Está en la página 1de 287

ii

UNIVERSIDAD DE CHILE
FACULTAD DE FILOSOFÍA Y HUMANIDADES
ESCUELA DE POSTGRADO

“DECONSTRUCCIÓN NACIONALISTA DEL OTRO


Y LA REPRESENTACION DE LA NACION MAPUCHE (GULUMAPU)
EN CHILE DURANTE LA SEGUNDA
MITAD DEL SIGLO XIX”

Tesis para optar al grado de Doctora en Historia


con Mención en Etnohistoria

CAROLINA HUENCHULLÁN ARRUÉ

Profesor Guía:
Gabriel Salazar V.

Santiago de Chile, 2013


iii
iv

Resumen de la tesis

La construcción de la nación chilena durante el siglo XIX, consistió en


instituir una comunidad nacional -como una unidad cultural -que enfatizó en la
creación de una organización social y política homogénea. Para estos efectos
diseñó un proyecto político, el nacionalismo, que moldeó a sus miembros y los
dotó de una personalidad asociada a una identidad estatal, constituyendo de esta
manera una gran familia espiritual, -la élite- que se autoproclamó como la
guardiana del Estado.

Dicho proceso de edificación de identidad nacional y de chilenidad se


reafirmó asimismo en oposición a un enemigo que barbarizó, el Gulumapu (nación
mapuche) debido a que necesitó restituirse en contradicción a un Otro que se
relegó a la sombra del proyecto civilizador. En consecuencia, diseñó y difundió
una tradición republicana altamente excluyente, que rememoró un pasado heroico
independentista y que asociado a un orden autoritario, pretendió generar cohesión
hacia el conjunto de ciudadanos, inculcando valores artificialmente construidos en
torno al relato de la historia patria, sus héroes y sus símbolos. Por lo tanto, la élite
del Estado propició la construcción del orden social, suponiendo que la diferencia
y las identidades colectivas debían ser sustituidas en nombre del progreso,
ejerciendo poder y control soberano en el territorio mapuche. Para estos efectos,
produjo un ethos, que naturalizó el orden y se apoyó en la creencia de la primacía
racial de algunas razas (europea) por sobre otras (la mapuche), lo que le permitió
sustentar proyectos colonialistas. Asimismo, se generó un régimen de
verosimilitud, que intentó demostrar que el territorio mapuche sería el puntal del
sistema económico del Estado, pero que en la práctica también beneficiaría a
especuladores y mercantilistas. De allí que al auscultar la representación del
Gulumapu en el discurso de la élite chilena del siglo XIX, se constató cómo en
esta época el racismo estatal adquirió primacía, y cómo este prevalece
actualmente con distintas variantes.
v

ÍNDICE

INTRODUCCIÓN ...................................................................................................... 1
INTERROGANTES QUE ORIENTAN ESTE ESCRITO .......................................... 14
DISCUSIÓN BIBLIOGRÁFICA: LA NACIÓN Y EL OTRO. ..................................... 16
PERSPECTIVA METODOLÓGICA ........................................................................... 33
LA PERSPECTIVA CULTURAL Y LA NUEVA HISTORIA ...................................... 35
EL PROCESO METODOLÓGICO ............................................................................. 37
PRIMERA PARTE: CONTEXTO HISTÓRICO Y POLÍTICAS QUE DAN
CUENTA DE LA REPRESENTACIÓN DEL OTRO ................................................ 41
CAPÍTULO I. EL CONTEXTO HISTÓRICO EN EL QUE SE
CONSTRUYE LA REPRESENTACIÓN DEL OTRO .............................................. 41
SINTESIS DE LOS HECHOS .................................................................................... 45
- (1850) Inicio de una nueva política de radicación hacia el mapuche. ................. 45
- (1852) Creación de la provincia de Arauco, ........................................................... 46
- Las campañas en la alta y baja frontera (1859-1861) ........................................... 47
- (1860) Muerte de Mañil Wenü ................................................................................. 51
- (1861) Renuncia de Saavedra ................................................................................. 53
- (1862) Memoria de General Cruz, ocupación de Angol y Lebu ........................... 54
- (1862) Repoblación de Angol. ................................................................................. 57
- (1865) Guerra con España; (1867) La Ocupación de Toltén............................... 58
- (1866) Ley sobre fundación de poblaciones y enajenación de
propiedades, ................................................................................................................ 59
- (1868, 1869) Aníbal Pinto ......................................................................................... 62
- (1869) Fundación de la línea del Malleco, fuerte Purén. ...................................... 66
- (1870) Se detiene la Guerra..................................................................................... 66
- (1878) Fundación de Traiguén................................................................................. 67
- (1881) Futa Malón, el Levantamiento General. ...................................................... 68
- (1883) Re fundación de Villarrica. ........................................................................... 72
vi

CAPÍTULO II: LA ÉLITE CHILENA, LA HISTORIOGRAFÍA NACIONAL


Y EL EUFEMISMO NATURALISTA. ........................................................................ 74
LA ÉLITE DOMINANTE Y DIRIGENTE .................................................................... 74
LA ÉLITE CHILENA. ................................................................................................... 77
EL PARADIGMA DE LA HISTORIOGRAFÍA NACIONALISTA: EL
EUFEMISMO NATURALISTA. ................................................................................... 87
LE BON, LA RAZA CHILENA Y LA CONCIENCIA DE LA CHILENIDAD. ............ 90
LA NACIÓN MAPUCHE EN LA HISTORIOGRAFÍA CHILENA DEL
SIGLO XIX. ................................................................................................................... 97
EL OPTIMISMO CIVILIZADOR .................................................................................. 99
LA CLASIFICACIÓN DEL OTRO............................................................................. 101
CAPÍTULO III. LA OBRA CIVILIZADORA Y LAS PRINCIPALES
POLÍTICAS APLICADAS POR EL ESTADO CHILENO QUE
IMPACTARON EN EL GULUMAPU. ...................................................................... 104
EL PAPEL DE LAS MISIONES ................................................................................ 109
EL PAPEL DE LA EDUCACIÓN .............................................................................. 126
CUERPOS CÍVICOS Y DE POLICÍAS .................................................................... 134
COLONIZACIÓN ....................................................................................................... 141
MATERIAS DEL RAMO DE COLONIZACIÓN: ...................................................... 145
LEY DEL 4 DE DICIEMBRE DE 1866 ................................................................. 146
COMISION DE TITULOS DE MERCED A INDIJENAS O COMISION
RADICADORA DE INDIJENAS................................................................................ 150
LEY DEL 4 DE AGOSTO DE 1874 ...................................................................... 151
LEY DEL 13 DE ENERO DE 1898, SOBRE COLONIZACIÓN
NACIONAL ................................................................................................................. 153
COLONIAS INDÍGENAS ....................................................................................... 154
COLONIAS EXTRANJERAS ................................................................................ 155
PROYECTO DE LEY DEL 23 DE MAYO DE 1899 ............................................ 156
SEGUNDA PARTE: EL PROBLEMA DE LA REPRESENTACIÓN DEL OTRO
Y LA DECONSTRUCCIÓN DEL DISCURSO NACIONALISTA CHILENO. ......... 161
CAPÍTULO IV. EL LOCUS DEL OTRO: Uno es la sombra del Otro. .................. 161
vii

LA SUSTITUCIÓN DE LA DIFERENCIA Y LA PRÁCTICA


TRANSFORMADORA ............................................................................................... 162
LA REPRESENTACIÓN DEL OTRO ................................................................... 166
LA DECONSTRUCCIÓN DEL OTRO .................................................................. 167
TAXONOMIA DEL NACIONALISMO CHILENO .................................................... 169
EL ETHOS .............................................................................................................. 170
MODELO DE ANÁLSIS ............................................................................................ 173
CAPITULO V: LO QUE SE DICE (ETHOS NUCLEAR) ........................................... 174
LA PRESENCIA DE LO PARADIGMÁTICO ....................................................... 175
HAY MUY BUENOS TERRENOS, MUCHAS MINAS, MUCHOS
GANADOS ................................................................................................................. 176
ORDEN Y PROGRESO PARA LA FELICIDAD CHILE ...................................... 180
LOS BÁRBAROS Y LOS POBRES ESPERAN ESE MESIAS: El
nacionalismo moldeaba a sus miembros a través de su precepto de
civilización. ................................................................................................................. 182
TODOS CLAMABAN POR EL CASTIGO DE LOS REBELDES
INDÍGENAS: El rol del ejército en el control de la soberanía. ............................. 185
EL ARTE DE LA APROPIACIÓN Y DE LA EXPROPIACIÓN: La
ocupación del territorio y qué hacer con sus habitantes. ...................................... 190
CAPITULO VI: ETHOS AUTÓNOMO: ¿QUIÉN LO DICE? EL LOCUS DE
ENUNCIACIÓN Y EL LUGAR DESDE EL QUE SE HABLA. ................................. 196
ETHOS SOCIAL DEL ESTADO............................................................................ 198
LA DESCRIPCIÓN DE LA GUERRA: José Javier Bustamante, Ministro
de Guerra (1835) ....................................................................................................... 200
SARMIENTO: “Indios piojosos incapaces de del progreso” .............................. 203
FRANCISCO BILBAO: “Los araucanos están en un estado intermedio
entre la civilización y la barbarie” ............................................................................. 208
MIGUEL LUIS DE AMUNATEGUI: “¿la espropiacion seria mirada por
ellos como un despojo violento?” ............................................................................. 210
HERNAN TRIZANO: Jefe de Policía y “Jendarme de las Colonias” ................. 212
VICUÑA MACKENNA: “Falso y desconfiado como todos los salvajes” ........... 215
ETHOS DE LA PRENSA ESCRITA ..................................................................... 217
viii

EL MERCURIO DE VALPARAISO (1854) “AURI SACRA FAMES”: La


obsesión por el oro. ................................................................................................... 218
EL COLONO DE ANGOL 1886: Al menos se tendrá obreros. ............................. 219
EL CORREO DEL SUR: Los bárbaros no se civilizan se mueren de viejos ....... 221
EL COLONO DE ANGOL: La ley no los ha incluido en la masa común .............. 221
EL CORREO DEL SUR: “el indio no confía en la lei que ampara su
derecho”...................................................................................................................... 222
ETHOS DE LOS LÍDERES DEL GULUMAPU. .................................................. 223
CONCLUSIONES ......................................................................................................... 250
BIBLIOGRAFÍA ............................................................................................................ 258
1

INTRODUCCIÓN

“Si no te mueven mis razones valdránte


al fin mis guantones”
El Mercurio de Valparaíso, 19 de junio de 1854

Los años posteriores a la independencia de Chile, los grupos dirigentes


criollos se dedicaron a la consolidación del Estado y la construcción de la Nación.
El propósito fue dejar el pasado colonial y crear una estructura administrativa y de
poder, que posibilitara el desarrollo del país. Se originaron intensos debates
amparados tanto en la ideología liberal como conservadora, en donde la élite, los
grupos militares, la prensa, los caudillos expusieron diversas maneras de construir
ese orden. Los grupos étnicos y subalternizados1, tal como lo sugiere el término,
transitaron en este debate desde la territorialización a la diáspora2, entre otras
razones por la violenta representación que sobre ellos construyeron los grupos
dirigentes. Esto último no guarda relación necesariamente con la
capacidad/incapacidad de estos grupos para definirse en/desde/como
organización social y política. En consecuencia, la gran interrogante que surgió a
la luz y sombra del proyecto de nación chilena fue: ¿qué hacer con los mapuche?3

1
Entendido como “el estado de sujeción de un sujeto”, en Guillermo Bustos, “Enfoque subalterno e
historia latinoamericana: nación, subalternidad y escritura de la historia en el debate de Mallon–
Beverley”, Fronteras de la Historia, no. 7 (2002): 240.
2
Nos referimos al exilio, la migración forzada, el desplazamiento y la radicación de los mapuche y
otros pueblos de sus respectivos territorios como también la relación de inclusión/exclusión de las
fronteras nacionales. Con relación al debate en torno a la diáspora mapuche y su vinculación con
el territorio y la identidad, véase el texto: Enrique Antileo, “Migración mapuche y continuidad
colonial,” en Historia, colonialismo y resistencia desde el país mapuche (Temuco: Ediciones
Comunidad de Historia Mapuche, 2012), 193-213.
3
En este escrito, se utilizará la palabra mapuche, indistintamente en singular y en plural, con el
objeto de seguir la tendencia que historiadores e intelectuales mapuche, que tienen el propósito de
respetar el uso que los mapuche le dan a las palabras, en la que el componente che da la
pluralidad a la misma. Mapuche significa gente de la tierra (mapu=tierra, che=gente). De allí que
serán los artículos del español (lengua en la que está escrita este trabajo) los que permitirán al
lector distinguir el uso en plural (los mapuche) y singular (el mapuche).
2

Con relación a esta interrogante, la historiografía da cuenta de una amplia


narrativa; en la que es posible distinguir un primer momento en que la élite criolla
tuvo el propósito de garantizar derechos civiles y políticos al mapuche4, lo que
llevó a Bernardo O’Higgins a dictar un decreto supremo, fechado el 14 de marzo
de 1819, en el cual manifestó su preocupación por el maltrato de los indígenas
durante el gobierno español: “nacían esclavos, vivían su participación de los
beneficios de la sociedad y morían cubiertos de oprobio y miseria” y agrega “por lo
tanto declaro que en lo sucesivo deben ser llamados ciudadanos y libres como los
demás habitantes del Estado, con quienes tendrán igual voz y representación,
concurriendo por sí mismos a la celebración de todo contrato”5. Dicha condición
jurídica de igualdad, si bien buscó resguardar derechos civiles a los mapuche, al
mismo tiempo, los incorporó a un sistema de libre comercio otorgándoles la
posibilidad de suscribir contratos6.

Sin embargo, este intento de brindarles ciudadanía en la práctica no ocurrió,


entre otras causas, por el advenimiento de la guerra a muerte7, y la incorporación

4
Una segunda advertencia en relación al uso del término Mapuche, es que en este escrito se
utilizará indistintamente al período al que se esté haciendo referencia, en atención a que es usual
encontrar denominaciones como “aucas”, “araucanos”, “indios”, “tribus” y más adelante mapuches.
Sin embargo y, ante el inadecuado uso que algunos intelectuales o historiadores le han dado, los
que se arrogan el poder de la representación e interpretación como objeto problemático, esta
autora, expresamente lo utilizará en atención que considera que más allá de las categorías, las
culturas son dinámicas y van sufriendo transformaciones a través del tiempo, lo que implica
situarse en una perspectiva constructivista y no esencialista del fenómeno. Esta discusión se
retomará en la segunda parte de este trabajo.
5
Bernardo O’Higgins, Decreto Supremo “Ciudadanía chilena a favor de los naturales del país”, (4
de marzo de 1819 [citado el 25 de junio de 2013] Biblioteca del Congreso Nacional de Chile):
disponible en http://www.leychile.cl/N?i=1023277&f=1819-03-04&p=
6
Pablo Marimán al respecto indica: “es sospechoso el impulso liberador de los criollos de
igualarlos jurídicamente y sobre todo darles libertad para suscribir contratos”. En “La República y
Los Mapuche: 1819-1828,” en Historia, colonialismo y resistencia desde el país mapuche,
(Temuco, Ediciones Comunidad Mapuche), 70.
7
La “guerra a muerte” es un término acuñado por Benjamín Vicuña Mackenna, y se refiere a la
última fase de la guerra independentista. Al respecto, Mackenna señala: “Su primer cuidado fué en
consecuencia definir de una manera oficial el carácter de la guerra que iba a acometer. El deguello
del parlamentario Torres i sus compañeros en Santa Juana, así como el asesinato del capitan i
pasajeros de la Dolores en Arauco, eran, bajo cierto concepto, hechos aislados e irresponsables,
porque Benavides negaba en ellos su participacion, o los hacia ejecutar en secreto. Mas ahora
asumia abiertamente la responsabilidad de la guerra a muerte, i la declaraba”. Véase, Benjamín
Vicuña Mackenna, La Guerra a Muerte. Memoria sobre las últimas campañas de la Independencia
de Chile, 1819-1924. Escrita sobre documentos enteramente inéditos i leída en la sesión solemne
3

de algunos mapuche aliados a los realistas, lo que gestó un segundo momento


que conllevó a que la élite santiaguina incrementara la desconfianza hacia el
Gulumapu8 y sus habitantes, debido a que los grupos dirigentes solo vieron una
inesperada alianza entre los mapuche, los salteadores y los realistas en un
contexto social y político que estuvo asociado a la destrucción y el pillaje. Al tenor
de este proceso, el Coronel Juan de Dios Rivera, Intendente de Concepción en
1823 despachó el siguiente mensaje al Ministerio de Guerra: “el indio, dice un
hombre irrecusable como actor i como juez, naturalmente inclinado al robo i a la
destrucción de su semejante, proteje con facilidad a las partidas de malvados que
lo solicitan, pues en su ayuda vé el fin de sus criminales deseos”9. Este periodo,
se caracterizó por la resistencia realista a la instalación de un gobierno
republicano por parte del Estado, que contó además con el apoyo de algunas
familias “Arribanas10, lo que acrecentó el debate y comenzó a delinearse una
opinión política favorable a disponer, reducir y someter a los habitantes de la

celebrada por la universidad de Chile el 17 de setiembre de 1868 (Santiago de Chile: Imprenta


Nacional, 1868), 79.
8
Se denomina Wallmapu a la nación mapuche, que hasta las últimas décadas del siglo XIX
funcionó como una nación independiente que geográficamente comprendió los Estados de Chile y
Argentina, constituida por el Puelmapu, es decir la parte Este del territorio mapuche y que
geográficamente corresponde al sector ubicado al oriente de la Cordillera de los Andes hasta el
Océano Atlántico y el Gulumapu, en la parte Oeste, y que se ubica desde el océano pacífico a la
cordillera de los Andes. En este texto se utilizará indistintamente Gulumapu o nación mapuche.
9
Benjamín Vicuña Mackenna et.al, “La Guerra a Muerte,” en Historia jeneral de la República de
Chile desde la independencia hasta nuestros días, (Santiago de Chile: Imprenta Nacional, 1868),
3063.
10
De acuerdo a Guevara y Makelef, los “Arribanos” estaban formados por “muchas familias
parientes que habitaban la región comprendida entre el Malleco y Temuco. Esta parentela tan
vasta no tenía otra que se le asemejase en toda la Araucanía. Por eso fue la más fuerte desde la
juventud de Mariluan y Mangin ( Mañil Wenü) (principios del siglo XIX) hasta la fundación de los
pueblos riberanos al Kagtün 1881”. Durante la revolución de 1851, se sostuvo que los “Arribanos”
eran crucistas, ya que “Mangin y el general cruz eran amigos muy queridos. Los “Abajinos”,
estaban liderados por los Colipi. “Muchos hijos tuvo este cacique poderoso. Tres caciques famosos
eran hermanos del jefe de familia, el más nombrado fue Ambrosio Puñolefi, quien era el padre de
winka puñolefi, que aprendió a leer y escribir con los padres misioneros de nacimiento, y “gozaba
sueldo del gobierno para que ayudase al ejército de la ocupación. Por el año que se fundó Angol
(1862) se le pagaban quince pesos mensuales”.. Conforme a esta esta obra, Colipi ayudo al
gobierno tanto en “la guerra de los españoles del rey con los militares chilenos, él fue partidario de
estos últimos.” Guevara y Mankelef, Kiñe mufü trokinche, historias de familias 75
4

Araucanía planteamiento expuesto por distintos Ministros de Guerra11 como por la


prensa escrita. Sin embargo, el momento en que se gestó abiertamente la
violencia fue en la década del cincuenta del siglo XIX, período en que empezó a
materializarse la idea de construir un orden social que implicó alterar la frontera
política, cultural y geográfica de la nación mapuche.

Lo anterior es posible constatarlo en la edición de El Mercurio de Valparaíso


del 19 de junio de 185412, cuyo editor empezó la nota citando el discurso del
Presidente de la República, Manuel Montt Torres, quien señaló que: “Las misiones
de infieles, uno de los medios esenciales para la civilización y ´reducción’ de los
indíjenas, han sido por si solas de poco fruto13” (Discurso del Presidente de la
República)14”. En consecuencia, El Mercurio interpeló el discurso del mandatario
de la nación chilena, Manuel Montt (1851-1861), aludiendo adicionalmente que no
eran los medios lo que faltaba para la reducción de “Arauco”, sino que la voluntad
de llevar el proyecto a la práctica, por lo que sugirió que ante la ineficacia de las
misiones, era conveniente llevar adelante el sistema empleado por los yankees, es
decir, “las carabinas a retaguardia”15. Esto denotó las prerrogativas que tendría
esta operación para la nación chilena, ya que “llevaría por norte averiguadas
ventajas que de ella resultaría a la nación”.16

En consecuencia, la construcción de la nación en este periodo implicó


asimismo definir y operar una serie de estrategias que permitieran la consolidación
de dicha organización política, y en este proceso, no sólo estuvo involucrado el
aparato administrativo del Estado sino que también la prensa participó del debate
político cuestionando los métodos aplicados en el Gulumapu, insinuando asimismo
que era necesario endurecer las estrategias aplicadas por el Gobierno: “al fin ha

11
Véase a modo de ejemplo Memoria del Ministro de Guerra de 1835.
12
Ver columna 2 y 3 “La Araucanía” en El Mercurio de Valparaíso, 19 junio 1854, 3.
13
[Énfasis añadido por la autora].
14
El paréntesis fue añadido por el editor de El Mercurio de Valparaíso, 19 junio 1854, 3.
15
El Mercurio de Valparaíso, 19 junio 1854, 3.
16
En el periódico se agregaba: “Pero no parece que son los medios lo que falta para la reducción,
sino voluntad y firme resolución de acometerla, llevando por norte las palpables y averiguadas
ventajas que de ella resultaría a la nación.” El Mercurio de Valparaíso, 19 junio 1854, 3.
5

llegado a creerse que los araucanos no se reducen con rosarios ni escapularios,


de que ellos se burlan, y que para domarlos fuera más eficaz el uso de los laques
europeos, bala en boca y plata en mano.”17. En concordancia con ello, en la
invocación a la violencia se utilizó todo tipos de razones ya que la misma nota
sugirió: ¿por qué no se usa con los indíjenas del doble y convincente argumento
de San Agustín, “si no te mueven mis razones valdrante al fin mis guantones?”18

Al tenor de estas polémicas y polaridades, los grupos dirigentes crearon un


contexto político propicio a la construcción de la nación chilena, unilateral y
excluyente, que fue articulando discursivamente el antagonismo a un Otro- el
Gulumapu-, y que progresivamente en las décadas del 50 y del 60, se convirtieron
en instrumentos, símbolos, leyes y reglamentos. Se diseñó e implementó en
consecuencia, una política de nacionalización y de chilenización19, es decir, de
instalación de una doctrina, de un ideario que pretendió afianzar las estructuras
administrativas del país, asociándolas a una concepción, un modelo de hombre y
sociedad.

De allí que este trabajo tiene como propósito examinar las principales
políticas, representaciones y discursos de los grupos estatonacionalistas20
chilenos en relación a la nación mapuche21 prioritariamente desde la década del
50 del siglo XIX22 hasta la finalización del siglo. Por lo tanto, se enfocó en la

17
El Mercurio de Valparaíso, 19 junio 1854, 3.
18
El Mercurio de Valparaíso, 19 junio 1854, 3. [Las comillas fueron añadidas por el editor del
periódico].
19
[Énfasis añadido por la autora].
20
Los grupos estatonacionalistas son aquellos que insisten que un Estado apropiadamente
constituido debe ser organizado como una nación, y maniobran políticamente produciendo relatos
verosímiles para su mantención. Coincidiendo con el historiador y cientista político José Marimán,
“es necesario distinguir entre el nacionalismo estatal o estatonacional y el nacionalismo mapuche o
etnonacional.” En José Marimán, Autodeterminación. Ideas políticas mapuche en el albor del siglo
XXI. (Santiago: LOM Ediciones, 2012), 18.
21
Complementariamente se revisará algunos debates en los que participaron los representantes
del Wallmapu, sin embargo, ello no tiene las pretensiones de indagar ni describir el
etnonacionalismo mapuche, como tampoco realizar un estudio comparado con la República chilena
ni Argentina.
22
El análisis de las fuentes, no contempla una secuencia lineal de las distintas décadas del siglo
XIX, si bien se coloca como punto de partida la década del 50, en este escrito se analiza algunas
memorias, políticas y biografías producidas por la élite desde 1835 hasta 1899, más aún, también
6

indagación de la narrativa producida a propósito del proceso de constitución de la


identidad de la nación chilena23, a través de la relectura de diversos documentos
con el afán de descubrir qué elementos subrayó y connotó la élite en su24 relación
con el Gulumapu.. Sobre este aspecto, es relevante indicar que el nacionalismo,
desplegó desde el punto de vista cultural e ideológico, una práctica discursiva que
se afirmó en instituciones, imágenes, doctrinas educativas, símbolos,
convenciones, y estilos coloniales, lo que permitió a esta autora aproximarse a
esta doctrina como objeto problemático a partir de la premisa que las culturas e
historias pueden ser entendidas desde las relaciones de poder, y por tanto,
examinar “la chilenidad” como proyecto político, como discurso y como dispositivo
de dominio.

Otro concepto importante, se refiere a la nación como constructo, el que


hace referencia a un conjunto de dimensiones históricas, políticas, teoréticas y
epistemológicas. Luis Villorio25, filósofo mexicano premio nacional de ciencias
sociales, historia y filosofía de 1986 señala que se han usado muchos criterios
para definirla, pero que en general concurren elementos tales como el territorio,
proyecto común, sentido de pertenencia y una comunidad de cultura, y enfatiza
que una nación es, ante todo, un ámbito compartido de cultura, y su especificidad
se expresa en la idea que sus miembros tienen de ella, es decir en la manera de
narrar su historia”, lo que de acuerdo al énfasis que cada uno de ellos coloque,
permite a este autor distinguir las naciones “históricas” de las “proyectadas”. En
las primeras, el origen y la identidad cultural constituirían los ejes de la identidad

se consideran textos representativos del Gulumapu que fueron escritos en la última década del
siglo. Véase: Tomás Guevara y Manuel Mañkelef, Historias de familias (Santiago: Ediciones Liwen,
2002). [El libro original es de 1902]; Pascual Coña, Vida y costumbres de los indígenas araucanos
en la segunda mitad del siglo XIX: presentadas en la autobiografía del indígena Pascual Coña
(Santiago: Editorial Universitaria, 1930).
23
Desde la estrategia de creación de “nacionalidad”, de sentimiento nacional, que es una de las
propuestas más importantes para cohesionar las agrupaciones humanas presentes en el Estado.
24
[Énfasis añadido por la autora].
25
Luis Villorio, Estado Plural, pluralidad de culturas. (México: Editorial Paidós Mexicana y Facultad
de Filosofía y Letras Universidad Nacional Autónoma de México. 1998), 14.
7

nacional, y en las segundas, el énfasis estaría puesto en la decisión de fundar una


identidad y no en la articulación de las identidades heredadas.

Conforme a lo anterior, algunos de los elementos que distinguen a la nación


chilena, como una idea proyectada y construida se refieren a que:

1) Fue concebida históricamente por los grupos estatonacionalistas como


una unidad cultural homogénea- y fue construida- obedeciendo a una concepción
moderna del Estado Nacional que se vinculó a un momento de la historia de
occidente y que supuso una correspondencia biunívoca entre Estado-Nación como
única forma de organización política.

2) Se asentó en la tradición que expresó resumidamente que “a cada


nación un Estado soberano, para cada Estado una nación unificada”26, pese a la
coexistencia de otras naciones, pueblos, culturas y subculturas.

3) Se fue moldeando, en torno a una identidad estatal cuya gran familia


espiritual- la élite- diseñó y difundió para su permanencia en la estructura social.

El nacionalismo, por otro lado y de acuerdo a Eric Hobsbawm, “es un


programa político bastante reciente en términos históricos, que sostiene que los
grupos definidos como “naciones” tienen el derecho a formar- y por eso podrían
hacerlo-estados territoriales del tipo que se volvió estándar desde la revolución
francesa […] en la práctica el programa implica ejercer control soberano hasta
donde sea posible”27. Bajo esta premisa, el territorio se extiende a través de límites
claramente establecidos, por lo que se intenta continuamente ejercer control
soberano sobre él utilizando diversos medios principalmente disciplinarios,
simbólicos y emocionales. Al respecto, Anthony Smith, agrega que “los
instrumentos específicamente nacionalistas de manipulación de los que se vale la
élite son simbólicos: implican la creación de una ideología-cultura de comunidad, a

26
Villorio “Estado Plural”, 17.
27
Eric Hobsbawm, “Etnicidad y nacionalismo en Europa hoy,” en La invención de la nación,
lecturas de la identidad de Herder a Homi Bhabha, ed. Álvaro Fernández Bravo (Buenos Aires:
Editorial Manantial, 2000), 175
8

través de una serie de símbolos y mitos emotivos, transmitidos en forma impresa y


por los medios de comunicación”.28

En concordancia con lo expuesto, el nacionalismo puede ser definido de


diversas maneras. En este escrito, se entiende como: a) un proyecto político
continuo, que ejerce control soberano sobre un territorio determinado y que
configura una manera29 de relacionarse con los Otros, imponiendo una identidad
política y estatal a los ciudadanos en cambio, b) la etnicidad, es el sentido de
identidad que le asignan los miembros, enfatizando diferencias con Otros que
considera opuestos y adversarios. Al respecto y concordando con Eric
Hobsbawm30, “hay múltiples buenas razones por las cuales el nacionalismo anhela
una identificación con la etnicidad, ya que ésta provee el pedigree31 histórico que
la nación carece en la gran mayoría de estos casos”. En otras palabras, la
determinación de no incluir las identidades preexistentes en un territorio
específico, y tomar la decisión de fundar un proyecto político favoreciendo una
identidad particular y abstracta, deviene en la falacia de la unilateralidad ya que se
constituye a partir de una entidad abstracta que desconoce la pluralidad de la
sociedad.

En el caso chileno, esta entidad abstracta se estructuró en torno a una


mentalidad que reivindicó un pasado heroico y que tuvo por finalidad generar una
conciencia de pertenencia en los ciudadanos de la República. Una primera
remanencia de esta identidad protonacional, se generó con los criollos chilenos
quienes reivindicaron en el siglo XVIII la República independiente, y que
posteriormente resemantizaron los grupos dirigentes del siglo XIX para consolidar
la organización política. Sin embargo, la evocación de un pasado independentista

28
Anthony Smith, ¿Gastronomía o geología? El rol del nacionalismo en la reconstrucción de las
naciones, en, La invención de la nación, lecturas de la identidad de Herder a Homi Bhabha, ed.
Álvaro Fernández Bravo (Buenos Aires: Editorial Manantial, 2000), 185.
29
[Énfasis añadido por la autora].
30
Eric Hobsbawm, “Etnicidad y nacionalismo en Europa hoy,” en La invención de la nación,
lecturas de la identidad de Herder a Homi Bhabha, ed. Álvaro Fernández Bravo (Buenos Aires:
Editorial Manantial, 2000), 176.
31
[Énfasis del autor].
9

se consideró insuficiente para cohesionar colectivamente a la población, por lo que


el Estado recurrió a la politización de las diferencias étnicas favoreciendo
prioritariamente a los grupos dirigentes. En palabras de Wimmer32 “no es la
representación no igualitaria de los grupos étnicos en el Estado que lleve a la
politización de las diferencias étnicas. Sólo cuando el poder favorece a sus propios
grupos étnicos a costa de otros es cuando se puede politizar el etnicismo”. 33

Por ende, tanto el nacionalismo como el etnicismo son significativos para


comprender las representaciones que se construyeron sobre los mapuche durante
el siglo XIX, ya que como se indicó anteriormente, el nacionalismo es:

a) Un modo de relacionarse con el Otro que se configura como sustitución


privativa de la alteridad, es decir, el descubrimiento del yo respecto del Otro.
Supone la alteración de las características culturales y de las identidades que no
pertenecen a su grupo de referencia.

b) Un mecanismo de alteración de lo mismo que permuta un sistema de


verdades o relatos verosímiles que en su conjunto definen, un todo, un cuerpo de
reglas que incorpora a lo Otro de sí a un mundo de significaciones ya
sancionadas.

Esto quiere decir, que fue necesario sustancializar la identidad republicana


que estaba en formación por parte de la élite dirigente, a través de una hazaña
retórica a la que se denominó la “civilización” (el yo, el nosotros), sustituyendo la
alteridad del “bárbaro”, es decir, el mapuche (el Otro, los Otros). De esta manera,
la élite fue completando los vacíos que contenía el proyecto nacional fruto de la
negación y exclusión de las identidades culturales.34

32
Andreas Wimmer, Nationalist Exclusion and ethnic conflict: shadows of modernity (Cambridge:
Cambridge University Press, 2002), 4 [mi traducción]
33
Wimmer, Nationalist Exclusion, 4 [mi traducción]
34
El Estado Nación es una falacia moderna que aún sostienen los grupos dirigentes, y que no se
corresponde con la realidad. Como lo señala Luis Villorio: “Existen estados con multiplicidad de
nacionalidades en su seno (España, Rusia, Canadá, Bélgica), Estados federales que reconocen
variantes regionales dentro de una nacionalidad hegemónica (Alemania), naciones divididas en
varios Estados (kurdos, armenios, massai)”. En Villorio, Estado Plural, 17.
10

En este proceso dialéctico de sustitución de alteridad, el Gulumapu como


Otro opuesto, posibilitó quizás sin proponérselo que la nación chilena se definiera
en armonía, antagonismo y en contraposición a su imagen, operando a través de
un dispositivo ideológico y discursivo que se apoyó en imágenes, instituciones,
doctrinas, símbolos, que fueron reutilizados desde las esferas del poder. Al mismo
tiempo, se amparó en una razón gubernamental que creó isoformismos entre
política, sociedad y economía, afirmando que todas las fronteras eran
coincidentes, definiendo de este modo líneas imaginarias entre el orden y el
desorden social.

Por lo anterior, la relevancia de dar cuenta del ideario y los intereses detrás
de la matriz de pensamiento de construcción de la nación chilena- obedece a que
si bien la historiografía ha documentado secuenciadamente el periodo aludido-
esta obra persigue mostrar el papel del margen en la construcción del centro35, es
decir, interrogarse acerca del lugar que se le asignó al Gulumapu en la
configuración de la identidad nacional y en el fortalecimiento de la élite dirigente.
Se trata, en consecuencia, de situarse en ambos lados de la sombra de lo que
habitualmente se denomina, lo nacional.36

Consiguientemente, los procesos y fenómenos que documenta e interpreta


la disciplina histórica, pueden ser leídos e interrogados desde diversas
perspectivas y en distintos momentos, en atención a derrotar las pretensiones de
verdad, o de predicciones generalizables que suponen que no es adecuado volver
a interrogar los fenómenos que se han naturalizado a través de la escritura de la
historia, a través de perspectivas y del accionar historiográfico que surge del
contexto y especialistas mapuche37.Inicialmente fue Ernest Renan38, filósofo e

35
[Énfasis añadido por la autora]
36
[Énfasis añadido por la autora]
37
Es importante subrayar los trabajos de historiadores y profesionales mapuche que se inscriben
en corrientes paradigmáticas que contribuyen a escribir y comprender la historia desde una
perspectiva propia. Véase: Manuel Manquilef, Comentarios del pueblo araucano (Santiago de
Chile: Editorial Imprenta Cervantes, 1911); Marimán, Pedro “La Diáspora Mapuche: Una Reflexión
Política”, en Liwen, no 4, (Temuco: Centro de Estudios y Documentación Mapuche Liwen, 1991);
José Marimán Los mapuche y la democracia; (Temuco: Centro de Estudios y Documentación
11

historiador francés quien propugnó la creencia de que los estudios sobre el


nacionalismo representaban un peligro para la nacionalidad, y que el olvido, era
esencial para constituir una nación. De lo anterior se desprende, que esta
prerrogativa nacionalista, supuso y supone que es contraproducente reavivar la
memoria histórica de los habitantes de la Araucanía39. Ello no ha impedido que
historiadores e investigadores de otras disciplinas aborden de alguna manera la
problemática del pueblo-nación mapuche40, por lo que esta obra se inscribe en un

Mapuche; 1990); José Marimán, Cuestión mapuche, descentralización del Estado y autonomía
regional (Temuco: Centro de Estudios y Documentación Mapuche Liwen, 1997); José Marimán,
Movimiento mapuche y propuestas de autonomía en la década postdictadura, (Denver, 1997)
disponible en http://www.xs4all.nl/~rehue/art/jmar4a.html ; José Marimán, “Identidad Fragmentada”,
en Periódico Mapuche Azkintuwe, Nº2, (2003); José Marimán, Autodeterminación de los Pueblos.
Ideas políticas mapuche en el albor del siglo XXI (Santiago de Chile: LOM Ediciones, 2012); Pablo
Marimán, Elementos de historia mapuche, disponible en: http://liwen_temuko.tripod.com/liwen.html;
Pablo Marimán, “Coñuepan en el Parlamento de 1947. Argumentos y propuestas de la Corporación
Araucana”, en Liwen, no 5, (1999); Pablo Marimán et al, ¡…Escucha winka…! Cuatro ensayos de
historia nacional mapuche y un epílogo sobre el futuro (Santiago de Chile: LOM Ediciones, 2006);
Claudio Millacura, Acerca de lo contemporáneo de un viejo discurso. Tesis para optar al Grado de
Doctor en Historia, Mención Etnohistoria. Universidad de Chile (2012); Héctor Nahuelpán, Huinca
Herson, Pablo Marimán, Luis Cárcamo Huechante, Maribel Mora Curriao, José Quidel, Enrique
Antileo, Felipe Curivil, Susana Huenul, José Millalén, Margarita Calfío, Jimena Pichinao, Elías
Paillán y Andrés Cayul, Historia, colonialismo, y resistencia desde el país mapuche (Santiago de
Chile: Ediciones Comunidad de Historia Mapuche, 2012), Fernando Pairacán, Lumaco: La
cristalización del movimiento autodeterminista Mapuche. En prensa, s/f.
38
Ernest Renan, “¿Qué es una nación?” indica: “el olvido, incluso diría el error histórico son un
factor esencial en la creación de una nación, y de aquí que el progreso de los estudios históricos
sea frecuentemente un peligro para la nacionalidad. La investigación histórica en efecto, ilumina los
hechos de violencia ocurridos en el origen de todas las formaciones políticas, incluso aquellas
consecuencia han sido más benéficas. La unidad siempre se hace brutalmente; la reunión de la
Francia y del norte y la Francia del medio día ha sido el resultado de una exterminación y de un
terror continuado durante casi un siglo”. En, La invención de la nación, lecturas de la identidad de
Herder a Homi Bhabha, ed. Álvaro Fernández Bravo (Buenos Aires: Editorial Manantial, 2000), 56.
39
Sobre trabajos escritos por historiadores mapuche, véase nota número 37.
40
Véase los trabajos de: José Aylwin, La tierra mapuche: Derecho Consuetudinario y legislación
chilena (México, D.F.: Editorial Instituto Indigenista Interamericano, 1988); José Bengoa, Historia
del Pueblo Mapuche siglos XIX y XX (Santiago de Chile: LOM Ediciones, 2000); José Bengoa,
Historia de un Conflicto. El Estado y los Mapuches en el Siglo XX (Santiago de Chile: Editorial
Planeta, 2002); Guillaume Boccara e Ingrid Seguel- Boccara, Políticas indígenas en Chile (siglos
xix y xx) de la asimilación al pluralismo- El Caso Mapuche ,(2006) disponible en:
http://nuevomundo.revues.org/document594.html ; Holdenis Casanova, “Entre la Ideología y la
Realidad: La Inclusión de los Mapuche en la Nación Chilena (1810-1830)”, en Revista de Historia
Indígena, no 4, Departamento de Ciencias Históricas, Universidad de Chile, (2000); Viviana
Gallardo, “Héroes Indómitos, Bárbaros y Ciudadanos Chilenos: El Discurso Sobre el indio en la
Construcción de la Identidad Nacional”, en Revista de Historia Indígena Nº5, Departamento de
Ciencias Históricas, Universidad de Chile, (2001); Leonardo León, Maloqueros y Conchavadores
en Araucanía y las pampas, 1700-1800 (Temuco: Editorial Ediciones Universidad de La Fronera.
Quinto Centenario, 1990); Leonardo León, “La guerra del malón en el sur mendocino, 1658-1”, en
12

esfuerzo por contribuir a la discusión, colocando el acento en lo que la perspectiva


deconstruccionista41 entiende por invertir el orden42, es decir, revisar lo que pensó
y escribió la élite sobre los mapuche para intentar desde ahí comprender parte de
la historicidad de esta nación43, en cuanto ha sido la alteridad de la nación chilena.
Parafraseando a Jacques Derrida, se trata de un intento de ver desde el otro lado
del borde lo que somos para Otros, o lo que se ha representado sobre nosotros,
descomponiendo algunas de las oposiciones binarias que se han utilizado
historiográficamente en tanto orden conceptual: civilización/barbarie, nosotros/los
Otros/, maduro/inmaduro, liberador/opresor, dominador/dominado.

La segunda cuestión que a juicio de esta autora justifica la relevancia de


este escrito, es que el problema de la Cuestión nacional mapuche como se define
habitualmente en medios escritos y de comunicación, no es un únicamente un
conflicto intercultural fruto de incomprensiones interétnicas o un conflicto
mapuche, sino que se trata principalmente de un problema que se vincula entre
otros aspectos a las políticas aplicadas por los grupos nacionalistas del Estado
chileno, especialmente desde la ocupación militar del Gulumapu. Al respecto, y a
modo de ejemplo, el historiador Fernando Pairacan, con relación a la gestación del
movimiento autodeterminista mapuche de la década de los 90 en la zona de

Revista de Estudios Trasandinos. Revista de la Asociación Chileno-Argentina de Estudios


Históricos e Integración Cultural. Año II (1998); Leonardo León, Araucanía: La violencia mestiza y
el mito de la pacificación 1880-1900 (Santiago de Chile,: Editorial Arcis,2007); Leonardo León,
“Tradición y Modernidad: Vida cotidiana en la Araucanía (1900-1935)” en Revista de Historia, no
40, Vol II, (julio-diciembre 2007); Luis Carlos Parentini y Herrera Patricio, “Araucanía Maldita: su
imagen a través de la prensa (1820-1860)”, en Boletín de Historia y Geografía, no 16, Universidad
Católica Silva Henríquez (2002), 103-127; Jorge Pinto, La formación del Estado y la Nación y el
pueblo mapuche. De la inclusión a la exclusión (Santiago de Chile, (2003); Jorge Pinto, “Proyectos
de la élite chilena del siglo XIX”, en Alpha, no 27, II, (2008); Bernardo Subercaseaux, “La
construcción de la Nación y la cuestión indígena”, en Nación, Estado y Cultura en América Latina.
Ediciones Facultad de Filosofía y Humanidades, Serie de Estudios, (2003); Sergio Villalobos,
Relaciones fronterizas en la Araucanía, (Santiago de Chile: Ediciones Universidad Católica de
Chile1982); Sergio Villalobos, “Guerra y paz en la Araucanía: periodificación", en Sergio Villalobos
y Jorge Pinto (comp.), Araucanía. Temas de Historia Fronteriza (Temuco: Ediciones Universidad
de La Frontera, 1985).
41
La perspectiva metodológica de este escrito se desarrollará a posteriori.
42
[Énfasis añadido por la autora]
43
La nación mapuche, entendida para estos efectos como identidades territoriales diversas e
independientes antes de la ocupación de la Araucanía.
13

Lumaco, clarifica cómo se produjo una inflexión en el movimiento social, y da


cuenta cómo las comunidades que fueron epicentro de la violencia política del
Estado se empobrecieron fruto del remate de terrenos adjudicados a particulares
en 1878.En palabras del autor:

“Los Mapuche fueron desplazados a los cerros, siendo despojados de un


piso ecológico básico para la economía ganadera y agrícola”44.

Sin embargo, algunos representantes de la élite de la época,


desconociendo la historicidad de las comunidades que reclamaron como suyos los
terrenos rematados en la década del 70 del siglo XIX, fueron criminalizadas, y se
les aplicó medidas disciplinarias detonando con ello la aplicación de la ley de
Seguridad Interior del Estado, lo que implicó el quiebre del diálogo entre el
Gobierno y las comunidades. Este hecho, fue descrito en los medios de
comunicación de masas como un acto terrorista, y actualmente prevalece una
representación recortada sobre los mapuche que reclaman derechos territoriales,
y que se resume en una sola palabra: terrorista. Si bien este escrito, no aborda
perspectivas históricas recientes, se considera importante destacar las
implicancias de las políticas descritas en este trabajo, y la influencia en la
representación que se construye sobre este grupo social.

De allí que algunas de las limitantes de esta investigación, es que no se


abordó el papel que jugaron los sectores populares y mestizos en la ocupación del
Gulumapu, como tampoco se profundizó en el rol que asumieron las identidades
territoriales mapuche como consecuencia de las políticas aplicadas desde la
segunda mitad del siglo XIX en el Wallmapu, ya que se trató principalmente de la
perspectiva nacionalista de la élite chilena, es decir, la política de chilenización,
que se tradujo en leyes, reglamentos, guerra, y el intento de moldear a la
población desde un ideario específico. Por lo anterior, no se abordó la política de

44
Fernando Pairacán, Lumaco: La cristalización del movimiento autodeterminista Mapuche. En
prensa, s/f.
14

nacionalización Argentina, escisión que se realizó principalmente debido al objeto


problemático de esta tesis, y por focalización y delimitación de fuentes.

Esta autora está consciente de que una manera de dislocar la diacronía e


irreductibilidad del Estado-Nación, es precisamente forjando las memorias,
saberes, historicidad de los grupos subalternizados. Sin embargo, este escrito,
pretende enfatizar qué idea de nación trazó la narrativa evolucionista y elitista, a
fin de conocer, a contrapelo de ella, su representación de lo nacional y sus
contradicciones a partir de la construcción del Otro. Sin perjuicio de lo anterior, en
este escrito se podrá visualizar de igual manera, la respuesta, la voz, de los
principales líderes del Gulumapu ante las políticas aplicadas por el gobierno
chileno.

INTERROGANTES QUE ORIENTAN ESTE ESCRITO

Consiguientemente la forma de representación de la alteridad de la


narrativa nacionalista, se relaciona con el locus de enunciación que ha intentado
en forma persistente reproducir la idea de continuidad y progreso nacional, ideas
políticas que en la historiografía no han sido sustituidas por lo que Homi Bhabha45
llama, la significación cultural de la nación, es decir, “como la representación de la
vida social más que como la disciplina de la organización social”.

Por lo anteriormente expuesto, el objetivo central de este escrito es revisar


las principales estrategias políticas y discursos de la élite nacionalista con relación
al Gulumapu y que acontecieron a propósito del proceso de construcción de la
nación chilena durante la segunda mitad del siglo XIX.

Para dar cuenta de este objetivo, se han formulado interrogantes que guían
este escrito, y han sido aludidas en el propósito declarado inicialmente, y que se
derivan colateralmente de lo que se ha denominado limitantes de este trabajo y

45
Homi Bhabha, Nación y Narración (Buenos Aires: Editorial Siglo XXI, 2010), 12.
15

que se pueden esbozar como sigue: ¿qué tipo de representación (es) del Otro
subraya y connota la élite en su relación con el Gulumapu? ¿Con qué propósito es
representado en su alteridad? ¿De qué manera esta representación es utilizada
por los grupos estatonacionales? ¿Cuáles fueron las principales estrategias y
políticas que desarrolló la élite gobernante chilena hacia el Gulumapu en el
proceso de construcción de su nación? ¿Se posicionaron las voces de los
representantes del Gulumapu en relación a las estrategias utilizadas por la élite
dirigente?

En virtud de lo señalado anteriormente, la primera tesis que guía este


trabajo es que durante la segunda mitad del siglo XIX se gestaron las condiciones
políticas para que la élite chilena se posicionara en la estructura social a través del
Estado,46 y se consolidara territorialmente sobre la base de un modelo de
organización social, político y cultural; es decir, la nación. Dicho modelo, como se
ha anunciado anteriormente, se concibió en términos homogéneos y excluyentes
gracias a la labor de los grupos y élite nacionalista del Estado que conformaron un
ethos47 basado en una memoria heroica construida artificiosamente a través de
símbolos y el ejercicio del patriotismo.

La segunda tesis es que se gestó un discurso nacionalista que representó


al Gulumapu como Otro adversario, como un bárbaro y salvaje que constituyó a
juicio de la élite dirigente, una amenaza para el afianzamiento de la comunidad
política, para lo cual creó narrativas verosímiles y sistemas de verdades que al
mismo tiempo, lo incorporaron y encerraron trastocando su alteridad a un universo
de significaciones ya sancionadas.

46
Concordando con Luis Villoro, el “Estado no es más que un poder político y administrativo
unificado, soberano sobre un territorio delimitado que se reserva el monopolio de la violencia
legítima. La identificación del Estado con la nación, a cada nación un Estado soberano, para cada
Estado una nación unificada, es una invención moderna”. En Villorio, Estado Plural, 17.
47
El ethos lo vamos a entender como el intento de crear el espíritu de la nación, lo que Clifford
Geertz denomina “El ethos de un pueblo es el tono, el carácter y la calidad de su vida, su estilo
moral y estético, la disposición de su ánimo. Clifford Geertz, Interpretación de la culturas
(Barcelona: Editorial Gedisa, 2001), 89.
16

La tercera tesis es que esta representación del Otro respondió a un thelos48


que se amparó en una razón gubernamental vinculada al liberalismo, relación que
se estableció de producción/destrucción de un conjunto de libertades (políticas,
económicas, morales, simbólicas) para proteger al Estado.

En cuanto a las perspectivas que se vinculan a problemas planteados en


este escrito, y las diversas contribuciones de los temas que colindan y derivan de
las tesis planteadas, es posible reconocer algunos precursores y obras que se
exponen a continuación.

DISCUSIÓN BIBLIOGRÁFICA: LA NACIÓN Y EL OTRO.

En cuanto a las contribuciones en torno a la nación, el nacionalismo, y la


construcción de la identidad nacional desde la producción de las ciencias sociales
y de la historiografía, las distintas perspectivas metodológicas y limitaciones
teóricas, sugieren una primera discusión acerca de las los enfoques con que se ha
abordado el nacionalismo tanto a nivel internacional como a nivel nacional.
Algunos trabajos que han centrado su mirada en los orígenes, dan cuenta que en
el siglo XIII, se designaba a las comunidades de parentesco como nación (del latín
natio) y la politización de su concepto sería algo que surgiría posteriormente. En
Europa, por ejemplo, obedeció a aspectos organizativos, siendo la universidad una
de las primeras instituciones en definir a los grupos étnicos como naciones. Dicha
acepción fue bien vista por los eclesiásticos que requerían una manera de
articularse, y a propósito del Concilio de Constanza en 1414-1417, y ante la
dificultad de resolver quienes tenían derecho a nombrar Papa, si por cabeza, por
naciones o provincias eclesiásticas, surgió la necesidad de definirlas de algún
modo. Se decidió que por naciones, y se impuso el criterio de “aceptar las cuatro

48
El Thelos se refiere al propósito, a la finalidad que tiene la conformación de determinado orden
social y político.
17

naciones que reconocía en aquellos días la Universidad de Sorbona nación


francesa, nación germana, nación inglesa, y nación italiana”.49

Para el abate francés Sieyès50, la nación en su dimensión empírica, deviene


como una agrupación de individuos, colectividad humana que se encuentra en un
estado de naturaleza y que debe dotarse de una organización que le permita
superar ese estado. Para este autor, la nación precede al Estado, y antes que ella
no hay nada sino derecho natural, lo que lleva en un primer momento a entenderla
como sinónimo de pueblo. Sin embargo, posteriormente en su obra “¿Qué es el
tercer Estado?”51 la conceptualiza refiriéndose a la singularidad de la soberanía y,
por lo tanto desde el poder constituyente.

Lo que se desprende de este esbozo preliminar, es que la nación, podrá ser


entendida y delimitada en tanto sus componentes étnicos y culturales, o en virtud
de su expresión cívica o política. Sieyès es uno de los exponentes que le resta
importancia al aspecto étnico y cultural, monopolizando el nombre de la nación
para el Estado52, sosteniendo que “el tercer Estado es una nación completa”.

Otra visión es la de los pensadores alemanes, que enfatizan tanto el


romanticismo como la creencia que la humanidad sigue el acontecer prescrito de
las leyes naturales, subrayan especialmente el concepto de volkgeist, es decir, el
alma del pueblo con el nacionalismo romántico, destacándose tanto la obra de J.

49
Véase José Andrés Gallego, “Los tres conceptos de nación en el mundo hispano” (2006 [citada
el 25 de junio de 2013] Instituto de Historia, Consejo Superior de Investigaciones Científicas):
disponible en http://digital.csic.es/bitstream/10261/16354/1/NacionSevillaXVIII2004.pdf
50
Emmanuel-Joseph Sieyès, (1748-1836) político, ensayista, eclesiástico y académico francés.
51
Emmanuel-Joseph Sieyès,” ¿Qué es el tercer Estado?” (Obra original: Qu´est-ce que le tiers etat
Sieyès, 1789 [citada el 25 de junio de 2013] L’Histoire Par L’Image, Centre historique des Archives
nationales-Atelier de photographie) disponible en
http://www.histoire-image.org/pleincadre/index.php?i=200&id_sel=undefined
52
“El tercer estado abarca todo lo que pertenece a la nación; y todo lo que no es el tercer estado
no puede considerarse como parte integrante de la nación. En definitiva, ¿qué es el tercer estado?
TODO” Sieyes, ¿Qué es el tercer Estado?” (1789 [citada en marzo de 2012] Página Web Dr. Boris
Barrios) disponible en: http://borisbarriosgonzalez.files.wordpress.com/2011/09/sieyes-que-es-el-
tercer-estado.pdf
18

G. Herder53 en la cual la nación se entiende, como “la naturaleza educa a las


familias; de ahí que el Estado más natural sea también un pueblo con un carácter
nacional”, como la de Johann Gottilieb Fichte, influido por el nacionalismo
organicista alemán que comprende a la nación como un ente orgánico vivo, tal
como puede vislumbrarse en “Discurso a la nación alemana54. Paralelamente, en
Italia se componían relatos influenciados por las ideas de la ilustración a través de
los aportes del Genovés Guissepe Mazzini, uno de los predecesores del
Risorgimiento, movimiento que aspiraba a la unificación de Italia y que pretendía
inculcar el patriotismo en las generaciones jóvenes, doctrina que puede
distinguirse en el texto, “¿Qué es una nación?”55.

Desde otra vereda, es decir, desde el pensamiento racionalista, Ernest


Renan56 refutará la idea de que la lengua, la raza, adquieren valor para construir la
nación57. Lo verdaderamente importante es la historia común y el interés en
mantenerse unidos. Esta idea será contraria al concepto de la nación como
artefacto cultural, pregonado por Herder y Fichte.

53
J. G. Herder, “Ideas para una filosofía de la historia de la humanidad, en Textos Fundamentales
para la Historia, volumen 11 de Biblioteca de Política y Sociología, compilado por Miguel Artola
(Madrid: Editorial Alianza, 1992), 553.
54
“Todos los que hablan un mismo idioma (...) háyanse unidos entre sí desde el principio por un
cúmulo de lazos invisibles (...) de modo que los hombres no forman una nación porque viven en
este o el otro lado de una cordillera de montañas o un río, sino que viven juntos (...) porque
primitivamente, y en virtud de leyes naturales de orden superior, formaban ya un pueblo.” [edición
personal] J. G. Fichte, “Discursos a la nación alemana” (1807-1808 [citada en marzo 2012])
disponible en:
http://xa.yimg.com/kq/groups/25057161/2115568208/name/Fichte.+Discursos+a+la+naci%C3%B3n
+alemana+(selecci%C3%B3n).pdf
55
“Una nación es la asociación de todos los hombres que, agrupados por la lengua, por ciertas
condiciones geográficas o por el papel desempeñado en la historia, reconocen un mismo principio
y marchan, bajo el impulso de un derecho unificado, a la conquista de un mismo objetivo definido.
(...) La patria es, ante todo, la conciencia de la patria.” Giuseppe Mazzini, “¿Qué es una nación?”,
en, Pierre Renouvoin, “Historia de las relaciones internacionales”, vol.2, original de 1826 (Italia:
Ediciones Akal Textos, 1990), 117.
56
Renan, en La invención de la nación.
57
Renan dice a propósito del papel del historiador en la formación nacional, “El olvido y, yo diría
incluso, el error histórico son un factor esencial de la creación de una nación, y es así como el
progreso de los estudios históricos es a menudo un peligro para la nacionalidad. La investigación
histórica, en efecto, vuelve a poner bajo la luz los hechos de violencia que han pasado en el origen
de todas las formaciones políticas, hasta de aquellas cuyas consecuencias han sido más
benéficas”. Renan, en La invención de la nación, 56.
19

Los fundadores del nacionalismo, es decir, Herder, Fichte, Mazzini, Sieyès y


Renan cuando proclamaron sus principios por primera vez, lo utilizaron como una
expresión universalista y emancipadora. Reflexiones posteriores a estos
principios, han sugerido lecturas menos altruistas ya que su retórica ha sido
resemantizada para oprimir a otros pueblos dando cuenta de la condición
camaleónica del nacionalismo.

El pensamiento del evolucionismo y los alcances teóricos del darwinismo


social propuesto por Herbert Spencer, que propone una interpretación evolutiva de
los fenómenos sociales, es el que ejercerá una destacada influencia en el
pensamiento nacionalista de los intelectuales latinoamericanos de la segunda
mitad del siglo XIX, aspecto problemático que será desarrollado en este texto
posteriormente.

Sobre las aproximaciones al objeto, este trabajo no da cuenta de toda la


profusión de estudios posibles en relación a la nación y el nacionalismo como
idea, concepto, teoría generalizada, fenómeno histórico, ni con relación a la
construcción de ella como aproximación descriptiva y prescriptiva. Sino que este
escrito, hace referencia a aquellas reflexiones que permitan dar un tratamiento
metodológico adecuado al campo temporal e histórico, sin perjuicio de que se
aborde enfoques que no se han producido inicialmente para comprender los
fenómenos propiamente nacionales.

De allí que también interesa revisar, la respuesta que se ha dado con


relación al nacionalismo desde el materialismo histórico. La cuestión nacional
como estudio o teoría de la nación en Marx y Engels, es fuente de debate con
relación a que si era o no, parte de las preocupaciones centrales de estos
intelectuales. Con todo, se reconoce que de manera colindante se le dio algún
tratamiento a propósito de los pueblos que tendrían una mayor disposición para
formar un Estado, reservándoles sólo a ellos y a ciertas nacionalidades la
posibilidad de persistir pronosticando, por lo tanto, el desvanecimiento de las
minorías. En consecuencia, el marxismo clásico, que pregonaba el supuesto que
20

el orden social podía ser explicado por lo que los hombres producen y como lo
producen y por la posición que ellos ocupaban en ese mecanismo, soslayaba la
existencia de identidades, particularidades étnicas, regionales y presuponía que
estas serían absorbidas por los grandes conjuntos nacionales que se constituirían
en Estados, o que en “todo caso tales "pueblos en ruinas" se conservarían tan
sólo "en calidad de monumentos etnográficos", como apuntó Engels.58

Subyacentemente, lo que estaba a la zaga de esta premisa, era la idea de


que clase y etnia eran fenómenos equivalentes e imbricados, suponiendo que la
identidad étnica sería un estado que debería superarse por el de la conciencia de
clase, en atención a que lo primero, sería visto en posición de atraso respecto de
lo segundo59. De esta contradicción, que admite la premisa que una identidad
étnica es reemplazada por una entidad primaria, que en este caso puede ser
nacional o estatal, dificulta la comprensión del fenómeno nacional, ya que por un
lado, y desde el punto de referencia del sujeto, podría no ser la posición de clase
la que define su lugar en la estructura social y por lo tanto, no la determinaría, sino
que más bien es su conciencia étnica y sentido de pertenencia a una identidad
colectiva la que lo situaría (o marginaría) en (de) la organización social.
Consiguientemente, esta perspectiva de alguna manera esquiva la presencia de
grupos étnicos -que también pueden ser concebidos como naciones-, y que
poseen formas de organización e historicidad que no necesariamente responden a
la aspiración de constituirse en un Estado. Puesto de esta manera, tanto la
perspectiva organicista como materialista condena a los pueblos y naciones con

58
Engels señala que: “todas las modificaciones, si han de durar, tienen que tender, por regla
general, a conferir a las grandes naciones europeas sus verdaderas fronteras naturales,
determinadas por la lengua, las simpatías, mientras que, al mismo tiempo, los pueblos en ruinas
que aún se encuentran aquí y allí, y que no son ya capaces de una existencia nacional, deben
seguir incorporados a naciones mayores, o conservarse en calidad de monumentos etnográficos”.
Héctor Díaz Polanco, “Etnia, clase y cuestión nacional”. En, Cuadernos Políticos, no 30 (México,
D.F.: Editorial Era, octubre-diciembre de 1981), 53.
59
Bonfil Batalla, señala que: “se da por sentado que etnia y clase son fenómenos sociales del
mismo orden. De alguna manera, lo étnico se concibe como una etapa por superarse mediante
lo clasista, tanto en términos de organización y participación, como en el campo ideológico y de
conciencia. Se propone un paso de la condición étnica a la de clase, como si fueran -repito-
fenómenos del mismo orden. En esta reducción radica la confusión fundamental". Bonfil
Batalla, “La liberación del indio”, En Revista Nueva Antropología II, no 8 (1977), 97.
21

singularidades propias a desaparecer, ideas políticas que la élite tanto


conservadora como revolucionaria, pregonan para la fundación de las
comunidades nacionales.

En resumen, existen múltiples alternativas y escuelas para problematizar


acerca del polisémico concepto de nación. Desde la perspectiva más
contemporánea se reconocen cuatro debates fundamentales. En una primera
instancia se podría considerar los estudios en torno a su aproximación conceptual,
es decir, como se define. En segundo lugar, la discusión se dirige con relación a
sus orígenes y sus respectivos contextos temporales. Como contrapunto a esta
escuela, y en una tercera perspectiva es posible ubicar a los perennialistas que
suponen la prexistencia de las naciones y las distintas formas que ellas toman a
través de la historia. Por último, conforme a lo expuesto por Anthony Smith60 para
los postmodernistas, como Deutsch, Lerner, Kedouire, Gellner, “la nación es una
categoría moderna, que aparece en la historia y en Europa occidental y en
América a fines del siglo XVIII.”

En cuanto a aquellos enfoques que lo emplazan como proceso histórico y


como fenómeno moderno, probablemente, la idea que más consenso reporta a
quienes se introducen en la temática del nacionalismo, sea la infundida por
Benedict Anderson61, en “Comunidades Imaginadas”, quien cuestiona el concepto
de nación dado su carácter construido y no natural. Mi punto de partida, dice este
autor es: “la afirmación de que la nacionalidad, o la "calidad de nación" –como
podríamos preferir decirlo, en vista de las variadas significaciones de la primera
palabra-, al igual que el nacionalismo, son artefactos culturales de una clase
particular”62.

60
Smith Anderson.¿Gastronomía o geología?. El rol del nacionalismo en la reconstrucción del
nacionalismo. En, la invención de la nación. 2005. 191.
61
Anderson Benedict. Comunidades imaginadas. Reflexiones sobre el origen y difusión del
nacionalismo, Edición original, 1981 (México D.F.: Editorial Fondo de la Cultura Económica, 1993),
23.
62
Otra crítica a la idea premoderna de la Nación u otras formas protonacionales, se puede
visualizar en. Ernest Gellner, quien cree que el nacionalismo “es un principio político que sostiene
que debe haber congruencia entra la unidad nacional y la política. Así 1) dos hombres son de la
22

Recapitulando, la mayor parte de estos trabajos, concibieron la nación de


múltiples maneras, equiparándola como nación cultural, o como nación política, y
asimismo -enfatizando- y en yuxtaposición entre los factores espirituales,
biológicos, políticos, etc. Sin embargo, y coincidiendo con Bhiku Parekh63 ellos
estuvieron de acuerdo en que la nación tenía los siguientes rasgos: a) Era una
unidad cultural homogénea, caracterizada por distintas costumbres, prácticas
sociales, valores, lenguaje, rituales, mitos, b) formaba y moldeaba profundamente
sus miembros como tipos específicos de personas, dotándolas de una identidad
particular y estructurando su personalidad. La identidad nacional era superior a las
demás identidades. c) estaba ligada a un territorio específico, y las personas
tenían con este, una relación similar a la que tienen con su cuerpo, d) sus
miembros estaban unidos por lazos de sangre, casamiento, parentesco, similar a
una familia extendida, haciéndola equivalente a una gran "familia espiritual" y por
último ellos tenían un entendimiento compartido de quiénes eran y cómo se
originaron y desarrollaron en la historia.

Una revisión de los trabajos teóricos en el campo internacional64, permiten


mostrar que la América Latina ocupó un lugar marginal en el debate sobre nación
y nacionalismo de las obras clásicas desarrolladas por John Breuilley, Anthony
Smith, Ernest Gellner, Monserrat Guibernau, lo que podría colegir la dificultad para
comprender la realidad chilena. Pese a ello, existen reflexiones que aun cuando
no fueron pensadas para el contexto latinoamericano, y fueron elaboradas para
describir las organizaciones políticas europeas, son importantes de deconstruir ya

misma nación si y sólo si comparten la misma cultura, entendiendo por cultura un sistema de ideas
y signos, de asociaciones y de pautas de conducta y de comunicación. 2.- Dos hombres son de la
misma nación si y solo si se reconocen como pertenecientes a la misma nación. En otras palabras
las naciones hacen al hombre; las naciones son los constructos de las convicciones, fidelidades y
solidaridades de los hombres”. Ernest Gellner, Naciones y nacionalismo (Madrid: Editorial Alianza,
1988), 13-20.
63
Bihku Parekh “El etnocentrismo del discurso nacionalista”, en La invención de la nación, 2005,
99-100.
64
Gabriel Cid, Modelos teóricos del nacionalismo: Algunos alcances y propuestas para el caso
chileno, Consulta, http://www.estudioshistoricos.cl/blog/modelos-teoricos-del-nacionalismo-algunos-
alcances-y-propuestas-para-el-caso-chileno/
23

que inspiraron a los intelectuales latinoamericanos quienes imitaron de algún


modo convenciones65 que se utilizaron en la fundación de las identidades
nacionales. Como expresa Bikuh Parekh, “el nacionalismo latinoamericano es
culturalmente colonial y políticamente anticolonial; esto es culturalmente afiliado a
posiciones europeas y autodefinido en esos términos, lo que en muchos casos,
como en el Mariátegui o en el de Sarmiento, implica una mirada racista sobre las
minorías indígenas de la nación- y políticamente anticolonial, es decir, capaz de
entender la cultura nacional como un instrumento para construir una identidad
independiente y crítica de las estructuras de dominación colonial”.66

Asimismo, la preocupación de la historiografía latinoamericana del siglo


XIX, estuvo orientada principalmente a dar cuenta de los procesos
independentistas y al culto de las historias patrias, lo que llevó a los principales
historiadores chilenos de este periodo, Diego Barros Arana, Miguel Luis
Amunátegui a reconstruir minuciosamente epopeyas de la colonia y de la
independencia. Reflexiones en torno a lo propiamente nacional, surgen más
adelante con la obra del historiador Mario Góngora que sostiene que el Estado es
la matriz de la nacionalidad67.

Más recientemente se gesta un remozado interés en revisar la nación68


como objeto problemático, que cuestiona el supuesto que lo nacional sea un
problema resuelto, esencial e incuestionable que permitió un replanteamiento en la
historiografía latinoamericana69 y chilena. Respecto de esto último, interesa

65
Más adelante se retoma esta discusión
66
Bihku Parekh, citado por Álvaro Fernández Bravo, en La invención de la nación (2000), 20.
67
“Estos sentimientos me han forzado a mirar y reflexionar sobre la noción de Estado, tal como se
ha dado en Chile, donde el Estado es la matriz de la nacionalidad: la nación no existiría sin el
Estado, que la ha configurado a lo largo de los siglos XIX y XX”. Mario Góngora (1986): Ensayo
histórico, 2006, pp59
68
Cuando se habla de “la nación”, se hace referencia al proceso de construcción de la nación
chilena.
69
Una importante contribución es la que desarrollan en Antonio Anino y Francois Xavier Guerra.
(coord.), en Inventando la Nación (México D.F.: Fondo de la Cultura Económica, 2003): llama la
atención sobre la distancia que separa a la nación como comunidad política y de la nación cultural,
como identidad colectiva. De ahí que la nación sea en los países latinoamericanos a la vez un
punto de partida y un proyecto en parte todavía inacabado.
24

destacar las investigaciones históricas70 de Jorge Pinto Rodríguez, Julio Pinto y


Verónica Valdivia, Ana María Stuven, Bernardo Subercaseaux, Gabriel Cid,
Holdenis Casanova, Viviana Gallardo, José Luis Martínez, Álvaro Bello, Grinor
Rojo, José Marimán, Pablo Marimán, Héctor Nahuelpán, entre otros.

El balance de los trabajos que se posicionan desde una perspectiva


interpretativa del proceso de construcción nacional, y que relacionan esta
problemática a lo acontecido con los pueblos indígenas, muestran que la élite
latinoamericana entenderá la nación como cultural y lingüísticamente homogénea.
El nacionalismo por su parte, en consideración a las perspectivas hasta ahora
mencionadas e inspiradas en cualquiera de sus variantes, será la doctrina
fundacional del Estado, pensada y diseñada de manera que este paradigma
ideológico pueda aplicarse a cualquier modelo político, forjando representaciones -
o formas hegemónicas de representación- que permitan generar la lealtad y
cohesión entre los ciudadanos. Es aquí donde la élite, que por lo general se
constituyen en “los nacionalistas del Estado”, se configura como los referentes
junto a sus antepasados, de esa "gran familia nacional", y se autoproclaman como
los llamados a gobernar en el nombre de los "padres de la patria". Los Otros, se
divisan como posibles adversarios que esta familia deberá contrarrestar.

70
Jorge Pinto, La formación del Estado y la Nación y el pueblo mapuche. De la inclusión a la
exclusión (Santiago de Chile: Dirección de bibliotecas, archivos y museos, Centro de
Investigaciones Diego Barros Arana, 2003). Jorge Pinto, Proyectos de la élite chilena del siglo XIX,
(II). N°27, Universidad de la Frontera, (2008); Julio Pinto y Valdivia Verónica, ¿Chilenos todos?
La construcción social de la nación (1810-1840) (Santiago de Chile: LOM Ediciones, 2009); Ana
María Stuven, La seducción de un orden. Las élites y la construcción de Chile en las polémicas
culturales y políticas del siglo XIX (Santiago de Chile: Ediciones de la Universidad Católica de
Chile, 2000); Bernardo Subercaseaux, La construcción de la Nación y la cuestión indígena. En
Nación, Estado y Cultura en América Latina (Santiago de Chile: Ediciones Facultad de Filosofía y
Humanidades, 2003); Bernardo Subercaseaux, “Raza y Nación: el caso de Chile”, en A
contracorriente, una revista de historia social y literatura de América Latina. Vol 5, Nº 1, Fall; 29-63
(Santiago de Chile: Serie de Estudios. Universidad de Chile, 2007); Gabriel Cid, Nación y
nacionalismo en Chile, Siglo XIX, Vol.II (Santiago, Chile: Editores. Centro de Estudios
Bicentenario, 2009); Holdenis Casanova, “Entre la Ideología y la Realidad: La Inclusión de los
Mapuche en la Nación Chilena (1810-1830), en Revista de Historia Indígena Nº 4. Depto. de
Ciencias Históricas, Universidad de Chile, Santiago de Chile (2000); Viviana Gallardo, “Héroes
Indómitos, Bárbaros y Ciudadanos Chilenos: El Discurso Sobre el indio en la Construcción de la
Identidad Nacional” en Revista de Historia Indígena Nº5. Departamento de Ciencias Históricas,
Universidad de Chile, Santiago de Chile. (2001).
25

Particularmente acerca de la relación entre la nación chilena y el Gulumapu,


interesa destacar la tesis de Jorge Pinto Rodríguez, quien en su obra “La
Formación del Estado, la nación y el pueblo mapuche”, sostiene que hay una
primera fase de inclusión, periodo que abarca entre 1810 y 1830 que se
caracteriza por la lucha de la independencia y los intentos de incluir al mapuche al
proyecto nacional, y una segunda fase que abarca el periodo entre 1830 y 1850
que se caracteriza por el retorno a los mecanismos de relaciones fronterizas
existentes en la colonia (parlamentos y misiones). Según Pinto: “acabada esta
etapa se precipitará la ocupación de la Araucanía por parte del gobierno
republicano mediante un proceso que desata de nuevo la violencia y desintegra el
viejo espacio fronterizo”.71

Por lo tanto, la perspectiva analítica en la que se entronca este escrito,


suscribe el planteamiento de Jorge Pinto con relación a: 1) que al término de la
segunda fase del siglo XIX se gestó de nuevo la violencia 2) en este periodo se
generó un remozado interés por el Gulumapu ya que las clases dirigentes vieron
en el sur de Chile la posibilidad de consolidar el proyecto político y económico de
la nación72, pero se distingue en que a) este trabajo analizó las representaciones
que la élite estatonacionalista tuvo acerca del Gulumapu acercándose más a un
enfoque historiográfico asociado a la nueva historia cultural, en tanto se interpeló

71
Pinto, La formación del Estado y la nación, 24.
72
Según Jorge Pinto, “las cosas cambiaron en el siglo XIX. hace 150 años el indígena pasó a un
segundo plano; lo que interesó entonces fueron sus tierras. La vieja conquista dio paso a una
invasión, que se tradujo en un desenfrenado proceso de usurpación de tierras. En Chile la
situación se definió entre 1850 y 1860. Por esos años se conjugaron una serie de factores que
desataron la ambición por las tierras mapuche. En primer lugar, una crisis económica que se
produjo en esa década desvió la atención de los grupos dirigentes de la sociedad nacional hacia el
sur. En segundo lugar, la posibilidad de conectar Chile con los mercados del atlántico a través de
la Araucanía y de abrir en ella nuevos espacios de inversión para prestamistas locales, seriamente
afectados por la crisis y la presencia de agentes financieros que empezaban a llegar de Inglaterra,
aumentaron el interés por esas tierras. Por último, el peso que empieza a tener la conexión de
nuestra economía con un capitalismo más desarrollado, el inglés, cuyas exigencias pusieron en
peligro los espacios que todavía conservaban algunas comunidades indígenas, completó un
panorama cada vez más desalentador para éstas, agravado por la estrechez de un mercado de
tierras que exigía nuevos espacios para satisfacer las presiones de quienes querían acceder a
propiedades que en las zonas de agricultura tradicional ya no se podían conseguir”. Jorge Pinto,
Rodríguez, “Del antiindigenismo al proindigenismo en Chile en el siglo XIX” en La reindianización
de America, siglo IX, Leticia Reina (México D.F: Editorial Siglo XXI, 1997), 139.
26

el entramado simbólico que encubrió el proceso de construcción nacional, b) se


situó temporalmente en un momento histórico y de relevancia para el Gulumapu,
en cuanto Otro, restituyendo la contradicción constitutiva de la formación nacional
y que se refirió especialmente al periodo en que se diseñó y materializó la
ocupación del territorio indígena, c) incorporó metodológicamente el conjunto de
relatos y la dimensión performativa del discurso, estableciendo el locus de
enunciación de la élite, es decir, la posición desde la que habló y como ello
permitió, construir, mantener y reproducir regímenes de verosimilitudes en torno a
la representación del Otro, d) Por último, esta tesis a diferencia de lo propuesto
por Pinto, no se estructuró en torno a un análisis pormenorizado de los hechos.

Por lo anterior, y en vinculación al marco teórico, este trabajo se inscribe en


la corriente de la nueva historia cultural, en tanto la nación y la identidad nacional
como construcciones políticas se vieron tensionadas y permeadas por las
fronteras culturales y el devenir histórico del Gulumapu. En este punto, la
perspectiva de la historia social y cultural, se funden en el rostro jánico de la
nación y tratan por lo tanto de restituir la historicidad de los sujetos que se quedan
sin lugar en la historiografía nacional. En palabras de Peter Burke se trata de
"subrayar la historia de los sujetos que no ocupan un lugar en el locus de la
historiografía tradicional”.73

Reflexionar en torno a la identidad nacional chilena, supone por un lado


tomar en cuenta los aportes de pensadores contemporáneos del nacionalismo74,
como Anthony Smith, Benedict Anderson, Ernest Gellner, Etienne Balibar, Eric
Hobsbawm, Homi Bhabha, pero también implicó detentar sus limitaciones. Esto
73
Peter Burke, Formas de hacer historia, (Madrid, Alianza, 1991). 24.
74
Anthony Smith, Teorías del nacionalismo (Barcelona: Editorial Península, 1976); Benedict
Anderson, Comunidades imaginadas. Reflexiones sobre el origen y la difusión del nacionalismo,
trad. de Eduardo L. Suárez (México D.F.: Editorial Fondo de la Cultura Económica, 1983);
Immanuel Wallerstein, “La construcción de los pueblos: racismo, nacionalismo, etnicidad”, en
Raza, nación y clase. IEPALA, Madrid (1991); Andreas Wimmer, Nationalist Exclusion and ethnic
conflict: shadows of modernity (Cambridge: Cambridge University Press, 2002), 4 [mi traducción];
Eric Hobsbawm, “Etnicidad y nacionalismo en Europa hoy”, en La invención de la Nación, lecturas
de la identidad de Herder a Homi Bhabha (Buenos Aires: Editorial Manantial, 2000); Homi Bhabha,
“Narrando la Nación”, en La invención de la Nación, lecturas de la identidad de Herder a Homi
Bhabha (Buenos Aires: Editorial Manantial, 2000).
27

quiere decir que fue necesario tomar en cuenta, perspectivas que permitieran
repensar el fenómeno de la representación del Otro, el que remitió en términos
generales a la representación de la alteridad, definida sucintamente como la forma
de hablar del Otro en la línea de lo propuesto por Foucault, Dussel, Spivak, Said,
Bartra.

En este contexto, se entenderá que “las representaciones sociales son


construcciones cognitivas compartidas, ordenadas y jerarquizadas socialmente
que permiten configurar de alguna manera la realidad de los sujetos”75 y que la
“representación del Otro”76 es un sistema de significación que organiza un sentido,
producido dentro de las relaciones de poder, y que opera a través de discursos y
dispositivos de transferencia, que se conectan con un sujeto que ejerce la
delegación -y supone tener el derecho de representar a Otro-, y la narración, será
la forma en que este Otro es retratado. La representación del Gulumapu producida
en el periodo de formación de la identidad nacional, comprendió un conjunto de
descripciones, convenciones, símbolos y denominaciones que tuvo importantes
consecuencias para el país y otras realidades latinoamericanas. Es así como
estas representaciones produjeron en la historiografía conforme a lo señalado por
German Colmenares un conjunto de convenciones77 que muestran que durante el
siglo XIX, se alimentó la noción que las naciones podían moldearse a voluntad,

75
Carolina, Huenchullán, El reconocimiento de la identidad étnica de los pueblos indígenas de
Chile en el discurso del Ministerio de Educación. Tesis para optar al grado de Magíster en Estudios
Sociales, Políticos y Latinoamericanos. Universidad Alberto Hurtado. Santiago, Chile. (2003)
76
Enrique Dussel Habla de la representación del Otro, como Encubrimiento del Otro. Para él “la
modernidad se originó en las ciudades europeas medievales, libres, centros de enorme creatividad.
Pero “nació” cuando Europa pudo confrontarse con “el Otro” y controlarlo, vencerlo, violentarlo;
cuando pudo definirse como un ego descubridor, conquistador, colonizador de Alteridad
constitutiva de la misma modernidad. De todas maneras ese Otro no fue “des-cubierto” como otro,
sino que fue “en-cubierto” como “lo mismo” que Europa ya era desde siempre. De manera que
1492 será el momento del “nacimiento” de la modernidad como concepto, el momento concreto del
“origen de un mito” de violencia sacrificial muy particular, y el mismo tiempo, un proceso de
“encubrimiento” de lo no europeo”. Enrique Dussel, 1492. El encubrimiento del Otro, (1994), 2.
77
El historiador Colombiano Germán Colmenares, en su texto “Convenciones contra la cultura”, se
refiere a ella como “esquemas explicativos de la historia que fueron usados por la historiografía
europea de la primera mitad del siglo XlX, y que fueron imitados por la mayoría de los
historiadores latinoamericanos”. German Colmenares, Las convenciones contra la cultura. Ensayos
sobre la historiografía hispanoamericana del siglo XIX. (Santa Fe de Bogotá: Tercer Mundo
Editores, 1986), xxi.
28

con instituciones democráticas desprendidas de tradiciones que se repudiaron en


nombre de la civilización generando una representación nacional recortada.78.

Paralelamente, un componente significativo de la representación del Otro,


se vinculó a la noción del discurso, el que connota más que un conjunto de
palabras para designar cosas, y más que un conjunto de signos que remiten a
contenidos y/o representaciones. En palabras de Foucault “remiten a prácticas
discursivas que forman sistemáticamente los objetos de los que hablan”79. De allí
que el discurso y la representación de lo nacional, delimita una frontera en la que
se produce un mecanismo de construcción de la identidad. Existen varias maneras
de definir la identidad, y en este trabajo, se alude a la identidad nacional haciendo
referencia al proceso histórico y resultante del proceso de formación de nación
principalmente de la segunda mitad del siglo XIX, en la que los grupos dirigentes
recurrieron a sistemas de representación, basados en símbolos, producciones
escritas, leyes, tanto para diferenciarse como para cohesionarse. Asimismo, se
refiere a la identidad política construida para sostener el Estado Nacional,
inspirado en una concepción homogénea que desconoce las identidades étnicas y
culturales, y se impone como una adscripción primaria reduciendo la alteridad de
distintos grupos.

Más concretamente, la élite dirigente representó a los mapuche como


bárbaros y salvajes y utilizó estos elementos de diferenciación para definir su
propia identidad. Empero, estas representaciones fueron más bien negaciones

78 78
La historiografía latinoamericana, ha producido un conjunto de convenciones que muestran que
durante el siglo XIX, se alimentó la noción que las naciones podían moldearse a voluntad, con
instituciones democráticas desprendidas de tradiciones que se repudiaban en nombre de la
civilización. Según Colmenares: “las evaluaciones más sistemáticas de esta historiografía tienden a
poner de relieve aspectos puramente circunstanciales de su construcción. Aunque ninguna
historiografía, sea cual fuere el continente o el país, puede defenderse siempre de la sospecha de
que sus temas centrales estuvieron inspirados por el deseo de pronunciarse en un torbellino de
circunstancias locales y pasajeras, la acusación de un marcado subjetivismo parece ajustarse de
manera más protuberante a la historiografía hispanoamericana. Algunos ven en ella, una
representación nacional recortada, pues constituía exclusivamente la expresión de los puntos de
vista de una élite restringida”. Germán Colmenares, Las convenciones contra la cultura, xiv. Hecho
relevante si se toma en cuenta que el culto a las historias patrias es especialmente efervescente
en el periodo en que se construía el Estado.
79
Michel Foucault, La Arqueología del Saber, (España: Ediciones Siglo XXI, 1970), 78.
29

sobre sí mismos, o imágenes de lo que no querían ser. Consecuentemente, los


trabajos de Roger Bartra, son ilustrativos para comprender como esas
representaciones de gran valor simbólico, fueron transportadas a lo opuesto:

“El hombre llamado civilizado no ha dado un solo paso sin ir acompañado


de su sombra, es decir, el salvaje. Es un hecho ampliamente reconocido que la
identidad del civilizado siempre ha estado flaqueado por la imagen del Otro”. 80

Paralelamente Bartra explicó que el mito de la identidad del hombre salvaje


se extendió por un larguísimo periodo de nuestra historia, y que la imaginería del
Otro como ser salvaje y opuesto fue generada mucho antes de la gran expansión
colonial, y que ella obedeció a la naturaleza interna de la cultura occidental. En
palabras de Bartra:

“Dicho en forma abrupta: el salvaje es un hombre europeo, y la noción de


salvajismo fue aplicada a pueblos no europeos como una transposición de un
mito perfectamente estructurado cuya naturaleza sólo se puede entender como
parte de la evolución de la cultura occidental. El mito del hombre salvaje es
ingrediente original y fundamental de la cultura europea”81

Esto permite explorar las condiciones y procesos que auspiciaron el


surgimiento de la idea y praxis de civilización, tan estrechamente vinculada a la
identidad de la cultura occidental, “en la que los rudos conquistadores habían
traído su propio salvaje para evitar que su ego se disolviera en la extraordinaria
otredad que estaba descubriendo”82 .Esta premisa se relacionó también con la
obra de Michel Foucault “Las palabras y las cosas”83, que expresa en términos

80
Roger, Bartra, El mito del Salvaje (México D.F.: Ediciones Fondo de la Cultura Económica,
2011), 12.
81
Bartra, El mito del Salvaje, 15.
82
Bartra, El mito del Salvaje, 16.
83
“¿A partir de que a priori histórico ha sido posible definir el gran tablero de las identidades claras
y distintas que se establece sobre el fondo revuelto, indefinido, sin rostro y cómo indiferente de las
diferencias? La historia de la locura- sería la historia de lo Otro-de lo que para una cultura es
extraño y debe, por ello excluirse (para conjurar un peligro interior), pero encerrándolo (para reducir
la alteridad); la historia del orden de las cosas sería la historia de lo Mismo- de aquello que, para
una cultura, es a la vez disperso y aparente y, debe por ello, distinguirse mediante señales y
30

generales que una cultura establece la diferencia que la limita a partir de lo


extraño, por lo cual debe excluirlo y encerrarlo para reducir su alteridad.

Por lo anterior, y dado que la representación implicó la instalación


hegemónica de relaciones de poder y de dominación, este proceso de encierro y
exclusión, supuso establecer una relación de subalternidad y colonialismo84 con
los habitantes de la Araucanía, entendiendo que: a) la primera, no es una
característica inherente o de tipo esencialista, sino que la subalternidad “define no
el ser de un sujeto, sino el estado de sujeción de un sujeto" 85, y que para efectos
de este escrito se refiere a la sujeción del Gulumapu al poder disciplinario del
Estado, y en cuanto al segundo, es decir, el colonialismo, se refiere: b) a la forma
de sometimiento de un territorio por la fuerza, en la que concurren las actitudes
racistas del colonizador, fundamentadas en una afirmación de desigualdad que
sostiene que existen razas no capacitadas para llevar adelante el progreso, por lo
que es necesario mezclarlas o eliminarlas. En palabras de Mignolo: “limito mi
comprensión acerca del “colonialismo” a la constitución geopolítica y geohistórica
de la modernidad occidental europea (conceptualización de Hegel) en sus dos
sentidos: la configuración económica y política del mundo moderno, y también el
espacio intelectual (desde la filosofía hasta la religión, desde la historia antigua
hasta las ciencias sociales modernas) justificando tal configuración”86. En
consecuencia, el Gulumapu, es representado colonialmente por la cultura y la
historiografía oficial como un subalterno, al alero de la mismidad de la élite
dirigente, que se autodefinió espiritualmente como el alma de la comunidad
nacional, lo que entraña una sujeción al poder disciplinario del Estado- Nación
chileno, el cual, operó a través de actitudes y políticas racistas.

recogerse de las identidades”. Michel Foucault, Las palabras y las cosas: una arqueología de las
ciencias humanas, Primera edición en francés 1966 (México D.F.: Ediciones Siglo XXI, 2005), 9.
84
[Énfasis añadido por la autora].
85
Bustos, Enfoque Subalterno, 240.
86
Walter Mignolo, “Herencias coloniales y teorías postcoloniales”, en: Gonzáles Stephan, Beatriz,
Cultura y Tercer Mundo: 1.Cambios en el Saber Académico, Cap. IV (Venezuela: Editorial Nueva
Sociedad, 1996), 99.
31

En conexión con lo anterior, las historiografías nacionales latinoamericanas,


se han dispuesto en alguna medida, a escribir y narrar la historia dando cuenta de
héroes epónimos y construyendo mitos sobre el salvaje, constituyendo la columna
vertebral de nuestra cultura escrita y de la memoria nacional, producida87 y
reinterpretada principalmente por esta élite. En consecuencia, el hito del progreso
cultural de occidente y el avance de las sociedades latinoamericanas,
generalmente ha tenido como contrapunto, a un salvaje que habita y se desdibuja
en los confines de la civilidad. Como lo indica Levi-Strauss:

“es en la medida misma en que se pretende establecer una discriminación


entre las culturas y las costumbres como se alcanza más completa identificación
con aquellas que se intenta negar. Negando la humanidad a los que aparecen
como los más ‘salvajes’ o ’bárbaros’ de sus representantes, no se hace sino
echar mano de una de sus actitudes típicas. El bárbaro es ante todo el hombre
que cree en la barbarie”88.

Por antonomasia, entre los bordes y la frontera de la animalidad y la


civilidad del hombre Europeo, se fue edificando la memoria y un conjunto de
representaciones en torno a símbolos, constructos y discursos biologizantes.

Por lo anterior, se hace necesario conceptualizar la matriz ideológica89 que


sustentó los sistemas de representación en que se construyó la identidad de la

87
Ello no implica desconocer el avance y reflexiones que han contribuido a dar cuenta de la
memoria e historicidad de otros sujetos que ocupan un lugar irrelevante en la historiografía
tradicional, por mencionar algunos, sectores populares, campesinos, mestizos, indígenas. Existe
un amplio debate en torno al colonialismo, nacionalismo, racismo, aportes generados por
especialistas vinculados a los estudios subalternos, la historia social y la etnohistoria.
88
Claude Lévi-Strauss, Antropología estructural: mito, sociedad, Humanidades, Primera edición en
francés (México D.F.: Editorial Siglo XXI Editores. 1973. Decimoprimera edición en español 1999),
310.
89
Como lo sostiene Michel Foucault “Por qué hablar de liberalismo, por qué hablar de arte liberal
de gobernar, (…) Si vamos un poco más lejos y retomamos las cosas desde su origen, veremos
que lo que caracteriza ese nuevo arte de gobernar del que les hablé sería más bien el naturalismo
que el liberalismo, en la medida que en efecto, la libertad aludida por los fisiócratas, por Adam
Smith, etc, es mucho más la espontaneidad, la mecánica interna e intrínseca de los procesos
económicos que una libertad jurídica reconocida como tal a los individuos. Michel Foucault,
Nacimiento de la biopolítica. Curso en el collège de Francia 1978-1979 (Buenos Aires: Editorial
Fondo de la Cultura Económica. Primera impresión 2004), 81.
32

nación chilena, es decir, el liberalismo, en atención a la cronología y contexto


político en que se entronca este escrito, y del mismo modo, situarlo
historiográficamente a fin de prestar atención a la racionalidad política que
articulaba la representación de lo nacional. Cabe destacar, que en este trayecto,
es decir, en la década del 20’ del siglo XIX, particularmente las ideas liberales
estuvieron asociadas a una razón autonomista/independentista de la península
ibérica, diferente al constructo que se desarrolla a fines de ese siglo, que enfatiza
la razón del Estado, y más precisamente a una República, a una nación90.

¿Qué se quiere decir con la razón del Estado?: se refiere a las medidas que
los gobernantes aplicaron para mantenerlo vigente y a un cierto tipo de
racionalidad de la práctica gubernamental que estuvo asociada al tipo de Estado
que se buscó levantar. De allí que la nación91 diseñó y configuró una manera de
hacer gobierno, -el arte de gobernar- actuando de tal modo que el Estado “pueda
llegar a ser sólido y permanente, pueda llegar a ser rico, pueda llegar a ser fuerte
frente a todo lo que lo amenaza con destruirlo”92. Si bien, durante el siglo XVII y
XVIII el problema fundamental del derecho público fue cómo fundar la soberanía,
en el siglo XIX fue reglamentar y colocar límites jurídicos. Eso significó ingresar a
una era en que el Estado produjo, consumió y confinó las libertades, de manera
que la libertad económica fuera el propulsor de la soberanía política.

Para efectos de este trabajo, se entenderá por liberalismo, la doctrina


filosófica, política, económica, jurídica, que promovió modos de funcionamiento
del poder ya sea promoviendo ciertas libertades, y tutelando otras a una autoridad
gubernamental. Coincidiendo con Michel Foucault “el liberalismo, tal como yo lo
entiendo, ese liberalismo que puede caracterizarse como el nuevo arte de

90
En esta tesis se usará indistintamente el concepto de Estado Nación como entidad homogénea, y
asimismo Estado y nación como entidades que no necesariamente están entroncadas
naturalmente. Otras fundaciones posibles y que interesa relevar, se refieren a Estados
Plurinacionales, Multinacionales, Multiculturales o federación de naciones.
91
Entendida como “un fenómeno de masas que expresa la percepción política compartida en la
conciencia de los actores, de una identidad colectiva específicamente nacionalitaria”. Marimán
Autodeterminación, 22.
92
Foucault, El nacimiento de la biopolítica, 19.
33

gobernar conformado en el siglo XVIII, implica en su esencia una relación de


producción/destrucción (con) la libertad”93. Dicho de otra manera, es preciso por
un lado producir la libertad, pero ese mismo gesto implica al mismo tiempo que se
establezcan limitaciones, controles, coerciones, obligaciones apoyadas en
amenazas, etcétera. Por lo tanto, el liberalismo y el nacionalismo constituyeron
conjuntamente el soporte ideológico que produjo importantes transformaciones
sociales, políticas y culturales durante el siglo XIX.

Ello dio espacio a examinar las condiciones en que se construyó la


representación como un régimen de veridicción94, y al alero de estas premisas,
surgió la posibilidad de deconstruir el modo en que la nación como comunidad
política95, se dotó simbólicamente de una identidad nacional, ya fuera tomando
elementos prexistentes, inventado y produciendo instrumentos nuevos, y
asimismo, negando otros.

PERSPECTIVA METODOLÓGICA

Una de las principales tendencias que siguió la historiografía nacional del


siglo XIX, fue concebir la historia como una narración de hechos, de fechas y
secuencias. Hubo en consecuencia, una serie de dinámicas que movilizaron esta
tendencia historiográfica. Lo anterior implica que la historia tradicional, presenta
fundamentalmente un relato desde arriba, desde lo dicho y escrito acerca de

93
Foucault, El nacimiento de la biopolítica, 84.
94
Según Foucault, 1979:“El régimen de veridicción, en efecto, no es una ley determinada de la
verdad, sino el conjunto de reglas que permiten, con respecto de un discurso dado, establecer
cuáles son los enunciados que podrán caracterizarse en él como verdaderos o falsos. Foucault, El
nacimiento de la biopolítica, 53.
95
El régimen de veridicción ha generado una verdad, una dualidad la del Estado y la nación, como
una sola entidad y como la única forma de organización política posible para el país. El debate
sobre el Estado y el amanecer de las naciones se encuentra abierto, gracias a que existe un
intercambio a nivel global y multicultural, que convoca a especialistas, disciplinas, y movimientos
que interpelan el origen y razón de ser del Estado Nacional. Estudios subalternos,
latinoamericanistas, estudios postcoloniales, la perspectiva de la nueva historia, la historia cultural,
como también las comunidades creadas por historiadores indígenas que exponen desde diversas
latitudes las distintas aristas que tiene esta problemática.
34

grandes héroes de la construcción de la nación. Por lo tanto, el resto de la


humanidad, es situada en un plano inferior que lo margina de la historia, como
resultado del supuesto de que el rol de la historiografía se debe limitar a dar
cuenta de grandes periodos, estables, con fenómenos y episodios más o menos
constantes y con pocas posibilidades de alteración. Este escrito, realiza un
esfuerzo por hacer un contrapunto a este paradigma, en el sentido de que
cuestiona la visión que la élite representó y plasmó acerca del Gulumapu en los
documentos de la época. Documentos que, por cierto, tienen limitaciones porque
han sido escritos principalmente desde el paradigma de la élite decimonónica, en
la que se desconoce la historia de los grupos subalternos, y que redundó
finalmente en el hecho de que los mapuche se quedaran sin lugar en la historia
Por lo que el propósito fue develar el eufemismo naturalista de lo nacional, para
revisar las fisuras de las narrativas, es decir, traspasar su instancia textual para
reconstruir el dispositivo argumentativo.

De allí este trabajo revisa los textos y documentos96 producidos por la élite,
desentrañando el tejido documental y el discurso desde el cual está compuesto,
colocando especial énfasis no en el análisis lingüístico y textual, sino en las
representaciones, los actores, intereses y las políticas ejecutadas. Coincidiendo
con Michel Foucault “No hay equívoco, es de todo punto evidente que desde que
existe una disciplina como la historia se han utilizado documentos, se les ha
interrogado, interrogándose también sobre ellos; se les ha pedido no sólo lo que
querían decir, sino si decían la verdad, y con qué título podían pretenderlo; si eran
sinceros o falsificadores, bien informados o ignorantes, auténticos o alterados”97.

Esto quiere decir, que los textos en tanto tienen una trama de poder
subyacente, pueden ser descifrados no desde la textualidad ni la literalidad, sino
desde lo no dicho, desde el contexto en que se produce y en tanto existen actores

96
Ahora bien, existen otros paradigmas desde los cuales es posible reconstruir lo dicho, en
palabras de Foucault “la historia ha cambiado de posición respecto del documento: se atribuye
como tarea primordial, no el interpretarlo, ni tampoco determinar si es veraz y cuál sea su valor
expresivo, sino trabajarlo desde el interior y elaborarlo”. Foucault, La arqueología del saber, 16.
97
Foucault, Michel. La arqueología del saber, 16.
35

políticos que tienen participación en las condiciones de producción ya sea por


presencia y/o ausencia.

LA PERSPECTIVA CULTURAL Y LA NUEVA HISTORIA

Teniendo en cuenta la complejidad que reviste soslayar las fronteras


comunes entre disciplinas que han tenido por preocupación el nacionalismo, como
por ejemplo la crítica literaria, la antropología cultural, la filosofía y teoría política,
se entiende que esta tesis es tanto un esfuerzo por descomponer desde las
mismas fuentes con que trabaja la historiografía tradicional y las disciplinas
aludidas, como por leer la construcción de la nación desde su borde, desde su
sombra. Es decir, es un intento por interrumpir el relato desde que la cual ha sido
construida la nación, a través de un esfuerzo de historización de los actores que
ha anatemizado.

Es así como esta tesis se inscribe en la perspectiva de la nueva historia, y


la historia cultural, ya que se entiende que hay una dicotomía entre la "historia de
los de abajo" y los "poderosos", especialmente la élite y el Gulumapu. Al respecto,
Homi Bhabha señala "encontrarse con la nación tal como está escrita, implica
poner de relieve una temporalidad de la cultura y de la conciencia social más
acorde con el proceso parcial sobre determinado, por el cual el significado textual
se produce mediante la articulación de la diferencia en el lenguaje, algo que se
ajusta más al problema del cierre que denosta un papel enigmático en el discurso
del signo"98. Ello implica poner en perspectiva que la tarea del historiador no
debería remitirse solamente a la interpretación- en relación a un hecho cualquiera-
o a un conjunto de acontecimientos, sino que también la disciplina histórica puede
contribuir a desnaturalizar los enfoques totalizadores de la organización política.

98
Bhabha, Nación y narración, 13.
36

Quitarle el “velo naturalista a la nación”, se refiere a un intento de


descomponer esa unidad/continuidad de pensamiento de la “historia de la nación
chilena” y/o “la historia de la civilización chilena”. Se trata, por lo tanto, de
estructurar la memoria histórica a través del despliegue discursivo del
conocimiento y del contexto epistemológico del momento.

La crónica de afirmaciones y negaciones desde el poder, no solo son


privativas de la esfera de lo que comúnmente llamamos Estado-Nación, sino que
detrás de ello se entretejen un conjunto de intereses que se articulan a través de
la estructura social. Es decir, los sucesos que delinearon la política hacia el
Gulumapu por parte de la élite dominante, más concretamente -su episteme- el
positivismo latinoamericano, ubica al mapuche, al araucano como sujeto en la
historiografía nacional que adquiere un particular significado para la instauración
de la institucionalidad. Reparar los detalles de la lectura e interpretación de la
historia tradicional, significa también realizar un proceso de deconstrucción de los
opuestos, de la inversión de las jerarquías y de lo escrito en relación al binomio de
la nación en tanto comunidad política y cultural, auscultando sus fronteras
explícitas e implícitas. De igual modo, este proceso de construcción del Otro,
imbrica la historia del Gulumapu del siglo XIX, ya que si bien la nación mapuche
fue excluida de la organización política, no fue enteramente un afuera de los
márgenes de ella, es decir, de las fronteras de la nación política ya que la narrativa
colonialista igualmente los retrató y representó en tensión al imaginario de la élite.

De esta manera lo que está en el trasfondo pasa al primer plano.


Consecutivamente se incorpora la perspectiva filosófica de Jacques Derrida99,
entendida como un análisis crítico de la tradicional forma de ver la realidad
mostrada por la cultura clásica occidental, deshaciendo y descomponiendo las
idealizaciones del discurso nacionalista, o si se quiere, cuestionando una realidad,
una visión historiográfica ya dada y que se ha pasado por alto, y que por el sólo
hecho de estar allí, no se ha indagado acerca de "su huella" (o lo que aquí se
99
Jacques Derrida, La desconstrucción en las fronteras de la filosofía (Barcelona: Editorial
Paidós, 1996); Jacques Derrida, “Una Filosofía constructiva”, en Zona Erógena, no 35 (1997).
37

entenderá por perspectiva cultural). Paralelamente, es un esfuerzo contra


hegemónico de desclasificar los saberes no legitimados por la historia tradicional
colocando en el espejo a la élite y el Gulumapu, reorganizando el conocimiento
que se ha producido a propósito de las jerarquías establecidas en estos pares
opuestos. En palabras de Foucault “trata en realidad de hacer entrar en juego
saberes locales, discontinuos, descalificados, no legitimados, contra la instancia
teórica unitaria que pretendería filtrarlos, jerarquizarlos, ordenarlos en nombre de
un conocimiento. La genealogía sería entonces, respecto y contra los proyectos de
una inscripción de los saberes en la jerarquía de los poderes propios de la ciencia,
una especie de tentativa de liberar de la sujeción a los saberes históricos, es decir,
hacerlos capaces de oposición y de lucha contra la coerción de un discurso
teórico, unitario, formal y científico”100.

Lo anterior permitió organizar el proceso metodológico teniendo en cuenta


las distintas perspectivas que provee la historiografía y la perspectiva cultural de la
nueva historia, y las distintas herramientas metodológicas provenientes del
análisis del discurso político.

EL PROCESO METODOLÓGICO

El proceso metodológico se llevó cabo a través del análisis documental,


entendido como "el conjunto de principios y de operaciones técnicas que permiten
establecer la fiabilidad y adecuación de cierto tipo de informaciones para el estudio
y explicación de un determinado proceso histórico"101. La documentación escrita
se refirió principalmente a documentación de a) archivo, principalmente fondos
documentales, b) bibliográfica, que dio cuenta del estado de la cuestión y del tema

100
Michel. Foucault, “Genealogía del racismo. De las guerras de las razas al racismo del Estado”,
en Presentación de Tomás Abraham, trad. del francés de Alfredo Tzveibely (Madrid: Ediciones La
Piqueta, 1992), 24.
101
Julio Aróstegui, La investigación histórica: teoría y método (Madrid: Crítica Editorial, 2001), 393.
38

abordado que también incluyó las memorias y biografías de intelectuales de la


época y c) hemerográfica, es decir, la prensa escrita del siglo XIX.102.

El procedimiento de análisis consistió en el análisis de discurso, cautelando


descifrar las prácticas discursivas que hablan de los sujetos y sus
representaciones, lo que epistemológicamente implicó colocar en juego las
unidades, elementos y técnicas de análisis e interpretación de los distintos textos
que se utilizaron para dar cuenta de la producción existente en el corpus
documental. De allí que, concordando con Aróstegui el análisis del discurso resulta
apropiado "para desentrañar el significado de algunas situaciones históricas" 103,
por lo que es fundamental establecer la relación del discurso de acuerdo al
contexto en que se produce.

La perspectiva escogida en consecuencia, fue la propuesta analítica de


Jesús Ibañez, que originalmente surgió de un afán interdisciplinar y ha resultado
adecuado "para el análisis de la eficacia simbólica de la dimensión perfomativa del
discurso", es decir, "el que establece una adecuada relación entre las propiedades
internas del discurso, las propiedades de quien lo pronuncia y las propiedades del
contexto en el que es pronunciado” 104.

En consecuencia, se organizó los siguientes niveles de análisis:

a) Nuclear: Captación de los elementos nucleares y de las estructuras


elementales del material discursivo. Esto se refirió específicamente a las
propiedades internas del discurso.

102
Según Aróstegui: “La prensa ha sido la fuente de comunicación pública de mayor importancia
desde el siglo XVIII. En, Aróstegui, La investigación histórica, 405.
103
Aróstegui, La investigación histórica, 410.
104
María Isabel Jociles Rubio, “El análisis del discurso: de cómo utilizar en la antropología social la
propuesta analítica de Jesús Ibañez”, en Ava. Revista de Antropología. Universidad Complutense
de Madrid (2005).
39

De esta manera, se coloca en evidencia los elementos nucleares del discurso,


es decir, las estructuras de la verosimilitud, “esto es los elementos mínimos del
discurso que simulan su verdad o lo hacen a aparecer como verdadero”105.

Asimismo, y dado que no todos los niveles del discurso resultaron apropiados
para el análisis a nivel nuclear, se seleccionó los siguientes ámbitos de la
verosimilitud:

a.1 Verosimilitud referencial. Se refiere a la esfera de las relaciones del


discurso con el mundo, y se pueden organizar en forma de oposiciones binarias,
esquemas clasificatorios o en forma de metáforas.

a.2 Verosimilitud lógica: Es el arte de persuadir, de encadenar los significados


ocultando su encadenamiento, operando mediante el razonamiento y la
argumentación en el plano ideológico. La puesta en práctica de este análisis,
permitió diferenciar los tipos de argumentos a los que se refirió la élite y develar la
manera en que esos argumentos encadenaron los significados, captando las
predisposiciones que se intentó crear en los receptores para finalmente conectar
esos argumentos con las características del auditorio al que se dirigió.

a.3 Verosimilitud tópica: Es el sistema que apela a los lugares comunes, los
valores que todos aceptan y las configuraciones simbólicas.

En consecuencia, el análisis nuclear implicó colocar en juego los distintos tipos


de verosimilitudes, conectando los argumentos, valores, tópicos, símbolos
utilizados para representar la manera de percibir la realidad de la élite y cómo ésta
la transmitió al resto de la sociedad.

b) Autónomo: Se descompone el material en diferentes discursos o textos para


relacionarlo con distintos ethos que producen dichos sistemas (clase,
género, subcultura). Concretamente esta dimensión relaciona las
propiedades internas del discurso con quienes la pronuncian y/o la reciben.

105
Jociles, El análisis del discurso, 11-12.
40

La pluralidad de textos y discursos que fueron analizados en este nivel, se


organizó a través de una tipologización, resultante de los intereses, experiencias,
o de acuerdo a las posiciones que ocuparon sus exponentes en la narrativa
nacionalista.

c) Sýnnomo: Por último, se recuperó la totalidad y organizó el material


discursivo que de alguna manera se había descompuesto en los dos
niveles anteriores articulando dialécticamente “lo que dice” la élite y qué
representante “lo dijo”, procurando verificar cómo los discursos se
constituyeron mutuamente entre sí, y por sobre todo, la relación de esos
discursos con el contexto sociocultural en que fueron producidos, dando
origen. a la interrelación de los distintos momentos en las conclusiones de
este trabajo.
41

PRIMERA PARTE: CONTEXTO HISTÓRICO Y POLÍTICAS QUE DAN CUENTA


DE LA REPRESENTACIÓN DEL OTRO

CAPÍTULO I. EL CONTEXTO HISTÓRICO EN EL QUE SE CONSTRUYE LA


REPRESENTACIÓN DEL OTRO

Previo a la ocupación militar de la Araucanía y de la implementación del


modelo de reducciones, el Gulumapu poseía un ordenamiento diferente al que hoy
se le conoce. Se organizó territorialmente por el liderazgo de grandes hombres,
caciques generales, Longkos y Bütalongkos, personas respetadas y distinguidas
ante las familias que representaban. El liderazgo no era centralizado ni
representativo de toda la nación mapuche, como tampoco tuvo las características
de un Estado unitario. Sin embargo, contó con mecanismos de articulación e
interacción política, que utilizó para generar debates y acuerdos frente a sus
materias de interés.

Un estudio realizado por Carlos Contreras Painemal106, muestra que la


sociedad mapuche, generó “68 parlamentos con la corona de España, 40 con la
República Argentina, 22 con la República de Chile”, y que de acuerdo a este autor
los parlamentos fueron “ceremonias que formarán parte del espacio propio de una
sociedad segmentaria en donde se llevarán a cabo las alianzas y las
negociaciones etnopolíticas y que los mapuche denominaban desde tiempos
inmemoriales como el koyang107 y xawun, fütatawun108”.

Antes de entrar a detallar la cronología de los hechos reconocidos por la


historiografía tradicional, y que son relevantes para comprender los sucesos
acontecidos en el corte temporal en que se sitúa este escrito, se incluirá una breve

106
Carlos Contreras Painemal, “Los Tratados celebrados por los Mapuche con la Corona
Española, la República de Chile y la República de Argentina.” (Tesis para optar al grado de Dr.
Phil., Universidad Libre de Berlín, 2010), 9.
107
En lo sucesivo se utilizará indistintamente el término Koyang o parlamento.
108
También es posible encontrar en la literatura denominaciones más actuales tales como xawun,
fütatawun que se refiere a “grandes reuniones” y espacios de deliberación de temas de interés, ya
sea para el diálogo entre mapuche o con otros actores vinculados a la sociedad chilena.
42

reflexión acerca de los parlamentos realizados y suscritos entre españoles,


chilenos e indígenas, en el entendimiento que ellos constituyeron espacios
importantes en que la sociedad mapuche deliberó y celebró sus acuerdos. La élite
chilena no concordó sobre el provecho de estos, ya que fueron resemantizados e
instrumentalizados sin distinción como cabildos, acciones diplomáticas, o bien
reunión de salvajes que tenían en su visión el único propósito de organizar
montoneras. Las distintas posturas frente a ellos, reflejarán los paradigmas de la
época109. Esta apreciación es relevante para contextualizar los hitos y momentos
en que se construyó las representaciones sobre el Gulumapu, como también, y a
consecuencia de ello, las políticas implementadas hacia los mapuche.

En efecto, la investigación de Carlos Contreras Painemal, muestra que a


través del análisis de los diversos parlamentos, fue posible identificar cómo en la
época colonial se capitularon, pactaron y trataron diversos acuerdos entre el
Gulumapu y la Corona, amparándose en el paradigma de la fe, y el consiguiente
desarrollo de políticas de evangelización y misiones vinculadas a la conversión
cristiana de los mapuche. Del mismo modo, se reconoció las fronteras y límites
que se fijaron entre el territorio indígena y español. Con la independencia, las
Repúblicas recibieron los límites de los territorios indígenas amparados por los
tratados mencionados, por la parte Argentina al sur de los ríos Negro y Salado y la
parte chilena al sur del Bio-Bío. Posteriormente, influenciados por el paradigma del
progreso, las nacientes Repúblicas surgirán en medio de estos límites territoriales,
y en el caso de Chile se mantuvo, por un tiempo, la política de los parlamentos,
agasajos a Longkos, y una serie de medidas tendientes a mantener la paz. “Desde
el parlamento de Tapihue en 1825, la República de Chile celebrará con los

109
De acuerdo a l trabajo de Carlos Contreras Painemal, se puede distinguir la presencia de varios
paradigmas históricos temporales que actúan como verdades sobre las cuales se interpretaba la
realidad. Desde la discusión bibliográfica de cronistas e historiadores, deviene para este autor una
interpretación respecto de la noción de los parlamentos, distinguiendo: a) Paradigma de la fe “por
lo tanto será la iglesia la que irá generando las ciencias, la que impartirá justicia”. Su misión será
lograr la conversión al cristianismo.b) Paradigma del progreso: con la independencia de las nuevas
repúblicas surgirá la idea del progreso, quedando lo indígena asociados a la barbarie. En, Carlos
Contreras Painemal, Los Tratados celebrados por los Mapuche, 17-43.
43

mapuche 21 parlamentos, de los cuales quedará constancia escrita, dicha


documentación se encuentre firmada por ambas partes”110.

Este mismo autor, en referencia a Guilles Deleuze111, sostuvo que durante


este periodo se transitó desde un poder soberano (paradigma de la fe), al poder
disciplinario (paradigma del progreso). En concordancia Michel Foucault, expuso
que uno de los fenómenos cruciales del siglo XIX es el momento en que el poder
se hace cargo de la vida, “en la teoría clásica, el derecho de vida y muerte era uno
de los atributos fundamentales de la soberanía”112. Esto significa que en la
confrontación de poderes, el sujeto tiene derecho a la vida y la muerte gracias a la
labor del soberano, quien tiene la facultad para hacer vivir, y hacer morir. El
surgimiento del poder disciplinario consistirá en la aplicación de una técnica a la
que se recurrirá para producir efectos en un conjunto de individuos. Esta
confrontación entre los poderes, soberano y disciplinario, será un rasgo
fundamental del siglo XIX, en palabras de Foucault: "¿cómo es posible que un
poder político mate, reivindique la muerte, exija la muerte, haga matar, dé orden de
matar, exponga a la muerte no sólo a sus enemigos sino a sus ciudadanos?"113.

Como se podrá apreciar más adelante en este trabajo, el periodo escogido


para desarrollar esta tesis, se caracterizó por sucesivos debates que dejarán a la
deriva la confrontación de estos poderes, desde los cuales la élite chilena justificará
las acciones desarrolladas hacia el Gulumapu. En consecuencia, el poder
disciplinario operó como una tecnología consistente en la aplicación de tácticas que

110
Contreras Painemal sostiene que “sin embargo la historiografía nos señalará de que habría
existido el “Parlamento de Putue” celebrado en 1883, en donde los mapuche habrían firmado las
paces con la República y habrían entregado Villarrica, pero en honor a la verdad, esto no
acontecerá, si bien hubo un parlamento, en donde los mapuches manifestaban su malestar por la
presencia militar y de invasión, estos se retiraron de esta, sin haber aceptado ni acordado, ni
mucho menos haber firmado un tratado” Contreras Painemal, Los tratados celebrados por los
Mapuche, 213.
111
Guilles Deleuze, “Conversaciones 1972-1990,” trad. José Luís Pardo (Santiago: Escuela de
Filosofía, Universidad Arcis, edición electrónica) 143-154, citado por Contreras Painemal, Los
tratados celebrados por los Mapuche, 48.
112
Michel Foucault, Genealogía del racismo, trad. del francés de Alfredo Tzveibely (Madrid:
Ediciones La Piqueta, 1992), 248.
113
Foucault, Genealogía del racismo, 263.
44

integrarán discursos que se pretendieron emplazar estratégicamente a través de un


régimen de verosimilitud, es decir, presentarse como verdades. De allí que la
principal maniobra fue la invocación a la guerra, la que aparecerá sobre el principio
del reforzamiento biológico de sí mismo que deviene en la destrucción del Otro.

Por lo anterior, el paradigma que articulará los procesos de normalización


del poder disciplinario en el periodo en que se sitúa este escrito, está comprendido
por un estrecho vínculo entre el discurso del poder y la teoría biológica de Charles
Darwin, evolucionismo entendido como el modo de reinscribir el discurso político
ocultándolo bajo un paragua con pretensiones científicas, que deviene en una
manera de "pensar las relaciones de colonización, guerra y criminalidad"114.

A fines del siglo XIX, según Foucault, la guerra apareció sobre todo, como
un medio de reforzar la propia raza eliminando la raza adversa y también como un
modo que permitía regenerar la propia raza en el entendido de que cuantos más
mueran, más pura será nuestra raza. “El racismo asegura entonces la función de
la muerte de la economía del biopoder, sobre el principio de que la muerte del otro
equivale al reforzamiento biológico de sí mismo como miembro de una raza o una
población, como elemento en una pluralidad coherente y viviente115.

Finalmente, en la siguiente sección se dará cuenta de los hechos cruciales


que implementará la élite como consecuencia del poder disciplinario.

114
Foucault, Genealogía del racismo, 266.
115
Foucault, Genealogía del racismo, 267.
45

SINTESIS DE LOS HECHOS

Existen distintas visiones en torno a los hechos acontecidos en la Araucanía


durante la segunda mitad del siglo XIX ya que según el juicio de algunos
historiadores, dicho periodo se presenta desde una visión conflictiva dejando ver a
los mapuche como entes pasivos, que sufrieron el impacto de la historia,
agregando que el intercambio entre generales y Longkos demostraba que se forjó
juntos la integración final de la Araucanía a la República116. Por contraste, Jorge
Pinto indica que los historiadores del siglo XIX no solo estigmatizaron al mapuche,
sino que se olvidaron de él117. De allí que en esta parte del trabajo, se presenta un
recuento de los principales hechos ocurridos, y que han sido presentados por
distintos historiadores, novelistas, la prensa, memorias y cartas desclasificadas y
publicadas recientemente.

- (1850) Inicio de una nueva política de radicación hacia el mapuche.

Fecha en que muere el Longko Nagche Kolipi- y que coincide con los inicios
del gobierno de Manuel Montt- y el comienzo de la política de radicación mapuche,
en la que el Estado, a través del otorgamiento de títulos de Merced creó
“reducciones”, estrategia que consistió en localizar a las familias indígenas con el
fin de liberar espacio para implementar la política de colonización tanto extranjera
como nacional.
116
En las memorias de la Segunda jornada de Historia Militar se señala que: “En el análisis
"Lonkos y generales: Epistolario de la pacificación de la Araucanía, 1860-1870", se puede observar
una acuciosa investigación relacionada con el Ejército y su participación en un período complejo de
nuestra historia. En su análisis el autor critica la visión de muchos historiadores sobre el pueblo
mapuche. Para esto plantea la necesidad de dejar de lado los relatos concebidos a partir de una
imagen distorsionada de la realidad y volver a las fuentes originales. Al respecto, se refiere al
intercambio epistolar de lonkos y generales, el que se mantuvo por más de un siglo. En ese
contexto mencionan documentos del coronel Cornelio Saavedra, donde se resalta su preocupación
por la suerte del pueblo mapuche y su realismo histórico y político”. “Introducción”, en Segunda
Jornada de Historia Militar. Siglos XIX y XX, (Santiago: Ediciones Centro de Estudio e
Investigaciones Militares, 2005): disponible en http://www.cesim.cl/Publicaciones/Libros/
Presentacion_Segunda_Jornada.pdf
117
Jorge Pinto, La formación del Estado y la nación y el pueblo mapuche. De la inclusión a la
exclusión (Santiago: Editado Centro de Investigaciones Barros Arana, Dibam, 2003), 22.
46

Al respecto, y en relación a los hechos que interesa destacar en relación a


este periodo, en los años 50 del siglo XIX, y en los inicios del Gobierno de
Presidente Manuel Montt, se gestó una crisis política en la que ocurrieron dos
guerras civiles, ya que estando en el poder Montt como Presidente y Varas como
Ministro del interior, crearán el Partido Nacional, al alero de la presidencia,
desatando controversias por monopolizar el poder.

- (1852) Creación de la provincia de Arauco,


“entregar a la industria y al comercio, el
rico i estenso territorio araucano”118.

En esta década, acontecimientos importantes fueron la creación de la


provincia de Arauco en 1852, el gobierno chileno asentó sus primeros precedentes
administrativos en el territorio indígena119, y en 1859, la gestación de una nueva
guerra civil, dio fruto a la impugnación desatada ante la posibilidad de que Montt
dejará como su sucesor a Antonio Varas.

Cornelio Saavedra como Intendente, encabezó las fuerzas del gobierno en


la zona de frontera. Una vez restablecido el orden en la frontera se trasladó a
Santiago en junio de ese mismo año a fin de convencer al Presidente Montt de
ocupar el Gulumapu. Así lo indica Horacio Lara, en la “Crónica de la Araucanía”
“mortificado el jefe de la frontera (teniente coronel señor Cornelio Saavedra) con el
estado deplorable a que había sido reducidos los indios los campos chilenos (...)
concibió la resolución inquebrantable de dominar para siempre la barbarie,

118
Horacio Lara, Crónica de la Araucanía. Descubrimiento I Conquista. Pacificación definitiva I
campaña de Villarica (leyenda heroica de tres siglos) (Santiago: Imprenta del Progreso, 1889),
Tomo II, 206.
119
La ley de Creación de la provincia de Arauco, del 2 de julio de 1852, en su artículo 3º indica: se
autoriza al Presidente de la República para dictar las órdenes que juzgue convenientes para el
mejor gobierno de las fronteras, para la más eficaz protección de los indígenas, para promover su
más pronta civilización y para arreglar contratos y relaciones de comercio con ellos.” Ley de 2 de
julio de 1852, que crea la provincia de Arauco y autoriza al Presidente de la República para
reglamenta el gobierno de las fronteras y la protección de los indígenas. En, Alvaro Jara,
Legislación indigenista de Chile (México, D.F.: Ediciones Especiales del Instituto Indigenista
Interamericano, 1956), 31
47

reintegrando a la república a sus límites naturales, i entregar a la industria y al


comercio el rico i estenso territorio araucano, dominando pero no estinguiendo su
numerosa población indígena120.

En los comienzos del año 1859, la provincia de Arauco comprendía todo el


territorio que forman las provincias del Biobío, Arauco, Malleco, Cautín. Que
todavía no estaban incorporadas al territorio chileno, “manteniéndose tan extensa
zona en pleno dominio de la raza araucana, separados solo por la línea del río
BíoBío, la misma línea divisoria que existía desde tres siglos atrás y que respetó la
España, cuando reconoció nuestra independencia”.121

La provincia de Arauco, creada por ley en julio de 1852, se dividía en dos


secciones, una civilizada y una completamente sometida a nuestra
constitución y la otra que declaraba salvaje122 y en completo estado de rebelión
al mismo tiempo que creaba para ambas, dos legislaciones diversas. 123

Las exageradas relaciones que se hacían con respecto a la ferocidad de


las tribus salvajes que la pueblan124; la constancia de esas tribus para sostener
durante tres siglos y medio una lucha titánica entre la civilización que día a día la
estrecha más y más, los continuos asaltos y combates que en ella se libraban,
todo contribuía a mirar la provincia de Arauco, como peligrosa y temible.125

- Las campañas en la alta y baja frontera (1859-1861)


¿no se ha considerado que era un acto
vejatorio, para la nación el tolerar que
los salvajes despojaran a chilenos de
sus propiedades?

120
Lara, Crónica de la Araucanía, 206.
121
Navarro Rojas, Crónica Militar de la conquista y pacificación de la Araucanía desde el año 1859
hasta su completa incorporación al territorio nacional (Santiago: Editorial Pehuén, 2008), 29
Énfasis añadido por la autora
122
123
Navarro Rojas, Crónica Militar de la conquista, 29.
Énfasis añadido por la autora
124
125
Navarro Rojas, Crónica Militar de la conquista, 30.
48

En el Gulumapu, las revoluciones regionalistas de 1851 y 1859 dividieron al


mundo mapuche en dos posiciones; algunos autores lo han denominado
“Arribanos” y “Abajinos”, por sus posiciones geográficas y por sus alianzas
establecidas con los chilenos126. En ese entonces, ya se reconocía que el territorio
indígena representaba una amenaza para la soberanía de la nación chilena. De
acuerdo a lo indicado por Tomás Guevara “el alzamiento de los indios en 1859,
llevó una vez mas el convencimiento al gobierno de la premura i utilidad que había
de ocupar militarmente un territorio que estaba como fuera de la soberanía
nacional i que venia sirviendo de asilo a los perturbadores de la paz pública” 127.
Por lo anterior, se desarrollaron tres campañas (1859, 1860,1861) dirigidas por el
coronel Vicente Villalón (alta frontera) y Mauricio Barbosa (baja frontera) al fin de
reprimir y castigar a los habitantes del Gulumapu y los llamados “montoneros”.

Al mando de la provincia de Arauco estaba el señor Luis Benavente cuando


comenzaron a llegar los rumores y anuncios sobre el alzamiento de los indígenas.
Se organizaron divisiones a cargo de Villalón, Fernández y Salvo; según Lara, las
misiones tuvieron resultados asociados a la destrucción y la pérdida de vidas
humanas que otros más vinculados a la posesión del territorio “sin mas resultado
que la pérdida de jente por una i otra parte, i el incendio i destrucción de la
propiedad indígena (…) dejando a los salvajes dueños absolutos como siempre de
todo el territorio al sur del Biobío”128. Complementariamente, Leandro Navarro da

126
En este escrito, se utilizará el criterio geográfico y político de las alianzas familiares que se
gestó en torno a los Arribanos y Abajjnos. Dado que se da cuenta de un extenso periodo no se
pretende totalizar la relación que indica que, los primeros serían aquellos líderes y familias
opositores al gobierno, por el contrario, los Abajinos los que pelearán a favor de éste.
Indistintamente de las rivalidades entre estas alianzas, algunas familias y Lonkhos pertenecientes
a estas parcialidad actuaron bajo un criterio más geográfico que político. Según Lara, “…la
contienda civil 1851 volvió a inquietar, sin embargo, como en el pasado, las tribus de Arauco, como
había sucedido en la guerra a muerte, dividiose también la opinión de aquellas, declarándose
partidarias unas de la causa del general Cruz, caudillo de la revolución i tribus de la costa
encabezadas por el comisario general de indígenas, el antiguo montonero de Benavides i
Pincheira, José Antonio Zuñiga, Mañil, Catrileo i Colipi, dueños casi absolutos de la Araucanía,
eran los cabecillas crucistas principales allende el Bío- Bio.” Lara, Crónica de la Araucanía, 199.
127
Tomás Guevara, Historia de la civilización de la Araucanía (Santiago: Imprenta Barcelona,
1902), 291.
128
Lara, Crónica de la Araucanía, 207.
49

cuenta que algunas de estas divisiones sólo llevaban destrucción a los territorios
indígenas que penetraban, en las que se armaban cuadrillas que tenían por
finalidad generar hostilidades y destrucción “la división que operaba por la
montaña iba al mando del teniente coronel don Toribio Fernández, compuesta por
doscientos infantes del 3 de línea, cien cazadores a caballo y cuatrocientos
milicianos de caballería al mando del comandante Domingo Salvo. Estos
milicianos conocidos con el nombre de lleulles, iban por su propia cuenta, sin más
incentivo que el saqueo que pudieran efectuar entre los indios bien poco armados
con armas de fuego, y los más con picas y laque”129.

Las controversias de las campañas es posible verificarlas en el periódico el


“Correo del Sur” de Concepción, en la inserción “La cuestión Araucana del 24 de
Octubre de 1861”.Ese mismo día, Saavedra fue nombrado Comandante en Jefe
del Ejército de operaciones sobre el territorio mapuche asimismo, Intendente y
Comandante General de armas de la provincia de Arauco.

El Corresponsal de Nacimiento, relató los efectos de estas operaciones


militares y señalaba “Dos campañas formales se han emprendido contra el
territorio indijena, mandadas ambas en jefe por el coronel D. Vicente Villalón. La
primera que tuvo lugar en enero de 1860 con un ejército compuesto de más de
3,000 hombres, no produjo resultado alguno decisivo, pues apenas alcanzaron
estas tropas hasta el río ‘Malleco’ que dista una 14 leguas al Sur del Bíobio,
cuando el jefe creyó que no era conveniente avanzar mas i ordenó la retirada.
Famosa campaña fue ésta, que se llamó por acá la campaña de once días, sin
que diese más provecho que fatigar inútilmente al soldado i consumir algunos
miles de pesos”130.

Las medidas represivas aplicadas por el gobierno chileno, eran calificadas de


insuficientes según la prensa, ya que los gastos no justificaban los efectos que se
esperaban de ellas: “Bien tristes i lúgubres eran estos resultados, i si bien la última

129
Navarro Rojas, Crónica Militar de la conquista, 45.
130
Ver artículo “La Cuestión Araucana (De nuestro corresponsal de Nacimiento)” en El correo del
Sur, 24 Octubre 1861.
50

espedicion (que como saben tuvo lugar en principios de este año) no fue del todo
estéril, las ventajas obtenidas han consistido solo en quitar a los indios algunas
cantidades de animales, incendiarles casas i sementeras, dejándolos reducidos a
carecer por algún tiempo de artículos alimenticios, tales como trigo, maíz, etc. He
aquí el fruto obtenido de las dos campañas”131.

Consecuentemente, el periódico el Correo del Sur de Concepción en la década


del sesenta del siglo XIX, se concebía como una tribuna de posición gobiernista
del régimen del Presidente Montt y sustentaba su editorial en que había que
generar un plan de control del territorio indígena. En consecuencia, no solo
amonestaba los resultados de estas campañas, sino que cuestionaba e
interpelaba acerca del propósito de las acciones militares emprendidas, dejando
entrever su interés que el Gobierno diseñara un plan de operaciones en la frontera
que tuviera un impacto mayor al generado hasta ese entonces: “pero, se hace
necesario preguntar aquí ¿Cuál era el objeto de esas espediciones? ¿Se trataba
nada mas que de talas los campos indígenas i batir las montoneras de estos si se
presentaban, o de proteger también a los propietarios de ultra Biobio para que
tomaran posesiones de sus fundos? Si se trataba de ambas cosas a la vez
¿porqué a la última i principal no se le ha prestado atención alguna? (…) ¿Por
qué? –por que no ha habido plan ni concierto en todas las operaciones de la
frontera, se han tomado medidas al acaso i no se ha considerado que era un acto
vejatorio, para la nación el tolerar que los salvajes despojaran a chilenos de sus
propiedades, i que el Gobierno nacional en el deber de protejerlos se viese en la
impotencia de hacerlo con mengua de su dignidad”132. Por lo tanto, había una
refutación de fondo133 hacia el accionar del Gobierno, ya que por un lado, se

131
“La Cuestión Araucana” en El correo del Sur, 24 de octubre de 1861.
132
“La Cuestión Araucana” en El correo del Sur,24 de octubre de 1861.
133
Recientemente, el día 10 de abril de 2013 se organizó una Jornada en la Academia de Historia
Militar, en la que el GDD (General de División) Waldo Zauritz, presentó una ponencia denominada
"Cornelio Saavedra y sus gestión militar fronteriza, 1859-1864". Respecto de las expediciones
realizadas, es decir, Campaña de Bulnes 1834-1865, campaña de 1859-1860 y la campaña de
enero de 1861, Zauritz aclara que estas expediciones fueron de carácter punitiva con el fin de
castigar a los rebeldes y que no hubo en ellas requerimientos de Ocupación.
51

sostenía que las medidas buscaban solo reprimir a los montoneros, y por otro, la
prensa insinuaba que se trataba también de la defensa de la soberanía política y
económica de la nación chilena, aludiendo a que los propietarios no indígenas del
Biobío, eran despojados por “salvajes”.

- (1860) Muerte de Mañil Wenü


“El enemigo más terrible ha
desparecido” 134

Los líderes del Gulumapu resistieron los efectos de estas campañas, y


reaccionando a estas discordias, el 30 de abril de 1860, el cacique Mañil Wenü135
le dirigió una carta al General Justo José de Urquiza indicándole que el gobierno
de Montt de Santiago, le quería quitar el territorio y la independencia, y
consultándole si tendría derecho a defender la autonomía política de las
parcialidades, a través de los tratados y parlamentos que sus antepasados
habrían suscrito con anterioridad, y en los cuales se dejaba como línea divisoria la
del Biobío. Más adelante, el 21 de septiembre del mismo año, envió otra carta al
Presidente Montt, indicándole lo acontecido en el Gulumapu desde 1851, le hizo
ver las gestiones de Saavedra, y las malas prácticas de Salvo y Villalón,
sospechando que en Santiago no se tendría noticias de los “agravios que se
estaban cometiendo”136. Al poco tiempo, Mañil Wenü murió, por lo que no alcanzó

134
Ver El Correo del Sur, Concepción, Chile. Año XI, 6 diciembre 1860, NUM. 1341, 3.
135
Benjamín Vicuña Mackenna, se refiere a este cacique como: “Era Mañil Bueno( Mañil Wenü)
una especie de rei-sacerdote _ que hacia adorar un caballo blanco que guardaba escondido en su
malal. Desde este sitio misterioso, el avieso indio, austero, desinteresado, valiente, especie de
brujo i de adivino (machi) se hacia respetar como un semi-dios no solo por las reducciones dé la
Montaña, de las que era señor natural, sino en todas las comarcas desde el Cauten al Calle-calle.
Fuera de sus supercherías, distinguieron siempre a Mañil dos cualidades notables. Fué la una un
noble sentimiento de hospitalidad (pie ejerció hasta hace poco (1850) con emigrados políticos de
Chile i la otra su odio implacable a Colipí, que al fin sucumbió al veneno que su cauteloso rival le
propiciára (1850).” Benjamín Vicuña Mackenna, La guerra a muerte. Memoria sobre las últimas
campañas de la independencia de Chile, 1819-1924 (Santiago: Imprenta Nacional, 1868), 76.
136
En los capítulos siguientes se analizarán estas cartas. Véanse, Carta del cacique Mañil Wenü al
General Justo José de Urquiza y Carta de Mañil Wenü al Presidente de la República de Chile,
Manuel Montt, Mapu, septiembre 21 de 1860. En Cartas mapuche Siglo XIX, comp. Jorge Pavez
52

a conocer los resultados de sus gestiones. Su muerte, produjo una importante


inflexión en la política de defensa de la autonomía política del Gulumapu y en la
defensa de la línea de frontera pactada en los parlamentos realizados en los
periodos anteriores. Como lo reconoció Bernardino Pradel, “Sin la muerte de Mañil
jamás se habría conseguido la sumisión ni reparación de perjuicios, pues estaba
en la firme persuasión: 1° Que era jefe supremo de una nación independiente. 2°
Que los tratados que hicieron sus antepasados con el rei, fijaron el límite de su
territorio en el Biobio. 3° Que todo lo que poseen los cristianos de esta parte del
Biobio son usurpaciones. Felizmente, los caciques que intervendrán ahora, no
tienen tales pretensiones”137.

Su muerte, causó impacto en la prensa chilena. El Correo del Sur de


Concepción, el 6 de diciembre de 1860, tituló: “Murió Magil138 (Mañil Wenü)139 por
cartas particulares i según varias personas llegadas desde los Angeles, se
anuncia la muerte de Magil, el cacique más poderoso de toda la Araucanía”. Mañil
Wenü fue reconocido como el firme opositor y el líder de la resistencia del
Gulumapu. Según El Correo del Sur “este cacique era el que oponía más
resistencia a las espediciones que se han internado en el territorio araucano, para
castigar a los indios ofeasores i quizá este accidente venga ahora a facilitar la
conquista de Arauco, pues el enemigo más temible ya ha desaparecido ”140. La
misma tribuna pronosticaba una exitosa conquista del territorio mapuche.

Ojeda (Santiago: Ediciones CoLibris, Ocho Libros, y Fondo de Publicaciones Americanistas


Universidad de Chile, 2008), 311 y 318 respectivamente.
137
Bernardino Pradel era un crucista y revolucionario regionalista que fue apresado por la
administración de Manuel Montt después de la revolución de 1859, logró escapar y se refugió con
los Arribanos, lo que le permitió forjar una amistad con Mañil Wenü, por lo que durante un buen
tiempo custodió importantes documentos de la Frontera. Citado en Cartas mapuche, comp. Jorge
Pavez Ojeda, 83.
138
Ver artículo principal “Murió Magil” en El Correo del Sur, Año XI, 6 Diciembre 1860, 3.
Paréntesis añadido por la autora
139
140
Ver artículo principal “Murió Magil” en El Correo del Sur, Año XI, 6 Diciembre 1860, 3
53

- (1861) Renuncia de Saavedra


“Le suplico igualmente a Us. se sirva
exonerarme de este cargo”.

Un año más tarde, en 1861, asumió la jefatura de la nación José Joaquín


Pérez. Este gobierno, se propuso como objetivo la reconciliación del país después
de las divisiones creadas por las guerras civiles anteriores, y creó una ley de
amnistía con este propósito. Saavedra creó su primer plan de ocupación de la
Araucanía, “Desde que en el siglo pasado se estipuló reconocer como línea
divisoria entre los españoles i los indígenas el río Biobío, bien poco se ha
avanzado en la obra de la reducción i la civilización de los araucanos. La falta de
un plan sistemado i seguido con fe i constancia ha hecho por otra parte
infructuosos los esfuerzos individuales i las conquistas del comercio i de la
civilización. Reducidos los elementos puestos en acción, a las misiones mal
combinadas i mal servidas en su generalidad e impotentes por sí solas, ha ido
postergándose indefinidamente el gran pensamiento de nuestra integridad
nacional.”141 El Coronel Pedro Godoy respaldado por el Ministro de Guerra,
Manuel García presentó una propuesta alternativa a la de Saavedra, con el fin de
impedir que se llevara a cabo la campaña de Arauco. Sin embargo, finalmente el
Presidente resolvió apoyar sus planteamientos y como se había señalado
anteriormente, respaldó a Saavedra nombrándolo Comandante en Jefe del
Ejército de operaciones en el territorio mapuche. Para llevar adelante su plan, a
mediados de noviembre de ese mismo año citó a un parlamento a los caciques en
Angol, y ante la negativa de estos a concurrir, más la insistencia de los generales
experimentados en el tema -de cumplir el compromiso de no salirse de las vías
pacíficas acordadas-, sumado a las vacilaciones del gobierno de comenzar la
141
Cornelio Saavedra, “Consideraciones a Favor del avance de nuestras fronteras en el Territorio
Indijena. Y el establecimiento de una nueva línea sobre el rio Malleco. Informe al Ministro de
Guerra, Manuel García, 11 de Octubre de 1861,” en Documentos relativos a la ocupación de
Arauco que contienen los trabajos practicados desde 1861 hasta la fecha por el coronel del ejército
Cornelio Saavedra (Santiago: Imprenta Libertad, 1870), 16.
54

implementación de la intervención militar. Saavedra a modo de presión, terminó


presentado su renuncia el 6 de diciembre de ese año, sin embargo, continuó un
buen tiempo más en el cargo, mientras la Presidencia resolvía su renuncia, sin
embargo, el Coronel, sin perder su tiempo, comenzó de todos modos el avance de
tropas con un carácter defensivo.142

- (1862) Memoria de General Cruz, ocupación de Angol y Lebu


“Nosotros estábamos esperando que
mandaria nuestro amigo jeneral Cruz y
que nos entregarian nuestros terrenos”

Ante la irrupción del francés Orelie Antoine, autodenominado el rey de la


Araucanía, el Presidente José Joaquín Pérez, reconsideró las decisiones hasta
aquí tomadas. En 1862 Orelie fue apresado, y el mismo año el General Cruz
rebatió las propuestas de Godoy a través de la presentación de una memoria
sobre el avance de la frontera. Propiciará la ocupación de Angol y Lebu, por lo que
el Presidente le asignó la responsabilidad a Cornelio Saavedra para llevar a cabo
estas gestiones. Paradojalmente el General Cruz fue considerado por los Longkos
y líderes del Gulumapu como su amigo y protector, aspecto relevante si se
considera que una buena proporción de los líderes mapuche depositó la confianza
en este General chileno, y lo siguió en diversas oportunidades en las acciones que
este emprendió, lo que muchas veces influyó para que se incrementara la
desconfianza de la élite santiaguina y chilena hacia el Gulumapu.

El Ferrocarril de Santiago, 8 de Febrero 1860 indicaba que:

142
La carta de renuncia dirigida al Ministro de Guerra dice: “Los Anjeles diciembre 6 de 1861.
Señor Ministro: Con esta fecha elevo a manos de S. E el señor Presidente y por conducto del
señor Ministro del Interior mi renuncia del mando de esta provincia, i como US me ha honrado
tambien con el carácter de Comandante en Jefe del ejército de Operaciones de la Frontera, le
suplico igualmente a US se sirva exonerarme de este cargo; puede debo pronto separarme de esta
provincia. Lara, Crónica de la Araucanía, 209.
55

“De improviso los indios están de nuevo sobre las fronteras (…) ¿Qué nombre
vuelve a sonar en medio de esas carnicerías? … Siempre el del general Crus.
Arauco entero está lleno de su nombre. No hai proclama, junta de indios en que
ese nombre no figure, en que el general Crus no sea preseniado, reconocido i
aclamado como el jefe de las insurrecciones, como el protector confesado de los
araucanos, como el general en jefe de sus hordas, en una palabra. Ahí está la
proclama de don Bernardino Pradel que publicamos hace poco ¿No se decía en
ella a los barbaros que el general Crus vendría pronto en su ayuda, que volveria
por sus derechos por su independencia en peligro?” 143

El líder Mañil Wenü144, cuando escribió una carta en 1860 al Presidente Montt
le hizo ver los motivos para sumarse a la guerra en 1851, ya que a juicio de este
líder la guerra y sus circunstancias se consideró una oportunidad para defender el
territorio que a la fecha, estaba siendo invadido por habitantes ajenos al Gulumapu
que además ocupaban ilegítimamente las tierras de los mapuche:

“te hago presente que en enero del año 1851 supimos que te hacían guerra;
entonces acordamos todos los mapuche aprovecharnos de que estaban en guerra
para botar a todos los cristianos que nos tenían robadas todas nuestras tierras de
esta banda de Bio-bío sin matar a nadie”145.

El General Cruz era concebido por los líderes indígenas como el amigo y
protector de la nación mapuche, ya que su figura de líder revolucionario e
intereses regionalistas, representaban la posibilidad de restituir el territorio que
había perdido, ya que en palabras de Mañil Wenü:

143
Ver artículo “Revolución del 59 i los araucanos” en El Ferrocarril de Santiago, 8 Febrero 1860, 2.
144
Carta de Mañil Wenü al Presidente de la República de Chile, Manuel Montt, Mapu, septiembre
21 de 1860, en Cartas mapuche, comp. Jorge Pavez Ojeda, 319.
145
Carta de Mañil Wenü, septiembre 21 de 1860, en Cartas mapuche, comp. Jorge Pavez Ojeda,
319.
56

“pues ocho años a que nosotros estábamos esperando que mandaría


nuestro amigo jeneral Cruz y que nos entregarian nuestros terrenos146, y de
este modo cada dia se interesaban mas los cristianos”147.

La carta de Mañil Wenü es significativa para comprender como se


establecieron y disolvieron las relaciones de confianza entre los líderes del
Gulumapu y los agentes del Estado chileno. Permite además auscultar las
estrategias de aquellos líderes que resistieron la ocupación, y la alta valoración
que le tenía Mañil Wenü al General Cruz que lo consideraba el padre de la nación
mapuche:

“Se acabó el invierno y no llegó Sabedra. Entonces les mandé órden a todos
los que nos tenian usurpados nuestros terrenos que se fuesen y asi principiaron a
pasar para el otro lado del Bio-bio […] Los demas que nos decian que eran
Crucistas y les diésemos licencia para sembrar, criar animales en los terrenos que
teníamos desocupados y aun le permitiéramos vivir en ellos, porque son soldados
que puedan servir al jeneral Cruz que lo respetemos como al padre de nuestra
nación”148.

En síntesis y tal como se indicó anteriormente, paradojalmente Cruz pese a la


lealtad que le manifestaba el principal líder del Gulumapu finalmente será el
personaje que posibilitará la ocupación militar del territorio mapuche:

“en carta ulterior el general recomendó al presidente Pérez no dar a conocer el


contenido de aquélla en que le había sometido su plan de ocupación. En buen
romance, no quería que los indios se percataran de que su bien quisto amigo
había planificado la forma de ocuparles militarmente todas sus tierras149.

Énfasis añadido por la autora


146

Énfasis añadido por la autora


147
148
Carta de Mañil Wenü, septiembre 21 de 1860, en Cartas mapuche, comp. Jorge Pavez Ojeda,
319.
149
Manuel Ravest Mora, “Arauco… siempre Arauco. Introducción,” en Documentos Relativos a la
Ocupación de Arauco que contienen los trabajos practicados desde 1861 hasta la fecha (Santiago:
Ediciones Cámara Chilena de la Construcción, Pontificia Universidad Católica de Chile y Dibam,
2009), 38.
57

- (1862) Repoblación de Angol.


“La ocupación de Arauco no nos
costará sino mucho mosto y mucha
música”150

Con la refundación de la ciudad de Angol por parte de Saavedra el 7 de


diciembre de 1862, se creó una nueva línea militar de frontera151. Después de
terminado el parlamento, Saavedra le envió una nota al Presidente, una célebre
frase que se constituyó en el paradigma de la ocupación “Señor Presidente: Angol
ha sido ocupado sin resistencia alguna- Puedo asegurar a V.E, que salvo
pequeños tropiezos de poca importancia, la Ocupación de Arauco no nos costará
sino mucho mosto i mucha música. Suyo excemo. S. Firma C.S”152. Una visión
algo distinta, fue la que proporcionó Horacio Lara, quien declaró que este hecho
sería más bien violento para los mapuche ya que “era verdaderamente penoso
presenciar los llantos i esclamaciones de dolor de las mujeres araucanas al ver
que se instalaban nuestros soldados en sus posesiones de donde huían
despavoridas a los bosques con sus hijos. Gran trabajo costó contener en parte
esa fuga. Para evitarla dábanse diversos objetos curiosos y viveres a las familias
indíjenas, i a los jefes de ellas bueyes, semillas y elementos de trabajo para que
se dedicaran a vivir en sus mismas posesiones en contacto i amistad con nuestros
soldados”.153

Por otro lado, Jorge Pinto, sostiene que “el repoblamiento de Angol permitió al
Gobierno iniciar el proceso de ocupación definitiva de la región”154.

En consecuencia, este hito marcó un importante desenlace en los hechos que


se gestarán a posteriori en el proceso de ocupación del territorio mapuche.

150
Lara, Crónica de la Araucanía, 267.
151
“Todos gritaban el castigo a los rebeldes indíjenas pero ninguno se alzó como Saavedra
pidiendo de una vez por todas la ocupación y conquista definitiva de la Araucanía.” Lara, Crónica
de la Araucanía, 222.
152
Lara, Crónica de la Araucanía, 267.
153
Lara, Crónica de la Araucanía, 265.
154
Pinto, La formación del Estado y la Nación, 238.
58

- (1865) Guerra con España; (1867) La Ocupación de Toltén.

“No! No! véte Coronel con tus soldados,


no nos humilles por mas tiempo pisando
nuestro suelo”.

La guerra de Chile con España, en 1865, motivó el alzamiento de los


habitantes del Gulumapu, ante la posibilidad de recobrar la autonomía territorial
que habían perdido fruto de los avances a la frontera y la fundación de pueblos.
Kilapán el hijo de Mañil Wenü, tuvo una participación destacada en dicho
levantamiento. Al respecto, Horacio Lara señala, que en la “época referida los
diarios daba cuenta hechos en España suscritas por el señor Rivadeneira en que
aconsejaba al jefe de la escuadra española hiciese desembarcar en la costa
araucana algunos sarjentos animosos provistos de abundantes toneles de
aguardiente, i que solo con eso tendría Chile bastante en que entretenerse para
dominar la rebelion de la Araucanía, que por tales medios de obtendría”155.

Junto con enviar emisarios a los caciques para advertirles del peligro que
corrían ante la posibilidad de ser dominados por España, en enero de 1866,
Saavedra despachó buques de guerra y solicitó que en la costa de Quidico
dispararan cañonazos y atemorizaran a los habitantes de la costa, proceso que
culminó con el levantamiento del fuerte de Quidico. Se trataría, en consecuencia,
de infundir temor a los indígenas simulando ser españoles que realizaban ataques
en la costa de Arauco ante lo cual el coronel y sus tropas se presentaban como
amigo y protector. Esta estrategia era efectiva para obligar a parlamentar, pese a
las desconfianzas ya instaladas y asimismo para solicitar la protección ofrecida por
el gobierno chileno. Para restablecer las confianzas, y siguiendo las indicaciones
mencionadas anteriormente, es decir, someter a los indígenas con música y
aguardiente, en las cercanías de Toltén se desarrolló a comienzos del año 1867 un

155
Lara, Crónica de la Araucanía, 290.
59

nuevo parlamento, esta vez con los caciques o Longkos de distintos Butalmapus.
En la ocasión, se les manifestó que:

“su presencia en aquel lugar no la tuviesen a mal; que el llegaba en


protección de su territorio e intereses”, la respuesta fue que “daban las gracias que
ellos eran bastante fuertes i valientes para defender sus campos”156.

El Coronel, “les significó que él no tenía el propósito de quedarse con sus tierras
contra la voluntad de ellos”157. El parlamento prosiguió al día siguiente, y ante la
insistencia de Saavedra, el cacique que tenía la representación de la junta le
replicó:

“mira coronel: ¿no ves este caudaloso río, estos dilatados bosques, estos
tranquilos campos? Pues bien ellos nunca han visto soldados en estos lugares.
Nuestros ranchos se han envejecido muchas veces i hemos vuelto a levantar:
nuestros bancos el curso de los años los ha apolillado i hemos trabajado otros
nuevos: i tampoco vieron soldados, nuestros abuelos, tampoco lo permitieron
jamás. Ahora! ¿Cómo queréis que nosotros lo permitamos? No! No! Véte coronel
con tus soldados, no nos humilles por más tiempo pisando nuestro suelo”158. Para
tranquilizarlo, se realizó una fiesta de dos días, con abundante música y comida y
si bien, los indígenas no convinieron la ocupación y el establecimiento de la plaza
de Toltén, después de eso, tampoco la resistieron.

- (1866) Ley sobre fundación de poblaciones y enajenación de propiedades,


“el Estado puede entrar a enajenar
ventajosamente las grandes
extensiones de terrenos”

Paralelamente, en el ambiente intelectual y político persistió la preocupación


sobre la propiedad del territorio indígena, ya que el avance y la incorporación de los

156
Lara, Crónica de la Araucanía, 290
157
Lara, Crónica de la Araucanía, 290
158
Citado por Lara, Crónica de la Araucanía, 294-296.
60

territorios indígenas autónomos al Estado implicaban varias cuestiones que se


relacionaban tanto a la propiedad del suelo, como al estatus jurídico de los
habitantes del Gulumapu. En medio de este escenario, el 4 de diciembre de 1866
se dictó la “Ley sobre fundación de poblaciones en el territorio de los indígenas y
enajenación de propiedades de éstos", la que reorganizó el Gulumapu de un modo
diferente. Su aprobación, junto con fundar poblaciones en los parajes del territorio
indígena, y determinase la subasta de los terrenos del Estado para la instalación de
colonos nacionales y extranjeros, se reconoció la propiedad indígena, se
establecieron la validez de los contratos traslaticios de los dominios sobre terrenos
situados en territorios indígenas y se procedió a deslindar los terrenos, creando
Títulos de Merced159. Sin embargo, esta misma ley declaró que “se levantará un
plano, en el cual se marcarán las posesiones asignadas a cada indígena o a cada
reducción, y las que no haber sido asignadas se reputen como terrenos baldíos.
Para los efectos de este artículo, se reputarán como terrenos baldíos y por
consiguiente de propiedad del Estado, todos aquellos respecto de los cuales no se
haya probado una posesión efectiva y continuada de un año por lo menos”160.
Reiterando lo anterior, la cuestión sobre la propiedad indígena implicó un debate de

159
“Capítulo 4º. Los contratos traslaticios de dominio sobre terrenos situados en territorio de
indígenas, solo podrán celebrarse validamente cuando el que enajena tenga título escrito y
registrado competentemente. 5º. Para los efectos del inciso 1º. Del artículo anterior, se procederá a
deslindar los terrenos pertenecientes a indígenas por una comisión de tres ingenieros que designará
el Presidente de la República, los cuales decidirán sumariamente las cuestiones que se suscitaren
sobre cada propiedad que deslinden, debiendo asesorarse por el Juez de Letras más inmediato en
los caso que lo estimaren necesario. Falladas dichas cuestiones y fijados los deslindes de un modo
claro y preciso, los ingenieros extenderán acta de todo lo obrado en un libro que se llevará al efecto
por un ministro de fe pública que servirá de secretario, y expedirán a favor del indíjena o indígenas
poseedores un título de merced a nombre de la República, insertando copia de dicha acta y
anotando el título en otro libro que servirá de registro conservador. Estas dilijencias serán gratuitas.
Artículo 6º. De cada extensión o sección de los territorios de indígenas en que el Presidente de la
República mande ejecutar la disposición anterior, se levantará un plano, en el cual se marcarán las
posesiones asignadas a cada indígena o a cada reducción, y las que no haber sido asignadas se
reputen como terrenos baldíos. Para los efectos de este artículo, se reputarán como terrenos
baldíos y por consiguiente de propiedad del Estado, todos aquellos respecto de los cuales no se
haya probado una posesión efectiva y continuada de un año por lo menos.
160
Ley del 04 de diciembre de 1866, sobre fundación de poblaciones en el territorio de los indígenas
y enajenación de propiedades de éstos.En, Alvaro Jara, Legislación indigenista de Chile. (México,
D.F.: Ediciones Especiales del Instituto Indigenista Interamericano, 1956), 41-43.
61

larga duración por parte de los intelectuales de la época161, discusión que osciló
entre quienes sostuvieron que los indígenas no eran propietarios de sus territorios
por lo tanto el Estado solo debía expropiarlos y los que planteaban que el respeto a
la constitucionalidad vigente suponía la adquisición por otros medios, ya sea por
medio de la venta o la regularización legal de la tenencia de la propiedad indígena.
En consecuencia, la controversia estuvo en la enajenación de los terrenos baldíos.
La memoria de 1867, escrita por Cornelio Saavedra162 dejaba entrever los
propósitos de aplicación de esta ley, como también las dificultades “otro obstáculo
que también se les presentará es el deslinde obligado de las propiedades (…)
Terminadas las obras de defensa del Malleco, el Estado puede entrar a enajenar
ventajosamente las grandes extensiones de terrenos baldíos que existen entre
dicho río y el BíoBío. Se puede estimar en no menos de 500.000 hectáreas (…) De
esta porción pertenecerán 200.000 hectáreas a propietarios civilizados, 50.000 a
los habitantes indígenas y el resto debe considerarse baldío, y por consiguiente
propiedad del Estado. Destinando una parte de esos terrenos a la colonización
nacional y extranjera y vendiéndose otra en pública subasta conforme a lo
dispuesto por la ley del 4 de diciembre de 1866”163.

Por lo demás, Saavedra dejó en evidencia que estas obras servirían para la
consolidación del Estado chileno, ya que “facilitarían el incremento de la población

161
De acuerdo a Víctor Toledo Llancaqueo: “No obstante, hubo diputados que plantearon su
opinión desposesoria respecto a los indígenas. Por ejemplo, el diputado Vargas Fontecilla sostuvo:
"confieso señor, que no tengo ninguno de los escrúpulos manifestados por algunos señores
diputados respecto de la expropiación. [...] Hasta ahora no existe regularidad en el territorio
araucano; pero una vez que el Estado se haga dueño de todos los terrenos situados en la
Araucanía, podrá introducirse la más perfecta regularización de la propiedad", El diputado Toro:
"según mi opinión todo el territorio de indígenas pertenece al Estado. [...]Por mi parte, no
reconozco más propiedad que la que ha sido adquirida en conformidad con nuestras leyes, y la del
indígena no se encuentra en este caso". Véase Víctor Toledo Llancaqueo, “Segura y perpetua
Propiedad. Notas sobre el debate jurídico sobre derechos de propiedad indígena en Chile, siglo
XIX”, Actas 4° Congreso Chileno de Antropología, Colegio de Antropólogos de Chile (2001 citada
junio 2013 : disponible en http://meli.mapuches.org/spip.php?article97 1129-1136.
162
De fecha 10 de mayo de 1862 y en referencia al decreto supremo el 12 de noviembre recién
pasado como Jefe de la División de ocupación de la costa de la Araucanía, da cuenta de los
trabajos emitidos en aquel territorio. En Documentos relativos a la ocupación de Arauco que
contienen los trabajos practicados desde 1861 hasta la fecha por el coronel del ejército Cornelio
Saavedra (Santiago: Imprenta Libertad, 1870).
163
Saavedra, Documentos relativos a la ocupación, 570.
62

e industria en esos campos, y un aumento nada despreciable en la renta del


Estado, si se considera que la buena calidad de los terrenos y la facilidad que
presentan a los transportes por caminos planos y ríos navegables han de
despertar en el público un vivo interés por su adquisición”164.

- (1868, 1869) Aníbal Pinto


"Deberá entregar rehenes a sus hijos".

Por lo tanto, para la élite chilena, el territorio al sur del Biobío no sólo
consistía en apaciguar lo que la historiografía llama las tribus rebeldes alzadas,
por sobre todo, la posibilidad de incrementar las utilidades del Estado, por lo cual,
era necesario desarrollar políticas que permitieran este propósito. Esta postura fue
concordante con la de Aníbal Pinto, quien en carta dirigida a Cornelio Saavedra en
1868, sostuvo la existencia de dificultades para pactar la paz con los habitantes
del Gulumapu, y asimismo, lo reconocerá como un pueblo con autonomía e
independencia que podría ser tratado de acuerdo al sistema de gobierno que ellos
tienen, “Para mí la cuestión de la frontera no tiene más que dos soluciones: la
conquista o la paz. O vivimos en paz con los indios tratándolos como debemos
tratarlos, entendiéndonos con ellos por medio de los caciques, obligando a
nuestros fronterizos que los respeten, considerándolos en fin (como es muy justo
los consideremos pues en realidad son) como un pueblo independiente que se
gobierna en conformidad a ciertos usos y costumbres, o los conquistamos”165.

Este planteamiento es concordante con una de las tesis que sustenta este
trabajo, en atención a que en este periodo se gestó un discurso nacionalista y
racista por parte de la élite chilena, que permitió crear las condiciones políticas
para que el Estado se consolidara progresivamente. Colateralmente Aníbal Pinto,

164
Saavedra, Documentos relativos a la ocupación, 570.
165
“Carta de Aníbal Pinto a Cornelio Saavedra de 13 de agosto de 1868, Archivo de Cornelio
Saavedra en la Sala Medina de la Biblioteca Nacional” (en adelante BNACS), citado por Ravest
Mora, “Arauco… siempre Arauco. Introducción,” en Documentos Relativos a la Ocupación de
Arauco, xiii.
63

quien más adelante será Presidente de la República, le reconoció al Gulumapu


condiciones de gobernabilidad de acuerdo a códigos propios que lo situaron en
equivalencia con la nación chilena. Sin embargo, y dada su condición de
adversario, apoyó y justificó la tesis de la conquista. Por lo tanto el avance de la
frontera, y el conjunto de acciones que se fueron generando a finales de los
sesenta del siglo XIX, consistieron en una arremetida que delineó la imposibilidad
de convivencia entre “ellos” y “nosotros” .

En palabras de Aníbal Pinto, “pretender vivir en paz con ellos y por quítame
estas pajas mandar una partida o división que los hostilice, consentir que los
fronterizos los asesinen y los roben, es pretender una cosa imposible. Si
queremos la paz debemos someternos a las condiciones que la paz exige. Esto es
lo que yo veo muy difícil, casi imposible, y por este motivo creo de necesidad la
conquista”166.

Progresivamente se fue articulando el discurso de la conquista a través de


diversos medios, ya sea a través de tácticas y estrategias militares, en las
discusiones parlamentarias, en los debates de la prensa, como en los discursos de
los Presidentes de la República. Esto será concordante con los paradigmas de la
época, ya que como bien lo señala Michel Foucault en el siglo XVIII, la guerra será
concebida como guerra de las razas, sin embargo más adelante, en el siglo XIX,
esta será retomada y reinventada mediante otras formas, a la que llamará el
“racismo del Estado”, que trata de una especie de estatalización de lo biológico, en
palabras de Michel Foucault:

“Si quieres vivir el otro debe morir"…”Cuanto más las especies inferiores
tiendan a desaparecer, cuantos más individuos anormales sean eliminados,
menos degenerados habrá en la especie, y más yo -como individuo, como
especie- viviré, seré fuerte y vigoroso y podré proliferar". La muerte del otro -en la
medida en que representa mi seguridad personal- no coincide simplemente con mi

166
“Carta de Aníbal Pinto a Cornelio Saavedra de 13 de agosto de 1868, citado por Ravest Mora,
“Arauco… siempre Arauco. Introducción,” en Documentos Relativos a la Ocupación de Arauco, xiii.
64

vida. La muerte del otro, la muerte de la mala raza, de la raza inferior (o del
degenerado o del inferior) es lo que hará la vida más sana y más pura” 167. En
consecuencia, la “muerte de la mala raza”168, adquirió matices importantes en este
periodo, ya que se fue criminalizando consecutivamente a los habitantes de la
Araucanía, gestándose estrategias más hostiles para la extinción progresiva de la
población mapuche.

Consecuentemente, Federico Errázuriz, Ministro de Guerra y Marina para el


periodo, autorizó el incremento de las fuerzas del Ejército con el fin de “someter a
las tribus rebeldes”, e impartió instrucciones al General en Jefe del Ejército de la
alta frontera, José Manuel Pinto169, el 3 de octubre de 1868.

Entre ellas, se destacó la organización de una división de 1200 a 1500


hombres para internarse en el territorio indígena y someterlos de preferencia
pacíficamente, sin embargo en caso de que se resistieran se daría orden para
hostilizar y castigar a los líderes de la resistencia:

“solo en el caso de no poderse obtener ninguna seguridad en el


sometimiento i en la quietud de esas tribus, le será permitido hacer uso de
las armas i hostilizarlas de la manera que juzgue más prudente para castigar
su rebelión, arrebatarles sus recursos i debilitarlas hasta dejarlas en la
impotencia de que nos hostilicen i nos irroguen nuevos prejuicios”170.

Junto con terminar progresivamente la política de parlamentos, y a través de


estrategias un tanto rebuscadas, Errázuriz, declaró la guerra a los Longko del
Gulumapu. Con el propósito de producir el efecto de disciplinamiento esperado,
direccionó las hostilidades en el territorio indígena, solicitando la entrega de
rehenes a los caciques como mercancía o prenda. Pero no era cualquier prenda la
requerida, sino que se tratará de los hijos de los Longko, medida que no solo dió

167
Foucault, Genealogía, 265.
Comillas añadidas por la autora
168
169
Memoria del jeneral en jefe del ejército de operaciones de la alta Frontera, pasada el Supremo
Gobierno (Santiago: Imprenta Nacional, 1869), 4.
170
Memoria del jeneral en jefe del ejército de operaciones de la alta Frontera, 4.
65

cuenta de cómo se ejerció el derecho a la vida y la muerte en el Gulumapu por


parte de los chilenos, sino que además, tuvo la consecuencia de imposibilitar el
traspaso de las habituales responsabilidades al interior de cada Butalmapu:

. "Por los medios oportunos hará también llegar a US. al conocimiento de los
indios enemigos, que el ejército se encuentra pronto a hacerles la guerra171, si
en un término dado no se presentan los caciques a prestar obediencia al
Gobierno i entregar en rehenes como prenda de buena fe en el cumplimiento de
sus promesas, algunos de sus hijos i a todos los cautivos que hayan hecho i a los
españoles residentes en el territorio indígena. Si nada se obtuviese emprenderá
US. las hostilidades por medio de repetidas excursiones, durante la estación del
verano, sobre las posesiones de los rebeldes, a quienes se perseguirá en todas
las direcciones"172.

El racismo del Estado chileno, justificó la beligerancia de la guerra, a través


de la representación de sus habitantes como bárbaros y salvajes. Esto hizo ver
que las medidas emprendidas eran de justicia, justificando la dominación de la
Araucanía al poder disciplinario del Estado "Pero no obstante la vijilancia de la
autoridad, (…) han dejado burladas estas medidas precautivas, dando con
frecuencia a los indios oportunidad de entregarse a los crímenes que
desgraciadamente hemos tenido que lamentar durante las hostilidades. Es de todo
punto evitar estas desgracias. Si ellas no tienen lugar en las guerras regulares, no
es debido a la protección de los ejércitos, sino a la cultura de los beligerantes i a la
práctica de ciertas reglas de justicia i humanidad, jeneralmente reconocidas y
respetadas, pero, tratándose de bárbaros, el país tendrá que verlas reproducirse
hasta la terminación de esta cruel i larga guerra, cuyo único, desenlace posible es
la sujeción de la Araucania al imperio de nuestras leyes"173. En síntesis, la
desaparición de la “mala raza”, se trataba tanto de una muerte progresiva, como
del proceso de sujeción de su población.

Énfasis añadido por la autora


171
172
Memoria del jeneral en jefe del ejército de operaciones de la alta Frontera, 4.
173
Memoria del jeneral en jefe del ejército de operaciones de la alta Frontera, 4.
66

- (1869) Fundación de la línea del Malleco, fuerte Purén.

El Coronel Saavedra, luego de ser respaldado y por el Ministro de Guerra


Federico Errázuriz, realizó un parlamento en las cercanías Angol con los
“Abajinos”. Ante la inasistencia de los “Arribanos”, se envió emisarios indicando
que si no se presentaban, se declararía la guerra. Posteriormente, en hora y día
acordado, se presentó el cacique Kilaweke y el Coronel le exigió la venta o cesión,
lo que fue consentido por el Cacique Nahueltripa y dueño de la posesión. Pese a
las posteriores resistencias por parte de los líderes arribanos, se fijó la línea y
fortificación del Malleco, y el fuerte de Purén.

Dado que se instalaba con fuerza la desconfianza y la inquietud general por


parte del gobierno ante posibles alzamientos de los indígenas, a propósito de los
recientes avances de Saavedra, las autoridades chilenas organizarán el 24 de
diciembre del mismo año el parlamento de Ipinco, al que concurrieron los
principales caciques del Gulumapu.174

- (1870) Se detiene la Guerra.

Se detuvo el avance de la frontera y consolidándose más bien lo que ya se


había ganado. Saavedra se reunió en parlamento con los más influyentes
caciques entre los ríos Cautín y Toltén, con quienes consiguió el respaldo de la

174
El 24 de diciembre de 1869, concurrieron al lugar de la cita cerca de 1200 indios, dirigidos por los
caciques Epuleo, de Maquehua; Vallunú, de Petrengue; Nahuelñío, de Quepe; Luis Lincoúl, de
Maquehua; Venancio Coñuepán, de Repocura; Coilla, de Curaco; Guirrián, de Pangueco; Guirripíl,
de Coihueco; Fermín Collío, de Renaco; Rañguileo, de Coli-Mallín; Curihual, de Malales; Guirrián,
de Imperial; Guirripíl, de Temulemu; Pintrinllanca, de Riracahuin; Huenchullán y Huenchecal, de
Arquenco; Antonio Painemal, de Imperial; Painecura, de Cholchol; Lizama, de Conuco; Martín
Leviguirri, de Tromén; Calhuill, de Hualvole; Millán, de Imperial; Rucán, de Volleco; Huenucoill y
Cheuquecoi, de Imperial; Quiapi; Innal, de Carrill;Juanico, de Imperial; Queupulli, de Volín; Paineo,
de Pemurehue; Tripailao, De Cholchol; Catrileo, de Purén; Cheuquemilla, de Lingue; Marileo y
Currileo, de Ipinco; Domingo Melín, de Lilpuílli; Norín y Porma-llanca, de Paicaví; Paillao, de
Ranquilhue; Pancho Mariñán, de Cañete. Citado por Guevara, Historia de la civilización de la
Araucanía, 3.
67

fortificación del Toltén hacia Villa Rica, “También me han prometido estos indios
no aceptar las invitaciones del jefe de los arribanos [Quilapán]; i como la presencia
de nuestras tropas les impone respeto, no dudo que la mayor parte de estos indios
se separarán de toda alianza con los de aquellas tribus”175. Durante este periodo
la guerra de ofensiva se detiene por amplias críticas desde el Parlamento, además
del estallido de la Guerra del Pacífico.

- (1878) Fundación de Traiguén.

El gobierno decide implementar una “política pacifista”176 en relación al


conflicto indígena, por esta razón se llevó adelante el avance de fundaciones de
ciudades. Así es como el Coronel Saavedra dispone el establecimiento de plazas
militares en el río mismo de Traiguén, lo que genera un fuerte posicionamiento de
la nación chilena; en palabras de Horacio Lara:

“Era la puñalada más certera i decisiva que se asestaba a la barbárie para


dar fin a su existencia para siempre”177. Posteriormente este asentamiento quedó
a cargo del Coronel Gregorio Urrutia (quién había sido comandante del regimiento
de Zapadores). El punto de partida será Lumaco y a sus 18 km. establecen la
llamada “Torre del mirador” y a 6 km se establece el fuerte Levelván. El primero de
Diciembre se llega a la base de Traiguén, tierra que pertenecía al cacique
Marihual, comenzando los trabajos del fuerte al segundo día de estadía.

Así, en 1878 se funda la línea divisora entre los “Abajinos” y “Arribanos”, con
el claro objeto de dividirlos para impedir que se unieran en un ataque masivo. El
campamento de Traiguén tiene una fuerte importancia geográfica, pero también de
gran riqueza material y potencialmente industrial. Este punto tenía como objetivo

175
“Carta de Cornelio Saavedra, Comandante en Jefe del Ejército de la Frontera, al Ministro de
Guerra. Toltén, 22 de enero de 1870,” en Documentos Relativos a la Ocupación de Arauco que
contienen los trabajos practicados desde 1861 hasta la fecha. (Santiago de Chile: Editorial de la
Cámara Chilena de la Construcción, Pontificia Universidad Católica de Chile, Dirección de
Bibliotecas Archivos y Museos, 2009),284.
Énfasis añadido por la autora.
176
177
Lara, Crónica de la Araucanía, 376.
68

ser el centro de la nueva línea de avance de los chilenos.

- (1881) Füta Malón, el Levantamiento General.

La última gran batalla de las fuerzas militares mapuche en contra el Ejército


chileno tuvo lugar en el Fuerte de Temuco entre los días 5 y 6 de noviembre de
1881.

La Guerra del Pacífico había cambiado las prioridades del Ejército chileno,
pues se vio obligado a enviar a la mayoría de sus hombres a combatir al Perú.
Desatendiendo con ello las necesidades de la frontera establecida con los
araucanos, como lo menciona Ricardo Ferrando “…aquí, en la frontera, hay que
mantenerse como se pueda”.178 Debido a lo anterior, el General Gregorio Urrutia
se ausentó durante un año de Traiguén. Es en este momento, entonces, que
comenzó a ocurrir un significativo número de asaltos, malones, y actos de
“rebelión pequeños”, instalando entre los habitantes de la frontera la certeza que
una rebelión general estaba por ocurrir. Ya hacia 1879 Horacio Lara da cuenta de
dos causas que en su opinión determinan el actuar de los mapuche:

1.- Escasez de fuerzas del ejército debido a la necesaria presencia en el


Perú. Debido a esto, se hace necesario aumentar la Guardia Nacional con civiles
que son obligados a incorporarse al ejército.

2.- Los malos tratamientos que comenzaron a tener los chilenos a algunos
jefes mapuche.

Sobre la segunda causa, es necesario mencionar que debido al aumento de


robos a campos, se asumió que los culpables eran los mapuche que habitaban en
sectores cercanos a dichos campos. Esto motivó a que los afectados comenzaran
a entrar a las casas de los indígenas para “hacer justicia con sus propias manos”,

178
Ricardo Ferrando Keun, Y así nación la Frontera. Conquista, Guerra, Ocupación, Pacificación
1550 – 1900 (Santiago: Primera edición Editorial Antártica, 1986/ Segunda edición Ediciones
Universidad Católica de Temuco, 2012), 527.
69

violando y matando a los hijos y mujeres de sus vecinos mapuche Por lo anterior
era de esperar que quienes lograron escapar se dieran a la tarea de organizar la
sublevación. A este hecho se le debe sumar los insistentes rumores acerca del
éxito del ejército chileno en Miraflores y Chorrillos. Todos factores trascendentales,
que explican el “ahora o nunca” de la revuelta mapuche.

“A fines de julio se empezó a susurrar entre los indios un levantamiento


general, iniciado por el cacique Neculman de Boroa, quién, según datos
fidedignos, mandó correos a los principales caciques invitándoles a la
guerra. Según se ha podido saber de buen origen, Neculman había sido
también invitado por las tribus de la ultra-cordillera, las cuales le ofrecían
auxilio…”179.

La táctica ocupada por parte de los mapuche durante el levantamiento


general de 1881, consistió en el asalto en pequeños grupos a las guarniciones,
provocando con ello la salida del ejército para dar con ello. Era en este momento
cuando se sumaban arribanos y abajinos para arrasar los campos y realizar un
malón general. Sin embargo, la captura de un mapuche que andaba robando
caballos días antes de tal suceso, haría que don Pascual Cid, jefe militar de la
plaza de Traiguén y comandante del escuadrón Nacimiento, pudiese conocer
dicha táctica y ordenara no salir de su guarnición al ejército;

“Durante nuestra estada en Toltén recibió Painemilla un mensaje de


Calfupán. “Teneis que ayudarnos, vamos a asaltar el pueblo de Toltén”, me
pedían los caciques Colihuinca, Painecur, Huichal y Carmona, los jefes del
levantamiento. Yo me negué, les dije: “si queréis recibir derrota, andaos solos”.
Más tarde nos contó un mensajero: “Cuando la insurrección llegó a Boca Budi, fue
muerto el chileno José López por el cacique Painecur. En una canoa bajaba este
con otros, entonces los alzados avanzaron desde las dos riberas contra ellos,

179
Gregorio Urrutia, Comandante en Jefe del Ejército de Ocupación de Arauco, 12 de septiembre
de 1881. En, memoria del Ministerio de Guerra, correspondiente al año 1881. Santiago, Imprenta
Nacional.
70

invadieron las canoas y los ultimaron”180.

Fue así como el 27 de enero de 1881, el ejército chileno se enfrentó con la


táctica mencionada con anterioridad, sin embargo los chilenos se quedan
esperando más ataques mapuche alertando vía telégrafo a los fuertes de Adencul,
los Sauces, Lumaco, Purén y Angol. Luego de variados ataques mapuche, éstos
deciden dirigirse a los fuertes de Los Sauces y Adencul. No siendo posible
apoderarse de nada. Debido a tales sucesos, el gobierno toma la decisión de
avanzar la frontera hasta el río Cautín.

A los cuatro días de la llegada del general Urrutia desde Santiago, los
mapuche de Ñielol realizaron una salida de más de 300 personas, entrando por
Andecul y alcanzando hasta cerca de Los Sauces. Los mapuche fueron
derrotados, ya que en el camino se encontraron con grupos de infantería (a parte
de los que los venían persiguiendo), fruto de esta victoria el ejército logró
recuperar cada uno de los animales arrebatados.

“El en fuerte Ñielol se hallaba asilado el cacique Coñoepan, quien al tener la


noticia del levantamiento general, se refugió allí con 60 mocetones contribuyendo
a la defensa. Coñoepan, que es uno de los caciques más respetados de entre los
abajinos, no ha consentido jamás en hacer armas en contra nuestra i por este
motivo se le había ocultado el movimiento, a pesar de que su hermano Millapán
era uno de los jefes de la insurrección”181.

El día 5 de Noviembre, los araucanos atacan las plazas de Temuco, Lumaco


y el fuerte de Nielol.

“A las 8 de la mañana del día 10 atacaron el fuerte Temuco en un número


que se estima en más de 1.400 indios. Cayeron allí en combate 27 y sorprendidos
algunas horas más tarde a corta distancia del pueblo dejaron muertos a tres
caciques y 55 mocetones más, con lo que huyeron escarmentados. Tuvieron los

180
Pascual Coña, Testimonios de un Cacique Mapuche (Santiago: Ediciones Pehuén, 7ma edición,
2002 / 1era edición, 1930)
181
Gregorio Urrutia, memoria de Guerra,1881.
71

indios en esos ataques más de 150 muertos…”182.

Este hecho obligó a Urrutia a dejar Traiguén con la finalidad de contener a


los araucanos en compañía de 400 hombres. En Cholchol se les sumarían otros
250 más que iban de Temuco. Mientras esto ocurría otras fuerzas marchaban
desde Cañete, Lebu y Talcahuano con la misma finalidad. Se funda entonces
Cholchol y Carahue. Y luego, el 18 de Febrero de 1882 Urrutia funda la plaza de
Nueva Imperial y Galvarino, quedando de esta manera los mapuche cercados de
norte a sur, entre el río Cautín y el río Tolten.

“Pillanlelbun, a las 8.40 PM. Señor Ministro de Guerra, no hai novedad,


indios casi todos entregados. Toltén e Imperial tranquilos. Boroa y Truf-Truf han
depuesto sus armas, indios amigos de Purén y Lumaco que me acompañan se
vuelven hoi. Mañana salgo en expedición para castigar a Marimán y otros de las
inmediaciones de Imperial que no se han entregado... Hoi se da principio a la
construcción del Fuerte Chol-Chol, donde dejaré una guarnición de 225 hombres.
No tengo noticias de Villarrica ni de Pitrufquen. Ejército sin novedad…”183.

Sobre estos mismos hechos José Bengoa nos entrega esta versión:

“Terminado el levantamiento Urrutia reunió un fuerte ejército con el cual se


internó en la costa. Se dirigió a Chol-Chol y fundó un fuerte en la misma casa de
Millapán, quién estaba a punto de ser fusilado cuando su hermano Coñoepan
intercedió salvándole la vida. De allí el ejército se dirigió a Imperial fundando
pueblos y fuertes (Nueva Imperial y Carahue) y tomando presos a todos los
caciques principales que habían participado del malon. Los descendientes
cuentan que Neculmán estuvo varios años escondido en medio de unos pantanos
y allí un pariente le llevaba comida…”184.

El resultado de la expedición de Urrutia en contra de los mapuche alzados


sería entonces la siguiente:

182
Gregorio Urrutia, memoria de Guerra ,1881.
183
Gregorio Urrutia, memoria de Guerra,1881.
184
José Bengoa, Historia del Pueblo Mapuche siglos XIX y XX” (Santiago: Editorial LOM, 2000).
72

“El Ministro de Guerra, Sr. Castellón, informó al Congreso que tras los
ataques se le quitaron a los mapuche gran cantidad de animales, los que
rematados produjeron 60 mil pesos que ingresaron a las arcas fiscales. Esto
significaba más de 10.000 cabezas de ganado. Como se sabe, sólo una mínima
proporción era rematado, el resto lo consumía la tropa o era entregado a los
oficiales como botín de guerra...”185.

- (1883) Re-Fundación de Villarrica.

Saavedra le propuso a Aníbal Pinto ocupar Villarica antes del término de su


periodo. Se aceptó y el 11 de Junio se manda al ejército a la alta frontera, que
debía establecerse una línea de Toltén para esa ocupación, lo que coincidía con la
misma posición geográfica de la línea de Río Negro en Argentina, por lo tanto fue
necesario coordinar la operación milita en conjunto con el país vecino (campaña
militar a cargo de Olascoaga).

En la plaza de Temuco se estableció, y dicho lugar es utilizado como cuartel


general y punto de reunión de los batallones de Caupolicán 9 líneas, Angol, Ñuble,
Bío-Bío, Arauco, Carabineros de Angol y frontera. El primero de diciembre salen
de Temuco para así avanzar 8 leguas y fundar el fuerte de Freire. Posteriormente
siguen su avance y el único y fuerte obstáculo es la frondosa y tenaz naturaleza, la
cual los hizo demorarse 31 días desde su partida.

Al llegar establecieron un Parlamento con Panchulef, dueño de Putué, Luis


de Abuato Aquiñanco, dueño de Niquen y Epulef, dueño de Villa Rica. Así, este
último les otorgó unos terrenos de Villa Rica y establecieron una línea de
separación en el estero Rehuelhue, sin embargo los chilenos avanzaron sin
permiso y tomaron posesión de dichas tierras pacíficamente. Sucesivamente se
fundó Palquin el 16 de Enero, Meuquen el 18, Pucón el 27 de Febrero y Cunco el
14 de Marzo.
185
Gregorio Urrutia, memoria de Guerra,1881.
73

En ese entonces, menciona Horacio Lara, al sector de Villarrica llegaban los


perseguidos desde Argentina, así el General Villegas les fijó posesiones para que
las trabajasen y paralelamente la División Droully, que operaba en la cordillera,
funda los fuertes Lincura, Nactri y Llaima. Quedando todos los territorios del sur
bajo las órdenes y disposiciones de los chilenos.

En 1887 Balmaceda decretó la creación de las provincias de Malleco y


Cautín. La primera dividida en los departamentos de Angol, Collipulli y Traiguen; y
la segunda en Temuco y Nueva Imperial. Se distribuye así los territorios que
ancestralmente estaban a cargo del pueblo araucano.

La explotación de la agricultura y la incorporación de las vías férreas es


labor consumada del industrial y banquero José Bunster, en palabras de Horacio
Lara:

“…el verdadero jefe nato que han tenido las poblaciones desde el día que
empezaron a nacer a la vida del trabajo, libres ya de la dominación militar, ha sido
aquel gran industrial i desinteresado benefactor público…”186. Queda entonces
cercada y limitada en totalidad la vida de los mapuche, dependientes de los
nuevos colonos, de explotación de materias primas, pero sobretodo de la
organización y disposición de la nación chilena.

Como señala Bengoa, “La fundación de Villarrica marcó el final de la vida


independiente mapuche. Los pueblos se llenaron de colonos, se repartieron tierras
y arrinconó a los indígenas en reservaciones, avanzó el ferrocarril uniendo y
cambiando para siempre el territorio. Habían terminado así cuatro siglos de
resistencia mapuche, sin duda una pagina extraordinaria en la historia de los
pueblos”187.

186
Lara, Crónica de la Araucanía, 468.
187
José Bengoa, Historia del Pueblo Mapuche,323.
74

CAPÍTULO II: LA ÉLITE CHILENA, LA HISTORIOGRAFÍA NACIONAL Y EL


EUFEMISMO NATURALISTA.

LA ÉLITE DOMINANTE Y DIRIGENTE

Existe consenso sobre la dificultad que existe para definir a los grupos
dirigentes, tanto en Latinoamérica como en Chile. Entre los variados usos,
tenemos los conceptos de élites tradicionales, élites oligárquicas, burguesías,
plutocracias, mesocracias, etc. Maria Rosaria Stabili indica, que “el problema de
definir los grupos dirigentes latinoamericanos en general y chilenos en particular,
como oligarquías, burguesías, plutocracia, mesocracias, resentía aún la herencia
del debate sostenido por los historiadores durante los años cincuenta y sesenta
que en sustancia presentaba, el interior de visión dicotómica de la realidad, a las
“élites tradicionales” latinomericanas (definidas precisamente como oligarquías)
como un grupo homogéneo, esencialmente ligado a la tierra, aunque con intereses
diversificados en las finanzas y en el comercio internacional”188.

Por su parte, la teoría clásica en torno a la conceptualización de la élite,


muestra que en general, los intentos de definición se realizan desde las posiciones
que ocupan los distintos grupos sociales, es decir, los poderosos y gobernantes
que son la minoría, versus los gobernados y/o dominados a los cuales se suelen
referir como “la masa”.

Existen varias perspectivas de las cuales es posible aproximarse al estudio


de la élite. La escuela italiana tiene dos exponentes principalmente, Gaetano
Mosca y Pareto.189.

188
Maria Rosaria Stabili, El sentimiento aristocrático. Elites chilenas frente al espejo (1860-1960),
trad. de Paula Zaldívar (Santiago de Chile: Editorial Andrés Bello y Centro de Investigaciones
Barros Arana, 1996), 25.
189
Gaetano Mosca, The Ruling Class (Westport: Editorial Greenwood Press, 1939); Vilfredo
Pareto, The Mind and Society (Nueva York: Editorial Harcourt Brace and Company, 1935);
Vilfredo Pareto, The Rise and The Fall of the Elite (Nueva York: Editorial Arno Press, 1979.
75

Gaetano Mosca señala que “en todas las sociedades hay dos clases de
personas. Una de los gobernantes, otra de los gobernados. La primera que es
siempre la menos numerosa, realiza todas las funciones políticas, monopoliza el
poder y goza de todas las ventajas que ello trae consigo; mientras que la segunda,
más numerosa, es dirigida y regulada por la primera de un modo más o menos
legal, ya más o menos arbitrario y violento, y ella la provee, al menos
aparentemente, de los medios materiales de subsistencia y de aquellos que para
la vitalidad del organismo político son necesarios”190.

La minoría gobernante, no solo se asigna los privilegios que le concede el


ejercicio del poder, sino que desde esta perspectiva se invoca la representación
de la masa, proveyendo los elementos que requiere la formación política para su
subsistencia. Es decir, monopoliza las funciones políticas, y las distribuye en un
conjunto de poderes a través de dispositivos, ya sea económico, religioso o
cultural. Por lo tanto, la movilidad y ascensión de esta masa, no está garantizada,
ya que ni las aptitudes personales ni el mérito son suficientes para acceder al
privilegio de participar en la tarea de hacer gobierno. Desde la perspectiva de los
grupos dirigentes difícilmente puede ocurrir esto, ya que la élite requiere tanto de
instituciones burocráticas como de un colectivo que los sostenga.

Las relaciones de poder que se generan entre unos y otros, permiten


posicionar a la élite como un actor elemental para la organización política, ya que
consecuentemente con lo planteado a lo largo de este escrito, estructura las
relaciones de poder, genera símbolos, convenciones, discursos y la identidad
política y cultural de los miembros de la organización. Hay en ellos, un atributo
superior desde el cual se posiciona y que se distingue de las virtudes, y que
naturaliza la relación entre élite y masa.

La teoría elitista aparece también esbozada con Marx en la idea de clase, a


la que le asigna un papel privilegiado en el sistema económico. Si para él es el
190
Gaetano Mosca, “Ensayo: La clase política”, capítulo 11 en Elementi di Scienza Política,
versión en Italiano, (1896).
76

sistema económico el que estructura las relaciones de producción y por ende la


posición en la sociedad, para Pareto, otro exponente importante de la teoría
elitista, con la categoría de diferenciación social, “se expresa el hecho de que los
individuos son física, moral e intelectualmente diferentes. Algunos individuos son
(se creen) superiores a otros y, en esta línea, el término élite se refiere a la
superioridad, en habilidad, poder e inteligencia”191.

La creencia común de la superioridad moral e intelectual de la élite, se


afirmará desde un alterno, la masa, en la que la primera se nutre de los valores de
la ilustración, y el segundo en un conjunto de tradiciones y costumbres que para la
élite, no tendrán más que descrédito. A modo de ejemplo, la élite será la portadora
del orden e ilustrada, la masa representará el caos y la ignorancia.

De allí que, la racionalidad estará asociada a la élite y la no racionalidad a


las masas. Prosiguiendo con este mismo autor italiano, “la lucha y circulación de
las élites es la esencia de la historia (…) “las élites sólo usan a las clases
inferiores para conservar o tomar el poder, y, por ello, se afirma que la historia es
un cementerio de aristocracias y que su caída se produce como resultado de la
reducción de su calidad, en el sentido que disminuye en ellas la energía y se
modifican las proporciones de los residuos que les ayudaron a adueñarse del
poder y a conservarlo: la clase gobernante se restaura en número y en calidad
mediante familias que vienen de los estratos inferiores y que aportan los residuos
necesarios para mantenerse en el poder”192.

191
Véase: Oscar Mejía y Carolina Castro, La categoría de élite en los estudios políticos. Una
exploración epistemológica (Bogotá: Universidad Nacional de Colombia. Facultad de Derecho,
Ciencias Políticas y Sociales, 2009).
192
Wilfredo Pareto, Escritos sociológicos (Madrid: Alianza Editorial, 1987), 71.
77

LA ÉLITE CHILENA.

En Chile no abundan trabajos dirigidos a caracterizar y estudiar la élite en


forma específica193. Los aportes historiográficos sobre este grupo social durante el
periodo que va desde el siglo XIX al XX, pueden encontrarse en los trabajos de
Gabriel Salazar194, Jorge Pinto195, Ana María Stuven196, Gabriel Cid197, Sofía
Correa198, entre otros.

De acuerdo a la caracterización de Guillermo Feliú Cruz, la población


Santiaguina a comienzos del siglo XIX, “formaban un hermoso pueblo, y los de
clase elevada, sobre todo se distinguían por la belleza de las formas”. En cuanto a
la composición étnica, indica: “como el indio era en Chile más robusto que en el
Perú y existió poca mezcla de sangre africana en el pueblo, resultó que la parte
mezclada de los europeos produjo una bellísima raza199”.

La idea que los chilenos no tenían resabios culturales de otros grupos


diferentes estaba en el imaginario de los cronistas e historiadores de la época, por
lo que se erige progresivamente la creencia de que predomina una raza
eminentemente europea. Asimismo, en la obra de Feliú Cruz, no solo es posible
constatar -a juicio de este historiador-, las costumbres de la época, los servicios
193
Como lo indica Alfredo Joignant: “…ésta ha sido fruto de los historiadores esencialmente
mediante el empleo de metodologías biográficas y prosopográficas (destinadas a construir
biografías “estructurales” o “colectivas” de grupos específicos: Levi, 1989; Daviet-Vincent, 2004;
Dézalay y Garth, 2006, p.312, nota 3) a propósito de individuos notables (de Ramón, 1999); sobre
el empresariado católico (Thumala, 2008); de historiadores y cientistas políticos interesados en
caracterizar el personal político y parlamentario (Gazmuri, 2001; Joignant y Navia, 2003 y 2007;
Cordero, 2005); y de estudiosos de las trayectorias desde la sociedad civil al Estado (Delamaza y
Ochsenius, 2006). FONDECYT 2010 proyecto 1100877, Las élites políticas en Chile: Sociología
del personal gubernamental, parlamentario y partidario (1990-2010), 7.
194
Gabriel Salazar, Mercaderes, Empresarios y Capitalista. Chile siglo XXI (Santiago de Chile:
Editorial Sudamericana, 2009).
195
Jorge Pinto, “Proyectos de la élite chilena del siglo XIX”, en Alpha, no 27, (2008)
196
Ana María Stuven, Debates republicanos en Chile. Siglo XIX (Santiago de Chile, Editorial
Universidad Diego Portales, Vol, I, 2012).
197
Gabriel Cid, Nacionalismos e identidad nacional en Chile. Siglo XX (Santiago de Chile: Centro
de Estudios Bicentenario, 2010).
198
Sofía Correa, Con las riendas del poder. La derecha chilena en el Siglo XX (Santiago de Chile,
Editorial Sudamericana, 2004).
199
Guillermo Feliú Cruz, Santiago a comienzos del siglo XIX. Crónica de los viajeros (Santiago de
Chile: Editorial Andrés Bello. Primera edición 1970, 2001).
78

públicos, diversiones, sino que, además, la caracterización de las clases sociales,


sugiriendo y anticipando una conceptualización del orden, tema que estará
presente a lo largo de la historia de la República. Siguiendo con este autor, “tanto
las clases inferiores como las elevadas compartían ahora, aunque desigualmente
las ventajas del nuevo orden. Esta situación bastó para distinguir la revolución de
la América del sur de todas las conocidas” y agregará que “después de la
independencia, Chile cambió completamente. La influencia de las costumbres
europeas se vio por todas partes”200.

Se construye en consecuencia, progresivamente el mito de la identidad del


chileno a semejanza del europeo, acoplándolo al proceso independentista. Del
mismo modo, las suposiciones de superioridad de Chile frente al resto de las
naciones e independencias americanas, y de existencia de un cierto ordenamiento
institucional que impactaba positivamente a las clases “elevadas” e “inferiores” y
del mito de la identidad europea del chileno, se irán perfilando y asociando a la
construcción un tipo de “orden”, connaturalizando la relación entre élite/masa,
ricos/pobres, aristocracia/ bajo pueblo, suponiendo que entre estas polaridades,
existía un vínculo recíproco que los unía, “dos clases sociales muy diferenciadas,
con desigualdades profundas, componían la sociedad de Santiago, y estas dos
clases se encontraban muy unidas entre sí por la dependencia de los intereses
que una y otra necesitaban para su existencia. Había solo ricos y pobres”201. Con
esta afirmación, se podría inferir que, la suposición por parte de la élite, que los
pobres necesitaban de los ricos para su subsistencia, se alineará con el conjunto
de políticas que se desarrollarán al largo del siglo XIX, y que culminará en sus
últimos años con importantes transformaciones sociales, políticas y económicas
que, acumulativamente, generarán rupturas entre los distintos sectores sociales en
el siguiente siglo, y que algunos autores llamarán la “Cuestión Social”202

200
Feliú Cruz, Santiago a comienzos del Siglo XIX, 106.
201
Feliú Cruz, Santiago a comienzos del Siglo XIX, 113.
202
“…arroja luces acerca de la lentitud con que la élite tomó conciencia y reaccionó frente a la
“cuestión social”. Si bien se percibía un mayor reconocimiento de la existencia de problemas
sociales y se habían adoptado algunas tímidas medidas como el voto de la Ley de Habitaciones
79

De igual forma, y en relación a los atributos poseedores de la élite, y que


son destacados por la historiografía, la cuestión de la tierra adquirió especial
importancia a comienzos del siglo XIX, ya que según Feliú Cruz, “la tierra se
encontraba en manos de estos ricos, de sus parientes y de sus relaciones, lo
mismo que el gran comercio con sus tiendas, y los cargos de responsabilidad del
Gobierno”. Esto fue consecuente con las aproximaciones conceptuales que
indican que la permanencia de la élite estaba asociada a la reproducción entre
ellos mismos, y que las posiciones ocupadas en la estructura económica le
permitirán mantenerse. Para ello, se establecerá una diferencia respecto del resto
de la población “la otra clase formada por el resto de la comunidad la componían
pequeños comerciantes, taberneros, artesanos y peones…la del pueblo era
totalmente del mismo origen, con una pequeña mezcla de sangre india o de otras
razas pero en una ínfima proporción”. Por lo anterior, y ante la necesidad de
diferenciarse por parte de la élite, se generó progresivamente un relato en que los
sujetos indígenas no tendrán cabida. La élite, en consecuencia, insistió en la idea
de que la tierra, la propiedad privada y el gobierno, eran privilegios de la clase
elevada y sus redes de parentesco, y relegó en la estructura económica al pueblo
en oficios menores, estableciendo una jerarquía asociada a la clase que se
entrecruza con la raza, en la que lo indígena se hace presente solo en una
pequeña proporción en el pueblo, nunca en la clase elevada.

De allí que el interés primigenio de este escrito, sea abocarse a las labores
que los actores políticos e intelectuales emprendieron durante la segunda mitad
del siglo XIX, lo que permite identificar a los grupos dirigentes tanto conservadores
como liberales.

Obreras y la creación de la Oficina del Trabajo, ambas en 1906; en general prevaleció el


endurecimiento y la respuesta represiva frente a las demandas de los trabajadores: la huelga
portuaria de Valparaíso (1903), la “huelga de la carne” de Santiago (1905), la huelga general de
Antofagasta (1906) y la “huelga grande” de Tarapacá (1907), fueron ahogadas en sangre por la
policía y las Fuerzas Armadas”. Sergio Grez, “1890–1907. De una huelga general a otra.
Continuidades y rupturas del movimiento popular en Chile”, en Diversos autores, A los noventa
años de los sucesos de la Escuela Santa María de Iquique (Santiago de Chile: Ediciones Dibam–
LOM, 1998).
80

Estos actores políticos, se constituyeron como grupos dirigentes que se


adjudicaron la tarea de construir la soberanía y la institucionalidad republicana.
Provenían desde diversas esferas como la militar, la política, la económica, la
social. La principal característica de esta élite es que se alineaba a través de un
espíritu de “Fronda”203, en torno a las concepciones de orden, progreso,
centralismo y superioridad moral.

Como lo indica Mario Góngora, “la aristocracia es la clase en que se


identifica el rango social, y todos sus intereses anexos, con la cualidad moral de
preferir el orden público al caos”204. De lo anterior, se puede colegir varias
cuestiones. La primera, es la característica referida a la “cualidad moral”, ya que
se presenta como una particularidad innata, una base espiritual asociada a un
“sentimiento aristocrático” de superioridad que los diferencia del resto de la
población y que posteriormente fecundará la nación. La segunda, es que utiliza el
término “aristocracia”, postura representativa del debate de los historiadores del
cincuenta y sesenta del siglo XIX, ya que los grupos dirigentes chilenos al igual
que los latinoamericanos se definieron como oligarquías, burguesías los que
fueron presentados como grupos homogéneos ligados a la tierra, es decir, como
una aristocracia terrateniente a la que la historiografía conservadora le atribuirá
una serie de virtudes. La tercera y última, es la utilización del concepto de “orden,”
concepto que articulará el debate en diversos momentos del siglo XIX, y que para
efectos de este trabajo, interesa destacar el periodo que comprende el “orden
autoritario” que se materializa en la constitución de 1833, y mediados de la década
del 50 asociado a un “orden institucional” que se vincula a las jerarquías sociales y
que finaliza en 1851 “con el fracaso de la revolución de abril de aquel año y el
ascenso a la presidencia de Manuel Montt, que significó la monopolización
ideológica del concepto de orden desde un bando político claramente perfilado: el

203
Este concepto es acuñado por Alberto Edwards, y se refiere a la oligarquía que actuaba
mancomunadamente en defensa de sus intereses políticos y económicos.
204
Mario Góngora, Ensayo histórico sobre la noción de Estado en Chile en los siglos XIX y XX
(Santiago, Editorial Universitaria, 2006, Edición original, 1986), 45.
81

partido conservador”205.

Los fracasos revolucionarios, provocaron que a partir del último cuarto del
siglo XIX Santiago concentrará el lugar de residencia de los grupos dirigentes, ya
que la élite regional se radicará en la capital con el fin de participar activamente en
la política. Estos grupos van siendo lentamente incorporados, por lo que en
palabras de la historiadora italiana, María Rosaria Stabili, “en Chile existe, pues,
una sola élite, la de Santiago, y ésta es la “élite no más”, sin calificativos (…) con
continuidades que permanecía, así como de nuevos elementos que la hacían más
plural, y reflejaba tensiones y articulaciones internas”206. Esto no implicaba que la
élite no tuviera tensiones internas y que no existiera algún nivel de pluralidad en su
constitución, sino que paradojalmente pese a su diversidad, los unía el sentimiento
de superioridad moral y la protección de sus intereses económicos. Estos dos
elementos, serán determinantes para comprender su actuación ante el Gulumapu.

Consecuentemente, la historiadora Ana María Stuven cuando se refiere a la


élite, lo hace aludiendo “al grupo donde se concentró el poder, la autoridad y la
influencia. Elite, “aristocracia a la americana”, o clase dirigente son sinónimos a
comienzos del siglo XIX”207. Desde el inicio y hasta el término de la fundación de la
República en Chile, se gestaron una serie de polaridades entre la élite dirigente,
intelectual y política, que según la misma autora “estarán influenciadas por los
conceptos “de tradición y cambio, orden social y participación, autoritarismo y
democracia, pueblo y plebe, inclusión y exclusión fueron alguna de las polaridades
que se enfrentaron en las polémicas que animaron el siglo XIX”208. Tema
importante de tomar en cuenta, sobre todo si se trata de un estudio que se inscribe
en la perspectiva cultural, ya que si se analiza el discurso del pasado conociendo
el desenlace de los hechos, se debe tener en cuenta la diacronía del momento en

205
Véase: Stuven, Debates republicanos en Chile, 499-500.
206
Stabili, El sentimiento aristocrático, 33.
207
Ana María Stuven, La seducción de un orden. Las elites y la construcción de Chile en las
polémicas culturales y políticas del siglo XIX (Santiago de Chile: Ediciones de la Universidad
Católica deChile, 2000),61-62.
208
Stuven, Debates republicanos, 10.
82

que se generaban esos debates. La historiografía daba cuenta de una clase


dirigente que buscaba un equilibrio entre la permanencia y el cambio. En
consecuencia, los ideales liberales propugnados por este sector social no tendrán
el mismo sentido en la primera década del Siglo XIX; ya que éstos estarán
inspirados en el proceso independentista y en la perspectiva autonomista, a
diferencia de la última década del siglo que adquiere un matiz más filosófico.

De allí que la élite gobernante presentaba la paradoja de optar entre


tradición y modernidad, ya que junto con desear una república ilustrada, e
inspirada en las ideas progresistas de Europa, a su vez temía y rechazaba esas
ideas. Apelando a que existía un “orden natural de las cosas”, se invocó a
prácticas y preceptos de soberanía popular creando un Estado centralizado,
invocando al catolicismo constitucional y a la noción de orden.

La vinculación entre “orden y jerarquía social” fue una polaridad importante


en el periodo de la elección presidencial de Manuel Montt, personaje importante
en el ordenamiento institucional del Gulumapu. Conforme a los trabajos de Stuven,
el Artesano del Orden, sostenía que “en todos las sociedades del mundo hay
pobres y ricos porque así lo dispone la providencia”. Respondiendo a estos
argumentos, “el Pueblo, afirmó que la defensa del “orden egoísta “por parte de la
élite dirigente respondía a la necesidad que le permitía mantener el dominio
socioeconómico de la clase dirigente y el poder político necesario para sostener
esta situación. “Este maldito orden –afirmaba-pide que el pobre sea ignorante para
que sirviendo de mula al propietario, le trabaje del día a la noche por un mendrugo
de pan aunque tenga una numerosa familia que sostener, que sea ignorante para
armarlo contra sus propios intereses, manejándolos como a gallos en estado de
pelear”209.

Por lo tanto, se va instalando en el pensamiento de la élite con cierta fuerza,


la idea de que la pobreza e ignorancia era un fenómeno que respondía a un orden

209
Stuven, Debates republicanos, 520.
83

natural, culpando de esta manera a los grupos subalternos de sus propias


desgracias.

Una vez que concluye el proyecto revolucionario del 51’, la cuestión del
orden será monopolizado por el sector conservador, cuestión que puede
vislumbrarse en el manifiesto del partido conservador de 1859: “En vano se
pretende oscurecer el brillo de nuestra carta fundamental, y el de los hombres que
a su sombra han gobernado. ¿En qué consiste, sino que Chile aparezca como una
estrella luminosa en el firmamento americano? A qué atribuir el hecho de que
seamos los únicos que estamos perfectamente constituidos210”.

La pertenencia a la élite como grupo social, que se erige en una posición de


superioridad frente al resto, no solo contiene atributos específicos como por
ejemplo, nivel de ingreso y linaje, sino que una función muy importante, es el
sentimiento aristocrático que en ellas predomina, lo que le permite mantenerse a
pesar de los cambios que va experimentado este sector social. Si bien Chile, en
comparación a otros Estados latinoamericanos, organizó un proceso institucional y
republicano relativamente de corta duración que lo puede hacer acreedor de un
conjunto de méritos, prevalece la creencia de que la sociedad chilena es superior
al resto de las naciones latinoamericanas, noción atribuida prioritariamente a las
acciones que los grupos dirigentes desarrollaron.

Dicho sector, no solo se atribuirá la defensa del orden y de la tradición, sino


que se arrogará una cualidad moral de superioridad en desmedro del pueblo “los
hombres que lo han dirigido en estos últimos años han comprendido muy bien que
el pueblo no es una entidad que sale perfecta de manos del creador. Ellos sabían
que es preciso precaverse de antemano contra los peligros que inevitablemente
traen consigo la ignorancia y la miseria en su previsión han escudriñado los
medios más a propósito para salvar al país del azote tan terrible”211.

210
“Manifiesto del partido conservador”, en Stuven, Debates republicanos, 617.
211
“Manifiesto del partido conservador, en Stuven, Debates republicanos, 622.
84

Con respecto al universo valórico de los grupos dirigentes, existía la


particular creencia de parte de la élite conservadora de que el orden provenía de
Dios, y que la “masa” llegaba al mundo ignorante, y permanecía de esta manera si
no era enderezada y corregida por la clase social privilegiada. En concordancia, la
defensa del orden natural propugnado por ellos, consistía más bien en un acto
patriótico, necesario de invocar. Sin embargo, y como se ha señalado
anteriormente, había sectores de la élite que si defendían al pueblo. Así lo
observan: Jorge Pinto, “uno de los primeros intelectuales, miembro de la élite, que
se hizo cargo de esta situación fue, al promediar el siglo, Santiago Arcos
Arlegui”212, Sergio Grez “Fray Antonio (…) traza de manera general los contornos
de una sociedad marcada por la igualdad entre los hombres, procurando
deslegitimar la institución aristocrática por injusta y antinatural”213, y Ana María
Stuven, “por último, Bilbao expresó su solidaridad con el pueblo, al cual quería
reconocer un rol protagónico en los procesos sociopolíticos, y al cual quería ver en
el pleno ejercicio de su soberanía. La clase dirigente, a su juicio, establecía lo que
llamó un “sistema coercitivo y diezmador del trabajo del pobre” 214.

En consecuencia, las relaciones de poder entre la clase dirigente y los


sectores subalternos, no estuvieron exentas de manifestaciones de violencia en
sus distintas formas, ya que la defensa e imposición del orden, conllevará la
utilización de diversos instrumentos de disciplinamiento, a fin de corregir, a juicio
de los grupos dirigentes, las debilidades de la población.

De allí que otra característica importante de la élite fue la capacidad para


generar mitos fundacionales, que permitieron construir el thelos del Estado, es
decir, el propósito del orden en base a la matriz de la nacionalidad. Coincidiendo
con el historiador Gabriel Salazar “el orden portaliano engendró la más nutrida

212
Pinto, Proyectos de la élite chilena, 11.
213
Sergio Grez, De la "regeneración del pueblo" a la huelga general: génesis y evolución histórica
del movimiento popular en Chile (1810-1890) (Santiago de Chile, Ediciones RIL Editores. 1997:
196; 2007: 207).
214
Ana María Stuven, “Una aproximación a la cultura política de la élite chilena: concepto y
valoración del orden social (1830-1860”, en Estudios Públicos, no 66 (1997), 288: disponible en
http://www.plataformademocratica.org/Publicacoes/9668.pdf
85

galería de héroes y hombres ejemplares de todo tipo, políticos (Portales, Montt,


Varas), militares (Prieto y Bulnes), intelectuales (Bello, Juan Egaña y Mariano
Egaña) y empresariales (Urmeneta, Edwards, Ossa, Matte)”. De acuerdo a la
historia oficial, este es el origen esencial del ‘alma política’ de la nación. En
concordancia con ello, es que el ‘origen’ del orden portaliano ha renacido una y
otra vez a lo largo de nuestra historia”215.

Concordantemente, los grupos dirigentes, crearon diversos mitos para


generar la cohesión de los ciudadanos. El papel del mito en la construcción de la
nación, ha sido estudiado desde diversas perspectivas, como mitología o tradición
oral, desde la literatura, la antropología, entre otras. Como lo indica Timothy
Brennan, en “La Nostalgia Nacional de la Forma”216, si quisiéramos formular un
sentido inclusivo, sería el que propone Malinowski, según quien “el mito es una
suerte de carta magna del orden social actual; proporciona un modelo
retrospectivo de valores morales, un orden sociológico y una creencia mágica que
tiene por función fortalecer la tradición y dotarla de mayor valor y prestigio, en la
medida en que la retrotrae a una realidad de acontecimientos más elevada, mejor,
más sobrenatural”217.

Ariel Dorfman, ha escrito que posiblemente un país no tenga mejor modo de


conocerse así mismo que “examinar los mitos y símbolos populares que exporta a
sus dominios económicos y militares” y como lo complementa Timothy Brennan,
“esto sería más cierto cuando los mitos retornan a su propio país. Uno de los mitos
más perdurables ha sido sin duda el de la Nación”218.

Por lo anterior, la historiografía nacionalista, ha contribuido con la creación


y transmisión de estos relatos generando realidades y representaciones que no
necesariamente se encuentran fundadas en antecedentes empíricos, y las han
naturalizado desconociendo sus fisuras. Esto ha posibilitado que el patriotismo
215
Salazar, Mercaderes, empresarios y Capitalista, 7.
216
Timothy Brennan, “La nostalgia nacional de la forma”, en Homi Bhabha, Nación y Narración
(Buenos Aires: Editorial Siglo XXI, 2010), 65.
217
Citado por Brennan, en “La nostalgia nacional de la forma”, 65.
218
Brennan, en “La nostalgia nacional de la forma”, 70.
86

protonacional esté presente a pesar de algunas deficiencias conceptuales. La


nación se configura de elementos míticos, en tanto se auto instituye desde una
elucidación dramática que reproduce el pasado y proyecta el futuro.

Coincidiendo con Anthony Smith:

“el mito de la nación moderna, remite a una era premoderna que carece de
“Estado” y dramatiza la narrativa de una modernización que da nacimiento a las
naciones, y las naciones representan en este cuadro un estadio más o menos
lamentable en la historia humana, forma parte de una ruptura radical entre las
sociedades agraria, tradicional e industrial moderna, que serán superadas una
vez que la modernidad sea completamente realizada. Tal contramito, busca
relativizar el nacionalismo y refutar y explicar los postulados y supuestos del
propio mito nacionalista”219.

En síntesis, la élite del siglo XIX, presenta ciertas características que, a


grandes rasgos, contiene elementos que responden a la apreciación de sí misma
como grupo social, como también, comportamientos que han sido descritos por la
historiografía decimonónica, y que puede resumirse como sigue:

 Era la clase elevada de la organización social.

 Era poseedora de la tierra y ocupaba los cargos de gobierno.

 La élite criolla (más adelante chilena) contiene poca mezcla con otras razas,
por lo que se percibe esencialmente europea y homogénea.

 Tiene cualidades morales “superiores” que la distinguen del resto de la


población.

 Se erige como la guardiana del orden.

 Connaturaliza la relación con el pueblo, legitima su dominación y exclusión.

 En su universo valórico existe la creencia de que la masa nace ignorante.

219
“Nathionalism and the historians” en Balakrishnan (comp), Mapping the Nation, 175-197.
87

 Crea y reproduce mitos fundacionales, que percibe como verdades


absolutas e incuestionables.

Finalmente, y en atención a que este trabajo no consiste en una acabada


caracterización de la élite, sino que el interés radica en la representación que hace
del Gulumapu y las políticas aplicadas hacia sus habitantes, no se abordará temas
relacionados con la pertenencia a la élite decimonónica, capitales invertidos, redes
de parentesco estructuradas entre ellas, sino que preferentemente se tratará de
algunos de los ejes del debate -a propósito de la construcción de la cultura y
organización política - y la relación que establece con el Gulumapu.

Para efectos de este escrito se entenderá que la élite es una minoría


privilegiada, que domina una posición estratégica en el orden social ocupando
espacios en los ámbitos militares, políticos, económicos, sociales y culturales; y
que los une un sentimiento de superioridad y el ejercicio del poder mancomunado.
Si bien es posible identificar algunos elementos objetivos (linaje, nivel de
ingreso, estudios, redes, religión, etc.) y subjetivos (sentimiento de superioridad,
sentido de pertenencia, adscripción cultural, identidad, etc.) de su caracterización,
este trabajo se centrará en algunas de las estructuras y estrategias de poder
utilizadas por ellas en los procesos de normalización del poder disciplinario.

EL PARADIGMA DE LA HISTORIOGRAFÍA NACIONALISTA: EL EUFEMISMO


NATURALISTA.

El paradigma que articulará los procesos de normalización del poder


disciplinario en el periodo en que se inscribe este escrito, estará influenciado por el
evolucionismo de Darwin, reinscrito y resemantizado como un discurso político por
parte de la élite estatonaciolista chilena que propugnó un orden natural de la
sociedad, jerarquizando la estructura social. De allí que, la historiografía chilena
aborda preferentemente desde dos ámbitos la problemática de la nación, por un
88

lado, se encuentran los que se interrogan por la temática de la construcción del


Estado y la nación, desde el carácter y su organización política, y por otra parte,
se identifican perspectivas más recientes, que realizan acercamientos críticos a
este objeto problemático, interrogándose acerca de las representaciones, los
sentidos y la dinámica entre actores presentes/ausentes en la construcción de la
comunidad política.

En el ámbito de la construcción del Estado, Cristián Gazmuri señala que


“ensayistas políticos e historiadores postularon un gobierno natural para nuestro
país, sobre todo en los decenios 1831-1871” 220. Consecuentemente con ello, las
ideas del pensamiento europeo, especialmente el francés y alemán influenciaron a
nuestra élite intelectual. A través del análisis del texto de Alberto Edwards, “La
Fronda Aristocrática”, el historiador Christian Gazmuri da cuenta de la influencia
que este tiene del principal filósofo de la historia de la corriente vitalista-
morfológica, es decir, el alemán Oswald Spengler, “una nación, más que un grupo
humano que construye su historia con cierta libertad es un organismo vivo que
tiene un alma y un devenir necesario marcado por un ciclo vital el cual recorre
fatalmente. El sector social alto, que fue el que hizo la independencia nacional,
heredó del Chile colonial una serie de valores espirituales que constituyen la
esencia de su ser, su “alma”221. Desde esta perspectiva, el acontecer histórico del
Estado, sus acciones, sus cambios y sus actores reflejan la evolución del alma de
la nación. Si nos detenemos en el texto “la Fronda Aristocrática”, Edwards
sustenta que “la vigorosa expresión de Spengler Estado en forma, tiene un
significado mucho más profundo de lo que a simple vista parece: ella implica no
sólo la sucesión regular del gobierno conforme a un orden jurídico o histórico, sino
también la existencia en la sociedad de sentimientos hereditarios, de fuerzas

220
Cristián Gazmuri, “Alberto Edwards y la Fronda Aristocrática”, en Historia, no 37, Vol I, Instituto
de Historia, Pontificia Universidad Católica de Chile, (enero-Junio 2004), 61-95.
221
Gazmuri, Alberto Edwards y la Fronda, 76.
89

superiores que constituyen al Estado en un ser viviente, orgánico, provisto de alma


colectiva”222.

Consecuentemente, la creencia de que la nación tiene un ciclo vital similar


al de los seres vivos, y por otro, que el ethos, el alma nacional, se constituye
solamente por los valores que la oligarquía posee, será en uno de los pilares
básicos del nacionalismo que se instauró en Chile con la construcción de la nación
chilena. El alma de Chile será, en consecuencia, la oligarquía que se revela ante
la monarquía y que realiza la independencia. Este suceso histórico de gran valor
espiritual será desde esta mirada parte del ciclo vital que el país tenía que
alcanzar.

Junto con ello, lo que Edwards hace a todas luces con la naturalización de
la nación, es entre otras cosas, justificar los decenios autoritarios y suponer que la
madurez del Estado en forma se alcanza precisamente con la instalación de
modelos políticos desde la élite oligárquica. Para él, “sólo existían en Chile la
sociedad aristocrática de Santiago y el ejército, cuyos jefes más experimentados y
aguerridos estaban vinculados a Concepción. El resto del país era materia inerte,
ganado humano"223.

Por lo anterior, inmortaliza y sacraliza la figura de Portales argumentando


que la pereza de la masa podía ser aplacada “por el peso de la noche”, es decir,
“el respeto por el hecho consumado, constituía la base más sólida del orden social
en este país”224.

Dos cuestiones resultan relevantes, ya que por un lado muestra nítidamente


la creencia de que la masa es naturalmente perezosa, y por otro, revela la
inseguridad que tenían los grupos dirigentes en relación a la formación del Estado,
en atención de que el orden institucional, no era tan consistente para asegurar su

222
Alberto Edwards, La fronda aristocrática (Santiago de Chile: Edición Imprenta Nacional, 1928),
58.
223
Edwards, La fronda aristocrática, 15-16. [Énfasis añadido por la autora]
224
Edwards, La fronda aristocrática, 146.
90

permanencia, por lo que era necesario someter al pueblo con “el peso de la
noche”.

A modo de ejemplo, el periódico “El Colono de Angol” el 15 de abril del


1886, indicaba:

“Bien sabemos que nuestro pueblo adolece de grandísimos


defectos, al lado de sus magníficas cualidades. En general es
fanático en relijion, indiferente en política, descuidado en higiene i
vida doméstica, i poco aficionado al estudio. En nuestros obreros
encontramos la materia prima de un gran pueblo; pero falta
desarrollar sus buenas inclinaciones, impulsar i educar sus hábitos
de trabajo, estimular su deseo de aprender i estudiar, hacer mas
positivas sus ideas, animarlo a la vida pública, i afirmar el
sentimiento de la familia i el espíritu de ahorro”225.

Tal como se ha mencionado anteriormente, la connaturalización de la


relación que la élite establecía con el pueblo la hará autoconcebirse como la
salvadora de este sector social, con un fuerte sentido paternalista que intentará
corregir las debilidades de la población226.

LE BON, LA RAZA CHILENA Y LA CONCIENCIA DE LA CHILENIDAD.

Consiguientemente, la noción que la sociedad es equivalente a un


organismo vivo, tuvo una directa relación con la asunción de funciones que los
grupos dirigentes y la élite política resemantizaron en los proyectos de sociedad.
La comunidad entre sociedad y cuerpos vivos, generaron la analogía de que así
como cada órgano tiene una función distinta, es decir, el sistema digestivo deviene
gradualmente en parte diferenciadas, la sociedad también se tendría que dividir
como los órganos: entre clases dominantes y otras de menor importancia, de
225
“La Araucanía. Su presente y su porvenir”, en El Colono de Angol, 15 abril 1886.
226
[Énfasis añadido por la autora]
91

acuerdo a Spencer “la aparición de una clase dominante no sólo la diferencia del
resto de la sociedad, sino que asume su control; y cuando esta clase se divide en
una más dominante y otra que lo es menos, comienzan a distribuirse distintas
partes de dicho control”227.

Es así como, la teoría del darwinismo social fue reinterpretada por los
grupos dirigentes: la nación correspondió al órgano vivo del proyecto político
nacional, la élite la raza superior (y dominante) y la masa, la raza inferior
(dominada). Coincidiendo con Bernardo Subercaseaux, “temas conductores del
darwinismo social se cruzan así con el concepto de raza: por ejemplo, la
concepción de sociedad como un cuerpo orgánico que necesita mantenerse sano,
incontaminado de impurezas; o ideas como el rol del invidualismo, la lucha por el
provecho, por el status y por el poder como elementos conductores del devenir
histórico”228.

Esto es consecuente con el racismo del Estado, que a través de un prisma


biológico califica las razas como superiores e inferiores produciendo un importante
desequilibrio entre la población. La propuesta de Gustave Le Bon supone que la
raza, a partir de su componente biológico y mental, tiene un alma y serán aquellas
características las que determinarán la evolución de un pueblo.
Consecuentemente con lo anterior, el alma de Chile será la nación con el proyecto
instaurado por la élite desde una perspectiva homogeneizadora.

Por otro lado, y desde el espacio del Estado, se vislumbra los aportes de
Mario Góngora y los valores constituyentes de la conciencia nacional recreó la
élite, “a partir de las guerras de la independencia, y luego de sucesivas guerras
victoriosas del siglo XIX se ha ido constituyendo un sentimiento y una conciencia
propiamente “nacionales”, la chilenidad”229 evidentemente que junto a los
acontecimientos bélicos, la nacionalidad se formó por otros medios puestos por el
227
Miguel Beltran, “Herbert Spencer ¿Qué es una sociedad? Una sociedad es un organismo” en
Reis, no 107, (2004), 231-243.
228
Bernardo, Subercaseaux, “Raza y Nación: el caso de Chile”, en A contracorriente, una revista
de historia social y literatura de América Latina, Vol. 5, Nº 1, Fall; 29-63, (2007), 33.
229
Góngora, Ensayo histórico, 72.
92

Estado; los símbolos patrióticos, la unidad administrativa, las instituciones. Sin


embargo, es enfático en señalar que “son las guerras ofensivas y defensivas las
que a mi juicio han constituido el motor principal”230. Más adelante, en este escrito
podrá constatarse cómo la guerra juega un importante rol en la ocupación del
Gulumapu.

En consecuencia, las reflexiones de Gazmuri y Subercaseaux son


complementarias en relación a que ambas hacen alusión a la metáfora que
pensadores del Siglo XIX delinearon y narraron la nación en torno “al alma
nacional” y a la perspectiva naturalista. Sin embargo, es con Mario Góngora donde
se evidencia más acentuadamente el mito de la chilenidad231, aportando a esta
discusión, el vínculo a símbolos y cualidades morales que poseyó la oligarquía, y
la justificación que ésta hizo de las sucesivas guerras en nombre del “orden” y
“progreso”.

Por lo anterior, la narrativa e historiografía nacionalista, ha omitido el


devenir del Gulumapu resaltando por una parte el afán modernizador que se dio a
propósito de la construcción de la nación y el Estado, y por otra, amparándose en
las categorías provenientes del darwinimismo social, como la raza y el mestizaje,
negándoles la posibilidad de mantenerse como nación una independiente.

Como lo señala Bernardo Subercaseaux “si bien Palacios es sin duda el


primer “tratadista” del tema, el uso de la categoría “raza” en Chile con un
significado amplio, que implica elementos biológicos, síquicos, culturales y
sociales—en ese mismo orden de precedencia—puede datarse desde fines del
siglo diecinueve”232.

Esto es concordante con las concepciones que circularon en revistas y


libros de la época. Ricardo Vera Tornel, basado en la obra inglesa de Edgard
Sanderson "Historia de la civilización", -señala que “respecto de las razas

230
Góngora, Ensayo histórico, 72.
231
[Énfasis añadido por la autora]
232
Subercaseaux, Raza y Nación, 30.
93

humanas y su distribución sobre el mundo- los etnólogos han realizado dos


clasificaciones diferentes sobre la humanidad: una geográfica y otra somática, es
decir, por el aspecto físico de los individuos. Esta última coloca el acento en el
color de la tez para su clasificación”233.

Con respecto a la primera, "las razas humanas son cinco: la caucásica, la


mongólica, la etiópica, la malaya y la americana. Atendiendo al color de las razas,
son, la blanca, la amarilla, la negra, la aceitunada y la cobriza"234.

Consecuentemente con lo anterior, en Chile se utilizaron categorías


similares para definir las razas presentes a finales del siglo XIX. Según la cita de
Bernardo Subercaseaux "Tomás Guevara menciona, además de los araucanos, a
los aymaras, los yaganes, los alacalufes, los fueguinos y los pascuenses. Luis
Thayer Ojeda, instalado en la incipiente ciencia de la época, establece una
proporción racial para el país: 64.89 % de raza blanca, 34.26 % de raza roja o
indígena, 0.98 % de raza negra y 0.17 de raza amarilla”235.

Es así como, dichas representaciones se han configurado desde la


narrativa nacionalista, como una forma de dar cuenta de la base étnica de la
nación chilena sin el necesario rigor científico que le corresponde. En
consecuencia, estas perspectivas historiográficas adquirieron un significativo valor
crítico para desnaturalizar la nación como constructo, sin embargo, en la mayor
parte de ellas estuvo ausente el papel, el rol de las diversas identidades, pueblos y
de los grupos subalternos en general. De esta forma, habrá lugares en que los
actores aparecen como subalternos, pero también en otros contextos pueden
aparecer como dominadores o hegemónicos. Para el caso del Gulumapu, la
definición resulta apropiada, ya que da cuenta de la heterogeneidad de las
territorialidades e identidades como por ejemplo, los Arribanos y Abajinos, como
también los casos de población indígena más letrada. Los Longkos y fütalonkos

233
Ricardo Vera, “Historia de la civilización”, en Edgard, Sanderson, Outlines of the world history.
Tomo I y II. (Barcelona: Editorial Ramón Sopena, 1958), 44.
234
Vera, Historia de la civilización, 44.
235
Subercaseaux, Raza y Nación, 30.
94

(caciques de distintas parcialidades) no solo eran grandes señores reconocidos


como autoridades por sus habitantes sino que también por las autoridades
chilenas, por lo que no resultará pertinente asimilarlos a "la masa" o lo que
habitualmente se denomina el pueblo.

A juicio de esta autora, es importante recordar que a comienzos de la


década del 20’ del Siglo XIX, la élite dirigente rememoraba al “Araucano” con
cierto romanticismo, y reconocía a los caciques Longkos y fütalonkos como
autoridades con las cuales tenía que dialogar y parlamentar, sin embargo, a
finales de ese siglo, es cuando la raza adquiere connotaciones distintas.
Subercaseaux indica que “En Republique du Chili”, documento en francés
publicado en Leipzig en 1903, preparado por el Estado de Chile para atraer
europeos que viniesen como colonos al sur del país, dice literalmente: “después
de haber reprimido con energía, en 1882, el último alzamiento de los araucanos
que todavía pueblan algunos puntos del sur del país, el gobierno tomó la decisión
de ofrecer gran parte de esas tierras fértiles a la inmigración europea…y hoy en
esas vastas tierras incultas donde hasta 1882 solo vagabundeaba el indio salvaje,
hoy se levantan pueblos, caseríos, villas y campos intensamente labrados”236.

Con todo lo anterior surge la interrogante, acerca de cómo el darwinismo


social ha congeniado con esta minoría, es decir, la élite chilena, en circunstancias
que durante el Siglo XIX, el liberalismo con sus principios filosóficos pregonaba
principios republicanos asociado a las libertades individuales y el progreso de la
sociedad.

Esta reflexión se puede responder complementariamente y de acuerdo a lo


expuesto por Marc Ferró en la “Historia de la colonización” y en el “Libro negro del
colonialismo”, obras que revelan la influencia del darwinismo en distintas partes
del mundo. En términos planteados por este autor, “en el momento en que los
progresos de la ciencia y el éxito del darwinismo asignaban a los más dotados la
tarea de repartir los beneficios del progreso por el mundo, los ingleses se

236
Bustos, Enfoque subalterno, 45.
95

consideraban necesariamente destinados, en lo fundamental, a llevar a cabo esta


tarea (…) además de considerar que los indígenas eran como niños, las
convicciones que tenían los franceses republicanas o no, les conducían a pensar
que educándolos, los civilizarían, por lo que resistirse era prueba de su
salvajismo”237.

Asimismo, se vislumbró que la tarea de la civilización consistió no solo en la


instalación e inculcación de un sistema de valores a los sujetos colonizados, lo
que conllevó la utilización de diversos instrumentos y dispositivos de poder, sino
que dicha empresa derivó también en el ejercicio de una función económica
concreta, entrelazándose de alguna manera con el organicismo pregonado por
Spencer, que supone que el motor social es asumido por una raza dominante y en
donde existen otras de menor importancia que tienen que cumplir roles inferiores.
Coincidiendo nuevamente con Ferró, “si una persona no se adhería estas reglas
de derecho se convertía en delincuente, en criminal, y por ende en punible: en la
India, por ejemplo los ingleses denunciaban la existencia de tribus criminales”238.
Es decir, todo lo que resulta extraño, se encerró y criminalizó, y asimismo se le
asignó una función y posición de inferioridad en la estructura económica y social.

Respecto al colonialismo y al racismo, temas trabajados profusamente por


Marc Ferró en distintos contextos culturales y de acuerdo a este autor, se
distinguen dos variantes de racismo. La primera, es la que se fundamenta en una
afirmación de desigualdad y “que se apoya a veces, en un concepto evolucionista
del progreso indefinido de la civilización llevado por las razas más evolucionadas
que evalúan el grado de avance de las razas llamadas inferiores y que, por
consiguiente, serían asimilables en mayor o menor grado”. Complementariamente
la segunda, según el autor, es “la que consiste en estimar que existen diferencias
de naturaleza o de genealogía entre ciertos grupos humanos. La obsesión
principal, será entonces la mezcla, pero esta fijación puede tener resabios

237
Marc Ferro, El libro negro del colonialismo. Siglos XVI al XXI. Del exterminio al
arrepentimiento, trad. de Carlo Caranci (Madrid: Editorial La Esfera, 2003), 25.
238
Ferro, El libro negro del colonialismo, 26.
96

biológicos y criminales, pues el cruce se juzga, en particular para los nazis, como
una transgresión de las leyes de la naturaleza”239.

Para el caso chileno, se hace necesario puntualizar, que conforme a lo


expuesto en la discusión bibliográfica y la síntesis de los hechos, estas variantes
se alternaron simultáneamente a lo largo del siglo XIX240. La primera perspectiva,
es decir, la evolucionista, supuso que la élite chilena fue la portadora del orden y
de la racionalidad, la raza superior, la única población en condiciones de gobernar,
símbolos puestos, en contraposición al mapuche, como bien lo refleja el texto de
prensa de “El Colono de Angol”, que justificó las operaciones de la élite: “Mui
ancho es todavía el territorio indígena i sobre todo, la tarea de reformar aquellas
costumbres, no es de ninguna manera la tarea de cinco años. Por esto, que cada
cual contribuya con su continjente a esta obra de civilizacion, i practicará con ello
un acto de verdadera caridad i levantado patriotismo.” ¡Civilizacion! cuan grande
eres i que hermosa se te contempla al examinar estos hechos de estúpida
barbarie!”241. La segunda configuración del racismo, es aquella que da cuenta de
las diferencias de naturaleza, observada sobre todo, en el proceso de la
colonización, periodo en que el Gobierno chileno se propuso traer inmigrantes
extranjeros para “mezclarlos” sobre el supuesto que la élite dirigente postulaba
que la población indígena tenía debilidades que podrían ser corregidas a partir de
la mezcla y la civilización. Así se pudo destacar en “El Colono de Angol” del 18 de
abril de 1886, que indicó: “ha sido el actual Gobierno el que ha venido a dar de
nuevo vuelo a la colonización, estimulado con la sana idea de civilizar
prácticamente la Araucanía i poner estos territorios al alcance i a la altura del
progreso que reina en el resto de la República”242. Paradojalmente, la creencia de
los grupos nacionalistas de que existió poca mezcla entre la población
Santiaguina, fue otra exageración que puede subrayarse por parte de la élite,

239
Ferro, El libro negro del colonialismo, 33-34.
240
Se podría inferir además que esta alternancia está presente aún en la historiografía nacional, en
las políticas de Estado, y en la débil producción académica que no contribuye a contrarrestarlas.
241
Ver “En plena barbarie”, en El Colono de Angol, 27 diciembre 1886, Edición N°5.
242
Ver “La Araucanía. Su presente y su porvenir”, en El Colono de Angol, 15 abril 1886.
97

convirtiéndose en mito que la llevó a plantear que la sociedad chilena era uniforme
y homogénea.

LA NACIÓN MAPUCHE EN LA HISTORIOGRAFÍA CHILENA DEL SIGLO XIX.

Se debe tener presente que el territorio mapuche es más grande que la


Araucanía histórica, ya que comprende un amplio espacio denominado Wallmapu,
constituido por el Puelmapu, es decir la parte Este del territorio mapuche, y que
geográficamente corresponde al espacio ubicado al oriente de la Cordillera de los
Andes hasta el Océano Atlántico y el Gulumapu, en la parte Oeste, que se ubica
desde el Océano Pacífico a la Cordillera de los Andes. De allí que el Wallmapu es
considerado como el país mapuche, que hasta las últimas décadas del siglo XIX
funcionaba como una nación independiente compuesta por distintas parcialidades
que geográficamente comprendía los Estados de Chile y Argentina.

Pero no sólo el criterio geográfico indicaba una extensión territorial del


Wallmapu, sino que, además, en sí, era un mundo mucho más complejo. En
algunos casos los caciques de un lado de Wallmapu se mostraban aliados de las
autoridades, y en el otro, resistían. En un sentido similar, Pablo Marimán,
historiador mapuche, indica que en el ámbito político social mapuche durante el
siglo XIX mantuvo –a uno y otros lados de la cordillera- intereses comunes y
diferenciados en su relación con el winka243.

Este mismo autor, enfatiza que los mapuche, contaban con un sistema de
gobernabilidad basado en un conjunto de “conocimientos que se fueron
institucionalizando hasta crear un sistema cultural propio que les dio consistencia
de sociedad…permitiendo controlar las inmensas extensiones territoriales y dar
gobernabilidad a su nación”. Enfatiza que esta “sociedad no se estructuró
piramidalmente como un Estado” sino que se presenta como “conjuntos en

243
Pablo Marimán et at, ¡…Escucha Winka…! Cuatro ensayos de historia nacional mapuche y un
epílogo sobre el futuro. (Santiago de Chile, Editorial LOM Ediciones, 2006), 64.
98

intersección” generando “unidades territoriales (wichanmapu) que se entendieron


para una gobernabilidad más extendida que concentrada, que los terminó
haciendo actuar como un cuerpo, aunque sin presentar una cabeza aparente”244.
Sin embargo, teniendo presente la diversidad de unidades territoriales, este
trabajo, se centrará en el Gulumapu, escisión que se realiza principalmente por
focalización y delimitación de fuentes.

Si bien los hitos relacionados con la pérdida de la soberanía de la nación


mapuche, ya han sido descritos en la síntesis de los hechos, se considera
necesario retomarlos para conectarlos con la producción historiográfica escrita, y
constatar cómo pensaban y escribían algunos historiadores chilenos acerca de
estos procesos desarrollados en el siglo XIX y a propósito de ello, deconstruir y
extrapolar la representación del mapuche. Consiguientemente, se trata de una
selección de medios y dispositivos disciplinarios para construir el orden social, que
dan cuenta de la organización de la élite y que tuvo importantes consecuencias
para la nación mapuche.

Por lo anterior, la incorporación de la Araucanía al territorio nacional,


supuso la instalación de un proceso civilizador bajo la suposición de que la
barbarie poseía a la población indígena, y que la élite dirigente debía desterrarla.
Sin embargo, también sirvió a los propósitos de enriquecimiento de la élite. Como
lo indica Mario Góngora “a los terratenientes se van uniendo ricos mineros del
cobre y plata de Atacama, pioneros del salitre de Antofagasta, banqueros de
Valparaíso y Santiago. Otros extranjeros ascienden sobre todo a través de la
política. Es todo un grupo humano que se incorpora a la aristocracia (…). En los
últimos años del siglo se sumaron agricultores de la Araucanía rápidamente
enriquecidos en esa nueva frontera en tiempos de guerra y ahora colonizada” 245.

244
Marimán et at, ¡…Escucha Winka…!; 66
245
Góngora, Ensayo histórico, 82-83
99

EL OPTIMISMO CIVILIZADOR

La prensa jugó un importante rol en la gestación y decisión de ocupar el


territorio mapuche, Luis Carlos Parentini señala que “a partir de 1820, cuando
surge en Chile una prensa libre-no subordinada al Estado- que responde a los
intereses de acaudalados terratenientes, especuladores y comerciantes que tienen
capitales invertidos en la zona sur, la situación cambió radicalmente. Los editores
y redactores ya no permanecían impasibles frente a las tropelías: se exacerbaban
unos a otros y mantenía vivo el mito de la “guerra latente”, a la espera de que sus
denuncias lograran hacer avanzar al ejército chileno hacia la Araucanía”246.

Se gestó, por lo tanto, un optimismo civilizador que buscó instalar un


modelo de hombre y sociedad inspirado en Europa y la Ilustración. La crisis que
vivió las últimas décadas del siglo XIX, y el modelo social-moral implementado por
la élite, -inspirado en el positivismo latinoamericano- consistió, en una idea de
progreso material y de bienestar que se lograría a través de educación-civilización
y que parafraseando a Jorge Pinto, trataría de “desterrar los resabios de barbarie”
de la sociedad chilena247.

Así lo destaca este historiador chileno248 quien sintetiza la relación existente


entre el Estado, la nación chilena y el Gulumapu, situando la discusión desde la
historia regional y local, enfatizando acerca de la manera en que la élite dirigente
fue estableciendo la relación con la nación mapuche.

Como se ha reiterado en la primera parte de este trabajo, este autor, ubica


una primera fase de “inclusión” que concluye a mediados del siglo XIX, entre 1810
y 1830 con la lucha de la independencia y sus intentos de incluir al mapuche en el
proyecto nacional. Posteriormente entre 1830 y 1850, destaca la política de

246
Luis Carlos Parentini y Patricio Herrera, “Araucanía Maldita; su imagen a través de la prensa
(1820-1860)”, en Boletín de Historia y Geografía, no16, Universidad Católica Silva Henríquez,
(2002), 66.
247
Pinto, Proyectos de la élite chilena, 2.
248
Jorge Pinto, La formación del Estado, y la Nación y el Pueblo Mapuche: de la inclusión a la
exclusión (Santiago de Chile: Centro de Investigaciones Diego Barros Arana, 2003).
100

parlamentos y misiones. Pinto señala que “acabada esta etapa se precipitará la


ocupación de la Araucanía por parte del gobierno republicano mediante un
proceso que desata de nuevo la violencia y desintegra el espacio fronterizo”249.
Por lo tanto, estos hechos se constituyeron como hitos cruciales para comprender
la manera en que la élite dirigente visualizó y materializó la incorporación del
mapuche a la nación chilena. Coincidiendo con Jorge Pinto, es importante
distinguir entre la formación del Estado y la nación, como entidades separadas.
Pinto indica que “todo Estado supone cuatro elementos y una condición. Los
primeros son el territorio, la población, sus cuerpos legales y el aparato burocrático
militar que cautela el cumplimiento de las leyes.” 250, la condición se refiere más
concretamente a la nación.

Dado que la condición supuso la existencia de sujetos leales, es decir, un


demos lo suficientemente cohesionado al thelos y los propósitos de la comunidad
política del Estado de Chile, cabe interrogarse por las implicancias para la nación
mapuche la creación de este sentido de nacionalidad o bien, como se ha
esbozado en otras partes de este escrito, cómo se ha construido la “chilenidad” en
los sujetos que no tenían afianzado el sentido de pertenencia a la nación chilena.

La historiografía muestra que la construcción de la chilenidad se realizó por


un lado, en oposición al Otro, en este caso, para reforzar la imagen de la nación
chilena era necesario alterar, destruir y trastocar la nación mapuche,
barbarizándola y, por otro lado, construyendo historias patrias que borraban la
historicidad del mapuche.

En una línea similar, José Luis Martínez, señala que a partir de una
investigación realizada sobre los discursos republicanos acerca de las sociedades
indígenas, constata la existencia de discursos simultáneos, diferentes y
antagónicos entre sí. A su vez, propugna que “en la elaboración de estos
discursos, en particular a partir de Sarmiento y del debate de Bello y Lastarria, a

249
Pinto, La formación del Estado, 64.
250
Pinto, La formación del Estado, 90. [Énfasis añadido por la autora]
101

los historiadores les cupo un rol central. Primero, proporcionando en la primera


mitad del siglo XIX un marco de legitimidad que permitiría excluir, negar o
barbarizar a los indios (se construía así el “otro” frente al cual podíamos reflejarnos
espejadamente con ventaja); luego ya a partir de los años 60 del siglo XIX y hasta
principios del siglo XX, construyendo “las historias nacionales”251, en las que los
indios terminaron de desaparecer como sujetos históricos para quedar relegados a
un pasado, a veces glorioso, o ni siquiera digno de mención, que se consideró
abstractamente como parte de las raíces o los orígenes, pero no del presente.

LA CLASIFICACIÓN DEL OTRO.

Como lo indica Jorge Pavez, "el problema de la clasificación del Otro por
absorción presente en toda lógica "mestiza", "canibal", o "híbrida"252 ha sido
recientemente abordado por André Menard, quien ha criticado cómo éstas llevan a
subsumir la heterogeneidad de los sujetos históricos mapuche bajo una metafísica
del mestizaje en la que, paradójicamente, estos terminaron reducidos a un cuerpo
en sentido literal, como propiedad homogénea y autóctona de la identidad.

De allí que, al referirse al mapuche como sujeto histórico, se enfrenta al menos a


dos problemas iniciales: el primero, es la dificultad de incluir al mapuche en la
concepción de clase social, ya que no resulta apropiada para definir su “otredad”;
el segundo, es que se remite necesariamente al dilema de las fuentes y de los
documentos que han sido utilizados por la historiografía nacional – considerando
además las diversas representaciones e interpretaciones que de ellos se derivan-
Esto quiere decir que la narrativa nacionalista chilena, en gran proporción ha
operado a través de dispositivos documentales que han estado orientados, citando

251
José Luis Martínez et al, “Rotos, “cholos” y “gauchos”: la emergencia de nuevos sujetos en el
cambio de algunos imaginarios nacionales republicanos (Siglo XIX)”, en Nación, Estado y Cultura
en América Latina (Santiago de Chile: Ediciones Facultad de Filosofía y Humanidades, Serie de
Estudios. Universidad de Chile, 2003), 163.
252
Jorge Pavez (comp.), Cartas mapuches. Ocho libros editores. (Santiago de Chile: Ediciones
Fondo de Publicaciones Americanistas. Universidad de Chile. Colección documentos para la
Historia Mapuche, 2008), 25.
102

a Jorge Pavez, "al proyecto nacional-popular de la historia mapuche como historia


chilena, subsumiéndola en una teología de la Nación, la raza y la clase ("raza
chilena"="pueblo chileno")”253.

Otro dilema al que se enfrentan los trabajos que se refieren al papel de los
mapuche en la construcción de la nación chilena, se refiere a las categorías y
supuestos que se desprenden de los epistolarios, correspondencia, parlamentos y
otros instrumentos utilizados por los funcionarios durante el siglo XIX, sobre todo
en la etapa de la ocupación de la Araucanía por parte del Estado chileno, hecho
gravitante si se quiere examinar la participación de este sujeto histórico. Por
ejemplo, a juicio de Pavez, el “epistolario de la pacificación de la Araucanía (1860-
1870)” del historiador Leonardo León, “acusa a los estudiosos indigenistas” de
exponer una visión demasiado conflictiva de los hechos de la ocupación de la
Araucanía en el siglo XIX, dejando ver a los mapuche como " objetos de la
historia, como entes pasivos que sufrieron el impacto de la historia", como
"víctimas y como vencidos"...lo que llevará a este historiador a sostener que las
cartas, muestran que ambas partes, se veían y trataban como iguales,
presentando la frontera, "como un mundo sin hegemonías ni autoritarismos" y
como un "rico y oscuro universo de mestizaje"254.

Sin embargo, en otros textos de León Solís, se puede constatar que existe
una apreciación distinta de la ocupación de la Araucanía y de la crisis que generó
en la sociedad mapuche durante las últimas décadas del siglo XIX. Por un lado,
indica que “se combinaron la debilidad del Estado chileno, el colapso del gobierno
cacical y la irrupción de los intereses privados, para hacer de la Araucanía un
territorio sacudido por una profunda crisis social que, en más de una ocasión se
convirtió en una verdadera guerra étnica”255.Conjuntamente con ello, resalta el
afán modernizador de la élite a través de la instauración de un régimen que solo

253
Pavez, Cartas mapuches, 23.
254
Pavez, Cartas mapuches, 22.
255
Leonardo León, Los señores de la cordillera y las pampas: los pehuenches de Malalhue 1770-
1800. (Santiago de Chile: Centro de Investigaciones Barros Arana. Dirección de Bibliotecas,
Archivos y Museos, 2005), 12.
103

consiguió incrementar las brechas entre los diversos actores sociales que se
encontraban presentes en la Araucanía.

En consecuencia, si se coincide que la creación y “noción” del orden, que


inspiró a los intelectuales del siglo XIX, se basó en la construcción de una nación
homogénea que imitando al sujeto europeo, consistió en una estrategia política
que fijó el sentido de la institucionalidad y que colocó al mapuche en el
antagonismo y como un adversario. Chantal Mouffe lo expone de la siguiente
manera: “todo orden es político y está basado en alguna forma de exclusión.
Siempre hay otras posibilidades que han sido reprimidas y que pueden
reactivarse”256.

En síntesis, si bien la historiografía chilena se ha preocupado de examinar


qué pasaba con el mapuche y su papel en la construcción de la nación durante el
siglo XIX, no abundan los trabajos en los cuales,- mediante una desclasificación
documental-, se expongan las visiones de la élite, a través de distintos
representantes tales como los intelectuales, los ministros, los funcionarios, y la
prensa, es decir, el dispositivo institucional creado.

Consiguientemente, es importante señalar que la narrativa nacionalista


chilena, se articula en torno a que: a) la nación tiene un alma, b) está consagrada
principalmente por la oligarquía, c) sus instrumentos son las guerras y al aparato
burocrático del Estado d) el propósito es mantener el orden y progreso de la
comunidad política. Derivándose de allí los valores constituyentes de la conciencia
nacional que fue recreando la élite.

Hasta ahora es posible constatar que los cimientos del nacionalismo en


Chile, fueron concebidos desde la organización y valores de la élite oligárquica y
dominante, cuyos instrumentos principales, ordenamiento jurídico, guerras,
símbolos patrióticos, instituciones, entre otros adquirieron relevancia para la
consolidación de este grupo social.

256
Chantal Mouffe, En torno a lo político (Buenos Aires: Ediciones Fondo de Cultura Económica.
Primera Edición, Obras de Sociología, 2007), 25.
104

CAPÍTULO III. LA OBRA CIVILIZADORA Y LAS PRINCIPALES POLÍTICAS


APLICADAS POR EL ESTADO CHILENO QUE IMPACTARON EN EL
GULUMAPU.

“… tendremos que admitir que los indijenas


de un país, por bárbaros que sean, tienen el
derecho natural de posesión de las tierras
que la Providencia le ha asignado como
patria. Lo contrario sería negar al indijena el
derecho de existir”
(El Ferrocarril de Santiago del 23 de enero de 1860)

La empresa civilizadora -diseñada y aplicada por los grupos dirigentes-,


consistió, a grandes rasgos, en fabricar y desarrollar instrumentos y dispositivos
de disciplinamiento, con el fin de intervenir y “reducir” al Gulumapu bajo el
supuesto que era necesario borrar los resabios de barbarie, que, a juicio de este
grupo social, poseían sus habitantes. El término reducir fue utilizado
indiscriminadamente en los discursos y políticas del Siglo XIX. Se refería en un
sentido amplio a la conversión de los mapuche a la religión católica, a la
desterritorialización, a la migración forzada de su territorio y espacio social
comunitario, a la relocalización de las familias, como también a la introducción del
poder disciplinario del Estado a través de instituciones, leyes y la utilización de la
guerra y hostilidades asociadas a ella. Todo ello implicó pérdidas de vidas y la
propiedad de los mapuche.

En consecuencia, el tránsito de la barbarie a la civilización desplegó y


justificó una serie de medidas que fueron transformando progresivamente el
territorio mapuche. Esto fue concordante con los paradigmas de la época que han
105

sido trabajados por la autora en la primera parte de este escrito, los cuales fueron
asociados al “racismo del Estado”257.

Respecto del racismo estatal, tema abordado inicialmente en este escrito y


coincidiendo con Foucault258, surge más visiblemente en forma posterior al Siglo
XVIII, periodo que en la guerra fue concebida como guerra de las razas, sin
embargo como patrón de inteligibilidad de los procesos históricos fue reinventada
en el Siglo XIX bajo la forma y registro de racismo de Estado, en él se
entrecruzaba tanto el poder soberano de dar vida y dar muerte, como el poder
disciplinario regulador, es decir: vigilar, castigar y controlar. Más concretamente,
se denomina racismo de Estado a la tesis que sostiene Foucault, donde señala: “a
partir del continuum biológico de la especie humana, la aparición de las razas
como buenas y otras inferiores, será un modo de fragmentar el campo biológico
que el poder tomó a su cargo, será una manera de producir desequilibrio entre los
grupos que constituyen la población”. Dicho desequilibrio se tradujo en un debate
que tuvo a la clase dirigente en la disyuntiva acerca del medio más adecuado para
llevar adelante la tarea civilizadora, ya que existía la imperiosa necesidad de
someter al Gulumapu, justificando su ocupación sobre el supuesto de que sus
habitantes pertenecían a las razas inferiores.

El racismo estatal en Chile se presentó a través de diversas variantes, una


de ellas referida a la obsesión por mantener la raza superior protegida, en
atención a que existía preocupación por la mezcla. Un ejemplo de ello es el
documento oficial del Gobierno de Chile, presentado en el Congreso Nacional de
Santiago el año 1849, que sostenía que: "en las fronteras de la Araucanía hay una
numerosa población denominada española que vive en constante comunicación
con los indígenas y que, colocada fuera de las influencias religiosas y de todos los
elementos de civilización, lleva una vida extraña a nuestros progresos sociales.
Por el contrario, ella va apropiándose de muchas de las costumbres,

257
[Énfasis añadido por la autora]
258
Michel. Foucault, Genealogía del racismo, trad. del francés de Alfredo Tzveibely (Madrid:
Ediciones La Piqueta, 1992).
106

preocupaciones y vicios de los araucanos"259. Producto de estas preocupaciones


y el interés de disponer del territorio mapuche, se gestaron planes y políticas
vinculados a dichos fines. De acuerdo a lo señalado por Leandro Navarro, en los
planes de conquista en el territorio mapuche de 1861, los proyectos que fijaron la
atención de estadistas y militares eran tres:

“1.- Reducción por medio de la difusión primaria y la religión con


escuelas y misioneros. El primero, puesto en práctica desde los
tiempos coloniales, no ha dado resultado alguno.

2.- Ocupación del territorio exterminando violentamente a sus


habitantes. El segundo proyecto, las razones de humanidad que
aconseja la clemencia, no permitiría lata discusión por más que se
hiciera valer el ejemplo de los Estados Unidos.

3.- Reducción por medio de adelantos progresivos de líneas de


fronteras. El 3 proyecto, avance sucesivo de líneas de fronteras, hasta
llegar a la línea de Toltén, que nos separaba de la provincia de
Valdivia”. 260

Si bien los textos de prensa, y algunas memorias de los Ministerios de


Guerra, Interior, Culto y Colonización, sugirieron utilizar el método del Gobierno de
los Estados Unidos261, la historiografía reconoce que la propuesta del Coronel
Cornelio Saavedra, fue la que más seguidores tuvo: “trayendo como consecuencia
al fin la incorporación al territorio de la República fue el como era natural, tuviera
más adeptos. Éste era el desideratum que patrocinaba con tanta vehemencia el

259
Memoria del Ministro de Justicia, culto e instrucción Pública presentada al Congreso Nacional,
Santiago 1849, 62. Citado en, Sol Serrano, “De escuelas indígenas sin pueblos a pueblos sin
escuelas indígenas: la educación en la Araucanía en el siglo XIX”, en Revista de Historia, Vol. 29,
Instituto de Historia. Pontificia Universidad Católica de Chile (1995-1996), 436.
260
Leandro Navarro Rojas, Crónica Militar de la conquista y pacificación de la Araucanía desde el
año 1859 hasta su completa incorporación al territorio nacional (Santiago de Chile: Editorial
Pehuén 2008), 8.
261
Titular: “Los salvajes de la Araucanía y la Dignidad Nacional, sostenía por ejemplo: No hai pues
con los salvajes otro medio que el empleado por los Yankees”, en El Correo del Sur, 21 Noviembre
1854, 2 y 3.
107

Coronel Cornelio Saavedra”262. Por lo anterior, y luego de dirimir en reiteradas


oportunidades acerca de las propuestas más convenientes, sumado a las
consecuencias de la revolución de 1859, el ministro de Guerra Manuel García, el 7
de Octubre de 1861, envió una carta al Intendente Cornelio Saavedra, solicitando
que le proporcionara los detalles del plan de ocupación propuesto para presentarlo
a la cámara y solicitar la autorización de gatos asociados al adelanto de la línea de
frontera. De allí que el 11 de Octubre de 1861, Cornelio Saavedra, dirigió la
respuesta al señor Ministro de guerra Manuel García, en la que señalaba estar
dispuesto a asumir el mando del ejército de operaciones de la frontera, y al mismo
tiempo presentó las bases para “la reducción del territorio araucano i su
incorporación al resto de la República”263.

Dicho documento estableció las consideraciones acerca del avance de la


frontera en el territorio indígena y el establecimiento de una nueva línea sobre el
Malleco. La primera cuestión que enfatizó es el reconocimiento de la línea
divisoria entre los españoles y mapuche: “desde que el siglo pasado se estipuló
reconocer como línea divisoria entre los españoles i los indíjenas el río bío bío,
bien poco se ha avanzado en la obra de reducción y la civilización de los
araucanos”264, avances que estimó se debían a la falta de un plan que redundará
en la postergación de la “integridad nacional”.265Del mismo modo, sostuvo que
ninguna ventaja de civilización se habría afianzado por medio de las misiones y
que la revolución del 59 solo causó estragos respecto de las obras anteriores que
consiguió la conquista militar, sobre todo la industria y el comercio.

De allí que Cornelio Saavedra, sometió a consideración del Supremo Gobierno


la siguiente propuesta:

1. “Avanzar en la línea de frontera hasta el río Malleco.

262
Navarro Rojas, Crónica Militar, 8.
263
Cornelio Saavedra, En Documentos relativos a la ocupación de Arauco que contienen los
trabajos practicados desde 1861 hasta la fecha por el coronel del ejército Cornelio Saavedra
(Santiago: Imprenta Libertad, 1870), 5.
264
Saavedra, Documentos relativos a la ocupación, 6.
265
[Énfasis añadido por la autora]
108

2. En la subdivisión y enajenación de los terrenos del Estado


comprendidos entre el Malleco y el Bío Bío.
3. Colonización de los terrenos que sean más aptos”.266

Antes de llevarse a cabo dicho plan, fue objeto de diversas vacilaciones por
parte del Ministro de Guerra Manuel García y el Presidente José Joaquín Pérez,
ya que existió resistencia inicial de parte de José María de La Cruz, del Coronel
Pedro Godoy y de otros generales destacados, tales como Manuel Bulnes,
Gregorio de Las Heras, y Marcos Maturana, quienes eran partidarios de no
alejarse de las vías pacíficas. Ante la negativa de los mapuche de asistir al
parlamento convocado por Saavedra, Pérez vaciló y, debido a la irrupción de
Orelie Antoine I, el autoproclamado rey de la Araucanía, el General Cruz267 envió
la carta al Presidente Pérez, rechazando el avance de Malleco, proponiendo en
cambio: la ocupación de Angol y Lebu. Tal como se indicó en la síntesis de los
hechos, paradojalmente dos enemigos en anteriores revoluciones civiles, se
aliaron para someter la Araucanía al poder disciplinario del Estado. En
consecuencia, el Presidente Pérez, entregó el mando al General Cornelio
Saavedra para llevar a cabo el plan propuesto y, tras sucesivos avances, fue
construyendo fuertes, ocupando progresivamente el territorio mapuche.

No obstante lo anterior, en lo que data el periodo de 1850 a 1900, se utilizaron


distintas estrategias268 para ocupar el territorio mapuche por lo que en lo sucesivo,

266
Saavedra, Documentos relativos a la ocupación, 10.
267
Como lo indica Manuel Ravest: “…su bien quisto amigo había planificado ocuparles militarmente
todas sus tierras”. Manuel Ravest Mora, “Arauco… siempre Arauco. Introducción,” en Documentos
Relativos a la Ocupación de Arauco que contienen los trabajos practicados desde 1861 hasta la
fecha (Santiago: Ediciones Cámara Chilena de la Construcción, Pontificia Universidad Católica de
Chile y Dibam, 2009), 38.
268
Si el proceso de Ocupación de la Araucanía, y la posterior aplicación de leyes consistió en un
exterminio violento de la población indígena es todavía fuente de debate. Por lo anterior, la autora
de este escrito sostiene que más allá del número de muertes de los mapuche del Gulumapu por
parte del Estado Chileno, dicho proceso significó la pérdida de gran parte su territorio y destrucción
del espacio social con devastadores resultados para sus habitantes. De acuerdo a Manuel Ravest,
“el general Pinto tenía respuesta para los que criticaban la dureza de la ofensiva, calificada por la
prensa de “guerra de salvajes”, “de guerra de exterminio” (…) la convivencia pacífica era imposible
dadas las características de los araucanos, y tampoco podía batírseles en combate abierto pues lo
109

se seleccionarán los dispositivos de disciplinamiento concebidos desde el racismo


estatal, basados en la aplicación de políticas de misiones, reducciones,
colonización e inmigración extranjera, educación y la generación de cuerpos de
policías que impactaron y produjeron importantes transformaciones en la nación
mapuche.

EL PAPEL DE LAS MISIONES

Conforme a lo señalado por Jorge Pinto269 misioneros e indígenas se veían


de manera diferente a la que realmente eran, lo que dificultaba el propósito original
que cada uno tenía. De allí la importancia, a juicio de este autor, de comprender
la relación que existió entre “la fundamentación teológica de las misiones y la
práctica misionera”. Junto con reconocer la variedad de corporaciones religiosas, y
los distintos énfasis que cada orden tenía, en el que los jesuitas pretendían
convertir vía orden sacramental, capuchinos y franciscanos que intentaban girar la
misión en torno a la escuela. Más allá de estas diferencias, Pinto resume que: “la
obra misionera conlleva un acento etnocentrista y etnocida, actitudes de nuevo
muy propias de los espacios fronterizos”.270

Con relación a la labor misional instaurada en el territorio mapuche,


proveniente de distintas corporaciones religiosas durante la segunda mitad del
Siglo XIX, tuvieron como propósito declarado convertir a los indígenas a la religión
que pensaban que los salvaría del estado de salvajismo y de barbarie en que se
encontraban. De acuerdo a lo señalado en la Memoria del Ministerio de Justicia,
Culto e Instrucción Pública, presentada al Congreso Nacional de 1863, las

rehuían sistemáticamente, la única manera de someterles era por hambre.” Manuel Ravest Mora,
“Arauco… siempre Arauco. Introducción”, 19.
269
Jorge Pinto y Holdenis Casanova et al, Misioneros en la Araucanía, 1600-1900 (Temuco:
Ediciones Universidad de la Frontera, Serie Quinto Centenario, 1988), 19.
270
Pinto, Misioneros en la Araucanía, 20.
110

misiones se financiaban mediante las bulas de la santa cruzada271, como también


con fondos del Estado de Chile:

“Las sumas colectadas por medio de las bulas de cruzada i carne se han
empleado conforme a los breves apostólicos que las establecen, ya en el
sostenimiento i proteccion de las misiones de fieles e infieles, y en el fomento del
Seminario Conciliar de Santiago a consecuencia de resolución posterior de la
Santa Sede, solicitada por el mui reverendo Arzobispo, con el previo beneplácito
del Gobierno” 272.La santa sede, estaba preocupada por la evangelización de los
indígenas de las Américas, por lo que resguardó fondos para las misiones y
conversión de los denominados “infieles”273, como también lo hizo el gobierno
pese a las críticas recibidas por parte de autoridades que vieron escasos efectos
en la conversión de los mapuche a la religión cristiana.

Junto con ello, existió una preocupación a la diversidad de criterios en la


operación y administración de cada una de ellas, por lo que se manifestó la
importancia de contar una dirección general que aglutinara la variedad de
corporaciones religiosas que existían:

“La necesidad de someter a una sola persona la direccion de las


misiones entre infieles i de los relijiosos que las sirven, ha sido
reconocida desde tiempo atras, tanto por el Gobierno, como por los
obispos de la República. Esta necesidad se ha hecho mas palpable
todavía desde que, divididas las misiones entre dos corporaciones
relijiosas independientes, cuales son la de capuchinos i la de menores
observantes, cada una de ellas tiene un jefe especial en su respectivo
prefecto.274

271
Que en un principio consistían en aportes económicos para las guerras contra los infieles y que
luego se destinó también para el mantenimiento del culto y la caridad.
272
Memoria que el Ministro de Estado en el Departamento de Justicia, Culto e Instrucción Pública
presenta al Congreso Nacional de 1863 (Santiago de Chile: Imprenta Nacional, 1863), 15.
273
[Énfasis añadido por la autora]
274
Memoria Ministerio de Justicia, Culto e Instrucción Pública, 1863,15.
111

Por lo anterior, se propuso la elección de un delegado general que se


nombraba a partir de la propuesta de los obispos de la República, del Sumo
Pontífice, como también de las autoridades del Gobierno, lo que dió cuenta de la
relevancia que tendría este nombramiento para las autoridades de la época:

”El establecimiento de un delegado apostólico vendria a remediar este


mal dando a las misiones la unidad de direccion que les falta. Por este
motivo se ha permitido a los obispos de la República que soliciten del
Sumo Pontífice el nombramiento de dicho delegado, sometiendo
previamente a la aprobacion del Gobierno la persona que ha de
recomendarse para que sea investida con este cargo””275.

A la fecha que se publica la memoria, es decir el año 1863, se daba cuenta


de la existencia cinco misiones en la frontera Norte de la Araucanía, cinco en la
frontera sur, y once en las provincias de Valdivia y Llanquihue.

“(…)actualmente funcionan en la frontera norte de la Araucanía tres


misiones servidas por relijiosos recoletos: la de Nacimiento, que fué la
única que quedó en pié despues de la revolucion de 1859; la de
Tucapel, reedificada posteriormente; i por último la de Mulchen, que
se mandó establecer por decreto de 2 de junio de 1862, i que al
presente se halla casi concluida”, “En la frontera sur hai cinco
misiones costeadas con dinero de las bulas, i once en las provincias
de Valdivia i Llanquihue subvencionadas con fondos fiscales”. 276

La participación de los mapuche en las revoluciones de 1851 y 1859, no solo


incrementó la desconfianza en la élite gobernante sino que además, puso en jaque
la labor misional, que era interés tanto de la Santa Sede como del Gobierno. La
Prefectura General de las misiones de la Araucanía, dirigida por su Prefecto
General, Dioxisio Pardini, dio una detallada cuenta del estado de las misiones
posterior a la revolución de 1859.

275
Memoria Ministerio de Justicia, Culto e Instrucción Pública, 1863, 15
276
Memoria Ministerio de Justicia, Culto e Instrucción Pública, 1863, 15.
112

Con relación a las Misiones de Nacimiento, Malven, Tucapel, Lebu, “Después


de la revolución de 1859 quedó en pié la unica misión de Nacimiento con sus dos
misioneros, el R:P. Fr. Benigno Banise, i el R. P. Fr. Estanislao Leonetti. La mision
de Malben fué incendiada por los indíjenas, i completamente destruida. La mision
de Tucapel fué destruida en su mayor parte, la mision de Lebu, que principiaba a
edificarse, quedó paralizada, i dispersados los útiles por la mencionada
revolución”.277 Si bien la labor misional fue bienvenida por algunos caciques que
veían en los misioneros, personas en las que podrían confiar y solicitar protección
ante los atropellos del Gobierno, en el contexto de desconfianza que se fue
gestado y de invasión en el territorio mapuche, la destrucción de las misiones
simbolizó no sólo la resistencia a la conversión, sino que también a su emblema,
es decir, a la reducción que propiciaba el Gobierno que les significó desprenderse
de su territorio, sus costumbres y creencias.

Por lo anterior, las autoridades chilenas procuraron reorganizarlas pese a las


resistencias de los indígenas. En la memoria de 1863 se constata, por ejemplo, los
inicios de la misión de Mulchén en la que el Intendente de la Provincia de Arauco
se encargó la construcción de la fábrica misional nombrando a su primer
misionero:

“En 1862 el Supremo Gobierno juzgó oportuno fundar una mision en


Mulchén (..), encargando al señor Intendente de Arauco que escojiera
el punto a propósito, i cediera el terreno necesario (…) de acuerdo con
la autoridad provincial se dio principio a la fábrica de la mision en
Mulchen. La Prefectura a peticion del señor Intendente de Arauco
encargó al R. P. Fr. Alejandro Manera la direccion de dicha fábrica,
colocándole desde entonces de primer misionero en dicho punto,
solicitándole i consiguiéndole de la administracion de la Bula de
Cruzada el sínodo correspondiente. (…) el Señor Obispo de

277
Memoria Ministerio de Justicia, Culto e Instrucción Pública, 1863,44.
113

Concepcion, ha nombrado para dicha mision un segundo misionero,


en la persona del R. P. Fr. Leonardo Tomati.”278

Análogamente da cuenta de la reconstrucción de la misión de Tucapel, que


tendrá un importante rol que cumplir en la ocupación de la Araucanía, como se
podrá constatar más adelante, ya que el padre Buenaventura Ortega, mantuvo un
importante intercambio epistolar con las autoridades de la época.

“a mediados de noviembre de 1862, la Prefectura volvió a colocar en la


antigua mision de Tucapel, al R.P.Fr. Buenaventura Ortega que habia
sido su primer misionero, con el objeto de reedificada provisionalmente
para que a principio de invierno pudiese volver a dicho punto el
segundo misionero R.P.Fr. Buenaventura Diaz, que marchará para
dicha mision tan pronto como yo llegue a Concepcion. De todo lo
espuesto resulta que existen en la Araucania tres misiones
observantes, completamente establecidas relativamente a lo material
de la fábrica.”279

Lo anterior da cuenta de que el avance militar en la Araucanía fue de la


mano de construcción de ciudades y la instalación de misiones, a las cuales se les
solicitó labores que excedieron las tareas propiamente evangelizadoras, aunque
se tratase en algunos casos de recursos de las bulas, que debieron justificarse
para proveer el auxilio espiritual a los católicos profesantes:

“A fines de noviembre de 1862, el señor Intendente de Arauco, con


ocasion de ir con el ejército a poblar la antigua ciudad de Angol, pasó
un oficio a la Prefectura, pidiendo un sacerdote misionero para aquel
punto haciendo ver que era indispensable fundar ahí una mision por ser
un punto muy avanzado (…), i que él después trataria con el Supremo
Gobierno para solicitar los fondos necesarios para construir una casa
misional en la nueva ciudad….Por lo tanto se puede afirmar que

278
Memoria Ministerio de Justicia, Culto e Instrucción Pública, 1863, 44.
279
Memoria Ministerio de Justicia, Culto e Instrucción Pública, 1863, 44.
114

existen cuatro misiones observantes en la Araucania, cuyos misioneros


están actualmente ejerciendo sus funciones.”280

Las misiones, constituyeron en si una verdadera agencia de producción del


Estado, que incluyó distintas actividades que debieron ser desarrolladas por los
misioneros. Fue una fábrica que contribuyó al diseño e implementación de la obra
civilizadora, en la que se contó especialmente con espacios para la conversión y
formación de los indígenas. Rolf Foerster, y Diego Milos expresan la importancia
de la “fabrica misional”, y la definen como “el conjunto de edificios que comprende
la misión, como la iglesia, la casa para los padres, la escuela. En las ordenanzas
sobre el sistema de misiones de junio 27 de 1850.”281

Con relación a las características que debía tener la fábrica misional, se


señala:

1. Deberá consistir en una iglesia de veintiséis varas (sic) de longitud


incluso la sacristía, y trece de latitud comprendidos los corredores.
2. Un edificio de veinticuatro varas para la habitación de dos misioneros
y para otros objetos, debiendo llevar catorce de ancho incluyendo los
corredores.
3. Otro ídem de doce varas de largo y ocho de ancho para la enseñanza
de la juventud indígena.
4. Una cocina de veinte varas de largo y ocho de ancho en dos
divisiones para dormitorio y hogar así de indios que concurran
instruirse, como de alumnos escolares. Estas casas serán de madera
con techo de tejas”.282

280
FR. Dioxisio Pardini, “Prefecto jeneral de misiones”, en Memoria Ministerio de Justicia, Culto e
Instrucción Pública, 1863, 44.
281
Rolf Foerster y Diego Milos, Pacificación de la Araucanía. Correspondencia del P. Buenaventura
Ortega (Segunda parte). 87 (Santiago de Chile: Publicaciones del Archivo Franciscano, 2005), 25.
282
Foerster y Milos, Pacificación de la Araucanía, 25.
115

Esta fábrica consideró en forma especial espacios para incluir la enseñanza del
indígena, en atención a que la obra misional siendo parte trascendental de la tarea
civilizadora del Gobierno.

En consecuencia, las misiones no sólo fueron lugares de encuentro entre las


autoridades chilenas y los mapuche sino que además eran parte de la empresa
transformadora que se realizó a nombre del progreso del Estado chileno. Como lo
indican Foerster y Milos, la misión de Tucapel fue un espacio importante sobre
todo en el periodo de 1863 y 1868. Estos autores, muestran que a la llegada de
los franciscanos italianos se acordaron un conjunto de reglas para organizar la
labor de los misioneros y que será “Diego Chuffa quien formalizará el reglamento
de junio de 1853, en la que establecerá los deberes de los misioneros, a la
escuela primaria y el papel de los capitanes de misión”. Respecto de las labores y
deberes del misionero se señala:

“La primera y más estrecha obligación de los misioneros (...) será


procurar por todos los medios presentes y persuasivos que sean
posibles, la conversión de los infieles que están a su cargo,
procurando atraerlos para catequizarlos. Por aquellos medios que
dicte la población solicitará extirpar sus abusos y sus errores,
fomentarán las prácticas cristianas, promoverán la avolisacion (sic) y
el cultivo de sus terrenos”.283

Por último, entre las obligaciones de la misión, se señala que era importante
disponer de un capitán de amigos que “que además de poseer el idioma indico
para el cumplimiento de los deberes anexo a este destino, debe estar ligado con
relaciones amistosas con los indígenas, y adornado de aquellas cualidades que lo
hagan idóneo para desempeñar las obligaciones”284. Sin embargo, más adelante
la labor del capitán de amigos se consideró innecesaria una vez que los
misioneros aprendieron la lengua.

283
Foerster y Milos, Pacificación de la Araucanía, 36-37.
284
Foerster y Milos, Pacificación de la Araucanía, 36.
116

Como es posible constatar, el proceso de disciplinamiento implicó también


desplegar una obra misional, por lo que el Estado transfirió recursos para su
organización. No obstante, a finales de la década del 50’, y a raíz de la
participación de los mapuche en las guerras civiles, empezó a cuestionarse
palmariamente la efectividad del método misional como parte de la obra
civilizadora.

Así lo demostró “El Correo del Sur de Concepción” del 21 de Noviembre de


1854, que planteó la necesidad de proteger la civilización y el desarrollo de la
industria, difundiendo una crónica que tuvo como titular: “Los salvajes de la
Araucanía y la Dignidad Nacional”, cuyo escrito comenzó la tribuna señalando la
importancia de proteger la industria y la civilización:

“Convencido el país de la necesidad de anexar a Arauco, para poner


fin a las depredaciones de los salvajes y dar a los pueblos del Sur
tranquilidad y riqueza, protejiendo al mismo tiempo la civilización y el
desarrollo de la industria naciente”.285

Anticipaba al mismo tiempo, que una vez resuelta la decisión de intervenir el


territorio mapuche, se hizo necesario resolver cuestiones vinculadas al método
más adecuado para efectuarlo:

“¿Cuál de los medios será mas pronto y eficaz para lograr el efecto
deseado?, ¿Serán las misiones un medio eficaz para reducir a los
salvajes?, ¿O será más eficaz para anexar a Arauco, la ocupacion
militar?¿Se han tentado las misiones desde tiempo inmemorial sin
producir la menor ventaja a favor del proyecto? Si. ¿Se ha tentado
ejecutar alguna vez el proyecto de ocupacion militar tal cual fue
presentado en el Senado? No.No es posible que haya quien piense
ahora que las misiones son capaces de influir en la civilización de los

285
Ver “Los salvajes de la Araucanía y la Dignidad Nacional”, en El Correo del Sur de Concepción,
21 Noviembre 1854, 2 y 3.
117

Araucanos, después de los funestos desengaños que tenemos al fin


de 20 años o mas, que las hemos usado como un medio pacifico de
reducirlos.”286

Consecuentemente, las misiones fueron evaluadas como instrumentos


ineficaces a los propósitos de conversión de los indígenas y de escaso efecto de
disciplinamiento, ya que desde una perspectiva etnocentrista y racista, se buscaba
que los mapuche abandonaran su cosmovisión y la reemplazaran por los
preceptos de la religión católica.

“Cuando mas a la vuelta de un siglo empleando las misiones para


civilizar y no reducir, tendríamos Araucanos blancos talvez, pero no
menos feroces e indómitos que los que hoi asedian las fronteras. Los
Araucanos se burlan de los rezos y predicaciones de los misioneros y
cuando estos llegan a amenazarlos con el infierno con los que ya
están iniciados en los misterios de nuestra relijion, ellos responden sin
doblegar su carácter por el miedo. ‘’Mejor si hai tanto fuego en el
infierno, nosotros no necesitamos comprar leña para calentarnos. Esto
lo refiere el Padre Misionero Palavicino en el (…) publicado pocos días
ha.”287

Asimismo, y desde la perspectiva de la prensa, la tarea civilizadora supuso la


instalación de dispositivos de poder pastoral y disciplinario por parte de las
instituciones cristinas, centrándose en el sujeto y su comunidad, lo que implicó
llevar adelante una conversión a la “chilenidad288”, es decir a sus preceptos
religiosos y culturales. Dicho de otra manera, el sometimiento y disciplinamiento
consistió en “reducir”, a juicio de la élite dirigente, el estado de barbarie de los
habitantes del Gulumapu eliminando la cosmovisión de los mapuche.

286
Ver “Los salvajes de la Araucanía y la Dignidad Nacional”, en El Correo del Sur de Concepción,
21 Noviembre 1854, 2 y 3.
287
Ver “Los salvajes de la Araucanía y la Dignidad Nacional”, en El Correo del Sur de Concepción,
21 Noviembre 1854, 2 y 3.
288
[Énfasis añadido por la autora]
118

Sarmiento, en este periodo, fue el principal promotor y desacreditador de la


labor misional en el territorio indígena, expresó sus reparos a la labor realizada por
los misioneros católicos e instaló, a cambio la labor misional de sacerdotes
protestantes que, a juicio de este intelectual, podían moldear e imponer el
concepto de familia europea, así lo indica en la primera parte la crónica del
“Correo del Sur de Concepción”:

“asi, pues, esta materialización del cristianismo en un libro, hace de la


relijion un móvil, un instrumento de civilización; los (…) de familia que
ligan al sacerdote prostestante con mujeres e hijos, llevan el plantel de
la familia europea con sus hábitos, su aseo, su órden, su moralidad; él
mismo se preserva de la corrupción que trae el fastidio y las
excitaciones del contacto con la impúdica inocencia de la mujer
salvaje… que produzca trabajando, e industrie, el misionero
protestante lleva consigo el comercio, por su único móvil que es la
utilidad que deja”.289

Asimismo, las autoridades políticas y religiosas, tuvieron en mente un modelo


de hombre y sociedad que buscaban traspasar a través de los misiones, lo que
implicó asimilar el sistema de pensamiento de una sociedad concebida en
términos superiores a otra inferior, lo que sería traslapada no tan sólo por los
dogmas y credos de la religión sino por el liberalismo económico, credo que, a
juicio de Sarmiento, será más efectivo:

“¿Cuál es la posición de nuestro misionero católico entre los salvajes?


Pueden presentarles el modelo de la familia europea, la manera de
educar los hijos, de edificar la casa y de gobernarla? El misionero
puede en buenahora enseñar a leer y escribir al salvaje; pero esta
enseñanza no forma parte de su culto, no es instrumento de
conversión, él no tiene un libro que hacer adoptar como base de su

289
Ver “Los salvajes de la Araucanía y la Dignidad Nacional”, en El Correo del Sur de Concepción,
21 Noviembre 1854, 2 y 3.
119

dogma. Enseña rezos, ceremonias, y predica la moral europea, para


distinguirla de la moral indijena; y en materia de moral los salvajes son
como los civilizados; la moral no se habla, no se preceptua, sino que
tiene en las costumbres de la familia290, en las ocupaciones de la
vida, en las relaciones sociales” 291.

En síntesis, dos cuestiones relevantes se desprenden de la crónica de


Sarmiento: la primera es el consecuente interés en convertirlos por influencia del
comercio, y la segunda, está referida a la comprensión de que los habitantes del
Gulumapu eran poseedores de una moral, que si bien no era compartida, era
necesario erradicarla para concluir exitosamente la ocupación de la Araucanía.

En concordancia con lo anterior, la misión paulatinamente se fue


transformando en una agencia del Estado, probablemente por los severos juicios
de la prensa, por la inusitada convicción de los misioneros que no aceptaban las
costumbres indígenas, como por ejemplo sus fiestas religiosas y la poligamia, y al
mismo tiempo, por la decepción que les provocó la no erradicación de las
costumbres y tradiciones mapuche. Por lo anterior, algunos misioneros se
transformaron en agentes del Estado y tuvieron la labor de proporcionar
información continua sobre los pasos y estrategias de los principales líderes. Un
ejemplo de ello, lo podemos encontrar en la correspondencia entre Cornelio
Saavedra y el Padre Buenaventura Ortega de la misión de Tucapel muestra cómo
el intercambio epistolar también tendría fines principalmente políticos.”:

“Rdo Padre y amigo: Ya V está impuesto de los infames que nos


quieren entregar a la guerra civil (…) No estoy dispuesto a dejar impune
tanto escándalo, y como los indios Muluches han sido los principales,
quiero hacerles un castigo ejemplar convocando a todos los indios
amigos para que ayuden a las fuerzas del gobierno, y con este motivo
le pido a usted que participe mis ideas a los caciques amigos a fin

290
[Énfasis añadido por la autora]
291
Ver “Los salvajes de la Araucanía y la Dignidad Nacional”, en El Correo del Sur de Concepción,
21 Noviembre 1854, 2 y 3.
120

de que pongan en marcha a Nacimiento con todas sus lanzas y


apoyen al Gobierno. Si V nota que la resisten o son indiferentes, me
hará el gusto avisármelo para tratarlos como merecen, pues en las
actuales circunstancias no hay términos medios y solo admito amigos o
enemigos".292

En circunstancias que la ocupación de la Araucanía era un proyecto concreto


y plausible, se volvió necesaria la labor informativa del misionero en tanto es un
requerimiento para el Estado chileno.293. Junto con ello, la correspondencia entre
misioneros y los distintos agentes de la ocupación mostraron, por un lado, que la
estrategia del Coronel Saavedra también se afirmaba en la escisión de las
unidades territoriales de la Araucanía y de sus principales líderes, por lo que
mantener divididos a los caciques, de acuerdo a lo descrito en carta al padre
Buenaventura Ortega el 13 de diciembre de 1867, fue también la función de los
misioneros:

“Con esta fecha he recibido carta de don Cornelio Saavedra dirigida de


Angol con fecha 10 del que rige, en la que dice lo que copio (…) Tengo
personas de mi confianza que marchado anoche para verse con los
caciques abajinos y trabajar por separarlos de su unión probable con
los arribanos, y por el contrario les puede llegar su última hora. Vs no
se alarmen pero sí vivan prevenidos. Aproveche la oportunidad y

292
“Carta de Cornelio Saavedra a Ortega; febrero 3 de 1859”, Foerster, y Milos, Pacificación de la
Araucanía, 57.
293
“A lo largo de la década de 1860, cuando la idea de la ocupación de la Araucanía era ya un
hecho y la relación con los mapuche era en gran parte conflictiva, la información y el conocimiento
producido por la misión (al menos la de Ortega) solía perder el foco de los fines estrictamente
evangelizadores para dirigir las observaciones hacia un arreglo a los político y, en ciertos casos, a
lo que se podría llamar una asesoría " estratégica militar". Una carta encontrada en el Archivo
Cornelio Saavedra de la Universidad de Concepción permite ver nítidamente el tipo de información
que circulaba en situaciones límites, tales como la de 1868, cuando las tropas de aprontaban a
"adentrarse en la tierra": En Foerster, y Milos, Pacificación de la Araucanía, 58.
121

transmita a Lebu y Quidico el contenido de esta carta. Le saluda con


motivo su af y ss Ing Montrelby (sic)”.294

Por lo tanto, el padre Buenaventura Ortega no sólo debió cumplir con las
obligaciones de los capitanes de misiones, y colaborar con la evangelización de
los mapuche, sino que además tuvo encargos de tomar a los caciques
involucrados en actos de resistencia:

“R Padre: Por una carta que el señor Saavedra dirige con fecha del 9
del presente al comandante de esta plaza Felipe Godomar y que yo
para ud la copio. Se habla de un modo seguro que Mariñan está
metido en el movimiento y avísele al padre Ortega para que lo
observen y atrape si nota la menor sospecha. También me manifiestan
que los costinos y abajinos están de acuerdo con los arribanos y es
probable que también no se queden atrás muchos otros del lado de
imperial. Fin. Le escribo tan lacónico porque el señor Saavedra me
dice que ya le ha hecho un propio a V. Medardo reyes Obre 14 de
1867”295

En consecuencia, el Padre Buenaventura Ortega tuvo un importante rol que


cumplir para los militares, encargados de llevar adelante los planes de la
ocupación de la Araucanía, y era demandado asiduamente por información acerca
de los caciques. Coincidiendo con Foerster y Milos, “la información y el
conocimiento producido por la misión (al menos la de Ortega) solía perder el foco
de los fines estrictamente evangelizadores para dirigir las observaciones hacia un
arreglo a los político y, en ciertos casos, a lo que podríamos llamar una asesoría "
estratégica militar"296.

294
Archivo Franciscano, Chillán, Vol 65, f 120. Arauco Diciembre 13 de 1867. RPF Buenaventura
Ortega, Tucapel, en Foerster y Milos, Pacificación de la Araucanía, 110.
295
Archivo Franciscano, Chillán, Vol. 65, f 121. Carta de Medardo Reyes al Padre Buenaventura
Ortega, 14 deOctubre de 1867, en Foerster y Milos, Pacificación de la Araucanía. 110.
296
[Énfasis de los autores]. En Foerster y Milos, Pacificación de la Araucanía, 58.
122

Un ejemplo ilustrativo es la carta enviada por Gregorio Urrutia a


Buenaventura Ortega, el 24 de julio de 1868:

“cómo están Mariñan, Porma, Gueraman ya?¿se puede contar con su


fidelidad? Si hay un indio, que bien pagado, pueda ir a buscar noticias
de los huilliches, conviene mandarlo para que podamos salir de la
incertidumbre en que estamos (….) ¿Convendría mandar 100 hombres
a Tucapel o Paicaví o Elicura u otro punto?”.297

Se puede observar que las misiones en la década del 60, concretamente la


de Tucapel, tuvieron un importante papel que desarrollar en la ocupación de la
Araucanía. A mayor abundamiento, se incluirá en extenso una carta que envía el
Coronel Cornelio Saavedra del 12 de Agosto de 1867, dirigida al Padre
Buenaventura Ortega, en la que se detalla información clave para la ocupación del
Gulumapu en la que le solicitó la opinión sobre estrategias político militares, y en
cuyo contenido se aprecia que no hay referencia alguna a la labor evangelizadora,
reafirmando lo expuesto anteriormente, es decir, que algunos misioneros fueron
agentes del Estado:

“Por la memoria del ministerio de guerra que le acompaño se impondrá


V de los nuevos trabajos de frontera que se van a ejecutar en toda
la extensión del río Malleco, desde Angol hasta la cordillera (…).
Como es natural cuento con su valiosa cooperación, le que
siempre me ha sido tan útil. Como las tribus del N. del llano del
Imperial hasta el Malleco no han de mirar con gusto tal ocupación,
conviene aislar a esos indios en sus relaciones con las demás
tribus y aún aquietar a aquellas en cuanto sea posible: tal es el

297
Archivo Franciscano, Chillán, Vol.65, f132. Carta de Gregorio Urrutia al Padre Buenaventura
Ortega. Lebu, 24 de julio de 1868, en Foerster y Milos, Pacificación de la Araucanía, 119.
123

servicio que a V pido y que no dudo que sus esfuerzos se verán


coronados con un buen éxito”298.

En forma paralela, el Coronel Saavedra le recordó al Padre Buenaventura


conversaciones sostenidas, en Lebu: “verá que es consecuencia de nuestra
conversación, de la ocupación que ahora se va a hacer del Malleco.”299Al
mismo tiempo le anticipó al Misionero la guerra que llevaría el gobierno en caso
de que los arribanos opusieran resistencia:

“En mis conferencias con los indios de Toltén, Boroa les signifiqué que
el gobierno estaba muy enojado con las tribus de Melín y Mañil y demás
de las conocidas con el nombre de arribanos, por sus continuos salteos,
sobre las poblaciones fronterizas y por sus constantes
maquinaciones para sublevarse y no someterse a las órdenes del
gobierno, que con tal motivo no debían ellos extrañar la guerra que
probablemente les llevaría el gobierno en castigo de sus faltas”300

No solo le anticipó las estrategias militares que aplicaría en el territorio


mapuche, sino que además, le solicitó la opinión para efectos de realizar la
ocupación de Angol:

“Para la luna llena de Noviembre voy a celebrar un parlamento en Angol


o Mulchén y después de él marcharé a realizar la ocupación del
Malleco. A ese parlamento deseo que asistan solamente los indios de

298
Archivo Franciscano, Chillán, Vol .65, f.122. Carta de Cornelio Saavedra al Padre Buenaventura
Ortega, 14 de diciembre de 1867, Quidico, en Foerster y Milos, Pacificación de la Araucanía, 103.
[Énfasis añadido por la autora].
299
Archivo Franciscano, Chillán, Vol. 65, f.122. Carta de Cornelio Saavedra al Padre Buenaventura
Ortega, 14 de diciembre de 1867, Quidico, en Foerster y Milos, Pacificación de la Araucanía, 103.
[Énfasis añadido por la autora].
300
Archivo Franciscano, Chillán, Vol. 65, f.122. Carta de Cornelio Saavedra al Padre Buenaventura
Ortega, 14 de diciembre de 1867, Quidico, en Foerster y Milos, Pacificación de la Araucanía, 103.
[Énfasis añadido por la autora].
124

los llanos del norte del Imperial. A estas últimas tribus las reuniré por
separado; sin embargo deseo oír la opinión de V a este respecto”301.

Por último, le proporcionó recursos al padre Buenaventura a fin de que


agasajara a los caciques, y así disminuir la resistencia a la ocupación:

“Los gastos que ocurran en los expresos que V haga obsequios que
sea preciso hacer para conservar la quietud y la buena voluntad de los
indios, me lo avisará para hacerle su abono o remitirle el dinero que con
tal objeto V me indique”. 302

A la luz de lo expuesto, es posible constatar cómo los dispositivos de


disciplinamiento se entrecruzaron, es decir, el poder misional -pastoral con el
político- con militar, se unieron de manera tal, que la soberanía del Estado de
Chile se llevó adelante por medio del sometimiento y dominación del Gulumapu.

Debido al intercambio entre Saavedra y Ortega que sostiene “por las últimas
cartas del Mor. Muñoz y de Urrutia veo que ud. sigue aun ocupándose con
abnegación en interés de la quietud y sometimiento de los indios, lo que no puede
menos que aplaudir y agradecerle altamente”303, queda la duda, si Ortega siguió
efectivamente esta labor, debido a la firme convicción de que los mapuche eran
inconvertibles o a causa de la lealtad al gobierno que primaba por sobre los
principios de la fe y la conversión al catolicismo de los “infieles”.

La carta escrita el 6 de abril de 1855 por el Padre Buenaventura Ortega y


304
citado por Foerster y Milos señaló que: “el estado formal o espiritual de ella es
poco o nada lisonjero, bajo cualquier aspecto que se le mire, y lo que aún es peor

301
Archivo Franciscano, Chillán, Vol. 65, f.122. Carta de Cornelio Saavedra al Padre Buenaventura
Ortega, 14 de diciembre de 1867, Quidico, en Foerster y Milos, Pacificación de la Araucanía 103.
[Énfasis añadido por la autora].
302
Archivo Franciscano, Chillán, Vol. 65, f.122. Carta de Cornelio Saavedra al Padre
Buenaventura Ortega, 14 de diciembre de 1867, Quidico, en Foerster y Milos, Pacificación de la
Araucanía 103. [Énfasis añadido por la autora].
303
Archivo Franciscano, Chillán. Vol. 65, f, 157. Carta de Cornelio Saavedra al Padre
Buenaventura, Santiago 12 de junio de 1869, en Foerster y Milos, Pacificación de la Araucanía,
138.
304
Foerster, y Milos, Pacificación de la Araucanía, 38.
125

ni esperanzas se divisan de poder dar un paso adelante en su progreso. Poco mas


o menos SP debe estar impuesto de las dificultades y escollos de todas las clases
que se presenten al misionero con el araucano, que se mantienen a sus
costumbre bárbaras, y en su ciego y torpe indiferentismo, quedando por esta
causa, el trabajo del misionero infructuoso y estéril, ni haciendo otra cosa que
siendo un frío espectador de sus costumbres salvajes.305 Identificando, así, una
señal de la frustración por parte de Buenaventura Ortega, a propósito de que
consideró que las costumbres bárbaras de los “araucanos” no podían ser
eliminadas por medio de la evangelización, encontrando mejores resultados en las
actividades que el Coronel Saavedra le encomendó.

Más adelante, y con relación los sucesos que derivarían de la ocupación del
Gulumapu, José Ancán306 indica que después del alzamiento general en 1881, los
distintos Ñizol Longkos (caciques principales), respondiendo a la tradición militar,
concurrieron al llamado de ofrecer resistencia los Estados Chileno y Argentino
acordando atacar los poblados recientemente construidos, a propósito de la
ocupación de la Araucanía. En particular se relata la hazaña del cacique chileno
Nekulman quien tuvo un importante rol en este levantamiento, y ante la derrota,
debió recluirse para evitar las acostumbradas represalias militares en tiempos de
guerra se realizaban. Con relación al desenlace de este Longko, Ancán señala
que “se dice que, conminado por los militares a sellar su pacto personal de
pacificación, Neculman tuvo que aceptar que en sus tierras de Forowe se instalase
una misión de evangelización cristiana, habida cuenta que estas ya estaban
actuando desde hace varios años en la Araucanía, por lo menos en el caso de los
capuchinos”. Lo anterior deja de manifiesto la imposición de la misiones como
asentamientos estatales en el territorio mapuche.

305
Buenventura Ortega, 6 de 1855, en Foerster y Milos, Pacificación de la Araucanía, 38.
306
José Ancán, “Misiones, máquinas y memorias. Algunos apuntes sobre el álbum fotográfico de la
misión Anglicana de kepe”, en Mapuche y anglicanos. Vestigios fotográficos de la misión Araucana
de Kepe. 1896-1908 (Santiago de Chile: Ediciones Ocho Libros, 2008), 70.
126

De allí que es posible concluir que los misiones307 fueron concebidas como
instrumentos de disciplinamiento político más que evangelizadores, habida cuenta
de que la prensa cuestionó e impugnó abiertamente sus efectos civilizadores y de
éxito en la reducción de los mapuche, como también, el epistolario entre Saavedra
y Ortega mostró los fines políticos de ellas.

EL PAPEL DE LA EDUCACIÓN

La educación durante el Siglo XIX estuvo influenciada por el paradigma


racionalista, que se caracterizaba por la pretensión de crear una sociedad
emancipada de las creencias tradicionales que portaban diferentes pueblos y
naciones. Según Sol Serrano, “la expansión de la escuela pública tuvo diversos
ritmos de acuerdo a las formas de asentamiento y a las estructuras económicas y
ocupacionales de cada región, pero el concepto de escuela fue homogéneo ”308.
Como todo lo que vino del Estado, no se pensó en educación especialmente para
niños indígenas, en las que pudieran aprender sus creencias y a través de su
lengua. Por el contrario, se trató de utilizar esta institución social al estilo de las
demás agencias del Estado, constituyéndose así, un claro dispositivo de
disciplinamiento, cuyo propósito también consistió en servir de puente a los
propósitos del supuesto progreso y la civilización, para lo cual era necesario, a
juicio de la clase dirigente, lograr la conversión del mapuche.

El periódico El Ferrocarril de Santiago, del 23 de Enero 1860, hizo circular


un titular llamado la “Conquista de Arauco”. Este periódico, junto con insistir en la
idea de civilización principal preocupación de la prensa, emitió juicios como: estos

307
Sol Serrano plantea que “el fenómeno que verdaderamente estaba en curso no era la
civilización de los indígenas sino el avance progresivo y espontáneo de los chilenos hacia la
frontera donde el gobierno quería contribuir al establecimiento de pequeños pueblos en torno a la
agricultura y el comercio. Ello significó un cierto giro en la estrategia misional”. Sol Serrano, “De
escuelas indígenas sin pueblos a pueblos sin escuelas indígenas: la educación en la Araucanía en
el siglo XIX”, en Revista de Historia, Vol. 29, Instituto de Historia. Pontificia Universidad Católica de
Chile (1995-1996), 436.
308
Serrano, De escuelas indígenas, 424.
127

“los salvaje no comprenden la metafísica, su lado vulnerable es el materialismo de


la vida”309. Pensaban que los habitantes de la Araucanía se acostumbrarían a las
comodidades de la vida civilizada y sucumbirían a los medios de “los cuales se
hace soportable, i aun amena, la vida civilizada, i por la intervención de el hacha
del carpintero y del martillo del herrero, el fiero indio de la montaña se encuentra
insensiblemente magnetizado i envuelto en la cadena de las civilizaciones310”.
Asimismo, creían que a través del contacto con la “raza dominante” quedaría
“comercial i eficazmente subyugado (...) la consecuencia inevitable de esto primer
paso, es la subyugación moral i la civilización del salvaje por medio de la
educación”.311

En tanto la estrategia militar de sucesivos avances en la frontera, se


amparó en la construcción, poblamiento de ciudades y levantamiento de fábricas
misionales, la educación, era también parte importante de la estrategia
civilizadora. Por lo anterior, fue una función especialmente encargada a los
misioneros. La memoria del Ministerio de Justicia, Culto e instrucción Pública de
1863, indicó, “en cada una de las nuevas misiones que se levantan, se ha
dispuesto la construccion de una pieza grande, ademas de las otras destinadas al
servicio misional, con el objeto de reunir en élla a los niños de los indíjenas i
enseñarles la doctrina cristiana i los primeros rudimentos de la instruccion primaria
bajo la direccion de uno de los misioneros.312

Los niños mapuche, eran llamados “cholitos”, y junto con inculcarles la


doctrina cristiana, también se enseñaba las áreas básicas del conocimiento de la
aritmética y la gramática castellana. Los misioneros procuraron contar con el
consentimiento de los Longkos: “una pieza grande para reunir a los cholitos en
clase, debiéndoseles enseñar a leer i escribir, para en seguida iniciarlos en la
gramática castellana i aritmética, enseñándoles al mismo tiempo el rezo i la

309
Ver "La Conquista de Arauco", en El Ferrocarril de Santiago, 23 Enero 1860.
310
Ver "La Conquista de Arauco", en El Ferrocarril de Santiago, 23 Enero 1860.
311
Ver "La Conquista de Arauco", en El Ferrocarril de Santiago, 23 Enero 1860, 2.
312
Memoria Ministerio de Justicia, Culto e Instrucción Pública, 1863,15.
128

doctrina cristiana. (…) parte de la enseñanza corresponderá al segundo misionero,


(…) en la primavera el Prefecto entrará a la tierra, acompañado de los misioneros
mas capaces, con el objeto de solicitar de los padres los mencionados cholitos,
para recojerlos a las respectivas misiones. Para ello no habrá dificultad alguna,
pues que el Vice-Prefecto, encargado por esta Prefectura, en tiempo oportuno hizo
sus escursiones adentro la tierra, i preparó los ánimos de los caciques principales
que convinieron sobre el punto indicado. Es cuanto esta Prefectura debia elevar al
Supremo Gobierno conforme a su decreto de 20 de mayo de 1847”313

Anteriormente se mencionó la importancia de la labor desarrollada por los


misioneros para el Estado chileno, por parte de la misión de Tucapel, del mismo,
modo, es posible apreciar el esfuerzo que realizó el Estado en materia de
educación, colocando incentivos económicos al preceptor que era nombrado por el
Intendente, y al misionero encargado de impartir la instrucción a los “cholitos”314.

Por lo anterior, en la fundación de la escuela misional de Tucapel, el 7 de julio


de 1847, se decreta:

I. “Que los medios mas eficaces para facilitar los buenos resultados de las
misiones, es establecer escuelas primarias destinadas a la educación de
los hijos de los indíjenas
II. Que la creación de un establecimiento de esta clase es especialmente
oportuna en la misión de Tucapel, por su situación adelantada entre los
bárbaros.
III. Que los misioneros de esta misión, en la memoria que han pasado
recientemente al gobierno, han espuesto que hai suficiente número de

313
Memoria Ministerio de Justicia, Culto e Instrucción Pública, 1863,45.
314
“No omitiré decir a SPMR que el día primero de mayo del presente año se ha dado principio a la
escuela de cholitos en la que actualmente hay ocho, tres puestos por los principales caciques y los
restantes indios respetados por sus riquezas se les enseña a leer, escribir y doctrina cristiana, se
visten y mantienen en la misión”. Foerster y Milos, Pacificación de la Araucanía, 39.
129

indios que solo esperan la oportunidad de la escuela en aquel paraje para


colocar en ella a sus hijos.315

En efecto, la evangelización tal como se indicó anteriormente, más que colocar


el acento en los principios de la fe, se consideró como un instrumento destinado a
transformar a los niños indígenas a los preceptos del progreso, tal como se
constata en el decreto de la fundación de la escuela misional de Tucapel.

1. Se establecerá una escuela de primeras letras en la misión de Tucapel de


la provincia de Concepción.
2. Se enseñará en ella lectura, escritura, aritmética, y doctrina cristiana a los
hijos de los indígenas y a los de los españoles que quieran concurrir.
3. El preceptor será nombrado por el intendente de aquella provincia.
4. Para gozar de este aumento sobre su renta ordinaria, deberá el preceptor
acreditar la concurrencia a su escuela de veinte alumnos indígenas.
5. Al misionero se le concede también la asignación de cinco reales
mensuales por cada niño indígena que a su costa mantenga.316

A pesar de los juicios negativos acerca de la labor de los misioneros por parte
de la prensa, algunos líderes indígenas, las memorias de los Ministros de Estados
y distintos documentos de la época dan cuenta de que esta también habría sido
una iniciativa valorada tanto por algunos caciques, como por las autoridades
chilenas. En consecuencia, se observa el sello que tuvo la educación misional, ya
que no se trató solamente de la transmisión de los preceptos de la fe, sino que la
inclusión de la aritmética y la gramática, eran instrumentos significativos para
acercarlos al “progreso”.

Con todo, existieron algunos caciques que se negaron a la fundación de


escuelas misionales, probablemente porque no vieron mayores ventajas, o bien
porque eran verdaderos actos de resistencia a la imposición estatal. La memoria
del Ministerio de Justicia, Culto e Instrucción Pública de 1865, señaló que:

315
Foerster y Milos, Pacificación de la Araucanía, 39.
316
Foerster y Milos, Pacificación de la Araucanía, 40.
130

“en Mulchen no ha sido aun posible fundar una escuela como en las
demas misiones, porque los araucanos se han negado a enviar sus
hijos al aprendizaje; pero ya han prometido hacerlo despues, i se
espera vencer pronto su resistencia, para que esta mision adquiera
toda la importancia que está llamada a tener317.

Igualmente, unos años más tarde, el Gobierno chileno utilizó la educación


como mecanismo de control y castigo, mediante un buen ejemplo de uso del poder
disciplinario, ya que solicitó a los Ñizol Longkos (caciques principales) la entrega
de sus hijos en “calidad de rehenes” desde lo cual pudo colegirse que la escuela,
ya sea misional o pública, se constituyera como como una institución social de
“encierro y corrección”. Por lo tanto, pareciera ser que la resistencia a enviar a los
niños a las escuelas fue una respuesta de los caciques ante la dominación y
desarraigo, que la nación chilena buscó imponer a través de la chilenización de los
niños mapuche.

La Memoria del General en Jefe del Ejército de Operaciones de la Alta frontera


de 1869, con relación a las hostilidades que el Gobierno, debió imponer a los
“rebeldes” mediante el siguiente dictamen:

“todos los caciques deberán entregar en rehenes uno o dos de sus


hijos, según la importancia. A estos niños se les dará una educación
apropiada a su edad i condición, i al cabo de cierto tiempo se
cambiarán, siempre que fuera posible, por otros de la misma familia”318.

Es posible apreciar que fue fuente de preocupación de los gobernantes el


hecho de que enviaran a los niños a las escuelas misionales para luego volvieran
a sus propias reducciones con la formación cristiana y con la moral “corregida”, sin
embargo, a juicio de la élite dirigente ya en contacto con la familia y en interacción
con otros miembros de la reducción, volvían a “barbarizarse”:

317
Memoria Ministerio de Justicia, Culto e Instrucción Pública ,1865, 30
318
José Manuel Pinto, Memoria del jeneral en jefe del ejército de operaciones de la alta Frontera,
pasada el Supremo Gobierno (Santiago de Chile: Imprenta Nacional, 1869), 28.
131

“hasta aquí se han hecho en ellas esfuerzos poderosos i mui


laudables por atraer al indíjena a la civilizacion por medio de la
educacion de sus hijos varones; pero nos hemos olvidado de lo
principal, de la educacion de la mujer. De aquí resulta que el joven
indíjena, despues de haber pasado algunos años en la misión i
terminada ya su educacion, vuelve al seno de sus bárbaros padres i
olvida poco a poco lo que ha aprendido. No encontrando entre ellos
una jóven educada, con quien poder unirse en cristiano matrimonio,
toma una o mas mujeres bárbaras que no son capaces de educar a sus
hijos i los dejan crecer en la ignorancia i la barbarie”.319

De esta forma, con posterioridad, se consideró indispensable la instrucción a


las mujeres apoyándose fuertemente la idea y necesidad de incorporación de las
niñas indígenas a establecimientos de distintas características. En el “Glosario de
Colonización”, obra que reúne las principales políticas indígenas aplicadas por el
Estado Chileno hasta el 1900, Briones muestra cómo se fue haciendo extensivas
estas estrategias, a otro tipo de establecimientos:

“respecto del asilo de indíjenas de Temuco que poseen las monjas


de la providencia, dice la memoria de la colonización presentada al
congreso en 1899: a algunos de esos establecimientos misionales se
debe mucha parte de la civilización del indígena (…) sería justo incluir
entre ellos al asilo de indígenas de las monjas de la providencia de
Temuco. Para favorecer a dicho establecimiento se ha presentado en
el congreso nacional, con fecha 21 de mayo último, un proyecto que le
concede un ausilio estraoridinario de treinta mil pesos para la
conclusión del edificio que posee en Temuco” 320.

319
Pinto, Memoria del jeneral en jefe del ejército, 34.
320
Ramón Briones, Glosario de colonización. Esposicion de leyes, decretos i demás antecedentes
relativos al despacho de colonización hasta el 1 de enero de 1900 (Santiago de Chile: Edición
oficial, 1900), 74.
132

Los argumentos que se expusieron para efectos de contar con el auxilio


solicitado, fueron dilucidadores de la representación que se hizo del mapuche en
la época. La obsesión por la raza fue un continuum en la mayor parte de los
discursos y creencias de la élite dirigente.

“razones de todo orden aconsejan otorgar el ausilio pedido, como el medio


más fácil de rejenerar la raza de indíjenas i de incorporarla definitivamente a la
cultura patria”.321. Se pensó por tanto, que la conversión a la civilización, consistía
en la regeneración de la raza, es decir, dejar de ser mapuche y convertirse a la
“cultura patria”.

A mayor abundamiento, se insertará el mensaje leído en la Cámara de


Diputados:

“(…) es sabido que la raza indígena, al perder su antigua pujanza i al


reconocer el dominio de la nación comenzó a dejenerar con
asombrosa rapidez. No tomaba de la civilización los ejemplos de la
virtud i de las buenas costumbres. En cambio asimilaba con facilidad
los vicios que la han enervado i debilitado (…) la tarea de su
civilización no puede emprenderse con éxito seguro sino por medio de
la educación de los niños. (…) .

Se atribuyó la pérdida de la “pujanza” de la raza indígena no a la reducción


territorial, ni a la pérdida del espacio social que habían tenido los mapuche, sino
que a la incorporación de hábitos asociados al vicio. Por lo anterior, se consideró
indispensable someter a los niños para erradicar las costumbres indígenas.

Desde 1894, en que se instaló la casa de la Providencia, han vuelto a


sus familias 141 niñas indíjenas con un caudal de educación,
laboriosidad i buenas costumbres, que es prenda segura de orden i
trabajo... Muchas han constituido una familia, en conformidad a la
legislación patria, logrando desterrar de las costumbres indíjenas la

321
Briones, Glosario de colonización, 74.
133

poligamia, que se mantiene aun en las antiguas fronteras como un


aprobio para nuestra civilización. Santiago, 21 de mayo de 1899…”322

La importancia de demostrar los resultados de la “buena educación” que


recibieron los niños y las niñas mapuche, y los posibles efectos moralizadores y
multiplicadores en sus familias y reducciones, permitió a la élite dirigente continuar
con el intento de erradicación de las costumbres indígenas que tanto
inconveniente les produjo, entre ellas la poligamia. Del mismo modo, y dada la
tendencia que tenía la clase política de imitar modelos de construcción de
sociedades, la política aplicada por el Gobierno de los Estados Unidos de
Norteamérica fue una fuente de inspiración constante:

“La política de los Estados Unidos tiende a civilizar a los indios por
medios suaves, humanos y benévolos. La escuela, las misiones
relijiosas y la enseñanza agrícola, son los elementos de que sirve para
ello. Funcionan actualmente en las reservas de indios doscientas
noventa i seis escuelas, lo que le da una proyección de una escuela por
cada seiscientos indígenas. A los niños se les enseña a leer y escribir
inglés, aritmética i se les inicia en los atractivos i ventajas de la vida
civilizada. A medida que la edad de aquellos lo permite, se les enseña
las artes mecánicas i las industrias agrícolas. En las escuelas se
observa el sistema de internado, esternado i de medios pupilos”323

En síntesis, la educación como estrategia de disciplinamiento no sólo fue un


instrumento eficaz a utilizar para efectos de levantar y consolidar la obra
civilizadora de la nación chilena, sino que también para transmitir uniformemente
los valores constituyentes de la República en contraposición a los valores de la
nación mapuche, por lo que los barbarizaba y representaba como Otro que había
que regenerar y eliminar del paisaje nacional.

322
Briones, Glosario de colonización, 74.
323
Briones, Glosario de colonización, 278-279.
134

CUERPOS CÍVICOS Y DE POLICÍAS

Otra importante estrategia de disciplinamiento utilizada para efectos de


establecer los preceptos de las leyes chilenas, fue la instalación de un cuerpo de
policías que consistió en un aparato represivo destinado a establecer el orden. Ello
fue de la mano con el avance del proceso civilizador, que en realidad se trataba de
un proceso “chilenizador” que se basó en la creación e instalación de instituciones
políticas y administrativas. Como lo indica Marco Antonio León León “no ha
merecido la misma atención desde el punto de vista de la configuración de un
aparato represivo destinado a establecer el "orden" o "civilización”324.

En la década del 50 del siglo XIX, y fruto de las revoluciones civiles que
impactaron significativamente en la Araucanía, se incrementó la seguridad pública
en atención al aumento de presos y cárceles. De acuerdo a la Memoria del
Ministerio de Guerra de 1859, el informe de Manuel García del 10 de julio de 1860
indica que:

“algunos de los cuerpos de la Guardia Nacional han prestado


servicios en las escursiones hechas al territorio Araucano i los demas
se han empleado como anteriormente en el ordinario de las guardias
de prevencion i cárcel de sus pueblos, las que durante el año ha sido
preciso aumentar en varios puntos para la custodia de presos (… ) para
la seguridad pública, amagada por las partidas de bandoleros que
infestaron algunos lugares, despues de la destruccion de las
montoneras alzadas durante la revolución”325.

Una de las dificultades que tuvo el gobierno chileno para fortalecer la


seguridad pública se debió al poco presupuesto destinado al mantenimiento de la
policía. La Memoria del Ministerio del Interior de 1857 indicaba:

324
Marco Antonio León León, “Civilizando lo indomable: criminalidad y prisión en la Araucanía
chilena. 1852-1911”, en Procesos, Revista Ecuatoriana de Historia, no. 16. Corporación Editora
nacional, (2001), 63.
325
Memoria Ministerio de Guerra 1859, 17.
135

“Estos servicios no podían ser atendidos de una manera satisfactoria


por la deficiencia de las rentas municipales”326.

La sensación de caos y gobernabilidad, era ampliamente difundida por la


prensa, que acusó vandalaje en circunstancias que en la zona, provincia extensa y
rica no hubo razones para llevar la frontera al progreso. Tanto así que, “El Guía de
Arauco” de los Ángeles, del 31 de diciembre de 1864, edición Nº 9, cuyo título se
denominó “policía Rural” interpeló a sus lectores a pensar que Arauco sí era una
provincia fértil:

“¿Cómo era posible que se produjesen delitos? Este medio de prensa


indicaba: “Pues bien: ¿en qué consiste que en Arauco, donde no hai
necesidad de robar no de saltear, el vandalaje sea un mal crónico? No
se trata ahora de señalar todas las causas; pero la principal es, a
nuestros ojos, la desmoralización de las costumbres (…) Si hai jentes
en la frontera que prefiera vivir del pillaje a vivir de un trabajo honrado y
lucrativo; jentes cuya industria única, exclusiva es el latrocinio.”327.

Con todo, se apreció un interés en denunciar la existencia de decadencia


que, a juicio de la élite dirigente, se debía a la falta de moral de la población y al
poco interés que tenían en el trabajo. De acuerdo a la misma crónica, la falta de
moral afectaba de igual manera la “jente militarizada” y “al indio”:

“No: la alza de los fascinerosos no dimana de la demanda del trabajo ni


de la depreciación de los salarios. La verdad es que la jente,
militarizada como está, es aventurera, holgazana, indolente como el
indio, y que por tal de sustraerse a la civilización, se arranca a su
provincia y se interna en la Araucanía en busca de una vida salvaje y
criminosa”328.

326
León, “Civilizando lo indomable”, 64.
327
“Policía Rural”, en El Guía de Arauco de los Ángeles, 31 diciembre 1864, edición Nº 9.
328
“Policía Rural”, en El Guía de Arauco de los Ángeles, 31 diciembre 1864, edición Nº 9.
136

En consecuencia, la Araucanía era considerada un territorio propicio al


pillaje y la destrucción en el que se le atribuía la mayor de las veces la
responsabilidad de generar el caos al mapuche, no obstante, las autoridades
chilenas también fueron cautelosas de denunciar a los españoles que en nombre
de ellos cometían los crímenes. La Memoria del Jeneral de Frontera de 1869, José
Manuel Pinto, indicó que:

“los numerosos bandidos de raza española toman con frecuencia el


traje de los araucanos para cometer toda clase de desórdenes i
crímenes, estraviando con este disfraz las pesquisas de la justicia”329.

Paralelamente, pese a la insistencia de la prensa de someter y civilizar la


Araucanía existió preocupación por el modelo de civilización que el habitante de la
frontera que no era mapuche representaba en la zona, el que a juicio de “El
Meteoro” de los Ángeles de 1866, estuvo marcado por hostilidades y saqueos a
las propiedades de los mapuche:

“Las poblaciones cristianas se han compuesto de todos los vagos y


facinerosos salidos de diferentes puntos de la república, que han
enseñado al indio a ser más vicioso y corrompido que lo que es. Las (…)
de Amigos y las autoridades fronterizas siempre les han administrado
justicia; y finalmente los negociantes, en su (…) con ellos, no han
procurado mas que saquearles sus propiedades. Al ver este vandalaje,
al ver esta hostilización, esta codicia de parte de nosotros, el indio se
pregunta con razón:- “¿es esta la civilización que quieren
330
imponerme?” .

El surgimiento de la policía rural se explicó tanto por los niveles de


inseguridad que existieron en la zona, como también era una medida de
protección respecto de los avances de las líneas de frontera y de construcción de

329
Memoria del jeneral en jefe del ejército de operaciones de la alta Frontera, 54.
330
Ver “Reducción de la Araucanía I”, en El Meteoro de Los Ángeles, 08 Diciembre 1866.
137

fuertes y ciudades que la ocupación del Gulumapu implicó. Al respecto, el


Historiador Ricardo Ferrando Keun indicaba que:

“este avance y fuerte de Adencul deja muy cerca las montañas del
Ñielol, que, como lo hemos dicho, son las guaridas de bandidos y un
lugar casi inexpugnable de los rebeldes. La destrucción de este peligro
va a tener dos momentos en su futuro: el que pondrá término a este
fantasma en 1881; y en la gran acción que llevará adelante, contra el
bandidaje, Hernán Trizano” 331.

En consecuencia, en el año 1881, se crea el Cuerpo de Policía Rural a


mando del entonces Alférez del Escuadrón Húsares de la Frontera, Hernán
Trizano, quien se encargó de organizar el orden en las áreas urbanas y rurales,
estableciendo poco después su sede en Angol. En la biografía de Hernán Trizano
y escrita por Darío De la Fuente, se indicó que:

“para poner coto a esta situación que afectaba al desarrollo general de


la zona se encomendó a Hernán Trizano Avezzana la misión de llevar
tranquilidad a los campos. Inició la ardua tarea con cuatro cabos y
dieciséis soldados. Fue nombrado enseguida jefe de la policía de Angol
que por entonces era la plaza fuerte del Sur, pero lo cierto es que
desde San Rosendo hasta Chiloé el agreste panorama era la más viva
imagen del Far West norteamericano”332.

Paralelamente, algunos caciques no estando conformes con las


hostilizaciones que fueron objeto, dirigieron a las autoridades de la época misivas
en las cuales dieron cuenta de los fraudes de terrenos que fueron objeto,
solicitando el cese los abusos. Así se puede observar en la carta que Joaquín
331
Ricardo Ferrando Keun indica que: “era necesario ampliar esta línea de ocupación y establecer
un punto de apoyo, que sirviera para contener a los arribanos. Con este fin, el comandante de los
Zapadores, Urrutia, se adelantó 16 km al este y el 2 de febrero de 1879 principió el establecimiento
del Fuerte de Adencul en la ribera norte del Traiguén, en los dominios del que fuera “el célebre
Manguil”. Aquí dejó como guarnición 70 Zapadores, 25 Cazadores a caballo y 16 Artilleros.
Ferrando, Así Nació la Frontera, 525.
332
Darío De la Fuente, Hernan Trizano, Pacificador de la Araucanía. Biografía, cartas, antología
(Temuco: Editorial Nuevo Horizonte. Patrocinio del Diario Austral, 1994), 63.
138

Millanaw le envía al Ministro de Relaciones Exteriores, Culto y Colonización el 9


de junio de 1896:

“Eccelentisimo Joaquin Millanao. Francisco Millanao, i otros con todo


rrespeto espongo ante su Eccelencia que un individuo llamado
A[deodato] Puchi, me hees tenedor de hun terreno llamado Loncoche,
dentro de la subdelegacion de Pitrufquen, rresidente de la Provincia de
Valdivia, i por tanto suplicamos su Eccelencia que Puchi hés solo hun
mero tenedor Clandestinidad interrumpida, siendo que heés huna
perzona de mala fé, i antualmente está en la Carcel publica de Valdivia
por ser autor de muerte”333.

Asimismo, y ante la creciente inseguridad que azotaba la Araucanía ya


colonizada cuya ocupación por parte del Gobierno de Chile se había
materializado, en el año 1895 se presentó ante el Congreso Nacional un proyecto
de ley tendiente a fortalecer e instalar un Cuerpo Especial de Policía para las
Colonias. El mensaje emitido al Congreso Nacional, el 26 de junio de 1895,
sostuvo que hubo un aumento significativo del bandidaje y del bandolerismo en la
frontera, lo que hacía temer por la “propiedad privada” y la seguridad de la región.

Dada la apreciación positiva que tuvieron las autoridades chilenas mediante


el Decreto Supremo del 14 de marzo de 1896, fue nombrado Comisario del
Cuerpo Capitán del Ejército Hernán Trizano. Al respecto, el “Glosario de
Colonización” de Briones indica que:

“el brillante resultado obtenido con la organización de esta policía i la


tranquilidad que llevó a las colonias i rejiones en que ejerción su
saludable vigilancia, incitaron al gobierno a aumentar su número, i el
congreso nacional aprobó en el presupuesto de 1897 el proyecto que
presentó al ejecutivo para triplicar su número”334.

333
Carta de Joaquín Millanaw enviada al Ministro de Relaciones exteriores, de Culto y Colonización
el 9 de junio de 1896. Pavez, Cartas Mapuche, 800.
334
Briones, Glosario de colonización, 364.
139

Es importante señalar que la nación chilena, después de la revolución de


1891, atravesó una época de parlamentarismo, que se caracterizó, entre otras
elementos por la concentración de poder en las zonas rurales lo que tuvo gran
importancia para la administración local. A las personas que detentaron el poder,
se les llamó “caciques políticos”, quienes eran poseedores de una o más
propiedades agrícolas que constituyeron latifundios, como también controlaban la
fuerza pública, las elecciones parlamentarias, y la vida municipal. Por lo anterior,
estos cacicazgos políticos constituyeron “verdaderos señores feudales”.335

Con respecto al Gulumapu, y en circunstancias que el Gobierno Chileno


había puesto la mayor parte de sus dispositivos de disciplinamiento, Heisse da
cuenta de cómo “grandes señores” controlaron los municipios de Colllipulli,
Traiguén, Los Sauces, Quillén, Mariluán, quienes, como grandes terratenientes,
colocaron su clientela al servicio de un caudillo o algún partido político:

“En Malleco, José Bunster con los molinos y San José controlaba los
municipios de Collipulli y Traiguén y compartía el cacicazgo político de
la Provincia con Augusto Smitmans, dueño de numeros fundos entre los
cuales destaca el de San Gerardo que le permitió disponer durante
muchos años del Municipio de los Sauces…En esta provincia tuvieron
también extensas propiedades el político Federico varela. Su hacienda
“Chufquen”, se encontraba en la comuna de Quillén, y el político
Nacional Cornelio Saavedra, a través de “Tolhuaca” y “Pehuenco”
dominaba el municipio de Mariluán”336

El historiador Ricardo Ferrnando Keun en su libro, Así Nació la Frontera, da


cuenta cómo el remate de tierras en el territorio mapuche por parte de las
autoridades chilenas a propósito de la política de radicación, generó problemas
con los colonos, y a juicio de esta autora, produjo grandes desigualdades entre los

335
Julio Heisse González, Homenaje a Guillermo Feliù Cruz (Santiago de Chile: Editorial Andrés
Bello. Biblioteca del Congreso Nacional, 1973), 550.
336
Heisse, Homenaje a Guillermo Feliù Cruz, 550.
140

privilegios otorgados por el Estado a colonos y los mapuche337 , los que


explicarían el actual conflicto interétnico en el sur de Chile. En palabras de Ricardo
Ferrando:

Aquí también surgieron problemas con los colonos debido a otros


hechos. Traiguén quedó rodeado de grandes fundos, pues en los
remates de hijuelas se produjeron dos hechos: uno, no se limitó el
número de hijuelas que se podía rematar y otro que podían
comprarse los derechos de un rematante. La propiedad fue inmensa.
Solo los campos de José Bunster, que los agrandó comprándole
30.000 hectáreas a la Sociedad Varela Waddington, nos certifican el
hecho”.

Estas ocupaciones por parte de colonos y latrocinio de tierras


pertenecientes a los mapuche, dio cuenta de la desigualdad que se fue
gestando a través de la usurpación del territorio, y el remate de tierras
propiciado por el Estado chileno. Dichas acciones también fueron parte del
bandidaje existente en la zona, sin embargo, la Policía Rural tuvo por especial
encargo la protección únicamente de los colonos:

“La acción preventiva se hizo sentir allí con marcada especialidad y hoy
día, los colonos, particularmente los de procedencia Europea, ya no
tienen que lamentar la menor sustracción o el más pequeño robo de
animales”.338

Por último, es importante recalcar que algunos caciques no tuvieron una


opinión favorable de los Cuerpos de Policías 339. Esteban Romero, en Carta

337
Ferrando, Así Nació la Frontera, 616.
338
De la Fuente, Hernan Trizano, Pacificador de la Araucanía, 206.
339
La biografía de Trizano y escrita por Darío de la Fuente, indica “sus amigos son los caminos, los
senderos, los lugares….nombres y lugares hasta llegar a la capital de Llanquihue….y apellidos y
nombres indígenas…Painemal, Mariqueo, Chihuailaf, Quirilao, Locolf…todo, todo el archivo de su
memoria privilegiada porque todo sirve después en sus investigaciones y en las persecuciones de
los enemigos de la sociedad.65 Y todo tiene que servir porque la noticia de la fundación de
gendarmes de las colonias no amedrentó a los bandidos, lo consideraron un desafío, incendió su
indignación y alentó su temeridad respondiendo con un recrudecimiento en sus desmanes” pp.65
141

enviada al Presidente de la República de Chile, Federico Errázuriz, el 10 de


noviembre de 1896, señaló que:

“a nosotros se nos martiriza i trata de esterminar, de todos modos. Las


policias rurales nos vejan i quitan nuestros caballos i se nos hace
responsable de cualquier robo que en la frontera se ejecute; se nos
arrastra a la carcel i alli se nos maltrata cruelmente i tenemos que sufrir
el hambre i morir, de pena y est[enuacion]”.340

Esta opinión fue concordante con la apreciación de Gustave Verniory, viajero


belga que llegó a Chile a construir la línea de ferrocarril del Malleco, quien escribió
detalladamente sobre la vida en la Araucanía a finales del Siglo XIX. En ella
expresó en referencia al Cuerpo de Policía de Lautaro de1894, que éste se
componía “de cuatro borrachones y un borrachín adornado con el título de sargento
y tiene por misión principal molestar a la gente honrada al interior de Temuco.” 341

COLONIZACIÓN

Las distintas políticas desarrolladas por el Estado, tuvieron la pretensión de


generar imágenes y retratos que le permitieran justificar la empresa civilizadora.
Conforme a lo señalado por Claudio Millacura, “la segunda mitad del siglo XIX se
caracterizó por la consolidación de la imagen del araucano como un impedimento
para el desarrollo del joven país. Esta imagen permitió que sus autoridades
políticas se abocaran a la tarea de civilizar al indio y despojarlo de sus territorios
para consolidar las fronteras de la República”342. En concordancia con ello, se fue
gestando distintas medidas a fin de despojar a los mapuche de su territorio, entre
ellas, la política de colonización nacional y extranjera.

340
Pavez y Menard comp., Cartas Mapuche Siglo XIX (Santiago de Chile: Ediciones Colibrí & Ocho
Libros, 2008).
341
Gustave Verniory, Diez años en Araucanía, 1889-1899 (Santiago de Chile: Ediciones Pehuén
Editores, 2001)
342
Claudio Millacura, Acerca de lo contemporáneo de un viejo discurso. Tesis para optar al Grado
de Doctor en Historia, Mención Etnohistoria. Universidad de Chile 2012,191.
142

Es común encontrar en la literatura el uso equívoco que se le asigna a la


colonización y al colonialismo. El colonialismo alude a la dominación territorial,
económica, espiritual de un pueblo sobre otro y la colonización es una política
específica de ocupación de un territorio favorecida por los Estados. Al mismo
tiempo, el colonialismo es la continuidad y perpetuidad de la política de
colonización que produce desigualdades y jerarquías sociales asociadas a las
razas.

Para efectos de este trabajo, el colonialismo comienza en Chile en el Siglo


XVI con la llegada de los españoles y se mantiene vigente hasta la actualidad.
Consta de la implementación de los distintos dispositivos de poder del Estado, que
operan a nivel territorial, administrativo y espiritual en los que establece su
soberanía y el control político a través del poder.343

Conforme a lo indicado por historiadores mapuche, el colonialismo está


asociado a la desarticulación del sentido social y territorial mapuche del
Wallmapu344: “el fenómeno colonial implicó para los mapuche la disgregación
geográfica, la expoliación y ocupación de sus territorios por parte de chilenos y
extranjeros, y la influencia del poder del Estado, hasta el día de hoy, en todos los
planos: físicos, económicos, y espirituales”.345. La colonización en tanto, consistió
en un conjunto de medidas que tuvo como propósito instalar colonias nacionales y
extranjeras en el territorio mapuche con la finalidad de llevar el progreso y la

343
La situación colonial concluye cuando el pueblo que es dominado recupera su soberanía o bien
es tratado en igualdad de condiciones en la estructura política.
344
El 1 de junio de 1883, el presidente de la República, Domingo Santa María, al inaugurar el
período ordinario de Sesiones del Congreso, decía: “El país ha visto con satisfacción resolverse el
secular problema de la reducción completa de la Araucanía (…) se ha llevado a término, con
felicidad y con costosos y dolorosos sacrificios (….) debemos felicitarnos con tanta mayor razón de
este grato acontecimiento, cuanto que él ha sido realizado sin empeñar combates y sin inflingir el
menor daño a los belicosos, pero hoy reducidos habitantes de esos territorios. Se han persuadido
de lo inútil de la lucha y se han entregado, en vista del tratamiento empleado en ellos, confiados a
la protección civilizadora de nuestras leyes”. Mensaje de inauguración de las sesiones del
Congreso Nacional del año 1883.
345
Héctor Nahuelpán, Huinca Herson, Pablo Marimán, Luis Cárcamo Huechante, Maribel Mora
Curriao, José Quidel, Enrique Antileo, Felipe Curivil, Susana Huenul, José Millalén, Margarita
Calfío, Jimena Pichinao, Elías Paillán y Andrés Cayulm, Historia, colonialismo, y resistencia desde
el país mapuche (Santiago de Chile: Ediciones Comunidad de Historia Mapuche, 2012).
143

civilización a su población, mediante la imposición de un modelo de hombre y


sociedad.

La prensa del siglo XIX, generó intensos debates en torno a la idea de


civilización mediante la colonización. En ella se puede constatar cómo se
entrecruzan las aspiraciones de colonialismo de parte de algunos representantes
de la sociedad chilena hacia los habitantes de la Araucanía, generando crónicas y
tribunas en los periódicos, instando así al gobierno para que moralizara al
mapuche.

En circunstancias que se debatió acerca del medio más eficaz para someter
al indígena, colonización, civilización y reducción fueron tratadas como sinónimos
o como una misma política. Por lo anterior, la inmigración extranjera fue propiciada
y compartida por la mayor parte de la población y élite chilena. Así lo da cuenta “El
Correo del Sur” de Concepción el 28 de junio de 1855 que, en cuyo titular
denominado “Colonias en la Araucanía”, sostuvo que:

“no se nos oculta a nosotros que el proyecto de colonización esta


inminentemente unido al de inmigración, porque no es natural que
cuando nuestros campos tienen una necesidad tan apremiante de
brazos, vayamos a estraer una parte de ellos para ir a poblar un país
inculto, sin que al mismo tiempo se llene el vacío que se deja con
colonos extranjeros. Bien es verdad que una de las grandes ventajas
de la colonización es la de aprovecharse de la multitud de brazos
ociosos que vagan por la araucanía”.346

No obstante, imputaron a quienes se oponían a la inmigración Europea por


privilegiar a la instalación de los connacionales:

“Por desgracia ese espíritu retrógrado, fanático, sin sentido común que
domina en cierta parte de nuestra sociedad, está continuamente
poniendo obstáculo a la inmigración europea; espíritu fatal, funesto

346
Ver “Colonias en la Araucanía”, en El Correo del Sur de Concepción, 28 Junio 1855.
144

para Chile, porque sin él la prosperidad de nuestro país seria inmensa,


y tanto mas fatal y funesto cuanto que domina en gran parte de ciertos
hombres que por desgracia tienen alguna influencia en los destinos de
nuestra patria, Dios les perdone el mal que hacen a su país!”347

Once años más tarde, el periódico “El Colono de Angol” del 15 de abril de
1886, en la edición N° 36“[…] insistió en la necesidad de fomentar la inmigración
europea por considerarlos pueblos adelantados y superiores. Se indica
textualmente:

“pasaremos a ver el modo como se coloniza la Araucanía. En los


países de escasa población i en los que recién entran a la concurrencia
de los pueblos civilizados, inmigración extranjera i la colonización son
materia de serios y prolijos estudios (…).las corrientes humanas que se
establecen por medio de la inmigración i de la colonización, llevan por
doquier la civilización, las luces de pueblos mas adelantados, el vigor
de caracteres mas solidos, el secreto de nuevas industrias, las
irradiaciones esplendorosas de jénios privilejiados por la naturaleza, i
con el correr del tiempo mantiene el equilibrio intelectual i moral entre
las varias nacionalidades que en su conjunto forman a la
348
humanidad” .

Se pensó que la inmigración de los colonos extranjeros irradiaría


naturalmente el progreso hacia el Gulumapu. Tanto los agentes del Estado como
la élite chilena promovieron la inmigración, quienes vieron positivamente la
presencia de colonos en la zona. Cabe señalar que los mismos misioneros
también favorecieron la incorporación de los inmigrantes:

“Se ha conseguido por los misioneros que los indios presten terreno
para que vivan y trabajen ocho familias más españolas que han

347
Ver “Colonias en la Araucanía”, en El Correo del Sur de Concepción, 28 Junio 1855.
348
Ver “La Araucanía. Su presente y su porvenir. –Editorial de La Época- IV”, en El Colono de
Angol, 15 abril 1886 edición Nº 36.
145

aumentado este año la población (…) El año cincuenta cuando me hice


cargo de las familias de esta misión, no se contaba más de ocho a diez
familias, y en la actualidad hay ya como doscientas matrimonios, y la
mayor parte de ellos siembran y crían sus ganados en terrenos que los
indios le han prestado por intercesión de los misioneros”.349

Por la importancia que adquirió la repoblación del territorio mapuche, la


política de colonización, era materia de varias leyes y decretos. Por lo anterior, el
Jefe de la Sección de Culto y Colonización del Ministerio de Relaciones Exteriores,
Ramón Briones Luco, fue comisionado para organizar todas las materias
vinculadas al ramo de colonización el 11 de diciembre de 1897350. Dada relevancia
de comprender los alcances de las políticas aplicadas en el Gulumapu, a
continuación se dará cuenta de los principales elementos sobre los cuales se
organizó la política de colonización en Chile.

MATERIAS DEL RAMO DE COLONIZACIÓN:

Tenían como objetivo regular351:

1°El fomento de la inmigración y la contratación de colonos en el extranjero.

2°La celebración de contratos con las empresas de navegación para el


transporte de colonos e inmigrantes,

3°El establecimiento en las tierras del Estado de colonias nacionales y


extranjeras.

349
Foerster y Milos, Pacificación de la Araucanía, 45.
350
“Núm 344- Santiago, I de enero de 1900. He acordado i decreto: Autorizase al Jefe de la
Sección de colonización del Ministerio de Relaciones Esteriores, don Ramón Briones L, para que
prepare una segunda edición del glosario de colonización, en conformidad al decreto supremo N°
1,323, de fecha 11 de diciembre de 1897. Dicha publicación será precedida de un informe
completo acerca del estado actual de los servicios de colonización. Anótese i comuníquese-
Errázuriz.- Rafael Errázuriz Urmeneta.” Briones, Glosario de colonización, 5.
351
Briones, Glosario de colonización, 6.
146

4°La administración de los terrenos fiscales situados en los territorios de


colonización y de indígenas, la mensura y división de esos terrenos, su
venta y arrendamiento.

5° La conservación de los derechos del Estado en el dominio de los


terrenos, la inscripción en el Registro del Conservador de bienes raíces y la
delimitación de la propiedad particular.

6° La constitución de la propiedad indígena;

7° La fundación de poblaciones en el territorio de indígenas y colonización y


distribución de ellas.

8° La organización y mantenimiento de las policías destinadas a la


vigilancia y seguridad de las colonias.

9° La administración del territorio de Magallanes.

Si se analizar la especificidad de las materias descritas, es posible


constatar que el ramo de colonización estaba especialmente configurado para
crear las políticas de reducción de los mapuche, y del territorio austral, ya que
ellas se vincularon tanto a la constitución de la propiedad indígena, como a la
fundación de poblaciones, colonias extranjeras, entre otras acciones y dispositivos
reglamentarios que de ella se derivaban. En lo sucesivo se dará cuenta de las
principales leyes y disposiciones concernientes a las políticas de nacionalización
y/o chilenización emprendidas en la Araucanía.

 LEY DEL 4 DE DICIEMBRE DE 1866

352
A través de la ley del 4 de diciembre se organizó el reparto del Gulumapu,
ya que se establecieron distintas normas relativas a la propiedad y el remate de

352
Ley del 04 de diciembre de 1866, sobre fundación de poblaciones en el territorio de los
indígenas y enajenación de propiedades de éstos. En, Álvaro Jara, Legislación indigenista de Chile
(México D.F.: Ediciones Especiales del Instituto Indigenista Interamericano, 1956), 41-43.
147

tierras, definiéndose así las colonias nacionales y extranjeras, la constitución de la


propiedad indígena y particular.

La fundación de poblaciones se organizó bajo este cuerpo legal, en sus dos


primeros artículos:

“Artículo 1º. Fúndense poblaciones en los parajes del territorio de


los indígenas, que el Presidente designe, debiendo adquirirse por el
Estado los terrenos de propiedad particular que conceptuare
convenientes para este i los demás objetos de la presente ley.

Artículo 2º. Los sitios en que se dividan los terrenos destinados a


poblaciones se concederán gratuitamente a los pobladores por el
Presidente de la República con las condiciones que acordare para el
fomento de aquéllas. Se auxiliará a los indígenas que quieran
avecindarse en las nuevas poblaciones con el costo de sus
habitaciones, el cual designará el Presidente.

En cuanto a la constitución de la propiedad privada, este instrumento


salvaguardó la enajenación de la propiedad indígena y, a través del remate y la
subasta pública, se posibilitó la generación grandes extensiones de terrenos como
latifundios que aún permanecen inalterados:

Artículo 3º. Los terrenos que el Estado posea actualmente y los


que en adelante adquiera, se venderán en subasta pública en lotes
que no excedan en quinientas hectáreas (…) Una parte de los terrenos
se destinará al establecimiento de colonias de nacionales o extranjeros
con arreglo a las leyes que rijen esta materia.

Con relación a esto, se dispone de un conjunto de trabajos353 que indican


que, si bien esta ley colocaba límites acerca de que la cabida máxima del lote a
rematar no podría exceder las 500 hectáreas, “del máximo no se señaló restricción

353
Ferrando, Así Nació la Frontera; Martín Correa, et al, La reforma agraria y las tierras mapuches.
Chile 1962-1975 (Santiago de Chile, Ediciones LOM, 2005).
148

respecto del lote que el postor podría adquirir, lo que en la práctica produjo la
creación del latifundio en la Araucanía”.354.

Esta medida reglamentaria, que en la práctica implicó la generación del


latifundio en la Araucanía, rodeados de pequeñas reducciones a las que fueron
desplazados los mapuche, es una de las principales fuentes de conflicto en la
actualidad. Dado que no es objeto de este escrito el análisis de las políticas
actuales, no se profundizará mayormente en el impacto de la política, sin perjuicio
de que se incluirá algunos aspectos que han destacado otros investigadores.

Respecto de los contratos traslaticios se estableció mecanismos para


celebrarlos y con relación al deslinde de los terrenos, esto estuvo a cargo de la
comisión radicadora de indígenas y los terrenos baldíos, dicha ley estableció que:

Artículo4º. Los contratos traslaticios de dominio sobre terrenos


situados en territorio de indígenas, solo podrán celebrarse
validamente cuando el que enajena tenga título escrito y registrado
competentemente.

Artículo5º. Para los efectos del inciso 1º. Del artículo anterior, se
procederá a deslindar los terrenos pertenecientes a indígenas por una
comisión de tres ingenieros (….), y expedirán a favor del indígena o
los indígenas poseedores un título de merced a nombre de la
República, insertando copia de dicha acta y anotando el título en otro
libro que servirá de registro conservador.

Las medidas que más controversias generaron a la aplicación de esta ley,


fueron las facultades otorgadas a la comisión radicadora de indígenas y la
reputación de terrenos baldíos. Respecto de este último, el artículo 6 indicaba que:

Artículo 6º. De cada extensión o sección de los territorios de indígenas


en que el Presidente de la República mande ejecutar la disposición
anterior, se levantará un plano, en el cual se marcarán las posesiones

354
Martín Correa, et al, La reforma agraria, 27.
149

asignadas a cada indígena o a cada reducción, y las que no haber


sido asignadas se reputen como terrenos baldíos. Para los efectos
de este artículo, se reputarán como terrenos baldíos y por
consiguiente de propiedad del Estado, todos aquellos respecto de
los cuales no se haya probado una posesión efectiva y continuada
de un año por lo menos355.

Varios inconvenientes suscitó la aplicación de esta ley, ya que este mismo


cuerpo legal dificultó a los mapuche la posesión de la propiedad ya que el objetivo
era radicarlo en pequeñas unidades productivas, para favorecer la adquisición por
parte del Estado, y luego subastarlos. Guillermo Briones, señalaba en el glosario
de Colonización que:

“a fin de rematar las tierras fiscales de la frontera, se ha acostumbrado a


reservar algunas porciones de tierras para radicar en ellas a los
indígenas que se hallan en el terreno destinado a la subasta. Además de
la dudosa legalidad esta medida no ha dado buenos resultados en la
práctica por que ha retardado la resolución del problema indígena. Solo
ha obedecido al propósito de enajenar cuanto antes la tierra fiscal,
retardando por el interés de un momento la radicación definitiva del
indígena”356.

Esto dio cuenta de las dificultades existentes en torno a la radicación


indígena y la legalidad del remate de las tierras fiscales.

Esta misma ley, se amparó en el artículo 5, que creó la Comisión Radicadora


de Indígenas en la cual existieron tres ingenieros nombrados por el Presidente de
la República, facultados para realizar los deslindes y entregar títulos de Merced
procediendo a radicar a los mapuche, teniendo por lo tanto, amplias facultades
para estimar la pertinencia de la acreditación de la propiedad y posesión del
terreno por parte del mapuche.

355
[Énfasis añadido por la autora]
356
Briones, Glosario de colonización, 648.
150

 COMISION DE TITULOS DE MERCED A INDIJENAS O COMISION


RADICADORA DE INDIJENAS

Esta comisión, operó bajo la tutela de las leyes del 04 de diciembre de 1866, 4
de agosto de 1874 y del 20 de enero de 1883.

Las atribuciones de esta comisión fueron bastante amplias, ya que las leyes les
asignaron la facultad de dirimir en forma unilateral en relación a las materias
vinculadas a la propiedad indígena. Ante el juicio de un mapuche en contra del
fisco, la Corte Suprema, el 11 de Octubre de 1865, fijó jurisprudencia con relación
a la pertinencia de las atribuciones de la Comisión Radicadora de Indígenas,
señalando:

“que, en consecuencia, si bien los indíjenas pueden, como han podido


entablar contra el Estado, ante los tribunales ordinarios todas las
acciones que, en amparo del derecho de propiedad, autorizan las
leyes; esto ha de entenderse respecto de la propiedad constituida con
arreglo a las leyes especiales citadas, leyes de 04 de diciembre de
1866, 4 agosto de 1874, y 20 de enero de 1883, o respecto de la
propiedad adquirida o que pueda adquirirse con arreglo a las leyes
comunes” 357

Sin embargo, este mismo dictamen aclaró que los tribunales no tenían los
medios para cuestionar las resoluciones que emitiese la Comisión Radicadora de
Indígenas, dando a entender que la arbitrariedad (o no) de sus resoluciones, no
estaba suscrita a las leyes civiles, sino que a las disposiciones que regían la
propiedad indígena:

“pero los dichos tribunales no tienen, por que la lei no les concede,
atribución para conocer de las cuestiones que puedan suscitarse sobre
si existe o no la posesión orijinaria del terreno araucano, ni sobre si
esta posesión reune o no las condiciones requeridas por la ley para
357
Briones, Glosario de colonización, 182.
151

obtener título de merced, ni la tienen tampoco para rever, mediante


algún recurso legal i para el efecto de pronunciarse sobre ellas, las
resoluciones que la comisión antes mencionada haya adoptado o
adopte en ejercicio de las funciones que especialmente le ha conferido
la lei”358.

Dicho dictamen fijó la jurisprudencia de distintas materias que no fueron


previstas en las leyes que afectaban la propiedad indígena, ya sea en relación a
los requisitos para acreditar la propiedad, mecanismos de apelación, o bien
acciones posesorias para restitución de la propiedad perdida, como tampoco, los
mecanismos para desalojar en caso indebido de apropiación:

“Que no habiendo dispuesto las leyes especiales , la manera de


proceder para desalojar a los indíjenas que ocupan indebidamente un
terreno (…), debe ocurrirse a las autoridades a quienes legalmente
incumbe ejecutar aquellas resoluciones, o a las autoridades antes las
cuales puede el fisco, del mismo modo, reclamar sus derechos”.359

Para finalizar, la opinión de los juristas de la época y encargados del


Ministerio de Colonización, fue que las leyes que regían la propiedad indígena,
solo salvaguardaban los derechos de los indígenas “más que de salvaguardar los
terrenos baldíos de propiedad del Estado.”360

 LEY DEL 4 DE AGOSTO DE 1874

La ley del 4 de agosto de 1874, sobre "enajenación de terrenos situados en


territorios araucanos”, estableció los terrenos que se sometieron a la subasta
pública:

358
Briones, Glosario de colonización, 182.
359
Briones, Glosario de colonización, 183.
360
Briones, Glosario de colonización, 183.
152

“Artículo 1- Que los terrenos situados entre los ríos Renaico por el
Norte, Malleco por el sur, el Vergara por el Oeste, y la Cordillera de
los Andes por el Este, y sobre los cuales los particulares pretendieren
algún derecho, se enajenarán en subasta pública y por cuenta del
Estado en conformidad a lo dispuesto en el artículo 3 de la ley del 04
de diciembre de 1866”.361

Otro aspecto importante de esta ley, fue que a los legítimos habitantes del
territorio mapuche que no probasen la posesión, según lo establecía la ley de 4 de
diciembre de 1866, los declararía colonos:

“Artículo 8: A los indígenas que no probaren la posesión que se


refieren los artículo 6 y 7 de la ley del 4 de diciembre de1866, se les
considerará como colonos para el el efecto de adjudicarles hijuelas sin
que por ello queden sujetos a las condiciones impuestas a los demás
colonos.”362

Contrariamente a las dificultades impuestas a los indígenas, fueron


brindadas facilidades a los colonos, entregando 150 hectáreas por cada
inmigrante de Europa o de Estados Unidos:

Artículo 11. A los particulares que quieran establecer colonias por su


cuenta en el territorio indígena se les concederá hasta 150 hectáreas
de terrenos planos o lomas o bien el doble en las serranías o las
montañas por cada familia inmigrante de Europa o de los Estados
Unidos de Norte América, previas las condiciones que estableciere el
Presidente de la República en los respectivos contratos (…) En las
colonias que se fundaren por el Estado en el mismo territorio conforme
a lo dispuesto en el inciso final del artículo 3 de la ley de 4 de diciembre

361
Jara, Legislación indígena, 52.
362
Jara, Legislación indígena, 52.
153

de 1866, no admitirá como colonos sino a los inmigrantes de las


nacionalidades antedichas.363

 LEY DEL 13 DE ENERO DE 1898, SOBRE COLONIZACIÓN NACIONAL

La instalación de colonias nacionales, fue otra de las posibilidades que barajó


el Gobierno, y la prensa de la época reflexionó acerca de la conveniencia de
disponer de ellas en el territorio indígena:

¿debe haber colonias de nacionales en la Araucanía? ¿Qué


elementos territoriales tienen los indios? ¿Cómo debe constituirse la
propiedad indiana? ¿Cómo deben venderse las propiedades del
Estado?364

Entre las medidas adoptadas, se dictó el 13 de enero de 1898 una ley sobre
colonización nacional. Conforme a lo descrito por Guillermo Briones365, “se ha
señalado las siguientes como causas del mal éxito de esa colonización”:

1° Falta de preparación del terreno

2° Falta de caminos.

3° Mediocre calidad de los colonos.

Briones pensaba que la calidad de los colonos nacionales era deficiente,


por lo que no era conveniente tenerlas, sosteniendo que:

“presumible que los inmigrantes que tenemos aquí sean


agricultores. Es de temer que no mejoren los cultivos, ni proporcionen a
las rejiones del sur el esfuerzo inteligente que necesitan”366.

363
Jara, Legislación indígena, 52.
364
Ver “La Araucanía. Su presente y su porvenir. –Editorial de La Época- I” en El Colono de Angol,
4 abril 1886.
365
Briones, Glosario de colonización, 12.
366
Briones, Glosario de colonización, 12.
154

 COLONIAS INDÍGENAS

Frente a la interrogante de la élite dirigente sobre qué hacer con el


Gulumapu, el Gobierno chileno también experimentó administrativamente las
colonias para indígenas. Este fue un ensayo del Gobierno chileno de radicar a los
mapuche a través de la invocación de las leyes de 1845, 1866 y 1874.

Los argumentos que se esgrimieron para formarlas, se sustentaron en que


se había gestado el desplazamiento de la población mapuche en lugares que el
Estado efectuaría remates o bien instalaría fundos particulares.

“Por decreto supremo de 29 de octubre de 1873, se estableció una


colonia indígena en las hijuelas números 176, 177, 178 i 179 del
depto de Angol. Se concedía al indígena que se estableciese en la
colonia una suerte de tierra que podía variar desde 15 hasta 50
hectáreas, a voluntad del intendente de Arauco; una habitación, una
colección de semillas i excencion de contribuciones por el término de
10 años.”

Las hectáreas entregadas a los colonos indígenas, fue significativamente


menor a la entregada a los colonos extranjeros, lo que demostró el racismo que
existió en el diseño de políticas de tierras. En consecuencia, más adelante, se
fundaron dos colonias con el fin de asentar a la población mapuche desplazada de
sus terrenos por decreto supremo del 14 de octubre de 1880 correspondiente a los
Departamentos de Angol, Nacimiento, Lebu y Arauco:

“Se fundaron dos colonias de indígenas: una en el punto denominado


los altos de Tirúa en el departamento de imperial i otra en las
inmediaciones de Traiguén”367.

El mensaje de tierras públicas enviada al Congreso Nacional de 1897,


conforme a lo indicado por Briones, señaló que

367
Briones, Glosario de colonización, 132.
155

En la actualidad domina en el gobierno el propósito de suspender la


radicación de indígenas i considerarlos como colonos para los efectos
de adjudicación de hijuelas. Suprimida la radicación parece que los
indígenas no se opondrán a que se establezca en colonias. 368

 COLONIAS EXTRANJERAS369

Los colonos llegados desde el año 1850 al año 1856 para Valdivia y
Llanquihue, fueron casi en su totalidad alemanes. El gobierno constató las
dificultades de formar colonias de una sola nacionalidad por lo que promovería la
“pluralidad de nacionalidades”. Según Briones, “se han podido palpar los
inconvenientes que tuvo aquella colonización, por haberse hecho con individuos
de una sola nacionalidad. En la colonización de la frontera predominó la raza
latina. El sistema de colonización a pluralidad de nacionalidades ha sido acogido
por el Gobierno i con este propósito ha procedido la Agencia Jeneral de
colonización de Chile en Europa a contratar a las familias de colonos de
Llanquihue i Chiloé.”370

El gobierno estableció facultades para establecerlas en los puntos que


estimase convenientes y en terrenos de propiedad del Estado conforme a las
leyes de 18 de noviembre de 1845, 9 de enero de 1851 y 7 de febrero de 1893.

El detalle realizado por Briones, indicó que para la colonización de la


frontera araucana que se inició entre 1882 y 1890, fueron contratadas 1531
familias que formaron un total de 7.120 personas y que al año 1895 se sabía de
1074 familias. Estas últimas se encontraron distribuidas en las siguientes colonias:

368
Briones, Glosario de colonización, 132-134.
369
Briones, Glosario de colonización, 475.
370
Briones, Glosario de colonización. 475.
156

Distribución de colonización extranjera según


Memoria de Colonización de 1895

COLONIZACIÓN FAMILIAS PERSONAS HÉCTAREAS


Victoria 302 1.510 18.120

Ercilla 109 613 6.540

Quillén 54 301 3.240

Lautaro 83 386 4.940

Temuco 40 169 2.400

Traiguén 58 269 3.480

Quechereguas 115 589 6.900

Quino 166 768 9.960

Galvarino 68 356 4.080

Imperial 19 81 1.140

Contulmo 39 169 3.510

Puren 21 99 1.266

TOTALES 1.074 5.310 65.610


Memoria de la Inspección Jeneral de tierras i colonización,
correspondiente a 1895.

 PROYECTO DE LEY DEL 23 DE MAYO DE 1899

En Santiago el 23 de mayo de 1899 Federico Errázuriz E. y el Ministro


Blanco sometieron un proyecto de ley a fin de facilitar la instalación de colonias
nacionales y extranjeras. El Ministro Blanco, en la Memoria del Ministerio de
Colonización, al fundamentar el proyecto mencionado formuló las siguientes
observaciones:
157

“arregladas ya de una manera satisfactoria nuestras cuestiones


internacionales, es obra de patriotismo pensar seriamente en poblar el
país del modo más rápido i seguro posible i en entregar al mismo
tiempo, al esfuerzo inteligente del colono estranjero convenientemente
mezclado con el elemento nacional, la esplotación de las vastas zonas
agrícolas que el Estado posee en las provincias australes i en el
territorio de Magallanes371.”

Por estas consideraciones se sometió a discusión el siguiente proyecto de


ley, que autorizó el traspaso de terrenos fiscales tanto a chilenos y extranjeros que
acreditasen algunas de las siguientes condiciones:

“Se le autoriza igualmente para que pueda conceder en las provincias


de Cautin, Malleco, Valdivia, Llanquihue i Chiloé, hijuelas de terrenos
fiscales de cincuenta o cien hectáreas por cada padre de familia i
veinte más por cada hijo mayor de doce años, a los chilenos o
extranjeros que reunan las siguientes condiciones:

1.-Ser padre de familia.

2.- No haber sido condenado por crimen o simple delito.

3.- Acreditar fehacientemente, los chilenos, que son dueños de un


capital de quinientos pesos, i los estranjeros, de un capital de mil
pesos, ganados con su trabajo en el país”372

En consecuencia, el problema de la constitución de la propiedad indígena


fue una de las cuestiones más complejas que debió enfrentar el proceso de
chilenización. Las principales leyes dictadas con estos propósitos fueron las leyes
del 4 de diciembre de 1866, 4 de agosto de 1874, 9 de noviembre de 1877, 20 de
enero de 1883 y del 2 de enero de 1893.

371
Briones, Glosario de colonización, 147.
372
Briones, Glosario de colonización, 147.
158

Como lo indicó Guillermo Briones:

“la situación incierta en que se mantienen los derechos de los


indíjenas i las ambiciones de todo jénero que despiertan, es orijen de
innumerables dificultades administrativas i judiciales (…) se puede
asegurar que hasta que no se solucione el problema de la radicación
indígena, no podrá el fisco constituir tranquilamente en las fronteras de
la propiedad particular i aparecerán constantemente desconocidos o
dudosos sus derechos ante la justicia ordinaria.”373

Briones fue partidario de que se expropiasen las tierras de los mapuche a


favor de los colonos extranjeros, y procuró que se dictasen una serie de medidas
que permitiese destrabar las dificultades administrativas y judiciales.

Asimismo, llama la atención las marcadas diferencias que se generaron entre


los colonos extranjeros y los mapuche, a propósito de la promulgación de leyes
que tenían que ver con la propiedad de la tierra. Mientras los colonos pudieron
disponer de 50, 100 ó 150 hectáreas, los mapuche solo lograron acceder mediante
los Títulos de Merced reglamentados en las leyes del 4 de diciembre de 1866,
artículos 8 y 9 de la ley de 4 agosto de 1874 a una cuantía mucho menor a la
ofrecida a los extranjeros374.

Los antecedentes disponibles muestran que los costos que generó la


ocupación de la Araucanía al Estado chileno fueron menores en relación al retorno
que logró sobre la base de las políticas aplicadas en el Gulumapu, especialmente
con la radicación mapuche y el remate de tierras. Conforme a los datos del
historiador Ricardo Ferrrando Keun, Saavedra informó que “el costo de la
ocupación sería de $239.066 utilizados en la ocupación de Angol, Mulchén, Lebu,

373
Briones, Glosario de colonización, 16, 18.
374
Investigadores informan que en promedio los mapuche recibieron de 6,1 héctarea por persona,
mientras que algunos colonos recibieron hasta 500 hás y a los chilenos-solados varios de ellos
parcelas de 25 hás. Marimán, Autodeterminación, 48.
159

Queule, Quidico, Malleco, Cañete, Purén, Lumaco, y Toltén, y que posteriormente


Las tierras incorporadas a la fecha representarían 1.101.600 hectáreas”375.

Según este historiador:

“El fisco, solo en el remate de las tierras fiscales que incorporó en su


patrimonio, recibió más de 15 veces la totalidad de lo gastado en la
ocupación en los 20 años que duró esta operación, 1862-1882. No solo
se pagó lo gastado en la operación; los remates financiaron con creces
el valor de la construcción del ferrocarril en toda su extensión San
Rosendo-Antilhue”376

Para la élite chilena, la colonización y reducción de la Araucanía fue un


importante logro que permitió generar un importante retorno económico para el
Estado, pero cabría preguntarse si para los habitantes del Gulumapu,-que antes
de eso constituían una nación independiente-, tuvo externalidades positivas, y
cuáles fueron los beneficios que les dejó la integración a la nación chilena, en las
violentas condiciones en que esta se llevó a cabo.

Cómo se señaló en una de las tesis al comienzo de este este trabajo, el


liberalismo como doctrina económica y filosófica articuló la razón gubernamental
del Estado chileno, creando libertades mercantiles y de constitución de propiedad
para la élite y restringiendo libertades de culto, derecho a la propiedad, educación
y por ende, impidiendo el derecho a la autodeterminación de los mapuche.

Por lo tanto, el diseño y aplicación de las políticas vinculadas a la


colonización, generó proyectos de ley y medidas que trazaron la radicación
definitiva del Gulumapu, propiciando el despojo territorial y la radicación inmediata
de sus habitantes. Guillermo Briones377 fue uno de los propulsores de la idea de
eliminar la “raza indígena”, la que a su juicio impedía el desarrollo agrícola de la
zona:

375
Ferrando, Así Nació la Frontera, 473.
376
Ferrando, Así Nació la Frontera, 473-474.
377
Briones, Glosario de colonización, 20.
160

“con mucha razón se ha espresado que con esta medida desaparecerá


la raza indígena, pero no se puede negar que la estagnación de la
propiedad en manos de una raza perezosa i degenerada, es fatal para
el desarrollo agrícola de las provincias de la antigua frontera
araucana”378.

En conclusión, las políticas que se gestaron desde el Ministerio de


Colonización, tuvieron por finalidad despojar a los habitantes de la Araucanía de
su territorio, con el fin de que el Estado se apropiara de ellos, promoviendo así la
usurpación territorial de los mapuche y una activa política de colonización
extranjera.

378
Briones, Glosario de colonización, 20.
161

SEGUNDA PARTE: EL PROBLEMA DE LA REPRESENTACIÓN DEL OTRO Y


LA DECONSTRUCCIÓN DEL DISCURSO NACIONALISTA CHILENO.

CAPÍTULO IV. EL LOCUS DEL OTRO: Uno es la sombra del Otro.

En la primera parte de este escrito, se describieron los acontecimientos,


acciones y procesos que vincularon a la élite estatonacionalista chilena durante la
segunda mitad del siglo XIX, con la reducción territorial del Gulumapu. Este
proceso asociado a la construcción de la nación chilena, contemplaba la creación
de un relato- el de la historia patria, que establecía un conjunto de convenciones
en contra de los saberes y la historicidad de las culturas con las que compartía el
territorio.

¿En qué medida estas convenciones trastocaron la alteridad de la nación


mapuche? La necesidad de erigir la nación, implicó también instituir la comunidad
nacional-como una comunidad cultural- por lo que dicha formación política,
necesitó restituirse en contradicción con un Otro, que fue trastocado y relegado al
lugar de la sombra del proyecto civilizador.

La construcción de ese orden social, supuso que la diferencia, debió ser


sustituida para conseguir el progreso, constructo sobre el cual se desató en forma
violenta un proceso de disciplinamiento desarrollado a través de distintas políticas,
tales como las misiones, políticas de educación, instalación de aparatos represivos
denominados Cuerpos de Policías y Gendarmes de Colonias, instalación de
colonias, y el remate de tierras de los mapuche para ser entregados a extranjeros
en proporciones significativamente superiores con relación a las entregadas a los
mapuche a través del proceso de radicación.

Lo anterior, lleva a interrogarse acerca de sí ¿podría haber sido diferente la


actitud del colonizador? Si bien este escrito no aborda extensamente las distintas
maneras de construir la comunidad política, entendiéndose por ello,- la posibilidad
y coexistencia de múltiples naciones dentro de un mismo Estado-, la clase
dirigente chilena pudo haber generado un proceso incluyente de las naciones
162

preexistentes, más concretamente, haber formulado un Estado plural que no


implicase necesariamente la ocupación y reducción territorial de la nación
mapuche. Por el contrario, la élite política utilizó mecanismos disciplinarios, y
suprimió progresivamente la política de los parlamentos como espacios de
negociación. La naturalización del orden, el liberalismo económico y la falacia de
que existirían razas superiores a otras, inspiró a la clase dirigente y configuró un
contexto social y político, con instituciones, reglas de producción y sistemas de
representación simbólicos, que fundó y legitimó la desigualdad asociada a la raza
o la diferencia étnica. En síntesis, este fue el escenario y contexto social y político
en el que se construyeron un conjunto de representaciones hacia los mapuche,
que se organizó a través de objetos, prácticas, símbolos, y concepciones que se
heredan y transmiten socialmente, como fuentes extrínsecas de sentido. Esta
sección trata por lo tanto, de establecer los nexos que hicieron posible que el
racismo estatal, adquiriera en esta época un cariz importante, que inclusive
prevalece en la actualidad con distintas variantes.

LA SUSTITUCIÓN DE LA DIFERENCIA Y LA PRÁCTICA TRANSFORMADORA

Los sistemas de representación, no solo constituyen signos que se


componen de elementos significantes que remiten a contenidos que proveen
sentido, sino que conforman prácticas transformadoras y generadoras de
realidades que coincidiendo con Foucault, remiten a “prácticas discursivas que
forman sistemáticamente los objetos que hablan”379. Esto quiere decir, que las
distintas representaciones que se construyeron acerca de los mapuche, se
constituyen en objetos que crean realidades y que se internalizan como verdades
irrefutables, que al mismo tiempo colonizan saberes y formas de construir
conocimiento, perpetuando el racismo y la manera en que se habla de380 o
representa a Otro. Dicho de otra manera, cuando se colonizó el imaginario de los

379
Foucault, La arqueología del saber.
380
[Énfasis añadido por la autora]
163

381
indígenas del siglo XVI, o bien se retrató a los mapuche como infieles,
bárbaros, indios sublevados382, durante la segunda mitad del siglo XIX, se estaba
concretando la formación de estos objetos y asimismo, generando una manera
particular de comprender la realidad que creaba prácticas discursivas que
alimentaba y perpetuaba la representación del Otro.

Concretamente se puede constatar en el uso de conceptos que


investigadores de las ciencias sociales y de historiadores que escriben o
representan a los mapuche, constituyen, crean y recrean realidades. Por ejemplo,
en relación a la organización territorial, y la definición de los mapuche 383,
denominación escogida por esta autora, se hará referencia a tres especialistas
que han escrito sobre los ellos:

a) En el primer caso, se ha escogido a Tomás Guevara, el Rector del Liceo


de Temuco quien escribía en 1904 que la comunidad araucana estaba
unida en base al parentesco, en palabras de dicho autor :

“la comunidad araucana, se componía de familias independientes, que


formaban la tribu o un conjunto social unido por el parentesco y habían
tenido un autor común. En la antigua denominación araucana, rehue o
lov (se refiere al lof o comunidad)384 era una ranchería, o parcialidad
pequeña (…) las familias agrupadas constituían el ai la rehue, reduccion
de nueve parcialidades.385”

381
Serge Gruzinsky indica que: “las imágenes del adversario son intolerables cuando son
imágenes de culto” y sostiene “que tanto Colón como Pané no se dedicaron en un principio al
exterminio de los zemies, sino que trastocaban sus imágenes. El exterminio, será tarea de
Almagro”. Gruzinsky, La Colonización de lo imaginario, 40
382
[Énfasis añadido por la autora].
383
Anteriormente se señaló que se utilizaría indistintamente de la época, el término mapuche y no
araucano, debido a que este último término, ha derivado en la creencia de no existen fruto del
mestizaje, desconociendo que las culturas son dinámicas, y varían algunas de sus costumbres,
resitúan sus prácticas e inclusive adquieren elementos de otras culturas, lo que no implica
necesariamente que dejen de pertenecer a una nación o pueblo con una identidad colectiva
diferente a la identidad estatal.
384
[Énfasis añadido por la autora].
385
Tomás Guevara, Costumbres judiciales i enseñanzas de la araucanos (Santiago de Chile:
Imprenta Cervantes, 1904), 7-8
164

b) Más adelante, un intelectual chileno, Alejandro Saavedra386, que se


declaraba abiertamente preocupado por la violencia con que los medios
de comunicación abordaban “la cuestión mapuche”, en el año 2002, y
que explícitamente respaldaba al “Pueblo mapuche”.

“En mi opinión, actualmente, debemos considerar como mapuche sólo


a aquellas personas que viven o nacieron en “comunidades mapuches”
(reducciones, ex reducciones, y comunidades sin título) así como a sus
hijos y nietos y otros descendientes directos”.

c) Por último, el historiador Sergio Villalobos387, quien obtuvo el Premio


Nacional de Historia en 1992, se mostrará contrario a reconocer a los
mapuche en la constitución política, indicando que:

"Lo hallo absurdo, ¡porque son chilenos igual que todos!", declaró. En
entrevista con el diario El Austral, el historiador manifestó que " Los
araucanos reciben educación básica, educación media, son
profesionales (…) después de cuatro siglos de evolución ya no son
propiamente indígenas, sino que son mestizos chilenos, igual que
todos los chilenos".

Por lo anterior, y de manera introductoria a la problemática de la


representación y deconstrucción del Otro, interesa destacar como los “objetos” de
los que hablan estas tres personas que han estudiado la temática mapuche,
construyeron y construyen, teorías y convenciones que invitan al imaginario
colectivo a suponer que los mapuche no existirían. El primer ejemplo, que señala
que “la comunidad araucana” se constituiría a partir de un rewe, resulta ilustrativa
para indicar el énfasis puesto en la organización territorial que se daban las
familias mapuche en torno a la comunidad y el parentesco. Sin embargo, en el
segundo ejemplo, para Saavedra los mapuche serían solo aquellos nacidos en

386
Alejandro Saavedra, Los mapuche en la sociedad chilena actual (Santiago de Chile: LOM
Ediciones, 2002), 10.
387
Sergio Villalobos, citado el 19 de agosto 2012, en www.cooperativa.cl
165

una reducción es decir, a partir de 1884, aunque este autor, en nota al pie
circunstancialmente indicará que incluye agrupaciones preexistentes aunque no
fuesen legalizadas:

“formaron históricamente a partir del proceso de “reducción” y


radicación de la población mapuche entre 1884 y 1927, y en algunos
casos a partir de tierras otorgadas por los Reyes de España. Incluye a
las reducciones con títulos de Merced otorgados por la comisión
radicadora y otras reducciones a las que nos les entregó este título, así
como otras agrupaciones de mapuche preexistentes, legalizadas o no
por otras leyes”.

Esto llevaría a suponer, que este autor, no le asignaría importancia a los


elementos de caracterización utilizados por Guevara a comienzos del siglo XX,
que se vinculaban al espacio social y territorial del lof, quedando los mapuche de
esta manera, relegados a la definición resultante de un proceso histórico, es decir
la “reducción”, que los encerraba a un universo simbólico que les trastocaba su
historicidad como nación.

Finalmente respecto al tercer ejemplo que es el más reciente, Villalobos


refutó abiertamente la existencia de los mapuche, ya que juicio de este historiador
y premio nacional de historia, ellos serían chilenos igual que todos.

Por lo anteriormente expuesto, es posible deducir a partir del diseño,


aplicación e interpretación de una política de reducción territorial-, que tiene un
importante correlato con la dictación de la ley de 1866- y que junto con tener
importantes consecuencias inmediatas para los habitantes de la Araucanía, es
actualmente utilizada no como un medio para denunciar los efectos perversos de
la reducción como fenómeno histórico, sino que por el contrario, para incurrir en
conceptualizaciones que, en el segundo caso, denotan generalizaciones que
probablemente por ingenuidad contribuyen a perpetuar la desigualdad, es decir la
de los “mapuche reducidos” y en el último caso, la negación de su existencia.
166

Frente a esto, la sustitución de la diferencia, ya sea individual o colectiva,


está mediada por el ejercicio del poder de quienes hacen uso y abuso de los
objetos con los que se “representa” a los mapuche y por ende al Gulumapu. Estas
categorizaciones, se constituyen en fuentes extrínsecas de sentido a las que las
personas e instituciones recurren cotidianamente, para interpretar acontecimientos
asociados a los mapuche, que devienen en la perpetuación de prácticas
excluyentes.

Consiguientemente, este escrito no trata de indagar e interrogar la posición


de la élite estatonacionalista con relación a como escribe o describe al mapuche,
desde la posición de un valiente guerrero, de un insubordinado, de borrachos o
poligámicos desde las categorías semánticas, sino que más bien se propone
restituir e interpelar la función de “estos objetos” en la constitución de una práctica
discursiva, que a través de la delegación de la diferencia, justifica el racismo del
Estado.

En síntesis, el contexto en que se produce la delegación del Gulumapu


mediante su incorporación o anexión a la nación chilena, como los objetos que son
utilizados en esa representación, es decir las políticas y el discurso en que se
sostienen, junto con proveerle una fuente de sentido extrínseca a la experiencia y
organizar el ethos de la élite estatonacionalista, se constituyen en dispositivos de
poder para instaurar y perpetuar el colonialismo.

 LA REPRESENTACIÓN DEL OTRO

Puesto que el nacionalismo ha sido descrito a través de este trabajo, como


una doctrina política y un modo de relacionarse con el Otro que altera las
características culturales de grupos diversos, y la subalternidad, como la diferencia
de la totalidad, en la que culturas, naciones y grupos sociales están sometidas a
un estado de sujeción y dominación, en relación a una élite dirigente, se entenderá
la “representación”, como la sustitución privativa de la alteridad que permuta un
167

sistema de verdades o relatos verosímiles que en su conjunto definen, un todo, es


decir, un cuerpo de reglas- dispositivos de poder- que incorporan a lo Otro de sí, a
un mundo de significaciones ya sancionadas.

La sustitución de la alteridad desde la diferencia dialoga con la


configuración de una taxonomía asociada al nacionalismo que se deriva de todos
aquellos elementos, signos, grupos, ethos que el discurso de la chilenidad
pretendía connotar o bien eliminar, en los procesos que dieron lugar a la
trastocación y desintegración del Gulumapu como una nación independiente.

 LA DECONSTRUCCIÓN DEL OTRO

El nacionalismo chileno ha tenido cierto éxito en aparecer como un lugar de


sentido común, que todos aceptan sin cuestionar mayormente su ideología y así
mismo, ha conseguido ser transmitido por generaciones enteras. Se dota de
instrumentos y símbolos que se aceptan inadvertidamente, encubriendo su
carácter ideológico y generando la percepción de naturalidad, lo que dificulta
develar sus postulados.

Por otro lado, es un concepto polisémico y multidimensional que lo coloca


por un lado, como una propuesta liberadora en cuanto le permite como comunidad
política independizarse de otra (España), como también puede ser opresora a
partir de que se dota de elementos de uniformidad que niega la existencia de otras
naciones (mapuche). Asimismo se inspira en el evolucionismo de Spencer, que
comprende que la nación deviene naturalmente en el Estado y al mismo tiempo en
la propuesta racionalista francesa que supone que la uniformidad cultural es lo que
le fija el sentido a la comunidad política y lo que otorga la cohesión de sus
ciudadanos.

Con el objeto de realizar el proceso de deconstrucción nacionalista del Otro,


se procedió por un lado, a descomponer las oposiciones binarias presentes en los
documentos y textos que constituyeron el relato histórico de la nación de la
168

segunda mitad del siglo XIX, y se construyó una taxonomía del nacionalismo, con
el fin de revelar el régimen de veridicción sobre el cual se ha edificado, y asimismo
el conjunto de reglas que permiten sostenerlo.

Las oposiciones binarias establecen un orden conceptual, que clasifica y


organiza el mundo. Analizar sus inclinaciones, como se encuadran y rompen esos
opuestos, permite rastrear las características culturales sobre las cuales se ha
construido. La lógica de los opuestos, supone una delimitación en el ámbito de lo
racional, lo cual instituye una jerarquía de los conceptos y de la realidad. De hecho
“la oposición –observa Derrida-no deja en ningún caso que exista la coexistencia
pacífica de un “vis –a-vis”, sino que implica siempre una jerarquía violenta, es
decir, dominio de un término sobre el otro.388

Por lo anterior, esta taxonomía, no es taxativa, es decir, no pretende


abordar todos los elementos que han sido abordados desde la teoría política y los
trabajos vinculados al nacionalismo, como tampoco incorpora la totalidad de las
dimensiones que es posible encontrar en el discurso nacionalista chileno, sino que
contiene las principales polaridades que a juicio de esta autora, se gestaron a
propósito de la relación que establece con el Gulumapu.

En la tabla que a continuación se expone, se presentan oposiciones


binarias en las que se ha incluido paréntesis que se relacionan con el discurso y el
dispositivo ideológico en que las se apoyó la élite política del siglo XIX.

388
Leonardo Samoná, Diferencia y Alteridad (Madrid: Ediciones Akal, 2005). 27
169

TAXONOMIA DEL NACIONALISMO CHILENO

Orden ( es natural) Caos

Progreso (lo sostiene el comercio) Decadencia

Maduro ( lo administrativo) Inmaduro

Universal ( Todas las naciones son así) Parcial

Civilización ( la nación tiene un ciclo vital) Barbarie

Nosotros ( los de la ley) Los Otros

Liberador ( la educación civilizadora) Opresor

Dominador ( el Estado) Dominado

Natural ( la dominación) Construido

Homogéneo ( se resguarda la unidad) Diverso

Es importante advertir que no se pretende sostener que estas oposiciones


binarias siempre se presentan como pares opuestos literales, sino que también
pueden estos constructos dialogar verticalmente. Es decir, el nacionalismo chileno,
se erige desde el concepto del Orden, y todo aquello que representa su opuesto,
como por ejemplo, el etnonacionalismo mapuche simboliza el caos, pudiendo
también construir una oposición binaria desde el par Orden/diverso o bien,
Homogéneo/caos, Caos/Construido

Por otro lado, se organizó esta narrativa, de acuerdo a distintos ethos en los
que se sustentó este discurso nacionalista.
170

 EL ETHOS

El relato consta de una actividad retórica, dicha y no dicha, que se transmite


en documentos y textos389 que pueden ser interrogados sobre la base del contexto
en que es producido, cuya narración de los hechos, produce ethos específicos que
se agrupan en un carácter ético moral, que se expresa en relación a la cultura, las
convenciones en su contra, las cosmovisiones de mundo, la ideología y los
valores.390

Existen distintos tipos de relatos y narrativas que la historia ha utilizado para


producir el conocimiento histórico y para hablar y representar a los mapuche. No
se pretende con ello sostener que la disciplina histórica o el ejercicio de escribir la
historia, se remita exclusivamente a una actividad retórica que pretende acoplar
los documentos sin someterlos a prueba.

Dado que la historiografía decimonónica, le asigna valor a las fuentes desde


las cuales se construye dicho conocimiento, al comienzo de este escrito, se indicó
que esta autora utilizaría fuentes similares a las utilizadas desde la historiografía
tradicional, sin perjuicio de que los documentos se interrogarían desde una
perspectiva deconstruccionista. Más concretamente, se hace referencia al
conjunto de relatos que se han presentado como verdades inmutables y que han
creado regímenes de verosimilitud, es decir, efectos de verdad. Si se toma en
consideración que la representación construida por la élite dirigente, acerca del
Otro, es decir el Gulumapu, es posible reconstruirla, en atención a que esta élite
estuvo dotada de un discurso político, de una retórica, de elementos de
persuasión, que son posibles de identificar en las leyes, los reglamentos, las
memorias, y las biografías, como también en un conjunto de otros dispositivos, en

389
Todo discurso manifiesto reposaría secretamente sobre un “ya dicho” y ese ya dicho”, no sería
simplemente una frase ya pronunciada, un texto ya escrito, sino un jamás ya dicho, un discurso sin
cuerpo, una voz tan silenciosa como un soplo, una escritura que no es más que el hueco de sus
propios trazos.El discurso manifiesto no sería a fin de que cuentas más que la presencia represiva
de lo que no dice. Foucault, La arqueología del saber, 38.
390
Valores positivos o negativos.
171

lo sigue se develará el discurso político, el que será extrapolado a partir de los


ethos en que se ha organizado.

El ethos, es definido en retórica fundamental de J. Dubois391, como “estado


afectivo suscitado en el receptor por un mensaje particular cuya cualidad
especifica varía en función de cierto número de parámetros. Entre estos, hay que
conceder un lugar importante al propio receptor”. Con relación a los elementos que
concurren en la creación de un ethos, y que son importantes para conocer el
discurso retórico, según Dubois son:

Componentes Efecto

Ethos nuclear Estructura de la Metábole En potencia

Ethos autónomo Estructura+sustancia En potencia

Ethos Synnomo Estructura+sustancia+contexto En acto


Cuadro: XIII Constitución del Ethos. J.Dubois, Retórica General. 1982

El efecto primordial de la metábole, según los autores, consistiría en


generar la sensación de literalidad, es decir, colocar el acento en cómo llega el
mensaje al auditorio que se está dirigiendo. Por lo anterior, y en síntesis, los
autores de retórica general propondrán tres niveles para identificar propiedades
del discurso, es decir sus propiedades internas, quien produce el discurso, y en el
contexto en que se produce.

Más adelante esta propuesta será perfeccionada por Jesús Ibañez (1979),
Jociles (2005) y otros. En este trabajo, se realiza una adaptación de dicho modelo,
tomando en cuenta que:

a) es un método útil para deconstruir el discurso nacionalista de la élite.

391
Jacques Dubois, Titulo original: Rethorique generalem trad. de todas las ediciones de Juan
Victorio (París: Publicado en francés por Editions du Seuil y en español por Ediciones Paidós
Iberica, S. A., 1982),234- 237.
172

b) Es una herramienta de análisis que le concede relevancia al contexto


histórico de la producción de dicho discurso.

c) Se tuvo la precaución de que este ejercicio no se transformara en un


análisis lingüístico, que tratase de un ejercicio de descomposición de las
unidades semánticas, cuyo resultado afectara la comprensión de un
fenómeno histórico de importancia política, es decir, la ocupación del
Gulumapu.

Por otro lado, y en atención que este trabajo se inscribe en una perspectiva
cultural, y a modo de advertencia, aunque se utilicen herramientas provenientes
del análisis del discurso, no se comparte algunas de las propuestas del
estructuralismo, que suponen que la que la cultura es una metáfora, o que la
cultura es una textualización que puede ser descifrada a partir de códigos, como
tampoco que el acto de escribir la historia, sea un género narrativo o un relato que
pueda ser descrito desprovisto del rigor que le corresponde. Lo anterior en
atención a que la cultura es una intervención sobre el mundo y un dispositivo de
poder (cultura nacional), que se da en el marco de relaciones de conflicto.

De allí que se estructuró una matriz de análisis, a partir de distinta fuentes,


tales como memorias parlamentarias, prensa, epistolarios, biografías que fueron
producidas por la élite dirigente de la segunda mitad de siglo XIX, que contienen
“objetos” que se generaron en un contexto político y social determinado, y que se
constituyeron en las prácticas discursivas.
173

MODELO DE ANÁLSIS

Descripción
Verosimilitud referencial: Presencia de lo
paradigmático y de cómo se clasifica el
Se identifica los
mundo.
aspectos o figuras
Verosimilitud Lógica y poética: Los
retóricas del discurso, es
LO QUE SE DICE argumentos retóricos es decir el “arte de
decir elementos que lo
Ethos Nuclear persuadir” y “conmover” acerca por qué el
hacen parecer
Gulumapu necesita ser “reducido y
verdadero, es decir, de
civilizado”
verosimilitud
Verosimilitud Tópica: El lugar común (topos)
y lo que todos aceptan
Ethos Social del Estado: Ministros,
Presidentes, Parlamentarios, Escritores,
Militares, Jefes de Policía, Misioneros.
Ethos de la Prensa : Periódicos El Colono
El locus de enunciación,
(1866, 1887), El Guía de Arauco, (1864-865),
QUIEN LO DICE es decir, quien habla
La Tarántula de Concepción
LOCUS (élite estatonacionalista)
(1862,1864,1865), El Correo del Sur (1854),
ENUNCIACIÓN y el lugar desde el que
El Ferrocarril ( 1860, 1857), El Mercurio de
Ethos Autónomo habla
Valparaíso, El Meteoro de los Angeles
(1866)
Ethos Gulumapu: Cartas de Lonkos y
caciques y escritos bilingües sobre el siglo
XIX.

LO DICHO Y NO Se refiere a la interpretación general de los


DICHO DE ACUERDO Integra los niveles ethos nuclear, es decir, lo que se dice, y el
AL CONTEXTO autónomo y nuclear ethos autónomo , quién lo dice.
Ethos Synnomo
174

CAPITULO V: LO QUE SE DICE (ETHOS NUCLEAR)

La historia ofrece un lugar excepcional para comprender las prácticas


políticas, ya que posibilita la puesta en escena de las tensiones a las que se
enfrentaron los actores políticos en un periodo y en un contexto determinado.

El discurso político que es enunciado dentro de un trazado de hechos


específicos, busca respuesta a alguna problemática, y propone una tensión entre
lo que se percibe como realidad y su representación. Cada discurso, cada relato o
escrito, está relacionado a un imaginario que a su vez se imbrica en una
concepción de mundo, a un modo de comprender la realidad y, en consecuencia,
de reproducirla. En cada uno de estos actos discursivos, se puede distinguir:

a) Objetos que la representan y elementos que lo hacen parecer verdadero


o, más bien, los hacen verosímil; es decir, en el discurso hay una forma
de persuadir o contar la verdad acerca de cómo es o perciben el mundo.
A esto se le puede llamar lo paradigmático y que construye una
verosimilitud referencial.

b) Los argumentos retóricos, es decir los efectos que se buscan generar


en un receptor, o la intención de convencer a un auditorio determinado,
o de alinear a los miembros en torno a un sentido o una personalidad
específica. En definitiva, se refiere a cómo convence, en palabras de
Ibañez392 esto es un recurso que está en la línea de lo verosímil “lógico
o poético”.

c) Se refiere a las zonas comunes, es decir, según Ibáñez, “los lugares de


consenso en que se apoyan las convenciones de verdad”393, lo que
todos aceptan como verdadero, “lo verosímil tópico”.394

392
Ibáñez, Más allá de la sociología, 334.
393
Ibáñez, Más allá de la sociología, 334.
394
Ibáñez, Más allá de la sociología, 334
175

Consiguientemente, y tal como se expresó en el modelo de análisis en esta


sección, se presentará los elementos de verosimilitud referencial, lógica y tópica
de los textos producidos por la élite dirigente del siglo XIX, con la finalidad de
identificar los elementos que connotaba el nacionalismo chileno de dicha época.

 LA PRESENCIA DE LO PARADIGMÁTICO

En relación a la forma de contar la verdad y, consecuentemente, de


construirla, es que en esta parte se desvela la forma en que la élite dirigente
chilena clasifica el mundo, la influencia de los paradigmas de la época. Estos
argumentos fueron enunciados a propósito del debate existente en el mundo
político e intelectual, acerca de quiénes eran los mapuche y qué hacer con ellos.
Paralelamente, la élite estaba edificando la nación y consolidando la República,
por lo que adoptan el republicanismo como identidad y recurso legitimador de la
soberanía.

La historiografía tradicional distingue distintas fases de la República, la


primera es la independiente y abarca el periodo comprendido entre 1810 y 1833,
la segunda es la República autoritaria y comprende el periodo que va desde el año
1833 hasta 1871, y la tercera, la República liberal, desde 1871 hasta a 1924.

Esta verosimilitud referencial y paradigmática se materializa en el discurso


de la élite que tiene por objeto el proyecto de crear la institucionalidad y la
comunidad nacional. Todo este periodo implicó que los grupos dirigentes
ensayaran y debatieran desde distintas posturas ideológicas sobre la manera de
concebir el orden social. En este ejercicio de ordenación el Gulumapu,
paradójicamente, se fue constituyendo en el alterno necesario definir la buscada
identidad republicana.
176

 HAY MUY BUENOS TERRENOS, MUCHAS MINAS, MUCHOS GANADOS

La élite dirigente influenciada por ideas liberales e ilustradas que provenían


de Europa, se permeó al influjo del liberalismo y mercantilismo, por lo que se
buscó constantemente la expansión territorial y la exploración de nuevas riquezas,
en un contexto en que la economía chilena durante el siglo XIX transitaba desde
una economía colonial a una economía industrial.

Si bien la lógica empresarial ha sido parte de los procesos históricos del


siglo XIX, ella se ha encubierto tras los mitos fundacionales de los precursores de
la nación.

Conforme a lo señalado por Gabriel Salazar, en Chile no se desarrolló el


capitalismo, no al menos el capitalismo que acumula sobre su propio aparato
productivo, sino que un “capitalismo de segunda clase, el mercantil-financiero, el
especulador, que acumula dinero sobre dinero”395, articulado, fundamentalmente,
por el capital inglés, dirá también Salazar, en la que el patriciado mercantil utilizó
diversos mecanismos de acumulación: a) habilitación mercantil, que se ejerció en
contra del microempresariado y campesinos, y que se trataba, fundamentalmente
de b) apropiación de recursos fiscales y exacción monetaria ejercida usureramente
sobre consumidores.

El conjunto de estos mecanismos operó sin mayores obstáculos durante


todo el siglo XIX y si bien produjo el esperado enriquecimiento de la élite, no
posibilitó el desarrollo capitalista del país, por lo que este modo de acumulación
generó pobreza y violencia social, lo que da cuenta de la formación de una
sociedad nacional, que sólo incluía a la misma élite con un sistema económico
altamente excluyente.

395
Paper presentado en Seminario realizado en Centro de Estudios Públicos, presentación del
libro “Mercaderes, Empresarios y Capitalistas, mayo 2011.
177

El mercantilismo por lo tanto, se desplegó en el siglo XIX como el


enriquecimiento de unos, a costa de otros396 por lo que, además, el territorio
mapuche, consignó para la élite dirigente como otra importante fuente de riqueza,
por lo que no dudó en despojar a los mapuche de su espacio social y territorial.
Así lo describió Pedro Ruiz Aldea, fundador del Periódico La Tarántula de
Concepción:
“La Araucanía tenía muy buenos terrenos, muchas minas, mucho
ganado y esos tales no podían mirar con ojos enjutos que los indios
estuviesen en posesión de tantas riquezas.397.

Por otro lado, el mercantilismo se entrecruzaba con el liberalismo, como


fenómeno multidimensional que no solo se tradujo en una doctrina económica,
sino que además se desplegó a través de aristas políticas, filosóficas, jurídicas,
etc. Por un lado, trató de ampliar las libertades individuales, es decir promover el
surgimiento de hombres libres, racionales, y asimismo, colocó límites a los
derechos de las personas, regulando todas las libertades que produce dicha
doctrina, es decir, libertad de comprar, de vender, regular el mercado, regular la
propiedades. Es decir, el liberalismo chileno siempre ha tenido una doble faz, los
grupos que lo sostienen o se definen como liberales, lo son en relación a los
derechos mercantiles, la concepción de la propiedad pero no respecto de los
aspectos valóricos donde son más bien conservadores y apegados a tradiciones.
El Diputado Angel Custodio Gallo, por ejemplo, denostó a las autoridades porque
a su juicio el financiamiento hacia los Capitanes de Amigos, y el agasajo a los
caciques era un derroche de fondos:

“Dónde están los bárbaros que habéis civilizado, ¿qué moral habéis
establecido? Habéis derrochado los fondos públicos entre los
capitanes de amigos i caciques, que no son de ninguna manera

396
Foucault indica: “Así es: Para el mercantilismo, la competencia entre Estados supone que todo
aquello mediante lo cual uno de ellos se enriquece, pueda y a decir verdad, deba, sacarse de la
riqueza los otros. Lo que uno adquiere debe quitarlo a otro; sólo es posible enriquecerse a
expensas de los demás. Foucault, Nacimiento de la Biopolítica, 71.
397
Pedro Ruiz Aldea, en Navarro, Crónica Militar de la conquista, 36.
178

auxilios del comercio i de la civilizacion, sino los ajentes de las


depredaciones.»398

Por lo anterior, el liberalismo económico actuó como propulsor de la


soberanía política, ya que la estrategia de agasajar a los caciques que colaboraron
con el Gobierno chileno, comienza a abandonarse ya que se consideró que no
tenía retorno ni utilidades para el Estado, desestimando con ello las vías pacíficas
que se habían utilizado en los periodos anteriores:

“He aquí contra la nación a más de un ejército para los Araucanos


gasta rentas para los Caciques produciendo este doble mal
efecto. Nada fuera comprar el orden y la paz con algunos miles, pero
esos miles son recibidos por los salvajes de otra manera, es decir
como tributo pagado a su supremacía sobre nosotros, como un
rendimiento nuestro ácia ellos.399

El Gobierno chileno, poco a poco, fue abandonando las estrategias


pacíficas y el argumento económico adquirió prevalencia en el discurso de la élite
dirigente y fue un buen justificativo para ir desestimando las posibilidades de paz,
aludiendo, palmariamente, a los gastos invertidos en el aquietamiento de los
mapuche:
“Ya que se han hecho tan considerables gastos con este mismo
objeto, creo que no debe entrarse en negociaciones por conducto de
intermediarios i ajustar con ellos una paz que los salvajes con su
probada mala fe violarían, apenas lograran reponerse de los males
traídos por sus recientes quebrantos”400.

Por ende, el mercantilismo se dotó de un modus operandi, que consistió en


auscultar permanentemente la manera de adquirir fácilmente las tierras en la

398
Angel Custodio Gallo, “Discurso pronunciado en la cámara de Diputados en 1857”, en Oradores
chilenos, retratos parlamentarios, comp. José Antonio Torres (Santiago de Chile: Editorial La
Opinión, 1860), 181.
399
Ver “Los salvajes de la araucanía y la dignidad nacional”, en El Correo del Sur de Concepción,
1854, PCH 259, 2 y 3.
400
Pinto, Memoria del jeneral en jefe del ejército, 28.
179

Araucanía por parte de empresarios, mercaderes y especuladores que vieron la


posibilidad de enriquecerse a costa de los mapuche, aduciendo que el territorio
estaba deshabitado, y que debía ser cultivado, con el pretexto de comprarlos a
precios irrisorios:

¿Qué se hará Excemo señor de tantas propiedades abandonadas y


sin cultivo que se hallan del otro lado del Bío Bío?. Firmaban la
declaración una veintena de respetuosos y obedientes servidores, entre
los cuales figuraban nada menos que los terratenientes Domingo de la
Maza, Rafael Anguita, Martín Bunster y el presbítero Marcos
Rebolledo401.

Con relación a lo anterior, el presbítero Marcos Rebolledo, compró a


indígenas, Longkos y caciques tierras mapuche en sumas ostensiblemente
inferiores, y aparece involucrado en numerosas transacciones de ventas
fraudulentas a los indígenas. En palabras de Luis Carlos Parentini: “famoso es el
caso del clérigo Marcos Rebolledo que entre sus muchas compras de tierras en
los alrededores de Mulchén, compró a Francisco Huenchullán más de 1000
cuadras de tierras en la modesta suma de 800 pesos”402.

Asimismo, la historiografía da cuenta de que hubo muchos especuladores


que operaron en situaciones similares, y como lo sostuvo Tomás Guevara, se
aprovecharon de los mapuche, basándose en una acción de conquista territorial
que ampliara la soberanía nacional: “era de advertir que casi todos los jefes que
residían en las guarniciones de la frontera, adquirieron por ese tiempo fundos sin
valor, era un procedimiento para hacer uso del derecho a conquista”403. Algunos
casos fueron ilustrativos respecto de algunas personas que tuvieron un importante
rol en la ocupación de la Araucanía, por ejemplo José Bengoa menciona en

401
Carta enviada en 1861, y Citado por Jaime Quezada, La Frontera, colección nosotros los
chilenos (Santiago de Chile: Editorial Quimantú, 1973), 19-20.
402
Luis Carlos Parentini. Araucanía Maldita: Su imagen a través de la prensa (1820-1860). En,
Boletín de Historia y Geografía N° 16 (Universidad Católica Silva Henríquez ,2002), 126.
403
Tomás Guevara, citado por José Bengoa. En, “Historia del pueblo mapuche”. Siglos XIX y XX.
Ediciones LOM, 2000.159.
180

Historia del Pueblo mapuche a los Generales Cruz y Bulnes con posesiones en
Isla Vergara-Nacimiento, la hija de Francisco Mariluan en venta a Domingo de la
Maza, Ignacio Trango a Cornelio Saavedra entre otros.404.

 ORDEN Y PROGRESO PARA LA FELICIDAD CHILE

Un segundo aspecto que connotó élite dirigente y que tuvo directa relación
con el mercantilismo y con el inicio de la modernidad fuertemente influida por
corrientes sociales europeas, se refirió a a las nociones de orden y progreso. En
este contexto, la guerra fue parte de una estrategia recurrente, fundada en la
necesidad de orden y progreso y que justificó la necesidad de apropiarse del
territorio mapuche, al menos en el discurso de José Manuel Pinto405, quien
indicaba: “los ataques de los bárbaros hacen necesario recurrir a medios eficaces
de represión para poner de una vez término a las depredaciones i crímenes
inhumanos a que se entregan, a pretesto de hacer la guerra manteniendo en
constante alarma los campos e imposibilitando todo progreso”.

Asimismo, se invocó, argumentos de verosimilitud tópica, esgrimiendo que


el grado de cultura que había adquirido el país, estaba amenazado por los
mapuche por el sólo hecho de ellos estaban en posesión de un vasto territorio en
la Araucanía- el mismo que se le había reconocido anteriormente con el concepto
de frontera, y con los diversos tratados y parlamentos suscritos con la corona
española, y que ahora la élite nacionalista desconocía tácitamente aludiendo a
que segregaba la República y la vasta “extensión de su406 territorio”:

“El grado de cultura i poder a que ha llegado el país exijen


urgentemente la terminación del actual estado de cosas en la
Araucanía, manteniendo de hecho segregados de la unidad de la

404
Mayores antecedentes: Véase Bengoa, Historia del Pueblo Mapuche, 157-158.
405
Pinto, Memoria del jeneral en jefe del ejército, 27.
406
[Énfasis añadido por la autora]
181

República una vasta i rica estensión de su territorio, i ya que se han


hecho los primeros esfuerzos i mas costosos sacrificios, conviene
continuarlos hasta afianzar el orden de un modo duradero, mediante al
completo sometimiento a los indios.407

Consecuentemente el rostro camaleónico del nacionalismo disimuló su


carácter ideológico travistiéndose de emocionalidad para lo cual, generó
constataciones o postulados que enunció, y asoció orden y progreso a la felicidad
de Chile. Así lo expresó el periódico El Colono de Angol en 1886:

“queda mucho, muchísimo que hacer para que la Araucanía quede


radicalmente incorporada a la República i pueda seguir tranquila la
marcha de progreso i orden que por felicidad nuestra lleva
Chile”408

Por lo anterior, la Araucanía se erigió manifiestamente como el alterno,


como el Otro, que se pensó que si no era anexado al territorio chileno, impediría el
progreso y la felicidad de la nación chilena. Por lo anterior, los grupos dirigentes,
junto con monopolizar el concepto de orden, internalizó, promovió y difundió la
creencia de que este orden respondió a un estado natural de las cosas, por lo que
cualquier intento de defensa de la propiedad del territorio del mapuche, fue
interpretado por ellos desde el caos, o de la supuesta falta de cultura de la nación
mapuche.

Por lo tanto, la cultura nacional se constituyó en el engranaje y el motor de


la República y la Araucanía en el retraso, premisa que fue consecuente con el
evolucionismo de Spencer, quien estableció una analogía entre seres vivos y
sociedad, subdividiéndola como un órgano vivo y concibiendo a la nación como el
resultado del ciclo vital. Dicha característica, estuvo asociada al tránsito desde un
gobierno monárquico hacia la República, la cual consideró como su cumbre. La

407
Pinto, Memoria del jeneral en jefe del ejército, 28.
408
Ver “La Araucanía. Su presente y su porvenir. –Editorial de La Época- I”, en El Colono de Angol,
4 abril 1886.[ Énfasis añadido por la autora]
182

élite chilena, en este escenario se autoconcibió como el miembro, órgano


principal, dominante, y alma propulsora que empujaría al resto de la masa hacia el
progreso. El Gulumapu y sus habitantes, por lo tanto, representaron en este
modelo los hijos del atraso y la barbarie.

Por lo tanto, el nacionalismo promulgó a la nación chilena como una unidad


cultural homogénea, por lo que no admitió la posibilidad de que la Araucanía
coexistiese como una entidad o nación independiente, por lo que trató desde
diversos medios formar un determinado tipo de personas, es decir un modelo de
hombre y sociedad inspirado en Europa, racionalista e ilustrado a través del
proyecto de civilización.

 LOS BÁRBAROS Y LOS POBRES ESPERAN ESE MESIAS: El


nacionalismo moldeaba a sus miembros a través de su precepto de
civilización.

Mientras liberales y conservadores, discutieron acerca del tipo de orden que


requería la comunidad política, uno de los principales exponentes del liberalismo
chileno, Francisco Bilbao anunció un discurso en París en 1847 proponiendo la
unidad latinoamericana:

“todo clama por la unidad… una pasión universal que domine a los
elementos egoístas, al nacionalismo estrecho y que fortifique los puntos de
contacto. Los bárbaros y los pobres esperan ese Mesías”.

En cuanto a los indígenas, que al igual que los conservadores llamó


bárbaros, Bilbao pensó que era necesario disponer de un sistema de civilización:

“Un sistema de colonización y un sistema de educacion universal y


de civilizacion para los bárbaros”409.

409
Francisco Bilbao, La América en peligro (Buenos Aires: Imprenta y Litografía a Vapor, e
Berthein y Borneo, 1862), 101-102.
183

Bilbao por lo tanto, invocó al Mesías, como metáfora de la civilización y la


educación universal. Ello, constituyó el instrumento que supuso Bilbao que les
permitiría como nación chilena, despojarse de la barbarie, juicio que la élite
dirigente tenía sobre la población indígena, instalando tempranamente el prejuicio
de la inferioridad de los mapuche.

Por otro lado, la teorización de la cultura nacional desde el igualitarismo y el


latinoamericanismo, será una impronta que se le reconocerá tempranamente a
Bilbao, a partir de su estadía en Paris. Contradictoriamente, la preconcepción de
igualdad del hombre en esa época, no fue lo suficientemente progresista ni
siquiera en un liberal promotor de los derechos del hombre como Francisco Bilbao,
ya que aunque estaba inspirado en ideas progresistas e ilustradas de Europa,
asignó a los mapuche atributos inferiores al resto de la sociedad chilena.

Si bien les reconoció características positivas tales como: “el negro peca
por el orgullo del apetito, el blanco por el orgullo del espíritu, el araucano por el
orgullo de la voluntad”, también propició valoraciones negativas tales como:

¿en cuál clasificaremos a la raza araucana? Como después confirmaremos,


el araucano es esclavo del apetito (...) No domina en él la inteligencia,
todo en él es un combate”410.

De allí que el discurso nacionalista chileno, justificó la empresa civilizadora


estableciendo una jerarquía asociada a las diferencias de raza. Si bien se constató
diversidad de opiniones respecto de los argumentos que utilizó la élite acerca del
medio más adecuado para incorporar la Araucanía al territorio nacional, existió
consenso respecto de que los mapuche debían ser civilizados para favorecer el
orden y el progreso de la nación.

En consecuencia, la chilenidad se lograba uniendo territorialmente al país a


través de la educación, que a juicio de los intelectuales (Sarmiento y Bilbao)

410
Francisco Bilbao, Los Araucanos (París, 1847): disponible en
http://www.franciscobilbao.cl/1909/article-78466.html#h2_1
184

permitiría dar un carácter más uniforme a su población, y producir un único


sentimiento de nación.

Este esfuerzo se combinó con otra estrategia nacionalista, en la que la élite


chilena eliminó las fronteras que dividieron a la nación mapuche de la nación
chilena, asunto que no constituyó mayor cuestionamiento para algunos dirigentes
que propiciaron la incorporación del territorio mapuche a la República chilena
como un acto naturalizado, en tanto se requería para el orden y progreso.

Es posible apreciar entonces, que las acciones que tuvieron consecuencias


negativas para la nación mapuche, no son hechos aislados y constituyen parte de
una estrategia que se manifestó a través de los distintos actos discursivos de los
actores representantes de la élite criolla.

Paralelamente y tal como se ha mencionado a lo largo de este escrito, el


nacionalismo chileno, se dotó de estrategias rebuscadas con el fin de disimular su
carácter ideológico, borrando las fronteras simbólicas, políticas y geográficas del
Gulumapu, sobre el supuesto de que existió un mapa natural que fue alterado en
función del bien común, es decir, la patria chilena:

“El proyecto de avance sucesivo de líneas de fronteras hasta llegar a la


línea de Toltén que nos separaba de la provincia de Valdivia, trayendo
como consecuencia al fin la incorporación al territorio de la
República fue como era natural, el que tuviera más adeptos”.411

Por ende, se funde en el rostro jánico de la narrativa nacionalista el


Gulumapu y la nación chilena de la élite dirigente, quedando desde un lado de la
sombra la representación salvaje, asociada al mapuche, y en el otro lado, el
retrato civilizado, asociado a la élite criolla. De allí que, el peso de la ley, fue uno
de los principales silogismos invocados por el nacionalismo chileno, discutiendo la
importancia de imponer los dispositivos jurídicos necesarios para someter y

411
Navarro Rojas, Crónica Militar de la conquista, 8.
185

ocupar el territorio indígena. Para dichos efectos se evocó también a la


constitución política como la carta fundadora de la cultura nacional:

“La provincia de Arauco creada por ley en julio de 1852, la dividía en


dos secciones, una civilizada y una completamente sometida a
nuestra constitución y la otra que declaraba salvaje”.412

Por otro lado, se declaró la importancia de sujeción de los habitantes del


Gulumapu entendiéndose por ello que los mapuche debían regirse por las leyes
chilenas:

“tratándose de bárbaros, el país tendrá que verlas reproducirse hasta la


terminación de esta cruel i larga guerra, cuyo único, desenlace posible
es la sujeción de la Araucania al imperio de nuestras leyes”.413

En síntesis, este fraccionamiento entre los que se someten a las leyes, y los
que no, fue una tesis que se sostuvo a todo evento, por lo que la élite nacionalista
ejerció control y poder soberano hasta donde le fue posible a objeto de que los
habitantes del Gulumapu se sometieran a las leyes chilenas.

 TODOS CLAMABAN POR EL CASTIGO DE LOS REBELDES INDÍGENAS:


El rol del ejército en el control de la soberanía.

La decisión de asentar la soberanía en el Gulumapu por parte del Estado


Chileno, se gestó tempranamente en la conformación de la comunidad política,
según se puede visualizar el discurso de apertura de las sesiones del Congreso
Nacional del Presidente José Joaquín Prieto en 1833:

“El ejército del sur ha hecho un nuevo i distinguido servicio a la patria,


escarmentando a las tribus indias, cuyas incursiones han

412
Navarro Rojas, Crónica Militar de la conquista, 29.
413
Pinto, Memoria del jeneral en jefe del ejército, 15.
186

infestado por largo tiempo nuestra frontera414. Muertos o cautivos


algunos de los instigadores de la guerra, los otros caciques han
implorado la clemencia de la república; i disuelta así la poderosa liga
que estos bárbaros habían llegado a formar contra nosotros”.415

Lo anterior, da cuenta de que el escarmiento y represalias efectuadas por el


Ejército chileno en contra del Gulumapu, y las medidas de control desplegadas por
el Estado chileno, provee diversas lecturas con relación al objeto de estas
medidas, como también respecto del rol del ejército.

La “sujeción de los mapuche”, es un término que se menciona en distintas


memorias oficiales, y en textos que utiliza constantemente la historiografía
tradicional, concepto que en la práctica implicó el despliegue de estrategias que
paulatinamente adquirieron matices violentas, cuestión que el discurso
nacionalista chileno evitó connotar, indicando eufemísticamente que la anexión del
territorio mapuche a la República chilena, fue un proceso pactado y que no hubo
guerra, sino que sólo la aplicación de medidas correctivas. Por ejemplo el ex
Presidente de la Academia de Historia Militar, GDD (General de División) Waldo
Zauritz, en una presentación realizada en dicha institución416 denominada,
“Cornelio Saavedra y su gestión Militar Fronteriza, (1859-1864)” cuyo seminario
trataba sobre la Ocupación de la Araucanía, señaló lo siguiente:

“Sun Tzu escribió hace 2.400 años: Un verdadero general vence a las
fuerzas enemigas sin necesidad de dar batalla”.

Esta es una insinuación de la inexistencia de guerra o de violencia, que fue


recurrente en la historiografía nacionalista, inclusive en textos de reciente edición y
que hacen referencia al siglo XIX. Otro ejemplo, es la obra recientemente

414
[Énfasis añadido por la autora].
415
Joaquín Prieto, 01 de junio de 1833. Discurso del Presidente de la República a las Cámaras
Legislativas en la apertura del Congreso Nacional de 1833, En. Documentos Parlamentarios.
Discursos de apertura en las sesiones del Congreso, i memorias ministeriales, Volúmenes 1-2.
Chile, (Congreso Nacional. Imprenta el ferrocarril 1838), 8.
416
Ponencia presentada en la Jornada en la Academia de Historia Militar, el 10 de abril de 2013.
187

publicada por Manuel Ravest Mora, en estudio introductorio Arauco, Siempre


Arauco, en la que dice este autor que:

“se hizo guerra de recursos, no de exterminio. No se dio muerte “de


una vez a todos o la mayor parte” de los indios, como
preconizaron algunos ante la imposibilidad de doblegar la atávica
combatividad araucana, también desfogada en barbaridades que
opacaban el vandalismo de civiles y uniformados”.417

Consiguientemente con lo anterior y en atención al rol que del ejército


chileno, se reconoció que la ocupación y las distintas campañas de la
Araucanía fue una buena escuela para el Ejército, en la que el Coronel al
mando, Cornelio Saavedra, según el GDD Roberto Arancibia Clavel “tuvo que
soportar una activa resistencia por parte de las guerrillas indígenas”418, y que
las diversas campañas realizadas en un territorio provisto por las condiciones
adversas benefició “prácticamente al 80% de las fuerzas del ejército”419, para
disciplinarse e instruirse. Se agrega además:

“que producto de estas campañas se reconoció el papel jugado


por el ejército en lograr la unidad de la familia chilena,
especialmente a través de los araucanos que no habían entendido
el cambio político acarreado por la independencia”.420

Por último, es importante mencionar que según Arancibia:

“la pacificación de la araucanía fue una buena escuela para el


ejército, muchos jóvenes se iniciaron como soldados, […] el

417
Ravest, Arauco… siempre Arauco, 11.
418
Roberto Arancibia Clavel, La influencia del ejército chileno en América Latina, (Centro de
Estudios e Investigaciones Militares, CESIM, 2002), 99. El autor es General de División,
especialista de Estado Mayor y profesor de Academia en las asignaturas de Historia Militar y
Estrategia, en Geografía Militar y Geopolítica.
419
Tomás Bonilla, citado por Arancibia, La influencia del ejército, 99.
420
Carta de Francisco Fierro al director de la revista militar, Alberto Cruz 1887. Citado por,
Arancibia, La influencia del ejército, 100.
188

constante perfeccionamiento les permitió rápidamente escalar


puestos entre los oficiales”.421

En consecuencia, lo anterior, reafirma la primera tesis esbozada en


este trabajo, y que se refiere a las condiciones políticas que gestó la élite para
consolidarse en la estructura social a través del Estado.

La aplicación del poder disciplinario, por lo tanto, fue la estrategia que


permitió sostener los valores constituyentes de la élite estatonacionalista
vinculando:

a) Orden institucional, con la organización, el castigo, el escarmiento y


sometimiento para el cumplimento de la ley, y:

b) Orden moral, asociándolo a la raza superior y dominante que a juicio de


los grupos dirigentes empujarían el progreso.

La tribuna del periódico La Tarántula de Concepción señaló que:

“Gran contento causó en ciertos vecinos de la frontera la noticia que un


día trajeron los periódicos de que el señor Perez consentía en declarar
la guerra a los indios para adelantar la línea y resentar las propiedades
perdidas en tiempo de la revolución”.422

Por ello, la declaración de guerra, según el periódico “La Tarántula de


Concepción” fue bien recibida por los vecinos que tuvieron intenciones de
instalarse y recuperar propiedades en el territorio mapuche, alentando a las
autoridades chilenas al uso de la fuerza, el castigo, y el disciplinamiento de sus
habitantes. Al respecto, Leandro Navarro, militar que escribió la Crónica Militar de
la conquista y pacificación de la Araucanía señalaba que:

421
Arancibia, La influencia del ejército, 100.
422
Ver La Tarántula de Concepción, 16 abril 1862.
189

“Todos clamaban por el castigo de los rebeldes indígenas


pidiendo de una vez por todas, la ocupación y conquista de la Araucanía
pero nadie había atrevido a tomar sobre sus hombros tamaña empresa”.423

Con relación a ello, y más enfáticamente, el Ministro de Guerra, Federico


Errázuriz en las instrucciones impartidas a fines de la década del 60 del siglo XIX,
indicó que en un primer orden, fue necesario aumentar las fuerzas del ejército
para internarse en el territorio mapuche que se hiciera uso de la fuerza y de
diversas hostilidades en caso de que encontrasen resistencia:

“Para conseguir este objeto i someter las tribus rebeldes a las


autoridades constitucionales, el Gobierno ha sido autorizado por el
congreso para aumentar la fuerza del ejército (…) Para internarse en el
territorio araucano i someter por la fuerza a las tribus rebeldes, si es
que éstas no aceptasen los medios pacíficos que con preferencia
deben adoptarse previamente (…) le será permitido hacer uso de las
armas i hostilizarlas de la manera que juzgue más prudente para
castigar su rebelión, arrebatarles sus recursos i debilitarlas hasta
dejarlas en la impotencia de que nos hostilicen i nos irroguen nuevos
prejuicios”.424

En síntesis, dicho texto muestra que no se escatimó en las instrucciones


que el Ministro de Guerra entregó a los generales de la frontera, respecto del uso
de violencia hacia los mapuche que ofrecieron resistencia, para lo cual persuadió
e instruyó al Ejército sobre medios hostiles de represión.

423
Navarro Rojas, Crónica Militar, 34.
424
Federico Errázuriz, en Memoria del jeneral en jefe del ejército, p4
190

 EL ARTE DE LA APROPIACIÓN Y DE LA EXPROPIACIÓN: La ocupación


del territorio y qué hacer con sus habitantes.

Como se señaló al inicio de este capítulo, el discurso de la élite dirigente


también se dotó de aspectos que implicó el despliegue de estrategias de
convencimiento que le permitieron implementar sus políticas, y junto con ello
justificar la ocupación militar de la Araucanía. Concretamente, se refiere a
elementos de verosimilitud lógica y poética, es decir cómo se desplegó
mecanismos de persuasión en relación a las temporalidades que se tejieron en la
narrativa nacionalista, las perspectivas totalizadoras que existieron en torno al
territorio y las distintas formas coloniales con los que se concibió los límites de la
propiedad y la soberanía.

Ello se vislumbra especialmente en distintos medios de comunicación escritos


como periódicos, textos oficiales, discursos parlamentarios que dan cuenta de
cómo el debate relacionado con la expropiación de la Araucanía, giró en torno a:

a) La desterritorialización de los mapuche como sujetos que debían ser


fragmentados de su universo simbólico.

b) Que los mapuche debían ser despojados de su espacio e identidad


territorial lo que implicó simultáneamente a juicio de la élite dirigente
renunciar a sus tradiciones y prácticas culturales.

c) Que era necesario deshistorizar a los mapuche y al mismo tiempo, se


requería incluirlos a la pulsión patriarcal del nacionalismo chileno, es decir,
que para sustentarse requirió acoplarlos a una función totalizadora y a una
matriz historicista entendida como un destino unívoco de chilenidad forjada
por la idea de culto irreductible a los padres de la patria.

En esta dialéctica, la élite dirigente delimitó las líneas de la frontera y proclamó


el Gulumapu ipso facto como territorio chileno, desconociendo al mismo tiempo los
derechos de propiedad de sus habitantes sustentando que los terrenos eran
191

baldíos425. Contradictoriamente, una vez ocupado el territorio, la élite se enfrentó


al dilema de las implicancias jurídicas que tuvo la apropiación de sus vastos
terrenos y por ende, lo que harían con sus habitantes. Por lo tanto, la élite
dirigente, junto con definir el estatus legal de los habitantes del Gulumapu, elaboró
constructos legales que le permitió resolver el problema de la soberanía y la
propiedad del suelo.

Parafraseando a Victor Toledo Llancaqueo426, las interrogantes inducían a


reflexionar acerca de temas vinculados a la propiedad y que podría resumirse
eufemísticamente como:

“qué haremos nosotros con ellos, los indios, en su/nuestro territorio?


¿Cómo ocupar su territorio que ellos ahora ocupan? ¿tienen derechos
que debemos respetar? ¿se lo compramos, se lo expropiamos? ¿Qué
hará nuestra civilización con la barbarie de ellos?”.

Lo anterior es posible de corroborar en capítulos de este trabajo referidos


a las principales políticas aplicadas, y los alcances de las leyes de constitución
de la propiedad que generó el Gobierno Chileno, como también a partir de la
labor realizada por la Comisión Radicadora de Indígenas. Junto con ello, es
importante relevar cómo a partir de los vacíos de estos reglamentos se generó la
jurisprudencia para el conjunto de políticas indígenas que tuvieron un
significativo correlato para los dos siguientes siglos.

La obra de Guillermo Briones427 por ejemplo, no solo capituló las leyes y


reglamentos que fueron materia del Ministerio de Colonización, sino que además
incluyó sendos extractos que tenían como pretensión persuadir y conmover sobre

425
La ley del 04 de diciembre de 1866, en su artículo 6°, indicaba que “para los efectos de este
artículo, se reputarán como terrenos baldíos y por consiguiente de propiedad del Estado, todos
aquellos respecto de los cuales no se haya probado una posesión efectiva y continuada de un año
por lo menos”, lo que denotaba eufemísticamente ausencia de propietarios.
426
Toledo Llancaqueo, en Segura y Perpetua Propiedad. Notas sobre el debate jurídico sobre
derechos de propiedad indígena en Chile, siglo XIX. Actas 4° Congreso Chileno de Antropología,
Colegio de Antropológos de Chile, Santiago, 2001 citada junio 2013 : disponible en
http://meli.mapuches.org/spip.php?article97 1129-1136.
427
Briones, Glosario de colonización, 634.
192

la conveniencia de definir el estatuto legal de los habitantes del Gulumapu ya que


por defecto, se reglamentaría la poligamia, la propiedad, y la moral de la sociedad
mapuche:

“Junto con la constitución de la propiedad de los indígenas conviene


igualmente constituir el estado civil de estos…La ley ampara i reconoce
el cacicado, i con este reconocimiento tolera la poligamia, que rebaja el
nivel moral de los inidividuos i de los pueblos, i que es contraria a toda
idea de civilización i de progresos cristianos”.428

La élite chilena estuvo profundamente contrariada por las costumbres


mapuche, especialmente por la poligamia, por lo que esta práctica fue rebatida
elocuentemente por ministros, misioneros, y la prensa. Por lo tanto, se le atribuyó
a la obra evangelizadora y misional el fracaso en la imposición de la religión
católica, por lo que supuso que la manera de sucumbir sus costumbres, fue
seduciendo simbólicamente acerca de la necesidad de igualarlos moralmente
aplicando el poder disciplinario, es decir, el peso de la ley erigiendo derechos y
obligaciones como a los demás habitantes de la República:

“El indígena no reconoce nuestras leyes: no acepta el catastro, la


constitución del estado civil, las contribuciones, la escuela, ni ninguna
obligación civica. Es de imperiosa necesidad, pues, igualar la condición
civil de los indijenas con la de los demás habitantes de la república,
dándoles los mismos derechos e imponiéndoles las mismas
429
obligaciones”.

De allí que el gobierno chileno no escatimó en esfuerzos para obtener la


adhesión de caciques y Longkos que estuviesen dispuestos a colaborar con la
ocupación del Gulumapu como también a las obras distintas obras del Estado
chileno:

428
Briones Glosario de colonización, 634.
429
Briones Glosario de colonización, 634
193

“Los caciques reconocidos como tales antes del 01 de enero de 1892,


tendrán para si y sus hijos mayores de 18 años, el doble de los que
corresponde al indígena cabeza de familia, si su reducción contaba en la
fecha indicada de más de diez ranchos, tres veces más si la reducción
contuviera veinte, i cuatro, si contuviera cuarenta o más, en la misma
fecha. Sin embargo el Presidente de la República podrá agraciar con
una estensión mayor de terreno a los caciques que en la ocupación y
pacificación de la Araucania hubieren prestado servicios a la nación”.430

La expansión militar, y la apropiación del territorio mapuche, por lo tanto


consistió en un proyecto que junto con desplazar la línea de la frontera, generó un
cuerpo de leyes que reglamentó la condición legal de la propiedad privada, y por
sobre todo, la expropiación del territorio y el intento en modificar las costumbres de
los mapuche.

La memoria del General en Jefe del Ejército de la Alta Frontera de 1869,


señaló expresamente la necesidad de asimilar las costumbres de los mapuche a
través de la imposición de las leyes chilenas:

“Consiguiendo ajustar la paz bajo estas bases, no dudo que seria duradera,
i al cabo de algún tiempo la prudencia con que los jefes de frontera
procurarán asimilar las costumbres de los araucanos a las nuestras, merced
a sus acertadas medidas para disipar de a poco sus preocupaciones i
ponerlas en estado de aceptar nuestras leyes sin restricción, concluiría por
morijerar las costumbres belicosas de los salvajes i traerlos a la vida
civilizada”.431

Por otro lado, la desterritorialización operó como un mecanismo de


suplantación del Otro, en el cual se desplazó a los mapuche de sus tierras y se les
remplazó por colonos extranjeros que además tuvieron la misión de acuerdo a las

430
Briones Glosario de colonización, 634.
431
Memoria del jeneral en jefe del ejército de operaciones de la alta Frontera, 29. [Énfasis añadido
por la autora].
194

autoridades de la época, de poblar el territorio y de impedir que los mapuche se


asentaran y ofreciesen resistencia a los proyectos que levantó el Estado:

“Los colonos que se han instalado i continúan instalándose en los terrenos


contiguos al Malleco, contribuirán, cuando la colonia tome mayor
incremento, a hacer más dificultoso el paso de los indios al norte del
Malleco, porque poblándose esos campos deshabitados no podrán
atravesarlos sin ser notados i perseguidos con más prontitud”.432

A modo de conclusión, los elementos referenciales y lógicos del discurso


político de la élite chilena del siglo XIX, permiten identificar las tensiones entre la
percepción de la realidad política, la representación que sobre ella reprodujo la
clase dirigente y el contexto en que se gestó la incorporación del Gulumapu a la
República de Chile.

La identidad política de la clase dirigente chilena se formó estableciendo


diferencias que le permitieron reafirmar su propia mismidad en contradicción a una
exterioridad constitutiva, a un Otro, un externo,- el mapuche-, con el cual
estableció una jerarquía que le permitió afirmar su superioridad. Sin embargo
dicha identidad nacional negó irreductiblemente433 la naturaleza de las identidades
colectivas, por lo que se optó por excluir al Gulumapu como comunidad cultural,
del proyecto político de la naciente república chilena.

Ello se explica entre otras razones, por la influencia del liberalismo como
doctrina filosófica y como proyecto político, que amparado en un enfoque
racionalista e individualista estructuró relaciones de poder, imprimiendo prácticas
sociales sedimentadas, que negaron y trastocaron la alteridad del Gulumapu.

432
Memoria del jeneral en jefe del ejército de operaciones de la alta Frontera, 31.
433
En este este escrito se utiliza la noción derridiana de “exterioridad constitutiva” que es
trabajada por Chantal Mouffe. Esta autora concluye: “la creación de una identidad implica el
establecimiento de una diferencia, diferencia construida a menudo sobre la base de una
jerarquía, por ejemplo entre forma y materia, blanco y negro, hombre y mujer, etc” . Chantal
Moufee, En torno a lo político. 1ª ed. Obras de sociología. Buenos Aires: Fondo de la Cultura
Económica, 2007,) 22.
195

Asimismo, las diferentes significaciones que proveen los textos analizados,


permiten auscultar que los acopios metafóricos producidos por la élite en torno al
progreso económico y la felicidad de la República, evidencian que los
mercantilistas, vieron el territorio mapuche como otra fuente de riqueza a la cual
podían acceder, y que no escatimaron en medios para poseerlos, sin perjuicio de
que fuese a costa del espacio territorial y social de los mapuche. Para ello
alentaron a las autoridades para el uso de medios hostiles y la guerra, aludiendo al
escaso efecto disciplinador que tuvieron las misiones.

Sin perjuicio de lo anterior, las distintas estrategias vinculadas al proyecto de


civilización, es decir, la puesta en escena de las misiones y la educación fue
igualmente relevada por los intelectuales de la época, ya que supusieron que ello
eliminaría las costumbres mapuche.
196

CAPITULO VI: ETHOS AUTÓNOMO: ¿QUIÉN LO DICE? EL LOCUS DE


ENUNCIACIÓN Y EL LUGAR DESDE EL QUE SE HABLA.

En este capítulo se deconstruyó434 el discurso de cada grupo, o ethos,


entendiendo que cada uno de ellos constituyó reglas y modos de producción que
le permitieron hacerlo verosímil o parecer verdadero, lo que de cuenta de quién
habla y desde el lugar en que lo hace. En palabras de Jesús Ibañez, “el discurso
del grupo contiene una pluralidad de textos: cada texto tiene sus leyes –sus
convenciones- propias y sus propios modos de producir la verosimilitud. Hablan
diferentes personas, pertenecientes a grupos sociales”435. Si bien, a lo largo de
este escrito, se indicó que la élite estatonacionalista conformó un grupo social en
torno a un proyecto político vinculado al nacionalismo y que estaba en proceso de
constitución de una identidad republicana, al interior de este conglomerado, fue
posible distinguir algunas variantes que permitieron organizar la producción escrita
del siglo XIX a partir del discurso que se plasmó en:

a) Las distintas memorias que los Ministros de Estado presentaron al


Congreso Nacional.

b) Los discursos de los Presidentes de la República de las sesiones de


apertura del Congreso Nacional

c) El intercambio epistolar entre Misioneros y autoridades de Gobierno.

d) La correspondencia entre autoridades chilenas, Longkos o caciques.

e) Los argumentos retóricos de la prensa escrita.

Cabe señalar que no se trató de un análisis cabal de la producción escrita


del periodo, como tampoco se incorporaron todos los posibles interlocutores
que integraron un ethos determinado, sino que a partir de los elementos

434
Mostrando como se ha construido un concepto a través del acopio de los elementos del ethos
nuclear
435
Jesús Ibañez, Más allá de la sociología. El grupo de discusión: Técnica y crítica (Madrid:
Editorial Siglo XXI, 1979), 342.
197

nucleares del discurso436 se realizó una selección de los distintos


representantes de la élite chilena que animaron el debate político de la
segunda mitad del siglo XIX, a propósito de lo que ellos creyeron que había
que hacer con los mapuche, y asimismo, de los líderes del territorio
indígenaque establecieron diálogos con las autoridades chilenas, lo que
permitió distinguir el ethos autónomo en tres niveles:

 Ethos social del Estado


 Ethos de la prensa escrita
 Ethos de los líderes del Gulumapu

En el grupo del ethos social del Estado, se incluyó las alas oligárquica,
clerical, y tradicional de la élite estatonacionalista, lo que permitió distinguir a
Ministros, Presidentes, Parlamentarios, Escritores, Militares, Jefes de Policía,
Misioneros quienes en una alta proporción, concordaron en la necesidad de
estructurar la nación como una República conservadora que propiciaba
políticas liberales, en torno a una única identidad asociada al Estado y que
consideró menester civilizar a los mapuche, por la creencia de que ellos se
encontraban en un estado involucionado y de salvajismo. Si bien esta premisa
fue compartida por la prensa, en estricto rigor, conformó un grupo distinto que
supuestamente no estuvo subordinado a los intereses del Estado, aunque
ofreció tribuna a la élite terrateniente que progresivamente se fue asentado en
el Gulumapu, y que “ocultaba en gran medida la naturaleza fundamentalmente
política, y por ende, vulnerable, de la actividad periodística”.437 Por lo anterior,
se estructuró un ethos de la prensa, a propósito de una selección de periódicos
que aludieron a los mapuche y su territorio, ya sea para opinar en relación a las
políticas implementadas por el Estado o bien para propiciar abiertamente la
posesión de su espacio social y territorial.
436
Los elementos nucleares fueron trabajados en la sección anterior, y se refiere a lo que dijo la
élite del siglo XIX acerca del Gulumapu.
437
Ivan Jáksic. Sarmiento y la prensa chilena del siglo XIX. En, revista de historia, Vol 26,1991-
1992.122
198

Por último, se organizó el ethos del Gulumapu, grupo social que hace
referencia a los mapuche ubicados en el sector oeste de la nación mapuche
(Wallmapu), que no perteneció a la élite chilena, pero que estableció un
intercambio epistolar a propósito de demandas específicas que tuvieron como
alianzas territoriales y políticas.

 ETHOS SOCIAL DEL ESTADO

Algunas de las particularidades de la élite chilena del siglo XIX, es que junto
con actuar mancomunadamente frente a la protección de sus intereses
económicos, se adjudicaba un sentimiento de superioridad frente el resto que le
permitía construir una identidad nacional. Este proceso se realizaba en tensión a
la organización de una República conservadora que implementaba políticas
liberales, asociadas al orden y las jerarquías sociales. Sin embargo, mantenían
también tensiones internas quela hacían más plural.

Durante el siglo XIX, se verán enfrentados a tres conflictos bélicos: la


guerra contra la Confederación Perú-Boliviana, que comprende el periodo
establecido entre 1836 y 1839; en segundo lugar, la guerra contra España, que
ocurrió entre los años 1865 y 1866; y por último, la guerra del Pacífico, entre 1879
hasta 1883. Lo anterior implicaba que tuvieran que constantemente preocuparse
de proteger las fronteras del enemigo externo y asimismo, de todos aquellos
adversarios que a vista de la élite, atentara a sus intereses.

Por lo tanto, queda la duda si para la élite chilena el Gulumapu


representaba el enemigo interno o externo, en atención a que la noción de
Frontera de la época desde el punto de vista militar y geográfico, tuvo líneas
divisorias que se fueron permeando a través del tiempo, lo que sugirió que en un
comienzo serán reconocidos como una nación independiente que lo situarán como
adversario externo, luego, se fue gestando un discurso político que lo incorporó a
las fronteras internas de la nación chilena, lo que se relacionó con la noción de
199

orden y la “sujeción” del Gulumapu, que lo situó desde la perspectiva de enemigo


interno.

Para efectos de este escrito, se utilizó la noción de adversario y enemigo


indistintamente, y a modo de contexto de la producción del ethos social del
Estado, se tomó como referencia la Memoria que el Ministro de Estado en el
Departamento de Guerra y Marina presentó al Congreso Nacional en 1835.438

La memoria de 1835, en comparación a otras escritas durante las décadas del


30 y 40 del siglo XIX, es especialmente extensa en relación a las referencias que
realizó acerca del Gulumapu, y es ilustrativa para comprender y deconstruir cómo
se fue gestando la noción de enemigo de la República de Chile. En ella, fue
posible constatar que ante quienes denunciaron la desigual guerra entre los
mapuche y chilenos, el Ministro de Guerra, enfatizó distintos aspectos que
remarcaron la importancia de resguardar debidamente los límites de la nación
chilena:

Un primer aspecto, fue la connotación de límite geográfico y político, vinculado


a la frontera: “fuerza respetable para contener las incursiones de los bárbaros, i
guarnecer con seguridad nuestra frontera: también se tuvo presente”.439

El segundo, fue el reconocimiento de la nación mapuche como formación


política independiente: “conmueve también la sensibilidad de los buenos chilenos
por las desgracias que acarrea a una nación valiente, digna de cultura, i que
adorna los anales de Chile”.440

Por último, al mismo tiempo que reconoció la necesidad de proteger la frontera


de la resistencia de los mapuche, intentó incorporarlos al interior de la República
de Chile “¿Y qué diremos si en lucha tan desigual logran, como se ve muchas
veces, arrebatar la victoria a su enemigo, u obligarlo a una violenta retirada? (…) i

438
Memoria Guerra. Santiago, 14 de Setiembre de 1835. José Javier Bustamante.314.
439
Memoria Guerra. Santiago,14 de Setiembre de 1835. José Javier Bustamante, 314.
440
Memoria Guerra. Santiago,14 de Setiembre de 1835. José Javier Bustamante, 314.
200

todos se glorian de que este pueblo esté situado dentro de los límites de la
República441.

Aunque esta obra hace referencia retóricamente a una nación valiente al


referirse a los mapuche enfatizando un aspecto positivo, desde la perspectiva de
representación por sustitución de la diferencia, en su conjunto esta obra justificó la
necesidad de declarar la guerra a los habitantes de la Araucanía, tema que fue
descrito especialmente por el Ministro de Guerra José Javier Bustamante en 1835.

LA DESCRIPCIÓN DE LA GUERRA: José Javier Bustamante, Ministro de


Guerra (1835)

El Ministro Bustamante sostuvo que ante la variedad de apreciaciones y


opiniones que surgieron a propósito de la guerra hacia los mapuche, estimó
conveniente precisar que no fue posible aplicar convenciones de guerra como las
que se aplicaban a pueblos civilizados, por lo que su juicio el gobierno chileno no
debía considerarlas en su guerra con el Gulumapu442:

“Se lamentan carnicerías, que con razón hieren la sensibilidad de


hombres civilizados i cristianos: se grita contra la estraccion que se hace a
véces de los indíjenas de ambos sexos i de todas edades. Respeto la
buena fe de los que solo miran en estos actos la irritación que produce en
los bárbaros el despojo de sus hijos i mujeres; repruebo también las
carnicerías que no sean necesarias en la guerra; pero debe tenerse
presente que no son aplicables a los bárbaros los principios que
rijen entre las naciones civilizadas”.

441
Memoria Guerra. Santiago,14 de Setiembre de 1835. José Javier Bustamante, 321.
442
“mas como de esta guerra se ha hablado con tanta variedad, i aun con alguna acrimonia, me
veo precisado a entrar en algunas lijeras explicaciones”. Memoria Guerra. Santiago, 14 de
Setiembre de 1835. José Javier Bustamante, 322.
201

Si bien Bustamante reconoció que los mapuche constituyeron una nación


soberana, no les atribuyó principios de civilización dando cuenta de la presencia
de una oposición binaria que se presentaba jerárquicamente en el discurso de la
élite en la cual la nación chilena era la civilizada, y la mapuche era la bárbara
quedando de esta manera el Gulumapu delegado al margen de la civilidad.

De esta manera, al concederle la noción de bárbaro, se posibilitó y justificó una


forma de esclavitud que consistió en tomar rehenes a niños mapuche que se
utilizó en servicios “domésticos menores”, y consecuentemente se instituyeron
diferencias sociales sobre la base de supuestas diferencias de raza. Dicho de otro
modo, el racismo de Estado para afirmarse así mismo requirió reducir y excluir al
otro que barbarizó, justificando esta acción como una protección frente a la
amenazaba que sufría la población chilena:

“Que los jóvenes que se estraen i que se reparten entre nuestras


familias, no se hacen esclavos; que solo los toman para hacerles
prestar un moderado servicio, por lo regular doméstico, a trueque de
educarlos en las máximas del cristianismo, i que el civilizarlos es no
solo un bien, inmenso para ellos, sino también para el Estado, que
disminuye con esta, presa una raza carnicera enemiga i destructora
de la parte civilizada i útil de nuestra población. Las mujeres, a mas
de conseguir los mencionados bienes, logran también no concebir en
sus vientres fieras silvestres tanto mas peligrosas que el tigre”443.

El racismo estatal justificó la civilización aludiendo que el ordenamiento moral y


cultural del Gulumapu podría destruir la raza civilizada, es decir, la chilena por lo
planteó que el” trueque” que el Estado ofreció a los mapuche consistente en una
pseudo esclavitud hacia sus habitantes, les reportaría beneficios al instruirse en
las máximas del cristianismo.

443
Memoria Guerra. Santiago, 14 de Setiembre de 1835. José Javier Bustamante, 323-324.
202

Por ende, el ethos social del Estado se percibió heredero de las virtudes de la
ilustración, y a imagen y semejanza del hombre europeo. De esta forma el
nacionalismo chileno, invocó constantemente a Europa, y evocando su imagen de
civilizada y culta, señaló que este continente no permitiría la posibilidad de que
otra raza amenazara su frontera cultural y política, es decir ¿si ellos (Europa) lo
hacen, por qué nosotros (los chilenos) no?:

“si se encontrase en medio de la Europa cristiana, culta i filosófica, i


con las mismas dificultades que nosotros para civilizarlos ¿No es
evidente que lo aniquilarían para preservar sus fronteras de sus
frecuentes i horrorosas incursiones? ¿Y por qué entonces se acrimina
tanto a nuestros soldados, porque estraen familias como presas de la
guerra, porque incendian algún campo cuando lo exije la necesidad de
la campaña, porque aprehenden los ganados444.

Asimismo, la justificación de la guerra desde el liberalismo económico como


motor de la soberanía política, fue uno de los principales argumentos para instalar
la noción del enemigo en el cual el Gulumapu fue delegado como un adversario en
atención a que era poseedor de los terrenos que el Gobierno chileno requería para
uso y usufructo.

“Un considerable ejército para castigar i escarmentar seriamente a


nuestros mas encarnizados enemigos i crueles ofensores de
nuestros amigos. No solo se creyó posible lo espuesto, sino también
mui fácil la empresa de destruirlos completamente, o reducirlos de
modo qué no pudiesen impedirnos en adelante el goce pacífico de
los terrenos que ocupásemos445.

Otra cuestión abordada como un mecanismo de verosimilitud tópica,


entendiéndola como el lugar común y que todos aceptan, se refirió al interés del

444
Memoria Guerra. Santiago,14 de Setiembre de 1835. José Javier Bustamante, 324.
445
Memoria Guerra. Santiago,14 de Setiembre de 1835. José Javier Bustamante, 322.
203

grupo dirigente por expropiar el territorio mapuche para el enriquecimiento del


Estado y en beneficio de la élite terrateniente.

“Mas, lo que hai en realidad, i lo que todos sienten, sin exceptuar


los finjidos detractores de la guerra, es que no tenga buen resultado
una espedicion que estienda nuestros límites, i que al mismo tiempo
que produzca esta ventaja, asegure los terrenos que mal poseemos
para cultivarlos sin zozobra. Bien conocen que traería
incalculables ventajas a nuestra población aquella estension;
porque siendo la agricultura el principal negocio de Chile, i mui pocos
los capitales para verificar la división de terrenos ocupados por grandes
propietarios, nos proporcionaríamos aquellos de que tomásemos
posesión, para repartirlos entre un gran número de hombres que
carecen de propiedad i de jiro”446.

En consecuencia, y a modo de resumen, el ethos social del Estado, más allá de


las diferencias que hubo entre los defensores de vías pacíficas, o los que se
exaltaron con la idea de la guerra hacia la nación mapuche, compartieron la
importancia de expandir el poder económico, generando un contexto social y
político en el que el racismo y el liberalismo organizará el locus de enunciación de
los grupos dirigentes.

Conforme a esto, se seleccionó algunos exponentes del ethos social del Estado
que tuvieron especial preocupación por delegar al Gulumapu, al lugar de la
sombra del proyecto civilizador.

 SARMIENTO: “Indios piojosos incapaces de del progreso”

Domingo Faustino Sarmiento, fue un político, escritor, senador, Ministro del


Interior, y Presidente de la República Argentina (1868-1874).

446
Memoria Guerra. Santiago, 14 de Setiembre de 1835. José Javier Bustamante, 324.
204

Durante su estadía en Chile y por encargo del Ministro Manuel Montt, dirigió la
escuela normal de preceptores, la Universidad de Chile lo nombró miembro
fundador de la Facultad de Filosofía y Humanidades y escribió para diversos
periódicos, entre ellos el Mercurio.

Sarmiento, fue uno de los exponentes del ethos social del Estado que permite
mostrar cómo el racismo operó tanto desde la negación: “en 1810, en Argentina
pueden distinguirse dos sociedades distintas: Una española, europea, culta y otra:
bárbara, americana, casi indígena”, como también desde la noción de jerarquías
asociadas a la raza447. En su obra Facundo, por ejemplo, el autor alude que “en la
campaña de Buenos Aires pueden distinguirse tres razas: andaluces, negros casi
extintos e indígenas”, agregando que por lo demás, “de la fusión de estas tres
familias ha resultado un todo homogéneo, que se distingue por su amor a la
ociosidad e incapacidad industrial, cuando la educación y las exigencias de una
posición social no vienen a poner le espuela y sacarla de su paso habitual. Mucho
debe haber contribuido a producir este resultado desgraciado la incorporación de
indígenas que hizo la colonización.448.

La prensa escrita fue la tribuna preferida para exponer su visión acerca de los
habitantes de la Araucanía, por los cual demostró un profundo desprecio:

“Por los salvajes de América sentimos una invencible repugnancia


sin poderlo remediar; y para nosotros, Colocolo, Lautaro, Caupolicán,
no son más que indios asquerosos a quienes habríamos hechos
colgar y mandaríamos colgar ahora mismo si reapareciesen”.449 “

Años después escribió en “El Nacional”, del 19 de mayo de 1857:

447
Teun Van Dijk indica que: “una de las principales manifestaciones del racismo es la negación,
cuestión que caracterizará a los intelectuales que se acoplan al poder y que se apropian de los
medios de comunicación de masas”. Discurso y Poder, trad. de Alicia Bixio (Barcelona: Editorial
Gedisa, 2009).
448
Domingo Sarmiento, Facundo civilización i barbarie (París: Editorial Librería Hachette y Cía.,
1874), 33.
449
Ver Diario El Progreso, 27 septiembre: disponible en
http://www.proyectosarmiento.com.ar/proyecto.htm
205

“¿Logramos exterminar a los indios?: Lautaro, Rengo, y Caupolicán


son unos indios piojosos, porque así son todos. Incapaces del
progreso. El exterminio de esa canalla es providencial y útil,
sublime y grande… Se les debe exterminar sin ni siquiera perdonar al
pequeño que tiene ya, el odio instintivo al hombre civilizado”. 450

La prensa chilena, le asignó un especial espacio a Sarmiento, y este fue el


instrumento privilegiado para instalar la creencia de la nación como un Estado
unitario, y el Estado -Nación como única fórmula de organización política. La
doctrina nacionalista, se instaló a través de sobreentendidos, que luego se
emplazaron como objetos, prácticas y realidades incuestionables.

Desde esta perspectiva, se invocó la guerra, a fin de levantar el estado de


paz forzado que a juicio de Sarmiento existía, y de esta manera generar esa
unidad territorial:

“esta paz forzada que cuesta más que una guerra abierta nace de que
Chile, une de los estados limítrofes reconoce los derechos, la vida y la
propiedad de los otros pueblos, y los habitantes de Arauco hacen
profesión de no reconocer los derechos, la vida ni la propiedad de los
chilenos; que el uno es un estado civilizado y cristiano, y el otro es
salvaje e infiel; resultando de estas diferencias orgánicas que Chile se
impone la obligación no solo de no agredir a su vecino, sino de gastar
un millón anual; mientras que el otro no gasta nada, por no agredir, y
se permite todas las veces que puede matar y despojar a su
adversario.”451

Otro argumento retórico que utilizó Sarmiento, fue el de la ineficacia de las


misiones dejando entrever el racismo estatonacionalista que miró a Europa como

450
Ver Diario El Progreso, 27 septiembre: disponible en
http://www.proyectosarmiento.com.ar/proyecto.htm
451
Ver Titular: “Los salvajes de la Araucanía y la Dignidad Nacional” en El Correo del Sur, 21
Noviembre 1854, 2 y 3.
206

único modelo de civilización adecuado, con una concepción específica de familia y


de orden asociando moral, cristianismo, y comercio:

‘’ ligan al sacerdote prostestante con mujeres e hijos, llevan el plantel


de la familia europea con sus hábitos, su aseo, su órden, su moralidad;
él mismo se preserva de la corrupción que trae el fastidio y las
excitaciones del contacto con la impúdica inocencia de la mujer salvaje
(…) contra las tentaciones que la soledad de su hogar y el contacto de
las mujeres hacen nacer a su paso a cada instante. Tenemos a mano
un manuscrito de misiones del Sur, que revela tristes detalles sobre
este punto”.452
Por lo anterior, Sarmiento, como integrante del ethos social de Estado, propició
abiertamente la aplicación de políticas disciplinarias, para disponer del territorio
mapuche:

“si el buen sentido predice a las operaciones de colonización,


pacificación, conversión, absorción, compra y ocupacion del
territorio, despojo de las tribus que se revelen, alejamiento
voluntario de las indomables y esterminio de las fieras que se
hagan criminales de matanzas como las de los naufragos del Joven
Daniel. No hay mas camino que seguir, no hay otros medios conocidos,
ni otros principios de derecho entre los pueblos salvajes y
civilizados”.453

En consecuencia, a pesar de que la élite creyó y promulgó el ideario


republicano, con el cual pretendió organizar la comunidad política lo que
necesariamente implicaba que el pueblo era el depositario teórico de la soberanía,
los grupos dirigentes estimaron que ellos no poseían las virtudes por lo que
optaron por depositar la representación del gobierno en una minoría social, es

452
Ver Titular: “Los salvajes de la Araucanía y la Dignidad Nacional” en El Correo del Sur, 21
Noviembre 1854, 2 y 3.
453
Ver Titular: “Los salvajes de la Araucanía y la Dignidad Nacional” en El Correo del Sur, 21
Noviembre 1854, 2 y 3.
207

decir, la élite gobernante. Ello implicó que prevaleciera una asociación institucional
entre la Iglesia y el Estado, y tanto la constitución como la religión- fueron los
pilares del patriotismo, por lo que la poligamia de los mapuche fue un elemento
que trastocó continuamente los valores constituyentes de este ethos. Consiguiente
con lo anterior, Sarmiento señaló que los sacramentos religiosos no influyeron en
los cambios de hábitos ni en la modificación de las prácticas culturales de los
indígenas, sosteniendo que ellos morirían antes de amansarse:

“Desengáñense; no se ha sometido hasta hoi a los araucanos, por la


misma razón que no se sometieron nunca los Sioux, los Delaware, y cien
poblaciones mas, porque el indio que las compone es un terrible animal,
uraño, soberbio, astuto. Se muere antes de amansarse (…..) consienten
en lo mas en bautizarse, porque eso no es acto privativo para ellos de
ninguno de sus hábitos. Desde Mañil hasta el último de los Caciques
amigos y civilizados ya, según lo creemos, siguen en sus mismos
hábitos sin haber cambiado ni en mermar el número siquiera de las
mujeres con quienes viven casados legítimamente según ellos”.

En resumen, Sarmiento expuso que ante la imposibilidad de reducir a los


mapuche y convertirlos a los valores de la República, era necesario eliminarlos del
paisaje de la nación chilena454:

“No hai pues con los salvajes otro medio que el empleado por los
Yankees.

El vagón de mercaderías por vanguardia.

Por retaguardia el piquete de defensa de estos intereses que van a abrir


el comercio, y el tráfico entre ellos.

En una mano las comodidades y la civilización, en la otra la arma de


defensa”.

454
Ver columna 2 en El Mercurio de Valparaíso, 19 Junio 1854, 6.
208

Finalmente, y tal como se detalló en el capítulo, pese a que existieron


elementos comunes frente a las características de la élite chilena en su
construcción de grupo socia, igualmente se presentaron niveles de pluralidad ya
que hubo representantes más apegados a la tradición y otros más propensos a
generar cambios en el orden social. Francisco Bilbao, ejemplo de ello, fue uno de
los intelectuales que se interesó en exponer sus reflexiones en torno a los
“araucanos”.

 FRANCISCO BILBAO: “Los araucanos están en un estado intermedio


entre la civilización y la barbarie”

Francisco Bilbao, estudiante del Instituto Nacional (1839), escritor y político


chileno fue un apreciado como un intelectual revolucionario que rebatió los
postulados del clero y la iglesia argumentos que incorporó en su obra sociabilidad
chilena (1844) , cuestión que le implicó que fuese excomulgado, y expulsado de
sus estudios de derecho. En 1845 llegó a Paris y comenzó un viaje por Alemania,
Austria, Italia (1847)455.

Francisco Bilbao el intelectual, promotor de la sociedad literaria, describió a


los “Araucanos” en Paris en 1847, como:

“En cuanto a las costumbres, los araucanos están en un estado


intermediario entre la civilización y la barbarie. Tienen un brazo en el
arado y el otro en el lomo del caballo. Cultivan el trigo, las habas, el maíz,
las papas; varios árboles frutales”.456

Si bien la posición paradigmática de este intelectual, lo ubicó en una


posición más liberal en cuanto a sus planteamientos acerca de la influencia del

455
Álvaro García San Martín, Escritos republicanos. Selección de escritos políticos del siglo XIX,
en Camilo Henríquez, Andrés Bello, José Victorino Lastarria, Francisco Bilbao, Jenao Abásolo
(Santiago de Chile, LOM ediciones, 2013).
456
Francisco Bilbao, Los Araucanos (París, 1847): disponible en
http://www.franciscobilbao.cl/1909/article-78466.html#h2_1
209

clero en el gobierno y la preocupación que tuvo por los derechos del hombre y las
condiciones de trabajo de los sectores populares, que lo distanciaron de aquellos
representantes más conservadores, al igual que ellos propiciará la creencia de los
mapuche constituirán una raza que requiere ser “regenerada”.

¿Cuál debe ser la política de Chile respecto a los araucanos?


Los medios que se presentan son dos: la destrucción o la renovación.
¿En qué debe consistir la regeneración?457
Por el contario, se diferenció del conservadurismo de sujetos como
Sarmiento, quien propuso borrar a los mapuche de paisaje nacional, y defendió un
modelo de civilización que no se correspondía con lo que a su juico acontecía en
los hechos altamente violentos según Bilbao:

“Los chilenos fronterizos han tomado algo de los araucanos y la


ignorancia de nuestros gobiernos permite una guerra propia de salvajes.
Quemándoles sus rancherías y sus campos, matándolos sin
misericordia, fomentando sus divisiones intestinas, en una palabra,
procurando aniquilarlos. ¿Es ése el proceder de la civilización? A
pesar de esto, esta guerra tiene sus caracteres de grandeza. En el seno
del territorio araucano, en medio de los precipicios de las cordilleras, a
pie, a caballo, sin cesar, asaltados y asaltando, los episodios son variados
y terribles”.458

Lo anterior, permite apreciar algunas tensiones entre los juicios emitidos por
liberales y conservadores, ya que al menos Francisco Bilbao no fue partidario de
utilizar la violencia para desarrollar el proceso de civilización.

457
Francisco Bilbao, Los Araucanos (París, 1847): disponible en
http://www.franciscobilbao.cl/1909/article-78466.html#h2_1
458
Francisco Bilbao, Los Araucanos (París, 1847): disponible en
http://www.franciscobilbao.cl/1909/article-78466.html#h2_1
210

 MIGUEL LUIS DE AMUNATEGUI: “¿la espropiacion seria mirada por ellos


como un despojo violento?”459

Miguel Luis de Amunátegui, también estudiante del Instituto Nacional tuvo un


particular interés por la investigación histórica destacándose entre sus obras “ La
reconquista española: 1814-1817”, “La dictadura de O’ Higgins”, “los Precursores
de la Independencia de Chile460”, fue además:

 Ministro del Interior y Relaciones Exteriores entre el 13 de noviembre de 1868


hasta el 2 de agosto de 1870.

 Ministro de Justicia, Culto e Instrucción Pública, entre el 18 de septiembre de


1876 hasta el 5 de agosto de 1878.

 Ministro de Relaciones Exteriores y Colonización entre el 20 de agosto de 1879


hasta julio de 1880.

 Ministro de Relaciones Exteriores, Culto y Colonización entre el 28 de junio de


1887 hasta el 25 de enero de 1888.

Dada su vasta trayectoria política, y en atención a los límites de esta


investigación, que describe los discursos según ethos, se seleccionaron aquellos
textos producidos por este intelectual con relación a las políticas vinculadas a los
procesos de expropiación territorial, y su participación en el debate político en
torno a la fundación de pueblos en la Araucanía y la colonización de dicho
territorio.

En el discurso pronunciado en la Cámara de Diputados el 6 de septiembre de


1864, Miguel Amunátegui, indicó dos aspectos centrales en el proyecto de ley que

459
Miguel Luis Amunategui, Discursos parlamentarios, Vol. I (Santiago de Chile: Editorial Imprenta
Litografia y Encuadernación Barcelona, 1906).
460
Mayores antecedentes, En, :
http://historiapolitica.bcn.cl/resenas_parlamentarias/wiki/Miguel_Luis_Amun%C3%A1tegui_Aldunat
e
211

se estaba presentando461, uno se vinculó a la fundación de poblaciones en el


territorio mapuche, y el otro a la colonización462.

Este debate se gestó a propósito de que la propuesta de Cornelio Saavedra,


contenía una indicación para declarar las tierras mapuche como “utilidad pública”,
lo que permitiría resolver la instalación de las poblaciones que se fundarían
posteriormente.

Al respecto, Amunátegui esgrimió como argumento, que los propietarios


mapuche, tendrían menos derecho que el Estado para exigir privilegios, en
atención a que el Estado representaba el bien común:

“Respecto de los terrenos pertenecientes a indjínea, encuentro mui


exacta i verdadera la observación que hace la Comisión de que la
espropiacion seria mirada por ellos como un despojo violento, que
serviría para irritarlos, i para que pensasen que habian sido
robados por el Estado. Los indios no se hallan de ninguna manera en
situación de poder comprender lo que es una declaración de utilidad
pública. Así podría traer malas consecuencias el que se tomara con
ella en una medida semejante.

Precisamente los propietarios del territorio araucano, son los que tienen
menos derechos para mostrarse exijentes con el Estado en esta
materia.”463

El Diputado Lastarria, por su parte sostuvo que era inconstitucional declarar


una ley genérica de utilidad pública, por lo que finalmente, Amunátegui, concluyó
en que la constitución no impediría una declaración genérica, sosteniendo que:

461
Este es el contexto de la discusión de la ley de 1866 y que ha sido descrita en la primera parte
de este trabajo.
462
Encuentro justísimo la observación del señor diputado por Melipilla. El hacer el art. 4 del
contraproyecto presentado por Lastarria referencia únicamente al art I i el estar redactado el art 3ª
sin la suficiente especificación, da a entender, o por lo menos sugiere la duda, de que el proyecto
encomienda al Presidente de la República la adquisición de terrenos solo para fundar
poblaciones; pero este es un punto que debe tratarse, no ahora, sino mas tarde cuando se
consideren los arts 3, i 4. 24. Amunategui, Discursos parlamentarios, 24.
463
Amunategui, Discursos parlamentarios, 24-25.
212

“creo que el señor diputado por Valparaiso padece de una


equivocación. Nuestra lei fundamental no prohíbe las declaraciones
jenéricas de utilidad pública”.464

Consiguientemente, en el 2º Discurso pronunciado en la Cámara de


Diputados del 13 de septiembre de 1864, Amunátegui, indicó que “Arauco dejará
de ser bárbara” una vez que se instalase “gente civilizada”, y se organice un
modelo de civilización que es el que vendría a operativizar los valores
constituyentes del ethos social del Estado:

“Si se quiere fundar un orden de cosas sólido i durable, es


necesario que al lado del fuerte se construya la iglesia; i que junto a la
iglesia, se construya la escuela i la casa del juez i la cárcel; i que en
medio de todo esto, se establezca el mercado i se abra la tienda; en
una palabra; es necesario que la posición estratégica sea a un mismo
tiempo un centro administrativo, relijioso, intelectual, industrial,
comercial; que el fuerte sea una ciudad; que el campamento sea una
población”.465

En resumen los pilares del patriotismo chileno, y el concepto de civilización se


sustentó a través de la imposición de la Iglesia, el mercado, la escuela y la cárcel,
en otras palabras, el modelo de sociedad chileno.

 HERNAN TRIZANO: Jefe de Policía y “Jendarme de las Colonias”

En el capítulo referido a las políticas del Estado chileno, se indicó la relevancia


para el Gobierno chileno y la reducción de los mapuche, la generación de un
Cuerpo de policías. Hernán Trizano, junto con Cornelio Saavedra, fueron los
principales exponentes del ethos constituido por militares y policías, y por
consiguiente parte integrante del ethos Social del Estado.
464
Amunátegui, Discursos parlamentarios, 26.
465
Amunategui, Discursos parlamentarios, 34
213

En carta enviada al inspector general de tierras y colonización de 1898, Hernán


Trizano, dió cuenta al inspector de las acciones desarrolladas en materia de
policía rural, informando sobre la disminución del crimen:

“La acción preventiva se hizo sentir allí con marcada especialidad y


hoy día, los colonos, particularmente los de procedencia Europea, ya no
tienen que lamentar la menor sustracción o el más pequeño robo de
animales”.466

Los policías, como el resto de los representantes del Estado compartieron


la creencia de que el colono, era el símbolo de la modernidad e ícono de la
civilización, y el mapuche, el representante del atraso y el caos:

“Los indios, indolentes de suyo, poco aptos para las usuales faenas
del agricultor, poseedores de terrenos a título de merced, de inmensas
extensiones de terrenos, acogen y hospedan en sus tenencias o
propiedades, como socios o medieros, a los individuos de mal vivir
quienes compartiendo con el araucano el fruto de sus depravaciones ,
lo incitan al vicio y el robo”.467

Del mismo modo, se hacía parte de la crítica las costumbres de los mapuche,
común en el ethos social de Estado, que sostenía la necesidad de eliminar sus
creencias, prácticas religiosas y, asimismo, reprimir sus manifestaciones
religiosas. En la carta enviada el 23 de noviembre de 1903 al Jefe de la sección de
Colonización del Ministerio de Colonización, Sr. Enrique Thomas, Trizano
señalaba que:

“Naturalmente, habría también que prohibir los “villatunes”, las


fúnebres ceremonias indígenas de sepultación en los cementerios
araucanos de cadáveres hipertrofiados durante semanas y meses
enteros a humo de canelo y litre; los machitunes, las corridas del

466
De la Fuente, Hernan Trizano, Pacificador de la Araucanía, 207.
467
De la Fuente, Hernan Trizano, Pacificador de la Araucanía, 207.
214

Pillán, etc, etc, que a cada fiesta de esa clase, degradantes de suyo
todas ellas por la barbarie e imbecibilidad que en sí revisten,
despáchanse siempre piquetes de gendarmes a resguardar el
orden entre los borrachos y la paz para “las ánimas” de los
difuntos aborígenes. En esta tierra, a lo que es puro villatunes, son
capaces de distraer a toda la Gendarmería del país, del servicio
especial, para lo cual la ha creado la sabia acción gubernativa”.468

La prohibición a celebrar ceremonias religiosas, como el guillatún, y la


represión por parte de los agentes del Estado chileno, fue uno de los medios de
uso y abuso de poder de la clase dirigente, y posteriormente, cualquier reunión
entre mapuche será interpretada como una invocación a la guerra.

Paralelamente, en carta enviada por Trizano el 02 de diciembre de 1903 a


Wharton Peters Jones, señaló que:

“Ahora, con relación a que la misma comisión haya hecho burla de


Rubilar , Ud comprenderá que es costumbre entre los individuos
del pueblo hablar siempre tonterías o sandeces y andar entre
ellos, con expresiones humorísticas de muy mal gusto, pero que ellos,
sin embargo encuentran, a causa de lo ignorantes que son, de mucha
gracia y de muy buen gusto. Para quitarle a la gente “lo payador” y
lo poeta a “lo divino” o a lo estúpido e imbécil, que lo mismo da,
habría que fabricarlos de nuevo, cambiarle la sangre medio
mapuche, medio española que tienen, por sangre anglosajona,
pero eso mi distinguido amigo, para que ocurra habrá que esperar
por lo menos dos o tres siglos.469

De allí que, Hernán Trizano personificó el racismo estatal, que se instaló a


través de prejuicios, que impactaron no solo las cuestiones referidas al

468
De la Fuente, Hernan Trizano, Pacificador de la Araucanía, 272.
469
De la Fuente, Hernan Trizano, Pacificador de la Araucanía, 273.
215

ordenamiento institucional, sino también políticas referidas a la enseñanza de la


lengua, el mismo texto aludido señalaba470:

(….) “Como van las cosas, y con el odio que tienen a todos los
extranjeros, cuasi es de creer que en el día menos pensado se
ordene que la gramática mapuche de Lenz sirva de texto oficial
para la provincia de cautín siquiera. Para disparates padres, en esta
provincia la mejor de las madres, y créame Ud que disparate de a folio,
fue lo que oí de boca de un rector de liceo, que se atrevió a sostener
que el idioma indígena era más digno de atención y más perfecto
que el inglés, alemán, ruso, francés y demás idioma de Europa entera.
Por lo visto, señor, si a ese tipo de rector no lo encierran en algún
manicomio, en cualquier momento de “mapuchada” de salir a la
calle con todos sus alumnos y proclamar el araucano como
idioma obligatorio para todos los que hay, vendrán o están por
venir.”

En consecuencia, la autoridad policial a cargo de procurar el orden dispuso que


las prácticas religiosas y culturales de los mapuche, debían ser reprimidas y
eliminadas por considerarlas inferiores a las prácticas civilizatorias que se buscaba
imponer con el nacionalismo chileno.

 VICUÑA MACKENNA: “Falso y desconfiado como todos los salvajes”

Benjamín Vicuña Mackenna fue conocido por la historiografía, como un


historiador, político chileno y activo orador. En 1862 fue nombrado miembro de la
Facultad de Humanidades de la Universidad de Chile; en 1863 se inició como
periodista en la redacción de El Mercurio de Valparaíso y continuó publicando
textos históricos. Se incorporó al Congreso Nacional en el año 1864. Fue electo

470
De la Fuente, Hernan Trizano, Pacificador de la Araucanía, 274.
216

Diputado propietario por La Ligua, en el periodo 1864-1867; fue secretario


provisorio, entre el 29 de mayo de 1864 y el 2 de junio de 1864. En 1872 es
nombrado como Intendente de Santiago.

En la Memoria leída en sección solemne de la Universidad de Chile del 17 de


Septiembre de 1868, indicaba que:

“No es empresa fácil ganarse al indio de Chile, porque ninguna


diplomacia, escepto la del botin, impera en su ánimo. Profundamente
falso i desconfiado, como todos los salvajes, nadie le aventaja
tampoco en el arte de mentir”471

Este político, reconocido por la su interés en escribir la historia de Chile, y


fiel representante de la historiografía decimonónica, rebatía los postulados de
aquellos documentos que rememoraban al mapuche como un valiente guerrero, y
entendía el ejercicio de escribir la historia consistía en desmantelar las nociones
de Ercilla y el Padre Luis de Valdivia:

“No somos admiradores del indio porque no pretendemos escribir la


historia por el criterio del poeta épico que cantó a héroes .La crítica
histórica de nuestros dias no admite, tampoco la estraña filosofía de
aquel inocente fraile misionero, autor de la primera guerra defensiva en
las fronteras, cuyas piedades pagaban los salvajes degollando a sus
misioneros. "El indio, dice un hombre irrecusable como actor i corao
juez, naturalmente inclinado al robo i a la destruccion de su
semejante, proteje con facilidad a las partidas de malvados que lo
solicitan, pues en su ayuda vé el fin de sus criminales deseos"472

471
Benjamín Vicuña Mackenna, La Guerra a Muerte. Memoria sobre las últimas campañas de la
Independencia de Chile, 1819-1924. Escrita sobre documentos enteramente inéditos i leída en la
sesión solemne celebrada por la universidad de Chile el 17 de setiembre de 1868 (Santiago de
Chile: Imprenta Nacional, 1868), 79.
472
Cita a al coronel Juan de Dios Rivera, intendente de Concepción 4 diciembre 1823, despacho al
ministerio de guerra.
217

En síntesis, el ethos social del Estado, compuesto por políticos, militares,


parlamentarios, escritores, compartieron un ethos común, el social del Estado, que
se caracterizaba por la creencia de que los mapuche constituían una raza inferior,
que requería ser regenerada, por lo tanto, las prácticas religiosas y culturales se
sindicaron como acciones salvajes, que debían ser transformadas con el fin de
que no contaminaran a la sociedad chilena.

 ETHOS DE LA PRENSA ESCRITA

La prensa escrita, constituyó un ethos que jugó un importante rol en la


ocupación del territorio mapuche, desde que se instalaron los terratenientes y
mercantilistas en la zona sur, los editores redactaron y exacerbaron la animosidad
en contra de los habitantes del Gulumapu.

A lo largo de este escrito, se ha utilizado las tribunas de distintos periódicos,


que a juicio de esta autora, ayudaron a materializar las políticas que originaron la
ocupación y desarticulación territorial de la Araucanía, proceso al cual la
historiografía denomina: “Pacificación de la Araucanía”.

Previamente a materializarse la ocupación, se desarrollaron intensos


debates acerca de cómo debía reducirse la nación mapuche. En la siguiente parte,
se seleccionara aquellos textos de los periódicos, “El Colono de Angol”, “El Correo
del Sur de Concepción”, “El Mercurio de Valparaíso”, “El guía de Arauco”, “La
Tarántula de Concepción”, “El Ferrocarril de Santiago” y “El Meteoro de los
Ángeles”, que constituyeron el ethos de la prensa escrita, cuya función era la
justificar la violencia en la Araucanía y elaborar un conjunto de representaciones
acerca de los mapuche, las que en su conjunto procederían a delegar al
Gulumapu en los márgenes de la nación chilena.
218

 EL MERCURIO DE VALPARAISO (1854) “AURI SACRA FAMES”: La


obsesión por el oro.

La historia universal, da cuenta que el descubrimiento de América, tuvo


entre sus principales motivaciones, la exploración de nuevas rutas comerciales y
la expansión del Imperio español. Las ansias de búsqueda de un nuevo mundo,
estuvo impulsada por la crisis económica de Europa del siglo XV, por lo que los
viajes costeados por la burguesía, inculcaban la búsqueda del oro, ya que
representaba fuente prestigio y de riqueza.

El Auri Sacra Fames, simbolizaba, la adquisición de la riqueza para


acumular poder político y la “maldita hambre de oro”, término que representó la
pasión del dinero por el dinero, fue el leit motiv de los procesos de expansión
territorial, por lo que la apropiación del territorio mapuche como todo proceso de
conquista, supuso impulsar una nueva función económica. Sin embargo, se le
atribuyó a los mapuche la ambición por el oro.

La tribuna del Mercurio de Valparaíso del 19 de Junio de 1854. Indicaba


que:

“Al fin ha llegado a creerse que los araucanos no se reducen con


rosarios ni escapularios, de que ellos se burlan, y que para domarlos
fuera más eficaz el uso de los laques europeos, bala en boca y plata en
mano.

El auri sacra fames influiría en ellos mas que las gracias y los dones
espirituales que no alcanzan jamás a comprender.

La ambición de los araucanos a la plata y el oro es proverbial, puesto


que devuelven a la más hermosa de las cautivas por un freno con
copas de plata o casa semejante”.473

Si bien se atribuía el interés por el oro o la riqueza al mapuche, en lo


sucesivo se identificaron textos que destacan que era más bien el deseo de la

473
Ver columna 2 y 3 “La Araucanía” en El Mercurio de Valparaíso, 19 junio 1854, 3.
219

clase dirigente, es decir, de incentivar el interés por el lucro a fin de contar con
obreros, y por ende, conseguir ventajas del modelo de civilización.

EL COLONO DE ANGOL 1886: Al menos se tendrá obreros.474

El periódico el Colono de Angol, el 08 de abril de 1886, indicó las ventajas


de la civilización y sostuvo que siendo personas de malos hábitos podrían ser
regenerados por el deseo del lucro:

“en pocos años más, si no se saca de ellos grandes escritores, al


menos se tendrá obreros que, con el ejemplo, la necesidad i el
deseo del lucro, podrán figurar entre los mejores con que cuente el
país.

Es cierto que son algo flojos, i bebedores; pero esto proviene de sus
malos hábitos, vicios que se borran con la enseñanza i con la obligación
que tendrán de ganas su pan con el sudor de su frente i no como antes,
con las producciones espontáneas de la naturaleza”. 475

La necesidad de convertir a los mapuche, supuso también la


intencionalidad, de disponer de mano de obra, que permitiese al liberalismo
económico, ser el propulsor de la soberanía. Como se indicó anteriormente, la
idea de civilización denotaba un concepto cultural y un sistema de valores para
ejercer una función económica concreta. Por lo tanto, el interés de los grupos
dirigentes por el Gulumapu era tanto por su población como por el usufructo de su-
territorio.

El Colono de Angol, del 27 de diciembre de 1886 explícitamente indicó que:

474
Ver “La Araucanía, su presente y su porvenir”, en El Colono de Angol, 08 abril 1886, Edición
número 34.
475
Ver “La Araucanía, su presente y su porvenir”, en El Colono de Angol, 08 abril 1886, Edición
número 34.
220

“Nos asiste ya la absoluta conviccion de que podemos tranquilamente


en adelante arrancar al espléndido suelo de Arauco, convertidas
en oro, las infinitas producciones de su sabia, por medio de la
industria i de la agricultura.476”

La adquisición del territorio mapuche por parte de la clase dirigente,


respondía bien a la metáfora de auri sacra fames, es decir, la élite ve el suelo de
Arauco convertido en oro, y piensa que puede apropiárselo para enriquecer el
Estado a través de la industria y la agricultura.

Volviendo al Mercurio de Valparaíso, el 6 de abril de 1854, señaló la


preocupación por que el hombre del sur no poseía las características más
adecuadas para llevar el progreso:

“La consecuencia natural de un estado semejante, es la desconfianza,


el descrédito, la inestabilidad de todo, la miseria. El comercio huye,
huyen las ciencias, huyen las artes, y la industria que busca para su
desarrollo. “Se ve, pues, que el hombre del Sur, no es el mas a
propósito para llegar a ser uno de los elementos del progreso y
del desarrollo industrial y una palanca del bienestar en su propia
clase. Y de ahí puede venirse en conocimiento de una de las causas
que hasta hace mui poco tiempo han paralizado la prosperidad de
aquellas provincias a pesar de la maravillosa fecundidad de su
naturaleza y de la extraordinaria riqueza de sus territorios”. 477

Asimismo, planteó que la extraordinaria riqueza de los territorios, había sido


paralizada por este tipo de género humano, por lo que era urgente continuar la
obra del desarrollo industrial.

476
Ver: “En plena barbarie” en El Colono de Angol, del 27 de diciembre de 1886, Edición número 5
477
Ver “La Araucanía, su presente y su porvenir”, en El Colono de Angol, 08 abril 1886, Edición
número 34
221

EL CORREO DEL SUR: Los bárbaros no se civilizan se mueren de viejos

La prensa insistía en que la civilización de la Araucanía se trataba de una


obra que implicaba recuperar la dignidad nacional. Les importunaba
profundamente las prácticas sociales y culturales, y por ello espetaban
constantemente a que los mapuche seguían manteniendo sus costumbres sin que
pudiera establecerse obligaciones civiles para ellos.

El Correo del sur de Concepción478, de 1854

“En los Estados Unidos y en California los Yankees no han logrado civilizar
ninguna tribu indijena. Ellos saben prácticamente mas que nosotros, que
lo bárbaros no se civilizan y que mueren viejos, pero mueren con los
mismos hábitos e instintos primitivos”.

EL COLONO DE ANGOL: La ley no los ha incluido en la masa común

Por otro lado, El Colono de Angol479, de 1886 señalaba que la dificultad


para someter a los mapuche era que estos al no tener derechos civiles, no podía
hacérseles cumplir las obligaciones que regía para el resto de los chilenos.

“Tambien carecen de derechos civiles, sea porque viven aun en


estado salvaje, sea porque la lei no los ha incluido todavía en la masa
comun del pueblo. Por esto tienen varias mujeres, se entierran a su
modo, se casan segun sus propios ritos, dirimen las cuestiones
que tienen entre sí por medio de sus caciques o bien nombrando
de árbitros a los jefes de plaza, trasmiten sus bienes por muerte o
por donacion entre vivos segun sus usanzas, en una palabra, ejercen

478
Ver Titular “Los salvajes de la Araucanía y la Dignidad Nacional”, en El Correo del Sur, 21
Noviembre 1854, 2 y 3.
479
Ver “La Araucanía su presente y su porvenir. –Editorial de La Época- III” en El Colono de Angol,
11 abril 1886.
222

los derechos i obligaciones que se desprenden de sus antiguos hábitos


i costumbres”.480

Esta inserción del Colono de Angol, no solo relevaba la ausencia de


derechos civiles sino que además denotaba las prácticas culturales asociadas al
sistema de gobierno y la organización social del Gulumapu, reconociendo los
ámbitos religiosos, de justicia y de sucesión asociados al derecho
consuetudinario.

EL CORREO DEL SUR: “el indio no confía en la lei que ampara su derecho”

Por otro lado, la prensa regionalista también dio cuenta de las malas
prácticas que existían en la expropiación fraudulenta de tierras, argumentando que
era natural que el mapuche desconfiara de la ley, pues había sido engañado en
forma continua por chilenos y colonos. El Correo del Sur de 1863481, indicaba que:

“Desgraciadamente el indio no confía en la lei que ampara su


derecho. I con razón; abundan contratos de venta concluidos por el
puñal. Mui cierto es que el indio continuamente engañado por el
chileno, desconfía de él como de un enemigo que está siempre en
acechanza pronto a caer sobre sus bienes como un ave de rapiña
sobre su presa al menor descuido y que por consiguiente no cedería
ni vendería el terreno necesario para el establecimiento de una
colonia por el temor, como hemos dicho, de ser despojado de sus
propiedades; pero también es cierto que al indio es mui fácil de
engañar o de imponerle, y el engaño o la fuerza, cuando no por bien,
son los únicos arbitrios de que echan mano para conseguir el objeto
que se desea”.

480
Ver “La Araucanía su presente y su porvenir. –Editorial de La Época- III” en El Colono de Angol,
11 abril 1886.
481
Ver Titular: “Reducción de los Araucanos”, en El Correo del Sur, 21 Mayo 1863.
223

Pese a la alevosía con que fue representado el mapuche, ya sea como


bárbaro, salvaje o infiel, la prensa tuvo también la capacidad para discernir que la
desconfianza desde los habitantes del Gulumapu hacia el chileno tuvo raíces
verídicas fruto de los constantes fraudes de los que fue objeto. Al mismo tiempo,
desmanteló el juicio de que la barbarie, en tanto fue una obcecación del discurso
nacionalista chileno, no solo era un atributo que se le pudo Catribuir al Gulumapu,
sino que también a la clase dirigente:

“En la historia de nuestras relaciones con el araucano se nota algo


que es desconsolador, pero que se debe tener el valor de confesar: la
barbarie acampa en ambas orillas del Biobio; en la orilla sur está la
barbarie proclamada, en la orilla norte está la barbarie de acción; allá
está la barbarie perseguida, aquí la barbarie privilejiada.”482

 ETHOS DE LOS LÍDERES DEL GULUMAPU.

Tal como se indicó al comienzo de esta parte, si bien se incorpora una sección
del ethos del Gulumapu esto no se realiza con la pretensión de indicar que los
líderes mapuche fueron parte integrante del ethos estatonacionalista chileno. Si
bien, existieron parcialidades que por cercanía geográfica, o por su temprana
incorporación a las escuelas misionales tuvieron proximidad con el Estado, y
tempranamente adquirieron algunos hábitos chilenos, para la élite chilena los
mestizos o mapuche asimilados constituyeron un Otro que no formaba parte de su
grupo social, ya que constituía una raza diferente e inferior.

De esta manera, se puede corroborar en el Correo del Sur de Concepción del


21 de noviembre de 1854, que indicó que:

“está visto la practica de otras naciones, y los hechos mismos que


podemos citar de los Araucanos, nos prueban que el salvaje a través

482
Ver Titular “Reducción de los Araucanos” en, El Correo del Sur, 21 Mayo 1863.
224

de los siglos, mantiene siempre su carácter bárbaro e indómito, porque


la sangre no cambia y se transmite de unos a otros sin alterar en nada
el instinto del individuo”.483

Por lo anterior, el ethos del Gulumapu, se posicionó desde el margen de la


nación y en oposición al ethos social del Estado.”

Por otro lado, como lo señalaba el testimonio del cacique Pascual Coña 484, en
circunstancias que relataba su visión de los hechos del malón general de 1881:
“los mapuches antiguos aborrecían mucho a los extranjeros. Decían: “no tenemos
nada que ver nosotros con esa gente extraña; ellos son de otra raza”. Algunas
veces caciques colindantes con los huincas armaron malones contra ellos,
pelearon y sucumbieron. Con eso creció más su odio contra los extranjeros”

La obra de Pascual Coña, denominada “Testimonio de un cacique mapuche”,


escrita entre 1924 y 1927, fue una biografía que se construyó fruto del diálogo
entre un misionero capuchino es decir el padre Ernesto Wilhelm de Moesbach, y
Pascual Coña. El título de la obra asigna una investidura equívoca ya que Pascual
Coña no fue Longko ni cacique, ya que estuvo subordinado al mando de
Painemilla, “quien era jefe del lofche ( familia extensa) de Raukenwe, el cual a su
vez lo estaba de Wakiñpan, que era uno de los más connotados ñizol lonko ( lonko
principal) de la zona”485. A pesar de no ser cacique, tuvo cercanía con el Longko
de su comunidad, por lo que participaba en la mayoría de las reuniones, y viajó
junto a él a visitar a distintas autoridades del gobierno, tales como el gobernador,
Presidente de Chile, y el Presidente de Argentina.

Esta obra tiene un significativo valor como fuente, ya que el relato da cuenta de
las misiones evangelizadoras, la organización de la sociedad mapuche, las
costumbres, creencias religiosas y asimismo la participación de distintas familias

483
Ver "Los salvajes de la Araucanía y la dignidad nacional" p 2 y 3 , en El Correo del Sur de
Concepción, 21 de noviembre de 1854.
484
José Ancán, Pascual Coña: el hombre tras el muro de palabras en prefacio a la edición.
Testimonios de un cacique Mapuche (Santiago de Chile: Ediciones Pehuén, 7ma edición, 2002),
287
485
Ancán, Pascual Coña: el hombre tras el muro, 11.
225

en el futa malon de 1881. Coña, podría ser figurado y retratado, como el fruto de la
obra civilizadora, pues asistió tempranamente a una escuela misional, fue
bautizado, compartía las prácticas cristianas, y poseía como pocos el don del
bilingüismo, por lo que fue requerido para diversas tareas tanto en la comunidad
como por las autoridades chilenas.

No obstante, su relato, contiene una enmarañada historia de vida, que muestra


las facetas de un hombre que transitaba entre dos realidades, dos mundos, el
hispano católico y el mapuche. Coña al mismo tiempo que juzgaba las costumbres
“no fieles” de sus hermanos (la poligamia), describía sus prácticas culturales y
sistema de creencias. Por lo anterior, aunque esta obra trate de un escrito que
surge en el contexto de la evangelización, que inculcaba los dogmas, y la culpa
cristiana, al mismo tiempo tiene el valor de transmitir una serie de aspectos
relevantes para la historicidad del Gulumapu. Como la mayor parte de las obras
que surgen en este periodo, tiene la limitante de que el que escribe, traduce,
transcribe tiene la facultad y el poder de transformar el relato desde el paradigma
al cual se adscribe.

No obstante, al mismo tiempo que Coña hace referencia constantemente a su


“patria” “durante mi estadía en el colegio san Vicente empeoró mi enfermedad,
que había contraído en mi patria”, 486 en el contexto de relatar su participación en
el futa malon de 1881, dirá: “con eso terminó la insurrección, no había alcanzado
hasta Toltén. Los caciques maloqueantes volvieron a sus rucas y se sosegaron.
Entonces regresamos también nosotros a nuestra patria Raunquehue”.

En consecuencia, Coña aunque probablemente reprobaba la poligamia,


reconocía que su espacio e identidad territorial en la Araucanía, lo que permite
suponer que en los mecanismos de producción del ethos del Gulumapu,
alternaron simultáneamente universos simbólicos vinculados al mundo
hispanohablante y al admapu.

486
Ancán, Pascual Coña: el hombre tras el muro, 77.
226

Por lo anterior, el intento por reconstruir el ethos del Gulumapu, no consistió en


un esfuerzo de demostración de la pureza y de la genuidad de los mapuche desde
la noción de raza, sino por el contrario, se trató de un intento de restitución de las
voces silenciadas .A partir de esta advertencia, se utilizaron distintos textos en los
que se reconoce la autoría de los líderes del territorio mapuche.

A modo de contexto, durante el periodo en que se gestó la representación del


Gulumapu, se materializó la reducción territorial, y se aplicó el poder disciplinario
del Estado del siglo XIX, los líderes del Gulumapu, mantuvieron un activo
intercambio con las autoridades chilenas y argentinas. Anteriormente, se ha
señalado, que las unidades territoriales, se caracterizaban por tener rivalidades
que los mantenían en constantes disputas y malones, principalmente entre
“Arribanos” (Mañil Wenü) y “Abajinos” (Colipi), sin embargo, ante la inminente
posibilidad de perder el territorio mapuche, estas parcialidades en momentos de
guerra se agrupaban para oponer resistencia ante los invasores externos. Estos
caciques principales, o ñizol Longkos, “ que la letra hace revivir , son en su
especificidad simples mortales en sus defectos y virtudes; ganan batallas
inimaginables, efectúan travesías por exageradas rutas, hacen discursos días
enteros que modifican realidades , pelean por bandos irreconciliables en guerras
ajenas, como la de la independencia chilena o civiles argentinas; pero también dan
malones sin justificación aparente, traicionan, envenenan, matan sin piedad, y que
en atinado compendio final , en el justo equilibrio con otros atributos nos muestran
una sociedad plenamente viva y en pleno ejercicio de algo tan fundamental como
libertad e independencia”487.

La obra, “Kiñe mufü trokinche ñi piel”, Historias de familias siglo XIX de Tomás
Guevara y Manuel Mankelef, constituye otro importante documento de restitución
de voces. Tomás Guevara, profesor de castellano y joven ilustre de la ciudad de
Curicó, publicó su primera obra en 1890 denominada” Historia de Curicó”, se
enroló el ejército para la Guerra del Pacífico, y posteriormente se instaló en la
487
Tomás Guevara y Manuel Mañkelef, Kiñe mufü trokinche ñi piel, historias de familias siglo XIX
(Santiago de Chile, Editorial Colibris. Liwen, 2002), 25
227

Araucanía, con la misión de alfabetizar tanto a los hijos de los colonos, y en como
hijos de caciques mapuche. Mankelef, había accedido a la “educación formal
chilena en virtud de la extensión simbólica de una costumbre instaurada a lo largo
del siglo XIX por los oficiales chilenos como Cornelio Saavedra, que estableciendo
una estrategia de control sobre los Longkos que se consideraban aliados,
apadrinaban a uno de sus hijos proporcionándoles instrucción en colegios de
Chillán o Santiago”.488 . Esta obra, se originó a partir del relato oral, es decir, el
nutram que consiste en un género narrativo de relatar hechos históricos en la
propia lengua y retrata la historia de las familias del siglo XIX.

De acuerdo a esta obra, los “Arribanos” estaban formados por “muchas familias
parientes que habitaban la región comprendida entre el Malleco y Temuco. Esta
parentela tan vasta no tenía otra que se le asemejase en toda la Araucanía. Por
eso fue la más fuerte desde la juventud de Mariluan y Mangin489 (principios del
siglo XIX) hasta la fundación de los pueblos riberanos al Kagtün 1881”. Durante la
revolución de 1851, se sostiene que los arribanos eran crucistas, ya que “Mangin y
el general cruz eran amigos muy queridos”490

Los “Abajinos”, estaban liderados por los Colipi. “Muchos hijos tuvo este
cacique poderoso. Tres caciques famosos eran hermanos del jefe de familia, el
más nombrado fue Ambrosio Puñolefi, quien era el padre de winka puñolefi, que
aprendió a leer y escribir con los padres misioneros de nacimiento, y “gozaba
sueldo del gobierno para que ayudase al ejército de la ocupación. Por el año que
se fundó Angol (1862) se le pagaban quince pesos mensuales”.491.De acuerdo a
esta obra, Colipi ayudo al gobierno tanto en “la guerra de los españoles del rey
con los militares chilenos, él fue partidario de estos últimos.”492

488
Guevara y Mankelef, Kiñe mufü trokinche, historias de familias, 15,
489
Mañil Wenü
490
Guevara y Mankelef, Kiñe mufü trokinche, historias de familias 75.
491
Guevara y Mankelef, Kiñe mufü trokinche, historias de familias 75.
492
Guevara y Mankelef, Kiñe mufü trokinche, historias de familias 75
228

Por lo tanto, en el periodo en que se gestó la guerra a muerte, los


principales493 líderes “Abajinos” o ngaches apoyaron a los patriotas, y los
“Arribanos” o wenteches, respaldaron a los realistas. Variadas razones tuvieron
estos caciques para estar en uno u otro lado de la guerra, sin embargo esta guerra
profundizó las divisiones entre estas parcialidades, y de acuerdo a los autores de
Kiñe mufü trokinche, Mañil Wenü líder de los “Arribanos” este generó alianzas con
los realistas por el temor que los chilenos les quitasen sus tierras:

“Juan Mangin Wenu fue el cacique más renombrado de la Araucanía en


los últimos tiempos: Su padre se llamaba Kallfükew y por la madre venía
de los Külaweke. Todos lo respetaban por su coraje y destreza para la
pelea. Lo buscaban para los malones. Al fin llegó a ser el primer capitan
arribano: Se hizo cacique de su familia.Los demás jefes de Kollüko lo
reconocieron como cacique. Llegó la guerra del rey con los chilenos,
Mangin se puso del lado del rey. Tenía amistad con los lenguaraces, los
comisarios y los padres. Todos le decían: el rey es mejor tiene muchas
tierras. Los chilenos son pobres, te robarán las tuyas.”494

Por otro lado, de acuerdo a la producción historiográfica de la época, los


españoles habían mantenido relaciones políticas con los mapuche, en un marco
de reconocimiento de una nación soberana, así lo confirma la prensa escrita que
ratificaba la existencia de una nación independiente. El Colono de Angol495 de
1886 indicó que:

“Cuando la España, derrotada en heroicos combates, entregó a


Chile su libertad i su independencia, la pacificación de la Araucanía era
todavía un problema que estaba por resolverse. Los bárbaros eran
dioses i señores en el espacio comprendido entre el Bio-bío, el mar, la
cordillera de los Andes i parte de la actual provincia de Valdivia. Arauco

493
[Énfasis añadido por la autora]
494
Guevara y Mankelef, Kiñe mufü trokinche, historias de familias, 87-88.
495
Ver El Colono de Angol, 11 abril 1886, Edición número 35.
229

era entonces una nación independiente que vivía en las entrañas


mismas de la República, i os indios eran más bien reyes que súbditos”.

Al mismo tiempo reconocía la utilización de tratados con sus caciques: “Arauco


pertenece a Chile en la carta jeográfica y sin embargo el Gobierno tiene hatados
con los jefes de aquel pueblo y el territorio es tratado ni mas ni menos, como a
nación estraña”496. En este sentido, se puede inferir que en términos de “trato”, los
españoles fueron más respetuosos con los mapuche que los criollos, ya que la
naciente República si bien los incluyó simbólicamente a la nación chilena, más
adelante los despojó de su territorio.

La independencia territorial que había mantenido la nación mapuche, fue


posible gracias a los tratados y parlamentos realizados con los españoles, ya que
a grandes rasgos, estos tratados reconocieron los límites del territorio y la
autodeterminación de la nación mapuche.

Existen distintas visiones acerca de la veracidad y la utilidad de los


parlamentos. A modo de resumen es posible reconocer dos tendencias opuestas.
La primera, será la de Carlos Contreras Painemal (2010) quien sostendrá que “los
parlamentos durante la época colonial constituyeron importantes dispositivos que
lograrán articular un espacio de convergencia común que permitirá el
establecimiento de acuerdos, en donde se pactará y/o capitularán decisiones de
alta importancia para ambas partes”. En la vereda contraria, la posición del
historiador Sergio Villalobos, a través de su discípula, Luz María Méndez (1982)
quien señaló que “los parlamentos constituyeron un motivo de fiesta, de
celebración entre indios y criollos; permitieron la convivencia entre gente con
costumbres distintas y con gustos a fines al buen comer y beber. Fue una
expresión de las relaciones hispano indígenas oficiales”.497

496
Ver El Correo del Sur, 16 noviembre de 1854.
497
Luz María Méndez, “La organización de los Parlamentos de indios en el siglo XVIII”, en, Sergio
Villalobos, Carlos Aldunate,et al, Relaciones fronterizas en la Araucanía. Santiago de Chile.
(1982).
230

Más allá de las implicancias jurídicas que este espacio tuvo para el gobierno
chileno, este trabajo suscribe el planteamiento de que el parlamento constituyó un
espacio de negociación, en el que se tomaron decisiones políticas significativas y
así fueron comprendidos por la mayor parte del ethos social del Estado, y de la
prensa: “respetamos tratados con esa parte del territorio chileno, tratándolo ni más
ni menos como a suelo estraño, y sin embargo nuestro pabellón lo proteje ante el
extranjero, somos responsables de sus hechos de cualquiera naturaleza que
sean.”498

Así como la élite dirigente constituyó un ethos que se articulaba en un contexto


social determinado y sobre una ética específica, es decir desde la racionalidad del
Estado nacional republicano, los mapuche constituyeron un ethos, sobre la base
de los principios del admapu y una formación política particular, el Wallmapu. En
ambos casos, se deviene el problema de la verosimilitud, es decir las formas de
representar su verdad.

Lo anterior, imbrica también la dificultad de representar genuinamente las


voces de los líderes del siglo XIX, a partir de las narrativas escritas en el marco del
Estado- nacional, y al alero de instituciones que tuvieron por objetivo la conversión
del mapuche desde el imaginario moral, religioso y cultural de la chilenidad a
través de sus distintas agencias políticas.

No obstante, la incorporación de los hijos de caciques a las escuelas


misionales, y la alfabetización promovida por las distintas agencias del Estado, se
constituyó asimismo, una oportunidad para conocer las voces de los líderes que
han sido invisibilizadas por la historiografía nacionalista. Ellos reutilizaron estos
instrumentos, y no solo concurrieron a reuniones con los presidentes, intendentes,
misioneros y comandantes, sino que además con la ayuda de lenguaraces,
escribieron cartas a los periódicos de la época o a los distintos representantes del
Estado.

498
Ver El Correo del Sur de Concepción, 14 noviembre 1854.
231

La obra “Cartas mapuche del siglo XIX”, compilada por Pavez y Menard (2008),
reúne un conjunto de escritos que fueron producidos tanto en el territorio argentino
como chileno, y constituye un relevante material documental para analizar.

Sin embargo, este texto no ha estado exento de polémicas, y en atención a


que la historiografía suele someter a juicio la validez y veracidad de las fuentes,
con este objeto se presenta la controversia instalada por el historiador Sergio
Villalobos499. Este historiador, en una primera parte, señala juicios acerca del
investigador, más que centrarse en la obra propiamente tal: “el señor Pavez
desconoce tanto la lengua de Cervantes como el mapudungun. Sobre esta materia
hemos escrito reiteradamente, pero el señor Pavez no es un buen investigador o
prefiere no leer lo que no le conviene. Llama la atención, también, que conforme la
moda, el recopilador se refiera a la etnia de la Araucanía como mapuches y no
araucanos, como han sido conocidos desde la Conquista hasta algunas décadas
atrás Todavía hay más sobre la extraña institución. Ella está destinada a
“desclasificar”, es decir, a desordenar lo que está debidamente clasificado, en un
propósito realmente dañino para cualquier ciencia, porque es mejor que todo esté
debidamente en su lugar y con un acceso razonado”500 .

Con relación a la crítica a la obra, Villalobos destaca que “llevado de su


ideología y afanes doctrinarios, el autor rechaza el concepto de integración de los
araucanos y de aculturación, manteniendo a porfía la idea de su resistencia y
autonomía, en una proyección que al parecer llegaría hasta el día de hoy. Coincide
de esa manera con los indigenistas, antropólogos y políticos encubiertos que
añoran la cultura”501.

Este aspecto se considera importante de destacar puesto que la objeción


de Villalobos a Pavez, se centraría en que el primero no estaría de acuerdo en la
tesis de la autonomía de los mapuche y la resistencia que habrían ofrecido para
mantenerla. Para ello recurre a diversos textos para demostrar que la producción

499
Sergio Villalobos Rivera, en Cuadernos de Historia, no 34. Universidad de Chile (2011).
500
Sergio Villalobos Rivera, en Cuadernos de Historia, no 34. Universidad de Chile (2011).
501
Sergio Villalobos Rivera, en Cuadernos de Historia, no 34. Universidad de Chile (2011).
232

existente revela “búsqueda del contacto, la necesidad de los bienes de los


dominadores y la dependencia de las autoridades militares, políticas y
eclesiásticas. Es una excelente prueba para el punto de vista que he sostenido
con mis secuaces”.

Frente a esta controversia, interesa destacar en un primer orden, que este


trabajo no pretende dilucidar si los mapuche se constituyeron en mestizos o
chillenos frente a la adquisición de bienes materiales de los “conquistadores” o si
las demostraciones de parte de algunos de ellos de incorporarse a la República de
Chile, implicó necesariamente el abandono de sus creencias, o si “el ser” mapuche
se anuló ipso facto por el uso de objetos materiales de la cultura chilena. Al
respecto es importante enfatizar que las culturas son dinámicas, por lo que es
errado suponer que son inmutables y esenciales. Del mismo modo, se debe tener
en cuenta que como en todas las sociedades, el Wallmapu estaba constituido por
grupos sociales y unidades familiares que no conformaron en sí, una entidad
territorial y política homogénea, sino que poseía también elementos que la
diferenciaban. Como contrapunto se puede indicar que la élite chilena y el ethos
social del Estado tenían intereses comunes en materia económica, sin embargo se
diferenciaban en su identidad republicana en cuestiones vinculados al orden, y en
relación a qué elementos de tradición y de cambio. En el caso del Gulumapu,
sucederá algo similar, es decir, existieron voces más cercanas a una idea de
integración a la República502, como también se podrá reconocer la abierta
oposición al proyecto civilizador y a la reducción del territorio.

No obstante lo anterior, es importante tener en cuenta que las relaciones


interétnicas se dan en el marco de relaciones de poder, lo que se observa en las
declaraciones de la élite estatonacionalista chilena, cuyo propósito central fue
someter a la nación mapuche, en la coyuntura y narrativa que ofrecen las
memorias de guerra de los presidentes y ministros, lo que permitió reconocer la
intencionalidad de generar hostilidades y despojo. En consecuencia, es complejo

502
Sin que sea explícita la posibilidad de renunciar la soberanía de la nación mapuche.
233

atribuir las demandas de paz o de integración de algunos caciques, solamente por


el interés de parte de ellos de concluir los malones entre parcialidades o a
propósito de las ventajas que reconocieron en el comercio y la evangelización, ya
que por sobre todo, es necesario tener en cuenta los dispositivos de
disciplinamiento que el Estado aplicó. Como lo indica Pascual Coña, después del
levantamiento general, el füta malón de 1881:

“los pobres mapuches ya no poseían ni casas siquiera, se les habían


reducido a cenizas todas; ellos quedaron en un estado por demás
lamentable. Con eso se terminó el malón. (…) Eso sí, oímos que los
chilenos de otras regiones no se cansaban de maloquear a los
mapuches desgraciados. Como se contaba, se dirigían los caciques
Huichal, Colohuinca y Juanito Millahuinca al Gobernador a pedir las
paces. Traían sus alforjas llenas de objetos de plata, según se dice.
Pero el gobernador se tomó las prendas de plata e hizo encadenar a
los caciques. Unos cuantos días después se los sacó de la cárcel, se
los lleva a Boca-Budia donde fueron pasados por las armas. (…) Los
desgraciados mapuches fueron de mal en peor. Ellos no habían
ocupado muchos bienes de los chilenos, mientras que una parte de los
últimos se enriquecieron, gracias a los animales saqueados a los
mapuches”. 503

En consecuencia, y tomando en cuenta el contexto histórico y social en que se


generó el ethos del Gulumapu a continuación se seleccionaron alocuciones de los
representantes de las distintas parcialidades. A modo de advertencia, es
importante consignar que estas autorías, fueron en algunos casos, transcritas por
lenguaraces, escribanos, y en otros, por los propios caciques que habían sido
alfabetizados fruto de la obra misional.

En la carta de autoría de Ambrosio Püñolefi504, de la familia de los Colipi,

503
Pascual Coña, 304-305
504
Ambrosio Pünolefi, Carta al Intendente de la Provincia de Concepción, Juan de Dios Rivera. sin
234

dirigida al Intendente de Concepción en 1825, junto con remarcar una identidad


territorial (Lumaco), indicó su interés por invitar a las reducciones a abrazar la
causa liberal de la República de Chile.

“Con motivo de tener que regresar al interior de mi pais natal, cual


es al Lumaco, lo mas breve que sea posible, segun he noticiado a
V.S. i de aquel punto convocar a toda mi tierra el Malal, la Costa e
igualmente invitar a las reducciones que hasta ahora no han
abrazado el sistema liberal de la madre Patria, como son los
Collicanos, Quechereguas, Malleco, Canglo, Bureo i hasta el mismo
Mariluan, i reunidos que estemos en una junta a donde mis
antepasados la hicieron para asentar la tierra, trataremos acerca de
transar el espíritu de la pacificacion i de la reconciliacion en
ámbas partes.”

Del mismo modo, la carta de autoría de Francisco Marilew505, objetaba el


nombramiento de algunos gobernadores que abusaban de su poder, ante lo cual
manifestaba el desengaño a la patria chilena:

“Al considerar semejante hecho que en ver que los Goviernos nos deben de
dar un crédito: nos desacreditan i nos deshonrran, ya no se puede ber mas, ya
somos desengañados de mi amada Patria pues nos pone unos hombres a
que nos mande que son de tan poco conocimiento, que no hallo como decir i
solamente los está consolando las voces del Mayor Zalazar que los dice:
tengamos paciencia que estos hombres lo hacen sin conocimiento de V.S.”

Por otro lado, el intercambio epistolar entre Mariluan 506 y Barnechea, manifestó
su preocupación por los malones que atentaron con la estabilidad de la zona.

lugar, septiembre 15 de 1825.En Pavez, 173.


505
Francisco Marilew, “Carta al Intendente de la Provincia de Concepción, Juan de Dios Rivera,
Nacimiento, Septiembre 26 de 1827”, en Pavez, Cartas mapuches, 182.
506
Francisco Marilwan, “Carta al comandante Pedro Barnechea 22 de septiembre de1823”, en
Pavez, Cartas mapuches, 165.
235

“Solo un intervalo tenemos de por medio que con los mensajes de


Chacazo me a mandado decir el cacique Magñin Bueno que ha
sabido por sus espías, y barios que a tenido que el ermano de
Benancio que es Calbupan, quiere benir a Maloquiar á la reduccion de
[Molco] y a Cura, y el casique Cadinanco de la reduccion de Llidayco,
bajo a la costa a dar Malon, esto se ha sabido por uno que pillaron
robando este era de Lumaco, todo esto ha declarado Ante el Capitán
Ortiz, esto por noticio pa que selo comunique, a Benancio, y que
inmediantamente ponga sus correos á estos caciques, pa contar estos
malones”.

Si bien, el cacique Francisco Marilwan mantuvo un activo intercambio de


correspondencia con el General Barnechea, y en sus cartas daba cuenta de su
respaldo al Gobierno, también fue posible apreciar cómo se fue gestando la
desconfianza entre chilenos y mapuche:

“con el bien entendido que esta amistad i alianza no sea como lo que
dice Barnachea, que no la conservó mas que esta el tiempo que le
pareció pillarme descuidado. Mas como yo conserbava en mi corazon las
palabras que mi compadre me habia dado en las parlas o juntas que
habiamos tenido, i por ser yo hombre de buen corazon, me pensé que
nunca me engañaria pero él lo hizo 507

Marilwan, desde la posición estratégica que tuvo, realizó gestiones que le


permitiesen mantener la paz en el territorio, lo que revela que los líderes utilizaron
distintas estrategias de negociación política además de los parlamentos, y en este
sentido, siendo capaces de dialogar y defender la paz ante las ofensas que
oficiales chilenos cometieron en el territorio mapuche.

507
Francisco Marilwan, “Carta al capitán Juan de Dios Luna Pilguen, noviembre 20 de 1826”.
ORIGINAL: Archivo Nacional, Santiago de Chile. – Fondo Intendencia de Concepción, vol. 94, f.
56v-59v179. En Pavez, Cartas mapuches, 177.
236

“sirbase U.S. de mandar que inmediatamente se retire el oficial, i


tropa que se alla en Maquegua que esta perjudicando muchisimo ala
tierra i por este motivo no puedo yo emprender mi trabajo con
seguridad; hase poco dias llegó este mismo oficial, que se llama
Montero, con Malon a [Tr]utren i mató al Casique de esta reducion
llamado Yacubulican i agarraron i agarran por las cien cautivas; sino
procura ebitar estos perjuicios nada se podrá conseguir”.508

Esto da cuenta de que algunos caciques mapuche construyeron una relación


de alteridad con las autoridades chilenas, que denotaba preocupación por
mantener el diálogo a pesar de la desconfianza que se fue gestando mutuamente
fruto de la guerra.

El Longko Mañil Wenü, utilizó también esta estrategia pero se diferenció de los
anteriores, en que lo hizo con el propósito de mantener la independencia territorial
de los chilenos y gobernar su propio territorio.

La carta enviada por Mañil Wenü509 al General Justo José de Urquiza en 1860,
expuso explícitamente la preocupación que tuvieron las cuatro parcialidades del
territorio mapuche ante la intención del gobierno de Manuel Montt de disponer y
reducir el Gulumapu. Mañil Wenü fue elegido por los caciques principales como el
líder para efectos de la guerra, por lo que consultó a Urquieta si podía invocar los
tratados sostenidos con el gobierno Español:

“Los cuatro Huitral-Mapus están sometidos a mi autoridad de toqui


principal en la guerra que sostenimos defendiendo nuestro territorio y
nuestra independencia, que nos quiere quitar el gobierno Montt, de
Santiago.

508
Francisco Marilwan, “Carta al capitán Juan de Dios Luna Pilguen. En Pavez, Cartas mapuches
177.
509
Carta enviada por Mañil Wenü al general Justo José Urquiza, 30 de abril de 1860. En Pavez,
Cartas mapuches, 311.
237

En este conflicto recurro a tu amistad para que me digas francamente


si tengo derecho a sostener los tratados de paz que hicieron mis
antepasados con el Rey de España, y paso a referírtelos.

El primer tratado se efectuó en 13 de junio de 1612, y consta que se


dejó por línea divisoria el rio titulado Biobio, dejándonos en entera
libertad y uso de nuestras leyes para gobernarnos conforme a ellas, sin
que tuviese la autoridad del rei intervencion alguna. Despues, en los
años subsiguientes, se han ratificado estos tratados muchas veces, sin
alteracion alguna, hasta el año de 1793 que fué el último que yo
alcancé a presenciar, y tendria de doce a catorce años. Entre estos
períodos mandó el rei una cédula de amparo, fechada en Madrid a 11
de mayo de 1697. El artículo 3.° dice - Velar por la libertad de los
naturales y protejerlos contra los avances de toda clase de personas
por decoradas que sean. - El 5.° dice - Conservar a los ulmenes y
señores del pais y a sus descendientes en la posesion de sus
gobiernos y dominios.

Todo esto que le apunto lo encontrará mejor esplicado en los tomos 1° y


2° de la Historia de Chile, escrita por el señor presbítero don José Ignacio
Eizaguirre, en Santiago en 184”.510

Mañil Wenü invocó el principio de libre determinación, es decir el derecho a


tener su gobierno y conservar sus dominios, lo que estaba resguardado a su juicio
por cédulas y los distintos tratados suscritos con el gobierno español. Estas
capitulaciones, en rigor, lo protegía contra todos los avances o acciones que
atentasen al principio de libertad que se desprendieron de esos acuerdos.

Llama la atención la diplomacia con la que este cacique se desenvolvió en


dichas cartas, pues consultó además si las posesiones de los chilenos que los
510
Carta enviada por Mañil Wenü al general Justo José Urquiza, 30 de abril de 1860. En Pavez,
Cartas mapuches, 311.
238

habitantes de las parcialidades habían tomado, a propósito de la guerra debía


indemnizarlas:

¿Estoi obligado a pagar las posesiones que se han quemado y que


tenian los cristianos en nuestras tierras, sus sementeras y animales que
les hayan tomado nuestros naturales?- Te advierto que ellos tambien han
hecho lo mismo, pero no en tanto estremo. En caso que seamos
responsables de la indemnizacion de perjuicios, ¿deben de hacerlo los
cuatro Huitral-mapus o los que puramente son cómplices? 511

Mañil Wenü, también demostró la importancia que tuvo para él y las parcialidades
que dirigió, la delimitación territorial acordada previamente es decir, el Bío Bio, por
lo que lo señaló convincentemente que la paz con el gobierno sería posible
siempre y cuando se respetasen esos acuerdos.

“El gobierno patrio mandó proponerme la paz en 1837 y mi respuesta


fué decirle: que [po]dria [ser], siempre que se respetase la línea del
Biobio, y no se permitiese pasarlo a ningun cristiano a poblarlo y menos
fuerza armada. Sin mas antecedentes que los que refiero, el gobierno
ha demarcado una provincia, traspasando el Biobio que abraza una
parte considerable de nuestro territorio que actualmente habitamos, y
por consiguiente nos quiere sujetar a su autoridad echando por
tierra los tratados a que me refiero”.512

La creación de Provincia de Arauco, a la que hacía referencia el cacique


Mañil Wenü había sido puesta con la intencionalidad de llevar el poder soberano y
administrativo del gobierno chileno al territorio mapuche. Ello era una señal de
incumplimiento a lo acordado y capitulado que denunciado por Mañil Wenü como
la ruptura a los compromisos suscritos, y el intento de imposición de autoridad que
no había sido acordada.

511
Carta enviada por Mañil Wenü al general Justo José Urquiza, 30 de abril de 1860. En Pavez,
Cartas mapuches 312.
512
Carta enviada por Mañil Wenü al general Justo José Urquiza, 30 de abril de 1860. En Pavez,
Cartas mapuches 313
239

Al mismo tiempo, reafirmaba que la sucesión territorial se resolvía bajo los


criterios dictados por el admapu, indicando que en dichos terrenos solo podían
vivir los mapuche, invistiendo el poder de la sucesión en los hijos varones.
Denunciaba por lo tanto, la indebida expropiación por parte de pobladores
chilenos, compras fraudulentas y ocupaciones no ajustadas a derecho:

“A la sombra de esto se han introducido muchos pobladores bajo


pretesto de que han comprado a unos indios, que ellos mismos han
hecho dueños de terrenos, no siéndolo. Otros que el comisario Zuñiga
les ha vendido. Otros que los tienen por algunos caciques o indios.
Nuestra lei es terminante, pues prohibe toda venta de terreno a
españoles, bajo pena de muerte sin perjuicio de restituirnos el terreno.

Estas mismas leyes solo facultan a los indios para vivir en sus
posesiones durante su vida pasando estas a sus descendientes en la
línea de varon, pudiendo poblarse cuantos otros quieran permitiendo
su estension a los que lo soliciten, siendo de ese mapu, sin derecho a
vender. Las mujeres no heredan terrenos ni animales, y solo están a
lo que quieran darles.”513

De acuerdo a los principios del admapu, los todas las cuestiones referidas
al Gulumapu debían ser resueltas a través de juntas en las que estuviesen
congregados los caciques principales de las 4 parcialidades o butalmapus, por lo
que él solo podía ejercer la autoridad suprema para los asuntos referidos a la
guerra.

“Todo asunto que tenga relación con terrenos, nadie puede por si solo
resolver sin que se haga junta jeneral de los caciques que comprendan
los cuatro Huitralmapus, y lo que resuelva la mayoria, esa es la lei.

513
Carta enviada por Mañil Wenü, en Pavez, Cartas mapuches, 313.
240

Aunque invisto la autoridad suprema es puramente para la guerra en


que se encuentra la nación”.514

En consecuencia, Mañil Wenü quien ungió la autoridad suprema, la que fue


designada por el conjunto de caciques y Longkos principales, en la década del 60
del siglo XIX, y en atención a los tratados suscritos y a los principios del admapu,
sostuvo la importancia de defender el territorio mapuche ante los chilenos, y buscó
aliados en el gobierno Argentino, y el Puelmapu.

“Si hallas que tengo razon en defender mi independencia del gobierno


de Santiago, creo que tu buen corazon me ayudará con alguna fuerza,
o al menos podrás animar a los naturales de Calbucura, que están
unidos a vos, para que me auxilien cuando yo les avise, y aun podian
mandarme algunos caballos con estos correos que espero sin falta el
I° de noviembre con tu respuesta que me va a sacar de toda duda y
que respetaré.”515

De acuerdo a lo señalado por Pavez516, la fuente original de esta carta se


encuentra en el Meteoro de los Ángeles del 31 de mayo de 1869, N° 141 y
formaba parte del legajo de cartas enviadas por Bernardino Pradel, la que no
habría llegado a su destinatario por que su hijo Kilapan, se habría quedado
atrapado en la cordillera.

En otra carta enviada por Mañil Wenü a José María Guzmán en junio de 1860,
fue posible encontrar además las capitulaciones que se exigió para realizar un
acuerdo de paz, destacándose por sobre todo, que se les permitiese disponer de
sus posesiones:

“les de como para esa Intendencia afin de realizar con ellos asuntos de
pas y mi contesta fue que yo estaba pronto a aceptar la pas pero con
las condiciones siguientes. La primera que se nos deje vivir socegados

514
Carta enviada por Mañil Wenü, en Pavez, Cartas mapuches, 313.
515
Carta enviada por Mañil Wenü, en Pavez, Cartas mapuches, 313.
516
Carta enviada por Mañil Wenü, en Pavez, Cartas mapuches, 313.
241

en nuestras posiciones. La Segunda que se le entregue su familia


cautivos a mis Indios. La tercera que meden libre ami sobrino Millao
que se encuentra preso en esa Intendencia para por este y bos que me
lo debes traer, recibir las propuestas de pas que me haga el Govierno y
que este mismo quede en Comicion de asuntos de pas con bos dile a
tu Intendente que nada se abanza con tener presos en los Pueblos”.517

Probablemente la carta enviada al Presidente de la República Manuel Montt, el


21 de Septiembre de 1860, sea una de las más relevantes para comprender la
postura de este líder, ante las sucesivas campañas que el gobierno chileno estaba
realizando.

La primera cuestión que Mañil Wenü le hizo ver a Montt son las razones por las
cuales se aliaron al General Cruz:

“Te hago presente que en enero del año 1851 supimos que te
hacían guerra; entonces acordamos todos los Mapuches
aprovecharnos de que estaban en guerra para botar a todos los
cristianos que nos tenian robadas todas nuestras tierras de esta banda
de Bio-bio sin matar a nadie, pues ocho años a que nosotros
estábamos esperando que mandaria nuestro amigo jeneral Cruz y que
nos entregarian nuestros terrenos”.518

Por lo anterior, Mañil Wenü manifestó que al ser invadidos por los cristianos
que estaban haciendo uso de las tierras mapuche indiscriminadamente, la
revolución del 51 constituyó una oportunidad para recuperar parte de su territorio.

Asimismo, el intercambio epistolar, da cuenta de cómo Mañil Wenü, el gran


líder que encabezaba la resistencia del Gulumapu depositaba su confianza en el
General Cruz, en atención a que este General regionalista, suponía que respetaría
los derechos de los habitantes del territorio mapuche. No en vano lo habían
517
Carta enviada por Mañil Wenü a José María Guzmán, el 3 de junio de 1860. En Pavez, Cartas
mapuches, 316.
518
Carta enviada por Mañil Wenü al Presidente de la República Manuel Montt, 21 de Septiembre
de 1860. En Pavez, Cartas mapuches, 318.
242

acogido a él y sus seguidores en tiempos de guerra. En la primera parte de este


trabajo se indicó que esto no ocurrió en los hechos pues fue el General Cruz quien
sugirió al Gobierno llevar adelante el plan de Saavedra.

Del mismo modo, las campañas realizadas por Villalón y Salvo, de acuerdo a lo
señalado por Mañil Wenü, consistieron en hostilidades que no solo vulneraron los
acuerdos territoriales, es decir la transgresión de la línea de frontera demarcada,
sino que además, se efectuaron una serie de acciones violentas que incrementó la
desconfianza hacia el gobierno chileno.

“En noviembre llegó otro Intendente que llaman Villalon, y el día 24


en la noche se apareció en nuestras tierras trayendo mil hombres y
mostrando cañones, y se les dejaron caer a los Mapuches, Bureano,
Reinaquinos y Murchenos y les robaron todos sus animales, que no
bajaría su número de nueve mil caballos, yeguas, vacas y ganado
ovejuno, y les quemaron sus casas y llevaron cuanto encontraron en
ellos, porque alcanzaron las familias que iban a esconderse en los
montes. Los indios viejos y las indias que no pudieron llevar las
degollaron como perros. El mismo Salbo hizo degollar a un indio, y
despues de muerto pasó a la casa y se llevó el costal de prendas de
plata que tenia el indio y el ganado que cargó al cogote de su
caballo”.519

Mañil Wenü, junto con dar cuenta de la violencia de que fueron objeto las
distintas parcialidades, solicitó al Presidente Montt que enviara “hombres buenos”
para pactar capitulaciones de paz. El comandante Salvo, no solo fue reconocido
por los líderes mapuche como un hombre perverso, sino que además la crónica
escrita por Leandro Navarro520, militar que participó de activamente de la guerra,

519
Carta enviada por Mañil Wenü al Presidente de la República Manuel Montt, 21 de Septiembre
de 1860. En Pavez, Cartas mapuches, 321.
520
De acuerdo a lo señalado, por Leandro Navarro, Salvo, era el hombre más versado que había
en conocimientos y costumbres de los indios por la larga permanencia que tuvo entre ellos durante
243

indicaba que los milicianos al mando de Salvo iban por su cuenta sin más
incentivo que el saqueo. Por tal razón, la nación mapuche, no capitularía la paz
con representantes de gobierno que se caracterizaron por hostilizarlos y
saquearlos. En palabras de Mañil Wenü:

“Tu Intendente Villalon se ha juntado con Salbo, que es el hombre


mas malo que conocemos, que enseño a robar desde el tiempo del
Rey, que andaba con nosotros, y agora se ha hecho patriota para ser el
mejor baqueano y robarnos (…) abre tu pecho y consulta mis razones,
y verás que cómo es posible pueda mandar uno que venga a hablar de
pas con Salbo…Mi nación no hará nunca la paz con Villalon, Salbo,
Sepúlveda y Fernandez. La respuesta sacará todas las dudas y
mentiras de estos gobernadores de Fronteras521.

Esta carta fue editada por el Mercurio de Valparaíso el 13 de mayo de 1861, e


incorporada por Pavez (2008) en “Cartas mapuche”. De acuerdo a este autor522, el
documento se acompaña de una nota del corresponsal de Santiago que señala:
“no hemos querido suprimir los falsos asertos que contiene de supuestas órdenes
de robos que atribuye Mañil a los Intendentes que solo se propusieron reprimir las
depredaciones de aquellos bárbaros, porque tales asertos, inherentes a la rudeza
y exaltación de aquel pueblo salvaje, dan a la carta cierto colorido peculiar”.

el periodo de Benavides y los pincheiras, en esa época que con tanta propiedad don Benjamín
Vicuña Mackenna ha llamado “la guerra a muerte (Navarro, 38) La división que operaba por la
montaña iba a la mando del teniente coronel don Toribio Fernández, compuesta por doscientos
infantes del 3 de línea, cien cazadores a caballo y cuatrocientos milicianos de caballería al mando
del comandante Domingo Salvo. Estos milicianos conocidos con el nombre de lleulles, iban por su
propia cuenta, sin más incentivo que el saqueo que pudieran efectuar entre los indios bien poco
armados con armas de fuego, y los más con picas y laque. Navarro, Crónica Militar, 45.
521
Carta enviada por Mañil Wenü al Presidente de la República Manuel Montt, 21 de Septiembre
de 1860. En Pavez, Cartas mapuches, 325.
522
Pavez, Cartas mapuches, 325.
244

Al mes siguiente, en octubre de 1860, Mañil Wenü envió otra carta al


Intendente de la Provincia de Arauco523, informándole que habría enviado nota al
Presidente de la República, solicitándole además que mantuviera la paz acordada:

“Respóndeme tambien si sigue la paz hasta tanto que dá su respuesta


el Presidente. Ya veras que de todo lo que ha pasado le doi cuenta, i
descubrira lo que ha hecho Bastidas. Te aviso tambien que si sigue
Bastidas trabajando, o pasan partidas de jente armada, de esta banda
del Biobío, montará a caballo toda mi jente para botarlos, aunque no
haya llegado a respuesta del Gobierno”.

Conforme a los registros de la época Mañil Wenü encontraría la muerte ese


mismo año. Respecto del deceso de Mañil Wenü, la obra de Guevara y Makelef524
señala: “llamó a sus hijos. Les aconsejó que no se rindieran a los chilenos, porque
les robarían los terrenos y les esclavizarían a sus hijos: Así se lo prometieron:
Creía que con su muerte se entrarían los winka”. Este hecho también fue
comentado por el periódico la Tarántula de Concepción525, Mañil Wenü, cuando se
hallaba en su lecho de muerte, entre los muchos consejos que dio a los caciques
que lo rodeaban, les dijo que “si el gobierno solicitaba la paz, que se la
concediesen, aun cuando fuese haciendo sacrificios; pero que si quería
declararles la guerra para arrebatarles sus terrenos, que entonces peleasen hasta
morir”.

La obra de Mañil Wenü fue continuada por su hijo Kilapán y por el cacique
Wentekol526. Este último envió una carta al Presidente Pérez, en septiembre de
1861, ya que había sido nombrado sucesor de Mañil Wenü. En circunstancias que
habían avisado de su muerte a Salvo, este les solicitó mantenerse “sosegados
para hacer la paz”, y que “nos jurava por Dios, por sus ojos, por el Sol y su

523
Carta enviada por Mañil Wenü al intendente de Arauco el 10 de octubre de 1860. En Pavez,
Cartas mapuches, 328.
524
Guevara/Mankelef, Kiñe mufü trokinche, historias de familias, 92.
525
Ver “Título la Frontera”, en La Tarántula de Concepción, 16 abril 1862, año 1 N° 4.
526
Wentekol, Carta al Presidente de la República de Chile, José Joaquín Pérez Mapu, septiembre
24 de 1861. En, Pavez, Cartas mapuches, 362-364.
245

corazón que no venia a Malon. Que siguiesemos todos los Mapuches llevandole
las lanas y animales que se mantuvo comprando por trigo los meses de
Noviembre y Diciembre”527, este cacique continuará su relato indicando que
pensaban que cuando un cristiano hacía juramento, cumplía su palabra, y que no
solo tomaría presos a 30 mapuche en Santa Bárbara, y luego pasaría por el Bío
Bío quemando casas, siembras y tomando cautivas familias para venderlas como
esclavas, sino que además agregaría que: “que no me largava amis hijos mientras
que no entregasemos a los cristianos, principalmente a Pradel, su hijo y Pantaleon
Sanchez. Que Pradel le habia escrito diciendole tomase que me agarrase presos a
mis hijos”.528

Wentekol, junto con relatar los hechos, desaprobó las acciones realizadas
durante el Gobierno de Manuel Montt, e interpeló al presidente Pérez, para que se
hiciese justicia en el territorio mapuche:

“Presidente, que cuando te convenza de los males que nos han hecho
en todo el Gobierno de Montt, y que durante diez años no ha puesto
remedio, nos diras lo que sea de justicia, pues debes conocer que
aunqe nos llaman bárbaros conocimos lo que es justo, y veras
que los Montistas han hecho las mismas cosas que nos desapruevan
a nosotros como barbaros”.

Citó los escritos de la Mañil Wenü, e insistió que ellos deseaban la paz por
lo que le pidió enfáticamente que revisara las propuestas que le realizaban:

“Te suplicamos que leas lo que dice Magñil de Saabedra y si seriamos


tan lesos que no conosiesemos que mandavamos entregarnos a
nuestro enemigo que queria matar a Calbuco y cuatro caciques mas,
y es el qien nos tiene robadas nuestras tierras. Conocimos el bien tan
grande de la paz, y como prueva de estos te anticipamos estas

527
Wentekol, Carta al Presidente de la República de Chile, José Joaquín Pérez Mapu, septiembre
24 de 1861. En, Pavez, Cartas mapuches, 362.
528
Wentekol, Carta al Presidente de la República de Chile, José Joaquín Pérez Mapu, septiembre
24 de 1861. En, Pavez, Cartas mapuches, 363.
246

propuestas para que veas si son justas: Primero ordena que venga a
los Angeles un Caballero y que traiga de lenguaras al padre
Palavicino. Segundo que la persona no sea Montista, y que nos dé
camino por San Carlos, no permitiendo que ninguno de los que nos
han hecho la guerra ni los que tengan tierras robadas se entiendan
con nosotros”.529

Ante la desconfianza que se generó con las autoridades chilenas, Wentekol


solicitó la intervención del padre Palavicino con la finalidad de capitular la paz:

“Dios te dé un buen corazon y nos haga justicia de nuestros derechos,


porque somos hombres, y aunqe barbaros sabimos respetar a Dios y
la justicia (…)”.530

Tanto Salvo como Villalón fueron percibidos por los líderes mapuche como
personas de poca confianza, por lo que insiststieron en que no acordarían la paz
con ellos:

“podrias remediar a tantos males que nos han hecho estos


Gobernadores de Frontera, con qienes jamas hablaremos una palabra
hasta que vos Presidente nos contestes lo que te pedimos sobre la
paz, porqe te repetimos que con las siete personas de que hablo
Mangñil moriremos antes que hablar de paz con hombres tan
malos”.531

Por último, Wentekol, terminó su carta indicando que esperarían su


respuesta, y que no establecerían conversaciones con Salvo ni Villalón hasta que
el Presidente contestara. Al mismo tiempo le indicó que: “que toda la Nacion

529
Wentekol, Carta al Presidente de la República de Chile, José Joaquín Pérez Mapu, septiembre
24 de 1861. En, Pavez, Cartas mapuches, 363.
530
Wentekol, Carta al Presidente de la República de Chile, José Joaquín Pérez Mapu, septiembre
24 de 1861. En, Pavez, Cartas mapuches, 363.
531
Wentekol, Carta al Presidente de la República de Chile, José Joaquín Pérez Mapu, septiembre
24 de 1861. En, Pavez, Cartas mapuches, 363.
247

respetan a Pradel, como al mismo jeneral Cruz, y si son malos estos caballeros, la
Nacion no conose a otros mejores”.

Años más tarde, en 1870, José Santos Külapang532, el hijo de Mañil Wenü,
envió carta al Coronel Orosimbo Barbosa solicitándole que le enviase por escrito
las bases de la paz, ya que los acuerdos verbales poco a poco fueron
desestimados por los líderes mapuche:

“Al señor don Barbosa en Toltén Hoi he recibido su carta fecha dies
del corriente siento mucho que haya quedado tanto tiempo en el
camino porque usted me habla de paz firme i seriosa; por ese
motivo como créo que usted es un hombre serio, le contesto sin la
menos demora, para suplicarle de mandarme por escrito las
bases de la paz buena é firme que usted me ofrece”.533

Consecuentemente, los líderes del Gulumapu insistieron en capitular las


paces sobre bases justas. Una vez concluida la ocupación militar de la Araucanía,
promulgadas las leyes que regirían la propiedad del territorio mapuche, e iniciado
el proceso de reducciones cargo de la Comisión Radicadora, Esteban Romero, en
representación de varios Longkos envió una carta al Presidente Federico Errázuriz
para indicarle que el Estado chileno cooperaba con el despojo que estarían
efectuando los especuladores de tierra:

“Exmo Señor: Esteban Romero (…) respetuosamente digo: que ya no


nos es posible soportar por mas tiempo la cruel tirania que sobre

532
Guevara y Mankelef, respecto del liderazgo de Quilapán sostendrían que: “Hubo una vez un
parlamento en un llano de las cercanías de Loncoche. Se juntaron Mariwal de Chanko, Lefio de
Ngelol, Katrükura de Loncoche, Montrü de Perkenko, Nawelkura del mismo lugar, Nankuchew de
Kolluko, Lienan de Temuco, Esteban Romero de Truf Truf, Pancho Kuramil de Koyawe, Pikunche
de Cajón y muchos caciques. más.Külapang dijo sus palabras durante todo el día. Se acordó de
que su padre Mangin había defendido sus tierras. No quería que sus mujeres y sus hijos fueran
sirvinetes de los chilenos. Así, dijo, deben hacerlo ahora los caciques. Los abajinos van a ser
engañados por el Gobierno. Koñuepang y Paynemal son como las vacas maneadas, que se dejan
sacar la leche sosegadas". Algunos hombres lloraban”. Guevara y Mankelef, Kiñe mufü trokinche,
historias de familias, 95.
533
José Santos Külapang, carta al coronel Orosimbo Barbosa, sin lugar, abril 29 de 1870, En
Pavez, Cartas mapuches, 483.
248

nosostros pesa. Las autoridades en representacion del Estado i a


nombre de la Ley, cooperan al despojo que nos hacen los
especuladores de tierra y animales en la frontera, obligandonos a
abandonar la que tanto amamos i en que hemos vivido con nuestros
padres, en la que sus restos descansan, con la que hemos
alimentados a nuestros hijos i regado con nuestra sangre”.534

En alusión a la violencia desatada en este periodo, Horario Lara535, indica que se


dejaron caer algunos agricultores civilizados a casa de un cacique a hacerse
justicia por sí mismos, y después de violar a las mujeres y asesinarlas con
salvajismo junto a sus hijos, dejaron ensartadas en los cadáveres de las mujeres,
introduciéndoles un madero por la parte posterior. El cacique, fue uno de los
primeros en adherirse al levantamiento general del 81, y al ser interrogado por el
Coronel Urrutia, a fin de que le diera sus razones por haberse sublevado, este le
replicó:

“vos no sabes general lo que han hecho con nosotros tus paisanos, no
tienes razón para reprenderme, mira lo que han hecho conmigo:
violaron i mataron a mis mujeres i también asesinaron a mis hijos. I
como queres entonces, coronel, que no me subleve cuando se es
tratado así?. Mira Coronel, preferimos morir con la lanza en la mano i
no asesinados en nuestras casas por tus paisanos. No tienes razón
para castigarme ni reprenderme”.

Por lo anterior, el ethos del Gulumapu, del siglo XIX, se construyó sobre la
base de un conjunto de episodios violentos realizados por el Estado Chileno
impactando significativamente a sus habitantes. Distintos textos dan cuenta de
ellos, como también la tradición y memoria oral indica que una vez concluida la
independencia de la nación mapuche, se terminaron los privilegios que tenían los
mapuche:

534
Esteban Romero, Carta al Presidente de la República de Chile, Federico Errázuriz, Chillán,
noviembre 10 de 1896. En Pavez, Cartas mapuches, 804.
535
Lara, Crónica de la Araucanía, 392.
249

“El hijo de un cacique sin las tierras necesarias, se establecía en otra


parte y fundaba una familia. Cualquiera que se sintiera mal en una
reducción, se iba a otra parte y tomaba los terrenos desocupados, a
veces con permiso del cacique más inmediato. Después se acabo
nuestra independencia, se concluyó también este beneficio”.536

Finalmente, y en atención al contexto histórico en que se produjo el ethos


de los líderes del Gulumapu, queda en evidencia que la promesa de civilización
que ofreció el Estado chileno, solo se tradujo en pobreza, lo indicó Lorenzo
Kolümañ: “lo que hemos conseguido con la civilización que dicen que nos han
dado es vivir apretados como el trigo en un costal”537.

536
Guevara y Mankelef, Kiñe mufü trokinche, historias de familias, 44.
537
Guevara y Mankelef, Kiñe mufü trokinche, historias de familias, 44.
250

CONCLUSIONES

El contexto histórico en que se construyó la representación del Gulumapu,


en la segunda fase del siglo XIX, se caracterizó por la edificación de un orden
social y de una identidad republicana que fue detentado por la élite
estatonacionalista, en la que conservadores y liberales debatieron en torno a cómo
construir la formación política.

Devino por tanto, la convicción de que la única forma legítima de


organización política fue la Estado-Nación, en tanto la élite dirigente se inspiró en
modelos europeos para sus ensayos, por lo tanto, defendió la correspondencia
biunívoca del Estado nación. La imaginación nacionalista, supuso que los grupos
subalternos no estaban preparados para que recayese en ellos la soberanía, por
considerarlos ignorantes y atrasados, por lo que la élite dirigente se autoproclamó
la propulsora y guardiana del orden, monopolizando no solo el poder de la
representación sino los contornos, las fronteras culturales y jurídicas de la
organización política. En este escenario, se excluyó la posibilidad de convivir con
la nación mapuche como una entidad soberana, ya que ello atentaba a los
principios de que el Estado para consolidarse requería unidad y progreso. Estas
dos cuestiones estuvieron tempranamente en el proyecto de la élite dirigente,
quienes formularon la razón del Estado a contra-corriente y a contrapelo de la
realidad cultural de su población, por lo que generó convenciones en su contra, es
decir, importaron modelos de hombre y sociedad que luego intentó fabricar con
obras y dispositivos de disciplinamiento.

La nación como como proyecto, adquirió relevancia en este periodo, por lo


que se gestó un proyecto nacionalitario, influenciado por el liberalismo económico,
que actuó a través de una razón gubernamental como propulsor de la soberanía
política. Sin embargo, y a propósito de que la nación fue entendida como un
órgano vivo, unívocamente se configuró la élite como su alma, y buscó
251

mantenerse incontaminada de impurezas, entrecruzándose de esta manera con el


racismo estatal.

La élite chilena del siglo XIX, junto monopolizar la construcción del orden en
relación al paradigma del progreso y apropiarse de la mayor parte de las funciones
políticas, supuso que debía proveer los medios políticos, jurídicos, bélicos,
administrativos para la subsistencia y vitalidad de la formación política, es decir, la
República. Diseñó por tanto un plan civilizador que le permitiera moldear a sus
miembros.

Una de las principales características de la élite, fue su autopercepción de


constituir un grupo moral e intelectualmente diferente, creyéndose esencialmente
europea, portadora de la habilidad de la inteligencia y la administradora del poder.
Se erigió por lo tanto como una “clase elevada”, construyendo el mito de la
identidad europea del chileno criollo, estableciendo una clara diferenciación con
los grupos subalternos, a los que relegó como “pueblo” sosteniendo que si bien
tuvieron un origen común a los criollos, fue escasa la “mezcla” de negros e
indígenas. Esto quiere decir, que difícilmente se podrá encontrar en el periodo
algún relato o biografía en la que se dé cuenta de alianzas matrimoniales por
ejemplo, entre un miembro de la élite y el indígena, pues ello contravendría la idea
de nacionalidad e identidad que la clase dirigente buscó instalar. Gracias al
racismo estatal, uniones como estas serán borradas desde la historiografía
chilena, y contradictoriamente se intentará relegar a la “mujer bárbara, como la
amenaza constante que representaba el mecanismo de reproducción, de la “raza
carnicera”. A modo de ejemplo, se releva nuevamente el discurso nacionalista de
la sesión ordinaria de los Senadores de la República del 14 de septiembre de
1835 que indicaba que: “disminuye con esta, presa una raza carnicera enemiga i
destructora de la parte civilizada i útil de nuestra población (…) Las mujeres logran
también no concebir en sus vientres fieras silvestres tanto mas peligrosas que el
tigre”. Probablemente algunos de estos chilenos criollos, fueron “huachos”,
“mestizos” o “champurrios” nomenclaturas que se utlizaron para establecer
252

jerarquías sociales desde diversas disciplinas, sin embargo, ha persistido la


creencia de cierta uniformidad en su composición racial y la historiografía
nacionalista le dio continuidad a este relato.

Si bien la élite chilena del siglo XIX, se definió homogénea racialmente, y


compartió el poder a través de las distintas esferas del Estado, no tuvo una
comprensión unívoca de la República como sistema político, por lo que en sus
discursos más que contradicciones, existieron distintas maneras de comprender el
orden y la soberanía. Sin embargo, ideas republicanas o no, trataron a los
mapuche como sujetos en un estado salvaje a los que había que salvar
civilizándolos desde los valores del catolicismo o de la ciencia. En consecuencia,
se fue naturalizando la idea de que la nación chilena equivalió a un orden natural y
que la República era parte del ciclo vital. Desde allí que culpó y criminalizó a los
mapuche que se resistieron a las obras misionales y a los proyectos de la élite
dirigente.

Respecto de las tensiones entre liberales y conservadores, las guerras


civiles del 51 y el 59, tuvieron un significativo impacto en la sociedad mapuche, ya
que participación de los indígenas en distintos bandos y, concretamente, el
respaldo que algunos líderes “Arribanos” entregaron al general Cruz, dejaron a los
mapuche en ostensible desventaja frente a la élite dirigente. Se puede señalar
incluso que años más tarde, los miembros de estas disputas de poder que en
dichas guerras civiles fueron opositores,- como por ejemplo Cruz y Saavedra-,
terminaron generando alianzas para diseñar el plan de ocupación de la Araucanía.

El resultado será la monopolización del orden desde una perspectiva


conservadora, que se concentró en Santiago, ya que ante los fracasos
revolucionarios, la élite regional se desplazó a dicho lugar para participar de la
actividad política.

Los nacionalistas chilenos configuraron un universo valórico asociando el


orden a la clase social privilegiada, quien tuvo la misión de corregir una masa que
253

a su entender llegaba al mundo ignorante, a pesar de las disidencias de los


intelectuales que denunciaban la creación de una institución aristocrática e injusta.

Por lo anterior, la nación política se proclamó y equiparó a una entidad


cultural homogénea, con algunas variantes en su constitución, sin embargo, se
ungió como esencialmente europea. Formó a sus miembros a partir del patriotismo
y catolicismo, estableciendo las bases sobre las cuales se perfilaba la
personalidad de sus miembros, creando una identidad estatal primaria, que se
concibió primordial y excluyente de otras entidades.

La cuestión del territorio fue fundamental para la élite dirigente, ya que no


solo se requirió uniformar a los miembros a lo largo de la República, sino que
además, la soberanía significó también definir las fronteras tanto políticas como
culturales, lo que tuvo como consecuencia, que los límites del Bío Bío que
aludieron a la soberanía de la nación mapuche fueron borrados y desplazados a
través de sucesivas operaciones a las que contribuyeron tanto los militares, los
misioneros, la élite política y asimismo, la prensa escrita.

Así se fue levantando el mito nacionalista, de que el Estado no podía estar


dividido por tribus salvajes, dramatizando conjuntamente la idea del atraso y la
barbarie, asignándola y delegándola al Gulumapu, elucidando al mismo tiempo un
pasado salvaje y un porvenir desarrollista. Conjuntamente, se resemantizaron los
postulados del darwinismo social, asignando a la élite dirigente los valores
esenciales de la nación chilena, creando héroes con sendas biografías y
retomadas por la historiografía decimonónica, en cuya galería es posible encontrar
a militares tales como Saavedra, Trizano, políticos, como Montt y Pinto,
historiadores, como Benjamín Vicuña Mackenna, Sarmiento, como muchos otros
fundadores de la patria.

Al mismo tiempo, el patriotismo, invocó el ideario de la civilización por lo


que por sobre todo, fue el ethos de la prensa escrita quien alentó y sedujo a la
clase dirigente para que implementase un plan de reducción y sometimiento del
territorio mapuche. Pese a que algunas misiones, se constituyeron en las fábricas
254

de la obra civilizadora, y sus misioneros contribuyeron activamente en


proporcionar información al Estado respecto de los líderes mapuche que
resistieron la pérdida de autonomía política y soberana de su territorio, insistieron
constantemente en la necesidad de someter por otras vías al Gulumapu.

Consecuentemente, para la consolidación del proyecto nacional, fue


necesario recurrir a la guerra, la que justificó la violencia desplegada ante la
Araucanía en virtud de la barbaridad de su población, para lo cual el ethos social
del Estado recurrió retóricamente al afán modernizador de la República, y a la idea
de que existió un vasto territorio, rico en recursos, y en tierra de nadie. La mayoría
de las memorias del Ministerio de Guerra presentadas el Congreso Nacional de la
segunda mitad del siglo XIX, insistieron en que los habitantes de la Araucanía,
impedían el progreso económico, y que amenazan constantemente la estabilidad
de la frontera.

En cuanto a las políticas de chilenización del territorio mapuche, el


nacionalismo chileno, se dotó de un conjunto de leyes que tuvieron por finalidad
constituir legalmente la propiedad indígena, reduciéndola significativamente
dotando así a instituciones como la Comisión Radicadora de indígenas para
detentar el poder de determinación de la posesión de la tierra. Todos aquellos
terrenos en que no fue acreditada la posesión por parte de mapuche, se
declararon terrenos baldíos los que posteriormente fueron rematados y asignados
a colonos extranjeros, y en menor cuantía a los nacionales. Los efectos de estas
leyes aún generan controversias, pues algunos sectores propugnan que la
intención de los legisladores fue proteger a los mapuche de los tinterillos y
estafadores que se instalaron en la zona, y al mismo tiempo, las alocuciones del
ethos social del Estado mostraron claramente la intencionalidad de expropiar el
territorio mapuche a favor del Estado. Ambas posturas, pueden ser igualmente
válidas si se trata sólo de realizarn análisis de la legislación, sin embargo, si se
contrapone ello al ethos del Gulumapu, queda en evidencia que las reducciones
255

propiciadas por el Estado no favoreció a la sociedad mapuche, sino que


únicamente al Estado y a la propiedad privada.

En el entendido de que los habitantes de la Araucanía fueron calificados


como improductivos y de costumbres bárbaras se diseñó y aplicó un cuerpo de
leyes de colonización extranjera, como parte de las estrategias de nacionalización
que ayudarían a juicio de la clase dirigente a “desterrar la barbarie” y desplazar la
“raza araucana”. Por ello facilitó a los colonos principalmente provenientes de
Europa extensiones de terrenos, ya que la élite suponía que la “genialidad” del
extranjero impulsaría la industria, y junto con ello serviría de modelo de “hombre
civilizado” para el mapuche y asimismo, se traspasaría al resto de la población.

La política de colonización generó un alto consenso entre los


representantes del ethos social del Estado constituido por militares, misioneros y
ministros de Estado, y también por el ethos de la prensa escrita, que durante
muchos años promovió la necesidad de llevar adelante la inmigración extranjera.
Las memorias de colonización de la última década del siglo XIX analizadas,
señalaron que fue necesario poblar el territorio con inmigrantes extranjeros
aludiendo que esto era una obra de “patriotismo”, ya que permitiría la explotación
de vastas zonas agrícolas que estaban en poder Estado una vez concluida la
ocupación militar. Sin embargo, algunos líderes del Gulumapu interpretaron esta
política como una abierta agresión e invasión provocando recelo y desconfianza.

En consecuencia, el conjunto de políticas del ramo de colonización


pretendieron la radicación de los mapuche, medidas que implicarían “hacer
desaparecer la raza indígena”, a lo que eufemísticamente Briones, indicaría como
argumento de que no se podía permitir “la estagnación de la propiedad en una
raza degenerada”, aduciendo que era fatal para el desarrollo agrícola.

Como se señaló en los capítulos anteriores, el nacionalismo, tuvo cierto éxito


en instalar la ideología, de forma tácita, a través de sobreentendidos y falsas
obviedades bajo la creencia de que eran verdades incuestionables. No obstante,
como pares opuestos, se instalaron un conjunto de conceptos que se instituyeron
256

como jerarquías, delimitando ámbitos de realidad en los que un término tenía


dominio sobre otro:

1. El progreso se erigió como un dogma asociado a la chilenidad y la


inmigración extranjera, y la decadencia a los habitantes de la Araucanía.
2. El orden social fue connaturalizado, y en él, la élite dirigente se retrató como
la portadora del orden y el caos fue asociado a los mapuche que se
resistieron a la ocupación de su territorio.
3. Los” civilizados”, fueron aquellos chilenos que se rigieron por la constitución
y el catolicismo. En cambio, los “bárbaros” fueron los mapuche que poseían
otras creencias. Lo anterior configuró un “Nosotros”, que se regía por las
leyes chilenas, y los Otros que estuvieron al margen de ella.
4. La misión del Estado fue ejercer dominación sobre la barbarie, por lo tanto,
los dominados, debieron someterse al peso de la institucionalidad y el
racismo estatal.

De allí que la taxonomía creada por la élite dirigente, redundó en la


construcción de mitos fundacionales, que pueden expresarse como:

 Todas las naciones tienen un ciclo vital, por lo que pasan desde un estado de
barbarie, delegada a la sociedad mapuche, a una organización civilizada. En
ella la comunidad política es la que le provee la identidad nacional.

 El principio de universalidad supone que todas las naciones devienen en un


Estado, por lo era necesario generar un antagonismo entre la nación mapuche
y la nación chilena sobre el supuesto de que dos naciones no pueden convivir.
De allí que, la comunidad cultural se equiparó a la comunidad política, y se
edificó desde una identidad nacional estatal que no consideró las distintas
identidades pre-existentes. Es decir, la comunidad cultural podría haber
consignado la diversidad cultural de su población, sin embargo, se traslapó a la
comunidad política como una identidad nacional.
257

 La madurez del Estado se alcanza cuando se instalan dispositivos de


disciplinamiento, vinculados a la religión, la constitución de la propiedad
privada y el libre comercio, todos ellos como propulsores de la soberanía, por
lo tanto, el Gulumapu fue representado por la élite dirigente como el adversario
y el enemigo que impidió su desarrollo.

Finalmente es importante agregar que dichos mitos fundacionales, sostuvieron


el poder político y administrativo del Estado de la segunda mitad del siglo XIX en
el que la élite constituyó “una familia nacional”, y el resto de la población quedó al
margen de esa composición.

Por efecto de sustitución de la alteridad, y de oposición de la diferencia, la


reducción del Gulumapu permitió reafirmar “lo nacional” y la “chilenidad” a través
de los representantes del ethos social del Estado, quienes transmitieron una
representación del Otro altamente racista, la que fundada en el supuesto de que
existían razas superiores e inferiores, fueron difundidas por el ethos de la prensa
con el fin de justificar la violencia y la indebida expropiación del territorio mapuche
por parte de particulares y del Estado. Esta sesgada representación del Otro
permitió además que el liberalismo, configurara la razón del Estado y el arte de
gobernar.

Por lo tanto, la razón biunívoca del Estado- Nacional se configura a partir de


una taxonomía nacionalista débil, ya que se sostiene en una identidad primordial y
abstracta que no tiene un correlato con la realidad, que entrecruza un mundo de
variables compuestas por fronteras culturales, lenguas, religiones, memoria e
historicidad propia de los sujetos que habitan el territorio que el Estado chileno
administra, pero que pese al racismo estatal que aún prevalece, los habitantes del
Gulumapu actualmente tensionan y cuestionan desde diversas maneras.
258

BIBLIOGRAFÍA

1. Fuentes Primarias:

Archivos

Congreso Nacional: Comisión parlamentaria de colonización Santiago de Chile,


imprenta Universo, 1912.

Decreto Supremo “Ciudadanía chilena a favor de los naturales del país”, Bernardo
O’Higgins, Biblioteca del Congreso Nacional de Chile, 4 de marzo de 1819
http://www.leychile.cl/N?i=1023277&f=1819-03-04&p=

Decretos y correspondencia de colonización al fondo histórico del archivo general


histórico del Ministerio de Relaciones Exteriores desde 1867 a 1896.

Discurso de apertura en las sesiones del congreso i memorias ministeriales


correspondientes al segundo quinquenio de la administración Montt. 1859
Santiago de Chile. Imprenta del ferrocarril 1859

Discursos Parlamentarios. Obras de Miguel Luis Amunátegui. Volumen I. Santiago


de Chile, imprenta Litografía I encuadernación Barcelona, 1906.

Documentos parlamentarios. Discursos de apertura en las sesiones del Congreso,


i memorias ministeriales, volúmenes 1-2. Administración Prieto 1831-1841,
administración Bulnes, 1842-1846. Chile, Congreso Nacional. Imprenta el
ferrocarril 1838.

Documentos relativos a la ocupación de Arauco que contienen los trabajos


practicados desde 1861 hasta la fecha por el coronel del ejército Cornelio
Saavedra, Santiago, Imprenta Libertad 1870. Calle los Huérfanos N°19.
259

Glosario de Colonización. Ramón Briones. I Esposición de las leyes, decretos i


demás antecedentes relativos al despacho de colonización hasta el 1 de enero de
1900.

Informe sobre la Araucanía que pasa al señor Ministro de Guerra el Comisionado


Especial, Ambrosio Letelier, Santiago de Chile, imprenta Nacional, 1878.

Memoria del Jeneral en Jefe del Ejército de Operaciones de la Alta Frontera,


pasada al Supremo Gobierno. Santiago de Chile. Imprenta Nacional, calle de la
moneda, N°46. 1869.

Memoria que el Ministro de Estado en el Departamento de guerra presenta al


Congreso Nacional de 1853, Santiago de Chile, imprenta de Julio Belin I Ca. 1853.

Memoria que el Ministro de Estado en el Departamento de guerra presenta al


Congreso Nacional de 1860, Santiago de Chile, imprenta nacional calle de
Montevideo 1860.

Memoria que el Ministro de Estado en el Departamento de Guerra presenta al


congreso nacional de 1865, Santiago de Chile, imprenta nacional, junio de 1865.

Memoria que el Ministro de Estado en el Departamento de Guerra presenta al


congreso nacional de 1870, Santiago de Chile imprenta nacional, 1870.

Memoria que el Ministro de Estado en el Departamento de Guerra presenta al


Congreso Nacional de 1874, Santiago de Chile, imprenta de Julio Belin i
Compañia, 1874.

Memoria que el Ministro de Estado en el Departamento de Justicia, culto e


instrucción pública presenta al congreso nacional de 1863, Santiago de Chile,
imprenta nacional, junio de 1863.

Memoria que el Ministro de Estado en el Departamento de Justicia, Culto e


Instrucción Pública presenta al Congreso Nacional de 1865. Santiago de Chile,
Imprenta Nacional, 1865.
260

Periódicos

El Araucano, Santiago: 1850

El Colono de Angol, Angol: 1885/1886/1887

El Correo del sur, Concepción: 1854/1855/1860/1861/1863

El Ferrocarril, Santiago: 1857/1860

El Guía de Arauco, Arauco: 1864/1865

El Mercurio de Valparaíso, Valparaíso: 1854

El meteoro de Concepción 1866/1867/1868/1873/1875/1876

La Tarántula de Concepción, Concepción: 1861/1862/1864/1865

Tesis

Contreras Painemal, Carlos. Los Tratados celebrados por los mapuche con la
Corona Española, la República de Chile y la República de Argentina. Tesis para
optar al Grado de Dr. Phil. Universidad Libre de Berlín. 2010.

Huenchullán, Carolina, El Reconocimiento de la identidad étnica de los pueblos


indígenas de Chile en el discurso del Ministerio de Educación. Tesis para optar al
grado de Magíster en Estudios Sociales, Políticos y Latinoamericanos. Universidad
Alberto Hurtado. Santiago, Chile. 2003.

González, Valentina. La representación del mapuche en los textos de Benjamín


Vicuña Mackenna, 1868-1870. Informe de seminario de grado para optar al Grado
Académico de Licenciada en Historia. Universidad de Chile, Santiago, Chile. 2009.
261

Joignant, Alfredo FONDECYT 2010 proyecto 1100877, Las élites políticas en


Chile: Sociología del personal gubernamental, parlamentario y partidario (1990-
2010).

Leiva, Rolando Araucanía, Etnia y Política. Tesis de Doctorado para la obtención


del Grado de Doctor en la especialidad de “Historia y Ciencias de la Cultura” de la
Universidad Libre de Berlín. 2006.

Millacura, Claudio. Acerca de lo contemporáneo de un viejo discurso. Tesis para


optar al Grado de Doctor en Historia, Mención Etnohistoria. Universidad de Chile,
2012.

Segunda Jornada de Historia Militar. Siglos XIX y XX. Santiago: Ediciones Centro
de Estudio e Investigaciones Militares, 2005. Consulta:
http://www.cesim.cl/Publicaciones/Libros/Presentacion_Segunda_Jornada.pdf

Vergara, Jorge Iván. La herencia colonial del Leviatán. El Estado y los mapuches –
huilliches (1750-1881). Tesis de doctorado en sociología. Universidad Libre de
Berlín. 2005.

Memorias y Literatura de la Época

Alderete, José del Carmen, Apuntes históricos. Sublevación de la Araucanía en


1881. Padres Las Casas de Chile: Imprenta y Editorial San Francisco, 1934.

Bilbao, Francisco. La América en peligro. Segunda edición. Buenos Aires.


Imprenta y litografía a vapor, e Berhein y Boneo, 1862.

Bilbao, Francisco. Los Araucanos. Exposición realizada en Paris. En:


http://www.franciscobilbao.cl/1909/article-78466.html#h2_1 1847.

Bilbao, Francisco. Obras completas de Francisco Bilbao. Buenos Aires. Edición


hecha por Manuel Bilbao. Tomo I. Imprenta de Buenos Aires 1866.
262

Coña, Pascual. Testimonios de un cacique mapuche, 7ma edición, Santiago de


Chile, Ediciones Pehuén, 2002.

Custodio Gallo, Ángel. Discurso pronunciado en la cámara de Diputados en


1857. Santiago de Chile, Editorial La Opinión, 1860.

Guevara, Tomas. Historia de la civilización de la Araucanía. Santiago de Chile,


Imprenta Barcelona, 1902.

Lara, Horacio. Crónica de la Araucanía. Descubrimiento I Conquista. Pacificación


definitiva I campaña de Villarica (leyenda heroica de tres siglos). Tomo I y II.
Santiago de Chile. Imprenta del Progreso, 1889.

Mackenna. Vicuña. La guerra a muerte. Historia jeneral de la República de Chile


desde su independencia hasta nuestros dias. Imprenta Nacional, 1868.

Mosca, Gaetano (1896). La clase política. Capítulo 11 de elementi di scienza


política de Gaetano Mosca de su versión original de Italiano (1868).

Navarro Rojas, Leandro. Crónica Militar de la Conquista y la pacificación de la


Araucanía. Desde el año 1859 hasta su completa incorporación al territorio
nacional. Santiago de Chile: Pehuén Editores, 2008 (original de 1909).

Torres, José Antonio. Oradores chilenos, retratos parlamentarios. Santiago, Chile.


Imprenta de la opinión, 1860.

Vicuña Mackenna, Benjamín. La conquista de Arauco. Discurso pronunciado en la


Cámara de Diputados en su sesión de 10 de agosto. Santiago de Chile. Imprenta
del Ferrocarril, agosto de 1868.

Vicuña Mackenna, Benjamín. La guerra a muerte. Memoria sobre las últimas


campañas de la independencia de Chile, 1819-1924. Santiago de Chile, imprenta
Nacional, 1868.
263

2. Fuentes Secundarias

Artículos

Ancán, José. “Pascual Coña: el hombre tras el muro de palabras.” En Testimonios


de un cacique mapuche, XX-X. Satiago de Chile: Editorial Pehuén, 2002 (7ma
edición).

Ancán, José: “Misiones, máquinas y memorias. Algunos apuntes sobre el álbum


fotográfico de la misión Anglicana de kepe”, en Mapuche y anglicanos. Vestigios
fotográficos de la misión Araucana de Kepe. 1896-1908. Santiago de Chile:
Ediciones Ocho Libros, 2008.

Anino, Antonio y Xavier Guerra, Francois (coord.) en Inventando la Nación.


México D.F.: Fondo de la Cultura Económica, 2003.

Antileo, Enrique. “Migración mapuche y continuidad colonial,” en Historia,


colonialismo y resistencia desde el país mapuche. Temuco: Ediciones Comunidad
de Historia Mapuche, 2012.

Balakrishnan (comp). “Nathionalism and the historians”. En Mapping the Nation.

Balibar, Etienne. “Racismo y nacionalismo.” En Raza, nación y clase. IEPALA,


Madrid. 1991

Bechis, Martha. “La etnia mapuche en el siglo XIX, su ideologización en las


pampas y sus intentos nacionalistas” En, Revista de Estudios Trasandinos.
Revista de la Asociación Chileno-Argentina de Estudios Hhistóricos e Integración
Cultural. Año II, Santiago, Diciembre de 1998.

Beltran, Miguel. “Herbert Spencer ¿Qué es una sociedad? Una sociedad es un


organismo”. En Reis, no 107, 2004.
264

Bernales O, Martín: “Andrés Bello (1781 – 1865)” en Escritos republicanos, LOM


editores, Santiago de Chile, 2011.

Bhabha, Homi K. “Narrando la Nación”. En La Invención de la Nación, lecturas de


la identidad de Herder a Homi Bhabha. Buenos Aires, Editorial Manantial, 2000.

Bihku Parekh. “El etnocentrismo del discurso nacionalista”, en lecturas de la


identidad de Herder a Homi Bhabha. Buenos Aires, Editorial Manantial. 2000.

Bonfil Batalla, Guillermo. “Sobre La liberación del indio”. En Revista Nueva


Antropología, México no 8, 1977.

Brennan, Timothy. “La nostalgia nacional de la forma”. En Homi Bhabha, Nación y


Narración. Buenos Aires: Editorial Siglo XXI, 2010.

Bustos, Guillermo. “Enfoque subalterno e historia latinoamericana: nación,


subalternidad y escritura de la historia en el debate de Mallon–Beverley.”
Fronteras de la Historia, no. 7, Universidad Andina Simón Bolivar, Quito, 2002.

Casanova, Holdenis. “Entre la Ideología y la Realidad: La Inclusión de los


mapuche en la Nación Chilena (1810-1830), en Revista de Historia Indígena Nº 4.
Depto. de Ciencias Históricas, Universidad de Chile, Santiago de Chile, 2000.

Chatterje, Partha. “El nacionalismo como problema en la historia de las ideas


políticas”. En La Invención de la Nación, lecturas de la identidad de Herder a Homi
Bhabha. Buenos Aires, Editorial Manantial. 2000.

Deleuze, Guilles. Conversaciones 1972-1990,” trad. José Luís Pardo. En


Contreras Painemal, Los tratados celebrados por los Mapuche, 48. Santiago de
Chile: Escuela de Filosofía, Universidad Arcis, edición electrónica.

Derrida, Jacques. “Una filosofía deconstructiva” En Zona erógena, Nº 35. (1997).

Derrida, Jacques. Discurso inaugural del XVIII congreso de la Sociedad francesa


de filosofía sobre el tema «la representación». Traducción de Patricio Peñalver, en
265

Derrida, Jacques, La desconstrucción en las fronteras de la filosofía. Barcelona:


Paidós Editorial, 1996.

Díaz-Polanco, Héctor: “Etnia, clase y cuestión nacional”. En Cuadernos Políticos,


número 30. México, D.F. Editorial Era. Octubre-diciembre de 1981.

Foerster Rolf y Vergara Jorge Ivan. Estado- “Pueblo Mapuche: Permanencia y


transformación de un conflicto”. Ponencia presentada en el Cuarto Congreso
Chileno Antropología, Campus Juan Gómez Millas de la Universidad de Chile.,
2001.

Foucault, Michel. “Del poder de soberanía al poder sobre la vida. Undécima


lección. 17 de marzo de 1976”, en Genealogía del racismo. Buenos Aires: Altamira
– Nordan Comunidad, 1998.

FR. Pardini, Dioxisio. “Prefecto Jeneral de Misiones”, en Rolf Foerster y Diego


Milos, Pacificación de la Araucanía. Correspondencia del P. Buenaventura Ortega,
Segunda parte. Santiago de Chile: Publicaciones del Archivo Franciscano, 2005.

Gallardo, Viviana. “Héroes Indómitos, Bárbaros y Ciudadanos Chilenos: El


Discurso Sobre el indio en la Construcción de la Identidad Nacional” en Revista de
Historia Indígena Nº5. Departamento de Ciencias Históricas, Universidad de Chile,
Santiago de Chile, 2001.

Gallego, José Andrés. “Los tres conceptos de nación en el mundo hispano.” En


Instituto de Historia, Consejo Superior de investigaciones científicas, Madrid.
Consulta: http://digital.csic.es/bitstream/10261/16354/1/NacionSevillaXVIII2004.pdf

García San Martín, Álvaro: “Francisco Bilbao (1823 – 1865)” en Escritos


republicanos, LOM editores, Santiago de Chile, 2011.

Gazmuri, Cristián. “Alberto Edwards y la Fronda Aristocrática”. En, Historia N°


37, Vol I enero Junio 2004, 61-95. Instituto de Historia, Pontificia Universidad
Católica de Chile, 2004.
266

Grez, Sergio. “1890–1907. De una huelga general a otra. Continuidades y


rupturas del movimiento popular en Chile”. En Diversos autores, A los noventa
años de los sucesos de la Escuela Santa María de Iquique. Santiago de Chile:
Ediciones Dibam–LOM, 1998.

Guevara Tomás y Mankelef Manuel. Historias de familias; Santiago: Ediciones


Liwen, 2002); Pascual Coña, Vida y costumbres de los indígenas araucanos en
la segunda mitad del siglo XIX. En La autobiografía del indígena Pascual Coña.
Santiago de Chile: Editorial Universitaria, 1930.

Herder, J. G. “Ideas para una filosofía de la historia de la humanidad, en Textos


Fundamentales para la Historia, volumen 11 de Biblioteca de Política y Sociología,
compilado por Miguel Artola. Madrid: Editorial Alianza, 1992.

Herder, J. G. “Ideas para una filosofía de la historia de la humanidad” En Textos


Fundamentales para la historia, Volumen 11. Biblioteca de Política y Sociología.
Compilado por Miguel Artola. Revista de Occidente, 1968.

Hobsbawm, Eric. “Etnicidad y nacionalismo en Europa hoy”. En En La Invención


de la Nación, lecturas de la identidad de Herder a Homi Bhabha. Buenos Aires,
Editorial Manantial. 2000.

Hurtado, Cristina: “José Victorino Lastarria (1817 – 1888)” en Escritos


republicanos, LOM editores, Santiago de Chile, 2011.

León León, Marco Antonio. “Civilizando lo indomable: criminalidad y prisión en la


Araucanía chilena. 1852-1911”. En Procesos, Revista Ecuatoriana de Historia,
no. 16. Corporación Editora nacional, 2001.

León, Leonardo. “La guerra del malón en el sur mendocino, 1658-1. En, Revista
de Estudios Trasandinos. Revista de la Asociación Chileno-Argentina de
Estudios Históricos e Integración Cultural. Año II, Santiago, Diciembre de 1998.
267

León, Leonardo. “Parlamentos y afuerinos en la frontera mapuche del río Bío-Bío


(Chile), 1760-1772. En, Fronteras de la Historia, Vol 11/2006. Revista de Historia
Colonial Latinoamericana. Instituto Colombiano de Antropología e Historia.
Bogotá, Colombia, 2006.

León, Leonardo. “Tradición y Modernidad: Vida cotidiana en la Araucanía (1900-


1935). En Revista de Historia N° 40, Vol II, julio-diciembre 2007

Marimán, José: “Identidad Fragmentada”, en Periódico mapuche Azkintuwe,


Nº2,2003.

Marimán, Pablo. “Coñuepan en el Parlamento de 1947. Argumentos y


propuestas de la Corporación Araucana”, en Liwen, no 5, 1999.

Marimán, Pablo. “La República y Los Mapuche: 1819-1828,” en Historia,


colonialismo y resistencia desde el país mapuche. Temuco: Ediciones Comunidad
mapuche.2012

Marimán, Pedro. “La Diáspora mapuche: Una Reflexión Política”, en Liwen, no


4. Temuco: Centro de Estudios y Documentación mapuche Liwen, 1991.

Martínez, José Luis; Martínez, Nelson; Gallardo, Viviana “Rotos”, “cholos” y


“gauchos”: la emergencia de nuevos sujetos en el cambio de algunos
imaginarios nacionales republicanos (Siglo XIX). En Nación, Estado y Cultura en
América Latina. Ediciones Facultad de Filosofía y Humanidades. Serie de
Estudios. Universidad de Chile, (2003.

Marilew, Francisco “Carta al Intendente de la Provincia de Concepción, Juan de


Dios Rivera, Nacimiento, Septiembre 26 de 1827”, en Pavez, Cartas mapuche,
182.
268

Mazzini, Giuseppe, “¿Qué es una nación?”, En Ángeles Égido, La historia


contemporánea en la práctica. Centro de Estudios Ramón Areces, Italia, original
de 1826. España, 1996.

Mignolo Walter. “Herencias coloniales y teorías postcoloniales” En Gonzáles


Stephan, Beatriz, Cultura y Tercer Mundo: 1.Cambios en el Saber Académico,
Cap. IV, Nueva Sociedad, Venezuela, 1996.

Parentini, Luis Carlos; Herrera Patricio. “Araucanía Maldita: Su imagen a través


de la prensa (1820-1860)”. En Boletín de Historia y Geografía N° 16,
Universidad Católica Silva Henríquez, 2002.

Pinto Rodríguez, Jorge. “Del antiindigenismo al proindigenismo en Chile en el siglo


XIX” en La reindianización de America, siglo IX, Leticia Reina. México D.F:
Editorial Siglo XXI, 1997.

Renan, Ernest. “En la invención de la Nación”. Comp. Alvaro Fernández Bravo.


Buenos Aires: Ediciones Manantial, 2000.

Santos Herceg, José: “Jenaro Abásolo (1833 – 1884)” en Escritos republicanos,


LOM editores, Santiago de Chile, 2011.

Serrano, Sol. “De escuelas indígenas sin pueblos a pueblos sin escuelas
indígenas: la educación en la Araucanía en el siglo XIX”, en Revista de Historia,
Vol. 29, Instituto de Historia. Pontificia Universidad Católica de Chile 1995-1996.

Spivak, Gayatri. “¿Puede hablar el sujeto subalterno?” En Memoria académica.


Orbis Tertius, 1998.

Stuven, Ana María. “Una aproximación a la cultura política de la élite chilena:


concepto y valoración del orden social (1830-1860”, en Estudios Públicos, no 66
1997: disponible en http://www.plataformademocratica.org/Publicacoes/9668.pdf
269

Subercaseaux, Bernardo. “Raza y Nación: el caso de Chile. Universidad de


Chile”. En A contracorriente, una revista de historia social y literatura de América
Latina. Vol 5, Nº 1, 2007.

Subercaseaux, Bernardo. “La construcción de la Nación y la cuestión indígena”.


En Nación, Estado y Cultura en América Latina. Ediciones Facultad de Filosofía
y Humanidades. Serie de Estudios. Universidad de Chile, 2003.

Subercaseuax, Bernardo: “Valentín Letelier (1852 – 1919)” en Escritos


republicanos, LOM editores, Santiago de Chile, 2011.

Toledo Llancaqueo, Víctor. “Segura y perpetua Propiedad. Notas sobre el debate


jurídico sobre derechos de propiedad indígena en Chile, siglo XIX”, Actas 4°
Congreso Chileno de Antropología, Colegio de Antropólogos de Chile Consulta,
http://meli.mapuches.org/spip.php?article97

Villalobos, Sergio. "Guerra y paz en la Araucanía: periodificación", En Sergio


Villalobos R. y Jorge Pinto R. (Compiladores): Araucanía. Temas de Historia
Fronteriza, Temuco. Ediciones Universidad de la Frontera, 1985.

Wallerstein, Immanuel. “La construcción de los pueblos: racismo, nacionalismo,


etnicidad”. En Raza, Nación y clase. IEPALA, Madrid, 1991.

Libros

Alvarado, Margarita; Mege, Pedro y Baez, Christian. Mapuche fotografías siglo


XIX y XX. Construcción e imagen de un imaginario. Santiago de Chile: Pehuén
editores, 2001.

Anderson, Benedict. Comunidades imaginadas. Reflexiones sobre el origen y


difusión del nacionalismo. Trad. por Eduardo Edición original, 1981. México
D.F.: Editorial Fondo de la Cultura Económica, 1993.
270

Aróstegui, Julio. La investigación histórica: teoría y método. Madrid: Crítica


Editorial, 2001.

Bartra, Roger. El mito del Salvaje. México D.F.: Fondo de la Cultura Económica,
2011.

Bengoa, José. Historia de un Conflicto. El Estado y los Mapuches en el Siglo XX.


Santiago de Chile: Editorial Planeta, 2002.

Bengoa, José. Historia del Pueblo Mapuche. Siglos XIX y XX. Santiago de Chile:
LOM Ediciones, 2000.

Benhabib, Seyla. Los derechos de los Otros. Traducido por Gabriel Zadunaisky.
Barcelona: Editorial Gedisa, 2005.

Bhabha, Homi K. Nación y Narración. Buenos Aires: Editorial Siglo XXI, 2010.

Boccara, Guillaume y Seguel-Boccara, Ingrid. Políticas indígenas en Chile


(siglos xix y xx) de la asimilación al pluralismo -El Caso Mapuche, Nuevo Mundo
Mundos Nuevos. BAC - Biblioteca de Autores del Centro, 2005. URL:
http://nuevomundo.revues.org/594

Burke, Peter. ¿Qué es la historia cultural? Trad. por Pablo Hermida Lazcano.
Barcelona: Ediciones Paidós Ibérica, 2006.

Burke, Peter. Formas de hacer historia. Madrid: Alianza Editorial, 1991.

Catanzaro, Gisela. La Nación entre la naturaleza e historia. Sobre los modos de


las crítica. Buenos Aires: Editorial Fondo de Cultura Económica, 2011.

Cid, Gabriel y Alejandro San Francisco (editores). Nación y Nacionalismo en


Chile. Siglo XIX. Santiago de Chile: Ediciones Centro de Estudios Bicentenario,
2009.
271

Cid, Gabriel. Modelos teóricos del nacionalismo: Algunos alcances y propuestas


para el caso chileno. http://www.estudioshistoricos.cl/blog/modelos-teoricos-del-
nacionalismo-algunos-alcances-y-propuestas-para-el-caso-chileno/

Cid, Gabriel. La Guerra contra la Confederación. Imaginario nacionalista y


memoria colectiva en el siglo XIX chileno. Santiago: Ediciones Universidad Diego
Portales, 2011.

Colmenares, German. Las convenciones contra la cultura. Ensayos sobre la


historiografía hispanoamericana del siglo XIX. Santa Fe de Bogotá: Tercer Mundo
Editores, 1986.

Correa, Sofía. Con las riendas del poder. La derecha chilena en el siglo XX.
Santiago de Chile: Editorial Sudamericana, 2004.

De la Fuente, Darío. Hernan Trizano. Biografía, cartas, antología. Temuco:


Editorial Nuevo Horizonte - Patrocinio del diario Austral de Temuco, 1994.

Derrida, Jacques. La Desconstrucción en las Fronteras de la Filosofía.


Barcelona: Editorial Paidós, 1996.

Dubois, Jacques. Titulo original: Rethorique generalem trad. de todas las ediciones
de Juan Victorio. París: Publicado en francés por Editions du Seuil y en español
por Ediciones Paidós Iberica, S. A., 1982.

Dussel, Enrique. 1492. El encubrimiento del Otro. Hacia el origen del mito de la
Modernidad. La Paz: Plural Editores, Facultad de Humanidades y Ciencias de la
Educación, UMSA, 1994.

Edwards, Alberto. La fronda aristocrática. Santiago de Chile: Imprenta Nacional,


1928.

Feliú Cruz, Guillermo. Santiago a comienzos del siglo XIX. Crónicas de los
viajeros.. Santiago de Chile: 1era edición 1970. Editorial Andrés Bello y Consejo
Nacional del Libro y la Lectura, 2001.
272

Fernández Bravo, Alvaro (compilador). La invención de la Nación. Lecturas de


identidad de Herder a Homi Bhabha. Buenos Aires: Ediciones Manantial, 2000.

Ferrando Keun, Ricardo, Y así nació la Frontera. Conquista, Guerra, Ocupación,


Pacificación 1550 – 1900. Santiago de Chile: 1era edición Editorial Antártica,
1986/ 2da edición: Ediciones Universidad Católica de Temuco, 2012.

Ferro, Marc. El libro negro del colonialismo. Siglos XVI al XXI. Del exterminio al
arrepentimiento. Trad.de Carlo Caranci. Madrid: Editorial La esfera de los libros,
2003.

Foerster Rolf y Diego Milos. Pacificación de la Araucanía. Correspondencia del


P. Buenaventura Ortega (segunda parte). Santiago de Chile, Publicaciones del
Archivo Franciscano, 2005.

Foucault, Michel. Genealogía del racismo. De las guerras de las razas al racismo
del Estado. Traducción del francés de Alfredo Tzveibely. Madrid: Ediciones la
Piqueta, 1992.

Foucault, Michel. La arqueología del Saber. Traducción Aurelio Garzón. México


D.F.: Siglo XXI editores, 1970.

Foucault, Michel. La microfísica del poder. Madrid: Ediciones de La Piqueta,


1978.

Foucault, Michel. Las palabras y las cosas: una arqueología de las ciencias
humanas, Primera edición en francés 1966. México D.F.: Ediciones Siglo XXI,
2005.

G. Fichte, Discursos a la nación alemana (1807-1808). Consulta,

Gabriel Cid, Nación y nacionalismo en Chile, Siglo XIX, Vol.II. Santiago, Chile:
Editores. Centro de Estudios Bicentenario, 2009.
273

Gallego, José Andrés. Los tres conceptos de nación en el mundo hispano”.


Instituto de Historia, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 2006):
http://digital.csic.es/bitstream/10261/16354/1/NacionSevillaXVIII2004.pdf

Geertz, Clifford. La interpretación de las culturas. Barcelona: Editorial Gedisa,


2001.

Gellner, Ernest. Naciones y nacionalismo. Madrid: Editorial Alianza, 1988.

Góngora, Mario. Ensayo histórico sobre la noción de Estado en Chile en los


siglos XIX y XX. Santiago de Chile. 1era edición 1986: Editorial Universitaria,
2006.

Grez, Sergio. De la "regeneración del pueblo" a la huelga general: génesis y


evolución histórica del movimiento popular en Chile (1810-1890). Santiago de
Chile: Ediciones RIL Editores. 1997/2007.

Guerra-Francois, Xavier México. Del antiguo régimen a la revolución II. México


D.F.: Fondo de Cultura económica. Sexta reimpresión de la obra original en
francés de 1985, 2003.

Guerra-Francois, Xavier. Modernidad e independencias. Ensayos sobre las


revoluciones hispánicas. Madrid: Fundación Studium y Ediciones Encuentro S.A.,
2009.

Guevara Tomás y Mankelef Manuel. Kiñe mufü trokiñche ñi piel. Historia de


familias siglo XIX. Temuco: Colobris/ LIWEN. Estudio preliminar de José Ankañ
Jara. Edición separada de la 1era parte de las últimas familias y costumbres
araucanas, de Tomás Guevara. 1912

Guevara, Tomás. Costumbres judiciales i enseñanzas de la araucanos Santiago


de Chile: Imprenta Cervantes, 1904.
274

Heisse González, Julio. Homenaje a Guillermo Feliù Cruz. Santiago de Chile:


Editorial Andrés Bello. Biblioteca del Congreso Nacional, 1973.

Held, David. Modelos de Democracia. Traducción de Teresa Albero. Madrid:


Alianza Editorial, 1991.

Hobbes, Thomas. Leviatán. Buenos Aires, Ediciones Libertad, 2004.

Hobsbawm, Eric y T. Ranger. La invención de la tradición. Barcelona: Editorial


Crítica, 2002.

Hobsbawm, Eric: “Cómo cambiar el mundo: Marx y el marxismo 1840 - 2011”.


Editorial Crítica. Buenos Aires, Argentina, 2011.

Ibañez, Jesús. Más allá de la sociología. El grupo de discusión: Técnica y crítica.


Madrid: Editorial Siglo XXI, 1979.

Jociles Rubio, María Isabel. El análisis del discurso: de cómo utilizar desde la
antropología social la propuesta analítica de Jesús Ibañez, 2005.

Joseph Sieyès, Emmanuel. ¿Qué es el tercer Estado? (Obra original: Qu´est-ce


que le tiers etat Sieyès, 1789). L’Histoire Par L’Image, Centre historique des
Archives nationales-Atelier de photographie). Consulta,
http://portu.der.uva.es/constitucional/materiales/libros/Sieyes_Cap_V.pdf

Julio, Pinto y Valdivia, Verónica. ¿Chilenos todos? La construcción social de la


nación (1810-1840) Santiago de Chile: LOM Ediciones, 2009.

Leiva, Arturo. El primer avance a la Araucanía, Angol 1862. Temuco: Ediciones


Universidad de la Frontera, 1984.

León, Leonardo. Araucanía: La violencia mestiza y el mito de la pacificación


1880-1900. Santiago de Chile: Editorial Arcis. 2005.
275

León, Leonardo. Los señores de la cordillera y las pampas: los pehuenches de


Malalhue 1770-1800. Santiago de Chile: Centro de investigaciones Barros Arana.
Dirección de bibliotecas, archivos y museos, 2005.

León, Leonardo. Maloqueros y Conchavadores en Araucanía y las pampas,


1700-1800. Temuco: Ediciones Universidad de la Frontera. Quinto Centenario,
1990.

León, Marco Antonio. Encierro y corrección. La configuración de un sistema de


prisiones en Chile (1800-1911). Tomo III. Universidad Central de Chile. Santiago
de Chile.

Lévi-Strauss, Claude. Antropología estructural. Mito Sociedad Humanidades.


México D.F: Editorial Siglo XXI. Primera edición en frances 1973. Decimoprimera
edición en español 1999.

Manquilef, Manuel. Comentarios del pueblo araucano. (Santiago de Chile:


Editorial Imprenta Cervantes, 1911.

Marimán, José. Autodeterminación. Ideas Políticas mapuche en el albor del siglo


XXI. Ciencias políticas, LOM ediciones, Santiago, Chile. 2012. 18

Marimán, José. Cuestión mapuche, descentralización del Estado y autonomía


regional. Temuco: Centro de Estudios y Documentación Mapuche Liwen, 1997).

Marimán, José: Movimiento mapuche y propuestas de autonomía en la década


postdictadura. Denver: 1997. Consulta: http://www.mapuche.info/?aut=66

Marimán, Pablo et al (2006). ¡…Escucha winka…!. Cuatro ensayos de historia


nacional mapuche y un epílogo sobre el futuro. Lom ediciones. Santiago, Chile.
Pablo Marimán et al, ¡…Escucha winka…! (Santiago de Chile: LOM Ediciones,
2006).
276

Méndez, Luz María “La organización de los Parlamentos de indios en el siglo


XVIII”, en, Sergio Villalobos, Carlos Aldunate,et al, Relaciones fronterizas en la
Araucanía. Santiago de Chile. (1982).

Mejía, Oscar y Castro, Carolina. La categoría de élite en los estudios políticos.


Una exploración epistemológica. Universidad Nacional de Colombia. Facultad
de Derecho, Ciencias políticas y Sociales, 2009.

Menard, Andre y Pavez, Jorge. Mapuche y Anglicanos. Vestigios fotográficos de


la misión araucana de Quepe. 1896-1908. Ocho libros Editores. Laboratorio de
desclasificación comparada, 2007.

Mosca, Gaetano The Ruling Class. Westport: Editorial Greenwood Press, 1939.

Mouffe, Chantal. En torno a lo político. 1ª ed. Obras de sociología. Buenos


Aires: Fondo de la Cultura Económica, 2007)

Nahuelpán, Héctor; Herson, Huinca; Marimán, Pablo; Cárcamo Huechante, Luis;


Mora Curriao, Maribel; Quidel, José; Antileo, Enrique; Curivil, Felipe; Huenul,
Susana; Millalén, José; Calfío, Margarita; Pichinao, Jimena; Paillán, Elías y
Cayulm, Andrés. Historia, colonialismo, y resistencia desde el país mapuche.
Santiago de Chile: Ediciones Comunidad de Historia Mapuche, 2012.

Navarro Rojas, Leandro: Crónica Militar de la conquista y pacificación de la


Araucanía desde el año 1859 hasta su completa incorporación al territorio
nacional. Editorial Pehuén, 2008.

Palti, Elias. La Nación como problema. Los historiadores y la cuestión nacional.


Buenos Aires: Fondo de la Cultura Económica, 2002.

Parentini, Luis Carlos (comp.). Historiadores chilenos frente al bicentenario.


Santiago de Chile: Comisión bicentenario. Presidencia de la República, 2008.

Pareto, Wilfredo. Escritos sociológicos. Madrid: Alianza Editorial, 1987.


277

Pavez, Jorge (comp.). Cartas mapuche. Ocho Libros Editores. Santiago de


Chile: Fondo de publicaciones americanistas. Universidad de Chile. Colección
documentos para la historia mapuche, 2008.

Pinto, Jorge y Casanova, Holdenis et al. “Misioneros en la Araucanía, 1600-


1900. Temuco: Ediciones Universidad de la Frontera, Serie Quinto Centenario,
1988.

Pinto, Jorge. La formación del Estado, y la Nación y el Pueblo Mapuche: de la


inclusión a la exclusión. Santiago de Chile: Centro de Investigaciones Diego
Barros Arana, 2003.

Pinto, Jorge. Proyectos de la élite chilena del siglo XIX. (II). N°27. Universidad
de la Frontera. (2008).

Pinto, Julio y Valdivia, Verónica. ¿Chilenos todos? La construcción social de la


nación (1810-1840). Santiago de Chile: LOM Ediciones, 2009.

Quezada, Jaime. La Frontera, colección nosotros los chilenos. Editorial


Quimantú, 1973.

Ravest Mora, Manuel. Estudio introductorio Arauco….siempre Arauco,


Documentos Relativos a la Ocupación de Arauco que contienen los trabajos
practicados desde 1861 hasta la fecha. Santiago de Chile: Cámara Chilena de la
Construcción, Pontificia Universidad Católica de Chile, Dirección de Bibliotecas
Archivos y Museos, 2009.

Saavedra, Alejandro. Los mapuche en la sociedad chilena actual. Santiago de


Chile: LOM Ediciones, 2002.

Salazar, Gabriel. Mercaderes, Empresarios y Capitalistas (Chile, Siglo XIX).


Santiago de Chile: Editorial Sudamericana, 2009.
278

Salazar, Gabriel y Pinto, Julio. Historia Contemporánea de Chile II. Actores,


Identidad y Movimiento. Santiago de Chile: Ediciones LOM, 1999.

Salazar, Gabriel. Construcción del Estado en Chile (1800-1837). Democracia de


los “pueblos”, militarismo ciudadano, golpismo oligárquico. Bibioteca “todo es
historia”. Santiago de Chile: Editorial Sudamericana, 2005.

Samoná, Leonardo. Diferencia y Alteridad. Madrid: Ediciones, Akal. ,2005.

Sarmiento, Domingo. Facundo civilización i barbarie. París: Editorial Librería


Hachette y Cía., 1874.

Silva Castro, Raúl. ed. Lastarria, José Victorino. Diario Político 1849-1852,
Santiago de Chile: Editorial Andrés Bello, 1968.

Smith, Anthony. Teorías del nacionalismo. Barcelona: Editorial Península, 1976.

Stabili, Maria Rosaria. El sentimiento aristocrático. La élite chilena frente al


espejo. 1860-1960. Trad. de Paula Zaldívar.1996 Centro de investigaciones
Barros Arana. Título original de la obra Il Sentimiento Aristocrático. Elites Cilene
allo specchia (1860-1960), 2003.

Stuven, Ana María y Cid, Gabriel. Debates republicanos en Chile. Siglo XIX. Vol.
I. Ediciones Universidad Diego Portales, 2012.

Stuven, Ana María. La seducción de un orden. Las elites y la construcción de


Chile en las polémicas culturales y políticas del siglo XIX. Santiago de Chile:
Ediciones de la Universidad Católica de Chile, 2000.

Subercaseaux, Bernardo. Chile o una loca historia. Libros del ciudadano.


Santiago de Chile: LOM, 1999.
279

Subercaseaux, Bernardo. La construcción de la Nación y la cuestión indígena.


En Nación, Estado y Cultura en América Latina. Santiago de Chile: Ediciones
Facultad de Filosofía y Humanidades, 2003.

Urrutia, Mario; Benedetti; Laura, Monsálvez, Danny. Notas respecto a la


investigación histórica reciente en América del Sur: El caso de Chile. HAOL N°8.
© Historia Actual On Line. Universidad de Concepción. 2005.

Van Dijk, Teun. Discurso y poder. Trad. de Alica Bixio. Barcelona: Editorial
Gedisa, 2009.

Van Dijk, Teun. Dominación étnica y racismo discursivo en España y América


Latina. Barcelona: Editorial Gedisa, 2003.

Vargas, Juan Eduardo. La Sociedad de Fomento Fabril 1883-1928. Santiago,


Chile: Ediciones historia. Imprenta Universidad Católica, 1976.

Vera, Ricardo. Historia de la civilización. Basado en la obra inglesa “outlines of


the world history” de Edgard, Sanderson. Tomo I y II. Barcelona: Editorial
Ramón Sopena, 1958.

Verniory, Gustave Marie Eugène. Diez años en Araucanía 1889-1899. Santiago


de Chile: Pehuén, 2da edición, 2001 (1era edición 1975).

Villalobos, Sergio y Pinto, Jorge (comp.), Araucanía. Temas de Historia


Fronteriza. Temuco: Ediciones Universidad de La Frontera, 1985.

Villalobos, Sergio. Cuadernos de Historia, no 34. Universidad de Chile, 2011.

Villalobos, Sergio. Relaciones Fronterizas en la Araucanía. Santiago de Chile


Universidad Católica de Chile, 1982.

Villalobos, Sergio. Vida Fronteriza en la Araucanía. Santiago de Chile: Editorial


Andrés Bello, 1995.
280

Villorio, Luis. Estado Plural, pluralidad de culturas. Editorial Paidós Mexicana y


Facultad de Filosofía y Letras Universidad Nacional Autónoma de México, 1998.

Wimmer, Andreas. “Nationalist Exclusion and ethnic conflict shadows of


modernity”. Cambridge: Cambridge University Pres, 2002.