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“Gratuita y de calidad”, Camila Vallejo, 31 julio, 2015

La demanda por una educación pública, gratuita y de calidad, tiene un importante respaldo
social, frenada por los intereses económicos. Y esto ocurre porque se sigue el modelo
neoliberal diseñado por los economistas, que ven la educación como un servicio que puede
ser comprado y restringe la acción estatal a la entrega. La educación fue convertida en un
mercado de millonarias ganancias para empresarios y de endeudamiento para las familias
chilenas. Y ante esa injusticia el pueblo se rebeló. Por lo anterior, es esencial focalizar los
recursos del Estado en los más vulnerables, sin distinguir el tipo de institución en la que se
forman, desvirtuando el contenido del derecho social a la educación, que vincula la
gratuidad a la función del Estado, a la calidad de la educación, garantizada universalmente
y sin discriminaciones. Hablar de gratuidad, es hablar de inclusión social, de educación como
un derecho y de formar profesionales que no esperen sólo recuperar lo invertido, sino que
tengan vocación para servir a su país. El movimiento estudiantil, así como el Consejo de
Rectores y distintos expertos, siempre han planteado que no se puede dar gratuidad por
medio de créditos y becas y que esto debe hacerse por medio de aportes basales a las
instituciones. No sólo porque es la forma adecuada para terminar con la lógica perversa de
la competencia por la captación de estudiantes, sino porque permite poner el acento en las
responsabilidades institucionales de colaboración con el Estado en la provisión de un
Derecho Social. Por lo mismo, no es posible aceptar la entrega de recursos públicos a
quienes lucran, no tienen democracia interna o no permiten el pluralismo en sus cátedras,
programas ni carreras. Es claro que al cambiar los paradigmas del actual sistema, muchas
casas de estudios privadas, que ahora no son parte del CRUCH, podrán acceder a la
gratuidad, pero esta no puede ser sin condiciones. El Estado debe asegurar el destino de
sus recursos para los fines que se propone, en este caso el aseguramiento del derecho social
a la educación. Por lo mismo, el cumplimiento de estándares de calidad, democracia e
inclusión son esenciales. El derecho que el Estado debe garantizar es el de estudiar
gratuitamente en una institución que entregue educación de calidad inclusiva y en la cual
se respetan derechos mínimos como la posibilidad de organizarse o la libertad de cátedra.
En los próximos días vienen duros debates, no solo respecto de la gradualidad de las
reformas, también sobre su contenido. En ese terreno, los comunistas cumpliremos con
nuestro compromiso y nos opondremos decididamente a los millonarios intereses, que han
mercantilizado el sistema educacional chileno.