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CURSO

LO FEMENINO NO ES SOLO CUESTIÓN DE MUJERES

José Fernando Velásquez


Claudia Velásquez
Héctor Gallo
Juan Fernando Pérez
Mario Elkin Ramírez
María Cristina Giraldo
a
nueva escuela lacaniana
AUTORES

José Fernando Velásquez


Psicoanalista. Miembro de la Asociación Mundial de
Psicoanálisis (AMP) y de la NEL-Medellín.

Claudia Velásquez
Psicoanalista. Miembro de la Asociación Mundial de
Psicoanálisis (AMP) y de la NEL-Medellín.

Héctor Gallo
Profesortitular del Departamento de Psicoanálisis,
Facultad Ciencias Sociales, Universidad de Antioquia.
Psicoanalista, miembro de la NEL-Medellín y de la
Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP).

Juan Fernando Pérez


Psicoanalista. Miembro de la Asociación Mundial de
Psicoanálisis (AMP) y de la NEL-Medellín.

Mario Elkin Ramírez


Profesortitular del Departamento de Psicoanálisis,
Facultad Ciencias Sociales, Universidad de Antioquia.
Psicoanalista, miembro de la NEL-Medellín y de la
Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP).

María Cristina Giraldo


Psicoanalista. Miembro de la AMPy de la NEL- Medellín.
LO FEMENINO NO ES SOLO CUESTIÓN DE MUJERES

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LO FEMENINO NO ES SOLO CUESTIÓN DE MUJERES

José Fernando Velásquez


Claudia Velásquez
Héctor Gallo
Juan Fernando Pérez
Mario Elkin Ramírez
María Cristina Giraldo

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Contenido

Introducción

El Otro goce, el goce femenino, no es solo asunto de mujeres 11


José Fernando Velásquez

Hombres frente a lo femenino 23


Claudia Velásquez

Goce femenino-amor míistico-goce fálico: hombres y mujeres 41


Héctor Gallo

La feminidady la histeria 65
Juan Fernando Pérez

Feminidad y “feminicidio” 79
Mario Elkin Ramírez

Posición femenina y posición del analista 95


María Cristina Giraldo
Introducción

La pregunta por lo femenino, que inquietó a Freud, es la pregunta


que la Nueva Escuela Lacaniana y sus sedes se proponen investigar du-
rante el presente año, destacando que no solo es un asunto de mujeres.
Las implicaciones y consecuencias de esta propuesta serán examinadas
y expuestas durante el Curso introductorio con el que la NEL - Mede-
liín inicia el ciclo de cursos introductorios de 2014.
Existe un rechazo histórico a la feminidad que proviene dela rela-
ción con lo femenino primordial. Lo sagrado, lo mágico, lo mítico, lo
inconsciente se conjugan para frenar lo que todo ser hablante puede
saber sobre lo femenino. Sin embargo, Freud insistió con su pregunta:
«¿Qué quiere una mujer?» Él captó que lo femenino se emparenta con
componentes inmanejables y hasta crueles de la pulsión sexual. Senti-
miento de vértigo, intuición de un precipicio, exaltación y arrebato, son
extremos en los queel sujeto está allí integralmente comprometido. Lo
femenino no es equivalente a lo que hace pareja de un hombre, ni a la
maternidad, porque lo pulsional en una mujer no está completamente
regulado por su orientación al falo. Lo femenino encierra algo que no
es del orden de lo armonioso en lo que llamamos actividad psíquica.
Melanie Klein destacó que la posición femenina apunta a buscar acti-
vamente la catástrofe, como lo recogela literatura antigua en Medea,
quien se adueña de su destino, se funde en él, se vuelve enemiga de los
semblantes de la civilización y mata por amor, sin medida,sin freno.
Lacan afirmó, años después, que detenerse ante el enigma de lo feme-
nino vuelve incapaces a los psicoanalistas porque enceguece y asusta.
Su enseñanza no se detuvo ahí; más bien hizo causa de ese impase. Lo
que aportó es quela cuestión del género,ligadaal sistema de identifica-
ciones imaginarias y significantes, no agota la relación del ser de goce
con su sexo y el de los otros. Hay un goce conocido como «femenino»
que persigue ser colmado más allá de cualquier restricción o prohibi-
ción, goce que escapa la regulación y al sentido común. Se le conoce
como femenino porque se escurre del estándar edípico con el que el
discurso social pretende imaginarlo.
Encerrar a la sexualidad femenina en la maternidad, la pasividad o
la envidia, como se pretendió, es un imposible. Lo inasible femenino
es lo que permite que ellas se encuentren más cerca de lo real, menos
tomadas por sus fantasmas y los ideales que constriñen a los hombres.
Su lado problemático es que, por ese hecho,ellas quedan más sometidas
a la exigencia de un amor que nombre la rareza de su ser; sin embargo,
esa insistencia también indica de qué modosonellas quienes, de mane-
ra particular, sostienen el discurso del amor en la cultura. Cuando «lo
femenino» de la existencia se manifiesta se le teme, suscita reservas, es
lo heterogéneo que rechazala propia unidad narcisista.
Eso femenino, a pesar de todo, se manifiesta, habla sin saber y es
imposible de negativizar. Para quien se introduce en el campo dela
práctica analítica es necesario reconocer que notodo es analizable, que
hay un resto de la operación analítica que finalmente se resuelve con la
clínica del sinthome, es decir, con la política de lo Uno, que se basa en
lo femenino de cualquier ser hablante. Por su proximidad a lo que real-
mente acontece, el psicoanálisis da la vuelta a lo amenazante y peligroso
de lo femenino para convertirlo en el fundamento de una práctica que
toma en cuenta la lección de lo creativo, de lo fundacional.
La reflexión sobre la incidencia de lo femenino en la sociedad y en
la práctica y experiencia analíticas será el objetivo de este curso. Si
elegimos el tema Lo femenino no solo es asunto de mujeres es porque
consideramos que es importante impulsar el franqueamiento que
impone lo femenino como «continente negro», al decir de Freud, un
campo-más-allá al que hay queir, reconocido en el lazo social como
«feminización del mundo» de acuerdo a J.-A. Miller.

José Fernando Velásquez


Clases

19 de febrero. José Fernando Velásquez. El Otro goce,el goce femenino,


no solo es asunto de mujeres
26 de febrero. Claudia Velásquez. Hombresfrente a lo femenino
5 de marzo. Héctor Gallo. El amor de algunos hombres es un goce fe-
menino

12 de marzo. Juan Fernando Pérez. La ferninidad y la histeria


19 de marzo. Margarita Múnera. Lo femenino visto desde dos autores
clásicos: Jules Michelet y Henrik Ibsen
26 de marzo. Adolfo Ruiz. Lo femenino y los adolescentes hoy
2 de abril. Mario Elkin Ramírez. Feminidad y “Feminicidio”
El Otro goce, el goce femenino,
no es solo asunto de mujeres

José Fernando Velásquez

Existe un rechazo histórico a la feminidad' que proviene de la relación


con lo femenino primordial. Esa relación no es sencilla, tanto es así por
medio de mitos como el de Eva en el paraíso. Otro mito más próximo,
en el Amazonas se consume yagé. El néctar del jaguar se extrae, se pre-
para y se consume de una formabien estructurada en un largo diálogo
ceremonial? Los tikuna tienen una interpretación de la intoxicación
que logran con el néctar, que compara el acto sexual incestuoso con lo
femenino primordial. «La alucinación y el coito se equiparan, pero no
en un sentido de gratificación o procreación sino como una experiencia
angustiosa porrelacionarse con el problemadel incesto»*. El encuentro
con el goce femenino primordial no es sin angustia y, por consiguiente,
exige un marco simbólico que pueda inscribirlo. Veamos: el objetivo de

1 Sigmund Freud, Análisis terminable e interminable, Obras Completas,


Tomo XXI, Buenos Aires, Amorrortu, 1979, 351.
2 G. Reichel-Dolmatoff, «El contexto cultural de un alucinógeno aborigen:
Banisteriopsis Caapi». Revista de la Academia Colombiana de Ciencias
Exactas, Físicas y Naturales, vol. 13, Instituto Colombiano de Antropolo-
gía, 1951, 327-345.
3 Ibid., 332.

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José Fernando Velásquez

quien toma el yagé es entrar por la puerta vaginal pintada en la base de


la vasija que lo contiene y en el interiorde ella unirse al mundo mítico
de la creación. Allí puede ver las divinidades, la creación y sobre otros
aspectosel establecimiento del orden social exogámico. «El retornoa la
matriz es un acto incestuoso ya que la persona se identifica con unfalo
que penetra al seno materno donde ahora pasa de un estado embrio-
nario a un estado de renacimiento»*. «Los hombres se dirigen la olla
como un ser femenino que los desafía, que ofrece un peligro que ellos
están dispuestos a enfrentar»”, En concordancia con lo anterior, el papel
de las mujeres es singular: ellas están sentadas en un extremode la casa
y su función consiste en arengar a los hombres y desafiarlos en su en-
cuentro con ese femenino que los acobarda. La experiencia con el yagé
es para el indígena esencialmente «una experiencia sexual», una unión
mística con la etapa mítica, en la cual lo femenino primitivo debe ser
dominado para que sea preservado el orden moral y social: «objetivo
final que es logrado por algunos, pero anhelado por todos»,
Lo sagrado, lo mágico y lo inconsciente se conjugan con lo mítico
para delinear lo que el ser hablante puede conocer de lo femenino.
«¿Qué quiere una mujer?», esa pregunta por lo femenino inquietó a
Freud. Dio traspiés, se detuvo, al decir de Lacan. Freud dice queel psi-
coanálisis no pretende describir qué es la mujer sino indagar cómo se
desarrolla la mujer a partir del niño de disposición bisexual. Entonces
hace una diferencia entre el desarrollo sexual del niñoy el de la niña.
+ Eneltexto sobre «La sexualidad femenina» (1931) dice que un su-
jeto se hace mujer en la medida en que ocurra un cambio deobjeto,
la madre por el padre; que ocurra un cambio de zona erógena, el
clitoris por la vagina; y por último, en la medida en que sustituyael
deseo detener el pene por otro objeto, un hijo.
En medio de lo oscuro o «negligente»” que pueda haber en Freud al
respecto, hay algunos elementos importantes a hacer notar. Éric Lau-

4 Tbid., 335.
5 Ibid., 334,
6 Ibid., 336.
7 Lacan dice «quese trata de una promoción conceptual de la sexualidad de
la mujer, es cosa que no ofrece duda, y que permite observar una notable
negligencia». En: «Ideas directivas para un congreso sobre la sexualidad
femenina», Escritos 2, México, Siglo XXI, 1989, 704,

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El Otro goce, el goce femenino, no solo es asunto de mujeres

rent hace un preciso recorrido en un texto que se llama Posiciones fe-


meninas delser.
Allí dice que Freud, cautivo de lo femenino, capta que ello se empa-
renta con componentes inmanejables y hasta crueles de la pulsión
sexual.*
Freud reconoció que en el discurso del inconsciente, tanto de hom-
bres como de mujeres, existe ese «rechazo a la feminidad».
En su conferencia N* 33, titulada «La feminidad», destaca en la mu-
jer una fase de ligazón con la madre predípica de un importante
contenido, tanto por su duración comopor la posibilidad de dejar
comosecuela fijaciones y predisposiciones. «Sabíamos, desde luego,
que había existido un estadio previo de ligazón a la madre, pero
no sabíamos que pudiera poseer un contenido tan rico, durar tanto
tiempo, dejar como secuela tantas ocasiones para fijaciones y pre-
disposiciones[...] No se puede comprendera la mujer si no se pon-
dera esta fase de la ligazón a la madre preedípica»”.
A nivel dela experiencia analítica nombró algo que llamóel penis-
neid o «envidia del pene»"”: que el modo como una mujer responde
a la castración es con una demanda que no deja de insistir, punto
donde se detiene la elaboración simbólica, y punto de satisfacción
que a la vez se constituye en la base de la repetición sintomática.
A ese lugar, como objeto que viene a completar esa demanda de la
mujer que hay en la madre, es que puede llegar todo niño y todo
sujeto.
Freud constata, en 1937, que existe un callejón sin salida donde van
a encallar todos los análisis: envidia del pene del lado femenino, an-
gustia de castración del lado masculino. Se trata de lo que él mis-
mo llama la «roca viva de la castración» como el punto límite del
análisis. Límite que deja bien trazada una frontera: más allá está el
continente negro de lo femenino primordial.

8 Éric Laurent, Posiciones femeninas del ser, Buenos Aires, Tres Haches,
1999, 14.
9 S. Freud, Conferencia N* 33, «La feminidad», 193, 111.
10 $. Freud, «Algunas consecuencias psíquicas de la diferencia sexual anató-
mica».

13
José Fernando Velásquez

Lo femenino se escurre del estándar edípico con el que el discurso


social pretende imaginar a la mujer. Lo femenino no es equivalentea la
maternidad. Ya lo había advertido Lou Andreas-Salomé, quien llamóla
atención sobre la desviación en la que incurría el psicoanálisis cuando,
al abordar a la mujer, se ocupaba de la madre. Encerrar a la sexualidad
femenina en la maternidad, la pasividad o la envidia, como pretendie-
ron algunosde los postfreudianos, es imposible,
Sentimiento de vértigo, intuición de un precipicio, exaltación y arre-
bato, son extremos en los que el cuerpoestá allí integralmente compro-
metido. Lo femenino encierra algo que no es del orden de lo armonioso
en lo que llamamosactividad psíquica. Sabina Spielrein se expresaba
así: «Sientes al enemigo dentro de ti [...]. Es el propio ardor amoroso,
que con una necesidad apremiante te fuerza a hacer lo que no deseas;
sientesel fin, lo efímero, pero no deseas escaparte, ni huir lejos».!!
Melanie Klein destacó también que la posición femenina apunta a
buscar activamente la catástrofe", como lo recogela literatura antigua
en Medea, quien se adueña de su destino, se funde en él, se vuelve ene-
miga de los semblantes dela civilización y mata por amor sin medida,
sin freno.!?
El debate de los postfreudianos se centró, primero, en la diferencia
sexual y en las diferentes formas de satisfacciones anatómicas y, segun-
do, en lo que imaginariamente se puede colegir de las posiciones pasi-*
vas, sumisas, masoquistas, sádicas que el discurso macho,fálico, quiere
esperar de la mujer; derivas consecuentes con los encantosde lo imagi-
nario pero que condujeron a muchoscallejonessin salida.
Lacan supuso que el enigma de lo femenino vuelve incapaces a los
psicoanalistas'* porque los enceguece y asusta. La enseñanza de Lacan
no se detiene ahí, más bien hizo causa de ese impase. Al principio si-
guiendo a Freud y luego separándose deél.

LI 8: Spielrein, «La destrucción como causa primera del devenir», Jarhbuch


Júr Psychoanalyse, IV, 1912.
12 Ibid., 9.
13 J.-A. Miller, «De mujeres y semblantes», en: Conferencias porteñas, Tomo
2, Buenos Aires, Paidós, 2009, 102.
14 J. Lacan, Seminario 14, La lógica del fantasma, clase del 24 de mayo de
1967, inédito.

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El Otro goce, el goce femenino, no solo es asunto de mujeres

Lacan parte de una consideración queel psicoanálisis revela: hay una


presencia «del sexo comotal, entiéndase en el sentido en que el ser ha-
blante lo presenta como femenino».'*

Gustave Coubert, El origen del mundo

Desde 1955, Jacques Lacan fue el último propietario que mantenía


el cuadro El origen del mundo para una contemplación privada. Des-
de 1995 se expone en el Musée d'Orsay de París junto con otras obras
de Courbet. Cuando empezó a mostrarse en el Museo se colocó una
vigilancia especial por temor a las reacciones del público. Hasta bien
avanzado el siglo XX seguía resultando un cuadro amenazante. Toda-
vía causa asombro e incredulidad esta obra que como espectadores nos
obliga a una posición de la mirada como seres de goce que es chocante
y provocadoraa la vez. El goce de sentido acá está excluido. Como dice
E. Laurent, en el cuadro está atravesado el plano de la representación,
forzando de este modoa los siglos venideros a ver algo de la feminidad
que no podíaser visto antes de que el pintor asumierael franqueamien-
to de la interdicción de la representación: el rechazo histórico la fe-
minidad.
En 1958, en «Ideas directivas...», Lacan plantea tres enunciados:
1. Se ha hechoinjusticia al sexo femenino desdela teoría psicoanalítica'*.
2. Lo pulsional en una mujer no está todo regulado por su orientación
al falo ni aún por la maternidad misma. «Conviene preguntarsesi la
mediación fálica drena todo lo que puede manifestarse de pulsional
en la mujer».”

15 J. Lacan, «Alocución sobre las psicosis del niño», en: Otros escritos, Buenos
Aires, Paidós, 2012, 390.
16 J. Lacan, «Ideas directivas para un congreso sobre la sexualidad femeni-
na», op. cit., 708.
17 Ibid., 709.

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José Fernando Velásquez

3. El llamado masoquismo de la mujer es «una fantasía del deseo del


hombre».**

4. «El hombre sirye de relevo para que la mujer se convierta en ese


Otro para sí misma, comolo es para él»!”. Ella hace uso de una mas-
carada, de un velo colocándose como objeto paraél.
5. La posición del sexo puede diferir en dos sentidos en cuanto al ob-
jeto: están las formas fetichista y erotomaníaca.
6. La existencia de un goce inanalizable que quedará como resto de la
operación analítica: «¿Por qué no establecer aquí el hecho de que
todo lo que es analizable sea sexual no implica que todo lo que es
sexual sea accesible en el análisis?»
Con las elaboraciones posteriores sobre la lógica del No-todo y de lo
Uno,a partir del Seminario 19 y hasta el Seminario 23, se conceptualiza
la dimensión femenina del goce y su derivado, el otro goce, primero,
como constructo lógico en las fórmulas de la sexuación y, segundo,
como topología en el nudo borromeo.
Hayun goce fálico que ordena un campo referido la fantasía (a lo
Imaginario) de unafalta eñ el deseo del Otro, con lo que se construyeel
fantasma. Son los mecanismosque identificó el psicoanálisis en los que
participa el Padre de la tradición y el orden.
Ademásdel goce fálico, ampliamente conocido, hay un goce real,
original, conocido como «femenino», materno, primario, que persigue
ser colmado másallá de cualquier restricción o prohibición. Goce in-
nombrable que escapa a la regulación y al sentido común. La lógica
fálica con la que operael ser hablante para establecer el lazo social, que
es la mismadel inconsciente, le hace algo de límite. No deltodo, porque
una parte permaneceinasible. Lo que permanece inasible es el llamado
goce femenino:es el vector que se dirige en las fórmulas de la sexuación
del LA (tachado) hacia el S(A).
Es en este período de sus Seminarios que Lacan anuncia su serie de
«No hay»: «no hay relación sexual», «no hay complementariedad entre
los sexos»; «no hay La mujer» porque lo femenino no hace clase, no hay
forma de constituir con lo femenino un conjunto, como sí ocurre con

18 Ibid.
19 Ibid. 711.
20 Ibid. 709.

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El Otro goce, el goce femenino, no solo es asunto de mujeres

lo masculino. Pero con todas estas conclusiones que se refieren a un


«no hay», también hay la reafirmación de un «hay», «hay de lo Uno»”
que sirve de base a una nueva axiomática en la que no se parte del Otro
sino de lo Uno.
Conello, Lacan alcanza a situar en sus últimos seminarios un nuevo
paradigma del goce: el goce femenino participa de toda constitución
del ser comoser de goce, proviene del acontecimiento traumático con-
tingente y de la fijación, más allá de la diferencia sexual y de la ley del
deseo, y constituye el pivote irreductible de un análisis.* Desde acá,
cuando decimos goce femenino, no nos referimos al goce de las muje-
res ni a la sexualidad femenina.
Ese goce no es solo asunto de mujeres. Consecuencias.
Cuando decimos que lo femenino no solo es asunto de mujeres es
porque la cuestión del género,ligada al sistema de identificaciones ima-
ginarias y significantes, no agota la relación del ser de goce con su sexo
y el de los otros.%
Existe el goce fálico, el que se instala con el «debería ser eso», con la
norma(nor-male), norma macho. Existe un goce diferente que resiste
al molino que el falo o a la maquinaria edípica o al sistema que el orden
del Padre o la tradición imponen, y que hace parte de toda constitución
delser.
e «Se goza» bajo una forma de marcación que viene de la lalengua,
una identificación inamovible como letra de goce sobre el cuerpo:
«Eres eso que gozas», imposible de negativizar.
. Enel goce femenino sejuegala relación del parlétre con la pulsión,
que desde Freud en «Pulsiones y sus destinos» nos dice quelo notri-
turable por la maquinaria edípica reclamará su «resarcimiento» en
los avatares de la relación con los objetos. Lo que definela relación
entre la posición femenina y su objeto es el estrago, la invención,
la astucia o el goce místico, opciones que están todas por fuera del
Nombredel Padre.

21 J. Lacan, El Seminario libro XIX Ou pire. Clase del 15 de marzo de 1972.


22 D. Holvoet, «La pas-toutefemme dansle cours L“étre et PUn», Quarto, Ne
104, École de la Cause Freudiénne, Bélgica, mayo de 2013, 32.
23 J.-A. Miller, «A merced de la contingencia», Consecuencias, No. 2, Revista
digital de psicoanálisis, arte y pensamiento, http://www.revconsecuencias.
com.ar/ediciones/002/template.asp?arts/alcances/miller.html

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José Fernando Velásquez

Larelación con el objeto se presenta en forma de «arrebato» en una


modalidad abierta al infinito del sin límite y del imperativo. El goce
femenino está más lejos del deseo del Otro, más cerca del goce de
este Otro, es decir, cuando el Otro no está afectado porla falta, y por
eso tiene su culmen enel estrago (ravage). El estrago define la rela-
ción entre la posición femenina y su objeto cuando deja por fuera
al Nombre del Padre”. Podemos entender el estrago comola rela-
ción con el objeto a la manera del arrebato, y entonces «el objeto es
considerado exigible por derecho», como «reivindicación», el goce
narcisista aparece como imperativo, no entra en la dimensión del
intercambio. En el Seminario 17 dice Lacan: «El deseo de la madre
no es algo que pueda soportarse tal cual, que pueda resultarles indi-
ferente. Siempre produce estragos. Es estar dentro de la boca de un
cocodrilo, eso es la madre»”. En ello su proximidad al superyó que
dice, ¡goza!, o que a este imperativo de gozar dice¡sí!
Este goce llamado femenino conjuga lo Real, lo imposible, lo pulsio-
nal con aquella representación imaginaria en la que no interviene
lo simbólico, por lo tanto no tiene una relación armoniosa con la
ley. Por esta razón es que cuando «lo femenino» dela existencia se
manifiesta, se le teme, suscita reservas. Es lo diferente que se rechaza
y, en especial, es lo heterogéneo en la propia unidad narcisista. Si lo
macho es lo norma-l que busca en el objeto fetiche su complemento
y estabilidad, en lo femenino se trata de lo múltiple, lo inventivo y
lo singular.
Pero, como dice Freud, se hace bajo un cierto orden gramatical.
Lacan reconoció en ese otro goce la repetición de un trazo de real
comosíntoma, como «acontecimiento de cuerpo», algo que no cesa
de no escribirse; forma de corporización diferente al ideal fálico;
goce que persiste como resto sintomático.
Se destacaasí la singularidad del hablante ser y se otorga una impor-
tancia crucial al encuentro, a la contingencia, al traumatismo tanto
comoa la originalidad de las soluciones de cada existencia.

24 Luisella Brussa, «Estrago y Nombre del Padre». Trabajos preparatorios al


Congreso de la AMP sobre el Nombre del Padre. Traducción de Antonio
Pignatello.
25 J. Lacan, El Seminario, Libro 17, El reverso del psicoanálisis, 1992, 118.

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El Otro goce, el goce femenino, no solo es asunto de mujeres

Pero también es lo que posibilita la invención; cuando lo masculino


es lo cerrado, lo que en su dinámica da vueltas sobre un mismo punto,
lo femenino es apertura, creación, es lo que se ha marcado comola
astucia femenina a partir de J. Jacques Rousseau que, en El Emilio, dice
que «las mujeres tienen másastucia y los hombres más cerebro». Ellas
son capaces de causar el deseo sin demandary construir un cierto enig-
maenrelación al goce. Ellas pueden insinuar algo pero la final no hay
nada.
Por su proximidad a lo que realmente acontece, el psicoanálisis da
la vuelta a lo amenazante y peligroso de lo femenino para convertirlo
en el fundamento de una práctica que toma en cuentala lección delo
creativo, de lo fundacional.
Si elegimosel tema Lo femenino no solo es asunto de mujeres es por-
que consideramos que es importante impulsar el franqueamiento que
imponelo femenino como «continente negro», al decir de Freud.
Para estudiar con ese huevo concepto las implicaciones en el lazo
social contemporáneoy el estilo de sujeto de la época, la prevalencia de
ese goce femenino la podemosverificar en las diversas manifestaciones
sociales en el siglo XXI: las formas del goce fálico quieren reordenar-
se a nivel colectivo por ejemplo en las religiones, grupos fundamen-
talistas, etcétera; pero a nivel individual las formas de goce tienen su
«aspiración» a esas características del goce femenino: lo ilimitado, sin
ley, imperativo, inmediato, etcétera. El camino de los síntomas contem-
poráneosse orienta hacia la fragmentación de la unidad de la imagen
narcisista, a las primeras identificaciones especulares donde el ser de
goce está liberado al impase del encuentro de su pulsión con el deseo
del Otro, sin que opere el recurso del objeto del fantasma, que era lo
que encubríala lógica edípica.
Cuando el Padre opera, la defensa impone una forma coercitiva de
poder y una de sus manifestaciones es la violencia contra lo hetero,
contra lo femenino. Hoy el Padre, a pesar de que intenta su restableci-
miento por los fundamentalismos, ha mostrado su consistencia débil,
es solo un semblante, entonces el goce aparece como imperativo, no
entra en la dimensión del intercambio.
El goce femenino es asunto de mujeres como Aimée, Antígona, Ma-
rie de la Trinité, Medea, Madeleine, Santa Teresa. Este goce es preci-
samente lo que permite que ellas se encuentren más cerca de lo real,

19
José Fernando Velásquez

menos tomadas por sus fantasmas y los ideales que constriñen a los
hombres, Su lado problemático es que, por ese hecho,ellas quedan más
sometidas a la exigencia de un amor que nombrela rareza de su ser; sin
embargo, esa insistencia también indica de qué modosonellas quienes,
de manera particular, sostienen el discurso del amor en la cultura,así
comola existencia de Otro goce rebelde a cualquier orden.
Apenas ahora empezamos a asumir las implicaciones de este Otro
goce en la práctica analítica, un goce que no es del orden del fantasma.
Es necesario, como dice Miller, ir al fondo de la estructura, aproxi-
marnosa ese borde de Real del quese trata en lo que llamamoslo feme-
nino constitutivo del ser de goce. El goce femenino así formulado ex-
plica por qué es un obstáculo parael final del análisis. Franqueamiento
que Miller llamó «punto exquisito de la cura psicoanalítica». Se trata
de saber cómose atraviesa ese «rechazo a la feminidad» en el hombre
(que nombró Freud en Análisis terminable...) y la posición depresiva
en la mujer.
El goce femenino participa en toda estructura pero se manifiesta en
cada unade ellas de formadiferente: en la histeria, en la obsesión. Tam-
bién lo es de la condición perversa de todo orden simbólico masculino
absoluto: Sade o Kant, con sus imperativos de goce: obra de tal modo
que la máxima de tu voluntad siempre pueda valer al mismo tiempo
comoprincipio de unalegislación universal. «Así lo quiero, asílo orde-
no». Son elementos que también encontramos en el empuje a la mujer,
que podrá comprenderse mejor como aspiración a la feminidad en las
psicosis, cuando por ejemplo Schreber responde al goce de Fleishing
o de Dios, a quienes ubica en la condición de absoluto, En el hombre
corriente y en su discurso encontramos también un «rechazo a la femi-
nidad», reconocido desde Freud.
En la práctica analítica algo cambia en el lugar del analista: es por
ello que se indica la relación de esa posición con el fuera de sentido,
con lo singular, con el cuerpo, con el «no hay el Otro»: Lacan en un
momento dice que la posición analítica tiene afinidad con la posición
femenina, de ahí se desprenden tres conclusiones, a saber: 1) no hay
El psicoanalista, como no existe La mujer; 2) el punto en común se
sostiene en la contingencia caracterizada por el encuentro con un Real,
sin que opereel fantasma fálico; y 3) esa contingencia puede finalmente
escribirse.

20
El Otro goce, el goce femenino, no solo es asunto de mujeres

Al hacernospartícipes y constructores de un marco conceptual que


apunteal título de nuestras Jornadas, nos autorizamos a indicar a todos
los analistas, asociadosy al público en general un campo al que hay que
ir, situado másallá del falo y con él, más allá del Padre del Edipo y del
sentido, reconocido en el lazo social como «feminización del mundo»*
al decir de J.-A. Miller. Esto tiene una incidencia fundamental en la
práctica analítica.

26 J.A. Miller, Cursodel 201 L Elser y el Uno (inédito).

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Hombres frente a lo femenino

Claudia Velásquez

Lo femenino es un asunto de hombres, pues un hombre se define


comotal porsu relación con lo femenino. Con el término femenino se
alude a diversas cuestiones, entre ellas: goce femenino, posición feme-
nina, feminidad, feminización... incluso mujer. Todos estos aspectos
relativos a lo femenino insinúan queallí se pone en juego algorelativo a
la sexualidad. Es bajo esta perspectiva, la de la sexualidad a la cual alude
lo llamadofemenino, que me propongo decir algo acerca de lo quesería
un hombre, más precisamente, un sujeto masculino.
Para aportar algo a la construcción de una idea sobre lo femenino,
tal como nos lo hemos propuesto con este curso, ingresaré a ese mundo
enigmático porla vía de lo que es un sujeto masculino. Paraello, acudi-
ré a tres camposdistintos del saber: la filosofía, la literatura y la clínica
psicoanalítica. Saberes que se preguntan acerca de la condición sexual
del ser humano y se aproximan, bajo sus propias formas-estilísticas, de
reflexión, de observación, de análisis, de experiencia-, a lo que define
este campo siempre abierto a nuevas elaboraciones. Concretamente,
tomaré tres personajes de sexo masculino. El primero de ellos es el mi-
tológico personaje de la literatura Don Juan; el segundo es tomado de
la obra de Kierkegaard Diario de unseductor, y el tercero, el conocido
Caso Juanito de Freud.

23
Claudia Velásquez

1.- Algunos hombres

1.1.- Don Juan

El personaje llamado Don Juan es todo un tema en lo que hace a su


creador, a su existencia real o mítica, a la infinidad de obrasliterarias
(ensayo, novela, teatro, poesía) que sobre el tema se han escrito, además
de las musicales. Entre las obras literarias que este personaje inspiró,y
tituladas de manera diversa, se encuentran El burlador de Sevilla, de
Tirso de Molina (1630); Don Juano el convidado de piedra, de Moliére
(1665); No hay plazo que no se cumpla ni deuda que no se pague o Con-
vidado de piedra, de Antonio de Zamora (1713); Don Juan Tenorio, de
José Zorrilla (1844)... la lista es interminable. Por su parte, Lorenzo da
Ponte se inspira en este personaje para producir el libreto de la obra
mozartiana Don Giovanni, la cual fue precedida por la ópera Las bodas
de Fígaro, también alusiva a este personaje, Seductor, libertino, afemi-
nado,vividor, burlador, tenorio (término relativo a la voz masculina del
tenor y al «tener»), son todos ellos apelativos para el Don Juan.
Dela interpretación que Lacan hace del Don Juan retomaré espe-
cialmente una afirmación que abre posibilidades de comprensión de
este personaje: «Don Juan es un sueño femenino».* De ser así, se podría
decir que Don Juan es el hombre que una mujer desearía para sí, sueño
de aquel sujeto que se sitúa desde una posición femenina.
Pero ¿quién es Don Juan? Lacan sostiene que es el hombre no cas-
trado: no importa cuánto dé, pues nada pierde. Se mantiene idéntico a
sí mismo. Es el hombre que primerolo tiene, siempre lo tiene y nunca
lo pierde. Don Juan le asegura a la mujer que hay un hombre que no se
pierde con ninguna mujer;? no hay, pues, mujer que lo haga extraviarse.
Es, además, la imagen del padre sin falta, aquel que sostiene la impostu-
ra de ser el Otro, con lo cual, dice Lacan,? borra la compleja relación del
hombre con su objeto. Pues ¿qué objeto sería posible cuando nadafalta,
cuandolo tiene todo para colmar a una mujer? Y no una, sino a cada

1 Jacques Lacan, Seminario X: La engustia, BuenosAires, Paidós, 2006, 209.


2 Ibid. 219.
3 Ibid, 209,

24
Hombresfrente a lo femenino

una, tomadas una por una.* ¿Qué más podría pedirle una mujer?: al no
faltarle nada él, ella no será tomada comoobjeto y será La mujer. De
esta manera hacerexistir La mujer en cada mujer: cada una de ellas cree
ser el centro del deseo del hombre.* Ellas, una por una, lo aman. Subra-
yo esto pues en ocasiones se llama Don Juan al mujeriego, al Casanova
(otro personaje para estudiar) o al en otra época llamado playboy; es
importante hacer la diferencia, pues no basta con hacerse el seductor
sin hacer realmente una conquista del amor de esa mujer; de ser así,
sucede más bien que ellos son vistos por ellas en un lugar ridículo.
En la escena V del segundo acto, del Don Juan de Moliére, dos mu-
jeres, Maturina y Carlota, reclaman su lugar de excepción pues a cada
una de ellas Don Juan ha dado promesas de amor y matrimonio. En
la cómica situación a cada una la sigue manteniendo en su lugar de
única, hasta que se le impone tener que decir algo más por la presión
de estas dos mujeres que piden se aclare la situación. Dice, entonces:
«¿Qué queréis que diga? Sostenéis por igual que os he dado promesa de
casamiento a ambas. ¿Es que no sabéis cada una lo que sucede sin que
me sea necesario explicarme más? ¿Por qué obligarme a repeticiones
sobre tal asunto? Aquella a quien he dado realmente mi promesa, ¿no
tiene en sí misma con qué burlarse de los discursos de la otra?»*
Cree sabery dar a cada una lo que quiere, eso sí, sin comprometer su
propio pellejo. Don Juan sabe que másallá del matrimonio, ella quiere
un discurso que dirigir a otra mujer.

1.2.- Un seductor

Se dice de Kierkegaard, filósofo danés del siglo XIX, que era un hom-
bre atormentado, deforme y débil, melancólico y maniaco. En su pen-
samiento se distinguen tres momentos:el estético, el ético y el religioso.
Su obra Diario de un seductor, junto con el comentario al Don Juan de
Mozart, hacen parte de ese primer momento estético. Sostiene como
imágenes típicamente masculinas la del que goza y la del esteta.
ma!

Jacques Lacan, Seminario XX: Aún, Buenos Aires, Paidós, 1981, 18.
Jacques Lacan, Seminario X: La angustia, op. cit., 210.
1

Moliére, Don Juan o el convidado de piedra, Obras Completas, Madrid,


RN

Aguilar, 1957, 460.

25
Claudia Velásquez

Diario de un seductor narra la seducción de Juan a Cordelia, una jo-


ven de diecisiete años. Se trata en este diario de la figura de un hombre
que goza de la estética del amor;si bien persigue el placer, lo hace en las
vías de la seducción intelectual, no sensual. Una seducción calculada
que lleva a su «victima» al lugar, podría decirse, de objeto de experi-
mentación a partir de estrategias que pretenden, sin tomar el cuerpo de
ella, llevarla poco a poco a ceder, a doblegarla en su alma hasta perderse
en su amorporél. Todo esto para luego abandonarla y con ello conse-
guir aún más su amor. «Para estos seductores la mujer es el objetivo de
una estrategia erótica estudiada y prevista hasta en los mínimos par-
ticulares. El arte consiste en encantarla con los dotes del espíritu, con
el magisterio de la palabra, llevándola hasta ese punto de turbación en
queella pierde su equilibrio y está dispuesta a cualquier tipo de sacrifi-
cio».” Mientras tanto, él goza sin entregarse en el amor,
El seductor de Kierkegaard es un sujeto que está en una relación con
su goce que se caracteriza por el coritrol de sus propias sensaciones,
aquellas despertadas por la multiplicidad que observa en la joven Cor-
delia. Mantiene así a distancia la posibilidad de un goce comoel de ella
en él, y queda siempre con susreflexiones en la posición del triunfador.
«Cuando uno se hace experto en cierto sentido se gana, ya que es ver-
dad que se pierde el deseo impaciente y la turbación quele sigue, pero
se adquiere el dominio necesario para hacer el instante efectivamente
delicioso[...] permanecer sereno para aprovechar la turbación deella,
de gozar de su belleza inflamada atizándola».* No renuncia a gozar de
la imagen de una mujer gozando, pero no se implica, no pone su cuer-
po, no se pone en falta. Y su estrategia es el control: «En todo gozo es
condición indispensable saberse dominar».? Si bien no por ello podría
decirse que no ama, pues dice estar profundamente enamorado.
La mujer a seducir es una mujer ingenua que no conoce todavía el
amor, por lo cual será Juan el seductor quien hará nacer enella la falta y,
por tanto, el amor hacia él. Pero lo ingenuo del ser de Cordelia no borra
para nada su ser enigmático, «Ella era un enigma que poseía enigmá-

7 Martín Cugajo, «Historia de un seductor platónico», en: Sóren Kierke-


gaard, Diario de un seductor, Madrid, Mestas, 2007, 7.
8 Kierkegaard, Diario de un seductor, ibid., 30.
9 Ibid, 34.

26
Hombres frente alo femenino

ticamente su solución, su secreto».*” ¿Y cómo no procurarse los deseos


de aquella mujer, causando enella la castración,la falta, para defender-
se de dicho enigma? Digo defenderse por cuantosi es ella quien posee
su solución habría un cierre sobre sí misma ante el cual él quedaría por
fuera y, por consiguiente, ella estaría por fuera del control de él.
Muy pocos son los instantes en los que el seductor suelta el control
y se entrega al sentimiento amoroso, a ese afecto que no impide dirigir
una demanda al Otro. Estos instantes de perderse un poco dejan ver
aquello de lo cual todo el tiempo se está defendiendo con su posición
masculina. Uno de esos momentos es descrito así: «En esos instantes
me olvido de todo: ni planes,ni cálculos; dejo a un lado la razón, mien-
tras profundos gemidos, una emoción intensa hinchan y fortalecen mi
pechoy nosiento la urgencia de dejar guiar mi compostura porla siste-
maticidad. Otros son virtuosos de día y pecadores de noche, yo simula-
ción de día y de noche, deseo vehemente. ¡Si ella me viese ahí,si ella pu-
diese ver mi alma por dentro... si ella viese!».* Rápidamente cierra esta
apertura insoportable de su ser, dondela identidad se diluye, diciendo
que aquella jovencita debe entender que él es el hombre adecuado para
ella, el que la salvaría; él sería lo que a ella le falta.
Se podría decir que aquí el seductor se conduce como un macho,
según la definición de Lacan, pues afirma que la búsqueda de lo que a la
mujer le falta, que se puede escribir (-«p), es «una cuestión de macho».'?
Y allí donde localiza esta falta, que es lo que se llama castración, hará
surgir el falo (q) para taponarla, falo queél tiene.
Diario de un seductor expone no solo la manera como el seductor
consigue enamorar a una mujer, con las estrategias y los cálculos ne-
cesarios para cada ocasión; también describe poéticamente cómo un
hombre se conduce ante aquello que puede presentarse como imposible
y la manera como considera lo hace una mujer. Veamos:

Ella tiene que descubrirel infinito, tiene que experimentar qué es a


lo que mástiende el hombre. Y a este descubrimiento ella tiene quelle-
gar no por el camino del pensamiento, que para ella supondría perder-

A
11 Ibid., 63.
12 Lacan, Seminario X: La angustia, op. cit., 217.

27
Claudia Velásquez

se, sino con la fantasía, que es el verdadero medio de comunicación en-


tre ella y yo, pues lo que en el hombre es parte en la mujer es todo, Ella
no tiene que conquistar el camino hacia el infinito a través del fatigoso
camino del pensamiento, porque la mujer no ha nacido para la fatiga,
sino sols por el caminode la fantasía y por el camino fácil del corazón.
Para unajoven el infinito es tan natural como la idea de que el amor
tiene que ser siempre feliz. Por cualquier parte que mire una jovencita
tiene siempre a su alrededor el infinito, y para superarlo no necesita
nada más que un salto, un salto, se tenga bien en cuenta, de mujer y no
de hombre. ¡Qué poco mañosos suelen ser los hombres! Cuando deben
saltar, tienen que coger carrerilla, hacen unos preparativos muylargos,
miden a ojo la distancia, prueban varias veces: luego les entra miedo
y vuelven paraatrás. Por fin saltan y... se caen. Una jovencita salta de
mododistinto. A menudo se encuentra, en un lugar montañoso,entre
dos peñas que sobresalen. Un profundo abismo las separa, espantoso
mirar hacia abajo. Nadie osa dar ese salto. Una joven, por el contrario,
como cuentan los habitantes de la región, 0só hacerlo, y por eso ahora
se llama Salto de la Virgen. Yo lo creo de buenafe, comocreo en todo
lo grandioso que se cuenta de una joven, o me embriago escuchando a
los lugareños cuando hablan. Yo creo todo, creo hasta lo increíble y me
quedo sorprendido sólo porque creo que la única persona en el mundo,
la primera y también la última, que me ha sorprendido haya sido una
joven. Es verdad que un salto como éste para una jovencita es sólo un
brinco, mientras que para el hombreel salto siemprees ridículo, ya que,
por mucho queextiendala pierna su esfuerzo es nulo, y poco indicativo
en relación con el abismo. ¿Quién puede ser tan tonto de imaginar a
una jovencita tomando carrerilla? Se la puede imaginar, más bien, enel
acto de saltar, y este salto es un juego, un gozo, una muestra de encanto,
pues la idea de unacarrerilla no se adapta al comportamiento de una
mujer. Una carrerilla tiene efectivamente su propia dialéctica, que va en
contra de la naturaleza de la mujer, Y en cuanto al salto, ¿quién sería tan
ingenuo en este caso de distinguirlo de sus características? El salto de
la jovencita es un liberarse en el aire. Y, cuandollegaa la otra parte, no
está agotada por el esfuerzo, sino que está más hermosa, más animada
que nunca, y nos tira un beso a nosotros, que nos hemos quedado en la
otra orilla. Joven fresca como una flor apenas cortada entre los retoños
de la montaña, ella se columpia sobre el abismo, que cada vez parece

28
Hombres frente a lo femenino

más negro a nuestros ojos... Lo que ella tiene que aprender es cómo
seguir todos los movimientos que conducenal infinito, a columpiarse,
a acunarse en las sensaciones, a confundir Poesía y Realidad, Verdad
y Ficción,a tirarse en el infinito. Cuando se haya acostumbrado a ese
tumulto, yo le añadiré lo erótico y ella entonces será como yo la quiero
y la deseo...P

Habría mucho que comentar de estos párrafos del diario, pero solo
quisiera subrayarla clara diferencia del hombre y la mujer que esta me-
táfora consigue recrear; la fascinación del seductor por el infinito del
goce femenino, mientras no se le aproxime; igualmente, su interés en
introducir allí un límite, el que él pondría, y a partir del cual haría exis-
tir la complementariedad, cerrando el abismo quelos separa.
Es también la imagen de la imposible relación entre los sexos, pues
¿qué pasaría realmente en el corazón de Cordelia? Si ella fuese una mu-
jer, con esto digo que no es suficiente con llamarse Cordelia para ser
una mujer, es decir, si en ella se ha instaladola falta, esta falta no se arti-
cula en el mismo plano donde la busca el deseo del hombre.** La mujer
busca el deseo del hombre y lo que encuentra en él como respuesta no
es la búsqueda de su deseo, el de ella, sino la búsqueda del objeto; el
objeto a es lo queestá en juego en el deseo de él.!? Así sea, como en este
seductor, no para su cuerpo,pero sí para reducirla como objeto.

1.3.- El caso Juanito

Juanito fue el niño que Freud trató vía el padre, quien era realmente
su paciente. Es una referencia importante para el tema que tratamos
hoy por cuanto se trata de un niño que no se inscribe en una posición
viril, masculina, sino en una posición femenina, según el análisis que
de él hace Lacan, posición desde la cual hace Juanito una elección hete-
rosexual. Además,se trata de un caso que aborda Lacan de tal manera
que exponelas difi cultades que afronta un niño para tomar un lugar en
la relación que la madre, en tanto mujer, tiene con su propiafalta. Pues

13 Kierkegaard, Diario de un seductor, op cit., 101.


14 Lacan, Seminario X: La angustia, op. cit., 217.
15 Ibid., 216.

29
Claudia Velásquez

la madre como mujer goza, pero también la madre como mujer tiene
unarelación con su propiafalta, y el hijo viene a ese lugar precisamente.
En lo cual, por supuesto, la función paterna, y lo que de ella consigue
encarnarel padre, juega un papel fundamental. En esta perspectiva de
la cuestión paterna es un caso que, siendo de hace unsiglo, anuncia ya
ciertos fenómenos de la sexuación propia de sujetos de nuestro siglo,
Veamos, entonces, con más detalle, lo que acabo de señalar sobre Jua-
nito,
La mamáde Juanito es mujer y además hay en ella lo que Lacan lla-
mó el Deseo de la Madre (DM). Y el DM como mujerse refiere a la
castración femenina, es decir, a un sujeto que está en relación con una
falta de objeto,!* en particular, Juanito. Pero esto no solo lo vive Juanito:
todo sujeto hijo de una madre habitará el campo de las consecuencias
de la sexualidad femenina.
Para todo sujeto es determinante la relación que establece la mujer,
es decir un sujeto femenino, con su falta. Una falta que no es cualquier
falta, se trata de unafalta particular:el falo (-qp). El sujeto-niño llamado
Juanito produce una manera particular de articulación a aquella otra
articulación que su madre tiene con su propia falta como mujer.” Di-
cho de otra manera, Juanito tiene que arreglárselas con este problema:
¿cómo saciar el deseo de su madre respecto a su falta? Esto se traduce
en las demandasqueella le dirige, muchas veces insaciable, por cuanto
el carácter propio del sujeto mujer es la insatisfacción. La insatisfacción
se fundaenla relación al falo, este hace de ella una mujer en falta.
¿Por qué un sujeto-niño, y en este caso Juanito, tendría que vérselas
con esta falta de la madre? Porque el niño viene como sustituto de esta
falta, por supuesto sustituto insuficiente. «La cuestión es saber cómoel
niño descubre que noes suficiente para colmar el agujero, cómo descu-
bre queel partenaire de la madre como mujer es su falta, es decir la falta
de falo [...] cómo puede el niño descubrir la relación de la madre con
el falo y con su propia falta».!* Diversas son las salidas comunes a esta

16 J.-A. Miller, «Introducción a la lógica de la cura de Juanito según Dacia,


en: Conferencias porteñas, Tomo 2, Buenos Aires, Paidós, 2009, 216,
17 Ibid., 217.
18 Ibid.
19 Tbid., 218.

30
Hombres frente a lo femenino

situación: están los sujetos que se identifican a la madre, comoen el caso


de la homosexualidad; los que se identifican al falo de la madre, que se-
ría el caso de Juanito comofetiche, que es distinto a Juanito el fetichista.
Unas palabras sobre el fetichismo. Parael fetichista está el objeto fe-
tiche que tiene como función hacer olvidar la castración. Se trata del
objeto que se pretende case con exactitud sobre la falta producida por
la castración. De allí que Freud plantee que el objeto fetiche será por
excelencia aquel que el sujeto vio antes de encontrarse con la castración
de la madre, por lo cual será el objeto que vendrá luego a taponar dicha
falta, renegando así de la castración. Es por ello que hay ciertos objetos
típicos que hacen las veces de fetiche: los zapatos de mujer, la ropa inte-
rior... también ciertas partes del cuerpo femenino.
Continuemos con Juanito y veamos qué pasa con su padre. Este pa-
dre no consigue encarnar la autoridad para Juanito, sino que hay en el
mundode Juanito otra mujer además de su madre: la abuela paterna.
Y esta mujer es quien dicta la ley al papá de Juanito; la transmisión de
la ley a este niño no pasa por ese padre un tanto débil. Así, Juanito in-
venta, a falta de un padre potente, «una doble madre»: «invención que
le permite obtener como una derivación femenina del Nombre-del-Pa-
dre».?”Esta doble madre se encuentra en los sujetos que realizan la me-
táfora paterna, la sustitución del DM por la función del NP, con ele-
mentos femeninosde su historia. Estos sujetos quedan bajo el dominio
y potencia de la madre.*
Esta madre hace difícil para el niño hacer un trabajo de castración,
como aquel que hace el seductor de Kierkegaard, pues la potencia de
ella lo impide y esa misma potencia se torna devoradora en la insatis-
facción. Así, el sujeto femenino y su falta puede ir más allá del limitado
sujeto masculino, pero también impone unafalta de dialéctica que es la
quesí posibilita el lado paterno.
Es por todo lo anterior que se considera que en Juanito se da una
cierta desviación de la metáfora paterna, es decir, de aquella función
del Nombre-del-Padre que es introducir un cierto orden en el Deseo de
la Madre. Algo se altera en ese complejo de Edipo como momento de
la asunción del sexo,

20 Ibid, 220,
21 Ibid.

31
Ccgruas Lc

Juanito toma una posición femenina si bien su elección es hetero-


sexual; es decir, lo viril y lo heterosexual no son complementarios. Para
Lacan esta elección hetero es legal en el sentido en que se ajusta a la
norma, pero duda de su legitimidad; ? llega incluso a referirse a Juanito
como niña.

2.- Hacia unas proposiciones teóricas

Después de este corto recorrido porestos tres «hombres», paso a ha-


cer algunas anotaciones que nos permitan, espero, avanzar en términos
conceptuales acerca de lo que hemosvisto implicado de la sexualidad,
lo masculino y lo femenino en estos tres sujetos. Me parece importante
decir que lo quela teoría nos posibilita, en lo que hacea la clínica, es
contar con algunos referentes con los cuales producir ciertas coorde-
nadas entre las cuales se puede pensar un sujeto como caso, teniendo
en cuenta que la singularidadallí localizada escapa a la teorización. Así
pues, dernos un paso hacia lo posible de universalizar.

2.1.- Sobre la sexualidad del ser hablante

Inicio con algunas precisiones acerca de cómoel psicoanálisis con-


cibe la sexualidad humana, a partir de la «desnaturalización» queella
experimenta portratarse de una sexualidad afectada por la condición
de «ser hablante» propia de la especie humana. La sexualidad huma-
na no se reduce a, ni se ordena en función de la conformación de dos
clases, hombres y mujeres, sea por el criterio natural -anatomía de los
cuerpos- o cultural —roles y representaciones sociales-; se trata de una
sexualidad que sobrepasa dicho ordenamiento.
Se puede dar que ante una anatomía de hembra un sujeto se reconoz-
ca como mujer y asuma una cierta forma femenina; y ante una anato-
mía de macho un sujeto se reconozca como hombre y asuma un cierto
tipo viril. Para el primer caso diremos que se produjo una feminización
y para el segundo se produjo la virilidad; estos dos términos «tradu-

22 scar Zack, Los decires del «amor, Buenos Aires,a 2012, 88.

32
Hombres frente a lo femenino

cen lo que es esencialmente la función del Edipo»,? entendida como la


asunción del propio sexo. En Juanito se vio como este Edipo se produce
con una cierta variación que tiene consecuencias en la asunción del
Sexo.
Esta asunción del propio sexo, vía el Edipo, se da gracias a la puesta
en operación del falo. Edipo yfalo son términosa partir de los cuales se
intenta dar cuenta de la manera como para los humanosla sexualidad
se complejiza por el hecho de tratarse de seres hablantes. Es decir, que
en un humano se produzca en un momento de su existencia un en-
cuentro contingente con la palabra, que hace de él un ser hablante, abre
la vía a una sexualidad afectada por dicha condición de hablante; y es
lo que podemos reconocer como el goce sexual. Es decir, la sexualidad
humananoes sin goce. No hay nada natural en la manera del seductor
aproximarse a Cordelia, no va trasel coito, por ejemplo.
Este goce, o campo generado porla afectación que sobre la sexuali-
dad hace la condición de ser hablante, puede presentarse bajo dos mo-
dalidades lógicas: una llamada masculina y otra femenina. La primera
modalidad, la del goce masculino, se refiere al goce que se ordena por-
quealgo de él se pierde, es decir, se ordena por unafalta. Esta falta es lo
que se conoce comola función delfalo, escrito como (-(). Y el momen-
to subjetivo en el cual se produce este ordenamiento de goce debido a
una prohibición que sobre él recae, y que conlleva una perdida,se le lla-
ma Edipo. Entoncesel adjetivo «masculino», que califica este goce, no
es equivalente a hombre, ni lo hace un goce exclusivo de los hombres.
Se refiere a un modo de goce, no al sexo determinado por la anatomía.
Esto no significa que lo anatómico se deseche, más bien la anatomía es
tomada en esta lógica fálica.
Así, el goce masculino, dondeel falo opera, no deja de lado el saber
que el símbolo por excelencia del falo es el órgano genital masculino,
en tanto Órgano que en su imagen se presenta erguido en la erección
y flácido en la detumescencia. También en tanto órgano ausente en la
anatomía femenina, un significante o elemento de carácter simbólico al
representar lo que no hay.

23 Jacques Lacan, Seminario 5: Las formaciones del inconsciente, Buenos AÁi-


res, Paidós, 1999, 170.

33
Claudia Velásquez

La otra modalidad,la del goce fernenino, lleva este adjetivo de feme-


nino por cuanto en un primer momento Lacan se lo encuentra de ma-
nera preferencial en las mujeres, reconociendo por supuesto los acer-
camientos que Freud había tenido sobre ello. Posteriormente, Lacan
constata que se trata de un goce que no es exclusivo de las mujeres. Este
goce, a diferencia del masculino, se desmarca de los límites señalados
porel falo, lo excede y se abre a un campo másallá del que señala el
Edipo, lo que hace que se le experimente como sin límite e infinito. Es
la imagen que bien describe el seductor de la mujer y su forma de darel
salto sobre el abismo, de su cercanía con lo infinito. Es un goce que no
sabe dela falta. Bueno, podría decirse que la única falta que conoce es
la falta de un límite para el goce. Deallí que sea importante señalar que
una mujer que goce de manera femenina también pasa por el goce mas-
culino, pero el asunto es que no se detiene en él, no-toda ella inscribe su
goce bajo la función fálica.
Igualmente, no se trata de un goce exclusivo de las mujeres, también
es un goce sexual con el cual tienen que vérselas los hombres. Comoel
instante que describe un seductor en el cual suelta el control y lo que
aparece es un cuerpo vivo, un pecho quese agita,
En síntesis, se puede decir que un ser hablante, sea hombre o mujer,
realizará su destino sexual, gozará de su sexualidad a partir de la mane-
ra comose posicione frente a la función fálica, la cual inscribe entonces
la diferencia sexual. Así, Juanito se inscribe en esa diferencia sexual
atribuyendo el falo al otro sexo, a una mujer, tomandoél la posición
femeninay eligiendo como su objeto de deseo una quelo tenga.
El goce femenino ofrece dificultades a la sexualidad de hombres y
mujeres, y tanto los unos como los otros producen salidas. Algunas de
dichas salidas,fallidas finalmente, podría decirse que tienen un cierto
carácter generalizable pues son una salida común. Así, por ejemplo,las
mujeres inventan Otra mujer para poder hacer con su propia sexuali-
dad esta Otra mujer que sería aquella que sí goza. Recordemos que Don
Juan cree dar a cada mujer un discurso con el cual dirigirse a otra mu-
jer, valga decir, que esa puede ser una delas funciones que un hombre
puede tener para una mujer. Algunas otras hacen semblante de objeto
que causa el deseo del hombre, algunas llegan incluso a identificarse a
este objeto. También las mujeres producen ciertos anclajes en el goce
fálico para hacer algo de amarre al goce femenino; es lo que se conoce

34
Hombresfrente a lo femenino

como histeria. Esto para indicar que estas respuestas comunes,si bien
posibilitan algo en una mujer, la dejan en una posición de no asunción
de dicho goce, de allí que la invención propiamente dicha sería aquella
que no es común, que le es singular, y que le posibilita un consenti-
miento a este goce.
Por su parte, en los hombres también se encuentran salidas comu-
nes, igualmente fallidas en lo que hace a un «saber arreglárselas» con
el goce femenino, y más bien se dan como un defenderse de él. Por
ejemplo, evitan o incluso huyen de lo queles signifique el acechodela
castración, y esto es lo que les puede representar una mujer, más aún,
un compromiso conella. Es lo que el Don Juan de Moliére recrea clara-
mente cuando dice: «Mi pasión por doña Elvira se ha extinguido, y los
compromisos no se avienen con mi genio».”*
En estas maneras de responderal goce femenino es donde se podría
localizar la posición viril como una defensa hacia dicho goce.

2.2.- Sobre una concepción dela virilidad

El términovirilidad da cuenta de una posición del sujeto que se ca-


racteriza por no estar nunca sobrepasado por su goce.” Y hace esto
posible en la medida en que se hace uno con su propio goce, se unifica y
hace unatotalidad conél. Es la imagen del Don Juan: no hay división en
él. Es allí que se encuentra una diferencia fundamental con la posición
de un sujeto que tiene una relación femenina con su goce, pues en ella
el goce sobrepasa al sujeto, lo cual se manifiesta como una dificultad
para ser el sujeto mismo unatotalidad, «ella nunca es toda paraella
misma como tampoco es toda para un hombre»,?? nuevamente la mujer
es no-toda.
Desdela posición viril, en la que se goza de manera masculina, el
sujeto (sea de sexo macho o de sexo hembra) rechaza la feminidad,
pues desde la feminidad se añora tener el falo por no tenerlo; lo que
Freud llamó, y con frecuencia mal se ha interpretado, la envidia del

24 Moliere, Don Juan o el convidado de piedra, op. cit., 468.


25 J.-A. Miller, Introducción a la clínica lacaniana. Conferencias en España,
Barcelona, ELP, 2006, 326.
26 Ibid; 330.

35
Claudia Velásquez

pene. Así, un hombre en posición viril se rebela contra la pasividad que


pudiese ser inducida por otro hombre, «él se eriza cuando sospecha
que otro hombre quiere feminizarlo».”Seguir a otro hombre tendría la
significación de la castración. A modo deanotación, con respecto a esta
expresión «se eriza» conviene recordar la metáfora que Freud” toma
de Schopenhauer sobre los puercoespines que necesitan unadistancia
prudente para convivir sin sentir las púas de los otros y al mismo tiem-
po darse mutuocalor.
Voy a retomar unacita de Miller que encuentro esclarecedora sobre
este punto: «Lacan pone en evidencia que lo designado por Freud como
la aspiracióna la virilidad, es, por excelencia, del orden del fantasma.Es
decir: la virilidad se apoya en ese rellenamiento por un a dela castra-
ción de todo ser hablante que es —phi, eso es lo que se llamala virilidad.
Esto es, para decirlo aún más simplemente, que en tanto a tapona a
-phi, pues bien tenemos phi».22
Dela cita podemos extraerlo siguiente:
—Lavirilidad es un asunto que concierne a todo ser hablante, por
tanto, concierne a hombres y mujeres.
—Tiene como condición previa la castración, es decir, la instalación
de una falta subjetiva. Y dichafalta tiene que ver precisamente con esa
condición llamada «ser hablante». Podría decirse quela virilidad es una
respuesta, entre otras, a la castración.
—Consiste en un trabajo de «relleno» allí donde se localiza la castra-
ción. Y a ese lugar de la castración,de la falta, se le llama (-9).
—Elrelleno se realiza sirviéndose de un material llamado objeto a.
Sobre este objeto digamos, por ahora, que se trata de un objeto cual-
quiera de goce.
—El taponamiento que hace el objeto de goce (a) de esa castración
(-Q) trae comoresultado la producción del falo (0).
—Rellenar la castración con un objeto de goce para tener el falo es
una fantasía, un fantasma fálico masculino. De esta manera,el sujeto se
identifica en esta posición viril como aquel quetiene el falo: está en sus

27 J.-A.Miller, Curso 2011, El ser y elUno,:clase febrero >pá


28 Sigmund Freud, Psicología de las masas y análisis del yo, Obras Comple-
tas, Buenos Aires, Amorrortu, Vol. XVIII,96.
29 J.-A. Miller, Curso 2011, El ser y el Uno, clase febrero 9, inédito.

36
Hombres frente a lo femenino

manos producirlo cada vez, allí donde se confronta con la castración,


incluso se anticipa a ella. Así, la aspiración de la virilidad es taponarla
castración. Es, a su vez, el rechazo a la feminidad.
Unparéntesis. Si bien no abordaré el problema de lo que un análisis
puede hacer con esto, dejaré al menos planteado, también con unacita
de Miller, lo que podríamos llamarla «aspiración del psicoanálisis»o,
más precisamente, «la aspiración de Lacan» comocontraria a la aspira-
ción viril: «Está en Lacan presente así la idea de que es posible destituir
al sujeto de su fantasmafálico, la idea -si puedo poneresto en imágenes
aun más sencillamentede que es posible hacer que el ser hablante (no
simplemente el hombre) le diga sí a la feminidad, renuncie a este recha-
zo ala feminidad que lo afecta».* Es aquí donde se proponela posición
del analista como posición femenina, por cuanto no se podrá hacer de
analista mientrasel sujeto esté instituido en su fantasma fálico, es decir,
procurando taponarla falta del sujeto analizante.
Volvamos a la posición viril con una pregunta. Desde la virilidad,
¿cómo un hombrese dirige a una mujer? Desde la posición viril, enton-
ces, un hombre se aproxima a una mujer en tanto la localiza teniendo
comoreferencia al falo. Y allí se pueden encontrar algunas formastipo
de dicha localización. Una de ellas, por ejemplo, es la del hombre feti-
chista que ya mencioné.
Hay una manera, un tanto paradójica, que es la de un tipo de hombre
que Lacan llamó «hombre sin ambages», sin rodeos. Es aquel hombre
que tiene como condición de amor que su objeto «se pavonee como
castrado, es decir, mostrandolossignos dela alteridad».* Pero para que
esta castración sea vista, y así se cause su amor y su deseo, requiere que
su objeto porte un «postizo». Dicho de otra manera, bajo los vestidos
de una mujer está la ausencia de pene, entonces para dar a ver dicha
ausencia ella debe llevar un postizo. Este postizo debe estar estratégica-
mente localizado, pues su función es evocarla falta. «Es un dar para ver,
tanto más generoso en tanto vela lo que no se puede ver».?

30 Ibid.
31 J.-A. Miller, Lógicas de la vida amorosa, Buenos Aires, Manantial, 1991,
44.
32 Ibid.

37
Claudia Velásquez

Lo paradójico del hombre sin ambages es que se trata de un hombre


que, de una parte, puede ir másallá del tabú de la feminidad y encon-
trarse con la castración, sin dar vueltas. Pero, de otra parte, esto puede
hacerlo a condición de que esta castración sea evocada por algo más,
porese postizo; podrá gozar de una mujersi ella se presenta con su pos-
tizo que indicala falta, la localiza, así ella será una mujer que notiene
falo. Nosetrata, pues, de una relación con el goce femenino de una mu-
jer, se trata de una relación con una mujer mediada porel falo en tanto
nolo tiene; esto atempera la alteridad femenina sin anularla. Aun así,
buscarla falta es seguir en la lógica fálica, no en la del goce femenino.
Si bien el hombre sin ambages y el fetichismo se aproximan,también
es cierto que allí hay una frontera que los hace incluso contrarios. Es
una diferenciación importante que hace Miller: «el postizo no es un
fetiche en tanto no se ubica para hacer olvidar la castración del objeto,
sino, por el contrario, para hacer aparecer la castración del objeto. En
esto es lo contrario del fetichismo».*

3.- Restos de hombre

Tal como lo muestra el caso Juanito, el Nombre-del-Padre (NP)


cuestionadoen su función trae como consecuencia la declinación de la
virilidad. «El daño hecho la función paternaes lo que explica el sen-
timiento de desaparición delo viril».* El goce fálico por sí mismo no
garantiza la identificación de un hombre a lo masculino.* Y esto toca la
sexualidad del hombre, para decirlo con palabras de Lacan: «Unestilo:
el de los hombres tipo Hans, que en cuestiones sexuales esperan quelas
damasles bajen los pantalones»;** hombres que esperan la iniciativa del
lado de las mujeres.
Esta posición masculina es pues un efecto de la caída de la función
NP. Hay otras consecuencias que la época produce, caracterizada por

34 J.-A. Miller, «Buenos días sabiduría», Colofón, N” 14, 1996, Madrid, 34-
41.
35 Ernesto Sinatra, «Hombre (eD)», Scilicet, Un real para el siglo XXI,
Buenos
Aires, Grama, 2014, 170.
36 J.-A. Miller, «Buenos días sabiduría», Op.cit.

38
Hombresfrente a lo femenino

este hecho relativo a la función paterna. Solamente haré una rápida


mención de algunasdeellas:
a) El rechazo a ocupar y sostener el lugar de pareja y de padre; y este
lugar dentro de una familia.
b) El «buen padre». Una «buena» paternidad igualitaria: un padre
aceptado porla mujer y la sociedad, proveedor de afectos y respon-
sable de lo doméstico.
c) El «resto de macho», por la precariedad simbólica que deja la caí-
da del padre. Allí se puede pensar al golpeador, al «pervertido del
transmilenio», al hombre que habla en las letras del reguetón, et-
cétera. Identificación imaginaria a la potencia fálica o satisfacción
perversa.
d) El hombre «metrosexual», tomado por su imagen, objeto de su pro-
pio amor.
e) Pedazos de padre que vienen en los objetos tecnológicos, pues noes
“ el padre quien sabe del goce, son estos objetos. iio
Alo anterior podríamos sumar las formasviriles en las mujeres, ho- |a
mosexuales, heterosexuales, que rechazan lo femenino. Lo que lleva a IS al
algunas a querer ser como un hombre, a otras a vivir en disputa con |,O F
ellos por lo que les atribuyen el querer tomarlas como objeto. lO < bo
Para terminar, diría que el binarismo que ordenabala sexualidad |< > 4
humana en hombre / mujer, macho / hembra, masculino / femenino,+ < qn
actividad / pasividad, gracias a la función paterna, ahora es insuficien- a = G
te para inscribir una sexualidad que se desenmarcó, trayendo consigo O »
consecuencias que imponen al psicoanálisis repensar la sexualidad hu- ;5 Y
mana, con los nuevosreferentes que la época va produciendo. e E ml
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39
Goce femenino-amor mistico-goce fálico:
hombres y mujeres

Héctor Gallo

Introducción

El goce fernenino, tanto en hombres como en mujeres, nos plantea


a los psicoanalistas la cuestión de la alteridad absoluta no simbolizada,
eso radicalmente distinto quese resiste a inscribirse en la universalidad
del goce fálico. Este aspecto del goce es el que la psicosis permite ilustrar,
sobre todo cuando es abordada la experiencia del amor en esta estruc-
tura clínica. Ramón Llull, pensador catalán de los siglos XII y XIV, es-
tudiado por Miquel Bassols en la perspectiva de lo que el escritor puede
llegar a enseñarnos sobre la psicosis, particularmente en lo que atañe
al amor, da cuenta que enélla alteridad absoluta del goce femenino se
vislumbra precisamente en «su concepción y la experiencia del amor».'
Miquel Bassols, al igual que Freud con Schreber, nunca vio a Llull
y únicamente tuvo en sus manos textos de su autoría y de quienes han
escrito sobre este pensador. La finalidad del abordaje del texto de Bas-

1 MiquelBassols i Puig, Llull con Lacan, El amor, la palabra y la letra en la


psicosis, Madrid, Gredos, 2010, 111.

41
Héctor Gallo

sols adquiere en nuestro caso su legitimidad porque se hace en función


de las luces que nos aporta en la vía de ilustrar bajo qué condicionesel
amor en la psicosis masculina se convierte en un goce femenino y en
qué sentido dicho amorse aproximay diferencia del amor místico, que
también en algunos aspectos se emparenta, tanto en hombres como en
mujeres, con el goce femenino.
Enfatizaré, por un lado, en la formalización del amor como goce fe-
menino en la psicosis masculina, siguiendo el trabajo de Bassols sobre
Llull y los pasajes de Schreber en donde Lacan nosdeja ver este aspecto,
inspirándose en el modo como es concebido el amor en el Medioevo y
haciendo énfasis en el aspecto erotómano de dicho amor. Porotro lado,
abordaré en qué consiste el amor místico, tomando para ello algunas
referencias de Lacan sobre lo que él define como místico. Otras referen-
cias que nos servirán de orientación son místicos españoles como Fray
Luis de León, que en su poesía alaba y engrandece las obras y la infinita
sabiduría de Dios; también alude a las mujeres dividiéndolas entre las
de valor y las que son malas. Está también la poesía de san Juan de la
Cruz, de cierta manera protegido de santa Teresa, que comparte con
ella la idea de una perfecta unión de amor con Dios mediante una co-
munión interior con él, que en este caso es el amado.
Esas malas mujeres que deciden no trabajar por el bien de los hom-
bres, tal como lo ilustraremos evocando a Fray Luis de León, sonlas
que deciden no inscribirse en el todo de la función fálica, comosí lo
hace la mujer buena que para él es la «perfecta casada». Las mujeres
quese niegan a suplir la falta de relación sexual con la aspiraciónal todo
siguiendo el designio del Espíritu Santo, las que reivindican frente a los
hombresy frente a la sociedad su lado mujer, en lugar de dedicarse a
sostener el sentido en el cual viven dichos hombres, sentido que noes
otro queel de esperar que una mujer forme Uno con cada unodeellos,
en la pluma de Fray Luis de León merecen los peores castigos, se las
difama y mal-dice. Han sido castigadas en lo real de la peor manera en
el Medioevo, también en los regímenes fundamentalistas que aún per-
viven y, por ejemplo, mediante el asesinato llamado pasional en nuestro
tiempo.

42
Goce femenino-amor místico-goce fálico: hombres y mujeres

Del amory el goce femenino en Ramón Llull

El escritor designa en su obra la alteridad con el nombre de Amat,


que en su lenguaje quiere decir amado. En Ramón Llull el amigo y el
amado forman una pareja que se mantiene a toda costa como dualidad
inseparable. Quien pide y solicita no es el amigo sino el amado, quien
ocupa el papel activo porque «quiere ya amar al amigo antes mismo que
éste tenga noticia de ello. El amigo deberá aceptar, consentir y decidir
en un segundo tiempo, hacerse depositario de este querer “amancial”.
La acción del amor está pues, en primer lugar, del lado del Otro, en
un acto que se traduce en un signo de amor».? Este acto del Otro, que
dice Lacan no puede ser «sino el Otro sexo», para que ponga en juego
el amor deberá apuntar al ser, pues en caso de resultar simbolizado por
el cuerpo como goce no será ya «signo de amor»” sino de perversión.
Aquínoes el amor sino el goce fálico el elemento con el cual se lleva a
cabo «la relación sexual».*
La manera en que RamónLlull concibe el amor en sus escritos hace
eco al modo comoen la enseñanza de Lacan aparece planteadala expe-
riencia del amor en el sujeto psicótico. En esta estructura la experiencia
del amorse sitúa «como experiencia de reducción del ser del sujeto al
objeto de goce del Otro».? Esta reducción del ser a la condición de ob-
jeto es lo que excluye en la psicosis al amor de la dimensión simbólica
del don y lo hace equivalenteal goce.
Enel amor psicótico se observa clínicamente una absoluta primacía
del Otro que, comoalteridad absoluta, es quien lleva siempre la inicia-
tiva, es el sujeto activo de la acción. En Ramón Llull quien ocupa este
lugar, a juicio de Miquel Bassols, es el amado, y uno de los nombres que
adopta es el «de infinito solitario previo al encuentro con el amigo».*
Dice Bassols que esta es la definición de Dios que se encuentra en los

Ibid., 130,
3 Jacques Lacan, Aún, El seminario, Libro 20, Buenos Aires, Paidós, 1998,
51.
Ibid., 52.
5 Miquel Bassols i Puig, Llull con Lacan, El amor, la palabra y la letra en la
psicosis, op. cit., 111.
6 Ibid., 130,

43
Héctor Gallo

escritos de Llull, de quien recibe un signo de amor, que «ha representa-


do un momento fecundo para su experiencia».
En el amor psicótico nos encontramos con la prioridad lógica del
Unosolo. En el caso del escritor medieval al que venimos haciendo
referencia, dice Bassols que ese dominio lógico del Uno lo hallamos
«en la serie de avatares de la relación entre el amigo y el amado como
un verdadero axiomaluliano. El amor del amado presenta así el axioma
“Me ama”en el que se fundala relación erotomaníaca con el Otro en la
Amancia* luliana».? Este tipo de alienación en la psicosis, que consiste
en la certeza de que no soy yo quien amaal otro, sino que es este el que
me ama, dice Lacan que no es «invertida sino divertida, El otro al que
se dirige el erotómano es muy singular, porque el sujeto no tiene con él
relación concreta alguna, aunque se haya podido efectivamente hablar
de vínculo místico o de amorplatónico».!”
En la relación del amado con el amigo, la posición de este se define
en Llull por la fórmula freudiana «no soy yo quien lo ama,es él quien
me ama», fórmula que se mantiene en el escritor catalán en el trans-
curso de su obra. Siempre será el amado quien llama al amigo, quien
en esta dualidad inseparable se convierte, de hecho, en el «"verdadero
amado”. Esta confusión en el registro imaginario seguirá también en la
multitud de duplicaciones imaginarias tan caras al estilo de Llull»! y
donde siempre se sigue «una lógica de reciprocidad exhaustiva», pero
siguiendo ciertas condiciones de amor, que en la psicosis no son otra
cosa que condiciones de goce.
Siempreserá el amigo «el polo de la pasión», mientras que el Amado
será el polo de «la acción»; será siempre, tal como sucede en el amor
místico hacia Dios, «sufrido, paciente, humilde, temeroso, diligente,
confiado, se aventurará a grandes peligros para honrar a su amado. Y
el amado será siempre el Otro “verídico, liberal, piadoso y justo con su

7 Tbid.
8 Así denominaLlull su ciencia del amor.
9 Tbid.
10 Jacques Lacan, Las psicosis, El seminario, Libro 3, Buenos Aires, Paidós,
1984, 66.
11 Miquel Bassols i Puig, Llull con Lacan, El amor, la palabray la letra en la
Psicosis, op. cit., 130.

44
Goce femenino-amor místico-goce fálico: hombres y mujeres

amigo”».”* Como puede verse, es fundamental en la estructura misma


del amor psicótico, contrario a lo que sucede en el amor neurótico -en
donde se introduce como ideal encontrar el complemento, la concor-
dancia y correspondencia-, mantenerla diferencia, la necesaria distan-
cia, pues de disolverse el amor también desparecerá. Este amor en su
misma estructura «será, pues, una distancia que viene a suplir la impo-
sible relación»? entre el amigo y el amado, es el Uno que se encarga de
unificarlos, es la cuerda que forma su vínculo y permite el encuentro,
masnotiende a fundirlos porque aquí, sin la distancia que garantizala
diferencia, no hay relación.
La distancia cumple para el amigo una función de protección, es
la carta con la que cuenta para no acudir al llamado del amado que-
dándoseen silencio si implica un riesgo, pero como la buena distancia
se torna imposible en esta lógica amorosa planteada por el escritor, el
amorse acerca aquí «cada vez más a un goce insoportable y el temor a
la desaparición radical, más que una ausencia temporal, del Otro».'* En
el amor místico, particularmente en el caso de santa Teresa, también
existe la posibilidad de no responder temporalmente al llamado del Se-
ñor, pero aquí el motivo es distinto porque no se debe a un riesgo sino
al hecho de saber que Su majestad sabe «aguardar muchos días y años,
en especial cuando ve perseverancia y buenos deseos».'*
Es porque enel caso de Llull el amor siempre está tendiendo a vol-
verse un goce, que mientras más el amigo «se acerca al amado para
curar la enfermedad del amor, más experimenta sus tormentos; cuanto
más quiere alejarse, más cae en el temor de la desaparición del Otro;
proximidad y lejanía se identifican entonces en el espacio de un goce
Otro que no podrá contabilizarse con el Uno del significante».!* Este
es uno de los aspectos en donde la teoría del amor en Llull ya no se
corresponde con la teoría del amor místico, pues los poetas místicos

12 Ibid., 131.
13 Ibid.
14 Ibid, 132.
15 Santa Teresa, Moradas segundas, capitulo único, Escritores místicos espa-
ñoles, México, Jackson, 1963, 122.
16 Miquel Bassols i Puig, Llull con Lacan, El amor, la palabra y la letra en la
psicosis, op. cit., 132,

45
Héctor Gallo

no es común que consideren el amor a Dios como algo tormentoso y


ambivalente sino más bien sacrificial. Aquí sucede que en tanto el amor
debe pasar por unaresistencia heroica ante las pruebas de un Dios des-
personalizado y agrandado hasta la perfección, exige, como lo indica
Lacan, gran «valentía para soportar la intolerable relación con el ser
supremo».'” Aquí es dondeel valiente amor místico se emparenta con
el amor propio de la erotomanía, en donde dice Lacan que «el interés
universal que se adjudica a la aventura, como se expresa Clérambault,
es uno de los elementos esenciales».!*
Delatesis del amor como un goce se desprende que en la psicosis el
amor es fundamentalmente loco, pues se trata de un goce que aparece
sobre todo como goce del Otro en relación con el cual se vive y se mue-
re al mismo tiempo. En Llull los placeres y sufrimientos del amigo se
multiplican al infinito, pero por mucho queeste languidezca no parece
llegar a un punto en que quiera retirarse rindiendo sus armas, pues
siempre queda «un poco más por amar, aún».Así es como el Otro
Amadoes vivido como un todopoderoso gozador. Esta forma de vivir
al Otro en el amor lo convierte en un lugar puramente pulsional -un lu-
gar impersonal que encarnala alteridad pura- en donde la demanda es
imposible de colmar porque el amor-goce ahí se infinitiza en el exceso
del amor que lleva a la muerte, tal como sucede en la perversión con el
exceso del horror.

Amorpsicótico y amor místico

El amor en la psicosis es un amor que «anulaal sujeto comotal» en


tanto lo hace desaparecer al ser «tomado en una dualidad mortifican-
te».” El tomador es un Otro todopoderoso que, porcierto, aparece ori-
ginariamente en los seres humanos como el Otro primordial del amor,
Otro del que dependeel niño al nacer de forma absoluta, ya que puede

17 Lacan, Aún, op. cit., 103.


18 Lacan, Las Psicosis, op. cit., 66.
19 Miquel Bassols i Puig, Llull con Lacan, El amor, la palabra y la letra en la
Psicosis, op. cit., 132.
20 1Ibid., 123.

46
Goce femenino-amor místico-goce fálico: hombres y mujeres

darle tanto la vida como aniquilarlo si así lo decidiera su capricho. Llull


denomina «sobre-amor» al amor excesivo, al amor inconmensurable
donde lo propio es la mortificación que lleva a la muerte.
El sobre, que también lo encontramos en Llull referido a la mortifi-
cación del pensamiento en el amigo -sobrecogitaciones-, da cuenta del
exceso, que en Llull es un goce más sadiano quemístico. Dice Bassols, a
manera de ejemplo para ilustrar un aspecto de la diferencia entre estos
dos amores excesivos como es el amorpsicótico y el amor místico, que
«No encontramos en santa Teresa la respuesta del sujeto que desea la
aniquilación de su propio pensamiento -“destruir quería el amigo su
cogitar”- ni el deseo casi sadiano de borrar toda huella de su paso por
el mundo».”
En lo que sí concuerdan el amor psicótico y el amor místico es en
el vínculo atormentado y en el Uno al que tiende «como un goce ab-
soluto»”, más no en la disputa que puedellegar a darse. A este res-
pecto dice Bassols que «la Amancia -la ciencia del amor luliano- es
la respuesta del sujeto a la primacía del Uno del goce que le viene im-
puesta».Comoya se dijo, aquí la experiencia es erotomaníaca. «Es el
Otro quien en primer lugar amaal sujeto y hace signos de su amor para
tomarlo como objeto de goce».”*
En el caso de Llull, dice Bassols que se presenta en su libro el Arbre
de filosofía d'amor un juicio, un proceso al amor, en donde «el amado
quiere condenar al amigo a muerte por amor».”«La respuesta final del
sujeto amigo será muy próxima a la que encontramos en el Marqués de
Sade comoel deseo final de su vida después de haber cumplido toda la
construcción de torturas infligidas por el verdugo a su víctima».
Si el Marqués quiere desparecer dela faz de la tierra sin dejar rastro
alguno de su paso por el mundo cuando haya cumplido su misión de
torturaral infinito a sus víctimas,el amigo según Llull dejará escrito en
su testamento: «Y dejó su cuerpo a los gusanos y al polvo delatierra,

21 Ibid., 133-134.
22 Ibid., 19.
23 1bid., 20.
24 Ibid.
25 1Ibid., 134,
26 Ibid.

47
Héctor Gallo

para que el viento lo esparciera y que de él no fuera guardada memoria


alguna».” Pero como Llull no es un perverso sino un psicótico genial,
termina de manera distinta a Sade que va hasta las últimas consecuen-
cias en su sacrificio por el Goce ofrecido al Otro insaciable.
Llull, de manera semejante a Joyce, mediante su arte se hace a «un
nombre que tendrá la función de restitución de su relación con el Otro
del lenguaje, un nombre que vendrá también a nombrar su ser de go-
ce». La hipótesis de Miquel Bassols es que el verdadero nombre de
Ramón Llull es Amat, así como el de Joyce es la letra que define su
sinthome. Amat significa amado, y es el nombre que viene a nombrar
«al ser del sujeto en su experiencia de goce. El Amado (Amat), en su al-
teridad irreductible, vendrá así a ocupar el lugar del Otro de la palabra
y del Unodel goce para dirigirse al sujeto».?
Digamosquees en la teoría medieval del amor donde Lacan encuen-
tra que el goce del Otro aparece planteado en su dimensión más radical
e implacable, pues se trata de un amorque por exigir incondicionalidad
induceal sacrificio. Aquí, por ser Dios el «más Uno que todo»,el todo-
poderoso, su amor puede imponer cualquier sacrificio como voluntad
divina. No hay sacrificio, por terrible que sea, imposible de cumplir
cuando se trata de complacer la voluntad de alguien convertido en un
más Uno constituido en una medida común para todos. A propósito
de esta dimensión sacrificial, dice santa Teresa: «abrazaos con la cruz
que vuestro esposo llevó sobre sí y entended que ésta ha de ser vuestra
empresa: la que más pudiere padecer, que padezca más por Él y será la
mejor librada. Lo demás, como cosa accesoria, si os lo diere el señor,
dadle muchas gracias».% Si la empresa que proponesanta Teresa a una
mujer para salir la mejor librada es someterse a un padecimiento sin
medida, como es la de abrazarse a la cruz que llevó el Otro, ello nos
muestra que el sitio del goce del Otro es sin duda opaco. Al respecto
dice Lacan que «en el sitio, opaco, del goce del Otro, de ese Otro en
tanto podría serlo la mujer, si existiese, está situado ese ser supremo».?!

27 R. Llull, AFA, 112-113. Citado por Bassols en ibid.


28 Ibid., 18.
29 Ibid.
30 Santa Teresa, Moradas segundas, op. cit., 124.
31 Lacan, Aún, op. cit., 100.

48
Goce femenino-amor místico-goce fálico: hombres y mujeres

Está claro que para esta modalidad de amor no hay sujeto sino para y
por Dios, que por ser reconocido como divino y no querer el mal ni la
mentira, como sí lo hacen los demás mortales, se vuelve absolutamente
imprescindible para poder vivir. Aquí Dios no esel otro sujeto que veo
y percibo, ese objeto «constituido en la objetividad»* y del que espero
la reciprocidad, sino que es el Otro que representa un lugar de dispari-
dad y de cuyo amor dependo enteramente.
De nuevo encontramos una cercanía entre el amor místico, al menos
aquel que se propone comosin límite, y lo que sucede con la resigna-
ción en la psicosis masculina, concretamente en Schreber. Sabemos que
en Schreber nos encontramos con su resignación al terrible tormento
de su feminización por parte de la voluntad divina que decide transfor-
marlo de modo inmisericorde en mujer. Schreber es obligado a gozar
femeninamente y en su caso, como en el de santa Teresa, sacrificarse
«se reduce a no ser más que una formadel amor a Dios».* Dios que,
concretamente en el Medioevo, es el Uno, que al constituirse en una
medida común soportala identificación de todos y del cual forma parte
cada uno.
Con razón nos indica Lacan que si no se estudia lo que es la teoría
medieval del amor será más difícil entender la cuestión de la psicosis,
particularmente lo que es el amor al Otro y su función en esta estruc-
tura, que noes otra que la de gobernarlo todo. Este goce de Dios puede
considerarse femenino por cuanto no está sometido al «Uno del signi-
ficante amo como medida del deseo y del goce del Otro».* Dios es una
instancia que representa al Otro radical, Dios resulta «portador de un
goce no ordenado, no normalizado por el Unodel significante, un goce
Otro del que el extático y el místico darán testimonio en lo inefable de
su relación con Dios cada uno a su manera».**
Pero hay que volver a insistir en un aspecto: el amor psicótico y el
amor místico no son del todo equivalentes. El amor místico, al menos
comoaparece planteado en santa Teresa y san Juan de la Cruz, compar-

32 Jacques-Alain Miller, Extimidad, Buenos Aires, Paidós, 2010, 62.


33 Miquel Bassols i Puig, Llull con Lacan, El amor, la palabra la letra en la
psicosis, op. cit., 114,
34 Ibid.
35 Ibid. 124.

49
Héctor Gallo

te con el amor psicótico el hecho de sentirse obligados a cumplir una


misión o un destino encomendadopor el Otro. Enel caso de Schreber,
primero emerge en su yo un pensamiento que atraviesa su mente -sería
hermoso ser una mujer sufriendo el acoplamiento-, luego resulta situado
de formadelirante «como ser completamente feminizado, una mujer,
así lo dice, frente a un personaje omnipotente con el que tiene relacio-
nes eróticas permanentes».*
Hay en Schreber el primer atisbo «de una identificación, y de una
captura en la imagen femenina, hasta el florecimiento de un sistema
del mundo donde es absorbido completamente en su imaginación de
identificación femenina».” El yo es obligado por Dios a convertirse en
lo que noes para que así las cosas sean puestas en su lugar y el mundo
recupere un orden. En esta relación Schreber no es actor, no es quien
busca a Diosy le habla comosí puedellegar a hacerlo el místico quien
con su poesía puede subir hasta «el trono de Dios». Schreber no se co-
munica con Dios poéticamente comosí lo hace el poeta místico, sino
que únicamente cumple la función de transcribir el «mensaje divino,es
el objeto mismo de este mensaje más que su autor».Es poreste motivo
que, a juicio de Lacan, Schreber puede ser escritor pero no poeta.
Al contrario del psicótico, el místico suele tener «la experiencia de la
ascensión del alma hasta los esponsales con el otro»* y la experiencia
inefable de un goce experimentado, como dice Miquel Bassols, «en al-
gún pasillo escondido del castillo interior teresiano»." A propósito de
este pasillo interior, dice santa Teresa: «entendemoshijas mías, quela
perfección verdadera es amor de Dios y del prójimo, mientras con más
perfección guardaremos estos dos mandamientos, seremos más per-
fectas»,U
En el amor psicótico, tal como lo testimonia Schreber, el sujeto no
tiene ninguna comunicación real con el Otro como Ser supremoy per-

36 Lacan, Las psicosis, op. cit., 94,


37 Ibid.
38 Miquel Bassols i Puig, Llull con Lacan, El amor, la palabra y la letra en la
psicosis, op. cit., 125.
39 Tbid., 124.
40 Ibid., 114.
41 Santa Teresa, Moradas primeras, op. cit., 119.

50
Goce femenino-amor místico-goce fálico: hombres y mujeres

fecto que no engaña, no goza del cuerpo de este ni parece necesitar


su presencia. Schreber se limita a ser el objeto de estos mensajes que
le llegan como un fenómeno que padece en carne propia y del que se
limita a dar un testimonio objetivado de su retorno en lo real. En el
amor místico también se está preso del goce del Otro como enla psico-
sis, también el goce experimentado es radicalmente Otro y tampoco se
goza objetivamente del cuerpo del Otro, pero la diferencia está en que
el sujeto sí aparece sin embargo incluido, Dice Lacan que en el amor
propio de la erotomanía psicótica el Otro es a menudo «un objeto aleja-
do, con el cual el sujeto le basta comunicarse por una correspondencia
que ni siquiera sabe si llega o no a destino».?
El valiente poeta místico no se conforma con imaginar que hay un
Dios que lo amainfinitamente, necesita también un signo para queel
sufrido amor quesiente hasta el éxtasis sea vivido comoel efecto de ese
signo: «Y si mi gozo, señor, con esperanza de verte, en ver que puedo
perderte se me dobla mi dolor; viviendo en tanto pavor y esperando
como espero, muérome porque no muero».* El místico necesita sentirse
habitado por la presencia divina en su corazón, en su cuerpo y en el
pensamiento, para queasí su alma soporte lo intolerable de su mundo
como ser que habla.
A pesar de quela relación con Dios cubra la totalidad de su ser, no se
siente, sin embargo, abolido por Dios comosujeto precisamente gracias
a su original experiencia poética. Es por esto quesi bien el místico no
deja de hablarle y de sentirse arrebatado hasta el éxtasis por el goce de
Dios, es capaz «de hacerse actor de esta relación».* Al respecto, dice
santa Teresa: «Y a mi parecer jamás nos acabamos de conocer, si no
procuramos conocer a Dios; mirando su grandeza acudamos a nuestra
bajeza, y mirando su limpieza veremos muestra suciedad; considerando
su humildad, veremos cuán lejos estamos de ser humildes».*

42 Lacan, Las psicosis, op. cit., 66.


43 San Juan de la Cruz, «Coplas del alma que pena por ver a Dios», verso 5,
en: Fray Luis de León y san Juan de la Cruz, Poesías Completas, clásicos
universales, Madrid, ediciones escolares, 2004, 113.
44 Bassols i Puig, Llull con Lacan, El amor, la palabra y la letra en la psicosis,
op. cit., 125.
45 Santa Teresa, Moradas primeras, op. cit., 116-117.

51
Héctor Gallo

Diosesel espejo de sí mismo, «al amar a Dios nos amamos a nosotros


mismos, y al amarnos primero a nosotros mismos -caridad bien enten-
dida como se dice-, rendimos a Dios el homenaje apropiado».** Dios
«está ahí en tanto que Otro absoluto. Absoluto, es decir que es reconoci-
do, pero no conocido».* En tanto Dios es reconocido en el amor místico
como Ser Supremo se aspira mediante dicho amor a hacerse Uno con
él. Este Ser Supremo, de acuerdo con lo visto hasta aquí y siguiendo a
Lacan,se localiza en el sitio correspondiente «al goce del Otro».
Entonces, si mediante la relación con Dios, siguiendo a santa Teresa,
es posible que una mujer se acabe de conocer y se aproximea la perfec-
ción del Unosolo, ello nos enseña que «Por ser su goce radicalmente
Otro, la mujer tiene mucha más relación con Dios»* que el hombre.
Claro que hay hombres, como es el caso de san Juan de la Cruz, en
quienla relación con el amado en muy pocose distingue en intensidad
y arrobamiento de la que establece con el mismo santa Teresa, cues-
tión que da cuenta de la posición femenina de aquel. Dice san Juan de
la Cruz, refiriéndose al amado: «aquel que yo más quiero decidle que
adolezco, peno y muero».* Más adelante, agrega: «mira que la dolen-
cia de amor, que no se cura sino con la presencia y la figura».” Luego
anota: «gocémonos, amado».* Y enseguida está la mortificación: «¿qué
muerte habrá que se iguale a mi vivir lastimero, pues, si más vivo, más
muero?»%
Se trata de un amor en el cual la vida, el dolor y la muerte son in-
separables, cuestión que nos aproxima a un punto en donde se hace
necesario distinguir en la poesía mistica dos modalidades de amor. Un
amorreferido al Ser Supremo en amor «de donde proceden todos los
movimientos, sean cuales fueren: cambios, generaciones, movimien-
tos, traslaciones, aumentos, etcétera»”. Y un amor que resulta aparen-

46 Lacan, Aún, op. cit., 87.


47 Lacan, Las psicosis, op. cit., 59.
48 Lacan, Aún, op.cit., 100.
49 San Juan de la Cruz, «Canciones entre el alma y el esposo», op.cit., 98.
50 Tbid., 100,
51 Ibid., 104.
52 San Juan de la Cruz, «Coplas del alma que pena por ver a Dios», op.cit., 113,
53 Lacan, Aún, op. cit., 100.

52
Goce femenino-amor místico-goce fálico: hombres y mujeres

temente menos loco que el primero, porque se habla a Dios y de Dios


manteniendo ciertos límites que no parecen existir en el primer caso. Se
habla de Dios en tanto objeto de amor, admiración, respeto y autoridad.
Creo que es de este modo, tal como se puedeilustrar con Fray Luis de
León, que también hay una dimensión del amor místico en la que es
observable la función fálica por encima del «éxtasis de la alta contem-
plación». En la alta contemplación, contrario al cálculo presente en el
amorfálico, se trata de lo ilimitado del llanto de mi muerte y el lamento
de mivida, pero incólume en el llamado a Dios y en la confianza amo-
rosa que se le profesa. Del lado fálico nadie muere de amor y si muere
es metafóricamente, en cambio del lado dela alta contemplación sí son
muchaslas posibilidades de morir de amor.

Entre el amorfálico y el goce femenino

En santa Teresa, al menosen la cita evocada anteriormente, se logra


la perfección asegurando el amor de Dios y del prójimo, En san Juan de
la Cruz el alma en su íntima relación con Dios encuentra «¡Oh llama
de amorviva, que tiernamente hieres de mi alma en el más profundo
centro!, pues ya no eres esquiva, acaba ya, si quieres; rompe la tela de
este dulce encuentro».** En Fray Luis de León se pasa del arrobamiento
en el profundo amor a Dios a la fundamental humildad de una mujer.
Aquí no se trata tanto de que esta mujer humilde forme Uno con el
Dios amado, sino con un hombre que la quiere buena a su lado.
El significante humildad es resaltado por Fray Luis en su doctrina
de lo que denomina «una mujer de valor». En la manera como habla
de una mujer de valor se refiere a una mujer identificada en su ser al
goce propio de la locura del ama de casa. Esta locura, que no es igual a
la locura de las mujeres de santa Teresa y menos a la locura del alma de
san Juan de la Cruz, consiste en identificarse a los significantes fálicos
que definen a un hombre para quien la sagrada familia se ha convertido
en el centro de su vida.

54 San Juan de la Cruz, «Llama de amor viva, Canciones del alma», en la


intima unión en Dios, su esposo amado, op.cit., 106.

53
Héctor Gallo

La mujer de valor de Fray Luis no es aquella de quien puede decirse


que su goce es radicalmente Otro, sino aquella que en lo real no es otra
que La Madre con mayúscula. Sería La Madre de las madres, que no es
aquella que en la «relación sexual» se comporta comosiendo «radical-
mente Otra», sino como siendo idéntica a sí misma, o sea, en términos
de Fray Luis, «una perfecta casada». Dice de esta mujer que no abunda,
que es «dificultoso hallarla, y que son pocaslas tales. Y así, la primera
loa que da a la buena mujer es decir de ella que es cosa rara, que es lo
mismo que llamarla preciosa y excelente cosa, y digna de ser muy esti-
mada, porque todolo raro es precioso».*
En boca de Fray Luis, lo raro, en el sentido de escaso, no es estricta-
mente que aquíse trate de una mujer como «lo que tiene relación con
ese Otro»** que goza y que representa «aquello con lo que la mujer está
intrínsecamente relacionada»”, sino más bien que parallegar a ser una
perfecta casada deberá comprometerse a mantenerse por fuera de toda
relación con ese goce del Otro, que es donde vemos anclarse el amor de
santa Teresa y de san Juan de la Cruz por Dios. La perfecta casada, en
lugar de ir hasta la dolencia de amor propia de la alta contemplación
o de gozar en el comercio sexual, siendo Otra que sorprende y hasta
puede asustar profundamente a un obsesivo, deberá gozar exhibiendo
la humildad de su amor porqueel hábito hace al monje.
La perfecta casada de Fray Luis nunca es descrita sumida en el éxta-
sis de su amor porel esposo, no osa reivindicar lo que hay debajo del
hábito, que para Lacan «quizá no es más que ese resto que llamo objeto
a».% Siguiendo esta lógica, lo mejor que puede pasarle a un hombre
profundamente obsesivo es encontrar a una mujer que, en lugar de vi-
vir enarbolando su insaciable demanda de amor, se conduzca inmóvil,
demuestre siempre el anhelo de agradarlo y el deseo de ser Uno con
él dejándose anular como mujer. Quiere este hombre cobarde que su
mujer sea tan buena que no se atreva a confrontarlo, a atacarlo en sus
semblantes fálicos, razón por la cual no experimentará a su lado ningún

55 Fray Luis de León, La perfecta casada, Capítulo 2, Escritores místicos es-


pañoles, Volumen XXVIII, México, Jackson, 1963, 282.
56 Lacan, Aún, op.cit., 98,
57 Ibid.
58 Ibid., 14.

54
Goce femenino-amor místico-goce fálico: hombres y mujeres

riesgo, pero al mismo tiempo tampoco ninguna pasión, pese a que haya
sexo en el asunto, pues de esa manerael amor, aunque sea recíproco, se
torna impotente porque entra en estrecha relación con el deberser y la
normatividad.
Digamos quela diferencia entre el deseo de hacer Uno conel esposo
para negar la alteridad y el deseo mistico de ser Uno con el Otro que
es mi Dios, con quien no cuenta el sexo, consiste en que mientras en
el primer caso, así haya sexo, no hay nada que inflame los sentidos, en
el segundo, aunque no hay sexo, encontramos el estremecimiento del
ser de quien aparece en posición femenina. Con la perfecta casada de
Eray Luis se llega al comercio sexual soñando con ser perverso paraal-
canzarla como pareja, mientras que con Dios, al no haber sexo, se hace
poesía para tenerlo como el amor del alma que se dobla de dolor «con
ver que puedo perderte». En el primer caso hay que soñar y fantasear
con ser perverso porque falta un saber hacer con el goce sexual, en el
segundocaso, caracterizado porel hecho de queel sexo no entra, sí hay
un saber hacer, pero no con el cuerpo del Otro sino con la letra que per-
mite hacer la carta de amor, que es eso en lo que consiste la poesía mis-
tica. No es extraño que escribamos cartas de amor sobre todo cuando
el cuerpo del ser amado está ausente y que además nos creamos poetas
o pretendamosserlo al menos un instante.
Unamujerde valor, en el sentido de Fray Luis, es aquella que le sostie-
ne a un hombrela ilusión de que «la ocupa por entero»? en lo que a su
goce respecta y que comotal está en el mundo para ocuparse de aquel.
Deeste tipo de mujer no ha de venirle a un hombre nada quelo sor-
prenda o sobresalte, ella estará siempre en su sitio esforzándose en hacer
existir la relación sexual, La mujer ideal para un hombre, en la perspecti-
va mística del poeta Fray Luis, es aquella que logra inscribirse a tal punto
en su modo de gozar fálico que no hay manera de ubicar en ella nada
excesivo, nada que la desborde y resulte amenazante para un hombre,
pues su goce se encuentra tan perfectamente localizado que parece más
bien un goce destinado a complacer los semblantes masculinos.
A una mujer que goce completando a un hombre, Fray Luis la llama
literalmente «mujer varonil», pues dado que ahí ella no se ponedel lado
del Otro goce, sino que goza de manera similar a un hombre, no hay

59Ibid. 106.

55
Héctor Gallo

necesidad de mal-decirla sino de ensalzarla y alabarla. Siguiendo esta


lógica,si es verdad que asistimos en la contemporaneidad a una femini-
zación del inundo, por mi parte no diré que se debe a que los hombres
han dejado que las mujeres tomen la delantera, volviéndose cada vez
más tontos, afeminadosy débiles, sino porquelas mujeres cada vez son
menosvaroniles, es decir, cada vez gozan menossiendo la «casada per-
fecta» que completa a su pareja masculina, razón por la cual se hacen
acreedoras a la maldición de los hombres. Hombres y mujeres aparecen
cada vez menos identificados con un goce localizado en las coordena-
das del falo y con el deseo de ser con su pareja un único Uno, «El uno
de la relación proporción sexual».
Varonil quiere decir en Fray Luis «virtud de ánimo, y folios de
corazón, industria y riquezas, y poder y aventajamiento,y, finalmente,
un ser perfecto y cabal en aquellas a quien esta palabra se aplica; y todo
esto atesora en sí la que es buena mujer, y no lo es si no lo atesora. Y,
para que entendamos que es esto verdad, la nombra el Espíritu Santo
con este nombre, que encierra en sí tanta variedad de tesoro».
Comopuede verse, para este poeta místico el ser ideal es una mujer
que se limite a gozar inscrita punto por punto en acuerdo con los sig-
nificantes que para el Espíritu Santo definen su valor. Una mujer ideal
es aquella que debido a su perfección, cabalidad, fortaleza de corazón
y virtud, proporciona a un hombrela ilusión de que con ella estaría
aseguradala alegría, el respeto, la admiración,la fidelidad y el descan-
so sin interrupción. El problema es que el sexo de una mujer como
esta que pretende ser toda de su marido, a un hombre que es hombre
precisamente porque goza de su órgano no le dice nada en el acto de
amor. Para Lacan el acto de amor es con el cuerpo de una mujer, por eso
afirma que es «la perversión polimorfa del macho, y ello en el ser que
habla».* En cambio hacer el amor es poesía. Hay entonces un abismo
entre el acto de amor como perversión y la poesía mediante la cual se
hace el amor, En el primer caso se invoca el cuerpo como objeto a causa
del deseo que al anudarse al amor le da su condescendencia al goce,
mientras que en el segundo se invoca el alma entre gozosa y adolorida.

60 Ibid., 14,
61 Fray Luis de León, La perfecta casada, op. cit, 283.
62 Lacan, Aún, op.cit., 88.

56
Goce femenino-amor místico-goce fálico: hombres y mujeres

Dice Fray Luis de esas mujeres perfectas, en las que nada queda de
insatisfacción, que son escasas pues en las mujeres de verdad son ma-
yores «sus siniestros malos» que sus excelentes cosas. Es que al no
gozar todaella en función de su señor marido, le exige una y otra y otra
faena. Lo malo de una mujer, en el sentido de Fray Luis, es que sea 10
toda, pues ahí se anida algo de la fatalidad que implica no poder llegar
nunca al límite, a alcanzarla toda, y es ahí en dondese introduce cierta
dimensión de infinitud que caracteriza al goce femenino.
El goce femenino, tal como se deduce de Fray Luis cuando se refiere
a las mujeres malas, es eso que las hace diferentes entre sí. Siendo de
«un linaje y especie, parecen de diversas especies».** «En ellas solas se
ven el ingenio y las mañas de todaslas suertes de cosas, comosi fueran
de su linaje; que unas hay cerriles y libres como caballos, y otras resa-
bidas como raposas, otras ladradoras, otras mudables a todos colores,
otras pesadas, como hechas de tierra. Y por esto, la que entre tantas
diferencia de mal acierta a ser buena, merece ser alabada mucho».*
Como puedeverse, las mujeres de valor son similares, se parecen en-
tre sí, todas pueden ser definidas en Una, en cambio las malas, esas que
resultan llenas de mañas, que pretenden saber demasiado, que contro-
lan y vigilan, si bien también son iguales en su maldad, gozan cada una
en su maldad de maneradistinta y esto las convierte en las representan-
tes del lugar del Otro, «de un sexo como Otro, como Otro absoluto».%
En este aspecto son extrañas e incomprensibles para un hombre, pues
al ser portadoras de un goce secreto que en absoluto hace pareja con
el goce del compañero, exigen al otro sexo, al sexo masculino, que las
posea una por una, «que es algo muy distinto al Uno de la fusión uni-
versal»” en el cual coincidirían todas las mujeres de valor que describe
Fray Luis.
Las y los que gozan por fuera de la identificación a los significantes
considerados fálicos son seres que en el discurso entran en la lógica
del no-todo. Si hay feminización del mundo es porque en la actualidad

63 Fray Luis de León, La perfecta casada, op. cit., 282.


64 Ibid.
65 Focilides o Simónides,citado por Fray Luis, ibid., 283,
66 Lacan, Aún, op. cit., 16.
67 Ibid. 18.

57
Héctor Gallo

se evidencia, mejor que antes, que estos seres inscritos en la lógica del
no-todo son más que los hombres que obran bien y más que las virtuo-
sas orientadas hacia el ideal de la perfección. En la medida en que una
mujer o un hombre hagan valer ante el Otro su goce femenino, eso que
deja por fuera a la pareja, se vuelven seres extraños en el sentido de di-
versos, peligrosos, incontrolables, desenfrenados, desatinados, suscep-
tibles de ingresar en un espacio de excesos y descontrol.
Siguiendola lógica que se acaba de exponer deduzcamos, a manera
de hipótesis, que lo que pretendería aniquilar un hombre cuando ataca
mortalmente a una mujer que se aproximaal objeto malo, es la parte
extraña de ella que implica un goce inaceptable, un goce que por apar-
tarla de la justa medida fálica le impide mantenerse identificada con el
campo de valores fálicos como servir al hombre de amoroso consuelo
en la tristeza, «medicina en las enfermedades, [...] guarda de su casa,
muestra de sus hijos, provisora de sus excesos; y finalmente, en las veras
y burlas, en lo próspero y adverso, en la edad florida y en la vejez can-
sada, y por el proceso de todala vida, dulce amor, y paz y descanso».*
El odio de un hombre contra una mujer que, en un momento dado,
se sale del molde en el que encajan las «mujeres de valor», es causado
porella al reivindicar que su ser no se acoge a ningunasustancia, Este
objeto malo que se aparta de lo ajustado, al que se le acusa de mostrar
objetivamentela falla y de revelarse en ruptura con aquellos predicados
que hacen ver homogéneasa las mujeres en su forma de gozar, es el que
un hombre suele destruir de la manera más encarnizada.
Lo que pone en jaque a un hombre, sobre todo al tonto que se presta
«a que la mujer lo confunda con Dios, o sea, con lo que ella goza»*%, es
que el goce de esta no sea complementario tal como lo sueña el ton-
to sino más bien suplementario. Suplementario quiere decir que no se
orienta hacia el todo. A ella le gusta ser única e incluso es capaz de estar
del todo con él mientras se sienta enamorada, pero lo que no puede, en
tanto mujer, es formar Uno con su hombre en lo que al goce se refiere.
Hay enella en el plano del goce algo de más, no en el sentido de un plus
que sobre, sino de un goce que está más allá del falo.7% A la mujer que

68 Pray Luis de León, La perfecta casada, op. cit., 286.


69 Lacan, Aún, op. cit., 108.
70 Ibid., 89-90.

58
Goce femenino-amor místico-goce fálico: hombres y mujeres

hace valer ese de más en la relación de pareja es imposible amarla sin


también odiarla, en cambio a la que hace lo necesario por sujetar su goce
a su pareja es a la que menosse ama porque tampoco hay como odiarla.
Es raro, en el sentido de escaso, encontrar una mujer en quien no
se produzca un goce que sea incomprensible para un hombre, o a la
que manifiestamente ninguna locura la caracterice. Es raro que todo en
una mujer sea predecible y amable porque deella no se desprende sino
comprensión y dicha. En el lenguaje de Fray Luis, encontrar una mujer
de valor, o sea una mujer que toda ella se inscriba en el soberano bien
y se asuma enteramente como una súbdita del hombre, es como hallar
«una piedra oriental o un diamante finisimo o una esmeralda u otra
piedra preciosa de inestimable valor. Así que esta es la primera alabanza
de la buena mujer: decir que es dificultoso de hallar».” Para un hombre
ser buenole basta con «un bien mediano»”, fácil de obtener porque es
de su naturaleza «ser dotado de entendimiento y razón».”
En cambio el bien de una buena mujer, dada su escasez, tiene subi-
dos quilates y para un hombre tenerla es «poseer en ella un tesoro»y el
mejor lugar tanto de su corazón como de su alma deberáser deella. Si
una mujer no es perfecta, «no es ya mujer, sino alevosa ramera y vilici-
mo cieno, y basura la más hedionda de todas y la más despreciada».”*
«Porque el darse al afeite”, de ramera es, y no de buena mujer, como
claramente se ve, porque las que con esto tienen cuenta, no la tienen
jamás con sus casas».”* Merecedoras son, «no de una muerte, sino de
doscientas mil muertes, que se coloran conlas frases”? del cocodrilo, y
se untan con la espumade la hediondez, y que paralas albéñolas”* ha-
cen hollín, y albayalde para embarnizar las mejillas».”

71 Fray Luis de León, La perfecta casada, op. cit., 282.


72 Ibid,
73 Tbid,, 287.
74 Ibid.
75 Añadirlo postizoque destruye lo natural considerado hermoso porqueasí
lo hizo Dios.
76 Ibid., 340.
77 Excrementos.
78 Cejas.
79 Antífanes, citado por Fray Luis de Lcón, Ibid., 341.

59
Héctor Gallo

Es lo que hay de incontrolable e inútil en una mujer, o sea un goce


«del cual quizá nada sabe ella misma»*, a no ser que lo experimente y
le ocurra eso que la convierte en el objeto de odio del hombre, sobre
todo de aquel que se empecina en que su mujer debería permanecer
instalada en un sentido inamovible. No olviden que no pocas delas que
son muertas violentamente por hombres es cuando toman la decisión
de abandonarlos en definitiva y los hacen sentir despreciables porque
hay algo másallá de ellos que las hace gozar.
Es cuando una mujer se convierte para un hombre en ese ser que con
su goce incontrolable denuncia la coartada de los semblantes fálicos,
que despierta su ferocidad, sobre todo la de aquel para quien su vida
gira en torno, como dice Lacan, «de su pequeña familia»*! y de todo lo
que está alrededor de la misma parasuplir la relación sexual en cuanto
inexistente. Ese aspecto de una mujer que le mata a un hombrela ilu-
sión de queella forma incondicionalmente «parte de su mundo» y que
no dejará de ser lo más familiar, es la que en el inconsciente de un hom-
bre hay queatacar sin la menor clemencia. Cierto número de prejuicios
sociales sirven de asiento a este odio feroz y entre ellos se encuentran
los llamados prejuicios del machismo, que es a lo que ligeramente se
suele adjudicar el odio de un hombre cuando agrede a una mujer.
Una imagen del odiado goce femenino de una mujera la luz de Fray
Luis es la siguiente: «Conocí yo una mujer que cuando comía reñía, y
cuando venía la noche reñía también,y el sol, cuando nacía, la hallaba
riñendo, y esto hacía el disanto y el día no santo, y la semana y el mes; y
por todo el año no era otro su oficio sino reñir; siempre se oía el grito, y
la voz áspera, y la palabra afrentosa, y el deshonrar sin freno».?
La casa habitada por una mujer que deshonrae insulta sin freno, en
quienel grito, más la desenfrenada y continuacólera es lo que define su
ser de goce, sin duda «es una imagen del infierno». El goce femenino
referido a una mujer y esta vez no en relación a Dios como lo vemos en
santa Teresa y en san Juan de la Cruz, sino a su manera de conducirse
en la vida cotidiana con sus semejantes más cercanos y con su pareja,
es muy bien ilustrado por Fray Luis refiriéndose a esas mujeres bravas.

80 Lacan, Aún, op.cit., 90,


81 Ibid, 55.
82 Fray Luis de León, La perfecta casada, op. cit., 364.

60
Goce femenino-amor místico-goce fálico: hombres y mujeres

«Las causas de esta su desenfrenada y continua cólera, todas ellas son


razones de disparate: la una, porque le parece que cuando riñe es seño-
ra; la otra porque la desgració el marido,[...]; la otra, porque su espejo
no le mintió ni la mostró hoy tan linda comoayer, de cuanto ve levanta
el alboroto. A la una embraveceel vino, a la otra su no cumplido deseo,
y ala otra su mala ventura».*
Con el goce femenino no existe posibilidad de vivir en paz, enten-
diendo portal vivir en «sosiego y orden».** Sosiego, en el sentido místi-
co, quiere decir sin bullicio en el cuerpo y sin ferocidad en el alma, sin
desconcierto ni forcejeo. Orden remite a que las cosas permanezcan en
su lugar, que no sean movidas caprichosamente sino por alguna razón
comprensible. Entoncestanto el sosiego como el orden sugieren cierta
distancia propia del pudory respeto a un tercero, razón por la cual so-
siego y orden son externos al goce femenino en hombres y en mujeres.
Así como el amor cortés es para el hombre «la única maneradesalir ai-
roso de la ausencia de relación sexual»*", para el mistico la construcción
poética de una mujer de valor que se convierta en la perfecta casada,
es la única manera de no pasar por ningún riesgo al elegir una mujer.

Del Unoy el Goce

El psicoanálisis ha situado en varios registros lo que se ha dado en


llamarla dimensión del Uno. Es en primerlugar el Uno de la unidad fá-
lica, el Uno del falo que Lacan formaliza con el S, del significante amo.
Y es el Uno localizado,inscrito en el Otro del lenguaje, que hace posible
esta operación lógica. Diremos, a manera de hipótesis de trabajo, que
si el amor en la psicosis masculina no se inscribe en este Uno fálico es
debido a que evoca una fascinación por el sacrificio al goce del Otro.
Aquíel Otro es un Dios oscuro feminizado porque goza sin medida y
cae como una sombra sobre el ser al que aniquila.
Entonces el amor es psicótico cuando se vuelve un goce dondeel
Otro que goza como un Dios oscuro no «aparece velado por el Unofáli-

83 Ibid., 365.
84 Fray Luis de León, De los nombres de Cristo, op. cit., 396.
85 Lacan, Aún, op. cit., 85,

61
Héctor Gallo

co».* Este amor que se coloca por fuera de los límites de la ley, y donde
no es posible establecer una «relación vivible, temperada, de un sexo
con el otro»*, porque no interviene ese medio que Lacan denomina
metáfora paterna, supone, comoél lo indica, el hecho de que un sujeto
sucumba a «una captura monstruosa, ante la ofrenda de un objeto de
sacrificio a los dioses oscuros».**
Ahorabien,el amor de un hombre o de una mujer es místico cuando
ambosse sitúan del lado del no todo fálico. Los hombres místicos pare-
cen llevarse muy bien con el no todo femenino, pues a pesar de que los
incomoda el falo para colocarse del lado del no todo fálico, «sienten,
vislumbran la idea de que debe de haber un goce que esté más allá. Eso
se llama un místico».* Lo femenino del hombre místico está entonces
en el hecho de estar muy bien, tanto como las mujeres, en el hecho de
suponer que másallá del semblante fálico hay otro goce, «un goce otro
que no está ordenado porla función fálica»” y al cual habrá que hacerle
frente porque puede presentarse bajo la forma de ur amor cuya signi-
ficación essin límites.
El sacrificio al que es invitado el místico en función de sentir un
goce que está más allá, nos permite ilustrar eso que Lacan afirma en el
Seminario 11: que «el sacrificio significa que, en el objeto de nuestros
deseos, intentamos encontrarel testimonio de la presencia del deseo de
ese Otro que llamo aquí el Dios oscuro». Si bien en el amor siempre
se tiende al sacrificio porque es lo que se pide a cambio,la posicióndel
sujeto no es la misma en todoslos casos.
Lo que detiene el sacrificio en el amor neurótico y permite que este
no se oriente hacia un goce ilimitado es la intervención de la metáfora
paterna que atempera. En el caso de la modalidad de amor místico, del
que datestimonio Fray Luis, el alma sujeta a Dios no va hasta el muero

86 Ibid., 115.
87 Jacques Lacan, Los cuatro conceptosfundamentales del psicoanálisis, El se-
minario 11, Buenos Aires, Paidós, 2003, 283.
88 Ibid., 282.
89 Lacan, Aún, Op.cit., 92.
20 Miquel Bassols i Puig, Llull con Lacan, El amor, la palabra y la letra en la
Psicosis, op. cit., 127. :
91 Lacan, Los cuatro conceptosfundamentales del psicoanálisis, Op. cit., 283,

62
Goce femenino-amor místico-goce fálico: hombres y mujeres

porque no muero de santa Teresa y san Juan de la Cruz, pues dicha alma
es mirada por su dueño «amorosa y dulcemente». Esta mirada, que
nada tiene de perversa porque implica un límite, se opone a la mirada
del Dios oscuro que aparece llena de fiereza cuando es hecho enojar.
«Porque como Dios enojado y enemigoesterrible, así amigo y pacifico
es liberal y dulcísimo».”
La mirada benigna del Dios con quien lo conserva como amigo hace
desparecer la dimensión de monstruosidad a la que podría conducir
la obediencia incondicional del amor místico. Lo quese instala en lu-
gar de la monstruosidad en el amor místico es una dimensión trascen-
dental que, si bien implica un goce femenino del lado místico, tiene la
particularidad de pacificar el alma en lugar de desordenarla y hacer
del cuerpo un lugar de desasosiego. Se deduce que no siempre el goce
femenino supone un más allá monstruoso, también supone un másallá
trascendental y sublime, que es hacia el que apunta el místico y que
hace, como dice Lacan, que noporello deje de irle bien.”
Tenemos, por un lado, un goce ordenado, tomado y regido por la
funciónfálica que se inscribe en el mundo simbólico y respeta ciertos
límites y, por otro lado, un modo de gozar que excedelos límites del falo
y del que también pueden participar los hombres, sin necesariamente
haber caído en la psicosis ni haberse entregado a Dios en el sentido de
la mística clásica. Dice Lacan queel testimonio esencial del místico, es
decir, aquello que lo define comotal, es justamente decir que siente un
goce, «pero que no saben nada».** Es una experiencia de la que se da
testimonio mediante la escritura, pero que no se deja formalizar para
que sea transmitida como un conocimiento; de ahí que es inexplicable.
De acuerdo con lo dicho hasta aquí, puede afirmarse que si bien en
el amor místico el sujeto tiende a perderse en el Otro, porque sigue
el empuje a lo Uno que anima al amor, tampoco hay que equipararlo
en todos sus aspectos al amor loco. Aquí el amor es unaviolencia, un
languidecer, una herida y una muerte, es un amor-goce porque es sufri-
miento. El amante no sufre en el amor loco, como si sucede en el amor
místico, por la ausencia del objeto amado, porquele falte su mirada, su

92 Fray Luis de León, De los nombres de Cristo, op. cit., 400.


93 Véase Lacan, Aún, op.cit., 92.
94 Tbid., 92.

63
Héctor Gallo

«cautiverio suave», su «mano blanda»y «toque delic


ado»”, sino fun-
damentalmente por su presencia. El amor loco es un amor
hiriente,
violento, que vence y aniquila al ser, un amor en el cual
es imposible
que el amante encuentre la paz al lado del amado.
Al ser el amor loco un amor quese constituye como enemi
go, puede
aparecer fácilmente la opción de la muerte por amor o el
asesinato pa-
sional en el cual se golpea al objeto único del amor y el odio.
En estos
casos el amor se vuelve una enfermedad de amor, cuyas reson
ancias, sin
que sea lo mismo,la encontramos en el «muero porque
no muero» de
Santa Teresa y san Juan de la Cruz en el siglo XVII. Pero el
ideal místico
nadatiene que ver con eso que se padece en el amor loco,
que es ese
amor en cual suele aparecer implicadala tragedia porqu
e se anuda a las
llamadas atracciones peligrosas y fatales en las que se vive
lleno de im-
paciencia y desasosiego, sino que evoca una manera
de vivir «concerta-
da y pacíficamente consigo mismo,sin que el miedo nos
estremezca ni
la afición nos inflame, ni nos saque de nuestros quicio
sla alegría vana
ni la tristeza, ni menos el dolor nos envilezca, y
encoja».%
El efecto sobre el sujeto de esa violencia de amor, a
la que venimos
haciendoreferencia, se puede designar con la expresión
falta de ser que
golpea conel significante al ser del sujeto, $ (S tachado),
carencia y
marca que constituye su división primera como
ser de lenguaje. «El
amor loco, imprudente, ciego y precipitado encarna aquíl
a figura de un
imperativo que empuja necesariamente al sujeto más
allá de su bien, y
de la normalidad del sentido común, en nombre de una
ley antinómica,
contradictoria, pero no necesariamente irracional».?

95 Véase san Juan de la Cruz, Llama de amor viva,


Canciones del alma en su
íntima unión en Dios, su esposo amado, Op. cit., 106.
26 Fray Luis de León, De los nombres de Cristo, Op.cit., 397-39
8.
27 Miquel Bassols i Puig, Llull con Lacan, El amor, la palab
ra y la letra en la
Psicosis,op. cit., 119.

64
La feminidad y la histeria

Juan Fernando Pérez

¿Y el histérico macho?
Nose encuentra ni uno que no sea hembra.
Jacques Lacan

Enseñanza de Charcot en la Salpétriére. El profesor muestra a sus estudiantes


(entre los cuales figura Joseph Babinski a la derecha del cuadro)
su más fiel paciente, “Blanca” (Marie) Wittman, en crisis de histeria.
Detalle del cuadro de André Brouillet, Una lección clínica en la Salpétriére, 1887.

65
Juan Fernando Pérez

> E

Histéricas bajo hipnosis en la Salpétriére por D.M. Bourneville et P Régnard


(1876-1880)

1.- Introducción

El propósito aquí es examinar algunosaspectosrelativos a la histeria


en tanto plantea la pregunta por la feminidad. Es claro quela relación
queexiste entre los dos hechos es muy profunda;ello ha implicado para
el psicoanálisis que hablar de este tipo clínico es, de una u otra manera,
hablar de lo femenino. De todas formases posible anotar que esarela-
ción siempre ha estado presente a lo largo dela historia de los pueblos,
en muy diversos contextos culturales, aun cuando sin conseguir esta-
blecerse, antes del psicoanálisis, que la distinción entre posiciónJfemeni-
na y mujer era una clave decisiva para entender algunos de los enigmas
que planteala histeria.
Enel contexto de esta exposición, y antes de otras consideraciones,
conviene recordar que la histeria es el campo clínico y humanoen el
cual se construyó el psicoanálisis. Este hecho permite reconocer al me-
nos tres puntos de interés para el examen del problema indicado:
Uno. La histeria sigue siendo hoy un tema de trabajo fundamental
para el psicoanálisis. Lo han mostrado, por ejemplo, algunos trabajos
recientes en la AMPen el examen del goce de Dora. Así que, por enci-
ma del desdén dela psiquiatría contemporánea porla histeria, o de los
esfuerzos de trivialización que a veces se hacen deeste tipo clínico,este
sigue siendo un campo deinvestigación y de trabajo clínico constante
paralos analistas de hoy. En ese sentido, conviene recordar que es desde
allí desde donde se han producido no pocas desus tesis principales.

66
La feminidad y la histeria

Lo anterior hace posible indicar la existencia de una tendencia con-


temporánea a olvidar, incluso por algunos psicoanalistas, la histeria
como problemática que tiene una unidad; o a hacer del término un uso
banal o aun ridiculizante del mismo. En ese orden de ideas es conve-
niente recordar, por ejemplo, que conel llamado segundo Lacan aparece
lo que este llamó el discurso histérico, lo cual implicó hablar de uno de
los cuatro discursos posibles, con lo que eleva la histeria a la dignidad
de asunto fundamental de la condición humana.
Dos. Señalar quela histeria es el campo dondese construyeel psicoa-
nálisis implica en especial subrayar que este es un campo donde florece
lo que Freud llamó el inconsciente, donde este resultó ser más suscep-
tible de ser reconocido que en otros tipos clínicos; de todas formas,
Freud se ocupó de ir avanzando, poco a poco, hasta definir que cada
rincón del alma humanaestá afectado, regido por lo inconsciente, esto
es, por aquello que definió como «un saber que se sabe, pero que no se
sabe que se sabe»; esto se hace elocuente en la histeria. Ha de saberse
entonces que lo inconsciente es desde Freud ante todo un saber.
Tres. Destacar que la histeria es el campo clínico donde el psicoaná-
lisis se construye, implica igualmente señalar que es desde allí desde
donde el psicoanálisis pudo y quiso reconocer la dignidad de las mu-
jeres, dignidad que ciertamente todas las épocas de una u otra manera
habían desconocido, menospreciado y aplastado, en especial cuando
ellas se hacen francamente histéricas.
Es claro que al conceder la palabra a las histéricas, como lo hace
Freud ya a finales del siglo XIX, contra la idea imperante de encerrar-
las, de hacerlas callar (como era la forma de tratarlas en el siglo XIX
y aun en buena parte del XX. Todavía hoy esto se hace cuando, bajo
diagnósticos apresurados, se sigue confundiendola histeria con alguna
formade psicosis, por ejemplo!), Freud da un paso esencial en cuanto

1 Alrespecto el documentado estudio de J. C. Maleval, Locuras histéricas y


psicosis disociativas (Paidós, Argentina, 2004), es una referencia importan-
te. Allí se muestra, con precisión teórica y clínica, casos de locuras histéri-
cas que apresuradamente muchos confunden con psicosis. Por lo demás,
es claro que hoy se fortalece la tendencia a hacer dela histeria nuevamente
un fenómeno orgánico (bajo otros nombres), comolo fue antaño, cuando,
por ejemplo, un Sydenham en el siglo XVII proponía como tratamien-
to para la histeria la mera utilización del hierro. (Ver T. Sydenham, «La
afección histérica». En: AA.VV. Las histerias, Nueva Visión, BuenosAires,
1975, 87-92),

67
Juan Fernando Pérez

hace al avance de las posibilidades de las mujeres en la vida humana.


Y esta posición freudiana es necesario reconocerla en tanto, como dice
Lacan, siempre se ha logrado difamar a las mujeres. Y ello concierne
desde luego también a los hombres, tanto por difamadores como tam-
bién por estar constituidos de alguna forma por lo femenino, como ya
lo ha destacado el psicoanálisis.
Ahora bien, el término «difamar» Lacan lo utilizó para situar con él,
desdela histeria, asuntoscapitales relativos a las mujeres, a lo femenino,
a través de un juego de palabras que en francés remite al menosa tres
hechos: uno, a la relación de lo femenino con el amor; dos, al alma fe-
menina(es decir 4me en francés, que se halla en la palabra «diffámer»,
tal como la escribe Lacan); y tres, a lo que es la posición “nor-mále”
(nor-mal, nor-macho, sería el sentido que Lacan invita así a considerar
en torno al término «normal», el cual tiene también algunas resonan-
cias que llegan hasta el inglés) en la historia ante las mujeres, difamar-
. PA

las, y por tanto el ser infame (in-f-áme, in-femme, in-(f)-aimer), desde


uno u otro lugar.
Conviene añadir que, a pesar de quela histeria no sea un término
de origen psicoanalítico, hoy por hoy la histeria se va convirtiendo en
un concepto casi exclusivamente psicoanalítico, en la medida en que
la psiquiatría contemporánea lo ha abandonado.Esta la partió, la des-
cuartizó en problemas diferentes y de esta manera expulsó el vocablo
de su ámbito.
Para avanzar en el examendela histeria en su relación con lo feme-
nino, es posible considerar algunas figuras que permitensituar algunas
de sus lógicas. Veamos.

2.- Acerca del lugar de la histeria en la


cultura humanay en la psiquiatría

2.1.- Poseídas y brujas o del goce histérico

Algunas de las imágenes más conocidas de la histeria son las de la


llamada mujer poseída y la de la bruja; son dos tipos de mujeres que
se les encuentra en diversos contextos culturales, hecho en sí mismo
altamente significativo, en especial por cuanto permite señalar que estos
tipos de mujerestrascienden en cierta manera las fronteras históricas y

68
La feminidady la histeria

culturales y, por tanto, permiten reconoceralgo del orden dela estructu-


ra. En amboscasos se trata de esas presuntas aliadas de poderes secretos,
tantas veces referidos al mal, y las cuales, si bien muy próximasentresí,
difieren por un rasgo que conviene destacar y ser tenido en cuenta.
Tales mujeres son descritas en múltiples relatos (leyendas, descrip-
ciones antropológicas o históricas, cine y aun en noticieros de televi-
sión). A las primeras, convulsionando en ataques extravagantes, «in-
conscientes» como se dice, agitadas por fuerzas fuera de su control,
como si estuvieran en efecto poseídas por seres extraños, a los cuales
se les atribuye la causa de sus ataques; entonces, su dolencia mismase
hace prueba de algún trato secreto con el mal. A lasotras, a las brujas,
se les representa a menudo en medio de sus pócimas, con sus bolas
de cristal y otros atributos, más serenas que las poseídas, pero aun así,
en ciertos momentos especiales, capaces de entrar en trances y éxtasis
singulares que les permiten establecer nexos con señores oscuros que
solo ellas logran reconocer y escuchar, para de esta manera lograr hacer
emerger algún objeto mágico, hacer gala de algún sortilegio, de un sa-
ber sanador, o también a veces pernicioso, en una demostración de que

A
poseen un saber sobre hechos ignotos. Se podría decir de ambas que
son la inversa de las místicas y que, sin embargo, tienen con estas una
proximidad plena de interés clínico y teórico.
Ante las primeras, mujeres frenéticas, a menudo se presenta un re-
presentante del discurso del amo que exorciza, que pretende curar, el ;;
que a veces acoge pero también que tantas veces condena, cercena y
mata. Algunas de las posesas, apoyándose en un proceso subjetivo es- E
pecífico, logran a veces escapar de los señores del bien para llegar a -*
construir y sostener un tipo especial de relación con el Otro, lo que es >
determinante en un proceso que va de ser solo una posesa parallegar a...
convertirse en una maga. Terminarán entonces haciéndose sacerdotisas
de fuerzas extrañas, con poderes para revelar o comunicarse con el más
allá, con lo oculto o lo malvado; en síntesis, brujas. Para su infortunio,
comose sabe, muchasdeellas finalmente terminan en las hogueras, en
las cárceles o en los hospitales mentales, en especial cuando retornan a
una beligerancia excesiva, a la extravagancia y a la inconsciencia,
En ellas un hecho es notable: la fuerza de un goce singular el cual
conviene subrayar comoel núcleo dela histeria. Es un goce que, como
se ve, está definido por el exceso, se presenta como desenfreno, como

69
Juan Fernando Pérez

entrega a un caprichosin límites con apariencias de simulación, y tam-


bién como visión del más allá, como si un saber desconocido les habi-
tara para entregarse plenamentea él. La bruja, a diferencia de la posesa,
en una defensa radical pero ladina de ese goce, se torna hacia ciertos
confines de la vida colectiva como una forma de mantener algún víncu-
lo social, es decir, no para no dejarse engullir en forma absoluta por su
real, por su goce nuclear. Reténgase este hecho que dice no pocas cosas
de lo queesla histérica, tal como muchas veces se presenta en los es-
cenariosclínicos, con sus cortejos sintomáticos generalmente cruzados
por alguna dificultad importante con el cuerpo,la cual Freud llamó en
formadiciente «conversión»,
Cabeindicar al respecto que los muchos estudios existentes sobre el
tema, desde diversos ángulos (antropológicos, históricos, psiquiátricos
u otros), en general solo logran inscribir el fenómeno en coordenadas
culturales, o producir una descripción de una excelente factura, pero
que tantas otras no van más allá de rozar lo decisivo del problema,es
decir, ese goce en juego en tal fenomenología. En ocasiones, cuando
esas descripciones llegan a la excelencia van un poco máslejos de las
reducciones usuales que hacen delas histéricas simples simuladoras,y
entonces abren la posibilidad de pensar en tales casos, por ejemplo, la
Moo función del semblante como forma de relación con la verdad.
Pm
Son un poco menos interesantes esos trabajos que solo buscan el
lr m5

Him señalamiento de las formas de remediar tales excesos, en la mera bús-


po queda pragmática de construir fórmulas para enfrentar el frenesí histé-

rico, o aun aquellos que básicamente buscan defender tradiciones. No
21m obstante, en algunas de esas descripciones es posible reconocer que lo
que está en juego en el asunto es una cierta apropiación precoz y sig-
nificativa de la sexualidad por parte de aquellas mujeres. Ello incita a
preguntarse acerca de qué es lo que la histérica revela que la cultura
(hombres y mujeres en general) no desea saber y que más bien prefiere
acallar con el silencio, con la interpretación funesta que desemboca en
el encierro o aun con la muerte. Para decirlo brevemente con Lacan,lo
que eso revela es la presencia de un goce singular que puede nombrarse
comoel gocefemenino.
Porlo dicho, la histeria ha obligado entonces, poco a poco, a forjar
un saber sobre ese discurso, por ejemplo definirla como un hechore-
lacionado con la sexualidad. En ese sentido, durante siglos se le pensó

70
La feminidad y la histeria

como una dolencia que solo las mujeres podrían padecer, por lo que
siempre hubo extrañeza de que se hablase de histeria masculina.?
La histeria entorices como fenómeno (así no se le nombre con este
término) es conocida desde siempre; en casi todas las culturas hay
noticias de la misma, teorías acerca de sus causas y tratamientos para
combatirla. En múltiples contextos geográficos e históricos ha habido
mujeres que sufren de parálisis más o menos inexplicadas, de ataques
que conllevan desmayos, vómitos y gritos estridentes, además de otras
perturbaciones de la conciencia, de visiones y pérdidas de la visión, de
afonías y de otros síntomas que han hecho de este tipo de mujeres un
motivo para pensar la feminidad como algo más o menos próximo al
mal, como algo que es necesario domesticar y mantener férreamente
bajo prohibiciones y sanciones corrosivas.
En esa perspectiva, y ya desde tiempo atrás, el término de histeria
se halla asociado conla sexualidad femenina especialmente, lo que no
debe sorprender. Es sabido que histeria como término se refiere a una
enfermedad originada en el útero (votépa, hysteron) y, por tanto, dado
lo que significa ese lugar del cuerpo, es en función del mismo que han
sido construidas teorías y prácticas para curarla. Así, se conocen prácti-
cas antiguas muy singulares destinadas a detener los comportamientos
o síntomas histéricos, como la siguiente referida por algún autor no
precisado en internet: «desde hacía cerca de mil años atrás [se puede
suponerquese refiere a la Edad Media], los médicos trataban a sus en-
fermas por medio de masajes de clítoris hasta que conseguían alcanzar
el orgasmo, momento en que aplacaban su mal».*
Valdría la pena detenerse en otra ocasión en este breve relato, revela-
dor en másde un sentido,tanto en cuanto a la naturaleza del fenómeno
como acerca de las técnicas empleadas para remediarla.

2 Esta fue negada incluso contra muchas de las evidencias que la hacían vi-
sible, o contra algunas de las autoridades del discurso dela ciencia que las
proclamaron como indudablementeciertas, como Kraep elin, por ejemplo.
Cabeasíinsistir en que esa manera de pensar lahisteria procede del hecho
de que en general siempre se identificó a la posición sexual con la natu-
raleza anatómico-fisiológica del sujeto en cuestión; pero es mucho más
claro hoy que, más que la naturaleza biológica, son las experiencias más
singulares y propias de cada sujeto lo decisivo al respecto,
3 http://es.wikipedia.org/wiki/Histeria.

71
Juan Fernando Pérez

Igualmente es muy elocuente una referencia a la histeria de Platón


en el Timeo (91cd), en donde señala algo que permite varias conside-
raciones. Dice así: «El útero es un animal que desea engendrar hijos.
Cuando éste permanece estéril mucho tiempo después de la pubertad,
se vuelve inquieto y avanza a través del cuerpo, cortando el paso del
aire, dificultando la respiración y provocando grandes sufrimientos de
todo tipo de enfermedades»,
Es claro entonces que para los clásicos, como para otros pueblos y
periodoshistóricos, la relación entre histeria y sexualidad femenina era
clara y que las dificultades que las mujeres tuviesen con la sexualidad
eran consideradas como la causa de síntomas diversos. No obstante,
cabe añadir que, como fue señaladoatrás con la referencia a Sydenham,
el proceso de conversión de la medicina en unateoría y en una práctica
científica a partir del siglo XVI, hizo que viera en la histeria progre-
sivamente solo otra enfermedad orgánica más. Son las paradojas que
esta plantea a la práctica médica moderna, las que hacen que Freud se
separe de ese paradigma e interrogue su mero estatuto de enfermedad
del organismo y amplíe con ella la mirada del cuerpo, más allá de su
carácter, si se quiere maquinal.

2.2.- Las histerias. Sus variantes y las épocas

Conviene ahora considerar otras formasde la histeria para ubicar lo


que hoy es el discurso dominante ante la misma, es decir la psiquiatría
contemporánea. En ese sentido ha de indicarse lo siguiente:
Es conocida en los ámbitos de la Orientación Lacaniana la expresión
«psicosis ordinaria»; fue introducida en el psicoanálisis por J.-A. Miller
a finales del siglo pasado para describir las psicosis estabilizadas, no
desencadenadas; es propuesta por oposición a lo que Miller llamó tam-
bién «psicosis extraordinarias», es decir (y como se dice popularmente)
los llamados «locos de amarrar». Las psicosis ordinarias son aquellas
que solo son reconocibles gracias a la agudezadel clínico; son personas
que van porla vida relativamente bien adaptadas al curso corriente de
las exigencias sociales sin mostrar demasiado su locura subyacente, si
bien no dejan de tener rarezas más o menos sutiles en el lazo social,
en el lenguaje, en su posición ante el cuerpo propio o en otros planos
de sus relaciones con la vida. Pero en ellas no hay delirios muy visi-

72
La feminidady la histeria

bles, ni trastornos mayores o muy estridentes, ni irracionalidades muy


manifiestas; estos fenómenos en verdad son casi imperceptibles para
muchos, y tales psicóticos disponen de lo que se conoce como una su-
plencia del Nombre del Padre, lo que les permite cierta estabilidad.
Y bien, a propósito de la histeria, parece existir una clara pertinen-
cia para su cotejo con las psicosis ordinarias y extraordinarias. Así, de
una parte, hoy por hoy (aun cuando siempre han existido) existe un
buen número de hombres y mujeres en posición femenina, que son
los que podríamos llamar histerias ordinarias, esto es, personas cuyos
embrollos con el cuerpo son moderados, más o menoscotidianos y ma-
nejables, sin que exijan medidas muy importantes (dolores de cabeza,
fatigas moderadas no explicables, mareos bajo circunstancias relativa-
mente cotidianas, ocasionales accesos repentinos de pesadas somno-
lencias, cierta abulia circunstancial, molestias menstruales recurrentes,
ataques súbitos de llanto, etcétera, junto a un cierto cuidado más o me-
nossignificativo y singular del cuerpo). Y al lado deello, caprichos ba-
nales, obsesiones contenidas por la otra mujer bajo la forma de celos y
envidias, no pocas veces soledad afectiva y otros fenómenos, definidos
en torno a las diversas formas de la insatisfacción que le es propiaa la
histérica frente al vivir corriente,
Y, de otra parte, pueden mencionarse las posesas como referencia, y
en general las llamadas «histerias mayores», las cuales son lo que pue-
den considerarse como casos de «histéricas extraordinarias».
Lo anterior quiere decir que hoy, en cierto sentido, son visibles lo que
denomino aquí «histerias ordinarias», a diferencia del siglo XIX y de
una parte importante del siglo XX, cuando eran las «histerias extraor-
dinarias» quienes llamaban la atención de todos y resultaban casi una
epidemia. Al tratar de reconocer un caso de «histeria ordinaria»,sería
posible hablar de la Dora de Freud de antes del desencadenamiento de
la neurosis, es decir, de aquella muchacha tal comosele veía antes de lo
que se conoce como«la escena del lago». Esta, hasta ese momento, tenía
una vida más o menos tranquila y sosegada, o como dice Lacan «bien
equilibrada». Ciertamente había tenido crisis pasajeras de tos nerviosa,
momentos de disnea u otras conversiones no muy comprometedoras
para la vida regular. A la par, Dora se consagraba en sus vacaciones,
muy juiciosamente, al cuidado de los hijos de la familia K, veía a su
padre comoel objeto de su amory atendía sus deberes sin queja mayor.

73
Juan Fernando Pérez

Pero de repente sucede lo que Freud llamó«el episodio del lago», y todo
cambió en su vida. Su carácter se torna muydifícil, presenta una afonía
total, la tos se agrava, evita el trato social, hay desmayos acompañados
de amnesia y redacta una carta amenazante, despidiéndose de la vida
y de sus padres. Dicha carta, por lo demás, la ocultará de tal manera
que sus padres puedan hallarla. La histeria se hace, a partir del hecho,
extraordinaria y por tanto másvisible.
Es llevada por su padre para que Freudla trate, contra su voluntad, e
inicia un análisis que Freud llama «fragmentario»; este dura tres meses,
a razón de cinco sesiones por semana.
Teniendo en cuenta lo que aquí se viene señalando, cabe preguntarse
porlo que sucedió en el lago, episodio vivido específicamente por Dora
con el Sr. K. Al respecto es posible señalar que hasta que se presentan
las circunstancias de tal escena, es decir, de lugar, soledad de los dos
personajes y aparente disposición de cada uno para una aproximación
romántica, se había dado entre ellos solo un galanteo más o menos su-
til; en las circunstancias del paseo por el lago ese galanteo se hace fran-
co y sin ambigijedades de parte del Sr. K. Este demanda un beso a Dora,
en la convicción de que recibiría una respuesta positiva y se iniciaría de
esta manera un romance entre ellos. Dora había permitido, en efecto,
algunas aproximaciones de parte del Sr. K y tales hechos le permitían
presumir que ella aceptaría en adelante ser su amante. Por su parte,
Dora concluye en tales circunstancias que su padre ha urdidola trama
para entregarla allí al Sr. K a cambio de quela Sra. K se hiciera el objeto
amoroso del padre. El melodrama de equívocos estalla; Dora responde
con una bofetada, y lo que sigue para ella es la denuncia de la conducta
del Sr. K y el escándalo; así se produce el desecadenamiento de la histe-
ria, la cual ha sido objeto de tan diversos comentarios y controversias
en la historia del psicoanálisis.
De acuerdocon lo señalado, resulta posible indicar que hay entonces
formasdela histeria discretas, que parece pertinente llamarlas ordina-
rías, y otras que bien pueden llamarse extraordinarias en tanto son pro-
piamente hablando histerias desencadenadas. Hoy es posible reconocer
ambas formasde histeria, aun cuando sus manifestaciones han cambia-
do, en particular las de las histerias extraordinarias.
En una conferencia en Bruselas, en 1977, Lacan se preguntaba:
«¿Qué fue de las histéricas de antaño, de aquellas maravillosas muje-

74
La feminidad la histeria

res, las Anna O, las Emmy von N?» Y agregaba un poco más adelante:
«¿Qué sustituye actualmente a los síntomashistéricos de otro tiempo?
¿No se ha desplazadola histeria en el campo social?»*
A tales preguntas es posible responder indicando que, en efecto,la
época actual ha desplazado sus manifestaciones en lo relativo al campo
social a través de expresiones acordes con la época; de aquellas formas
estridentes de otro tiempo que, por ejemplo, le permitieron señalar a
Lacan un rasgo propio del carácter histérico, es decir ese «descollar por
lo insoportable», o que hacía incluso pensar en que existiera la «psicosis
histérica» paralas histerias extraordinarias, se ha llegado a la construc-
ción de una sintomatología de apariencia más médica, si se quiere, a
partir de esa relación con el saber propio dela histeria. Así, hoy esta
presenta una serie de fenómenos en el cuerpo, amén de otras formas
de relación con la vida, que la medicina ha acogido para hacer de ellas
patologías propiamente médicas, bien sea de tipo neurológico, cardio-
lógico o psiquiátrico, las que sin embargo aun los psiquiatras de hoy
prefieren que no sean designadas como histerias, sino bajo vocablos
médicos contemporáneos. Se trata de cuadros que, según la medicina
actual, requerirían, por su urgencia o por la complejidad de sus ma-
nifestaciones corporales,tratamientos estrictamente médicos, manejos
medicamentosos muy especificos. Se habla entonces de disautonomía,
de fatiga crónica severa, de fibromialgia, de ciertas modalidades llama-
das bipolares, de algunas anorexias graves y aun de ataques de pánico,
nombradastodas ellas como problemáticas especificas y ajenas al cam-
po dela histeria, dado algún fenómenovisible. No obstante, cada vez
que es posible escuchar pacientes de tales características se puede re-
conocer en ellas una histeria desencadenada, muchas veces de tiempo
atrás, las que han llegado, por la vía del manejo médico, a ser a veces
de tipo incluso quirúrgico, a situaciones donde la problemática ya exige
cuidados médicos especiales, sin que haya sido consideradaallí que la
palabray la escucha sean indispensables en tales casos. Por el contrario,
muchas veces ello les ha sido obstruido o tan solo reducido a una co-
municación de meras informaciones generales.

4 J. Lacan, «Consideraciones sobre la histeria».Conferencia en Bruselas,


26 de febrero de 1977. Consulta en línea: http://www.blogelp.com/index.
php/consideraciones-sobre-la-histeria-jacques

75
Juan Fernando Pérez

En cuanto las histerias ordinarias de hoy, es decir, a aquellas muje-


res algo conversivas pero de vida relativamente equilibrada, ya descritas
atrás, se hayan marcadas de todas formasporla insatisfacción propia de
la histeria, pero que bajo ciertas circunstancias llegan a desencadenar
propiamente su neurosis y se hacen en tales casos histerias extraordi-
narias. Están marcadas por esos rasgos que Lacan supo extraer de la
casuística histérica, bien sea ordinaria o extraordinaria, en particular su
carácter paradójico ante el goce, el que a la vez promueve, tanto como
goce de ser una mujer, como goce de ser la mujer de un hombre; lo que
la conduce a una posición paradójica de insatisfacción que a su vez le
impone una demandasignificativa al otro.
Y al respecto P. Naveau, en el artículo citado, precisa: «En la partida
quese juega entre los hombres y las mujeres, se trata de sabersi la his-
térica eligió o no jugarel juego. Así, el goce se divide. Hay, allí donde la
mujer está sola, un goce fuera del juego y cuyo erotismo se torna hacia
el cuerpo propio. Y hay otro goce que es, al contrario, puesto en juego
por la mujer, y cuyo erotismo, se torna, esta vez sí haciala relación en-
tre dos cuerpos que se encuentran y se estrechan. El goce dos es aquel
de una mujer que, dice Lacan “se satisface del goce de un hombre”, de
aquel, por consiguiente, cuyo resorte es la castración».
A partir de lo anterior pueden destacarse al menos dos puntos. En
primerlugar, que es esta últimala forma más específica de una posición
femenina neurótica corriente. Y desdeallí cabe indicar que la posición
femenina neurótica equivale por tanto a la histeria ordinaria.
Y, en segundo lugar, cabe destacar esa situación paradójica ante el
goce que describe Naveau con precisión. Al respecto bien puede recor-
darse el caso mencionado por Freud, en un pequeño flash clínico, de
aquella mujer histérica que alguna vez asistió y la cual, en un ataque
con pérdida de conciencia, convulsionaba y a la vez tenía una conducta
elocuente al respecto: con una mano se bajaba la falda y con la otra
se la subía, La referencia al planteamiento de Naveau resulta allí muy
esclarecedora, pues muestra bien la paradoja de la histérica ante lo que
Naveau llama «los dos goces de la histérica». Por lo demás este hecho

5 Pierre Naveau, «Le deux jouissances de l “hystérique». En : La Cause freu-


dienne, No. 71, 2009, Navarin éditeur, 131.
6 Ibid, 131. La traducción es de Juan Fernando Pérez.

76
La feminidad y la histeria

va a permitirle a Lacan situar con toda precisión lo que él llamóla di-


visión subjetiva (tema que hace que introduzca, como fundamento de
la estructura del sujeto, dicha división; por tanto que admite ser escrita
como $), y considerar así cómo la operación analítica realmente se co-
mienza a producir cuando el sujeto se halla histerizado, es decir dividi-
do, angustiado con su propia división y en búsqueda de un saber acerca
de sí, que dé cuenta al menosdeesa división entre tales goces.

77
Feminidad y “feminicidio”

Mario Elkin Ramírez

Introducción

Enel título de este curso, «Lo femenino no es solo cuestión de muje-


res», se anuncia una diferencia implícita entre femenino y mujer, por lo
que lo femeninono es solo cuestión de mujeres sino también de hom-
bres. Dicha fórmula nos remite, en su reversibilidad lógica, a otra fór-
mula paralela e igualmente implícita en ella, a saber, que lo masculino
no es solo cuestión de hombres, también es algo que concierne a las
mujeres, esto es, que existen mujeres masculinas y mujeres femeninas,
del mismo modo que existen hombres masculinos y hombres femeni-
nos. Lo cual nos lleva a precisar qué entendemos en psicoanálisis por
masculino y femenino. En efecto, mientras que los términos hombre y
mujer son construcciones culturales, sea fundamentadas en el género
o en la biología, en psicoanálisis masculino yfemenino son posiciones
sexuales del ser. Es lo que pretendo esclarecer en la primera parte de
mi título «feminidad», siguiendo algunos desarrollos lógicos de Jacques
Lacan, para luego tratar de demostrar una hipótesis respecto al segun-
do término: «feminicidio».

79
Mario Elkin Ramírez

Enaras del tiempodeesta exposición respecto a la complejidad del de-


sarrollo, presento desde yala hipótesis. En jurídicafeminicidio designa el
crimen ejercido sobre una mujer por su condición de mujer como causa.
La hipótesis que sostengo es que en el feminicidio aquello que se quiere
matar es lo femenino que hay en una mujer. Pero dado que en psicoaná-
lisis lo femenino no es solo cuestión de mujeres, esa hipótesis se puede
extender a aquellos crímenes contra homosexuales, exterminados por su
condición. También en ellos lo que se quiere asesinar es lo femenino.

Lo femenino

Sigmund Freud pensaba que enla infancia de todo sujeto había una
bisexualidad psíquica originaria y que luego había una elección de un
sexo de acuerdo a identificaciones sociales, primordiales, que incons-
cientemente hacía queel sujeto escogiera, por ejemplo, la masculinidad
y reprimiera su feminidad o eligiera la feminidad y reprimiera su mas-
culinidad. Pero reprimir no es igual a suprimir. Desde el inconsciente
lo reprimido retorna; luego entonces en un hombre identificado con
una posición masculina y que reprime su feminidad, esta retornará
desdeel inconsciente bajo la forma de síntomas, lapsus, sueños O com-
portamientos femeninos, verbigracia, cuando se halla bajo el efecto de
sustancias alcohólicas o tóxicas que relajan la represión.
La feminidad reprimida en un hombre podría dar lugar a una homo-
sexualidad inconsciente, aunque no únicamente. No hay que olvidarel
reconocimiento que hace Freud de la homosexualidad reprimida como
la base pulsional de uno de los valores fundacionales dela civilización,
la amistad.
En distintos momentos de su obra Freud ensaya definir fallidamente
lo femenino, lo asimila a la pasividad, a la maternidad,a la histeria. El
Edipo mismo fracasa en su intento de definición de la feminidad. Lue-
go, entonces, definir lo masculino y lo femenino exige ir más allá dei
Edipo. Se conoce la anécdota de Freud quien, al final de su vida, le con-
fiesa a Marie Bonaparte que nunca pudoresolver el enigma ¿qué quiere
una mujer? Ese «continente negro», como se decía entonces cuando
África permanecía inexplorada, siguió siendo un enigma para él hasta
su muerte, Pero hay que decir que es un enigma que hoy noslo segui-
mos preguntando, tanto los hombres como las mujeres mismas.

30
Feminidad y «Feminicidio»

Por su parte, Jacques Lacan pudo avanzar un poco másal respecto,


demostrando lógicamente que hay un derrotero que hace parte de las
posiciones del ser en su elección de sexo y que determina su elección de
goce y su relación con un partenaire. Y en ese camino cada sujeto debe-
rá inventarse el semblante o la mascarada que le conviene para suplir el
vacío que deja la inconsistencia de su identidad sexual,
A partir dela reflexión de la lógica de los universales de Aristóteles
-revisada por Peirce, Frege y Russell-, Lacan construye las fórmulas de
la sexuación para pensar en una distribución de los goces en los seres
humanos másallá del Edipo.
El falo afecta a todos en cuanto participan del lenguaje y, por ende,
del goce que representa. Porello, el falo puede escribirse como univer-
sal «para todo» ser hablante, lo que distribuye los sexos de acuerdo a
la posición que tome frente a ese término lógico. Para ello es preciso
comopetición de principio diferenciar el pene del falo. El primero es
un órgano, un apéndice corporal; mientras que el falo en la obra de
Lacan ha tenido distintas acepciones. Primero fue planteado como un
significado, Die Bedeutung des Phallus, escribía en alemán en uno de
sus Escritos, para esclarecer que se trataba de unasignificación cuando
se hablaba del falo; en ese sentido, el falo permanecía del lado de lo
imaginario. En otro momento, cuando en la enseñanza de Lacan pre-
valeció lo simbólico, el falo se recubrió del estatuto de significante del
deseo, escurridizo, metonímico, luego designa el significante del goce
negativizado como (-p), que escribe el concepto freudiano de la castra-
ción, para finalmente designar la función fálica que permite distinguir
el goce fálico del otro goce, este suplementario y propio de la sexualidad
femenina.
En este mismo movimiento, Lacan en su última enseñanza considera
el falo como el semblante por excelencia que viene a encarnarel signi-
ficante amo, escrito como S,, un significante sin significado que a la vez
del significante de goce fálico es del goce del idiota, Comosignificante
es el soporte del goce fálico, pero no debe confundirse conél. El falo, en
el ultimisimo Lacan, es entonces una función, un goce y un semblante.
Como función fálica inscribe a la vez el goce en una vertiente negati-
va (-p) y unavertiente positiva (D Xx ), que Lacan retoma como función
proposicional y que representa el sujeto como sexuado.

8l
Mario Elkin Ramírez

Al igual que se escribe en lógica la relación de una constante y una


variante, £(x), aquí la constante es cifrada como 0,la función fálica y la
variable es (x), que representa el elemento que se inscribe en esa fun-
ción. El elemento (x) como sexuado en tanto inscrito en la función O.
Lo cual quiere decir que el goce fálico funciona tanto para hombres
como para mujeres, pero a la vez es un obstáculo que les impide el en-
cuentro con su partenaire, lo que deja a cada quien a solas con su goce
y exilado del otro. Se trata, sin embargo, de un goce que Lacan llama
en un juego de palabras Nor-mále, para designar como la norma de lo
normal siempre se ha erigido sobre el modelo machoparala regulación
del goce, del todo, del universal. De allí que todo otro goce disidente de
este se piense anómalo, anormal, siniestro, no familiar.

AX B| ax BÉ
Yx Dx YX Dx

ol ,

Fórmulas de la sexuación
Fuente: Jacques Lacan, Le Séminaire, livre XX, Encore, Paris, Seuil, 1975, 73.

Las fórmulas escriben en la parte superior los cuantificadores uni-


versales y particulares positivos y negativos que distribuyen a los seres
hablantes como seres sexuados. Esto quiere decir que no hay un goce
para cada sexo. «Los dos lados ubican las posiciones masculinas y fe-
meninas [del ser], respecto del falo. El predicado en todos los casos es
el falo, no hay otro predicado».' Esto le permite a Lacan esclarecer que,
más allá de las coordenadas identificatorias, lo que permite ubicarse del
lado masculino o del lado femenino de la sexuación es la elección del
goce. En consecuencia, la función fálica designa la relación de cada ser
hablante con el goce implicado en el hecho de hablar.

1 Graciela Brodsky, Clínica de la sexuación, Bogotá, Nueva Escuela Lacania-


na, 2004, 30,

82
Feminidad y «Feminicidio»

En estas fórmulas puede observarse que a la izquierda, en el lado


superior, se designa a los seres masculinamente sexuados, Se trata de
un conjunto cerrado de unaserie de elementos que poseen un valor co-
mún,a saber, que todos están afectadosporel atributo fálico, pero cuyo
conjunto se sostiene por una excepción, es decir, por un elemento que
existe y para quien esa función no está negativizada. Aquí entran todos
aquellos hombres y mujeres que eligen inconscientemente su sexo del
lado masculino. Y están del lado de una proposición universal positiva
y la excepción como una proposición particular negativa que sostiene
la regla.
Lacan pone en cuestión el mito freudiano de la horda primitiva, res-
pecto a la suposición de un padre primordial que originariamente no
goza de la madre sino que puede gozar de «todas las mujeres». Los hijos
excluidos matan al padre y retroactivamente instalan una fraternidad
fundadaen la prohibición del incesto con la madre; allí se produce una
negativación del goce. El padre originario es el operador estructural
que funda en las fórmulas de la sexuación lo imposible como límite
lógico.
Hay queresaltar el contraste entre el mito de Edipo y el mito de Tó-
tem y tabú. Mientras en el primerola ley era previa y la trasgresión des-
pués, en el segundo lo que está en el origen es el goce, es la glotonería
del goce de un padre con acceso a todas las mujeres, es la glotonería de
los hijos que devoran al padre y solo en un segundo momento viene la
ley que prohíbe a los hijos gozar de la madre, lo que fundalas estructu-
ras elementales del parentesco.
Pero en el Seminario 18 De un discurso que no fuese de semblante,
dice Lacan: «Lo que indica el mito del goce de todas las mujeres es que
no existe algo como “todas las mujeres”. No hay universal de la mujer
[...] Allí está lo que plantea un cuestionamiento del falo [...] en lo que
corresponde al goce femenino».? Es decir, que lo imposible no es que
un padre goce de todas las mujeres, sino que pueda decirse «todas las
mujeres». Si de un lado se puede hablar del conjunto del «para todos»,
del otro lado es imposible construir un universal que nombre a «todas
las mujeres» porquefalta un significante que pueda nombrar La Mujer.

2 Jacques Lacan, El Semmano, libro XVIII, De un discurso que no sea sem-


blante, 1970, inédito, material fotocopiado.

83
Mario Elkin Ramírez

Es imposible construir la parte femenina del mismo modo que se cons-


truye la parte masculina, ya que en la parte femenina cada elemento se
presenta como la excepción a toda regla y no es posible lógicamente
hacer conjunto con elementos que no tienen nada en común.
Es posible pensar el conjunto de «todos los hombres que tienen ac-
ceso a la castración y al falo», donde entran obviamente las mujeres
que desde su ser también eligen la sexuación bajo esa condición. Así, la
categoría de lo imposible pasa del padre primordial al lado femenino.
Esto se entiende exponiendo el cuadrángulo de Aristóteles:

Universal afirmativa Universal negativa


Todo $ es P Ningún $ es P

PO CS OOO 34 TOR A F22a=o E

A S UB OomTARIAS o

«Es necesario que todo S sea P» «Es imposible que todo S sea P»

Particular afirmativa Particular Negativa


Algún S es P Algún S no es P
«Es posible que algún S sea P» «Es contingente que algún S sea P»

Las tablas de verdad implicadas en el sistema de relaciones de este


cuadrángulo establece que A es contraria a E. Si una afirmación es ver-
dadera la otra es falsa. Mientras que L es subcontraria a O, donde las
subcontrarias pueden ser ambas verdaderas al mismo tiempo. Por su
parte, en las contradictorias la verdad de una lleva consigo la falsedad
de la otra. Las subalternas se definen como la relación de implicación
de las universales con las particulares del mismo lado del cuadrángulo,
lo que las vuelve igualmente verdaderas.

34
Feminidad y sEsinicihor

El núcleo de la operación en amboslados de las fórmulases la con-


cepción de la excepción. Del lado izquierdo la excepción confirma la
regla porque hay un conjunto cerrado del lado femenino; en cambio,
es imposible la excepción porque no hayregla, si todas las mujeres son
excepciones no hay posibilidad de erigir una regla. Desde esta perspec-
tiva, una posición sexual del ser que se inscriba en un lado no niega la
del otro lado, sino que más bien se constituye en su obstáculo.
Lasrelaciones entre las subalternas en el cuadrángulo de Aristóteles
encuentran un límite en la lógica moderna, ya que «todo» puede ser un
conjunto vacío, lo cual es impensable para Aristóteles. Por ello Lacan
tiene que recurrir a la lógica moderna para pensar las fórmulas de la
sexuación, porque quiere hacer precisamente hacer entrar el conjunto
vacío para poder pensar el no-todo fálico que designa lo femenino,ya
que se ha encontrado con que es imposible hacer del lado femenino un
conjunto cerrado equivalente al primero.
Así mismo, mientras que para Aristóteles del universal se desprende
la existencia del particular, la lógica moderna permite que la existencia
se pueda fundar sin recurrir a los universales, por lo que allí donde
Aristóteles enuncia para que «Algún S sea P» es necesario que «Todo $
sea P», para Lacan esto se presenta de mododiferente: para que «Algún
S no sea P» es necesario que «Ningún $ sea P».
Para Aristóteles no tiene sentido decir «no-todo», porque «Todo in-
dica no que la cosa sea universal sino tan solo que se expresa de un
modo universal». Por esta razón, Lacan puede pensar con la lógica
clásica, articulada a la lógica modal, las fórmulas de la sexuación ha-
ciendo coincidir los cuantificadores situados en la parte superior con
las categorías aristotélicas de necesario, contingente, posible, imposible.
Ademásdela existencia, lo indecidible, la contradicción y el objeto a.
3%,
EEl enoja
Necano eti
di

£ada] Indecidft e
y a Pit
A
¿Y Poste aFÉ Contingente
Y Objeto alíe
E CEN

Fuente: Jacques Lacan, Le Séminaire, livre XIX, ...Ou pire, Paris, Seuil, 207

a- Aristóteles, E
El Organón,Peri Hermenias, Madrid, Gredos, 1979, cap. 10.

85
Mario Elkin Ramírez

Lo cualse lee así: 1) en lo necesario, la excepción que posibilita fun-


dar lo posible universal masculino, 2) se pone en juego la existencia de
al menos uno que diga no a la castración, 3) de allí surge lo posible de
que todo hombre o mujer sexuada de este lado se inscriba en la función
fálica, 4) este para todos queda en contradicción con el que al menos
uno que no, 5) pero no se contradice con el no-todo femenino,en este
no-todose sitúa la contingencia en relación conel goce fálico, no nece-
sario, sino contingente, es decir, que puede pasar o no, 6) entre ambas
partes sexuadasse sitúala falta, el objeto a, el deseo, 7) la no toda tiene
como punto de partida lo imposible, donde se inscribe que La mujer
no existe, 8) estos dos polos de lo imposible y lo contingente producen
lo indecidible. El circuito se cierra indicando que en la parte superior
se sitúa el ámbito de la existencia entre lo que existe y lo que noexiste.
Del lado masculino, en el piso inferior del grafo se oponeel todo al
no-todo. De su ladoestá la castración, el Dx negativizado que es otra
manerade escribir el (-), la castración comolímite al goce fálico. Del
lado femenino se sitúa, en cambio, la división de goces porque del Lá
(tachado) salen dos vías, una haciael falo en el campo del otro sexo,
y
otra haciael significante del Otro tachado.

A
yoo
Con Lacan confluyen en estas fórmulasla lógica y el sexo en unafalla
estructural. Esto da una disimetría irreductible que es lo que sostiene
que no hay relación sexual. No hay la armonía que permita el encuen-
tro de la otra mitad en términos de necesidad, lo cual no signific
a, sin
embargo, que en la contingencia no haya encuentro,
«No hay relación sexual» a nivel de la existencia, que noes el reino
del sentido, del ser hablante. Es decir, que se trata de una relación que
no puedeser escrita, Mientras que, dice Lacan,la escritura es la medida
dela existencia. Las ficciones del sujeto vienen a compensar esa «no-re-
lación», con el amor, por ejemplo, que tiene estructura de ficción. Un
amor que no da acceso la existencia sino al ser.

86
Feminidad y «Feminicidio»

El sujeto masculinizado de maneranecesaria tiene que ir a buscar en


el campo del lado femenino el objeto que causa su deseo $ > a, inclu-
yéndolo en su fantasma. Los seres sexuados del lado femenino pueden
consentir en esa inclusión para producir en su partenaire el deseo. Esta
es la condición perversa en el amor masculino porque en él las condi-
ciones de amor son de goce. Es la elección fetichista que Lacan señala
en lo masculino. Pero gozar del falo le impide a lo masculino gozar de
lo femenino en una mujer. Queda entonces aislado del otro sexo, por
eso el goce fálico confinado es el goce masturbatorio de lo masculino,
goza con su falo y punto.
Dice Graciela Brodsky que, en cambio, cuando alguien en posición
femenina:

[...] se vincula con el falo, Dios nole sirve tanto, tiene que dar una
vuelta más, tiene que ir a buscar el falo donde se encuentra, es decir, en
el cuerpo del hombre[...] Lacan lo dice muy bien en el Seminario 18,
De un discurso que no fuese semblante: ellas tienen su goce por su lado;
si por casualidad se llegan a interesar en el falo, entonces tienen que
interesarse en el hombre, tienen que ir a buscarlo del otro lado. Eso es lo
que fuerzael pasaje de la mujer al lado masculino, no a la identificación
masculina. Buscar el falo en el cuerpo del hombre es lo que hace del
falo fetiche para la mujer. Como Lacan lo plantea en «Ideas directivas
para un congreso sobre la sexualidad femenina». Es decir, tenemosel
pasaje del lugar predominante que tiene para la mujer las palabras de
a
amor,el efecto de goce sobre el cuerpo que tienenlas palabras de amor;
o a

además, está la eventualidad de que se interese en que eso se drene


hacia el lado del falo. Entonces al interesarse en las palabras de amor,
puede interesarse en el órgano.*

Del lado femenino las condiciones de amor son más plásticas, más
maleables, frente al goce perverso que propone el lado masculino. Pue-
den consentir, por ejemplo, a la perversión masculina para conservar su
amor y el deseo. En los seres sexuados de modo femenino su énfasis es
más erotomaniaco, más que amarde lo que se trata es de hacerse amar.

4 Graciela Brodsky, Clínica de la sexuación, op. cit., 56.

87
Mario Elkin Ramírez

La primera dirección muestra que lo femenino puede ser de mane-


ra contingente, es decir, sí quiere, pero puede también no quererlo,ir
a buscar el falo del campo masculino. Porque igual le queda la otra
vía que es del Lá tachado al Significante del Otro tachado S(A). Esta
vía es lo inédito en el campo del goce femenino o goce Otro. Porque
mientras lo fálico da unaley, unos juegos de poder, esta vía nombra un
goce ingobernable, un goce sin ley, fuera del dominio, del poder, de la
regulación de lo fálico, indecible, indecidible. Ese es el goce suplemen-
tario, no complementario. Por eso los seres sexuados de modo mascu-
lino pueden vivir ese goce como amenazante, excluyente. Porque puede
prescindir del orden de lo masculino.
En cuantoa la relación de lo femenino conel objeto a, no es en la vía
de hacer de lo masculinoel objeto de su deseo, usualmenteen este lugar
viene es el hijo con el que se pretende taponar su falta, ser suplencia del
«La» queno existe. En este sentido, las mujeres siempre están de ambos
lados, mientras que los hombres sexuados de manera masculina solo
eventualmente están del lado femenino.
Brodsky nos indicalas tres soluciones que Freudle plantea a la mujer
parala salida del Edipo:«[...] una es la renuncia (a tenerlo),la otra es la
identificación viril, es decir, ella lo tiene,la otra, que Freud ubica como
la verdadera posición femenina, es la maternidad»,* y anota que Lacan:

[...] ubica la posición propiamente femenina,a la altura de las fór-


mulas de la sexuación. No la ubica ni del lado del tener ni del ser por-
que,[...] tener y ser son siempreestrategias vinculadas al falo. Cuando
trata de ubicar lo que es propiamente femenino,llega a la necesidad de
5 pensar una posición totalmente desinteresada en el tener. También en
el ser, porqueel ser es para tener.*

Lacan ubica la verdadera mujer del lado dela relación del Lá tachado
con el S(4W), y el ello, como decía Tiresias, el goce de la mujer es nueve
veces mayor que el del hombre, pero “Ser nueve veces mayor no quiere
decir nueve veces mejor. Se trata del goce que se puede extraer del S(4)».?

5 Ibid,62.
6 Ibid,66.
7 Ibid.72.

88
Feminidad y «Feminicidio»

Jacques-Alain Miller recuerda que Lacan transformó, desde su Semi-


nario 18 al 20 y en el Atolondradicho, el goce femeninoen principio del
régimen del goce comotal. Es un goce por fuera de la prohibición dela
castración. Noes el que es rechazado para ser alcanzado sino indecible,
imposible de simbolizar, resto e infinito. No está bajo el régimen dela
significación fálica, que es la castración inherenteal ser que habla.
El goce femenino es puro acontecimiento de cuerpo, no entra en la
dialéctica del Otro, es sin ley, infinito, irreductible al órgano, es decir,
insituable, sin medida, múltiple, invisible y por fuera de toda contabili-
dad posible, por fuera de la dictadura de la numeración. Por eso es del
régimen del todo-fálico, esto es, no tomado por la castración. És por
tanto un goce másallá del Edipo, un goce opacoal sentido.

Feminicidio

A4 JAL

AY TE ANA PESA A
¿Qué podemos decir los psicoanalistas sobre el feminicidio? Para|

UNIVERSIDAD NAC ION


introducir el tema es preciso retomar el camino iniciado por Freud,
en su texto Análisis terminable e interminable, en el cual señala dos

DE COLOMBIA
obstáculos para el fin del análisis: el encuentro de «la roca viva de la
castración» y el «rechazo de lo femenino». Ese rechazo de lo femenino
puede estar en la base del racismo que Lacan profetizaba en Televisión,
presentadobajo la forma de misoginia. En otro lugar Lacan había dicho
queel fundamento del racismo es que el goce del segregado se vuelve
F

insoportable a quien segrega. Y en este caso es bien claro que se trata


de un goce radicalmente diferente del suyo. Es el odio del goce del otro.
Aquí, literalmente, el odio del Otro goce. Jacques-Alain Miller sostiene
en Extimidad* que hombre y mujer son dosrazas, no desde el punto de | i

vista biológico sino desde el punto de vista del goce. |


|
Deotra parte, la única representación que hay en el inconsciente del
otro sexo a nivel masculino es la madre, por tanto, no existe un significan-
te para la mujer, y por eso el juego de palabras ya evocado, de que del lado
masculino la dicha mujer, la-dite-femme,la difama de acuerdo a su fantas-
mao la idealiza como madre, «la madre de mis hijos», suelen llamarlas.

3 Jacques Alain Miller, Extimidad, Buenos Aires, Paidós, 2010, lección del
21 -11- 85,

89
Mario Elkin Ramírez

Enla sociedad antigua, dice Lacan, citando a Lévi-Strauss, que

[...] en la estructuradela alianza,la mujer que define el orden cul-


tural por oposición al orden natural, es el objeto de intercambio,
[esto
permite comprender]la posición disimétrica de la mujer en los víncu-
los amorosos y, muy especialmente, en su forma socializada más
emi-
nente, a saber, el vínculo conyugal [...] Fundamentalmente, la
mujer
es introducida en el pacto simbólico del matrimonio como objeto de
intercambio entre [...] linajes [...] Comprenderlas diversas estructuras
elementales es comprender cómocirculan, a través de estos linajes, esos
objetos de intercambio que son las mujeres. En la experiencia, esto sólo
puede cumplirse en una perspectiva androcéntrica y patriarcal, inclu-
so cuando la estructura es tomada secundariamente en ascendencias
matrilineales,
Este hecho de que la mujer esté comprometida así en un orden de
intercambio en tanto objeto, da a su posición un carácter fundamental-
mente conflictivo, sin salida diría: literalmente, el orden simbólico
la
somete, la trasciende.*

La cultura haerigido, entonces, a los hombres en amos y dueños de


las mujeres, de su cuerpo, de su mente, de su goce y de su vida.
En el contexto social actual donde se verifica la declinación paterna
y la emancipación femenina, los hombres pierden su identidad y por
ello afirman su virilidad en la violencia contra las mujeres, la violenc
ia
viene como sucedáneo de la potencia perdida. Se dispara entonces
el
feminicido como síntoma abominable de ese cambio.
En su texto Mía o de la tumbafría, los periodistas argentinos Mauro
Szeta, Liliana Caruso y Florencia Etchevés investigaron
cuatro casos de
feminicidio yendo másallá de la crónica roja. Me llamaronla atenci
ón
ciertas frases de su reflexión que cito para comentarlas: «Cuando una
mujer es asesinada por la pareja, no hay que hablar de crimen pasio-
nal, sino de poder. El crimen pasional no existe como figura jurídica
ni
comoentidad real. Es un concepto romántico que disfraza una tragedi
a
vinculándola al amory a la pasión»,

9 Jacques Lácan, e Séminaire, bre 111, Les psychoses,


París,Seuil, 198 L Cla-
se 21.
10 Mauro Szeta, Liliana Caruso y Florencia Etchevés, Mía o de
la tumba fria,
BuenosAires, Longseller, 2009, 14.

90
Feminidad y «Feminicidio»

En la perspectiva del psicoanálisis consideramos dostipos de críme-


nes, en primer lugar el crimen inmotivado, por ejemplo el de Aimée,
que sirvió de base a Lacan para escribir su tesis de medicina y que es
un crimen psicótico, diferenciado del segundo tipo de crimen, el mo-
tivado, que tiene sentido y que se sitúa en la dimensión neurótica y la
perversa.
Si matan a una mujer por ser mujer, ello quiere decir que esa sea
considerada una causa, un motivo, un sentido inscrito en algún códi-
go, machista, patriarcal, misógino; pero es un código de lenguaje desde
dondese descifra el asesinato como mensaje.
Peroes cierto que la expresión crimen pasional encubre relaciones de
poder, sobre todo cuando «intensa ira e intenso dolor» se vuelven argu-
mentos para quitarle la responsabilidad al asesino porque estaba fuera
de sí en el momento del delito. Si no lo vuelve inimputable muchas veces
se usa para decir que es una circunstancia que debe atenuar su pena.
Pero en psicoanálisis, si para Freud hay una responsabilidad moral hasta
del contenido de los sueños, qué no diremos de sus actos cuandojusta-
mente el psicoanálisis es una práctica que implica un sujeto ético que se
hace cargo de sus actos y de las consecuencias de sus actos.
La expresión de base que quiere desechar las pasiones es porque de-
fiende un sujeto racionalfrente a la ley, un sujeto que puede premeditar,
planear, hacer un cálculo frío de su crimen, por lo que no puede elu-
dir el peso de la ley. Pero en psicoanálisis tenemos una concepción del
sujeto en el que la razón se poneal servicio de la pasión, del odio,los
celos o del armor. Y ello no es una oposición sino una fusión de la pasión
consciente o inconsciente con el de la razón para realizar una acción, en
este caso, el asesinato de una mujer.
Pero que debajo de la concepción popular del crimen pasional devele
el juego de poder, es útil para llevarlo a nuestra argumentación ante-
rior. Sería un juego de poder entre una sexualidad fálica, reguladora,
controladora, que pretende someter el goce sin ley que se sitúa del lado
femenino.
Dicen los periodistas: «Su último acto de control es disponer de la
vida del otro cuando percibe que se le escapa o que ya no respondea su
control absoluto».** Es difícil hacer la abstracción y desprenderse de la

11 Ibid,

91
Mario Elkin Ramírez

dimensión dramática para pensarlo porque nos conmueve. Pero sabe-


mos en psicoanálisis que el drama acontece en el escenario del fantasma.
Y es, justamente, en las relaciones de un ser sexuado de modo masculi-
no quese relaciona con otro del lado femenino, que nos encontramos en
las fórmulas de la sexuación la escritura del fantasma: ($ > a).
Unsujeto va a encontrar en el otro sexo el objeto inconsciente que
causa su deseo y condensa su goce, objeto mirada, voz, que recubre su
goce. Con ese objeto monta el escenario perverso de su relación. Donde
por ejemplo, someter y ser sometido son posibilidades fantasmáticas, y
la frase «control absoluto» que describen los periodistas es de esa na-
turaleza.
Pero si aquella mujer a la que se supone ese objeto se sale de esa-
condición fantasmática viene la catástrofe. Igualmente, el hecho de que
sea una opción para esa mujer conectarse con el goce fálico, que es el
susceptible de ser controlado aquel que representa el vector Lá tacha-
do>0, también puede no querer hacerlo y satisfacerse más del lado del
otro vector que prescinde de la sexualidad fálica, es decir del vector Lá
tachado>S(A. Esto puede producir la comedia de los sexos, como en el
caso de la Lisístrata de Aristófanes, pero también tragedias que ya no
son risibles como aquella de la que estamos hablando y cuyo humor
correspondiente será el horror y la compasión según la definición aris-
totélica en la Poética.
Ahorabien,la frase de los periodistas, «cuando percibe quese le es-
capa»la mujer, es completamente diciente. Esto quiere decir que la con-
dición de mantenerse con vida por parte de la victima es la presencia
sometida, que a la vez es la condición de satisfacción del verdugo. Esa es
una manera perversa de querer hacerexistir la relación sexual. Colocar
una «armonía» fantasmática entre verdugo y victima, allí donde hayel
agujero de la desarmonía entre los sexos, es algo que ocurre igualmente
en el fantasma neurótico que algunos quieren llevar a la práctica con
sus parejas.
Escapársele es colocar una ausencia dondeel otro espera la presencia
sometida, es descolocar completamente al otro de su condición absolu-
ta, ilógica, irracional. Lo que es vivido como desamor, ofensa, ira, que
es el reverso del amor, y motivar un crimen incluso premeditado,
Hay unalógica de la alienación en un primer momento de entrada
de la pareja al fantasma masculino, en esa alienación hay significantes,

92
Feminidad y «Feminicidio»

palabras de amor, pacto, significantes con los que la pareja vibra y se


fascina, pero luego, cuando la mujer en posición femenina quiere sepa-
rarse, esa separación no es significante, es en relación al objeto y lo que
desencadena en el otro, cuando desfallecen los argumentos,es el acto,
la pasión del objeto 4 como condensador de goce, ruptura con el Otro
dela ley, pasaje al acto, asesinato.
¿Por qué en nuestra lógica alguien que da su consentimiento a
someterse a otro en nombre del amor, quisiera después salirse de esa
condición? No es por la educación en los derechos o por su conciencia
política. Es porquetiene acceso a otro goce que prescinde del falo, que
prescinde del otro, que puede querer independizarse de esa condición
fantasmática delotro.
Luego, entonces, lo que un hombre masculinamente sexuado puede
vivir de modo peligroso, amenazante, inaprehensible, es ese Otro goce
femenino en el que él no está implicado, lo que puede vivirlo como
amenazante, extraño, ominoso y lo que ataca, porque si no existiera su
fórmula fantasmática sería la única relación posible de esa mujer con
él. Por supuesto que esa ausencia no es posible para un machocorriente
interpretarla en la lógica del goce otro, sino en su propia lógica: «tiene
otro», y en efecto esa mujer tiene otro, pero no otro hombre sino otro
goce.
«Ningunaclase social está a salvo de la ira. Así como no hay un perfil
psicológico de maltratador, tampoco existe un perfil de mujer maltra-
tada», dicen los periodistas. En realidad, si existen esos perfiles son los
personajes de la pareja perversa sadomasoquista, los cuales, sin embar-
go, no exigen por sí mismos que el maltratador y el maltratado sean de
tal o cual género. Esto puede ser una condición singular, pero no del
tipo o la clase de la perversión.
En ese fantasma, llevado al extremo del esclarecimiento por Lacan
en su escrito Kant con Sade, se entiende que son posiciones reversibles
donde el goce del sádico es su identificación con el masoquista y vice-
versa. Pero también ha puntualizado que de la misma manera que Don
Juan es un mito femenino, el masoquismo femenino es un fantasma
masculino.
Lo que explica por qué es tan frecuente esa tendencia a reproducir
ese fantasma en las relaciones de pareja, lo cual también puede estar en
la base de muchos feminicidios, Esto va de la mano con lo que declaran

93
Mario Elkin Ramírez

los periodistas argentinos: «Un tercio de las maltratadas ya habían su-


frido malos tratos alguna vez. Otras fueron educadas en la sumisión. O
simplemente hay mujeres más vulnerables. El agresor machaca psico-
lógicamente para que acepten los abusos. Y cree que aceptar el control
masculino es una demostración de cariño».”?
Si el masoquismo femenino es una fantasía masculina y las mujeres
son educadas por sus madres en la sumisión,allí tenemosel escenario
social y psíquico propicio para el maltrato contralas mujeres y el femi-
nicidio. Dicen además los periodistas que «Las mujeres siempre tienen
la esperanza de que algo cambiará, porque, además,el golpeador, el vio-
lento, repite un ciclo: golpea, se disculpa, jura amor y repite el episodio.
Lo tremendoes que los episodiosse reiteran y se agravan»!”,
Las condiciones del fantasma son absolutas, la única manera de
rectificar esto es un análisis llevado hasta las últimas consecuencias;
mientras tanto nada cambiará, seguirá repitiendo los significantes y el
escenario, mientras que la pulsión detrás del fantasma seguirá buscan-
do su iteración.
Otra vuelta de tuerca es posible de ser pensada aparte del psicoanáli-
sis si se reflexiona la frase de Lacan de que mientras un hombre puede
ser un estrago para una mujer, ella puede ser su síntoma, en el sentido
de señalarle socialmente lo que él quiere ocultar, a saber su S(A), queél
puede vivir como un ataque a sus semblantes, pero esto puede desli-
zarse por parte de ella a convertirse en su superyó, lo que da una nueva
hipótesis: muchos feminicidios pueden estar motivados en la tentativa
de acallar la voz del superyó encarnado en una mujer.

12 ibid. 15,
13 Ibid, 17.

94
Posición femenina y posición del analista*

María Cristina Giraldo

Explorar la homología propuesta por Lacan entre la posición del


analista y la posición femenina implica abordar el horizonte del esta-
blecimiento de una nuevaalianza con un goce imposible de negativizar
en la clínica del fin de análisis. Surgen entonces varias preguntas: ¿cuál
es la relación entre ese goce imposible de negativizar y el goce feme-
nino?, ¿la analogía entre posición femenina y posición del analista no
admite diferencias entre ambas?, ¿goce femenino y posición femenina
son equivalentes?
Nos encontramos entonces de entrada con las dificultades, tanto en
la transmisión como de su opuesto: la enseñanza de lo real propio de
la experiencia analítica, de lo cual solo podremossituar las respuestas.
Leonardo Gorostiza en Anfibologías de lo real dice sobre esta dificultad:
«Por eso, en esa zona de búsquedade lo real despojado de sentido, solo
quedala chance de responder, intentando cada vez, “mal decir bien”. Tal
vez de ese modo, uno pueda ser “menos culpable de lo real”. Mientras

* Producto en el cartel de la NEL sobre los testimonios de Graciela Brods-


ky. Agradezco las contribuciones al mismo de los cartelizantes: Laura
Arciniegas, Fernando Gómez, Marcela Almanza, Lorena Greñas y Elida
Ganoza.

95
María Cristina Giraldo

quesi se “mal dice mal” —es decir, alimentandoel sentido- se será “más
culpable de lo real”».! Leonardo nos remite a uha referencia de Lacan
sobre el sentido de la palabra real, que proviene de la palabra reus, que
en latín quiere decir culpable y se sirve de esa paradoja para mostrar la
oposición entre el sentido y lo real: situar las respuestas de lo real, en
vez de alimentar el sentido, sería una manera de «mal decir bien», en
tanto entramosen el terreno delo indecible, de lo que escapaal signi-
ficante,
Cuandose logra transmitir algo no se hace porla vía de la compren-
sión, sino que se transmiten esas respuestas a la cuestión delo real. La
clínica, en este caso la del fin de análisis, en la perspectiva de la analogía
entre la posición femenina y la posición del analista, rastreada en los
seis testimonios que ha transmitido hasta ahora Graciela Brodsky, me
permitirán derivar de la clínica el concepto, y no al contrario, que es la
senda habitual: ilustrar con la clínica el concepto. Si elijo esa senda es
porquela transmisión singular de los AEs hace avanzarla clínica y agu-
jerea la doctrina, que muchas veces se muestra insuficiente. Trataré en-
tonces de derivar una enseñanza de la transmisión de Graciela Brodsky,
quien propuso el estudio de sus testimonios para las Jornadas de la NEL
en Lima. Con ello pone en acto que de lo quese trata con respecto a la
transmisión de los AEs, como saldo para una Escuela, es de cernir los
efectos de formación de los mismos.
Conrelación a la enseñanza, Jacques-Alain Miller propone «huir de
lo ya sabido» y Éric Laurent «luchar contrala fabricación de significa-
ciones ya hechas... conseguir dar a cada noción, no unahistoria muerta
sino su vida propia».? En esa dirección me serviré de cada pregunta que
me permita bordear el agujero en mi saber, así como de la transforma-
ción en un operador de la práctica de aquello que tendemosa desgastar
en fórmulas repetitivas, cantinelas o jaculatorias que solo sirven a la
defensafrente a lo real porla vía del goce sentido. Apelo de nuevo a Éric
Laurent quien dice que «si la enseñanza es una enseñanza, uno enseña
al borde de su ignorancia, en el punto del desconocimiento». Y ubica

1 Leonardo Gorostiza. Anfibologías deloreal. Buenos Aires, 23 de junio de


2013, inédito.
2 Éric Laurent. «Lo imposible de enseñar». En: ¿Cómo se enseña la clínica?
Cuadernos del ICBA, No. 13, Buenos Aires: ICBA,18.

96
Posición femenina y posición del analista

así la articulación entre transmisión y enseñanza: «En la enseñanza hay


que incluir lo imposible de enseñar».*
Es en el Testimonio No.6, «Horror feminae» -expuesto el año ante-
rior en el Simposio de Miami- que Graciela Brodsky aborda el goce fe-
menino en conexión con el atravesamiento del fantasma,y le antecede
lo siguiente: «mi relación con el otro sexo —merefiero a los hombres- se
tejió según la trama de una fantasía adolescente donde volvía a repe-
tirse ese programa de goce que mellevaba de las narices sin que yo lo
supiera. En esa fantasía mi novio yace en la cama, muerto. Sentada a su
lado pienso en el goce irremplazable que yo perdía al perderlo. Como
Yerma, que grita “yo misma he matado a mi hijo”, en esa fantasía en la
que me entretenía yo misma mandaba a la tumba el goce sin par que
él me había hecho descubrir. Pero acto seguido, decidía conservar para
siempre algo de ese goce a punto de perderse y me representaba a su
falo erecto guardado cualreliquia en un frasco con formol. Por un lado,
el goce aplastado, el cuerpo muerto. Por el otro, el goce imposible de
negativizar».* Este goce imposible de negativizar, si bien es singular, no
es la nueva alianza con el goce en el fin de análisis S(A), ni es el acceso
a un goce suplementario, más allá del falo, ni es la repetición del goce
opaco al sentido, ni es un goce sin Otro, más allá del Otro, al que lla-
mamostambién el Otro goce femenino, ni es Unreal fuera de sentido;
porel contrario, se trata de una fantasía que se soporta en el gocefálico,
que es gocefinito y localizable. Es el goce con un objeto fetiche «inerte,
objetivado, “objetalizado”».* Ya en el análisis aparecerá en la demanda
la pregunta porel lazo que la une a su marido: ¿No hay quién nos desate?
de la cadena significante y conyugal, referido al grabado de Goya Los
Caprichos.*
Ella nos da una clave de lectura en el modo en quela presenta: «mi
relación con el otro sexo —me refiero a los hombres-»es una aclaración

Tbid., 24.
|

4 Graciela Brodsky. Testimonio 6, «Horror feminae». Simposio de Miami,


2013,
5 Jacques-Alain Miller. El partenaire-síntoma. Buenos Aires: Paidós, 2008,
315.
6 Graciela Brodsky. Testimonio 1, «Desenlace». En: El orden simbólico en el
siglo XXI, Buenos Aires: AMP/Grama, 2012, 192,

97
María Cristina Giraldo

en la que se vale de la equivocidad para diferenciar que la relación con


el otro sexo, el de la diferencia sexual, no equivale al Otro goce,
nos
advierte que el goce de una mujer no equivale al goce femenino que es
ilocalizable e infinito. De un lado, tenemos el encuentro con un goce
singular con el hombre que hace excepción, porque es el que la hace
mujer. Pero, de otro lado, nos advierte del rechazo a lo femenino que no
le permite sobrepasar la formafálica de su satisfacción.

Sobre el goce femenino

Conviene en este punto introducir un elemento epistémico.Si deci-


mosdel goce femenino que no todas las mujeres tienen la experiencia
de ese goce y que los hombres también lo pueden experimentar, pode-
mos afirmar que el rechazo a lo femenino no es privativo de los hom-
bres, también se da en las mujeres con relación a su propia feminidad o
con relación a otras mujeres. Es bien conocida la ferocidad que puede
llegar a tener la rivalidad imaginaria entre mujeres.
Tenemos entonces un concepto, «goce femenino», y una expresión,
«rechazo a lo femenino». Sobre el goce femenino nos dice Lacan en
Aún que «por eso justamente que la hace no toda,la mujer tiene un
goce adicional, suplementario respecto a lo que designa como gocela
función fálica».? Consentir a ese goce suplementario Aimplica ir más
allá de la satisfacción fálica y, por tanto, acceder al n1o-todo, es decir,
a
no albergar todo su goce en el falo, para admitir ese Otro goce feme-
nino que,a diferencia del goce fálico, tiene imbricaciones con lo real:
«abismo y nada, éxtasis y furia». El Otro goce es «infinito, absoluto,
sentimiento de existencia entre ruina y éxtasis».* Esta experiencia,
al
cual se confronta para sentir ese goce, es una experiencia de lo real que
implica un acontecimiento de cuerpo imposible de representar porel
significante, «hace figura de sinsentido, incluso de rareza inquietante»,
experiencia del exceso, de agujero y vacío, de devastación y éxtasis, de

7 Jacques Lacan. «Dios y el goce de Lá Mujer». En: El Seminario, Libro 20:


Aún. Buenos Aires: Paidós, 2001, 89- 90.
8 Dominique Miller. «La dos orillas de la feminidad». Revista Lacaniana,
No. 14, Buenos Aires: EOL, 2013, 163-164.
9 Tbid., 164.

98
Posición femeninay posición del analista

vértigo en el cuerpo y en el ser, «lo real muestra bien que es él quien


orquesta este goce femenino».!” El Otro goce para una mujer se sitúa
ante todo como Otro para ella misma, como afirma Lacan «es un goce
del cuerpo queestá [...] Más allá del falo [...] Hay un goce suyo del
cual quizá nada sabe ella misma, a no ser quelo siente: eso silo sabe. Lo
sabe, desde luego, cuando ocurre. No les ocurre a todas»[...] Ese goce
másallá es lo que Lacan llama místico, «lo siente, pero no saben nada»,
¿no es acaso lo que «nos encamina hacia la ex—-sistencia?».* Ella es ex-
tranjera en su goce, él la supera, la sacude, la arrastra alfuera-de-límite,
la invade, la transforma, la arruina.”
El rechazo a lo femenino o rechazo de la feminidad no es un con-
cepto, tampoco es una expresión que aparezca en Freud, ni en Lacan.
Solo una vez, en «Sobre algunos mecanismos neuróticos en los celos, la
paranoia y la homosexualidad», de 1922, aparece el horrorfeminae, que
es el título dado por Graciela Brodsky a su Testimonio6, expuesto en el
Simposio de Miami en el 2013. En Freud, horrorfeminae es el horror a
la visión de la ausencia de pene en la mujer, la angustia de castración en
el hombre. Es Miller en El ser y el Unoel que hace referencia al rechazo
a la feminidad o rechazo a lo femenino, cuya superación permite el ac-
ceso al goce femenino. Más adelante volveré sobre este punto.
Estamos invitados en este curso y en las Jornadas de la NEL la
tarea de «localizar ejemplos, tanto clínicos comosociales, donde se ma-
nifieste un goce que como el femenino— no puede ser puesto en pa-
labras».* Pero no podemos equipararel goce femenino a todos los ex-
travíos, a los excesos y a los goces rebeldes al saber que son imposibles
de negativizar. Miller, citado por Leonardo Gorostiza, muestra como
Lacan generalizó esa característica del goce femenino hasta hacer de
ello el régimendel goce en tanto tal: «imposible de negativizar y que, en
cuanto in-simbolizable e indecible, tiene afinidades con lo infinito».'*

10 Ibid., 165.
11 Lacan, «Diosy el goce de LáMujer», op. cit., 93,
12 Dominique Miller. «La dos orillas de la feminidad», op. cit., 165.
13 Leonardo Gorostiza, «El goce femeninoen el siglo XXI». Entrevista reali-
zada por María do CarmoBatista el 25 y 26 de noviembre de 2011. Publi-
cada en la Carta de Sáo Paulo.
14 Ibid.

99
María Cristina Giraldo

La noción de goce cambia, como decía Fabián Naparstek


en el reciente
Seminario La dirección de la cura en la épocaactual: «el goce
reaparece
por todoslados, es omnipresente, deslocalizado,es decir, no
localizado
en el objeto a, hay una metástasis del goce».'* Sin embar
go, el acceso a
un goce femenino, másallá de la castración, que pueda equip
ararse a la
posición del analista se da en un final de análisis e impli
ca una nueva
alianza con el goce singular: el consentimiento la femin
ización, que
deshaceel lazo al todo, presupone superar el rechazo a lo
femenino, en
la lógica del todo fálico y la travesía del fantasma que servía
de pantalla
entre el sujeto y su ser de sujeto para poder acceder a la
identificación
al sinthome.
Dice Marie-Héléne Brousse: «Al final del análisis, este
elemento de A
deja de ser del orden del trauma,de loreal, para acceder
a la modalidad
de lo imposible. Lo indeleble de la imagen traumática,
marca de goce
de unsujeto, se vuelve para él la marca delo imposible»
.* El goce feme-
nino en relación a la posición del analistaes, pues, un
goce positiviza-
do y vivificante, que transformael exceso de goce, gracia
sal sinthome,
en un uso lógico; en modo alguno se trata de un goce
mortificante al
servicio de la pulsión de muerte. Surge la pregunta:
el goce femenino
¿sólo surge en un final de análisis?, ¿cómo situar que
no siempre en un
final se tiene la experiencia de un goce suplementario?;
o es que el final
de análisis nos permite mostrar algo de esta faceta del
goce femenino
y del saber hacer con lo inconmensurable, propio de todo
goce. Lacan
en El Seminario 19...O peor nos permite responder
al menos a alguna
de estas preguntas: «Lo universal solo hace surgir para
la mujer la fun-
ción fálica, en la queella participa...pero eso no univer
saliza a la mujer,
aunque solo.sea porque la raíz del no toda es queella
esconde un goce
diferente del goce fálico, el goce llamado estrictamente
femenino, que
no depende en absoluto de aquel. La mujer es no toda
porque su goce es
dual».”” Es en la raíz del no toda que está el goce femen
ino, pero a la vez

15 Fabián Naparstek. Seminario La dirección de la


cura en la época actual.
Proyecto CID-Medellín, 21 y 22 de marzo de 2014, notas
personales. In-
édito.
16 Marie-Hélene Brousse. Posición sexual yfin de anális
is. Buenos Aires: Tres
Haches, 2003, 45.
17 Jacques Lacan. El seminario, Libro 19: ...O peor.
Buenos Aires: Paidós,
2012, 101.

100
Posición femenina y posición del analista

el carácter dual de su goce es lo que la hace no toda. Esto nos muestra


queel goce femenino no depende en absoluto del goce fálico, pero lo que
la superación del goce fálico sí permite es consentir a ese Otro goce, no
localizado en elfalo.
Volvamos al Testimonio 6, «Horror feminae», para esclarecer el re-
chazo a lo femenino: «es no soportar que haya un goce más allá de la
castración». Es muy interesante la diferencia que nos enseña este testi-
monio: el rechazo a lo femenino es no querer saber nada de la castra-
ción y, por tanto, no permiteel acceso al goce femenino. Se enmarcaasi
en el texto la irrupción dela referencia a Yerma, la protagonista estéril
de la obra teatral de Federico García Lorca: «yo misma he matado a mi
hijo»: ¿se trata de la identificación fálica que hace de obstáculo? Encon-
trarle gusto a representar el poder del falo fue la respuesta a una madre
que amaba la impotencia: su nacimiento perturbó el pacto inconsciente
de la pareja parental: la madre amenazaba con denunciar ante sufamilia
la impotencia del padre, si no interrumpía sus aventuras: la impotencia
del padre era el poder de la madre.'*
Dice en su Testimonio No. 3, quetitula «Partenaires»: «Nunca tuve
mucho gusto por la falta, lo cual me complicó bastante mi posición
como analista en los comienzos de mi práctica y me obligó en muchas
ocasiones a redoblar los controles».*? Nos encontramos, entonces, con
un elemento en la construcción de la pregunta sobre la analogía entre
posición femenina y posición del analista, que nos reúne hoy. Dice Mi-
ller en su curso El ser y el Uno: «Si bien es posible destituir al sujeto de
su fantasma fálico, la idea -si puedo poner esto en imágenes aún más
sencillamente- de que es posible hacer que el ser hablante (no simple-
mente el hombre) le diga sí a la feminidad, renuncie a ese rechazo de la
feminidad que lo afecta». Lo cual nos muestra que la solución al rechazo
a lo femenino es condición de la posición analítica, en tanto supone so-
portar ese goce másallá de la castración que es el goce femenino A queel
falo impide acceder a ese goce del Otro sexo. Miller dice más adelante,
y sin ningún rodeo: «Es por eso quela posición analítica es la posición

18 Graciela Brodsky. Testimonio 3, «Partenaires». Presentado en la Noche del


Pase dela EOL, «Enseñanzas de los AEs en la EOL», el 7 de agosto de 2012.
Revista Lacaniana, No. 13, Buenos Aires: EOL, 2012, 60,
19 Tbid., 58.

101
María Cristina Scldo

femenina o, al menos, es análogaa ella. Esto quiere decir que no pode-


mosser analistas mientras estemosinstituidos porel fantasmafálico».2
Si bien la fantasía de la reliquia no es el fantasma fundamental, de-
muestra ser una pieza en la construcción del mismo,Elfalo erecto, pero
muerto, se convierte para ella en una reliquia-fetiche, está ligado las
identificaciones que la hacían representar el poderdel falo frente a una
madre que la alertaba sobre la impotencia de los hombres y que hizo
de la supuesta impotencia del padre un forma de poder, de ahí que
este culto autoerótico al falo se convirtiera en una tumba para su goce
femenino, en tanto ese Otro goce requiere un más allá del falo y de las
identificaciones, por lo cual se convierte en Otro para sí misma. A di-
ferencia de esto, ella se abandona, sin perturbarse, a esa forma del goce
fálico. Podríamos preguntarnos, además, si con lo que gozaba no era
con arruinarse la fiesta ella misma,
Para respondernos, miremos estas tres escenas que condensan el
goce fantasmático que se re-itera cernido en la frase: arruinarle lafiesta
al Otro (aplastar, pisotear, hundir el deseo del Otro), ¡qué se termine la
fiesta!
1.- La del armario constituye el «primer encuentro entreel sujeto,
todavía infans, con el goce enigmático del Otro» que invadeel cuerpo.
Tiene el estatuto de troumatisme, de un encuentro traumático con lo
real, en tanto agujero de la ausencia de la relación sexual, un traumatis-
mo-agujero ante el cual el sujeto inventa formas de defensa frente a esta
experiencia que va acompañada de un goce inasimilable.*! Les recuerdo
la escena: «A veces, después de unafiesta, mis padres, alegres, hacian
un juego: cada uno me tomaba de una mano, melevantaban en vilo y
me llevaban corriendo a través del patio de la casa para terminar sen-
tándomesobre un armario».”Ella terminaba perpleja, llorando a gritos
mientras los padres reían; estamos advertidos de la experiencia indeci-
ble de un goce en el cuerpo.

20 Jacques-Alain Miller. El ser y“el Uno,cuarta sesión, miércoles 9 de febrero


de 2011, inédito.
21 Leonardo Gorostiza. «Trauma y real». Mediodicho. Buenos Aires:
EOL-Córdoba, noviembre de 2013.
22 Graciela Brodsky. Testimonio 1, «Desenlace»,op. cit., 194.

102
Posición femeninay posición del analista

2.-La del umbral en la que «ya había inventado un recurso más ela-
boradofrente a la angustia» que le generaba el goce del Otro: mientras
los niños de la cuadra jugaban y la pasaban de lo lindo, me sentaba en el
umbral de la casa con un block de recibos del negocio de mi padrey pin-
chaba los punticos con un alfiler, luego pasaba el dedo por el revés.” Po-
dríamosdecir que,al igual que la fantasía de la reliquia, es una defensa
frente a la angustia del goce del Otro, una defensa obsesiva por demás,
pero que le arruinabala fiesta a ella.
3.-Despliega toda una actividad para interrumpir el goce del Otro,
para arruinarle la fiesta hasta la escena de la fiesta inolvidable que pre-
cipita la travesía del fantasma, el camino hacia un goce innombrable y
la modificación en la posición dela analista.
Hay que tener en cuenta que ella estaba aferrada de forma identi-
ficatoria al S, «La única»: única hija nacida, después de diez años de
matrimonio, «como un regalo caído delcielo», única a la que la madre
oía (la madre era sorda y su voz le traducía el mundo), única para el ma-
rido?* Ese agalma de la excepción se desmorona cuando se encuentra,
en unafiesta en unas Jornadas de la ECE, excluida del goce del Otro:
«una entre otras, y en el mal conjunto»,*el de las mujeres solas. En la
fiesta «el analista ¡y permitanme decirles que por primera vez!, aparece
vivo ante mis ojos, habitado no solo porel saber que siemprele atribui,
sino habitado por un goce que me divide: de pronto el objeto a anida,
éxtimo en el campo del Otro, lo anima,le da vida».** La angustia se des-
encadena, lo que estaba anudado sinthomáticamente a la transferencia
se suelta, el valor de goce del S, se pierde y el objeto a cae.
Si la fiesta es inolvidable es porque marca un antes y un despuésal
producirse la separación en la contingencia de esa escena en la que se-
para esa marca de goce fantasmática del S, «La única» del Otro que
ahora aparece tachado: el analista habitado por un goce que la divide.
Esa separación del S, y el S(4) producela caída del objeto a que «anida,
éxtimo en el campo del Otro, lo anima,le da vida». Noes la única que

23Graciela Brodsky'Testimonio5, «La estructura clínica». RevistaLacanía-


na, No. 14, Buenos Aires: EOL, 2013, 106.
24 Graciela Brodsky. Testimonio 1, «Desenlace», op. cit., 194.
25 Ibid., 194.
26 Graciela Brodsky. Testimonio 3, «Po*tenaires», op. cit., 59.

103
María Cristina Giraldo

puede arruinarle o armarle la fiesta al Otro con su voz, para completar-


lo poresa vía, el fantasma no vela ya la castración del Otro,el S, pierde
el valor de goce que tenía en la cadena significante. De esa forma de
excepción quees la única, pasa al sola, la excepción por lo singular de
su ser de goce, al que el fantasmaservía de pantalla.
El atravesamiento del fantasma es un movimiento de desinvestidura,
como muestra Miller en El ser y el Uno: de caída de las identificaciones
Jálicas, de desanudamiento del lazo con el analista como representante
del sujeto supuesto sabery de deflación del deseo, porque el deseo no llega
4 capturar ningún ser, es un des-ser (désétre), un no-ser de lo que el su-
jeto creía ser y quedardestituido de esta calidad, implica retirar la libido
que se invistió en él,” de ahí la angustia y el efecto de desconcierto y
desarraigo, en tanto «la seguridad, fundada porel sujeto en el fantasma
quele fija su lugar respecto de lo real -dice Lacan—, a un mismo tiempo
viene a ser puesta en completo desorden y zozobra. Es el momento en
que un sujeto puede, en efecto, darse cuenta del hecho quelas catego-
rías significativas que organizaron su mundo, no son otra cosa queeso:
su propio mundo».?
Miremosen retrospectiva cuál era la función del fantasma para po-
dersituar los efectos que produjo su atravesamiento. Miller afirma que
el «fantasma no sólo se interpone como pantalla entreel sujeto lo real,
sino también entre el sujeto y su ser de sujeto» y que tiene dos valores:
«se interpone a manera de pantalla entre el sujeto y lo real, sino queal
mismo tiempo es una ventanaa lo real».” La angustia es una respuesta
delo real al perder la seguridad que le dabael fantasma ($0a) cuya frase
es «arruinarle la fiesta al Otro»; es su propia fiesta la que se arruina, lo
que se itera en la fantasía de la reliquia y en la escena del umbral. La
identificación a ser «La única» y al estado de excepción, se viene abajo:
en el grupo de las mujeres solas, ella es una entre otras, lo que desmo-
rona un mundo ordenado en torno a ese S, y que le servía de pantalla
frente a lo real y como velamiento del goce en juego su solución neuró-
tica: «por un lado ser un complementode ser a través del S,: ser la úni-

27 Jacques-Alain Miller. El ser y el Uno,tercera sesión, miércoles 2 de febrero


de 2011, inédito.
28 Ibid.
29 Ibid.

104
Posición femenina y posición del analista

ca; porel otro, un complemento de ser gracias al objeto: ser la voz que
se haceoír, que traduce, que despierta, que divide, que busca la palabra
justa, que puede ser hiriente, que quiere arruinarle la fiesta al Otro».%
Araceli Fuentes dice de la estrategia neurótica para tratar la incon-
sistencia del Otro: «El neurótico respondea la inconsistencia del Otro
con su falta en ser, con su síntoma»?!, Es un tratamiento de la incon-
sistencia del Otro por la vía de darle consistencia con su síntoma$,a:
«Ser garante de la potencia del Otro»y servirse de la voz para comple-
tarlo: «mantenerlo despierto, vivo, interesado, entusiasmado». Esa es su
estrategia neurótica que da cuenta del programa de goce con respecto
al Otro que, comoella afirma: «me llevaba de las narices sin que yo lo
supiera... Se entiende que para despertarlo debo verlo algo ensimisma-
do, para avivarlo debe parecerme un poco mortificado, para interesarlo
debo sentirlo un poco indiferente, para entusiasmarlo debe dar señales
de apatía, para hacerme escuchar debo considerarlo un poco sordo».*”
El falo comofetiche sirve para velar la incompletud y la inconsisten-
cia del Otro, de un Otro que no es garante, Si nos preguntamospor la
conexión con la posición del analista, al respecto dice: «en mi práctica
ese querer despertar al otro, ese querer que se diga, me ha conducido
a cometer errores, y es algo que tengo que tener siempre presente; una
vez mi analista me dijo: “Un poco más zen”; no ir tan enfáticamente a
obtener algo del otro».

Posición femenina y posición del analista

Como ventana a lo real, la travesía del fantasma le permite a Graciela


Brodsky cernir el S, como marca de goce «La única» en relación con el
objeto voz. Dice Dominique Laurent sobre lo que permite la posición
del analista: «en suma lo que el analista, hombre o mujer, debe poder
permitir que advenga, es la separación de S, y S(A), y en esta separación

30 Graciela Brodsky. Testimonio 3, «Partenaires», op. cit., 61.


31 Araceli Fuentes. «La especificidad del acto perverso». El psicoanálisis. Re-
vista de la ELP, Madrid 2001, 65.
32 Graciela Brodsky. Testimonio 3, «Partenaires», op. cit., 60.
33 Graciela Brodsky. Testimonio 1, «Desenlace», op. cit., 203.

105
María Cristina Giraldo

lo que caees el objeto a».** Se refiere a pasar de la mortificación fantas-


mática del cuerpo porel significante, al cuerpo vivificado porel saber
hacer del síntoma, en tanto queda algo irreductible, un goce opaco,sin-
sentido, se trata entonces del pase de la mortificación al plus de gozar.
Mientrasel fantasmase atraviesa,el sinthome no, porquese trata del ser
del goce, de ahí quela identificación y el saber hacer venga al lugar del
atravesamiento.
Identificarse con el sinthomees «yo soy tal como gozo» que es lo que
da acceso a una nuevaalianza con el goce, es en esa solución lógica que
se inscribe la posición femenina comoanálogaa la posición del analis-
ta. Si como afirma Miller, «las mujeres son locas, porquela pareja es ese
4, mientras el fantasma le sirva para completar al Otro, no hayel acce-
so a una nueva alianza con el goce en posición femenina. En el hombre
el goce fantasmático se aproxima al de la perversión, sin hacer de él un
perverso, porque el hombre se fija a un detallefetichista de su fantasma;
en la mujer, el gocefemenino puede aproximarse a la Psicosis, sin serlo, es
«la erotomanía de estructura, que tiene al Acomo lugar de la palabra y
también como lugar del cuerpo como no Uno».
La clínica del fin de análisis, como nos enseñaba en el Seminario
Fabián Naparstek, implica «un movimiento de distancia con relación a
la condensación de goce en un mismolugar y de una misma manera»,**
a la identificación al sinthome y abre una perspectiva para pensar la
posición del analista desde una vertiente que, si bien está centrada en
semblar el objeto a, incluye el goce femenino,sin que éste se vuelva, en
modo alguno, algo del orden del ideal, sino que alude al tratamiento
del goce másallá del falo. Es pensar la posición del analista en la misma
lógica del no todo fálico en la que se consiente al Otro goce y esto de
forma radicalmente singular en cada analista en su fin de análisis. Esa
singularidad irreductible del sinthome es lo que le permite afirmar a
Lacan que «No hay El psicoanalista, como no existe La mujer, existen
psicoanalistas uno por uno, a cada vez y de vez en cuando».

34 Dominique Laurent. Elanalista mujer. Buenos Aires: TresHaches, 2005,


5,
35 Jacques-Alain Miller. El hueso de un análisis. Buenos Aires: Tres Haches,
1998, 87.
36 Fabián Naparstek. Seminario La dirección de la cura en la época actual,
Op.cit.

106
Posición femenina y posición del analista

Lacan en ...O peor afirma sobre la posición del analista: «El analis-
ta ocupa legítimamente la posición del semblante porque no hay otra
posición sostenible con respecto al goce... ese semblante brinda su al-
tavoz a algo distinto a sí mismo, y justamente porque se muestra como
máscara... produce efecto por ser manifiesto».” Esta perspectiva en la
práctica va másallá del analista vaciado de goce; introduce la interpre-
tación asemántica en la perspectiva de lalangue, de la homofonía, del
equívoco, de lo apofántico, de las intervenciones del analista que cuen-
tan con el cuerpo del mismo. La concepción del pase también cambia
en tanto se exige más de los análisis.
La analogía entre posición del analista y posición femenina está por
ser situada en los finales de análisis, de ahí el rastreo de este eje en los
testimonios de Graciela Brodsky. Lo que descubre en la fiesta inolvi-
dable es que «el otro goza sin necesidad de mi voz, ni de mi auxilio...
Ni soy única ni le arruinola fiesta a nadie, cada uno se la arma se la
arruina solo, según su propio fantasma: nadie me necesita para eso.
Y en cuanto a la sordera del Otro, no hay peor sordo que el que no
quiere oír. Pero disfruto traduciendo, y dando clase, y hablándoles a
ustedes. Y prestando la voz y el silencio para que otros, que se analizan
conmigo, puedan oírse. En mi caso, es el destino de la pulsión una vez
atravesado el fantasma fundamental».* El S, se suelta y aparece en su
opacidad, el sinthome se vuelve legible y la pulsión se libera de los usos
fijos que tenía en el programa de goce. De la interpretación que haceel
analista olvida la palabra que nombrabasuser, la palabra que no existe
en la lengua del Otro, en los múltiples diccionarios en español y en
francés que consulta, la palabra perdida que empieza por T y que no es
un significante, nombra su singularidad con una únicaletra, que sigue
faltando en el mar de los nombres propios y es el destino sinthomático
del S, «solo unaletra y una palabra inexistente que pasa y se escabulle
entre las líneas de lo que puedo decir». Nos remite a lo imposible, a
lo innombrable, a lo indecible del goce femenino, de allí que falte en el
mar de los nombres propios porque es un goce en el cuerpo in-simbo-

37 Lacan, Elseminario Libro 19:...O peor, op. cit., 170.


38 Graciela Brodsky. Testimonio 3, «Partenaires», op.cit., 61.
39 Graciela Brodsky. Testimonio 4, «Partenaires». Martín pescador. Jornada
EBP, 2012.

107
María Cristina Giraldo

lizable, que está fuera de discurso y es su solución al traumainfantil del


armario y al encuentro con ese goce del cuerpo, que hizoletra. Apelo a
Miller para anudar ese destino sinthomático a la posición del analista:
«si la posición del analista tiene que ver con la posición femeninaes
porque el analista logra hacer algo con la nada, con esa nada produce
una causa de deseo. Es precisamente la operación femenina,ella a par-
tir de tener nada, es causa de deseo»,“
El goce que estaba localizado en el objeto a se pluraliza en el goce
femenino, indecible, en el registro de la letra y nodel significante, la
T unapieza suelta de goce, el goce mudo, opaco al sentido, que esca-
pa a la castración, que no guardarelación con el objeto a que Lacan
situaba, por el contrario, como el goce transparente al sentido, que es
goce-sentido (joui-sens). El sinthome es lo que, en cuanto letra, precisa-
mente escribe el goce singularísimo imposible de negativizar, el y que
se convierte en O. Leonardo Gorostiza muestra con ello que hay una
facetadelfalo, el falo simbólico comosignificante del goce imposible de
negativizar «que, lejos de excluirlo, se liga a lo fernenino en tanto tal».%
Al final de su Testimonio 6, Brodsky dice: «el análisis no me dio acce-
so a ningún éxtasis... Pero el inicio del fin me sorprendió en unafiesta,
sentada en la mesa de las mujeres solas, allí dondela estrategia de la
neurosis no funciona y dondela lógica fálica no alcanza para nombrar
lo que no tiene nombre. Aunque no es el lugar donde me gusta estar
creo que ahorasé, a mi manera, de qué hablaba Lacan cuando decía que
de la mujer nada puede decirse. Y a pesar de todo, hago lo que puedo
para decir algo sobre lo que no sé».

40 J.-A Miller. Introduccióna la clínica lacaniana. Conferencias enEspaña,


ELP-RBA, Barcelona, 2006, 304,
41 Leonardo Gorostiza. «El goce femeninoen el siglo XXI»,op.cit.
42 Graciela Brodsky. Testimonio 6, «Horrorfeminae», op. cit.

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Lofemenino noes solo cuestión de mujeres
se terminó de imprimir
y encuadernar en el mes de agosto de 2014 en Todográficas,
Medellín, Colombia. Se compuso en caracteres Minion
de 12 puntos y se imprimió sobre papel
Bulky de 60 gramos.
A
La pregunta por lo femenino, que inquietó a Freud, es la
pregunta que la Escuela Nueva Escuela Lacaniana y sus Sedes se
proponen investigar durante el presente año 2014, destacando
que no solo es asunto de mujeres. Las implicaciones y
consecuencias de esta propuesta fueron examinadas y expuestas
durante el Curso introductorio con el que la NEL- Medellín
inició el ciclo de cursos introductorios del 2014.

Existe un rechazo histórico a la feminidad, que proviene de la


relación con lo femenino primordial. Lo sagrado, lo mágico, lo
mítico, lo inconsciente se conjugan para frenar lo que todo ser
hablante puede saber sobre lo femenino. Sin embargo, Freud
insistió con su pregunta: “¿Qué quiere una mujer?” Él captó que
lo femenino se emparenta con componentes inmanejables y
hasta crueles de la pulsión sexual. Sentimiento de vértigo,
intuición de un precipicio, exaltación y arrebato, son extremos
en los queel sujeto está allí integralmente comprometido. Lo
femenino noes equivalente a lo que hace pareja de un hombre, ni
a la maternidad, porque lo pulsional en una mujer no está
completamente regulado por su orientación al falo. Lo femenino
encierra algo que no es del orden de lo armonioso, en lo que
llamamosactividad psíquica.