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LA ATENCIÓN A LA VIOLENCIA REAL

La violencia real a diferencia de la de ficción es mucho más llamativa ya que genera

un gran impacto a los espectadores. La violencia interpretada como real aumenta los

niveles de implicación con las víctimas (Paik y Comstock, 1994) y a la vez suscita

emociones de temor y miedo (Walma Vandermolen, Valkenburg, & Peeters, 2002) y

actitudes de preocupación por sí mismos en quienes la observan (Cantor y Nathansson,

1996; Smith& Wilson, 2000; Unz, Schwab, y Winterhoff-Spurk, 2008). Lo que ha

generado mayor interés han sido las situaciones relacionadas con la guerra, el terrorismo,

la violencia política o la violencia machista. Uno de los casos más destacados es el del 11

de septiembre de 2011 (Atentado terrorista a las torres gemelas) se dice que el impacto que

genero este ataque terrorista no hubiese sido el mismo si las imágenes mostradas en la

notician fuesen de ficción.

Los acontecimientos trágicos, en los que hay dolor y sufrimiento deben ser mostrados,

según Cole (2004), ya que comprometen las acciones de la gente e implican moralmente a

las personas. El dolor y el sufrimiento se convierten en herramientas para unir la memoria

pública y privada y la exhibición de ambos tiene la capacidad de calmar, integrar, elaborar

las experiencias colectivas e individuales y, por lo tanto, un potencial catártico y saludable.

Al mismo tiempo, daría a los sujetos una mayor capacidad en la construcción del sentido de

las experiencias vividas. Y de establecer estas en la memoria individual y colectiva.