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sintesis del libro filosofia de las ciencias para

crear conocimientos
06.02.2011 22:10

FILOSOFÍA DE LAS CIENCIAS

Para la Creación de Conocimientos

Dr. Víctor Baltodano A.

En este libro señalo que, aun cuando en el desarrollo de las ciencias y las técnicas se ha llegado a

la robótica, la nanociencia y la informática mundializadas, no se han resuelto los problemas

centrales de los pueblos como son: la autodestrución del ecosistema y la explotación del hombre por

el hombre que lleva a la dependencia de unos pueblos frente a otros. Esto exige la necesidad

histórica de buscar otros caminos en las ciencias como lo señala el premio nobel Ilia Prigogine, entre

otros. Ante esto, planteo y sustento la teoría conformacional de la filosofía y del conocimiento como

componente del nuevo horizonte de las ciencias, en la perspectiva de impulsar la creación de

conocimientos para crear las formas de organización social, modelos culturales y de producción de

bienes que lleven al desarrollo integral de los pueblos desarrollados y que se supere la situación de

pobreza y atraso de los dependientes.

Para ello señalo la necesidad de romper y superar la estructura conceptual tradicional ontológica

confusionista que principalmente tienen los países atrasados y dependientes, pues ello, está

impidiendo el desarrollo de las cualidades y capacidades de acción, afectividades, voluntades e

intelectos y racionalidad de nuestros pobladores.

Es conocido que en Europa del siglo XIV se superaron los planteamientos sobre naturaleza y mundo

en sí preestablecidos, porque el desarrollo de la vida y la producción de objetos: máquinas

mecánicas y carreteras para el comercio los llevó a usar como lo principal a los conocimientos

realizativos y la lógica racional con entendimiento coherente. En este avance Francisco Bacón,

afirma: conocer es poder; Leonardo Da Vinci, ideo y conceptuó al mundo y al hombre como una

máquina, Descartes señalo: porque pienso puedo decir que existo, y todo conocimiento debe ser

repensado para sistematizarlo de nuevo. En este contexto se dio la lucha a muerte entre la filosofía

perennis de ambivalencias frente a las emergentes ciencias modernas, por eso Giordano Bruno,

Miguel de Servet, entre otros, fueron asesinados.

Ante el desarrollo de la producción y el conocimiento cada vez más técnico y científico se entra a

esclarecer el proceso del conocimiento así, el supuesto empirista David Hume afirma: ante la

impresión la mente hace la idea; Kant, buscó unir empiria e idea; Hegel, todo lo real es ideal y todo

lo ideal es real. Marx, el conocimiento es el reflejo. Pero es el positivista Augusto Comte quien
deslinda señalando que el conocimiento surge cómo una unidad de concepto y acción en la

experimentación.

Las invenciones actuales electromagnéticas de no equilibrio, de la robótica y de la nanociencia

articulada a la informática, determinan que es hora de crear modelos rigurosos para crear y producir,

ya no sirve la discusión sobre sustancias ontológicas, ni verdades absolutas, relativas, o utilitarias,

sino, es hora de crear nuevos conocimientos para nuevas cualidades humanas y nuevos objetos. En

este marco los pueblos atrasados tienen que buscar su propio camino en la ciencia y la técnica

usando en lo posible lo ya producido y más desarrollado.

En este panorama, planteo la teoría conformacional de filosofía de las ciencias, para crear

conocimientos que sirvan para resolver nuestros problemas e impulsar nuestra propia creación

tecnológica y científica con nuevos signos conceptuales, y que contribuya a la conformación y

desarrollo de las cualidades de un hombre y sociedad integrales.

Leer más: https://filosofia-especializada.webnode.es/news/sintesis-del-libro-filosofia-de-las-ciencias-


para-crear-conocimientos/

miércoles, 4 de enero de 2012

ORBIS CONFORMACIONAL BALTODANIANO

NO HAY HECHOS SIN CONCEPTOS


EL ORBIS CONFORMACIONAL BALTODANIANO
Gustavo Flores Quelopana
Miembro de la Sociedad Peruana de Filosofía

Conferencia declamada en el Salón de Grados de la Universidad Nacional de Trujillo el 12 de


Nov. 2010
Señor Rector de la UNT Dr. Orlando Velázquez, Sr. Decano Dr. Felipe Temoche, Sr.
Autor Dr. Víctor Baltodano, Señores Decanos, Señores profesores, Señores
Invitados de Honor, Señores Alumnos, Damas y Caballeros.

INTROITO
El profesor y amigo, Doctor Víctor Baltodano Azabache, me ha requerido para que
en esta solemne ocasión, y dentro de límites de tiempo prudenciales, diga algunas
reflexiones sobre su novedosa y reciente obra publicada Filosofía de las ciencias. Es
para mí una verdadera complacencia y un honor presentar un importante libro, de
tan apreciado amigo, nada menos que en el claustro universitario que encarna los
ideales de libertad e integración continental de su fundador, Don Simón Bolívar.

Pero además esta noble y prócer Casa Superior de Estudios es portadora también
del mensaje transformador y revolucionario de los ideales de justicia social en el
Perú. Basta rememorar los fusilamientos en masa de Chanchan en 1932 en la que
muchos jóvenes universitarios regaron con sus venas su bendito terruño. También
aquí retumbó el 9 de setiembre de 1944, el “Grito de Mansiche” movimiento
estudiantil inscrito en el proceso de Reforma Universitaria iniciada en el Perú en
1919. Imposible sería omitir la figura egregia del filósofo americanista Antenor
Orrego Espinoza, Rector entre 1946 y 1948.

Por estos y otros méritos intrínsecos a esta Alma Mater es ocasión para sentirse
nuevamente orgullosos porque existan personas que no pierden la fe en la fuerza de
las ideas y se yerguen como pensadores fidedignos. Este es el caso nuestro con
Víctor Baltodano. El aspira a la disposición de un nuevo horizonte de las ciencias
proponiendo la “Teoría Conformacional de la Filosofía y del Conocimiento” y todo
ello en vistas de superar nuestro infradesarrollo científico tecnológico y construir
una nueva organización social. Nuevamente el departamento de La Libertad nos
convoca a ser creadores e innovadores en el Perú del siglo XXI.

Y si tuviéramos los peruanos un poco más de pasión por las ideas propias
reconoceríamos en la actualidad que junto a la teoría del pensamiento complejo del
francés Edgar Morín, existe la nueva orientación de la Teoría Conformacional del
Conocimiento de Baltodano. En Lima la Universidad Ricardo Palma ha fundado, en
el Centro Cultural Cori Wasi, el Instituto de Pensamiento Complejo presidido por la
Dra. Teresa Salinas. La UNT, aprovechando que tiene en sus claustros al creador,
debería tomar la iniciativa y fundar, por su parte y sin anatopismos, el Instituto del
Pensamiento Conformacional. Un poco más al norte de esta ciudad primaveral, me
refiero a Lambayeque, la UNPRG acaba de firmar un convenio con el filósofo y
pedagogo cubano Dr. Carlos Álvarez Zayas para publicar sus meritorias obras de
educación e investigación científica. Todo esto está bien, pero nos preguntamos qué
tenemos los peruanos para ser tan obsecuentes con el extranjero y tan cicateros con
el nacional. En un medio donde sobran los profesores y faltan los pensadores,
valdría la pena ser más justicieros y equilibrados en el reconocimiento de los
valores de la cultura nacional, tomando la iniciativa reconociendo los méritos
creadores del profesor Víctor Baltodano. Ese es su desafío Sr. Rector.

Para terminar con estas breves palabras introductorias quisiera añadir dos notas
anecdóticas y una impresión general. La primera es que mi amistad con el autor
surge durante el IX Congreso Nacional de Filosofía, realizado magníficamente en
esta ciudad allá en el año 2003. La segunda anécdota, es que apenas he tenido tres
días para leer “a vuelo de pájaro” las 500 páginas de su texto, y realmente no tenía
cuándo empezar este comentario debido a la densidad y, a la vez, profundidad de su
libro. El tiempo era tan corto y la tarea tan compleja que dudaba culminar la tarea.
Finalmente, la impresión general que me dejó su lectura, y esto no significa que
concuerde plenamente con él, ha sido hondamente estimulante y confirmatoria de
que en el Perú existen filósofos y se hace filosofía de modo creador.

IDEAS CENTRALES
Estemos prevenidos porque antes de señalar su contenido tengamos presente que
Baltodano va a edificar una nueva filosofía. Ahora dirijamos una mirada somera al
sugestivo contenido de la extensa obra dividida en cuatro capítulos y orientada a
fundamentar una filosofía personal denominada Teoría Conformacional del
Conocimiento (TCC). Hay que caer en la cuenta de que el autor se hace una
pregunta como leit motiv que palpita en todo el libro, la cual es: ¿por qué como
pueblo pobre y atrasado carecemos de tecnología y ciencia desarrollada? Claro, la
pregunta puede adoptar diversas formas, por ejemplo: ¿por qué los peruanos
somos emprendedores sin ser innovadores? Como ya se advierte el fondo de la
pregunta es la misma, pues se interroga por una “especie” de condicionante que nos
impide pensar de otra manera. Veamos cuál es ese condicionante.

Desde la Introducción el autor nos previene que con la filosofía de la ciencia se


busca crear conceptos propios para impulsar, en última instancia, un desarrollo
tecnológico científico autónomo. Pero además señala que su orientación debe ser
diferente a la de los países desarrollados que han profundizado la crisis humana.
Pues está convencido que sin repetir lo foráneo ni retrotraernos a la ancestral
tecnología andina se puede lograr una industria nacional competitiva y solucionar
los problemas sociales. La propuesta es la Teoría Conformacional de la filosofía de
la ciencia y el fin es superar la dependencia.
El primer capítulo se aboca a examinar el papel de la filosofía como organizador
conceptual del conocimiento científico. Sobre lo cual afirma que la carencia de
desarrollo tecnológico científico en los pueblos pobres tiene una raíz cultural, esto
es, que el obstáculo es su adhesión a una filosofía de la ciencia de carácter
ontológico empírica, explicacionista y descriptivista, en vez de productiva,
inventora y creadora. Los pueblos dependientes asumen la tendencia ontológica
medieval, ya superada por la modernidad y el capitalismo. Pues preocuparse por lo
“en sí” impide comprender lo concreto, por eso dice que hay que superar el
ontologismo identificacional. No hay realidad “en sí” la realidad también es un
concepto. La mitología metafísica impide el desarrollo científico del Tercer Mundo.

El segundo capítulo aborda la teoría del conocimiento y la filosofía como


estructuradores de la filosofía de las ciencias. El elemento que estructura la filosofía
de la ciencia es el conocimiento creativo. Ahora bien, frente a las limitaciones de los
planteamientos gnoseológicos del positivismo, espiritualismo, estructuralismo,
pragmatismo, posmodernismo y pensamiento complejo existe la necesidad de
formular la Teoría Conformacional del Conocimiento (TCC) para superar los
confusionismo de lo “en sí”. La TCC supera a la vez la metafísica ontológica sensorio
empírica, como también la metafísica teológica. Los pueblos sin tecnología creen en
la “cosa en sí”, los pueblos con tecnología creen que todo es elaboración humana.
Todo es extensión antropomórfica. Pues el conocimiento es expresión lingüístico
pensamental sobre dimensiones humanas. Los tipos de conocimiento serían cuatro:
observacional, realizativo, ordenador y creacional. Comparte la opinión de que la
experiencia está cargada siempre de teoría. Todo es conceptual y operativo en el
conocimiento humano. Y cuatro son sus formas conceptuales: nombradoras,
realizativos, ordenadores y creacionales. La filosofía trata con conceptos
ordenadores para dar sentido y explicar la vida humana. Con esta definición de
filosofía es posible admitir la filosofía no escrita. En suma, en la TCC la explicación
del ser no es ontológica sino conformacional.

El tercer capítulo, el más importante y denso, realiza el proceso de filosofar las


ciencias con conceptos de la Teoría Conformacional del Conocimiento que permiten
superar los dogmas y absolutizaciones con el fin de salir del infradesarrollo
científico tecnológico. Especialmente aquí se plantea la concepción conformacional
de filosofía de la ciencia tras estudiar las diversas concepciones, desarrollo y
situación crítica de los conocimientos científicos. Téngase en cuenta que Baltodano
no pretende quedarse en el enfoque descriptivista y explicacionista de la ciencia ni
en la mera divulgación de lo ya producido. Lo que él pretende es preparar las
cualidades para hacer el razonamiento filosófico riguroso del carácter proposicional
de la ciencia y crear conocimiento científico. Dicho de otra forma, el objetivo de la
ciencia no es la descripción ni la explicación del universo, sino el proponer
“conceptos para producir y crear nuevas y diversas formas de existencia” (p. 230).
El fin supremo es estructurar la vida de los pueblos y seguir produciendo
conocimientos científicos.
En suma, la filosofía de la ciencia es un conocimiento para controlar, direccionar y
usar las fuerzas del cosmos, en vez de hacer reflexiones criteriológicas como lo
plantea Losee o emprender reconceptualizaciones funcionales como propone
Brown. Dicho con más precisión, la filosofía de la ciencia estudia el conocimiento
filosófico con que se elaboran los conocimientos científicos destinados a inventar
objetos o procesos. Por eso, mientras el filósofo maneja conceptos ordenadores
mediante los cuales explica la conformación del hombre y del mundo, el científico
se ayuda del ordenamiento filosófico. La concepción conformacional de la filosofía
de la ciencia atiende, en primer lugar, al proceso de conformación del conocimiento
antes que al producto sistemático del proceso científico resultante. Esto hace que si
hay pueblos que producen ciencia lo hacen porque están estructurados y
organizados sobre la base de las ciencias.

En este sentido, la TCC suscribe la necesidad señalada por B. Russell de organizar la


sociedad científicamente. De otra manera, seguirán habiendo pueblos como los
nuestros que sin producir ciencia viven con los productos de la ciencia. Por ello, la
ciencia no sólo es una nueva forma de conocimiento sino que es una nueva forma
de organización de la vida individual y colectiva. De aquí el autor coincide con el
convencionalismo de Poincaré al considerar que la ley científica no tiene un origen
empírico ni a priori sino convencional, dependiente del arbitrio humano. En otras
palabras, no hay realidad objetiva fuera de los conceptos, incluso la energía, lo
físico, lo causal es una elaboración de los científicos. Las teorías sólo tiene carácter
propositivo y la significación empírica sólo es un criterio para impulsar la acción
productiva. Copérnico, Newton y Einstein ejemplifican cómo creando nuevos
conceptos realizaron nuevos ordenamientos sobre el conocimiento del mundo.

El planteamiento central de la TCC es que ésta se da como un cuerpo conceptual


que se presenta en la sociedad desarrollada de manera simultánea en relación a las
actividades productivas, sociales y culturales. La ciencia no es producida por
ninguna realidad “en sí” sino por la actividad creadora del hombre. Con
Txsapartegui sostendrá que la ciencia construye la realidad de sus propios objetos
mediante las redes epistémicas de los científicos. Los elementos nucleares son las
expresiones lingüístico-pensamentales (nombradores, realizativos, ordenadores y
creacionales). Esto no significa que no existan los objetos y los procesos sino que
éstos están unidos a los conceptos, es más, no hay hechos sin conceptos. De modo
que la ciencia no descubre sino crea nuevas relaciones conceptuales. En la relación
entre las palabras y las cosas se crea en realidad un orbis conformacional sígnico y
de existencias.

El cuarto capítulo final estudia el problema del método, sus bases epistemológicas,
algunas concepciones destacadas (Lakatos, Popper, Maturana, Prigogine) y
concluye formulando los conceptos centrales del método conformacional de la
ciencia. La base de la metodología conformacional es la TCC que parte de los
procesos originarios de la conformación de las expresiones sonoras, los signos, las
palabras, los conceptos, los cuerpos conceptuales, las sistematizaciones y el
desarrollo histórico del conocimiento a través del proceso de creación de todas las
existencias. Este proceso de conformación se da constantemente en las cuatro
dimensiones humanas: acción (bienes), afección (valores), volición (actitudes) e
intelecto (teoría). El valor significativo de los conceptos lo da su conformación,
funcionalidad y eficacia. El método científico es un modelo para producir
conocimientos. En suma, los procesos son convertidos en modelos y los modelos en
métodos. La metodología es constituyente del objeto que se investiga. En última
instancia se trata de crear métodos para reorganizar el desarrollo de nuestra vida
presente, científicamente infradesarrollados, dependientes y pobres.

COMENTARIO FINAL
Concluiré efectuando un comentario final dividido en dos partes, una que atiende a
sus méritos intrínsecos y otro que corresponde a sus aspectos que considero
problemáticos.

Por todo el enjundioso contenido que hemos expuesto se puede afirmar que Víctor
Baltodano es el filósofo de la ciencia actualmente más importante del Perú. Pues en
sus páginas se ha mostrado original, propositivo, lejos de la mera divulgación y
repetición simiesca de libros y autores. Escribe con soltura, haciendo que la
particular jerga epistemológica sea comprensible y accesible. Es más, su férrea
voluntad de unir la teoría con la práctica y contribuir con el desarrollo científico
tecnológico de su patria lo convierte en un intelectual orgánico, un pensador inserto
en el proceso social. La voluntad constructiva y realización sistemática de sus ideas
podría hacernos pensar que estamos ante un cultivador de las ladrillezcas
monografías germanas, pero lejos de ello y una vez que nos adentramos en sus
páginas nos sorprende con la agilidad de una pluma que sabe combinar la exactitud
de la idea con la dinamicidad de la exposición. En vez de atormentarnos con citas y
repetir autores nos mantiene en vilo dialogando con los filósofos más importantes
de la ciencia, y todo ello en vista de demostrar su propia filosofía conformacional
que muestra la lógica interna de la relación de los conceptos científicos específicos.
Diré que estamos ante un genuino ensayista que hacer honor a la tradición
hispanoamericana, y a lo mejor del ensayismo filosófico en el mundo.

Y no creamos que todos estos méritos ocurran porque en el Perú no haya reflexión
filosófica sobre la ciencia, por el contrario. Todo esto acontece en medio de una
sostenida producción epistemológica en los últimos años. Ahí tenemos los
libros: Cuestiones filosóficas en estomatología (2008) del profesor Reluz de la
UPCH, Epistemología (2007) del profesor de la UNEGV, Dr. Víctor Mazzi; las
investigaciones sanmarquinas: Epistemología (2005) de Carlos Alvarado de
Piérola, El Método Científico (2006) de Carlos Matta y Raymundo Casas
Navarro, Un cambio en nuestro paradigma de ciencia (1999) de J. C.
Ballón, Introducción a la investigación científica (1997) de Raúl
Tafur, Investigación científica y educacional de Luis Piscoya, el agudo
trabajo Individuo y técnica en el mundo contemporáneo (1986) de Juan Camacho,
los ya clásicos textos del finado profesor Julio Sanz Introducción a la ciencia (1987)
y Grandes Ideas y Experimentos de la ciencia (1989) y la pionera tesis de A.
Salazar Bondy recientemente publicada (2006) Aproximación a Unanue y la
Ilustración Peruana (1950). Es decir, en el Perú existe una sostenida tradición de
estudios epistemológicos y científicos que llegan a remontarse históricamente a D.
Pedro Peralta y Barnuevo, Hipólito Unanue y otros insignes sabios.

Como vemos no era fácil destacarse en medio de esta floresta tan nutrida de
estudios filosóficos de la ciencia y sin embargo el profesor Baltodano lo ha
conseguido y ¡de qué forma! Nada menos que presentado una propia interpretación
personal y esto es justamente lo que hacía falta en este campo tan complejo de
investigaciones. Cedamos la palabra a nuestro autor cuando escribe:
“…algunos autores de filosofía, intelectuales en general y profesores de las diversas
especialidades dicen que en su trabajo intelectual y hasta en su posición personal, no se
adscriben a ninguna filosofía, sino que trabajan con lo que llaman filosofía general. En rigor
habría que decirles que su concepción filosófica es, no adscribirse a ninguna filosofía, y que
esto se configura en abordar conceptos y tesis de una y otra concepción, en algunos casos con
coherencia y en otros sin ella. Lo que se configura en un confusionismo sin dirección, en los
viejos términos esto es llamado eclecticismo” (p. 205).

Y en otro lugar de su libro precisa aun más la idea afirmando:


“Tampoco es válido hacer algunas descripciones y explicaciones aisladas de algunos inventos
de connotados científicos y señalar sus diversos usos; así como analizar además las
operaciones lógicas de lo que afirman; pues con ello se hace lógica de algo y no se podrá
revelar el cómo y el por qué del proceso de conformación y estructuración de los conocimientos
científicos, como un factor del desarrollo del hombre y la sociedad” (p. 80).

Sin temor a equivocarme puedo sostener que nuestro autor es uno de los pocos
pensadores que tiene una Filosofía de la ciencia orgánicamente desarrollada y con
estilo propio. Él no oculta su adscripción a los presupuestos de la filosofía
hermenéutica posmoderna y aprovecha, en efecto, las tesis centrales de esta
corriente filosófica, pero desborda los cuadros de esta filosofía cuando la enlaza con
una mayor amplitud de miras aspirando a solucionar nuestro infradesarrollo
científico tecnológico.

ALGUNAS CONSIDERACIONES CRÍTICAS


Ahora bien, de un libro tan rico y frondoso no es posible en esta solemnidad hacer
un análisis exhaustivo, como merece, y que excede mis capacidades. Por lo tanto,
me limitaré a poner el acento en los cuatro aspectos problemáticos que encuentro y
que tan sólo dejaré señalados, los cuales son los siguientes: (1) sobre la existencia
de una tradición científica nacional, (2) la valoración excesivamente negativa de la
tradición metafísica ontológica, (3) la fe cientificista y en la idea de progreso, (4) el
peligro de un antropocentrismo extremo, (5) el peligro de derivar hacia una
posición cínica en ética, y (6) finalmente su conceptualismo.

(1) El libro se sustenta en la afirmación de que no existe una propia ciencia y


tecnología en países atrasados como el nuestro. Al respecto es posible sostener que
si bien es cierto que el “desarrollo” científico responde a la existencia de una
determinada “tradición” científica, sin embargo podemos constatar que, por
ejemplo, la obra científica de Unanue estaba inserta en la tradición organicista
sobre la que se ha construido la tradición científica moderna en el Perú. Cuando
hace dos siglos A. von Humboldt lee los textos de Unanue y encuentra en él una
sólida tradición científica que viene desde el siglo XVI se da cuenta del absurdo
supuesto “atraso de los peruanos” por ausencia de una tradición y comunidad
científica. Nada de esto era cierto. Lo que sucedía era que predominaba una
tradición organicista en nuestra comunidad científica que obstaculizaba el
paradigma moderno mecanicista, lo cual se refleja en nuestro retraso en ciencias
físicas y avance en ciencias biológicas.

Actualmente existen científicos peruanos de primer nivel, sólo por mencionar a dos
conocidos me refiero al profesor Modesto Montoya en Lima y al profesor Barton
Zwiebach que trabaja en el laboratorio de física nuclear del MIT, y así hay decenas
de científicos peruanos desperdigados por el mundo que manejan los paradigmas
científicos de punta y sin embargo por la inexistencia de una política nacional de
desarrollo científico desaprovechamos la oportunidad de impulsar nuestro propia
avance científico tecnológico, como lo reclama Baltodano. Pero hay más en esta
complicidad de infradesarrollo científico porque las universidades en el país se han
vuelto empresariales y se han mercantilizado. En otras palabras son agentes pasivos
de la carencia de ciencia y tecnología. Sin presupuestos ni proyectos científicos
efectivos los laboratorios universitarios no pueden dar el salto cualitativo hacia la
invención y la creación. En otras palabras, en el Perú sí existió y existe tradición
científica, en un primer momento el paradigma organicista estimuló al paradigma
mecanicista, lo que no existe es voluntad política para insertarla en el desarrollo
nacional.

(2) Esto nos lleva al segundo aspecto problemático, a saber, la valoración


excesivamente negativa de la tradición metafísica ontológica en tanto en su relación
al desarrollo de la ciencia como a su fundamento metafísico realista. Nuestro autor
sostiene que los pueblos dependientes asumen la tendencia ontológica medieval, ya
superada por la modernidad y que es un obstáculo para el desarrollo científico
tecnológico. En el debate sobre el legado de la ciencia antigua y medieval esta
posición se conoce como la tesis de la discontinuidad y ha sido sostenido por Bacon,
Voltaire, Koyré, y Kuhn. La otra tesis es la de la continuidad, la cual sostiene que
metodológica y conceptualmente hay una continuidad entre la ciencia premoderna
y la ciencia moderna, representada por Duhem, Haskins, Maier y Crombie.
Recientemente el profesor de Wisconsin David Lindberg en su libro Los inicios de
la ciencia occidental (1992) ha sostenido una tesis más matizada argumentando la
tesis “discontinuidad- continuidad” a la vez, en el sentido de que si bien
metodológica y metafísicamente no hubo continuidad entre la ciencia premoderna
y la moderna, sin embargo sí hubo continuidad en lo lingüístico, conceptual y
teórico. En otras palabras, la ciencia premoderna preparó el camino para el logro
mecanicista de la ciencia moderna. Es más, podemos pensar que si los cambios
culturales no son tan bruscos como parecen, entonces tanto la metafísica ontológica
sensoria empírica como la metafísica medieval pueden ser útiles y valiosas para la
construcción de una ciencia moderna en el Perú.

Ahora en relación al fundamento filosófico realista de la tradición metafísica cabe


decir que nuestro autor es demasiado complaciente con el constructivismo
filosófico. Como Bernal lleva al extremo la capacidad productiva humana y el
alcance de la organización conceptual. Así la Filosofía Conformacional pone como
fundamento el conocimiento organizacional conceptual. Pero errados estaríamos si
creyéramos que él el un racionalista, porque una de sus afirmaciones centrales de
su teoría, y que recoge del pragmatismo, es que la teoría y la acción van juntas, y
además, Baltodano también niega las verdades de razón inmutables, eternas y
trascendentes. Tampoco es un empirista, porque si bien coincide con ésta en la
negación de la metafísica platónico-aristotélica de las esencias, sin embargo no
coincidirá con el empirismo porque no convierte lo fáctico en lo único válido. Su
Filosofía no es una vuelta al objeto, al ser y a la existencia. Su filosofía es una vuelta
a la capacidad conformacional del hombre para dar lugar a los conceptos y a las
existencias. ¿Qué es el hombre antes de generar conceptos? Es una entidad de
Inteligencia, Emoción, Voluntad y Acción (IEVA) que recoge y genera sonidos,
signos, conceptos y sistemas conceptuales. El hombre es un ser de conformación de
vida y conceptos. ¿Esto es un pragmatismo? No lo es, porque lo decisivo en el
conformacionalismo no es ni la acción individual ni la acción social, sino el aparato
categorial humano integrado por IEVA.

Tenemos frente a nosotros algo parecido al aparato trascendental kantiano, dentro


del cual no se puede afirmar teóricamente nada de la verdad en sí sino sólo de las
realidades construidas por el hombre. La existencia es lo indeterminado, parecido a
la incognoscible cosa en sí kantiana. El hombre sólo tiene que ver con realidades
humanizadas por su aparato trascendental. Aunque no lo dice Baltodano es un
trascendental a su modo, pero no un kantiano porque su énfasis será la
interpretación. En este sentido, no hay hechos sin conceptos e interpretaciones
humanas. Ya antes Georg Gadamer había concluido: “No hay hechos sino
interpretaciones”. Para Baltodano “no hay hechos sino conceptos”, las esencias no
son realidades y en eso se da la mano con la filosofía moderna que nació
rechazando la metafísica de las esencias. Pero se separa de la filosofía moderna en
cuanto pone el énfasis en lo hermenéutico interpretativo. Tanto es así que dirá que
“la Filosofía no trata con esencias sino con conceptos” y que “la realidad es un modo
conceptual”. Lo ha dicho taxativamente, su filosofía acuña la nueva categoría del
“orbis conformacional sígnica y de existencias”. Por eso que en todo caso aceptaría
asumir un “antropocentrismo integral conformacional” y su pensamiento se
propone hacer una relectura no identificacional de los presocráticos. Como vemos
su Filosofía de la Ciencia es sólo un aspecto de su filosofía, es en todo caso la
aplicación de la Filosofía Conformacional al aspecto científico.

Lo que Vleeschauwer dijo de Kant también nosotros podríamos decir


del orbis conformacional baltodaniano: Baltodano no logra emancipar el ser del
conocer, todavía el objeto está incluido en el modo de conocer, convirtiendo lo dado
en un autoponerse del hombre, como última versión del idealismo subjetivo y
solipsista. Al final se confunde la existencia del objeto con su conocimiento, la
dialéctica objetiva es reducida a la dialéctica subjetiva. El pensamiento de
Baltodano gira en torno a un solo problema, a saber, el de la conformación de los
conceptos. Pero en su explicitación, tres son los pilares sobre los que reposa el
edificio de la filosofía conformacional: la doctrina del proceso conformacional
(conocimiento como expresión lingüística pensamental sobre dimensiones
humanas), la tipología conceptual (nombradores, realizativos, ordenadores y
creacionales) y la existencia indeterminada (cosa en sí, esencia, sobre la cual nada
puede decirse). Por ello, la filosofía conformacional no es una metafísica de lo
suprasensible sino una metafísica de la conformación conceptual, que restringe la
ontología al ente pensable por el hombre. Y lo pensable no sólo es el objeto
científico sino lo moral, lo estético, lo político, etc. Esta comprensión de la
Filosofñia conformacional no es positivista, ni metafísica sino hermenéutica. La
filosofía baltodaniana concluye siendo una metafísica de lo inmanente porque
limita lo ontológico a lo pensado por el hombre.

En todo caso su consideración del problema de realidad no es metafísica pero no


puede dejar de ser ontológica, de lo contrario nos quedaríamos sólo en el horizonte
de lo aparente, lo posible o lo potencial. Como tal está obligado a ligar el problema
de la realidad al de la esencia y de la existencia. Como para él la esencia no es real,
entonces la realidad corresponde a la existencia. Y si la existencia es construida por
el aparato que hemos llamado IEVA, entonces debemos preguntarnos si ésta
depende de la experiencia o la trasciende. Si no lo trasciende estamos en el
empirismo, si la trasciende pisamos terreno metafísico. Lo intermedio sería la
solución trascendental kantiana: “lo real es dado a la experiencia, pero sólo lo
organizado por las condiciones materiales de la experiencia es real”. Creo que su
noción de experiencia no es suficientemente clara e impide distinguir entre las
especies o formas de lo real. Una solución sería declarar que el ser eral es lo que es
común a todas las formas de realidad. Otra solución es basarse en la idea de que el
concepto de realidad no es unívoco y que admite una serie de realidades que van lo
más real a lo menos real. Existe además la solución hartmanniana de hablar de la
realidad como una de las maneras primarias del ser. En todas estas soluciones se
admite que la expresión “es real” es significativa. Si no se admite alguna de estas
soluciones, entonces asumiríamos la salida de los empiristas lógicos y de algunos
neo-realistas que sostienen que la “realidad” es un término que no debe ser
hipostasiado en una entidad. Algo parecido dice Baltodano: “la realidad es un
concepto”, pero él distingue entre realidad indeterminada o no conceptual y
realidad determinada o conceptual, aunque sostenga que solo se puede hablar de
ésta última. Sin embargo, esta posición tiene dos inconvenientes: el primero es que
no se distinguir si hay o no distintas formas de realidad, y la segunda, ya señalada
por Zubiri, es que al no admitir expresiones como “el hombre está plantado frente a
lo real” entonces no permite entender la estructura de la vida humana ni la
estructura del conocimiento.
Como vemos, es difícil descartar el problema de la realidad de la filosofía, es por
excelencia el problema filosófico que no se puede dilucidar aisladamente y sin
conceptos ontológicos (posibilidad, actualidad, existencia, esencia, efectividad, ser).
Por eso la ontología es definida como ciencia de la realidad qua realidad. En todo
caso la filosofía conformacional trata de saber cómo es posible conceptuar acerca de
lo real y cuáles son los marcos conceptuales para este propósito. Sin embargo, este
importante problema de las posibilidades del conocimiento para aprehender lo real
tiene la traba en el conformacionismo baltodaniano, señalada por Zubiri, de
constreñir lo real a lo conceptual.

(3) Todo esto nos conduce hacia un tercer aspecto problemático que tiene que ver la
fe cientificista del autor. Ya habíamos mencionado su coincidencia con Russell
sobre le necesidad de organizar la sociedad científicamente. Sin embargo, y a raíz
del grave deterioro climático, se ha vuelto a poner sobre el tapete las graves
consecuencias que tiene para el individuo y para la naturaleza la racionalidad de la
ciencia. Ya Max Weber al mismo tiempo que examinaba que el éxito de la cultura
occidental en el mundo contemporáneo se debía al desarrollo de la racionalidad
instrumental, que le permite dominar el mundo, al mismo tiempo reconocía que
ésta daba lugar a gigantescos problemas. También Horkheimer, Adorno y Marcuse,
todos ellos de la Escuela de Frankfurt pero cada uno desde sus puntos de vista
filosóficos, han insistido en la cancelación de la existencia individual por los efectos
de la revolución científico-técnica que hace abdicar la razón crítica. Heidegger
en Qué significa pensar (1958) sostiene que el pensamiento actual dominado por la
técnica moderna busca desocultar al ente pero para manipularlo, transformarlo y
dominarlo. Sin embargo, este desocultamiento del pensamiento técnico es un nuevo
ocultamiento de la esencia del ser que no nos deja pensar la cosa sin su
transformación y dominio. En su conferencia La cosa (1953) denuncia al pensar
cientificista objetivador y propone desocultar la técnica. Últimamente Luhmann en
su libro Comunicación ecológica (1986) y Peter Sloterdijk en sus obras Ira y
tiempo y en Esferología plural (2004), han intentado mostrar los efectos
apocalípticos de una racionalidad científica fuera de control. ¡Qué duda cabe que
hace falta una nueva racionalidad! pero ésta ha de trascender los marcos de la
ciencia y ahondar más en lo humanístico. ¡Cómo resuenan las palabras de Herder!
cuando hablaba de “pequeños gigantes con débiles manos”. Se pone, entonces,
claramente de manifiesto que el mundo ideal de Bacon, un mundo marcado por la
impronta de la ciencia, el progreso indefinido y manejado tecnológicamente es una
utopía y una ideología, que constriñe lo real a lo manipulable y útil. Hoy más que
nunca se ha hecho evidente que la ciencia moderna si bien abre insospechadas
dimensiones de dominio de la naturaleza, sin embargo, también produce efectos
secundarios que no puede anticipar ni controlar. Es un ideal eurocéntrico que está
fracasando y no cabe continuar en la visión exagerada del papel de la ciencia. De
mucho provecho le sería a la TCC penetrar en estas consideraciones.

(4) La cuarta consideración problemática consiste en que, si se siguen demasiado al


pie de la letra algunas de las propuestas de Baltodano puede terminarse por
defender un antropocentrismo extremo y en un idealismo subjetivo. Me refiero a
sus aseveraciones siguientes: “No hay realidad “en sí” la realidad también es un
concepto”. “No hay realidad objetiva fuera de los conceptos, incluso la energía, lo
físico, lo causal es una elaboración de los científicos”. “La ciencia no es producida
por ninguna realidad “en sí” sino por la actividad creadora del hombre”. “La ciencia
construye la realidad de sus propios objetos mediante las redes epistémicas de los
científicos”. “En la relación entre las palabras y las cosas se crea en realidad
un orbis conformacional sígnico y de existencias”. “La ciencia no da cuenta de lo en
sí, sino de la actividad creadora del hombre”.

Que todo es extensión antropomórfica ha estado presente desde los sofistas,


quienes habían distinguido lo que es por naturaleza y lo que es por convención,
pero sólo desde la filosofía moderna ha sido consecuentemente desarrollada. Así
Kant planteó la distinción entre lo regulativo y lo constitutivo, y el
convencionalismo de Mach, Avenarius, Poincaré, Duhem y Vaihinger, entre otros,
acentuaron el momento regulativo sobre el constitutivo. Con Gadamer se elabora la
hermenéutica filosófica encaminada a poner de relieve el acontecer de la verdad y el
método para desvelar este acontecer. Su lema: “No hay hechos sino
interpretaciones” abrió nuevos caminos en la acentuación de lo regulativo sobre lo
constitutivo e hizo fortuna en el pensamiento posmoderno del pragmatismo de R.
Rorty y la ontología débil de G. Vattimo.

El núcleo de las novísimas filosofías posmodernas es su antirepresentacionalismo,


antiesencialismo y antifundamentalismo, según las cuales ha de ser superada una
teoría del conocimiento entendida a partir de la noción de «espejo de la naturaleza»
o representación.
El antiesencialismo y el antifundamentalismo que ataca a la Filosofía entendida
como búsqueda privilegiada de fundamentos, está en la base de su renuncia al
puesto de profesor de filosofía y su paso a profesor de humanidades, ya que sitúa la
filosofía junto con la crítica literaria, y abandona toda pretensión de un acceso
privilegiado al Ser o a la Verdad. Por ello renuncia a la búsqueda de fundamentos
ontológicos fuertes y absolutos. Se trata de una desconstrucción que encuentra una
de sus fuentes en el rechazo heideggeriano a considerar la verdad del ser con la
verdad de la ciencia. Y la filosofía conformacional es antiesencialista,
antifundamentalista y antirepresentacionalista. En este sentido el giro posmoderno
del pensamiento de Baltodano es innegable e inocultable. Como Rorty cree que el
conocimiento no es representación de algo externo, como Vattimo suscribe que no
existen las realidades metafísicas absolutas, y como Lyotard no tiene inconveniente
en afirmar que la metafísica es un metarrelato más. De ahí que su hermenéutica
conceptual tenga un fuerte acento antirealista.

Esto nos lleva al problema de derivar a partir de los presupuestos de la filosofía


conformacional hacia un idealismo subjetivo. Aquí hay que partir mencionando que
mientras en el idealismo extremo todo es puesto y nada es dado, para el realismo
extremo todo es dado y nada es puesto. Desde los estudios de pregrado se aprende
que las doctrinas antiguas y medievales en sentido metafísico fueron realistas, de
modo que el idealismo nace en la Edad moderna, no obstante se distingue entre lo
que es un idealismo subjetivo, un idealismo objetivo, el idealismo crítico y el
idealismo absoluto. El idealismo subjetivo reduce la materia, las cosas y el mundo
exterior a la percepción o a la conciencia, por eso se dice que es un solipsismo al
reducir lo existente a la conciencia propia, ya sea que la materia se interpone entre
el alma y Dios, ser es percibir (Berkeley) o es engendrada por el Yo (Fichte); el
idealismo objetivo representa las ideas o la esencia de las cosas como un reino
independiente, existente por sí (Platón); el idealismo crítico que sostiene que el
conocimiento es resultado de la razón pura a priori sobre los datos de la experiencia
o la intuición, si la “cosa en sí” existe no es alcanzado de ningún modo por la
conciencia cognoscente (Kant); y el idealismo absoluto que considera que la Idea
Absoluta es el principio del ser natural e histórico (Hegel).

Ahora bien, Baltodano habla de lo “en sí” como existencia indeterminada o como
esencia inexistente. En suma, su actitud hacia lo “en sí” no es crítica sino de rechazo
total. En realidad, en su planteamiento queda inexplicado por qué el hombre no
puede traspasar los límites de su sensibilidad para llegar a las cosas mismas. Para él
el conocimiento se construye a partir de un hombre que piensa, siente, valora y
actúa, pero lejos de decir que lo hace sobre algo dado previamente al conocimiento,
se inclinará a pensar que incluso los hechos son constructos humanos. En otras
palabras, en su teoría conformacional lo dado se esfuma y lo puesto se hiperboliza.
Yo no encuentro otra manera de llamar a su posición más que como idealismo
subjetivo. Al hacerlo me doy cuenta que la filosofía contemporánea a partir del
empirismo lógico y el neopositivismo ha convertido al vocablo “idealismo” en algo
impropio y lo ha sacado de moda. Aquí encuentro que el idealismo se transformó en
un inmanentismo. Por eso bien vale recordar que todavía persisten varias
corrientes filosóficas que confiesan su pertenencia a la tradición idealista. Así, el
idealismo anglo-norteamericano (Bradley, Bosanquet, Royce, Bowne) era de
tendencia metafísica, el idealismo francés y alemán (Renouvier, Brunschvicg,
Lalande, Hamelin, Escuela de Baden y Marburgo) tenía tendencia gnoseológica.
Claro, también se puede decir que en Baltodano la “desproblematización del
mundo”, según el cual el hombre acoge lo que se le da en el entorno en el cual vive,
lo aproxima al empiriocriticismo; pero a ninguna otra corriente está tan cerca,
como ya hemos visto, que a la filosofía posmoderna. ¿Es ésta una corriente
idealista? En la medida en que se asienta en la aseveración de que “no hay hechos
sino interpretaciones”, sí lo es; y lo es en un sentido subjetivo, porque al fin al esta
filosofía sólo se queda con el sujeto interpretante.

(5) El quinto aspecto problemático concierne a las consecuencias éticas de su


planteamiento. Cuando Baltodano hace consistir el valor significativo de los
conceptos en su conformación lingüístico-pensamental, su funcionalidad y eficacia,
está situándose en el marco de la tradición del pragmatismo americano, el
metarrelato lyotardiano, y de la ontología débil posmoderna. Lo más serio está en
las consecuencias éticas de su planteamiento puesto que no sería preciso buscar
ninguna fundamentación externa a las propias prácticas sociales eventuales de las
sociedades democráticas y en cambio, habría que huir de los argumentos de
autoridad basados en una pretendida racionalidad ontológica de lo “en sí”. Pero una
sociedad que ya no puede aceptar la formulación de criterios de «verdad» y
«realidad», sino que debe orientarse hacia la consecución de la felicidad a partir del
desarrollo científico crea serias limitaciones a la libertad, que tiene ante sí los
peligros del antropocentrismo extremo, el relativismo, el hedonismo y el nihilismo.
Las consecuencias éticas de estas concepciones de su planteamiento lo llevarían a
ser defensor de una posición cínica: si no hay fundamento todo está permitido. Se
llega así a un relativismo extremo y, si el único criterio es la práctica social de las
sociedades liberal burguesas, se está defendiendo la supremacía de éstas en una
especie de darwinismo social que prima la ley del más fuerte. El producto final sería
lo más indeseado a su planteamiento que busca la autonomía científica frente a
Occidente. Pues por un lado, Baltodano aparecería preconizando la independencia
científica de nuestros pueblos del Hemisferio Sur, apoyándose en el marco teórico
que fundamenta la hegemonía occidental, y por otro lado, se presentaría como el
prototipo de intelectual burgués posmoderno que defiende las prerrogativas de
un sui géneris cientificismo posmoderno.

(6) El último y sexto aspecto problemático es su “conceptualismo”, no en el sentido


de los universales que concebía que el concepto está en las cosas, sino en el sentido
de conceder un papel central al concepto en el proceso del conocimiento humano.
Efectivamente, la filosofía conformacional no toma en cuenta que el logos humano
no sólo tiene el “poder de la conceptualización” (teorías) sino también el “poder de
la simbolización” (mitos). Pues el hombre no sólo piensa con conceptos, sino antes
bien con imágenes metafóricas. Por eso que la filosofía antes de ser con los griegos
una comprensión por conceptos, fue una comprensión por metáforas. Mientras el
símbolo y la definición son útiles para organizar y dominar el mundo, la metáfora y
el símbolo es valiosa para contactar lo espiritual y supra-racional de lo real. El
sentido no da cuenta del ser, lo real es lo sinsentido, excede incluso la
simbolización. Lo real siempre trasciende el sentido. El sentido del ser sobrepasa lo
principios lógicos de la razón y del mito. Pero Baltodano exacerba la importancia
del concepto y al hacerlo se inscribe en la historia del deus in terris del
antropocentrismo occidental. Pero este defecto no es inherente a la filosofía
conformacional siempre y cuando se la libere de su posición subjetivista y
antiesencialista.

EPÍLOGO
El aporte teórico de la Filosofía conformacional es tomar en cuenta no sólo al
hombre teórico y práctico, sino también al hombre emocional y volitivo, es decir, la
integralidad humana. Además, al aplicarlo a la ciencia está en procura de una
ciencia y tecnología propia para el Tercer Mundo. Sus aspectos controversiales ya
los hemos mencionado y no vamos a insistir. Concluyo a fortiori, porque las
discusiones filosóficas no concluyen nunca, declarando que es mucho lo que he
aprendido de esta valiosa obra de mi amigo Víctor Baltodano, la que por sus bien
trabadas meditaciones está destinada a impulsar el debate filosófico en el Perú.
Bridemos por ella. ¡Salud!
Publicado por Gustavo Flores Quelopana en 16:43

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Etiquetas: ORBIS CONFORMACIONAL BALTODANIANO

3 comentarios:
1.

GUSTAVO13 de diciembre de 2013, 13:33


La tesis central de la filosofía conformacional baltodaniana, que se condensa en el
aserto "No hay hechos sin conceptos", se basa en un injustificado reconocimiento de
la sola validez de la connotación conceptual del lenguaje, en desmedro de la
connotación intuitiva y la connotación emotiva. Esta no sólo es una vieja herencia del
positivismo lógico sino del nominalismo de Occam. Efectivamente, el nominalismo
epistémico y gnoseológico es resultado de un análisis fenomenológico defectuoso que
sólo reconoce valor cognoscitivo al lenguaje conceptual, negándolo al lenguaje
emocional y al lenguaje intuitivo. De resultas que sólo considera como criterio válido
de sentido sólo al uso conceptual. Con ello resulta expulsando lo intuitivo y lo
emocional de la vida humana, y, aun más, se termina aislando a la realidad misma
para terminar estableciendo como única realidad con sentido al mundo conceptual
construido por el hombre activo. Esa mezcla de positivismo y pragmatismo es fruto
del punto de partida común, a saber, el nominalismo, llevado a su expresión extrema
a través del conceptualismo constructivista.
Responder

2.

GUSTAVO11 de marzo de 2014, 6:14


Es un mérito indudable de la Filosofía Conformacional baltodaniana su lucha por la
eliminación del infradesarrollo y la desigualdad científica en los países periféricos,
pero tengo la impresión de que es una limitación su enfoque cartesiano-hobbesiano
de dar sólo valor a los factores epistémicos (conocimiento) dejando de lado los
factores extra-epistémicos (cultura, ética, religión, política). Ante la revolución de las
ciencias genómicas que demuestran que ya no son separables las ciencias naturales y
las humanidades, es necesario tomar en cuenta que no hay ciencia sin valores.
Responder

3.

GUSTAVO11 de marzo de 2014, 9:35


La filosofía conformacional baltodaniana es loable en su esfuerzo por luchar contra
el infradesarrollo y la desigualdad científica, porque gracias a lo artificial el hombre
ha podido mejorar sus condiciones de vida, pero esto no significa que necesariamente
se tenga que suprimir el horizonte tradicional metafísico-teológico, que veía una
finalidad en la naturaleza y en el hombre. La tecnociencia ha entrado a una fase
organicista y finalista que confluye con una visión más integral de las cosas y favorece
el reencuentro del hombre con su interioridad. Las ciencias de la vida han puesto en
evidencia la primacía del criterio ético sobre el científico. Por lo cual es inviable para
la humanidad atisbar algún futuro y recuperar su identidad si no es a través de la
recuperación de la dimensión de lo trascendente, la religiosidad y lo metafísico. En
otras palabras, la filosofía conformacional aporta más librándose de los prejuicios
modernistas contra la religión y la metafísica.
Responder