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Las asunciones son peligrosas - especialmente cuando se hacen en el ámbito de las Sagradas Escritu-

ras. Si una creencia teológica esta basa en una asunción errónea, la práctica religiosa también va a
estar equivocada. Las asunciones más comunes son en la Cristiandad y movimientos mesiánicos, de
que el sábado es el Shabat Bíblico, y que el domingo es el día en que resucitó YaHushua . Estas creen-
cias son construidas en otra suposición: que la semana moderna es un ciclo continuo y sin interrup-
ción desde la Creación. Los hechos del calendario juliano, sin embargo,nos prueba que estas suposi-
ciones formadas por los lideres cristiano a través de las generaciones sucesivas, es falso.

El ciclo semanal de siete días tiene una conexión inherente a la naturaleza. Se volvió fundamental
para los hebreos, y dentro de los hebreos se estructuraron los tiempos y ciclos de labores en todo el
mundo. Cuando el emperador romano Constantino se convirtió al Cristianismo, él adoptó la semana
de siete días relacionados con el shabat, establecida de la antigüedad por el pueblo hebreo.

Los soldados romanos estacionados en Egipto se acostumbraron a la semana pagana de siete días y
poco a poco la introdujeron en su país, reemplazando la semana oficial de ocho días (octaviano, César
Augusto) y los siguientes gobernantes romanos toleraron esta práctica, que se oficializó con Constan-
tino I el Grande en el año 321 de nuestra era.

Los Romanos, siguiendo a los Etruscos, usaban ciclos de ocho días (“nundinales”) para sus mercadi-
llos. Una semana de siete días fue eventualmente adoptada de facto, aunque no oficialmente sino
hasta la llegada de Constantino. Para una reflexión a profundidad en estos sucesos y su efecto sico-
lógico en el ciclo semanal, ( Eviatar Zerubavel, El Ciclo Semanal de Siete Días: La Historia y Significado
de la Semana, Chicago 1989).

El calendario juliano, introducido por Julio César en el año 46 a. C., resultó de una reforma del calenda-
rio romano. Entró en vigor en el 45 a. C. poco antes de la conquista romana de Egipto. Era el calendario
predominante en el mundo romano, y posteriormente en la mayor parte de Europa y en los asenta-
mientos europeos de América y otros lugares, hasta que fue sustituido progresivamente por el Calen-
dario Gregoriano, promulgado en 1582 por el Papa Gregorio XIII.

La aparición de este calendario unificado sustituyó los calendarios lunares de muchas culturas anti-
guas, como los tradicionales calendarios etruscos y latinos, unificando el mundo romano y sus colo-
nias en torno a un mismo modelo, heredero del calendario solar egipcio, el primero del cual se tiene
noticia, desarrollado en la antigüedad remota para intentar predecir las crecidas del Nilo.
El calendario juliano introdujo un año regular de 365,25 días a lo largo de 12 meses, con un día
bisiesto introducido entre el 23 y el 24 de febrero cada 4 años. Para ello se debió contar durante el
año previo a su implantación un año de 445 días, denominado el “último año de la confusión”. La
idea de numerar los días surgió posteriormente, herencia de los visigodos, y fue implementada por
decisión de Carlomagno.
El calendario juliano tomó además como inicio del año el día 1 de enero en lugar del 1 de marzo,
como se acostumbraba. Posteriormente se renombró los meses de quintilius y sextilius como julio
y agosto, en honor a los emperadores romanos Julio César y César Augusto, respectivamente. Otros
emperadores intentaron renombrar meses a su antojo, pero fracasaron en el intento: Calígula quiso
llamar a septiembre germanicus, Nerón quiso llamar neronniano a abril y Domiciano quiso llamar do-
mitianus a octubre.
Las consideraciones matemáticas del calendario juliano se tomaron a pesar de que ya se sabía, desde
los antiguos astrónomos griegos, que el año trópico era ligeramente más corto que 365,25 días. Así,
este modelo de calendario perdía casi tres días cada cuatro siglos. Esto motivó, durante el Concilio
de Trento (1545-1563), la necesidad de un nuevo modelo que corrigiera el acumulado del desfase
desde el Concilio de Nicea (325).

Los antiguos etruscos desarrollaron una semana de mercado de ocho días conocida como nundino
alrededor del siglo VIII o VII antes de la era común . Esto se transmitió a los romanos a más tardar en
el siglo VI aC.
los antiguos fasti romanos
Los antiguos fasti romanos eran calendarios ( fasti ) que registraban observancias religiosas y eventos
conmemorados oficialmente. Normalmente se mostraban en forma de una inscripción en un lugar
público prominente, como un templo mayor; Varios de estos fasti sobreviven, pero en estados de
variada fragmentación. Algunos calendarios se conservan como papiros o manuscritos.
Uno de los propósitos originales de los calendarios romanos era marcar el estado religioso y legal de
cada día, por medio de letras como C, F y NP . A fines del siglo II d. C., los calendarios existentes ya no
muestran los días marcados con estas letras, probablemente en parte como resultado de las refor-
mas del calendario emprendidas por Marco Aurelio .
Los Fastior Antiates maiores son un calendario de pared pintado de la República romana tardía, el
calendario romano local más antiguo atestado arqueológicamente y el único calendario conocido an-
tes de las reformas del calendario juliano, su gran tamaño (1.16m por 2.5 m) permitió la presentación
de información condensada compleja . Fue creado entre 84 y 55 a e.c y se descubrió en 1915 en Anzio
, la antigua Antium, en una cripta junto a la costa. Ahora se encuentra en el Palazzo Massimo alle
Terme en Roma, que forma parte del Museo Nazionale Romano .
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Antes del calendario juliano la semana romana era de ocho días, y era conocida como ciclo nundinal.
A los días de la semana se les adjudicaba las letras A, B, C, D, E, F, G y H. Los días desde A hasta G era
días laborales, y el día H, conocido como nundinae, era el día de comercio. En el nundinae los roma-
nos hacían negocios, comerciaban y descansaban.

Cada ocho días figuraba uno de descanso (nundinae); era el día de mercado, aprovechado para cues-
tiones oficiales, para ir a las termas, visitar a los amigos, etc.
A estos días se le añadían los de las grandes fiestas religiosas (feriae) y los de ludi o juegos cívico-
religiosos, que llegaban a durar varios días (y también aumentaron en la época imperial).
Nundinae fue el día en que se llevó a cabo el mercado: después de siete días de trabajo en los cam-
pos, el octavo se dedicó a los negocios. Los nundinae son ciertamente muy antiguos, incluso si los
historiadores romanos no estaban de acuerdo sobre quién los había establecido: el rey etrusco Servio
Tullio, como dijo Lucio Cassio Emina, o el fundador de Roma, Rómulo, como afirmó Sempronio Tudi-
tano

La semana de ocho días siguió vigente hasta que en el 321 d.C., durante el papado de Silvestre I, el
emperador romano Constatino I el Grande la substituyó por la de siete días: el 7 de marzo de 321 el
emperador Constantino I el Grande decretó el Día del Sol como primer día de la semana moviendo
el día de Saturno al séptimo día de la semana y decretando el día del Sol como día de reposo (shabbat
en hebreo)
Que todos los jueces, y todos los habitantes de la ciudad, y todos los mercaderes y artesanos descansen el
venerable día del Sol. Empero que los labradores atiendan con plena libertad al cultivo de los campos; ya que
acontece a menudo que ningún otro día es tan adecuado para la siembra del grano o para plantar la viña; de
aquí que no se deba dejar pasar el tiempo favorable concedido por el cielo. Codex Justinianus, libro 3, título
12, párrafo 2 (3)

"Entre los siglos I y III el Imperio romano reemplazó en forma gradual al ciclo nundinal (semana del
mercado) romano de ocho días por la semana de siete días."
Placa con los signos del zodíaco y los planetas. Roma, Museo della Civiltà Romana, inv. M.C.R. n. 2898
calendario lunar astrológico, en la parte superior, los bustos de los siete cuerpos celestes relaciona-
dos con los días de la semana: Saturno, el Sol, la Luna, Marte, Mercurio, Júpiter y Venus. En el centro,
vemos una circunferencia dividida en 12 partes, cada una con uno de los signos del zodiaco repre-
sentadas con la inicial de su nombre en latín (Fuente: http://www.pinter-
est.com/pin/376050637607615360/)
El día de Saturno es el primer día de la semana. Día del Sol es el segundo día de la semana

1. Día de Saturno 5. Día de Mercurio


2. Día del Sol 6. Día de Júpiter
3. Día de la Luna 7. Día de Venus
4. Día de Martes

Semana planetaria. Baños parapegma de Trajano

El día del Sol como segundo día de la semana

El proceso de difusión y estandarización de la semana de siete días en el Imperio Romano y el Cercano


Oriente se inició alrededor del comienzo de la era cristiana y que culminó con la conversión del Im-
perio al cristianismo. A principios del siglo III, el hábito de medir el tiempo en ciclos de siete días, esto
cada uno de ellos, ya sea numerada o dedicado a uno de los siete planetas, llegó a ser universal o, al
menos, en general en todo el Imperio Romano.
Investigaciones anteriores de los orígenes de la semana de siete días y el proceso de su difusión y la
normalización en el imperio romano y el Cercano Oriente ha sido esporádica y poco sistemática.
Como resultado, el tema es aún controvertido y muy poco conocido (http://www.ucl.ac.uk/hebrew-
jewish/research/research-pro/calendars-antiquity-middle-ages/seven-day-week)

Esta estatuilla de plata de la diosa galo-romana, Tutela. Entre sus alas son siete dioses planetarios en
el orden de los días de la semana: [izq. a der.] Saturno, Solís (sol), Luna (la Luna), Marte, Mercurio,
Júpiter y Venus ... en exhibición en el Museo Británico. (note: Saturno es el primer día de la semana,
el sol es segundo día de la semana)

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