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EL AJEDREZ COMO YO LO JUEGO

Paul Keres
Prof. José Luis Matamoros

PARTIDA Nº 3 9.e4, hubieran conseguido una posición muy


Campeonato escolar de Estonia aceptable. Sin embargo, después de permitir
(1932-1933) sin lucha el avance del peón rey negro, la ini-
ciativa pasa a manos de las negras.
Blancas: L. Peterson 8... e5
Negras: P. Keres 9.¥b5 ¥d6
PEON DAMA 10.c4 a6
11.¥xc6+ ...
1.¤f3 d5 Ahora las negras conservan su fuerte cen-
2.d4 c5 tro de peones, el cual, junto con los dos alfiles,
3.dxc5 ... les asegura una clara superioridad. Mejor era,
Como lo demuestra a continuación la por consiguiente, 11.cxd5 axb5 12.dxc6 bxc6
partida, los conocimientos teóricos referentes 13.¤bd2, obteniendo las negras quizás sola-
a las aperturas de los ajedrecistas escolares de mente una posición algo más activa.
entonces no eran amplios. Es por eso que traté 11... bxc6
de apoderarme de la iniciativa ya a partir de 12.cxd5 cxd5
las primeras jugadas, cosa que también logré 13.¤c3 ¥b7
en vista del juego pasivo. de mi adversario. 14.¤e2 O-O
3. ... e6 15.¤g3 g6
4.b3 ... 16.¦c1 ...
Por supuesto las blancas podían jugar,
por medio de 4.c4, un gambito de dama acep-
tado con colores invertidos. Pero resulta que a
continuación las blancas demuestran no que-
rer emprender nada contra la formación cen-
tral del adversario, construyendo en cambio
una sólida posición, muy difícil de asaltar.
4... ¥xc5
5.¥b2 ¤f6
6.e3 ¤c6
7.¥d3 £e7
8.O-O ...
No se puede afirmar que las blancas ha-
yan jugado bien la apertura, pero con 8.c4, u
8.¤bd2, para poder contestar a 8. ... e5; con Después del retraído tratamiento de la

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apertura, las blancas han ubicado sus piezas negras iniciar un peligroso ataque contra el
de manera bastante favorable. Por medio del rey blanco.
traslado del caballo a g3, su posición en el 21. ... h4
flanco rey está suficientemente consolidada; 22.¤e2 ...
el caballo de f3 y el alfil ejercen una desagra- A 22.¤f1, también podría seguir 22. ...
dable presión sobre el punto e5 de las negras, d4! 23.exd4 ¥xf3 24.gxf3 £g5+; pues ahora
estando al mismo tiempo listos para impedir las blancas no pueden ya defender las casillas
el avance del peón dama, y, finalmente, la to- f3 y h3 con su caballo, cosa que esperan po-
rre queda muy bien ubicada en la columna c der hacer con ¤g1. Empero, esta esperanza
abierta. Por consiguiente, no les resulta fácil a demostrará ser ilusoria.
las negras iniciar con éxito una acción, y esto 22... d4!
pese a su predominio en el centro.
16. ... h5
17.h3! ...
Muy bien jugado. Si las negras intentaran
ahora con 17...e4 18.¤d4 ¥xg3 19.fxg3, de-
bilitar la posición de los peones enemigos, se
encontrarían a su vez pronto en dificultades a
causa de la abierta columna f y de la diagonal
a1-h8.
Las negras entienden que no pueden ha-
cer gran cosa en el flanco rey y dirigen ahora
su atención sobre el otro flanco, plan asimis-
mo enteramente justificado desde el punto de
vista posicional.
17. ... a5 Por medio de este sacrificio de peón las
18.¦e1 ¤h7 negras destrozan la posición del rey enemigo
Hoy día habría naturalmente proseguido y consiguen un violento ataque. Las blancas
la maniobra en el flanco dama con la lógica no tienen alternativa, pues si rehusaran acep-
continuación 18...a4; empero, en aquel tiem- tar la entrega del peón, las negras lograrían
po me atraía más el monarca enemigo. pasar un peón libre muy fuerte en la columna
19.a4 ¦ac8 dama.
20.¦xc8 ¦xc8 23.exd4 ¥xf3
21.£a1? ... 24.gxf3 ¤g5
Con sus dos últimas jugadas las blancas Jugar ahora 24...£g5+ 25.¢f1, resultaba
inician una acción poco feliz. Si bien la inten- innocuo para las blancas, pues disponían de
sificación de la presión sobre la casilla e5 de la jugada defensiva ¤g1. Con la jugada del
las negras es muy seductora, debe tenerse en texto las negras empiezan un ataque decisivo
cuenta que resulta muy arriesgado, cuando contra el punto f3 de las blancas.
existe un centro móvil de peones enemigos, 25.¢g2 ...
alejar su dama del campo de batalla principal. Si las blancas lograsen jugar 26.¤g1, ten-
Esta última circunstancia permite ahora a las drían fundadas perspectivas de una eficaz de-

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fensa. Pero ahora sigue un golpe táctico deci- final está fácilmente ganado por las negras.
sivo. 31.¢f3 ¥xc3
25. ... ¤xf3! 32.¥xc3 £xc3+?
El rey blanco es sacado al «aire libre»,
donde deberá sucumbir ante el ataque con-
céntrico de las piezas negras.
26.¢xf3 £b7+
27.¢e3 ...
Si 27.¢g4, entonces ganaría 27. ... £e4+
28.f4 £g2+; etcétera.
27... £xb3+
28.¤c3 ...
También perdía rápidamente 28.¥c3, por
28. ... exd4+ 29.¢xd4 ¥c5+.
28... exd4+
29.¢xd4 £c4+?

La presente partida constituye un típico


ejemplo del juego de un ajedrecista novel.
Después de haber conseguido, gracias a una
bonita combinación, una posición evidente-
mente ganadora, comete varias imprecisio-
nes, hasta finalmente encontrarse frente a se-
rias dificultades técnicas. El convencimiento
de que la posición ya está ganada «por sí sola»
ha llevado en muchísimas ocasiones a jóvenes
jugadores a relajar su atención, costándoles
así preciosos puntos.
Inmediatamente ganaba aquí 32...£d5+;
ya que a cualquier jugada del rey blanco segui-
Después de haber logrado una posición ría 33...¦e8+; o 33. ... ¦c4+; respectivamen-
claramente ganadora, las negras aflojan algo te, con mate o ganancia de dama. A 33.¦e4,
y permiten al adversario ofrecer aún tenaz re- decidía 33. ... f5. Con la jugada del texto las
sistencia. Ganaba aquí en seguida 29...¥c5+ negras tendrán que vencer aún varios obstá-
30.¢e4 £c2+; puesto que el rey blanco sigue culos de orden técnico.
atrapado en la red de mate. 33.£xc3 ¦xc3+
30.¢e3 ¥b4 34.¦e3 ...
Reconquistando el material sacrificado, Por culpa de su juego superficial las ne-
pues las blancas no pueden jugar 31.¦c1, por gras han permitido que su adversario llegue a
31. ... ¦e8+. También era posible 30...¦e8+ una posición con la que ni osaba soñar algu-
31.¢d2 £d4+ 32.¢c2 £xf2+; y las blancas nas jugadas atrás. Con su última movida las
deben devolver la pieza, después de lo cual el blancas especulan con poder aprovechar en el

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final la debilidad del peón torre rey del adver- su peón a
sario, pero tal esperanza es vana. Las blancas 36... g5
debían haber continuado con 34.¢g2 ¦c4 Decisivo. Ahora el rey blanco no puede
35.¦a1, y si bien tendrían un final inferior, trasladarse al flanco dama por la amenaza
éste exigiría del adversario cierta madurez 37...g4.
técnica. 37.f3 f5
A continuación, podremos observar la 38.¢e5 g4
acostumbrada inseguridad inherente a los jó- 39.fxg4 fxg4
venes ajedrecistas en la conducción de finales. 0-1
Si bien es cierto que las blancas trataron Abandonan.
el medio juego de manera relativamente co-
rrecta, en el final las cosas se presentan mu-
cho peor y pierden en pocas jugadas cuando
la posición permitía todavía una vigorosa re-
sistencia.
34... ¦xe3+
35.¢xe3 ...
Si 35.fxe3, las negras deben evitar la con-
tinuación defectuosa 35. ... f6?; 36.¢g4 g5?
37.¢f5, seguido de e4 y e5, con tablas. Sin em-
bargo, las negras ganan así: 35...¢g7 36.¢g4
¢f6 37.¢xh4 ¢f5 38.¢g3 ¢e4 39.¢f2 ¢d3
40.¢f3 ¢c4; y el peón torre dama de las ne-
gras corona primero.
35... ¢g7 Otra partida característica de mis años de
36.¢d4 ... mocedad. Se observa el afán de solucionarlo
A pesar de que su posición estaba perdida todo por medio de combinaciones, al mismo
de todos modos, esta jugada demuestra que tiempo que aparecen frecuentes deficiencias
las blancas no comprendieron en absoluto en en la parte técnica.
dónde residían sus probabilidades de salva-
ción. Con 36.¢f4, podían crear a su adver-
sario problemas mucho más difíciles de re-
solver, ya que después de 36. ... ¢f6 37.¢g4
¢e5; seguía 38.f4+ ¢e4 39.¢xh4 ¢xf4; y ta-
blas por ahogado. Las negras hubieran debido
todavía jugar con mucha precisión para for-
zar la victoria. Uno de los caminos más claros
podía ser: 36.¢f4, ¢f6; 37.¢g4, g5! 38.f4
gxf4 39.¢xf4 ¢e6 40.¢g5 ¢e5 41.¢xh4
¢f4! 42.¢h5 f5 43.h4 ¢e4 44.¢g5 (o g6),
f4; y después de coronar ambos peones las
negras consiguen cambiar damas y ganan con

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