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CONOZCAMOS A ELENA G DE WHITE

Se dice que Elena G de White ha sido la adventista con más influencia en la


historia de la iglesia adventista, porque aun hoy en día son de vital importancia sus
consejos a través de sus escritos.

A la hermana Elena le preocupaba con Dios y llego a pensar que Dios no podría
perdonarla, pero finalmente conoció por un pastor la promesa de que en Jesús y
de nuestra buena relación con él a través de la fe comprendemos cuán grande es
el amor de Dios por nosotros.

Su misión como sierva del señor fue animar, orientar y instar al pueblo de Dios a
seguir en su constante preparación para la segunda venida de Cristo después del
gran chasco del 22 de octubre de 1844.

En su ministerio la hermana Elena resalto el valor del don profético para el pueblo
de Dios en todo tiempo, también desarrollo una importante influencia en el
desarrollo de la doctrina del sábado dando lugar a la organización de nuestra
iglesia adventista del séptimo día entre los años de 1861- 1863.

La hermana Elena desde el principio de su ministerio y hasta hoy ha sido


cuestionada por su desempeño en el don profético, pero como lo dijo que solo una
integra relación con el señor Jesús nos hace comprender el plan de Dios para sus
siervos los profetas para con su pueblo ayer, hoy y siempre.

El trabajo de la sierva del señor fue arduo en el crecimiento del pueblo adventista
en los años de 1850 y 1888, sabemos que su ministerio fue oral y también escrito
para darnos conocimiento hoy a nosotros del plan de salvación de Dios para
nosotros que somos su pueblo. La hermana Elena nos dio a conocer que en sus
visiones ella era llevada a un lugar especial en donde estaba en presencia de
Jesús y los ángeles le mostraban todo lo que ella debía comunicar, tanto el
pasado, como el presente y el futuro de los hijos de Dios.

A pesar de haber recibido las credenciales como pastor ordenado de la iglesia del
séptimo día después de la muerte de su esposo, no siendo ordenada por los
hermanos. “Ella creyó que su comisión provenía directamente de Dios”.

Aun hoy es recordada por su reavivamiento de la educación a finales del siglo XIX
y principios del siglo XIX. A través del vivir en Cristo, desde su llamado a los 17
años hasta los 87 años donde culmino su vida siempre fue muy dedicada en su
ministerio.

Hoy después de su muerte en 1915 sus escritos han seguido guiando al pueblo de
Dios, con destino a la vida eterna.