Está en la página 1de 3

Astronauta

Lo atraparon
los cables del telégrafo
cuando iniciaba su vuelo.

Se durmió boca-arriba
de la calle
con su penacho de trapo viejo
esperando a la primavera

Pedazo de papel verde-amarillo


astronauta de viajes
imaginarios,
bailarín de brincos y piruetas,
hoy que mi carrete
tenía más hilo
y el viento todas sus ganas
de volar contigo,
te has quedado prisionero
en una celda sin barrotes.
Pablo Cassi.

Tu uniforme de risa

Payaso,
toda tu mirada
me viste de niño
y perfuma de alegría
el rostro de la abuela.

Con tu cuerpo de colores


enamoras mariposas,
regalas flores a la luna
y los domingos
con sol temprano
diviertes gente triste
con tu uniforme de risa.

Payaso, payasito,
regálame una sonrisa
para volver a ser niño.

Pablo Cassi.
Mi abuelo

Cuando era niño


mi abuelo me regalaba
sus costumbres de labriego,
la paz musgosa del invierno
y un volantín para septiembre.

Me enseñó
a hallar sonrisas
entre la gente triste
a cantar con los queltehues
un himno a la madrugada;
a correr
por los caminos sin huella
y trepar los columpios
del sauce en el estero.

Mi abuelo me regalaba
solamente
cosas buenas.
Pablo Cassi.

Convención de pájaros

Mi padre
convocaba a los pájaros
cada mañana
y dialogaba en el lenguaje
de los pentagramas.

En su mesa de primavera
compartía el trigo y la cebada.

Escribía mensajes de paz


en todos los árboles de su huerto,
en el vuelo silencioso
de la paloma
que habitaba el campanario,
en el rocío de otras madrugadas.

Pero nadie fue testigo


de esta siembra silenciosa.
Espantapájaros

Suspendido
y en silencio
con un grillo en los bolsillos
medita
un solitario espantapájaros.

Los zorzales le oxidan los zapatos


con el rocío de la madrugada,
los tordos le estampan
en su camisa de invierno
una sonrisa burlesca.

El espantapájaros
Se ha dormido
para no interrumpir
el vuelo de los pájaros.