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Utopía literaria y utopía empírica.

Tomás
Moro y Bartolomé de las Casas. Similitudes y
diferencias

Rocío Hernández Arias

CSIC - JAE Intro


Resumen:Tomás Moro, pensador e iniciador del género utópico literario moderno, y Bartolomé de Las Casas,
pionero en la defensa del indio y propulsor de organizaciones de tipo utópico en América, deben presentar, por
proceder su pensamiento de un mismo contexto, similitudes. Y sin embargo, por ser su ámbito de trabajo tan
alejado, presentan también algunas diferencias fundamentales. El objetivo de este artículo es comparar Utopía y
los Memoriales de Bartolomé de Las Casas para poder dilucidar en qué medida es posible volcar a la realidad las
aspiraciones utópicas de una generación que hubo de incorporar a su sistema de pensamiento todas las ideas que
conllevó el conocer que existía una otredad más allá de Europa.
Resumo: Tomás Moro iniciou o xénero utópico literario moderno e Bartolomé de Las Casas foi pioneiro na
defensa dos dereitos dos indios americanos y propulsou algunhas organizacións de tipo utópico que levou a cabo
en poboacións americanas. O seu pensamento é o dunha mesma época, a que tomara conciencia da alteridade
dos novos territorios; é por isto que deben existir, nos seus textos, algunhas similitudes. Ó comparar a Utopía de
Moro e os Memoriales de Las Casas atopámonos tamén con algunhas diferencias, e é que Tomás Moro escribiu as
súas ideas, pero Bartolomé de Las Casas as levou ó terreo empírico en diferentes ocasións.
Abstract: Thomas More began the modern literary utopic gender and Bartolomé de Las Casas was a pioneering
champion of amerindian rights during the Spanish Colonialism. They both must present some similarities because
their thinking started on a same context. However, because they both worked on different fields: literature and
reality, they must present some differences too. I’m comparing Moro’s Utopy and Las Casas’s Memoriales to know
how far is possible to dump utopic ideas into reality, some ideas which were born in the moment they knew it
was an other further away from Europe.
Palabras llave: Humanismo. Utopía. Tomás Moro. Bartolomé de las Casas.
Palabras chave: Humanismo. Utopía. Tomás Moro. Bartolomé de las Casas.
Key Words: Humanism. Utopic thought. Tomas Moro. Bartolomé de las Casas.

Pedro Henríquez Ureña en su obra La utopía de América (1989) afir-


ma que “Cuando el espejismo del espíritu clásico se proyecta sobre Europa,
con el Renacimiento, es natural que resurja la utopía”;1 efectivamente, con
la recuperación de las ideas clásicas y el descubrimiento del Nuevo Mundo
se abre un periodo de esplendor para las utopías, no sólo en el terreno de la
literatura, como es el caso del pensador Tomás Moro, sino también en el de
la experiencia:

Europa, por su vejez, se estimaba difícilmente corregible; pero la huma-


nidad descubierta, desnuda, sencilla, ingenua, podría vivir de acuerdo con la
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V. n 4.

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anhelada perfección. Moro menciona en su Utopía [...] los pueblos del Nue-
vo Mundo. Entre los españoles fué [sic] acogida fervorosamente esta orienta-
ción, germen de la doctrina del buen salvaje. (Zavala, 1937: 3-4).

El humanismo, que pretendía crear un nuevo mundo a través de las


enseñanzas de la Antigüedad, verá en el descubrimiento de América una oca-
sión ineludible para la ubicación de sus ideas. Tomás Moro, humanista inglés
del siglo XVI, con su Utopía “censura la sociedad europea del siglo XVI e
inspira idealmente su república en el mundo platónico y en la primitiva co-
munidad cristiana” Zavala (1937: 3). La obra de Moro, que inicia el género
utópico moderno, tendrá ecos no sólo en otras obras como La Città del Sole
(1602) de Campanella o la New Atlantis (1624) de Bacon, sino también en
los modelos de organización que se ensayan en la América hispánica, pues
es “característica singular del pensamiento hispanoamericano [...] su carác-
ter práctico, comprometido con las circunstancias” Velasco Gómez (2008:
16). Efectivamente, la utopía literaria española no aparecerá hasta muchos
años después, pero cabe preguntarse el por qué de esta ausencia: el imperio
de los Reyes Católicos llegó al Nuevo Mundo y fue, por tanto, el primero
en conocer la realidad de estas nuevas tierras y de sus habitantes; los españo-
les fueron quienes incidieron en la población indígena y en el territorio y,
por tanto, tuvieron que llevar a cabo experiencias organizativas. Es por esto
que en el mundo hispánico, las utopías abandonan el terreno literario para
abarcar el empírico. Bartolomé de Las Casas es quizás el más destacable de
los actores, pues sus sucesivos intentos organizativos, que se analizarán aquí
en relación con el texto literario de Moro, están plagados de consideraciones
de índole utópica: “El modelo ofrecido por Las Casas [...] utiliza la palabra
escrita como medio y no como fin” Cro (2005: 19).
Con el descubrimiento de las nuevas tierras al otro lado del Atlánti-
co y de sus habitantes, se abrió también un debate sobre la naturaleza de los
indígenas. Hacia 1510 no existía duda de su humanidad, pero se les consi-
deraban paganos y, además, se les podía identificar con el “buen salvaje”, el

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ser inocente de la Edad de Oro de la humanidad, cuando, según la mitología


griega, el hombre vivía en estado de inocencia.
Los indígenas del Nuevo Mundo son pronto adscritos a esta idea,
pues en el descubrimiento de América se verá el anhelo renacentista de “un
mundo libre de impurezas” Zavala (1937: 3). Desde una Europa en plena cri-
sis religiosa, los territorios descubiertos se perfilarán como el lugar idóneo
para la creación de una nueva humanidad, carente de los vicios que habían
hecho mella en la sociedad del viejo mundo. Bartolomé de Las Casas, que
se erige como el más firme defensor de los indígenas, define a estos poblado-
res de la siguiente manera: “son por la mayor parte de miembros delicados
aun los labradores y plebeyos dellos, que no parecen si no hijos de príncipes
criados en todo regalo” Las Casas (1994: 1807). En las descripciones del do-
minico los indígenas son siempre seres indefensos y en estado de pureza que
viven en comunidades perfectamente organizadas pero que, con la llegada
de los españoles, han sido contaminados y explotados.
Resulta fundamental, para el tema que nos ocupa, ahondar en la con-
sideración del indígena por parte del padre Las Casas, ya que sus esfuerzos
organizativos en las comunidades de indios derivan de sus ideas al respec-
to. El debate sobre el tratamiento de los indios se inicia casi con el descu-
brimiento y vive su momento de auge con la Controversia de Valladolid
(1550-1551).
Cuando Colón decide enviar esclavos indios como presente a los Re-
yes Católicos la reina Isabel decidió devolverlos a su tierra e igualó su status
con el de los españoles al proclamarles hombres libres, súbditos naturales de
la Corona de Castilla. Fue la reina la primera defensora de los derechos de
los indígenas y, entre 1501 y 1504 dictó instrucciones para su correcto tra-
tamiento, entre las que destaca la distribución demográfica que recomendó:
los indios debían reunirse en comunidades formadas por población autóc-
tona en las que debían existir jefes de familia a los que se asignarían tierras

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y una casa. En cada asentamiento, además, debía haber un sacerdote, que se


encargaría de enseñar a los indígenas la doctrina católica y los rudimentos
de lectura y escritura. Además, estipuló la creación de hospitales-hospicios
para indios y españoles enfermos o carentes de medios de subsistencia, un
antecedente claro de lo que después serán los pueblos-hospitales de Quiro-
ga.2
La muerte de Isabel abrió un periodo de inestabilidad en el gobierno
de las Indias: no existió entonces un gobernante interesado en el buen tra-
tamiento de la población indígena: “el control se había debilitado conside-
rablemente, el buen trato [...] tendió a ceder frente a la dureza, e incluso
la crueldad” Dumont (2009: 50). La orden de los dominicos, que se hallaba
asentada en las nuevas tierras, se mostrará contraria a este tipo de gobierno
y enviará a Fray Pedro de Córdoba a España para tratar el asunto en la Cor-
te. Tras leer al rey un memorial que a tal efecto había preparado donde se
narraban las atrocidades cometidas contra los indios por los españoles, el
rey regente convocó una junta especial de la que derivan las Leyes de Burgos
(1512), primer texto legislativo sobre el buen gobierno de las Indias en las
que se tomaban medidas a favor de los indígenas para evitar abusos, aunque
se mantenía el sistema de encomienda establecido por Isabel la Católica al
que los dominicos se oponían frontalmente.
Dado que lo que se discutía en aquel momento era la viabilidad de
considerar a los indios siervos de los españoles por su naturaleza, Fernando
el Católico pidió a cuatro expertos que redactasen un informe al respecto.
Tras la recepción de los textos, se convocará una nueva junta de la que deri-
van las Leyes Complementarias de Valladolid (1513) en las que se incluyen
las recomendaciones de los allí reunidos. La mayor innovación que en ellas

2
Vasco de Quiroga (1470-1565) ideó y llevó a la práctica la organización utópica de
núcleos de población indígena. Conocidos como pueblos-hospitales, nacerán directamente
de la Utopía de Moro, aunque utilizarán también elementos tomados de otras fuentes.

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se aprecia es que, por primera vez, se consideraba la libertad plena de los


indios, siempre y cuando fueran estos capaces de vivir políticamente.3

Las leyes promulgadas entre 1512 y 1513 continuarán vigentes hasta


1536, cuando los dominicos envían a Minaya al Vaticano para que trate con
el Papa el tema de la libertad de la población indígena. De esta reunión deri-
van el breve Pastorale officium y la bula Sublimis Deus, ambas promulgadas
en 1537, por las que se traslada al arzobispo de Toledo la “vicaría apostóli-
ca de los reyes de España sobre América” Dumont (2009: 82) y se decreta
la pena de excomunión para aquellos que hubieran tenido esclavos indios
o les hubieran privado de sus bienes. Las protestas del Consejo de Indias
y la presión de Carlos I para su revocación hace que estas medidas se anu-
len en 1538, pero su importancia estriba en que, gracias a esta intervención
dominica, se reabre el debate sobre el derecho de conquista y sometimiento.

La relación entre Bartolomé de Las Casas y Carlos I posibilita que, en


1542, se convoque una nueva junta de la que nacen las Leyes Nuevas, en las
que se suprime la encomienda. El clérigo, sin embargo, continúa enviando
Avisos al Consejo de Indias y en 1549 es llamado a participar en una junta
“en la que se trate y hable de cómo podían ser conducidas las conquistas en
América justamente y con seguridad de conciencia” Dumont (2009: 129).

Esta junta, que se llevará a cabo entre 1550 y 1551 recibe el nom-
bre de Controversia de Valladolid. Es, en suma, un debate entre Ginés de
Sepúlveda, gran latinista de formación humanística, y Bartolomé de Las Ca-
sas, erigido ya en defensor de los indios y sus derechos. A pesar de que la
victoria pareció estar en manos de Sepúlveda, Las Casas no abandona sus
pretensiones.

3
De política, “el gobierno de la república, que trata y ordena las cosas que tratan a la
Policía, conservación y buena conducta de los hombres” Autoridades (1737).

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Del encuentro del clérigo Las Casas con el cardenal Cisneros se deri-
va el envío de los frailes jerónimos a las Indias, con instrucciones específicas4
para el gobierno de las poblaciones indígenas; el objetivo principal de las
mismas es erradicar el mal trato que se les había dado. Sin embargo, existe
un punto clave en el que Cisneros difiere de las ideas lascasianas: la enco-
mienda; el regente no considera que los indios se encuentren en un estado
de raciocinio suficiente para que puedan regirse por sí mismos de manera
satisfactoria. Por ello, señala en las enmiendas a las Leyes de Burgos (1512):
“En caso que [...] todavía pareciese que debían estar encomendados [...], de-
ben proveer y remediar para adelante en los artículos siguientes” Las Casas
(1994: 2130).
Las medidas para el gobierno de los indios que se tomaron antes de
la aparición de Las Casas, demuestran que existía una línea de pensamiento
afín al buen gobierno de los pueblos indígenas. Sin embargo, su lucha y sus
múltiples acciones en su favor, lo erigen, sin duda, como el primer gran de-
fensor de sus derechos. Resulta necesario establecer cuáles son las ideas fun-
damentales que Las Casas tiene sobre la población indígena, pues en ellas se
fundamentan sus intentos de organización, es decir, su pensamiento utópico
de raigambre teocrática que será analizado a continuación.
Señala Stelio Cro (2005) que Las Casas es el mayor responsable de la
doctrina del otro, pues su oposición al sistema de encomienda viene dada
por su interés en la humanidad americana, que se plasma en un america-
nismo fundamentado en la teología cristiana, pero aplicada al indio. Para el
cristianismo la oposición entre los seres humanos existe entre creyente y no
creyente, al margen de otras consideraciones naturales: “Según Las Casas, el

4
Aparecen éstas cotejadas en la Historia de las Indias III con el título de “Memorial o
instrucción que han de llevar los padres que por mandato de su reverendísima señoría y
del señor embaxador han de ir a reformar las indias” Las Casas (1994: 2121-2128) y están
complementadas con las “Enmiendas” de los Consejos y el Cardenal Cisneros (Las Casas,
1994: 2128-2133).

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rasgo más característico de los indios es el parecido que tienen con los cris-
tianos. [...] están provistos de virtudes cristianas, son obedientes y pacíficos”
Todorov (1982: 176). Las diferencias entre ellos y los españoles vienen dadas
por un motivo temporal, es decir: “ellos (allá) están ahora como nosotros
(aquí) estábamos antaño” Todorov (1982: 181).
Así, los indígenas han de ser educados por religiosos y la conquista
a través de soldados debe ser abandonada, pues estos religiosos serán los
encargados de dotar al otro de las enseñanzas necesarias para que evolucione
a un estado similar al de los europeos, pero atenuado éste último por las
virtudes de índole cristiana que Las Casas aprecia en los indígenas. “El sueño
de Las Casas es un estado teocrático, donde el poder espiritual supere al
poder temporal” Todorov (1982: 184).
Aunque entre la Utopía de Moro y las directrices que en el “Me-
morial...” se dan a los frailes de San Jerónimo para el buen gobierno de
los indios no se encuentran estrictos paralelismos, sí encontramos la misma
inspiración en ambos textos,5 lo que muestra en esencia la unidad de la vo-
luntad de renovación en los países europeos, inspirada por el humanismo:
la creación de un mundo nuevo.

los relatos del descubrimiento y de las primeras exploraciones de Amé-


rica [...] están en el germen de Utopía, y estas informaciones se hicieron en
gran número interpretando el mundo descubierto como un lugar donde la
Naturaleza no había sido aún corrompida por el artificio que los europeos
representaban como consecuencia de su larga historia (López Estrada, 1980:
51).

Utopía está compuesta por dos libros: en el primero de ellos se narra


la conversación entre Tomás Moro, Pedro Egidio, amigo del inglés, y un
5
Se señalan los puntos en los que el “Memorial...” coincide con la organización de Uto-
pía, así como en todo el pensamiento utópico de Las Casas, compuesto por este primer
intento de población, el “Reclutamiento de labradores...” Las Casas (1994: 2189-2211) y la
“... población de la Tierra Firme de Paria” Las Casas (1994: 2327-2339).

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navegante llamado Hythlodeo;6 en ella se exponen los males de la sociedad


inglesa de la época, para que puedan éstos ser contrastados con la informa-
ción que se proporciona en el segundo libro, que describe la isla de Utopía,
de cuya visita ha quedado el navegante admirado. Sobre la ubicación de la
isla en el nuevo mundo se introducen referencias en el discurso de Pedro
Egidio, que afirma dirigiéndose a Hythlodeo: “difícilmente me convencerás
de que en aquel nuevo mundo existe un pueblo mejor organizado que esta
parte del orbe que conocemos” Moro (1516: 107).
La obra de Moro, de carácter ficcional, sitúa su comunidad política
perfecta en la otra parte del orbe; en el caso del “Memorial...” de Bartolomé
de Las Casas y otras experiencias de raigambre utópica para la organización
de las comunidades indígenas, la situación geográfica es la misma, pues tie-
nen su razón de ser en una realidad concreta que, efectivamente, es necesario
organizar política y socialmente.

I. Planteamientos teóricos. Administración, economía y so-

ciedad. Religión y moral

El pilar fundamental de la economía utopiana es la agricultura: “Exis-


te una ocupación común a hombres y mujeres, sin discriminación: la agri-
cultura; y de ella nadie está excluido” Moro (1516: 120); en el “Memorial...”
de Las Casas se contempla este oficio como primordial, pero se da también
una importancia esencial al trabajo en la mina, pues éste era el fin de la ex-
plotación de las tierras recién descubiertas por los españoles; en todo caso,
la ubicación de las tierras de cultivo es semejante en ambos casos: en Moro
“En la campiña, convenientemente distribuidas por las tierras, hay granjas
provistas de aperos de labranza” Moro (1516: 113-114); para Las Casas ha
6
Aunque Utopía no tiene su base en la realidad, Tomás Moro realiza un interesante
juego ficcional al situar a Hythlodeo entre los compañeros de Américo Vespucio, figura
histórica. Además, contribuye a la apariencia de realidad el hecho de que en el contexto de
la conversación se encuentre Moro en Amberes tras formar parte de una comisión real que
en 1515 representó a los comerciantes ingleses en Flandes.

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de elegirse el terreno según la ubicación de las minas, pero también donde


“haya ríos cerca para sus pesquerías y buena tierra para labranzas” Las Casas
(1994: 2121). Además, aquellos emplazamientos que estén situados muy le-
jos de las minas, tienen una función agrícola: “los que estuvieren muy lexos
de las minas hagan allá pueblos y críen ganados y cojan pan y algodón y
otras cosas” Las Casas (1994: 2121).

En este punto podemos encontrar una de las diferencias fundamen-


tales entre los escritos de Moro y Las Casas: en Utopía se da a la técnica un
lugar privilegiado en la enseñanza y el desarrollo, así como a los estudios
humanísticos; en Las Casas, sin embargo, se habla tan sólo del trabajo en
minería, extracción de perlas y agricultura. La enseñanza de tipo técnico se
reserva a rudimentos en materia de agricultura; en lo que se refiere a for-
mación en letras, se prevé la enseñanza del español para la asimilación de
la fe. En esta diferencia radica la divergencia de objetivos entre la sociedad
ideal creada por Moro y la propuesta por el clérigo: el inglés describe una
sociedad que es, y aspira a seguir siendo, autosostenible; Las Casas, por el
contrario, pretende mantener a los indios en su estado natural, pero incor-
porando a su sociedad las enseñanzas cristianas e importando los productos
de la técnica europea.

Entre Utopía y las normas dadas a los frailes jerónimos existe otra
diferencia esencial: en la isla de Moro no existe la propiedad privada, mien-
tras que Las Casas dictamina que “Débese dar a [...] los vecinos del lugar
[...] parte de tierra donde puedan plantar árboles y otras cosas” Las Casas
(1994: 2122); sin embargo, en ambas comunidades los restos de producción
son de uso comunitario: “procuran [...] que las sementeras y la crianza de
ganado excedan dichas exigencias, y terminarán repartiendo lo sobrante en-
tre las poblaciones vecinas” Moro (1516: 115); “De lo restante, quede para el
pueblo” Las Casas (1994: 2122).

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En Moro las familias están compuestas por al menos cuarenta per-


sonas y “A su frente hay un paterfamilias y una madre de familias” Moro
(1516: 114); en las directrices de Las Casas el sistema es patriarcal también,
en tanto que lo ejercen los caciques, con “superioridad en sus indios” Las
Casas (1994: 2122); además, es jerárquico, pues los españoles que lo deseen
pueden casarse con la hija de un cacique “a quien pertenece la sucesión por
falta de varones [...]. Y casándose desta manera, éste sea cacique y sea tenido
y obedecido y servido” Las Casas (1994: 2122).7
Dice Las Casas que “conviene que se nombre una persona que tenga
la administración de uno o de dos o de tres o más lugares, según la población
fuere. [...] ha de ser español” Las Casas (1994: 2123); en Utopía, dado que
la población está uniformemente distribuida, “Cada conjunto de treinta fa-
milias elige anualmente un magistrado” Moro (1516: 119). Entre ellos existe
también un paralelismo importante: “El cometido principal, y casi exclusi-
vo de los sifograntes8 consiste en cuidar y vigilar que nadie esté ocioso y que
todos se dediquen con diligencia a sus tareas, pero sin andar azacanados co-
mo bestias de carga, que trabajan sin parar desde el alba hasta última hora de
la tarde9 ” Moro (1516: 122); en el “Memorial..” se prevé que “Después que
hobieren servido el tiempo que fueren obligados en las minas, vénganse a sus
casas y trabajen en sus haciendas lo que buenamente pudieren y vieren que
les cumple, a vista de su cacique y del religioso o clérigo que allí estuviere

7
A pesar de la defensa de los indios y de sus sistemas de autogobierno, en la primera
de las reformas que plantea Las Casas los españoles siguen gozando de privilegios, pues
señala que “desta manera muy presto podrán ser todos los caciques españoles y se excusarán
muchos gastos” Las Casas (1994: 2122).
8
Nombre dado en la lengua antigua de Utopía a los administradores.
9
La dignificación del trabajo humano a la que se refiere Moro en su obra constituye
uno de los puntos clave de la defensa del indio lascasiana, pues mediante la encomienda se
entregaban los indios “a quien los había de oprimir e fatigar hasta matallos” (Las Casas,
1994: 2083). De hecho, las “Enmiendas” señalan que “La ley trece, que habla del trabajo
y huelga, parece que se debe de enmendar porque el tiempo de trabajo es muncho” (Las
Casas, 1994: 2132).

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o del administrador” Las Casas (1994: 2125). En ambos casos es tarea de los
administradores vigilar el cumplimiento de las horas laborales, salvo que en
el caso de las directrices lascasianas este cometido se comparte con el resto
de gobernantes de la comunidad: cacique y religioso. Pero de nuevo resulta
esencial la diferencia entre ambas sociedades: los utopienses eligen a sus ad-
ministradores “por votación secreta [...] de entre los cuatro propuestos por
el pueblo” Moro (1516: 119); sin embargo, en el planteamiento lascasiano,
el administrador viene dado por la autoridad superior, la designada por el
rey y sus Consejos.

Sin duda, la educación en Utopía está más avanzada, pues existen


diferentes oficios y “La mayoría consagra [...] ratos de ocio a los estudios
humanísticos; y es costumbre que se den a diario conferencias públicas”
Moro (1516: 122); sin embargo, la enseñanza de los niños y los jóvenes en
Utopía muestra similitudes con la planificada por Las Casas para los indíge-
nas del Nuevo Mundo: en la isla fantástica de Moro “Son [...] los sacerdotes,
los encargados de instruir a los niños y a los jóvenes, atendiendo más a las
costumbres y a la virtud que a la enseñanza de las letras” Moro (1516: 193);
en el “Memorial...” de Las Casas se estipula que “Haya un sacristán [...] que
sirva en la iglesia y muestre a los indios a leer y a escrebir hasta que sean
de edad de nueve años [...]; y que les muestren a hablar romance castellano”
Las Casas (1994: 2124). Por tanto, en ambos casos la educación de los jóvenes
está consagrada a los hombres de Iglesia.

La organización eclesiástica es distinta en ambas comunidades: la de


Las Casas se rige por las directrices de la doctrina cristiana de su época,
aunque se ubique dentro de las órdenes mendicantes, que muestran una clara
voluntad de acercamiento a lo que fue la Iglesia primitiva. Los sacerdotes de
Utopía, por el contrario “eligen esposa entre las mujeres más distinguidas de
la población” Moro (1516: 193), un claro guiño a la Europa de la Reforma.

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El “Memorial...” dice que “debe haber en cada pueblo un religioso


o clérigo que tenga cuidado de los enseñar según la capacidad de cada uno
dellos, y administralles los sacramentos y predicalles los domingos y fiestas”
Las Casas (1994: 2124), es decir, se debe predicar la fe de Cristo a los indios,
con el objeto de convertirlos. En la obra de Moro, sin embargo, se rechaza
la conversión forzosa:

Hay allí variedad de religiones [...].


[...] la gran mayoría [...] cree más bien en la existencia de una única
divinidad [. . . ]
[. . . ]
[...] todos se van apartando poco a poco de aquella diversidad de creen-
cias supersticiosas, para venir a coincidir en una única religión, que racional-
mente se muestra superior a las otras (Moro, 1516: 183-184).
[...] el exigir con violencia y amenazas que todos acepten lo que uno
tiene por verdadero es, a todas luces, una demasía y un disparate (Moro,
1516: 187).

Aunque en Utopía se da al Dios único el nombre de Mitra, a raíz de la


visita del navegante, conocen a Cristo y su doctrina y “con [...] sentimientos
favorables se disponían a aceptarla” Moro (1516: 185). En Moro, la influen-
cia del humanismo en lo que se refiere a la recuperación de lo que había sido
la Iglesia primitiva es fuerte, pues se señala que “debió influir no poco [...] el
que oyeran decir cuánto agradaba a Cristo la vida en común de sus discípu-
los, y que ésta se practicaba todavía entre las más íntegras comunidades de
cristianos” Moro (1516: 185). Tanto en el “Memorial...” lascasiano como en
todos los textos y polémicas referentes al trato de los indios, no se discute
en ningún momento su evangelización. Sus propias prácticas religiosas ten-
derán a ser erradicadas, pero se produce también un proceso de sincretismo
destinado a facilitar el aprendizaje de la doctrina.
Es necesario señalar, también, las confluencias que existen entre la
obra de Moro y el “Memorial...” de Las Casas en lo que se refiere al trato a
los enfermos. La ubicación del edificio destinado al hospital es diferente en
ambos autores: el clérigo español prefiere el centro del lugar, mientras que

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el inglés lo ubica en “los alrededores de la ciudad, no lejos de las murallas”


Moro (1516: 130). Son, en ambos casos, hospicios públicos que sirven para
dar cobijo y cuidado a los enfermos y, en la situación real de las Indias,
también a los “niños que no tiene padres” Las Casas (1994: 2124).
El castigo por mala conducta será impuesto por el cacique en aque-
llos “delitos que merecen hasta pena de azotes y no más [...]. Lo demás quede
a la justicia ordinaria de Su Alteza” Las Casas (1994: 2122); en Utopía suce-
de algo similar, pues “no está prevista en la ley una pena determinada;10 los
castigos son fijados por el Senado en atención a su mayor o menor grado
de criminalidad” Moro (1516: 165). Es decir, en ambos casos los crímenes y
delitos deben ser juzgados individualmente por la autoridad vigente: el Se-
nado en el caso de la República de Utopía y las instituciones que para ello
haya designado el rey de España en las comunidades indígenas lascasianas.
El adulterio en Utopía está severamente penado, siempre y cuando la parte
ofendida no solicite el perdón, en cuyo caso puede este concederse; en el
“Memorial...” de Las Casas se prevé que “cada uno sea contento con tener
a su mujer, y no se la consientan dexar; y que las mujeres vivan castamen-
te, y la que cometiere adulterio, acusándola el marido, sea castigada ella y
el adúltero hasta penas de azotes por el cacique” Las Casas (1994: 2123). El
adulterio en el Nuevo Mundo está tan sólo penado en el caso de la mujer,
pero su castigo es también menor.
Serán esclavos “los caribes que comen hombres y son gente recia; y
éstos son esclavos porque no han querido rescibir los predicadores” Las Ca-
sas (1994: 2127);11 el sistema esclavista de Utopía, por el contrario, los obtie-
ne “de entre sus propios ciudadanos que por algún delito han sido reducidos
10
Existen excepciones a esto, ya que “Al que atenta contra el vínculo matrimonial se le
castiga con la más rigurosa servidumbre; [...] pero la reincidencia en este delito lleva consigo
la pena de muerte” (Moro, 1516: 165).
11
Esta afirmación confirma la intolerancia en materia religiosa que caracteriza las leyes
para el gobierno de las Indias de Las Casas, pues la labor de las órdenes mendicantes en el
Nuevo Mundo era esencialmente de evangelización.

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a esclavitud; o bien, caso más frecuente, a los ciudadanos extranjeros que,


convictos de alguna fechoría, fueron condenados a muerte en sus ciudades
de origen” Moro (1516: 160).

II. Puesta en práctica del Memorial.... Fracaso y replan-

teamientos: Reclutamiento de labradores y Población de

la Tierra Firme de Paria

Provisto de una cédula real y por mandato del cardenal Cisneros,12


Las Casas dispuso sus asuntos y se desplazó a la Española junto a los frailes
de la orden de San Jerónimo para vigilar el buen cumplimiento de las direc-
trices del “Memorial...” y las “Enmiendas”; pero los españoles afincados en
la isla “ganaron a los padres la voluntad. Y de tal manera supieron ganársela
que ganaron que no se pusiese en execución la cédula que traían de quitarles
los indios” Las Casas (1994: 2148). Las Casas se puso en contacto con fray
Pedro de Córdoba para tratar del mal uso que los frailes hacían de los po-
deres otorgados por la Corona: “tractando qué remedio se tomaría para que
los padres hierónimos executasen los remedios que para los indios manda-
dos traían, pareció que no había otro si no tornar el clérigo contra ellos a
Castilla” Las Casas (1994: 2158). De este modo, el padre Las Casas regresa
a Castilla acompañado del dominico Montesinos y, apoyados por diferen-
tes teólogos y frailes, consigue que el rey ordene al canciller que se “juntase
consigo el clérigo y ambos a dos reformasen y pusiesen remedio a los males
y daños destas Indias” Las Casas (1994: 2184).
De estas conversaciones surge el “Reclutamiento de labradores...” Las
Casas (1994: 2189-2211), por el que se debían “enviar verdaderos pobladores,

12
La actuación de Cisneros en la América hispánica no está limitada a su relación con
Las Casas, sino que, desde 1504, apoya diferentes iniciativas: en 1505 se crea la provincia
misionera, donde serán los franciscanos, junto a observantes enviados por el cardenal, los
encargados de su gobierno. Será también gracias a él que fray Juan de Quevedo se desplace
a América para apoyar a los franciscanos y observar las condiciones de las gentes de las
nuevas tierras descubiertas.

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conviene a saber: gente labradora que viviese de cultivar tierras” Las Casas
(1994: 2193). Para que esta empresa tuviera el efecto deseado, se encargó Las
Casas de que los labradores que partiesen hacia las Indias lo hicieran provis-
tos de todo lo necesario para su supervivencia durante un año. El objetivo
principal de esta medida era el de crear comunidades mixtas que vivieran
en armonía, pues consideraba Las Casas a los labradores gente cristiana y
pacífica; además, de su unión con los indios se derivaba la enseñanza del
arte agrícola a éstos, una medida similar a la que Moro señala en su Utopía:
“los que han cumplido un bienio en el campo [...] se les reemplaza con un
número igual de recién venidos de la ciudad, con objeto de que quienes lle-
van allí un año [...] puedan instruirles [...]. Se evita así el que la llegada de
golpe de gente novata e ignorante de la agricultura ocasione deficiencias en
la cosecha” Moro (1516: 114).

A pesar de que fueron numerosos los labradores que se sumaron a


la propuesta del clérigo, atraídos por “la intinción del rey, que era poblar
aquestas tierras; [...] la felicidad, fertilidad, sanidad y riqueza dellas;13 [...]
las mercedes que el rey les hacía” Las Casas (1994: 2208), el proyectó no
se desarrolló con normalidad y Bartolomé de Las Casas comenzó gestiones
para la “Población de la Tierra Firme de Paria”, pues ya “había pedido en
el Consejo cient leguas de aquella tierra, que no entrasen españoles en ellas,
para que los frailes de Sancto Domingo pudiesen predicar a las gentes dellas”
Las Casas (1994: 2328). El Consejo, en aquel momento, había determinado
que el proyecto no resultaba viable, por lo que Las Casas “Proveyó [...] el
provecho del rey [...] y al interese de los que le habían de ayudar, [...] con
las mercedes que pidió que se hiciesen a los [...] que habían de ayudarle” Las
Casas (1994: 2332).

13
Eco de la concepción paradisíaca del Nuevo Mundo que imperó en el pensamiento del
siglo XVI.

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Dispuso, como primera medida, que los pueblos fueran exclusivos


de indios y de aquellos que a ayudarlo iban, por lo que constituyó un espa-
cio cerrado a la influencia externa, cualidad que aparece paralela en la isla de
Utopía, pues “Dicen que antaño [...] ese territorio no estaba completamente
rodeado por mar. Pero Utopo [...] ordenó excavar quince millas por el lado
que la unía a tierra firme, haciendo que el mar circundara todo el territorio”
Moro (1516: 112). El aislamiento de las comunidades es uno de los puntos
clave en la construcción de utopías, pues, estando estas aisladas de influen-
cias externas, como lo estaba América de los vicios europeos, sería más fácil
la constitución de comunidades perfectas en sí mismas. Así, en los escritos
de Bartolomé se lee: “cualquier navío y gente que fuese a la dicha tierra [...]
no fuesen osados a hacer mal ni daño ni robo ni escándalo a los indios, ni
quedasen en la tierra” Las Casas (1994: 2336).
Las recomendaciones de Bartolomé de Las Casas para la creación de
pueblos de indios en la Tierra Firme de Paria fueron discutidos por aquellas
personas que el clérigo había nombrado para ello y por el resto de consejos
del rey y:

Despúes de munchas veces en los ayuntamientos dichos platicando sobre


el negocio del clérigo y resistido por el obispo y los del Consejo de las Indias,
[...] determinóse por el gran chanciller y por toda la multitud de los demás de
los Consejos de allí entraban que al clérigo se concediese todo lo que pedía
con todo el favor necesario para que las gentes de aquella tierra, mediante
la solicitud y trabajos y predicación de los religiosos que consigo había de
meter, viniesen al cognoscimiento de su Criador (Las Casas, 1994: 2369).

El rey iba a partir hacia Flandes, por lo que los trámites para la firma
de la “Capitulación y asiento del clérigo Casas en la Tierra Firme de Paria”
se aceleraron y “Determinóse también que al clérigo se diese el cargo de la
conversión de las gentes que vivían en aquella parte de tierra firme que había
señalado, por la manera que la pedía” Las Casas (1994: 2437).
Finalmente, el clérigo parte hacia las tierras donde debía llevar a ca-
bo su conversión y el establecimiento de una colonia de indios, llevando

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consigo “cierto número de labradores para comienzo de la población que


había de hacer” Las Casas (1994: 2441). Cuando llegó a la isla de Santo Do-
mingo supo que, en esas mismas tierras, los indios habían dado muerte a los
frailes que habían ido a predicar la fe de Cristo y que se estaba preparando
un ataque a esta tierra; trató de evitarlo, pero el capitán encargado de ello
señaló que no podía sino obedecer las órdenes que directamente le habían
dado desde la isla Española. El clérigo partió hacia ella:

presentó sus provisiones ante el Almirante y los jueces de apelación y


oficiales del rey [...]. Requirióles, lo primero, que las hiciese apregonar [...]
que le mandasen desembarazar la tierra que llevaba a cargo; y luego, con la
mayor presteza que ser pudiese, mandaran venir el armada, y que no hiciese
guerra a los vecinos de aquella tierra (Las Casas, 1994: 2448-2449).

Dado que el clérigo traía provisiones reales, los oficiales y el almiran-


te decidieron asociarse con él; esto supuso una gran cantidad de concesiones
que Las Casas justifica diciendo “visto que para se despachar de allí por en-
tonces no tenía otro remedio, [...] respondió que le placía que se hiciese la
compañía” Las Casas (1994: 2452). La compañía, cuya capitulación se firmó,
presenta las siguientes características:

Que se le diese al clérigo el Armada que se había enviado a hacer guerra


a los indios [...]. Éstos habían de servir con un capitán [...] para tener la tierra
en paz [...]. Otro capítulo fue para sustentar el resgate de perlas y la tiranía
que en sacallas se hacía [...]. Otro capítulo contenía que la dicha compañía y
armada se ordenaba para que por el dicho licenciado, clérigo Bartolomé de
Las Casas, se averiguasen las gentes y provincias donde se comía carne hu-
mana, y los que no querían estar en paz y en conversación con los españoles,
[...] dalles guerra y hacer todos los que tomasen a vida de esclavos (Las Casas,
1994: 2452-2453).

En esta selección de texto se observa que la iniciativa de crear po-


blaciones libres de la influencia de los españoles y confiar en la naturaleza
de los indígenas que vivían en comunidades naturales, presenta, en su apli-
cación práctica, varias diferencias con lo planeado en el texto: finalmente,
se crearían fortalezas de españoles y se haría la guerra a aquellos indios que

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no quisieran convertirse, tomando a los supervivientes como esclavos. Al


firmar esto, el clérigo muestra una visión ecléctica que aúna sus intencio-
nes iniciales y la situación real de poder que se vivía en las Indias. Con esta
capitulación, sin embargo, se desplaza finalmente a Cumaná, donde pone
en marcha su proyecto. Las complicaciones, sin embargo, fueron sucedién-
dose: en una isleta cercana, carente de agua potable, los españoles enviaban
trabajadores a coger perlas, Las Casas decide fortificar la entrada al río más
cercano, para impedir las relaciones de los indios con los españoles, según su
proyecto inicial. Sin embargo, “No se tardó munchos meses ni días que, con
achaques de venir al río por agua en sus barcos, inquietaban la gente del pue-
blo” Las Casas (1994: 2457). A esto se sumó la existencia del vino traído de
la península, pues “era la más preciosa moneda que los indios amaban” Las
Casas (1994: 2458). Durante la embriaguez, los indios mostraban conductas
agresivas entre ellos, por lo que:

Comenzó el clérigo a beber grandes amarguras y entender los impedi-


mentos de todo su negocio [...]. Parecióle al religioso que aquellos estorbos
e inconvenientes antes habían de ir cresciendo que menguarse, si el rey o el
Audiencia con gravísimas penas no lo atajasen, y para que esto alcanzar el
mismo clérigo y no otro había de irlo a negociar (Las Casas, 1994: 2458).

Dejando a un encargado de la población, partió hacia la isla Españo-


la; tras su marcha “los indios de la provincia de Cumaná [...] mataron un
fraile y ciertos criados suyos y quemado [...] toda la hacienda” Las Casas
(1994: 2491). Debido a este desastre, se enviaron tropas para hacer la guerra
a los indios de la zona e “Hizóse después un muy buen pueblo de españo-
les en la isleta [...]. Pero, acabadas las perlas después algunos y no munchos
años, se quedó la población o pueblo todo despoblado” Las Casas (1994:
2492).
Así finalizan los intentos del clérigo Bartolomé de Las Casas por
establecer poblaciones pacíficas de indios en el Nuevo Mundo sin influjo de
los españoles y atendiendo a las doctrinas de las órdenes mendicantes y a las

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enseñanzas de la Antigüedad en lo referente al determinismo geográfico del


ser humano.
En el vasto conjunto de escritos de Bartolomé de Las Casas es posible
discernir un cuerpo de doctrina riguroso y coherente, según el cual los indios
son seres racionales y libres, miembros de pleno derecho de la humanidad;
este punto se convertiría en la doctrina oficial de la Iglesia desde 1537 (Cés-
pedes del Castillo, 1983: 238).

Conclusiones. Bartolomé de Las casas, ¾utópico?

Entre la obra de Moro y la de Las Casas existen ciertos paralelismos y


diferencias fundamentales, lo que no tiene por qué deberse a una influencia
de uno de los textos sobre otro, sino que probablemente remiten al concep-
to que se halla en las utopías clásicas. Santa Arias, en su artículo “Bartolomé
de Las Casas’s Sacred Place of History” señala “it is problematic to speak of
the influence of More on Las Casas” Arias (2002: 125) porque mientras que
Moro recrea de manera literaria una situación ideal de gobierno, “Las Casas
established a clear relationship between the environment and the physical
and natural disposition of the “gentle, patient and humble” Amerindians”
Arias (2002: 126). Es decir: las condiciones naturales en las que se hallaba
la población indígena estaban también condicionadas por la situación social
de conquista; es por ello que Las Casas, a pesar de incluir muchos plantea-
mientos que tienen su correlato en la isla de Utopía, debe también adaptarse
a las situaciones reales.
Cuando se señala comúnmente que el inicio del utopismo moderno
en España no se produce de manera contemporánea al resto de países eu-
ropeos, es necesario entender que, en un país donde la experiencia en las
nuevas tierras precisaba de medidas efectivas para su gobierno, no se pro-
dujeran representaciones ideales en el terreno literario. Los esfuerzos de los
humanistas, principales productores de proyectos reformadores, estuvieron
enfocados al terreno de la práctica, como habían dictaminado sus predeceso-
res renacentistas que supieron que para “ganar la consideración y el prestigio

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que estimaban de estricta justicia, les era preciso mostrar y demostrar que
las artes y los criterios que profesaban tenían un alcance harto mayor que el
puramente literario” Rico (2002: 102). Los escritos de Bartolomé de Las Ca-
sas y la polémica sobre el indio surgida a partir de las protestas de las órdenes
religiosas presentan, en efecto, características similares a las que se describen
en la producción literaria utópica europea de la época y, sin embargo, no
puede hablarse de una influencia directa de estas obras,14 pues ambas, ex-
periencia y literatura, son producto de una misma voluntad de renovación
cultural y política, la que caracterizó la entrada en la Edad Moderna.

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14
Otro es el caso, sin embargo, de los pueblos-hospitales de Vasco de Quiroga, para cuya
organización se tomó como referencia directa la Utopía de Moro. El mismo autor señala en
sus escritos la inspiración del inglés para la configuración de los pueblos, pero no debemos
olvidar que ya Isabel la Católica había dictaminado algunas medidas semejantes. En las
“Ordenanzas” para el establecimiento de estas comunidades, que sí pueden caracterizarse
como típicamente utópicas, la influencia de Moro es evidente, pero, a diferencia de Las
Casas, Vasco de Quiroga no pretendió influir directamente en la gobernación de las Indias,
sino que emprendió la construcción de las comunidades al margen de las instituciones de
poder.

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recibido: marzo de 2012


aceptado: mayo de 2012

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