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Cronograma para el retiro de Confirmación

OBJETIVOS:
 Generar un espacio de introspección personal para tener un encuentro con
Dios y consigo mismo
 Dar un clima de meditación y oración para plantear una experiencia de fe
 Presentar una opción de compromiso en la Fe, para que después de que
reciba la Confirmación, descubra que Jesús es un amigo que te llama a servir
al reino de Dios.

Horario Actividad Responsable


DIA 1: SENSIBILIZACIÓN – Análisis de mi vida - ¿QUIÉN SOY YO?
18:00 a 18:30 Recepción, ubicación y lineamientos generales todos
18:30 a 19:30 CENA de Bienvenida
21:00 a 21:30 Ubicación personal – “El sentido de vivir” ABEL
21:30 a 22:30 Ubicación en la historia personal – “Autobiografía” ABEL
Reflexión y análisis – Conforman grupos de trabajo y
22:30 a 23:00 TODOS
ayuda
DIA 2: CONCIENTIZACIÓN – Presentamos el “llamado al servicio”
8:00 a 8:30 Oración de la mañana: “Salmo de interiorización” Encargar a un grupo
8:30 a 9:00 DESAYUNO
9:00 a 10:00 ¿Quién es Jesús de Nazareth? Kenet
10:00 a 10:30 Videos(DONDE ESTUVO DIOS,audio)
10:30 a 11:30 Ejemplos bíblicos de Vocación samier
11:30 a 12:00 Plenario Todos
12:00 a 13:00 ALMUERZO
13:00 a 14:00 Descanso – tiempo de oración todos
14:00 a 16:00 Película “MADRE”
16:00 a 17:00 Trabajamos en base a la película TODOS
17:00 a 17:30 MERIENDA
17:30 a 18:30 “Panes, peces y talentos”
18:30 a 19:00 Preparación para el Sacramento de Reconciliación Elmer
19:00 a 20:30 Sacramento de Reconciliación Elmer
20:30 a 21:30 CENA
21:30 ... Adoración al Santísimo Todos
24:00 Oración personal
DIA 3: PROYECCIÓN – María, una mujer que dijo sí – Jesús nos envía
8:00 a 8:30 DESAYUNO
8:30 a 9:00 Oración de la mañana – todos
9:00 a 10:00 Reflexion sobre el entorno todos
10:00 a 11:00 Proyecto de Dios sobre la mujer: EL SI DE MARÍA
11:00 a 11:30 Reflexión individual
11:30 a 12:00 Plenario
12:00 a 13:00 ALMUERZO
Hacia un proyecto de vida personal – Una carta de
13:00 a 13:30
Jesús

Algunas pautas para el retiro


La metodología que se usará en este retiro seguirá estos pasos:
 Presentación del disparador y oración individual

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 Reflexión grupal (2 chicos y un servidor como guía)
 Plenario con todo el grupo
Las comidas se organizarán con un responsable a cargo (servidor) y un equipo de
servicio.
La capilla estará siempre abierta y con la presencia del Santísimo Sacramento para
poder hacer oración ante Él.
Durante la noche haremos oración ante el Santísimo por turnos ( de 2 horas
aproximadamente) en grupos de 2 servidores y quienes deseen hacerlo.

LA VIDA ES VOCACIÓN
Hoy, ¿el hombre sin vocación?”

I. El panteón
Hoy las cuestiones fundamentales de la vida corren el peligro de ser sofocadas o
eludidas.
El sentido de la vida más que buscado viene impuesto: o por lo que se vive en lo
inmediato, o por lo que satisface las necesidades; la conciencia llega a ser cada vez
más extraña, y las cuestiones más importantes quedan sepultadas.
Un aspecto que caracteriza la actualidad socio-cultural del mundo es la abundancia
de posibilidades, de ocasiones, de solicitudes, frente a la carencia de enfoques, de
propuestas, de proyectos. Como la Roma antigua, la sociedad moderna se asemeja
a un panteón, a un gran « templo » en el que todas las « divinidades » tienen cabida,
y cada « valor » tiene su puesto y su hornacina.
Resulta difícil, en tal contexto, tener una visión unitaria del mundo y, por tanto, llega
a ser débil, también, la capacidad proyectiva de la vida. Cuando una cultura, en
efecto, no define ya las supremas posibilidades de significado, o no logra la
convergencia en torno a algunos valores como particularmente capaces para dar
sentido a la vida, sino que pone todo al mismo plano, pierde toda posibilidad de
opción proyectiva, de apertura a algo más grande, y todo llega a ser indiferente y sin
importancia.
Por un lado, buscamos apasionadamente autenticidad, afecto, relaciones
personales, amplitud de horizontes; y por otro, nos sentimos fundamentalmente
solos, «heridos» por el bienestar, engañados por las ideologías, confusos por el
relativismo dominante.
II. El grito
El criterio con el que la mentalidad de hoy acostumbra a mirar el futuro se centra en
el provecho o el gusto o la comodidad para el individuo.
El camino a elegir, la persona que amar, la profesión a desarrollar, la facultad donde
matricularse –todo está dispuesto de modo que se erija como criterio absoluto la
utilidad particular del individuo, dentro de horizontes que reducen el deseo de
libertad y las posibilidades de la persona a proyectos limitados, con la ilusión de que
somos libres.
Son opciones sin ninguna apertura a lo que el hombre realmente desea, al misterio y
a la trascendencia. Quizá también con escasa responsabilidad respecto a la vida,
propia y ajena. Es, en otras palabras, una sensibilidad y mentalidad que diseñan una
antivocacional. Es tanto como decir que, en nuestro mundo, culturalmente complejo
y sin puntos precisos de referencia, el modelo antropológico prevalente fuese el del
«hombre sin vocación ».
III. Nómadas

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He aquí una posible descripción: « Una cultura pluralista y compleja nos hace
jóvenes con una identidad frágil y fragmentada, con la consiguiente indecisión
crónica frente a la opción vocacional. Somos nómadas: circulamos sin pararnos en
el ámbito geográfico, afectivo, cultural, religioso. "Vamos tanteando". Por esto
tenemos miedo de nuestro porvenir, experimentamos desasosiego ante
compromisos definitivos y nos preguntamos acerca de nuestra existencia.
Si por una parte buscamos, a toda costa, autonomía e independencia, por otra,
tendemos, como refugio, a ser dependientes del ambiente socio-cultural y a
conseguir la gratificación inmediata de los sentidos: aquello que me “pide el
cuerpo”, que "me hace sentirme bien", en un mundo afectivo hecho a nuestra
medida.
Produce una inmensa pena encontrar jóvenes, incluso inteligentes y dotados, en los
que parece haberse extinguido el deseo de vivir, de creer en algo, de tender hacia
objetivos grandes, de esperar en un mundo que puede llegar a ser mejor también
gracias a su esfuerzo. Son jóvenes que parecen sentirse superfluos en el drama
de la vida, dimisionarios de la tarea que en la vida tendrían que hacer, extraviados a
lo largo de senderos truncados y aplanados en los niveles mínimos de su tensión
vital.
Son jóvenes sin vocación,
pero también sin futuro,
o con un futuro que,
todo lo más, será una
fotocopia del presente.

IV. La esperanza del hombre de hoy: la vida como vocación.


La vocación fundamental del hombre se contiene en la vocación a la vida y a una
vida concebida desde su origen a semejanza de la divina.
El acto creador del padre es lo que provoca el conocimiento de que la vida es una
entrega a la libertad del hombre, llamado a dar respuesta personalísima y original,
responsable y llena de gratitud.
Dios me ha llamado de la nada. Entre los miles de millones de seres posibles,
Él me ha elegido y me ha llamado a mí. Mi vida está constituida por esa
llamada. Mi vida continúa porque Él continúa llamándome impidiendo que
vuelva a caer en el silencio de la nada del que fui sacado. Mi existencia es fruto
del amor creador de Dios, de su palabra creadora. Vengo a la vida porque soy
amado, pensado y querido por una Voluntad que nos ha preferido a la no-
existencia, que nos ha amado antes de que fuésemos.
V. Una voz me llama
Mi vida es una Voz que me llama, la Voz potente de Aquél a quien se debe todo lo
que existe; mi vida es una respuesta obligatoria a esa Voz que me está llamando.
En la existencia de algunos hombres la llamada de Dios se ha dejado realmente
sentir con la inmediatez concreta de una voz humana, suscitando la sorpresa o el
sobresalto que experimentamos cuando nos sentirnos llamar de improviso por
nuestro nombre.
Esto es, pues, lo que anima la concepción cristiana de la vida: que la vida es
vocación, que la vida es llamada. Y el sentido de las cosas y de las circunstancias
consiste en que son como palabras en las que se articula el sonido de esa voz
inefable.
VI. Fiarse
La vocación es lo que explica, en la raíz, el misterio de la vida del hombre,
misterio de predilección y gratuidad absoluta.

-3-
De hecho, existe una criatura en al que le diálogo entre la libertad de Dios y la
libertad del hombre se realiza de modo perfecto, de manera que las dos libertades
puedan actuar realizando plenamente el proyecto vocacional. Una criatura que nos
ha sido dada para que en ella podamos contemplar un perfecto designio vocacional,
el que debería cumplirse en cada uno de nosotros. María es la imagen de la
elección divina de toda criatura, elección que va más allá de lo que la criatura
puede desear para sí: que le pide lo imposible y le exige sólo una cosa:
FIARSE.
Ella es modelo de la libertad humana en la respuesta a esta elección. Libre
para pronunciar su sí, libre para encaminarse por la larga peregrinación de la
fe.
La vida entendida como vocación es, por ello, la única concepción que hay de la
vida como algo vivo. Fuera del amor no hay vida humana. Cualquier otra concepción
de la vida reduce ésta a algo mecánico, rutinario. Desde esta llamada, la vida se
convierte, por el contrario, en una gran aventura.
La conciencia de que la vida es un don no debería suscitar solamente una actitud de
agradecimiento, sino que debería sugerir la primera gran respuesta a la cuestión
fundamental sobre el sentido: la vida es la obra maestra del amor creador de Dios y
es en sí misma una llamada a amar.
“El amor es por tanto la vocación fundamental e innata de todo ser humano “
(JP II)
VII. Un lugar: Cristo
Gracias a este amor que lo ha creado nadie puede considerarse superfluo, porque
es llamado a responder según un designio de Dios pensado exclusivamente para él.
Y por tanto, el hombre será feliz y plenamente realizado estando en su lugar,
aceptando la propuesta del amor de Dios.
Este «lugar» es uno solo: Cristo, al que debe pertenecer el hombre si no quiere faltar
irremediablemente a su vocación de hombre. Participar de la vida de Cristo
constituye el contenido esencial de toda vocación humana. La vocación de todo
hombre y mujer se realiza en referencia a Jesucristo.
Estamos llamados a vivir y ser en Cristo.
El hombre es vocación a Cristo, por lo mismo, vocación a la Iglesia, conjunto de los
que forman el Cristo actual.
Si, pues, todo ser humano tiene su propia vocación desde el momento de su
nacimiento, existen en la Iglesia y en el mundo diversas vocaciones que manifiestan
la imagen divina impresa en el hombre.
“La Iglesia particular es como un jardín florido, con gran variedad de dones y
carismas, funciones y ministerios. De aquí la importancia del testimonio de la
comunión entre ellos, abandonando todo espíritu de competencia”.

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“Cuando pienso en el mundo,
que se apaga y muere
por la falta de Cristo;
cuando pienso en el caos profundo
en que se desbarranca
la inquieta y ciega humanidad
por la falta de Cristo;
cuando me encuentro
con la fuerza de la juventud
marchita y destrozada
en la primavera misma de la vida
por falta de Cristo,
no puedo ahogar las quejas
de mi corazón.
Quisiera multiplicarme, dividirme,
para escribir, predicar,
enseñar a Cristo.
Y del espíritu mismo de
mi espíritu
brota contundente y único grito;
¡Mi vida por Cristo!”
Juan Pablo II

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Charla previa al retiro
OBJETIVOS:
 Plantearse la vida como vocación, como respuesta a una llamada de Dios

METODOLOGÍA
 Motivación
- El día de la confirmación expresamos la decisión de vivir más intensamente
nuestra condición de cristianos, y recibimos la fuerza del Espíritu para poder hacerlo.
Todo esto podemos hacerlo a través de los diversos estados de vida: matrimonio,
vida religiosa, sacerdocio. Lo estamos haciendo de dos modos, uno práctico con el
testimonio de personas que siguen en sus vidas la vocación cristiana y otro teórico
planteando la cuestión de la llamada ‘Vocación cristiana’
 Desarrollo
- Primera parte – Panel sobre las distintas vocaciones cristianas
de las personas que hemos invitado a que nos hablen de la vocación: ¡qué
nos llamó la atención? ¿Cómo surgió? ¿Cómo se ha ido perfilando y madurando?
¿Momentos alegres y dificultades? ¿Momentos importantes?.

- Segunda parte
a) Hacer el eco de lo más significativo del panel sobre la vocación
b) Explicar el ‘árbol de la vocación’ con sus distintas ramas: matrimonio,
sacerdocio, vida religiosa. La vocación cristiana está entroncada en la consagración
bautismal es su concreción y explicitación.
c) Terminamos con la oración final pidiendo al Señor que lleguemos a vivir la
vida como vocación.

DESARROLLO DE LOS TEMAS DEL RETIRO:


DIA 1 SENSIBILIZACIÓN
El sentido de vivir:
¿Para que? ¿Hacia donde?
Ver fotocopia de TEMA 1
 Escuchamos la canción
Ah...ah...¿cuál es el sentido de vivir?
Ah...ah...¡donde hay un camino para ir?

 Respondemos al cuestionario
¿Te preguntaste alguna vez para que vives? ¿O si lo haces según se van sucediendo
los hechos, sin pensar?
Haz una lista de las actividades que realizas y analiza para que las haces
Comenta que te sugiere la canción. ¿Qué cosas crees que deberías modificar?

Autobiografía:
Con el fin de ubicarnos en la historia de nuestras vidas, si deseamos ser protagonistas
en ella, debemos mirar el presente, con base en el pasado y fundamentar el futuro.
Trabajo a fondo
Ver fotocopia de TEMA 2
Oración personal:
Ver fotocopia de oración: “Como a mi mismo”

DIA 2 CONCIENTIZACIÓN:
Oración de la mañana:

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Ver “Salmo de interiorización” (¿quién podrá permanecer erguido?)
¿Quién es Jesús de Nazareth?
Ver fotocopias de TEMA 3
Ejemplos bíblicos de Vocación:
Cada servidor tomará un personaje y lo desarrollará con el grupo que tiene a cargo

MARÍA MAGDALENA
¿HABÉIS VISTO EL AMOR DE MI ALMA?
El texto que aparece a continuación es, ni más ni menos, un antiguo bolero, de hace
muchos años, de un grupo sudamericano llamado Los Panchos. Seguro que
habéis oído alguna vez esta canción pues es bastante famosa. (Se escucha si
se consigue el disco, o en su defecto se canturrea o lee)
Si tú me dices ven, corazón con corazón...
lo dejo todo. Reír contigo
Si tú me dices ven, ante cualquier dolor.
será todo para ti. Llorar contigo,
Mis momentos más ocultos llorar contigo
también te los daré. será mi salvación.
Mis secretos, que son pocos,
serán tuyos también. Pero si tú me dices ven,
lo dejo todo.
Si tú me dices ven, Que no se te haga tarde,
todo cambiará. y te encuentres en la calle...
Si tú me dices ven, perdida,
habrá felicidad. sin rumbo,
Si tú me dices ven... y en el lodo...
Si tú me dices ven... Si tú me dices ven,
lo dejo todo...
No detengas el momento, No detengas el momento.(Se repite
por las indecisiones, desde aquí hasta el final)
para unir alma con alma,
¿A vos no te ha pasado nunca nada parecido?, ¿No has tenido experiencia alguna
vez de desear que algo pase, de desear que se acabe el aburrimiento, que alguien
te diga: “¡vente a ...!”?. ¿No has pasado por algún momento en el que deseas que
alguien te invite a algo importante, de querer que te inviten a ir con alguien a algo, a
una fiesta, a un paseo, a una actividad que hacen que te mola y a la que no pides
que te inviten por vergüenza u orgullo?
Te invito a escribir en un papel, sin poner tu nombre, alguna experiencia de esto. Y te
recuerdo una cosa: no tenés que poner cosas bonitas sino experiencias reales de
estas situaciones. No es un concurso de poesía sino de realismo.
Esta misma experiencia de tener grandes deseos en el corazón de ser felices, de ser
llamada, de encontrarse con alguien la tuvo también una mujer del Israel del siglo I.
Estaba deseando que algo ocurriera, que alguien le dijera ven. Y esto ocurrió:
Alguien llegó y la llamó por su nombre.
Te presento a María Magdalena:
Se trata de un personaje neotestametario. Podemos distinguir tres momentos en su
relación con el Señor:
1) Momento inicial. “Si tu me dices ¡ven!”. María Magdalena aparece relativamente
poco en los evangelios. Pero cuando aparece es una mujer loca, una mujer loca por
el Señor Jesús. Es legítimo y conveniente preguntarse porqué está loca, ¿qué le ha
ocurrido?, ¿qué le hace actuar así?. A responder la pregunta puede ayudarnos un
texto del evangelio:

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“Y aconteció tras esto que él andaba de ciudad en aldea proclamando y anunciado la
buena noticia del Reino de Dios. Con él iban los doce y algunas mujeres que habían
sido sanadas de espíritus malos y de enfermedades: María, que se llamaba
Magdalena, de la que habían salido siete demonios...” Lc 8,1-2
Ha ocurrido una novedad, una sorpresa, un acontecimiento que la ha dejado
alucinada, que, en definitiva, la ha liberado. Los evangelios no nos narran el
acontecimiento explícitamente, pero nos dan una referencia de ese acontecimiento
2) El tiempo de los dichos y las palabras del Señor. “Lo dejo todo” Su amor hacia el
Señor es fortísimo. Por él lo deja todo y va con él por los caminos. María permanece
junto al Señor antes de los duros momentos de pascua. Permanece con él y va con
él por el camino, oyendo sus palabras y viendo sus actos salvadores. ¿Por qué
permanece?, ¿qué le llama la atención de Jesús?, ¿qué mantiene su fe?. En otros
textos evangélicos aparece María acompañando al Señor. Vamos a ver uno:
“Entre ellas estaban María Magdalena, María la madre de Jacobo y de José, y la
madre de los hijos del Zebedeo”. Mt 27,56
3) En los acontecimientos pascuales y después. “Será todo para ti” El amor de María
a Jesús es tan grande que le lleva a permanecer junto a él incluso en los duros
momentos de la pascua. Su vida ya no es suya: vive dándole todo a él. Está
presente en los momentos finales hasta el final, a pesar de las dificultades, del
miedo, del dolor. La vemos en el calvario, preocupada del cuerpo del Señor,
preocupada también de dónde lo ponen, de cómo lo entierran, del
embalsamamiento, de qué pasa con él...:
“También había algunas mujeres mirando de lejos, entre las cuales estaban María
Magdalena, María la madre de Jacobo el menor y de José, y Salomé” Mc 15, 40
“María Magdalena y María madre de José miraban dónde lo ponían”. Mc 15,7
“Estaban allí María Magdalena y la otra María, sentadas delante del sepulcro”. Mt
27, 61
“Cuando pasó el sábado, María Magdalena, María la madre de Jacobo, y Salomé,
compraron especias aromáticas para ir a ungirlo”. Mc 16, 1
“Pasado el sábado, al amanecer del primer día de la semana, fueron María
Magdalena y la otra María a ver el sepulcro”. Mt 28
Pero lo más grande de su vida fue el gran regalo de amor que Dios la hizo a ella,
como regalo a un amor tan fiel y entregado. La hizo testigo de la resurrección y
anunciadora de ésta a sus hermanos en la fe:
“[10] El primer día después del sábado, María Magdalena fue al sepulcro muy temprano, cuando todavía estaba oscuro, y vio que la piedra que
cerraba la entrada del sepulcro había sido removida. [2] Fue corriendo en busca de Simón Pedro y del otro discípulo a quien Jesús amaba y les
dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto.» [11] María se quedaba llorando fuera, junto al sepulcro. Mientras
lloraba se inclinó para mirar dentro [12] y vio a dos ángeles vestidos de blanco, sentados donde había estado el cuerpo de Jesús, uno a la
cabecera y el otro a los pies. [13] Le dijeron: «Mujer, ¿por qué lloras?» Les respondió: «Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han
puesto.»
[14] Dicho esto, se dio vuelta y vio a Jesús allí, de pie, pero no sabía que era Jesús. [15] Jesús le dijo: «Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?»
Ella creyó que era el cuidador del huerto y le contestó: «Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo me lo llevaré.»
[16] Jesús le dijo: «María». Ella se dio la vuelta y le dijo: «Rabboní», que quiere decir «Maestro». [17] Jesús le dijo: «Suéltame, pues aún no he
subido al Padre. Pero vete donde mis hermanos y diles: Subo a mi Padre, que es Padre vuestro; a mi Dios, que es vuestro Dios. »
[18] María Magdalena se fue y dijo a los discípulos: «He visto al Señor y me ha dicho esto. »”. Jn 20,1-18

Preguntas:
¿Por qué crees que la Magdalena cambia de vida?, ¿Qué ha pasado
en su vida?
¿Por qué La Magdalena ama tanto al Señor?
¿Cuál es el acontecimiento más importante de la vida de la
Magdalena?
¿Qué le pide el Señor a ella?

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Releyendo la canción de Los Panchos, ¿crees que la Magdalena
hubiera podido cantar esa canción si hubiera sabido lo que le iba a
ocurrir en su vida?. ¿Qué par de frases crees que le pegan más a la
historia de su vida? (elige dos que te llamen la atención)
Es un testigo del amor de Dios y quiere llevarte hasta él
Los seres humanos hemos sido hechos por un designio amoroso de la Trinidad,
estamos en relación con ella. Dios no nos da una vida neutra, sin horizonte, sin
finalidad, sino que él habla con nosotros y nos llama a responder a su llamada de
amor con una respuesta de amor. Esto es la vocación. Pero podemos distinguir más
concretamente la vocación, mostrando qué llamadas Dios nos hace:
Todo hombre está llamado a la vida divina y a la comunicación con Dios, a la
santidad La humanidad entera, todos nosotros, fruto de un designio amoroso de
Dios, estamos llamados a unirnos a él, a ser elevados a la vida de Dios. Esto es
participar de la amistad con Dios, algo que, si bien se piensa, es inaudito para tantos
hombres. Sin embargo estamos llamados a ver a Dios, aunque no podemos realizar
esto sin la condescendencia de Dios, que se da a sí mismo, permitiéndonos vivir con
él y junto a él, siendo hijos en el Hijo. Él nos llama a todos a ser perfectos como el
Padre de los cielos es perfecto, es decir, a la santidad.
Y bien, ¿Cuál es la vocación de María Magdalena?. Es una vocación a la santidad,
a la vida de santidad y unión con Dios, como todos los seres humanos, pero,
concretamente, aunque no sabemos exactamente su estado, sí sabemos que Jesús
le confió una misión especial: anunciar a los apóstoles la resurrección de Cristo. De
hecho la oración colecta de la misa de la fiesta dice: " Cristo, tu unigénito, confió,
antes que a nadie, a María Magdalena la misión de anunciar a los suyos la alegría
pascual". Con lo cual se resalta que es un testigo privilegiada de la resurrección,
antes aun que los apóstoles.
Para que le conozcas y goces de su amistad
Vamos a orar ahora a Dios, de la mano de María Magdalena, esa mujer sanada,
libertada y llamada por Cristo.
Canción: VEN Y SÍGUEME (C. Erdozain)
Texto bíblico:
"Y andando Jesús junto a la mar de Galilea, vio a dos hermanos, Simón, que es
llamado Pedro, y Andrés su hermano, que echaban la red en la mar; porque eran
pescadores. Y les díce: Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres. Ellos
entonces, dejando luego las redes, le siguieron. Y pasando de allí vio otros dos
hermanos, Santiago, hijo de Zebedeo, y Juan su hermano, en el barco con Zebedeo,
su padre, que remendaban sus redes; y los llamó. Y ellos, dejando luego el barco y
a su padre, le siguieron. Y rodeó Jesús toda Galilea, enseñando en las sinagogas, y
predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el
pueblo."
Dejamos unos minutos de silencio
Y ahora ¿tú que dices?
Esta experiencia de María con el Señor no es sólo una oferta para María. También
nosotros estamos llamados a una vocación cristiana específica que hemos de
descubrir y seguir. Para ello es necesario que asumamos algún pequeño
compromiso, en la línea de descubrir la vocación. Es bueno que escojamos alguno y
digamos cada uno el suyo.

María Magdalena: Guía del catequista


La catequesis que vamos a realizar tiene como objetivo presentar la vocación
cristiana en general, y las posibilidades que hay en las vocaciones particulares. Es
una catequesis eminentemente vocacional, que busca primariamente que se

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reconozca como algo importante el hallar y vivir la vocación propia de cada uno.
Para ello tomamos como base una vocación concreta del NT: La Magdalena y
seguimos una metodología en cinco puntos, que detallo pormenorizadamente a
continuación:
Sección sin título:
Aquí se presenta el tema con una canción, escogida por sus claras resonancias
vocacionales. En realidad en la experiencia del enamoramiento que se narra en ella
hay muchas cosas análogas a la experiencia de la vocación que se da en la
realidad. Se trata de cantar la canción o escucharla si es posible hallar la canción en
algún disco del abuelo. Si no, ¡valor y al toro!, se puede cantar o al menos leer bien,
despacio y vocalizando.
Hay que caer en la cuenta de las frases que evocan la vocación, incluso
enfatizándolas en la lectura o canto, para que luego nos sirvan de base para iniciar
un diálogo
Después se pretende poner en relación la canción y el contenido con la vida de los
chicos, buscando algo que sea análogo en su propia vida. Buscamos suscitar el
recuerdo de experiencias en las que la gente haya mascado un deseo de algo más
grande que lo que vive y tiene, como se ve en el texto, para luego identificar el
deseo con posibles soluciones (el viejo truco). Por eso saber motivar estas
experiencias y crear la confianza para que las cuenten es vital.
Para evitar los típicos cortes, risitas y bufonadas se les pide que lo escriban en un
papel, pues garantizando el anonimato tal vez se abran más.
Con el cúmulo de deseos suscitado y escrito en papeles, se procede leer (el
catequista puede añadir el suyo) y se da un paso más allá: Estas cosas le pasan a
todo el mundo, a nuestro personaje también. Cristo se cruzó con ella y simplemente
ocurrió.
Así damos acceso a la siguiente sección:
Te presento a: María Magdalena
Esta es una parte más cognoscitiva, en la cual prima más el aspecto de los
conocimientos. Aquí queremos que los chavales conozcan mínimamente la
experiencia real de esta excelente mujer. Por eso se basa todo en textos bíblicos
donde aparece ella y donde se ve su experiencia de amor con el Señor.
Para mantener la relación con la canción he mantenido un cierto paralelismo de
frases con la canción de los Panchos, ya que nos interesa que todo tenga unidad, de
modo que no parezca una catequesis atomizada, sin unidad.
Esta sección quizá es demasiado larga, por lo que puede ser acortada y
simplificada, pero manteniendo dos polos: a) María es sanada de los demonios y
esa experiencia la llena de amor al maestro y b) María es testigo privilegiado y único
de la resurrección. Estos dos datos son inamovibles pues, si se retiran, se difumina
el rostro bíblico, tan vivo, de María.
Queremos que los chicos sepan quien era y qué le pasó, de modo que entiendan
que a ellos les puede pasar también y que la vocación no machaca la vida de la
gente sino que da vida. Estas dos ideas son centrales y hay que machacarlas todo el
rato sin miedo a ser pesados. Pocas ideas pero remarcadas y bien presentadas son
base del éxito.
Las preguntas finales de la sección quieren aclarar la vida de la Magdalena,
haciendo caer en la cuenta a los chicos de que lo que le pasó cambio su vida y
también remarcando y buscando la relación de la vida y milagros de esta mujer con
la letra de la canción. Con estas preguntas queremos poner claramente ante los ojos
de los chicos la vida trasformada y plenificada de esta mujer
Es un testigo del amor de Cristo y quiere llevarte hasta él:

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Esta parte está para hacer una radiografía de la vocación de servicio, de modo que
los chicos conozcan como se puede servir a Dios y a los hombres en la vida y no
sólo que se puede y se debe servirlos.
En primer lugar se habla de la vocación que todos tenemos a la filiación divina, a la
unión con Dios y por tanto a la santidad. Se habla de la vocación universal de todo
hombre. Hay que aclarar que esta es una vocación universal, para todos los
hombres y no sólo para unos pocos. Aclarar esto es importante pues si no muchas
veces la gente cree que lo de ser santos es cosa de gente rara que pone los ojos en
blanco y de ninguna manera es así.
El objetivo de esta sección es lograr que conozcan la importancia de la vocación
universal y las vocación al servicio especialmente
Para que le conozcas y goces de su amistad
La oración es el momento de meter todo esto en el corazón. Ofrecemos un posible
esquema para esta oración:
Canción (que se puede cambiar por otra de temática vocacional si no se sabe).
Texto de Mateo sobre la vocación de los apóstoles. Se podrá usar también el texto
del cantar de los cantares 3, que es citado libremente en Jn 20, 13. Allí se pone en
relación a la amada del Cantar con María
“Por las noches busqué en mi lecho al que ama mi
alma;
Lo busqué, y no lo hallé.
2 Y dije: Me levantaré ahora, y rodearé por la ciudad;

Por las calles y por las plazas


Buscaré al que ama mi alma;
Lo busqué, y no lo hallé
3 Me hallaron los guardas que rondan la ciudad,

Y les dije: ¿Habéis visto al que ama mi alma?


4 Apenas hube pasado de ellos un poco,

Hallé luego al que ama mi alma;


Lo tomé, y no lo dejé

Canto breve, si se juzga oportuno


Y ahora, ¿tú que dices?
Esta sección busca concretar un propósito para los chicos en este camino personal
de descubrir la vocación. Los objetivos que yo he puesto allí son elevados pero
accesibles si hay interés. Algo muy importante es que oren y que se dejen ayudar
por alguien más experimentado en estas lides que ellos.

JEREMÍAS
Imagínate que tienes que explicar ante todo tipo de gente, los más amigos y también
los menos, un viernes por la noche, en clase ,etc. los siguientes temas:
por qué crees que es incoherente ir de solidario por la vida, por qué no es bueno
tener relaciones sexuales en una relación de pareja no casada, usar preservativos,
etc. por qué para divertirse no es necesario emplear drogas, bebidas alcohólicas,
intentar fumar un porro en una discoteca, llegar a casa a las tantas de la
madrugada ,etc. por qué el cristianismo es verdad para todas las personas, las que
están de acuerdo con lo que en él se afirma, y las que no. Es decir, por qué la
verdad que proclama la Iglesia no es relativa, no depende de los puntos de vista.
TE PRESENTO A... JEREMÍAS, EL PROFETA.
A Jeremías Dios le llamó para que hablara a los israelitas de su parte. Dios le hizo
comprender su amor por él y por todos los hombres, y cómo éstos se estaban

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apartando de Él. Su misión fue llamar a los hombres para que recuperasen su
vocación, la de ser hijos de Dios.
Jeremías tuvo que explicar a sus contemporáneos lo que estaban haciendo mal y lo
que tenían que hacer para volver a su antigua relación con Dios. Como se puede
comprender fácilmente, esto le supuso discusiones, problemas y dificultades muy
serias.
A nadie le gusta que nos digan las cosas que hacemos mal, y menos aún que nos
digan lo que tenemos que hacer. No nos gusta que nos lo diga alguien con autoridad
sobre nosotros (padres, profesores, etc.), pero lo que es casi imposible que
aceptemos es que nos lo diga uno de nosotros, un amigo o compañero. Con los
ejemplos que hemos visto en el apartado anterior se entiende fácilmente.
Vocación de Jeremías:
“(4) Entonces me dirigió Yahvé la palabra en estos términos:
(5) Antes de haberte formado yo en el vientre, te conocía, y antes que nacieses, te
tenía consagrado: yo te constituí profeta de las naciones
(6)Yo dije: "¡Ah, Señor Yahvé! Mira que soy un muchacho".
(7) Y me dijo Yahvé: No digas "soy un muchacho", pues a dondequiera que yo te
envíe irás, y todo lo que te mande dirás.
(8) No les tengas miedo, que contigo estoy para salvarte -oráculo de Yahvé-.
(9) Entonces alargó Yahvé su mano y tocó mi boca. Y me dijo Yahvé: Mira que he
puesto mis palabras en tu boca.
(10) Desde hoy mismo te doy autoridad sobre las gentes y sobre los reinos para
extirpar y destruir, para perder y derrocar, para reconstruir y plantar”. (Jer 1, 4-10)
En este relato están presentes todos los elementos de la vocación de Jeremías, que
son equivalentes a los de cualquier otra vocación:
 encuentro con Dios y llamada a una misión (versículos 4-5),
 reacción natural de miedo (versículo 6),
 insistencia de la llamada de Dios a la misión sin importar las dificultades
(versículo 7),
 palabras de aliento y apoyo de Dios (versículo 8),
 signo o prueba que Dios da de que Él está con el profeta (versículos 9-10)
Jeremías anunció al pueblo la palabra de Dios, y en ocasiones se sirvió de signos
para ejemplificar lo que iba a suceder si no se convertían y abandonaban su pecado
de idolatría.
"Entonces Yahvé dijo a Jeremías: Ve y compras un jarro de cerámica, sales a la
entrada de la puerta de la muralla y pregonas allí: "Pienso traer sobre este lugar una
desgracia, porque me han dejado, han hecho extraño este lugar y han incensado en
él a otros dioses". Luego rompes el jarro a la vista de todos y les dices: Así dice
Yahvé Sebaot: "Quebrantaré yo a este pueblo y a esta ciudad, como quien rompe un
cacharro de alfarería, que ya no tiene arreglo" (Cf. Jer 19, 1-3.10-11)
Jeremías pasó por momentos de serias dificultades, porque veía que los hombres a
los que llevaba el mensaje de Dios no lo acogían, y en vez de convertirse le
insultaban, menospreciaban e incluso intentaban matarle.
"El sacerdote Pasjur, hijo de Imer, que era inspector jefe de la Casa de Yahvé, oyó a
Jeremías profetizar dichas palabras. Pasjur hizo dar una paliza al profeta Jeremías y
lo hizo meter en el calabozo" (Jer 20, 1-2)
"Yahvé me lo hizo saber, y así lo supe. Entonces me descubriste, Yahvé, sus
intrigas. ¡Y yo que estaba como cordero manso llevado al matadero, sin saber que
intrigaban contra mí!: "Destruyamos el árbol en su vigor; borrémoslo de la tierra de
los vivos, y su nombre no vuelva a mentarse" (Jer 11,18-19)
En algunos momentos Jeremías llegó a caer en una depresión ante las dificultades
que se le venían encima por proclamar la palabra de Dios.

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"¡Maldito el día que nací!, ¡el día que me dio a luz mi madre no sea bendito! ¿Para
qué haber salido del seno, a ver pena y aflicción, y a consumirse en la vergüenza
mis días?"
Sin embargo, siempre tuvo a Dios a su lado, y a pesar de las dificultades, fue fiel a la
misión que el Señor le encomendó.
"Yo te haré para ese pueblo muralla de bronce inexpugnable. Y pelearán contigo,
pero no te podrán, pues contigo estoy yo para librarte y salvarte - oráculo de Yahvé-.
Te salvaré de la mano de los malvados y te rescataré del puño de esos rabiosos"
(Jer 15, 20-21).
A lo largo de su vida, Jeremías se fió de Dios, y cumplió su misión: la palabra de
Dios llegó a su pueblo. Sin embargo, podría pensarse que su vida fue un fracaso
absoluto, porque la mayoría del pueblo de Israel no se convirtió, sino que siguió
viviendo de espaldas a Dios.
A pesar de que Jeremías les había avisado repetidamente de que la única salida
ante la situación de amenaza de invasión que vivía su país era la conversión al
Señor, casi nadie le hizo caso. El resultado fue que, como no se convirtieron, Israel
fue invadido por Babilonia, un país vecino. Allí deportaron a todos los israelitas.
Jeremías se escapó de los babilonios, pero también murió lejos de su tierra. Las
últimas noticias que tenemos de él antes de su muerte lo localizan en Egipto.
A pesar de todo esto, la vida de Jeremías fue un rotundo éxito. Gracias a que él hizo
lo que Dios le pidió, una parte del pueblo de Israel fue fiel al amor que Dios les había
manifestado a lo largo de su historia. Gracias a la palabra de Dios que Jeremías hizo
llegar a los israelitas, un grupo de ellos siguió siendo fiel a la alianza de salvación
que Él había hecho con su pueblo.
Comparemos la actitud de Jeremías con la nuestra en el caso que expusimos antes.
¿cómo actúa Jeremías ante el rechazo de los hombres?, ¿y tú cómo te sitúas?
¿cuáles son sus sentimientos?, ¿y los tuyos?
¿cuál es su respuesta?, ¿y la tuya?
¿cuál es la respuesta de Dios ante las situaciones por las que pasa?, ¿y la tuya... o
te da igual todo esto?, ¿crees que es una cosa invisible o irrealizable, o al contrario,
al igual que Jeremías te planteas la confianza en Dios para lo que sea?
ES UN TESTIGO DEL AMOR DE DIOS Y QUIERE LLEVARTE HASTA ÉL.
Introducción general sobre la vocación cristiana
Dios llama a todo hombre. Primero lo llama a la existencia, a la vida. Y luego,
sucesivamente a lo largo de su vida, lo va llamando a tener una mayor relación de
amor con él para que el hombre pueda tener la plenitud y felicidad que desea en lo
más hondo de su ser. A cada uno de nosotros nos llama de una forma concreta: nos
llama "por nuestro nombre". De este modo, el hombre puede alcanzar la felicidad
plena en una relación de amor con Dios y ayudar a Dios a que otros hombres
puedan alcanzar esa misma felicidad.
Esa vocación puede tener distintas formas: el matrimonio, el sacerdocio, la vida
religiosa, la consagración de los laicos, la vida contemplativa, etc. Pero lo común a
todas ellas es que se puede realizar ese proyecto de amor de Dios para cada uno de
nosotros y para toda la humanidad.
Jeremías, un caso concreto. Relación con la vocación cristiana.
La vocación de Jeremías fue llamar a los hombres a volverse a Dios y a eliminar de
su vida aquello que les alejaba de Él. En una palabra, su misión fue llamar a la
conversión. A eso es a lo fueron llamados los profetas; ésa era su vocación.
Por cierto, ¿sabes que todo cristiano por el bautismo es constituido profeta, además
de sacerdote y rey?. ¡Así que tú también eres profeta, has de hablar a los hombres
de parte de Dios!. Todo cristiano es enviado a los demás hombres, para que puedan
participar de la Vida con mayúscula. Esa Vida con mayúsculas es la relación de

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amistad con Dios, lo único que nos hace felices. Dios quiere que tú, libremente, le
ayudes a llevar adelante su plan para toda la humanidad: que tengan Vida y Vida
Eterna, que tengan una relación de amistad profunda con Él para que puedan ser
auténticamente felices.
 ¿cómo les hablarías de Dios?
 ¿realmente mi relación con Dios es algo tan importante para mí, y que me hace
tan feliz, que quiero que otros vivan lo mismo?
 ¿cómo ayudo a otros a que se aparten de lo que hacen mal y se acerquen a
Dios?
 ¿o en realidad me callo por comodidad o por miedo de lo que me puedan decir
otros?

PARA QUE LE CONOZCAS Y GOCES DE SU AMISTAD


Un posible esquema para la oración puede ser:
1. Canto: “Heme aquí”, "El profeta", "Id y enseñad", u otra canción de tipo misionero
o vocacional.
2. Palabra de Dios:
“Entonces me dirigió Yahvé la palabra en estos términos: Antes de haberte formado
yo en el vientre, te conocía, y antes que nacieses, te tenía consagrado: yo te
constituí profeta de las naciones
Yo dije: "¡Ah, Señor Yahvé! Mira que soy un muchacho".
Y me dijo Yahvé: No digas "soy un muchacho", pues a dondequiera que yo te envíe
irás, y todo lo que te mande dirás. No les tengas miedo, que contigo estoy para
salvarte -oráculo de Yahvé-.
Entonces alargó Yahvé su mano y tocó mi boca. Y me dijo Yahvé: Mira que he
puesto mis palabras en tu boca. Desde hoy mismo te doy autoridad sobre las gentes
y sobre los reinos para extirpar y destruir, para perder y derrocar, para reconstruir y
plantar”. (Jer 1, 4-10)
"Y percibí la voz del Señor que decía: "¿A quién enviaré?, ¿y quién irá de parte
nuestra?".
Dije: "Heme aquí: envíame" (Is 2,8-9a)
"Bienaventurados seréis cuando os injurien y os persigan y digan con mentira toda
clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra
recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los
profetas anteriores a vosotros". (Mt 5,11-12)
"Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan, para
que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y
buenos, y llover sobre justos e injustos" (Mt 5,44-45)
"Si el mundo os odia, sabed que a mí me ha odiado antes que a vosotros. Si fuerais
del mundo el mundo amaría lo suyo; pero, como no sois del mundo, porque yo al
elegiros os he sacado del mundo, por eso os odia el mundo". (Jn 15, 19)
"En el mundo tendréis tribulación. Pero , ¡ánimo!: yo he vencido al mundo" (Jn 16,
33b)
3. Peticiones libres de los miembros del grupo a la luz de lo que hayan
experimentado en la oración.
4. Oración conclusiva del catequista y Padrenuestro como resumen de toda oración
cristiana.

JEREMÍAS (GUÍA DEL CATEQUISTA)


NO DIGAS “SOY UN MUCHACHO”
PRESENTACIÓN

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El objeto fundamental de esta catequesis es la presentación de un aspecto
importante de la vocación cristiana a través de la figura del profeta Jeremías. Se
trata de ayudar a descubrir la presencia de dificultades en la vivencia de la vocación
y la necesidad de permanecer fiel en la prueba a la vocación recibida. Para ello
contamos con la ayuda de Dios y con la seguridad de que la victoria final es nuestra.
Sin embargo, Él nos pide que libremente colaboremos con su plan de salvación
universal.
Todos los cristianos tenemos una vocación concreta que vamos descubriendo a lo
largo de la vida. Y la fidelidad a la palabra que Dios nos da es esencial para poder
vivir esa vocación de modo que se pueda cumplir en nosotros el designio salvífico de
Dios para los hombres. Todos somos probados, y a imitación de Jesucristo, probado
en el desierto, a lo largo de toda su vida, y finalmente en su pasión y muerte, todos
somos llamados a permanecer fieles a la misión que Dios nos da. Sabemos que las
pruebas nunca serán superiores a nuestras propias fuerzas si nos mantenemos
unidos a Dios. Como narra el Apocalipsis al dirigirse el ángel a la iglesia de Éfeso
“Mantente fiel hasta la muerte y te daré la corona de la vida” (Ap 2,10c).
La reacción inicial de miedo de Jeremías es normal, dadas las dificultades a las que
se iba a enfrentar si acogía la vocación a la que Dios le llamaba. Sin embargo, su
vida nos demuestra que siempre que Dios encarga una misión, pone también los
medios para que esa misión se lleve a cabo. La respuesta afirmativa a la vocación
que Dios nos da a todos lleva a la realización de la vida en plenitud y felicidad, aún
en condiciones dificilísimas. La negativa a seguir a Dios allí donde nos llama se paga
con la tristeza del joven rico, que prefirió apegarse a sus seguridades en vez de
arriesgarlo todo por Jesucristo y el anuncio del Evangelio.
INTRODUCCIÓN
En este primer momento buscamos revivir o imaginar experiencias que permitan a
cada uno interesarse por su tema, e identificarse personalmente con el personaje
bíblico (cuya identidad no tiene por qué revelarse aún). Se trata de que el
dramatismo propio de la situación haga que cada uno quede afectado
personalmente y se despierte su interés Un modo de proceder puede ser suscitar el
diálogo, y en un segundo momento, cuando se hayan obtenido unas conclusiones
preliminares, presentar el material impreso..
TE PRESENTO A... JEREMÍAS, EL PROFETA.
Se trata aquí de presentar a nuestro personaje como alguien que tuvo una
experiencia peculiar: Dios irrumpió en su historia, por puro amor le llamó a una vida
nueva y mayor, su propia vida, y le dio una misión singular.
A Jeremías Dios le llamó para que hablara a los israelitas de su parte. Dios le hizo
comprender su amor por él y por todos los hombres, y cómo éstos se estaban
apartando de Él. Su misión fue llamar a los hombres para que recuperasen su
vocación, la de ser hijos de Dios.
Jeremías tuvo que explicar a sus contemporáneos lo que estaban haciendo mal y
que lo que tenían que hacer para volver a su antigua relación con Dios. Como se
puede comprender fácilmente, esto le supuso discusiones, problemas y dificultades
muy serias.
A nadie nos gusta que nos digan las cosas que hacemos mal, y menos aún que nos
digan lo que tenemos que hacer. No nos gusta que nos lo diga alguien con autoridad
sobre nosotros (padres, profesores, etc.), pero lo que es casi imposible que
aceptemos es que nos lo diga uno de nosotros, un amigo o compañero. Con los
ejemplos que hemos visto en el apartado anterior se entiende fácilmente.
Vocación de Jeremías: seguir los pasos que se proponen
ES UN TESTIGO DEL AMOR DE DIOS Y QUIERE LLEVARTE HASTA ÉL.

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Intentamos en este apartado explicar a qué llama Dios a todos los hombres, qué es
la vocación cristiana, y en segundo lugar, cuál es la vocación específica de nuestro
personaje.
Se trata de confrontar a la propia persona con lo que ha "palpado" en este tema,
resolver la pequeña crisis que se ha generado al contrastar su vida con la del testigo
que ha conocido. Debe procurarse hacer una síntesis personal de la propia fe y
mostrar la necesidad de llevar esa novedad a la propia vida, en concreto a la
oración-celebración y al compromiso.
Introducción general sobre la vocación cristiana
Dios llama a todo hombre. Primero lo llama a la existencia, a la vida. Y luego,
sucesivamente a lo largo de su vida, lo va llamando a tener una mayor relación de
amor con él para que el hombre pueda tener la plenitud y felicidad que desea en lo
más hondo de su ser. A cada uno de nosotros nos llama de una forma concreta: nos
llama "por nuestro nombre". De ese modo, el hombre puede alcanzar la felicidad
plena en una relación de amor con Dios y ayudar a Dios a que otros hombres
puedan alcanzar esa misma felicidad.
Esa vocación puede tener distintas formas: el matrimonio, el sacerdocio, la vida
religiosa, la consagración de los laicos, la vida contemplativa, etc. Pero lo común a
todas ellas es que se pueda realizar ese proyecto de amor de Dios para cada uno de
nosotros y para toda la humanidad.
Jeremías, un caso concreto. Relación con la vocación cristiana.
La vocación de Jeremías fue llamar a los hombres a volverse a Dios y a eliminar de
su vida aquello que les alejaba de Él. En una palabra, su misión fue llamar a la
conversión. A eso es a lo fueron llamados los profetas; ésa era su vocación.
PARA QUE LE CONOZCAS Y GOCES DE SU AMISTAD
En este apartado intentamos dar alguna pista para que cada uno en particular o el
grupo como tal, tenga un tiempo de oración en el que ya no se hable de Dios, sino
que se hable con Él. Este paso parece que no lo damos nunca en nuestras
catequesis y por eso todo queda cojo. Si la confrontación de la vida con la Palabra
de Dios es una acción espiritual, la oración es el lugar del discernimiento vocacional,
de la educación para la escucha de Dios que llama, porque cualquier vocación tiene
su origen en los momentos de una oración suplicante, confiada y paciente; sostenida
no por la exigencia de una respuesta inmediata, sino por la certeza de que la
invocación de uno será escuchada, y le permitirá descubrir, a su tiempo, su
vocación.
Un posible esquema para la oración puede ser:
1. Canto: “Heme aquí”, "El profeta", "Id y enseñad", u otra canción de tipo misionero
o vocacional.
2. Palabra de Dios y silencio meditativo. Se puede leer la vocación de Jeremías en
voz alta y luego dejar un tiempo de silencio para que los catecúmenos reflexionen
sobre ese texto y/o los otros que se acompañan.
3. Peticiones libres de los miembros del grupo a la luz de lo que hayan
experimentado en la oración.
4. Oración conclusiva del catequista y Padrenuestro como resumen de toda oración
cristiana.
Y ahora tú, ¿qué dices? (compromiso personal, evaluable).
Es necesario asumir algún compromiso personal, evaluable y concreto que
modifique efectivamente la propia situación vital, según lo que cada uno ha
descubierto en el tema o en la propia oración. Si no se hace así, nuestras reuniones
pasan "por encima de nosotros" sin llevarnos a ningún lado. El que da los temas
pierde ilusión y los destinatarios acaban decepcionados ante la incapacidad para
creer.

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Por todo lo anterior, deben concretarse las propuestas que hayan salido de las
preguntas formuladas al final del tercer apartado.
Puede ser bueno poner un modelo humano contemporáneo, para concretar todo
esto. En nuestra época tenemos varios casos: Madre Teresa de Calcuta, los mártires
maristas, Van Thuan, etc.
Hemos comprobado ya la necesidad de cambiar nuestra vida en algunos aspectos
concretos. Para que lo que hemos aprendido lo podamos llevar a la vida, es preciso
que asumamos libremente algún compromiso personal que podamos evaluar para
comprobar si nuestro caminar tras Jesucristo va siendo cada día más auténtico y
profundo.
Pistas:
 Leer algún texto adecuado para formarnos a la hora de dar razón de nuestra fe,
 Organizar formas sanas de divertirse y que no sean las típicas; discoteca, copas,
tabaco, pastillas, sexo degradado, etc. e invitar a otros a participar en ellas,
 Poner en práctica lo que aprendemos sobre la conversión a la que estamos
llamados ayudando en casa, frecuentando los sacramentos o la oración, etc.
 Crecer, ser consciente de nuestro ser cristiano; no a ratos, cuando estoy en la
parroquia o grupo de referencia, sino también en casa, en el instituto, en el
trabajo, etc. para que nuestra fe sea una fe unitaria y global, que afecte a la
totalidad de nuestra vida.

ABRAHAM
solo el que confía, sabe esperar
Te presento a Abraham
Abraham era un hombre muy rico, con una gran familia. Vivió en el siglo XX antes de
Cristo (hace 4000 años). Al final de sus días recibe una llamada de Dios que le dice
que salga de su tierra para dirigirse a una tierra que le promete, porque quiere hacer
un gran pueblo a partir de él. “Dios dijo a Abraham: «Vete de tu tierra, y de tu patria,
y de la casa de tu padre, a la tierra que yo te mostraré. De ti haré una nación grande
y te bendeciré. Engrandeceré tu nombre; y sé tú una bendición. Marchó, pues,
Abraham, como se lo había dicho Dios, y con él marchó Lot. Tenía Abraham 75 años
cuando salió de Jarán. Tomó Abram a Saray, su mujer, y a Lot, hijo de su hermano,
con toda la hacienda que habían logrado, y el personal que habían adquirido en
Jarán, y salieron para dirigirse a Canaán. Llegaron a Canaán”(Gn 12)

Le prometió Dios una gran descendencia de hijos que poseerían esa tierra fértil y
buena a la que se dirigía, pero al cabo de unos años, Abraham seguía sin hijos y sin
tierra. Se lo dijo a Dios: “No tengo hijos ni la tierra que me prometiste”. El Señor le
respondió: “Y sacándole afuera, le dijo: «Mira al cielo, y cuenta las estrellas, si
puedes contarlas.» Y le dijo: «Así será tu descendencia.» Y creyó él en Dios, el cual
se lo reputó por justicia.” Así, Abraham se fió de Dios y le dio gracias. Pero pasaban
los años y seguía sin tener un hijo. Su mujer ya era muy mayor y no era fértil. Todo
indicaba que no tendría ningún hijo. Le costaba confiar en Dios: “Abraham cayó
rostro en tierra y se echó a reír, diciendo en su interior: ¿A un hombre de cien años
va a nacerle un hijo?, ¿y Sara, a sus noventa años, va a dar a luz?”. Su vida parecía
un fracaso. Pero él seguía confiando en Dios y por eso esperaba que se cumpliese
lo que le había prometido, aunque no sabía cómo se podría realizar.
Al cabo de unos años, en plena vejez, Dios le anunció que tendría un hijo. “Concibió
Sara y dio a Abraham un hijo en su vejez, en el plazo predicho por Dios. Abraham
puso al hijo que le había nacido y que le trajo Sara el nombre de Isaac.”. Cuando
todo parecía que estaba arreglado, Dios le pide más: “Después de estas cosas
sucedió que Dios tentó a Abraham y le dijo: «¡Abraham, Abraham!» El respondió:

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«Heme aquí.» Le dijo: «Toma a tu hijo, a tu único, al que amas, a Isaac, vete al país
de Moría y ofrécele allí en holocausto en uno de los montes, el que yo te diga.»”. A
pesar de que su hijo era la ilusión de su vida, y en el que había puesto todo su
corazón, se fía de Dios y hace lo que le pide. No pierde la esperanza porque confía
plenamente en Dios. Una vez en lo alto del monte, se disponía a sacrificar a su hijo
único, entonces le llamó el Ángel de Yahvé desde los cielos diciendo: ¡Abraham,
Abraham!» El dijo: «Heme aquí.» Dijo el Ángel: «No alargues tu mano contra el niño,
ni le hagas nada, que ahora ya sé que tú eres temeroso de Dios, ya que no me has
negado tu hijo, tu único.»”. Y Dios le bendijo: “«Por mí mismo juro, oráculo de Yahvé,
que por haber hecho esto, por no haberme negado tu hijo, tu único, yo te colmaré de
bendiciones y acrecentaré muchísimo tu descendencia como las estrellas del cielo y
como las arenas de la playa, y se adueñará tu descendencia de la puerta de sus
enemigos. Por tu descendencia se bendecirán todas las naciones de la tierra, en
pago de haber obedecido tú mi voz.»” (Gn 22)
De Isaac nació Jacob y de él todo el pueblo de Israel. Del pueblo de Israel nació
Jesús, el hijo de Dios, y por la fe en Jesús nacemos todos los cristianos. Se ha
cumplido la promesa hecha a Abraham. Los cristianos, una multitud de todos los
tiempos que brillan en el mundo como estrellas en la noche, los hijos de Abraham.
¿Por qué ante una cosa que ya parecía imposible Abraham
sigue esperando que ocurriría?
¿Por qué se le llama a Abraham “nuestro padre en la fe”?
Es un testigo del amor de Dios y quiere llevarte hasta Él
a) Vocación cristiana:
Dios nos llama desde antes de nacer a vivir en amistad con Él. Ha pensado en
nosotros desde siempre y se fija en nosotros, y nos sigue y no nos deja de lado.
Está siempre con nosotros, y espera de nosotros que vivamos con Él como un
amigo. Nuestra vocación es a la santidad: a ser amados y corresponder a ese amor
de Dios. Esa relación se consolida en el Bautismo y ha de crecer poco a poco a
través de la oración, los sacramentos y la vida de fraternidad. Esa amistad se vive
de muchas maneras. Da igual que seas estudiante, trabajador, jubilado, astuto o
sencillo, brillante o mediocre, simpático o tímido. A todos nos busca Dios para que
seamos amigos suyos.
b) La vocación de Abraham:
Es la primera llamada de Dios a entrar en amistad con el hombre. Fué el primero
que respondió generosamente y por eso se le llamó AMIGO DE DIOS. Primero Dios
le llama a que salga de su tierra y le siga. Le promete grandes cosas, porque Dios
da el ciento por uno. Abraham escucha todo lo que Dios le dice y no duda de su
palabra. Aunque parece que las cosas no salen como él esperaba, sin embargo
sigue confiando en Dios y por eso espera el cumplimiento de sus promesas. Sólo se
desespera el que no confía ya en nadie. Pero quien tiene un amigo que sabe
que le puede ayudar, no pierde la esperanza. Abraham tenía un amigo fiel y por
eso no tenía miedo. Confió en Dios y Dios le colmó de bendiciones.
c) Mi vocación
Abraham se fió de Dios y le respondió generosamente, ¿por qué respondió
así a lo que Dios le pedía?¿Confío yo también en Dios de manera que no me
siento solo?
“A todos los que esperan se puede aplicar lo que dijo S. Pablo de Abraham: creyó,
esperando contra toda esperanza (Rom 4, 8). Dirás todavía «¿como puede suceder
esto?» Sucede porque se aferra a tres verdades: Dios es omnipotente, Dios me ama
inmensamente, Dios es fiel a las promesas. Y es El, el Dios de las misericordias,
quien enciende en mi la confianza; por lo cual yo no me siento ni solo, ni inútil, ni

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abandonado, sino implicado en un destino de salvación que desembocara un día en
el Paraíso” (JUAN PABLO I, Aloc. 20-IX-1978).
A veces Dios parece que está muy lejos, y que no nos habla, ¿qué nos enseña
Abraham sobre Dios?¿Me doy cuenta de que Dios no me deja, sino que me
acompaña y me habla?
“Nuestro Dios no nos pierde de vista, como una madre que está vigilando al hijito
que da los primeros pasos. «Abraham, dice el Señor, anda en mi presencia y la
hallarás en todas partes». Cuán consolado queda un cristiano, al pensar que Dios le
ve, que es testigo de sus penalidades y de sus combates, que tiene a Dios de su
parte.” (SANTO CURA DE ARS, Sermón sobre el Corpus Christi).
Resume en tres palabras, aquellos rasgos que te han llamado la atención de
Abraham y que te gustaría tener a ti.

ABRAHAM-Guía para el catequista


Esta catequesis aborda el tema de la vocación, a través de la figura de Abraham. El
hilo conductor es ver la importancia de la confianza para poder esperar. Abraham
esperó contra toda esperanza porque se fió plenamente de Dios. Se trata de
hacer ver a los jóvenes que cuando se confía en Dios, no se pierde la esperanza de
salir de situaciones difíciles, momentos duros, oscuridades, etc. Puede ocurrir que
tras un tiempo de querer vivir la vida cristiana, se harten o se cansen porque ven que
no avanzan, o porque no descubren a Dios. En Abraham vemos un modelo de
amistad con Dios: le escucha, le sigue, confía en Él, le obedece y espera todo de Él.
Muchas veces los jóvenes están sin esperanza porque no tienen en quién confiar.
Cuando uno encuentra una amistad verdadera, entiende que su vida puede cambiar.
Un joven sin ilusión está paralizado. La ilusión se tiene cuando se espera algo. Se
espera cuando se confía en una persona.
1.- ¿Cabe esperar algo nuevo?
Este es el comienzo. Se pueden empezar planteando estas preguntas para que
reflexionen sobre su vida. Es preferible que salgan cosas personales.
Piensa en situaciones difíciles que te han ocurrido o que conoces de amigos tuyos.
Se trata de ver problemas importantes, que parece que no encuentran solución. Ej.:
suspensos, enfados con amigos, padres que no comprenden, defectos personales,
temas de drogas, alcohol, etc. También se puede poner como ejemplo una película o
libro reciente.
¿Cómo se siente la persona que está metida en esa situación?¿Dónde busca
ayuda?¿Tira la toalla o sigue esperando una solución?
Si sigue esperando que se arregle el problema, ¿por qué tiene todavía esperanza?
¿Qué le hace pensar que las cosas van a cambiar?
Hay que hacerles ver que la ilusión viene de la esperanza, y la esperanza de la
confianza en alguien. La mayoría de los problemas de alcohol, drogas, sexo, etc.,
vienen por la soledad y la falta de verdaderos amigos. Cuando uno encuentra un
amigo/a entonces todo se ve de otro color y quiere cambiar. Al revés, uno no quiere
cambiar por mucho que le convenzas, es necesario que encuentre una amistad.
2.- Te presento a Abraham
Ahora se les entrega la hoja para que tengan el texto delante y se les dice de qué va
la catequesis. Se lee la historia o se cuenta a grandes rasgos o que la lean en
silencio. Al final se comenta y preguntan las dudas. Se hacen las preguntas
propuestas u otras semejantes. Es para ver el contraste entre sus vidas (punto 1) y
la vida de Abraham. Hay que hacer notar cómo lo que le movió a Abraham fue su
confianza en Dios. Por eso fue su amigo. No hay amistad donde no hay confianza. Y
por eso pudo esperar cuando todo estaba en contra, porque sabía que Dios
cumpliría su palabra. Por eso es nuestro Padre en la fe: la fe es el diálogo de

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confianza con Dios. No es sólo creer unas cosas, sino confiar en su palabra, confiar
en que me va a ayudar, confiar en su amor.
3.- Es un testigo del amor de Dios y quiere llevarte hasta Él
Tiene tres apartados: explicar la vocación cristiana en general, luego la vocación
específica de Abraham y por último la enseñanza que sacamos de la vocación de
Abraham para nuestra propia vida y vocación. Se puede hacer leyendo el texto o con
una explicación breve. Las preguntas son para concretar el tema en su vida. Van
acompañadas con un texto que ayuda a reflexionar. Tienen que confrontar la propia
persona con lo que han palpado en este tema. Hay que hacerles ver que lo de la
vocación no es algo que te cae en la cabeza y hasta que no te caiga te quedas
esperando. Se va preparando el terreno mediante la ESCUCHA de Dios, mediante la
CONFIANZA en sus palabras, mediante el fomento de la ESPERANZA, que se hace
cuando se desea algo.
4.– Para que le conozcas y goces de su amistad
Ahora es el momento de hablar con Dios como Abraham y contarle nuestras cosas y
escuchar lo que nos quiere decir. Se hace una oración. Si falta esto, se puede
convertir en una charla filosófica o algo así. Esto puede ser lo más importante de
todo: hablar con Dios. Se propone este esquema pero puede ser el que quieras.
ESQUEMA:
Canción: “Ven y sígueme”
Lectura del Salmo 22 “El Señor es mi Pastor” o del Salmo 129 “Desde lo hondo”
Silencio meditativo
5.- y ahora, tú ¿qué dices?
En este último momento se trata de concretar algo para que no quede todo en el
olvido. Un pequeño propósito que se pueda evaluar ayuda a mantener fresca las
iluminaciones recibidas en la catequesis. Puedes proponer lo siguiente.
Ahora elige una actitud de Abraham con su correspondiente compromiso para que
puedas vivirlo día a día. Si te parece mejor, elige otra que más te guste.
ESCUCHA: voy a leer todos los días unos minutos el Evangelio para escuchar las
palabras de Jesús.
CONFIANZA: cada vez que algo me preocupe, se lo voy a contar a Dios antes que a
nadie. El será mi primer confidente.
ESPERANZA: cuando crea que Dios no me hace caso o que no me aclara mi
vocación, me acordaré del salmo: “ El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién
temeré?”

MARÍA, Hija de Sión


INTRODUCCIÓN
En nuestra vida se nos presentan muchísimas situaciones a lo largo del día que
hacen que necesitemos de otras personas para que nos ayuden, trabajen con
nosotros o hagan algo que nosotros no sabemos hacer. Requieren de nosotros que
confiemos en otras personas. Muchas veces no nos damos ni cuenta de la
necesidad que tenemos de confiar en otras personas, pero es algo fundamental para
nuestra vida. Solos no podemos hacer todo en esta vida. Pero no se trata solamente
de esto: hay muchas veces que necesitamos de otros en momentos esenciales de
nuestra vida: cuando estamos sufriendo por algo, cuando nos ha ocurrido algo
magnífico... o a veces son los otros los que necesitan de nosotros, los que quieren
contarnos algo importante o nos necesitan para algo muy importante para ellos
Incluso nuestra vida puede quedar marcada por una muestra de confianza de
otra persona en nosotros. ¿Se nos puede pedir nuestra confianza incluso para
algo que nos supere, que no terminemos de entender?

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Todo esto es algo concreto, algo de nuestra vida diaria. Se refiere a las situaciones
que nos encontramos todos los días, que nos ocurren con la gente que nos rodea,
no es un ejercicio de abstracción, y va a suponer de nosotros un ejercicio de
humildad y de generosidad.
Existe una pregunta clave, una pregunta que nos ayudará a comprender la
complejidad de este tema: ¿Por qué confiar en quien confío?
¿POR QUÉ CONFIAR EN QUIEN CONFÍO?
1. Muchas veces a lo largo del día nos fiamos de otras personas. En realidad,
porque es necesario, lo hacemos sin darnos cuenta. Así que ahora vamos a darnos
cuenta: ¿Qué sería de nosotros sin esas situaciones? ¿Cómo haríamos esas cosas
sin confiar?
2. Muchas veces hemos de confiar en otras personas, necesitamos ayuda para algo
y buscamos a alguien que sepamos que lo vaya a hacer bien, pero a la vez que
sepamos que va a hacerlo como nosotros queremos. ¿En qué situaciones os ha
pasado? ¿Cómo os habéis sentido?
3. A veces no nos queda más remedio que confiar nuestros secretos
LLEGADOS A ESTE MOMENTO , TE VOY A PRESENTAR A ALGUIEN: MARÍA
¿Qué sabes de María? ¿Cuándo vivió? ¿Dónde vivió y qué sabemos de su familia?
¿Sabes algo sobre sus amigos, sobre la vida que llevaba o podía llevar? ¿Qué
ocurre en su vida? ¿De qué manera ilumina nuestra vida la actitud de María? Al fin y
al cabo, a nosotros no se nos va a aparecer un ángel, no se nos va a pedir que
seamos la madre de Dios...
La actitud de María a lo largo de toda su vida es para nosotros una lección
magnífica, porque María no alcanzaba a entender toda la profundidad ni la
importancia de la propuesta del ángel, pero se fía. Se fía de Dios porque ama a
Dios. Y María no puede dejar de obedecer, no puede dejar de responder a aquel a
quien ama. Esta actitud nos choca hoy. No está de moda. No está de moda confiar
en la gente, ni mucho menos en Dios. Necesitamos pruebas claras, palpables, para
acceder a la confianza de otro. María se fía de Dios. Hoy lo que hizo María sólo se
entiende como una locura. María responde que sí a algo que no termina de entender
sin pedir ninguna prueba para algo que va a cambiar su vida definitivamente. Sólo
por su amor a Dios. Este amor a Dios es el que le permite ser plenamente libre para
responder. Nosotros sólo a la gente a la que más queremos, en la que más
confianza ponemos, nos atrevemos a decirle las respuestas más difíciles, porque
sólo el que ama mucho arriesga mucho.
Entre los textos que pueden servirnos de apoyo encontramos, primero, el de la
Anunciación: Lc 1, 26-38. Este es el texto primero, fundamental: es el “sí” de María a
Dios.
Más importantes, los que tenemos en el fondo del corazón. Son las cosas que más
nos importan: algo que nos ha ocurrido, un problema grave en que nos hemos
metido, un enamoramiento, una pelea con nuestro mejor amigo... ¿Por qué lo
hacemos? ¿Cómo nos sentimos? ¿Qué ventajas nos ofrece?
4. Por último, a veces son otras personas las que confían en nosotros: A veces
necesitan algo sin importancia, que no requiere casi esfuerzo de nosotros pero se
nos agradece infinitamente, de forma expresiva y sincera. Otras, es muy importante
lo que se nos pide: ¿Cómo reaccionamos? ¿Entendemos que se nos pida a
nosotros? ¿Ponemos lo mejor de nosotros mismos o reservamos esfuerzos según
quien nos los pida?
Pero un “sí” verdadero tiene que ser a la vez fiel, porque el amor verdadero es un
amor que es eterno. Por eso, María, a lo largo de su vida, nos ofrece más y nuevas
lecciones de fidelidad: en las bodas de Caná (Jn 2, 1-12), donde María nos invita a
confiar en Jesús sin vacilar: “Haced lo que él os diga”.

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Por último, en Jn 19, 25-27 aparece María junto a la cruz: El amor fiel lo es hasta en
las peores situaciones, hasta en la hora de la muerte, donde se cumple lo que a
María ya se había anunciado en Lc 2, 35. Pero ella no lo rehuye, no se esconde:
entrega a su Hijo en sacrificio a pesar de su sufrimiento.
Y, ¿por qué no pensar en Cristo resucitado, apareciéndose en primer lugar a su
madre? Es el premio a su amor fiel, a la entrega de su vida por la salvación de los
hombres.
MARÍA ES UN TESTIGO DEL AMOR DE DIOS, Y QUIERE LLEVARTE HASTA ÉL
¿Cómo puede María llevarme hasta Dios? Además, hemos dicho que su vida era
totalmente diferente a la nuestra. Pero sí, puede. Puede porque a ti, como a ella,
Dios te llama a estar con Él, a participar de su gloria de su amor, de su alegría. Dios
llama a todos los hombres a participar de su vida, a la comunión con Él, que por
amor nos crea y nos conserva. Y esta llamada la hace Dios desde el principio de los
tiempos. Dios quiere que todos estemos junto a él desde antes de que nosotros
nazcamos. Tiene un plan para cada hombre, para cada uno de nosotros (como lo
tenía para María), y seguirlo supone conocer la plena verdad, participar plenamente
de su amor.
En el aceptar o no este plan, en como vivamos este diálogo con Dios que Él nos
ofrece se funda la posibilidad para cada uno de crecer según las características
propias (que de Dios hemos recibido como don) y que pueden dar sentido a la
historia y a las relaciones de su existir cotidiano, en camino hacia la plenitud de la
vida.
PARA QUE LE CONOZCAS Y GOCES DE SU AMISTAD,
VAMOS A REZAR UN RATO
Este tiempo es también muy importante: como hemos visto, es en el tiempo que
cada uno dedique a la oración en el que puede realizar un discernimiento serio,
profundo, de la propia vocación, poniéndose a la escucha de lo que Dios nos dice,
así dice Samuel: Habla, Señor, que tu siervo escucha (1Sam 3, 10). Sólo afrontando
con esta actitud este tiempo podremos responder como María: Hágase en mí según
tu Palabra (Lc 1, 38). Así que empezaremos poniéndonos en actitud de oración, en
silencio, en presencia de Dios, para que sea Él quien guíe este rato. Podemos
empezar leyendo el pasaje de la Anunciación (Lc 1, 26-38).
En su tiempo, ¿cómo reacciona María a lo que le dice el ángel? ¿Qué entendió
María de lo que le iba a ocurrir? ¿Qué pudo entender de cómo iba a cambiar su
vida? ¿Cómo de fuerte sería esta experiencia para María, que la acepta pese a
saber que no vendrían buenos momentos? ¿Por qué acepta? ¿Cómo ilumina esto tu
vida? ¿O no tiene nada que ver contigo? ¿Qué tiene de actual esta historia?
Y AHORA, TÚ ¿QUÉ DICES?
Ahora es necesario asumir algún compromiso personal, evaluable, concreto, que
modifique efectivamente la propia situación vital, según lo que hoy hayamos
descubierto en el tema o en la oración. Si no lo hacemos, la reunión pasará sin
llevarnos a ningún lado. Este compromiso personal será dicho en voz alta, para que
todo el grupo pueda ayudar a que cada uno cumpla lo que se propone. Este
compromiso es la consecuencia que se sigue lógicamente para aquel que ha
descubierto algo en lo que quiere profundizar
MARÍA, LA HIJA DE SIÓN
Guía del Catequista
Introducción
Sólo pretende presentar el tema del que vamos a hablar. Puede remarcarse la
importancia que va a tener especialmente que cuenten experiencias propias, pues
sólo a partir de su experiencia particular se puede profundizar en la propia vocación

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En nuestra vida se nos presentan muchísimas situaciones a lo largo del día que
hacen que necesitemos de otras personas para que nos ayuden, trabajen con
nosotros o hagan algo que nosotros no sabemos hacer. Requieren de nosotros que
confiemos en otras personas. Muchas veces no nos damos ni cuenta de la
necesidad que tenemos de confiar en otras personas, pero es algo fundamental para
nuestra vida. Solos no podemos hacer todo en esta vida. Pero no se trata solamente
de esto: hay muchas veces que necesitamos de otros en momentos esenciales de
nuestra vida: cuando estamos sufriendo por algo, cuando nos ha ocurrido algo
magnífico... o a veces son los otros los que necesitan de nosotros, los que quieren
contarnos algo importante o nos necesitan para algo muy importante para ellos.
Incluso nuestra vida puede quedar marcada por una muestra de confianza de
otra persona en nosotros. ¿Se nos puede pedir nuestra confianza incluso para
algo que nos supere, que no terminemos de entender?
Todo esto es algo concreto, algo de nuestra vida diaria. Se refiere a las situaciones
que nos encontramos todos los días, que nos ocurren con la gente que nos rodea,
no es un ejercicio de abstracción, y va a suponer de nosotros un ejercicio de
humildad y de generosidad.
Existe una pregunta clave, una pregunta que nos ayudará a comprender la
complejidad de este tema: ¿Por qué confiar en quien confío?
¿POR QUÉ CONFIAR EN QUIEN CONFÍO?
No es necesario que todos hablen en referencia a todos los apartados. Los últimos
apartados suelen ser los casos más complejos, y por tanto pueden ser más
fructíferos, pero en un principio, cualquier posibilidad nos vale, porque lo importante
es que busquen en su interior, en su vida... En este punto sólo tienen que "contar
historias", nada más. Las conclusiones ya las sacarán después, cuando tengan que
referirlas a María.
Este apartado consiste en que revisemos nuestra vida, nuestras acciones más
comunes, lo que hacemos normalmente: es muy concreto, y no requiere un gran
esfuerzo. No se trata de que vayamos respondiendo punto por punto, sino de que
elijamos las actitudes nuestras más actuales pero a la vez que más nos definan,
porque así será más interesante el tema y las conclusiones.
1.Muchas veces a lo largo del día nos fiamos de otras personas. En realidad, porque
es necesario, lo hacemos sin darnos cuenta. Así que ahora vamos a darnos cuenta:
¿Qué sería de nosotros sin esas situaciones? ¿Cómo haríamos esas cosas sin
confiar?
2. Muchas veces hemos de confiar en otras personas, necesitamos ayuda para algo
y buscamos a alguien que sepamos que lo vaya a hacer bien, pero a la vez que
sepamos que va a hacerlo como nosotros queremos. ¿En qué situaciones os ha
pasado? ¿Cómo os habéis sentido?
3. A veces no nos queda más remedio que confiar nuestros secretos más
importantes, los que tenemos en el fondo del corazón. Son las cosas que más nos
importan: algo que nos ha ocurrido, un problema grave en que nos hemos metido,
un enamoramiento, una pelea con nuestro mejor amigo... ¿Por qué lo hacemos?
¿Cómo nos sentimos? ¿Qué ventajas nos ofrece?
4. Por último, a veces son otras personas las que confían en nosotros: A veces
necesitan algo sin importancia, que no requiere casi esfuerzo de nosotros pero se
nos agradece infinitamente, de forma expresiva y sincera. Otras, es muy importante
lo que se nos pide: ¿Cómo reaccionamos? ¿Entendemos que se nos pida a
nosotros? ¿Ponemos lo mejor de nosotros mismos o reservamos esfuerzos según
quien nos los pida?
LLEGADOS A ESTE MOMENTO: TE VOY A PRESENTAR A ALGUIEN: MAR ÍA

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Ahora dejamos de lado nuestra experiencia, y una nueva persona "se añade al
grupo": es María. Ella va a contarnos también su experiencia de confianza en otro
(en "Otro"). Ahora todo depende del tiempo que tengamos: podemos elegir un
pasaje de la vida de María y fijarnos en él, o comentar varios, o todos... Una vez
explicados, ahora sí, ellos tienen que confrontar su experiencia con la vida de María.
Por eso están largamente explicadas cada escena y por eso está después la
explicación más "teológica" y práctica de lo que es la vocación, porque así podemos
entrar más profundamente en parecidos, en medios a nuestro servicio, en las formas
de responder. Sinceramente, aquí depende más de la habilidad del catequista para
empujar a los chavales a profundizar en lo que están escuchando, de su capacidad
para que se impliquen. María era una persona normal, una chiquita normal y
corriente, que responde al plan de Dios sobre su vida con confianza y amor. Ellos
están llamados igualmente a responder a un plan que Dios ha elegido
personalmente para cada uno de ellos, unido a ellos, y que es, sin duda, la
posibilidad de ser más feliz. Esta idea fundamental se les tiene que quedar en la
cabeza.
En este apartado vamos a iluminar nuestra vida con el ejemplo de María. Vamos a
ver en qué se parece nuestra vida a la de ella. Para ello tenemos una serie de
momentos de la vida de María que pueden servirnos. Es este un apartado muy rico,
con el que podemos comparar todas las actitudes que antes hemos contado, a cada
uno le llamará más la atención un momento de la vida de María, y tendrán que
relacionarlo con lo que han contado de la suya. Por eso es necesario que la primera
parte sea personal, para que a cada uno le afecte de una manera esta segunda
parte.
¿Qué sabes de María? ¿Cuándo vivió? ¿Dónde vivió y qué sabemos de su familia?
¿Sabes algo sobre sus amigos, sobre la vida que llevaba o podía llevar? ¿Qué
ocurre en su vida?
La vida de María no debía ser muy diferente de la de cualquier otra chica joven de
su tiempo. En su vida va a ocurrir algo: Es la Anunciación (Lc 1, 26-38).
Vamos a ver tranquilamente qué le ocurre a María. Fijaos en la escena: no sabemos
donde ocurrió, sólo sabemos que ocurre en Nazaret, una aldea poco importante, que
no parece el lugar predestinado para semejante acontecimiento. Tampoco sabemos
el momento exacto en que el ángel se presenta. Lo único importante son las
palabras del ángel. Exigen de María escucha intensa y fe pura. Corren unos
tiempos, no sólo ahora, también hace 2000 años, en los que existe una clara
tendencia a pedir signos sensibles para creer, pero lo que mueve a María a aceptar
no es ningún signo sensible: es sólo su amor a Dios.
María se enfrenta ante una verdad jamás enunciada en la historia, en todo el Antiguo
Testamento, que puede aceptar o rechazar: su maternidad virginal. ¿Qué actitud
tiene María? María mezcla sencillez y audacia. Ella misma alucina bastante, y por
eso pregunta: “¿Cómo será eso?” Pero no por ello deja de creer: tiene fe en el poder
de Dios. La prueba es que acepta. Estamos ante la libre colaboración de la persona
humana ante la llamada divina. María, creyendo en la palabra del Señor, coopera en
la maternidad anunciada.
Y María, aun siendo consciente de la altísima dignidad que se le ha concedido, se
presenta a sí misma: “He aquí la esclava del Señor”. María acepta así un
compromiso de servicio al prójimo que queda de manifiesto por la íntima unión del
episodio de la Anunciación y el de la Visitación, en el que María acude rápidamente
a ayudar a Isabel a preparar su ya próximo parto. María muestra así su total
obediencia a la voluntad de Dios, pues su "hágase" no es sólo aceptación sino
también acogida llena de convencimiento del proyecto que Dios le ofrece para su
vida. Hace de la voluntad del Padre el principio inspirador de toda su vida, y a la vez

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la fuerza necesaria para el cumplimiento de la misión que se le confía. Está
dispuesta a vivir todo lo que el amor divino tiene previsto para su vida... hasta la
“espada” que atravesará su alma (cfr. Lc 2, 35).
Al pronunciar su “sí” al proyecto de Dios, María es plenamente libre ante Dios; a la
vez se siente personalmente responsable ante la humanidad: nuestro futuro está
vinculado a su respuesta. Con su modo de obrar María nos recuerda la grave
responsabilidad que cada uno tiene de acoger el plan divino sobre la propia vida.
María se entrega totalmente a la persona de Cristo y a su obra, en dependencia de
él: esta condición de subordinación es fruto, sin duda, de la gracia.
Es importante subrayar estos aspectos que se deducen a partir del pasaje de la
Anunciación, pues son los centrales de este tema: la escucha de María, que se
mueve a responder en consonancia con su amor a Dios; cómo María supera todos
los factores en contra (hasta los aparentemente insuperables) porque cree que Dios
todo lo puede; el “hágase” de María, que a pesar de hacerla “llena de gracia ante
Dios” la convierte en la esclava del Señor hasta en la cruz de Cristo; la libertad de
María, que consciente y responsablemente responde a Dios consecuentemente con
todo un Dios que “ha mirado su humillación”.
Otro momento de la vida de Jesús junto a María que relatan los evangelios son las
bodas de Caná (Jn 2, 1-12). Se nos cuenta allí como María es invitada a unas bodas
en Caná de Galilea, y "también fue invitado Jesús con sus discípulos": Jesús vuelve
a ser aquí introducido por María. Como en la Encarnación, María va por delante
mostrándonos al Salvador.
Y María vuelve aquí, como en la Encarnación, a dar muestra de la valentía de su fe.
Confía tan plenamente en Jesús que en cuanto se entera de que no había vino va a
decírselo, a pesar de que aún Jesús no había hecho ningún milagro. Ella confía en
el poder de su Hijo, a pesar de que este poder esté aún sin revelar.
Pero María no sólo sabe aparecer para acercarnos a Jesús, también sabe
desaparecer: algunos exégetas han entendido la frase "¿Qué nos va a ti y a mí?
Todavía no ha llegado mi hora" como una doble interrogación: "¿Qué nos va a ti y a
mí? ¿no ha llegado ya mi hora?" Así, Jesús le da a entender a su madre que ya no
depende de ella, sino que es Él el que tiene que llevar la iniciativa. Y María deja de
insistir ante él y, en cambio, se dirige a los sirvientes para invitarlos a cumplir sus
órdenes: "Haced lo que él os diga". María invita a una confianza sin vacilaciones,
sobre todo cuando no se entienden el sentido y la utilidad de lo que Cristo pide.
Y así hasta la cruz. Porque, claro, como vimos en la Encarnación, María acepta vivir
su vida junto a Cristo toda entera, incluso en Jerusalén, allí donde culmina la misión
de Cristo. María acepta la inmolación de su hijo no de manera pasiva, sino en un
auténtico acto de amor. Con este amor María entrega a su hijo, pues sabe cual es su
misión (Jn 19, 25-27). María permanece de pie junto a la cruz, permanece con
inquebrantable fe y extraordinaria valentía, sostenida por la fe, que se ha ido
robusteciendo en los acontecimientos de su existencia y en la vida pública de Jesús.
También aquí, en el sufrimiento supremo, en el dolor definitivo, resplandece la
esperanza confiada de María en el futuro misterioso que se avecina con la cruz.
María, que recuerda los anuncios de la Pasión de Jesús (Mc 8,31) ve como estos
suscitan en ella la espera y el anhelo de la resurrección.
Por esto María es la nueva hija de Sión. Los oráculos del profeta Sofonías (So 3,
14ss.) que invitan a Jerusalén a no temer y que anuncian la intervención salvífica de
Dios son similitudes que nos hacen reconocer en María a la nueva hija de Sión.
Otros textos proféticos favorecen esta creencia: Jl 2, 21.27; Za 9,9-10. El relato de la
Anunciación nos permite reconocer en María a la nueva hija de Sión. La Virgen
acoge el mensaje en nombre del pueblo de David y en nombre de toda la
humanidad.

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Y María, que había permanecido junto a su Hijo en el momento crítico de la cruz, no
podía quedar relegada por Él a la hora de mostrarse resucitado. No podemos pensar
que Cristo Resucitado no se apareció a su madre, aunque ese encuentro no sea
relatado por los evangelios. María debió vivir de manera particular, de la misma
manera particular que había vivido la muerte de su Hijo, el encuentro tras la
Resurrección. Al acoger a Cristo Resucitado, María es también signo y anticipación
de la humanidad, que espera lograr su plena realización mediante la resurrección de
los muertos.
Ahora que ya hemos visto cómo actúa María en cada momento de su vida surgen
nuevas preguntas según vamos descubriendo cosas nuevas. ¿De qué manera
ilumina nuestra vida la actitud de María? Al fin y al cabo, a nosotros no se nos va a
aparecer un ángel, no se nos va a pedir que seamos la madre de Dios...
La actitud de María a lo largo de toda su vida es para nosotros una lección
magnífica, porque María no alcanzaba a entender toda la profundidad ni la
importancia de la propuesta del ángel, pero se fía. Se fía de Dios porque ama a
Dios. Y María no puede dejar de obedecer, no puede dejar de responder a aquel a
quien ama. Esta actitud nos choca hoy. No está de moda. No está de moda confiar
en la gente, ni mucho menos en Dios. Necesitamos pruebas claras, palpables, para
acceder a la confianza de otro. María se fía de Dios. Hoy lo que hizo María sólo se
entiende como una locura. María responde que sí a algo que no termina de entender
sin pedir ninguna prueba para algo que va a cambiar su vida definitivamente. Sólo
por su amor a Dios. Este amor a Dios es el que le permite ser plenamente libre para
responder. Nosotros sólo a la gente a la que más queremos, en la que más
confianza ponemos, nos atrevemos a decirle las respuestas más difíciles, porque
sólo el que ama mucho arriesga mucho.
MARÍA ES UN TESTIGO DEL AMOR DE DIOS, Y QUIERE LLEVARTE HASTA ÉL
¿Cómo puede María llevarme hasta Dios? Además, hemos dicho que su vida era
totalmente diferente a la nuestra. Pero sí, puede. Puede porque a ti, como a ella,
Dios te llama a estar con Él, a participar de su gloria, de su amor, de su alegría. Dios
llama a todos los hombres a participar de su vida, a la comunión con Él, que por
amor nos crea y nos conserva. Y esta llamada la hace Dios desde el principio de los
tiempos. Dios quiere que todos estemos junto a él desde antes de que nosotros
nazcamos. Tiene un plan para cada hombre, para cada uno de nosotros (como lo
tenía para María), y seguirlo supone conocer la plena verdad, participar plenamente
de su amor. Podemos descubrirlo y podemos no descubrirlo, podemos seguirle y
podemos no seguirle, porque Dios nos ha dado libertad para ello pero Él, de alguna
manera, nos revela a cada uno el plan que ha puesto en nuestros corazones para
que seamos felices.
Dios nos ofrece a cada uno de nosotros una oportunidad diferente de la del resto de
los hombres, única, particular, personal (¡una llamada personal de Dios!), que se
realiza y se reconoce por medio de personas, situaciones, encuentros... en definitiva,
mediaciones. A nosotros no se nos aparecerá un ángel, como le pasó a María, pero
por otros medios descubriremos que Dios nos llama a algo, nos pide algo, nos
encomienda una misión para nuestra vida. ¿Por qué nos encomienda a cada uno
una tarea determinada? ¿Por qué me llama a mí a lo que me llama y no a otro?
Pues no lo sé. La respuesta es así de dura, pero es también así de sencilla. No sé
por qué razón Dios me llama a mí a lo que me llama, ni por qué te llama a ti a lo que
te llama, y no sólo no lo sé, sino que tampoco puedo saberlo. Me pasa como le pasó
a María: no alcanzo a comprenderlo, me supera, “es demasiado para mí”.
Así que llegados a este punto sólo puedo hacer dos cosas, sólo puedo tomar dos
actitudes: 1) Pasar. Como no lo entiendo, paso de ello. Aunque, ¡ojo! No por el
hecho de pasar, esa llamada deja de estar ahí, ni desaparece para siempre. 2)

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Considerarlo seriamente. María comprendió que la llamada que aquel ángel le
hacía venía de Dios, y aun sin comprender la llamada, se fió, porque quería a Dios
tanto que no podía pensar que Dios le fuese a ofrecer algo malo. Aquí hay un paso
entre medias que no es fácil y en el que vamos a poner un poco más de atención.
Hemos visto que María puede responder afirmativamente a Dios porque lo quiere, se
fía de Él porque lo conoce, y por eso comprende que la llamada que recibe “es de
Dios”. ¿Cómo podemos nosotros conocer así a Dios? ¿Cómo podemos reconocer
que verdaderamente Dios nos llama, nos pide algo? En definitiva, ¿cuáles de estas
“mediaciones” de que hemos hablado son verdaderas? ¿Cómo conocerlas y
profundizar en ellas? Estas preguntas en realidad nos llevan a una conclusión muy
interesante: profundizar en esta mediación, profundizar en esta llamada, es
profundizar en el conocimiento de Cristo. Es profundizar en Él, en su vida, y aquí
aparecen un sinfín de elementos que son todos una unidad: 1) La Sagrada Escritura.
Porque, como dice San Jerónimo,
Ignorar las Escrituras es ignorar a Cristo mismo”. Cada encuentro con la Palabra de
Dios es un momento feliz para la propuesta vocacional, pues ayuda a comprender el
estilo y los gestos con los que Dios elige, llama, educa, y hace partícipe de su amor.
En las Sagradas Escrituras encontramos no sólo la historia de la salvación de Dios
con los hombres, sino que encontramos, por la acción del mismo Espíritu Santo, que
es origen de aquellos escritos, una luz que ilumina nuestras vidas y que da un
sentido a lo que nos sucede. Por ello, este primer aspecto va íntimamente unido al
segundo: 2) La oración. “Realizada en nosotros por el Espíritu Santo, nos abre, por
Cristo y en Cristo, a la contemplación del rostro del Padre” (NMI 32). Puede aquí
desarrollarse ampliamente el tema de la oración, explicando como este diálogo de
amor con el Padre supone una profundización en su conocimiento y en el nuestro
propio, y cómo este conocimiento favorece el conocimiento de la misión que el
Padre nos encomienda: cuál es la llamada que nos hace. La oración supone,
además, un dejarse plenamente en las manos del Padre, en el camino de la Gracia,
y es el ámbito propio en el que nace y toma su pleno sentido el encuentro personal
del hombre con Dios. 3) Los sacramentos. Son el lugar en el que se hace más
patente el regalo que Dios nos hace: sólo en su Iglesia y en sus sacramentos el
encuentro con Dios puede ser pleno, pues Cristo se hace presente en su Iglesia.
Brota de aquí necesariamente una llamada a anunciar al resto del mundo, a todos
aquellos que no han tenido la gracia de conocer a Cristo, la palabra de salvación que
se nos ha manifestado. La vida de la Iglesia es oportunidad para que todos los
hombres conozcan a Cristo y la llamada que Él les hace. Por ello, también podemos
hablar de todo lo que compone esta vida de la Iglesia: 4) Los sacerdotes, presencia
de Cristo en medio de los hombres, 5) la Tradición y el Magisterio de la Iglesia, etc...
María no contaba con algunos de estos elementos, y sin embargo pudo reconocer y
seguir la llamada que Dios le hacía. María reconoció una llamada particular, y María
era plenamente consciente de que esa llamada era para ella, nada más que para
ella, era personal. Aquí es necesario dejar de lado la particularidad de que sólo
María fue llamada por Dios para ser la madre de Jesús, pero no por ello podemos
dejar de generalizar: María recibe una llamada única también porque en esa llamada
de Dios se ve influida toda su vida: todo su pasado recibirá un pleno sentido, y todo
su futuro mira ya en una sola dirección, pues es la llamada de Dios la que marca
definitivamente su vida. Esta vocación nace en un contexto (Nazaret, el ambiente
propio de su tiempo...), influye a los que tienen algo que ver con ella (sus amigos, su
familia, su prima Isabel, sus padres...) y también marcará a los que la conozcan en
adelante (especialmente a partir de la misión pública de Jesús: pensar en la relación
de María con los apóstoles, con Juan, con las otras mujeres...). María tendría
pensada para ella una vida en su tiempo, según el ambiente que la rodeaba, quería

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que su vida transcurriera de una forma... que Dios decide alterar, y a la que ella no
se niega, sino que se entrega de pleno. Todo podía haber seguido su curso, su ritmo
natural, lógico... pero para Dios no hay otra lógica que amarlo y confiar en Él.
De alguna manera, esto no es muy diferente de lo que nos puede pasar a nosotros.
Todos tenemos –más o menos- un plan para nuestra vida, una idea de cómo
queremos que transcurra... a veces esta es algo tan simple como “a ver qué pasa”...
pero Dios no irrumpe en nuestra vida para darnos complicaciones, o para que
tengamos un local en el que juntarnos unos cuantos, o para tener un amigo cura...
Dios ofrece a cada uno de nosotros un plan, que está elegido por Él desde el
principio, y que por eso puede suponer un cambio muy fuerte en nuestra vida,
porque a lo mejor no tiene nada que ver con lo que estamos viviendo ahora. Y
entonces, cuando descubrimos este plan... tenemos que responder. Así, podemos
continuar nuestra vida sin que esta novedad entre en ella, o podemos arriesgar,
porque está claro que desvelar algo oculto es un riesgo, pero también que si no
arriesgamos viviremos y moriremos de forma mediocre, habiendo dejado que
nuestra vida pase sin lo más bonito que se nos ofrece: ¡una semilla que Dios ha
plantado en nosotros desde la eternidad! Una semilla que supera con creces lo que
tenemos, o podamos imaginar que tenemos, o lo que queremos... porque el plan de
Dios es más maravilloso que todo eso. Él nos lo repite constantemente, y nosotros
podemos fiarnos o no fiarnos.
En el aceptar o no este plan, en como vivamos este diálogo con Dios que Él nos
ofrece se funda la posibilidad para cada uno de crecer según las características
propias (que de Dios hemos recibido como don) y que pueden dar sentido a la
historia y a las relaciones de su existir cotidiano, en camino hacia la plenitud de la
vida.
PARA QUE LE CONOZCAS Y GOCES DE SU AMISTAD, VAMOS A REZAR UN
RATO
Este tiempo es también muy importante: como hemos visto, es en el tiempo que
cada uno dedique a la oración en el que puede realizar un discernimiento serio,
profundo, de la propia vocación, poniéndose a la escucha de lo que Dios nos dice,
así dice Samuel: “Habla, Señor, que tu siervo escucha” (1Sam 3, 10). Sólo
afrontando con esta actitud este tiempo podremos responder como María: “Hágase
en mí según tu Palabra” (Lc 1, 38). Así que empezaremos poniéndonos en actitud de
oración, en silencio, en presencia de Dios, para que sea Él quien guíe este rato.
Podemos empezar leyendo el pasaje de la Anunciación (Lc 1, 26-38).
Ahora viene un tiempo en silencio, en el que podemos aprovechar para releer la hoja
o las notas que hemos ido tomando, repensar sobre lo que hemos estado
hablando... Algunas ideas sobre este texto que te pueden ayudar en esta reflexión,
aunque no hace falta utilizarlas, ni utilizarlas todas, son estas:
En su tiempo, ¿cómo reacciona María a lo que le dice el ángel?
¿Qué entendió María de lo que le iba a ocurrir?
¿Qué pudo entender de cómo iba a cambiar su vida?
¿Cómo de fuerte sería esta experiencia para María, que la acepta pese a saber que
no vendrían buenos momentos?
¿Por qué acepta?
¿Cómo ilumina esto tu vida?¿O no tiene nada que ver contigo?
¿Qué tiene de actual esta historia?
Otra cosa que puede resultar interesante es que, en este tiempo, escriban. Puede
ayudarles a centrarse o a profundizar en algo que hayan escuchado en la reunión. Y
puede aclarar sus ideas. Por último estaría muy bien que intentaran sacar aquí el
compromiso que luego tendrán que poner en común de cara a la próxima reunión. El

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Espíritu puede suscitar en ellos valientes y decididas acciones de cara al
conocimiento y a la profundización en la propia vocación.
Puede estar bien intercalar algún canto tranquilo, repetitivo, que centre al que esté
un poco más despistado y anime a dar una respuesta a lo que están rezando, por
ejemplo: “Nada te turbe”, etc...
Para terminar, que hagan un momento de alabanza y acción de gracias, en el que
agradezcan a Dios su cercanía y su luz en este rato.
Y AHORA, TÚ ¿QUÉ DICES?
Ahora es necesario asumir algún compromiso personal, evaluable, concreto que
modifique efectivamente la propia situación vital, según lo que hayamos descubierto
en el tema o en la oración. Si no lo hacemos, la reunión pasará sin llevarnos a
ningún lado.
Este compromiso personal será dicho en voz alta, para que todo el grupo pueda
ayudar a que cada uno cumpla lo que se propone. Habrá que insistir en que este
compromiso es la consecuencia que se sigue lógicamente para aquel que ha
descubierto algo en lo que quiere profundizar. Pueden aquí proponerse, en caso de
fracaso o “bloqueo” más actividades vocacionales, lectura bíblica (lectio divina),
animar a la dirección espiritual, a la vida de oración orientada a descubrir la propia
vocación, etc...

PEDRO
SERÁS PESCADOR DE HOMBRES
Observa detenidamente el cuadro de la portada. Representa a un hombre que está
siendo está siendo liberado por un ángel. Es un cuadro del siglo XVII y representa
una escena bíblica:
Sabrías decir quien es el personaje que es liberado por el ángel?
¿A qué pasaje de la Escritura se refiere?
El personaje está siendo liberado de unas cadenas. ¿Por qué le habían
encarcelado?.
¿Quién libra a nuestro personaje de las cadenas? ¿Es el ángel o es alguien a
quien el ángel representa? ¿Por qué le libera? ¿Qué es lo primero que hace
después de ser liberado?
Desde tu punto de vista personal, ¿crees que existen otro tipo de cadenas
distintas a las materiales que ataban a nuestro personaje? ¿no crees que
existen otros yugos mucho peores como la soledad, el desaliento...?.
Coméntalos.
TE PRESENTO A PEDRO
San Pedro, nuestro protagonista, también sabe de buena tinta que existen otras
cadenas mucho peores que aquellas que le tuvieron aprisionado durante la
persecución de Herodes en tiempo del gobierno de Claudio.
Hubo un tiempo en que a Pedro le ataron otras cadenas. Pero también en ese otro
tiempo ocurrió lo mismo que ahora. Dios, para liberar a Pedro de esas cadenas
enormes del pecado, envió a Jesucristo mismo. Y éste, mejor que cualquier ángel,
que cualquier mensajero, llamó a Pedro a su seguimiento y le liberó.
¿Te das cuenta que Jesús también te llama a ti a su seguimiento?
Caminando, pues, junto al mar de Galilea, vio a dos hermanos, Simón, que se
llama Pedro, y Andrés, su hermano, los cuales echaban la red en el mar, pues
eran pescadores, y les dijo: Venid conmigo y os haré pescadores de
hombres. Ellos dejaron al instante las redes y le siguieron.
¿Cambia en algo Pedro por seguir a Jesús? ¿Y tú?
La vida de Pedro, al menos, pasó de ser de una manera a ser de otra. ¿Crees
que este cambio es definitivo? ¿Hay vuelta atrás?

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¿Progresó luego Pedro en conocimiento y amor a Jesús?
PEDRO ES UN TESTIGO DEL AMOR DE DIOS Y QUIERE LLEVARTE HASTA ÉL
El Apóstol Pedro experimentó esto en primera persona. Jesús es el Cordero
inocente que nos llama para liberarnos. Jesús, como salió al encuentro muchas
veces, sale también a tu encuentro en toda circunstancia. Pero, de entre todas esas
veces, Jesús llama especialmente una vez a Pedro a su seguimiento. Las siguientes
veces son momentos de confirmación o ayuda. La vocación es esa llamada de
Jesús al hombre para que le siga. Sin embargo
Dios ha querido “dejar al hombre en manos de su propia decisión” ( Si 15,14), para
que pueda adherirse libremente a su Creador y llegar así a la bienaventuranza
perfecta” (CEC 1743)
Jesús sale a tu encuentro hoy. La respuesta depende de cada uno. Sin embargo,
esa repuesta se alimenta cada día, cada momento. Y uno puede ser infiel. En
definitiva, la vocación no es más que un diálogo de amor entre Dios y el hombre.
Desde tu punto de vista:
¿En qué cosas se parece la relación entre las personas y la relación entre Dios y el
hombre?¿Son muy distintas?
Pedro dijo sí a esa relación con Dios. Luego tuvo momentos de mayor amor y
fidelidad “bienaventurado tú, Simón Bar Jona...”(Mt 16,17) o de menos atención o
más infidelidad “¡Yo no conozco a ese hombre” (Mt 26,74).
¿Estás tú dispuesto a comenzar esa relación con Dios?.
PARA QUE LE CONOZCAS Y GOCES DE SU AMISTAD
El cristiano es llamado por Jesús para su seguimiento en un estado de vida
concreto. Unos en el matrimonio; otros, como Pedro, por el sacerdocio. A
continuación vamos a meditar un texto en el que se muestra esa vocación sacerdotal
a la que fue llamado el Apóstol. Tú, por tu parte, puedes decirle a Dios lo que
quieras, lo que el texto o las indicaciones de tu catequista te sugieran:
“Cuando hubieron comido, dijo Jesús a Simón Pedro: Simón, hijo de Juan, ¿me
amas más que éstos? Él le dijo: Sí, Señor, tú sabes que te amo. Díjole: Apacienta
mis corderos. Por segunda vez le dijo: Simón, hijo de Juan, ¿me amas? Pedro le
respondió: Sí, Señor, tu sabes que te amo. Jesús le dijo: Apacienta mis ovejuelas.
Por tercera vez le dijo: Simón, hijo de Juan, ¿me amas? Pedro se entristeció de que
por tercera vez le preguntase: ¿me amas? Y le dijo: Señor, tú lo sabes todo, tú
sabes que te amo. Díjole Jesús: cuando eras joven, tú te ceñías e ibas donde
querías; cuando envejezcas, extenderás tus manos y otro te ceñirá y te llevará
donde no quieras. Esto lo dijo indicando conque muerte había de glorificar a Dios
Después añadió: Sígueme.”.(Jn 21,15-17a.18-19).
Y AHORA, TÚ ¿QUÉ DICES?
Se trata de poner en común las distintas conclusiones que cada uno podéis haber
sacado de vuestro diálogo con el Señor. De esta puesta en común es necesario que
cada uno asuma un compromiso personal concreto.
Pedro supo rectificar cuando ofendió al Señor, supo reconocerle muchas veces en
los demás... y tú, ¿rectificas cuando ofendes al Señor?, ¿le quieres como le quiso
Pedro?... que tu propósito personal concreto sea vehículo a través del cual tú y los
que te rodean améis más a aquel a quien Pedro amó con todo el corazón y por
quién llegó a morir haciendo buenas sus palabras: Extenderás tus manos y otro te
ceñirá y te llevará donde no quieras...

SAN PEDRO
(Guía del catequista)
ÍNDICE

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1ª PARTE: “Serás pescador de hombres”.
Esta es la parte introductoria. Con la pintura, se trata de que las preguntas sean
respondidas por los mismos chicos, dando oportunidad al diálogo. El cuadro no es
más que un pretexto para romper el hielo en la catequesis. El objetivo principal de
esta primera parte es introducir el tema: La vocación sacerdotal vista desde San
Pedro. Este cuadro ha sido elegido porque representa a San Pedro en el momento
en que es liberado porque lo que interesa subrayar es que la vocación no es una
determinación de un día de lucidez, sino que, además de poder ser eso, es una
lucha constante y diaria por mantenernos en el amor de Cristo. Hay muchas
cadenas que nos atan y nos impiden seguir en la carrera del seguimiento de Cristo,
pero es necesario liberarse de ellas. A Pedro le encadenaron precisamente por ser
apóstol suyo; a nosotros nada nos debería parar en el seguimiento de Cristo.
2ª Parte: “Te presento a Pedro”.
Ahora, poco a poco, es el catequista el que tiene que ir tomando la voz de la
catequesis. Si bien la primera parte está dirigida más directamente a los chavales,
en esta parte el objetivo es, entre todos y bajo la guía del catequista, desarrollar un
poco la vida de Pedro entorno a un texto central, que es el que se propone en la hoja
del catequizado: La vocación de Pedro.
3ª Parte. “Pedro es un testigo del amor de Dios y quiere llevarte hasta él”.
Esta es la parte más importante. Es también, sin duda, la parte más doctrinal. Para
poder desarrollarla adecuadamente luego se ofrecerá suficiente material para su
preparación. De momento sólo lo decimos para que tú, catequista, lo tengas en
cuenta para el desarrollo de la catequesis.
4ª Parte. “Para que le conozcas y goces de su amistad”.
Este es el momento de la oración. Para ello es necesario un clima de silencio.
Además del texto evangélico propuesto en la hoja del catequizado, también
propondremos una posible meditación breve que dará la posibilidad de ampliar esta
oración. Sería ideal poder llevarla a cabo en la capilla o en algún sitio especial.
También puede hacerse esta parte con independencia del resto: en este caso
supondría una oración sobre la vocación sacerdotal.
5ª Parte. “Y ahora, ¿tú que dices?.
Después del silencio de la oración, ahora es el momento de poner en común la
experiencia de Dios que todos podáis haber tenido. Pero para que la oración no se
quede desvinculada del resto de la vida, es conveniente poner un pequeño propósito
o compromiso que sea expresión de un mayor seguimiento de Cristo y así se vaya
cumpliendo aquello de “Extenderás tus manos y otro te ceñirá y te llevará donde no
quieras…”.
SERÁS PESCADOR DE HOMBRES
La primera parte de la catequesis consiste en una parte introductoria en la que tiene
mucho interés que sean los chavales
mismos los que hablen y expresen sus opiniones.
El cuadro es de Bartolomé Esteban Murillo, de mediados del Siglo XVII y se llama
“Pedro liberado por un Ángel”. Es muy importante que sean los chicos quienes
descubran quién es el personaje del cuadro y, en la medida de lo posible, que sean
también ellos los que descubran a que pasaje del Nuevo Testamento hace
referencia.
Se puede explicar que el cuadro es muy oscuro debido a que era de noche. El
protagonista está dormido y en la escena irrumpe un ángel que es el que da la
luminosidad a toda la escena. El personaje está encarcelado pues, aunque puede
que no se vea muy bien, se encuentra atado por los pies por unas cadenas. El
ángel, por su posición, parece que está “aterrizando” en ese mismo momento y está
como caído del cielo, lugar de donde viene la luz. El personaje lo contempla perplejo

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mientras el ángel le toca el costado. Toda la descripción obedece a lo plasmado en
el cuadro que, a su vez, es fiel reflejo del texto evangélico (Hch 12,1-17).
Se trata de dar toda clase de pistas para que los catequizados vean que es
Pedro nuestro protagonista. Una vez conseguido y determinado qué pasaje bíblico
es, antes de pasar a las dos últimas preguntas, es muy conveniente leer el texto
(Hch 12,1-17) y comentarlo un poco.
Una vez leído se puede contestar la penúltima pregunta que dice: “¿Quién libra a
nuestro personaje de las cadenas?...” . Es muy importante que ellos hablen; pero es
fundamental que el catequista dé la respuesta acertada. En este caso la da la misma
Escritura en el versículo 11 de nuestro texto: “Entonces Pedro, vuelto en sí, dijo:
Ahora me doy cuenta de que realmente el Señor ha enviado su ángel...”. El ángel es
sólo un enviado. De hecho, la palabra ángel viene del griego y significa eso mismo,
enviado. El único que salva es el Señor. Es muy conveniente subrayar este
dato. Es el Señor Jesucristo quien libera a Pedro; y le libera porque le ama y le
quiere para extender su nombre por el mundo entero, como de hecho luego hace
Pedro, que nada más salir dice (Hch 12,17): “Haciendo señal con la mano de que
callasen, les contó cómo el Señor le había sacado de la cárcel y añadió: Contad esto
a Santiago y a los hermanos”.
Respecto a la última pregunta, es bueno dedicarle un buen rato, evitando
generalidades. Se trata de que salgan a relucir no sólo las cadenas que pueden atar
al mundo (pobreza, abusos...) sino, sobre todo, cadenas que nos atan a cada uno:
La pereza, el egoísmo y la falta de generosidad, los enfrentamientos
constantes con los padres, la juerga desenfrenada del fin de semana... Es muy
importante que se den cuenta de que no sólo es el mundo el que tiene ataduras; si
no que cada uno de nosotros también la tenemos.
TE PRESENTO A PEDRO
Ahora se trata de conocer la figura de San Pedro en continuación con lo que
veníamos tratando anteriormente. Para ello se trata de que los chicos digan todas
las cosas de las que se acuerden acerca de la figura de Pedro. Por ejemplo:
A que se dedicaba antes de conocer a Jesús.
Pedro era pescador en el mar de Galilea. Es probable que él, como nosotros,
también estuviera atado a un montón de perezas, egoísmos, sensualidades… Sin
embargo, algo ocurrirá que hará dar a su vida un giro de 180 grados, liberándose de
las cadenas del pecado para juntarse al amor de Cristo hasta sufrir persecución por
él. Pedro, probablemente, tendría un pequeño negocio, quizás familiar, porque se
dice en el Nuevo Testamento que tenía socios, lo cual indica que trabajaba asociado
con otros más.
La vida del pescador galileo no es fácil, pero tampoco era el peor de los trabajos.
Cada día la pesca daba lo necesario para ese mismo día. Un día sin pescar podía
suponer un día sin comer, aunque por lo general no pasaba. Así, sumergido en el día
a día, transcurría la vida de Pedro. Por lo que podemos leer de él en el evangelio,
seguro que se trataba de un hombre enérgico, poderoso, pronto a la cólera pero
también capaz de enardecerse en empresas nobles. Por eso será elegido por el
Señor como líder de los suyos, por su capacidad de decidir, de arrastrar, de amar.
Cómo y cuando es elegido por el Jesucristo.
El texto está en las hojas de los chavales (Mt 4,18-22). Es un momento clave en la
vida de Pedro. Pedro y Andrés, hermanos, estaban en plena faena. Jesús, en ese
momento, pasa al lado de ellos, y les llama a su seguimiento. Mil excusas podían
haber alegado para no seguirle. Sin embargo, con el silencio más absoluto y la
decisión más pronta, le siguen enseguida. Así llama Jesús: Llama cuando uno está
metido de lleno en sus cosas habituales pero no tiene el oído cerrado a lo que Dios
pueda decirle. Llama cuando uno quiere escuchar. Pero ello no suele ser en un

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arrobamiento místico ni en una visión especial; sino en la oración cotidiana de cada
día; en el día a día.
Jesús puede llamar para cualquier estado de la vida cristiana, todos ellos igual de
santos y buenos: Matrimonio, vida consagrada, sacerdocio… A Pedro le llamará a su
seguimiento como Apóstol, como presbítero. Le llama para ser pescador de
hombres. A esto están llamados todos los cristianos. Luego, una vez resucitado,
Cristo se lo aclarará aún más: Te llamo para que me ames (Jn 21,15-19) y
apacientes a mis corderos, para que te dejes llevar donde no quieres, para que
guíes a mi Iglesia. Por eso la vocación de Pedro es enteramente sacerdotal.
¿Es definitivo el cambio?; ¿hubo un progreso por parte de Pedro en el conocimiento
y amor a Jesús?. Evidentemente sí. Desde el primer relato de vocación (Mc 16-20)
hasta el segundo relato (Jn 21,15 ss) la vida de Pedro cambia sustancialmente.
Durante todo ese periodo manifestará muchas veces su profundo amor por Jesús,
pero también meterá la pata en numerosas ocasiones. Por eso será reprendido por
Jesús (Mt 16,23), se declarará dispuesto a morir por su maestro (Mt 26,33) y luego
se quedará dormido en el huerto (Lc 22, 46) y le negará tres veces (Mt 26,69ss)…
Entre todos estos avatares, es indudable que el salto final hacia el amor de Cristo
será el encuentro final con el resucitado, que luego comentaremos para la oración
final.
La cuestión ahora es si Jesús, como llamó entonces, sigue llamando hoy.
Pedro fue elegido por Cristo para ser de los suyos. ¿Continúa hoy llamando a
alguien?. Es muy probable que a los chicos esto les parezca posible pero no para
ellos… Jesús llamaba en su vida terrena, ¿Continúa llamando después de
resucitado?. Para poder dar una respuesta a esto es muy importante tener
conciencia de qué es y qué significa la palabra vocación y, en nuestro tema más
concretamente, vocación sacerdotal.
PEDRO ES UN TESTIGO DEL AMOR DE DIOS Y QUIERE LLEVARE HASTA ÉL
Lo que se ofrece en la página para entregar a los chavales es un excelente resumen
de lo que supone la parte doctrinal y más importante de esta catequesis.
El hombre, como se dice en el Génesis, es un ser creado a imagen y semejanza
de Dios (Gn 1,26). Ello supone que el hombre está dotado de cuerpo, como es
evidente, pero también de un alma espiritual e inmortal. Eso le hace ser una criatura
totalmente distinta al resto de las criaturas que hay sobre la faz de la tierra. Por eso,
el Concilio Vaticano II, en el documento Gaudium et Spes dice que la persona
humana es la única criatura en la tierra a la que Dios ha amado por sí misma” (GS
24,3). El hombre, por tanto, ha sido amado por Dios y la vocación es expresión de
ese amor que busca la plenitud del hombre, ser material y a la vez espiritual.
Sin embargo, sería absurdo que Dios amara y llamara al hombre y que éste no
pudiera escucharle. Por eso podemos decir que, “de todas las criaturas visibles sólo
el hombre es capaz de conocer y amar a su creador (…) sólo él está llamado a
participar, por el conocimiento y el amor, en la vida de Dios. Para este fin ha sido
creado y ésta es la razón fundamental de su dignidad. ¿Qué cosa, o quién, fue el
motivo de que establecieras al hombre en semejante dignidad? Ciertamente, nada
que no fuera el amor inextinguible con el que contemplaste a tu criatura en ti mismo
y te dejaste cautivar de amor por ella. Por amor lo creaste, por amor le diste un ser
capaz de gustar tu Bien eterno (S. Catalina de Siena, Diálogo 4,13)” (C.E.C. 356). El
hombre está originalmente llamado a la comunión con Dios, y eso es una realidad
absolutamente maravillosa. La línea de comunicación entre Dios y el hombre está
abierta en ambas direcciones. Dios que ama al hombre y el hombre que se deja
amar por Dios.
En este contexto podemos entender bien lo que significa la palabra vocación, que
es sinónimo de llamada. Gracias a esa línea abierta que existe entre Dios y el

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hombre es posible que Dios nos llame. La primera y más originaria llamada es la de
la vida divina y que ya se ha expresado: El que el hombre esté llamado a participar
de las delicias de Dios, de la vida eterna. Pero eso tiene que concretarse de alguna
manera.
En el texto de los chicos/as se pregunta una cosa que tiene sentido explicarla ahora.
Se pregunta en qué cosas se parece la relación entre las personas y la relación
entre Dios y el hombre. El asunto es que la relación con Dios es también una
relación entre personas porque, no se nos olvide, Dios es un ser personal. En efecto,
a veces pensamos que con Dios todo es distinto (en cierto sentido si lo es) y con
una especie de sentimiento de amor universal y no concreto nos
conformamos. Sin embargo, en nuestro interior sabemos que eso no basta, como
no bastaría querer a una persona (a tus padres, o a tu novia/o…) a base de un amor
general sin elementos concretos. Uno quiere mucho a una persona cuando así lo
manifiesta, porque obras son amores y no buenas razones. Por eso, en nuestra
relación con Dios, el amor que podemos decir que le profesamos tiene que
tomar una forma concreta. Y eso es la vocación. Dios te pide que le ames a él, y
que le ames como persona casada… o como sacerdote. Así se lo pidió a Pedro y
así se lo pide a mucha gente hoy. Chicos jóvenes y menos jóvenes siguen sintiendo
la llamada de amor de Cristo resucitado para su seguimiento en el sacerdocio. Y eso
se puede comprobar físicamente saliendo de nuestras cosas y asomando la
cabeza al resto de la parroquia o grupo, al resto de la Iglesia y, más
concretamente, al Seminario, donde puedes ver la realidad de esta llamada de
Amor que sigue viva.
La vocación, por tanto, es como un noviazgo; como una relación profunda con Dios.
En el caso del Apóstol Pedro, su vocación se concretó de forma sacerdotal, con todo
lo dicho, y a la luz de la vida de Pedro, el sacerdote, según el actuar del Apóstol, es
un hombre enamorado. Es precisamente su amor lo que le anima a seguir día a día,
a crecer, como Pedro, en el amor de Dios y en la propia vocación, puesto que igual
que se crece en el amor hacia las personas que más quieres, así ocurre con Dios
mismo. Es la relación más maravillosa que pueda existir, porque sólo el Amor llena el
corazón humano y hace vivir cada día en la maravilla de ser hijo de Dios… ¿Estás tú
dispuesto a comenzar esta relación con Dios?.
PARA QUE LE CONOZCAS Y GOCES DE SU AMISTAD
Para el comentario al texto de la Escritura propuesto vamos a seguir la meditación V
del libro “Servidores de vuestra alegría” de Joseph Ratzinger, HERDER: La oración
se puede desarrollar mediante la lectura del texto bíblico que ahora presentamos (Jn
21, 1-19) (resumido en la hoja del catequizado) con el comentario que presentamos,
o uno personal, o, directamente, sin él; para dar paso, finalmente, a un tiempo de
silencio. El texto, que es precioso, es el siguiente:
“Después de esto, se manifestó Jesús otra vez a los discípulos a orillas del mar de
Tiberiades. Se manifestó de esta manera. Estaban juntos Simón Pedro, Tomás,
llamado el Mellizo, Natanael, el de Caná de Galilea, los de Zebedeo y otros dos de
sus discípulos. Simón Pedro les dice: « Voy a pescar. » Le contestan ellos: «
También nosotros vamos contigo. » Fueron y subieron a la barca, pero aquella
noche no pescaron nada. Cuando ya amaneció, estaba Jesús en la orilla; pero los
discípulos no sabían que era Jesús. Les dice Jesús: « Muchachos, ¿no tenéis
pescado? » Le contestaron: «No. » Él les dijo: « Echad la red a la derecha de la
barca y encontraréis. » La echaron, pues, y ya no podían arrastrarla por la
abundancia de peces. El discípulo a quien Jesús amaba dice entonces a Pedro: «
Es el Señor », se puso el vestido - pues estaba desnudo - y se lanzó al mar. Los
demás discípulos vinieron en la barca, arrastrando la red con los peces; pues no
distaban mucho de tierra, sino unos doscientos codos. Nada más saltar a tierra, ven

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preparadas unas brasas y un pez sobre ellas y pan. Les dice Jesús: « Traed algunos
de los peces que acabáis de pescar. » Subió Simón Pedro y sacó la red a tierra,
llena de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y, aun siendo tantos, no se rompió
la red. Jesús les dice: « Venid y comed. » Ninguno de los discípulos se atrevía a
preguntarle: « ¿Quién eres tú? », sabiendo que era el Señor. Viene entonces Jesús,
toma el pan y se lo da; y de igual modo el pez. Esta fue ya la tercera vez que Jesús
se manifestó a los discípulos después de resucitar de entre los muertos.
Después de haber comido, dice Jesús a Simón Pedro: « Simón de Juan, ¿me amas
más que éstos? » Le dice él: « Sí, Señor, tú sabes que te quiero. » Le dice Jesús: «
Apacienta mis corderos. » Vuelve a decirle por segunda vez: « Simón de Juan, ¿me
amas? » Le dice él: « Sí, Señor, tú sabes que te quiero. » Le dice Jesús: « Apacienta
mis ovejas. » Le dice por tercera vez: « Simón de Juan, ¿me quieres? » Se
entristeció Pedro de que le preguntase por tercera vez: « ¿Me quieres? » y le dijo: «
Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero. » Le dice Jesús: « Apacienta mis
ovejas. En verdad, en verdad te digo: cuando eras joven, tú mismo te ceñías, e ibas
adonde querías; pero cuando llegues a viejo, extenderás tus manos y otro te ceñirá
y te llevará adonde tú no quieras. » Con esto indicaba la clase de muerte con que
iba a glorificar a Dios. Dicho esto, añadió: « Sígueme. »
Pedro, siempre líder y primero entre los Apóstoles, decide ir a pescar. Y unos
cuantos toman la misma determinación; de modo que un pequeño grupo de
Apóstoles se dirigen a hacer esa pesca en la que tendrá lugar uno de los encuentros
más maravilloso de sus vidas.
Una vez echados a la mar, descubren que hay un desconocido en al orilla. Aquel
discípulo a quien Jesús tanto amaba lo reconoce: “es el Señor”. Pedro se levanta de
un salto, se ciñe la túnica y se echa al agua, para ir así mas rápidamente a su
encuentro. El primer presupuesto es, pues, que quien quiera ser testigo de
Jesucristo tiene que haberlo visto personalmente, tiene que conocerlo y
reconocerlo. Y, ¿cómo ocurre esto?. Ocurre, nos dice el evangelio, porque el amor
lo reconoce. Jesús está en la orilla; al principio no lo reconocemos, pero le oímos a
través de la voz de la Iglesia. Es él. Ahora nos toca ponernos en pie, ir a
buscarlo, acercarnos a él. En la escucha e la Escritura, en el trato y frecuencia de
los sacramentos, en el encuentro con él en la oración personal, en el encuentro con
aquellos cuya vida está henchida de amor a Jesús, en las diferentes experiencias de
nuestra vida y de múltiples maneras nos encontramos con él, él nos busca y así
aprendemos a conocerlo.
El testigo, pues, debe ser algo antes de hacer algo. Debe ser amigo de Jesús
para no transmitir sólo conocimientos de segunda mano, sino para ser testigo
verdadero.
Pero ahora surge la pregunta: ¿Qué debe hacer el testigo? El evangelio nos da tres
respuestas que, en el fondo, se reducen a una. Antes de confiar a Pedro la misión
de pastor, Jesús le pregunta: ¿Me amas? Debe amar a Jesús. A continuación
se le encomienda: Apacienta mis corderos. Debe desempeñar las tareas
propias del pastor. Y finalmente le dice: Antes elegías tú el camino. Pero ahora lo
elige otro por ti y te lleva por él. Ya no es tu voluntad la que establece tu senda, sino
la voluntad de otro. Debe ir en pos de otro. El seguimiento forma parte del servicio
del discípulo; este servicio es un camino.
Amar, apacentar, seguir: con estos tres verbos describe el evangelio la esencia
del apostolado y, por ende, del servicio sacerdotal.
Apacentar. Apacentar es sinónimo de ser pescador de hombres. Antes pescaban
peces, ahora pescarán hombres. San Jerónimo dice, poco más o menos, a este
respecto lo siguiente: Cuando se saca un pez del agua significa que ha perdido su
elemento vital. Ya no puede respirar y, por tanto, muere. Pero a los hombres nos

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acontece en el bautismo, cuando nos hacemos cristianos, exactamente todo lo
contrario: hasta entonces estábamos encerrados en las aguas saladas del mundo.
No podíamos ver la luz, la luz de Dios. Tampoco podíamos contemplar la anchura
del universo. Nuestro rostro se hallaba rodeado por la oscuridad del agua,
vuelto hacia abajo, y nuestra vida estaba hundida en el mundo muerto del agua
salada. Pero cuando, con el bautismo, fuimos sacados de aquel lugar,
entonces comenzamos a ver la luz, entonces empezamos a vivir
verdaderamente.
¿Qué significa, por tanto, “pescar hombres”?. Significa llevarlos al aire libre, a los
amplios espacios de Dios, al elemento vital que les ha sido asignado. Cierto que
cuando alguien se ve arrancado de sus hábitos y costumbres, al principio siempre se
revuelve. Quien está acostumbrado al mar, piensa en un primer momento que,
cuando le sacan a la luz, le arrebatan la vida. Está enamorado de las tinieblas. Por
eso, ser pescadores de hombres dista mucho de ser una empresa cómoda, pero es
lo más grandioso y humanamente lo más bello que puede darse. Se registran, sin
duda, muchas salidas en vano al mar. Pero aun así, sigue siendo una maravillosa
tarea acompañar a los hombres por el camino que lleva a la luz, a los amplios
espacios, enseñarles a conocer la luz y la infinitud de Dios.
Así como Pedro es llamado a ser pescador de hombres, también tú puedes ser
llamado. Pero aún falta un elemento más para la comprensión y meditación de la
vida de Apóstol. Dice el texto evangélico: “extenderás tus manos y otro te ceñirá y te
llevará a donde tú no quieres (Jn 21,18). Hay aquí, probablemente, una alusión a la
muerte en cruz que Pedro habría de sufrir en el seguimiento de Jesús: entonces
extendería las manos y se las atarían. Pedro tiene que renunciar a su propia
voluntad, ya no es él quien toma las decisiones. Es otro el que le ciñe.
Esto me trae el recuerdo de la pregunta e Jesús al os hermanos Santiago y Juan:
¿Podréis beber el cáliz que yo he de beber? (Mc 10,38).
El cáliz eucarístico, centro de la vida sacerdotal, reaviva siempre el recuerdo de esta
sentencia. La eucaristía es el centro de la vida sacerdotal. La eucaristía es
siempre algo más que una ceremonia, que liturgia. Es una forma de vida

San Mateo
Dejándolo todo, se levantó y lo siguió.
A lo largo de la historia muchos cristianos que no sabían leer, han recibido las
catequesis a través del arte. En nuestros días muchas de estas maravillosas
catequesis pasan por ser objetos de pura contemplación.
Hoy vamos a ver cómo en este cuadro tenemos una completa catequesis sobre la
vocación.
Una vez observado con atención el cuadro, vamos a comentarlo, y nos podemos fijar
para empezar en:
 qué personajes hay
 qué hacen
 qué posición toman en la acción
Intentaremos también ver qué nos quiere mostrar Caravaggio en este cuadro.
¿Encuentras algún parecido entre este cuadro y algún pasaje de los evangelios?
Te presento a Mateo
“Jesús salió de la casa y vio a un publicano, llamado Mateo, que estaba sentado en
su oficina de impuestos, y le dijo: “Sígueme”. Él, dejándolo todo, se levantó y lo
siguió.”
Lc 5, 27-28
En efecto, ese personaje rodeado de sus amigos y “colegas” es Mateo, el
recaudador de impuestos al que Jesús llamó a que le siguiera.

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Podemos ver ya los distintos elementos de esta catequesis del Caravaggio.
 En primer lugar, tenemos a Jesús, a la derecha del cuadro, señalando con el
dedo a Mateo. Es un personaje joven y atractivo, que tiene iluminados el rostro y la
mano. Es muy significativa la mano de Jesús. ¿No te recuerda a otra mano pintada
por un pintor italiano muy famoso?. La mirada de Jesús es clara y firme. Conoce a
Mateo desde siempre. Si te fijas en un detalle, Jesús tiene los pies en sentido
contrario a Mateo, comenzando a andar.
 Pero en primer plano, delante de Jesús, casi tapándolo tenemos a Pedro. Es un
personaje mayor (tiene el pelo canoso), con ropas pobres, y que se apoya en un
bastón. Su mirada refleja la dureza del camino recorrido y el cariño más profundo.
Podemos ver como dirige su mano en el mismo sentido de la de Jesús. Los pies
están dirigidos a Mateo.
 Empezando por la izquierda, en primer lugar tenemos a dos personajes, un joven
y uno viejo, que tienen los ojos fijos en el dinero que están contando. Parece que no
se dan cuenta de la presencia de Jesús y Pedro ante ellos. En el evangelio
podríamos identificarlos con los fariseos. la presencia de Jesús y Pedro ante ellos.
En el evangelio podríamos identificarlos con los fariseos.
 A la derecha de Mateo tenemos otros dos personajes. El que está de cara a
nosotros es el más jovencillo del cuadro. Tiene un brazo apoyado en Mateo,
buscando seguridad. Es el que tiene los ropajes más ricos. Mira en la misma
dirección que Mateo, pero parece desviar los ojos de los de Jesús. Podríamos
identificarle con el joven rico del evangelio. El otro personaje estaba seguramente
pagando los impuestos y al oír a Jesús se vuelve. Su cara tiene un gesto de
sorpresa, preguntándose: ¿Quién puede ser este?. Tiene una mano apoyada en el
banco y otra buscando la espada.
 En el centro del lado izquierdo del cuadro tenemos a Mateo. Es el jefe de los
recaudadores de impuestos, un hombre rico y despreciado por el pueblo. Es también
un hombre mayor, sin aparente capacidad de sorpresa y novedad en su vida. Se
está señalando a sí mismo y tiene los ojos “abiertos como platos”. Su cara está
iluminada y nos muestra que algo nuevo ha pasado en su vida.
Después de haber contemplado el cuadro y sus personajes pensamos y
contestamos:
¿Con quién o quiénes me identifico? ¿Con qué rasgo?.
ES UN TESTIGO DEL AMOR DE DIOS Y QUIERE LLEVARTE HASTA ÉL
El primer fundamento de todo hombre es una llamada de amor del mismo Dios.
Cada uno de nosotros existimos porque Dios nos ama y nos ha llamado a la
existencia (Jr 1,5). Nuestra historia es una historia de amor con Dios, que en Cristo,
sale a nuestro encuentro, como un día salió al encuentro de Mateo y nos llama a
seguirle en el camino.
Pero esa llamada no es una llamada abstracta, desde el vacío. El cuadro muestra
muy bien esto. La llamada de Jesús es siempre a través de Pedro, de la Iglesia. Ésta
es pobre y puede parecernos a veces vieja, pero trasparenta la autentica llamada de
Cristo. Sólo en compañía de Pedro puede Mateo seguir a Jesús, porque así lo ha
dispuesto Jesús mismo.
Ante esta llamada se nos presentan muchas dificultades. Podemos no verla, como
los fariseos. Pero la llamada también se dirige a ellos y sólo hace falta que alguien
les levante la cabeza, para que la vean. Tal vez sean las comodidades y seguridades
de nuestra vida las que nos impiden seguir a Jesús. Alguna vez hemos sentido cómo
Jesús pone su mirada en nosotros, pero hemos contestado que “hoy no, tal vez otro
día”. O como al joven espadachín, Nos ha sorprendido la llamada y nos hemos
puesto en guardia. Tememos que pueda ser algo malo para nosotros (“a ver si me
van a comer el coco”), pero no podemos negar el atractivo de la llamada.

- 37 -
Pero la respuesta a todas nuestras dificultades la tenemos en Mateo. Es un hombre
mayor, con la vida hecha, pero algo nuevo entra en su vida. En su vida corriente,
aparece algo que de repente le da una nueva luz. Con corazón sencillo, abierto, se
deja sorprender por la novedad del amor de Dios, que le llama. Y no puede menos
que dejarlo todo al momento y seguirle. Porque una presencia como la de Jesús
toca toda nuestra vida, y no podemos permanecer indiferentes a esa pretensión de
Jesús de ser el centro de nuestra existencia. Por eso, Mateo pone a Jesús por
encima de todas las demás cosas y “dejándolo todo, se levantó y lo siguió”.
Esta es la llamada personal que Jesús hace a Mateo, la de ser apóstol. Jesús más
tarde elegirá a Mateo entre esos Doce que tuvieron una especial relación con él.
Mateo se ve llamado a dejar su trabajo, su familia, su vida, para entregarla en favor
de los demás; a seguir a Jesús y a continuar su misión; a anunciar el evangelio de la
gracia, que el Reino de Dios ha llegado en una persona: Jesucristo.
Ahora podemos dedicar un poco de tiempo a pensar en lo que hemos visto:
¿Descubro en mi vida la llamada de Jesús? ¿Dónde la descubro?
¿A qué me siento llamado?, ¿Cómo creo que podría mejorar mi
seguimiento de Jesús?
¿Cómo respondo a la pretensión de Jesús?
PARA QUE LE CONOZCAS Y GOCES DE SU AMISTAD
Para escuchar a Jesús es necesario que le prestemos atención a Él. Para eso, como
con nuestros mejores amigos cuando vamos a hablar de cosas intimas, es mejor
separarnos un poco del resto y hablar a solas con Él, escucharle.
Para eso te propongo algunos textos que hablan de Mateo y de cómo vivió él ese
encuentro con Jesús. Escúchale en ellos.
"Jesús salió de la casa y vio a un publicano, llamado Mateo, que estaba sentado en
su oficina de impuestos, y le dijo: “Sígueme”. Él, dejándolo todo, se levantó y lo
siguió. Mateo le obsequió después con un gran banquete en su casa al que también
había invitado a muchos publícanos y a otras personas. Los fariseos y sus maestros
de la ley murmuraban contra los discípulos de Jesús y decían: - ¿Por qué coméis y
bebéis con publícanos y pecadores? Jesús les contestó: No necesitan médico los
sanos, sino los enfermos Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores
para que se conviertan. ” (Lc 5, 27-32)
“Por aquellos días, Jesús se retiró al monte para orar y pasó la noche orando a Dios.
Al hacerse de día reunió a los discípulos, eligió de entre ellos a doce, a quienes dio
el nombre de apóstoles: Simón, a quien llamó Pedro y su hermano Andrés, Santiago
y Juan, Felipe y Bartolomé, Mateo, Tomás y Santiago el hijo de Alfeo, Simón llamado
Celota, Judas el hijo de Santiago y Judas Iscariote que fue el traidor.” (Lc 6, 12-16)
“Mas ya que habéis visto el poder del que llama, considerad también la obediencia
del llamado. Porque Mateo no opuso ni un momento de resistencia, ni dijo, dudando:
¿Qué es esto? ¿No será una ilusión que me llame a mí, que soy hombre tal?
Humildad, por cierto, que hubiera estado totalmente fuera de lugar.” (SAN JUAN
CRISÓSTOMO, Hom. Sobre S. Mateo, 30).
“Hay también otra sentencia en la que Jesús dice: “Deja que los otras personas.”
Después de descubrir a Jesús como alguien a quien merece la pena seguir, Mateo
no puede callarse e invita a sus amigos para que conozcan a Jesús. Seguro que
entre esos amigos, están aquellos que, porque estaban contando las monedas, no
ven a Jesús.
Nosotros tampoco podemos estarnos quietos, así que pensamos en algo que nos
pueda ayudar a descubrir mejor la llamada de Jesús en nuestra vida, y a contárselo
a nuestros amigos.
SAN MATEO-GUÍA DEL CATEQUISTA

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La primera parte de la catequesis consiste en una presentación del cuadro de
Caravaggio, “La vocación de S. Mateo”. Es importante que esta primera parte trate
despertar el interés sobre el tema. El cuadro sólo es un medio para ello. Si es
posible, no es necesario que los jóvenes sepan el título del cuadro.
Después de la pequeña presentación, se trata de entablar un diálogo sobre los
personajes del cuadro, que hacen... Tampoco es necesario que esta se alargue
demasiado.
En el siguiente paso, una vez que los jóvenes ya se han interesado por el tema, se
puede pasar a ver con más detalle el cuadro, comentando los detalles que vienen en
el cuaderno. A través de la descripción de estos personajes se puede ver todo el
recorrido de la vocación, desde la llamada, la mediación y las distintas respuestas
que la llamada de Dios despierta en uno. Hago aquí un análisis más detallado de los
personajes y su significado tal como yo lo veo.
Si empezamos a leer el cuadro de derecha a izquierda, el primer personaje que
aparece es Jesús. De él nace la llamada. Bueno, en realidad, Jesús nos muestra la
misma llamada del Padre (Jn 14, 9). Esto en el cuadro aparece expresado por la luz
que desciende de la esquina superior derecha e ilumina el rostro de todos los
personajes. Es Jesús en aquel en quien la llamada del Padre se hace concreta.
Podemos ver primero el rostro de Jesús. Es un rostro bello, joven, firme, coronado
por la casi imperceptible áurea de santidad. Es el rostro mismo de Dios hecho
hombre. La mirada de Jesús es limpia; no muestra ninguna duda, porque sabe a
quien llama y no se equivoca. Jesús llama a los que Él quiere (Mt 3, 13). Es también
una mirada compasiva, que mira y conoce al hombre en lo más profundo de su ser.
Otro elemento es la mano. La mano con la que Jesús señala a Mateo tiene una
asombrosa semejanza a la mano que Dios tiende a Adán en “La Creación” de Miguel
Ángel. Es la misma mano que crea al hombre la que le llama a que se levante. Otro
detalle son los pies de Jesús, descalzos, vueltos hacia el camino. Jesús nos llama
siempre a que le sigamos, a que nos pongamos en marcha, a que vayamos detrás
de Él, porque sólo Él es el Maestro.
El siguiente personaje con que nos encontramos es Pedro. Es un hombre viejo,
como vemos en su pelo canoso. Va vestido con unos mantos corrientes, pobres. Es
la pobreza de la humanidad de la Iglesia. Pero es esa pobreza humana la que mejor
refleja a Cristo. La dureza del camino ha “pulido” a Pedro haciéndole transparente
para que en su humanidad podamos ver al Maestro. En el cuadro, Pedro tapa
prácticamente entero a Jesús, pero sin embargo a primera vista en quien primero
nos fijamos es en Jesús. Solo en un segundo momento vemos que Pedro está
delante. Pedro, representando a la Iglesia es el lugar donde Cristo ha querido que
entremos en comunión con Él. Pedro señala en la misma dirección que el Maestro, y
parece que dice, “ven con nosotros, con los discípulos del Señor, porque solo con
nosotros puedes seguirle”. Pedro tiene los pies señalando a Mateo. Es en la
comunión de vida con los que ya han sido llamados, dónde encontramos esa
llamada a seguirle, porque ellos han recibido la misión de anunciarle al mundo y
continuar su misma misión. Pedro es también roca firme, bastón en el que el
discípulo de Jesús encuentra apoyo en la dureza del camino.
Yendo ahora al otro espacio del cuadro, vemos cinco personajes. Éstos representan
las distintas respuestas que en algún momento todos damos a Jesús. Creo que
mejor que identificarnos con sólo uno de los personajes, es más propio ver cómo
nosotros actuamos en algún momento como cada uno de ellos. Será bueno, en la
última parte del tema, para centrarlo, observar cuándo actuamos como éste o aquél,
para ver como podemos dirigir toda nuestra vida a una respuesta como la de Mateo.
A los dos personajes que vemos a la izquierda podríamos identificarlos con los
fariseos, o los escribas. Es decir aquéllos que teniendo a Jesús delante no lo ven.

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En el cuadro podemos observar cómo su mirada está centrada en el dinero. Ellos
también tienen delante a Jesús, como los demás personajes del cuadro, pero son
los únicos que no levantan la cabeza para mirar. Ni siquiera saben que Jesús llama
a su puerta. No escuchan la llamada. No son capaces de levantar la mirada hacia
algo más allá de la realidad que tienen delante. La misma realidad les habla, pero no
pueden entenderla. Tal vez sea porque no quieren, o porque queriendo, no saben a
dónde mirar.
A la derecha tenemos otros dos personajes que miran asombrados hacia Jesús. Por
una parte tenemos, en primer plano, con un chaleco negro, es un hombre que está
pagando los impuestos cuando Jesús aparece en la escena. Ha visto a Jesús. Tanto
le ha sorprendido, que se ha dado la vuelta para ver qué pasa. (Ver la diferencia con
los fariseos). Por la vestimenta, parece que es un hombre importante, un caballero.
En el tiempo de Jesús podemos identificarlo con un miembro del sanedrín, como
Nicodemo (Cf. Jn 3, 1-21). Ha descubierto la radical novedad que hay en Jesús, y se
siente también llamado a seguirle. (Vemos como apoya su mano derecha sobre el
banco para levantarse). Pero por otra parte no deja de ser un hombre importante y
no acaba de fiarse. Esto lo muestra, echando mano a la espada. A la vez que se
siente atraído por Jesús, entiende que al seguirle puede peligrar su estilo de vida, y
se siente amenazado. La llamada al seguimiento de Jesús es tan radical, que
podemos pensar en el “qué dirán” nuestros amigos, o qué pasará con nuestra vida, y
nos ponemos en guardia.
Por otra parte tenemos, en segundo plano, un joven muy bien vestido, con el brazo
apoyado en el personaje del centro. Este personaje se asemeja mucho a lo que
podemos imaginar que es el joven rico del evangelio. Es un joven que, como
cualquiera de nosotros, busca seguridades en los otros. Quiere “hacerse un hueco”
en la sociedad. Quiere ser “alguien”. Entonces aparece Jesús, y siente la novedad
de su persona. Se siente llamado a seguirle, a poner en Jesús su seguridad, porque
Él sí que desprende seguridad. Pero en el cuadro podemos percibir si nos fijamos
cómo, aunque mire en la dirección de Jesús, no le mira a Él. Parece que desvía la
mirada y no se atreve a mirarle a los ojos. Sabe que la llamada de Jesús no es a una
seguridad estática. La llamada de Jesús es a dejarlo todo para seguirle. No puede
apoyarse a la vez en Jesús y en otras personas, fuera de las que Él nos pone. Jesús
exige ser el centro de nuestra vida y no podemos tomar a Jesucristo como una
faceta más de nuestra vida. Desde Él se ordena el resto. Por eso el joven desvía la
mirada con tristeza, porque no está dispuesto a seguirle, porque las riquezas le atan.
¡Cuántas veces nos pasa esto a nosotros!
Por último, pero no menos importante, tenemos al personaje central del cuadro:
Mateo. Mateo, cobrador de impuestos, es sobre todo un hombre despreciado. En
tiempo de Jesús los publicanos eran tenidos como colaboracionistas de los
romanos, además de cómo extorsionadores del pueblo. Mateo es también un
hombre mayor, que nada espera ya de la vida. Sin embargo una novedad radical
aparece en su vida. Jesús dice su nombre y le llama para que le siga. Mateo, el
hombre despreciado por todos, se siente profundamente amado, como no ha sido
amado por nadie. La llamada nace del amor que Dios nos tiene y que se nos ha
mostrado en su Hijo. De ahí, que ante esto, la primera respuesta de Mateo es el
asombro. Caravaggio ha sabido captar este momento con especial maestría. Mateo
se señala a sí mismo en el cuadro con la sorpresa dibujada en la cara, como
diciendo “¿a mí me llamas?, ¿quién soy yo?”. De este asombro nace la respuesta,
una respuesta que no puede ser otra que la del seguimiento de Aquel que me ha
introducido en una vida nueva. Mateo deja todo lo que tiene y sigue a Jesús. Puede
ser interesante ver la comparación entre Mateo y el joven rico. Mateo es un hombre
ya establecido, apegado a sus cosas, con la vida hecha, mayor... En cambio el

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joven, tiene toda una vida de ilusión por delante, parece deseoso de vivir, no puede
tener tanto que dejar... Sin embargo, es Mateo el que da la respuesta propia de un
joven, porque es Mateo el que reconoce en Jesús algo más que un simple hombre.
Reconoce en Jesús una persona que le llama a una entrega total de la vida, porque
ama plenamente. Es Mateo el que experimenta que con Jesús su vida será plena.
Otro dato interesante de Mateo lo podemos leer en la continuación de la llamada en
el Evangelio de Lucas. Mateo llevado por la alegría de haber encontrado al Señor,
organiza una fiesta e invita a Jesús a entrar en su casa. La casa es toda la vida de
un hombre. Una vez que conocemos a Jesús, entra en nuestra vida y la trasforma.
Nuestras tareas, las relaciones con la gente siguen siendo las mismas, pero ha
cambiado radicalmente, porque ahora son desde Cristo. El amor de Cristo la
transforma. Mateo invita además a sus amigos publicanos. No puede ocultar el amor
que ha descubierto y llama a sus amigos para que también conozcan Jesús.
Conocer a Jesús debe llevar inevitablemente a su anuncio.
Esto, y muchas más cosas, es lo que podemos aprender de este cuadro pintado por
el Caravaggio y que hoy podemos contemplar en la iglesia de S. Luis de los
Franceses en Roma.

PELÍCULA: “CADENA DE FAVORES”


RESPONDEMOS A ESTAS PREGUNTAS:
 ¿Cómo podrías describir al protagonista?
 ¿qué sentimientos te provocó?
 ¿crees que una persona puede realmente hacer algo para marcar la diferencia
en el mundo?

Canción: “PANES, PECES Y TALENTOS”


- Realiza un cuadro de virtudes y defectos que tengas
- Otro cuadro de lo que haces en los ratos libres o de ocio
- Otra lista de cosas materiales que puedas poner a disposición ( casa,
música, etc)
MOMENTO PERSONAL:
Piensa para que usas cada una de estas cosas, a quienes se las das o prestas.
¿Estas a disposición de Jesús o sigues intereses personales?
¿Cuáles puedes concretamente modificar?

Sacramento de la RECONCILIACIÓN
Celebración litúrgica especial. Hasta aquí los chicos han venido haciendo un
proceso, que supone que han tenido conciencia de un despertar hacia la renovación
interior. Por consiguiente se propone una forma especial y juvenil del Sacramento
Penitencial, difícil, ciertamente, pero en búsqueda de hacer manifiesta la bondad, la
misericordia y el perdón del Amor, se propone una celebración de la Palabra que en
ambiente penitencial, conduzca al encuentro con Dios y la Iglesia.
Preparación para la ADORACIÓN DEL SANTÍSIMO:
Esta dinámica se usará en caso de que el entorno no propicie realmente la oración
contemplativa, no deberá durar más de 15 a 30 minutos.
OBJETIVO:
 Reflexionar sobre la oración
 Descubrir el calor de la oración
 Despertar y animar a la oración

METODOLOGÍA:
 Motivación

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- Se trata de facilitar la reflexión sobre la importancia o no de la oración y
descubrir con ello el calor de la oración. Habrá que evitar el debate infructuoso, y
hacer de esta catequesis una invitación a la vida de oración. Al igual que nuestro
cuerpo requiere de unos cuidados para estar sano o en forma, la vida en el Espíritu
requiere de una vida de oración, que nos mantiene unidos a la ‘Fuente’ y mantiene el
sentido y la fuerza de nuestro seguimiento de Jesús. Sin la oración no podremos
mantenernos fieles al llamamiento que Jesús nos hace en nuestra vida.
 Desarrollo
1. Formas de orar. Primero haremos una mesa redonda, libremente se les deja
explicar los diferentes tipos de oración que hay (petición e intercesión, acción de
gracias, perdón...) y formas de realizarlas (silencio, oración vocal, comunitaria, con el
cuerpo...)
2. Se les entrega la hoja en las que se explican algunas formas de orar. Se
dialoga y contrasta con lo que hemos hablado en el momento anterior.
3. ¿Y tú como oras? En la misma hoja del catecúmeno responden a las preguntas
‘Me acuerdo de Dios cuando...’, ‘No hago oración porque...’
4. Para terminar vemos como Jesús nos dio el mandato de orar, en un clima de
oración (se puede llevar un icono, unas velas, tocar una canto de oración con la
guitarra, o escucharlo de una grabación...) se inicia la Adoración al Santísimo.

Adoración eucarística por las vocaciones


Autor: P. Pedro Barrajón Muñoz

Hay dos cosas que nunca dejan de causarme estupor: la inmensidad y hermosura del cielo estrellado
y la voz de Dios que resuena en el fondo del corazón de un hombre. Dios nos habla a través del
maravilloso libro de la creación y también se nos revela en el santuario de la conciencia. En lo
infinitamente grande, que nos trasciende, y en lo más íntimo de nuestra inferioridad que también nos
sobrepasa: superior superio meo, intimior íntimo meo (más grande de lo más grande que hay en mí;
más íntimo de lo más íntimo que hay en mí), en palabras de san Agustín. La vocación es la revelación
misteriosa de Dios a un hombre, polvo como los demás, para darle una misión que supera con mucho
sus fuerzas. Es la vocación del Amor que invita al amor y a difundir el amor.

Siempre veneré como pertenecientes al mundo de lo sagrado a esos hombres que habían escuchado
en su interior la voz de Dios y dedicaban sus vidas a Él y a su Reino. Pero cuando en mi vida se
presentó de repente, en forma inesperada, la llamada de Jesucristo, con ese sencillo pero
contundente: «Sígueme», entonces comprendí que el misterio que envuelve la vocación es el mismo
que late en el universo: el misterio del amor que, como cantó Dante, mueve el sol y las estrellas. Y no
sólo el sol y los mundos estelares, también el de la libertad humana.

Cada vocación al sacerdocio, a la vida consagrada, al matrimonio, al servicio al prójimo es un poema


de amor, único, irrepetible. Es un diálogo de corazón a corazón de la creatura libre con su Creador
que la llama a prolongar en el mundo el misterio de la encarnación, de hacerse «otro Cristo» para la
humanidad. Cristo tomará posesión de ese hombre que, sin dejar de ser arcilla, lleva el tesoro del
amor de Dios y lo ofrece al mundo.

Pero, necesitando los hombres tanto del amor de Dios, de Dios mismo, nos encontramos con el
hecho de que hay muy pocos, poquísimos obreros de la mies del Señor. ¿Qué podemos hacer?
¿Dónde buscar los obreros para su mies? En las familias, en los colegios, en las universidades, en
las escuelas, en los grupos juveniles. Sí, pero ante todo hay que pedir al dueño de la mies que envíe
trabajadores a su viña. Hay muchos cristianos que toman en serio este mandato del Señor y se
reúnen por grupos para pedir a Cristo Eucaristía este don. Y -debo decir la verdad- el Señor no nos
viene a la zaga en generosidad: da a manos llenas. Basta que se lo pidamos- Recuerdo a este
propósito un hecho que contaban entusiasmadas las religiosas de un convento de clausura en
Francia. Llevaban años sin recibir vocaciones. La comunidad estaba compuesta por religiosas
ancianas en la mayor parte y estaban seriamente preocupadas por el futuro del convento. Un día se
presentó en el locutorio una familia, los padres y tres hijos, dos niñas y un niño. Iban a pedir oraciones
por la salud de una de las hijas, enferma de leucemia. La niña escuchó los comentarios sobre la falta
de vocaciones en el convento y se propuso ofrecer sus sacrificios y los dolores de su enfermedad por

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esta intención. A la mañana siguiente, por vez primera en varios años, una joven tocó la puerta del
convento pidiendo ser admitida. Después de ella vinieron otras que dieron de nuevo vida a esa
comunidad, ahora floreciente. Quizás para algunos este caso sea una mera coincidencia, una
casualidad. Pero quien cree en las palabras de Cristo pedid y se os dará ve en este hecho y en otros
muchos similares, la mano bondadosa del Padre que no deja de escuchar la oración humilde,
perseverante y confiada de sus hijos. Si los obreros son pocos en la Iglesia, ¿no será porque
rogamos poco al dueño de la mies que los envíe?

La presente guía no tiene otra finalidad sino la de ayudar a aprovechar mejor la oración personal
delante de Cristo Eucaristía. No es original. Toma oraciones y elementos que se usan en parroquias y
en grupos de oración. Pero puede ser una pequeña ayuda.

Estoy seguro de que, delante de la Eucaristía, el Espíritu Santo inspirará a cada persona la mejor
manera de orar, dialogando con Cristo, presente realmente bajo las especies eucarísticas, como
Amigo y Maestro. Aconsejo hacer la adoración en la compañía de María, recordando que con una
sola insinuación suya en Caná: «No tienen vino», arrancó a Jesús el primer milagro. Con su poder
intercesor Ella puede convertir el agua de nuestro corazón frío, en el vino exquisito y delicado del
amor a Dios.

Capítulo 1: Ante Jesús Eucaristía


Jesucristo, estoy aquí delante de Ti para cumplir un mandato tuyo. Lo he oído y leído muchas veces,
pero sólo hasta ahora lo tomo en serio y quiero dedicarte a Ti este rato de oración para cumplir tu
mandato: «Rogad al dueño de la mies que envíe obreros a su mies» Mt. 9, 38). Tú eres ese dueño de
la mies y por eso vengo a Ti a pedirte lo que Tú me has mandado que pida. Si no fuera porque Tú lo
quieres y así 1o´ mandas expresamente, quizás a mí nunca se me hubiera ocurrido hacer esta
petición. Siempre te pido por mí y por mis cosas; de vez en cuando por los míos. Pero, iqué pocas
veces vengo a pedirte por algo en lo cual parece que no tengo nada que ver! Quiero siempre que me
des sin que te tenga que dar nada en cambio. Y, sin embargo, pensándolo bien, al pedirte que
mandes apóstoles a tus campos, estoy indirectamente pidiendo también un don para mí pues esos
obreros que Tú mandas a que trabajen tu mies, serán para mí los mensajeros de tu palabra y tu amor.

Ilumíname, Señor, porque yo no sé orar. Enséñame a orar, a pedirte lo que más convenga. Manda tu
Espíritu Santo para que Él me dé su Luz y purifique mi oración, haciéndola humilde, sencilla,
perseverante, llena de fe, de confianza y de amor.

Quisiera verte, Señor, para hablar contigo. Verte como te vieron tus Apóstoles, como te vio tu Madre.
Quisiera poder oír tus palabras, contemplar tus acciones. Pero ahora vienes a mí oculto en un pedazo
de pan, para que no tenga miedo de acercarme a Ti, sin mostrar tu poder infinito, bajo las apariencias
de este pan blanco que se me ofrece como alimento de mi espíritu. Creo, Señor, que estás aquí
realmente presente en este sacramento admirable en el que Tú, Creador del universo, vienes a mí
como pan que me fortalece en mi camino hacia el cielo. Creo, Señor. Pero, aumenta mi fe, hazla
siquiera pequeña como un grano de mostaza. Creo que estás aquí conmigo, que me escuchas, que
me hablas interiormente sin ruido de palabras y que, indefenso desde el altar, eres un signo elocuente
de amor, de donación, de entrega sin límites.

No sólo creo en Ti. Confío en Ti porque eres el amigo que ha dado la vida por mí porque eres la vid
que me permite llevar fruto, porque Tú tienes palabras de vida eterna, porque eres el buen Pastor que
me llamas por mi nombre.

Creo en Ti. Confío en Ti. Y también te amo. Te amo porque Tú me has amado primero, porque has
dado tu vida para redimirme del pecado, porque me has abierto las puertas de tu Reino, porque
mientras exista en mi vida el más mínimo deseo de arrepentimiento, me perdonas. Te amo por el don
de la vida que me has dado en forma inesperada. Por el don de la fe y del bautismo. Por esa familia
cristiana en la que has querido que naciera y en la que he respirado esa fe sencilla pero capaz de dar
sentido a toda una vida. Te amo porque me amas con ternura de padre, con la fidelidad del mejor
amigo, con pasión de enamorado. Te amo porque mi vida está copada de tus dones, dones
inmerecidos por los que Tú me conduces hasta Ti.

Sé, Señor, que soy una creatura que no tengo ningún derecho para estar ante Ti, mi Creador que me
hiciste de la nada. Pero a Ti me acerco confiando en tu bondad y misericordia. Me acerco «como el
enfermo a mi Salvador, hambriento y sediento, a la fuente de la Vida; pobre, al Rey de los cielos;
criatura a mi Creador; triste y afligido a mi Consolador» (Imitación de Cristo, IV, 2). Por mis pecados,
por mi indignidad, p& mi malicia soy indigno de estar ante Ti si no fuera porque con tu voz me llamas:

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«No temas. Soy yo. Venid a mí los que estáis atribulados y fatigados que yo os confortaré. Aprende
de mí que soy manso y humilde de corazón». Y, siguiendo tu invitación vengo a Ti para aprender de
Ti. Vengo a Ti para pedir obreros para tu viña. Que María, la Madre de los sacerdotes, esté a mi lado
y sea Ella la primera intercesora que te arranque la gracia de tu Corazón de enviar al mundo
sacerdotes y hombres y mujeres consagrados a Ti y a tu Reino.
Capítulo 3: Rogad al dueño de la mies
Tú ya sabías que los obreros escasearían y por ello nos pediste que rogáramos al Padre para que
enviara obreros, que nos diera vocaciones sacerdotales para la Iglesia. ¡Qué gran misterio, misterio
insondable el de una vocación sacerdotal! Un joven o una joven, un adolescente o un hombre maduro
que siente irrumpir en su vida la presencia trascendente de Dios que se fija en él y que lo llama.
Porque Tú llamas, Señor, no dejas de llamar. El problema es nuestro, puesto que no siempre estamos
dispuestos a oír tu voz. Por eso, me atrevo a pedirte ahora que muevas a la generosidad el corazón
de aquellos a quienes Tú has elegido para la vocación sacerdotal o a la vida consagrada. Tú les pides
una renuncia total: deben dejar afectos humanos, familia, amigos, a veces patria, planes personales...
y les pides que te sigan a Ti. Tú te presentas en sus vidas sin previo aviso, llamando, como Señor que
eres: «Sígueme». Y quieres que en ese mismo instante dejen sobre la playa de sus vidas todos los
proyectos e ilusiones en que hasta ahora venían soñando. ¡Qué difícil debe ser para ellos dejarlo
todo!, pero al mismo tiempo qué alegría sentir en el alma tu mirada de amor y de predilección ¡Qué
orgullo sentirse tus predilectos y amigos íntimos! ¡Y en el mismo momento que los escoges, ya tienes
destinada para ellos la gran aventura de predicar tu Evangelio!

Dales generosidad, Señor. Que no bajen su mirada ante la tuya y cobardemente se apeguen a sus
propias riquezas como el caso del joven de que nos hablan los Evangelios y que no tuvo el coraje de
dejar sus numerosos bienes materiales. Que a los que llamas, Señor, sepan ir detrás de Ti con
alegría, sin que nada los detenga en tu seguimiento.

Que sean valientes, que no se queden enredados en la seducción de los placeres fáciles del mundo,
que te sigan con decisión a Ti que eres la Verdad y la Vida.

Te pido, Señor, por todos los jóvenes del mundo que en este momento necesitan en sus vidas el
empujón de la generosidad para decirte «sí» como te dijo María cuando le propusiste, por medio del
ángel, ser tu Madre aquí en la tierra. Que se den cuenta por la fe de que, más allá de lo que dejan,
está el inmenso bien que harán en tantos miles y miles de hombres a quienes conducirán a su eterna
salvación gracias a ese «sí» humilde, pero de una trascendencia infinita.

Te pido especialmente por los jóvenes que conozco y que están planteándose seriamente la vocación
sacerdotal. Dales tu luz para conocer tu voluntad y sobre todo dales mucho amor. Enséñales a no
buscar evidencias ni signos humanos para comprobar científica, racionalmente que Tú los llamas
pues la vocación no es cuestión de evidencia, sino de amor. Y, si algún día tu voz también resonase
en mi conciencia, llamándome a seguirte, te pido desde ahora que me des el coraje para dejarlo todo
sin mirar nunca hacia atrás, caminando con inmensa alegría en pos de Ti.

Te pido por los hombres y mujeres maduros que perciban la llamada a la vida sacerdotal o a la vida
consagrada para que permanezcan fieles a su propósito y se identifiquen plenamente con el plan que
Tú has querido para sus vidas.

Te pido también por todos aquellos que ya han decidido responder a tu llamado con generosidad y
que se preparan en los seminarios o en los diversos centros de formación a la vida sacerdotal o de
consagración. A nosotros desde fuera, nos parece que ellos viven como en el cielo, pero tendrán
también ellos sus pruebas, sus tentaciones, sus dudas, sus vacilaciones, sus debilidades como
hombres que son. Ayúdalos a perseverar en ese camino que han emprendido, que no duden en
entregarse totalmente a ser santos, a ser hombres llenos de celo por la difusión del Evangelio. El
mundo los necesita así. Nosotros los necesitamos así para que enciendan nuestros corazones en tu
amor y nos conduzcan a Ti con absoluta nitidez.

No olvido en mi oración a todos aquellos que han recibido el sublime don del sacerdocio y están hasta
en los con fines de la tierra predicando tu palabra y llevando el pan de la Eucaristía y tu reconciliación
a los hombres. Ellos son por antonomasia los obreros de tu viña, tus amigos y predilectos.......

Concede, Señor, a tu Iglesia familias que vivan de tal manera el Evangelio que las vocaciones se
desprendan de ellas como el fruto maduro de la intensa vida cristiana que en ellas reina. Protege
nuestras familias. Hazlas lugares donde impera tu amor y tu paz. Oasis de fe y de esperanza, en los

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que todos sus miembros, unidos en la oración y en torno a María, acogen con amor el misterio de la
vida. Estas familias serán el lugar más adecuado para vivir y transmitir la fe y forjar las almas de los
futuros apóstoles de tu Reino.

Te pido para que en la sociedad se valore cada día más el don de las vocaciones, pues cada una de
ellas es un don para la humanidad y para la sociedad en la que vive y actúa, pues le comunica a los
hombres que la integran tu mensaje y tu gracia que salvan.

Te ofrezco también mis pequeños sufrimientos, dolores, malestares, sacrificios, fracasos, por las
vocaciones. Me empeñaré personalmente en promoverlas y ayudarlas en todo aquello que me sea
posible, material y espiritualmente. Por último, te ofrezco también mi propia vida para que Tú la hagas
un instrumento por medio del cual puedas seguir hablando a los hombres.

"Cuando pienso en el mundo que se apaga y muere por falta de Cristo.


Cuando pienso en el caos profundo en que se desbarranca la inquieta y ciega humanidad por falta de
Cristo.
Cuando veo a toda esa mole obrera afiliarse a las sectas comunistas por falta de Cristo.
Cuando me encuentro con la fuerza de la juventud, marchita y destrozada, por falta de Cristo...
No puedo ahogar las quejas de mi corazón. Quisiera multiplicarme, dividirme, para escribir, predicar,
enseñar a Cristo.
Y de las entrañas más profundas de mi ser, del espíritu mismo de mi espíritu, brota contundente este
grito único: ¡MI VIDA POR CRISTO!
Recristianizar a la humanidad.
He ahí nuestra misión.
He ahí nuestro fin".

ORACIÓN PARA MEDITAR ANTES DE DESCANSAR:

JESÚS NO TIENE MANOS:


Jesús no tiene manos, tiene solo nuestras manos
para construir un mundo nuevo donde haya mas fraternidad y justicia.
Jesús no tiene pies, tiene solo nuestros pies,
para poner en marcha a los derrotados por el camino de la libertad.
Jesús no tiene labios, cuenta tan solo con nuestros labios
para anunciar a los hombres la buena noticia de la salvación.
Jesús no tiene recursos, cuenta tan solo con nuestro trabajo
para lograr que todos los hombres vivan como hermanos.
Jesús, aquí tienes mis manos, mis pies, mis labios,
mi sonrisa, mi tiempo, mi ilusión, mi vida.
¡Aquí estoy Señor!
¡Iré contigo!
DIA 3: PROYECCIÓN:
DESPUÉS DE LA MISA:
PROYECTO DE DIOS SOBRE LA MUJER: EL SI DE MARÍA
CHARLA acerca del rol que cumplió en la Iglesia. Como ella fue dócil a la voluntad
de Dios.
PROYECTO DE DIOS SOBRE MI PERSONA: EL ENVÍO
EVALUACIÓN DEL RETIRO

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