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modesto rimba

Dobleces

Ensayo sobre literatura argentina

Cristina Iglesia
Iglesia, Cristina
Dobleces. Ensayo sobre literatura argentina / Cristina Iglesia
1a ed. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Modesto Rimba, 2018.
xxx p. ; 21,5 x 15 cm.

ISBN xxx

1. xxx I. Título.

CDD xx

Prólogo
por Silvia Molloy
© Cristina Iglesia, 2018
© modesto rimba, 2018

modesto rimba
modestorimba.com.ar
modestorimbaed@gmail.com

Fecha de catalogación: xx/xx/2018

Editor: Santiago Castellano

Diseño gráfico y diagramación: susi camilieri

No se permite la reproducción total o parcial de la obra, tanto del interior como de la


portada, por cualquier vía y de cualquier modo, sin el permiso del autor.

Hecho el depósito que marca la ley 11.723

Impreso en Argentina
Este libro

Cristina Iglesia, con ejemplar destreza, propone un itinerario de lec-


turas que iluminan textos sobre los que a menudo se piensa que está
todo dicho, textos que se han vuelto clásicos –pongamos por caso “El
matadero” de Echeverría– y cuya vetusta lectura desempolvamos cuan-
do la necesitamos: textos a los que el hábito niega la oportunidad de ser
vistos con ojos nuevos.
Dobleces lucha en contra de esas lecturas consabidas, propone pre-
cisamente aquello a lo cual apunta el título. Doblez es manipulación,
pliegue que acaso esconda algo; es disimulo, es acaso mera apariencia.
En todo caso, el doblez es aquí desafío a indagar el más allá de esa apa-
riencia, es invitación a descubrir lo que aparece oculto a primera vista, a
apreciar las artimañas y vueltas del texto y verlo otramente.
Cristina Iglesia reflexiona sobre la literatura argentina del siglo die-
cinueve, examina la institución de sus textos fundantes, se detiene en la
autorrepresentación que hacen de sí sus autores y autoras –la atención
prestada al género es aquí crucial, como lo atestigua su brillante lectu-
ra de Juana Manuela Gorriti– y analiza sus relaciones, las simpatías y
diferencias que los unen. El libro, por donde desfilan Florencio Varela,
Juan María Gutiérrez, Echeverría, Sarmiento, la inolvidable Juana Go-
rriti, Mansilla y tantos más, se detiene en los intersticios, en las mani-
pulaciones, en los inesperados contactos, en las complicidades y en los
desacuerdos. Analiza agudamente la sociabilidad literaria decimonóni-
ca en la época de Rosas, el impulso del escritor exiliado a crear familia,
tanto de sangre como de letra, y propone relecturas de textos cuya pro-
ductividad intelectual ilumina con acierto. Porque si el exilio es lugar
desde donde se añora la casa, como lo atestiguan las cartas de Mariquita

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Thompson, es también invención de un hogar nuevo, a la vez morada Nota de la autora
y lugar de producción, sitio de nuevas alianzas y de proyecciones hacia
el futuro. “La fortuna de un loco es dar con otro”
Exilio y viaje se complementan en este libro como acicates intelec- Francisco de Paula Castañeda
tuales, juntos constituyen el punto iniciático de una nueva literatura.
Así el viaje y el exilio de Echeverría permiten a su biógrafo, Juan María
Gutiérrez, construir la imagen emblemática que conocemos hoy, a la
vez principio literario e ícono político. Estos autores son escritores en
movimento, tanto en términos de sus obras –es el momento fundacio-
nal de la literatura argentina– como en términos de sus vidas mismas: Doblar y desplegar o desplegar para volver a doblar. Encontrar lo que
aprovechan, ideológicamente, el desplazamiento. Sarmiento es sin duda se esconde o se exhibe o nos engaña en el interior del pliegue es, para mí,
el ejemplo más elocuente de esta deriva provechosa, tanto física como un modo de nombrar la aventura crítica. Eso es lo extraordinario de la
intelectual, pero no menos provocadores y fundantes de miradas nue- literatura: se deja leer, se deja doblar y desplegar hasta un no límite don-
vas, como bien muestra la lectura de Cristina Iglesia, son los desplaza- de la amenaza se hace irreductible y hay que volver a empezar. Volver a
mientos posteriores de Mansilla o las derivas de Eduardo Wilde. empezar, volver a leer como si nunca lo hubiéramos hecho y detenerse
No es casual que este libro comience y concluya con textos que exce- todas las veces que la belleza o el horror o lo indecible nos impongan.
den el período estudiado por la autora. Una lectura de la Autobiografia He dicho que la relectura es una forma de la crítica que prefiero –o
de Victoria Ocampo, notablemente de la escena de su escritura en la que elijo–porque me permite apropiarme sin miramientos de las pa-
que se mezclan zozobra, inquietud política y necesidad de representa- labras ajenas, poseerlas para ejercer sobre ellas la torsión de las mías.
ción, abre este libro; otra lectura de un relato de Juan José Saer donde Agrego ahora que es una forma de la crítica que me exime, felizmente,
aparece, en su sentido más literal, el doblez del mensaje, la cierra. Sólo de retóricas o de modas, que me suelta la mano, que apronta mi escritu-
en apariencia anacrónicas, estas dos lecturas operan como fondo para ra hacia lo intuido pero no conocido todavía (de ahí que Castañeda me
la reflexión crítica y la enriquecen: dialogan con los textos precursores, provoque una admiración sin par, porque en su hervidero de palabras
los contaminan provechosamente, los vuelven insólitamente actuales. inventó casi todas las formas posibles de la escritura de su siglo y mu-
Cristina Iglesia, lectora inteligente y sutil, una vez más nos hace pensar. cho más); la relectura como una forma de la crítica que me permite, en
fin, volver a contar mientras entreveo lo que se contará después, mucho
después.
Sylvia Molloy

Corrientes, enero de 2018

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Agradecimientos

La lista es muy extensa, pero nombro sólo a quiénes me sostuvieron,


literalmente, en estos años de tantas pérdidas y me hicieron recuperar
mis ganas de leer y escribir. Claudia Román, Daniela Conterno, Pablo
Blanco, Ernesto Blanco, María Iglesia, Gaby Conterno, Marianela Igle-
sia, Teresa Parodi, Alejandro Polemann, Ferni Iglesia. Firmes junto al
pueblo, a la distancia o café de por medio, por teléfono o mail, siempre
dispuestos al humor, que es una de las mejores formas de la amistad,
Robert Conn y Julio Premat. En los encuentros acá o allá: Graciela Vi-
llanueva, Sandra Lorenzano, Sylvia Molloy, Sergio Delgado, Laura Ho-
siasson, Diego Vecchio, Nora Deicas, José Quiroga, Daniel Balderston,
Julio Ramos, Nicolás Lucero. In situ, siempre cerca, siempre pacientes,
siempre los mejores interlocutores, los mejores cómplices: Claudia To-
rre, Loreley El Jaber, Telma Luzzani, Graciela Batticuore, Patricio Fonta-
na, Pablo Ansolabehere, Sandra Gasparini, Noé Jitrik, Alejandra Laera,
Claudia Baumgart, Adriana Rodríguez Pérsico, Tununa Mercado, Lucía
de Leone. Y en los últimos dos años Mon Borgatello, la rouge, que me
ayuda a seguir escribiendo, a pesar mío.
Para Liliana Zucotti y Adriana Astutti
Dobleces
Ensayo sobre literatura argentina
Victoria Ocampo: escritura y política

Para Daniela Conterno

I. Victoria, Eva: razones de vida

Victoria Ocampo comenzó a escribir su Autobiografía en 1952. Por


esos años se verifica cierta intensificación de su actividad como escrito-
ra: sus Testimonios ya conforman tres volúmenes y el cuarto está en pre-
paración; un año antes ha publicado sendos ensayos sobre Keyserling
y Lawrence de Arabia; dos años después se editará su reflexión sobre
Virgina Woolf.
En enero de 1953, Ocampo nos anuncia que retoma sus memorias
luego de una interrupción de dos meses. En la primavera de ese mismo
año culmina su trabajo autobiográfico. En 1979, en el momento de su
muerte, la Autobiografía permanece inédita. Mientras tanto, ha publi-
cado diez volúmenes de Testimonios que abarcan un período conside-
rable de su vida: 1935/1977.
Una parte importante de episodios de su historia personal se anticipa
en esta serie testimonial, otros seguirán deliberadamente ocultos.
Esta decisión de mantener dos escrituras simultaneas, una que se
exhibe y otra que se produce en el interior de un círculo donde autor
y lector son uno mismo (y hay más de una señal de lecturas reiteradas
a lo largo de los años) plantea un problema complejo. Porque Testimo-
nios y Autobiografía mantendrán una relación de misteriosa compli-
cidad hasta que la publicación póstuma abra la posibilidad de develar
una interrogación acuciante: ¿qué es lo que sí se escribe en unas páginas
para las que la mirada del lector póstumo no resultará inoportuna sino
bienvenida? Por un lado, entonces, juego de escondida entre lo édito y

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lo inédito; por el otro, buscada atemporalidad del momento de escri- –salud, vivienda, posibilidad de acceso a la escuela– incluye a capas cada
tura. Doble dificultad para la tarea crítica en el momento de abordar vez más amplias de la población; la adhesión popular se ha mantenido e
la relación de esta obra con los hechos históricos que la impregnan, la intensificado: precisamente el acto más multitudinario de la historia del
condicionan o la liberan.1 primer peronismo tiene lugar el 17 de octubre de 1951. Son, por lo tan-
La obra se escribe, aproximadamente, entre 1952 y 1953. Pero cuál to, años difíciles para la oposición que ha abandonado sus esperanzas
es el contexto de un relato que se inicia con la infancia, prosigue con de derrumbe estrepitoso del régimen y que siente la incidencia de una
los comienzos de sus tareas como anfitriona cultural, se detiene mo- acción represiva más sistemática por parte del gobierno. Por todo eso,
rosamente en la historia de amor de Victoria con Julián Martínez para ahora se mueve en un clima que, sin perder el tono conspirativo es, sin
concluir, justamente en 1931, el año de la fundación de Sur. ¿Cómo embargo, confuso, sin liderazgos ni objetivos claros, lo que no impide
considerar las frecuentes señales de corrección, relecturas o reformula- que todos los partidos políticos de la oposición mantengan contactos
ciones, algunas claramente situadas en un tiempo posterior a la década “reservados” con sectores militares que organizan clandestinamente
del cincuenta?2¿Y la utilización explícita de notas tomadas treinta años proyectos de golpe de estado. Los intelectuales opositores emigran o se
atrás? ¿O quizás debería tomar como contexto de la Autobiografía el enclaustran en cenáculos cada vez más pequeños. El viaje a París de
momento de su publicación póstuma (1979-1982), es decir, el tiempo Julio Cortázar, que se convertirá en definitivo, se produce, justamente,
en que la muerte de Victoria Ocampo instala una sensación de vacío en en 1952.
el mandarinato de un sector de la oligarquía que durante los años de la En junio de 1951, en medio de denuncias, de complots militares que
dictadura militar ha hecho añicos la fachada liberal ortodoxa que Sur le en realidad se concretarían hacia septiembre, Victoria Ocampo recibe
permitió exhibir a lo largo de varias décadas?3 el premio de honor de la SADE. Y aunque admitamos como auténtica
Si elijo el momento crucial en el que se decide el carácter autóno- la sorpresa de la galardonada, la elección no pudo haber sido más co-
mo de este texto y se lo separa –en un cajón diferente, en un cuaderno herente: el premio apuntalaba una figura femenina que podía oponerse,
distinto– de las misceláneas, de los testimonios, debo entonces intentar en el plano simbólico, a la otra figura de mujer, la de Eva Perón, que por
un registro de los vasos comunicantes con un momento histórico muy esos años llega a la cúspide de la exaltación popular. A Victoria Ocam-
particular: el final de la primera presidencia de Perón y el comienzo de po, que se resiste a considerarse una escritora profesional se la premia,
su segundo gobierno. Hacia 1950, el proyecto peronista parece afian- en realidad, por una cualidad “moral”: su perseverancia en la defensa y
zarse. Se ha promovido una serie importante de reformas sociales y el difusión de ciertos valores liberales tradicionales, fundamentalmente la
bienestar económico, junto con una mejora de las condiciones de vida “libertad de pensamiento”. Su encarcelamiento en mayo de 1953 (pro-
ducido a partir de una delación de su portero peronista, según leyenda
de profusa circulación), terminará por consolidar la imagen mítica por-
1. La clandestinidad de su escritura, una marcada fragmentación en los tramos inciales, que, al suscitar un movimiento de protesta entre intelectuales de Euro-
la interrupción y la intermitencia simuladas pero, sobre todo, la aparente autodestinación, pa, Estados Unidos y América Latina y agudizar la indignación de los
confieren a este texto una enorme similitud con el diario íntimo. Sobre todo el volumen uno,
El archipiélago, que analizamos.
intelectuales opositores locales, funcionará como articulador simbólico
2. Numerosas notas al pie indican y hasta sitúan cronológicamente la relectura. de la injusticia “moral” a la que veían sometidos con el oprobio físico
3. Una encuesta del diario La Prensa del año 1979 formula a intelectuales y personalidades que el cuerpo de Victoria soportaba por ellos.4
destacadas la siguiente pregunta: “¿Cree usted que Victoria Ocampo llegó a producir una
herencia espiritual transmisible, valores a los que se podrá recurrir en adelante o le parece
que su ausencia nos privará irreparablemente de sustento moral?”. 4. La cárcel se convierte para ella en un nuevo privilegio. Y no se trata de una paradoja.

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Con ese clima de inseguridades, de cuchicheos, de voz mantenida Y si la acentuación del espiritualismo es una de sus constantes temáti-
cautelosamente baja, tiene que ver este texto. Y también, con todo lo que cas, la proclamación de Eva Perón como “Jefa Espiritual de la Nación” no
implica escapar a un presente que se siente irrespirable para replegarse debe haberle suscitado sólo una sonrisa irónica.
sobre su propia vida a la que por lo menos en esas circunstancias, Victoria El liderazgo del espíritu no le había sido disputado hasta entonces o,
Ocampo pareció estimar más que a la misma historia. Doris Mayer cuenta por lo menos, parecía mantenerse intacto en el interior del círculo que ro-
que una de sus principales preocupaciones durante esos años consistió en dea a Sur. Pero ahora una mujer, que también quiso ser actriz y encontró
guardar sus papeles privados para que no fueran incautados por el enemi- otras estrategias para acercarse al poder, ni siquiera se lo disputa: simple-
go y considerados documentos públicos. Del mismo modo, Mayer registra mente la ignora. En 1951 Eva Perón alcanza como mujer política sus máxi-
su obsesivo cuidado en dispersar en casas amigas sus manuscritos.5 mas victorias: se la postula como candidata a vicepresidente, integrando
El lector contemporáneo se ha convertido en un enemigo potencial, es la fórmula de su marido; recibe numerosísimos homenajes y, finalmente,
necesario eludir su posibilidad de saqueo; por lo tanto, la apelación al lec- produce el histórico “Renunciamiento” (a los honores, no a la lucha), ge-
tor futuro, aunque nunca explicitada, resulta inevitable. De ahí que uno de nerando un grado de adhesión aún mayor, así como una serie de inter-
los términos de este contrato autobiográfico sea, precisamente, la condi- pretaciones encontradas sobre las razones de su conducta. De cualquier
ción de su lectura póstuma pero no largamente diferida: Victoria Ocampo manera, Evita enferma, debilitada, es la protagonista indiscutible del pe-
escribe para generaciones inmediatamente posteriores que puedan acep- ronismo de esos años. Su imagen filmada ese 17 de octubre marcará, tam-
tar y sobre todo comprender una narración que le confiere a su vida el bién, el comienzo de la televisión en la Argentina. Y en el mismo mes de
carácter de un destino o, lo que es lo mismo, que postula su vida íntima octubre gana otra batalla: la editorial Peuser publica su libro de intención
como vida pública.6 autobiográfica, La razón de mi vida. Y aunque se discuta su autoría, su
valor testimonial, su falta de espontaneidad o se resalte su carácter fuerte-
La zona sagrada mente dogmático, nadie podrá negar que este libro, que colmó las librerías
de Buenos Aires, colocaba a su autora precisamente en la zona sagrada de
A propósito de Jacques Riviere, Victoria Ocampo afirma: “En él prefie- la escritura, aquella que estaba reservada “para los pocos a quienes tanto
ro, por último, la huella de esa alma en ignición que conduce a las regiones suelen deber muchos”.8
del espíritu, donde se respira mejor”.7 Victoria Ocampo empieza a escribir su autobiografía pocos meses des-
pués; es lícito entonces preguntarse qué resonancias, qué malestares, qué
competencias provoca en ella la circulación de un libro cuyo título casi
podría ser el de su propio texto (seguramente Victoria no lo leyó, pero no
La experiencia se utiliza, por un lado, como material narrativo de numerosos testimonios y
por otro le permite participar –admitamos que brevemente- del tipo de purificación espiritual pudo dejar de enterarse de su existencia). Precisamente, La razón de mi
que dice admirar en Gandhi. Además, la lectura, en el Buen Pastor, de las Confesiones de San vida juega a publicitar lo autobiográfico y está destinado a convertirse en
Agustín, seguramente le servirá como intensificación de su experiencia autobiográfica cuya
un libro público de lectura obligatoria a través de las instituciones escola-
escritura aborda precisamente en esos meses.
5. Doris Mayer, Victoria Ocampo, Contra viento y marea, Buenos Aires, Sudamericana, 1981. res: narra una vida que debe leerse e imitarse socialmente.
6. “Si no puede hallar un público al alcance de su voz, (el escritor) hace muy bien en dirigir sus
palabras a sus antepasados espirituales, a la posteridad, o, aun si fuera preciso, a un pequeño
círculo”. Trilling, Lionel, La imaginación liberal, Buenos Aires, Edhasa Sudamericana, 1971, p.
120.
7. Victoria Ocampo, Testimonios I Serie, Buenos Aires, Ediciones Fundación Sur, 1981, p. 69. 8.Ibid, p. 255.

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Victoria intenta, entonces, el movimiento contrario: ocultar su es- toexigencia frente a la decretada ignorancia de los sectores populares.
critura, volverla clandestina, defenderla del presente, conservarla para Además de la colaboración de historiadores, sociólogos y politólogos
el futuro. que acercan estas “soluciones”, los escritores aportan lo suyo: Borges, Sá-
En realidad, la relación entre lo público y lo privado es muy comple- bato, Virgina y Silvina Ocampo, Eduardo González Lanuza componen
ja en ambos textos y su análisis supera los límites de este trabajo. Sólo un sistema de imágenes literarias que alguna vez deberá ser analizado
queremos apuntar que el acoso de este título convertido en libro debe como un corpus autónomo.
entenderse también como un elemento provocador para la escritura de Volvamos ahora a la última frase del volumen que clausura Auto-
la Autobiografía. biografía. Curiosamente no pertenece a Victoria Ocampo sino a Waldo
Frank, que le escribe desde Chile: “Aquí, cruzando los Andes eres una
SUR: contexto y prolongación de lo autobiográfico especie de figura mítica”. La compaginación de textos no es, obviamente,
azarosa. La frase de Frank funciona como el lugar del otro, lugar margi-
nuestro sueño estaba nal, por otra parte: la posdata de una carta, desde donde se puede emitir
infestado de pesadillas un juicio extremadamente valorativo sobre la autora sin comprometer
porque nuestra vida su modestia. Su ubicación privilegiada, de cierre, la convierte en la ima-
era un mal sueño. gen justa de lo que se ha intentado descifrar en tantas páginas: el lugar
V.O, La hora de la verdad. exacto del mito personal.
Pero la Autobiografía tiene dos cierres: uno a cargo del lector, que
Lo íntimo se preserva, pero también, lo público se autocensura por debería asumir, idealmente, la perspectiva de Frank, y otro a cargo de
la vía del no enfrentamiento explícito con el gobierno peronista, ni si- la autora.
quiera con aspectos parciales de su política cultural. Sur no deja de apa- “En el verano de 1931 nació Sur. A partir de ese momento, mi histo-
recer durante todos esos años, pero la revista sólo ejerce una crítica por ria personal se confunde con la historia de la revista. Todo lo que dije e
elevación a través de imágenes literarias que no suponen una hostilidad hice (y escribí) está en Sur y seguirá apareciendo mientras dure la revis-
abierta. ta. Lleva publicados más de 200 números y me ha creado muchos más
Pero lo que se elude hasta 1955 irrumpe en el número 237 de la re- de 200 problemas, muchos más dolores de cabeza. También lo he dicho
vista, cuyo título, Por la reconstrucción nacional, implica una actitud de en y fuera de Sur. No sé si me sobrevivirá. Tampoco sé si agregaré algo
militancia activa en el bando de la llamada Revolución Libertadora. En a estas Memorias. Ahora no”.9
ese número, Sur se propone como aglutinante de diversos sectores uni- Si el esfuerzo retrospectivo termina con el nacimiento de Sur, resulta
ficados por la oposición al peronismo y, desde la perspectiva de una élite evidente que la revista se constituye en la prolongación de lo autobio-
oligárquica que vuelve por sus fueros, ofrece como alternativa al desbor- gráfico bajo otras formas.
de populista una salida democrática restringida. Ésta incluye desde la Sur y Victoria Ocampo parecieron siempre dos caras de una misma
propuesta de una limitación del concepto de ciudadanía, con un exa- empresa cultural, de una misma forma de vida; dos rostros que muchas
men para votar, tomado, eso sí, con todos los recaudos… por el poder veces se confundieron como en esa extraordinaria fotografía donde las
judicial, hasta el desempolvamiento de la vieja idea de la aristocracia
del espíritu no como privilegio sino como carga, responsabilidad y au- 9. Victoria Ocampo, Autobiografía V. Figuras simbólicas. Medida de Francia, Buenos Aires,
Ediciones Revista Sur, 1983, p. 86.

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manos ajetreadas de su dueña sostienen con firmeza el número índice Vossler afirmó certeramente: “Sur es como una selecta sala de con-
de la revista que se superpone, sin cubrirlo del todo, a un rostro que ferencias”. En esa frase se evoca el tono que caracteriza a la revista y su
sigue mirando de frente detrás de las famosas lentes oscuras. círculo: disentir pero sin alzar la voz; y sobre todo, mantener ese clima
Es legítimo entonces hablar de Sur en este espacio en que tratamos de silencio respetuoso que rodea al aprendizaje entendido como sacra-
de ir llegando por aproximaciones, por relaciones intertextuales, inter- mento, como flujo unidireccional desde el conferencista (categoría em-
históricas, a la obra misma.10 blemática de Sur), al público aquietado en la penumbra de la sala.
Sur representó a lo largo de trescientos números la corriente más
orgánica y también más homogénea del liberalismo europeizante en Destierro y traducción
el interior de la cultura argentina y como tal ejerció una considerable
influencia en algunos países de América Latina. Fue inequívocamen- “Desterrados de Europa en América; desterrados de América en Europa. Grupi-
te elitista e inequívocamente pluralista. Es cierto que los límites de ese to diseminado del Norte al Sur de un inmenso continente y afligido del mismo mal,
pluralismo pueden verificarse en las inclusiones y exclusiones como co- de la misma nostalgia, ningún cambio de lugar podría, definitivamente curarnos”.11
laboradores de la revista de los intelectuales que durante esas décadas
formaron parte de nuestro campo cultural. Pero, además, sus límites La idea del destierro, del desarraigo permanente, es un eje temático
se explicitan sin rodeos en la reiteración de una doble exigencia para la de los Testimonios que permite la elaboración de una imagen dramática
inclusión: competencia intelectual y calificación moral. Dos conceptos que la incluye y que abarca también a su núcleo de pertenencia; pero,
de Roger Caillois –colaborador de la revista– que expresan con claridad además, esta misma idea opera como condicionante de otro drama vi-
casi brutal los mecanismos de una ideología que con la misma facilidad vido, esta vez, en la estricta materialidad de la escritura. La traducción
con que selecciona y censura, naturaliza la necesidad de las aventuras resulta placentera cuando se trata de posibilitar el pasaje de la literatura
imperialistas, sobre la base de la supuesta superioridad cultural del país inglesa o francesa al castellano –y esta fue una de sus actividades prefe-
imperial. ridas– pero se torna conflictiva cuando se convierte en autotraducción o
Sur fue el lugar desde donde los europeos pudieron dar rienda suelta cuando su escritura debe soportar ser traducida por otros al castellano.
a sus interpretaciones americanistas sin intentar, en general, compren- “La elección [del francés] ha tenido lugar en mí sin que mi voluntad
der a América. A su alrededor se multiplicaron, como en la ficción de pudiese intervenir. Mi voluntad, al contrario, trata ahora a tal punto de
Cancela, funambulescas historias de atribulados y exaltados profesores corregir este estado de cosas que no he publicado nada en francés –ex-
Landormy; pero fue, también, el lugar que Victoria Ocampo eligió para cepción hecha de De Francesa a Beatrice– y que vivo traduciéndome o
imaginar su país, a Europa y a ella misma como puente espiritual en- haciéndome traducir por los demás continuamente”.12
tre dos mundos. Por eso, por la enfática participación de su directora, Nueva dicotomía. Emoción que se vincula a la lengua francesa: “sien-
pluralismo y democratismo sufren, en la revista, intensos vaivenes: la to que nunca vendrán espontáneamente en mi ayuda las palabras es-
búsqueda de respuestas no convencionales o la intolerancia más firme pañolas precisas cuando esté emocionada”;13 voluntad, racionalidad de
se apoderan con alternancia ciclotímica de Victoria Ocampo y dibujan lo necesario en la certidumbre del mal inevitable del español: “Lo que
en la revista zonas de flexibilidad o de brutal incomprensión.

10. Las consideraciones sobre la revista se basan en el trabajo Notes sur Victoria Ocampo, 11. Victoria Ocampo, Testimonios I Serie…op.cit., p. 299.
en Les Tempes Modernes, Paris, N° 420/421, (en colaboración y bajo el pseudónimo de Julia 12.Ibid., p. 25.
Thomas), julio-agosto, 1981. 13.Ibid.
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me interesa decir es principalmente aquí, en mi tierra, donde tengo que libros argentinos de ficción más vendidos que publican los suplementos
decirlo y en una lengua familiar a todos”.14 culturales de diarios y revistas y por lo menos los tres iniciales agotaron
Traducción, entonces, como otra vuelta de tuerca del destierro, del sus primeras ediciones en pocos meses, exigiendo nuevas reimpresio-
cambio de lugar que siempre termina por producir insatisfacción. La nes.
traducción como otro lugar no deseado pero obligado para su propia Victoria Ocampo, autora de un best seller póstumo que es, al mismo
escritura. En una anécdota de infancia que figura al comienzo del tex- tiempo, su autobiografía, ocupa un nuevo espacio y a la vez, marca un
to que citábamos, Genevieve de Brabant es ese nombre tan hermoso, doble desplazamiento. Por un lado, el pasaje de una escritura ocasional-
mientras que Genoveva, el de aquella mucama tan fea. En la dificultad mente testimonial (que acompaña y rellena los intersticios que dejan los
para aceptar la superposición de ambos nombres está funcionando una artículos de fondo de la revista Sur) a un texto largamente proyectado
explícita santificación del libro, la supremacía de lo literario sobre lo que se autopropone como texto central, no periférico, que reivindica su
cotidiano, esa actitud reverencial del lector frente al autor que Victoria carácter personal y, al mismo tiempo, disputa su lugar en la literatura.
Ocampo reivindicó para sí misma –la reiterada imagen de la colegiala Por el otro, la búsqueda de un público diferente del que sigue, durante
que aprieta sobre su corazón un libro– y que sugirió como modelo de su larga vida, las páginas de la revista. Con la publicación de la Auto-
lectura. biografía, iniciada en diciembre de 1979, miles de lectores acceden por
Pero junto con esto, en la adopción privilegiada del francés como primera vez al conocimiento casi íntimo de uno de los mitos más des-
primera lengua presiona su lugar de clase: “Palabras francesas, entonces conocidos y a la vez más fuertes de nuestro campo ideológico y cultural.
y siempre. Helas aquí confundidas con el olor del alquitrán, de la lana, Sin duda, entre el momento de la escritura y el de la publicación,
del ruido de las tijeras, los gritos de los peones. Esas exclamaciones solo median, de parte de la autora, vacilaciones, correcciones, eliminacio-
las percibía como un género especial de mugidos. No eran las palabras nes y, sobre todo, su propia muerte. Y si esa muerte produjo en algu-
con las que se piensa”.15 nos sectores intelectuales una sensación de vacío, esta supervivencia,
El francés es ese lugar que el destierro sugiere para pensar y para esta no muerte en una escritura autónomamente literaria debió produ-
sentir. ¿No sería posible, entonces, plantearse que el desplazamiento cir en esos mimos sectores cierto indefinido malestar. Porque Victoria
hacia la escritura autobiográfica en el contexto político del peronismo fue varias mujeres al mismo tiempo: Victoria gran-dama-de-las-letras,
constituye, quizás, nuevamente, eso, un movimiento, una búsqueda de Victoria-revista, Victoria-promotora de ambiguos beneficios culturales,
otro lugar, cada vez más cerrado, cada vez más próximo? La autobiogra- Victoria-destinataria de cierta ironía nunca irreverente de los que creen
fía como acompañante terapéutico y también como lectura preferida, estar más allá de sus ademanes santificatorios y autoritarios. Victoria,
como libro preferido. por fin, anacrónica como sus anteojos de marco blanco, pero funcionan-
do como institución con cuerpo de mujer.
Pero la irrupción de la Autobiografía descubre una nueva Victoria
II. El texto autobiográfico como negociación de reconocimiento Ocampo: la que busca el lugar autónomo de la escritura literaria. No
importa que para lograrlo haya que rasgar/mostrar el propio cuerpo.
La Autobiografía de Victoria Ocampo resultó ser un inesperado best
seller. Cada uno de los seis volúmenes figuró, a su turno, en las listas de

14.Ibid.
15.Ibid.
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Preámbulos/rodeos memorialistas del ’80 abordan con naturalidad –el caso de Mansilla es
típico– el hecho de que la Historia sea un asunto de familia, para Ocam-
El estilo es una pista de la relación entre el escritor y su propio pasado, al mismo po, en los comienzos de la década del ’50, recurrir al linaje e integrarlo
tiempo que descubre el proyecto, orientado hacia el futuro, de una manera específica como parte de su historia dentro de la Historia es un modo de fortale-
de descubrirse al otro. cerse frente a las inseguridades del presente.
Jean Starobinsky Del mismo modo, la insistencia en mostrar la frecuentación cotidia-
na de los próceres (San Martín, Pueyrredón, Sarmiento) por parte de
El archipiélago nos propone un camino sinuoso de lectura: los re- sus antepasados compensaría, en lo literario, el hecho traumático de que
latos de infancia, encabezados por el título que da nombre al volumen la Historia, en el presente de la escritura, esté siendo protagonizada por
I, comienzan en la página setenta y tres. ¿De qué se ocupan las páginas sectores sociales no sólo diferentes al suyo sino también considerados
anteriores? A la manera de un juego repetido incesantemente con reglas inferiores: obreros y empleados, criados y porteros, una nueva burguesía
explicitadas de antemano, la autora elaborará una serie de preámbulos empresaria, sectores del ejército y de la iglesia que no son, precisamente,
que simularán alejarnos y acercarnos, sucesivamente, de un lugar cen- afines a su sector de clase. Ésta es la novedad social del peronismo a
tral, privilegiado que constituiría el núcleo de la narración autobiográ- cuyos representantes en el poder, desde el presidente hasta los funciona-
fica. rios culturales, Victoria Ocampo no quiere ni puede frecuentar.17
Es frecuente que la narración autobiográfica esté encabezada por tex- Para este proceso de relativa democratización de los valores tradicio-
tos más o menos extensos, en los que el autobiógrafo declara sus propó- nales, un linaje tan selecto resulta, tal vez, tabla de salvación pero, tam-
sitos y justifica la razón de ser del texto principal.16 bién, incomodidad en la declaración de bienes no compartidos. Por eso
Pero Ocampo no incluye uno, sino tres preámbulos sucesivos a los no es casual la aparición de Águeda, hija de Irala –mestiza de conquis-
que titula Prefacio, Propósitos y Hacia el archipiélago. Entre los dos pri- tador español e india guaraní–, en uno de los polos de la arborescencia
meros, se ubica Antedecentes, el texto de la prehistoria de vida, de la genealógica: el presente o, también, el pasado peronista inciden en la
apelación al linaje. necesidad de declarar la india, darla a luz, traerla al texto, descubrirla,
Esta secuencia de textos que provocan y sostienen la ilusión de lo para que conquistadores y conquistados –nada menos– la sostengan.
preliminar es en sí misma significativa: cada uno de ellos tiene un estilo
diferente y un énfasis variado en los matices de la enunciación de la sub-
jetividad y, a la vez, todos difieren abruptamente del tono elegido para
17. Compárese esta situación con la que Victoria disfruta, por ejemplo, durante el
los relatos de infancia. Pero lo que unifica a estos fragmentos seudodi- gobierno de Alvear. A propósito de sus esfuerzos para lograr que el músico Ansermet
latorios es la sensación de que constituyen variaciones en la escritura fuera subvencionado por el gobierno, Ocampo afirma: “… yo contaba con el apoyo que sin
de una crispación, de un malestar, de una dificultad: la de encontrar, al duda Marcelo de Alvear, entonces presidente y amigo personal, podría darnos si lograba
interesarlo en esta empresa cultural” (I.IV, 89). Y más adelante: “Marcelo de Alvear se
fin, su propia historia en el interior de la Historia. Porque mientras los interesó en los conciertos y asistía a los matutinos… También iba Sagarna, el Ministro de
Educación y Arte, presidente de la Comisión de Presupuesto” (Ibid, 91). “En el año 1927
nos deparó un gran triunfo. La subvención se elevó a la suma global de 100.000 pesos […]
16. Es también un lugar privilegiado para la exposición de las formas del pacto o contrato Marcelo de Alvear y su ministro Sagarna cumplieron su palabra. Se daban cuenta de la
autobiográfico. Ver Philippe Lejeune, Le pacte autobiographique, Paris, Editions du Seuil, importancia del asunto (Ibid, 108). Ver también el episodio del enfrentamiento con la curia
1975 y también “Le pacte autobiographique (bis)” en Poétique, N°56, Seuil Paris, noviembre y la naturalidad con que Victoria apela al presidente Justo (Autobiografía VI, Sur y Cía,
1983. Buenos Aires, Ediciones Revista Sur, 1984, pp. 61-63).

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Nacimientos: la patria y yo Ahora bien, si en el momento del nacimiento la superposición Pa-
tria-Victoria puede imaginarse sin fracturas, no sucede lo mismo en el
En Prefacio se explicita con claridad esa peculiarísima mezcla de momento de la escritura. La nostalgia corroe las certidumbres: ya no se
tensión y acomodamiento en la simultaneidad de presente, pasado y puede oír hablar de lo que sucede en la esfera del poder político como
porvenir que la autobiografía instala en el espacio de su lectura y que, a de asuntos de familia. De modo que si Ocampo hereda justificadamente
la vez, se convierte en una marca de estilo que la caracteriza. Ocampo en el momento de su nacimiento la posibilidad de tener la sartén por el
sugiere que el momento de su nacimiento (1890), coincide con el sur- mango y de hecho la pone en práctica en el terreno de la cultura durante
gimiento de la Argentina reconocida a partir de la mirada europea.18 muchos años, en la década del cincuenta las grandes familias están si-
Lo que insinúa, al aproximar los dos hechos, es la construcción de una tiadas imaginariamente: lo mejor para aprovechar este sitio es recuperar
imagen de superposición de ambos destinos. un pasado que la/los justifique en el futuro a pesar de la descalificación
Esta imagen nunca se resuelve con eficacia en el trascurso del texto del presente.21
precisamente porque hacia 1952 –cuando se inicia la escritura autobio-
gráfica– lo que Victoria siente como ingratitudes del contexto, ha fisu- Lugares/dominios
rado las condiciones de perdurabilidad de esa imagen. Por otra parte el
texto fluctúa desde la identificación (Yo soy la patria) hasta la adopción “La cosa había ocurrido en casa o en la casa de al lado o en la casa de
(Yo me hago cargo de la patria). enfrente. San Martín, Pueyrredón, Belgrano, Rosas, Urquiza, Sarmiento,
“Yo sólo sé que habré prolongado […] su amor tenaz, y a veces en- Mitre, Roca, López… Todos eran parientes”.22 El recuerdo traza un vasto
cabritado, [el de sus antepasados] por un país ingrato y querido, que dominio que tiene su centro en la casa familiar que se confunde con las
precisa, hoy más que nunca, una suma enorme de amor desinteresado casas vecinas pero extendido hacia tres lugares decisivos: el campo, el
para criarse y crearse como los niños chiquitos”.19 En este hacerse cargo centro de la ciudad y sus suburbios elegantes. Los campos, las estancias,
de las responsabilidades de sus antecesores juega la insatisfacción frente se vinculan al descanso, a los veraneos, a las travesuras, a la despreocu-
a la imposibilidad de actuar esa autodelegación (cuidar la patria) en el pación. Y si se retrocede hacia el pasado, son los lugares de los padres,
presente peronista. Frente a ese obstáculo lo mejor que puede hacer por de los tíos. En el recuerdo, “Florida y Viamonte, Tucumán, Lavalle, eran
ella y por sí misma, es escribir su/la verdadera historia. el reducto de los Ocampo. Allí viví”. En realidad Victoria Ocampo nun-
Ocampo ubica su nacimiento en el interior de una clase social cla- ca abandonó ese barrio, pero el pasado verbal marca el matiz exacto del
ramente delimitada: “las familias de origen colonial, las que lucharon desencuentro con el presente: el peronismo ocupa también ese antiguo
y se enardecieron por la emancipación, tenían la sartén por el mango,
justificadamente. Yo pertenecía a una de ellas. Es decir, a varias, porque
todas estaban emparentadas o en vías de estarlo”.20 21. “Esta presencia coloreada, inmediata del pasado lejano, el lugar inesperado que vienen
a ocupar los recuerdos surgidos imprevistamente y su expansión incontrolable en nuestro
espacio interior hacen nacer el deseo de escribirlos para eternizarlos (para revivirlos una
y otra vez). Esta situación constituye el momento más favorable para escribir: aquel en
18. “La patria insignificante que me había tocado estaba in the making. Nacía en una futura que el pasado es más presente que el presente mismo hasta el punto que éste pierde brillo
gran ciudad que merecía el nombre de Gran Aldea, todavía.” (AI, 10). si se lo compara con aquel…” Huber Brochier: “Psychanalyse et désir d’autobiograpfie”
19. Victoria Ocampo, Autobiografía I, El archipiélago, Buenos Aires, Ediciones Revista Sur, en Individualisme et autobiographie en Occident, C. Delhez Sarlet y M.Catani, Bruxelles,
1980, p.14. Editions de Université de Bruxelles, 1983.
20.Ibid.,., p. 10. 22.Ibid., p.10.

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reducto. Aunque por esos años la propiedad privada nunca se vio ame- admitir la desigualdad y significa, sobre todo, que su América, su patria
nazada, el igualitarismo, reforzado en la zona de lo ideológico, borra sólo podrá existir cuando la mirada europea logre articular su imagen.26
simbólicamente los límites espaciales de estos reductos. Análogamente, su Autobiografía negocia un compromiso entre lo
San Isidro, a mitad de camino entre el campo y la ciudad, está dotado que se desea, lo que se tiene, lo que se ha perdido y lo que se espera del
de todas las comodidades de la vida urbana. Victoria Ocampo es dueña futuro en la misma fascinante línea de contemporaneidad ilusoria que
de un pedazo de ciudad y de un pedazo de suburbio elegante. Eso es lo ofrece la imagen onírica. Pero, sobre todo, negocia con los lectores un
que siente más suyo, aún cuando las estancias sean, acaso, las que le per- reconocimiento, un lugar propio en la literatura argentina, americana y,
mitan mantener las propiedades urbanas o las aventuras intelectuales.23 quizás, europea.

Ciudadanos del mundo


III. Los orígenes: historia y escritura con linaje propio
“’Oíd mortales el grito sagrado. Allons enfants de la patrie’. Estos
himnos estuvieron entre las primeras canciones que retuve y canté […] Hay una nobleza democrática que a nadie puede hacer sombra imperecedera:
los mezclaba, pues para mí la patria se extendió pronto más allá de la la del patriotismo y el talento.
frontera”.24 Junto a la reivindicación del origen oligárquico y patriótico, Sarmiento
aparece, como marca de clase la relación con Europa.
En la infancia solo se trata de mezclar canciones más o menos enfá- Desde el título, el texto de la prehistoria de vida indica el sentido de
ticas; en el momento en que Victoria Ocampo intenta la justificación de la construcción autobiográfica: Antecedentes. Y si apostamos al juego
vida que otorgue permisividad a la escritura autobiográfica, la cuestión apasionante de la etimología, verificaremos el significado fuertemente
de Europa se planteará en términos diferentes, desiguales. Esta desigual- anticipatorio que el término implica. Antecedente es un hecho anterior
dad, que se traduce en dependencia, asigna un carácter ilusorio a cierta que sirve para juzgar hechos posteriores y, en lógica y matemática, se
imagen idealizada de ciudadana del mundo que Victoria Ocampo com- otorga este nombre al primer término de una razón: resulta evidente
parte con algunos intelectuales argentinos. que el entramado genealógico es importante porque anticipa un des-
El bisabuelo Aguirre viaja a Estados Unidos en 1817 a solicitar un tino. De ahí la búsqueda de paralelismos en ciertos gestos: el bisabuelo
reconocimiento para la patria que nace, y Ocampo encuentra en esa Aguirre compra dos barcos para el gobierno argentino con su propio di-
lejana búsqueda un antecedente de su propia acción: “Dentro de otras nero. Esto es, ni más ni menos que una anticipación de lo que hará Vic-
esferas, en condiciones diferentes, yo también he tratado de negociar un toria: fundar una revista y mantenerla, propiciar una intensa actividad
reconocimiento […] yo soñé con traer otros veleros, otras armas, para cultural con intelectuales y artistas extranjeros y costearla de su propio
otras conquistas. Y viviendo mi sueño traté de justificar mi vida. Casi bolsillo. De ahí también el acentuamiento de ciertos rasgos peculiares
diría de hacérmela perdonar”.25 Negociar un reconocimiento significa de cada una de las ramas –Aguirre y Ocampo– que se fundirán en el
eslabón precioso de su descendencia: Victoria Ocampo.

26. Vincular los negocios con los asuntos culturales no deja de ser una audacia desde el
23. Blas Matamoro, Genio y figura de Victoria Ocampo, Buenos Aires, Eudeba, 1986, p. 54/58. marco ideológico de Victoria Ocampo, pero una audacia limitada, como casi todas las
24. Victoria Ocampo, Autobiografía I…op.cit., p.8. suyas, una audacia que no puede eludir la sensación de inferioridad; por eso insiste: No
25.Ibid. p. 15. pido limosna, sino un acto de justicia.

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El suspenso genealógico te plebeyo de estas líneas tiene como función marcar diferencias nece-
sarias pero no esenciales con los Ocampo. El tatarabuelo Aguirre tiene
Para elaborar este sincretismo, la autora recurre al suspenso, a cierta también una activa participación en el proceso revolucionario, pero su
manera –nunca es más que eso– del relato policial. Además de una remi- posición es más radical: según Victoria, en el Cabildo Abierto del 22 de
sión explícita: al final del capítulo inserta entre paréntesis aunque tenemos mayo propone la sustitución de Cisneros por una Junta. Su madre, María
otros skeletons in the cupboard, lo que equivale a declarar que hay más Josefa Lajarrota, colabora monetariamente con la revolución, actitud que
cosas ocultas que su escritura develará en el momento oportuno. Ciertos la narradora vincula con su descendencia de Águeda, una de las esposas
procedimientos como historias encajonadas, digresiones, apuntan a un guaraníes del conquistador Irala. Siempre por vía materna, su bisabuelo
simulacro de anticipo de importantes revelaciones en un explícito intento resulta primo segundo de otro tirano, Rosas.
de estimular el interés del lector. Veamos cómo se organiza esta alquimia Como para paliar tanto furor irrumpen finalmente los artistas: Prili-
genética. La rama de los Ocampo aporta una sólida base de dominio ma- diano Pueyrredón, pintor; José Hernández, escritor. Sus obras (aunque
terial: hay en ella conquistadores, fundadores de ciudades importantes, con obvios matices diferenciadores), apuntan a la reivindicación de cier-
encomenderos y también, por qué no, inquisidores. tas zonas de la cultura popular y, sobre todo, nadie discute que Martín
Su bisabuelo, Manuel José Ocampo y González, participa en los hechos Fierro funciona como la representación de lo argentino. Indias, pero tam-
de mayo de 1810. Pero su tarea diplomática entre el Cabildo y el Virrey bién conquistadores, tiranos, pero también artistas nacionales. Este vai-
tiene un final no demasiado patriótico: en el momento decisivo se man- vén marca a una rama valorizada con rasgos fuertemente acriollados, no
tiene fiel al Consejo de Regencia y esto le vale el arresto y el destierro en europeos.
el interior del país por orden de la Junta. El lado femenino de esta rama
aporta tías afrancesadas que eligen maridos alemanes y que entienden Hijos de los padres / Hijos de sus obras
de refinamiento y confort. Y finalmente, para recalar en lo previsible del
modelo genealógico, pero también por su incidencia en la alquimia, esta Luego de la prolija mención de antecedentes, Victoria Ocampo afir-
rama aporta ingredientes que se asocian con lo literario. Germán Bem- ma: “Desde luego, siempre he pensado que, prescindiendo del medio y de
berg (personaje proustiano) o Enrique Lozano (autor de un crimen pasio- la herencia, factores en los que no interviene nuestra voluntad o nuestra
nal de dramaticidad shakespereana). elección (me refiero a caracteres físicos aunque los medios económicos
Gesto emblemático de la dominación: primero ocupa el espacio con- pesan en las posibilidades de desarrollo o educación) […] los hombres
quistado, y después, sin retirarse –sin dejar de escribirlo– pide disculpas, y las mujeres son exclusivamente hijos de sus obras y por ellas valen o se
si las circunstancias así se lo imponen, por los excesos… condenan”.28 Se trata de un tópico del género que se vincula con la concep-
La rama Aguirre se connota, desde el comienzo, por una relativa mi- ción del individuo en el occidente decimonónico. Nueva compensación:
nusvalía que signará todo su desarrollo. Aunque son descendientes de los ante el excesivo peso del linaje, la autobiografía declara su adhesión a este
primeros conquistadores, Victoria Ocampo apunta: “Mi idea(o preferen- punto central del catecismo iluminista. Pero el manejo de esta contra-
cia personal) coloca a los Aguirre en la categoría de hijodalgo ‘de rocín dicción (hijo de los padres o de sus propias obras) tiene, en la literatura
flaco y galgo corredor’ y el algo debía ser escaso puesto que se decidieron autobiográfica argentina, una estricta relación con el momento político en
a venir a América para buscar un suplemento”.27 El desenfado ligeramen- el que la obra se escribe.

27. Victoria Ocampo, Autobiografía I…op.cit., p. 31. 28.Ibid.,p. 48.


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Sarmiento necesita incorporar un verdadero cuadro genealógico ella misma explicita, con placer narcisista: “se hubiera podido decir de
elaborado con el sentido estricto de exponer una prosapia de hidalgos mi lo que alguien de la parentela de Benjamin Constant escribió de él:
pobres, intelectuales, artistas y también locos (la ironía juega a desacra- ‘Benjamin était dans sa famille un object précieux… que chacun aurait
lizar ese espacio del linaje que, sin embargo, ocupa) para mostrar que voulu avoir”.31
se autopropone como salvador del país, es decir que vale por sí mismo Entrampada en una imagen que la convierte en objeto precioso para
pero también por los que estuvieron antes. Mansilla, en el ’80, introduce el deseo de los otros, Victoria no deja de escribir que la tiranía de esos
un recurso inverso: “qué interés temporal podía tener en sacar a relucir deseos frenó el suyo propio: como no se animara a enfrentar la prohibi-
sus pergaminos limpios como piel de armiño, dañando en cierto sentido ción de ser actriz, la actuación se desarrollará en otras páginas, en otros
la memoria de otros y olvidando que ante todo somos hijos de nues- escenarios y para otros públicos.
tras obras”.29 Se trata de una transgresión al lugar común: no separar
ni jerarquizas lo genealógico. Todo lo que tenga que ver con esta zona El gesto autobiográfico: ¿confesión, literatura?
Mansilla lo resuelve con una nota al pie.30 Es una manera de ser menos
condescendiente con el pasado pero también de evidenciar que la figura La paradoja de la autobiografía literaria consiste en su doble juego, en pretender
de Rosas empaña ese linaje de manera demasiado directa y conflictiva. ser, a la vez, un discurso verídico y una obra de arte.
Sarmiento y Mansilla juegan con su escritura autobiográfica desde la Starobinsky
literatura hacia la política.
Aunque Victoria Ocampo parezca eludir este movimiento marcado Precisamente sobre los matices y las remisiones de lo estrictamente
por la apelación a lo literario su colocación en otro terreno, sin embar- referencial y la creación estética, se organiza otro de los microtextos que
go, la prolijidad en la estructuración del linaje no es sólo respecto a un llamamos dilatorios. En Propósitos, la narradora insiste: “lo que intento
modelo de autobiografía previsible sino, reacción y acomodamiento al escribir se parece a la confesión, porque pretende ser verídico. […] Estas
momento histórico del peronismo. páginas se parecen a la confesión en tanto intentan explorar, descifrar, el
De cualquier modo, lo que cuenta es la manera en que Victoria misterioso dibujo que traza una vida con la precisión de un electrocar-
Ocampo se va construyendo como un personaje que es, en sí, casi ecuá- diograma. No veo por qué ha de ser más fidedigno uno que otro para el
nime de las dos ramas: es todo lo bueno y lo malo de ambas a la vez y diagnóstico de un ser y de la época en que le tocó vivir”.32
esta combinación de sus defectos y virtudes (sobre todo de sus virtudes) Victoria Ocampo sabe que la confesión implica una compulsión a la
le permite ser ella misma hija/madre de su propia obra. sinceridad y la valora en el marco de un horizonte de expectativas que,
Desde el tañido de las campanas de las Catalinas que debieron haber entre fines del siglo XIX y las primeras décadas del XX, jerarquiza la
sonado casi como anunciando su nacimiento hasta la angustia del pa- estrategia de la sinceridad como una manera de encarar la escritura que
dre que teme morir antes de verla nacer, todo configura la imagen que resulta apasionante, sobre todo para quien la practica. También sabe
que la autobiografía implica autointerpretacion. Por eso, si el objeto de
análisis es su propia vida, la escritora es presentada como un médico
29. Mansilla, Lucio V., Mis memorias, Buenos Aires, Hachette, 1955, p. 102. analista y la escritura como desciframiento, como diagnóstico. De allí
30. La primera vez que Mansilla nombra a su padre, la mención escueta “mi señor padre,
don Lucio Mansilla, el General Guerrero de la Independencia de Ituzaingó, de Obligado”,
se complementa con una no menos escueta nota al pie: Sobre este Mansilla, véase, 31. Victoria Ocampo, Autobiografía I…op.cit., pp. 51-52.
principalmente, Saldías, Historia Argentina (Ibid, p. 71). 32.Ibid., p. 59.

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que vacile en el nombre de sus textos, y aventure una palabra que la IV. La infancia, esa novela
tranquiliza: documento. Pero también sabe que su proyecto es un pro-
yecto esencialmente literario y no etnológico: “…declaro que en lo que La retórica de la inocencia
atañe a la buena literatura no soy yo quien la evita, será ella quien se
aparte de mí, en todo caso. Pues una de las cosas que más he admirado “Como esos sueños que no conseguimos reconstruir; al despertar,
es la cosa escrita. Deseo que este documento se acerque a la buena lite- sino por fragmentos y de los que conservamos, por lo contrario, la at-
ratura porque así comunicará su verdad”.33 mósfera de angustia o de felicidad, mis primeros recuerdos emergen en
Este texto lleva hasta la exasperación las diferencias entre la zona de mi memoria consciente como un archipiélago caprichoso en un océano
la verdad y la zona de lo literario, pero también, finalmente, las reúne. de olvido”.35
Por eso, cuando declara: “la tercera persona es un instrumento que no Mi memoria me impone los recuerdos. Yo soy su escriba y también
he aprendido a manejar”, en realidad no nos está hablando de una di- su intérprete pero no decido su aparición ni su inclusión en mi escritu-
ficultad técnica sino más bien de una limitación que se vincula con la ra. La memoria episódica entendida como imposición, casi como con-
manera de percibir el mundo. Lo que Victoria Ocampo afirma es: no dicionamiento de la escritura autobiográfica. Si no tengo la libertad de
he aprendido a narrar otra novela que no sea la mía; no he encontrado recordar sino que soy recordada; su no quiero más que hilvanar leve-
(a pesar de haber conocido muchos) un personaje más fascinante. Me mente la azarosa sucesión de este ordenamiento nemónico, entonces,
he condenado a ser autora, narradora y personaje; las tres hemos caí- el lector deberá hacerlo. Pero todo lector es una incógnita y el lector
do en la trampa no siempre mortal de la autobiografía. Del hecho de de autobiografías es, antes que ningún otro, digno de sospecha: quiere
que permanezcamos unidas depende, en última instancia, que podamos participar de mis secretos.
aceptar el encierro.34 Porque si uno de los objetos más admirados es la Ocampo recurre, entonces, a dos estrategias simultáneas: la antici-
cosa escrita-la cosa literaria, lo que escribo también se convierte en mi pación del episodio recordado (en tercera persona) y la explicitación
objeto de admiración superlativa: por lo que tiene de marca individual de la manera que asumirá su escritura: “En las páginas que siguen he
(la referencialidad, acá, refuerza el carácter de conversión de una vida anotado detalles –para mí importantes– con toda la fidelidad posible en
en un destino) y por las posibilidades de jugar a las escondidas con la estos casos y usando el lenguaje más simple e inclusive el más insulso:
literatura: estar y no estar en su terreno, cruzar o no esa frontera, o cru- el reducido lenguaje de los niños en que de vez en cuando, si son preco-
zarla con el disfraz autobiográfico. ces, aparecen palabras que sorprenden, porque no hacen juego con las
habituales.”.36
Desde el punto de partida, la mímesis del lenguaje infantil opera
como reducción de la posibilidad de soltar la escritura para que ésta
suelte, a su vez, el recuerdo; no sólo porque los niños pequeños no saben
33.Ibid., p. 61. escribir o lo hacen mal, sino porque están excluidos de la posibilidad de
34. Su conflictiva relación con lo literario se pone de manifiesto en el discurso de aceptación
del Premio de Honor de la SADE en 1950: ¿Qué es lo que se premia? ¿Su revista, sus ensayos, distanciarse o de reflexionar sobre sus propios actos.37
sus Testimonios? No hay en ellos, ficción. Ella misma encuentra entonces una razón: su
perseverancia. Y en otro texto: “Nunca he tenido el arte de hablar de cosas que no conozco
por experiencia personal. Forzosamente, mi campo es limitado. Y por culpa de esta invalidez 35. Victoria Ocampo, Autobiografía I…op.cit., p. 65.
no he escrito novelas ni cuentos, que exigen cierto tipo de imaginación” (Testimonios V 36.Ibid., p. 71
Serie, Buenos Aires, Sur, 1957, p. 258). 37. Un brevísimo texto de Antonio Di Benedetto, “La dificultad”, dice así: “El escritor que

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Victoria organiza entonces, el estilo lenguaje de niña precoz que, en Este exceso de perspectiva es, precisamente, el que induce a Victoria
vez de lograr la ambigüedad de la reminiscencia, produce el efecto con- Ocampo a jugar a la escritura infantil, juego fatal y sin salida, porque
trario: señala el carácter arbitrario del estilo, perturba la percepción del equivale a decir lo que ya no puede decirse.
recuerdo por su artificiosidad rebuscada.
Por otra parte, esta mímesis infantil implica la utilización del tiem- Las apoyaturas del recuerdo
po presente, predominante en “El archipiélago”. Si el tiempo verbal es
clave en una autobiografía, la escritura del pasado en presente implica I am a wonderful eastern king
la imposibilidad de concebirlo como pasado. Presente + lengua infantil, So that I never do anything
darían, como resultado deseado, contemporaneidad, frescura, inocencia. Wrong
Pero la mirada del narrador de una historia cuya protagonista es ella mis-
ma ¿cómo se expresa en este estilo? Quien recuerda a la niña no es una La letra de esta cancioncilla de opereta que Victoria canta cuando niña
niña, afirma Ocampo, pero insiste en parodiar el lenguaje infantil. Esta podría aplicarse a la imagen infantil que ella construye y hace crecer a lo
estrategia no es más que la explicación de un fracaso. Fracaso del pro- largo de la Autobiografía.
cedimiento que torna pueril la escritura, la trivializa. “En unos cerceaux Como es una reina maravillosa, nunca hizo nada mal. El texto está
que no son de madera blanca, como el mío, sino de hierro negro, miro y planteado como una extensa ratificación de este poemita. Sin embargo,
huelo las flores blancas con un olor que no me canso de oler. Las llaman los primeros recuerdos de la niña –reina que lo tuvo todo y nunca erró–
flores del aire. ¿Será porque están en la azotea? Dicen que las trajo de las no son ni cálidos, ni acogedores: hay algo de rispidez, de acritud en todos
provincias un señor”. El fracaso es evidente: forzando la perspectiva del ellos en la medida en que el temor, el placer, la frustración más o menos
narrador, Victoria Ocampo trata de incorporar personajes que formaban explícita los van presentando ante el lector en una concatenación aparen-
parte del mundo de sus adultos y que en el momento de la escritura ya temente azarosa.
ocupan un lugar importante en la historia argentina. Que las flores blan- Dolor, miedo, placer, desencadenan la aparición de estos primeros re-
cas de la azotea familiar hayan sido enviadas por Sarmiento es algo sin cuerdos escritos, que parecen ajados, demasiado recordados en charlas
importancia para el personaje infantil que protagoniza el recuerdo. Pero más o menos íntimas o publicadas ya en los Testimonios.
como la aparición del nombre sí es importante para Victoria Ocampo, se Hay algo así como cierta saturación del mecanismo que, en realidad,
deja atrapar por una consigna de verosimilitud tan torpe que la lleva a opera como una obstrucción. Cada articulación del recuerdo en esta
aclarar, en una nota al pie, el nombre que la niña desconoce. franja de la Autobiografía no funciona como un reconocimiento que
Onetti lo ha dicho dramáticamente: “ningún niño puede contar- proporcione, a la vez, felicidad del hallazgo y la frustración de la perdida,
nos el paulatino y sorpresivo, desconcertante, maravilloso, repulsi- sino como el lugar en el que se esteriliza la posibilidad de penetrar en el
vo descubrimiento de su mundo particular […] y los adultos que lo recuerdo mismo, precisamente porque se lo presenta tal como ya no es.
han intentado –salvo cuando engañan con talento literario– padecen Ahora es otra cosa: solo literatura trivial.
siempre de un exceso de perspectiva”.38 Y si el estilo es la huella del mostrarse, esta mímesis infantil estaría
indicando: no me he recuperado de mi infancia, quiero contarla como
quiere escribir un cuento infantil se vuelve niño para cosechar vivencias y lenguaje. Lo está si estuviera aún en ella, quiero perpetuar su ¿inocencia? En mi manera
adquiriendo y concibe una historia, pero como todavía no ha ido al colegio, no sabe escribir”. de descubrirme a mis lectores, soy parte de aquellos que no han podido
En Cuentos del exilio. curarse de su infancia. “Todo lo que en ella florece tiene sus raíces en esa
38. Onetti, en Cuadernos de Crisis, Buenos Aires, 1974, pp. 6-7.

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pretérita infancia. Todas las cosas cuya expresión persiguen yacen en el momento en que Victoria decide escribir su historia, funcionará como
silencio vehemente que las agitó”.39 una de las tensiones presentes en el texto. El permiso paterno para es-
Por eso Victoria Ocampo no experimenta placer en recordar sino en cribir es algo que Victoria no consigue. La Autobiografía permanecerá
reencontrarse, a través de la escritura, con un recuerdo querido y acari- inédita hasta después de su muerte.
ciar una y otra vez, hasta que pierda aristas. Los títulos que preceden es- El episodio siguiente tiene un título neutro, El caballo. Al volver de
tos brevísimos fragmentos subrayan su carácter explícitamente cerrado, un paseo por Palermo la niña enfrenta por primera vez la injusticia: un
no problematizado. La colegiala, la niña eterna que atraviesa una y otra hombre castiga a latigazos a un caballo atado a un árbol; su desasosiego
vez el trance de aprender, es el personaje central de este primer tomo.40 no se calma hasta que puede contarle a un vigilante lo que ha visto.
De todas maneras, esta apertura de la confesión autobiográfica señala Violencia irracional del verdugo, víctima indefensa. Impotencia para
el modo en que Ocampo quiere ser leída. No se trata de buscarse y descu- modificar personalmente la situación de injusticia. Todos estos elemen-
brirse al mostrarse sino de gozar con las zonas suyas que prefiere y mejor tos reaparecerán en la reescritura que Victoria hace de este episodio en
conoce. Sin embargo, lo que produce en el lector un interés mayor es la 1955; allí los desplazamientos de subrayan, se hacen explícitos. Desde el
percepción de que la búsqueda de un estilo es un problema para Victoria cambio del título (El hombre del látigo).42 Este texto elaborado sobre un
Ocampo. Problema difícil de resolver, a menudo tematizado como en ese recuerdo infantil funciona como metáfora, no de lo explícito (la conde-
fragmento en que se propone atrapar (matar) el recuerdo como maripo- na a lo que Victoria considera totalitarismos de izquierda y de derecha),
sas, con alfileres.41 sino del lugar que ella misma se asigna cuando la realidad supera su ca-
pacidad de reacción.
Islas de la memoria Se trata de un texto en el que Victoria Ocampo maneja el suspenso,
la digresión y el clima del relato con una destreza que no predomina
Si la que fui no está acompañada siempre por una sombra resplandeciente de la en otros testimonios. Precisamente porque su punto de arranque es ese
que hubiera querido ser el todo resultaría como falseado. recuerdo de infancia que Victoria enarbola como huella digital, como
V.O. rasgo constitutivo de su yo, conviene detenerse, brevemente, en su diná-
mica. Si el primer impulso es la rebeldía ante la injusticia, el inmediato es
El recuerdo inicial es un recuerdo indignado. Victoria niña se siente la apelación a la autoridad para que resuelva el conflicto. Su lugar es el de
dueña del patio, trepa el aljibe, mira hacia el fondo. El bastón amenazan- la que media, la que ve, la que señala, la que induce a la acción.
te del abuelo reprime este placer y provoca, al mismo tiempo, la escritura.
Si la imagen puede leerse en clave psicoanalítica, no es menos cierto Cuerpo, sexualidad, lenguaje
que la aparición de la figura masculina como amenaza de castigo en el
En este tramo inicial de El archipiélago, un fragmento sitúa una mar-
ca importante en la constitución del yo que narra. Todo sucede nueva-
39. Victoria Ocampo, Testimonios I Serie…op.cit., p.119.
40. El recurso desaparece a medida que el personaje crece. Más aún, parecería invertirse “Ayer mente, en Palermo, y las acciones son miradas que construyen un círculo
en el idioma de hoy” es el subtítulo de la introducción de “El imperio insular”, Tomo II de la imperfecto.
Autobiografía. Pero entonces, la incorporación de cartas (fundamentalmente la reproducción
de cartas a Delfina Bunge) ayudarán a mantener la ilusión de la contemporaneidad de lo
narrado.
41. Victoria Ocampo, Autobiografía I…op.cit., p. 44. 42. Victoria Ocampo, Testimonios V Serie, Buenos Aires, Sur, 1957, pp. 237-251.

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42 43
Victoria camina con Pepito Martínez de Hoz. Son dos niños y se El mundo en la casa
aman. “Camino con él, adelante. Atrás vienen las niñeras y los otros
dos. ‘Mirá’ me dice Pepito. Siempre caminando de desabrocha el pan- Un trajinar apacible: el recorrido diario desde la casa paterna a la
talón corto. Me muestra un pedacito de carne rosada. Miro, demasiado casa de las tías. El personaje de Victoria se mueve atrapado en una tela-
sorprendida para hacer preguntas. Pepito parece orgulloso de lo que me raña de numerosas figuras femeninas. Las tías son tantas que la diferen-
muestra. A mí me molesta ese detalle ridículo […] Pienso que ese pe- ciación nominal forzosa indica una movilidad de roles que perturba por
dacito de carne rosada lo afea. Pero ¡qué le voy a hacer! ¡Su cara es tan su ambigüedad: Abuela, Vitola, Madrina, son algunos de los nombres
linda que acabo por perdonarle esa imperfección!”.43 que Victoria elige para sus tías preferidas. Si los roles familiares se con-
Mirar el sexo del varón aparece, por un lado, como acatamiento de funden finalmente, las casas también se reúnen en una sola: “la casa que
una orden masculina, pero, también, como el origen del descontento estaban edificando las tías, en la misma esquina donde vivían antes, era
que afecta todo mirar, porque se mira la zona del cuerpo que desde ese muy grande y linda. Al lado quedaba la casa nueva que íbamos a ocupar
momento deberá ser desvalorizada. Abajo, el sexo, arriba el rostro. Idea- nosotros y debajo de la nuestra, a la altura de la calle, la de mi tío Narci-
lización imperfecta del cuerpo organizada por y a través de la mirada. so […] Esta vez todos viviríamos casi en la misma casa”.46
Desde el comienzo de la escritura autobiográfica de Ocampo mirar la El todos incluye, a no dudarlo, a los sirvientes queridos, una zona de
cara del otro será uno de los placeres posibles aunque también cercena- la organización de la casa que tiene que ver con la limpieza, la alimen-
dos: “No había que molestar a los mayores mirándoles descaradamen- tación y el descanso del cuerpo; una fluida, silenciosa e intermitente
te”.44 El placer es más intenso cuando el objeto de contemplación son los corriente que abastece las necesidades materiales de los personajes prin-
padres. Los padres mientras se visten, los padres mientras comen. Los cipales se articula a través de una compleja red de servidores que reco-
padres como espectáculo, nunca como pertenencia.45 Y es a través del noce, para la narradora, estamentos y jerarquías ligeramente paródicas.
rostro mirado que se establece y se mantiene durante meses su primera Pero si el relato recorta el recuerdo, marcando algunos rasgos caracte-
relación amorosa: “¡Con tal de que me trajera siempre esa cara con tal rísticos de unos pocos de ellos –precisamente de los que jerarquizan
de que mis ojos la pudieran adorar!”. con sus originalidades ese mundo homogéneo–, ninguno se convierte
Mirar es el movimiento casi unidireccional que organiza esa pri- en personaje como sí lo es la Francisca de Proust.
mera parte de El archipiélago. Pero la mirada no penetra, la escritura Algunos logran diferenciarse en la escritura por un gesto inusual o
tampoco; ambas hienden apenas una superficie que permanece intacta, una manía, pero la naturalización de la presencia de una red de servi-
después de una breve oscilación. Con la llegada de la adolescencia se dumbre aparece brutalmente en ciertas frases interpersonales en la que
produce una inversión: mientras la mirada de la madre sobre su pri- parece contar la descripción del pasaje, oloroso y cálido, de una estación
mera sangre menstrual introduce la vergüenza desde afuera, agrieta la a otra: “Cuando empezaba el verano desclavaban las alfombras y clava-
valorización de su cuerpo, lo fragmenta, lo torna vulnerable, la mirada ban esteras en toda la casa […] y las alfombras abrigaditas y alcanfo-
erótica le restituye, parcialmente, la sensación de unidad: “Me miraba, radas me parecían más lindas”.47 Del mismo modo, Juancito y Alfredo,
me había visto […] Yo existía para él”, escribe Victoria al recuperar este dos negritos hijos de Juan Allende, un hombre de confianza de la casa
primer recuerdo amoroso. y Franky, el rubio y pecoso hijo del irlandés Gathny, maitre de hotel en

43. Victoria Ocampo, Autobiografía I… op.cit., p. 78.


44.Ibid., p. 94. 46.Ibid., p. 93.
45.Ibid., p. 137. 47.Ibid.

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44 45
la villa, son chicos que están a disposición de las niñas Ocampo como XIX y buena parte del XX. No hay tensiones, salvo las previsibles. Sin
compañeros de juego, durante el verano en San Isidro. Al igual que las embargo, el lugar que ocupan las institutrices en la casa es conflicti-
esteras o que las hojas en los árboles “en el invierno, estos chicos desa- vo porque estas mujeres a las que se les pagaba por algo tan intangi-
parecerían de nuestras vidas”. ble como el conocimiento y ocupaban un lugar diferente al resto del
Abraham, el judío que cuida la quinta de verduras, Paul, el cocinero personal, ya que no tenían que ocuparse de tareas pesadas y solamente
negro de la Martinique, Francois, el viejo que barría los patios, Micaela parecían recibir prebendas: desayunos, meriendas y paseos junto con
y Catalina, las mucamas vascas, Mary, la mucama jubilada, irlandesa sus discípulos, sin hablar de otras posibilidades como imponer premios
como Gathny, conforman con Miss Ellis, la institutriz inglesa, Made- y castigos a las niñas.49 Por el otro, porque, si en general, la institutriz
moiselle Bonnemason, la institutriz francesa, Frígola, italiano y Berta funciona como una vice-madre (actúa por delegación de la madre, una
Krauss, dinamarquesa, profesora de música, un colorido muestrario de de cuyas obligaciones implícitas es la educación de sus hijas mujeres),
nacionalidades que incluye matices entre metrópolis imperiales y sus en el relato de Ocampo lo que se produce es una doble delegación: no es
colonias por ejemplo, o entre servidores con nombre bíblicos y aguerri- la madre la que se encarga de la educación de las niñas sino nuevamen-
dos etarras; y sostienen la convicción de que se puede poseer el mundo te, las tías, y sobre todo una, Vitola, la que controla y dirige, sin conce-
en los límites de la amplia casa. siones, el proceso de aprendizaje de su sobrina. El dolor y la angustia
que esta ausencia de la madre produce en el personaje sólo puede ser
Institutrices: el lugar equívoco espiado en escenas tan tremendamente naturales como aquella en la que
Victoria narra el encuentro casual de su rostro y el de su madre a través
Victoria Ocampo ha escrito a menudo sobre Mademoiselle Bonne- de las ventanillas de dos coches que se cruzan (van, precisamente, en
mason y Miss Ellis. Sobre sus ropas y sus olores, sobre las obligaciones sentido inverso) en el paseo de Palermo. Y aunque lo que se subraye sea
y recompensas, las obediencias y las transgresiones que este aprendizaje la preocupación de la madre por reparar esa fractura, la imagen tiene, a
casero suponía. Son justamente esos fragmentos de la autobiografía los pesar suyo, un marcado carácter de desamparo: “Volvíamos a casa cuan-
que se adelantaron, al ser publicados como testimonios. Una y otra vez do a la altura de la recoleta nos cruzamos con mamá. Hizo señas para
y a propósito de cuestiones diversas, Victoria retocó esas imágenes que que se detuviera nuestro coche. Se bajó del suyo. ¿Qué tiene esta chica?,
en El archipiélago se parecen a fotografías manoseadas en las que ya no preguntó. Me había visto la cara desencajada”.50
quedan rincones secretos.48
Ahora la escritura no recupera más que el estereotipo de una figura
reiterada en la educación de las niñas de las clases pudientes en el siglo V. Pentimento

“Lo que ha escrito Victoria Ocampo? Como a las actrices de la época


48.Racine et Mademoiselle y And so shall I have mine, pp. 171-191 y 501-513, respectivamente,
loca, como a las trágicas geniales, le tocará en suerte no un oficio deter-
en Testimonios, II Serie, Buenos Aires, Sur, 1941. Escritos en francés y en inglés, ambos
textos parecerían el homenaje póstumo de una alumna aplicada, pero son mucho más que minado –el de la literatura en su caso– sino el ambiguo oficio de la sen-
eso. En el primero de ellos, Victoria juega con las palabras con una libertad que el castellano sibilidad, del desatino vital”, escribe Adelaida Gigli en 1954. Y agrega:
nunca tuvo para ella. La manera libre en que su relación con Mademoiselle –hecha de
palabras y miradas, de pequeñas maldades, de pequeños descubrimientos y algunas
complicidades– crece en este texto hasta convertirse, por momentos, en un relato ficcional
con un contrapunto excitante entre el personaje de la niña y el de la institutriz, no será 49. Bricard, Isabelle, Saintes ou Pouliches, Paris, Albin Michel, 1985.
recuperada jamás en las páginas de “El archipiélago”que reescriben estos mismos recuerdos. 50. Victoria Ocampo, Autobiografía I… op.cit., p. 130.

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46 47
“No hará literatura sino Victoria Ocampo. Los Testimonios serán su Placer oculto entonces, pero también una fuerte represión operando
espejo, una manera de sobrevivir, de estar presente.”51 desde la zona del cuerpo: si en el relato infantil el personaje de Victo-
Extraordinaria paradoja. En el momento en que Adelaida Gigli ar- ria niña descubre, bajo la imperfecta tachadura de tinta que una mano
ticula el trabajo crítico contemporáneo más inteligente que se haya es- adulta trazó sobre las líneas de un cuento de hadas, que el vientre de la
crito sobre Victoria Ocampo, su Autobiografía está ya concluida, pero reina debió crecer para que naciera el príncipe, la revelación resulta do-
inédita. Y aunque Gigli puede intuir que tras la reticencia de los Testi- ble: se descubre, al mismo tiempo, que el propio cuerpo proviene de la
monios quizá se oculte otra escritura (pero calla, no sé si por avaricia, materialidad de otro cuerpo y que no es bueno que esto pueda ser leído
piedad o vergüenza. Quizás para anonadarnos algún día con algún dia- o escrito por una mujer.
rio desnudo y aterrador), esta sagaz lectora no puede trabajar sobre este Esta contradicción nunca resuelta entre una fuerte tendencia a la
texto que no será desnudo y menos aún aterrador, pero que será –ese y espiritualización de la literatura y su intuición de la corporeidad de la
no otro– el texto que Victoria construye en el espacio que la historia, su escritura –“mis ojos, fijos en estas líneas, no perciben a la manera de los
historia, su lugar de clase, su sexo le permiten: el de la clandestinidad del ojos, sino a la manera de una palma apoyada en un pecho”– es lo que
destierro interior. otorga dramaticidad al estilo de Victoria Ocampo.
La relación de Victoria Ocampo con la escritura fue, durante mucho En Carta a Virginia Woolf, publicada en 1934,52 Ocampo describe
tiempo, la historia de una frustración. Persiguió con obstinación –encu- con lucidez su peregrinaje: al reelaborar ficcionalmente la escena de su
bierta por un gesto de perezoso descuido– su imagen de escritora. Qui- encuentro con la autora inglesa, Victoria se imagina como un personaje
zás el primer paso dado para capturar esa imagen haya sido la adopción que –nuevamente– contempla un cuerpo de mujer que sólo encierra
de un nombre-síntesis. Victoria no es su primer nombre ni tampoco el para ella el enigma de la escritura y se pregunta: “¿En qué parte de esta
último. Al nacer, en abril de 1890 la llamaron Ramona Victoria Epifanía mágica historia encontraré la descripción del lugar en que está oculta
Rufina. De esta abrumadora cantidad de nombres, eligió uno, Victoria, la llave del tesoro? Para agregar, más adelante, Like most uneducated
desde niña, del mismo modo que eligió usar para siempre sólo el ape- south american woman, I like writing […] Mi única ambición es llegar
llido paterno. En la elección de un nombre diferente al que los padres a escribir un día, más o menos bien, más o menos mal, pero como una
han asignado al hijo, hay siempre un ademán de desafío pero también mujer.”53
de inseguridad: para hacerse un nombre, hay que ocultarse/mostrarse Casi veinte años después, Victoria pudo lograr ese deseo: escribió
bajo otro. su propia novela, escribió por el placer de convertirse en personaje, es-
Y así como el relato de El archipiélago organiza la lectura de las aven- cribió con actitud desafiante pero también con miedo, escribió sobre
turas de Telémaco como un placer que se oculta –en la chimenea– para el cuerpo, sobre el amor, sobre sus prejuicios; pero mantuvo oculto su
ser retomado con avidez día tras día, un placer que se intensifica porque tesoro. Nadie podría leer bajo las tachaduras imperfectas que su propia
se suspende, porque se demora y en el que una parte importante del mano temblorosa trazó sobre la escritura.
gozo se coloca en esa postergación, la búsqueda de su propia palabra
adulta se parece mucho a ese mecanismo de lectura infantil: la autobio-
grafía es un relato escrito a escondidas y cuya lectura pública se demora 52. Victoria Ocampo, Testimonios I Serie... op.cit., p. 1-14.
durante toda su vida. 53. La frase en inglés juega con un contrapunto a una frase de Virgina Woolf, que Ocampo
cita, también en inglés: “Like most uneducated english woman, I like Reading”.
Cuando V.O. publica esta carta en sus Testimonios, las traduce en notas al pie de página:
51. Gigli, Adelaida, “Victoria Ocampo: V.O.” en Contorno, N°3, Buenos Aires, septiembre Como a la mayoría de las inglesas incultas, me gusta leer. Como a la mayoría de las mujeres
de 1954, pp. 1-2. sudamericanas incultas, me gusta escribir (Ibid., p. 9).
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La caja de sorpresas. Notas sobre biografía y
autobiografía en Juana Manuela Gorriti

I. Vida y arte: un juego de alianzas

En 1892, el mismo año de su muerte, Juana Manuela Gorriti decide


convertir en libro las páginas de sus memorias escritas a lo largo de mu-
chos años. En Lo íntimo, la representatividad y la excepcionalidad de la
vida de la escritora, dos marcas del género autobiográfico, se inscriben
en un complejo sistema de alianzas con una serie extensa de interlo-
cutores masculinos: maridos, amantes, colegas, amigos, corresponsales,
padres (biológicos y tutelares), hijos y entenados.
Es evidente que el registro de sus tristezas, de sus opiniones, de sus
recuerdos en las páginas del diario íntimo no constituye, para Gorriti,
el correlato de una buena acción. Su escritura no es una actividad pu-
rificadora que, por acumulación, permita inferir el progreso interior de
la escritora; por el contrario, este diario –que no es tal– azaroso en la
cronología, diletante en la afirmación de la pasión literaria, avaro en
la distribución de la intimidad, avanza, cauteloso, sobre territorio mi-
nado.1 Gorriti decide cubrirse las espaldas y es por eso que escribe y
publica biografías de hombres célebres que la autoricen a escribir y pu-
blicar la suya alguna vez: la representatividad ajena, pero sobre todo la
representatividad masculina, el gran hombre que merece una biografía,
ha estado ya, muchas veces, en la mira de su escritura antes de armar,
para darlos a la imprenta, los fragmentos de recuerdos, pequeños rela-
tos, máximas de vida, observaciones de lectura, reflexiones de escritura

1. En otro trabajo me ocupé de la relación entre leyenda biográfica y escritura de la


intimidad en este texto de Gorriti. Cfr. “El autoretrato de la escritora” en Mujeres y cultura
en la argentina del siglo XIX, Lea Fletcher, comp., Buenos Aires, Feminaria Editora, 1994.
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51
que constituyen este texto. Desde Güemes hasta Mitre, pero también des- en la alternancia de ambos lugares sin nombrar nunca el conflicto que la
de Juana Azurduy hasta Camila O’Gorman, Gorriti ha tejido con laborio- superposición pueda plantear. De este modo, la irrupción de un padre
sidad el lugar del biógrafo (un lugar que en el siglo XIX tiene un status de lejano que pide, no exige, y ofrece bienestar para sus hijas disuelve toda
ambiguo prestigio) para poder, finalmente, ser autobiógrafa. confluencia perturbadora de dos tareas que el texto considera ineludibles.
Al quedar sola, una y otra vez, Gorriti podrá viajar y escribir con li-
La escritora y la familia: el abismo de la intimidad bertad aunque el lamento por la soledad sea, a partir de este fragmento,
la única queja desde la que puede leerse en su diario la disolución de la
Uno de los vacíos más notables de estas páginas es el relato de su ma- familia, la separación del esposo.
trimonio con Belzú.2Gorriti evita toda mención a la historia de amor y La trama de los cruces en Lo íntimo permite que se abra paso la his-
traición que mantiene con él; la única vez que el texto lo nombra lo hace toria de dos familias disueltas: la originaria, destruida por la guerra de la
en tercera persona: “Por ese tiempo, el general Belzú, elevado al man- independencia; la propia, astillada por las ambiciones (la literatura, para
do supremo en Bolivia, pidió otra vez a sus hijas”.3 Sabemos entonces, Juana Manuela; la política, para Belzú), las infidelidades, la pobreza, la
abruptamente, quién es el padre de sus hijas; sabemos que es un general, ilegitimidad social de algunos de sus hijos. De la primera, una familia or-
que este general tiene el mando supremo de un país. La condensación de ganizada por componentes patriarcales rurales, estrechamente vinculada
información en una frase tan breve resulta eficaz: un general acostum- al proyecto de Güemes, se habla en la autobiografía: con trazos gruesos,
brado a las alturas del poder que no vacila en pedir, ni en reiterar, con que remedan las toscas inscripciones de sus lápidas, la escritura recom-
cierta desolada firmeza, el pedido. La imagen de una paternidad solícita pone sus fragmentos para convertirlos en reliquias. De la segunda, no se
en un hombre comprometido con los avatares de la guerra y la política habla en éste ni de ningún otro texto suyo: en el lugar de la familia se ins-
enternece la frase y facilita, en el extremo opuesto de la petición, el gesto tala la queja y el dolor de una madre separada forzosamente de sus hijos,
magnánimo de la narradora: “Entonces, por una parte la exigüidad de condenada a sobrevivirlos y a relatar cada una de sus muertes tempranas.
los goces que en mi precaria situación podía dar a mis hijas, por otra la
espléndida existencia que el padre prometía para ellas, decidieron a la La escritora y el tribuno: la elocuencia de la juventud
pobre madre”.4 El sacrificio de Juana Manuela resulta plenamente justifi-
cado: “Pintéles con fantásticos colores la dicha que al lado de su padre las El único defecto es su esposo.
esperaba, la diferencia de cuánto las rodearía, y mi gozo al verlas en esa J.M. Torres Caicedo
elevada posición, gozo que me haría olvidar todos mis pasados dolores. (¨Prólogo” a Sueños y Realidades, 1865)
¡Y quedé sola!”.5
Gorriti se ha extendido en la justificación y no es para menos, ya que Pocas veces la relación entre biografía y autobiografía resulta más ries-
Lo íntimo construye dos lugares para la imagen de la narradora: el de ma- gosa y complicada que cuando se comparan las sutiles elusiones que el
dre dolorida y el de trabajadora incansable de la pluma. El texto persevera texto de Lo íntimo mantiene con rigor obsesivo para no hablar del general
Belzú con la biografía titulada simplemente “Belzú”, dedicada a la cons-
2. El otro gran vacío es la figura de la madre, nombrada sólo metonímicamente en los pechos
trucción de un héroe legendario en la historia boliviana que es, al mismo
que no sacian a Juana Manuela en el prólogo de Lo íntimo. tiempo, su marido.6
3. Gorriti, Juana Manuela, Lo íntimo, Buenos Aires, Ramón Espasa editor, 1892, p. 24.
4.Ibid.
5.Ibid. 6. Gorriti incluye esta biografía en Panoramas de la vida, publicada en Buenos Aires en 1876 y

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Cuando Gorriti decide encarar la biografía de Belzú enfrenta una tri- de la verdad de la escritura biográfica (y autobiográfica) del “Belzú”. El
ple dificultad: escribir sobre la figura más controvertida de la historia de diario íntimo expulsa de la recuperación del recuerdo los fragmentos
Bolivia en la primera mitad del siglo XIX,7 escribir sobre el hombre que de su vida en común con Belzú. Al hacerlo, Gorriti no sólo elude una
fue su marido, escribir sobre un personaje que en ese mismo momento zona de conflicto y de confrontación con la moral de época, sino que se
está siendo objeto de otras biografías. Desde la introducción, Gorriti coloca, sin disputas, en el lugar central de su autobiografía: no en el de
organiza un juego de alianzas con los biógrafos masculinos del general esposa del general sino, en todo caso, en madre de sus hijas. En la apues-
boliviano, que están contando, también, su versión del héroe. Es más, ta biográfica de su “Belzú”, en cambio, se autovalida como compañera
se diría que escribe con premura, para contrapesar esas versiones. Su inseparable del casi mítico “Mahoma boliviano”.
estrategia, de nuevo, su justificación de biógrafa será deslindar dos as- Gorriti construye un héroe que gana el respeto de sus superiores con
pectos en toda vida humana: “Las plumas majistrales" de esos hombres, actos de arrojo y de osadía, y la popularidad entre sus soldados en com-
se ocuparán de la zona de la vida de Belzú “iluminada por los rayos de bates casi míticos, como el de Yungay, cuando los bolivianos enfrentan
la dicha, de la fortuna, de la gloria”; su “humilde mano” se ocupará, en a los chilenos ascendiendo las pesadas y ásperas pendientes de un alto
cambio, de la oscuridad, de la pobreza, de las tinieblas, de los días de cerro. Esta biografía lo quiere con una inteligencia tan grande que “le
dolor y de prueba. Cubriendo de elogios a sus contendientes, Gorriti se habría hecho distinguir con brillo en la carrera de las letras si desde muy
propone “complementar” esos trabajos con aquellos datos que solo ella temprano no hubiera manifestado un carácter inquieto, aventurero y
conoce. “Los dos ilustrados biógrafos, fueron testigos y parte integrante caballeresco”.9 Describe con minucia los episodios que le otorgan una
de la primera: yo, compañera inseparable de la segunda”.8 popularidad sin límites entre las clases más humildes, la adhesión de
Dos cuestiones resaltan en este texto introductorio. La primera, la sus soldados que se convierte en culto, aquel “ascendiente poderoso que
explicitación de una estrategia frente a la escritura masculina: brillos, ejerció durante su vida en el alma de sus compatriotas y que después
gloria, dicha son otorgados a los ilustres biógrafos para que el orgullo de su muerte sublevó a un pueblo entero a la sola presencia de su cadá-
varonil no se vea mellado por una profana que sólo se ocupará de las ver”.10 No oculta su admiración, tampoco su propio deseo de ser pro-
tinieblas, de la pobreza y del dolor. Nunca, como en este fragmento, tagonista heroica de ese episodio póstumo de admiración: “¡Oh bello
Gorriti ha debido desplegar con tanta claridad su juego: competir sin debe ser verse amado de esa suerte!” exclama la narradora al describir
mostrarlo, alabar para descalificar, asegurarse la porción de la historia conmovedoras escenas de la lealtad del pueblo, de los niños, de los men-
que nadie desea. digos, de las señoras.
La segunda: un verdadero abismo separa la ausencia de escritura so- La muerte trágica del héroe, la apoteosis de fervor y rebelión popular
bre su marido en Lo íntimo y esa postulación de compañera inseparable en que se convierte su entierro están narrados en el tono con que se
de las zonas más duras de la vida del héroe que sirve para apoderarse construye una leyenda. A su turno, los biógrafos de Gorriti hablarán de
su casi inmediata llegada al palacio presidencial, su hacerse cargo del
cadáver, describirán su figura firme encabezando una multitud enfure-
cuyo subtítulo es Colección de novelas, fantasías, leyendas y descripciones americanas.
7. Amado por los pobres y execrado por los ricos, lector de Carlos Marx, aventurero en sus cida –compuesta mayoritariamente por mujeres– dispuesta a continuar
ambiciones pero firme en su voluntad de poder, hijo de árabe y mestiza: no hay una sola línea la lucha del caudillo. En la biografía del patriota la escritora se aparta y
escrita sobre este caudillo singular que no se apasione, que no exprese, imperiosamente, la
necesidad de injuriar.
8. Gorriti, Juana Manuela, Panoramas de la vida, Buenos Aires, Librería e Imprenta de 9.Ibid., p. 86.
Mayo, 1876, p. 84. 10.Ibid., p.96.

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se excluye del escenario de la apoteosis, reserva el lugar central para el la ventura humana: Libertad, Fraternidad, Igualdad, electrice al pueblo
protagonista de su relato, pero retiene para sí, con la autoridad que le con el calor de su palabra, con el fuego de su mirada y que al descender
confiere ser autora de y mujer en vida del héroe, la ocasión de brindar del pavés donde lo ha elevado el entusiasmo de la multitud, caiga a mis
al lector las pistas que le permitan inferir que escribe desde este lugar pies y lo llame su esposa”.12 Belzú es aquí claramente el compañero inse-
doblemente privilegiado. parable. En términos bajtinianos, es el otro posible que nos obsesiona,
Al relatar uno de los primeros confinamientos del levantisco oficial cuya mirada nos acompaña durante toda nuestra vida; una presencia
en un oscuro puesto de la frontera en Tarija, escribe: “Allí Belzú conoció, que está frente al espejo en los momentos en que soñamos gloria y en los
amó y se unió en matrimonio con la hija del General Gorriti, emigrado que reconocemos fracasos. La acción violenta y heroica de la biografía
argentino. Demasiado jóvenes ambos esposos, no supieron comprender de Belzú impregna su propia caracterización como mujer de combate
sus cualidades ni soportar sus defectos y aquellas dos existencias se se- en la guerra, en las letras, en la vida; se vuelve heroicamente masculina
pararon para no volver a reunirse sino en la hora suprema al borde del porque para enfrentar las guerras –las de independencia, las fratricidas
sepulcro”.11 y las de la maledicencia– hay que tener la fuerza de un hombre, no llorar
Es la primera señal: dos destierros, dos generales, un amor apasio- y trabajar sin descanso.
nado, juvenil, la separación inevitable, la reunión al borde del sepulcro. (Se trata de un estereotipo femenino que empieza a resultar anacró-
Esta frase en tercera persona es la mención más extensa que Gorriti de- nico pero que, al mismo tiempo, tiene enorme vigencia a mediados del
dica, en toda su obra, a la historia que la marcará, para siempre, con siglo XIX en América del Sur: en esos años, publicaciones dirigidas es-
ribetes legendarios. Al elegir a Belzú, ella elige, para su propia vida, la pecíficamente a la enseñanza de las niñas privilegian, entre las vidas de
aventura, el movimiento, la pasión, la infidelidad, el escándalo. Al elegir las mujeres ejemplares a ser imitadas por las pequeñas discípulas, aque-
narrar como leyenda la vida de Belzú, Juana Manuela elige también la llas cuya valentía y decisión impiden el desfallecimiento y el fracaso del
forma de narrar su propia aventura heroica. guerrero).
Si la elección de vida es defectuosa, equivocada para la mirada fami- Las mujeres de acción no deben rehuir el escenario mismo del com-
liar y social; Gorriti simulará recoger esta doble condena en la escritura bate: como algunas de sus heroínas en los relatos ficcionales (Juana He-
autobiográfica: casi no nombrarlo en el diario y usar, en cambio, la per- redia en El pozo de Yocci, por ejemplo), Gorriti acepta el itinerario que
misividad de la tercera persona para organizar un relato breve, conciso, el marido ordena desde la función militar como un deber gozoso: “tres
con huellas de indulgencia hacia sus protagonistas. años hacía que, llevando la existencia nómade de las esposas de milita-
Sin embargo, en un texto también autobiográfico escrito en su vejez, res, había, en los frecuentes cambios de guarnición habitado, sucesiva-
El mundo de los recuerdos (1886), Juana Manuela se permite recuperar mente, en todas las ciudades de la República”.13
la legitimidad de su sueño, ratificar, sobre el rumor, sobre la maledicen- La segunda señal es más explícita. Ahora el gesto que intenta evitar
cia, sobre la indulgencia, su propia pasión. Para hacerlo elige, ahora sí, la contaminación de autobiografía y biografía en la escritura la estimula
una primera persona enfática, enamorada: “Yo, nieta de un prócer de la como efecto de lectura: “Muy luego, invocado por los pueblos, Belzú
independencia, hija de un republicano, hermana de republicanos, sueño ascendía al poder. La narradora rehúsa seguirlo en aquel elevado puesto
con un tribuno joven y elocuente que, invocando el símbolo sagrado de
12. Gorriti, Juana Manuela, El mundo de los recuerdos, Buenos Aires, Félix Lajouane, 1888,
pp. 64-65.
11.Ibid., pp. 90-91. 13.Ibid., p. 298.

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en que la esposa rehusó acompañarlo también”.14 Lo interesante, sin em- La reflexión sobre la mujer y “el mundo de las letras” aparece en Lo
bargo, es de qué modo esposa y narradora se ponen finalmente de acuer- íntimo de diferentes maneras: breves imágenes que trasuntan la actitud
do en no seguir incondicionalmente al hombre y al héroe e intentan una de Juana Manuela Gorriti frente al trabajo intelectual, anécdotas risueñas
toma de distancia: deciden cómo y dónde se corta y se recorta el relato que parecen incorporadas casi por azar, acusaciones irónicas frente a la
sobre el hombre que las involucra a las dos. Gorriti es aquí, claramente, inactividad de sus amigas limeñas. En todos los casos, los hombres están
quien se adueña, como autora, del personaje de Belzú. En la escritura, su en escena de manera explícita o son convocados por alusiones más o me-
vida, su pasión y su muerte le pertenecen por completo. nos veladas: se sabe que son dueños del terreno y el texto juega con ellos
La seguridad de su trazo biográfico tiene que ver no sólo con la ne- un juego difícil pero necesario.
cesidad y la posibilidad de separar y unir en diferentes textualidades las
dos vidas. En el momento en que Gorriti construye su versión de la vida Soltería, pereza y escritura
de Belzú, la narradora, la mujer de letras, ha acumulado varios logros: ha
construido una autoridad femenina a partir de la producción de obras de “La mujer que a los treinta/ no tiene novio/ ya puede echarle llave/ a
ficción; ha obtenido una representatividad nueva en el sistema literario, su escritorio”: la copla callejera irrumpe en el interior de la sala de Juana
que se ve ratificada con el reconocimiento inmediato que los críticos lite- Manuela cantada por un poeta que dice haberla escuchado antes de en-
rarios contemporáneos adjudican a su obra y, lo que es más importante, trar. Es un hombre, un amigo, Ascencio Villarán, el que introduce, rien-
ha logrado que esa representatividad se conjugue con el texto de una vida do, esta copla popular que establece un tiempo de espera y un tiempo de
excepcional. clausura y encierro para la mujer. Una amiga, a la que Gorriti prefiere
Desde esa confluencia de representatividad y excepcionalidad, Gorriti dejar en el semianonimato de sus iniciales, pero a la que llamará “inocen-
se animará a jugar con fuego en el terreno de la biografía, podrá escribir y tona”, es la encargada, en esta escena, de responder a la copla masculina:
publicar la vida de los hombres que ella elija convertir en grandes. Podrá “al contrario, es precisamente en ese tiempo y en ese caso, que yo abriría
elegir, nuevamente, a Belzú, para sacarlo del lugar incómodo del héroe de par en par la puerta de mi escritorio y empuñaría la pluma y la haría
discutido y colocarlo, ya sin tachas, en el panteón de la patria americana. trabajar sin descanso”.15
La narradora logra que el lector sonría, cómplice, ante la ingenuidad
de una mujer que no advierte la duplicidad sexual de la imagen que acaba
II. La bella y la pluma de construir. Gorriti, por el contrario, juega sin palabras con el doblez de
la metáfora. Al incorporar la anécdota sugiere, al mismo tiempo, que la
Yo no admito feas en el mundo de las musas. escritura es una actividad apasionante para la mujer que encara la po-
Ricardo Palma (citado por Gorriti en Lo Íntimo) sibilidad de la soltería pero sobre todo que, al igual que la escritura, la
sexualidad puede liberarse fuera del matrimonio.
Si mis lectoras quieren aparecer entre las buenas mozas de este tiempo, tienen que El ambiguo trabajo sin descanso de esta anécdota contrasta con la re-
ser muy amables con el autor. ferencia al “saco vacío” en las columnas de las colaboraciones femeninas
Santiago Calzadilla (Las beldades de mi tiempo, 1891) en un periódico limeño. Cuando Gorriti imagina qué hacen sus amigas

14. Gorriti, Juana Manuela. Panoramas de la vida, op. cit., p. 105. 15. Gorriti, Juana Manuela, Lo íntimo, op.cit., pp. 47-48.

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de Lima mientras no escriben, piensa a Mercedes Cabello ocupada en es- casi de contigüidad entre su cuerpo, sus manos y la pluma, los papeles, el
tar a la moda y a Manuelita Villarán remendando calzones para sus hijos y rinconcito con su mesa y su carpeta.
calceta para el esposo; produce así una inversión audaz en la reflexión so-
bre escritura de mujeres. Al llamarlas perezosas y describir una actividad Un rostro para Emma
(la social, la de la costura) que estaría postergando la tarea de la escritura,
Gorriti no habla de cómo deben hacer las mujeres para escribir a pesar Emma Aurora Berdier existe y, para gloria de la patria, es argentina.
de las tareas domésticas o las obligaciones sociales sino qué hacen, en qué La Ondina del Plata, 4/VII/1875
emplean su tiempo para no escribir. La pereza entendida como falta de
consecuencia o de continuidad en la actividad intelectual o artística es Emma Berdier no es la señora Gorriti.
un obstáculo tematizado a menudo por las mujeres que opinan sobre su El Ferrocarril, 22/VII/1875
propia experiencia.16 La inversión elude el lamento femenino por el tiem-
po que la actividad familiar le quita a la escritura y remite a su propia El nombre de tal señorita no es más que un anagrama de un señor de esta ciudad.
concepción de la tarea literaria como un deber casi patriótico cuyo “po- La Prensa, 1/VII/1875
deroso galvanismo” la convierte en una actividad absorbente, necesaria e
indeclinable: “una vez que se ha entrado en el camino de las letras, hay que El fragmento titulado “Emma Verdier”19 incorpora a Lo íntimo el re-
marchar, marchar siempre. Todo descanso parece una deserción”.17 Ese es lato de una travesura cometida por Gorriti en su vejez. En este texto, el
el gesto que prefiere para retratarse como escritora y las breves imágenes cruce de la reflexión sobre la mujer que escribe con el relato autobiográfico
de sí misma que aparecen en Lo íntimo, así como las que otros escritores produce una alegoría de enorme eficacia.
han dejado de ella,18 la presentan en pleno trabajo, muestran una relación Al descubrir que su amigo Bernabé Demaría, un hombre maduro y
formal, se esconde bajo el seudónimo de Emma Verdier para escribir poe-
16. Gorriti no la admite para sí misma ni para sus amigas escritoras porque su ética y su estética mas de fina sensibilidad femenina Gorriti le propone –y de hecho, casi le
postulan una actitud de combate frente a los enemigos que aparezcan en su campo de mira. impone– la creación de un rostro para Emma y, lo que es más importante,
Desde un ángulo opuesto, que se vincula a su pose diletante, Victoria Ocampo habla a menudo
en su Autobiografía y en su correspondencia de esta cuestión central. En una carta a Alfonso
la construcción de un relato biográfico que funcione como soporte del
Reyes, fechada pocos meses antes de la aparición de Sur, Ocampo logra captar en una imagen interés que despiertan sus poemas publicados en La Ondina del Plata de
certera el carácter devastador de este mal de mujeres: “La pereza me ahoga. Siempre he sido Buenos Aires.
perezosa…pero antes era soportable. Hoy sufro de ella como de una enfermedad (porque en
el fondo soy terriblemente activa). No entiendo nada de esto. La pereza se extiende sobre mi
Todo sucede muy rápidamente: la fotografía de una joven muy bella
vida como una pasta pegajosa que Charlot utilizaba en sus primeras películas. Imposible salir que ha muerto, arrancada al álbum familiar, es encerrada entre cristales
de este estado, ¿qué me aconseja usted hacer?” (Reyes, Alfonso – Ocampo, Victoria, Cartas y un marco de ébano, rodeada por una guirnalda de flores y colocada en
echadas. Correspondencia1927-1959, México, Universidad Autónoma Metropolitana, 1983, p. un pequeño altar. De hecho los amigos más cercanos de ambos cómplices,
17).
17. Gorriti, Juana Manuela, Lo íntimo, op.cit., p. 34. hombres y mujeres, algunos de cuyos nombres se anotan sólo con iniciales
18. Josefina Pelliza de Sagasta describe el momento en que conoce a Juana Manuela Gorriti en el texto de Lo íntimo, reciben la historia como verdadera y comienzan a
de esta manera: “tal se nos ofreció Juana Manuela Gorriti […] al amor del fuego en un cuarto
de hotel, frente a su mesa de escribir, cubierta de orijinales, la pluma mojada y vuelta a dejar
sobre el tintero, pálida, vestida severamente, de lana negra, con sus cabellos blancos, risados y
cortos, el cuello ceñido por una delgada cadenita de oro en cuya extremidad pendía el retrato 19. Gorriti usa en Lo íntimo la grafía Verdier, pero el apellido también circula como Berdier en
de su hija muerta, Clorinda” (Pasionarias, Buenos Aires, Imprenta Europa, 1887, pp. 148-49). los periódicos de la época.

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funcionar como fieles de un nuevo culto: veneran a una poetisa sufrien- miento, un itinerario no deseado a cuyo fin (que marcará también el fin
te a la que, como se verá, creen que les resultará imposible conocer al- de la escritura) le aguarda un matrimonio de conveniencia, un nuevo
guna vez personalmente. La historia inventada por Gorriti para rellenar encierro.
el vacío de un seudónimo travesti habla de una mujer en cautiverio, hija Gorriti, intermediaria autorizada entre el adentro y el afuera del en-
de un acaudalado comerciante francés que ha vendido todas sus pose- cierro, entre la ficción y la realidad, organiza esta broma con un cómpli-
siones en Argentina y ha decidido retirarse a Francia. Emma se resiste a ce masculino y no hace distinción de sexo entre las víctimas inocentes
abandonar su patria. Su padre, entonces, mientras ultima los detalles de del falso culto.
la partida, la mantiene recluida en una quinta de las afueras para evitar Al inventar esta historia, pero sobre todo al convertir a esta Emma
que se enamore de algún nativo pretendiente y que este amor impida así cautiva en objeto de culto, al colocarla en un altar, lugar de devoción y
el viaje. Juana Manuela, en función de sus años, será autorizada por el de deseo sublimado, Gorriti prueba, se prueba, una vez más, que el es-
padre a visitar a la hija y estas visitas serán la única conexión de la poe- tereotipo femenino que ella ha enfrentado con su vida y con su obra –la
ta con el mundo exterior. El acceso de Gorriti al lugar prohibido a los mujer que escribe debe ser encerrada, en un rostro bello, entre cristales,
demás, posibilitará, entre otras cosas, que Emma siga publicando y en- en una quinta, en un hospicio, en una retórica– sigue funcionando a pe-
viando sus textos a los diarios de Buenos Aires y que Juana Manuela ali- sar de las alabanzas que ella y su obra reciben del mismo grupo de ami-
mente con novedades de la reclusa a la incipiente cofradía. Nadie repara gos. Al recordar la frase que ella misma había escrito debajo de la foto
en la paradoja de que se la mantenga oculta y se le permita firmar, con atribuida a Emma, “Cuando me hayan arrancado al suelo de mi patria,
su nombre, poemas románticos en periódicos de amplia circulación. llora mi muerte”, la califica como “jeremiada ridícula en esta época cos-
Nadie puede acompañar a Gorriti a la quinta; nadie exige, tampoco, de- mopolita” pero no deja de anotar con ironía que la frase sublevó cóleras
masiadas precisiones. La leyenda se vuelve, como toda leyenda, autosu- y protestas y conmovió más de un fuerte corazón.
ficiente: una hermosa mujer, obligada por su padre a un casamiento de Cuando la escritora reconstruye este episodio en su diario íntimo
compromiso en Francia, sigue escribiendo desde una quinta de Buenos alude a varias cuestiones al mismo tiempo. Por un lado, la necesidad
Aires como manera de mantenerse viva en su desdicha. Todos aceptan de la mujer que escribe de recurrir a cierto control autorizado por el
el relato; cada uno de ellos pedirá, a su turno, noticias de Emma a su hombre para encarar la posibilidad de generar ficciones. Con su voz de
vocera que, gozosa, responderá con gracia y seguridad a las preguntas. escritora consagrada, con el poder de su autoría reconocida sin seudó-
De golpe, la enfermedad de Juana Manuela, pero sobre todo la pereza nimos –ni siquiera con apellidos conyugales– Gorriti puede, como lo
del autor, la falta de producción, mata una voz femenina apócrifa cuyo hará una y otra vez en las veladas literarias, proponer enigmas cuya so-
público crecía al ritmo de la cadencia folletinesca que Gorriti había im- lución posee de antemano y utilizar su autoridad para encerrar al este-
puesto a la leyenda. reotipo o liberarlo o hacerlo morir cuando desee. Porque otra marca de
Este relato romántico incorporado a las páginas de Lo íntimo habla esta historia es la fuerte ironía sobre el carácter efímero de la gloria de
de una escritura femenina triplemente cautiva: primero, en el cuerpo de las escritoras o, lo que es lo mismo, la voluble fidelidad de un grupo de
un hombre ya maduro que para dar rienda a su antojo de loquear en la lectores que pareciera tan comprometido con la suerte de la escritora y
letra impresa elige un seudónimo femenino; segundo, en los límites de su palabra. Así resulta imposible no vincular este sesgo de la historia con
una poética que se supone exclusiva de las mujeres –niñas corriendo en- lo que Gorriti anota en su diario a propósito de la muerte de Josefina
tre floridos arbustos, vírgenes soñando en el crepúsculo–; y tercero, en Pelliza, la poeta real que ha compartido con Emma Verdier antologías
el encierro de la autoridad paterna que delimita un espacio de clausura y elogios:
para la hija que escribe y determina, como única posibilidad de movi-
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Era una mujer bella y buena, adulábanla mucho por su her- sión que puede leerse en estos documentos: Bernabé Demaría, famoso
mosura y esto se ha visto en los rendidos elogios que los por su copiosísima obra pictórica y literaria, es decir, famoso por su
literatos más eminentes de Buenos Aires tributan a sus dos exceso, dice haber creado con el anagrama de su nombre una firma de
libros: Conferencias y Pasionarias. Después de su muerte, mujer que colocará en algunos de sus poemas porque considera que la
contando yo con esos fantásticos elogios a la bella autora de producción femenina escasea en el Plata y la escasez lo perturba. Dema-
los libros que los suscitaron, elogios prodigados por gran- ría no se priva de colocar a Emma en una situación de galanteo –tam-
des poetas, se los pedí repetidos y concretados en estrofas, bién público– con el poeta Rafael Obligado, a quien le dedica un poema
para hacer con esas flores prodigadas a la vida, una corona publicado en La Ondina del Plata. Obligado retribuye la dedicatoria en
fúnebre a la muerta. Y he aquí que esos aduladores, hánme el mismo diario. A partir de ese momento, otros, ahora voluntarios, se
enviado versos en que de todo hablan menos de la pobre manifiestan dispuestos a participar de esas lides poético-amatorias.
muerta.20 La denuncia del fraude proviene de La Prensa del 1 de julio de 1875
y tiene por objeto “evitar a nuestros jóvenes poetas la molestia de con-
Finalmente, esta historia inventada de a dos, incorporada como feccionar dedicatorias que son completamente ineficaces […] a la nueva
anécdota autobiográfica, adquiere también, otro sentido: la mujer, pa- escritora que tan súbitamente ha aparecido en el cielo de la literatura
rece decirnos, carece de historia propia, de historia pública para ser na- nacional”. El descargo de La Ondina del Plata tiene dos puntos clave:
rrada y, por lo tanto, siempre estará envuelta en los pliegues de las repre- afirma que las “pruebas” que posee la señora Gorriti confirmarían la
sentaciones de los otros, salvo que encuentre la autoridad de la propia existencia de Emma y pretende detener una acusación grave con una
voz convertida en sujeto de su historia. Por otra parte, si el cuerpo de afirmación que sus directores consideran irrefutable: Emma no solo
un hombre es el portavoz de su palabra poética y el de una mujer el de existe sino que, para gloria de la patria, es argentina.
su relato biográfico, es posible pensar que la historia de Emma Verdier De este modo, la versión “documental” y la versión “ficticia” crean, al
intenta desestabilizar cierta rígida separación entre lo masculino y lo cruzarse, otro sistema de significaciones. En la primera, el escritor prolí-
femenino que Gorriti intuye improductiva. fico y magnánimo arma, con sus versos sobrantes, una poesía femenina
“El caso Emma Berdier” fue un juego sostenido por una pareja de es- para disimular su escasez,22 al mismo tiempo que expone a la poeta a la
critores que pensaron que el humor tenía algo que ver con la literatura, adulación masculina más interesada en su leyenda –que incluye un ros-
con la de los hombres y con la de las mujeres, y que tuvo repercusión tro bello– que en su poesía. Por eso la denuncia de La Prensa es menos
pública. La versión de este juego que Gorriti ofrece en Lo íntimo se es- un ataque al fraude y a sus posibles autores que un intento de salvaguar-
cribe sobre un círculo de ocultamientos, denuncias y descargos que se dar de la vergüenza a los hombres poetas que, a diferencia de las mu-
dirimen en los periódicos de Buenos Aires.21 Me interesa seguir la ver- jeres, no deben ser tratados como inocentones. La denuncia promueve

20. Gorriti, Juana Manuela, Lo íntimo, op.cit., pp. 100-101. 22. Bernabé Demaría explica en Obras literarias, 1906, que hacia 1872, el chileno José
21. Raul H. Castagnino ofrece una valiosa recopilación del material periodístico sobre el caso Domingo Cortés, que preparaba una antología de poesía argentina, le solicitó copia de la
e interesante información sobre Bernabé Demaría en Historias menores del pasado literario obra de los principales poetas del país. Luego de recopilar cinco poemas de Josefina Pelliza
argentino (Buenos Aires, Huemul, 1976). Emma Verdier llegó también a ser incluida –como de Sagasta, los únicos ejemplares de poesía femenina que a su juicio podían incluirse en la
un equívoco– en la Historia de la literatura argentina de Ricardo Rojas (Los modernos, t. II, antología, decidió enviar poemas de su autoría bajo el seudónimo de Emma A. Berdier para
cap. XVII, “Las mujeres escritoras”, pp. 782-784, Buenos Aires, Librería de la Facultad, 2a ed., disimular la magra producción poética de las mujeres argentinas. Cfr. Castagnino, Raúl,
1925). Rojas utiliza como base documental Lo íntimo de J.M. Gorriti. op.cit.

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una investigación, pero las pruebas –que permitirían determinar si hubo Juana Manuela Gorriti: la escritora del destierro
o no delito– están ahora en manos de una mujer cuyo solo nombre re-
sulta una garantía de probidad. Gorriti vuelve a colocarse en la primera
línea de la acción.
En su versión, la escritora maneja los hilos de la trama, descalifica
sonriente a Demaría por no atreverse a usar su nombre de hombre, se
apropia de la criatura, escribe su leyenda. Y, avanzando sobre el espacio
público del que parece despreocuparse, parodia con la confección de un
altar precario, de entrecasa, el movimiento de entronización en el cielo de
las glorias de la patria que los directores de La Ondina del Plata intentan En 1884, Juana Manuela Gorriti puso fin a un exilio prolongado e in-
promover para la mujer que escribe. tenso que la obligó a vivir fuera de su patria –en Bolivia y Perú– la mayor
parte de su vida, desde que abandonara, adolescente, su tierra salteña.
Siempre sola, siempre emparejada, siempre central pero exigiendo Ese año, se instala definitivamente en Buenos Aires donde vivirá hasta
complicidad masculina, Gorriti postula para las escritoras una ética que su muerte. Desde la ciudad moderna que observa con asombro y cierta
conjuga el goce con el sacrificio pero que excluye, sin rencores, la auto- decepción, la escritora organiza una estrategia para sobrevivir de la lite-
complacencia y la confianza en los halagos masculinos. Convertida en ratura: aprende las nuevas reglas del juego y las practica con la misma
trofeo de las letras nacionales, la historia de Emma Aurora Berdier pa- destreza con la que siempre supo poner en circulación sus ficciones. Ya ha
rodia sagazmente el proceso de apropiación tardía que el Estado y sus estado allí antes, viviendo de paso en la ciudad, y esta experiencia previa
voceros intentan consumar con Gorriti. Los gestos de reconocimiento será capitalizada cuando decida quedarse hasta el final.
hacia esta incómoda reliquia de un pasado cuyos furores se quiere in- En 1875 había llegado por primera vez a Buenos Aires y se había aco-
movilizar no tendrán ecos triunfales en el diario de la escritora. En sus modado en una habitación del hotel Universal, en la calle San Martín.
páginas una mujer seguirá escribiendo hasta su muerte, no en un espacio Una escritora porteña, Josefina Pelliza, describe así el momento de su en-
cedido por los caballeros a las damas inquietas, sino en el terreno ganado cuentro con la intelectual ya renombrada: "Juana Manuela Gorriti estaba
por su deseo y por su voluntad. En efecto, Juana Manuela Gorriti no será junto al fuego, en un cuarto de hotel, frente a su mesa de escribir, cubierta
nunca, aunque Dios y la patria se lo demanden, la señorita Emma Aurora de originales, la pluma mojada y vuelta a dejar sobre el pequeño tintero,
Berdier. pálida, vestida severamente, de lana negra, con sus cabellos blancos, riza-
dos y cortos...". En ese cuarto de hotel, –pequeña escenografía urbana que
sugiere muy bien la imagen de una mujer sola, independiente, dispuesta
a partir en cualquier momento–, recibe visitas, agradece homenajes y,
sobre todo, comienza a tejer una urdimbre que le permitirá mantener
unidos su pasado y su presente con una eficacia sorprendentes.
Por un lado, este primer regreso a la patria tiene una motivación eco-
nómica, ya que ha solicitado del gobierno una pensión como hija de un
guerrero de la independencia. Ese resarcimiento escaso de una fortuna
familiar que se ha puesto al servicio de la patria se traduce en una magra

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renta que la convertirá en pensionada y prisionera del Estado, al que de anticipar la publicación de su libro de cocina y posponer el libro de
desde entonces deberá solicitar licencia cada vez que desee emprender perfiles que estaba a punto de entrar a imprenta. La razón de esta doble
un viaje fuera de las fronteras argentinas. estrategia es que, alertada por la carta que un amigo le envía desde Espa-
Por el otro, ya en Buenos Aires, acuerda con sus editores la conti- ña, se entera de que la condesa de Pardo Bazán está a punto de publicar
nuación de la aparición en volúmenes de su obra dispersa en revistas y su propio libro de recetas: "Esta publicación precediendo a la mía iba a
folletos. En realidad, este proceso se había iniciado en 1863 cuando en arruinarla, suspendí Perfiles y me puse a dar cima a Cocina Ecléctica".
tratativas desde Lima se anuncia en Buenos Aires la aparición de una Mientras tanto, en el gesto más audaz de entre los escritores con-
colección de novelas cortas y ensayos que recién se publicarían en 1865 temporáneos, firma un contrato con "La Buenos Aires", una importan-
porque los manuscritos se perdieron tres veces en el viaje y la escritora te compañía de seguros que le compra por anticipado una edición de
debió reescribirlos a partir de sus propias anotaciones. También pone en 10.000 ejemplares de Oasis en la vida, una novela cuya trama y sobre
marcha nuevos proyectos. Inicia, sobre todo, una actividad periodística todo cuyo desenlace tendrán que ver con la irrupción reparadora de un
que continúa su labor de Lima: edita La Ondina del Plata un periódico seguro de vida que uno de los personajes hereda en el momento justo.
pensado para incluir al público femenino. Pero extraña a sus hijas y a La novela contiene, además, otras audacias: muchos de los diálogos
sus amigos de Lima y vuelve a embarcarse con pedido de licencia oficial: de los personajes son reclames, textos publicitarios de figurines, confite-
convertida ya en una suerte de embajadora de buena voluntad, Gorriti rías y hasta horchatas de chufa y la autora dedica el libro, precisamente,
se acomoda nuevamente en Lima y reabre escuela y salón. al sponsor de la edición y no a ningún querido y recordado amigo.
Cuando, en 1878, regrese de nuevo a la Argentina, emprenderá la Si a esto se le suma el hecho de que el prólogo está escrito por un
ruta de la nostalgia y volverá por primera vez desde su adolescencia diplomático que ya antes ha contribuido a financiar sus libros se tendrá
a Salta, su tierra natal. Y de vuelta a Buenos Aires y de vuelta a Lima, la comprensión de algo extraordinario: esta señora de más de setenta
donde reabre sus veladas literarias. A fines de 1884 inicia el último viaje años ha consumado una síntesis inesperada y de una enorme eficacia.
hacia su patria y se dispone a producir sin descanso. Ha logrado, por una parte, ser una pensionada del gobierno argentino,
apelando a las glorias pasadas de su padre, lo que la ubicaría en un lugar
La escritora y la ciudad moderna de dependencia, gratitud y casi inmovilidad frente a la caridad estatal;
por el otro ser, al mismo tiempo, una escritora que extrema los sistemas
Los últimos años de su vida son los más productivos: escribe con de apoyo y suscripción para sus libros y que logra implementar la más
urgencia, escribe contra el tiempo, escribe contra la muerte. Sabe quién osada estrategia de publicación subvencionada de un libro que la déca-
es y casi nunca lo olvida. da del 80 conozca. Esto último la coloca en un lugar de independencia
Entre 1886 y 1892 publica dos libros de ficción, otro de perfiles au- económica radical, única en su género pero también única con respecto
tobiográficos y un libro de recetas de cocina, cuyo título será Cocina al estatuto económico del que disfruta cualquiera de los escritores con-
Ecléctica en el que reunirá recetas y sabores de sus amigas y correspon- temporáneos en el río de la Plata.
sales en toda América.
Las anotaciones en su diario la muestran siempre apresurada. Se la La escritora y el romance biográfico
percibe presionada por su exigencia interior ("Una vez que se ha entra-
do en el camino de las letras es necesario marchar, marchar siempre. Esta aristócrata criolla que se ha convertido en una escritora mo-
Nada de reposo. Todo descanso parece una deserción") y también por derna había nacido en 1818 en Horcones, una hacienda familiar en la
las demandas del mercado. Un ejemplo de esto último es su decisión provincia de Salta que, en la coyuntura de la guerra contra España, fue
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convertida en un campamento fortificado comandado por su padre, el menos que una intensa aventura con el general Ballivián, presidente de
entonces coronel del ejército revolucionario, José Ignacio Gorriti. Bolivia. Contra él, Belzú conspirará sin tregua porque representa los in-
Se cría al aire libre, entre soldados aguerridos y rumores de relatos de tereses de la clase más aristocrática de su país pero también porque ha
fogones que mezclan hazañas patrióticas fabulosas, leyendas del pasado intentado arrebatarle a su esposa.
indígena y dolorosas historias de amor que la guerra trunca. A los seis Las frases de los historiadores no son ambiguas: "Circunstancias de
años la envían a la ciudad, a estudiar con las monjas salesas, bajo la cus- orden íntimo pasional llevaron a Belzú al camino de las rebeliones. Su
todia de una tía de la que ha dejado un retrato inolvidable en su diario: hogar constituido con la notable escritora argentina doña Juana Manue-
"Nunca vi mirada de desprecio parecida a la suya [...] su cariño era una la Gorriti fue destrozado por la audacia donjuanesca del presidente José
punta acerada que hería sin descanso, a toda hora, a todo propósito y Ballivián, y esta desgracia ensombreció su vida en forma trágica" dice,
quien lo había inspirado podía con razón decir que se hallaba poseído por ejemplo, Vazquez Machicado y el escritor boliviano Aguirre Lava-
del demonio". La experiencia fracasa y Juana regresa al hogar agreste yen convierte esta historia trágica en argumento de su novela Guano
para volver a ser una niña feliz que lee cuando quiere y cuanto quiere. Maldito.
En 1831, en el fragor de una guerra que se ha convertido de guerra De cualquier modo lo que interesa es que el discurso historiográfi-
de la independencia en guerra entre unitarios y federales, su padre, ya co boliviano de nuestro siglo convierte la supuesta infidelidad de Juana
general, es derrotado por Facundo Quiroga, y, dispersada su división, Manuela en causa suficiente para explicar el clima de inestabilidad que
debe emigrar a Bolivia con su familia. Bolivia vive durante años por el enfrentamiento de los dos caudillos.
Los exiliados se instalan en Tarija. Allí Juana conocerá al que será su En la versión argentina encontraremos la acusación contraria, la que
marido, un joven oficial del ejército boliviano, levantizco, mestizo de coloca el desamor y la infidelidad del lado de Belzú y el padecimiento
árabe y de india, una mezcla explosiva para la obsesiva taxonomía de la del lado de Juana Manuela. Pero en esta versión se expresa una voluntad
elite criolla. Juan Isidoro Belzú es también un personaje legendario de general, aceptada tácitamente por todos los que de un modo u otro ha-
la historia latinoamericana del siglo XIX que, como puede imaginarse, blaron de su vida, de dejar de lado toda mención a éste y a otros episo-
está llena de personajes legendarios: defensor y organizador de masas dios de la vida íntima de la mujer que pudieran hacer mella en la imagen
de indios y mestizos, lector de Carlos Marx, participa fogosamente en la brillante de la escritora y promotora cultural. Este pacto de caballeros
vida política boliviana, llega al poder en dos períodos históricos separa- para no remover "circunstancias y episodios de su vida que permanecen
dos por largos viajes a Europa de los que regresa con libros franceses y en la sombra" es un logro más que Gorriti obtuvo sobre sus contempo-
un aire a Napoleón III. ráneos: imponer una leyenda biográfica organizada por ella misma y
El Tata Belzú es un héroe amado por las mujeres, por los indios y que enfrentará la maledicencia con su imagen de mujer entristecida por
por los pobres. Su historia de amor con Juana Manuela es francamente los embates de una vida llena de pesares.
escandalosa: se aman con pasión en el pueblecito de frontera, se casan Lo que nadie discute es que la pareja se separa pronto y que desde
enseguida y a partir de entonces los dos juegan el juego de la seducción entonces los esposos vivirán en países diferentes, ella en Perú y él en
y del engaño, de las separaciones y los arreglos estruendosos. Bolivia. Eso no impide que Juana Manuela vuelva una y otra vez a ro-
Hay dos versiones simétricamente contrapuestas de esta historia de dear la figura de Belzú con su cercanía física o con una escritura siempre
amor y desencuentros: del lado boliviano, Juana Manuela es, definitiva- admirativa, incluso cuando elija la distancia de la tercera persona para
mente, la traidora. La historia de sus infidelidades se trama, ineludible- referirse a él. Las hijas van y vienen entre un país y otro hasta que al me-
mente, con la historia política, porque se le atribuye, nada más y nada nos una de ellas se queda definitivamente con su padre. Juana Manuela

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escribe en su diario: "Por ese tiempo el General Belzú elevado al mando po, empuña el hábito del peregrino para visitar Tierra Santa, vive en las
supremo de Bolivia, pidió otra vez a sus hijas" y ella accede, aduciendo tiendas del árabe, recorre Turquía y escala las pirámides de Egipto para
que disfrutarán de mejor vida con la encumbrada posición del padre volver a su patria ante el reclamo desesperado de su pueblo y encontrar,
que con la modesta y precaria de la madre. por fin, la muerte en la traición de un oficial a quien había salvado de la
Cuando, finalmente, este caudillo (que parecía invencible porque ha- muerte varias veces.
bía resistido con el pueblo en armas más de cuarenta alzamientos del El final de la biografía produce un proceso de canonización: "La dis-
ejército regular), muere asesinado por el general Melgarejo el mismo día tinguida señora, la pobre obrera, el artesano, el mendigo, guardan entre
en que celebra su triunfo sobre aquel, en un episodio incomprensible y los relicarios venerados de su piedad, el retrato de Belzú. Penetrad en el
melodramático, Juana Manuela vuelve al centro de la escena para hacer- interior de las punas y veréis en la chozas de los miserables indios, arder
se cargo del cadáver de su esposo y encabezar su entierro. devotas lámparas ante su imagen". Dueña absoluta de la historia del hé-
Una verdadera multitud acompaña el féretro gritando su indigna- roe, Gorriti apenas deja rastros de su pasional relación con el personaje
ción. Son, en su mayoría, indios y mujeres –los grandes apartados de central de este relato y no se permite resquicios ni para la crítica ni para
la política en el siglo XIX– los que despiden al hombre que, en el mejor la queja personal. De este modo, Belzú será también otra obra suya y su
estilo heroico del siglo, desafió a los poderosos y alentó las esperanzas escritura biográfica convertida en "fuente" de la historia, valorizada por
de los humillados. la proximidad con el personaje, será un nuevo triunfo sobre la inacaba-
Gorriti pronuncia un discurso encendido para despedir al hombre ble trama de las murmuraciones.
que amó y odió más que a ningún otro, frente a un pueblo dolorido y En 1886 publica El mundo de los recuerdos. Allí el personaje de
enardecido. Luego, según una versión menos confiable pero muy seduc- una vieja que es ella misma exclama, conmovida frente a un grupo de
tora, se pone al frente de las tropas adictas a Belzú que aún combaten en jóvenes mujeres que sueñan con castillos, torreones y trovadores: "Yo,
las calles de la ciudad. Sólo cuando estas tropas desmoralizadas y desar- nieta de un prócer de la independencia, hija y hermana de republicanos,
ticuladas son vencidas, emprende, de incógnito, disfrazada de hombre, sueño con un tribuno joven y elocuente que, invocando el símbolo sa-
el viaje a Perú. grado de la ventura humana: Libertad, Fraternidad, Igualdad, electrice
No importa que este último relato sea verídico: es verosímil porque al pueblo con el calor de su palabra, con el fuego de su mirada y que al
mezcla la leyenda biográfica de una mujer extraordinaria con uno de sus descender del pavés donde lo ha elevado el entusiasmo de la multitud,
más logrados personajes de ficción, la protagonista de Peregrinaciones caiga a mis pies y me llame su esposa".
de un alma triste, una mujer niña que intenta el viaje como curación de En la nostalgia y el deseo de la única escena imposible entre los
los males del cuerpo y el disfraz masculino como pasaporte a la aventu- amantes se inscribe, quizás, un autorreproche por los renunciamientos
ra. Como en un fascinante relato romántico, la vida y la literatura tienen y la distancia que la misma Gorriti impuso entre ella y su esposo, preci-
partes iguales en la construcción de la leyenda biográfica de la escritora. samente en los momentos en que este llega a la cúspide de una populari-
Como para darle, con la escritura, una nueva vuelta de tuerca a su dad que no tuvo parangón en otros países de la América decimonónica.
propio romance, Gorriti escribe una biografía del héroe que se llama,
simplemente, Belzú. En este texto su prosa exaltada construye la figura Vida y leyenda de la artista romántica
de un hombre con un poderoso ascendiente sobre sus soldados. En los
momentos en que escapa de la trama obsesiva de las conspiraciones y ¿Pero, quién es, realmente, la señora Gorriti? A esta pregunta, formu-
las contrarrevoluciones que le hacen ocupar el cargo de presidente de lada una y otra vez por los que intentan resumir en unas líneas una bio-
Bolivia por largos años, Belzú recorre Europa convertido en filántro- grafía escurridiza, se responde con seguridad: "Dudo que haya alguien
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que no conozca a esta señora: es una escritora eminente en América, es Su retrato físico, organizado por sus contemporáneos y apoyado en la
una mujer histórica", afirma Lucio V. Mansilla en el Congreso de la Na- frenología, insiste en el rostro ovalado, en la frente espaciosa comprimida
ción en 1889; "No hay americano que no conozca la leyenda doméstica en las sienes por la concentración del pensamiento, en la mirada suave
de esta mujer extraordinaria" afirmaba ya varias décadas atrás, en 1866, y profunda que expresa la serena firmeza de la voluntad. Pero también
Luis Desteffanis, historiador y periodista uruguayo. subraya las marcas que "una existencia atormentada por el dolor" deja en
Entre afirmaciones rotundas y enigmas irresueltos, la relación entre lo las zonas más visibles del cuerpo: los ojos con párpados hinchados por
que se conoce y lo que se ignora o se sospecha de la vida de la escritora el peso del llanto, el cuerpo delgado porque apenas come, la ropa escasa,
contribuye a la construcción de una imagen femenina que atrae tanto oscura, rigurosa.
por la sobriedad como por sus ribetes de escándalo. Porque lo cierto es Sin embargo no todo está teñido de tristeza en el retrato colectivo:
que para la construcción de su lugar de mujer sabia, de mujer de letras, en Lima la recuerdan animando las veladas literarias que organiza en su
Gorriti pone en segundo plano su leyenda biográfica que incluye acusa- casa, relatando historias risueñas, proponiendo charadas y adivinanzas,
ciones de adulterio, amantes cuyo nombre nunca escribe, hijos ilegítimos danzando a la luz de la luna: es la respuesta aguda, la ironía suave, el sen-
cuyos padres nunca nombra y a los que cría junto a las hijas que tuvo con tido del humor lo que sus contemporáneos recuerdan con alegría. Con-
Belzú, sabiendo con certeza que mientras menos diga, más contribuirá versar con Gorriti es un juego de sutilezas y armonías, un raro privilegio
al armado colectivo de un rompecabezas biográfico que incidirá en la que ninguno de sus interlocutores olvidará.
popularidad de su escritura. En esta vida de mujer contada casi siempre por hombres, la experien-
Con semejante historia a cuestas Gorriti logra siempre lo que se pro- cia tiene un valor muy grande: "Juana Manuela Gorriti lo ha contempla-
pone: ocupar el lugar de la sabiduría y de la gracia del talento, vivir de do todo: el campo de batalla de los bandos y de los pueblos; el desga-
la enseñanza en Lima, (porque las familias de las clases acomodadas no rramiento de los sentimientos ajenos y la lucha solitaria de las propias
vacilan en enviarle sus hijas como discípulas), obtener subvenciones para pasiones" sintetiza Santiago de Estrada en 1888. Y es esta experiencia la
la edición de sus obras y pensiones estatales que le permitan abordar la que la autoriza como una interlocutora de los hombres de su tiempo: el
escritura sin la amenaza de la pobreza extrema. Se trata, en suma, de una raro privilegio de "haberlo contemplado todo" la convierte a la vez en una
vida de mujer exitosa que, atravesando el siglo, ha sabido remontar las di- mujer extravagante, cuya compañía se busca y se desea.
ficultades enormes que su sexo y la historia convulsionada de la América
por la que transita le han impuesto. La escritura de la pasión patriótica
Porque si el destierro involuntario en la adolescencia la ha obligado
abandonar una casa familiar que era un centro de intensa actividad pa- Su leyenda biográfica incide en la popularidad de su escritura y a ve-
triótica y cuyas ruinas visitará décadas después sólo para comprobar en ces reemplaza la lectura de su obra. Y a la inversa, esa suerte de vocación
ese paisaje de melancolía romántica que casi no hay mojones del pasado, sin límites por la escritura, hace que toda su vida se organice para la li-
la vida de perpetua desterrada la impulsa a circular por caminos inhós- teratura. Por todo eso, con respecto a la obra de sus contemporáneos, su
pitos en los que disfruta recogiendo relatos. Gorriti nunca realiza el viaje literatura puede producir desplazamientos y resignificaciones en la re-
ritual de sus contemporáneos: jamás cruza el océano para conocer Euro- presentación de los bandos en ese campo de batalla que es la patria del
pa pero recorre una y otra vez los extremos de América del Sur: en barco siglo XIX.
o en carruajes o a caballo, el viaje americano será una marca definitoria La máxima osadía de este cruce de límites es convertir a la figura de
para su estrategia literaria y sus intervenciones de política cultural. Rosas en un personaje que puede ser amado apasionadamente por las

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mujeres, a pesar de los aspectos demoníacos que su figura tiene. Rosas tos que un público ávido consume sin cesar. Aunque no escribe solo en
es, en sus textos, un objeto erótico. Éste es un hallazgo de Gorriti: que periódicos, su lógica de intervención ficcional es periodística. Es una
esta figura satánica y perversa en cuyas manos está el terror pueda sus- escritora exitosa que publica prácticamente todo lo que escribe, y que
citar pasión en las mujeres del bando contrario. En uno de sus relatos, escribe teniendo en mente la publicación inmediata.
esa mujer semidesnuda que espera noche tras noche a un amante al que El éxito de Gorriti depende en gran parte de esta capacidad de reunir
teme pero al que se entrega con pasión –esa hermana de la amada de todo lo que el ambiente hace circular, pero que no convierte en litera-
Drácula–, anticipa ese terreno que posibilitará el decadentismo de fin de tura. Su éxito proviene de pensar la realidad desde y para la literatura.
siglo en el que Bram Stoker escribe su novela Drácula y es también un En algunos momentos, la impronta roussoniana aparece para decirnos
personaje que podría haber sido creado por Hoffman, en el clima de su que la evocación del sabor de una naranja de la infancia es más real que
novela Los elixires del diablo. la sensación misma; que existen lugares y objetos mágicos que actúan
Delirio y sensualidad, ser poseída por, dejarse poseer por, compartir como talismanes: un portarretratos, un anillo enhebrado con cabellos
el lecho con el demonio, es un argumento de una fuerza inconmensura- del ser amado que pasa de una mano a la otra, portador de vida, un
ble y más todavía si la protagonista es joven y ha sido hasta el momento, guante negro que aparece y desaparece hasta producir la muerte.
virgen. Imposible no imaginar a este personaje de Gorriti con el rostro No importa cuál sea el drama o la conmoción que sacude a sus he-
de Winona Ryder y a este Rosas, con la cara pálida, hermosa y los ojos roínas, Gorriti sabe que la avidez del público por sus ficciones reside, en
azules de Gary Oldman, el caballero más atractivo y menos conveniente buena medida, en que muestran y proveen diversas formas de la felici-
con la que una jovencita pueda toparse en la ciudad de Londres, en la dad. Esa felicidad puede estar en la experiencia sensorial de la natura-
versión cinematográfica de Francis F. Coppola. leza o en la posibilidad de acceder a destinos infinitamente lejanos de
Escribir el sueño y la realidad de este personaje, escribir el sueño los de quien lee a través de la evocación o en la capacidad para hacer
de la mujer enamorada de un hombre de mirada diabólica y fascinan- participar a los lectores en un mundo autónomo, no representativo, por
te es una apuesta romántica que Gorriti logra concretar. En la novela definición, presente e inexistente a la vez.
que precede los textos de Gorriti, Amalia, de José Mármol, no hay sue- Enmarcada en la tradición del primer romanticismo y anticipando
ños, no hay posibilidad, ni tiempo de escribir los sueños, los sueños son el decadentismo finisecular que toma mucho de este primer romanti-
prácticos, son realistas y no vale la pena contarlos. En Gorriti, como cismo, renegando del realismo, y apostado a una circulación moderna
en Novalis, el sueño es una valla de protección contra la vulgaridad y de su escritura, Gorriti se mueve con una voz persistente y propia en la
la regularidad de la vida. Así como Amalia instaura de una vez y para ficción argentina del siglo XIX.
siempre la escenografía del rosismo, es decir, construye el espacio ima- Cuando muere en Buenos Aires, el 6 de noviembre de 1892, el go-
ginario en el que vivirán ficcionalmente los personajes del rosismo, del bierno nacional se hace cargo del entierro que, a su vez, se convierte en
mismo modo Gorriti, con sus ficciones cruzadas, pone en circulación un multitudinario acto de civismo. El poeta Guido y Spano pronuncia
tempranamente relatos de la guerra civil y del rosismo en Perú, Chile, el discurso fúnebre. El cortejo, encabezado por la esposa del presidente
Colombia y Ecuador. Gorriti recurre a la Historia con la libertad de la de la república, reúne a la primera plana del mundo político y cultural
literatura: por eso puede siempre producir todos los quiebres necesarios así como a representantes diplomáticos de Bolivia y Perú. Nadie quiere
para que la ficción histórica sea eficaz. estar ausente en este homenaje póstumo que sintetiza otros muchos que
Gorriti es capaz de transformar en ficción casi todos los momentos Gorriti ha recibido en vida. Medallas de oro, palmas literarias, pensio-
en que la Historia se convierte en horror para lanzarlos como produc- nes graciables, asignaciones estatales para subvencionar sus libros: la es-

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critora recibe, hacia el final de su vida un reconocimiento que oficializa Contingencias de la intimidad: reconstrucción episto-
su lugar en la cultura argentina, canoniza su figura de mujer extraordi- lar de la familia del exilio rosista
naria y disuelve las aristas más ríspidas de una historia de vida que se
resiste a la entronización y al elogio fácil. Pero ni siquiera este proceso No hay amigo, esposas, padres, ni hermanos sino en la patria.
ha sido sencillo: en las actas del Congreso de la Nación pueden leerse El desterrado en todas partes está solo
sin ambigüedades, las discusiones y las posiciones encontradas que cada “Palabras de un creyente”, de Lamennais, traducido por El Iniciador.
una de las decisiones que conciernen a la vida o la obra literaria de la
escritora suscitan en relación al Estado. En el mismo día de su muerte
algunos medios periodísticos publican artículos que apenas ocultan la
molestia que esta figura de mujer provoca. En una carta enviada desde Río de Janeiro, en abril de 1842, Floren-
Quizás esta discordancia final entre un entierro estatal que pretende cio Varela le escribe a Juan María Gutiérrez, en Montevideo: "Mucho
incluirla en el santuario de una argentina que, al modernizarse nece- le agradezco los pormenores que me da de mi familia porque las noti-
sita héroes o heroínas sobre las cuales construir su presente, y el gesto cias políticas son tan malas que, a lo menos, las domésticas compensen
reticente de algunos medios periodísticos insisten en mantener pueda nuestro disgusto".1 Signados por el vacío de las ausencias familiares
verse, claramente, la paradoja de una historia de vida que se resiste, tam- como por la ausencia del registro de las malas noticias políticas (que se
bién, a ser contada como un relato de armoniosa totalidad. comunican casi siempre oralmente, o en papeles sin firma), los epistola-
rios de hombres y mujeres que abandonaron el país durante el período
rosista no apuestan a reparar las derrotas políticas o las pérdidas fami-
liares, sino a compensarlas con el registro minucioso de lo doméstico.
El mundo de las pequeñas alegrías y de los pequeños triunfos coti-
dianos irrumpe en la escritura como compensación simbólica de la gran
felicidad pública que la derrota de Rosas implicaría para estos exiliados,
una felicidad que les resulta tan lejana como esquiva. Del mismo modo,
el registro del sufrimiento privado, el conteo de las penurias de cada fa-
milia desperdigada, ayuda a sostener la ilusión de que la gran familia del
exilio se mantiene unida frente a la adversidad del presente, a la espera
de su reaparición en el escenario de la vida pública de la Argentina.

1. Todas las citas de cartas, a excepción de las de María Sánchez de Mandeville,


corresponden a: Archivo del Doctor Juan María Gutiérrez. Epistolario, tomos 1, 2 y 3, Buenos
Aires, Biblioteca del Congreso de la Nación, 1979, 1981 y 1982, respectivamente. La edición
de estos volúmenes fue realizada por Raúl J. Moglia y Miguel O. García.

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El vuelo de las cartas: los riesgos de la escritura en suspenso amigos se envían y que no llegan junto con la carta que los menciona,
se manifiesta en el que escribe, como sensación de angustia y confusión:
La carta familiar moderna se ha convertido en un género fuertemen- los papeles se mezclan y a veces alguien recibe una carta que no le perte-
te reglado en el siglo XIX: en un siglo tan apegado a la escritura y ávido nece o documentos con los que no sabe qué hacer. En el momento mis-
de novedades, la correspondencia privada se vuelve una necesidad so- mo de reincidir en su escritura, los exiliados luchan por sobreponerse a
cial. La redacción de cartas o esquelas para comunicarse con parientes o la constante amenaza del vacío de respuesta.
amigos, se aprende en manuales ejemplificadores de lectura obligatoria, Por eso sorprende la insistencia en el gesto, asombra la permanen-
y se articula en figuras retóricas que sostienen la apariencia de la since- cia de estos textos lanzados casi al azar y que muchas veces imponen a
ridad o de la ingenuidad en un marco de enunciación que organiza el sus autores la decisión de resignarse a reiterar relatos o noticias que no
contrato epistolar entre los interlocutores constituidos y definidos en el se sabe si llegaron a destino. La angustia del vacío de respuesta nunca
mismo acto de la escritura. En los epistolarios de los que nos ocupamos, llega a convertirse en rutina, siempre aflora en las primeras frases como
la situación de exilio político corroe el marco de enunciación reglado: interrogante desesperado, pero hay algo de sabia resignación en esta es-
todos y casi todas habían aprendido, antes de tener que abandonar la critura que se reitera una y otra vez y que también ignora si la comuni-
patria, a escribir cartas para la familia o los amigos, pero nadie sabía cación con ese amigo podrá reanudarse alguna vez: la incertidumbre es
con seguridad cómo debía encararse esta escritura en los momentos sig- total y el desaliento se impone por momentos. "Mucho me pesa, mi que-
nados por el peligro de la incautación.2 Por eso, algo que conmueve al rido amigo, que se extraviasen mis primeras cartas del 16 de junio por-
lector del presente, que puede reunir las cartas y leerlas juntas, una tras que contenían la relación de nuestro detestable viaje y de mis primeras
otra, con la falsa continuidad que les impone la edición póstuma, es el impresiones aquí. Esperando que aparezcan, contestaré su estimadísima
prolijo, obsesivo y reiterado registro de una amplia gama de matices de del 21”, le escribe Florencio Varela a Gutiérrez el 4 de agosto de 1841,
lo que podríamos denominar los impedimenta del vuelo de la carta.3 desde Río de Janeiro. Se puede imaginar la sensación de frustración ante
Los sujetos que escriben estas cartas están solos frente al papel en la pérdida de una carta que sintetizaba el dolor y las desventuras del
blanco, buscando incorporar la distancia de la separación como un dato viaje y se comprende que omita este relato ante la esperanza –no muy
preciso y hasta entonces desconocido, procurando sostener la lejanía fundada–, de que la carta anterior llegue alguna vez a su corresponsal.
como un difícil punto de partida. No tienen, además, ninguna certeza "Recibí su última carta bajo cubierta de Domínguez. Supongo que
de que su mensaje llegue a destino. La ausencia de noticias, las quejas estará en su poder una que le escribí antes enviándole el cajoncito de
por las cartas perdidas, o por los preciados recortes de diarios que los papeles", le dice Echeverría a Gutiérrez en junio del 44; y es el contraste
entre lo que debería constituirse como imagen tranquilizadora –un ca-
2. Alberdi, bajo el seudónimo de Figarillo se había quejado en el periódico La Moda de la jón archivero que ordena los papeles– y el viaje del cajoncito a la deriva
falta de la buena costumbre de escribir cartas o esquelas en el Río de la Plata: "En España, entre una y otra orilla del río lo que le otorga dramaticidad al suponer.
donde una visita es una solemnidad [...] una carta es una empresa. [...] Entre nosotros, En febrero de 1840, Mariquita Sánchez se dirige, desde Montevideo, a su
herederos universales de la España, la redacción de una carta nos mete tanto miedo
como una visita", (N° 7, enero 3 de 1838). Sin embargo, los epistolarios que se conservan
hijo Juan Thompson: "Desde tu carta del 30 de diciembre no he vuelto a
demuestran que la moda de la correspondencia familiar y la escritura de esquelas aun en el saber de ti. Me dicen estás en Corrientes. No sé si esto será cierto. Te es-
interior de las casas ya era habitual para esa época. cribo a la casualidad y así no sé aún cómo irá ésta que la dirijo a nuestros
3.Impedimenta se llamaba en la antigüedad a las cargas excesivas que debía transportar
un ejército en combate y que demoraban su avance y disminuían su eficacia en las batallas.

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amigos de la Expeditiva para que te la remitan".4 En marzo del mismo ligro de la escritura interceptada, el temor de la privacidad violada está
año insiste: "Quisiera escribirte resmas para decirte todo lo que deseo presente a veces en exhortaciones explícitas: "Otra vez acuérdese de ce-
que sepas pero cuando pienso que esta carta puede perderse, se me cae rrar sus cartas cuando las escriba", reclama Delfín Huergo a un corres-
la pluma y no sé lo que debo escribir". ponsal distraído o demasiado confiado, una exhortación que también
La insistencia en el suponer, el escribir "a la casualidad" y la ne- puede esconder la sospecha de que la carta ha sido abierta. La amenaza
cesidad de contar, de narrar, frente a la incertidumbre de la escucha, de que las cartas privadas se vuelvan públicas parece encontrar, por fin,
desarma el ritmo de la carta, le da un marcado matiz de vacilación desde su confirmación en este párrafo del diario de Mariquita Sánchez, que
su arranque. Gran parte de "los impedimenta del vuelo de la carta" se corresponde al día 28 de abril de 1839: "Ha llegado el paquete de Bue-
centran en el hecho de que muchas de ellas, por no decir la mayoría, no nos Aires y sabemos que todas las cartas de aquí fueron quitadas por
se envían directamente sino "bajo cubierta de" una tercera persona, que la Capitanía del puerto acompañada de la Mazorca. Las mías tuvieron
es, a veces, la que viaja hacia donde está el destinatario; pero también igual suerte. Mi familia ha pasado más de ocho días en grande aflicción.
puede suceder que la carta cambie de manos en su trayecto y sigua su Hay en la Gaceta algunas publicadas". Las precauciones nunca son su-
camino con diferentes portadores. A veces, el que escribe manda dos ficientes.
cartas juntas "bajo una misma cubierta", muchas otras una carta incluye Amalia, la novela que Mármol escribe en Montevideo, organiza la
mensajes para terceras personas a las que el tiempo y las dificultades trama de su ficción sobre el doble trayecto de los personajes que se que-
impiden escribir por separado. La intimidad se relativiza y el secreto dan en el Buenos Aires dominado por Rosas y los que deciden empren-
epistolar, núcleo simbólico de la correspondencia entre dos, se disuelve. der el camino del exilio. Propone, como apertura textual, una escena
Esto sucede por diferentes motivos: en unos casos la carta se vuelve semi de fuga:5 un grupo de hombres a los que el narrador llama "nuestros
pública por decisión de su autor –que impone la lectura de algunos de prófugos", emboscados en la oscuridad de la noche, intenta abordar un
sus párrafos o su totalidad a otros sujetos diferentes del destinatario (y buque que los lleve a Montevideo. Se trata de una escena fundante de
las postdatas o posdatitas para las mujeres de la familia son un ejemplo la representación colectiva del exilio porque allí, quienes se han mar-
más de este sistema de escritura con destinación múltiple)–; en otros ca- chado, pueden releer sus propias peripecias. En el momento de mayor
sos, porque cuando la carta arriba finalmente a su destino, su contenido peligro, los personajes que huyen insisten en la palabra clave: "Todavía
pudo haber sido leído por tres o cuatro personas, incluyendo a veces, una precaución más", sugiere uno de ellos; y un segundo personaje le
al último portador (que puede ser un simple secretario, mandadero o contesta: "…no acabaremos de tomar precauciones en toda la noche".
sirviente). La intervención del tercer personaje cierra el círculo: "Por muchas que
Como se trata de una escritura de cuya clandestinidad depende su
eficacia, aunque no haya menciones explícitas a la situación política, el
sistema "bajo cubierta de" en ocasiones intenta despistar al enemigo: se 5. Irse al exilio o quedarse en Buenos Aires son dos tácticas posibles en la novela de Mármol,
supone que el portador, libre de sospechas frente al poder rosista, no dos tácticas que los opositores de Rosas discuten y ponen en práctica. Escrita en el exilio, la
novela parece apostar al triunfo de las acciones concretas, al triunfo de los que se quedan:
será interceptado ni revisado. El peligro de la lectura del enemigo, el pe- sin embargo, el sangriento final muestra que estos jóvenes unitarios han estado demasiado
cerca de la "máquina infernal" del rosismo y que su entrega y patriotismo está condenada al
fracaso. Aunque la novela narra las peripecias del quedarse, los que se van, serán finalmente
4. Todas las citas de cartas de María Sánchez de Mandeville corresponden a Cartas de los que puedan volver, mientras en la ficción, los héroes que han rechazado el exilio como
Mariquita Sánchez, compilación, prólogo y notas de Clara Vilaseca, Buenos Aires, Peuser, opción política son muertos por la represión del régimen.
1952.

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tomemos, siempre serán pocas". Pocas líneas después el descubrimiento y la confusión de la tormenta, la familia se desprende de algunos objetos
de "un traidor" en el interior de "nuestros prófugos" ratifica la tensión para aliviar el peso de la nave y se reúne en el camarote. "Como el mareo
central del texto que se define entre la precaución de un relato que se me tenía postrado –relata Varela– nada podía yo ayudar, pero tenía la
hace público frente al enemigo y la necesidad de dar cauce a la activi- cabeza libre y me puse a improvisar versos sobre la situación que me ro-
dad frenética y sostenida de Daniel Bello, su protagonista principal. Las deaba. El tiempo creció el 4, y el 5 el buque navegaba literalmente bajo el
cartas que los prófugos se intercambiarán en el exilio tendrán, como agua. Por tres veces la tuvimos a los tobillos dentro de la cámara donde
Eduardo Belgrano, el personaje que no puede partir en la ficción de estábamos agrupados como la familia de Príamo que pintó Homero o
Amalia, el ala herida en el momento de iniciar el vuelo. como las palomas en la torre, guarecidas de la tempestad (...) Mi pobre
mujer, cuyo espíritu conocía yo, estaba enteramente resignada; rezaba
Qué se narra en las cartas. por sus hijos y éstos reían como unos locos y jugaban, ignorantes del
El viaje y sus penurias riesgo".
Varela, con sus facultades poéticas intactas a pesar del mareo, su mu-
Florencio Varela se instala en Montevideo en 1829, después de la jer resignada y creyente, sus hijos despreocupados en su ignorancia del
muerte de Dorrego. Su figura, mezcla de tutor, censor y amigo de los peligro componen un cuadro de familia en el que se subrayan las marcas
jóvenes que se le reunirán en el exilio diez años después, será un punto de los valores civilizados frente a las fuerzas de la naturaleza que simbo-
central de la actividad política de los argentinos que combaten contra lizan, con toda su furia, la adversidad del exilio. Ejercicio de construc-
Rosas. Nunca regresa a Buenos Aires porque es asesinado en Montevi- ción de una imagen para el poeta desterrado este relato de Varela busca
deo, y su entierro (1848) se convertirá en una manifestación exaltada de compartir con Gutiérrez algo más que los horrores del trayecto entre
las pasiones políticas de los exiliados. Montevideo y Río de Janeiro: intenta también mostrar que la entereza
En 1841 se embarca con su familia hacia Río de Janeiro, buscando de la cultura puede más que la fuerza bruta del enemigo.
mejorar su situación económica. El relato de este viaje familiar, que no
es un viaje turístico ni un viaje diplomático o de negocios sino una tra- La vida en el nuevo país.
vesía ordenada por la necesidad doméstica, ocupa casi íntegramente la Las casas del exilio
carta que le envía a Juan María Gutiérrez, desde Río de Janeiro, el 16
de junio de 1841. La prosa de Varela –"la naturaleza más culta, el alma "Cada día me convenzo que la casa es la vida", escribe Mariquita Sán-
más depurada de los resabios americanos, el europeo aclimatado en el chez desde Montevideo, en octubre de 1854, a su hija Florencia. Y agre-
Plata" de acuerdo a la escritura admirativa de Sarmiento,6 impregnada ga: "Desde que vivo aquí he tenido penas y rabias para matarme, pero la
de alusiones a la cultura clásica, logra, sin embargo, transmitir al ami- casa es buena y la salud lo siente".
go en tierra algunas de las sensaciones cotidianas de un viaje que "no Si la casa es la vida, cambiar de país es, también, cambiar de casa y
merece nombre más suave que el de agonía". Un barco azotado por la cambiar de casa es otra manera de cambiar de vida. Por eso, porque el
tempestad, comandando por un capitán "pésimo para tratar con el mar, desarraigo presiona siempre sobre el desterrado, las nuevas moradas, los
huésped a quien tiene un miedo pueril". Abrumada por la lluvia intensa cuartos en donde se intenta recomponer la intimidad doméstica con las
pocas pertenencias que los viajes apresurados permiten llevar consigo,
serán una referencia obligada de esta escritura epistolar. Bachelard sos-
6. En Domingo Sarmiento, Viajes, Buenos Aires, Editorial de Belgrano, 1981, p. 123. tiene que "la casa es uno de los mayores poderes de integración para los

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pensamientos, los recuerdos y los sueños del hombre"7y esta centralidad Casas, casitas y cajones
de la morada de la familia será poderosa en el imaginario social del siglo
XIX. Sin embargo, no todos los emigrados provienen de familias adineradas
Desde Kant, y especialmente desde Hegel, la familia es casi la única ni cuentan con recursos propios para encarar el azaroso viaje. No todos
institución social que puede ofrecer la garantía de una moralidad natural. abandonan al cuidado de amigos o representantes el mismo número de
Por lo tanto, las casas burguesas son pensadas como el ámbito en el que propiedades al dejar su patria. María Sánchez de Mendeville posee una
la razón se impone a través de las reglas armoniosas de la domesticidad. enorme fortuna personal que se conserva, algo menguada, en el momen-
La familia y su casa se piensan juntas, no sólo según el nuevo sentido de to en que decide salir del país. En carta a su nieto Enrique Lezica, en 1854
propiedad privada sino también según la antigua regla de la polis, para la escribe: "Estoy aburrida de rodar. Cuando me vea en mi casa, no he de
cual el hombre no existía en la esfera política si no tenía un ámbito físico tener ganas de viajar. La casa confortable es la vida, te lo aseguro". Y al
que fuera suyo. Por otra parte, la casa posee el poder simbólico de man- agregar el adjetivo confortable a una frase que en una versión anterior no
tener unidos a sus moradores porque la rutina consensuada de lo domés- lo incluía, sabe, con seguridad, por qué lo hace. Su casa de Buenos Aires,
tico les provee seguridad frente al afuera, y los límites precisos y seguros recordada y añorada en sus cartas, reúne en un mismo espacio todos los
de la casa parecerían borrar también el deseo de aventura, la huida del sueños de lujo señorial y confort moderno a los que pueda aspirarse en la
viaje. En términos de Bachelard: "La casa en la vida del hombre suplanta precaria ciudad de mediados de siglo.
contingencias, multiplica sus consejos de continuidad".8 Ella es consciente de su posición social y sabe que esa casa es su repre-
Los desterrados políticos del período rosista abandonan su patria y sus sentación simbólica más perfecta. Por eso, desde Montevideo, permite, en
casas y se desplazan de un país al otro: las cartas muestran un itinerario un gesto que carece de ingenuidad, que su casa se ofrezca como un mu-
errático articulado, a veces, por los consejos de los amigos y otras por las seo de glorias pasadas o como espectáculo de buen gusto en un presente
necesidades familiares. Las ciudades más transitadas serán Montevideo, signado por el mal gusto mazorquero. El 16 de abril de 1847 le formula a
Río de Janeiro, Valparaíso y Santiago; pero también ciudades de Bolivia y su hija Florencia Thompson un pedido especial: "Mariquita ‘Nin’ ha oído
la provincia brasileña de Rio Grande do Sul los tendrán como huéspedes hablar de nuestra casa en los tiempos felices y desea mucho ver nuestro
indecisos, algunos de los cuales intentarán, finalmente, el viaje a Europa. salón. Ve algún ardid para que tenga este gusto". La visitante, asombrada,
Los cambios de lugar impiden la estabilidad de la vida social y los colocan describirá más tarde, con matices de detalles, la casa más amplia y exqui-
en la situación de enfrentar las contingencias del viaje. Viajeros con la sita de la ciudad. Además de contemplar los techos, los muebles, los jardi-
casa puesta, manifiestan incomodidad ante las situaciones y los paisajes nes, y algunos detalles novedosos de confort, esta dama curiosa disfruta
desconocidos. Por eso, insisten siempre en superar el desarraigo y enfati- de su estadía, puede abarcar su totalidad con palabras, puede describirla
zan en sus cartas los momentos de llegada: establecerse en un lugar impli- desde el frente hasta el último patio, precisamente porque no ha vivido
ca para ellos, instalar continuidades con el pasado e intentar articular la en ella. Su verdadera moradora sólo recupera fragmentos de la casa en su
sociabilidad doméstica y pública en el presente del nuevo país. escritura.
También con gesto que admite la paradoja, la que ha sido no sólo la
dueña sino la habitante gozosa de la casa más envidiada de la ciudad, se
permite soñar, en el exilio, con una casita humilde, como la de Alberdi; se
7. Bachelard, Gastón, La poética del espacio, México, Fondo de Cultura Económica, 1965,
pp. 36-37.
permite envidiar la fortuna sencilla de un hombre sin fortuna: "... usted
8.Ibid., p. 37. vive como es mi ambición de vivir, en casita con unos árboles y unos li-

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bros. Pero mi destino me ha sido ingrato siempre". La casita de Alberdi, sino que estamos ya acomodados como géneros de seda entre un cajón
rodeada de árboles y habitada por unos pocos libros, es sólo un deseo bien apretadito. Creo que mañana concluiré mis acomodos definitivos y
del ensueño. Las cartas de María Sánchez a su hija Florencia demuestran poco después empezaré a ver esto. Hasta entonces, mis cartas tienen que
el impulso casi obsesivo por recuperar los interiores lujosos de la casa de ser sumamente estériles como ésta lo es".
Buenos Aires. Mariquita manda listas interminables de muebles y hasta Los detalles domésticos son simplemente nada, pura palabra estéril
de adornos que le deberán ser enviados para que las casas del exilio, con en la escritura de Varela: todavía sus cartas no pueden tener el valor
sus paredes blancas y vacías, sean más parecidas a su hogar porteño: agregado de la utilidad del conocimiento, que sólo el afuera, el ver esto
"Todo me sirve. Ya sabes lo que es no tener nada. Así, mi casita se va –ver el nuevo país–, le pueden proporcionar.
componiendo y arreglándose con comodidad. Imagínate, tres cajones La imagen de la familia organizada como un interior de cajón de
vacíos de vino unos sobre otros, tapados con una colcha vieja y encima armario no quiere convertirse, todavía, en queja: sólo quiere arrancar
un espejo de a un patacón eran mi toaleta". Y luego de una estadía en una sonrisa cómplice del amigo lejano y mantener el contacto hasta que
Río de Janeiro, al regresar a Montevideo, vuelve a pedirle a su hija, en su escritura, saliendo de ese cuarto pequeño, pueda llenarse de noticias
1847: "Cualquiera cosa sirve en una casa vacía. Acomoda en un cajón y útiles.
manda cuanto encuentres a mano que pueda servir; pero no me mandes Recuperar la memoria del menaje del hogar, pensar dónde estaba
cosa cachi, porque mi casita es muy limpita y muy bonita". A la distan- cada objeto, requerir envíos incesantes de Buenos Aires a Montevideo,
cia, la selección de objetos se vuelve estética: no sirve cualquier cosa en es una tarea que no parece agobiar a Mariquita: desde aparadores has-
las casas vacías de Mariquita Sánchez. ta trozos de muebles ("Si pudiera José encontrarme unos pedazos de
Desde una perspectiva totalmente diferente, Justa Cané, la esposa de la mesita que vino de un pie, sería excelente, porque serán del color
Florencio Varela, le escribe a Gutiérrez en julio de 1841, desde Río: "Nos conveniente"), las cosas añoradas se recomponen en la imaginación, se
ha dado mucho gusto la carta y como Vd. me cuenta de mi antigua casa, cargan de sentimientos: "La mesa del comedor es mi pasión. Te pido
yo le daré cuenta de la mía nueva. Tengo un cuarto del tamaño del de me la cuides hasta segunda orden. Mucho quiero esa mesa y sentiría
abuelita; en él hay una cama grande, cuatro catres, una comodita, un es- perderla. Cuídamela". Mariquita piensa en algunas zonas de su casa y
tante, dos mesas, y además de todo esto, mis cinco judas de muchacho, ordena reparaciones, inquiere nombres de albañiles, calcula el precio de
Gerónima y su hija Rita, Florencio y yo. Y todo esto duerme junto. Ha- las obras: "Dime si Sartorius está o hay algún buen albañil o arquitecto
cen tres días que no salen los muchachos ni yo de este cuarto". Aunque a quien pueda escribir yo mis determinaciones, a cómo está la cal, y lo
la "nueva casa es sólo un cuarto" y el conciso relato de interiores funcio- que pide un albañil al día". E insistiendo en el detalle ínfimo de la repa-
na casi como réplica juguetona a las noticias que el amigo le brinda de su ración, agrega: "Cuando me mandes otras hilachas, mándame un florero
"antigua casa", la carta expresa también la satisfacción de haberse insta- color de paja que había entero y aún el otro. Yo tenía unos pedacitos de
lado en el país lejano. Esta familia numerosa ha encontrado, finalmente, él en mi mesita de costura. Lo tenía. Esos pedacitos, si están mándame-
un reparo, un lugar para habitar y ese único cuarto atiborrado contiene los". Recuperar la casa confortable en el exilio es también reparar, de
para su dueña, la noción de casa. La imaginación, siguiendo nuevamen- un lado y del otro, lo que el tiempo rompe y esa memoria de menaje
te a Bachelard, construye casas en los albergues más precarios. que Mariquita exhibe es también una manera femenina de restaurar lo
En el mismo mes, su marido Florencio Varela, redacta una breve es- quebradizo del recuerdo que amenaza con dejar huecos en la casa y en
quela para Gutiérrez que arranca con la tristeza de la palabra "nada": la vida del exilio. Pero el reclamo y el tráfico de objetos también indican
"Nada, nada tengo que decirle, mi amigo, después de mi carta del 16 que, a pesar de las quejas y las dificultades, hay lazos con Buenos Aires

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que nunca se cortan del todo y que permitirán su regreso ocasional, por estudiando en los documentos públicos y que sería preciso aclarar escu-
períodos breves, para ocuparse de la salud de su hija y sus nietos y de driñando correspondencias íntimas u oyendo relaciones sinceras de los
sus propios negocios, que incluyen la renta que obtiene por el alquiler hombres de aquella época". El tono seco, imperativo, del memorandum
de la casa donde funciona el cuartel general del temido Cuitiño, uno de privado ordena los papeles y su circulación para que puedan, finalmen-
los más poderosos símbolos del terror rosista. te, cumplir una función útil: correspondencias íntimas y relatos orales
En el otro extremo, los Varela funcionan como el modelo de la fa- serán los documentos de la historia privada de los protagonistas que se
milia austera, desperdigada y despojada de una vez para siempre: en utilizarán para escribir una historia de los orígenes de la patria que acla-
1829, Juan Cruz Varela le comenta a Tomás Guido, quien todavía vive re las dudas suscitadas por los documentos públicos.
en Buenos Aires: "Sin la generosidad del señor Berro y su familia en La utilidad rige esta cuidadosa selección de objetos valiosos en el
Montevideo, los Varelas pedirían limosnas aquí y por lo que respecta texto de Varela, frente a la selección basada en el confort estético de los
a Buenos Aires, mi fortuna consistía en unos pocos muebles y en mis objetos valiosos de Mariquita Sánchez: reinstalar muebles queridos y
libros y ya ha recibido órdenes mi esposa de venderlos por lo que den, reinstalar cajones de papeles son dos formas de reconstruir el ámbito
para comer”. Trocar muebles y libros por comida es un aprendizaje que doméstico en la vida del exilio.
se ha adquirido ya antes de abandonar Buenos Aires. Por eso, quizás,
no se pierde el sentido del humor frente a las adversidades del exilio. En La familia unida: una utopía privada y pública
un momento posterior, cuando se disponen a abandonar Montevideo
en busca de mejor suerte en Río de Janeiro, Florencio Varela se ocupará El exilio separa las familias, las divide en individuos que, a veces,
de la reubicación de sus objetos más preciados, su menaje personal: la vuelven a recomponer –alrededor de una pareja formada en el país ex-
escueta lista que le deja a Gutiérrez está compuesta de bienes culturales: tranjero, o cuando se logra que la mujer y los hijos sigan al esposo– una
"Entregar en casa de mi madre un cajón de papeles, el atlas grande, el célula doméstica que sólo se reconoce como parte momentáneamente
fusil de Rufino. A Juanicó, el Repertorio Americano. […] A Plaza, los separada del gran tronco común.
catálogos [...] Hacer llevar al remate de Ruano el cajón de libros (de lata) Las cartas se ocupan de los asuntos de familia pero, sobre todo, in-
haciendo otra copia del catálogo […]. A Mónica, el Diario de Rufino. tentan recuperar en el intercambio de palabras, algo que se parezca a lo
Cuidar ver si vienen cartas o papeles de Francia o de otros puntos para que alguna vez estuvo unido y próximo. "Hablemos de la familia. ¿Cómo
mi entregarlos a Jacobo para que me los remita. Todo lo relativo a pape- le va en ella? ¿Cómo está su ahijadito? No comprenderá Ud. mientras
les y libros que se pesquen". no tenga hijos, el deseo que tengo de ver esa criaturita. Pronto hablará
Este recuento angustioso lleva la impronta del menaje de un hombre y no sabrá mi nombre ni me conocerá cuando me vea. Hábleme de él,
de letras: guardar los papeles, rematar los libros, asignar nueva custodia de mi familia, de la de Ud. de los hábitos de los amigos y de sus tareas".
para el fusil y el diario de su hermano Rufino, insistir en que se le remita Esta carta que Varela le envía a Gutiérrez todavía en Buenos Aires, no
la correspondencia de Francia adonde se encuentre y que ningún papel pide sólo noticias: demanda a su interlocutor que reproduzca el clima
quede librado a su suerte. Florencio Varela quiere escribir la historia de de la vida doméstica del círculo familiar y amistoso del que el exiliado
la Revolución de Mayo y para que eso sea posible ningún papel íntimo está excluido.
debe perderse: "A medida, querido amigo, que avanzo en el estudio de Hay dos movimientos posibles que las cartas realizan para paliar la
los monumentos de nuestra Revolución se me hace más espeso el círcu- dispersión. Uno de ellos puede ejemplificarse con el gesto de Mariquita
lo de dudas que me ciñe; dudas, Juan María, que no es posible satisfacer Sánchez quien, ante la evidencia del desastre –"toda mi familia dividida

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no me ofrece sino inquietudes de todo género"– insiste en la idea de reunir reclamo de una deuda social que el individuo debe cumplir, aún a costa
los pedazos dispersos fuera de la patria: "…trabajo sin cesar en el plan de de mayores privaciones de las que la vida del desterrado ya impone: "...
reunirlos ‘a los míos’ en donde se pueda". el matrimonio y la familia es la base de toda civilización. El hombre que
El otro gesto acentúa las novedades de la familia en el exilio, subraya su muere soltero muere incompleto”. Domínguez no vacila en hacer suya la
felicidad conyugal, da cuenta de la alegría de los nacimientos y de las tris- doxa de su tiempo que apoya la centralidad social excluyente de la pareja
tezas de las pérdidas: recrea, en fin, su propio clima doméstico. “Y como si heterosexual, relegando a las sombras de la marginalidad social al soltero
fuera cosa de poca monta he llegado a este punto sin anunciar a Ud. que que puede aproximarse peligrosamente al delincuente o al "invertido". En
tengo una brasilerita, nacida antes de ayer, 27, a las 7 de la mañana, muy una carta que Gutiérrez le envía a Echeverría por la misma época, en julio
gorda y muy linda. Ella y la madre siguen perfectísimamente y la última de 1844, se filtran algunos detalles de su vida en Brasil de la que no reniega
devuelve a Ud. sus palabras de cariño y la expresión de su amistad", le en absoluto: "No me he entregado a la enseñanza, como le han dicho a Ud.
escribe Varela a Gutiérrez, desde Río de Janeiro, en noviembre de 1841. sino a la más completa haraganería: se pasea, se visita, se baila también; no
"Mi Ana está muy buena y ni ella ni yo olvidamos nunca a nuestro falta de vez en cuando una orgía meramente masculina, etcétera".
amigo Juan María. A pesar de nuestra pobreza, de nuestros sufrimientos, Y un año más tarde encontramos en una carta dirigida nuevamente a
cada día estoy más contento de haberme casado. Nos queremos hoy como Echeverría, repleta de informaciones "útiles", una frase cargada de sensua-
el primer día; mucho más que el primer día", le asegura Luis Domínguez a lidad: "Paso mi buena vida mi querido Don Esteban; las mujeres aquí son
Gutiérrez en el ‘46, aunque una de sus cartas de ese año deje filtrar, como mansas como agua estancada; el país es rico y adelanta".
al pasar, la sombra que amenaza la felicidad conyugal:"Anita está muy Un año después, en 1846, Luis Domínguez insiste en el tema cambian-
buena y siempre con su costumbre de perder las oportunidades de ser do el registro moralista por el tono zumbón y casi comprensivo: "¿Cuántas
madre"; la mujer de Domínguez hacia fines de ese año ya lleva cuatro em- queridas tiene Ud.? ¿A cuántas ñatas ha engañado ya? Señor solterón, es
barazos frustrados. preciso que Ud. se case, aunque sea con una mina de oro".
Ambos movimientos, juntar los pedazos de la antigua familia o instalar Se trata del tipo de detalles que pueden preocupar a Luis Domínguez,
la nueva familia de exiliados como satélite lejano pero seguro de la familia decidido a no abandonar su prédica sobre la necesidad imperiosa del ma-
central, apuntan a mitigar los riesgos de la dispersión. Uno de los riesgos trimonio. Pero es evidente que la correspondencia entre hombres solteros,
explícitos es que el joven que emigra no se case; y hacia el amigo demorado como la que Gutiérrez mantiene con Echeverría y Alberdi, "sus iguales",
con respecto a la norma se dirigirán mensajes preocupados de parientes tiene su propio cauce y se permite incluir la cuestión de las mujeres fuera
y amigos. Juan María Gutiérrez será objeto de bromas y reconvenciones del matrimonio con una libertad que está ya vedada para los amigos ca-
por parte de sus amigos casados, a pesar de lo cual mantiene una soltería sados.
despreocupada hasta los 44 años. Desde Montevideo, donde intenta insta- "Escríbame la crónica escandalosa, político-mujeril-fornicaria; déme
lar lo que sería el modelo de la nueva familia, Luis Domínguez le escribe a noticias de las amigas de las sobrinas de Mariquita Nin, de las Antuñas
Gutiérrez, en Río Grande do Sul, en julio de 1844: "Ya que Ud. se confiesa y de Bernita Andrade", le exige, paladeando casi le respuesta, Gutiérrez a
parrandero todavía, permítale a un amigo, a un hombre casado que le diga Echeverría, desde Valparaíso, en mayo de 1846. Y aunque desconocemos
que eso no es bueno, que es preciso que piense en mejorar de suerte a todo la respuesta de Echeverría, resulta evidente que, en Santiago o en Valpa-
trance aunque sea condenándose por algún tiempo a mayores privacio- raíso, Alberdi y Gutiérrez tienen también relatos sabrosos que agregar al
nes de las que se sufren por vivir en ese rincón del mundo". Sin duda, el anecdotario de las aventuras amorosas:
tono fuertemente normativo del consejo amistoso muestra su carácter de

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"Como soy romántico, mi vida es drama, no tragedia y se compone promete a cuidar de los hijos de los amigos como si fueran suyos. Son
de dolor y gozo, sombras y luces. Todas las noches de los tristes días innumerables las menciones que las cartas ofrecen de estas demandas
tengo la compañía de un ángel que me sonríe, que me mira, que me dice urgentes de sostén espiritual para los hijos hacia los amigos lejanos y
mentiras ilusorias y con esto me reconcilio con Chile, país de tristes días de las muestras de interés que los demandados exhiben por esos niños
y dulces noches", le comenta, con cierto tono de enigma juguetón, Al- que, a través del mandato paternal, han quedado incorporados a su vida
berdi a Gutiérrez en una carta sin fecha que puede ubicarse para la mis- familiar. Si la institución de un padrino y una madrina para el recién
ma época. Y en la correspondencia de Frías a Gutiérrez podemos leer nacido se origina en la necesidad de asegurar la protección del niño
esta tentadora oferta de celestinaje: "En compensación a su bondadosa por si los padres reales pueden faltarles antes de que lleguen a la edad
carta tengo que hacerle saber que la picante morenita está enamorada adulta, en el caso de los emigrados argentinos la búsqueda de padrinos
de Ud. Tengo encargo de ella para decirle mil tiernas cosas. Le quiere de en sus pares, que se encuentran en lugares alejados y cuyo futuro es tan
veras y se manifiesta pesarosa de que Ud. se aleje de ella para ir a Copia- incierto como el del padre del recién nacido, tiene otra función: asegu-
pó [...] A lo menos debe Ud. venir a poner su gratitud a los pies de esta rar, a través de lazos simbólicos, que no se registran sino en las cartas,
turquita y es seguro que luego se arraigaría aquí. Cuando quiera hacer la constitución de la gran familia ampliada del exilio, una familia sin
llegar a esta buena muchacha algunas palabritas amorosas, escríbamelas padres mayores pero con hermanos, con iguales; una comunidad fami-
que yo cuidaré de hacérselas ver, pues mi parentesco me da confianza liar fundada sobre todo en los lazos fraternos que han surgido primero
con ellas aunque las veo poco". en la esfera de lo político y, poco a poco, se han instalado en el ámbito
Pero será el mismo Frías quien, en carta sin fecha, volverá a insta- doméstico. La "hermandad" de la lucha política antirrosista ha generado
lar en la correspondencia el ritmo moderado de las negociaciones ma- vínculos domésticos y la gran familia del exilio confía en la fuerza y la
trimoniales en las que se halla inmerso: "Los amores, aunque a paso solidez de los lazos domésticos simbólicos en el momento en que la ac-
diplomático, marchan bien. Lo que me retrae de hacer conocer todas ción política parece detenida en un presente sin futuro.
mis intenciones en un ultimatum es el temor de ser retenido en este
país, caído Rosas, pues pienso [...] que el amor a la patria es lo primero Los humores del exilio: sufrimientos del cuerpo y del espíritu
y noto además que expondría mi salud residiendo largo tiempo bajo la
influencia mortífera de esta temperatura". El clima mortífero del exilio Los manuales que reglan la escritura de cartas amistosas advierten
no impide el surgimiento del amor, pero el cuidado de la salud de la casi siempre sobre la inconveniencia de tratar cuestiones de dinero. Pero
patria y de la suya propia plantean dudas sobre la conveniencia de apu- la correspondencia de los exiliados argentinos incurre a cada paso en la
rar los pasos del acercamiento amoroso; el desenlace no será otro que descripción de situaciones de penuria extrema causadas por la pobreza
el matrimonio y éste desenlace puede, en este caso, marcar un destino del exilio. "Pobreza, pobreza y nada más hay por aquí. Huya Ud. de esto
diferente para el exiliado. como del infierno", le aconseja Gutiérrez que se ha movido hacia el Bra-
Cualquiera sea el tipo de dudas o de obstáculos que el exiliado en- sil a Echeverría. En algunas cartas, la falta de dinero llega a convertirse
frente, el imperativo de la unión conyugal se impone como opción de en una suerte de impedimento absoluto para todas las actividades po-
vida. Las fisuras que los solteros respetados (como Echeverría y Alberdi, sibles: "No tengo mucho que decirle –escribe Florencio Varela a Gutié-
que no se casan nunca, o Gutiérrez, que lo hace tardíamente) insertan rrez–, porque mi presencia en el Janeiro me ha dado un convencimiento
en esta opción férrea no llegan a transformarse en contravenciones: un más de que sin dinero no se puede hacer nada, ni aún escribir cartas
sutil movimiento de padrinazgos los convierte en compadres y los com- interesantes a los amigos". Varela, instalado con su familia en un arrabal

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de la ciudad porque allí la vivienda es más barata, se ve obligado a relatar más que otra cosa cualquiera y en mi cuarto, nada me halaga tanto como
el nuevo obstáculo que su situación económica coloca frente a su deseo la cama", le escribe a Gutiérrez en una carta sin fecha, pero que puede
de estar en el centro de las cosas que importan: "Este arrabal es distante ubicarse hacia la misma época. Finalmente López viaja a Montevideo
del centro de la ciudad; hay más de media hora de camino a pie. El calor para reunirse con la novia fiel y cumplir la promesa de casamiento que le
no permite hacerlo con frecuencia y, por otra parte, saliendo de casa des- hiciera muchos años antes.
pués de almorzar se llega tarde a la ciudad y no hay tiempo de ver cosa López no es el único que se siente inmovilizado, ahogado por la iner-
alguna". Sin dinero, Varela queda fuera del circuito del interés civilizado, cia: "La poca estabilidad de mi vida me ha privado dedicarme a nada;
fuera de la gran ciudad. No puede abandonar el ámbito de su casa barata he perdido miserablemente un año; algunas veces he querido idealizar
y entonces repara la carencia del afuera con la intimidad del trabajo in- algo y me invaden mis cosas individuales imposibilitándome para todo
telectual: "En cambio aprovecho cuanto puedo los días en leer y estudiar pensamiento generoso", escribe Juan Carlos Gómez desde Porto Alegre
los materiales históricos que traje". Hay un tono de leve autojustificación en 1843. La pérdida de tiempo es un mal angustioso para estos hombres
en sus cartas: no estar en la gran ciudad es casi como no haber viajado, y de acción que no pueden superar el cerco de "las cosas individuales" para
la utilidad del proyecto íntimo es lo único que puede, a su juicio, dotar de poder pensar en términos políticos.
interés a sus cartas. Con una lógica implacable, Varela verifica que la falta Algunos exilados combaten la parálisis recuperando antiguos oficios o
de dinero devalúa también el "interés" de sus cartas. inventando otros; o se ilusionan con hacer buenos negocios: así Gutiérrez
Sin dinero, otro exiliado ilustre, Vicente Fidel López, no sólo no puede piensa instalarse en el interior del Brasil y trabajar como agrimensor o
subsistir en Santiago de Chile sino que tampoco puede solventar el viaje como profesor a domicilio. Pero no tiene demasiadas expectativas porque
hacia Montevideo: "Mi situación es tan triste y desamparada que no tengo luego de fantasear con las ocupaciones probables le confiesa a Gutiérrez:
cómo sobrevivir", le escribe a Gutiérrez en noviembre del ‘45. "Me voy, "Me parece que me espera una vida vegetativa y de puro destierro". La
pues, pero no tengo un medio con que moverme". Resuelto, por fin, a frase condensa la peor de las condenas, porque la vida de puro destierro
viajar a Montevideo, Vicente Fidel López no tiene alternativa: debe pedir es la amenaza del desarraigo permanente y de la inactividad forzada que
dinero prestado a los amigos para intentar un acomodo en otro punto del los coloca fuera de toda posibilidad de acción social en el país extranjero.
exilio. Las penurias económicas se mezclan con las del espíritu; y aunque Por eso se entiende que los amigos intenten, cuando menos, reunir-
es difícil que la escritura de estos hombres transmita a los amigos desa- se en un punto remoto: "Véngase Juan María, con nosotros [...] tendre-
liento, sus cartas no pueden dejar de mostrar cómo se enlazan todas las mos agradables chácharas de que hace un año que me veo privado y al
tristezas: "Se equivoca Ud. al creerme resignado a vivir como vivo; tengo menos, cuando más no sea, aprovecharemos el tiempo dedicándonos a
largos y continuados días de un hastío mortal, mezclados con las terribles algún estudio especial en que nos estimularemos mutuamente. La sole-
punzadas que ocasiona la carencia completa de medios de subsistencia", dad y aislamientos en estos países arrastran al abandono de toda idea",
escribe López, desde Santiago, a Gutiérrez, en noviembre del ’45. López se le escribe Juan Carlos Gómez a Gutiérrez en la carta citada. La cháchara,
ha exiliado a los 25 años, dejando en Buenos Aires una familia cuyo padre la conversación amistosa, es una de las privaciones más serias del exilio;
es amigo de Rosas y una novia que promete esperarlo. Nadie sabe que las cartas demoradas no pueden nunca reemplazarlas y la posibilidad de
el viaje será tan largo. A los 30 años la depresión lo invade en el destie- retomarla se convierte en un objetivo deseado y formulado muchas veces
rro, parece inmovilizarlo en su cuarto solitario: "Soy ya viejo, amigo para en la correspondencia.
prenderme a las alas del amor y tener gusto en atravesar las distancias sin De todas las historias que irrumpen en las cartas para dar cuenta de
más que este bagaje; me pesa el cuerpo, en Santiago mi cuarto me place las enfermedades del cuerpo y del espíritu, de los dolores físicos, de las

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soledades, de la clausura de esperanzas, quizás sea el relato de la muerte madora mención en sus cartas de las visitas y compromisos sociales de
de la mujer de Rivadavia en Brasil, enterrada con el dinero de Florencio Mariquita Sánchez en Montevideo, que no dejan en su "agenda" casi
Varela, el que ayude a entender de qué modo la historia de las privacio- ningún día libre, hasta la participación de muchos de ellos en el perio-
nes económicas y de los dolores individuales se entretejen, en el ima- dismo (incluyendo la creación de periódicos propios como El Iniciador,
ginario del exilio, con la decadencia política que leen en el presente de La Semana, El Comercio del Plata).
su patria: "Rivadavia perdió casi repentinamente a su mujer, señora de En estos casos, la acción se confunde con actividad social o se con-
carácter elevado, espíritu superior, de corazón bien formado, hija de un vierte directamente en discurso político periodístico. Pero sólo el regre-
virrey español y fautora eficaz de las miras de su marido en los primeros so a la patria puede garantizar que la acción y el discurso se unan en la
días de la Revolución de nuestra patria. La situación de este hombre esfera política del país real para la que todos se creen destinados. En el
quebrantado, pobre, monumento casi derruido de nuestras glorias no exilio, la acción política nunca logra continuidad y a los momentos de
militares es realmente terrible: ahora se ve solo en el mudo". trabajo febril se suceden los momentos de hastío o los momentos en
Los antiguos y nuevos exilios se superponen: sus sujetos, atrapados que, simplemente, se vive el presente sin hacer "nada importante o útil":
por el pacto implícito del destierro político que les impone la obligación "Aquí lo paso perfectamente pero en la más crasa inacción y haragane-
moral de pensar en el interés de la patria por sobre las necesidades per- ría. He olvidado hasta leer de corrido y las Musas me han huido como
sonales, resisten, muchas veces sin éxito, el magma inmovilizante de canes que se ahuyentan de casa del amo por falta de migas. Perdone Ud.
"las cosas individuales". Lo cotidiano, vivido como pérdida irremediable la comparación. Estoy embrutecido", le confiesa Gutiérrez a Echeverría
de tiempo e imposibilidad de acción política, sume a sus protagonistas en carta desde Brasil, en agosto de 1844.
en una pura vida de destierro, lo que equivale a un presente perpetuo: Dos años más tarde, en enero del ‘46, Echeverría recibirá una carta
con sus vidas pendientes del futuro, heridas por la espera, los exiliados del mismo Gutiérrez, ya en Valparaíso, que brinda una imagen diame-
no pueden pensar el futuro político de la patria sino como el final de una tralmente opuesta: "Aquí estamos trabajando como unos changadores;
agonía personal. nos sostiene la esperanza de volver a la patria; esta idea nos aligera el
Las diferentes formas en que los emigrados imaginan la vuelta a la trabajo y nos da aliento para la tarea más penosa de vida: ‘esperar’”. Para
patria expresan, todas ellas, la necesidad de intentar unir dos elementos estos hombres formados en la cultura del trabajo personal y político, la
claves de la vida social que compartían antes de partir: la acción y el espera como forma de vida es, sin duda, un no lugar, un punto ciego; la
discurso.9 vuelta a la patria, como toda vuelta es pura hipótesis, puro deseo insta-
lado en el futuro: nadie sabe si va a regresar cuando se va.
Por la vuelta Mientras tanto la patria se imagina como un espacio potencial de
actividad febril: Amalia, la novela de Mármol, exhibe una ideología
Algunos exiliados llevan a cabo una intensa actividad social y po- fuertemente "activista". Escrita por Mármol en su exilio en Montevideo,
lítica en los países extranjeros en los que les toca vivir: desde la abru- publicada en folletín en La Semana sobre el filo de la caída de Rosas, la
novela impone a sus personajes, que se han quedado en Buenos Aires
precisamente para producir la caída del régimen rosista, una actividad
9. En el modo en que Hannah Arendt los considera como elementos constitutivos de la permanente. La novela no ofrece remansos, ni siquiera en los momentos
esfera social. Ver Arendt, Hannah, La condición humana, Barcelona, Paidós, 1993.
en que la trama amorosa podría proporcionar al lector un momento de
calma y de descuido, de puro deleite de los sentidos. Daniel, el prota-

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gonista principal, ama a Florencia pero mientras sus labios besan sus Matronas comentadoras y doñas escribinistas: la dispu-
manos, sus ojos miran el reloj y el narrador nos dice que Daniel ya está ta por la inclusión de las mujeres en la segunda década
pensando en otra cosa: en algo más importante y más urgente que su del proceso revolucionario en el Río de la Plata
actividad de conspirador le impone.
Sólo en Buenos Aires, sólo en la patria, la reunión de la familia del
exilio encontrará, finalmente, el escenario desde el cual conjugar los va-
lores de la vida doméstica con los valores de la acción pública. Sólo en
la patria se producirá la gran reunión familiar: "El 19 me embarco para
Buenos Aires –le escribe Mármol a Gutiérrez en agosto de 1854–. Que
nos veamos reunidos alguna vez es el voto de mi alma.” En la última década del siglo XIX algunos textos que fluctúan entre
el relato histórico y la novela de aventura se ocupan de mujeres en el
escenario de la guerra revolucionaria. En 1892 Juana Manuela Gorriti
organiza una colección de rasgos biográficos de los protagonistas de la
historia reciente a los que agrupa en su libro Perfiles.1 Allí traza la bio-
grafía novelada de una mujer, Juana Azurduy, que está a la vanguardia
en el campo de batalla y toma decisiones militares cuando no hay hom-
bres que puedan hacerlo. Del Río Grande al Pilcomayo, Juana Azurduy
pone en fuga a las tropas enemigas, sigue luchando instantes después
de la muerte de su esposo, el general Padilla, y resiste con sus tropas el
sitio realista que las condena al hambre y a la sed. Decepcionada por
la envidia de los otros comandantes, abandona el campo de combate
y entonces su historia, que ha fulgurado en el momento incierto de la
guerra, se pierde en el vacío de destierros e incomprensiones. Su epope-
ya sin embargo es recuperada por la historiografía del siglo XIX: Mitre,
por ejemplo, organiza un relato que trasunta respeto por esta mujer que
dirige batallones también de mujeres soldados y que es condecorada y
ratificada en su cargo militar por el general Belgrano.
Mujer del interior, la acción de Juana Azurduy de Padilla forma parte
de la participación más intensa de las mujeres en las provincias en el
escenario mismo de la guerra.
Otro escritor e historiador, Vicente Fidel López, inventa en la La loca
de la guardia (1896) la figura de una "patriota exaltada" que guía a los
ejércitos de San Martín por los senderos más difíciles, una contraparti-

1. Gorriti Juana Manuela, Perfiles, Buenos Aires, Félix Lajoune, 1892.

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da femenina y alucinada del baqueano de Sarmiento. Definida desde el campo de batalla o en la correspondencia privada, y ningún bando pue-
bando enemigo como “una depravada mujer sin ley y sin rey, sin cos- de escapar a esta acusación. Desde el año 10 hasta bien entrada la dé-
tumbres y sin hogar que llaman Teresa y que se hace la loca para mejor cada del 20, la ferocidad de los enfrentamientos, la pasión por la guerra
cubrir sus maldades” tiene, para el bando patriota, “algo de imponente, que a veces desconoce exactamente su objetivo, están marcadas por el
algo de armonioso y de homogéneo con tan raro ser, con el carácter elemento común de las violaciones de mujeres enemigas. Como si para
especial de su demencia, con las pasiones misteriosas que escondía en la violación, para el ultraje, se les permitiera, por una única vez, poseer
las tinieblas de su alma y con el convencimiento que parecía tener de su una bandería política.
propia misión”.2 Con su camisa desabrochada, sus hombros y su cabello
al viento, medio cuerpo cubierto por un poncho azul y blanco, con su El período ha estado atravesado por los vaivenes de la guerra, por los
vincha de plumas y su lanza guerrera, esta visión se constituye en sím- altibajos en la factibilidad de la aplicación del dogma ilustrado, por la
bolo precario de un ejército integrado por indios y oficiales "decentes" necesidad de dar respuesta a una situación social heredada de la colonia.
que se debate entre la extinción, la confusión y una suerte de obstinada Se trata de buscar respuestas nuevas a problemas nuevos tales como las
confianza en la causa patriota. rupturas de los sistemas de autoridad familiares tradicionales, y la regu-
Las "locas de la guerra" serán un síntoma de los desplazamientos y lación de la actividad del clero para subordinarlo al poder político, y es
continuidades de las fracturas que los enfrentamientos civiles producen: en este contexto que se plantea la necesidad de incorporar a las mujeres
mujeres decididamente locas seguirán poblando las narraciones ficcio- como ciudadanas del nuevo orden.
nales hasta bien entrada la mitad del siglo. Estas ficciones adjudican a El problema del lugar de las mujeres, de la reflexión sobre su lugar,
la mujer locura y patriotismo, pero hay otras ficciones en el siglo que le su educación, su función en el nuevo orden no es menor: a medida que
reconocen astucia y poder político, o pregonan la abnegación sin brillo transcurren las primeras décadas del siglo los americanos ilustrados
del trabajo casero. Es difícil saber qué modelo triunfará porque la pro- empiezan a mirar a las mujeres, o más bien, a pensar en ellas del mis-
pia política del estado pre y post revolucionario ha sido vacilante con mo modo en que antes el americanismo –constituido al parecer solo
respecto al lugar de la función de la mujer. A lo largo de esos durísimos por hombres americanos– era mirado por los europeos ilustrados. Los
años de surgimiento, instalación precaria y relativa consolidación del revolucionarios americanos repiten el gesto del maestro por excelencia:
proceso revolucionario de mayo, el debate sobre esa cuestión ha sido "Inexorable para con ellas, vos las tratáis Señor, como a esos pueblos
intenso, ha ocupado un espacio público cada vez más extenso y más va- vencidos pero temibles a quienes los conquistadores desarman", le es-
riado, y ha ensayado propuestas concretas de acción directa como las de cribe D’Alembert a Rousseau.3
la filantropía organizada por el estado de Rivadavia o su colocación en
la órbita del poder central como Encarnación y Josefa Ezcurra durante Este movimiento por el cual el antiguo observado y analizado se
el gobierno rosista. vuelve rigurosa y sistemáticamente observador no de otro pueblo, no de
Violencia y democratización se expanden sobre la vida cotidiana y otra raza, sino de un sexo diferente en el interior de su propia cultura es
las delaciones serán tanto un arma del gobierno revolucionario como una cuestión central. Los criollos se proponen lo mismo que los euro-
del estado rosista. Los episodios de violación y maltrato de las mujeres
del bando contrario son reportados con regularidad en los informes del
3.D’Alembert, Jean le Rond “Carta de D’Alembert a Jean Jacques Rouseau” (1759), en Alicia
Puleo (ed.), La Ilustración olvidada.La polémica de los sexos en el sigloXVIII, Barcelona,
2. López Vicente Fidel, La loca de la guardia, A. V. López, Buenos Aires, 1896, p. 120. Anthropos, 1993, p.15.

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peos se habían propuesto con los americanos: organizar un saber lo más vez como un rasgo distintivo de las mujeres acomodadas de esta parte del
"objetivo" posible sobre las mujeres, lo cual incluye "hacer generalizacio- sur de América.5
nes de cada detalle observable y de cada generalización, una ley inmuta- Se mira a las mujeres con simpatía pero con temor, porque configuran
ble sobre la naturaleza, el temperamento, la mentalidad, las costumbres algo que empieza a diferenciarse en el interior de la propia cultura. Por un
o el tipo de los orientales y sobre todo, transmutar la realidad viviente lado se manifiesta una enorme disposición a comprender sus extravagan-
en una sustancia textual".4 Esto implica convocar, para el "caso” de las cias, (el siglo lo permite con su benevolente inclusión de todo lo que sea
mujeres americanas, la contribución de jueces, médicos, filósofos y sa- diferente como objeto de estudio), pero el intento de acercamiento tiñe la
cerdotes, es decir, las mismas profesiones que contribuyeron a consolidar disposición científica con humoradas, con guiños, con sobreentendidos
al orientalismo como "saber sobre Oriente" entre fines del siglo XVIIII y masculinos.
comienzos del XIX. Si por un lado se le adjudica un bando y se intenta instruirla como ciu-
Desde luego, no se trata de un movimiento exclusivo de los letrados dadana, por el otro, desde una vereda de enfrente no siempre imaginaria,
americanos pero resulta interesante la peculiar conjunción de lucha por la criollos y realistas pueden entenderse en el terreno común de una vulga-
independencia de España y el volcamiento de la mirada hacia "los otros" ta sobre las mujeres al que pueden apelar, unos y otros, sin demasiadas
en el interior del propio campo: las mujeres integrarán así una misma complicaciones.
serie de objetos de estudio junto a los indios y a los negros, aunque con En el Río de la Plata el año 20 sirve como ejemplo enloquecido del
diferencias en cuanto al abordaje y en cuanto a los objetivos específicos vértigo de avances y retrocesos de la revolución americana. Y de todo lo
de cada uno de estos conocimientos. Me importa, precisamente, focalizar que ella trae consigo. Y también permite, en su frenético movimiento,
el punto de enclave histórico de resistencia o aliento a la dependencia averiguar la razón –y esto suena paradójico y lo es– de las desventuras
del modelo español en el que se produce la búsqueda de un nuevo saber futuras y también de algunas solidificaciones que se producirán en la his-
que intentará convertir a la mujer americana en factor útil y eficaz de las toria argentina del siglo XIX.
transformaciones en curso, al mismo tiempo que se le exigirá mantener y El año 20, decíamos, es el más autorreferencial de la historia argentina
sostener las tradiciones heredadas. del siglo XIX. Hasta tal punto que, a pocos meses de iniciado, aparece un
Las demandas contradictorias planteadas al sexo femenino y la inesta- periódico que se llama, precisamente, El Año 20 y cuando, hacia finales
bilidad política contribuirán a constituir un saber deformado y no siem- de diciembre, el ciclo del año se cumple y éste se extingue, se difunde una
pre operativo. Como el oriental para el europeo, la mujer para el patriota sensación de alivio generalizado que ejemplifica bien el titular del primer
ilustrado es un objeto que se describe, se juzga y se ilustra. Como proyec- número de la Gazeta de Buenos Aires, correspondiente al nuevo año,
ción del nuevo saber ilustrado sobre el hombre, esta mujer puede ser ob- 1821, cuando grita: "Acabó por fin el infausto año 20". La exclamación
servada desde el interior del proceso de constitución de la nación con la está llena de agradecimiento como si de ese final, apoyado en el azar de la
mirada asombrada de un viajero o con el lúcido, irónico, divertido trazo cronología, dependiera la esperanza de algún tipo de felicidad.
de las xilografías de Bacle. La imagen pictórica y la palabra escrita insis- Es un año acotado en acontecimientos intensos y contradictorios cu-
ten, por ejemplo, en los peinetones, una suerte de manía estética de las yos protagonistas se preocupan por entender lo que sucede, y se esfuer-
porteñas que las obliga a transitar con enormes construcciones labradas zan en la toma de distancia y el autoanálisis.
en carey por orfebres locales y su excentricidad será señalada una y otra
5. Bacle César H., Trajes y Costumbres de la Provincia de Buenos Aires, ed. facsimilar, Vian,
4. Said, Edward W. Orientalismo, Madrid, Libertarias, 1990, p.15. Buenos Aires, 1947.

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Por primera vez los revolucionarios tienen conciencia –relativa puesto masiado crítica con las autoridades civiles. Su oposición tenaz, que más
que están el campo de batalla, no en gabinetes de investigación– de que el adelante se dirige contra la reforma eclesiástica propiciada por Rivadavia,
proceso revolucionario puede estancarse o retroceder hasta llegar exacta- lo condena al exilio por diferentes estados provinciales con cuyos jefes va
mente al mismo punto del que partió. estableciendo alianzas.
La batalla de Cepeda, en febrero, no marca sólo el triunfo de los cau- El año XX y el “siglo aleve” son sombras en el panorama de la mirada
dillos provinciales López y Ramírez frente al ejército de Buenos Aires co- del fraile, todo gira en torbellino: Buenos Aires ha perdido, de pronto,
mandado por el Director Supremo Rondeau, sino que señala el comienzo su poder político sobre las demás provincias, las provincias se montone-
de una nueva etapa en el proceso revolucionario al producir el derrum- rizan, los gobernadores se vuelven caudillos, un indio gobierna una de
be de la institución virreynal y de su estructura política que durante la ellas y es frecuente verificar, junto a las tropas de gauchos, ya de por sí
primera década revolucionaria se había utilizado como sostén del nuevo intimidatorias, la presencia de columnas de indios ataviados con plumas
régimen, de su carácter fuertemente centralizado. El enfrentamiento con y pieles de jaguar, que corren y montan como ningún cristiano puede
el interior tiene un punto de partida exacto en esas jornadas con tres o hacerlo. El terror pone en movimiento la letra de Castañeda y su caminar
cuatro gobernadores, o en la proliferación de pequeñas repúblicas: Tucu- "yente y viniente" por las calles de la ciudad. Su actitud es francamente
mán, Córdoba, La Rioja, Santa Fe, la República Entrerriana, son intentos opositora y sobre todo marcadamente solitaria: es él solo contra el poder
de superar el caos mediante la autonomización extrema. En una visión de revolucionario, al que apoyara sin reservas al comienzo, y también contra
conjunto todo parece moverse al ritmo de una danza en la que el poder gran parte del poder eclesiástico, porque el poder político ha ganado a
central y los poderes locales intentan esquivarse recíprocamente. conspicuos sacerdotes para una causa ilustrada, laicisante y afrancesada.
En los últimos meses del año el nombre de Juan Manuel de Rosas Este hombre enjuto, que siempre "cubre con palabras la falta de pon-
irrumpe por primera vez en el escenario político como garante de la paz cho sombrero y bastón”, que se define a sí mismo como "un ejército bien
de Buenos Aires con las provincias. ordenado de escritores" que intenta sin la ayuda de ningún otro escritor,
"alcanzar a sus enemigos y derribarlos" instala, sin saberlo, una nueva
El Fraile Castañeda y la escritura simultánea etapa del periodismo americano, marcada por la enorme omnipotencia
y la enorme confianza en sus propias fuerzas: en diez años, desde 1819 a
Fray Francisco de Paula y Castañeda adquiere notoriedad porque pro- 1829, funda y dirige, absolutamente solo, catorce periódicos, muchos de
nuncia los dos sermones celebratorios del triunfo de Buenos Aires en las ellos simultáneos e interrelacionados. Y si la simple proliferación resulta
invasiones inglesas. Adhiere con fervor a la causa patriótica y no la aban- asombrosa mucho mayor impacto causa el hecho de que un solo hombre
dona ni en momentos difíciles. En 1815, cuando las derrotas del Ejército pudiera estar al tanto, día tras día, de las actividades de sus enemigos,
Libertador y las divisiones internas ponen en riesgo el proceso de inde- que pudiera escribir contra ellos, acarrear las hojas a la imprenta, corre-
pendencia y muchos vuelven a pensar en reintegrarse a la monarquía, gir las pruebas y encargarse de la venta de sus periódicos. Por lo tanto,
Castañeda acepta un desafío del que otros huyen: pronuncia un sermón resulta fácil imaginar que con las autoridades eclesiásticas las relaciones
que celebra el quinto aniversario de una revolución tambaleante. El pa- no podían ser menos que conflictivas: la obsesión por la desaforada lucha
negírico de la Revolución de Mayo de 1810 sostiene, con una firmeza periodística debió hacerle abandonar sus deberes sacerdotales y aun su
que no abunda, la necesidad de la declaración formal de la independen- residencia conventual sin contar con el uso del sermón para lograr una
cia. Su popularidad crece día a día y se lo elige miembro de la Junta de grey y un público “propios”.
Representantes, pero nunca llega a acceder al cargo porque su voz es de-

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Puede suponerse el tipo de problemas que un consecuente francotira- Es interesante observar cómo, del conjunto de la letra impresa en la
dor de la palabra podía instalar en la aldea precaria que Buenos Aires era primera década de la revolución, integrado por periódicos, ordenanzas,
por esos años y a la que la actividad febril del fraile le daba más periódi- leyes y epistolarios, se segrega y se autovalida esta escritura excéntrica,
cos de los que estaba en condiciones de leer. proliferante y demencial que irrumpe para colocarse voluntariamente al
La exclusión de la vida y de la obra de Castañeda de la historia cul- margen y en disputa con una zona central del poder civil y eclesiástico
tural de las primeras décadas del proceso revolucionario, además de pa- que dirige el proceso revolucionario: un intento desesperado de borrar
sar por alto un fenómeno de proliferación de escritura periodística que otro peligro mayor en el año 20, el peligro de quedarse sin palabras para
no conoce antecedentes ni tendrá descendencia, deja fuera del análisis definir la originalidad del proceso americano.
precisamente un punto clave en el debate entre la iglesia y el Estado –el Castañeda adopta la fórmula de la escritura múltiple, simultánea y a
debate central de esos años–: la disputa por el rumbo y el contenido de la varias voces: matronas y doctores, señoras y señores, emponchados y tin-
educación en general, y, en particular, el lugar y la entidad de las mujeres. terillos discuten de igual a igual en sus periódicos. La ironía es su arma
La inclusión de la vida y la obra del fraile callejero es imprescindible y la utiliza para reforzar algunos puntos fundamentales de la cultura es-
en más de un sentido, pero sobre todo porque es su discurso el que, por tablecida y para socavar los intereses más preciados del grupo ilustrado.
primera vez, feminiza el debate. En el uso a la vez subversivo y conservador de la ironía se encuentra uno
Su caminar "yente y viniente” ("yo vivo yendo y viniendo") define el de los efectos más iluminadores de la prosa de Castañeda, un uso que el
carácter de una escritura expuesta y en movimiento. autor defiende apelando a las autoridades máximas como el Evangelio y
En medio de un clima conspirativo que hace del secreto y de la trans- aún el mismo Cristo.
misión boca a boca de los rumores un arma de lucha, la actividad perio- Pero es al proponerse hablar como mujer para convencer a las muje-
dística de Castañeda, casera por su factura, extremadamente pública por res, pero también para convencer a los hombres, cuando el uso irónico de
su difusión, parece proponer un modelo diferente para el combate de las la palabra de Castañeda coloca el dedo en la llaga: las matronas comenta-
palabras. Si en el ocultamiento de las acciones se cifra la expectativa de doras, las diaristas de mil nombres que firman los artículos de sus perió-
éxito y la ciudad de Buenos Aires parece invadida por una acción subte- dicos y hasta le dan nombre a dos de ellos, se harán cargo de problemas
rránea que recuerda la que los carbonarios despliegan por entonces en coyunturales de la política local.
Europa, el fraile macilento puede ser acusado de muchas cosas menos Las voces femeninas serán utilizadas para intentar, sobre todo, una
de conspiración: todo lo que Castañeda piensa o cree pensar lo escribe redefinición a la vez patriótica, (es decir, independiente políticamente de
de inmediato. En el año 20, dirige más de siete periódicos, la mayoría de España), pero antifrancesa y antinorteamericana es decir, antilustrada,
ellos con una simultaneidad enloquecedora y con un efecto de diálogo del proceso revolucionario y, en su interior, una redefinición del modelo
o de réplica entre ellos que muestra, entre otras cosas, la falta de inter- de familia y del lugar social de la mujer. Sus diaristas vociferan, se ofen-
locutores de su editor. Castañeda, como los locos, conversa en la prensa den, responden, confabulan, intrigan, discuten como no pueden hacerlo
que él mismo distribuye, en primer lugar, consigo mismo. Y en efecto la en el espacio público local. Dondequiera que se encuentren en la figura-
imagen de la locura que acompaña su figura y su escritura, signa el lugar ción hiperrealista de Castañeda (en el cuarto de casas de familias o en el
que ocupará en el panteón de los locos ilustres, en ese museo de cera de la claustro de los conventos), estas voces de mujeres sugieren, por primera
locura argentina del siglo XIX que es la obra de Ramos Mejía.6

6. Castañeda se convierte en uno de los “casos” abordados por José María Ramos Mejía en Las neurosis de los hombres célebres, Buenos Aires, M. Biedma, 1878, pp. 52-55.

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vez, una posibilidad: convertirse en metáforas de los problemas de un En un año incierto, en un país incierto, en una ciudad convulsionada
país que enfrenta, al mismo tiempo, un proceso de lucha independen- y atemorizada, Castañeda confía –y de qué modo– en el futuro universal
tista y un proceso de guerra civil. A su vez, un hombre con faldas como de las mujeres y en su poder de transmisión de las buenas costumbres.
Castañeda, circula por la ciudad enloquecida de inseguridad y agrega, Si su mirada divide al universo en mitades sexuales, bien delimitadas, el
con las voces femeninas de sus periódicos, la intranquilidad principal: prospecto del periódico, que es una explícita declaración de principios,
dice lo que le falta a la sociedad para poder definir un rumbo. Dice el otorga su confianza de modo abrumador a una sola de ellas: "A vosotras
vacío de la metáfora. que sois la bella mitad de nuestra especie". Y no se trata de un modo de
Y para actuar esta propuesta, nada mejor que escribir a los gritos y decir: la frase de Michelet que introduce su libro La Mujer postula que
todo el tiempo. Escritura múltiple y simultánea, su mérito principal es el hecho capital de la época es que "el hombre vive separado de la mujer"
renombrar, dar nuevo nombre a las cosas, a las ideas, a las facciones, a y agrega:
los matices de las banderías. El uso irónico de la lengua se convierte en
cantera de palabras chispeantes: en este sentido la letra de Castañeda es Hay que decir las cosas con claridad y tal como son. Ya no
subversiva y su contenido, no. Se trata de una escritura con diccionario tienen ideas en común, ni lenguaje común e incluso sobre
propio: no hay otro escritor del siglo XIX que haya "inventado" tantas lo que podría interesar a los dos grupos, ya no saben cómo
palabras nuevas para nombrar peligros también nuevos. Pero esta escri- hablar. Se han perdido de vista mutuamente. Si no se toman
tura que genera un diccionario propio necesita, al mismo tiempo, expli- medidas, muy pronto, a pesar de los encuentros fortuitos,
car su sentido, dar sus claves. ya no serán dos sexos, sino dos pueblos [...] Todo el mun-
El esfuerzo letrado de Castañeda por hacer estallar la palabra del otro do ve cada noche cómo un salón se divide en dos salones,
y por apropiarse de todas las voces nuevas no reconoce antecedentes ni diferentes, uno de hombres y otro de mujeres. Entre ambas
tendrá continuadores: su faena es tan intensa, tan insensata y tan sabia, mitades se establece el silencio, no hay más conversación.8
al mismo tiempo, que ninguno de sus contemporáneos puede recono-
cer, siquiera, sus hallazgos: encerrado en el mote de la locura, su nombre La ausencia de conversación intenta ser reparada por Castañeda, ge-
desaparecerá pronto del combate y de la historia. nerando una interlocución periodística permanente: no hay periodismo
sin conversación en Castañeda. Desde un ángulo ideológico diferente,
El Despertador Teofilántrópico7 Castañeda coincide con Michelet en que la división en mitades parece
tan peligrosa como irreversible y por eso, trata de retener a una de ellas,
El primero de sus periódicos, aparecido en enero de 1820, ya anun- aún a costa de insistir en la diferenciación: "a vosotras que sois el orna-
cia, desde el título, una expansión del público mayoritariamente mascu- mento y consuelo de todas las repúblicas, [...] a vosotras cuyo carácter
lino de los periódicos en la que se mezclan la sabiduría, la insensatez y la natural es [...], porque sois los verdaderos apóstoles del linaje humano”.
ironía. Su título completo es el siguiente: El Despertador Teofilantrópico De este modo asertivo el periódico dibuja netamente el sexo opuesto, le
Misticopolítico Dedicado a las Matronas Argentinas y por medio de impone características, le dicta obligaciones, le otorga el privilegio de
ellas a todas las personas de su sexo que pueblan hoy la faz de la tierra ser el referente de su escritura pero le ordena deberes insoslayables: las
y la poblaran en la sucesión de los siglos. mujeres deben advertir a sus esposos que las desventuras de esos diez

7. Castañeda se convierte en uno de los “casos” abordados por José María Ramos Mejía en 8. Michelet, Jules, La mujer, México, Fondo de Cultura Económica, 1985, p. 2.
Las neurosis de los hombres célebres, Buenos Aires, M. Biedma, 1878, pp. 52-55.
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años, los que sobrevienen a la revolución, tienen su origen en no haber de remitidos de varones, las matronas tienen numerosas prerrogativas
buscado a Dios. La demanda es muy clara y en la confianza que deposita entre las que se encuentra la más inesperada: tienen la posibilidad de
en las mujeres hay un ademán zalamero, melindroso, adulatorio para corregir al mismísimo teofilantrópico quien no duda en afirmar, "El teo-
con el sexo: filantrópico/ no es duro, no es tenas, ni misantrópico/ y el místico políti-
co de matronas admite juicio crítico/ Pueden ya las señoras/ mi panfleto
No dudéis que vuestra voz dulce y sonora será oída con enmendar a todas horas”.
respeto, recibida con docilidad, obedecida y practicada con En la quinta advertencia se anuncia el estilo del periódico:
exactitud... si señoras: correrá de padres a hijos, de genera-
ción en generación, que los argentinos divididos entre si y El estilo será natural, sencillo, fluido y castizo, quiero decir
agitados con las olas de un mar embravecido de enemista- que no me he de violentar para parecer hombre culto, pues
des y pasiones hicieron una pausa y quedaron en una in- esa es una ridiculez, que cansa, y choca a sus lectores, y hace
esperada milagrosa calma a la primera insinuación de sus ridículos a los hombres [...] desengañémonos que eso de
matronas. hablar bien será cuando estemos bien constituidos.

Aquí Castañeda imagina una escena idealizada y utópica en la que Es sorprendente que se defina de antemano el estilo del periódico por
"los patriotas reconocen ya el poder de vuestro influjo y postrándose de venir, pero mucho más sorprende la vinculación entre estilo superior y
hinojos piden perdón, y solicitan los dictámenes de vuestro maternal la patria constituida. Ese puente, que Castañeda tiende entre el estilo y
magisterio". Se trata de la primera vez que en la prensa de esos años se la constitución del Estado, es una reflexión que anticipa las discusiones
alude a la falta de consejo de las mujeres en los acontecimientos políti- de la generación del 37.
cos y también la primera vez que se las compele a opinar sobre el desa- Con el correr de los números, El Despertador, preocupado por ar-
rrollo de los hechos revolucionarios, precisamente en el año en que se ticular diatribas contra el enemigo que a veces tienen la forma de bio-
hace más evidente el peligro de disolución. grafías fugaces, otras de reflexiones ocasionales y muy puntuales, parece
La segunda advertencia avanza en la discriminación de los varones: haberse olvidado de las matronas. Pero el número 48 del 20 de marzo
de 1821 incluye un remitido al Teofilantrópico firmado por una corres-
Ningún remitido se admitirá si no viniere dirigido y fir- ponsal de nombre sugerente: “Doña No quiero morir de retención de
mado por alguna matrona. Se exceptúan de esta regla los palabras”. La nota subraya el olvido al reponer el sexo y el texto de la
ministros del culto pues estos, por su alta dignidad, no son corresponsal:"pero el caso es que nosotras no solo tenemos en el canto
hombres, ni mujeres, sino ángeles de paz colocados en los de la memoria el prospecto y dedicatoria que Vd. nos hizo, sino que
pueblos para disipar las tinieblas del error con la luz de su también la repasamos todos los días, porque somos muy desconfiadas".
doctrina. Ellos también son la sal que fija y contiene en sus La desconfianza respecto de todo varón, algo que se irá profundizando
verdaderos límites la libertad para que no se corrompa. en la prédica del sacerdote a lo largo de los diferentes periódicos, es un
tema que su prensa comparte con los periódicos ilustrados vinculados
Mujeres y sacerdotes, o más bien, matronas y ángeles sin sexo se co- al estado revolucionario y, evidentemente, es una señal más de la sepa-
locan en una misma línea de combate para oponerse al enemigo. Pero ración en mitades que amenaza por quebrar al siglo ya no en dos sexos
además de ser lectoras y corresponsales privilegiadas por la prohibición sino en dos pueblos, como sugiere Michelet. La nota no sólo vuelve al

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origen ("usted no debe olvidarse de que su periódico está dedicado a pliego, porque teniendo mala letra tardaba todo ese tiempo
las matronas"), sino que avanza en una acusación explícita: "Ud. em- en escribir el pliego.
pezó a escribir por un efecto de desesperación y entre sus manotadas
de ahogado se agarró de nosotras y será un ingrato si dice que le ha ido Las mujeres sabias de la Iglesia son, en la ficción periodística de Cas-
muy mal". Estas líneas acusatorias tensan al máximo la relación entre el tañeda, mujeres domésticas, mujeres comunes, algunas de las cuales,
Despertador Teofilantrópico y sus lectoras, porque subrayan el carácter como Sor María Marchena, son cocineras del convento. La marca de
oportunista y desesperado de la estrategia de la dedicatoria, pero tam- la domesticidad precisamente está puesta en su capacidad de alternar
bién terminan por reivindicar una apropiación femenina del espacio de sus tareas de escribidoras por las noches con las de tareas "propias de su
la prensa: "si los varones se enojan, si se dan al diablo, ellos tendrán la sexo", en las mañanas y en las tardes.
culpa; los periódicos son nuestros y así como nosotras toleramos los
disparates de los escritores pedantes, por qué ellos no han de tolerar los La Matrona comentadora9
nuestros".
Así, en este primer periódico de Castañeda, clases y sexos discuten y "Pues fuera varones, todo su turno a las matronas”
proliferan en una variedad enorme de nombres que connotan posiciones “Ningún comunicado se recibirá de varón, aunque sea eclesiástico"
o deseos y, sobre todo, señalan lugares sociales y de sexo hasta entonces "No nos atrevemos a muchas cosas, no porque ellas sean difíciles sino porque no
no nombrados: “matronas” y “doctores”, “emponchados” y “tinterillos” nos atrevemos"
son sólo grandes matrices de un incesante desplegar de nombres nuevos Corresponsales de La Matrona Comentadora.
o de adjetivos para modificar, aunque más no sea coyunturalmente, el
sesgo que hasta el momento ese sustantivo tenía. Así, el fraile periodista hace de su nuevo periódico, La Matrona Co-
Las mujeres no sólo son corresponsales, es decir, colaboradoras del mentadora de los cuatro periodistas, un ventrílocuo permanente de las
periódico, sino que también son, muchas veces, descriptas como inter- mujeres, mientras mantiene voces masculinas para los otros papeles que
locutoras privilegiadas. Así, por ejemplo, un número de El Despertador edita simultáneamente.
está dedicado a “las beatas, poetizas y profetizas que han edificado mu- Un ventrílocuo que, hablando desde el vientre, imita la voz de las
cho nuestra Iglesia, confundiendo la sabiduría del siglo XIX". mujeres y plantea una nueva estrategia para hacerse cargo de la antigua
Confundir la sabiduría del siglo XIX, es decir, ponerla en duda, es tradición que se ocupa de la relación entre sacerdotes y mujeres desde
cosa que solo puede esperarse de mujeres sabias; y Sor Juana Inés de la Sylvain Marechal hasta Michelet.
Cruz, convertida en payadora, alterna con Santa Teresa de Ávila y con El “Prospecto” del periódico avanza en el planteo de la desconfianza
una lega motilona, Sor María de Marchena, de una facundia envidiable de las matronas hacia todo varón y ancla esta desconfianza en "los su-
que el fraile describe de este modo: cesos tan tristes como extraordinarios que han acaecido en siglo XIX y
el año 20 de nuestra era cristiana". La insistencia en profundizar la des-
Jamás enmendaba lo que escribía, ni tampoco volvía a leer- confianza se basa, también, en los cambios que se perciben con temor en
lo; cada día le daban un pliego de papel y ella en el mismo la conducta de los hombres: "las señoras han dado en recelar que algún
día lo volvía escrito de las cuatro caras, porque luego que
daba de comer a la comunidad se retiraba a su celda y escri-
9. Castañeda se convierte en uno de los “casos” abordados por José María Ramos Mejía en
bía dos horas, que era lo que solamente gastaba en llenar el Las neurosis de los hombres célebres, Buenos Aires, M. Biedma, 1878, pp. 52-55.

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espíritu vertiginoso no conocido en siglos anteriores, se ha introducido Este exilio voluntario, elegido por las mujeres, esta brutal ruptura de las
en la mitad de la especie humana". familias, se exhibe como un recurso extremo que resulta ser un arma de
El quiebre de voces, que, a su vez, es una manera metafórica de nom- triunfo de las mujeres, pero también la propuesta del destierro femeni-
brar otras rupturas, no sólo es sintomático, sino original: las matronas no es el rostro visible de un deseo oculto: así como Castañeda es el único
dan cuenta de su pérdida de confianza en sus varones, una confianza que puede imaginar una pluralidad de voces que incluya a las mujeres,
tanto más difícil de perder cuanto que ha sido depositada en ellos des- también es el único en proponer una solución final que funcione como
de los primeros días de la creación. La pérdida tiene una consecuencia reparación utópica a la inclusión de las mujeres en el espacio público
casi inmediata que subraya y profundiza la distancia entre los sexos: las que sus mismos periódicos proponen. Castañeda es, en su locura, el
matronas expresan su determinación de prepararse para un exilio de único que se anima a proponer sin proponerlo, la utopía masculina de
mujeres que imponga a los hombres una "cuarentena de cuarenta años", una patria solo de hombres.
un "divorcio de cuarenta años", "una separación de por vida", "y aquí La Matrona Comentadora es el límite máximo del juego de Cas-
es donde todas de común acuerdo y como por aclamación sancionába- tañeda: imaginar, por un momento, un mundo de mujeres solas y otro
mos separarnos de nuestros consortes y observar escrupulosamente una de hombres solos. Para consolidar el último sin caer en la abyección de
cuarentena de años". El éxodo de las mujeres no se prepara sin culpas: la soltería –uno de los temas centrales de la prédica furibunda de Cas-
“¿Qué será de nuestros varones? ¿Quién cuidará de ellos siendo como tañeda– es necesario que sean las mujeres las que tomen la decisión de
son tan inútiles y para nada en los asuntos domésticos?".Por un momen- exiliarse y vivir separadas, con sus hijos, con casa y periódicos propios.
to, hay en las preguntas, vacilación, pero también un tono de amenaza En el espacio público de la prensa diaria o semanal, los cuatro perio-
sutil al obligar a los varones a imaginar las dificultades cotidianas de distas, los cuatro sacerdotes, Castañeda, siempre único y siempre des-
una vida sin mujeres. Se avanza en la propuesta y para que la separación plegado en sus voces masculinas, se ha enfrentado en un combate feroz
tenga un carácter drástico, las mujeres reivindican su derecho a exiliarse con sus voces femeninas y la disputa amenaza también con dividir a los
con sus hijos: "llevando con nosotras los pedazos de nuestro corazón, periodistas. Leemos, ahora sí, la audacia mayor de Castañeda: no sólo
nuestros dulces hijos; alegando en caso de oposición la ley general y proliferar en voces, en géneros, en personajes, sino hacerlos discutir en
universalísima de que el parto sigue al vientre, los hijos a las madres”. el ámbito público de la ciudad. La irrupción del nuevo periódico con
Si la causa del divorcio de cuarenta años se ubica en "los sucesos tan nombre de mujer anuncia también, en el plano periodístico, la ruptura
tristes" de la historia inmediata del año 20, su consecuencia duplicará de la amable comunidad de los periódicos simultáneos del fraile. Todas
o más bien multiplicará las separaciones porque los partos seguirán los contra todos será el tono de combate que marcará a La Matrona.
vientres de sus madres. Castañeda señala de este modo una consecuen- Por último y por añadidura, la división entre los periodistas lleva
cia fatal de la crisis revolucionaria: la ruptura absoluta del orden fami- implícito otro peligro: que las mujeres tomen partido por los bandos
liar, a la que ya había aludido de modo frontal en el Teofilantrópico, algo periodísticos en disputa, y se dispersen, como efectivamente lo hacen
así como la constitución de una nueva familia está en germen entre las en la ficción de Castañeda: "unas se van con el Teofilantrópico otras con
amenazas de disolución. el Suplementarista, otras con el Gauchi político, otras con el Paralipo-
Desde la voz de La Matrona Comentadora, Castañeda imagina, en- menon".
tonces, un país sin mujeres y sin niños, porque un país en guerra per- Y cuando la unidad de sexo ya no sea suficiente elemento de cohe-
manente es un país que solo tiene lugar para los hombres y sus voces, sión, quedará en pie un único recurso: tener un periódico propio, de
que son sus armas; o para los hombres y sus armas, que son sus voces. mujeres solas, mujeres "que sean casa sola" que "mitiguen la acrimonia"

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de los cuatro periodistas y otorgue a las mujeres una voz autónoma. De El estilo de las mujeres
este modo, la posibilidad del periódico propio, de la voz propia, disipa
la amenaza del destierro y vuelve a instalar a las matronas, imaginaria- La Matrona Comentadora anticipa en las advertencias de su pros-
mente, en el espacio público de la ciudad. pecto, es decir en su primera aparición pública, los rasgos más visibles
Las mujeres de Buenos Aires, excluyendo comunicados de varones, de su estilo. "Mi estilo será doméstico, y sencillo, pues no hablo sino con
se harán escuchar. Un rasgo distintivo de esta nueva actividad de las las matronas, que somos la misma naturalidad y no entendemos de ro-
mujeres solas puestas a escribinistas es su carácter colectivo. Las deci- deos, ni necesitamos de términos técnicos para explicar decentemente
siones más importantes se toman por voto y en asambleas: "en la última nuestros conceptos". El "estilo doméstico” y la sencillez y naturalidad
asamblea de señoras se acordó dar un periódico" y "la pluralidad de vo- parecen cerrar un círculo perfecto con las posibles lectoras y proponer
tos recayó en mí para redactora". una exclusión de los varones, que estarían acostumbrados a otra manera
Es notable el contraste que ofrece el plural de mujeres frente a la ac- de explicar los conceptos. Es difícil pensar desde hoy en el público de
ción individual de los hombres. No es que no haya autonomía entre las este periódico trasvestido, en su posible pacto de lectura y en el po-
doñas y, de hecho, los numerosos y variados nombres de las colaborado- sible impacto sobre el reducido número de suscriptores y suscriptoras
ras, la recurrencia a un nombre propio femenino que es en sí mismo una que parecerían, aunque fuera imaginariamente, sostenerlo. Pero lo que
apelación, un llamado, una nota de atención sobre problemas políticos importa es la decisión de Castañeda de imitar, como buen "plagiario
y sociales, es una señal clara. Pero si las firmantes de los remitidos son convicto" –uno de los motes autoinventados en los que le gusta reco-
siempre únicas y sus nombres a veces no vuelven a repetirse, las deci- nocerse– un supuesto estilo femenino que hasta acá, parece responder
siones se toman en Asamblea y a través de voto, en un tiempo en que a la lectora "dueña de casa" que el editor imagina para su periódico.
las asambleas, cuando existen, son masculinas y marcadamente restrin- Pero cuando avanza en la precisión refinada de los matices de las voces
gidas aún dentro del universo del sexo; y los votos, cuando se cuentan, femeninas que intervendrán ocasionalmente, ya resulta evidente que el
responden más a la fuerza de las armas que a las argucias de la razón de público deseado incluye a los dos sexos y que el juego de la sexualidad
forma más acentuada que en otros momentos de la historia argentina del estilo amenaza nuevamente, como casi todo en Castañeda, con tocar
del siglo XIX. Y precisamente por el carácter democrático de su elección límites sociales.
La Matrona Comentadora se compromete a escuchar las opiniones aje- Así, los matices del tono de las posibles colaboradoras o correspon-
nas y, sobre todo, a huir de las filosofías y las especulaciones que traen sales remiten explícitamente a la condición de la mujer con respecto a la
los aires nuevos y profanos del siglo. institución matrimonial:
El fervor por el voto femenino tiene, por supuesto, su explicación
en un interés parcial. Apunta, en su alegoría, a asegurar con firmeza la Mi voz ha de ser siempre como de quien suplica y puedo
participación de las mujeres en la decisión del rumbo (religioso) de la responder que de ese mismo estilo será el de las matronas
educación de sus hijos: casadas. Pero por lo que pertenece a las viudas y solteras
advierto que algunas pueden ser terribles en sus remitidos,
Sin agraviar a nadie me parece que puedo asegurar que en de lo que suplico no se me haga cargo alguno.
el orden domestico es decisivo el voto de las matronas, pues
nadie sino nosotras lidiamos con nuestros hijos, desde que Contra una opinión preponderante en el siglo que otorga a la mujer
empiezan a vegetar, hasta que los presentamos usando de su casada el derecho a escribir con mayor soltura e intensidad, por ejem-
razón ante las gentes. plo, cartas, Castañeda asegura no solo que las viudas y solteras pueden
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escribir en un periódico sino que la desvinculación conyugal, la ausen- Echeverría: la patria literaria
cia de la autoridad masculina puede volver más audaces, más terribles, a
las escribidoras. En la marca, que tiene un zumbón tono de amenaza, es
dónde puede verse la búsqueda de un público que, a pesar de lo explici-
tado en las advertencias, esté fundamentalmente integrado por varones.
El ser mujer incide no sólo en el estilo sino hasta en los criterios ele-
gidos para la regularidad de la aparición de la publicación: "y por cuanto
mis tareas literarias han de ser sin perjuicio de mis afanes domésticos
daré semanal o mensualmente un pliego, o dos según mis ocupaciones
me lo permitieren". A lo largo de casi dos siglos la obra y la figura de Esteban Echeverría
Con esta advertencia se cierra el círculo de la buscada domesticidad (1805-1851) han sido objeto de complejas y muy variadas construccio-
de la escritura pero se abre la increíble posibilidad de que, aunque más nes críticas. Hay dos tiempos claves en este proceso: el de la recepción
no sea ficcionalmente, un ama de casa porteña a comienzos del siglo de sus contemporáneos, liderada por Juan María Gutiérrez (1809-1878),
XIX, harta de amaneramientos en el estilo, cansada de escuchar los can- que abarca las décadas del 30 al 50, y la que se produce luego y a partir
tos de sirena de los filósofos ilustrados, se proponga, sin abandonar sus de que el mismo Gutiérrez publicara las Obras Completas (1870-1874
tareas hogareñas, incidir en el espacio público con la regularidad que su hasta el presente). Esta multifacética saga crítica se ha ido conformando,
sexo y sus obligaciones casa adentro se lo permitan. Esta insistencia en a su vez, al influjo de tres dimensiones que casi siempre se entrecru-
la inclusión de las mujeres en la escritura pública y la cultura política del zan: la de la constitución de una literatura nacional, la de la valoración
nuevo estado es la principal contribución de este fraile frenéticamente estética de la obra echeverriana y la de sus usos según las urgencias y
activo, que eligió como estrategia de lucha la feminización del debate. necesidades de las coyunturas políticas de nuestra historia. Este artículo
Las diaristas de mil nombres están allí para probarlo. intenta abordar esos tiempos y esas dimensiones, ensayando, como no
podía ser de otro modo, su propio relato.

El equipaje del viajero

La biografía literaria de Esteban Echeverría no se inicia con la publi-


cación de un poema o de un relato sino con una llegada. Descripta como
el arribo a las playas del Río de la Plata de un sujeto que porta consigo
la identidad romántica, su regreso de Europa, en 1830, es narrado por la
crítica, desde 1870 en adelante, como un verdadero punto de inflexión,
como el comienzo no sólo de un movimiento estético, el romanticismo,
sino como la posibilidad misma del comienzo de la literatura nacional:
con el poeta en tierra, munido de lecturas e inquietudes románticas sólo
es necesario esperar a que su genio, impregnado del aire de los tiempos,
fecundado en Europa y rodeado del paisaje de su tierra natal, dé a luz

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la primera obra, la más esperada, la más imaginada, la más deseada. La de su atribulada travesía–, no hay cuaderno de viaje, ni indicaciones de
imagen de un viajero que se ha hecho escritor en el transcurso de su los cursos que podría haber tomado, ni notas o comentarios sobre las
viaje a Europa, aun antes de haber publicado una línea, es una atractiva personalidades importantes con las que podría haberse relacionado en
y poderosa sugerencia de Juan María Gutiérrez, quien fuera su primer París. El potencial se apodera del relato que otros hacen de este viaje
biógrafo y su primer crítico. Por otra parte, inmediatamente después de porque no existen, a decir verdad, más que dos certidumbres: el docu-
la publicación de sus primeros poemas, el saludo de sus contemporá- mento de ida, fechado el 15 de octubre de 1825, en el que figura de pro-
neos es efusivo y comienza a delinear el sortilegio de un nacimiento, el fesión comerciante, y el de la vuelta, en el que se asume como escritor.
aura de una fundación. Lo que sucede en el medio para que semejante transformación se pro-
La idea misma del viaje como punto iniciático (de un movimiento duzca es, por lo pronto, un vacío de escritura que casi pide ser llenado.
estético, de una literatura) es, sin duda, tentadora. En nuestros días, Rü- Y de hecho lo fue, profusamente y de una vez y para siempre por Juan
diger Safransky, en un libro que se propone instalar definitivamente la María Gutiérrez –el primer crítico de la literatura por nacer– con frases
genealogía alemana del movimiento estético más importante del siglo que, sin abandonar jamás los tiempos verbales aptos para imaginar las
XIX, sostiene que el origen del romanticismo mismo se encuentra en la posibilidades, dibujan una residencia parisina colmada de cursos, con-
travesía que realiza Herder en 1769 al embarcarse en costas alemanas ferencias, hallazgos de nuevas lecturas, amistades, en fin, una verdade-
para llegar por mar a Francia. Enunciado por el filósofo como un viaje ra estadía de formación cultural para el joven porteño que desembarca
para ver el mundo, con punto de arranque pero sin punto de llegada con veinte años en París.2 A partir de entonces este relato fue repetido,
previo, lo cierto es que el viajero ve muy poco del mundo exterior (salvo sin ninguna referencia que lo confirmara, por quienes aludieron a este
el mar y las costas lejanas) pero se encuentra, en cambio, consigo mis- período central en la vida del que estaba destinado (y ya veremos hasta
mo. Sobre el movimiento de las olas Herder “destruye” su anterior saber qué punto) a convertirse en el fundador de la literatura nacional. La
libresco y encuentra tiempo para “inventar lo que pienso y creo”. En su ausencia de datos concretos del viaje nos priva del testimonio de la re-
Diario de mi viaje del año 1769 el filósofo da cuenta de esta transfor- lación experiencia-literatura que numerosos escritores románticos nos
mación, de este tránsito de lo viejo a lo nuevo en su pensamiento, de las brindaron pero, por el reverso, nos muestra cómo cada etapa de su breve
novedades que el mar abierto instala en su mente como posibilidades de vida literaria (mucho más breve aún que su ya breve vida adulta) fue
escrituras, como proyectos literarios. Al huir de la prisión de la catedral construida a partir del énfasis crítico de sus contemporáneos y, en espe-
de Riga hacia el afuera de la que Goethe llamaría la “dilatada región”, cial, del voluntarismo crítico de Juan María Gutiérrez.3
Herder inaugura la figura del aventurero del espíritu, el que utiliza los
estímulos de la marcha para hacer bullir protopensamientos que se ha-
2. Ver Juan María Gutiérrez, “Noticias biográficas sobre D. Esteban Echeverría”, en
llaban en estado latente en el interior del sujeto y que el movimiento del Obras Completas de Esteban Echeverría, Tomo V, “Escritos en prosa”, Buenos Aires, Carlos
viaje convertirá en ideas.1 Casavalle editor, 1874. Los cinco tomos de las Obras Completas se publicaron entre 1870 y
En el caso de Echeverría los testimonios escritos del viaje son tan es- 1874. Los datos sobre los documentos de aduana de la partida y el regreso de Echeverría
también son proporcionados en estas “Noticias biográficas” que, como se verá, son un texto
casos que obligan a una reconstrucción ficcional: salvo dos o tres cartas clave para la estructuración de la obra y la figura del poeta y pensador.
a su hermano y a sus patrones –mecenas que corresponden al comienzo 3.Juan María Gutiérrez (Buenos Aires, 1809-1878) fue un miembro protagónico de la
Generación del 37. Si bien durante su vida desarrolló una actividad miscelánea que incluye
la jurisprudencia, la topografía, la diplomacia y el ejercicio de relevantes cargos políticos
1. Ver Rüdiger Safransky, Romanticismo: una odisea del espíritu alemán, Buenos Aires, y administrativos, su figura es fundamentalmente recordada por su labor precursora a nivel
Tusquets Editores, Fábula, 2012. continental como crítico e historiador literario, lo que se verifica en una obra cuantiosa y

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A decir verdad, el relato colectivo y diacrónico de todas las vicisitu- o militar son dos elementos constitutivos del poeta romántico. Byron es
des de su vida (una juventud disipada y guitarrera, un viaje a Europa que el modelo perfecto del escritor que elige la acción en el campo de batalla
habría actuado como contención y reordenamiento de las pasiones juve- y Lamartine el modelo del artista que, desde el púlpito revolucionario, in-
niles, un regreso anticipado por dificultades económicas, una tímida pre- cide directamente en el curso de los hechos políticos: sacerdote laico, tri-
sentación en sociedad con algunos poemas publicados en la prensa, una buno público. Pero Echeverría (y esto es un problema para Gutiérrez) no
decisiva edición de dos libros de poemas, una participación activa en el elige ninguno de estos caminos. Tempranamente decide que no escribirá
Salón Literario y un reconocimiento notorio de sus contemporáneos, jun- para la prensa negándose a la forma más frecuente de actividad política
to a una serie de circunstancias difíciles de su vida en el exilio) se basan en para un escritor en el siglo XIX.5 Gutiérrez debe entonces mover de lugar
el manejo narrativo de las incertidumbres como certezas y en la apropia- “la acción” de su personaje:
ción del clima político, social y estético que lo rodea –en París, en Buenos
Aires o en Montevideo– para la construcción de su mundo interior. Esta vida no es propiamente de acción y por acción se en-
Y es Gutiérrez quien, entre 1870 y 1874, además de sentar las bases tiende la parte que toma un ciudadano en las cuestiones pú-
para este relato de vida, envuelve con tintes patrióticos toda la obra de blicas de su país. Los tiempos alejaban naturalmente de ellas
Echeverría en un esfuerzo desmesurado que consiste en leer en Los Con- a un hombre del carácter y principios de Echeverría. Pero en
suelos (1834) o en las Rimas (1837) el desconsuelo de la patria ante la el teatro de las teorías pocos argentinos han sido tan activos,
tiranía de Rosas o, más aún, en suponer que en esos poemas melancólicos laboriosos y persistentes como este pensador siempre en la
y vagamente filosóficos los ciudadanos afligidos por los males de la patria brecha, luchando contra el error día y noche, y manejando
podrían encontrar tanto alivio como enseñanza moral, tanto denuncias en esta lucha todas las armas de la palabra con que la idea
de injusticia como ejemplos de una ética pública. Este gesto inicial no sólo ataca y se defiende. Esta gloriosa batalla, sin ruido, sin sangre,
lleva al límite lo que los textos ofrecen sino que los carga de un sentido que emprendida casi con la certeza de la derrota o de lo infructuo-
no poseen. El crítico, así, inventa no solamente un autor que nace patriota so del triunfo, que consumió la existencia de Echeverría y le
sino una poesía que nace nacional.4 devoró de sed de verdad y justicia, está consignada en sus es-
critos, que son como los anales de ella, jornada por jornada…
Del pequeño héroe de novela al poeta de la patria
Y cuando Gutiérrez tiene que seguir a su héroe en el exilio, en la Mon-
En la escritura de la biografía de Echeverría, Gutiérrez debe enfrentar tevideo sitiada, las cosas se complican aún más:
dos vacíos en la vida de su personaje. Creación artística y acción política

todavía no sistematizada ni conocida con exhaustividad. En este sentido, podría definirse más 5. Esta decisión es la resultante directa de una coyuntura personal. Aquella en la que aparecen
ampliamente a Gutiérrez como un tenaz promotor y difusor de la cultura letrada en América. en los periódicos de Buenos Aires los primeros comentarios tibios sobre su obra, que él lee
Ver Adriana Amante, “La crítica como proyecto: Juan María Gutiérrez”, en Julio Schvartzman como ataques de la prensa y que lo impulsarán a escribir una trabajosa composición satírica
(dir. del volumen), La lucha de los lenguajes, volumen II de Noé Jitrik (dir. de la obra), en verso. A partir de entonces Echeverría mantendrá siempre vigente su desprecio por los
Historia crítica de la literatura argentina, dirigida por Noé Jitrik, Buenos Aires, Emecé, 2003. periódicos y los periodistas a pesar de que la mayoría de sus amigos y enemigos pasarían
4. Sólo a modo de ejemplo ver la siguiente frase cuya idea es reiterada en diferentes momentos por la prensa periódica en estos mismos años. La “Sátira, Los periodistas argentinos” no fue
y formulaciones y cuya persistencia en la edición de las Obras Completas es más significativa incorporada por Gutiérrez a las obras completas. La publicó Ricardo Piccirilli en Boletín del
aún: “Aquellos libros de versos harmoniosos contenían en la personalidad de un individuo la Instituto de Investigaciones Históricas, vol. XXVI, Nº 89-92, Buenos Aires, 1942 y la incluyó
sensibilidad atormentada y herida de un pueblo entero y fueron, por lo tanto, eminentemente, Félix Weinberg en Esteban Echeverría, ideólogo de la segunda revolución,Buenos Aires, Taurus,
sociales”. 2006.
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En Montevideo, la acción era, por momentos, febril. La sin ningún agregado, no como alguien que, además, escribe, sino como
trinchera, la plaza pública, los muelles, la casa de gobier- alguien que sola y exclusivamente escribe, que vive para escribir aunque
no constituían por así decirlo, los hogares de la población. sepa que no puede vivir de la escritura. En 1850 apunta: “Nunca se me
Echeverría se hallaba frecuentemente en todos aquellos cen- ha ocurrido que entre nosotros podría ganarse nada escribiendo versos”.
tros de curiosidad y movimiento pero sin cargar el fusil, sin Sin embargo, luego de esta frase, agrega: “Sólo la deplorable situación
desempeñar ningún empleo, sin escribir en los periódicos, de nuestro país ha podido compelerme a malgastar en rimas estériles
oficios todos que desdeñaba y que se desprendían de él como la substancia del cráneo”. La política como presión sobre la poesía. La
contrarios a su naturaleza. poesía como demanda de la política: Echeverría escribe, nos dice, a pesar
suyo. Escribe, precisamente, obligado por los peligros en que la patria
Se va delineando así la figura de un intelectual puro que, sin embar- vive. De modo que lo hace por encargo de la patria, nada menos y, ade-
go, tuvo un pasado que puso en riesgo ese destino de maestro de una más, como una tarea impuesta, exigida, demandada por sus contempo-
generación que de hecho estuvo a punto de convertirlo en otra cosa, por- ráneos y es por eso que la tensión entre la escritura íntima o dirigida a
que Echeverría es, también, según sus propios testimonios, alguien que un pequeño círculo y la poesía civil o pública se registra a menudo en su
se parece a esos personajes que le gustaban a Borges, un joven orillero correspondencia. Echeverría resulta así ser el fundador de la literatura y
siempre dispuesto a seducir a las damas con el sonido de su guitarra y de la cultura argentina gracias al esfuerzo y la voluntad de sus contempo-
con sus dotes de bailarín, alguien que está a punto de seguir el camino ráneos que lo consideraron alternativa y conjuntamente: genio poético,
equivocado, alguien capaz de pensar que su disipación es tan escandalosa maestro y guía de la juventud y, además, el escritor llamado a producir
que puede causar la muerte de su madre. Gutiérrez convierte retrospec- la primera gran obra de persuasión y unión de las conciencias en épocas
tivamente a este “pequeño héroe de novela”, como lo llama, en el más necesitadas de liderazgos alternativos a los ya existentes en los bandos en
grande de todos sus contemporáneos. De un modo drástico, la juventud pugna.
libertina es radicalmente modificada por el viaje a Europa que el biógrafo Veamos dos ejemplos de la presión del contexto sobre el poeta en dos
imagina como un triunfo de la razón sobre las tentaciones de la carne, en momentos muy diferentes. Tempranamente Marcos Sastre se propone
el clásico modelo de la felicidad virtuosa que implantaron los jacobinos. ungirlo, con su anuencia secreta, como líder generacional. En setiembre
“El viaje a Europa, emprendido por Echeverría en 1835 fue el resultado de 1837, y un día después de la aparición de las Rimas, Sastre considera
de una lucha moral en que triunfaron la razón y las grandes aspiracio- oportuno entusiasmar al poeta –que no ha tenido hasta el momento una
nes”. La aguda crisis de juventud se resuelve en el viaje a Europa bajo la participación activa en su Salón– con la siguiente carta:
forma de martirio moral: “A este precio doloroso vivirá perdurablemente
el nombre de Echeverría. Su martirio se convirtió en gloria”.6 Yo pienso señor Echeverría y me atrevo a asegurar, que V.
La biografía confirma así que para ser el poeta de la patria y el maestro está llamado a presidir y dirigir el desarrollo de la inteligen-
de la juventud en tiempos necesitados de poetas y maestros, es necesario cia en este país. V. es quien debe encabezar la marcha de la
también pasar por el martirologio. juventud. V. debe levantar el estandarte de los principios que
Echeverría es, entre sus contemporáneos, el único intelectual que se deben guiarla y que tanto necesita en el completo descarrío
definirá a sí mismo como escritor, como poeta, sin ninguna vacilación, intelectual y literario en que hoy se encuentra. ¿No se siente
V. allá en su interior un presentimiento de que está destinado
6. Juan María Gutiérrez, Obras Completas. op. cit. a tan alta y gloriosa misión? Ya es tiempo, señor Echeverría

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de hacer brillar la luz [...] Ya es tiempo de que V. que reúne tor que eche sobre su alma la grave responsabilidad de ser
a la instrucción el don de la palabra, el crédito literario y la el órgano fiel de las exigencias del Pueblo Argentino y colo-
edad juvenil, ponga en acción estos poderosos resortes y no cado en la altura de su misión desnudo de las influencias de
espere a que se inutilicen, por las falsas doctrinas y las pre- un Partido: un escritor que no defienda a Rosas sin motivo
tensiones de algunas cabezas incapaces de empuñar el cetro ni alabe a Paz sin merecerlo; que esté constantemente en la
de la inteligencia […] a V. le toca, no lo dude. libertad de decir lo justo, bueno, y armado de la palabra de
Dios [y] enseñe al Pueblo la conveniencia y la dignidad: que
Y agrega con perspicacia: “nadie quiere saber que va a ser dirigido, tienda en fin a uniformar la opinión sobre los puntos en que
de modo que cuente con mi discreción al respecto: todo esto, es decir, debe haber completo acuerdo.
mi propuesta de que usted los dirija y su eventual aceptación, se man- Este hombre, este escritor eres tú Estevan.8
tendrá en secreto”.7 No se trata de un gesto espontáneo. Sastre recoge
el clima del momento, lo que se conversa en los salones, pero sabe que Y en la posdata da fe de que no aceptará el silencio como respuesta:
es mejor que el poeta ocupe ese lugar sin que se adviertan las media- “Esta carta la repetiré hasta obtener contestación”. No se conoce la res-
ciones. La consagración, finalmente, será pública y se confirmará en los puesta de Echeverría a ninguno de estos requerimientos pero de cual-
textos privados, en las menciones llenas de alabanzas y respeto en la quier modo el “encargo” de estos compatriotas resulta desmedido en
correspondencia de sus contemporáneos. Nadie en esos años discutía la todos los sentidos. Por un lado, en cuanto a las tareas que se le imponen
idea de que Echeverría era el poeta más inspirado de su generación y el y, por el otro, por la exigencia de un compromiso con una escritura po-
pensador más completo; es más, se podría afirmar que Echeverría fue lítico-periodística que Echeverría siempre elude.
el escritor con mayor consenso positivo de sus contemporáneos en toda Leyendo ambas misivas se ve con claridad que el paso del tiempo no
la historia de la literatura argentina. Muchos años después, en 1845, su ha mellado la idea de que Echeverría es EL Escritor que antes los jóvenes
amigo Manuel Eguia le escribe de exilio a exilio, de Brasil a Montevideo: del salón esperaban como guía espiritual y ahora los emigrados esperan
como una suerte de mentor al cual seguir sin vacilaciones porque será
Ya tenemos elementos Americanos que bastan ellos solos justo, objetivo, directo y sobre todo persuasivo en su gesto de procurar
para triunfar de Rosas sin mezcla extranjera; pero el poder una suerte de ecuanimidad política que, despojada de los errores de los
material que avanza contra él, debe asociarse al poder mo- unitarios, enfrente finalmente el proyecto rosista con un proyecto opo-
ral; porque esta empresa no es sólo del sable para ser útil: sitor igualmente eficaz.
este solo habría conseguido la mitad del triunfo, y más de La desmesura y la complejidad del pedido de sus contemporáneos,
una vez ha sido nuestra ruina el empleo de un solo medio. unidas a la insistencia a lo largo de décadas en las que se producen cam-
Queremos pues un Escritor que llene este deber, que ilustre bios políticos importantes, ponen en evidencia una verdadera operación
a las masas, sobre todo punto político; que dispuesto siem- que presiona sobre el escritor para convertirlo en líder. Esta operación
pre a decir la verdad no se limite a elogiarlo todo, un Escri- ayudaría a entender, por la contraparte, el “efecto Echeverría”.9

7. Ver Marcos Sastre “Ofrecimiento de la Dirección del Salón literario a Esteban Echeverría” 8. Ver Manuel Eguía, “La intervención franco-inglesa en el Río de la Plata. Carta a Esteban
en “Documentos relacionados con el Dogma” en Esteban Echeverría, dogma Socialista, Echeverría” (1845), en Alberto Palcos, Echeverría y la democracia argentina, Buenos Aires,
edición crítica y documentada, Alberto Palcos, La Plata, Universidad Nacional de La Plata, Imprenta López 1941.
1940. 9. “Primus inter pares, su influencia en una ciudad pequeña y periférica como Buenos Aires,

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Estos contemporáneos forman parte de un grupo de hombres de dife- luego de unos pocos encuentros, el núcleo inicial se dispersa y el liderazgo
rentes edades y experiencias políticas que se plantean dos problemas cru- político de Echeverría no llega a ponerse en práctica.11
ciales al mismo tiempo. El primero, en sentido cronológico, es la necesidad En vista del endurecimiento de la política externa del rosismo y de la
de contar con una lengua y una literatura nacional a más de dos décadas clara represión y persecución a sus opositores internos al final de la década
del movimiento emancipador. El segundo es que viviendo el tiempo de la del 30, casi todos ellos irán convirtiéndose en emigrados. En conjunto y
experiencia del rosismo –que se reivindica como continuador del proceso en países diversos, utilizando géneros y medios diferentes, los emigrados
revolucionario de Mayo– necesitan apropiarse de esa herencia y disputár- producirán una importante masa discursiva. Y será esta escritura coral la
sela al enemigo. que constituirá al rosismo en un fenómeno político novedoso. Si el rosis-
De modo que éste es un problema para el que hay que encontrar so- mo tiene puntos de contacto con otras experiencias latinoamericanas, lo
luciones rápidas y de compleja realización: cómo constituir la literatura y que no se repite es la urdimbre de escritura –epistolar, doctrinaria, poética,
el pensamiento doctrinario nacional luchando, al mismo tiempo, contra novelística, periodística– de los que consideran que deben elegir el camino
un sistema al que se le atribuye españolismo pero que se considera a sí del exilio. Todo se hace en nombre de la emigración, aun la acción armada
mismo defensor de lo americano, al que se le atribuye un unicato férreo y contra Rosas. El fenómeno de dispersión de estos jóvenes hombres de letras
antidemocrático pero que enarbola la bandera del federalismo, al que se en países limítrofes se constituirá, a su vez, en una marca de reconocimien-
le atribuye un carácter no democrático pero que exhibe las marcas y los to político y de diferenciación y caracterización, por la negativa, del régi-
gestos del republicanismo y, sobre todo, de lo popular. Para intentar resol- men rosista. En palabras de Adolfo Prieto: “fue tan unánime la expresión
ver este complejo problema se necesita un partido y es entonces cuando oficial del sentimiento colectivo antirrosista y hasta tal punto se identificó
se produce el movimiento, el pasaje del gabinete de lectura al Salón Lite- éste con determinadas imágenes literarias, que por mucho tiempo resultó
rario, y de la librería de viejo a la que se le adosan salones para reunión, a difícil pensar en el episodio rosista sin referirlo a la retórica impuesta por
la Asociación de Mayo o la Joven Argentina. Del salón, como propuesta los vencedores”.12
de lugar de pertenencia intelectual, al partido como lugar de pertenencia
política. De allí, también, el intento de ampliación del círculo porteño, la El único poeta en la ciudad
campaña política de la Asociación, el intento de crear filiales en el interior.
Ese partido que Echeverría debería dirigir y al que se refiere con insistencia Los primeros poemas y el primer poemario de Echeverría se publican
en la Ojeada Retrospectiva (1846) resulta ser un fracaso por su omnipo- sin nombre de autor y con mucha distancia entre uno y otro.13 Todas estas
tencia iluminista, fundamentada en la acción transformadora de las ideas
casi puras, y porque contrapone asociaciones de librepensadores a un sis-
(Noé Jitrik, dir. gral.), Buenos Aires, Emecé, 2014.
tema de gobierno basado en la alianza de sectores sociales diversos con un 11. La presencia de Echeverría en el Salón Literario fue, al menos, reticente. Gutiérrez se encargó
poder fuertemente centralizado que confía absolutamente en la eficacia de de leer en voz alta los versos de “La cautiva” (1837) y sus lecturas no se habrían producido en ese
la propaganda política desde el Estado.10 Pero, sobre todo, fracasa porque ámbito sino que permanecerán entre sus papeles formando parte de su proyecto de programa
político. Y en cuanto a la Joven Argentina, salvo la fecha inaugural del 26 de junio, poco se
conoce sobre su contenido y sus participantes: nos enteramos de las palabras simbólicas y de
los proyectos político-organizativos por una carta que Echeverría envía desde “Los Talas” a
se ejerce en la trama de las relaciones personales e intelectuales, de las amistades literarias y Gutiérrez comunicándole el programa de trabajo que deberían emprender sus integrantes. Ver
políticas.”. Ver Carlos Altamirano y Beatriz Sarlo, “El Poeta”, en “Esteban Echeverría, el poeta Juan María Gutiérrez, Obras Completas, op. cit.
pensador”, Ensayos Argentinos, de Sarmiento a la vanguardia, Buenos Aires, Ariel, 1997. 12. Adolfo Prieto, Proyección del rosismo en la literatura argentina, Rosario, Universidad
10. Ver Ricardo Salvatore, “La cultura política del federalismo rosista”, en Iglesia, Cristina y El Nacional del Litoral, Facultad de Filosofía y Letras, 1959.
Jaber, Loreley (dir.), Una patria literaria, vol.1 de la Historia crítica de la literatura argentina 13. El primero se publica sin título ni nombre de autor en la Gaceta Mercantil, el 8 de julio de
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publicaciones tendrán, cada una en su momento, una importante re- habrían “cortado las alas de mi imaginación y amortiguado el fuego di-
percusión periodística. Pedro de Angelis en El Lucero, Miguel Valencia vino de mi espíritu” y cuán temprana es la comprensión de lo difícil que
en El Telégrafo de Comercio, Thomas George Love en The British Pac- le resulta convertirse en escritor.16
ket14los comentan con tono benevolente y escaso entusiasmo aunque
ninguno de ellos utiliza, ni por asomo, un tono ofensivo. Sin embargo, El éxito
las notas provocan en Echeverría la necesidad de enfrentar a los “perio-
distas argentinos” quienes debido a su “vil profesión”, que los convierte a Pero entre la publicación de Elvira y la de Los Consuelos se produce
sus ojos en “bastardos gaceteros”, no estarían en condiciones de apreciar en la vida de Echeverría un hecho que sería clave para su biografía y,
la calidad de su poesía. La Sátira a los periodistas argentinos que se ini- por ende también, para la historia de la literatura nacional. El encuentro
cia con una lapidaria cita de Byron, “They write for food and feed becau- con Gutiérrez, unos años mayor, lector voraz, curioso y con numerosas
se they write”, no deja, como quien dice, nación sin cabeza ya que Italia, relaciones entre la elite porteña y montevideana, articula una amistad
Inglaterra y España –representadas por De Angelis, Love y Valencia– que tendría consecuencias no sólo en la producción inmediata de Eche-
serán incriminadas por ser potencias imperiales y sus súbditos locales verría (los cinco años más intensos de su escritura, del 33 al 38) sino
ferozmente atacados, como si hubieran ofendido a la patria misma.15 La también en el modo en que, después de la muerte del poeta, su obra y su
queja se extiende también a la pasividad del público porteño que tolera vida serían narradas y organizadas para la posteridad.
estos agravios: “¿Y aquesto se tolera entre nosotros? ¿Do el noble orgullo En carta a Pío Tedín, un antiguo condiscípulo salteño que había re-
está? ¿Do la energía de los claros porteños? ¿Por qué dejan insultar a la gresado a su provincia, Gutiérrez introduce a su nuevo amigo:
Patria en sus desdichas?”.
La Sátira, de una trabajosa y fallida urdimbre, no fue incluida por Ahora paseo con Echeverría. Este joven llena mis gustos, es
Gutiérrez en las Obras Completas y no hay registro de que sus contem- instruido, entusiasta, le gustan los paseos extramuros y nos
poráneos la hubieran conocido en manuscrito. Sin embargo muestra, en entendemos perfectamente […] Ahora estamos editando
el reverso de la trama, la temprana e intolerante postura del poeta frente sus poesías […] es un libro perfecto y bello por la forma y
a cualquier atisbo de crítica de su obra y explica también su temprano la materia. Está impreso como si fuera en Europa y forrado
repudio a los periodistas y al periodismo en general. Una carta de Eche- en papeles de colores los más exquisitos […] Haga Ud. que
verría a José María Fonseca enviándole el poema que le dedica, muestra los demás amigos, sus conocidos y señoritas encarguen un
también cuán temprana es la queja por sus pesares y las dolencias que ejemplar porque merece leerse y verse.17

La carta, de octubre de 1833, describe el momento crucial del en-


1830. (Sólo se sabrá a quién pertenece cuando lo incluya bajo el título “El regreso” en el cuentro con el nuevo amigo pero también muestra a Gutiérrez cola-
volumen de Los Consuelos en 1834. Un año después, 1831, publica “Profecía del Plata antes
borando en la edición del que será el primer libro exitoso del poeta,
de la Revolución de Mayo” en el Diario de la Tarde, Comercial, Político y Literario y, meses
después, “A la Independencia Argentina” en el mismo periódico. En 1831 hace imprimir un imaginando un público que incluye señoritas, dando un fuerte impulso
folleto en verso titulado Elvira o La novia del Plata. En los anuncios comerciales de la prensa
se aclara que se trata de un “Poemita original Argentino”.
14. Félix Weinberg, Esteban Echeverría…, op.cit. 16. Juan María Gutiérrez, Obras Completas, op. cit.
15. La sátira, en su furor patriota, incluye una temprana reivindicación de la soberanía 17. Ernesto Morales, Epistolario de Juan María Gutiérrez, Buenos Aires, 1942 (Las
argentina sobre las Islas Malvinas, recientemente ocupadas por Inglaterra. bastardillas me pertenecen).

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a su circulación. La carta muestra así el origen de lo que se convertirá en del señor Echeverría adaptadas al piano por el señor Esnao-
la línea de trabajo más importante de Gutiérrez: reseñar primero, editar y la? […] ¿Quién no ha oído el “Desamor”, la “Aroma”? Con
hacer circular después la obra publicada y la obra inédita de Echeverría, cuanta maestría nos transmite el señor Esnaola los acentos,
mantenerlo vivo en vida y después de su muerte. Los Consuelos fue el la inspiración del poeta.21
primer libro de poemas impreso en el país y tuvo gran repercusión en
Buenos Aires y Montevideo: las reseñas de Juan Thompson, de Valentín No se trata de seguir en sus melodías las huellas del espíritu del pue-
Alsina y del propio Gutiérrez, así como los comentarios en cartas de Bar- blo, como Herder, no se trata de buscar y recopilar canciones y relatos de
tolomé Mitre y de Florencio Varela, entre otros, así lo confirman.18 En fin, los rustici, como Michelet, ni tampoco, como Rousseau, escuchar “esos
como afirma Abel Chanetón, “la consolidación del prestigio intelectual y cantos simples e inocentes que el pueblo de cada nación canta en su tris-
la auténtica popularidad de Echeverría nacen de allí.”19 teza o su alegría, en la guerra y en las fiestas, sin saber cuándo ni cómo
han llegado a ellos”.22 Su larga estadía en un París en constante revuel-
Y sin embargo, las canciones… ta no ha despertado en el joven americano esa mirada oblicua que en
Wordsworth permite nombrar al niño muerto al que todas las políticas
Es posible afirmar que Echeverría, como figura pública, nace de ese abandonan y sentir, al mismo tiempo, la nostalgia del orden antiguo. Su
encuentro amistoso y de ese libro editado a cuatro manos por el futu- viaje, en fin, no se ha transmutado en escritura de nuevos espectáculos,
ro crítico y por el poeta que comienza a ser reconocido. Pero en esos grandes y pequeños, acá y allá, como en Sarmiento. Sus canciones, que
años Echeverría no sólo compone poemas elevados sino también otros expresaban según palabras de su autor “los íntimos afectos del corazón” y
de rima fácil destinados a convertirse en canciones gracias a su encuen- repetían en imágenes edulcoradas y rimas pegadizas situaciones que “pa-
tro con Juan Pedro Esnaola, con quien articula una de las colaboraciones recían ser de todos”, se convirtieron en verdaderos hits del momento: “El
más productivas en lo que se podría llamar, a falta de otra nominación, desamor”, “Mi deseo”, “Ven, dulce amiga ven”, “La ausencia”, “La aroma”.
un repertorio de música popular urbana, que se convertiría en el elegido Estas letras circulaban manuscritas por Buenos Aires y Montevideo y le
de los porteños y las porteñas de diversas clases sociales en las tertulias, dieron una amplitud a su fama que difícilmente hubiera logrado por sí
veladas, bailes y serenatas.20 Aunque otros jóvenes, como Alberdi y Gu- solo su pequeño libro de poemas. Hacia 1836 ya prepara, en colaboración
tiérrez también escribieron letras para canciones y otros compositores, con su amigo, una colección de canciones que debería llamarse Melodías
como Massini, Arizaga y Rivero, hicieron música para todos ellos, fue argentinas, la cual nunca llega a publicarse; sin embargo su trabajo con-
la dupla Echeverría-Esnaola la que resultó, por lejos, la más exitosa. El junto se mantiene exitoso hasta que abandona Buenos Aires, mientras
testimonio de Juan Thompson es elocuente: que Esnaola permanece en la ciudad participando cada vez más del cír-
culo íntimo de Rosas y Manuelita.23 Algunas de ellas fueron publicadas
Echeverría ha encontrado quien sepa llenar íntegramente su
pensamiento con tanta mayor ventura cuanto que su intér-
21. Juan Thomson, “La poesía y la música entre nosotros” citado en Weinberg, op. cit.
prete es artista como él. ¿Quién no ha oído varias canciones 22. Michelet, La Magdeleine, 1835, citado en Jacques Rancière, Breves viajes al país del pueblo,
Buenos Aires, Nueva Visión, 1990.
23. Juan Pedro Esnaola (1808-1878) es considerado en la actualidad uno de los primeros
18. Ver Félix Weinberg, op. cit. compositores de nuestro país y uno de los más importantes músicos argentinos. Nacido
19. Abel Chaneton, Retorno de Echeverría, Buenos Aires, Editorial Ayacucho, 1944. en Buenos Aires, desarrolla su carrera musical en Europa y regresa al país en 1822. Ese
20. Ver Félix Weinberg, op. cit. mismo año funda una escuela de música y canto. Desde 1833 en adelante le pone música

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en El recopilador y firmadas por las iniciales E. y EE.24 Y poco después, cia y Goethe y Schiller en Alemania no han desdeñado el
J.A. Wilde en 1837 editó finalmente El cancionero argentino. Colección renombre de Cancioneros. Los brasileños tienen sus modi-
de poesías adaptadas para el canto, que intentaba reunir todo lo que hinas, los peruanos sus yaravíes tiernas y melancólicos […]
circulaba en los lugares de reunión. Un artículo titulado “Literatura”, no existe pueblo alguno culto que no se deleite en cantar sus
publicado en el Diario de la tarde, criticaba el carácter misceláneo y glorias e infortunios.26
extranjerizante del Cancionero indicando asimismo que lo único verda-
deramente genuino eran las “diamelas” y las “aromas”: “¿De la Diamela Como buen discípulo de los poetas europeos, apunta que ha intenta-
y de sus hermanas qué podré decir? El público las aplaude, las admira, do rastrear las que se cantan en su país y ha encontrado que “todas ellas
esto es la última expresión del elogio de un artista; poeta por naturaleza, eran extranjeras, adaptadas o mal hechas copias de arias y romances
que se esfuerce, que aspire a ser poeta porteño, poeta nacional”.25 franceses o italianos y no el sencillo fruto de nuestro sentido músico”. La
Si los primeros poemas para ser cantados que pueden adjudicárseles ignorancia o el desinterés por las tradiciones rioplatenses en la búsque-
con certeza corresponden a 1835, lo que sorprende es que hasta 1838 si- da de algo así como una poesía popular culta hicieron que no pudiera
guiera componiendo con el que ya se había convertido en músico orgá- escuchar ni incorporar la música y las letras que lo rodeaban en Los
nico del rosismo. Ese mismo año El Iniciador de Montevideo, dirigido Talas (que ya constituían el material de la gauchesca) y, menos aún las
y redactado por Miguel Cané y Andrés Lamas, publicó dos de ellas, “Su que provenían de tradiciones indígenas colocadas claramente del lado
nombre” y “A unos ojos”, y el mismo periódico, “de todos y para todo”, su de la barbarie. El equipaje del viajero no sólo no incluyó la gran ruptura
artículo “La canción”. Allí Echeverría demuestra que conoce la impor- romántica con las formas tradicionales sino que tampoco lo impulsó a
tancia que los románticos otorgan a las antiguas canciones populares: conocer y a investigar, como después lo haría Gutiérrez, por ejemplo,
el vasto acervo de los que habitaron por siglos el suelo americano y las
El principal título de la obra de Moore se vinculó con sus nuevas voces, temas y metros que los habitantes de la campaña estaban
Melodías irlandesas, las de Burns son populares en Esco- ensayando.
Más allá de las consideraciones que sus elecciones nos susciten, es
imposible no poner en orden ciertas fechas: a fines de octubre de 1837
a los poemas de Vicente López, Juan Cruz Varela y Esteban Echeverría, entre otros. Su
interés por la canción estrófica, influida por el “Romance” francés, se relaciona con el se publica su segundo libro de poemas, Rimas, en el que además de “La
gusto imperante en los salones de Buenos Aires y Montevideo. Participa activamente de los cautiva” se incluyen algunos de sus poemas-canciones más difundidos.
espacios de sociabilidad del gobierno rosista y compone, entre otros himnos laudatorios, el Ese mismo año, a partir de agosto, se publica semanalmente un Boletín
Himno Mazorquero.
24. Esnaola compuso once canciones sobre los poemas de Echeverría (1835-1841): “La Musical que incluye partituras de piezas de baile y canto y algunos pocos
aroma”; “La diamela”; “A unos ojos”; “Ven dulce amiga”; “El ángel”; “El desvío”; “La artículos literarios, redactados por Alberdi y Gutiérrez. En noviembre
ausencia”; “El desamor”; “Mi destino”; “El desconsuelo”; “Un adiós”. Estas canciones aparece La Moda, “gacetín semanal de música, de poesía, de literatura
fueron recopiladas en Colección de música clásica- Romanticismo musical en el Río
de la Plata, grabado en el Museo Histórico Nacional, Buenos Aires, 2005, Tradition, y de costumbres”, con los mismos redactores del Boletín. Y en el mismo
TR 050412. Ver Bernardo Illari, Ética, Estética, Nación: Las canciones de Juan Pedro año, pocos meses antes, había comenzado a funcionar el Salón Literario.
Esnaola. Separata de Cuadernos de Música Iberoamericana, Volumen 10, Madrid,Instituto El 37 es, entonces, un año en el que un inusitado éxito como com-
Complutense de Ciencias Musicales, 2005 y Bernardo Illari, “Carta de Esnaola: Música,
Discurso y redes interpersonales en el Buenos Aires de 1837”, Revista del Instituto de
positor de canciones (obtenido en un clima de verdadero entusiasmo
Investigación Musicológica “Carlos Vega”, nº 23, Buenos Aires, 2009.
25. El artículo, firmado por “Zoilo”, podría ser, por su estilo, atribuido a Alberdi. Ver
Weinberg, op. cit. 26. Esteban Echeverría, Obras Completas, op.cit.

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por la música para cantar o danzar) rodea la aparición del que sería el siblemente, María muere también antes de que el poema termine, ator-
libro (y el poema) consagratorio de Echeverría. No puede pasarse por mentada por el sufrimiento de sus amadas pérdidas.
alto el hecho de que en ese momento el poeta llenaba los salones con La historia de la cautiva blanca está en el origen de la conquista del
sus tiernas endechas y cantos, como recordaría Calzadilla muchos años Río de la Plata, más precisamente en un episodio ubicado en La Argen-
después, en su libro de memorias Las beldades de mi tiempo. Dueño tina (1612), el primer libro de la historia de la conquista del Río de la
por fin de una fama verdadera (aunque esta gloria duraría poco tiempo) Plata escrita por un mestizo, Ruy Díaz de Guzmán. En este episodio,
el poeta se adueña de los salones sociales con sus canciones y de los sa- Lucía Miranda se convierte en un mito blanco y cristiano. A través de
lones literarios con su poesía. El efecto que el éxito musical tiene sobre ella los conquistadores definen al espacio americano como propio y al
el éxito literario debe tenerse en cuenta, uno no habría sido posible sin indio como violador de la frontera.27 Al colocar esta historia de un cuer-
el otro: las Rimas y “La cautiva” fueron el único triunfo literario del que po femenino violado por el cuerpo bárbaro en el centro de su poema,
Echeverría pudo disfrutar en vida porque a partir de entonces, como al colocar esta historia y no otra como “fondo” de su obra de imagina-
si su brillo y su capacidad poética se disolvieran en el aire, nunca pudo ción, Echeverría funda para la literatura argentina la dicotomía civiliza-
producir ninguna otra obra poética que lo conformara ni que confor- ción-barbarie que Sarmiento elaborará a su manera en el Facundo.
mara a sus contemporáneos; vivirá hasta su muerte intentando producir La barbarie se escande en múltiples rasgos hasta llegar a la vampiri-
lo que parecía ser su gran promesa y su gran deuda: el gran poema pa- zación o la demonización: los indios tienen gritos en lugar de voz, son
trio que al mismo tiempo fuera el gran poema de la emigración rosista. feroces y su ferocidad puede volverse contra ellos mismos: pueden des-
pedazarse, son “feos”, son “beodos”, son bebedores de sangre de yegua;
“La cautiva”: operación poética e intervención cultural son cuerpos “rellenos de sangre”, es decir, son “vampiros” o habitantes
del abismo. Si algunos tienen nombres (Quillán, Callupán, Chanil) es
A partir de la publicación de las Rimas Echeverría sería, desde en- sólo por americanizar la lengua del poema. Los nombres no definen
tonces y por muchas décadas, el autor de “La cautiva”. personajes, se leen y se escuchan como sonidos nuevos que permiten
Trabajado en el espacio de la pampa, el poema narra una historia de escuchar el ruido de la barbarie.
rapto, cautiverio y muerte. La tribu errante, un colectivo sanguinario
que cruza el desierto cual torbellino, se detiene para gozar de la orgía El poema despliega también un enfrentamiento sangriento y confuso
después de haber atacado un puesto de frontera. El poema comienza entre soldados y salvajes pero el combate no emplaza una frontera, ni
justo en la pausa del movimiento arrasador y en ese momento irrumpe siquiera la defiende o la desplaza. Esta batalla no es gloriosa para ningu-
la historia de amor trunca de María y Brian que le otorgará un dra- no de los bandos y no se advierte en ella ninguna señal del patriotismo
matismo inédito. Raptada y hecha prisionera, como su amado, de estos heroico que de vez en cuando el poema adjudica a Brian y a sus solda-
salvajes, la cautiva blanca lucha para salvar su vida y la de su hombre.
Armada de un coraje y una entereza inusitadas, esta heroína enfrenta a 27. Ver la historia de Lucía Miranda en La Argentina de Ruy Díaz de Guzmán y Cristina
sus captores al tiempo que enfrenta el deshonor al que la somete su in- Iglesia, "La mujer cautiva: mito, cuerpo, frontera" en Georges Duby y Michelle Perrot,
Historia de las mujeres, volumen III, Madrid, Taurus, 1992. También Loreley El Jaber,
voluntario destierro. A pesar de su bravura, María ve morir a su amado
“Primeras imágenes del Río de la Plata. Colonialismo, viaje y escritura”, en Iglesia, Cristina
entre sus brazos y sabe poco después que su pequeño hijo también ha y El Jaber, Loreley (dir.), Una patria literaria. op.cit. Echeverría habría conocido el episodio
muerto. Los versos esconden el sufrimiento de la cautiva en episodios de la crónica de Ruy Díaz porque, según Gutiérrez, planeaba dos obras teatrales: una de
sucesivos que subrayan su valentía y la cobardía de los indios y, previ- ellas tendría, precisamente, el nombre de uno de los caciques de esta historia, Mangora.

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dos. Hacia el final, el desierto parece volver a cubrirlo todo, como si ya de escudo contra los tiros ciegos de la crítica descamina-
nada hubiera sucedido. El único límite reconocible en el poema está en da, ya para colocar al lector en el punto de vista adecuado a
su borde: es ese espacio heterotópico adornado por la fantasmagoría del la talla de sus personajes, a las sombras, luces y colorido de
gótico: la tumba de María, una cruz, un ombú y las luces de aparecidos sus cuadros. Serviría, igualmente, de antorcha fiel para se-
hacen que esa tierra de nadie sea para los que la transitan, cual cautivos guirle los pasos en el camino de su pensamiento, decidién-
que huyen de los indios o indios mismos, un territorio sagrado o aterro- donos a proseguir por su vía o darle las espaldas tomando
rizante, un límite. otro sendero. Ha desistido por ahora, de su propósito, con-
Con “La cautiva” y su novedosa urdimbre de un paisaje y una histo- siderando sin duda que aún no ha cerrado el círculo de sus
ria americana, Echeverría había escrito, finalmente, el poema que sus trabajos artísticos, ni hecho vibrar todas las cuerdas de su
contemporáneos necesitaban. Había escrito el poema del presente, pero harpa, condición necesaria para poseer todos los materiales
también el poema del futuro. Poco importaría, a partir de entonces, que con que debe alzar el edificio de su teoría.28
los versos no fueran felices ni que el conjunto no tuviera contundencia
estética: su eficacia consistió en actualizar un mito que la historia colo- Gutiérrez inaugura así un peculiar modo de acompañar y defender
nial había fundado para disimular su violencia y convertirlo en patrióti- la obra de su amigo que mantendría a lo largo de todo su proyecto: afir-
co. Pero, sobre todo, en presentar ante los ansiosos jóvenes necesitados mar que conoce las intenciones del autor aunque éste no llegue a plas-
de poesía nacional con una obra que pudieran sentir como propia y marlas en escrituras, conjeturar los alcances de esas líneas si hubieran
proyectar como herencia hacia el futuro. realmente existido y escribir en su nombre los faltantes. El efecto de
esta operación será asombroso porque a fuerza de repetirla en diferentes
El poema y las operaciones de la crítica momentos de su trabajo crítico hasta el lector más atento se convencerá
de que Echeverría pensó, proyectó y escribió lo que Gutiérrez describe
Pocos días después de la aparición de las Rimas, Gutiérrez publica en con tanto detalle.
dos números sucesivos del Diario de la tarde un extenso ensayo sobre la En este manifiesto crítico premonitorio, “La cautiva” es el poema ar-
producción de Echeverría hasta el momento. El texto importa por varias ticulado en la naturaleza, la naturaleza misma crea las formas estéticas
razones: por un lado, es el primer ensayo crítico dedicado a la obra de adecuadas para su expresión:
un escritor contemporáneo; por otro, establece con firmeza el lugar que
ocupa dicha obra en la incipiente literatura argentina; y, además, en un Cuando el lugar de las escenas de “La cautiva” es nuevo y re-
gesto novedoso, tiene en cuenta la importancia del propio texto crítico cién descubierto para el arte, cuando en él resuena el alari-
en la valoración de la obra. Pero hay más motivos de interés: el ensayo do del salvaje de la pampa; serpean las llamas del incendio,
se propone en primera instancia como suplemento o reemplazo de un la sequía esteriliza y yerma, el yajá se levanta fatídico sobre
supuesto manifiesto estético que Echeverría habría desistido de poner al todo este mundo raro que anima el poeta, imposible era
frente de su libro por razones que el crítico también imagina libremente: someterse a una forma que no naciese espontáneamente del
seno de estas mismas cosas. Así nace, y la forma queda san-
Sabemos a no dudarlo que el autor tenía premeditado el po- tificada, sin necesidad de mayor examen y apología.29
ner al frente de su nueva publicación, una teoría extensa y
nueva sobre el arte o sobre su metafísica estética. Este traba-
28.Diario de la Tarde, Nº 1879, Buenos Aires, 1837. Citado por Weinberg, op. cit.
jo interesante para los estudiosos, serviría a la vez al poeta, 29.Ibid.
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La valoración del paisaje como elemento que da forma al poema y nuestras estancias, en aquella zona liminar de la civilización
no como un espacio al que el poema alude, es una audaz e inteligente argentina.
lectura del incipiente crítico que inaugura así una línea interpretativa
de “La cautiva” que tenderá a privilegiar la construcción del desierto, el Esta descripción del argumento sumada al uso de versos endecasíla-
pingüe patrimonio que el poeta señala como bien nacional, por sobre la bos, posibilita que Rojas incluya el poema de Echeverría en el volumen
historia misma que otorga ritmo y dramaticidad a la obra. Pero, a pesar correspondiente a Los gauchescos. Se trata de una operación crítica ex-
de su entusiasmo, el primer gran lector advierte una falta, un algo de cesiva –muchos la considerarán “irreverente” según el mismo Rojas–
incumplido en los versos que analiza. Advierte, vigilante, que el poeta porque recorta el poema del resto de la producción de Echeverría para
“está al umbral de la poesía social y religiosa” que se anhela y promete a leerlo no en el contexto de la producción del poeta sino en la serie de la
sus lectores y se promete a sí mismo que el vate, el elegido, cruzará un poesía gauchesca. Con esta operación coloca al poema en la zona de la
día ese umbral para otorgarles el poema deseado. Allí está la palabra historia de la literatura argentina que Rojas considera verdaderamente
del crítico para refrendar la importancia de lo que ha logrado y augu- original y propia. Para el crítico, la genuina literatura nacional se inicia
rar un próximo final de espera: “Qué mayor elogio podríamos hacer de con la gauchesca que, a su vez, constituiría el principal aporte de la li-
las mencionadas poesías que recordar que ellas nos han sugerido estas teratura argentina a la constitución de una nueva literatura americana.
serias consideraciones […]; esperamos sí que llegará el día en el que el Con el poeta instalado, a partir de “La cautiva” en la serie señera, Rojas
autor de las Rimas nos dé margen a decir todo lo contrario”.30 enfatizará su lugar en la Historia de la literatura argentina: “La gloria
Desde entonces, la obra de Echeverría estará, literalmente, en manos de Echeverría consiste no sólo en haber creado esta nueva corriente más
de Gutiérrez: su primer libro ha iniciado su circulación rodeado de la progresiva, fecunda y universal que la gauchesca sino en ser el primer
escritura del crítico, de sus alabanzas y de sus retaceos, de sus entusias- poeta que compusiera un poema con argumento pampeano en verso
mos y de sus presiones. “La cautiva” será presentada en la sociedad de culto”.31 Echeverría no sólo se elevaría por sobre la primera gauchesca
letrados, cuando el mismo Gutiérrez la lea en voz alta en las primeras sino que habría alentado la superación de su fragmentarismo permi-
sesiones del Salón. En esa lectura en voz alta resuena el eco de la antigua tiéndole ingresar a los grandes dominios de la épica. En otras palabras,
oratoria patriótica: ahora lo que se lee, lo que debe escucharse, es una “La cautiva” habría alentado el Santos Vega de Ascasubi, publicado en
proclama de nuevo tipo, una proclama de política literaria. París en 1851, con el cual la gauchesca llegaría a cumbres épicas. Am-
Casi un siglo después, el poema será nuevamente puesto a prueba. bos poemas constituirían, así las dos piedras fundamentales de la nueva
En su monumental Historia de la Literatura Argentina, Ricardo Rojas poesía nacional coronada por el Martín Fierro. Esta osada conjunción
(1882-1957) lo manipulará con el entusiasmo de un fundador: se apuntala en el común uso del octosílabo, en la incorporación de los
indios y en el hecho de que ambos poemas fueran compuestos en estan-
[…] el argumento de “La cautiva” se reduce a un episodio cias cercanas a Buenos Aires. Surgidos en “Los Talas” y en “La Flor” los
de nuestra vida de frontera, el rapto de una cristiana por versos habrían sido impregnados por el paisaje y la atmósfera americana
los indios y todos los episodios de valor o pillaje que, en- que rodeaba a los escritores. En el vértigo de su construcción, Rojas lle-
tre escenas de sangre y de fuego, constituían el drama de ga a imaginar una incidencia directa de un texto en otro y una probable

31. Ricardo Rojas, Historia de la literatura argentina, Buenos Aires, Editorial Guillermo
30.Ibid. Kraft, 1960.

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amistad entre ambos vates.32 El crítico dispone las piezas del monumen- un observador que se mueve, camina y cabalga en una dirección desde
to entramando biografías, ritmos y usos de la lengua. Pero a pesar de su la que registra lo que ve:
entusiasta voluntarismo, no deja de anotar su preferencia por Ascasubi
frente a “los desmayos en la versificación, los ripios con que rellena el ¡Mirad! Como torbellino hiende el espacio veloz,
verso, las voces imprecisas en que deslie el pensamiento, las palabras ved que las puntas ufanas
triviales con que afea las rimas” y sobre todo “la ausencia de emoción de sus lanzas por despojos,
poética” en el poema de Echeverría.33 Sin embargo la valoración estética llevan cabezas humanas
es superada por la necesidad crítica: cuando Rojas organiza su Historia, cuyos inflamados ojos respiran a un furor.
“La cautiva” es el poema que le permite sentar las bases de su precario
monumento. El testigo ocular, el viajero, invita a compartir la descripción de la
En las últimas décadas del siglo veinte, Adolfo Prieto realiza otra orgía que los indios celebran esa noche. Y cuando María y Brian irrum-
operación crítica importante al leer en “La cautiva” algo que sus epí- pen en la historia, el poema acompañará su huida con motivos caracte-
grafes se empeñarían en ocultar: el hecho de que el viaje y la mirada del rísticos del itinerario de un viajero por ese mismo territorio: el pajonal,
viajero son elementos constitutivos de la construcción del poema. Así, el pantano, el nido del chajá, los incendios favorecidos por la sequía, el
desde la primera estrofa: encuentro con el tigre, esto es, los amantes pasarán por tribulaciones
propias del género a las que estos personajes sirven, según Prieto, como
Era la tarde y la hora “agentes vicarios”.
en que el sol la cresta dora La perspectiva de Prieto permite ver la incidencia de la literatura de
de los Andes. El desierto viajes en el mismo espacio del desierto, el espacio más romántico.34 Hace
inconmensurable, abierto visible una presencia que habría sido borrada expresamente por Eche-
y misterioso a sus pies, verría al colocar epígrafes de Hugo, Dante, Calderón, Manzoni, Moreto,
se extiende, triste el semblante, Lamartin, Petrarca y ninguno que aludiera a los viajeros ingleses, como
solitario y taciturno lo hicieron Sarmiento o Alberdi por ejemplo. Leída en esa serie, “La
como el mar, cuando un instante cautiva” permite ver también la trama de apropiaciones y elisiones en
el crepúsculo nocturno, que se funda la incipiente literatura nacional.
pone rienda a su altivez. El éxito del poema es también el de su perduración como matriz de
un sistema de alusiones que sigue fascinando a críticos y escritores.35
La voz poética habla desde la cordillera y utiliza la misma imagen
comparativa que el texto de Humboldt. El narrador del poema, siempre
en la perspectiva de Prieto, se coloca ahora como un observador en el
arranque mismo de la llanura y, al mismo tiempo, en la perspectiva de
34. Carlos Altamirano y Beatriz Sarlo, Ensayos Argentinos, de Sarmiento a la vanguardia,
op.cit.
32. Como vemos, la conjetura sigue siendo una herramienta clave cuando se trata de nuestra 35. Ver Jorge Monteleone, “La pasión y el desierto” y Fermín Rodríguez,” Un desierto de
fundación literaria. ideas” en Alejandra Laera y Martín Kohan (comps.), Las brújulas del extraviado, Beatriz
33. Ricardo Rojas, Historia de la literatura argentina,op. cit. Viterbo Editora, 2006, para nuevas y sugerentes lecturas del poema.

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En busca de la épica, en busca de los mártires rasgos característicos de la vida individual y social en el Plata”, objetivo
que Echeverría anuncia al ponerle fin a El Ángel caído y con el cual res-
Si “La cautiva” convierte a Echeverría en el poeta que sus contempo- pondería, aunque tardíamente, al reclamo de Gutiérrez.39 El Avellaneda,
ráneos habían deseado con tanta intensidad, el poeta sabe que, como se- dedicado a Juan Bautista Alberdi, construye un personaje que reúne he-
ñalara Gutiérrez, no ha traspasado aún “el umbral de la poesía social y roicidad y martirio a partir de la biografía de Marco Avellaneda, miembro
religiosa” que se anhela. Atravesar ese umbral sería completar no sólo su de la Joven Argentina, organizador y jefe militar de la Liga Argentina del
obra poética sino cumplir, finalmente, el sueño colectivo. Norte, derrotado en Metán y degollado por orden de Oribe el 3 de octubre
Un primer intento en esa dirección es Insurrección del Sud, un poema de 1841, a los 27 años de edad. Todo parece caber en el poema: extendidas
que comienza a escribir en “Los Talas” en 1839, al enterarse del levanta- meditaciones filosóficas, detalladas descripciones del paisaje tucumano,
miento contra Rosas de propietarios rurales y vecinos de partidos cer- diálogos ejemplificadores, ardientes declaraciones de fe religiosa en me-
canos de la provincia de Buenos Aires y su derrota por parte de fuerzas dio del relato de una “guerra santa”, duelos de sueños de los antagonistas
rosistas,36 y que publica recién en 1849, cuando ya lleva diez años de exilio, (Avellaneda y Oribe), despedidas recurrentes (de los amantes, de padre e
un exilio en parte precipitado, al parecer, por su adhesión activa a este mo- hijo, de los amigos, de la patria) y toda la parafernalia de las imágenes del
vimiento.37 El paso inmediato estaría dado por el Avellaneda, publicado el infierno y aledaños. Pero en medio de una abrumadora mayoría de versos
mismo año en Montevideo, un poema de “forma colosal” al que Echeve- enrevesados por su pretensión cultísima surgen, nítidos, redondos, los de
rría considerará, sin lugar a dudas, su principal apuesta, su gran desafío. las coplas que miman el decir y el cantar del enemigo. En el momento
En estos “poemas de la derrota heroica”, Echeverría habría encontrado, la preciso en que el héroe, junto con sus camaradas en la derrota, camina
síntesis entre sus proyectos literarios y sus proyectos políticos, es decir la hacia su muerte, semidesnudo, apenas cubierto con harapos de un lienzo
posibilidad de intervenir en la lucha política contra Rosas desde la poesía. blanco, el silencio que rodea la escena es roto por una música de encanto
Y lo novedoso sería precisamente el modo en que se concreta ese hallazgo: siniestro:
en ambos poemas, pero sobre todo en el Avellaneda, “Echeverría enfren-
ta al rosismo haciendo uso de las virtudes pedagógicas del terror y sus ¿Cuál será el gobernador
posibilidades estéticas”.38 Estos poemas formarían parte de la ejecución ¿El más viejo o más muchacho?
del “vasto cuadro épico-dramático en el cual me propongo bosquejar los El de la barba sin flor
Lastima es: parece un guacho
36.La insurrección del sur fue un movimiento de oposición armado contra el gobierno de Con los aires de señor
Rosas que reunió a hacendados, pobladores de Dolores, Tandil y Chascomús. Fue derrotado Y oyen cantar en redor
el 7 de noviembre 1839. Salud al gobernador!
37. Suponiendo inminente la llegada del Ejército de Lavalle, Echeverría y Juan Antonio Gutiérrez
(hermano del crítico) labran un Acta-protesta en el pueblo de Giles en la que declaran nula e
ilegal la autoridad de Rosas, recorren la provincia y se manifiestan amigos de Francia que en 39. Esteban Echeverría, Obras Completas, op.cit. El ángel caído fue en realidad un intento
ese momento bloqueaba el puerto de Buenos Aires. Este documento, transcripto por Gutiérrez intermedio: en este extensísimo poema –once cantos y más de once mil versos– el poeta
en sus Noticias biográficas, será el primer manifiesto firmado por Echeverría contra Rosas. El ensaya diferentes metros y alterna voces para ilustrar la alegoría patriótica. Intentó publicarlo
cambio de rumbo de Lavalle lo obliga a exiliarse en Colonia del Sacramento, Uruguay. en Montevideo y en París, y hasta envió el retrato que acompañaría la edición. Gutiérrez
38.Ver Pablo Ansolabehere “Preciso es que haya mártires” en Alejandra Laera y Martín Kohan tuvo una ácida recepción de los primeros fragmentos. El poema nunca se publicó en vida
(comps.), Las brújulas del extraviado, op.cit. Se trata de un artículo notable por el ajustado de Echeverria y se conoció integro por primera vez en la edición de las Obras Completas de
y fino análisis de la relación entre literatura y política y mandato romántico en la poesía de 1870.
Echeverría que toma como centro poemas escasamente trabajados por la crítica hasta ese
momento.
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Del rebelde Tucumán Les hunden el cuchillo por el cuello
No quiere ser ya traidor Se oyen ayes y gritos sofocados
Y se aparece en Metán y hervidero de sangre a borbollones
Con bonete de Doctor y de pies a cabeza ensangrentados
Le jugaron una treta se enderezan altivos los sayones.
Los de la federación
Y perdiendo la chaveta Ya fuera de la literatura, la nota al pie refuerza el ademán didáctico:
Como perdiera el bastón
Viene en desnudez completa Damos esta pequeña muestra del estilo federal burlesco,
y oye cantar en redor puesto de moda entre los suyos por Rosas, restaurador del
Salud al gobernador! arte de escribir como es de las leyes. La Resbalosa es la so-
Barbilampiño y travieso nata del degüello como lo imita la palabra misma: ella imita
Contrito y lleno de amor el movimiento del cuchillo sobre la garganta de la víctima
Viene a recibir el beso y se canta y se baila al mismo tiempo. No se puede negar a
Que da la patria al traidor.40 Rosas y a los federales inventiva para llevar a la perfección
el arte del degüello y del robo.
Inesperadamente, Echeverría escribe su propia resbalosa en esas co-
plas que nombran lo terrible sin apelar a la sobreescritura. En ellas el Pero a pesar de que la nota al pie se esfuerza en instalar distancia con
poeta parece reconocer una poética mazorquera y se deja tentar por esa la poética del enemigo, todo el poema está contaminado de sus metá-
posibilidad de unir ritmo, imagen y música al mejor estilo Ascasubi. No foras: un ejemplo es cómo sus versos degüellan a Lavalle, el jefe militar
son versos aseados, como los octosílabos de “La cautiva” que preferen- unitario que tantas desventuras trajo a su propio bando:
temente no deberían ser advertidos por el lector.41 Pero lo bueno dura
poco, al menos en este caso, porque los versos siguientes ya desgranan Todo estaba en sus manos y lo ha perdido
una descripción ejemplificadora de lo que sucede cuando la “chusma” Lavalle es una espada sin cabeza
escucha la música fatídica: sobre nosotros, entre tanto, pesa
su prestigio fatal, y obrando inerte
Y asiendo con la izquierda su cabello, nos lleva a la derrota y a la muerte
Al compás de la horrible resbalosa
Publicado en Montevideo en 1849, Avellaneda es el último poema
que Echeverría da a luz en vida. Casi no tuvo repercusión, como casi
40. Juan María Gutiérrez, Obras Completas, op.cit., tomo I, 1870. Todas las citas de este no la tuvieron las piezas ensayísticas el Dogma y la Ojeada retrospec-
poema corresponden a esta edición.
41. Echeverría no se ha propuesto en este caso, como se propuso en “La cautiva”, "hacerle tiva que el poeta da a conocer en esta última etapa. En 1844, en carta a
recobrar (al octosílabo) el lustre de que gozaba en los floridos tiempos de la poesía Melchor Pacheco y Obes, advierte que su vida y su obra van cayendo en
castellana aplicándolo a la expresión de ideas elevadas y de profundos afectos”. El poeta, el olvido a medida que su inactividad política y literaria se hace más evi-
sigue diciendo Echeverría en la “Advertencia” a “La cautiva”, “habrá conseguido su objeto
si el lector al recorrer sus Rimas no hecha de ver que está leyendo octosílabos”. dente y ensaya una melancólica defensa de su incidencia generacional

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como poeta y como pensador.42 Otros intercambios epistolares de esos diato en el que el rosismo y el post Caseros parecían haber fracturado la
años dan cuenta de una creciente falta de entusiasmo por su producción coherencia política y cultural del imaginario liberal de esa construcción.
y de un relativo abandono por parte de su círculo más íntimo.43 Inme- La edición en cinco tomos emprendida por la Imprenta de Carlos
diatamente después de su muerte será Alberdi (que es de los pocos en Casavalle incluye las obras que Echeverría publicó en vida y un número
mantener un contacto asiduo en esos últimos años) quien, desde Chile, notable de páginas inéditas que su amigo, constituido en albacea post
escriba una semblanza-homenaje que intente poner nuevamente en pie mortem, habría encontrado bajo la forma informe de un amontona-
su figura de pensador y poeta fundador. miento de papeles, un cúmulo de hojas sueltas de calidad material defi-
ciente, atiborradas de una letra que se expande desprolija, garabateada
1870: el renacimiento del escritor con plumas muy usadas y tintas desleídas que dificultan su lectura al
tiempo que dan cuenta de la precariedad de las condiciones materiales
La sombra de Echeverría se levanta! Es la sombra de un pensador, es la sombra en que esa escritura se produce.
de un poeta! Un noble amigo la guía y la introduce solemnemente Los escritos inéditos son de muy variada índole: notas a la manera
en la región de los vivos. de epístolas que podrían contener material autobiográfico, reflexiones
Pedro Goyena sobre estética y literatura, fragmentos de piezas dramáticas, trozos de
relatos de viaje figurados, listas de frases y modismos. Se trata de trans-
La aparición de las Obras Completas de Echeverría, el maestro de la cripciones realizadas por Gutiérrez que suelen ir acompañadas por co-
juventud por excelencia, editadas y ordenadas por Juan María Gutiérrez mentarios sobre la importancia de tal o cual fragmento o sobre lo difícil
es saludada así por Pedro Goyena, un joven intelectual de la década del que le resulta entender la endiablada caligrafía de su amigo. Las que-
70. En la fantasmagórica imagen, la figura de Gutiérrez posibilita que la jas del investigador, enfrentado a la triple tarea de entender, transcribir
de Echeverría surja de la muerte, del olvido. Esta enorme tarea indivi- y editar, nos descubren también que ha tenido que dejar de lado mu-
dual y esta fuerte apuesta editorial tienen, por cierto, una justificación chos “fragmentos” por ininteligibles o simplemente por considerarlos
sencilla: el autor al que de este modo se honra sería el vínculo natural prescindibles. Nos muestran que las Obras Completas no lo son tanto
que “liga” las generaciones que ingresan a la vida ciudadana en los se- y que su contribución –cortando, eligiendo, desechando– no ha sido
tenta con la de los padres fundadores. para nada secundaria. Un momento notable es aquel en el que podemos
La idea de un autor y una obra que funcionarían como “ligamen- literalmente ver a Gutiérrez desentrañando los renglones de dos piezas
to” entre el momento de fundación de la patria y el actual, en el que fundamentales de Echeverría que hasta el momento habían permane-
conflictos internos de diverso tipo parecerían impedir su organización cido inéditas: se trata de las famosísimas “lecturas” que el poeta habría
definitiva, resulta eficaz sobre todo teniendo en cuenta un pasado inme- llevado a cabo en el ámbito del Salón Literario: “Éntre los informes bo-
rradores de estas lecciones hemos tenido la fortuna de hallar la que da-
mos hoy á luz, seguros de que será leída con avidez, con admiración y
42.“¿De qué cabeza salieron casi todas las ideas nuevas de iniciativa, tanto en literatura como
política, que han fermentado en las jóvenes inteligencias argentinas desde el año treinta y con agradecimiento”, escribe Gutiérrez refiriéndose a la que se conoce
uno en adelante?” en “Carta al general Melchor Pacheco y Obes”, en Alberto Palcos, Dogma como la primera y en cuanto a la segunda:
Socialista, op. cit.
43. Jorge Myers, “La revolución de las ideas: la generación romántica en 1837 en la cultura
y en la política argentina”, en Noemí Goldman (ed.) Nueva Historia Argentina, Tomo 3,
Esta lectura encierra el pensamiento económico de Eche-
Buenos Aires, Sudamericana, 1988. verría en la fecha dé la instalación del "Salón Literario" pre-

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sentado intencionalmente en aquel lugar, despojado de fór- La joya del archivo
mulas técnicas y de todo aparato científico. Hasta aquí llegan
los fragmentos de esta lectura, los únicos que hemos podido El artista contribuye al estudio de la sociedad cuando estampa en el lienzo una
descifrar entre los M. SS, confusos y desordenados, que tenía- escena característica que, transportándonos al lugar y época que pasó, nos hace
mos a la vista. creer que asistimos a ella y que vivimos con la vida de sus actores. Esta clase de pá-
ginas son escasas, y las pocas que existen se conservan como joyas no sólo para el
Y el momento es notable porque si nos atenemos a Félix Weinberg, estudio del arte sino también de las costumbres cuyo verdadero conocimiento es el
que ha trabajado puntualmente sobre esta cuestión, no hay en realidad alma de la historia.45
ninguna prueba de que esos textos hubieran sido leídos y ni siquiera que Juan María Gutiérrez
las reuniones –en que ambas lecturas se habrían dado–, hubieran en rea-
lidad existido. (El potencial se apodera, también, inevitablemente, de este Estamos, nos dice esta nota, frente a un descubrimiento de gran im-
ensayo, pero para quien lo haya seguido hasta este punto esto no debería portancia, una rara joya de esas que son escasas, difíciles de encontrar.
ya resultar sorprendente.)44 Sin ánimo de agregar ninguna conjetura sobre Con esta “Advertencia” –el nombre, no casualmente, es el mismo que puso
el momento en que habrían sido escritos o leídos estos ensayos, lo cierto Echeverría a su prefacio a las Rimas– que literalmente rodea al texto que
es que Gutiérrez es quien, al tiempo que nos cuenta emocionado su descu- presenta al público por primera vez, Gutiérrez dirige la lectura de su ha-
brimiento, los da a conocer por primera vez en letra impresa, acompañán- llazgo en un doble sentido: por un lado, afirma sin vacilación que se trata
dolos con notas que subrayan la importancia de su contenido patriótico y de un bosquejo, de un fragmento, de algo inacabado pero que en virtud
construyen una escena de lectura ante un grupo de jóvenes expectantes, de sus méritos –señalados en el párrafo citado– merece ser conocido en
fechada en setiembre de 1837. No es imposible entonces que generaciones tanto tal; por el otro, imagina el momento en que su autor lo escribe (muy
de críticos de posturas diversas, ansiosos también por asirnos a esa esce- poco antes de partir al exilio) y la presión de la urgencia política en la
na iniciática que marcaba nuestro modo de ingresar a la cultura de los escritura (la prisa y la ira explicarían el temblor de la letra). Y no duda
tiempos modernos de la mano del poeta y pensador, hayamos leído lo que en reforzar los tintes del peligro con esta asombrosa afirmación que no
Gutiérrez quiso que leyéramos y hayamos pasado por alto lo que Gutié- puede sino resonar de un modo atroz para los que conocemos la historia
rrez quiso que olvidáramos. No sería, como vimos, la primera vez en que de nuestro país en los años setenta del siglo XX: “Si esta página hubiera
actuaríamos de este modo, pero tampoco, como veremos, sería la última. caído en manos de Rosas, su autor habría desaparecido instantáneamente”.
Con la “Advertencia”, obra maestra de la crítica como invención, Gutiérrez
nos regala ahora una escena de escritura extraordinaria para el que sería
considerado, a partir de entonces, el primer relato, el primer cuento de la
literatura nacional.

44. Weinberg reconoce que no existen registros periodísticos de estas lecturas para el mes 45. Weinberg reconoce que no existen registros periodísticos de estas lecturas para el mes
de setiembre de 1837, fecha que les atribuye Gutiérrez, como sí los hubo para las reuniones de setiembre de 1837, fecha que les atribuye Gutiérrez, como sí los hubo para las reuniones
anteriores. Sugiere que, probablemente, esas lecturas se habrían realizado en los meses anteriores. Sugiere que, probablemente, esas lecturas se habrían realizado en los meses
siguientes (octubre o noviembre) cuando, debido quizás al incremento del control por parte siguientes (octubre o noviembre) cuando, debido quizás al incremento del control por parte
del gobierno rosista, los diarios ya habrían decidido no publicar las actividades del Salón. Abel del gobierno rosista, los diarios ya habrían decidido no publicar las actividades del Salón. Abel
Chanetón llega a afirmar que estas lecturas habrían sido escritas en fecha posterior, cuando el Chanetón llega a afirmar que estas lecturas habrían sido escritas en fecha posterior, cuando el
poeta se encontraba ya en el exilio. Ver ambos autores en libros ya citados. poeta se encontraba ya en el exilio. Ver ambos autores en libros ya citados.
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La historia de la literatura argentina tiene sus misterios y la aparición sí sucede con “La cautiva”, cuyos versos, a partir de las Obras Completas,
póstuma del relato más valorado de Echeverría –no bajo la forma de un comienzan a ser utilizados como epígrafes o citas por otros escritores del
original autógrafo sino de una transcripción trabajosa del amigo Gutié- período (el uso más notable es el que hará Lucio V. Mansilla en Una excur-
rrez– es, para nosotros, uno de los más inquietantes. ¿Por qué esta “joya” sión a los indios ranqueles que comienza a publicarse justamente en ese
nunca fue nombrada ni en la correspondencia entre Gutiérrez y Echeve- momento). En la década del 80 y en plena polémica sobre el naturalismo,
rría ni en la de alguno de ellos con sus corresponsales frecuentes? ¿Por qué Luis Tamini lee el texto no como testimonio sino como ejemplo de lite-
tampoco es mencionada en las tres versiones de la biografía de Echeverría ratura realista y Martín García Merou insistirá, en denominarlo “cuadro
que Gutiérrez escribió luego de su muerte, incluidas en el mismo volumen de costumbres nacionales” y, al mismo tiempo, “cuadro realista”.47 Ricardo
V en el que publica “El matadero”? ¿Por qué el exégeta valoró tanto este Rojas en su Historia dirá que se trata del “primer cuento verdaderamente
bosquejo inacabado si resultaba una muestra visible de ese “realismo in- argentino” e insistirá en su carácter realista.48
tencional” que consideraba fatídico para la belleza de las obras literarias? En el siglo XX críticos literarios, ensayistas, historiadores, filósofos y
¿Hasta qué punto intervino Gutiérrez en la redacción de “El matadero”, políticos vuelven insistentemente sobre la figura y la obra de Echeverría.
un texto que no hubiéramos conocido jamás sin su intermediación y que, En la década del 50, en particular, se produce una gran “vuelta” a Echeve-
por lo tanto, otorgaba una libertad tentadora a su reconocida “manía” de rría en el marco de la disputa entre intelectuales opositores al peronismo
mejorar o enmendar textos ajenos? El vacío de manuscrito dejará por aho- y los pertenecientes al “revisionismo histórico”. En palabras de Soledad
ra sin respuesta muchas de estas preguntas pero una cosa es ya segura: fue Quereillac:
Gutiérrez y no otro quien nos ofreció un conjunto escriturario (el texto y
su paratexto) que propiciaría múltiples lecturas críticas y poderosas rees- La vuelta a Echeverría se produce más en una dirección políti-
crituras ficcionales. Es Gutiérrez, al decidir mostrar la joya del archivo en ca que literaria, aunque no se obvie del todo su literatura dado
el engarce que confecciona a su medida, el que otorga un origen a la lite- que está en juego, nuevamente, la fijación o la devastación de
ratura argentina al mismo tiempo que lo envuelve en su propio misterio.46 los orígenes en pos de legitimar ideas actuales. En ese con-
texto, el poeta se convierte en el “apóstol” de los intelectuales
Lo que sucedió con “El matadero” después de su aparición en antiperonistas.49
público
En cuanto a “El matadero” será en la década del 60 cuando aparezcan
Después de su publicación en la Revista del Rio de la Plata en 1871y los estudios o las líneas de interpretación que produzcan un cambio im-
luego en las Obras Completas en 1874, “El matadero” no fue citado como portante en el modo en que había sido leído hasta entonces.
Sin duda la intervención crítica más significativa es la de Noé Jitrik
que aborda el texto desde una perspectiva propia, que incorpora lecturas
46.Ninguna de las apuestas críticas del siglo XX sobre “El matadero” escapa a las sugerencias
de la “Advertencia”. Patricio Fontana y Claudia Román analizan estas variadas interpretaciones
de “El matadero” a las que consideran “ficciones críticas” en un ensayo escrito con rigor
y osadía que permite, gracias a la inclusión de la posibilidad de una co-autoría, un cambio 47.Ver Alejandra Laera, “Sin olor a pueblo”. La polémica sobre el naturalismo en la literatura
drástico en la consideración de la historia de la crítica de este texto. Ver “De la experiencia argentina” en Revista Iberoamericana, Vol. LXVI, n° 190, enero-marzo de 2000.
de vida a la autoría en cuestión. Notas sobre las ficciones críticas en torno a “El matadero”, 48.Ricardo Rojas, Historia de la literatura argentina,op. cit.
enCuadernos del Sur-Letras, Departamento de Humanidades, Universidad Nacional del Sur, 49. Ver Soledad Quereillac, “Echeverría bajo la lupa del siglo XX”, en Alejandra Laera y Martín
2012; ver también Emilio Carilla,“Juan María Gutiérrez y ‘El matadero’”, Thesaurus, XLVIII, Kohan, Las brújulas del extraviado, op. cit., donde propone un vasto y complejo panorama de
n°1, 1993. las lecturas de Echeverría en el siglo XX.

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de Barthes y Greimas; un análisis minucioso autonomiza el texto y le parte, subraya una cuestión central: al no publicarse en el momento de
otorga un estatuto definitivamente literario, proponiendo una suerte de su escritura, “El matadero” debió renunciar a la eficacia política de la
decurso hacia la forma cuento sostenida en el narrador como función palabra inmediata pero, aun así, mediada por la distancia entre ambas
ordenadora y como instancia de transformación de lo real en ficción.50 fechas la violencia persiste en el lenguaje.53
En 1971, por su parte, David Viñas construye la figura del “escritor Desde nuestra perspectiva el trabajo del lenguaje con la violencia en-
liberal romántico” entramada en una contradicción mayor: la que es- tre y sobre los cuerpos es central en el Avellaneda y en “El matadero”. En
tos escritores instalan entre una creencia en la eficacia de las letras y su el primero el carácter sanguinario y brutal de la matanza y los degüellos
apostolado, entre su confianza en el libro como objeto civilizatorio y la aparece “justificado” por la lógica de la guerra (dos facciones políticas se
resistencia sorda o activa de los sectores que encarnan el pueblo al que enfrentan en el campo de batalla), pero en “El matadero” la violencia y la
deberían convertir. El modo en que esta contradicción se produce es vejación parecen gratuitas y surgen para impedir que un cuerpo extraño
formulada por Viñas en términos ideológicos, declinados en una serie (el del unitario) ingrese al espacio de los federales. No hay nombres de
abiertamente sexual: “Pero cuando ese libro no ’entra’, (el escritor liberal personas, ni de lugares, ni de batallas: sus protagonistas son personajes
romántico) agrede o se repliega; como no puede o no está dispuesto a literarios. Y precisamente por eso, la irrupción del que se convertirá en
‘abrirse’, con cada ruido imaginará una ‘violación’”.51 Y es esta violación protagonista de la historia, no deja de suscitar interrogantes. ¿Quién es
la que Viñas convertirá en metáfora mayor de la emergencia de la li- ese joven al que los del matadero llaman “el unitario”? ¿Por qué avanza
teratura argentina: ‘El matadero’ y Amalia no son, en lo fundamental, sin temores –como si no hubiera dictadura– por zonas de los arrabales
sino comentarios de una violencia ejercida desde afuera hacia adentro, que pueden resultar peligrosas? ¿Por qué exhibe tantos signos exteriores
de la ‘carne’ sobre el ‘espíritu’. De la ‘masa’ contra las matizadas pero de su rebeldía o su no adhesión al régimen? ¿Su muerte convertirá su
explícitas proyecciones heroicas del Poeta”.52 Sin abocarse a un análisis cuerpo en uno sacrificial en términos de Agamben? ¿Su heroísmo soli-
textual, Viñas instala, con una sola frase, el modo en que “El matadero” tario dejará marcas en la memoria colectiva (como lo hará el cuerpo de
inauguraría la literatura nacional y, al mismo tiempo, el modo en que Marco Avellaneda) o su muerte ignota será sólo el resultado de un juego
sería leído a partir de entonces. peligroso de amenazas verbales y forzamientos físicos como los que los
Las propuestas de Ricardo Piglia y de Martín Kohan, para citar sólo del matadero infligen al ganado? ¿Acaso no queda su cuerpo tendido
dos de las más influyentes, se despliegan a partir de esta frase pero se y solo en la casilla de los carniceros, como un resto animal? ¿Acaso su
hacen cargo del problema crítico que significa la mediación, la distan- sacrificio no se escurre entre los charcos de sangre del matadero en el
cia entre el momento de su escritura y el momento de su publicación. final del cuento? Los carniceros abandonan la escena como si no fueran
A partir de esta constatación, Piglia avanza en la formulación de dos culpables de esa muerte, la ficción abandona a la víctima, la deja librada
órdenes posibles de escritura en el siglo XIX, la ficcional, que es la que a su propia suerte.
se esconde, y la autobiográfica, que es la que se exhibe. Kohan, por su Y, sin embargo, hay algo que lamentar: el largo párrafo final otor-
ga sentidos referenciales a una violencia cuyo sentido sólo estaba en la
ficción, advierte que debe ser leído como denuncia, no quiere que los
50. Ver Noe Jitrik, “Forma y significación en ‘El matadero’”, en El fuego de la especie, Buenos
Aires, Siglo XXI, 1970. El ensayo es también rico en sugerencias sobre la relación de
Echeverría con el lenguaje popular y el lenguaje elevado.
51. David Viñas, “El escritor liberal romántico”, en Literatura argentina y realidad política. 53. RicardoPiglia,”Echeverría y el lugar de la ficción”, en La Argentina en pedazos, Buenos
De Sarmiento a Cortázar, Buenos Aires, Siglo XXI, 1971. Aires, Ediciones de la Urraca, 1993; Martín Kohan, “Las fronteras de la muerte” en Alejandra
52.Ibid. Laera y Martín Kohan, Las brújulas del extraviado op. cit.

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lectores (los únicos posibles, los de 1870) se confundan por la lejanía de como si Gutiérrez hubiese percibido –acaso inconsciente-
los sucesos. Es posible entonces proponer una pregunta más: ¿a quién mente– que los materiales que recopilan los cinco tomos
pertenece este segundo final de “El matadero”? de las Obras completas no eran suficientes para asegurarle
Entre tantos interrogantes, algunas cuestiones son claras: luego de la a Echeverría un lugar en la posteridad literaria, intenta re-
magistral operación de Gutiérrez al ponerlo en circulación en 1870 jun- forzar su estatuto mediante un audaz ejercicio conjetural o
to con su paratexto, “El matadero” pasa por períodos de relativa opaci- contrafáctico. Ese ejercicio consiste en declarar la innegable
dad. Es necesario esperar a las fuertes intervenciones de Jitrik y de Viñas calidad que habría tenido aquello que Echeverría pudo ha-
para que este texto enigmático y esquivo se convierta en texto funda- ber escrito, pero no escribió, o debió de haber escrito, aun-
cional de la ficción argentina, comience a ser tratado como el génesis.54 que no quedaron testimonios de que lo haya hecho.55
Si es cierto que todo relato despliega para el lector un mundo mu-
cho más complejo, mucho más rico que el que vive en los límites de sus Superponiendo escrituras reales con escrituras posibles, Gutiérrez
páginas, en “El matadero” esta afirmación se cumple con creces: en sus consuma una operación crítica cuya eficacia queda demostrada por su
faltantes está su completud, en sus paradojas, su riqueza. aceptación generalizada y su perdurabilidad en el tiempo. No existe,
en la historia de la literatura argentina, un caso igual o parecido: Juan
Esteban Echeverría en la Historia Crítica María Gutiérrez y Esteban Echeverría resultan, así, cofundadores de la
literatura nacional.
Una primera conclusión: sin la intervención de Juan María Gutiérrez Y una segunda: esta comprobación no invalida las numerosas lectu-
la obra –y la vida– de Echeverría no hubiera llegado a la historia de la ras críticas que se han hecho, a lo largo de casi dos siglos, a propósito de
literatura argentina ya convertidos –vida y obra– en las del primer escri- la obra de Echeverría sino que obliga –nos obliga– a revisitar ese origen
tor y pensador de la nación. Urgido por la necesidad de probar la exis- poniendo entre paréntesis las certidumbres de las que solíamos partir.
tencia de una literatura nacional, Gutiérrez lidió, tempranamente, con la
escasez de producción literaria de sus contemporáneos y con la insatis-
facción que lo poco que había le suscitaba, incluidos, como hemos visto,
los primeros poemarios de Echeverría. Cuando decide editar sus Obras
Completas decide, al mismo tiempo, pasar por alto sus propias dudas y
clausurar toda otra posibilidad de interpretación de un archivo que abre
y cierra en un mismo movimiento. El crítico se convierte así en el único
capaz de otorgarle un sentido homogéneo a esa producción, en armonía
plena con la vida del autor y con el país en que esa vida tuvo lugar. Y,
como para no dejar huecos, da un paso más:

54. He propuesto esta hipótesis en “Mártires o libres: un dilema estético. Las víctimas de la 55.Patricio Fontana, "El crítico como hacedor de autores. Juan María Gutiérrez y las Obras
cultura en ‘El matadero’ de Echeverría y sus reescrituras” en Letras y divisas, ensayos sobre completas de Esteban Echeverría", en Lidia Amor y Florencia Calvo (comps.), Historiografías
literatura y rosismo, Buenos Aires, Eudeba, 1998. literarias decimonónicas. La modernidad y sus cánones, Buenos Aires, Eudeba, 2011.

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El escritor americano

Facundo se escribe para los que no saben leer América. Este es uno
de los puntos de partida de Sarmiento: hay una mala lectura europea de
América, sobre todo de la Argentina, del Río de la Plata, de esta parte de
América que es, en realidad, la única que a Sarmiento le interesa. “Sus
más hábiles políticos no han alcanzado a comprender nada de lo que sus
ojos han visto al echar una mirada precipitada sobre el poder americano
que desafiaba a la gran nación”, escribe en Viajes.
Y Europa no sabe leer América porque América no se ofrece como
escritura autónoma, porque América carece de escritores en el sentido
más completo de la palabra: “El libro lo hacen para nosotros los euro-
peos”, afirma en Viajes.
Sarmiento quiere invertir este sentido unilateral, quiere ser el primer
gran escritor americano, el autor del libro hecho en América para los
europeos. Quiere apropiarse de la frase de Mallarmé porque siente que
América existe para convertirse en libro.
Hay una mala lectura europea de América: la experiencia americana,
mezcla de revolución, barbarie, intentos de acomodamientos a institu-
ciones que están funcionando en Europa, ha sido ya leída defectuosa-
mente y esta lectura, en particular la de Guizot, “el historiador de la ci-
vilización europea”, resulta para Sarmiento especialmente perturbadora.
El libro, entonces, se propone como lectura y como guía, al mismo
tiempo, como una lectura que funcione como una guía de lectura, como
un detonante de revelaciones: en ese único texto, recién hecho, con pala-
bras nuevas, el lector europeo encontrará, escondida o expuesta, sugeri-
da o subrayada, la verdad sobre América. El libro será instrumento y fin.

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Como en Europa ya funcionan sistemas europeos interpretativos sobre llan ante quien tiene el poder político pero no tiene libro. Se arrodillan
América, el movimiento de Facundo consistirá en generar un sistema ante un hombre sin libro. Sarmiento y el Facundo, el hombre y el libro,
interpretativo propio. En el momento de introducir su propio libro, Sar- constituirán ya no la escena de la lectura iniciática, “el lector con el libro
miento lamenta, para América del Sur, la ausencia de un Tocqueville en la mano”, como lo sostiene Sylvia Molloy, sino el escritor con su libro
que, "premunido del conocimiento de las teorías sociales revelase este en la mano.
nuevo modo de ser". El lamento señala la misma carencia: Tocqueville La primera imagen que el Facundo propone es un problema de lec-
es un libro y el libro no sólo explica, sino que ayuda a convertir en rea- tura: en la primera escena del Facundo el cuerpo de Sarmiento, el bió-
lidad lo que su letra afirma. grafo, está en peligro. Este cuerpo con el que la bacanal de la barbarie se
Esta comprensión europea errónea de lo que es América convierte ha ensañado es su cuerpo ensangrentado y mutilado. El cuerpo es una
al rosismo y a su sistema en un enigma atractivo también, aunque no mano que a pesar del acoso, puede, todavía escribir. Y lo hace en carbón
siempre por los mismos motivos, para los europeos; y es el enigma su y sobre un muro porque los instrumentos de la escritura civilizada, la
punto de partida para dar nombre nuevo a las cosas, o bien ampliar el tinta y el papel le fueron arrancados. Y lo que esta mano escribe es un
significado del mismo nombre. Sarmiento convierte en enigma a des- jeroglífico, una clave para ilustrados, que se convertirá en enigma para
cifrar el pasado reciente de su patria. Ese es uno de sus grandes gestos el gobierno bárbaro que nombra una comisión para descifrarlo y no lo
de escritura americana: este pasado es tan importante, tan necesario de logra. Un cuerpo solo y mutilado, una mano firme para la escritura, de-
descifrar como cualquier pasado europeo, Sarmiento escribe el Facun- rrotan, en esta escena, a los enemigos que no pueden dar combate en el
do desde América. Sarmiento es el “pobre escritor americano” que osci- terreno que su adversario les propone. Pero aunque esta escena magis-
la entre ser humillado y humillar a los grandes de la tierra. “Si un pobre tral ha marcado la interpretación unidireccional del texto, el Facundo
narrador americano se presentase ante ellos con un libro, para mostrar- dice que no saber leer o leer mal no es sólo un problema de la barbarie
les, como Dios muestra las cosas que llamamos evidentes...” predice, se sino del mundo civilizado, de Europa, de Francia.
autopredice en las primeras líneas de la introducción de Facundo. Sar- Sarmiento presiente mejor que ningún otro escritor de su tiempo
miento se adosa el adjetivo americano en esta frase introductoria que que la posibilidad de triunfo se centra en la capacidad de convicción
indica, como pocas, dos rasgos movilizadores no sólo de la escritura que su libro despliegue. Por eso, el viaje a Europa será también el viaje
sarmientina sino de toda la escritura americana, ya sea ésta ficción o del libro. Percibe también como pocos las desventajas de ser un autor
ensayo. La gloria que Sarmiento quiere para su libro –“fustigar al mun- americano intentando ingresar al circuito europeo “y al escritor ame-
do y humillar la soberbia de los grandes de la tierra”– es excesiva, pero ricano, a la inferioridad real, cuando entra con su humilde producto a
es, de algún modo, la gloria deseada por todo escritor americano. Este engrosar el caudal de las obras que andan en manos del público, se le
deseo de toda escritura americana consiste en la necesidad de fascinar a acumula la desventaja de una prevención de ánimo que le desfavorece,
los europeos, de cuya fascinación el escritor ha sido, primero, víctima, y sin que pueda decirse por eso que inmerecidamente”, escribe en Viajes.
también, la necesidad de humillarlos, porque ha sido, antes, humillado Sin embargo, lucha por obtener una lectura europea de su libro y está
por ellos. (Borges fue el único que logró esta gloria excesiva). dispuesto a sufrir humillaciones sin límite para lograrlo porque ha
Con el Facundo, Sarmiento lucha contra las consecuencias de la comprendido que “en París no hay otro título para el mundo inteligen-
mala lectura, contra ese movimiento de postración y acatamiento de los te que ser autor o rey.”
europeos con respecto a un Rosas que representa lo americano pero que
es incompleto: los europeos se postran ante quien no deben, se arrodi-

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Lecturas de viaje. Sarmiento y Fourier entre Europa y
América

El año 1845 fue particularmente intenso para Sarmiento. En mayo


comienza a aparecer en El Progreso, de Santiago de Chile, la serie de ar-
tículos que –publicados poco después, también en Santiago– constitui-
rían la primera edición de Facundo. Esta escritura violenta y didáctica,
exuberante y eficaz, tiene, como primer efecto, provocar el alejamiento
del escritor del escenario político chileno: el 28 de octubre de 1845 parte
de Valparaíso rumbo a Montevideo en un buque a vela en lo que será
la primera etapa del viaje a Europa, África y América del Norte, que
concluirá en febrero de 1848. El motivo oficial del viaje es reunir infor-
mación sobre la educación y la industria, a pedido y a costa del gobierno
chileno. La primera edición del libro que hoy conocemos como Viajes
aparece en Santiago de Chile en dos volúmenes: el primero en 1849 y el
segundo en 1851.1 El segundo volumen incluye algunos de los informes
o memorias científicas elaborados para el gobierno chileno. Esta zona
utilitaria del texto desaparece a partir de la segunda edición realizada en
Buenos Aires, en 1854.
El viaje es narrado en forma de cartas con un destinatario explíci-
to, con nombre y apellido, un pariente o un amigo americano al que el
viajero dedica así ese tramo de su relato. Sarmiento es un gran escritor
de cartas. Las cartas son multifuncionales en su estrategia escrituraria:

1.Todas las citas del texto corresponden a Domingo Sarmiento, Viajes por Europa, África
I América. 1845-1847, edición crítica coordinada por Javier Fernández, Madrid, Fondo de
Cultura Económica– UNESCO Colección Archivos, 1993, que reproduce la de 1886, tomo
V de las Obras de D. F. Sarmiento publicadas bajo los auspicios del Gobierno Arjentino,
Santiago de Chile, Imprenta Gutemberg.

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sirven para montar libros enteros, como en el caso de Viajes o Campaña neiro” ofrecen una mirada ávida, precisa, pero fuertemente crispada por
en el Ejército Grande, o para proponer núcleos generadores de escritu- las marcas de la experiencia política más inmediata. La postura política
ra, como en el movimiento expansivo que las cartas delatadas producen de Sarmiento, su disputa con Rosas, impregna casi por completo la carta
en Recuerdos de Provincia. “Montevideo”. Río de Janeiro parece mostrar todos los extremos de lo
La forma de la carta es rígidamente modelizada en el siglo XIX en americano: la belleza del trópico es casi insoportable por su exuberancia
manuales y métodos de enseñanza. Sarmiento se apropia de la carta y el viajero percibe la fascinación y la amenaza de un paisaje que oprime
como disparador de escritura de todo orden pero al estrujar su forma y paraliza las voluntades: “El extranjero venido de climas templados se
fija y estructurada, intensifica y modifica las convenciones del género. siente paralizado en sus movimientos, como en aquellas pesadillas en
En su correspondencia, en sus cartas privadas, Sarmiento no deja que el brazo no obedece a la voluntad”. Desde esta ciudad Sarmiento
nunca de pensar en la lectura pública: por un lado porque escritas casi inicia la búsqueda de lo diferente, el cruce del océano y es esa travesía
siempre desde diferentes destierros forzados por enfrentamientos polí- y el arribo a Europa lo que relatará la carta denominada “Ruan”. De esa
ticos, en su trayecto, las cartas pueden ser interceptadas y leídas por sus travesía y sus descubrimientos me ocuparé en este ensayo.
enemigos y aun cuando lleguen a destino tendrán, muchas veces, una
lectura colectiva impuesta por las mismas circunstancias. Pero además, Aviso de llegada
porque la carta privada forma parte de un continuo de escritura que
establece y sostiene su propio nombre frente a las infamias de sus ad- “Avise Usted a los míos, mi buen amigo –le escribe a Tejedor– que he
versarios. Toda la obra escrita de Sarmiento apuntala con palabras un tocado tierra en Europa, que he abrazado, como bien dijera, esta Francia
nombre que siempre está en cuestión. de nuestros sueños”. “La Francia de nuestros sueños”: la frase tiene un
El relato de los Viajes produce un corte en ese extenso, variado y, por fuerte tono generacional, incluye al amigo que recibe la carta y a todos
momentos, también fatigoso itinerario. Sarmiento advierte rápidamente los que la leerán con él. La primera línea de la carta recupera la alegría,
que es imposible narrar todo el viaje y opera una selección que implica la emoción del encuentro con Europa.
una decisión pragmática que se constituye, a su vez, en una decisión La carta “Ruan” es un modelo de destreza narrativa, un texto en el
estética: qué contar y cómo contar serán entonces cuestiones claves del que se conjugan las emociones y los conocimientos, los descubrimien-
texto, y Sarmiento las problematiza en su “Advertencia” y en las cartas tos y la ratificación de las certezas, la búsqueda de las palabras que den
mismas desde ángulos y perspectivas diferentes. Así, en el resquicio de cuenta de la novedad de la experiencia y la utilización libre de un saber
la observación “institucional” surge, deslumbrante, lo que el texto deno- ajeno y congelado. En este último sentido resulta admirable la opera-
mina “el espectáculo de las naciones”. Si se puede afirmar que “el único ción de apropiación que realiza Sarmiento de la información turística
espectáculo americano es la guerra”, Facundo es el relato de ese espec- y de los relatos históricos que incorporan las guías de viaje que por ese
táculo, mientras que el gran espectáculo europeo, el espectáculo de la entonces empiezan a ponerse de moda. Algunas descripciones, pero
civilización, constituirá la materia de los Viajes. sobre todo algunos pequeños micro-relatos, provenientes de antiguas
El “espectáculo de las naciones” da nombre al qué contar. Pero antes tradiciones, como el de Roberto El Diablo son, en la carta de “Ruan”,
de que el viajero ponga el pie en Europa, los primeros textos del volu- versiones libres de la guía que Sarmiento reconoce haber comprado en
men darán cuenta de tres experiencias americanas que señalan el itine- su Diario de gastos.2
rario obligado del viajero: “Más-a-fuera”, (una isla a la que llega porque
la ausencia del viento hace detener el barco), “Montevideo” y “Río de Ja-
2. Estos relatos son reelaborados por Sarmiento, quien les incorpora con audacia

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Las figuras del viajero Otro ejemplo:

Las cartas de los Viajes articulan eficazmente la construcción de va- Era a principios de mayo y la vegetación naciente, añadía,
rias figuras de viajeros: en su largo itinerario Sarmiento se describe a sí por la viveza cruda de sus colores, nuevos encantos a este
mismo como un personaje dúctil, impregnado por el paisaje y dispuesto país hechizado. Con toda la novedad del viajero novel, te-
siempre a la observación más inesperada. En la carta “Ruan” se alternan, níame yo apartado a fin de ocultar, a la vista de los otros,
con una frecuencia a veces asombrosa, tres posiciones para construir la las emociones de novedad infantil que experimentaba si-
figura del viajero. guiendo con la vista una casilla campestre, una paisana de
Tenemos, por un lado al “viajero primerizo” lleno de pudores y de Normandía con su cofia en punta, algún campanario lejano
inseguridades: (…) mientras lamentaba la rapidez del vapor porque ape-
nas se ha encontrado un punto de un paisaje cuando ya es-
Las costas de Francia se diseñaron al fin en el lejano hori- táis en otro nuevo.4
zonte. Saludábanlas todos con alborozo, las saludaba tam-
bién yo, sintiéndome apocado y medroso con la idea de El viajero primerizo registra sus propias sensaciones. Se descubre a
presentarme luego en el seno de la sociedad europea, falto sí mismo al incorporar la novedad del paisaje pero no deja de adver-
de trato y de maneras, cuidadoso de no dejar traslucir la tir la saturación de la descripción producida por la duplicación de la
gaucherie del provinciano, que tantas bromas alimenta en experiencia del viaje: “La descripción carece pues de novedad, la vida
el país. Saltábame el corazón al acercarnos a tierra y mis civilizada reproduce en todas partes los mismos caracteres, los mismos
manos recorrían sin meditación los botones del vestido, medios de existencia; la prensa diaria lo revela todo y no es raro que un
estirando el frack, palpando el nudo de la corbata, endere- hombre estudioso sin salir de su gabinete deje mal parado al viajero so-
zando los cuellos de la camisa como cuando el enamorado bre las cosas mismas que él creía conocer por su inspección personal”5.
novel va a presentarse ante las damas.3 Pero no será éste el único inconveniente que el escritor deba enfren-
tar: “si esto ocurre de ordinario, mayor se hace todavía la dificultad de
escribir viajes si el viajero sale de las sociedades menos adelantadas para
dar cuenta de otras que lo son más. Entonces se siente la capacidad de
americanismos seductores: “Roberto El Diablo es como Don Juan, el terror de los maridos observar por falta de la necesaria preparación de espíritu que deja turbio
y favorito de las guasitas lindas de los alrededores de su castillo”. La historia evidentemente y miope el ojo”.6
lo seduce por sus ribetes procaces, que Sarmiento trabaja con ironía: “entre los matorrales,
yerbas y arbustos que cubren la montaña maldita, crece la yerba que estravía, y el viajero Sarmiento pone en cuestión el sentido, la dirección misma del viaje
que por descuido la pisa no vuelve a encontrar su camino aunque marche toda la noche. (el problema no es adónde se llega sino de dónde se viene) y se presenta
¡Cuántas muchachas de las vecindades han pisado esta fatal yerba! Una vieja crónica cuenta como un sujeto atravesado por una discapacidad de la mirada que es
que Roberto se presentó a la vecindad de Ruan en un monasterio, hizo reunir la comunidad,
escogió la monjita más salada y se la llevó al bosque” (V, pág.91-92). Probablemente la guía
producto de la desigualdad cultural.
haya sido la de Edme Theodore Bourg, Itinéraire des bateaux a vapeur de Paris a Rouen et
de Rouen au Havre avec une description statistique historique et anecdotique des bords de la
Seine (París, 1836), como lo sugiere Paul Verdevoye en las “Notas aclaratorias” de la edición 4.Ibid., p. 87.
citada (ver especialmente las notas 33 y 45, pp. 433-435). 5.Ibid., p. 4.
3. Sarmiento, Viajes por Europa, África I América. 1845–1847, op.cit., p. 86. 6.Idem.

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En el otro extremo, Sarmiento se construye también como el viajero La “primera impresión” del mundo civilizado es, paradójicamente, la
del ojo experimentado que debe descifrar enigmas americanos para la que corresponde a su lado más oscuro y salvaje. Sarmiento, literalmente
vieja Europa: así al pisar suelo europeo Sarmiento se hace presentar como cercado por una turba de elegantes pedigüeños franceses, transmite la
“el americano que le resolvería a cualquier francés todo género de duda”. misma sensación de ahogo que Lucio Mansilla frente a la cercanía de los
La experiencia americana –sostenida en el lenguaje, convertida en ex- cuerpos y al “aliento fétido” de los indios ranqueles en medio del desierto.
perimentum linguae en el Facundo, único libro que permitiría leer la En Una excursión a los indios ranqueles, Mansilla prefiere el lomo del
verdad americana– es, precisamente, la que lo convierte en un viajero que caballo para movilizar su relato y propone un itinerario breve y demo-
puede leer detrás o al costado de las falsas fachadas europeas. El relato rado a campo abierto. Es un viaje que polemiza con el viaje europeo de
del arribo al puerto de El Havre es un ejemplo de cómo las “primeras Sarmiento. Por eso importa tanto ver las similitudes en el encuentro de
impresiones” de recién llegado pueden convertirse en origen, en causa y ambos viajeros con los “otros”. En el inmenso espacio de la pampa, la tro-
en explicación de complejas situaciones políticas. pa del coronel Mansilla es cercada por los indios: “Mi comitiva, asediada
por los indios que pedían cuanto sus ojos veían, repartía cigarros, yerba,
La Rose entra en los docks o bassins (no conozco la palabra fósforos, pañuelos, camisas, calzoncillos, corbatas, todo lo que cada uno
castellana que supla estos nombres), atraca al borde de ma- llevaba encima y le era menos indispensable (…) Hubo un momento en
dera de los canales y una innoble turba de criados elegante- que los indios me habían estrechado tan de cerca, mirándome como un
mente vestidos nos asalta, nos grita, escala el buque por las objeto raro, que no podía mover mi caballo”, Y ya dentro del toldo: “Yo
maromas, nos rodea como moscas, nos apesta con su alien- me dejaba manosear, besar, acariciar en la forma que querían y sólo em-
to, se insinúa en nuestras manos y en nuestros bolsillos para pujaba hasta dar por tierra con el que se sobrepasaba demasiado y, como
depositar una tarjeta con el nombre del hotel que nos envía. el vino iba haciendo su efecto, estaba dispuesto a todo”.
Es en vano hablarles, injuriarlos, espantarlos con las manos, Sarmiento, en cambio, no está dispuesto a todo: lo que impresiona al
fugarse, esconderse. ¡Eh la Europa!, ¡triste mezcla de gran- lector de los Viajes es la lucha visible entre la libertad de su mirada y la
deza y de abyección, de saber y de embrutecimiento a la vez, necesidad de controlar una escritura que pocas veces se suelta para dar
sublime y sucio receptáculo de todo lo que el hombre eleva o cuenta del abandono del sujeto a la experiencia del límite.
lo tiene degradado, reyes y lacayos, monumentos y lazaretos, Entre la figura del viajero primerizo que se presenta inseguro, provin-
opulencia y vida salvaje! No he podido desimpresionarme ciano, falto de maneras, frente a la Europa civilizada y la figura opuesta,
en dos días del mal efecto que me ha producido esta primera el que puede señalar sin tapujos los costados salvajes de la civilización eu-
impresión.7 ropea, Sarmiento construye una tercera imagen de viajero. Es la imagen
del hijo lejano, rebelde, desconocido de la familia europea: “Y en efecto,
Sarmiento, al descender en el primer puerto europeo registra el acoso ahora que me aproximo a aquel foco desde donde parten para nosotros
de criados vestidos con ropas elegantes, cuyo aliento y cuyo manoseo ro- los movimientos del espíritu (…) siéntome que no soy el huésped ni el
dea a los viajeros con la perturbadora molestia de las moscas. Los viajeros extranjero sino el miembro de la familia que, nacido en otros climas, se
intentan “dar golpes”, “espantar”, “escapar” de los primeros europeos con acerca al hogar de sus antepasados”.8
los que se topan.

7.Ibid., p. 86. 8.Ibid., pp. 76-77.

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Esta figura que apenas puede disimular su orgullosa postura, fun- tro” Cúponos a ambos suerte mejor, criándonos al aire li-
cionará como puente al que se apele cuando los desencantos, las des- bre de nuestro siglo, expuestas nuestras juveniles cabezas
ilusiones del viajero, amenacen con provocar en la escritura, rupturas desnudas a los rayos del sol, a la lluvia y a la tempestad. Así
insalvables entre Europa y América. es que nunca hemos adolecido de romadizos como ciertos
individuos cuando la atmósfera de las ideas recibidas cam-
El encuentro con las ideas bia por un libro o por un acontecimiento nuevo. Gesto nin-
guno hice al leer al metafísico Leroux en 1840; Víctor Hugo
a. La lectura “al aire libre del siglo”: Europa en América me encontraba en un rincón de las faldas orientales de los
Andes, dispuesto a seguirle por el camino nuevo que venía
abriendo y la escuela moderna de historia no bien se pre-
“Como las personas y las escuelas críticas, las ideas y las teorías sentó, desnudé mi espíritu de todos los andrajos de las in-
viajan, de persona a persona, de situación a situación, de un período terpretaciones en uso (…) Por lo que a mí respecta, dijera,
a otro. La vida cultural e intelectual se nutre y a menudo se sostiene si la modestia no tratase de taparme la boca, que nuestros
por esta circulación de ideas, y ya sea que ellas tomen la forma de un nóveles cerebros han pasado, en veinte años, por todas las
conocimiento adquirido o de una influencia inconsciente, la forma de revoluciones que en un siglo ha experimentado el espíritu
un préstamo creativo o de una apropiación a gran escala, el movimiento humano.10
de ideas y teorías de un lugar a otro es, al mismo tiempo, un hecho de
la vida y una condición que posibilita la actividad intelectual”.9 El viaje Criado “al aire libre del siglo”, Sarmiento se propone como receptácu-
de las ideas, una condición que posibilita la actividad intelectual, está lo ubicuo de las ideas europeas, como parte integrante de una familia de
magistralmente ilustrado por la carta de “Ruan”. ideas que ha nacido en otros climas y, al mismo tiempo, como punto de
Un momento decisivo del relato del viaje es aquel en el que Sarmien- partida de una reflexión nueva sobre la relación de América con la vieja
to narra la partida hacia el lugar desde donde, a su vez, vinieron las Europa: por eso Facundo, el libro de la verdad americana, emprenderá
ideas que lo conformaron. Para construir ese espacio, Sarmiento organi- junto con su autor el viaje a Europa. Convencido de que Europa no sabe
za una verdadera teoría de la lectura que enfatiza un modo “americano” leer América porque América no se ofrece como lectura autónoma, Sar-
de aprehender las ideas europeas. miento siente que América existe para convertirse en su libro. El viaje
El modo americano de lectura permitiría una asimilación “natural” de Facundo o Civilización y barbarie se trama con las peripecias de su
y a la vez exigente, crítica, de las ideas europeas. Permitiría también la autor, que en Europa intentará convertirse en el gran escritor que guíe
ejercitación de una destreza inigualable para enfrentar, sin temor, las al lector europeo en el descubrimiento de las revelaciones americanas.
novedades. Utilizando un plural que incluye al destinatario de la carta
pero que alude a un núcleo de amigos más amplio, Sarmiento escribe: b. La “lectura de viaje”. Europa en la travesía

¡Cuán pocos son los que pueden mirar venir las ideas de La carta “Ruan” no sólo recupera un sistema de lecturas, un modo
frente, sin cerrar los ojos lastimados y sin volverles el ros- de leer Europa en los libros, sino que recupera –en la travesía del viaje,
en el cruce del océano–, el relato del encuentro de Sarmiento con una

9. Edward W. Said, The World, the Text and the Critic, Harvard University Press,
Cambridge, Massachusetts, 1983, p. 226. La traducción es mía. 10. Sarmiento, Viajes por Europa, África I América. 1845–1847, op.cit.,p. 75.
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teoría que hasta entonces desconoce: el encuentro con Fourier y con sus Pero aún en el interior del trío se recorta una pareja paradójica que
ideas se convierte no sólo en el centro de este tramo del relato sino en el protagonizará, a dúo, el relato más importante del viaje: Tandonnet es
principal secreto, la principal revelación conceptual de los viajes. Como un francés rosista y falansteriano. Ambas cosas lo convertirán en un
si hablara al oído de sus lectores, Sarmiento escribe: “¿Por dónde iba us- compañero de viaje fascinante del que Sarmiento no se separará ni en
ted? ¿Romanticismo? Ya pasó. ¿Eclectisismo? Lo hemos rechazado. ¿La la travesía ni en un buen tramo de su recorrido por Francia. Y la com-
monarquía moderada? ¡Quite allá! ¿la república del 93? Tampoco. ¡Qué pañía de Tandonnet produce cambios importantes: con Tandonnet, “la
república ni qué monarquía! Oiga usted, al oído, tengo un secreto. El Francia de nuestros sueños” se transforma en la Francia rosista, la que
falansterianismo, el furierismo, el socialismo” Voy a contarle el caso”.11 no sabe leer América. Con Tandonnet la figura de Rosas (que ingresa de
Y es entonces Fourier, convertido en lectura de viaje, lo que vuelve muchos modos en el texto pero siempre con imágenes que ensangrien-
más intenso el cruce del océano, porque es un sistema de ideas lo que tan, dispersan, matan, ensombrecen), irrumpe en el relato de la travesía
produce la ensoñación del viajero. Es la potencia de una teoría que ame- marítima, como un pacífico patriarca rural lleno de buenas intenciones.
naza sus saberes constituidos lo que torna más apasionante el juego de Tandonnet es un francés que sigue el camino de muchos de los par-
la confrontación y la escritura. tidarios de las ideas utópicas que intentan escapar “al destino opresor
Antes de partir de Río de Janeiro, Sarmiento ha tomado una decisión de la humanidad” abandonando Europa y viajando a América. En este
importante. Se separa de los jóvenes chilenos con los que viajaba desde viaje recala en Montevideo durante el sitio y funda allí un periódico, Le
Valparaíso y elige un barco en el que no conoce a nadie. La decisión Mensagger Francais (1840-1842). Cruza luego a Buenos Aires, frecuen-
asombra por la claridad de su objetivo: “Con veinte chilenos se vive en ta a Rosas y colabora con De Ángelis en El Archivo Americano.14 Acti-
Chile siempre aunque esté uno en el Japón y yo quería, desprendién- vo divulgador de la prédica de Fourier, se había convertido en el com-
dome de las reminiscencias americanas, echarme en aquel mundo de pañero fiel del maestro en sus últimos días. Conservaba como reliquias
extraños en cuyo seno había de vivir en adelante”.12 En el interior de su pluma, sus cabellos y sus zapatos, que formaban parte de su equipaje.
ese “mundo de extraños” que es La Rose, el barco que Sarmiento elige Ahora, luego de una breve estadía en Río de Janeiro, Tandonnet regre-
porque sus pasajeros son casi todos europeos, se constituye –no sin difi- sa a Francia con una fuerte sensación de fracaso. En el viaje de vuelta,
cultad–, un trío selecto que servirá para el “intercambio de ideas”: enfrentado al ávido lector que es Sarmiento, tendrá la oportunidad de
ofrecerle, uno tras otro, los libros de su maestro que lleva consigo.
El comandante Massin, Mr. Tandonnet, el de la barba negra Paso a paso, mientras la nave avanza en el océano, Sarmiento ingresa
y yo, formamos un círculo menos numeroso, sin duda, pero al mundo utópico de la locura fourierista.
en cuanto a intercambio de ideas, el más escogido, puesto
que muy poco de entre los demás pasajeros pretendían ha- Nuestras pláticas durante los dos meses de navegación,
cerse notar por este lado (…) Tenía, pues, mi mundo, mis nuestras lecturas, alimentábalas esta nueva doctrina y mis
amigos y mi círculo en aquel trío tan penosamente forma-
do.13
designado como sus interlocutores deseados.
14.El Archivo Americano y Espíritu de la Prensa del Mundo, redactado en español, francés
11.Ibid., p. 77. e inglés fue el periódico más importante del período rosista. Tenía como objetivo explícito
12.Idem. defender ante los gobiernos europeos al gobierno de Rosas y contrarrestar la prédica de
13.El adverbio “penosamente” remite a los enormes obstáculos que el argentino debe los exiliados. Se publicó desde 1843 hasta 1851 y fue dirigido por Pedro De Angelis, un
superar para entablar una verdadera conversación con aquellos pasajeros que, a priori, ha publicista italiano que se convirtió en el principal intelectual del rosismo.

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meditaciones en las silenciosas horas de las tibias tardes nocimiento de los autores contemporáneos más importantes es precario
tropicales, después de haber presenciado el esplendoroso y de segunda mano, se presenta frente a Sarmiento, como un espíritu
ocaso del sol, cuyas fantasías y sublimes magnificencias gemelo capaz de encarar con indiferencia las burlas y las acusaciones
predisponen el espíritu a la contemplación, volvían otra de locura.
vez sobre ella, preocupado con la grandeza de las ideas, y Pero este pensador originalísimo no solo ha creado un mundo ima-
la fascinación de aquel sistema de sociedades que repudia ginario, sino que pretende prever la construcción de una ciudad perfec-
la civilización como imperfecta y opresora, la moral como ta hasta en sus mínimos detalles. Según anota Walter Benjamin: “El fa-
subversiva del orden armónico creado por Dios, el comer- lansterio puede caracterizarse como una inmensa maquinaria humana.
cio como un salteo de caminos, la ciencia de nuestros filó- Y no hay reproche en esta afirmación, no señala nada de mecánico, sino
sofos como la decepción y el error.15 más bien remite a la gran complejidad de la estructura. El falansterio es
una maquina hecha de seres humanos”.17
A partir de ese momento, Sarmiento elige los fragmentos más origi- Durante años, tarde tras tarde, en el mismo horario, Fourier sólo
nales y entretenidos de ese “nuevo mundo societario” en el que el traba- abandona su puesto de dependiente para esperar en su casa la llegada de
jo no será ni rutinario ni agobiante y la armonía reinará porque ricos y algún filántropo que aporte el dinero necesario para levantar el primer
pobres compartirán los ritmos variados de la vida cotidiana, en la que falansterio que sirva como modelo y de cuya imitación constante y uni-
gastrónomos versátiles conviven con anfibios serviciales para lograr un ficada se construya un mundo mejor y sobre todo, feliz.
placer ordenado: “Habrá entonces <anti-ballenas remolcando los bu- Y es, precisamente, este carácter performativo de la teoría fourierista
ques en las calmas; anti-tiburones ayudando a arrear el pescado; anti-hi- el que, junto con su relato, ameno como la mejor literatura, entusiasma
popótamos tirando las lanchas en los ríos, etc.>”.16 a Sarmiento.
El cruce del océano se convierte, entonces, en una traducción irreve- El cruce del océano está organizado como esta mala traducción de
rente de Fourier. La traducción acentúa, si esto fuera posible, los rasgos Fourier que Sarmiento realiza para su amigo americano. Es notable
novelescos y satíricos de la escritura fourierista. Y es precisamente la cómo Sarmiento traduce sin la menor preocupación por la textualidad
posibilidad de entrar en contacto con la descripción detallada y gozosa o por el apego al original. Si toda traducción es invención, las de Sar-
de un mundo imaginario, salido casi por completo del cerebro de un miento son verdaderas reescrituras culturales. La travesía de América
solo hombre lo que moviliza profundamente a Sarmiento. El americano a Europa, el cruce del océano, está arrullado por los susurros de una
valora la fuerza conjunta de autor y obra, la unión, en una sola pieza, de teoría que impugna los presupuestos más caros de Sarmiento.
un hombre y su libro. Si Fourier es ese hombre “pobre por elección, de- Y sin embargo Sarmiento ve allí un sistema integrado por elementos
pendiente de una casa de comercio hasta los 66 años, sin educación que de los que su pulsión creadora y planificadora puede apropiarse: las Cu-
falsificase sus ideas”, también es el que ha producido la teoría más origi- nas Públicas, las Salas de Asilo, las Colonias Agrícolas, pero sobre todo,
nal y revulsiva con la que el viajero se haya topado. La figura de Fourier, la posibilidad de pensar ciudades enteras, movilizan profundamente a
que se declara a sí mismo como un “iletrado dependiente de botica”, que Sarmiento, que no dispone de la paciencia de Fourier e intentará, en la
no ha pedido nada prestado a los grandes modelos filosóficos y cuyo co- realidad, la construcción de ciudades a partir de cero, en medio de la

15. Sarmiento, Viajes por Europa, África I América. 1845–1847, op.cit., pp. 80-81. 17. Walter Benjamin, The Arcades Project, The Belknap Press of Harvard University Press,
16.Ibid., p. 81. Cambridge, Massachusetts, and London, England, 1999, p. 626. La traducción es mía.

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nada. Muchos años después, cuando Sarmiento, elegido presidente de Los presupuestos centrales de la utopía fourierista, en sus aspectos
la República Argentina, inicia finalmente su propio experimento con el satírico-cómicos, le proporcionan una apoyatura para narrar la barbarie
poder del Estado, un libelo anónimo circula por Buenos Aires. Su título de la civilización europea. El sueño de brillantez que atraviesa la obra de
es La República de los canallas o aventuras y descalabros del Dómine Fourier, la felicidad que se expresa en los placeres corporales del sexo
Palmeta. Miembro fundador de su familia, socio del manicomio de la y la comida son muy cercanos a cierto descaro en la escritura de Sar-
resistencia, autor de viajes alrededor de sí mismo y presidente ima- miento que le permite registrar en el diario de gastos, incrustados en
ginario de una república de escuelas. El libelo imagina a Sarmiento, listas de compras “útiles”, los gastos para “guantes”, “afeites”, “naranjas”
al que bautiza como Loco Palmeta, encerrado en el manicomio donde, y “orgías”. La sensualidad que emana de la simple escritura precisa, sólo
finalmente, pronunciará el último de sus más de cuarenta mil discursos, puede compararse con la que emana de la voracidad de su escritura que
cuyo párrafo final es el siguiente: “Descartes soñó las moléculas, Dios ahora sí, en las antípodas de Fourier, intenta dar cuenta de la magnitud
soñó con las aceitunas en el monte olivar y yo, que no soy menos que del placer de la experiencia.
ellos, soñé con las escuelas e inventé la cruza de gallos y señoras para
perfeccionar la raza humana. Inventé, además, dos pueblos que no han
existido jamás –una Venecia y un Chivilcoy– y si no me hubieran me-
tido tan pronto entre rejas, hubiera inventado un país detrás de cada
puerta”. El panfleto denuncia la locura del inventor: las construcciones
utópicas de Fourier son para Sarmiento un acicate para su puesta en
práctica o, dicho de otro modo, la invención es para Sarmiento una for-
ma de la acción.
Es verdaderamente notable que el azar haya reunido a Sarmiento,
unitario y enemigo de Rosas, y a Tandonnet, rosista y fourierista, en un
barco que cruza el océano desde América a Europa. Es notable también
que el relato de las teorías de Fourier, un pensador que parece haber
salido de un hospicio, alguien a quien todos llaman loco, al igual que a
Sarmiento, le haya suscitado un interés apasionado que no demuestra
por ninguna otra teoría con las que se topa en su viaje.
Podríamos abusar de la imagen de Edward Said y decir que la teoría
de Fourier viaja nuevamente de América hacia Europa sin haber logra-
do prender en tierra americana; pero que, en el trayecto de vuelta, ines-
peradamente, encuentra una mente propicia, un lugar donde asentarse.
La idea llega también en el momento adecuado del relato: Sarmiento lee
a Fourier en el barco antes de pisar tierra europea y esa lectura marcará
desde entonces su mirada. Él, que ya “lo ha leído todo”, él, que no espe-
ra deslumbramientos, lee en Fourier la única novedad del pensamiento
europeo.

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Secretarios de la pampa.
Apuntes sobre la figura del secretario letrado del
caudillo gaucho

el errante doctor gaucho...


montado sobre el antiguo bayo ruano del emponchado

Francisco Madariaga, El pase de bando

El Facundo trama la biografía de Quiroga con pequeños relatos de


vida a los que he denominado “biografías de pasaje”1. Entre ellas so-
bresale la historia del Boyero, un soldado del cuerpo de Granaderos a
Caballo (cuerpo de elite criolla creado por San Martín), un pequeño
gran héroe de la guerra de la Independencia que se hubiera convertido
en el protagonista de una biografía heroica si no fuera porque, en 1831
y gracias a una delación suya, Facundo Quiroga tomó la villa del Río
Cuarto.
Las biografías de pasaje son relatos americanos elaborados de modo
muy diferente a los “tipos americanos” con los que Sarmiento deleita a
sus lectores en los primeros capítulos de su libro. En las biografías de pa-
saje cierto tono pedagógico, ilustrativo, que tienen las descripciones del
rastreador, del gaucho cantor, del gaucho malo, desaparece para dejar
lugar a la pura necesidad del relato, precisamente porque estas historias
“ofrecen pasto” para la ficción: Sarmiento confiesa que las escribe por-
que no puede dejar de hacerlo.
Mientras narra la historia del Boyero, el texto de Sarmiento intenta
articular una pregunta clave: ¿por qué se ha cometido esta traición?,
¿por qué un soldado patriota, un héroe de la independencia, delata a sus
compañeros, se pasa de bando, cruza una frontera? La respuesta intenta
ser rotunda aunque se apoya en una paradoja: en el texto, la “fatal esen-

1. Cristina Iglesia, “La ley de la frontera. Biografías de pasaje en el Facundo de Sarmiento”


en La violencia del azar. Ensayos sobre literatura argentina, Fondo de Cultura Económica,
Buenos Aires, 2003.

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cia gaucha” es la causa profunda de la traición, pero también del apoyo Nada más fascinante que la aventura de estos intelectua-
del Boyero a la buena causa de los ejércitos revolucionarios y de su con- les que por las más variadas razones (del idealismo cándi-
tribución a las glorias patrióticas de los ejércitos unitarios. En todo caso, do al oportunismo franco) fueron a situarse al lado de los
la “fatal esencia gaucha” del personaje posibilita los cruces y alienta el múltiples caudillos de la revolución, sirviéndolos con sus
proceso de ficcionalización. Y la conversión de estas historias en ficción armas letradas en estado de permanente pánico, o procu-
aligera el malestar que el pasaje produce. rando llevar a cabo la educación del príncipe, con vistas al
Pero cuando hay que narrar la historia de intelectuales civilizados, futuro gobierno civilista, pero siempre encargándose de la
letrados urbanos que se pasan al bando del caudillo gaucho, la escritura propaganda denigratoria de los adversarios que, como bien
alcanza un punto límite de tensión. La palabra toca allí un extremo in- sabían, era un combate con los letrados situados al lado de
soportable en la relación civilización-barbarie. los caudillos enemigos.3
Hasta bien entrada la década del 70 del siglo XIX, es frecuente –y
casi imprescindible– que, junto a cada caudillo del interior –López, Ra- El “estado de permanente pánico” al que Rama alude sagazmente es
mírez, Artigas, el mismo Facundo–, un letrado urbano funcione como ficcionalizado por Sarmiento en la escena central de Facundo, el mo-
asesor, como escriba, como interlocutor, como mediador entre los dos mento de la muerte del caudillo en Barranca Yaco. Quiroga viaja acom-
mundos.2 pañado por su secretario, el doctor Santos Ortiz.4 Si durante el relato
La figura del secretario del caudillo es una irritante zona de confluen- del viaje a través de la pampa Facundo es el protagonista que hace correr
cia y de colaboración entre civilización y barbarie. Se entiende así que, a la galera más rápido que el viento y que sólo está pendiente de los ca-
a la dificultad que se percibe cuando escritores como Sarmiento o, más ballos de la remuda para llegar antes que el chasque que lleva la noticia
tarde, Ricardo Rojas intenten “escribir al otro” se sume, en estos casos, de su llegada, Santos Ortiz sabe, antes que nadie, que su propia muerte
la difícil tarea de naturalizar o justificar esa toma de bando “errada” por es tan próxima y segura como la del caudillo al que acompaña en la ga-
parte de uno de los “propios”. lera que avanza por el norte de Córdoba:
Este cruce de frontera pone en evidencia otra paradoja más crucial
que la anterior: el pasado urbano del intelectual, articulado con todos Antes de llegar a la posta del Ojo de Agua, un joven sale del
los soportes de la civilización, no sólo no impide este pasaje sino que se bosque y se dirige hacia la galera, requiriendo al postillón
convierte en su causa y su sentido. El letrado, con sus enseres culturales
a cuestas, advierte que puede ser útil del otro lado de la frontera real o
simbólica: allí es mano de obra que se emplea y se retribuye con favo- 3. Ángel Rama, La ciudad letrada, Montevideo, Comisión Uruguaya pro Fundación
Internacional Ángel Rama, 1984, p. 175. Rama articula una serie entre los secretarios del
res de diferente tipo, desde prebendas económicas hasta el prometedor período de la Revolución Mexicana y los del período de las guerras civiles que siguieron a
espacio de poder que ocupará junto al jefe militar al que acompaña du- la lucha independentista.
rante breves o extensos períodos. 4. José Santos Ortiz, casado con Inés Velez, hermana de Dalmacio Velez Sarfield –autor
de varios proyectos constitucionales y creador del Código Civil Argentino en 1871–, fue dos
Escribe Ángel Rama en La ciudad letrada: veces gobernador de San Luis y en esta provincia ocupó otros varios cargos políticos. Fue
mediador entre Rosas y los gobernadores del norte. En 1834, aceptó viajar a Buenos Aires
para acompañar a Quiroga, como secretario, en la misión que Rosas le había encomendado
para mediar en el conflicto entre las provincias del norte. Es, por lo tanto, un secretario
2. Se trata de un fenómeno que, con variantes, se da en casi toda América Latina durante circunstancial del caudillo riojano, pero su muerte en Barranca Yaco lo convierte en
el siglo XIX y parte del XX. personaje de Sarmiento y así, esa elección de vida borra, literalmente, todo lo demás.

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que se detenga. Quiroga asoma la cabeza por la portezuela, Y efectivamente, Sarmiento no ahorra detalles. En las páginas que
y le pregunta lo que se le ofrece. –Quiero hablar al doc- siguen a esta breve introducción, Sarmiento describe, con suspenso mi-
tor Ortiz–. Desciende éste y sabe lo siguiente: en las inme- nucioso, la última noche del Secretario: su vigilia, los relatos aterradores
diaciones del lugar llamado Barranca-Yaco está apostado del maestre de posta que le hace escuchar los detalles de su propia muer-
Santos Pérez con una partida; al arribo de la galera deben te, describe finalmente su intento final:
hacerle fuego de ambos lados, y matar enseguida de posti-
llones arriba; nadie debe escapar, ésta es la orden. El joven, El Dr. Ortiz hace un último esfuerzo por salvar su vida y la
que ha sido favorecido en otro tiempo por el Dr. Ortiz, ha de su compañero; despierta a Quiroga, y le instruye de los
venido a salvarlo, tiénele caballo allí mismo para que monte pavorosos detalles que acaba de adquirir, significándole que
y se escape con él; su hacienda está inmediata. El Secre- él no le acompaña si se obstina en hacerse matar inútilmen-
tario, asustado, pone en conocimiento de Facundo lo que te. Facundo con gesto airado y palabras groseramente enér-
acaba de saber y le insta para que se ponga en seguridad. gicas, le hace entender que hay mayor peligro en contrariar-
Facundo interroga de nuevo al joven Sandivaras, le da las lo allí, que el que le aguarda en Barranca-Yaco, y fuerza es
gracias por su buena acción, pero lo tranquiliza sobre los someterse sin más réplica.7
temores que abriga. “No ha nacido todavía, le dice con voz
enérgica, el hombre que ha de matar a Facundo Quiroga. A Nadie sobrevive a la matanza de Barranca Yaco y por eso, precisa-
un grito mío, esa partida mañana se pondrá a mis órdenes mente, porque no hay testigos, Sarmiento convierte al Secretario, con
y me servirá de escolta hasta Córdoba. Vaya Ud., amigo, sin mayúsculas, en una figura agónica que ejemplifica como ninguna otra
cuidado.5 la trampa mortal de la barbarie para el letrado que se pasa de bando.8

En el personaje que construye Sarmiento, el caudillo desoye los avi- El estilo del caudillo
sos, confía en el poder de su mirada sobre sus posibles asesinos, avanza
alucinado hacia su propia muerte. Ramos Mejía publica en 1899, Las multitudes argentinas,9 un es-
Poco a poco, el Secretario, este personaje aterrado que no puede evi- tudio de momentos clave de la historia argentina. Su enfoque incluye
tar su muerte ni la de su jefe, se convierte en la pluma de Sarmiento en nuevas disciplinas como la medicina legal, la incipiente antropología
el protagonista central del relato central del Facundo:

La noche que pasaron los viajeros en la posta del Ojo de 7.Ibid, p. 223.
Agua es de tal manera angustiosa para el infeliz Secretario, 8. Para darle apoyatura “verídica” a esta extraordinaria escena literaria, Sarmiento no
que va a una muerte cierta e inevitable, y que carece del vacila en recurrir a los muertos, a los que se puede, como se sabe, atribuirles cualquier relato.
“Tuve estos detalles del malogrado Dr. Piñero, muerto en 1846 en Chile, pariente del Sr.
valor y de la temeridad que anima a Quiroga, que creo no Ortiz y compañero de viaje de Quiroga de Buenos Aires hasta Córdoba. Es triste necesidad
deber omitir ninguno de sus detalles.6 sin duda no poder citar sino los muertos en apoyo de la verdad.” (Ibid, p.222). Esta nota,
añadida en la 2ª edición, persiste en todas las demás.
Para una lectura de la escena de Barranca Yaco en función de los usos de Sarmiento de la
5. Sarmiento, Domingo Faustino, Facundo, prólogo y notas de Alberto Palcos, Buenos lengua del oponente véase Adriana Rodríguez Pérsico, Un huracán llamado progreso. Utopía
Aires, Ediciones Culturales Argentinas, 1961, pp. 221-222. y autobiografía en Sarmiento y Alberdi, Washington, OEA, 1993.
6.Ibid., p. 222. 9. Ramos Mejía, José María, Las multitudes argentinas, Buenos Aires, Tor, 1956.

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aplicada al delito, y sobre todo, la psicología aplicada al estudio de la íntimo y de privado en la cancillería pampeana, sería in-
sociedad. Desde el fin de siglo, el intento de Ramos Mejía se une al de currir en grave error querer juzgar a los caudillos por su
otros historiadores que buscan en el caudillismo del pasado las claves correspondencia oficial, sus proclamas y sus protocolos.11
para entender las dificultades del presente que se quiere moderno, pro-
gresista y civilizador. Le interesa en especial el “caso” de las multitudes Y cuando Ramos Mejía acerca aún más su lupa de científico al objeto
en acción, multitudes que, embanderadas en distintas facciones políti- que describe, para tratar el “caso” de Artigas y su secretario, Monterroso,
cas y convertidas en tropas de los ejércitos en pugna, atraviesan durante su objeto llega a una precisión de detalle para ofrecernos la siguiente
todo el siglo XIX el vasto territorio de la nación incierta. La conducta escena de escritura conjunta: “La intervención del caudillo en la pecu-
de estas multitudes parecía ofrecer, para el médico, psiquiatra y soció- liar literatura solía reducirse a una pintoresca posdata con el infaltable
logo, respuestas a los interrogantes sobre las enormes y por momentos dígamele de todos los gauchos que dictan cartas”.12 Cuando advierte
insalvables dificultades que habían obstaculizado la organización social que la carta llega a su fin, el caudillo encara decidido al secretario y le
y política de la nación argentina.10 espeta un “dígamele”. Generalmente, lo que el caudillo dicta es algo así
Con prosa vehemente, contaminada por todos los saberes contem- como, por ejemplo: “dígamele que si no acepta esto o lo otro lo mandaré
poráneos, Ramos Mejía acerca su mirada científica a la “filogenia del reventar a vergazos”. Y el secretario traduce: “excelentísimo señor, si us-
caudillo”, el individuo que se distingue en la confusa trama de las multi- ted estuviera dispuesto a avenirse a las condiciones que...”, etc. Esta es la
tudes. Es así como llega a la figura que nos interesa: traducción del secretario: eufemismos, prosa rimbombante, no llamar
las cosas por su nombre.13 Cuando el caudillo escribe sin secretario sus
En la psicología del caudillo argentino hay un personaje proclamas son, para Sarmiento, “monumentos de la época de la barba-
despreciado injustamente por los historiadores contem- rie”. En el apéndice a la segunda edición de Facundo, Sarmiento incluye
poráneos. Es el secretario o, como lo llaman los gauchos, proclamas firmadas por Quiroga a las que considera auténticas precisa-
el escribano, el tramoyista de la comedia cuyo brazo no se mente porque
percibe por los espectadores, demasiado absorbidos por la
acción principal. Oculto entre bastidores [...] derrama sus …la incorrección del lenguaje, la incoherencia de las ideas,
fluidos, y con frecuencia es el que tira de las cuerdas que y el empleo de voces que significan otra cosa que lo que se
manejan las actitudes de aquél. Por lo menos toda la parte propone expresar con ellas, o muestran la confusión o el
literaria le pertenece, y fuera de lo que puede obtenerse de estado embrionario de las ideas, revelan en estas proclamas

11.Ramos Mejía, op.cit., pp. 149-150. Casi un siglo después, Ángel Rama, en La ciudad
10. Para una relectura contemporánea del fenómeno del caudillismo, ver Caudillismos letrada, insiste en la importancia de los secretarios: “Fueron ellos –escribe Rama– como
rioplatenses. Nuevas miradas a un viejo problema, Noemí Goldman y Ricardo Salvatore únicos ejercitantes de la escritura, quienes nos han legado nutridos y ácidos testimonios
compiladores, Buenos Aires, Eudeba, 1998. Ver especialmente la Introducción de los sobre la tormenta revolucionaria” (Ángel Rama, op.cit., p .177).
compiladores y los ensayos de Maristella Svampa “La dialéctica entre lo nuevo y lo viejo: 12.Ibid., pp. 151-152.
sobre los usos y nociones del caudillismo en la Argentina durante el siglo XIX” (pp. 51-82) 13. La entrada “traductor-traducción” en la enciclopedia de 1779 incluye este fragmento:
y de Ana Frega, “La virtud y el poder. La soberanía particular de los pueblos en el proyecto “se dice que Madame de Sevigné compara los traductores a los criados que quieren dar un
artiguista ( pp. 101-133). Para un estudio de la obra de Ramos Mejía ver Oscar Terán, “José mensaje de parte de sus señores y que dicen exactamente lo contrario de aquello que les han
María Ramos Mejía: Uno y la multitud” en Vida intelectual en el Buenos Aires de fin de siglo ordenado.” Citado en AAVV, Textos clásicos de la teoría de la traducción, Miguel Angel
(1880-1910), Buenos Aires, FCE, 2000, pp. 83-133 Vega editor, Cátedra, Madrid, 1994, p. 199.

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IMAGEN
el alma ruda aún, los instintos jactanciosos del hombre del
pueblo, y el candor del que no familiarizado con las letras,
ni sospecha siquiera que haya incapacidad de su parte para
emitir sus ideas por escrito.14

Pero estas proclamas de Facundo son, auténticas o no, una excepción.


La inmensa mayoría de las veces la carta del caudillo es el estilo del secre-
tario. Y el estilo del caudillo asoma, apenas soterrado, en ese “dígamele”
de la posdata, zona inferior de la carta que pone en evidencia la descon-
fianza del jefe militar hacia el texto ajeno que tiene que asumir como pro-
pio. El dígamele puede en realidad teñir toda la carta, y esa superposición
ofrece la tensión de un texto cargado de una doble violencia: violencia
del caudillo hacia el enemigo, violencia del caudillo hacia su secretario
porque violenta (y él lo intuye o lo lee) sus palabras. No siempre las cartas
terminan con el dígamele pero cuando Ramos Mejía llama la atención
sobre este espacio de posdata señala la divergencia entre oralidad y escri-
tura, y permite pensar en la reelaboración de la ira y de la violencia del
caudillo en manos del secretario del letrado como uno de los procesos de En el centro de la escena el secretario no despega los ojos de la escri-
escritura americana más originales del siglo XIX. tura, mientras hacia un costado, la figura imponente de Artigas dicta de
pie, envuelto en un poncho claro. De espaldas, sentado a la mesa, un asis-
La escena del dictado y la escritura tente recoge la hoja ya escrita para entregarla al chasque que, también de
pie, está dispuesto a montar a caballo no bien el secretario ponga punto
Artigas, el Protector de los Pueblos, ha sido frecuentemente asociado final y Artigas, su rúbrica. La escena muestra, a través de aberturas en
a la figura de uno de sus secretarios, el fraile Monterroso. La actividad de las paredes de adobe, el ir y venir de otros jinetes que llegan o salen del
dictado y escritura del caudillo a su secretario en su campamento de Pu- campamento. La rapidez y sobre todo la idea de circulación de la voz a
rificación es representada en trazos modernistas por el pintor uruguayo la escritura, de la escritura al chasque y del chasque a la lectura en otro
Pedro Blanes Viale.15 campamento lejano presiden la estructura de la escena. La iluminación
del interior está especialmente centrada en la figura del secretario que,
vestido con su hábito religioso, rasga el papel blanco con su pluma tam-
bién blanca. Los personajes centrales están pendientes de la mano del
secretario que convierte en letra lo que el caudillo dicta.
La centralidad de Monterroso remite a una larga tradición historio-
gráfica que lo ubica como mentor, interlocutor y escritor de Artigas pre-
cisamente en el período central de su participación en el proceso de la
14.Ibid., p. 281.
15. Pedro Blanes Viale, Artigas dictando a su secretario Monterroso. Óleo sobre tela, Museo
revolución de independencia.
Histórico Nacional. Montevideo, Uruguay.
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Sin embargo, su biografía compuesta de excesos y pasajes múltiples Pieza clave en el permanente desafío entre gauchos y letrados, el Se-
fue agitada como la influencia oscura sobre el caudillo. Es cierto que ha- cretario representa, claramente, una zona de ambigüedad no siempre
bía en ella material suficiente: ordenado como religioso en el convento reconocida cuando se describen las alternativas posibles para un inte-
de Franciscanos de Buenos Aires en 1799, se dedica a la predicación y lectual en su relación con el poder.
dicta cátedra en Córdoba. Su paso al tumulto revolucionario implica el En efecto, en el siglo XIX, la figura del secretario del caudillo exhi-
abandono absoluto de esa vida pacífica centrada en el estudio y la ense- be una ambigüedad que cuestiona la dicotomía civilización-barbarie y
ñanza de la doctrina. Se convierte en la figura más importante del en- puede mostrar mejor que otras la complejidad de la relación entre inte-
torno de Artigas, y participa él mismo en los combates a su lado. Cuan- lectuales y poder en el proceso de las guerras civiles que sucedieron a la
do Artigas se enfrenta finalmente con Ramírez, el caudillo entrerriano, guerra de independencia.
Monterroso es tomado prisionero y luego se convierte en secretario del Estos secretarios en guerra, estos “errantes doctores gauchos”, no per-
caudillo contra el cual había combatido. Más tarde se aparta del comba- tenecen a una comunidad letrada establecida sino que están aislados en
te, y viaja a Europa. Cuando regresa ya viejo a Montevideo se lo recibe campamentos o en ciudades que pueden ser abandonados o arrasados
con desconfianza y mal disimulada admiración.16 de un momento al otro y su inserción en la escala social en cuanto a po-
De esta apretada síntesis de su biografía me interesa subrayar el he- der, prestigio, y beneficios económicos es inestable y precaria: siempre
cho de que Artigas y Ramírez tienen, durante el período en que Mon- dependerán, casi exclusivamente, de su capacidad de ubicuidad política
terroso es su secretario, una letra y un estilo a la vez, común y único, para sostenerse en una posición relativamente idéntica a la que eligieron
característico de los desbordes oratorios del fraile montaraz. Al analizar en el momento en el que se pusieron al servicio del primer caudillo.17
una de las proclamas centrales de Ramírez, el historiador Salterain y El secretario del caudillo es una gran metáfora de la relación con-
Herrera afirma que tiene “el genuino lenguaje artiguista de Monterroso”, flictiva y variable entre intelectuales y poder. En el vértigo de las luchas
subrayando esa paradoja que me interesa especialmente. La escritura civiles, ¿cuál es el poder legitimado que los letrados deberían defender?;
conjunta de caudillo y secretario se ha convertido en fórmula de estilo ¿cómo distinguir, en esta primera etapa del siglo XIX, aquellos que se-
que sirve para transmitir proclamas de caudillos enfrentados por lide- rían los verdaderos intereses del pueblo en cuyo nombre se hace casi
razgos locales. El secretario, apoyado en su letra como valor agregado, todo? (en el nombre del pueblo se hace la revolución contra España, en
negocia su vida y su espacio en el territorio enemigo del caudillo que el nombre del pueblo se escriben las primeras leyes, en el nombre del
ha vencido a su antiguo jefe y amigo y obtiene, nuevamente, su lugar de pueblo los caudillos enfrentan la política de Buenos Aires, en el nombre
prestigio. No todo secretario alcanzó la fama que Sarmiento le adjudica del pueblo, Buenos Aires enfrenta a las provincias). ¿Cómo distinguir
a Domingo de Oro en Recuerdos de Provincia, el letrado al que Rosas entre la causa y los intereses del pueblo en un momento en el que las ad-
le habría dedicado una metáfora “sarmientina”: “Oro es como una pis-
tola de viento que mata sin ruido”, no todos ellos pudieron, como Oro, 17. Para Halperín Donghi, estos intelectuales latinoamericanos surgen del letrado colonial:
desplegar una extrema habilidad para combinar su ubicuidad política “Aquí el intelectual nace –el nacimiento doloroso y conflictivo– del letrado colonial. Esa
con una habilidad de palabra y de escritura cuyos “secretos” Sarmiento metamorfosis no la atraviesan tan sólo quienes se sienten apresados en la figura del letrado,
encerrada en límites ideológicos y de comportamiento rígidamente definidos; deben
admira, pero hubo muchos que hicieron gala de su destreza para cruzar afrontarla también quienes ven derrumbarse el contexto histórico que ha sostenido sus
fronteras políticas, sociales y culturales sin salir heridos en el intento. carrera de letrado, y se adaptan como pueden a un nuevo orden que no siempre entienden
del todo. “Intelectuales, sociedad y vida pública en Hispanoamérica a través de la literatura
autobiográfica”, El espejo de la historia, Buenos Aires, Sudamericana, 1987, p. 55. Entre los
16. E. Salterain y Herrera, Monterroso. Iniciador de la patria y secretario de Artigas, letrados que se “adaptan a un nuevo orden que no siempre entienden del todo” se ubican los
Montevideo, 1948 y también Ana Frega, op. cit. secretarios de caudillos.
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hesiones locales son muy fuertes y casi nadie sabe con exactitud por qué Campaña del Ejército Grande.19 Urquiza es el caudillo del interior en el
se pierde o se gana una batalla? Estos letrados montaraces, estos secreta- que los letrados de Buenos Aires, desde los distintos lugares del exilio,
rios de caudillos, diestros también ellos en los variados usos de la pala- no tienen más remedio que confiar para derrocar a Rosas. Sarmiento,
bra, parecen exhibir el carácter huidizo del deber ser de los intelectuales luego de un periplo que incluye una larguísima travesía por mar y río, se
en el siglo XIX. Son, también ellos, héroes fronterizos que instalan lo incorpora al ejército en marcha sin que Urquiza lo hubiera convocado
que se supone debería ser una aventura urbana, la actividad urbana de e intenta moverse junto al general –según la fórmula cristalizada en su
la letra, precisamente en tierra adentro, en campo afuera, produciendo genealogía en la figura de Domingo de Oro– como secretario y conse-
un tipo extraordinario: el letrado que le da la letra al gaucho. jero del caudillo. Pero el desarrollo de los hechos muestra que caudillo
y secretario comparten el amplio espacio del avance de las tropas pero
Sarmiento secretario: miradas y tentaciones nunca están juntos: Urquiza, jefe militar y político del ejército que de-
rrota a Rosas, no incluye a Sarmiento en su estado mayor y lo recibe con
En la carta “Rio de Janeiro” de los Viajes, Sarmiento describe la si- reticencia. Y aún más: mientras las tropas avanzan, Urquiza se dirige a
guiente escena: Sarmiento a través de su secretario Ángel Elías, que firma con su pro-
pio nombre las respuestas que el caudillo entrerriano le envía al coronel
Hamilton –representante de Inglaterra en Río– me había sanjuanino.
invitado a comer y tenía yo en la mesa de un lado a Saint El 2 de enero de 1852 Sarmiento recibe en Rosario la siguiente esque-
Georges y del otro al general Rivera de Montevideo próxi- la enviada desde el Cuartel General en Los Espinillos:
mo a regresar a aquella ciudad a hacer una de las suyas.
Conoce usted la historia de este célebre caudillo que ha fi- Estimado amigo:
gurado cuarenta años en las revueltas de la gente de a caba- Su Exc. El Sr. General ha leído la carta que ayer le ha es-
llo. Había sídole presentado antes por el enviado del Uru- crito usted, y me encarga le diga respecto a los prodigios
guay y me había recibido con aquella afabilidad del gaucho que dice V. que hace la imprenta asustando al enemigo,
que acoge a un doctorcillo de quien le han hablado bien sus ‘que hace muchos años que las prensas chillan en Chile y en
amigos, especie de muñeco, que no suele ser inútil a veces, otras partes, y que hasta ahora D. Juan Manuel de Rosas no
sobre todo cuando se ofrece a escribir una proclama o un se ha asustado; que antes al contrario cada día estaba más
manifiesto que explique a las naciones o al pueblo las razo- fuerte.20
nes que tiene el gaucho para alzarse y turbar por dos años la
mal conquistada tranquilidad.18 Sarmiento contesta, por lo tanto, al secretario, entablando una comu-
nicación doblemente mediada con el General Urquiza:
A partir de la imagen del “doctorcillo” elaborada con un complejo
cruce de miradas, propongo pensar la participación de Sarmiento en la Señor D. Ángel Elías. Mi distinguido amigo:
[...] Es muy natural creer que yo me exagere a mis propios

18. Domingo Sarmiento, Viajes por Europa, África I América. 1845–1847, edición crítica 19. Mi propuesta se apoya en la autofiguración de Sarmiento en su libro Campaña en el
coordinada por Javier Fernández, Madrid, Fondo de Cultura Económica– UNESCO Ejército Grande (1852), Quilmes, Universidad de Quilmes, 1997.
Colección Archivos, 1993, pp. 68-69. 20.Ibid., p. 97.

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ojos la influencia de la prensa, es decir de la palabra, del y los convierte en imprenteros. En esa utopía de la precaria imprenta
estudio, del consejo; pues debiendo a ella una mediocre po- en movimiento, en esos boletines “civilizatorios” con los que Sarmiento
sición en varios estados americanos, y me atrevería a aña- intenta instruir al General Urquiza y a su tropa antes de que el tiempo
dir, entre algunos hombres distinguidos de Europa, no es los vuelva incorregibles, se lee la misión que Sarmiento se asigna: está
extraño que la ame y la estime mucho [...].21 junto al caudillo como una obligación para el bien común; está junto a
Urquiza porque las circunstancias históricas se lo exigen. Por su parte,
El letrado reafirma así su “posición” obtenida a través de la influencia Urquiza siempre mantendrá una mirada irónica sobre los letrados que
de la prensa, es decir de la letra. En la siguiente esquela de Elías no sólo el propio Sarmiento registra:
desaparece la escena en que Urquiza lee la carta de Sarmiento y le encar-
ga una respuesta, sino que ahora es el propio secretario el que se ocupa A los que lo felicitaban al llegar a Buenos Aires (luego de
de decidir cómo atender los asuntos que el General considera menores, derrotar a Rosas en la batalla de Caseros), el General res-
como aquietar la insistencia de Sarmiento sobre el papel de la prensa pondía invariablemente: Si yo no he hecho nada. Aquí me
(“Yo soy la prensa de Chile”, había llegado a exagerar en esa misma car- he venido a encontrar con que los escritores de Montevideo
ta) y sus “mortificaciones”. De un modo indirecto, de una eficacia fulmi- y de Chile lo han hecho todo.
nante, Urquiza le muestra a Sarmiento que ya tiene Secretario, que no
necesita de sus consejos ni de su palabra pública para derrotar a Rosas: El relato de esa experiencia, el libro de Sarmiento Campaña en el
Ejército Grande, es la historia del fracaso completo de esta relación sin
5 de enero, Campamento General en Los Espinillos pactos previos y sin letra en común, en la que se revive, como un gran
Estimado amigo, dos cartas he recibido de V. Y absoluta- acto final, las desconfianzas, los malentendidos y las humillaciones que
mente no he tenido tiempo para contestar a ellas; pero hoy el letrado que se pasa de bando puede sufrir en carne propia.
lo hago con mucho gusto. La primera es aquella en que me La batalla de Caseros y el comienzo de la etapa llamada con optimis-
habla del negocio de la prensa, asunto que, según el espíritu mo de organización nacional marca el final de la actividad febril de los
de su carta, le ha mortificado; por lo que debo decirle a V. secretarios montaraces. Sarmiento es el primero en aprender la lección
que este es un negocio completamente arreglado, pues el y se convierte en un nuevo tipo de intelectual que aspira, directamente,
Sr. Gobernador se ha mostrado muy afable, hablando sobre al poder central.
V... Ángel Elías.22

Además del intento por mantener por correspondencia una relación


que no puede darse in situ, Sarmiento arma, por decisión propia, en el
interior del ejército que avanza sobre Buenos Aires, otro ejército: un pe-
queño y “civilizado” ejército de imprenteros. En un esfuerzo desespera-
do, Sarmiento reúne a los pocos europeos que encuentra entre las tropas

21.Ibid., p. 98.
22.Ibid., p.99.

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194 195
París-Copiapó: la ruta de la escritura. Notas sobre
viajes de Sarmiento

A fines de octubre del 1845 Sarmiento parte de Valparaíso rumbo


a Montevideo y desde allí hará una última escala americana en Río de
Janeiro donde se embarca rumbo a Francia.
El viaje –que elude el puerto de Buenos Aires, gobernada por Ro-
sas– lo llevará por los principales países europeos y las ciudades más
importantes de Estados Unidos, y concluirá con su regreso a Valparaíso
en febrero de 1848. En un periplo exhaustivo de más de dos años el es-
critor americano recorrerá en diversos medios de transporte los tramos
que unían a mediados del siglo XIX los principales centros urbanos del
mundo occidental. El relato de este viaje será publicado en Chile en dos
volúmenes, el primero en 1849 y el segundo en 1851, bajo el título de
Viajes por Europa, África y América. 1845–1847.
Sarmiento, que es un gran escritor de cartas, elige este género para
su relato de viaje. Cada capítulo se organizará así como una carta con
un destinatario explícito –amigos, conocidos o parientes con diferentes
tipos de relación con el autor– de modo que el destino de la carta será el
que marque el rumbo, el estilo y el ritmo de la narración.
El capítulo “París” está remitido a Antonio Aberastain. Y precisa-
mente porque este tramo del viaje se dirige a un amigo de infancia, un
compañero de lecturas iniciáticas, a un sanjuanino emigrado en Chile
como el mismo Sarmiento, al único hombre de su generación en el que
Sarmiento confió y cuyo apoyo siempre recibió, la carta intenta hacer
vivir la presencia distante del amigo lejano, construyendo, al mismo
tiempo, la historia de la relación entre pares.
Si toda carta establece una suerte de contrato epistolar entre los in-
terlocutores, la función de este contrato es crear la relación entre los

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197
corresponsales: “Es la relación misma la que se pone en juego en la co- En el relato de Sarmiento adulto puede sentirse todavía una herida
rrespondencia: este es el verdadero objeto valor, el verdadero contenido no cicatrizada, una cuenta no saldada con la injusticia de los ricos, con
del intercambio epistolar”.1 la mala suerte que persigue a su familia pobre, con la pérdida de una
Esto es lo que sucede en el epistolario que Sarmiento escribe como posibilidad que hubiera, sin duda, cambiado su destino, porque hubiera
relato de viaje. En cada caso podemos encontrar este “objeto valor”, es cambiado su modo de acceso a la cultura.
decir, la creación de un tipo peculiar de relación entre los correspon- El valor agregado remite a una relación de amigos pobres, prove-
sales que varía de un texto a otro, pero que, en todos los casos, agrega, nientes de una provincia pobre, entre los que se instala un golpe de suer-
suma algo a la carta misma. En “París”, la historia de la relación entre te que cambia para siempre la vida de los dos, que le hace vivir a uno
Aberastain y Sarmiento impregna todo el texto y no solamente el arran- de ellos la que hubiera podido ser la vida del otro. Aberastain, como un
que juguetón de la primera parte. personaje borgiano, vive, en su primera juventud, la vida que Sarmiento
Aberastain ocupa un lugar central en la vida de Sarmiento no sólo hubiera deseado para sí.
porque juntos construyen una camaradería plena de cariño, de conside- La carta cuyo título es “París” que dará cuenta de la experiencia euro-
ración y de respeto, sino porque a Aberastain le cupo en suerte –y aquí pea fundamental de Sarmiento comienza con el acuse de recibo de una
la expresión “le cupo en suerte” adquiere toda su dimensión real– tomar carta de América firmada por Antonio Aberastain:
el lugar de Sarmiento, desplazarlo en la elección del azar en el momento
en que se decide cuál de los más prometedores jóvenes provincianos ¡Cómo he saltado de gusto al leer su carta datada en Co-
podrá continuar sus estudios, con una beca del gobierno, en Buenos piapó! Recibir por la primera vez una carta de América
Aires.2 en París es un acontecimiento, una dicha que se saborea
En Recuerdos de Provincia Sarmiento recrea este momento doloroso dos horas, que hace tregua a la vida europea, transpor-
y absolutamente fugaz, en el que la suerte lo deja fuera de la posibilidad tándonos de nuevo a nuestras predilecciones, a nuestras
de una educación sistemática y lo condena no sólo al autodidactismo simpatías d´autrefois.4
sino también a constituir la necesidad en virtud, a construir su figura de
hombre público desde los bordes inciertos de la nación y de la cultura.3
cuenta de la nación, a fin de que, concluidos sus estudios, volviesen a sus respectivas
ciudades a ejercer las profesiones científicas y dar lustre a la patria. Pedíase que fuesen
de familia decente, aunque pobres, y don Ignacio Rodríguez fue a casa a dar a mi padre la
1. Patricia Violi, “La intimidad de la ausencia. Formas de la estructura epistolar” en fausta noticia de ser mi nombre el que encabezaba la lista de los hijos predilectos que iba a
Revista de Occidente 68, Enero 1987, pp. 87-99. tomar bajo su amparo la nación. Empero se despertó la codicia de los ricos, hubo empeños,
todos los ciudadanos se hallaban en el caso de la donación, y hubo de formarse una lista de
2. En 1860 Sarmiento escribió una biografía de Aberastain, “El doctor Antonino todos los candidatos; echóse a la suerte la elección, y como la fortuna no era el patrono de
Arberastain y la revolución de San Juan” en Obras completas XLV, Buenos Aires, Ed. Luz mi familia, no me tocó ser uno de los seis agraciados. ¡Qué día de tristeza para mis padres
del día, 1953, pp. 7-165. Más tarde redacta también una breve semblanza biográfica en unas aquel en que nos dieron la fatal noticia del escrutinio! Mi madre lloraba en silencio, mi
páginas que se publicaron póstumamente, reunidas bajo el nombre de “Los emigrados” en padre tenía la cabeza sepultada entre sus manos.
Obras completas XIV, Buenos Aires, Ed. Luz del día, 1953, p. 344. Y, sin embargo, la suerte, que había sido injusta conmigo, no lo fue con la provincia. Cayóle
3.“Concluyó mi aprendizaje de la escuela por una de aquellas injusticias tan frecuentes, de la suerte a Antonio Arberastaín, pobre como yo y dotado de talentos distinguidos, una
que me he guardado yo cuando me he hallado en circunstancias análogas, Don Bernardino contracción férrea al estudio y una moralidad de costumbres que lo ha hecho ejemplar hasta
Rivadavia, aquel cultivador de tan mala mano, y cuyas bien escogidas plantas debían ser el día de hoy” en Domingo Sarmiento, Recuerdos de Provincia, Buenos Aires, Editorial de
pisoteadas por los caballos de Quiroga, López, Rosas y todos los jefes de las reacción Belgrano, 1981, pp. 240-241.
bárbara, pidió a cada provincia seis jóvenes de conocidos talentos para ser educados por 4. Domingo Sarmiento, Viajes por Europa, África I América. 1845–1847, edición crítica

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El capítulo se instala en una serie epistolar y pretende formar parte de las ventajas del que puede contar París al que nunca estuvo allí –pero
una correspondencia: en la frase que abre el texto y da cuenta del arribo que leyó y escuchó relatos que tenían a la ciudad como protagonista– se
de la carta de América, Copiapó no es sólo ciudad de Chile, es, simple- percibe en la escritura que, magnánima, despliega sus saberes, muestra
mente, América; y París es, simplemente, Europa: “carta de América que sus atajos, sus lugares secretos de circulación, le cuenta la felicidad del
hace tregua a la vida europea”, escribe Sarmiento localizando así los dos flanêur, del paseante de París. La indignación de la lejana injusticia san-
mundos que su respuesta intentará reunir en su camino inverso. América juanina cede paso al regodeo de la experiencia europea. Sarmiento no
ha dejado de ser “el espectáculo de la guerra” para constituirse en el lugar se privará del relato de París aunque para hacerlo deba correr algunos
de la nostalgia del viajero, cuyo recuerdo le depara el placer íntimo e irre- riesgos.
frenable de “saltar de gusto en una habitación de París”.
El “acontecimiento” no es entonces, haber llegado al centro del mundo Salir a buscar palabras
sino recibir, allí, la carta de un amigo datada en un pequeño y remoto
pueblo chileno. La mirada sobre las calles de París ocupa varias páginas de escritura
Esta inversión inesperada, traspasada de felicidad, le da al texto no fluida y desbordante. Pero, en cierto momento, el flujo se detiene y una
sólo su eficacia sino su marca de originalidad: al convertir a Copiapó en vacilación no totalmente retórica parece apoderarse del viajero:
el centro del deseo del viajero, al lograr que “la carta de América” se so-
breimprima a “la carta de París”, Sarmiento descubre un modo diferente Acaso no acierte a darle a Ud. una idea de París tal que pueda
de narrar la ciudad más narrada del siglo XIX.5 presentárselo al espíritu, tocarlo, sentirlo, bullir, hormiguear.
Para ese amigo, entonces, que volvió con su título a San Juan después Haría, si lo intentara, muy huecas frases, llenaría páginas de
de haber estudiado en Buenos Aires (la ciudad que cuando Sarmiento descripción insípida, y Ud. no estaría más avanzado por eso.
viaja a Europa todavía no ha podido conocer) el viajero intentará develar París es un pandemonium, un camaleón, un prisma.6
los misterios de París.
Podemos suponer una pequeña gran venganza en el gesto de la carta: Sarmiento nombra sus propios límites: es difícil transmitir la mate-
usted Aberastain, me escribe desde Copiapó, yo le respondo desde París. rialidad del paisaje humano que ofrecen las calles de la ciudad precisa-
Si Sarmiento no pudo llegar antes que Aberastain a Buenos Aires –prime- mente porque, como un prisma, como un camaleón, París cambia a cada
ro por su mala fortuna y luego porque gran parte de su juventud transcu- instante, a cada paso, a la vuelta de cada esquina. Sarmiento comprende
rre en el exilio chileno– sí pudo llegar primero a París. Y este llegar antes, que estos cambios son más rápidos que los sentimientos que los registran
y esa percepción lo alienta y lo descorazona al mismo tiempo. El escritor
coordinada por Javier Fernández, Madrid, Fondo de Cultura Económica– UNESCO no quiere rescribir este paisaje, quiere inventarlo. Enfrentado a un desafío
Colección Archivos, 1993, p. 99. desconocido el viajero se decide por una apuesta audaz: iniciar al amigo
Esta edición reproduce la del tomo V de las Obras de Sarmiento, Santiago de Chile, Imprenta chileno precisamente por los ribetes más huidizos, más innombrables de
Gutemberg, 1886. Todas las citas corresponderán a la edición de Archivos. Se ha normalizado
la ortografía del original, que responde al peculiar sistema inventado por Sarmiento y que la experiencia parisina. Hacerlo ingresar a la ciudad por aquellas zonas
dificultaba, por eso, su lectura actual. que el ojo puede ver pero que la palabra no ayuda a nombrar, precisa-
5.“Tengo la cabeza sobrecargada de París”, escribía Eduardo Wilde, otro escritor que relató
su viaje a Europa hacia fines del XIX, aludiendo a la sobreescritura de la ciudad y decidía
literalmente “pasar de largo”, “no insistir” (Eduardo Wilde, “Viajes y observaciones. Cartas a
La Prensa. 1892”, Obras completas, Vol. 12, Imprenta Belmonte, Buenos Aires, 1939, p. 104). 6. Sarmiento, Viajes por Europa, África I América. 1845–1847, op.cit., pp. 101-102.

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mente porque la traducción fracasa en la búsqueda de equivalencias que En París, Sarmiento comprende rápidamente que la ciudad es, para el
a la vez, sostengan con destreza las diferencias. Por eso, si el modo más flanêur, “un paisaje hecho de seres vivientes” como dirá Benjamin citan-
adecuado de narrar el ritmo urbano es convertirse en transeúnte perpe- do a su vez a Hofmannsthal9, y su personaje y su relato se moverán con
tuo, la búsqueda de la forma de nombrar esta experiencia se convertirá, la destreza adquirida día a día en los itinerarios de esta escenografía que
a su vez, en un breve y deslumbrante relato de aprendizaje de escritura: fascina y confunde, que obsesiona y divierte, pero que, sobre todo, per-
mite poner en acto el sueño del vagabundeo infinito por calles, galerías y
El español no tiene una palabra para indicar aquel farniente boulevares. “El flanêur persigue una cosa que él mismo no sabe qué es”,
de los italianos, el flâner, porque uno y otro son su estado escribe Sarmiento con la convicción del que ha captado lo esencial de este
normal. En París esta existencia, esta beatitud del alma se juego y, entonces, duplica la apuesta y ocupa su tiempo tarde tras tarde
llama flâner. Flâner, no es como flairer, ocupación del ujier en el placer ocioso de ayudar a montar el falso espectáculo que convoca
que persigue a un deudor. El flanêur persigue también una al flanêur:
cosa que él mismo no sabe lo que es: busca, mira, examina,
pasa adelante, va dulcemente, hace rodeos, marcha, y llega Por otra parte, es cosa tan santa y respetable en Paris el flanêur,
al fin a veces a orillas del Sena, al boulevard otras, al Pa- es una función tan privilegiada que nadie osa interrumpirlo.
lais Royal con más frecuencia. Flanear es un arte que sólo El flaneêur tiene derecho a meter sus narices por todas par-
los parisienses poseen en todos sus detalles; y sin embargo tes.[...] Si Ud. se para delante de una grieta de la muralla y
el extranjero principia el rudo aprendizaje de la encantada la mira con atención, no falta un aficionado que se detiene
vida de París por ensayar sus dedos torpes en este instru- a ver qué está Ud. mirando; sobreviene un tercero, y si hay
mento de que sólo aquellos insignes artistas arrancan in- ocho reunidos, todos los paseantes se detienen, hay obstruc-
agotables armonías.7 ción en la calle, atropamiento. ¿Este es, en efecto, el pueblo
que ha hecho las revoluciones de 1789 y 1830? ¡Imposible! Y
Corriendo detrás de las imágenes, Sarmiento inventa al fin, una pa- sin embargo, ello es real: hago todas las tardes sucesivamente
labra nueva, flanear, versión americana del arte parisino por excelencia dos, tres grupos para asegurarme de que esto es constante,
y descubre así, a mediados del siglo XIX, algo que Walter Benjamin per- invariable, característico, maquinal en el parisiense.10
cibiría casi un siglo después. Es que:
En este tramo, el viajero es un observador persistente y risueño de los
Ni las grandes reminiscencias, ni los fuertes estremeci- hábitos callejeros de los parisinos pero, poco a poco, el voyeur se convier-
mientos frente a los monumentos de la historia impresio- te en flanêur:
nan al flanêur, quien, con alegre displicencia, se los deja al
turista [...] No son los extranjeros sino ellos mismos, los Por la primera vez en mi vida he gozado de aquella dicha
parisinos, los que convierten a París en la Tierra Prometida inefable, de que sólo se ven muestras en la radiante y franca
del flanêur.8
Michael W. Jennings, Howard Eiland y Gary Smith, Harvards University Press, Cambridge-
Londres, 1999, p. 262. La traducción es mía.
7.Ibid., p. 99. 9.Ibid., p. 263.
8. Walter Benjamin, “The return of the flaneur” en Selected Writings, Vol. 2, Editado por 10. Sarmiento, Viajes por Europa, África I América. 1845–1847, op.cit.,p.100.

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fisonomía de los niños. Je flane, yo ando como un espíritu, al mismo tiempo juega en las calles con el privilegio del extranjero des-
como un elemento, como un cuerpo sin alma, en esta so- conocido lo mismo que el tirano de Paris. Ejercita así su derecho a la mi-
ledad de París. Ando lelo; paréceme que no camino, que rada inútil, a la mirada sin provecho y lo hace a expensas de los propios
no voy sino que me dejo ir, que floto sobre el asfalto de las habitantes de la ciudad.
aceras de los bulevares. [...] Sólo aquí puedo a mis anchas
extasiarme ante las litografías, grabados, libros y monadas El secreto de París
expuestas a la calle en un almacén, recorrerlas una a una,
conocerlas desde lejos, irme, volver al otro día para saludar Huyendo de la descripción imposible, Sarmiento intenta seccionar a
la otra estampita que acaba de aparecer. Conozco ya todos París en áreas de interés.
los talleres de artistas del boulevard; la casa de Aubert en “¿Es Ud. Sabio?” “¿Es Ud. astrónomo?” “¿Es usted literato?” “¿Es us-
la plaza de la Bolsa, donde hay exhibición permanente de ted artista?”. Para cada una de estas profesiones París ofrece sus tesoros.
caricaturas: todos los pasajes parisienses. Y luego las esta- Pero hay un área de interés que París ofrece a pesar suyo, que no está
tuitas de Susse y los bronces por doquier, y los almacenes de exhibida sino oculta, algo que los ojos del viajero–detective en el que
nouveautes, entre ellos uno que acaba de abrirse en la Calle Sarmiento ya se ha convertido, pueden avisorar aunque los demás no
Vivienne con doscientos dependientes para el despacho y lo adviertan.
2.000 picos de gas para la iluminación.11 Se trata de un momento clave no sólo de la carta sino del viaje: por-
que con olfato aguzado de detective Sarmiento está a punto de descubrir
El texto de Sarmiento muestra este proceso de conversión y confirma no sólo un crimen, también los asesinos. Benjamin escribe:
que, al convertirse en flanêur, el viajero inexperimentado ha aprendido
la lección principal de la ciudad: el arte de pasear sin rumbo fijo, de per- El flanêur llega a ser un detective a su pesar, y se trata de
derse en sus callejuelas, de atravesar las galerías, de marchar impasible algo que socialmente le viene muy bien. Legitima su paseo
entre el “hervidero de carruajes” es un arte del habitante de París, es ocioso. Su indolencia es, entonces, sólo aparente. Tras ella
una manera de ser de París, que los extranjeros deben aprender a imitar se oculta una vigilancia que no pierde de vista al malhechor.
como él lo ha hecho si quieren atrapar el rasgo más característico y a la [...] Cualquiera sea la huella que el flanêur persiga, lo con-
vez más inefable de la ciudad. ducirá a un crimen.13
Sarmiento camina para conjurar y disfrutar su soledad de extranjero.
“La multitud –escribe Benjamin–, no sólo es el moderno albergue del Leemos en Sarmiento:
desterrado, sino también es la droga más novedosa para el abandonado.
El flanêures un hombre abandonado en la multitud.”12 Nadie es hoy lo que ayer era. Michelet está borrando apre-
Albergue para el desterrado, droga para el abandonado. Sarmiento surado las páginas de la historia que había escrito, Cha-
escribe en su carta que recurre a la flânerie casi sin poder evitarlo. Pero teaubriand en sus ochenta años, llama a Béranger el único
sabio y el único filósofo conocido, mientras que el bonhom-
11.Ibid., p. 100.
12. Walter Benjamin, “Le flâneur” en Charles Baudelaire. Un poète lyrique à l’apogée du 13.Benjamin Walter, “Le flâneur” en Charles Baudelaire. Un poète lyrique à l’apogée du
capitalisme, Paris, Éditions Payot, 2002, pp. 84-85. La traducción es mía. capitalisme, op.cit., p. 65.

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me se ríe de todas las instituciones, de reyes y de oráculos. Sarmiento, que sufre el anonimato como humillación y busca, sin
El socialismo cunde y las novelas de Sue y los dramas lo cansarse, el reconocimiento público disfruta de la “incógnita” de la flâ-
predican, lo exponen en perspectiva. Lamennaise continúa nerie porque la percibe como una habilidad imprescindible para detec-
alejándose de su punto de partida y en medio de la gendar- tar los aspectos más novedosos del terror urbano como esos “pensa-
mería de las ideas dominantes, oficiales, moderadas, ve Ud. mientos con aspecto de bandido” que el flanêur americano olfatea en las
moverse figuras nuevas, desconocidas, pensamientos que calles de París. Al ingenio aguzado del flanêur que ya es Sarmiento se
tienen el aspecto de bandidos.14 debe la principal lección ya no de la ciudad sino del texto: “Asistía, pues,
sin saberlo, al último día de un mundo que se iba”: el desafío que Sar-
La lectura que Benjamin hace del flanêur coincide con la actitud de miento se propone es descifrar qué es exactamente lo que está murien-
Sarmiento, con su manera de entender la flânerie. Por un lado, el andar do, y quiénes son los culpables de esa muerte. Para lograrlo ha tenido
descansado y alelado que carece de cualquier otra legitimación que no que fundar una palabra clave. Flanear no es sólo una palabra nueva sino
sea la del goce del murmullo de la ciudad. Por el otro, la búsqueda, con una clave secreta para entender Europa a mediados del siglo XIX. El
el olfato aguzado, de las huellas de una amenaza todavía indecible, de amigo lejano y sus lectores serán los cómplices de este descubrimiento.
esas “figuras informes, desconocidas”, de esos “pensamientos que tienen
el aspecto de bandidos”, de esos criminales que se hacen llamar revolu-
cionarios, de esos borramientos de la historia.
El viajero americano que flanea por París dignifica y justifica su an-
dar de flanêur, indicia sus propias dificultades, confiesa su desespera-
ción pero, también, anuncia, con el mejor estilo del suspenso policial
que “empieza a tener barruntos”, a sentir que cierta lógica late en su es-
píritu y que avizora señales, que por supuesto, sólo él puede interpretar,
señales que le indican una amenaza difícil de nombrar y más aún de
catalogar porque, como era previsible, ha encontrado algo que no salió a
buscar. En este punto, Sarmiento despliega las destrezas del rastreador y
del baqueano, dos saberes gauchos que describe en Facundo para perse-
guir huellas casi invisibles porque son huellas del pensamiento flotando
en el paisaje urbano.
De ese momento, descripto admirablemente en el párrafo citado, de-
pende, de un modo absoluto, el éxito del viaje: si el viajero logra perci-
bir las ideas revolucionarias en medio de la “gendarmería de las ideas
dominantes”, si puede explicarse el agotamiento de un mundo, habrá
obtenido la explicación esencial de su viaje.

14. Domingo Sarmiento, Viajes por Europa, África I América. 1845–1847, op.cit., p. 103.

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Mansilla, la aventura del relato

La verdad es aquello que se logra hacer creer.


Lucio V. Mansilla

Hay una pregunta en la que Una excursión a los indios ranqueles


(1870) se regodea y que irrumpe cada tanto con el brillo de un chispazo,
convertida en broma autorreferencial, bajo diferentes formulaciones. La
interrogación, a la que se intenta despojar de todo dramatismo filosófi-
co, resuena en sus lectores por la insistencia zumbona de sus tonos: “¿Y
éste coronel Mansilla, quién es?” o “Porque al fin, ese mozo, ¿quién es?”.
Colocada como zancadilla juguetona para los lectores por el autor y na-
rrador del texto, el “no saber”, la duda, contrasta con una afirmación que
circula durante toda la vida pública del escritor y que podría pertene-
cer a cualquiera de sus contemporáneos: “¿Quién no conoce al general
Mansilla?”. La imagen de Mansilla se construye, en efecto, entre el vacío
de saber y la sobreabundancia de conocimiento. Su destreza de escritor
convertirá esta paradoja, elaborada y sostenida por él mismo, en fuente
inagotable de relatos propios y ajenos.
“Casualidad significativa; yo conocí a Mansilla en el museo del Lou-
vre (1907). Vivía yo entonces frente a las Tullerías y cruzaba el parque
todas las tardes, después del almuerzo, para volver a ver La Victoria
de Samotracia y otras maravillas. Estaba yo en la galería central, cerca
de dos guardianes, cuando oí que uno le decía al otro: Il est un géné-
ral américain, le général Mansilla. Volví la cabeza y vi al característico
personaje que pasaba con su gran estampa: su entallada levita negra, su
chambergo de ala quebrada bajo la cual esponjábase la melena blanca,
su tez rojiza, su ancha barba canosa, su monóculo, su fino bastón de
caña. Era personaje ya familiar en el Museo”.1

1. Ricardo Rojas, Historia de la literatura Argentina, Buenos Aires, Librería La Facultad,


1925, II, p. 700.
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Una ubicuidad proverbial París el 8 de octubre de 1913: “Diletante en todo, no logró especializar-
se, Cuando Avellaneda pulía su estilo y Wilde mostraba su humorismo,
En una extensa nota al pie, Ricardo Rojas registra no sólo la casua- Mansilla “conversaba”. En la conversación fue genial. Si la causerie fuera
lidad del encuentro parisino, sino el impacto visual que la figura de un género literario, Mansilla sería nuestro gran maestro [...] A pesar
Mansilla le provoca. La nota al pie está inserta en el capítulo “Los frag- de su talento y de su obra Mansilla será recordado sólo por su garbo y
mentarios”, el título elegante bajo el cual Rojas agrupa a los escritores por sus aventuras”. El anónimo necrólogo de Nosotros determina que la
que considera fracasados, a los que se convirtieron en promesas incum- causerie no es un género literario y, en consecuencia, expulsa a Mansi-
plidas, los que no se adecuan al modelo de “gran escritor” –esto es con lla del paraíso de la literatura eterna pero le concede a su garbo y a sus
obra completa y sobre todo, clasificable– que el crítico tiene en mente. aventuras un prestigio curiosamente menos efímero. Hacia la fecha de
El personaje del general Mansilla, al que los guardianes del Louvre re- su muerte, “El General” se había convertido en una figura que resultaba
conocen y admiran, lo fascina más que su obra literaria. Sus atributos atractiva y divertida para sus contemporáneos. Así no resultaba extraño
personales –su figura, su ojo estético, su poderosa memoria– definen un leer crónicas periodísticas que lo tuvieran como noticia central y sus
perfil de artista que suscita en el historiador un entusiasmo que no le excentricidades eran suficientes para sostener columnas que llevaban
despierta su escritura. En el riguroso debe y haber de la prosa inclusiva por título “Ecos de Lucio” o “Cosas de Lucio”.4
y selectiva de su obra monumental, Rojas no escatima el subrayado de Una muestra de la peculiar relación de Mansilla con su propia re-
las faltas: “Faltó madurez a su cultura, concentración a su pensamiento, percusión periodística es la causerie “¿Por qué...?”. Allí maneja un ex-
disciplina a su prosa, para ser el gran escritor que, por sus facultades traordinario juego de versiones de una noticia sobre sí mismo aparecida
nativas hubiera podido ser. La vida fue para él un deporte, la literatura, en un diario. Su operación de escritura - intervenir en la polémica al-
una conversación brillante” y en sus obras no tuvo “el presentimiento de rededor de una noticia que lo tiene como centro- propone un ejemplar
la antología”.2 ejercicio de periodismo moderno. La vuelta de tuerca que su juego de
Señalado como deudor moroso del capital simbólico de la “gran lite- versiones produce consiste no sólo en ratificar por el absurdo el carácter
ratura argentina”, Mansilla, cuya ubicuidad proverbial se convertirá en sensacionalista del periódico sino en confirmar que cualquier noticia
uno de los rasgos más salientes de su biografía, siempre estará incómo- extravagante puede ser creída en el Buenos Aires de la segunda mitad
do en las Historias de la literatura.3Años después, la revista Nosotros del siglo XIX con la simple atribución de los hechos a Mansilla.5
esbozaba una condescendiente necrológica a propósito de su muerte en

4. Desde diciembre de 1879, por ejemplo, El Nacional ofrece la columna “Ecos de medio
2. Ricardo Rojas, Historia de la literatura Argentina, op.cit., p. 702. siglo: Cosas de Lucio”.
3. La Historia de la literatura argentina, editada por el Centro Editor de América Latina en 5. Eduardo Dimet, director del diario, le ruega que no publique su broma antropófaga
1967-1968 bajo la supervisión de Adolfo Prieto, reitera la descalificación de Ricardo Rojas: porque el púbico creerá que es verdad: es decir, creerá que Mansilla ha comido en el Café de
“De ahí que su obra parezca no tener unidad ni plan , y que más bien se haya elaborado París, orejas de vigilante.
al ritmo impuesto por las diarias necesidades de su autor. ‘Prosistas fragmentarios’, llamó Lucio V. Mansilla, “¿Por qué...?”en Entre Nos. Causeries del jueves, Buenos Aires, Librería
Ricardo Rojas a Mansilla y otros hombres del 80 y la expresión es ajustada.” La cita Hachette, 1963. Todas las citas correspondientes a causeries se harán según esta edición,
corresponde al capítulo “Lucio V. Mansilla” escrito por Rodolfo Vinacua y que la obra volvió ya hace tiempo agotada. Ediciones recientes, aunque no completas de las causeries: Lucio
a incluir, sin ninguna variante, en su edición de 1980-1986, dirigida por Susana Zanetti, V. Mansilla, Horror al vacío y otras charlas, edición a cargo de Cristina Iglesia y Julio
de donde lo tomo. Para esta segunda edición en numerosos casos se encargaron nuevos Schvartzman y colaboradores, Buenos Aires, Biblos, 1995, y Lucio V. Mansilla, Mosaico.
capítulos en busca de nuevos enfoques críticos. Esta búsqueda no fue considerada necesaria Charlas inéditas, edición y prólogo a cargo de Adriana Amante y otros, Buenos Aires, Biblos,
en el caso de Mansilla. 1997.

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En 1895, en el pabellón argentino de la Exposición Universal de Pa- y argentino; artista, hipocondríaco, espiritual, indolente,
rís, el transformista Casthor obtiene un éxito rotundo al mudar su cabe- imaginativo. De un día para otro rompe sus pinceles, arroja
za por la del general Mansilla, cuyos gestos y expresiones imita con tanta el Spleen, abandona a Voltaire, desprecia el dolce far niente
perfección que hasta su madre, Agustina Rozas, disfruta y aplaude la y se divorcia de los sueños poéticos. Ha llegado la hora de
exhibición. Y hacia 1903, unos años antes de su encuentro con Rojas en escribir y se hace periodista, ha llegado la hora de combatir
París, la popular tienda porteña de Avelino Cabezas utilizaba una gran y es soldado; ha llegado la hora de atravesar la pampa, y es
silueta de Mansilla para atraer la atención del público sobre un anuncio. gaucho; ha llegado la hora de trabajar y es chino. Pero ¡qué
De la silueta de Mansilla se desprendía la advertencia “Escuchad bien”, digo! ha sonado la hora de la actividad y de la lucha y es, es
y a continuación se ofrecía la lista de precios de ropa y otros productos él. Entonces deja sus modelos asume su verdadero carácter.
que se comercializaban en la tienda. Arroja la máscara italiana, francesa e inglesa y se presenta
No es, por lo tanto, casual, que sus contemporáneos, cuando inten- Mansilla por activa y Mansilla por pasiva.7
tan atrapar la imagen de Mansilla, recurran a la analogía que abunda
de modo notable en sus descripciones. Escribe Miguel Ángel Cárcano: Pertenecer a ambos extremos

Ceremonioso, contenido y distante, con la mirada hechiza- En sus propios relatos, su imagen se construye cuidadosamente con
dora y aguda parecía un embajador veneciano pintado por la compleja simultaneidad del parecido y de la diferencia. O mejor aún,
Mantegna. Era un mariscal del Segundo Imperio cuando el parecido se trabaja como diferencia fundante de su personaje. En una
caminaba erguido: el pecho saliente, ceñido en larga levi- de sus causeries “De cómo el hambre me hizo escritor”, Mansilla re-
ta, empuñando el bastón, blasfemando y lanzando palabras construye su llegada a Paraná, como exiliado político, luego de haber
gruesas. Y lo creería un evangelista cuando escuchaba misa protagonizado el ruidoso episodio con José Mármol y haber sufrido una
en Saint-Roche, concentrado en la lectura de su breviario, breve temporada de cárcel.8 “Me quedaban cinco pesos bolivianos y,
aireada la cabellera alrededor de la calvicie y su mano aca- como dicen en Italia, la ben fatezza de mi persona, o la estampa como
riciando lentamente la barba de profeta.6 dicen en Andalucía. ¡Y qué capital suele ser!”. Al día siguiente de su lle-
gada, el joven proscripto ya está en plena fiesta federal:
Y Santiago de Estrada que lo contempla in situ en la frontera sur de
Córdoba como un objeto extraño al que se encuentra al cabo de un lar- La flor y nata de ambos sexos santafecinos estaba allí. Yo
go viaje, nos ha dejado una de las más móviles y certeras descripciones me mantenía un tanto apartado, dándome aires: tenía toda
del efecto transformista de la imagen de Mansilla:

Mansilla está dotado de una naturaleza excepcional. Se 7. Santiago de Estrada, Viajes, Barcelona, Imprenta de Heinrich y Cía., 1889, pp. 96-97.
puede decir que es un hombre que ha ensayado todos los 8. El 27 de junio de 1856, en el Teatro Argentino colmado por más de dos mil espectadores
reunidos para presenciar un espectáculo popular de lucha, el joven Mansilla arroja,
caracteres y que no muestra el propio sino en las situaciones literalmente, los guantes en la cara del escritor José Mármol. Se escucharon gritos de “A la
supremas. Lo he conocido italiano, inglés, francés, oriental cárcel con Mansilla” y “Muera la Mazorca” y Mansilla terminó efectivamente en la cárcel
y luego fue condenado a tres años de destierro en la Confederación. El motivo del desafío
público fue explicado por el mismo Mansilla en una carta desde la cárcel que tuvo difusión
periodística: en su novela Amalia, Mármol habría agraviado a su madre, Agustina Rozas,
6. Miguel Angel Cárcano, El estilo de vida argentino, Buenos Aires, Eudeba, 1960, pp. 5-6. hermana de Juan Manuel, describiendo con rasgos desagradables sus habitaciones.
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la barba, larga la rizada melena, y usaba un gran chambergo nizó una fiesta para exhibirme, ni más ni menos que si yo
con el ala levantada a guisa de don Félix de Montemar. hubiera sido un indio o el hijo de algún nabab, según más
Mi apostura, mi continente, mi esplendor juvenil, llama- tarde lo colegí, porque terminada la comida hubo recep-
ron la atención de don Juan Pablo López(a) Mascarilla (el ción y yo oía, después de las presentaciones de estilo que
pelafustán según otros), gobernador constitucional en ese les belles dames decían: “Comme il doit etre beau avec ses
momento, y dirigiéndose a mi huésped, le dijo: plumes”. Naturalmente yo, al oír aquel beau, me pavoneaba,
-¿Quién es aquel profeta? je posais, expresión que no se traduce bien, pero al mismo
Romántico, o poeta, o estrafalario o algo por el estilo, algo tiempo decía en mi interior: ¡Qué bárbaros son estos fran-
de eso o todo eso, quiso implicar y no otra cosa. Tenía qui- ceses!
zás el término, no le venía a las mientes. Veía una figura
discordante, en medio de aquel cuadro uniforme, de tipos Diferente pero parecido, Mansilla goza con los dos términos, se ufa-
habituales –la incongruencia le chocaba sin fastidiarlo- y na con su pertenencia a ambos extremos. Su escritura elabora su excep-
expresaba su impresión vaga, confusa, insaisissable, inaga- cionalidad pero disfruta con las confusiones, y subraya los contextos
rrable, como caía, tomándola por los cabellos, y la sintetiza- contrapuestos en los que su personaje puede ser distinguido y confun-
ba, calificándome de profeta. dido al mismo tiempo: así, “yo era ya un indio entre los indios”, una
frase que se escribe de muchas maneras en Ranqueles, tiene el valor del
La gaffe del caudillo es resignificada por el propio Mansilla: López logro personal (Mansilla, que, como sus lectores saben, no es un indio,
capta lo esencial, es decir lo discordante que, a su vez, es insaisissable, ha logrado, gracias a su don de ubicuidad, mimetizarse con los bárba-
inagarrable (hasta el punto de que el propio Mansilla necesita de las dos ros), mientras que en París, ser mirado “como un indio” es un error que
lenguas para explicarse) pero se equivoca al nombrarlo. delata ignorancia, una carencia de la cultura aparatosa pero limitada del
López dice profeta cuando quiere decir “raro” o “extraño”, pero el faubourg Saint-Germain, un toque que muestra la falta de mundo del
error es significativo porque muestra que Mansilla no sólo es inclasifi- mundo de los salones parisinos. Exhibir a un joven sudamericano como
cable como escritor –escribe como conversa, aborda un género que no si fuera un indio y hasta llegar a imaginarlo con sus plumas es un gesto
es género, se diluye en digresiones– sino que es innombrable, es decir, “bárbaro” de los franceses. En la tertulia federal de Paraná, o en los sa-
inclasificable, como personaje social. lones parisinos, el joven Mansilla es, ante todo insaisissable y lo seguirá
En la causerie “Los siete platos de arroz con leche” el narrador re- siendo en diferentes ámbitos y contextos durante toda su vida. Soste-
cuerda su paso por París en su primer viaje a Europa: ner esta originalidad no fue tarea sencilla y Mansilla no dudó en jugar
con otros riesgos: sus relatos aluden con frecuencia a “experimentos”,
Me acuerdo que fue el capitán Le Page el que en ellos me “desajustes” “abusos magnéticos, hipnóticos o nigrománticos” y “curio-
introdujo (en los salones del faubourg Saint-Germain) pre- sidades esotéricas por el estilo” practicados en su propio cuerpo, por un
sentándome en casa de la elegante marquesa de La Grange hombre decidido a tocar todos los límites porque sabe que “la felicidad
, con cuyo nombre he dicho todo [...] La marquesa, que era está en los extremos”.
charmante y que, indudablemente, me halló apetitoso, pues “Soy el hombre de mi facha y de mi fecha”, asegura Mansilla. La facha
yo era, a los diez y ocho años, mucho más bonito que mi que lo define es el producto de una cuidadosa combinatoria de detalles:
noble amigo Miguel Cuyar ahora, invitóme a comer y orga- cortes y trenzas de la barba, colores extravagantes en la ropa, una bijou-

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terie variada y llamativa que incluye pulseras y dijes colgantes, sombre- capital, como para poder exclamar cualquier día: anche io
ros y capas especialmente encargados por sus peculiaridades y hasta un son pittore.
modo personalísimo de colocarse el monóculo. La toillete de Mansilla Mi vademécum tiene, además del mérito apuntado, una
implica la puesta en escena de un tipo de espectáculo doméstico en el ventaja. Es muy manuable y portátil. Lo llevo en el bolsillo.
que su valet Manolo Peña ocupa un lugar de partenaire tan importante Cuando lo necesito, lo abro, lo hojeo, y lo consulto en un
con su secretario, Trinidad Sbarbi Osuna, en la retórica de la escritura verbo. No hay cuidado de que me sorprendan con él en la
de las causeries. mano como a esos literatos cuyo bufete es una especie de
Valet para la vestimenta y secretario para la escritura: estos dobles sanctasactorum.
serviciales y rebeldes asumen un papel decisivo en la construcción de su [...]
pose de escritura y de escritor. Valet y secretario iluminan, por propia Yo no sé más que lo está apuntado en mi vademécum por
decisión, las zonas interiores de este “raro de entrecasa”, lo muestran en índice y orden cronológico. No es gran cosa. Pero es algo.
el momento en que la materialidad del arreglo personal y de la escritura (Capítulo XXX)11
se imponen sobre lo inefable de lo literario.9 Atada al paso, al trote, al
galope o al freno abrupto de las detenciones inesperadas como en la ex- A pesar de que lo anota como defecto, Rojas no puede dejar de per-
cursión a los ranqueles, su escritura es, sobre todo, móvil y proliferante, cibir la fuerza de este vaivén: “Movimiento caleidoscópico anima sus
porque Mansilla lee y escribe sin descanso. En el recuerdo juvenil de escritos; de pronto parece que el movimiento se detiene; creemos des-
Cárcano, Mansilla aconseja leer y escribir todos los días; leer con dos cubrir la línea firme de la belleza o de la verdad, pero la ilusión dura un
lápices en la mano, uno rojo y otro azul; leer para escribir lo que la lec- instante y la arquitectura suprema vuelve a borrarse en el desorden tri-
tura le sugiera.10 vial”.12 Para Rojas lo bello y lo verdadero son dos líneas perfectamente
Anotar todo lo que interesa, clasificar ideas, hacer índices, llevar un rectas: es imposible que el vértigo que le impone la escritura desaforada
diario de su vida día a día: todo sugiere una actividad escrituraria per- de Mansilla no lo induzca a atravesar lo más rápido posible este terreno
manente que ilusoriamente tienda a duplicar la vida. Su vademécum, anegadizo y a tratar de afincar su prosa segura y orgullosa en produc-
bufete literario portátil y capital acumulado de escritura, es uno de los ciones que le resulten más sólidas en el sentido material de la palabra.
puntos de apoyo fundamentales de su imagen de escritor: Rojas no puede imaginar que su acusación de desorden, y de exceso
de desvíos –también ella apresurada– gozará de tanto éxito posterior;
En lugar de emplear la mayor parte del tiempo en pasar el tampoco puede suponer que aquello que el registra como pérdida y so-
tiempo, me he impuesto ciertas labores útiles. brante será también así considerado por editores y críticos de finales del
De ese modo, he ido acumulando, sin saberlo, un bonito siglo XX.13

11. Lucio. V. Mansilla, Una excursión a los indios ranqueles, edición y prólogo de Julio
9.Ver Sylvia Molloy, “Imagen de Mansilla” en Gustavo Ferrari y Ezequiel Gallo Caillet –Bois, Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 1947, Capítulo XXX. Todas las
(compiladores), La Argentina del 80 al Centenario, Buenos Aires, Sudamericana, 1980. Para citas de este texto se harán de acuerdo a esta edición, mencionando al final el capítulo al que
la relación entre Mansilla y sus alter egos ver Cristina Iglesia y Julio Schvartzman, “Entre- corresponden.
nos, folletín de la menoria” en Lucio V. Mansilla, Horror al vacío y otras charla, op. cit. 12. Rojas, Historia de la literatura Argentina, op.cit., p. 702.
10. Cárcano, El estilo de vida argentino, op.cit., p. 14. 13. En 1940, Escapa Calpe publicó, en su colección Austral, una edición de Ranqueles,
“aligerada –según explica Carlos Alberto Leumann– de aquello que quita unidad y fuerza

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Construyéndose como sujeto y personaje móvil, Mansilla logra ser, estuche de navajas de barba, que acababa de comprar en
al mismo tiempo, un raro y un habitué, un extranjero y un ciudadano en la tienda de Manigot, con una de las cuales le corté las dos
cada espacio social en el que se instale, ya se trate de un salón europeo o orejas al pobre diablo de prójimo, yéndome incontinenti
de los toldos ranquelinos. al Café de París, donde las hice cocinar, saltadas au vin de
Estos espacios son verdaderos aliados de la textualidad de Mansi- Champagne, comiéndomelas después, con delicia, como si
lla, cuya memoria topográfica le permite un entramado incesante de fuera un antropófago de los más golosos.
relatos. Como afirma Sylvia Molloy, “el locus del yo autobiográfico de
Mansilla [...] nunca pierde su naturaleza esencialmente topográfica”.14 El chiste-provocación insiste en mostrar la perduración de la leyen-
da urbana (Mansilla antropófago) que en la escritura de Una excursión
Verdades y conjeturas sólo tiene la tenue sugerencia del sueño. Pero sobre todo, mostrará la
perduración de la marca ranquelina.
Los ranqueles están de moda desde que los ha inventado Lucio Mansilla. Leemos en Geertz: “El ‘estar allí’ es la construcción discursiva que al
Eduardo Wilde antropólogo le permite brindar una ‘descripción objetiva’ del mundo de
los otros, sean ranqueles o tipokias. El ‘estar allí’ posibilita la elaboración
En la construcción, personal y ajena, de la imagen de Mansilla, la de una discursividad asertiva: ‘hacen esto, creen aquello, comen de esta
experiencia ranquelina ocupará un lugar central. “Yo he aprendido más manera’”.15
de mi tierra yendo a los indios ranqueles que en diez años de despesta- Pero, a diferencia de los asertos incontrastables, aseverativos, que
ñarme, leyendo opúsculos, folletos, gacetillas, revistas, libros especiales” constituyen buena parte de la escritura antropológica, el texto de Man-
(XXX). El texto de Una excursión parecería tener como objetivo ex- silla acumula preguntas, intercala dudas. En el discurso antropológico,
plícito narrar la experiencia casi en estado puro, y Mansilla podría ser la conjetura es un punto de partida que genera respuestas asertivas. Por
considerado como el escritor que solo cuenta la experiencia, porque ésta el contrario, el texto de Mansilla coloca a la conjetura en el centro, la
resulta un valor contrapuesto al de la letra impresa. convierte en motor de la escritura ficcional. Aunque las conjeturas abar-
Muchos años después, en una de sus causeries a las que aludimos al can el mundo de los otros, la principal es la que implica al narrador. La
comienzo de este artículo, Mansilla “corrige” una versión periodística figura hiperautoral de Mansilla digiere a los otros, los traduce, los ex-
que lo tiene como objeto, superando toda exageración posible: plica, pero siempre deja en primer plano el interrogante sobre sí misma
que en el texto deviene central.
Falta, sin embargo, algo en extremo interesante. Es esto: En una escena trabajada con la apariencia de un encuentro fortuito
que después de darle el latigazo ut supra al vigilante, que y marginal, el narrador enfrenta inesperadamente los interrogantes cru-
yacía en tierra, por haberse resbalado, saqué del bolsillo un ciales sobre su pertenencia política que se convertirán en interrogantes
sobre su existencia misma. En los toldos del cacique Mariano Rozas, un
negro que desafina tocando el acordeón, suerte de bufón inofensivo en
a la obra”. La editorial El Elefante Blanco también consideró necesario depurar, en 2000, la corte ranquelina que duplica paródicamente los bufones de Juan Ma-
su edición de Entre-nos. Causeries del jueves; “el manuscrito era muy largo –explica una
advertencia preliminar– y hemos dejado caer algunas hojas”.
14. Sylvia Molloy, Acto de Presencia. La escritura autobiográfica en Hispanoamérica,
México, Fondo de Cultura Económica, 1996, pp. 239-40. 15. Clifford Geerz, El antropólogo como autor, Buenos Aires, Paidos, 1989, p.14.

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nuel de Rosas, coloca al narrador en una situación insostenible. Harto una publicación escrita enteramente por él mismo, una revista absolu-
de escuchar sus trovas federales, Mansilla actúa con una violencia que tamente personal, que se llamaría Mi Tribuna y cuyo atractivo principal
no es frecuente en el texto: sería, precisamente, el “folletín con las memorias del general Mansilla”.16
Una excursión a los indios ranqueles se publica en La Tribuna desde
Le atajé el resuello, diciéndole: el 20 de mayo de 1870 hasta el 7 de septiembre del mismo año, en entre-
-Hombre, ya te he dicho que no quiero oírte cantar. gas diarias, con muy pocas interrupciones.
Callóse y mirándome con cierta desconfianza me preguntó; La Tribuna, dirigida por los hermanos Héctor y Mariano Varela,
-¿Usted es sobrino de Rosas? cuyo número inicial se publica en agosto de 1853, será durante trein-
-Sí. ta años un órgano porteño, liberal, unitario y sobre todo el diario más
-¿Federal? leído en Buenos Aires.17 El periódico parecía responder a la demanda
- No. de un público que el propio Mansilla conocía muy bien, un público con
-¿Salvaje? “esa hambre canina, esa sed de perro por las anécdotas escandalosas,
-No. los apuntes en vida para servir a la historia de nuestro tiempo, las me-
-¿Y entonces, qué es? (Capítulo XXXIV). morias de ultratumba, todo aquello, en fin, que hace ver o que permite
escudriñar el corazón humano en sus más recónditos misterios ni más
La respuesta de Mansilla suena como un grito impotente: “¡Que te ni menos que como se ve el dorado pececillo encerrado dentro de trans-
importa!” Lo que desentona es su propio lugar en el presente de la escri- parente redoma”, como había escrito en “¿Por qué…?”.
tura. El relato del incidente intenta mostrar la irritación pero también
la ausencia de respuesta. Frente a la incertidumbre de su adscripción La publicación del folletín se inicia en un momento de gran éxito de
política, frente a su no ser nada, la experiencia ranquelina le otorga una La Tribuna, que en el término de pocos años había pasado de 4.000 a
pertenencia, un lugar propio. 8.000 ejemplares y contribuye a acrecentar aún más su tirada. Mansilla
escribe cada entrega en la redacción del diario, en el mejor estilo de un
Ámbito del folletín cronista. El 18 de junio una nota de la redacción advierte, bajo un título
que reproduce el del folletín: “Sigue y seguirá la publicación de estas car-
Desde sus comienzos en la Confederación, narrados en la causerie tas. El público debe disimular los errores con que aparezcan porque son
“De cómo el hambre me hizo escritor”, hasta su muerte, Mansilla en-
contró en el periódico y en la práctica periodística un ámbito propicio y
16. El prospecto, publicado en El Diario anuncia: “Mi Tribuna. Revista quincenal. Política,
un modo de hacer literatura. La escritura periodística fue una práctica literaria, estadística y geográfica, por Lucio V. Mansilla. Aparecerá en París próximamente.
frecuente en los escritores argentinos del siglo XIX pero él se diferenció Esta publicación será una verdadera novedad para los lectores del Río de la Plata de cuyos
también en este aspecto: desde muy joven tomó la decisión de convertir intereses morales y materiales se ocupará exclusivamente. Contendrá un folletín con las
memorias del general Mansilla. Precio Mensual 1$.
sus avatares personales en noticias, columnas, o folletines. Su obra pue- 17. Después del asesinato de Florencio Varela, el estado argentino se hace cargo de la
de leerse así como una autobiografía recurrente escrita por entregas, y educación de sus once hijos. Héctor y Mariano Varela reciben, como parte de los beneficios
en distintos géneros, en la prensa periódica. Si ya en 1864 firma en El que les otorga ser hijos del “mártir de la libertad”, la concesión oficial de la Imprenta del
Gobierno, que incluye el derecho a publicar la información oficial. En esa imprenta, los
Correo del domingo una columna que se llama “Mis memorias escritas hermanos Varela fundan, en 1853, La Tribuna y se convierten en influyentes formadores
en diez minutos”, durante sus últimos años en París, todavía sueña con de opinión.

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escritas cálamo currente sobre nuestra mesa”. El diario propone las “car- de frontera contó con una campaña periodística que diera cuenta hasta
tas” de Mansilla como crónicas del día, relacionándolas explícitamente de sus mínimas acciones en el diario más popular de Buenos Aires.19 La
con un tipo de columna que había contribuido a la enorme popularidad decisión de los hermanos Varela de publicar el relato folletinesco de la
del periódico: los “Hechos locales”, que inventaban chismes políticos y excursión cuando Mansilla está de vuelta en Buenos Aires y ha sido desti-
“virutas” con doble intención, y cuyo tono irreverente y frontal era pro- tuido de su cargo, apunta al éxito seguro del producto: el coronel narrará
longado por “Cosas de Orión”. Mansilla acepta el desafío y es por eso que, sus aventuras en un estilo por el que los lectores demuestran rápidamente
engarzadas con el relato de sus aventuras ranquelinas, el lector contem- su preferencia.
poráneo encontrará numerosas alusiones a las persecuciones de López
Jordán, el caudillo entrerriano al que los ejércitos nacionales no lograban Geografía de la ficción
derrotar o a las noticias provenientes del frente de la guerra franco-pru-
siana o a su ya pública y jugosa polémica con el presidente Domingo F. La afirmación de Franco Moretti, “un buen mapa suscita mil pala-
Sarmiento.18 bras”, podría muy bien ser una de las máximas en las que Mansilla con-
Las cartas de Mansilla aprovechan todo lo que las rodea en el contexto centra su experiencia, en su pequeño vademécum de bolsillo.20 El primer
político y periodístico y se instalan cómodamente en un lugar que La volumen de Una excursión incluye un mapa elaborado por el escritor en
Tribuna ya había diseñado para su autor. Durante la Guerra con el Para- el que ubica la zona bajo su mando con accidentes topográficos, fortines,
guay, en la que Mansilla ingresa con el grado de sargento mayor y de la tolderías ranquelinas y algunos escasos poblados cristianos. Con su in-
que regresa con el grado de Coronel, envía desde el frente cartas firmadas corporación, Mansilla establece una relación decisiva entre paisaje y es-
con seudónimos como Falstaff o Tourlourou que le sirven para intervenir critura literaria, experiencia del terreno y posibilidad de narrar. El mapa
en la discusión, que se libra en Buenos Aires, sobre el curso de la guerra parecería confirmar la “verdad” material del conocimiento del texto:
misma y apoyar la candidatura de Sarmiento a la presidencia. Más tarde,
cuando éste accede a la presidencia y Mansilla no obtiene ningún cargo Tengo en borrador el croquis topográfico levantado por mí de
importante en su gobierno sino que es designado comandante de fronte- ese territorio inmenso […].
ras, La Tribuna organiza una curiosa corresponsalía: con nombres indí- Más de mil leguas he galopado en año y medio para cono-
genas como Manco Capac o Caupolicán, los firmantes de estas extrañas cerlo y estudiarlo. No hay un arroyo, no hay un manantial,
notas informan minuciosamente sobre los desplazamientos geográficos no hay una laguna, no hay un monte donde no haya estado
del coronel, los avances de la línea de frontera, el agradecimiento de los personalmente […]. (Capítulo I).
vecinos de Río Cuarto por la tranquilidad que su presencia ha llevado a
sus hogares; dan cuenta, en fin, de la actividad febril y de la eficacia del Porque si las líneas del mapa demarcan los límites del relato mismo,
coronel y terminan por solicitar su ascenso al grado de general. Como también encierran un espacio semivacío que requiere ser poblado de re-
el mismo Sarmiento se encargará de afirmar, ningún otro comandante
19. Julio Caillet Bois, “Nuevos documentos sobre Una excursión a los indios ranqueles” en
Boletín de la Academia Argentina de Letras, XVI, 58, enero-marzo de 1947, pp. 115-134
18.El 3 de junio de 1870, junto a la novena entrega del folletín, se conocía la decisión del 20. Franco Moretti, Atlas de la novela europea 1800-1900, Madrid, Siglo XXI, 1999.
presidente Sarmiento de apercibir al Coronel Mansilla y pasarlo a disponibilidad por haber
ordenado como comandante de frontera el fusilamiento de un desertor con un juicio
sumarísimo que no resultaba satisfactorio y había sido denunciado por la oposición.

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latos. El mapa permite delinear también el itinerario de la excursión, la La laguna del Bagual es por este camino un punto estraté-
ida y la vuelta del relato, representar espacialmente las distancias que el gico como lo es por el otro la Verde: se seca rara vez, siendo
texto sugiere con imágenes. Y cuáles son las historias que ese itinerario fácil hacer brotar el agua por medio de jagueles y no tiene
provoca y cuáles las que viajan desde otros recorridos (por ejemplo el nada de notable, presentado la forma común de los abreva-
de las tropas en la Guerra del Paraguay o de otros paisajes que en la deros pampeanos, la de una honda taza.
trama del relato parecen lejanos, como las calles de las ciudades en las Cuando el desertor o el bandido que se refugia entre los
anécdotas urbanas). indios, sediento y cansado, zumbándole aún en los oídos el
El mapa y su relato son, para Mansilla, una toma de partido por un galopar de la partida que le persigue, llega a la laguna del
paisaje que se siente propio precisamente porque no es reconocido por Bagual, recién suspira con libertad, recién se apea, recién
sus pares: si algunos de sus lectores poseen el mapa de Europa, casi nin- se tiende tranquilo a dormir el sueño inquieto del fugitivo.
guno, con seguridad, habrá oído mencionar esos parajes: Saliendo de las tolderías sucede lo contrario; allí se detiene
el malón organizado, grande o chico, el indio gaucho que,
Para los que metidos en la crisálida de los grandes centros solo o acompañado, sale a trabajar de su cuenta y riesgo, el
de población, han visto su tierra y el mundo por un agujero; cautivo que huye con riesgo de su vida.
para los que suspiran por conocer el extranjero en lugar de Una vez en los médanos del Bagual el que entra ya no mira
viajar por su país; para los que han surcado el océano en para atrás, el que sale sólo mira adelante. (Capítulo LXVIII)
vapor; para los que saben dónde está Riga ignorando dónde
queda Yavi; para los que han experimentado la satisfacción En el espectáculo majestuoso, silencioso y furtivo de la laguna del
febril de tragarse leguas de ferrocarril, sin haber gozado ja- Bagual, en el que dos jinetes que avancen hacia sus destinos desde direc-
más del placer primitivo de andar en carreta....” (LII) ciones y mundos antagónicos pueden cruzarse exactamente al mismo
tiempo, se cifra el carácter fugaz de la idea misma de límite o frontera
El mapa vincula también las dos fronteras del relato: por un lado, que el texto de Mansilla sostiene. En Ranqueles, la frontera es un espacio
la frontera militar con su existencia precaria y su permanente deseo de huidizo pero cierto, un lugar de cruces infinitos, de cambios de destinos
expansión y, por el otro, la topográfica, la que naturaleza y costumbre y de identidades, el límite entre Tierra Adentro y el confuso mundo de
instalan entre el indio y el blanco. La frontera militar es la plasmación de la civilización, un lugar mítico y real, ficcional y geográfico que funciona
un deseo. Es la construcción política, histórica y social que se “levanta” como una fuerza activa que genera imágenes y relatos.
sobre lo que primero ha sido una línea en un papel, con toda su carga Mansilla, que ha venido publicando su texto en La Tribuna al ritmo
de virtualidad. Primero la línea sobre el papel delimita imaginariamente implacable del folletín diario y que ha mantenido la atención de sus lec-
un espacio que se quiere poseer y luego, se le da el “contenido” de la tores con su marcha, sabe que al narrar el cruce de la laguna del Bagual
civilización representada por la avanzada misma de la línea de fortines. está llegando al límite, al fin de su obra. Allí lo acomete una tendencia
La frontera topográfica es, por el contrario, el sustento real de la división “bárbara”: el coronel se apodera, con indisimulada alegría, de caballos
entre dos mundos: en ella, la verdadera escisión se materializa. ajenos, disfruta sin disimulos con la transgresión: “Aquella noche com-
Hacia el final de Ranqueles, cuando la exigua tropa regresa de Leu- prendí la tendencia irresistible de nuestros gauchos a apropiarse de lo
bucó, el relato se abre a una frontera geográfica saturada de connotacio- que encuentran en su camino, murmurando interiormente el aforismo
nes simbólicas: de Proudhon: “La propiedad es un robo” (Capítulo LXVIII). El robo de

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caballos o mejor aún la cuestión de a quién pertenecen los caballos en la toriza al fin la expedición para el 27 de marzo de 1870, pero muy poco
pampa es una suerte de metáfora de los límites imprecisos de la frontera después de la partida llega, tardíamente, una orden del general Emilio
a la que Mansilla recurre cuando le interesa mostrar la inestabilidad de Mitre que anula, por innecesaria, la expedición.
este espacio.21 A su regreso a Villa Mercedes, Mansilla se entera de que había em-
Este es el último acto que se cuenta con pasión. A partir de entonces, prendido una misión expresamente desautorizada por sus superiores y
la partida se divide en dos y la nostalgia invade las últimas páginas. La de que había sido suspendido en su cargo de comandante de fronteras
aventura ha terminado: “Yo y los míos dimos vuelta varias veces, hasta en razón de un sumario anterior en el que se lo acusa de haber fusilado
que la distancia y las nubes de polvo hicieron invisibles a los que trota- a un soldado desertor sin el juicio previo reglamentario.
ban sin interrupción al norte.” (Capítulo LXVIII) La breve excursión ha tenido lugar entre órdenes y contraordenes,
entre autorizaciones, prohibiciones y destituciones. En su escritura, las
Por qué se parte22 razones no utilitarias formuladas como deseo vehemente de ver con sus
propios ojos el otro lado de la civilización, de vivir un tipo de experien-
Mansilla esgrime razones prácticas, de interés político y militar para cia no convencional que rompiera con el circuito turístico europeo se
su expedición: poco antes, en febrero de 1870, Mansilla había celebra- superponen a las razones utilitarias y otorgan al texto toda su fuerza.
do un tratado de paz con un enviado del cacique Mariano Rozas. El Esta línea es la que permite a Mansilla narrar una expedición militar
presidente Sarmiento le había efectuado algunas enmiendas y ahora el como un viaje dichoso y placentero: a cielo abierto, durmiendo sobre
comandante de la frontera sur deseaba verificar in situ el acuerdo de las el lomo de un caballo, rodeado de historias en los fogones nocturnos.
tribus ranquelinas con las nuevas modificaciones incorporadas al tra- Así, los lectores son invitados a experimentar el exotismo cercano pero
tado. Las dificultades se interponían desde el comienzo: los ranqueles intenso de los toldos de Leubucó. El texto se convierte en el primer viaje
desconfiaban de las intenciones de los cristianos, que solo les ofrecían hacia los indios que produce una fuerte estetización no sólo del objeto
futuros subsidios condicionados a la aprobación del Congreso –una ins- sobre el cual recae la mirada del viajero (el paisaje, el indio, su organi-
titución desconocida para los indios– mientras que, en lo inmediato, zación, sus costumbres, y sobre todo sus imágenes moviéndose en el
avanzaban las líneas de fronteras quitándoles las tierras. espacio abierto de la pampa), sino también de la figura del narrador, que
El coronel decide aclarar estas dudas internándose en Tierra Aden- es al mismo tiempo jefe de la expedición y del relato.
tro. Su decisión está fuertemente marcada por su disputa previa con
Sarmiento sobre cómo expandir la frontera, así como por su deseo de Cómo se llega (y mientras se llega)
explorar un espacio literario diferente, contrapuesto a los escenarios eu-
ropeos que Sarmiento había narrado años antes en sus Viajes. Sarmien- Ranqueles narra, en un periódico moderno, un demorado e impre-
to es el verdadero destinatario de sus acciones y también de la escritura visible viaje a caballo en el momento en que las ficciones y los relatos de
de Ranqueles. Mansilla apremia al general José M. Arredondo, que au- viajes de los argentinos en Europa o Estados Unidos empiezan a trans-
mitir a sus lectores el vértigo del ferrocarril o la segura marcha del va-
por. La apuesta de Mansilla consiste en narrar un viaje que sólo puede
21. Ver, especialmente, la causerie “El famoso fusilamiento del caballo”.
22.El 3 de junio de 1870, junto a la novena entrega del folletín, se conocía la decisión hacerse a caballo: no hay otra forma de encaminarse Tierra Adentro.
del presidente Sarmiento de apercibir al Coronel Mansilla y pasarlo a disponibilidad por La diversidad de las formas y las velocidades del andar no sólo rom-
haber ordenado como comandante de frontera el fusilamiento de un desertor con un juicio pen la monotonía de la marcha sino que posibilitan arribar al objetivo.
sumarísimo que no resultaba satisfactorio y había sido denunciado por la oposición.

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El viajero puede llegar a dónde debe si sabe cabalgar, esto es galopar la dicotomía civilización/barbarie, sino en proponer como héroe un su-
poco, trotar mucho, detenerse con frecuencia. La escritura de Mansilla jeto civilizado que elige narrar la felicidad del estado de naturaleza, que
trasmutará en digresiones los cambios de andadura y elegirá el “mar- elige la inestabilidad de la barbarie como sustento de su escritura: “Pre-
chado”, el ritmo de cabalgar que asegura llegar a destino. Detener el re- fiero la barbarie a la corrupción como prefiero todo lo que es primitivo
lato porque se ha hecho de noche o porque el narrador esta empapado a lo que ya está empedernido y no es susceptible de variación”, afirma
por la lluvia; incorporar historias de gauchos perseguidos, de cautivas y Mansilla en una nota del mismo año.23
cautivos o refugiados políticos en los toldos; sostener el suspenso de una Este sujeto y sus preferencias son los verdaderos protagonistas de un
entrega con la promesa del relato de la jornada siguiente: así debe “mar- texto que invita a disfrutar con intenso deleite los momentos previos a
char” el relato para que el lector no lo abandone y llegue con renovado la llegada a Leubucó: el lector deberá consumir numerosas entregas del
interés hasta el final. folletín en los que literalmente no sucede nada (no hay aventuras riesgo-
El lector que acompaña el movimiento de Mansilla y de su tropa sas ni enfrentamientos con indios) antes de conocer el secreto de los tol-
aprende, antes que nada, a cambiar de perspectiva: por un lado, disfruta dos, antes de llegar al objetivo militar y político de la excursión. En este
de la felicidad sin peligro del viaje –“en todo pensábamos, menos en los extenso tramo de entregas folletinescas, el paisaje se adueña del relato:
indios”, le susurra el narrador–, y por el otro aprende a mirar un paisaje
cercano y conocido como si fuera un paisaje exótico y lejano. La nube de arena había llamado mi atención antes de em-
pezar el diálogo con Mora, se movía y avanzaba sobre no-
Vivir es sufrir y gozar, aborrecer y amar, creer y dudar, cam- sotros, se alejaba, giraba hacia el poniente, luego, hacia el
biar de perspectiva física y moral. naciente, se achicaba, se agrandaba, volvía a achicarse y a
Esta necesidad es tan grande, que cuando yo estaba en el agrandarse, se levantaba, descendía, volvía a levantarse y a
Paraguay, Santiago amigo, voy a decirte lo que solía hacer, descender, a veces tenía una forma, a veces otra, ya era una
cansado de contemplar desde mi reducto de Tuyutí todos masa esférica, ya una espiral, ora se condensaba ora se es-
los días la misma cosa, las mismas trincheras paraguayas, paciaba, se dilataba, se difundía, ora volvía a condensarse
los mismos bosques, los mismos esteros, los mismos centi- haciéndose más visible, manteniendo el equilibro sobre la
nelas: ¿sabes lo que hacía? columna de aire hasta una inmensa altura, ya reflejaba unos
Me subía al merlón de la batería, daba la espalda al enemi- colores, ya otros, ya parecía el polvo de cien jinetes, ya el de
go, me abría de piernas, formaba una curva con el cuerpo potros alzados, unas veces polvo levantado por las ráfagas
y mirando al frente por entre aquéllas, me quedaba un ins- de viento errantes, otras el polvo de un rodeo de ganado
tante contemplando los objetos al revés. (Capítulo X). vacuno que remolonea, creíamos acercarnos al fenómeno
y nos alejábamos, creíamos alejarnos y nos acercábamos
El cambio de perspectiva como elección estética es lo que convierte […]; íbamos a llegar y no llegábamos porque el terreno se
al folletín ranquelino en un relato fascinante: este giro implica no sólo doblaba en médanos abruptos, subíamos, bajábamos, ga-
una mirada variada sobre un paisaje uniforme sino una manera de en- lopábamos, trotábamos con la imaginación sobrexcitada,
trar al mundo indígena desmenuzando la polaridad sarmientina hasta creyendo llegar en breve a una distancia que despejara la
convertirla en paradoja.
El escándalo de la escritura de Mansilla, al construir el despojamien- 23. Carta a José Manuel Estrada del 24 de enero de 1871, citada en Julio Caillet-Bois,
to del desierto como el lugar idealizado del deseo, no consiste en invertir Prólogo a Una excursión…, op.cit.
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incógnita de nuestra curiosidad, pero nada, la nube se apar- homogéneo sustituye el obstáculo geográfico, se convierte en prueba oral
taba del camino como huyendo de nosotros, sin cesar sus de un juego cuyas reglas solo los indios conocen pero, sobre todo, le dan
variadas y caprichosas evoluciones, burlando el ojo experto sentido y carácter de obligación a la pausa a la que someten la marcha de
de los más prácticos, dando lugar a conjeturas sin cuento a sus adversarios. Saludos y razones se reiteran hasta convertirse en una
apuestas y disputas infinitas. (Capítulo XXII). verdadera pesadilla en un camino que no tiene otros inconvenientes, que
no presenta otros accidentes. La reiteración del mismo mensaje enviado
La enigmática nube de polvo, espejismo que excita la imaginación de por Mariano al coronel en las detenciones –“Si había dormido bien, si no
los jinetes y los compele a avanzar sin certezas, a moverse en el terreno de había habido alguna novedad, si no había perdido algunos caballos”– re-
la confusión, se torna incógnita indescifrable y, al mismo tiempo, cifra de fuerza la inmovilidad de la tropa y del paisaje.
todas las posibilidades. Aleph pampeano, aleph a cielo abierto en Tierra Las últimas detenciones forzosas le insumen al narrador una activi-
Adentro, escapa con su movilidad a la mirada escrutadora que pueda dad corporal vertiginosa que produce molestia y dolor: “Di unos cientos
finalmente dar cuenta caótica del mundo –como en Borges– e impone la y tantos abrazos y apretones de mano y cuando ya no me quedaba costilla
perpetua conjetura de la que sólo puede hacerse cargo la literatura. ni nervio en la muñeca que no me doliera, comenzaron los alaridos de
regocijo y los vivas, atronando los aires” (Capítulo XXII).
Adónde se llega. Leubucó. El movimiento frenético de los cuerpos contrasta, una vez más, con
la inmovilidad impuesta a la tropa que recibe una y otra vez la orden de
La tierra de la gente es de la gente de la tierra. avanzar sólo para que deban darse, una y otra vez, órdenes de detención.
Calfucurá. Casi hasta la mitad del texto, el personaje del Coronel Mansilla avanza
hacia un objeto inmóvil que es Mariano Rozas, un cacique que no sale a
La nube se despeja pero no deja ver el punto de llegada. Los emisarios malones, que no se mueve de Leubucó. Mariano Rozas es una esfinge a la
de Mariano Rozas obligan, como en momentos previos, a la detención de que el espejismo del paisaje convierte en un punto de llegada necesario
la expedición. Mansilla empieza a desesperar pero mientras sube junto y misterioso. Mariano es cauteloso y desconfiado: de niño se convirtió
a Mora, su lenguaraz, la falda de un pequeño médano, escucha, por fin, en cautivo de los blancos y fue obligado a trabajar como prisionero en la
la noticia tan esperada: “Allí es Leubucó”. Como un capitán exhausto al estancia de Juan Manuel de Rosas; enterado de que era hijo de un cacique
que un grumete anunciara “Tierra”, Mansilla escribe: “Miré en la direc- principal, Juan Manuel “lo hizo bautizar, sirviéndole de padrino, le puso
ción que me indicaba y distinguí confusamente, a la orilla de un bosque, Mariano en la pila, le dio su apellido y le mandó con los otros de peón
los aduares del cacique general de las tribus ranquelinas, las tolderías de a su estancia del Pino” (Capítulo XXXIII). El nuevo apellido duplica de
Mariano Rosas”. manera inquietante el de Agustina, la madre de Mansilla, hermana del
La comitiva rompe la marcha al galope pero es nuevamente detenida padrino. Después de un aprendizaje violento de las tareas gauchas, Ma-
a corta distancia por nuevos emisarios que repiten razones que se mul- riano logra huir a Tierra Adentro eludiendo las partidas enviadas para
tiplican. “Terminados los saludos, que eran seis razones, las que fueron someterlo. Más tarde recibe de su padrino un presente que resulta sospe-
convertidas en sesenta de una parte y otra, llegó el turno de los abrazos y choso por su exceso: “Consistía en doscientas yeguas, cincuenta vacas y
apretones de mano”. (Capítulo XXII). diez toros de un pelo, dos tropillas de overos negros con madrinas obs-
La multiplicación de razones es el modo en que los ranqueles llenan el curas, un apero completo con muchas prendas de plata, algunas arrobas
vacío de la detención: la proliferación de las voces ranqueles en el paisaje de yerba y azúcar, tabaco y papel, ropa fina, un uniforme de Coronel y

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muchas divisas coloradas” (Capítulo XXXIII). Los regalos eran acom- “yermo” y “estéril”– pero sobre todo, de lo que ese paisaje le transmite:
pañados por una esquela de puño y letra de Rozas en la que lamentaba frente a la tristeza del espectáculo Mansilla advierte un valor inespera-
que el ahijado no le hubiera anunciado su determinación de volver a los do: aquella soledad a la que ha llegado es, nos dice, tan absoluta, que
toldos, porque él lo habría ayudado en la partida. La nota dice además resulta “ideal”.
que lo visitara cuando lo desee y que contara con él para lo que fuera. La soledad “ideal” no dura mucho tiempo, porque, rápidamente, el
Mariano Rozas comprende de inmediato que su padrino, que es tam- acoso de los cuerpos ranqueles sobre los expedicionarios convierte a
bién su enemigo, sabe dónde se encuentra y comprende también que no Leubucó en zona de amenaza, de peligro latente.
le perdonará la huida. Como un personaje borgiano, toma la determi- En el inmenso espacio de la pampa, la tropa del coronel es cercada
nación de no moverse nunca más de sus tolderías, de dirigir a su tribu por los indios: “mi comitiva, asediada por los indios que pedían cuanto
desde un lugar estático: “Vinculado por este voto solemne a su hogar, sus ojos veían, repartía cigarros, yerba, fósforos, pañuelos, camisas, cal-
al terreno donde nació, a los bosques en que pasó su infancia, Mariano zoncillos, corbatas, todo lo que cada uno llevaba encima y le era menos
Rosas no ha pisado, después de su cautiverio, tierra de cristianos y tiene indispensable” (Capítulo XVI). Y un poco antes: “Hubo un momento
la preocupación de que si viene personalmente a alguna invasión caerá en que los indios me habían estrechado tan de cerca, mirándome como
prisionero” (Capítulo XXXIII). un objeto raro, que no podía mover mi caballo”. Y ya dentro del toldo:
El paisaje por el que tanto ha esperado, resulta de una belleza deso- “Yo me dejaba manosear, besar, acariciar en la forma que querían y sólo
ladora: empujaba hasta dar por tierra con el que se sobrepasaba demasiado y
como el vino iba haciendo su efecto, estaba dispuesto a todo” (Capítulo
La morada de Mariano Rosas consistía en unos cuantos XXVI).
toldos diseminados y en unos cuantos ranchos [...] Leubu- En Tierra Adentro, el acoso corporal disuelve las diferencias pero
có es una laguna sin interés, –quiere decir agua que corre, pone en juego otras tensiones. Mansilla narra la opresión hasta el límite
Leubú, corre, co, agua. Queda en un descampado a orilla de su propio cuerpo: el “estar dispuesto a todo” es la huella en la escritu-
de una ceja de monte, en una quebrada de médanos bajos. ra de antiguos terrores frente a lo desconocido y, al mismo tiempo, del
Los alrededores de aquel paraje son tristísimos, es lo más impulso que anuncia el despliegue de nuevas estrategias de sobreviven-
yermo y estéril de cuanto he visto; una soledad ideal. (Ca- cia, de la irrupción de una fuerza hasta entonces tan desconocida para el
pítulo XXIV). sujeto como el peligro que lo acecha. Uno de los rasgos más notables de
la escritura de Mansilla en Ranqueles consiste en transformar la repre-
Y aunque Mansilla registra el carácter de cruce, de “estación central” sentación de la frontera militar, de un escenario de combate entre una
que tiene este paraje para las rutas ranquelinas –“De Leubucó arrancan fuerza que avanza, ocupa, reprime y otra que resiste, en un espacio que
caminos, grandes rastrilladas por todas partes. Allí es la estación central. produce una relación intensa entre los sujetos y sus saberes.
Salen caminos para las tolderías de Ramón, que quedan en los montes En el relato de Ranqueles una pequeña tropa de hombres casi des-
de Carrilobo, para las tolderías de Baigorrita, situadas a la orilla de los armados se interna Tierra Adentro para negociar y no para reprimir.
montes de Quenque, para las tolderías de Calfucurá en Salinas Grandes, La disputa por el espacio se convierte en un círculo de gritos, pedidos,
para la cordillera y para las tribus araucanas (Capítulo XXIV)–, lo que manoseos que los ranqueles imponen a sus visitantes. La violencia, en-
marca la imagen de esta escena de llegada es la desolación del narrador. tonces, irrumpe bajo la forma del acoso casi intolerable de los cuerpos
La descripción se hace cargo de una realidad geográfica, –el paraje es indios sobre el cuerpo del narrador.

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En los datos históricos, el combate frontal ha sido la constante. Entre El lector ante el umbral de la experiencia: los viajes a
1857 y 1863, la frontera sur de Córdoba fue ocupada por las tropas del Oriente de Mansilla
ejército, pero desde el 63 una fuerte resistencia y una tenaz ofensiva de las
tribus ranquelinas obliga al ejército a replegarse hasta el Rio Quinto. Des-
de mediados de los sesenta hasta bien avanzados los años 70 la magnitud
y el éxito de los ataques indígenas fueron notables.24
Ranqueles se escribe en un intersticio histórico notable por su tran-
sitoriedad. Un año después, el general Arredondo envía al Coronel Bai-
gorría, que llega el 7 de mayo de 1871, hasta las tolderías ranquelinas y
dispersa y mata a los indígenas. Mariano Rozas logra huir pero los demás Decididamente, Mansilla no es de los viajeros que viajan para escribir
caciques se someten. a la vuelta. La distancia entre el tiempo del viaje y el momento de la escri-
Una excursión a los indios ranqueles, folletín periodístico de fuerte tura es siempre, en Mansilla, muy importante: a veces un mes, a veces dos
tono autobiográfico que narra, con retórica epistolar, un viaje pacífico años, a veces una década, otras varias décadas. Nunca se escribe desde el
de un coronel del ejército hacia el otro lado de la civilización, es, en sí viaje o en el inmediato regreso, aunque se lo simule. La experiencia del
mismo, una frontera. Se instala en el medio de dos mundos, de dos épo- viaje, decantada, anotada en su cuaderno de bitácora, en papeles sueltos
cas, y se apropia de todos los géneros disponibles con una libertad sólo o simplemente en su memoria, pasa a formar parte de su capital de escri-
comparable con la del Facundo y que ya no será posible encontrar en tura, un capital que irá utilizando lentamente a lo largo de su vida.
ningún otro texto de la literatura argentina del siglo XIX. Convertido en Por esa y otras razones esa escritura revela operaciones muy complejas
un clásico, a pesar de Rojas, conserva el brillo fulgurante de los textos que y el resultado es una prosa elaborada, corregida (“El que no sabe borrar
nunca dejan de sorprender a sus lectores. no sabe escribir” es la máxima de escritura que prefiero de Mansilla), una
escritura repensada y llena de artificios, aunque simule con elegancia que
sigue el correr de la pluma, que viene y va con los humores del viajero,
con sus entusiasmos y decaimientos.

Mansilla viaja de modo incesante (nunca se sabe exactamente dónde


está). “El llegado ayer que vuelve a marcharse mañana” de Paul Groussac,
que Sandra Contreras cita en “El genio de los nuevos viajes”1, define
muy bien su modo de estar en el mundo. (Un sujeto de una movilidad
sorprendente para los medios de comunicación de los que dispone y las
distancias que encara).
Mansilla viaja por disfrutar de la experiencia en sí misma, del estar acá
y el estar también allá. Aunque haya recorrido el mundo, jamás se queda a
24. Ver Colin M. Lewis, “La consolidación de la frontera argentina a fines de la década del
70” en Gustavo Ferrari y Ezequiel Gallo (compiladores), La Argentina del 80 al Centenario, 1. Prólogo a Lucio V. Mansilla, El excursionista del planeta. Escritos de viaje, Buenos Aires,
op.cit. Fondo de Cultura Económica, 2012.

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bordo en las escalas (como Miguel Cané cuando considera que ha ago- En los años que median, Mansilla regresó de Oriente, se casó, tuvo
tado las guías de turismo) porque quiere experimentar corporalmente un hijo e intentó sentar casa (algo que, en su caso, será una imposibili-
todas y cada una de las vicisitudes que cualquier viaje, difícil o placen- dad crónica). La fascinación por el movimiento perpetuo atenta contra
tero, extenso o brevísimo le depare (el recorrido puede llegar a ser tan el sedentarismo y de inmediato aborda un continuum de actividades ex-
nimio como una cuadra de la ciudad de Buenos Aires o tan desafiante tramatrimoniales, actividades que lo sacan del hogar: no contento con
como el de los pantanos de Amambay, donde el viajero marcha a pie, haber navegado el Mar Rojo y escalado el Himalaya, se pone a prueba
machete en mano, abriéndose camino en el malezal). ahora, junto con su amigo Benigno López, hijo del presidente de Para-
Mansilla consume, sobre cualquier otra cosa, la intransferible expe- guay, en una competencia singular y vernácula: remonta en bote el Pa-
riencia del viaje. Por eso mismo, nunca se propone escribir un relato raná hasta Asunción y desde allí, a caballo, llega a Uruguayana para, otra
de viajes en el formato clásico (De Adén a Suez es, en este sentido, una vez en bote, descender por el río Uruguay y salvar el entonces famoso
prueba que no lo satisface). Y no acude a ese formato por que los via- Salto Oriental. La proeza es profusamente cubierta por los diarios de la
jes, como las anécdotas, como los sueños, como las amistades, como los época que al poco tiempo comienzan a publicar noticias menos entre-
lectores son, en definitiva, materia prima para la escritura y Lucio no tenidas sobre los Mansilla: en el conflictivo post Caseros, La Tribuna
es un jugador que apueste todo de una vez, a un solo libro. Su escritura emprende una campaña contra su padre acusándolo de haber amasado
incesante necesita una acumulación, un stock de posibilidades narrati- su fortuna gracias a sus vinculaciones con la red de relaciones que le
vas, un mazo del que pueda “dar de a poco”, un capital que lo habilite a otorgaba el poder rosista.
“cumplir deudas”, una caja fuerte de promesas de relatos de las que pue- En ese momento Lucio decide escribir el relato de su viaje a Oriente
da echar mano cuando lo necesite, sin temor a quedarse con las manos que no servirá, precisamente, para calmar los ánimos (de hecho, el joven
vacías. Por eso destruye la cronología del viaje y dispersa sus trozos en viajero será visto en el interior de esta campaña como dilapidador de
diferentes géneros y momentos. Por eso no escribe como se lo piden, esa misma fortuna), sino para recostarse en la escritura en estado puro
“mi viaje pintoresco al país del oro”, aunque el título resulte fascinante, aunque todavía no sepa que es un escritor.
sino que dilapida esta frase como otras tantas en cartas que relatan, a El viaje es ahora un tema literario que su breve biografía le ofrece y
cuentagotas, el costado menos pintoresco de su expedición al Paraguay. su despliegue se convertirá en la primera puesta a prueba de lo que será
Es por eso, en definitiva, que su literatura nos deja siempre en la puerta su pasión más notoria: desde entonces escribirá siempre, a todas horas,
misma de la experiencia. Como lectores engolosinados, intuimos que en varios idiomas, en todos los géneros.
cada final es la apertura de otra historia que se pospone de modo casi De Adén a Suez tiene ya el espesor de las lecturas de relatos de viaje:
infinito, al ritmo de sus digresiones. Buffon y Humboldt ingresan al texto en las reflexiones del viajero sobre
la posibilidad o no de someter a leyes físicas cuanto existe en el mun-
Voy a tomar como ejemplos los dos finales, los dos cierres de los do y un largo tramo del Éxodo intenta suplir la “ausencia de palabras”
primeros relatos de su viaje a Oriente que fue, también, el primer viaje frente a la contemplación del Mar Rojo. Pero los saberes incorporados
al extranjero de su vida. por el escritor importan tanto como los momentos en que logra hacer
De Adén a Suez está fechado en Buenos Aires, el 28 de octubre de que el lector lo acompañe en ese galope inaugural en tierra oriental (que
1854 y se publica en la revista El Plata Científico y Literario, en enero de Sarmiento repetirá como señal máxima de auténtico placer a su llega-
1855. El viaje que da origen a esta narración se realiza entre 1850 y 1851, da a Argel), o que pasee junto a él por la cubierta del barco mientras
es decir, casi tres años antes. los pasajeros, reclinados en esteras o en sillas de bambú, leen, fuman,

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o vuelven a narrar sus viajes anteriores. Importan los momentos en que priva de nada. Mansilla se exilia en la Confederación y regresa a Buenos
el lector, ya a bordo, agradece el gesto del capitán que se detiene frente Aires luego de tres años, ya iniciado en la política al haber ocupado di-
al mejor espectáculo de la costa y se deja adormecer por el movimiento putaciones y dirigido periódicos. Luego de Cepeda redacta un periódico
suave de la nave. Los momentos en que, con una mirada pareja a la del ex- al que denomina La Paz donde, además de traducciones de Hamilton y
trañamiento deseado por Victor Segalen,2 el viajero descubre una diver- de Grimke, publica en 1860 un artículo titulado “El porvenir de la nueva
sidad inmutable, resistente: “Nos condujeron hasta un pequeño muelle generación”, una suerte de puente tendido hacia los que atacaron a su
de madera donde hallamos una multitud de árabes sentados en el suelo familia para pedir tanto tregua como integración. “El joven miembro de
fumando largas pipas. Todos los pasajeros pasamos entre ellos pero no la familia del tirano argentino” es saludado por Avellaneda desde El Na-
hubo ninguno que fijase su mirada en nosotros: parecían extasiados con cional por su empeño y sus muestras de patriotismo.
el murmullo de las aguas y embriagados con el exquisito latakia que des- En 1863, a sus treinta y tres años, aceptado a regañadientes y de puro
pedía caprichosas nubecillas nacaradas”. Ya lo decía Humboldt: el lector insistente como un miembro más de la juventud antirrosista, se siente
quiere ver al viajero en contacto con lo que lo rodea, se entusiasma con viejo mientras se aburre desempeñando el cargo de capitán de línea que
las resistencias que se le oponen y con las sensaciones que el viajero ex- le proporciona dinero y prestigio. Decide entonces, nuevamente, escribir
perimenta frente a ellos. Y Mansilla ya lo sabe cuando escribe este texto. sobre Oriente. Esta vez, ya perdidos sus libros y su cartera de viaje, con la
Por eso pasamos con él sin ser vistos por los árabes que fuman: cada cual ayuda de algunas páginas incompletas que juzga insulsas e imperfectas,
instalado en su diversidad inaprensible. "como todo aquello que es obra de la juventud –de la juventud sudame-
El segundo relato sobre Oriente, Recuerdos de Egipto, fue publicado ricana sobre todo–que sin estar preparada por el estudio se lanza prema-
en 1864 en la Revista de Buenos Aires y está fechado nada menos que en turamente a recorrer el mundo". "Tengo pues que evocar mis antiguos
Rojas, provincia de Buenos Aires, puesto de frontera de su primer destino recuerdos, las reminiscencias de cuando no tenía cuatro lustros aún".
militar, el 21 de junio de 1863. Mansilla no pudo ser, a los dieciocho años, el gran viajero que pretendía
Rodeado de caballos criollos y de soldados pampeanos, es decir, ro- Benjamin: aquel que atraviesa ciudades y países con anamnesis, munido
deado de una realidad abrumadoramente parecida a lo que conoce, apo- con el saber del recuerdo. Pero ahora, a los treinta (“¡malditos 30 años!”)
yado en una mesa improvisada en medio del campo, Mansilla recuerda recurre al saber como un recordar. Al “diálogo del alma consigo misma”
los sonidos y los olores de la ciudad desconocida de Oriente a la que el impone la anamnesis como movimiento fundador del relato: el escritor
personaje de dieciocho años llega, y juega con sus lectores el juego de que dice apegarse a lo que recuerda del recuerdo. El resto es pura invención
ahora mismo está en Egipto. del presente.
Han pasado casi trece años desde el viaje juvenil. Mansilla ya tiene
amigos a quienes dedicar el texto y una breve pero intensa carrera política El de Mansilla a Egipto parece un viaje de aventuras típico: un joven
y militar. Después de retar públicamente a duelo a Mármol en un espec- es enviado fuera de su mundo, de su patria por su propio padre quien le
táculo de lucha exclusivamente para hombres, el mismísimo Sarmiento, otorga los medios para hacerlo, le fija un recorrido, una tarea y un lugar
jurado del torneo, escribirá al día siguiente la crónica de la bravuconada de llegada. El joven llega al punto indicado y allí se produce no sólo el
de Mansilla, confirmándonos que en la Buenos Aires de los 50 nadie se encuentro con un paisaje (físico y humano) cuya diferencia le resulta in-
teresante, sino también con otro viajero (el norteamericano de Boston)
que lo incitará a cambiar el rumbo del itinerario paterno y lo convertirá
2. Victor Segalen, Essai sur l’exotisme, Paris, Fata Morgana, 2007. en verdadero viajero. Pero a diferencia de los personajes literarios o rea-

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les que permiten que el viaje los convierta en otros, Mansilla insiste, una y social de su tiempo. Luego de este excursus de alabanza al progreso, el
y otra vez, en que nada de lo que vio lo transformó: “A los dieciocho años texto retoma el relato del pasado para intentar apresar la melancolía si-
el hombre viaja únicamente como simple curioso, y el mundo se desliza niestra de la puesta de sol en el desierto de Suez. “El color del desierto a la
ante sus ojos sin decirle nada, exactamente como las movibles vistas de un caída del sol no tiene nombre: aquella arena humedecida únicamente por
panorama”. Y además: “Mientras yo viajaba mi espíritu dormitaba, no ha- el rocío tiene un color particular, no se parece a la del mar, ni a la de los
biéndose despertado sino cuando vuelto a la dulce y uniforme monotonía ríos ni a la de los médanos, es menos negra que tierra vegetal y más oscura
de la familia y la patria sintió la necesidad de pedirle cuentas al cuerpo que la greda y hay momentos en que por las descomposiciones de la luz
del modo en que había empleado su tiempo durante los tres años de sus parece dorada. Pero cuando el sol va a ocultarse completamente, cuando
correrías”. los últimos resplandores de su disco destellan una especie de vapor rojizo,
Pero mientras el espíritu dormita, los ojos ven. Y el relato se arma en- que parece extenderse sobre toda la tierra, he ahí el momento, sobre todo,
tonces con la brillante magnificencia de un panorama no sólo iluminado en que el desierto es indescriptible”. Y nada mejor que lo indescriptible
por colores y formas sino también lleno de cifras, números, medidas y como desafío para la escritura parece decir Mansilla que ya a esta altura
magnitudes. Es que mientras la narración se ocupa de los camellos, de las sabe que la descripción es el momento del viajero, el de la expansión de su
camellas, de los carruajes y de una hermosa rusa crespa y rubia, surge el subjetivad bajo formas originales que lo distingan de lo demás viajeros: en
nombre del verdadero héroe de este tramo del viaje: “Un hombre que se la descripción y no en la trama se juega el brillo y la eficacia de un relato
llama Lesseps, que no gobierna millones de hombres, que no tiene más de viaje. Dante y Byron ayudan pero no suplen sus esfuerzos. Cuando la
ejército que su saber ni más palanca que la ciencia”. Munido del barómetro noche cae, envuelto en su capa escocesa y encerrado en la oscuridad más
y de mucho dinero, Lesseps, el hacedor del canal de Suez, es el que vendrá espesa, Mansilla cree que pensó en la patria, no está seguro, pero debió
a remediar años de atraso y de incomunicación. Pero cuando Mansilla hacerlo, y en todo caso lo hace ahora para incorporar el que quizás sea
viaja, en 1850, el canal no sólo no existe sino que tampoco existe su posi- el verso más logrado de Echeverría, el de la hora de los tristes corazones.
bilidad: Lesseps comienza las lentas y complejas negociaciones para armar En plena noche la comitiva se detiene en un pabellón iluminado por
la compañía que le permitirá lograrlo en 1854 y el canal se inaugurará linternas de colores y la descripción vuelve a refulgir. En ese kiosko lleno
finalmente en 1869 cuando se naveguen los 195 kilómetros del canal entre de maravillas occidentales, Mansilla descubre que, como sostiene Aira, en
puerto Said y Suez en 15 horas. (Sabemos que el éxito de esta empresa lo los viajes se aprende lo inquietante y aleccionador del mundo porque se
alienta a construir el Canal de Panamá a fines de los 80, una empresa que aprende, por ejemplo, que en los viajes todo se paga: en el kiosko de las
termina con un gran escándalo financiero). mil y una noches todo tiene un precio exorbitante, las camas, la comida y
En el tiempo de la escritura en Rojas, en 1863, Mansilla incrusta todos hasta el agua de la que “cada vaso son cinco pesos de nuestra moneda que
los datos que puede leer en los periódicos de este tiempo sobre un canal el viajero deposita en su estómago”. El viaje sigue su paso hasta la visita
que está cambiando radicalmente el paisaje y el trayecto que recorrió en ritual al “solitario de los solitarios”, el árbol sin hojas cuyas ramas están
su viaje juvenil. “El canal suprime 2.000 leguas del espacio y estrecha vín- cargadas de trapos de todos los colores imaginables y arremete después la
culos entre Occidente y el poniente, entre la civilización del viejo y nuevo peor parte del camino hasta llegar finalmente a la última estación. Cuan-
mudo y la barbarie de seiscientos millones de almas que pueblan India, do la claridad se anuncia, entre cruce de ágiles gacelas, aparece de nuevo,
China, Japón y todas las islas del archipiélago entreteniendo un comercio Echeverría, y la patria, esta vez con su descripción de la alborada en “La
cuyas cifras son fabulosas”. Escribe usando el tiempo presente. Resultado cautiva”.
de “la ciencia de un hombre y del espíritu de asociación”, Mansilla saluda Los viajeros están sucios de arena, desencajados, ojerosos. Pronto des-
la empresa que, según él, obrará la más importante revolución comercial cansarán porque ya se escucha el ruido de una ciudad: “Es la proximidad
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de una ciudad de 300 mil almas, es el sonar de los cascabeles de miles de Mansilla, el tesoro de las doscientas mil líneas
camellos y borricos que van a beber al Nilo, es la algazara de los camellos
y de las mujeres que se dirigen a la playa con grandes cántaros de barro
sobre sus hombros”. Los carruajes se detienen y el lector entra junto con
el viajero a la ciudad de Beb-el-Fatah:

Entremos pues, los soldados que la custodian no se oponen.


Podemos penetrar hasta el barrio franco o de los extranjeros.
En una de sus plazas hay dos hoteles excelentes, el de Rusia y
el Oriental. Prefiero el último. Voy de la India. En una de sus causeries publicadas a fines de la década del ochenta,
Pero hace sueño lector, he pasado toda la noche cabeceando, Lucio V. Mansilla inserta una nota al pie que dice así: “Mi secretario ha
estoy, gracias a Dios, sano y salvo en El Cairo y quiero dor- hecho un cálculo que no deja de ser curioso. Dice (no se refiere a mis tra-
mir… ducciones) que lo escrito por mí (no incluye la prensa diaria) representa,
por la parte más baja (no siendo muy entrecortada mi forma habitual)
Rojas, junio 21 de 1863. doscientas mil líneas; y que si yo fuera inglés (un penny a line) esto me
habría valido ya diez y siete mil quinientos chelines, o sea ochocientas y
cinco libras esterlinas, o sea cuatro mil trescientos setenta y cinco pesos
Post Scriptum. En el momento de terminar estas plumadas el oro, o sea 10.937,50 pesos de curso legal. Y que, como yo no he gana-
ejército recibe orden de moverse sobre Córdoba, de manera do hasta ahora un centavo con mis producciones (sino que al contrario,
que no sé si podré cumplir el compromiso que he contraído tengo que comprarme a mí mismo para regalar mis libros), no hago sino
de continuar. Es más que probable. trabajar pour le Roi de Prusse; y que, por consiguiente, padezco (desde
que time is money) de una neurosis que él llama disipación literaria, por
Estos finales con lugar y fecha de dos textos primerizos sirven para no decir libertinaje de la pluma”.1
asomarnos, fugazmente, al modo en que Mansilla construirá desde en- La pequeña escena que la nota describe presenta a Mansilla y a su se-
tonces su literatura. El verdadero desafío será componer textos en los que cretario interesados en poner nombre a su “patología” y convencidos de
la historia como distancia hacia el pasado y lo exótico como distancia en que la manía escrituraria que lo consume sólo puede contabilizarse en ci-
el espacio conformen una verdadera “estética de lo diverso”. En palabras fras impactantes o nombrarse bajo rótulos que suenan como verdaderas
de Segalen, que Mansilla hubiera suscripto: la búsqueda de una diferen- señales de alarma: disipación literaria, libertinaje de la pluma.2
cia, de un exotismo que no es el caleidoscópico del turista ni el mediocre
del espectador sino la reacción viva y curiosa del choque de una persona-
lidad, de una individualidad fuerte contra una objetividad cuya distancia
percibe y degusta. Mansilla, el último romántico, lleva hasta sus últimas 1. Mansilla, Lucio V., “Namby Pamby” en Mosaico. Charlas inéditas, Buenos Aires, 1997.
pp. 118 y 119.
consecuencias el final de la experiencia hacia el pasado y hacia lo nuevo
2. Mansilla tuvo varios secretarios, entre ellos, Trinidad Sbarbi Osuna, el único identificado
desconocido: hacia ambos lados su escritura no propone ni adaptación ni con nombre y apellido. En las causeries, la figura del secretario es una invención feliz cuya
comprensión: sólo sostiene, junto a la perdurabilidad de sentir lo diverso, función no sólo es copiar lo que el escritor dicta sino también ser un primer lector que propone
la percepción profunda y angustiante de su impenetrabilidad. cambios, correcciones, e incluso obstaculiza las desviaciones permanentes de la escritura de
Mansilla. Se trata de un personaje inteligente y obstinado que, convertido en interlocutor
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De noche o de día, soñando despierto, solo o en compañía, en casa o a poco de la sección “Crónica del día”, aunque el núcleo de sus relatos
en viaje, Mansilla se narra siempre como un personaje que no puede dejar excluye el presente como centro de interés.
de escribir o como un cuerpo desgarrado por la escritura: “...y como Bic- Las causeries utilizan la digresión –cuya eficacia folletinesca Mansilla
kert en el cuento de Hoffmann suele figurárseme que me he convertido ya había probado en Una excursión a los indios ranqueles– para captar
en una hoja de papel y que un aprendiz de poeta, armado de una pluma el ritmo alucinado de la ciudad entregada a la locura del dinero a futuro.
de pavo muy mal cortada, me desgarra en todo sentido, escribiendo en Convertida en forma moderna de circulación del relato, la digresión es,
mi blanca superficie...”.3 Mansilla suele aconsejar leer y escribir todos los en Mansilla, una promesa de pago. Su pacto de escritura y de lectura tiene
días, leer con dos lápices en la mano, uno rojo y otro azul, leer sentado, la lógica del “pagaré”, ese “gran invento moderno” basado en la dilación
leer para escribir lo que la lectura sugiera. Anotar, clasificar ideas, llevar casi infinita de una promesa incumplida porque el pagaré siempre se re-
un diario de su vida, escribir cartas, esquelas y tarjetas postales y, sobre nueva, “y como todo el mundo sabe, el pagaré nunca se paga”.6 El pagaré
todo, atrapar contra la página las ideas que surjan porque, como escribe es antiguo y nuevo, pertenece al pasado, al presente y al futuro, como las
en pleno clima de crisis económica, “es más fácil hacer bajar el precio del causeries.
oro que echarle el galgo a una idea que se escapa”.4 Para este gran cazador de anécdotas, como le gusta definirse, iniciar
La figura de escritor que surge de estas páginas de fin de siglo es la de un relato será siempre una tentación inevitable pero terminarlo, ponerle
un autor acosado por la acumulación de relatos en sus cajones o en sus fin, será el desafío más difícil de cumplir. Precisamente porque, según
sueños, la de un deudor perseguido por acreedores que firma pagarés de sus palabras, “no hay nada tan peliagudo como concluir”,7 la ausencia
escritura a diestra y siniestra: promete causeries, adelanta temas, títulos o de final o su demora no harán más que incrementar los intereses de sus
dedicatorias, anuncia un libro de memorias o una novela que se llamará deudas de escritura. Mansilla se muestra así, en uno de sus autorretratos
“En Montevideo” y que nunca llegará a escribir. Un autor que está siem- favoritos, como el escritor hipotecado por su propio repertorio de anéc-
pre en falta porque la demanda autogenerada por su desborde nunca será dotas, como el escritor que literalmente, “se debe” a su público.
abastecida, ni siquiera atemperada. Pero cuando el vértigo de la digresión parece dominarlo amaga con
Las causeries se publican como folletín del diario Sud-América desde recurrir a su contrario: “me refugio en el aforismo”, “me salvo por el lado
agosto de 1888 hasta fines de 1890, en el último tramo de una década sig- de la máxima” son expresiones que indican la necesidad de detención en
nada por crisis económicas y sociales. Sud-América es un diario ligado la tranquilizadora quietud de la moral. La máxima o el aforismo implican
financiera y estilísticamente al sistema político. Su objetivo y su razón de quietud y sobre todo, clausura. Pero en Mansilla todo es ilusorio, porque
ser consisten en “vender” a Juárez Celman y sus seguidores en el interior ni la máxima ni el aforismo son puertos seguros a los que se llega sino
de una puja entre sectores hegemónicos del Estado, y en este sentido, boomerangs narrativos, puntos de partida de la aventura digresiva: uno
apela a recursos que hoy llamaríamos de prensa amarilla o sensacionalis- de sus juegos preferidos o una de las fórmulas preferidas de las cause-
ta.5 En este diario, que es casi puro presente, Mansilla se apropia poco
Gallo (comp.), La Argentina del 80 al centenario, Buenos Aires, Sudamericana, 1980. Excelente
permanente, es capaz de influir en los rumbos del texto. Ver, en particular, “Si dicto o escribo” estudio que vincula el éxito de los textos de Mansilla con el éxito coyuntural del juarismo.
en Mansilla, Lucio V., Entre-nos. Causeries del jueves, Buenos Aires, Hachette, 1963. 6. Mansilla, Lucio V., “El pagaré” en Entre-nos, op. cit., pp. 515-516. En este texto,
3. Mansilla, Lucio V., “Soñando” en Mosaico. Charlas inéditas, Buenos Aires, Biblos, 1997, Mansilla llega a imaginar una enorme masa de pagarés no pagados moviéndose en círculos
p. 70. pesadillescos sobre la ciudad de Buenos Aires.
4. Mansilla, Lucio V., “Autores y escritores” en Mosaico. Charlas inéditas, op. cit., p. 64. 7. Mansilla, Lucio V., Entre-nos, op.cit, p. 649.
5. Ver Duncan, Tim, “La prensa política: `Sud-América’, 1884-1892” en Ferrari, G. y E.

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ries consiste en reescribir la estructura fija y cerrada de una máxima en edad tan temprana–, la causerie se instala cómodamente en la tradición
fragmentos inacabados que resultan desvíos reiterados e imprevisibles. de la novela de aprendizaje en la que un joven sale al mundo y encuen-
Mansilla opera una alquimia semejante con la anécdota, un género vin- tra aventuras, pruebas, peligros y certezas. La juventud es la edad que
culado con lo inédito o con lo no sabido. En este género brevísimo la contiene el verdadero significado de la vida. “Mi vida empieza a los 17
destreza consiste en articular un aguzado sentido de observación con la años” escribe Mansilla en este texto que narra, entre otras cosas, la se-
mayor economía narrativa. El carácter fulgurante de la anécdota es su paración de la familia, la separación del cuerpo y del texto del rosismo,
rasgo definitorio. Se trata de un relato que avanza velozmente hacia su del saladero y del matadero y donde la causa o el origen del viaje es la
término, que se autoconsume rápida y certeramente, y que se desinte- lectura prohibida de Rousseau. La anécdota bien podría ser así de breve:
resa del desarrollo de la historia y de su representación. Llegar al punto el padre de Mansilla, militar leal a Rosas y casado con Agustina, herma-
final, de la manera más concisa, de la manera más precisa, eludiendo na del “dictador”, descubre que su hijo lee a Rousseau. Decide entonces
toda amplificación literaria: precisamente lo contrario de lo que Mansi- enviarlo lejos para protegerlo de los posibles efectos de esa lectura. Hay
lla se propone hacer con los géneros breves. Cada una de sus causeries otra versión no tan literaria de las razones de este viaje precoz: Mansilla
bien puede considerarse la amplificación, o el estallido, de una máxima se habría enamorado de una “obrera del sombrero” con la que planeaba
o de una anécdota, que disgregada parecerá perdida y reencontrada a lo escaparse al Uruguay. La fuga se frustra por la traición del mensajero y
largo del texto, porque Mansilla, como un ilusionista de la palabra, hará el padre decide mandarlo de viaje a la India, lo más lejos posible, para
que los lectores pongan sobre la mesa su “impaciencia y curiosidad” evitar un casamiento que la familia considera inadecuado.
(título de otra causerie) cada vez que pierden o recuperan el hilo del
relato. Mansilla trabaja sobre un conjunto de microrrelatos personales La segunda serie, llamada “En Chandernagor”, promete a sus lectores
que él mismo ha cultivado y almacenado con recursos de otros géneros, develar algún secreto, algún misterio de ese viaje de iniciación, y se sitúa
reelaborándolos hasta convertirlos en un mixto de máxima y anécdota en el presente del viaje. La tercera y última, “Los siete platos de arroz con
autobiográfica. leche”, relata el viaje de regreso a Buenos Aires, poco antes de Caseros,
y el encuentro diferido con Rosas, su tío, tras una serie de dilaciones
La saga del viaje de aprendizaje reforzadas por siete platos de arroz con leche que debe consumir el jo-
ven recién llegado durante la tensa y cada vez más opresiva espera. Este
Tres de sus más famosas causeries –“Por qué”, “En Chandernagor” relato, en el que la ingestión del postre criollo subraya la humillación a
y “Los siete platos de arroz con leche”–desplegadas en varias entregas la que Rosas somete a su sobrino que le ha vuelto afrancesado, narra el
del periódico, podrían constituir escenas o capítulos de lo que llamo la final de la primera juventud y reescribe –con la distancia de la vejez– el
novela de aprendizaje de Mansilla. demorado encuentro con Mariano Rosas en los toldos ranquelinos y
La causerie “Por qué” narra el antes del viaje de iniciación.8 Orga- sugiere que “aprender a esperar” fue su principal aprendizaje familiar,
nizada como respuesta a dos interrogantes formulados por Carlos Pelle- un aprendizaje que convertirá en eficaz maquinaria de escritura.
grini –por qué Mansilla ha viajado a la India y por qué lo hecho a una
El fantasy como mercancía

8. La interrogación –por qué– se vincula al relato en todas las causeries, o el relato está La serie “En Chandernagor” es un ejemplo extremo de la técnica de
siempre atado a esta pregunta, según se mire. El caso, la aventura, la situación narrada
siempre elude una respuesta unívoca para el interrogante que, formulado o no en el texto,
amplificación a que Mansilla somete las anécdotas. Es la única vez que
funciona como estímulo de la escritura finisecular de Mansilla. separa con títulos, epígrafes y dedicatorias diferentes una serie de cuatro
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entregas del folletín unidas por el delgado hilo de una anécdota difícil En la noche de calor sofocante, intentando escapar aunque una fuer-
de adivinar, difícil de localizar. Como Leubucó en Una excursión a los za misteriosa lo retenga cada vez, el joven descubre que el mundo visible
indios ranqueles, Chandernagor opera como una palabra mágica que, está lleno de lo invisible. Víctima de una atracción magnética, víctima
por sí sola, convoca extrañezas, lejanías, pesadillas y pases a través del sobre todo de sus miedos más profundos, no puede dejar de avanzar
espejo de los sueños. hasta volver a encontrar la figura de la mujer cuya mirada ha provocado
En un texto que se anima al exceso del fantasy, el personaje es un todos los temores. “Al verla, después de la noche de terror, allí donde
Mansilla adolescente que en una minúscula posesión que los franceses esperaba verla, donde no podía dejar de estar porque ella misma me
conservan en la India sólo por pura vanidad imperial (un territorio no había llevado allí con su sugestión hipnótica, sentí otros miedos mas
más grande que una pequeña estancia “de las nuestras”) pasa la noche humanos”.11
más angustiosa y terrorífica de su vida. En un espacio cargado de extranjería, el joven en busca de experien-
Chandernagor es también un bosque del horror que Mansilla des- cias extraordinarias aprende algo que sabía antes de partir: la terrible
cribe como un follaje tupido y húmedo en el que las casas, los caminos, conmoción que puede producir en un hombre la mirada penetrante de
las figuras humanas, se pierden, son consumidos, desaparecidos. Como una mujer: “¡Cuándo dejarán las mujeres de curiosear las emociones de
el banian, la higuera siniestra que está en el centro de este paisaje, “el la cara de un hombre joven o buen mozo que nunca han visto; cuándo
formidable banian que se extiende y se esparce a la manera de vastísima dejarán de hacerlo entre nosotros sobre todo, donde las señoras y las se-
enramada pues cada gajo que llega a tocar tierra echa raíces y se vuelve ñoritas, cualquiera sea su condición social –en Europa y Estados Unidos
a su vez un tronco”,9 el texto de Mansilla liga el bengalí con el porteño, no es así– miran, re miran y examinan analíticamente desde la cabeza a
los miedos desconocidos de la India con los conocidos “julepes” de la los pies a quien no conocen”12, escribe, divertido, para disipar el temor.
infancia provocados por los relatos de los sirvientes negros de su familia Como en otras causeries en las que Mansilla sigue a una mujer, en
en Buenos Aires. Finalmente, en una escena atroz, el temor recurrente Venecia o en París, la serie “En Chandernagor” deja nuevamente abierta
de Mansilla hacia los perros amplifica la pesadilla: en el fondo oscuro la posibilidad de que el encuentro nunca se hubiera producido y, en
de la noche de Chandernagor, una jauría de más de cien chacales está a cambio, el propio joven eligiera soñarlo, como lo sugiere el epígrafe de
punto de devorarlo y dejar “sólo sus huesos”. la última entrega: “En Through the Looking Glass se le permite a Alice
Pero aunque lo que se sobreescribe es el terror de una noche poblada que vea al rey que duerme, y Tweedledee le pregunta: ¨-¿Sabéis en lo que
por boas constrictoras y tigres con fauces abiertas como cavernas, lo que sueña? –Nadie puede adivinarlo –contesta Alice–. -¿Por qué no? –dice
se narra en realidad es el temor a quedar fijado a la mirada perturbadora Tweedledee, triunfante–, sueña con vos¨”.13
de una mujer. “Tuve miedo... grité... nadie vino... y aquello no era un Si el Mansilla joven, en vez de comprar mercaderías compra place-
sueño... Pocos instantes después vagaba aterrado por las orillas del río, res y dilapida 20000 libras esterlinas antes de dejar la India, el Mansilla
envuelto en una niebla tropical tan densa que no me permitía ver mis adulto acumula relatos rentables. Para hacerse leer, algo que Mansilla
propias manos e instintivamente buscaba su casa... sus negros ojos me considera el único sentido de la escritura, no vacila en echar mano, en
guiaban como estrellas polares...”.10 el clima de fin de siglo, del non sense de Carroll –un escritor con pocos

11. Mansilla, Lucio V., Entre-nos, op.cit, p. 657.


9. Mansilla, Lucio V., Entre-nos, op.cit., p. 637. 12. Mansilla, Lucio V., Entre-nos, op.cit., p. 643.
10. Mansilla, Lucio V., Entre-nos, op.cit., p. 646. 13. Mansilla, Lucio V., Entre-nos, op.cit., p. 653.

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lectores en el Río de la Plata– o de los misterios de Hoffmann como con- Eduardo Wilde: la literatura como autopsia del
dimentos que sumarán valor de lectura a su literatura. Haciendo gala de sentimiento
un profesionalismo exagerado, rayano en el cinismo, el caseur anota:
“Es muy fácil inventar cosas asombrosas. La dificultad consiste en per- No leáis siempre y de manera exclusiva esos libros sanos; acercaos un poquito a
feccionarlas bastante para darles valor comercial. De eso, exactamente, la llamada literatura enfermiza de la que tal vez podáis sacar un consuelo vital. La
es de lo que yo me ocupo”.14 gente sana debería arriesgarse siempre de una u otra manera. Para qué demonios, si
no, conservar el sano juicio, ¿para morir un día saludablemente?
Vaya un futuro desolador.
Robert Walzer

El primer escritor moderno

Se ha insistido mucho en la escritura irónica de Eduardo Wilde o más


bien en la ironía como rasgo fundamental de su estilo. Esta insistencia
–que no va más allá de una constatación bastante obvia y superficial–
deja de lado algunas preguntas que resultan necesarias para intentar dar
cuenta de una obra que, en su totalidad, asombra al lector del siglo XXI:
en primer lugar por su profusión y su diversidad, y en segundo lugar
por la serie de cuestionamientos a los lugares comunes de la literatura
argentina hacia el 80 y por su intento –desperdigado pero constante– de
poner a prueba, en cada nuevo texto, las posibilidades de la escritura
literaria como acto autónomo, específico.
Es cierto que Wilde mismo construye una imagen de escritor en la
que la sonrisa irónica –en su rostro y en sus páginas– se vuelve im-
prescindible. Un escritor escéptico con la sonrisa puesta, un médico de
aspecto impasible e interior apasionado, un hombre cuyo semblante
dice otra cosa que la dicen sus labios, un cronista que comparte códigos
con su público pero que muchas veces lo obliga, literalmente, a leer a
contrapelo. Es cierto también que Wilde resulta tan sistemáticamente
irónico que para sus contemporáneos es casi imposible no ver en ese
embate constante contra el sentido común un vicio o una enfermedad,
pero también es cierto que las reacciones que provoca esta postura –im-
pávida, pero nunca pacífica–, este gesto de omnipotencia que parece
14. Mansilla, Lucio V., Entre-nos, op.cit., p. 648. apartarlo de o colocarlo por encima del común de los mortales, termi-
nan, a veces, por condenarlo a un juego sin salida. Abandonar la ironía

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es casi como abandonar la escritura y la escritura no es algo que Wilde sa sucesión de estímulos que conmueven su propia sensibilidad?
considere nunca abandonar. Es por eso que, sumida en sus propias con- En el intento de responder a estas preguntas, su escritura suma un
tradicciones, la literatura “enfermiza” de Wilde, al desafiar convenciones número abrumador de “páginas sueltas” y desafía la posibilidad de apre-
literarias y convocar a un lector que no sólo consuma sino que produzca hender una variada gama de experiencias de los sentidos embretados
sentidos, como quería Barthes, muestra varias de las facetas de la escri- por códigos científicos, convenciones genéricas, modos de narrar. Esta
tura moderna. Wilde es médico y médico de hospital público porque escritura, prolífica –mutilada en las ediciones en que circuló en el siglo
confía en encontrar soluciones para enfermedades sociales; es político XX–, es una de las más provocativas de la literatura argentina del siglo
porque confía en la posibilidad de concretar cambios fundamentales en XIX. En las páginas que siguen intentaremos dar cuenta de su extraña
el espacio público; y es escritor porque intuye, como hombre de fin de insatisfacción e inestabilidad, así como también de los entusiasmos y
siglo, que el análisis de las propias sensaciones, la necesidad de narrar la enojos que provocará en sus lectores.
experiencia de la recolección variada de los sentidos (vista, olfato, oído)
en el transcurrir del mundo, debe convertirse, necesariamente, en expe- Breve –y necesaria– historia de autor
riencia de escritura. Wilde podría suscribir la frase de Hofmannsthal:
la naturaleza de nuestra época es la multiplicidad y la irresolución. Sólo Siempre he pasado por original; unos han creído que la originalidad imputada
puede reposar en das Gleitende (lo que se mueve, lo que se desliza en era original, otros que era fabricada. Déjelos creer lo que ellos quieran.
el mundo)”.1 Sin embargo, para Wilde, esta percepción de la realidad, Eduardo Wilde
que hace añicos los conceptos mismos con los cuales se podían nombrar
hasta entonces los fenómenos culturales, no llega a socavar la eficacia Wilde nace en Tupiza, Bolivia. Su padre, el coronel Diego Wellesley
de la razón, ni el poder de la ciencia. Schorske escribe que en el fin de Wilde, que ha combatido en numerosas batallas y ha sido oficial del
siglo vienés se verifica una respuesta subjetiva del escritor–cronista con General Paz, después de la derrota militar debe exiliarse con su familia
respecto a la experiencia que relata y que, por lo tanto, el tono emotivo en Bolivia durante gran parte del periodo rosista. El pueblo elegido será
de esta respuesta adquiere predominio sobre el tema de su discurso; de Tupiza, una aldea aislada de costumbres tradicionales y sencillas que se
este modo, “reproducir un estado afectivo se convierte en el modo de convertirá, poco a poco, en una suerte de paraíso perdido en su litera-
formular un juicio” y, en consecuencia, “el mundo (para estos escritores) tura.
se concibe como una azarosa sucesión de estímulos de las sensibilidades Hijo de una familia carente de recursos económicos, estudia en el
y no como un lugar de acción”.2 Colegio de Concepción del Uruguay gracias a una beca que el coronel
Segundo Roca (padre de Julio Argentino Roca) gestiona ante Justo José
Para Wilde –hombre de acción frenética y “utilitaria” como pocos de Urquiza, fundador del colegio. Desde el comienzo de su periplo edu-
de sus contemporáneos– el mundo moderno exige y posibilita acción y cativo –haciendo tramos a lomo de mula y otros a caballo para llegar
sensibilidad al mismo tiempo. En esa paradoja (y la paradoja será una desde Salta, donde la familia se ubica al volver del exilio, hasta Concep-
de sus estrategias), radica lo esencial de su literatura: ¿cómo un hombre ción del Uruguay– Wilde enfrenta sin quejas las limitaciones económi-
de acción debe/puede detenerse, “perder el tiempo”, en captar esa azaro- cas: recibe la mejor educación secundaria de su época gracias a la ayuda
del estado federal urquicista y se convierte en alumno brillante de ese
1. Citado por Carl Schorske en Viena, Fin-de-Siècle. Política y Cultura, Barcelona, colegio para miembros privilegiados de las élites provincianas que serán
Gustavo Gilli, 1981. cuadros políticos y culturales de la Nación moderna.
2.Ibid.

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En 1863 llega a Buenos Aires decidido a estudiar en la Facultad de ma” la descripción se desplaza doblemente: por un lado del espectáculo
Ciencias Médicas y como la ausencia de recursos familiares persiste, tra- central hacia el de una belleza porteña ubicada en un palco lateral, y del
baja como redactor de crónicas en La Nación Argentina (diario mitris- dibujo de la muchacha al conteo juguetón de los efectos de su belleza en
ta), vive en la buhardilla del hospital, enseña matemáticas y física en la el público y en el cronista mismo, mezclando la jerga científica con la
Escuela de Artes y Oficios, imparte clases particulares de matemática y romántica: “Cuando se sonreía todo el mundo prendía fósforos para que
disfruta de la hospitalidad de la familia Goyena, en cuya atmósfera hoga- el teatro no quedase a oscuras; y una vez que cayó su mirada en los tubos
reña y en cuya mesa el estudiante pobre se alimenta: esta familia sustituta de mi anteojo, como un rayo en una chimenea, se me chamuscaron ocho
de sus primeros años porteños se mantendrá siempre en su recuerdo. Los pestañas del ojo izquierdo, seis del derecho y las dos ramas oftálmicas
Goyena serán –como más tarde los Estrada–, y a pesar de los duros en- de los nervios trigéminos”.5 Sus colaboraciones aparecen en diferentes
frentamientos políticos que sostendrá con ellos años después, sus amigos periódicos, desde El Mosquito a La República y La Prensa, a veces –muy
más cercanos. pocas–, firmadas con nombre propio, y la mayoría de ellas bajo una va-
La precaria unidad política frente a Urquiza se resquebraja muy pron- riada gama de seudónimos.
to. Se suceden los enfrentamientos entre el mitrismo y el alsinismo en “Julio Bambocha”, “Uno de los tres”, “Bis–in–idem”, “Amén”, “Toucha-
ciernes (una opción que será crucial para la futura inserción política de tout” o “Martín Chuzzlewit”: la elección del seudónimo responde a inten-
Wilde). Mientras comienza su aprendizaje político, continúa su aprendi- ciones diferentes pero, sobre todo, al ser tantos, multiplican la posibilidad
zaje médico. Wilde recordará esos años escribiendo con gracia sobre las de ser o no ser, dejan siempre en el aire el trabajo de pesquisa de la ver-
privaciones y evocando con felicidad las aventuras estudiantiles de los dadera autoría a los lectores curiosos y definen una figura de autor escu-
futuros médicos: “Estudio en libros prestados, y dibujo huesos amarillos rridizo que juega con la posibilidad de ser otro sin dejar de ser él mismo.
con tinta desteñida. Tengo que poner también a mis medias a la altura de Esta figura de autor en fuga atraviesa diferentes etapas de su vida y de sus
los agujeros de mis botines, tengo que pegar con hilo negro los botones actividades públicas pero lo que se mantiene, a lo largo del tiempo, es la
de mi camisa y pagar a mi lavandera con el tiernísimo amor que profeso posibilidad de sostener la dualidad en la unidad de la autoría.6
a su hija”;3 en otras páginas gozosas recupera la libertad de estudiantes En 1865 adhiere formalmente a las huestes de Adolfo Alsina e ingresa
embriagados por vinos fabricados con tinturas y jarabes medicinales en a El Nacional como responsable de la crónica política. Desde este diario
“bailes sin un medio, para divertirse de balde, pasando gratis las horas y desde El Pueblo combate a Mitre, que para Wilde representa la “aris-
que se hayan pasado mejor sin pagar nada en este mundo”.4 tocracia del dinero”, y escribe contra la guerra del Paraguay. Hacia fines
de 1866 abandona el periódico y se ve absorbido por el combate contra
El nacimiento del autor la epidemia de cólera. Wilde todavía es estudiante de medicina cuando
queda a cargo del Lazareto de Coléricos de Buenos Aires, nombrado por
Desde que, a comienzos de la década del 60, Wilde se anima a escribir
artículos de “crónica local” en un diario de amplia circulación, sus textos
mostrarán un costado inusual: así, por ejemplo, en “Muchacha lindísi- 5.La edición dePrometeo y Cía. realizada por Guillermo Korn incluye este texto hasta
ahora inédito de Wilde en libro y que fue publicado en La Nación Argentina el 4 de mayo de
1865: Eduardo Wilde, Prometeo y Cia., prólogo y notas de Guillermo Korn, Buenos Aires,
3. Eduardo Wilde, Por mares y por tierras, Obras Completas, volumen XIV, Buenos Aires, Biblioteca Nacional, Colección Los Raros, 2005.
Imprenta Belmonte, 1939. 6. Claudia Román me señala que en Wilde, la incorporación del seudónimo al texto es
4.Eduardo Wilde, “Ignacio Pirovano”, Tiempo perdido, Buenos Aires, Editorial Jackson, similar al uso que hacen Sarmiento o Del Campo: el chiste forma parte del texto: “un quidam”,
s/f. “un teniente de artillería”, “el pollo”.

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Alsina, que ya es gobernador de Buenos Aires. Además de multiplicarse 19.000 personas. La ciudad queda reducida a una población estable de
en la atención de los enfermos en la ciudad, en la que mueren 15.000 60.000. “La fiebre amarilla brotó en Buenos Aires, posteriormente al
personas, Wilde reflexiona sobre las causas que inciden en la propaga- cólera, traída no sé de dónde. Se discutía mucho sobre el nombre y el
ción de la enfermedad: falta de higiene, carencia de servicios cloacales, carácter de la enfermedad; el doctor Golfarini, médico de reputación
provisión de agua insuficiente, los saladeros, el relleno de la ciudad he- y literato, escribió un artículo poniendo en duda que el mal reinante
cho con desperdicios, hacinamiento de gente en conventillos. A partir fuera fiebre amarilla; yo escribí otro que apareció en La República, de-
de esos años, aunque apoya la fórmula Sarmiento–Alsina, su actividad mostrando que la enfermedad era fiebre amarilla y de la mejor calidad.
se concentra en la Facultad de Medicina. En 1868 es nombrado practi- Tuve la suerte de que me creyeran y lo digo sin modestia, porque así fue.
cante interno del Hospital General de Mujeres, y en 1869, cirujano in- Al otro día de salir mi artículo, el pánico cundió en Buenos Aires [...]
terno para atender a los heridos que vienen del Paraguay. Al doctorarse, la gente empezó a emigrar y hasta muchos médicos, por razones más o
en marzo de 1870, Wilde es ya un personaje público reconocido por sus menos plausibles, abandonaron la ciudad. Yo me quedé en ella y cumplí
servicios médico–sociales y por sus crónicas periodísticas. La defensa con mi deber, asistiendo gratuitamente a todo el mundo, sin aceptar
de su tesis sobre El Hipo se realiza frente a un público numeroso y entu- remuneraciones, ni particulares ni oficiales, aún cuando aceptara todos
siasta que sabe que disfrutará de esa lectura y de esa discusión como un los cargos que me dieran. [...] Mi trabajo fue de noche y de día, los caba-
espectáculo artístico–científico “original”. Cuando la tesis sobre el hipo llos de mi coche cojos y estropeados reclamaron la ayuda de otra yunta
(sobre la que volverá varias veces en sus breves ensayos –para “confesar” con la que continué hasta enfermarme, yendo a parar al Sanatorio de
travesuras literarias en su redacción o para insistir en el costado cientí- Ardengui [...]. “Los habitantes de mi parroquia Monserrat reconocieron
fico de su propuesta–) se presenta al concurso de la Asociación Médica espontáneamente mis servicios y me los pagaron eligiéndome Diputado
y lo gana, el médico más famoso de Buenos Aires, el doctor Finochietto, a las Cámaras Provinciales. La Municipalidad me dio una medalla de
propone que la frenicotomía, es decir el procedimiento para operar el oro, la Comisión Popular un título, la Cruz de Hierro y varias socieda-
nervio frénico, se denomine, en su honor, “operación Eduardo Wilde”.7 des me acordaron diplomas honoríficos”.8 Wilde se convierte, a partir
El gobierno le asigna una subvención para perfeccionar sus estudios en del anuncio de la epidemia, de su diagnóstico y de su cura, en un héroe
Europa pero como el apoyo económico es muy exiguo y carece de recur- civil. Y como héroe civil, premiado y alentado por su actividad social,
sos propios, no la acepta. De todos modos, el éxito del espectáculo de inicia su carrera política parlamentaria: su elección como Diputado son
la defensa de tesis, con un público que aplaude de pie al joven médico, los honorarios que sus vecinos de Monserrat deciden pagarle para agra-
muestra que el programa médico–literario de Wilde comienza a tener decerle su atención médica. .
no sólo jueces sino entusiastas.
En 1871, Wilde –ahora desde las páginas de La República– alerta A partir de ese momento, en su cotidianeidad profesional y en su
a la población sobre una nueva epidemia. Entre enero y junio mueren escritura, irrumpe una novedad. Si la enfermedad es pública, el hospital
también debe serlo. Wilde incorpora el hospital como lugar urbano des-
7. Enamorado de una muchacha llamada Filomena, Wilde intenta, a toda costa,
de el que se pueden generar relatos sobre lo social, como un lugar desde
mencionarla en su tesis. “Era difícil sin embargo hacerlo, tratándose del Hipo, accidente el que se puede encarar la ciudad "como totalidad comprensible, es decir
respiratorio y de Filomena cuya tocaya, la santa de su día, no murió de semejante afección,
sino de síncope, en un concierto de aficionados, según lo llegué a saber en el curso de
mis investigaciones para hacerla figurar entre mis casos prácticos” (“Chaika y Cikaia”,
Prometeo y Cía., op. cit.) 8.“Cosas mías y ajenas” en Obras Completas, volumen X, op. cit.

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dominable", como diría Pezzoni.9 En una punta, la belleza inalcanzable de la fiebre amarilla”, que como clausura triunfal sobre la peste y recuer-
de la naturaleza y el reposo de los sentidos; en la otra, el ajetreo de la do necrológico de su paso, se expone con un inusitado éxito de público
ciudad y, dentro de ella, el hospital, el lazareto de coléricos. La práctica en el Teatro Colón casi inmediatamente después del fin de la epidemia.
médica se ubica en el ámbito público y la escritura relata historias que El artículo, publicado en diciembre de 1871, lo tiene, por primera vez,
surgen de esos espacios nuevos para la literatura. como espectador de la tragedia, y suscita una intervención crítica de Ni-
Wilde actúa en lugares urbanos peligrosos que lidian con epidemias, comedes Antelo a la que Wilde responde con el sugestivo título “Fisio-
con la locura, con los cuerpos de las mujeres, con las heridas de la gue- logía familiar de las sensaciones” en enero de 1872. En ambos artículos,
rra, con los enfermos de la fiebre amarilla, con los obreros del puerto. Es Wilde ensaya hipótesis arriesgadas para las concepciones de la época:
un médico de una ciudad moderna, es un médico de hospital que trajina el carácter autónomo de la obra de arte, la importancia del relieve y del
en este complejo cosmos, que cura y que escribe sobre las curas, es un juego de luces y, sobre todo, la idea de que se puede “contar” una pin-
hombre que no pierde el tiempo, que ocupa la función asegurándose el tura con el agregado de que el “cuentista” puede enamorarse de uno de
espacio de la cura y de la interpretación de la enfermedad. Puede escri- los personajes del cuadro: precisamente de la mujer que yace muerta a
bir "Es fiebre amarilla de la mejor calidad" para alertar sobre una epi- pocos pasos de la puerta.
demia que matará a media ciudad mientras se ocupa de tratar de salvar La muerte como motivo artístico, la tragedia social como escena in-
a un niño que muere víctima de una enfermedad incurable. La sonrisa dividual, la posibilidad de “mirar” desde ángulos diferentes un mismo
no desaparece: puede hacer varias cosas, diferentes y además, heterogé- cuadro son otras tantas cuestiones que sus artículos despliegan. Como
neas, a la vez: prevenir, diagnosticar, curar, sonreír, escribir. Así, el aviso sucede con el cuadro de Blanes, la repercusión de estas notas es enorme.
que coloca en La Prensa en 1870 anuncia sus habilidades como cirujano En setiembre de 1873, regresa al periodismo para asumir la dirección
en su consultorio principal y avisa que abre otro donde atiende “consul- del diario La República desde donde ataca con fuerza a Mitre. Wilde
tas gratis para los pobres por decisión mía y gratis para los que no son apoya la candidatura de Avellaneda y publica el mismo día de la elección
pobres, por decisión de ellos”. La ironía está presente hasta en su propio el editorial “Los descamisados”, que junto con “El chocolate Perrón es el
aviso publicitario porque ha pasado a formar parte de su personaje y mejor chocolate” da cuenta de un modo nuevo de encarar la crónica po-
porque como su eficacia ha sido probada en el éxito de sus artículos, lítica, poniendo al descubierto viejas retóricas de publicidad partidista
atraerá más pacientes a su consulta. y permitiendo vislumbrar una suerte de lucha de sectores sociales en el
Además de crónicas sobre aspectos poco convencionales de la vida interior de la elite. Sus posturas partidarias, pero sobre todo el estilo de
social en la gran ciudad, Wilde convierte en relatos sus ensayos sobre las su escritura política le atraen acusaciones y enemigos acérrimos. Se ha
emociones, las alucinaciones, los sueños y los singulares diagnósticos convertido en un político y escritor laico y profundamente reformista
que realiza sobre la enfermedad mental. Por esa época decide también en materia de política sanitaria y educativa.
intervenir sobre artes plásticas, música y poesía, como si ninguna posi- Si en la década del 60 sus crónicas colocaban un humor sombrío so-
bilidad le estuviera vedada. Quizá la más popular de sus intervenciones bre las carencias de esa política, hacia finales de la década del 70 ya está
haya sido el artículo que escribe sobre el cuadro de Blanes, “Un episodio en condiciones de sistematizar sus ideas en el Curso de higiene pública
que, elaborado durante varios años, se publicará en 1877 y que contiene
–como toda su producción científica– escapes hacia la literatura de fic-
9. Enrique Pezzoni, “Eduardo Wilde. Lo natural como distancia” en Gustavo Ferrari y
Ezequiel Gallo (comp.), La Argentina del 80 al Centenerario, Buenos Aires, Sudamericana,
ción. En esos años, Wilde es un exitoso médico de consultorio pero pre-
1980. fiere continuar con su cátedra de Medicina Legal y Toxicología y como

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profesor de higiene y médico del Colegio Nacional de Buenos Aires. En inaugura el Hospital Rivadavia y crea el Hospital Juan A. Fernández y
1876 es electo diputado al Congreso Nacional por la provincia de Bue- el Laboratorio Bacteriológico de la Asistencia Pública. Organiza las pri-
nos Aires y reelecto al año siguiente por tres años más. En 1878 publica meras campañas de vacunación. Se dedica a poner en práctica lo que
Tiempo perdido, una recopilación nada azarosa de su producción perio- sería su obra urbana más importante: la construcción de una definitiva
dística y de algunos textos inéditos. En ese sueño de completud para sus y eficiente red de servicio de agua potable y servicios cloacales. Se cons-
“páginas sueltas”, que le permite mostrarse por primera vez como autor truye el puerto de Buenos Aires y de Rosario y se comienzan otros como
de un libro, cabe un poco de todo “como en botica”: desde un artículo los de Corrientes y Santa Fe.
de costumbres como “La carta de recomendación” una incisiva crítica al Finalmente, con su participación activa, el Ejecutivo presenta en
funcionamiento de la sociedad porteña– hasta el informe médico–legal 1887 la ley de Matrimonio Civil, que se sanciona, en medio de un nuevo
de una autopsia. Se trata de una rigurosa selección de sus propios ma- clima de escándalo, en noviembre de 1888.
teriales por lo que resulta claro que el armado del libro responde a un En 1889 renuncia al cargo de Ministro del Interior y viaja por prime-
nuevo criterio estético que propone a sus lectores saltar de un registro ra vez: junto a su mujer, Guillermina de Oliveira Cézar, inicia un largo
a otro sin abandonar la convicción de que lo que les ofrece pertenece viaje a Europa, Rusia, Asia Menor y Estados Unidos. Envía sus notas a
al campo literario: un mismo tono los reúne, el mismo punto de vista La Prensa, y será el mismo diario el que publicará en dos volúmenes
desgarrado y solitario. estas colaboraciones bajo el título de Viajes y observaciones: cartas a La
En 1880 y después de haber dirigido la Campaña del Desierto en Prensa en 1892. En los años siguientes hace un nuevo viaje por Europa,
1879 como Ministro de Guerra, Roca asume la presidencia de la Re- otro a África, China y Japón, y colabora como cronista en varios perió-
pública y Wilde, amigo de juventud, es designado Ministro de Culto e dicos argentinos.
Instrucción pública. Inaugura el Congreso Pedagógico Nacional y par-
ticipa en la lucha, cada vez más frontal, entre laicos y católicos, estos En 1898 vuelve a la función pública como Presidente del Departa-
últimos agrupados en la Acción Católica y en el periódico La Unión, mento Nacional de Higiene y desarrolla desde ese cargo una política
dirigido por José Manuel de Estrada, otro de sus mejores amigos. En sanitaria asistencial moderna y eficiente. Para Wilde no sólo el utilitaris-
julio de 1884 se promulga la Ley 1420, Ley de Educación Común, Laica mo no está reñido con el embellecimiento, sino que las mejoras urbanas
y Gratuita, que lleva su firma junto a la de Roca; y ese mismo año se crea (redes cloacales, hospitales, calles adoquinadas, viviendas dignas) son
por ley el Registro Civil de las Personas. Ambas leyes desatan una nueva en sí mismas bellas, o, para decirlo de otro modo, son las que le otorgan
polémica pública en la que interviene Monseñor Matera, nuncio apos- el carácter de representación simbólica estética a la moderna ciudad de
tólico que aconseja a los fieles católicos no registrar los matrimonios en Buenos Aires con que Wilde sueña:
los tribunales civiles. Wilde solicita al presidente la expulsión del país
del nuncio apostólico y el gobierno argentino rompe relaciones con el Siguiendo mis reflexiones me he puesto a enumerar lo que
Vaticano. nosotros podríamos mostrar a los extranjeros con tanto o
Con el ascenso de Juárez Celman a la presidencia de la nación, Wilde más derecho que aquel con el cual ellos nos muestran sus
ocupa el cargo de Ministro del Interior y desde allí despliega una activi- curiosidades y he formado así, de improviso, una pequeña
dad intensa vinculada a sus preocupaciones centrales. Funda el Instituto lista...
Microbiológico Pasteur, convoca al primer Congreso Médico Argentino Por ejemplo, yo diría: los sitios y monumentos que ningún
en 1887. Amplía el Hospital San Roque (actual Hospital Ramos Mejía), viajero debe dejar de ver en Buenos Aires son los siguientes:

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El museo, rico en ejemplares de animales antediluvianos. su único libro completo, su autobiografía Aguas Abajo. Como no podía
Las obras del puerto. La torre de distribución de agua fil- ser de otro modo, la autobiografía queda inconclusa con su muerte, en
trada. El sistema de cloacas y conductos de desagüe, el más 1913.12
perfecto y completo del mundo. La estación del ferrocarril
del Sud. El cementerio de la Recoleta con algunos buenos La estética al mando
monumentos y otros de valor histórico. El parque de Pa-
lermo. Los hipódromos, los teatros, más cómodos, más Señora, la mejor visita se deja para el último, como los postres. Es necesario
lujosos y más grandes que los de la inmensa mayoría de buscar la estética aun en el desempeño de los más dolorosos deberes.
las ciudades europeas. La penitenciaría, una de las mejores Eduardo Wilde, “Tini”
cárceles conocidas. El hospital de Clínicas. El nuevo Hospi-
tal de mujeres.10 Sobre muertos y tumbas

Esta enumeración caótica, hecha desde Chicago –una de las ciuda- Los relatos de muerte atraviesan la obra de Wilde y están presentes
des más modernas que Wilde visita– muestra, a la inversa, los puntos aun en aquellos que parecen ser relatos del gozo de la vida. El más fa-
turísticos interesantes de esta ciudad del fin del mundo que promete la moso sin duda es “Tini“, publicado en un periódico de Buenos Aires en
irritante pero higiénica belleza de los tiempos modernos. 1881 que, según las crónicas de días sucesivos, hizo llorar a todo Buenos
En 1900 parte como Ministro Plenipotenciario y sus destinos diplo- Aires y que, gracias a su inclusión en casi todas las antologías de su obra,
máticos sufren los vaivenes de los agitados tiempos del final del gobier- probablemente habrá continuado haciendo derramar lágrimas a varias
no de Roca, mientras una verdadera fiebre de ataques contra el supuesto generaciones de lectores. Pero no se trata de un texto lacrimógeno. No
trío formado por Wilde, su esposa Guillermina y el presidente Roca, sólo hay momentos en los que el humor negro irrumpe de un modo que
sacude a la elite porteña. Los ataques a su vida privada se desplazan habría podido considerarse inoportuno, sino también de mal gusto: hay
también a su accionar como funcionario público y se lo acusa de mal- otros en que, con toda evidencia, se ponen en juego, en un relato de un
versación de fondos. suspenso sincopado y sin tregua, todas las incertidumbres del horizonte
Antes de volver a partir para ocupar la delegación diplomática de sin dioses que el autor propone a sus lectores. Lo más notable de este
Bruselas, en 1898, publica Prometeo y Cía. Parecería que, en medio de relato no es la historia misma (el lento y morboso tránsito de la vida a la
la virulencia de los insultos, Wilde necesitara apoyarse en la literatura y muerte en un niño sano, “hermoso”, “adorado y consentido” y las reper-
editar un nuevo libro porque el libro es lo único que lo confirma como cusiones de ese tránsito en el dolor profundo de la madre) sino el modo
autor.11 En Bruselas sigue visitando hospitales, estudiando nuevas curas en que el relato muestra el triunfo de la naturaleza sobre toda confianza
para enfermedades también nuevas y escribe el que, según Rojas, será
12. Ver Norberto Acerbi, Eduardo Wilde. Buenos Aires, Confluencia, 1999. Sobre la
autobiografía de Wilde, ver también: “‘Es de la boca de un viejo de ande salen las verdades’.
10. Eduardo Wilde, Viajes y Observaciones, Buenos Aires, Imprenta Belmonte, 1939. Memoria, vejez y usos del pasado” de Patricio Fontana en Laera, Alejandra (dir.), El brote
11.En El bandido, Robert Walser, un escritor del que resulta contemporáneo en más de un de los géneros, volumen 3 de la Historia crítica de la literatura argentina (Noé Jitrik, dir.
sentido, escribe: “estos rodeos que hago tienen el propósito de llenar el tiempo, pues debo gral.), Buenos Aires, Emecé, 2010.
alcanzar un libro de una cierta extensión si no quiero que me desprecien más profundamente
de lo que ya me desprecian”.

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tanto en la ciencia como en la fe religiosa, y exhibe, con orgullo, la proe- Lo notable es, entonces, el modo en que el escritor, aprovechando la
za de poner en palabras lo que parece imposible según el mismo texto: sonoridad especial de la palabra maldita, convirtiendo en variaciones
“la naturaleza ha puesto la expresión de los inmensos dolores fuera del musicales de la misma nota sus irrupciones en el texto, logra describir el
alcance del lenguaje articulado, entregándosela a la música y a la pintura. acoso de las cosas del mundo sobre la fragilidad del ser humano. Mientras
Para sentir no basta entender, es necesario oír y ver” se afirma hacia el fi- la noche cae sobre la ciudad y sobre la casa del niño enfermo, la pesadilla
nal del texto. Y sin embargo “Tini” es el relato del desafío de esa supuesta de su madre se interrumpe con un grito que detiene la rítmica ensoña-
imposibilidad de la palabra escrita. ción mortuoria que la adormecía para colocarla frente al momento de la
verdad ineludible, sólo “cuando todo en la naturaleza hubo dicho crup”.
Cien voces dijeron crup en el oído de la madre, los ecos repi-
tieron crup, las sombras de las cortinas, de las molduras y de Otro relato de esta serie, “La primera noche en el cementerio”, se atreve
los adornos de la habitación, proyectadas por la luz escasa de con la exploración de lo inexplorable: imagina con lujo de detalles el últi-
la lámpara, escribieron epitafios sobre los muros; la palabra mo acto de amor sexual entre una pareja de cuerpos de jóvenes muertos
crup se difundió por toda la casa, llenó la atmósfera, penetró el mismo día. La necesidad de Eros de satisfacer sus deseos, su compulsi-
en los últimos resquicios y heló las entrañas de la pobre ma- va afinidad con Tanatos: la antigua fábula se recrea de un modo que, por
dre. Crup dijeron los ruidos misteriosos de la noche; crup de- la insistencia en la unión de la materia con los sueños, de lo que se pierde
cía el viento que soplaba sus lamentos por las rendijas de las y lo que se mantiene como impulso vital, resulta todavía hoy, asombroso.
puertas; crup repetían los cascos de los caballos que pasaban “La primera noche en el cementerio” tiene un final tenebrosamente feliz:
de tiempo en tiempo, arrastrando los pesados coches por las un cadáver masculino sale de su tumba para violentar literalmente a otro
calles silenciosas; crup decían el péndulo del reloj y el crujido del sexo femenino –mientras en ambos cuerpos comienza el proceso de
de los muebles; crup crup murmuraba el roer de los ratones corrupción– y consigue consumar su propósito. Pocos textos de Wilde
tras los zócalos de las piezas, crup secreteaban las hojas de los fueron tan “saqueados” o si se quiere “profanados” como éste. Las muti-
árboles que se mecían en los patios, crup gritaban las veletas laciones son de variada especie: el reemplazo de los momentos conside-
de los edificios vecinos (…) Crup dijeron las aves que pasa- rados más escabrosos por doble o triple fila de puntos suspensivos o, lo
ron en bandadas, y los aleteos de los pájaros en sus jaulas, que resulta aún peor, la síntesis de esos mismos momentos por parte del
crup pronunciaban las olas que chocaban en las costas, crup antólogo que decide que sus palabras resultarán más “legibles” que las de
vociferaban los golpes en las puertas de los habitantes retra- Wilde. No es necesario para el lector del siglo XXI explicar las razones de
sados, crup roncaban las voces de los ebrios en la calle y crup estos ultrajes pero sí es necesario volver a subrayar que no es la historia,
crup preludiaban los músicos ambulantes que buscaban un de por sí macabra, lo que produce el pudor del antólogo, sino el modo en
pan y un cobre martirizando sus instrumentos en la noche que las palabras de Wilde recuperan la sensualidad y la materialidad de la
estrellada. Cuando todo en la naturaleza hubo dicho crup, la escena y convierten al cementerio de la Recoleta en un barrio arbolado,
madre de Tini dio un grito estridente, desesperado, y salien- propicio para el sexo mortuorio, y en el que es posible acostumbrarse,
do de su cama se paró rígida en medio de su habitación.13 después de la primera noche, a vivir la muerte.14

14.La excelente edición de Prometeo y Cia. de Guillermo Korn, ya citada, recupera la


versión completa y nos brinda, también completa, otra versión inédita, a la vez que detalla la
13. Eduardo Wilde, Prometeo y Cia., op. cit. suerte corrida por este cuento en todas las ediciones hasta el presente.

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“Páginas muertas”, un texto cuyo sugestivo subtítulo es “Borrador manía por la simplificación y el orden; me fastidian los papeles sueltos;
del prefacio de una proyectada edición” traslada la tensión entre vida y no podía ver los míos viajando de un lado a otro en manojos desigua-
muerte a la escritura misma: les, y como por una razón o por otra, deseo conservarlos, he resuelto el
conflicto alojándolos en varios volúmenes bien involucrados, previas las
Un día, decidido a revisar mis papeles, abrí un cajón don- enmiendas indispensables, aun cuando sea para leerlos yo solo, en letras
de yacían varios manuscritos y recortes impresos que me claras, imitando a muchos autores impopulares, entre cuyo número me
anunciaron su lamentable estado con el olor a sepulcro de cuento”. “Páginas muertas” es un ejemplo claro de la imposibilidad y
su humedad encerrada. Algunas arañas flacas y literatas que al mismo tiempo la necesidad de llegar al libro, porque la selección de
se ocupaban en colgar cortinas y en otros trabajos de tapi- escritos para la que Wilde escribe este sugestivo prólogo nunca aparece.
cería, apenas levanté la tapa de su biblioteca, corrieron des- Sin embargo, su inclusión en Prometeo y Cía. indica que su reflexión so-
pavoridas a los rincones, estirando ridículamente sus largas bre la distancia entre los sentimientos de un autor en el momento de la
patas; dos o tres insectos disecados balanceaban sus restos escritura y la casi inmediata posteridad de la lectura sigue siendo válida:
mortales en la tela tendida, como gimnastas de circo en las nunca dejará de insistir, de una manera u otra, en el “abismo” que separa
redes impuestas por las ordenanzas municipales; las hojas “la nota real del sentimiento” de “la expresión helada de las letras”.16
amarillentas, con sus letras penumbradas, parecían lápidas
viejas con leyendas carcomidas. En vista de tan deplorables Sobre almas callejeras e interiores peligrosos
incongruencias tomé un trapo y con una metódica sacudi-
da, puse en fuga a los parásitos exóticos de mi prosa. (…) En los textos de Wilde la ciudad tiene un protagonismo marcado:
Al remover los papeles hallé las hojas pegadas formando sus personajes, casi siempre alteridades del autor, recorren sus calles,
paquetes apelmazados; parecían restos cadavéricos amon- llegan a los suburbios calmos y humildes, regresan al centro cargado de
tonados en una fosa común y yo mismo me hice el efecto de ruidos y tensiones políticas, transitan la ciudad de noche y de día, des-
estar practicando una exhumación. ¡Páginas muertas! Dije, criben atardeceres y amaneceres con enumeraciones breves y certeras
como leyendo un epitafio imaginario.15 que sirven como iluminaciones, como destellos fugaces, como atisbos
de comprensión de lo nuevo que habita en ella. Otras veces abandonan
Al “pasar el trapo” sobre los papeles de su prosa, encuentra no sólo la ciudad, representada por lo más odioso que hay en ella –los interiores
polvo y arañas literatas sino que comprueba que las páginas sueltas se de las casas burguesas recargados de objetos y plantas inútiles– para re-
han convertido en paquetes apelmazados por el paso del tiempo, entre fugiarse en la austeridad, la libertad y el silencio de los pueblos alejados
los cuales el escritor se ve a sí mismo realizando una suerte de exhu- de la modernidad. Sus personajes sienten la tensión entre lo viejo y lo
mación. La publicación entonces, la reunión en un libro que los reviva, nuevo en sus vidas cotidianas, sienten atracción y rechazo frente a la
que saque los papeles del cajón donde están pegoteados por el paso del inmovilidad del pasado y el frenético abismo del presente, y ese vaivén
tiempo, una edición que los ponga en circulación parece la única posi- representa muy bien uno de los aspectos de la modernidad de su escri-
bilidad de conservarlos vivos, aunque más no fuera para un único lector tura. En “Sin rumbo”, por ejemplo, el narrador camina hacia el límite de
–el interlocutor del prólogo– o el autor mismo: “tengo una verdadera
16. Ver Sylvia Molloy, “Lectura de Eduardo Wilde”, Nueva Revista de Filología Hispánica,
15.Prometeo y Cía., op. cit. XXII-2, México, 1973.

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la ciudad y mira las figuras que el centro expulsa convirtiéndolas en som- íntimos, y con el corazón apretado volví a marearme en la
bras: “¡Con qué atención miraba las figuras de hombres, de mujeres o de ciudad como quien vuelve a bordo de un buque combatido
neutros que caminaban oscilando a lo lejos! ¡Cada sombra era un proyec- por las olas y en el cual todo cruje, desde la madera del casco
to de transacción mercantil, cada perro el anuncio de un dueño fantásti- hasta el alma de los tripulantes”.
co, comprador clandestino de algún comestible averiado!“.17 Cada cosa
es una sombra y cada sombra es el proyecto de otra cosa que, podríamos Del mismo modo, en “Vida Moderna” la idea de la casa burguesa
imaginar, proyecta una nueva sombra hasta el infinito: esta descripción como un laberinto sin salida, perversamente delineado por la profusión
que unifica lo que se ve y lo que se proyecta en lo que se ve caracteriza la de adornos que la pueblan, un laberinto con circuitos y atajos donde
apropiación del afuera en Wilde. siempre acecha el peligro de ser atacado por una planta punzante o por
"Sentía un interés sereno, pero inquisitivo, hacia todo lo que me rodea- un mármol resistente, muestra que las amenazas son interiores y no ex-
ba", dice el narrador de Poe al comienzo de “El hombre de la multitud”, y ternas. Ante la claustrofobia y la incomodidad que la acumulación y el
esta parece ser también la pose primera del narrador de Wilde. Sólo que exceso plantean, el narrador –Baldomero Tapioca, uno de los seudóni-
si el narrador de Poe se ahoga literalmente en la multitud siguiendo a un mos del autor– propone dos caminos: escaparse a la casa casi vacía de Río
transeúnte que no tiene rumbo, el de Wilde se aleja paulatinamente del Cuarto –un tranquilo pueblo de provincia– o, en un gesto precozmente
centro de la ciudad sin seguir más que su propio rumbo para catalogar, arltiano, autorizar el robo o el incendio de estos objetos en su ausencia;
detallar y precisar todo lo que hay en ella, además del vértigo de la mul- pedirle a un amigo que lo ayude en esta tarea imposible para él mismo:
titud del centro. Wilde escribe textos como catálogos, como quería Ben-
jamin. Su mirada no transforma la ciudad en salón, en espacio íntimo, Tengo intención de pasar aquí una temporada y estaría del
como propone Julio Ramos para otros escritores finiseculares sino que, todo contento si no fuera la espantosa expectativa de volver a
en todo caso, el placer estético de esta mirada está puesto en barrios obre- mi bazar. Algunas noches sueño con mis estatuas y creo que,
ros y también en interiores obreros ordenados por la lógica disciplinado- sabiendo ellas el odio que les tengo, me pagan en la misma
ra del trabajo manual.18 Si en el relato de Poe el hombre sin rostro de la moneda y me atacan en mi cama. Hasta he pensado en fin-
multitud desencadena la historia misma, hace que el narrador se levante girme loco y arrojar a la calle por la ventana los bustos de los
y camine detrás suyo, en el de Wilde el encuentro con “el hombre de los hombres más célebres, los cuadros, las macetas, las arañas y
perros”, un mendigo “cuyo nombre todos conocen” detiene bruscamente los espejos. (…) Escríbeme pronto y te recomiendo que si
el paseo y el placer: puedes hacerme robar durante mi ausencia algunos de los
pedestales con sus correspondientes bustos, varios cuadros y
Ya no hubo sol espléndido, plantas, flores ni cielo azul. El todos los muebles de mi escritorio, no dejes de hacerlo (…)
personaje hacía disonancia sobre el cuadro y proyectaba so- En el último caso no dejes de recurrir al incendio: te autori-
bre él su sombra fatídica. Pensé en el hospital, la política, en zo.19
los conflictos sociales, tanto más desesperantes cuanto más
En la formulación de Julio Ramos, la crónica modernista resulta, en
virtud de su flexibilidad formal, un archivo de los peligros de la nueva
17. Eduardo Wilde, “Sin rumbo”, en Prometeo y Cía., op.cit.
18.Julio Ramos, Desencuentros de la modernidad, México, Fondo de Cultura Económica,
1989. 19. Eduardo Wilde, “Vida moderna”, Prometeo y Cía., op.cit.

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experiencia urbana, una puesta en orden de la cotidianeidad aun “incla- tro de los ataques a las leyes de matrimonio civil y de enseñanza laica
sificada” por saberes instituidos. En las crónicas de Wilde los narradores y estatal, y el episodio de expulsión del Nuncio Papal y la ruptura de
abandonan la casa porque la decoración las vuelve inhabitables, escapan relaciones de la Argentina con el Vaticano aceleran su salida de la escena
de la ciudad para huir de las reglas de urbanidad creadas por los inte- política. Al recorrer las principales capitales europeas por primera vez,
grantes de su misma clase, no ven el afuera como el lugar amenazante Wilde asume la función del corresponsal y toma la obligación (de la que
de “los otros” y autorizan el robo como manera de aliviar las presiones no dejará de quejarse en tono burlón) de enviar notas puntuales al dia-
sociales, pero, paradojalmente, vuelven al centro urbano como manera rio La Prensa de Buenos Aires. Se trata de un modo de estar y no estar
de aceptar el caos. En las crónicas de Wilde la casa burguesa y la ciudad al mismo tiempo. Un gesto que lo mantiene presente en la cotidianeidad
en la que está instalada son inhóspitas pero el hombre moderno está de los lectores porteños del diario.
condenado a vivir en ellas, sólo puede escaparse al pasado, a los pueblos Las notas se articularán siempre sobre una pregunta central: ¿cómo
sencillos por períodos breves e ilusorios. La vida real, en Wilde, es la cuenta un escritor moderno la vieja Europa, cómo se desmonta la vul-
vida urbana. gata que circula en los textos de otros viajeros para ofrecer alguna no-
vedad, alguna iluminación que posibilite una nueva percepción de lo
Sobre los viajeros que se despiden y se van antiguo? Wilde no se hace ilusiones sobre la verdad ni sobre los benefi-
cios del relato de viajes: por el contrario, insiste en su carácter subjetivo
Los buenos viajeros son despiadados. y casi inútil: “El que quiera saber cómo son los países que voy a recorrer,
Elias Canetti que venga a verlos, incomodándose como es debido, mareándose, lle-
nándose de tierra, asoleándose y renegando contra la hora desventurada
El que anuncia un viaje debe irse. en que se le ocurrió salir de su casa”.21 E insiste una y otra vez en que los
Eduardo Wilde relatos de viaje no sólo no suplantan la experiencia sino que obturan y
prácticamente impiden el placer del conocimiento personal del viajero
Es probable que Wilde sea el escritor argentino del siglo XIX que futuro.
más ha escrito sobre viajes y viajeros. No sólo por el asombroso núme- Por eso, si en el relato de viaje tradicional la descripción posibili-
ro de páginas dedicadas al género de los viajes (que se aproximan a las ta la eclosión de un verdadero “espacio literario del viajero”, articulado
dos mil), sino por la insistencia en combatir contra sus convenciones, con las sensaciones de su mirada pero también con el peso de su cultu-
contra los lectores que las autorizan, describen o prescriben sus formas, ra, Wilde ensayará la estrategia contraria: su “lenguaje de rematador”
sino también por sus agudas reflexiones sobre los sujetos viajeros, sobre seco, despojado, se posa sólo en las características imprescindibles para
sus despedidas y sus arribos, sobre las fantasías y las mezquindades de nombrar el objeto. Wilde se dispone entonces a inventariar la cultura
las travesías. La literatura de Wilde propone el espacio del tránsito, del europea. El inventario es, por supuesto, una forma de descripción, una
movimiento, como el preferido para su escritura.20 El primer viaje a forma que, sin embargo, se aleja de la literatura y se aproxima a lo jurí-
Europa será un viaje de madurez y también un viaje obligado por las dico: un inventario se lleva a cabo en un espacio de tránsito entre el final
circunstancias políticas del momento: Wilde se ha convertido en el cen- de algo y el comienzo de otra cosa, por ejemplo, cuando, después de una
muerte, se disponen en listas los bienes de una herencia. El inventario
20. Para algunas de las hipótesis que siguen, ver Cristina Iglesia, “Eduardo Wilde. Tiempo
que perder”, en La violencia del azar, Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 2002. 21. Eduardo Wilde, Viajes y observaciones, op. cit.

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exhibe su propia ética, tiene la obligación de dejar asentado “lo que hay”, de justificaciones referenciales, comienza a abrirse paso en los vacíos de
y “el cómo hay”, no disimular las faltas, nombrar el defecto. El imperati- representación simbólica que los quiebres de la tradición artística han
vo de nombrar el defecto, de recalcar la falta, unifica al inventario con el producido a lo largo del siglo. Un nuevo concepto de belleza que las
lenguaje del rematador. grandes capitales de Europa no parecen dispuestas a cobijar.
Para Wilde Europa es, como espectáculo del pasado, una acumula- En un texto breve de una armonía casi perfecta, que incluirá en Pro-
ción intolerable de errores y sobre todo de defectos. La vieja Europa (la meteo y Cía., Wilde relata una travesía marítima en la que no sucede
que no es Alemania) se mira y se escribe con distancia pesimista. Eu- nada de lo que un viajero puede esperar de una experiencia semejante:
ropa es un gran anticuario con pequeños oasis de interés estético-cien- ni oleajes, ni ballenas, ni tiburones, sólo miserables pescados se dejan
tífico. Por eso, sus capitales simbólicas, París y Roma, serán las más ver en el trayecto (además de las sardinas apretadas en una lata); y la
castigadas por la escritura demoledora de Wilde, que ensayará diversas espantosa tormenta que se describe, con episodios dramáticos, resulta
estrategias de destrucción de estos espacios míticos para los viajeros del ser tan sólo un sueño, una pesadilla que intenta compensar la falta de in-
siglo XIX.22 cidentes de la vigilia en la que el surcar de la nave transcurre en un mar
La escritura de Wilde apunta los “errores” y “defectos” de las joyas tan sereno como insípido. Mar afuera. El viajero se despide y se va es el
del arte europeo y llega al extremo irónico de atribuirle a la Basílica de contrarrelato de viaje, es la exasperación de la inutilidad del género con-
San Pedro errores en el trazado de los planos, la disposición de los pór- vertido en motivo literario y una suerte de abreviada poética wildeana
ticos y el emplazado de las estatuas. Su escritura, convertida en piqueta, donde la paradoja, la paramnesia –la memoria de lo que no ha ocurrido,
tiene un efecto literalmente demoledor porque transforma el espacio o la modificación involuntaria del recuerdo de las que han ocurrido– y
colosal de la Basílica en un gran espacio vacío para el que propone nue- el anacronismo aparecen reunidos en apretada síntesis.
vos usos: “Bajo su cúpula infinita cabría una fábrica a vapor; en cada
una de sus capillas podría instalarse un taller y en el recinto donde rezan Sobre la escritura, sobre la memoria, sobre los sueños
los canónigos entraría cómodamente una iglesia”.23 Su escritura prefiere
espacios anticonvencionales como Waterloo, donde no hay nada más En el párrafo inicial de Sin rumbo, Wilde anota “no sé qué hacer para
que un terreno vacío, o un hospital en Brujas que no tiene enfermos reconstruir un artículo que escribí hace tiempo bajo el título de esta
internos, es decir, espacios cuya belleza no tiene una intencionalidad página. Yo tengo una excelente memoria para aprender lo ajeno pero
artística. lo mío se me olvida. ¿Qué puse en ellas? No recuerdo a punto fijo, pero
Como ciudadano de un país reciente y semivacío, Wilde insiste en su creo que decía más o menos lo siguiente (…)”.24 A partir de ese mo-
señal de alarma para sus lectores: el arte antiguo, separado de la verdad mento el texto figura ser una reescritura de su propia escritura, perdida
de su contexto, pertenece definitivamente al pasado. Sus crónicas sugie- en el papel y perdida en la memoria. Las pérdidas de “páginas sueltas”
ren que, a fines de la década del 80, un nuevo concepto de belleza, libre y las pérdidas de la memoria –o más bien la imposibilidad de recuperar
con fidelidad los recuerdos– son alusiones frecuentes en Wilde y por
22.Aunque los artistas europeos de la modernidad han comenzado a mirar a Italia como eso los procesos de reconstrucción de memoria y escritura se despliegan
el modelo negativo –el viaje a Roma se convierte en un síntoma de contradicciones y muchas veces como verdadero centro del proceso creador. No hay “se-
limitaciones para el mismo Freud, tal como lo analiza magistralmente Schorske–, Wilde es
el primer escritor americano en mostrar taxativamente la decadencia europea ý combatir la
moda del gusto por lo antiguo.
23. Eduardo Wilde, Viajes y observaciones, op.cit. 24. Eduardo Wilde, Prometeo y Cía., op.cit.

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cretarios” como en Mansilla, nadie lo saca del apuro, nadie le recuerda que el narrador las manipula, muestra un modo diferente de resolver
lo que ha escrito o lo que tiene que escribir. A partir del recuerdo de la pérdida de memoria: para narrar el mundo de su infancia en Tupiza,
los títulos, el relato avanza hacia una nueva versión que, a veces, será la Wilde recurre a un relato que apenas se apoya en datos biográficos, y
única que el lector pueda conocer, pero otras el texto “reconstruido” por que insiste en narrar “el mundo según Boris”, la historia no de su vida
partes se divide en fragmentos como sucede con “Perfil de un contem- sino de sus percepciones, y sobre todo de sus ensoñaciones. “Boris no
poráneo”, también incluido en Prometeo y Cía. Un ejemplo diferente es entra en ninguna de las clasificaciones habituales a causa de las parti-
“Novela corta y lastimosa” donde el narrador busca un tema, lo encuen- cularidades de su vida psíquica: vivía soñando”. Boris, cuya “manía de
tra insuficiente, busca uno nuevo y finalmente lo suspende. Uno de los irse al futuro con armas y bagajes” es constante, cuyas invenciones de
brevísimos capítulos de esta singular novela se titula, justamente, “Re- palabras y atribuciones de colores no corresponden al mundo real, es
cuerdos caligráficos, familiares y parlamentarios” y comienza así: “He la imagen huidiza que Wilde construye de sí mismo y de su escritura,
escrito durante mi vida como cuarenta mil páginas, formato mayor y he siempre al borde del desdoblamiento, de la desaparición y del olvido.
hablado, contando todas mis frases, palabras y sílabas emitidas de viva
voz, cincuenta mil quinientas horas”.25 Esta abundancia de producción Sobre la posteridad de la escritura y los malentendidos de la
oral y escrita no ayuda al narrador a encontrar temas interesantes y los crítica
que irrumpen se agotan por banales, uno tras otro, hasta terminar en la
nada. La evanescencia de la memoria, su carácter inasible se trasladan A pesar de los esfuerzos –siempre disimulados– de su autor por lle-
aquí a la página en la que un escritor borronea temas diferentes y no los gar al libro, su obra tuvo como destino la antología, y las mutilaciones
desarrolla aunque, al enunciarlos, los deje suspendidos hacia ese futuro y las omisiones acentuaron el carácter precario, provisorio, de una obra
en el que siempre se alojan sus sueños de escritor: escribir algo “eterna- que fue manipulada con una libertad que se apoyaba precisamente en
mente nuevo y original”. un juicio de valor que la colocaba en un orden incierto en el canon de la
En Aguas Abajo, una suerte de autobiografía escrita en tercera per- literatura argentina.27
sona y con un protagonista que se llama Boris, el narrador irrumpe En los malentendidos sobre la escritura de Wilde colaboraron todos
siempre de manera intempestiva amparado en lo que podríamos llamar los que durante el siglo XIX y gran parte del XX escribieron sobre él.
la licencia del anacronismo: “Estas páginas están llenas de anacronis- Sarmiento –su primer crítico y uno de los más lúcidos– en su artículo
mos: se incurre en ellos porque a veces un hecho mental viene a ser de El Nacional del 25 de junio de 1878, en el mejor tono de parodia a la
confirmado por una idea de actualidad. Boris escribió a larga distancia ironía wildeana, celebra el descubrimiento de Tiempo perdido en Chi-
de su infancia el relato de la corta vida y la temprana muerte de un niño. le y condena el hecho de que haya pasado desapercibido en Argentina
Lo escribió para probar a los mentecatos que sabía sentir: ellos lo igno- (donde había sido editado ese mismo año). Llama la atención sobre la
raban. El cuento publicado fue decisivo: nadie pudo leerlo sin llorar y lo novedad de este libro pero cae en la trampa del autor: “¡Lean al Dr. Wil-
peor del caso es que el mismo autor, al corregir sus páginas, dejaba caer de cuando no se propone decir nada! ¡Es entonces cuando se le toma
en ellas gruesas lágrimas”.26 La presencia de “Tini” en Aguas Abajo, el
modo en que se superponen diferentes etapas de la vida de Boris y en
27.Todas las antologías de la obra de Wilde, desde la primera a la última, suponen para
estos textos un lector escolar al que se debe ofrecer solamente lecturas edificantes. Ningún
25. Eduardo Wilde, Prometeo y Cía., op.cit. párrafo de Wilde tiene esta “cualidad” y es sorprendente la insistencia en mutilarlo o
26. Eduardo Wilde, Aguas Abajo, Buenos Aires, Imprenta Belmonte, 1914. parafrasearlo para agilizar su circulación.

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sustancia!”. Sarmiento sugiere que el libro de Wilde debe “leerse a tragos” de la obra autobiográfica de Wilde de la misma Sylvia Molloy para en-
como el curaçao, después del café de Yungas.28 Y aunque la convoca- contrar lecturas que pongan el centro no sólo en la originalidad de la
toria suene brillante: “si alguna vez tiene tiempo que perder, Dr. Wilde, escritura de Wilde sino en su deslumbrante modernidad.32
véngase por acá, y a ratos perdidos, tiéndase a la bartola en esta butaca y Elaborada con pesimismo y nostalgia, con esperanza y tenacidad, co-
déjese ir diciendo tanta palabra inútil, lárguelas como bola perdida, que locando el anacronismo como estrategia de recuperación del pasado, la
no ha de faltar por ahí un ojo tuerto donde calce la pedrada”, la imagen paradoja como señal del presente y la ensoñación como deseo del futuro,
del escritor tendido en la bartola tirando bolas perdidas lo convierte en y por ese modo de ser fuera de su tiempo, de ser radicalmente moderna,
un francotirador aficionado que finalmente escribe para los postres.29 la obra de Wilde logra ser a la vez “eternamente nueva y original”.
Ricardo Rojas lo incluye en Los fragmentarios y propone una reor-
ganización de su obra en tres volúmenes, uno autobiográfico, otro de
crónicas y otro de relatos de viaje. Aunque Rojas advierte la fuerte singu-
laridad de la escritura de Wilde, no deja de lamentar la ausencia de com-
pletud de sus páginas sueltas. Borges, que publica un prólogo a su edi-
ción de Páginas muertas30 –que luego incluirá bajo el título de “Eduardo
Wilde” en El idioma de los argentinos– reitera el malentendido: después
de una enumeración de su multiplicidad casi inagotable y de anotar las
condecoraciones y premios que recibiera, escribe: “Insisto adrede sobre
estas aparentes farolerías para evidenciar qué clase de hombre fue Eduar-
do Wilde. Hay escritores soslayados y chúcaros (Swinburne, Evaristo Ca-
rriego, Rafael Cansinos Assens) cuya total aventura humana es la de su
obra; hay otros de vida cargada, cuya escritura es apenas un rato largo, un
episodio de sus pobladísimos días. Wilde fue uno de ellos”.31
Hay que esperar al artículo pionero de Sylvia Molloy en 1974, luego
el iluminador ensayo de Pezzoni y luego, nuevamente, el agudo análisis

28. “Qué me hace usted con hombres como Mitre, Sarmiento, Tejedor, Carriles, parado el
uno, hirviente el otro, erizado el otro, y si vamos a la prensa, la prensa genuina, bien, bien,
bien. Lea usted al dr. Wilde y hágale poner lindas tapas al libro. Éste no se lee de un golpe,
no, a tragos como el curaçao, después del café de Yungas. ¿Quieren mis lectores que les
diga lo que el libro contiene? ¡Pues no faltaría más! ¿Acaso tenemos nosotros tiempo que
perder?” (Domingo F. Sarmiento, “Tiempo perdido de E. Wilde”, El Nacional, 25 de junio
de 1878). 32. Ver Sylvia Molloy, “Lectura de Eduardo Wilde”, op.cit. y “Dissecting Autobiography:
29.Ibid. The Strange Case of Dr. Wilde”, JILS, 1989; y Enrique Pezzoni. “Eduardo Wilde: lo natural
30. Jorge Luis Borges, “Estudio epílogo para la edición de Páginas muertas”, Buenos como distancia”, en Gustavo Ferrari y Ezequiel Gallo (comp.), La Argentina del ochenta
Aires, Minerva, c. 1927; incluído después en El idioma de los argentinos, Buenos Aires, al Centenario, Buenos Aires, Sudamericana, 1980. Ver también Susana Zanetti, “La prosa
Glaizer, 1928. ligera y la ironía. Cané y Wilde”, en Historia de la Literatura Argentina, Buenos Aires,
31.Ibid. Centro Editor de América Latina, 1976.

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Dobleces
A Claudia Román

Quien os ofreció a mí, juiciosamente ofreció un pájaro a un niño afligido.


Baudri de Bourgueil, siglo XI, poema a sus tabletas de cera.

En su libro Inscribir y borrar, Roger Chartier se ocupa del intersticio


casi mágico entre la obra y su soporte.1 Resumo brevemente su apasio-
nante tesis central: Entre el temor a la pérdida de la memoria individual
y social y el riesgo del exceso, de la proliferación de los textos que la con-
tuvieran, los letrados de la primera modernidad enfrentaron la siem-
pre problemática relación entre el recuerdo del pasado y la angustia del
porvenir con un doble movimiento: por un lado, fijaron en materiales
diversos el trazo leve o intenso de la experiencia y, por el otro, borraron
todo aquello que de un modo vago y confuso, suponían prescindible.
Las dos decisiones, envueltas inevitablemente en sentimientos des-
garrantes de temor y de culpa se convirtieron en gestos precisos: ins-
cribir y borrar, salvar y abandonar, rescatar y perder. Chartier ilumi-
na así pequeñas historias que brillan con una luz inesperada. Insertos
en la trama de la sociología de los textos –una disciplina que vincula
y relaciona el análisis de las significaciones simbólicas con las formas
materiales que las transmiten–­estos relatos fulgurantes alumbran el ins-
tante en que hombres y mujeres, en diferentes circunstancias históricas
y sociales, enfrentaron el dilema de fijar la traza de su experiencia o
permitir que el olvido se hiciera cargo de lo que su desidia o su concien-
cia dejaban de lado. Estas narraciones de Chartier aíslan, con precisión
y delicadeza de artesano, el momento en que un conjunto de autores,
elegidos por imposición de temas y lecturas, sin responder a un orden
sistemático, hacen literatura con la materialidad de los soportes de la

1. Roger Chartier, Inscribir y borrar: cultura escrita y literatura: siglos XI–XVIII, Buenos
Aires, Katz, 2006.

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escritura o convierten en narraciones ficcionales los procesos de edición Barco y Tomatis son protagonistas sesgados de una forma literaria, la
e impresión de sus propias obras. novela de formación cuyos héroes viven la normalidad como aventura.
La literatura de Saer expresa estos dilemas antiguos en nuevos tér- La aventura se sostiene en el verosímil que funciona como el elemento
minos y los convierte así en dilemas contemporáneos o en universales tranquilizador porque la aventura se desarrolla en el espacio cercano:
según se quiera. La reiterada representación de la relación entre el texto en Saer lo lejano siempre funciona como amenaza.3 Estar fuera es un
y su soporte en imágenes del sueño y la vigilia es una verdadera marca modo complicado e insólito de estar dentro, diría Simmel. Y también: la
de su estilo. Para intentar mostrar algo que parece evidente pero que aventura no tiene pasado ni futuro, sólo presente.
oculta, como siempre en Saer, otros lugares desde donde relatar lo mis- Tomatis acaba de aprobar Geometría, una materia faltante, un so-
mo, practicaré, literalmente, la glosa de un texto que me resultó siempre brante de la escuela secundaria. (La materia que faltaba –y que ahora ha
lleno de misterios en su aparente sencillez. aprobado– representa la escuela. La escuela siempre opuesta a la novela,
no hay aventuras escolares en Saer como no hay aventuras escolares en
“En la costra reseca” es un brevísimo y osado relato de aprendizaje el romance de formación). Y es el haber aprobado esta materia, el haber
que toma cada uno de los tópicos del que se fue convirtiendo en género dejado atrás la escuela, lo que le permite el pasaje a otra etapa, todavía
central de la cultura occidental para contradecirlos y afirmarlos al mis- incierta, pero que ya no sostiene cargas de deudas escolares. En ese pre-
mo tiempo.2 En este cuento Barco y Tomatis viven en la adolescencia, sente, en el que no hay deudas escolares para con los adultos y los adul-
en términos saerianos en la “casa natal”, es decir, viven en ese momento tos premian esta falta de deudas con la mejor de las disposiciones hacia
en que “juntos, años atrás, al comienzo, recorríamos la ciudad”, el mo- el joven (“Tomatis le gritó a su madre desde la ventana que le preparara
mento anterior al de “la dispersión”. Barco y Tomatis están en el espacio una sangría porque en su casa había inclinación a darle todos los gustos
y el tiempo de la verdadera utopía saeriana: son dos jóvenes que dis- desde el día anterior en que, con el examen de geometría, había termi-
frutan de sus ocurrencias, de sus planes insólitos como sólo se puede nado su bachillerato”) están instalados los personajes, despreocupados
disfrutar en ese umbral en el que todavía no tienen necesidad de hacer por la hora, por el calor, por nada que no sea el futuro inmediatísimo,
la siesta (el chistido desesperado del padre de Tomatis que intenta hacer reunidos para llevar a cabo el llamado “plan del mensaje” que Tomatis
callar la conversación exultante de los muchachos para poder dormir, ha concebido el día anterior mientras hace tiempo para renovar su car-
dormir al fin, marca precisamente, el límite del mundo adulto, el mun- net de socio del Club de Regatas; es decir, mientras gestiona su posibili-
do del trabajo y de la necesidad de reposo); están, en fin, en ese umbral dad de usar el río, los botes, los remos.4 El plan del mensaje consiste en
en el que la siesta sigue siendo el momento adecuado para imaginar reiterar ese gesto antiguo: encerrar el mensaje en una botella lacrada y
aventuras o proponerse pensamientos aventurados como por ejemplo enterrarla a una profundidad suficiente como para que permanezca un
proyectar excursiones al mundo exterior aunque las salidas estén recor- tiempo que podría medirse en siglos.
tadas en el paisaje de lo cercano, de lo conocido. Durante más de dos horas los personajes discuten, primero, la forma
Héroes provincianos, héroes cuyo vagabundeo se extenderá en el del mensaje: descartan por ejemplo la posibilidad de que pudiera estar
tiempo y en las horas pero no avanzará hacia espacios desconocidos,

3. Esta amenaza puede ser sólo simbólicamente lejana como sucede con el Episodio del
2. Saer, Juan José, “En la costra reseca” en La mayor, Barcelona, Planeta, 1976, pp. 197- Matemático en Glosa: el poeta consagrado de Buenos Aires puede producir una devastación
204. Todas las citas corresponderán a esta edición. Para definir la novela de aprendizaje involuntaria pero irremediable en su corresponsal provinciano.
sigo las líneas trazadas por Franco Moretti en The way of the world. The Bildungsroman in 4. Los clubes de regatas eran relativamente populares en las ciudades de la costa del Paraná.
European Culture, London, Verso, 1987. Casi no organizaban regatas pero permitían el “acceso al río” con la vigilancia adecuada.
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escrito en verso, como un poema. Pero sobre todo, discuten su conteni- dispuestos a escribir mensajes. La aporía los coloca en un lugar de privi-
do hipotético. Una reseña de la historia de la ciudad, un catálogo de los legio que solamente ellos comparten. El entierro de la botella mantiene
inventos de la época, una síntesis biográfica de Tomatis y Barco (que a algo de los gestos históricos fundacionales y la vez convocantes en la
esa altura tienen 17 años) o una descripción errónea del cuerpo humano historia del Río de la Plata.5
que ponga en duda la teoría de la evolución son algunas de las opciones Barco y Tomatis fundan acá un cierto acuerdo o pacto sobre el len-
que los amigos, divertidos, dejan caer en el silencio de la tarde hasta que, guaje, el sentido y el mundo que está en el centro mismo de la aventu-
abruptamente, Barco interrumpe el flujo de propuestas y de risas. ra. Tomatis será el encargado de “redactar el texto” en virtud de que se
vislumbra (o Barco puede vislumbrar irónicamente), que, de los dos,
Entonces Barco dijo que la inclinación al humor siempre será el que, alguna vez, en un futuro incierto, se convertirá “en escritor
echaba todo a perder y que, al fin de cuentas, el contenido de profesión”. La escritura como profesión; la profesión, algo que todo
del mensaje no importaba, que lo fundamental era el men- adulto debería poseer, algo a lo que todo joven debería aspirar en el
saje mismo, porque lo importante de un mensaje no era lo mundo pequeñoburgués del que forman parte y del que, a la vez se dis-
que decía sino su facultad de revelar que había hombres tancian.
dispuestos a escribir mensajes. Dijo que si un mensaje le
daba tanta importancia al contenido no era en realidad un Así que Tomatis separó una hoja blanca, la colocó sobre la
mensaje sino una simple información. “Lo mejor que puede mesa bajo la luz de la lámpara, limpió la pluma de su lapi-
decir un mensaje”, dijo Barco, “es justamente mensaje. Por cera, la probó en el margen de su cuaderno de geometría y
lo tanto, aún cuando todo pareciera indicar que debiéra- después, lentamente, con gran cuidado, sintiendo la mirada
mos escribir ¡Socorro!, propongo que escribamos Esto es un de Barco, por encima de su hombro, fija en la mano firme
mensaje o lisa y llanamente mensaje. que sostenía la lapicera, fue escribiendo en grandes letras
de imprenta, negras, la palabra: MENSAJE; y a medida que
Es ese el momento en que el relato integra a lo cotidiano, un rasgo la mano iba moviéndose, de izquierda a derecha, la hoja
definitorio de sus personajes: ambos aspiran a convertirse en intelectua- blanca, rectangular, salía de la blancura extrema, indife-
les y por eso los dos pueden acordar en el hecho de que “lo importante renciada, del limbo, del horizonte plano y anónimo, sacada
de un mensaje no era lo que decía sino su facultad de revelar que había al azar por una mano ciega de entre el montón de hojas
hombres dispuestos a escribir mensajes”. idénticas que yacían polvorientas y mudas en el cajón del
“Esto es un mensaje” o mejor aún, “mensaje” en lugar de “so- escritorio, hasta que la palabra estuvo toda escrita, nítida y
corro” –la socorrida frase que se supone llevan las botellas al mar–, los pareja, y la identidad de la hoja se borró otra vez, comida
coloca en una suerte de limbo filosófico y lingüístico que los hace sen- por la titilación del oscuro mensaje.
tirse ligeramente superiores a los que antes que ellos enviaron mensajes
con contenido, los hace sentirse inteligentes y, por lo tanto, adultos; no
son dos náufragos (aunque durante varias horas actúan como si lo fue- 5. Al despoblar Buenos Aires para instalarse en Asunción, Irala encerró en botellas
ran) porque prescinden de cualquier compañía que desvíe su propósito hundidas bajo tierra mensajes para posibles viajeros que llegaran a esa costa ofreciendo en
Asunción abundancia de mujeres guaraníes para el trabajo y el servicio sexual. En Lafuente
y no lo son porque no quieren establecer contacto sino imaginar que Machain, El gobernador Domingo Martínez de Irala, Buenos Aires, Editorial La Facultad,
hay y habrá hombres capaces de entender que existieron otros hombres 1939, p. 386.

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Cronológicamente, es decir si ponemos en orden cronológico las vi- Después se sentaron a la sombra y Barco dobló cuidadosa-
das de los personajes saerianos, esta será la primera vez que Tomatis mente la hoja de papel, la introdujo por el pico de la botella,
escriba ceremoniosamente sobre una hoja de papel blanco. (La palabra puso el corcho golpeándolo con la palma de la mano has-
“mensaje” es el primer texto de Tomatis escrito a los 17 años, más o ta hundirlo lo suficiente, y enseguida preparó el lacre y los
menos a la misma edad en la que Saer publica su primer poema en un fósforos”. (...) “Gastó muchos fósforos antes de terminar y
diario de Santa Fe). Y aunque lo que se escribe sea una sola palabra, esa la mirada de Tomatis iba alternativamente de la llama en la
palabra escrita, “nítida y pareja”, produce un cambio fundamental en la que la barra de lacre se sumía (....) al interior de la botella
hoja blanca: borra su identidad, la hace salir de su blancura extrema, en el que podía ver, a través del vidrio verde, la hoja doblada
indiferenciada, una identidad, una blancura “comida (literalmente, ab- muchas veces hasta adquirir la forma de una cinta rígida,
sorbida) por la titilación del oscuro mensaje”. Tan importante como la una de cuyas puntas se apoyaba en la base de la botella y
palabra MENSAJE escrita con cuidado y dedicación casi sacramental, es la otra en la pared verde, en posición oblicua. Aun cuando
el hecho de que la hoja de papel ha dejado por siempre de ser ella misma Barco moviese la botella, la hoja de papel quedaba inmóvil.
en su identidad blanca y pareja, para convertirse en mero soporte de la
escritura. Lo más importante es la mano ciega manchando para siempre La palabra mensaje ha desaparecido entre los dobleces y ahora es
la virginidad del papel. Lo más importante es la fundación de cierto de nuevo la hoja, doblada muchas veces hasta adquirir la forma de una
acuerdo sobre el lenguaje, el sentido y el mundo que los lectores desean, cinta rígida, la que se deja ver, en el interior transparente de la botella, la
también, compartir. hoja que, al dejarse ver, única, en su blancura, recupera toda su poten-
cia, toda su identidad.
Barco y Tomatis refutan el gesto de Bartleby, aunque parecerían rei- Los personajes apenas conversan. Están absortos en la operación de
terarlo: cuando deciden (prefieren) no escribir un mensaje, también de- dejar caer la botella y tapar el agujero con paladas de tierra. Barco dice
ciden (prefieren) escribir la palabra “mensaje” sobre un papel en blanco, como si no se dirigiera a nadie: “Si esta noche llega a llover, mañana no
convertir la escritura en un acto. Esta palabra que equivale, solitaria, a va a quedar rastro de la tierra removida”. Y llovió, responde el narrador,
la negación del mensaje mismo está en el origen del acto literario en ubicado ahora junto a Tomatis que, ya de vuelta, acostado en la oscu-
Saer. Pero en ese origen está también el papel blanco que ha dejado de ridad de su pieza en la terraza escucha el golpeteo de la lluvia sobre el
serlo para contener la palabra. El relato describe una serie de acciones techo.
posteriores: la cita a la mañana siguiente, el viaje en colectivo hasta el Antes, todavía en la isla y después de la ceremonia del entierro, co-
Club de Regatas, el movimiento de los remos en una canoa que los lleva men, se dan un chapuzón, reman de vuelta, llegan a la costa enredados
hasta la isla que parece desierta y en la que se internan con pala y bolsa en una nube de mosquitos, (el uso del verbo enredar sugiere que en
de lona. El vagabundeo moroso de los amigos hasta posarse en el único esa costa hay más de tres mosquitos) toman el tranvía, Tomatis se da
obstáculo de la aventura: la costra reseca donde pretenden enterrar la una ducha fría se acuesta y se duerme. El olor de la lluvia lo despierta y
botella es un círculo extraño, vacío, formado por árboles irrisorios, que piensa en el destino del mensaje. No piensa en un destino fijo, sino en la
se resiste a ser hendida, se resiste a dejar de ser costra reseca, la pala re- contingencia en el sentido en que la palabra contingencia tiene en Saer,
bota una y otra vez, hasta que la descascaran, hasta que logran también, la contingencia no en el sentido de lo perecedero, sino en el de aquello
allí, producir una hendidura profunda. que puede suceder o no, o de aquello que puede suceder mientras suce-
de lo contrario, o aquello que significa, a la vez, una cosa y su contrario

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del mismo modo que la palabra “Glosa”, puede ser a la vez el lenguaje uno de esos días en que “las crecidas de amenazas lo visitan y lo cubren
oscuro y su explicación o iluminación, según la definición de Coromi- y las cosas naufragan en las crecidas”. El día del encuentro con Leto y
nas que Saer anota en los márgenes del texto. el Matemático es uno de esos días en los que Tomatis espera recibir un
golpe sin saber bien de dónde ni por qué, y el narrador lo describe desa-
Así Tomatis piensa: porque podía pasar que, o bien quienes liñado, con aspecto de no haberse bañado ni afeitado, ensimismado, for-
lo encontraran hablasen ya un idioma diferente o el mismo mulándose interiormente la famosa frase que no se anima a completar:
idioma conocido en el que, no obstante, la palabra mensaje
tuviera ya un significado diferente (incluso el sentido de in- Si de todos modos voy a… y el universo entero, tarde o
formación que habían tratado de quitarle) o bien que nadie temprano también va a... para qué diablos darse una ducha
encontrara jamás la botella, o bien que se borrara la raza de y cambiarse el pantalón, piensa, con estremecimientos mi-
los hombres y la botella quedara enterrada en el interior de núsculos y depresivos, más que con imágenes claras o pala-
un planeta vacío. bras, abandonándose, entre uñas negras y pies mal lavados
a una descomposición anticipada.
Pero antes de volver a domirse Tomatis considera otra posibilidad
que tiene una consecuencia melancólica para el final de la aventura: Tomatis adulto, que sabe que todavía no se ha convertido y segura-
mente nunca se convertirá en un escritor de profesión, sino que más
que aun cuando hombres capaces de comprenderlo encon- bien sabe que es visto “como una de esas putas baratas que el vulgo co-
traran el mensaje, ellos, Barco y Tomatis, no estarían en noce con el nombre de periodistas”, encara el encuentro inesperado con
él, así como no estaban tampoco las orillas que cabrillea- un cambio brusco de ánimo y cae, ante la mirada asombrada de sus dos
ban, los sacudones lentos de la canoa a cada golpe firme amigos, en una especie de euforia dicharachera de rápidas y brillantes
del remo, el bar iluminado que divisaron desde el muelle, respuestas que no impiden, sin embargo, que se filtre la famosa frase “
engastado en la oscuridad azul, y el olor de la lluvia fría si de todos modos yo voy …. Y el universo entero va a…” (lo que no se
que entraba por la ventana, de a ráfagas, en ese mismo mo- dice en las frases inconclusas es lo inequívoco en Saer). De golpe esta
mento. euforia se convierte en estallido de furia cuando escucha, en boca del
Matemático, la palabra “científicos”: la furia lo convierte en una especie
El mensaje sería incapaz de transmitir lo que ellos percibieron como de loco gritando en la calle contra las formas certeras con que la ciencia
colores, olores, fragancias, mientras que el relato de Saer sí puede hacer- etiqueta las cosas del mundo. Este hombre que gesticula y sobre todo
lo mientras lo niega. De todas las posibilidades para el destino del men- grita sin control es una suerte de parodia de sí mismo, siempre conte-
saje que aparecen en el relato de iniciación, la novela Glosa6 elige una nido y siempre cortante en sus respuestas y preguntas. En medio de esa
que, muchos años después ratificará la fuerza magnética de los doble- furia eufórica surge un momento de risa, algo que el narrador llama un
ces del papel que soporta la escritura. Cuando el personaje de Tomatis impulso de buen humor, durante el cual Tomatis, respondiendo al pedi-
irrumpe en el trayecto de Leto y el Matemático, Tomatis se encuentra en do del Matemático de entregar el comunicado del Centro de Ingeniería
en el diario, contesta irónicamente: “yo también escribí un comunica-
do esta mañana”. Es decir, en medio de la amenaza de la amenaza, en
6. Saer, Juan José, Glosa, Buenos Aires, Alianza Editorial, 1986. Todas las citas
corresponden a esta edición. medio de la lucha entre dejarse atrapar por completar la frase con el

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acto o mantenerse a flote, ha escrito este poema que habla de su propio El Matemático toma infinitas precauciones, por miedo de
desdoblamiento, de su propia doble muerte. Mientras Tomatis lo lee en que los dobleces, ya rasgados en parte, se separen por com-
voz alta, con voz austera y lapidaria, el poema es, todavía, “un fragmento pleto. Pero el Matemático ni siquiera lee los cinco versos
sonoro de esencia paradójica, como se dice ¿no? que, al mismo tiempo mecanografiados– se limita a recorrerlos con la mirada, ya
pertenece y no pertenece al universo físico” pero se convierte rápida- que la hoja, después de tantos años y de tanto ser transpor-
mente en manuscrito, en un trozo de papel doblado y vuelto a doblar, tada por pura costumbre de una billetera a otra, de un saco
que se ofrece al amigo con gesto desdeñoso. El gesto desprendido de a otro, de un continente a otro, ha perdido ya su carácter de
Tomatis (se desprende de un original del que no tiene copia y que acaba mensaje para volverse objeto y sobre todo, reliquia, a caba-
de escribir) y su buen humor en el momento de la entrega contrastan llo entre su presencia material y, como quien dice, el gran
con lo que la quintilla dice: “En uno que se moría/mi propia muerte fondo de olvido que tarde o temprano dará cuenta de ella.
no vi/ pero en fiebre y geometría/se me fue pasando al día/ y ahora me
velan a mí”. La quintilla, sonoridad efímera primero, poema escrito so- El poema y la hoja del poema como talismán, porque el Matemático
bre un papel cuyo valor monetario -según la ironía del Matemático- se confiesa que nunca se ha animado a desprenderse de ella: “Con el mun-
acrecentará con el tiempo, sugiere la llegada de la muerte para el suje- do a salvo en un compartimento de su billetera se podía pensar mejor,
to del poema quien, absorto en la contemplación de otra muerte, la de se dijo mientras volvía guardarla cuidadosamente”.
su condición de escritor, no ha advertido que le ha llegado, finalmente,
como diría el narrador, ¿no? su hora. Poema escrito bajo la crecida de la La historia y las peripecias de la hoja doblada en cuatro es el relato
amenaza (desprenderse del poema significa también intentar conjurar- de un triunfo: la hoja ha vencido al mensaje, y se convierte en un objeto
la, alejarla, ponerla en otras manos) el Matemático recibe el papel con el con poderes de servidumbre sobre quien lo posee. El Matemático, que
poema, lo dobla en cuatro y lo mete en su bolsillo sin sospechar siquiera ya ha intentado desprenderse una vez de la hoja, vuelve a intentarlo: la
que el poema nacido de “la amenaza” como las sensaciones vinculadas a saca de la billetera, sopesa meterla en un cajón, piensa que es mejor en
“el Episodio” lo acompañarán durante toda su vida. vez de esconderla “dejarla un tiempo con naturalidad, sobre la mesa
como hubiese hecho con un objeto cualquiera” y se sienta a leer y lee
Unos años más y esto vale millones– dice el Matemático, hasta la noche y cuando se da cuenta de que oscurece alza la cabeza y ve
echándole una mirada admirativa a los versos mecanogra- el rectángulo de papel blanco bien nítido sobre la mesa y el Matemático,
fiados en el centro de la hoja y metiéndose la hoja en el a la luz de la lámpara, percibe que “ese papel sobre la mesa irradiaba
bolsillo después de darle un beso ostentoso y de doblarla peligro, que la hoja plegada en cuatro estaba en relación secreta con
en cuatro con cuidado y facilidad siguiendo los dobleces fragmentos heterogéneos del universo y que, si él quería preservarlos
previos hechos por Tomatis. de la destrucción, no debía desprenderse de ella de ninguna manera”. El
matemático se ríe de sí mismo, pero cuando va a escapar ve las radiacio-
Décadas después, a bordo de un avión que viene de París y que em- nes de la hoja, “el rectángulo blanco que reverberaba en la luz cruda, el
pieza a descender en el aeropuerto de Estocolmo, el Matemático saca su rectángulo blanco del que dependían, inermes y anónimas, pero ya uni-
billetera del bolsillo y vuelve a extender en la mesita plegable del avión dos a él por vínculos secretos, fragmentos del mundo exterior, personas
la hoja amarillenta, doblada en cuatro que Tomatis le regalara en esa quizás, procesos, cosas, no sabía, algo que él, con una decisión tan ba-
mañana del pasado. Cito el texto: nal en apariencia no podía contribuir a exterminar”. Sale, da un paseo,

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vuelve y coloca de nuevo el papel en su billetera. Dieciocho años más
tarde, continúa el relato, todavía llevaba la hoja doblada en cuatro en un
compartimiento de su billetera y aunque conocía los versos de memoria
la volvía a sacar de vez en cuando, como en esa mesita del avión en vuelo
de París a Estocolmo.
El Matemático, como los letrados cuyas obras analiza Chartier, entre
la angustia de la pérdida de los fragmentos del mundo exterior que la
hoja de papel unía como soporte, y la angustia que le produce su depen-
dencia irracional del rectángulo blanco y ya casi transparente, decide
conservarlo, salvarlo de la destrucción, simplemente para, al menos, po-
der pensar. El mensaje de Tomatis encuentra, así, no un lector, porque
el Matemático ya ni siquiera lee el poema cuando despliega el papel,
sino un destinatario, alguien que sabe que se trata de un mensaje sin
importar lo que el mensaje diga. Si hay alguna esperanza en la literatura
de Saer es, simplemente, la posibilidad de ese encuentro.

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Fuentes de los artículos que conforman este volumen

1. “Victoria Ocampo: escritura y política”.


Publicado como Islas de la memoria, Buenos Aires, Cuenca del Plata,
1996.

2. "La caja de sorpresas. Notas sobre biografía y autobiografía en Juana


Manuela Gorriti"
Publicado en El ajuar de la patria: Ensayos críticos sobre Juana Manuela
Gorriti, Buenos Aires, Feminaria Editora, 1993.

3. “Juana Manuela Gorriti: la escritora del destierro”


Publicado en Mujeres argentinas, Buenos Aires, Alfaguara, 1998.

4. "Contingencias de la intimidad. Reconstrucción epistolar de la familia


del exilio"
Publicado en Devoto, F. y Madero, M. (eds.), Historia de la vida privada
en la Argentina. Vol I, Buenos Aires, Taurus Alfaguara, 1999.

5. “Matronas comentadoras y doñas escribinistas: la disputa por la


inclusión de las mujeres en la segunda década del proceso revolucionario
en el Río de la Plata”
Publicado en Catarulla, Camilla e Ilaria Magnani (comp.), Escrituras y
reescrituras de la independencia, Buenos Aires, Corregidor, 2012.

6. “Echeverría: la patria literaria”


Publicado en Iglesia, Cristina y El Jaber, Loreley (dir.), Una patria litera-
ria, Vol I de la Historia crítica de la literatura argentina (Noé Jitrik, dir.
gral.), Buenos Aires, Emecé, 2014.

7. “El escritor americano”


Publicado en Julio Premat (ed.),Figures d´auteur, Cahiers de LI.RI.
CO., Université de Paris 8 Vincennes, Saint Denis, diciembre 2005.

8. “La marca de Fourier: Sarmiento y Fourier, lecturas de viaje”

...................
293
Publicado en Roberto Jacoby (comp.), Índice
Jornadas Fourier, Buenos Aires, Libros del Rojas, 2006.

9. “Secretarios de la pampa. Apuntes sobre la figura del secretario letra


do del caudillo gaucho”
Publicado en Batticuore, G., El Jaber, L. y A. Laera (comps.), Fronte
ras escritas. Cruces, desvíos y pasajes en la literatura argentina, Ro
sario, Beatriz Viterbo, 2008. Prólogo por Silvia Molloy................................................................................................ 5

10. “París-Copiapó: la ruta de la escritura. Notas sobre Viajes de Sar Nota de la autora.............................................................................................................. 9
miento”
Publicado en AMÉRICA. Cahiers du CRICCAL, Voyages et fondations Victoria Ocampo: escritura y política..........................................................................17
(2ème série), núm. 36, Presses de la Sorbonne Nouvelle, Paris, 2007. La caja de sorpresas. Notas sobre biografía y autobiografía en
Juana Manuela Gorriti...................................................................................................51
11. “Mansilla, la aventura del relato” Juana Manuela Gorriti: la escritora del destierro ......................................................67
Publicado en Schvartzman, Julio (dir.), La lucha de los lenguajes, Vol. Contingencias de la intimidad: reconstrucción epistolar
de la familia del exilio rosista........................................................................................79
II de la Historia crítica de la literatura argentina (Noé Jitrik, dir. gral.), Matronas comentadoras y doñas escribinistas: la disputa
Buenos Aires, Emecé, 2010. por la inclusión de las mujeres en la segunda década
del proceso revolucionario en el Río de la Plata.......................................................101
12. El lector ante el umbral de la experiencia: los viajes a Oriente de Echeverría: la patria literaria.......................................................................................121
Mansilla. El escritor americano...................................................................................................161
Lecturas de viaje. Sarmiento y Fourier entre Europa y América ..........................165
Inédito.
Secretarios de la pampa. Apuntes sobre la figura
del secretario letrado del caudillo gaucho.................................................................181
13. “Mansilla, el tesoro de las doscientas mil líneas” París-Copiapó: la ruta de la escritura. Notas sobre viajes de Sarmiento...............197
Publicado en A Contracorriente. A journal on social, history and Mansilla, la aventura del relato...................................................................................209
literacy in Latin America, Vol. VII, núm. 1, 2009. El lector ante el umbral de la experiencia: los viajes a Oriente de Mansilla ........235
Mansilla, el tesoro de las doscientas mil líneas.........................................................243
Eduardo Wilde: la literatura como autopsia del sentimiento.................................251
14. “Eduardo Wilde: la literatura como autopsia del sentimiento”
Publicado en Laera, Alejandra (dir.), El brote de los géneros, Vol. III
de la Historia crítica de la literatura argentina (Noé Jitrik, dir. gral.), Dobleces.........................................................................................................................279
Buenos Aires, Emecé, 2010.
Fuentes de los artículos que conforman este volumen............................................293
15. “Dobleces”
Publicado en Mariana Di Ció y Valentina Litvan (eds.), Juan José
Saer: archivos, memoria, crítica, Cuadernos LIRICO, núm. 6,
Nueva época, París, enero 2012.
...................
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Impreso por Tecno Offset
Araujo 3293
en abril de 2018