Está en la página 1de 5

La riqueza de la redención

Estamos considerando en los primeros versículos de la carta a los Efesios, la manera en que el
apóstol Pablo agradece por las bendiciones recibidas en Cristo Jesús; bendiciones que provienen
de la naturaleza misma de Dios, unas de ellas dadas desde el tiempo pasado, tiempo presente y
futuro.

Hemos analizado los versículos 3-6 donde Pablo da gracias al Señor por la bendición y la riqueza
que representa haber sido escogidos antes de la fundación del mundo para que fuésemos santos y
adoptados por él como sus hijos.

Pero ahora, en esta segunda parte de la oración, el apóstol nos trae del paso al presente, de los
lugares celestiales a la tierra, de la obra del Padre a la obra del hijo.

La oración continúa en una acción de gracia por las riquezas que Dios nos ha dado en Cristo Jesús
por medio de dos cosas básicamente: la redención que involucra el perdón de nuestros pecados, y
la sabiduría para entender el plan que él se propuso en Cristo Jesús.

Pensemos en estos primeros versículos de Efesios como un gran banco espiritual cuya bóveda
principal es Cristo Jesús, en él Dios ha depositado todas las riquezas de su gracia para nosotros en
gran abundancia. Hemos estado sacando de ese tesoro ya. Vimos las riquezas de la elección, la
predestinación, la adopción como hijos y hoy volveremos a ella para ver más de esas riquezas.

Lo que vamos a hacer en esta mañana, es considerar este segundo elemento de la oración de
Pablo, a la luz de tres encabezados, relacionados con la riqueza de la obra de Cristo: (1) La riqueza
de la redención (2) La riqueza de su sabiduría y (3) la riqueza de su herencia

La riqueza de la redención
En quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia,
que hizo sobreabundar para con nosotros

El apóstol Pablo nos ha estado hablando de como el Padre nos hizo aceptos en el amado, así que
ahora pasa a explicarnos cómo eso llegó a ser.

El enfoque ahora se dirige ya no tanto al padre como al hijo. El comienza diciendo, en el tenemos
redención por su sangre.

Estas palabras las leemos también en Col 1:14 (cf. también Ex. 21:30; Mt. 20:28; Mr. 10:45; Ro.

3:24; Heb. 9:12, 15). La idea es de algo la liberación obtenida cuando el precio por el rescate ha
sido pagado.

Nosotros tenemos un ejemplo negativo muy cercano, cuando una persona era secuestrada, sus
captores demandaban altas sumas de dinero a las familias de los secuestrados, era el precio del
rescate. Hubo ocasiones en que algunas familias no podían pagar y simplemente los secuestrados
eran asesinados, en otros casos las familias pudientes podían pagar el precio de la extorción y en
otros eran liberados por el ejército.
Estas ideas eran comunes también en el Antiguo Testamento. La tierra podía ser redimida después
de cierto tiempo (lev 25), las herencias eran redimidas (el caso de Booz como pariente redendor),
pero había una forma mucho más específica de redimir y era por medio de los sacrificios de
animales y el derramamiento de sangre. En Levítico 17:11 leemos:

Porque la vida de la carne en la sangre está, y yo os la he dado para hacer expiación sobre el altar
por vuestras almas; y la misma sangre hará expiación de la persona.

Y en Hebreos 9:22 Y casi todo es purificado, según la ley, con sangre; y sin derramamiento de
sangre no se hace remisión.

Se trata de una forma de redención en la que un animal inocente era ofrecido en lugar de un
hombre por su pecado. La vida del animal era el rescate ofrecido a Dios quien ciertamente no
podía pasar por alto el pecado.

Así que en Cristo Jesús se produce el más grande acto de redención. Hombres pecadores que
merecían el justo castigo de Dios, reciben el indulto por medio de su sacrificio y su sangre
derramada.

La manera contundente de expresar esto es que Cristo pagó nuestro rescate con su sangre, él nos
compró:

Pues por precio habéis sido comprados; por tanto, glorificad a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro
espíritu, los cuales son de Dios (1 Cor 6:20)

El apóstol Pedro nos da una descripción todavía más vívida de esa redención:

Sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros
padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como
de un cordero sin mancha y sin contaminación, ya destinado desde antes de la fundación del
mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros, y mediante el cual creéis
en Dios, quien le resucitó de los muertos y le ha dado gloria, para que vuestra fe y esperanza sean
en Dios. (1 Pedro 18-19)

También de Juan, en la gran visión del Apocalipsis leemos:

Y cuando hubo tomado el libro, los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron
delante del Cordero; todos tenían arpas, y copas de oro llenas de incienso, que son las oraciones de
los santos; y cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus
sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y
lengua y pueblo y nación; y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre
la tierra. (Apc 5:8-10)

En Cristo Jesús el rescate fue pagado, el más alto precio y esa es una verdad hermosa. Cuanto
regocijo encuentra el creyente al entender esto, que la sangre de Cristo le ha redimido.

Y no sólo eso, la implicación más importante de esta redención es que en ella hemos obtenido el
perdón de nuestros pecados. La muerte de Cristo es la garantía de que nuestros pecados fueron

El resultado de la redención:
Después de ser libertados y pagado el justo precio de nuestra culpa, la consecuencia es que el
historial de pecados es borrado. Esta idea era ilustrada en el Antiguo Testamento con los dos
corderos que eran ofrecidos (Lev 16:21): uno era sacrificado por la redención del pueblo y el otro
recibía los pecados del pueblo y era llevado por un hombre preparado para esa tarea para que el
animal se alejara lo más posible.

Esto es exactamente lo que Cristo logró. Él se ofreció y nos rescató, pero también alejó de
nosotros nuestras transgresiones y pecados.

Sal. 103:12 (“cuanto dista el oriente del occidente, tanto ha alejado de nosotros nuestras
transgresiones”), Is. 44:22 (“He borrado, como niebla, tus transgresiones, y como una nube, tus
pecados; ¡vuélvete a mí, porque yo te redimí!”), Jer. 31:34 (“… y no me acordaré más de sus
pecados”), Mi. 7:19 (“y tú arrojarás todos sus pecados a las profundidades del mar”) ¡Aleluya!

¿Cómo podemos explicar esto? De una sola manera, he aquí en acción las riquezas de la gracia de
Dios las cual fue abundante en nosotros. Esa y solo esa es la explicación.

No hubo mérito en nosotros, nada que hubiésemos hecho que así lo lograra, solo la gracia de Dios.

¿No es esto glorioso? ¿Cómo pudiera alguien amar el pecado conociendo todo lo que Dios tuvo
que hacer para quitarlo? Ver morir al hijo fue el precio y esa y solo esa es la razón por la que
aborrecemos el pecado con todas nuestras fuerzas.

La riqueza de su sabiduría
en toda sabiduría e inteligencia, dándonos [Nos dio] a conocer el misterio de su voluntad, según su
beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo, 10de reunir todas las cosas en Cristo, en la
dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están
en la tierra.

El apóstol Pablo prosigue con su oración, esta vez mostrando la sabiduría y la revelación del
misterio de Dios revelado en Cristo como una de las grandes perlas de su tesoro.

En RV1960 las palabras sabiduría e inteligencia parecen estar ligadas al versículo 8, sin embargo, al
detenernos en el flujo de pensamiento del autor, notamos que se relacionan mejor con la sección
siguiente en el versículo 9 en donde se refiere a cosas que nos han sido reveladas de parte de Dios
y que han venido a nuestro conocimiento.

De hecho, en LBLA leemos el texto así:

En toda sabiduría y discernimiento nos dio a conocer el misterio de su voluntad, según el


beneplácito que se propuso en El, con miras a una buena administración en el cumplimiento de los
tiempos, es decir, de reunir todas las cosas en Cristo, tanto las que están en los cielos, como las que
están en la tierra.

La idea aquí es que Dios, en su sabiduría completa y discernimiento, nos reveló el misterio de su
voluntad. Por increíble que eso suene, eso es lo que dice: Dios nos ha revelado según su voluntad
algo que parecía un misterio, esto es, su plan: que conforme a su administración de los tiempos,
un día el reuniría todas las cosas EN Cristo Jesús.
Los padres del Antiguo testamento no podían conocer cuál era el plan de Dios, solo miraban de
lejos. Es Pedro quien nos habla con más detalle de esto:

Los profetas que profetizaron de la gracia destinada a vosotros, inquirieron y diligentemente


indagaron acerca de esta salvación, escudriñando qué persona y qué tiempo indicaba el Espíritu de
Cristo que estaba en ellos, el cual anunciaba de antemano los sufrimientos de Cristo, y las glorias
que vendrían tras ellos. A éstos se les reveló que no para sí mismos, sino para nosotros,
administraban las cosas que ahora os son anunciadas por los que os han predicado el evangelio
por el Espíritu Santo enviado del cielo; cosas en las cuales anhelan mirar los ángeles. (1 Ped 1:11-
13)

Toda esa sabiduría viene por medio del Evangelio, de entender el propósito de la muerte de Cristo,
es una sabiduría que incluso los ángeles anhelan mirar.
Esta sabiduría no es terrenal, es celestial, no es humana, es divina, incluso el hombre con menos
conocimiento académico que ha sido alcanzado por la gracia de Dios, es más sabio que el hombre
más capaz e inteligente que no conoce a Dios.

Dios ha reunido todo en cristo, él es el propósito de todo lo que no era comprendido en el tiempo
antiguo, él es la esencia misma de todas las cosas y quién en todo cobra sentido verdadero.

Cristo es la pieza del rompecabezas que termina con la exhibición gloriosa de la majestad de Dios.

La riqueza de su herencia
En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace
todas las cosas según el designio de su voluntad, a fin de que seamos para alabanza de su gloria,
nosotros los que primeramente esperábamos en Cristo.

Pero no solo hemos recibido redención, perdón de pecados y sabiduría para entender los
misterios de Dios. También hemos recibido la herencia de quienes son adoptados como hijos de
Dios.

Esta herencia es incorruptible, la tenemos ahora y la disfrutaremos en su plenitud al fin de los


tiempos. Bendito sea el Señor por los siglos.

Pero Pablo nos recuerda lo que nos dijo en los primeros versículos, que esto no proviene de
nosotros sino de Dios y que tienen un propósito: La alabanza de la gloria de su gracia.

Pablo destaca que estas ricas bendiciones habían llegado primero a ellos, a los judíos, como en
efecto sucedió (al judío primeramente y también al griego), pero ahora sabemos, y él también lo
afirmará más adelante, que estas bendiciones nos han alcanzado a todos, los que siendo del
extremo mismo de la tierra, judíos o gentiles, han creído en el unigénito hijo de Dios.

Conclusiones:

1. Nuestra riqueza es un tesoro contenido en Cristo Jesús, una de sus perlas es que hemos
encontrado en él la redención y el perdón completo de nuestros pecados. Ha sido un
precio alto pagado por el pecado, lo cual es una lección diaria para nosotros acerca de la
gravedad del pecado.
2. Nuestra riqueza está dada por la sabiduría que de Dios hemos recibido. Sabiduría y
conocimiento que aún los ángeles anhelan. La sabiduría que es según el mundo no
produce sino orgullo y vanagloria, pero la que es según Dios produce gozo y deleite en el
entendimiento de las grandes verdades de Dios.
3. También disfrutamos de una herencia incorruptible una que disfrutamos ahora pero que
aguardamos con esperanza poder disfrutar de ella con toda plenitud.

Invitación: Amigo, ¿seguirás viviendo en medio de la miseria y bancarrota espiritual? ¿Continuarás


muriendo de hambre mientras las riquezas de Cristo están frente a ti?

Ven a él hoy. Este es un llamado urgente, él es quien pude redimirte y quitar el pecado de tu vida.
Si tan sólo puedes creer no solo serás perdonado sino alumbrado por la sabiduría divina, ese es el
verdadero conocimiento.