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Die Ambiguität des Bewusstseins

Mis ojos no se han abierto, mas ya he despertado. Me levanto sin ganas y me voy a orinar,
me lavo la boca y luego de cambiarme salgo a caminar para alejarme de mí.

La calle es nueva y los vecinos también; jamás había visto a ese jorobado frente a mi casa
arreglando su jardín, con su cara sucia porque se limpió el sudor con sus sucias manos
embarradas, siento que su rostro, descuadrado y percudido, me recuerda un poco al mío.
Sigo caminando sin saludarlo, el sol es el reflejo de mi estado, y no está soleado. Cuido de
no pensar demasiado, pues para eso he salido, pero veo que quienes me encuentro en el
camino tienen rasgos faciales tan cercanos a los míos que no puedo más que creer que es
una broma de la novia sociópata que traté de dejar en casa.

Un hombre corpulento me mira con odio y me empuja con el hombro al pasar junto a mí;
una señora evita mi mirada mientras se torna su piel en mantequilla; una hermosa
señorita me mira con mi rostro y me escupe los ojos, y al limpiarme, un hombre de traje
fino y gafas negras voltea su rostro con un evidente asco. ¿Qué es esto? Una y otra van
pasando todas las personas haciendo gala con mi rostro, usándolo como suyo propio.
¿Acaso este no es mío, sino de alguien más a quien se lo he robado? Posiblemente no soy
lo que veo en mi reflejo, o quizás no sea el mío.

Uno a uno, cada ser humano con el que cruzo me resulta tan fascinante como
desagradable, y los que no me ignoran me observan con asco y desprecio. El camino sigue
sin terminarse pronto, y a medida que avanzo más quién sabe a dónde, pues lo he
olvidado por completo, las personas se vuelven más violentas e irascibles. Me arrojan
objetos que recuerdo y conozco: juguetes de la infancia, bolsas de basura y piedras de
colores que recuerdo haber pintado alguna vez. La sangre de mi cuerpo sale, y comienza
también a burlarse de mí.

Veo a una persona que me ve a través de una gota de sangre que dejo colgar de mi dedo,
¿acaso puedo decir que soy yo?
Ahora lo entiendo. Todos son el yo que todavía no conozco, o que ya olvidé.

Mis ojos se han abierto, y ya no tengo certeza de nada.