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EDWARD N.

LUTTY

ESTRATEGIA
La lógica de Guerra y Paz
ESTRATEGIA, La lógica de Guerra y Paz
Edward N. Luttwak

Título original: STRATEGY, The logic of War and Peace


Editorial: HARVARD UNIVERSITYPRESS
79 Garden Street - Cambridge - Massachusetts - U.S.A.

ISBN: 0-674-83995-1

Traductor: Eduardo L. Alimonda


Arte de Tapa: Osvaldo Tadey

Es propiedad
Derechos Reservados
© 1992, por el Instituto de Publicaciones Navales
del Centro Naval, República Argentina, para su venta en América del Sur
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ISBN: 950-9016-82-9

IMPRESO Y EDITADO EN LA ARGENTINA


INSTITUTO DE PUBLICACIONES NAVALES
del Centro Naval

TRIGESIMO LIBRO
DE LA
COLECCION ESTRATEGIA

NONAGESIMO SEXTO LIBRO DÉ LAS EDICIONES


DEL
INSTITUTO DE PUBLICACIONES NAVALES
I

LA LÓGICA DE LA ESTRATEGIA
Introducción

Si vis pacem, para bellum (Si quieres la paz, prepárate para la


guerra). Así reza la máxima atribuida a la sabiduría romana que
escuchamos a menudo en discursos laudatorios del poderío armamen-
tista. Se dice entonces que nuestra capacidad combativa disuade al
adversario del ataque al que podría invitarlo nuestra debilidad, evi-
tándose de este modo la guerra. Sin embargo, no es menos cierto que
dicha capacidad combativa podría servir para garantizar la paz en
forma bastante diferente: la guerra se tornaría igualmente innecesaria
si se persuadiera al más débil de ceder sin lucha ante el más fuerte. Este
corolario no se hubiera manifestado en esta época, tal como sí podría
haber sucedido anteriormente a 1914.* Degradada a mero clisé por el
uso excesivo, la admonición romana ha perdido el poder de estimular
nuestras ideas, pero es precisamente su banalidad lo que le otorga
interés. La frase es indudablemente paradójica, ya que presenta una
flagrante contradicción como si fuera una simple proposición lógica, y
eso no es lo que esperamos encontrar en una mera banalidad.
¿Por qué es aceptado sin hesitación argumento tan contradictorio
que resulta obviamente descartable9 En realidad, existen quienes
discrepan, y todo el nuevo emprendimiento académico de "estudios
* "La guerra para terminar con todas las guerras" no satisfizo ese objetivo, pero desde
mucho antes de 1918 se impuso un nuevo estilo oratorio en las democraéias occidentales:
ya no era posible la exaltación del poderío militar, excepto con objetivos plausiblemente
defensivos. Como suele ocurrir, la hipocresía actuó como vanguardia del criterio operativo,
y a la ¡legitimación de la guerra ofensiva (aquella que intenta modificar un statu quo no
amenazado) le sigue hoy en día la misma restricción a la guerra defensiva deliberada
(aquella que previene un cambio negativo del statu quo). En consecuencia, no quedaría
más que la autodefensa inmediata como un motivo aceptable de guerra. No obstante,
existe todavía cierta flexibilidad en la definición de la inmediatez de la supuesta amenaza
(tema que ha causado interpretaciones divergentes del artículo 2 de la Carta de las
Naciones Unidas) y. del significado de "autodefensa", que de hecho se extiende a los
aliados en organizaciones de seguridad colectiva. De todos modos, el resultado práctico
de este profundo cambio de mentalidad ha sido la reducción de la aplicabilidad de la
guerra como instrumento de los gobiernos occidentales. Es obvio el desequilibrio que
i mplica respecto a quienes no poseen tantos escrúpulos. Puede verse una breve discusión
sobre el tema enForce, Order and Juslice, deRobert E. Osgood yRoben W. Tucnc í' 967)..
4 LA LóGICA DE LA ESTRATEGIA

para la paz" está dedicado a la proposición de que la paz debe encararse


como fenómeno en sí mismo por el que hay que trabajar activamente en
la vida real: si vis pacem, para pacem, dirían sus adeptos. Pero aun
quienes rechazan abiertamente la paradójica admonición no la denun-
cian como evidente tontería que barrería el menor atisbo de sentido
común. Por el contrario, la consideran como una obstinada muestra de
sabiduría convencional que confrontan con argumentos que ellos mis-
mos describirían como novedosos y originales.
Por lo tanto, la cuestión sigue en pie: ¿por qué tan flagrante
contradicción resulta fácilmente aceptada? Téngase en cuenta lo dis-
paratado que resultaría un consejo semejante en cualquier otro campo
ajeno a la estrategia: si quieres A, lucha por B, su antónimo; tal como
"si quieres adelgazar, come mucho", o "si quieres ser rico, gana menos".
Con toda certeza que los rechazaríamos de inmediato. Es únicamente
en el reino de la estrategia, que abarca la conducta y las consecuencias
de las relaciones humanas en el contexto de un conflicto armado real o
posible,* donde nos hemos acostumbrado a aceptar como válidas
ciertas proposiciones paradójicas.
El más obvio ejemplo de esto se encuentra en el concepto de
"disuasión nuclear", que de tan remanido ya resulta vulgar. Para
defendernos, debemos hallarnos constantemente listos a atacar. En
nuestro propio beneficio, jamás debemos usar las armas nucleares que
seguimos construyendo con tanta asiduidad. Estar listos a atacar
evidencia nuestras intenciones pacíficas, pero preparar defensas es
agresivo, o al menos "provocativo"; tales son los puntos de vista
convencionales sobre el tema. La controversia sobre la seguridad
brindada por la disuasión nuclear se reaviva periódicamente, y por
cierto que existe un gran debate sobre cada aspecto de la política de
armamento nuclear. Sin embargo, las evidentes paradojas que consti-
tuyen la verdadera esencia de la disuasión nuclear no preocupan a
nadie. (1)
La principal afirmación que deseo anticipar es que la estrategia no
se limita a analizar alguna proposición paradójica, contradictoria y
hasta aceptada en su validez, sino que todo el reino de la estrategia se
halla inmerso en. su propia lógica paradójica que se opone a la lógica
lineal común que se manifiesta en todas las otras esferas de nuestra
vida diaria (excepto en los juegos de guerra, por supuesto). En los
ámbitos en que el conflicto resulta meramente incidental dentro de los
objetivos principales de producción y consumo, de comercio y cultura,

*A falta de precisión, abundan las definiciones de estrategia. El término sirve para


denominar la doctrina de cierto Estado o cierta institución militar, y también su puesta
en práctica, además de usarse como teoría, ciencia y método de análisis. Ver el Apéndice
1 para otras definiciones.
LA LÓGICA DE LA ESTRATEGIA

de relaciones sociales y gobierno consensual, donde la lucha y la


competencia se hallan bastante acotadas por leyes y costumbres,
tiende a aplicarse una lógica lineal no contradictoria, cuya esencia
queda definida por lo que entendemos como sentido común.*
Por otro lado, dentro de la esfera de la estrategia, donde las re-
laciones humanas quedan condicionadas por la existencia de un con-
flicto armado real o posible, entra a funcionar otra lógica bien distinta.
Con frecuencia ésta vulnera la lógica lineal formal al inducir la reunión
y hasta la inversión de los opuestos; así ocurre incidentalmente que
tiende a recompensarse la conducta paradójica, mientras que se con-
funde a la acción lógica directa, produciéndose resultados irónica y
quizá letalmente autodestructivos.

` Las políticas de los sistemas represivos son cosa completamente distinta; aunque
sean relativamente incruentos, todavía resultan belicosos. Dado que los principales
objetivos de tales sistemas consisten en el mantenimiento y el desafío del aparato de
i mposición del control, por parte del grupo gobernantey de sectores populares disidentes,
respectivamente, todas las manifestaciones de la vida política (con excepción de aquellas
puramente ceremoniales) asumen la forma de operaciones militares con sus propias
versiones de ataque y defensa, de emboscadas e incursiones. Tal como en la guerra, el
secreto y el engaño cobran importancia para ambosbandos, porque sirven para proteger
al sistema y además constituyen la base de la maniobra envolvente: la policía estatal
trata de penetrarlos círculos disidentes mediante la infiltración, yestos buscan defender
la cobertura que constituye su mayor fortaleza. En el caso de la Unión Soviética, no hay
duda que la belicosa política interna partidaria a través de la cual los líderes del Kremlin
alcanzan su preeminencia sirve de adiestramiento para la conducción de las relaciones
exteriores. Ver del mismo autor Grand Strategy for the Soviet Union (1984), cap. 1.
Índice de Contenido
Parte I. La lógica de la estrategia. ...............................................1

1. El uso consciente de paradojas en la guerra ................................7


2. La lógica en acción .......................................................................18
3. La eficiencia y el punto culminante del éxito ............................31
4. La conjunción de los opuestos .....................................................48

Parte II. Los niveles de la estrategia. ........................................65

5. El nivel técnico ............................................................................71


6. El nivel táctico .............................................................................80
7. El nivel operacional .....................................................................88
8. Estrategia de teatro I: Opciones militares y alternativas
políticas ......................................................................................110
9. Estrategia de teatro II: Estructuras defensivas y la opción
guerrillera.. ................................................................................123
10. Estrategia de teatro 111: Interdicción y ataque por
sorpresa .............................................................:........................138
11. Antiestrategias: naval, aérea, nuclear .....................................153

Parte III. Resultados: La gran estrategia. ..............................173

12. El campo de la gran estrategia .................................................177


13. Suasión armada...... ...................................................................187
14. Armonías .y desarmonías en la guerra .....................................204
15. ¿Puede ser útil la estrategia?....................................................226

Apéndices. ...................................................................................... 223

1. Definiciones de estrategia .........................................................235


2. El Ejército Soviético: un comentario ........................................239
3. La NATO, el Ejército Soviético y otras fuerzas del Pacto de
Varsovia: términos de comparación .......................................... 241

Obras citadas ...................................................................................245

Notas ................................................................................................251

Índice alfabético ............................................................................... 273


Prefacio

Quizá porque he nacido en la disputada frontera de Transilvania


durante la mayor y más siniestra de las guerras, la estrategia no sólo
ha sido mi ocupación exclusiva, sino mi verdadera pasión. Parece una
palabra demasiado vehemente para un tema tan indefinido, que
además es visto como una incitación al conflicto. Pero ocurre justamen-
te que definir estrategia es el propósito de este libro, y cualquier expli-
cación se hace innecesaria una vez entendido que la estrategia sirve
tanto para conservar la paz como para hacer la guerra.
No es mi intención sugerir ninguna estrategia que puedan utilizar
los Estados Unidos en el concierto mundial, ni tampoco susceptible de
ser empleada por sus fuerzas armadas en la guerra. Mi propósito tiende
más bien al descubrimiento de la lógica universal que condiciona toda
forma de conflicto, así como también las negociaciones entre naciones
adversarias en tiempo de paz. Todo lo que los seres humanos pueden
hacer, aunque sean cosas absurdas, autodestructivas, magníficas o
sórdidas, ya se han llevado a cabo en la guerra o en la conquista del
poder, y ninguna lógica se descubre a través de esas acciones en sí
mismas. Pero la lógica de la estrategia queda de manifiesto por los
resultados de lo que se hace o se deja de hacer, y mediante el análisis
de aquellas consecuencias a menudo no deseadas es que la naturaleza
y el proceso de dicha lógica puede ser comprendido.
A esta altura, el lector con espíritu crítico ya habrá encontrado
razones para hacer una pausa ante las desmesuradas pretensiones de
esta indagación. Es cosa sabida que las contingencias de guerra y paz
resultan demasiado irregulares para que la ciencia pueda explicarlas
en un único y correcto sentido, o sea mediante teorías que sirvan
realmente para predecir los acontecimientos. Por consiguiente, uno
podría suponer que solamente le aguardan trivialidades o, peor aún,
estériles elaboraciones pseudocientíficas. Apenas me cabe suplicar que
se difiera el veredicto hasta el término de la lectura, aunque se torna
imprescindible cierta explicación.
Lo que se ha convertido en un largo periplo con destino preciso,
comenzó de modo menos ambicioso. A través de mis lecturas dehistoria
XII

militar antigua y moderna, del estudio profesional de temas militares


contemporáneos, y de diversas visitas a campos de batalla inevitable-
mente observados tras cristales de dudosas refracciones, arribé a
idénticas conclusiones que algunos antecesores: cada experiencia de
conflicto es única, producto de una irrepetible convergencia de aspi-
raciones políticas, emociones, limitaciones técnicas, movimientos tác-
ticos, esquemas operacionales y ámbitos geográficos. No obstante, a lo
largo de los años comienzan a emerger seductoras similitudes que
configuran patrones cada vez mejor definidos, y algunos de ellos han
sido esclarecidos en ensayos estratégicos, especialmente en De la
guerra de Clausewitz. Pero lo que hace imperiosa la investigación es
que esos patrones no responden a las expectativas dictadas por el
sentido común, ni tampoco a ninguna lógica causal, directa y familiar.
A medida que una visión de la estrategia surgía de entre las
penumbras de tantas palabras leídas, problemas investigados y
acontecimientos experimentados, encontré que su contenido no era un
prosaico montón de trivialidades, sino paradojas, ironías y contradic-
ciones. Por otra parte, la lógica do la estrategia parecía desarrollarse
en dos dimensiones distintas. En el plano horizontal, las contiendas
entre adversarios que intentan oponerse, desviar ,y revertir recípro-
camente sus acciones, tanto en paz como en guerra, y esto es lo que hace
paradójica a la estrategia; y en el plano vertical, el juego entre
diferentes niveles de conflicto-técnico, táctico, operacional y superior-
sin que exista ninguna armonía natural entre ellos.
Entonces, lo que sigue de aquí en adelante no es más que el mapa
de ruta de una exploración. La búsqueda se inicia con una serie de
encuentros con las fuerzas dinámicas en el plano horizontal; prosigue
en ascenso, nivel por nivel, a través de la dimensión vertical de la
estrategia. Llega a su término cuando se alcanza la confluencia de
ambas dimensiones a la altura de la gran estrategia, el nivel de los
resultados definitivos.
Reconocimientos

Estoy agradecido a las Fundaciones Max King Morris y Arthur


Vining Davis por el subsidio que entregaron al Centro de Estudios
Estratégicos e Internacionales de Washington D.C., del cual resulté
beneficiario. Asimismo, recibí gran ayuda de algunos miembros del
Centro: su presidente, Amos A. Jordan, se tomó muchas molestias para
que prosiguiera mi tarea; Christa D. K. Dantzler sugirió un remedio
original para aquellos instantes en que la inspiración desaparece;
Walter Z. Laqueur ofreció su sólida sabiduría y su conocimiento
enciclopédico en un diálogo permanente que se ha extendido a través
de años; David M. Abshire, actual funcionario público y ex presidente
del Centro, alentó la realización de este proyecto durante mucho
tiempo, de palabra y obra. A. Lawrence Chickering, del Instituto de
Estudios Contemporáneos, reincidió en quitar tiempo a sus propios
manuscritos en beneficio de los míos. W. Seth Carusy Stephen P. Glick,
mis antiguos alumnos que hoy son experimentados investigadores, me
facilitaron sus eruditas colaboraciones desde el principio hasta el fin.
Como siempre, fueron ellos los primeros lectores -y no los menos
críticos- de mis escritos. Al surgir repentinamente una grave cir-
cunstancia que me impedía la continuación de la tarea, mi obstinado
amigo Robert A. Moschbacher Jr. de Houston, Texas, actuó de inme-
diato para mitigar una situación que hubieran debido resolver los
organismos oficiales. Michael A. Aronson, de la Editorial de la Uni-
versidad de Harvard, alimentó a este libro desde el comienzo, mucho
antes de su ingreso a ese instituto. Durante buena parte de una década
de inicios frustrados, en la cual finalicé con relativa facilidad otros
libros menos exigentes que éste, fue el esforzado lector de varios
borradores relegados, siempre insistente en que una solución era
factible. No ha sido la menor de sus contribuciones persuadir a Joyce
Backman de que se editara este texto. Ya que mi experiencia editorial
era limitada, no me sentía preparado para afrontar las peculiares
dificultades que presentaría este libro, y allí precisamente es donde
reside la diferencia de contar con un editor de máxima calidad.
A mi hijo, José Manuel
CAPÍTULO 1

EL USO CONSCIENTE DE PARADOJAS


EN LA GUERRA

Consideremos una opción táctica ordinaria,


como tantas que frecuentemente existen en la guerra. Una fuerza
puede avanzar hacia su objetivo por uno de dos caminos existentes; el
primero es ancho, directo, bien pavimentado, mientras que el segundo
es estrecho, sinuoso y de tierra. Unicamente en el conflictivo reino de
la estrategia surge la necesidad de una decisión, porque sólo si existe
la posibilidad del combate un camino malo puede convertirse en bueno
precisamente porque es malo, .y por consiguiente quizás esté menos
protegido o aun totalmente desguarnecido por el enemigo. Igualmente,
el camino bueno está destinado a ser malo porque es mejor, y su uso por
parte de la fuerza que avanza puede resultar previsible y en consecuen-
cia existir oposición.
Se evidencia en este caso que la lógica paradójica de la estrategia
alcanza un extremo de completa inversión: en vez de moverse A hacia
su opuesto B, si se supone que la preparación para la guerra sirve para
preservar la paz, A realmente se transforma en B, y B se transforma en
A. No es un ejemplo rebuscado. Por el contrario, las paradójicas
preferencias por horarios y direcciones inconvenientes, por preparacio-
nes notoria y deliberadamente dejadas inconclusas, por aproximacio-
nes que se muestran demasiado peligrosas, por combatir de noche o con
mal tiempo, constituyen un aspecto común de ingenio táctico, justamen-
te por razones que derivan de la naturaleza esencial de la guerra. A
pesar de que cada uno de los elementos individuales que actúan en la
conducción de la guerra pueden ser muy simples, la cuestión de des-
plazarse desde un sitio a otro distante quizás unos pocos metros, de
emplear armas cuyo funcionamiento ha sido practicado miles de veces,
de impartir e interpretar órdenes de absoluta sencillez, en suma, la
totalidad de todas esas cosas fáciles puede convertirse en algo extrema-
damente difícil cuando existe la presencia de un enemigo en oposición,
que reacciona para complicar todo intento, y que se mueve a voluntad
con su propio poderío.
En primer lugar, se presentan los embrollos meramente mecánicos
que aparecen cuando nuestra propia acción resulta perturbada por la
8 LA LÓGICA DE LA ESTRATEGIA

acción enemiga, como en las batallas navales de la época de la vela en


que cada bando trataba de apuntar su artillería lateral contra cascos
impotentes. Cosa similar ocurre hoy mismo en el combate aéreo entre
cazas con armas de proa, en que cada piloto busca girar para colocarse
en la cola del otro. También ha sucedido algo parecido en forma
permanente en la guerra terrestre, donde existen frentes poderosos,
flancos débiles y retaguardias aún más débiles. Pero de mucho mayor
consecuencia es la dificultad elemental creada por el uso de su propia
fuerza, de sus propias armas mortíferas por parte del enemigo. Ante la
inminencia de la muerte posible, la menor acción que implique mayor
exposición quedará inconclusa, a no ser que una serie de complejidades
intangibles (moral, cohesión y conducción, entre otras) se sobrepongan
al instinto de conservación. Y una vez que se ha aceptado debidamente
la importancia capital de esos misterios intangibles en cuanto a lo qde
sucede o deja de suceder, queda descartada toda simplicidad hasta en
la más elemental de las acciones tácticas ejecutadas contra un enemigo
activo y pertinaz.
Muchas decisiones paradójicas quedan justificadas si se trata de
enfrentar a un enemigo con la ventaja de que no pueda reaccionar
porque ha sido sorprendido y no se halla preparado, o al menos no es
capaz de reaccionar con la rapidez y contundencia necesarias. Ocurre
que el incumplimiento de ciertos conceptos de optimización acordes con
el sentido común, tales como que el camino más corto es preferible al
más largo, que la luz diurna es preferible a la confusión nocturna, que
una amplia y completa preparación es preferible a la improvisación
repentina, o sea la elección deliberada de la peor opción en cada caso,
es lo que genera la esperanza de que por tal razón las acciones
consecuentes resulten inesperadas para el enemigo, lo encuentren sin
estar listo, y por lo tanto con capacidad de reacción reducida. La
sorpresa puede entonces reconocerse como lo que verdaderamente es:
nunca un mero factor de ventaja entre muchos otros en la confronta-
ción, sino más bien la suspensión, aunque breve y parcial, de todo
predicamento estratégico, a pesar de que la lucha continúe. Sin un
enemigo que reaccione, y según la extensión e intensidad de la sorpresa
obtenida, la conducción de la guerra se convierte en un mero acto
administrativo.*
Aunque una tesis muy importante sobre conducción de la guerra ha

*Si bien mi propósito a través de este libro es describir el fenómeno de la estrategia


evitando dictar norma alguna, se trastrocaría su real naturaleza si quedara la impresión
de que la guerra, tan preponderante en esta cuestión, no es más que la interrelación de
esquemas inteligentes, sin considerar los factores morales que condicionan la capacidad
de cada bando de sobreponerse a interminables dificultades, riesgos impredecibles, y al
sufrimiento humano en el combate.
EL USO CONSCIENTE DE PARADOJAS EN LA GUERRA 9

sido construida sobre esta misma proposición, (1) que aconseja asumir
decisiones paradójicas siempre que sea posible para intentar una
acción militar según la "línea de menor expectativa", el consejo ha sido
ignorado en forma rutinaria, por buenas razones.

LOS COSTOS DE LA SORPRESA

Por definición, cada decisión paradójica efectuada para conseguir la


sorpresa debe tener su costo, manifestado a través de cierta disminu-
ción de la fuerza disponible. En la guerra, el camino más largo y
escabroso cansará a los hombres, estropeará a los vehículos y consumi-
rá mayores abastecimientos; si el acercamiento a la zona de combate es
dificultoso y prolongado, aumentará la proporción de rezagados que no
llegarán a tiempo para participar. Las fuerzas no pueden desplegarse
y desplazarse, ni tampoco las armas apuntarse con idéntica precisión
de noche que de día, y es posible que entonces una parte quizá poco
significativa, importante o mayoritaria de los efectivos no actúen
durante el combate. En forma similar, para accionar más rápidamente
de lo esperado por el enemigo en base a sus propios cálculos de tiempos
de alistamiento, usualmente se requieren improvisaciones de cierta
trascendencia, que impedirán la utilización cabal de hombres y máqui-
nas que de otro modo estarían disponibles para la lucha. Generalmen-
te, toda clase de maniobra -acción paradójica que busca eludir de
algún modo el máximo poderío del enemigo-tendrá su costo implícito,
independiente del medio ambiente y de la naturaleza del combate.*
En cuanto al secreto y engaño, clásicos atributos de la sorpresa que
a menudo preparan el escenario para la maniobra, también poseen su
propio costo. Siempre se recomienda mantener el secreto a quienes
practican la guerra, como si no tuviera costo alguno, pero es raro que
pueda negarse totalmente al enemigo el conocimiento de nuestras
intenciones sin sacrificar en alguna medida la vital preparación.
Normalmente, la adopción de estrictas precauciones de seguridad
interferirá con el alerta inmediato y con el máximo alistamiento de
quienes participarán de algún modo en el combate; por ejemplo, se
restringirá la magnitud y el realismo de ejercitaciones que mucho

*El término maniobra se usa comúnmente en la jerga militar como mero sinónimo
del movimiento. En realidad no hace falta el desplazamiento, sino que la acción sea
paradójica, porque se supone que la acción con sentido común (mínimo esfuerzo) sea
capaz de eludir al enemigo, ya que éste habrá desplegado sus fuerzas precisamente para
oponerse a cualquier obviedad. La sorpresa, por contraste, no es condición necesaria;
puede hacer posible la maniobra, pero asimismo se logrará con ventaja de velocidad en
la ejecución.
10 LA LÓGICA DE LA ESTRATEGIA

contribuyen a mejorar el desempeño en diversas clases de combate, y


resultan especialmente necesarias si la acción a desarrollarse es
inherentemente complicada, tal como el asalto anfibio olas operaciones
de comando. Por supuesto, cada limitación impuesta sobre la reunión
y aproximación preliminar de las fuerzas de combate afectará de algún
modo su óptima disposición y ubicación.
Como el secreto rara vez es absoluto, la filtración de la verdad sólo
puede evitarse mediante el engaño, de modo que las "señales" genera-
das por los preparativos que puedan ser detectadas queden inmersas
en "ruido" artificial. (2) El engaño puede lograrse a veces sin ningún
costo operativo, únicamente mediante mentiras bien distribuidas.
Pero con mayor frecuencia se requerirá alguna acción de diversión que
confunda al observador enemigo, precisamente por no contribuir al
propósito de la operación en marcha. Los bombarderos que son enviados
a atacar blancos secundarios mientras simulan ser una formación
masiva dirigida a sitios bastante diferentes, de todos modos infligirán
daños, pero sobre objetivos no tan críticos. Pero los buques que son
destacados en una maniobra fingida, con la única tarea de dar la vuelta
en cuanto el enemigo vaya hacia ellos, quizá no ejerzan ninguna otra
contribución a la batalla.
Todas estas formas de autodebilitación deliberada causadas por
decisiones paradójicas, encuentran justificación por el único beneficio
de la sorpresa, si es que logran debilitar la reacción enemiga en grado
mayor. En un caso extremo, la sorpresa se obtendrá teóricamente de la
mejor manera si se actúa en forma tan paradójica que resulte absolu-
tamente contraproducente; por ejemplo, si casi todos los efectivos son
empleados para el engaño, quedando solamente un puñado de hombres
para combatir de veras, seguramente que se obtendrá la sorpresa, pero
corriéndose un gran albur de ser derrotados con facilidad, aun a manos
de un enemigo totalmente engañado y falto de preparación. Obviamen-
te, la tendencia paradójica a la "mínima expectativa" debe detenerse
mucho antes del extremo en que ya es casi suicida, pero el punto exacto
de decisión no queda claramente establecido. A pesar de que exista la
certeza de cierta pérdida del potencial disponible, la obtención de la
sorpresa no queda garantida; si bien el costo puede usualmente
calcularse con exactitud, el beneficio posible será pura especulación
hasta que quede confirmado por los hechos.

FRICCIÓN

Además de los costos de la sorpresa obtenida por las aperturas


paradójicas de la línea de expectativas lógicas del enemigo, existen
algunos riesgos. En realidad, la finalidad de lograr la sorpresa no es
EL USO CONSCIENTE DE PARADOJAS EN LA GUERRA 11

otra que disminuir el riesgo mortal de exponerse al poderío enemigo, o


sea el riesgo de combate. Pero hay otra clase de riesgo, no tan peligroso
en sí mismo para cada unidad específica en determinado momento,
pero quizá más comprometedor para la fuerza en su conjunto.
Esta segunda clase de riesgo, que tiende a incrementarse con
cualquier desviación de la simplicidad del ataque directo y frontal, es
el riesgo de organización por fallas en la implementación, o sea un
fracaso que no es provocado por la malevolencia del enemigo, sino por
colapsos, errores y demoras en el abastecimiento, la operación, el
planeamiento y la conducción de fuerzas militares. Cuando se trata de
reducir el riesgo de combate previsto empleando algún tipo de acción
paradójica, en especial conservando el secreto, o mediante el engaño o
la maniobra, la acción tiende a hacerse más complicada y extendida,
incrementándose en la misma proporción los riesgos de organización.
El aspecto organizativo de la contienda alcanza máxima importan-
cia para quienes tienen la responsabilidad de la conducción durante los
intervalos de combate, que pueden ser muy breves. Nuevamente, cada
pequeña cosa que deba hacerse para abastecer, mantener, operar y
conducir las fuerzas armadas puede resultar muy simple si se excluyen
todos los misterios intangibles que hacen posible el combate. Pero si
están incluidos, las cosas se complican en tal grado que el estado
natural de las fuerzas militares de cualquier magnitud resulta ser el
caos y la inmovilidad, de donde sólo pueden rescatarlas la disciplina y
la conducción para posibilitar cualquier acción efectiva.
Imaginemos un grupo de amigos que coordinaron una excursión a
la playa en varios automóviles, con sus respectivas familias. Quedaron
en encontrarse en la casa mejor ubicada a las 9, para partir inmedia-
tamente aprovechando el tránsito fluido y llegar a destino aproximada-
mente a las 11. Una de las fan.fias ya se hallaba lista a partir hacia el
sitio de reunión, cuando uno de los niños anunció su urgente necesidad;
se abrió la casa, el chico fue y volvió, se puso en marcha el coche y
arribaron al encuentro con breve demora a las 9.15. Una segunda
familia, que vivía un poco más lejos del punto de reunión, tuvo un
retraso más importante: olvidaron una caja con avíos esenciales. Lo
descubrieron casi a la vista del punto de encuentro, así que mientras
volvieron a buscarla y regresaron ya era cerca de las 10.
Una tercera familia causó mayor demora: su auto se negaba a
arrancar. Luego de probar diversos arreglos familiares, mientras el
tiempo pasaba, y después de aguardar la llegada del auxilio que
tampoco logró ponerlo en marcha, finalmente un vecino tuvo la genti-
leza de facilitarles su propio coche. Descargaron y cargaron rápidamente,
aceleraron con impaciencia, pero cuando se juntaron can sus amigosya
eran bastante pasadas las 10. Todavía no había comenzado el viaje.
Algunos de los chicos estaban esperando desde hacía más de una hora,
12 LA LÓGICA DE LA ESTRATEGIA

y entonces fue el turno para pedir por una breve demora. Cuando al fin
pudieron partir, ya el tránsito era intenso, y en vez de dos horas el viaje
insumió más de tres, incluyendo paradas para que un coche cargara
nafta, una familia saciara su sed, y los chicos que clamaban por
almorzar a viva voz. Por último arribaron a la playa, como habían
previsto, pero largo rato después de pasadas las 11.
En ningún momento nuestro grupo imaginario vio entorpecida su
acción por la voluntad activa de un enemigo; todo lo ocurrido fue
consecuencia de demoras inintencionales y pequeños incidentes se
mejantes a la fricción que impide el movimiento de las maquinarias.
Por supuesto que el término se halla definido en De la guerra de
Clausewitz, cuya influencia en lo anterior será fácilmente reconocible:
"Todo lo que sucede en la guerra es muy simple, pero la cosa más simple
se hace difícil. Las dificultades se acumulan y acaban por producir
cierta clase de fricción que parece inconcebible, a menos que uno haya
experimentado la guerra". (3) La fricción es el medio fundamental en
que se desarrolla la acción estratégica, y la más constante compañía en
la guerra.
En mi tan mundano ejemplo, la demora inicial al comienzo del viaje
fue más de una hora, y el retraso acumulado mucho mayor. Fácil será
i maginar la multiplicación de la demora si se incluyeran más familias.
Eventualmente, si se agregara un número suficiente se alcanzaría un
punto en que nunca comenzaría el viaje, suponiéndose que todos
debieran aguardar el arribo del último. No puede afirmarse cuántas
familias serían necesarias para asegurar la inmovilidad hasta que el
día se considere perdido, pero bastarían algunas docenas. Sin embargo,
ni siquiera un grupo tan nutrido sería de magnitud comparable a un
simple batallón, ni a la tripulación de un modesto buque de guerra, ni
al personal de uno o dos escuadrones aéreos.
Una fuerza militar no incluye niños que pudieran retrasarla, y
puede reprimir faltas menores por medio de disciplina, mas a pesar de
todo se halla en situación mucho más desfavorable que nuestro
infortunado grupo tratando de llegar a la playa. Por una parte, sus
abastecimientos tendrán dimensiones bastante distintas, y cualquier
necesidad que no se haya previsto con antelación no podrá solucionarse
mediante una breve parada en ruta. Una flota en alta mar puede
reabastecerse a la perfección, pero lo que queda pendiente tendrá que
esperar hasta la próxima vez; para las unidades del ejército o la fuerza
aérea alejadas de bases bien provistas, el terreno que las rodea sería
equivalente al desierto, por que ya no basta con pasto y comida para
librar una guerra.
Hubo también una falla mecánica en mi ejemplo, pero ocurrirán
muchas más en fuerzas militares cuyas armas, vehículos, radares,
radios y demás equipos electrónicos o mecánicos raramente resultan
EL USO CONSCIENTE DE PARADOJAS EN LA GUERRA 13

tan confiables como la mayoría de los automóviles actuales. Los


tanques de batalla están muy bien protegidos contra el fuego enemigo,
pero sin embargo son asombrosamente delicados en cuanto a su
maquinaria interna, y cada uno de los muchos artefactos electrónicos
contenidos en un solo avión de combate tiene idéntica propensión a
fallar que el sistema de encendido del coche familiar.
No hubo intervención de errores operativos para retrasar nuestro
grupo de bañistas, y todos los conductores manejaron sin problemas.
Pero a pesar del óptimo adiestramiento, exámenes severos y
ejercitaciones frecuentes, ninguna fuerza militar puede confiar en tal
perfección de todos los operadores de sus múltiples equipos. Hace falta
mucha habilidad inconsciente para manejar un automóvil en medio del
tránsito, y mucha más se requiere para controlar la mayoría de las
máquinas de guerra actuales; además, en lugar de años de experiencia
cotidiana como poseen la mayoría de los conductores, incluso los más
jóvenes, casi todos los operadores militares disponen de algunos meses
de práctica poco frecuente, porque ellos o sus equipos son nuevos en la
tarea.
En mi ejemplo el plan era muy simple, con un punto inicial, una sola
ruta y un destino fijo, pero se cometió una grosera equivocación al no
prever que la partida a las 9 no dejaría suficiente margen para evitar
el tránsito intenso en la autopista hacia la playa. Los planes militares
bien elaborados tratarán de conseguir esa misma simplicidad, aunque
rara vez lo lograrán a causa de los múltiples elementos de una fuerza
que deben coordinarse entre sí para realizar determinadas acciones. Si
bien los planificadores competentes tratarán que quede espacio para
compensar lo mejor que se pueda por todas las fuentes de fricción, sin
duda que sus propios errores agregarán una más.
Finalmente, existe un comando de la operación, o sea un organismo
responsable del asesoramiento de inteligencia, la toma de decisiones,
l a intercomunicación, y la supervisión o control. En mi ejemplo hubo un
plan de acción pero faltaron el comando, la inteligencia, la
intercomunicación y la supervisión; de haberse previsto, el resto del
grupo hubiera descubierto rápidamente el inconveniente surgido con el
coche de la tercera familia y se hubieran tomado medidas para conse-
guir su reemplazo a la brevedad. Las estructuras del comando militar
y sus ramas de inteligencia y comunicaciones tienen por función
aprovechar las fugaces oportunidades de combate y limitar los riesgos
inmediatos, pero además en la misma medida superar la fricción. Sin
embargo, a lo largo del proceso aparecen otras causas de fricción. La
inteligencia equivocada, obsoleta o engañosa puede inducir a errores de
decisión; las redes de comunicaciones pueden ser altamente sofisticadas,
confiables y seguras en todo aspecto, pero todavía los mensajes llegar
confusos, ser mal encaminados o ni siquiera transmitidos. Asimismo,
14 LA LÓGICA DE LA ESTRATEGIA

los errores de supervisión quedan garantidos por el delicado equilibrio


entre la necesidad de mantener la debida coordinación entre elementos
separados y aquella de permitirles libertad de acción a cada uno de
ellos.
Una vez que todas estas causas de fricción han sido consideradas en
conjunto, donde algunos efectos aparecen como multiplicadores y no
solamente aditivos, queda claro el completo significado del riesgo de
organización. Así como nuestro imaginario grupo de familias pudo
perder con facilidad su día de playa si su tamaño aumentaba lo su-
ficiente como para fomentar la fricción, cualquier acción militar puede
fracasar internamente aún sin encontrarla acción deliberaday opuesta
del enemigo,* sino por la simple acumulación de colapsos, errores y
demoras, cada uno de ellos insignificante de por sí. Este es el contexto
en que hay que estudiar cualquier esfuerzo para lograr la sorpresa:
cada decisión paradójica que se introduce para conseguirla, con su
implícito apartamiento del curso de acción más simple y fácil, incre-
mentará aún más la fricción y por consiguiente el riesgo del fracaso
organizativo.
Cuando el riesgo de combate se materializa, el sangriento resultado
se contabiliza en muertos y heridos. Cuando el riesgo de organización
se materializa, la acción fracasa en forma que podría considerarse
incruenta. Parecería entonces correcto comparar el riesgo de organiza-
ción con el riesgo de combate para decidir ef consecuencia cuánta
complicación sería aceptable en aras de la sorpresa. Pero esto es ra-
zonable si se aplica a un solo acto de guerra, como en caso de una
incursión de comandos realizada en tiempo de paz. De otro modo, uno
de los riesgos complica al otro. Por supuesto que el buque de guerra
ausente de la batalla por ser mal dirigido a causa de fricción del
comando, el batallón de tanques que se queda sin combustible en su
camino hacia el frente por culpa de fricción de abastecimientos, el avión
de caza que no puede interceptar porque la fricción de mantenimiento
le impide el despegue, todos ellos permanecerán bien seguros durante
cierto tiempo. La aproximación directa y el ataque frontal resultan por
consiguiente condenables con suma facilidad por los partidarios de la
circundación paradójica, porque contemplan un único empeñamiento
analizando con cuidado los efectos nocivos del riesgo de combate,

* Sin embargo, un enemigo talentoso intentará dirigir sus ataques en forma bien
calculada para complicar las fricciones inherentes. Se dedicará a las líneas de abaste-
cimiento si la fuerza ya está afectada por la escasez; contra las comunicaciones, si no le
resultan confiables, y así sucesivamente. Estas son instancias de la clase más ambiciosa
de operación militar: la maniobra de relación; o sea la aplicación del esfuerzo contra las
debilidades del enemigo específicamente identificadas; una forma de guerra a ser
discutida más adelante, y que a su vez resulta altamente vulnerable a la fricción.
EL USO CONSCIENTE DE PARADOJAS EN LA GUERRA 15

mientras que no ven muy claramente el incremento resultante del


riesgo de organización.
Pero cuando nonos limitamos a considerar un simple enfrentamiento
sino la totalidad del conflicto, se hace evidente que el riesgo de
organización complica en forma notable al riesgo de combate. En la
ocasión mencionada, la flota empeñada en combate quedó debilitada
por la ausencia del buque mal dirigido, y las demás naves estuvieron
más expuestas al riesgo de combate; lo mismo ocurrió con los batallones
vecinos al detenido por falta de combustible, y con los otros aviones del
escuadrón. En la siguiente oportunidad, aquellos que faltaron al
primer combate probablemente tengan que batirse junto con fuerzas ya
debilitadas a causa de las pérdidas que se agregaron por sus ausencias
en el primer tiempo, cosa que a su vez incrementará sus propios riesgos
de combate.

LA PREVALENCIA DE LA ACCIÓN PARADÓJICA

Si bien los beneficios de los esquemas paradójicos quedan compen-


sados por el potencial de combate perdido y además por el riesgo de
organización agregado, las acciones directas conformadas según la
lógica lineal para lograr el óptimo empleo de todos los medios disponi-
bles mediante métodos simples se encuentran muy raramente en la
cronología bélica, y casi nunca escapan a la crítica. Al menos, algunos
elementos paradójicos se hallarán presentes en la preparación y
conducción de la mayoría de las acciones militares competentes.
En realidad, aquellos comandantes cuyas fuerzas son en su conjun-
to superiores alas del ocasional enemigo, hallarían cierta justificación
en menospreciar la sorpresa recurriendo a una acción perfectamente
preparada con todo su poderío, conducida por métodos muy simples y
con el mínimo riesgo de organización. Por ejemplo, tal fue el caso en las
etapas iniciales de las guerras coloniales libradas en diferentes partes
del mundo, hasta que los guerreros nativos aprendieron a dispersarse
al enfrentar tropas bien adiestradas y provistas de armas de tiro
rápido. También se dio el mismo caso durante los meses finales de la
Segunda Guerra Mundial, cuando los ejércitos americano, soviético y
británico, con avasalladora potencia de fuego, realizaron ofensivasbien
preparadas y ataques frontales contra un ejército alemán en declina-
ción, mientras sus respectivas fuerzas aéreas abandonaban todo ar-
tificio para bombardear en incursiones masivas diurnas a Alemania y
Japón. Era todavía guerra, aunque inusual, porque la lógica de la es-
trategia ya no importaba demasiado; la reacción del enemigo, así como
su real existencia como entidad consciente y activa, podía simplemente
dejarse de lado. Si el enemigo es tan débil que sus fuerzas pueden
16 LA LÓGICA DE LA ESTRATEGIA

considerarse como una disposición pasiva de blancos que muy bien


podrían ser inanimados, se aplica con toda validez la lógica lineal
normal de la producción industrial, con sus criterios derivados de
eficiencia productiva, y la lógica paradójica de la estrategia pasa a ser
irrelevante. Según Clausewitz: "La diferencia esencial estriba en que
la guerra no es un ejercicio de la voluntad dirigido a materia inanima-
da, como en el caso de las artes mecánicas... En la guerra, la voluntad
se dirige hacia un objeto animado que reacciona. Obviamente, la
codificación intelectual usada en artes y ciencias resulta inapropiada
para dicha actividad". (4)
A pesar de que la estrategia comprende tanto al conflicto como a la
forma de evitarlo, y por supuesto la conducción de la guerra en todos los
niveles, desde el táctico al de la gran estrategia, nada nos dice respecto
de los aspectos puramente administrativos de cualquiera de ellos,
donde lo que hagan o dejen de hacer otros seres activos y conscientes no
interesa para nada. Así como no se obtiene ventaja alguna eligiendo
deliberadamente botas tres números más pequeñas o usando incorrec-
tamente las armas por propia voluntad, porque ni las botas ni las armas
responderán adecuadamente a semejante acción paradójica, tampoco
existe interés alguno en circundar y sorprender a un enemigo conside-
rado tan débil que su reacción puede ser ignorada con toda tu -anquili-
dad. Sin embargo, tan afortunada condición es más bien una. rareza.
únicamente un enemigo muy mal informado o guiado por propósitos
trascendentes decidirá deliberadamente empeñarse contra una fuerza
desmesuradamente superior; si fuera el caso que una determinada
fuerza se encontrara de pronto superada, normalmente tratará de
eludir el combate mediante la retirada o la rendición.
Por otra parte, resulta bastante más común el fenómeno de una
fuerza armada que actúe con expectativas erróneas de su presunta-
mente amplia superioridad, y por lo tanto confíe demasiado en la lógica
lineal para optimizar la administración de sus propios medios, sin
ejercer el esfuerzo necesario para sorprender al enemigo con una
conducta paradójica adecuada. En realidad, la prevalencia de lo para-
dójico en la conducción de la guerra debería reflejar la percepción del
equilibrio de fuerzas, y así ocurre normalmente. De una manera que
asimismo resulta paradójica, quienes poseen mayor debilidad mate-
rial, y en consecuencia tienen buenas razones para temer al choque
directo entre fuerzas en la confrontación contra un enemigo alertado,
pueden obtener el máximo beneficio recurriendo a una conducta pa-
radójica autodebilitante, siempre que les sirva para asegurar la sorpre-
sa y así quizá lograr la victoria.
Si el equilibrio de fuerzas resultara desfavorable por algo más que
una mera combinación de tiempo y lugar en el marco de un determinado
empeñamiento, sino que fuera en vez un reflejo de la circunstancia
EL USO CONSCIENTE DE PARADOJAS EN LA GUERRA 17

permanente de un estado entre otros estados, entonces la prosecución


de la "línea de mínima expectativa" mediante acción paradójica puede
llegar a caracterizar el estilo nacional de hacer la guerra. Se dice que
Israel provee el mejor ejemplo contemporáneo en tal sentido, aunque
ha evitado sistemáticamente el choque directo entre fuerzas, tanto
para limitar el número de bajas como para contrapesar su inferioridad
real en medios y efectivos. Guerra tras guerra, y en diversas acciones
aisladas de combate ocurridas en los intervalos, las fuerzas armadas
israelíes han optado por aceptar su propio debilitamiento y el incre-
mento del riesgo de organización a cambio de la maniobra conducente
a la sorpresa. Aun así, esas fuerzas mucho más débiles que lo necesario
desde el punto de vista material (a causa del secreto, el engaño, la
improvisación y la extensión excesiva) y operando con tanta fricción
autoimpuesta que su situación ha lindado con lo caótico, han derrotado
invariablemente a sus enemigos tomándolos por sorpresa porque su
potencial no se hallaba desplegado totalmente en el lugar, o porque sus
fuerzas no estaban material o moralmente preparadas para el com-
bate.
La constante preferencia de Israel por la acción anticonvencional y
paradójica no persistiría sin eventualmente desvirtuar su propósito. A
través del tiempo, sus antagonistas comenzaron a revisar sus propias
expectativas. Aprendieron de la experiencia a desconfiar de las estima-
ciones de movimientos israelíes basadas en lo que el sentido común
indicaba como el mejor modo de acción disponible. Hasta que finalmen-
te, en la guerra del Líbano de junio de 1982, los sirios no fueron de
ningún modo sorprendidos por el intento israelí de avanzar hacia su
retaguardia siguiendo los peores caminos de montaña, (5) y actuaron
oportunamente para bloquear el muy estrecho pasaje. Pero fue el
próximo movimiento el que los sirios no pudieron prever en absoluto,
y entonces contemplaron incrédulos, sin poder reaccionar con el paso de
las horas, el lanzamiento de una ofensiva muy directa, masiva y frontal
por parte de las divisiones blindadas israelíes en el valle del Líbano. (6)
Con el equilibrio de fuerzas totalmente favorable en la ocasión, y sin
tiempo que perder ante la posibilidad de un cese de fuego, los israelíes
decidieron sacrificar toda esperanza de lograr la sorpresa atacando
frontalmente a plena luz del día, sólo para encontrarse a su vez muy
agradablemente sorprendidos por la falta de preparación de los sirios.
Obviamente, ya en 1982 su estilo paradójico de hacer la guerra era
totalmente conocido a través de enfrentamientos anteriores, y conse-
cuentemente la línea israelí de mínima expectativa no podía ser otra
que la aproximación más directa y frontal.
CAPÍTULO 2

LA LÓGICA EN ACCIÓN

Resulta obvio que la sorpresa no puede


conseguirse repitiendo idénticas estratagemas. Pero esto sirve de
ejemplo no demasiado importante del proceso de lógica paradójica de
la estrategia en forma dinámica. Hasta ahora dicha lógica había sido
considerada principalmente desde el punto de vista de un solo partici-
pante, y en casos en que era comprendiday explotada conscientemente.
Sin embargo, me he referido casi siempre a situaciones y decisiones
simples, y por consiguiente la lógica de la estrategia se ha percibido
como una serie de imágenes estáticas separadas. Mas es evidente que
hay al menos dos voluntades conscientes y opuestas en cualquier
encuentro estratégico, en guerra o paz, y las acciones se realizan en
forma instantánea sólo rara vez, como en un duelo de pistola; por lo
general, las actividades de cada parte se desenvuelven recíprocamente
a través del tiempo.
En cambio, una vez que se entiende la lógica paradójica de la
estrategia como un fenómeno objetivo cuyas consecuencias tienen
lugar aunque los participantes no traten de explotarlas y ni siquiera se
hayan enterado del proceso, y una vez que se ha introducido debida-
mente al tiempo como elemento dinámico, podemos identificar a la
lógica en su conjunto como la unión e incluso la inversión de los
opuestos. Este proceso no se manifiesta solamente en el hecho de optar
por soluciones anticonvencionales a fin de lograr la sorpresa, cosa que
eventualmente se torna bastante previsible, sino en todo lo que sea
estratégico, en todo lo que es característico de la lucha de voluntades
adversarias. En otras palabras, si el transcurso del tiempo adquiere
relevancia y la lógica paradójica de la estrategia asume forma dinámi-
ca, se convierte en la unión e incluso en la inversión de los opuestos. Por
consiguiente, en el reino de la estrategia ningún modo de acción puede
persistir indefinidamente. Tenderá a evolucionar hacia su opuesto,
salvo que la lógica de la estrategia se contrapese mediante algún
cambio exógeno en la situación de los participantes. A menos que ello
suceda, la lógica introducirá una evolución de autonegación que podría
alcanzar el extremo de la inversión absoluta, anulando la guerra y la
paz, la victoria y la derrota, ya que todo queda incluido.
LA LÓGICA EN ACCIÓN 19

Considérese lo que ocurre cuando un ejército avanza victoriosamen-


te en un típico ambiente de guerra terrestre. Puede que haya librado
una o más batallas, y ha prevalecido sobre el ejército enemigo, forzán-
dolo a retirarse. Quizás el derrotado huya a la desbandada, o se halle
próximo a ser arrinconado y destruido; en ambos casos todavía es
posible la inversión de los opuestos, como veremos, pero nunca dentro
de esa misma guerra. Mas si el ejército derrotado continúa combatien-
do aunque sea en retirada, comenzarán a aparecer ciertas pautas en
sentido opuesto.
El ejército triunfante avanza alejándose de su territorio y bases de
vanguardia cuyos campos de adiestramiento, industrias, depósitos y
talleres apoyaron su éxito reciente; y ahora debe satisfacer sus necesi-
dades mediante rutas de refuerzo y abastecimiento que se alargan cada
vez más. En contraste, se supone que el ejército derrotado se acerca
progresivamente hacia sus propias bases, de modo que las rutas
logísticas se van acortando. El primero debe incrementar el esfuerzo
para sostenerse, y quizá tenga que trasladar gente y equipos desde el
frente de combate para robustecer unidades logísticas, o al menos
emplearlos refuerzos con ese fin. En cambio, el segundo puede entonces
reducir su esfuerzo de transporte y disponer de personal y equipos
pertenecientes a las unidades logísticas para reforzar sus líneas de
vanguardia.
El ejército victorioso ingresa en un territorio que hasta ese momento
se hallaba en manos enemigas, y su población puede resultar hostil y
apoyar a partisanos armados, o quizás hayan quedado tropas regulares
para iniciar acciones de guerrillas. Con suerte, las demandas de
personal y recursos del flamante gobierno militar de ocupación pueden
ser satisfechas por lo que se requise a nivel local pero es poco probable.
Si existe resistencia armada en forma de incursiones y sabotajes contra
ferrocarriles, convoyes motorizados, depósitos, unidades de servicios y
puestos militares, será necesario distraer del frente unidades de
combate para proveer guardias, patrullas de seguridad y fuerzas de
reacción rápida en áreas de retaguardia consideradas inseguras. Si el
ejército victorioso libera a los civiles amistosos que no ofrezcan resis-
tencia ni refugio a enemigos, todavía existe cierta desventaja en el
avance: el ejército en retirada ha ejercido la ocupación, y ahora puede
hacer retornar guardias, patrullas de seguridad y unidades de protec-
ción al frente de combate.
El ejército ganador posee el impulso y la iniciativa para determinar
el tren y la dirección de avance, de modo que puede sobrepasar y cortar
la retirada al enemigo si sus columnas se desplazan a suficiente
velocidad. De otra manera, el ejército en retirada, a menos que sea
hostigado incesantemente, puede resultar favorecido al emplear tácti-
cas defensivas en cada encuentro. Sus unidades de retaguardia podrán
elegir el terreno en cada pausa de combate para batir al enemigo
20 LA LÓGICA DE LA ESTRATEGIA

expuesto y en movimiento desde posiciones protegidas, e incluso


emboscar a las fuerzas que tengan la poca fortuna de avanzar con
demasiado entusiasmo.
Los efectos de la victoria y la derrota sobre la moral y la conducción
son bastante inciertos. La moral de combate no define la felicidad, sino
la voluntad de lucha ante el peligro mortal; la victoria hará feliz a la
tropa, mas luego de pelear y vencer puede que sientan que ya hicieron
bastante por el momento (Clausewitz definió ese fenómeno como "la
relajación del esfuerzo"). En cambio, la derrota resulta a menudo
desmoralizadora, induciendo a la pasividad y hasta a la deslealtad
activa, pero también puede alentar a los hombres a pelear más
duramente la próxima batalla, especialmente si piensan que podrían
haberse esforzado más en el encuentro anterior. Asimismo, la conduc-
ción puede resultar muy favorecida por el triunfo; con igual facilidad
caería en descrédito. Cuando se ha logrado éxito en varias oportunida-
des, quizá disminuye el impulso a exhortar y empujar a los hombres
hacia los riesgos del combate. Por contraste, en un ejército en retirada
es posible que los líderes hayan perdido toda autoridad; de lo contrario,
h ay veces en que el triste recuerdo del reciénte fracaso los lleva a exigir
más a su tropa, transmitiéndoles la energía necesaria.
En lo referente a la experiencia y los procedimientos operativos, la
cosa no resulta tan equilibrada. Ante el éxito, todos los hábitos, pro-
cedimientos, organizaciones, tácticas y métodos militares serán indis-
criminadamente confirmados como válidos, .y hasta quizá brillantes,
incluso aquellos que requerían modificaciones sustanciales o que
fueron indudablemente perjudiciales, pero todas las deficiencias que-
darán ocultas por la omisión de un análisis detallado de lo actuado.
Evidentemente, la derrota es mejor maestro. Por cierto que el razo-
namiento crítico se agudizará por el fracaso, y si se ofrecen soluciones
para paliarlo es menos probable que choquen contra la inercia conser-
vadora, porque los jerarquizados defensores del statu quo se habrán
desprestigiado por la derrota. Si la industria y la población continúan
movilizadas y el ejército victorioso sigue recibiendo importantes re-
fuerzos, su poderío creciente queda asegurado aunque prosiga su
avance; en otras palabras, el cambio exógeno puede anular los efectos
de la lógica. Si así no ocurriera, y ambos procesos simétricos quedaran
en descubierto, entonces se vería que la misma victoria y el avance
exitoso tienden a debilitar al ejército vencedor, como asimismo el
fracaso y la retirada obran para fortalecer al recién derrotado.

CULMINACIÓN E INVERSIÓN
En un contexto dinámico, la unión de victoria y derrota puede
extenderse más allá de su propia confluencia, hasta el extremo de la
LA LÓGICA EN ACCIÓN 21

completa inversión. En mi ejemplo, si un ejército victorioso puede


conseguir la conquista total o imponer la rendición a breve plazo, su
sutil debilitamiento no tendrá efecto sustancial, como tampoco las
tendencias que comienzan a fortificar al vencido. Por otra parte, si la
profundidad del territorio y su propia tenacidad bastan para extender
el conflicto, el derrotado podrá llegar a beneficiarse por la paradoja
dinámica, quizá hasta lograr a su vez la victoria, si es que el ejército
entonces triunfante simplemente persiste en su avance, arruinándose
al continuar una vez superado su "punto culminante de victoria"
(nuevamente, expresión de Clausewitz). Por supuesto que esto no
significa que la victoria debe inexorablemente transformarse en derro-
ta si la guerra continúa. Pero a menos que se beneficie por una ayuda
extraordinaria proveniente de sus fuentes fundamentales de poderío
militar (factores ajenos a la lógica), el ejército victorioso tendrá que
frenar su avance exitoso para descansar y recuperarse, si es que quiere
neutralizar las tendencias desfavorables ya insinuadas. Mediante la
restauración de sus energías morales y de la conducción, merced a
reposo y reemplazos, adelantando su organización logística, proveyen-
do seguridad a la retaguardia en caso que estuviera amenazada, y
revisando procedimientos, tácticasy métodos que el enemigo tratará de
deducir y perturbar, el ejército victorioso puede recuperar su capacidad
para obtener mayores triunfos, trasladando efectivamente hacia ade-
lante y hacia el futuro el punto culminante de éxito.
Las campañas terrestres de la Segunda Guerra Mundial pusieron
de relieve todas las variantes de unión o inversión de victoria y derrota
de modo particularmente dramático, porque los blindados y la aviación
trajeron nuevamente la maniobra profunda a escala napoleónica,
terminando con la supremacía defensiva de las líneas estáticas de
trincheras de 1914-1918. La invasión alemana a Holanda, Bélgica y
Francia que comenzó el 10 de mayo de 1940 y finalizó el 17 de junio con
el pedido francés de armisticio, fue conseguida (con lo justo) dentro de
la extensión de un único esfuerzo culminante. (1) Para entonces, las
diez divisiones Panzer que encabezaron el avance habían sufrido
tantas pérdidas de tanques, transportes de personal y camiones, que su
poderío tuvo que ser apuntalado recurriendo a equipos capturados y a
la confiscación de vehículos civiles. En las divisiones de infantería que
constituían el grueso de los ejércitos invasores, las tropas habían
m archado a pie desde el comienzo, y se hallaban prácticamente exhaus-
ta:-;. En cuanto a la organización logística germana, que debía apoyarse
eii carros tirados por caballos para garantizar la circulación desde los
depósitos de retaguardia a las unidades de combate, se habían exten-
dido tanto que solamente la abundancia de alimentos y pasturas en las
prósperas tierras que se acababan de conquistar evitaron una escasez
crítica en el ejército invasor. El reabastecimiento de munición no
22 LA LóGICA DE LA ESTRATEGIA

representó un problema serio en esa campaña de maniobras rápidas y


penetraciones ofensivas breves, en la cual la mayoría de los encuentros
fueron poco más que escaramuzas. Pero las briosas divisiones Panzer
únicamente pudieron continuar su marcha confiscando combustible a
medida que avanzaban. (2)
Cuando los ejércitos de Hitler atacaron a la Unión Soviética casi un
año después, el 22 de junio de 1941, sus limitados efectivos se habían
incrementado apenas marginalmente con la incorporación de camiones
franceses capturados y confiscados, y por una pequeña expansión de
fuerzas mecanizadas. De las 142 divisiones alemanas pertenecientes a
los tres cuerpos de ejército desplegados entre el Mar Báltico y el Mar
Negro en vísperas de la invasión, solamente 23 eran Panzer, y las
restantes estaban equipadas con blindados livianos o motorizadas. El
total de entonces del ejército alemán, en todos los frentes, era de 88
divisiones provistas de vehículos franceses; aun así, a 75 de las
divisiones de infantería del Frente Oriental hubo que retirarles los
camiones para equiparar las columnas logísticas de los grupos de
ejércitos, recibiendo en cambio cada una 200 carros campesinos. (3) Tal
era la realidad detrás de la fachada de modernidad mecanizada que
había jugado buena parte del impacto psicológico de la blitzkrieg.
Pero la Unión Soviética es un país mucho más profundo que Bélgica
o Francia. Además, sus líneas ferroviarias no servían de mucho a causa
de su diferente trocha y del sabotaje frecuente; y los pocos caminos
existentes eran tan malos que los vehículos se averiaban rápidamente.
Por último, la tenacidad de la resistencia no disminuyó a pesar de sufrir
varias derrotas catastróficas sucesivas. Así fue que a mediados de
octubre de 1941, cuando las fuerzas germanas habían alcanzado lo que
retrospectivamente puede definirse como su punto culminante de
victoria, Moscú distaba todavía cien kilómetros de sus líneas más
avanzadas. (4) No obstante, mientras Hitler estuviera al mando no
habría oportunidad de tomarse un respiro. Las fuerzas del sector
central del frente, ahora con Moscú como objetivo, continuaron su
avance durante el mes de noviembre en penetraciones simultáneas
desde el norte y el sur, para lograr otro gran envolvimiento que
terminaría con el ejército soviético y con la guerra.
De ese modo el ejército alemán sobrepasó su punto culminante de
éxito y fue empujado hacia la rama descendente de la curva. La
creciente escasez de munición en el frente de batalla obligaba a
silenciar la artillería; también era afectada la infantería por la excesiva
distancia desde las terminales ferroviarias hasta el frente para las
columnas de carros a caballo y los pocos camiones existentes. Tampoco
los ferrocarriles estuvieron en capacidad de solucionar las necesidades
de abastecimiento, porque había una grave escasez de material rodante
de trocha rusa. Durante este proceso, ominosamente, las prendas de
LA LÓGICA EN ACCIÓN 23

equipo y los lubricantes de uso invernal quedaron abandonados en


remotas playas de carga, ya que elementos esenciales como alimentos,
combustible y munición, recibían máxima prioridad. En las fuerzas
mecanizadas se prolongó la declinación del número de tanques, trans-
portes de personal y tractores de artillería a medida que se acumulaba
el desgaste natural y las reparaciones de campaña no daban abasto.
Para entonces, los carros campesinos rusos requisados eran un elemento
esencial para las divisiones Panzer.
Mientras tanto, había comenzado en la retaguardia una activa
resistencia de campesinos y soldados separados de sus unidades,
sumando trabajo policial a las tareas de masacre y confiscación que ya
mantenían ocupados a muchos alemanes que podrían haberse hallado
en el frente. En parte por esta causa, el flujo de personal de reemplazo
fue lentamente superado por el número creciente de bajas. En particu-
lar, los soldados alemanes en el frente fueron muy afectados por el frío
y el agotamiento fisico, y desmoralizados por su mismo triunfo. Habían
proseguido avanzando kilómetros y kilómetros desde el 22 de junio,
capturando hacia noviembre unos tres millones de soldados soviéticos,
y matando decenas de miles en un encuentro tras otro. Pero así como
parecía quedar por delante enorme extensión de tierras sin conquistar,
también había innumerable cantidad de tropas soviéticas para resis-
tirles, sin vislumbrarse el fin de la lucha.
Pero Hitler y sus generales no se detendrían estando a la vista de
Moscú. Se hizo otro gran esfuerzo al lanzarse la ofensiva final el 1° de
diciembre de 1941. cuando las tropas de vanguardia germanas estaban
apenas a treinta kilómetros de la Plaza Roja; se llevó a cabo con
temperaturas congelantes, con tropas cuyas últimas fuerzas se disipa-
ban rápidamente. (5) Cuatro días más tarde, al amanecer del viernes
5 de diciembre, el Ejército Rojo lanzó a su vez la primera gran ofensiva
de la guerra. Los soldados soviéticos en uniformes blancos de invierno,
empujaron a los alemanes obligándolos a retroceder el doble de la
profundidad que habían ganado en su último avance tristemente
exitoso. Luego que la ofensiva soviética detuvo finalmente el ininte-
rrumpido progreso de las armas germanas, siguieron otros dos años de
guerra alternativa durante los cuales se sucedieron golpes y contragol-
pes, y las espectaculares ofensivas de verano alemanas sólo produjeron
nuevos retrocesos ante los ataques soviéticos de magnitud creciente.
Después de sufrir enormes pérdidas a causa de su propia extensión
exagerada, cuando la épica victoria en la saliente de Stalingrado fue
seguida por un avance excesivo que preparó el escenario para el
contraataque alemán de marzo de 1942, (6) Stalin y su alto comando
aprendieron a alternar cada avance exitoso con una pausa deliberada
para mantener sus ejércitos cuidadosamente alejados del punto culmi-
nante de victoria.
24 LA LÓGICA DE LA ESTRATEGIA

A medida que la Unión Soviética movilizaba completamente su


población e industria, y obtenía abundante ayuda americana y británi-
ca (409.526 jeeps y camiones ínter alia), (7) desplegaba fuerzas de
magnitud creciente que eran hábilmente empleadas por una nueva
generación de oficiales veteranos de guerra. El progresivo desequilibrio
de las fuentes básicas del poderío militar motivó que la alternación de
ofensivas alemanas y soviéticas en 1942-43 diera lugar a una ininte-
rrumpida secuencia de victorias soviéticas, hasta la arremetida final
contra Berlín. Pero hasta los últimos días, cuando 1asfuerzasgermanas
en el Frente Oriental quedaban reducidas al grupo remanente de
agotados veteranos, reclutas bisoños, marinos y aviadores trasladados
de improviso y sin adiestramiento, muchachos, ancianos, y hasta
discapacitados, cada ofensiva soviética victoriosa era cuidadosamente
planeada para evitar excesos, y se recomendaba a los mariscales no
caer en el "aventurismo", prefiriéndose la falta de empuje. (8)
La guerra de once meses de duración en el Frente Occidental, desde
los desembarcos del 6 de junio de 1944 en Normandía hasta la rendición
alemana, no careció de episodios de exageración de la victoria
("triunfalismo") por parte de ambos bandos, si bien uno solo de ellos
estaba en capacidad de recobrarse de los problemas derivados de la
excesiva extensión. En cuanto a la guerra de una sola vía en África del
Norte, donde se combatió hacia atrás y adelante a lo largo de 200
kilómetros de desierto que separaban las bases adversarias de Trípoli
y Alejandría, no fue más que una serie de episodios similares hasta que
la pesada cautela de Mont,gomery y la aplastante superioridad mate-
rial permitieron un lento pero irreversible avance británico después de
la batalla de El Alamein, el 23 de octubre de 1942. Por entonces, la
guerra librada al estilo romántico-aventurero por los británicos, .y
especialmente por las tropas de Rommel, había servido de magnífica
demostración de principios: los avances victoriosos eran tan grosera-
mente exagerados, que las flechas ofensivas desplegadas a lo ancho de
todo el mapa podían representar apenas un puñado de vehículos
próximos a quedarse sin combustible. Y que luego serían sobrepasados
por el bando anteriormente derrotado en su rebote en búsqueda de
triunfos igualmente frágiles. (9)
Éste fue también el modelo de la guerra de Corea, en que cada bando
prosiguió con sus ofensivas hasta extremos autodestructivos. El veloz
avance norcoreano que se inició el 25 de junio de 1950y que hacia agosto
conquistó la península entera, excepto el enclave de Taegu-Pusan,
había claramente sobrepasado su punto culminante cuandofue lanza-
da la contraofensiva de MacArthur el 15 de setiembre con los
desembarcos de Inchón. Esa espléndida victoria fue casi inmediata-
mente desperdiciada por una imprudente ofensiva que preparó a su vez
la derrota. A pesar de que la cuña más vulnerable del avance america-
LA LÓGICA EN ACCIÓN 25

no-surcoreno que había atravesado Corea del Norte para alcanzar el


Río Yalú y la frontera china ya había sido replegada para el 26 de
octubre, en noviembre la "Línea MacArthur" que teóricamente se
extendía a través de la ancha base de Corea del Norte entre ambas
costas, solamente existía en el mapa. En lugar de un frente sólidamente
mantenido, con unidades en contacto hombro con hombro y desplega-
das en profundidad, las columnas de las divisiones americanas y
surcoreanas habían meramente avanzado dentro de algunos valles
ampliamente separados por territorio montañoso transitable, poco
controlado y sin patrullas; por otra parte, la moral de la tropa se hallaba
disminuida por su convicción de que la guerra ya estaba peleada y
ganada.
Con amplios pasos abiertos a su frente, los chinos tenían la ventaja
de poder infiltrarse ,y avanzar profundamente sin necesidad de comba-
tir. Cuando el 26 de noviembre lanzaron su contraofensiva, las colum-
nas aliadas en retirada debieron forzar su camino a través de embos-
cadas y barricadas. Hacia fines de enero de 1951 los chinos habían
infligido una tremenda derrota alas fuerzas deMacArthur,avanzando
mucho más allá de la frontera, hasta 65 kilómetros al sur de Seúl:
demasiado lejos y demasiado rápido. Por consiguiente, la derrota y la
retirada estaban ya previstas cuando los embates de la contraofensiva
de Ridgeway en febrero, marzo y abril de 1951 liberaron Seúl por
segunda vez en seis meses, así como a la mayor parte de Corea del Sur.
Muchos otros ejemplos similares podrían citarse de las crónicas
bélicas anteriores a la Segunda Guerra Mundial, y algunos muy
interesantes del pasado reciente posterior al conflicto de Corea. Pero la
insistencia sobre el tema serviría para disimular el carácter general del
fenómeno que se pretende ilustrar: la lógica paradójica de la estrategia,
cuya forma dinámica es la unión o inversión de los opuestos, incluso del
éxito y el fracaso en una guerra terrestre prolongada y en gran escala.
Los aspectos puramente mecánicos de la extensión excesiva, tal como
el obvio efecto de la distancia respecto al desgaste de hombres y
equipos, son sólo manifestaciones visibles de un fenómeno más profun-
do: ocurren simplemente cuando el teatro de operaciones es demasiado
grande y los conductores de la guerra carecen de prudencia. En
realidad, podemos establecer esa misma interacción entre éxito y
fracaso en todo tipo de guerra. Esto sucede aunque los aspectos mecá-
nicos de la extensión excesiva estén totalmente ausentes, siendo
únicamente necesario que la duración de la acción deje campo suficien-
te para que se desarrolle la paradoja dinámica.
Así por ejemplo, la lucha de seis años entre las fuerzas de bombar-
deo británicas y las defensas aéreas alemanas durante la Segunda
Guerra Mundial se caracterizó por drásticos reveses de fortuna-hasta
los últimos meses de destrucción sin resistencia-, aunque no se
26 LA LÓGICA DE LA ESTRATEGIA

extendieron abruptamente las distancias excediéndose cierta capaci-


dad de transporte prefijada, no existió un desgaste irreparable de
camiones ni caballos exhaustos, ni agotadoras marchas de la infante-
ría, ni se produjeron otros procesos físicos similares. La reversión del
éxito y el fracaso en la guerra aérea sobre Alemania fue causada por la
reacción recíproca-aunque algo demorada-de cada bando respecto
al esfuerzo del otro, a lo largo del tiempo.
Los jefes de la Luftwaffe comenzaron las hostilidades con el conven-
cimiento de que su fuerza de cazas, pese a hallarse adiestrada para su
empleo en el campo de batalla, (10) podía además garantizar la defensa
aérea de Alemania, juntamente con la artillería antiaérea a nivel local,
e indudablemente impedir la caída de bombas sobre sus ciudades; sin
embargo, descubrieron que las cosas eran diferentes en el verano de
1940, cuando el Comando de Bombardeo británico inició sus ataques
nocturnos, con pobres resultados al principio pero con virtual inmuni-
dad. (11) Mas en el verano de 1942, en el preciso momento en que sus
líderes llegaban a la conclusión de que solamente se requeriría el
adiestramiento de suficientes tripulaciones y la producción de bastan-
tes bombarderos para infligir daños irreparables al esfuerzo bélico
alemán, lográndose así la victoria sin necesidad de ejércitos ni arma-
das, fue cuando el Comando de Bombardeo británico encontró la plena
potencia del efecto retrasado de su propio éxito anterior. Las defensas
aéreas alemanas habían mejorado sustancialmente, con radares de
alarma e intercepción más eficientes y abundantes, nuevas barreras de
reflectores, los primeros escuadrones de caza nocturna, y mayor can-
tidad de cañones antiaéreos; las pérdidas de bombarderos británicos
pronto se harían insostenibles. (12)
La Luftwaffe quedó satisfecha con el éxito creciente de sus defensas
aéreas conducidas por radar, y prefirió no distraer de los frentes de
guerra hombres, aviones y cañones que eran indispensables; así ocu-
rrió que no estaba preparada para la reacción británica, consistente en
un brusco incremento del bombardeo nocturno durante la primavera de
1943. (13) Los alemanes no pudieron solucionar la secuencia de con-
tramedidas electrónicas que impedían la acción de sus cazas nocturnos,
y sufrieron una mayor conmoción cuando el Comando de Bombardeo
anuló totalmente sus radares de alarma con "chafl7', (14) y aprovechó
esta repentina ventaja para lanzar las inauditas incursiones sobre
Hamburgo del 24 de julio al 3 de agosto de 1943, quedando devastada
la gran ciudad al experimentarse por primera vez el efecto de la
"tormenta de fuego". (15) Por entonces, con mucha confianza en el
constante progreso de sus fuerzas, ya que más y mejores aviones
despegaban en cada una de las incursiones sucesivas, en noviembre de
1943 el Comando de Bombardeo dispuso la destrucción de Berlín, tal
como ocurriera con Hamburgo. Ello sólo sirvió para que se chocara
LA LÓGICA EN ACCIÓN 27

contra la reacción germana generada por la anterior victoria, en la


forma de muy efectivas contra-contramedidas de la Luftwaffe, nuevas
tácticas de la aviación de caza diurna y nocturna, además de un gran
incremento de estas últimas aeronaves, y el establecimiento de un
método de control terrestre muy mejorado, llamado "comentario conti-
nuo".
En conjunto, el sistema alemán fue tan efectivo que únicamente el
bombardeo aliado de diversión para inmovilizar los ferrocarriles fran-
ceses en preparación para el Día D permitió enmascarar la indudable
derrota británica en la "batalla de Berlín", aunque tuvo lugar en la
primavera de 1944 y para entonces era evidente que Alemania estaba
perdiendo la guerra. El daño infligido a la ciudad fue poco significativo,
mientras que la pérdida de bombarderos excedió al flujo de reemplazos,
(16) y la moral de las tripulaciones estaba quebrada; si podían, muchos
aviadores lanzaban inofensivamente la mitad de sus bombas al mar,
para ganar altura y velocidad antes de enfrentar a las muy eficaces
defensas aéreas germanas.
En estos episodios, los efectos de la lógica paradójica de la estrategia
en su forma dinámica se observan en dos niveles muy diferentes: uno
exclusivamente técnico, y otro referido a la gran estrategia en su
sentido más amplio, que como sucede habitualmente está dominado
por consideraciones políticas.

MEDIDAS I' CONTRAMEDIDAS

El concepto de una secuencia de "acción y reacción" en el desarrollo


de nuevos equipos bélicos y mejores contramedidas, que a su vez
inducen a la creación de contra-contramedidas y de equipos aún más
novedosos, resulta engañosamente familiar. Parece bastante obvio que
a los artefactos de guerra se les opondrán siempre que sea posible otros
aparatos diseñados específicamente para contrarrestarlos. Algo menos
notoria resulta la relación (inevitablemente paradójica) entre el gran
éxito de artefactos novedosos y su posibilidad de fallas; todo enemigo
inteligente concentrará su esfuerzo prioritariamente en la neutralización
de aquellos sistemas enemigos que evalúe de máxima peligrosidad en
determinado momento. Entonces ocurrirá, irónicamente, que los arte-
factos menos exitosos retendrán su modesta utilidad, a pesar de que
otros originalmente más provechosos se hayan contrarrestado hasta el
punto de quedar inservibles. (17) Por supuesto, llegado el caso el
artefacto menos exitoso también será anulado, pero mientras tanto
puede brindar su utilidad durante un período mayor, y eso sería
suficiente en áreas tecnológicas de muy rápida evolución.
Tal fue el caso de la aplicación de la electrónica a la guerra aérea
28 LA LóGICA DE LA ESTRATEGIA

durante la Segunda Guerra Mundial; su turbulento progreso fue


i mpulsado por impresionantes descubrimientos científicos, por el fu-
rioso ritmo de trabajo en laboratorios y fábricas, y por la intensidad con
que los servicios de inteligencia se preocupaban por averiguar sobre
artefactos y técnicas del enemigo. En el flujo y reflujo del desarrollo
recíproco, el mismo aparato podía en cuestión de meses ser clasificado
como altamente efectivo, totalmente inútil o positivamente peligroso,
como sucedió con los radares adaptados a la cola de bombarderos
británicos para alertar sobre la aproximación de cazas; al principio
salvaron vidas, luego fueron interferidos, y pronto se transformaron en
peligro mortal para los usuarios, porque los cazas alemanes disponían
de un nuevo artificio que les permitía detectar sus emisiones y así
encontrar los bombarderos en medio de la noche. (18)
El lapso de vida efectiva de las innovaciones fue en consecuencia el
factor determinante de la utilidad de su performance, idea bastante
confusa para los científicos e ingenieros, para quienes normalmente
utilidad y performance son una misma cosa, lo que es indudable cuando
se actúa sobre objetos inanimados o cooperativos. Por ejemplo, una
creciente variedad de métodos electrónicos fueron inventados para
guiar bombarderos hasta sus blancos durante la noche, y la evolución
tecnológica también ofrecía variadas selecciones de detalles configu-
rativos en los equipos correspondientes. En cada caso, las fuerzas
aéreas británica y germana, y más tarde la norteamericana, eligieron
el método más preciso y de mayor alcance, dedicando recursos a su
desarrollo y producción para obtener al equipo relevante en forma
óptima. Sin embargo, pronto resultaba contrarrestado por el enemigo,
mientras que otros equipos apenas marginalmente inferiores al óptimo
continuaban usándose con eficacia. Finalmente, ambos bandos com-
prendieron que la introducción de nuevos métodos y equipos debía ser
administrada cuidadosamente, y las mejores opciones fueron manteni-
das en reserva para campañas de especial importancia. De no ser así,
el ciclo de vida de cada nuevo artificio bélico comenzaría con una fase
experimental en la cual habría muy pocos disponibles, y las tripulacio-
nes no estarían familiarizadas con su uso; seguiría una fase de éxito
creciente hasta cierto nivel culminante (que coincide con la prepara-
ción de las contramedidas enemigas), y por último ocurriría una
abrupta declinación cuando las contramedidas también se empleen
intensamente. Los dirigentes de todas partes adquirieron a través de
amargas experiencias cierta percepción de esta manifestación de la
lógica de la estrategia, por lo cual intervinieron en el control del
progreso tecnológico para lograr que los períodos de éxito coincidan lo
más exactamente posible con las prioridades operacionales.
Si bien mi propósito no es dictar normas, sino solamente compren-
der el fenómeno de la estrategia, la implicación se deduce con mucha
LA LÓGICA EN ACCIóN 29

claridad: cuando escasos recursos para el desarrollo deben distribuirse


entre configuraciones tecnológicas y conceptos científicos competitivos,
es imprudente confiarse exclusivamente en criterios científicos o tecno-
lógicos. En función de tales, los científicos e ingenieros (también po-
drían ser "estrategas") no son propensos a ver mérito alguno en la
distracción de recursos para desarrollar diversos equipos de segundo
orden, además de sus contrapartes óptimas. Pero eso es precisamente
lo que la prudencia exige. Sin duda, se argumentará que la resistencia
a las contramedidas es también un aspecto de la performance al que se
concedería máxima prioridad si fuera adecuado, por lo cual toda dis-
tinción entre utilidad en conflicto y performance en general carece de
validez, lo mismo que cualquier recomendación que de allí se derive. El
argumento es plausible, pero menosprecia el completo significado del
predicamento del conflicto. Se apoya entes mente en la premisa de que
la experiencia científica y tecnológica relevante para el desarrollo de
cierto equipo también será capaz de prever correctamente las
contramedidas que habrá de afrontar, y la clase de resistencia contra
la que ha sido diseñado desde un principio, como parte de su performance
general.
Es innegable que tal razonamiento podría ser correcto en algunos
casos, especialmente si se trata de innovaciones menores y prosaicas
que no preocupan demasiado al adversario, y por lo tanto es posible que
provoquen una respuesta igualmente prosaica dentro de las líneas
preestablecidas de desarrollo técnico. Pero ello es prácticamente impo-
sible si el nuevo equipo demuestra poseer una gran influencia sobre el
equilibrio general del poderío militar. En la carrera armamentista que
puede darse en tiempo de paz, y más aún en el curso de una guerra,
cuanto mayor sea el éxito de cualquier innovación tecnológica, y más
drástica la reacción que provoque, más probable será que se investigue
gran variedad de principios científicos en el intento de diseñar
contramedidas. Asimismo, una vez que el adversario de pábulo a su
propia creatividad, las contramedidas pueden asumir la forma de
nuevas tácticas, métodos, estructuras militares, y hasta estrategias,
cuya exitosa previsión no es asunto que requiera experiencia científica
o tecnológica.
Así fue que dentro del mismo contexto de aplicación de la electrónica
a la guerra aérea en la Segunda Guerra Mundial, la respuesta germana
alas importantes innovaciones británicas que enceguecieron las defen-
sas en el verano de 1943 fue una combinación enteramente novedosa
de señalación con reflectores y control terrestre de "comentario conti-
nuo", lo que constituyó un nuevo método de operaciones aéreas en el
cual los cazas no eran dirigidos a interceptar bombarderos aislados,
sino a perseguir los centenares de aviones del "flujo" atacante. Este
método resultó.tan efectivo, y además tan poco afectado por las per-
30 LA LóGICA DE LA ESTRATEGIA

turbaciones del radar, que los alemanesfueron capaces de incrementar


su aviación empleando cazas diurnos sin radar para cumplir in-
tercepciones nocturnas. Concurrentemente, estudiaron toda clase de
técnicas novedosas que les permitieran superar las contramedidas
radar británicas; analizaron incluso la detección infrarroja, materia
bien alejada del campo de las emisiones de radar. Los peritos en radar
británicos, que habían demostrado tanto talento en el diseño de equipos
y contramedidas de su especialidad, lograron además excelentes acier-
tos en la predicción de los desarrollos y contramedidas alemanes en ese
campo. Naturalmente, fracasaron en anticipar la mayor réplica a su
propio gran éxito del verano de 1943, que nada tuvo que ver con los
principios del radar.
En esta instancia, así como en otras similares, no fueron una misma
cosa la utilidad en un conflicto y la performance, ya que esta última
incluía solamente una evaluación de la resistencia ante contramedidas
conocidas y previsibles. y no es posible anticipar el espectro completo de
reacciones que una innovación importante puede provocar en un
enemigo atento y creativo, que aún posea medios y voluntad para
resistir. Esta constante presencia es la que define al reino de la
estrategia y prohíbe la búsqueda de la optimización. Para diseñar un
puente que cruce un río hay mucho que tener en cuenta: se debe
comprobar si el suelo soportará las cargas, habrá que calcular las
fuerzas dinámicas que se ejercerán sobre la estructura, y serán de
aplicación ciertos teoremas muy confiables. Pero una vez cumplido con
esto, el puente podrá construirse con total tranquilidad. Es cierto que
de tiempo en tiempo los ríos inundan sus riberas, y hasta se salen de
madre para buscar nuevos cauces; pero no existe en la naturaleza
ningún río que deliberadamente empiece a erosionar los pilares de un
puente, ni a cambiar de cursa. Sin embargo, exactamente esa harán de
modo infalible los objetos de la tecnología militar cuando aparezca en
escena alguna innovación significativa; de allí la virtud de encontrar
soluciones quizá inferiores a la óptima pero más rápidas, para reducir
el preaviso del proyecto (puentes de menor capacidad pero prefabrica-
dos para sorprender a un río animado, si los hubiera), y más flexibles
(puentes de pontones, más caros y de menor capacidad, pero sin pilares
que puedan ser erosionados, y totalmente móviles). Así se explica por
qué la búsqueda natural del científico en pos de soluciones elegantes,
y la preocupación del ingeniero por la optimización, pueden a menudo
conducir al fracaso en el paradójico reino de la estrategia.
CAPÍTULO 3

LA EFICIENCIA Y EL PUNTO CULMINANTE


DEL ÉXITO

Ya se ha mencionado lo que resulta obvio en


la posibilidad de reacción ante alguna innovación técnica, así como
también la relación menos evidente entre el gran éxito de cierta
innovación y la verosimilitud de su neutralización. Ahora podemos
abordar la conexión mucho menos obvia entre la eficiencia técnica de
los nuevos artefactos bélicos y su vulnerabilidad respecto de toda clase
de contramedidas.
La eficiencia técnica responde a una definición familiar, suficiente
y unívoca: es la relación entre lo que sale y lo que entra, y por
consiguiente una cualidad fundamental de todo proceso material. A
pesar de que se la invoca en el lenguaje común para opinar sobre la
excelencia de determinadas instituciones que no producen una "salida"
de algún modo mensurable, el criterio de eficiencia solamente puede
aplicarse con precisión matemática respecto a las máquinas, incluso
las de uso bélico, mediante la adición del costo inicial de adquisición al
costo operativo actual, y comparando el resultado con la producción
final. Por supuesto que la eficiencia técnica no es el único criterio
aplicable a la evaluación de máquinas, porque la relación entre "salida
actual-entrada actual" nada nos dice sobre la probable duración de su
performance (confiabilidad), ni del costo del mantenimiento a largo
plazo. Mas teniendo esto en cuenta, la eficiencia técnica es el criterio
válido de selección entre diferentes tipos de camiones, máquinas-
herramientas, fusiles o tanques.
Es posible perfeccionar la eficiencia técnica seleccionando la mate-
ria prima a emplearse, mejorando el diseño de detalles dentro del
patrón establecido, y aun efectuando ajustes menores en los mecanis-
mos internos de las máquinas. Merced a dichos procesos, los camiones
actuales pueden portar mayor carga que sus predecesores de veinte
años atrás que costaban lo mismo y gastaban más combustible; ade-
más, los motores bien calibrados suministrarán siempre más potencia
que aquellos deficientes. Sin embargo, para incrementar drásticamen-
te la eficiencia normalmente se requiere la introducción de nuevas
máquinas de configuración más avanzada. A veces ello es posible por
el aprovechamiento de diferentes principios básicos, como las pro-
32 LA LÓGICA DE LA ESTRATEGIA

cesadoras de palabras actuales que son mucho más eficientes que las
máquinas de escribir eléctricas, así como éstas a su vez fueron más
eficientes que sus precursoras mecánicas. Mas por otra parte, drásticos
incrementos de la eficiencia sólo pueden lograrse mediante el reempla-
zo de equipos genéricos, construidos para hacer varias cosas con
distintos niveles de eficiencia, por máquinas mucho más especializa-
das, o por un sistema integrado de máquinas. Tales como los artefactos
que incorporan alguna novedad ingeniosa que facilita la producción de
una sola cosa pero con mayor eficiencia, como los abrelatas que re-
quieren mucho menos esfuerzo que los versátiles cuchillos, o los ve-
hículos montacargas que acomodan cajones mejor que las grúas móviles,
versátiles pero mucho más caras.
Es precisamente la alta eficiencia derivada de la estrecha especia-
lización lo que ha cobrado tanta importancia en la evolución de la
moderna tecnología militar. A cada paso, novedosas armas específicas
han ofrecido la atractiva posibilidad de vencer a sistemas mucho más
sofisticados y costosos, versátiles en muchos aspectos pero de todas
maneras vulnerables a la única "salida" de ciertas armas especializa-
das. Por ejemplo, a partir de alrededor de 1870, la combinación del
recién inventado torpedo autopropulsado, (1) con lanchas rápidas a
vapor que le sirvieran de plataformas de lanzamiento, parecía brindar
la posibilidad de derrotar muy eficientemente a los acorazados mucho
más costosos sobre los cuales se apoyaba el poder naval de la época.
Esas naves se construían para enfrentar a otros grandes buques de
guerra, y estaban armadas con enormes cañones de gran calibre que no
podían ser deprimidos en la medida necesaria para hacer fuego contra
torpederas que se aproximaran bajo la cobertura de la noche y apare-
cieran repentinamente a corta distancia; aun las torpederas oceánicas
solamente presentarían un blanco pequeño e inestable, muy dificultoso
de acertarle. Para peor, el grueso blindaje que hacía al acorazado tan
costoso y formidable se colocaba por entonces principalmente sobre
cubiertas y superestructuras, para que resistiera la caída de granadas
perforantes disparadas por otros navíos similares; por lo tanto, la
explosión de las cargas de los torpedos contra los costados desprotegidos
debajo de la línea de flotación sería devastadoramente efectiva. La
conclusión que se desprendía era bastante obvia: con el advenimiento
de la lancha torpedera, el costoso acorazado se había tornado fatalmen-
te vulnerable, y con sólo vencer al inerte conservadorismo el poder
naval se hubiera desarrollado sobre una base nueva y más económica.
Tal fue el razonamiento de la "joven escuela" de oficiales de marina, la
Jeune École que influyó en la política naval francesa desde 1880,
hallando partidarios incluso en la Real Armada, como también en
marinas menores que tenían buenas razones para recibir con beneplá-
cito la defunción del acorazado. (2)
LA EFICIENCIA Y EL PUNTO CULMINANTE DEL ÉXITO 33

El diseño de las grúas móviles no ha evolucionado para anular las


cualidades de los vehículos montacargas, como tampoco los cuchillos se
han modificado para disputar la primacía a los abrelatas en su única
función. Pero ninguno de ellos habita en el reino de la estrategia, donde
cada acción tiende a provocar a lo largo del tiempo una consciente y
creativa reacción que la supere, y de ese modo induce a la paradójica
unión del éxito con el fracaso, de modo más dinámico si la acción inicial
causó gran efecto. Y ello se aplica tanto a una innovación técnica de
importancia, como al éxito y al fracaso en las más amplias pugnas de
guerra y paz.
Precisamente a causa de la extrema eficiencia de la especialización
más estrecha, manifiesta en la potencial capacidad de lanchas torpederas
muy pequeñas y baratas (la "entrada") para destruir grandes y costosos
acorazados (la "salida"), esa nueva arma perturbó enormemente el
equilibrio del poder naval, y la reacción fue de magnitud equivalente.
En la rama ascendente de la curva del éxito, los torpedos fueron
perfeccionando constantemente sus mecanismos para ofrecer mayores
alcances y más altas velocidades, mientras que una nueva clase de
barcos de guerra muy pequeños, pero con capacidad oceánica y la
propulsión más potente disponible, fue construida para lanzarlos.
Siempre a lo largo de esa misma curva optimista, el nuevo concepto fue
prontamente implementado en gran escala. Los franceses intentaron
anular su perpetua inferioridad ante los acorazados de la Real Armada
construyendo por lo menos 370 torpilleurs entre 1877 y 1903, e incluso
los mismos británicos habían incorporado 117 "lanchas torpederas de
1ra. clase" para 1904. (3) La naciente armada alemana no desatendió
la innovación, ni tampoco la progresista armada japonesa, que empleó
sus lanchas torpederas oceánicas con gran éxito en el ataque sorpresivo
contra la flota rusa en Puerto Arturo en febrero de 1904.
Como se ha visto, la clarividencia de los reformistas navales de la
década de 1870 que habían. promovido con tanto vigor contra el
conservadorismo de los almirantes de la "vieja escuela" un poder naval
ultraeficiente se cumplió totalmente mucho antes de la Primera Gue-
rra Mundial. Sin embargo, las lanchas torpederas apenas jugaron
algún papel en ese conflicto, excepto como amenaza potencial, como ya
veremos. En lugar de haber sentenciado a la obsolescencia a todo buque
de guerra grande y costoso, fue la misma lancha torpedera la que se hizo
obsoleta, sobreviviendo solamente como arma menor de valor margi-
nal. Para entonces, la innovación había ya sobrepasado su punto
culminante de éxito, y quedaba casi completamente neutralizada por
culpa de su. gran eficiencia, que había provocado una fuerte reacción e
i mpedido una respuesta reparadora; las armas altamente eficientes
merced a muy estrecha especialización no pueden dar cabida aamplias
contra-contramedidas.
34 LA LÓGICA DE LA ESTRATEGIA

Para 1914, todos los acorazados y cruceros de batalla, sin duda la


totalidad de los buques de guerra modernos, estaban preparados para
la neutralización de lanchas torpederas. A pesar de que los grandes
cañones de la artillería principal todavía no podían ser deprimidos para
hacer fuego a corto alcance, los focos que por entonces eran de empleo
universal, complicaban la aproximación indetectada de las lanchas,
incluso de noche. Y por si acaso, se montaron gran cantidad de cañones
de tiro rápido y escaso calibre. Si bien la protección del blindaje de
mayor grosor todavía se encontraba en cubiertas y superestructuras, se
había instalado una novedosa y efectiva defensa bajo la línea de
flotación que no quedaba limitada a las consabidas planchas de coraza,
sino que consistía en una serie de compartimientos estancos que podían
absorber el impacto de las detonaciones de torpedos. Asimismo, mien-
tras se encontraban al ancla se colocaban barreras de redes metálicas
para escudar a los buques de guerra haciendo que detonaran las cargas
de los torpedos a distancia segura del casco. La capacidad de los buques
de guerra mayores para portar más blindaje, proveer abundante
potencia eléctrica para sus focos y acomodar cañones de tiro rápido y
pesadas redes de acero, derivaba por supuesto de la misma caracterís-
tica que los habíahecho aparecer tan ineficientes en el duelo imaginario
con la lancha torpedera. Su gran tamaño y potencia había meramente
confirmado su valor como blancos, mientras que resultaba irrelevante
para el duelo en sí; más toda esa costosa versatilidad fue finalmente
aprovechada para vencer a la nueva amenaza. Entonces la amplitud
prevaleció sobre la estrechez para interrumpir prematuramente su
trayectoria de éxitos.
Muy lejos de presagiar un nuevo predominio, la victoria de las
lanchas torpederas japonesas en Puerto Arturo fue ya entonces un
anacronismo, mero reflejo de la falta de preparación naval rusa. Ya se
había sobrepasado el punto culminante de éxito de la nueva arma
contra flotas más modernas, y su abrupta declinación se hizo evidente
alrededor de 1914. Que el mismo torpedo era un arma naval extrema-
damente útil y así lo sigue siendo, no es cosa que esté en discusión. Halló
su sitio como otra arma especializada para buques de superficie, y
particularmente para una nueva clase de barcos originalmente cons-
truidos para la caza de lanchas torpederas, el "destructor de torpederas",
"contratorpedero", o simplemente destructor. También el torpedo tuvo
i mportancia para el uso aéreo, pero fundamentalmente ha sido el arma
principal del submarino, con el que formó una combinación mucho
menos eficiente (más "entrada" para la misma "salida"), pero tremen-
damente más efectiva en ambas guerras mundiales. Por supuesto que
la combinación original torpedo-lancha también ejerció un efecto im-
portante en el equilibrio naval, obligando a las marinas de grandes
buques a distraer recursos precisamente para proveer las defensas que
LA EFICIENCIA Y EL PUNTO CULMINANTE DEL ÉXITO 35

eventualmente neutralizarían a la nueva amenaza. Como veremos,


tales efectos recíprocos de desarrollo de fuerzas pueden aveces alcanzar
mayor importancia para uno u otro lado en rivalidades asimétricas, que
la capacidad de combate original brindada por armas de estrecho rango
de aplicación.
Queda vigente el hecho de que una nación que asumió con entusias-
mo la innovación reformista, confiando su poderío naval a la original-
mente ultraeficiente lancha torpedera, muy pronto se encontró con que
su poderío no era tal. La relación entre la eficiencia inicial de armas
estrechamente especializadas y su vulnerabilidad alas contramedidas
no es accidental, sino típica expresión de la lógica paradójica de la
estrategia en su forma dinámica. El mismo fenómeno es -o se hará-
evidente con respecto a otros intentos de derrotar la amplitud con la
estrechez, porque esta última adquiere eficiencias tanto más efímeras
cuanto mayores son, al comienzo del ciclo. Sin embargo, la secuencia
continúa repitiéndose a sí misma, impulsada por la irresistible atrac-
ción de obtener algo a cambio de nada, o al menos de vencer a ar-
mamentos caros mediante otros muy baratos.
Así por ejemplo, cuando la infantería egipcia empleó con gran éxito
misiles antitanque contra los tanques de batalla israelíes durante los
primeros días del ataque por sorpresa que inició la guerra de Yom
Kippur (octubre de 1973), mucho se dijo sobre su efecto revolucionario
sobre la guerra terrestre. No tardaron en escucharse fuertes voces
proclamando la obsolescencia del costoso tanque de batalla, y se pre-
sentaron reiteradas exigencias de reformas que se impusieran al con-
servadorismo de los "generales de tanques" y se ahorrara por con-
siguiente un montón de dinero. ¿Cómo es posible que valga la pena un
tanque que cuestaun millón de dólares, cuando esfácilmente destruido
por misiles antitanque que cuestan algunos miles?, se preguntaban.
(De paso sea dicho: ¿Por qué tanta preocupación por el poderío del
ejército soviético, cuando se fundamenta en formaciones de tanques?)
Muy rápidamente emergió una nueva Jeune École que mostraba la
fantástica idea de una novedosa clase de infantería de alta tecnología,
armada a bajo costo con misiles antitanque, que no solamente poseía
una potencia militar muy eficiente, sino además virtuosa, ya que su
efecto era estrictamente defensivo. En realidad, la innovación funda-
mental que hizo posible al misil antitanque es bien conocida: las
cabezas de carga hueca ya fueron usadas en la Segunda Guerra Mun-
dial. En lugar de depender de la energía cinética para penetrar los
blindajes por medio de la fuerza bruta, lo que requiere cañones de alta
velocidad inicial, gran peso y costo, las cabezas de carga hueca funcio-
nan al proyectar un cborro muy rápido de metal vaporizado. Aun la
coraza más gruesa puede atravesarse sin necesidad de cañones de tubo
largo y sus imprescindibles mecanismos de retroceso .y elevación, que
36 LA LÓGICA DE LA ESTRATEGIA

solamente grandes y costosos vehículos pueden transportar a la zona


de combate. Cualquier medio que permita colocar la carga en el blanco
será suficiente, ya sean cohetes livianos y portátiles como el bazooka y
el Panzerschrek alemán, cañones sin retroceso de baja velocidad y poco
costo, o simplemente arrojando a mano cargas en forma de bolsa.
Cuando aparecieron por primera vez el bazooka y sus equivalentes,
algunos pensaron que la época del tanque se había acabado. Cualquier
soldado de infantería ahora podía portar un arma capaz de destruir
tanques. Si cada compañía del centenar que constituyen una división
de infantería posee algunas de esas armas, la infantería estaría en
condiciones de detener a su contraparte blindada, la cual es mucho más
costosa equipar y adiestrar, más difícil abastecer en el terreno, y
además más complicado su trasporte a grandes distancias. Si hubieran
sido tiempos de paz, la ilusión podría haber prosperado. Pero como la
guerra estaba muy a mano para castigar rápidamente la falacia, el
bazooka y el resto de los cohetes de carga hueca nacidos durante la
Segunda Guerra Mundial fueron casi inmediatamente considerados
como lo que en realidad eran: excelentes apoyos morales para la
i nfantería, que hasta entonces corría espantada ante la aparición de
tanques enemigos; armas bastante efectivas en medio de bosques,
montes o selvas-donde rara vez entrarán tanques-, y también en las
ciudades, a m en os que los tanques sacrifiquen su impulso para avanzar
al paso escoltados por infantería. Entonces se convertirían en armas
sumamente aptas para el aspirante a héroe, quien mantendría su
posición en medio de las explosiones de artillería que normalmente
preparan el camino para el ataque de blindados, apuntaría su arma de
una sola carga al tanque cuyas ametralladoras le estarían disparando
mucho antes de poder lanzar su cohete de cien metros de alcance. Por
supuesto que tales duelos fueron muy poco frecuentes-en el campo de
batalla, porque los tanques combaten en grupos que se autoprotegen
mientras avanzan. Más adelante veremos que existen otros niveles de
empeñamiento aparte del táctico, que favorecen todavía más a la fuer-
za móvil de blindados.
El advenimiento de los misiles portátiles con carga hueca solucionó
definitivamente los defectos más evidentes de sus predecesores. Como
puede guiárselos hacia el blanco desde larga distancia con precisión, no
es necesario lanzarlos dentro del alcance de las ametralladoras. Por
otra parte, esta arma estrechamente especializada no está en mejor
posición para provocar la obsolescencia del tanque que el bazooka
durante la Segunda Guerra Mundial. En los primeros combates de la
guerra de Yom Kippur en octubre de 1973, la infantería egipcia
encontró tanques israelíes en grupos bastante pequeños, sin escolta de
su propia infantería, y sin apoyo significativo de fuego de artillería.
Como esas unidades pertenecían en general a las fuerzas de reserva,
LA EFICIENCIA Y EL PUNTO CULMINANTE DEL ÉXITO 37

todavía no se habían movilizado cuando los egipcios lanzaron su ataque


sorpresivo. (4) Además, las tripulaciones de los blindados israelíes no
habían recibido ningún adiestramiento particular para combatir junto
con infantería que sostuviera sus posiciones, y en realidad sólo estaban
equipados para pelear contra otros tanques. Como resultado, no fueron
solamente los misiles antitanque los que destruyeron tanques israelíes,
sino también armas convencionales a la antigua usanza, y en grandes
cantidades.
Al demostrar su extrema eficiencia contra tanques poco preparados,
el misil antitanque provocó una fuerte reacción que trajo como secuela
can particular rapidez la paradoja dinámica que tornaría el éxito en
fracaso. A causa de la estrechez de sus capacidades -razón de su
eficiencia- la reacción cobró efectividad casi de inmediato, y que
aumentaría con el transcurso del tiempo. Los mismos batallones de
tanques israelíes que aparentemente habían convertido en obsoletos el
misil antitanque o al menos incapaces de toda acción ofensiva, para el
9 de octubre de 1973, una semana después penetraban en el frente
egipcio, y en otra semana avanzaban sin oposición hasta envolver
divisiones enteras. Evidentemente, no hubo tiempo suficiente para
desarrollar ninguna contramedida técnica, y la réplica que transformó
el éxito en derrota fue principalmente táctica.
Una vez repuestos de la sorpresa inicial, y con las fuerzas de reserva
de infantería mecanizada y artillería movilizadas hacia el frente, los
batallones de tanques ya no tenían que pelear de por sí, contrariamente
a lo prescrito por su doctrina. En lugar de ello, avanzaron detrás de una
barrera rodante de fuego artillero, no demasiado dañino para los
blindados o para la infantería de trincheras, pero muy efectivo contra
misiles antitanque cuyos apuntadores no podían mantener sus blancos
en puntería durante el tiempo suficiente en medio de explosiones,
aunque desafiaran los riesgos y osaran exponerse. La infantería
mecanizada avanzó junto con los tanques en sus vehículos de transpor-
te, y agregó fuego de supresión de sus propios morteros y ametrallado-
ras que barrían el terreno al frente para obligar a los servidores de
misiles a mantener la cabeza abajo. (5) Todavía más efectivas fueron
las granadas humosas de mortero, que mantenían una cortina impene-
trable delante de los tanques impidiendo a los operadores de misiles
observar sus blancos móviles durante el lapso necesario de guiado.
Finalmente, los mismos tanques también dispusieron de medios de
protección una vez que se reconoció la nueva amenaza; parte de su
munición perforante fue reemplazada por granadas de alto explosivo
más efectivas contra la infantería, y además contaban con sus propias
ametralladoras, y lanzagranadas fumígenas.
Así fue como la fuerza blindada tan costosa por sus amplias y
versátiles capacidades, pudo superar la estrecha eficiencia que hacía
38 LA LÓGICA DE LA ESTRATEGIA

tan barato al misil antitanque, aun antes de que hubiera tiempo de


desarrollar, producir y distribuir contramedidas específicas. Algunas
de ellas quedaron listas para el próximo encuentro, la guerra del
Líbano de 1982, cuando los tanques israelíes entraron en acción con
planchas detonantes de "blindaje activo" para destruir las cabezas de
carga hueca antes que explotaran, además de contar con mayor
cantidad de ametralladoras y lanzagranadas fumígenas mejorados.
Para entonces habían aparecido en escena misiles antitanque más
perfeccionados, pero poco influyeron en la lucha, excepto cuando se
lanzaban desde helicópteros especialmente configurados; combinación
de ningún modo barata y por lo tanto menos eficiente, pero que sin duda
es más efectiva. (6)

ESTRATEGIA VERSUS ECONOMÍA

La presencia constante de la reacción adversaria que caracteriza al


predicamento estratégico, no sólo frustrará la mayoría de las esperan-
zas puestas en la estrecha especialización, sino que además podrá
impedir la más modesta ambición de ejercer sanas prácticas económi-
cas (lógica lineal). En particular, si bien las fuerzas armadas son
usualmente las mayores instituciones sociales, no pueden seguir li-
bremente las normas de la economía de escala al adquirir equipos. La
trivial uniformidad que es el defecto de la moderna sociedad industrial,
es asimismo la clave de sus satisfacciones: al reemplazarla miríada de
artefactos diferentes de artesanía tradicional y multitud de diseños,
por una menor variedad de productos que se manufacturan en enormes
cantidades, a mucho menor costo, por medio de máquinas especializa-
das y eficientes, y conformando líneas de producción que ahorran
trabajo. Es la homogeneidad de los productos (y de sus componentes) lo
que permite la producción económica masiva; cuanto mayor la
homogeneidad, mayor la economía (sólo recientemente la introducción
de maquinaria controlada numéricamente está comenzando a cambiar
el patrón). También para la producción de maquinarias -incluso
aquellas poco comunes para fabricar en serie-, la homogeneidad es la
clave para mayores economías de escala en las fases de mantenimiento
y operación. Cuanto más homogéneo sea el conjunto de máquinas,
menor será el número de repuestos diferentes que habrá que mantener
en el inventario, ahorrándose no sólo en administración sino también
en capital. El inventario de la cantidad de repuestos requeridos para la
operación ininterrumpida puede calcularse con mayor precisión cuan-
do se usan con intensidad pocas máquinas, en vez del escaso uso de
muchas diferentes. Similarmente, cuanto más homogénea sea la ma-
quinaria, más económico será el adiestramiento de mecánicos y opera-
LA EFICIENCIA Y EL PUNTO CULMINANTE DEL ÉXITO 39

dores, y mayor la probabilidad de que aprendan a hacer su trabajo


correctamente.
Por consiguiente, de diversos modos se demuestra que la homoge-
neidad es el atributo esencial que permite la eficiencia de la economía
de escala en la adquisición, el mantenimiento y la operación. Como
hemos visto, no todo lo que implica conflicto pertenece al reino de la
estrategia, ni nada impide a las fuerzas armadas buscar economías de
escala por medio de la homogeneidad en todo aquello puramente ad-
ministrativo, donde no hay cabida para voluntades contrapuestas. (7)
No existe ningún obstáculo para la eficiente adquisición masiva de
botas, cascos, camiones o munición, siempre que se respeten las
variedades requeridas (tamaños, capacidades, calibres). Pero en lo que
se refiere al equipo militar que debe funcionar en directa interacción
con las manifestaciones de un enemigo activo -en otras palabras,
dentro del reino de la estrategia-, la homogeneidad deja de ser virtud
excelsa, y se convierte en vulnerabilidad potencial.
Por ejemplo, si se normalizan los misiles antiaéreos en un solo tipo
homogéneo, será muy importante el ahorro en almacenamiento de
repuestosy adiestramiento, si se compara con una disposición de varios
tipos diferentes. Pero en la guerra, un enemigo competente será capaz
de identificar los límites de la performance igualmente homogénea del
arma, y procederá a eludir la intercepción apartándose de dichos
límites. Cualquier tipo de misil poseerá límites mínimo y máximo de
altura, y por consiguiente los aviones enemigos podrán volar por debajo
o encima de ellos, respectivamente. El misil no deja por ello de cumplir
una función, porque los aviones que vuelen demasiado arriba o abajo
podrán perder efectividad, pero ese "desgaste virtuaP' puede no confor-
mar los propósitos de la defensa antiaérea (los aviones aun atacarán
sus blancos mediante penetración rasante o bombardeo a gran altura,
aunque con menor precisión respecto de cierta altura media óptima).
Además, el único misil homogéneo será vulnerable a un único y
homogéneo tipo de contramedidas. Quizá las economías de escala ob-
tenidas al normalizar en una sola clase sean tan importantes que un
misil y su base de lanzamiento puedan hacerse impermeables a
cualquier contramedida, por ejemplo combinando diversas formas de
guiado que automáticamente se sustituyan uno al otro. Pero el blanco
que se presente al esfuerzo de contramedidas enemigas será unitario,
facilitando su análisis concentrado, y hasta un sistema redundante de
artefactos puede contener algún punto débil susceptible a la explota-
ción.
Lo que es correcto para misiles antiaéreos es igualmente correcto
para cualquier otro aparato bélico que debe funcionar en directa
interacción con un enemigo que reacciona; o sea, la gran mayoría de las
armas. En cada caso, la aplicación de principios económicos de lógica
40 LA LÓGICA DE LA ESTRATEGIA

lineal resultará en la normalización de un único tipo para obtener


grandes ahorros en la producción, el mantenimiento y la operación,
como sucede con los camiones de una flota comercial bien administrada
o con las máquinas-herramientas de una competente empresa de
ingeniería. Tanto los camiones como las máquinas-herramientas exis-
ten dentro de un ambiente competitivo, y la flota de camiones y la
empresa de ingeniería encaran el riesgo de que sus rivales sean capaces
de bajar sus precios ganando en eficiencia. Pero hay límites legales
respecto a lo que puede hacerse en la competencia económica: los
competidores no podrán sabotear los puentes que los camiones deben
cruzar para que su peso normalizado exceda sus límites de resistencia,
ni se confabularán con los proveedores para restringirla materia prima
a grados incompatibles con los límites específicos de tolerancia de las
máquinas-herramientas normalizadas. Sin embargo, en el conflicto
armado en que no existen tales límites legales, la normalización re-
dundará en vulnerabilidad para cualquier arma o artefacto que
interactúe con el enemigo, ya sean aviones de caza, submarinos
misilísticos, radares de alerta, o equipos de radio portátiles.
Por lo tanto, en el reino del conflicto .y la estrategia los principios
económicos se mantienen en directa oposición a las exigencias de la
efectividad, y si bien existe una obvia barrera de costos a la diversidad
ilimitada, también hay una barrera de vulnerabilidad a la prosecución
irrestricta de economías de escala por medio de la homogeneidad. Es
fácil ver que un criterio de "igualación del riesgo marginal" podría ser
de aplicación para determinar el grado de diversidad antieconómica
que debería aceptarse en la compra de equipo; pero para establecer tal
criterio será necesario reconocer en primer lugar que el pensamiento
económico sensato, de aparente aplicación universal, no tiene la misma
validez en la estrategia. (8) Las instituciones militares podrían ser
protegidas de extremos peligrosos de homogeneidad, aunque carezcan
del beneficio de la percepción estratégica, por la urgencia de las
diferentes fuerzas en afirmar su autonomía a través de la elección de
sus propias armas distintivas. Pero no existe tal protección contra la
prosecución de economías de escala en la obtención de armas comple-
jas, particularmente de naves de guerra. El buque de guerra mayor
ofrece exactamente las mismas economías de adquisición y operación
respecto de sus contrapartes menores que han llevado a la concentra-
ción de la capacidad naviera del mundo en enormes petroleros, cargueros
a granel y portacontenedores. A medida que aumenta el tamaño, la
tripulación no se incrementa en igual proporción, y toda clase de
economías se logran en los elementos componentes, desde bombas de
sentina a plantas propulsoras. Además, los buques grandes son más
estables con mal tiempo, y poseen una importante ventaja hidrodiná-
mica de velocidad.
LA EFICIENCIA Y EL PUNTO CULMINANTE DEL ÉXITO 41

Sin embargo, sucede con tales ventajas como en las economías de


escala de grandes bases aéreas o talleres de reparación de tanques: a
menudo se obtienen al precio de una proporcional concentración del
valor contra el cual el enemigo puede enfocar su esfuerzo. Si el mundo
experimentara otra campaña submarina contra el tránsito comercial,
al estilo de ambas guerras mundiales, podría descubrirse que el
advenimiento del supertanque le confirió mayor ventaja al atacante
que la transformación de las naves sumergibles con propulsión diésel-
eléctrica en los actuales buques de guerra submarinos con propulsión
nuclear. Para las flotas comerciales que deben sobrevivir en el ámbito
competitivo de tiempo de paz, la prosecución ilimitada de economías de
escala resulta esencial (pese a que naciones que invierten mucho dinero
en sus fuerzas navales para proteger al comercio podrían distraer
ventajosamente algunos gastos para subsidiar la ineficiencia de los
buques pequeños). Pero cuando encontramos una concentración simi-
lar del valor en buques de combate y auxiliares varias veces mayores
que sus predecesores de la Segunda Guerra Mundial, en grandes bases
aéreas y en talleres de reparaciones bastante cercanos al territorio
enemigo, (9) debemos reconocer el desplazamiento de la lógica paradó-
jica de la estrategia por prioridades económicas perfectamente válidas,
pero sólo en tiempo de paz.

DESCENDIENDO POR LA CURVA: DEL ÉXITO AL FRACASO

Excepto por la mención al pasar de efectos "recíprocos" en el


desarrollo de armamentos y de "desgaste virtual", el destino del bando
que reacciona en la interacción dinámica ha sido dejado de lado. Pero
es evidente que la unión de los opuestos que conduce del éxito al fracaso
y viceversa, afecta a ambos bandos exactamente del mismo modo, tanto
en las grandes acciones de guerra y paz como en el enfrentamiento
técnico entre armas y contramedidas. El bando que está reaccionando
exitosamente ante alguna nueva amenaza se halla aproximándose a un
punto culminante, quizá cercano o lejano, pero que en todo caso mar-
cará el comienzo de su propia declinación.
Por otra parte, cuando se supera la sorpresa inicial y el transcurso
del tiempo permite que la creatividad y los recursos se acomoden mejor,
la reacción ante la nueva amenaza gana efectividad. Mas estos recursos
y energías creativas se les están quitando a alguna actividad positiva
y autodirigida que se hallaba ya encaminada, a efectos de apoyar la
reacción defensiva provocada por la amenaza. Eventualmente, si se
sobrepasa el punto culminante de éxito, los medios empleados para
neutralizar la amenaza serán mayores de lo merecido por el resultado,
dicho en términos de la acción positiva que ha dejado de cumplirse.
42 LA LÓGICA DE LA ESTRATEGIA

Mientras tanto, con toda seguridad que el adversario ha comenzado a


su vez a reaccionar para proteger su amenaza original contra el
creciente efecto de las contramedidas, con poco campo para el éxito (y
expensas) si su amenaza fue estrechamente eficiente y la oportunidad
será mayor para ambos en caso contrario, pero de un modo u otro se
desencadenará un nuevo ciclo del dinámico y paradójico proceso de la
estrategia.
Si bien el ingenuo entusiasta persuadido de las cuálidades de cierta
arma fundamental se sorprenderá por la diversidad de reacciones del
adversario que le negarán el éxito que consideraba tan seguro, aquellos
que a su vez están reaccionado exitosamente contra el arma pueden
fácilmente pasar por alto el riesgo de sobrextenderse del punto culmi-
nante de éxito, por sacrificar demasiado poder ofensivo para proteger
lo que debiera ser abandonado. Esto tiene todavía que ocurrir en
respuesta al misil antitanque, pero los costos del éxito han sido ele-
vados, agregándose a los que ya había impuesto la amenaza de la carga
hueca sin guiado, que ahora es presentada en una variedad de cohetes
portátiles y armas sin retroceso muy superiores a sus predecesores de
la Segunda Guerra Mundial. Hasta 1943 las tripulaciones de tanques
temían sólo a los de su propia especie, y a los cañones antitanques
bastante costosos y escasos, pero desde entonces han aprendido a
precaverse de todos los sitios en que soldados equipados con cargas
huecas pueden estar esperándolos; desde el fin de la guerra, con el uso
universal de dichas armas, cualquier pasaje a través de bosques o calles
estrechas se ha convertido en una experiencia riesgosa.
Muy poco después de la aparición de las nuevas armas se descubrió
que la amenaza podía mitigarse mediante una escolta cercana de
infantería que se desplazara con los blindados, con muchos ojos para
observar los alrededores y armas menores para suprimir y reaccionar
ante pelotones. Pero el costo de precaución tan efectiva ha sido muy
alto, porque los tanques con escolta a pie nunca podrían acometer por
sí mismos en maniobras tácticas, y así perdieron el impulso y el poder
de choque en el que consistía la verdadera potencia del ataque blin-
dado.
El advenimiento del misil antitanque complicó el efecto. El fuego de
artillería que antes se reservaba para las mayores concentraciones de
blancos en las disposiciones enemigas, ahora debe emplearse sobre sus
bordes frontales para neutralizar operadores de misiles. Y si la infan-
tería mecanizada debe avanzar junto con los tanques para protegerlos,
se necesitan vehículos de combate mucho más elaborados y costosos
que los simples transportes de tropas que eran suficientes cuando su
tarea era principalmente limpiar el terreno detrás de los tanques.
Finalmente, en las mismas unidades de tanques hubo que dividir el
esfuerzo entre acción ofensiva y autoprotección, mediante cambios
LA EFICIENCIA Y EL PUNTO CULMINANTE DEL ÉXITO 43

materiales y tácticas más cautelosas. Las fuerzas blindadas valen por


su poder ofensivo, y todo lo que implique protección contra la carga
hueca va en detrimento de su real función, aunque el punto culminante
-donde se pierde más de lo que se gana en el proceso- todavía no se
haya alcanzado. Sin embargo, puede que esa sea la situación de las
actuales armadas de grandes buques, y particularmente de la norte-
americana, cuyos grupos de portaaviones están tan preocupados con la
autoprotección contra ataques aéreos y submarinos, que solamente
disponen de una fracción de su poder positivo original.

PROTEGIENDO LA FLOTA: SOBREPASANDO EL ÉXITO

De manera verdaderamente internacional, la idoneidad de los


aviadores navales argentinos para hundir grandes buques británicos
con misiles franceses durante la guerra de las Malvinas de 1982,
provocó en los Estados Unidos un debate que reflejaba el eco de la
controversia de la lancha torpedera de un siglo atrás. Otra vez el arma
barata de efecto estrecho fue promovida como decisivamente letal para
buques de guerra mil veces más costosos; otra vez se escucharon
exigencias de un cambio radical de política para cesar el despilfarro de
dineros públicos en buques de guerra sofisticados, especialmente los
portaaviones que se consideraban obsoletos por su flamante vulnera-
bilidad. Sin embargo, esta vez no hubo necesidad de aguardar el
desarrollo de contramedidas. Como otro eco del pasado, la efectividad
de los misiles de 1982 se debió a la peculiar falta de preparación de la
Real Armada, cuya demora en adoptar contramedidas ya ampliamente
aplicadas fue tan grave como la de la armada zarista respecto al
torpedo. En real ¡dad, en 1982 el misil antibuque había sobrepasado con
creces su punto culminante de éxito debido a la potente reacción
motivada por sus anteriores apariciones que se remontan a mediados
de la Segunda Guerra Mundial (1Q), y por su prominente uso por parte
soviética.
Por lo tanto, los jefes de la armada de los Estados Unidos ganaron
el debate sin dificultad. Explicaron que cada portaaviones iría a la
acción únicamente escoltados por una panoplia de destructores y
cruceros dedicados casi enteramente a su protección. Los misiles di-
rigidos contra ellos serían desviados por "chafr' que confunde al radar,
bengalas infrarrojas lanzadas por cohetes especiales, y la perturbación
electrónica, mientras que los misiles y cañones de los buques de escolta
derribarían a aquellos misiles que no se desviaran, así como a cualquier
avión que se aventurara en sus cercanías para lanzarlos. Señalaron
que eso constituía solamente la capa intermedia de la defensa: 24 cazas
interceptores de largo alcance en cada portaaviones, 4 aviones con
44 LA LóGICA DE LA ESTRATEGIA

radar de alerta temprano y 4 aviones perturbadores de radar para


apoyarlos, asegurarían la protección de la capa externa de la defensa,
contando además con 4 aviones tanques para reabastecerlos de com-
bustible en las estaciones alejadas. Finalmente, también había una
capa interior de la defensa formada por los radares, contramedidas,
misiles y cañones de cada buque, incluso los cañones automáticos
especiales reservados para ese propósito. Esta respuesta resultó tan
devastadora para los entusiastas de los misiles de 1982, que la otra cara
de la moneda atrajo escasa atención. Cuando se calcula todo lo que se
requiere que reaccione (exitosamente) ante el misil antibuque, queda
claro que además de los excepcionalmente costosos buques de escolta,
la mayoría de la capacidad del portaaviones es absorbida por la
necesidad de autoprotección contra el ataque, empleándose para ello 36
aviones (los más caros) de algo así como 90 que posee. (11)
Da la casualidad que ningún submarino argentino tuvo éxito en
hundir algún buque británico durante la guerra de las Malvinas. Si tal
hubiera sido el caso, provocándose entonces un debate sobre la vulne-
rabilidad de buques de guerra norteamericanos respecto a submarinos
modernos, los líderes de la armada habrían detallado sin ninguna duda
la abundancia de medidas antisubmarinas que también sirven de
protección a los grupos de portaaviones. Éstas incluyen un submarino
en tarea de escolta bajo el agua, 16 otros aviones de los alrededor de 90
que lleva cada portaaviones, y virtualmente todas las armas y sensores
de destructoresy cruceros que no estén reservados para el uso antiaéreo.
Una vez que se agrega esta otra autoprotección, la aritmética revela
que de todo un grupo de portaaviones, con varios destructores y un
crucero, su escolta submarina y muchos buques de abastecimiento, con
quizás unos 10.000 tripulantes a bordo, solamente 34 aviones perma-
necen para su empleo positivo en beneficio de los propósitos nacionales,
más una docena de cañones de calibre medio, una miscelánea de
misiles, y la fuerza de desembarco que puedan llevar unidades adicio-
nales. Aislada en claro contraste entre cielo y mar, incapaz de ocultarse
en el terreno corno lo hace el ejército, sin posibilidades de moverse con
la rapidez de los aviones, la flota de superficie se halla indudablemente
ante un peligro creciente, por los avances científicos que hoy permiten
la observación a gran alcance y los ataques de muy diversas formas.
Para enfrentar tendencias tan adversas favorecidas por el natural
progreso de la ciencia, se incrementan los gastos y el ingenio, y la
capacidad de los buques se emplea casi totalmente en su autoprotección.
Quizá la vulnerabilidad neta de las mejores flotas haya crecido apenas
ligeramente, pero su situación se asemeja cada vez más a la viuda en
apuros que trataba de mantener a su familia lavando su propia ropa.
En retrospectiva histórica, la secuencia de la paradoja dinámica de
este ejemplo revela en primer lugar la supremacía de las fuerzas de
LA EFICIENCIA Y EL PUNTO CULMINANTE DEL ÉXITO 45

superficie y de portaaviones de los Estados Unidos, originalmente


creadas para desafiar al poder naval japonés, que a partir de 1945
quedaron enfrentadas a una Unión Soviética poderosa solamente en
tierra. Entonces comienza la reacción soviética, especialmente por
temor a pesados ataques aéreos desde portaaviones, contra los cuales
desarrollan fuerzas terrestres, costeras, aéreas y submarinas con
creciente éxito, para eventualmente ascender por la curva hacia una
supremacía defensiva culminante, si el proceso hubiera continuado sin
interferencias. Pero la armada norteamericana responde a su vez
construyendo buques de escolta cada vez más efectivos, mediante
contramedidas técnicas, dando un matiz cada vez más defensivo a las
capacidades de su aviación, y mostrando una propensión creciente a
mantenerse alejada de mares peligrosos (otra clase de pérdida ofensi-
va). Con reacción tan vigorosa, la amenaza contrapuesta por los so-
viéticos sobre los portaaviones empieza a deslizarse por la curva hacia
el fracaso, así que cuando la guerra de las Malvinas sobreviene para
traer a la memoria del mundo el combate naval, los portaaviones
norteamericanos están muybien protegidos, pero solamente amuy alto
costo para la nación y con gran pérdida del poder ofensivo.
Sería necesario un cálculo mucho más preciso de lo que este texto
permite para determinar el punto culminante del éxito defensivo en la
protección de flotas de superficie, más allá del cual el poder oceánico
estará mejor asegurado mediante fuerzas submarinas y aéreas. (12)
Por cierto que ningún juicio ligero debe hacerse en prosa, como tampoco
puede esperarse que una institución naval profundamente dedicada a
la navegación en superficie repudie una firme tradición en obediencia
a una lógica estratégica no muy claramente percibida. Pero realmente
existe un punto culminante, y excederlo significa el fracaso aunque
aparezca como triunfo, ya sea a nivel nacional o quizás en una
perspectiva institucional más estrecha.

EL FRACASO DEL ÉXITO

Mucho más común es la exageración de una defensa exitosa en las


vicisitudes de una guerra terrestre. El puesto militar, la zona fortifica-
da o la ciudad guarnecida que deliberadamente queda al frente de las
líneas principales de defensa, o que permanece aislada en el curso de
una retirada, puede ser muy útil a la defensa proveyéndole alerta,
bloqueando las avenidas de aproximación o absorbiendo una despro-
porcionada atención del enemigo. El atacante puede sentirse debilitado
en el equilibrio del teatro en su conjunto si combate con alto costo por
sitios en los que podría haber pasado de largo, si su resistencia ha sido
correctamente anticipada desde el comienzo.
46 LA LóGICA DE LA ESTRATEGIA

Sin embargo, es usualmente la defensa quien sufre las consecuen-


cias de una resistencia demasiado exitosa. Si sus puntos aislados son
derrotados en corto lapso, todavía puede que haya obtenido ventajas.
Pero si la resistencia persiste en forma prolongada y heroica, atrayendo
la atención pública, la localidad quizá desconocida hasta ese momento
puede transformarse en símbolo valioso inflexiblemente ligado a la
reputación de los líderes militares. Si no puede mandarse ayuda a los
sitiados, la defensa continuará obteniendo ventajas morales y materia-
les, mientras la resistencia persista. Pero si existe manera de mandar
refuerzos por rutas peligrosas bajo ataque constante, mediante infil-
tración aún más precaria, o por transporte aéreo, entonces el continua-
do éxito de la defensa en el mantenimiento de la posición puede hacerse
ruinoso en una perspectiva más extensa.
El caso más famoso de nuestro siglo fue Verdún, donde el fracaso de
un ataque sorpresivo alemán en febrero de 1916 concedió a los france-
ses un triunfo defensivo muy necesario; pero además aferró su ejército
a esa victoria, y se desangró en diez meses de batalla (discutiblemente,
la más prolongada de la historia) para defender los fuertes de Verdún.
Para sostener la resistencia día tras día marchaba hacia adelante una
gran columna de hombres bajo bombardeo constante, y muchos caían
sin siquiera haber alcanzado los fuertes. Según cifras oficiales notoria-
mente disminuidas, el ejército francés sufrió la pérdida de 162.308
muertos y desaparecidos y 214.932 heridos durante los diez meses. Los
alemanes obtuvieron una ventaja definida por el continuo éxito de-
fensivo de los fuertes, ya que su artillería podría llegar a las rutas de
aproximación mejor que su contraparte francesa; sus listas de bajas,
también subestimadas, incluyen alrededor de 100.000 muertos y desa-
parecidos. (Como comparación, un total de 344.959 norteamericanos
murieron en combate durante ambas guerras mundiales, en todos los
frentes y de todas las fuerzas armadas). Estimaciones más veraces de
origen posterior calculan un total de 420.000 muertos en Verdún, dos
tercios de los cuales eran franceses. (13) La masacre estaba todavía en
sus etapas iniciales cuando quedó claro que los fuertes podían más
ventajosamente abandonarse que comprometerse en su defensa, por-
que se hallaban en una saliente expuesta que penetraba en territorio
en poder alemán. Pero ya era demasiado tarde para semejante evalua-
ción: los fuertes se habían convertido en símbolo, más allá de toda
disposición estratégica, y cuanto más franceses costaba su defensa
-confirmando así su inutilidad militar- menos posible resultaba la
confesión de la futilidad de tales pérdidas mediante una ventajosa
retirada. En tales casos, la defensa exitosa persiste a un costo que
puede emerger en futuros fracasos. Sin duda, después de Verdún el
ejército francés quedó tan debilitado que el intento de asumir la
ofensiva provocó los dolorosos motines de 1917. El efecto perdurable de
Verdún estaba todavía presente en la fatal destrucción del ejército
LA EFICIENCIA Y EL PUNTO CULMINANTE DEL ÉXITO 47

francés que enfrentó a Hitler dos décadas después.


Así ocurrió también en Stalingrado, donde los alemanes desgasta-
ron el poder de la Luftwaffe en el fútil intento de sostener al rodeado
Sexto Ejército durante sus ocho semanas de resistencia al bloqueo que
finalizó el 2 de febrero de 1943. Si no se lo hubiera reabastecido por aire,
si como consecuencia la resistencia hubiera cedido mucho antes, la
Luftwaffe podría haberse salvado para desempeñar tareas más útiles,
y una cantidad de tropas alemanas podrían haber atravesado las líneas
del bloqueo, que eran muy delgadas al principio, para pelear en alguna
otra parte. Tales envolvimientos y rupturas fueron casi rutina durante
toda la campaña, pero el nombre de Stalingrado otorgado a esos pocos
kilómetros cuadrados de ruinas se había convertido en un símbolo que
Hitler no estaba dispuesto a ceder, hasta que la decisión escapó de sus
manos ante la capitulación de los generales en la escena.
También los años de posguerra vieron un caso dramático de exage-
ración de la defensa exitosa, aquel de Dien Bien Phu protagonizado por
los franceses en Indochina. Tropas francesas de primer nivel fueron
lanzadas en paracaídas en noviembre de 1953 sobre un valle en el
disputado territorio del noroeste de Vietnam; soportaron los ataques
iniciales del Vietminh con tal gallardía, que el exótico nombre adquirió
instantáneamente heroicas reverberaciones-distinción muy exclusi-
va en una guerra confusa, desconcertante y totalmente impopular-. A
medida que el Vietminh continuaba rodeándolos con creciente poderío,
la guarnición se sostuvo durante 112 días hasta el 7 de mayo de 1954,
demandando un permanente refuerzo de los mejores hombres que
había en Francia, enviados en aviones que debían atravesar el fuego
antiaéreo. Planeada originalmente como una operación estrictamente
práctica, cuyo modesto propósito era oponerse a la infiltración del
Vietminh en Laos, en lugar de ello la fortificación de Dien Bien Phu
absorbió un esfuerzo desastrosamente desproporcionado imposible de
interrumpir, porque el sitio se había transformado en símbolo de la
capacidad militar francesa, en opinión de los mismos franceses y de sus
políticos. Cuando la guarnición sitiada fue finalmente aplastada, toda
la intervención francesa en Vietnam resultó repudiada tanto por la
población como por los políticos, cosa que quizá no hubiera ocurrido tan
pronto, ni tan precipitadamente, si los paracaidistas de los primeros
lanzamientos del 20 y 21 de noviembre de 1953 no se hubieran
desempeñado tan eficazmente en los primeros días de combate. (14)
En la paradoja dinámica de la estrategia, es más probable que una
defensa, antes que una acción ofensiva, pueda ser demasiado exitosa.
Quizás evolucione hacia un fracaso mayor, ya sea defendiendo posicio
nes excéntricas, protegiendo flotas que el progreso científico está
tornando inseguras, o preservando cualquier otro instrumento militar
que las emociones y el interés institucional lo están transformando de
criado en amo.
CAPÍTULO 4

LA CONJUNCIÓN DE LOS OPUESTOS

Hemos visto el proceso de la paradoja di-


námica y las consecuentes ironías de conversión en los niveles técnicos
y tácticos de diversos encuentros, ,y todavía nos queda considerar estos
fenómenos en los niveles intermedios de la estrategia. En este punto
resultará ilustrativo ascender brevemente al nivel de la gran estrategia,
donde cada asunto particular interacciona con el cabal predicamento
de conflictos.
El comportamiento de líderes nacionales adversarios puede parecer
totalmente diferente respecto a técnicos o combatientes de cada bando.
Por cierto que para preservar o aumentar poder y autoridad dentro de
sus propias sociedades, los líderes nacionales deben también perseguir
metas políticas internas que podrían chocar con las atinentes a la
disputa externa. Por lo tanto, normalmente están impedidos de explo-
tar la intuición estratégica que pudieran tener. Como ejemplo general,
no pueden emplear en forma deliberada la acción paradójica para
embaucar a sus antagonistas externos, porque es muy raro que se
aparten de las convenciones habituales del lugar y de la época, sin
perder autoridad.* Sin embargo, no es frecuente encontrar a quien
comprenda conscientemente el fenómeno de la estrategia, especial-
mente en la no muy prestigiosa galería de máximos líderes políticos. A
través de la cruda experiencia, muchas veces un simple sargento ha
demostrado una percepción intuitiva del proceso de la paradoja es-
tratégica a nivel táctico, y por consiguiente ha aprendido a sacar
ventaja de ello en el combate. Y varios famosos líderes militares de la
historia deben su reputación ala propia percepción del mismo fenómeno,
que les permitió obtener resultados que a aquellos menos dotados les
habrán parecido meramente afortunados.
Pero cuando no sólo se trata de cierto nido de ametralladoras que

*Por supuesto que existen excepciones, ejemplificadas por el papel que personalmente
les cupo a varios líderes nacionales en ese fenómeno característicamente brutal de
nuestro siglo, la iniciación de una guerra mediante ataque sorpresivo en lugar de una
formal declaración.
LA CONJUNCIóN DE LOS OPUESTOS 49

debe ser tomado en determinado tiempo y lugar -ni tampoco de la


conducción de una campaña-, sino de la completa y abigarrada
complejidad de todo el predicamento del conflicto que debe ser con-
frontado, solamente los mejores líderes poseerán algún conocimiento
de la lógica paradójica de la estrategia, sepultada como queda, bajo las
peculiares complicaciones de cada nivel subordinado, ,y oculta como se
halla por las abrumadoras emociones que desata el conflicto, sus
vibrantes esperanzas y sus temores mortales. Que la cosa pueda con-
seguirse de algún modo es ya asombroso. Y más aún que este difícil
logro quede documentado.
En la anterior discusión sobre la disputa entre el Comando de
Bombarderos británico y> las defensas aéreas alemanas, vimos cómo sus
aspectos técnicos y tácticos fueron encuadrados por el predicamento de
cada bando al nivel de gran estrategia. La campaña británica de
bombardeo de Alemania, que al principio sólo se realizó contra blancos
militares e industriales cuidadosamente seleccionados y alejados de las
ciudades, fue precipitada por el éxito inici al de las fuerzas germanas en
mayo de 1940, en las invasiones de Holanda y Bélgica. De este modo,
entre algunos de los paradójicos frutos iniciales de un avance que
todavía no había alcanzado su punto culminante de éxito, Alemania
experimentó los primeros tímidos ataques aéreos. Cuando en forma
inesperada la Werhmacht logró la total derrota de Francia en corto
lapso, expulsando al ejército británico del continente en junio de 1940,
el gobierno quedó privado de todo otro medio de continuar la guerra,
excepto a través del aire. Pero las defensas alemanas infligieron
pérdidas desastrosas en los bombardeos sobre blancos militares e
i ndustriales específicos a plena luz del día, por lo que el Comando
dispuso que se volara de noche, que era cuando sus aviones no podían
acertarle a ningún blanco menor que una ciudad de tamaño más o
menos grande. Por consiguiente, la paradójica recompensa que los
alemanes obtuvieron por la victoria de su ejército y por la calidad de sus
cazas y artillería antiaérea contra las incursiones diurnas, significó el
comienzo de la destrucción de sus ciudades.
La curva ascendente del triunfo británico en la más prolongada de
todas las campañas de la Segunda Guerra Mundial se inició en el punto
más bajo del fracaso nacional. En agosto de 1940, la Real Armada
estaba escondida en la distante Scapa Flow por temor a un ataque
alemán, el ejército británico limitaba sus esperanzas a la defensa de
playas, y la Real Fuerza Aérea estaba tan apaleada por los ataques de
la Luftwaffe contra sus aeródromos que recibió con alivio el primer
bombardeo alemán sobre Londres, el 24 de agosto de 1940. (1) En la
noche siguiente, el Comando de Bombarderos lanzó su primer ataque
sobre Berlín, aun cuando recién en julio de 1941 se decidió que el
bombardeo nocturno -que significaba bombardeo de ciudades- se
50 LA LóGICA DE LA ESTRATEGIA

convirtiera en política deliberada. Mientras la movilización industrial


y militar se aceleraba constantemente, colocando más bombarderos y
tripulaciones adiestradas en plataforma de despegue para cada incur-
sión sucesiva, mientras la curva del éxito se elevaba sin reacción
alemana significativa, con una proporción de pérdidas aceptable, y sin
señales del punto culminante, Charles Portal, mariscal de la Real
Fuerza Aérea y jefe de su Estado Mayor, ofreció un plan para la directa
progresión hacia la victoria exclusivamente mediante el bombardeo
aéreo: consistía en la selección de cuarenta y tres ciudades que conte-
nían una población de unos quince millones de habitantes, y además la
mayoría de la industria bélica alemana, y que serían fuertemente
bombardeadas en seis ataques sucesivos hasta dejarlas "más allá de
toda esperanza de recuperación".
Al elevar su plan al Primer Ministro Winston Churchill el 25 de
setiembre de 1941, Portal sugería que con 4000 aviones de primera
línea Gran Bretaña podía "romper" a Alemania en seis meses. (2)
Típicamente, hubo cálculos muy detallados en la formulación del plan,
de modo parecido al ingeniero que diseña un puente sobre un río que no
se resiste, pero no había evaluación alguna de la posible reacción
enemiga. La proporción de destrucción causada por el bombardeo en
cada una de las cuarenta y tres ciudades no fue establecida arbitra-
riamente, sino según un cuidadoso cálculo basado en un "índice de
actividad", producto de estadísticas obtenidas luego de los bombardeos
alemanes a las ciudades industriales inglesas. Después de un ataque
se reduciría la producción de las fábricas por interrupción del suminis-
tro de gas, agua y electricidad; aumentaría el ausentismo obrero por
miedo, cansancio, falta de comida, colapso del transporte público y
desorganización general de la vida urbana. El lanzamiento de cierto
tonelaje de bombas por unidad de población reduciría el índice de
actividad en una proporción determinada; por ejemplo, en el caso de
Coventry el cálculo mostró que el índice había descendido al 63 por
ciento al día siguiente al ataque masivo del 14 de noviembre de 1940,
en el cual fue lanzada una tonelada de bombas por cada 800 habitantes.
Luego comenzaría una recuperación gradual, pero si se produjeran
nuevos ataques el índice reasumiría su ascenso desde niveles cada vez
inferiores, hasta que después del cuarto o quinto ataque quedaría
reducido a cero, y la producción bélica cesaría por completo en la ciudad
afectada.
Por otra parte, el plan era admirablemente conservador en todas sus
premisas: preveía no menos de seis ataques, lanzándose cada vez una
tonelada de bombas por cada 800 habitantes en cada una de las 43
ciudades; harían falta 18.750 toneladas para sus quince millones de
habitantes. Era tan generoso el margen considerado para errores de
navegación, fallas técnicas e intercepciones, que apenas el 25 por ciento
LA CONJUNCIóN DE LOS OPUESTOS 51

de los aviones se suponía que llegaban al blanco, lo que elevaba el


armamento inicialmente requerido a 75.000 toneladas; se estimaba
que cada escuadrón de dieciséis aviones cumplía cien salidas mensua-
les (premisa inferior a los datos reales), mientras que la carga de
bombas unitaria era fijada modestamente en tres toneladas por avión.
Doscientos cincuenta escuadrones se requerirían entonces en platafor-
ma durante seis meses de campaña, con un total general de 4000
bombarderos.
En un caso clásico de pensamiento lógico lineal, el plan presumía
implícitamente que los alemanes no incrementarían notoriamente la
escasa prioridad concedida a su defensa aérea, ni dispersarían sus
industrias bélicas, aunque fueran destruidas en forma sistemática.
Portal y sus subordinados no eran ningunos tontos, e indudablemente,
si se los convocaba en forma individual para reflexionar sobre el tema
habrían repudiado cualquier concepción de la guerra que ignorara la
energía creativay el instinto de conservación del enemigo. Pero hayque
considerar las circunstancias y urgencias emocionales de la época: en
setiembre de 1941, cuando el plan le fue remitido a Churchill, los
alemanes barrían todo lo que encontraban por delante en Rusia,
aplastando líneas defensivas y ejércitos enteros semana a semana, y
capturando cientos de miles de prisioneros. Sólo quedaba evocar el
destino invernal de Napoleón, frente a la dura realidad que indicaba el
inminente colapso soviético, y no había signos de resistencia armada
contra los ocupantes germanos en toda Europa. Es cierto que en los
Estados Unidos había comenzado un modesto rearme, pero hasta la
conscripción era repudiada, y cosa más importante, el país se negaba
firmemente a intervenir en la guerra; por cierto, hasta que el gobierno
japonés decidió lo contrario.
En cuanto a Gran Bretaña, era totalmente irreal pretender que su
ejército pudiera efectuar un desembarco en el continente con fuerzas
suficientes pára mantener una cabeza de playa, y el desempeño de
Rommel en Africa del Norte señalaba claramente que sólo una inal-
canzable superioridad material podría prevalecer sobre la alta moral,
idoneidad y talento de los oficiales del ejército alemán. Si Hitler ganaba
su guerra contra Rusia como había vencido a Polonia, Dinamarca,
Noruega, Holanda, Francia, Yugoslavia y Grecia, solamente la Real
Fuerza Aérea obstaculizaría su camino cuando volviera del Este para
terminar con la debilitada Gran Bretaña, previo robustecimiento de la
Luftwaffe con los vastos recursos que sus conquistas y la desmovilización
del ejército podrían proveerle. La victoria defensiva del año anterior se
había logrado por muy escaso margen, contra cazas y bombarderos
alemanes preparados exclusivamente para operar a muy corto radio de
acción en la batalla de Francia y poco dispuestos para la batalla de
Inglaterra, operación totalmente inesperada y muy diferente.
52 LA LÓGICA DE LA ESTRATEGIA

No podía esperarse de nuevo el contar con tanta suerte. Una vez que
la Luftwaffe se reorganizara para la misión, cualquier cálculo prudente
indicaría que la Real Fuerza Aérea sería destruida gradualmente en
una lucha fútil para impedir que las ciudades británicas fueran
bombardeadas hasta las ruinas, antes de la inexorable invasión que
traería el nuevo orden de la Gestapo, la SS y el campo de concentración
como secuela. Aun si la Unión Soviética sobreviviera de algún modo,
cosa improbable, y continuara una lenta lucha que salvara a Gran
Bretaña de la invasión, todavía sería únicamente la Real Fuerza Aérea
el instrumento militar adecuado para concluir aceptablemente el
conflicto. Por ello fue que sir Charles Portal y sus colegas de la joven
Real Fuerza Aérea se encontraron en una posición de inesperada
i mportancia, muy alentadora pero de tan enorme responsabilidad que
podía despertar miedo si no verdadero terror. En ese torbellino de
emoción, orgullo, esperanza y profunda ansiedad, era natural que
buscaran un sendero a través del bosque oscuro mediante un plan
sistemático y aparentemente concluyente, en cuya mecánica pudieran
embelesarse y su tan precisa aritmética brindara cierto alivio ante las
espantosas incertidumbres de la hora.
El Primer Ministro Churchill sobrellevaba idénticas circunstan-
cias, y como hombre de fuertes y francos sentimientos que era, debe
haberse encontrado sujeto al mismo torbellino emocional en su máxima
expresión, agravado por su mucha mayor responsabilidad personal.
Fue su negativa a aceptar la proposición de paz de Hitler en 7_940 lo que
había causado la muerte de 93.000 civiles, hombres, mujeres y niños,
en los bombardeos, y se erguía entonces Gran Bretaña en siniestra
desolación cuando la victoria alemana enyusia parecía un hecho. Si se
consultan evidencias de la época, se verá que en setiembre de 1941 no
estuvo muy lejana la posibilidad de que se produjera un rechazo
parlamentario a su conducción, se decidiera su reemplazo por una
persona más razonable que pudiera negociar mejor con Hitler para
alcanzarse un arreglo que permitiera la admisión de Gran Bretaña en
el Nuevo Orden europeo y que Churchill partiera al exilio para morir
en la oscuridad, aunque hoy parezcan tenebrosas fantasías. (3)
También para Churchill una campaña exitosa del Comando de
Bombarderos era el único instrumento posible de salvación nacional,
política y hasta personal. Sin embargo, en un triunfo de percepción
estratégica que se sobrepuso a la turbulencia emocional y cortó camino
a través de las complejidades técnicas, la respuesta de Winston Churchill
a Portal destacó los siguientes aspectos: 1) refutó definitivamente la
proposición de que la guerra podía ganarse mediante el bombardeo
aéreo únicamente ("todo lo que aprendimos desde el comienzo de la
guerra muestra que sus efectos, tanto físicos como morales, han sido
grandemente exagerados"); 2) anticipó la iniciación de una reacción
LA CONJUNCIóN DE LOS OPUESTOS 53

defensiva germana, aun ante el modesto monto del bombardeo que se


estaba efectuando, pronosticando específicamente la entonces impre-
vista prevalencia de los cazas nocturnos, y la campaña estaba condena-
da al fracaso si Alemania reaccionaba ("parece muy probable que las
defensas terrestres y los cazas nocturnos aventajen al ataque aéreo",
como sin duda lo lograron a partir de mediados de 1942); 3) predijo que
l a reacción alemana ante un bombardeo de áreas exitoso sería disper-
sar y descentralizar las industrias bélicas, en lugar de aceptar pasiva-
mente su destrucción progresiva ("todas las cosas se mueven siempre
simultáneamente [la fuente de la paradoja dinámica], y es bastante
posible que la potencia bélica nazi se halle en 1943 tan ampliamente
extendida através de Europa, que en su mayor parte sea independiente
de la infraestructura existente en su propia patria"); 4) advirtió contra
la perfidia de cifras excesivamente precisas en cálculos que no incluyen
la gran variable desconocida de la reacción enemiga ("Menosprecio...
esa confianza [en el plan] que se expresa en términos aritméticos").
Churchill concluyó con las siguientes palabras: "Cada uno tiene que
hacer lo mejor que pueda, y comete imprudencia quien piense que
existe cierto método para ganar esta o cualquier otra guerra, entre
fuerzas iguales. El único pian es la perseverancia". (4)
El Comando de Bombarderos era el único instrumento ofensivo de
Gran Bretaña, y recibió alta prioridad para la escasa mano de obra de
primera calidad y para la producción industrial. Pero nunca alcanzó
una fuerza efectiva de 4000 bombarderos en plataforma (su máximo, en
abril de 1945, fue de 1609 aviones) (5) porque la sugestión implícita de
Portal, para que el ejército y la armada fueran reducidos en su propio
beneficio, fue firmemente rechazada. Es interesante hacer notar que
después de la entrada en guerra de los Estados Unidos y del arribo en
escena de la Octava Fuerza Aérea, fue implementado en 1943 un plan
de bombardeo sistemático que satisfacía la opinión interna. Dicho plan
no sólo violaba la lógica de la estrategia por no tener en cuenta la
reacción defensiva enemiga, sino que además pretendía obtener alta
eficiencia mediante un esfuerzo especializado de bombardeo que igno-
raba la respuesta industrial del enemigo.
Los líderes de la Octava Fuerza Aérea estaban convencidos de que
sus bombarderos fuertemente artillados, con once ametralladoras cada
uno, podían autoprotegerse de los cazas alemanes acomodándose en
formaciones de defensa mutua, y por lo tanto no necesitarían escolta de
cazas; entonces decidieron bombardear a la luz del día blancos indus-
triales específicos, a diferencia del bombardeo de ciudades al azar del
Comando de Bombarderos británico. En suma, sus ataques obtendrían
un gran resultado porque estaban concentrados sobre puntos clave de
la industria germana que además actuaban como cuello de botella. El
Ministerio de Guerra Económica de la Gran Bretaña hacía tiempo que
54 LA LóGICA DE LA ESTRATEGIA

recomendaba el empleo de exactamente ese método, y tenía identifica-


do como blanco ideal a las fábricas Schweinfurt, que según informacio-
nes producían dos tercios del total de cojinetes a bolilla alemanes. Como
estos elementos resultaban imprescindibles para toda maquinaria con
partes movibles (tanques, camiones, motores de aviación, de buques y
submarinos, etc.) el ministerio había reclamado reiteradamente su
destrucción porque provocaría una colosal declinación de la capacidad
bélica germana en todos los frentes. (6)
El mariscal del aire Arthur Harris, Jefe del Comando de Bombarde-
ros, ridiculizó dichos planes y se refirió despectivamente a los "blancos
de panacea"; consideraba que los expertos "estaban completamente
locos" con respecto a los bolilleros. (7) (Algún gracioso sugirió que en su
lugar podrían destruirse las fábricas de cordones de zapatos, para
obligar a los alemanes a rendirse cuando ya no pudieran mantener
puestas sus botas.) Sin embargo, para la Octava Fuerza Aérea, que
estaba rígidamente dedicada al bombardeo diurno de precisión y cuyos
efectivos no podían incrementarse con rapidez suficiente para atacar a
toda la industria con algún rédito, la teoría del "cuello de botella"
puntual resultaba muy atractiva, y Schweinfurt era el blanco ideal.
En consecuencia, la Octava Fuerza Aérea bombardeó por primera
vez las fábricas de cojinetes situada en esa ciudad el 17 de agosto de
1943, y nuevamente el 14 de octubre. Su concepción de formaciones de
bombarderos autodefendidas, sin escolta, fracasó rotundamente. A
pesar de las once ametralladoras de cada uno, poco hicieron contra los
cazas alemanes, y sus pérdidas excedieron por mucho cualquier nivel
aceptable: no menos de 60 del total de 376 bombarderos americanos
fueron derribados en la primera incursión, y 77 de 291 en la segun-
da. (8) En cuanto al daño infligido, fue considerable, pero sin efecto
sobre la capacidad bélica de Alemania.
Había existencia de bolilleros almacenados, y otros fueron importa-
dos de Suecia y Suiza para cubrir necesidades inmediatas; la plena
producción fue reanudada en corto tiempo, y los cojinetes de rozamiento
fueron sustituidos en muchas aplicaciones, evitándose el cuello de
botella potencial. (9) Por lo tanto, el ataque estrictamente limitado a
Schweinfurt estimuló una amplia reacción de organismos nacionales
que frustró el intento, tal como en el pasado los grandes buques se
adaptaron para neutralizar a la lancha torpedera y en la actualidad las
fuerzas blindadas evolucionaron para resistir al misil antitanque.
Mientras la respuesta alemana al bombardeo de precisión fue la
descentralización y la sustitución, la réplica más amplia al bombardeo
en general fue nada menos que la conversión total de la economía a
pautas de guerra. Jamás los aliados pudieron imaginar esta respuesta,
porque compartían la opinión generalizada de que la economíagermana
ya estaba completamente organizada para la guerra, a partir de 1939.
LA CONJUNCIÓN DE LOS OPUESTOS 55

En Gran Bretaña se había establecido la labor general obligatoria


desde 1940, y los comercios y servicios no esenciales fueron eliminados
o severamente restringidos, por lo cual no imaginaban que en Alemania
la mayoría de las mujeres todavía se dedicaran a su casa, que había más
de un millón de empleadas domésticas, y que aún progresaban ocupa-
ciones como la encuadernación de libros. Hitler, el líder que delibera-
damente había iniciado la guerra, no era el más indicado para exigir
sacrificios, y el estado de la economía reflejaba ese hecho político
fundamental. Recién a partir de 1943 la economía alemana fue real-
mente movilizada para la guerra, bajo el impulso de la derrota de
Stalingrado con sus ominosas consecuencias y peores augurios. Una
vez completamente encarriladas las energías, la producción de equipos
y abastecimientos militares se incrementó bruscamente, dando lugar
a una correlación imprevista, inesperada e inevitablemente paradójica
entre el tonelaje de bombas arrojadas sobre Alemania y el volumen de
su producción bélica.
Dentro de ese proceso, el bombardeo en sí fue un factor contribu-
yente. Si bien destruyó instalaciones fabriles y mató obreros, también
arrasó la infraestructura urbana de los ociosos días de paz. Sin
restaurantes, las cantinas que eran mucho más eficientes se convirtie-
ron en única alternativa; sin viviendas, hubo que evacuar los residen-
tes a zonas rurales, y el personal doméstico debió dedicarse a labores
industriales. Por consiguiente, desde cierto punto de vista, el mismo
bombardeo ayudó efectivamente a la economía alemana a reaccionar
para que superara sus propios efectos, enormes pero localizados.
La historia es bien conocida, y ya ha sido contada muchas veces. (10)
Constituye un caso clásico de acción acumulativa, aparentemente
definitiva y sistemática, que no sólo se malogró sino que en parte tuvo
efecto autodestructivo por la misma naturaleza del predicamento
estratégico. No hay duda que Churchill fue una excepción en cuanto a
su conocimiento intuitivo de la lógica paradójica de la estrategia, con la
deliberada distorsión de cualquier acción directa y la inversión de los
opuestos. (Por algo el último tomo de sus memorias de guerra se
titulaba Triunfo y tragedia; también podría haber sido "victoria y
derrota"). Pero no hace falta la presencia de Churchill para que exista
la gran estrategia. Así como las leyes de la física rigieron el universo
desde mucho antes que los físicos las estudiaran, quienes poseen poder
en el escenario internacional están sujetos a la lógica de la estrategia.
Si las decisiones de los líderes nacionales son sabias o necias, ambicio-
sas o altruistas, ya sean ensalzados o condenados, sus consecuencias se
rigen por dicha lógica, mientras que el predicamento del conflicto
obtiene, contrariando todas las expectativas de continuidad, la confian-
za en el progreso incesante.
56 LA LÓGICA DE LA ESTRATEGIA

DE LA GUERRA A LA PAZ Y DE LA PAZ A LA GUERRA

De modo que la guerra es el origen de la paz, ya sea por la victoria


completa de uno de los bandos, por puro agotamiento, o -lo más
frecuente en la historia- porque el conflicto de objetivos que provocó
la guerra es resuelto porque éstos se transforman; bajo el efecto del
costo en sangre, caudales y agonía que trae la lucha, el valor de pérdidas
y ganancias es reconsiderado a la luz de su verdadero precio y por
consiguiente las ambiciones disminuyen o se renuncia a ellas.
Si ha iniciado la guerra con la esperanza de que algo valioso será
obtenido a un costo aceptable, el atacante que encuentra una resisten-
cia inesperadamente poderosa podría persistir, aunque la completa
satisfacción de sus intenciones no alcance a compensar lo que ya se ha
sacrificado en sangre, caudales, tranquilidad y prestigio. Si se ha
comenzado a combatir por decisión ajena, el defensor también habrá
asignado cierto propósito inicial a su resistencia -un propósito que
vale la cuota de sacrificio, antes que su magnitud pueda conocerse-.
Cuando las esperanzas abrigadas por el ataque o la defensa se ven
frustradas, como sucede con frecuencia, puede que todavía se vea la
victoria tentadoramente cercana y quizá merezca un pequeño esfuerzo,
algunas bajas más, un poco más de gastos, después que ya se han
sufrido tantas bajas y consumido tanta riqueza (la postura asimétrica
de quienes afrontan la derrota más absoluta es obvia, y puede dar gran
i mpulso a la resistencia).
Puede que la perspectiva de ganar mucho a cambio de poco haya sido
lo que originariamente dio atractivos a la guerra. Pero si los costos
cobran magnitud insólita, esto también será un incentivo para conti-
nuar la lucha durante una etapa intermedia: cuanto mayor ha sido el
sacrificio, mayor la necesidad de justificarlo mediante la obtención en
última instancia del beneficio anunciado. En ese período, es posible que
el comportamiento externo de los beligerantes quede condicionado por
el predicamento interno del partido o del líder que fomentó la guerra,
cuya fortuna dependerá del modo en que se juzguen sus responsabili-
dades pasadas -lo que a su vez depende de la opinión actual sobre el
resultado futuro; por lo tanto, el incentivo para mantener la esperanza
en la victoria será muy fuerte-. Pero si la guerra prosigue, eventual-
mente puede surgir un cambio de perspectiva, porque los resultados
originariamente esperados no son ya comparables con los sacrificios
realizados, sino con aquellos que todavía serán necesarios si el conflicto
no cesa. Puede que el partido o líder probelicista retenga el poder, pero
de cualquier manera será entonces cuando los objetivos de la guerra
empezarán a ser reconsiderados en uno o en ambos bandos, llegando a
su finalización las hostilidades en cuando se alcance cierta congruen-
I A CONJUNCIóN DE LOS OPIJESTOS 57

cia.* Así es como han terminado la mayoría de las guerras, antiguas y


modernas, con su fenómeno característico -el proceso de destrucción
recíproca- convertido en factor determinante de la paz posterior.
Una guerra cabalmente cumplida, con fuerzas que combatieron
para forzar una decisión, cuando todos los recursos posibles ya fueron
probados, ,y donde buho mucha destrucción sufrida e infligida, puede
por consiguiente conducir a una paz estable, siempre que las exigencias
del_ vencedor sean lo suficientemente modestas como para no provocar
fuerte resentimiento en el derrotado,, y siempre que el temor al
flamante poderío del triunfador no despierte la inmediata resistencia
de nuevos beligerantes. Si por contraste la guerra es concluida por
al lruna fuerza externa antes que se consiga e l efecto de modificar los
oyP )e ; it'C)s, ~E?P?drá r oTtl;? t on _ 'úETlela una paz Así ocurría en
c-1 pasado cuando era las Itostilidades en plena
campaña ante la caída de las primeras nevadas, para reasumirla lucha
en piima~rera: lo •_inisnio sucede hoy en día cuando superpotencias
rivales intervienen para imponer abruptamente el cese del fuego a sus
t)E !)i?{ gF rtlntes. esto se aplica a las guerras árabe-
1 PtZ)adas de 19 ,18; ni ngt: ,l a sirvi(S para alcanzar u.a ). pt;z
permanente 1)oi rlPxE~ ei) Lalta caso subsistió la colisión de obji t.ivo~~,
agP~,z)°dando la eportzin)(i id para motivar la reanudación de la fuPerni.
La d':~i;r~aCei()i) w sion 1d I es deplorable, mas ;li've para alcanzar la
z e sentimiento IP,iinar)it;z,iric suele ee]el)rar suinterrupe¡ón, pero la
consecuencia inás verosimil es la reavivación del conflicto, y que no se
consi¢;a , una paz quizá eoncelük)le si se dejara que la destrucción si-
a su curso.
Cuando aún se. CoüPb<ttí;.~ con palos y picas, la guerra siempre pudo
causar l i destrucción total d sus participantes, hasta el punto de
provocar la completa extinción de comunidades enteras. Pero hasta el
advenimiento de las armas nucleares, la magnitud de la posible
destrucción podía minimizarse con anticipación si se era optimista, o en
todo caso quedaba en la incertidumbre. Por lo tanto, las ganancias que
pudieran producirse eran vistas en nítido e idealizado relieve sobre el
opaco trasfondo de las pérdidas potenciales, que cómodamente apare-
cerían como tolerables y hasta insignificantes. Mediante el proceso
normal de lógica paradójica de la estrategia, las armas nucleares no se

a Aun la tiegaanda í: : rra Mundial, contienda muy peculiar entre agresores con
enormesperolirnita , c' , . -1 ivasyvfctimasqueexigiinla.reiidiciónincondicional,llego
1

a •su !iri solamente cuando ¡be aceptada la minima demanda. japonesa de permanencia
de l a institucion imperial. La guerra de Corea, conflicto clásico en todo sentido !para cl
cü~al se inventó el 1,érmino `guerra liniit<ida" únicamente porque la guerra mundial
extraordinaria fue aceptada temporai iamente corno cosa ordinaria), también finalizó de
.acodo cl~5sico. mediante la redac;•ión rec Paroca de objetivos.
58 LA LÓGICA DE LA ESTRATEGIA

han empleado desde que evolucionaron a partir del ya extremo poder


destructivo de los primeros artefactos de fisión (cada uno equivalente
a una incursión de mil bombarderos) hasta lograrse las mucho más
devastadoras armas termonucleares todavía vigentes, que en prome-
dio poseen poder equivalente a la carga de cien mil bombarderos de la
Segunda Guerra Mundial. Como nunca sucede con ninguna otra cosa
en la estrategia, tampoco puede incrementarse en forma lineal la
utilidad de los explosivos. Las cargas de diez toneladas de los bombar-
deros americanos de 1945 eran más útiles que las dos toneladas de los
aviones alemanes sobre Londres en 1940, y cien o quizá mil toneladas
hubieran servido mucho mejor. Pero aquí también aparece la inver-
sión, y en lugar del crecimiento progresivo que la estrategia no permi-
tiría, el actual poder destructivo de las armas termonucleares sobre-
pasa en mucho al punto culminante de utilidad militar. Por consiguiente,
esos medios de destrucción pueden lograr el efecto de inducción hacia
l a paz sin necesidad de llegárselos a aplicar.
No deja de ser cierto que en la comparación entre ganancias y
sacrificios posibles a que dan lugar las deliberaciones sobre iniciación
de una guerra, la magnitud del daño concebible está envuelta en la
niebla de la incertidumbre; aun las potencias con grandes arsenales
nucleares buscan el combate "convencional", o al menos emplear
algunas pocas armas menores como gesto simbólico. Ya no resulta
posible desdeñar las consecuencias destructivas de cualquier ataque
nuclear, como sucedía con los efectos de las previstas incursiones de
caballería, sitios, e incluso bombardeos con armas convencionales;
siempre pudieron minimizarse en el pasado por optimismo instintivo,
y por asimetría perceptiva entre beneficios de la guerra vivamente
i maginados, y pérdidas apenas tenidas en cuenta. Lo que impide la
guerra nuclear, más que su posible pero incierta magnitud,' es el
carácter definitivo y sin duda mensurable de la destrucción nuclear. La
calidad de la predicción científica ha alterado los términos milenarios
de comparación entre el valor de los objetivos de guerra y su costo. En
presencia de armas nucleares, el equilibrio perceptivo que antes se
lograba únicamente en plena guerra, cuando los costos se experimen-
taban en carne viva, se halla ahora en efecto antes de que comiencen
las hostilidades.
La paz puede originar la guerra en diversas formas, aunque consiste
en una abstracción negativa que no contiene ningún fenómeno carac-
terístico que conduzca a su propia anulación, así como la destrucción de
la guerra eventualmente destruye a la guerra, o como la mera antici-
pación de la destrucción nuclear destruye en gran parte la posibilidad
de guerra nuclear. Pese a todo, las condiciones de paz (la ausencia de
guerra) pueden a veces crear las precondiciones de guerra, aunque más
no sea porque el bando más pacífico reduce su vigilancia y alistamien-
LA CONJUNCIóN DE LOS OPUESTOS 59

to, mientras que facilita la preparación ininterrumpida de quienes


apetecen el botín de guerra. La historia muestra a menudo que la paz
conduce a la guerra cuando se modifica la situación por cambios
demográficos, culturales, económicos y sociales que perturban el equi-
librio de potencias belicosas y de la propia imagen colectiva que
sustentaba la paz. Al carecer de sustancia propia, el estado de paz no
puede causar alteraciones, pero favorece indiscriminadamente la evo-
lución de las diversas capacidades y mentalidades humanas, sin
consideración a las simetrías y asimetrías que impiden la guerra. Así
fue que los hasta entonces pacíficos germanos comenzaron a verse a sí
mismos como nación guerrera alrededor de 1870, en desafortunada
coincidencia para los franceses, quienes todavía debían madurar su
autoimagen marcial.
La transformad-n de mentalidades crea tensiones proclives a la
guerra entre el status de un país (quizás el resultado fosilizado de
guerras anteriores) y su autoimagen, seguramente responde a causas
profundas, pero sus efectos son muy obvios: lo que antes parecía
aceptable se convierte en intolerable vejación; el grado de prestigio que
se consideraba suficiente se siente humillante; y lo que se veía como un
sueño imposible es ahora una prometedora realidad. Durante la gran
época de paz posnapoleónica ocurrió que las proporciones del poderío
militar que servían para impedir la guerra fueron modificadas por los
motores de hierro, carbón y vapor de l a revolución industrial, creándose
nuevas proporciones tendientes a la guerra entre Prusia y el Imperio
de los Habsburgo en 1866, Alemania y Francia en 1870, el Imperio Ruso
y el Imperio Otomano en 1876, Japón y China en 1894, y los Estados
Unidos y España en 1898.
La capacidad de proseguir la guerra es abreviada por la propia
destrucción que se causa, ya sea por bombardeo sistemático de indus-
trias, como en la última guerra mundial, o por la excesiva mortandad
respecto al incremento natural de la población en edad de combatir,
como sucedió desde un principio en las luchas entre tribus belicosas.
Contrariamente, en tiempo de paz todas las formas del progreso
humano y el crecimiento demográfico propenden a incrementar las
capacidades bélicas de manera que sólo por azar resultaría simétrica
y tendiente a impedir la guerra. Si la paz no indujera a la guerra, no
habría guerras, porque ésta no puede perpetuarse y siempre provoca su
propia destrucción.

LA DERROTA DE LA VICTORIA

Si la victoria no tendiera hacia la derrota, si el poder creciente no


contuviera la causa de su propia ruina, la veloz expansión de Hitler
so LA LÓGICA DE LA ESTRATEGIA

nunca hubiera culminado con su caída; porque toda Europa habría sido
gobernada por una sola potencia desde mucho antes de su nacimiento.
Y lo mismo es aplicable a la conquista y colapso de Napoleón y de todos
su.s predecesores, retrocediendo a través de los siglos hasta el muy
prolongado ciclo de expansión y decadencia del Imperio Romano.
Tan grandes son las economías de escala de la potencia mayor sobre
la menor en la acumulación de poderío mf tan significativaresulta
la mera ventaja geométrica de reducir It~ proporción de longitud de
fror~ fiera respecto <~l área, población y nquezas que encierra, a igualdad
dc ,otrsface que el inás gz-ar~~.le debiera hal:~er prevalecido sobre el
más pequeñ o en las numerosas guerras europeas hasta que quedara un
único Estado abarcando todo el espacio gire pudiera alcanzarse venta-
_josannente desde un único centro de poder, Se extendería a través de
Europa y Asia Menor, profundamente en el desierto nor~;fric°ario, y
llegaría hasta la Mesopotamia, aunque dispusiera de los medios
tecnológicos romanos. En lugar de ello, se obtuvo cal "equilibrio" dei
poder, cuando el crecimiento de la potencia mayor provocó copio
contrapeso el temor y la hostilidad de otro gran Estado hasta entonces
indiferente, o indujo a potencias menores a coligarse para formar una
barrera que resistiera su expansión ulterior. Los Esto.dos cuyos nze dios
de acción se incrementaron a causa del aumento demográfico y de la
prosperidad, o porque un gobierno más centralizado supo aprovechar
ambos factores, pudieron utilizar su poderío emergente para expandir-
se, pero sólo hasta cierto punto.
Este lírnite sería alcanzado cuando las crecientes economías de
escala se contrapusieran a la progresiva resistencia de un nuevo
Estado o coalición hostil. Entonces, el Estado en expansión podría
aceptar un equilibrio paralizante en ese punto culminante, o trataría
de constituir por su parte una alianza para romper el equilibrio, si
encontrara a otros interesados en el intento. También podría suceder
que la barrera de resistencia fuera probada en guerra, e indudablemen-
te que la misma lógica de la estrategia habría de prevalecer, aunque el
resultado sea la victoria o la derrota. Si el Estado en expansión gana la
guerra mientras todavía se encuentra en la rama ascendente de la
curva del éxito, ello provocara temor y hostilidad en otros Estados que
hasta entonces se sentían protegidos por el Estado o coalición que acaba
de ser vencido. Nuevamente la expansión chocará contra una barrera
de resistencia. Si el Estado de expansión pierde, su derrota hallará
consuelo en nuevos amigos que se acercarán; con afán de contener a su
victorioso rival; si quien prevalece es una coalición, su misma victoria
la debilitará, al reavivarse las disputas suprimidas, cuando la cohesión ,Según
resultabafundamental para resistir ala potencia en expansión.
la inexorable paradoja, una victoria total destruiría totalrT:ente una
coalición.)
LA CONTUNCIóN DE LOS OPUESTOS 61

Más allá de los participantes directos en cada contienda, existen


otras potencias grandes y pequeñas que resultan afectadas por cada
movimiento. La coalición formada para resistir a una potencia en
expansión en cierta región podría h allarse a su vez amenazando a otras
en cualquier área diferente; éstas podrían buscar alianzas con la
potencia mayor que es frenada, alterando el equilibrio en la palestra
porque no lo hay para ellas. Las reglas son muy simples, pero el juego
puede complicarse znuch o. La desunión de Europa se mantuvo desde la
época de la caída de Roina por el trastrocamiento de victoria y derrota,
de expansión y retirada; los procesos han sido más tranquilos cuando
existieron mayor número de Estados contiguos compartiendo una
cultura común, y más abruptos, con torpes combinaciones, cuando
hubo pocos participantes con menor comunicación entre ellos. En
época-: z,:::teriore~ podemos observar la misma dinámiea entre las
ciudades-Estados griegas frente a la primacía macedonia, hasta donde
r

nuestras fuentes sirven para ilustrar- sus vicisitudes; más tarde, entre
l os Estados regionales helenos que emergieron de la división del
i mperio de Alejandro. Asimismo, lo que conocemos de las relaciones
entre tribus gálicas, de las tribus germánicas de más allá del Rin, y de
los Estados itálicos, revela la misma lógica paradójica en acción.
En nuestros propios días tenemos a la vista, con perfecta claridad,
a los Estados europeos en una coalición parcial y tentativa para
mantener una barrera de resistencia contra la potencia soviética, pero
asimismo con una tenue expresión de resistencia hacia la potencia
nortearriericana. Tal resistencia sería mucho mayor (aunque aún no
belicosa) en caso que Europa fuera más fuerte, la Unión Soviética más
débil, y el apoyo americano menos urgente. Por supuesto, Europa no
monopoliza el fenómeno de la estrategia. Quienes conocen la historia
del Japón anterior a la centralización de Tokugawa; quienes han
estudiado la antigua China de los Estados belicosos y la moderna de los
señores de la guerra, e incluso los intervalos entre monarquías con-
solidadas; quienes están familiarizados con la historia de los Estados
de la India anteriores a británicos y mogoles, o con las acciones de tribus
y soberanos que nunca se sometieron; quienes observen las alianzas
abruptas, hostilidades repentinas y coaliciones rotativas del inundo
árabe contemporáneo; e indudabler_nente, quienes investiguen las
negociaciones de Estados rivales y tribus belicosas en cualquier tiempo
y lugar, pueden interpretar los acontecimientos según el concepto
renacentista del equilibrio del poder, .y hasta aplicar su misma ter-
ininología sin temor a caer en anacronismo o distorsión. (11)
Jada la universalidad (le] predicamento estratégico, las excepcio-
nes son las que exigen una explicación. Europa permaneció dividida a
través de los siglos y todavía no está totalmente integrada, pero China
Irrantu Vo l ar gos periodos de unidad en el pasado. }' aCt,lralIllentP Se halla
62 LA LÓGICA DE LA ESTRATEGIA

virtualmente unida. En Japón, el ascenso y caída de los señores de la


guerra fue finalmente interrumpido por un único gobierno. Donde
anteriormente hubo Estados belicosos hoy existe unidad, como en
Italia, España y Alemania; por supuesto que la experiencia europea
comenzó con el Imperio Romano, el cual nunca hubiera existido si cada
expansión no produjera mayores expansiones. Hacer notar que la
lógica paradójica de la estrategia resurgió tan pronto como el poder
central dio muestras de debilidad, aunque fuera por defectos persona-
les del soberano, disminuye el campo de lo que debe ser explicado, pero
no la necesidad de explicar. En realidad, la respuesta emerge directa-
mente de la misma definición de estrategia; en ámbitos de gobierno
consensual, como son los de la producción y el consumo, donde el
conflicto y la competencia están limitados por leyes y costumbres, se
aplica totalmente la lógica lineal y para nada la lógica paradójica de la
estrategia. Por lo tanto, resulta posible lograr continuidad y estabili-
dad, sin necesidad de realizar un último esfuerzo desesperado para
resistir la disolución de lo que existe y el reemplazo por su opuesto. De
ahí la perpetua búsqueda de legitimidad por parte de gobernantes y
regímenes que no tienen derecho natural a ella por medio de una
autoridad dinástica todavía incólume, por alguna fuente trascenden-
tal, o mediante confirmación electoral. Demostrar una aceptación
formal .y prolongada de las reglas establecidas, en lugar de la aproba-
ción transitoria derivada de una reciente eliminación de contiendas
destructivas, de la popularidad personal del gobernante, o de una
buena cosecha, resulta de suma importancia, precisamente porque es
lo único que puede apartar al gobierno de los afanes y trastornos del
predicamento estratégico.
Todavía existen unos pocos soberanos con legitimidad adscripta por
aquí y allá, y muchas más democracias, pero los Estados regidos por
regímenes represivos con poca o ninguna legitimidad son todavía más
numerosos. Para estos últimos, la política es como la guerra, aunque no
exista derramamiento de sangre, y la lógica paradójica de la estrategia
se aplica completamente, requiriéndose continua vigilancia del Estado
y un esfuerzo permanente para evitar la merma del poder. Así es que
existe una especie de gran estrategia aún dentro del gobierno de
algunos Estados.
Hasta aquí hemos observado con mucha profusión la lógica de la
estrategia en el marco de la guerra. Sin embargo, ésta abarca no
meramente las actividades bélicas, sino la conducta humana en el
contexto de una guerra posible. Mientras los Estados actúen para
preparar o evitarla guerra, o usen su capacidad bélica para extorsionar
concesiones por intimidación sin empleo efectivo de la fuerza, la lógica
de la estrategia se aplicará totalmente, tanto como en la guerra misma
e independientemente de los instrumentos políticos que se utilicen. En
LA, CONJUNCIÓN DE LOS OPUESTOS 63

consecuencia, excepto en sus aspectos puramente administrativos, la


diplomacia, la propaganda, las operaciones secretas encubiertas y los
controles económicos están todos sujetos a la lógica de la estrategia,
como elementos de las relaciones contrapuestas entre uno y otro
Estado.
II

LOS NIVELES DE LA ESTRATEGIA


Introducción

Hemos visto cómo la secuencia de acción, culminación, decadencia


e inversión de la lógica paradójica domina el reino de la estrategia.
Condiciona exactamente del mismo modo la competencia y lucha entre
naciones enteras que la más minuciosa interacción entre armas y
contramedidas, porque la misma lógica se manifiesta en escala grande
y pequeña, en toda clase de guerras y también en las diplomacias
contrapuestas de tiempo de paz. La contienda dinámica entre volunta-
des en oposición es la fuente común de esta lógica permanente, pero los
factores condicionados varían según el nivel de confrontación. La
reciprocidad técnica entre armas específicas y contramedidas queda
subordinada al combate táctico de las unidades que emplean dichas
armas en particular, y las fortalezas y debilidades de dichas unidades
derivan de toda clase de factores intangibles y materiales muy di stintos
de las limitaciones científicas y técnicas de las armas. Las acciones de
combate completamente autosustentadas son posibles (por ejemplo,
las incursiones de comandos), pero usualmente los movimientos a nivel
táctico de unidades particulares de las fuerzas armadas de cada bando
constituyen operaciones subsidiarias de otras de mayor envergadura,
con la participación de muchas unidades, y este nivel operacional
controla las consecuencias de lo que se hace o deja de hacer tácticamen-
te. Nuevamente, los factores afectados por la lógica son diferentes; por
ejemplo, no interesarán detalles topográficos o de despliegue, y será
i mportante la interacción general de los respectivos planes bélicos.
Los acontecimientos a nivel operacional pueden alcanzar gran
magnitud, pero nunca serán autónomos; se rigen a suvez por la amplia
interacción de conjunto de las fuerzas armadas en el teatro de opera-
ciones, del mismo modo en que las batallas son parte integrante de las
campañas. En este nivel superior de la estrategia de teatro es donde las
consecuencias de las operaciones aisladas se destacan en la conducción
general de la agresión y defensa, objetivos militares dominantes que
rara vez aparecen a nivel operacional, donde una campaña de bombar-
deo podría ser lanzada por los defensores, mientras que al agresor le
preocupa la defensa aérea; asimismo, y donde un ataque puede confor-
68 LOS NIVELES DE LA ESTRATEGIA

mar los propósitos de defensa de un frente, mientras que la contención


de operaciones en ciertos sectores satisface a menudo fines ofensivos.
La totalidad de la conducción de la guerra, incluyendo su prepara-
ción en tiempo de paz, es a su vez expresión subordinada de los es-
fuerzos nacionales que se desenvuelven a nivel de la gran estrategia,
por donde pasa todo lo militar dentro del contexto mucho más amplio
de control del orden interno, política internacional, actividad económi-
ca, y actividades derivadas. Como los fines últimos y los medios básicos
se manifiestan únicamente al nivel de la gran estrategia, las limitacio-
nes de recursos para la acción militar se definen también a ese nivel,
en su verdadero significado: hasta la conquista más exitosa no es más
que un resultado provisorio factible de modificarse por la intervención
diplomática de Estados más poderosos, e incluso ser repudiada a raíz
de una decisión política interna; en contraste, aún una catástrofe mi-
litar puede ser redimida gracias a las transformación política que
genera, o quizá perder importancia ante nuevas alianzas que la debi-
lidad suele fomentar en los procesos usuales de equilibrio del poder.
Los cinco niveles forman una jerarquía definida, pero los resultados
no se imponen simplemente desde arriba hacia abajo con un mensaje
de una sola vía, sino que cada nivel interactúa con los adyacentes en
diálogo constante. Los aspectos técnicos sólo interesan aquí si llegan a
afectar la táctica; pero a su vez, la acción a nivel táctico depende hasta
cierto punto de la performance técnica, así como el conjunto de aconte-
cimientos tácticos constituye el nivel operacional, si bien es este último
quien determina su significado. En forma similar, las operaciones en
desarrollo tienen efecto a nivel de estrategia de teatro, la que define su
propósito, mientras que la totalidad de la actividad militar afecta lo que
sucede a nivel de la gran estrategia, si bien su misión queda determi-
nada en ese nivel supremo.
Entonces l a estrategia posee dos dimensiones: la dimensión vertical
de los distintos niveles que interactúan entre sí, y la dimensión
horizontal de la lógica dinámica que se desarrolla concurrentemente
dentro de cada nivel. Nuestra investigación comenzó en la dimensión
horizontal, y las referencias a uno u otro nivel fueron introducidas
directamente sin tratar de explicarlas de manera sistemática, como
para dejar el escenario libre para el primer encuentro con la lógica
paradójica en acción y sus resultados, que suelen a veces sorpren-
dernos.
Ahora sería apropiado definir claramente cada uno de los cinco
niveles, eligiendo cuidadosamente las palabras y destacándolos en
atractivo formato tabular. Pero el tema que nos ocupa alberga tantas
variables como la misma vida humana, a menudo cargada con pode-
rosas emociones, restringida por hábitos y urgencias institucionales,
envuelta en bruma por las inciertas particularidades de tiempo y lugar
LOS NItiTLES DE LA ESTRATEGIA 69

de cada encuentro, de modo que las redes de definiciones de fraseología


abstracta solamente pueden capturar los contornos vacíos de la estra-
tegia, pero nunca su contenido proteico. Existe en circulación una
enorme cantidad de definiciones de la táctica y demás niveles de la
estrategia, pero basta echar una ojeada a cualquiera de ellas para
descubrir inmediatamente un sinnúmero de excepciones. Y si se las
complementa con ulteriores definiciones de las diversas subcategorías,
entonces nos haría falta un glosario entero de términos para recordar-
nos qué querernos decir con nuestras propias palabras, sin que de
ningún modo hayamos avanzado en nuestra comprensión del real
contenido de la estrategia.
Porlo tanto, vamos a proceder a zambullirnos en la misma sustancia
de los encuentros estratégicos, para proceder a efectuar la disección de
sus niveles componentes. Luego nos concentraremos en el análisis de
cada nivel a suvez, parafnalmente, sí dar un paso atrás para examinar
la totalidad dinámica, descubrir las líneas fronterizas de la estratifica-
ción natural del fenómeno del conflicto. Entonces, cuando nos aven-
turemos a expresar alguna definición, no procederemos a erigir todo un
edificio verbal de diseño propio, sino que hablaremos simplemente de
la realidad que observamos.
Ya puesto de manifiesto nuestro propósito, nos sujetaremos a los
límites de un caso extenso, la defensa de. Europa Occidental, que a
continuación será examinada en sus distintos niveles. Podemos empe-
zar por considerar la demanda escuchada con tanta frecuencia hoy en
día, de que las fuerzas de la Organización del Tratado del Atlántico
Norte* podrían oponerse con éxito a una ofensiva soviética en Europa
confiándose en sus defensas no nucleares de "alta tecnología", de modo
que la Alianza ya no necesitaría el actual despliegue de costosas
fuerzas blindadas y mecanizadas, ni tampoco --en especial- ningún
armamento nuclear, excepto para disuadir a la Unión Soviética de usar
sus propias fuerzas nucleares.

* En adelante llamada "la Alianza".


CAPÍTULO 5

EL NIVEL TÉCNICO

Las diversas propuestas de defensa no nu-


clear de Europa que hoy circulan, en la práctica se concentran en la
protección de unos seiscientos kilómetros del "frente central", señalado
por la frontera de Alemania Occidental,* y se basan en general en la
combinación de dos ideas diferentes. La primera es el concepto ya
familiar de confrontar las divisiones invasoras de tanques e infantería
mecanizada con gran cantidad de infantes armados con abundantes
misiles antitanque. (1) Según algunas propuestas serían tropas regu-
lares que reemplazarían totalmente a las actuales divisiones blindadas
y mecanizadas, que además de ser costosas, hay quienes la definen
como "provocativas" porque podrían indudablemente emplearse tanto
para atacar como para defenderse. En otras proposiciones, la infantería
misilística antitanques estaría compuesta por unidades de reserva o
milicias que se agregarían a las fuerzas regulares existentes para
proveer una nueva primera barrera de defensa.
El segundo concepto no es tan simple; consiste en el aprovechamien-
to de desarrollos recientes en una variedad de técnicas para constituir
sistemas completos de "ataque profundo". Abarcaría sensores aéreos y
satelitales, comunicaciones, centros de control, y misiles de gran
alcance con "submuniciones" de puntería independiente, que actuarían
en orden de secuencia para identificar y localizar vehículos mecaniza-
dos y otros blancos móviles a cientos de kilómetros de distancia,
suministrar información a los centros de control computarizados donde
inmediatamente podrían tomarse decisiones sobre los empeñamientos,
yfinalmente atacar en masa dichos blancos. Por lo tanto, tales sistemas
serían capaces de atacar columnas de tanques y vehículos mecanizados
en movimiento para demorarlas, desorganizarlas y disminuirlas mu-
cho antes de que alcancen el frente, evitándose así que sumen impulso
y potencia de fuego a la ofensiva.
Al examinar ambos conceptos podemos empezar por imaginarnos la

* La obra fue escrita anteriormente a la reunificación alemana en 1990. (N. del T.)
72 LOS NIVELES DE LA ESTRATEGIA

reacción del presunto enemigo, que intentará moverse para anular o


sobrepasar sus efectos, obligando a los defensores a descender por la
curva desde sus puntos culminantes de éxito, al tiempo que absorben
el alto costo implícito. Pero mi propósito es dejar al descubierto el
funcionamiento general de la estrategia, en lugar de analizar el mérito
esencial de cada una de esas propuestas; por consiguiente, debemos
examinar la imagen fotoeráfica de cada nivel en orden de secuencia, en
vez de la película cinematográfica de sucesivas interacciones dinámi-
cas dentro de un mismo nivel. Al encarar estos asuntos no tan simples,
contamos con la ventaja de poder comenzar por encaminarnos a través
del terreno de la cuestión familiar del misil antitanque, visto en forma
novedosa, antes de dedicarnos al análisis de la propuesta del ataque
profundo que eventualmente nos conducirá a las complejidades del
equilibrio nuclear.

LA GUERRA DE LAS ARMAS

Vamos a comenzar por examinar la confrontación entre armamen-


tos, asumiendo que cada uno de ellos es manejado por dotaciones
competentes sobre las cuales no interesan otros datos en esta etapa.
Por una parte, vemos los tanques .y transportes mecanizados de in-
fantería que constituyen la cuña frontal del avance de las divisiones
soviéticas, tratando de penetrar a través del dispositivo de la Alianza.
Por el otro lado, observamos la infantería provista de misiles antitanque,
quizá desplegada en terreno abierto o protegida en posiciones de
cemento; en este nivel estratégico no tomamos eso en cuenta. Asimis-
mo, ignorarnos la forma en que se desplazan los tanques soviéticos; si
se exponen totalmente a la observación o tantean hábilmente antes de
adelantarse por avenidas bien cubiertas. En este nivel resulta suficien-
te imaginar un misil antitanque y un tanque o vehículo mecanizado
soviético, que muy bien podrían estar enfrentándose uno a otro en un
polígono de tiro sin rasgos característicos.
Notamos que el misil antitanque es un arma muy barata en com-
paración; quizá cueste el uno por ciento del tanque y el diez por ciento
del vehículo mecanizado. Además, bastan dos hombres para servir al
lanzamisiles, mientras que sus adversarios requerirán tres o cuatro
tripulantes, sin contar los infantes que transportan. De cualquier
manera que computemos el servicio y la vida de los hombres, la
diferencia favorece aún más la economía del misil antitanque.
Enseguida vemos que el misil puede ser guiado hasta su blanco con
seguridad, y si ensayamos cierto número de ellos encontramos que
hacen impacto el noventa por ciento de las veces. La cabeza de combate
de carga hueca penetrará fácilmente el delgado blindaje del transporte
EL NIVEL TÉCNICO 73

de combate con plasma a alta velocidad que liquidará toda cosa o


persona en su interior. Podría suceder que el tanque poseyera blindaje
cerámico de avanzada y mejoras en su protección interna, pero en
nuestra visión fotográfica estamos examinando misiles también. muy
modernos, con cabezas de precisión y tamaño suficiente para perforar
la coraza del tanque. Por supuesto, éste hace fuego con sus ametralla-
doras y hasta con su cañón ; si se trata de un vehículo de transporte
también disparará sus ametralladoras y quizás un pequeño mortero o
lanzagranadas. Pero el misil tiene un alcance mucho mayor que esas
otras arreas, excepto el cañón y el mortero, pero tiene una excelente
oportunidad de destruir su blanco antes de que los apuntadores del
tanque y del vehículo mecanizado hallen la distancia y logren hacer
impacto. Durante la noche la situación se mantiene, porque cadabando
utiliza visores especiales; en realidad, los apuntadores de misiles de la
Alianza serían provistos de mejores equipos, con imagen más clara a
mayor distanciay luminosidad ambiente más tenue; además, el tanque
.y el vehículo mecanizado son mucho más grandes y más fácilmente
localizados.
Recurriendo a cifras que pueden describir todo lo observado en este
nivel estratégico, vemos que el 90 por ciento del total de misiles
funcionarán correctamente, de los cuales el 90 por ciento hará impacto
en el blanco, 80 por ciento de ellos penetrarán la coraza, y 90 por ciento
causarán daños que provocarán la inmovilización, de lo que resulta un
58 por ciento de probabilidad acumulativa de éxito.* Entonces podría-
mos estimar que en duelos directos en que se batan dotaciones com-
petentes .y fogueadas en nuestro campo de tiro carente de rasgos
distintivos, cada tanque puede destruir un misil antitanque antes de
ser a su vez inutilizado, y cada vehículo mecanizado da cuenta de otros
dos. Por consiguiente, se requerirán 1,58 misiles para destruir tanques
que cuestan cien veces más, y 2,58 misiles para los vehículos mecanizados
que cuestan por lo menos diez veces más. Vemos entonces que la
confrontación técnica entre misiles y blindados se resolverá categórica-
mente a favor de los primeros, por muy amplio margen.
Tal como es habitual, podríamos detenernos aquí y presentar este
resultado técnico como la verdad absoluta y suficiente; eso sería en caso
de que por ejemplo examináramos un encuentro entre la defensa
antimisiles balísticos y los misiles balísticos soviéticos de largo alcance,
dentro del gran campo de tiro espacial, sin rasgos distintivos. No hay
duda que cualquier ventaja en la relación del intercambio que supere
la posible desproporción entre los recursos que cada bando podría

* Tal como se dijo, eso corresponde al efecto inmovilización; para lograr daños
catastróficos irreparables la probabilidad es mucho menor.
74 LOS NIVELES DE LA ESTRATEGIA

aplicar en el esfuerzo sería una conclusión válida para algunos propó-


sitos, tal como para determinar simplemente la factibilidad de la
misión. Sin embargo, el hecho de averiguar el nivel técnico de la
estrategia en el combate entre el misil antitanque y sus enemigos, es
para nosotros solamente el comienzo, y provee información parcial y
transitoria. Por supuesto que el nivel técnico posee su propia impor-
tancia, mayor ahora que en el pasado cuando los cambios eran lentos
y las diferencias de capacidad técnica causaban efectos mucho meno-
res. Hoy en día, armas tales como aviones de combate, submarinos o
tanques de batalla, pueden sobrepasar a sus predecesores apenas un
poco menos modernos en forma que no puede compararse con las
diferencias que pudieron existir entre dos espadas igualmente eficaces
de una misma época; no obstante, aun en la antigüedad la superioridad
técnica fue ocasionalmente un factor decisivo, como ocurrió hacia fines
del siglo IV cuando los hunos aparecieron por primera vez con arcos
pequeños de material laminado, muy manuables para emplearlos
desde la montura, y extremadamente potentes.
Estos límites del nivel técnico de la estrategia no son arbitrarios. Lo
que hemos revelado (más que definido) es el nivel dentro del cual las
armas de guerra y sus interacciones pueden observarse en una parti
cular dimensión de la realidad, porque todas las demás circunstancias,
tanto materiales como intangibles, permanecen indeterminadas; de
todos modos, es una parte de la realidad. Tal como ha sido definido este
nivel, queda incluida dentro de él toda la información objetiva de gran
interés profesional para mucha gente que dentro del área militar se
dedica al desarrollo de armamentos, específicamente, los científicos e
ingenieros. Se supone que ellos reciben instrucciones provenientes de
niveles superiores sobre aquellos aspectos de la performance especial-
mente requeridos, y del grado de eficacia a lograrse en términos
generales. Sin embargo, y con sujeción a ello, la tarea procede entera-
mente dentro de los límites del nivel técnico y en prosecución de metas
estrictamente técnicas, a pesar de que los armamentos que se desarro-
llen afectarán con sus capacidades a todos los niveles superiores de la
estrategia.
Mientras que las consecuencias de la técnica reverberan a través del
reino de la estrategia, como indudablemente ocurre en todos los otros
aspectos materiales de la vida humana, únicamente las abstractas
teorías científicas que sólo consisten en puras palabras y cifras inma-
teriales, son las que restringen su campo. En tiempos recientes sus
límites se han expandido con bastante rapidez, pero en determinado
momento se convierten en barreras impenetrables para el tecnólogo.
Las teorías o "leyes" de la ciencia pueden quedar abolidas en cualquier
momento, pero mientras tanto su dominio es absoluto. En contraste, no
EL NIVEL TÉCNICO 75

sucede lo mismo con las demás pautas militares y políticas que también
definen las metas y límites del desarrollo técnico.

SOLDADOS Y TÉCNICOS

Raramente los técnicos están familiarizados al detalle con los re-


querimientos militares que deben satisfacer. En general, suelen respe-
tar las instrucciones recibidas como mera formalidad, porque conocen
perfectamente su transitoriedad, ya que ven nuevas doctrinas y "es-
trategias" enunciadas cada pocos años, mientras que sus propios ar-
tefactos perduran durante varias décadas. Entonces, los técnicos no se
sienten inclinados a obedecer al pie de la letra las formulaciones de
autoridades que denotan falta de conocimientos sobre el rango comple-
to de posibilidades que se abre ante ellas. La militarización de los
técnicos que viene sucediendo desde tiempos remotos, y la creciente
educación técnica de los militares que se inició en el siglo pasado, no
han anulado la división: cada grupo está sujeto a autoridades diferen-
tes, por un lado el escalafón de la ciencia aplicada y por el otro la
jerarquía militar no técnica.
Por lo tanto, no existe solamente una barrera de ignorancia, sino
además divergencia de propósitos. Para la burocracia militar, la
máxima calidad posible para determinado armamento debe normal-
mente sacrificarse en aras de la cantidad, porque si disminuye la
magnitud de las fuerzas se reduce la base de la jerarquía. Por otra
parte, para el técnico la cantidad no cuenta: la máxima calidad es la
única meta dentro de su especialidad, y se manifiesta al desarrollar el
arma más completa con la más alta performance posible.
Anteriormente a la Primera Guerra Mundial y durante su trans-
curso, los acorazados más grandes y mejor protegidos y los cañones
ferroviarios de mayor alcance excitaban la ambición del técnico; unos
concordaban con las necesidades navales vigentes, y los otros no eran
demasiado congruentes con los requisitos de la artillería contemporá-
nea que buscaba alta movilidad. En la Segunda Guerra Mundial los
caminos de la ambición técnica proliferaron para producir una verda-
dera galaxia de innovaciones, algunas con utilidad militar inmediata
(por ejemplo, el radar y la bomba de fisión) y otras de validez negativa
para la época (las V-1, V-2 y V-3 alemanas, y el supertanque Maus). Hoy
en día, la ambición por el desarrollo se enfoca hacia armas de energía
dirigida, grandes aviones supersónicos de caza con equipamiento
electrónico completo, submarinos nucleares del tamaño de cruceros, y
enormes portaaviones. Naturalmente, el efecto logrado es reducir las
cantidades, hasta niveles que no se corresponden con la realidad bélica
en algunos casos; por ejemplo, la producción anual de aviones de caza
76 LOS NIVELES DE LA ESTRATEGIA

no excede la cifra que podría perderse en una mala mañana durante


combates aéreos en gran escala.
Ahora está de moda deplorar la tendencia a perseguir la calidad a
expensas de la cantidad, al menos en los Estados Unidos, pero la lógica
paradójica de la estrategia en cualquiera de sus niveles resulta irrele-
vante en este. cuestión, y ninguna intuición al respecto puede ayudar-
nos a tomar decisiones. La acción a nivel técnico que provoca una
reacción puede provenir indiferentemente de muchas armas sencillas
o de pocas más sofisticadas. En cambio, es la lógica lineal del sentido
común la que impone límites en la búsqueda de la calidad a expensas
de la cantidad, porque la utilidad marginal de los incrementos de
calidad debe tender a cero dentro de los límites de aplicación científica,
en determinado momento: el mejor fusil posible de construir con los
materiales más avanzados y técnicas más recientes, quizá sea muy
poco más efectivo que un fusil común basado en idénticos principios
pero a mucho menor costo. Lo mismo se aplica a bombarderos, misiles,
submarinos, o cualquier otro armamento que se compare. Sabemos que
no nos hallamos en el reino de la estrategia, porque al incrementarse
l a calidad de una unidad el incremento de efectividad obtenido puede
que se reduzca a cero, pero nunca será negativo (a menos que la
confianza u otro atributo similar sea afectado de algún modo). En
cambio, si laparadejadinámica de la estrategia determinara el resultado,
los incrementos en la calidad comenzarían realmente a reducir la
efectividad de un arma después de cierto punto.
Las tensiones que se producen entre prioridades militares y metas
técnicas obligan constantemente a la negociación entre soldados con
mentalidad técnica, y técnicos con mentalidad militar, ambos miem
bros marginales de cada grupo. Pero cuando los productos del desarro-
llo técnico son finalmente entregados a las fuerzas armadas, su utili-
zación se regirá por la opinión del cuerpo principal y por intereses
institucionalespreexistentes (a menudo resabios de desarrollos técnicos
previos). Cuando la novedad constituye una mejora del material en uso,
la innovación se incorporará directamente, con el único obstáculo de
algunas fricciones incidentales que probablemente se resuelvan con el
tiempo. Pero si el arma nueva es el resultado de un a invención, si carece
de predecesores directos, entonces las fuerzas armadas deberán modi-
ficar sus esquemas creando nuevas unidades que la adopten, a expensas
de unidades ya existentes. Como estas últimas tienen algún tipo de
representación dentro de los círculos de decisión, mientras no ocurre lo
mismo, obviamente, con las unidades todavía no habilitadas, el creci-
miento que resolvería ese conflicto queda siempre limitado por alguna
forma de escasez (típicamente, de fondos en tiempo de paz .y de personal
en tiempo de guerra). Esas barreras institucionales tradicionalmente
opuestas a la innovación pueden verse en un símil hidráulico donde la
EL NIVEL T$CNICO 77

expansión de la fuerza sería la válvula de alivio, y la resultante se


manifiesta en la velocidad o lentitud con que el líquido existente deja
paso al nuevo.
Pero la innovación no es solamente rápida o lenta; también puede
fracasar rotundamente a causa de una resistencia social que sencilla-
mente no admite el cambio técnico, (2) o de una aplicación equivocada.
Un caso famoso de innovación abortada fue el de la rrtitrailleuse, una
ametralladora súbitamente adoptada por el ejército francés en 1869, en
vísperas de la guerra con Prusia. En un inundo de fusiles de un solo tiro,
la mitt-ailleuse podía disparar 300 proyectiles por minuto con preci-
sión, a más de 500 metros; era bastante confiable, y• hubiera tenido
efectos decisivos contra una infantería sorprendida por tal velocidad de
fuego. Era una invención belga que fue fabricada en gran secreto en los
arsenales franceses por orden de Napoleón 111; y exigt.ígn importatit.es
cantidades listas al comienzo de la guerra con Prusia en 1870.
Pero el alto grado de reserva había impedido que se realizaran
ejercitaciones en el terreno y se discutieran las tácticas. Como el arma
era demasiado pesada para ser cargada a mano, se la montó sobre una
cureña liviana, por lo que parecía una pieza de artillería de campaña.
Por otra parte, la infantería no estaba preparada para re abastecerse de
munición, en una época en que cien tiros satisfacían las necesidades de
cada soldado para varias semanas de campaña, y cada batallón contaba
solamente con unos pocos carros a caballo ya repletos de tiendas,
alimentos y pertrechos. Además, el mismo Napoleón III era un experto
artillero (de fama mundial), así que fue la artillería quien recibió la
mitraílleuse. Al empezar la guerra, los artilleros franceses la emplea-
ron naturalmente como una pieza más, o sea bien a retaguardia de las
líneas de infantería, fuera del alcance de sus blancos y vulnerable al
fuego de contrabatería enemigo sobre posiciones francesas. (3)
Hubiera sido demasiado optimismo imaginar que los artilleros
abandonarían sus conceptos habituales para ubicar alguna de sus
armas entre la infantería; ello les parecería un atroz retroceso a la
usanza del siglo XVII. Tampoco podían entregarlas nuevas armas ala
infantería sin transferirles además los tan valiosos carros de municio-
nes de artillería. De todos modos, sucedió que en labatalla de Gravelotte,
el 18 de agosto de 1870, la infantería prusiana avanzó hasta entrar en
el alcance de algunas ametralladoras que no habían sido neutralizadas
por el fuego de contrabatería. Disparando las placas de 25 tiros a una
velocidad de 12 tiros por minuto, las nuevas armas ejecutaron una
masacre, causando muchas de las 20.163 bajas prusianas de ese día. (4)
Pero por otra parte, ¡as ametralladoras apenas figuraron al término de
la guerra. S i la innovación no se hubiera abortado de ese modo, podría
haberse evitado la desastrosa derrota francesa.
78 LOS NIVELES DE LA ESTRATEGIA

POLíTICOS Y TÉCNICOS

Mientras que entre técnicos y militares existen tensiones que sólo


la innovación in stitucional puede resolver, una crónica disonancia es el
estado normal de relaciones entre esferas políticas y. técnicas. Los
objetivos políticos del Estado resultan usualmente tan vagos y distan-
tes para el técnico que ni siquiera entran en sus cálculos. En algunos
raros casos, las autoridades han intervenido abruptamente para lan-
zar desde arriba algunas órdenes, ya positivas o negativas. Un presi-
dente norteamericano puede disponer la clausura de una vía de de-
sarrollo bastante prometedora porque ofende su sentido de la ética, o
quizá daña estéticamente su imagen pública. Puede que otro ordene a
los técnicos la producción de nuevas armas que se hallan más allá de
los límites contemporáneos de posibilidades científicas, como si el
progreso de la ciencia pudiera dirigirse y acelerarse mediante una
decisión política y la provisión de fondos. Un Hitler o un Stalin pudie-
ron imponer la dictadura en laboratorios y talleres, y decretar que los
cohetes balísticos o las bombas de fisión fueran rápidamente cons-
truidas.
Hay algunos casos muy recordados de intromisión espectacular
desde el lado de la ciencia; el más trascendente ocurrió el l l de octubre
de 1939, cuando el influyente economista Alexander Sachs entregó al
presidente Roosevelt una carta firmada por el ya eminente Albert
Einstein y un memorándum de otro científico refugiado; el entonces
desconocido Leo Szilard, quien tuvo la idea. Ambos documentos invita-
ban al gobierno norteamericano a investigar la posibilidad de iniciar
una reacción en cadena de uranio dentro de un artificio bélico. La
iniciativa de Szilard fue posible gracias a la ayuda prestada por otros
científicos refugiados, Eugene Wigner y Eduard Teller; cada uno de
ellos estaba destinado a la fama en el futuro, pero su papel esencial en
ese momento fue llevar a Szilard hasta la cabaña de Einstein en la
playa de Long Island en reiteradas ocasiones, porque carecía de li-
cencia de conductor. Según el relato dejado por Sachs, Roosevelt
parecía distraído durante la lectura de la carta y del memorándum, y
recién en el desayuno del día siguiente Sachs finalmente lo persuadió
para que tomara el asunto con seriedad, al contarle una anécdota sobre
la negativa de Napoleón a financiar el proyecto del buque a vapor de
Fulton. (5)
Fue por circunstancias al menos fortuitas dentro de los términos
consecuentes de la ciencia e ingeniería, que laAlemania nazi fracasó en
el desarrollo de su propia bomba de fisión. El entusiasmo de Hitler se
inflamó de inmediato ante la perspectiva de construir cohetes fusifor-
mes y rugientes, y su apoyo a la cohetería siempre fue generoso y tenaz.
Sin embargo, los físicos nucleares pertenecían a un campo notoriamen-
EL NIVEL TÉCNICO 79

te no ario (incluyendo a Szilard, Winger, Teller y al mismo Einstein)


que fue posteriormente condenado por los pensadores nazis por su
crítica a certezas irrefutables; tampoco la reacción en cadena nuclear
encontró un defensor germano propiamente ario tan persistente como
Leo Szilard.
Únicamente la disonancia fundamental entre técnicos y políticos
pudo causar que asuntos de tan colosal importancia fueran decididos
con semejante frivolidad. Por supuesto que el proyecto americano de la
bomba de fisión hubiera comenzado tarde o temprano, aunque no
estuviera Szilard para llamar la atención. Pero una demora pudo ser
decisiva si el gusto de Hitler hubiera sido diferente y le asignara
máxima prioridad, porque ciertamente Alemania poseía medios mate-
riales para fabricar su propia bomba de fisión si el proyecto se hubiera
iniciado alrededor de 1939.
El convencimiento de que los dirigentes políticos no deben desaten-
der las posibilidades que ofrece el desarrollo técnico deliberado se
convirtió en realidad indiscutible luego de la Segunda Guerra Mundial,
que exhibió dramáticos episodios de guerra científica, y como secuela
de Alamogordo, Hiroshima y Nagasaki. Los departamentos científicos
proliferaron dentro del gobierno y las fuerzas armadas, ,y fueron
agregados cargos de asesores científicos a los gabinetes íntimos de
presidentes, primeros ministros y secretarios generales. Sin embargo,
todo eso no hizo mucho para reducir la disonancia, como podía esperar-
se. Es que en realidad existían solamente dos clases de cuestiones
técnicas: los asuntos de rutina, sobre los que no se necesitaba decisión
política alguna, y los polémicos, sobre los cuales también normalmente
diferían los científicos en términos que los legos ni siquiera podían
entender. (6) Los políticos todavía capitanean el barco del Estado y los
soldados manejan sus cañones, pero ahora hay técnicos a cargo de la
sala de máquinas, cuyas acciones impulsan el buque por rutas inex-
ploradas hacia destinos desconocidos.

* La afirmación en posguerra de eminentes físicos nucleares alemanes (Heisenberg


y otros) de que deliberadamente retrasaron el desarrollo de la bomba, fue fraudulenta.
CAPÍTULO 6

EL NA7EL TÁCTICO

Volviendo ahora al caso de la defensa de la


Alianza en Alemania, podernos examinar al misil_ an5tanque y su ,-~
oponentes directos en el siguiente nivel de la estrategia. La imagen que
se presenta ante nuestra vista es mayor y nias detallada, porque ya no
podemos simplificar la lucha como si fuera un duelo, sino que debernos
considerar unidades enteras enfrentadas entre sí, y que contienen
tantos equipos misilísticos y vehículos blindados como podrían inter-
actuar riirectarnPrat~ dentro de un mismo episodio de combate. Además,
ya no estamos comparando misiles y vehículos blindados que confron-
tan en un campo de tiro sin rasgos prominentes, ni con dotaciones
autómatas.
En primer lugl-rr debemos considerar el terreno ,y la vegetación. El
suelo del este de Alemania es algo irregular, sin montañas altas pero
con valles y colinas, o al menos con algunos plegamientos que pueden
tener importancia. Hay vías protegidas que podrían explotar las
fuerzas blindadas soviéticas para aparecer subitamente frente a los
misiles antitanque a corta distancia, y así privarlos de su gran ventaja
de alcance en comparación con las ametralladoras. En casos extremos,
la emergencia del blanco visible ocurriría tan cerca que el misil no
podría siquiera usarse, porque como contrapartida a su gran alcance
adolece de una distancia mínima de lanzamiento dentro de la cual no
llega a entrar a tiempo en la línea de puntería. Esta limitación no la
tienen los cohetes antitanque.
Por otra parte, también existe vegetación que permite ocultarse a la
infantería antitanque, y que puede servir para mucho más que enmas-
carar su presencia, ya que obtiene protección de vial importancia en
cualquier cobertura del terreno, al menos contra las armas de fuego
directo. Más afro, si se dispone de tiempo antes del combate (una
variable significativa que puede depender del rnás alto nivel estratégi-
co), el terreno no sólo puede ser aprovechado en su estado natural, sino
mejorado mediante barreras tales corno fosos antitanque y
fortificaciones. Unas pocas horas de trabajo con picos y palas podrían
bastar para transformar una ladera expuesta en zona fortificada, con
posiciones de fuego disimuladas y cubiertas para resistir el tiro indirec-
EL NTVEL TÁCTICO si

to de obuses y morteros. Las barreras continuas que impidan el paso de


los atacantes, así como las posiciones fortificadas, podrían construirse
con cemento bien sólido en lugar de tierra, mejorando notablemente la
defensa (contrariando el prejuicio pos-Línea Maginot).
Pero si la disposición no es prolija, si las posiciones de fuego se
destacan del paisaje circunvecino como blancos notables, las fortifi-
caciones servirán para condenar a los defensores; a este nivel estraté
gico, esas cosas pueden resultar decisivas de por sí dentro del corto
lapso en que se define el encuentro táctico. Por consiguiente, debemos
reconocer que un factor enteramente novedoso ha aparecido en la
elaboración de éxito o fracaso cuando el breve tiempo disponible
adquiere relevancia: la idoneidad no solamente en cuanto al funciona-
miento mecánico de las armas ya asumido en el nivel técnico, sino la
sutil idoneidad táctica requerida para hacer buen uso del terreno y de
las armas asignadas, dentro del contexto particular de cada
empeñamiento.
Ahora también cobra importancia la aptitud natural y el adiestra-
miento táctico de los hombres que tripulan esos vehículos blindados y
la infantería misilística que se les opone: ¿poseen el ojo atento del
cazador para descubrir las ventajas del terreno, dado lo que saben del
enemigo? ¿Pueden calcular rápidamente cómo se correlaciona la pro-
fundidad del campo de tiro desde varias posiciones y sobre aproxima-
ciones distintas, con el alcance efectivo de sus armas?

CONDUCCIóN, MORAL, FORTUNA

La idoneidad es un atributo individual, pero son las dotaciones de


vehículos y misiles quienes combaten; o sea que consisten en grupos
pequeños, y lo que cuenta más que nada es la habilidad que demuestran
efectivamente actuando en conjunto, más que la pericia personal. Y ello
mucho depende de una conducción competente. ¿Son los hombres más
antiguos de los equipos de infantería misilística aquellos mejor califi-
cados para asumir decisiones tácticas, o producto de un ejército que
promueve la docilidad antes que el ingenio? En cuanto a los oficiales y
suboficiales a cargo de los vehículos blindados y de sus dotaciones, ¿son
verdaderos líderes o apenas seguidores de quienes están en el escalón
superior de la cadena de mandos?
Tampoco basta una conducción competente si las tropas no desean
enfrentarse al peligro. Cuando realmente comienza el encuentro tácti-
co, con el estremecedor estampido de la artillería que rutinariamente
hace fuego por delante del avance blindado, el siniestro martilleo de las
ametralladoras, la explosión mortal de las granadas de mortero;
cuando la tierra parece estallar desde adentro y volar por el aire,
mientras ramas de árboles cortadas por la metralla caen ruidosa-
82 LOS NIVELES DE LA ESTRATEGIA

mente; cuando un transporte de tropas por aquí o un tanque más allá


son tocados, se incendian y explotan; cuando el infante se apercibe de
que el compañero que se hallaba a su lado un segundo atrás está ahora
muerto, herido o enterrado bajo escombros; cuando el combate propia-
mente dicho se inicia, entonces descubrimos que mucho más que una
hábil conducción es lo que interesa a fin de cuentas.
Los instintos naturales tratarán de inducir alas dotaciones atacantes
a esperar en la seguridad del refugio que el terreno les ofrece, en vez de
continuar el avance por un área desconocida, hacia donde aguarda el
enemigo oculto con sus mortíferos misiles. Y el mismo poderoso instinto
urge a huir al infante que debe mantener su posición en contra de
máquinas de acero que descienden implacablemente hacia él; ahora los
lanzamisiles parecen desesperadamente endebles y su efecto incierto,
frente a la certeza matemática de que en pocos minutos los defensores
serán aplastados bajo las orugas de los tanques que se aproximan, a
menos que todos ellos reciban impactos que los detengan.
Lo que vence al instinto para hacer posible el combate es el conjunto
de todas esas cualidades intangibles que los ejércitos se esfuerzan en
estimular mediante marchas y desfiles (para automatizar la obedien-
cia), discursos, canciones y banderas (para inspirar orgullo), uniformes
y rutina cotidiana, recompensas y castigos: moral individual, disciplina
de grupo y cohesión de unidad. De estos atributos inmensurables pero
de vital importancia, la cohesión al nivel de pequeñas unidades es
usualmente el principal, porque la voluntad de lucha de los hombres en
beneficio de los demás sobrevive al terrible impacto de la batalla con
mayor éxito que cualquier otro apoyo moral.
Por lo tanto, al nivel táctico de la estrategia las intangibilidades de
idoneidad, conducción, moral, disciplina y cohesión de unidad entran
en nuestro cuadro y tienden a determinar el resultado. Por esta razón,
las estimaciones de equilibrio militar efectuadas únicamente a nivel
técnico engañan en forma sistemática ya que al presentar listas cuan-
titativas del armamento brindan comparaciones de atractiva precisión,
pero que dejan de lado partes fundamentales.
Existe otro factor de poderosa influencia sobre el resultado de cada
episodio táctico aislado: la fortuna, o sea posibilidad y probabilidad;
posibilidad de que las tropas de uno u otro lado se hallen exhaustas por
falta de sueño, enfermas o hambrientas por mal racionamiento, aterro-
rizadas por el combate anterior o por algún accidente fatal cuya
ocurrencia no es rara cuando se manejan con prisa máquinas letales.
Una probabilidad fundamental es la meteorológica; en Europa Central
son comunes densas neblinas o espesas nieblas terrestres durante la
mayor parte del año. Esto permitiría a los tanques y transportes de
combate aparecer súbitamente ante los defensores, sin tiempo para
disparar siquiera un misil, si es que todavía han mantenido su posición
EL NIVEL TÁCTICO 83

luego de la desmoralizadora experiencia de escuchar la rugiente


aproximación de vehículos blindados que no pueden verse.

ASIMETRÍAS OFENSIVAS Y DEFENSIVAS

En consecuencia, todas estas cosas adquieren importancia a nivel


táctico, y encuentran contrapartida en otras formas de guerra, en el
aire y en el mar del mismo modo que en tierra. Pero, ¿afectan a ambos
bandos de igual manera los rasgos del terreno, la vegetación, la
idoneidad, conducción, moral, cohesión y fortuna? ¿Son modificables
las conclusiones categóricas del nivel técnico por estos agregados a
nuestro cuadro? ¿Puede variar nuestro resultado provisorio sobre la
gran efectividad de la infantería armada con misiles antitanque contra
el ejército soviético mecanizado en la defensa de Europa Central? La
respuesta es definidamente afirmativa para cada uno de los casos.
Las fuerzas blindadas soviéticas sólo tienen que avanzar para dar
por cumplida su tarea, y la mayoría de las dotaciones no necesitará
más que operar sus máquinas y disparar sus armas a través de miras
telescópicas y troneras, protegidas de las terribles imágenes y ruidos de
la batalla por planchas de coraza y motores rugientes. Por supuesto,
hará falta un mando eficaz para que se desplacen en la dirección
correcta aprovechando las prominencias del terreno; será provisto por
jóvenes oficiales a la cabeza de cada columna, hombres destinados a
correr mayores riesgos al avanzar expuestos en torretas abiertas.
El infante que se encuentra a la defensiva no puede participar
efectivamente en la lucha mediante la mera operación de mecanismos,
sin tener clara la batalla. Debe permanecer listo y alerta para avistar
sus blancos a la máxima distancia, a pesar de las interferencias del
humo accidental o artificial, de nieblas y neblinas; debe adquirir su
blanco con toda tranquilidad por medio de su mira, y decidir el delicado
instante del lanzamiento, porque si bien conviene disparar a la mayor
distancia posible, ello podría facilitar el ocultamiento en el terreno del
tanque que avanza, y así eludiría el impacto del misil en vuelo. Después
del lanzamiento, el operador debe mantener en su mira al blanco móvil
durante los eternos segundos de recorrido del proyectil hasta el im-
pacto. Y a lo largo de todo ese procedimiento, desde el avistaje hasta el
término de la trayectoria, las tropas misilísticas cumplen minucio-
samente sus tareas, mientras los sentidos soportan los efectos de la
batalla, cuando la mínima distracción causa la pérdida del control
sobre misiles en vuelo.
Es evidente que hay gran asimetría en 1<<. protección física, salvo que
se disponga de fortificaciones elaboradE.s. En nuestro cuadro, las
fuerzas blindadas son vulnerables únicamente a los misiles, mientras
que los defensores, por el contrario, quedan sujetos al efecto de toda
84 LOS NIVELES DE LA ESTRATEGIA

arma que los alcance: cañones, morteros, ametralladoras, lanzagra-


nadas, y -lo peor- el apoyo del fuego de artillería batiendo el terreno
delante de los blindados. Algunos mueren, otros son heridos, y muchos
más quedan tácticamente incapacitados al verse obligados a refugiarse
en vez de buscar y atacar blancos.
En realidad, no solamente conspirarán en contra de los defensores
sus propios sentidos, sino además sus mentes. La unidad blindada
soviética que avanza recibe el empuje de las unidades que le siguen;
aparte de la dirección de movimiento asignada, su tarea tiene pocas
li mitaciones, y la decisión y la suerte de comandantes y tripulantes
sufre poca influencia de la totalidad de un dispositivo de defensa al que
apenas conocen y por cierto no pueden evaluar. Pero los defensores
tienen amplia oportunidad de efectuar sus cálculos: con la óptima
visibilidad que permitan el clima y el terreno, el máximo alcance de
fuego no excederá de 4000 metros, y si los blindados soviéticos avanzan
a sólo 25 kilómetros por hora, dispondrán de algo más de nueve minutos
de tiempo de combate antes que los tanques y vehículos enemigos les
pasen por encima. Si la neblina reduce un poco la visibilidad, o la niebla
la reduce mucho más, baja el alcance y proporcionalmente el interva-
lo disponible. Teóricamente, cada equipo lanzador de misiles podría
empeñarse contra un nuevo blanco aproximadamente cada treinta
segundos, y esas cosas a veces se hacen en el campo de tiro durante
ejercitaciones. Pero dentro de la secuencia real del combate desde el
avistaje basta el impacto, sería óptimo lograr un tiro por minuto, con
una probabilidad de éxito del 58 por ciento.
Para saber si las posiciones podrán sostenerse, o si la buida es la
única alternativa ante la muerte o captura, los defensores deben
estimaren consecuencia la cantidad de tanques y vehículos de combate
que avanzan hacia ellos; si resultan ser más de cinco por cada lanzador
de misiles que quedó intacto luego del bombardeo de artillería, morte-
ros y fuego directo, entonces sus vidas o su libertad se habrán perdido
en los próximos minutos. Como se hallan enfrentando al ejército
soviético, y la fatalidad los ha ubicado justo en el sitio que una de su.s
columnas ha elegido para pasar, los defensores deben esperarlo peor:
los tanques y vehículos que tienen a la vista constituyen sólo la
vanguardia, y muchos más los seguirán en corto trecho. Esta abundan-
cia de blindados es precisamente el motivo de la propuesta que nos
hallamos analizando, pero para la infantería con misiles antitanque en
posición la decisión estratégica ha creado una situación táctica
sistemáticamente desmoralizadora, de la cual el único escape no
consiste en plantarse y luchar efectivamente, sino en lanzar uno o dos
misiles v retroceder con astucia.
Por todas estas razones, las conclusiones iniciales a nivel técnico se
han modificado totalmente. Cuando analizamos el encuentro a nivel
táctico, vemos que los defensores ya no pueden albergar esperanzas de
EL NIVEL TÁCTICO 85

destruir tanques cien veces más caros a razón de 1,58 misiles por cada
tino. n i vehículos de combate que cuestan al menos diez veces más con
2,58 misiles en promedio, produciéndose una excelente relación de
intercambio mayor de 1:5,8 contra transportes de tropas, y 1:63 contra
tanques. En lugar de ello, vemos que muchos lanzamisiles se perdieron
por culpa del bombardeo previo de artillería, morteros y tiro directo,
antes que pudieran empeñarse contra enemigo alguno; otros fueron
incapaces de adquirir ni siquiera un blanco durante el breve intervalo
de combate, a causa del humo: hubo otros que perdieron los blancos que
ya tenían en puntería por los efectos de soplo y choque de las explosio-
nes vecinas.
Por lo tanto, ¿cuántos lanzamisiles se requerirán en la realidad
táctica para destruir un tanque o vehículo de combate? ¿Serán diez o
veinte, corno sugiere la experiencia de guerra del Medio Oriente? Y si
pensarnos que Europa Central carece de tan espléndida visibilidad, ¿no
será mucho mayor cantidad? Como las diferencias de costo son enor-
mes, el saldo será todavía favorable, pero no por margen tan amplio.
Nuestra conclusión a nivel táctico, aunque por supuesto todavía pro-
visoria, es que la propuesta es mucho menos promisoria que lo estimado
al principio, pese a que aún merece ulteriores evaluaciones a niveles
superiores de la estrategia. Pero ahora sabemos que su éxito dependerá
en muy alto grado de las cualidades de los hombres involucrados. Las
virtudes intangibles de moral, disciplina y cohesión casi siempre
revisten en combate mayor importancia que los factores materiales,
pero es aún más evidente en este caso, donde se observan tan graves
asimetrías entre los esfuerzos exigidos a agresores y defensores.
Así es como hemos descubierto que los méritos de las propuestas en
circulación tienen una dependencia crítica de lo que hasta ahora
considerábamos meros detalles administrativos. ¿Será integrada la
infantería misilística por milicianos cohesivos, amigos y vecinos uni-
dos, pero seleccionados por su aptitud y bien entrenados, dentro de lo
que permite el adiestramiento de tiempo compartido? ¿O serán re-
servistas provenientes de todo el país, quienes años atrás sirvieron
como conscriptos y se convocarán por vez primera justo cuando el
combate está por comenzar? ¿O constituirá la infantería misilística un
cuerpo de elite, de jóvenes seleccionados, adiestrados y comandados
para garantizar las máximas cualidades morales? Y después de todo,
¿qué razonamiento hace que naciones ricas manden al combate a sus
mejores hombres con armas baratas contra enemigos mucho más
pobres pero con armamentos sofisticados? De este modo encontramos
en el nivel táctico de la estrategia la dimensión humana del combate,
así como las posibilidades y probabilidades, y vemos el desarrollo del
combate dentro de un contexto único de tiempo y espacio. Al variar el
climay las circunstancias humanas, al no existir fuerzas idénticamente
integradas y armadas, que se desplacen de igual forma por el mismo
86 LOS NIVELES DE LA ESTRATEGIA

suelo, no puede librarse dos veces la misma batalla y obtener idénticos


resultados. Confiando en la anulación de posibilidades, y mediante la
estimación de probabilidades basada en la observación de muchos
eventos (precisión de las armas, tendencias climáticas), podemos
arribar a conclusiones de nivel táctico con validez general, pero única-
mente para algunas fuerzas en particular, con equipamiento particular
y características humanas particulares.
Por consiguiente, la erudición "táctica" -entendida como el arte
detallado de la guerra, que se manifiesta precisamente en este nivel-
ni puede viajar muy lejos ni durar mucho tiempo. Lo bueno y lo malo
dependen de la performance específica de las armas y de la naturaleza
general de los antagonistas: cierta forma de atacar una posición
enemiga, de conducir una interceptación, o de empeñarse en un com-
bate naval, puede que resulte audaz hasta el borde del suicidio o
excesivamente pusilánime, según las características de las fuerzas en
oposición. Además, los manuales tácticos deben ser escritos nuevamen-
te cada vez que aparecen armamentos significativos que convierten en
mera rutina lo que antes era imposible, o hacen imposible lo que antes
era mera rutina. De la lectura de los textos de Eneas, Vegetio o Mau-
ricio surgen consejos que aún conservan validez, pero sería vano
pretender que contengan mucho más que lo obvio; asimismo, si leemos
manuales mucho menos interesantes de las dos guerras mundiales
modernas, los encontraremos igualmente pasados de moda. Por lo
tanto, la táctica concierne exclusivamente a los profesionales, así como
toda estrategia normativa que aconseje tal o cual política para uno u
otro país, sólo puede mantener validez contemporánea (a diferencia de
la estrategia en sí, que nada prescribe y en cambio se limita a describir
fenómenos inmodificables cuyas existencias son independientes de que
se los perciba o no).

LOS LÍMITES DE LO TÁCTICO


En nuestro cuadro de la confrontación no dimos lugar a ningún
cambio de tácticas por ninguno de los bandos, ni tampoco a experiencias
de éxitos y fracasos anteriores que provoquen reacciones en uno y otro
lado. Simplemente se asumió que ambas fuerzas ejecutarían tácticas
sencillas de combate frontal, si bien prestando atención a la correcta
utilización del terreno. Por supuesto que esto sería válido solamente en
el choque inicial entre la primera ola de blindados soviéticos en avance
y el cinturón defensivo de infantería antitanque. Pero si la defensa
logra repeler el ataque, al tiempo provocará una reacción que intente
suprimirla empleando mayor poder de fuego o la circunde de alguna
manera. También puede reaccionarla defensa, ya sea usando el tiempo
ganado para cavar nuevas posiciones, adelantando grupos de recono-
EL NIVEL TÁCTICO 87

cimiento, o dejando penetrar a los vehículos enemigos para luego


batirlos desde atrás. Y entonces habrá de comenzar otra vuelta.
No obstante, las fuerzas en particular que estuvimos analizando no
son entes independientes que persiguen sus propios objetivos. Lo que
representa todo el combate para las unidades a nivel táctico, y que es
sin duda su propia existencia en ese momento, constituye meramente
un fragmento de los esquemas de mayor amplitud que manejan los
sucesivos estratos de mandos de los respectivos ejércitos y autoridades
nacionales. Han puesto en vigencia los planes que desencadenaron el
conflicto, en prosecución de sus propias metas de mayor relevancia.
Ahora tratan de mantener control sobre la lucha, a fin de proteger sus
propósitos mediante el desarrollo de respuestas recíprocas ante los
resultados obtenidos; a veces tratando de ayudar a las unidades
empeñadas, a veces sacrificándolas, y con mayor frecuencia introdu-
ciendo nuevas fuerzas que todavía pueden controlar porque no han sido
absorbidas dentro de su propia lucha por la supervivencia.
El juego entre acción y reacción ya no queda confinado al nivel
táctico. Nos hará falta una perspectiva bastante diferente y mucho más
amplia para proseguir una investigación donde las detalladas particu-
l aridades del contexto pierdan importancia, y donde se tenga en cuenta
el despliegue completo de fuerzas rivales en lugar de aquellas inmedia-
tamente opuestas. Por ello, debemos ascender al próximo nivel de la
estrategia, pero destacando previamente que si bien hemos presencia-
do un episodio de combate terrestre, toda otra manifestación bélica
pasada y presente, en el mar, en el aire y hasta en el espacio -in-
cluyendo a la guerra denominada vagamente como "estratégica"-*
posee su propio nivel táctico.

* Durante los últimos cincuenta años, aproximadamente, se ha desarrollado la


costumbre de aplicar el término "estratégico" a las fuerzas y armas de gran alcance, para
diferenciarlas de sus contrapartes de menor alcance, y escuchamos hablar de mi.siles y
bombarderos "estratégicos" y "tácticos".
Esta infortunada terminología deriva de la retórica de los primeros defensores del
poder aéreo, según una deliberada trasposición: los aviones de bombardeo que se
consideraban capaces de ganar la guerra de por sí, fueron en primer lugar pro mocionados
como estratégicos para dar a entender su calidad decisiva y autosuficiente (en oposición
a meras tareas tácticas de apoyo de tropas no tan decisivas); entonces el adjetivo quedó
asociado con el atributo circunstancial del gran alcance que algunos bombardeos nece-
sitarían para conseguir un efecto estratégico en algunos teatros de operaciones; a su vez,
esto causó que "táctico" tuviera como implicación el corto alcance. La falta de concordan-
cia es evidente: si Bélgica fuera a bombardear hasta la sumisión a Nueva Zelanda,
necesitaría aviación de largo alcance, pero la aviación táctica bastaría para lograr el
mismo propósito estratégico si la víctima fuera el contiguo Luxemburgo. Mas si los
aviones belgas se dedicaran a perseguir submarinos frente a las costas neozelandesas,
lo que constituye una misión táctica, necesitarían disponer de alcance "estratégico".
CAPÍTULO 7

EL NIVEL OPERACIONAL

s una peculiaridad de la terminología mi-


litar en lengua inglesa que no exista una palabra que específicamente
designe lo que se encuentra entre táctica y estrategia. que describa ese
nivel intermedio de pensamiento y acción dentro del cual contienden
métodos genéricos de guerra y se desarrollan las batallas en su
totalidad. En la tradición moderna del pensamiento militar de Europa
continental, por contraste, hay un adjetivo de uso común que se traduce
directamente como "operacional", e indudablemente este nivel se
destaca en la literatura militar profesional alemana y soviética, cuya
principal preocupación es el arte militar, (1) en oposición a las tácticas
estrechamente aplicables a tipos específicos de fuerzas (tácticas de
infantería, tácticas de combate aéreo, tácticas antisubmarinas).
Así como las mismas armas interactúan al_ nivel técnico de la
estrategia, y las fuerzas directamente enfrentadas combaten unas
contra las otras al nivel táctico, en el nivel operacional encontramos la
pugna entre mentes dirigentes, que se expresa mediante métodos
conceptuales de acción (blitzkrieg, defensa en profundidad, bombardeo
aéreo "estratégico", defensa aeronaval en capas), en el comando actual
de todas las fuerzas involucradas, y en las verdaderas aventuras y
desventuras de dichas fuerzas. El límite que encierra lo "operacionaP'
en cuanto a métodos, comando actual y acción queda en evidencia ante
cualquier caso de la vida real, aunque sea muy difícil de demarcar en
abstracto. Dicho otra vez, no hace falta ninguna definición arbitraria;
solamente necesitamos poner de relieve las estratificaciones naturales
de la estrategia en cualquier episodio dado para asir lo operacional, y
lo que se hall a por encima y debajo de ello. Por supuesto, la demarcación
entre táctico, operacional y estratégico requiere la presencia de cierta
magnitud y variedad de medios para que tenga sentido.
Si consideramos en un extremo de la escala una tribu primitiva cuya
entera fuerza combativa esté integrada por guerreros idénticamente
armados que siempre luchen en una sola formación, lo táctico, lo
operacional y lo estratégico deben coincidir, para todo propósito prác-
tico. Esa tribu no puede sufrir una derrota táctica que no sea también
EL NIVEL OPERACIONAL 89

estratégica, ni puede desarrollar un método de guerra que sea algo más


que una táctica. Por contraste, tomando como ejemplo los Estados
Unidos durante la Segunda Guerra Mundial, podían coexistir situa-
ciones operacionales bastante diferentes incluso dentro de los mismos
teatros bélicos, y tuvieron relevancia métodos operacionales muy
distintos en las campañas anfibias del Pacífico, en el bombardeo
"estratégico" contra la industria alemana, en los once meses de guerra
terrestre posteriores a los desembarcos de Normandía, y en la pugna
por la supremacía naval en el Pacífico llevada a cabo principalmente
por fuerzas de tarea de portaaviones.
Magnitud y variedad son condiciones necesarias, pero no sufi-
cientes; si el nivel operacional debe poseer cierta sustancia propia, la
acción tiene que ser mayor que la suma de sus partes tácticas, y eso
depende del estilo de guerra prevaleciente en las circunstancias; más
específicamente, del lugar que ocupe dentro del espectro de desgaste y
maniobra.

DESGASTE Y MANIOBRA EN LA GUERRA

La guerra de desgaste se emprende con métodos industriales. El


enemigo es considerado como una mera disposición de blancos, y el
éxito se obtiene por efecto acumulativo de poder de fuego superior y
gran capacidad material hasta llegar a destruir el inventario completo
de blancos, a menos que la retirada o rendición terminen con el proceso,
cómo normalmente es el caso. Cuanto mayor sea el contenido de
desgaste de determinado estilo de hacer la guerra, mayor importancia
tendrán las técnicas rutinarias de adquisición de blancos, movimiento
y reabastecimiento, además de un repertorio táctico reiterativo, y
menor será la necesidad de aplicar algún método operacional. Siempre
que las fuerzas con poder de fuego tengan dentro de su alcance los
blancos estáticos (líneas de trincheras, ciudades) o fuerzas enemigas
que deben permanecer concentradas para conseguir sus propósitos (no
se trata de guerrillas), y siempre que la superioridad material se
mantenga sin sombra de duda y el poder de fuego se aplique en forma
apropiada y calidad suficiente, la victoria queda matemáticamente
asegurada. Se comprende que el desgaste recíproco causado por el
enemigo tendrá que ser absorbido. No puede vencerse en este estilo de
guerra si no se cuenta con absoluta superioridad en la capacidad de
producir desgaste; nunca la victoria será barata en cantidad de bajas
ni de pérdidas materiales, en relación con el potencial enemigo.
Por supuesto que no existe la guerra de desgaste en estado puro,
enteramente despojada de ardides y artimañas y reducida a un proceso
industrial, pero los ejemplos de contiendas con alto contenido de
90 LOS NIVELES DE LA ESTRATEGIA

desgaste incluyen la lucha de trincheras de la Primera Guerra Mun-


dial, en muchas de cuyas batallas predominaron los empeñamientos de
fuerza bruta simétrica entre las respectivas artillerías; el intento de la
Luftwaffe de derrotar a la Real Fuerza Aérea en 1940 buscando
deliberadamente el combate aéreo (en este caso, la percepción alema-
na de su propia superioridad material fue errónea, a causa de la
distancia, la calidad del Spitfire y la excelencia de los pilotos británi-
cos); la batalla de El Alamein, y la mayoría de las que siguió librando
Montgomery, donde el enemigo era primero sometido a una barrera de
fuego de artillería muy superior y luego al asalto frontal de la infante-
ría, antes que le pasaran por encima los blindados; la campaña
submarina germana de 1941-1943, cuyo objetivo fue ganar la guerra
mediante la reducción del tonelaje total de la marina mercante de
ultramar por debajo del mínimo necesario para sostener el esfuerzo
bélico; la campaña aliada en Italia (después de la fallida maniobra de
Anzio), que degeneró en una demoledora acción frontal de muy lento
progreso; el bombardeo aéreo de Alemania y Japón, dirigido ostensi-
blemente al desgaste industrial, pero en realidad efectuado contra
viviendas urbanas; el corfcepto de Eisenbower de una ofensiva de frente
amplio luego de la irrupción de Normandía, que Patton trastornó cada
vez que pudo; las ofensivas de Ridgeway en Corea de 1951-52, en las
cuales las fuerzas terrestres avanzaban lentamente en un frente sólido
de costa a costa contra fuerzas chinas y norcoreanas sistemáticamente
reducidas por el poder aéreo y la artillería; la mayoría de los combates
americanos en Vietnam, pese a que las fuerzas enemigas obstinada-
mente se negaban a agruparse en formaciones masivas que ofrecieran
buen blanco, excepto en circun stancias de su propia elección, por lo que
constantemente se trataba de imponer la concentración involuntaria
por medio de barridos concéntricos ("búsqueda y ataque"); por último,
como caso hipotético hasta el presente, la asignación de poblaciones
urbanas e industrias como blancos de ataques nucleares a fin de
disuadir al oponente de cometer agresiones, amenazando con la des-
trucción de cierto porcentaje establecido de cada una de ellas.
Del otro lado del espectro se encuentra la maniobra correlativa, una
acción apuntada a las especificidades del objetivo, donde en lugar de
pretender su destrucción física total se trata de incapacitarlo por medio
de la ruptura sistémica, donde se entiende por "sistema" la estructura
de comando de las fuerzas enemigas, su modalidad de desplegarse y
combatir (como cuando se penetra en un frente lineal o en la defensa en
profundidad de una flota de batalla), e incluso un sistema técnico real
(engaño del radar, en contraste con la tosca interferencia o su completa
destrucción).
En vez de buscarse la máxima concentración de poder enemigo
porque allí los blancos abundan, el punto inicial de la maniobra
EL NIVEL OPERACIONAL 91

correlativa consiste en eludir su mayor fortaleza y luego aplicar


selectivamente la superioridad contra sus presuntas debilidades, sean
físicas o psicológicas, técnicas o estructurales. Mientras que el desgaste
es un proceso de naturaleza casi física que garantiza resultados
proporcionales a la calidad y volumen del esfuerzo asignado, e inversa-
mente no puede alcanzar el éxito sin superioridad material, el re-
sultado de la maniobra correlativa depende de la precisión con que se
identifiquen las debilidades del enemigo, la sorpresa que se obtenga, .y
la velocidad y exactitud de la acción. Cierta combinación de sorpresa y
rapidez es una condición necesaria para el éxito, porque si el enemigo
tiene tiempo de reaccionar puede buscar la protección de las debilida-
des sobre las que quiere aplicarse el esfuerzo.
Surgen dos consecuencias: la primera, que la maniobra correlativa
brinda la posibilidad de obtener resultados desproporcionadamente
mayores a los recursos empleados, y por lo tanto da oportunidad de
vencer al bando materialmente más débil; la segunda, que la maniobra
correlativa puede fracasar rotundamente si lafuerza aplicada en forma
selectiva y estrecha contra presuntas debilidades no puede cumplir
sumisión o encuentra resistencia inesperada. En el léxico del ingenie-
ro, la guerra de desgaste fracasa "elegantemente", así como solamente
puede triunfar en forma acumulativa; porque cada error impone
únicamente una penalidad proporcionada: si un determinado blanco no
es avistado o identificado, habrá que atacarlo nuevamente, pero la
acción mayor no corre riesgos por ello. En cambio, la maniobra corre-
lativa puede fracasar "catastróficamente", así como también puede
lograr éxito con poco esfuerzo, pero un error de estimación o ejecución
puede condenar toda la operación. En otras palabras, el desgaste es una
forma de guerra en que se paga el total del costo pero a bajo riesgo,
mientras que la maniobra correlativa puede resultar barata pero en-
trañar alto riesgo. Es cierto que si el riesgo se materializa no se pierde
más del esfuerzo relativamente pequeño que se ha efectuado, "bajo
costo" si se lo compara con lo que se espera ganar, pero todavía sigue
siendo muy buen negocio en términos absolutos.
Hay otra consecuencia más: al requerirse la precisa identificación
de las debilidades enemigas, así como rapidez y exactitud en la acción
destinada a explotarlas, la maniobra correlativa normalmente no
permite la libre sustitución de cantidad por calidad. En cambio, im-
pondrá irreductibles normas de eficiencia, cuya sustitución cuantita-
tiva sólo es posible cuando se exceden dichas normas, y de todos modos
queda limitada por la necesidad de lograr sorpresa y velocidad. Asi-
mismo, en el punto real de contacto donde resulta finalmente aplicada
la fuerza seleccionada, es posible que el combate produzca gran desgas-
te a nivel táctico aunque se evite con éxito empeñarse con el cuerpo
principal del enemigo a nivel operacional.
92 LOS NIVELES DE LA ESTRATEGIA

Nuevamente, ninguna guerra consiste exclusivamente en manio-


bras correlativas. Como sucede con el desgaste, varía en cada caso
analizado la proporción de maniobra correlativa aplicada dentro de la
acción general, y -aquí viene lo importante- eso define el alcance de
los métodos del nivel operacional. Cuanto mayor sea esa proporción,
más importancia cobrará el nivel operacional. Los ejemplos bélicos con
alto contenido de maniobra correlativa incluyen la fallida operación
anfibia de Gallípoli en 1915, durante la Primera Guerra Mundial, que
tuvo el propósito de obligar al Imperio Otomano a abandonar la guerra
mediante una súbita ofensiva contra la entonces capital de Estambul,
en lugar de batir a los ejércitos turcos paso a paso en campos de batalla
desde el Golfo Pérsico y Egipto; las operaciones blitzkrieg dei ejército
germano contra Polonia, Dinamarca, Noruega, Holanda, Bélgica,
Francia, Yugoslavia, Grecia y la Unión Soviética (hasta 1942), donde
las defensas lineales organizadas para proteger fronteras nacionales
contra ofensivas de amplio frente fueron penetradas en ataques de
frente estrecho por infantería y artillería, seguidos por la rápida
irrupción en profundidad de fuerzas motorizadas, con el corte completo
de líneas de abastecimiento, centros de comando y expectativas de
planeamiento; la réplica anglo-americana a la campaña submarina
alemana, que explotó la falta de exploración aérea de gran alcance en
búsqueda de blancos, agrupando los buques en convoyes que se despla-
zaban dentro de una minúscula fracción del espacio oceánico; la
campaña británica de 1940 en el norte de África, que derrotó a un
ejército italiano numéricamente muy superior mediante una penetra-
ción motorizada a través del flanco del desierto para interrumpir la
única línea de comunicación a lo largo de la costa libia; la campaña
japonesa de 1941-42 en Malaya, que derrotó fuerzas británicas numé-
rica y materialmente superiores rebasando repetidamente su comuni-
cación por caminos costeros mediante operaciones anfibias o a través
de la jungla, forzando cada vez a una nueva retirada hacia el extremo
de la península; la profunda penetración ofensiva del Tercer Ejército de
Patton en julio-agosto de 1944 que arrolló a las fuerzas alemanas en el
noroeste de Francia, después de Normandía; el intento fallido de
setiembre de 1944 ( Operación Market-Garden) de invadir el norte de
Alemania a través de la puerta trasera holandesa por medio del
descenso simultáneo en paracaídas y planeadores para capturar una
serie de puentes en apoyo de una veloz ofensiva por tierra de columnas
blindadas de vanguardia británicas que llegarían al Rin en Arnhem (lo
que no se cumplió por la lentitud de los blindados británicos, entre otras
cosas); la contraofensiva de Patton de diciembre de 1944, que desbordó
por el sur fuerzas alemanas que habían avanzado hacia el oeste a través
de las Ardenas; los intentos fallidos de desorganizar la economía de
guerra alemana por el bombardeo concentrado sobre cuellos de botella
EL NIVEL OPERACIONAL 93

industriales, en vez del bombardeo generalizado de áreas urbanas e


industriales; el contraataque de MacArthur de 1950 en el centro de
Corea después de los desembarcos de Inchón, donde las fuerzas inva-
soras norcoreanas quedaron aisladas, en vez de ser obligadas penosa-
mente a retroceder por ofensivas frontales; algunas de las acciones
norteamericanas en Vietnam, como en el caso del esfuerzo muy exitoso
pero interrumpido de defensa de aldeas por parte de la Infantería de
Marina, que vigorizó a la masa de milicias locales con un puñado de
marines; por último, como caso hipotético, la designación de centros de
comando políticos y militares como blancos del ataque nuclear, en lugar
de la población en general, para disuadir al oponente de cometer alguna
agresión, amenazando su control centralizado sobre la sociedad.

DESGASTE Y MANIOBRA EN LA PREPARACIÓN


DE LA GUERRA

A esta altura debe resultar ya obvio que el desgaste y la maniobra


correlativa están presentes tanto en la política militar de tiempo de paz
como de guerra. Por ejemplo, podemos hacer una comparación por
medio de la investigación y desarrollo de equipos militares. Enfocada
en la guerra de desgaste, cuya meta es obtener ventajas técnicas
mediante el uso generoso de recursos, la conducción de la investigación
y desarrollo no requiere directivas particulares de orden táctico u
operacional: el propósito es obtener los "mejores" sistemas, que maxi-
micen cada aspecto de la perf'ormance, sujetos únicamente a restriccio-
nes presupuestarias.
Según se observa, todo nuevo equipo se rediseña cada vez para
evitarlas restricciones anteriores. A menudo serán requeridos grandes
cambios en cuanto a esquemas de mantenimiento, equipos de apoyo y
posiblemente adiestramiento, cuando a su tiempo arriben nuevas
armas que reemplacen a las anteriores. Solamente mejoras sustancia-
les al performance pueden justificar los costos resultantes, que por
supuesto se suman al esfuerzo de desarrollo propiamente dicho, para
lograr avances científicos o de ingeniería de magnitud. Por ello se
encarece la investigación y desarrollo que además requiere un amplio
lapso para cálculo, diseño de prototipos, pruebas, recalculación, redise-
ño de prototipos, y más pruebas. Finalmente, debido a lo extenso del
período de gestación, se da solo por coincidencia que las características
particulares de las nuevas armas correspondan a la configuración
específica de las vulnerabilidades enemigas o a los requisitos tácticos
específicos de las fuerzas a que se asignen. Quizás esa haya sido la
intención original, o quizá solamente se atuvieron a objetivos técnicos
para guía de todo el esfuerzo, pero en cualquiera de ambos casos, para
94 LOS NIVELES DE LA ESTRATEGIA

la época en que arriben los nuevos equipos las anteriores debilidades


enemigas bien pueden haberse convertido en factores de fuerza, mien-
tras que asimismo pueden haber variado los métodos operacionales en
uso. (2)
En cambio, en el enfoque de la maniobra correlativa el objetivo de
la investigación y desarrollo se centra precisamente en conseguir las
capacidades técnicas para explotar específicas vulnerabilidades ene
migas, y son congruentes con las tácticas y métodos formulados con el
mismo propósito. Para lograrlo en oportunidad, o sea mientras todavía
persisten las presuntas debilidades, los nuevos equipos no pueden
usualmente desarrollarse desde cero, sino que deben obtenerse por la
combinación o modificación de los componentes que se tienen a mano.
Obviamente, esto impone restricciones de diseño que reducen la posi-
bilidad de explotar plenamente los beneficios ofrecidos por el progreso
científico y técnico. Además, dado que los diseños mejorados suelen
i ntroducirse a intervalos relativamente breves, resulta esencial la
compatibilidad con los equipos existentes para evitar costos excesivos
de integración, y eso también impone otras restricciones de diseño.
Finalmente, los avances técnicos de gran importancia, verdadera-
mente revolucionarios, son poco frecuentes.
La realidad de la investigación y desarrollo también resulta aplica-
ble a otros campos de la política militar. La guerra de desgaste implica
la búsqueda independiente de la optimización en general, tanto en el
adiestramiento de las fuerzas armadas, en la construcción de bases y
facilidades, o en la adquisición de equipos; sin embargo, en la maniobra
correlativa las soluciones óptimas se sacrifican para poder enfatizarlas
capacidades que explotan las vulnerabilidades y limitaciones de ene-
migos específicos. Como ninguna de ambas posturas aparece en forma
pura, el peso relativo de cada una en la conducción general de la política
militar usualmente reflejará la autoestimación nacional dentro del
apropiado contexto internacional.

ESTILOS NACIONALES EN POLÍTICA Y GUERRA

Las naciones que se ven a sí mismas materialmente fuertes o


meramente ricas en recursos, en comparación con sus amenazas más
destacadas -percepción que quizá no refleje la realidad-, general-
mente se sentirán con ánimo de encarar una postura de desgaste.
Aquellas que se vean en condiciones de debilidad material, indepen-
dientemente de lo acertado de ese juicio, aceptarán la subordinación de
sus deseos y ajustarán sus prioridades a las vulnerabilidades que
distinguen en otros.
En política militar, como en la conducción de la guerra, quedan así
EL NIVEL OPERACIONAL 95

definidos diversos estilos nacionales, señalados por una posición par-


ticular dentro del espectro de desgaste y maniobra. Pero está claro que
estos estilos no son absolutos, y las excepciones impuestas por los
hombres o las circunstancias pueden ser importantes (como lo fueron
Patton y su Tercer Ejército en 1944) y hasta brevemente dominantes
(como MacArthur en Corea). Los estilos nacionales no surgen de rasgos
permanentes de los países, ni tampoco reflejan características étnicas
determinadas. Justamente porque muestran la autoestimación de
debilidad o fortaleza relativas en cuanto al material, dependen del
enemigo específico con que se compare, y pueden variar con el trans-
curso del tiempo según cambien las circunstancias, y quizás en forma
abrupta. Por ejemplo, Gran Bretaña mantuvo un enfoque de maniobra
correlativa en oposición a las grandes potencias continentales durante
más de dos siglos hasta 1914, eludiendo su mayor poderío en regimien-
tos de infantería, mientras que los debilitaba por el bloqueo naval, y
ganando amigos a través de la diplomacia y el oro. La diplomacia jugó
asimismo un papel muy importante en las guerras coloniales británi-
cas, pero cuando se llegaba al combate predominaba el desgaste:
potentados recalcitrantes y tribus insurrectas no fueron vencidos
mediante maniobras muy elaboradas, sino confrontados con formacio-
nes cerradas de fusileros. También Israel, entre las guerras de 1967 y
1973, provee un ejemplo de rápido cambio del estilo nacional. La
imagen de superioridad material con que se veía a sí mismo condujo a
un abandono progresivo de la maniobra correlativa, de modo que al
comenzar la guerra de 1973 predominaban el ataque frontal y la
defensa lineal, hasta que la conmoción de la derrota durante los
primeros días de batalla originó una reversión aún más veloz hacia la
maniobra correlativa en forma absoluta. (3)
Por consiguiente, los estilos nacionales guardan cierta estabilidad
como para que valga la pena definirlos, pero no son totales ni perma-
nentes; y cuando ocurre el cambio, pierden homogeneidad durante el
período de transición, como al momento de escribirse estas líneas
sucede con las fuerzas armadas de los Estados Unidos. Mientras que el
ejército ha reaccionado ante su debilidad material respecto al ejército
soviético adoptando un método operacional de maniobra correlativa
para el frente central en Alemania, el desgaste continúa predominando
en los métodos del más complaciente cuerpo de infantería de marina,
así como en aquellos de la fuerza aérea y la armada, cuyos poderes
relativos son indudablemente mayores.
A esta altura debería resultar obvio que el desgaste y la maniobra
correlativa no están confinados al nivel operacional. Se evidencian en
cada nivel de la estrategia, arriba y abajo. Su introducción en este nivel
en particular queda plenamente justificada porque la importancia del
nivel operacional depende de la proporción en que esté presente la
96 LOS NIVELES DE LA ESTRATEGIA

maniobra correlativa. Si la acción bajo análisis se caracteriza esen-


cialmente por el desgaste, como casi toda la lucha de trincheras de la
Primera Guerra Mundial, una imagen operacional a mayor escala de
los combates solamente mostraría los mismos episodios tácticos repe-
tidos una y otra vez, en un segmento del frente tras otro. Así que nada
aprendemos que no supiéramos bien examinando cualquiera de esos
episodios separados desde un punto de vista táctico.
Lo mismo se aplica a toda forma de guerra: las primeras etapas de
la batalla de Inglaterra, o sea la campaña de desgaste de Alemania
contra la Real Fuerza Aérea, consistió en bombardeos cotidianos de
aeródromos y fábricas de aviones británicas, que provocaron reiterados
combates aéreos de los cazas de la escolta alemana contra los Hurricane
y Spitfire del Comando de Cazas que intentaban interceptarlos. El
resultado no fue otra cosa que la suma aritmética de los productos de
cada encuentro. sin ionales (,como opuestos a los estra
-ipoco métodos de guerra a nivel

maniobra correlativa es elevado,


' - lientemente mayor importancia,
., uv Csa época como en el análisis retrospectivo. La
mejor ilustración de ello quizá sea la blitzhrieg blindada, clásica forma
de guerra ofensiva de nuestro tiempo que vale la pena examinar con
cierto detalle por su constante importancia y porque ningún otro
método de guerra ha dependido tan claramente de la maniobra corre-
lativa.

BLITZKRIEG: RECOMPENSAS Y RIESGOS DE LA MANIOBRA

Si analizamos una ofensiva blindada de penetración profunda en un


cuadro a nivel táctico, o mejor aún una serie completa de ellas, con
seguridad que sólo veremos fragmentos inconexos y engañosos de la
totalidad. Puede que observemos una extensa columna de tanques,
transportes de infantería y camiones desplazándose en una sola fila
hacia el interior del territorio enemigo, avanzando casi sin resistencia.
Es como si observáramos una marcha triunfal, porque apenas se ven
signos de acción bélica, excepto alguna escaramuza aislada cuando los
tanques que encabezan la columna se abren paso a través de puestos
de control de policía militar o chocan con convoyes que se dirigen
inocentemente hacia el frente. Todo indica que los invasores pronto
lograrán alcanzar su objetivo, e incluso la ciudad capital, y ganarán la
guerra.
Cuando reenfocamos nuestro telescopio de gran aumento, descubri-
mos cómo se arregló la columna para pasar a través de la línea del
EL NIVEL OPERACIONAL 97

frente defensivo, sólida barrera de tropas y armas que corre a lo largo


de la frontera: notamos una abertura en la línea, hecha poco tiempo
atrás por un asalto de infantería con apoyo de artillería y aviación. Pero
la brecha no es más que un pasaje estrecho. En cada uno de sus lados,
permanecen poderosas fuerzas del frente defensivo, si bien distraídas
por fintas y ataques menores por parte de tropas escasas distribuidas
a lo largo del frente, y quizás hostigadas por esporádicos ataques
aéreos, pero esencialmente se hallan intactas. Sin duda que el estrecho
pasaje luce ahora muy vulnerable; parece coma sí las fuerzas defensi-
vas que se encuentran a cada lado no necesitaran más que acercarse un
poco para conectarse de nuevo y cerrar la abertura. Entonces po-
dríamos estimar que la columna que ha penetrado profundamente
marcha hacia su propia destrucción. Ya está muy alejada del territorio
frontal bajo control propio, detrás del_ cual se encuentran sus abaste-
cimientos. Vemos camiones que recorren la única ruta abierta por el
avance del grosor de un lápiz llevando combustible y munición para
reabastecer a la columna, pero con toda seguridad que esas poderosas
fuerzas defensivas que distinguimos antes harán cesar ese tránsito tan
pronto converjan para cerrar la brecha frontal. Entonces los tanques y
demás vehículos comenzarán a quedarse sin combustible. Una vez que
la columna se detenga, su extrema vulnerabilidad se revelará enseguida:
la larga y delgada fila de vehículos tiene muchos flancos, pero ningún
frente; queda abierta al ataque contra cualquiera de sus partes.
Pareciera como si en su tremenda imprudencia los atacantes estuvie-
ran preparándoles una victoria completa a los defensores. El envolvi-
miento de una fuerza de tanta magnitud sería normalmente una tarea
difícil, pero esta vez somos testigos de un caso de autoenvolvimiento
deliberado: es como si los atacantes hubieran decidido proveerse su
propio transporte hasta los campos de concentración de prisioneros, al
internarse tan profundamente dentro del territorio de la defensa.
Mas si ahora reemplazamos nuestra estrecha imagen táctica con
una perspectiva operacional de mayor amplitud, el cuadro queda
totalmente transformado. En primer lugar, descubrimos que la colum-
na en penetración profunda que anteriormente vimos aislada es sólo
una entre varias existentes. Es cierto que cada una de ellas se ha
originado en una brecha del frente que sigue siendo muy angosta, pero
las columnas están convergiendo entre sí y ya no está tan claro quién
envuelve a quién, porque las penetraciones cortan al territorio ú>:; la
defensa en tajadas, como una torta. Entonces presenciarnos cómo
reacciona la defensa, y hallamos el hecho crucial y determinante:
ambas fuerzas defensoras aún poderosas ubicadas a uno y otro lado de
cada brecha, no están convergiendo entre sí para cerrarlas. En lugar de
ello, se lesba ordenado replegarse amáximavelocidad para reconstituir
un frente totalmente nuevo mucho más a retaguardia de la línea del
98 LOS NIVELES DE LA ESTRATEGIA

frente anterior. Clara es la intención de interponer una resistencia


sólida donde ahora solamente se encuentran depósitos, campos de
adiestramiento, columnas de transporte prácticamente inermes, uni-
dades de policía militar, hospitales de campaña, y las sedes de todos los
altos comandos.
Cuando nuestra visión alcanza el interior de esos comandos de
cuerpos, ejércitos, y grupos de ejércitos, observamos gran confusión y
hasta algún pánico excusable: los tanques enemigos se acercan rápida-
mente, y la nueva línea de frente a reconstituirse delante de ellos existe
aún solamente en el mapa de los planificadores. En realidad, las
fuerzas de defensa en retirada están perdiendo la carrera. Después de
todo, tuvieron la mejor intención de cumplir con su misión asignada,
que era asegurar una determinada resistencia contra un ataque
frontal. De acuerdo con ello, la infantería fue distribuida por compa-
ñías y batallones en trincheras perfectamente adecuadas a lo largo del
frente, con los cañones y obuses de la artillería diseminados por
baterías, también atrincheradas. Y los tanques de la defensa, quizá
más .y mejores que los del enemigo, no fueron agrupados de a centena-
res en columnas multidivisionales, sino distribuidos en pequeños
grupos como apoyo de la infantería en cada sector del frente.
Cuando les llegan las inesperadas órdenes de iniciar la retirada, los
comandantes y sus planas mayores quedan conmocionados ante la idea
de retirarse frente a un enemigo que no se halla avanzado en ese sector,
y abandonar el área donde tanto han trabajado.. Hacen lo que pueden,
pero los camiones que trajeron a la infantería de relevo durante la
movilización meses atrás están ahora diseminados por todo el país en
bolsas comunes de transporte, reasignados a las unidades logísticas.
Desde ya que no hay suficientes como para mover toda la tropa en una
sola oleada. La artillería cuenta con tractores para algunas de sus
piezas, pero muchas de ellas han arribado por ferrocarril. Además,
excepto para los tanques, es difícil que emprendan la retirada fuerzas
que están haciendo fuego y a su vez recibiéndolo del enemigo. Es cierto
que sus fuerzas parecen bastante débiles, porque claramente el esfuer-
zo principal se cumple en alguna otra parte por esas columnas de
penetración profunda, pero de todos modos es duro desprender tropas
empeñadas en combate.
Pese a todo, vemos que las fuerzas defensoras han comenzado a
retirarse por aquí y por allá. Se hallan en camino hacia sus nuevas
posiciones muy a retaguardia, donde habrán de reconectarse los
segmentos para formar una nueva línea frontal. Pero a medida que se
desplazan surgen demoras y frustraciones. Los servicios de retaguar-
dia han comenzado a moverse antes que las fuerzas de combate del
frente, y ahora sus pesados camiones se hallan bloqueando los caminos.
Más lejos del frente, la congestión es todavía peor: los civiles también
EL NIVEL OPERACIONAL 99

están evacuando, en coches, carros, ómnibus y a pie. Luego de luchar


por abrirse paso a través del tránsito en la medida posible, de repente
las fuerzas en retirada tienen que luchar en serio. Sucede que grupos
de combate enemigos se han desprendido de las columnas principales
para moverse lateralmente por la región, y ahora aguardan a los recién
llegados en posiciones de emboscadas. Dichas fuerzas son en realidad
muy pequeñas, pero quienes chocan contra ellas no lo saben. En
cualquier caso, se producen grandes pérdidas en los primeros minutos
de combate, al abrir fuego al enemigo sin resistencia contra las tropas
que viajan en camiones, la artillería remolcada y los tanques tomados
por sorpresa. Si las fuerzas defensoras están bien decididas habrán de
continuar su camino, pero han perdido tiempo, han sufrido bajas, y el
agotamiento posterior al combate se suma a la desmoralización de la
retirada.
Un nuevo golpe aguarda a esas fuerzas al alcanzar sus posiciones
asignadas. Encuentran que nada está preparado para ellos: no hay
trincheras, posiciones de artillería, comida, cocinas de campaña, ni
comunicaciones alámbricas con sus comandos; pero sobre todo, no hay
polvorines de donde proveerse la munición dejada en el frente por falta
de transporte. Además de la simple falta de tiempo, existe otro motivo
de confusión: la penetración profunda del avance enemigo ha cortado
la retaguardia y sobrepasado a muchas unidades de servicio y trans-
porte, destruyendo buena parte de sus camiones y desperdigando al
resto. También se han sobrepasado depósitos y centros logísticos, y de
ningún modo pueden las unidades de servicios llegar a sus posiciones
en la nueva línea, ya que las fuerzas de combate enemigas se interpo-
nen entre ellas y sus destinos.
Sin embargo, las tropas recién arribadas comienzan a establecerse;
la tropa trabaja duro para cavar trincheras y preparar posiciones de
artillería, juntando la poca munición que les queda. Los aviones
enemigos cumplen incursiones ocasionales que interrumpen la tarea,
matando o hiriendo algunos hombres y desmoralizando al resto. La
comida es un problema que obliga a los comandantes de unidades a
recurrir a un viejo recurso: destacar algunos grupos a merodear por
pueblos vecinos y tomar lo que consigan. Mas la situación parece en vías
de mejoría; la línea trazada en los mapas del estado mayor se va
convirtiendo en un frente verosímil a medida que más y más fuerzas
arriban para ocupar sus posiciones asignadas. Todavía quedan amplios
segmentos sin cubrir, otros a cargo de unidades pequeñas y formacio-
nes incompletas, pero emerge definidamente una nueva línea de
defensa.
De todos modos, ya es demasiado tarde. Las fuerzas en columnas de
avance profundo ya han alcanzado posiciones más allá del nuevo frente
.y están sobrepasando unidades de retaguardia, bases, depósitos y
10 0 LOS NIVELES DE LA ESTRATEGIA

centros de comando en plena actividad, cuyos oficinistas, cocineros,


oficiales de estado mayor y radiooperadores son obligados a empeñarse
en combates desesperados contra tanques e infantería mecanizada. No
quedan más opciones, y el alto comando de defensa debe esforzarse en
recuperar el control mediante el redespliegue de las fuerzas combatien-
tes. Algunas están todavía aferradas al viejo frente; otras se hallan aún
en tránsito o en medio de un embotellamiento. Solamente las tropas
i ntegrantes del nuevo frente pueden actuar con rapidez, así que se les
ordena una vez más la retirada. Quizás aún les resta determinación y
energía para obedecer, pero ni siquiera las que se hallen en las mejores
condiciones serán capaces de ganar la carrera al enemigo que marcha
firmemente hacia adelante.
Es posible que este acongojante proceso tenga que ser repetido
alguna otra vez, hasta que subsista muy poca potencia combativa entre
la masa de fuerzas desorganizadas, diseminadas por todo el mapa,
desconectadas de sus unidades de apoyo, sin modo de reabastecerse, y
crecientemente desmoralizadas. Tan pronto como se produce el en-
cuentro real con tropas enemigas, comienzan las rendiciones en masa;
las únicas opciones que quedan al alto comando son la capitulación o la
retirada, en caso que los defensores controlen suficiente territorio.
Ahora nuevamente es el momento en que cada porción táctica se hace
consistente con el todo operacional, para dar lugar a un resultado
bastante inesperado. Hasta que las fuerzas defensoras pudieran ser
observadas en medio de una caótica desorganización, el cuadro táctico
continuaba siendo engañoso, porque nada se había hecho para reme-
diar la extrema vulnerabilidad que presentaban a nivel táctico las
largas columnas que habían penetrado profundamente. El impacto
decisivo de su efecto estructural y psicológico concertado se manifiesta
únicamente a nivel operacional.
Retrospectivamente, sabemos que el error fundamental fue ordenar
la primera retirada, en lugar de realizar ataques laterales contra los
estrechos pasajes de penetración. Pero el comando de defensa nunca
tuvo tan claro el cuadro operacional. Al principio, y durante cierto
tiempo, ignoraba que el enemigo había quebrado el frente con otra
intención que la de empujar hacia adelante en toda su amplitud. Por
supuesto, llegaron informes de su ruptura en uno y otro sitio, pero
simultáneamente arribaban mensajes sobre ataques de diferente mag-
nitud por todas partes, así que la imagen que mostraban los mapas del
comando era en realidad bastante tranquilizante: parecía que el
enemigo había lanzado una ofensiva general. En la mayoría de los
lugares sus ataques habían fracasado, y los exitosos comandantes de
unidades informaban con entusiasmo de sus victorias defensivas, con
la exageración habitual sobre la magnitud de las fuerzas enemigas que
habían repelido. Obviamente, en algunos pocos sitios había prevaleci-
EL NIVEL OPERACIONAL 101

do el enemigo, pero solamente en segmentos muy estrechos del frente.


Por consiguiente, se esperaban subsecuentes ataques enemigos en
todas partes, para repetir los éxitos aislados. Además, el enemigo
debería hacer retroceder de mala gana a sus fuerzas triunfantes,
porque sus flancos quedaban peligrosamente expuestos.
Vernos entonces en esta etapa que las percepciones de los coman-
dantes y del estado mayor de la defensa quedan condicionadas por un
prejuicio directo y lineal. Su propio método operacional es la protección
de la línea del frente por medio de fuerzas adecuadamente distribuidas;
asumen automáticamente que el enemigo también quiere pelear en
forma lineal, empujar hacia atrás al frente completo en una amplia
ofensiva. La maniobra enemiga se "correlaciona" con las limitaciones
de su panorama operacional, dando respaldo a sus prejuicios: a pesar
de que las mejores fuerzas de ataque están agrupadas en pocos lugares
para desencadenar embestidas en frentes estrechos y otras se hallan
desplegadas detrás de éstas en columnas blindadas que esperan para
iniciar su propio avance en profundidad, hay también algunas fuerzas
todo a lo largo del frente, con órdenes de montar pequeños ataques por
donde se pueda, o al menos abrir fuego como si estuvieran por avanzar.
El método operacional lineal ha sido indudablemente inculcado en
la mente de los defensores a través de años de planeamiento, ejerci-
taciones, y cursos de estado mayor, y su influencia ha sido poderosa. Así
que cuando llegan los primeros informes sobre tanques enemigos que
se adelantan desde su propio frente, la explicación más plausible es que
el enemigo ha decidido realizar algunas incursiones; entonces los
defensores quedan a la espera del mensaje indicando que las fuerzas
incursoras se han retirado hacia la seguridad -y el reabastecimiento-
de sus propias líneas. Siguen llegando partes sugiriendo que las
penetraciones no son meras incursiones, y que detrás de los tanques
hay formaciones enteras de infantería mecanizada y artillería, y allí
empiezan a aparecer algunas dudas en la mente de los defensores. Pero
todavía pueden resistirlas fácilmente: después de todo, los partes no
provienen de los comandantes más antiguos del frente, quienes están
concentrando toda su atención en las fuerzas adversarias. En cambio,
se han originado en pilotos de lafuerza aérea, quienes pueden confundir
una columna propia de transporte con fuerzas enemigas, de puestos de
control de policía militar, de restos vapuleados de unidades de servicios
y convoyes camineros, de policías, de intendentes de pueblos, etcétera.
Hay una guerra en marcha y los nervios están en tensión, por lo cual
llegan muchos informes falsos sobre paracaidistas enemigos que su-
puestamente aterrizan en todas partes, y también de tanques enemi-
gos que indudablemente no se hallan nada más que un poco a retaguar-
dia del frente, sino demasiado en profundidad como para que sea cierto.
En este punto, la información se transforma en el arma más
102 LOS NIVELES DE LA ESTRATEGIA

poderosa de la guerra. Las columnas de penetración profunda avanzan


lo más rápido que pueden hacia los objetivos vitales señalados en sus
mapas; dan parte de sus progresos a sus superiores en retaguardia, que
en realidad no sienten necesidad de impartir nuevas órdenes. Sus
propios comandantes, que dirigen desde la cabeza a cada columna,
deciden sobre la marcha atacar a fuerzas que se cruzan en su trayecto
o simplemente eludirlas para continuar avanzando rápidamente. Los
partes de posición son cotejados al recibirse para mostrar en los mapas
la creciente profundidad de la penetración; ello resulta fundamental
para prevenir que la fuerza aérea realice incursiones contra fuerzas
propias, y concentrar el esfuerzo contra unidades defensoras que de
otro modo tratarán de obstaculizar el paso de las columnas, e incluso
atacarlas desde sus flancos expuestos. En realidad, el alto comando del
bando ofensivo requiere poca información, y las comunicaciones son
casi todas de una sola vía, desde el frente a retaguardia; muy pocas
órdenes recorren el sentido contrario, desde los comandos de retaguar-
dia hacia las columnas.
La situación de la defensa es enteramente diferente: una vez que sus
comandantes finalmente caen en cuenta de que después de todo no se
producirá la ofensiva de amplio frente, se hace crítica la información
exacta y oportuna sobre las columnas que penetraron. Si sus comandos
pudieran obtener una buena imagen de la batalla en desarrollo a nivel
operacional, el modo de acción correcto -cerrar las brechas del frente,
o al menos bloquear las rutas detrás del avance de blindados para evitar
su abastecimiento- se vería de inmediato. Sin embargo, por el momen-
to los canales de comunicaciones del comando de defensa están satu-
rados por la masa de informes que arriban, algunos exactos pero ya
tardíos, otros muy exagerados, y varios producidos por medrosas
fantasías. Mientras se clasifica la información para determinar dónde
está el enemigo, cuán velozmente se mueve, qué ancho abarcan sus
penetraciones, y dónde serán más vulnerables, los comandantes y sus
estados mayores están sencillamente anonadados por el enorme flujo
de mensajes ingresados; y mientras se esfuerzan por descubrir cómo
andan las cosas, las cosas siguen andando a medida que el enemigo
continúa su avance. Ni siquiera la observación satelital, ni la fotografía
aérea multiespectral, ni las más adelantadas comunicaciones servirían
para cambiar mucho las cosas, como lo demuestra la evidencia de las
guerras recientes. (5) Una vez que se comienza el movimiento, también
lo hace la niebla de la guerra.
Por consiguiente, lo que está ocurriendo es una carrera de informa-
ción, que condiciona de antemano la carrera del redespliegue que
seguirá. Por un lado, las columnas que avanzan en profundidad están
generando toda clase de partes; por el otro, el comando de defensa se
esfuerza por procesar la información con rapidez suficiente para
EL NIVEL OPERACIONAL 103

producir un cuadro de situación válido, si no totalmente actualizado (en


tiempo real). Si la defensa gana la carrera, si la capacidad de asimilar
y analizar información no queda desbordada, todavía existe oportuni-
dad de lograr la victoria: toda la fuerza disponible debe enviarse a
atacar las columnas, si está correctamente ubicada, y se comprobará
entonces que son bastante vulnerables a nivel táctico. Pero si se pierde
la batalla de la información, si el panorama de la situación al nivel
operacional permanece demasiado confuso para dirigir contraataques
en forma oportuna, entonces una retirada general brinda la única
esperanza de salvación, mediante la restauración de un frente de
suficiente resistencia para que no pueda ser perforado de inmediato por
las columnas.
De este modo el enemigo queda en control de un extenso territorio,
pero por lo ?menos se Pede continuar 11- resistencia con efectividad si
1_

las fuerzas de combate del frente pueden desaferrarse, reagruparse en


columnas, desplazarse a mayor velocidad que el enemigo, y redesplegarse
nuevamente con las fuerzas que se incorporen para crear un nuevo
frente, si es que en realidad hay posibilidades de ceder mucho territo-
rio. Porque únicamente una retirada muy profunda puede tener éxito,
al excederse el alcance logístico de la penetración enemiga. Más allá de
esa distancia, sus columnas blindadas deben detenerse para permitir
que el mantenimiento se ponga al día e incorpore reemplazos, se
reparen los vehículos y descansen los hombres. (6) En otras palabras,
el resultado ya no depende de la interacción de las fuerzas a nivel
operacional, sino de la profundidad geográfica del teatro de guerra, y
para considerar la cuestión con mayor detalle tendremos que ascender
a un nivel estratégico superior.

EL CASO DE ESTUDIO REASUMIDO

Después de esta prolongada ilustración de la maniobra correlativa,


estamos listos a reconsiderar la propuesta de la infantería antitanque
para la defensa europea, pero esta vez a nivel operacional. Ahora
sabemos que la defensa mediante el misil antitanque es técnicamente
excelente y tácticamente adecuada (pero nada más que eso), y asimis-
mo debe ser efectiva a nivel operacional para resultar satisfactoria.
También sabemos que el encuentro entre blindados y antiblindados no
puede ser ya analizado en forma aislada, sino juntamente con todas las
fuerzas de ambos bandos que interactuarán realmente en el campo de
batalla: la artillería, la infantería estática de la defensa y la infantería
pedestre de los atacantes, el poder aéreo participante, los helicópteros
que puedan usarse de uno u otro lado, quizás en operaciones al estilo
comando, y además todas las barreras y fortificaciones existentes. Más
104 LOS NIVELES DE LA ESTRATEGIA

aún, si estuviéramos considerando la propuesta menos extrema, que se


limita a agregar una línea frontal de infantería misilística antitanque
a las formaciones blindadas y mecanizadas en lugar de reemplazarlas,
por supuesto que en ese caso también ellas deberán tenerse en cuenta,
y seguirán siendo el elemento más importante de la defensa.
Mientras tratamos de apreciar el efecto de la infantería misilística
antitanque en las diversas interacciones a nivel operacional, debemos
reconocer que la lucha entre la unidad blindada y la unidad misilística
que observamos a nivel táctico es bastante poco concluyente de por sí,
como resulta inconcluyente un duelo aéreo en la pugna por la superio-
ridad en el aire, o el juego de las escondidas entre un submarino y
aeronaves, destructores y submarinos de una fuerza de tarea. Porque
en cuanto ampliamos nuestro panorama, vernos que detrás de la
primera unidad soviética de tanques e infantería mecanizada hay
muchas más, formando una profunda columna que espera para abrirse
paso a través del frente. No deja de ser verdad lo que aprendimos en el
nivel táctico, pero su significado se ha transformado: el blindado
soviético que está siendo destruido por los misiles está allí, en cierto
sentido, precisamente para ser destruido, como a su vez destruye
equipos lanzadores y les hace agotar su reserva de misiles. Los tanques
y vehículos de combate no están meramente disparando munición,
ellos también son munición que la columna al penetrar consume para
abrirse camino en su propio avance. Por supuesto que el ejército
soviético prefiere perder poco y no mucho al cruzar la línea, pero
mientras se consiga pasar a través del frente, el resultado táctico, "la
relación de intercambio", carece de importancia a nivel operacional,
siempre que exista una sola línea defensiva. El éxito o fracaso de la
consecuente ofensiva de penetración en profundidad no dependerá de
que las fuerzas que avanzan en total hayan perdido el cinco o diez por
ciento de sus efectivos como precio para ingresar en las áreas vulnera-
bles dé retaguardia.
El método operacional de cada bando-es ahora el factor crítico. No
los he investigado con mayor detalle, excepto uno o dos casos ilustrati-
vos, porque mis propósitos son analíticos. Los métodos operacionales se
relacionan con el nivel operacional de la estrategia como las tácticas se
relacionan con el nivel táctico, o sea como prescripciones cuya validez
depende estrictamente de quién combate contra quién, y en qué
circunstancias. Como ya hemos analizado minuciosamente uno de esos
métodos, la blitzhrieg, debo aún reiterar que en tanto el contenido de
desgaste resulte menor que el total, existen métodos operacionales
aéreos, navales, y hasta nucleares "estratégicos", así como hay tácticas
aplicables a cada caso.
Por ejemplo, en la guerra aérea la intercepción y el ataque a
aeródromos son dos métodos operacionales distintos en la lucha por el
EL NIVEL OPERACIONAL 105

control del aire, cada uno de los cuales puede implementarse con una
variedad de diferentes tácticas. Igualmente, el empleo del poder aéreo
contra fuerzas terrestres puede asumir la forma de la interdicción del
campo de batalla, donde los blancos son las unidades que todavía no se
han empeñado en combate, o el apoyo aéreo cercano. Como ya se ha
notado, hay varios métodos de bombardeo -de área, de precisión e
"interdicción profunda"- cuyo blanco principal son los transportes
terrestres y su propósito principal es impedir el arribo de fuerzas
enemigas y abastecimientos a las zonas de combate. En forma similar,
para citar un ejemplo naval, la protección antisubmarina puede ser
realizada por diferentes métodos operacionales, que incluyen el uso de
campos minados, buques piquetes, y submarinos al acecho, para
obstaculizar el acceso del enemigo a las rutas marítimas de interés; por
. defensa de área, mediante la raza activa de submarinos en- tránsito con
avienes de gran alcance y fuerzas de tareas integradas por destructo-
res, portaaviones y submarinos y, finalmente, la protección de convo-
yes mediante la escolta cercana. En cada situación, la línea divisoria
entre tácticas y métodos operacionales es obvia.
Volviendo al caso de estudio y al papel crítico de los métodos
operacionales de cada bando, ya sabemos que los atacantes están
tratando de lograr el efecto blitzkrieg: (7) el corte de las líneas vitales
de abastecimiento y de toda la estructura de sostén de la defensa, la
evacuación forzosa de bases aéreas avanzadas y depósitos de material
nuclear, y sobre todo el desequilibrio de las decisiones de comando, para
evitar el contraataque e imponer una retirada desorganizada.
En cuanto a la. defensa y sus opciones de métodos operacionales, ya
sabemos que el desgaste producido por una línea frontal de tropas
misilísticas exclusivamente no puede prevalecer contra un ataque de
columna en profundidad, a menos que dicha "línea" sea en realidad una
ancha franja de grupos misilísticos en cantidad prácticamente imposi-
ble. No se debe a que la guerra de desgaste sea inferior, sino que su
exigencia de material es directamente proporcional a la tarea; en este
caso, la tarea de cada unidad defensora que recibe ataques es enorme,
a causa de la asimetría numérica entre fuerzas diseminadas a lo largo
de todo el frente y la ofensiva muy concentrada contra segmentos
estrechos de ese frente. Por supuesto, el desgaste es un problema
aritmético y podría vencer de todos modos, pero solamente mediante
una disposición defensiva mucho más costosa que la mera presencia de
fuerza de infantería misilística. En primer lugar, se necesitarían
barreras antitanques tales como campos minados, fosos de bordes
angulosos y obstáculos de cemento para reducir la relación de acerca-
miento del enemigo y mantener el número de vehículos que arriben por
debajo de la capacidad de empeñamiento de las tropas misilísticas; el
total de efectivos y el efecto de las barreras se sustituyen uno al otro,
106 LOS NIVELES DE LA ESTRATEGIA

y pueden por lo tanto intercambiarse según convenga. El segundo


punto, que también es negociable, es que existiría el requisito de
posiciones de fuego fortificadas para asegurar una alta relación de
intercambio entre equipos misilísticosyvehículos destruidos. Natural-
mente que el costo de una defensa frontal fortificada depende de la
longitud del frente que deba ser cubierto, lo que de ningún modo es
cuestión de nivel operacional, sino que nos conduciría a la estrategia a
nivel de teatro. De cualquier manera, sin barreras y fortificaciones más
caras que los mismos lanzamisiles, el reemplazo de las fuerzas blinda-
das y mecanizadas de la Alianza, vistas como "provocativas" además de
costosas, y el objetivo superior de hacer innecesario el contraataque
nuclear, no pueden cumplirse en la práctica, independientemente de lo
impresionantes que parezcan los resultados tácticos de la infantería
misilística en sus propios términos. Así se llega a la conclusión de que
una infantería misilística, aunque técnicamente superior y táctica-
mente adecuada, es inefectiva al nivel operacional.
Si ahora consideramos la versión menos extrema de la propuesta de
defensa de Europa que pide la adición de una línea frontal de tropas
antitanque a las fuerzas blindadas y mecanizadas existentes, vemos
que incluso el desgaste producido por una línea simple tendría cierta
importancia. En parte, sus méritos pueden evaluarse mediante la
suma de efectos tácticos: la demora impuesta a la ofensiva, muy valiosa
para ganar tiempo de movilización si el enemigo ha logrado la sorpresa,
y otros menores; asimismo, por el desgaste que pueda exigirse, porque
si ha de proseguir a continuación la guerra móvil, una reducción de los
efectivos enemigos en cualquier porcentaje dado no es irrelevante para
el resultado. Pero la nueva línea frontal de infantería mi silística puede
valer más que la suma de esas partes tácticas, si se desarrolla un
método operacional que combine la acción de las fuerzas móviles con la
nueva defensa antitanque. Mediante el conocimiento de los asaltos
principales del enemigo que permiten las penetraciones, y por la
continuada protección del resto del frente que sigue intacto, se origina
un cuadro en el cual las fuerzas móviles de defensa pueden desempe-
ñarse con mayor efectividad que antes -precisamente a nivel
operacional- porque se les facilita el desplazamiento lateral para
contraatacar los flancos de las columnas invasoras, mientras que sus
propios flancos exteriores quedan resguardados por los segmentos
intactos del frente.
Por supuesto que se parte de la presunción de que se ha realizado
una oportuna movilización, o de otro modo la defensa frontal haya
causado la demora suficiente para permitir que las fuerzas móviles de
la Alianza se congreguen en sus cuarteles y avancen hacia el frente
para contraatacar. De cualquier manera, el resultado sería notoria-
mente mejor con respecto a la situación actual. Ahora bien, si existe un
EL NIVEL OPERACIONAL 107

preaviso suficiente para movilizar y desplegarlas fuerzas terrestres de


la Alianza, deberían empeñarse completamente en la defensa del
frente en vez de quedar libres para contraatacar; si el enemigo ataca
por sorpresa, las fuerzas blindadas y mecanizadas desplazándose con
retraso hacia el frente tendrían que empeñarse con las cabezas de las
fuerzas soviéticas en avance en la mayoría de los casos, privándose de
la ventaja de tomar al enemigo por el flanco.
Por lo tanto, en el caso de la proposición menos extrema, la defensa
frontal técnicamente superior y tácticamente adecuada por parte de la
infantería misilística es operacionalmente válida, y lo que interesa es
justamente su validez en comparación a la oportunidad desperdiciada
de agregarle poderío móvil, blindado y mecanizado. Esto dependerá a
su vez de la integración de la fuerza, ya sea con algunos soldados
regLlares tomados de las fuerzas móviles, o coD tropas de la reserva y
milicias que muy poco se emplean al presente. Entonces, las mismas
condiciones institucionales que al principio parecían insignificantes se
vuelven decisivas al nivel operacional, aunque por razones bastante
diferentes.
Como son estáticas, hay sólo dos métodos operacionales para el
empleo de las tropas misilísticas: defensa frontal por sí mismas, o en
combinación con fuerzas móviles de contraataque. Obviamente, exis-
ten otras formas de emplearlas en situaciones más favorables que la
defensa frontal, donde tienen que absorber el empuje incesante de la
ofensiva. Una posibilidad ya mencionada sería la defensa flexible, que
consistiría en ofrecer seria resistencia al avance enemigo después que
una prolongada retirada haya agotado su alcance logístico; otra distin-
ta sería la defensa en profundidad mucho más cerca del frente, ya sea
en forma de líneas múltiples para imponer demoras sucesivas, o de
islas de resistencia, para seguir interfiriendo los desplazamientos del
enemigo, reducir su potencia, y proteger facilidades militares impor-
tantes o ciudades. Pero ninguna de esas posibilidades cobra relevancia
a nivel operacional, porque la interacción de fuerzas en combate ya no
está en discusión; no cambia demasiado, aunque se trate de una nueva
línea alejada a retaguardia o una defensa en profundidad con islas de
resistencia. En lugar de ello, lo que está siendo reconsiderado es el
dispositivo territorial de defensa de la Alianza, suscitándose cuestio-
nes que trascienden completamente el campo del nivel operacional. En
beneficio de una defensa quizá mejorada para todos sus miembros, más
barata y que no requeriría el contraataque nuclear, al menos con tanta
urgencia, el territorio nacional de un único miembro quedará expuesto
a la invasión y a la guerra destructiva. El propósito de la Alianza
tendría entonces que reformularse para disminuir la prioridad abso-
luta de la defensa territorial exclusiva, en favor de un concepto de
seguridad colectiva que no pretendería la protección de todo el territo-
10 8 LOS NIVELES DE LA ESTRATEGIA

rio de todo miembro durante todo el tiempo. Claramente es tema de


decisión política dentro de cada nación aliada y entre ellas, que ninguna
erudición estratégica puede dictar.
Verdaderamente, el fenómeno de la estrategia define las consecuen-
cias estratégicas de las decisiones políticas, pero éstas tienen asimismo
otras consecuencias que pueden pesar más gravemente para los diri-
gentes nacionales. Si las decisiones sobre asuntos estratégicos se
originan en consideraciones culturales, históricas, económicas o electo-
rales, es difícil que alguien puedabasarse en el razonamiento estratégico
para afirmar que no debiera ser así. No está claro si entender de
estrategia sirve a los propósitos establecidos por la decisión política,
pero por cierto que no concede ninguna autoridad para definirlos. Por
supuesto que hasta las mismas consecuencias estratégicas solamente
pueden ser evaluadas en términos políticos: si se descubre que x
conducirá a la victoria e y a la derrota, ello no quiere decir que x debe
transformarse en la opción política preferida, porque podrían existir
otras consideraciones que motivaran la preferencia de la derrota sobre
la victoria, y ninguna percepción estratégica puedehacer gala de mayor
racionalidad para demandar algo diferente. Encontraremos razones
para tener en mente esa distinción a medida que ascendamos a niveles
superiores de la estrategia.

PRIMER PANORAMA GENERAL DE LA ESTRATEGIA

Para facilitar este ascenso a través de los niveles de la estrategia, he


mantenido a la dimensión horizontal -el flujo y reflujo de acción y
reacción en cada nivel- en equilibrio estático. Ello no implica una
mera limitación de la realidad, sino una verdadera distorsión, porque
las interacciones verticales entre niveles influyen y son a su vez
influidas por la lógica paradójica de la estrategia que se desarrolla
dentro de cada dimensión horizontal, para causar la secuencia de éxito,
culminación y decadencia. Si aparece una nueva arma, la reacción
manifestada en el nivel técnico en forma de contramedida enemiga
puede provocar una reacción táctica, que podría a su vez inducir una
réplica a nivel operacional. Puede también que la primera reacción sea
táctica y la respuesta técnica, con una reacción posterior que aparezca
a nivel operacional. Obviamente, existen innumerables combinaciones
de acciones verticales y horizontales, pero quizá la secuencia más
común sea de cambios técnicos que motivan consecuencias tácticas, y
que a su vez provocan una réplica operacional; sirve como ejemplo el
empleo de blindados en columna en profundidad para penetrar frentes
que la ametralladora había hecho inmunes al ataque de infantería.
Aunque nuestro progreso vertical desde uno a otro nivel está lejos
EL NIVEL OPERACIONAL 109

de completarse, ya no podemos continuar viendo solamente la dimen-


sión horizontal de la estrategia como un mar encrespado en que las olas
en opuestas direcciones de la lógica paradójica tienden a anularse entre
sí, en pugna perpetua por un equilibrio imposible. Tampoco podemos
ver a la estrategia como un edificio de múltiples pisos que ofrezca una
verdad diferente en cada uno de ellos. En cambio, debemos adaptarnos
mentalmente a la compleja combinación de ambas imágenes: los pisos
ya no son sólidos, sino que se agitan a veces hasta el punto de irrumpir
uno dentro de otro; asimismo, en la dinámica realidad del conflicto las
interacciones de los niveles verticales se combinan y colisionan con la
dimensión horizontal de la estrategia.
CAPÍTULO 8

ESTRATEGIA DE TEATRO I:
OPCIONES MILITARES Y ALTERNATIVAS
POLÍTICAS

La lógica de la estrategia a nivel del teatro


determina la relación entre poder militar y territorio, y podemos
entender mucho de ella en términos visuales si observamos los des
pliegues y movimientos a vuelo de pájaro, o quizá debiéramos decir a
vuelo de satélite. Por supuesto que la estrategia también posee un
aspecto espacial en los niveles inferiores, pero a nivel táctico lo que
interesa es la naturaleza detallada del terreno, y a nivel operacional la
geografía simplemente provee el trasfondo cambiante de las acciones
de combate, que generalmente no varían mucho por ello.
Sin embargo, a nivel del teatro hay cierto territorio específico que
constituye el verdadero objeto de la contienda. Puede que sea tan
grande como un subcontinente o tan pequeño como una isla, pero a
menos que el teatro de guerra esté demarcado por límites políticos,
debe hallarse suficientemente separado de otros teatros por barreras
geográficas importantes o por una gran distancia para que sea defendible
o vulnerable en sí mismo. Ya abarque una provincia, un país entero, o
aun un extendido agrupamiento regional de países, un teatro de guerra
debe constituir una entidad militar autocontenida, sin formar parte de
otra mayor.
Si bien condiciona la interacción de fuerzas adversarias en términos
espaciales, l a lógica de la estrategia a nivel del teatro ignora totalmente
el carácter político, económico y moral del territorio en cuestión,
tratando apreciadas tierras nacionales plenas de recursos y producción
exactamente del mismo modo que desiertos hostiles, excepto en lo
referente a aspectos específicamente militares. Entonces, no resulta
sorprendente que para la determinación de una política la lógica de la
estrategia a nivel del teatro queda a menudo ignorada, aunque se la
comprenda perfectamente.

* Como hace notar Clausewitz en De la guerra (libro 5, cap. 2), la característica


definitoria de un teatro es que en una guerra mayor, las operaciones que se realicen fuera
de sus límites no debieran tener efecto directo dentro del mismo, y solamente el efecto
indirecto de debilitar o robustecer a los adversarios.
ESTRATEGIA DE TEATRO I 111

Por ejemplo, en el caso de Corea, la concentración de poderosas


fuerzas norcoreanas con muchos tanques y cañones cerca de la fronte-
ra, teniendo en cuenta la capacidad de la infantería norcoreana para
infiltrarse en profundidad y la belicosidad del régimen gobernante, se
hace altamente probable que una guerra comience con una ofensiva
sorpresiva de extrema intensidad. Sin embargo, tal asalto no podría ser
sostenido por mucho tiempo, ni tampoco avanzar muy lejos dentro del
territorio surcoreano, porque la masa de artillería norcoreana es fija y
queda fuera de alcance, mientras que pronto se agotarían las energías
y los abastecimientos de la infantería a pie.
En tales circunstancias, la lógica de la estrategia a nivel del teatro
tiene el efecto de debilitar completamente una defensa surcoreana que
quiere defender todo, y fortalecer una defensa que defendería menos.
Si los primeros cincuenta kilómetros de territorio surcoreano desde la
frontera fueran solamente defendidos según convenga al iniciarse la
guerra, con demoras ventajosas y emboscadas, seguidas de retiradas
deliberadas, los norcoreanos prácticamente se derrotarían a sí mismos
por haber avanzado tan lejos. Una vez totalmente movilizado, el ejér-
cito surcoreano contaría con efectivos y medios para contraatacar con
superioridad hasta la última frontera y aun más allá, mientras que el
poder aéreo podría infligir grandes pérdidas sobre las fuerzas norco-
reanas durante el avance y la retirada, tan pronto como se desplazaran
fuera del alcance de sus defensas antiaéreas predominantemente
inmóviles.
Tal esquema de "defensa flexible" resulta definidamente favorecido
por la lógica estratégica del teatro, pero desde ya que ignora la na-
turaleza del territorio en disputa --por dos veces- que fuera ocupado
por los norcoreanos. No es un desierto, sino una comarca agrícola
densamente poblada que se extiende hasta los suburbios al norte de
Seúl, donde viven unos ocho millones de coreanos y tienen asiento las
instituciones nacionales y buena parte de su industria. Además, Corea
es un país dividido, y ambos gobiernos reclaman soberanía sobre la
totalidad del territorio. La pérdida de esos primeros cincuenta kilóme-
tros podría provocar un colapso de confianza popular en el gobierno de
Corea del Sur y desmoralizar a sus fuerzas armadas, quizás hasta el
punto de anular su superioridad material. Como resultado no demasia-
do sorprendente, la política coreana de defensa del teatro ignora la
lógica de la estrategia a nivel del teatro y trata de proveer la defensa
general ("adelantada") del territorio. La lógica puede quedar ignorada,
pero inexorablemente sus consecuencias se manifiestan de todos mo-
dos, con cierta combinación de inseguridady costos defensivos mayores
de lo previsto. Para Corea del Sur hay mucha inseguridad y mucho
costo: fuerzas de gran magnitud se mantienen con alto grado de
alistamiento en forma permanente, y se han construido barreras
complejas y fortificaciones frontales.
11 2 LOS NIVELES DE LA ESTRATEGIA

Como hemos visto, nada existe dentro de la lógica de la estrategia


del teatro que pueda justificar otro orden de prioridades, o ni siquiera
que haya prioridad alguna, del mismo modo que una relación conocida
entre desempleo e inflación puede obligar a decisiones políticas entre
ambas: algunos países toleran una gran inflación, pero no el desempleo;
en otros sucede lo opuesto. La lógica económica que define la relación
entre ambos no prescribe la elección de la política económica. A se-
mejanza, en el caso coreano, la lógica de la estrategia del teatro define
una relación entre la elasticidad de la defensa y sus costos y riesgos,
pero la política del teatro demanda estrictamente una defensa rígida.

EL TEATRO CENTRAL DE EUROPA

En el panorama "a vuelo de satélite" que nos admite la estrategia de


teatro, vemos los territorios de Alemania Occidental* extendiéndose
desde la costa del Báltico y Dinamarca hacia el sur, hasta Austria y
Suiza, mientras que el Mar del Norte, Bélgica, Luxemburgo y Francia
señalan sus fronteras occidentales. En cuanto a la acampanada fron-
tera oriental, mil kilómetros la separan de Alemania Oriental y
Checoslovaquia, y sigue la curva hacia el oeste de la frontera austríaca.
Después de la movilización, a medida que las unidades de los ejércitos
belga, británico, canadiense, holandés, alemán y norteamericano salen
de sus cuarteles y bases para desplegarse en sus posiciones asignadas,
el '`frente central" que hasta ahora fue sólo una abstracción adquiere
forma física. Por supuesto que no se trata de una línea sólida con
unidades estacionadas hombro conhombro, sino que consiste en grupos
separados de h ombres, vehículos y armamentos ubicados dentro de una
franja del territorio; aproximadamente un tercio de las unidades de
tanques, vehículos mecanizados y blindados ligeros (las "fuerzas de
cobertura") han avanzado hasta algunos kilómetros de la frontera, y el
resto espera en grupos mayores varios kilómetros detrás de ellos. Si
bien el frente no sigue estrictamente cada vuelta y curva del límite, de
todos modos se extiende hasta cerca del millar de kilómetros de lon-
gitud. También es necesario proteger lafrontera oriental con la neutral
Austria, dada la facilidad con que cualquier invasión soviética podría
cruzar por ese país pobremente armado.
Ahora podemos finalmente disponer de la propuesta de la infantería
misilística tras ser examinada en cada nivel de la estrategia. En cuanto
contemplamos la longitud del territorio que la Alianza debe proteger,
inmediatamente comprendemos por qué únicamente las barreras y

* La obra lüe escrita anteriormente a la unificación alemana en 1989. (N. del T.)
ESTRATEGIA DE TEATRO I 113

fortificaciones mejor elaboradas podrían posiblemente justificar la


defensa mediante una línea frontal de tropas misilísticas. Basta una
simple operación aritmética para descubrir que en los segmentos del
frente donde ambos bandos se empeñarían realmente en combate, los
misiles antitanque baratos y abundantes son sobrepasados en canti-
dad por costosos tanques y vehículos blindados soviéticos. Si observa-
mos una ofensiva en el momento en que comienza, vemos una primera
ola de siete "ejércitos" soviéticos que se aproximan a la frontera de
Alemania Occidental, sumando casi diez mil tanques en total, muchos
más vehículos de combate, así como gran cantidad de artillería y toda
clase de unidades de apoyo. (1) Esas fuerzas soviéticas que marchan
hacia adelante no están distribuidas en una línea larga y delgada que
corre de norte a sur, paralela a la frontera. En cambio, están formando
cuatro o cinco extensas columnas que se desplazan hacia el oeste en
dirección al frente, desde ya que no es una sola fila sino en falanges de
varios kilómetros de ancho donde el terreno lo permite. Aun así, vemos
que las fuerzas soviéticas están atacando a una pequeña fracción en
toda la línea de mil kilómetros: las columnas están chocando contra
estrechos segmentos del frente, tan estrechos en algunos sitios como
una carretera de doble mano, y nunca de más anchura que una docena
y media de kilómetros. Aunque se desplegara una fuerza enorme de
tropas antitanques, con decenas de miles de lanzamisiles, los vehículos
blindados que marchan hacia adelante todavía podrían superarlas
fácilmente en el combate real.
Por lo tanto, la aritmética del desgaste garantiza la derrota, a menos
que se recurra a elaboradas barreras y fortificaciones. No puede ocurrir
de otro modo cuando el número de lanzadores de misiles debe distribuirse
a lo largo de mil kilómetros de frontera, mientras que los blindados
soviéticos pueden atacar concentradamente donde lo prefieran. (2)
También podrían concentrarse las tropas misilísticas, y más eficaz-
mente que las columnas soviéticas, si tuvieran suficiente movilidad.
Pero ello no se logra simplemente suministrando camiones para trans-
portarlos de un lado a otro del frente, por caminos de frontera, ya que
la división de Alemania los hizo periféricos. Tampoco puede hacerse
manteniendo la mayoría de las tropas aguardando en rutas a reta-
guardia, listas a reforzar los segmentos del frente que sean atacados.
Sin capacidad de desplazarse a través del campo, y por lo tanto afe-
rradas a los caminos, las tropas misilísticas motorizadas en tránsito
serían muy vulnerables al ataque aéreo, y tendrán muchas dificultades
para avanzar por el fuego de artillería que llegará a más de quince
kilómetros detrás del frente. Quizás el refuerzo necesario pueda ser
provisto más oportunamente por helicópteros que transporten tropas
misilísticas o que estén armados con lanzadores, pero por cierto que no
se trata de una alternativa barata. Además, esas aeronaves tan frágiles
11 4 LOS NIVELES DE LA ESTRATEGIA

quedarían expuestas a la multitud de armas antiaéreas que acompa-


ñan las divisiones soviéticas, y también a las cortinas descendentes del
fuego de artillería.
Si los camiones son demasiado vulnerables y están aferrados a los
caminos, y si los helicópteros son vulnerables y además muy costosos,
la única opción disponible para conseguir movilidad bajo fuego y lograr
la concentración serían vehículos terrestres bien armados, aptos para
cruzar a través del campo. Si se los acoraza y se les colocan orugas, por
ci erto que podrían llevar a las tropas misilísticas a donde hicieran falta.
Podrían ser réplicas de los actuales transportes de la infantería me-
canizada que incluye entre sus armas los misiles antitanque. Pero ya
que se trata de vehículos blindados, seguramente convendría incorpo-
rar al diseño de algunos de ellos armamento que pueda emplearse sin
apearse; y ya que se va a disponer de armamento incorporado, en lugar
de misiles voluminosos y costosos con escasa velocidad de fuego, sería
preferible dotarlos de cañones, que son superiores para el combate
contra blindados a corta distancia. De este modo queda rehabilitado el
tanque después de haberse recorrido todo el círculo, como una solución
convencional que no sólo se apoya en la inercia institucional, sino que
queda confirmada por las necesidades de la batalla.
Si todavía persistiera la confianza en la propuesta más extrema, el
asunto se arregla una vez que ampliemos nuestro panorama geográfi-
co. Mientras miramos a través de la extensión de Alemania Oriental,
Checoslovaquia, Hungría, Polonia, y aun más allá hasta las regiones
occidentales de la Unión Soviética, vemos que detrás de la primera
oleada de siete ejércitos se acerca otra mayor, y que más formaciones
se están agrupando para avanzar a su turno. (Para mayor información
sobre la composición del ejército soviético, ver Apéndices 2 y 3). Aunque
las divisiones de refuerzo no estuvieran con sus dotaciones completas
y bien adiestradas, ni tan bien equipadas con armas modernas como las
del primer escalón, el impacto de una masa tan tremenda de blindados
que avanzaran, seguramente aplastaría el despliegue frontal de tropas
misilísticas agotadas y disminuidas, si de alguna manera se arreglaran
para resistir hasta entonces.
Pero cuando finalmente descartamos la propuesta extrema, hace-
mos un descubrimiento preocupante. Una vez movilizado, el ejército
soviético es capaz de sobreponerse no sólo a una defensa hipotética de
tropas misilísticas, sino además al despliegue de fuerzas blindadas y
mecanizadas que ahora defienden el frente central. Por esta causa la
Alianza sigue confiando en el suplemento del contraataque nuclear. Si
llega el aviso de una invasión inminente, y se lo toma en cuenta a pesar
de intentos de engaño y autoengaños, y además se procede con presteza
por parte de los cinco gobiernos nacionales involucrados, las fuerzas de
la NATO mantenidas en alistamiento en tiempo de paz deberían estar
ESTRATEGIA DE TEATRO 1 115

en capacidad de resistir al primer escalón de la ofensiva, aunque los


beneficios de la iniciativa para el bando agresor permitirían la ventaja
inicial de la concentración, así como la oportunidad de montar una
cantidad de asaltos de disloque y penetraciones de diversión por tropas
especiales. Esa primera fase de peligro agudo, cuando las unidades se
dirigen a toda carrera desde sus guarniciones de rutina a las posiciones
planeadas, será afectada por congestiones de rutas, ataques aéreos,
puentes saboteados, emboscadas tipo comandos, diversiones intencio-
nadas, y seguida de otra luego de las primeras horas de batalla, cuando
los vectores principales del movimiento soviético deban ser correcta-
mente estimados y la contraofensiva coordinada entre ejércitos de
diferentes naciones. Tampoco servirán de mucha ayuda las fuerzas
aéreas aliadas, ya que estarán iniciando sus propias batallas en de-
fensa de sus bases y atacando las enemigas.
Únicamente mediante esfuerzos épicos y ejercicio efectivo del co-
mando podría prevalecer la defensa contra la embestida de siete
ejércitos soviéticos. Posteriormente, con gran necesidad de descansar
y reagruparse, las fuerzas aliadas tendrían muy pronto que combatir
contra el próximo y mayor escalón soviético, con magros refuerzos
propios. Las fuerzas aéreas aliadas proveerían por entonces una im-
portante ayuda, y las pérdidas en combate serían parcialmente com-
pensadas por la ganancia en experiencia, pero no sería prudente
confiar en una victoria defensiva.

RELACIONES DE FUERZAS OFENSIVO-DEFENSIVAS

Hasta aquí no se ha mencionado la presunta ventaja inherente a la


defensa, la relación frecuentemente citada de tres a uno que se supone
necesita la ofensiva para ganar. Es cierto a nivel táctico que una com-
pañía de tropas a la defensiva, sin necesidad de avanzar para cumplir
su tarea, puede cavar trincheras para mantener un a líneay por lo tanto
causarbajas al enemigo expuesto con mayor facilidad que las recibidas;
en esas circunstancias, una relación de tres a uno es una buena regla
práctica cuando el ataque frontal choca con una defensa protegida. Sin
embargo, a nivel operacional vemos que el agresor no necesita atacar
esa posición en particular, sino que puede pasarla por uno u otro lado,
en un caso sencillo de maniobra correlativa. Si las tropas atrincheradas
se quedan donde están, la defensa fracasa en forma absoluta y puede
resultar eliminada en el proceso si los atacantes deciden detenerse
para llevar a cabo una aproximación enfilada o por retaguardia. Por
otra parte, si la defensa reacciona contra el desborde lateral del
enemigo, solamente puede extender su línea haciéndola más delgada
o desplazándose a su vez para interceptarlo, en idéntica situación de
11 6 LOS NIVELES DE LA ESTRATEGIA

movilidad y exposición. En el primer caso se mantiene la relación


ventajosa, pero el equilibrio de fuerzas en el sitio del combate se altera
a favor del enemigo; en el segundo, el equilibrio no se modifica, pero
desaparece la ventaja. En ninguno de ambos casos harán falta tres
compañías para batir a una.
En las condiciones del frente occidental en la Primera Guerra
Mundial, la ventaja en la relación táctica era compensada totalmente
a nivel de la estrategia de teatro porque la continuidad de la línea de
trincheras desde la costa belga hasta la frontera suiza impedía cual-
quier simple rodeo. Asimismo, la relación ventajosa fue mantenida en
contra de la reacción a nivel operacional de efectuar ataques concentra-
dos en columna en segmentos estrechos del frente por la existencia de
teléfonos de campaña para pedir refuerzos, y ferrocarriles y camiones
para trasladarlos, por consiguiente, la concentración defensiva proce-
día a mayor velocidad que el avance de los soldados a pie contra
artillería, alambrados de púas y ametralladoras. Indudablemente, los
intelectuales que dominaban el estado mayor general francés de
posguerra (3) pudieron demostrar matemáticamente la mayor facili-
dad de concentración de la defensa sobre el ataque, derivada inexora-
blemente de la ventajosa velocidad de los n-wvimientos laterales de
ferrocarriles y camiones a lo largo del frente respecto de la relación de
avance del soldado de infantería batido por los fuegos. Sólo quedaba
compensar por el beneficio que el asalto inicial podía dar al atacante,
que los máximos esfuerzos de inteligencia no lograrían eliminar total-
mente. Sin embargo, eso podía hacerse sin ninguna duda mediante una
línea defensiva sin interrupciones que conservara la ventaja táctica de
las tropas atrincheradas al no poderse rodearlas permitiendo así que
una sola unidad aferrara a cinco o diez unidades equivalentes en forma
transitoria hasta que arribaran refuerzos, del mismo modo en que una
podía aferrar indefinidamente a tres. Según este razonamiento, mien-
tras las madres alemanas no criaran el triple de hijos, los franceses
serían capaces de resistir cualquier ofensiva, siempre que no se debi-
litaran al lanzar fútiles ofensivas propias. Por consiguiente, la victoria
estaba asegurada; pero otro elemento fue agregado para reducir aún
más su precio: en lugar de las malsanas trincheras y refugios improvi-
sados en el barro bajo fuego enemigo, se construyeron durante la paz
trincheras revestidas de cemento, posiciones reforzadas para las ar-
mas, y fuertes bien preparados para proteger la artillería, muy nece-
saria para efectuar fuego de contrabatería que impida a la artillería
enemiga aniquilar a la infantería propia, y simultáneamente atacar al
avance de soldados enemigos.
Tal fue la compulsiva lógica lineal que suscitó la idea de la Línea
Maginot, que sin duda consiguió su éxito culminante en 1940, cuando
la ofensiva germana la eludió por vía de Bélgica ante el formidable
ESTRATEGIA DE TEATRO I 117

poder de sus barreras, su infantería sólidamente atrincherada, la


artillería en fortificaciones. Por la usual paradoja de la estrategia, la
Línea Maginotfracasó en la defensa de Francia porque tuvo demasiado
éxito: no puede pretenderse que una línea defensiva sirva para otra
cosa que disuadir al enemigo de siquiera intentar atacarla. Retrospec-
tivamente, uno llega a la conclusión de que un dispositivo defensivo
menos formidable, una solución eficaz a medias, podría haberle sido
mucho más útil a Francia, al ofrecer la posibilidad de que los alemanes
la atacaran y quedaran aferrados en una guerra de posiciones. Tal
Línea Maginot, considerada infranqueable a nivel táctico, provocó una
respuesta correlativa de estrategia de teatro en la forma de la arre-
metida germana oblicua a través de las indefensas Ardenas belgas,
hasta el Canal de la Mancha.
Sin la Línea Maginot para ayudar al equilibrio, la cinemática de la
concentración defensiva, basada en la ventaja de velocidad de camiones
y trenes sobre soldados a pie, fue absolutamente arruinada por la
respuesta a nivel operacional de la blitzkrieg, cuyas columnas de pe-
netración en profundidad también se desplazaban a velocidad de
automotores en una carrera contra el movimiento lateral que reunía
potencial defensivo. Sus puntas de lanza blindadas, prácticamente
inmunes a la interdicción artillera y sin obstáculos que se les opusie-
ran, sencillamente anularon la ventaja en la relación táctica de las
fuerzas de línea de infantería, y de cualquier forma hubieran sobrepa-
sado posiciones erizadas de cañones antitanques. Sólo nos queda
expresar nuestro asombro por las preferencias emocionales tan profun-
damente arraigadas que han invertido completamente las dos leccio-
nes de 1940, ya que se condena la totalmente exitosa Línea Maginot y
se sostiene la espuria validez universal de la relación tres a uno, sólo
correcta a nivel táctico.

ARMAS NUCLEARES DEL CAMPO DE BATALLA

Desguarnecidos por imaginadas ventajas inherentes, los planes


actuales de la Alianza Occidental para la defensa del frente central
deben corifiar en el deus ex machina de las armas nucleares "del campo
de batalla", las que descenderán al escenario si no hay otra forma de
evitar la penetración y el colapso del frente. Las armas nucleares
cumplen una función principalmente suasoria* y de no uso, y las
consideraremos como tales a un nivel estratégico superior. No obstan-
te, por ahora vamos a ver su significado a nivel de estrategia de teatro.

* El término se refiere tanto a la persuasión como a la disuasión, en todas sus formas.


El tema es discutido en la Parte III.
118 LOS NIVELES DE LA ESTRATEGIA

Las armas nucleares del campo de batalla producen efectos explo-


sivos y radiactivos relativamente modestos si se comparan con las
armas nucleares intercontinentales. (4) Se emplean en forma de co
hetes de corto alcance, granadas de artillería, y cargas de demolición,
así como en bombas de aviación de amplia versatilidad, y suministran
una respuesta a nivel técnico a la magnitud del ejército soviético,
ofreciendo medios alistados para realizar contraataques devastadores.
Según la política vigente de la Alianza, durante las batallas frontales
los ataques no nucleares serán respondidos por defensas no nucleares
mientras sea posible; pero si continúa el arribo de formaciones soviéti-
cas y la defensa ya no puede retenerlas, entonces se pedirá el empleo
de armas nucleares del campo de batalla.
Cuando se incorporaron por primera vez en 1952-53, (5) las armas
nucleares norteamericanas para uso en el campo de batalla se elevaron
rápidamente en la curva de efectividad: se integraron con facilidad
dentro de los planes de defensa frontal de la época, cuando casi existía
una verdadera línea formada por grupos pequeños de fuerzas en
disposición poco profunda. Pero esta reacción técnica al poderío sovié-
tico a nivel de teatro alcanzó su punto culminante de éxito bastante
pronto, porque a fines de la década de 1950 ese ejército también contaba
con armas nucleares para el campo de batalla. Por lo tanto, si el co-
mando de la Alianza intentara resguardar los sectores del frente que
se desmoronaran mediante el ataque a las columnas soviéticas invaso-
ras con armas nucleares, el comando soviético podría replicar abriendo
otros sectores del frente con las suyas. Dejando de lado por el momento
toda consideración sobre cuáles armas nucleares adicionales podría
emplear cada bando contra blancos diferentes de formaciones terres-
tres en combate, podemos simplemente asumir que el uso de armas
nucleares por parte de la Alianza desencadenaría una réplica simé-
trica.
No obstante, en este caso acción y reacción no se anulan mutuamen-
te, sino que una vez empleadas armas nucleares el ejército soviético ya
no podría conquistar territorio mediante invasión, sino solamente
presidir su devastación. Entonces, si la Alianza puede amenazar per-
suasivamente con el uso de sus armas nucleares del campo de batalla
en caso de necesidad; tendría capacidad de disuadir un ataque soviético
con propósitos de conquista, ya que los únicos resultados posibles serán
la derrota no nuclear o la guerra nuclear. Como siempre sucede en estos
casos, es exclusivamente el adversario quien controla el proceso: son
sus líderes quienes deben dar crédito a la amenaza y evaluar si el
castigo sería mayor que los beneficios posibles. Desde ya que la
seguridad obtenida por métodos suasivos es inherentemente menos
digna de confianza que la negación defensiva. Sin embargo, la amenaza
nuclear no puede minimizarse fácilmente como ocurría con los regi-
ESTRATEGIA DE TEATRO I 119

mientos de caballería y hasta con las divisiones blindadas, porque sus


efectos técnicos son mucho más ciertos y sin duda pronosticables con
exactitud.
Pero en este caso la efectividad suasoria quedaría circunscripta por
un solo motivo: si los líderes soviéticos decidieron atacar a la Alianza
en un acto desesperado, más que por deseo de conquista, podrían no
disuadirse del todo ante la prospectiva de causar un cinturón de
destrucción nuclear justo en el medio de Europa Central. El poder
ilegítimo siempre padece de inseguridad, y una secuencia concebible
sería una revuelta general en Europa Oriental que se extendiera hacia
los territorios fronterizos no rusos de la Unión Soviética, causada
precisamente por el ejemplo subversivo de libertad y prosperidad de
Europa Occidental; ello podría inducir a los jerarcas soviéticos a
decidirse por la agresión para apagar esa luz, para privar de impulso
a las inquietudes al presentar una prospectiva peor que la opresión
continuada.
Otra posibilidad, al menos en teoría, es que la Unión Soviética
podría atacar por razones defensivas, para prevenir una ofensiva de la
Alianza que sus líderes consideraran inminente. El concepto de una
agresión occidental concertada en secreto entre el parlamento holan-
dés, el canciller alemán, el gran duque de Luxemburgo, el gabinete
belga, así como la Casa Blanca y Whitehall, podría resultarnos ente-
ramente fantástica a quienes habitamos de este lado del mundo. Pero
los jerarcas del Kremlin presiden un gobierno que parece disponer de
una capacidad infinita para la suspicacia, como pueden atestiguarlo
gran cantidad de desafortunados disidentes que fueron seriamente
interrogados para descubrir conspiraciones inexistentes; y ninguna
otra fecha histórica se recuerda más vivamente en la Unión Soviética
que el 22 de junio de 1941, cuando la invasión se produjo con terrible
sorpresa, causando devastación atroz. Si la autodefensa se convirtiera
en el motivo de la agresión, por más equivocado que estuviera, las
armas nucleares de la Alianza en el campo de batalla retendrían su
capacidad física de anular una inminente victoria no nuclear soviética,
pero sin posibilidades de disuadir de la realización del ataque.
Hasta aquí se ha considerado solamente la prospectiva suasoria que
un conflicto nuclear en el campo de batalla podría tener sobre las
mentes de los líderes soviéticos. No distraería de nuestro propósito
actual estudiar en profundidad la progresión de amenazas que sigue al
intento inicial suasorio nuclear, comenzando con el permanente es-
fuerzo soviético de convencer a los aliados europeos de que reaccionaría
a ataques nucleares en el campo de batalla con sus propios ataques
nucleares contrablancos más importantes, principalmente aeródromos
y hasta ciudades europeas (para superar mediante suasión el efecto
paralizante de la guerra nuclear en el campo de batalla); y continuando
12 0 LOS NIVELES DE LA ESTRATEGIA

con la amenaza recíproca de los Estados Unidos de efectuar ataques


nucleares contra blancos equivalentes en la Unión Soviética, incluyen-
do ciudades (para inhibir mediante la suasión cualquier extensión de
la guerra nuclear más allá de las zonas de combate frontal). Como
siempre sucede en el reino de la estrategia, todo movimiento provoca
réplica aunque no haya una acción o reacción concreta en la suasión,
sino únicamente la percepción, correcta o errónea, de las amenazas y
de la capacidad potencial de producir daño. La prosecución de la
secuencia, cuando ya se han intercambiado amenazas recíprocas con-
tra las mismas fuerzas nucleares, nos llevaría a abandonar el nivel del
teatro para internarnos en el siguiente, de la gran estrategia. Por ahora
quedémonos donde estamos, destacando que la amenaza nuclear de la
Alianza en el campo de batalla, dirigida a eliminar las esperanzas
soviéticas de conseguir una victoria no nuclear, debe provocar un efecto
interno en los mismos aliados occidentales, especialmente en el gobier-
no alemán.
La mayoría de las armas nucleares de corto alcance serían lanzadas
desde territorio alemán, y son sus zonas frontales las que sufrirían
ataques nucleares en caso de una reacción soviética simétrica. Tampo-
co puede el gobierno de Bonn permanecer indiferente respecto al
destino del territorio alemán regido desde Berlín Oriental en caso de
conflicto; Alemania Oriental se convertiría entonces en territorio
enemigo, .y poseería los blancos principales para los ataques nucleares
del campo de batalla, pero jamás sería considerada tierra extranjera
por sus compatriotas.
Al resultar tan perniciosa para quienes amenazan como para
quienes son amenazados, puede que la réplica de la Alianza sea
autoinhibitoria. Sin embargo, obviamente tal razonamiento no ha
prevalecido, porque algunos Estados miembros, y especialmente Ale-
mania, continúan reafirmando la amenaza de ataque nuclear en el
campo de batalla en caso de inminente victoria no nuclear de los
soviéticos. (6) Prefieren aceptar los riesgos consecuentes antes que
desarrollar fuerzas no nucleares más poderosas, con capacidad de
derrotar a una invasión no nuclear por sí mismas, sin apelar a la corte
suprema de la guerra nuclear.

¿UNA DEFENSA NO NUCLEAR DE EUROPA?

Los riesgos de la actual confianza de la Alianza en las armas


nucleares son obvios, pero las consecuencias de incrementar su poderío
no nuclear podrían resultar paradójicamente adversas. Es posible que
el rechazo de los aliados europeos en general, y de sucesivos gobiernos
alemanes en particular, a incrementar sus fuerzas no nucleares en un
ESTRATEGIA DE TEATRO 1 121

amplio margen esté motivado únicamente por la cortedad de miras de


economizar en gastos militares. Pero además quedaría totalmente
justificado por el correcto razonamiento estratégico (es decir, paradó-
jico).
Con certeza, si las fuerzas no nucleares de la Alianza dispusieran
del potencial suficiente para defender el frente central contra una
invasión no nuclear soviética, no habría necesidad de emplear armas
nucleares del campo de batalla. Por consiguiente, en caso de guerra
podría preservarse tan valioso precedente del no uso de armas nuclea-
res desde 1945, y se evitaría al mundo el peligro extremo de la escalada
paso a paso desde el campo de batalla a la guerra nuclear intercon-
tinental. Pero si no se emplean armas nucleares en una contienda, el
combate no nuclear debe ocurrir ineludiblemente. Entonces, la conse-
cuencia paradójica de evitar el modo nuclear de destrucción -motivo
de gran preocupación para toda la humanidad, pero quizá de dimensio-
nes no tan colosales si se utilizan armas modernas de baja potencia-
sería mayor destrucción, aunque de origen no nuclear, pero igualmente
muy dañina para las poblaciones afectadas de Europa en general, y de
Alemania en particular.
Además, si los jerarcas de la Unión Soviética empezaran una
guerra, lo harían con la intención de quebrar el frente central y avanzar
en profundidad. Si las fuerzas no nucleares de la Alianza cobran poder
suficiente como para defender el frente y repeler la invasión, los líderes
soviéticos podrían reaccionar usando sus propias armas nucleares del
campo de batalla. Después de todo, sean cuales fueren sus esperanzas
o temores que los induzcan a iniciar las hostilidades, sería mucho
mayor el miedo a las consecuencias que tendría una derrota sobre la
estabilidad del régimen, e indudablemente sobre la supervivencia de la
Unión Soviética como entidad política. Así resulta que la consecuencia
paradójica de evitar el empleo nuclear aumentando el poderío no
nuclear, podría provocar el propio uso de armas nucleares por parte de
la Unión Soviética.
Finalmente, las actuales fuerzas no nucleares de dudosa aptitud
confrontan a la Unión Soviética con la prospectiva de que en caso de
invasión el frente central sería penetrado con bastante rapidez, cau-
sando una situación caótica en la cual las armas nucleares del campo
de batalla podrían ser empleadas en una reacción de pánico, sin tener
en cuenta los esfuerzos soviéticos para disuadir a los líderes nacionales
de autorizar su uso, mediante amenazas de ataques aún más catastró-
ficos por su parte. La consecuencia paradójica de fuerzas no nucleares
más poderosas podría permitir la estabilización del frente en la prime-
ra fase del conflicto, durante la cual la Unión Soviética adelantaría las
fuerzas necesarias para quebrarlo, y además ejercer todo su poder
persuasivo sobre los gobiernos europeos para inducirlos a renunciar a
12 2 LOS NIVELES DE LA ESTRATEGIA

cualquieruso nuclear mediante amenazas de ataques nucleares mucho


más destructivos. Entonces también sucedería que cuanto más tiempo
provea la defensa no nuclear para deliberación, debate público y
cobertura de los medios de comunicación, hay menos posibilidades de
que el presidente de los Estados Unidos retenga su libertad de acción
para acordar el empleo de armas nucleares en el campo de batalla a
requerimiento de las autoridades europeas, o de reafirmar el compro-
miso norteamericano de que los ataques nucleares sobre ciudades
europeas provocarían ataques norteamericanos sobre ciudades sovié-
ticas. Por medio de la habitual paradoja de la estrategia, el poderío no
nuclear redundaría consecuentemente en una mayor debilidad.
CAPÍTULO 9

ESTRATEGIA DE TEATRO II:


ESTRUCTURAS DEFENSIVAS Y
LA OPCIÓN GUERRILLERA

Del bando agresor, la gran opción en estra-


tegia de teatro se halla entre el avance amplio que sólo puede emplear
quien es muy poderoso-porque de otro modo el ejército que avance en
todas partes será superado numéricamente en todas partes- y el
avance estrecho que ofrece oportunidad de vencer hasta al más débil,
si concentra sus fuerzas al precio de mayor debilidad en cualquier otra
parte. Con su simplicidad de nivel operacional, la facilidad con que
puede coordinarse un avance paralelo, y sobre todo por la ausencia de
flancos expuestos, el avance en amplio frente es más seguro, si bien
costoso en cuanto a pérdidas, como hemos visto. Pero cuanto más
angosto el avance, inexorablemente crecen juntos el riesgo y el bene-
ficio, culminando con las penetraciones del ancho de un lápiz de la
prototípica blitzkrieg germana, ardid parte confiado y parte aventu-
rado. Por la inversión usual, solamente quienes guardan margen para
l as imprudencias dentro de la superioridad de sus medios pueden
permitirse un avance amplio y cauteloso, mientras que aquellos que
viven arriesgando deben ser audaces para contar con alguna proba-
bilidad de éxito. Dejando la paradoja de lado, que de cualquier modo ya
resulta familiar, no hay en esto gran complejidad, o al menos nada que
trascienda de consideraciones puramente militares.
Empero, en la defensiva cada estructura rige no solamente en el
despliegue de fuerzas militares, sino en el destino del territorio expues-
to al peligro, y la lógica lineal -que igualaría defensa con protección-
choca con frecuencia ante la lógica paradójica de la estrategia, compul-
sando a decisiones complejas entre prioridades políticas y militares
divergentes. Esto ocurre especialmente en caso de una defensa flexible
que no debería defender ningún trecho en especial del territorio para
poder defender mejor su totalidad, liberando a sus fuerzas de las tareas
protectoras. La libertad de acción resultante permite eludir las princi-
pales arremetidas enemigas, desplazarse a voluntad y concentrarse de
lleno; provee a los defensores con todas las ventajas del atacante,
mientras todavía retienen la ventaja inherente de combatir en una
zona conocida y presumiblemente amistosa. A menudo considerada
12 4 LOS NIVELES DE LA ESTRATEGIA

ideal desde un punto de vista puramente militar, ésta es la menos


deseable de las estructuras para quienes gobiernan, independiente-
mente de que sus prioridades estén dirigidas a la riqueza, el bienestar
o el control. En forma similar, en el caso opuesto de una defensa
adelantada muy rígida que trata de impedir cualquier intrusión enemi-
ga, nuevamente coinciden lo mejor para el político y lo peor para el
militar.
Por supuesto que es raro encontrar ambos casos extremos. En la
práctica sólo hubo aproximaciones: aún cuando el alto comando de
Stalin decidió eludir la renovada blitzkrieg alemana de 1942 por medio
de una defensa suficientemente flexible, no abandonaría Stalingrado;
e incluso el presente compromiso de la Alianza del Atlántico Norte por
una defensa adelantada de Alemania no exige la protección de cada
centímetro de su territorio, aunque una defensa flexible haya sido
rechazada en principio. * Por lo tanto, la realidad política da lugar a un
compromiso entre prioridades políticas lineales y sus paradójicas
contrapartes militares, concediéndose mayores oportunidades a las
primeras cuando existe gran sensación de seguridad (justificada o no)
y a las últimas cuando crece el temor al desastre inminente.
Obviamente, existe todo un espectro de opciones entre los extremos
de una defensa flexible que no resiste para nada pero se mantiene
intacta para contraatacar oportunamente, y una defensa frontal total-
mente rígida. La política posee atribuciones para imponer su preferen-
cia estableciendo el límite entre lo que debe defenderse a cualquier
precio y lo que puede abandonarse, aunque sea transitoriamente. Pero
hay otra estructura que diverge del espectro, una "defensa en profun-
didad" en la cual una zona frontal más o menos profunda no es pro-
tegida rígidamente ni tampoco abandonada para efectuar maniobras
ambulatorias. En cambio, la zona es defendida selectivamente por
agrupaciones autosuficientes defuerzas que constituyen unamultitud
de islas de resistencia escalonadas en profundidad para formar una
grilla, más que una línea.
Resguardadas por terreno favorable o barreras artificiales, psicoló-
gica ,y organizadamente preparadas para luchar por sí mismas, y por
cierto abastecidas para lograrlo, tales islas de resistencia ("erizos", fue
el término preferido en la Segunda Guerra Mundial) sirven para

* El alcance de las fuerzas blindadas y mecanizadas soviéticas, con su propio sostén


logístico, es tan profundo que una defensa lo suficientemente flexible para absorber su
impulso apenas defendería alguna parte del territorio alemán, y más bien lo sacrificaría
todo para dedicarse al resto de Europa Occidental. Asimismo, la Unión Soviética
buscaría ciertamente disuadir de cualquier intento de recobrar territorio alemán por
amenazas nucleares, que deberían ser persuasivas aunque la guerra no haya sido
nuclear hasta entonces.
ESTRATEGIA DE TEATRO II 125

mantener importantes pasajes a lo largo de las principales avenidas de


avance, e infraestructura valiosa como aeródromos y depósitos gran-
des, al menos por un tiempo. Pero su función principal debe ser como
bases protegidas desde donde puedan lanzarse incursiones perturba-
doras y contraataques menores, idealmente en coordinación con con-
traataques del cuerpo principal mantenido a retaguardia para asegu-
rar el territorio que se halla detrás del cinturón frontal provisto por la
defensa en profundidad.
Si cada isla de resistencia debe ser suficientemente fuerte y deben
escalonarse a suficiente profundidad, nunca podrán ser muchas, ni
tampoco formar un frente continuo. Por lo tanto el enemigo todavía
puede avanzar sin detenerse si así lo desea, eludiéndolas para alcanzar
objetivos más allá del cinturón de defensa en profundidad. Pero la
ocasión encierra una trampa: como en el pasado, cuando una columna
que avanzaba no podía simplemente ignorar una fortaleza intacta que
albergaba fuerzas listas para salir sin arriesgarse a severas pérdidas,
tampoco hoy en día una penetración blindada y mecanizada puede
pasar por alto fuerzas con poder ofensivo en libertad de atacar sus
vulnerables flancos. Si bien detenerse para reducir cada isla de resis-
tencia interrumpe su ritmo crítico de avance, la asignación de fuerzas
de contención en cada sitio podría resultar en una creciente dispersión
de esfuerzos (que además disminuyen naturalmente en el curso del
avance).
El dilema que crea al atacante la defensa en profundidad puede
complicarse aún más si los defensores cuentan con medios y capacidad
moral para lanzar pequeñas incursiones contra las columnas de abas
tecimientos, unidades de servicios, y destacamentos menores que el
avance enemigo pone a su alcance. La forma en que el terreno restringe
la ofensiva a estrechas avenidas que pueden ser bloqueadas no consti-
tuye un dilema para los atacantes, quienes deben vencer la resistencia
de cada sucesiva isla de defensa a lo largo del trayecto elegido. Pero
tampoco en este asunto la estrategia permite un progreso lineal
ili mitado: cuanto mayor sea la extensión del terreno que restringe el
movimiento dentro del teatro, más importante se hace la estructura,
hasta que el punto culminante se sobrepasa en un terreno verdadera-
mente restrictivo como la cordillera del Himalaya, donde una firme
defensa mediante una cadena eslabonada de posiciones fortificadas,
cada una bloqueando la salida de los escasos y angostos pasos, es
preferible a cualquier defensa en profundidad.*
Para la Alianza del Atlántico Norte y su frente central en Alemania,

* Opción imposible para China e India: ambas quieren controlar el territorio


himalayo, en vez de defenderse desde detrás de él.
12 6 LOS NIVELES DE LA ESTRATEGIA

no hay peligro en sobrepasar los límites de la ventaja que una defensa


en profundidad puede brindar: algunos sectores son montañosos, pero
no en la magnitud de los Himalayas o los Alpes, y no ofrecen oportuni-
dad de bloqueo absoluto en ninguna avenida principal de aproxima-
ción.
Existen significativos obstáculos naturales y artificiales en la llanu-
ra al norte de Alemania y en la llamada Brecha de Fulda; son barrancos
boscosos y áreas urbanas que se extienden bien lejos a retaguardia
como para acomodar una grilla de islas para la defensa en profundidad.
Una estrategia de teatro de defensa en profundidad sería ciertamente
una maniobra correlativa en respuesta a la presente amenaza soviéti-
ca, porque en gran parte circundaría el impulso de la fuerza bruta
blindada del ejército soviético; privado del sólido obstáculo del frente
central que deben atravesar, las columnas invasoras tratarían de
abrirse paso cruzando por el cinturón defensivo .y dispersando sus
unidades para controlar territorio, y así quedar vulnerables ante las
escurridizas fuerzas de la defensa.
Han circulado muchos esquemas para la defensa en profundidad del
frente central de la Alianza; varios bregan por la retención de las
actuales fuerzas blindadas y mecanizadas, pero dejándolas maniobrar
libremente más a retaguardia en vez de aferrarlas en posiciones
frontales; (1) además, combinaciones de esas mismas fuerzas con in-
fantería misilística ligera, en unidades pequeñas desplazadas por me-
dio de helicópteros; (2) o con milicias locales que entablarían una es-
pecie de guerrilla junto con infantería ligera regular; también con
unidades pequeñas de infantería regular distribuidas en guarnicio-
nes para defender las aldeas de piedra que salpican la campiña ale-
mana. (4) En algunos esquemas se agregarían barreras antitanques
para desacelerar alas columnas blindadas soviéticas; en otros, con o sin
barreras, se prevén posiciones fortificadas para permitir a algunas
tropas demorar el pasaje a través de rutasy corredores en una profunda
zona detrás del frente. Para todos los esquemas, el propósito es
retardar indefinidamente las veloces y profundas penetraciones que
intentan lograr las columnas blindadas mediante una dura batalla
frontal. En lugar de ello, quedarían aferradas a la defensa en profun-
didad hasta que sean aisladas y derrotadas de a poco o reciban un
poderoso contraataque. (5)
Las alternativas de defensa en profundidad sugeridas para el frente
central difieren en detalles, pero comparten algo en común: son ejem-
plos de un pensamiento militar original, que divergen razonablemente
no sólo de los planes osificados sino también de las realidades políticas.
Más aún, todos los esquemas parecen sufrir la clásica ilusión del
"movimiento finaP', porque al reaccionar ante la estrategia de teatro de
penetración en profundidad imputada al ejército soviético, dejan de
ESTRATEGIA DE TEATRO II 127

percibir la probable reacción que ellos mismos pueden provocar, en


forma de una nueva estrategia de teatro soviética. En otras palabras,
ignoran el fenómeno fundamental de la estrategia. Antes de adherir a
semejantes críticas, vale la pena reiterar los considerables méritos de
dichos esquemas en términos puramente militares.
Como hemos visto al nivel táctico, las tropas que pelean desde el
interior de fortificaciones contra atacantes que se desplazan a campo
abierto se benefician por "relaciones de intercambio" favorables, por-
que sus fuegos tienen efecto pleno, mientras no así el de los atacantes.
Unidades pequeñas y ágiles que incursionen oportunamente contra
columnas soviéticas y se dispersen ante contraataques también obten-
drán relaciones favorables. Además, barreras tales como fosos
antitanques, obstáculos sólidos y campos minados, mientras quienes
los cubren puedan soportar bajo fuego, sirven para aumentar la
efectividad táctica de las obstrucciones al reducir el ritmo de avance
enemigo, idealmente hasta la real capacidad de empeñamiento con
blancos de las armas defensivas en posición. A nivel operacional, el
efecto combinado de barreras y fortificaciones de bloqueo de rutas
reduciría la movilidad relativa de los invasores, aumentando la proba-
bilidad de que fuerzas de contraataque suficientemente poderosas
puedan ser ubicadas convenientemente para empeñarse con los flancos
de las columnas soviéticas. A nivel de teatro, todos estos esquemas
eludirían el mayor potencial del ejército soviético, su capacidad de
quebrar frentes sólidos, mientras que explotarían su punto más débil,
la falta de flexibilidad de sus unidades pequeñas. (6)
No obstante, los esquemas de defensa en profundidad han sido
rechazados por sucesivos gobiernos alemanes, y en consecuencia por
toda la Alianza. Ello pone en evidencia que difieren de la política
establecida; pero la política puede cambiar en cualquier momento, y la
acusación de irrealismo político pertenece a un orden más fundamen-
tal. En los niveles técnico, táctico y operacional de la estrategia, los
objetivos que se persiguen son muy evidentes y quedan más allá del
debate: mayores impactos, mejores relaciones de intercambio y la
victoria en combate son por cierto más deseables que sus opuestos. Sin
embargo, a nivel del teatro el verdadero significado de éxito o fracaso
es asunto de decisión política. Los esquemas de defensa en profundidad
podrían derrotar a una invasión soviética, empero sin defender a Ale-
mania propiamente dicha, y si la concurrente devastación del ejército
soviético y de buena parte del territorio alemán es un éxito o un fracaso,
es una cuestión opinable. La extensión del territorio que se destinaría
a una guerra prolongada varía con cada esquema específico, pero
ninguno puede ofrecer una defensa rígida de la totalidad del territorio
nacional, como actualmente lo consigue la defensa "adelantada" vigente.
Quienes argumentan a favor de los esquemas de defensa en profun-
12 8 LOS NIVELES DE LA ESTRATEGIA

didad manifiestan que el riesgo de exponer alguna parte del territorio


alemán a la destrucción no nuclear sería preferible al peligro extremo
de someterlo en su totalidad, incluyendo sus ciudades, a la devastación
nuclear. La decisión se complica por los diferentes niveles de riesgo
asociados con ambos peligros: ciertamente, puede argüirse que la
disuasión nuclear del campo de batalla puede resultar más confiable
que su contraparte no nuclear. Pero actualmente son discutibles los
mismos términos de la opción, porque la política vigente incluye una
tercera. El gobierno alemán puede prohibir en cualquier momento el
uso de armas -nucleares basadas en su territorio. En consecuencia, si
fracasa la disuasión, comienza una invasión soviética y el frente no se
sostiene, entonces el gobierno alemán se niega a autorizar contraata-
ques nucleares, y en cambio pide un armisticio. Probablemente los
términos soviéticos sean severos, pero aun eso puede ser preferible al
empleo real de armas nucleares, e incluso a la extendida destrucción
que un conflicto no nuclear prolongado podría infligir a las densamente
pobladas comarcas germanas. La defensa en profundidad es mucho
más atractiva como alternativa de la política oficial que su posible
variante no oficial de tiempo de guerra.

LA GUERRA DE GUERRILLAS COMO ESTRATEGIA


DE TEATRO

La disonancia con las realidades sociales se hace aún más evidente


en los esquemas que conceden un papel importante a las fuerzas
voluntarias de milicianos, y algo similar ocurre con los esquemas que
incluyen la infantería ligera. Para preparar el camino a ventajosos
contraataques de fuerzas regulares blindadas y mecanizadas, los
esquemas de milicias e infantería ligera prevén muchas pequeñas
emboscadas e incursiones contra columnas de abastecimiento, desta-
camentos y flancos expuestos de la invasión soviética; en otras pala-
bras, una resistencia guerrillera. Esto no es más que una versión de la
defensa en profundidad, donde no hay nada que se defienda rígidamen-
te, mientras que todo control es desafiado permanentemente.* Sin

* El término guerrilla deriva del español, y queda mejor caracterizado por el alemán
bandenkrieg ("guerra de bandas"); en contraste con la guerra regular de grandes
formaciones, constituye por supuesto una estrategia de teatro en sí misma; es en realidad
el incremento a magnitud de teatro de tácticas ágiles de infantería ligera. En el contexto
de una lucha interna por el control del gobierno, por otra parte, la guerra de guerrillas
es el único componente militar de una gran estrategia, la guerra revolucionaria, cuyo
componente político es la subversión el desplazamiento de un gobierno por medio de
la propaganda y el terrorismo-. La combinación relativa de ambos factores es un
ESTRATEGIA DE TEATRO II 129

duda, tales esquemas son atractivos por la ventaja a nivel operacional


que posee la guerrilla sobre los ejércitos convencionales. Carece de
ventajas a nivel técnico, sino más bien lo opuesto; no muy a menudo
tiene ventajas tácticas cuando el combate se realiza. Pero ciertamente
posee una ventaja operacional: mientras peleen en forma escurridiza,
sin tratar de defender puntos fijos contra determinados ataques, la
milicia y la infantería ligera tienen libertad para empeñarse si les
conviene, y cuando lo estimen necesario. Lo previsto en los esquemas
es que las fuerzas invasoras serían hostigadas a cada momento, sus
columnas emboscadas con frecuencia en rutas, sus destacamentos
menores sorprendidos y destruidos, y sus depósitos saboteados. No
serían capaces de trabar combate con defensores de estilo guerrillero,
quienes se dispersarían ante una fuerza superior, destruyendo sin ser
a su vez destruidos.
La guerra de guerrillas es una respuesta de maniobra correlativa a
un poder militar superior de forma convencional, y una de las debilida-
des que aprovecha es la autorrestricción del enemigo. Las guerrillas
judías, kikuyu, chinas comunistas, griegas y árabes combatiendo
contra tropas británicas respectivamente en Palestina, Kenia, Malaya,
Chipre y Adén, como asimismo las vietnamitas y argelinas luchando
contra tropas francesas en Indochina y Argelia, y ciertamente el
Vietcong contra los norteamericanos, pudieron confiar en las autorres-
tricciones de sus enemigos en el trato con el conjunto de la población
civil. Por supuesto que- hubo excepciones, con crueles conductas de
algunas tropas aquí y allá, y acaso algún acto ocasional de violencia
letal, pero no hubo represalias sistemáticas que fueran aprobadas por
las autoridades militares (cuya meta después de todo era ganarse "los
corazones y las mentes"); mucho menos por los gobiernos metropoli-
tanos, que actuaban bajo el escudriñamiento de parlamentarios y
periodistas.
Por contraste, si tales inhibiciones no existen o son débiles, la
libertad de acción de la guerrilla resulta muy restringida si se amenaza
con represalias violentas a la población civil, a la que pertenecen sus
familiares y amigos. Cuando cada asesinato de la guerrilla resulta en
la ejecución de civiles inocentes mantenidos como rehenes para tal
propósito; cuando cada emboscada exitosa es seguida de la aniquilación
del poblado más cercano; y cuando cada incursión contra cuarteles o
depósitos es contestada con masacres, no serán muchos los guerrilleros

indicador válido de la naturaleza de la lucha política: si se emplea mucho terrorismo,


seguramente que la meta insurgente no es una forma consensual de gobierno. La obra
de Walter Laqueur Guerrilla (1976) quizá sigue siendo el compendio más útil. La
anatomía clásica de la guerra revolucionaria está contenida en el principio del libro de
Roger Trinquier La guerre moderne (1961).
13 0 LOS NIVELES DE LA ESTRATEGIA

que se sentirán dispuestos a asesinar, emboscar e incursionar cuando


se les ofrezca oportunidad. Sus lazos emocionales con la población civil
de la que provienen son una debilidad potencial que fuerzas de
ocupación despiadadas pueden explotar como su propia respuesta de
maniobra correlativa.
La política represiva de las fuerzas alemanas durante la Segunda
Guerra Mundial fue muy efectiva al minimizar los resultados obteni-
dos por guerrilleros en casi todas partes, casi todo el tiempo. Desde ya
que la simple distracción de tropas germanas para oponérseles debe
figurar en cualquier evaluación, pero aun incluyéndolas debidamente
hay acuerdo general en que el efecto militar de las resistencias norue-
ga, danesa, holandesa, belga, francesa, italiana y griega fue intrascen-
dente. (7) La resistencia polaca fue más bien un esfuerzo para organi-
zar un ejército secreto para una eventual guerra de liberación que una
campaña guerrillera en plenitud, y cuando emergió a la lucha lo hizo en
forma perfectamente convencional, intentando tomar Varsovia en
agosto de 1944, y evitando hasta entonces atacar a los alemanes para
ahorrarle a la población las inevitables represalias. (8) Solamente los
comunistas de Tito y los partisanos soviéticos fueron guerrilleros
verdaderamente efectivos durante la guerra, precisamente porque
estaban deseosos de competir con los germanos en crueldad, a muy alto
costo para la población civil. (9)
Cuando las guerrillas combaten en el marco de una lucha interna
por el poder (o sea una guerra revolucionaria), de la clase que se ha
difundido desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, las represalias,
serán usualmente contraproducentes.* Pero existe un sustituto equi-
valente: las milicias locales de autodefensa, armadas por el gobierno
para resistir intrusiones guerrilleras dentro de su esfera de control.

Defensa puntual
Puede parecer extraño que tanto perjudicar como armar a la
población civil puedan resultar equivalentes pero así sucede en el
paradójico reino de la estrategia, donde ambas medidas tienden a
conseguir el mismo propósito. En el primer caso, la respuesta simétrica
a la guerrilla a nivel del teatro es estimular su dispersión. En lugar de
una defensa de área provista de grandes formaciones listas para salir
a empeñarse con fuerzas enemigas -procedimiento inefectivo contra
oponentes escurridizos-, se destacan muchas unidades pequeñas de

* Las excepciones incluyen pugnas internas entre autoridades centrales y separatis-


tas, étnicos o regionales, quienes gozan de amplio apoyo local.
ESTRATEGIA DE TEATRO II 131

las formaciones de batalla para proveer "defensa puntual" a tantos


blancos vulnerables como sea posible, junto con la policía y la milicia
que se disponga. De esta manera, guardias en puentes, represas y
usinas, así como guarniciones en distintas .localidades, puestos de
control de rutas, centinelas y patrullas, compiten con la difusa potencia
de la guerrilla, y lo hacen ventajosamente en la mayoría de los casos,
porque las tropas regulares están en general mejor disciplinadas,
mejor adiestradas y mejor armadas. Naturalmente, si simultáneamen-
te se está librando una guerra convencional, el costo de oportunidad de
la defensa puntual en retaguardia es la pérdida de poder combativo en
el frente, y esa es una de las causas de la convergencia paradójica entre
avance ininterrumpido y derrota. (10) En el contexto de la guerra
revolucionaria, por otra parte, la defensa puntual es la más importante
función de las fuerzas armadas, para resguardar las existencias de la
sociedad y del Estado hasta que los motivos de la insurgencia desapa-
rezcan por reformas, propaganda o descolonización.
Sin embargo, en todos los casos la respuesta obvia de la guerrilla a
nivel operacional es adoptar una forma más concentrada de guerra.
Habiendo recurrido inicialmente a la guerrilla a causa de su incapaci-
dad para competir con grandes formaciones gubernamentales, cuando
la defensa puntual es organizada para oponerse a sus pequeñas
bandas, los insurgentes descubren que guardias, guarniciones, puestos
de control y patrullas son individualmente vulnerables a bandas
mayores reunidas para el ataque a objetivos determinados. A medida
que el proceso se desarrolla, a menudo aparece una distinción entre
guerrillas que permanecen en bandas pequeñas y localizadas, y "fuer-
zas principales" que operan en áreas mayores, quizás en el orden
nacional. En esta etapa los guerrilleros podrían vencer a la defensa
puntual de cada destacamento, empleando sus fuerzas principales en
ataques sucesivos contra pequeñas unidades regulares. Pero al inten-
tarlo, ya no son tan evasivos en sus agrupaciones mayores, por razones
físicas (es más difícil esconder a cien que a pocos) y porque la reunión
de fuerzas principales saca a algunos individuos de su ambiente ha-
bitual, y como forasteros es menos probable que les brinden refugio
pobladores locales. Esto permite al gobierno empeñar a la guerrilla en
una contienda de concentración recíproca, en términos que varían
según los medios disponibles de abastecimiento, comunicaciones y
movilidad. Si no existe gran diferencia entre ambos bandos y la
contienda se desarrolla en términos semejantes, la espiral puede
continuar ascendiendo hasta que ambos estén sosteniendo grandes
formaciones, y la guerra remplace a la guerrilla.
Sin embargo, ello es poco probable porque raramente los insurgen-
tes serán capaces de juntar todas sus bandas locales en fuerzas
principales, y de todos modos normalmente no querrán hacerlo porque
132 LOS NIVELES DE LA ESTRATEGIA

la ventaja en abastecimiento, comunicaciones y movilidad continúa en


manos del gobierno. (11) Por lo tanto, es probable que coexistan fuerzas
principales y batallas, con bandas armadas y ataques de oportunidad
sobre blancos valiosos e inermes. Como resultado, quienes combaten la
insurgencia se ven obligados a satisfacer la concurrente necesidad de
grandes formaciones para luchar contra las fuerzas principales, y de
defensas puntuales. Esto los ubica exactamente en el mismo predica-
mento que un ejército empeñado en guerra convencional en el frente
que ha conquistado poblaciones activamente hostiles y trata de mini-
mizar la división de esfuerzos que le significan las defensas puntuales
a retaguardia. Para un ejército de ocupación, la solución es disuadir la
acción de la guerrilla mediante represalias, letales o no (la destrucción
de propiedades puede tener la misma efectividad), antes que distribuir
pequeñas unidades en forma preventiva a través de áreas de resisten-
cia. Por otra parte, al combatir insurgentes dentro del propio país, la
solución equivalente consiste en sugerir a los habitantes de áreas
inseguras que formen milicias para la defensa punti<al, permitiendo
así que las tropas regulares con funciones de guarnición y vigilancia se
reincorporen a sus unidades para cumplir operaciones en gran escala
contra fuerzas principales.

¿Guerrillas alemanas?

Volviendo a nuestro caso de estudio sobre la Alianza, mientras


contemplamos una invasión de Alemania que es confrontada por ata-
ques guerrilleros, es evidente que el ritmo del combate haría imposi
ble a los soviéticos reclutar, entrenar y armas milicias colaboracionis-
tas, aunque hubiera bases políticas, culturales y étnicas para intentar-
lo. (12) Sería entonces inevitable que ese ejército encarara una política
de represalias para disuadir el ataque contra columnas de camiones,
unidades de servicios, destacamentos aislados y flancos en general;
otra solución sería la diseminación de fuerzas para proveer defensa
puntual, resguardo de flancos y equipos de búsqueda y ataque.
Pese a ser común que ese mismo ejército se comporte mucho más
duramente con poblaciones consideradas primitivas, que con aquellas
más civilizadas, la conducta soviética de Afganistán ha mostrado
realmente propensión por las represalias violentas. Por ejemplo, hay
acuerdo general respecto a que el bombardeo de área de pueblos y
aldeas cercanos ha sido la respuesta normal ante ataques guerrilleros,
y hay muchos informes sobre ejecuciones de hombres en edad de
combate apresados en las vecindades, sin ninguna evidencia de parti-
cipación en los ataques. Como suele suceder, algunas guerrillas afganas
-quizá muchas- tienen motivaciones trascendentes, por lo cual las
ESTRATEGIA DE TEATRO II 133

represalias no las disuaden. Pese a ello, el bombardeo es efectivo en


términos físicos, al menos; en la nueva geografía política de Afganistán,
la guerrilla tiene poco peso en áreas donde la población rural no ha
disminuido, pero en cambio es muy activa en las que han sido despobla-
das. Los guerrilleros en campaña ya no tienen cerca sus familias, sino
en campos de refugiados dentro de Paquistán o Irán, donde se hallan
a resguardo de las represalias soviéticas. Empero, por el mismo motivo
los civiles ya no se encuentran en el lugar para proveer de alimentos e
información a la guerrilla.
La conclusión implícita en los esquemas de resistencia, o sea que las
fuerzas invasoras de Alemania sufrirían emboscadas, incursiones y
sabotajes, sin originar represalias contra la población civil, es por lo
menos dudosa, y ciertamente no concuerda con la experiencia afgana.
Uno se pregunta durante cuánto tiempo persistirían los ataques al
estilo guerrillero después que comiencen las ejecuciones y las primeras
represalias violentas contra poblaciones vecinas. (13) Tampoco es rea-
lista confiar en que los urbanos alemanes soporten las penurias ex-
tremas y grandes pérdidas en la misma forma en que lo han hecho los
miembros de tribus afganas.

La respuesta soviética

Aunque dejemos de lado las objeciones políticas y todas las dudas


que nos provoca este elemento semiguerrillero, tan pronto como permi-
timos que nuestro cuadro estático evolucione dinámicamente, descu-
brimos que ninguno de los esquemas de defensa en profundidad so-
portaría la más obvia reacción soviética. Si la Alianza abandona la
seguridad de su defensa adelantada y el frente central que es su
instrumento, difícilmente pueda hacerlo en secreto o con suma rapidez.
Los procedimientos parlamentarios, y la necesaria reubicación de
algunas de las principales formaciones blindadas y mecanizadas en
nuevas bases a retaguardia, darían amplio margen para un cambio de
respuesta por parte de la estrategia de teatro soviética. En realidad,
haría falta muy poco tiempo para preparar la reacción soviética más
elemental: avanzar lo más rápidamente posible en pocas columnas
muy concentradas apuntadas directamente a las mayores ciudades
alemanas (Hamburgo, Francfort, Nuremberg, Munich), para obligar al
gobierno a pedir un armisticio.
Ya sin enfrentar el sólido dispositivo del poder de la Alianza en
posición para la batalla frontal, una invasión soviética no tendría que
iniciarse mandando regimientos a reconocer la existencia de brechas
desguarnecidas ni combatir abriendo camino para el avance de las
divisiones de refuerzo. En vez de ello, los soviéticos podrían ejecutar
134 LOS NIVELES DE LA ESTRATEGIA

una estrategia de teatro de tipo "aplanadora", con todo su poderío


masivo en sólo dos o tres vectores de avance. Ignorando a las unidades
defensoras diseminadas en profundidad, excepto las que pudieran
encontrarse directamente en su trayecto, las columnas simplemente
empujarían hacia adelante lo más velozmente posible para alcanzar las
ciudades principales e instalarse en ellas, inhibiendo en consecuencia
el contraataque nuclear.
En cuanto a los contraataques de la Alianza sobre los flancos de los
vectores de avance, con tantas divisiones soviéticas avanzando en
conjunto el núcleo de cada penetración se hallará ampliamente cubier-
to. Finalmente, como todo el propósito de los esquemas de defensa en
profundidad es evitar la fuerza bruta masiva de los blindados, las
columnas soviéticas no podrían ser detenidas por una resistencia
frontal sin sacrificar la única justificación para abandonar la defensa
rígida del territorio completo. Y si de todos modos se cumple, la lucha
subsiguiente podría solamente llevar a la destrucción de fuerzas
defensivas consagradas con apuro para plantarse en los trayectos del
avance soviético, porque en principio no serían capaces de desconcen-
trar a los invasores que ya constituirían una masa, dada la previa
dispersión de la defensa. En este caso, la reacción debe derrotar a la
acción, y no por la presunción de la superioridad numérica soviética. Al
contrario, con una perfecta paridad también se confirmaría el resulta-
do. (Tampoco la lógica de la estrategia a nivel del teatro condena el
concepto; siendo iguales las demás cosas, y la fortuna compartida, la
maniobra correlativa de la defensa debiera realmente prevalecer.) La
razón es que todos los esquemas de defensa en profundidad para
Alemania y la Alianza contienen un defecto fatal: no toman ninguna
previsión con respecto a las ciudades germanas, que no pueden ser
defendidas ni evacuadas, ni tampoco quedan resguardadas por la
distancia. (El centro de Hamburgo está a apenas cuarenta kilómetros
de la parte más cercana de lafrontera con Alemania Oriental; Francfort,
a ciento veinte; Nuremberg, no mucho más lejos de Checoslovaquia; y
Munich está a sólo ciento sesenta kilómetros de esa frontera y a poco
más de ochenta de Austria).
Cuando la estrategia de Diocleciano otorgó al Imperio Romano un
siglo más de poder y otro de supervivencia, precisamente disminu-
yendo las guarniciones fronterizas para proveer una defensa en profun-
didad que resguardara las mejores unidades para efectuar contraata-
ques, todas las ciudades, pueblos y comunidades rurales fueron prote-
gidos individualmente mediante murallas perimetrales. Los invasores
podrían recoger cosechas, capturar ganado suelto, saquear chacras
aisladas y villas menores, pero eran incapaces de infligir mayores
daños, salvo que se demoraran para realizar asedios. Usualmente ca-
rentes de maquinaria de sitio y faltos de conocimientos adecuados, no
ESTRATEGIA DE TEATRO II 135

podían hacer más que socavar las murallas, mientras que se los
apedreaba desde arriba. Normalmente las ciudades contaban con
guarniciones y artillería para establecer una defensa activa, e incluso
muchos terratenientes armaban a sus vasallos como una especie de
guardia. Cuando por culpa de otras emergencias o de la necesidad de
traer muchas fuerzas poderosas desde muy lejos se demoraba el
contraataque romano y se daba tiempo suficiente para asedios prolon-
gados, ello no favorecía a los invasores. Era un punto crítico del
esquema que los graneros y otros depósitos de alimentos quedaran
particularmente bien protegidos. En vez de rendir por hambre a los
defensores, los invasores a menudo se alejaban por falta de comida;
carecían de una organización logística que les diera apoyo, e induda-
blemente en primer lugar era el hambre lo que los había llevado hasta
allí. (15)
El ejército soviético no puede ser mantenido fuera de las ciudades
alemanas mediante piedras y aceite hirviendo. Pero podría ser fácil-
mente rechazado por fuerzas de defensa urbana, adiestradas y equi
padas para transformar cada suburbio en sitio de emboscadas para los
tanques y vehículos mecanizados enemigos, con sucesivos perímetros
fortificados oportunamente para obligar al invasor a luchar casa por
casa. El ejército soviético es formidable en terreno abierto por la
cantidad de blindados, pero le falta infantería en suficiente proporción,
y en el combate callejero una simple fila de edificios de oficinas puede
tragarse el total de efectivos a pie de una división entera. Mas nada
puede impedir que los tanques usen sus cañones contra los edificios
para sofocar la resistencia, ni que los ingenieros de combate abran con
explosivos corredores de avance en reemplazo de calles bien bloquea-
das, ni que la artillería dirija una barrera de fuego contra el espacio
urbano, por fútiles que fueran los resultados. Defender Stalingrado o
Beirut significa destruir, pero al mismo tiempo se consume el_ vigor del
atacante.
Ninguna perspectiva es menos atractiva para un ejército con poca
infantería mecanizada como el soviético que librar una contienda en
calles de la ciudad y suburbios. (16) Sin embargo, es altamente im-
probable que el gobierno alemán esté deseoso de convertir sus mayores
ciudades en zonas de batalla para guerra urbana. Ante fuerzas soviéti-
cas a punto de entrar en Hamburgo, aproximándose a Francfort, y al
borde de Nuremberg, en el contexto de una defensa desnuclearizada en
profundidad, el gobierno alemán podría acordar continuar la lucha
según los planes de la Alianza por medio de ataques nucleares de largo
alcance contra las fuerzas invasoras que avancen a través de su propio
territorio, desplazándose dentro de los países del Pacto de Varsovia, o
aun de la misma Unión Soviética. Pero ciertamente que no querrá
transformar sus ciudades en campos de batalla repitiendo la expe-
136 LOS NIVELES DE LA ESTRATEGIA

ciencia de Berlín en 1945, cuando se descubrió que unas pocas horas de


bombardeo de la artillería y del fuego de los tanques podían ser más
devastadoras que una incursión de mil aviones.
Por consiguiente, una defensa en profundidad con o sin opción
guerrillera no es la respuesta para el frente central. El concepto resulta
atractivo si solamente consideramos el primer movimiento en respues-
ta a la estrategia de teatro soviética, pero se revela como muy frágil
cuando se reflexiona sobre la más probable reacción enemiga. Pero lo
que sostenemos para Alemania y el frente central no necesariamente
es aplicable en todas partes. Porque aquí hemos dado con las conse-
cuencias de tres características específicas del particular teatro de
guerra: carece de obstáculos geográficos importantes, como montañas
elevadas, le falta profundidad, y contiene bienes fundamentales como
grandes ciudades, muy cerca de una frontera amenazada.
La misma estrategia de teatro de defensa en profundidad podría ser
muy satisfactoria en otros casos, como por ejemplo la defensa de una
fuerza expedicionaria americana contra una invasión soviética de
campos petroleros iraníes y puertos en el área de Abadán, en la cabeza
del Golfo Pérsico. Hay más de ochocientos kilómetros entre la frontera
soviética y Abadán, principalmente de territorio montañoso con malos
caminos, lo que daría amplia oportunidad para acciones dilatorias y
ataques desorganizadores por parte de infantería ligera y helicópteros
dentro de una ancha faja de territorio, y después de ello quedaría
mucho espacio para contraataques o el simple bloqueo por fuerzas
mayores que avanzaran desde la costa. En efecto, recientemente hemos
sido testigos del éxito de una defensa en profundidad en la vastedad de
Irán, cuando las fuerzas iraquíes fueron primeramente detenidas y
luego repelidas después de la invasión inicial de setiembre de 1980.
También podemos recordar que el régimen soviético solamente sobre-
vivió a la guerra que acompañó su nacimiento en 1917 a causa de la
enorme extensión de Rusia, que dio mucho espacio para la defensa en
profundidad y para la defensa flexible; la primera fue favorecida al
emplear sucesivas estaciones del ferrocarril transiberiano, y la última
usada principalmente por los ejércitos de caballería que combatieron a
las fuerzas blancasy a los nacionalistas locales en Ucrania. Nuevamen-
te durante la Segunda Guerra Mundial la Unión Soviética se convirtió
en escenario de estrategias de teatro de defensa en profundidad y
defensa flexible, primero por uno de los bandos, luego por el otro.
No nos sorprende llegar a la conclusión de que se requiere extensión
geográfica para una exitosa defensa en profundidad (y más aún se
necesita para una defensa flexible), y allí encontramos otra vez el
proceso de la lógica paradójica: cuanto menos se protejan continuamen-
te las partes, más puede ser defendido todo el conjunto en última
instancia, porque la protección en detalle disipa la gran potencia
ESTRATEGIA DE TEATRO II 137

necesaria para sobreponerse al ataque. La tensión resultante entre las


prioridades que se han señalado provoca que los intereses vitales de los
ciudadanos y del Estado diverjan con facilidad, así como los intereses
de los habitantes locales ciertamente divergen de aquellos de las
guerrillas que alegan luchar en su beneficio. Dondequiera que el
individuo pretende protección constante para su supervivencia personal,
la entidad colectiva del Estado puede garantizar mejor su propia
supervivencia en circunstancias difíciles precisamente suspendiendo
dicha protección, como deben hacer siempre las guerrillas sino quieren
perder la capacidad de evasión que constituye su principal cualidad.
Solamente se elimina la divergencia de intereses en una estructura de
defensa adelantada, porque el objetivo de la defensa colectiva se iguala
a la protección de cada parte del territorio. De ese modo, es la estructura
más acorde con las democracias individualistas, aunque no necesaria-
mente sea compatible con su supervivencia.
CAPÍTULO 10

ESTRATEGIA DE TEATRO III:


INTERDICCIÓN Y ATAQUE POR SORPRESA

Hemos visto que las diferentes estructuras


de defensa de teatro no son en realidad opciones disponibles libremen-
te, sino que resultan en gran medida preordinadas por normas políticas
y actitudes culturales fundamentales. Lo que siempre se desea es una
defensa adelantada rígida, aunque en la práctica se admite cierta
forma suave de defensa en profundidad. En cuanto a sus versiones más
profundas, sobre todo si implican una defensa flexible, es muy difícil
que se las planee deliberadamente, y sólo se las acepta de mala gana in
extremis para evitar la derrota inminente (la estrategia oficial de
Yugoslavia es una notable excepción contemporánea).
Existe una estructura teórica verdaderamente preferible a la defen-
sa rígida, según la cual la defensa de un teatro no tiene nada de
defensiva, sino que se efectúa lanzando una contraofensiva inmediata
sobre el atacante. Ante el deliberado sacrificio de las ventajas tácticas
inherentes a la defensa, esta opción debe implicar un criterio sobre el'
corriente equilibrio de fuerzas que discrepe drásticamente con el
criterio del atacante. También requiere un espíritu ofensivo que nor-
malmente se encuentra más fácilmente entre agresores que entre
víctimas. No es posible citar ningún ejemplo moderno en forma pura,
y el caso más semejante es el avance del ejército francés y de la fuerza
expedicionaria británica sobre Bélgica como reacción inmediata ante la
ofensiva alemana del 10 de mayo de 1940, que no constituye un
precedente muy alentador.
El advenimiento de medios de ataque de gran alcance ha permitido
llevar la guerra muy adentro del territorio enemigo, pero en realidad
la profundidad del teatro (o "estratégica") continúa favoreciendo a la
defensa, si es que ese espacio se halla verdaderamente disponible.
Francia, que se considera un país grande según los patrones europeos,
careció de profundidad de teatro en su contienda de la época del
ferrocarril con Alemania, porque la muy apreciada París no está en su
centro geográfico, sino más bien en su esquina noreste, a apenas ciento
sesenta kilómetros de buenos caminos a la frontera belga, sin barreras
naturales importantes. Así las cosas, el tamaño del país fue en realidad
ESTRATEGIA DE TEATRO 111 139

una desventaja, porque casi todas las reservas y fuerzas de guarnición


debían venir de todo el resto de Francia para instalarse entre París y
la frontera, y obviamente ello facilitaba el ataque por sorpresa. Para
compensar esa debilidad había gran cantidad de fortalezas francesas
en las fronteras, mucho antes de la Línea Maginot.
En cambio, esa misma geografía favorecía una acción ofensiva
francesa en dirección norte, hacia las tierras de los Países Bajos y
Alemania. Con su centro político bien ubicado para servir como puesto
de comando adelantado, y con fortalezas de frontera situadas para
utilizarse como depósitos o bases de partida, Francia podía realmente
montar ofensivas por sorpresa, y lo hizo con frecuencia hasta que la
unificación de Alemania anuló la ventaja.
La Unión Soviética, como la Rusia de los zares con anterioridad, se
encontraba exactamente en la situación opuesta. Casi 1300 kilómetros
con pocos caminos sirvieron para proteger a Moscú desde el oeste,
midiendo desde Varsovia; la profundidad del teatro ha sido amplia para
absorber el poderío de invasores suecos, franceses y alemanes, desde
Carlos XII hasta Hitler. Tampoco la fundación de su capital por Pedro
el Grande cambió mucho las cosas. Mientras que la profundidad
defensiva de la nueva ciudad hacia el norte era muy inferior a la de
Moscú, en la época en que fue construida San Petersburgo el poder
sueco estaba en franca declinación, y no había surgido al norte ninguna
otra gran potencia que ocupara su lugar. En cuanto a la profundidad
hacia el oeste, la distancia directa hasta Prusia Oriental, unos 800
kilómetros en línea recta, pasa sobre terrenos inundables que imponen
largos desvíos alrededor de pantanos y lagos.
La profundidad geográfica de Moscú es todavía mayor hacia el este,
a través de un vacío estratégico de varios miles de kilómetros hasta los
centros de poder de China y Japón, que en ninguno de ambos casos
constituyen a lo sumo más que una amenaza periférica, hasta el día de
hoy. Solamente hacia el sur quedaba Moscú expuesta, mientras lo que
ahora es Ucrania permaneció como tierra de nadie como parte del
corredor estepario abierto a invasiones turcas y mongoles; ese peligro
fue finalmente eliminado por la expansión rusa y la decadencia otoma-
na durante la época de Pedro el Grande.
Sin embargo, del mismo modo el potencial ofensivo de los ejércitos
rusos que partían desde Moscú se reducía por la distancia. En la época
anterior al ferrocarril, sus energías y abastecimientos se consumían en
la larga marcha hasta llegar a su propia frontera. La fundación de San
Petersburgo no cambió demasiado las cosas, porque los ejércitos siguie-
ron congregándose en Moscú y alrededores. Por lo tanto, la preparación
de cualquier ofensiva rusa antes que se construyeran los ferrocarriles
era obligadamente un asunto prolongado, con una campaña de un año
bien empleado para estar listo al siguiente, desplazando ejércitos y
140 LOS NIVELES DE LA ESTRATEGIA

pertrechos hasta la frontera o sus proximidades. Hoy, a pesar del


transporte aéreo, trenes y caminos pavimentados, todavía hacen falta
lapsos considerables y abundantes recursos para sobreponerse a la
distancia, y las prolongadas líneas de transporte están sujetas a la
novedosa vulnerabilidad del ataque aéreo.
Por consiguiente, la otra cara de la moneda de la formidable
profundidad defensiva de la Unión Soviética es la incapacidad de sus
ejércitos para lanzar ofensivas a plena potencia desde sus bases. Ex-
cepto para las fuerzas adelantadas (como las treinta divisiones esta-
cionadas en las naciones del Pacto de Varsovia), el tránsito hacia el
oeste de las formaciones soviéticas completamente alistadas resulta
muy largo antes que puedan empeñarse en acción. Y para alcanzar las
áreas de combate, la mayoría de las fuerzas soviéticas tienen que
depender de un ferrocarril con grandes segmentos no ramificados
hasta que alcanzan las densas redes de Europa Central.
En este contexto es en que un nuevo concepto defensivo para el
frente central de la Alianza mencionado al comienzo, algunos capítulos
atrás, puede finalmente ser considerado para ilustrar otro aspecto de
la estrategia: una estrategia de teatro de ataque profundo que se
superpone a la presente defensa frontal para demorar, interrumpir y
reducir los refuerzos soviéticos que se desplazan hacia las zonas de
combate, mediante ataques aéreos, mientras la defensa frontal de la
Alianza contiene a la primera oleada de divisiones invasoras. No está
claro si el dispositivo de fuerzas de la Alianza estacionadas en Alema-
nia en tiempo de paz bastará para ello. Pero por cierto que no puede
ofrecer una defensa confiable y no nuclear contra las formaciones
soviéticas movilizadas que serán las próximas en alcanzarla escena, en
proporción mucho más rápida que el arribo de refuerzos aliados; menos
aún contra la tercera oleada, aunque se asuma con mucho optimismo
que la invasión se lanzará sin movilización previa ni incremento
progresivo. Si además se tiene en cuenta la participación de otras
fuerzas del Pacto de Varsovia, la prospectiva de la Alianza sería aún
peor (ver Apéndice 3).

LA INTERDICCIÓN COMO SUSTITUTO DE LA PROFUNDIDAD

Se hallan en circulación una cantidad de esquemas diferentes para


el ataque profundo. (1) Sin embargo, todos ellos recomiendan el uso de
misiles portadores de múltiples municiones más pequeñas, así como
aviones y misiles comunes, para atacar blancos ubicados a cientos de
kilómetros del frente. Hay tres categorías de blancos: puentes, via-
ductos y playas ferroviarias que los convoyes de refuerzo tendrían que
cruzar para llegar a las zonas de combate, todos blancos fijos; per-
trechos y refuerzos en tránsito ferroviario y caminero por autopistas y
ESTRATEGIA DE TEATRO III 141

rutas menores; y bases aéreas, centros de comando y depósitos de la


completa infraestructura militar en el centro y este de Europa, así como
en el occidente de la Unión Soviética, también blancos fijos.
No hay nada nuevo sobre el ataque a blancos fijos de retaguardia,
sean puentes o aeródromos, y únicamente mediante ensayos técnicos
y detallados cálculos de costos se puede determinar los méritos relati-
vos de cumplirlo con misiles o aviones tripulados. Es cierto que desde
1945 la reacción de la defensa aérea soviética ante la superioridad
técnica del poder aéreo occidental, entonces muy considerable y aún
ahora mantenida de algún modo, ha sido excepcionalmente amplia e
intensa. El enorme dispositivo de armas antiaéreas móviles que con-
tinúa evolucionando dentro de las fuerzas terrestres soviéticas, y las
sofisticadas defensas aéreas territoriales con muchos cazas intercepto-
res y misiles mayores, han provocado a su vez una diligente reacción de
la Alianza, tanto en forma de tácticas evasivas como de un sinnúmero
de contramedidas técnicas. Pero después de décadas de recíproca
preparación, todo lo que puede decirse sobre la capacidad de los pilotos
aliados para atacar con éxito blancos situados en la profundidad de la
retaguardia es incierto. Por consiguiente, los misiles de todo tipo
ofrecen una opción atractiva, pero a su vez provocan dificultades téc-
nicas, militares y políticas. (2) Sin embargo, la novedad es el ataque
profundo a los mismos refuerzos soviéticos mientras se mueven desde
las regiones occidentales de su país hacia zonas de combate, por trenes
y camiones. Surgen cuestiones estratégicas de importancia.

Interdicción con artillería


Se repite que no hay nada nuevo en la interdicción de refuerzos
propiamente dicha. El fuego de artillería sistemático contra los cami-
nos de aproximación al frente ya fue muy empleado durante la Primera
Guerra Mundial, cuando esa táctica de largo alcance fue un elemento
importante de las estrategias de teatro para mantenimiento y penetra-
ción del frente.
Además de los obstáculos artificiales de la tierra de nadie, entre
trincheras enfrentadas, con cráteres de granadas inundados y
alambrados de púas, y con la ventaja aritméticamente decisiva de nidos
de ametralladoras disparando contra la infantería que avanzaba al
paso, la interdicción artillera contribuyó a asegurar que los refuerzos
defensivos podían superar los embates perpendiculares del enemigo,
aunque sus fuerzas fueran concentradas secretamente en gran canti-
dad justo tras el frente, antes del ataque. En forma similar, si bien
normalmente con mucho menos éxito en una época bélica estructu-
ralmente desfavorable para la ofensiva, (3) la artillería de gran alcance
14 2 LOS NIVELES DE LA ESTRATEGIA

era también empleada en los intentos de quebrar el frente, impidiendo


la reunión de refuerzos en los sectores bajo ataque.
El bombardeo de artillería contra ciertos puntos del mapa, típica-
mente los cruces de caminos en cercanías del frente, no mataba ni hería
a muchos hombres, ni destruía mucho material. Pero tampoco se
necesitaba para causar las demoras que eran su objetivo (a veces la
interdicción artillera provoca gran número de bajas, como cuando
millares de soldados convergían diariamente durante varios meses en
forma incesante sobre la pequeña saliente de Verdún).

Interdicción con aviación

Durante la Segunda Guerra Mundial, y más tarde en Corea y


Vietnam, la interdicción de pertrechos y abastecimientos a mucho
mayor alcance por medio del ataque aéreo suplementó al bombardeo de
la artillería sobre caminos de acceso. El justificativo para el ataque
aéreo profundo, que requiere aviones mayores y más costosos, o al
menos más combustible y por lo tanto menor carga de bombas, reside
en la diferencia del aspecto del enemigo según se encuentre lejos o cerca
del frente. Los refuerzos que se desplazan hacia la zona de combate en
convoyes camineros o por tren deberían ofrecer blancos mucho más
visibles, concentrados y por lo tanto más rentables para el ataque aéreo
que aquellas mismas fuerzas una vez desplegadas para el combate,
dispersas, enmascaradas y pegadas al terreno. Pero la abundancia de
blancos es una cosa, .y la capacidad de explotarlos otra distinta; el
concepto de que los caza-bombarderos pueden pasearse libremente
hasta la retaguardia más alejada, volando a lo largo de caminos y vías
para hostigar y bombardear al tránsito militar, contradice la lógica de
la estrategia, porque implica un enemigo que no reacciona.
Si el poder aéreo y las fuerzas antiaéreas del enemigo son formi-
dables, entonces sus tropas y abastecimientos pueden transitar for-
mando densos convoyes, moverse hacia el frente a plena luz del día,
ofreciendo blancos potencialmente muy lucrativos. Pero en ese caso la
interdicción aérea es insegura y riesgosa, y no es probable que se
intente a mucha profundidad por una gran cantidad de aviones ata-
cantes, en parte porque se requeriría una importante escolta para que
unos pocos portaran armamento apto contra blancos terrestres. Por
otro lado, si las defensas aéreas enemigas quedan totalmente supera-
das, permitiendo libertad de acción a la aviación de interdicción,
entonces será raro que encuentren denso tránsito militar que puedan
atacar provechosamente. En ese caso el enemigo desplazaría sus tro-
pas y abastecimientos durante las horas nocturnas o en forma disper-
sa. Así que un poder aéreo demasiado fuerte socava su propia efecti-
ESTRATEGIA DE TEATRO III 143

vidad. En realidad, el movimiento nocturno y la dispersión imponen


demoras por sí mismos, y los atacantes deben resolver si el tiempo
ganado tiene suficiente importancia-táctica, operacional, o a nivel de
estrategia de teatro- que justifique el costo de la interdicción aérea.
¿Retrasará el arribo de cierto cuerpo de tropas que podría influir en el
resultado de una batalla? o ¿servirá únicamente la interdicción aérea
meramente para alargar en algunos días un tránsito rutinario de una
semana, dentro de un cuadro de lucha dilatada? (4)
En el contexto de la defensa de la Alianza en el frente central,
resulta verosímil que el flujo de refuerzos y pertrechos soviéticos
desplazándose hacia el frente no podría ser seriamente perjudicado por
el bombardeo de la red misma de transporte, o sea puentes, playas
ferroviarias, rutas y viaductos. Sus ejércitos blindados difícilmente
podrían abastecerse y reforzarse por medio de carros de bicicletas,
changadores y el tránsito nocturno de vehículos por huellas ocultas,
coreo hicieron vietnamitas y chinos, y los norcoreanos antes que ellos.
Pero la creciente disponibilidad de caminos y la mayor densidad de vías
de este a oeste, desde la Unión Soviética hacia Alemania, y la primacía
mundial soviética en puentes de combate, aseguraría el fracaso de
cualquier campaña de interdicción no nuclear dirigida contra las redes
de transporte, en vez de lo que es transportado. (5)

ESQUEMAS DE INTERDICCIÓN PROFUNDA

En los corrientes esquemas de ataque profundo, el bombardeo de las


redes de transporte es sólo un elemento secundario, pese a que se
discute si podría ser mucho más eficiente que antes por el aumento de
precisión y el uso de munición en racimos. El esfuerzo más importante
debe aplicarse sobre el mismo material rodante. Los partidarios del
ataque profundo alegan que los avances científicos ofrecen la posibili-
dad de quebrar la paradoja estratégica al anular la protección nocturna
y de la dispersión. Los satélites y la observación aérea de gran altura
con comunicación instantánea, la rápida evaluación computarizada de
blancos y selección de medios de ataque, y los golpes repentinos de
misiles o aviones con municiones avanzadas, todo ello ofrece cierta-
mente la posibilidad técnica de atacar fuerzas soviéticas en tránsito,
aun de noche, aun dispersas. (6)
De todos modos existe mucha controversia sobre la viabilidad,
economía y elasticidad de sistemas completos que identificarían y
rastrearían blancos móviles, mandarían misiles o aviones tripulados
de una u otra clase contra ellos, y obtendrían las necesarias correccio-
nes de puntería mientras los blancos continúan desplazándose. De-
jando a otros las computaciones detalladas, podemos examinar el tema
144 LOS NIVELES DE LA ESTRATEGIA

en términos estratégicos, para descubrir una vez más que Clausewitz


nos ha precedido. En su época no había aeronaves de combate ni
misiles, pero indudablemente existía la asimetría fundamental entre
fuerzas en tránsito y aquellas ya desplegadas para el combate. Tam-
bién el interés en atacar las fuerzas móviles con incursiones profundas
de la caballería, anteriormente a la época de frentes lineales cerrados.
Como es h abitual, Clausewitz pinta la interesante prospectiva antes de
revelar las dificultades:

Un convoy mediano de trescientos o cuatrocientos carros... tendrá dos


millas de largo; un convoy mayor será considerablemente más largo. ¿Cómo
puede confiarse en defender tal longitud con el puñado de hombres que
normalmente se asigna como escolta? Se suma a esta dificultad )a pesadez del
conjunto, que se arrastra lentamente y siempre existe el riesgo de terminar en
una gran confusión. (El equivalente moderno es más grave: una sola división
mecanizada incluirá alrededor de 4000 vehículos, requiriendo como mínimo 60
kilómetros de caminos, por lo que la congestión en ruta es un gran riesgo.)
Además, cada una de sus partes requiere el mismo grado de cobertura, porque
de otro modo todo el tren se detendría y se desorganizaría si alguna parte fuera
atacada. (El equivalente moderno es la endeble protección antiaérea usada en
ruta en vez de la defensa puntual.) Uno se pregunta cómo es posible brindar
alguna protección a tal convoy... ¿Por qué no es capturado cada convoy una vez
que ha sido atacado, y por qué no es atacado cada convoy que merece ser
escoltado...?
La explicación se encuentra en el hecho de que la mayoría de los convoyes
están mejor protegidos por su situación estratégica general (por el hecho de que
se hallan a retaguardia) respecto a cualquier otra parte del ejército que el
enemigo pueda atacar, y por consiguiente sus medios limitados de defensa son
decididamente más efectivos.
Podemos entonces llegar a la conclusión de que mientras puede parecer
tácticamente sencillo, el ataque a un convoy no es muy ventajoso desde un
punto de vista estratégico. (On War, libro 7, cap. 18, págs. 555-556).

En otras palabras, una vez que se resta la desventaja operacional de


cualquier acción desarrollada fuera de áreas con control propio, muy
adentro del espacio enemigo, a la ventaja táctica de empeñarse con
blancos que están concentrados y visibles a medida que se desplazan
por caminos y vías, el beneficio remanente puede que no compense el
costo técnico inicial y el mayor riesgo táctico de atacar a mayor
distancia en profundidad. Así nos recuerda Clausewitz una tercera y
más sutil consideración: la "situación estratégica general" de los
convoyes en la retaguardia es operacionalmente ventajosa para la
fuerza defensora en su conjunto, porque pueden observar más fácil-
mente el desarrollo del combate y porque todo su potencial ya se halla
ESTRATEGIA DE TEATRO III 145

desplegado. En época de Clausewitz, la suerte de una incursión de


caballería era desconocida hasta que regresaran para contarlo; el resto
del ejército no podía ayudarlos de ningún modo por falta de información
sobre sus vicisitudes. Y solamente una pequeña parte de toda la fuerza
podía ser destacada en incursiones: apenas algunos cientos de jinetes,
en ejércitos de decenas de miles de efectivos.
Actualmente existen otros medios técnicos de observación que
seguir la acción durante su desarrollo, pero todavía es la defensa la que
puede evaluar los resultados del ataque aéreo dentro de su área de
control. Hasta que sean destruidos -cosa que ocurriría muy rápida-
mente- los satélites de observación pueden enviar imágenes, pero las
columnas de humo y los escombros de las explosiones sirven tanto para
revelar los efectos de ataques como para ocultarlos. Las aeronaves con
radares pueden observar lateralmente desde gran altura hasta una
distancia considerable, y la fotografía aérea continúa durante la
guerra, pero la totalidad de la información así obtenida todavía no
puede compararse con la detallada exactitud de una cantidad de partes
de situación, si la defensa los recibe adecuadamente. Esta ventaja
informativa, y la posesión de todos los medios en el lugar indicado, sirve
a los defensores pana reaccionar eficazmente contra el "sistema" de
ataque profundo, ya sea empeñándose con sus propias fuerzas contra
la caballería incursora como en época de Clausewitz, o mediante las
defensas aéreas actuales, contraataques específicos y contramedidas
técnicas.
No podemos predecir la.situación en determinado momento en esta
continuada interacción de medidas y contramedidas que se produciría
si realmente la Alianza construyera sistemas de ataque profundo. Pero
de todo el dispositivo de sensores iniciales, transmisores, centros de
control, vehículos aéreos primarios y municiones terminales, sabemos
que al menos estas últimas deben ser vulnerables a las contramedidas.
A pesar de que los sensores que inicialmente detectan los blancos para
t. ansmitir la información a los centros de control pueden contar con
amplias capacidades en varios tipos de plataformas (satélites y avio-
nes, con sensores radar, infrarrojos, ópticos, etc.), el guiado de cada
munición que finalmente ataca por separado a cada tanque o camión
debe poseer extrema simpleza, si se pretende que todo el sistema
resulte económicamente factible.
Nada hay que impida el uso de diferentes clases de guiado terminal
para diferentes tipos de municiones, por lo que convoyes camineros y
trenes podrían ser atacados con combinaciones de municiones guiadas
que en conjunto fueran resistentes a todo género de contramedidas.
Pero también es posible el uso simultáneo de diferentes contramedi-
das por parte de la defensa. Por supuesto que no todas las municiones
terminales deben ser guiadas; por ejemplo, las múltiples submunicio-
146 LOS NIVELES DE LA ESTRATEGIA

nes -minibombas- de armas en racimo son lanzadas masivamente


sobre un área; pero entonces es su misma letalidad una capacidad
estrecha, propensa a ser fácilmente neutralizada. (7)

La fragilidad de los sistemas consecutivos

La contienda técnica entre municiones terminales y contramedidas


terminales es más o menos simétrica, excepto por la ventaja informa-
tiva de la defensa, pero existe una asimetría fundamental en la lucha
entre los sistemas de ataque profundo en su conjunto y el esfuerzo de
contramedidas dirigido contra ellos. Para triunfar, la caballería in-
cursora evocada por Clausewitz tenía que eludir piquetes de vigilancia
del frente, maniobrar alrededor de fuerzas mayores que hallaba a su
paso, encontrar por sí misma un convoy aislado, y dispersár su escolta
para poder atacarlo efectivamente, y todo ello efectuado en la secuencia
correcta. En forma similar, en los sistemas de ataque profundo deben
funcionar correctamente los sensores iniciales y las trasmisiones y los
centros de control y los misiles o aeronaves y las municiones termi-
nales, uno después del otro, mientras que los defensores pueden hacer
fracasar todo el sistema de ataque contra cualquier blanco mediante la
simple neutralización de uno solo de sus eslabones. Nuevamente, la
redundancia puede reducir la desventaja, pero tiene un costo; además,
aparecen los riesgos de la fricción, que sin requerir ningún esfuerzo al
defensor, se agravarán por la naturaleza consecutiva de los sistemas de
ataque profundo.
Cuando tomamos distancia de todas las especulaciones técnicas, lo
que queda delante nuestro es una completa incertidumbre sobre los
resultados que pueden aportar los sistemas mencionados en el comba-
te, porque medidas y contramedidas evolucionan en forma invisible a
lo largo del tiempo. La incertidumbre es la constante compañera de la
guerra, pero hay enorme diferencia de grado entre la incertidumbre
referida al uso de una espada (que puede quebrarse), a un rifle común
o un tanque (que puede atascarse o romperse), y a un complicado sis-
tema consecutivo con muchos artefactos distintos, y cada uno puede
fallar por separado. ¿Es prudente que la Alianza deposite en sistemas
de ataque profundo de dudoso efecto su actual confianza en las armas
nucleares del campo de batalla, tan efectivas como contraproducentes?
Parecería que para responder a esta pregunta tuviéramos que enfras-
carnos en cálculos técnicos para los que no nos hallamos calificados, a
efectos de evaluar la confiabilidad de los sistemas propuestos. En
realidad, si estuviéramos persuadidos de que la mayoría de los refuer-
zos y abastecimientos soviéticos pudieran ser exitosamente interdic-
tos, entonces el asunto quedaría perfectamente claro, y se podrían
ESTRATEGIA DE TEATRO 1111 147

abolir las armas nucleares del campo de batalla siempre que las fuerzas
del frente pudieran repeler la primera oleada de divisiones soviéticas.
Por otra parte, si coincidiéramos con los críticos que afirman que los
sistemas de ataque profundo son demasiado caros para ser construidos
en gran escala según se requiere, y demasiado frágiles a la luz de las
contramedidas más realistas, entonces tendríamos que volver desgra-
ciadamente a la presente dependencia de armas nucleares, o de otro
modo vernos obligados a demandar un esfuerzo mucho mayor para la
defensa no nuclear.
A pesar que la respuesta pareciera depender de asuntos técnicos
complicados y estimaciones de costos elaboradas, no es totalmente así:
la lógica de la estrategia y algunas presunciones irreprochables sobre
el comportamiento soviético son suficientes para permitirnos seguir
adelante con toda confianza. Si la Alianza realmente se decide a
construir sistemas de ataque profundo para contrarrestarlos escalones
de refuerzo de una invasión soviética, en lugar de las armas nucleares
del campo de batalla y de fuerzas terrestres adicionales que pueden
obtenerse con los mismos fondos, (8) entonces demos por sentado que
las fuerzas armadas soviéticas desarrollarán todo tipo de contramedi-
das técnicas, y además reaccionarán de diversos modos para neutrali-
zar dichos sistemas, por si acaso fracasan las contramedidas.
Para la Unión Soviética, la respuesta negativa más directa a los
sistemas de ataque profundo de la Alianza en caso de guerra sería
simplemente proceder a perturbarlos. Misiles antisatélites y cazas de
gran radio de acción se usarían para atacarlas plataformas de sensores
iniciales (concurrentemente con la interferencia electrónica contra sus
trasmisiones); aviones, misiles y grupos incursores serían lanzados
contra los centros de control computarizados, que son grandes edificios
fáciles de hallar aunque estén protegidos (concurrentemente con el
intento de confundir sus informaciones mediante enmascaramiento y
simulación); los sitios de lanzamiento de misiles y las bases aéreas
serían atacados por la misma combinación de aviones, misiles y grupos
incursores (concurrentemente con el intento de bloquear o interrumpir
sus comunicaciones con los centros de control); las defensas aéreas de
todo tipo, cazas, misiles y cañones antiaéreos, tratarían de interferir
con el lanzamiento de munición terminal (concurrentemente con el uso
de contramedidas engañosas o protectivas). Al combinarse todos estos
métodos distintos, es muy probable que la asimétrica vulnerabilidad de
los sistemas consecutivos tenga gran peso en el resultado. Si la suerte
o cierta filtración de inteligencia ayuda al esfuerzo de neutralización
soviético, la destrucción de algunas plataformas de sensores, de algu-
nos centros de control y de algunos vehículos primarios, en sus bases
o en tránsito, podría bastar para anular toda una secuencia completa
de ataque profundo, y así sucesivamente.
148 LOS NIVELES DE LA ESTRATEGIA

Por otra parte, la forma más obvia por la cual la Unión Soviética
podría eludir todos los sistemas de ataque profundo sería si adoptara
una estrategia de teatro de única oleada, donde prácticamente todas las
formaciones invasoras del frente central estarían desplegadas al co-
mienzo de la ofensiva, eliminando su dependencia de los refuerzos, y
por consiguiente quitando los blancos primarios de esos sistemas. Es
verosímil y hasta probable que tal estrategia de teatro sea intentada.
El concepto de que la Unión Soviética debe elegir entre una ofensiva por
sorpresa sin la ayuda de refuerzos, o una ofensiva clásica precedida por
una estrepitosa movilización, implica atribuir peculiar falta de.ingenio
a un oponente a quien normalmente no se lo tilda de cándido.

EL ATAQUE POR SORPRESA

Si la Unión Soviética se jugara el todo por el todo en una ofensiva


integrada por solamente 30 de sus 193 divisiones de línea, (9) si bien
son las mayores y más poderosas las que están ya estacionadas en
Europa Oriental, procedería con una extremada imprudencia, casi
lindando en la frivolidad. En realidad, una ofensiva iniciada con
fuerzas relativamente tan pequeñas, no muy superiores a las que la
Alianza mantiene alistadas para desplazarse a sus posiciones defensi-
vas, requeriría además el lanzamiento de ataques nucleares locales
para lograr una rápida victoria., la cínica admisible por la Unión
Soviética en caso de comenzar una guerra. Esto posiblemente respon-
día a lo planeado durante la época de Kruschef, cuando la reducción de
tropas y la disolución de unidades de artillería ahorró mucho dinero,
pero además sirvió para imponer una estrategia nuclear de teatro al
ejército. El propósito de todo el programa de armamentos que ha
resultado tan costoso para la economía desde mediados de la década de
1960, ha sido precisamente adquirir una capacidad que permita ganar
la guerra sin necesidad de recurrir a las armas nucleares; hoy ya se ha
satisfecho, y solamente puede fracasar si se deja de emplear la plena
potencia disponible.
Si cada unidad soviética que se transfiera hacia la frontera alemana
provocara obligatoriamente una respuesta igual y opuesta de las
fuerzas de la Alianza, que se robustecerían en Alemania con lo aportado
por las movilizaciones de tropas de Gran Bretaña, Canadá, Francia y
los Estados Unidos y sus despliegues en el frente central, entonces
tendría alguna justificación un serio análisis prospectivo de un ataque
por sorpresa soviético, sin recibir refuerzos. Pero ello es altamente
improbable. En primer lugar, porque el ejército soviético puede mover
unas cuantas divisiones adicionales con todos sus efectivos hacia el
oeste, hasta los puntos iniciales de una ofensiva y quizás hasta la
ESTRATEGIA DE TEATRO 111 149

misma frontera alemana, con la excusa de efectuar ejercitaciones en


gran escala. No se vulneraría el secreto, porque tales ejercitaciones se
realizan dos veces por año e implican el desplazamiento de divisiones
completas. En segundo lugar, los reservistas soviéticos son llamados de
tanto en 'tanto para refrescar su adiestramiento en divisiones de
cuadros, y esto ofrece la posibilidad de combinar cierta cantidad de
convocatorias con traslados para reemplazar las divisiones alistadas
que van hacia el oeste por otras nuevas. Finalmente, bajo procedimien-
tos corrientes en el ejército, nuevos conscriptos son incorporados dos
veces al año en divisiones de línea en reemplazo de los soldados que han
cumplido dos años de servicio obligatorio; reteniendo simplemente a los
que deben partir cuando arriban los nuevos, se incrementa en una
cuarta parte el total de efectivos.
La combinación de las tres medidas permitiría aumentar sustan-
cialmente el alistamiento bélico del ejército, contándose con divisiones
ya enviadas al oeste y otras listas a mudarse en breve plazo, y todo ello
sin despertarpreocupaciones. Más tarde, paratransferir otras divisiones
a Polonia, Checoslovaquia y Hungría será necesario intentar alguna
historia de cobertura, tal como una crisis política simulada entre Moscú
y esos gobiernos. No harán falta motines ni huelgas; los supuestos
desacuerdos entre el Politburó y sus contrapartes de Varsovia, Praga,
Budapest e incluso Berlín pueden fabricarse muy fácilmente dejando
que los periodistas occidentales inflen una o dos indiscreciones. El
precedente m uy poco glorioso, pero por ahora mutuamente aceptado, es
que las acciones punitivas del ejército soviético en la mitad oriental de
Europa provocan apenas alguna muestra fugaz de indignación en la
mitad occidental, pero por cierto ninguna movilización en respuesta.
Los satélites y la magia de la inteligencia electrónica están listos
para enviar alarmas a pleno, y verdaderamente la fotografía espacial
detectaría la transferencia de los millares de vehículos de cada división
de línea soviética hacia el oeste, al menos si por casualidad hay algún
satélite en estación (no pasa todos los días), y la nubosidad no es
demasiado densa. Pero el deseo de no enterarse puede vencer a todo.
Sin duda que las primeras fotografías e intercepciones que muestren
actividad inusual serán examinadas con interés por los especialistas,
pero no es probable que los comandantes militares demanden una
movilización porque un ejército ya muy poderoso se hace un poquito
más poderoso; maniobras de rutina o errores de interpretación parece-
rán explicaciones satisfactorias.
Luego, si continúa incrementándose la actividad soviética y sigue
llegando información, los líderes políticos de los países de la Alianza
deberán ser enterados formalmente, pero su reacción más probable
será buscar inocuas explicaciones para la evidencia, haciéndose recep-
tivos a la historia de cobertura del día. De otro modo hubieran tenido
150 LOS NIVELES DE LA ESTRATEGIA

que ordenar la transferencia de unidades a áreas frontales, la im-


plementación de controles de emergencia de tiempo de guerra en el
transporte y otras actividades, y lo que es mucho más grave, la mo-
vilización de reservistas civiles, una intrusión colosal en las vidas de
millones de ciudadanos. Para dirigentes políticos que nunca han
experimentado urgencias de decisiones bélicas, la movilización reque-
riría una alteración drástica de los hábitos comunes en el gobierno. En
los Estados Unidos, que contribuyen con gran parte de los refuerzos
preparados para la emergencia en el frente europeo central, una mo-
vilización significa que la Guardia Nacional se incorpora a la jurisdic-
ción federal y se trasladan de inmediato sus unidades alistadas a
ultramar, de modo que gran cantidad de civiles se encontrarán de re-
pente con un un iforme y a miles de kilómetros de sus familias. También
se requerirá la evacuación de cientos de miles de familiares de militares
residentes en Alemania y otras posibles zonas de conflicto. Por lo tanto,
el comienzo de una guerra posible y quizá catastrófica será indicado por
la abrupta separación de los combatientes y sus familias, cosa perfec-
tamente rutinaria en guerras anteriores, pero no tanto ahora que los
civiles también enfrentan un gran peligro.
Además, todos esos movimientos servirán para intensificar la crisis.
En realidad, parecerá que provocan la crisis porque serán dramática-
mente evidentes, comparados con el invisible progreso de lamovilización
soviética, sólo puesta de manifiesto por los partes occidentales que
algunos preferirán ignorar. En esa circunstancia, el deseo de explicar
a todo el mundo la comprobación del alistamiento bélico soviético
probablemente se vea seguido de una gran ansiedad por aliviar la crisis
mediante la negociación. Al momento de la decisión, o mejor dicho
durante los días de indecisión, mientras continúan los debates en
muchos países y las consultas políticas dentro de la Alianza, y más
formaciones soviéticas se acercan a sus líneas de partida, un compro-
miso soviético de interrumpir su movilización si la Alianza no inicia la
propia podría resultar irresistible, aunque para entonces el equilibrio
de fuerzas se haya modificado drásticamente, y la utilidad de los
sistemas de ataque profundo prácticamente se haya anulado. Poseer
un instrumento muy caro para ataques muy lejanos tendría poca
validez para la Alianza si el ejército soviético ya estuviera reunido en
masa muy cerca del frente, con poderío suficiente para quebrar su
dispositivo de defensa.
Los esfuerzos soviéticos de contramedidas, ataques y envolvimien-
tos no son alternativas recíprocamente excluyentes, sino pasos comple-
mentarios de un mismo proceso. Después que la movilización unilate-
ral haya avanzado todo lo posible -siempre que el incrementado poder
ofensivo de la Unión Soviética no sólo se propusiera ventajas diplomá-
ticas, sino la guerra de verdad-, la contienda podría inaugurarse con
ESTRATEGIA DE TEATRO III 151

ataques misilísticos, bombardeos e incursiones contra los sistemas de


ataque profundo de la Alianza. Seguirá el empleo de contramedidas,
para disminuir lo que esos sistemas ya parcialmente destruidos y casi
siempre eludidos, pudieran de todos modos conseguir.

LOS LÍMITES DE LAS SOLUCIONES DE ALTA TECNOLOGÍA

En consecuencia, hemos descubierto desde el gran panorama el


nivel de estrategia de teatro, que comprende la interacción de las
fuerzas armadas dentro de una entera zona de conflicto, que incluso
medios técnicos tan elaborados y complejos como los sistemas de ataque
profundo quedan reducidos al papel de instrumentos limitados, listos
para ser sobrepasados por las amplias y variadas capacidades que se
les oponen. Así como el barato misil antitanque en combate contra el
costoso tanque no anulará su poder una vez que responde toda la
formación blindada, tampoco la creación de sistemas de ataque pro-
fundo puede significar la anulación del amplio y por ende flexible
poderío que la Unión Soviética obtiene de la conscripción de sus
jóvenes, las subsecuentes obligaciones como reservistas de los hombres
adiestrados, y la producción masiva de armas pesadas en cantidades
que exceden totalmente el producto sumado de la Alianza. El sacrificio
que impone el servicio militar a la población es muy grande, y el costo
de mantener doscientas divisiones da cuenta de buena parte del
presupuesto militar. Pero tan vasto potencial del escalón de reserva
que se genera por añadidura a las fuerzas en estado de alistamiento; no
será fácilmente suprimido por medio de artificios novedosos, aunque
sean de notable ingeniosidad técnica.
En última instancia, que los sistemas de ataque profundo carezcan
de suficiente capacidad para decidir el resultado de la guerra, no
significa que su incorporación no aporte grandes ventajas para la
Alianza. Corno ya se dijo, solamente luego de cálculos detallados se
pueden evaluar costos y beneficios, incluyendo la distracción de recur-
sos soviéticos de fuerzas primariamente ofensivas a contramedidas
defensivas. Asimismo, no será cosa sencilla neutralizar esos sistemas.
Pero las limitaciones inherentes a un instrumento tan estrecho que se
opondría a poderes tan amplios, significan que la cuestión con la que
comenzó nuestra investigación debe ser replanteada en este momento.
No debemos preguntarnos si los sistemas de ataque profundo
proveen un sustituto confiable de las armas nucleares del campo de
batalla -porque claramente no es así-, sino si el riesgo de fracasar al
tratar de contener a los refuerzos soviéticos mediante dichos sistemas
es preferible al riesgo de hacerlo exitosamente con armas nucleares.*

* A lo largo de los años se han presentado muchas propuestas para borrar la


15 2 LOS NIVELES DE LA ESTRATEGIA

En cuanto nos enfrentamos con esta pregunta, inmediatamente com-


prendemos que no puede existir respuesta dentro del campo de la
estrategia de teatro, porque trasciende las consideraciones surgidas de
la organización espacial del poder militar. En cambio, lo que se
pretende definir es el verdadero significado de la seguridad, dentro del
contexto político nacional y diplomático internacional, y esto única-
mente puede hacerse al máximo nivel, el de la gran estrategia.

diferencia entre armas nucleares y no nucleares, utilizando "minibombas" tan pequeñas


que no causarían precipitación radiactiva apreciable, ni otros efectos muy diferentes de
grandes explosiones no nucleares, pero con un costo mucho menor. En otras palabras, las
minibombas se encaminaban a restaurar el empleo militar de las armas nucleares, cuyos
especímenes mayores habían sobrepasado totalmente el punto culminante de utilidad.
Sin duda, tales armas podrían aumentar la eficiencia del poder de fuego de las fuerzas
de laAlianza, pero toda propuesta sobre minibombas ha sido rechazada hasta ahora. Por
supuesto, la razón estriba en que la respuesta lógica a detonaciones nucleares muy
pequeñas por parte de la Alianza son los contragolpes soviéticos un poco mayores, que a
su vez impondrán la necesidad de nuevos ataques nucleares de magnitud algo superior...
y así sucesivamente.
CAPÍTULO 11

ANTIESTRATEGIAS: NAVAL, AÉREA, NUCLEAR

Antes de que procedamos a examinar el


nivel de la gran estrategia, debemos detenernos para ocuparnos de la
confusa y confundidora cuestión de la "estrategia" propia de una sola
fuerza, ya sea naval, aérea o nuclear. En estos asuntos se concatena
cierta ligereza del lenguaje con la cándida exuberancia de algunos
entusiastas, que realmente no creen que su instrumento preferido
pueda abarcar el total del predicamento estratégico, sumados a vehe-
mentes alegatos que propugnan precisamente tal autonomía. El tema
no es puramente semántico, porque si hubiera cosas tales como una
estrategia naval, una estrategia aérea, y una estrategia nuclear, con un
sentido diferente a la conjunción de niveles técnico, táctico y operacio-
nal de una misma estrategia universal, entonces cada una debiera
tener su propia lógica peculiar, o sino existir como una contraparte
distinta de la estrategia de teatro, que sólo comprendería la guerra
terrestre. Lo primero es imposible, y lo segundo a todas luces innece-
sario.
Para discutir el tema con cierto orden, comenzaré por hacer notar
que en los niveles técnico, táctico y operacional, resulta muy evidente
que la misma lógica paradójica se aplica a todas las formas del poder
militar. Conforme a lo expresado, al explorar esos tres niveles he citado
libremente ejemplos aéreos y navales, junto con otros tomados de la
guerra terrestre. Es cierto que al nivel de la estrategia de teatro el
centro de la investigación se hallaba en la guerra terrestre, mientras
que el poder aéreo solamente se veía en relación a ella, (1) y no se cita-
ron ejemplos navales. Pero esto significamucho menos de lo que parece.

ESPACIO Y MOVILIDAD

La omisión de ejemplos navales y el desdén por la guerra aérea en


la discusión sobre estrategia de teatro no fue accidental, pero tampoco
refleja una preferencia arbitraria. No hay duda que las mismas mani-
festaciones espaciales de la lógica paradójica se hallan también pre-
15 4 LOS NIVELES DE LA ESTRATEGIA

sentes en la guerra naval y aérea. Por cierto, se piensa en la estrategia


de teatro como "estrategia espacial". Al tratar sobre fuerzas navales y
aéreas, asimismo, hay que distinguir entre disposiciones de vanguar-
diay retaguardia, defensa adelantaday defensa en profundidad, frente
amplio u ofensiva de penetración en profundidad, todo lo cual resulta
también aplicable a la guerra extra-atmosférica, para el caso. Las
fuerzas navales y aéreas interactúan espacialmente dentro del nivel de
estrategia de teatro exactamente como lo hacen las fuerzas terrestres.
Mas a causa de la superioridad técnica en movilidad, el fenómeno
presente en ese nivel estratégico sencillamente es mucho menos impor-
tante. Las disposiciones pueden modificarse tan repentinamente que
no condicionan el aspecto espacial de la guerra, o lo hacen en forma tan
transitoria que resulta trivial (por supuesto que no ocurre lo mismo en
los niveles operacional y táctico, donde la ubicación momentánea puede
ser decisiva de por sí).
Así, por ejemplo, el concepto de la flota de batalla concentrada
relacionado con el historiador naval Alfred Thayer Matean, (2) que fue
rígidamente implementado por las armadas de Gran Bretaña y los
Estados Unidos durante la Primera Guerra Mundial (y por la japonesa
en la Segunda Guerra), significó la completa anulación de considera-
ciones espaciales: la flota superior estaba en control de los océanos de
todo el mundo, mientras sus fuerzas principales permanecían concen-
tradas en algún lugar de su propia elección, por lo general inactivas. La
lancha torpedera ya había sido neutralizada, y el submarino era
menospreciado; entonces, la única posibilidad de derrotar a la escuadra
de acorazados enemigos, si alguna vez se diera batalla en alguna parte,
requería que se aseguraran los beneficios de la supremacía naval en
todo tiempo y lugar, con libre uso de rutas marítimas para el comercio
y transporte militar, mientras se negaba al enemigo, sin necesidad de
bloquear sus puertos.
La estructura jerárquica del poder naval garantizaba ese resultado:
si era inferior, la escuadra de acorazados enemigos no podía presentar
combate, ni tampoco podía arriesgar sus cruceros de batalla. Por lo
tanto, los cruceros enemigos no podían zarpar para atacar el tránsito
de alta mar, ni tampoco prestaban apoyo a las flotillas de destructores
que lo harían, porque si se los interceptaba serían vencidos con faci-
lidad por cruceros de batalla con igual velocidad pero mayor autono-
mía, artillería y blindaje. En consecuencia, los cruceros de la flota
superior eran libres para operar sin restricciones, y el enemigo no podía
asegurarse ni negar el uso de las rutas marítimas con sus propios
destructores, aunque fueran de mejor calidad que los destructores de
la flota superior. Entonces, la remota e inactiva escuadra de acorazados
concentrada en cierto lugar podía ejercer indirectamente su dominio
sobre los océanos, sin tener en cuenta la distancia, siempre que hasta
ANPIESTRATEGIAS 155

allí llegaran sus cruceros. Nada impedía a un destructor enemigo


correrse fuera de puerto seguro para interceptar algún barco mercante
extraviado en las cercanías, pero eso era todo; excepto en pasos costeros
protegidos y el tránsito en mares cerrados como el Báltico, el bando con
inferioridad de acorazados tenía vedado navegar en alta mar, como fue
indudablemente el caso de las Potencias Centrales durante la Primera
Guerra Mundial.
En esencia, el concepto de Mahan se basaba en la explotación de la
superioridad a nivel operacional en encuentros decisivos entre buques
capitales, que en caso de obtenerse o de suponerse posible otorgaba la
supremacía, con independencia de factores espaciales. Sin embargo,
una vez que la realidad del submarino fue introducida en el esquema,
la flota superior ya no pudo garantizar la seguridad de su propio
tránsito. En presencia de poderosas fuerzas submarinas enemigas, el
dedicarse exclusivamente al choque hipotético entre acorazados habría
de condenar las flotas a la pasividad, porque los buques capitales que
permanecían concentrados necesitaban escoltas de cruceros y destruc-
tores, que por consiguiente no podían emplearse para proteger la
navegación contra ataques submarinos. (3) A lo sumo, el resultado
podría redundar en la negación simétrica de la navegación, solución
poco satisfactoria cuando hay necesidad asimétrica de llevar abaste-
cimientos y tropas a gran distancia. Verdaderamente, esto casi ocurrió
en el pico de las campañas submarinas de las dos guerras mundiales,
en 1917 y 1942, cuando las flotas de batalla aliadas vedaban el comercio
marítimo alemán, mientras que los submarinos de las Potencias
Centrales impedían en gran parte el tránsito aliado, con ambas fuerzas
prácticamente sin restricciones espaciales.
Entonces, no es el medio en que se combate lo que marca la
diferencia, sino el grado de movilidad de las respectivas fuerzas: cuanto
mayor movilidad, menor importancia tiene la ubicación de fuerzas en
determinado momento. Si las fuerzas terrestres pudieran desplazarse
libremente a través de toda la extensión de los teatros bélicos, y de uno
a otro, el nivel de estrategia de teatro perdería asimismo importancia
para ellas, en proporción a la velocidad y facilidad de dichos movi-
mientos. Precisamente, ésta fue la ventaja que ofreció la motorización
desde antes de la Primera Guerra Mundial, disminuyendo la relevan-
cia de las disposiciones a nivel del teatro para las fuerzas involucradas,
mucho más de lo que ya había causado el ferrocarril. Contando con
camiones que las transportaran, las tropas y sus armamentos pudieron
mudarse de un sector a otro en tiempo "táctico", o sea durante el
transcurso de una misma batalla, reduciendo en consecuencia la
importancia de los despliegues preventivos. Para la época dula Segun-
da Guerra Mundial, el transporte aéreo intensificó el efecto para
movimientos entre teatros, y desde entonces su alcance se ha exten-
156 LOS NIVELES DE LA ESTRATEGIA

dido, al menos para fuerzas pequeñas y ligeras trasladadas por aire a


grandes distancias.
Estos importantes fenómenos todavía persisten dentro del nivel de
estrategia de teatro únicamente a causa de las limitaciones de la
motorización terrestre, la vulnerabilidad, capacidad limitada y depen-
dencia de los aeródromos que tiene el transporte aéreo, las restricciones
geográficas, lentitud y dependencia de los puertos que caracterizan al
transporte marítimo, y las vulnerabilidades y limitaciones aún mayo-
res que presentan los paracaidistas y los desembarcos anfibios. Podría
trazarse un paralelo con la insignificancia del nivel operacional de la
estrategia a medida que cobra importancia el nivel táctico. No existe
base suficiente para una conceptualización de las contrapartes r, aval y
aérea, distintas de la estrategia de teatro, meramente porque el
fenómeno de la guerra terrestre adquiere mayor trascendencia a ese
nivel. Tampoco puede existir algún otro nivel estratégico que se aplique
a una sola de las formas del poder militar y que permanezca por encima
del nivel operacional, aunque debajo del nivel de la gran estrategia.

LOS CONTENIDOS DE LA ANTIESTRATEGIA

Si no abarcan fenómenos distintos, entonces ¿cuál es el contenido de


tantas obras que ostentan en sus títulos "estrategia naval", "estrategia
aérea", "estrategia nuclear" o, más recientemente, "estrategia espa-
cial"? Si dejamos de lado la interesante excepción del alegato de Mahan
a favor del poder naval, encontramos que lo examinado por esos escritos
pertenece principalmente a asuntos técnicos, tácticos u operacionales,
y en algunos casos consiste en la promoción de determinada política,
usualmente a nivel de gran estrategia. (4)
Por ejemplo, las cuestiones relativas a lacomposición de fuerzas, que
cobran tanta importancia en lo que se describe como estrategia naval,
como aquellas evocadas en el viejo debate entre los defensores del
acorazado y del portaaviones, o las que ahora resurgen en endémica
discusión entre quienes apoyan al submarino y todas las demás fuerzas
navales, claramente pertenecen al nivel operacional de análisis, así
como en la guerra real esas fuerzas actuarían competitivamente en el
nivel operacional (y también en el táctico). En cuanto a debates aún
más estrechos sobre los méritos de formatos particulares para ciertas
categorías de buques, como grandes o pequeños portaaviones, obvia-
mente pertenecen al nivel técnico de análisis, ya que en realidad el
asunto depende de las diferencias en performances técnicas y costos.
Seguramente que esas preferencias aparentemente técnicas reflejan
consideraciones más amplias, pero por cierto que entonces entran en el
campo de la gran estrategia, como en el caso de los portaaviones ya
ANPIESTRATEGIAS 157

mencionado. (Los portaaviones grandes son mejores para la guerra


ofensiva, los pequeños para tareas defensivas de escolta.)
Asimismo, con respecto al poder aéreo las opciones de composición
de fuerzas quedan condicionadas por los niveles técnico, táctico u
operacional, y es por consiguiente en esos niveles que el análisis puede
descubrir el fenómeno relevante. Esto ocurrió en el prematuro debate
entre los partidarios de fuerzas de bombarderos equilibradas entre
pesados, medianos y livianos, y aquellos que propugnaban la dedica-
ción de todos los recursos solamente a los bombarderos pesados;
también en el debate posterior entre quienes abogaban por los misiles
y aquellos que continuaban apreciando el mérito de los bombarderos
tripulados; por último, en el debate que pretende el reemplazo de
misiles por vehículos de control remoto.
Las cuestiones atinentes a la designación de- _blancos, que han sido
tradicionalmente muy importantes en lo que se describe como estrate-
gia aérea, (5) tampoco pertenecen a o estrategia de teatro, sino más
bien al nivel de gran estrategia. Las co isecuencias de bombardear alas
fuerzas armadas propiamente dichas en lugar de la industria que las
sostiene, o bombardear la población cuya laboriosidad .y voluntad de
lucha sostiene a todos, o la conducción y estructuras de gobierno que
dirigen la guerra en su conjunto, se manifestarán al nivel de gran
estrategia. Por lo tanto, la selección de prioridades es un tema adecua-
do de política nacional, del mismo modo que la réplica de lavíctima será
la respuesta nacional también al nivel de gran estrategia.
Las mismas consideraciones se aplican al equivalente naval de la
selección de blancos, o sea los propósitos de empleo del poder naval. Por
ejemplo, los resultados de usar fuerzas navales para realizar desem
barcos serán condicionados al nivel de estrategia de teatro, mientras
que en el caso del bloqueo, o de la actual negación del mar a gran
alcance, la gran estrategia será el nivel más relevante de acción y
respuesta, si se asume que la negativa es efectiva, lo que dependerá de
factores geográficos que pertenecen a la estrategia de teatro, pero
principalmente reflejan las interacciones operacionales y tácticas de
las fuerzas de cada lado. Por cierto que si la navegación es negada las
consecuencias dependerán de la autosuficiencia del Estado afectado,
sin considerar la naturaleza particular de las fuerzas involucradas;
otra vez la acción y su respuesta quedarán de manifiesto al nivel de
gran estrategia.
Por ejemplo, recientemente se ha sugerido que los Estados Unidos
podrían responder efectivamente a una ofensiva terrestre soviética en
algún teatro de guerra continental mediante el lanzamiento de ataques
aeronavales sobre instalaciones navales en teatros muy diferentes, y
tratando de destruir submarinos nucleares misilísticos soviéticos. (6)
La propuesta puede o no ser factible desde el punto de vista político,
15 8 LOS NIVELES DE LA ESTRATEGIA

dependiendo si se asume que la reacción norteamericana ante la


iniciación de las hostilidades en un teatro dado será tratar de restringir
su extensión geográfica o generalizar el conflicto hasta que incluya al
mismo territorio soviético, lo que presumiblemente invitaría a un
ataque contra territorio propio. La propuesta puede convenir o no,
según reaccionen los demás. Los aliados bajo ataque del ejército so-
viético podrían aprobar esfuerzos de ese tipo, o quizá ver con perple-
jidad la diversión de medios contra la amenaza menor de la armada
soviética, y hasta presagiando el que se los dejara abandonados. Al
mismo tiempo, los aliados en las regiones hacia las cuales los Estados
Unidos extenderían la guerra podrían reaccionar repudiando la acción
para evitar represalias.
En cuanto a la Unión Soviética, los ataques aeronavales norte-
americanos contra su propio territorio podrían inducirla a reconsiderar
su anterior agresión, o puede que reaccione simétricamente. En forma
semejante, la campaña prevista contra sus submarinos misilísticos
podría disuadirla de recurrir al empleo de armas nucleares al hacer
más desfavorable el balance de fuerzas, o por el contrario decidirla a
lanzar ataques contra fuerzas para impedir cualquier cambio adverso
en el equilibrio nuclear.
Pese a lo que pueda pensarse de la plausibilidad o deseabilidad del
esquema, queda claro que sus resultados ocurren al nivel de gran
estrategia, donde indudablemente el origen específicamente naval de
los ataques previstos sería intrascendente, porque los resultados y
reacciones no serían sustancialmente distintos si las instalaciones y
armas nucleares soviéticas son atacadas con otros medios.

DEMANDAS DE AUTONOMÍA: PODER NAVAL

Solamente puede haber una justificación válida para el concepto de


una estrategia autónoma, confinada a una de las formas del poder
militar: que sea decisiva por sí misma. Precisamente, esa fue la
afirmación de Mahan; en su interpretación de lahistoria, el poder naval
era el factor determinante del ascenso y caída de las naciones. (7)
Mahan empleó el término con dos sentidos bastante diferentes;
para significar la fuerza armada dominante en el mar ("que aleja el
pabellón enemigo de sí, o le permite aparecer sólo como un fugitivo"),
y para describir con mayor amplitud todos los beneficios que la voca-
ción marítima podría brindar: comercio, navegación, colonias y merca-
dos. (8) El poder naval I de Mahan era el factor determinante a corto
plazo del resultado de las guerras, aunque se libraran principalmente
en tierra, mediante el bloqueo y las incursiones anfibias. En cambio, su
poder naval 11 era determinante a largo plazo para la prosperidad de
ANTIESTRATEGIAS 159

las naciones, y asimismo de inmediata relevancia para proveer los


medias al poder naval I, así como subsidios para los aliados de guerra.
Es obvio que Mahan exageró su interpretación de la historia británica,
porque su ecuación del poder naval en su doble significado hizo omisión
de los imperios continentales que no dependían de la navegación, de los
cuales la Unión Soviética es el ejemplo moderno más destacado.

La falacia de composición de Mahan

Quizá no tan obvia, pero sí más interesante desde el punto de vista


de nuestra investigación estratégica, ha sido la falacia de composición
de Mahan al explicar los motivos del éxito de Gran Bretaña sobre sus
antagonistas continentales, que atribuyó a la prioridad que supuesta-
mente asignaba a su poder marítimo. Esa falacia se presenta en forma
más exagerada en las actuales tendencias mahanistas, que omiten sus
categorizaciones originales y muestran al poder naval 1 desplazando
totalmente al poder naval II, recomendando una potestad suprema en
el mar sin tener en cuenta la situación del comercio de ultramar ni del
tráfico comercial.
Que el poder naval I fue para Gran Bretaña un instrumento
esencial, y el poder naval II la fuente de gran parte de su riqueza
disponible, está más allá de la cuestión. De cualquier forma, la causa
verdadera de la supremacía naval británica fue el éxito de su política
exterior en el mantenimiento del equilibrio del poder en Europa. (9) Al
intervenir oponiéndose a cualquier potencia única o coalición que
pareciera presta a obtener el dominio, se aseguró el conflicto perma-
nente. Ello obligó a las potencias continentales a sostener grandes
ejércitos, que a su vez les impidieron poseer grandes armadas. En
suma, poder naval I y II requerían que las potencias continentales se
mantuvieran "equilibradas" y agarradas mutuamente por el cuello.
Pero la secuencia y las prioridades resultantes fueron exactamente al
revés de lo que describiera Mahan, y que se recomienda para los
Estados Unidos de hoy. (10)
Para la política británica recibían prioridad su muy activa diploma-
cia y grandes subsidios para aliados de buena voluntad pero poca
riqueza, y no el mantenimiento de la Real Armada. Una vez estableci-
das las condiciones que asegurarían con relativa facilidad la superio-
ridad naval, mediante el control del equilibrio del poder, se concedieron
a la armada los medios modestos que requería para lograr el poder
naval I, lo que a su vez produjo el poder naval II. Si los británicos
hubieran actuado en sentido opuesto, desdeñando la diplomacia y
tratando directamente de obtener el poder naval I simplemente cons-
truyendo más buques que sus rivales del continente, el resultado
160 LOS NIVELES DE LA ESTRATEGIA

inmediato hubiera sido el consumo del capital requerido para el poder


naval II, y a largo plazo se hubiera perjudicado el mantenimiento del
equilibrio internacional. Esto a su vez hubiera reducido la prioridad de
la guerra terrestre en el continente, y los recursos británicos jamás
hubieran podido preservar la supremacía naval en competencia con
todos los talentos marítimos de Europa Occidental dedicados a su plena
potencia.
Así que durante todo el período analizado por Mahan, la supremacía
naval británica y el notoriamente mezquino presupuesto de la Real
Armada, que a menudo degeneraba en una franca negligencia, satisfi-
cieron totalmente la lógica de la estrategia. En cambio, se hubiera
contrariado la lógica paradójica si Gran Bretaña alcanzaba el objetivo
del poder naval I por el simple expediente de agregar más y más
fragatas a la Real Armada, sin contrapartida efectiva de sus adversa-
rios, que quedaban en libertad de reaccionar por la misma concentra-
ción exclusiva del propósito. Aquellos contemporáneos que deploraron
el desdén por la armada, teniendo en cuenta la dependencia británica
de ambas formas de poder naval, y los almirantes que se quejaron
amargamente porque el oro británico era entregado a extranjeros
mientras sus buques se hallaban en perpetua indigencia, demostraban
gran sentido común, pero poca estrategia.
Irónicamente, mientras era publicado ese homenaje de Mahan al
pasado de Gran Bretaña, ésta se preparaba para abandonar su postura
histórica.* Cuando finalmente se proveyeron fondos sustanciales a la
Real Armada por primera vez con el objeto de preservar el poder naval
I en una puja directa por la construcción naval con el Imperio Alemán,
quedaron satisfechos el sentido común y la opinión pública; la alterna-
tiva de armar a los adversarios vecinos de Alemania, y especialmente
a la empobrecida Rusia, quedó descartada, y tampoco fue explotado el
equilibrio del poder para mantener a la más fuerte potencia continental
en conflictos terrestres con aliados subsidiados. Por último, durante la
contienda que siguió todo fue sacrificado: el poder naval II, el capital
que éste había permitido acumular, y también mucha sangre. La
Primera Guerra Mundial representó para Gran Bretaña el primer
compromiso continental realmente costoso, que una concentración
menos intensa del poder naval I pudo haber aliviado, si no evitado. De
todos modos, haya sido la rigidez de la opinión pública lo que apartó a
los dirigentes británicos de emular a sus predecesores (quienes hubie-
ran financiado ferrocarriles y arsenales para la Rusia zarista en lugar

~` Maban fue muy aclamado en Gran Bretaña, pero no tanto como orientador sino
como propulsor de una política ya promulgada; el Acta Nacional de Defensa, que exigía
. paridad» con las dos más poderosas marinas continentales combinadas, fue aprobadaen
1899, antes que el primer libro "influyente" de Mahan fuera publicado.
ANTIESTRATEGIAS 161

de construir más acorazados), o simplemente su propia falta de clari-


dad estratégica, no hay mucha duda de que la agonía de la decadencia
británica fue en gran medida acelerada por una política que reflejaba
la ilusión mahanista.*

DEMANDAS DE AUTONOMÍA: ESTRATEGIA


DEL BOMBARDEO

Una demanda enteramente novedosa de autonomía estratégica fue


proclamada apenas después de que la Primera Guerra Mundial había
expuesto la marginalidad de las armadas en un conflicto continental
moderno, con bloqueos de lentitud angustiante, incursiones rara vez
posibles, y una única gran operación anfibia en Gal_l-,_'poli, que resultó un
costoso fiasco. Como la ventaja táctica de la altura es aceptada univer-
salmente, las aeronaves han sido adoptadas para el uso militar a poco
de b9-_-, r su aparición. Para 1914, los aviones de observación general y
p-3ra corrección del tiro de artillería se hallaban incorporados a los
principales ejércitos, y para 1918 ya existían verdaderas fuerzas aéreas
en gran escala (la Real Fuerza Aérea tenía 22.000 aviones en su
inventario y 293.532 hombres en el Día del Armisticio. También las
armadas adquirieron aeronaves, en su mayoría hidroaviones lanzados
precariamente desde buques y recobrados del agua; pero el primer
portaaviones genuino ya quedó completado antes de terminar la
guerra.
En consecuencia, el papel del avión ya estaba asegurado dentro de
ejércitos .y armadas, aunque todavía en tareas auxiliares. Entre los
oficiales aviadores pioneros y los autores de temas aeronáuticos que
demandaban independencia para la nueva arma, algunos se satisfa-
cían en hacerlo sobre la base de la eficiencia, mencionando los ahorros
que podrían obtenerse si la adquisición de aeronaves y el adiestra-
miento de pilotos dejara de estar dividido entre las dos fuerzas más
antiguas. No obstante, otros fueron mucho más allá, proclamando la
autonomía estratégica de la nueva arma. Tres hombres que promovie-
ron al poder aéreo como símbolo del futuro consiguieron que sus ar-
gumentos alcanzaran amplia resonancia, habiéndolos presentado en
forma independiente: Giulio Douhet, un líder de la fuerza aérea ita-
liana desde antes de la Primera Guerra Mundial, quien publicó Il

*La analogía con el énfasis navalista del a actual política norteamericana no necesita
ser destacada. La obvia alternativa, el otorgamiento de subsidios ala República Popular
China, podría parecer imprudente por más de una razón, pero la diversificación de la
competencia en otras formas de poder militar debería verosímilmente dar sus fonos,
dada la dependencia asimétrica de los Estados Unidos respecto a la navegación marítima.
16 2 LOS NIVELES DE LA ESTRATEGIA

dominio dell'aria en 1921; William "Billy" Mitchell, también oficial


aviador cuya obra más importante en una vida dedicada a su causa,
Winged Defense, fue publicada en 1925, mucho antes que el libro de
Douhet fuera traducido al inglés (en 1942); y Hugh Montague Tren-
chard, fundador de la Real Fuerza Aérea, cuyas opiniones fueron
diseminadas principalmente en las instituciones.
La tesis común de Douhet, Mitchell y Trenchard era que los aviones
brindaban la posibilidad de penetrar directamente en el corazón del
territorio enemigo, sobrepasando los lentos avances de las tropas y toda
barrera topográfica; que grandes flotas de bombarderos podían eludir
los procesos de la guerra terrestre y naval destruyendo la industria de
la cual depende toda forma de poder militar; y que la victoria podía
obtenerse rápidamente mediante el solo empleo de poder aéreo supe-
rior, (11) sin la enorme cantidad de bajas de la guerra terrestre ni largos
años de bloqueo naval. Doubet, Trenchard y sus seguidores en las
ramas embrionarias de bombardeo de las principales fuerzas aéreas
diferían de Mitchell, al afirmar que los bombarderos podían virtual-
mente dejar de preocuparse por las defensas, identificando en conclu-
sión el poder aéreo con el poder aéreo ofensivo. (12) Pero había acuerdo
total sobre la obsolescencia de las demás formas del poder militar, en
la nueva era del poder aéreo.
Como ya se ha mencionado en otro contexto, el poder aéreo estraté-
gico quedó desvirtuado debido a sus propias imperfecciones y a la
reacción provocada, de mucha importancia porque los grandes alegatos
en favor del bombardeo habían tenido aceptación general en la década
de 1930 (especialmente después de la guerra civil española y de la
destrucción de Guernica), mientras que sus defectos de precisión y
volumen no se habían tenido en cuenta. Una de las reacciones origina-
das ante la prospectiva de incursiones aéreas masivas sobre las
capitales (con bombas de gas, según se creía) fue una intensa búsqueda
de medios de detección de largo alcance, que darían cierta esperanza
para oponerse con efectividad al bombardero. Para 1939, Gran Breta-
ña, Alemania y los Estados Unidos habían desarrollado un radar de
gran alcance que finalmente trastornó la premisa de Douhet/Trenchard
de que el bombardeo siempre habría de prevalecer.

Defensa aérea

Como la defensa por medio de cazas no había sido totalmente


abandonada, bajo la frágil suposición de que una multitud de partes
telefónicos de observadores aéreos y de artefactos detectores de sonidos
permitirían la interceptación, cuando el radar hizo su aparición en
escena ya se encontraban listos a explotarlo los cazas de alta velocidad
ANTIESTRATEGIAS 163

y una organización adecuada para su dirección efectiva desde controles


terrestres. Mientras tanto, precisamente porque iban a ser "estratégi-
cos", y por lo tanto requerían grandes cargas de bombas para destruir
industrias y ciudades, los bombarderos habían evolucionado hacia
aviones mucho más grandes y considerablemente más lentos que los
cazas de la época, contra los cuales carecían de maniobra. (14) Para
contrarrestar esta debilidad táctica aceptada, los partidarios del bom-
bardero pensaban que disponían de un remedio garantido en la forma-
ción masiva de aviones armados, que rápidamente dispersaría cazas
perdidos que pudiera encontrar en su camino.
Según los principios militares clásicos, la ventaja de la iniciativa de
los bombarderos reunidos para la acción ofensiva debía producir una
neta superioridad numérica sobre los cazas enemigos dentro del tiempo
y espacio del encuentro. El fuego coordinado de artilleros de rola,
dorsales, de panza y frontales de centenares de bombarderos, crearía
una cortina mortal que anularía la ventaja de maniobrabilidad del
avión de caza, impidiéndoles la aproximación por cualquier sector de
ataque, aunque pudieran cambiar rápidamente de uno a otro. En otras
palabras, la ventaja a nivel operacional de la formación iba a compen-
sar la supuesta inferioridad a nivel táctico del bombardero aislado.
Aquí es donde el control terrestre asistido por radar intervino en la
secuencia. Al capacitar a la defensa para dirigir con exactitud a los
cazas, el radar facilitó la deliberada intercepción de los bombarderos
por grupos de cazas (15) en lugar de tener que fiarse en los encuentros
casuales o en un ineficiente sistema de patrullas en alerta. Ahora podía
defenderse el espacio aéreo en la misma forma en que el espacio
terrestre había sido protegido desde mucho tiempo atrás, con la red de
radares formando una línea de frente y los escuadrones de cazas
actuando como fuerzas móviles que podían converger para equiparar la
intensidad de la concentración ofensiva. La ventaja de la iniciativa
inherente a los bombarderos primaba únicamente cuando ocasionales
demoras, limitaciones del radar, contramedidas deliberadas y fric-
ciones organizativas afectaban a la intercepción. Por su parte, la
defensa gozaría de la clásica ventaja de pelear dentro de su propio
espacio, con capacidad para preparar el "terreno" mediante cañones
antiaéreos, reflectores y barreras de globos. Además, la defensa sería
capaz de realizar reiterados ataques con un mismo avión que se
reabastecería de combustible y munición para la acción, mientras los
agresores permanecerían expuestos. Así fue que la superioridad con-
dicionada espacialmente de las defensas aéreas a nivel estrategia de
teatro, pudo sobreponerse a la supuesta ventaja a nivel operacional de
las formaciones de bombarderos, con igualdad de los demás factores.
Este fue el último paso de la secuencia vertical que aseguró la
derrota por desgaste en la campaña de bombardeo de 1940 de la
164 LOS NIVELES DE LA ESTRATEGIA

Luftwaffe contra Inglaterra; no quebró la voluntad de lucha británica,


como ninguna campaña de bombardeo lograría cosa semejante contra
otra nación; y los bombarderos de la Luftwaffe carecían de capacidad
de armamento explosivo e incendiario para destruir la capacidad
industrial británica rápidamente, como ninguna campaña de bombar-
deo lo logró contra otra nación industrial importante.
No deja de ser irónico el hecho de que la Luftwaffe invalidara todas
las previsiones porque sus líderes no quisieron aceptar el bombardeo de
ciudades e industrias como máxima prioridad al estructurar sus
fuerzas. (16) Los proyectos germanos de bombarderos pesados debieron
cancelarse a favor de los bombarderos medianos y livianos, cuyo diseño
enfatizaba el lanzamiento de cargas pequeñas con precisión para su
empleo en el campo de batalla, mediante el bombardeo en picada, lo que
i mpidió el desarrollo de aeronaves portadoras de las grandes cargas de
bombas que se necesitaban para atacar áreas urbanas. Con los aviones
de que disponía, el bombardeo de la Luftwaffe sobre ciudades británi-
cas, como anteriormente en Varsovia y Rotterdam, no había sido más
que una improvisación. Como consecuencia fortuita, las pérdidas
alemanas sirvieron para desvirtuar la tesis de vulnerabilidad de los
bombarderos, porque los que poseía eran pequeños y maniobrables, y
operaban siempre escoltados, salvo en misiones nocturnas de bombar-
deo por guiado electrónico. Sobre todo, la Luftwaffe no tenía bom-
barderos pesados cuatrimotores del tipo producido posteriormente en
gran cantidad por Gran Bretaña y los Estados Unidos. Así que el
evidente fracaso de la campaña de bombardeo contra Gran Bretaña no
fue aceptado como demostración del error de la tesis por sus partidarios
británicos y americanos, quienes continuaron proclamando la autono-
mía estratégica de su arma preferida. Fue solamente después que sus
propias formaciones de bombarderos pesados tuvieron plena oportuni-
dad de atacar a Alemania en gran escala que la tesis de Douhet-
Mitchell-Trenchard fue finalmente abandonada, primero por los britá-
nicos y luego por los norteamericanos. Por supuesto que el bombardero
no fue desechado como medio efectivo de guerra, pero evidentemente no
podía presentarse como un instrumento de victoria autosuficiente y
rápido. El prolongado y sangriento proceso de desgaste mediante el
combate terrestre y el bloqueo naval que los bombarderos iban a evitar,
fue en cambio trasladado a la guerra aérea, donde las probabilidades
de supervivencia de las tripulaciones llegaron a ser inferiores a aque-
llas de la infantería en las trincheras de la Primera Guerra Mundial.
Al final, fue gracias a la superioridad técnica de la guerra electró-
nica británica y a la inesperada performance de los cazas de escolta
americanos (que lograron una combinación casi imposible de gran
alcance y maniobrabilidad) que los bombarderos enviados contra
Alemania fueron capaces de destruir tanto como lograron, aunque al
ANTIESTRATEGIAS 165

precio de graves pérdidas. Aun así, el resultado obtenido fue decep-


cionante: ni siquiera los colosales ataques británicos y americanos, que
empequeñecieron las incursiones de la Luftwaffe contra Inglaterra,
pudieron obtener más que un lento efecto acumulativo, no más rápido
que el bloqueo, contra la gran magnitud y flexibilidad de la industria
alemana y sus infraestructuras. En una refutación todavía más clara
de la tesis, el bombardeo ni siquiera pudo conseguir rápidos resultados
contra la mucho menor y poco flexible producción industrial japonesa,
que sufrió más por la falta de materia prima (causada por hundimiento
de buques) que por el bombardeo. (17) En suma, los partidarios del
bombardeo habían sobreestimado groseramente sus efectos físicos, y
subestimado enormemente la resistencia política e industrial de sus
víctimas.

EL ADVENIMIENTO DE ARMAS NUCLEARES

Cuando la bomba atómica estalló en la escena de 1945, pareció que


la demanda de autonomía estratégica para la aviación de bombardeo,
que acababa de ser reprobada por la experiencia bélica, había sido
rehabilitada en forma totalmente inesperada. Por cierto que todos los
defectos técnicos, tácticos y de estrategia de teatro del bombardero, y
la resistencia de sus víctimas, serían anulados por el deus ex machina
de la nueva arma.
Como ya se había comprobado, el bombardero no siempre despega
según lo planeado a causa de fallas técnicas; no siempre sobrevive
contra las defensas aéreas; no siempre navega correctamente para
alcanzar su blanco; no todas las bombas están correctamente apunta-
das, y no todas estallan. Fue la multiplicación de esos "factores de
degradación" lo que hizo a la destrucción por medio del bombardeo
aéreo mucho más difícil de obtener que lo esperado, si bien además el
monto de destrucción requerido fue mucho mayor que lo previsto. Pero
con las bombas atómicas, la destrucción de ciudades e industrias se
convertía en una tarea sencilla. Así Douhet y sus colegas habían sido
rescatados de sus mayores errores, (18) y no parecía que nada obstacu-
lizara el cumplimiento de sus predicciones: una vez que las bombas de
fisión fueran producidas en cantidades razonables, el arma aérea -o
el arma que las transportara, cualquiera que fuese- pasaría a ser
dominante, transformando en innecesarias a las demás fuerzas mili-
tares y reduciendo drásticamente el panorama estratégico de su
empleo.
Por supuesto, lo que más congeniaba con los planificadores y
pensadores de una potencia satisfecha con el statu quo como los Esta-
dos Unidos, para quien bastaba con evitar la agresión para prevalecer,
16 6 LOS NIVELES DE LA ESTRATEGIA

era no llegar a usar nunca la nueva arma. Ante la conjunción del


enorme poder destructivo de la bomba de fisión -un hecho universal
de la física- con una imagen particular del mundo configurada por
circunstancias políticas y preferencias culturales, el completo edificio
conceptual de la disuasión fue construido con suma rapidez, con plena
confianza inicial de que el "arma absoluta" podría evitar absolutamen-
te toda forma de agresión, todas las guerras. (19) Si la Unión Soviética
hubiera sido la primera en obtener la bomba, indudablemente que
vería conveniente no llegar a usarla, pero entonces su propósito di-
plomático hubiera sido la imposición de cambios en el statu quo, y el
edificio conceptual tendría que soportar compulsiones. (20)
Naturalmente que tan paralizante disuasión satisfacía a las poten-
cias satisfechas, pero no así a quienes todavía querían modificar la
situación del mundo. Tal reacción garantizaba que ni siquiera las
armas nucleares serían inmunes al destino paradójico de toda innova-
ción técnica en el reino de la estrategia: cuanto mayor el incremento de
poder que ofrecen cuando se las introduce, mayor la perturbación que
crean en el equilibrio existente, y mayores las reacciones provocadas,
defensivas y competitivas, que conjuntamente reducen el efecto neto de
la nueva arma a lo largo del tiempo, posiblemente en forma dramática.
Cuando se introdujeron originalmente en forma de bombas de fisión
que solamente podía producir un país; y en pequeñas cantidades, las
armas nucleares prometían transformar la estrategia. Eran total-
mente usables: si los centros urbanos de Hiroshima y Nagasaki habían
sido devastados sin efectos nocivos perceptibles para el resto del pla-
neta, los centros de cinco o diez ciudades soviéticas también podían
resultar destruidos, y los Estados Unidos no quedaban expuestos a una
represalia comparable porque poseían las únicas armas nucleares en
existencia. Por lo tanto, si bien aún la idea no había madurado en las
mentes de los dirigentes norteamericanos, era razonable que la amena-
za nuclear sirviera para disuadir la agresión directa.

Autonomía disminuida: Subversión

Pero la inacción es el punto terminal del éxito, únicamente para


potencias satisfechas. Mientras que en la Unión Soviética se hacía todo
esfuerzo posible para reaccionar competitivamente mediante el desa-
rrollo de bombas de fisión y también de fusión, además se originó
inmediatamente una maniobra distinta. Sucedió que la primera prio-
ridad de Stalin en ese momento era establecer el control político sobre
Europa Oriental por vía de gobiernos comunistas locales subordinados
a Moscú. Sin embargo, era difícil que ganaran las primeras elecciones
de posguerra, y el empleo sin tapujos de la fuerza hubiera sido una
ANTIESTRATEGIAS 167

provocación excesiva para los Estados Unidos. La barrera de la disua-


sión que servía para detener una simple dominación militar sería esa
vez derrotada por la subversión.*
Con la presencia amenazante de las fuerzas de ocupación soviéticas,
entre 1945 y 1948 los líderes de los partidos políticos mayoritarios de
Hungría, Rumania y finalmente Checoslovaquia, fueron intimidados
para formar coaliciones con los partidos comunistas locales, e invaria-
blemente las fuerzas policiales quedaron bajo el control de ministros
comunistas. Muy pronto los ministros no comunistas que todavía
constituían la mayoría, pero se hallaban sometidos a coacción, votaron
en las decisiones de las coaliciones que se colocaran fuera de la ley los
restantes partidos políticos de derecha. Entonces se formaron nuevas
coaliciones que excluían a los partidos anteriores porque a su vez
habían sido declarados ilegales o los babí,_- disuelto cris propios
líderes, atemorizados por sus vidas. El proceso fue reiterándose hasta
que la coalición fue estrechándose de a poco, y sólo los comunistas fieles
a Moscú quedaron en los gobiernos. El proceso se completó hacia fines
de 1948; la barrera continuaba intacta, pero el poder soviético había
cavado un túnel debajo de ella para ganar pleno control sin recurrir
abiertamente a la fuerza.
En consecuencia, la autonomía estratégica atribuida en un princi-
pio a las armas nucleares fue reduciéndose por vías no militares,
indirectas, y escasamente visibles. Mientras los Estados Unidos y
algunos de sus aliados comenzaban a reaccionar, primero en Europa y
luego más allá, mediante subversión y contra subversión, más y más
túneles eran horadados en la barrera de la disuasión nuclear desde
ambos lados. El modelo ha persistido hasta el día de hoy, asumiendo
nuevas y variadas formas tales como las fuerzas militares y los
servicios secretos clientes, la estimulación y el abastecimiento de
movimientos insurgentes, y el sostén de terroristas transnacionales,
que se han agregado al repertorio.
Entonces, el primer efecto persistente de la disuasión nuclear ha
sido la distracción de energías bélicas hacia formas de conflicto indirec-
tas y menos visibles, excluyendo siempre al combate directo entre so
viéticos y norteamericanos, pero no la violencia armada. Mucho antes
de que las formas de conflicto indirectas y disimuladas quedaran bien
establecidas en la realidad cotidiana de la política internacional, las
armas nucleares desencadenaron una reacción defensiva más prosai-
ca. La reacción soviética ante su primera aparición como bombas de

La manipulación encubierta de la política por medio de intimidación física de


líderes, soborno, infiltración, subsidios secretos, desinformacióny acciones paramilitares
negadas, para inducir a grupos políticos dentro y fuera del gobierno a actuar de manera
contraria a sus propósitos declarados.
16 8 LOS NIVELES DE LA ESTRATEGIA

fisión cargadas a bordo de bombarderos norteamericanos de largo


alcance, fue conceder alta prioridad a las defensas antiaéreas. Los
esquemas organizativos de la guerra que acababa de finalizar, las
enormes cantidades de cañones antiaéreos aún perfectamente adecua-
dos, los radares copiados de modelos suministrados a través de la ley
de préstamo y arriendo, y luego los primeros cazas a chorro y misiles,
todo era empleado para resistir a los bombarderos norteamericanos.
Usualmente, la reacción defensiva sirve para disminuir el efecto
neto de armas nuevas, pero ello no ocurrió con las armas nucleares. Ni
siquiera las defensas aéreas mucho más efectivas que antes tenían
capacidad suficiente, porque un solo bombardero que sobreviviera
podía causar enormes daños. Por más que la inevitable respuesta de
protección se pusiera en marcha, el efecto neto de la nueva arma era
apenas disminuido por las defensas antiaéreas.

Autonomía disminuida: Inhibiciones y represalias

Ya con anterioridad a la existencia de algún peligro de represalias


del mismo tipo, las inhibiciones autoimpuestas establecieron límites
para el empleo de la bomba de fisión. No es que fuera a destruir al
mundo, pero varias de ellas podían devastar una ciudad grande, y la
gran magnitud de su potencia destructiva excedía en muchos casos el
punto culminante de utilidad militar, independientemente de la reac-
ción que pudiera desencadenar. Tan colosales efectos infligidos aun en
enemigos declarados serían políticamente aceptables dentro y fuera
del país únicamente en caso que intereses vitales estuvieran en juego.
Entonces, aun cuando persistía el monopolio nuclear norteamericano,
el excesivo poder destructivo de la bomba de fisión dejó espacio para
toda una categoría de guerras posibles, de escasa magnitud; que serían
libradas por fuerzas armadas "convencionales". Por supuesto que
sucederían en lugares remotos, contra enemigos de segundo orden y
con aliados marginales que valieran la pena pero sin bombas atómicas.
Así fue que la autonomía estratégica que algunos atribuyeron entu-
siastamente a las armas nucleares, y que de poco servía contra formas
de ataque indirectas y disimuladas, quedó aún más reducida.
Pero una disminución todavía mayor de la autonomía estratégica
originalmente atribuida a la bomba atómica estaba por producirse. La
reacción simétrica provocada por el monopolio norteamericano aun
antes de 1945 produjo muy pronto sus primeros frutos, y en 1949 la
Unión Soviética había ensayado su primer artefacto de fisión. Pese a
que no había ninguna paridad entre ambas fuerzas de bombarderos,
una todavía pequeña pero la otra aún embrionaria, el panorama de la
disuasión nuclear fue inmediatamente afectado; así como el valor
ANTIESTRATEGIAS 169

actual de la moneda futura sufre un descuento, en la conformación de


percepciones queda anticipado el poderío militar futuro. (21)
Una vez que se hizo realidad la represalia del mismo tipo, los
planificadores de la guerra debieron ser más circunspectos en el uso
previsto de las armas nucleares, y los líderes políticos mucho más
prudentes en la emisión de amenazas con fines persuasivos. La posibi-
lidad de que las bombas de fisión impongan una acción (compulsión) o
una inacción (disuasión) ha quedado siempre limitada por la credibili-
dad que recibe en el otro bando su uso real, y dicha credibilidad
disminuyó apreciablemente desde el momento que pudo anticiparse
una respuesta nuclear. Hasta cierto punto, las opiniones sobre el ca-
rácter de los dirigentes de la potencia que intenta persuadir deben
incorporarse a la evaluación; aquellos considerados especialmente
nriJdentes serán menos i_nt.i_mi_rlatorins nue los f. mernrios_ Tejando de
lado la especulación sobre los usos políticos de la locura, lo que puede
obtenerse mediante la disuasión no será muy afectado por variaciones
en la prudencia atribuida a los gobiernos generalmente moderados de
los Estados Unidos y la Unión Soviética.
En cambio, el campo y los límites de la disuasión con bombas de
fisión sería principalmente determinado por las percepciones de la
i mportancia de los intereses en juego para el otro bando. Una amenaza
idéntica puede parecer muy plausible si trata de evitar un ataque
soviético directo contra el territorio norteamericano, pero mucho me-
nos convincente si es para proteger a un aliado marginal de una
intervención periférica. Entonces, el "equilibrio de intereses percibidos"
se une al equilibrio de capacidades técnicas para definir lo que puede
lograrse a través de amenazas nucleares, descartándose cualquier
relación simple entre magnitud y calidad de la fuerza disponible y su
potencialidad disuasoria. La evaluación soviética de los intereses
norteamericanos desde el punto de vista norteamericano, y la evalua-
ción norteamericana de los intereses soviéticos según son vistos desde
el Kremlin, son susceptibles de manipulación por uno u otro bando
mediante una postura habilidosa, (22) pero dentro de ciertos límites:
no toda localidad en peligro puede transformarse en Berlín, y no toda
conexión internacional de la Unión Soviética puede elevarse al grado
de alianza sacrosanta.
No hay duda que algunos intereses de ambas partes podrían ser
satisfechos mediante la disuasión con armas de fisión, en otros habría
cierta posibilidad, y muchos más quedan totalmente fuera de la cues-
tión una vez que se tiene en cuenta la factibilidad de represalias.
También hizo aparición una categoría diferente de guerras que podrían
ser libradas por fuerzas convencionales, reduciéndose aún más la
autonomía estratégica anteriormente atribuida al arma nuclear. Es
verdad que la posibilidad de que se incremente la espiral de violencia
17 0 LOS NIVELES DE LA ESTRATEGIA

y al menos el perdedor recurra al uso de bombas de fisión, virtualmente


ha prohibido hostilidades directas aunque fuera en mínima escala
entre fuerzas norteamericanas y soviéticas, respecto a intereses consi-
derados secundarios por ambas partes. Por lo tanto, las aventuras
expedicionarias, las incursiones y sus réplicas que podrían haber in-
dicado la confrontación de la guerra fría en regiones periféricas,
quedaron totalmente excluidas: la posesión previa, confirmada por la
presencia física militar, alcanzó mayor importancia que nunca.
Sin embargo, lo que resulta cierto para posturas y valores margina-
les no responde del mismo modo a los intereses realmente vitales para
ambas partes, que podrían desencadenar el conflicto a pesar del riesgo
del recurso desesperado a las bombas de fisión por el perdedor. Por lo
tanto, esos intereses tienen que protegerse mediante la ubicación en el
lugar de fuerzas armadas convencionales. El estacionamiento de tro-
pas y aviación norteamericanas en Europa a partir de 1949 y el com-
portamiento en la guerra de Corea después del 26 de junio de 1950,
señalaron la retirada de la disuasión con bombas de fisión, y asimismo
la magnitud de su pérdida de autonomía estratégica.

El arma excesiva

Las bombas atómicas originales fueron grandes, toscas y escasas.


La transformación de las capacidades nucleares durante los primeros
años de la década de 1950, con el desarrollo de artefactos de fusión que
producían cincuenta o cien veces la energía de las primeras bombas, y
con la producción masiva de bombas pequeñas, granadas de artillería,
cargas de profundidad, minas y cabezas de combate, tuvo efectos
contradictorios sobre la autonomía estratégica del arma nuclear, Por
una parte, el potencial destructivo de las grandes bombas de fusión, con
la respectiva represalia debidamente incluida, excedía completamente
cualquier punto culminante de utilidad para la disuasión. Induda-
blemente, la curva descendía tan abruptamente que era menos lo que
podía esperarse de esas bombas que de las de fisión, con apenas una
fracción de su energía destructiva. Los intereses que pueden justificar
el riesgo de iniciar una guerra que quizá signifique el fin de la ci-
vilización son naturalmente más reducidos que aquellos que sanciona-
rían el peligro de las armas de fisión, donde los efectos de 1945 serían
reproducidos, si bien con mayor velocidad. La incorporación de armas
en cada sector de las fuerzas armadas, por otra parte, disminuyó
apreciablemente el significado del desequilibrio no nuclear. Con la
presencia de armas nucleares en el inventario de alas aéreas y cuerpos
de ejército, de buques de guerra mayores y en cada submarino, se
estableció un mecanismo directo para convertir la derrota no nuclear
ANTIESTRATEGIAS 171

inminente en combate nuclear, anulando lo obtenido por el vencedor


hasta ese momento.
Ambos efectos se pusieron de manifiesto en la experiencia de las
potencias nucleares desde el comienzo de la abundancia de armas a
mediados de la década de 1950 hasta el presente. La Unión Soviética
nunca ha sido capaz de rechazar la intrusión nuclear en el equilibrio de
fuerzas terrestres no nucleares, por lo que su constante ventaja no ha
logrado un efecto definido. Por otra parte, el intento norteamericano de
anular el equilibrio general de poder no nuclear bajo la política de
"represalia masiva", fiándose "primariamente en una gran capacidad
de represalia instantánea, con medios y en lugares de nuestra propia
elección", (23) tampoco tuvo éxito. De haberlo obtenido, la represalia
masiva hubiera sido verdaderamente la máxima afirmación posible de
la autonomía estratégica de las armas nurl_eáres. Pero nunca se cabrá
si los líderes soviéticos podrían haber sido disuadidos por medios
nucleares únicamente, ya que esa política no fue implementada: los
Estados Unidos redujeron sus fuerzas no nucleares a los mínimos
niveles requeridos para asegurar la "gran capacidad de represalia". En
cambio, durante varias décadas y a través de ciclos de rearme, una
guerra perdida, desarme, inflación y más rearme, el esfuerzo militar no
nuclear norteamericano ha tendido en general a incrementarse, al
menos en cuanto a lo indicado por su presupuesto, como demostración
cabal de la desgastada situación de la disuasión nuclear.
Las armas nucleares se hallan totalmente sujetas a la misma lógica
de la estrategia aplicable a las demás armas, tal como lo muestra tan
claramente la paradójica decadencia de su utilidad militar, causada
por su exagerado poder destructivo. Una contienda en que se empleen
muchas cabezas de combate grandes de fusión, como ser una de cada
diez actualmente existentes en el inventario, serían tan diferente de las
guerras anteriores que se justificaría una descripción en sus propios
términos. Ni economía de guerra ni poesía épica, ni propaganda bélica
ni legislación marcial, ni ninguna otra de las familiares actividades
dependientes de la guerra tendrán lugar alguno en la aniquilación
resultante. Pero no por ello es aplicable una lógica distinta. La misma
lógica que hemos explorado hasta aquí, a través de los niveles técnico,
táctico, operacional y de teatro, explica muy bien la autonegación de esa
clase de lucha, cuando alcancemos el nivel de la gran estrategia.
III

RESULTADOS:
LA GRAN ESTRATEGIA
Introducción

Ahora estamos por fin listos a encontrarnos con la gran estrategia,


el nivel supremo de los resultados definitivos. Es también la forma
cotidiana de la estrategia, porque el funcionamiento. dinámico de la
lógica paradójica continúa aún en ausencia de guerra. La política
internacional de tiempo de paz queda asimismo condicionada por la
lógica, mientras el uso de la fuerza sea todavía un recurso posible.
Al examinar los niveles previos de la estrategia, del técnico al
estratégico del teatro, tuvimos a mano etiquetas muy útiles para
diferenciar entre las doctrinas normativas promulgadas por una u otra
institución militar, el análisis positivo de observadores interesados en
tratar de explicar o incluso predecir fenómenos particulares dentro de
determinado nivel, y la realidad objetiva de cada nivel, algo así como
una tajada de estrategia cuya lógica tiene su efecto condicionante,
aunque nadie observe el proceso. Entonces, tenemos una muy simple
distinción entre las tácticas o maniobras prescritas en los manuales de
cierto ejército o armada, para determinado tipo de fuerza y quizás en
un ámbito específico ("tácticas urbanas para blindados"); el análisis de
tácticas efectuado para evaluar un arma, explicar un episodio de
combate, o discernir las implicaciones de algún acaecimiento institu-
cional o ambiental; y el nivel táctico de la estrategia en sí, según existe
en la realidad, se hayan recomendado o no algunas tácticas en particu-
lar para la acción a ese nivel. Sería semejante para la trilogía de
técnicas aplicadas, el estudio de sus resultados mediante un análisis
técnico, y el nivel técnico de la estrategia en sí. Tampoco hubo gran
dificultad en diferenciar entre métodos operacionales, como "defensa
en profundidad" o "ataque contra fuerzas", el análisis a nivel operacional
de acciones tales como la ofensiva de penetración profunda de Patton
en Francia, y el nivel operacional en sí, cuya importancia, según
descubrimos, era función del contenido de maniobra correlativa. En el
nivel siguiente, la necesidad de aclarar impuso algunas distinciones un
poco molestas, como "estrategia de teatro de la Alianza", por ejemplo,
el análisis a nivel del teatro, y el nivel de estrategia de teatro en sí,
dentro del cual el fenómeno militar queda condicionado en el espacio.
17 6 RESULTADOS: LA GRAN ESTRATEGIA

Sin embargo, al máximo nivel de la estrategia carecemos de térmi-


nos convenientes para diferenciar entre gran estrategia como doctrina
declarada por un Estado determinado o que se le imputa ("gran
estrategia soviética"); gran estrategia como nivel de análisis, donde
examinamos la totalidad de lo ocurrido entre Estados y otros entes
participantes en política internacional; y la realidad de la gran estra-
tegia como el nivel concluyente de la estrategia en su conjunto. Por
supuesto que sólo esta última posee existencia universal: pocos son los
Estados que participan en política internacional y disponen de una
gran estrategia propia bien elaborada. Mi propósito, como siempre, es
dejar en descubierto la realidad interior de la lógica al nivel de gran
estrategia, y de ninguna manera recomendar un curso de acción para
los Estados Unidos, ni para ningún otro país.
CAPÍTULO 12

EL CAMPO DE LA GRAN ESTRATEGIA

Si
recordamos la imagen anterior de la es-
trategia corno una especie de edificio de múltiples niveles, con pisos que
se mueven con el flujo y reflujo de acción y reacción, encontraremos que
su nivel superior es mucho más espacioso que los inferiores, en tal
forma que ninguna arquitectura lo permitiría. Porque al nivel de gran
estrategia, las interacciones de los más bajos, los niveles militares, sus
sinergismos o contradicciones, producen resultados definitivos dentro
del amplio marco de la política internacional, con renovada interacción
en las relaciones no militares de los Estados: las formalidades de la
diplomacia, la difusión pública de propaganda, las operaciones secre-
tas,* las percepciones de la inteligencia oficial y no oficial, y todas las
transacciones económicas de importancia más que puramente privada.
Por consiguiente, en este desproporcionado piso superior emerge el
resultado neto de lo técnico, táctico, operacional y estratégico de teatro,
en continua interacción con todos aquellos tratos entre Estados que son
afectados y también afectan lo que se hace o deja de hacer en el aspecto
militar, dentro de cada uno de ellos.
En una imagen diferente, que capta la naturaleza dinámica del
tema, la gran estrategia puede verse como la confluencia de interaccio-
nes militares que fluyen hacia arriba y abajo, nivel por nivel -for
mando la dimensión vertical de la estrategia-, con las correspondien-
tes relaciones externas que forman la dimensión horizontal de la
estrategia a su máximo nivel. En esta imagen, los ríos y riachos de las
transacciones internacionales vertirían desde un flujo vertical central,
vulnerando las leyes de la hidrodinámica en sus movimientos recípro-

* Término empleado aquí como denominación genérica para todas las intrusiones
hostiles dentro del territorio de otros Estados (excepto ataques militares directos y
propaganda abierta), usualmente categorizado por un lado como acción política encu-
bierta, incluyendo los subsidios no declarados, la desinformación y el uso de agentes de
penetración y por el otro, como acción paramilitar, que abarca el apoyo de insurgentes
locales y toda forma negable de violencia, desde la intimidación individual al combate en
gran escala. Como se dijo, la subversión combina ambas clases de operaciones secretas.
178 RESULTADOS: LA GRAN ESTRATEGIA

cos, tal como las preparaciones y acciones militares producen efectos en


los tratos no militares entre estados, y estos últimos a su vez afectan los
aspectos militares.

ESTRATEGIA EN LA POLÍTICA INTERNACIONAL

Por consiguiente, los límites de la gran estrategia son muy amplios,


pero no abarcan todas las relaciones de todos los participantes, dentro
del contexto global de la política internacional. Cualesquiera que sean
los tratos que pudieran existir entre Suecia y Costa Rica, es difícil que
puedan resultar afectados en grado significativo por temores de ata-
ques recíprocos o por expectativas de asistencia militar. Entonces no
están condicionados directamente por la lógica de la estrategia, aunque
ni la neutralidad autodeclarada de Suecia, ni el desarme autoimpuesto
por Costa Rica, los eximen de otras numerosas relaciones estratégicas
con enemigos y aliados potenciales, y que se intersectan en algún
punto. Sin embargo, tales conexiones indirectas raramente afectarán
las relaciones bilaterales entre ambos países. Así es que la gran
estrategia existe dentro de la política internacional, pero no coincide
con sus límites. Al respecto, debemos tener en cuenta que unaformade
establecer algún índice normativo de progreso dentro de la sociedad de
naciones consiste en examinarla cantidad de relaciones que poseen
cierta significación estratégica.,
Seguramente que la gran estrategia también existe fuera de la
política internacional,ya que comprende el máximo nivel de interacción
entre cualesquiera de las partes que sean capaces de usar la fuerza en
forma recíproca, sin sujetarse a normas. La misma lógica paradójica se
manifiesta asimismo al nivel de gran estrategia en el marco interior de
cada país y siempre que el monopolio.d e Iaierza por parte del Estado
sea incompleto, ya sea en sierra civil o en acciones ilegales. En

* Como muchas reyertas interregionaleshan quedado suprimidas porla aparición de


unas pocas confrontaciones mayores, en el orden transregional, podría servir de consuelo
alguna mejoría estadística, si no se considera el concurrente peligro de catástrofe
nuclear. Establecemos la condición de miembros de las Naciones Unidas para determi-
nar en forma aproximada el número de Estados existentes, descartando a numerosos
actores capaces de emplearla fuerza pero que no son Estados territorial mente constitui-
dos; la combinación indica que habría más de veinte mil relaciones bilaterales entre
Estados, de las cuales no más de unos pocos cientos tienen contenido estratégico que
pueda percibirse. Dentro de Europa existían muchas disputas históricas, como entre
Francia ,y Alemania, que han caído en la obsolescencia ante el impacto predominante de
la confrontación este-oeste; lo mismo ha sucedido en el sudeste de Asia, y hasta en el
conflictivo Medio Oriente la confrontación árabe-israelí, y posteriormente la guerra
entre Irán e Iraq, han contribuido a suprimir muchas más reyertas existentes entre los
mismos árabes.
EL CAMPO DE LA GRAN ESTRATEGIA 179

realidad, hasta se podría identificar el nivel de gran estrategia en una


riña cuchillera entre dos criminales, en un callejón: sus gritos y
gruñidos serían una forma mezclada de diplomacia y propaganda; uno
o el otro podrían tratar de emplear alicientes económicos, ofreciendo
dinero al rival para parar la pelea; algo de inteligencia y de engaño
estarán presentes cuando se observan e intentan confundirse mediante
fintas. Y podemos reconocer en el combate un nivel diferente por
encima de lo táctico, constituido por sus recíprocas arremetidas y
paradas, o de lo técnico, definido por la calidad (le sus cuchillos. Hasta
los mismos protagonistas admiten distinciones entre niveles, desde el
momento en que suplican, amenazan y negocian en plena pelea. Así es
como la gran estrategia puede hallarse aun a escala mínima, siempre
que los individuos actúen como Estados independientes, al menos
hasta que arribe la policía.
Pero si la lógica que funciona allí es la misma que en el marco de la
política internacional, el fenómeno que se condiciona es muy diferente,
no sólo por lo trivial de la escala sino porque se refiere a actos y
reflexiones individuales. Entonces se halla ausente todo el aspecto
político e in stitucional que caracteriza la conducta de los Estados, y de
ese modo falta la permanente contradicción entre situaciones políticas
de lógica lineal y la lógica paradójica que rige en las regiones conflic-
tivas externas. Mi investigación quedará confinada al trato entre sí de
los Estados, pero no porque la estrategia encuentre allí su sitial
natural, sino precisamente por la razón opuesta: solamente los Estados
regidos por reyes-estrategas podrían imitar la conducta espontánea-
mente estratégica de dos cuchilleros enfrentándose en un callejón, para
quienes la acción paradójica de engañar y aventajar surge con total
naturalidad.
Ya sea que lo imaginemos en términos estáticos, como un edificio con
forma extraña de mesa velador, o en términos dinámicos como una
especie de fuente complicada, la gran estrategia es el nivel concluyente,
donde todo lo que ocurre en las dimensiones vertical y horizontal se
reúne finalmente para adquirir un significado definitivo. Logros bri-
llantes al nivel técnico, táctico, operacional o estratégico de teatro, o
para el caso tropiezos diplomáticos, pueden trasladarse directamente
para quizá tener un efecto totalmente opuesto, o incluso permanecer
sin consecuencias en la confluencia de la gran estrategia.

OBJETIVOS LINEALES EN UN MEDIO PARADÓJICO

Desde ya que los resultados de la gran estrategia serán considera-


dos benéficos o perniciosos según la interpretación subjetiva de cada
uno: el modo de observar las con secuencias depende de los objetivos que
180 RESULTADOS: LA GRAN ESTRATEGIA

se persiguen, y hayan sido establecidos por tradición, antojo dictato-


rial, preferencia de burócratas o elección democrática, la lógica de la
estrategia nada tiene que opinar sobre ello. Al nivel de la gran es-
trategia, algunos gobiernos buscan principalmente ejercer poder sobre
otros Estados o la expansión territorial; otros se conforman con el poder
y la influencia externa con que ya cuentan, y dedican sus mayores
esfuerzos a propósitos internos, especialmente el incremento de la
prosperidad; hay quienes actúan en la escena mundial primariamente
para reclamar ayuda económica, y miden sus logros con rara precisión,
mientras que otros ven colmadas sus expectativas si pueden simple-
mente vivir tranquilos; por último, existen quienes piden que se les
ayude justamente para que los dejen tranquilos los Estados que temen.
Cada uno posee sus propias metas, a veces implícitas, y por consiguien-
te se buscan resultados diferentes; por ejemplo, una misma conse-
cuencia tal como la preservación de un statu quo invariable puede ser
considerada como gran triunfo por un gobierno, y fracaso tremendo por
algún otro.
Lo que resulta verídico sobre el fracaso y el éxito dentro del alcance
de algunas cuestiones simples, también lo es respecto a los demás
objetivos que se deciden internamente antes de ser lanzados al conflic
tivo medio de la estrategia. Es bastante obvio que los "intereses
nacionales" sean definidos subjetivamente en un proceso político en el
cual nada tiene que ver la lógica de la estrategia; cuando los partidos
políticos rivales persiguen la aprobación de sus propios objetivos por la
ciudadanía, presentándolos como intereses nacionales, normalmente
lo hacen en términos de sentido común y lógica lineal, donde lo bueno
es bueno, lo malo es malo, y un gran beneficio es méjoi - que el pequeño.
También la "seguridad nacional" debe definirse dentro de la lógica
lineal de la política interna, donde más es más y menos es menos.
No es necesario citar infinitos ejemplos que demuestren las conse-
cuencias de esta absoluta contradicción. Si la historia es en gran parte
el registro de las tonterías de la humanidad, entonces la línea divisoria
entre ambas clases de lógica ha motivado muchas de ellas (como algún
líder político exitoso en cuestiones internas habrá descubierto al
intentar aplicar su talento en asuntos exteriores, y algún héroe de la
guerra o la diplomacia lo habrá aprendido al asumir el gobierno de su
país). En algunos asuntos específicos, la repetición sucesiva de un
mismo y trágico error a través de los siglos, ha dejado la impresión de
que es discutible la proyección de objetivos lógicos lineales en la escena
del conflicto. Si x divisiones de ejército o y misiles se creen necesarios
para la seguridad nacional, es posible que ahora no se dé por sentado
que el doble sería mejor si no fuera por su costo. Por lo menos hay que
sospechar que la formación de divisiones adicionales o la construcción
de más acorazados podrían provocar reacciones adversas, ya sean
EL CAMPO DE LA GRAN ESTRATEGIA 181

competitivas o peor aún preventivas, que pueden significar que más


divisiones o acorazados sean menos deseables que pocos. Resulta
sumamente irónico que tal esclarecimiento haya surgido por vía de la
simple y mecánica noción de que las "carreras armamentistas" son
autopropulsadas, estrechamente interactivas y sin un propósito válido
en cada uno de sus pasos, como sugiere la imagen de "dos monos en una
rueda". El antagonismo de ambiciones políticas que es la verdadera
causa de competición en todas las categorías del armamento, así como
en muchas otras cosas, queda entonces ignorado, como es el caso de la
innovación: el mono al que otro corre tiene buenas razones para seguir
adelante, esté o no en una rueda, porque nunca existe una escalera
salvadora mientras persista la confrontación política.
Una categoría de excepciones más obvias al irreflexivo traslado de
la lógica lineal a través de la línea divisoria resulta evidente para
cualquier viajero por tierras que hayan sido muy disputadas en algún
tiempo. Alrededor del Mediterráneo, innumerables villorrios parecen
colgados de las laderas; ahora resultan pintorescos, y son fácilmente
alcanzados en auto o tractor, pero durante siglos estuvieron muy in-
cómodamente alejados de campos de labranza y rutas en los valles de
allá abajo. Las ruinas de establecimientos en las tierras bajas que se
remontan a períodos muy diferentes, muestran que a través de amar-
gas experiencias fue que los sobrevivientes aprendieron que un buen
sitio es malo y un mal sitio es bueno, cuando surge el conflicto. En las
épocas seguras de los romanos, el uso del mero sentido común había
favorecido la conveniente ubicación en los valles. En épocas recientes,
cuando la guerra no suele respetar las tierras altas, el valle puede
nuevamente ser elegido por su conveniencia. Mas durante los siglos
transcurridos entre ambos períodos, los habitantes de las colinas
estuvieron constantemente expuestos a la fatal tentación de estable-
cerse en tierras bajas, donde el agotador ascenso no se agregaría al
término de la jornada de labor; que algunas veces cedieron, lo demues-
tran ruinas todavía visibles.
Las cosas no son diferentes para aquellas naciones incómodamente
atrapadas por conflictos, divididas por intereses comunes que no son
mutuos, usualmente en perfecto acuerdo sobre la bondad de la paz y la
maldad de la guerra, sobre los indeseables costos del armamento y los
beneficios del desarme, y de todos modos impedidas de actuar siguien-
do conclusiones tan sensatas por la verosímil expectativa de que la
búsqueda unilateral de paz y desarme serviría de poderoso incentivo
para el esfuerzo adversario que quiere superar sus defensas; así es sin
duda, y por la plena fuerza de la lógica paradójica.
Pero si tal es la norma entre los sobrevivientes, no constituye una
regla universal. Con frecuencia se trata de proyectar la lógica lineal a
través de la línea divisoria, intentando soluciones cooperativas muy
18 2 RESULTADOS: LA GRAN ESTRATEGIA

atinadas cuyos méritos parecen exasperantemente evidentes a quienes


las proponen. Si queremos la paz, ¿por qué simplemente no hacerla?
Si estamos de acuerdo en que las armas son caras y peligrosas, ¿por qué
simplemente no desarmarse? Y si existe un conflicto de intereses
i mportantes, ¿por qué no resolverlo mediante procedimientos legales
de arbitraje y negociación que a diario se aplican en la esfera interna?
La persistencia con que son propuestas esas soluciones cooperativas no
resulta sorprendente, porque el concepto de que la misma prosecución
de la paz y el desarme conduce lógicamente a sus opuestos suena
grotesco desde la perspectiva de la lógica lineal.
Pero por supuesto, no es un error intelectual lo que induce a intentar
el descenso hacia ese valle confortable, sino más bien la aguda tenta-
ción de escapar de la lógica paradójica, donde la mera inactividad queda
prohibida por la evidente necesidad de afrontar el peligro, mientras que
la acción siempre tiene un costo, y puede con facilidad hacerse contra-
producente. Los anales de la diplomacia moderna están colmados de
intentos por desarrollar soluciones sensatas y disminuir la hostilidad
mediante demostraciones de buena voluntad, como si las expresiones
negativas no fueran un mero síntoma del conflicto causado por algún
i mportante antagonismo de propósitos. Recién cuando las causas del
conflicto se han eliminado puede resultar productiva la diplomacia
cooperativa, además de los gestos de buena voluntad.
Fiel a esta tesitura, la diplomacia franco-germana posterior a 1945
ha tenido éxito al promover iniciativas conjuntas en variados campos,
las numerosas reuniones en la cumbre, visitas de Estado con participa-
ción popular, intercambios juveniles y otras medidas similares que
contribuyeron a disipar la ya anticuada hostilidad. Pero fue solamente
la supresión del viejo conflicto, ante la aparición del nuevo y más
generalizado del este contra el oeste, lo que aseguró el éxito de la
diplomacia franco-germana y de todos los gestos de buena voluntad, al
trasladarse la relación entera a través de la línea divisoria, hacia donde
lo bueno es siempre bueno, lo malo es malo, y los intereses comunes
pueden también ser mutuos. Cuando idénticos procedimientos fueron
intentados antes de la Segunda Guerra Mundial, por una persistente
diplomacia formal, reuniones en la cumbre (fue memorable en Munich),
negociaciones de control de armamentos, y enorme despliegue de
gestos de buena voluntad, incluyendo reuniones amistosas de vetera-
nos dulas trincheras, el único efecto de otear el valle de las tentaciones
fue aumentar la sensación de incomodidad ante las precauciones
bélicas.
Gracias a este famoso fracaso del arte del estadista, y al paralelismo
anglo-germano que desacreditaría la antigua y honrosa práctica del
apaciguamiento,* una corriente de mucha influencia se opuso a la
proclividad a proyectar soluciones de lógica lineal dentro del dominio
EL CAMPO DE LA GRAN ESTRATEGIA 183

del conflicto. Las negociaciones para control de armamentos en los años


entre arabas guerras, las reuniones cumbre, los gestos de buena vo-
luntad, e incluso el mismo proceso de comunicación diplomática, fueron
todos considerados procedimientos perniciosos ante una guerra que
nada hicieron por evitar, presuntamente por la intensidad del efecto
soporífero. En consecuencia, muchos años después de la Segunda
Guerra Mundial, cuando se dedicaba al antagonismo de propósitos con
la Unión Soviética, la diplomacia de las potencias occidentales fue
conducida por exagerada circunspección, siempre recordando la "lec-
ción de Munich". Es posible argüir que en ese proceso quizá se per-
dieron valiosas oportunidades de arreglo mutuo, al menos durante la
época de Krusche£ Pero se ha dicho correctamente que la historia no
enseña nada, excepto que no enseña nada; por supuesto, los sucesivos
líderes soviéticos no tuvieron la belicosidad de Hitler, y el programa
para la consecución de sus propias ambiciones estaba ciertamente
desprovisto de la urgencia de ese personaje. (1)
En realidad, la diplomacia sirve para múltiples propósitos en toda
situación de conflicto, y puede ser especialmente benéfica en medio de
unaguerra, aunque no necesariamente logre sufinalización. El entrevero
de hostilidades con negociaciones directas en los conflictos de Corea y
Vietnam significó el retorno a los procedimientos clásicos. Más bien fue
atípica la ausencia de diplomacia directa durante ambas guerras
mundiales. Al menos en el caso de la Primera Guerra Mundial, la
renuncia al uso de la diplomacia fue en general considerada retrospec-
tivamente como una concesión de la elite al sentimiento popular
(inflamado desde un comienzo por la propaganda dispuesta por la
misma elite) y una demostración de la particular crueldad de la guerra
"democrática".

EL CASO DEL CONTROL, DE ARMAMENTOS

Si queda confinada a asuntos limitados y bien definidos, una


diplomacia totalmente cooperativa, con lógica lineal, puede coexistir
con conflictos irresolutos y prolongados sobre intereses mayores. Esa
diplomacia puede servir a una o más de las partes para obtener algunas
ventajas, aunque más no sea de propaganda, mediante la canalización
de la continuada rivalidad fuera de senderos que serían indeseables

* Un término de suficiente utilidad como para que valga la pena rescatarlo de las
connotaciones peyorativas derivadas del fiasco de Munich. El apaciguamiento implica
que las causas del conflicto pueden ser identificadas y removidas mediante el bisturí
diplomático, en mutua cooperación; pero es un procedimiento imposible cuando la causa
principal del conflicto es inherente al carácter de la otra parte.
184 RESULTADOS: LA GRAN ESTRATEGIA

para todos. En conflictos territoriales, la mejor expresión de tal coope-


ración ha sido la aceptación recíproca de los Estados tapones, que son
dejados en paz por ambos bandos, aunque uno y otro continúan
tratando de expandirse a expensas del contrincante por dondequiera.
En el contexto del conflicto soviético-norteamericano (una luchabélica,
pero sin guerra), que es principalmente de índole no territorial, el
Tratado de Estados de 1955 que transformó a Austria en un estado
tapón constituye un ejemplo de diplomacia cooperativa, no tan típico
como el tratado de prohibición de ensayos atmosféricos de 1962. Las
energías comprometidas en la competencia nuclear, que es una mani-
festación de la pugna, y además el más importante sustituto de la guerra
no se redujeron, pero la canalización acordada de erradicar los esfuer-
zos competitivos de la atmósfera ha beneficiado a ambas partes .y
también al resto del mundo.
El error oculto a la vera de ese éxito consiste en mal interpretar la
distracción de energías conflictivas como solución parcial del mismo
conflicto, sugiriéndose en consecuencia que una progresión hacia otros
tratados podría significar el fin del conflicto. Así es como a menudo se
interpretan equivocadamente las negociaciones sobre control de arma-
mentos como forma de resolver el antagonismo, mientras que en
realidad sólo afectan a uno de sus síntomas, la rivalidad militar re-
sultante. Por otra parte, puede argüirse que el mismo proceso de
negociación quizá posea efecto tranquilizante.
Como el control de armamentos no restringe el impulso competitivo,
sino que meramente lo distrae, las consecuencias de un acuerdo
limitativo dependen de que aquellos aspectos particulares de las armas
que resultan efectivamente restringidos, y de las nuevas armas a que
se dedicarán los recursos para su desarrollo. Como las primeras son ya
conocidas y no así estas últimas, la prosecución del control de armas se
convierte en un juego de apuestas para cada participante, aunque
favorece sistemáticamente al bando mejor colocado para innovar (ge-
neralmente los Estados Unidos, en el caso soviético-norteamericano).
El desarrollo acelerado de nuevos armamentos provocado por las
prohibiciones acordadas sobre los anteriores, periódicamente generará
nuevas tensiones en la relación conflictiva, especialmente cuando
aparezcan detalles novedosos que perturben los patrones establecidos
de interacción entre ambas fuerzas. Tales "golpes de innovación"
también podrían ser previstos al evaluarse el efecto tranquilizante de
las negociaciones para control de armamentos.
La prosecución de ese control queda condicionada por la lógica
paradójica, si es que realmente se negocian acuerdos efectivos que de
algún modo limitan la competición. (Los acuerdos meramente cosmé-
ticos no son un fenómeno sustancial en sentido estratégico, y por lo
tanto escapan de dicho condicionamiento.) Específicamente, como
EL CAMPO DE LA GRAN ESTRATEGIA 185

ocurre con cualquier otra actividad en el reino de la estrategia, todo


control de armamentos proseguido con firmeza, en su momento debe
hacerse contraproducente después de llegar a un punto culminante, en
este caso alcanzado luego de cierto cúmulo de acuerdos limitativos.
Es el mecanismo de "verificación" -los procedimientos y artefactos
usados para garantizar el cumplimiento de las restricciones negocia-
das- el vehículo (no la causa) de la autoaniquilación del control de
armamentos. Dependiendo de observación satelital, rastreo de radar,
inteligencia de comunicaciones y cosas similares, la verificación es el
sine qua non del control de armamento: lo que no puede verificarse no
puede limitarse; ni todas las armas son fijas y visibles para detectarlas
y contarlas con seguridad, ni todas las formas de performance tienen
tanta transparencia como para evaluarse. Si toda arma existente cuyas
cantidades .y características son verificables resultara restringida por
un acuerdo mutuo, las energías dedicadas al desarrollo y los recursos
productivos serían dirigidos hacia la adquisición de nuevos arma-
mentos que aún estuvieran fuera de control, algunos de ellos fijos como
para ser contados y cuya performance pueda ser evaluada con sensores
remotos; para otros no será tan sencillo. Si las nuevas armas verifica-
bles resultaran a su vez limitadas, se dedicaría mayor esfuerzo hacia
otras más nuevas, algunas de ellas verificables, otras no. Finalmente,
al continuar el proceso y cuando toda arma verificable esté debidamen-
te sujeta a limitaciones efectivas, los recursos de producción y desarrollo
se habrán encaminado de todos modos hacia la adquisición de armas
que por una u otra razón no puedan ser verificadas ni por consiguiente
sujetas a limitaciones. En ese punto, la competencia por los armamen-
tos continuaría su marcha. Pero el control se hubiera terminado, ani-
quilado por su propio éxito, tal como el arma antitanque perfecta que
causaría la desaparición del tanque de los campos de batalla, o el
ejército que avanza tanto que marcha hacia su propia destrucción.
Que la diplomacia del control de armamentos pueda a lo sumo lograr
sólo restricciones específicas sobre armas particulares, no invalida su
prosecución, porque ese es precisamente su propósito declarado. Cier
tamente, el proceso en sí no puede ser acusado por la propen sión cróni-
ca a mal interpretarlo como un dispositivo para la resolución de la
hostilidad fundamental, ni como preludio del desarme. Pero no hay
error más natural para la política interna de los países de gobiernos
consensuales y prósperos, donde la reconciliación de intereses con-
flictivos es el objetivo cotidiano de la política.
Las tensiones entre metas de origen interno que responden al
pensamiento lineal y los aspectos conflictivos de la política internacio-
nal no es una condición universal. Aquellos gobiernos que se guían para
el ejercicio interno de su autoridad por métodos semejantes a los
bélicos, son mucho menos propensos a seguir metas lineales dentro de
186 RESULTADOS: LA GRAN ESTRATEGIA

la escena internacional. Sus líderes no necesitan tener una gran


comprensión intelectual de la lógica paradójica;* sin duda, puede
tratarse de hombres rudimentarios que no piensen en esos términos.
Pero el uso habitual del secreto, el engaño, la intimidación y la violencia
para el control interno, les engendra cierta educación estratégica, ya
que la sucesión de éxitos y fracasos sugiere los contornos de esa lógica.
Así como la política interna consensual inspira un enfoque de lógica
lineal en política exterior, la política interna de control rígido prepara
a sus autores para la lógica del conflicto externo. No indica ello una
predisposición particular para la conducta agresiva. Simplemente,
porque no existe conexión entre el estilo político interno y la propensión
a recurrir a la guerra por propia decisión.
Tal como lo demuestra el registro histórico, las dictaduras pueden
ser impecablemente pacíficas y las democracias cruelmente agresivas.
Era Gran Bretaña cada vez más democrática durante el siglo XIX, pero
cada vez más agresiva para subyugar las extensas regiones australes
de Asia y África; asimismo, su principal rival en la expansión imperial
era Francia, especialmente con posterioridad al advenimiento del
gobierno democrático en 1871. Tampoco es válido invocar al espíritu de
la época para explicarlo: los electorados de ambos países aprobaban con
entusiasmo el uso de la fuerza en ultramar cada vez que surgía opor-
tunidad.
Por consiguiente, no existe la asimetría de intenciones, pero puede
haberla en cuanto a efectividad. Sus consecuencias se ponen de mani-
fiesto en la pugna de los países que buscan la. prosperidad, con
gobiernos consensuales, para contener a gobiernos que propenden al
aumento del poder y deciden aplicar hacia afuera lo que practican
rutinariamente en casa. Los primeros fomentan el mayor ingenio en la
producción, y prevalecen fácilmente en cuanto al progreso científico;
pero en el uso del secreto, el engaño, la intimidación y la violencia,
naturalmente son los gobiernos poseedores de mayor práctica quienes
demuestran mayor habilidad. La lucha puede anular diferencias, y en
la Segunda Guerra Mundial las democracias anglo-norteamericanas
fueron muy superiores, precisamente en el empleo del secreto y del
engaño, hasta el punto de que alemanes y japoneses parecieron casi
ingenuos, en visión retrospectiva.
Pese a todo, para afrontar los aspectos conflictivos de la política
internacional en tiempos de paz, las actitudes de lógica lineal son una
fuente innegable de debilidad, que puede pesar gravemente en el
equilibrio del poder.

* Si bien la dialéctica hegeliana contenida en la doctrina marxista favorece el enfoque


estratégico. Existe una obvia semejanza entre esa dialéctica y la lógica paradójica que
aquí se propone.
CAPÍTULO 13

SUASIÓN ARMADA

No i mporta cómo se los interprete, ya sea a


la luz de metas inapropiadas de lógica lineal o las correspondientes al
conflicto, los resultados que emergen al nivel de gran estrategia son
sólo "definitivos" en el sentido de que marcan el cumplimiento del
proceso interactivo en ambas dimensiones, vertical yhorizontal, cuando
ya todas las otras transacciones exteriores han provocado sus efectos
particulares en los niveles militares. Como la lógica dinámica de la
estrategia no tiene fin, al menos para quienes sobreviven a sus
procesos, todas las conclusiones -incluso la victoria y la derrota
certificadas mediante tratados formales- son solamente resultados
transitorios destinados a modificarse por las reacciones que inmedia-
tamente ellos mismos originan. De acuerdo con esto, los resultados
normales manifestados al nivel de gran estrategia, aquellos de la
"sua Sión armada" en oposición al combate, no pierden importancia por
la ausencia de choques armados: sin duda, la suasión armada es nada
menos que el poder, o más bien esa porción del poder de los Estados que
deriva de su fuerza militar.
A pesar de que este neologismo fue introducido por primera vez
juntamente con el impacto novedoso de las armas nucleares en la
política mundial, la suasión armada es tan vieja como la violencia
misma; no existe capacidad de violencia que no provoque alguna
reacción en aquellos que esperan que se use en su beneficio, ni tampoco
de quienes temen el empleo en su contra. Ya vimos la necesidad de
utilizar el nuevo término para superar la propensión política y cultural
que tanto destaca una sola de sus formas, ocultando el fenómeno
general: la suasión armáda es a la "disuasión" como el poder en general
es al poder defensivo. Una vez introducido el concepto general, ahora
puedo volver al lenguaje llano para describir sus diversas formas;
comencemos diciendo que la disuasión es la forma negativa del poder,
mientras que la persuasión es su forma positiva, y ambas se manifies-
tan cuando los adversarios se sienten compelidos a actuar por obliga-
ción, y los amigos alentados a persistir en la amistad por expectativas
de ayuda militar en época de necesidad.
18 8 RESULTADOS: LA GRAN ESTRATEGIA

Entonces, tanto adversarios como amigos pueden ser persuadidos,


pero solamente los adversarios disuadidos, y siempre por su propio
accionar: la suasión no se halla en la existencia del poder armado, sino
más bien en la respuesta de los demás ante ese poder, en el resultado
de sus decisiones, conformado por sus cálculos y emociones; esas de-
cisiones reflejan su perce )ción del mundo, incluso su propia opinión
ante el poder armado que se despliega ante elles, su previsión sobre la
posibilidad y circunstancias del combate, y su estimación de las ganas
de emplearlo, a favor o en contra. La descripción que se hace de una
fuerza como disuasiva (o presumiblemente "compulsiva"), implicaría
que la acción de disuadir queda satisfecha por su mera existencia;
encierra una confusión entre sujeto y objeto que puede conducir a
peligrosas confusiones. El presunto disuasivo es el objeto pasivo, y
quien se supone que ha de ser influido es el sujeto consciente y_activo,
que puede decidir si quiere o no ser disuadido. (1) La percepción de
poderío militar real o virtual puede originar la suasión. Según la
duración que se prevé para cualquier guerra posible, la capacidad
económica y demográfica de cada nación que se considera disponible
para movilizarse, puede inducir a una suasión anticipada equivalente,
inferior o quizá ninguna. Por ejemplo, la extendida creencia de la
década de 1950 en cuanto a que una guerra soviético-norteamericana
sería nuclear desde el principio y sumamente breve, tuvo el efecto de
socavar la suasión que los Estados Unidos hubieran podido ejercer
gracias a su enorme superioridad en capacidad de movilización in-
dustrial. Desde entonces ocurrieron hechos doblemente irónicos, por-
que la política militar soviética ha incrementado la preparación para
una guerra prolongada y no nuclear,* y la capacidad de movilización
norteamericana ha sido ratificada en una época en que se halla en
erosión acelerada.
En el combate, la fuerza es una realidad objetiva en acción, cuya
única medición válida y sin ambigüedad se halla en los resultados
obtenidos. Sin embargo, con la suasión armada solamente existe la
estimación subjetiva de cierto potencial de combate para los ojos
ajenos, tanto amigos como enemigos. La exactitud de tales estimacio-
nes no pasa a ser simplemente incierta sino verdaderamente indeter-
minada, porque el potencial únicamente puede medirse ante la reali-
dad de la guerra, que quizá nunca ocurra, y en caso de que sí suceda su
resultado recibirá la influencia de todos los factores imprevistos de
tiempo, espacio y circunstancias. Desde ya que suele haber casos
extremos en los cuales las incertidumbres y las indeterminaciones

* Como lo revela la cambiante estructura del ejército soviético, especialmente en la


restauración de formaciones de artillería de escalón superior para tratar de proveer
potencia de fuego costosa pero no nuclear. Ver Apéndice 2.
SUASIóN ARMADA 189

pierden importancia ante una abrumadora superioridad materia}; tal


como si estallara una guerra nuclear entre la Unión Soviética y Albania
(no nuclear), o una guerra naval entre los Estados Unidos y el medite-
rráneo Nepal. Pero los anales de la historia militar muestran irrefu-
tablemente que en cuanto se contemplan casos menos exagerados, que
no sean totalmente absurdos, comienzan a aparecer incertidumbres e
indeterminaciones, mucho antes de lo que cualquier lectura razonable
de las evidencias previas al combate haría suponer. Entonces ocurriría
que si el resultado del combate fuera menos incierto, habría mucho me-
nos combate y muchos más arreglos para evitar esa comprobación. (2)
No hay forma de eludir la indeterminación esencial de la contienda,
pero se han hecho grandes esfuerzos para reducir la incertidumbre. Se
cuentan minuciosamente las cantidades de hombres, armas y pertre-
chos. y se trabaja intensamente para evaluar la calidad de los arma-
mentos y sus elementos de apoyo. Pero todavía permanece gran parte
dentro de lo c+Iesconocido, los factores intangibles como organización,
moral, cohesión y conducción qué pesan mucho más que los materiales,
y sólo pueden conjeturarse; tampoco se garantiza mucho mayor preci-
sión en la evaluación de la aptitud de tácticas, métodos operacionales
y estrategias de teatro en la escena del combate que se imagina, si se
consideran los factores materiales y los intangibles.

DIPLOMACIA, PROPAGANDA Y ENGAÑO

A falta de alguna medición objetiva para el poderío militar que no


llega a ser utilizado, la estrategia sin la guerra es una especie de co-
mercio realizado con tantas monedas corno partes interesadas existen.
Inevitablemente, diferentes valores-algunos muy divergentes-son
asignados a unas mismas fuerzas militares, ,y cumplen importante
función la diplomacia y la propaganda precisamente al manipular esas
evaluaciones subjetivas. En raras oportunidades, tienen como objetivo
devaluar las fuerzas próximas a ser empleadas, para poder lanzarlas
con poderío inesperado, (3) pero más a menudo se trata de provocar
tanta suasión como sea posible. Esto explica por qué un gobierno
invariablemente sigiloso como la Unión Soviética desde hace tiempo ha
decidido montar lucidos despliegues públicos y desfiles en la Plaza Roja
a los que son invitados los agregados militares de las potencias
occidentales y se autorizan las fotografías -para observar flamantes
aviones, tanques, cañones y misiles-, en un país donde normalmente
está prohibido tomar imágenes hasta de estaciones de ferrocarril. Si el
secreto puede frustrar la posibilidad de provocar suasión, y en cambio
una advertencia adecuada sirve para garantirla en su, justa medida,
mucho más puede obtenerse si se recurre a maquinaciones.
190 RESULTADOS: LA GRAN ESTRATEGIA

Así fue que durante la década de 19301a diplomacia de la Italia de


Mussolini resultó considerablemente acrecentada por su postura de
indeclinable belicosidad y por un milagro del poder militar: un ejército
de "ocho millones de bayonetas", cuyos desfiles conformaron vistosos
espectáculos de bersaglieri a la carrera y rugientes columnas motori-
zadas; una fuerza aérea sumamente respetada, en parte por sus
extraordinarios vuelos al Polo Norte y América del Sur; y una armada
que pudo incorporar varios buques impresionantes, porque era míni-
mo el presupuesto que se derrochaba en pruebas de tiro y navegación.
Por medio de una política militar en que la manipulación escenográfi-
ca predominaba sobre las sórdidas necesidades de la preparación bé-
lica, (4) Mussolini sacrificó su verdadero potencial en beneficio de
imágenes enormemente exageradas de su escasa fuerza, pero los re-
sultados de la suasión provocada fueron muy reales: Gran Bretaña y
Francia fueron exitosamente disuadidas de interferir con la conquista
italiana de Etiopía, con su intervención en España y en el sometimiento
de Albania; y nadie osó oponerse a la demanda para que Italia fuera
aceptada como Gran Potencia cuyas intereses debían ajustarse alguna
vez en forma concreta (como las licencias obtenidas por bancos italianos
en Bulgaria, Hungría, Rumania y Yugoslavia). Sólo la decisión de
último minuto de Mussolini de entrar en la guerra en junio de 1940
-cuando su habitual prudencia fue superada por la irresistible tenta-
ción de compartir el botín del colapso francés- terminó con varios años
de exitoso engaño (y autoengaño).
Lo que hizo Mussolini, y muchos otros antes que él, fue también
repetida desde entonces, siendo el egipcio Nasser su más cercano imi-
tador, y Kruschef un profesional más exitoso durante los años de la
brecha misilística. Según sabemos ahora, el presunto gran poderío
soviético entre 1955 y 1962, en primer término en bombarderos, y luego
en "cohetes atómicos" consistió en unos pocos aviones, y posteriormente
apenas un puñado de misiles enormes e ineficientes que difícilmente
podían apuntarse; pero con un discurso cuidadosamente orquestado, y
la imagen espectacular de la exploración pionera del espacio, que fue
también manipulada para amplificar algunos logros muy reales. (5)
Mas así son las cosas de la suasión armada: cuando no se manifiesta la
verdad objetiva mediante la acción, sino a través de una multitud de
impresiones a partir de las cuales hay que deducirla según se pueda, el
margen de error es muy grande, y también el engaño.

VOLUNTAD NACIONAL

Como el poder militar no sirve para disuadir ni persuadir, salvo que


se vislumbre la posibilidad de su empleo, el gran sujeto de la especu-
SUASIóN ARMADA 191

lación metapolítica, la "voluntad" de líderes y naciones, queda reducida


a simple problema matemático en el fenómeno de la suasión: además
de muchas otras consecuencias, el efecto que las fuerzas armadas
inducen en otros depende del poderío percibido multiplicado por la
voluntad percibida de su utilización; si se carece de esa voluntad, ni
siquiera las fuerzas más poderosas cuya capacidad sea totalmente
reconocida podrán disuadir o persuadir de manera alguna. El signifi-
cado de este asunto para naciones que se presentan como pacifistas a
ultranza hacia el mundo exterior, es muy claro: poco esperan obtener
por vía de la suasión de sus propias fuerzas. Suecia, por ejemplo, pese
a ser una potencia militar considerable desde el punto de vista europeo,
no ha sido capaz de disuadir a los submarinos soviéticos que violaron
sus aguas territoriales en años recientes. Al menos desde la estrecha
óptica de la suasión, una política demostrativa pacifista puede resultar
demasiado exitosa.
Pero son muy pocos los países satisfechos de desplegar una suscep-
tible belicosidad para maximizar su potencial para la suasión a expen-
sas de sus demás prioridades. El resto, la vasta mayoría de países que
no desean la paz a cualquier costo ni la guerra ante la primera ocasión
favorable, se enfrentan con uno de los típicos dilemas de la estrategia,
la otra cara de la moneda paradójica; para proteger sus intereses sin
recurrir al empleo efectivo de la fuerza, deben mantener cierta reputa-
ción violenta, si es que pretenden persuadir o disuadir mediante el
poder de las armas; pero ésta no es la clase de reputación que les gusta
exhibir a aquellos más cuidadosos en evitar la guerra, ni a quienes
están en condiciones de sostenerla. Con cierta frecuencia, los impera-
tivos políticos internos y las urgencias derivadas de sentimientos
reñidos con lo estratégico e imágenes de sí mismo socavan profunda-
mente el potencial suasorio, pero no necesariamente sin efectos concre-
tos. En su forma usual, el dilema presenta dos caras como Jano; se
proclama por un lado absoluta dedicación a la paz, descartándose
totalmente la agresión, y por el otro se demuestra una gran capacidad
de respuesta en caso de ser atacado. Esta simple fórmula resulta válida
para países que sólo tienen que protegerse a sí mismos, pero no tanto
para las grandes potencias, que precisamente lo son porque también
protegen a otros. En cambio, son presas del dilema y deben mantener
una postura declaratoria perfectamente ajustada para garantizar un
delicado equilibrio entre una tranquilizadora actitud pacífica, y otra
que precisamente tranquiliza porque no es completamente pacífica.
En las alianzas multilaterales, este esfuerzo para evitar la necesi-
dad de aplicar la fuerza merced a los resultados de la suasión se halla
en crisis perpetua, con algunos aliados marginales contemplando la
separación porque les espanta la belicosidad excesiva, mientras otros
se encuentran en idéntica situación por razones exactamente opuestas.
192 RESULTADOS: LA GRAN ESTRATEGIA

En última instancia, según la paradoja habitual, aquellos considerados


con mayor deseo de emplear la fuerza soti quienes tendrían menor
probabilidad de utilizarla; indudablemente, allí reside el secreto de los
imperios militares, cuyas muy extendidas intrusiones sobre otras
naciones podían únicamente tener como consecuencia una guerra
endémica en todos los frentes; de no haber sido por el ahínco con que sus
deseos resultaron satisfechos sin lucha.
Son bastante raros los intentos francos para inducir a la suasión
positiva o negativa, mediante demandas declaradas y expresos recha-
zos a tolerar esto o aquello, porque la suasión latente es el fenómeno
generalizado. En verdad, la suasión que produce silenciosamente la
percibida existencia del poder armado es el principal resguardo del
orden mundial, justamente del mismo modo que en última instancia la
existencia de tribunales y policías protege la propiedad privada. Ese
efecto continuo y tan discreto no es sólo indirecto, sino que además
puede ser inconsciente. Las fuerzas armadas son usualmente mante-
nidas para preservar la continuidad institucional ante una posible
contienda futura, para la represión interna, y hasta con fines tradicio-
nales,°pero muy raramente con el propósito deliberado de suasión. (6)

LA LÓGICA PARADÓJICA EN LA SUASIÓN


Sea o no intención consciente, la suasión armada funciona si hay
países que ven al poder militar de otros como tranquilizante y se
persuaden a sí mi smos de corresponderles en alguna forma, o si existen
adversarios que lo consideran una amenaza y por lo tanto son disuadi-
dos de cometer algún acto hostil. Como fenómeno conflictivo --cuya
existencia deriva enteramente de la posibilidad de guerra, aunque sea
mínima-, la suasión armada está condicionada por la lógica paradó-
jica, y tan pronto como aparece en mentes y obras ajenas, queda
desplazada la lógica lineal. Así como las acciones bélicas conducen a
reacciones que inician la secuencia lógica particular de la estrategia,
también la suasión armada produce además de las respuestas desea-
das, algunas reacciones desconcertantes, y para nada interesa si la
suasión es inducida espontáneamente por un reflejo imaginario del
poderío militar destinado a otros propósitos.
Al excluirse -l a lógica lineal e incluirse la lógica paradójica, ocurre el
resultado usual. Desde el punto de vista estático, más puede ser menos
y viceversa, como sucede comúnmente en el caso de la amenaza menos
destructiva, que suele producir mayor suasión porque una acción
menos catastrófica parece más plausible. Por otra parte, en términos
dinámicos encontramos nuevamente la conjunción de los opuestos que
puede alcanzar el punto de la reversión total. Cuanto mayor efectividad
SUASIóN ARMADA 193

consigue un esfuerzo disuasorio en el logro de su objetivo, es más


probable que sea evitado o directamente atacado por el frustrado
agresor potencial: si la Unión Soviética no hubiera sido disuadida con
tanto éxito en el período inicial de posguerra de emplear la fuerza en
Europa Oriental, no hubiera colaborado tanto con la subversión. Aún
hoy, de no haber sido tan bien disuadida por la Alianza en Europa, se
hubiera aventurado en menor grado por el Tercer Mundo.
En general, ya hemos visto cómo la disuasión nuclear ha sido
eludida a escala global, por medio de todas las indirectas y negables
formas de agresión, tanto cuasipolíticas como paramilitares, tanto
incruentas como asimismo muy encarnizadas. Mientras que ambas
superpotencias se han disuadido recíprocamente de recurrir a en-
frentamientos directos por la presencia de armas nucleares, su hosti-
lidad ha encontrado una salida en las guerras libradas por sus aliados,
clientes y agentes de transición. Por consiguiente, la contrapartida de
la paz sin precedentes de las grandes potencias ha sido la gravedad sin
precedentes de las guerras entre potencias menores. (7) Ya no hay
refriegas esporádicas donde se emplean armas de segunda mano, sino
combates subrogados muy intensos, como las guerras árabe-israelíes
posteriores a 1967, donde han aparecido en forma creciente armas de
primera calidad; también los interminables conflictos de desgaste,
como en Kampuchea y la guerra iraní-iraquí. Así que el triunfo de la
disuasión nuclear se manifiesta paradójicamente en la violencia no
nuclear, que aparentemente no hay manera de disuadir.

El ataque de segundo golpe como solución paradójica


El ataque del imperio japonés contra la flota de los Estados Unidós
que se hallaba estacionada en Pearl Harbor a partir de mayo de 1940
incorporó la confluencia del éxito y el fracaso en la suasión. Si la
presencia de la flota en esa base avanzada hubiera revestido menor
efectividad en su intención disuasoria de la invasión japonesa a Malaya
británica e Indias Orientales Holandesas, no se las hubiera atacado. (8)
Naturalmente, el ataque produjo una impresión profunda y perdura-
ble, pese a que no se consideró como "lección" de Pearl Harbor que a los
antagonistas no debe privárseles de toda opción que no sea la guerra,
como le ocurrió a Japón después del embargo comercial de abril de 1941
que esencialmente cortó su abastecimiento de petróleo, a menos que se
quiera comenzar las hostilidades y se esté preparado para ello; si bien
no se vio ninguna "lección" en la negativa de los Estados Unidos a
declarar la guerra para oponerse a las conquistas de Alemania o Japón
que sometieron a la mayoría de Europa y gran parte de China, hasta
que el gabinete de Tojo tomó esa decisión en perjuicio de Norteamérica.
19 4 RESULTADOS: LA GRAN ESTRATEGIA

Lo que se aprendió de la experiencia fue que una fuerza armada que


es tan amenazante como para disuadir de atacar a otros blancos,
evidentemente invita a que se la ataque a ella misma, a menos que su
potencia residual posataque sea evaluada por los presuntos agresores
como de magnitud considerable, y así se vean disuadidos. De allí se
desprende el concepto de "capacidad de segundo golpe", que ha jugado
un gran papel en la conformación de la política militar norteamericana
para la construcción y el despliegue de armas nucleares. (9) Su
percepción consiste en que únicamente el poderío de posataque puede
emplearse en forma segura para ejercer amenaza, porque el poderío de
preataque genera provocación en lugar de suasión. La consecuencia
práctica ha sido la protección físicay la abundante multiplicación de las
armas nucleares y de sus medios de control, para conseguir la supervi-
vencia de una cantidad importante en caso de ataque generalizado.

Pautas de la suasión

Además de sus efectos cotidianos, silentes, difusos y casi siempre


oscuros, la suasión armada también ha tenido victorias rotundas y
fracasos estrepitosos, cuyas consecuencias podrían resultar idénticas
que en las guerras, una vez reparado lo destruido y enterrados los
muertos. Los romanos tuvieron que combatir durante dos siglos para
subyugar África del Norte y la totalidad de Iberia, mientras que su
dominio de las comarcas helenas se obtuvo mediante pocas batallas y
mucha intimidación. (10) En forma semejante, Hitler ganó Checoslo-
vaquia sin pelear, enteramente por suasión armada, mas los alemanes
se vieron obligados a invadir Polonia. Pero aparte del daño infligido en
el proceso, en última instancia no hubo mayor diferencia, porque
ambas naciones permanecieron cautivas. En otra vertiente, podemos
notar la equivalencia entre los resultados de la exitosa defensa de
Corea en la contienda de 1950-1952, y la protección igualmente exitosa
pero mucho menos costosa durante los años transcurridos desde en-
tonces, mediante suasión armada. El ejemplo coreano es especialmente
instructivo, no porque tipifique el funcionamiento de la disuasión, sino
precisamente porque no lo hace: en el contexto coreano, el punto de
vista distorsionado y casi mecánico de la disuasión como acción de uno
mismo, en lugar de respuesta política intencional, no es tan mal in-
terpretadacomo resulta usual, de modo que la magnitud de la distorsión
habitual queda totalmente en descubierto.
En primer lugar, la percepción del peligro que emana de Corea del
Norte no es una amenaza teórica, derivada de cómputos del potencial
militar enemigo bajo premisas seleccionadas y sutiles conjeturas, tales
como las hipotéticas circunstancias en que una hipotética conducción
SUASIóN ARMADA 195

política podría decidirse a atacar. Empero, el peligro se manifiesta en


forma física inmediata: gran parte del enorme ejército norcoreano está
desplegado muy cerca de la frontera, visiblemente listo a atacar.
Respecto a la intención invasora de los jerarcas norcoreanos, como han
declarado a menudo a través de los años, confirmándolo persuasivamente
mediante preparativos reales de invasión (incluso cavando túneles por
debajo de la línea desmilitarizada), ataques de fuerzas especiales, y
reiterados atentados para asesinar funcionarios surcoreanos, (11)
forma de guerra que aun los Estados árabes e Israel han evitado
constantemente, a pesar de otros excesos. Además, el punto de vista
surcoreano sobre la amenaza no es una construcción mental egocéntri-
ca impuesta para controlar energías hostiles que podrían dirigirse en
otras direcciones. Nada más que por razones geográficas, las fuerzas
norcoreanas sólo podrían combatir en gran escala hacia el sur, y no
satisfacen ningún otro propósito exterior.
Así que la amenaza norcoreana puede realmente describirse con
precisión por esa palabra, porque es continua y sólo puede dirigirse
hacia una dirección específica, tal como siempre lo supone la perspec-
tiva mecánica de la disuasión, y es tan raro que se dé el caso. Desde va
que normalmente no hay un peligro continuo, sino una posibilidad que
podría materializarse en las hipotéticas circunstancias de una severa
crisis; no existe definición en cuanto aforma, intensidad o dirección, así
que tampoco habría una réplica claramente apropiada; por lo tanto, se
planifica sobre la base de amenazas teóricas que a veces corresponden
a casos límites. (12)
En el caso coreano, hay otro aspecto en que la disuasión resulta
inusual. Pese a que persiste la posibilidad del bombardeo, incluso con
armas nucleares, para imponerle un castigo a Corea del Norte después
del hecho, lo que realmente disuade la invasión es la posibilidad de una
defensa exitosa de Corea del Sur. Todo potencial defensivo tiene in-
herente un elemento de disuasión por negación, al contrario de la
disuasión por castigo (o "represalia"), así como existe en forma inhe-
rente un elemento de persuasión en el potencial ofensivo. Pero ambos
modos de intención disuasiva se diferencian en principio, y ello puede
reflejarse en la composición detallada de las fuerzas.
-- Una política de disuasión mediante negación parece a primera vista
siempre preferible a la alternativa de disuasión por castigo, no sólo
para el caso particular de Corea, sino como cuestión de principio.
También es aplicable para la Alianza en Europa, que por ahora confía
en una combinación de la negación que ejercen inicialmente las fuerzas
frontales y luego las armas nucleares del campo de batalla, y el castigo
infligido por las fuerzas nucleares de largo alcance norteamericanas,
británicas, e implícitamente francesas. En forma semejante, una po-
lítica de disuasión no nuclear por negación parece aún más claramente
19 6 RESULTADOS: LA GRAN ESTRATEGIA

preferible en principio a la disuasión por castigo nuclear. Sin duda, tal


es la meta de las diversas propuestas de defensa no nuclear de la
Alianza que hemos examinado.
En primer lugar, bajo una política disuasoria por negación todos los
recursos militares disponibles pueden emplearse para proveer la
defensa más efectiva contra la invasión. Si esos preparativos disuaden
de intentarla, tanto mejor; de lo contrario, todavía se puede resistir la
invasión físicamente con plena fuerza. En otras palabras, ningún
recurso militar tiene que distraerse del esfuerzo defensivo para man-
tener fuerzas de represalia, quizá de gran capacidad destructiva pero
de escaso valor para resistir físicamente a fuerzas enemigas que
avanzan (aunque sirven para castigar a quienes las enviaron).
Segundo, la disuasión por negación no necesita confiar en el tenue
cálculo psicológico que constituye el mecanismo esencial de la disua-
sión por castigo. En su formulación clásica, para lograr disuadir el
castigo debe ser verídico y capaz de infligir "daño inaceptable";:'Aparte
de sus requisitos físicos, o sea la aptitud para replicar después de un
ataque, la certeza del castigo implica también una inversión peculiar,
e indudablemente paradójica, en las características habituales de
víctimas y agresores. La víctima tiene que proclamar su decisión,de
atacar con el máximo poder destructivo, y como se espera la correspon-
diente represalia, debe actuar realmente con temeridad, casi de mane-
ra autodestructiva, para lograr disuadir. En cambio, el agresor tiene
que mostrarse prudente para ser disuadido, y de ningún modo debe ser
autodestructivo. En el caso de la Alianza Europea, un conjunto de
países democráticos a la defensiva, la simulación de una personalidad
colectiva temeraria es especialmente dudosa, y sus miembros nu-
cleares individuales no se hallan mucho mejor situados al respecto.
Además, la formulación clásica deja abierta la cuestión de qué y
cuánto daño será considerado inaceptable, y por quién. Los blancos de
una fracasada defensa por negación son obvios: las fuerzas invasoras
que deben ser derrotadas en la batalla. Pero ¿cuál es el blanco apropia-
do para el castigo? Los más fáciles son las ciudades, que pueden
atacarse con fuerzas mínimas, elementales e imprecisas. Sin embargo,
ello significa matar civiles inocentes/cosa especialmente difícil en el
caso de la confrontación de la Alianza con una dictadura burocrática a
la que no haría ninguna falta la aprobación popular de una invasión.
La industria en general tiene alguna relevancia militar si la guerra es
prolongada. Asimismo, ofrece blancos que demandan apenas un poco
más de precisión y cantidad de armas que las ciudades. Pero a los
efectos prácticos, también el ataque a industrias normalmente signi-
fica el ataque a la población, porque los blancos serán áreas específi-
cas, más que plantas individuales. Luego se hallan las instalaciones,
fuerzas y bases militares, que resultan menos inocentes y más rele-
SUASIÓN ARMADA 197

vantes para la invasión en marcha, pero asimismo mucho más dificiles,


exigentes, hasta el punto de que podría ser imposible diferenciar entre
una fuerza de castigo y otra con la misión de efectuar un primer golpe.
Finalmente, se encuentra la misma conducción nacional, o sea la suma
de las sedes políticas y militares, los centros de comando y de comuni-
caciones. Esos blancos no son inocentes, y no sería muy complicado
mantener fuerzas de castigo con la precisión requerida para la tarea,
que no tendrían que ser demasiado numerosas para un primer golpe.
No obstante, si la conducción es atacada, no hay posibilidades de
negociar el término de la guerra. En realidad, no se cumplirían los
propósitos de la estrategia, porque presumiblemente se disiparía la
moderación remanente una vez que se ataque en forma directa a
quienes tendrían que ejercerla.
Surge entonces la cuestión de la magnitud del castigo. Hemos visto
que debe ser suficientemente grande para que resulte inaceptable, pero
¿cuánto significa eso y para quién? Próximo al fin, Hitler declaró que
la destrucción de la nación alemana era aceptable y hasta deseable,
porque los germanos se habían mostrado decadentes al fallarle en
ganar la guerra. Stalin nunca llegó basta el borde de la autodestruc-
ción, pero no sólo consideraba aceptable la muerte de varios millones
de sus compatriotas, sino que buscó deliberadamente ese resultado. En
forma semejante, Mao aprobó la matanza de decenas de millones, mas
no en guerra como Stalin sino con posterioridad a ella, así que esos
millones de chinos muertos por poseer media hectárea siguieron con
pocos años de diferencia a muchos otros matados en guerra por el
simple hecho de ser chinos. Hitler, Stalin y Mao han tenido sus
respectivos imitadores en África, y recientemente, Pol Pot de Camboya
fue digno émulo de los tres.
Entonces ¿cuál es la amenaza que excede el límite de lo aceptable?
Aquí la paradoja resulta vital, y no es sencillo descartarla: son precisa-
mente los Hitler, los Stalin, los Mao y los Pol Pot quienes deben ser
disuadidos, no almas tiernas que de cualquier manera encontrarán
inconcebible la agresión; y tal clase de hombres es la única a la que
podría resultarle aceptable pagar un precio terrible por su aventura,
mientras que su propio poder sobreviva, y acaso si tampoco ocurre.
Como los moderados quedan totalmente excluidos de esta considera-
ción, Hitler, Stalin, Mao y Pol Pot no son casos poco representativos que
pueden pasarse por alto. Tipifican a los personajes que deben ser
disuadidos, y resulta claro que solamente el ataque contra blancos de
la conducción nacional les resultará inaceptable. Pero si se ataca a los
jefes, como vimos, se anula toda esperanza realista de disuasión para
detener una guerra antes que su destrucción exceda todo límite.
En cuanto a líderes y grupos gobernantes menos sanguinarios, para
quienes, por ejemplo, la destrucción de algunas de sus ciudades sería
19 8 RESULTADOS: LA GRAN ESTRATEGIA

inaceptable en circunstancias normales, puede que tampoco se disua-


dan por ese castigo en el curso de una crisis intensa. La prudencia
puede socavarse por la misma dinámica del proceso de compromiso,
cuando cada bando maniobra hacia posiciones desde las cuales la
retirada es emocionalmente dificultosa y políticamente peligrosa. Las
crisis son raras, especialmente aquellas con gran contenido emocio-
nal,* pero hay que repetir que la disuasión no se requiere para épocas
de normalidad, sino precisamente para tiempos anómalos en que aún
dirigentes bastante razonables pueden actuar irrazonablemente.
Contra todos los graves defectos de la disuasión nuclear por castigo;
la disuasión no nuclear por negación tiene una deficiencia: fracasa, o
mejor dicho ha fracasado a menudo y puede fracasar nuevamente,
simplemente porque el agresor llega a la conclusión, correcta o errónea,
de que puede ganar. Por supuesto que también puede perder, pero para
ello se hace necesario pelear y sufrir una guerra, que la disuasión por
castigo pudo evitar, aunque a riesgo de una falla catastrófica.

DISUASIÓN NUCLEAR EN EUROPA


En Corea, la demografía y la geografía facilitan la defensa en un
frente estrecho muy sólido. Pero en el caso de Europa la relación de
fuerzas terrestres no resulta favorable a la defensa, y las ventajas del
campo de batalla y del poder aéreo no son suficientes para compensar
el déficit, si se incluyen las defensas aéreas soviéticas en la evaluación.
Aunque la Alianza incrementara notablemente sus fuerzas, todavía
estaría en desventaja al nivel estratégico del teatro, como vimos,
porque debe proveer defensa adelantada en todo el territorio mientras
que los soviéticos pueden concentrar su ofensiva sobre sectores angos-
tos del frente de su propia elección. Si se abandonara la defensa
adelantada (paso que fracturaría la Alianza) y mejorara sustancial-
mente la relación de fuerzas, la disuasión no nuclear por negación
podría todavía fracasar ante una evaluación diferente por parte de la
conducción política y militar enemiga. Como lo han hecho otros antes
que ellos, los jerarcas soviéticos podrían creer que un ataque sorpresivo
bien preparado derrotaría a fuerzas aliadas superiores a las actuales,
y quizá tuvieran razón.

* Las crisis del período de posguerra que involucraron a los Estados Un¡ dos y tuvieron
suficiente gravedad como para plantear consideraciones nucleares, fueron las siguien-
tes: Irán (1946), Berlín (1948), Corea (1951), Corea (1953), Quemoy-Matsu (1954),
Indochina (1954), Suez (1956), Quemoy-Matsu (1958), Berlín (1959), Berlín (1961), Cuba
(1962), Pueblo/Corea (1968), India/Paquistán (1971), Yom Ki ppur (1973). De todas ellas,
únicamente las tres crisis de Berlín y la crisis de los misiles en Cuba entran sin
ambigüedades en esta categoría.
SUASIóN ARMADA 199

Si la disuasión por negación es tan poco confiable, y la disuasión por


castigo está plagada de desconcertantes incertidumbres, no resulta
asombroso que la Alianza haya intentado desde 1967 combinar ambas
formas de disuasión. En realidad, se apoya en una combinación de
medios: fuerzas frontales no nucleares e inadecuadas, un complemento
bastante vulnerable de armas nucleares del campo de batalla (también
con propósitos disuasivos por negación), un dispositivo de fuerzas
nucleares de alcance limitado al teatro y asimismo bastante vulnera-
bles, y las fuerzas nucleares norteamericanas de gran alcance, sin du-
da enormes y mucho menos vulnerables que las demás, pero sin la
certeza de que serán utilizadas en beneficio de Europa.
Lo que parece un cúmulo de insuficiencias es congruente con la
lógica paradójica. Precisamente porque las defensas frontales no nu-
cleares son inadecuadas resulta creíble el emt)leo de armas nucleares
del campo de batalla. En el curso de un combate desesperadamente
perdido, con las columnas invasoras quebrando después de varios días
de lucha la denodada resistencia, es plausible el disparo de artillería
nuclear y de misiles nucleares de corto alcance. En cambio, si fuerzas
de defensa frontal más poderosas pudieran contener a la oleada inicial
de invasión, dando lugar a una pausa deliberativa, los gobiernos
aliados probablemente no serían capaces de resistir la oposición al uso
de armas nucleares, aunque el arribo pendiente deformaciones sovié-
ticas del segundo escalón lo haga necesario. Por otra parte, si las
fuerzas no nucleares de defensa frontal se robustecieran mucho más de
los que son, haciendo innecesario el empleo de armas nucleares, la
Unión Soviética dejaría de planificar para obtener una rápida victoria
no nuclear y se revertiría a la estrategia de la década de 1960, basada
en el uso prematuro de sus propias armas nucleares del campo de
batalla para abrir brechas en el frente.
Por lo tanto, en la misma forma paradójica usual, si el poderío de las
fuerzas no nucleares de la Alianza se incrementara más allá del punto
culminante de una defensa que puede detener intrusiones y a una
ofensiva que no comprometa a la totalidad de los efectivos, el resultado
sería la debilitación de la disuasión, al reducir la credibilidad del
empleo de las armas nucleares del campo de batalla. Entonces, si la
potencia de las fuerzas no nucleares es incrementada hasta niveles
mucho mayores para resolver el problema sin necesidad de utilizar
armas nucleares, no será ése el resultado, sino que por el contrario se
asegurará su uso, pero por iniciativa soviética. Por supuesto que la
Unión Soviética tendrá mucho que perder en el proceso, particular-
mente la posibilidad de obtener una clara victoria no nuclear, pero ello
sólo adquiere significado si se cree que podría atacar a la Alianza luego
de una cuidadosa evaluación, y no presa de la desesperación. Entonces,
es posible que el rechazo de los gobiernos aliados para mantener
200 RESULTADOS: LA GRAN ESTRATEGIA

mayores fuerzas no nucleares refleje cierta conciencia, si bien poco


sistemática, de la lógica paradójica de la estrategia, y no responda
meramente a consideraciones económicas; de nuevo, más puede ser
menos.
En forma serlejante, la vulnerabilidad de los misiles con alcance
dentro del teatro y de los aviones de ataque nuclear de la Alianza no es
necesariamente una desventaja; tampoco lo es su limitado alcance, que
no llega muy lejos dentro de la Unión Soviética. Como están las cosas,
las armas nucleares aliadas en el teatro representan la amenaza del
castigo, lo que significa disuadir los ataques nucleares contra bases
aéreas, puertos de entrada, centros de comando y otros blancos milita-
res, incluyendo armas nucleares del campo de batalla. Pero ellas no
llegan a las ciudades soviéticas en la forma en que sus contrapartes
alcanzan a toda ciudad europea. Además, en una etapa de la guerra tan
grave que el enemigo amenace a las ciudades para lograr que la Alianza
no emplee sus propias armas nucleares para resistir la invasión, esa
amenaza de última instancia no podría resultar negada por la amenaza
recíproca de ataques aliados contra ciudades soviéticas sin gran riesgo
de precipitar un primer golpe contra las mismas armas nucleares del
teatro.
Solamente las armas nucleares intercontinentales norteamerica-
nas pueden representar una amenaza recíproca totalmente persuasi-
va, porque poseen alcance, protección y abundancia como para destruir
todas las ciudades soviéticas aun después de absorber el pleno impacto
del primer golpe. Es precisamente esta amenaza recíproca lo que
especificamente conforma la esencia de la garantía nuclear de los
Estados Unidos a sus aliados europeos: las ciudades norteamericanas
corren riesgos ante la amenaza a las ciudades soviéticas, para disuadir
a las amenazas soviéticas contra las ciudades europeas, lo que a su vez
sirve para disuadir el uso de las armas nucleares de la Alianza contra
un ejército invasor.
Por consiguiente, el regateo fundamental que sostiene la Alianza es
el intercambio de la promesa europea de resistir la intimidación militar
soviética en tiempo de paz, y oponerse a la invasión en tiempo de
guerra, a cambio de la promesa norteamericana de compartir el riesgo
de guerra nuclear en caso que los ataques nucleares excedan el marco
del campo de batalla. Las armas nucleares aliadas del teatro tienen
capacidad para extender la guerra nuclear hasta la Unión Soviética,
pero no son suficientes para contrarrestar toda amenaza nuclear
contra Europa. En consecuencia, hay simultáneamente un poderío y
una debilidad que sostienen la conexión de la supervivencia norte-
americana y europea. Si las fuerzas nucleares del teatro fueran mucho
más fuertes y autosuficientes, ello debilitaría el lazo de la Alianza. Más
sería menos, como manda la paradoja.
SUASIÓN ARMADA 201

SUASIÓN NUCLEAR ASIMÉTRICA

Tal como lo revela por implicancia el inusual caso de Corea, en la


mayoría de las circunstancias la disuasión no es más que la aplicación
mecánica de lafuerza militar potencial contra una amenaza vigente de
ataque. En muchas ocasiones en que se dice que se obtiene disuasión,
no hay una amenaza actual que sea evitada, sino apenas una posibili-
dad, quizá remota, de que se concrete alguna vez. Por cierto que éste es
el caso del eje central del equilibrio mundial del poder militar, el
esfuerzo recíproco de suasión nuclear entre la Unión Soviética y los
Estados Unidos.
Imágenes tales como "dos escorpiones en una botella", de Oppen-
heimer, y el verdadero concepto del "equilibrio del terror" implican
amenazas simétricas para las respectivas poblaciones, mas en realidad
predomina la asimetría. Para la Unión Soviética, la amenaza de un
ataque nuclear norteamericano o de la Alianza contra blancos tales
como bases militares se convertiría realmente en un peligro en caso de
un previo ataque soviético, quizá no nuclear pero de todos modos
irresistible sin recurrir a esas armas, y dirigido contra intereses que los
Estados Unidos no estén dispuestos a sacrificar. Una invasión de
Europa constituye el ejemplo más notorio, y una ofensiva a través de
Irán hacia el Golfo Pérsico ha sido citada como posibilidad. Por otra
parte, para los Estados Unidos la amenaza de un ataque nuclear so-
viético contra blancos militares se convertiría en peligro sólamente en
caso de un previo ataque nuclear norteamericano contra blancos so-
viéticos tales como bases militares, en el contexto de una derrota
inminente en Europa o en algún teatro de guerra de ultramar.
Sería recién en una segunda, etapa que los ataques nucleares contra
ciudades se convertirían en peligro inminente, con localidades norte-
americanas y europeas bajo amenaza soviética para disuadir a los
Estados Unidos y sus aliados de lanzar más ataques nucleares (no
contra ciudades), y las ciudades soviéticas amenazadas por los Estados
Unidos para afirmar esa misma respuesta nuclear pero no dirigida a
ciudades. Entonces, la asimetría fundamental en fuerzas no nucleares
rige el intercambio de amenazas nucleares implícitas, paso a paso. A
causa de su debilidad no nuclear, la Alianza y los Estados Unidos que
se encuentran a la defensiva, deben ser los primeros en plantear
amenazas nucleares, aunque no contra ciudades. A su vez y por esta
misma causa, la Unión Soviética, a pesar de dedicarse a la acumulación
de potencia militar de empleo operacional, ha de ser la primera en
amenazar con ataques nucleares contra ciudades norteamericanas y
de la Alianza.
La secuencia esquematizada hasta aquí no se refiere explícitamente
a la etapa intermedia de amenazas recíprocas "contra fuerzas", que es
20 2 RESULTADOS: LA GRAN ESTRATEGIA

en realidad el motor de la competición nuclear norteamericano-sovié-


tica. Porque la mayoría de las armas nucleares de cada uno están
apuntadas a las del otro, y para esta función se producen los misiles
más precisos y las cabezas más grandes. Pero tampoco existe simetría,
y la rivalidad no es estimulada por insensatos deseos de supremacía,
sino por motivos más importantes. El propósito principal de la amena-
za soviética contra fuerzas nucleares norteamericanas, especialmente
contra misiles de alcance intercontinental, es disuadir de su uso
selectivo (en respuesta a una invasión no nuclear soviética o de ataques
nucleares contra blancos militares en ultramar), amenazando su des-
trucción masiva si llega a ser empleada alguna de ellas. De esta forma,
la Unión Soviética busca la negación de toda flexibilidad en el uso de
fuerzas nucleares norteamericanas de alcance intercontinental, eli-
minando en consecuencia su utilidad, excepto para autodefensa.
( Ningún ataque contra fuerzas soviéticas podría privar a los Estados
Unidos de un residuo posible de armas en buen estado de funciona-
miento ampliamente suficiente para destruir ciudades.) El propósito
principal de la amenaza norteamericana contra armas nucleares
soviéticas de alcance intercontinental es precisamente afirmar su uso
selectivo, amenazando con neutralizar los ataques contra fuerzas al
destruir a su vez las armas soviéticas.
Así es como se desarrolla principalmente la competición nuclear,
teniendo en cuenta la libertad de acción de los Estados Unidos para
emplear algunas armas nucleares en forma selectiva y no contra
ciudades. De no haber sido por los requerimientos de designación de
blancos contra fuerzas del otro bando, las capacidades nucleares
intercontinentales de ambas superpotencias posiblemente no hubie-
ran crecido tanto, ya que en la actualidad poseen casi veinte mil cabezas
entre las dos. (13) Porque si las mismas armas nucleares fueran
eliminadas de las listas de blancos, sencillamente no quedarían blan-
cos que valieran la pena para la mayoría de las bombas y misiles
intercontinentales hoy disponibles.
Así que parecería existir una solución sencilla y unilateral por parte
de los Estados Unidos en la carrera armamentista: renunciar al uso de
armas nucleares intercontinentales excepto en caso de previo ataque
soviético contra su territorio, y entonces utilizarlas contra ciudades. Al
declarar esa política, los norteamericanos podrían proceder directa-
mente a eliminar unilateralmente sus armas intercontinentales hasta
una mera fracción de sus existencias actuales, o sea la cantidad re-
querida para lanzar un segundo golpe contra ciudades. Tomando en
cuenta a lo sumo cincuenta ciudades, dejando un margen saludable
para un posible ataque prematuro de los soviéticos y para fallas
técnicas, harían falta algo así como quinientas cabezas nucleares,
distribuidas para mayor seguridad entre bombarderos y misiles, de
crucero y balísticos, basados en tierra .y en el mar. De este modo, una
SUASIÓN ARMADA 203

política norteamericana de "renuncia al primer uso" podría reparar


rápidamente las consecuencias de varias décadas de acumulación; más
de diez mil armas intercontinentales serían desmanteladas, excepto
unas quinientas. Y sin que se requiriera un acuerdo negociado, la
mayoría de las armas soviéticas serían a su vez desmanteladas oportu-
namente, o simplemente no se las reemplazarían al deteriorarse,
porque ya no tendrían blancos rentables. (14)
Lo que impide esta fácil solución es la misma estructura del equi-
librio militar, en la cual es únicamente la amenaza asimétrica norte-
americana de usar armas nucleares en forma selectiva como réplica de
un ataque soviético aunque no sea nuclear, lo que enlaza el poderío
nuclear con el no nuclear, permitiendo que el primero compense la
debilidad del último. Es asimismo esa amenaza de uso selectivo en
respuesta a un golpe soviético, aun contra blancos no norteamericanos,
lo que engloba la conexión voluntaria entre los Estados Unidos y sus
aliados europeos, anulando la proximidad natural y territorial con la
Unión Soviética, que de otro modo sería decisiva. El relativamente
pequeño número de cabezas involucradas cobra así un significado que
trasciende totalmente esa cantidad. Ellas son la pequeña causa de la
gran competición contra fuerzas que ha resultado en los enormes
inventarios nucleares de hoy. Pero esa pequeña causa no puede
eliminarse sin que tengan lugar efectos aún mayores sobre el equilibrio
militar general y sobre la conexión con la Alianza, que simultáneamen-
te arriesga a los Estados Unidos y hace que su poderío sea relevante en
la escena mundial. Una vez más, se revela la confusión que produce el
razonamiento lineal en el reino paradójico de la estrategia: si fuera la
meta de los Estados Unidos lograr una drástica reducción del tamaño
de los respectivos inventarios nucleares hasta niveles anteriores a las
pautas actuales, solamente lo conseguirían incrementando sus propias
fuerzas no nucleares, si todo lo demás -e incluso la Alianza-perma-
nece igual.
La guerra nuclear es imaginada con frecuencia como una sola de sus
formas posibles, una inexorable escalada de pasos y contrapasos que
alcanza en una última etapa el ataque generalizado sobre las respec-
tivas poblaciones. En esa extrema situación, el efecto condicionarte de
la lógica paradójica es asimismo extremo: el empleo del poderío nuclear
de esa manera sobrepasa en forma tan exagerada el punto culminante
de utilidad, que el resultado evoluciona a una completa inversión,
siendo equivalentes los ataques más devastadores al que no se hubiera
efectuado ninguno, desde el punto de vista de cada atacante-víctima. A
los fines prácticos, una vez cumplido el propósito de destruir todos los
centros poblados de tamaño suficiente para recibir una cabeza nuclear,
ninguno de ambos bandos podría obtener el menor beneficio de la
catástrofe mutuamente infligida, aunque quedaran sobrevivientes
interesados en evaluar el asunto.
CAPÍTULO 14

ARMONÍAS Y DESARMONÍAS EN LA GUERRA

Puede que hayamos comprobado que no


existe una armonía automática entre los niveles verticales de la
estrategia, pero todavía tenemos que enfrentar el verdadero significa-
do y las implicaciones de la desarmonía. Cuando un arma es técnica-
mente ineficiente, tácticamente inadecuada, de escaso valor operacional,
y casi inefectiva al nivel de estrategia de teatro, podemos predecir con
toda seguridad lo que sucederá al nivel definitivo de la gran estrategia,
donde esa arma en particular, junto con todo lo que existe en las fuerzas
armadas, logra su efecto final dentro del contexto mucho más amplio de
todas las transacciones del Estado con el mundo exterior, en paz y en
guerra. Sometida a errores de evaluación ajenos y también al engaño
deliberado y exitoso, esta arma debiera agregar muy poco a la suasión
que el conjunto de las fuerzas armadas confían que se provoque. Y
sujeta a todas las contingencias del combate, el arma no hará mucho
más para incrementar las probabilidades de lograr la victoria.
Obviamente, una secuencia armónica de éxitos tendrá el efecto
opuesto, cuyo mayor o menor significado al nivel de gran estrategia
dependerá del enfoque del asunto en el contexto de la época. Cuando se
introdujo por primera vez la humilde bayoneta a fines del siglo XVII,
causó no obstante perceptible diferencia, porque permitió que todos los
soldados de infantería fueran provistos de armas de fuego. Hasta
entonces, cada formación de infantería debía tener cierta proporción de
piqueros encargados de rechazar las cargas de caballería mientras los
mosqueteros atendían a la lenta recarga de sus armas. El ejército
francés fue el primero en dar uso generalizado al nuevo artefacto, y
realmente le ayudó a ganar batallas en un principio, porque su
infantería tenía mayor potencia de fuego que la tropa enemiga equiva-
lente, donde todavía unos cuantos soldados arrastraban la robusta
pica.
Sin duda, esta última también contaba con defensores, pero es
evidente que no constituían un grupo social suficientemente poderoso
como para salvar lo viejo obstaculizando lo nuevo, como cierta vez los
ARMONÍAS Y DESARMONÍAS EN LA GUERRA 205

mamelucos egipcios salvaron sus espaldas resistiendo la introducción


de armas de fuego.
Sobretodo, la innovación era totalmente compatible con las tácticas,
métodos operacionales y estrategias de teatro sin efectuar cambio
alguno, ni tampoco en la organización regimental previa. Los ex pi-
queros podían ser adiestrados rápidamente para convertirse en mos-
queteros, y, los mayores requerimientos producidos resultaban insigni-
ficantes en una época en que cien tiros por cabeza alcanzaban con
amplitud para toda una campaña. Por lo tanto, el adelanto técnico no
fue refutado ni aminorado en los niveles superiores de la interacción
vertical, y sus efectos pudieron manifestarse completamente al nivel de
gran estrategia, hasta que la bayoneta fue en su debido momento
adoptada universalmente, y la ventaja francesa quedó así anulada.
En nuestro siglo, la instalación de la red de estaciones de radar
británica ("chain home") para la batalla de Inglaterra de 1940 tuvo
resultados similares. La tarea de la defensa aérea no cambió al nivel de
estrategia de teatro, y no hubo diferencia entre los niveles operacional
y táctico; ocurriera o no alguna intercepción como resultado de la
detección previa por el radar, tanto la misión en sí, como la naturaleza
de las maniobras de combate y el trabajo en equipo de escuadrones y
grupos era exactamente el mismo. Una vez más, la innovación técnica
no fue estorbada en los tres niveles superiores de la estrategia, y nue-
vamente su efecto se puso totalmente de manifiesto al nivel de gran
estrategia, en forma de ganancia numérica. Como se los podía enviar
a donde se los necesitara de acuerdo con la información del radar, los
cazas de la Real Fuerza Aérea no tenían que patrullar los cielos en
busca de incursores enemigos. En cambio, permanecían en tierra hasta
que se los dirigía hacia sus blancos desde la central de situación del
Comando de Cazas, que recibía información del radar. La Luftwaffe
pudo ser resistida a plena. capacidad, con todas las máquinas reabas-
tecidas y alistadas, y los pilotos descansaban mientras el combate lo
permitía. Así como el número de mosqueteros franceses fue incremen-
tado efectivamente gracias a la bayoneta, también la cantidad de cazas
británicos listos para volar resultó aumentada por el radar, cuyas
consecuencias técnicas se elevaron hasta el nivel de gran estrategia,
muy merecidamente.
¿Pero qué hay acerca de la desarmonía? Ya la hemos visto en forma
simple y definitiva cuando lo conseguido en un nivel era totalmente
desvirtuado en el siguiente, como en el caso de la mitrailleuse francesa
de 1870, significativa innovación técnica cuyo efecto resultó nulo a
nivel táctico por razones organizativas auto rrepresoras. El resultado
de tan extrema desarmonía fue que el arma no logró el menor efecto que
fuera perceptible al nivel de gran estrategia. Especialmente en lo
referente a nuevas armas, esa negación absoluta no es demasiado rara;
206 RESULTADOS: LA GRAN ESTRATEGIA

la innovación técnica y el cambio organizativo marchan a diferente


ritmo, llevados por impulsos diferentes, y es muy fácil que se produzca
entre ambos una disonancia fatal y perdurable.
Pero existe una experiencia mucho más frecuente, que quizá sea el
predicamento normal de quienes trabajan en el reino de la estrategia;
se trata de una desarmonía mucho más sutil y mesurada, que no
consiste en la negación absoluta sino en una compenetración del éxito
y del fracaso. En los términos de nuestra imagen anterior de la
estrategia, el oleaje en sentido contrapuesto de la acción y reacción a
cualquier nivel, puede inmiscuirse en niveles inferiores y superiores,
en extremos de éxito y fracaso.

COMPENETRACIÓN ENTRE NIVELES DURANTE


LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL

Consideremos un caso clásico de desarmonía en la historia militar


reciente: aquél de la fuerza expedicionaria germana que luchó en Áfri-
ca del Norte al promediar la Segunda Guerra Mundial. Para la época
en que el teniente general Erwin Rommel fue enviado a Trípoli, capital
de Libia italiana, en febrero de 1941, con apenas una división mecani-
zada, Hitler ya había decidido que la conquista de Egipto no valía la
pena; para entonces se hallaban muy avanzados los preparativos para
el Plan Barbarossa, la invasión de la Unión Soviética. (,1) En conse-
cuencia, la misión de Rommel quedaba estrictamente limitada: tenía
que ayudar a los italianos a resistir la ofensiva británica que aparen-
temente se encontraba a punto de expelerlos de su colonia de África del
Norte (un desastre que hubiera lesionado el prestigio del Eje), pero no
debía avanzar hacia Egipto. Incluso la reconquista de Cirenaica, ex-
tensa y despoblada mitad oriental de Libia, no estaba siquiera prevista
hasta el otoño siguiente.
Difícilmente hubieran sido necesarias órdenes tan restrictivas. La
fuerza de Rommel era demasiado pequeña para iniciar alguna acción
ofensiva; él nunca había estado en la región, y por consiguiente carecía
de experiencia bélica en el desierto. Además, el ejército alemán estaba
totalmente falto de preparación para ambiente tan duro, y ni siquiera
contaba con equipo imprescindible ni adiestramiento adecuado. (2)
(Los vehículos carecían de filtros de arena, y los germanos ignoraban
que una dieta magra en grasas era esencial para mantener saludable
a la tropa en el tórrido clima del desierto). (3) El Alto Comando del
Ejército Alemán (OKB) ya había evaluado que una ofensiva destinada
a conquistar Egipto requeriría por lo menos cuatro divisiones blinda-
das can su correspondiente apoyo aéreo; pero no se podía privar de ellas
a Barbarossa, y de todos modos no sería posible abastecerlas mediante
ARMONÍAS Y DESARMONÍAS EN LA GUERRA 207

el escaso transporte motorizado a través de la extensión libia, a lo largo


de un único camino, la Vía Balbia, que seguía la costa por más de mil
seiscientos kilómetros entre Trípoli y la frontera egipcia. (4) Además,
la travesía desde los puertos de embarque italianos era precaria,
porque constantemente daban cuenta de algunos barcos los submari-
nos británicos y los aviones basados en Malta. Finalmente, la capaci-
dad de descarga en el único puerto de Trípoli era insuficiente para el
tonelaje que se hubiera requerido. (5)
A nivel de la estrategia de teatro, los británicos se encontraban en
una posición totalmente superior. La región que controlaban se exten-
día a través de Egipto hasta Palestina, Transjordania, Iraq y el Golfo
Pérsico hacia oriente, y a través de Sudán hacia el sur, todo el camino
desde El Cairo hasta Ciudad del Cabo. Además, las fuerzas británicas
con sus contingentes indios, australianos, neozelandeses y sudafrica-
nos, ya eran mucho mayores que lo que pudieran enviar los alemanes,
aun antes de Barbarossa, y en general la calidad de sus tropas era
superior a la de las fuerzas italianas que tenía Rommel. La ventaja
británica era todavía mayor en cuanto a abastecimientos, con una vía
marítima larga pero segura alrededor del Cabo de Buena Esperanza,
buenos puertos de acceso en ambas cabeceras del Canal de Suez,
buenos caminos y ferrocarriles desde el canal hasta El Cairo y Alejan-
dría, bases y arsenales bien equipados, y amplio transporte motorizado
sin problemas de falta de combustible. Por lo tanto, a nivel de estrategia
de teatro, dados los medios con que podía contar Rommel, no podía
esperarse más que un esfuerzo defensivo limitado.
Rommel arribó a Trípoli el 12 de febrero de 1941, con un pequeño
estado mayor y el título de Comandante en Jefe de las tropas alemanas
en Libia. (6) Dos días después, barcos de transporte de tropas trajeron
a los batallones de reconocimiento y antitanque de la Quinta División
"Ligera", unos 2000 hombres en total, con cañones y vehículos blinda-
dos, pero sin tanques; a pesar del peligro de ataque aéreo, Rommel
ordenó que los buques se descargaran durante la noche, bajo reflecto-
res. Al día siguiente, 15 de febrero, la pequeña fuerza alemana desfiló
por las calles de Trípoli antes de dirigirse directamente hacia el este.
Los británicos habían tomado Bengasi, capital de la mitad cirenaica de
Libia, a mil kilómetros de Trípoli, y habían seguido unos 150kilómetros
desde allí, pero no mostraban intenciones de continuar avanzando (la
campaña griega estaba por comenzar, y se estaban retirando unidades
británicas para llevarlas a Grecia). Rommel podría haber cumplido su
misión sin necesidad de atacar. Se suponía que entonces habría de
esperar por la segunda división que se le había prometido, la Decimo-
quinta Panzer que arribaría en mayo, antes de iniciar cualquier
ofensiva; además, ni siquiera estaba previsto que fuera más allá de
Agedabia, en las puertas de Cirenaica, sin que se le ordenara.
208 RESULTADOS: LA GRAN ESTRATEGIA

Rommel no obedeció: sin aguardar el acopio de abastecimientos, ni


arreglar su transporte, ni detenerse para aclimatar las tropas, condujo
su pequeña fuerza hacia adelante a la mayor velocidad posible. El 26
de febrero de 1941 se encóntraron por primera vez con los británicos y
se produjo una escaramuza, a 750 kilómetros al este de Trípoli. Una
semana después llegó el único regimiento Panzer de la Quinta División,
con unos cincuenta tanques en total. También desfilaron por las calles
de Trípoli antes de ser enviados directamente al este. Un mes más
tarde, el 2 de abril de 1941, Rommel libraba su primera batalla para
conquistar Agedabia, a 800 kilómetros al oriente de Trípoli, en la base
de la gran saliente que conforma la península cirenaica, en poder de
fuerzas británicas desplegadas a lo largo del camino costero, donde
comenzaban las huellas del desierto que atravesaban la saliente hacia
la costa cercana a Egipto, y presumiblemente allí se detendría.
Actuando directamente en contra de una orden del mismo Hitler, (7)
Rommel dividió su reducido ejército de una sola división para presionar
la retirada británica a lo largo del interminable camino costero;
mientras tanto, una fuerza más poderosa fue enviada por los rocosos
senderos de camellos a través del desierto. En realidad, Rommel no
enviaba sus tropas, sino que las dirigía en persona, a menudo viajando
en un coche abierto a la cabeza de la columna, aunque la Quinta tenía
su propio comandante que era perfectamente competente. Dos días
después, el 4 de abril de 1941, los alemanes que avanzaban por la costa
llegaron a Bengasi, capital de Cirenaica a mil kilómetros de Trípoli, y
el día 9 la fuerza de envolvimiento emergió del desierto para quedar
frente a Tobruk, puerto de Cirenaica oriental que era entonces la
principal base británica, a 1600 kilómetros de Trípoli. Se suponía que
Rommel estaba todavía en esa capital esperando el arribo de su
segunda división. Para alcanzar el camino costero y Tobruk con tanta
rapidez, hábía llevado sus fuerzas mucho más allá del punto de ruptura
de sus incipientes líneas de abastecimiento que se originaban en
Trípoli. Sus unidades obtenían el combustible mandándolo a buscar
con los escasos camiones de transporte de tropas disponibles, y más
tarde mediante captura; para entonces, lamitad de los tanques estaban
descompuestos a lo largo de la ruta, los hombres se hallaban tan
cansados que apenas podían quedarse despiertos, y la fuerza entera, ya
muy pequeña, se encontraba dispersa por todo el desierto.
Pero la acción paradójica obtuvo su recompensa, justo antes de que
la ofensiva se derrotara totalmente a sí misma por sus excesos. Como
los alemanes se habían desplazado mucho más rápido y más lejos de lo
esperado, (8) todas las fuerzas británicas en Cirenaica, al oeste de
Tobruk, fueron sobrepasadas y obligadas a retirarse presas del pánico,
y allí abandonaron equipo en abundancia, más que el disponible por los
alemanes en un principio, además de*grandes cantidades de comida;
ARMONÍAS Y DESARMONÍAS EN LA GUERRA 209

combustible y munición. Una y otra vez, pequeñas fuerzas germanas de


infantería motorizada y artillería, con apenas un puñado de tanques,
emergerían inesperadamente del desierto para sorprender, capturar,
destruir o dispersar columnas de camiones, trenes de artillería y
unidades de infantería que se retiraban por la ruta costera. Las
unidades blindadas británicas; aunque numéricamente superiores,
nunca parecían hallarse en el lugar ni en el momento correctos para
apoyar a la infantería y la artillería; y caerían presa de los cañones
antitanques alemanes cuando atacaban por sí mismas, sin ayuda de
infantería ni artillería. (9)
Queda claro que el método de conducción de Rommel y su franco
dinamismo le conferían una enorme ventaja a nivel operacional. Con su
presencia, los alemanes podían actuar con mayor velocidad que los
británicos, tal como el mejor piloto de caza con el mejor avión puede
girar dentro del círculo del oponente desprevenido en un combate
clásico, dispararle desde su cola con impunidad y luego volver para un
nuevo ataque, mientras el rival está todavía tratando de reaccionar del
primero. La ventaja alemana a nivel operacional les hizo recorrer un
largo camino para compensar su gran desventaja a nivel de estrategia
del teatro, y esta compenetración del éxito de un nivel con el siguien-
te sirvió para modificar el resultado que razonablemente era de
esperar.
Pero el avance temerario de Rommel en la primavera de 1941 no
finalizó con su entrada victoriosa en El Cairo, sino que entonVes
comenzaron casi dos años de dramáticas ofensivas y precipitadas
retiradas por parte de cada bando, a medida que uno y otro sobrepa-
saban su punto culminante de éxito, hasta la postrera derrota alemana
en 1943. Si bien era importante la ventaja alemana a nivel operacional
en África del Norte, es evidente que nunca hubiera podido penetrar
hasta el nivel de gran estrategia para lograr una victoria decisiva.
Obviamente, la razón estriba en que toda la campaña no fue más que
una mera actividad lateral dentro del amplio contexto de la guerra
mundial. Su resultado sería determinado por lo que ocurriera en los
teatros bélicos primordiales: el frente oriental, donde los alemanes
tenían cien veces más tropas; Europa Occidental, en menor grado
después de los desembarcos en Normandía; los teatros asiáticos y del
Pacífico que absorbían el poderío adicional norteamericano; el teatro
del Atlántico Norte, donde la contienda entre el tránsito marítimo
aliado y los submarinos alemanes habría de determinar los suminis-
tros de los cuales dispondrían los Aliados; y en los teatros aéreos sobre
los países del Eje, donde tendría lugar la guerra de los bombarderos
contra la industria.
210 RESULTADOS: LA GRAN ESTRATEGIA

Éxito vertical y fracaso horizontal

Verdaderamente, aun aquellas luchas militares mucho más impor-


tantes en la dimensión vertical, como la he denominado, estuvieron
dominadas por el fracaso consumado de Hitler como estadista, en la
dimensión horizontal; un fracaso diplomático, de inteligencia y propa-
ganda, que virtualmente aseguró la derrota a pesar de grandes éxitos
militares, al congregar a las mayores potencias industriales del mundo
en contra de Alemania y su distante aliado japonés. Hubiera requerido
un éxito excepcional en la dimensión vertical para poder sobrellevar las
consecuencias de tan colosal error, pero un triunfo militar de tamaña
magnitud era imposible por la inferioridad alemana en recursos ma-
teriales, lo que a su vez era la más obvia consecuencia de su debilidad
en la dimensión horizontal.
En la confluencia de ambas dimensiones, al nivel de gran estrategia,
el éxito prematuro alemán y japonés en la dimensión vertical disminu-
yó en un principio el efecto del error fundamental en la dimensión
horizontal. Específicamente, la ocupación de la mayoría de Europa
Occidental y de las regiones del oeste de la Unión Soviética, con enorme
capacidad industrial, así como la conquista japonesa de la producción
malaya de caucho y estaño y de los yacimientos petrolíferos de las
Indias Orientales Holandesas, redujeron en forma correspondiente el
desequilibrio de recursos materiales originado por el fracaso de la
política exterior alemana y japonesa. Por consiguiente, a nivel de gran
estrategia durante la fase inicial de la guerra, la ventaja del Eje en la
dimensión vertical derivada de los preparativos bélicos y la competen-
cia superior, redujo la ventaja aliada en la dimensión horizontal, en la
cual la exitosa cooperación de un gobierno conservador británico con la
Unión Soviética de Stalin puede compararse con la gratuita declara-
ción de guerra de Hitler contra los Estados Unidos luego de Pearl
Harbor, y de la propia colosal falla de cálculo de Japón que provocó el
ataque contra la flota norteamericana, cuando su objetivo era el
sudeste de Asia.
A medida que los aliados movilizaban recursos humanos, con la
gran mayoría de sus recursos materiales todavía intactos, su superio-
ridad derivada del éxito en la dimensión horizontal comenzaba a
condicionar las luchas militares en la dimensión vertical, en un teatro
tras otro, impidiendo así que el Eje obtuviera mayores ganancias al
nivel de gran estrategia. En una etapa posterior, la creciente idoneidad
de soldados, marinos y aviadores aliados, el surgimiento de competen-
tes conductores militares y el desarrollo de tácticas y métodos apropiados,
privó a alemanes y japoneses de su previa superioridad en los niveles
táctico y operacional de la dimensión vertical, en una forma de guerra
tras otra, en un teatro tras otro.
ARMONÍAS Y DESARMONÍAS EN LA GUERRA 211

Al sumarse a su favor la calidad además de la cantidad, los aliados


ya no volvieron a perder en el campo de batalla la ventaja que obtenían
por su superioridad en la dimensión horizontal. En la confluencia de la
gran estrategia se estaba dando lo opuesto, con alguna reocupación de
territorios, algún daño a la industria alemana por el bombardeo, y
mucho más tarde por la interdicción submarina del tránsito marítimo
japonés. Así fue que los países que habían elegido los peores aliados y
enfrentado los peores enemigos empezaron a perder todo lo que habían
ganado anteriormente por medio de osadas agresiones que expresaban
la conjunción del talento militar y la incompetencia de sus estadistas.
Por último, las victorias finales de 1945 resultaron tan absolutas por los
efectos mutuamente reforzados de la superioridad en ambas dimensio-
nes: las fuerzas del Eje eran crecientemente sobrepasadas técnica,
tácticay operacionalmente, y también se hallaban en grave declinación
numérica dentro de cada teatro bélico remanente a causa de las pér
didas previas en ese teatro en particular o forma de guerra, y por las
pérdidas acumulativas de los demás teatros, cuya multiplicidad expre-
saba su completo y continuado fracaso en la dimensión horizontal.
Pero ¿dónde se hallaba entonces la lógica de la estrategia ante tal
resultado? Por cierto que un único error de decisión no puede tener un
efecto permanente en la dinámica continua de la gran estrategia.
Después de todo, la creciente debilidad de alemanes y japoneses en la
dimensión vertical debería haberlos beneficiado en la dimensión hori-
zontal, como para desacelerar y hasta interrumpir la declinación. A
medida que los aliados estaban progresando hacia la victoria total en
los principales teatros, cuando el perfil de la distribución del poder en
posguerra comenzaba a emerger, la misma alianza estaba próxima a la
fragmentación; si la guerra hubiera simplemente continuado en igual
forma, a su tiempo quedarían los Estados Unidos y Gran Bretaña
enfrentados con la Unión Soviética en una nueva confrontación en la
que cada bando tendría gran necesidad de alemanes y japoneses como
aliados.
Para la Unión Soviética, con su inferioridad técnica e industrial,
eran imprescindibles los talentos industriales japoneses y alemanes.
Para británicos y norteamericanos, serían las tropas alemanas y ja-
ponesas las que harían la diferencia al enfrentarse con una potencia
continental territorialmente tan importante como la Unión Soviética.
Y ninguno de ambos bandos podría satisfacer sus esperanzas en el
mundo de posguerra si Japón y Alemania eran completamente venci-
dos y eliminados como potencias importantes. Era esta la apertura que
los estadistas alemanes y japoneses pudieron haber explotado, si
ambos regímenes no hubieran seguido previamente trayectorias tan
extremas que ya no había arreglo posible. Si no hubiera sido por el
efecto traumático sobre los norteamericanos del ataque a Pearl Harbor,
21 2 RESULTADOS: LA GRAN ESTRATEGIA

con todas sus connotaciones que el racismo amplificó; sino hubiera sido
por el efecto causado en el mundo entero de todo lo que los nazis
hicieron, japoneses ,y' alemanes pudieron haber regateado su poderío
remanente y su potencial futuro, para inducir a uno u otro bando a
firmar la paz por separado. De tanta magnitud fue el colapso del arte
de gobierno en Berlín y Tokio, que ni siquiera lo intentaron seriamente,
pese a que Japón logró mantenerse en paz con la Unión Soviética hasta
las mismas vísperas de la rendición.
Parece que Stalin estaba bastante seguro de que los británicos se
esforzarían para persuadir a los cándidos norteamericanos para esta-
blecer una alianza con la Alemania nazi antes de que su derrota fuera
completa y su apoyo contra la Unión Soviética careciera de sentido.
Desde el punto de vista de Stalin, era simplemente ilógico que los
angloamericanos entraran en la próxima confrontación sin asegurarse
una alianza valiosa que podían obtener con tanta facilidad; él mismo se
había estado preparando para el nuevo conflicto de posguerra al menos
desde 1943, y había tolerado los crímenes nazis sin dificultad para
concretar una provechosa alianza con Alemania en 1939. Por lo tanto,
asumió que británicos y norteamericanos harían lo. que él hubiera
hecho en su lugar, probablemente ocultos tras la hoja de parra de un
nuevo gobierno militar germano que derrocaría a Hitler mientras
continuaba la guerra, pero solamente contra la Unión Soviética. Esto
explica por qué la noticia del abortado golpe militar contra Hitler del
20 de julio de 1944 apenas causó suspicacias soviéticas, como lo hicie-
ron los contactos británicos o norteamericanos con oficiales alemanes
(que probablemente tuvieron lugar durante las últimas semanas de
guerra, juntamente con negociaciones de rendición localizadas).*
Stalin estaba equivocado al sospechar de norteamericanos y britá-
nicos, pero perfectamente correcto en su consciente entendimiento de
la lógica de la estrategia. La alianza norteamericana con alemanes y
japoneses se materializó exactamente como él (y Hitler en sus últimos
días) había esperado, sólo que mucho después del fin de la guerra, y ya
el carácter político de los nuevos socios había cambiado totalmente. Sin
embargo, la tendencia a quebrar la alianza que se había manifestado
en la dimensión horizontal fue deliberadamente resistida durante la

Después de ser informado por los británicos de las negociaciones norteamericanas


en Berna con los comandantes de las fuerzas alemanas en Italia que intentaban rendirse
(no se les ofreció nada mejor que la rendición incondicional), el gobierno soviético
denunció las conversaciones corro una conspiración antisoviética en una nota del 22 de
marzo de 1945 de Molotov al e• bajadorbritánico en Moscú. En un mensaje del 3 de abril
de 1945 a Roosevelt, Stalin escribió: "Tampoco puedo entender el silencio británico... a
pesar de que es sabido que la iniciativa de todo este asunto de las negociaciones de Berna
pertenece a los británicos". Churchill, 77 - iumph and T?-agedy, pág. 446.
ARMONlAS Y DESARMONÍAS EN LA GUERRA 213

guerra, por lo que ninguna fuerza en oposición intervino para impedir


la derrota del Eje, que en su debido momento se cumplió inexorable-
mente en la dimensión vertical de cada forma de guerra, en cada uno
de los teatros bélicos.

Los límites de la compenetración

De modo que si Rommel hubiera vencido en su campaña del Norte


de Africa, simplemente hubiera compartido la suerte de las incólumes
guarniciones alemanas de las islas del Canal de la Mancha, Dinamarca
y Noruega, que tuvieron que rendirse de todas maneras el 7 de mayo de
1945. Pera por supuesto que Rommel no triunfó. Fue enorme la su-
perioridad de las fuerzas germanas sobre _las hr;tán_,cas a nivel ope-
racional, pero no sobrepasaron completamente el efecto condicionarte
de los factores espaciales a nivel de estrategia de teatro. Es necesario
mirar más allá de Africa del Norte para comprender la magnitud del
factor espacial contra el cual luchaban los alemanes. Podemos especu-
lar que si Rommel hubiera recibido mayor cantidad de efectivos y se lo
hubiera abastecido apropiadamente podría haber alcanzado sus obje-
tivos de última instancia, El Cairo .y el Canal de Suez, a 2400 kilómetros
de Trípoli. Indudablemente que hubiera sido una gran victoria para un
general cuyo talento no se extendía más allá del nivel operacional, y que
obviamente no comprendía en absoluto la estrategia de teatro, al
menos en el caso de Africa del Norte. (10) Pero esa hubiera sido aún la
victoria en una batalla, o Pi resultado de varias victorias semejantes, y
nunca el triunfo en una campaña, porque ésta no habría finalizado.
Los británicos hubieran continuado la lucha, sin duda formando un
nuevo frente al sur de El Cairo desde bases en el Alto Egipto y Sudán,
y otro en el borde del Sinaí que da al Canal de Suez desde bases en
Palestina y Transjordania, reabasteciendo ambos frentes por el Mar
Rojo. Si los dejaban solos, hubieran desarrollado bases, talleres, hospi-
tales de campaña, caminos, ferrocarriles, y puertos, con ayuda norte-
americana, para acumular refuerzos para una oportuna reconquista.
Sin capacidad para forzar una rendición británica que únicamente
podría lograrse en Londres y no en El Cairo, los alemanes hubieran
entonces tenido que elegir entre esperar pasivamente mientras que el
despliegue británico ámenazara cada vez más su posición en Egipto, o
lanzar nuevas ofensivas para capturar el área extensa donde se
preparaba la contraofensiva. Semejantes conquistas épicas hubieran
hecho a Rommel aún más famoso de lo que es, pero si Londres no se
rendía la victoria en la campaña seguiría siéndole esquiva. Tal como
hicieron cuando la caída de Malaya, Singapur y Birmania en manos
japonesas los expulsara del sudeste de Asia, por cierto que los británi-
214 RESULTADOS: LA GRAN ESTRATEGIA

cos no hubieran dejado de luchar, resistiendo en los vastos desiertos del


oriente de Transjordania, así como en Siria, en la gran extensión del
Sudán, y aun en Etiopía, abasteciendo al frente oriental por vía del
Golfo Pérsico e Iraq, y al frente sur por el Cabo de Buena Esperanza y
África Oriental. Como en otros tiempos, hubieran comenzado a acumu-
lar refuerzos para pasar oportunamente a la ofensiva, tal como se
reforzaron en la India a partir de 1942 y luego se lanzaron a reconquis-
tar Birmania en 1944, en vía hacia Malaya y Singapur (cuya inminente
reconquista se volvió innecesaria por la rendición del Japón).
Para entonces las fuerzas germanas se hallarían desplegadas en un
área enorme, y una vez más deberían enfrentar la elección de luchar
indefinidamente en dosfrentes contra un enemigo de creciente poderío,
o lanzar otra serie de ofensivas para ocupar el espacio desde el cual los
británicos seguían amenazando lo que habrían conquistado. Mientras
no se diera por terminada la campaña, todo lo con seguido desde Trípoli
en adelante se arriesgaría y sólo podría mantenerse mediante más
combates, que siempre tendrían que ser ofensivos para los alemanes,
que estaban nadando contra la corriente del poderío material por culpa
de su falla fundamental en la dimensión horizontal de la política. En
última instancia, Rommel hubiera debido avanzar a través de toda
África Oriental hasta Ciudad del Cabo, y también hacia el este más allá
de Iraq y a través de Irán para conquistar la entera inmensidad de la
India, y realmente considerar ganada su campaña. Solamente enton-
ces no habría más frentes abiertos para que los británicos siguieran
combatiendo. A menos que los expulsaran totalmente de África y los
echaran de la India mediante un avance alemán que se reuniera con los
japoneses en la frontera de Birmania, Gran Bretaña hubiera continua-
do desafiando todas las conquistas previas, y siempre con el lejano
Trípoli como su objetivo final.
Cuando Rommel parecía encontrarse verdaderamente en la cumbre
de su éxito a fines del verano de 1942, combatiendo dentro de Egipto,
en el mismo momento en que los japoneses se hallaban a punto de
invadir la India, en algunos círculos aliados se temió una ofensiva
concertada del Eje en una escala mayor que la napoleónica, la cual
lograría una conexión entre Alemania y Japón dentro de una India
sojuzgada. Como ahora sabemos, nunca existió tal plan ni ningún otro
de acción coordinada entre alemanes y japoneses, ya que combatieron
como cobeligerantes más que conjuntamente como aliados propiamen-
te dichos. También sabemos que ambas ofensivas habían pasado su
punto culminante de éxito: quienes realmente constituían las puntas
de lanza de esos espectaculares avances de 1942 eran tanques de
Rommel completamente superados en número y faltos de combustible,
y la hambrienta infantería japonesa al final de líneas de abastecimien-
to exageradamente extendidas.
ARMONÍAS Y DESARMONÍAS EN LA GUERRA 215

Pero aunque hubiera existido un poderío efectivo en ambas ofensi-


vas, aunque hubieran contado con suministros para avanzar mucho
más allá, aunque hubieran conquistado la India desde ambos lados, los
aliados no estarían derrotados, y sus principales esfuerzos bélicos
hubieran continuado sin interrupciones. Independientemente de la
escala, toda la lucha entre Trípoli y la India no habría sido más que una
acción colateral. Desde ya que mucho se habría perdido para los
aliados: la fuerza efectiva del ejército indio, cuyos regimientos bien
adiestrados agregaron considerable poder a los británicos, incluso
fuera de su propio país; el petróleo de Iraq e Irán, en cuanto la escasez
de buques tanques permitiera su uso fuera del Medio Oriente, y que los
alemanes pudieron haber exportado para su propio consumo; y la
pequeña pero creciente producción bélica industrial de la misma India.
La t2nayoría de los recursos aportados a los alados por esas regiones era
todavía consumido dentro de ellas, que además requerían ayuda
exterior para su defensa. Por lo tanto, el equilibrio general de fuerzas
y recursos para los principales esfuerzos aliados contra Alemania y
Japón, pudo incluso haber mejorado.
Esta transformación del fracaso al nivel del teatro en una ganancia
neta al nivel de gran estrategia -siempre que la derrota no resulte
demasiado costosa en fuerzas perdidas durante el proceso- es inevi-
table cuando los esfuerzos se consumen en teatros secundarios que no
pueden conceder la victoria. Esto fue cierto para ambos bandos en la
Segunda Guerra Mundial como en cualquier otra, pero en mayor
medida para Alemania y Japón que para los aliados, debido a la
fundamental asimetría de sus situaciones al nivel de gran estrategia.

Victoria y derrota en dos dimensiones

Por su gran superioridad en recursos bélicos, los aliados podían


beneficiarse con cualquier encuentro militar que redujera el poderío
enemigo, aunque sus propias pérdidas fueran mayores, siempre que la
relación de pérdidas no excediera la relación general de fuerzas a su
favor; o dicho con más precisión, mientras esas pérdidas no redujeran
la brecha entre sus respectivas relaciones de crecimiento. Por ejemplo,
en la época en que Alemania estaba produciendo unos quinientos
aviones de caza por mes, y la producción norteamericana y británica
destinada al teatro europeo era el triple, aun la pérdida de tres aviones
aliados por cada dos alemanes resultaría en una ganancia que oportu-
namente se acumularía para redituar el triunfo, si se dejan de lado las
desigualdades en la relación de recuperación de pilotos. Por otra parte,
para los aliados ese desgaste resultaba provechoso de todos modos: no
existen acciones colaterales para el desgaste. Era de todas maneras
216 RESULTADOS: LA GRAN ESTRATEGIA

indeseable diversificar el esfuerzo de los teatros principales. No quiere


decir con ello que la victoria fuera menos cierta, ya que el desgaste
acumulativo continuaría de cualquier manera, pero se desaceleraría el
progreso aliado hacia la victoria, por el simple hecho de que no era en
los teatros secundarios donde las fuerzas enemigas se hallaban en
mayor cantidad. Además, era únicamente en los teatros de máxima
i mportancia, en los territorios metropolitanos del Eje, donde el poderío
militar en la dimensión vertical de la estrategia podía ser aplicado para
intensificar las debilidades de Alemania y Japón en la dimensión
horizontal, mediante el bombardeo de industrias e infraestructura.
Ambas naciones se hallaban en situación muy diferente. Las victo-
rias militares, o sea los éxitos en la dimensión vertical, sólo podían
ayudarles a ganar la guerra si asimismo afectaban la dimensión ho
rizontal. La derrota de fuerzas aliadas en combate, como ocurrió una y
otra vez durante la guerra, no fue suficiente porque nunca llegó a
afectar el centro del poderío aliado a lo largo de la dimensión horizontal:
este fue la alianza propiamente dicha, que a su vez brindó una capa-
cidad conjunta superior para generar hombres adiestrados y pertre-
chos para las fuerzas combatientes.* En otras palabras; el Eje podía
verdaderamente beneficiarse del éxito militar exclusivamente cuando
lo empleaba como sustituto del arte del estadista, especialmente para
deshacer las alianzas que había establecido la diplomacia enemiga. De
hecho esto ocurrió cuando Alemania derrotó completamente a Polonia,
Bélgica y Francia, obligándolas a abandonar la guerra y modificando
de ese modo la situación en la dimensión horizontal. Tampoco podían
conseguirse ganancias verticales en la posición alemana en África del
Norte, que no contenía Estados que pudieran ser arrollados ni recursos
bélicos de importancia.
Así que el Alto Comando del Ejército Alemán tenía mucha razón en
oponerse inicialmente a la aventura de Rommel en Egipto. Cuando
Hitler rectificó esa orden, tampoco le proveyó todos los medios que
requería, estimando sus triunfos principalmente por su valor publici-
tario: el audaz general en el romántico desierto permitía escribir
excelentes artículos, en gran contraste con los acontecimientos del
frente ruso, siniestros hasta en la victoria. (11) El avance hacia Egipto

En teoría, las naciones del Eje pudieron haber ganado la guerra exclusivamente
mediante batallas victoriosas, pero sólo si hubieran infligido más y más pérdidas con el
transcurso del tiempo, hasta a lvanzar el nivel correspondiente a la máxima capacidad de
los Aliados de aportar nuevas fuerzas. Gran Bretaña y la Unión Soviética no llegaron a
sus máximas capacidades de generación de fuerzas hasta fines de 1943 o principios de
1944, mientras que los Estados Unidos nunca se acercaron siquiera a su propio límite.
Y por supuesto que la capacidad del E;,e de obtener victo?-¡as y causar pérdidas entró en
franca declinación a partir de 1943.
ARMONÍAS Y DESARMONÍAS EN LA GUERRA 217

no sirvió para mucho, ya que ni siquiera ayudó a los germanos el hecho


de que absorbiera una cantidad de efectivos británicos desproporcionada
en Africa del Norte, porque no disponían de ningún teatro importante
de batallas en 1941 ni 1942, mientras que sí lo tenían los alemanes a
poco del arribo de Rommel a Trípoli.
Fue solamente en el frente oriental donde Alemania pudo haber
logrado resultados definitivos de gran estrategia. Al luchar contra la
Unión Soviética, los germanos tenían al menos una posibilidad de
victoria, ya que el éxito vertical podía brindarles consecuencias hori-
zontales en ese teatro: cualquier conquista de población y recursos
reduciría a ese gran país tal como si se le hubiera separado un aliado
gracias a la diplomacia, y simultáneamente se beneficiaba Alemania
como si hubiera ganado un aliado, en la medida en que su gente y
recursos pudieran contribuir al esfuerzo de guerra_ Por supuesto que
la conquista total de la Unión Soviética hubiera compensado con creces
la gran falla de Hitler corno estadista, ayudando a sobrellevar la falla
adicional representada por el ingreso norteamericano en el conflicto,
alineado con Gran Bretaña. En tal caso, el éxito en la dimensión
vertical hubiera predominado al nivel de gran estrategia.
Mientras que la inversión alemana en la campaña colateral de
África del Norte fue al menos mantenida sin gran esfuerzo, el imperio
japonés cometió una equivocación fundamental en la dimensión hori-
zontal -una falla de inteligencia en el sentido más amplio- al dis-
persar su poderío militar en teatros secundarios. Después del ataque
a Pearl Harbor los japoneses procedieron a ocupar Malaya, Singapur
y las Indias Orientales Holandesas, logrando en la dimensión hori-
zontal ganancias inducidas verticalmente. Pese a que no bahía enemi-
gos a quienes vencer en esos territorios, cobraban importancia sus
recursos naturales, caucho y estaño en Malaya y petróleo en la actual
Indonesia. En cuanto a la conquista de las Filipinas, realizada con
fuerzas reducidas, también se justificaba porque podía servir de base
para bombarderos pesados que atacarían Japón, como sin duda hubie-
ran intentado los norteamericanos. Por otra parte, la siguiente inva-
sión a Birmania, la incursión de la flota en el Océano índico, el conjunto
de invasiones en el Pacífico Sur, en especial el intento de conquista de
Nueva Guinea, y sobre todo la guerra inacabable en China, fueron
todas diversiones del único teatro donde en teoría los japoneses hubie-
ran podido ganar la guerra: los mismos Estados Unidos.
Una vez que hicieron por los norteamericanos los que éstos no po-
dían hacer por sí mismos, o sea incorporarlos decididamente a la
guerra, los japoneses únicamente hubieran podido superar su poca
visión de estadistas invadiendo al país que en primer lugar nunca
debieron haber desafiado. Sólo venciendo a los Estados Unidos en su
propio territorio, y por consiguiente incapacitándolo para aumentar
21 8 RESULTADOS: LA GRAN ESTRATEGIA

su poderío, hubieran podido convertir una superioridad temporaria en


la dimensión vertical en victoria concluyente al nivel de gran estrategia.
La única campaña que hubiera asegurado la victoria japonesa después
de Pearl Harbor sería la invasión de California, seguida por la conquis-
ta de los centros vitales norteamericanos, y culminando con una paz
dictada a algún gobierno colaboracionista en Washington. En realidad,
las fuerzas japonesas jamás hubieran triunfado en tal aventura,
aunque se retiraran de China y de todas partes, y por supuesto que tal
invasión no fue siquiera contemplada. Así que la mejor opción que
tenían después de Pearl Harbor era pedir la paz de inmediato, malven-
diendo su capacidad para resistir durante varios años la inexorable
derrota por lo que concedieran los Estados Unidos a fin de ahorrarse la
lucha por la victoria.
En las negociaciones previas a Pearl Harbor, el gobierno de Roosevelt
había exigido mucho al imperio, incluyendo la retirada de sus fuerzas
desde China. Después de Pearl Harbor, indudablemente le hubiera
requerido además la retirada de Manchuria, y posiblemente de otras
colonias como Corea y Taiwan. Asimismo, al descubrir los dirigentes
norteamericanos la efectividad del poderío militar japonés, casi segu-
ramente hubieran insistido en cierto desarme parcial. Tal fue el
verdadero valor dei éxito táctico y operacional en el ataque a Pearl
Harbor: en el contexto del mejor curso de acción después del hecho, más
le hubiera servido a Japón que sus pilotos perdieran el rumbo o erraran
los blancos. Al nivel de gran estrategia, en la confluencia de ambas
dimensiones, la horizontal resultó tan adversa para Japón que hubiera
sido preferible un fracaso antes que el éxito táctico y operacional de
Pearl Harbor.
Por cierto que no es el único caso. Suele ser común que los logros
tácticos, aun siendo brillantes, se conviertan en contraproducentes al
nivel de la gran estrategia. Todo lo que se necesita para conseguir
menos con más de este modo es la suficiente desarmonía entre dimen-
siones. Por ejemplo, si los efectos diplomáticos y de propaganda fueran
adversos en una campaña de bombardeo, más bombardeo sería peor
que menos, y si se logra mucha precisión destructiva es peor que si fuera
inefectivo. Si existe una grave desarmonía entre los niveles de la di-
mensión vertical, entonces simplemente fracasan las acciones milita-
res, como hemos visto. Pero si la desarmonía ocurre entre dimensiones,
el éxito vertical puede ser peor que el fracaso.
Para empezar, dado que el imperio japonés fue derrotado en el
momento en que no marchó sobre Washington después de Pearl
Harbor, no hubo genuinas batallas decisivas en la guerra del Pacífico.
La única diferencia que significaron las batallas navales y terrestres
del Mar de Coral, Midway, Nueva Guinea, Guadalcanal y otras, fue en
cuanto a la mayor o menor velocidad de la derrota japonesa. Ninguna
ARMONÍAS Y DESARMONÍAS EN LA GUERRA 219

de ellas, por más dramáticas que fueron, pudo ser decisiva al nivel de
gran estrategia, porque no era posible que determinaran el resultado
del conflicto del modo como ciertamente lo hicieron varias de las
batallas germano-soviéticas en el frente oriental. Ni siquiera un com-
pleto triunfo de la armada japonesa en la batalla de Midway de 1942
hubiera obtenido más que resultados transitorios: si se hubieran
hundido los portaaviones norteamericanos en vez de los japoneses, ello
nunca hubiera impedido la supremacía naval de los Estados Unidos,
que sus buques y aviones en producción y sus pilotos en adiestramien-
to le asegurarían de todos modos para 1944. Y si la derrota japonesa en
Midway hubiera sido todavía más decisiva de lo que fue, no hubiera
servido más que para acelerar un resultado ya inevitable, una vez que
las fuerzas militares totalmente movilizadas de los Estados Unidos
arribaran a 1-a escena.
Asimismo, sin invadir América del Norte, Japón tuvo cierta oportu-
nidad de negociar un arreglo aceptable. Si hubiera evitado las grandes
batallas en lugar de buscarlas tan asiduamente, si hubiera eludido el
poderío norteamericano y mantenido la lucha a nivel esporádico en
aquellas remotas islas del Pacífico sudoeste, podría haber prolongado
la guerra, año tras año. Tal como fueron las cosas, los Estados Unidos
hubieran interrumpido el proceso de cualquier manera con sus bom-
barderos pesados y su arma atómica. Pero de no serasí, y si imaginamos
un estilo de guerra japonés bastante diferente, podría muy bien haber
obtenido un arreglo negociado al agotarse la paciencia de la ciudadanía
norteamericana, y no sus recursos materiales, fragmentándose en
consecuencia el consenso posterior a Pearl Harbor que apoyó el esfuerzo
de guerra. Así que la falla de inteligencia y diplomacia del Japón pudo
haberse redimido dentro de la misma dimensión horizontal, por la vía
del efecto de la propaganda de modestos triunfos militares que hubie-
ran confrontado a los norteamericanos con la perspectiva de una guerra
indefinida.

LAS RECOMPENSAS DE LA ARMONÍA

Los norvietnamitas, que no tuvieron que borrar una contrapro-


ducente proeza militar inicial como Pearl Harbor, ganaron su guerra
justamente de ese modo, mediante modestos pero constantes triunfos
en la dimensión vertical, explotados en la horizontal por propaganda y
diplomacia guiadas por buena inteligencia (en su significado más
amplio). Tampoco fueron desafortunados en la dimensión vertical,
siendo al menos iguales en los niveles táctico y operacional, y apenas
inferiores al nivel de estrategia del teatro. (12) En cuanto al nivel
técnico, su estilo de guerra le restó importancia para ambos bandos, a
22 0 RESULTADOS: LA GRAN ESTRATEGIA

pesar del peculiar entusiasmo norteamericano por la acción justamen-


te en ese nivel. Pero todavía no podían vencer por tener éxito nada más
que en la dimensión vertical, una vez que intervinieron los Estados
Unidos. Ninguna acumulación de victorias tácticas les hubiera conce-
dido el triunfo en el conflicto, simplemente porque Vietnam no cons-
tituía el teatro principal de la guerra, sino la escena del combate. El
poderío dirigido contra ellos venía de un teatro muy diferente, los
mismos Estados Unidos, que desde el principio hasta el fin fueron la
fuente primaria de pertrechos y abastecimientos para los survietna-
mitas, y el origen de las fuerzas militares norteamericanas entre 1966
y 1972. Aunque los norvietnamitas hubieran podido derrotar toda
fuerza enviada en su contra, esas victorias en la dimensión vertical
solamente les hubieran permitido resistir hasta que arribaran otras,
para ser vencidos en última instancia.
Tampoco tenían los norvietnamitas capacidad para interdictar el
flujo de fuerzas mandado a través del Pacífico. Carecían de submarinos
y de aeronaves que operaran en mar abierto, y su poderío terrestre no
fue suficiente para clausurar puertos y aeródromos survietnamitas
hasta el término de la guerra. Menos aún podía Vietnam del Norte
haber aplicado algún poder en la dimensión vertical contra los mismos
Estados Unidos; mientras que éstos los bombardeaban de vez en
cuando, eran por supuesto inmunes a una réplica semejante. Pero la
diplomacia y la propaganda norvietnamitas no conocían limitaciones
geográficas similares, y comenzaron por deteriorar las relaciones de los
Estados Unidos con sus principales aliados europeos, hasta que el
efecto alcanzó al mismo territorio metropolitano, con poderosas conse-
cuencias.
Sin haber nunca derrotado a ninguna unidad importante de las
fuerzas norteamericanas en combate, sin agotar el poderío material
norteamericano, los norvietnamitas vencieron mediante la exitosa
explotación diplomática y propagandística para fragmentar el consen-
so político norteamericano que sostenía la guerra, induciéndolos en
primer lugar a retirar sus propias fuerzas y luego producir una drástica
reducción del flujo de pertrechos y abastecimientos hacia Vietnam del
Sur, mientras que su propio flujo procedente de la Unión Soviética y
China continuaba sin interrupción. Cierto éxito militar era indispen-
sable para los norvietnamitas, no para ganar batallas que de otros
modos serían indefinidas, sino sencillamente para continuar las hosti-
lidades y así crear condiciones en las cuales podían obtener réditos de
diplomacia y propaganda.
Como lo demuestra el ejemplo anterior, en la confluencia de la gran
estrategia, hasta un triunfo modesto en la dimensión vertical sirve
para lograr la victoria, si se halla en armonía con las exigencias de la
dimensié,i horizontal; asimismo, los mayores triunfos militares no
ARMONIAS Y DESARMONIAS EN LA GUERRA 221

valdrán de mucho, e incluso serán contraproducentes, si ambas dimen-


siones divergen. El éxito egipcio en la guerra de Yom Kippur de octubre
de 1973 es una clara demostración del mismo principio.
Según reconocieron los mismos egipcios, no tenían posibilidades de
ganar por una acción militar directa, cruzando el Canal de Suez para
empeñarse y derrotar al ejército israelí en el Sinaí, para luego instalar-
se en la mejorforma posible o simplemente proceder a invadir al propio
Israel. Si bien las fuerzas desplegadas por el ejército egipcio eran
mucho mayores que las fuerzas en servicio activo estacionadas por los
israelíes, cuando éstos movilizaron sus reservas pudieron formar siete
divisiones de ejército que mandaron a enfrentar ocho divisiones egip-
cias con la certeza de derrotarlas, dada la superioridad aérea en todos
los niveles y en blindados al nivel operacional. (13)
Por otra parte, la situación internacional era potencialmente muy
favorable para Egipto en ese momento. Los Estados Unidos acababan
de retirarse de Vietnam y no deseaban ningún otro conflicto. La Unión
Soviética se hallaba mucho más interesada en participar activamente,
según parecía para afirmar en la realidad de la política mundial la
paridad "estratégica" que los Estados Unidos le habían concedido, con
cierta ligereza, en ios acuerdos de limitaciones de armamentos estra-
tégicos de 1972. Con una creciente demanda mundial de petróleo,
mientras declinaba la producción norteamericana, los exportadores
árabes del Golfo Pérsico se habían convertido en proveedores margina-
les que establecían el precio, y su producción era en ese momento
irreemplazable; además, cualquier interrupción del suministro revela-
ría inmediatamente su predominio. Israel, por su parte, se hallaba en
una posición diplomáticamente débil, porque parecía satisfecho con el
statu quo y no cooperaba para resolver el conflicto.
Como hemos visto, la acción en la dimensión vertical puede tener
efectos muy limitados ante circunstancias adversas, pero las potencia-
lidades en la dimensión horizontal pueden no tener efecto alguno. Si
Egipto no hacía nada, podría de cualquier forma esperar que la
creciente presión diplomática bastara para inducir a su debido tiempo
a los israelíes a devolver el territorio conquistado sin el reconocimiento
diplomático que a cambio demandaban. Y el mero transcurrir del
tiempo incrementaría la dependencia norteamericana, así como la
europea y japonesa, del petróleo árabe, aportando más presión diplo-
mática sobre Israel a largo plazo. Sin embargo, se trataba de un proceso
no sólo prolongado sino además incierto: si los Estados Unidos volvían
a participar activamente mientras la Unión Soviética se hallaba a su
vez absorbida por sus propias dificultades, los productores árabes no
afrontarían las consecuencias de tratar de explotar su control sobre los
suministros petroleros en beneficio de Egipto. Tampoco su control
sobre el mercado del petróleo iría a durar por siempre.
222 RESULTADOS: LA GRAN ESTRATEGIA

Únicamente la acción militar podía activar el potencial egipcio en la


dimensión horizontal; no en cuanto a potencial industrial, como ocurrió
con los aliados en la Segunda Guerra Mundial, sino a potencial
diplomático, la habilidad de emplear la fuerza ajena. Y eso significaba
el peso de la Unión Soviética en los asuntos mundiales y el "arma del
petróleo" árabe. Pero como ya hemos visto, los egipcios no podían en
realidad ganar la guerra, y lo sabían. Seguramente no necesitaban una
victoria total para activar las presiones diplomáticas sobre Israel;
indudablemente, si se hubieran sentido capaces de marchar hasta Tel
Aviv, en primer lugar no les hubiera hecho falta el apoyo diplomático.
Pero no podían confiar en despertar el interés de la Unión Soviética y
los Estados Unidos mediante la escasa presión de incursiones esporá-
dicas o bombardeo de artillería. Solamente podrían lograrlo si cruza-
ban el Canal de Suez, pero no en forma trasnochada, porque sobre-
vendría el contraataque israelí y era inaceptable que los expulsaran de
manera humillante. Sadat requería entonces la victoria en una ver-
dadera batalla, aunque no se concretara en una campaña triunfante al
nivel del teatro.
El Canal de Suez, unos cien metros de aguas calmas, no constituía
en sí un obstáculo importante, y los israelíes ya no ocupaban las
fortificaciones de su lado del canal, porquehabían pasado auna defensa
móvil blindada basada en el pronto despliegue de una división reforza-
da de tanques en caso de cruce. También confiaban totalmente en su
poder aéreo. (14) Así que los egipcios pudieron atravesar el canal con
bastante facilidad, aunque eso no resolvía el problema inmediato de
enfrentar a los tanques israelíes que los aguardaban. Menos todavía
podían tener esperanzas de resistir el pleno contraataque (fue sería
montado en cuanto se movilizaran las reservas israelíes, o sea unos tres
días después del cruce.
Mientras tanto, la fuerza aérea israelí, a la cual los cazas egipcios
no podían enfrentar exitosamente en combate aéreo, bombardearía
sistemáticamente las fuerzas egipcias, asumiendo que de algún modo
habían prevalecido sobre los tanques que custodiaban los puntos
probables de cruce.
El plan egipcio para resolver este problema aparentemente insolu-
ble es un modelo en su género, a causa de la armonía que lograba dentro
de las dimensiones vertical y horizontal, y entre ellas mismas. En la
dimensión horizontal, un elemento importante era de índole diplomá-
tica: el gobierno sirio, cuyas relaciones previas con Egipto estaban lejos
de lo ideal, fue de todos modos persuadido para lanzar una ofensiva
simultánea para que Israel tuviera que distraer parte de sus fuerzas de
reserva en las alturas de Golán en lugar de mandarlas al frente del
Sinaí. Así fue que dos de las cinco divisiones de tanques completas de
reserva fueron enviadas contra los sirios durante la primera semana de
ARMONÍAS Y DESARMONÍAS EN LA GUERRA 223

hostilidades. Otro elemento del plan, también en la dimensión hori-


zontal, combinó inteligencia, propaganda y engaño al intentar conse-
guir plena sorpresa para la ofensiva planeada, aunque la masa de
tropas egipcias y los equipos de tendido de puentes acercándose al canal
no podían disimularse. El intento tuvo éxito: los israelíes no decidieron
la movilización hasta las 9.20 horas del 6 de octubre, el mismo día de
iniciación de la ofensiva. Según la teoría generalizada, la sorpresa se
obtiene en esas condiciones porque las "señales" portadoras de infor-
mación correcta son enmascaradas por "ruido", o sea un gran volumen
de datos erróneos, obsoletos y engañosos; una variante de la teoría
destaca la importancia del engaño deliberado. (15) Pero puede haber
una verdad más profunda en este asunto, que ya se ha sugerido: el
engaño engaña cuando hay gran predisposición al autoengaño.
Los israelíes veri_firaron mini,rincamente In-, nrángratipng áó prio$
durante varios meses antes de la sorpresa del 6 de octubre, justamente
en la misma forma en que Stalin pudo seguir por mucho tiempo los
aprestos alemanes antes de la sorpresa del 22 de junio de 1941, y así
como los Estados Unidos supieron que Japón los atacaría en alguna
parte, mucha antes del 7 de diciembre de 1941. Pero los israelíes no
actuaron para interrumpir los preparativos egipcios, tanto por razones
internas como externas. (16) Una vez que se acepta una situación en
que se permite al enemigo montar una amenaza, sólo queda por
justificar la inacción mediante una adecuada racionalización. Para los
israelíes fue la creencia de que Sadat balandroneaba tal como lo había
hecho antes, como para Stalin fue aparentemente su convencimiento
de que Hitler enviaría un ultimátum y presentaría exigencias (que
quería aceptar); para el gobierno de Roosevelt fue el cálculo consciente
de que era políticamente conveniente que la guerra comenzara median-
te una acción japonesa (pese a que el ataque a Pearl Harbor fue
inesperado, por supuesto). Sucedió que la racionalización israelí fue
tan potente que predominó sobre advertencias muy claras, si se ven las
cosas retrospectivamente.
Sin embargo, no es mucho lo que puede decirse de cualquier teoría
sobre la sorpresa. Las advertencias verídicas que no se ignoran por
culpa de alguna inhibición política y no son suprimidas pro alguna ra
cionalización, pueden simplemente convertirse en falsas alarmas des-
pués del hecho, en una versión especialmente dirigida de la inversión
de los opuestos en la estrategia. En las circunstancias de octubre de
1973, si los israelíes hubieran ubicado un espía o un micrófono en el
despacho de Sadat para escuchar lo que se planeaba con algunas se-
manas de anticipación, y hubieran movilizado sus reservas para mandar
alfrente dos o tres divisiones, Sadathubiera debido cancelar su ofensiva.
Entonces nada hubiera ocurrido el 6 de octubre, transformando la
información verídica en una falsa alarma. Por supuesto que la próxima
224 RESULTADOS: LA GRAN ESTRATEGIA

vez la sorpresa podría lograrse, porque anteriormente había fracasado.


Tal como ocurrió con la movilización de las divisiones de reserva
israelíes demorada por la sorpresa, los egipcios todavía debían enfren-
tarse con los tanques y aviones. En realidad, el planeamiento de Sadat
no presumía que su ejército fuera capaz de soportar un contraataque
del ejército israelí completamente movilizado, aunque fuera tardío y
parcialmente dividido hacia el frente sirio. Para ese problema aparen-
temente insuperable estaba a mano otra solución de la dimensión
horizontal: luego de varios días de lucha, una vez que el apoyo de los
productores de petróleo y de la diplomacia soviética fuera activado y los
Estados Unidos correspondientemente alarmados, Egipto obtendría
un cese del fuego obligatorio en el Consejo de Seguridad de las Naciones
Unidas que congelaría las líneas posteriores al 6 de octubre y asegura-
ría sus conquistas. Pero todavía quedaba el problema de los tanques en
posición del otro lado del canal, y de la siempre lista fuerza aérea israelí.
En este punto, la armonía de las dimensiones no era suficiente, y había
que planificar alguna solución dentro de la dimensión vertical exclusi-
vamente.
Esto también fue resuelto exitosamente en el plan egipcio, coordi-
nando la acción a cada nivel. Lo más notable fue la provisión de gran
cantidad de armas antitanques y misiles antiaéreos, una solución a
nivel técnico. Sucedió que los misiles antiaéreos fueron mucho más
exitosos de lo esperado, y las armas antitanques también superaron las
expectativas, al menos al principio de la guerra. Pero todavía las armas
de por sí no podrían haber significado una diferencia. Los planificado-
res todavía tenían una respuesta a nivel táctico para la amenaza de los
tanques israelíes. Equipos de cazadores de tanques integrados por
rudos soldados a pie, iban a atacarlos en sus posiciones de fuego a corta
distancia con cohetes portátiles, aprovechando la falta de una escolta
de infantería para la defensa cercana; en realidad, los tanques demo-
raron la llegada a sus posiciones, así que los egipcios se encontraron
emboscándolos en condiciones inmejorables.
Aún más importante fue una solución a nivel operacional, dirigida
al poder aéreo israelí y también a los tanques. La fuerza de cruce
egipcia consistió en infantería motorizada y a pie, inás que en unidades
blindadas. Desviándose del planteo clásico, donde la infantería con-
quista cabezas de puente para que las columnas rápidas de blindados
crucen dentro del día o poco más tarde, los egipcios quisieron privar a
los tanques israelíes de los mejores blancos para su artillería,y además
dispersar el efecto de sus ataques aéreos. Sucedió que los tanques se
vieron obligados a dispararle a la infantería con tiros perforantes
después de agotar enseguida la munición de las ametralladoras. En
cuanto a los cazabombarderos israelíes, en lugar de atacar vehículos
blindados bien delineados, se encontraron bajo la amenaza constante
ARMONÍAS Y DESARMONÍAS EN LA GUERRA 225

de los misiles mientras desparramaban sus bombas contra infantéría


dispersa. El efecto se agravaba a nivel de estrategia de teatro porque
los egipcios no intentaron concentrar el esfuerzo, sino que cruzaron por
muchos puntos todo a lo largo de los 110 kilómetros del Canal de Suez.
Entonces la fuerza aérea israelí fue incapaz de atacar los medios de
cruce en sí: en vez de pocos puentes pesados y muy visibles para
columnas blindadas, fáciles de destruir y difíciles de reparar, sus pi-
lotos se hallaban ante muchos puentes livianos de pontones, cuyas
secciones dañadas podían reemplazarse con facilidad, así como con
denso tránsito de lanchas y veláculos anfibios que ni siquiera valía la
pena atacar.
Para el caso, las armonías del plan egipcio produjeron gran éxito. El
cruce del Canal de Suez fue cumplido debidamente el 6 de octubre, y los
egipcios soportaron tanto la resistencia de los tanques israelíes en la
línea como los ataques aéreos. En el ascenso de la curva del éxito,
inclusive derrotaron al primer contraataque de las fuerzas moviliza-
das, el 8 de octubre. (17) Ahora el "arma del petróleo" estaba siendo
activada, los Estados Unidos se sentían alarmados, y la Unión Sovié-
ticajugaba el papel señalado. Pero luego de tan inesperado triunfo, los
egipcios que habían soportado tanques y aviones no pudieron soportar
la tentación. En lugar de aceptar un cese de fuego favorable en el sitio
en que se encontraban. decidieron forzar la fortuna de la guerra. El 14
de octubre lanzaron una ofensiva blindada clásica, tratando de comba-
tir por encima de sus límites de competencia y sobrepasando su punto
culminante de éxito. La pronta derrota de la ofensiva marcó el giro de
los acontecimientos. Para el 15 de octubre de 1973, los israelíes habían
cruzado a su vez el Canal de Suez, y en una semana eran los egipcios
quienes estaban pidiendo un cese de fuego en una posición en que
quedaba rodeada buena parte de su ejército, y los israelíes a apenas 110
kilómetros de El Cairo. Por supuesto que esafue solamente una victoria
ál nivel operacional y nunca de gran estrategia, porque los israelíes no
podían continuar y ocupar la capital para imponer la paz en sus propios
términos.
En cambio, fue Egipto quien obtuvo una victoria concluyente, si bien
estrictamente limitada al nivel de gran estrategia, señalada formal-
mente por el acuerdo de desaferramiento de 1974 que dejó a Egipto con
el control de ambas márgenes del Canal de Suez. Entonces, una vez
más, los resultados obtenidos dentro de la dimensión vertical exclusi-
vamente suelen tener efectos limitados para la gran estrategia, cuando
las transacciones en la dimensión horizontal se inmiscuyen; en forma
similar, las potencialidades en la dimensión horizontal no se desarro-
llan totalmente sin alguna transacción en la dimensión vertical. La
guerra sin un buen uso de la política fracasa casi inexorablemente, pero
la política no puede triunfar siempre sín guerra.
CAPÍTULO 15

¿PUEDE SER úTIL LA ESTRATEGIA?

Mi propósito ha sido poner en claro el proce-


so de la lógica paradójica en sus cinco niveles y dos dimensiones,
ofreciendo en el proceso una teoría general de la estrategia que describe
pero no prescribe. En cuanto a la deducción de reglas de conducta,
i mplicaciones prácticas, y hasta un esquema completo de gran estrate-
gia, eso debe quedar para quienes tienen el poder de decisión en
determinado tiempo y lugar, si bien la teoría sugiere claramente cómo
pueden optimizarse los resultados: por cierto que nunca reduciendo
asuntos complejos para extraer opciones definidas aplicables cada una
a un tiempo, sino logrando decisiones concertadas cuidadosamente
reiteradas a través de los cinco niveles y dos dimensiones, para
asegurar una armonía tolerable entre todos ellos; además, nunca
persiguiendo el éxito sin limitación alguna, sino ejerciendo una mode-
ración deliberada en esas circunstancias, para evitar exceder puntos
culminantes a cada paso.
Pero todavía existen razones para vacilar antes de aplicar la teoría
general. La primera consiste en la gran complejidad implícita en la
tarea de armonización. Si se la tiene en cuenta, entonces la elección de
una sola arma se convierte en una empresa trabajosa. Ya no bastan
elaborados cálculos presupuestarios y ensayos técnicos. El arma tiene
además que ser evaluada a nivel táctico, examinarse su empleo inicial,
anticipar las reacciones del enemigo, y entonces cerciorarse del efecto
global de sus consecuencias. Y esto es sólo el preludio del análisis al
nivel operacional, y luego al nivel de la estrategia de teatro, que deberá
repetirse para cada teatro de interés. Si el arma posee suficiente
i mportancia como para hacerla conocer más allá de los estrechos
círculos especializados, a causa de características novedosas, aspecto
i mpresionante, gran tamaño, o por ser nuclear, las posibles repercusio-
nes diplomáticas y propagandísticas en la dimensión horizontal tienen
que ser también evaluadas antes de que pueda efectuarse una apre-
ciación a nivel de gran estrategia. Así y todo, será únicamente una
estimación provisional, dependiendo de una evaluación del -rango de las
posibles reacciones futuras, tanto de aliados como enemigos. Si se
¿PUEDE SER ÚTIL LA ESTRATEGIA? 227

adquiere la nueva arma, no sólo deben entrar a considerarse las


fuerzas, armas, contramedidas ,y actitudes vigentes, sino además las
nuevas configuraciones que su aparición pueda provocar.
Seguramente que algunas de estas consideraciones ya se incluyen
en las decisiones militares. Ni siquiera el pragmatismo más irrespon-
sable permitiría que los temas nucleares fueran decididos exclusiva
mente por razones operativas; tampoco es posible que las opciones
técnicas en el diseño bélico ignoren totalmente las necesidades del
empleo táctico. Sin embargo, todavía existe una ancha brecha entre la
práctica actual y la completa reiteración a través de los niveles y
dimensiones que requeriría la aplicación de la teoría. Bastante a
menudo ocurre que los partidarios de tal o cual decisión se concentran
en el análisis de uno o dos niveles, los que corresponden a su propia
experiencia o aquellos en los cuales obtendrán resultados favorables.
Los anales de la historia militar están repletos de casos de armas
técnicamente impresionantes que nunca se hubieran construido de
haberse tenido en cuenta reacciones tácticas elementales (como en el
caso de los costosos tanques Ferdinando, perdidos en la batalla de
Kursk por los alemanes en 1943, porque carecían de ametralladoras
para enfrentar a la infantería rusa); o de armas táctica y técnicamente
exitosas cuyo fracaso operacional debió anticiparse (el avión antitan-
que probado por cada bando en la Segunda Guerra Mundial y ahora
reactualizado con gran costo, que en subúsqueda de concentraciones de
tanques encontrará además concentraciones de cañones antiaéreos); o
de armas exitosas en todos los niveles militares pero contraproducen-
tes al nivel de gran estrategia, a causa de la reacción de otras potencias
(los acorazados alemanes anteriores a 1914, que sólo sirvieron para
concitar la hostilidad letal de Gran Bretaña).
Si la teoría ha de ser usada para definir todo un esquema de gran
estrategia, más que como guía para una simple decisión, entonces
aguardan complicaciones mucho mayores. En primer lugar, las metas
de la política nacional deben ser congruentes, aunque se hayan esta-
blecido por tradición, compromiso burocrático, voluntad del dictador o
elección expresada democráticamente. No importa si se las considera
sabias o tontas, sino que no se excluyan mutuamente ni se las clasifique
en forma incoherente, porque en ese caso no es concebible la definición
de una gran estrategia normativa. Luego es necesario elaborar precisas
normas de conducta para las dimensiones vertical y horizontal de la
estrategia, detallando completamente la política militar a cada nivel y
la política exterior hacia todos los países relevantes.
Además de la ingeniosidad elegante que ese gran esquema pueda
contener, su implementación depende de una multitud de decisiones
políticas detalladas. En política militar, las prioridades establecidas
por el esquema, que irían desde el alistamiento inmediato para el
22 8 RESULTADOS: LA GRAN ESTRATEGIA

combate hasta el potencial futuro, tienen que ser confirmadas en los


centenares de rubros atinentes del presupuesto; las prioridades de las
fuerzas que habrán de conservarse, por otra parte, darán lugar a
complicaciones que no serán únicamente administrativas, ya que las
ramasy servicios se resistirán a cualquier plan de reducción que tienda
al desarrollo de otros. En el resultado de la ecuación militar, debe
quedar definido el empleo previsto de fuerzas en los niveles estratégico
de teatro y operacional, para fundamentar objetivos y métodos opera-
cionales congruentes para cada teatro de interés. En la conducción de
la política exterior, las pautas del esquema requerirán una implemen-
tación similar a la ya detallada para cada uno de los organismos bu-
rocráticos responsables de la diplomacia, propaganda, operaciones
secretas y acción económica, con la posibilidad de que esta última
encuentre resistencia o simplemente fracase cuando los propósitos
estratégicos colisionen con los intereses internos.
Aunque no exista un parlamento elegido para debatir la intención
del poder ejecutivo y su esquema de gran estrategia, aunque no haya
grupos de interés ajenos al gobierno con capacidad de desafiar sus
políticas, el diversificado aparato burocrático de los Estados modernos
constituye en sí mismo un poderoso obstáculo para la implementación
de cualquier esquema general de gran estrategia. Cada departamento
civil y militar está estructurado pára perseguir sus propias metas
distintas, más que la optimización de objetivos de política nacional en
forma global. Sean o no conscientes de ello, quienes atiborran los
diferentes organismos tienden a resistir un esquema concertado siem-
pre que se oponga a sus intereses burocráticos particulares, hábitos y
urgencias; además, puede que carezcan de idoneidad o medios que
hasta entonces no se necesitaron, pero que ahora son requeridos por el
nuevo esquema. Ocurre de manera que la organización del Estado
moderno es al mismo tiempo un instrumento esencial y un poderoso
impedimento para la implementación de una gran estrategia norma-
tiva.
Una segunda razón para la pusilanimidad en la aplicación de la
teoría general es de fondo, más que de procedimiento. No resulta fácil
pergeñar correctamente soluciones estratégicas que superen la mera
i mprovisación pragmática. La percepción de la lógica paradójica de la
estrategia en sus cinco niveles y dos dimensiones puede prontamente
exponer el error de tomar decisiones en un solo nivel, o de formular
políticas unidimensionales que ignoren las reacciones ajenas. Pero
para proceder de lo negativo a lo positivo se hace necesario contender
con todos los aspectos relevantes de un problema, a cada nivel, en
ambas dimensiones, y todo a la vez. Las dificultades de procedimiento
pueden ahora convertirse en la causa de información equivocada en la
toma de decisiones, y de distorsiones a la hora de la acción. En otras
¿PUEDE SER ÚTIL LA ESTRATEGIA? 229

palabras, el elaborado procedimiento de decisión y la estrecha coor-


dinación de políticas que se requiere para aplicar la teoría, permiten
que haya muchas más oportunidades de cometer errores. La superio-
ridad teórica de una conducta estratégica adecuada puede de ese modo
naufragar en la práctica, así como en el combate un plan de maniobra
muy superior en teoría puede resultar tan cargado con fricciones
agregadas, que en la realidad sea peor que un ataque frontal, con su
brutal sencillez.
El problema de fondo es enorme, obviamente, cuando se trata de
planificar un esquema completo de gran estrategia. Ahora sabemos que
los alegatos escuchados con frecuencia públicamente por una estrate-
gia nacional "coherente" o "consistente" no son sólo necios, sino que
realmente confunden. Sugieren que la política de cada organismo
debiera ser coordinada estrechamente con una política nacional que
tenga lógica en términos de sentido común, mientras que en estrategia
solamente las políticas aparentemente contradictorias pueden eludir
el efecto contraproducente de la lógica paradójica. Por ejemplo, si
durante la consideración de un esquema de gran estrategia se alcanza
un punto donde se estima necesario cierto incremento en el alistamien-
to bélico actual (pese a que no pueden aumentarse los gastos militares),
habrá que elevar los niveles de personal, acopios y adiestramiento a
expensas del desarrollo a largo plazo de cierto armamento, la construc-
ción de instalaciones, o algo similar. Como el resultado tiende a
aumentar el poderío actual a costa del poderío futuro, tal política
militar demandaría una política exterior conciliatoria, para reducir
eventualmente la intensidad del conflicto mediante una instancia
diplomática apaciguadora, quizc; restringiendo la propaganda y las
operaciones secretas, o directamente efectuando concesiones. Sujeta a
muchas otras variables que aquí se ignoran, una política militar "dura"
de poderío inmediato requeriría así una política exterior "blanda".
Como resultado, la conducción global de la política nacional no parecerá
coherente ni consistente, precisamente porque consigue armonizar
ambas dimensiones de la estrategia.
Este ejemplo en particular sugiere otro grave obstáculo a la conduc-
ción estratégica a nivel nacional: sería bastante complicado para los
dirigentes políticos democráticos seguir políticas que tan fácilmente
pueden tildarse de ilógicas y contradictorias (además, a través de este
ejemplo y muy a menudo se los podría acusar de apaciguadores).
En general, sería difícil mantener el apoyo popular a políticas
paradójicas cuando inevitablemente pueden sólo explicarse a través
del medio adverso del discurso con sentido común. Sin embargo, la
dificultad no es universal. Los gobiernos dictatoriales tienen la ventaja
de que pueden seguir políticas deliberadamente contradictorias sin
necesidad de dar explicaciones. Pueden combinar una diplomacia
conciliatoria y efectuar concesiones destinadas a relajar la vigilancia
23 0 RESULTADOS: LA GRAN ESTRATEGIA

de sus adversarios, con un acelerado esfuerzo armamentista; pueden


tronar y amenazar en una dirección mientras se preparan para actuar
en otra; y pueden lanzar ataques sorpresivos en la mayor escala. Los
gobiernos democráticos también pueden incrementar su alistamiento
militar, por supuesto, pero no les es posible disimularlo, porque debe
crearse una atmósfera pública de temor u hostilidad para justificar los
sacrificios; pueden amenazar a otros países, pero sólo después que la
acción ha sido justificada abiertamente; y no pueden lograr la sorpresa
política (ni la estratégica) si deciden atacar; solamente conseguirán la
sorpresa táctica en circunstancias en que una crisis ya ha ido preparan-
do al pueblo para la guerra.
No obstante, tantas complicaciones, obstáculos, fricciones y obje-
ciones políticas que impiden el uso práctico de la teoría general no
disminuyen de ningún modo su validez ni prohíben su aplicación.
Significan simplemente que la conducción estratégica a cualquier nivel
está cargada de dificultades, tal como la guerra y la diplomacia. Sin
duda que en muchos casos todos los inconvenientes podrían y deberían
ser superados para implementar la lógica y así obtener mejores resul-
tados en cuestiones de disímil magnitud, desde la formulación de
estrategias y métodos operacionales de teatro hasta el desarrollo de
armas específicas, desde opciones tácticas hasta la conducción de as-
pectos conflictivos en política exterior.
Aun si la meta es mucho más ambiciosa, tal como pergeñar e im-
plementar una gran estrategia nacional que armonice la política en
todos los niveles, es posible que los impedimentos puedan vencerse con
un gran esfuerzo intelectual, una tenaz prosecución del propósito, y
mucho ingenio político. Sin embargo, existe un peligro siniestro que
amenaza tan excepcional conquista. De hecho, se involucran enormes
incertidumbres en el planteo de cualquier esquema importante de gran
estrategia. El éxito en la formulación e implementación encierra la real
posibilidad de que el error esté sistematizado. Las decisiones pragmá-
ticas de poco vuelo y las improvisaciones descoordinadas que marcan
la conducta cotidiana del gobierno producen seguramente muchos
errores, pero la mayoría son de escasa magnitud, y con un poco de
suerte muchos se anularán recíprocamente. La aplicación exitosa de
una gran estrategia normativa debería reducir apreciablemente la
prevalencia de pequeños desfasajes de desarmonía, pero únicamente a
riesgo de concentrar energías para perpetrar equivocaciones mucho
mayores.

POST SCRIPTUM

A pesar de los obstáculos, fricciones y riesgos, la teoría general aquí


presentada ofrece alguna oportunidad para su aplicación práctica.
¿PUEDE SER ÚTIL LA ESTRATEGIA? 231

Puede que no sirva de ayuda a soldados y estadistas en idéntica forma


en que los exploradores son auxiliados por un buen mapa topográfico,
pero al menos les presta cierta utilidad, de manera semejante a una
guía de plantas venenosas para exploradores de la jungla; los consejos
negativos también pueden ser valiosos.
Primero, una vez que se comprende que las condiciones de la lógica
paradójica son siempre conflictivas, la práctica de la estrategia puede
quedar liberada de la sistemáticamente confusa influencia de la lógica
del sentido común. Para la conducción de la política exterior, esto ofrece
la perspectiva de una eventual liberación de la falsa disciplina de la
consistencia y coherencia, para dar campo a políticas concertadas que
son deliberadamente contradictorias. Los líderes militares han sido
siempre capaces de seguir tácticas y métodos operacionales paradójicos
(tanto es así que los movimientos no con , , encion :les ahora coinciden
con los conceptos del sentido común sobre cómo debiera combatirse),
pero un nuevo reconocimiento del penetrante alcance de la lógica puede
librarlos de la imposición del pensamiento de lógica lineal de la política
militar de tiempo de paz, con sus dañinas derivaciones y su confuso
criterio de eficiencia.
Segundo, una vez que se comprenden las consecuencias dinámicas
de la lógica, la aplicación de restricciones en la prosecución del éxito en
l a guerra o en la paz, en la conducción de una ofensiva o en la cons-
trucción de armas, ya no dependerá de vagos instintos de moderación,
sino que puede sostenerse por una apremiante racionalidad cuando se
acercan puntos culminantes. Simplemente, el apercibirse de la in-
acabable dinámica de la lógica puede servir de alarma contra los
excesos para proveer un firme muro de precaución contra el impulso
instintivo hacia el éxito ilimitado.
Tercero, una vez que se comprende la estructura de la estrategia,
con sus distintos niveles y dimensiones, toda una clase determinada de
errores puede ser expuesta, resistida, o directamente inhibida; se trata
de esos errores frecuentes que surgen de decisiones tomadas arbitra-
riamente en algún nivel ignorando a los restantes, de la prosecución del
éxito en una sola dimensión en desarmonía con la otra.
Pero una disciplina no necesita poseer valor práctico para merecer
nuestra atención: el estudio de la estrategia debería ser su propia
recompensa, porque es lo único que puede explicar las exasperantes
continuidades y las desconcertantes contradicciones que saturan la
experiencia humana del conflicto.
APÉNDICES

OBRAS CITADAS

NOTAS

ÍNDICE ALFABÉTICO
APÉNDICE 1

Definiciones de Estrategia

Mi propósito es demostrar la existencia de la estrategia como un


cuerpo de reiterados fenómenos objetivos que surgen del conflicto
humano, sin prescribir cursos de acción. La mayoría de las definiciones
corrientes son exclusivamente normativas, como si se hubiera asumido
que no existen esos fenómenos objetivos, o quizá que son demasiado
obvios para que valga la pena definirlos. Por supuesto que esto suscita
la cuestión sobre si hay una base para establecer prescripciones
generales, o si sólo puede brindarse algún consejo en asuntos específi-
cos, sobre cómo tratar una cuestión particular en un contexto dado.
Clausewitz, el más grande estudioso de la estrategia, simplemente
no sintió ningún interés en definiciones generales ni abstractas; opin a-
baque intentarlos era fútily pedante. Supropiadefinición de estrategia,
con la espontaneidad que lo caracterizaba, se origina para diferenciarla
de la táctica, .y es presentada en forma común: "Todo el mundo conoce
bastante bien adónde pertenece cada factor en particular... Cuando
quiera que tales categorías son usadas a ciegas, debe haber una razón
profunda para ello... Rechazamos, por otra parte, las distinciones
artificiales de ciertos autores, ya que no se ven reflejadas en el uso
general. De acuerdo con nuestra clasificación, entonces, la táctica
enseña el uso de las fuerzas armadas en el combate; la estrategia, el
usodeloscombatesparaalcanzar elobjetivo delaguerra".On War,libro
2, cap. 1, pág. 128 (edición Princeton).
Como en el caso de muchos términos científicos, la palabra "estra-
tegia" (en francés stratégie, en italiano strategia) deriva indirecta-
mente del griego strategos (general), que no posee la connotación ac-
tual. El equivalente griego de nuestra "estrategia" hubiera sido strategike
episteme (conocimiento de los generales) o strategon sophia (sabiduría
de los generales). Analogías como strategkkos, como en el título de la
obra de Onosander, o el muy posterior strategikon (de Mauricio), tienen
una connotación didáctica. Por otra parte, strategemata (Strategematon
es el título griego del trabajo en latín de Frontino) describe una
compilación de strategema, precisamente "estratagemas" o ardides de
guerra (ruses de guerre). Mucho más comúnmente usado por los grie-
236 APÉNDICE 1

gos, a partir de Eneas en el siglo IV A. C. hasta Leo en el siglo VII D.


C. y más adelante, fue taktike techne, que describe todo un cuerpo del
conocimiento sobre conducción de la guerra, desde abastecimientos
hasta retórica exhortatoria, incluyendo técnicas y táctica propiamente
dicha, y así también diplomacia menor. Taktike techne, o más bien su
traducción latina ars bellica, reapareció en 1518, siendo usado por
Maquiavelo como "arte della guerra" en Los discursos sobre Tito Livio
(quien en realidad empleaba ese término) y más tarde en el título de su
Arte de la guerra, que se difundió ampliamente (Kriegskunst, art de la
guerre, art of war). Ver Virgilio Ilari, "Politica e strategia -Iobale",
Jean, ed., Il pensiero strategico (1985), págs. 57-59.
Para Clausewitz la "estrategia" era normativa, y así sigue siendo en
la definición contemporánea norteamericana: "Ciencia, arte o plan
(sujeto o revisión) que dirige el reclutamiento, la preparación y la
utilización de las fuerzas militares de una nación (o coalición) con el fin
de que sus intereses sean efectivamente promovidos o protegidos
contra enemigos reales, potenciales o meramente presumidos". King,
ed., Lexieon of Military Terms (1960), pág. 14.
En forma característica, una definición norteamericana moderna
de origen militar oficial es mucho más amplia: "Arte y ciencia de de-
sarrollar y usar fuerzas políticas, económicas, psicológicas y militares
según se necesiten durante paz y guerra, para proporcionar el máximo
apoyo a las políticas a fin de incrementar las probabilidades y conse-
cuencias favorables de la victoria y aminorar las posibilidades de la
derrota". Junta de Jefes de Estado Mayor de los Estados Unidos,
Dictionary of United States Military Terms for Joint Usage (1964),
pág. 135.
Aún más amplia pero igualmente prescriptiva es la definición
normal de estrategia del diccionario Webster's: "Ciencia y arte de em-
plear las fuerzas políticas, económicas, psicológicas y militares de una
nación o grupo de naciones para proporcionar el máximo apoyo a las
políticas adoptadas, en paz o guerra".
La definición que se encuentra en la obra colectivay exageradamen-
te oficialista Estrategia militar soviética, cuya autoría se atribuye al
mariscal V. D. Sokolovsky, quien revela sus preocupaciones marxistas
y burocráticas, diferencia entre el significado descriptivoy el prescriptivo:
"La estrategia militar es un sistema de conocimiento científico que
trata de las leyes de la guerra en un conflicto armado, en nombre de
definidos intereses de clases. La estrategia estudia las condiciones y la
naturaleza de la guerra futura, los métodos para su preparación y
conducción, las ramas de las fuerzas armadas y los fundamentos para
su utilización estratégica, así como los fundamentos para el apoyo
material y técnico, de la conducción y lasfuerzas armadas, sobre la base
de la experiencia militar, las condiciones políticas y militares, el
DEFINICIONES DE ESTRATEGIA 237

potencial económico y moral del país, nuevos medios de combate y las


opiniones y el potencial del probable enemigo. Al mismo tiempo, es ésta
el área de actividades prácticas de la alta conducción política y militar,
del comando supremo, y de los comandos superiores, que pertenece al
arte de preparar un país y sus fuerzas armadas para la guerra y su
conducción". Scott, ed., Soviet Military Strategy (1975), pág. 11.
La sucinta definición del general André Beaufre, normativa pero
basada en lo descriptivo, resulta congruente con mi propio propósito en
este libro: "Part de la dialectique des volontés employant la force pour
resoudre leur conflict" (el arte de la dialéctica de las voluntades que
emplean la fuerza para resolver su conflicto). Introduction á la stratégie
(1963), pág. 16.
APÉNDICE 2

El Ejército Soviético: un comentario

Ha persistido el hábito de medir al ejército soviético por el número


de sus divisiones. Siempre tuvo muchas, en parte por la conscripción
general de la juventud, y porque los ex conscriptos quedan asignados
a unidades de reserva estructuradas y equipadas, mantenidas en
variados Estados de alistamiento. Indudablemente, en gran medida
este ejército puede contexiplarse como un enorme aparato de produc-
ción de reservas, en forma muy parecida al israelí. Los resultados son
impresionantes: por ejemplo, en el momento en que esto se escribe, se
estima que hay 51 divisiones de tanques, 142 divisiones de "fusileros
motorizados" (realmente todas mecanizadas), y 7 divisiones aerotrans-
portadas; tres cuartas partes de ellas están formadas solamente por
cuadros en servicio activo, pero todas pueden salir a campaña a corto
plazo. Las estimaciones occidentales sobre las demoras de lamovilización
no son confiables; no entra en el estilo militar soviético insistir en el
complicado milagro de unidades totalmente completas, adiestradas y
equipadas, sino que prefieren mandar las unidades a la acción en
cuanto adquieren la idoneidad mínima y el equipo básico. Y la estructu-
ra de la guerra de blindados favorece ese enfoque, porque si bien
fuerzas de alta calidad son necesarias en las puntas de lanza, la
embestida blindada en su conjunto puede también obtener masa y
empuje de fuerzas de menor calidad.
Sin embargo, en las operaciones bélicas el combate no se libra por
divisiones, sino por cuerpos de ejército, o sea agrupamientos de cuatro
o cinco divisiones bajo un solo comando, con su propio apoyo orgánico
no perteneciente a las divisiones. Por ejemplo, actualmente se supone
que cada cuerpo incluye un gran complemento de artillería, una unidad
de misiles superficie-superficie, un gran complemento antiaéreo, un
regimiento de 64 helicópteros, un batallón de elite de asalto aéreo y un
regimiento blindado con nada menos que 150 tanques (algunas divi-
siones occidentales poseen sólo 200).
Los cuerpos de ejército son a su vez reunidos en "frentes", la unidad
de planeamiento para grandes operaciones, que nuevamente cuenta
con su propio apoyo orgánico. Por ejemplo, actualmente se supone que
240 APÉNDICE 2

cada frente incluye una división completa de artillería, con casi tantos
cañones, obuses y morteros pesados como algunos de los cuerpos de
ejército más pequeños de Occidente (240 en total), unidades antiaéreas
en escala semejante, misíles superficie-superficie con cabeza nuclear,
dos regimientos de helicópteros, una brigada de elite de asalto aéreo y
una brigada blindada independiente con cerca de 200 tanques.
Por consiguiente, se nota que la cantidad de divisiones se hace
doblemente confusa en el caso del ejército soviético. Por un lado, porque
sus divisiones son más pequeñas que las de los ejércitos occidentales
más importantes, incluyendo el norteamericano; por el otro, porque el
procedimiento desdeña el gran poderío de los elementos de apoyo de los
estimados cuarenta "cuerpos de ejército" y dieciséis "frentes".
Otro factor significativo en la capacidad bélica del ejército soviético
es asimismo dejado de lado en las sumas de divisiones (y equipos): las
fuerzas de elite, que se asemejan a las tropas de comandos, en un
ejército por lo demás totalmente mecanizado. Reclutados, adiestrados
e inspeccionados por una organización separada (VDV, Vozdushno
Desantnye-Voyska), sirven por períodos mucho mayores que los demás
conscriptos (cinco años) y son paracaidistas (aunque en casi todos los
casos arribarán en aviones o helicópteros). Ha sido específicamente
desarrollada para la VDV toda una familia de vehículos aerotrans-
portables, blindados livianos de orugas. Sus fuerzas actuales son las
siguientes: siete divisiones aerotransportadas con 7000 hombres cada
una, vehículos blindados aerotransportables y artillería orgánica;
brigadas de asalto aéreo de primera línea con 2000-2500 hombres y
algunos vehículos blindados (son de transición o preparadas para
frentes secundarios); batallones de asalto aéreo a nivel de cuerpos de
ejército con menos de 500 hombres cada uno. Además, hay fuerzas
especiales (Spetznats) tipo comandos, algunas de las cuales pueden
operar disfrazadas. Al presente se cree que hay 19 brigadas y regimien-
tos de Spetznats, pero esas designaciones exageran mucho los niveles
reales de efectivas. Finalmente, la armada soviética cuenta con 18.000
hombres en su infantería de marina de elite.

Fuentes: Instituto Internacional de Estudios Estratégicos, Military


Balance, 1986-87, pág. 37. David C. Isby, "Brigadas de asalto aéreo y
aerotransportadas del Ejército Soviético", AmphibiousWarfareReview
(1985). Norman Polmar, "Infantería de Marina Soviética", ídem.
APÉNDICE 3

La NATO, el Ejército Soviético, y otras fuerzas del


Pacto de Varsovia: términos de comparación

Las estimaciones comparativas del poder militar basadas en infor-


maciones numéricas de unidades y equipos son sistemáticamente
confusas, porque pasan por alto la parte principal del asunto: los
factores intangibles tales como moral, disciplina, cohesión y conduc-
ción, así como la calidad de las tácticas, métodos operacionales y
estrategias de teatro. Pero las comparaciones entre fuerzas terrestres
de la NATO y del Pacto de Varsovia según esos parámetros suelen
resultar más confusas que lo usual, porque la unidad habitual de
cuenta, la división, en principio no es válida para el ejército soviético
(ver Apéndice 2), y de cualquier modo combina una multitud de
formaciones radicalmente diferentes en cuanto a efectivos, aunque se
suponga que son del mismo tipo.
Por ejemplo, al presente se estima que las divisiones blindadas de
primera línea completas cuentan con 10.500 hombres y 322 tanques
(hay otras mucho menores); su contraparte norteamericana, en cam
bio, tiene 16.500 hombres pero solamente dos tanques más (324).
Igualmente, ias divisiones de primera línea de "fusileros motorizados"
(mecanizadas) completas poseen 12.500 hombres y 271 tanques, y las
divisiones mecanizadas norteamericanas 16.000 soldados .y 270 tan-
ques. Las divisiones alemanas, las más importantes del dispositivo de
la NATO, cuentan con menos tanques, 300 en las divisiones Panzer y
250 en las Panzergrenadier, pero más hombres, 17.000 y 17.500,
respectivamente. Las divisiones blindadas británicas con 16.300 hom-
bres tienen sólo 285 tanques, apenas más que las de fusileros mo-
torizados soviéticas, mientras que las francesas son mucho menores
que éstas últimas, incluso en personal.
En realidad, hay una diferencia estructural bastante importante
entre las fuerzas terrestres de la NATO y las soviéticas: las divisiones
de este último ejército, con cuatro regimientos, disponen de menos
hombres y más armas pesadas que las divisiones de la NATO con tres
brigadas, especialmente respecto a tanques y transportes de combate
imprescindibles para operaciones ofensivas, pero además en artillería
y armas antiaéreas. Las fuerzas de la NATO están equipadas con
242 APÉNDICE 3

armas más costosas producidas en mucho menor escala, y poseen


menor cantidad de todas ellas, incluso en el caso de armas puramente
defensivas como los misiles antitanque. Así que la pobre Unión Sovié-
tica cuenta con fuerzas capital-intensivas, mientras que las fuerzas
terrestres de la rica NATO son mano de obra intensivas.
Si las cifras de personal se toman como medida principal del poder
de combate, las divisiones soviéticas deben reducirse al 60 por ciento al
compararlas con las norteamericanas y alemanas. Pero si se juzga por
el equipamiento disponible, están a la par. En este caso, las cifras esti-
madas después de la plena movilización no son muy tranquilizadoras
para la Alianza: 110 divisiones de tanques y fusileros motorizados para
los soviéticos, contra 89 blindadas y mecanizadas de la NATO. Si se
ensancha la comparación para incluir las divisiones no mecanizadas
(fuerzas de infantería a pie o en camiones, aerotransportadas y de
montaña), la suma divisional es mucho más favorable para la NATO:
actualmente podría mandar a campaña 54 de esas divisiones después
de la movilización, opuestas a sólo seis soviéticas. Mas mientras las
primeras son casi todas de simple infantería de reserva, equipadas con
poco más que sus botas, las últimas son divisiones aerotransportadas
de elite, aunque muy pequeñas, con unos 7000 hombres cada una.
De hecho, otra diferencia sistemática entre las fuerzas terrestres
del Pacto de Varsovia y de la NATO es la homogeneidad estructural de
las primeras y la enorme diversidad de las últimas. En el dispositivo
completo de divisiones que cada bando puede movilizar para el comba-
te, según estimaciones vigentes, son 143 para la NATO y 180 para sus
oponentes, pero solamente hay tres tipos básicos (tanques, fusileros
motorizados, aerotransportadas) que comprenden prácticamente a
todas las divisiones del Pacto, en oposición a un verdadero muestrario
de diversas clases en la NATO, incluyendo la infantería de alta
montaña italiana (alpini), infantes de marina norteamericanos, divi-
siones Panzer alemanas, infantería a pie turca, divisiones griegas de
reserva que existen principalmente en los papeles, y divisiones britá-
nicas compuestas por profesionales veteranos. En la medida en que la
diversidad refleje la adaptación a los requerimientos locales del terreno
y ciertas ventajas comparativas en el orden nacional -el ejército turco
cuenta con excelente infantería, los alemanes son superiores en blinda-
dos, los italianos se destacan como montañistas-, eso favorece a la
NATO. Pero la gran masa de divisiones no mecanizadas de la Alianza
despierta sospechas; se cree que no representan una adaptación a
circunstancias variables, sino una severa carencia de vehículos blinda-
dos en los ejércitos más pobres.
La geografía indica otra asimetría más. Todas las divisiones del
Pacto pueden llegar al frente desplazándose sobre el terreno, pero los
refuerzos norteamericanos (incluidos los canadienses) deben cruzar el
EL EJÉRCITO SOVIÉTICO 243

Atlántico, casi todos mediante un transporte marítimo lento e insegu-


ro. Al presente, es presumible que 13 de las 89 divisiones de la NATO
blindadas y mecanizadas, y 15 de sus 54 no mecanizadas, vendrán de
los Estados Unidos.
Una última diferencia entre la NATO y el Pacto de Varsovia en lo
referente a sus fuerzas terrestres es la presunta lealtad a la Alianza de
las primeras y la supuesta deslealtad potencial de las últimas. Ello no
parece tan importante como a veces se sugiere. Primero, porque al fin
.y al cabo el ejército soviético constituye gran parte del Pacto (41 sobre
57 divisiones de tanques y 74 sobre 112 de las restantes, según es-
timaciones actualizadas de movilización). Segundo, las peculiaridades
de la guerra de blindados hacen posible que fuerzas de lealtad dudosa
puedan emplearse provechosamente; puede que no sean de fiar como
puntas de lanza en la penetración, pero servirían para mantener
frentes secundarios, sumar masa e impulso a los vectores, ocupar ejes
recién abiertos, y soportar contraataques occidentales que de otro modo
irían hacia las fuerzas soviéticas. Tampoco resulta razonable creer que
unas fuerzas armadas que hasta ahora se han desempeñado correcta-
mente, puedan de súbito rebelarse en plena guerra, precisamente en el
momento en que la cantidad de divisiones soviéticas (más la masa de
fuerzas ajenas alas divisiones) desplegadas en los países satélites seha
incrementado abruptamente, de 53 a 115 en total, según estimaciones
recientes. La presunción más segura es que las fuerzas del Pacto de
Varsovia responderán a los soviéticos mientras vayan ganando la
guerra, y se inclinarán a la desobediencia en cuanto se vean perdiendo.
En otras palabras, si la NATO hace las cosas bien recibirá la ventaja
adicional de las defecciones del otro bando, pero si fracasa no puede
esperar ningún alivio por ese lado.

Fuente: Instituto Internacional de Estudios Estratégicos, Militan,


Balance, 1986-87, pág. 226-227.
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Notas

Introducción, Parte I

1. En realidad, como F red C. Ikle hace notar enEvery WarMustEnd (1971),


pág., 123, la más dudosa paradoja es la inversión implícita del trato normal
entre víctima y agresor; si la disuasión tiene éxito, la víctima potencial debe
mostrarse completamente decidida en circunstancias desesperadas, y hasta
temeraria, mientras que el potencial agresor debe evaluar muy cuidadosamen-
te riesgos, costos y beneficios.

1. El uso consciente de paradojas en la guerra


1. Este es el concepto de la "aproximación indirecta" de Basil Liddell Hart;
sus ideas sobre el tema están diseminadas en biografías, apologías y artículos.
Para un enunciado coherente con el contexto, ver Briand Bond, Liddell Hart
(1977), págs. 37-61.
2. "Señales" y "ruido" son términos importados de la ingeniería en comuni-
caciones al discurso estratégico, en un trabajo de seminario sobre el ataque
sorpresivo japonés: Roberta Wohlstetter, Pearl Harbor (1962).
3. Carl von Clausewitz, On IVar, libro 1, capítulo 7, pág. 119 en la edición
de Pi-inceton.
4. Ídem, libro 2, capítulo 3 ("La guerra es un acto de relación humana"), pág.
149.
5. El camino Chouf, desde Jazzin a la autopista Beirut-Damasco, que a su
vez conduce hacia el este hasta Shtawra, objetivo israelí del momento donde
estaba ubicado el asiento del comando militar sirio en El Líbano. El avance
israelí fue bloqueado en Ayn Zhalta, a pocos kilómetros de la carretera. Ver
Zeev Schiff y Ehud Yaari, Israel's Lebanon War (1984), págs. 160-161.
6. La ofensiva del Cuerpo Ben-Gal 446, que comenzó al amanecer del 10 de
junio de 1982. Ídem, págs. 117, 171-173.

2. La lógica en acción
1. La campaña no terminó oficialmente hasta el 25 de junio de 1940, cuando
también Italia aceptó el ofrecimiento francés del armisticio; pero en la última
252 NOTAS

semana de combate faltó ánimo por ambas partes, excepto en algunos sectores
de la Línea Maginot, donde el Segundo Grupo de Ejército francés resistió
tenazmente hasta el 22 de junio.
2. Al iniciarse las hostilidades en setiembre de 1939, de un total de 103
divisiones alemanas solamente 16 (Panzer, Motorizadas y Ligeras) estaban
completamente motorizadas. Se suponía que cada una de las 87 divisiones de
infantería contaba con 942 vehículos de exploración, coches auxiliares, tracto-
res de artillería y camiones (suficientes para llevar a la sexta parte del
personal), pero la mayoría de los abastecimientos eran portados en 1200 carros
con caballos. Sin embargo, para mayo de 1940 el número de camiones se había
reducido a la mitad por la gran cantidad de averías en los pésimos caminos
polacos, y se habían agregado más carros. Desde las terminales ferroviarias a
los depósitos de las divisiones, los abastecimientos eran transportados por
camiones de regimientos logísticos no parte»ecientes a las divisiones; pero
había solamente tres de ellos para la totalidad del ejército alemán, en todos los
frentes, con únicamente 6600 camiones. Ver Martin van Creveld, Supplying
War (1977), págs. 144-147.
3. Burkhart Mueller-Hillebrand, Das Heer, 1933-1945(1956), tomo 2, tabla
29, como es citado por Van Creveld, en Supplying War, n. 28; pág. 151.
4. En la mañana del 18 de octubre de 1941, las divisiones Décima Panzer
y SS Das Reich entraron en Mozhaisk, sobre la principal autopista hacia
Moscú. En ese momento, los alemanes estaban completando la destrucción de
ocho ejércitos soviéticos en los sectores de Vyazma-Bryansk, en la que sería su
última gran e ilimitada victoria en suelo ruso (declararon la captura de 665.000
prisioneros); ver John Erickson, The Road to Stalingrad (1975), págs. 216-220.
Para entonces, los grupos Panzer segundo y tercero (Guderian y Holt), que
marchaban a la vanguardia del Grupo de Ejército Central habían avanzado
más de 800 kilómetros básicamente en línea recta, desde el 22 de junio de 1941,
y las fuerzas de Guderian acababan de ser reorientadas hacia Moscú después
de su maniobra en dirección sur para cerrar el enorme envolvimiento de Kiev-
Romny.
5. En realidad, solamente dos cuerpos pudieron atacar de algún modo, entre
los dos ejércitos en ese sector. Ver Albert Seaton, TheBattle forMoscow (1983),
pág. 165.
6. La contraofensiva del Grupo de Ejército Sur del 5 de febrero-18 de marzo
de 1943, hacia el río Donets y Karkov, que agregó el nombre de Fritz Erich von
Manstein a la lista de celebridades de la historia militar. Seis cuerpos de
tanques del "Grupo Popov", a nivel de ejércitos que se habían aventurado
demasiado lejos hacia el sur, fueron encerrados y destrozados, y otros dos
ejércitos soviéticos fueron batidos en la reconquista alemana de la región de
Karkov. Ver Earl F. Ziemke, Stalingrad to Berlin (1968), págs. 90-105. Tam-
bién Erich von Manstein, Lost Victories (1958), págs. 367-442.
7. Ziemke, Stalingrad to Berlin, pág. 501.
8. Ver Raymond L. Garthoff, Soviet Military Doctrine (1953), págs. 18-19
para una explicación de la doctrina.
9. Sin ferrocarril que atravesara Libia, ni tampoco pudiendo utilizar carros
NOTAS 253

de caballos en el desierto falto de agua y pasturas, lo único que podía sostener


a las fuerzas de Rommel entre el puerto de Trípoli y el frente era la circulación
de columnas de camiones. A comienzos de la intervención alemana, en abril de
1941, disponía de una capacidad de carga de 6000 toneladas, que a lo sumo
podían abastecer a las dos divisiones originales del Afrika Korps hasta unos
500 kilómetros, y por lo tanto le fue explícitamente prohibido a Rommel que
atacara. Cuando a pesar de todo lanzó su primera ofensiva, sobrepasando a las
fuerzas británicas (que también se habían sobreextendido después de su
victoria anterior contra los italianos) que pronto se derrumbaron, su avance
espectacular y sin antecedentes históricos de 1600 kilómetros, reconquistando
la totalidad de Libia, penetrando en Egipto, dejó sus fuerzas de vanguardia
varadas en el desierto, subsistiendo apenas con abastecimientos capturados y
preparándose para su propia retirada. Van Creveld, Supplying War, pág. 186.
10. Significa para combatir contra otros aviones, así como para efectuar
ataques a tierra, ambos a la luz del día. Ver Williamson Murray, Strategy for
Defeat (1983), págs. 1-25.
11. El primer bombardeo de blancos en el interior de Alemania, en el Ruhr,
ocurrió el 15 de mayo de 1940; la primera incursión contra Berlín voló en la
noche del 25 de agosto de 1940. Desde la iniciación de la guerra, en setiembre
de 1939, hasta marzo de 1940, el Comando de Bombarderos lanzó solamente 64
toneladas de bombas, y ninguna deliberadamente sobre ciudades alemanas,
sino que lo único que se arrojaba en ellas eran panfletos. Así que la famosa
bravuconada de Goering parecía justificada, pero terminada la "guerra falsa",
invadida Francia, y con Churchill en el gobierno, fueron lanzadas 1688
toneladas sobre Alemania en mayo de 1940, que ascendieron a 2300 toneladas
en junio, declinando a 1257 en julio (se habían perdido los aeródromos
adelantados), y a 1365 en agosto antes de aumentar a 2339 toneladas en
setiembre de 1940. Ver Charles Webster y Noble Frankland, The Strategic Air
Offensive against Germany (1961), I, 144, 152 y IV, 455; en adelante citado
como SAO.
12. Durante mayo de 1942, el Comando de Bombarderos británico envió
2702 salidas, perdió 114 aviones, y 256 fueron averiados seriamente; en junio
se despacharon 4801 salidas, hubo 199 pérdidas y 442 averías; en julio las
salidas declinaron a 3914, pero las pérdidas decayeron en menor proporción a
171, y 315 aeronaves fueron dañadas; solamente 2454 salidas fueron voladas
en agosto (a diferencia de 4242 en agosto de 1941), con 142 aviones derribados
y233 averiados. Ver SAO, IV, apéndice 40, pág. 432; y Alfred l'ri ce, Irzstruments
ofDarkness (1977), págs. 55-111.
13. El monto total de bombas lanzadas por el Comando de Bombarderos
había declinado a 2714 toneladas para diciembre de 1942, después de alcanzar
un nivel máximo de 6845 en junio anterior; en cambio, durante 1943, las 4345
toneladas de enero fueron seguidas por 10.959 en febrero, aumentando progre-
sivamente con un pico anual en agosto de 20.149 toneladas; durante el mismo
mes, el total de la Octava Fuerza Aérea de los EE.UU. fue 3999 toneladas. Ver
SAO, IV, apéndice 44, pág. 456.
14. El nombre código británico para las cintas metalizadas que reflejaban
25 4 NOTAS

l as emisiones del radar cuando su largo coincidía con la longitud de onda era
"window" (ventana); el término norteamericano, ahora usado universalmente,
es "chafr'.
15. El efecto "tormenta de fuego" fue descrito por primera vez en un famoso
informe del Jefe de Policía de Hamburgo, fechado el lro. d e diciembre de 1943.
Ver el resumen en SAO, IV, apéndice 30, págs. 310-315; yMartin Middlebrook,
The Battle of Hamburg (1981), págs. 214-240.
16. El Comando de Bombarderos perdió 314 aeronaves (416 resultaron
dañadas) en enero de 1944,199 en febrero (264 averiadas), y 283 en marzo (402
deterioradas), proporciones totalmente insostenibles: en marzo la disponibili-
dad de aviones fue en promedio 974. Ver SAO, IV, apéndice 40, pág. 433; y
apéndice 39, pág. 428.
17. Mientras se efectuaban las pruebas de "window", se descubrió que un
antiguo radar británico de cazas nocturnos (Mark IV) no era afectado por la
contramedida, y en cambio el más nuevo y mejor (Mark VII) quedaba inoperable.
Price, Instruments, pág. 117.
18. Cuando un Ju-88 aterrizó por error en un aeródromo británico en julio
de 1944, se encontró que tenía instalado un equipo conocido por el nombre en
código "Flensburg", que servíapara detectar, clasificarylocalizarlasemisiones
de "Mónica", el radar británico de alarma montado en la cola. Ídem, págs. 214-
215.

3. La eficiencia y el punto culminante del éxito


1. El torpedo autopropulsado Whitehead fue exhibido en Fiume (Austria-
Hungría) en enero de 1867; la Real Armada dispuso que se ensayara en 1869,
compró torpedos en 1870, y los derechos de manufactura un año más tarde.
Bernard Fitzsimons, ed., Encyclopedia o f 20th Century W eapons and War fare,
tomo 23, pág. 2508; en adelante citada como WW.
2. V er la obra más reciente de Philippe Masson, Historie de la marine (1983),
tomo 2.
3. Ver WW, tomo 23, pág. 2515.
4. Ver Avraham Adan, On the Banks of the Suez (1980), págs. 117-164.
5. El mortero, la primera de todas las armas de fuego, ha estado en uso desde
el siglo XIV y continúa desempeñándose muy bien contra la última arma de la
guerra terrestre. A diferencia de las ametralladoras, que no sirven para mucho
a más de un millar de metros de distancia y quedan principalmente restringi-
das al fuego directo, los morteros podían llegar más lejos que el misil antitanque
Sagger de los egipcios; sus proyectiles caían casi verticalmente sobre las
trincheras y pozos de emplazamiento de misiles y cohetes antitanque.
6. No desde el punto de vista táctico, sino al nivel operacional de la
estrategia, sobre el cual conviene ver la Parte II. Dicho sea de paso, las armas
de carga hueca no guiadas de modelos antiguos demostraron su éxito relativo
si se las usaba en condiciones idénticas a las que coronaron su actuación en la
Segunda Guerra Mundial: combate en localidades y en áreas boscosas densas.
NOTAS 255

7. Por consiguiente, la "administración" incluye todo lo que se haga en el


ámbito militar y que üo refleje objetivos bélicos específicos del enemigo ni
propósitos de disuasión o intimidación. Esto no se corresponde con la clasifi-
cación de Clausewitz: `las actividades características de la guerra pueden ser
divididas en dos grandes categorías: aquellas que son meras preparaciones
para la guerra, y la guerra propiamente dicha", con la implicancia de que lo que
denomino "lógica lineal" ("ciencia", según su terminología) se aplica ala última
pero no ala primera; On War, libro 2, capítulo 1, pág. 131. Mas indudablemente,
las "preparaciones para la guerra" (políticas militares de tiempo de paz) se
hallan también afectadas por los propósitos tácticos y operacionales específicos
del enemigo, así como por las metas de la suasión que reflejan percepciones
particulares de políticas y estructuras militares de otros actores determinados;
tales preparaciones no quedan exclusivamente formuladas por las prioridades
autónomas del enemigo, abarcando el interés en optimizarlas decisiones abase
de criterios "científicos". Clauséwitz fue el primero en reconocer la distinción
fundamental, pero aparentemente ubicó equivocadamente a la línea divisoria,
circunscribiendo excesivamente los límites de la estrategia. Entonces, al
diferenciar entre "la artesanía del herrero forjador de espadas" y el "arte de la
esgrima", está combinando el diseño de espadas, que posiblemente refleje ex-
pectativas específicas de las espadas y de su manejo por parte del adversario,
con la técnica metalúrgica de su manufactura, la cual debería tratar de
maximizar en forma autónoma alguna efectividad genérica. On War, libro 2,
cap. 2 ("originalmente el término arte de la guerra solamente designaba la
preparación de las fuerzas"), pág. 133.
8. Quienes siguen estos temas se habrán visto sometidos a las quejas
permanentes escuchadas en el Congreso de los Estados Unidos contra la
"duplicación", término aplicado con disculpable imprecisión a la adquisición
concurrente de varios tipos diferentes de aviones de caza, armamento antitan-
que, y otros semejantes. Igualmente, la asimetría entre las fuerzas del Pacto
de Varsovia equipadas en forma homogénea con armamento soviético, y las
fuerzas occidentales que cuentan con distintas variedades de equipos naciona-
les, resulta perpetuamente deplorada como un mal irredimible. Por cierto que
el desaprovechamiento de economías de escala cobra demasiada importancia,
mientras que el concepto de que dicha duplicación, o quizá triplicación, puede
significar una ventaja positiva, no se compadece con la experiencia de las
prácticas comerciales civiles.
9. Los portaaviones grandes pueden acomodartipos de aeronaves diferentes
que sus contrapartes de menor dimensión, pero no hay ninguna razón apre-
miante para justificar destructores de 8000 toneladas (se supone que los
destructores son sacrificables), ni buques de abastecimiento de 50.000 tonela-
das de los cuales sólo puede contarse con muy pocos (los portaaviones queda-
rían pronto inutilizables sin el combustible y las armas de aviación que los
llevan), ni submarinos con misiles balísticos tan enormes que cada uno lleva 24
de los mayores.
10. El 25 de agosto de 1943 una bomba planeadora alemana Hs-293 erró al
HMS Bideford, pero dos días después esa misma arma averió al Athabaskan y
256 NOTAS

hundió al Egret, todo ello en el Golfo de Vizcaya. El 8 de setiembre de 1943 fue


hundido el acorazado italiano Roma (que se dirigía a unirse a los Aliados) por
misiles alemanes FX (también conocido como SD-100X), guiados y propulsados
con cohetes; ver F. H. Hinsley y otros, British Intelligence in the Second World
War (1984), tomo 3, pág. 220, 339-340; y WW, tomo 16, pág. 1754. El primer
misil antibuque lanzado desde a bordo (Styx) apareció en la década de 1950, y
se hallaba completamente operativo para 1959, mientras que el primer misil
antibuque lanzado por aeronaves (Canguro) estaba en servicio para 1960; WW
tomo 22, pág. 2419, y tomo 14, pág. 1558. Por si acaso todas esas advertencias
fueran ignoradas, el 21 de octubre de 1967 el destructor israelí Elat fue hundido
por misiles Styx egipcios frente a Port Said, fomentando el interés mundial por
los misiles antibuque y sus contramedidas. Ver Edward N. Luttwak y Dan
Horowitz, The Israel¡ Army (1975), pág. 316.
11. Para conocer la composición actual de una típica ala aeronaval norte-
americana, verReport of the Secretary ofDefense to the Congress on the FY1987
Budget, 5 de febrero de 1986, pág. 197.
12. Los aviones de largo alcance basados en ti erra pueden ahora recorrerlos
océanos para controlar desde arriba a las rutas marítimas, y tales "cruceros"
aéreos ya han sido propuestos. En cuanto al transporte de fuerzas de desem
barco, ya resultan suficientemente económicos los grandes submarinos no
nucleares como para que se los haya considerado seriamente, incluso para
llevar carga comercial.
13. Álistair Horne, The Price of Glory (1962), págs. 327-328.
14. Fierre Sergent, Je ne regrette cien (1972), págs. 149-150.

4. La conjunción de los opuestos

l. SAO, 1, 1.52.
2. Ídem, 1, 182.
3. Martin Gilbert, F¡nest Hour (1983), págs. 1103, 11(,5.
4. SAO, 1, 182, 184-185.
5. Ídem, 1V, apéndice 39, pág. 428.
6. Ídem, 1, 347.
7. Arthur Harris, jefe del Comando de Bombarderos de la RAF durante los
anos culminantes, y posiblemente el más subestimado de los líderes de guerra
aliados, incluyó en sus memorias un excelente análisis del tema: Bomber
Offensive (1947), págs. 220-234.
8. The Army Air Forces in World War II, (1949), 11, 682-684, 702-704.
9. El arquitecto de la producción bélica germana de la época, Albert Speer,
ha expresado que el ataque pudo haber sido decisivo si hubiera persistido. Pero
se equivoca, porque para entonces la descentralización ya era un hecho. Ver
Speer, Inside the Third Reich (1970), págs. 284-287.
10. Para un breve repaso en retrospectiva historiográfica, ver David
Maelsaac, Strategic Bombing in World War Two (1976).
11. La terminología del equilibrio e influencia del poder parece haberse
NOTAS 257

publicado por primera vez en laStoria d'Italia, del embajadory eruditoflorentino


Francesco Guicciardini (1483-1540); probablemente ya fuera usada por prín-
cipes, diplomáticos y condotieros de la generación anterior.

5. El nivel técnico

1. Excepto por las fuerzas de elite y aquellas de apoyo de escalones


superiores, actualmente el ejército soviético consiste enteramente de fuerzas
blindadas y mecanizadas. Ver Apéndice 2.
2. Las armas de fuego llegaron por primera vez al Japón en 1542, y pronto
se inició la producción local; para 1575, 3000 arcabuceros seleccionados de Oda
Nobunaga (tenía 10.000) destruyeron a la caballería de Takeda Katsuyori, al
poderío de los Takeda, y a todo un estilo de hacer la guerra en la batalla de
Nagashino, en Mikawa. Ver George Sansom, AHistory of Japón (1961), págs.
263-264, 287. Hay una descripción detallada pero sin referencias en S. R.
Turnbull, The Samurai (1977), págs, 158-160. Así como actuaron velozmente
en el equipamiento de los plebeyos con las nuevas armas, los mismos samurai
continuaron usando espadas y no pistolas, hasta que ese signo de privilegio fue
abolido juntamente con toda la clase social después de la restauración Meiji en
1868. Los mamelucos de Egipto se resistieron a las armas de fuego con mayor
empeño, y ni siquiera contaban con mosqueteros plebeyos sirviendo a su lado
cuando marchaban al combate. Un ejemplo moderno comparable, más en el
molde mameluco que samurai, es la obstinada resistencia de las burocracias
aeronáuticas donde predominan los pilotos para la introducción de vehículos
aéreos de control remoto. Recién cuando los israelíes los emplearon con efectos
espectaculares en 1982 (la resistencia de sus pilotos se había moderado por las
exigencias del estado de guerra crónico) comenzaron a utilizarse más amplia-
mente, en misiones que estuvieron disponibles desde hacía varias décadas.
3. A. M. Low, Musket to Machine-Gun (1942), págs. 66-67; Michael Howard,
The Franco-Prussian War (1968), pág. 36.
4. Ver la interesante discusión en William McElwee, TheArt of War (1974),
págs. 141-146.
5. Robert Jungk, Brighter than a Thousand Suns (1964), págs. 106-107.
6. Por cierto que es verídico en la "Iniciativa de Defensa Estratégica"
anunciada por el presidente Reagan en marzo de 1983, luego de una decisión
que no reflejaba el asesoramiento científico, con autoridad y amplitud. Es como
si la misma ciencia se escapara de todos los intentos de toma de decisiones
"científicas".

7. El nivel operacional

1. En alemán, operativ Kriegskunst; el ruso operativnoye iskusstvo es cla-


ramente una palabra derivada. Las "operaciones" que ocurren según el empleo
administrativo-militar norteamericano del término, como en el "Teatro de
258 NOTAS

Operaciones Europeo, meramente significan la realización de actividades de


combate en general, tácticas, estratégicas y también intermedias. Desde la
publicación de mi artículo "El nivel operacional de la guerra" en 1981, la frase
ha tenido amplia circulación en las esferas militares americanas, debido a su
subsecuente adopción en el manual de doctrina básica del Ejército de los
EE.UU. (FM 100-5). Basil Liddell Hart intentó la introducción del término
"gran táctica", con idéntico significado, pero no obtuvo aceptación oficial ni
amplia circulación en las publicaciones militares británicas ni norteamerica-
nas.
2. Un ejemplo contemporáneo lo constituye el tanque americano M-1, que
entre otras cosas posee un novedoso motor de turbina a gas que brinda
excelente aceleración al precio de una reducción del alcance sin reabastecerse.
Para la época en que el nuevo tanque entró en servicio, la doctrina operacional
del ejército había cambiado considerablemente, y mientras que la movilidad
táctica-capacidad para desplazarse de prisa por el campo de batalla y trepar
pendientes escarpadas- seguía siendo deseable, la movilidad operacional
(alcance autónomo) se había vuelto esencial; para ello, un simple motor diésel
hubiera sido preferible. De forma similar, el nuevo tanque posee además una
excelente protección por medio de una nueva clase de coraza compuesta, pero
de confbrmidad a viejas prioridades tácticas, casi toda ella se distribuye en la
parte frontal, a expensas de la protección multidireccional que actualmente
enfatiza la nueva doctrina operacional.
3. Ilustrado por el cruce con gran éxito y alto riesgo del Canal de Suez para
envolver al "Tercer Ejército" egipcio (en realidad, un cuerpo de tres divisiones)
por la ribera más alejada, mientras que el control egipcio de la ribera más
cercana (por el "Segundo Ejército") no fue disputado. Como siempre ocurre en
la maniobra correlativa, el punto inicial fue la apreciación de la vulnerabilidad
enemiga, en este caso bastante sutil, o sea la incapacidad del comando egipcio
de controlar sus fuerzas a través de todo el frente en forma oportuna.
4. No todos los oficiales del Comando de Cazas se sintieron satisfechos con
ello; algunos propusieron una respuesta a nivel operacional. Específicamente,
el comandante de escuadrón Douglas Bader y el comandante de grupo Traffbrd
Leigh-Mallory defendieron el empeñamiento concertado de formaciones de
bombarderos alemanes después que hubieran lanzado sus bombas, mediante
grupos completos (que no podían reunirse a tiempo para la intercepción previa
al bombardeo), en lugar de la intercepción previa por cada escuadrón aislado.
El método estaba destinado a explotar una limitación germana, la escasa
autonomía del mejor caza de la Luftwaffe, el monomotor Bf-109. Habían
calculado que los resultados a obtener por cada caza serían mejores, porque
para entonces la mayoría de los Bf-109 ya no podrían maniobrar libremente por
falta de combustible, si es que todavía se encontraban en el lugar escoltando a
los bombarderos. Ver la obra más reciente de John Terraine, The Right of the
Line (1985), págs. 198-205.
5. Esto es lo que le sucedió al alto comando egipcio en la guerra de Yom
Kippur (octubre de 1973), cuando los israelíes cruzaron el Canal de Suez para
comenzar con su maniobra de envolvimiento. El cruce inicial, en la noche del
NOTAS 259

15 de octubre, fue debidamente informado, pero desechado como una mera


incursión que pronto se retiraría; en realidad, participaron desde un principio
en la maniobra menos de tres mil hombres, con algunos pocos tanques que
también cruzaron en balsas. Recién hacia el día 17 apreciaron en El Cairo que
los israelíes continuaban reforzando su cabeza de puente; para entonces ya se
había construido un puente de pontones, y una división completa se hallaba del
otro lado. Los israelíes estuvieron destacando grupos blindados hacia todas las
direcciones para atacar emplazamientos de misiles antiaéreos (por eso su
presencia fue informada en un amplio arco), pero buscando principalmente
avanzar hacia el norte por Ismailía, tratando de ensanchar la cabeza de puente
y así lograr aislar a las fuerzas del Segundo Ejército en la costa del Sinaí del
canal respecto a sus servicios de retaguardia en el lado egipcio. A pesar de la
gran cantidad de informes confusos que estaba recibiendo (generados por los
grupos de combate israelíes que se desplazaban en el área blanda de retaguar-
dia para atacar emplazamientos de misiles), para el 18 de octubre el alto
comando egipcio, de todos modos interpretó correctamente la intención israelí
de dos días antes, y ordenó movimientos para asegurar el sector de Ismailía.
Pero el día 17, contando con otra división al oeste del canal, los israelíes
decidieron anular el avance hacia el norte, y se desplazaron en dirección
opuesta para aislar al Tercer Ejército en el sector sur, alrededor de la ciudad
de Suez. Para cuando el alto comando egipcio se dio cuenta del cambio, el 19 de
octubre, ya sus expectativas se habían trastornado dos veces, y nada parecía
seguro; imaginando que el mismo El Cairo se hallaba en peligro inminente,
mandaron todas las reservas disponibles a defender la capital, en lugar de
atacar a los israelíes que convergían sobre la ciudad de Suez. Ver el relato
documentado en Hanoch Bartov, Dado (1981), pág. 482 en adelante.
6. Como anteriormente se hizo notar en otro contexto, la Unión Soviética
tenía l a profundidad necesaria para afrontar l a blitzkrieg germana, pero no así
Polonia y Francia, y por cierto que tampoco Bélgica ni Holanda. En realidad,
el alto comando de Stalin (la Stavka) no trató de explotar la ventaja de su gran
tamaño durante la campaña de 1941, en la cual se resistió obstinadamente a
los alemanes durante todo su avance hacia el este, en busca de la línea entre
Leningrado y Moscú; para el verano de 1942 ya habían aprendido la lección, y
cuando los alemanes avanzaron nuevamente, esta vez en dirección sur hacia
Stalingrado y los yacimientos petrolíferos caucasianos, las fuerzas soviéticas
en retirada se movieron más rápido, y así preservaron su poderío para
reconstruir otro frente sólido.
7. El efecto fue mucho más psicológico que fisico para la Wehrmacht en los
años de la blitzkrieg, de 1939 a 1942, porque sus columnas de penetración
profunda consistían principalmente en motocicletas, automóviles blindados,
tanques livianos, vehículos de transporte de semi-oruga, tractores de artíllería,
muchos camiones, y no tantos tanques de batalla (un regimiento de 100-150
tanques por división Panzer). Las columnas del ejército soviético, en cambio,
contendrían una sólida falange blindada, con 322 tanques en las divisiones de
primera línea.
260 NOTAS

8. Estrategia de Teatro I
1. Al presente, las 30 divisiones soviéticas de primera línea de tanques y
fusileros motorizados en Alemania Oriental (19 divisiones), Checoslovaquia
(5), Hungría (4) y Polonia (2) incluyen 10.500 tanques; la cantidad de transpor-
tes decombate deinfantería esmayor. IISS,Military Balance, 1985-86,pág. 26.
2. Se asume totalmente que las fuerzas del Pacto de Varsovia, juntamente
con unidades menores soviéticas que simulen formaciones completas, se
emplearían para representar amenazas mediante demostraciones y fintas en
los segmentos del frente donde no se intenten las embestidas principales de la
ofensiva; oportunamente se descubriría el engaño, pero para entonces habría
finalizado la lucha. (Dicho sea de paso, ese sería el mejor uso de tropas de
lealtad dudosa). Actualmente, la cantidad de lanzadores de armas guiadas
antitanques que se desplegarían en el frente central luego de la movilización
y refuerzo es de alrededor de 2100, cifra que también incluye las fuerzas en
Noruega y Dinamarca (ídem, pág. 186). Si las existentes fuerzas móviles de la
Alianza (blindadas, mecanizadas y caballería blindada) fueran reorganizadas
como infantería misilística, podrían representar 300.000 soldados en la línea
del frente con 60.000 lanzadores como máximo (todavía se necesitarán para las
fuerzas de artillería, antiaéreas e ingenieros, y para unidades de servicios); no
resultan suficientes para cumplir el requisito de desgaste bajo condiciones
realistas de relaciones de intercambio tácticas, a menos que haya barreras y
fortificaciones que serán mucho más costosas que los lanzamisiles.
3. Ilustrado por el General Maurice G. Gamelin, jefe del Estado Mayor
General Francés al comienzo de la Segunda Guerra Mundial. Ver los co-
mentarios en la obra de Robert J. Young, In Comm.and of France (1978), págs.
48-51.
4. Muchas cabezas de combate intercontinentales v bombas están en el
rango de equivalencia de un millón de toneladas de TNT (megatón), mientras
que la mayoría de los artefactos del campo de batalla se hallan en el millar de
toneladas de TNT (kilotón), o sea la decimocuarta parte de la energía liberada
por la bomba de Hiroshima, y la decimonovena de la bomba de Nagasaki. Los
efectos de soplo, calor y radiación inmediata son proporcionales, y excepto en
el caso de los artefactos con radiación aumentada (bomba "neutrónica"),
usualmente es el efecto de soplo el que establece los límites de efectividad
contra blancos de fuerzas terrestres.
5. Sucede que la inercia causada por restricciones contradictorias mantiene
en servicio en la Alianza una de las armas de principios de la década de 1950,
el cohete de 40 kilómetros de alcance Honest John, desplegado por primera vez
en 1953 y todavía en uso de los ejércitos griego y turco. Ver IISS, Military
Balance, 1985-86, págs. 85-86.
6. La política actual se inició en 1967 para reemplazar la "represalia
masiva", que preveía una recurrencia mucho más rápida alas armas nucleares.
La represalia masiva fue abandonada por los Estados Unidos al término del
gobierno de Kennedy, pero quedó retenida como política de la Alianza ante la
insistencia de Alemaniay otros miembros hasta 1967, cuando el Comité Militar
NOTAS 261

de la NATO finalmente aceptó la nueva política de "respuesta flexible"


(oficialmente promulgada en 1968 como Documento NATO MC 14/3) y prome-
tió proveer las fuerzas adicionales requeridas para una defensa no nuclear
"fornida". Existe gran cantidad de obras; por ejemplo, ver de Raymond E.
Burrel, Strategic Nuclear Parity and NATO Defense Doctrine (1978), pág. 13.

9. Estrategia de Teatro II
1. Jochen Lóser, Weder rot noch tot (1982).
2. Franz Uhle-Wettler, Leichte Infanterie im Atomzeitalter (1966). Una
prescripción de amplia influencia para una defensa "amorfa" tipo esponja se
halla en la obra de Guy Brosollet, Essai sur la non-bataille (1975), un trabajo
de seminario.
3. Steven L. Canby, "Defensa territorial en Europa Central" (1980), y
muchos otros trabajos del mismo autor.
4. William Scotter, "Un papel para la infantería no mecanizada" (1980).
5. En todos los esquemas se requerirán sistemas de abastecimientos
apropiadamente descentralizados. La provisión deberá ser mucho mayor, para
permitir la distribución en pequeños depósitos y escondites en toda la zona de
combate, en lugar del actual sistema de abastecimiento a demanda, donde
columnas de camiones y tuberías de combustible proveerían a las fuerzas en el
frente desde grandes depósitos centrales y patios de tanques. En todos los
esquemas tiene además que descentralizarse el comando y control en diversos
grados, según las especificaciones de cada uno de ellos.
6. La sensación de rigidez tipo autómata puede que no sea más que el reflejo
del proceso de deshumanización del enemigo que aparece en todo conflicto. Así
fue que durante la Segunda Guerra Mundial, la información de que la mayor
fortaleza del ejército alemán se encontraba en su excepcional flexibilidad,
coexistió con imágenes de oficiales y soldados germanos parecidos a martinetes
y robots. Por supuesto que en realidad el ejército alemán concedía gran
amplitud a sus oficiales subalternos y suboficiales; en el comando y control, la
autoridad jerárquica daba paso suavemente a la necesidad operacional, en
forma que ni siquiera pudo emular el ejército norteamericano, ni hablar del
británico. Sin embargo, parece que el ejército soviético está afectado por la
rigidez, al menos en los niveles inferiores del mando donde las órdenes siempre
se obedecen, sean o no apropiadas. Ello no es reflejo de limitaciones culturales
innatas ni de la doctrina oficial (que por supuesto recomienda el uso de la
iniciativa en todo nivel), sino más bien el equilibrio empírico de incentivos
institucionales: aunque la iniciativa exitosa sea debidamente recompensada,
tiene escaso efecto porque las penalidades por errores que sean consecuencia
de actos no autorizados son sistemáticamente mayores que las penalidades por
una obediencia contraproducente. El combate en Afganistán ha dado como
resultado previsto exigencias oficiales por una "mayor iniciativa". Para un
análisis comparativo del marco institucional, ver Richard A. Gabriel, The
Antagonists (1984).
262 NOTAS

7. Laqueur, Guerrilla, págs. 202-238. Para una detallada evaluación de la


efectividad de la resistencia francesa en el cumplimiento de una tarea especí-
fica de urgencia excepcional, en las condiciones favorables posteriores a
Overlord en junio de 1944, ver Max Hastings, Das Reich (1981).
8. Para el relato revelador de un participante, ver Stefan Korbonski,
Fighting Warsaw (1968).
9. En Yugoslavia, la divergencia usual entre protección a la comunidad y
resistencia ideológica fue particularmente aguda: los nacionalistas servios
"cetniks" fueron virtualmente incapacitados por la política de represalias
germana, y posteriormente obligados a colaborar de varias formas.
10. Históricamente, la necesidad de defensa puntual ha restringido la
relación de conquista de los imperios militares, antes de fijar oportunamente
límites definitivos a su expansión posible, mientras el monto promedio de
intranquilidad en una u otra parte continuaba acumulándose. La norma
romana era más o menos pacificar una provincia y obtener sus impuestos (o
reclutas) antes de conquistar otra, pero aun así crecieron los requisitos de
seguridad porque la quietud secular de algunas comarcas era acompañada por
alzamientos recurrentes en otras. Cierto cálculo semejante debe haber motiva-
do el mandato contra mayores conquistas en el testamento de Augusto.
Registrado por Tácito, Anales 1. 11, .y criticado en su Agricola XIII.
11. Este fue el caso mucho antes del advenimiento de la moderna logística,
de las radios y helicópteros. Los romanos, cuya movilidad física no era superior
a la de sus enemigos insurgentes, habían desarrollado una ventaja estratégica
de teatro con su red de torres de señales, cuyas emisiones de humo durante el
día y de llamas durante la noche proveían advertencias y órdenes; con sus bien
construidos caminos, cuyo uso por parte de los insurgentes era impedido por
fortalezas: y por los graneros también fortificados, donde las tropas podían
obtener comida y forraje, y que sólo quedaban en poder de los insurgentes
después de prolongados asedios.
12. Durante la Segunda Guerra Mundial, los alemanes recibieron apoyo
local en muchas áreas ocupadas, especialmente en la Unión Soviética. En
algunos sitios, las milicias progermanas tuvieron suficiente efectividad como
para reemplazar a la política de represalias, como por ejemplo en el "Distrito
Autónomo Administrativo" de Lokot, en la región de Orel-Kursk al sur de
Bryansk, con una población de 1,7 millones de habitantes y defendida por una
milicia totalmente rusa de unos 10.000 hombres durante 1942-43. Aquí lábase
de la colaboración fue política (anticomunismo), y la milicia Lokot, creada
conjuntamente por el General Rudolf Schinidt del Segundo Ejército Panzer y
un ingeniero ruso (más tarde reemplazado por el tristemente célebre Bronislav
Kami n sky), fue conocida como la Russkaya Osvoboditelnaya Narodnaya Armiya
( Ejército de Liberación Ruso). Fue un elemento crucial de la negación que se
prohibiera a la SS operar en el área, donde los alemanes aceptaron abstenerse
de cualquier represalia por ataques guerrilleros que todavía tenían lugar. Ver
M. Cooper, The Phantom War (1979), págs. 112-113. Tales arreglos, si bien
usualmente con menos formalidades, se hicieron comunes en las áreas ocupa-
das por los alemanes y fueron vehementemente defendidos por muchos oficia-
NOTAS 263

les de la Wehrmacht; ver H. K. Guenther, "Der Kampf gegen die Partisanen"


(1968). Con idéntica vehemencia se opusieron los SS, quienes denegaban la
necesidad de armas a "subhumanos", hasta que el empeoramiento de la
situación bélica y la falta de personal indujo a la SS a revertir su actitud.
Todavía se opuso a las milicias, pero solamente porque quería reclutar todo
hombre disponible para sus diversas unidades étnicas.
13. Esta es la crítica expresada contra el elemento guerrillero (Jagdkamp f )
en el esquema de defensa en profundidad austríaco que constituye actualmente
su política oficial. Ver R. S. Rietzler, "Erfahrungen aus Kleinkrieg und
Jagdkampf" (1972), II, 155-156.
14. Clausewitz enumeró las condiciones necesarias para una exitosa resis-
tencia guerrillera, como sigue: "(1) La guerra debe librarse en el interior del
país. (2) No debe ser decidida mediante un solo golpe. (3) El teatro de
operaciones debe ser bastante extenso. (4) El carácter nacional debe adaptarse
a ese tipo de guerra. (5) El suelo debe ser escabroso e inaccesible, a causa de
montañas, bosques, pantanos, o métodos locales de cultivo" (On War, libro 6,
cap. 26, pág. 480). La resistencia guerrillera en Alemania podría satisfacer las
condiciones 1, 2 y 3, pero por cierto que nunca la 4 y 5.
15. Luttwak, The Grand Strategy of the Roman Empire, págs. 159-170.
16. Las viviendas suburbanas y edificios comerciales de paredes blandas y
escasa altura, a diferencia de las casas de piedra de las villas tradicionales, no
sirven como obstáculos físicos contra tanques; pero proveen una cobertura
compleja para las fuerzas defensoras que se desplacen entre ellas, permitién-
doles dirigir fuego cruzado sobre caminos y calles desde posiciones ocultas. Y
los vehículos blindados no pueden avanzar derribando edificios para abrir sus
propias avenidas, sin gran riesgo: las construcciones modernas con pisos
delgados sobre los sótanos se convierten en excelentes trampas para tanques.

10. Estrategia de Teatro III

1. Estos esquemas de ataque profundo incluyen el Ataque de Fuerzas en


Seguimiento (a veces confundido con el Plan Rogers), que es estrictamente no
nuclear, considera ataques a través de un espectro de amplio rango, y requiere
que las unidades soviéticas en movimiento también sean atacadas; AirLand
Battle 2000 y AirLand 2000, conceptos teóricos discutidos en círculos del
ejército de los EE.UU., enfatizan los ataques en profundidad coordinados a
nivel de cuerpos; Deep Strike (Golpe Profundo), primariamente un esquema
nuclear, pero con una variante no nuclear que destaca el empleo de misiles
balísticos paralanzar submuniciones sobre blancos fijos; y CounterAir90, que
dispone ataques contra aeródromos soviéticos.
2. Los misiles mas económicos para atacar grandes blancos fijos con
submuniciones (bases aéreas, depósitos, playas ferroviarias), así como blancos
muy fortificados (centros de comando), serían los misiles balísticos de trayec-
toria elevada, idénticos a los empleados para lanzamientos nucleares. Induda-
blemente, la solución más barata sería el redespliegue en Europa de modelos
264 NOTAS

anticuados de misiles balísticos intercontinentales norteamericanos que ya no


estén en servicio para misiones núcleares (Titán, Minuteman I), debidamente
convertidos para alcances menores pero con cargas útiles mucho mayores y no
nucleares. Pero si se emplazan esas armas en Europa se criticarán como
obstáculo para las negociaciones de control de armamentos, por problemas de
identificación. Cuando se los lance desde cualquier sitio, por otra parte, sus
trayectorias podrían confundirse fácilmente como presagios de ataques nuclea-
res, aunque sea por pocos minutos. Finalmente, los grandes misiles balísticos,
ya convertidos o recién producidos, sólo serían económicos si se los emplazara
en alojamientos fijos, y entonces quedarían vulnerables a varias formas de
ataque, tanto nuclear como no nuclear, aunque se los fortificara.
Los misiles crucero aerodinámicos con grandes cabezas no nucleares serían
los más eficaces contra blancos pequeños y duros, como puentes y viaductos.
Cargados con submuniciones serían tan efectivos (si bien posiblemente más
caros por kilogramo lanzado) como los misiles balísticos para atacar blancos
extensos y blandos, tales como depósitos, playas ferroviarias y bases aéreas.
Una característica de la contienda es el costo de los misiles crucero, que sirven
para una sola salida, mientras que las aeronaves tripuladas pueden realizar un
número indeterminado de misiones antes de ser interceptadas o perdidas de
alguna otra manera (los accidentes se multiplican en operaciones de gran
intensidad). Otra es la vulnerabilidad de los misiles crucero ante las defensas
aéreas (incluyendo las barreras de globos alrededor de blancos valiosos);
aunque presentan una imagen radar y visual muy pequeña, estas aeronaves
sin piloto son incapaces de realizar maniobras evasivas, como las tripuladas.
Ver Fred N. Wikner, "Interdicción de blancos fijos con armas convencionales"
(1983). Richard K. Betts, ed., Cruise Misiles (1981), págs. 184-211. Steven L.
Canby, "Tecnología de la nueva fuerza convencional y el equilibrio NATO-
Pacto de Varsovia, I", New Technology and Western SecurityPolicy (1985), págs.
7-24, y Donald R. Cotter, ídem, págs. 25-39.
3. La causa fundamental de la ventaja defensiva fue, precisamente, la
relativa facilidad con que las líneas de trincheras podían reforzarse por tropas
que marchaban desde el desvío ferroviario más cercano a pesar del fuego de
artillería, en comparación con los múltiples obstáculos que se interponían en
el camino de los atacantes, quienes también sobre sus pies trataban de alcanzar
el frente de esas mismas líneas de trincheras. El propósito inicial a nivel táctico
del tanque, acorazado contra el fuego de ametralladoras y provisto con orugas
para cruzar cráteres de granadas y aplastar las alambradas de púas, estaba
específicamente dirigido a superar esta asimetría. Sólo más tarde se reconoce-
ría la profundidad potencial del tanque detrás del frente, a nivel operacional.
4. Unas 220.200 del total de 399.600 salidas voladas por la Fuerza Aérea
de los EE.UU. durante toda la guerra de Corea fueron clasificadas como
ataques de interdicción; un esfuerzo enorme, que a veces contribuyó a contener
la ofensiva china, pero significó principalmente que en lugar de emplear un
millar de changarines en un caso determinado, los chinos tuvieron que duplicar
la cifra. La interdicción demandó una proporción aún mayor de un total de
salidas mucho más nutrido durante la guerra de Vietnam, con resultados
NOTAS 265

todavía menos trascendentes. Para las estadísticas de la guerra de Corea y las


estimaciones de Vietnam, ver la obra de William D. White, U. S. Tactical Air
Power (1974), pág. 68.
5. Cierto tiempo atrás, antes de que se impulsara la construcción vial, se
estimó que si la "capacidad de flujo" de las redes camineras y férroviarias desde
la región occidental de la Unión Soviética hacia Alemania se destruyera en un
noventa por ciento, y se mantuvieran inoperativas a pesar de las reparaciones,
el diez por ciento remanente todavía sería suficiente para sostener una
ofensiva soviética con todo su poderío. El estudio es citado por Alain C.
Enthoven y K. Wayne Smith, How Much Is Enough? (1971), pág. 222.
6. Para una opinión positiva sobre lo que puede hacerse, ver Donald R.
Cotter, "Tecnología de la nueva fuerza convencional y el equilibrio NATO -
Pacto de Varsovia, II" en New Technology and Western Security Policy (1985),
págs. 25-38. Para una opinión pesimista, ver Steven L. Canby, ídem, págs. 7-
24.
7. El concepto de que minibombas de carga hueca muy pequeñas y por
consiguiente baratas, o de artificios de fragmentación que pueden ser letales
contra tanques de batalla bien blindados porque hacen impacto sobre la
delgada coraza superior, es reminiscente de la creencia de que los torpedos
serían efectivos porque la coraza de los buques de guerra era delgada o
inexistente debajo de la línea de flotación. Así como esa debilidad fue remedia-
datan pronto como se intentó explotarla, ahora también se están preparando
sobretechos blindados para tanques, en una típica respuesta de amplia capa-
cidad a un tanque estrecho.
8. Se necesitará personal y dinero para incrementar las fuerzas terrestres,
y en este momento parecería que el completamiento de los cuadros del
despliegue actual de fuerzas se ve perjudicado por las tendencias demográficas.
Por otra parte, los fondos usados para desarrollar y construir sistemas de
ataque en profundidad podrían servir para equipar con mejores medios a
fuerzas existentes pero pobremente armadas. En realidad, los críticos temen
que los parlamentos de la Alianza no aprueben los presupuestos extraordina-
rios requeridos para los nuevos armamentos, de modo que los fondos serán
sustraídos de las fuerzas desplegadas.
9. Esta cifra incluye 51 divisiones de tanques y 142 de fusileros motorizados;
el monto usual de 200 también incluye 7 divisiones aerotransportadas. Ver
Apéndice 2.

111. Antiestrategias

1. Se trataba de poder aéreo "táctico" en la terminología oficial corriente,


que abarca todas las formas de participación de la aviación en combate en
determinado teatro, a diferencia del poder aéreo "estratégico", dirigido contra
las poblaciones, industrias y aparato estatal, tanto civiles como militares. El
poder aéreo táctico incluye por lo tanto todos los modos de "superioridad aérea",
obtenida por cazas y cazabombarderos para el control del aire sobre el teatro
266 NOTAS

bélico; "apoyo cercano", cumplido por cazas (actuando como cazabombarderos),


bombarderos livianos, y aeronaves blindadas especializadas, para proveer
poder de fuego directo en sostén de fuerzas en el terreno; "interdicción del
campo de batalla", realizado por cazas y cazabombarderos livianos para atacar
fuerzas terrestres enemigas en la retaguardia inmediata de las zonas de
combate; e "interdicción", efectuada por cazas mayores desempeñándose corno
cazabombarderos y bombarderos livianos, veloces y especializados, para ata-
car infraestructuras y fuerzas en la profundidad del teatro de guerra.
2. Alfred Thayer Mahan, Naval Strategy (1911), pág. 6, citado por Philip A.
Crowl en Peter Paret, ed., Mahers of Modern Strategy (1986), pág. 458. Crowl
demuestra que Mahan tomó el concepto de Henri Jomini (1779-1869); así que
un simplificador se apropió de la idea de otro.
3. La prioridad absoluta asignada a este concepto en la época del submarino
posterior a Mahan fue debidamente criticada después de la Primera Guerra
Mundial. Ver John H. Maurer, "Concentración naval norteamericana y la flota
de batalla alemana, 1900-1918" (1983), págs. 169-177.
4. Por obvias razones, muchos escritos institucionales entran en esta ca-
tegoría. Ver, para información reciente, The Maritime Strategy, publicada por
el U.S. Naval Institute (1986) y que contiene artículos del Secretario de Marina,
del Comandante de Operaciones Navales y del Comandante de la infantería de
Marina. El titulado de la mayoría de las obras eruditas evita el empleo confuso,
tales como The Development ofNaval Thought (El desarrollo del pensamiento
naval, 1977) y el clásico de L.W. Martin The Sea in Modern Strategy (El mar
en la estrategia moderna, 1977). El importante estudio de Hervé Couteau-
Begarie, La puissance maritime: Castex et la stratégie navale (El poder marí-
timo, Castex y la estrategia naval, 1985), incluye el término irritante en el
subtítulo, pero su formulación es equivalente a la de Rosinski (la pensée
strategique navale). Una famosa excepción la constituyeA Layman's Guide to
Naval Strategy (Guía para un profano en estrategia naval, 1942) de Bernard
Brodie, reeditado más tarde con revisiones como A Guide to Naval Strategy
( Una guía para la estrategia naval, 1965), si bien su contenido es principalmen-
te técnico, táctico y operacional.
5. Para el profeta del poder aéreo autónomo, Giulio Douhet, la selección de
blancos constituía realmente la esencia de la "estrategia aérea"; ver Barry D.
Watts, The Foundations of U.S. Air Doctrine (1984), pág. 6. Hay un nuevo
análisis del pensamiento de Douhet en Ferruccio Botti y Virgilio Ilari, Il pensiero
militare italiano (1985), págs. 89-139.
6. Ver The Maritime Strategy, pág. 13 (Almirante James D. Watkins, Co-
mandante de Operaciones Navales). Trata claramente de justificar una alta
prioridad para las fuerzas navales, a pesar de la marginal vulnerabilidad de la
Unión Soviética a la negación del mar, al ataque anfibio y a la acción aeronaval
en cualquiera de los principales teatros de guerra.
7. Mahan, The Influence of Sea Power upon History, 1660-1783 y The
Influence of Sea Power upon the French Revolution and Empire, 1793-1812, y
otros escritos de menor trascendencia. Para las fuentes intelectuales, ver
Robert Seager, Alfred Thayer Mahan (1977), y más recientemente la revisión
de Crowl, págs. 449-462.
NOTAS 267

8. En realidad, Mahan fue poco coherente en el uso del término poder naval,
que consideraba como su propia contribución original al pensamiento estraté-
gico; ver Couteau-Begarie, pág. 45, y Crowl, pág. 451.
9. Gerald S. Graham, The Politics ofNaval Supremacy (1965).
10. Para la secuencia, ver Mahan, TheInfluence, 1660-1783, págs. 222-223,
citado en Crowl, págs. 451-452. '
11. El título de un libro de gran venta en la Segunda Guerra Mundial,
Victory through Air Power (1942), en realidad una colección de artículos,
contiene la predicción de Douhet/Mitchell/Trenchard en algunos de los títulos
de sus capítulos: "El ocaso del poder naval", "La emancipación del poder aéreo",
"Organización para la supremacía aérea".
12. Para el resumen de esta divergencia, ver BarryD. Watts, The Foundations
of U.S. Air Doctrine (1984), págs. 5-10.
13. Mitchell no compartía esta opinión: "una formación de bombardeo... por
cierto que sufrirá grandes bajas si se somete al ataque incesante de una fuerza
muy superior de persecución (cazas)". Ver Watts, Foundations, pág. 7, que cita
un texto anterior a 1923.
14. Sin embargo, esto no era aplicable a los bombarderos de la Luftwafle,
porque se exigía que tuvieran capacidad para el bombardeo en picada. Su
resistencia estructural y aceleración les concedía cierta maniobrabilidad, a
expensas del alcance y la carga de armamento.
15. Durante la noche, hasta que estuvieron disponibles cazas nocturnos
equipados con radares efectivos alrededor de 1943, cada interceptor debía ser
dirigido individualmente mediante lalocalización comparativadel radarhasta
que entraba en contacto visual con su blanco, imposibilitándose la intercepción
en masa; no obstante, los cazas sin radar operaban en fórmaciones nocturnas
si había suficiente luminosidad provista por la luna, reflectores o incendios
provocados por las incursiones de bombardeo.
16. Al refutar convincentemente el error ampliamente difundido respecto
a que los jefes de la Luftwaffe con sus crónicas reyertas rechazaron en efecto
la tesis, y se contentaban con una función complementaria de las fuerzas
terrestres, Williamson Murray, en Strategy forDefeat (1983), págs. 8-9, 19-21,
exagera la cuestión: se consideraba al bombardeo estratégico como una misión
importante, pero nada más. Murray cita al cuatrimotor He-177 como palmaria
evidencia de la intención estratégica (pág. 9), pero recibió baja prioridad;
además, sus extremas complicaciones de diseño le fueron impuestas para
efectuar bombardeo en picada, totalmente innecesario para propósitos estra-
tégicos.
17. Según lo comprobó en posguerra la Comisión de Estudio sobre Bombar-
deo Estratégico de los EE.UU. (U.S. Strategic Bombing Survey); los resultados
sobre lo realizado por el bombardeo siguen sujetos a gran controversia. Por
ejemplo, ver de David Macl saac, StrategieBombing in World War Two (1976).
18. Como por ejemplo lo destaca Bernard Brodie en Strategy in the Missile
Ame (1959), pág. 73; Watts, pág. 39, n.1, cita un memorándum de Brodie de 1952
titulado "La herencia de Douhet".
19. Bernard Brodie, TheAbsolute Weapon (1946), pág. 76, típicamente con
268 NOTAS

una salvedad que entonces otros pasaron por alto: al divulgarse el concepto de
la disuasión, que ya estaba en el aire, la describió como el principal propósito
de la institución militar, pero no el único, agregando "no puede tener casi
ningún otro propósito".
20. La suasión positiva (compulsión) es evidentemente de más difícil
aplicación que la suasión negativa (disuasión); ésta es una de muchas aclara-
ciones que se encuentran en Thomas C. Schelling, The Strategy of Conflict
(1960, 1980), págs. 195-199.
21. Ver Edward N. Luttwak, "Percepciones de fuerza militar y política de
defensa de los EE.UÚ." (1977).
22. Investigado en muchas configuraciones por Thomas C. Schelling, Arms
and Influence (1966).
23. Las palabras cruciales del discurso del Secretario de Estado JohnFoster
Dulles sobre "represalia masiva" (Boletín del Departamento de Estado, 25 de
enero de 1954).

12. El campo de la gran estrategia


1. Lavirtud de los imperios es su tenacidad. Para una opinión de la conducta
soviética, ver de Edward N. Luttwak, The Grand Strategy of the Soviet Union
(1983).

i3. Suasión armada


1. En un uso prematuro del término, el estacionamiento de la Flota del
Pacífico en la base avanzada de Pearl Harbor luego de mayo de 1940 fue
explícitamente definida como "disuasoria". Pero no podía disuadir más que
cualquier otra fuerza por su mera existencia. Los japoneses decidieron no ser
disuadidos, prefiriendo en vez de ello atacar a la fuerza que los había provocado
al constituirse en una aparente amenaza para sus planes de invasión del
sudeste de Asia. Pese a que perdura cierto descuido en el lenguaje, mucho se
ha aprendido del episodio, como se verá luego.
2. El resultado de las guerras de mayor extensión que episodios aislados de
combate es otro asunto, porque dentro de ellas la lógica paradójica tiende a
revertir el efecto del resultado del combate; los victoriosos encuentran nuevos
antagonismos y los derrotados concitan el apoyo de aquellos disgustados con la
situación. También en este aspecto ambas guerras mundiales de nuestra
centuria fueron atípicas, debido a las rigideces introducidas por el carácter
político de los antagonistas; en consecuencia, las inversiones en hacer y
deshacer alianzas únicamente pudieron realizarse después de que el fin de la
guerra dio lugar a cambios políticos. La guerra Iraq-Irán concuerda con el
modelo clásico de inversiones dentro del conflicto, como se observa en las
abruptas alteraciones de las respectivas relaciones de suministro de arma-
mentos.
NOTAS 269

3. Esa fue una de las acusaciones árabes contra Israel como consecuencia
de la guerra de junio de 1967. Verdaderamente, los israelíes mantuvieron un
excepcional grado de reserva cuyo efecto fue indudablemente desvalorar su
poderío, pero solamente hasta la crisis previa a la guerra, en mayo de 1967.
Entonces, al observar la reducida disuasión que obtenían, se apresuraron a
suministrar información y organizar visitas a unidades. Parecía como si su
práctica habitual produjera una extensión espontánea de la seguridad del nivel
operacional hasta el nivel de gran estrategia, en el cual el estricto secreto
ocultaba el poderío que podría haber disuadido al agresor.
4. Entre otras cosas, la cantidad de divisiones italianas fue incrementada
por el simple expediente de reorganizar divisiones de tres regimientos en otras
con solamente dos. Dentro del ejército fue aguda la tensión entre el manejo de
la escena política y la preparación profesional para la guerra. Ver Ferruccio
Botti y Virgilio Ilari, Il pensiero militare italiano dal primo al secondo dopo-
guerra (1985), págs. 161-271.
5. Como en la primera misión orbital de tres hombres, lograda agregando
un simple pasajero en un vehículo biplaza. Para la política de engaños de
Kruschef y sus resultados, ver de A. L. Horelick y M. Rush, Strategic Power and
Soviet Foreign Policy (1966).
6. Ahora que se estila manifestar públicamente los propósitos disuasivos en
el diálogo entre Grandes Potencias, es mucho más posible que se los invoque al
racionalizar la existencia de fuerzas militares.
7. Queda implícito un juicio sobre la gravedad de los enfrentamientos entre
potencias pequeñas, tales como la guerra de los Balcanes de 1912 y la guerra
del Chaco de 1932-1938.
8. De hecho, un motivo adicional para el fracaso en pronosticar el ataque
preventivo del 7 de diciembre de 1941 fue debido a que las estimaciones
norteamericanas sobre el poderío de su flota eran bastante pesimistas. Según
palabras de un observador participante: "Me pareció completamente estúpido
por parte de los japoneses atacar a los Estados Unidos en Pearl Harbor. No
podíamos influir materialmente sobre el control que ejercían sobre las aguas
que les interesaba, fueran hundidos o no los acorazados en Pearl Harbor".
Testimonio del Capitán de Navío Vincent R. Murphy ante el Congreso,
Audiencias de Pearl Harbor, parte 26, pág. 207, citado por Ronald H. Spector
en Eagle against the sun (1985), pág. 3.
9. Su contraparte, "primer golpe", es una contracción de "primer golpe con
intención de desarmar" (apuntado contra las fuerzas nucleares enemigas), a
diferencia del "primer uso" de armas nucleares, que no se dirige contra fuerzas
nucleares sino como reacción ante una invasión no nuclear de Europa que no
puede ser contenida de otro modo. Estas distinciones fueron dilucidadas por
primera vez en el célebre estudio RAND de Wohlstetter, Hoflinan, Lutz y
Rowen, Selection and Use of Strategic Air Bases (1954), y publicadas por pri-
mera vez en "El delicado equilibrio del terror" de Albert Wohlstetter, Foreign
Affairs (1959). No por coincidencia, Roberta Wohlstetter, esposa de Albert, ha
realizado un análisis muy meticuloso del episodio de Pearl Harbor, publicado
más tarde con ese mismo nombre (1962).
270 NOTAS

10. En su mayor parte enmascarada por mojigaterías (fue el cónsul romano


C. Flaminio quien proclamó la "libertad de todos los griegos"), pero a veces con
brutalidad directa, como cuando al seléucida Antíoco Epifanio IV le fue
ordenado lacónicamente que se fuera de Egipto y Judea en 168 A. C. por C.
Laenas Popilio, quien lo enfrentó mientras avanzaba con sus tropas. A Popilio
no lo acompañaba fuerza alguna, salvo el texto de una resolución del Senado
que ofrecía una severa opción entre la retirada inmediata o la guerra con Roma.
Antíoco pidió tiempo para considerar el asunto, pero Popilio trazó un círculo en
la arena alrededor de sus pies con una vara, y le exigió respuesta inmediata.
La humillación era intensa y la pérdida enorme, porque la gran riqueza de
Egipto estaba a su alcance, pero Antíoco obedeció: los romanos acababan de
derrotar y arruinar a un rey heleno, Perseo de Macedonia, y poco les costaría
destruir a otro. Se presume que el episodio, vívidamente relatado por Polibio
(libro 29) entraría dentro de la definición corriente de "compulsión".
11. Éstos incluyen el intento de asesinato del presidente Chun Doo Hwan
de Corea del Sur y sus más importantes funcionarios civiles y militares en
Rangún el 9 de octubre de 1983, en el cual murieron tres ministros coreanos y
otros quince funcionarios, y muchos resultaron heridos. Después de ese
episodio, Corea del Norte declaró que su política había variado, y actualmente
continúan negociaciones intermitentes.
12. Por ejemplo, en el planeamiento de fuerzas "estratégicas" norteameri-
canos, los requerimientos de capacidades de segundo golpe se calculan con la
premisa de un primer golpe soviético total, lanzado contra fuerzas norte-
americanas que se hallan en estado de alerta normal y por consiguiente
disponibles en forma parcial, con muchos submarinos misilísticos en puerto y
pocos bombarderos alistados en pista. De modo similar, se supone que las
tuerzas soviéticas se hallan totalmente operacionales, mientras que las fuerzas
norteamericanas se ven aún más disminuidas, luego de las pérdidas por los
ataques y por fallas predecibles. En cuanto alos misiles balísticos, los "factores
de degradación" acumulativos para las fases de lanzamiento, impulso, vuelo,
separación de ojiva, trayectoria terminal y detonación, pueden sumar más del
40 por ciento. Así que un mismo inventario de armas que parece groseramente
exagerado para otros, puede resultar apenas marginal para la evaluación
asimétrica global de prudentes asesores, quie nes calculan en forma conservadora
tanto la supervivencia posterior al ataque como las fallas subsecuentes. El
cálculo citado a menudo de exceso de armas ("overkill") simplemente ignoralos
efectos acumulativos del ataque previo, los límites de disponibilidad, y las
fallas de funcionamiento, y además asume que sólo las ciudades serán atacadas,
en una comparación irrisoria de los inventarios completos de armas con el
número mucho menor de ciudades designadas como blancos.
13. Para mediados de 1985, el IISS estimaba 10.174 cabezas nucleares para
los Estados Unidos y 9987 para la Unión Soviética. Military Balance, 1985-86,
pág. 180.
14. El lector con inclinaciones técnicas reconocerá el error puramente
técnico: aunque las plataformas norteamericanas de lanzamientos intercon-
tinentales quedaran reducidas a apenas una docena de submarinos misilísti-
NOTAS 271

cos, una centena de bombarderos .y algunos más misiles terrestres,


presumiblemente móviles, una ofensiva contra f'uerzas que les fuera destinada
todavía podría involucrar tantas ojivas nucleares soviéticas como se deseara
mediante ataques de barreras extensas de área contra las zonas de despliegue
de misiles móviles, el espacio aéreo alrededor de los aeródromos (para atrapar
a los bombarderos después del despegue), e incluso en alta mar, alrededor de
l as presuntas posiciones de submarinos misilísticos.

14. Armonías y desarmonías en la guerra


1. A. Hillgruber, Hitler's Strategy (1965), págs. 190-192.
2. La apreciación de inteligencia británica del 17 de febrero de 1941
determinó que a causa de las preparaciones que demandaría la guerra en el
desierto, "un lapso considerable debe transcurrir antes de que cualquier
contraofensiva importante pueda ser lanzada desde Trípoli"; ver F. H. Hinsley
y otros, British Intelligence in. the Second World War (1979), pág. 389. Esta
opinión era compartida por el Alto Comando del Ejército Alemán.
3. Martin van Creveld, Supplying Vfar (1977), pág. 139.
4. Para l a opinión de OKH según la recordara el Jefe de Estado Mayor Fran z
Halder, ver Larry H. Addington, The Blitzkrieg Era and the German General
Staff (1971), págs. 162-163.
5. Van Creveld, Supplying War, págs. 184-185.
6. Lo que sigue se basa en Ronal_d Lew-in, Li. fe and Death of theAfrika Korps
(1967), y David Irving, The Trail of the Fox (1977), pág. 67 en adelante (con
mucho colorido pero exacto).
7. Addington, Blitzkrieg Era, pág. 165.
8. Hinsley, British Intelligence, págs. 389-393.
9. La desorganización premeditada de Rommel de sus propias formaciones
no se extendió hacia abajo hasta el nivel táctico, sobre el que tenía poca
influencia: mientras que los británicos combatían mediante unidades separa-
das de infantería, artillería y tanques, los alemanes empleaban fuerzas de
tareas de todas ellas mezcladas. Aplicando un elegante trabajo en equipo,
cuando las fuerzas de tareas eran atacadas por tanques británicos se empeña-
ban con cañones antitanques bien protegidos en el terreno. Los tanques propios
eran reservados para desplazamientos de flanco, y principalmente para ata-
ques contra "blandas" columnas motorizadas e infantería, contra las cuales su
superioridad técnica sería decisiva. La descripción clásica se encuentra en F.
W. von Mellenthin, Panzer Battles (1971), pág. 71 en adelante.
10. De otro modo hubiera reconocido que las fuerzas que era posible
abastecer a través de 2400 kilómetros desde Tripoli hasta el Canal de Suez
serían demasiado pequeñas para derrotar a los británicos, mientras que
fuerzas con magnitud suficiente para cumplir la tarea no podrían ser abaste-
cidas. Ver Van Creveld, Supplying War, págs. 181-201.
11. Muchos historiadores han criticado el rechazo de Hitler a mandar
refuerzos a Rommel en el verano de 1942, señalando que grandes fuerzas
272 NOTAS

alemanas fueron enviadas después de la derrota de Rommel en El Alamein.


Pero entonces el propósito germano ya no era conquistar Egipto, sino mantener
a Italia como aliado en la guerra, impidiendo la caída de Túnez, último
territorio de África del Norte en manos del Eje, frente a Sicilia. A diferencia de
la conquista de Egipto, era éste un objetivo importante a nivel de gran
estrategia.
12. La capacidad de los norvietnameses para desplegar sus fuerzas sobre
sus propios pies desde un extremo al otro del país era muy inferior mecánica-
mente a la capacidad norteamericana-survietnamita para hacerlo mediante el
transporte por caminos, aire y mar. Pero por otra parte, la evasión les concedía
la iniciativa en cada movimiento, de modo que no quedaban en inferioridad en
cuanto a su capacidad de concentrar fuerzas para cualquier empeñamiento. Su
posibilidad de reforzar una acción en curso era muy inferior, con toda certeza,
pero en su estilo de guerra los enfrentamientos planificados eran seguidos por
la dispersión.
13. Los únicos documentos que alguna vez se publicaron sobre el tema se
encuentran en Hanoch Bartov, Dado (1981); para la distribución divisional, ver
los gráficos del 8 de octubre.
14. La mayoría de los puntos fuertes de la llamada línea Bar-Lev no estaban
cubiertos. El 6 de octubre de 1973 había unos 450 soldados dispersos en los 14
puntos fuertes ocupados de un extremo al otro del Canal de Suez, una densidad
de cuatro hombres por kilómetro. El plan defensivo israelí ("Dovecot") confiaba
en cambio en los 290 tanques y 14 baterías de artillería de la división
estacionada en el Sinaí. Bartov, Dado, gráficos del 6 de octubre.
15. Ver Barton Whaley, Codeword Barbarossa (1973).
16. Por ejemplo, ver Bartov, Dado, págs. 188-217.
17. Para un relato detallado, ver Avraham Adan, On the Banks of the Suez
(1980), págs. 91-164. Ver también el excelente análisis de Martin van Creveld,
Command in War (1985), págs. 218-231.
Indice Alfabético

Abadán, 136 comparaciones militares, 241-243


Acorazados, 32-34, 75,154-155,161, Antiaéreos, misiles/defensas, 39, 43-
227 44,168; en la guerra árabe-¡ sraelí,
Administración militar, 39 224
Afganistán, 132-133, 261n6 Antibuques, misiles, 43-44
Mica del Norte, 24, 51, 194, 206- Antisatélites, misiles, 147
209, 213-217, 252n9 Antitanques, misiles, 35-38, 42, 72-
Albania, 189-190 74; infantería, 72-74, 83-87, 103-
Alemania, 59, 62; en la Segunda 107, 112-113; precisión, 72-74;
Guerra Mundial, 15, 21-30, 47, contra blindados, 73-74, 82-83,
49, 51, 54, 90, 92, 130, 161-165; 113; en la estrategia defensiva
defensa contra Rusia, 80,95,105- europea, 103-108, 112, 114; en la
108, 112-115, 117, 124-128, 140, guerra árabe israelí, 224-225
143, 150.; Afrika Korps, 24, 51, Apaciguamiento, 182
206-209,213-217,252n9; Batalla Árabes, Estados, 61, 129, 194; gue-
de Berlín, 27, 136; crisis de Ber- rra con Israel, 57,178n,193,195,
lín, 198n; Blitzkrieg, 21-23, 88, 221-225, 269n3; producción de
92, 96-105, 117, 123-125, 252n2; petróleo, 211, 224-225
economía de guerra, 54-55, 164- También ver Irán; Iraq; Egipto;
165, 216; en la Primera Guerra Siria; Sudán; Yom Kippur
Mundial, 46, 142 Ardenas, 92, 117
Alianza, la (NATO), 69; defensa de Argentina en la guerra de las Malvi-
Alemania, 80,95,105-108; defen- nas, 43-45
sa del teatro central europeo, 112- Armas nucleares del campo de bata-
115, 117, 140, 143; armas y fuer- lla, 117-122, 151, 195, 198-199
zas nucleares, 117-120, 146, 198- Atómicas, bombas, 58, 78-79, 165-
199; defensa/fuerzas no nuclea- 166, 170-171, 219
res, 69, 120-122, 198-199; res- Austria, 59, 112, 134, 184
puesta soviética, 133-137; con- Aviación: - ataque nuclear, 201; "es-
tramedidas técnicas, 141; poder/ tratégica", 87n; militar, 161; en la
defensa aérea, 141, 198; estrate- Segunda Guerra Mundial, 161-
gia de ataque profundo, 143-152; 165
movilización soviética, 149-151; También ver Bombardeo; Caza
producción de armas, 151; efectos
de la suasión,195-196; disuasión, Barbarrosa, plan, 206-207
198; blancos soviéticos; 200-203; Bazookas, 36
274 NDICE ALFABÉTICO

Bélgica, 21-22, 49, 87n, 92, 112, 130, Einstein, Albert, 78


138,216 Eisenhower, Dwight, 90
Berlín, Batalla de, 27, 136; crisis de, España, 59, 62, 162, 190, 194
198n Estados tapones, 184
Blindados, 72-74, 224-225, 227 Estados Unidos: 59, 76; en la Segun-
Blitzkrieg, 21-23,88,92,96-105,117, da Guerra Mundial, 15, 51, 89-
123-125, 252n2, 259n6-7 90,92,95,183,210-212,217-218,
Bombardeo: en Afganistán, 133; mé- 223; armada y política naval, 43,
todos, 52-54; estrategia en la gue- 45, 95, 154-161; poder aéreo, 53-
rra aérea, 87n, 161-168; factores 54,95; Marine Corps, 93,95; ejér-
de degradación, 164,166; coman- cito, 95, 148; guerra de Vietnam,
do de la Real Fuerza Aérea, 25- 219-221; armas nucleares, 58,78-
26, 49, 52-54, 253n11-18 79, 117-122, 151, 165-166, 170
Bulgaria, 190 171,195,198-199, 219; guerra de
Carea, 24-25, 93, 95
Canadá:., 148 Etiopía, 190, 214
Carrera armamentista, 180-181
Caza: 53, 75-76, 147, 162-165, 205, Filipinas, 217
222; comando de la Real Fuerza Fotografía aérea, 102, 145, 149
Aérea, 96, 205, 258n4 Francfort, 133-135
Clausewitz, Karl von, 12, 16, 20-21, Francia: 59, 112, 138-139, 148, 186;
110, 144-146, 235-236, 251n3, guerra franco-prusiana, 77; Se-
255n7, 263n14 gunda Guerra Mundial, 21, 49,
Coalición, 60-62 51,81,92,116-117,130,139,216;
Control de armamentos, 183-186 guerra de Indochina, 47, 129
Corea, 24-25, 57n, 90, 93, 95, 111, Fricción (según Clausewitz), 12
170,183,194-195,198,198n, 218
Crisis, 198n Gallípoli, 92,161
Cuba, crisis de los misiles, 198n Golfo Pérsico, 92, 136, 201, 207, 221
Gran Bretaña: 95, 148, 159, 186; Se
Checoslovaquia, 112, 114, 134, 149, gundaGuerra Mundial, 25-30,50-
167; 194 - 55; guerra de las Malvinas, 43-
China, 25, 59, 61, 125n, 139, 161, 45; armada y política naval, 49,
161n, 193, 197, 217-218, 220 154-155,159-160; poder aéreo, 49,
Churchill, Winstori, 50-55, 212n 51, 90, 96, 161-168, 205
Grecia, 51, 92, 130, 194, 207
Desgaste, 89-96, 105, 113, 164 Guerra aérea: 8; blancos, 157; defen-
Dien bien Phu, 47 sa aérea, 162-165; estrategia de
Dinamarca, 51, 92, 112, 130, 213 bombardeo, 52-55, 58; interdic-
Dioclesiano, 134 ción, 142-146: radar, 163; reac-
Diplomacia, 159, 179-183,189-190 ción enemiga, 142-143
Dohuet, Giulio, 161-165 Guerra de guerrillas, 128-133

Economía: 196; alemana, 54-55,164- Hamburgo, 133-135


165, 216; japonesa, 165, 216; Harris, Arthur, 54
versus estrategia, 38-41 Hiroshima, 79
Egipto, 35-37, 92, 206-209, 213-216, Hitler, 22, 51, 55, 59-60, 78-79, 139,
221-225 183, 194, 208, 210, 212, 216-217
ÍNDICE ALFABÉTICO 27 5

Holanda, 21, 49, 51, 92,130, 139 Nasser, Gamal, 190


Hungría, 114, 149, 167, 190 Normandía, desembarcos, 24, 89, 209
Noruega, 51, 92, 130, 213
Inchón, desembarco en, 24, 93 Nueva Guinea, 217
India, 125n, 214-215 _ Nuremberg, 133-135
Indochina, 47, 129
Inglaterra, batalla, 51, 96, 205 Oppenheimer, Robert, 201
Interdicción, 140-148 Otomano, Imperio, 59, 92, 139
Iraq, 178n, 207
Irán, 133, 136, 178n, 201, 214-215 Paquistán, 133
Israel, 17, 35-38, 95, 194, 214-215, Paradójica, lógica, 7-10, 15-21, 67,
221-225 76, 121, 130, 179-183, 186, 192-
Italia, 62, 90, 130, 190 194
Patton, George, 90, 92, 95
_T -íin: .r_,9 C~-2 139, 154; Se i nda Póárl Hárhnr atan„— 1 R:3 210-212,
Guerra Mundial, 15, 214-215. 217-218, 223
También ver Pearl Harbor, ata- Pedro el Grande, 139
que a Polonia, 51, 92, 114, 130, 14-9, 194,
Jeune Ecole, 32-35 216
Pol Pot, 197
Kampuchea, 193 Portaaviones, 45,75,156-158,255n9
Khuschef, Nikita, 148, 183, 190 Portal, Charles, 50-53
Rusia, 59, 77, 139
Laos, 47 Puerto Arturo, 34
Líbano, guerra del, 1.7, 38
Libia, 206-209, 252n9 Rigdeway, Matthew, 90
Luxemburgo, 112 Romano, Imperio, 60-62, 194
Rommel, Erwin, 24, 51, 206-209, 213
MacArthur, Douglas, 24-25, 93, 95 217,252n9
Maginot, línea, 81, 116-117, 1.39, Roosevelt, Franklin, 78, 212n, 218,
252n1 223
Mahan, Alfred, 154-155, 158-161 Rumania, 167, 190
Malaya, 92, 129, 213, 217 Rusia: 59, 61, 11.4; Segunda Guerra
Malta, 207 Mundial, 15,22-23,47,51-52 , 92,
Malvinas, guerra de, 43-45 119, 130; contra NATO, 72, 119;
Manchuria, 218 ejército, 239-243; en Afganistán,
Mao Tse-tung, 197 132-133, 261n6
Market-Garden, operación, 92
Mitchell, William, 162-165 Saclls, Albert, 78
Montgomery, Bernard, 24,90 Sadat, Anwar, 223-224
Moscú, 22-23 Satélites, 143, 145
Munich, 133-135,182-183 Singapur, 213, 217
Mussolini, Benito, 190 Siria, 17, 214
Sorpresa, 9-10, 148-151
Naciones Unidas, 3n, 178n, 224 Stalin, José, 23, 78, 197, 210, 212,
Nagasaki, 79 212n, 223
Napoleón, 21, 51, 60, 78 Stalingrado, 22-23, 47, 124, 135
Napoleón III, 77 Suasión armada, 119, 187-203
27 6 ÍNDICE ALFABÉTICO

Submarinos, 44-45, 75, 90, 155, 158, Ucrania, 136, 139


220 Varsovia, 130, 139, 164
Sudán, 214 Verdún, 46, 142
Suecia, 54, 191 Vietcong, 129
Suiza, 54 Vietminh, 47
Szilard, Leo, 78 Vietnam, 90, 93, 129, 183, 219-221
Voluntad nacional, 190-192
Taiwan, 218
Teller, Edward, 78 Wigner, Eugene, 78
Tito, Josip Broz, 130
Tojo, Hideki, 193 Yom Kippur, guerra de, 35-37, 221,
Torpedos, torpederas, 32-34, 254n1 258n5
Trenchard, Hugh, 162-165 Yugoslavia, 51, 92, 130, 138, 190

Zompuesto, impreso y encuadernado


en el mes de abril de 1992
en los talleres gráficos de
Compañía Impresora Argentina S.A.
Alsina 2049, (C.P. 1090) Capital Federal
Teléfono 951-2308/7379 - Buenos Aires - Argentina.

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