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LECCIÓN IV

INGRESO EN LA ONTOLOGÍA

¿QUÉ ES EL SER? IMPOSIBILIDAD DE DEFINIR EL SER. ¿QUIEN


ES EL SER? EXISTENCIA Y CONSISTENCIA. ¿QUIEN EXISTE? EL
REALISMO METAFÍSICO. LOS PRIMEROS FILÓSOFOS GRIEGOS.
HERÁCLITO.

En las lecciones anteriores hemos intentado verificar algunas excursiones por


el campo de la filosofía, pero limitándonos a visiones panorámicas, por decirlo
así, de carácter general.
En nuestra primera excursión hubimos de aprovechar esa vista panorámica
para delimitar en grandes rasgos el objeto general de la filosofía y los
territorios de su campo. La segunda nos internó por los problemas del método;
y hubimos de ver que el método principal de la filosofía es la intuición, tanto
en su forma intelectual como en sus formas emotiva y volitiva, aplicando cada
una de estas formas según las modalidades del objeto en cuestión.
Ahora vamos a intentar una serie de excursiones por territorios filosóficos más
intrincados, más difíciles. Vamos a probar durante algunos días a desbrozar un
poco el campo de la ontología.
Por primera vez hoy vamos a plantearnos problemas realmente de fondo. Así
es que yo requiero por ello toda la atención y todo el esfuerzo de que sean
ustedes capaces.
Vamos a hablar, pues, de ontología.
Ontología significa “teoría del ser”. Las dos grandes divisiones que podemos
hacer en la fi-losofía son la ontología y la gnoseología, la teoría del ser y la
teoría del saber, del conocer.
Hoy vamos a ocuparnos de algunos problemas que se plantean en la misma
puerta de entrada a la teoría del ser.
La ontología, en términos generales, se ocupa del ser, o sea, no de este o aquel
ser concreto y determinado, sino del ser en general, del ser en la más vasta y
amplia acepción de esta palabra.
Lo primero que se le ocurre a cualquiera a quien le digan que una disciplina va
a ocuparse de un objeto, es que esa disciplina ha de decirle lo que ese objeto
es. Por consiguiente, el problema comprendido primariamente en la teoría del
ser, habrá de ser éste: ¿Qué es el ser?
Ahora bien, formulada de esta primera manera, la pregunta implica que lo que
se pide, que lo que se quiere y se demanda, es una definición del ser; que se
nos diga qué cosa es el ser.
Vamos a ver dentro de un instante la dificultad insuperable, absolutamente
insuperable, de esta acepción de la pregunta. Si tomamos la pregunta en ese
sentido, tropieza con una dificultad que la hace imposible de contestar.
Pero no sólo puede preguntarse, ¿qué es el ser?; no sólo puede pedirse la
definición del ser, sino que también podría preguntarse: ¿quién es el ser? En
este caso, ya no se pediría definición del ser, sino que lo que se nos pediría es
señalamiento del ser; que se nos muestre dónde está el ser; quién es.
Así que, por de pronto, para mayor claridad en nuestro desenvolvimiento,
vamos a concretar en estas dos preguntas el programa previo de la ontología:
por una parte, la pregunta: ¿Qué es el ser?; por otra parte, la pregunta: ¿Quién
es el ser?

¿Qué es el ser?. Imposibilidad de definir el ser.

Analicemos la primera pregunta: ¿qué es el ser? Digo a ustedes que esta


pregunta es incontestable. La pregunta exige de nosotros que demos una
definición del ser. Ahora bien: dar una definición de algo supone reducir ese
algo a elementos de carácter más general, incluir ese algo en un concepto más
general todavía que él. ¿Hay concepto más general que el concepto del ser?
¿Puede hallarse acaso alguna noción en la que quepa el ser, y que, por
consiguiente, habría de ser más extensa que el ser mismo? No la hay.
Si nosotros examinamos las nociones, los conceptos de que nos valemos en las
ciencias y aun en la vida, encontramos que estos conceptos poseen, todos
ellos, una determinada extensión; es decir, que cubren una parte de la realidad;
se aplican a un grupo de objetos, a unos cuantos seres. Pero estos conceptos
son unos más extensos que otros; es decir, que algunos se aplican a menos
seres que otros; como cuando comparamos el concepto de “europeo” con el de
“hombre” encontramos naturalmente que hay menos europeos que hombres.
Por consiguiente, el concepto de “hombre” se aplica a mas cantidad de ser que
el concepto “europeo”. Los conceptos son, pues, unos más extensos que otros.
Ahora bien. Definir un concepto consiste en incluir este concepto en otro que
sea más extenso, o en otros varios que sean más extensos y que se encuentren,
se toquen, precisa-mente en el punto del concepto que queremos definir. Si
nos proponemos definir el concep-to de “ser”, tendremos que tener a mano
conceptos que cubran mayor cantidad de ser que el concepto de ser. Ahora
bien: el concepto de ser en general es el que cubre mayor cantidad de ser. Por
consiguiente, no hay otro más extenso, por medio del cual pueda ser definido.
Mas, por otra parte, podemos llegar también a la misma conclusión. Definir un
concepto es enumerar una tras otra las múltiples y variadas notas
características de ese concepto. Un concepto es tanto más abundante en notas
características, cuanto que es menos extenso; pues un concepto reducido
necesita más notas definitorias que un concepto muy amplio.
Y el concepto más amplio de todos, el concepto de ser, no tiene, en realidad,
notas que lo definan.
Por eso, para definir el ser nos encontraríamos con la dificultad de que no
tendríamos que decir de él nada. Hegel, que hace esta misma observación,
acaba por identificar por completo el concepto de “ser” con el concepto de
“nada”; porque del ser no podemos predicar nada, del mismo modo que de la
nada no podemos predicar nada. Y por otra parte, del ser lo podemos predicar
todo, que equivale exactamente a no poder predicar nada.

¿Quién es el ser?

Así, por consiguiente, el concepto de “ser” no es un concepto que sea


definible. A la pre-gunta: ¿qué es el ser?, no podemos dar ninguna
contestación. En realidad, el ser no puede definirse; lo único que puede
hacerse con él es señalarlo, que no es lo mismo que definirlo. Definirlo es
hacerlo entrar en otro concepto más amplio; señalarlo es simplemente invitar
al interlocutor a que dirija su intuición hacia un determinado sitio, en donde
está el concepto de ser. Señalar el concepto de ser, en cambio, eso sí es
posible.
Es justamente a lo que nos invita nuestra pregunta segunda, que ya no es: ¿qué
es el ser? sino: ¿quién es el ser? Esta variación “quien” en vez de “qué” nos
hace ver que esta segunda pregunta tiende: no a definir, sino a señalar el ser,
para poderlo intuir directamente y sin definición ninguna.
Si reflexionamos ahora también sobre esta pregunta de quién es el ser, nos
encontramos con que esta pregunta implica algo extraño y curioso. Preguntar
quién es el ser, parece querer decir que no sabemos quién es el ser, que no
conocemos el ser, y además, que hay diferentes pretensiones, más o menos
legítimas, a ser el ser, que diferentes cosas pretenden ser el ser, y que nosotros
nos vemos obligados a examinar cuál de esas cosas puede legítimamente
ostentar el apelativo de “ser”.
Nuestra pregunta: ¿quién es cl ser?, supone, pues, la distinción entre el ser,
que lo es de verdad, y el ser, que no lo es de verdad; supone una distinción
entre el ser auténtico y el ser inauténtico o falso. O, como decían los griegos,
como decía Platón, entre el ser que es y el ser que no es.
Esta distinción es. en efecto, algo que está contenido en la pregunta: ¿quién es
el ser? Y, ¿cómo podremos, entonces, descubrir quién es el ser, si son varios
los pretendientes a esa dignidad? Pues podremos descubrirlo cuando
intentemos aplicar a cada uno de esos pretendientes el criterio de las dos
preguntas.
Cuando algo se nos presente con la pretensión de ser el “ser” antes de decidir
sobre ello deberemos, pues, preguntarle: ¿qué eres?. Si podemos entonces
disolver ese pretendiente a ser en otra cosa distinta de él, es que está com-
puesto de otros seres que no son él y es reductible a ellos, y, por consiguiente,
quiere decir que ese ser no es un ser auténtico, sino que es un ser compuesto o
consistente en otros seres. Y si en cambio, por mucho que hagamos no pode-
mos definirlo, no podemos disolverlo, reducirlo a otros seres, entonces ese ser
podrá en efecto ostentar con legitimidad la pretensión de ser el ser.
Esto quedará mucho más claro si aplicamos ya una terminología corriente en
el pensamiento filosófico, y distinguimos entre el ser en sí y el ser en otro.
El ser en otro es un ser inauténtico, es un ser falso, puesto que tan pronto
como yo lo examino, me encuentro con su definición, es decir, con que ese ser
en otro es esto, lo otro, lo de más allá; es decir, que él no es sino un conjunto
de esos otros seres; que él consiste en otra cosa; y entonces el ser que consiste
en otro no puede ser un ser en sí, puesto que consiste en otro.
Éste es típicamente el ser en otro; mas, como lo que andamos buscando es el
ser en sí, podremos rechazar entre los múltiples pretendientes al ser en sí,
todos aquellos que consisten en otra cosa que ellos mismos.
Esto nos conduce a replantear de nuevo nuestros problemas iniciales; pero
ahora en una forma completamente distinta. Acabamos de percibir –y ahora lo
vamos a exponer con claridad– que la palabra “ser” tiene dos significados.
Luego encontraremos, en el curso de estas clases, otros muchos; pero ahora
acabamos de vivir con una vivencia inmediata, dos significados de la palabra
“ser”: el uno, el ser en sí; el otro, el ser en otro.

Existencia y consistencia.

Estos dos significados equivalen a estos dos otros: la existencia y la


consistencia. La palabra “ser” significa, por una parte, existir, estar ahí. Pero
por otra parte significa también consistir, ser esto, ser lo otro. Cuando
preguntamos ¿qué es el hombre?, ¿qué es el agua?, ¿qué es la luz?, no
queremos decir si existe o no existe el hombre, si existe o no existe el agua o
la luz. Queremos decir: ¿cuál es su esencia?, ¿en qué consiste el hombre?, ¿en
qué consiste el agua?, ¿en qué consiste la luz? Cuando la Biblia dice que Dios
pronunció estas palabras: “Fiat lux”; que la luz sea, la palabra “ser” está
empleada, no en el sentido de “consistir”, sino en cl sentido de “existir”.
cuando Dios dijo “Fiat lux”; que la luz sea, quiso decir que la luz, que no
existe, exista. Pero cuando nosotros decimos: ¿qué es la luz?, no queremos de-
cir qué existencia tiene la luz, no. Queremos decir: ¿Cuál es su esencia?, ¿cuál
es su consistencia?