reconstruye el medio natural pues en él se desarrolla la lucha cotidiana del hombre
para sobrevivir. Las condiciones climáticas de la época favorecieron la abundancia del bosque
sobre todo en la zona septentrional de Europa a pesar de las variaciones del clima.
Las tierras boscosas estaban prácticamente despobladas. De los útiles de trabajo se
desconoce casi todo. El arado figuraba entre los útiles de madera y poco a poco se introdujo
el uso del hierro en la agricultura. Es decir, hay pocos hombres y no están bien equipados.
La explotación de los recursos dependía de los dos tipos de paisajes dominantes de la
época: un tipo romano en degradación donde se explotaba el ager y otro germánico en vías
de perfeccionamiento donde se explotaba el saltus y predominaba una producción más
pastoril que agrícola. El cultivo mayoritario era de cereales y se practicaba una rotación
bienal sembrándose legüminosas en la zona de barbecho. A pesar de ello se tiene un cultivo
cerealista extensivo muy poco productivo por agotamiento edafológico. En consecuencia
había hambre, elevadas tasas de mortalidad sobre todo infantil y un crecimiento
demográfico casi nulo.
En la sociedad se distinguen tres clases diferenciadas: esclavos, campesinos libres y los
señores. Los esclavos eran meros instrumentos de trabajo. La mayoría de los campesinos
libres eran colonos que cultivaban tierras ajenas. Los señores eran los “grandes” con poder
para mandar, dirigir ejércitos y administrar justicia. Eran los dueños de la tierra y utilizaban a
los esclavos y colonos en su explotación. Se dividen en aristócratas y eclesiásticos. Es en esta
época cuando se produce una sumisión de la población rural, poniéndose en marcha una
relación de dependencia que sometía todos los “humildes” a los “grandes. La guerra o
saqueo es la fuente de la esclavitud y una forma de movilizar la riqueza.

Sin embargo, mucha de esa riqueza no se ponía de nuevo en circulación ya que se dedicaba
como ofrenda a los muertos (oblación) en las zonas paganas. Con la evangelización la
tesaurización de desplazó hacia los santuarios cristianos. Se extendió así la práctica del
donativo con lo que el sector eclesiástico comenzó a enriquecerse. En la época existía una
fascinación de la forma de vida típica romana. Para poner en circulación los productos
(mayoritariamente por los ríos) surgieron los auténticos mercaderes. Se acuña (no en todas
las zonas) y se pone en circulación un número limitado de monedas no fraccionadas.
Progresivamente la moneda de plata sustituye a la áurea. Es el monarca quien afirma el
monopolio de las acuñaciones como un atributo capital de la soberanía.
En la etapa Carolingea se observa un incremento demográfico significativo lo cual se tradujo
en movimiento migratorio de la población. No existe, sin embargo, mejoras técnicas en la
explotación del territorio por lo que se necesitaba más mano de obra. Los esclavos,
temporeros asalariados y mayoritariamente los mansos proporcionaban dicha mano de obra
a través de prestaciones personales, censos en productos o su equivalente en monedas. El
poder señorial sigue aumentando y con ello la necesidad de obtener mayor rendimiento de
la tierra. El gran dominio contribuyó a la concentración económica y al auge del comercio. Y
correspondió al soberano vigilar este sector de la economía controlando la acuñación de
moneda y regularizando sus medidas. Asimismo se vigiló el comercio de larga distancia de los
mercaderes (mercatores). En esencia se comercia con artículos de gran lujo y se restringió el
comercio de esclavos. La moral de la época influyó de forma notoria en la evolución de la
economía (ayuda al prójimo necesitado, condena de la usura…).

El occidente cristiano (zona atlántica, el Mediterráneo) sufrió una serie de incursiones


desde Escandinavia y las llanuras de Panonia dada la debilidad de los estados europeos. Los
ataques no fueron muy destructivos siendo los monasterios aislados y los campos los lugares
más afectados. El resultado fue una puesta en circulación de los tesoros monásticos. Las
ciudades y la moneda experimentaron un desarrollo importante durante esta época aunque
los centros de desarrollo varían según la zona geográfica. Así, por ejemplo, Dinamarca
experimentó la urbanización, la infiltración de las creencias religiosas, una expansión agrícola
y un uso del instrumento monetario. En Germania se crearon mercados y se instalaron
talleres monetarios.

Las conquistas campesinas:

La época feudal.

Se dan los primeros signos de expansión: animación de los caminos, reconstrucción de


iglesias e instauración del orden feudal. El feudalismo se caracteriza por la descomposición
de la autoridad monárquica, por el desarrollo de la ideología de la paz de Dios y por la
institución señorial. Se instaura los tres órdenes clásicos: “oratores, bellatores, laboratores”.
Los dos primeros se benefician del trabajo del tercero aunque estos órdenes no eran
homogéneos. Se asiste a una reorganización de la fiscalidad cuyo peso soportan
exclusivamente los “trabajadores”.

Campesinos.

Se experimenta un crecimiento demográfico debido a la pérdida de fuerza de los ataques


exteriores y la implantación de instituciones de paz. A su vez se incrementó la producción
agrícola con lo que se pudo alimentar a más hombres y hubo una evolución de la condición
servil. Se estimuló la producción de pan y el uso de los molinos, se sembraba en dos
estaciones, se utilizaron instrumentos más eficaces (uso del hierro) junto a más animales de
tiro (bueyes y caballos) y se aumentó el territorio cultivable mediante la roturación (nacieron
nuevas aldeas).

Señores.

Permitieron que el dominio de los campesinos sobre la tierra se reforzase para seguir
esquilmándolos por otros medios. Los campesinos van ganando privilegios aunque seguían
sometido fiscalmente a los señores. Los señores obtienen sus beneficios de la explotación de
los hornos, de los molinos, de los diezmos y de la explotación directa de sus tierras (son las
más productivas). El papel de las sernas se redujo al mismo tiempo que el de los asalariados
se ampliaba. En cuanto a los monasterios el manejo del dinero tomó poco a poco mayor
amplitud en la administración de las fortunas monásticas. Si los señores gastaban, algunos
monasterios como el de Cluny seguían su ejemplo. Las cortes señoriales y los grandes
monasterios se convierten en el epicentro de la economía de consumo. En esta época las
ciudades experimentan un auge significativo cumpliendo, en principio, una doble función
religiosa y militar. La artesanía y el comercio fueron el motor del crecimiento urbano. Los
mercaderes comienzan a atesorar capital y pronto destacaron como “patriciado” urbano.

El empuje de la expansión comercial se hace mucho más vivo a finales del siglo XII. En esa
época se alcanzan nuevos perfeccionamientos técnicos (tornos de hilar, molinos aplicados al
batanado…). A partir de ahora dominará la economía urbana y la rural se situará en una
posición subordinada.

CONCLUSIÓN
Duby considera que la economía en los primeros siglos del Medievo no era cerrada. Existía
una circulación de bienes y se practicaba el trueque aunque no fuera un comercio
propiamente dicho. A partir de la etapa carolingia empieza a haber distintos tipos de textos
que permiten sacar conclusiones sobre la vida económica y social de la época. Sin embargo
las últimas invasiones posteriores al renacimiento carolingio ofrecen pocos testimonios. En
esta fase se apoya sobre todo en testimonios arqueológicos.

En pleno siglo XI se instaura el sistema feudal en gran parte de Europa, con un crecimiento
económico como consecuencia de la presión del señorío sobre la fuerza productiva y del
aumento de producción del campesinado. Se pudo alimentar sin mejorar la alimentación a
más hombres con lo que Europa experimentó un crecimiento demográfico. Hay que
desterrar el mito de que solo los más poderosos se beneficiaban de la coyuntura económica
de la época.

El aumento demográfico permitió al señor cobrar mayores censo pero a su vez, permitió a
los campesinos disponer de más mano de obra, más tierras y aumentar la productividad con
lo que podían vender el excedente de las cosechas. La evolución (o podríamos llamar
revolución) que experimentó el sistema agrícola se pone de manifiesto en el paisaje agrario
(concentración de hábitat, cambio en la fisonomía física…). De gran importancia es, durante
toda la edad media, el derecho de pan de los señores. Con él los poderosos ejercen su poder
sobre los menos favorecidos.

BIBLIOGRAFÍA
DUBY, GEORGES, Guerreros y Campesinos. Siglo XXI, 1989.
www.lecturalia.com/autor/9339/georges-duby
BIOGRAFÍA
Georges Duby
(París, 1919 - Aix en Provence, 1996) Historiador francés. Especialista en historia medieval,
profundizó en temas de historia agraria y artístico-cultural, siempre enfocados desde un
ángulo sociológico. Cursó la enseñanza media en Mâcon, en la región a la que después
consagró, durante los primeros años de su carrera académica, una importante investigación
sobre la sociedad medieval. Licenciado en Letras, enseñó Historia medieval en la Universidad
de Besançon y, desde 1953 hasta 1970, en la de Aix-en-Provence. Desde 1971 fue docente de
Historia social de la Edad Media en el Collège de France.
Georges Duby
Destacado exponente de la "nueva historia" nacida de la "revolución" historiográfica
realizada por Bloch y Febvre, ha sido considerado uno de los mayores medievalistas de las
últimas décadas. Las relaciones entre la ideología y la realidad efectiva de la organización
social en el seno de la sociedad feudal y, más aún, las relaciones que se establecieron entre la
situación objetiva de los individuos y las colectividades, la representación ilusoria a través de
la cual los individuos vivieron su propia condición y, finalmente, el papel a menudo
indescifrable desempeñado por el imaginario social, son los ejes temáticos en torno a los
cuales se fue desarrollando, a lo largo de decenios, la sobresaliente búsqueda historiográfica
de Georges Duby, constantemente dirigida a conjugar la interpretación de las actitudes
mentales de una época con la puntual reconstrucción de sus aspectos económicos,
demográficos y sociales.
En este segundo ámbito se sitúan los primeros ensayos de ambiciosa amplitud, desde La
société aux XIe et XIIe siècles dans la région mâconnaise (1954) hasta La economía rural y la
vida en el campo en el Occidente medieval (1962), en los cuales, sobre la base de un rico
aparato documental, Duby establece los rasgos peculiares de la sociedad rural europea
surgida de la lenta disolución del Imperio Romano, a lo largo de un itinerario que, iniciándose
en la evolución del establecimiento de la propiedad, conduce hasta la definición de los
niveles alcanzados por las técnicas de producción y de comunicación.
Este panorama se amplía y se enriquece en Guerreros y campesinos: desarrollo inicial de la
economía europea (1973), resultado de una investigación de corte bastante moderno, en la
que el análisis de las relaciones y de la movilidad de los estratos sociales se desarrolla
mediante un sagaz recurso a las nuevas disciplinas que cada vez más se integran en la
investigación historiográfica (antropología, demografía social, ecología, psicología de las
colectividades, etc.).
Sin embargo, fue en el estudio de las ideologías de la sociedad medieval, consideradas como
sistemas de representación dotados de un papel histórico, donde Georges Duby consiguió los
resultados más penetrantes, dominando materiales tan amplios y heterogéneos como
biografías, cartas, crónicas, anales, epitafios, sermones, objetos figurativos o figuras retóricas
recurrentes, con una perspectiva de historia "serial" no indiferente a los "silencios" del
pasado.
Así, en El año mil: Una nueva y diferente visión de un momento crucial de la historia (1957),
propone, mediante un bien dosificado ensamblaje de documentos literarios pertenecientes
al milenio, un característico ensayo de historia de las mentalidades. Otras muchas obras se
sitúan a lo largo de esta directriz, como Los tres órdenes o lo imaginario del
feudalismo (1978) y El caballero, la mujer y el cura: el matrimonio en la Francia
feudal (1981). De entre ellas sobresale El tiempo de las catedrales (1976), en la que considera
las modificaciones experimentadas por la función social del artista en relación con las
concepciones filosófico-religiosas y con la economía del mundo medieval.

El tiempo de las catedrales lleva por subtítulo "El arte y la sociedad" y consta de tres textos
ya publicados y reelaborados para este libro. Duby trata de responder a la interrogación de
cuáles eran las condiciones sociales y cuál la naturaleza de la inspiración de los artistas que
vivieron entre fines del siglo X y comienzos del XV. La primera etapa o, si se quiere, el
prolegómeno de este período lo titula el autor "El monasterio, 980-1130", y en él se
desarrolla el arte más grande y acaso el único arte sacro propiamente europeo. El arte no
tenía más función que ofrecer a Dios las riquezas del mundo visible para obtener su perdón y
su favor. Se trata de un arte monástico, en cuya génesis y elaboración están ausentes los
señores laicos. El mundo occidental se ha ruralizado y feudalizado, y en ese ambiente se
produce la fundamental reforma de Cluny, que se encarga de difundir los valores religiosos y
el arte a través del cual aquéllos se expresan.
"La catedral, 1130-1280" estudia el período siguiente, en el cual las líneas maestras de la
nueva expresión artística se elaboran en un restringido círculo de obispos, próximos al poder
regio, los cuales eran dueños de las mejores tierras, y obtenían cuantiosos ingresos de los
diezmos y de la explotación de las ferias. Las catedrales fueron símbolos del naciente poder
regio, y fruto de la prosperidad de la agricultura. El punto de irradiación del arte gótico fue,
como se sabe, la Isla de Francia, y tuvo una evolución que resulta difícil, si no imposible, de
acompasar con las transformaciones sociales y económicas; en realidad, progresó
paralelamente a la evolución de la teología. En este punto, Georges Duby intenta, dentro de
esta etapa, una periodización relativamente fácil de aplicar al ámbito francés, y no tanto si se
extiende al conjunto de Europa: la época de la luz (1130-1190), de la razón (1190-1250) y de
la felicidad (1250-1280).
El tercer y último gran período corresponde a "El palacio, 1280-1420", y el autor lo tilda de
paradójico, puesto que por una parte Europa, castigada por la peste negra, se repliega sobre
sí misma, se estanca, pero al mismo tiempo los valores culturales progresan y se revelan
fecundos. Más paradojas: durante ese período de estancamiento se exacerba el lujo, y en
plena época de desórdenes todo parece renovarse y como rejuvenecer. El arte se transforma
por la voluntad de artistas y mecenas, pues el propósito que les anima ya no es ayudar al
hombre común a asimilar los misterios de la trascendencia, sino representar una historia y
hacerla comprensible. O sea que el arte se torna narración, ilustración, y el artista deja de ser
el auxiliar y el intérprete del teólogo para ponerse al servicio del hombre. Son los albores del
Renacimiento.
Los logros de la historia de las mentalidades, y también de las ilusiones de ella derivadas,
son objeto de una reflexión de Duby sobre la nueva historiografía, elaborada durante una
entrevista con el filósofo G. Lardreau, Diálogos sobre la historia (1980), en el transcurso de la
cual la historia va delineándose, con deseada ambigüedad, en una hipotética frontera entre
la investigación científica y el "sueño" vivido a lo largo de las huellas discontinuas de un
pasado del que ya nadie puede proponerse su completa reconstrucción.