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SISTEMA UNIVERSIDAD ABIERTA


FACTJLTAD DE FILOSOFÍA Y LETR^AS
VERSIDAD NACIONAL ALTONOMA DE MEXICO

NEILSMITH

LA PRODUCCIÓN DE LA NATURALEZA
LA PRODUCCIÓN DEL ESPACIO

Traducción
CLAUDIA VILLEGAS DELGADO

BIBLIOTECA BÁSICA DE GEOGRAFÍA


SERIE TRADUCCIONES 2

SISTEMA UNIVERSIDAD ABIERTA


EACULTAD D E I--ILOSOEÍA Y LE ERAS
UNIVERSIDAD NACK'INAI. AU TÓNOMA DE MfiXICO

Ml'XR .O ?.00f.
L;i prcsciue obra ha sido traducida del original de los capítulos: “The
Producción of Nature” y “The Production o f Space”, del libro Uneven De-
veloptnent. Nature, Capital and the Production o f Space. Basil Blackwell, 1984,
1990. El texto corresponde a esta última edición.

La Facultad de Filosofía y Letras agradece al autoi su autorización para la


presente publicación.

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f il o s o f ía
Y LETRAS

Cuidado de k edidótr. Concepción Rodríguez Rivera


Diseño de k cubierta. Víctor Manuel Juárez Balvancra

Primera edición: 2006


D.R. © Facultad de Filo.sofía y I.ctras, UNAM
División Sistema Universidad Abierta
Ciudad Universitaria, 04510, México, D. F.
Impreso y hecho en México
ISBN 970-32-3741-X

li.
P r e s e n t a c ió n

Este número 2 de la Serie Traducciones de la Biblioteca Básica de Geografía


presenta con gran satisfacción al público interesado en la geografía y en las
disciplinas afines una obra central de Neil Smith, profesor de la City
University o f New York (CUNY), “La producción de la naturaleza” y “La
producción del espacio”, capítulos que forman parte del libro Desarrollo
desigual, editado en dos ocasiones, de lo cual se da cuenta más adelante. La
finalidad de la traducción de esta obra consiste en ponerla a disposición de
estudiantes y profesores para su discusión y reflexión considerando que
coadyuve al esclarecimiento de las profundas diferencias interpretativas del
espacio como categoría articuladora del estudio de la geografía contemporá­
nea, asimismo, se propone la incorporación del estudio de 1^ segunda natu­
raleza en el análisis geográfico y, desde luego, propiciar la formación sólida
para el razonamiento teórico.
Neil Smith nos presenta una valiosa interpretación desde la perspectiva
geográfica crítica de la historia de la concepción de espacio vinculada tanto
con las corrientes de pensamiento en diversas épocas, como los desarrollos
disciplinarios para ubicar el uso y los significados diversos del concepto es­
pacio. Al inicio sugiere que muy probablemente el concepto de espacio pre­
cede al de tiempo en la conciencia de las experiencias humanas. N o obstan­
te, esto se transforma y uno de los problemas que aborda tiene que ver con la
aparente separación de las. concepciones científicas de sociedad, espacio y
naturaleza, como parte del pensamiento creado al entender de manera uni­
lateral la concepción newtoniana del espacio absoluto y no, como argumen­
ta el autor, que el espacio social — el geográfico— se define por las relaciones
sociales que se iiallan pre.sente.' en una sociedad y que comprenden la trans­
formación de la naturaleza un en un periodo determinado.
De acuerdo con el autor, para la geografía el espacio se vincula con di.stin-
tas prácticas de la sociedad, puede expresarse en las divisiones entre campo y
ciudad, en la separación de la producción y el consumo, en la creación de
fronteras, la identificación de rutas, caminos, la identificación de objetos y
seres vivos presentes en un lugar determinado. Pero es en la abstracción don­
de podemos entender cómo .se produce e.sc espacio geográfico, no es en el
estar ubicado o contenido en, sino — dice el autor— es en "el viviendo, ac­
tuando y trabajando que producimos espat^io”. Esto significa que la concep­
ción de la interacción o del reflejo entre la sociedad y su espacio es falsa;
Smith crítica la posición dicoiómica de consideiarlos .separados, como lo

171
2 Ü (J 'J l.f
8 PRESENTACIÓN

hace la concepción absoluta, en lugar-de ello propone una concepción


telacional del espacio, en ella entiende esa separación basada en la transfor­
mación del espacio y naturaleza por la sociedad, dando lugar a la produc­
ción de la segunda naturaleza y del espacio del hombre.
■«
3k La distinción entre espacio físico, natural y social debe considerarse en
relación con la intervención humana, la ciudad es un espacio físico, configu­
rado éste con los objetos existentes procedentes de'distintos periodos, los
cuales se alzan sobre un espacio de la segunda naturaleza y producidos por
una sociedad cuyas relaciones sociales y prácticas específicas de consumo y
producción, se manifiestan en ella. Si en cada época la sociedad produce su
P espacio, en el capitalismo — dice Neil Smith— es a través del plusvalor rela­

i tivo, puesto que el trabajo abstracto genera valor y en cuanto estos valores se
intercambian socialmente, se requiere no sólo transportarlos en distancias
absolutas, sino que producen su espacio relativo, si el plusvalor relativo es el
meollo del interés capitalista, entonces tendríamos una relación de clase en
la producción del espacio geográfico, el espacio social, y con ello, la repro­
ducción de la sociedad en el espacio incorpora todas las manifestaciones y
contradicciones sociales. Neil Smith sugiere que los geógrafos tenemos por
delante un panorama de estudio e investigación muy amplio en el cual se de­
ben reinterpretar los procesos de extensión y profundización de la sociedad
capitalista, estudiando de manera crítica aquellas prácticas pa.sadas y del
presente que producen su espacio geográfico, esto es, lo construyen, destru­
yen y transforman.
La traducción de esta obra estuvo a cargo de Claudia Villegas, profesora
de Geografía en el sistema Universidad Abierta y doctoranda en Geografía
en la CUKY, y cuyo tutor es acertadamente el autor del texto, lo cual celebra­
mos, ya que fue revisada directamente por el, a quien agradecemos la cesión
de los derechos para que fuera posible su publicación en lengua castellana
por esta Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.
N o t a in t r o d u c t o r ia

El libro Unevfn Development. Nature, Capital and the Production ofSpace fue
considerado, desde el momento de su publicación en 1984, una obra ambi­
ciosa y vanguardista, y una de las contribuciones más importantes para el
desarrollo de la geografía crítica y el debate teórico en las ciencias sociales y
las humanidades. En éste, su primer libro, el autor define los fundamentos
teóricos pero, sobre todo, la línea de pensamiento que lo ha mantenido como
uno de los geógrafos contemporáneos más destacados por su contribución a
la discusión teórica del espacio, la dinámica socio-espacial urbana, la geo­
grafía política y el proceso de desarrollo desigual.
La totalidad del libro constituye una reflexión en torno a dos grandes
temáticas. La primera vinculada con el desarrollo histórico y la elaboración
de ideas y conceptos sobre el espacio y la naturaleza — en particular la idea de
su producción social, histórica y contradictoria, categorías que sustentan la
práctica y la tradición del pensamiento en la geografía. La segunda, que
introduce y desarrolla los fundamentos de esta producción en la investiga­
ción teórica y práctica del proceso de desarrollo desigual, considerado por el
autor como el proceso universal y concreto que caracteriza la organización
espacial del capitalismo contemporáneo.
Los capítulos que aquí se integran; “La producción de la naturaleza y
“La producción del espacio", segundo y tercero de la publicación original,
corresponden a la primera parte de la obra (integrada por cinco capítulos) y
pretenden, tal como ha señalado el mismo autor, establecer un puente entre
la reflexión filosófica en torno al espacio y la aplicación práctica de este
conocimiento en el análisis de las dinámicas espaciales concretas de la socie­
dad contemporánea, de ahí la pertinencia de su difusión como parte de esta
Biblioteca Básica de Geografía.

Claudia Villegas Delgado

19!
3V,
Sí-^b-,

1
i i, •:
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í!,rN
Acerca del a u to r

El capitalismo ha sido siempre, fundamentalmente,


un proyecto geográfico. QiázÁ no sea muy pronto, y
espero, tampoco sea muy tarde sugerir que, la
revolución misma en contra del capitalismo, debe
estar 'planeando algo geográfico.

Neil Sm ith'

Desde la publicación de su primer libro, Uneven Development. Nature, Ca­


■Vs
pita l and the Production o f Space (1984), Neil Smith se ha colocado como
uno de los geógrafos contemporáneos más importantes por su contribución
a una reflexión teórica que, desde la llamada “geografía crítica”, ha manteni­
do a la geografía a la vanguardia en el entendimiento, la concepción y la
praxis de! espacio social.
La producción de la naturaleza y del espacio, los temas que integran la
presente publicación, es una propuesta que en esencia busca revelar las co­
nexiones entre la universalidad del capitalismo como modo de producción
dominante y la historicidad de la producción social, histórica, material y
simbólica, de estas dos dimensiones de la realidad social. La producción de
la naturaleza y del espacio, no son ideas “nuevas”, como bien señala el autor,
en tanto han sido pilares fundamentales en la discusión de la especificidad ■

histórica y el objeto de estudio de las ciencias naturales y las ciencias sociales,


armo la geografía. Sin embargo, la originalidad y la audacia teórica con que
el autor presenta estas ideas fueron en su momento — y continúan siendo
para la geografía social contemporánea— una contribución notable para la
comprensión y el análisis crítico de la geografía del capitalismo y, en particu­
lar, del proceso de desarrollo desigual, uno de los proyectos geográficos fun­
damentales del presente proceso de globalización, en sus dimensiones obje­
tiva y subjetiva, es decir, material, espacial, política, cultural y de clase.
Neil Smith es actualmente profesor distinguido de Antropología y Geo­
grafía del [X'partamento de Posgrado de City Utiiversity of New York, la
Universidad de la ciudad de Nueva York, en donde también dirige el Centro
para el Lugar, la Cultura y la Política. Anteriormente tuvo una trayectoria

líe “Aíicrw(»ri.l: Tl»c Itc^'innin^, o( Cicograptiy", en l/neoen Dvvdopmtní. N ttíun,


(.'u/iiiülíjfiílihr hv/lurlton of Sjtf/rr. lia.sil
12 ACERCA DEL AUTOR

académica muy importante (1988-2000) en Rutgers, la Universidad Estatal


de Nueva jersey, en donde colaboró como profesor titular, director y coor­
dinador general del Departamento de Geografía de dicha institución; asi­
mismo fue director del Centro para el Análisis Crítico de la Cultuta C on­
temporánea. Ha sido profesor invitado en universidades de todo el mundo:
en Canadá, Noruega, Brasil, Holanda y Australia, por mencionar algunas, y
también en la Facultad de Filosofía y Letras, de la Universidad Nacional
Autónoma de México, en 1996.
Su obra escrita es amplia. Ha publicado seis libros y más de 135 artículos
en revistas especializadas que incluyen temas como marxismo, espacio, esca­
la, justicia social, urbanismo, globaÜzación, gentrificación, desarrollo desi­
gual, nacionalismo, poscolonialismo e imperialismo, entre otros; así com o
temáticas recientes como el terrorismo y el ntievo globalismo estadouniden­
se, y los atentados en la ciudad de Nueva York en 2001. Entre sus títulos más
■destacados se encuentran; American Empire: Roosevelú Geographer an d the
Prelude to Globalization (University o f California Press, 2003); New Urban
Frontier: Gentrification and the Revanchist City (Routledge, Nueva York, 1996);
Geography and Empire: Critical Studies in the History o f Geography (Anne
Godlewska, cd., Basil BlacloAíell, Oxford, 1994); Gentrification o f the City
(Peter Williams George, ed.. Alien and Unwin, Londres, 1986); y Uneven
Development. Nature, Capital and the Production ofSpace (Basil Blackwell,
1984), el cual fue traducido al portugués como Desenvolvimento Desigual
(Editora Bertrand Brasil, Río de Janeiro, 1988). Sus artículos han aparecido
publicados en numerosas revistas, entre las que se incluyen Antipode, Political
Geography Quarterly, Annals o f the Association o f American Geographers, Progress
in Human Geography, EnvironmentandPkmningD: Society andSpace, Urban
Ájfairs Reoiew, Social and Cultural Geography, Transactions o f the Institute o f
British Geographers, Political Geography, International Journal o f Urban and
Regional Research, Phibsophy & Geography, y la Revista Public Culture, entre
otras.
m

L a. p r o d u c c ió n d e la n a tu r a leza

La “verdad científica”, escribió Marx en una famosa frase, es siempre para­


dójica” sí se juzga desde la experiencia cotidiana, la cual captura únicamen­
te la apariencia engañosa de las cosas”.' D e hecho, la idea de la producción
de la naturaleza es paradójica, aun én la sociedad capitalista, hasta el punto de
parecer absurda si se juzga desde la apariencia superficial de la naturaleza.
i
En general, la naturaleza es entendida precisamente como aquello que no
puede ser producido: es decir, la antítesis de la actividad humana producti­
va. En su apariencia más inmediata, el paisaje natural se presenta ante noso­
tros como el sustrato material de la vida diaria, el dominio de los valores de
uso más que de los valores de cambio. Como tal, la naturaleza está profun­
damente diferenciada a través de un sinnúmero de ejes. Sin embargo, con el r-.
avance de la acumulación de capital y la expansión del desarrollo económico,
u*'
este sustrato material es cada vez más el resultado de la producción social. Y
i.
los ejes dominantes de diferenciación son también cada vez más sociales en Vv<
su origen. En suma, cuando esta apariencia inmediata de la naturaleza se •lii't
!^ |
sitúa en un contexto histórico, el desanollo del paisaje material aparece en­
f’d l!
tonces como un proceso de la producción de la naturaleza. Los resultados
diferenciales de esta producción de la naturaleza son los síntomas materiales
del desarrollo desigual. Así, en el plano más abstracto, es en la producción de
la naturaleza donde el valor de uso y el valor de cambio, el espacio y la so­
ciedad, se funden uno con el otrojEl objetivo de este capítulo, es por lo
tanto, ^emplazar nuestra concepción de la n -turaleza de tal forma que el
mundo dual de la ideología burguesa pueda reconstituirse en una totalidad
integrada.jEsto nos permitirá analizar los esquemas reales del desarrollo des­
igual como el resultado de la unidad del capital, más que ciegamente situar
el proceso en el falso dualismo ideológico de la sociedad y la naturaleza. El
problema será separar los momentos esenciales de la producción de la natu­
raleza de sus distintas apariencias.
Aunque Marx nunca habló explícitamente de la producción de la natura­
leza, en su trabajo está implícita una comprensión de la naturaleza que con­
duce definitivamente en esta dirección. De hecho, Marx en absoluto tuvo
un concepto único y coherentemente elaborado de la naturaleza, sino que

* Káirl Marx, Vaiur. lY u ean d Ihvfit. Ix>iKÍrcs, 1899. p. 54.


(N. (Je la trad. Ltv referencias bibJioyráficas se niamienen exauamente como apaiccen en
el original, es ilccir, incluyen únienmente el lugar y la fecha de publicación.)

(131
LA PRODUCCIÓN DE LA NATURALEZA
H

. Utilizó la "naturaleza” en distintas formas. Sin embargo, estos diferentes usos


dd concepto no fueron casuales; una lectura detallada de su trabajo muestra
una progresión racional en la aproximación de Marx a la naturaleza. Al final
no tenemos un concepto totalmente acabado, pero sí nos queda el bosquejo
del sistema conceptual de la naturaleza implícito en su análisis y crítica del
modo de producción capitalista.
No acepto que exista un rompimiento radical entre el llamado joven Marx
y el Marx maduro;^ existe, mejor dicho, un desarrollo vasto y complejo de su
pensamiento, y esto se refleja en su aproximación a la naturaleza. A lo largo
de su trabajo, Marx considera a la naturaleza como una unidad diferencia­
da, sin embargo, en los distintos periodos, el énfasis en la unidad y la dife­
renciación es variable. En sus primeros trabajos, particularmente en Los ma­
nuscritos económicos y filosóficos (en Marx, ed. 1975), Marx enfatizó la uni­
dad del “hombre y la naturaleza”. Aquí, él recurre fuertemente tanto a la
tradición idealista hegeliana como a la de Kant. Es con La ideología alemana,
con la que Marx (escribiendo con Engcls) alcanza una concepción más ma­
terialista de la naturaleza. Más que discutir los aspectos filosóficos de la su­
puesta unidad del “hombre y la naturaleza”, Marx estaba más interesado en
los procesos reales que podrían llevar a cabo esta unidad. Ello lo llevó a
discutir la función del trabajo humano, colocándolo en el centro de la rela­
ción entre los seres humanos y la naturaleza. Más adelante, Marx comenzó a
analizar la totalidad de la cuestión como un problema histórico y no como
un acertijo filosófico abstracto. En los Grundrisse, muchas de estas ideas se
trabajaron en detalle y se incluyeron otras más, particularmente en relación
con las dimensiones históricas de la relación humana con la naturaleza.
En El capital, y en especial en el volumen uno, que Marx completó para
su publicación, la conccptualización de la naturaleza es todavía ocasional,
pero aquí encontramos por primera vez una progresión lógica consistente de
las distintas aproximaciones a la naturaleza. La discusión de la naturaleza
aparece únicamente en fragmentos, ya que El capital no fue pensado con el
objetivo de analizar la naturaleza específicamente en el capitalismo. Fue pen-

^ La cuestión de si el trabajo de Marx debe entenderse como una continuidad o com o una
secuencia de periodos claramente separados no es un problema nuevo. Comienza con la publi­
cación de algunos de sus primeros trabajos a principios del siglo XX, ninguno de los cuales se
habla publicado antes. Más recientemente, el defensor mis fiel de esta visión del trabajo de
Marx dividido en periodos específicos ha sido Louis Althusser. (Víase de este .autor, Iv r Marx.)
Varios escritores se han opuesto a esta diferenciación entre un joven Marx y un Marx maduro.
(Véase panicularmeriteOllman Bertell,.,4/r>na(r<7M.- Marx's Concepi ofMan in CapiiulUi Society.
Cambridge. 1971. Véase también William Leogrande, “An Investigation imo tire “Young Marx”
Controvetsy”, en Science and Society núm. 41 (1977), pp. 129-151).
b \ PRODUCCIÓN DE IA NATURALEZA 15

sado como una crítica a la producción capitalista, y como .tal, requirió de


Marx un desarrollo al menos parcial de su concepción de la naturaleza. Sin
embargo, la realización de su objetivo fundamental no significó presentar, y
mucho menos desarrollar una concepción acabada de la naturaleza. N o obs­
tante, en tanto que en el volumen uno el análisis presenta una p.ogresión ló­
gica de conceptos e ideas para construir la crítica de Marx, la concepción
de Ir. naturaleza recibe este mismo tratamiento.
La primera discusión sobre la naturaleza en El capital, repite parte del
sentido abstracto filosófico de sus primeros trabajos, aunque logra algo más;
expone al mismo tiempo el fundamento pata un análisis más concreto y más
elaborado de la relación con la naturaleza en el capitalismo. Así, en las discu­
siones posteriores sobre la división del trabajo, la manufactura y la industria
moderna, Marx nuevamente retoma el tema de manera explícita para mos­
trar precisamente lo que sucede con la naturaleza en las condiciones actuales
del capitalismo. En muchas partes de El capital, en su discusión de la renta,
por ejemplo, existen bocetos más acabados de una concepción materialista
más concreta de la naturaleza, sin embargo, estos esquemas no se encuentran
reunidos en ninguna parte ni son discutidos de una manera explícita. Es ésta
la tarea que aquí intentaremos realizar. Ello no implica una compilación de
'■ni
referencias sobre la naturaleza ni un intento de otorgarles una coherencia
filosófica interna, implica, más bien, un entendimiento serio de la dirección
y el proptWito del trabajo de Marx, y el intento de extender y exponer la
concepción de naturaleza, la cual, al menos en parte, ejemplifica este propó­
sito. Como tal, éste es un en.sayo en política y teoría, no en filo.sofía.
En el volumen uno de El capital, Marx ejemplifica su propia afirmación
de que “el movimiento de lo abstracto a lo concreto” es el método científica­
mente correcto. Comenzando con la mercancía concreta, Marx deduce una
serie de .abstracciones teóricas: valor de cambio, valor de uso, valor, plusvalor,
trab.ajo ab.stracto, tiempo de fabajo .socialmente necesario. Conforme avan­
za el análisis, estos conceptos son elaborados progresivamente hasta que re­
producen con exactitud lo concreto pen.sado. Su análisis de la relación con la
naturaleza sigue este procedimiento. Si bien este razonamiento, integrado al
de.sarrollo lógico del texto, aparece como un desarrollo hi.stórico, la lógi­
ca del argumento de Marx refleja, aunque general, el de.sarrollo histórico
que de hecho tuvo liigai.^ En consecuencia, el desarrollo de la concepción de

____ .inte sobre el mútotlo


■' K. Marx, (iriinttriíie. pi>. UKl-lüt. l’ar.i mr.v atj>«iuei«aeióri intereso
lirgicO'hisiZíiieo ei* el capítulo 1 tle }Hnípihti, véase l'Iarry t.lcavcr, KradÍHg Ciipilal Milicnlfy
Aiisiiii, 1979
16 LA PRODUCCIÓN DE LA NATURALEZA

ts nsturslczR expresa esta metodología lógico-histórica”, y aun(|ue en nin­


guna parte aparezca desarrollada de manera acabada o s ^ n t a , como sí lo
está por ejemplo para el análisis del dinero, esta metodología debe recons­
truirse de las discusiones separadas sobre la naturaleza. Así pues, en la pri­
mera parte de La ideología alemana, en pasajes aislados de los Grundrisse, y
más sistemáticamente, aunque menos evidente en El capital, encontramos
vistazos ocasionales de la derivación lógico-histórica de la relación social con
la naturaleza. La primera tarea importante ha sido detectar Estos indicios; la
segunda es manipularlos y completar el complicado rompecabezas. Marx
nos ha dado las cuatro esquinas y la mayor parte de los contornos, además nos
ha proporcionado la mayor parte de las piezas singulares para completar la
figura, sin embargo, estas piezas se presentan en contextos de análisis total­
mente diferentes. Lo que debe hacerse para conocer su significado es volcar­
las, y tal como estaban, descubrir su aspecto original.
El sitio para comenzar es la producción en general, ya que ésta es la rela­
L
Ni ción material más fundamental entre los seres humanos y la naturaleza. “La
producción en general es una abstracción, pero una abstracción racional en
tanto que realmente presenta y establece el elemento común” a todas las
épocas de producciómj“Ciertas determinaciones pertenecen a todas las épo­
cas, otras solamente a unas cuantas. [Algunas] determinaciones serán com­
partidas por las épocas más modernas y las más antiguas”. Por ío tanto, “los
elementos que no son generales y comunes, deben separarse de las determi­
naciones válidas para la producción como tal, para que en su unidad — la
cual de hecho surge de la identidad del sujeto, la humanidad, y del objeto,
naturaleza— no se olvide su diferencia esenciar.“ Con la producción para el
intercambio, las determinaciones generales de la relación entre las socieda-
^sjm m anas y la naturaleza se mantienen presentes, sin embargo, como ob­
servamos en la crítica de Schmidt, la dialécticald valor de uso y el valor de
cambio agrega una nueva dimensión a la relación con la naturaleza, una
dimensión que es particular de la producción para el intercambio más que
e a pro uccíón en general. En conclusión, han existido muchos modos de
producción fundados en el intercambio mercantil, sin embargo, con el triun­
fo del capital sobre el mercado mundial, un conjunto completamente nuevo
de determinaciones bastante específicas entra en la escena; la relación con la
naturaleza se transforma una vez más.

nrim P- *5- C / también la afirmación de Marx de que “debemos emender


h m n a T a '" m odificada en cada época
hum ana . ( U capital, vol. I, p. 6 0 9 n .) P
LA PRODUCCIÓN DE LA NATURALEZA 17

De la producción en general a la producción para el inrercambio, y de


ésta a la producción capitalista, los elementos lógicos e históricos del argu­
mento insinúan y conducen a la misma conclusión concretamente observa­
ble: la producción de la naturaleza. En la que probablemente constituye su
aseveración más evidente sobre la realidad de la producción de la naturaleza,
Marx escribió, como parte de la crítica al idealismo de Feuerbach:

T into es esta actividad, este incesante trabajo sensitivo y de creación, el


fundamento de la totalidad del mundo sensorial tal como ahora existe, que
si se interrumpiera, aunque fuese por un año solamente, Feuerbach podría
encontrarse no sólo con una transformación enorme en el mundo natural,
sino muy pronto podría darse cuenta de que el mundo entero de los hom ­
bres y sus propias facultades perceptivas, que no su propia existencia, estu­
fk 1
vieron ausentes.'

r La capacidad que tienen hoy las sociedades humanas de producir natura-


^ /le z a es de tal magnitud, que la eliminación del trabajo productivo podría
¡significar enormes cambios en la naturaleza, incluyendo la extinción de la
! naturaleza humana.

/. La producción en general

En su deducción inicial de los momentos abstractos de la mercancía, Marx


describe la producción como un proceso mediante el cual se transforma la
forma de la naturaleza. El productor “puede trabajar únicamente como lo
hace la naturaleza, esto es, transformando la forma de la materia. Más aún,
en esta tarca de transformar la forma de la materia, el productor es perma­
nentemente ayudado por las fuerzas naturales”. Mediante su destreza, el pro­
ductor, él o ella, “transforma las formas de los materiales provistos por la
naturaleza, en una forma tal que le sean útiles. Por ejemplo, la forma de
la madera se transforma cuando se hace una mesa. Aunque a pesar de ello, la
mesa continúa siendo ese objeto ordinario común, madera". En tanto el
proceso de trabajo produce objetos útiles para satisfacer necesidades huma­
nas, "se impone de manera natural una necesidad eterna, sin la cual no pue­
de existir ningún intercambio material entre el hombre y la naturaleza, y en

' K. M;irx y K Kn|»cl5. (tem ían p. 63.


} U PRODUCCIÓN DE LA NATURALEZA

consecuencia, no puede existir la vida Sin embargo, el trabajo produce


simple cambio en la forma de la materia; ejerce un efecto
simultáneo sobre el trabajador.
■ íS. .
El trabajo es, en primer lugar, un proceso en el cual tanto el hombte como
la naturaleza participan, y en el que el hombre decide libremente iniciar,
regular y controlar sus intercambios materiales con la naturaleza. El hombre
se confronta a s( mismo con la naturaleza como una de sus propias fuerzas,
poniendo en movimiento brazos y piernas, cabeza y manos, las fuerzas na­
turales de su cuerpo, para apropiarse de los productos de la naturaleza en
una forma útil a sus propias deseos. Actuando de este modo sobre el m un­
do externo y transformándolo, él transforma al mismo tiempo su propia
naturaleza.^

P" El metabdism o de los seres humanos con la naturaleza es el proceso a


y través del cual éstos se apropian de los medios para satisfacer sus necesidades
y devuelven otros valores de uso a la naturaleza. En este nivel abstracto, la
relación con la naturaleza (el intercambio material) es claramente una rcla-
ci^n^de valor de uso; la naturaleza entra en relación con los seres humanos e n "
la forma de valor de uso puro. Ésta es la versión extendida y concretamente
elaborada de la afirmación previa de Marx, más abstracta de que “el trabajo
es la verdadera relación histórica de la naturaleza [...] con el hombre”.®
Los seres humanos nacen con ciertas necesidades naturales — alimento,
actividad sexual, abrigo, interacción social— y nacen en un mundo en el
que la naturaleza provee, directa o indirectamente, los medios para satisfacer
«estas necesidades. |Ims medios de subsistencia son aquellas necesidades mate­
rnales consumidas directamente de la naturaleza para satisfacer necesidades
Lnaturaies.jDonde los medios de subsistencia no están disponibles en for-
ma natural en. la cantidad o calidad adecuadas, los medios de producción
— los objetos de producción a ser trabajados y los instrumentos con ios cua-
es se realiza el trabajo— son apropiados de la naturaleza y utilizados en el

Elcapitalt pp. 42-3, 71. En esta traducción de El capital^ la palabra '‘naturaleza” a veces
aparece escrita en m.iyósculas, no obstante, respetando otras traducciones, y dado que el ofiai-
n.1 en alemán está escrito en mayúscula como un sustantivo más que para añadir significado al
citar he mantenido las minúsculas en todos los casos. Asimismo, Marx utilizó la palabra "hom-
«fcntse a la humanidad o a los seres humanos. En un afán de sim-
vocabTos o r i g P d ^ ' '' citas se mantienen los
' K. Marx, El capital, I. p. 177.
K. Marx, Early Wrininp (Harmondsworth, 1975), p. 355.
U PRODUCCIÓN DE U NATURALEZA 19

trabajo vivo para producir productos consumibles. Al producir los medios


para satisfacer sus necesidades, los seres humanos producen..c,olecüvamente
su grogia_yida¿.at«ial, y en el proceso producen nuevas necesidades huñia-
ñas cuya satisfacción requiere una mayor actividad productiva-i Estas necesi­
dades y el modo de satisfacerlas constituyen, en el nivel más general, las de­
terminantes de la naturales Immana, y en tanto que las personas son en
esencia seres naturales, introducen en la producción sus habilidades natura­
les (físicas y mentales) las cuales se realizan en y a través de los objetos y los
>:€■
instrumentos de producción. Existe por lo tanto una identidad abstracta del
set humano social con la naturaleza; “El hombre es directamente un set
natural [...] provisto de poderes naturales [y] tiene en los objetos reales, sen­
sibles el objeto de su propio ser y de su expresión vital [...] Un ser que no
tenga su naturaleza fuera de sí mismo no es un ser natural y no desempeña
ninguna función en el sistema de la naturaleza ? í.
La producción de la conciencia es una parte integral de esta producción
r-i
general de la vida material. En el sentido más amplio, la conciencia es sim­
plemente la conciencia de la práctica humana;

f La producción de ideas, de concepciones, de conciencias, en principio está


■■■d 'I vinculada directamente con la actividad material y con la interacción ma-
teflal de los hombres, el lenguaje de la vida real. Crear, pensar la interacción
mental de los hombres, se presenta en esta etapa como un flujo directo de
su comportamiento material (...1 Los hombres son los productores de sus
concepciones, ideas, etcétera — los hombres activos, reales, en tanto es­
tán condicionados por un desarrollo definitivo de sus fuerzas productivas y
por el intercambio que a ellas corresponde”.'®

La conciencia de las necesidades, de los medios para satisfacer estas nece­


sidades, y de las fuerzas que afectan tanto a las necesidades en sí como a los
medios para satisfacerlas (por ejemplo, la ciencia, la religión primitiva, etcé­
tera) — son fundamentales para la formación de la conciencia humana.,En
esta forma, la conciencia como tal es el resultado natural de la actividad
humana productiva, y de las relaciones sociales que los seres humanos esta­
blecen mutuamente para producir.
La imagen aquí expuesta sugiere una unidad general de la naturaleza con
la sociedad. Una unidad de la naturaleza con la sociedad en la que la limi-

’ I t U . P1>. 389-3V0.
' K. M.»n(, Cerm an hUolo^y, p. 47 .
20 L \ PRODUCCIÓN DE U NATURALEZA

cada relación de los hombres con la naturaleza determina su limitada rela­


ción [ de los hombres ] de unos con otros, y esta limitada relación de unos
con otros determina la limitada relación de los hombres con la naturaleza”. ^*
Ésta no es la unidad de la naturaleza que preocupa a los físicos, ni tampoco
es la unidad idolatrada por la facción del movimiento ecológico en favor del
retorno a la naturaleza . Para los físicos, la unidad de la naturaleza es el re­
sultado de una profunda abstracción conceptual; para los fanáticos del
retorno a la naturaleza , la unidad es resultado de un pensamiento volunta­
rioso. Ambas son abstracciones ideales.\^a unidad de la naturaleza implícita
en el trabajo de Marx resulta de la actividad concreta de los seres naturales, y
es producida en la práctica a través del trabajo'^ El trabajo de los seres natura­
les reúne las distintas facetas de j a natuialeza en una totalidad. Los seres
humanos sobreviven y se desarrollan como seres sociales trabajando en co­
operación con la naturaleza. Sin embargo, esta unidad de la naturaleza no es
homogénea; es una unidad, no una identidad abstracta, y es necesario com­
prender el papel que desempeña la actividad humana productiva en la dife­
renciación de la naturaleza.
En primer lugar, existe una diferencia fundamental entre los seres huma­
nos y los animales, y en ella el trabajo juega también un papel central. Como
señaló Marx, los seres humanos “pueden diferenciarse de los animales por la
conciencia, por la religión o por lo que se quiera. Ellos comienzan a distin­
guirse a sí mismos de los animales tan pronto como empiezan a producir sus
medios de subsistencia”. E s la actividad humana productiva, no como un
concepto general, sino conio un .acto histórico concreto destinado a crear
‘TLedips de subsistencia, lo que diferencia a los .sores humanos de los anima­
les^ Engels elabora más explícitamente el mismo argumento en su inacabado
ensayo titulado “El papel del trabajo en la transición del mono a hombre”.
El trabajo, dice Engels, es “la condición primaria fundamental de toda la
existencia humana, y lo es tanto como para decir que, en cierta forma, el
trabajo crea al hombre mismo”. Desde el principio, la naturaleza humana
fue un producto humano, y ello es válido no sólo para la conciencia, sino
aun para la fisiología humana. El desarrollo de la mano, es decir, su transfor­
mación de un medio de locomoción en un sofisticado miembro para la ma­
nipulación de herramientas, se consigue gradualmente a lo largo de cientos
de años de trabajo. O, como escribió Doniia Haraway:

'* Ibid.y p, 51.


Ibiii., p. 42.
LA PRODUCCIÓN DE LA NATURALEZA 21
1 «


. 1.
La humanidad se ha hecho a sí misma en el mis literal de los sentidos.
Nuestros cuerpos son el producto de la adaptación ai uso de herramientas
■ 1-
que precede al género Homo. Nosotros determinamos activamente el dise­
ño de nuestro cuerpo a través de las herramientas que median el intercam­
bio h”mano con la naturaleza.'^

Además de la fisiología humana, la conciencia humana y los medios


materiales dejubsistencia, la producción y reproducción de la vida material
'Seguían lajiroducción de trabajadores, esto es la reproducción de la Fuerza
de.trabajo. Algunas formas de relaciones sociales están implícitas en este
proceso de reproducción, y la más básica es la división del trabajo entre los
sexos. Ésta es la primera división verdad^ del trabajo, no
obstante, sus orígenes yacen en la organización social primitiva. En tanto
ésta es heredada por la sociedad humana es por lo tanto natural y social al P
II?.
mismo tiempo, ejemplificando de nueva cuenta la unidad de la naturaleza. 'Vi
"IUna diferenciación biológica en la naturaleza es reproducida como una
división social del trabajo.) Esta división social del trabajo es fundamental
para el proceso de reproducción, pero se extiende también a la esfera de la
producción. Así, la división sexual del trabajo se generaliza a la sociedad
entera, y de esta manera, de nuevo, a través de la actividad humana inten­
cionada, la naturaleza hurnana misma comienza a diferenciarse. La división
del trabajo produce una división sistemática de las experiencias sociales a
partir de la cual la naturaleza humana constantemente adquiere forma y se
transforma.
Hoy, esta visión de la producción en general ofrece algunas ideas sobre la
naturaleza, aunque resulta bastante limitada. Aquí hay implícita una serie
de afirmaciones, particularmente aquella de la armonía ecológica y el equi­
librio social, al centro de la cual se encuentra la idea de una correspondencia
exacta entre la producción y el consumo de valores de uso. Sin embargo, año
con año, existe la posibilidad constante de que la producción y el consumo
no se igualen y que cualquiera, una hambruna o excedente social puedan
ocurrir. En principio, e.ste desfase es absolutatnente accidental y provocado
por causas naturales tales como inclemencias climáticas o suelos más fértiles.

» l-redcntk l-.ngcls, Or(pn, pp. 251-252; Lloima Haraway, “Animal Sociology aiul a Natu­
ral E conom yoítk- üody l'olitic, l>ari II: The l'ast is ihc Cuntcsted '/one; Human Nature and
l’hcories uf l’roduciion and ILcproductinn in Prívate Behaviour Studies . en StgnfH (1) (197 ),
38. Víase taiiiliién (diildc (íordoii, Man Makes llim iell (Nueva York. 1939). y Charles
Woolt'son, Thr l.alioiir Thetiry uf Cuhurr (Londres, 1982)
22 LA PRODUCCIÓN DE LA NATURALEZA

sin embargo, precisamente para antipip.af.Jos.efectos desastrosos de uO-défi-


cit de la producción frente al consumo, cada sociedad produce “para proveer
fondo de reserva frente a desastres elementales que pudieran amenazar la
producción anual”..Donde el excedente fue en un principio una mera posi­
bilidad natura],, se. convierte,en una necesidad..s.qc|d,’ I-a creación de este
excedente social permanente permite no sólo la supervivencia más elemental
de la sociedad, sino también la posterior división del trabajo y aun el creci­
miento poblacionald'* el excedente se vuelve necesario como un medio para
combatir las crisis sociales en su nivel más elemental.
Sin embargo, la realización de un excedente social permanente, nq es im
resultado automáiico de.la posibilidad del excedente, sino que requiere for­
mas específicas de organiMción social y económica que sean consistentes
con la producción individual de algo más que simplemente los medios inme­
diatos de subsistencia Sin embargo, esta producción ampliada y la consi­
guiente intensificación de la división del trabajo presentan asimismo nuevas
posibilidades. En resumen, el excedente permanente se convierte en el fun­
damento de la división de la sociedad en clases. Una vez más, el exúdente
aparece primero como una posibilidad a través de la cual una parte de la
s o ld a d deja, total o parcialmente, de desenipcñar. una labor productiva y
obtiene tiempo, libre a expensas del resto de la población trabajadora. “Una
situación que en principio es voluntaria y discontinua, posteriormente se
vuelve obligatoria y regular”. Y, de acuerdo con Engels, esta transformación
en una sociedad caracterizada por la apropiación del excedente es acom­
pañada necesariamenre por el desarrollo del Estado y la esclavitud, y por
la consolidación de esta división entre productores y consumidores del ex­
cedente en una división de las clases sociales: “la primera gran división social
del trabajo estuvo determinada, en las condiciones históricas generales pre­
valecientes. por dcsarrollq.de la esclavitud. De la primera gran división so­
cial del trabajo derivó la primera gran división de la sociedad en dos clases:
amos y esclavos, explotadores y explotado,s”. No obstante, este desarrollo
depende también de “una revolución social que rompa la primitiva .sociedad
igualitaria para dar paso a una sociedad dividida en clases”.'^ El desarrollo
social rompe el armonio.so equilibrio de la naturaleza. En una forma o en
,i_otra, esrc excedente es.obtenido de la naturaleza y para facilitar su produc-

Rosa Luxemburg, The Acannulation o f Capital (Nueva York, 1968), p. 77; Emest Maiidcl,
Marxist Ecgnomii' Theory (Londres, 1962), pp. 27-28. Para un resumen del debate sobre el ori­
gen y la (unción del excedente en el contexto de los orígenes urbanos, véase David Harvey,
Social Justice, pp. 216-223.
” E Engels, Origin, p. 220; E. Maiidcl, Marxist ¡icoHomic Theory, pp. 40 y 44.
LA PRODUCCIÓN DE LA NATURALEZA
23
i
c¡ón..y. dLscr¡bución. regular se requieren instituciones sociales y forrnas üc
organización específicas. Esto a su vez modifica la relación social con la na-
Aufaleza. El individuo natural, abstracto C‘el. hombre”) no pertenece mas a
) un simple'ínedió ambiente natural en equilibrio, en tanto la relación con a
i naturaleza es mediada a través de las instituciones sociales.
( ' En consecuencia, la producción de un excedente social permanente tiene
un efecto contrario evidente. Éste proporciona los medios a través de los
cuales los seres humanos pueden desarrollar un mayor controjjqbre su rela­
ción con la naturaleza, en tanto pueden regular de manera más etecuv^e
silministro necesario de valores de uso para satisfacer necesidades naturales.
,. EtTfSüríien.ik producción de un excedente social permanente permite a la
sociedad humana comenzar el largo proceso para emanciparse a si misma c
( las ataduras de la naturaleza¿No obstante, por otra parte,^este mayor centro
i es necesariamente un control soci.al,.y aunque facilita la emancipación e a
¡ sociedad humana como una totalidad de la naturaleza, únicamente lo hace
' desarrollando las diferencias internas de la sociedad y esclavizando a una gran
l parte de la poblaciónjLa forma precisa que adquiere esta relación contradic-
' toria depende del tjpiLespecífico de sociedad que se desarrolla, y es a este
análisis más concreto al que debemos dirigirnos ahora. Como Marx sena o;

En la medida que el proceso de trabajo es sólo un proceso entre el hombre


y 1.a naturaleza, sus elementos básicos se mantienen comunes a todas las
formas sociales de desarrollo. Sin embargo, cada forma histórica especifica
de este proceso desarrolla más adelanre sus fundamentos materiales y sus
formas sociales. En el momento en que se alcanza un cierto estado de ma­
durez, la forma histórica específica es desechada para dar paso a orra forma
más avanzada.''’

//. La producción para el intercambio

El excedente puede adquirir muchas formas, dependiendo en parte ‘ q


condiciones naturales permiten o favorecen las reservas de alimentos, el cre­
cimiento poblacional, las ocupaciones improductivas, etcétera. En algunas
formas, el excedente e.s utilizable, en otras no. Si se presenta en una orma
material no utilizable (por ejemplo, una reserva de trigo mayor a o que
puede con.sumir.se o almacenarse adecuadameiue), el producto excedente

K. Miiix. m fitfiihtl, III, |). KH3.


24 LA PRODUCCIÓN DE W NATURALEZA

puede imetcambiarse por otros valores de uso. La producción de un exce­


dente es una condición necesaria, si no suficiente, para que el intercambio
normal de valores de uso se lleve a cabo. Con la producción para el inter-
vTcambio, la relación con la naturaleza deja de ser exclusivamente una relación
j de valor de uso; los valores de uso no se producen para el uso directo sino
I pata el interMmbio. Conforme los valores de uso específicos se intercambian
f '• uno frente a otro en cantidades específicas, se van transformando social-
«Puente en mMcancí^, existiendo al mismo tiempo como valores de cambio
y como valores de uso.,£l valor de cambio de una mercancía expresa la rela­
ción cuantitativa en la que ésta puede intercambiarse por otras mercancías;!
con la producción para el intercambio, el valor de cambio, no el valor de
uso, es la razón inmediata pata la producción. De hecho, para su dueño, el
i valor de uso directo de una mercancía es el de set depositaría de valor de
cambio. producción de la vida materi^ es, por consiguiente, no única­
mente una actividad natural en la que la naturaleza proporciona el sujeto, el
objeto y el instrumento de trabajo. En una economía de intercambio, ¡a
(^apropiación de la naturaleza es regulada cada vez más por formas sociales e
N y forma, los seres humanos comienzan a producir más
j que simplemente la inmediata naturaleza de su existencia.
Todo esto presupone el desarrollo y la extensión de la división del traba­
jo; la producción para el intercambio puede subsistir sólo incidentalmente
?.*l..dpnde tal división del trabajo es inexistente. En primer lugar, existe una
divisióii del trabajo entre aquellas actividades que están relacionadas con la
tierra y aquellas que no lo ,están — la separación entre la agricultura y el
comercio. Con la generalización de la producción de mercancías, se requie­
ren algunas actividades comerciales e instituciones para facilitar el intercam­
bio de productos. La función del mercado, en tanto se encuentra separado
de la producción, se desarrolla para simplificar y centralizar las complejas
transacciones de intercambio que se llevan a cabo. La mercancía dinero se
desarrolla para facilitar aún más este complejo de intercambios. Su valor de
uso es precisamente su habilidad de repre,sentar el "valor de cambio puro”.'^
La creación de un mercado y de estas otras instituciones ocurre a la par del
desarrollo de lugares centrales y finalmente de ciudades, y otras numerosas
actividades secundarias comienzan también a concentrarse en las ciudades
contribuyendo a su desarrollo. En esta forma, la división entre la agricultura
y el comercio implica la separación entre la ciudad y el campo, la cual a su

K. Marx, Grunfiriar, p. 146.


LA PRODUCCIÓN DE LA NATURALEZA 25

vez constituye “el fundamento de cualquier división del trabajo que esté
bien desarrollada y sea producto del intercambio de mercancías .
La producción permanente de un excedente y el desarrollo de la djvisión
s^(
y del trabajo proporcionan el fundamento económico necesario (si las condi-
j dones sociales generales son lavorables) para el desarrollo de las clases socia-
I les. Aquí la diferencia fundamental está entre la clase que realiza la totalidad
I del trabajo social y la clase o clases que no efectúan ningún trabajo y que, sin
•o embargo, se apropian del excedente social. Esta diferenciación óe clase surge
de la diferenciación previa entre trabajo productivo y i.o productivo, pero
no necesariamente se mantiene como sinónimo de ella. Muchas clases do­
minantes no desempeñan trabajo alguno, mientras otras pueden llevar a
cabo funciones sociales necesarias, las cuales, no obstante, no son producto­
ras de valor social. El problema es que con el desarrollo de las clases sociales, ■>I
el acceso a la naturaleza se distribuye en forma desigual (tanto cualitativa
«;
como cuantitativamente) de acuerdo con la clase. La clase dominante, sea o l . 'í
a. ■
'
no la que controle directamente los medios de producción, indudablemente
controla el excedente apropiado de la naturaleza a través del trabajo humano
de otros, mientras la clase trabajadora utiliza los medios de producción. Con
la propiedad de la tierra, el acceso desigual a la naturaleza se presenta en una
forma aparente, y únicamente adquiere una dimensión espacial lo suficien­
temente visible con la separación entre la ciudad y el campo.
Con la división de la sociedad en clases, el Estado hace su aparición his­
tórica como un medio de control político. Como advirtió Engels, en una
determinada fase del desarrollo económico, que necesariamente involucra la
división de la sociedad en clases, el Estado se convierte en una necesidad
como resultado de dicha división”.’*'*La función del Estado es administrar la
sociedad de cla.ses en favor de los intereses de la clase dominante, y esto lo
lleva a cabo a través de sus distintos apéndices miliiaics, legales, ideológicos
y económicos.. El Estado también se encarga de regular el dominio sobre las
mujeres, en tanto la división del trabajo entre los sexos se vuelve una relación
.social totalmente distinta con la aparición de la propiedad privada y la pro­
ducción para el intercambio. N o es únicamente la explotación de clase y la
propiedad privada lo que .surge al mismo tiempo, sino también aparecen
con ellas la esclavitud y la dominación de las mujeres.

i:l I. p. 352.
K c Kr.uler.
I*. Kn^iU. Orij^iri, p. 232. Vc;i3c lanibu:!» laiwrciicc ¡'ormatian uf the Sliilr
........ - .............
(Kiinl-woi-il UilTs. NJ, L.I1.WI1 H. Service, « ¡ the S iiilf iw il C ir i/iM t io n (Niicv;.
YorU. 1'275).
LA. PRODUCCIÓN DE LA NATURALEZA
' ' r 26

La división del trabajo al interior d^ la Familia es subordinada a la divi­


sión -trabajo más general, ahora supeditada por completo a la es-
” tfúctura de clases y al proceso de producción. Lo que en principio fue sólo
una “forma latente de esclavitud” en la familia, se transforma en una esclavi­
tud carnal, en la que esposa e hijos se convierten en la propiedad del marido
y/o del padre. La unidad abstracta previamente atribuida a las relaciones
entre los sexos se transforma en su opuesto. Los hombres toman el mando en
.iquellos ámbitos en los que las mujeres tenían un control efectivo sobre el
proceso de producción, más evidentemente en la agricuhura. Con la evolu­
ción de los modos de producción fundamentados en el intercambio de mer­
cancías, en donde la responsabilidad de la reproducción social había sido
compartida, las mujeres fueron empujadas progresivamente a cargar con coda
la responsabilidad. N o es que ellas hayan dejado de trabajar. Es simplemente
que mientras las mujeres fueron obligadas a aceptar la responsabilidad de
todas las tarcas domésticas relacionadas con la crianza de los hijos, lo mismo
que para producir algunas mercancías, el hombre fue especializándose más y
más exclusivamente en la producción de mercancías para el intercambio. La
lógica para este desarrollo estuvo muy vinculada con los orígenes de la pro­
piedad privada. La herencia de la propiedad privada pudo asegurarse sola­
mente a través de las relaciones familiares de línea paterna, y fue su consoli­
dación lo que escribió el capítulo final de lo que Engels llamara la derrota
histórica mundial del sexo lemenino:

el derrocamiento del derecho materno constituyó la destrucción histórica


mundial del sexofemenino. El hombre también tomó las riendas en el ho­
gar; la mujer file degradada y reducida a la servidumbre; se convirtió en
esclava de la lujuria masculina y en mero instrumento para la producción
de infantes”.^'’

Engels prosigue para demostrar la forma en que la familia privatizada se


desarrolla como respuesta al desarrollo de relaciones sociales, políticas y
económicas entre los hombres y las mujeres. Engels esboza el paso de los
matrimonios grupales a los de pareja y a la monogamia, como las formas
predominantes de la familia, y concluye que la monogamia, que de cual­
quier forma se aplica únicamente a las mujeres, es un mecanismo histórico
finamente adaptado para la dominación de las mujeres.

E Engels Origin, pp. 120-121. Véase también K. Marx, Germán ídealogy, p. 52.
lA PRODUCCIÓN DE LA NATURALEZA
27

^ A través de la producción de estas divisiones sociales fundadas primera­


'< m
mente en el sexo y la clase, las sociedades humanas generan una translorma-
Ición más profunda de la_naturaleza humana. Tal como Marx señalara en la
sexta tesÍs soh7¿ Feuerbach, “la esencia humana no es una abstracción inma­
nente a cada individuo singular. Es, en su existencia, el conjunm de las rela­
ciones sociales”."' Y en tanto el conjunto de las relaciones sociales se trans­
forma, se transforma también la naturaleza humana. ^ ^ ^
>Üña d^ las divisiones del trabajo que se desarrolla a la par de la produc-
■'ción específicamente para el intercambio, es la división entre el trabajo ma­
nual y el mental. Ello revela aspectos totalmente nuevos para la producción
humana d ría conciencia,.en. tanto que, a partir de. esta separación, ciertos
✓7
aspeaos de la naturaleza sp. encuentran disponibles sola para algunas clases ' \^
r '\
y lo « tán únicamente, como una abstracción, conceptual, esto es, dejan de
esur prrsrhKS como una presencia física o como un oponente en el proceso
de trabajo. Tal como el proceso de intercambio se abstrae en la practica del
valor de uso de las mercancías a intercambiar, así la conciencia humatta
puede abstraerse a sí misma de las condiciones materiales inmediatas de la
Listencia. Este potencial para el pensamiento abstracto aparece como un -hyil
resultado de la abstracción que en la práctica acompaña al proceso de inter­
cambio. Un “flujo directo” de la conciencia del comportamiento materia
que conduce a su propia negación. En otras palabras, tan pronto como e
pensamiento abstracto y la conccptualización se desarrollan y se instituciona­
lizan socialmente con la separación del trabajo mental del trabajo manua .
deja de ser suficiente explicar la conciencia simplemente corno un tlujo
directo” del comportamiento material. Hoy, por primera vez. a conciencia
puede adularse a sí misma de ser algo más que la conciencia de la práctica
existente”."" Por supuesto, el trabajo mental puede permanecer vinculado a la
tarca de descubrir objetos nuevos de trabajo, desanollar nueves instrumentos ,
de trabajo y reorganizar los hábitos de los sujetos de trabajo. Sin embargo,
algunas formas de “trabajo” mental pueden por completo dejar de ser trabajo,
productivo o improductivo, en tanto en esta etapa, la naturaleza resulta acce­
sible" para determinados individuos, de hecho, para clases socales enteras, sin
desempeñar ningún trabajo, a través de "lajcommmplación pura .

' l í u . p. 32. A incmulü se cita a Marx aRriiiaiitlo que la conaeircia es el


la pr.áctiea humana, para tacharlo de determinista, lediicciomsta o a guil “ ” , V „ p
ca se le cita cinco ptlginas adelante, en el pírrafo donde Ma,x cxpKutamente ‘ ‘
mación general y p rtisional. Aquellos <|ue rergiversan a Marx en esta forma no emicndc 1.
naiuraltr/a lógico-ltistórica ile la argumentación.
LA PRODUCCIÓN DE U NATURALEZA

fc Con la producción para el intercambio, más que para el uso directo, surge
primero la Bg?ibilidad, y después la necesidad de la enajenación del indivi-
J f dúo. La producción del excedente y el consecuente incremento de la riqueza
y , social no garantiza una clase trabajadora más opulenta, puesto que surgen las
^í,y^.diferencias de clase y, en consecuencia, existe una enajenación puramente
iíjfc cuantitativa del trabajo. El. trabajo excedente de la clase trabajadora es apro-
I f A p i a d o por la clase dominante. Sin embargo, la relación de la clase trabajadora
/ naturaleza también se modifica de una manera cualitativa, pues aun
I cuando los trabajadores se relacionen directamente con la naturaleza por
^ medio del uso de su fuerza de trabajo, éstos son separados de su propio pto-
! ducto. El propietario del producto, por otra parte, es separado de cualquier
relación práctica directa con la naturaleza debido a que es privado de su
propio trabajo. Hoy, la enajenación del trabajador no es simple enajenación
del producto, sino debido al avance en la especial ización del trabajo, es tam­
bién una enajenación de los propios compañeros de trabajo y de sí mismo.
Aunque predecible, esta enajenación evoca a su opuesto; la creciente compe­
tencia y especialización en el proceso de trabajo (o aun en el control del
proceso de trabajo) suscita la necesidad de desarrollar las capacidades natura­
les de la cooperación. En tanto los efectos perjudiciales de la enajenación
recaen totalmente en la clase trabajadora, los beneficios de la.cooperación ra­
ramente les favorecen. Los trabajadores renuncian a los beneficios cuantitati­
vos de esta cooperación progresiva, en la forma de trabajo excedente conver­
tido en valor de cambio, y los beneficios materiales de esta cooperación recaen
en mayor medida en el nivel de las fuerzas productivas más que en el nivel del
trabajo individual. En resumen, con el desarrollo de la producción para el in­
tercambio, el ir^jyiduo humano se convierte en un producto social:

Este posidonamiento de los precios y de su circulación, etcétera, aparece


corno el proceso superficial, debajo del cual, en las profundidades, ocurre
un proceso totalmente distinto, en el que esta aparente igualdad y libertad
individual desaparecen. Por un lado, se olvida que el supuesto del valor de
cambio, como el fundamento objetivo de todo el sistema de producción,
implica de por sí un mandato sobre el individuo, en tanto que su producto
inmediato no es un producto para e'l, sino dnicainente se conviene en satén
el proceso social, y en tanto el producto debe adquirir esta forma general,
aunque sea externa, y en tanto que, el individuo existe únicamente como
productor de valor de cambio, la absoluta negación de su existencia natural
está implícita; qitc en consecuencia, el individuo está determin.ado total­
mente por ia sociedad; que ello presupone además una división del trabajo.
LA PRODUCCIÓN DE U NATURALEZA 29

etcétera; en la que de hecho se coloca al individuo en otro tipo de relacio­


nes distintas a las de un simple intercambiador, etcétera. Que por lo tanto
este supuesto en absoluto surge ni de la voluntad del individuo ni fuera su
naturaleza inmediata, sino que es un resultado histórico, y sitúa ai i.idivi-
duo como predeterminado por la sociedad.^^

- La enajenación del trabajador implica además de una enajenación estric­


tamente material, una cierta enajenación de la conciencia. Ambas se desa­
rrollan al mismo tiempo. Mientras el pensamiento abstracto surge como el
privilegio de unos pocos, éste rápidamente se vuelve la propiedad de todos.
Esta emancipación de la conciencia de la práctica humana inmediata es el __
evento a través del cual surge la posibilidad de una .conciencia ideológica. La
autoconciencia inmediata puede ser sustituida por-la ideología social. Las
ideas dominantes de cada época han sido siempre las ideas de su clase domi­
nante”, escribieron Marx y Engels en el Manifiesto del Partido Comunista.
ni
Para la clase trabajadora, cualquiera que sea el modo de producción, existe
una lucha constante, tanto en el nivel del individuo como en el de clase,
entre la conciencia espontánea de la experiencia diaria del trabajo y las ideas
dominantes diseminadas por la clase en el poder, las cuales, por más exitosas y
arraigadas que puedan estar en la experiencia inmediata, se infiltran siempre
como una ideología abstracta. Los campesinos feudales comprendían que,
tres días de la semana, hombres y mujeres trabajaban gratis para el señor
feudal, pero también pudieron haber entendido esta realidad com o un le-
sultado de su lugar justo y apropiado en el mundo de Dios.
Con la nroducción para el intercambio, la producción de la naturaleza se
realiza en una escala ampliada.-Los seres humanos no sólo producen la natu­
raleza inmediata de su existencia, que sino producen la totalidad de la natura­
leza social de su existencia. Ellos desarrollan una diferenciación compleja en
relación con la naturaleza, una naturaleza social diferenciada de acuerdo con
el .sexo y la clase, la actividad mental y manual, las actividades de produc­
ción y distribución, etcétera. Al interior de la producción, existe una divi­
sión del trabajo aún más compleja. No ob.stante, la unidad que anterior­
mente caracterizó la relación con la naturaleza no se convierte en un inespe­
rado caos, sino que se reproduce en una forma más compleja. Con la
generalización de la producción de mercancías y de las relaciones de inter­
cambio, anteriormente aisladas, grupos separados de personas se integrair en

K. Marx, CirimdrUie, p. 2 'Í 7 -2'Í 8 .


K. Marx y I*. Fln^cis. ¡hr C.mntnitniu Manifestó (Nueva York. 1*^55), p- 30.
30 lA PRODUCCIÓN DK lA NATURALEZA

un todo sQciai-coasTeto. Los individuos son integrados en la totalidad social


no más a partir de la unidad universal del individuo social, sino mediante las
instituciones sociales que necesariamente se han desarrollado para facilitar y
r^ Iá T él intercambio de niercancías — el mercado y el Estado, el dinero y la
clase, la propiedad privada y la familia. Aparece así una sociedad perfecta­
mente distinguible de la naturaleza. A través de la agencia humana, se crea
una separación entre la naturaleza y la sociedad, entre una primera y una
segunda naturaleza. Esta última comprende exactamente aquellas institu­
ciones sociales que directa e indirectamente facilitan y regulan el intercam­
bio-de mercancías. La aislada unidad local da paso a una unidad social más
amplia. La segunda naturaleza se obtiene de la primera naturale/A.
¿Cuál es el significado preciso de la “segunda naturaieza”? La idea de la
segunda naturaleza comjenza a surgir en el momento en que las economías
de intercambio empiezan a desarrollar instituciones estatales. Entre loslmti-
güo?gnégós; Platón estaba particularmente consciente de la forma en la que
la actividad humana había transformado la superficie de la Tierra. Sin embar­
go, fue con Cicerón que de hecho se acuñó el concepto de segunda natura­
leza, y para él la segunda naturaleza era claramente la naturaleza producida
por la actividad humana, el opuesto de la naturaleza no-humanizada here­
dada. pAcrito en un estilo que aún 2000 años después tiene un aire casi
moderno. Cicerón, en Natura Deorum, presenta a Balbus el Estoico, hacien­
do la siguiente observación;

Así, vemos cómo la evidencia de nuestros sentidos nos conduce a las inven­
ciones de 1.a mente, que son materializadas después por la mano del artesa­
no, para satisfacer todas nuestras necesidades y proveernos de hogares se­
guros y mantenernos vestidos, y para proporcionarnos ciudades, paredes,
viviendas y templos. A través de nuestras habilidades humanas, con las
manos nos abastecemos de comida en abundancia y variedad. La tierra
ofrece muchos frutos para la mano que los busca, y los frutos pueden co­
merse de inmediato o preservarse para ser consumidos después. Nos ali­
mentamos también de las criaturas de la tierra, del mar y del aire, a las que
atrapamos o criamos con ese propósito. Podemos apresar y cabalgar anima­
les de cuatro patas y apoderarnos de su velocidad y de su fucrzi. En algunos
de ellos colgamos yuntas y a otros los usamos como bestias de carga. Explo­
tamos los agudos sentidos del elefante y la sagacidad del perro para nues­
tros propios fines. De la.v profundidades de la tierra extraemos el hierro,
tan necesario para arar el suelo, buscamos vetas prtjfuirdamenre enterradas
de cobre, plata y oro para uso y ornainento. Despeilazanuvs los árboles y
1
LA PRODUCCIÓN DE LA NATURALEZA 31

Utilizamos toda clase de plantas silvestres y cultivadas pata encender fuego


y calentar nuestros cuerpos y cocinar nuestra comida, y también para cons­
truir techos y protegernos del calor y el frío. También utilizamos estos
materiales para construir barcos con los cuales navegar en todas direcciones
y satisfacer todas las necesidades de la vida. Nosotros solos podemos do­
mesticar y controlar las fuerzas más violentas de la naturaleza, el mar y los
vientos, con nuestro conocimiento de la navegación podemos disfrutar del
beneficio de todas las riquezas del mar. También hemos tomado posesión
de todos los fruto- de la tierra. Las montañas y los llanos existen para nues­
tro regocijo. Nuestros son los ríos y los lagos. Sembramos maíz y planta­
mos árboles. Fertilizamos el suelo irrigándolo. Embalsamos los ríos para •
conducirlos a nuestra voluntad. Podría decirse que buscamos crear con
nuestras manos humanas una segunda naturaleza en el mundo natural.^’ iV ’i
Esta concepción de la segunda naturaleza cayó en desuso y permaneció
i,
prácticamente intacta hasta el siglo X V Ill. Entonces, el Conde Buffon, el
famoso científico francés cuyas principales preocupaciones incluyeron las
transformaciones de la naturaleza provocadas por los seres humanos, escri­
bió que “una nueva naturaleza puede florecer de nuestras propias manos .
Él denominó a este proceso “el secundam.iento de la naturaleza”.^* Sin em­
bargo, ya para el siglo X V lll estaba claro que no sólo los productos materia­
les del trabajo humano, sino también las instituciones, las reglas legales, eco­
nómicas y políticas bajo las que operaba la sociedad, integraban la segunda
naturaleza.
Por lo tanto, en la relación con la naturaleza “el valor de cambio (...J
desempeña [...] una función análoga a la del valor de uso”.^^ Y lo hace en do.s
sentidos: primero, la utilización de material natural está regulada por la can­
tidad de valor de cambio que su manejo represente, y esto se aplica tanto al
mercado de trabajo como al mercado de materias primas. Pero también, en
tanto los aspectos materiales de la segunda naturaleza fueron producidos
como mercancías, la naturaleza ha sido producida con un componente de
valor de cambio. (En este caso, no es la naturaleza externa abstracta la que
ejerce un control opresivo sobre los seres humanos, sino el peso del trabajo

Cicero, D f Natttni Deon/tn, II, 151-152. Véase The Nature of Gods^ traJucidü por Horace
C. R. MeCiregor (HarnmiuUworili, 1972), j>p. Iü4-185.
(.x)iiiu Huflun, citado en Clackcii, Uhotlutn Shorr, pp. 663,6 6 4 ,6 6 5 - Í*ara una discusión
lie (iLickcii sobre Cicen», véase pp. 144 146.
K. Marx, Gmmlriwe, p. 252.
32 LA PRODUCCIÓN DE LA NATURALEZA

muerto). Por supuesto que el valor de uso de la naturaleza sigue importan­


do; difícilmente (y con un alto costo económico) podría un carnicero hacer
el trabajo de un zapatero utilizando las herramientas y los materiales de un
carpintero. Sin embargo, no es más la posibilidad o la imposibilidad abs:
tracta de la producción ¡o que determina la utilización de la naturaleza. Lo
que cuenta es cuan oneroso u económico resulta emplear valores de uso
diversos. El valor de uso se transforma en valor de cambio (como conjetura
y en la práctica) en el proceso de producción. En consecuencia, tan pronto
como “el valor de uso ingresa en el dominio de la economía política, tan
pronto como se ve modificado por las modernas relaciones de producción, o
también como tal, puede intervenir para modificarlas’’.^® El mismo argu­
mento es válido para el valor de cambio y la naturaleza. El valor de cambio
ingresa en el dominio de la naturaleza tan pronto como la segunda natura­
leza, mediante la producción de mercancías, es producida a partir de la pri­
mera. La relación con la naturaleza es mediada por las determinaciones del
valor de uso como por las del valor de cambio.
Sin introducir el valor de cambio en la naturaleza, la relación entre la
\ primera y la segunda natu.’-aleza no puede ser entendida en su forma concre­
ta. Podría resultar difícil moverse más allá de la ambigua, limitada, y even­
< tualmente ideológica pretensión de que, por un lado, la naturaleza es social,
! mientras que por el otro, la sociedad es natural. Igualmente limitada y pro-
! blemática es la pretensión de que ambas están “interrelacionadas” e “in-
1 teractúan” una con la otra; en tanto la interacción no es un sustituto de la

I dialéctica, la clave para ello está en el proceso de producción. Los elementos


de la primera naturaleza, anteriormente inalterados por la actividadrfiuma-
na, son subordinados al proceso de trabajo y reaparecen para convertirse en
materia social de la segunda naturaleza. Aquí, a pesar de que su forma ha
sido alterada por la actividad humaría, no dejan de ser naturales en el senti­
do de que, de alguna manera ahora son inmunes a las fuerzas y los procesos
no-humanos — la gravedad, la presión física, la transformación química, la
interacción biológica. No obstante, éstos también se vuelven objeto de una
nueva serie de fuerzas y procesos que en origen son sociales. Así, la relación
con la naturaleza se desarrolla a la par del desarrollo de las relaciones socia­
les, y en tanto estas últimas son contradictorias, también lo es la relación con
la naturaleza.
En tanto el trabajo excedente se manifiesta principalmente en las mer­
cancías agrícolas, el poder económico y político .se vincula más con la pro-

•llfU . p. K8I.
LA PRODUCCIÓN DE LA NATURALEZA 33

piedad de la tierra. El trabajo agrícola produce para el consumo directo o


casi directo; intervienen muy pocos procesos de intermediación. Sin embar­
go, con la continua división del trabajo comienzan a intervenir un numero
mayor de procesos. Un grupo de trabajadores y un grupo de comerciantes,
los cuales ninguno está relacionado directamente con la tierra, comienzan a
distinguirse a sí mismos. La producción de una segunda naturaleza ha acele­
rado la emancipación de la sociedad de la primera naturaleza, y en el proceso
ha agudizado la contradicción, por completo inherente a la segunda natura­
leza, entre una clase dominante que está directamente vinculada a la primi­
tiva segunda naturaleza de la tierra agrícola, y por el otro lado, una naciente
burguesía cuyo asiento político depende dcl control del campo y del increa­
do. Conforme esta contradicción se desarrolla, se hace necesario que la burgue­
sía extienda su control para incluir no sólo al proceso de intercambio, sino
también al proceso de producción. Esto con el fin de asegurar el suministro
continuo de mercancías para el intercambio. A través del control combina­
do de la producción y la distribución, la burguesía está más capacitada para
garantizar la producción permanente de la riqueza social; la producción pa­
ra el intercambio en general, abre el camino para la producción específi­
camente capitalista. No obstante, a diferencia del desarrollo inicial de la
producción para el intercambio, ésta no es una transformación natural ,
paulatina e inexorable. Conio resultado de la segunda naturaleza, involucra
una lucha política que culminará en la revolución burguesa. En otras pala­
bras. implica la derrota de una clase dominante y el ascenso de otra, y con
ello aparece una nueva relación, mas delimitada con la naturaleza.

III. La producción capitalista

La relación actual con la naturaleza deriva su carácter específico de las rela­


ciones sociales en el capitalismo. El capitalismo difiere de otras economías
de intercambio en lo siguiente; por un lado, produce una clase que posee los
medios de producción para toda la sociedad, incluso para aquellos que no
trabajan, y por el otro lado, una clase que posee únicamente su propia fuerza
de trabajo, misma que debe vender para sobrevivir. “La naturaleza no pro­
duce, por un lado, poseedores de dinero o de mercancías , dice Marx.

y por el otro, hombres poseyendo nada más que su propia fuerza de traba­
jo, F.sta relación no tiene un fundamento natural, ni tampoco es su funda­
mento stKial tal que sea común a todos los periodos históricos. Ésta es
34 lA PRODUCCIÓN DE LA NATURALEZA

claramente el resultado de un desarrolló de histórico pasado, el producto


de muchas revoluciones económicas, de la extinción de sucesiones comple­
tas de formas antiguas de la producción social.-®

La clase trabajadora en el capitalismo es privada no sólo de las mercancías


que produce, sino de los mismos objetos e instrumentos necesarios para la
producción. Únicamente con la generalización de esta relación trabajo-sala-
rio, expresión consistente de lo que la
sustenta — el vpIok El valor de una mercancía, expresado en el intercambio
como valor de cambio, es una medida del tiempo de trabajo socialmente
necesario requerido para la producción,de la inercancía. La mercancía fuer­
za de trabajo no es ía excepción; ej salario del trabajador es una medida del
tiempo de trabajo socialniente necesario para la reproducción del trabaja-
don En consecuencia, en el capitalismo, el producto excedente se presenta
en la forma dephtsvale^r. El valor de la fuerza de trabajo del trabajador repre­
senta ^ ló una cierta fracción del valor producido durante un día de trabajo.
Con la liberación histórica de los trabajadores de los medios de producción,
éstos se vuelven por completo dependientes de la venta de su propia fuerza
de trabajo. El capitalista, por otra parte, liberado de la necesidad de trabajar,
es totalmente dependiente de la reinversión de una parte del plusvalor para
producir más plusvalor. Ambos, la realización y la reinversión del plusvalor
tienen lugar en condiciones competitivas que resultan de la propiedad pri­
vada de los medios de producción, y esto obliga a los capitalistas individua­
les, si a fin de cuentas existen para reproducirse a sí mismos, a hacerlo en una
escala ampliada. estructura específica de clase del capLalismo, por consi­
guiente, hace de la acumulación de capital la condición necesaria para la re-
producción de la vida material. Por primera vez, “la acumulación por la acu­
mulación misma es una necesidad impuesta socialmcnte El proceso de
acumulación es regulado por la ley del valor, la cual se presenta “exclusiva­
mente como una ley interna, como una ley ciega de la naturaleza frente a los
agentes individuales”.^
Derivada de las relaciones específicas de clase del capitalismo, esta estruc­
tura de las relaciones económicas es única del capitalismo, e implica una
relación radicalmente distinta con la naturaleza. El capitalismo no es distin­
to de cualquier otro modo de producción anterior en cuanto a que la rela­
ción con la naturaleza es mediada socialmente. Sin embargo, dificTC .bastan-

" K. Marx. El capital. I. p. 169.


** Ibid., III, p. 880.
lA PRODUCCION DE LA NATURALEZA 35

te de ellos en lo que constituye la esencia de esta mediación social y a la


complejidad de la relación con la naturaleza. La lógica de la mediación so­
cial no es la simple racionalidad que surge inmediatamente de la necesidad
de producir y consumir valores de uso, ni aun de la lógica de la producción
para el intercambio. Es, mejor dicho, la lógica abstracta unida a la creación y -,
la acumulación de valor social lo que determina la relación con la naturaleza V
en el capitalismo, A.sl, el movimiento de lo abstracto a lo concreto no es
simplemente una bonita idea conceptual con la que Marx haya soñado, sino ^
que es el movimiento perpetuo alcanzado en la relación con la naturaleza ,n /
el capitalismo; las determinaciones abstractas en el nivel del valor se despla­
zan continuamente a la actividad social concreta en la relación con la natu­
raleza. Esto resulta en una única pero muy compleja determinación de la re­
lación con la naturaleza — la naturaleza como objeto de producción, la na­
turaleza humana, el proceso de reproducción, la conciencia humana. Así
como examinamos la producción en general y la producción para el inter­
cambio, debemos analizar la relación con la naturaleza en el capitalismo a
través de estos aspectos generales de la relación con la naturaleza. Comenza­ 's .
remos con la naturaleza como un objeto de producción. ; -\ -
\/
Bajo el imperativo del proceso de acumulación, el capitalismo como modo
de producción debe expandirse continuamente para poder sobrevivir. La
reproducción de la vida material es por completo dependiente de la produc­
ción y la reproducción del plusvalor. Con e.ste objetivo, el capital deambula
por la tierra en busca de recursos materiales; la naturaleza se convierte en un
medio universttl de producción en el sentido de que ésta no sólo provee los
sujetos, los objetos y los instrumentos de producción, sino que es también
en su totalidad un apéndice del proceso de producción. D e esta manera
“pareciera paradójico afirmar por ejemplo que los peces sin capturar consti­
tuyan medios de producción para la industria pesquera. No obstante, hasta
el momento nadie ha descubierto el arte de pescar en aguas que no conten-
>» Al
gan peces .
^ En el capitalismo, la apropiación de la naturaleza y su transformación en
medios de producción se realizan por primera vez en una escala mundial. La
búsqueda de materias primas, la reproducción de la fuerzA de trabajo, la di­
visión sexual del trabajo, la relación trabajo-salario y la producción de mer­
cancías y de la conciencia burgue.sa se generalizan en el modo capitalista de
producción. Bajo el manto de un colonialismo benevolente, el capitalismo
destruye ante él todos los otros modos de producción, sometiéndolos por la

" llml.. I. |>|>. )H0. IHIii.


36 LA PRODUCCIÓN DE LA NATURALEZA

fuerza a su propia lógica. Geográficamente, bajo el manto del progreso, el


capitalismo intenta urbanizar el campo.

La historia de la Amigüedad clásica es la historia de las ciudades, pero de


las ciudades fundadas en la propiedad de la tierra y en la agricultura [...] La
Edad Media (periodo germánico) inicia con la definición de la tierra co­
mo el asiento de la historia, cuyo desarrollo posterior se mueve y avanza
hacia la contradicción entre la ciudad y el campo; la [Edad] Moderna im ­
plica la urbanización del campo, y no la ruralización de la ciudad, como en
la Antigüedad.^^

Acorde con esta expansión del capitalismo se desarrolla el Estado capita­


lista. Como todos los Estados anteriores, su función central es el control so­
cial en favor del interés de la clase dominante, lo que significa que en la
sociedad capitalista el Estado se convierte en el administrador de aquello
que el capital privado no está dispuesto o es incapaz de hacer. A través de
medios represivos, ideológicos, económicos y otros medios sociales, el Esta­
do pretende controlar la eliminación de las sociedades precapitalistas más
allá de sus fronteras y manejar al interior la represión de la clase trabajadora,
y al mismo tiempo garantizar las condiciones económicas necesarias para
la acumulación. En resumen,! el Estado facilita y vigila la expansión estable
del capitalismo^^ Así, la complejidad y el carácter contradictorio de la rela­
ción con la naturaleza comienza a presentarse en una forma más concreta.
En el capitalismo, la segunda naturaleza es arrebatada progresivamente a la
primera naturaleza, y ello se logra como parte de un proceso totalmente
opuesto y a la vez complementario: la generalización de la relación capitalis­
ta con la naturaleza, y la unificación práctica de la totalidad.de la naturaleza
en el proceso de producción.

K. Marx, Grundrisse, p. 479.


Sobre las difícuUades y debates alrededor del análisis del Estado, víase Colin Barkcr,
“The State as Capital”, en IntcmationalSocialiim 2 (1) (1978), pp. 16-42; J. Holloway y S.
Picciotto, Statr and Capital (Londres, 1978); James O ’Connor, The Fiscal Crisis o f the State
(Nueva York, 1973); Suzanne de BrunhofT, The State, Capital and Economic Policy (Londres,
1978). Sobre el debate Miliband-Poulantzas, que sintetizó mucho de la discusión sobre el
Estado, víase Ralph Miliband, The State in Capitalist Society (Londres, 1969); Nicos Poulanizas,
“TheProblemoftheCapitalist SaaeT,enNewLefifíeview'ii (1969), pp. 67-78; Ralph Miliband,
“The Capitalist State: A Rcply lo Nicos Poulamzas”, en New Left Review 59 (1969), pp. 53-60;
Ernesto Laclau, “The Specificity o f the Political: The Poulantzas-Miliband Debate", en Ecanomy
and Society 4 (1975), pp. 87-100; ILdph Miliband, “Poulantzas and the Capitalist State”, en
New Lefi Review 82 (1973), pp. 83-93; Nicos Poulantz.as, “The Capitalist State; A Reply to
Miliband and Laclau", en New Leji Review^S (1976). pp. 63-83.
lA PRODUCCION DE LA NATURALEZA 37

La división social del trabajo y el avance de las fuerzas productivas se


desarrollan aceleradamente — la segunda naturaleza experimenta una conti
nua diferenciación interna. Aquí la^actividad científica es de suma impor­
tancia y se coloca a sí misma a la vanguardia como una actividad separada.
Su fuj^ ón pnncipal e y ’aciluar la producción de la naturaleza en la forma
de fuerzas productivas;

La naturaleza no fabrica máquinas, no construye locomotoras, trenes, telé­


grafos eléctricos, hiladoras automatizadas, etcétera, éstos son productos del
trabajo humano; materiales naturales transformados en órganos de la vo­
luntad humana sobre la naturaleza, o de la participación humana en la
naturaleza. Éstos son órganos del cerebro humano, creados por la mano hu-
müna\ ta objetivación del poder dei conocimiento.

Así. el “fundamento técnico apropiado” para la industria capitalista se


logró hasta que “las máquinas construyeron máquinas”.^'* La proliferación
de diferentes divisiones sociales y distintas subdivisiones del trabajo requiere
el desarrollo paralelo de la cooperación social entre éstas para que el modo
de producción pueda funcionar como un todo. Han aparecido especiali^-
ciones completas que buscan garantizar la cooperación social, sobresalen las
múltiples actividades de servicios, desde las actividades bancarias hasta la
circulación masiva. La cooperación abstiaeta con la naturaleza que caracte
riza a la actividad humana productiva adquiere un carácter muy concreto en
el capitalismo. Ésta se desarrolla como un antídoto para la anarquía en a
división social del trabajo", una anarquía que es el resultado lógico de la com
petcncia basada en la propiedad privada de los medios de producción. ^
(C on la división social del trabajo se desarrolla una división técnica de las
labores al interior del lugar de trabajo, y es aquí donde comenzamos a ver
algunos de los elementos básicos de la producción de la naturaleza humana
en el capitalismo.) La producción de una sola mercancía es dividida en nu­
merosas y detalladas operaciones, al grado de que la actividad del trabajador
individual se limita progresivamente sólo a unas cuantas actividades moto­
ras. Ello requiere también de un uso extensivo de “las capacidades naturales
de cooperación” de los trabajadores, aunque, bajo el dominio del capital este-
ejercicio de cooperación produce no únicamente el desarrollo de las capaci
dades naturales de los individuos, sino justamente lo contrario. Como los

K. M;inc. (irimdrme. (i. 706; K. M.irx. E latpiud, I. p. 3H4.


LA PRODUCCIÓN DE LA NATURALEZA

otros componentes naturales del proceso de trabajo, las capacidades de co­


operación del trabajador son enajenadas; éstas se enfrentan a él como los
poderes del capital. Esto sucede precisamente con el capital fijo, que repre­
senta no sólo una gigantesca inversión de habilidades manuales y científicas,
sino representa también un ejercicio enorme de cooperación entre los traba­
jadores. Frente a la maquinaria de los capitalistas, “el trabajador se confronta
cara a cara con las capacidades intelectuales del proceso material de produc­
ción” y a la impotencia intelectual de su naturaleza individual. La pericia
manual, intelectual y cooperativa se enfrentan al trabajador “como si fueran
propiedad de otro y como un poder dominante [...] Para crear el trabajador
colectivo, y a través de él, generar el capital, vasto en su capacidad social
productiva, cada trabajador debe ser empobrecido en sus capacidades pro­
ductivas individuales”. Como en la producción simple de valores de uso pa­
ra el consumo directo, el individuo, él o ella, realiza su naturaleza en el pro­
ceso de trabajo. Pero las condiciones actuales de trabajo son tales que trans­
forman al trabajador no en el digno, romántico e idealizado hombre que se
hace a si mismo, sino forzando su minuciosa destreza a expensas de un
mundo de capacidades productivas y de instintos”, lo .convierten en “una
monstruosidad mutilada”. En lo que se refiere al trabajador, el modo de
producción tundado en el desarrollo del capital hace de “la ausencia de todo
desarrollo una especialización”:

Iodos los medios para el desarrollo de la producción se transforman a sí


mismos en medios de dominación sobre los trabajadores, y en medios para
la explotación ejercida por los productores; mutilan al trabajador reduciéndo­
lo a fragmentos de un liombre, lo degradan al nivel convcrrirlo en apéndice
de una máquina, destruyen cualquier remanente de encamo en su trabajo,
convirtiéndolo en una tarea odiosa, un trabajo detestable; separan de él las
porencialidades inrelectuales del proceso de trabajo en la misma proporción
en que la ciencia se incorpora como un poder independiente; pervierten
las condiciones en las que trabaja, sometiéndolo durante el proceso de
trabajo al despotismo más mezquino; transforman su tiempo de vida en ‘
tiempo de trabajo, y arrojan a su esposa y a sus hijos a las ruedas de la gran
maquinaria del capital.^^

Éste es el destino de la naturaleza humana en el capitalismo.

’ K. M.irx, FJcapital, I, pp. 350. 360-361. 645.


U PRODUCCIÓN DE U NATURALEZA 39

Engels demostró que con el desarrollo de las economías mercantiles, la


familia individual” se vuelve la “unidad económica de la sociedad” Con
el triunfo de la forma específicamente capitalista de la propiedad privada,
la forma de la familia es nuevamente revolucionada. En particular, mientras
la familia permanece como una unidad económica, su función económica
es más especializada y deja de ser la unidad económica de la sociedad. El
plusvalor no se produce únicamente en la familia, sino en la fábrica y en
otros lugares de trabajo. Engels insistía en que la familia individual dejará de
ser la unidad económica fundamental de la sociedad en el momento en que
ocurra la “transferencia de los medios de producción hacia una forma de
propiedad común”, sin embargo, el mismo capitalismo inicia el proceso
de resquebrajamiento de la familia individual al incorporar a las mujeres
como f^uerza de trabajo en cantidades cada vez mayores, y transfiriendo la
producción de plusvalor de la familia hacia la fábrica y hacia el espacio pu­
blico de trabajo.^”
Conforme el trabajo asalariado se traslada al dominio de la actividad
pública fuera de! hogar, una serie de funciones relacionadas con la reproduc­
ción de la fuerza de trabajo se privatizan en el núcleo familiar. Este ultimo se
convierte en el dominio del “trabajo de las mujeres’ , aunque la mayona de
las mujeres de la clase trabajadora también trabaje fuera del hogar. El modo
de reproducción de la familia privada tiene numerosas ventajas para el capi­
talismo: los costos de reproducción son sostenidos por la familia privada y
por la mujer en particular, en tanto ella no es remunerada por su trabajo de
reproducir la fuerza de trabajo; la familia privada prepara a la siguiente gene­
ración de trabajadores para aceptar la autoridad “natural , y ello requiere del
consumo privati/ado, con todas .sus consecuencias ideológicas y económ i­
cas. Sin embargo, la estructura de clase del capitalismo penetra cada uno de
los aspectos de la estructura social, y la reproducción no es la excepción. l.a
familia burguesa es diferente a la familia de la clase trabajadora en muchas
formas. Mientras la familia burguesa probablemente compra la fuerza de
trabajo (“sirvienta”, “niñera”) para desempeñar su trabajo doméstico, las e.s-

K F.iigcU, Urigin, p. 223.


Joan Sinilli, “Woincn and t!ic Faniily”. en InurnitáuutilSat iaUsm iiiiiii. 100 (1077). pp.
21-22. Para una evaluación y una crítica de los dircrenies puntos de vi.sta sobre el inatriarc.ado
y la clase, véase joati Stniili, "Wotneti, Work, Pattiily attd tlie |•.conoltlic Recessioti . potteucia
presentada etl el simposio “Fettlinism attd ilie tiritique of Capitalisiu . 1Ite |oliti.s Hnplutis
Univcrsiiy (abril 24-25. 1081). L i conclusión de Marx y l•.nj',c■ls de cpie la proleiarivación
|HKlicr;i liíiirrar a hu inu)cics tic la tlitniinai n'm |>.iivcitT.i Ii .iIh i sult» tiii piut» o(MÍmi\ta, .um
conu’tiiciulolc el ()ciU'ÍKÍo tU- la
40 LA PRODUCCION DE LA NATURALEZA

posas de ia clase trabajadora realizan no sólo su propio trabajo doméstico,


sino también pueden vender su fuerza de trabajo por un salario, como lo
hacen sus maridos. De ahí la ‘'doble carga de las mujeres de la clase trabaja­
dora”. En todo esto, aun cuando la familia se privatiza, la reproducción lo
hace sólo parcialmente. £1 Estado está profundamente involucrado en la
organización de la reproducción. No sólo controla procesos tan cruciales
como la educación, sino que a través del sistema legal, controla la forma
misma de la familia; controla la dominación de las mujeres a través de las
leyes de matrimonio y de divorcio, la legislación del aborto, las leyes heredi­
tarias, etcétera.^®
La producción de la fuerza de trabajo, como cualquier otra mercancía, es
susceptible a las fluctuaciones periódicas del ciclo dé acumulación. Y como
con la producción de otras mercancías, se han hecho esfuerzos para regular
las fluctuaciones a través de un amplio conjunto de innovaciones tecnológi­
cas — anticonceptivos, tecnologías medicas, ingeniería genética. También en
este ámbito la producción de la naturaleza es un hecho consumado. La mer­
cancía producida es, en su justa dimensión, un producto social. Los bebés de
probeta, por lo general considerados como el primer paso en la producción
de la naturaleza, son más apropiadamente vistos como la última etapa. Lo
que comenzó, por un lado, con la producción involuntaria de la mano, y por
el otro lado, con los medios más primitivos para regular el embarazo, se ha
reunido, en un proceso único, la producción de la vida misma.
Con la generalización de la relación trabajo-salario, la conciencia se desa­
rrolla aceleradamerite. Las ideologías religiosas que insistían en el legítimo
derecho a un lugar propio en el universo de Dios se mantuvieron aunque
fueron de uso limitado en la justificación de ia relación trabajo-salario. De
esta forma, el desarrollo de la sociedad burguesa se complementa con el
desarrollo de la conciencia burguesa fundamentada en las relaciones de in­
tercambio, más que en relaciones de producción. Si las relaciones de pro­
ducción en el capitalismo se caractcrizaiL.por la explotación del trabajo con
el objetivo de extraer el piusvalor, las relaciones de intercambio en el capita­
lismo se fundamentan en los principios de igualdad y libertad. La libertad
para intercambiar las pertenencias propias, y el intercambio de equivalentes,
son los principios que caracterizan dicho intercambio, y es a partir de ellos

Sobre la necesidad de la familia en el capitalismo, véase Barbara Winslow, "Womeii's


Alienaiion and Revoluiionary Politics”, en hilernacioniilSociiilism 2 (4) (1979), p|>. 1 -1 4 .1'ar.i
una perspectiva distinta, véase Irene Briicgcl. “Wliat Keeps the Eamily Coing?”. en //ilernadu-
nutSüríaliím l (\) (1978), pp. 2-IS.
LA PRODUCCIÓN DE LA NATURALEZA
41

que surge la ideología burguesa. Por esta razón, Marx, para referirse sarcásti­
camente a la esfera dérínteícambio, señala que “ahí gobiernan únicamente
la libertad, la igualdad, la propiedad y Bentham.®» La esclavitud asalariada,
las desigualdades y el fundamento de clase de la propiedad que definen al
proceso de producción desaparecen en el mercado, en donde el comprador y
el vendedor se enfrentan uno al otro como iguales. Cualquier persona es un
consumidor. Con el consumo de masas, la publicidad, la televisión, los de­
portes espectáculo y demás, la ideología burguesa representa la separación
más exitosa de la conciencia del proceso inmediato de producción. Donde
este alejamiento resulta más exitoso, como en Estados Unidos, se llega a a
conclusión de que las diferencias de clase no existen más; implícitamente
todos se han convertido en clase media.
<» EstaJjpmpgemMción de la conciencia.tecibe un impulso del °
mismo del sistema de producción. Para poder acumular, el capital debe de­
sarrollar continuamente los me"dios técnicos de producción y ello implica el
desarrollo permanente de la ciencia. Si la ciencia avanza con el objetivo in
mediato de desarrollar las fuerzas productivas, adquiere rápidamente una
importante función ideológica, a tal grado que opera casi como una religión
laica. Sin embargo, esta homogenización de la conciencia es siempre so o
una tendencia. Puede suceder únicamente en tanto la conciencia sea separa­
da del proceso inmediato de trabajo, y mientras ello sea favorecido por la
creciente división del trabajo y por el carácter abstracto del pensamiento
científico, el modo de producción capitalista permanece fundamentado en
la distinción fundamental entre la clase trabajadora y la clase poseedora de
capital. Esto conduce, en la dirección opuesta, hacia la diferenciación de la
cultura a través de parámetros de clase, y por supuesto, a una diferenciación
posterior sobre la base dcl género y la raza. Si se acepta la función de la
ideología, la conciencia continúa siendo un resultado directo de la práctica
material; no obstante, en tanto la sociedad está diferenciada, también lo está
la conciencia. Mientras más explícita es la lucha de clases en la práedea, más
explícita es la diferenciación de la conciencia. “El modo de producción de a
vida material condiciona el proceso general de la vida social, política e inte
lecuial. N o es la conciencia de los hombres lo que determina su existencia
sino es su existencia social lo que determina su conciencia .
El capitalismo no es único en ,su habilidad para producir naturaleza. U
producción en general es la producción de naturaleza:

K. /.•'/(■«/)//,,7.1.1). 17f>.
■" K. Marx, /I O m lrib u iw n tu ¡he C riiiq iie o f M i l i a i l h w io w y (l.omlic.s, 1971). p|i. ZO-Z .
f
42 lA PRODUCCIÓN DE LA NATURALEZA

Los animales y las plantas, que estamos acostumbrados a considerar como


productos de la naturaleza, son en su forma actual, productos digamos, no
únicamente del año anterior de trabajo, sino el resultado de una transfor­
mación gradual y perpetuada a través de muchas generaciones bajo la su­
pervisión del hombre, y por medio de su trabajo [... j En la gran mayoría de
los casos, los instrumentos de trabajo muestran, aun al más superficial ob­
servador, los vestigios del trabajo de épocas anteriores/'

^ En lo que ei capitalismo sí resulta único es en el hecho de que, por prime-


ra TCz los seres humanos producen naturaleza a unacscaía mundial. De ahí
la brillante observación de Marx, más de ciento veinte años atrás, que “la
naturaleza que precedió a la historia humana [...] ya no existe absolutamente
en ninguna parte (excepto quizás en unas cuantas islas coralinas australianas
de reciente formación)”.'*^Actualmente, por supuesto, esta afirmación cons­
tituye sabiduría geográfica convencional, aunque generalmente no es inter­
pretada en términos de la producción de la naturaleza.
* Sin embargo, el desarrollo del capitalismo implica no sólo un desarrollo
cuantitativo, sino cualitativo en relación con la naturaleza. N o es meramen­
te una expansión lineal del control humano sobre la naturaleza, un ensan­
chamiento del domi.nio de la segunda naturaleza a expensas de la primera.
X^n-la-producción de la naturaleza a una escala mundial, ésta es producida
progresivamcnte.desde el interior y como parte de la denominad? segun-
4^, primera es privada de su carácter primigenio, deji.u origi-
jiaJidad. El origen de este cambio cualitativo en relación con la naturaleza
yace en la modificación de la relación entre el valor de uso y el valor de
esq^bio. En diferentes etapas del desarrollo de las relaciones económicas, las
relaciones entre el valor de uso y el valor de cambio fueron determinadas en
forma distinta En consecuencia, en el capitalismo, el papel del valor de
cambio deja de ser el de simplemente acompañai al valor de uso. Con el
desarrollo del capitalismo a uiia escala mundial y la generalización de la
relación trabajo-salario, la relación con la naturaleza es sobre todo una re­
lación de valor de cambio. Es evidente t]uc el valor de u.so sigue siendo fun­
damental, sin embargo, con el gran desarrollo de las fuerzas productivas,
necesidades específicas pueden ser satisfechas incrementando el rango de los
valores de uso, y mercancías específicas pueden producirse mediante un con-

K. Maní, El capital, I. p. 181.


K. Marx, Germán Ueulupy, p. (>3.
K. Marx. Gnindrisse, p. 6é6.
LA PRODUCCIÓN DE LA NATURALEZA 43

junto creciente de materias primas. En el capitalismo, la transformación en


una relación de valor de cambio se logra en la práctica. La producción capí-
talista (y la apropiación de la naturaleza) se alcanza no por la satisfacción dé'^
necesidades en general, sino por la satisfacción de una.necesidad particular;
la g a n a n c ia El capital acecha al planeta entero buscando la ganancia. El
capital etiqueta y pone precio a todo lo que ve, y así, en adelante, la etiqueta,
y el precio determinan el destino de la naturaleza.
Una vez que la relación con la naturaleza está determinada por la lógica
del valor de cambio, y la primera naturaleza es producida desde el interior y
como parte de la segunda naturaleza, la prim.era y la segunda naturaleza se
redefmen a sí mismas. Con la producción para el intercambio, la diferencia v
entre la primera y la segunda naturaleza es simplemente la diferencia entre C
..I. j
un mühdo~no-húmanfzádp y un mundo socialmente produddo. Esta dis- 3
tinción deja de tener un significado real una vez que la primera naturaleza es
también producida. O mejor dicho, la distinción es ahora entre una primera
naturaleza que es concreta y material, la naturaleza de los valores de uso en
geñefál, y una segunda naturaleza, que es abstracta y resultado de la abstrac-
ción~3él valor de uso que es inherente al valor de cambio. La oposición
conceptual original entre el mundo humanizado y no-humanizado perma­
nece fuertemente arraigada en nuestros días, y de hecho, no fue puesta en
tela de juicio sino hasta iniciado ya el siglo XiX.. La nueva idea de una segun­
da naturaleza fue desarrollada más ampliamente, no en la Francia del Conde
Butfon, en donde la vieja oposición permaneció vigente, sino en la Alema­
nia de Hegel, con su excepcional tradición filosófica. La Alemania hegeliana
constituyó la segunda naturaleza idcali-sta. Ésta no era simplemente el mun­
do material transformado y creado por la acción humana, sino la manifesta­
ción de la libre voluntad a través de un sistema de derechos tal como las ins­
tituciones económicas y políticas de la sociedad moderna. N o fueron las
estructuras construidas las que ocuparon la segunda naturaleza de Hegel,
sino el sistema legal, las leyes del mercado, y los fundamentos éticos de la
.sociedad moderna — “el dominio de la libertad vuelto realidad, el universo
de la mente materializado en una .segunda naturaleza”
La realidad que dio origen a la concepción idealista de la naturaleza de
Hegel también trajo consigo una concepción material de la segunda natura­
leza más avanzada que la de Cicerón y Bufton, y más adecuada a la realidad
del capitalismo emergente. La mejor de.scripción de esta segunda naturaleza
es provista por Alfred Sohn-Rethel:

Cj. W. I’ ¡'hilou/fthy o j ilt- I. M. Kiu»x U-*»ikIivs, 1967). p. 20 .


44 U PRODUCCIÓN DE LA NATURALEZA

>, En alemán la palabra uso comúnmence se refíere a la "primera naturale/a


o naturaleza primitiva j mareriaJ en esencia, mientras que la esfera del in-
t- y ícrcambio es denominada una segunda naturaleza, estrictamente social”,
y fotalmcñte abstracta en apariencia [... La primera naturaleza es] concreta y
j material, comprende las mercancías conío objetos de uso y nuestras pro­
I pías actividades como un intercambio material con la naturaleza; [la se­
gunda naturaleza es] abstracta y puramente social, comprende las mercan-
cías como objetos de intercambio y como medidas de valor.^’

La misma pieza de materia existe simultáneamente en ambas naturalezas;


existe como una mercancía física sujeta a las leyes de la gravedad y la física en
la primera naturaleza, aunque en la segunda se desplaza como un valor de
intercambio y se sujeta a las leyes del mercado. El trabajo humano produce
la_grimeía natufakza,_las'reladenes-humanas- producejxiajegunda.
En el capitalismo, lo que en principio constituye un potencial abstracto y
naturaleza fundamental del trabajo humano se convierte por vez primera en
una realidad. El capitalismo produce no sólo la naturaleza inmediata o local
de la existencia humana, sino la totalidad de la naturaleza. El modo de pro­
ducción fundamentado en el capital intenta consumar

la apropiación universal de la naturaleza tanto como apropiarse del mismo


vínculo social que une a los miembros de la sociedad. Ésta es pues la gran
influencia civilizatoria del capital; la producción de una etapa de la socie­
dad frente a la cual todas las etapas anteriores resultan meros desarrollos
locales de la humanidad y la naturaleza, una naturaleza idolatrada".*^'

La. naturaleza material es producida como una unidad en el proceso de


rrabajo, y asimismo es guiada por las necesidades, la lógica, los caprichos
de la segunda, naturaleza. Ninguna parte de la superficie terrestre, la atmós­
fera, los océanos, el sustrato geológico o el medio ambiente biológico per­
manece inmune a la transformación del capital. A través de las etiquetas que
indican los precios, cada valor de uso es invitado a participar en el proceso
de trabajo, y el capital — por su naturaleza esencialmente social— se encar­
gará de llevar a buen fin cada una de estas invitaciones.
Ésta pareciera ser la lógica del argumento de Marx, pero ¿qué acaso en El
capitaluo manifestó asimismo que el proceso de trabajo todavía utiliza “mu-

* Sohn-Rffiiel, hnflUctualamt Manual l.abour^ pp. 28, 56-57


K. Marx, Grundrine, p. 4 09-4lü.
i
LA PRODUCCION DE lA NATURALEZA 45

chos medios de producción provistos directamente por la naturaleza que no


representan ninguna combinación de sustancias naturales con el trabajo
humano”?^^ ¿Y ello no pondría en duda la idea de que la naturaleza es pro­
ducida? Aquí es necesario considerar dos procesos distintos. Primero, es com ­
pletamente posible que, en términos económicos y políticos, la. sustancia
natural no contenga ningún,.valor de cambio, sin embargo, como valor de
uso, aunque, profijndamente.transformada, directa o indirectamente por el
trabajo Inimano. Esto ocurre, por ejemplo, con la tierra agrícola, donde las
mejoras a la tierra restituyen la totalidad de su valor, transformando su valor
de uso, aunque, no obstante, modifican profundamente la fertilidad y la es­
tructura física del suelo.^* Éste también puede ser el caso de productos del
trabajo más evidentes como los edificios, los cuales, en su proceso de produc­
ción no conservan ningún vestigio económico de sus orígenes, pero evidente­ V’
mente mantienen las características físicas del artificio humano. Resulta más
común que algunos aspectos de la naturaleza pudieran haber sido profunda­
mente alterados en su forma física por la actividad humana, sin que ello, en
modo alguno, haya involucrado una inversión de trabajo socialmente necesa­
rio. La producción del síndrome tóxico de conmoción nerviosa, el cáncer, y
otras enfermedades producidas socialmente, son un buen ejemplo de lo ante­
rior, lo mismo que la modificación del clima a consecuencia de la actividad
humana. Como componentes de la primera naturaleza, estos elementos resul­
tan ser bastante sociales en su producción, aunque no son mercancías.
Existe, de hecho, un caso más contundente, en el que ni siquiera la forma
de la sustancia natural ha sido previamente alterada por la actividad huma­
na. Una parte «"stancial del sustrato geológico podría considerarse así, si nos
fuera posible llegar lo suficientemente profundo. Lo mismo podría decirse
para el sistema solar, si pudiéramos viajar lo suficientemente lejos, es decir,
mas allá de la luna, más allá de algunos planetas, y más .illá de la mezcla de
desechos que han sido arrojados al espacio. Sin embargo, estos ejemplos
extremos difícilmente serían útiles para echar abajo la veracidad de la tesis de
la “producción de la naturaleza”, especialmente si uno considera ejemplos más
terrenales o de una .supuesta naturaleza no producida, como el Parque Yellows-
tonc o el de Yosemite. Éstos son espacios naturales producidos en cualquier

K, M.inc. /■/ cupital. I, 183.


** Marx estribe; "La tierra sucumbe a la rcma una vez, c)iie el capital es invertido, no j)ori|ue se
invierta el capital, sino porque el capital invertido bate a esta tierra nids productiva de lo que
era antes (...| lambían esta renta, que puede ttansíorinarsc en inierds, .se convierte en Una renta
diferencial absolui;i uita ver. que el capital invertiilo se aininiice" dücapilal, III, p. 746). David
Haivcy desarrolla este armiinemo en p. 3.17.
46 lA PRODUCCIÓN DE lA NATURALE7A

sentido imaginable. Desde el manejo-d¿ia_YÍda.J>alvaic> hasta la modifica-


ción del paisaje por la ocupación humana, el medio ambiente material lleva
la Improtíta del trabajo humano;, desde la belleza de los museos hasta los res­
taurantes, y desde los parques para acampar, hasta las postales del oso Yogui,
Yosemice y Yellowstone, son nítidas experiencias culturales comprimidas del
medio ambiente, de las cuales se obtienen ganancias sustanciales cada año.
El problema aquí no es la nostalgia por una naturaleza prefabricada, en cual­
quier forma que ésta pudiera presentarse, sino demostrar hasta qué punto la
naturaleza ha sido alterada por la agencia humana. Donde la naturaleza so­
brevive inalterada, kilómetros bajo la superficie terrestre o años luz hacia
adelante, lo hace únicamente porque aún resulta inaccesible. Si es necesario,
podemos dejar que esta naturaleza inaccesible sostenga nuestras nociones de
una naturaleza idílica, pero ésta será siempre una naturaleza ideal, abstracta,
producto de la imaginación, una naturaleza que jamás conoceremos. Los
seres humanos han producido la totalidad de la naturaleza que hasta ahora
les ha sido accesible.
La unidad de la naturaleza a la que conduce el capitalismo es ciertamente
una unidad materialista pero no es la unidad física o biológica de los cientí­
ficos naturales. Por el contrario, es una unidad social enfocada en el proceso
dejro d u cclón. Empero, esta unidad no debe entenderse como sinónimo de
una naturaleza no diferenciada. Existe, como vimos anteriormente, una di­
ferencia entre la primera y la segunda naturaleza. Sin embargo, a la luz de la
producción de la naturaleza por el capitalismo y de la tendencia a hacer de
ésta un proceso universal, ¿qué tan relevante resulta esta diferencia respecto
a la ujiidad de la naturaleza? Indudablemente, la estructura económica se
presenta a sí misma como una segunda naturaleza; “en toda producción no
planificada y desorganizada las leyes de la economía se enfrentan a los hom­
bres como leyes objetivas, ante las cuales son impotentes, es decir, adquieren
la forma de leyes naturales". Por esta razón, Marx comprendió que su tarea en
El capital era la de desnudar “las leyes económicas del movimiento de la
sociedad moderna”. Su

punto de partida, a partir del cual la evolución de la formación económica


de la .sociedad se explica como un proceso de la historia natural, podría,
menos que ningún otro, responsabilizar al individuo por relaciones cuya
creación él mismo únicamente contribuye a perpetuar, .sin importar cuan
subjetivamente se coloque por encima de ellas.
VA 1‘kODUCaÓN DE VA NATURALEZA 47

Los seres humanos, sin duda, hacen su propia historia, pero no en circuns­
tancias de su propia elección, sino determinadas y heredadas del pasado.
Sin embargo, existe un problema latente al explicar las leyes de la econo­
mía y la sociedad en este modo eminentemente naturalista, pues el mismo
iMarx también señaló, en su famosa carta a Kugelmann del 1 1 de julio de
1868: “Es imposible alterar cualquier ley natural. Lo que puede modificarse,
al cambiar las circunstancias históricas, es la forma en la que operan estas
leyes" S i las leyes económicas de! capitalismo son leyes naturales, pudiera,
parecer que Marx estuviese aceptando la imposibilidad de perturbarlas, y
por ende negara la posibilidad de derrotar al capitalismo. Aunque esto care­
cería de sentido viniendo de Marx, el comprometido revolucionario que
dedicó su vida a la lucha por el socialismo. Tal aseveración tampoco sería
meramente un descuido de su parte, un revés para burdamente entender a la
naturaleza como existiendo fuera de la sociedad; puesto que, cuando se men­
ciona la ley natural no está refiriéndose a la ley de la gravedad o a las leyes de
la física, sino a la distribución del trabajo social. (Esta aparente contradic­
ción fue la que por casualidad llevó a Schmidt a distinguir en Marx una
diferencia entre las categorías lógico-epistemológicas y las categorías econó­ i \.'
>• j
micas, a partir de la cual elaboró su acusación de utopismo.)
La solución yace no en la distinción filosófica entre las categorías sino,
como siempre, en la práctica humana, específicamente en la historia huma­
na. Como ocurre con la gravedad, es posible obedecer o contrariar las leyes
dcl mercado, y con ello es posible alterar la forma en que éstas operan y la
forma en que son experimentadas. Sin embargo, a diferencia- de la grave­
dad, no existe nada de natural en la ley del valor; ninguna sociedad ha vivi­
do sin experimentar el efecto de la gravedad, pero muchas lo han hecho sin
conocer la ley del valor. Por mucho que ésta y otras leyes del mercado se
experimenten como leyes naturales, éstas no son equiparables con la grave­
dad. Éste es precisamente el argumento de Marx cuando señala que la de­
rrota dcl capitalismo hace posible el fin de la historia natural de los seres
humanos y el principio de la historia real, el fin de las leyes sociales experi­
mentadas como leyes naturales y el comienzo de un efectivo control social
de la historia. Con el impresionante desarrollo de las fuerzas productivas, e
capitalismo ha colocado en la agenda el problema de la producción de la

*» H 197^). )>. 425; K. íilmpiMÍ. I. p. 10; IC Marx.


¡'he l-iphlrffith ¡irurmiirr J963). p-
“Marx a ) ! Je Je 1H68. u , K. Marx y K J-ngcls, 5 > W Correspofuleme
(1 ^^nJív^, I9.M). P- 24í>.
48 LA PRO^^UCCIÓN DE LA HVTURALEZA

naturaleza. Sin embargo, éste es un problema que el modo de producción


capitalista es incapaz de resolver por sí mismo. El capitalismo ha logrado
unificar la naturaleza para el futuro, pero no es capaz de unificarla en el
presente.
La diferencia entre una primera y una segunda naturaleza es por lo tanto
cada vez más obsoleta. Entendida como una diferencia filosófica entre reali­
dades que son abstracta u ontológicamente equivalentes, o aun similares,
dicha diferencia se ''olvió obsoleta tan pronto como dejó de explicar la divi­
sión entre el mundo humanizado y el no humanizado. Es cierto que, como
diferencia entre materialidad y abstracción, la división entre primera y se­
gunda naturaleza capturaba ciertamente la complejidad de la organización
social y su distanciamiento respecto a la naturaleza primigenia. Sin embar­
go, la capacidad del capital de producir el mundo material “a su propia
imagen”^' convirtió esta distinción en una víctima de sí misma — una abs­
tracción que perdió todo contacto con una realidad cambiante y con el po­
tencial de la historia humana. La producción de la primera naturaleza desde
el interior y como parte de la segunda naturaleza, transforma a la produc­
ción de la naturaleza, no como primera o segunda naturaleza en sí mismas,
sino en la realidad dominante. N o obstante, queda por señalar una diferen­
cia importante.
Engels alude a esta distinción cuando señala que nuestro “dominio” so­
bre la naturaleza “consiste en que tenemos la ventaja sobre todas las otras
criaturas de ser capaces de aprender sus leyes y aplicarlas correctamente”.^^
La producción de la naturaleza es. posible., debido a la identificación y la
aplicación de leyes naturales. Sin embargo, la identificación de leyes natura­
les involucra inevitablemente un conocimiento preciso de sus límites, y por
ende, de la diferencia entre leyes que realmente son naturales y aquellas que
en una forma específica de sociedad se presentan como naturales. Ésta no es
una distinción filosófica sino práctica. La diferencia entre la gravedad y la
ley del valor no tiene que ver con lo que puede o no puede producirse, en
tanto el efecto de la gravedad puede fácilmente alterarse y contrarrestarse,
obteniendo resultados totalmente contrarios simplemente a través de la iden­
tificación y la aplicación social de otras leyes de la naturaleza. Nosotros, por
ejemplo, aplicamos este principio cada vez que hacemos volar un avión.
Entonces, la diferencia fundamental que debe hacerse está entte lo que pue­
de y lo que no puede cíestruirse para ser sustituido. Esta diferencia se realiza

K. Marx Y F. EngeU, Cornunist Manifeuot p. 14.


F. Engels, Diairclict ofNiiíiinr {Mon.il, 1954), p. 180.
LA PRODUCX:i0N DE LA NATURALEZA 49

en el proceso práctico de la historia social y no como un proceso de especu­


lación filosófica. Mirando atrás en la historia, la evidencia muestra que aun­
que es imposible eliminar la ley de la gravedad, no importa cuánto puedan
objetarse sus efeaos ni cuánto pueda resistirse y determinarse socialmente
su fornia actual, sin embargo, sí es posible suprimir la ley del valor. Miran­
do hacia adelante en la historia, únicamente descubriendo e identificando
las leyes naturales seremos finalmente capaces de distinguir y revelar las leyes
naturales que sustentan la historia humana. Y ello puede lograrse únicamente
en el proceso de destruir y derribar las barreras sociales que se nos presentan
como leyes naturales. Aquellos que en la sociedad poseen una comprensión
más precisa de la naturaleza humana no son los supremos sacerdotes que
predican la naturalidad (entendida como inexorabilidad) de buena parte de
la conducta humana y social. Sino son quienes tienen la certeza de que as
monstruosidades sociales pueden ser destruidas. Son ellos quienes^mejor
comprenden que los seres humanos pueden crear algo más humano.
En su incontrolada marcha hacia la universalidad, el capitalismo impone
nuevas barreras a su propio futuro. Crea una escasez de los recursos necesa­
rios, mengua la calidad de aquellos recursos aún no consumidos, propaga
enfermedades nuevas, desarrolla una tecnología nuclear que amenaza el fu

Esto evidentemente otorga un papel fundamental a la ciencia, pero a la ciencia crítica,


pues, en general, la función ideológica de la ciencia ha sido la de lograr que relaciones
específicamente sociales apareacan como naturales, es decir, como inevitables. Como arx
escribió, la lógica de la economía política “resulta set para el intelecto butguiís una necesidad
obvia impuesta por la naturaleza tanto como el trabajo productivo po, sí mismo capital, L
p. 81). U diferencia entre la ciencia natural y social admite un fetichismo de la natuiale7.a
como el objeto de la investigación científica natural, y permite a la ciencia social construirse a
sí misma frente a la ciencia natural, tomando a la sociedad como su objeto natural de investi­
gación. De acuerdo con Marx y Engels, no hay sino una ciencia única no existen ciencias
diferentes para la naturaleza y para la sociedad. No obstante, la unidad de la ciencia es un
proceso práctico, una unidad que debe desarrollarse. Como escribiera Marx a nge s, a ^
debe cuestionarse “hasta el punto en que pueda ser entendida dialécticamente - ^^ ^
Camspandence, p. 123.) Respecto a las denominadas ciencias “naturales en particular. ,o ante­
rior implica recuperar la política que de hecho le pertenece a la ciencia pero que le ha sido
expropiada y hecha a un lado. Si estamos en lo correcto acerca de la producción de la natura
zal la política de la ciencia involucra distinguir las leyes naturales de las creaciones sociales, no
en términos de ciencia natural venus ciencia social, sino como ciencia venus i eo o g x
respecto, véase la crítica de Valentino C.crratana al evolucionismo posdatvmusta: los cientlticos
preocupados por la evolución, “quienes más que ninguna otra persona coiitribuycron a demos­
trar la historicidad de la natur.ilc-za, terminaron por negar y excluir el proceso iist rico precisa
nieiii- en aquella parte donde la historia natural es la historia humana . Ello
“inversión metodológica" - - u n .egreso “hacia la afirmación de las leyes históricas del desarro-
lio socuil como leyes ciernas tie la iv.uuia!ev,a . (Valentino Gcrratana, arx am arwin
Nfu/ Lrli Jit'tfifw mim. 82 (1973). |>1>- 60-IÍ2.)
50 LA PRODUCCIÓN DE LA NATURALEZA

turo de toda la humanidad, contamina la totalidad del medio ambiente que


^ debemos consumir para poder reproducirnos, y en el proceso cotidiano de
■"i^t trabajo amenaza la existencia misma de quienes producen la riqueza social
vital. Sin embargo, el capitalismo debe desarrollar una fuerza intrínseca ca­
paz de desenmascarar cuan antinatural y vulnerable resulta este modo de
producción, y lo transitorio que puede ser históricamente. N o es sólo la
relativa novedad del capitalismo lo que conduce a su transitoriedad, sino
que es la producción de sus propias contradicciones internas lo que garanti­
za ese carácter temporal. La producción de la naturaleza es el medio a través
del cuaLestas- contradicciones se vuelven concretas. En sociedades anterio­
res, la relación contradictoria con la naturaleza se expresaba como una crisis
de escasez, y el efecto era inmediato. Igualmente fundamental como el pro­
ceso de producción, las crisis de escasez representaban también los límites
últimos de la sociedad; la escasez natural determinaba los límites del desa­
rrollo social. En el capitalismo, ras crisis sociales se concentran todavía en el
proceso de producción, pero ahora yacen en el corazón de un complejo
sistema social. La producción de la naturaleza es universal, pero en este pro­
ceso las contradicciones internas se vuelven igualmente universales. Actual­
mente las crisis no surgen de la interfase entre lá sociedad y una naturaleza
externa, sino de las mismas contradicciones esenciales del proceso social de
producción. En tanto las crisis sociales se atribuyen todavía hoy la escasez
natural, ésta deberá entenderse como una escasez producida socialmente en
la naturaleza.
Sea en la forma de energía nuclear o como una sublevación de la clase
trabajadora, la contradicción inscrita en la producción de la naturaleza ema­
na de la forma misma del capitalismo. Así, de ninguna manera debemos
interpretar a Marx metafóricamente cuando escribe que “la naturaleza mis­
ma del capitalismo forja sus propias barreras”, la última de las cuales es la
clase trabajadora, distinta del resto de la humanidad por constituir los escla­
vos asalariados del capital. Esta barrera inherente" [la clase trabajadora],
lograra que, en una fase determinada de su propio desarrollo [el capitalis­
mo] se reconozca a sí mismo como la más grande barrera para su propia
existencia, y por lo tanto, lo empujará hacia su propia destrucción”.^'* En e!
proceso de luchar en contra del capital, es la clase trabajadora la que podrá
conquistar la oportunidad real de definir la naturaleza humana. Ello de nin­
guna manera significa sugerir que, por definición, la clase trabajadora actual

K. Marx, CiruTuirisíf, p. 410.


LA PRODUCCIÓN DE LA NATURALEZA 51

es en cierta forma más natural que las otras clases. Al ser una clase enajenada
mediante el control que ejerce la sociedad que la emplea, la clase trabajadora
es en todos los sentidos no-natural y es un producto del capitalismo. Ni

tampoco se está sugiriendo la imposibilidad del socialismo. Lo que se está
afirmando, no obstante lo inevitable de la sublevación, es que resulta una ley
natural que el animal humano, cuando se ve despojado de los medios para
satisfacer sus necesid ’des naturales, reaccione a esta privación, algunas veces
violentamente y algunas veces en una forma socialmente organizada. La for­
ma de la sublevación no está regida por ninguna ley natural, sino que es un
resultado social. El triunfo de esta sublevación traerá consigo la única opor­
tunidad histórica para que los seres humanos puedan transformarse en suje­
tos sociales partícipes y no en sujetos naturales de su propia historia.
f" ||
i|
IV. Conclusión i*.' •

Cuando Isaiah Bowman, el gran geógrafo imperial, enseñaba en Yale, él solía


decir a sus alumnos que “sería posible construir una ciudad de cien mil .\ s
habitantes en el Polo Sur y equiparla con luz eléctrica y teatro de ópera. La
civilización podría pagar el costo”. Esto ocurrió justo en el tiempo en que
la expedición de Peary había alcanzado el Polo, en 1909. Aun cuando la idea
de un Polo Sur urbanizado probablemente representó más una severa recti­
ficación a su previa atracción por el determinismo ambiental, indudable­
mente Bowman estaba en lo correcto. Con el mismo ánimo .solía afirmar
que “podríamos también levantar en el Sahara una cadena montañosa lo
suficientemente alta para provocar una tormenta”. Y en un sentido más ge­
neral, veinte años después, Bowman fue más preciso al señalar que el ser
humano no puede mover montañas” — no sin antes dejarse lievar por tal
imposibilidad”.^^
Predeciblemente, la producción de la naturaleza ha seguido una trayecto­
ria guiada menos por la imposibilidad extrema del evento físico y mas por la
rentabilidad del.evento económico. Igualmente previsible, quiza sea en Nor­
teamérica, que abriera el camino a la expansión del capitalismo mundial de
1918 hasta 1973, donde podemos encontrar los ejemplos más admirables
de la producción de la naturaleza. Al respecto, Jean Cottmann, en su análisis
iconoclasta de Megalópolis. señala lo siguiente;

Isatali howin.iit. (ttro^ruffhy iu Urlafmn lo ih r S o n o lS d f n ir s (N\k ‘Víi York,


52 ^ PRODUCCIÓN DE l A NATURALEZA

Los prometéicos csfuenos que por mucho tiempo habían permanecido con­
finados a los sueños de los europeos, renunciaron a un status quo en sus
propias tierras natales, deshaciéndose de las viejas ataduras de esta vasta natu­
raleza [...] Mientras ahí existió el tiempo y propósito para la expansión de las
tierras baldías, se desarrollaron las grandes ciudades de Megalópolis, median­
te una división del trabajo más sofisticada, del mayor intercambio de servicios,
un comercio incrementado, y la mayor acumulación de capital y de perso­
nas, un horizonte infinito de recursos ilimitados paia una sociedad opulenta.
I41 expansión de Megalópolis difícilmente hubiera podido suceder sin
ese ímpetu prometéico tan extraordinario. Conforme la frontera se vuelve
más urbana en esencia, y en tanto la naturaleza a domesticar se transforma
perceptiblemente de los bosques y las praderas, en las calles de la ciudad y
en las multitudes humanas, quizá resulte más difícil ahuyentar los buitres
que atemorizaron a Prometeo.’’’

La mezcla eventualinente contradictoria de oportunidad y Apocalipsis


de esta imagen, no es del todo distinta a lo que plantea Marx respecto a la
naturaleza. En general, Marx y Engels entendieron la esencia de la relación
con la naturaleza en términos de un dominio o dominación progresiva sobre
la naturaleza, aunque no en un sentido unidimensional: '‘la supremacía so­
bre la naturaleza comenzó con el desarrollo de la mano, con el trabajo, y
ensanchando en cada avance el horizonte humano”.^^ Día tras día. este pro­
gresivo dominio de la naturaleza se ha tornado más sofisticado; por primera
vez en la historia, el crecimiento económico en la forma de acumulación de
capital se volvió una necesidad social absoluta, y el ensanchamiento perma­
nente de la dominación de la naturaleza se volvió igualmente necesario. Sin
embargo, el capital y la sociedad burguesa que lo alimenta introducen no
sólo un cambio cualitativo sino cuantitativo, en la relación con la naturale­
za. El capitalismo hereda un mercado mundial global — un sistema de inter­
cambio y circulación de mercancías— el cual digiere y devuelve después
como un sistema mundial capitalista, como un sistema de producción. Para
lograrlo, la capacidad humana productiva en sí misma se convierte en una
mercancía producida como cualquier otra mercancía, de acuerdo con las
relaciones sociales específicamente capitalistas. U producción de la natura­
leza en una escala global y no simplemente uñ “dominio” mayor sobre la
naturaleza es el objetivo del capital^

”■jean Gottniiinii, Mt¡alopotis (Nueva York. 1961), p. 79


F Fngels, Origin, p. 253.
LA PRODUCCIÓN DE LA NATURALEZA 53

Ésta es la conclusión lógica, aunque no explícita, de la concepción de


Marx acerca de la relación con la naturaleza, y también de una parte del
trabajo de Engels, aunque, en mi opinión, la idea de una dialéctica de la
naturaleza” evidentemente condujo a Engels por un camino totalmente di­
ferente y equivocado. La pregunta es por qué ambos mantuvieron el lengua­
je y en parte la concepción de “dominio” y “dominación de la naturaleza.
En la práctica, la relación con la naturaleza progresó más allá de un dominio
y una dominación, tan pronto como la distinción entre una primera natura­ «
rt-
leza prchumanizada (la dominada) y una segunda naturaleza humana (la
dominante) fue volviéndose obsoleta. El “dominio no describe en absoluto I
la relación entre la nueva primera y segunda naturaleza, no explica la di­
ferencia entre materialidad y abstracción que terminó con la ingenuidad
heredada de la diferenciación original. La materia no es de alguna forma
dominada o gobernada por un mundo de abstracciones — ello conduciría
rápidamente al idealismo— sino que en todo el planeta se producen piezas
específicas de materia (esto es, se altera su forma) de acuerdo con las leyes
abstractas, necesidades, fuerzas y accidentes de la sociedad capitalista. La
realidad de la producción de la naturaleza es hoy mucho más evidente al
terminar el siglo XX, que lo que fue a mediados del siglo XIX, y este hecho,
más que ninguna otra razón, explica por qué Marx pudo haberse aferrado a
esta idea obsoleta del dominio. Un siglo adicional de desarrollo capitalista
abatido por la inexorable búsqueda del plusvalor relativo debiera haber trans­
formado la idea de la producción de la naturaleza en un absurdo cliché. Que
no sea así, en tanto que lejos de serun cliché es una novedad y casi una idea
quijotesca, constituye un testimonio del poder que tiene la ideología de la
naturaleza.
La producción de la naturaleza no debe confundirse con un controlsohvi
la naturaleza. Esto último es i.asostenible aunque exbta un cierto nivel de
control en el proceso de producción. La producción de la naturaleza de nin­
guna manera constituye la culminación del dominio sobre ella, sino que es
algo absoluta y cualitativamente diferente. Incluso Engels fue cuidadoso en
distinguir entre dominio (que sugiere más una idea de control que de pro­
ducción”) y control cuando afirma: “no [...] nos complazcamos demasiado a
nosotros mismos ufanándonos de nuestras victorias humanas sobre la natu­
raleza”, e introduce un párrafo de ejemplos que ilustran el costo de estas
victorias y la “venganza" de la naturaleza. A cada paso, concluye Engels.

■Se nos recuerda que nosotros de ninguna manera inandanios sobre la natu­
raleza como lo liace un conquist.ador sobre un pueblo extranjero, como
54 l A PRODUCCION DE LA NATURALEZA

aJguicn que está postrado fuera de la naturaleza —sino que, nosotros, en


carne, sangre y cerebro, pertenecemos a la naturaleza, y existimos en su
seno, y que todo nuestro dominio sobre ella consiste en el hecho de tener
la ventaja sobre todas las otras criaturas, de ser capaces de aprender sus
leyes y aplicarlas correctamente.’*

La idea de una venganza de la naturaleza entraña un aire de las implica­


ciones dualistas inherentes a la idea de “dominio”, sin embargo, en esencia
resulta una idea maravillosa (a la que Engels en el mismo trabajo sucumbe
una y otra vez) considerando el contexto del triunfalismo científico del siglo
XIX. En este sentido, la producción industrial de bióxido de carbono y de
bióxido sulfúrico hacia la atmósfera ha tenido efectos climáticos por demás
incontrolables; si todavía queda alguna duda, un número creciente de cien­
tíficos apoyan la posibilidad de un efecto invernadero y el consecuente derre­
timiento de las capas de hielo, mientras que muchos de aquellos que recha­
zan la idea, esperan un enfriamiento igualmente dramático, y el incremento
en el contenido de bióxido sulfúrico en e! aire es responsable de la lluvia
ácida. Ni siquiera la producción de la mano humana — o quizá ésta en par­
ticular— fue en absoluto un proceso controlado. Así, mientras más comple­
tas y elaboradas son las producciones humanas, el sistema capitalista se vuel­
ve más anárquico. Tal como les contaminantes son productos integrales del
proceso de producción, aunque no constituyen su objetivo inmediato, mu­
cha de la producción de la naturaleza no es el objetivo premeditado de la
producción. El proceso de producción es bastante premeditado, pero su fi­
nalidad inmediata, la ganancia, es estimada en términos del valor de cambio
y no de valor de uso. En consecuencia, el aspecto del control es sumamente
importante pero sólo hasta que comienza a entenderse en este contexto. La
primeta pregunta no es si ia naturaleza está controlada o hasta qué punto
está controlada; ésta es una cuestión planteada en el lenguaje dicotómico de
la primera y segunda naturaleza, de un dominio precapiialista y de un no-
dominio sobre la naturaleza. El pjoblonaaeal es cómo producimos naturale­
za y (juién controLa esta producción de la tiaturaleza.
El capitalismo desarrolla las fuerzas productivas hasta el punto en que la
unidad de la naturaleza se vuelve nuevamente una posibilidad. No obstatue,
en el capitalismo, esta unidad permanece siempre como una eterna protne-
sa en la marcha hacia la universalidad. El capitalismo crea los medios técni-

'H Hiigcls, D iukctia v f Naiurc. p. 180.


LA PRODUCCIÓN DE LA NATURALEZA 55

eos para cumplir esa promesa, pero por sí mismo es incapaz de cumplirla. La
alternativa, como señaló Marx, es socialismo o barbarie; cualquiera de los
dos representa una unidad de la naturaleza. La cruel ironía de esta alternati
va es más crítica actualmente, en tanto que con la amenaza de la guerra
nuclear, la barbarie unifica la naturaleza sólo para destruirla. Sin embargo, la
sociedad de clase que amenaza con la derrota de un final barbárico, igual­
mente promete la ambición del socialismo. El socialismo no es una utopía
como tampoco es una garantía. Es, sin embargo, ei lugar y el tiempo donde
y cuando la unidad de la naturaleza se convierten en una posibilidad real. Es
el campo de batalla para desarrollar un auténtico control social sobre la pro­
ducción de la naturaleza. Muy temprano en su vida, Marx imaginó el comu­
nismo como una “legítima solución al conflicto entre los hombres y la natu­
raleza”.” El que tal afirmación resulte verdadera, todavía está por verse y
por realizarse.
Lo cierto es la lucha alrededor de este conflicto, la sublevación en contra
de la escasez. En muchos sentidos ésta es una batalla por el control de lo que
es "socialmente necesario”. Como ocurre con la contaminación, mucha e
la producción de la naturaleza es el resultado impredecible e incontrolable
del proceso de producción. Éstos pueden ser productos integrales del proce­
so de trabajo, pero la contaminación y muchos otros elementos producidos
de la naturaleza no son portadores de “tiempo de trabajo socialmente nece­
sario”. La batalla por el socialismo es la lucha por el control social para deter­
minar qué es y qué no es socialmcnte necesario. Al final, es una batalla por
controlar lo que es valor y lo que no lo es. En el capitalismo, éste es un juicio
resuelto en el m ecado, un juicio que se presenta a sí mismo como un resul­
tado natural. El socialismo es la batalla para juzgar la necesidad no en lun-
ción del mercado y su lógica, sino conForme a las necesidades humanas, en
Función no del valor de cambio y la ganancia, sino del valor de uso. ^
Más tarde en su vida, Marx fue menos ambiguo respecto a la relación con
la naturaleza, y más reservado acerca de lo que el comunismo podría o no
podría ser. El siguiente pasaje de El capital se refiere a este aspecto, sin em ­
bargo, comparado con sus primeros escritos, éste es políticamente mas con
creto, prcci.so y resolutivo;

i;l d o m in io de la libertad com ienza efeeiivam ente d on d e acaba el irabajo


dictado por ia necesidad y las consideraciones mundanas; así. la libertad
yace en la esencia misma de las cosas, más allá ile la esfera de la productiim

K. M;irx. iúirly Wruiuxi- P-


56 LA PRODUCCIÓN DE LA NATURALEZA

material [...] La libertad en este ámbito puede existir únicamente en el


hombre socializado, en los productores reunidos, regulando racionalmcnre
su intercambio con la naturaleza, alentando su control colectivo, y no de­
jándose dominar por la naturaleza como por una fuerza ciega; logrando
además su objetivo con el menor gasto de energía y en las condiciones más
favorables y más merecedoras de su naturaleza humana. Sin embargo, en
ello persiste todavía un ámbito de la necesidad. Más allá del cual comienza
el desarrollo de esa energía humana que constituye un medio, y en sí mis­
mo, constituye el ámbito real de la libertad. Libertad que empero, en ade­
lante puede florecer sólo teniendo a este ámbito de la necesidad como su
fundamento. La reducción de la jornada laboral es la condición previa fún-
damental.'’^

La reducción de la jornada laboral es, pudiéramos decirlo así, la demanda


transitoria, pues continúa representándose en términos del valor de cambio.
Entre más reducida la jornada laboral, menor es la masa de plusvalor produ­
cido en la forma de ganancia para la clase capitalista. La demanda funda­
mental es por el control de los trabajadores, el control sobre el proceso de
producción y, en consecuencia, sobre la producción de la naturaleza; en
otras palabras, la destrucción del capitalismo y su dominio de la sociedad a
través del control del sistema del valor de cambio. Todo ello con el objetivo
de controlar la esfera de los valores de uso. En esta forma, el concepto de la
“producción de la naturaleza” logra lo que el “concepto de naturaleza” que
Schmidt pretendió formalizar pero jamás pudo conseguir: “transformarse
en el concepto de acción política”.*'
Habrá quienes consideren este análisis y, de hecho, la idea misma de la
producción de la naturaleza, como un .sacrilegio insolente, como una cruen­
ta violación de la belleza, la santidad y el misterio inherentes a la naturaleza.
Para ellos, el significado de la naturaleza no sólo es sagrado, sino que tras­
ciende aquellas consideraciones vulgares que la conciben como un resultado
del trabajo y el sudor real. Respecto a la vulgaridad, no están equivocados;
podrían simplemente escapar de ella y así, negarla. Empero, es real. El capi­
talismo industrial contemporáneo y todo lo que éste implica es una vulgari­
dad del capitalismo, y no una vulgaridad de la necesidad. Es un resultado de
la realidad actual, y no un fantasma de la teoría marxista. Otros argumenta­
ran que, si no vulgar, la idea resulta terriblemente aniropocéntrica aun para

’ K. Marx, El capital, III, p. 820.


' Alfred Schmidt, l'he Concepí aj Naturc in Mane {{jondrtts, 1971). p. 196.
U PRODUCCIÓN DE lA NATURALEZA 57

una teoría de la naturaleza. Pero lo mismo que la acusación explícitamente


romántica de vulgaridad, ésta también es un producto de la nostalgia. Tan
pronto como los seres humanos se separaron de los animales al comenzar
a producir sus propios medios de subsistencia, empezaron a colocarse a sí
mismos cada vez más a! centro de la naturaleza. A través del trabajo humano
y de la producción de la naturaleza en una escala global, la sociedad humana
se ha colocado a sí misma justo al centro de la naturaleza. Quererlo ver de
otra manera acaso es nostargia. Precisamente esta centralidad en Ir. naturale­
za es la que alienta la ansiedad frenética del capital por controlar la natura­
leza; pero la idea de controlar la naturaleza es un sueño. Es el sueño sonado
cada noclie por el capital y su clase, en la víspera del siguiente día de trabajo.
Mas, el control social, verdaderamente humano sobre la producción de la
naturaleza, es el sueño realizable del socialismo.
ÜV PRODUCCIÓN DEL ESPACIO

A menos que el espacio sea entendido como una realidad completamente


separada de la naturaleza, la producción del espacio resulta un corolario
lógico de la producción de la naturaleza. Podrían requerirse algunos supues­
tos respecto al significado del espacio y a la relación entre el espacio y la
naturaleza, sin embargo, la argumentación que demuestra la producción del
espacio puede ser bastante clara. El problema por supuesto radica en los
supuestos, dado que a diferencia de la “naturaleza”, el concepto de espacio
tiende a darse por sentado y su significado se asume como no problemático,
aun cuando sea un concepto impreciso, de múltiples significados, a veces
contradictorios. No importa la postura crítica que tomemos respecto al con­
cepto, resulta difícil escapar a algunas nociones básicas del espacio — el es­
pacio como una extensión, como un contenedor o como un simple vacío; en
las sociedades occidentales actuales esta visión del espacio se utiliza de ma­
nera casi instintiva en el lenguaje común. Sin embargo, “para el interés de la
ciencia”, como escribiera Albert Einstein en referencia explícita a los con­
ceptos de espacio y tiempo, es necesario “comprometerse una y otra vez con
la crítica a estos conceptos fundamentales, para evitar que inconscientemen­
te seamos dominados por ellos.' Más que simplemente atenernos a lo ex­
puesto en el capítulo anterior, intentaremos desarrollar el argumento de la
producción del espacio por sus propios méritos, y sólo en la última etapa lo
relacionaremos con el argumento relativo a la naturaleza. De esta forma
tendremos no sólo una argumentación sólida para la producci'''n del espa­
cio, sino también una oportunidad de examinar críticamente el concepto de
espacio. En su momento, esto debe ofrecernos un fundamento conceptual
adecuado paia analizar la geografía dcl capitalismo y en particular, para
mostrar la relación entre la producción de la naturaleza y la desigualdad del
desarrollo capitalista.
Nuestro interés aquí es el espacio geográfico, el cual podemos entender en
.su sentido más general como el espacio de la actividad humana, desde un
espacio arquitectónico en pequeña e.scala, hasta abarcar la totalidad de la
superficie terrestre. Un significado más específico dcl espacio geográfico irá
desarrollándose conforme avance el análisis; por el momento, lo importante
es di.stinguir el espacio geográfico de los muchos otros significados y aproxi-

' Allii'ii Uiiisiciii, “|•olL•worl^.tll Max |ainiiii;i. (Cámil>iiil|;e, Ma.vs., \W ) )


|i. XII.

1591
60 LA PRODUCCION DF.L ESPACIO

maciones del espacio que aquí no pueden considerarse.^ Desde el comienzo


de los años sesentas, la conceptualización del espacio geográfico ha sido ob­
jeto de considerables discusiones. Se han distinguido dos concepciones par­
ticulares del espacio: el espacio absoluto y el espacio relativo. La discusión
surgió como una respuesta a la denominada revolución cuantitativa en geo­
grafía, que se llevó a cabo al inicio de los sesentas. Anteriormente, los geógra­
fos se habían atenido en forma casi exclusiva a la concepción absoluta del
espacio, sin embargo, las innovaciones técnicas de la “revolución cuantitati­
va” trajeron consigo una visión más amplia del problema.^ En estas diferentes
concepciones del espacio se encuentran implícitas distintas relaciones con la
naturaleza y con los eventos materiales. Tratándose de la producción del
espacio, intentaremos llevar la discusión un paso adelante. Pero para hacer­
lo, es necesario estar al tanto de los orígenes y el significado de la distinción
entre el espacio absoluto y el espacio relativo. D e hecho, estos conceptos se
originaron en las ciencias físicas y en la filosofía de la ciencia, y por esta razón
analizaremos primero la conceptualización científica del espacio, para así
entender el vasto origen histórico y epistemológico de los conceptos que nos
ayudan ^elaborar nuestra comprensión de la geografía del capitalismo.

1. Espacio y naturaleza

En 1920, sólo algunos años después de la publicación de la teoría general de la


relatividad, Alfred North Whitehead señalaba: “Difícilmente es más que
una exageración perdonable afirmar que la determinación del significado de
la naturaleza se reduce principalmente a la discusión del carácter del tiempo
y el espacio . ■Reconociendo la estrecha relación que existe entre espacio y

^ En particular, no pretendemos discutir la conceptualización del espacio en la literatura


psicológica y antiopológica aunque ósta se traslape con las aproximaciones al espacio geográfi­
co. Víase por ejemplo. Edward Hall, The Hidden Dimensión (Nueva York, 1966); Claude Uvi-
Strauss, Struesurat Amhropology (Nueva York. 1963); J. Piaget, The PrincipUs o f Genetic
bptstemology (Londres, 1972); Cari Jung, Man and His Symbob (Londres, 1964).
Frcd Schaefcr “Exceptionalism in Geography; A Methodological Examination", enAnnaU
ojthe Associatson u f American. Geographers 43 (1953), pp. 226-240; William Bunge, Theoresical
G ^ ra ^ sy (l.und, 1966.2a. cd.); Peter Hagget, LocationalAnaíysis (U ndtes, 1965); lan Burton,
1 he quantitativeRevolutionandTheoretical Geography". en Crnai/ian Ceographerl
pp. 151-162. David Hatvey fue el primero en discutir explícitamente en un contexto geográ-
ico los conceptos de espacio absoluto y relativo {Explanaíian in Geography, Ixmdrcs. 1969).
n bocialjustice, Harvey incorpora un tercer c'titcp to de esp.icio — espacio reLacional— aiin-
espacio relativo y lelacional no es suiicientementc clara.
Alfred N otili Wliitclicad, The Cancept oj'Nature (Cambridge. 1920), p. 33.
LA PRODUCCIÓN DF.L ESPACIO 61
1
naturaleza, Whitehead evocaba la radicalmente nueva concepción posnewto-
niana del espacio implícita en la teoría de la relatividad. N o obstante, en
tanto de alguna manera entendía el espacio como fundamental para la natu­
raleza, Whitehead mantuvo una visión del espacio que se había convertido
en social tanto como en una ortodoxia científica, al menos a partir de Newton.
Históricamente, el espacio se ha entendido siempre en relación con la natu­
raleza, pero !a esencia de esta relación se ha visto de maneras muy diferentes.
La concepción de Newton del espacio absoluto es la excepción que prueba la
regla. Para entender el espacio como una entidad por completo indepen­
diente que existe separada de la materia (espacio absoluto), Newton tuvo
que elaborar también una concepción, si no paralela, si secundaria del espacio
relativo, la cual pudo definirse únicamente en relación con los eventos mate­
riales. Como Newton claramente demostró, la definición del espacio abso­
luto representó un rompimiento definitivo con nociones anteriores del es­
pacio que en mayor o menor medida se confundían con los eventos materiales:

No defino el tiempo, el espacio, el lugar y el movimiento como si éstos fue­


sen bien conocidos por todos. Sólo debo señalar que, la gente común con­
cibe esas cantidades a partir únicamente de la relación que establece con
los objetos sensibles. De ahí surgen ciertos prejuicios que para poder elimi­
narlos será conveniente distinguirlos en lo absoluto y lo relativo, lo real y lo
aparente, lo matemático y lo común [...]
El espacio absoluto en su propia naturaleza, sin relación con nada ex­
terno, permanece siempre similar e inamovible. El espacio relativo es cierta
dimensión variable o medida de los espacios absolutos que nuestros senti­
dos determinan por su posición respecto a los cuerpos.'

Hoy, casi tres siglos después, no es el concepto de sus adversarios, sino el


propio concepto absoluto de Newton el que indirectamente alimenta el pre
juicio común respecto al espacio. En el mundo capitalista avanzado, todos
nosotros concebimos el espacio como un vacío, como un receptáculo uni­
versal en el que los objetos existen y los eventos ocurren, como un marco
de referencia, un sistema coordinado (junto con el tiempo) en el que todo lo
real existe. Esta visión del espacio es tan evidente por sí misma que, a pesar
de la vaguedad y la ambigüedad que resulta de utilizarla constantemente en
un sentido metafórico, en su utilización cotidiana somos prácticamente in-*

** h'im ipia, cu;ulo cii M. laimncr, o¡> t il ^p-


62 L \ PRODUCCIÓN DEL ESPACIO

capaces de cuestionaila. El espacio es sericiUamenie un referente universal de


la exisiencia.
i'ijaíi.
Antes de Newion, y también inmediatamente después de él, prevalecie­
ron las concepciones relativas del espacio. D e acuerdo con la concepción
relativa, el espacio no es independiente de la materia. Las relaciones espacia­
les son, de hecho, relaciones entre piezas específicas de materia, y por ende
son totalmente relativas al movimiento, conducta y composición de la ma­
teria y los eventos materiales. Aunque los atomistas griegos pudieron haber
tenido un concepto parcialmente desarrollado del espació absoluto, fue con
Newion que la distinción entre espacio absoluto y relativo se hizo explícita.
Mientras que la teoría de la relatividad de Einstein pareció restablecer la
prioridad del espacio relativo, considerando al espacio absoluto sólo como
un caso especial del espacio relativo, el espacio relativo de la física del siglo
XX es bastante diferente de la relatividad prencwtoniana del espacio. En la
actualidad, si bien no existe una traducción automática de los conceptos
espaciales de la física matemática en las ciencias sociales, la relatividad en la
física fue una poderosa influencia que llevó a los geógrafos a reafirmar sus
concepciones del espacio. No obstante, la historia del concepto de espacio
en la ciencia física es más compleja de lo que esta primera definición del
espacio absoluto y telativo pudiera sugerir, y tanto en la física com o en la
filosofía el debate continúa en nuestros días.*' Existen tres momentos de esta
historia que resultan particularmente pertinentes para el presente propósito,
cada uno de ellos refiere algún aspecto de la relación entre el espacio y la
naturaleza, y aquí debemos analizar los tres.
En primer lugar, la historia del concepto está marcada por una progresiva
abstracción del espacio de la materia. Esta distinción que hoy hacemos, no se
daba en las sociedades primitivas. El espacio no era diferenciado de la mate­
ria, ni tampoco de la fuerza o el poder humano o de cualquier otro. La uni­
dad de la naturaleza era completa; espacio, sustancia y significado eran uno
solo. Robert Sack describe muy bien este tratamiento primitivo del espacio:

En la concepción primitiva, la tierra no es un objeto que pueda cortarse en


piezas y venderse en pedazos. La tierra no es una pieza de espacio existiendo

'■Para una defensa del espacio relativo, véase lan Hinckfuss, '¡'he Exislrnce ofSfiacr and Time
(Oxford, 1975). Para una defensa neonewtoniana del absolutismo, extraña en tanto mantiene
la concepción original de Newton, véase Craliam Nerlich, The Shape ofSpace (Cambridge.
1976). Para un andlisis clisico que ayude a restablecer el concepto del espacio absolttto sin que
al mismo tiempo rechace el concepto relativo, véase Adolf Grünbaum, Philosophiail l'rohlenis
afSpace and Time (Nueva Yor k, 1963).
LA PRODUCCIÓN DEL ESPACIO 63

demto de un sistema espacial mayor. Por el contrario, ésta es entendida en


términos de relaciones sociales. Las personas, como parte de la naturaleza,
están íntimamente ligadas a la tietta. Pertenecer a un territorio o a un lu­
gar, es un concepto social que implica, primero y ante todo, la pertenencia
a una unidad social La tierra misma le pertenece aj grupo como un todo.
No se divide y ni se apropia en forma privada. Es más, la tierra vive a través
de las almas y la historia de la gente, y los lugares en ella son sagrados.^

En esta etapa, es el lugar, no el espacio lo experimentado por la gente. La


abstracción de lugares específicos del espacio en general, no ha ocurrido
todavía. El espado y su utilización (mítica y material) son tan inseparables
como el espacio social y el físico. La conciencia del espado es un resultado
directo de la actividad práctica. Cassirer ofrece un ejemplo particularmente
geográfico;

La Etnología nos muestra que las tribus primitivas generalmente poseen


una percepción extraordinariamente aguda del espado. Un nativo de estas
tribus es sensible a los detalles más sutiles de su medio ambiente. Es en
extremo sensitivo a cada cambio en la posición de los objetos comunes a su
alrededor. Aun en circunstancias muy difíciles, será capaz de encontrar
su camino. Navegando o remando, sigue con gran precisión el trazo del río.
Sin embargo, si nos acercamos más, para nuestra sorpresa descubrimos que
a pesar de esta habilidad, parece existir una extraña carencia en su aprehen­
sión del espacio. Si le pides hacer una descripción general, un delineamien­
to del curso del río. será incapaz de hacerlo. Si le pides que dibuje un mapa
del río y sus distintas trayectorias, pareciera no entender siquiera tu prc-
gunta. Claramente podemos distinguir aquí la diferencia entre un entendí
miento concreto y abstracto del espacio y de las relaciones espaciales. El
nativo está absolutamente lámiliarizado con el curso d d río. pero esta fami-
liarización está muy alejada de lo que podemos denominar un conocimien
to abstracto, un sentido teórico.*

Como se ha señalado en otra parte, es probable que el concepw de espa­


cio como un objeto identificable de la conciencia preceda al del tiempo.

’ Roben Satk, Conceptions ufSpace in Soáaí Thou^ht (Minireapolis, l')80). p. 22.


* Hrcisi Cassiier./1« ( L i m i t e s . 1944). pp. 45-'í6. ,
’ M, J.unmet. op. a l. pp. 3-4. Véase tambié.i Jolm C. Gunnell, Polit.cal PMaiophy and
ílm e (MttiiUcboru, Coiui., 19í>8). p. 117.
64 LA PRODUCCIÓN DEL ESPACIO

desarrollo del concepto de espacio, separado de espacios y lugares particula­


res, coincide con uno de los pilares más importantes en la historia de la
humanidad — los orígenes de la filosofía, del pensamiento conceptual que
ya no es más el resultado directo de la actividad práctica inmediata. Los
antiguos filósofos griegos continuaron confundiendo el espacio con la mate­
ria, sin embargo, y como resulta obvio en el caso de Pitágoras, ellos también
fueron capaces de entender el espacio en términos conceptuales más abstrac­
tos. Las teorías posteriores de Aristóteles y Platón, y las de los atomistas
griegos, pudieron valorar el espacio más allá de la materia, viéndolo cada vez
más como algo independiente. Para Platón, el espacio vacío eS un sustrato
material indiferenciado, y esto lo llevo a reducir la materia en espacio; un
argumento que permanece hasta nuestros días. En una dirección distinta,
Aristóteles comparaba el espacio con un campo de fuerza, un tema que igual­
mente continúa en la actualidad. Sin embargo, mientras que para Platón el
espacio era de alguna forma más importante que la materia, Aristóteles pen­
saba lo contrario. Como bien señala Jammer, para Aristóteles, el espacio era
un accidente de la materia Lo interesante para nuestros fines no es tanto
la diferencia entre estas ideas y las distintas teorías que ellas auguraron, sino
el consenso entre Platón y Aristóteles respecto a la inseparabilidad del espa­
cio y la materia. La geometría es el vínculo fundamental. Para ambos, la
geometría es el pegamento que adhiere el espacio a la materia. La geometría
es explícitamente la abstracción de los cuerpos físicos reales, al mismo tiem­
po que describe la estructura del espacio.
Como sugiere lo anterior, no existía uno, sino numerosos conceptos pre-
newtonianos de espacio sobreviviendo uno al lado del otro y más o menos
relacionados entre sí. La proeza de Newton consistió en reunir dichos con­
ceptos en un marco unificado para entender el espacio: con el concepto de
espacio absoluto y su relación con el espacio relativó, Newton entregó tal
cual, una peculiar abstracción de abstracciones. El espacio fue convertido en
una cosa en sí misma. Sin embargo, el costo de lograr esta generalidad con el
concepto absoluto fue considerable. Los detalles de los espacios individuales
podían analizarse únicamente en relación con los eventos y objetos materia­
les, es decir, como espacios relativos que, aunque debían someterse a las leyes
universales de la física, igualmente podían estar constituidos por cualquier
número de procesos específicos y relaciones que no estuvieran inmediata­
mente determinados por las leyes de la física. En un lenguaje menos elabo-

' M . ja in m e r. of. cit., p. 22.


LA PRODUCCIÓN DEL ESPACIO 65

rado pero más accesible, la abstracción total del espacio físico de la materia
generó la posibilidad de definir otros espacios distintos al espacio físico.
Cuando el espacio físico se volvió absoluto, dejó tras de sí un espacio con­
ceptual que evcntualmente podría ser ocupado por conceptos como el de
í “espacio social”. Hasta cierto punto, mientras el espacio y la materia perma­
necieron mezclados, la actividad humana material no podía concebirse se­
parada del espacio físico. Sin embargo, dado que el espacio de la actividad
I
humana es inseparable de los objetos materiales y los eventos que constitu­
yen dicha actividad, el concepto absoluto del espacio fue incapaz de definir
este espacio “social”, pues estaba alejado totalmente de los fenómenos mate­
riales. Sin duda, la actividad social pudo continuar entendiéndose como
ocurriendo “en” el espacio absoluto, pero en su condición absoluta este es­
pacio permanece inalterado por la especificidad de la actividad espacial hu­
mana. Por esta razón, la separación del espacio relativo del espacio absolum
constituyó el medio para que el espacio social pudiera separarse del espacio
físico, con este espacio social definido en relación no con una primera natu­
raleza externa e independiente, sino con una segunda naturaleza humana­
mente producida. Así como el espacio relativo de Newton es un subconjunto
del espacio absoluto, el espacio social surgió como un subconjunto diferen­
ciado del espacio físico. Aun cuando el desarrollo del espacio social como un
concepto distinto tuvo que esperar prácticamente hasta que el subconjunto
del espacio relativo absorbiera al conjunto que alguna vez le dio cabida, éste
es el origen de su independencia.
Pareciera como si el desarrollo de la teoría de la relatividad y el retorno del
espacio relativo hubieran representado un retroceso en el proceso de abstrac­
ción. Y en tanto que las relaciones espaciales son de nuevo entendidas como
partes integrales de las relaciones materiales, ello pudiera haber sido cierto. Sin
embargo, lo que sucedió con la llegada de la teoría de la relatividad fue algo
distinto. La separación newtoniana del espacio físico absoluto de la materia
no despojó a la geometría de su función como el pegamento que une el es­
pacio y la materia, pero sí puso en aprietos a la geometría eucliüiana, la cual
era directamente verificable en la experiencia material. Mientras el espacio y
la materia estuvieron unidos, esta demostración directa fue una condición
necesaria de la geometría. Pero su separación implicó que la descripción del
espacio físico no requiriera más de dicha comprobación a través de la expe­
riencia directa. El siglo XIX fue testigo del desarrollo de las geometrías no-
. euclidianas, en especial con Riemann; sin embargo, estas geometrías perma­
necieron com o construcciones matemáticas puramente abstractas hasta la
aparición de la teoría de la relatividad. El espacio era concebido como una
. 6 ' ■ la producción del espacio

8
^estructura de n-ditnens¡ones y múltiples niveles. Con Einstein, cuyo trabajo
^se apoyó en estas matemáticas, el espacio n-dimensional consiguió aparentc-
^ ^mente un referente material. Como propuso Whitehead, no sólo el significa-
naturaleza parece reducirse en sí mismo al significado dcl espacio y
el tiempo, sino también la forma y la estructura espacio-temporal parecen
reducirse a relaciones matemáticas. El espacio tri-dimensional o el espacio-
tiempo cuatri-dimensional dieron cabida a un espacio matemático de n-di-
mensiones; el espacio físico es reemplazado por el espacio matemático. Mien­
tras el concepto de espacio físico mantuvo siempre alguna referencia a la
experiencia humana práctica, el espacio matemáticó se abstrae por completo
de ella. La afirmación de que la estructura de la realidad es matemá­
tica, puede verificarse únicamente en relación con los fenómenos materiales
en la escala del sistema planetario o en la escala de la física subatómica. Ni
siquiera el físico-matemático, quien día y noche piensa el universo en n-di-
mensiones, podría imaginarse a sí mismo desplazándose a la tienda de la
esquina a través de un espacio n-dimensional. En conclusión, sí nuestra con­
cepción del espacio es el resultado de una permanente abstracción, puede
cuestionarse ai menos la definición dcl espacio como un campo abstracto en
el que la realidad existe. Entonces, ¿es el espacio “en sí mismo” una dimen­
sión para entender la realidad, o es la concepción abstracta del espr.cio la que
constituye la dimensión a través de la cual entendemos la realidad.^
Si el primer momento en la historia dcl concepto de espacio es el de una
abstracaón continua, el segundo es el de un desarrollo dialéctico. Existe un
movimiento cualitativo tanto como cuantitativo. En su trabajo clásico sobre
la filosofía del espacio y el tiempo, Hans Reichenbach hizo la siguiente ob­
servación sobre la evolución histórica partiendo del universo de Ptolomeo al
universo de Copérnico, y de ahí, al universo de Einstein:

La teoría de la relatividad no considera que la concepción de Ptolomeo sea


correcta, sino cuestiona el significado absoluto de cualquier teoría. Este
planteaniicnto puede defenderse debido a que el desarrollo histórico trans­
currió a través de ambas, y porque la conquista de la cosmología de Ptolomeo
por la de Copérnico dio origen a la nueva mecánica, la cual a su vez nos
proporcionó los medios para igualmente reconocer la unilateraiidad de la
visión de Copérnico sobre el mundo. El camino hacia la verdad ha seguido
en este caso la forma más pura de la dialéctica, considerada por Hegel
como esencial para cualquier desarrollo histórico."

" Hans Rcicheiibach. The Phihsophy ofSpuct uml Twie (Hwm Vork, Iy58), p. 2I7.
LA PRODUCCIÓN DEL ESPACIO 67

Lo que ahí se arguye para el universo es igualmente aplicable para el


espacio. Esta evolución de universos conceptuales implica también un desa­
rrollo dialéctico en el concepto de espacio. De esta forma, el concepto de
espacio relativo que está implícito en la teoría general de la relatividad es.
por un lado, una combinación de desarrollo y retroceso que supera al espa­
cio absoluto, y por otro lado, es un progreso evidente respecto al espacio
newtoniano. Los cambios anteriores son cualitativos. El espacio prenew-
toniano era al mismo tiempo físico y social; el espacio posteinsteniano e.»
matemático.
Sin embargo, la teoría general de la relatividad de Einstein mantuvo la
promesa de rearticular nuevamente el espacio y la materia en una forma mas
sofisticada que la confusión fundamental característica del espacio prenew-
toniano. Ernst Mach había expresado esta misma promesa algunas décadas
antes del descubrimiento de Einstein. Mach intentó subordinar totalmente
la estructura espacial a la distribución y al movimiento de la materia, es
decir, obtener la victoria del espacio relativo sobre el espacio absoluto de­
mostrando la prioridad de la materia sobre el espacio. La teoría de la lela-
tividad parecía proporcionar la evidencia experimental que podría consu­
mar esta victoria, y fue el mismo Einstein quien se concentró en demostrar
lo que bautizó como “el principio de Mach”. Sin embargo, él ni ninguno de
los que le sucedieron han tenido éxito en descubrir esta evidencia. Si la razón
inmediata de ello se encuentra en ciertos resultados experimentales que pa­
recen contradecir el principio de Mach, de igual forma podría argüirsc el
carácter abstracto dcl concepto utilizado.
Mientras el principio de Mach implica la articulación del espacio y la
materia, el concepto matemático del espacio en la teoría de la relatividad
asume la más completa abstracción del espacio de la materia. Cualquiera
que sea la evidencia experimental (y sin restarle importancia en ab.soluto), es
difícil entender cómo, partiendo de un concepto de espacio tan completa­
mente abstraído de los eventos materiales, puede llegar a demostrarse la re­
latividad dcl espacio en términos de la materia. En este contexto, en la medi­
da en que la noción del espacio matemático se da por sentada, es posible que
Einstein tampoco e.scapara dcl peligro que el mismo identificó aquel de
ser dominado por los conceptos propios. De este modo, incapaz de probar
el principio de Mach, pero aferrado todavía a la teoría general de la relatividad,
Einstein .se refugió en el terreno támiliar de la lilo.solía y de la diferencia
entre ontología y epistemología; con ello, el radicalismo de la frontera cientí­
fica es rápidamente reemplazado por un renovado con.servadurismó. Aun­
que la materia podría proporcionar los Inndamenios epistemológicos en el
68 lA PRODUCCIÓN DEL ESPACIO

campo mécríco", escribió Jammer r^umiendo el argumento que Einstein


llegó a sostener, “ello no implica necesariamente una primacía ontológica
sobre el problema”.'^ En la práctica, aunque Einstein luchó acérrimamente
por marcar la pauta, al final ello ha significado la permanencia del supuesto
newtoniano de la prioridad del espacio sobre la materia. D e ahí que, en la
reducción que hace Whitehead de la naturaleza al espacio y al tiempo, y aún
a pesar de la aceptación universal de la teoría de la relatividad, la materia
queda subordinada al espacio y no viceversa. La virtualmente revoluciona­
ria reunificación del espacio y la materia hace corto circuito debido a su­
puestos filosóficos tradicionales y diferencias que por sí mismas son resulta­
do de la abstracción conceptual. Así pues, históricamente, la dialéctica iden­
tificada por Reichenbach permanece incompleta.
El tercer momento a analizar es el fundamento material del desarrollo del
concepto de espacio. En tanto la dialéctica hegcliana de Reichenbach tiene
también un fundamento material, el concepto de espacio es por lo tanto un
producto social. Newton reconoció explícitamente que “la geometría está
fundada en la práctica mecánica, que no es sino la parte de la mecánica
universal que propuso y demostró con exactitud el arte de la medición”.'^ La
geometría euclidiana, a la cual se sumara Newton, constituyó, en los tiem­
pos griegos más remotos, el producto de la actividad humana práctica, tal
como lo fueron las geometrías no-euclidianas que consolidaron la física
posnewtoniana. Analizando la influencia de Gauss sobre Riemann y sobre la
idea moderna del espacio matemático, Jammer hizo evidente la importancia
de este.fundamenta material. “Una vez má.s”, decía, “vemos que desde una

M. Jammer, op. cit., p. 198. Para un planteamiento casi idéntico al de Einstein, véase
Grünbaum, Spací and 'fimt, p. 421. ¿Qué significa que las nrioridades “epistemológicas" y
“oncológicas" son distintas, incluso opuestas.^ ¿Ac.aso significa simplemente que, lo que para
nosotros es lo real, probablemente resulta bastante opuesto a lo que de hecho es lo real (como
sea que esto último pueda llegar a conocerse)?
Citado en M. Jammer, op. cit., p, 96. La geometría a menudo es confundida con la
estructura espacial, y con justa razón. Sin embargo, existe una diferencia entre ellas que es
preciso aclarar. De acuerdo con la concepción moderna, la geometría no es un sistema concep­
tual independiente. Es más bien una abstracción convencional de los objetos y eventos reales
materiales; de allí que el lenguaje de la geometría sea uno de líneas y puntos, sólidos y superfi­
cies. Como un lenguaje para describir la estructura espacial, la geometría mantiene alguna
referencia, aunque abstracta, con la materialidad. En un nivel más abstracto, desde luego, la
exclusividad de la geometría euclidiana fue remplazada por una multiplicidad de geometrías
más abstractas operando en n-dimensiones. No obstante, la estructura espacial significa siem­
pre ti orden y d arreglo de los objetos y eventos materiales, mientras que la geometría es el
lenguaje abstracto o el conjunto de lenguajes utilizados para describir dichas estructuras. (Véa­
s e p p . 162-176.)
69
LA P R O D U C aÓ N DF,L ESPACIO

peispecúva histórica, las teorías abstractas del espacio deben su J ¡


í práctica del trabajo geodésico, tanto como la geometría antigua or.g
en la necesidad práctica de la agrimensura . ’
No sólo este desarrollo cualitativo del concepto sino también 6
.b » .c c .6 n ,.« ™ un fún d am e» m aini.l. Altad
; ™ „ „ d o cuc 1. abstaccliu d.l «pació en u„ X t í m et
L i c i o direoa, « . i «tachamente relacionado con el desarrollo del .me
oL bl“ 1 m conclas, U absrraccidn del uso y del esporo "'«■"“ U e la
mercancía, que « inherenrc al acto de ¡merombiar. genera la pos.b.l.dad
i abstraer el espacio de su existencia material inmediata.

El tiempo y el espacio vueltos abstractos bajo la influencia del intero^bio


í de mercancías se caracterizan por la homogeneidad, la
carencia de codo contenido natural y material, visible e invisible (por e, m
Dio el aire). U abstracción dcl intercambio, excluye todo aquello que
S n ra a la historia humana, y aún a la historia natural [...] En conse^en^
da. el tiempo y el espacio asumen ese carácter de absoluta
histórica y universalidad que deben caracterizar la abstracción
cambio como una totalidad y en cada una de sus características.

Si Sohn-Rethel está en lo correcto respecto al


el desarrollo de los conceptos de espacio, entonces su ^ “ el del
dos respecto a la prioridad histórica dcl concepto de « P ^ f “
tiempo. Más importante, su argumento sugiere no simplcmen q

vcrúóntcinpianadecsicArgumei.io, iiwrsugun O C\/é:isc The First Phtlosophers.


para las primeras economías moneran^ de la Gmca
Londres, 1972 s. e.) No existe un acuerdo ta.nbién
que resulta imix)f.ante es que aquellos que idenriflcan p ^ abstracción. Véase por
al intercambio entre l.vs sociedades como c cau iza “Vorefiechische Maibcmatik", en
ejemplo el trabajo sobre Babilonia de Orto Ntngebaucr. Vorgf echi c
V o r lL g r n ü ie r d ir O M t c j,,
Incidentalniente, este análisis también o rece pis a P . j producción con
espacio conso concepto respecto lü tiempo. involucrar un
fines de uso a la producción para el mtcrcamb . . z j( renucrla una transforma-
cambio en el tégimcis temporal de "J “ „ „ fueron producidos y consumi-
ción evidente Cilla estructura espacial. U s o ) q . -^Pjjcrcamb'wu mAs alU
tlus por una cüimmitlad en una lotalitlati dcicrimna .» intacta, pc;o es eviden-
desusfroisiera5.1jieiiipür.didadaelcoissumobseispodr .t producción y el
le e inevitable la alteración- de su espacia it .u . a ' j ¿o sepanido del espacio
«msiiiiio se vuelve una separación espacial; el espacio de l.i prodnccio P
70 la p r o d u c c ió n d e l e s p a c io

tros conceptos de espacio cambian históricamente, sino que ellos se desarro-


han en reladón con las experiencias y las perspectivas cambiantes del espa-
* cío. Conforme Ja relación con la naturaleza se desarrolla históricamente, la
dimensión espacial de la actividad humana se transforma y con ella, se trans­
forman nuestras concepciones de! espacio. Podemos enfocarnos específica­
mente en el tratamiento de! espacio como una mercancía en el capitalismo,
pero antes de dirigirnos a esta cuestión fundamental, es necesario concluir el’
presente argumento y desplazarnos del espacio físico de las ciencias al espa­
cio geográfico en particular.
Como en el ejemplo presentado del espacio absoluto, los conceptos cien­
tíficos del espacio han influido en una forma notable nuestras concepciones
generales del espacio, al menos desde el tiempo de Newron. Sin embargo, las
concepciones contemporáneas del espacio no mantienen ninguna semejan­
za con los espacios abstractos n-dimensionales de la física matemática. Cual­
quiera que haya sido la relación histórica, en la actualidad, el espacio social
es completamente distinto al espacio científico. Mientras que el espacio cien­
tífico intenta abstraerse por completo de la actividad y los sucesos sociales,
en general el espacio social es visto como el escenario de tales actividades.
Como sugerimos, el fundamento conceptual para el surgimiento de un es­
pacio social distinto se encuentra más claramente en la separación newtoniana
del espacio relativo del espacio absoluto. Con el espacio absoluto de Newton
el mundo de los fenómenos físicos, biológicos y geográficos pudo entender­
se como el fundamento natural del espacio físico. Por otro lado, el espacio so­
cial pudo considerarse simplemente como un espacio relativo que existe al
interior del espacio absoluto; la relatividad del espacio social está definida por
k s relaciones sociales paruculares presentes en una sociedad determinada.
El fundamento materia! para la separación del espacio físico y social yace
en el desarrollo de una segunda naturaleza a partir de la primera. La socie­
dad tuvo que separarse de la naturaleza en la práctica antes de que el espacio
social pudiera diferenciarse por completo del espacio físico. Este espacio fí­
sico absoluto llegó a a.sociarse con el espacio existente, el espacio natural de
U primera naturaleza; aquí los espacios físico y natural son indistinguibles
Por otro lado, el concepto de espacio social fue abstrayéndose más y más de
cualquier referencia al espacio natural. La filosofía de la naturaleza se desa­
rrolló como una especialid.id separada de la filosofía, mientras que la econo-

d é coi.H.mü. U imsm.» separación ic.nporal ocurrirá sólo en una etapa tnrilía riel im ercm -
bio ele mc.cancías, aia.ido las relaciones de imercanibio comienaam a retroalimemar la esfera
de la pm duccon y ciuran en conllitro «in la orgaobación temporal dcl pr.,ceso <lc oalrajo
71
LA PRODUCCIÓN DEL ESPACIO

mía de la naturaleza se movió en la dirección contraria hacia la economía


política clásica de Adam Smith y otros. Sin embargo, aunque la distinción
filosófica entre el espacio natural y social puede remontarse hasta Kant, y
aun cuando la economía política clásica del siglo XVIll y principios del XiX
representan el reconocimiento práctico más antiguo del espacio social, el
concepto de espacio social propiamente dicho no se hizo explícito sino hasta
finales de! siglo XIX. Generalmente se reconoce a Emilio Durkheim la autoría
del término espacio social; escribiendo alrededor de la década de 1890. fue
prudente en insistir en que el espacio social era muy distinto y que estaba
separado del espacio “real”, el cual entendía como el espacio físico. Visto
así, el espacio social pareciera ser espacia! sólo en un sentido metafórico. Tal
como el espacio matemático ha venido a representar el campo abstracto de
los eventos naturales, el espacio social es el campo abstracto humanamen­
te construido de los eventos sociales, y puede ser definido en un sinnúmero
de formas. Un objeto o una relación puede ser lo suficientemente real, por
ejemplo, la clase trabajadora o la relación trabajo-salario; no obstante, la
localización de estas relaciones como pumos en el espacio social no nene
nada que ver con su ubicación en el espacio físico o natural.
Accualincnte, el espacio geográfico es de nuevo algo distinto. Por más que
el espacio geográfico sea .social, es también notoriamente ñsico, es el espacio
físico de las ciudades, campos, caminos, huracanes y fábricas. El espacio na­
tural. como espacio absoluto heredado, deja de set sinónimo del espacio
físico en tanto puede ser social por definición. Esta distinción aparece en la
discusión del espacio geográfico debido a que los gctSgrafos tienen que lidiar
con el espacio físico en general, y no únicamente con el espacio natural de .a
primera naturaleza. Con sus objetos de e.studio localizados justamente en el
espacio social, la mayoría de las ciencias sociales pudieron abstraerse del es­
pacio físico, incorporándolo en el análisis sólo como un referente ocasiona
externo. Sin lugar a dudas, la geografía no tuvo esc privilegio en tanto en ios
últimos años ha tenido que enfrentarse a la aparente contradicción entre e.s-
pacio físico y .social, y a la diferenciación interna dcl espacio nauiral del
espacio físico en general. Cuanto más intentan los g c ó p f o s idcmificar en
el espacio natural absoluto los patrones y procesos .sociaimeiuc re ativos y
socialmeiue determinados de la localización económica, más problemática
se vuelve la relación cmre el espacio natural y el social, y ntás ambiguo llega

Kmile Duiklicim. Thr Dit-iutw o f /.abolir w Snany (CdcnaKs 111., 1.>47. .i. c ) . u .
cambien Ama- licm.mcr, “Snti;.l -S|«a- i» Inmnlisc ¡,>!i..:.ry l'ert|H-a.vc , en Oro^ra/./mitU<rii,rw
5 9 U % V ) , pj!. Z| 17-426.
72 L \ PRODUCCIÓN DEL ESPACIO

a ser el significado del espacio físico. En esta forma, el dualismo progresivo


I entre espacio y sociedad vino a colocarse justo en el centro de la atención.
Para muchos de los más involucrados en los primeros tratamientos analíti­
cos de la geografía económica, este dualismo no representaba ningún pro­
blema. Su positivismo metodológico estaba construido sobre una base firme
de dualismos filosóficos: objeto-sujeto, hecho-valor, naturaleza-sociedad, entre
otros. Para ellos no existía una necesaria contradicción entre la existencia del
I espacio en términos absolutos y su utilización social de acuerdo con criterios
económicos: por un lado, el espacio existe; por otro, la sociedad lo utiliza; en
el mejor de los casos existe una “interacción” entre dominios separados.'*
Aunque este trabajo, fundamentado en un paradigma absolutamente
positivista, anunció el debut formal del espacio relativo en la agenda geográ­
fica, representó la consumación de la visión de Newton y no su derrota.
Nadie negaba la prioridad ontológica del espacio absoluto, por el contrario,
el espacio económico era visto como un derivado y un subconjunto estricta­
mente relativo del espacio absoluto. Sin embargo, para otros, esta relativización
del espacio geográfico no llegó lo suficientemente lejos. Las protestas urba­
nas de la década de los sesentas habían generado mucho interés en la forma
y el desarrollo del espacio social urbano, y como era de esperarse, produjeron
una serie de críticas radicales a las aproximaciones tradicionales sobre la
sociedad urbana. Existieron muchas vertientes de esas críticas, pero en el
presente contexto destacan dos en particular. La primera es la geografía hu­
manista, que es la principal responsable de introducir el concepto de espacio
social en la literatura geográfica. La tradición humanista, que se consolidó
avanzando firmemente desde la fenomenología, rechazó la exclusividad y las
pretciiiioncs de objetividad de la ciencia positivista y propuso la importancia
de los modos subjetivos de conocer. El espacio geográfico no era simplemen­
te una estructura objetiva, sino una experiencia social impregnada por capas
entrelazadas de significado social, el espacio objetivo era uno entre las nume­
rosas concepciones sociales del espacio. En la geografía humanista el “espacio
social", no el espacio físico ni el espacio objetivo, se convirtió en el objeto de
investigación. Se adoptó el concepto original de Durklteim pero entendien­
do el espacio social como explícitamente geográfico; el “espacio social” fue
utilizado para combatir el dualismo que había contribuido a crear.'*

Waltcr Christallcr, Central Places in Southern Cermany (Englcwood CliíFs, N j, 1966 s.


c.); Bunge, Theoretical Geography; H.aggci. LocationalAnalysis. El trabajo tic August Losch, The
Economict oj Localion (New Havcii, 1954) es una notable exeepción a esta leiulencia general.
Al frente de aquellos autores que en los últimos años lian desarrollado una perspectiva
lA PRODUCCIÓN DEL ESPACIO
73

l.a segunda vertiente crítica que introdujo la cuestión del espacio y a


sociedad fue la tradición política radical. Esta tradición surgió primero en­
tre los movimientos políticos que prevalecieron al final de los sesentas y
principios de los setentas, y posteriormente comenzó a apoyarse cada vez
más en una diversidad de tradiciones teóricas de inspiración marxista. t i
interés aquí no era el de negar la objetividad del espacio geográfico, sino ex­
plicarlo simultáneamente como objetivo y resultado de las fuerzas sociales.
Distintas sociedades utilizai. y organizan el espacio de diferentes maneras y
los patrones geográficos resultantes llevan la impronta clara de la socieda
que utiliza y organiza este espacio. La forma espacial de la ciudad capitalista,
por ejemplo, es totalmente distinta ala de una ciudad feudal. En un e)emp o
simbólico fascinante de la relatividad histórica del espacio físico urbano,
Harvey señala que “no es accidental que los capiteles de la “ PiUa y la iglesia
cobijaran el sueño de Oxford (un pueblo surgido en la era del poder eclesiás­
tico): mientras que, en la era del capitalismo monopolista, los edificios Chrysler
y el Banco Chase-Manhattan resguardan la isla de Manhattan . o es un -
camentc que el espacio y la sociedad “interactúen”; una lógica histórica es­
pecífica (aquella de la acumulación de capital) dirige la dialéctica histórica
del espacio y la sociedad. .,
En la actualidad, nuestra concepción del espacio geográfico es consider -
blemente más sofisticada como resultado de estas tradiciones pospositivistas.
Empero, hasta aquí hemos dado sólo el primer paso hacia la disolución del
dualismo con el que comenzamos. Hemos llegado a comprender y afirmar
la unidad del espacio y la sociedad, pero aún así es difícil dar e siguiente
paso: avanzar de la afirmación a la demostración sin alterar en la practica
nuestra concepción del espacio. U noción de que el espacio y la sociedad
“interactúan” o que los patrones espaciales “reflejan” la estructura socia . es
no .sólo burda y mecánica en su construcción, sino también impide protun-

gcogrifio dcl « p a c o socal. e u i el geógrafo


ir.ulucido al inglós por Aniie Buttimer, Social Space . 'J'r> ' ' 1968) pp
grafía social en la /«er„.ripn<rí £nrydey)e-íí. o/d-e S po W S m
139-142. En la tradición humanista. Véase im eralia David U y y Marv "Gcograpliy
Geogmpl.y (Chicago. 1978). Para unabreveconrribución critica, véase Ncd B P ^
Scic.ee and Pos.-Positivist Modcls o f Explanation", en 1‘rogress m Human Oeography 3 U 2

Harvey. “Soaal J u u ¡» , p. 32; "Tire Geography o f Capitalist Accumulation: A Itecons-


iruction oí tht Maaian Theory". Anúpode 7 (2) 1 ^ 5 ). W l (re.nrp^^ ^
Radical Uagraphy (Chicago. 1977). pp. 263-292); l he Procc Uní cr U
Piamesvork for Aiialysis-. c . InrrrnaúonalJournalaj Urlmn and Hrgmnal Rcrar^h 2 (1 77H). P|
101-131.
74 LA PRODUCCIÓN DEL ESPACIO

dizar las ideas respecto al espacio geográfico; en el fondo, esto se debe a que
la imagen de la relación entre el espacio y la sociedad permanece unida a la
concepción absoluta del espacio. Dos objetos pueden interactuar o reflejarse
mutuamente sólo sí en primera instancia pueden definirse como objetos se­
parados. Aun habiendo dado el primer paso de verificación, no estamos li­
berados automáticamente del peso de nuestras herencias conceptuales; inde­
pendientemente de nuestras intenciones, es difícil partir de una concepción
dualista implícita dei, espacio y la sociedad y concluir demostrando su uni­
dad. Este dualismo sobrevive en diferentes formas en las tradiciones post­
positivistas que pretenden exorcizarlo.^' La concepción de la “producción
del espacio” intenta proporcionar los medios para dar el siguiente paso y
permitirnos demostrar, más que simplemente afirmar, la unidad del espacio
y la sociedad.
“Todos los misterios que conducen la teoría al misticismo — escribió
Marx— encuentran su solución racional en la práctica humana y en la com­
prensión de esa práctica”.^^ Con “la producción del espacio” la práctica hu­
mana y el espacio son integrados en el concepto “mismo” de espacio. El
espacio geográfico es entendido como un producto social; en esta concepción,
un espacio geográfico que esté abstraído de la sociedad es una aberración
filosófica. Más aún, la relatividad del espacio se vuelve no una cuestión filo­
sófica, sino un producto de la práctica social e histórica; asimismo, la uni­
dad del espacio geográfico es un resultado social más que una consecuencia
f i l osóf i ca. Si bien aquí el énfasis está en la producción física directa del

■' En la iradición humanisra, véase los planteamientos de Sack, que en esencia distingue el
espacio “objetivo” y "subjetivo, y la contribución más general de Richard Bernstein, The
fíestructurjngafSocia/ artelPoUtical Theory (Oxford, 1976), parre III y p, 232. Sobre lo aconio-
daticio del dualismo en las aproximaciones matxistas, véase el in'ento de Richard l’ect por
ide.ar una "dialéctica espaciaren “Spatiai Dialectics and Matxian Geography”, Progress in Hmnan
Ceogrdfhy 5 (1981), pp. 105-110; para una critica véase Neil Smith, "Degencracy in Theory
and Practice: Spatial Interactionism and Radical Eclecticism", Progreu in Human Ceography 5
(1981), pp. 111-118. De acuerdo con Sohn-Rethel, tales "dualismos intransigentes" son “un
rcílejo más vera/, de la realidad del capitalismo que lo que puede encontrarse en los esfuerzos de
los ilustres poskantianos esmerados en librarse de ellos [...] ¿De qué otra forma puede presen­
tarse la realidad del mundo actual burgués si no es como un dualismo?” [IntelUetual and Ma­
nual Laboar. p. 15.) La función de la teoría consiste entonces en incorporar y comprender esta
realidad y al mismo tiempo luchar para transformarla.
K. Marx, “Eight fhesis on Feuerbach”, en Cennan Ideotogy, p. 121.
Marx insistía en la unidad de la ciencia: “Nosotros conocemos únicamente una cienci.i
única, la ciencia de la historia. Uno puede mirar la historia desde dos lados y dividirla en la
historia de la naturaleza y la historia del hombre. Sin embargo, ambos lados son insep:irables;
la historia de la naturak-za y la historia del hombre dependen una de la otr;i desile que el
hombre existe" (K. Marx y E Engcls, Penerbaih. Londres, 1973, p. 159.) Esta formulación
LA PRODUCCIÓN DEL ESPACIO
75

espacio, la producción del espacio implica también la producción de signi­


ficado, los conceptos y las conciencias del espacio inseparablemente liga as
a su producción física. La tesis de la producción del espacio empuja la dialé­
ctica hegeliana de Reichenbach un paso adelante. La agencia responsable de
la abstracción conceptual del espacio - l a práctica humana— es introduci­
da en el concepto mismo. No sólo Hegel, también Aristóteles es puesto de
cabeza — com o consecuencia de la evolución histórica mas que de un error
filosófico. El espacio no es más “un accidente de la materia”, sino el resu ta-
do directo de la producción material.

II. Espacio e historia


Hemos visto ya cómo las sociedades primitivas no diferenciaban entre el
lugar y la sociedad. En la experiencia inmediata, todos los lugares están im­
buidos de significado social. No existe un espacio abstracto mas allá de
lugar, ni existe un lugar más allá de la sociedad. Lugar y sociedad están inte­
grados en una unidad. Esto es lo que Robett Sack define como a concep
ción “primitiva” del espacio.» Dichas sociedades habitan el espacio natural,
el cual literalmente significa el espacio resultante de los procesos
actividades y formas sociales o cualesquiera otras. El lugar es enten i o en
términos de relaciones sociales que en sí mismas no se han desarro a o m .
allá de un estado natural. u-
Con el desarrollo de las economías sociales basadas en el intercambio d
mercancías, surge una segunda naturaleza y con ella un rompimiento en la
unidad del lugar y la naturaleza. Como vimos anteriormente, esto marco c
origen de la concepción cada vez más abstracta del espacio utilizada en la
ciencia física. La abstracción es la característica de la concepción a v u z a a
del espacio de Sack. Esta concepción del espacio no se viiicu a con e i j a
inmediato, sino que implica la posibilidad de abstraerse e y e
una extensión espacial más allá de la experiencia inmediata. Como lesult

,especio a U. relaiividad del espacio geogrffico residía congriienie


ioipllclia en la física. La diferencia, haciendo a nn lado el
es simpicmenie de escala. Lo anier.or deja ah.eria la ‘ “ „.„uinlc-za. N o nos
lasada cicrian,eme en el espacio, pero de manera más . ,,p ,,ió n con
ocupaicmos .is|iií de dicho propúsiio. Para una aproxnnai.on a es ., i
la rdosol'ía (le Lonis AItluisser. véase nn trabajo bympiomatic Sile • ■■r.rlinitivo” se
Rohm .Sack. ( 'jiiicriilitms, p. 170. f.\ es cuidadoso al señalar (pie el térmn p ^
niiliyn no en un desafi.rmnado seniido peyorativo, sino p.ira enl.nr/.ar una primac a nstor c ..
76 LA PRODUCCIÓN DEL ESPACIO

do,'se destruye la unidad conceptual del espacio y la sociedad, y el espacio


comienza a desarrollar una existencia conceptual independiente. N o obs­
tante, el desarrollo de una segunda naturaleza conduce tanto a la elabora­
ción conceptual como al desarrollo de un espacio producido socialmente (e
igualmente real) a partir del espacio natural. Esto puede ejemplificarse de
varias maneras. La ciudad medieval constituye un excelente ejemplo. En
términos Euclidianos, la distancia entre el primero y el cuarto piso de una
vivienda urbana puede ser equivalente a la altura de un árbol del bosque
principal tras las murallas de la ciudad. Sin embargo, a diferencia de la altura
del árbol, la distancia entre los pisos de la vivienda puede medirse también
en función de la clase y el rango social. Un ejemplo más antiguo es la separa­
ción inicial del espacio privado y el público. Esta separación puede descri­
birse en términos de lugares específicos — el lugar donde se practica la cace­
ría o donde se libran las guerras, en contraste con el sitio donde se recogen
las cosechas y donde se crían y crecen los niños. Pero también puede descri­
birse en términos de la división sexual del trabajo, en general los hombres
controlan el primer espacio y las mujeres se desenvuelven fundamentalmen­
te en el segundo.^^
Con el surgimiento de la segunda naturaleza se presenta la separación
conceptual de la sociedad y el espacio. Por primera vez, las reglas de la socie­
dad pueden ser a-espaciales, es decir, se abstraen de manera importante de
las consideraciones espaciales. Mientras la actividad humana productiva
permanece vinculada a la tierra como producción agrícola, el alcance de !a
producción social de un espacio separado del espacio natural es limitada.
No obstante, la división del trabajo entre la actividad industrial y la agrícola
libera parte del trabajo productivo de sus restricciones espaciales inmedia-
tas. Y esta división social se manifiesta en la separación espacial del campo y
la ciudad. Aunque las ciudades por sí mismas están fijas en el espacio, las
actividades sociales que ahí se realizan y las reglas que ordenan esas activi­
dades de ninguna manera se encuentran atadas al espacio. Estas actividades
pueden ser las mismas de una ciudad a otra o una misma ciudad puede
dedicarse en distintos periodos históricos a actividades totalmente distintas
y funcionar bajo normas sociales completamente diferentes. Aquí existe una
progresiva contradicción. Para desarrollar fundamentos espaciales perma­
nentes, esto es, para lograr una definición territorial fija, las sociedades pri-

“ F. Engcls. Origiri, Véase lanibién l.i introducción de Eleanor Le.icock. pp. 33-34. Sobre
1981™'"* Breominx Human (Nueva York,
LA PRODUCCION DEL ESPACIO 77

mitivas debieron desarrollarse hasta el punto en el que pudieran emancipar­


se a sí mismas del espacio.
Esta contradicción es aún más evidente con la aparición del Estado. De
acuerdo con Engels, dos características definieron a los Estados primitivos.
Por un lado “crearon una fuerza pública que ya nunca más fue Idéntica a los
cuerpos armados”. Por lo tanto, el Estado apareció como una respuesta di­
recta a las diferencias de clase y a la esclavitud, a la propiedad privada y a la
dominación de las mujeres; su función era mediar los conflictos resultantes
en favor de la clase en el poder mientras se presentaba a sí mismo existiendo
“por encima” de la sociedad. Pero también

en segundo lugar, por primera vez [el Estado] dividió a la gente en fun­
ción de propósitos públicos, no por grupos de parentesco, sino por lugar
común de residencia [...] En contraste con la organización gentilicia tra­
dicional, el Estado se distingue principalmente por el agtupamiento de
sus miembros en función de un fundamento territorial.

Las viejas estructuras gentilicias basadas en lazos de sangre, dejaron de


ocupar un territorio específico. “El territorio permanecía ahí, pero la pobla­
ción se tornó movible”, volviéndose necesaria una nueva división de la socie­
dad basada en el control del territorio.

Esta organización de los ciudadanos del Estado de acuerdo con su lugar de


residencia es un rasgo común a todos los Estados [...] Ahora lo único fun­
damental era la residencia, no la pertenencia a un grupo de parentesco. El
territorio fue dividido, no la población: los habitantes se volvieron un mero
apéndice político del territorio.^*

De este modo, el nacionalismo y cualquier otra forma de localismo en­


cuentran sus raíces históricas en la división de la sociedad por cla,se y género
y en la formación de un Estado a través del cual la cla.se dominante pueda
gobernar.
El Estado repre.scnta en este punto la cúspide de la abstracción social real
de la naturaleza, el aspecto social más conveniente de la segunda naturaleza,
aunque notoriamente territorial en autoridad. A primera vista, esta defini­
ción territorial necesaria del Estado pareciera representar una consolidación

' L. l-.ngfU. Origiii, |)|i. 176. 179, 229.


■ ^ •7 8 LA PRODUCCIÓN DEL ESPACIO

í-jf de los vínculos entre el espacio geográfico y la sociedad, aunque, de hecho,


sucede precrsamente lo contrario. Sin duda, mediante las complejas institu­
ciones estatales a las que han dado origen, sociedades específicas se encuen­
tran más atadas que nunca a espacios particulares. Pero el Estado única­
mente puede justificar y definir su autoridad sobre la sociedad a través de
dichos principios abstractos de interacción social, tales como democracia,
libertad, derecho moral, etcétera. Estos principios son en sí mismos productos
de .sociedades clasistas particulares. De este modo, mientras los Estados par­
ticulares pueden tener un fundamento territorial preciso y limitado, los prin­
cipios sociales que los sostienen se modifican con facilidad. En consecuen­
cia, un Estado determinado y la sociedad a ia que pertenece, se encuentran a
sí mismos más arraigados espacialmente, y a la vez son más independien­
tes del espacio. Provisto de estos principios económicos y políticos resultantes
de la abstracción filosófica, el Estado puede expandirse hacia un nuevo terri­
torio, puede reducir sus límites e incluso puede reubicarse por completo.
Por supuesto, el Estado ambicioso debe detentar también posesiones más
concretas — armas, alimentos y medios de transporte— y ellos dependen
del nivel de desarrollo económico. El argumento es evidente. Los primeros
indicios de una concepción a-espacial de la sociedad, una segunda naturale­
za a-espacial abstracta (espacio social), se vuelve posible con la definición
espacial concreta del Estado.
En un sentido, el espacio se constituye como un sólido cimiento para el
desarrollo social. Con 1a expansión de la segunda naturaleza y con el desa-
Irollo de los medios económicos, sociales y tecnológicos para tal expansión,
las pequeñas ciudades-Estado locales se expanden y territorios más extensos
se adhieren a su jurisdicción. Sin embargo, no existe nada definitivo en este
proceso; en gran medida, éste es un resultado del desarrollo interno y de la
competencia externa (económica y militar). Finalmente la ciudad-Estado
cede el paso a la región-Estado — el ducado, la baronía, el reino— y más
recientemente al Estado-nación. Como Sack señaló, “la coordinación de las
funciones económicas se obtuvo modificando la unidad fundamental de la
sociedad y el lugar, trasladándola a la escala geográfica más extensa del Esta­
do absoluto y de ahí, en la escala del moderno Estado-nación”.^^ Poco a
poco, el espacio geográfico del globo entero se divide como parte del proce­
so de expansión social. La diferenciación territorial y la universalización del
mercado mundial avanzan como un proceso único. La expansión geográfica

^ !l. Siick, op. d t., p. 184.


LA PRODUCCION DEL ESPACIO 79

es sinónimo de expansión social y desarrollo; este último se presenta en es­


ta etapa únicamente a través de la expansión de la arena geográfica en la cual :s
el espacio es producido socialmente. La geografía se coloca a la vanguardia
del progreso humano.
Pero al mismo tiempo, el espacio resulta más irrelevante para la acción
social. Conforme se desarrollan y expanden las relaciones económic.is. tec­
ii
nológicas, políticas y culturales, el marco institucional para manejarlas se
vuelve también más complejo, y progresivamente pierde toda referencia es­
pacial intrínseca. No obstante, mientras las sociedades más se emancipan
del espacio en este proceso, mayor es el espacio que puede transformarse en
una mercancía. Si la aparición del mercado mundial define las fronteras pa­
ra este proyecto social, el capitalismo intenta acomodar cada una de estas
piezas. Antes de analizar a fondo este tema, será necesario hacer algunas ob­
servaciones generales respecto al espacio como una mercancía.

III. Espacio y capital

El espacio como mercancía

A menudo, una interpretación equivocada sobre el análisis de Marx del ca­


pitalismo es que no toma en cuenta el espacio. Esto no es del todo correcto;
sería más preciso decir que las avisadas implicaciones espaciales del análisis
de Marx fueron muy poco desarrolladas. Lo que es cierto es que ni Marx ni
los teóricos marxistas posteriores han tenido éxito en establecer un funda­
mento conceptual apropiado para estudiar el espacio geográfico. N o obstan­
te, sí nos acercamos a Marx, salta a la vista una imagen más compleja. En El
Citpital, Marx estaba interesado fundamentalmente en el valor: su medida en
función del tiempo de trabajo, el origen del plusvalor, la acumulación del
valor en la forma de capital. En general, se asume que para desarrollar estos
argumentos, Marx se abstrajo del valor de uso de las mercancías, y que úni­
camente su valor de cambio era importante. Esto también es un error. Marx
sistemáticamente regresa a la esfera de los valores de uso para avanzar en el
análisis dialéctico del capital. Y ¿cómo define Marx el valor de uso? Las
“propiedades geométricas, químicas (y) otras propiedades naturales de una
mercancía constituyen su valor de uso.^** Partiendo de la di.scusión^,(^evia

' K, M.irx. /{/nipitul, I. (1 . 37.

FILOSOFIA
Y i FTRAS
80 LA PRODUCCIÓN DEL ESPACIO

sobre la concepción científica del espacio y de la relación entre el espacio y la


materia, podría tener sentido comenzar incluyendo las propiedades espacia­
les de una mercancía entre esas propiedades naturales, y en consecuencia,
como parte del valor de uso de una mercancía. D e hecho, cuando Marx se
refiere aJ espacio, esta referencia aparece precisamente en los fragmentos en
los que su argumentación reincorpora el valor de uso al análisis.^® Al menos
en una parte, Marx es explícito respecto a considerar las propiedades espa­
ciales como integrales al valor de uso. En el transporte de personas o mer-
candas, dice Marx:

se lleva a cabo un cambio material en el objeto de trabajo — un cambio


espacial, un cambio de lugar [...] Su existencia espacial es modificada y
junto con ella su valor de uso, puesto que cambia la localización de este
valor de uso. Su valor de cambio se incrementa en la misma medida que
esta modificación en el valor de uso requiere trabajo.’"

Si planteamos las relaciones espaciales de esta manera, como un atributo


de los valores de uso, aparecen entonces, además del paso obligado de la
producción de la naturaleza a la producción del espacio, algunas otras ideas
importantes. En primer lugar, como lo ha demostrado Harvey, lo anterior
proporciona una sólida argumentación teórica para la, en ocasiones, frágil
noción de integración espacial. Para que el valor se realice como la forma
universal del trabajo abstracto, como de hecho se empeña en lograr el modo
de producción capitalista; distintos procesos concretos de trabajo localiza­
dos en diferentes lugares, deben ser reunidos en el mercado. El aislamiento
social de procesos particulares de trabajo, tan perjudicial para la universali­
zación del valor, no puede superarse sin vencer primero el aislamiento espa­
cial de diferentes procesos. “La integración espacial — el vínculo entre la
producción de mercancías cu distintas localizaciones a través del intercam­
bio” se vuelve una necesidad prioritaria para el capital.” Como sugiere Harvey,
esto es lo que Marx había considerado en la siguiente afirmación:

La riqueza abstracta, el valor, el dinero, y por ende el trabajo abstracto, se


desarrollan en la medida en que el trabajo concreto se convierte en la tota­
lidad de los diferentes modos de trabajo que comprende el mercado mun­
dial. La producción capitalista descansa en el valor o en la transformación

Sobre el espacio como una mercancía, véase Harvey, Lirr.its, pp. 337-339, 375-380.
^ Surplus Valué, I, p. 412.
” Limití. pp. 375-376.
LA p r o d u c c ió n del ESPACIO 81

de trabajo incorporado al producto en el proceso de trabajo social. Sin


embargo, esto es [posible) únicamente sobre la base del intercambio y del
mercado mundial. Es asimismo, precondición y resultado de la produc­
ción capitalista.”

Así pues, no es accidental el que la referencia más explícita al espacio en


Marx, bajo la denominación de valores de uso, aparezca en la discusión del
transporte de mercancías. Si volvemos a los conceptos de espacio absoluto y
relativo y los examinamos a la luz de este argumento, surge de nuevo algo
importante. En la medida en que estamos interesados en el proceso del tra­
bajo concreto, nuestra concepción del espacio es esencialmente absoluta. La
particularidad del trabajo implica la particularidad de sus atributos espaciales.
Con el trabajo abstracto la situación es distinta. La realización del trabajo
abstracto como valor requiere de un sistema de intercambio ae mercancías
integrado espacialmente, relaciones monetarias, facilidades crediticias, e in­
cluso de la movilidad del trabajo. Ello requiere la construcción de lazos espe­
cíficos de transporte y comunicación entre los lugares individuales de la
producción concreta, y exige que seamos capaces de concebir el espacio en
. términos relativos como absolutos. Por ejemplo, la integración de lugares de
la producción en otro tiempo aislados a la economía nacional o internacio­
nal, no altera su localización absoluta, pero en el proceso de modificar su
localización relativa, este acto de integración espacial incrementa la realiza­
ción del trabajo abstracto como valor.
Actualmente, ésta es una distinción histórica y no meramente concep­
tual, y aquí confirmamos una conclusión que previamente fue elaborada en
términos abstractos. Oabemos ya por Marx, que el desarrollo histórico del
capitalismo conduce a la progresiva universalización del valor como la for­
ma del trabajo abstracto. Esto implica no sólo la producción del espacio
geográfico mediante el desarrollo de las redes de transporte, sino la integra­
ción y la conformación progresiva de espacios absolutos dentro del csp.tcio
relativo; los espacios absolutos son la materia prima para la producción del
espacio relativo. Más aún, visto desde esta perspectiva histórica, las detei mi­
nantes sociales de la relatividad del espacio geográfico se vuelven aparentes.
No es Einstein, ni la física, ni la filosofía, lo que al final determina la rclauvidad
del espacio geográfico, sino el proceso actual de acumulación de capital.
Antes de adentrarnos en un análisis más específico del espacio y el capi­
tal, es necesario dejar claro qué .se entiende por propiedades espaciales, reía-

Sttrplui Vuhte, MI, p. 253-


82 LA PRODUCCiÓN DEL ESPACIO

dones espádales y espacio geográfico como totalidad. La forma en la que el


valor de uso se presenta — su extensión espacial en una, dos o tres dimensio­
nes, y su forma resultante— comprenden sus propiedades espaciales. Sin
embargo, no es sólo la sustancia intrínseca de una mercancía lo que determi­
na su valor de uso. Es más bien la utilidad de un objeto en relación con otros
objetos, eventos y actividades. El valor de uso es, en primera instancia, una
relación, y como parte del conjunto de relaciones que determinan valores de
uso particulares, es un conjunto de relaciones espaciales. Esto se aplica tanto
en el nivel de las mercancías individuales, donde el valor de uso, de una casa
por ejemplo, se determina no sólo por sus dimensiones en pies y pulgadas,
sino también por su diseño interior, su proximidad a las rutas de transporte,
a los sistemas de drenaje, al lugar de trabajo, los servicios, entre otros. Y
asimismo, podemos hablar de relaciones espaciales particulares que ayudan
a determinar la forma de mercancías compuestas como la ciudad o la región.
Son las relaciones espaciales, sean entendidas en términos del espacio abso­
luto o relativo, las que sustentan nuestro análisis de la localización. La loca­
lización absoluta es simplemente un caso especial de localización relativa,
una en la que nos abstraemos de las determinantes sociales de la distancia. El
espacio geográfico como una totalidad, es una vez más, algo distinto. Es la
totalidad de las relaciones espaciales organizadas en mayor o menor grado
en patrones identificables, los cuales por sí mismos son expresión de la es­
tructura y el desarrollo del modo de producción. Como tal, el espacio geo­
gráfico es más que la simple suma de las relaciones separadas que compren­
den sus partes. Por lo tanto, la división del planeta en mundos subdesarrollados
y desarrollados, aunque inexacta, puede comprenderse únicamente en tér­
minos del espacio geográfico como una totalidad. Esto implica la organiza­
ción del espacio geográfico como una expresión de la relación entre capital y
trabajo. D e la misma forma, la integración espacial puede entenderse como
una expresión de la universalidad del valor sí observamos no las relaciones
espaciales específicas, sino la totalidad de! espacio geográfico.

Historia contemporánea del espacio

El capitalismo hereda, como condición para su pleno desarrollo, un merca­


do para sus bienes que esté organizado en una escala mundial. En tal caso, sí
el capitalismo hereda un modo de circulación que opera a esta escala, debe
procurar al mismo tiempo la universalización dcl modo de producción. El
culto a la acumulación por la acumulación misma y la inherente necesidad
de expansión económica conducen a la expansión espacial y social del impe-
83
LA PPODUCCIÓN del ESPACIO

rio del trabajo remunerado. El proceso de exploración que contribuyó a


edificar el mercado mundial se ve opacado progresivamente por el proceso
de colonialismo, el cual no sólo arrastra a las sociedades precapitalistas al
mercado mundial, sino que con el tiempo introduce al interior de esas socie­
dades la relación, específicamente capitalista, trabajo-salario. Aunque ex.s-
t n notables excepcLncs. incluyendo la subsistencia de la - la v u u d y k
fosilización de relaciones precapitalistas de producción al ^
cado capitalista mundial; el trabajo asalnnado se convierte cada vez mas en
un hecho universal. La universalidad de la relación "^bajo-salano en e c p
talismo libera no sólo a la clase trabajadora, sino también al "
quiet atadura inherente al espacio absoluto^En 1 .
nranas los siervos permanecían constreñidos a las tierras del feud y p
r s : ; L la d efiL ió n de las relaciones de clase
ción dcl espacio absoluto sobre el trabajo de los siervo .
cond.ción de servidumbre podía obtenerse t it ,
“ ras del señor feudal y viviendo dentro de las muta las
durante un año y un día. Ho sucede lo mismo
el cual se define por una doble libertad en la que « ucejado de poseer
de trabajo como una mercancía, y en la que también ..
cualquiera de los medios de producción o subsistencia necesarms pa
bve^vit. Por lo tanto, el trabajador es libre de mudarse, y de ^ l
mayoría de los casos debe desplazarse a la ciudad, puesto que en e
ve privado de cualquier medio de subsistencia. .rueriormentu
Podemos ahora sí desarrollar y precisar la contradicción -
señalada. Mientras el desarrollo social conduce, por ,,
gresiva emancipación del espado, al mismo ticinpo J ^ n iv e t -
convierte en un cimiento indispensable para el esarro j„ncia inhe-

liiucioiics y de las relacoK. sociak, de cu.il<ii»e . p

d a ,, de e^B necesidad. En U .«nalidad, con adb "P;™ ”


nknioa n,i«.».e, de dé,aBS peieden d<npUar« , n » n i t o

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eUfcrcmcs Coniuii. vc-.ne I t->rvcy, l.w iin , p|> 376-.W . •
84 U PRODUCCIÓN DEL ESPACIO

natural sólo aJimema la necesidad de producir espacio relativo. Como una


condición para la universalización del valor, los costos de transporte y el tiem­
po dedicado a la transportación deben reducirse al mínimo. La distancia
relativa entre los lugares de producción y consumo, y los medios para supe­
rar esta distancia — en concreto, su localización relativa— aumenta en im­
portancia en proporción a la acumulación del capital y a la multiplica­
ción de las mercancías, comunicaciones y créditos que se requiere movilizar.
Asimismo, conforme la escala Je los procesos de producción, se incrementa
con el desarrollo de las fuerzas productivas, se hace más imperativo el concen­
trar espacialmente a un número cada vez mayor de trabajadores más cerca de
los lugares de trabajo. Aunado a los evidentes beneficios políticos que dicho
arreglo representa para el capital, esto mantiene el desplazamiento al trabajo
a! mínimo permitiendo así que los salarios se mantengan bajos. El capital
puede llevar a cabo la emancipación social del espacio natural sólo hasta
el punto en que logre involucrarse a sí mismo en la producción simultánea
del espacio relativo.
Visto como territorio, el espacio geográfico es convertido en un apéndice
del desarrollo social. La idea de que las cosas suceden "en el espacio” es no
sólo un hábito de pensamiento sino también de lenguaje; y aún en su exhor­
tación dei espacio natural absoluto, resulta anacrónica, incluso nostálgica, y
constituye una barrera para el entendimiento crítico del espacio. A través de
sus acciones, esta sociedad no acepta más la idea del espacio como un conte­
nedor, sino se asume su productora; nosotros no vivimos, actuamos y traba­
jamos en el espacio en tanto que viviendo, actuando y trabajando produci­
mos espacio.
Sin embargo, el capital no es completamente exitoso en la eliminación
definitiva del espacio absoluto, y de hecho, tampoco intenta serlo. El capital
busca emanciparse del espacio natural, pero lo hace únicamente producien­
do ciertos espacios absolutos que en sí mismos forman parte del proceso más
amplio de la producción de espacio relativo. Similar a lo que sucedió con el
espacio Newtoniano después de Einstein, las prioridades se invierten; el es­
pacio absoluto se vuelve un caso especial en un universo más relativo. El
problema es que, donde existe hoy el espacio absoluto en términos geográ­
ficos, éste es un resultado de la actividad humana; el carácter ab.soluto de
tales espacios es un resultado social y no un rasgo del espacio natural. En la
transición al capitalismo, las propiedades representaron una creación histó­
rica notable de espacio absoluto. Conforme el capital extiende su dominio,
el globo entero es fragmentado en distintas superficies legales, divididas por
magnas e inmaculadas cercas, reales o imaginarias. En una e.scala distinta, el
LA PR O D U CaÓ N DEL ESPACIO 85

mundo contemporáneo está dividido en 160 Estados-nacionales diferentes


o más, y esto es una necesidad del capital tanto como una delimitación geo­
gráfica de la propiedad privada. Con su preocupación tradicional por las
fronteras y sus habilidades cartográficas, los geógrafos estuvieron al frente de
la tarea de dividir al mundo en espacios absolutos. En particular, la escuela
británica de geografía debe mucho de su existencia profcsion.al a este tipo de
actividad.
Aunque generalmente no se reconoce explícitamente el hecho de que el
capitalismo produzca espacios absolutos concretos, sin duda e.sta idea yace
detrás del esfuerzo reciente de algunos marxistas por considerar al espacio
como un medio de producción. Asimismo, esta definición tiene el mérito de
intentar integrar el espacio al cuerpo principa! de la teoría marxista. El caso
más obvio en el que el espacio geográfico funciona como un medio de pro­
ducción es la industria del transporte. Aquí la distancia entre origen y desti­
no es un medio de producción. Parafraseando la broma de Marx sobre la
naturaleza como un medio universal de producción, hasta el momento, na­
die ha descubierto el arte de transportar mercancías u objetos de un lugar a
otro sin modificar su localización. N o importa cómo se mida, en términos
absolutos o relativos, la distancia espacial pura entre origen y destino es un
medio de producción en la industria del transporte. Más específicamente, es
una materia prima. Entre mayor sea el desarrollo de los medios transporte y
comunicación, mayor será el espacio geográfico que se integre en la econo­
mía como un medio de producción.
Sin embargo, en una forma más general, el espacio funciona como un
medio de producción en el conjunto de la producción industrial. En térmi­
nos estrictos, la tierra es un medio de producción sólo en la agricultura (en
tanto que el trabajo agrícola continúa manipulando la tierra) y en algunas
actividades de extracción mineral; mientras que, para otras industrias, la
tierra es simplemente una condición del proceso de producción. N o obstan­
te, en general la extensión espacial y aun la forma cualitativa de la tierra
empleada en la producción directa pueden considerarse componentes inte­
grales de los medios de producción. El siguiente pasaje de Marx sugiere algo
de esto:

En un sentido amplio podemos incluir entre los instrumentos de tr.tbajo,


atlcmás de aquellos objetos que son utilizatlos para la transferencia directa
d- trabajo a la materia, y que por lo tanto, de una manera u otra, sirven
como conductores de la actividad, a todos aquellos objetos que solt necesa­
rios para llevar a cabo el proceso de trabajo. Isstos no entran directamente
LA PRODUCCIÓN DEL ESPACIO
86

en el proceso, pero sin ellos es imposible realizarlo, o sólo es posible hacet-


-H lo en una forma parcial. Una vez más encontramos a la tierra siendo un
' ^instrumento universal de este tipo, al proporcionar un ¡ocus standi para el
trabajador, y constituyendo un medio utilizable pata su actividad.^^

En la actualidad, este medio espacial utilizable incluye no sólo el espacio


inmediato ocupado por los sujetos, objetos e instrumentos de trabajo, sino
también determinados requerimientos materiales de almacenamiento. La
importancia del espacio geográfico como medio de producción puede ilus­
trarse concretamente compar'’.ndo el espacio consumido en una fundidora
de acero o una ensambladura de auto-partes, con el espacio consumido en
una pastelería o en una planta de energía eléctrica. No es únicamente que
diferentes procesos de producción tengan “requerimientos espaciales” dis­
tintos, sino que en el proceso de construir las fuerzas productivas transfor­
mando el medio natural, el espacio se produce de acuerdo con las propieda­
des espaciales de este conjunto de fuerzas productivas.
Sin embargo, el hecho de que el espacio geográfico puede funcionar como
medio de producción no debe conducirnos, como a menudo ha ocurrido, a
un tratamiento rígido del espacio únicamente como un medio de produc­
ción.^^ Una cosa es entender que en una escala global el espacio pueda some­
terse al servicio del capital, y otra, completamente distinta, negarle cual­
quier otra función. Lo que está {rerdido en este reduccionismo conceptual es
la relatividad del espacio geográfico y la relación entre el espacio relativo y el
absoluto tal y como se producen en el capitalismo. El espacio puede funcio­
nar como un medio de producción pero también puede hacerlo de muchas
otras maneras. De hecho, lo que se esconde tras toda la cuestión es el proble­
ma de la escala, el cual se abordará en detalle en el capítulo cinco. Por el
momento, basta mencionar que la identificación de distintas escalas espa­
ciales se suma a la consideración de que determinado espacio o conjunto
de espacios pueden ser explicados en términos absolutos. Estudiaremos es-

K. Marx, El capital, p. 180.


” Para una excelente ejcmplificación de las trampas que acompañan esta rígida compara­
ción del espacio con los medios de producción — en particular la reificación de los “espacios" y
del espacio como un objeto u objetos independientes— víase G. A. Colien, KartMarx's Theory
o f History (Princcton, 978), pp. 50-55. El problema es de hecbo más simple, ilustrando en
general los problemas de una aproximación filosófica a Marx. En tanto el trabajo de Callen es
esencialmente un ejercicio de filosofía analítica en el que la “teoría" marxista de la liistoria es casi
incidental^ la teoría de la historia se reduce a un mero gimnasio conceptual bien equipado para
la práctica de la filosofía analítica.
LA PRODUCCIÓN DEL ESPACIO 87

tos espacios como si ellos estuvieran fijos, por ejemplo “el espacio urbano’ o
“el espacio de producción”, con el objetivo de examinar la relación entre
diferentes espacios concretos, o para estudiar los procesos internos y los pa­
trones de actividad en esa escala. En resumen, la identificación de escalas
espaciales implica la consideración explícita de la relación entre el espacio
relativo y el absoluto y en el capítulo cinco será necesario demostrar que ésta
no es una cuestión teórica arbitraria, sino que es integral a la pmducción del
espacio; el capital produce ciertas escalas espaciales de la organización social.
Éstas pueden .ser entendidas como islas de espacio absoluto que existe en un
mar de espacio relativo. Será necesario entonces, deducir las escalas espacia
les a partir del análisis del desarrollo y la estructura canitalisw, más que sim­
plemente asumir ciertas escalas cotidianas como existentes.
Se sugirió al principio que el desarrollo capitalista significó una trans­
formación continua del espacio natural — espacio absoluto heredado— en
un espacio relativo. Ahora estamos en condición de ampliar este tema como
una manera de demostrar cómo el espacio geográfico se ha vuelto progresiva­
mente un aspecto fundamental para la supervivencia del capitalismo, bn
las primeras etapas del capitalismo, la expansión social y el desarrollo l u j
ron simultáneamente geográheos. La expansión social se alcanzó a
la expansión geográfica; las ciudades se volvieron centros urbanos, los bsta-
dos precapitalistas, modernos Estados nacionales, y los Estados naciona.es
se extendieron, donde fue posible, como imperios coloniales. Si la geogra­
fía del capitalismo se desarrolló a través de la producción de espacio relati­
vo, entonces, en su origen, este desarrollo se ganó a través de la expansi
en el espacio absoluto. Conforme la relación trabajo-salario penetra todos
los rincones del globo, el mercado mundial heredado por el capital se trans­
forma en un mercado mundial específicamente capitalista, sostenido cada
vez más en la universalidad del valor como la forma abstracta de trabajo.
En tanto esta expansión absoluta expresa el desarrollo del capital, el con­
cepto absoluto de espacio es tan útil como nece.sario para comprender a
producción del espacio. N o obstante, en las postrimerías del siglo XlX, la
expansión social y económica dejó de realizarse a través de la expansi n geo
gráfica; tal como lo reflejó el destino de las escuelas de geografía que surgie­
ron al finalizar la primera Guerra Mundial, la geografía dejó de «tar a a
vanguardia de la expansión capitalista. La expan.sión absoluta de
dos nacionales y sus colonias concluyó con la repartición final de rica en

IV u r Taylor clahor., el mismo mgmmmo e„ “A Matc.ulist 1 ™ ^


t;eogr;i|.li>". en Inmuuliims o flh e Imtiliiir «! Hr,u>h (.rarrapliri-!, 7 (U 8Z ). pp. O á •
88 LA PRODUCCIÓN DEL ESPACIO

ia década de 1880.^^ Desde luego quedaron algunas islas internas de no-


desarrollo Y de hecho, en la escala urbana el proceso aun no concluía, sin
embargo, aun borrándolos del mapa, sería imposible que estos espacios pu­
diesen sostener por sí mismos la imperiosa expansión económica del capi­
talismo. El absolutismo geográfico y la necesidad económica, siguieron rum­
bos diferentes. Ahí está Lenin en 1916, resumiendo las conclusiones del
geógrafo contemporáneo alemán Alexander Supan y ampliándolas a la luz
de la experiencia de la primera Guerra Mundial;

El rasgo característico clel periodo en cuestión es la repartición última del


globo última, no en el sentido de que la repartición sea imposible; por
el contrario, las reparticiones son posibles e inevitables— sino en el senti­
do de que la política colonial de las naciones capitalistas ha completado la
invasión de los territorios no ocupados en nuestro planeta. Por primera vez
el mundo está completamente dividido en una forma tal que en el futuro
sólo es posible volver a dividir lo que está ya repartido, es decir, los territo­
rios sólo pueden cambiar de propietario", pero no, cambiar de territorios
sin propietario a territorios con “propietario".’*

Los últimos cien años de desarrollo capitalista han involucrado la pro­


ducción de espacio a un nivel sin precedentes. Sin embargo, esta producción
se ha logrado no sólo mediante la expansión absoluta en un espacio dado,
sino a través de la diferenciación interna del espacio global, esto es, a través
de la producción de espacios absolutos diferenciados en el contexto más am­
plio del espacio relativo.
En el último siglo aproximadamente, la diferenciación del e.spacio geo­
gráfico es el resultado directo de la necesidad inherente al capital de
inmovilizarse en el paisaje. Estamos de acuerdo en que quinientos millones
de dólares puedan desplazarse alrededor del mundo con sólo oprimir un
botón, sin embargo, este dinero debe provenir de algún sitio y debe dirigirse
hacia algún otro. Este lugar es el proceso de producción, en donde para
producir plusvalor es necesario inmovilizar espacialmentc y por periodos
relativamente largos cantidades enormes de capital productivo en fábricas,
maquinal ¡a, rutas de transporte, almacenes y otra serie de instalaciones.” La

T I" ¡‘“rtiiionhi^ofAfrica (Umía-s, 1893): S. K. Cruwc, The licrtin Wcu


Afriian Confrmue I88-Í-IS85 (Loiulres, 1942).
j* '!f' ' • 'The nighes! State o f Capitaliim (Pekín 1973). p. 90.
Li imporeiiid;» de l.i inmovilización espacial del capital ha sido señalada de una manera
consisa'iue |>or H:»rvcy, c'oint*n/;imlo con su Íil)ro Svaaí/iisiice.
LA PRODUCCIÓN DEL ESPACIO 89

inmovilización espacial del capital en esta forma o como capitales naciona­


les delimitados por las fronteras del Estado nacional es, al mismo tiempo, la
producción de un espacio geográfico diferenciado. En tanto este proceso de
inmovilización es acompañado de la movilidad del capital, estas tendencias
opuestas resultan no en un esquema aleatorio de diferenciación, sino en un
esquema de diferenciación interna del espacio mundial. En la medida en
que el proceso de la producción del espacio avanza con el desarrollo del
capitalismo, poco a poco ¡a aparente contradicción abstracta entre el espacio
absoluto y relativo se internaliza en la misma “economía espacial del capita­
lismo”. Mientras la expansión geográfica absoluta del capital continúe, las
contradicciones que oculta la fábrica social del capital pueden ser presenta­
das en términos a-espaciales; el espacio puede entenderse como algo exter­
no. Cuando el desarrollo económico se enfoca al interior para producir una
diferenciación interna precisa del espacio geográfico, la dimensión espacial
de la contradicción se vuelve más aparente; pero asimismo se vuelve más real
en la medida en que el espacio es arrastrado hacia el corazón del capital. En
consecuencia, cuando surgen crisis en el sistema general de la producción
capitalista, éstas se manifiestan de una manera mucho más directa (y visible)
en la geografía del capitalismo.
ÍLsto es lo que queremos decir cuando argumentamos que el espacio se
encuentra como nunca antes en el centro del debate. D e hecho, podríamos
haber deducido este resultado del concepto de plusvalor relativo de Marx,
aunque de una manera abstracta. Entre más se desarrolla el capitalismo, más
dependiente es de la apropiación dcl plusvalor relativo. De hecho, Marx de­
finió esta disputa por el plusvalor relativo como el símbolo dcl capitalismo
industrial “y el carácter histórico distintivo del modo de producción funda­
do en el capital”. Históricamente “se alcanza un punto en que el desarrollo
de la productividad del trabajo .social se convierte en la palanca más podero­
sa para la acumulación”.” Varios aspectos se derivan lo anterior, y Marx
examinó algunos de ellos. En un famoso pasaje de los Crundisse, Marx diri­
ge su atención a la necesidad del capital de fortalecer y aun de orientar el
desarrollo de la ciencia para mantener el continuo levolucionamiento dcl
capital fijo. En El capital, Marx se enfoca en la escala ampliada de las fuerzas
productivas y en la concentración y centralización del capital que acompa­
ñan este proceso. Esto último tiene implicaciones espaciales muy claias que
Marx apenas desarrolló; sin embargo, existe un argumento espacial más ge-

‘ K. Marx, (irtiuílmr, p. 76^; K. Marx, hl(upita¡, 1, p. í>21.


! Í-, •

90 LA PRODUCCIÓN DEL ESPACIO

i •' neral que todavía es necesario elaborar. Extendiendo la metáfora de Marx, si


el plusvalor relativo viene a ser la palanca más poderosa para la acumulación,
entonces el capital fijo es el punto de apoyo del cual obtiene su poder. Si
j . como valor, el capital fijo simplemente conserva el trabajo abstracto incor-
porado en los objetos de trabajo; como valor de uso, el capital facilita la
i transformación de la fuerza de trabajo concreta en la forma de una nueva
; mercancía, la cual encierra plusvalor relativo. Por lo tanto, es el valor de uso
del capital fijo el que es fundamental, y en la medida en que es crucial para
‘‘ la producción de plusvalor relativo, lo serán también sus propiedades espa­
ciales. Aunque, por definición, el capital fijo no necesariamente se encuen­
tra fijo espacialmentc, en la práctica es el elemento del capital productivo
más sujeto al espacio, en tanto que permanece en el proceso productivo por
más de un periodo. Conforme el capital fijo aparece más en la escena como
el catalizador en la producción de plusvalor relativo, arrastra con él al espa­
cio geográfico, el cual se vuelve más indispensable en la lucha de la clase
capitalista por garantizar la supervivencia del capitalismo.
La renovada importancia del espacio geográfico se refleja en la mayor
atención prestada a aspectos como la centralización y la descentralización de
la industria, la industrialización selectiva del Tercer Mundo, las maquiladoras,
í el deterioro regional, la dcsindustrialización, el nacionalismo, la renovación
urbana y la gentrificación, y aspectos más generales relacionados con la rees­
tructuración espacial en periodos de crisis. N o obstante, aun cuando existe
consenso sobre la importancia de estas cuestiones, hay muy poco acuerdo
respecto a lo que éstas significan. Por cada autor que enfatiza el debilita­
miento de las diferencias espaciales, existe otro que, con información distin­
ta, subraya su ensanchamiento."*' El problema, por supuesto, es que estos
I patrones geográficos resultan de tendeiicias contradictorias: en primer lugar.

Respccco al espacio urbano, Melvin Webber se ha manifestado por un proceso de allana­


miento en “The Urban Place and the Non-Place Urban Rcaltn”, en Explorationí into Urban
Structure (Filadelfia, 1964). En contra de lo anterior, Harvey subrayó la diferenciación del
espacio urbano en “Class Structure in a Capitalist Sociery and the Theory o f Residential
DifFerentiation’*, en R. Peel, M. Chisholm y R Hagget, eds., íbvcfsses in Physical and Human
Geography (Edinburgo, 1975). Respecto al desarrollo regional, Kenneth Fox ha discutido la
tesis de convergencia en "Uneveii Regional Development in the United States”, eti Review o f
Radical Political Economía 10 (3) (1978), pp. 68-86. Stuart Holland argumenta la tesis de la
divergencia en Capital Venus the Regions (Londres, 1976). Y en una escala intern.acional, Bill
Warren discute la tesis de la convergencia en ¡mperialism: Pioneer ofCapiialism (Ixsndres, 1980;
en tanto Samir Amin se suma a la tesis de la divergencia en UnequalDeoelopn.-. nl (Nueva York,
1976). Éstos sólo son ejemplos; podrían proporcionarse más referencia en relación con cada
posición.
U PRODUCCIÓN DEL ESPACIO 91

en la medida en que el desarrollo social emancipa al espacio de la sociedad,


la fijación espacial tiende a ser más importante; en segundo lugar, y más
significativo, las tendencias hacia la diferenciación y la universalización, o al
igualamiento, emergen juntas del corazón mismo del capitalismo. En tanto
í esta última tendencia contradictoria ocurre en la realidad, resulta en una
producción del espacio de acuerdo con un modelo muy particular. El espa­
cio no es un plano llano de existencia, ni tampoco está infinitamente dife­
renciado. Más bien, el modelo resultante es uno de desarrollo desigual, no
en un sentido general, sino como el producto específico de la dinámica con­
tradictoria que dirige la producción del espacio. El desarrollo desigual es
la manifestación concreta de la producción del espacio en el capitalismo.
Los siguientes dos capítulos están dedicados a deducir y explicar el proceso
del desarrollo desigual, de esta forma llegará a ser más claro cómo es que la
producción del espacio geográfico ha tenido una importancia creciente en
la evolución y la supervivencia del capitalismo. Antes de pasar a este tema,
debemos concluir este capítulo situando el presente análisis de la produc­
ción del espacio” en el contexto de la tradición marxista.

IV. La producción del espacio y la teoría marxista

Lefebvre

La idea de la producción del espacio no es nueva. En el marxismo anglo­


americano, David Harvey ha sido pionero en el análisis del “espacio creado
f...] como el principio dominante de la organización geográfica”, tal como
Castells lo ha hecho en la tradición francesa." No obstante, es Henri Lefebyre
t|uien ha sido el más consistente, imaginativo y explícito proponente de la
producción del espacio”. Hasta donde conozco, fue Lefebvre quien acuñó
la frase “la producción del espacio”. El enfoque de Lefebvie se interesa poco
en el proceso de producción y se orienta más en la reproducción de las rela­
ciones sociales de producción, pues para él la reproducción constituye e
proceso central y escondido” de la sociedad capitalista, y es esencialmente
un proceso espacial. De acuerdo con Lefebvre, la reproducción de las reía
dones sociales de producción ocurre no sólo en la fábrica o incluso en c
conjunto de una sociedad entera, “sino en el espacio como una totalidad ,

' Sm ial¡m ine, |>. 30y-, Manuel Castell-s, The Urban Quesliun (Londres, 1977), p|>- 437-
471.
LA PRODUCCIÓN DEL ESPACIO

espacio como una totalidad se ha convertido en el lugar en donde se


^ localiza la reproducción de las relaciones sociales de producción”. Las rela-
, clones espaciales son producidas “lógicamente”, pero “se someten a la dialéc­
tica” a través de la actividad humana en y sobre el espacio. Es “este espacio
conflictivo, dialéctico [...] el que produce la reproducción, incorporando en
él sus múltiples contradicciones”. Más aún, el surgimiento de la problemáti­
ca espacial representa una nueva fase del desarrollo capitalista. “El capitalis­
mo, durante un siglo ha sido capaz de aminorar (si no de resolver) sus con­
tradicciones internas, por lo que, a cien años de la escritura de El capital, ha
logrado alcanzar el “crecimiento”. No podemos calcular a qué precio, pero sí
conocemos los medios; ocupando espacio, produciendo espacio”. Para
Lefebvre, el espacio es el espacio en el que se están representando los episo­
i dios finales de! drama capitalista. “El espacio, ocupado por el neo-capitalis­
mo, seccionado, reducido a la homogeneidad, aunque fragmentada, se trans­
1 forma en el asiento del poder”. Esto define un periodo de transición del
desarrollo capitalista — “el neo-capitalismo”— en el cual “la contradicción
1
1 espacial” entre “el capitalismo de Estado y el socialismo de Estado” impide
la completa estabilización y la victoria del capitalismo. Ha ocurrido un “con­
1 siderable reacomodo de las contradicciones”, lo que en concreto significa
que “las necesidades sociales actuales son, sobre todo, necesidades urbanas”,
y que la revolución social en contra del capitalismo debe ser una revolución
espacial — la revolución urbana.^^
En ello están de por medio varias cuestiones involucradas, pues Lefebvre
es un pensador verdaderamente original. Él es responsable no sólo de la idea
de la producción del espacio, sino también de haber intentado darle un
fundamento teórico igualmente original. Lefebvre muestra un interés bas­
tante explícito en ambos, en el desarrollo histórico del capitalismo y en la
resolución del dualismo espacio-sociedad. Al proponer la “dialéctica socio-
espacial Ed Soja ha apoyado, desarrollado y perfeccionado las ideas bási­
cas de la concepción de Lefebvre, y al mismo tiempo intenta corregir lo que
considera es una interpretación sistemática errónea de Lefebvre por los an­
gloamericanos, aunque ello resulta ya una empresa bastante fuera de tiem­
po. Lo que aquí me interesa, es simplemente sugerir que algunas de las ideas
básicas de Lefebvre pueden desarrollarse en una forma distinta, de manera
que nos conduzcan a conclusiones más consistentes respecto a la produc-

Lefebvre, Sarvivat o f Capiliilisnr, 1.a Rivolution urbaint (París. 1970).


F.d Soja, “The Socio-Spatial DiaUaic"Aunáis o f tht Astoáation ofAmerhnn Crormn/irri
70 (1980), 207-225.
LA PRODl 'CCIÓN DEL ESPACIO 93

ción del espacio, pues con esta idea ha abierto la puerta para una compren­
sión práctica del espacio en el capitalismo. Lefebvre ha considerado seria­
mente la réplica de Marx a la tesis 8 de Feuerbach, la cual sostiene que
“todos los misterios que conducen la teoría al misticismo, encuentran su
solución racional en la práctica humana v en la comprensión de dicha prác­
tica”, y la ha aplicado sistemáticamente al “espacio”. Y aunque Lefebvre lo­
gra dar el salto intelectual y entender al espacio como un resultado de la
actividad humana, no descarta ni tampoco- cualifica el concepto absoluto
del espacio. Utiliza el concepto en mdas sus formas — como un espacio
social separado del espacio físico, como un espacio absoluto, como un espa­
cio teórico, entre otros— y parece distinguir muy poco o, en su defecto, no
establece distinción alguna entre ellos. La metáfora es mezclada indiscri­
minadamente con la realidad. Esta indeterminación conceptual se vuelve
especialmente problemática cuando Lefebvre finaliza con las conclusiones
políticas de su análisis, en las cuales el espacio parece no figurar más en el
asunto. La política real de la presente “crisis de reproducción”, tiene poco o
nada que ver con el espacio. O como comenta Castells acerca del análisis de
Lefebvre, “el espacio, en último caso, ocupa un lugar subordinado y relativa­
mente luodcsto en la totalidad del análisis” En el nivel teórico y concep­
tual. el espacio se encuentra en la cancha central, pero en la práctica, cuando
efectivamente inicia el juego, no se le ve por ningún lado. Se mantiene el
dualismo del espacio y la sociedad.
Lefebvre comprende la importancia del espacio geográfico en el capitalis­
mo tardío aunque es incapaz de darle a esta idea su verdadera dimensión.
Además de la indeterminación conceptual respecto al espacio, la razón de
esto parece ser el intento de vincular la importancia del espacio a un proyec­
to político más amplio en el que la problemática de la reproducción despla­
za a aquella de la producción. La tesis reprcduccionista se origina en la expe­
riencia del aipitalismo de la posguerra, cuando, de hecho, la sociedad capita­
lista experimenta un incremento significativo en el consumo de mercancías,
y se las arregla para incorporar más plenamente el proceso de reproducción
a la estructura económica. Los disputas de los años sesentas, en buena medi­
da lueron conflictos relacionados más con problemáticas de base comunita­
ria que con huelgas en los lugares de trabajo. Pero el que lo sugerido poi
Lefebvre, esto es. que la reproducción de las relaciones de producción se
vuelva la función más determinante, y el que la lucha de clases se concentre
hoy en los aspectos de la reproducción más que en las ya conocidas cuestio­

M . (i.isulU . Urbfin p. *.
94 LA PRODUCCIÓN DEL ESPACIO

nes laborales, todavía está por verse. A primera vista, los cambios que Lefcbvre
identifica parecen ser bastante reales, pero no es tan claro que tengan el peso
suficiente como para provocar una profunda inversión estructural como la
que él propone.
La idea más valiosa de Lefebvre es su reconocimiento de la importancia
creciente del espacio y la síntesis de esta reflexión en la idea de la producción
del espacio. Sin embargo, considero que su insistencia de vincular este plan­
teamiento con una teoría reproducciónista, le ha restado valor a su propues­
ta y lo ha privado de los medios para desarrollarla más profundamente. Es
decir, la teoría de la producción del espacio no representa una ruptura radi­
cal con la tradición marxista clásica, especialmente si tenemos razón respec­
to a la producción de la naturaleza y a la relación entre la naturaleza y el
espacio.^® Hemos dicho ya que, indudablemente, la propuesta constituye
un planteamiento original, y que va más allá de cualquier otra idea concebi­
da en esa tradición; no obstante, también es posible reconocer indicios de
esta misma idea en el trabajo de Marx, Luxemburgo y Lenin. En especial en
Lenin, encontramos una identificación implícita de la contradicción funda­
mental ya mencionada entre diferenciación e igualamiento. Utilizando el
enorme potencial crítico de esta contradicción, debemos intentar identificar
estos antecedentes históricos para nuestra discusión.

Marx, Luxemburgo y Lenin

Marx no se interesaba directamente en elaborar una concepción específica


del espacio y tendía a asumir el espacio geográfico como absoluto. Sin em­
bargo, también era consciente de la relatividad del espacio geográfico, y esto
en ninguna parte es más evidente que en su discusión de “la aniquilación del
espacio por el tiempo ’. Aunque Maix no es el autor oi iginal de esta frase, él to­
mó en sus manos una significativa pieza de la terminología idealista, con un
fuerte contenido místico, y con la maestría que lo caracteriza, la transformó
en una aguda herramienta crítica con un nuevo sentido materialista."*^ El

Emte paiémcsis, vale la pena señalar que Lefebvre mantiene las concepciones tradiciona­
les respecto a la prioridad del espacio sobre la naturalera. Por ello “los ptobleinas ambientales"
como problemas de origen espaci;d más que de otro tipo (Survival o f Capúulism, p. 27). Aún
m is extraño, la perspectiva de Lefebvre conduce a la conclusión opuesta respecto a Marx
acerca de la relación entre el tiempo y el espacio; la versión reproduccionisra de l.t producción
del espacio conduce no a “la aniquilación del espacio por el tiempo” sino a algo semejame a la
aniquilación del tiempo por el espacio.
Alexander Pope parece liaber sillo el autor original. Un uno de sus poein;is, escrito un
lA PRODUCCIÓN DEL ESPACIO 95

deseo de reducir el tiempo y los costos de circulación para que el capital


ampliado pueda regresar más rápido a la esfera de la producción y pueda
acelerarse la acumulación, es inherente al capital. Sin embargo, la circula­
ción del valor requiere también de una circulación física de los objetos ma­
teriales en los que el valor se incorpora o representa. Todas las formas del
capital — capital productivo, capital mercantil y capital dinerario— deben
ser movilizadas; y así como se desarrollan las fuerzas productivas, una parte
de este desarrollo está dedicado a la construcción de los medios de transpor­
te y comunicación, dentro y fuera de la esfera de la producción. Esto condu­
ce, como señala Marx, al intento permanente de vencer todas las barreras
espaciales y a la aniquilación del espacio por el tiempo:

Cuanto más descansa la producción en el intercambio de valor, y en conse­


cuencia en el intercambio, más importantes se vuelven las condiciones físi­
cas del intercambio los medios de comunicación y de transporte para los
costos de circulación. Por naturaleza, el capital tiende a superar cualquier
barrera espacial. Y en consecuencia, la creación de las condiciones físicas
para el intercambio de los medios de comunicación y de transporte la ani­
quilación del espacio por el tiempo —se vuelve una necesidad apremiante
[...] Así, mientras por un lado, el capital debe hacer lo posible por derribar
cualquier barrera espacial para interactuar, es decir, intercambiar y con­
quistar el planeta entero para su mercado, por el otro lado, el capital pro­
cura aniquilar este espacio con el tiempo, es decit, reducir al mínimo el
tiempo utilizado en desplazarse de un lugar a otro. Entre más se desarrolla
el capital, mayor es el desarrollo del mercado, que constituye la órbita
espacial para su circulación, y. al mismo tiempo, se intensifica el esfuerzo

siglo y medio antes de que Marx utilizara la frase, escribió: “¡Oh Dioses! Aniquilad sino el
espacio y el tiempo, / Y haced a dos amantes felices", tai frase fue recuperada en el siglo XIX
para describir el dramático efecto de la introducción de los ferrocarriles en el paisaje norreame-
ricano. De hecho, de acuerdo con Leo Marx, "Ninguna fr;isc en el repertorio entero del léxico
sobre el progreso aparece tnás a menudo que "la aniquilación del espacio y el tiempo . La
extravagancia de este sentimiento", continúa, “se vive aparentemente para imitar la sublimidad
del progreso tecnológico" {Mtíchinr in the Carden, p, 194). En el contexto de la suburbaniza­
ción de l;i clase medúi alta en 1848. Andrew jacksoii Downing escribe en la revista Horticuíture
sobre cómo "las viejas tinciones del tiempo y el espacio están siendo parcialmente aniquiladas
("Hims to Rui'.il Improvcrs". en Honiadlure (julio 1848), reimpaso en su libro Rural liísays
(Nueva York, 1857), p. 111.) Es atpií entonces donde presumiblemente el otro Marx eticontró
primero la idea; tiimque p*or supuesto, su propuesta de la "anit|uilación del e s p a c i o e l tiem­
po" en vez de una "aniipiilación ilel espacio y el tiempo" condujo a un significatlo completa­
mente nuevo.
96 U PRODUCCION DEL ESPACIO

por ampliar aún más el mercado y lograr una mayor aniquilación del espa­
cio por el tiempo [...] Aparece así la rendencia unlversalizante dcl capital,
que lo distingue de todas las etapas anteriores de la producción."**

La tendencia histórica de la sociedad para emanciparse a sí misma del


espacio es más desarrollada en el capitalismo y adquiere una forma única
que expresa la racionalidad interna de! capital: la emancipación a través de la
aniquilación. En este contexto, la “tendencia univerzalizante del capital”
representa una tendencia inherente hacia la a-espaciaiización, en otras pala­
bras, hacia el igualamiento de las condiciones y niveles de producción. De
hecho, encontramos esta misma realidad en la conocida observación im­
presionista de que “ocupamos un mundo encogido”. Lo que Marx ofrece es
justo una explicación histórica específica de la necesidad de este empeque­
ñecimiento geográfico. El desarrollo espacial es entendido como un mo­
mento integral de todo desarrollo social, más que como un mero efecto
independiente. El empequeñecimiento del mundo, no es únicamente un
efecto del progreso generalizado de la modernización, sino una necesidad
específica del modo de producción fundamentado en la relación entre capi­
tal y trabajo.
Marx estaba muy consciente de las implicaciones espaciales más concre­
tas de esta tendencia universalizante” dcl capital. Se intereso no sólo en el
desarrollo de los ferrocarriles y sus efectos niveladores en la economía-espa­
cial de naciones individuales, sino también sobre la economía mundial. Al
respecto, Marx hubiese esperado que, como una de las consecuencias dcl
dominio colonial británico en la India, la economía hindú se desarrollara
forzosamente sobre las bases dcl capital, y que ello conduciría rápidamente
la economía de este país al nivel de desarrollo alcanzado en Gran Bretaña."*’
Además de las implicaciones espaciales, Marx también fue consciente de la
otra cara de la moneda — la función de la expansión espacial del capital. Por
esta razón, concluye el primer volumen de Elcapitalcon un capítulo sobre la
colonización, no sólo porque ahí en las colonias y en las teorías burguesas de
la colonización, la realidad de la explotación está a la vista para que todos
puedan observarla, sino también porque las colonias desempeñan una fun­
ción especial para el capital. A través de las relaciones de comercio exterior y
la expansión económica y geográfica, las contradicciones esenciales del capi-

K. Marx. Crmidiíse, p|i. 52'í. 539-540.


K. Marx, The Futurr Íiríniis aj thr Briíiih Hule irt htíHíFt en Suri’rys jrum líxile (Nueva
York, 1974). pp. 319-325.
LA PRODUCCIÓN DEL ESPACIO 97

tal pueden en mayor o menor medida desplazarse hacia la periferia del siste­
ma, y con ello extender los límites del capital.’®
jMarx se enfocó en la tendencia uniformizadora del capital, y la entendió
en el contexto de un mercado mundial en expansión. Fue este proceso más
que ningún otro lo que caracterizó su concepción del espacio en el capitalis­
mo. El relativo poco interés que tuvo por la diferenciación del espacio geo­
gráfico es sin duda un producto de su tiempo histórico: el desarrollo de los
ferrocarriles y la colonización europea del globo estuvieron al hente de la
producción dcl espacio en este periodo. Así, en El capital, Marx abstrae
a propósito al menos una fuente de la diferenciación geográfica; A fin de
examinar el objeto de nuestra investigación en su integridad , escribió, li­
berados de todas las circunstancias secundarias perturbadoras, debemos con­
siderar al mundo entero como una sola nación, y asumir que la producción
capitalista está implantada por doquier y se ha posesionado de todas las
ramas de la industria”.” Esta no fue una mera consideración arbitraria que
pudiera facilitar la tarea de Marx; consecuente con su método lógico-histó­
rico, la afirmación refleja su convicción de que el capital podría progresiva­
mente allanar esas diferenciaciones geográficas. N o es que Marx fuese ajeno
a la diferenciación geográfica, sino que le concedía una importancia secun­
daria en comparación con la “tendencia universalizante” del capital y la conse­
cuente tendencia a la uniformización.
Escribiendo cincuenta años después, Rosa Luxemburgo critica a Marx
por asumir la dominación universal de la producción capitalista, sin em ­
bargo, llega a la misma conclusión lógica del planteamiento de Marx. El
capitalismo, señala, no puede sobrevivir sin la existencia de sociedades
no-capitalistas que funcionen como mercados y fuentes de materias pri­
mas, trabajo, etcétera: “el capitalismo en su completa madurez depende tam­
bién en todos los aspectos de las organizaciones y estratos sociales no-capi-
talistas que coexisten con él”.’^ Así, para Luxemburgo, el imperialismo fue
simplemente el proceso de aniquilación de las sociedades no-capitalistas, y
por definición, constituyo la fa.se final del capitalismo. Cuando la expan­
sión geográfica absoluta del capital llegó a su fin, nece-sariamentc lo hizo
también el capitalismo. Llevando el análisis de Marx mucho más lejos de lo
que él mismo podría haberlo hecho, Luxemburgo entiende la diferencia­
ción geográfica, menos como una tendencia interna de capital y mas com o

Harvey, in tuís, cap. 13.


K. Mant. Í:lcaf/iltíf, 1.1>.
Rosa l.iixcnil>ni|'o, Airuniiiluiiou of ('ujulitl, |». 36*>.
98 LA PRODUCCIÓN DEL ESPACIO

un legado del pasado que inevitablemente resulta destruido con el avance


del capital. La diferenciación es un aspecto transitorio en la articulación de
los modos de producción.
Lenin también entendió el imperialismo como la fase superior del capita­
lismo, pero él tuvo un sentido más crítico de las implicaciones geográficas
del imperialismo y del desarrollo capitalista en general. En sus primeros
escritos sobre El Desarrollo del Capitalismo en Rusia, publicado por prime­
ra vez en 1899, Lenin estaba muy consciente de la diferenciación interna del
espacio que acompañó a la expansión del capital. Discutió la división terri­
torial del trabajo a partir de la cual las regiones eran diferenciadas de acuerdo
con las especializaciones industriales, y utilizó estos mismos argumentos para
explicar la primera división del trabajo originada por la expansión del capi­
tal. Más importante en este trabajo fue la diferenciación territorial del cam­
po y la ciudad, que ocupó buena parte de su atención. También dedicó una
sección a la diferenciación del espacio urbano entre la ciudad y los subur­
bios, y la relacionó nuevamente con la división social del trabajo.^^ Lenin
desarrolló estas ideas con mayor detenimiento en trabajos posteriores. Su
análisis del imperialismo es explícitamente geográfico y en él, Lenin insiste
en que a pesar de que el globo se encuentra dividido ya entre las naciones y
los monopolios del mundo; las naciones "atrasadas” constituyen todavía atrac­
tivos destinos para el capital de exportación. Igual que Marx y Luxemburgo,
Lenin equipara la geografía del imperialismo con la supervivencia del capita­
lismo; sin embargo, precisamente porque él ve las raíces de la diferenciación
geográfica en el capital en sí, no equipara automáticamente el desarrollo del
capital con la eliminación de tales diferencias. De hecho, Lenin llega tan
lejos como para insistir que en el capitalismo la diferenciación entre nacio­
nes atrasadas y avanzadas se está incrementando masque reducirse. Lenin
acusa a Kautsky (y su noción de ultraimperialismo) de fomentar esa “idea
absolutamente equivocada que sólo acarrea agua al molino de los apologistas
del imperialismo; a saber, que la participación del capital financiero dismi­
nuye las desigualdades y contradicciones inherentes a la economía mundial,
cuando en realidad, las incrementa”.^^
Sin embargo, en el mismo trabajo, Lenin reconoce las fuerzas reales inhe­
rentes al capitali.smo, particularmente generalizadas en el capital financiero,
que se esfuerzan por eliminar la desigualdad en la distribución del capital

U-iiiii, Capiiiilism i» Russin. Véase canibiéii, "New Dala oii ihc Liws Cíoverniny ilie
Dcvclopmcm o f t.'apiialisiii in U.S. Agriculturc”. Colleclrtl Workí, 22. pp. 13-102.
V. I. LenÍK, »/>. d i., p. 113.
LA PRO D U C C IO N DEL ESPACIO 9Ó

entre las localizaciones y las ramas de la industria”. L a misma contradic­


ción que veíamos en la sección anterior — entre la progresiva diferenciación
del espacio por un lado, y la tendencia uniformizadora del capital hacia la
emancipación del espacio, por el otro, permanece implícita en el análisis de
Lenin sobre el imperialismo. Está implícita lo mismo que el reconocimien­
to de que, en la práctica, esta contradicción dirige la producción del espacio
específicamente capitalista. Existieron límites claros al reconocimiento do
Lenin de la nueva importancia del, espacio geográfico, y ello en ninguna
parte resulta más evidente que en sus escritos filosóficos. En ellos, aunque
se manifestó por una defensa del “espacio físico objetivo” en contra de lo
que consideraba como un idealismo Machiano, al final confirma la concep­
ción absoluta del espacio y nunca relaciona su discusión filosófica abstrac­
ta con la estructura espacial concreta del capitalismo, que ocuparía su aten­
ción en otros trabajos.^^ A pesar de ello, Lenin identificó por primera vez
los dos lados de esta contradicción fundamental; aunque no obstante, que­
dara pendiente hacerla explícita y desarrollar una conceptualización teórica
del espacio.
Sin embargo, e.sto no sucedió. Escribiendo en la misma época, Nikolai
Bukharin entendió esta contradicción cuando escribió que la internacio­
nalización del capital era posible únicamente a través del desarrollo simultá­
neo de los capitales nacionales.^^ Aunque la internacionalización del capital
continua siendo hoy un tema importante en los escritos económicos marxi.s-
tas, en general no se recupera la rigurosidad de la contradicción geográlica
sugerida por Bukharin. Lo mismo sucede con los análisis en otras escalas
espaciales, en los que en general los temas del desarrollo regional y urbano

It/id., p. 48, cirado en Jcidels.


^ “¿Son el espacio y el tiempo reales o ideales, y son nuestras concepciones relativas ilel
espacio y el tiempo aproximaciones a las formas objetivamente reales del ser; o son tan solo
productos del desarrollo armoniosamente organizado de la mente bumana? se pregunriiba
larnin. Su respuesta fue inet|uívuca: “el materialismo inevitablemente debe (...1 reconocer la
realidad objetiva del tiempo y el esp.acio, especialmente en contraposición con el Kantianismo.
el cual secunda al idealismo en esta tuestióit y consiilera al tiempo y al espacio, tío como
realidades objetivas sino como formas del eiitcmlimicnto humano [...] N o existe más en el
mundo sino materia en tnovimiento, y la materia en movimiento tío puede moverse más tjue
en el espacio y el tiempo" [Malerialism and I'inpiriu-Crisicisrn. Nueva York, 1972, s. c., pp.
176-189). En su aproximación al espacio, y en otros aspectos de este trabajo, Lenin iiicursionó
en la filosofía y nunca fue capaz de descifiarse a sí mismo, fo t está razón, alentaba el desarrollo
tic tina filosofía del marxismo separada del marxismo tomo una ciencia, pese a la clara adver-
tenc'ei de Marx de tpie la filosofía separada tic la ciencia es una abstracción iiis,ostenilr.e. (Véase
/.. A. Jordán, l'he linoiution ofDiaíectical Materiatism. Ltiiidres. 1967.)
Nikolai Hukliariii. Irnperialisni and ¡he Wnrl/t liamomy. Londres. 1972 s. e.
100 LA PRODUCCIÓN DEL ESPACIO

están atrayendo una atención sustancial y creciente.^® El análisis de la pto-


ducción del espacio, una ¡dea eminentemente contemporánea, nos conduce
en la misma dirección que el análisis de Lenin sobre la geografía del imperia­
lismo. Es a partir de este fundamento común, el carácter contradictorio de
la producción del espacio que iniciamos el análisis del desarrollo desigual.
Lo que pretendemos ahora es no sólo la comprensión de los orígenes y pa­
trones de la geografía del capitalismo. Estamos intentando también enten­
der exactamente cómo, en palabras de Lefebvre, la producción del espacio
ha contribuido a la supervivencia del capitalismo.

Conforme se desarrolla este trabajo relativamciiic reciente, surgen excepciones a la ten­


dencia gener.ll. Véase el andiisis de la direrenciación espacial en el ensayo de Richard Walkcr,
“A 1 licory olSuburbanization; Capitalisni and the Construction o f Urban Space in thc United
States”, en Michael Dear y Alien Scott, etis., Urbanizalion and Urban l ’lanning in Capilaliu
Socieiy. Londres. 1981, pp. 383-429. Véase también el conciso e innovador, auiupie no obs­
tante mds criticado, ensayo tic 1 larvey, “ rhe geograpliy o f Ctipitalist-Accumulation”.
ÍN D IC E

Presentación........................................................................................................

Nota introductoria.............................................................................................. 9

Acerca del autor............................................................................................... ^^

La producción de la naturaleza............................................... ..................... 13

I. La producción en general....................................................................... 1^

II. La producción para el intercambio..................................................... 23

III. La producción capitalista ................................................................... 33

IV. C on clu sió n ............................................................................................. 31

l.a producción del esp acio .............................................................................. 39

I. Espacio y naturaleza................................................................................. *30

II. Espacio e historia................................................................................... 25

III. Espacio y capital................................................................................... 29

IV. La producción del espacio y la teotía marxista............................. 91