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SUMARIO DEL VOLUMEN I (1948)

Pig,
PRESEN TACI ON
J. IMBELL0N1 - Cuatro PaJabra.s

TRABAJOS ORIGINALES
OsvAL1>0 L. PAUL0·r·r1 - Los Taba.; contribucién a la somatologia de los indi
genas del Chaco
T1BOR SEKELY - Exwrsién a los Indios del Araguaia (Brasil) 97

OsvA1.D0 F. A. MENGHIN - M igrationes M editerraneae; origen de los Ligures,


111
I beros, Aquilanos y Vascos
J. IMBELLON1 - De la Estatura Humana; su reivindicacion como clemento mor
196
folégico y clasifwalorio ..........

EX TRAC TOS Y CON TRI B UCI ON ES


1. - Anlropologia del d@orte,p0r ANTONIO D1 BENEDETT0 ......... 244

2. - Efectos fisiolégicos del hambre en pueblos europeos. Primems noticias


sobre la poblacion de Grecia . 252

3. - Sobre un crdneo eschumado en las proximidades del Tumi,. 254


4. — Nuevos hallazgos en la "Caverna Grande" de Ultima Esperanza (Patago
nia accidental), por DANIEL HAmm1u.Y Durmr 258
5. - El hombre de Tepescpam (Valle de México), por JUAN COMAs . 262
6. - Novedades de la arqueologia canaria, por ELiAs SERRA RAFOLS 264
7. - Los "Auslralopithecinae", una nueva familia anlropoide propia del Africa
del Sud, por Mmzczm Bémmm 266

RESENAS

ARGUEDAZ, J. M. e IZQUIERDO, F.: Mitos, leyendas y cuentos peruanos (J. Imbe


lloni). — BONARELLI, GUIDO: Sylloge Synonimica Hominidarum fossilium hu
cusque cognitorum systematica ordinata (M. Bérmida). — BOULE, MARCELLINZ
Les Hommes Fossiles (J. Comas). — COMAS, JUAN: Contribution d l’étude du.
métopisme (M. Bérmida). — ELLIS, EDGAR: Ancient Anodines (L. Cooper).
GATES, R. Ruccmsz Human Genetics (J. Imbélloni). — GA:r.r·:s,R. Ruccmzs:
VHuman heredity in relation to animal genetics (J. Imballoni). — GATES, R. RUG
GLESZ Chromosome numbers in mammals and man (J. Imballoni). —HOFFSTETTER,
ROBERT: La Genética y el Hombre (J. Imbelloni). — MALE§, BRANIMIRZ Con
tribution d l’étude de la Biodynamique et de la Biogénbse de la Race Dinarique
(M. B6rmida.). — MANUILA, ALEXANDREZ Quel est le nombre nécessaire et suf
fisant d’e:camens dans les recherches biologiques? (J. Imbelloni). — ORTIZ, FER
NANDO: El H uracdn. Su mitologia y sus simbolos (R. Orta. Nadal). — QUEVEDO,
SERGIO A.: La tele-radiograjia y el estudio de las deformaciones craneanas (A.
Dembo). — SERRANO, ANTONIO: Los Aborigenes Argentinos, sintesis etnogrdfica
(J. Imbelloni). — Srvuucm, ATILIO: Derecho Indigena Peruano, Proyecto de
Cédigo Indigena (J. Comas). — MARTINEZ SANTA-OLALLA, JULI01 Esquema
paletnolbgico de la peninsula hispdnica (O. Menghin). — LARC0 Horus, RAFAEL:
Cronologia arqueolégica del Norte del Perri (E. Casanova).
NOTICIERO

Informaciones da la INDIA, por B. S. Guha. — ITALIA, por G. Gonna. — MEXICO,


sor Ccgna . — VENEZUELA, por T. Lopez Ramirez. — ESPAN
aa arr aa.
Volumcn I · Aiio 1948
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Hadelndn do M. Arriguui
Cnbada do Lenpoldo Peydm
UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES
FACULTAD mg m.osoFiA Y LETRAS
INSTITUT0 nz Amrnovonocn

ARCHIV0 PARA LAS


CIENCIAS DEL HOMBRE

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Volumcn I Aim 1943


BUENOS Amzs
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A las instituciones, laboratorios y especialistas de América y del
Mundo consagrados a las Ciencias del Hombre, se propone hacer llegar
por medio de esta publicacion su voz amistosa y solidaria el Instituto
do Antropologia que se ha fundado en la Facultad de Filosofia y Letras
(Universidad de Buenos Aires) en 1.947 (Abril 15).
No existe en este momento en. la América del Sud organo alguno
dedicado a las Ciencias del Hombre, y es justo que del solar argentiuo
surja la iniciativa de romper el silencio, por ser la Argentina la nacion
que desde mas de setenta anos viene trabajando con mayor empeno en
esta rama del saber, ya sea manteniendo cdtedras y fundando institutos
en sus universidades, ya editando tratados y monografias, ya organizando
museos.

El Instituto de Antropologia se propone repartir sus actividades


en la doble direccion de la Antropologia Biologica y de la Cultural, y
como esta ultima se consagra tanto al estudio de las culturas extinguidas,
como al de las que sobreviven, la estructura del Instituto comprende los
tres compartimientos de Autropologia Morfologica, Arqueologia y Etno
grafia, este ultimo con extension al Folklore y sin desinteresarse de la in
dagacuin linguistica, tan util en la tarea etnogonica. La Direccion del
Instituto no piensa copiar el defecto que ha observado con lamentable
frecuencia en estas organizaciones, que consiste en cuidar una unica
rama, dejando que las demos existan tan solo en el programa o en el
prospecto de constitucion, generalmente harto frondoso. Habru, en cam
bio, un constante interés para que se desarrollen simultdneamente todas
las especialidades, no solo en la investigacion, sino igualmente en las
colecciones del Museo Etnogréfico anexo a este Instituto, en la medida
se entiende — de los medios pecuniarios puestos a nuestra disposicion,
y no solamente porque seria poco elegante la convivencia de hijos pre
dilectos y de entenados, sino porque el actual director sustenta desde ya
largo tiempo la doctrina que al exagerar desmedidamente la represen
tacion de las distintas ciencias del Hombre como unidades independientes,
se ofrece una vision sumamente superficial, apenas tolerable en la pro
pedéutica de la escuela, mientras lo unico real es la multiformidad y
contemporanea unidad de los problemas. Esta publicacion sera el espejo
fiel de tales criterios: evitard con diligencia suma que se incurra en vin
culaciones ficticias entre una y otra rama, mas cuidard que el tono ge
neral conserve el sentido de conjunto, manteniéndose asl a la altura in.
dispensable para cobrar autoridad cientifica.
Este sentido de armonia, sin embargo, lejos de significar una dis
tribucion mecanica en partes iguales, reclama que se recupere el tiempo
que se has perdido en la marcha de determinadas investigaciones. Tal
el caso, por ejemplo, de la Antropologia M orfologica, que lamenta un lar
go descuido en nuestra Universidad. Sin desdertar el trabajo osteologico,
daremos un lugar de preferencia a las indagaciones sobre los grupos
humanos estudiados en el viviente y a las serologicas, del territorio argen
tino en. primer término.
Con la monografia sobre los Toba damos comienzo a nuestro come
tido de estudiar a fondo, uno tras otro, los grupos residuales de la antigua
raza Pdmpida, cuya incorporacion. a la vida nacional corzstituye un
magnifico programa para la actividad gubernamental y una interesante
perspectiva demografica para la Nacién Argentina. Los demds articulos
originates de este primer volumen — todos escritos por especialistas que
integran el personal del Instituto, o formados en el mismo -— dan exacta
cuenta de la amplitud que anhelamos imprimir a nuestra tarea. Es sa
bido que el impulso que incita a todos los paises hacia la antropologia
se mantiene en el primer tiempo estrechamente limitado a la esfera local,
y que solo al cobrarse densidad de obra e intensidad de saber, llega el
convencimiento que ese pequeno clrculo ha de resultar infranqueable sin
antes conocer el panorama del continente, y luego del mundo. Pensamos
que la antropologia argentina ya ha rebasado la etapa de curiosidad
lugarena, y puede — rruis bien debe, ahora que en muchos laboratorios
de Europa ha cesado el trabajo que les diera tanta fama — participar
directamente del dialogo cientlfico que se debate entre las universidades
de los paises de alta cultura, afrontando los problemas de mayor res
ponsabilidad.
El hecho que con la salida de RUNA quedan interrumpidas las Publi
caciones del Museo Etnogrdfico, no debe atribuirse, sin embargo, a la
renovacion de propositos y métodos que acabamos de ilustrar, y tanto
menos a un desconocimiento de los meritorios trabajos alli publicados,
sino a la circunstancia que la fundacién del Instituto dc Antropologia.
ha dejado sin. efecto aquella intitulacion. Sola diferencia digna de re
aalte es nuestro deseo que RUNA mantenga la mayor regularidad en su
aparicion y distribucion, ora en volumenes anuos, ora en fasciculos
aemestrales.

Al enviar a la imprenta las primeras carillas, no podemos eliminar


la pregunta del que coloca la primera piedra: jcubnto tiempo durara el
edificio? Pregunta angustiosa por oierto, que seria vano cantestar can
Pwfecias mas o menos rosadas, puesto que la eontinuidad de los mejores
propositos se ve diariamente adversada por el espiritu de inercia, el afan
desmedido de navedades y en mayor escala por un equivocado sentido
de la individualidad. Nos limitamos a cumplir nuestra obra con sirwe
ridad y humildad, confarmandonos con augurar larga existencia a la
publicacion que hay se inicia. Es posible que tuviesen razon los antiguos
cuando decian que toda publicacion tiene asignado su propio destino:
habent sua. fata libelli!
Aun menos insegura es que tengan su propio destino las palabras,
El titulo que hemos elegido para este ‘archivo’ sera ciertamente el prin
cipal vehiculo de su suerte, asi como es desde ya una especie de slmbolo
y resumen del programa.
RUNA, como todos saben, es la palabra que en la lengua del Peru
Antigua, el Runasimi, significa ‘Hombre’. Eso de intitular con la pa
labra ‘Hombre’ una revista de Antropologia, es casa que no puede sor
prencler a nadie; véanse, por ejemplo, las reuistas Man que se publica
en Londres y Anthropos que se publico en Viena y ahora en Suiza.
Es plausible que adoptemas su equivalente del idioma Runasimi, que
fué la mas alta lengua de cultura de la América del Sud.
El vocablo RUNA se presta ademds para aclarar nuestra posicion
frente a las tenderwias de excesiva limitacion o sobrada extension del
temario, que a su vez son consecuervciadel modo como se cancibe el objeto
de la Antropologia. Dice Garcilaso de la Vega de los Peruanos, que al
hombre "pa.ra diferenciarle de los brutos, le llaman Rune, que es Hom
bre de Entendjmiento y Raz6n...". Nosotros nos encontramos bien
lejos de aquellos antropélogos cuya mentalidad se ha plasmada de acuerdo
con las convencianes mentales del 800.
El Hombre, en pocas palabras, es para nosotros en primer lugar el
habitante de la Ecumene, e inmediatamente después el del territorio sud
americarw, pero no vemos en él solamente a un organismo que cumple
las funcianes vitales de todo ser que respira, sirw las especificas del que
obra y fabrica, inventa y piensa, creando y destruyendo incansablemente
las multiformes culturas que se han acompanado o bien seguido unas
a atras sobre el planeta.
_ Solo queda ahora por augurar que los Colegas de todo el mundo acoyan
con honestidad sincera este fruto de nuestro trabajo.

Buenos Aires, Noviembre 11 de 1948.


J. IMBELLONI
L0STOBA
Contribucién a Ia somatologia dc Ins indigcnas dcl Chaco
por OSVALDO L. PAULOTTI

N OTICIA

Las referencias que nos transmiten los descubridores, cronisras


y catequizadores sobre la conformacion fisica de los primirivos po
bladores del Chaco son abundanres, aunque poco precisas y despro
vistas de senrido cuancirarivo. Paucke, Dobrizhoffer, Sanchez La
brador, Lozano y orrosi, han dejado pinrorescas descripciones del
tipo fisico de los indigenas, pero su curiosidad se orienra prefe
renremenre hacia las deformaciones corporales. Al hablar de los
Chiriguanos, por ejemplo, dice Lizarragazz 5`an bien dirpnmar, for
nidas, lar pecbar levantadar, espaldndas _y bien becbvr, marcnazas. Pilan
Je lar cejas y pe.rta17a.r; lar ajc: tienen pcqneiiar y viva:.
A comienzos del 1800 se inicia una nueva erapa en el conocimienro
de la complexion de nuestros aborigenes: es la corriente de los na
ruralisras viajeros, cuyas péginas nos presentan los tipos indigenas
a través de sus caracteres exreriores y fisionomicos. Las observa
ciones sc realizan con mas mérodo, aunque no siempre con las normas
ni la finaliclad de la anrropologia moderna. Su represenrante mas
genuino es el talentoso naturalisra francés Alcide D'Orbigny“, cuyos
crirerios son, por orden de imporrancia, el color de la piel, la ralla,
1. M. Domuzaomumz Historia de Abipemibur, cquerrri belliwraquc ParaquariaeN ations; Viennae,
1784. — P. José Sbrcmzz Lnnmox: El Paraguay Carblica; Buenos Aires, 1910.- P. Psrmo Lo
zmo: Desnipcrbn cbaragrafica del Terrma, de la: rlar, drbalu _y animalu del Gran Cbacu Gualam
C6rcl0bz, 1784.
2. F. Rsauuuao mz LIZARRAGAZ Ducripcibn _y pablacién do la: Indiar; Lima, 1907.
3. Ancmn D'OnmGrn: L'b0me américain dc l'A.mérigu¢ méridionalc; Paris, 1839.
la forma de la cara y las proporciones del cuerpo. "El color de lo:
Tobo: _y lor Mbocobir, ex bronceado — dice — 0 md; bien pardo-oliodceo..
Lo: Tobor que hemox oirto cerco de Corriente; son de muy nlm esmturu; re
lo: holla frecuentemente de 1 metro 73 4 76 centimetrox (5 pier 4 a 5 pulga
dor), _y ru tolli: media porece nproximarxe ez 1 metro 68 oenrimerro; (5 pig;
2 pulgador). La de lo; mujere: er tori Jemejante, 0 ol menos en buennr
proporcione: afin (1 metro 590 milimetr0.r)... La: expnldnr ron anchor, el
pecho mliente, la cintum ex poco marmdei, lo: reno.: no Jon demmieido volu
minoxor, _y sobre todo muy bien c0locado.r... Su cabeza ex grande, Ju 64173
oncho sin Jer llena, la frente mliente, la nariz prolongadn en ezleta:
abierto.r..

A fines del si lo asado rinci ios del actual comienza e1 ig P Y


. , . . desarrollo cientifico de la somatologia argentina, con las expedi
ciones enviadas desde Europa para estudiar los pueblos fueguinosk
E1 segundo momento de este periodo esta representado por los estu
diosos argentinos. Por obra de Francisco P. Moreno se crea en la
Universidad de La Plata un departamento de antropologia, y varios
aiios después en la de Buenos Aires una catedra de la misma asigna
tura. Ten Kate, profesor del Museo de La Plata, publica en 1897
los resultados de su viaje a la region de los indios Guayaqui’, des
cribiendo 5 individuos por sus caracteres exteriores, fisionomicos,
talla y dimensiones de la cabeza y la cara. En su contribucion mas
c011sultada", cstudia, entre 0t1‘0s, cuatro Chiriguanos proccclentes
de Jujuy.
Las Observaciones mas extensas com letas SOb1’C s0mat0l0 ia Y g
_ chaquense se deben a la pluma de uno de los mas laboriosos antro
pologos que han trabajado entre nosotros, R. Lehmann—Nitsche,
profesor en las universidades de Buenos Aires y La Plata. Instado
por la neccsidad de llenar las enormes lagunas que sc prcsentaban
en el cuadro clasificatorio de los indigenas argentinos, emprendié
una fructifcra campaiia dc relevamientos y Observaciones que h0y
l. Esta eorrienre es iniciada por Hyades, Déniker y Janka. Los dos primeros, integrantes
de la misibn cientificz al Cabo de Hornos, esrudian un grupo de 87 Yamanas y 3 Alaealuf. jan
ka pulzvlica un conjunto de Tehuelche. Después aparecen las notas de De Quatrefagcs y Ma
nouvner sobre Charruas y Araucanos llevados a Francia. (P. Hyzcles y Déniker: Minion
uivnrifiqw du Cop Horn 1882-188]; r. VII, Anrhropologie, Ethnographic; Paris, 1891. *JANKA, cn
Wenbach: Kirpernueuungan wnrhiedenar Mmxchenronen; p. 172, Berlin, 1878. L. Mnrouvxxnz
Snr lu Arnurnn: du jurdin d'Arcli1n4r¤tion; en Bulletins de lz Societé cl'Anthr0p0l0gie dc Paris;
3. t. Vl, p. 730. Parla, 1883).
2. H. nu Kan: Non: ethnogrophiquu nur Ie: indian: Gujnquie et dmviption do leur: camc
tm: phyriqnu; en Analen del Museo de La Plata, Seccién Anrropolbgica, r. II, La Plata, 1897.
3. Tn: Kyra: Mntlrioux pour urvir n l'•nthropolo_gi• dar Indian.: do In Rlpuhliqui Argentina;
en Revnu del Museo de La Plaza, t. XII, Ln Plata, 1906.
10
constituyen una dpeumentacion irreemplazable. Su preocupaci
lPOI el CS[I1d102.113l1[1CO de IOS CZIZCICYCS, sin la II1
'Z2.1'1'2.P1Cl3.S SIDICCSIS, DOS PI`OPOI'ClOD2. series perfectamente C
· [CI.'1-ZH.d8S P2.I'2. .l3.S OPCIEICIOIICS de orden COH]P3.1.'3.
CZSIOHCS sobre los indigenas del Chaco, aparte de sus series fue
$111113.51, 0112.2 Y ICIIIICICIIC3, comprenden UI13. IDC1]1OI'l2, S
-individuos Taksh1k‘, del grupo Guaicuru, y su conocida obra E:
tudza: antrnpalégzcax :0brc Z0: Cbiriguanw, Charatu, Maraw: y T0ba:5,
con un total de 160 relevamienros individuales. Esta ultima, por
su metodica preparacién y la masa de anotaciones métricas, puede
tenerse COIDO I1D modelo CD SI1 géI1C1'O.
Después de la abundante cosecha de Lehmann—Nitsche poco se
ha hecho en materia de somatologia chaquense, a excepcion de la
nota de E. Palavecinos, sobre un indio Ashlushlai, los relevamien
tos de Imbelloni sobre 27 Maraco y 2O Maké, y las observaeiones
del autor sobre 47 indigenas chaquenses’ y 402 Toba. La atraccién
que han ejercido sobre los estudiosos las elevadas manifestaciones
de la cultura andina del N. O. del pais, particularmente la alfareria,
I].21 IIIIPIIISZJZIO 8. ZCOIDCECI 1'CPCIZICIOS U.'2.b2.iOS SOl)1'C los 1'CSIZOS
de sus antiguos pobladores, haciendo olvidar la existencia de im
portantes micleos de indigenas que sobreviven en las llanuras, mas
representativos P21'2. la SOID2.T§O.lOgI8. 2.1'gCI1[ID2. q_I1C .l2.S 2.gI'I1P3.ClO
nes extinguidas. En efecto, el tipo humano mas caracteristico de
I1I1CS'C1'O fC1'1‘I[Ol.'IO 110 CS POI SIIPIICSCO el POl)l2.(IO1' del EIIIIPIZJJO
en tiempos remotos se establecio en el N .0., ni el araucano que
ayer traspuso la cordilleraz es el hombre que puebla las inrnensas
mesetas de la Patagonia, las pampas del centro del pais, y las sa
1. R. L¤nMm·m-Nrrscuzz Relwamimta antropaldgica dc da: india: Alaralup en Revista del
Museo de La Plata, t. XIII, scgunda parte, Buenos Aires, 1916.-del mismo autor: Relwamim
to antrapalégico de una india Yagdn; en idem.
2. R. LBHMANN-Nrrscnz: Etude: antbrupulagiqucr rur lz: indian: Ona (group: Trban) dr la Terre
du Fm; en Revista del Museo de La Plata, t. XXIII, segunda parte, Buenos Aires, 1916. —del
mismo autor: Euudin: anrrapalégico: rabrc la: Ona; en Anales del Museo de La Plata, t. H, en
trega 2, Buenos Aires, 1927.
_ 3. R. L1=.nM.·n·m-N1·rscns: Relevamimta anrrapnlégica dz tre: india: Tebiulchz; en Revista d
Museo de La Plata, t. XXIII, segunda parte, Buenos Aires, 1916.
_ 4. R. L1=.uM.u~m-Nrrscnzz Etude: anthrapalvgiqw: rar le: indien: Takrbik (group: Gaascum
du Chaco argmtin; en Revista del Museo de La Plata, t. XI, La Plata, 1904.
5. R. Lmmmw-Nirscna: Enudia: antropalégicar mh.; la: Cbiriguanar, Cbaratu, Maxam: y
Tubas; en Anales del Museo de La Plata, t. I, Buenos Aires, 1907.
_ 6. E. Pntasvscruoz Rclzvamiznta antrvpvrnftrica dc un india A:bIu:hIai; en Notas del Museo
de La Platat. IVBuenos Aires, 1939.
, , _ 7. O. PAULOTII y A. Dunno: Materialc: para :ervir a la :arnatal
co: Taba, Mamvl, Cbulups', Vilcla, Gaaraya _y Cbani; en prensa en RCV1S(3 del Inst. d
pologia de Tucumin"
11
banas y florestas del Chaco. Otro factor que ha restado cultores al
esrudio del viviente han sido las dificultades con que se tropieza
para alcanzar las agrupaciones indigenas, muchas veces raclicaclas
en lugares de dificil acceso. Esta situacion se repite en otros sec
tores de la investigacion, afines a la somatologia, como el estudio
dc los grupos sanguineos y dc la ceguera gustativa, a pesar de ha
berse iniciado ya con buen éxito las primeras indagacionesl. Es
sensible que este sector de nuestra disciplina, cuyo conocimiento
para la sistemética americana "es el fmico en que puede alcanzarse
una certidumbre relativamente establcnz, Continue s1endo segun
las palabras de Lehmann-Nitsche’, la bijaxtra do _l4.r investigations:
ciontificax. En la Argentina tenemos el deber de revivificar las in
dagaciones sobre los indigenas actuales, pues ellas constituyen uno
de los puntos de apoyo mas importantes para la clasificacién del
hombre americano.
En un viaje anterior al Chaco tuve oportunidad de efectuar ob
servaciones sobre varios grupos indigenas. Esas experiencias me
hicieron ver la necesidad dc realizar indagaciones mas completas
sobre series mis numerosas. En efecto, en la morfologia de los cha
quenses tipicos se manifiestan diferencias apreciables que afectan
la estatura y las proporciones del cuerpo y de la cara. Esas prime
ras observaciones debian ser el punto de partida para la investiga
cion sistematica de cada una de las grandcs agrupaciones chaquen
ses. Las primeras indagaciones se efectuaron sobre los Toba del bajo
Pilcoma 0, ue ele i or sus condiciones de ureza homo enei- g
dad. De ese modo fué como se prepararon los trabajos que son
objcto de esta monografia.
El viaje fué organizado por el Museo Argentino de Ciencias

1. G. Rum: Lo: grupo: mngulneor dc lor arourvno: Mapurbr) y de lo: fuoguinos; en Invest.
y Progreso, ailo V, N° 11, Madrid. — S. MAzzA e I. Fnnrxu: Grupo: songulmor do indiory do
ourdctoro: del nom orgmtirno; en Tercera Reunion de la Sociedad Argentina de Patologia Regio
nal del Norte, Tucumin, 1927. Otros trabajos en reuniones siguientes. —A. Anvnnz: Compro
booiorur biolégicor on oborlgmu nrgentinor; en Publiczcién N° 6 de la Comisibn H. de Reducciones
de lndios (Ministerio del Interior), Buenos Aires, 1938.- O. PAULOTT1 y L. Gouziuzz Gru
po: mngulruor do lor norivor do lo Pano jujuia; en Anales del Museo Argenrino de Ciencias Na
rurales, r. XLI, Publ. N° B3 de Anrropologla, Buenos Aires, 1943. I.un¤L1.om: Lo: imm
ngucnorur uroldgiror dal Profuor A. Sontiuno m rl Ecuador; en Nous del Museo dc La Plata., r.
IX, N"' 30 y 31, La Plata, 1944.-B. Anvur. y C. Hnwcnnz Lo ugurio rolotiva o In fmil·rio-uru;
en Bolerin de la Sociedad de Biologia de Concepcién (Chile), r. XVIII; Conception, 1944.
(). PAIJLOTTIZ Comportvmimto roriul y uxuul do lo muibilidud gurtutivo porn lar eurbornidar;
en prensa en "llevista del Inst. de Anrropologln. de Tucumin"
2. _]. lnnnmm: Tru uplrulo: robra rirmndticu lol bombro ornoricovu; en Actualidad Mé
V dnca Peruanz, r. Il,>. 4, Lima, 1937.
b}3. R. Lnnnnm- rncnsx Emdio: mrropollgicor robro Io: Cbiri
12
Naturales, durante 1a direccion del Prof. Marrin Doel1o—_]urado, al
que me es grato manifesrar mi reconocimiento. El plan de trabajos
fue preparado por el jefe de la Seccion Antropologia, Dr. _]osé Im
belloni, bajo cuya direccion se confeccionaron los materiales de
comparacion y registto (fichas, esquemas, etc.), y se fijaron las
técnicas y manualidades para el tcrreno. La comision estuvo forma
da por el Sr. Luis Gonzalez y el autor, auxiliares de esa seccion.
Salimos de Buenos Aires a principios de junio 1942 con destino
a Formosa. De la capital del territorio pasamos a Clorinda, sobre
el rio Pilcomayo, donde quedamos ocho dias, dando comienzo a las
observaciones con un grupo de mas de 50 Toba. De Clorinda nos
trasladamos a Laguna Blanca, a mitad de camino de la l\r[isi6n
Tacaglé (Misi6n Nueva), y a un par de leguas del Pilcomayo. Gra
cias a la solicita atencién, que mucho agradezco, del Director de
la Mision Evangélica Emmanuel, Sr. john Church, nos hospedamos
en la colonia, donde realizamos las indagaciones mas detalladas y
numerosas. Esta Mision albera mas de un centenar de Toba, de
todas edades, y en condicioncs fisicas muy satisfactorias.
Debido al mal estado de los caminos, que nos impidié llc
gar a la misién franciscana, quedamos en Laguna Blanca cerca de
un mes, desde donde realizamos excursiones a los lugares llamados
Primavera, Espinillo y Tuyuyu, a varias leguas de Ia misién, donde
pudimos ampliar las series observadas. De regreso a Formosa, don
de estuvimos cerca de diez dias, visitamos los alrededores, con
siguiendo aumentar nuestras observaciones. Intentamos luego es
tudiar los indigenas de las misiones evangélicas situadas hacia el
interior de Estanislao del Campo e Ingeniero Juarez (esraciones de
la linea férrea Formosa-Embarcacion), donde no tuvimos éxito,
debido a que los indios se habian trasladado a los ingenios para
trabajar en la zafra.
Todas las series estudiadas pertcnecen a indigenas Toba nacidos
y radicados en el bajo Pilcomayo, a excepcion del grupo de Formo
sa. Los cruzamicntos con el blanco son muy raros, al extremo de
no haberse hecho necesario separar mas que pocos individuos por
su origen dudoso. Para impedir mezclas de tipos eventualmcnte
desemejantes hemos conservado la division por agrupaciones y lo
lacilidades.
La serie "tipo", por la amplitud y homogeneidad de sus com
ponentes y su aislamiento de la poblacién criolla, es la de Laguna
Blanca. Ademxis, alli se realizaron las indagaciones mas completas.
Por :110 darcmos prcfcrcncia a sus scriacioncs para cstudiar 10s
caracrcrcs dc 10s Toba, pucs son las mas rcprcscntativas y dcnsas.
E1 cstado dc nutricién dc cstc grupo cs bucno, como 10 rcvcla Icl
siguicntc cuadro:
TABLA 1 - Extado J: rmrririén (Laguna Blanca)

Hombren I Mujeres I Total

muy flaco .
flaco .
regular . 41 I 42 I B3
g0rcl0 .
muy gordc. .

Otra condicién intcrcsantc cs cl clcvado numcro dc individuos


jévcncs. En cl cuadro siguicntc rcgistramos las cdadcs dc 10s indi
viduos rcunidos cm Laguna Blanca:

TABLA 2 - Edadu (Laguna Blanca)

Hombre: I Mujeres I Total

hasta 17 mos ...| 19 I 17 I 36


18 a 30 aiios .... I 20 I 19 I 39
31 a 40 » 16 I 10 I 26
41 a $0 » 8 I 17
51 a 60 »

60 a 70 mics .

Obscrvamos cn cl lugar que 10s caractcrcs scnilcs son pcco frc


cucntcs. En la poblacién dc Laguna Blanca, quc consta dc 129 in
dividuos, los fmicos sujctos algo cncorvados cran trcs vicjos dc
70 afios.
Con rcfcrcncia al scxo, sc noca cic1·t0.cquilibri0 cntrc cl mimcro
dc hombrcs y cl dc mujcrcs dc cada agrupacién. En Laguna Blanca,
por cjcmplo, 1a poblacién adulca pcr
T4·¤·3·N¤¢¤!i·¥··¥(L¤z~¤¤ B!¤··~) mancme sc componc dc 48 hombrcs y
I 40 mujcrcs. Families I T t l on
ml MIO
tabla adjunta, hacicndo la salvcdad
· z mgm s I quc cn la mayoria dc los casos no
Q3Q ha sido posiblc avcriguar cl numcro
•6»
1 I dc h1]0s auscntcs.
14
La disrribucién dc las agrupacioncs cxaminadas cs como si
Tau.; 4 - Dixrribuiln

Hcmbru I Mujeres I Tots]

Laguna Blanca. . $1 39 93
Formosa. 25 37 62
Clorinda
Primavera. . 24 32 56 I I
32 36 68
Tuyu)f{1 30 29 59
·Espimllo. . 28 39 67

En c1 capirulo préximo csrudiarcmos los caracrcrcs cxrcriorcs dc


los Toba, dcyando para los siguicurcs los caracrcrcs arquitccrénicos,
fisionémicos y fisiolégicos.

II

PARTE DESCRIPTIVA

A. — CARACTERES EXTERIOR]-ES

1. — COLOR DEL CUTIS

Las dcrcrminacioncs sc han rcalizado con la caja cromarica dc


von Luschan. Para cvirar crrorcs, ocasiomados por cl brillo cxccsivo
dc las parcclas colorcadas, procuré 110 rccibir dirccramcnrc- la luz
solar y obscrvar los rintcs cutancos a una disrancia pruclcnrc.
La caja dc von Luscham cs algo inadccuada para América. Falran
los rimtcs pardo-amarillos y pardo-amarillos claros, quc son carac
tcristicos dc] iudigcna amcricano, cm tanto quc 10s ocrcs posccn
timrcs rojizos quc falran cn nucstros aborigcncs. Esa dcficicncia fué
ya advcrcida por LCI1ID3DD—N1tSChC1, quicn rraré dc corrcgirla agrc
gamdo a las noracioncs dc las parcclas mimcros 17 a 18 (pardo-rosado)
y 22 a 23 (ocrc rojizo) dc la caja dc von Luschan, la advcrrcncia
NB :1224: parda.
La falra dc riutcs pardo-amarillos y pardo-amarillos claros mc
indujo a cstablcccr una convcncién para mis rcgisrros. Las parce
1. R. L¤.¤MAm·1—Nrrsc¤.s: Errsdiv: antrapalégicax mh: la: Cbirigumur, crc., p. S5
15
las de la caja de von Luschan que mas se aproximan a las pigmenta
ciones pardo-amarillas claras son las ndrneros 16 a 18; a su vez, las
mas proximas al pardo-amarillo propiamente dicho figuran con los
nfimeros 22 a 25. Por ello convino que todas las observaciones de
matices pardo-amarillos claros fuesen anotadas con los nfimeros 16
a 18 de ese cuadro cromético; mientras las observaciones de matices
pardo—amarillos fueron anotadas con los mimeros 22 a 25.
Por no haberse tenido en cuenta esa convencién en la pintura
de unas mascarillas se produjo un incidente curioso, de innegable
valor demostrativo. Cuando cl modelador del Museo Argentino,
S. Da Fonseca, termino la extraccién de los positivos de las masca
rillas Toba que habiamos tomado en Formosa, se dispuso a apli
carles el color, cuyo nnimero se habia registrado en la ficha descrip
tiva de cada sujeto, sirviéndose de la caja de von Luschan. Mucho
nos sorprendimos cuando mas tarde, en su taller, pudimos ver los
resultados. Las mascarillas estaban cubiertas por unos tintes rojizos,
que nunca habiamos observado en nuestro prolongado trato con los
indi genas. El modelador habia reproducido fielmente las coloraciones
de la caja de von Luschan sin tener en cuenta la convencion que
hacia mas pardos los amarillos y quitaba los tintcs rojos al ocre.
Fué necesario aiiadir a la pintura una buena porcién de negro para
volver los tintes mas pardos y quitarles el matiz rojizo que tan
extraiiamente habia decorado las mascarillas.
Las sistematicas observaciones de Karl Ernest Ranke, prestigio
so antropélogo de Miinchen, sobre la pigmentation cutanea de los
indigenas americanos, coinciden plenamente con los datos que nos
proporciona nuestra corta experiencia. El color cuténeo do lor indiana.:
dice en su monografia sobre la coloracién de los indigenas sud
americanos‘— .rc coloca may circa del tint: gn: or propio do los pueblo:
do Aria llomado: "amarillor". Ranke cstudi6 las variacioncs del
tinte cutanco ocasionadas por la vida llevada a pleno aire y sol,
tanto en el indio como en cl blanco, comparandolas con la colora
cion que ambas razas adquicren por la permanencia en lugares prote
gidos. Concluyo que las agrupaciones sudamericanas se comportan
cn tales casos como una poblacién amarilla que nada tiene que ver
ni con nn blanco ni con un rojo“

I. K. E. Raman: Uober dia Huurforbe Jar nidanurikmicbm Inlimcr; en Zeitschrift fur Ethno
logic, t. XXX, p. 73, Berlin, 1898.
2. K. E. Runs: ldem, p. 72. Ver: Antbropologiscba Bubocbtungan au Zmtrallruilim; en
Abhandlungen der K. Bnyerischen Akademie det Wissenschsften, II Klasse, 1, Miinchcn, 1907.
16
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‘ `*Y*·" `
zrggww

”` **" {E?} `
- ¥=·s··
El proccdimicnto corricntc para dcscribir la pigmcntacién dc
un pucblo, hacicndo uso dc adjcrivos 0 mcdianrc notacioncs nu
méricas rcfcridas a cajas crométicas c0¤vcnci0 na1cs, no podia sa
tisfaccr la ncccsidad dc un cstudio objctivo dc 10s tiuccs. Por cl10
Rankc rccurrié a la prcparacién dc un cuadro cromético quc rcflc
jara 10s times caracccristicos dc 10s indigcnas, obscrvados dirccra

Tanu 5 - Calor del rutix (Laguna Blanca)


Hombre: Mujeres
C'd‘
. . P1gment.ncn6n |v_£:;chiml
mejillu [mute
pecho front: mejilla pecho

9:18% 3: 7 % 0: 0 % 2: 5 % 2: 5 % 2: 5 %
12-13

1-4
pardc rosado I 12
14-15
15
15-16 /////
19:sa% 4: 9 % 5:12% 8:21 % 12:31 % 8:22 %
16

pardo-amarillo I 16-17 ////


clar0*
17-18 //////// //// ////// ///
18 /////1 ///
4: 8% 6:14 % 8:19 % 8:21 % $:13 % 5:14 %
18-19 ///

0crc 19-20
20
20-21
21 ///
14:28% 25:58 % 24:55 % 17:43 % 17:43 % 18:50 %
21-22 /// /// ///
22 /// /// ///// ///// ///
22-23 ///
//// //////// ///// /// //// /////// ,
pardo-amari1l0* I 23
23-24
24 /// ////
24-25 ////
////// //// ///
4: 8% 5:12 % 6:14% 4:10 % 3: 8 % 3: 8 %
25-26
26

pardc-amarillo \ 2§;7
0scur0
2748
28
28-29

43 43 39 39
Toralcs

Ve; texto precedente.


17
mcntc por cl autor. Esrc proccdimicnro ha sido adoprado cn mi tra
bajo con ayuda dc la rabla dc von Luschan, lucgo dc habcrsc cfcc
ruado las corrcccioncs a quc mc hc rcfcrido prcccdcntcmcutc, y dc
las cualcs sc dara cucnra cn una publicacién quc cstoy prcparando,
provisra dc la indispcnsablc rablilla dc colorcs. Los mimcros quc cn
cl prospccro acompaiian cada parccla son los dc la caja dc von Lus
chan, prcvia corrcccion.
Las pigmcnracioncs dc] cutis, tomadas cu la frcntc, mcjilla y
pccho, sc prcscnran cn la rabla 5.
El color mas frccucmtc cs cl pardo-amarillo propiamcntc dicho,
quc prcdomina cn las mcjillas y pccho dc ambos scxos, y cn la fren
rc dc las mujcrcs. A ésrc lc siguc cn difusién cl pardo-amarillo claro
cou sus rintcs mas calidos (17 a 18), quc prcvalccc cn la frcurc dc
los hombrcs.
La pigmcntacion dc la frcnrc cs·més inrcnsa cn las mujcrcs quc
cn los hombrcr,. E11 las primcras, al pardo-amari110(43 %) siguc cl
pardo-amarillo claro (21 %) y cl ocrc (21 %). Eu los hombrcs al
pardo-amarillo claro (38 %) siguc cl pardo-amarillo (28 %) y cl
pardo-rosado (18 %).
Los tinrcs dc la mcjilla son mas oscuros quc 10s dc la frcntc
ninicamcnrc cn cl hombrc (pardo-amarillo + pardo-amarillo oscu
ro = 70 %); cn la mujcr son cquivalcutcs (51 %), por la mayor
frccucncia dc riurcs pardo·amaril1os claros.
La pigmcnraciérn dcl pccho cs cquivalcurc a la dc la mcjilla cn
los hombrcs (pardo-amarillo ‘+ pardo-amarillo oscuro = 69 %)Q no
rcgisrrandosc times pardo-rosados. En las mujcrcs cl color dcl pc
cho cs cl mas intcnso dc los trcs sccrorcs (pardo-amarillo + pardo
amarillo oscuro = 58 %), aunquc sc manricncn frccucmcias consi
dcrablcs para cl pardo-amarillo claro (22 %).
Rcspccto al vicntrc y la cspalda, vcamos la rabla 6.
Esras frccucncias dcuotan quc cl vicnrrc y la cspalda dc los Toba
son los sccrorcs mas inrcnsamcmc pigmcnrados dc toda la cpidcr—

Tum 6 ·Calar del curir (Laguna Blanca)


Hcmbres
. C|'|

Pigmntndén I v'1::1:ci;n I vientre eapnlda

°“°
20-21 I/N//U 32%
_ pardo-amarnllo 22-2} //[/// 27 %
P**d°·*m¤*iU¤ ¤•¢¤f¤ ---I 25-26 I/////////////// 68 %I//////////////// 73%
Totalu 22 22

IB
mis, corrcspondicndo a la cspalda los tinrcs mis oscuros (pardo
amarillo + pard0·amari110 oscuro = 100 %).
Rcsumicndo, la distribucién gcncral dc la pigmcntacién Toba
SC OI'dCI`12. COmO Sig\1CZ
pardo-rosado I pardo-zmarillo :11:0 I pardo-amzrillo I pzrdo-amzrillo 0sc. ocrc
6% 18 % 43 % 18 % I 14 %
La distribucién dcl pigmcnco cuténco cu 10s distinccs scctorcs
dC1 Cl1C1'PO, SCglil1 IOS I1DECS QUC P1'CdOm1D2.D, CS COm0 S1gU.C1
Tnu 7 - Dixrribucién del pignurxra cutémo

Sexo I Pard0—uma.rill0 clam I Pardo-amarillo I P"4°`ammm°


IDYEDSO
I P"d°`°m“m° USCUIO

Hcmbrcs .... I hcntc


Mujcrcs. frcnccI=mcjillzs =(?)pccho I vicncrc I cspaldz
mcjillas pccho G)

Estc cua.d1·0 rcvcla uma difcrcncia sexual considerable, manifes


téndose en la mujer una pigmentacién general mas intensa que en
cl hombre.

2. — COLOR DEL mis

Los regiscros se han hecho con la caja de Marcin, obteniéndose


los siguientes resultados (tabla 8).
E1 color mas comfm es el negro intenso, que perrenece al 74 %
de los hombres y al 90 % de las mujeres. A ésre le sigue el negro
TABLA B - Color del iris (Laguna Blanca)

Caja du M · ujcrcs
_ _ Pxgmentacién I Martin I Humbres

0; 0 % 1: 2 %
negro bnmo .
1-2
36:74 % 3590%
////////////
negro intenso 2-3 IIII/////////
////////////////I// __I/{///////////////////
11:22 % 3: s %
negro . 3-4
//////////
2: 4% 0: 0%
pardo·vcrdos0
49 39
Totalcs

19
propiamenre dicho, que enure los hombres rieue una frecueucia cou
siderable (22 %). Los negros brunos y pardos son excepcionales.
El iris de las mujeres es, pues, mais inteusamente pigmentado
que el de los hombres, en corncordancia con 12. distribuciou del pig
meuro cutzmeo.

El color de la esclerotica puede apreciarse en el cuadro siguieute:


Tnnm 9 - Color de la uclerétim (Laguna Blanca)

Cnricter Hombres Mujeres Total

magna an ms; zzuladz .|//////// 16 %|1/ 5%] 10


bl¤¤¢¤ -l-I/////////////// //l///////// 27
Esclerérica { azuleja.
I a¤m111e¤:aI//// /////////

La aréola del iris es poco generalizada. En una poblacion de


90 adultos solo 10 la presentaban (11 %). Es més comdu en los
hombres (16 %) que en las mujeres (5 %). Generalmemze se pre
senra en individuos clasificados, por la edad, bajo el rubro de mururm
(2 individuos de 36 aios, 1 de 40, 3 de 45, 3 de 50, 1 dc 60).
La esclerorica es blanca. Eu algunos casos se presenta. amari
llenta, especialmenre en las mujeres.

3. — Fomvm DE LA 1>11zL

Es suave en la mayoria, y aterciopelada en uuas pocas mujeres.


Su tacto es humedo en el 90 % de los sujeros, y grasoso en uu corto
mimero de hombres.

4. — PELO

Se ha preparado el prospecto siguienre (tabla 10).


El vello es nulo en el 82 % de los individuos estudiados, obser
vindose su presencia solamentc en 7 hombres y 2 mujeres.
La barba, cuya observacion ofrece algunas dificultades, es es
casa y muy escasa cn el 86 % de los individuos.
En cuanro al cabello cs generalmente grueso, Iiso y aplastado.
Entre los hombres hay algunos individuos (17 %) de cabellos ri
gidos y crguidos, dcbido a su mayor espesor (ver lém. III, b).
El pelo es dc color negro o pardo oscuro. Se observa canas en los
20
Tum 10 - Forma del pelo (Layne Blanca)
Curicter Hombres Mujeru I Tuul

medic dcnsc. .

vcuo Q cscasc ......... // 2:,8 %|—


muy cscaso ///// 5;zz %// 2; 7%

l¤¤i¤ --··----- //////////////// 16:70% //// 07 393 ,0 42


muy cscasa. 12:41 % 12
cscasa ........ //////l////// 13:45% 13
baba
d` d .. '’
liisf .???T._.I/ $:%
: 12
rigid¤..., ..... |////////// 10:17 %|/ 1; 2% 11
mbcu0
{ iis¤ -I///////////////////////////////
///////////////// 48:81 % ////H///////// 4798 % I//H///////////////////////
95

sujetcs dc mas de 45 BEDS. Estas son blamcas en la mayoria, a ex


ccpciéu de p0c0s individuos quc presenran canas griséceas 0 pajizas.
La linea de uacimiento del cabe1l0 es acemsuadamemre baja en
las mujeres de Laguna Blanca, en 12 dc las cuales (29 %) ·dicha
linea baja hasta 3.5 Y 3 ccmtimerros de la cejas. En dos mujeres se
ha adverrido la falta dc una linea dcfinida de nacimiento de 10s
cabellos. Eu 10s hombres dicha liuea esta situada a bastante altura,
y $610 eu 10 individuos (19 %) se la observa algo baja.

B. — CARACTERES ARQUITECTONICOS

I. — ESTATURA Y PROPORCIONES DEL CUERPO

1. — ESTATURA

Las cstaturas 'mas comurnes de la serie de Laguna Blanca estan


compreudidas, c0m0 es visible, en 10s grupos de rallas medianas y
altas, segfm la clasificaciéu de Topinard. Las frecuencias maximas
(167 masculina y 156 femcnina) pertenccen a escaturas sobreme
diamas (tabla 11).
Eu cuam:0 a 10s demas grupos estudiados, se han obrenido l0s
valores de la tabla 12.
Como sc ve, las mcdias arirméticas s0¤ homogéneas, dando uu
promedio de 168 centimetrcs para el hombre y 158 centimerros para
la mujer. Estos valores corresponden a estaturas sobremedianas de
21
Tau 11 · .S`¢·riaci6n {Laguna Blanca)

Cm. Hombns Mujeres

150
submcdima

1ES
mcdima .... {
sobrcmcdianz

160
bzja ....... {

submcdiznz .
aka ........

mcdimz .

scbrcmcdiana.
170

nlm .

Toulcs $0 39

Tun 12 - Media: uritmitimx do In Erratum

Localidnd Hombns Mujem

Laguna. Blanca ...... | (50) 167.76 (19) 157.67


Formosa . (25) 167.92 (17) 158.04
Clorinda . (24) 169.07 (sz) 158.12
Primavera (32) 168.05 (ss) 157.85
Tuyuyfr (30) 167.83 (29) 157.72
Espinillo (28) 168.44 (19) 157.86

la humauidad en general. Es, pues, evidcnte, que la talla de los


Toba cs sensiblementc elevada.
La diferencia sexual es de 10 ccntimetros. La serie femenina de
Laguna Blanca carece dc escaturas bajas (véasc la scriacibn); sus
zallas alcas consrituyen la agrupacién numéricamcnte mas importan
22
tc dc csa scric (33 %), micntrzs las tallas alcas masculinzs dc la
misma scriacién forman un grupo numéricamcntc igual al dc las
tzllas mcdianas masculinas (28 %). Es visiblc quc la cstatura fc
mcuina alcanza tallas més clcvadas, dcncro dc los valorcs propios
dc su scxo, quc la masculina cn 10s suyos.
Aunquc las anomalias dc la cstatura son rarisimas cn cstc pueblo,
hc visto cn Laguna Blanca un indigcna dc 60 aios quc prcscncaba
10s caractcrcs dc la constitucién hipogcniral, con una talla cxccp—
cional dc 186 ccntimcrros.

2. — Pxoponcxonns co11pon.u.¤s

a) 5`egmmta cabcza-cuella

Estc scgmcnto dcl cucrpo sc cstudia por mcdio dc las alturas


acromial y supracstcrnal. Como sc rccordaré, la primcra cs 1a al
cura absoluca dcl hombro, tomada cn cl pumo acramian, y la otra
cs la altura dcl bordc superior dcl cstcrnén. La difcrcncia cnrrc
una y otra (alrura cstcrno—acr0mia1) cxprcsa la distancia absolura
quc scpara cl bordc supcrior dcl cstcrnén dcl acramian.
En cl cuadro siguicntc sc rcsumcn 10s valorcs rcspcctivos dc la
scric dc Laguna Blanca:
Tnu 13

Amplitud I Mh. [rec. |M•din arim.

133-151 I 143 | 140.18


1.-Altura acromial
{ 125-139 I 129 | 131.64

2.-Altura supracstcrnal
{ 130-147 I 136 138.04
121-137 129-130 129.23
hombrcs. (50) 0-6 I z-z.s I 2.32
. 3.-Dnfcr. mtr: 1 y 2 i mujeres G6) 04.5 I z-3 | 2.46

Estas alturas permiren exrraer la longitud absoluta del segmen


to cabeza-cuello, que es de 27,6 cenrimerros para cl hombrc y de
26,2 cencimetros para la mujer, tomada desde el hombrc; y de
30 a 29 centimetros respectivamente, tomada a partir del borde su
perior del esternén. Este segmento es, pues, considerablemente corro.
También es visible, por Ia medicla 3, la posicién alra en que estain
colocados los acramia en comparacién con la altura supraesrernal.
23
La proporcion de estos segmentos con respecto a la talla, dando
a la misma un valor de 100, se calcula por medio de los siguientes
indices:
TABLA 14

N·> | Amputud | Max. rm. |Me.u¤ num.

alt.aerornio¤x100= Index)
mujeres (39) 81.5-B6
talla total 84 8}.53 {hombrcsl (51) I 8

a1t.supracst.x1O0=Indcx){h01i1brcsI (51) I 80
H._( talla total muyercs (39) 80-84 81.5-82 81.93

Por el indice I vemos que la altura de los hombros es igual al


83.5 % de la talla total. E1 segmento cabeza-cuello tiene una lon
gitud igual al 16.5 % de la estatura. Estas proporciones revelan
que la altura de los hombros es elevada, mientras la longitud ca
beza-cuello es sensiblemente cotta. En las figuras 1 y 2 pueden apre
ciarse esas dimensiones y proporciones en comparacion con las de
un Maki y un Mataco medios, cuyos valores proceden de las series
de Imbelloni y Lehman¤—Nitsche‘.
El indice II permite asignar a los acramia una posicion relativa
mente alta, como ya sc ha Obscrvado.

b) Langirud relativu del tranca


Llamamos longitud relativa-del tronco a las proporcioncs del
mismo con respecto a la estatura, establecidas ya directamente, ya
por medio de sus segmentos. Este importante eapitulo de las pro
porciones corporales comprende varias representaciones y rnétodos,
scgfm se incluya o no el segmento cabeza-cuello.
Entre las formulas con inclusion de dicho segmento se emplea
el Indice skélico, que denota cuéntas partes centesimales de la talla
estzin contenidas en el conjunto tronco-cabeza-cuello. Se conocen
varios métodos para elaborar este indice. Primero el de Félix von
Luschan, que se obtiene con la talla-sentado. Segundo, el emplea
do por von Ehrenreichz y Lehmann-Nitschc", extraido con la al

1. Véanse In notas 14 y 16 de la pig. 30.


2. P. Eunrnmcu: Antbrapulagircba Itudim rihr die Urbewalmcr Brarilimr, varrubmlicb dar
Slustm Mama Graua, Guyaz and Amavna: (Punugebizt) nur}: oigmm Aufrubmm umd Beabac
gm in dm jabrm 1337 bi: 1339, Brzunschwcig, 1897.
3. R. Lsnnnm-Nrncnu; Enudio: mtrapvldgicu mh: la: Cbirigusrm, etc. pp. 66 y 148.
tura del trocanier, suponiendo que ésta scialc la divisiém entre el
tr0¤c0 y 10s miembrcs iufcriorcs.
Entre los indices couexclusién del segmenro cabeza-cuello esti
1 . e que emplea la distancia del crocéucer al borde superior del ester

100 100 100

16,6 16.7 16.5

2112 85.1. 22,]:5 as.: ,;.|......,” 6 555

|B·'·• 19.0 ;g_g


>0-2 asn. 1.91

145,0 L5.5 L.¢._1


16.¢·I {H2 15.9I 19Ii 1L•.6 I l6|7

10.5 103 10]

55.1 55.9 $:.1

Fig. 1. - Pmporcioncs corporalcs dc 10s Toba (1) en comparacién lcon lcs M


Macacc (3).

116:1, aplicado por Lehmann-Nicsche‘, y el que wma la altura m


dia del t1‘0nc0, cmpleado por cl autor.
A coutinuaciéu se dau las frecuencias de la talla-seutado y del
Indice skélico de von Luschan, segun la escala de Biasuttizz
1. R. Lnmunnr-N1·rsc¤¤: idem, p. 66
. 2. R. Bnsurri: Pruqntuziam di una curra della dixrribuzioru d¢ll'indi:: rc
per l'A.1m·0p0l0gia e la Emologia, v. LXVIH, pp. 373-5, Firenze, 1938.
Tun 15

Tulle ramada Indice rkilico


(Laguna Blanca) (Laguna Blanca)

Cm. |H0mb:ulMujercs| Indica I Hombm I Mujeres

,sI I
47
I 1I _ ,s| I
a4
.sIM·{ 2
49
{ 1 8|M- ,sI I
0 ,s| I1

11
6 ·5 I3 52
""` 4 5 ’“`I 2 I’ 1 2 ml ss —
1 lz
Totalcsl SO I 38

Toulcsl 51

Las tallas-scntado mis comuncs son dc 81 a 86 ccntimctrcs para.


cl hombrc, y dc 78 a 83 ccutimctros para la mujcr. Las frccucncias
méximas sc aprcximau a las mcdias aritméticas, quc son dc 84,12
ccutimctros cn cl hombrc, y dc 80,02 ccntimctros cn la mujcr.

TnLA 16 -M¢dia.r vritmitimx del Indice xkflico

Localidad Hombru Mujeres

Laguna Blanca ...... I ($0) 50.21 (ss) 50.74


Formosa (25) 49.96 (16) 51.32
Clorinda (22) 49.75 (30) 50.57
Primavera GO) 50.12 Cas) 51.16
Tuyuyé (27) $0.38 (25) 50.9}
Espinillo (27) 50.27 (ss) 50.67

El Indice skélico de von Luschau dcnora que la mayoria dc los


individuos posecn cxrremidadcs largas y rronco corro. S610 una
parte dc los sujeros (25 % dc los hombrcs y 20 % dc las mujeres)
tienen cl rronco y las cxrrernidadcs de longitud mediana. Las fre
26
§“°¤§¤¤$ mixlmas pgrtcncccn a conformacioncs m
CIIIS g1’u§0S CSt11d12C10S dan 105 Slguictl
LEffilg :.5 ZIEIIIICIZICAS SOD hO¤10gé
50 aP S 0111 rcs y dc 51 para las mujcrcs. La difcrcucia sexual
100

170

160

150

1hO

150

I20

110

100

T0

60

M0

50

10

Fig. 2. - Dimcnsioucs y (3).


Maki (2y Macaw proporcioucs cor mics dc los T
cs mcdcrada. Estos valorcs pcrrcrncccn a conformacioncs macroské
licas. En la figura 8 sc pucdc aprcciar comparativamcurc csa com
plcxiéu
. El Indicc rrocanrérico cmplcado por Ehrcnrcich sc obricnc cal
culaudo c1 valor complcmcmcario dc la lcngirud rclativa dcl micm
27
bro ipfcrior (vcr pég. 25). La longicud rclativa dc dicha cxtrcmidad `
long. micmbro inf. X 1OO
mlla total
_ _ _ = PC1'm1[C CXE1‘2.C1' l1.D2. IDCd12. ZIIE
tnética masculina dc 53,15 pam nucstros Toba dc Laguna Blanca.
Su valor complcmcntario, csto cs, cl quc cxptcsa las pattcs dc la
cstatura quc cstéu contcnidas cn cI scgmcnto t1‘0cé11tcr—vértcx, cs
igual a 46 ,9. Estc valor sc aproxima scnsiblcmcmtc a la cifra dcl I.
skélico dc von Luschan, mcdiantc la adicién dc 3 unidadcs.
E1 indicc cmplcado por Lehmann-Nitschc cn su conocida 0bra
sobrc 10s imdigcmas dcl Chaco, sc calcula por mcdio del scgmcnto
trocantcr-cstcrnom, quc cm aqucl trabajo supuso constituia la mc
dida mas cxacta dc la altura dcl tronco. A fin dc podcr comparar
mucstras scrics con las dc csc autor damos a contiuuacion las frc
cucucias dc dicha altura, y dcl Iudicc dcl tromco quc cou la misma
sc cxttac, hacicndo la talla igual a 100.

Tnm 17 Tum 18

Altum tracénter-cxternén I Indice del tranca Indice de altura del


(Laguna Blanca) I (Laguna Blanca) rronca (Laguna Blanca)
Cm. I Hombre: I Indicu I Hombrw Indices I Hombres

35 20 21

21 22

10 24

26

26

28

28 29
. Tom I 51
30
Total
Total

En la altura, la maxima frccucncia coincide con la mcdia arit


mética, quc cs 40,51 ccntimctros. El indicc dcnota cxtrcmidadcs
largas y tronco corto. Su media aritmética cs 23,97.
Entre los métodos que excluyen el segmento cabeza-cuellola
, altura media del tronco es el diémetro mas adecuado para calc
la proportion del tronco con respecto a la talla. La altura media
se establece con el siguiente procedimiento: 1/2 alt. trocanter—es
ternén + 1/2 alt. trocanter-acromion = altuta media del tronco
. En nuestra serie masculina de Laguna Blanca (51 inds.) se
trado una amplitud de 35 a 52 centimetros, arrojando la media
aritmética un valor de 41,19 centimetros.
,a1tura media tronco X 100
. El Indice de altura del tronco

da las siguientes frecuencias:


Los valores habituales de este indice van de 23 a 25. Su media
aritmética es 24,75, cifra acentuadamente baja. El Indice skélico
nos hizo ver como el segmento tronco—cabeza-cuello es corto respec
to a las extremidades y a la talla. También el tronco, separada
mente, es corto respecto a la talla, segun lo demuestra el Indice
de altuta.

c) Ancbum relativu del tronca


Para la avaluacion de la anchura relativa del tronco se em
plean los diametros del mismo, medidos, uno a la altura de los
hombros (biacromial), y el otro entre las crestas de los huesos
iliacos (bicristiliaco). Refiriendo estas dimensiones a la estatu
_ diam. biacromial X 100 ra talla
se total
extraeu los indices I
diam. bicristiliaco X 100
II
talla total _ Index l, los cuales expresan las pro
porciones de cada segmento con respecto a una estatura igual a 100.
Las frecuencias mas generalizadas del diametro biacromial van
de 37 a 39 centimetros para el hombre, y de 31 a 34 para la mujer.
Las medias aritméticas son, respectivamente, 36,74 y 32,63 centi
metros, denotando una espalda de anchura mediana. La diferencia
sexual es muy marcada: 4 centimetros.
Con respecto al diémetro bicristiliaco, los valores mais frecuen
tes van de 28 a 30 centimetros. La media aritmética masculina, de
29,04 centimetros, es una dimension considerable.
E1 Indice de anchura relativa de los hombros tiene sus rnayores
frecuencias de 21,5 a 23 para los hombres, y de 20,5 a 21,5 para las
mujeres. Las medias aritméticas son: 21,86 masculina y 20,88 femen1—
na, demostrando que la anchura escapular de este pueblo es mediana.
Diémetro I: Indice de In aucburu re- H" India ld G"`
_ . . Dndmetra bmcrvmml biwistilidcv [Miva do lu E E N churn relatwa de la
(Laguna Blanca) cadera ( Laguna Blanca) ( Laguna Blanca)
Cm. |Hombres!MujeresI Cm. Iliombresl Indices [H0mbms|Mujeres| Indices |H0mbru

1|2s 1B 15 I 1
I5 I 1
19 16 I 6
,5 I 7
20
4l9 17 I 9
10 I 1 ZI30 11 ,5 I IS
4|1 21 18 I 5
6I2 6I10 .5 I 3
22 SI4 19 I 3
3I7 6Is
4Ia 5|4 ,5I11I4 I5 I 1
5I4 Total 23.
.> )
I ZI I ITmI`|`§
6I4
7I8
24 I 3
8 I 13 Totalcs I 51 I 37
9I5
40 I 4
1I2
Toulcs I 51

Las méximas frecuencias del Indice de anchura relativa de la


cadera, estan entre 16,5 y 17,5 centimetros para el hombre. La me
dia aritmética masculina, 17,25, corresponde a una conformacién
ancha.
Estos diametros permiten calcular el Indice de la anchura del
, fanchura media del tronco X 100 = Index
, _ tronco, segun Martin talla total

La anchura media del tronco responde a la siguiente férmulaz 1/2


diametro biacromial + 1/2 diam. bicristiliaco = anchura media del
tronco. En nuestra serie masculina de Laguna Blanca (51 inds.) se
ha registrado una amplitud de 29 a 36 centimetros, y una media
aritmética dc 32,94 centimetros.
Las frecuencias maximas del Indice de anchura del tronco son
19,5 y 20; su media aritmética 19,55. Estas cifras indican que la
anchura del tronco de este pueblo se c0l0ca entre las mcdianas.
Apartzindonos de las proporciones del tr0nc0 en relacién a la
talla, dedicaremos unas lineas a la construccién del mismo tronco,
es decir, a las proporciones que se advierten entre sus longitudes y
l. R. Mnrm: Lrbrhub lar Anrbnpologiv, I. I, p. 174, Jena, 1928.
anchuras. Los medics dc esta iudagacién son cl Indicc acromio
100
cristal dc Martini diam. biacromial= Index} con cl quc
’ sc calcula la proporcién dc la anchura dc las cadcras cou rcspccto a
anchura dc 10s hombros igual a 100; y cl Indicc quc pr0p0¤g0 llamar
dnchura mcdia dcl tronco X 100
"rcctangular dcl tronco" altura media del tr011c0
= Indcx L
_ porque sus valores denotan cuéntas partes de la altura media del
t1·0nc0 estén contenidas cn la anchura media
7 Tm"` `O
del mismo.
En la tabla 21 damos las frecumcias de am- |1»d;¤ J; za mbm M
bos indices. trmcu (Laguna Blanca)
En el Indice de Martin las frecuencias ma- I imum l Homme
yores estan entre 76 y 82. La media aritmética
es de 79,51. Esta cifra es uno de 10s indices mas 17,5 | z
1a I s
elevados que se conocen, y evidencia una ca ,5 I 5
dera ancha en telacién con la amplitud de los 19 I 3
.5 I 12
omoplatos. Esa considerable anchura de la ca 20 I 12
dera, acompaiiada por una espalda robusta y ,5 I s
21 I 5
un tronco corto, da. al torso de los Toba una .5 I 1
conformacion caracteristica, que puede ser apre- |"‘T0ml |";
ciada de un modo mas directo por medio del
Indice rectangular. En efecto, esa proporcion tiene sus frecuencias
mas comunes en indices que van dc 79 a 85, siendo esta ultima
cifra su frecucncia maxima. Es de advertir que el 75 % de los indi
viduos poseen indices elevados que van de 75 a 92. La media arit
mética es de 79,84. Es, pues, visible que la anchura media del tron
co se acerca sensiblemente a los valores de la longitud media, dando
al torso un aspecto de gran robustez.

3. — MIEMBROS

a) Braga

Veamos en primer término la maxima abcrtura de los brazos.


Las brazas masculinas mas comunes estén comprendidas entre
170 y 174 centimetros; las femeninas entre 155 Y 159 centirnetros.
Los demas valores se distribuyen como lo indica la tabla 23.
1. R. Mnrm: idcm, p. 174.
Las mcdias aritméticas dan a cstc pucblo una braza masculina
dc 171 ccncimccros, y una braza fcmcmina dc 156 ccntimctros. Eu
Tum 21 Tnu 22

Indice ¤¢·rvmio—cri:t¤l Indice rectangular del Seriacidn (Laguna Blanca)


(Laguna Blanca) trvnco (Laguna Blanca)
Cm. I Hombre; | Mujeres
Indices Hombres I Indiw I Hombres
145
68 61

150

160

170

Total

Total

180

Totalcs l 49 39

oomparacién con la cstatura, la braza dc los hombrcs cs 3 centime


tros mayor que la talla, micntras que la braza de las mujeres es 2
ccntimetros menor. Sc advierte, pues, que esta dimension cs mode
1 ;_§\_

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€§‘§$FZ,..»·? . x»:"it"`·`i`?
mw "”

LAMINA III. —a) Interesante caso de depigmentacién por cruzamiento: el niho del centro, de cu
tis claro, es un mestizo de mujer Toba y padre blanco. (Embarcacién, prov. de Saltal; b) Joven Toba
con cabellos rigidos; c) Muchacha Toba con linea de nacimiento del cabello baja y p0c0 defimda
(Laguna Blanca).
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IAMINA IV. u} y I:} .l0v¢-n solturu y muje-r <·0n hijos, mostramlo distintus formns dv sono; 4*) y
4/) .l¢'»v¢·m·s 'Fnhn mnstrundo formus (lv rmriz tipivus do vndu svxo.
TABLA 2} - Mzdsb: nrihnétiux le la bq;
Inmlidad Hombna Mujuvs

Laguna Blanca ..... I (49) 171.34 (19) 155.87


Formosa . (25) 171.65 C16) 156.68
Clorindz . (22) 172.17 (so) 156.14
Primavera (30) 171.42 (ss) 156.45
Tuyuyd (27) 173.48 (25) 155.33
Espinillo (27) 171.15 (ss) 157.07

rada cu los hombrcs y corta cn las mujcrcs.


La djfcrcncia sc
XI131 CS b2.SE2DtC m3.lTC2d2.Z 15 CCHE1
mCC1’OS. Tann 24
Id T 114-bm; (L4 Btw.) M 4 l gw
. Las 1·c1ac10¤cs dc la cmvcrgadura
c0¤ Ia talla sc haccu més visiblcs cu I ]““°¤ I H°¤‘>¤ I M··i=*=•
c] Iudicc talla-braza.
calla total X 100
% braza = Iudcx

11

Sus
99 frccucncias
para 10s hombrcs, y dc 100 2. 102 habitualcs
para las mujcrcs. Las mcdias aritmé
g van dc 96 a 100
10

ticas sou 97,74 masculina y 101,15 I Q


fcmcnina. Estos valorcs dcnotan uma 3

braza
cspccialmcntccorta con
cu las mujcrcs. La di- 6rclaciéu a la talla, I g
fcrcncia sexual cs considerable. Tome; 50 I 39

b) Miembro Jupcriar
El estudio del miembro superior comprende varias indagaciones.
En primer lugar la longirud total del mismo y la de sus segmenros;
luego sus proporciones con respecto a la talla; finalmence, las rela
ciones que esos segmentos guardan entre si.
Las longitudes mas generalizadas de la extremidad superior son
de 73 a 77 centimetros para el hombre, y de 67 a 70 cenrimerros para
la mujer. Las medias aritméricas son, respectivamente, 75,31 y 68,37.
Esros valores corresponden a un miembro de longicud sobremedia
na. La diferencia sexual, de 7 cenrimetros, es considerable. E1 indivi
duo hipogeniral posee una excremidad de 86,7 ccnrimecros de largo.
El Indice de longirud relaciva del miembro superior
longirud total X 100 = Index
talla total

33
CXPICSB., COIDO SC $2.bC, Cl1é.Dt2.S PZICCS dC 12. CSt2,t\11'3
cxcrcmidad. En nucscra scric 10s indices mis comuucs van dc 44 a
46 cu 10s hombrcs, y dc 42 a 44 cn las mujcrcs. Las mcdias aritmé
ricas son; 45,02 rnasculina y 43,43 fcmcnina. Estos valorcs dcnotan
quc la longicud dc dicho micmbro con rcspccto a la talla cs modc
rada. La difcrcncia sexual es la corricnte.

TABLA 25

Lmgitud total I Indice dz Imgitud relative


(Laguna Blanca) ( Laguna Blanca)

Cm. I Hombresl Mujeres I Indices I Hombresl Mujeres

1 I 40
1 I .s
§I 41
_3 In ,5
42

44

45 I 10
.5 I 1
46 I 6
IS I 6
10
47 I 3
.5 I 3
Toulcs I 48

Toules I 47

Veamos ahora la longitud dc 10s segmcntos (tabla 26).


En el brazo las longitudes mas comunes son para el hombre de
29 a 33 centimetros, y para la mujer de 27 a 29 centimetros. Las
medias aritméticas son: 30,86 masculina y 27,74 femenina. Estas
longitudes son propias de brazos c0rt0s. E1 Indice del brazo relati
vo a la talla, arroja para 10s hombres la cifra de 18,4, proporcién
que evidencia un brazo c0rt0. La diferencia sexual es abultada:
3 centimetros.
El antcbrazo mas frecuentc esta entre 27 a 28 ccntimetros para
el hombre, 24 y 25 centimctros para la mujer. Las medias aritmé
TABLA 26

Diinutro acronio-radial I Dilmerra radial-nylion I


Cm. I Hombres I Mujeres I Cm. I Humbres I Mujeres I Cm. I Hombres I Mujeres
1 | 22 2 I 1s
5 | 6 I 10 20
5I1 3I4 11 | 7 I 17
6I2 6I5I4 12 I s I 19
7I2 7|6|s
8I2 10 | 7 I 17 I 20 1
9I8 4 | s I 12
30 I S
1·6¤16s I so 39
s|9I7
1 I 12 1 I 30 I 2
2I3 —I1I1
3 | 12
4I1 1 I Tocalcs I 48 19

sI1
6I2
Totalcs I 51

ticas son, respectivamente, 27,48 y 24,54. Este segmento es, pues,


muy largo. Esa condicién se hace mas visible en el Indice del brazo
relarivo a la talla, que da para 10s hombres 16,3, uno de 10s valo
res mas elevados. La diferencia sexual es muy marcada: 3 centimerros.
La longirud de 1a mano mas comun es para el hombre de Lagu
na Blanca de 17 a 18 centimerrosg para la mujer de 15 a 16 centimetros.
Las medias aritméticas son: masculina 17,36; femenina 15,82. La
mano es corta. Su poca longitud se hacc mas evidente cuando se
emplea e1 Indice de 1a mano relativo a 1a estarura, que en e1 hombre
apenas alcanza a 10,3, cifra muy baja. La diferencia sexual es con
siderable: 1 ,5 cenrimetros.
Para esrudiar las proporciones reciprocas del brazo y
anrebrazo se emplea el Indice braquial. Esta proporcién iU
diam. radial-stylion X 100
, = I[1dCXI <1C1'10t2. Cl12.[1t3.S p&
tesimales del brazo estén conrenidas en e1 anrebrazo. En la serie
de Laguna Blanca los va10res habituales son para 10s hombres de
87 a 92, y para las mujeres de 85 a 90. Las mcdias aritméticas son:
masculina 90,57 y fcmenina 88,62. Estos indices revejan que 1a lon
gitud del anrebrazo es excepcionalmcnre 1arga_c0n respecro al brazo.
La difercncia sexual alcanza una cifra moderada. Es inreresante notar
que 6 individuos de dicha serie poseen un antebrazo mas largo que
e1 brazo; en 2 de ellos el Indice braquial es 110. Esra anomalia se ex
35
I¤diF¢ b'“1"i“l Lwfgimd {0Ml.d'l Lmgitud rclarivu Indice irrtcrmembral
(Laguna Blanca)
( gg (Laguna Blanca) (Laguna Blanca}
Indices I Hombres I M¤j¤1'¢¤
Cm. IH0mbrcs| Indices |Hombre¤| Indices |Hombres

- I I ss 48.s
1II4 49
—IIs
1II6
—II7
1II8
—— I I 9
1 I I 90
2II1
.. I I 2 53
—IIs
—II4 54
2II5
55
sII6
1II1
—IIs
1 I IT0tal 49 |T0t2.l 49
Tuul 48

Tnu 29

Langitud del pie (Laguna I Ancba del pie (Laguna


Blanca) Blanca)
100
Cm. I Hombnu I Mujeres I Cm. IHomb1·cs I Mujeru

3I1 8 I 9 I s I so
4I4 17 I 10 I 34 I 2
5 I 17 B- I 11 I 12
g I lz T0ta.IcsI 51 I 39
8I1
110 9I1
Toulcgl 49 37 I ITOtaIcs I 51 39

PIICZ. POI I3. }'I1XtE.p0SICI6I1 dC UD b1'3ZO COITO 3 1111 3¤tCbf2.Z0 Suma


mcntc largo (tabla 27).
c) Miembro inferior
La longitud total del micmbro inferior ha sido tomada dcsdc
cl punto més alto y cxtcrno dcl trocéntcr mayor del fémux (altura
Vw Cth ONNm•-• Nvuh-a.-4 OQ »-1fN
OO OOOOO OO
Q3? LI MC
|||O©.-. Eu
—H+|+l+H4 +|+| +l+I+I

UNB •I'\¢ OO.-••¤0 nmdmm NNW NWN www

I1
NV Gmnvv MPN
I I I |°"°‘ »-»•~4¤¤ N

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37
trocanterion). Las longitudes mas comunes para e1 hombre van de
87 a 91 centimetros. La media aritmética masculina és de 89,20 cen
timetros. El miembro inferior es, pues, considerablemente largo.
La longitud relativa del miembro inferior
longitud miembro inferior X 100 = Index
talla total

indica cuantas partes del miembro inferior se hallan contenidas en


la estatura. En nuestra serie los indices intermembrales masculinos
mas generalizados van de 83 a 86. La media aritmética masculina
es 84,46. Estos valores demuestran que el miembro. inferior es apre
ciablemente largo con respecto al superior (tabla 28).
La longitud total del pie tiene sus mayores frecuencias en el
hombre entre 25 y 26 centimetros, y en la mujer entre 24 y 25 centi
metros. Las medias aritméticas, masculina 25,74 Y femenina 23,18,
denotan una longitud mediana. Los Indices relativos a la talla (15,3
masculino; 14,6 femenino) son moderados.
La anchura del pie es de 9 a 11 centimetros en el hombre, y de
8 a 10 centimetros en la mujer. Las medias aritméticas, masculina
10,14 y femenina 8,87, corresponden a pies anchos. Los Indices re
lativos a la talla (6,0 y 5,6 resp.) estan en concordancia con aquella
dimension absoluta.

E1 Indice del
pie = Index} tiene sus ma
yores frecuencias en 39 y 40 para los hombres, 38 y 39 para las mu
jeres (amplitud 34-44). Sus medias aritméticas son moderadas:
masculina 39,82, femenina 38,30 (tabla 29).

II. - CEFALOMETRIA

1. — CAmzzA

El estudio de la cabcza comprende, como es sabido, la indaga


cion de las tres dimensiones que determinan la forma general del
biosolido: longitud, anchura y altura, y el analisis de las relaciones
que corren entre dichos diametros. Empezaremos por la longitud y
anchura maximas de la cabeza.
Las longitudes mas comunes de la serie de Laguna Blanca son
dc 187 a 190 mm. para los hombres, y de 177 a 182 mm. para las
mujeres. La excursion de este diametro es amplia. La media arit
mética mzsculina cs dc 188,63 mm.; la fcmcnina dc 178,67 mm.
cabcza dc 10s Toba cs, por 10 tanro, considcrablcmcmc la
difcrcncia sexual, modcrada.

TABLA 31

Longitud mdximu Ancbura mdxima


(Laguna Blanca) (Laguna Blanca)

Mm. I Hombres I Mujeres I Mm. I Hombresl Mujeres

170 133

ll}

140

180

150

190

160

200 Totzlcs I 51 I 39

`Totalcs I 51 39

Las anchuras dc la cabcza mis frccucntcs van dc 145 a 151 mm.


para el hombre, y de 140 a 145 mm. para la mujer. Las medias arit
méticas son: masculina 148,41 mm.; femenina 142,82 mm. Estos
diametros son medianos. La diferencia sexual, corriente.
La relacién entre la longitud yla anchura maximas se expresa por
el Indice cefélico horizontal, cuyas frecuencias son las siguientes.
39
TAm.A 32

Indice czfdlica borizvnral (Lngum Blanca)


Indices Humbru I Mujeres

73

74

75

doli
coidcs

79
6 doli- I g
B0 4. coidcs i 4
81

82

braqui- 1 oidcs .
Toczlcs 39

E1 86 % dc los hombrcs y todas las mujcrcs posccu una cabcza


alargada y cstrccha, couocida por cl nombre dc dolicoidc. S610 un
pcquciio pcrccutajc dc hombrcs (7 inds.) cntrau cn la catcgoria
dc los braquicéfalos.
Los indices més habitualcs son 77 2 80 cn 10s hombrcs y 79 a 81
cn las mujcrcs. Las mcdias aritméticas, 78,56 masculina y 79,87
fcmcnina.
TALLA 33

Malia: vrimlticu: del I. cefdliu boriuntvl

Incalidnd Hombran Mujeres

Laguna Blanca ,..... | (51) 78.56 (ss) 79.87


Formosa . (25) 77.95 (37) 79.43
Clorinda . (24) 78.70 (sz) 79.64
Primavera (32) 78.34 (16) 79.77
Tuyuyé (30) 78.62 (29) 79.05
Eapinillo (28) 78.17 (J9) 79.92

40
En la tabla 33 sc inscrtan las mcdias aritméricas dc cscc indicc,
por localidadcs.
Como sc vc, cl promcdio dc cstc indicc cs 78,5 para 10s hombrcs
y 80 para las mujcrcs. Esta proporcién c010ca a los Toba cncrc las
poblacicncs dc cabcza dolicoidc. La difcrcucia scxual cs modcrada.
La altura auricular constituyc uno dc los clcmcntos dc juicio

Tum 34

ALTURA
AURICULAR INDICE VERTICO-LONGITUDINALI INDICE VERTICO-TRANSVERSAL
Gaguns Blanca)

Indice Hcmbres | Mujeres Ilndicsl Hombren I Mujeres

107 58,5 74
59

110
OI'CO* l
ceranmi Q
iDHD- 2 céfalos I 1
61

62

tapemo- ' 5 céfalos < 5


1 2 { II !—
capeino-
camo, 5 {3
120

66

`1l11
2 1— c
memo-

I iDsi_ I céfalcs1_ mctrio-


68
céfalos —
4 apsi- 1
3
céfalos } {
130

73

74

75
140

37 |Tlcs. 47 37
Tlcs. 37 Tlcs.

41
mis importanccs para cl cstudio raxonémico dc los pucblos sud
amcricamos. Em nucstra scric dc Laguna Blanca las alturas mas gc
ncralizadas van dc 125 a 130 mm. para 10s hombrcs, y dc 115 a
120 mm. para la mujcr. La cxcursién dc csrc diamcrro cs amplia.
Las mcdias aritméticas son: masculina 127,10 mm., fcmcuina 118,29
milimctros. La altura dc la cabcza, aprcciada por mcdio dc su dimcu
sién absoluta, cs pucs, considerable.
La rclacién en que se halla la altura auricular con la longirud
maxima de la cabeza se conocc por el Indice vérrico-longitudinal
alt. auricular X 100
. . ., Index). Se adviertc cn la ser1ac10n que el
. , longitud max.
88 % dc 10s hombrcs y el 76 % de las mujeres son ipsicéfalos, esto
es, poseen una cabeza alta con respecro a su longitud. E1 tesco, 6
hombres y 9 mujeres, son ortocéfalos (cabeza de altura mediana).
Las medias aritméticas: masculinu 67,49 y femenina 66,01, perte
necen a un grupo humano ipsicéfalo. La diferencia sexual es pequeiia.
E1 Indice vérrico-rransversal = Index) de- anchura max.
nora la relacién que existe entre la alrura y la anchura de la cabeza.
En nuestra serie el 94 % de 10s hombres y el 92 % de las mujeres
son tapeimocéfalos, esto es, poseen una cabeza baja con respecto a
su anchura. E1 segundo grupo, formado por el 6 % de 10s hombres
y el 8 % de las mujeres, tiene una cabeza de alrura mediana (me
triocéfalos).
Los indices mas frecuentes son en 10s hombres de 85 a 88; en las
mujeres de 82 a 84, ccnformaciones rapeinocéfalas. Las medias
aricméticas se disrribuyen como sigue:

TA¤LA 35 - Media: aritmlrimr del I. virtiro-truurverul

Iocnlidad Hombres Mujeres

Laguna Blanca ..... | (47) 85.17 (17) 82.93


Formosa . (25) 85.34 (36) 82.85
Clorinda . (22) 85.63 (30) 83.36
Primavera (30) 85.12 Cas) 82.47
Tuyuya (21) 84.97 (25) 83.64
Espinillo (27) 85.85 (ss) 82.91

E1 promedio del Indice vértico-transversal es 85 para los hom


bres y 83 para las mujeres. Esta pr0p0rci6n denota que 10s Toba
pcrtcnecen a las agrupaciones sométicas caraccerizadas por una ca
42
bcza baja con respecto a su anchura. La diferencia sexual es apre
ciable, siendo el crzineo de las mujeres algo mas bajo que el de los
hombres.

De esta nomenclatura resulta que una misma serie seria ipsicé


fala por el Indice vértico-longitudinal y tapeinocéfala por el Indice
vértico-transversal, contradiccion que de ningun rnodo puede estar
basada en los hechos sino, simplemente, en las divisiones conven
cionales de dichos indices. Ello dio origen a una larga discusion
que ha terminado con el reconocimiento del escaso `valor del Indice
vértico—longitudinal con respecto al Indice vértico-transversal, por
la mayor variacion del diémetro de longitud maxima de la cabeza.
En cuanto al Indice vértico-transversal, el que sin duda ha adqui
rido mayor importancia, especialmente en la antropologia de Amé
rica, tampoco puede ocultarse que representa una relacion suma
mente rigida, porque no tiene en cuenta las variaciones de forma
que dependen del caracter braquimorfo o dolicomorfo de la cabeza
0 del craneo. A este inconveniente puso término Mochi adoptando
el concepto de indice relativo de altura (en lugar del sentido ab
soluto que es propio de un indice de altura), concepto hecho conocer
por primera vez entre nosotros por el Dr. Imbellonil.
De acuerdo con este métodoz no hay uno sino dos limites que
separan los créneos altos de los bajos. Para los braquimorfos los
indices superiores a 91,5 son altos y los inferiores bajos. En la masa
de los dolicomorfos el limite es 100. Es superfluo advertir que Mo
chi considera el conocido indice 80 como limite entre las conforma
ciones dolicoides y las braquioides. Ahora bien, esta clasificacién re
parte las formas craneanas en cuatro modelosz
acro
tapeino
100
dolicomorfo I II
80

braquimorfo III | IV

1. Iumauomz Hubitantu ruolfticvr del Inga Bumox Aim; en Revista del Museo de La Pla.
ra, t. XXVII, pp. 104-107, Buenos Aires, 1923.
_ _ _ _ 2. A. Mocm: Crmii cirmi c giappmui; en Archivio per l'Antr0p0l0g1a e lEtn01og1a,
XXXVHI, pp. 299-328, 1908. — R. Bxastrrn y A. Mocm: Sul polirupisma delle forma cmuimrs;
en Atti del 2° Congresso della Societé italiana per le sc1enze, p. 423, 1908. -j U. Qrovamxozzr: ’
Bracbi-plsriufnli e bracbi-ipriufnli in Europa; en Archivio per lAntr0polog1a e l Etnologra, t.
XXXIX, pp. 62-114, 1909. —— R. Bmsorn: Alam: osxarvpzimi rulla dumbugmu geagrafn
indica czfaliw e dei prhuipoli tipi evaniomnrici; en Archnvio per lAntr0p0l0g1a e lEtn0log1a, t.
43
Volviendo a nuestras series, las cabezas Toba del grupo de La
guna Blanca asumen las siguientes conformaciones:
Forma; crzmmnm (Laguna Blanca)
acro
IZPCIDO
100

dolicomorfo 56 inds. | 0 inds.


80 80

braquimorfo 28 inds. | 1 ind.


91.5

Las formas craneanas de Laguna Blanca se reparten, por 10 tan


t0, del siguiente m0d0:
grupo I tapein0—d01ic0morfo 66 %
» III tapeino -braquimorfo 33 %
» IV acro—braquimorf0 1%

Es, pues, visible que el modelo craneano Toba se caracteriza


por su mediocre altura y su considerable anchura y longitud.

2. — Crum

2) Frmtc

Las proporciones de la frente se conocen por medio del diame


tro frontal minimo y la relacién que existe entre este diametro y
las anchuras méximas de la cabeza y de la cara.
En la serie de Laguna Blanca la anchura frontal minima mas
generalizada es para los hombres de 99 a 104 mm., y para las muje
res de 96 a 100 mm. Las medias aritméticas: masculina 101,61 y
femenina 97,48 mm., denotan una frente de anchura mediana.
El Indice fronto-pariental hace visible cuantas partes centesi
males de la anchura maxima de la cabcza estén contenidas en el dia
diam. frontal min. X 100
= Index I. Los
, _ metro frontal mimmo ( anchura max. cabeza
XL. pp. 35]-371, 1910. -— G. L. SnA: Sul signifiuh Jell: phtiufsliu can xpvrialc rovmklcrniioru
della mw di Nmnderrbul; en Archivio per l’Anrr0pologia e l'Etnol0gia, ts. LX y XLI, 1910
y 1911. — mismo autor: L'Al:•q» del crunk in America; en Archivio per L'/lntropologia e l'Er
nologia, n. XLII y XLIII, 1912 y 1913.
44
indices mis difundidos son para los hombrcs y mujcrcs, 67 a 69
. Las mcdias aritméticas: masculina 68,28 y fcmcnina 68,24, dcn0
IZD UH3 fl'CD{C mCdi2.D2 COD 1'CSPCCCO 3. 13. 2DChl.11'2 dc 13.
Tnu 36

Diimctro frontal minima I InJi:¢ frvnto-pwietal


(Laguna Blanca} (Laguna Blanca)

mm. I Hombru I Mujeres I Indices Illombnes I Mujens

61

62

66

100 68 10

70

3I° Z

73
110

74

Totalcs I 51 39 75
Tocalcs 39

b) Ancburu de Ia cum

La auchura dc la cara sc cstudia por mcdio dc] diamcrro bici—


gomatico y sus rclacioncs com la altura auricular, la anchura dc la
cabcza y la anchura dc la frcnrc.
En nucsrra scric las amchuras dc 10s pémulos mas comuncs son,
para lcs hombrcs dc 135 a 141 mm., y para las mujcrcs dc 127 a
131 mm. Las mcdias aritméticas: masculina 138,02 y fcmcnina
128,61 mm., dcnotan caras auchas. La difcrcncia sexual cs modcrada.
45
1 _ _ I d ' ' O1'I1't1CO = I1 CX El Indlcc mmm 0-clg a (d
nos pcrmitc saber cuéutas parccs dc la auchura dc la cara sc hallau
comprcudidas cn la altura auricular. Los indices més comuncs dc
ambos scxos van dc 90 a 95. Las mcdias aritméticas son; masculina
92,17 y fcmcuima 93,11. Estc indicc rcvcla quc la auchura dc la cara
sc aproxima scmsiblcmcmtc a la altura auricular.
Tun 37

Diémzrra bicigamdtico I Indice aurlmla-cigomdtica


'(Lagrma Blanca} ([4;:1114 Blanca)

mm. I Hombral Mujeres I Inds. I Hombresl Mujeres

116 I1|7B
—9
- 80

120

1I1
1I4
2Is

1I8
5I9
3 I 90

4 I ]_
42
3I3
2I4
2Is
3I6

1I8
1I9
100

140

Toulcs I 48 37

Toules I 51 39

EI Indice pariczo-cigomético (vcr tabla 38) indica cudntas


partcs dc la anchura dc Ia cabcza cstén contcnidas cn la anchura
46
Fig. 3. - Proprcioncs ccfilicas de los Toba (1) eu comparzcién con los Maki de Imbclloni
(2) y lcs Manco dc Lehmann-Nitschc (3).

Tnu 38

Indice paricto-rigomdtico I Indice frmrmcigamdriea


( Laguna Blanca) (Laguna Blanca)

Ind:. I Hombresl Mujeres I Indices I Hombresl Mujeres

66

70

10

9|2
100 I 2
1I1
Tozales I 51 39

Toules I 51 39

47
diém. bicigomatico X 100 111dCX En Dl1CS•
_ 11'1£X11]12. de 13 C2.1'3

tra serie los indices mas comunes son de 89 a 94. Las medias arit
méticas; masculina 93,27 y femenina 90,36, son propias de una an
chura considerable de la cara. La ultima relacion nos permite saber
cuantas partes de la anchura de la cara estan contenidas en la anchu
100
= Index I. Los
ra minima de la frente e diam. b1c1,qomat1co
indices mas comunes son de 71 a 77. Las medias aritméticas: mascu
lina 74,00 y femenina 72,92. Esta proporcion expresa una anchura
moderada de la cara con respecto a la frente, y viceversa.

c) Altum dc la cam

La indagacion de la longitudrfacial comprende varios métodos,


segfin los segmentos de la cara que se consideren. El mas conocido
es el que emplea la altura facial total morfologica, o diametro naso
mentoniano. Otro método se funda en la altura facial total fisio
nomica, que se apoya en el menton y la linea de nacimiento de los
cabellos. Por ultimo, la altura facial superior, cuyo segmento es la
distancia que separa la raiz nasal de la interlinea de los labios. Estos
diametros se estudian en sus relaciones con la anchura maxima de
la cara.
Empezaremos por la altura morfologica, cuyas frecuencias se
ordenan como lo indica la tabla 39.
Las alturas mas comunes van de 126 a 132 mm. para los hom
bres, y de 116 a 120 mm. para las mujeres. Las medias aritméticas
son: masculina 127,67, femenina .119,13. Estos valores eviden
cian caras pronunciadamente largas. La diferencia sexual es mo
derada.
Como se ve en la seriacion, el 80 % de los hombres y el 82 % de las
alt. facial tot. morf. X 100
= I,
. . _ _ mujeres tienen un Indice facial total diam. bicigomatico
que denota caras alargadas. Un 15 % posee caras de altura media
na, y solo 3 individuos tienen caras bajas.
Para las demas agrupaciones se han obtenido los siguientes va
lores (véase rabla 40).
El promedio de estos indices es 92.5 para ambos sexos, propor
cién que coloca a los Toba en el grupo somatico de los leptopro—
sopos.

48
TAm.A 39

Ah7£d{;j:l£?;;£“7"f Indice facial tural (Laguna Blanca}


mm. |Hombre.¤| Mujeres I Inds. Hombres Mujeres

107 79

cun- I ___
110 prosopos I 1
curi- { PIOSOPOS

15
mcso- 1 IDCSO

prcsopos 2 PTOSOPOS

120

i|100
lcpro- { g
pr0s0p0s I 1
lcpto- ! pfOS
130

Toralcs

140

Totalcsl 51 39

Tnu 40

Media: arihniticas del I. facial tural

Localidsd Hombrcs Mujeres

Laguna. Blmca. ...... I (51) 92.59 (sa) 92.55


Formosa . (25) 91.94 (16) 92.97
Clorinda . (22) 91.52 (so) 91.86
Primavera (30) 92.63 (as) 92.62
(27) 93.25 (25) 91.52
Tuyuyni
Espinillc (27) 92.75 (as) 92.45

49
La altura fisionémica dc la cam pcrmitc cxcracr cl Indice p1·0s6
d"m. bici omético X 100
,, ico = IHd€X !, ICIZCIOH q11C dCI10t3, alt. fac. tot
cuémtas partcs ccntcsimalcs dc csa altura cstén contcuidas cn cl
ancho méximo dc la cam.

Tun 41

Altura facial total fixiandmical Indice praxdpica


( Laguna Blanca) (Laguna Blanca}

mm. |H0mhres[Muje.res| Inds. I Hombres [ Mujeres

1 51-2 1 I 67
153-4 —I8
1 55-6 .. I 9
157-8 2 | 70
159-160
LI1
161-2
163-4
165-6
1 I' 2
23

167-8
169-170
171-2 sI7
173-4
175-6
177-8
179-180
181-2
1 83-4
185-6
1 87-8
189-190
191 -2
193-4 Totzlcsl 51 39
195-6
197-8
199-200
201-2

203-4
205-6
207-8
209

Tctzlcs $1 I as

Las alturas fisionémicas mas frccucnccs son dc 180 a 190 mm.


para 10s hombrcs, y dc 164 a 172 mm. para las mujcrcs. La cxcur
si6n dc cstc diémctro cs muy grande (58 mm.) Las mcdias aritmé
ticas: masculina 188,35 mm., fcmcnina 168,68 mm., son propias dc
caras considcrablcmcncc largas. La difcrcncia scxual cs aprcciablc.
En cl Indice prosépico 10s valorcs mis difundidos son dc 71 a
77. Las mcdias aritméricas: masculina 74,96 y fcmcnina 76,64, co
rrcspondcn a C0¤.f0rmaci0ncs lcptomorfas.
Vcamos la altura facial superior y su Indicc rclativo
alt. facial superior X 100 1 = lI1dCX
., . . , . diam. b1c1g0marrco
Tnu 42

Algifélzlggiw I Indice facial ruperivr (Laguna Blan


mm. |H0mbres[Mujems| Inds. | Hombres Mujeres

1 I euri- { 1

50 . 1 CHU- ! 2 PIOSOPOS
1 lprosopos

70

2 I 1 3 lepro- 4 PF
4 I leptc- j 3
5 lprosopos

Totalcs

Torales I 51 35

Las alturas mas comumes sou para el hombre de 80 a 87 mm.;


para la mujer de 75 a 80 mm. Las medias arirméticas: masculina
84,39 Y femenina 77,91, denoran un segmento naso-bucal conside
blemenre largo.
Por e1 Indice facial superior, el 97 % de los individuos de am
bos sexos estan entre los pueblos leproprosopos, esto es, poseen un
scgmcnto mso-bucal largo con rcspccto a la anchura dc la cam,
quc como hcmos visto cs considcrablc.
Los iudiccs mis frccucntcs cstén cntrc 57 y 64. Las mcdias arit
méticas son; masculina 61,17 y fcmcnina 61,25. Estos valorcs poncn
dc manificsto quc la alcura facial superior dc 10s Toba cs una dc
las mas clcvadas dcl mundo.

3. — MAN1>inULA

Tum 43

Didmetrn bigmiaco I India ganio-cigomdrica


(Laguna Blanca} (Laguna Blum)

mm. I Hombresl Mujeres I Ind:. I Hcmbresl Mujeres

93 69
70

100

110

Tocalcs I 51 39

120

Totalcs I 51 39
La mandibula se estudia, como es sabido, por mcdio del dia
metro bigoniaco, y sus relaciones con los diémetros maximos dc
la cara y del frontal. Veamos, ante todo, las cifras absolutas.
Las anchuras mas comunes del diametro bigoniaco son de 106 a
114 mm. para los hombres, y de 97 a 103 mm. para las mujeres. Las
mcdias aritméticas: masculina 109,74 mm., y femenina 100,53 mm.
hacen visible una mandibula sumamente ancha. El Indice gonio- `
, _ [diam. bigoniaco X 100
C1gOI113.tlCO
[ = lI1ClCX) denota CL13.I1t3.S p
tcs ccntesimales de la anchura de la cara estén comprendidas en la
anchura de la mandibula. En nuestra serie los indices mas comu
nes son de 76 a 82 para el hombre y de 75 a 80 para la mujer. Las
mcdias aritméticas: masculina 79,60 y femenina 78,31. Estos indi
ces demuestran que la anchura mandibular es bastante considerable
respecto al ancho de la cara, la que por su parte, segun hcmos ave
riguado, adquiere una relevante anchura.
La relacion del ancho mandibular con el diametro frontal minimo
se expresa con el Indice gonio-frontal
diam. bigoniaco X 100
= Index diam. frontal min.
el que denota cuantas partes del diémetro frontal estan comprendi—
das en la anchura de la mandibula. Nuestra serie de Laguna Blanca
tiene una amplitud de 94 a 123 para los hombres, y 92 a 106 para
las mujeres. Las maximas frecuencias son: masculinas de 105 a 113,
femeninas de 100 a 106. Las mcdias aritméticas: 108,19 y 102,79 res
pectivamente, evidencian que el diametro mandibular es sensib1emen—
te mas ancho que el diametro frontal, el cual, como hcmos visto, es
de anchura mediana.

4. — NARIZ

La forma de la nariz se aprecia por medio de sus diametros de


anchura y altura, y la relacién que se establece entre ellos, 0 In
dice nasal.
Las alturas mas comunes van de 57 a 62 mm. en los hombres,
y de 51 a 57 mm. en las mujeres. Las mcdias aritméticas: masculina
59,04 y femenina 54,18, denotan narices considerablemente largas.
Las anchuras habituales son de 37 a 43 mm. para el hombre, y
de 33 a 37 mm. para la mujer. Las mcdias aritméticas: masculina
39,98 y femenina 35,43, son propias de narices sumamente anchas.
53
TA¤r.A 44

Alturu de lu n¤ri{ I Auburn dc la rmri{ Indice nasal


(Laguna Blanca) I (Laguna Blanca} (Laguna Blanca)

mm. IH¤mbres|MujercsI mm. IHOI11bl'ESIMLIj€l'€BI Inds. I Hombres Mujeres

I2

lepto lcpt0· I
IT 11105 rrinos 6

3I1
5l1
-• I 2

__ | |T1cs.
mcso- I —
mCSO·
Tlcs. 51 I :9 rrmos l ——
l’l'll10S

80

CIm¢·
ITIDOS

Tctalcs 39

anchura dc la nariz X 100


El Indice nasal I altura dcla nariz= Index I rcvcla
cuzintas parces centesimalcs de la altura de la nariz estén conteni
das cn la anchura. Como es visible en el cuadro de frecuencias, el
63 % dc los hombres y el 82 % dc las mujeres posccn narices cn
54
la altura cs mucho mayor quc la anchura (lcprorrinos). Una cuaru
partc dc los sujctos (hombrcs 33 % y mujeres 18%) ticncn uariccs
dc altura mcdiana, y s610 2 hombrcs uariccs bajas.
Los dcmés grupos cstudiadcs dan 10s siguicntcs valorcsz
Tnr.4 45

Malia: oritmftimx J:} I . nam!

Ioulidnd Hombres Mujeres

Laguna. Blanca ...... | (51) 68.47 (ss) 65.74


Formosa . (25) 68.25 (ss) 66.53
Cloriuda . (22) 67.96 ($0) 65.62
Primavera (30) 68.57 (ss) 66.24
Tuyuyé (27) 67.51 (25) 65.32
Espinillo (27) 69.15 (ss) 65.71

E1 promcdio dc cstas cifras asigna a 10s Toba un indicc masculi


HO dC Y UD iHd1CC fCIDCI11DO dC 65, V2.101'CS QUC COIOCZD 3. CSIC
pucblc cntrc las agrupacioncs humanas con modcrada lcptorriuia.
La difcrcncia scxual cs intcnsa: ccrca dc 3 unidadcs. Eu la seria
ci611 sc advicrte que las mujeres carecen dc marices bajas, mientras
C]. POICCDCBJC dC m\1iCICS COD 1'l3f1CCS ZIIZS CS IHUY C1CV2dOZ
ESCOS hCChOS dCDOt3I1 qI1C 12.5 ml1iCI.'CS POSCCI`1 I`l3.1'1CCS I`IléS 3.12
das que 10s hombres.
Tum 46

Didmctro interorbitario I Indice Jrbito-cigamdtica


(Laguna Blanca) (Laguna Blanca}

mm. I Hombrcsl Mujeres I Inds. I Hombresl Mujeres

1 | 21 | 4
1I2I4
2I1I1
s I 4 | 10
6I5I;
5I6I1
1I1I6
sI8I1
6I9I1
2 I -.¤2.I_.1
1I1I1
Totalcs I 51 I 39

T0raIesI 51 I 39

55
•¤\0O»-•r~»-•r~1»-umm
0n·•••r~¢•\r~J¤·'s»-a»—4m·-•»-•|\
6O»-•OOOO•-10000
<-|~~nv'x00¤u\mO
°°‘Q"!'T'T@°?"""T"')"'?
OOOOOOOOO.-• Q" `5 Cl N
+|+|+I+|+|—l—|%—l+|+|—H+|+| +I-I-I+I+l+|+|+|+I-H+I

rhv-¢¤·<·v\•~4·/NOW.-• •<·•¤~0v·\|~m»-·•m\0n
»-awww-•m•hO¤A•A·-•|~c·h mOOI\v·m¤>OmNmN
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I`Nmm»—••·•\•¢\c0»<w••\•*\ ©mNd·¤¤A•-¢\Dm»-avuw
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@•I\8¤l'\@»-tvs-·1®@l'\ I\© •I'\!\®®¢>WV'¢
OO•-·•OOOO»-•OOOO OOOOOOOOO»-•

+l+|+|+|-H-+—|+|—|-|4—|+I—l-I-H +|+|+l+|+I+|+|+|+I+I

mNNNNm»-•<·m•-• ~0NO|~I~~•'•O©vN
8v\$»-•m|~¤*¤¤0r~e•'\vNN s »-avm•Av·OOmO
•*'\•*\•I\Vl*\•f\VV\©I\®Q nv\vn•n©Ov'1|\··—•

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5. — ORBITAS

Veamos el diametro inrerorbirario y su relacion con la anchura


maxima dc la cara Ctabla 46).
Las anchuras mas comunes van para cl hombre de 31 a 37 mm.,
para la mujer de 30 a 34 mm. Las medias arirmécicas; 34,11 mas
culina y 32,33 femenina, revelan una anchura mediana.
diam. inrerorbitario X 100
, , _ _ E1 Indrce orb1to-c1gomat1co 1am.= b1c1gomar1co
Index

indica cuéntas partes de la anchura de la cara esran conrenidas en


cl diametro inrerorbirario. En nuesrra serie los indices mas comu
nes son para el hombre dc 23 a 27, y para la mujer de 24 a 27. Las
medias aritméricas: 24,82 masculina y 24,66 femenina, denotan una
anchura inrerorbitaria mediana con respecto a la anchura dc la
cara, quc sabemos es amplia.

C.- CARACTERES FISIONOMICOS

1. — FORMA Dm. TRONCO

E1 cuello es de longirud mediana, con frecuencia ancho y corro.


La promincncia laringea es poco visible, mientras el mdsculo es
tcrno-cleidomastoideo es bastante saliente.
E1 rronco, en su conjunro, es corro y macizo. E1 rérax es amplio
cn la mayoria de 1os individuos,
y muy amplio en una cuarta
parte de los sujetos. Corro, an
cho y de diamerro sagital con
siderable, plano 0 con una bre
visima curvarura, es robusto y
bien proporcionado.
E1 abdomen es grande y ci
lindrico en la generalidad. Hay
un grupo dc conformaciones
mas pequefnas, que comprende
Fig- 4
sobre todo mujeres. E1 abdo
I men prominente es raro en el hombre, y poco cormin en la muj
Generalmente es plano, corto y ancho. Los pliegues abdommales
no son frecuenres; abundan mas en el hombre que cn la mujer.
57
Los senos se hallan colocados a bastante altura. Su forma varia
segfm la edad y 1a actividad sexual. En las jovenes solteras son c6
nicos y erectos. Las mujeres con hijos tienen senos colgantes, en
forma dc ubre de cabra. Los tipos semiesféricos son excepcionales;
s6lo se encuentran en mujeres jovenes. En la mayoria de los sujetos
el pecho cs abundante y lleno. Las conformaciones medianas son
escasas. E1 pezén es generalmente grande y algunas vcces mediano.
La aréola- poco saliente.

2. — Fomua mz Las EXTREMIDADES

La mano es larga y de anchuta mediana. Los dedos son delga


dos y largos en la mayoria de los individuos, noténdose que los
de las mujeres son mas estrechos que los de los hombres. Los dc
dos aguzados son excepcionales.
Las ufxas son grandes y largas. Prevalecen las formas angostas,
aunque una tercera parte las tiene anchas. En la mayoria son abo
vedadas, especialmente entre las mujeres. Un corto numero posec
uiias planas, y muy pocos individuos en forma de pico de pajaro.
Los pies son grandes, largos y anchos, especialmente en los hom
bres. Las mujeres poseen un pie mucho mas estrecho que los hom
bres. Predominan los pies de dorso alto, sobre todo en los hombres.
E1 resto, una tercera parte, los tiene de altura mediana. E1 dorso
bajo es muy raro. En una corta porcién, formada casi exclusiva
mente por hombres, el dcdo grueso esta separado del pie.
La pantorrilla es larga y delgada en casi todos los individuos.
En las mujeres cs mas delgada que en los hombres. S6lo una décima
parte presentan pantorrillas gruesas y cortas.

3. — Fonml mz LA cnzz.4

a) Cabeza

La frcntc es de altura mcdiana o baja en la mayoria de los su


jctos. 8610 un pequcio grupo tiene la frente alta, formado casi to
talmente por hombres. Las mujeres poseen el porcentaje mas consi
derable de frentcs bajas: 45 %. La frente gencralmente es ancha 0
de diametro mediano. La inclinacién es regular en la mayoria, y
fuerte en una quinta parte, formada por varoncs casi exclusivamente.
El frontal es de forma plana en la generalidad, y abovedado cn u
tercera parte de los rndividuos.
La Isumndad de la cabeza es medianamente abovedada. En
nos sujetos la boveda es l1gera, y en muy pocos casos se presenta
plana.
E1 occrpucio es abovedado en la rnayoria de los individuos, y
plano en algunos hombres.
La diferencia sexual se advierte en la mujer por su frente mas
·baja; en el hombre por la mayor mclnnacién del frontal hacia atras.

b) Cam, incluida la front:


La cara es alta y medianamente ancha en las tres quintas partes
de los sujetos; algo mas baja y ancha en los dos quintos restantes.
La cara alta predomma en el hombre, mientras en las mujeres la
mas comfrn es medianamente alta. Las caras estrechas son poco
frecuentes.

»?§2? gfn ,t Q) {e? ?liZ;


p Gy (7 q’!` V? ' ‘·—-’ C`.-> (_ _, ¢....s
G / \ ®- / \ Q / \ Q?

Fig. j. - 1, cara oval; 2, eliptica; 3, redondz; 4, pentagonal; 5, aguzada.


La 3 prcvalece entre las mujeres, la 4 entre los hombres.

En la mayoria de los individuos de ambos sexos prevalecen las


caras de contorno oval. La forma eliptica sigue a la anterior en or
den de importancia, y afecta a una octava parte de los individuos
de ambos scxos. El contorno redondo, en proporcién igual al ante
rior, es caracteristico de las mujeres, mientras el pentagonal es ex
clusivo de los hombres. Las caras aguzadas son menos habituales,
estrechandose generalmente hacia abajo.
E1 perfil de la cara es abovedado en la mayoria, sobre todo en
los hombres, y medianamente plano en el resto. Las mejillas sobre—
salen hacia adelante medianamente.
Las diferencias sexuales son moderadas. .En la mujer sc recono
cen por asumir la cara una forma mais baja, mas redonda y menos
59
salicnrcg cm cl hombrc son caractcristicos 10s modclos altos, abo
vcdadcs y pcntagoncidcs.
Tum 48 - Forma de In cum, incluida In frmte (Laguna Blanca) ruumen

Carécter Hombres | Mujeres | Total

%|N·= %|N·
41 73 17 38 58 57
alturz . alca ...... . mcd. nlm 27 28 62 43 43
{ ba];

znchurn . angostz ..... I mcd. auch; 34 62


27 17
55
38
59 59

mcha. ...... l muy zncha .


cliptica 7 s I 12
} oval. 59 56 59 57
rcdonda . 10 22 12 12
forma .
pcmagonal. 10 18 11 11
aguzada abajo .
» arriba

complet. plana
mcd. plana . 24 16 37 29 30
pcrfil abovcdada. . 72 67 68
sobrcsalicntc .

sobrcsalcn adclantc fuer:. 16 15


mcjillas. . 71 33 74 73 72
, » med . . , » QCD
c) N uriz

La forma gcncral dc la nariz, csro cs, su conrorno obscrvado dc


frcnrc, cs triangular cn la mitad dc los individuos (véasc la Fig. 6).
E1 rcsro poscc nariccs lar
gas y a11ostas, 0 algo
2;, ,2; E; ~/S;_ I mas bajas y anchas. I311
·. U) LJ cl homlwrc abundan mas
L`) I las narxccs tnangularcs.

-1 llfgl y 2.l’IgO$[2.' 2 2l'lCh2,' 3 rriangulgr ’ ’ ’ ’ ‘ ‘ todos los s


ccs angostas son mas habirualcs cn cl hombrc. Por su pcrfil, lla
ralz cs un poco alra cn las rrcs quintas partcs dc los Toba. Las
raiccs planas son mas frccucntcs cn las mujeres; las alras cn los
hombrcs.

El dorso de la nariz cs ancho cn casi todos, salvo un pcqucf'10


grupo dc individuos con anchura mediana. El pcrfil es rccto en la
mitad dc los sujctos de ambos scxos. El tipo ligeramcntc concavo
cs caractcristico de las
mujeres, mientras los mo
dclos "ligcramente con
vexo" y "aguileiio" son
atributos masculinos.
La Punta de la nariz
se dirigc hacia adelante TD
en la mayoria dc los su
jetos, especialmentc cn
las mujeres. En el rcst:0 . . _ Fig. 7- ' 1, [CCIE., 2, IIECI'. CO
sc orienta hacia arriba 0
abajo, indistintamente. Las alas son grucsas. Entre las mujeres son
generalmentc bajas. Los demés individuos ticncn alas de anchura
mcdiana. En la mayoria son abovcdadas, no sicndo raras en el
hombre las alctas infladas (véasc Fig. 6, N ° 3).
E1 resaltc de la nariz es de longitucl mediana en la mitacl de los
individuos. Los resaltes largos son frccuentes cn los hombres, micn
tras los cortos son distin
tivos de las mujeres.
El septum medium cs
corto, espccialmentc en
las mujeres. Una tcrccra
parte dc los individuos lo
ticnc mcdiano, y un corto
n{1mcr0 dc hombrcs, lar
go. Es ancho cn casi to
dos, y mcdiano $610 cn
raros hombrcs. Su forma
_ I mas comfm cs adclgazzin
dose hacia atrés a modo

Fig. 8-1, abertura oval alargada; 2, 3 oval oblicua; dc Curia: sobre todo
4, rcd¤¤d¤ mujcr. En el hombrc hay
un pequei;'10 mimero de tabiques cn forma dc reloj dc arena. El
reprum sobrcsalc hacia abajo en la mayoria de los sujetos. En un
corto mimero de mujeres el tabique esta levantado hacia arriba.
61
Las abcrturas son grandcs cn Ia. mayoria. Una tcrccra. partc las
ticnc mcdianas, y algumas mujcrcs, pcqucias. Su forma cs oval
oblicua cn casi todos. Las abcrcuras ova.1-alargadas son mis frc

TABLA 49 - Forma dc la-nariz. I. (Laguna Blanca) ruumm

Cn.r§,cter Hombres I Mujeres | Total

%|N¤ %|N¤ %

Forma general:
{ largz y mgosta . 27 14 29 29

pr0p0rci0ncs.. 4 mcd. larga y ancha ..... 53I 11 "20 20 11 24


45
22
49
22
49
( triangular.

angostz 16 12 12
mchurz ..... { mcdi2.na.. 44 75 33 73 77 75
{ zncha 20 14

compl. plans.
[ plan; 12 15 33 22 21

perfil ..... . .. { un poco zlca n 12


67
21 11
62
17 17
alra ....... l muy aka .
D0r.ra.·
angosto .
mchura ..... mediano . 12 17 14
zncho BB 34 B4

fuerr. concavo
céncavo
lig. c6¤czvo . 16 33 24
. . pcrfnl ....... rcctoh 54 24 54 55
lig. convcxo . 16 28 22 21
convcxo

Pumtar
hacia arriba 14 24 20 22
dircccién .... 4 » adclzutc . 28 62 57
» zbajo . 14 24 18 22 21

Alan
grucszs . 89 96 93
grosor .
dclgadas . 11

alms 16 11 10
alturz mcdianas 40 17 40 39
bajas . 26 44 26 52

bbvcdz ....,,poco
J abovezlzdasu
abovedadas 4B 43 91 B9
infladas 11 10

62
TAnr.A $0 - Forma de la uri;. II. ([4;:4:14 Blanm}
Cuéctcr
Hombru I Mujeres I Total

N° I % I N° %IN°I%
Reultrs
41 28
lcngitud largo . . . mcdimo gg 49 24 55
\ c0rt0 10 16

.S`¢prsm.·
I largo 16
Iongitud mcdimo
i c0r:0 11
26
25
59 26
33
67
24
52

dclgado .
mchura. . mcdiano
{ zncho 31 100 61 95

forma . zdclgazéndosc hacia adclzntc. . I 1


» » arrés .... 21 62 20 87 41 72
{ rcloj dc arena. . 12 35 15 26

{ sobrcsalicutc hacia abajo ..... 32 91 76 64


salicncia.
\ » » arriba. .... 3 10 24 17

Aborturax:
11
I pcqmrcfias
mcdranas .
. 42 18 41 41
maguitud
22 49 53 53
I graudcs .

10 18 16 17 16
oval-alargada
» oblicua. 37 64 33 73 70 69
forma .
» trausvcrsa .

lrcdondcadas . 10 18 11

Plano ¢berturu.r.·

horizontal 54 73
16 22
oricmacién { inclin. adclantc y arriba ....
11
I 1627
19 11 16
( » atras y arriba .

cucntcs cu cl hombrcg las rcdondcadas cn la mujcr. E1 plano dc las


aberturas es horizontal, sobre todo en las mujeres. Las inclinacio
nes hacia adelante y arriba, y hacia atrés y arriba, son mucho mas {
frecucntes en los hombres.
La diferencia sexual cs considerable. La mujer se caracteriza
por una nariz de raiz mas ancha y baja que el hombre, de pcrfil
recto Y céncavo, rcsalte corto, y aberturas medianas redondeadas.
En e1 hombre la raiz es mas alta y ancha, elperfil recto y convexo,
resalte mas largo, y aberturas grandes oval-oblicuas.
La forma, dc la boca sc cstudia, como cs sabido, por mcdio dc
su anchura y altura, y las rclaciomcs quc cxistcn cntrc cgtos diémc
tros y la altura dc la cam.
Las anchuras més comuncs $01:1 pam cl hombrc dc 53 2 60 mm.;
para la mujcr dc 48 a 54 mm. Las mcdias aritméticas: masculiua
57,29 mm. y fcmcnina 51,34 mm., son propias dc bocas considera
blcmcutc auchas.
Tum S1

Auburn de la bac: I Altura J: la: labiox


(Laguna Blanca) (Laguna Blanca)

mm. I Hombresl Mujeres I mm. lHombres I Mujeres

45 1I7I2
-I&|1
19—
8I1 6 _·].L J
1I1I1
4|2|2
sI3I‘
I5 Z6
IS7
I4

v II20

5I3
T0ralesI 51 39
6I1
7I2
Totzlesl 51 I 38

La alrura dc 10s labios mas gcncralizada cn ambos scxos cs dc


14 a 20 mm. Las medias aritméticas: masculina 17,21 mm. y feme
nina 17,33 mm., denotan labios gruesos, de mayor altura en la mu
jer que cn el hombre.
100
= IndexI ex
El Indice labio-facial a tura facial morfolo
prcsa cuantas partes de la altura facial estan contenidas en la altu
ra dc los labios. En nuestra serie, los indices mas comunes van de
64
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5

LAMINA V. —Abertura al ebral de los indios Toba. Los N°¤ 3 I


I 6, 7 y 8 son de varones; los N°’ 1, 2, 4 y 5 de mujeres.
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Indice Iabiwfaciul Indice Iabia-bucnl


(Laguna Blanca} ( Laguna Blanco}

Inds. I Hombrcs I Mujeres I Inds. I Hombres [ Mujeres

6I2 10-11
1 2-1 3
s|2 1 4-1 5
16-17
10 | 2 18-1 9
1|5 20-21
2|3 22-23
3I5 24-25
4I8
26-27
5 I 12
28-29
6|7 30-31
7I3
32-33
BI2
34-35 12

20 36-37
38-39
40-41
T0talcsI 51 I 39 42-43
44-45
46

Totalcs 51 IG

12 a 16. Las mcdias aritméticas: masculiua 13,62 mm. y fcmcnim


14,36 mm., denotan labios de altura considerable.

E1 Indice labio-bucal anchura oe 1a= boca


IndexI expresa
cuzintas partes de la anchura de la boca abarca la altura de los la
bios. La excursion es muy amplia. Las medias aritméticas: mascu
lina 30,51 y femenina 32,94, revelan una altura labial moderada
con respecto a la anchura de la boca. La mujer posee una boca mas
corta y labios mas gruesos _que el hombre.
Los labios son gruesos en la mayoria de los sujetos (véanse las
laminas VII a X). Entre los hombres hay un pequeiio grupo de
individuos con labios de anchura mediana, y otro con labios abul
tados. E1 borde externo del labio superior generalmentc es un arco
compuesto, aunque no son escasos los individuos en que dicho bor
de esta formado por un solo arco. E1 labio superior es mas grucso
que e1 inferior en una tercera parte de los sujetos observados. La
hendidura bucal es generalrnente grande.
Los dienres son rectos y grandes. Los de tamafioa muy grande
se hallan preferentemente entre los hombres; los medianos abun
dan cn las mujcrcs. Gcucralmcntc no cstén dcsgastadosg $610 una
quinra partc prcscntan un dcsgastc aprcciablc. S011 dc color blanco
cn un pcqucfw grupo dc individuos amariller1r0s.Lascarics son frc
cucmcs, afccmndo la falra dc dicmcs a una tcrccra parte dc la po
blacién.
c) Abcrtum palpcbral

En li maycria dc 10s sujctos la abcrtura palpcbral cs ancha. Su


cjc mayor cs rccto, salvo cn un c01·t0 mimcro dc mujcrcs, cn quc
sc prcscnta inclinado hacia afucra y arriba.
TAnLA 53 -Forma de In bam (Laguna Blanca) ruumm

Csrlcter Hombrcs Mujeres Total

Labiaxs
dclgzdos
mcdxznos . 10 17 11 14
h ’"“ ‘"“ ·
gmcsos 38 66 B9 78
abultados 10 10 10

24 41 16 39
bo d . arco scncillo r c supcnor ..
’ Comwcsw 34 59 28 64 62 61

labio superior .... més grucso . I 20 35 38 37

pequcna
hcndidurz buczl.. { mcdiana . 17 11 24 28
{ grande . 71 34 75 73

Dimtu:
rectos . 54 93 42 94 93
oblicuos .

muy grzndes 19 33 10 22 29 28
41 21 46 45 44
mmmo .

. S¤¤r*=S -- medranos . pequefa 26 14 29 28

sin dcsgastc 50 28 62 57 55
dcsgasre gascados 19 33 10 22 29 28
muy gzstzdcs 10 17 16 17

blanco 46 81 39 87 85
Colm
arnarillo 11 17 17

canes 41 59 32 73
znomaliu ....... { sobrcdientes
czrcncia dicntcn . 34 18 34 41

66
En las dos tcrccras partcs dc 10s sujctos Ia abcrtura cs dc forma
almcudrada, dcb1d0 al phcguc dcl pérpado, sobrc todo cn las mu
jcrcs. En cl rcsto cs dc tipo fusiformc.

Fig. 9. -Abcrtura. pnlpcbrzl dc los Toba (1, sin plcgarnicmos; 2, plicguc mon
g6lic0; 3, plicguc malo-margiualis).

E1 plicguc mougélico cs muy raro: lo hc obscrvado cn dos 0


crcs individuos énicamcntc. No asi cl plicguc male-marginulix, quc
afccta cl éngulo cxtcrno dc la abcrtura y hacc dcsccndcr cl pér
pado superior. Estc plicguc sc halla cu las dos tcrccras partcs dc
los imdividuos, cspccialmcntc cn las mujcrcs, y cs cl quc produce
cl tipo de abertura almendrada.
TABLA 54 -Farm4 de lu abertura palpcéml (Laguna Blanca) ruumm

Caréctcr Hombre: I Mujeres I Total

N°|%|N¤
%|N··
4|7 2I s
mchun `

zngosrz ..... median; ' anch 47 I 84


5|9
40 89I87
9I 9
86

57 | 100 43 96|100
C _ I"
{ recto . . ` oblicuo 4| 2

fusiforrnc 21 I 38 10 23I3l
forma ` 69
zlmcndrzda 35 I 62 34 77I69

mongélico 1I2
. Phcgucs `'''`` ` " { ..... I 35 | 62
malo-mzrginalis vvlcs 69

f) Oreja

La orcja se estudia por mcclio dc su longitud y anchura fisio


némicas, y la. rclacién que se establece entre ambas dimensiones,
0 Indice auricular.
67
Las longitudcs mais co
muncs cn cl hombrc van
dc 63 a 70 mm., y cu la
mujcr dc 58 a 63 mm. Las
mcdias aritméticas: mas
culina 66,04 y fcmcnina
60,72 mm., colocan a cs
tc pucblo dcntro dc las
c011f01‘maci01‘1cs macro
auxicularcs dc Martin. La.

Fig. 10.-1, normal; 2 tubérculo dc sidcrablc.


Darwin N° 4. difcrcncia sexual cs
Las anchuras mas comuncs son para cl hombrc dc 34 a 37 mm.,
y para la mujcr dc 30 a 35 mm. Las mcdias arirméricas: masculina
35,49 y fcmcnina 33,10 mm., dcn0tan_una anchura mcdiana.
TABLA 55

Langitud dc la arrja I Anrbum dz In vreja India: auriculvr


(Laguna Blanca) (Laguna Blanca) ( Laguna Blanca)

mm. [ Hombresl Mujeres I mm. | Hombresl Mujeres I Ind:. I HombresI Mujeres

54 47

1IJ
2I1 50

3I1
4Is
s | 1z
6 I 11
7Is
BI4
9Iz
40 I 2
1I1

_ ITOtalcsI Sl I 39
3Is
1I1
70

Toralesl 51 I 39

6|1
7I1
sI2
Totalcs I 51 39

68
, _ E1 Ind1cc aur1cu1ar anchura dc la orcja X 100
_ = IndexI ncnc
/sus valorcs més habitualcs cu ambos scxos cntrc 52 y 58. Las me
dias aritméticas: masculina 54,19 y fcmcuina 54,7 indican una an
chuxa brcvc con rcspccto a la altura.
Las orcjas cstéu scparadas dc la cabcza cn la mayoria dc 10s su
jctos. E1 bordc dcl hélix sc prcscnta rcplcgado hacia arriba y atrés
cn casi todos 10s iudividuos. E1 rcsto ticnc cl rcplicguc nimicamcmtc
hacia arriba. Hc obscrvado cl tubérculo dc Darwin cn 7 individuos.
E1 16bu10 cs gcucralmcutc graudc. Los 16bu10s amchcs sou muy co
muncs cn las mujcrcs, micntras 10s alargados abundan cmtrc 10s
hombrcs.
TABLA 56 - Forma dc la orzja (Laguna Blanca) ruumm
Cuicter Hombres I Mujeres I Tot;]

%IN=· %IN¤
adhcrcmcs . 10 17 16

posicién .. { scpzradzs . 44 76 34 87 7B 79
( cn asa

11 21 14

con
iC rcplicguc
» » » atrés y arribahacia
I sin rclicuc50. pg
arriba .... 6 bogfcl 89 30 79

tubérculo dc Darwin N° 4 11

Imcdiano
auscntc
.ammo .. _ pcqucE0 . 16bul?' 18 11 22

... I grande ..... muy grande 21


33 20 39
37

l6bul0: I Iibrc 5B 100 39 100 97 100

p0sici6n \ pcgadc .

D. —— CARACTERES FISIOLOGICOS Y BIOQUIMICOS

1. — CAPACIDAD TORACICA

La amplitud torzicica sc cstudia, c0m0 cs sabido, p01· mcdio dc


las circunfcrcncias torécicas, las rclacioncs quc cxistcn cntrc cllas,
0 cxcursién dcl térax, y las quc sc cstablcccn con la cstatura, 0 In
dicc dc vitalidad.
69
Las circumfcrcncias cu inspiracién més comuncs dcl hombrc dc
Laguna Blanca van dc 90 a 96 ccntimccros; cn la mu]c1· dc 84 a 88
ccntimctros. Las mcdias zricméticas: masculma 94,19 y fcmcnma
86,34 ccntimctros, dcnotan un pcrimctro t0réc1c0 c0ns1dcrablc. La
difcrcncia sexual cs modcrada.
La circunfcrcmcia cn cspiracién sc cmplca para calcular la cir
cunfcrcnqia torécica media y Ia? p1‘0P0rci01‘1cs quc scadvicrtcn cn
ttrc unas y otras. Sus mcd1as ar1tmét1cas son; masculma 89,96 ccn
timatros y fctucuiua 84,50 ccugimctros. La c1rcunfurcnc1a t61‘
·mcd1a, p1‘0mcd10 dc 10s dos pc1‘1mct1‘0s antc1‘101‘cs, t1cr1c las s1gu1cn—
, . , . · H tcs mcd1as a1‘1tmct1cas: mascuhna 91,62 ccntimctros y fcmcmna
85,31 ccntimctros, las quc SOD propias dc u¤,t6rax ampliamcutc
dcsarrollado.
El Indicc dc la cxcursiéu dcl térax
circuuf. cu cs ir. X 1 P 90 = Indcx
. . c11‘cu11f. cu msp.

TABLA 57

Circunfcrmcia inrpiracién I Circunfzrmriu upirucién I Circwnfermciu media


(Laguna Blanca) (Laguna Blanca) (Lagxrm Blanca)

cms. [ Hombnsl Mujeres | cms. |Humb1·es[ Mujeres | cms. | Hombresl Mujeres

81 79
80

100
7l2
B12
1 I ·—
2I1 1OOI 2
Toralcs I 51 11|& T0ralcsI Sl I 32
Torulcn I 51 I 32
rcvcla cuéntas partcs ccntcsimalcs dc la circunfcrcncia corécica cn
inspiracién cstén coutcnidas cn la, circunfcrcncia cn cspiracién. Los
indices mis frccucntcs dc mucstra scric son cn cl hombrc dc 93,5 a 97,
y cn la mujcr dc 96,5 a 97,5. Las mcdias aritméticas: masculina 95,25
y fcmcnina. 97,01, dcnotam quc la cscuxsién dcl térax cs igual al
4,75 % y 3 %, rcspcctivamcntc, dc lacircuufcrcucia cn inspiracién,
O SC2. 2. 5,0 CCI`1IimC[1'OS P21'3. IOS hOmb1'CS, Y 3,4 CCHCiIDCC1'OS PRI';
las mujcrcs. Esta cxcursién cs scnsiblcmcntc brcvc.

TABLA 58

Indice dc la cxcunién del téruxl Indice de vitulidud


( Laguna Blanca) (Laguna Blanca)

Inds. I Hombresl Mujeres I Inds. I Hombres| Mujeres

90.5 I 1 49
91 I

93

94
53
95
10

55
97
12

57
99

Tozalcs I 51
59

61

Totzlcs I 51

circunf. torécica mcdia X 100


= Index
E1 Indice dc vitalidad estatura

_ indica cuéntas partes dc Ia estatuxa cstan comprcndidas en la


cunfcrencia media. Los indices mas comuncs de Laguna Blanca son
para cl hombre de 54 a 57, y para la mujer dc 53 a 55. Las m
aritméticas: masculina 54,69 y femcnina 54,26, ubican a los Toba
71
cnrrc los pucblos dc mayor capacidad roracica con rcspccto a la
cstarura.

2. — Czouisim ous·rA1·1vA PARA LA FENIL-TIO-CARBAMIDA

El cstudio dc la ccgucra gustativa 0 agusia para la fcni1-tio-car


bamida comprcndc rrcs problcmasz la hcrcncia dc csrc caractcr, su
comporramicnco cn rclacion con la raza, y sus variacioncs vincula
das al scxo y la cdad.
Nucstros rcsultados sobrc 1a transmision dc csta cualidad sc
prcscnran cn cl siguicntc cuadro:
TABLA 59 - Hermcia dc I4 cegurm gurtntivo
(Familia: Taba dc Laguna Blanca)
Padres Hijoa

·1·· .1 N6 I—
A +¤M

—I 4 I 10 |100I —l—I 10

+-I 2I·|—|2|100I2

++| 20 I zl 4l44I96|46
Toralesl 26 I12 I 21I 46 |79| ss
Las cuarro cruzas dc individuos no-gustadorcs han pro
ducido 10 hijos no-gustadorcs (—) y ninguno gustador (+). Esta
cxpcricncia concucrda con las obrcnidas cn otros pucblos, cn cl
scntido quc cl caractcr no-gustador cruzado consigo mismo no pro
ducc nunca individuos gustadorcs, comportaudosc como una ho
mocigota rcccsiva (véasc la Fig. 11).
Las dos cruzas dc individuos gustadorcs con iudividuos no-gus
radorcs C+ —) han producido 2 hijos gustadorcs y ninguno no
gustador. E1 caracrcr gusrador (+) cs, cn consccucncia, un domi
nantc mcndcliano.
Las vcintc cruzas dc individuos gustadorcs (+ +) han produ
c1do 2 h1jos no-gusradorcs y 44 hijos gustadorcs, haciéndosc visiblc
quc los mdividuos cruzados sc dividcn cn homocigotas dominantcs,
la gran mayoria, y hcrcrocigoras dominantcs, unos pocos.
En cl cuadro adjunto sc cjcmplifican csos casos con datos dc
nucstra scric Toba dc Laguna Blanca.
72
TABLA 60 - Ceguem yutativu Jzyin rl parmtum, cl nxa j lu dad
(Laguna B/anu, Primavera, Expini//0}
Individuos solos
Familia: (Lag. Blanca) I (Lug. Blanca, Primave Totales
Carlcter ra, Espinillo)

ND % I N°

46 79 12 21 46 79 12 21
parcn-
tcsco pzdrcs .{hijos 42 81 10 42 B1 10 19

16 26 79l 7 21 82 18
xo ( hombrcs ...... 32 sc ' ` 75B4
mujcrcs ....... 30 10 B3I 4 49 78 14

B1 1OOI 84 16

O 2 15 afios .. 26 cdad " {


15 ax aios 62 79 16 21 BOI 11 20 I 107 27 20

E1 comportamicnro dc csta cualidad con rcspccto al parcutcsco,


al scxo y a la cdad, cs como siguc:
Con rclaciém al parcntcsco, sc advicrtc quc 10s hijos posccn un
porccntajc dc gustadorcs cquivalcntc al dc los padrcs, hccho quc
rcvcla la poca variabilidad dc cstc caréccvcr dc una a otra gcucra
cién, y su fijcza como cualidad racial.
Scgfm cl scxo, cm las familias dc Laguna Blanca 10s hombrcs ticucn
un porccntajc dc gustadorcs supcriir al dc las mujcrcs cn 9 ccntésimoa.
E1 Indice sexual po1Enta]elemen1not1e gustadorgs
= IndexX
L 100
porccntagc mascuhno dc gustadorcs
_ quc dcnota cuémtas partcs dcl porccncajc masculino dc guscadorc
cstan coritcmdas an cl porccntajc fc- Tun 61_Rmm” dc ld www gwm
mcnino dc gustadorcs, cs para cstas (Laguna Blanca, Primavera, Erpinilla)
familias dc 89,3. Los individiios solos Caricter + — II
dc Laguna Blanca, Primavera y Es
N°l% N°|%
pinillo, han dado rcsulrados opucs
tos: los hombrcs ticncn un porccn hombrcs ..... I SB | B2 13I18
tajc dc gustadorcs inferior al dc las 14lzz

mujcrcs cn 4 ccnrésimos; su indicc mujcrcs ...... I 49


muos . 6I16I 78
27I2O
31 84
total adultos. . I 107 I BO
cs 105,1. Los toralcs dc nucsrra scric
asignan a los hombres un porcentaje de gustadores débilmente supe
rior al de las mujeres (4 centésimos), con un indice sexual de 95,1,
revelando un comportamiento no asimilable al de la generalidad d
los pueblos conocidos (casi todos europeos) en que la.mujer tien
un porcentaje superior al del hombre. En este senrido los Toba
concuerdan con los Vascos, y las poblaciones de San Sebastian y
73
Kharkovl (Ind. sexual;
ag I agw 86, 94 Y 94, resp,).
Scgén la cdad sc 0b

? O OO ga, scrva quc los niiios sou "' °°' G ago ms gustaorcs quc
10s adulccs (4 ccntésimos).
Es fécil dcducir quc cl
OT aa AQA hombrc ticnc un porccn
tajc dc gustadorcs dc 82%,
A-av A-W A+° la mujcr dc 78%, y cl puc
blo cn conjhnto dc 80%.
La difcrcncia sexual es
moderada.
AA ·$ A A
3. — Gnupos snzcuiunos
A`f'A AA AA AA AA AA

Las reacciones se cfcc


tuarou en e1 terreno con
Aa .A$a» la técnica dc la plaqueta
de porcelana y cl uso de
sueros couscrvados en am
aa aA A a AA
pollas. Se emplearon tam
bién como testigos 10s pre
paradcs Anti-A y Anti-B
Aa AQA en p01v0, a base de plasma
desecado dc conejo, de los
AA
laboratorios Leederle Sale:
Aa, aA AA
Fig. 11 Corporation.
Hrrmria J: In rzgucra yutariva para Ia fmil-tin-curbomida. Las determinacioncs
l. - Cru dc no-gusudoru, pmduc:· homodgotu rccesivu (bmilia Shir
uloi). 1. - Cruu gmudcr-no guaudor: homoeigou dominant: X homo nos han dado los siguieh
cigcu recuiu = hcurodgota dominant: (hmilia Sinagtalé). 3. - Crun de
gundmu (I): humncignua dcminanten (hmilia Wanaik). 4. - Crun de tes resulcados brucos y
gumdom (II): hezuoeigctu dominanm (familia Ioghdé). 5. - Crun
de gmudores (lll): homocigou y hercrneignn dominanm (Familia Si porcentajes :
nagtnlé).

AB
396
98,51 1 ,24 0,25
1. VAC. Bmrn y L. Bpvp: Iaxuul and racial variation: in abiligr to tart: pbur_yI-tbio-cu·ba
.mide, with mma data on tlu inluritarm; en Annals of Eugcnics, v. V
rgc, l9}7.—W. L. Pzmn: Tattc blindnen and race; en journal of Hcredity. v. XXV, pp. 187
190, Wéahingron 1934.
74
10s que, e1ab0rad0s segun las normas corrientes dieron la siguientc
figura:
0,992 0,007 0,001

Esta figura concuerda c0n 10s valores 0btenid0s por Mazza y


Alvarez para 10s indigenas chaquer1ses‘.

III

PARTE COMPARATIVA

Es bien sabido que 10s mét0d0s de comparacién se fundan en


el estudic de las relaciones de un grupo 0 tip0 dad0 cou t0d0s 10s
demas tipos humanos de la tierra, 0, mas escuetamente, c0n 10s de
un determinado continente 0 sector. El primer sistema, que pare
ceria ser el mas pr0vech0s0, r10 s010 es impracticable, por el tra
bajo desmesurado que cxige, sino también inadecuado, p0r n0 ajus
tarse a la c0ncepci6n sistematica que t0d0 naturalista posee del
mundo orgénico. Las variaciones bi016gicas de primer grado se
situan f0rmand0 grandes ramas, de las que se dcsprenden ramuscu
las, las cuales a su vez se c0mp0r1en de cierto numero de variedades
dispuestas cn abanicos, racimos, ctc. Como cn toda 0tra divisién
del mundo 0rgé.nic0, cada grup0 humano no constituye por cierto
una entidad aislada, sir10 se ubica der1tr0 de un ccnjunto de varie
dadcs semejantes, el que a su vez se entronca en un canon somatico
mas amplio. P0r este m0tiv0 el antr0p610g0 que desea referir el
tip0 humano que acaba de desctibir a sus naturales férmulas or
ganicas, no siempre se vc 0b1igad0 a trasponer 10s limites del c0n—
tinente en sus 0peraci0nes de orden c0mparativ0, y muchas veces
le es suficiente referirse a1 ambito CO1'Og1'é.fICO cn que ha realizado
sus rclevamicntos.
Otro ranto puede decirse sobre 10s caracteres que se eligcn c0m0
objetos de comparacién. Surge espontanea -1a idea que deban em
plearse en la comparacién t0d0s 0 casi todos, c0_n 10 cual se ganaria
en exactitud, segim las apariencias. La verdad es muy 0tra. Aparte
de scr en la practica una operacién excesivamence 1ab0ri0sa, 1a
ad0pci0r1 integral de la masa de 10s caracteres observados seria cau
1. Ver la bibliografia mencionada en el Cap. I.
75
sa de confusion y error, cuando se empleara para establecer la po
sition clasificatoria de un grupo dado, por la simple razén que exis
ten en esa masa caracteres de significados dispares, algunos de los
cuales son elementos formales bésicos, y otros —en cambio— de
importancia secundaria. El método adoptado por la gran mayoria
de los antropologos de todos los paises consiste en operar con cua
tro 0 cinco caracteres fundamentales para el fin de establecer la
diagnosis, dejando el empleo de los demés caracteres para discri
minar las semejanzas y diferencias locales e intertribales.
La generalidad de los autores han tomado corno caracteres basi
cos 1° la estatura, 2° el Indice cefalico horizontal, 5° el Indice vér
rico-transversal, y 4° el Indice nasal. Nosotros ailadiremos a esos
el Indice skélico y el Indice braquial, a los que debe atribuirse gran
significado morfologico, pues revelan importantes referencias a las
proporciones del tronco y de los miembros.
En los prospectos A y B se han reunido los valores de los pue
blos sudamericanos mas representativos, en comparacién con los de
nuestros Toba. El primer prospecto concierne a los caracteresimé—
tricos de la construccion corpérea, en su integridad y en sus partes;
el segundo a los de la cabeza, distintos en encefélicos y faciales.
La ordenacién de las series que componen nuestros cuadros ha
sido dictada principalmente por el concepto geografico, y solo en
parte, para algunas agrupaciones menores, por el criterio de las re
giones biolégicas humanas.
Separamos ante todo el ambito territorial circuns‘cripro por el
océano Pacifico y la Cordillera de los Andes, suerte de corredor dis
puesto de Norte a Sud, que forma sin embargo algunas a modo de
hernias a oriente de los Andes (noroeste argentino, etc.) El inmen—
so territorio sudamericano situado entre la cordillera y el océano
Atlantico esta representado en nuestros prospectos por sus grandes
cuencas o drenajes, empezando por la Amazonia y terminando por
el Parana. lmportantes conceptos de geologia y antropogeografia
obligan a distinguir en esa aparente unidad los terrenos altos del
oriente brasileflo o Plumzlra. Digase otro tanto para el sector del
Gran Chaco, que constituye una definida region incermedia, de sa
banas y florestas, entre el Matto Grosso y las planicies australes
argcntinas. En estas dltimas, lamentando muy especialrnente no
poseer datos fidedignos sobre las poblaciones de La Pampa, distin
guimos cn su parte meridional las mesetas de la Patagonia, y final
mentc los canales, islas y costas de la Fueguia.
Tun 62 - Exrarum y praparcimm dol cuerpa do lo: indfgmax nudammcmm
Esta 1.6114- I 1. br.
Rcgién Grupo Autor N·· J tum liao qu.1¤J

Corrcdor Andino Aimara Chcrvinl (104) 160.1 54.0


Quéshua. Chcrvin ( 67) 160.4 52.9
Quéshua . Fcrris’ C 79) 158.4 52.5 87.9
Aimara Roumaa ( so) 159.9 53.1
Quéshua . Rouma’ (245) 160.1 53.2
Araucano . Ten Katc‘ C 2) 161.9 56.8
Araucano . Manouvricrs ( 5) 162.0
Puncio . Paulotti ' (209) 162.6 52.1
Susquc. Boma.¤’ C 28) 163.1

Amazonia Scptcu Ataroi Fzrabccs 157.3 54.0


trional Wapisiana Farabcc' 157.3 51.9
Taruma Farcbccs 159.6 50.9
Mapidian Farabec' 10) 161.5 50.7

Amazonia Occi Sipibo F arabcc’ 14) 156.8 50.9


dental Sctibc Farabce’ 158.0 51.5
Tiatinagua Farabcc° 158.5 50.0
Ipurina . Ehrcnrcichm. 158.7 77.1
Yamamadi Ehrcnreichl 159.8 82.0
Amahuaca Farabcc 160.0 49.2
Concbo Farabcc 161.0 52.2
19) 161.0 51.1
Machcyenga Farabcc
Piro ........ Farabec 25) 161.3 53.8
Paumari .... I Ehrenreich 164.3

Amazonia Meri Aueté ...... I Ehrcnrcich 14) 152.9 75.2


dioual Guarani . .... I Kronc “ 153.0 83.6
Aucré ...... I Raukeu 25) 158.1 51.4
Chiriguano Ten Katc 160.1 52.0
Parcssi ...... Ehrcnreich 160.5 79.4

Bacairi ...... I Ehrcnreich 10) 160.8 83.6


65) 161.8 51.8

Nahuqua
Guarayo .... Paulottil
.... ` Ranke .
Mchinakni . . . Ehrcnrcich
Chiriguano .. Lehmann-Nitscheu I ( l
11) 162.8
162.9
163.4
51.9
80.8
79.5
14) 164.3 B4.2
Kamayura . . . Ehrcnrcich 86.6
Ehrcnrcich 15) 168.7
Nahuqua

Secror metamérfi
co del Amazo
nas Occidental Witoco Farabcc 162.0 50.7
Ehrcnrcich 159.2 80.9
Id. Oriental Trumai
Trumai . Rank: . 14) 159.5 50.6
Ehrcnreich 167.6 80.5
Kayapo 86.3
Ehrcnrcich 20) 168.9
Karayé
Ehrcnreich 20) 173.7 74.3
Bomré

Ten Katc" 153.7


Sector mctam6rfi· Guayaqui
Ten Kate" 154.5
co del Parané Caingua .
161.6. 80.2
Sector metamérfi Chorotc Lehmann-Nitschc . 20)
163.3 51.2 82.7
co del Gran Chaco Takshik Lehmann-Nitsche.
Lehmann-Nitschc . 30) 163.8 77.6
Mataco
Esta I. ské- I. bra.
Rgién Grupo Autor N·· d` turn I lico quinl

Mataco Imbcllonil ( 15) 165.2 51.9 80.7


Toba . Pzulbui (402) 168.0 50.0 90.5
Toba. . Pauloui 15) 168.1 50.4
Paulocri 168.3 49.7
Chulupi
Vilcla Paulorri 169.5 49.4
Toba . Lehmann-Nitschc. 20) 169.8 78.7
Mocovi Pzulctti 170.3 48.7
Maki Imbclloni . 17) 172.1 48.4 83.8
Ash luslzi Palavccimc". 179.4 71.1

Tcn Kate 168.9


Patagonia | Tchuclchc
Ona Lahillcu 170.8
Ona Gusindclg . 24) 172.9 77.9
Ona Lehmann - Nirschc ’° 20) 174.1 51.8 79.6
Ona Lehmann-Nitschc “ 176.0 48.6 69.6
Tchuclchc Lehmann-Nirscbc 177.5 71.6
Tchuclchc jaukau 179.3
Ona Listan 182.0

Fueguia Alacaluf . 15) 154.7 77.8


Yagéu Gusind: ..........26)HdDéikzs
yacs y ncr 157.1 52.7 81.4
Alzcaluf . Hyadcs y Dénikcr 11) 157.4
Yzgén B0vc“ 14) 157.4
Yagéu Hahn" 27) 158.7
Yagén Gusindc 14) 160.0 76.0

Tum 63·Prap0rcimu.r ccfélica: de la: indigcnax rudumcricanos

Regién Grupo 1...... I Nc .1 II-.¢?F*·lEti·=rF··I1........1


1100 I `EIBDB.

Susquc. Bomzn ( 28) 78.4


Corredor Andino Puncfios . Paulcui (209) 78.8 66.1
Arauczuo . Tcn Kaz: ........ | ( 2) 79.1 92.8 77.5
Qhéshuz. Ferris. (124) 79.9 87.2 81.8
Qhéshua . Rcuma. (245) 81.5 84.9 73.2
Aimzra Rouma ( 52) 81.7 87.9 71.2
Qhéshua . Chcrvin. ( 68) 82.0 89.0
Aimarz Chcrvin. (104) 82.0 87.0
Arzucmo . Manouvicr ....... ( 82.3 89.7
Arauczno . Palzvccin0" ....... ( 87.4 68.5

Wapisizna . . Farzbcc 79.1 85.9


Amazonin Scpten Mapidian Farabcc 10) 79.8 84.4
trionul Tzruma ..... Fzrabcc 80.9 83.8
Auroi ...... I Fzrabcc 84.3 79.2

Tiztinagun . Fzrabcc 76.3 94.5 92.2


Piro ........ Furabcc 25) 77.4 89.7 86.6
Occidental Mnchcycnga Fsrabcc 19) 78.9 92.5 80.1

78
Hgibn Grupo A utor I. café- I I. vert.
N··d` 1100
I. mmal

Amahuaca F uaboc 81.5 88.8 86.3


Yamamadi Ehrcnrcich 81.8 82.5 85.8
Paumari Ehrcnrcich 8}.8 83.9
E Ipurina . Ehrcnrcich 84.2 84.0
Sipibo Farabcc 14) 86.8 86.8 84.6
Sctibo . Farabcc 90.4 85.4 74.9
Concbo Farabcc 91.4 87.3 84.2

Parcssi Ehrcnrcich 77.5 80.8 79.1


Mchinakix Ehrcnrcich 77.8 84.5 86.9
Bzcairi Ehrcnrcich 10) 79.0 82.0 8}.4
Mcridional Kamayura Ehrcnrcich 14) 79.3 81.6 78.7
Nahuqria Rankc . ss) 79.5 75.4
Aucté Ehrcntcich 14) 79.6 82.2 76.1
Aucté Rank: . zs) 80.2 69.7
Chiriguzno Lehmann-Nitschc 40) 80.2 79.8
Guarayo Paulotti 80.2 74.6
Ehrcnrcich
11)
N ahuqfm. 15) 80.6 83.8 86.3
Guarani Krone . 80.6 85.7 84.8
Chiriguano Tcn Kate 81.2 79.7

Sector metamérfi
co del Amazo
nas Occidental Witoto Farabcc 77.4 86.2 91.0
Id. Oriental Karayé Ehrcnrcich 12) 74.8 89.9 85.9
Bororé Ehrcnrcich 20) 81.2 83.5 86.7
Trumai Ehrcnrcich 81.6 86.7 75.5
Trumai . Rankc . 14) 81.9 73.3
Kayapé Ehrcnrcich 84.7 8}.1 83.5

Sector metamérfi Guayaqui Ten Kate 79.9


co del Parani Cainguzi . Tcn Kate 81.2 88.8

Sector metamor Vilcla Paulorti 75.9 71.9


fico del Gran Paulotri 76.0 81.0
Chulupi
Chaco Ashlushlai Palavccino 77.5 100.0
Chorotc Lehmann-Nitschc < 20) 77.6 79.8
Macaco Imbclloni . ( 15) 77.7 85.1 80.9
Toba . Paulotri ( 15) 77.8 69.0
Mataco Lehmann-Nitschc ( 30) 78.1 82.8
Toba. . Paulotti (402) 78.5 85.0 68.0
Takshik Lchmann·Nitschc C 2) 78.8 91.8 84.5
Toba . Lehmann-Nitschc C 20) 78.9 75.4
Mocovi Paulotti C 4) 80.0 72.3
Maki Imbclloni. ( 17) 80.4 83.7 85.5

Ona Gusinde ( 24) 78.4 79.3 67.5


Patagonia Ona Lehmann-Nitschc C 20) 79.6 71.3
Ona Lehmann-Nitschc C 2) 83.7 83.9 66.2
Tchuelchc janka. C 1) 88.2
Tehuclchc Tcn Kate ( 1) 88.4 85.8 65.7

Alacaluf . Gusindc C 1s) 77.4 88.2 72.1


Fueguia Alacaluf . Hyades y Dénikcr C 11) 77.5
Yagin Gusindc < 14) 78.5 83.9 77.1
Yagan I-lyadcs Y Dénikcr C 26) 79.5 73.1

79
NOTAS A LAS TABLAS 62 Y 63

1. A. Cnnvm: Antbropologie bolivienne, t. II, Paris, 1907.


2. H. B. Ferris: The Indian: of Cuzea and the Apurimae; en Memoirs of the American Anthro
pological Association, vol. IH, N° 2, 1916.
3. G. Rooms: Quitehaua: et Aymarar; Bruxelles, 1933.
4. H. nu Kun: Matiriauaf pour teruir a l'antbropalogie de: Indien: de la Rlpubliquo Argentine;
en Revista del Museo de La Plata, t. XH, La Plata, 1906.
5. L. Mmouvnrnn: .S`ur le: Arauean: du fardin dbieclimatatim; en Bulletins dc la Societé
d'Anthr0p0logie de Paris, 3, t. VI, p. 730. Paris, 1883.
6. O. P.sur.o·n·r: Lo: nativo: de la Puna de jujuy ( Rep. Argentina); en prcnsa en "Rev. del
Inst. de Antropologia de Tucuman"
7. E. Bomm: Antiquiti: de la Région Andine de Ia Rfpublique Argentine et du Dérert d` Atacana;
Paris, 1908.
8. W. C. Fnamzaa Tbe Central Arawalu; en Anthropological Publications, The University
Museum, University of Pennsylvania, v. K, Philadelphia, 1918.
9. W. C. Fnnnn: Indian tribe: of Ea:tern Peru; en Papers of the Peabody Museum of Ame
rican Archaeology and Ethnology, Harvard University, Cambridge, 1922.
10. P. Ennrmnmcnz Antbrapolaginbe Studien riler die Urbewabner Brarilient, ctc., Brannschweig,
1897.
11. R. Knoms: Die Gaarany-Indianer; en Mitteilnngen der Anthropologischen Gesellschaft
in Wien, t. XXXVI, pp. 130-146, 1906.
12. K. E. Rmxn: Antbropologircbe Beabacbtungen au Zmtralbratilien; en Abhandlungeu der
K. Bayerischen Akademie der Wissenschaften, II Klasse, 1, Miinchen, 1907.
13. O. PAULOTTI Y A. Dunno: Materiale: para rerair a Ia rarnatologia de lo: indigena: del Cbaco:
Taba, Morovi', Cbulupl, Vilela, Guarayo _y Cbané; err prensa en "Rev. del Inst. de Antropolo
gia de Tucuman"
14. R. Lmumu-Nirscnu: Ettudiot antrapallgicor xabre lo: Chiriguanot, Cboratu, Mataco: j
Tobat; cn Anales del Museo de La·Plata, t. I, Buenos Aires, 1907.
15. H. 11N Kan: Note: etbnograpbique: :ur le: Indién: Guayaquir, etc.; en Anales del Museo
de La Plata, Section Antropologica, t. I1, La Plata, 1897.
16. j. Iunnniomz monografia en preparacién sobre los indigenas Mataco y Maki.
17. E. PALAVBCINOZ Releaarnienta antroparnitrira de un india A:blu:}2lai; en Notas del Museo
de La Plata, t. IV, Buenos Aires, 1939.
18. M. LAnu.r.n: Matlriaux pour rervir a l'bi:toire de: Oana:, indigene: de la Terre do Feu; en
Revista del Museo de La Plata, t. XXIX, Buenos Aires, 1926.
19. M. Gusnrou: Antbropologie der Feuerland-Indianer; Wien-Miidling, 1939.
Mismo autor: Anrbrapologirehe Beabacbtungen bei den Ona-Indianern auf Feuerland; en Mitteilungen
der Deurschen Amerikanisten-vereinigung, t. I, Wiirzburg, 1926.
20. R. Lnnurnm-N1·rscr-mz Ertudior antropoldgica: robre lo: Onat; en Anales del Museo de
La Plata, t. II, Buenos Aires, 1927.
21. Mismo autor: Etude: antbropalagique: .rur le: indien: Ona (group: Trbon) de la Torre ds Foto;
en Revista del Museo de La Plata, t. XXIII, segunda parte, Buenos Aires, 1916.
22. Mismo autor: Relevarnienra antropaligieo de tre: india: Tebuolcbe; en idem, t. XXIII, segm
da parte, Buenos Aires, 1916.
23. P. JANKA: publicado en Weisbach: K5rpenne::—1engen‘ver:ebiedener Men:cbenra::o¤; p. 172,
Berlin, 1878.
24. R. Lina: Viaje al pal: de lo: Ona:, Tierra del Fuego, Buenos Aires, 1887.
25. P. Hymns y _]. Démzrm: Minion rcientrfique du Cap Horn 1882-1883, t. VII, Anthropo
logio, Etbnograpbie, Paris, 1891.
26. G. Bova: en P. Hyades y Déniker: Minion xeientifigue, etc.
27. H. Hams: en P. Hyades y _]. Déniker: idem.
28. E. P.u.Av¤cmo: Cefalonopla _y relevamiento oefalarnltrieo do die{ india: araueono.r; en Notts
Preliminares del Museo de La Plata, t. III, Buenos Aires, 1934.
Quien proceda ahora a precisar la posieion morfolégica del
pueblo Toba por el método comparativo, podria formar su prime
ra reparticion comparando la estatura y los demas caracteres del
primer cuadro, 0 viceversa el Indice cefalico y los que se agrupan
en el segundo, y esto depende de los particulares conceptos que su
preparacion cientifica le ha formado sobre el delicado problema de
la posicién jerérquica que reciprocamente asumen los varios carac
teres en el conjunto de una formula antropométrica. Afortunada
mente para nosotros, la experiencia de los especialistas mas recien
tes que se han dedicado al problema de la clasificacién de los indi
genas del continente, ha puesto de relieve que estos caracteres se
presentan no tan incongruentes como pudo pensarse, de tal modo
que se llega a idénticos resultados taxonomicos tanto si partimos
de la estatura, como si lo hacemos de la conformacion cefalica, to
da vez que a esa reparticion "primaria" hagamos seguir la que
corresponde a los caracteres del otro grupo. En efecto, por la
estatura los Toba se colocan junto a los pueblos de talla elevada
que en Sudamérica encontramos en las planicies del Chaco, La Pam
pa y la Patagonia, sin que podamos confundirlos con los grupos
indigenas que habitan el corredor Andino, la cuenca del Amazo
nas, el Planalto brasilefio y la Fueguia. La estatura, Toba, con
promedios de 168 y 170 centimetros, esta comprendida en las tallas
de los pueblos chaquenscs y patagones, cuyos promedios van de
162 a 174 centimetros para los primeros, y de 169 a 177 centimetros
aproximadamente para los ultimos. Si observamos los Valores que
adquiere la estatura en los demas pueblos de Sudamérica agrupa
dos en el cuadro I, o mejor en la representacién grafica adjunta,
veremos que ningun otro nucleo, fuera de los pueblos chaquefios y
patagones, esté. representado por la talla 168-170 centimetros, pro
pia de los Toba. Entiendo hablar de grandes agrupaciones o masas
continentales, de tipos generalizados en el continente, y no ya de
representantes aislados o tribus residuales. Tales son ciertamente
los Nahuqua de las fuentes del Xingu (una de cuyas parcialidades
mide 169 centimetros de estatura, mientras otras, las mas numero
sas, miden tan solo 162), los Kayapé del sector metamérfico orien
tal del Amazonas, con estaturas de 168 centimetros, y los Bororo
con 174 centimetros de talla. Los dos primeros son pueblos empa
rentados Cmestizados) con las tribus australes; los ultimos, en cam
81
bio, son auténticos residuos de la antigua dispersion del tipo hu
mano que hoy encontramos en la Argentina meridional y en el
Chaco (véase la nota de la pagina que sigue).
Tomando ahora en examen la conformacion cefalica, vemos que
la cabeza Toba afecta una construccion dolicomorfa, cuyo canon
esta representado por la media aritmética 78,5, valor comprendido
en las variaciones que afecta el Indice cefalico medio entre los pue
blos deliChaco y la Patagonia, los cuales oscilan de 76 a 80 en los
primeros, y alrededor de 78 a 79,5 en las agrupaciones australes no
deformadas intencionalmente. Fuera de esos pueblos, que constitu
yen un conjunto dé poblaciones sobrevivientes o extinguidas, las
cuales forman la masa predominante de toda la amplia region de la
tierra firme puesta a oriente de los Andes y al sud de la Amazonia
(todas reconocibles por el habito cultural-economico de los Caza
dores), nos interesa ahora muy particplarmente escudrifiar si exis
ten al norte de tal zona o en el extremo sud, sobre los canales e islas,
otros jalones que posean una conformacion cefalica dolicoide, con
el fin de examinar las eventuales correlaciones con nuestros Toba.
Dcbemos seiialar en primer término a los habitantes de la Fueguia
(Yamana y Alacaluf), y algunas tribus del Matto Grosso (Karaya,
Botocudo, etc.) cuyo canon cefalico, por ser intensamente dolico
morfo, no admire confusiones con nuestra serie. Después, varias
tribus de la Amazonia occidental y meridional. En el sector occi
dental, dentro de una masa braquioide (81,5 a 91,4) encontramos
dos tribus con indices bajos: los Tiatinagua con 76,3 y los Piro
con 77,4. En la zona meridional de la Amazonia, fuentes del Xinga
y Tocantins, se hacen presente dos tribus, los Paressi y los Mehi
naka, cuyos indices son de 77,5 y 77,8, respectivamente. No quere
mos insistir en el hecho —de por si importantisimo— que todos
estos promedios, con excepcion de los Piro (23 individuos), fueron
recabados de series numéricamente insuficientes (Tiatinagua 4, Pa
ressi 9, Mehinakfi 6 inds. resp.) Mas bien atribuimos la mayor do
licocefalia de ambos sectores a la influencia de poblaciones empa
rentadas, que se destacaron de la masa propia del Planalto y de la
chaqueiia.
Resumiendo, la conformacién cefalica de los Toba esta com
prendida en el canon dolicoide de los grupos australes de Sudaméri
ca, distinguiéndose de las construcciones dolicomorfas cxtremas de
los Ge y Fueguinos, asi como de los modelos amazonicos influidos
por las agrupaciones de las planicies meridionales.
82
Pcro el procedimicnro mais fccundo no cs ya la comparacion
un solo cauracrcr, aisladamcntc conccbido, sino cl bosqucjo dc un
conformacion humana, lograda por la obscrvacion asociada dc dos
, tres y mas caractcres. Con este mcdio sc llcga al vcrdadcro objc
yo dc la antropologia clas1f1cator1a, quc consistc cn proporcion
rerratos antropologicos disrinrivos.
El cscudio dc la cstatura cn rclacion con el canon ccfalico rcvcla
quc cl modelo humano dc talla elcvada y cabcza dolicomorfa, a
que pcrtcncccn los Toba, esta rcprcscnrado cn Sudamérica por las
agrupacioncs dc las grandcs planicics australcs, y sus tribus resi
dualcs. En cfecto, fucra dc la Patagonia, La Pampa y cl Chaco, solo
lo cncontramos cn el sector mcramorfico oriental del- Amazonas,
con los Karayé de 168,9 ccntimetros de cscatura y 74,8 de indice
ccfélico, y los Bororé dc 173,7 y 81,2, respccrivamcnre. Quedan,
adcmas, tres pucblos dc cstacura elcvada a quc ya nos hemos refe
rido: los Kayapo, Mchinakni y Nahuqua. El primcro posee una ca
bcza braquimorfa (84,7) quc lo scpara dc cstc tipo. Los otros SOD
los quc mas han sufrido la influcncia de los pueblos australcs (tri
bus chaqucnscs) sea cn la cstatura, sca cn la forma dc la cabcza
(162,9 y 168,7 ccntimctros de talla; 77,8 y 80,6 de indice cefalico,
rcspcctivamentc). Finalmcntc, dcbemos apartar de este modclo to
dos aqucllos pucblos que poscycndo cabczas dolicoidcs son de baja
cstatura, como cs cl caso dc las agrupacioncs amazénicas y fucgui
nas ya mencionadas (Paressi, Piro, Tiatinagua, Alakaluf, Yagan,
etcétcra). Es, pu_cs, visible que a exccpcion dc un par dc tribus rc
sidualcs dcl Matto Grosso, y otras dos con caractcrcs mctamérfi
cos, dc influcncia austral, la masa dc los pucblos dc elevada esta
tura y cabeza dolicomorfa ticne un ambito suficientemenre continuo
y concrcto en las grandes planicies meridionales de Sudamérica,
que constiruye por ello una vcrdadcra "rcgion biologica" cn lo que
sc reficre a la humanidadl

1. En el texto hemos empleado los conceptos de "regién biolégica" y "sector metamor


fico", que nos apresuramos a aclarar siguiendo la doctrina earpuesta en recientes publicaciones
por el Prof. Imbelloni, mencionadzs en la nota 6 de la pag1na89:
__ ' I ' · Llamamos ngién bialdgim al ambito geogrifico de un determmado t1p0s0mar1co
_por medio de sus afiuidades filéticas cou los demis grupos huruanos), ambito estudiado a tra
vés de sus modificaciones sucesivas, siguiendo los desplazamientos y movimientos migrato
rios que han producido ampliaciones, reducciones 0 estabilizacron del area geografica ocupada.
Sector metamérfico es aquella zona en que dos 0 mas regiones biolégncas dan lugar al contac
to, asociacién 0 mezcla de sus tipos bumanos respectivos. Generalmente son los bordes 0 fajas
marginales de las grandes regiones biolégicas. Asi por ejemplo en la regi6n central del Matto
Grosso, 0 mas precisamente cn el curso inferior del Xingu, encoutramos una mezcla de pueblos
ran compleja y abigarrada en lo lingiiistico y cultural como en lo somético. Se trata de un sec·
83
La demostracion mas concluyente es proporcionada por el Indi
ce skélico, cuyo valor combinado con los auteriores, nos define la
morfologia de este pueblo. Los Toba perteneceu al grupo sudameri
cano de mayor macroskelia, o desarrollo de las cxtremidades infe
riores con respecto al tronco (véase el grafico del I. skélico). Su
indice, que como sabemos es de 50,0, sc coloca entre los valores de
la unidad pampida (48,4 a 51,2), cuyas cifras extremas son las de
los Mataeo de Imbelloni y Ona de Lehmann-Nitsche, (51,9 y 51,8).
RCSPCCKO 2. CSEOS (IOS 12lflH1OS g1'l1pOS, CLIYOS IDCHCCS C
('lCS2.I'1IlODI3. COD el CBDOH VOIVCICIIIOS 2. C1'B.IZ2.I'l.OS IIlé.S 3,dC
IZDIC, PIICIICDCIO 3.Cl§l2I1t2.l.' YB. q\1C Sl1S VZIOICS SC CODCIII
de las demas tribus del Chaco y la Patagonia (véase nota de la
pagina 86 y Fig. 12).
Fuera de los pueblos australes, solo dos tribus sudamericanas
poseen valores equivalentes a los dc los Toba: los Amahuaca y Tia
tinagua de la Amazonia occidental (49,2 y 50,0, resp.), aunque el
corto nomero de individuos medidos (2 y 4, resp.) hace recomenda
ble nuevas observaciones. Pero cuando el especialista no se limita
al estudio asociado de los 2 primeros caracteres, y recurre al tercero
(en otras palabras, cuando al establecer el modelo corporal propio
de los pueblos de alta talla, de cabeza dolicomorfa, que habitan
las llanuras meridionales de Sudamérica, no nos servimos onicamen
te de la estatura e Indice cefalico horizontal, sino también asocia

tor a guisa de mosaico, en que se superponen tresgrandes regiones biologicas, originando la


mezcla de sus respectivos tipos somaticosz el amazdreide, el ldguida y el pdmpido. En efecto, den
tro de su masa se distinguen los Trumai, por su estatura baja y su cabeza braquimorfa, compren
didos en el primer canon; los Kayapo y Karayé, de mayor estatura y tipo craneano dolicomor
fo, que entran en cl tipo léguido; finalmente, los Bororo se colocan por su elevada estatura
entre los pueblos de origen pémpido. Esta zona constituye cl Sector erzaturuérfire Oriental del
Amazerm:.
Esos fenomenos de mestizaeion no deben confundirse con las condiciones que se presentan
en la Amazonia en general, especialmente en su sector occidental, donde han qucdado las hue
llas de una antigua poblacion eu contacto con agrupaciones mas recientes, cuyo cruzamiento
es débil o nulo. En roda esa zona se advierte la presencia de un estrato humano arcaico y frag
mentado, ocupando los lindes o lugares poco accesibles de un territorio sefnoreado por agrupa·
ciones amazonidas o pampidas. Tal cs, sintéticamente, la posicion de los llamados indie: do
metre, residuos de una poblaeion que en otros tiempo; ocupara totalmente esa; cuencas, hoy
reducidos a pequeios grupos dc sobrevivientes, cobijados en lo mas intrincado de la selva, y
cuyos afloramienros mas imporrantes lo forman los Witoto, Trumai, Guayaqul, Caingua, etc.
Todos estos grupos se caracterizan por su baja estatura (la mas reducida de América) y su ca
lbeza dolicoide, y se asignan a los restos de las antiguas poblaciones liguidas y fuéguidas. Ellos
forman el Sector metomérfice Orridmrul del Amuzormr, y cl Sector rnetarudrfica del Parund.
En el Chaco y en la region meridional del Parané estas antiguas componentes coexisten
con las modernas (pampidos), manifesténdose una mestizacion de cierta importancia, muy
diferente de un punto a otro y de un pueblo a otro, mixima en lou Mataco, minima en los Ma
ki. y mednana en los Toba. Esta region ha nido definida por el Prof. Imbelloni como Sector
rrutomlrfire del Grem Cboee.
1 70

|60

150

IMO

BO

120

H0

I00

T0

LO

10

Fig. 13. - Proporciones corporalcs de los Toba (1) en émparacion con los grupos d
metamorfico del Amazonas: Paressi (2), Kzrayé (3) y Aucto (4) de Ehrenreich.

mos a esos caracteres la valuacion del Indice skélico), ya no queda


posibilidad alguna de confusion 0 error: el canon somético resulta
te es exclusivo de los pueblos dc las planicies argentinas, con ex
tension al Chaco paraguayo.
En el grafico adjunto se han asociado los valores que adquiere
la estatura, el Indice cefélico horizontal y el Indice skélico entre
los pueblos sudamericanos, distinguiéndose aquel conjunto de
bus en que prevalecen las conformaciones braquiskélicas, del ot
en que predomina la macroskelia (véase Fig. 12).
Se advierte de inmediato que los pueblos cuyos valores estan
comprendidos en nuestro canon (estatura sobremediana y alta, c
beza dolicoide y complexion macroslcélica), agrupaciones dispues
tas en el cuadrante inferior derecho de cse gréfico, estzin constitui—
dos por la masa dc las tribus chaqucnscs y patagoncs, a cxccpciéu
dc tres parcialidadcs. Un pcquciio grupo Nahuqua, sc scpara dcl
grucso dc su tribu por su mayor cstatura, aunquc conscrvc cn su
complcxién mcsaciskélica y cn su cabcza scnsiblcmcutc corta ’1as
carzctcrisricas dcl modclo amazénico. Dc 10s Bororé y Karayé 110
posccmos dams sobre c1 Indicc skélico, pcro podcmos calcular sus
valorcs com alguna aproximacién cmplcando las c1fras quc arroja
su rcspcctivo Imdicc trocautérico, cn 51,2 y 51,8, rcspcctivamcntc
Los Karayé sc apartan dcl canon pémpido por la cxtrcma. longitud
dc su cabcza, caractcr distintivo dc un modclo arcaico, cuyos repre
scnrznrcs mis cnnocidos sc rcfugian cn cl Planalra brasilcfro. Los
B0r0r6, cn cambio, por su cstatura. y Ia, construccion dc su cabcza,
pucdcn asimilarsc alas agrupacioncs mcridionalcs. En cuanro a 10s
Amahuaka y Tiatinagua, son dc cstarura baja, los primcros bra
quioidcs.
Dcbcmos agrcgar z csas tribus otras dc cstatura algo mis rcdu
cida, pero en un todo afincs· a los pueblos del Chaco: me reficro a
1. Para algunos pueblo; del Brasil cuyo Indice skélico no se conoce, la alrura relativa
del trocénrer, 0 Indice mmnrérica, tomado por Ehrenreich, permit: obtencr un valor bastante
aproximado al I. skélico de von Luschan. La altura relativa del trccéntcr expresa cuantas par
tcs centesimales de la cstarura cstan contcnidas en la longitud del miembro inferior. E1 valor
complementario de esta altura relativa del trocanter expresara, en consecuencia, las partes de
l2 CSEZCUIZ C0mpfCl’ldld2»S CD Cl SCgl'DCl'1IO [f0¤C0·CuCllO·C2»bCZ2., CSEO CS, DOS pl.'0pOI.'ClOD3l'é LI
indice del tronco anélogo al I. skélico de von Luschan. El Prof. Imbelloni ha advettido que
Sl Z CSC V3lOf C0mplCl'HCl'l[1t'IO SC lC SUIDZD 2 3 3,5 \1DId2.dCS SC ObfICDC LID V3lOf mlly 3.pfOXIKD2
do al I. skélico. "Para averiguar el comportamiento de arnbas técnicas —dice el Dr. Imbelloni
es instructiva la observacién de 10s pueblos con ambas cifras, la del Indice de von Luschan
y la del Indice trocantérico". C') I-labiendo extendido las comparaciones 2. 0tr0s pueblos me
inclino por la adicién de 3 unidades a ese valor complementario, haciéndose visibles sus resul
(2dOS CD Cl. SIBIIICDIC PTOSPCCEOZ

1.) v 1
. . . mu I -1 1. ¤»¤»»». I ·»mp·e3.?1¤ I ,·?.¥·:I=§1;¤:·. I 91.B~’:r*r2=;e
unidwes IDU V. l4\I3CuIIl I UIIIJE U} y C]

Toba (mismo grupo) . 53.1 I 49.9 I 50.0 I 0.1


Toba (dist. grupos) . 52.8 I 50.2 I 50.0 I O.2
Maraco (mis. grupo). 51.9 I 51.1 I 51.9 I 0.8
Malta (mis. grupo) 53.9 I 49.1 I 48.4 I 0.7
Chiriguano (dist. g.) s1.s I $1.5 I 52.0 | 0.5
Nahuqua (dist. g.), 51.6 | 51.2 I 51.8 I 0.6

En este cuadro pueslcn apreciarse las difetencias entre el I. skélico y el valor complementa
· no del l. trocantérico + 3 unidades, 0 I. rkélira rnconnru/da. _]unto al nombre de la tribu se in
dica Sl los indices cortcsponden a un mismo grupo de cada pueblo, 0 a distintos grupos del
mismo. Es evidente, pues, que el I. skélico calculado con este proccdimiento se acerca al I. ské
lico de von Luschan con la aproximacibn de 1/2 unidad.
IMDBLLONIL Du Ia ututuru humane ctr.; que se publica. en este IDISUIO EOIDO.
86
los Chorote y Talcshik, que han sufrido en la talla la influc
ge
lrasilos
eno.itipos somaticos
En cuanto originarios
a los Mehinaku, detodos
Piro, Parcssi, ctc., la Amaz
cllos
se
lmeszeparan netamente
1an0 0 francamcnte dcEs,
braqui. este modelo
pucs, evidencesomético pod
que cl canon
Con este método podemos rcconstruir el I. skélico de las agrupaciones americanas a
conocidas por esa relacion, como lo hacemos en el siguiente cuadroz

b) I. skélico reconstr.

VaronesI Autor Is) I. t.rocant.I Sail? zggggggzg


+ 3 unidndes)

Amaxonia accidental
Ipurina
· I amamadi
(2) I Ehrenreich I 49.6 I 53_4
(4) 51.1 I 51.9
Amazunia orimtal
Aueté. (14) 50.s I 52.5
'Parcssi . (9) 51.8 I 51,2
Bacairi (10) 52.1 I 50,9
Mehinaku . (6) 50.5 52.5
Chiriguano . (40) Lehmann-Nitsche 51.5 51.5
Kamayura . (14) Ehrenreich 52.0 51.0
Nahuqua . (5) 51.8 I 51.2
5`cctar mctamérjfico oriental
Kayapp (5) I Ehrenreich I 52.1 I 50.9
Karaya (12) 51.8 I 51.2
Bor0r6 . (20) 51.2 I 51.8
Gran Cbacv
Chorote . (20) I Lehmann-Nitsche I 52.} I 50.7
Mataco (30) 53.3 I 49.7
Toba (20) 52.8 50.2
Ashlushlai (1) I Palavecino I 54.2 48.8

Los valores de la columna b de esta tabla son naturalmente el producto de nuestro célculo
y por ello los damos con la convenient: reserva; meditese sin embargo que la serie Toba dc
Lehmann-Nitsche figura en el mismo con la cifra 50.2, cuya aproximacién al I. skélico 50.0
de nucstros Toba resulta innegable.
Estos valores confirman plenamente cuanto pudirnos deducir sobre el I. skélico mediante la
lectura de‘la tabla I y la representacion grifica ya conocida. En efecto, nuestro I. skélico re
construido revcla que las agrupaciones del Gran Chaco son en su totalidad macroslcélicas,
mientras las dc la Amazonia, con su sector mctamorfico, pertenecen Entegramente al canon
de longitud media.
_ _ _ _ El indice de los Mataco de Lehmann-Nitsche (49.7), tomado sobre 30 mdxviduos, ]u.nto
con el Indice skélico obtenido por Imbelloni (51.9) constituyen variaciones de caracter local,
cuyo promedio puede ser considerado el indice medio de la tribu: 50.8. Este resultado esta en
armonia con el inclice de otro pueblo de estatura y proporciones semcjantes a los Mataco:
me refiero a los Chorote, cuyo I. skélico reconstruido es de 50.7.
. I 'Cuando se asocia el I. skélico reconstruido a la talla y al I. cefalico horizontal, se obserya
que ningftn pueblo amazénico puede entrar en el tipo somatico austral por su construccion
mesatiskélica. Los Kayapé son los unicos que estan en el limite entre arnbos grupos de desarro
llo de las extremidades, pero por su cabeza braquioidc se apartan del modelo somitico del
Chaco y de la Patagonia.
87
finido POI UIIZ. Cstatllfa. elevada, 11118. CabCZ3, moderadam
coide, y una complexién pronunciadamente macroskélica, es exclu
siva de 10s pueblos del Chaco y de la Patagonia.
HO

160

ISO

U40

150

IQO

[10

l00

|•0

Fig. 14. · Prcporciones corporales de los Tobz (1) cn comparacién con los Qhéshu:. de
Ferris (2) y los Borocudos de Ehrcnreich (3).

Por ulrimo, el Indice braquial denoca que los Toba alcanzan la


cifra mas elcvada. de Sudamérica, con 90,5. Este hecho no puede
sorprendernos, si, al mirar el prospccto del Indice braquial (llama
do generalmente Indice radio-humeral) de todos los pueblos del
CODt1¤¢DtC, SC advierte q\1C el SCCtOl‘ de V2.lO1'CS mas 2.ltOS COITCS
ponde a los pucblos meridionales, los que constituyen el tipo cor
poral de talla elevada, cabeza dolicomorfa y complexién macros
88
kélica, todo lo cual en dichos pucblos esta acompariado por el ma
desarrollo del antebrazo con respecto al brazo.
La conformacion nasal predominante en Sudamérica es la meso
rrina. No obstante, exisren en el continente dos grupos de pucblos
con la nariz notablemente largaz las agrupaciones del corredor an
dino (cuyos indices —sin embargo- rara vez se apartan netamente
del canon mesorrino) y las tribus de las planicies australes, con va
lores decididamente leptorrinos (Toba: 68 a 69; Ona: 66 a 67, Te
huelche: 65,7).
Desde ya, un tipo sudamericano de estatura elevada, gran des
arrollo de las extremidades inferiores, notable longitud relativa
del antebrazo, construccion cefalica dolicomorfa, con cabeza de al
tura mediana, y nariz larga, no ofrece mayores dificultades para
ser clasificado. Todos esos caracteres pueden ser hallados aislada
mente unos de otros en muchos pucblos de Sudamérica, pero solo
convergen y se hallan asociados en un tipo somzitico bien definido:
el grupo pampido del Prof. Imbelloni.
Esta agrupacion racial ya habia sido enunciada por D'Orbigny
en su obra clasica sobre la humanidad americanal, con el rubro de
Rameau Pampéen, el cual comprendia a los chaqueios tipicos, a los
pampeanos y patagones. Mas tarde, Dénikerz se refiere a ella con
el nombre de Pampéem, y Biasutti° constituye su Pravirzcia paragaru
e pampeana, como una region biologica distinta, aunque colocada
dentro de una misma formacion con las poblaciones andinas: for
macién Sud-atlémica, error que fué superado prontamente. Von
Eickstedt* en su obra de 1934, en que los describe con el nombre
de Pampide Rama, acepta la discriminacion originaria de D'Orbigny.
En su Tabla clasificatoria de 1937 5, Imbelloni distingue este tipo
somatico con el nombre de Pampida:. En escritos posteriores, como
por ejemplo Peapling of America°, el Prof. Imbelloni ha. esbozado:
1. A. D'Onxomr: L'bamme amlrirain de l'Am£rique miridiareale; Paris, 1839.
2. J. Dimmu.: Race: er peaple: de la terre, Paris, 1900.
I i H _ 3. R. BIASlZI"I.'l'IZ Studi rulla dirtriiuziorze dei caratteri e dei tipi arrtrapalagsei; eu M
Geografiche", suplemento de la "Rivista Geografiea Italiana", publxcada por G. Damellr;
Firenze, 1912.
_ 4. F. E. von Excxs·1·m:·r: Ranenkunde and Raumgexcbicbte der Mmrcbbut,Stuttgart, 1934.
-S. _]. Iusuuomz Tre: capltula: mbre rirtemdtica del bomlrre americana; en ` Actualndad Mé
dica. Peruana", t. H,. pp. 99-140, Lima, 1937.
_ 6. Mismo autor: Tabla clarificararia de la: iruliar; en Physis, t.-XII, pp. 229-249, Buenos
Aires, 1938.
_ _ _ _ Mismo autor: Estado actual de la xirtemdtica del bvmbre cm refererma a América; en Physis,
t. XVI, pp. 309-321, Buenos Aires, 1939.
_ Mismo autor: The peaplirzg af America; en Acta Americana, vol. I, N° 3. Los Angeles
(Cal.), 1943.
89
10, las eventuales correlaciones de los pampidos con el cuadro ge
neral cle las razas de la tierra; 2°, los probablcs itinerarios de su in
migracién, y 3°, las ZO¤aS 21II1€1'iC2I12.S dO11dC zflotzm rcsiduos y t
de su paso, como el nucleo Bororo inserto cn pleno Matro Grosso.

LA POBLACIEJN Tomx DBNTR0 DEL coN_yUNTo DE Los PAMPIDOS

Pero noibasta haber colocado nuestro pueblo dcnrro de las gran


des agrupaciones o masas continentales. Es preciso también asignar
el lugar que corresponde a las variaciones que sc manifiestan dentro
del ripo somécico pampido.
Es sabido que en cada grupo morfologico hay variaciones, unas
de caracrer local, y orras de indole intertribal. jusramente, en nues
tros cuadros registramos las variaciones locales de los Toba, carac
rer por caracrer. Veamos ahora las que se advierren entre nuesrra
serie y las demas poblaciones afines que inregran el conjunto de los
Pampidos.
Respecto a la pigmenracién curanea y al color del iris, los Toba,
junto con los Maka, Mocovi, Chulupi y Vilela, poseen tintes algo
mas intensos que los Chorote, Maraco, Tehuelchc y Ona. En los
primeros son frecuentes las pigmentaciones pardo-amarillas y el iris
de color negro intenso; en los otros disminuyen los individuos con
tintcs pardo-amarillos, aumentando los que presentan tonos pardo
arnarillos claros, mientras el iris es de color negro.
Las variaciones de la cstatura, diruensiones y proporciones cor
porales se hallan representadas cn el cuadro siguiente, en el que las
tribus sc siguen por su talla, prcvia separacién en pueblos chaque
nos y patagoncs.
Las estaturas medianas, sobremedianas y altas (de 165 a 167,9
cenrimetros; de 168 a 170,9 centimetros; y de 171 para arriba, res
pectivamcnte, empleando la reparricion convencional dc Topinard)
sc encucntran en Sudamérica representadas unicamentc por las agru—
paciones pémpidas, con dos solas exccpciones, fucra de un peque
no grupo Nahuqua poco representarivo; los Kayapo y los Karaya
Mismo autor: .S‘ud4miri¢¤,· en Le razze e i popoli della Terra, t. III; obra dirigida. por R.
I Bnasutti y compilada por varios antropélogos, Turin, 1941.
Mismo autor: Fulgniduy Ldguidor; en Anales del Museo Argcntino de Ciencias Natu
ralcs, t. XXXIX, pp. 79-104, Buenos Aires, 1937. Otra ediciénz Fuiguidu et Luguidu, paxi
rim amulh dz In Rau Polio-Amlriminc os J1 Lagoa 5`¤nt•; en "Zeitschrift fiir Rassenkunclc"
tomo V, Stuttgart, 1937, pp. 295-315.
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~1::2*E M
mH<<¤ mi p-in-an-tr-tv-lr-ar-th-1I-1

IIIIIIIIIIIII IIIIIIIII
Hunvmohmmgzzg N IQESBBSRN
( 168 cm.), quc como sabcmos coustituycn tribus intcmsamcntc
iufluidas por los grupos mctamérficos oricntalcs y mcridiomalcs.
N0 obsmntc rcprcscntar las poblacioncs sudamcricamas dc alta talla,
los pémpidos cstén lcjos dc posccr una cstatura uuiformc, y por cl
comtrario prcscntan una marcada amplicud variativa, la quc nos
pcrmitc agrupar 10s pucblos cn crcs conjuutos 0 grupos bicn dis
rimros. E1 primcro, comscituido por los Chorocc, Takshik y Mataco,
poscc tallas submcdianas quc van dc 161,5 a 165 ccmtimctros. E1
scgundo, formado por 10s Toba, M0c0vi, Chulupi y Vilcla, sc camc
tcriza por una cstatura sobrcmcdiana quc va dc 168 a 170 ccmtimccros.
E1 tcrccro, intcgrado por los Maki, B01·0r6, Tchuclchc y Ona, pre
scnm cstauusas alms quc van dc 172 a, 177 ccntimctros. Las difcrcn
cias cn la cstatura dc un grupo a 0cr0 son bastamtc marcadas, como
sc advicrtc cm las figuras 1 y 2 y cn la tabla 62.
La longitud dcl scgmcnto cabcza-cucllo cs aprcciablcmcmtc cotta l
para 10s Takshik y 10s Toba dc nucstra scric, haciéndosc mis larga
cu los Ona, Tchuclchc y dcmés Toba dcl prospccto.
La longitud rclativa dcl tronco, cxaminada por mcdio dcl In
dicc skélico dc vom Luschan, dcuota quc 10s Toba sc hallan coloca
dos cn Ia mcdiana dc una scric dc variacioncs quc ticnc por cérmimo
miuimo a los Maki, con 48,4 dc Indice skélico, y por maximo a
10s Mataco, con 51,9. Con respecto a los Ona, una dimimuta serie
que fué esrudiada por Lehmann-Nitsche arroj6 um Indice skélico de
48,6, valor de una parcialidad extremadamente macroskélica. Es de.
advertir que los indices de la agrupacién pampida se ordenan de
un modo arménico cou la estatura, hecha exccpcién del primer
TnLA 65

Tribu I. ¤kél`c0
Auto!
· Tnlln I I. nkéhco Inwmuhido

Chorore .... { Lehmann-Nicsche 161.6 50.7


163.3 51.2
1 Takshlk cr' grup° 163.8 49.6
Maraco . Maraco
Imbelloni. 165.2 51.9
Toba. . Paulorti 168.0 50.0 49.9
T0ba.. 168.1 50.4
Toba. . Lehmann-Nirsche 169.8 50.2
Zdo. grup0{Vilela
Chulupi .... I Psulorti y Dembo
•»•
168.3 49.7
169.5 49.4
Mocovl . »r»
170.3 48.7
Ashlushlai .. I Palnvccino 179.4 48.8
Imbelloni 172.1 48.4
Maki 3"' gmpo {
Ona . Lehmann-Nicsche 176.0 48.6
grupo Ona de Lehmann-Nirsche, como lo indica la rabla 65, donde
prcsentamos el Indice skélico de von Luschan junto con los valo
res aproximados que se han calculado con ayuda del procedimienro
propuesro en la nota de la pagina 86.
Es, pues, evidcnte quc los grupos de estaruras coinciden con los
grupos formados por las variaciones dcl Indice skélico: a mayor
talla corresponden extremidades mas largas. E1 Indice del rronco
de Lehmann—Nirsche permice ampliar esros resultados con los va
lores de dos tribus chaquenses:
Tuul 66

msu Autor mus |1..1e1mm

I". gmpo { (mage.... I Lebmann—Nirsche I I


.

2do. grupo Toba . Paulotri 168.0 | 23.9

Sabemos que estas cifras denotan cuantas partes de la estatura


estén contenidas en el segmenro trocanter-esternén, de modo que a
mayor indice mas largo sera el rronco y mas cortas las excremida
des. Vemos, pues, que los Chorote y Mataco rienen un indice mu
cho mayor que los Toba de mi serie. Por ello es preciso colocarlos
junro con los Takshik, en el primer grupo de complexiones.
La anchura relariva del rronco, apreciada a la alrura de los
hombros y a la altura de las crestas iliacas, comprende dos grupos de
conformacioncs. En el primero estan los Choroce, Takshik, Mataco
y Toba, con un diamerro biacromial de 36 a 38 centimerros, y un
diametro bicrisriliaco de 27 a 29 cenrimerros. En el orro grupo estan
los Maka, Tehuelche y Ona, con un diametro biacromial de 41 a
44 cenrimerros, y un diametro bicristiliaco de 29,5 a 33 cenrimerros.
El Indice acromio-cristal denota que la cadera de los Toba y Maka
con relacion a los hombros, es mucho mas ancha que entre las de
mas rribus, alcanzando uno de los valores mas alros conocidos:
79,5 Y 80, respecrivamente.
La longirud del brazo se manifiesta discinta en tres agrupaciones:
la primera comprendc a los Chorore y Mataco (69,7 a 74 cms.);
la segunda a los Takshik y Toba (74 a 75,3 cms.); la élrima a los
Maka y Ona (78 a 78,3 cms.) El indice relativo a la talla hace
visible en los Chorote y Mataco la brcvedad del miembro superior
con respecro a la esratura.
93
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94
Ya hcmos anotado quc cl Indicc braquial dc los Toba cs uno
dc los mas cxtrcmos dc la ticrra y cl mas clcvado dc Sudamérica:
90,5. Los Maka sc aproxirnan notablcmcntc a los Toba por cl dcs
arrollo dcl antcbrazo.
La longitud absoluta dcl micmbro inferior scpara trcs grupos
dc tribus: los Chorotc y Mataco, con una longitud dc 84,5 a 87,5
ccntimctros; los Toba dc 89 a 90 ccntimctros; y los Maki, Ashlushlai
y Ona, cuya altura va dc 92 a 97 ccntimctros. El indicc rclarivo a
la talla conscrva las mismas difcrcncias. En cuanto alilndicc inter
mcmbral, los Toba posccn un micmbro supcrior corto rcspccto al
micrnbro inferior (84,4), micntras los Maki son la tribu cn quc la
cxtrcmidad superior adquicrc mayor longitud (88,5).
En nucstra cabla 67 sc han rcunido las dimcnsioncs y propor
cioncs ccfalicas dc los Pampidos, ordcnandosc las tribus por cl In
dicc ccfélico, prcvia distincién cn chaqucfias y patagonas.
Los valorcs quc arroja cl Indicc ccfélico horizontal, omiticndo
los quc provicncn dc tribus conocidas $610 por mcdio dc uno 0 dos
individuos, sc distribuycn como siguc cn las agrupacioncs discri
minadas antcriormcntc:

TABLA 68

Estatun I 1. skeuco | 1. ¢e¢¤1i6¤

1cr. grupo I 161.6 a 165.2I 51.2 2. 51.9 I 77.6 a 78.


2d6. » 168.0 a 170.3 48.7 a 50.4 75.9 a 80.0
3cr. » I172.1 a 176.0I 48.4 a 48.6 I 78.8 a 80.4

La altura dc la cabcza cs modcrada, como cn todas las dc


mas agrupacioncs sudarncricanas. La anchuira dcl frontal Toba cs
la mas c0rta· dc todos los Pzirnpidos (101,6 mm.), ubicandosc cn
cl cxtrcmo opucsto la dc los Maka (118,2 mm.). En cl Indicc
fronto-parietal sc advicrtc cl mismo comportamicnto (Toba: 68,3;
Maka: 77,8).
Los indiccs facialcs arrojan los siguicntcs rcsultadosz
TABLA 69

Estaturs I I. facial total |I. facial superior

1cr. grupo I161.6 a 165.2I 87 a


2d6. » 168.0 a 170.3 87 a 92.5 52 a 61
3cr. » 172.1 a 176.0 83 a 85.5 52 a 53
95
El Indice prosépico es 75 a 75,5 para los Mataco, Cliorote y Toba,
y 78 a 81 para los Tehuelche y Ona, esto es, en los primeros la cara
es menos ancha y mas larga que en los otros.
Los indices de la mandibula y la nariz presentan los siguientes
valores:
Tun 70

Estatura. II-¢°¤gjj¤°¤=‘··| 1. nam


_

80 a 84.5
ler. grupo |161.6 a 165.2l 75 a B8
2116. » 168.0 a 170.3 77 a 79.5 | 72 a 81(1); 68 a 69 (2)
3.:;. » |172.1 a 176.0I 72 a 91 | ss.s 0) 66 a 71 to
(1) Vilela, Mocovi y Chulupi; (2) Toba; (3) Maki; (4) Tehuelche y Ona).

Puesto término a la comparacion de los caracteres métricos, y


bien entendiendo que no es unicamente la complexion lo que cons
tituye el fondo de un modelo humano, enviamos al lector, por todo
lo que concierne a los demas caracteres (exteriores, fisionémicos,
fisiolégicos y bioquimicos) a las paginas de la parte descriptiva.
Es lamentable que en el momento actual existan tan escasas informa
ciones sobre dichos caracteres, circunstancia que nos impide el em
pleo del método comparativo para valuarlos. Hemos llegado asi al
final de nuestro cometido, iniciado en junio de 1942 con nuestro
viaje al rio Pilcomayo. Esperamos haber comprobado: 1°, que los
Toba forman parte de una poblacion sudamericana que en los ulti
mos tiempos de la historia continental ocupé vastas regiones de la
planicie meridional del continente, y que hoy los especialistas dis
tinguen con el nombre convencional de Pampidos; y 2°, que la po
blacion Toba se distingue dentro de ese grupo integral por un cierto
n{1mero de caracteres corporalesflos cualcs corresponden a varia
ciones mas o menos sensibles de dicho canon.
Dentro de los Pampidos los Toba constituyen uno de los pue
blos mas representativos por su resistencia, vigor e inteligencia.
Su complexion fisica, excepcionalmente armonica y robusta, les ha
permitido sobrellevar los trabajos agotadores y las penurias que
han acarreado la extincion de muchas otras tribus. Su condicién
mental los ha facultado para una adecuacién cada dia mayor a la
vida moderna. Por ello esperamos que habran de superar las duras
pruebas que les impone su incorporacion a nuestra cultura, y hace
mos votos para que su animoso y viril acervo se entronque firme
mente a la comunidad argentina.
96
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LAMINA VIII. — Varoneu Toba.


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LAMINA X. — Mujeres Tcba.


Excursién a los

lndios del Araguaia (Brasil)

El amor Tibor Sekclj ms brinda en los Karadd, qrupo al que dedicé et autor
cate articulo el rcsultado dc sus i·ndaga— el mayor tiempo de su viajc.
cianes raalizadas en el Brasil entre los Es conveniente destacar que la lem
indica de la regién lindante cam el epla gm Karajd ofrece la particularutad de
Mlbr. la diferencia entre el lenguaje empkado
Estc trabajo, dedicado en especial a por el hombre y ta mujer, diferencia que
las observaciones de cardcter linmiistico, rw se aplica solamente al voeabulario de
completa la conferencw que el mismo la familia, sim alcanza a todas tas pa
Sr. Sekelj pronurwiara e·n el‘ Instituto labras. Asi, por ejemplo, el color blaneo
Brasileiro de Geografia, e Estadistica, es iuraré para el hombre, ikuraré para La
en el mes de enero de 1946. mujer; faca es maafih y maké; casa, he
El Sr. Sekelj no se wnfomoa con lo té y hetokfi.
puramente descriptivo; ha tratado, du El autor advierte también que esta len
rante su permanencia entre los indige gua esta plagada de sonidos guturalee y
nas, de compenetrarse de sus costumbres, aspirados, de modo que al escucharlos
para poder interpretarlaz. mas parece una queja que urw conver
El vocabulario que s/igue pertenece a saczon.

A mediados de 1945, después de haber atravesado en parte las


tierras habitadas por los Savantes, indios indomables, me embarqué
con mi esposa y dos remeros mestizos en un bote que nos llevaria
Araguaia abajo, unos 1.200 kilémetros, desde la pequefia ciudad de
Aragargas hasta la Isla del Bauanal.
Después de diez dias de navegacién llegamos a Leopoldina, .donde
existe un reducto para los indios karaéa. Inmediatamente contra
tamos dos jovenoa indigenas para que nos acompaiiaran en el viaje.
97
gsi llaman ellos al Araguaia); pero la mayor utilidad que tuvi
mos de ellos fué la ayuda que nos prestaron en Ia confeccion de
nuestro incipiente vocabulario Karaéa.
El viaje, aunque largo, no podria calificarse de excesivamente
monotono. Las amplias y blancas playas alternaban con las altas
barrancas pobladas de selvas, llenas de pajaros multicolores y de
anjmales salvajes, entre los que se destacan los jaguares, tapires y
capibaras. El bote esta a menudo acompaiado por manadas de uu
trias gritonas o por delfines que emergen en parejas sobre las olas.
En los remansos se ven cabezas de yacaros boyando tranquilamente
y las playas guardan rastros de tortugas que en ellas desovaron y
cuyos sabrosisimos huevos nos sirven de excelente alimento.
Después de 20 dias de viaje llegamos a la Isla del Bananal, la isla
fluvial mas grande del mundo, pues mide unos 500 kilometres de
largo y 120 de ancho. Toda ella esta casi deshabitada, contando tan
solo con cinco aldeas karaéa sobre la margen occidental y tres aldeas
Qavaé cerca del borde oriental. Ademés en la region de los Karaéa
existe un puesto (reduccion) del Servicio de Proteccion al Indio y
dos misiones, una catolica y otra protestante.
Bordeamos la isla y, después de permanecer con los Karaéa du
rante dos meses y convivir con ellos, continuamos navegando hasta
el extremo norte de la isla. Alli entramos en ella por tierra atrave
sandola de noroeste a sureste en busca de los indios Gavaé, cuya ubi
cacion no era posible determinar ni por los mapas ni por las indica
clones recibidas.
Caminamos durante 14 dias, cuando, finalmente, avistamos un
pequeno grupo de chozas sobre una playa del rio Riosinho, y entre
ellas una veintena de indios. Eran los tan deseados Gavaé. En el pri
mer instante se armaron los hombres y las mujeres corrian para {es
conder a sus nifios, y solo cuando les aseguré que éramos amigos,
gritando en el idioma de los Karaéa, que es también el de ellos,
arrojaron las armas y se acercaron para recibirnos amistosamente.
Permanecimos entre ellos un tiempo muy breve, puesto que la
época pluviosa ya habia comenzado y la estada en la selva haciase
desagradable. El terreno selvatico esta entrecortado por numerosas
lagunas en que pululan los yacarés y peces de distintas clases, y por
amplios campos ricos en venados y otros animales de caza, como
también en serpientes.
Finalmente cruzamos la. isla de este a oeste hacia Santa Isabel,
de donde emprendimos la vuelta, al cabo de una permanencia de
varios meses en la zona.
La tribu de los Karaéé. junto con los Gavaé forman una familia
que vive aislada de todas las demas que las rodean. Hablan lengua
diferente de todos ellos y mantienen relaciones amistosas, aunque
no frecuentes, tan s6lo con los Tapirapé. Durante las filtimas dos
décadas de contacto con la civilizacion los Karaéa estan decayendo
y desapareciendo con velocidad alarmante. En 20 aiios disminuyo
la tribu de 3.000 almas a 600, cosa que no ocurrio con los Gavaé,
que no tienen ningun contacto con la civilizacion. En cuanto a todo
Jo demas, referente a las caracteristicas, costumbres, cultura y creen
cias, lo que diremos de los Karaéa vale también para los Cavaé.
Viven estos indigenas en pequeiias aldeas de una a dos docenas
de casas alineadas sobre las playas del rio durante el invierno seco,
y en las barrancas altas de la orilla durante la época de lluvias. Las
casas son fécilmente transportables, pues son de hojas de palmera
apoyadas en troncos. Son cuadrangulares y varian desde la altura
de un metro y medio, con el techo confundido con las paredes, hasta
cuatro metros, que es la altura de las casas grandes, con el techo
bien separado de las paredes, que albergan 15 a 20 personas.
Es un pueblo esencialmente acuatico y en las canoas hechas de
un solo tronco por medio del fuego, que manejan con gran habilidad,
se sienten verdaderos anfibios. Prefieren viajar por rio, aunque sea
contra la corriente, que caminando por tierra.
Ademés de gallinas y perros los Karagé. crian toda clase de pajaros
y animales, como garzas, yabirus, biguas, largartos, nutrias y loros
azules y rojos, estos filtimos tenidos en gran precio por ellos, pues
equivalen a una canoa 0 a un par de dientes de capibara, de los cua.
les confeccionan aros para los niiios. Todos los animales citados tienen
1'micamente valor omamental y sentimental.
Para ser bien recibido por los Karaéé, es necesario ir bien munido
de presentes, entre los cuales el tabaco no es de despreciar. Son tan
celosos, que no as aconsejable distinguir a uno mas que a otro: es nece
sario un regalo que se pueda distribuir con igualdad entre adultos
y nifios, hombres y mujeres. Si el visitante conquista sus simpatias,
lo hacen sentar sobre la estera que cubre el suelo, y empiezan a inte
resarse por su vestimenta y por los objetos que lleva a la vista. Con
testan a. las preguntas lentamente, pensando bien la respuesta, a
veces consultando antes a la esposa. Si el blanco dice alguna frase
en la lengua karaéa, siempre la repiten, y entre sonrisas la critican
99
y comentan con sus ¤com1acionales». _De igual manera comentan cual
quier actitud del tori, hombre blanco, sin dejar escapar el minimo
detalle. El Karaéa es un criticén amable.
Por la conversacion este indio nuuca interrumpe el trabajo en
que esta ocupado. Algunos blancos que han intentado hacer trabajar
al indio, llegaron a la conclusion que el indio era haragan. Efectiva
mente, el selvicola no se adapta al trabajo de peon ganadero, de agri
cultor, de cargador de arena 0 de hachador de leiia, puesto que todo
esto le resulta una imposicién ajena a su vida y tradicion. Pero si,
le gusta pescar con su flecha, levantarse de noche para cazar tor
tugas, de madrugada recorrer con su canoa las playas en busca de
huevos ·de tortuga, trepar a los arboles para extraer miel 0 pichones
de papagayo. Del mismo modo se entretiene durante largas, horas
confeccionando una flecha 0 un adomo de plumas, y no se cansa de
remar dias y noches seguidos.
A la mujer le corresponde hilar algod6n y confecciouar de él orna
mentos usados por el hombre y el niiio. Se trata de pulseras tubulares
que cubren la muieca y flecos de cordones que cuelgan debajo de la
rodilla. Ella es también la que se ocupa de la cocina. La base de la
alimentacion es el pescado, ya sea asado junto con las entraiias, ya
sea cocido. La tortuga y especialmente los huevos de la misma le
suceden, junto con el maiz y la mandioca, que cultivan en forma rudi
mentaria. Del maiz masticado hacen la bebida kalugjé, que no llega
a fermentar. No tienen bebidas alcohélicas y jamés he visto un Ka
raéa ebrio. Ademés de la banana, de la cual una clase de tamaio
grande crece en forma salvaje en ciertos lugares de la isla, los indi
genas aprovechan los frutos de varias plantas de la selva.
Otro trabajo tipico de la mujer es la alfareria. F3b1'i03.I1 platos
y ollas de distinto tamafio, adomados con dibujos en negro y rojo,
tinturas que consiguen de la fruta de genipapo y de una palmera.
También hay mujeres con verdadero sentido artistico, que se mani
fiesta en la fabricacion de unos mufiecos de barro, de forma muy
interesante y a los que no encontré parecido en ninguna. otra tribu
cercana.

La estatura de estos indios es generalmente alta, pues alcanza


comfmmente 1.70 m., y sobrepasa a menudo esta medida en el hom
bre. El constante remar les proporciona un térax bien desarrollado
y mfisculos fuertes. La manera desordenada de alimentarse les hace
crecer el abdomen exagaradamente. Llevan la cabellera negra y lacia
rccortada sobre la frente y cayendo hasta la mitad de la espalda 0
100
bien recogida en un nudo sobre la cabeza. Acostumbrau pintar ador
nos negros y rojos en la cara y en todo el cuerpo, ocasion en que de
muestran tener imaginacion prodigiosa. El distintivo de la tribu es
un circulo impreso en cada una de las mejillas, que es el unico tatuaje
que usan. E1 hombre no usa vestimenta alguna, mientras que la mujer
cubre las partes pudendas por medio de una cintura hecha de la fibra
de la corbeza de 1m arbol. Ultimamente algunos Karaga, que ya estan
en contacto con los civilizados, comienzan a usar una que otra prenda.
Estos indigenas apenas si saben calcular hasta cinco, a pesar de
existir en su lengua numeros hasta veinte. Al calcular tienen que
usa; necesariamente los dedos de las manos y de los pies, los que se
paran con igual facilidad.
Nuestia permanencia entre los Karaga nos permitio seguir las
costumbres de estos indigenas en distintas fases de su existencia.
Cuando esté por nacer un nuevo miembro de la aldea, el futuro padre
se retuerce de dolores fingidos, gritando, sobre su estera, junto con
su esposa, que aguarda en silencio. En el momento preciso, el futuro
padre abandona su sitio para. llamar a las vecinas que asisten a la
mujer en el parto. Luego vuelve el padre, unta de aceite de palmera
al niio, como una medida de proteccion, le perfora los l6bulos para
adornarlos inmediatamente con unos hermosos aros de pluma. de loro,
y se vuelve a acostar junto a su esposa, donde permanece hasta que
ésta esté en condiciones de levantarse y preparar la comida.
A la edad de tres aiios le practican una perforacion bajo el labio
inferior, donde se introduce un colgante de hueso, que con el correr
de los afnos sera. cambiado por otro de madera, llamado olué, que
a veces llega a tener un largo de 30 centimetros. Si la criatura es muj er,
a los tres aiios Ia visten con un cinturon negro, con flecos que le cubren
las partes pudendas. El niio es el centro de todas las atencionos y
carifios de la familia y de la aldea. Se confeccionan para él utensilios
y armas en miniatura y se le dispensan todos los cuidados. Desde
el momento en que deja de alimentarse con la leche de su madre,
empieza a fumar en una pipa, que nunca mas abandonara, ya sea
hombre o mujer.
A los doce aiios de edad los muchachos se cortan la cabellera y
se tiiien el cuerpo de negro. Sin lavarse esta pintura durante varios
meses, se someten al aprendizaje de la caceria y de la fabricacién de
armas y de la canoa. En las excursiones de caza y de pesca aprenden
el uso de las distintas armas: aprenden a flechar peces y pajaros, per
seguir y abatir un venado o un tapir por medic de su rompecabezas,
101
y a luchar con un enemigo cuerpo a cuerpo con su lanza artisticamente
adomada, con punta de hueso de jaguar.
Una vez terminado este aprendizaje, crecida la cabellera y des
teiiida la pintura de su cuerpo, en una fiesta solemne se lo inicia en
la vida de la tribu y también en los secretos de la arwanii, ritual se
creto de los hombres. En esa misma fiesta se le queman los circulos
en las mejillas utilizando la boca de una pipa.
La arwand es la fiesta tipica de los Karaéa. Con ella festejan los
dias de mucha suerte en la caza y pesca, las noches de plenilunio
y de luna nueva y cualquier otro acontecimiento. A unos cien metros
de la hilera de casas hay una casa apartada, a la cual unicamente los
hombres tienen acceso; alli se guardan los trajes de los bailarines,
hechos de paja. Alli se visten los bailarines y salen de la casa de a dos,
reco1·riendo un camino de cincuenta metros, con la cara y todo el
cuerpo cubiertos, tambaleando en forma torpe y entonando una me
lodia primitiva que termina en cadencias que recuerdan los rugidos
de fieras, mientras se acompaian con el son de maracas. De una de
las casas salen dos muchachas virgenes, con el cuerpo pintado y ador
nado en forma extraordinariamente solemne, y se encaminan hacia
los dos bailarines, moviéndose ritmicamente. Se entabla una lucha
simbélica entre los hombres fieras y las muchachas, efectuando
asi una representacion de un conflicto cuya significacién moral se
escapa a nuestra comprensién.
El casamiento es simple y sin mucha ceremonia. Después que
los padres han dado su conformidad, los amigos de los novios llevan
las armas del var6n y las entregan a la muchacha. Después, el novio
sale con su canoa a cumplir una excursion de prueba, solo y sin armas.
Vuelve al cabo de varios dias, cansado, demacrado y con la pintura
de su cuerpo destefiida. Entra en la choza de la novia y pide sus armas.
Si ella lo retiene a comer y a descansar junto a ella, se celebra el ma
trimonio. Si, en cambio, le entrega las armas, el novio las toma y se
va, y mmca mas menciona su intencién frustrada de casarse con ella.
Los Karaié. son monégamos, pero sin trabas muy escrupulosas
referente al abandono, separacién y nuevas uniones. En los casos de
segundo 0 tercer casamiento de la mujer, desaparece el referido cere
monial, y el simple hecho de la uni6n sexual determina el matrimonio;
Existe un mutuo respeto entre los esposos, y el hombre nunca empren
deria nada sin consultar a la mujer. Hay respeto también en la amplia
familia que comparte las grandes casas. La mortandad infantil es
muy grande y nunca. he visto familia. con mas de tres hijos.
102
Al eniermo lo cura el hechicero, con yuyos, infusiones, palabms
y movimientos misteriosos, dirigidos en su totalidad a quitarle el
hechizo del cuerpo. Si el Karaéa sufre 0 muere, no es por la enfermedad
en si, sino por el hechizo de algun enemigo; muchas veces el hechicero
médico instiga a los parientes a una venganza, que culmina en el
asesinato del "culpable". Los hechiceros son de g1·an influencia en
la tribu y, generalmente, los dos 0 tres hechiceros forman un "conse
jo" que virtualmente maneja al cacique.
Al muerto lo entierran acostado, entre un piso y un techo de tron
cos, de manera que la tierra no lo toque. Junto a sus pies colocan
platos con comida, que cambian a menudo, para alimentar al kuni,
espiritu que sale a vagar por la noche. Dos afios mas tarde sacan los
huesos y vuelven a enterrarlos en una vasija.
Después de la muerte de la mujer, el hombre llora durante cinco
dias, y luego ya esta en condiciones de casarse nuevamente. La mujer,
en cambio, llora a su marido hasta que vuelva a florecer el arbol lla
mado ipé, que con su multitud de flores tifie la selva de amarillo
0 de violeta. Este periodo es de un mes a un aio, segun la época de
la muerte acaecida. Durante este tiempo la mujer se queja en alta
voz de su desdicha, expresando su lamento de no estar él presente
para comer juntos las tortugas 0 las frutas. Pero cuando la mujer
se cansa de las lamentaciones, puede contratar a algnma de las ve
cinas para hacerlo en lugar de ella, por un pequeiio regalo.
Con la penetracion de los civilizados en el area de los Karaéa,
estas costumbres comienzan a cambiar y algunas ya se estan des
virtuando 0 perdiendo, mientras que el Gavaé se mautiene p1u·o y
tal cual vivia hace centenares de aios, acentuandose cada vez mas
esta diferencia. La civilizacion ha acostumbrado al Karaéa al uso de
prendas de ropa, adornos y algunos utensilios y comidas, que no es
capaz de producir. Como su trabajo no le produce dinero, esta obli
gado a mendigarlo de los transeuntes blancos 0 robarlo, convirtién
dose de esta manera en un esclavo de la civilizacion, a la cual no es
capaz de adaptarse. También se ve acosado por enfermedades nuevas,
traidas por los civilizados, y contra las que su organismo no tiene
defensa. Todo esto lo hurnilla y lo hace sentir un pueblo decadente,
vencido por el tiempo. Entretanto el Gavaé, al que hoy todavia en
contramos intacto, duefio de la selva y del rio, vive su existencia tran
quila y feliz, sinenterarse que la avalancha de la civilizacion va avan
zando y que tarde o temprano caera también sobre él para aniquilarlo.

103
Los vocablos que componen este ensayo han sido tomados y ano
tados de boca de los indios Karaéé, sobre el rio Araguaia, entre los
10° y los 15** latitud sur, y de los Gavaés de la Isla Banana].
Se puede comprobar una notable trausformacién de la lengua
de estos indics léguidos, de la familia lingiiistica Ge, desde que los
estudiara el insigne boténico Carl von Martins y compilara su prima
vocabulario, en el aio 1820.
Anoté también las palab1·as transplantadas del portugués, como
p. e. kasasa (de cachaga = mia), marité (de palet:6 = saco), siaré
(de cigarro = cigarrillo), etc., como también aquellas que designan
algfm objeto introducido por los blancos, pero cuya denominacién
esta compuesta de palabras aubéctonas. Asi p. e. woma-k’ta1·d (concha
de hierro = cuchara); iverudlebuh (bebida negra, café), etc.
Ciertas palabras estan repetidas con algnma variacion, acompa
nada por la seiialacién (m), lo que indica que esa segunda forma oo
rresponde a la pronunciacion de las mujeres, que a menudo inter
calan una silaba en la palabra. Esta silaba esta formada generalmente
con el sonido k. En otros casos se dan sinénimos, separados por punto
y coma.
Se emplean los siguientes signos graficos para los sonidos espe
ciales que se encuentran en el vocabulario, como complemento de la
convencién grafica general a usarse en esta revistai.

1. En este vocabulario se emplean ciertas convenciones fonéticas generales que


se utilizarén posiblemente en todos los trabajos lingiiisticos de RUNA. En ada.
uno de ellos sera, sin embargo, necesario puntualizar valores particulates em
pleados por los autores.
Damos aqui una tabla de equivalenciasz
Vocales claras: a, c, i, 0, u k, indica en todos los casos el sonido ds
Vocales nasales: 6, E, E, 5, 17 casa, quma, qucga
11, corresponde a la u francesa ii, como en castellano
y, w, indican sonidos semiconsonanticos 5, representa el- sonido del grupo ah
E, es el sonido del vocablo castellauo ingléa, sch aleman
chico, choza 0, represents el sonido de lb en las pa
6, es el sonido del italiano gamma, giallo labras inglesas three, thing
y, representa el sonido de las palabras Guturales: 6, 11
castellanas gato, guerra, guia El apostrofo ' suena como una 6 apenas
h, representa una aspiracibn suave audible.
g, una aspiraciou analogs a la de la j El acento ' designa el acanto tlmico.
dal uatellano

104
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LAMINA XI. — a) Jévenes indios Gavaé armados de sus grandes arcos; b) Indio Karaéé de la al
Santa Isabel, que vuclve dc la. pesca arrastrando un grucso ejemplar de piraruku.
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I.,kM1r4A X II. n) lrylios Karnifn ocupadon en trabajos de cunasteria., hablando con la sehora Sekelj:
I h) I’ur¤·ju dc nmlios Guvué sobre la astcra que nntecede a su chnza.
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..i.i r a~%L*:r.aLrx :;;_

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LAMINA XIII. — a) Ceremouia que celebran los Karaié. con el nombre de Arwané (aldea de San
1:: Isabel); b) Muchachas Karaié en un movimiento de danza. que fo
mana.
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LKMINA XIV. n) Mujvr Kuragfm do Muknuhn, isla dnl Bnnanal. ()!»>1(·rv0nsr· Ins smmlv
|»u, •·ir¤·u|¤m irvnpravum •·n nmlnuw mvjillzw (nmururo); hl Hcchivvro KuraQ:
"*"H'¤ •·|0rru1ru.m un hm m¢·jiHu:·\ do ull utlolinscurltv, dllrullt.0 lu. C¢:l'0m0l1jB dc
VOCABULARIO ESPANOL-KARAéA

bajo, poco hondo, be6ri


bala, tawbari
_ _ aba!0, dukure bums, dw",
=b¤»¤» *·’·*·*? bm., mm, koriéé
abrazar, nmdra bailarse, aroluika
' ¤b“°1*· *°“•“°'¤’=
bam, awww-om, 0uku·0ir€. (m)
abuel0,—1vu.dlahih bum, hwmm
°°°'P°‘r• mem basta, anakoire
°*°°‘t°· uri batata, koleruti
°*°°ptar· biwaha bebcr, makarionka
=*°°¤*=**S°·'*?”°’¤ bebidg amnaum, kasasa
_sdorno, rzuzdniira bebida de mm. ami
I - adorno de bota(puttado), wazéorotli besoi ammmm,6. karwkeikum (m)
l adomo de labm mfenor, 011:,6, kolué (m) big0te’ ,6666666,.;
adcmo
*g“a» bw
da puma, deobutle, dekobutleh (m) blmco, iu,.a,.6_ ikamré (m)
bobo, ibedéricon
aldca, lmwd boa, ,.66
alegre, ibbcdethz bonitoi awuéw
algodén, a1‘}¢mdé bosquer beddid
almohada, rahedmi boteual kasasadnd
almorzar, idymi-riroéikrc botéul 66666
alto, irari-ere bmzalete, deesi
8ui» kmti brazo, wa-azio
amid', wawkuri bromear, ra0in&'re
a·ma1'€°» ihéré bueno, auiri
amigo, bedoa buey_ hgh,]
ancho, irimebe0er·i
andar, rariara
anillo, daebé
auo, hetti
antcs, tuinandié °ab°u°· “""dd
anzuelo, wahaéi °“b°za· "“d
aqui, kalek-irarc _ cabmv ”“6i”’
ucc, giwahatm cadera, deéwtlih
arena, k'n&r6 caer, reefhara
,m.6Z’ ,,,mk.i§6,,,w café, iverudlcbuh
atacar, rilwttenna . °alabaz”·· '“’“b°'”‘
avispa, kohobr’; hanedidi __' calabaza Pequeiag '·s“
Ryan k’nauh caliente, hitotlokén
az1'1car, bcdird camisav ”°’é
canasto parado, weriri
canasto para colgar, ariradna
canasto alargado, behilrd
canasto cerrado como cofre, urabahei
bailar, bebereri c3J108. MW6
bajo, ir¢m6 cantar, nmvidnaka

105
capibara, kué ‘ derecha (mano), aubititikcru
came, iodé a la derecha, hglwewerbi
came de péjaro, naukidé despacio, éwime
, hetakd después, k’dnau
catarata, houré destiuo, ittahi-rioréhe
cazar, rirdna dia, Emi.
ceja, rdniird dieute, dywi
cenar, idyoi raliavibondu dinero, nehrvi
Denim, my-gm dius, biumahadé, bikumahadé (m)
cerca, ihore doler, dabéreri
cerebro, ird-brafrare ;d6nde?, niibérarc
cerrar, hawalé dormir, ror6'ra
cielo, biuwet'k’h dulce, ibrekerc, brake-brake
cigarrillo, mhré
cintu.r611, were6i0ana
cintu1·6n-taparrabo de mujer, nalé
ctrculo tatuado en la mejilla., omaruro, cbrio, raeéantlé
ruro (m) él, ella., kud
codo, deohzi, dckohd (m) en, dearé, dekard (m)
collar, iiiura, iiikura (m) eneender, ribouronc; rittekona
comet, biroéikrc enecntrar, daira-ham
;c6m0?, ambo? enemigc, vood-dukuré
ccmprar, ariwdkrc eufermo, bemimri
ccncha, k'tar6 da, bro
eorazbn, wo; espejo, i/ideké
correr, beakre eapiritu, fautasma., kuni
, riohera, rikahera (m) estzera, bedré, bekdré (m)
corto, itiukuré estera para. el suelo, auriké
ccser, tdkdretei estémago, relwddiri
cotorra, birf estrecho, itirieri
cuchara, woma-k’tard estrella, daind
cuchillo, maadh, maké (m)
cueuto, idyekekévrumi
jcuidado! bciiehék!
nderc, kuadarilteaetleri fatigarse, reoni iererc
curar, ritteutleri fcc, ibinari
chala de mafz, mait’Ic’h fiesta, anmir’k’
fiebre, robund
flecha., dwchai
flequillos sobre la frente, koobi
frefr, rihetoto
dll?. beddionka frio, tidtelleri
débil, ir1iruk5re fruta, iratleh
d¤¢i1‘» m’M1'6¢k’ fuego, heotlih, hekollih (m)
dedo, daobo fuerte, irurudyire
ded0_deI pie, do0i fuerza, iruni
d¤i¤¤’. rdrira fugarse, rahé-dnara
d¤Pi1¤1’. rikrokra fusil, makao

106
gallim., hanié, hanih (m) jacn'1 (péjaro), kohéré
gallo, hamlé-hdbai, haniké-hdbni (m) jaguar, aloé
ganar, riosirch jatobé. (érbol), nauébdh
anta, batotlih joven, iltamardri
, wararc juguetc, lcoraba
gato ouza, alocnf juez, debureri
gavilén, nawikihikd
genipapo (érbol), beddina
golpear, rihcllmma
ggraciasl éiotuéteke
dc, dabihiki labio, idyok; dyelti
_grasa, roh5re ladrbn, wa06-dukuré
gustar, reetori lagartija, dérikoko
Iago, ini
lanza, tonoriri
largo, irehéri, ikirchéri (m)
lavar, bi0u}wk1·c
hablar, raéri-bércri leche, bl0ur¢n.e—ka%ih
hacer, koabiviauke lengua (parte del cuerpo), dofto
hacha, woma lejos, irehé-llih.
hamaca, rié leve, iwetariri
harina, kanandé liméu, rima5
hechizo, owcmi limpio, bweuh.6
herrnaho, 0aM-dioré l0c0, itianté
hiel, tathi lugar, hawd
hierro, wovruxdi luna, dhidu
hijo, rioré, riéoré (m) , luz, 0rko§ole
hombre (masculino), hibai
hombre blanco, tori
hombro, wanéiotlih
hoja., otlirdrede
‘h0y, biura9obe llegar, k’naw1i
huevo de gallina, hannieéih llenar, lan8ari
huevo de tortuga, kotlunih llevar, kariwdkre
hueso, diélada, dikélada (m) llorar, roburaré
humo, w6d6né lluvia. bid

indio Karagé, idnd machete, magr’hé


india Savante, kri·&d madre, nadi, mndih (m)
indio Serente, idn6~roto madera., owoni
india Gavaé, iiandi mahadai madum, ruukure
inteligente, rtlbéerdh mandioca (veuencsa), adyurahdrc
izquierdo, ruuni mandioca (comestible), iir‘I•

107
capibaml ku; derecha (mano), aubititikeru
came, iodé a la derecha, hglwcwerbi
e de péjaro, na despacio, éwimc
, hetokai después, k’dnau
catarata, houré destino, ittehi-ri01·éhe
cazar, rirdna dia, Emi
ceja, rtioiré diente. dwii
eenar, idyoi ratiavibmuis dinero, nehni
ceniza, b:2r12b11 dios, Iriumahudé, bikamahadé (m)
cerca, ihore doler, debéreri
cerebro, ir6»bra1‘}arc ;d6nde?, riéibémrc
cerrar, hawalé dormir, roriira
cielo, biuwct*k’h dulce, ibrckere, brekc-brake
cigarrillo, siaré
cinturén, ·were0i0ana
cinturén-taparrabo de mujer, naté
circulo tatuado eu la mejilla, omaruro, ebrio, raoéantlé
ruro (m) él, ella, kud
codo, deohxi, dckolui (m) en, deard, dekard (m)
collar, iiiura, iéikura (m) encender, ribourone; rittckona
comer, biroiikrc eucontrar, daira-Iuzra
;c6mo?, ambo? enemigo, vomi-dukuré
comprar, ariunlkrc enfermo, bcndneri
concha, k’tar6 da, bro
corazén, wai j,oiideké
correr, beakre espiritu, fautasma, kun!
, riohera, rikohera (m) estera, bedré, bckdré (m)
corto, itiukuré estera para el suelo, auriké
coser, tdkdreti estémago, rehcddiri
cotorra, lrirf estrecho, itirieri
cuchara, mama.-k’tard estrella, daind
cuchi]10, maadh, maké (m)
cuento, xklyekekémoni
zcuidado! bcézhék!
ndero, lcuadaritteutleri fatigarse, rconi ierere
curar, ritteutleri feo, ibinari
chala de maiz, ma£t’k'h fiesta, G7l|ldT’k’
fiebre, rolnmli
flecha, dwchd,
flequillos sobre la frente, koo0£
freir, rihetoto
dv. beddionka {rio, tiaitctleri
débil, ir12ruk6rc fruta, iratlch
decir, m'nar6ek’ fuego, heollih, hekotlih (m)
dedo, daebo fuerte, irurudyirc
dedo_del pie, do&i fuerza, iruni
dajar, rdrira fugarse, rahé-dnara
depihr, rikroku fusil, makao

106
gallina, hanié, hanibé (m) jacfx (péjaro), kohéré
gullc, hanié-hdbai, haniké-hdbxi (m) jaguar, aloé
ganar, nlosireh jatobé (érbol), na1o6b6h
garganta, batotlih joven, ittamardri
, warare juguete, teoraba
gato onza, aloenf juez, debureri
gavilén, nawikihikd
genipapo (érbol), beddina
golpear, riheltcrma
ggracias! éiotuéteke
de, dabihikd labio, idyok; dyztti
_grua, r0hb'rc ladrén, 1va0i-dukuré
gustar, reetori lagartija, d5rik0k0
Ingo, Enf,
lanza, tonoriri
largo, irehéri, ikirehéri (m)
lavar, b·£0uhokre
hablar, raéri-béreri leche, blourene-ka§ih
hacer, koabividekc lcngua (parte del cuerpc), dar’to
hacha, lejos, ireM—tlih
hamaca., rié leve, iwetariri
hariua, kanandé liméu, rima5
hechizo, o limpio, bi0uh6
hermaho, mM-dioré l0c0, itianté
hiel, tatld lugar, hawd
hicrro, womadi luna, dhidu
bijo, rioré, rrioré (m) , luz, orko00lc
hombre (masculiuo), hdboi
hombre blauco, tori
hombro, wanéiotlih LL
hoja., otlirdrede
‘h0y, biurabobe llcgar, k’naw12
huevo de gallina, ha1mie6ih llenar, tarwari
huevo de tortuga, kotlunih llcvar, kariwdkrc
hueso, diélada, dikélada (m) llorar, roburaré
humo, wédéné lluvia, bid

iudio Karaéé, idnd machete, magr’hé


indio Savante, kri06 madre, nadi, nadih (m)
indjo Serente, idnd-roto madera,
india Gavaé, iéandi mahadai maduro, mukure
inteligente, rdbéerdh mandioca (venencsa), adyurahdre
izquierdo, ruuni mandioca (comestible), iir‘I•

107
manga (arbol y fruta), mad orcja, nohotlih
mano, dagbq orinar, ridéré
mafiana, rudyabém oscuro, badatturura
maiz, mai
maraca, demi
marcharsc, aralcrc
marido, dedohmw
matar, rirabunnc padré. ¢1h6
mechén de cabello en el “remolino", Paja (dé P¤·St¤). Mfvfi
dwg; paja (de hojas de palmera), noubé
mg¤t6n' dyuufé palma de la mano (de adentro), deboubé
mentira, tarui, tarakui (m) palma de la mano (de afuera), deborafiih
miel, beddé palo, 0w0r6, kowoni (m)
mio, wa pan de mandioca, maré
mojado, ra1‘}`kura pantalén rmi
mono, kraobi pato, hed!-kire
murder, daiburudk pato (otra clase), hed!-kcrcdni
mom-, rurura papagayo, doaré
mosca, kohoratlih papagayo amarillo, bcfrd
mosquito anofelcs, aahi papagayo rojo, had-dedooré
mosquito, ·mer5r6 papal, d66rtl’
mucbacha, irari pecho, haokd
muchacho, weriribé pelear, wiwena ralumbinar
mucho, bowe pene, nubiri
muchisimo, 0owe-titiri pcqueiio, irlare, ik'rare (m)
mujer, haweké perder, iko5ra
murciélago, d’rehé pereza, tewcberc
perro, sorosa
pesado, iutieri
pescar, waam
pcscuezo, lmfhlhird
nacer, ruhumira pestaiia, ru-§é
nada, ihik6re pez, k’tour6
nadar, roubunare pie, wa6
nariz, deeré piedra, m’nn¢i
negro, dlelnih piel, deoratlih; wa-l’k'h
niiio, weriri, wekdri (m) pierna, ruutlih
no, anak’, nekd pintarse, idyaorti
noche, ruaih pipa, wcrikoké
nosotros, m'b0h6 plato blanco, braté
nuca, rarké plato de barro, beliirioré
nutria, ddré playa, k’n&r¢i
pluma, nawakidé
poroto, komdtd
prado, pedeiré
profundo, baehekd
_ °J°• ***6 puorco, {Boom!
olla do barro, iurum puerto, iidyé
108
silbar, addronna
sin, ihok6re manatircri
quebmr, rdakrora SOL hd
quedar, ararikrc sombmrm {wird
gqué es esto‘!, amlroraréy ancueraré suei-,0, raraoin
quercr, diari-duikc mmergbsel Mahdi
queso, blourene—wan0ird

tabaco, kootlih
rama, eruru talén, rariko
rapidc, wddcmé también, tulé
. rastro, 12r6 tapir, ko6ri
recibir, riosirch taza, beddcé
regalar, uridet tamanri onra temer, laberure
reir, rutwen tenedor, te8ewd
remedio, loahi tener, €dy6-dyire
rcmo, narihi tia, waura
retrato, d<mtra0ane tiempo, urirabeddeé
revélver, makaorioré tierra, ihuih
rio, bero tinta, r'hurd
rodilla, memd; teohzi tic, wudmui
rompecabezas, ohoddé tirar (arrastrar), ivardrehe
ropa, t’k’h tobillo, wa-kotlufiih
rosa, couoru tccino, isanive
rostro, aé todo, ibutzim
rubio, ira·86 tortuga, kotlunih
tortuga pequeiia (tracaya), kolluh
traer, beidivike
triste, ibbede-ririri
td, kai
saber, reemlri
saco, marité
sal, sad
salir, arahodnlkre
saltar, ranatin uiia, wa-deéiaratlih, wa-deéikciratlih (m)
salvaje, iehzheli uiia de pie, wa-deéid, wa-de§ik6 (m)
sanar, redtlera urukfim (palmera), worand
sandia, dkdbreké
saugrc, wadlelmh
sapo, krélahe
senda, riroh
seuo, h5ka vaca, blourenc
sentarse (en el suelo), bunaka vagina, inatai
sentarse (en bauquito), remi vara, hoodwi
serpiente, malalelr var6n, hdbd
Si. addi vello de axilas, terak1i·1‘}iri

109
vender, iddi-béhodne NU MEROS
verde (color), taureri
verde (no maduxo), ibbér uno, (emo) ~`}ohod€
vestido, kluoh d0S, (GHG) iMl{
viajar, awowodd’h tres, (enc) inatano
viejo, matakari cuatro, (67*0) ubivu
viento, 1212h12h ciuco, irudre
vientre, wa seis, (dcbo) Bohodircuro
volar, ruora siete, (dcbo) inatireuro
vosotros, kai ccho, (dcbo) inatanreuro
nueve, (debo) inaubioreuro
diez, deboituera
once, wa6—0oh0direuro
doce, wa6-inatireuro
y' U,
trece, waé-inatanreuro
ya°ar?’ kabhm-° catcrce, wab-inaubioareuro
y°' dum
quince, wa6~iruure
dieciséis, wauro-Bohodireura
diecisiete, waurminatireuro
dieciocho, wauro-inatanreuro
zapallo, tokeré dieciuueve, wauro-inaubioareuro
mpato, wad veinte, debo-wauro-tuera

HO
Mi an ioncs Mc i err QT t d t ancac
Origen dc los Ligures, Iberos, Aquitanos y Vascos
por O. F. A. MENGHIN

CUBSTIONES METODOLOGICAS

La siguiente exposition tiene por objeto reconstruir en grandes ras


gos la colonization de los pueblos del Asia anterior en la cuenca del Me
diterraneo, durante el IV y HI milenio a. de J. C. Los ultimos decenios
han traido un acopio de material historico, linguistico, arqueolégico y
antropolégico en forma de investigaciones monograficas, las cuales adn
no han sido aprovechadas adecuadamente para resolver el problema ctno
gonico del Mediterraneol. Ello es muy comprensible, en vista de lo difi
cultoso que rcsulta el seguir los intrincados caminos de tantas ramas de
investigacion. Es, sin embargo, impreseindible que todas ellas scan reco
rridas con elfin de consolidar la indagacion etnogonica, que de por si
constituye un terreno sumamente resbaladizo y conduce facilmente a sen
das equivocadas, cuando no se lo trate con la mayor circunspeccién en
todo lo pertinente al material de fuentes. Dificilmente se encuentran per
sonas que pueden llenar esta exigencia en su sentido pleno. El autor de
cstas lineas, por su parte, tiene la conviccién de dominar como especia
lista unicamente el terreno de la arqueologia prehistéricag sin embargo,
como siempre se ha esforzado para mantener un intimo contacto con las
ciencias limitrofes, cree poseer la vision general que considera necesaria
para el estudio de los problemas etnogonicos. Lamentablemente, en el
1. Las lenguas romances no posccn palabras equivalentes al vocablo aleman 5`Mmmukundr,
est:0 es la ciencia que estudia las migraciones humanas y la distribution de los pueblos y tri
bus. "Paleoecnologia" es usada non acepciones varias, muchas veccs idenrificada con PI`Cl'llS•
toria, prébirravque. Es recomendable por ello introducir en el castellano el término técmco
"Emogonia", rambién urilizado a veces en el alemén, Erbmgmh.
111
momento actual la mayor parte de su propio material de investigation
se encuentra fuera de su alcance, por lo cual debe memorizar muchas ve
ces, y limitarse a muy escuetas citas bibliogréficas. Las referencias a la
documentation concreta resultaran igualmente restringidas a causa de
la misma dificultad. Pero la finalidad de este articulo es, ante todo, resefnar
expresamente los ultituos y mas importantcs trabajos y publicacioncs,
puesto que la bibliografia mas antigua se encuentra citada ya en muchos
manua1es‘. El articulo no pretende ser una investigation h.istorico-lingiiis
tica, ni arqueologico-antropologica, sino una referencia de los resultados
de las investigaciones mencionadas, la que por un lado sera apta para
mostrar el actual estado de la investigation etnogonica y por el otro ser
vira de aliciente para nuevas indagaciones.
Este intento hace resaltar la conveniencia de permitir algunas pala
1. En tuanto a las obras nuevas que interesau ala investigation ernogonica, debe nombrar
se en primer término la de H. Anrrz, Gmmnm um! Indagmmmen, Festschrift fiir H. Hitt.
2 tomos, Heidelberg, 1936. Se trata de una conspicua coleccion de monografias, pertenecieutes
a un circulo de investigadores iuternaeiouales que tratan sistematicamente casi todo el pro
blema de los parentescos lingiiisticos en la antigfnedad, y de la procedencia étnica, con especial
atencion a los indoeuropeos. Desde el punto de vista arqueologico, tiene el mayor alcance
O. Muuonm, Wzltgucbitbre der Sreinzeir, Wien, 1941, 2' edition. Para el Asia anterior se nece
tita en primer término G. Counmau, Manuel d'Artb£ologie Orimtule, Paris, 1927-1939, 4 tomos
y paralelamente cl pequei'10 oposculo de A. Mooaron, Di: Emrtzbrmg der sumeriubm Hocblwl
mm: en "Der Alte Orient", XLIH, Leipzig, 1945. Desde el punto de vista historico-lingiiistito
y etnogonico es muy valioso E. Srmszn, Muaptumian Origins, Philadelphia, 1930. El libro de
B. Hazozmr, Di: altar: Gmbicbre Vvrdemrims, Prag, 1940, puede ser urilizado unicarnente con
cierto cuidado, puesto que expone hipotesis bastante aventuradas precisamente en el aspecto
etuogonico. Deberi utilizarse también E. W. Arronn, Vordzrmim; C. Wnzmcn, Pbamikim
tmd Palanrina, Kyprax, en el "Handbuch der Altertumswissenschaften" editado por Walter Otto,
Miinchen, 1939; V. CHRISTIAN, Altmumrkunde dz: Zwtirrramlandu, Leipzig, 1939 y cl excelente
compendio de K. Brrrm., Gnmdgutge der Var- and Fruchgucbicbtc Klcimuimx, Heidenhcim, 1945.
Para Grecia (el Egco) existen numerosos compendios mas antiguos; entre los nuevos escriros
aparecidos, es importante para las euestiones etnogonicas, el libro de S. Fueus, Die grietbinbm
Fundgruppm der frueberm Brongczcir and ibn uutwuerrigm Beziebsmgm, Berlin, 1937. También cs
digno de mention el de H. Tu. Bossmrr, Altkreta 3* edition, Berlin, 1937. En Italia han apare
txdo en tiempo anterior a la guerra vatias exposiciones compendiosas de su propia prehistoria.
Asi la de Purucnns Ducnx y Errors Pius; el punto de vista de los grupos arqueologic0-cultu
rales ha merecido especial arencion por Pm Laviosa-Z.4mno·rn. Con refercncia a la peninsula
ibérica tenemos abora tres grandes compendios con marcada acentuacion etnogonica, P. Bosca
Gmnn.4, La mmlagia dz la pmimwla ibirita, Barcelona, 1932: L. Pmucorr GA11ci.·., Historia de
Expaiu, tomo I, 2° edition, Madrid, 1934 y]. Cano Bnoj.4, La: pueblo: de Etpmia, Barcelona,
1946; ademés la somera pero valiosa introduction de A. Tovau, Prehirroria lingifttica de Erpaia
en "Cuadernos de Historia de Espana", Buenos Aires, 1947 y los escritos de F. Hunuixmnz PA
cunco, L. nu Hovos Samz, A. on CA8’1'lLLO,JUAN Manuqun on Moran, JUAN on Mau Cumu
zo en Erpmia Pnbirrdricu, Madrid, 1947, (tomo I ed. de R. Menéndez Pidal). La investigation
francesa nohaefectuado, después del monumental manual de Décustnrru, que adn sigue sien
,·do imprescindible, aunque un poco anticuado, ningnn compendio basico de la prehistoria del
pais. En especial el Neolitico, tan importante para las cuestiones etnogonicas, ha sido descui·
dadoly la idea delgrupos culturales todavia no se ha abierto vcrdaderamente paso en la inves
tigation. Un susututo brindan P. Bosca-Gimnna y _]. Sana on Rnou por medio de sus ar
uculos enla "Revxsta de Antropologia" XXXV-XXXVI, 1925-1927 y en el "Reallexikon der "
, Vorgeschnchte, IV, 1; y también G. Pomon, Lu civiliurion: nlolitbiquu or éniolitbiquu do la
Franc: en "Rev. d'Anthropologie", XXXVIII-XXXIX, 1928-1929.
112
bras sobre los fundamentos metodologicos empleados. Ya anteriormentc
me ocupé con mayor intensidad del método de la busqueda ctnogonica,
en la Futxrbrift fir Herrnmm Hirt. Al mismo tiempo debe seiialarse como
contribucion especialmente adecuada a este proposito, la Heidelberger
Akademiexcbrifr de E. Wahle, basada en ejemplos précticos. Aqui unica
mente debe relevarse que en toda investigacion ctnogonica tiene prece
dencia el material de fuentes historico-lingiiisticas, debiendo format la
base. Restos culturales y material osteologico no tienen de por si deter
minacion étnica definida y solo valen como testimonios cuando pueden
ser determinados étnicamente por via historica o lingiiistica. Se entiende
que en la medida que dicha determination se hace posible, en forma mas
0 menos inmediata, se alcanzan también los periodos historicos o proto
historicos. En el propio espacio prehistorico hay solo una mediata tra
bazon entre los hallazgos y lo historico-lingiiistico. Dos consecuencias
finales juegan alli un rol importante. La una aprovecha restos de estratos
lingiiisticos prehistoricos, los que constan principalmente de vocablos
toponimicos y nombres de personas, que a manera de fosiles se escurren
hacia el tiempo historico y son puestos en conexion con las culturas pre
historicas y razas del mismo espacio; la otra es el parentesco de complejos
historico-lingiiisticamente determinados, con otros a los cualcs les falta
esa determinacion. En ambos casos debe procedersc con sumo cuidado.
La conexion de las capas culturales con las lingiiisticas supone una intensa
investigacion, tanto de las unas como de las otras, en cada area determi
nada, sin lo cual se caeria facilmente en conclusiones precipitadas. La
investigacion ctnogonica en base a compataciones culturales debe consi
detar ante todo que el parentesco cultural no supone en absoluto un paren
tesco lingiiistico, incluso cuando no solo se trate de relaciones comercia
les, sino también de verdaderas unidades de cultuta. Podria decirse, mais
claramente, que el parentesco cultural brinda casi siempre el indicio de la
posibilidad de un parentesco lingiiistico, y por supuesto de un parentesco
de sangre; sin embargo para que este indicio se convierta en prueba 0 por
lo menos en una probabilidad aceptable, deben ser muy bien pesadas todas
las circunstancias. Cuanto mas claramente se elucidan las relaciones con los
hechos lingiiisticos e historicos, tanto mayor confianza merecerén las
inferencias finales etnogonicas. Ya que tendremos que utilizar el método
en un caso concrcto, ello se har:1 mas claro en 1a exposicion que sigue.
Solamente dos puntos requieren aim una pequeiia averiguacion. En el
cuadro general del material de fuentes arqueologico, la cenimica juega un
rol importante en todas las investigaciones etnogonicas. Al profano esto
no lc sera inmediatamente comprensible, sin embargo esta completamente
113
fundamentado. La ceramica es como un fosil-guia, para la estimacién de
conjuntos arqueologicos (Kulrurkrcixfvrscbung) y por ello predestinada dg
manera muy especial para las inferencias etnogénicas finales, potque apa
rece, a partir del Neolitico, en casi todas partes y en cantidad, siendo
comunmente un producto de industria local, lo cual le confiere un conte
nido historico-cultural de valor enorme. La ceramica refine en si elementos
técnicos, economicos, sociolégicos, artisticos y religiosos; piénsese en cosas
como la preparacion de la arcilla (lavadura de minerales, ctc.), la fabri
cacion (a mano, al torno, con rocletes), el pulido, color, pintura, coccion
(variedades de hornos), en la ceramica de uso doméstico, de adorno, se
ulcral, en la forma de los vasos, vasos figurados, vasos de culto, etc.,
sin tener en cuenta otros productos de ceramica como torteros, objetos
votivos, figuras, tablillas de lescritura y materiales de construccién. En
ningfm producto de la mano del hombrc se refleja el espiritu y la esencia
de una cultura mas rica y variada, como en la cer:-imica, en cuanto se re
fiere al material de excavaciones. Parciculares dificultades acarrea el ma
terial omalégico en la investigacién etnogénica. Ya he mencionado mas
arriba que la identificacibn de un pueblo dcbc ser intentada tanto por medio
de sus bienes culturales, como por su lengua y por sus caracteres morfo16
gicos, ya que un pueblo no es otra cosa que una comunidad de cultura
de lengua y de sangre. En la practica, sin embargo, el material osteolégi
co no ofrece gran ayuda, sobre todo en Europa y en Oriente. Esto en par
te depende de algunos aspectos de la merodologia antropologica que no
son suiicientemente claros, pero mas frecuentemente de la peculiaridad
especial de esta clase de restos, los cuales cvidencian grandes lagunas.
Existen culturas para las cuales todavia no tenemos testimonios osteo
légicos, y para ellos queda interrumpida desgraciadamente toda conca
tenacion de pruebas, y otras cuyo material es tan escaso y falto de uni
dad, que dificilmente permite deduccion alguna. Por otra parte, distintas
culturas se presentan tan uniformes en relacion a la raza, que la antropo
logia morfologica queda excluida como criterio indicado para descubrir
migraciones. Sin embargo, hay culturas que son acompafiadas con la
mas exacta regularidad por un tipo antropolégico especifico, tanto que
es permitido por el solo esqueleto dictaminar sobre ellas. Un caso parecido
se nos presentara en este trabajo, el cual revestira naturalmente sobra
do interés.
Dando término a estas consideraciones, sean sefialadas las ventajas dc
la investigacién combinada lingrilrtica-arquealégica, las cuales rigen espe
cialmente para el tiempo prehistbrico. Aun cuando la lingiiistica es el
tim6n, bien sabe el especialista con cuantas y extraordinarias dificultades
114
debe combatir en las comparaciones lingiiisticas cuando se trata de idio
mas poco conocidos y en parte dc lcctura incierta; por ello siemprc se ha
consideraqlo un puntal a los resultados de la irivestigacién linguistica e
cl tiempo prehistorico, cl caso en que puedan aprovecharse indicios cul
turales y arqueolégicos que sefialen una misma direccion. Mas impor
te, empero, es otro punto de vista. La lingiiistica generalmente no tiene
medios para colocar los procesos descubiertos en el tiempo; en el mcjor
de los casos puede hacer una crmalagfu relariva, es decir averiguar la suce
si6n rcciproca de los hcchos. Para una cranalagla abxalum, y con ello la in
corporacién al proceso hist6ric0, le falta tener un érgano propio. En donde
escasean los testimonios histéricos puede intervenir unicamentc la arqueo
logia, la cual dispone, en virtud del método estratigrafico, tipolégico y
comparativo, de medios eficaces, que le permiten establecer relaciones
de cronologia relativa y absoluta hasta el IV milenio. Por medio de la
lingiiistica y de la arqueologia, con adecuado equilibrio entre ambas in
vestigaciones, surgen formulaciones etnogénicas, las cuales enriquecen
nuestro saber acerca dc la historia de los pueblos, en forma amplia e in
esperada.

II

ASIA ANT ERIOR

Durante el siglo xxx fué opinion general que el Asia menor, con ante
rioridad a la inmigracién de los Indoeuropeos, habia sido colonizada en
tiempo antiguo exclusivamentc por Semitas. Después del descubrimiento
de la escritura cuneiforme logr6 individualizarse al pueblo de los Sumeros,
histéricamente olvidado; pero se lo crcy6 un pueblo primitivo de tempra
na desaparicién y de origen enigmatico. Nuevos puntos de vista trajo,
en los ultimos decenios del siglo xxx, la invcstigacién sobre los Etruscos,
y como se tuvo la conviccién de que éstos no eran Semitas ni Indoeuropeos,
se logr6 entonces ya el concepto de que existiese un tercer elemento étnico
en el Asia anterior, puesto que de alli los Etruscos eran originarios, segun
la aceptacién general. Esta concepcion recién fué formulada claramente
por Paul Kretschmer en su Einlcitung in die Gcxcbichzc der griccbircbm Gram
matik, 1896, que hiciera época. Kretschmer a raiz de muchos hcchos lin
giiisticos y otros indicios llegé a la conclusion que durante el tiempo pre
indocuropeo rein6 en Asia meuor y cn el Egeo una etnia con caractcres
propios, la cual sugeria se llamase "microasiatica". Muy caracteristicos
en esta lengua parecian ser dos sufijos, los-cuales se presentan en nombres
115
toponimicos, el sufijo -;:- en nombres como Halikumaués, Rarnarré
Tclmeuér, muy diseminados en Asia menor y en el Egeo, y el sufijo mth
representado en Asia menor por el sufijo -ml-, en nombrcs como Q
Mariamla, etc. A ello se agrego la union de muchas raices y varios otros
indicios, como por ejemplo la extraordinaria aparicion dc `nombres que
recuerdan a los llamados Lallmxmml.
Este reconocimiento fué el comienzo de un progreso tormentoso de
investigacion en el terreno de la clarificacion lingiiistica, y con ello de
la etnogonia de la primitiva Asia anterior. Las contribuciones procedian
de los mas variados sectores, ante todo de los caucasistas y de los orienta
listas. Iluminando el conglomerado lingiiistico del Caucaso, los caucasistas
llegaron a la conclusion que las lenguas del Céucaso, es decir su porcion
no-indoeuropea y no-altaica, esta constituida por residuos de idiomas an
tiguos mas expandidos y que se encuentran en relacion de parentesco con
ciertas lenguas, mas 0 menos aisladas, de la primitiva Asia anterior,
como el Elamico, el Licio y quiza también el Sumero. Tomziron incluso
en consideracion al Vasco, pero encontraron resistencias pot esta parte.
De las hipotesis formuladas, muchas se han evidenciado como prematuras,
otras muchas, empero, como validas. En estas investigaciones tomaron
parte especialmente autores alcmanes (Heinrich Winkler, F. Bork, G. Hii—
`sing, R. Bleichsteiner y otros) y rusos Tseretheli, N. Marr, W. Braun
y otros), mas tarde también los franceses (G. Dumézil y R. Lafon). Marr
emprendio un camino que lo condujo finalmente a la formulacion de una
teoria glotogonica. El método de su escuela, hecho asequible por Braun
a los circulos cientificos europeos, encontro escasa acogida fuera de Rusia.
Ello empero no cambio en lo mas minimo la importancia de los idiomas
del Céucaso para la aclaracion de la etnogonia del Asia anterior primitiva.
La segunda contribucion, decisiva para la resolucion del Problcma,
fué el hallazgo, después del 1900, de numerosos monumentos literarios
de la primitiva. Asia anterior, en especial el descubrimiento del archivo
real hetita de Bogaz—Koei por los investigadores alcmanes O. Puchstein
y Hugo Winckler, en el aiio 1907. La primera revision de las alli encon
tradas tablillas de escritura cuneiforme, ya dio por rcsultado la existencia
de no menos de ocho lenguas distintas. Entre ellas se cncontraban dos
muy conocidasz el Sumcro y cl Acédico, otras poco conocidas como el
Hetitico y el Hfirrico, de las cuales se tcnian cscasos textos encontrados
en el archivo real de Tell-el-Amarna y sin poder hacer mucho con ellos;
finalmente varias completamente nucvas como el Lovico, el Palaico, el
.1. Término usado por Kretsehmer para distinguir In palabras de pronunciation sencilla,
I umilares a lan pronunciadas por lon nihos, mama, papa, anna, atta, CIC.
116
Khatico y el Mandaico. La hetitica resulto ser en lo fundamental una len
gua indoeuropea, que estaba sin embargo mezclada con frecuentes ele
mentos extrafios, por lo cual muchos investigadores la quisieron consi
derar como no-indoeuropea. La luvica ya anteriormente y la palaica re
cientementcl, fueron reconocidas como ccrcanas a la hetitica. La mandaica
se rcvelaba, con sorpresa de todos, como cel primer peldano del Indoiranico
0 Hindu. En todos estos elementos indoeuropeos se nota el caracter de
intrusos, los cuales no pudieron llegar antes del II milenio.
Otro es el aspecto del Hurricoz y del Khatico, a los cuales observare—
mos ahora mas detenidamentc. La hurrica resulto ser muy parecida a la
lengua de una carta del rey Tushratta de Mlitanni al Faraon, del archivo
de Tell-el-Amarna. Los textos mas antiguos de estas lenguas fueron ex
cavados en Mari (Mesopotamia) y datan alrededor del 1700. Ademas
ultimamente Ugarit (Ras Shamra), cn Siria, ha brindado mucho mate
rial lingiiistico, por medio de inscripciones. Por este motivo ya sc ve
que la etnia hurrica en cl II milcnio estaba diseminada desde las monta
1'ias del norte de Mesopotamia hasta el mar Mediterraneo. Es posible que
los Horitas biblicos deban ser identificados con los Hurrianos. Foco de
expansion de los Hurrianos fué la region montanosa del Este del Asia me
nor, donde ya se los encuentra en el III milenio. En las viejas fuentes fué
llamado 5`ubartu; Ungnad propone por lo tanto para ellos y sus parientes,
los habitantes del pais de Mitanni, cl nombre de .S`ub4r¢0.r’. La lengua hu
rrica no esta aislada bajo ningfm concepto. Se reconoce generalmente que
cl Caldico, lengua del pais de Umrtu en el Iago de Van, tiene un parentes
co con la hf1.rrica‘. Mas importante adn es la evidencia que también la
lengua elamica es considerada por muchos investigadores, entre ellos la
autoridad de un Ungnad, como un pariente primitivo del Hf1rrico°. Mo
numentos lingiiisticos clamicos existen ya muy tempranamcnte en Susa, cen

1. H. O·rm1~:, Zum Paluirchm en "Zeitschrift fir Assyriologie und Vorderasiatische Ar


chaeologie", Neue Folge, XIV (XLVIII), p. 119.
_ 2. En forma compendiosa véase sobre los Hurritas A. Gusnvs, Mirmmi en "Reallex1kon
der Vorgeschichte", VIII, p. 217; G. Corrrmnu, Lu civilimrim du_Hirrim er de: Mirurmimr,
Paris, 1934; Auxscmrr Gozrzs, Hetlzirer, Cburriter und Arryrizr, Qslo, 1936; Aumm Unorran,
Suburru, Berlin, 1936. Sobre las mas recientes investigaciones orienta Comzuau, Manuel dpAr·
chfalngic IV, passim.
_ _ 3. Segim UNGNAD, Suburtu, p. 129 no debe emplearse el nombre Mztmmrlpara la lelngu
hablada por la poblacion bésica nativa, sino para la lengua de la clase sefnorial protohindu,
ya que el nombre Mitanni era completamente clesconocido antes de la soberama aria del Impe
rio cle Mitannia. La forma primitiva del nombre era (segvin Ungnad) Mmmm. &N0 contiene
el nombre de la madre-diosa microasiatica Ma?
_ __ _ _ 4. C. F. Lunmmu-Haun, Du: ururtiircb-rlvuldixcbc Kamxgxbuur en Beilage zue Ine
1 des Corpus
5. Sobre inscr. Chaldicarum,
los Elamitas 192B";
en forma compendiada: Fmnmucu.
F. Bonz, Einfribrung
en keallentikon im Urar
der orgesclu
chte" IV, p. 70; Fx. Wu.¤m.M Komc, Gerchicbre Blum: en "Der Alte Orient' 29, 4, Leipzig
117
tro de la etnia elamica, y alrededor de 3000 a. de _]. C. en Tepe Sialk Qambos
situados en el Oeste de Persia) y llegan hasta la época postcristiana. Los
Elamitas, pueblo historico importante, aparecen bajo nombres muy dis
tintos. Ellos mismos se designan, segun una muy discutida lectura, como
Hallgpirri (0 Hatamtu); mas tardc su ticrra cs llamada Ansbun; en tiempo;
griegos los encontramos bajo el nombre de Kiocnot. Elam es la desig
nacion semitica del pueblo, como la encontramos en la Biblia; la forma
griega °EMp101 pareceria estar en conexién con la sutnérica. La elami
ca fué una lengua de sufijos. Muy caracteristicas son las formaciones del
plural en —p o -b. Sin duda parientes de la elamica son las lenguas de los
pueblos norelarnicos fronterizos a la Susiana, situados en las montaiias de
Zagros; los Lullubi, los Guti, los Kassi (Caspios), que jugaron en partep
un rol histérico importante como enemigos y conquistadores de la Meso
potamia, a raiz de lo cual se han conservado escasos restos de sus lenguas.
Alcanzan apenas para reconocer las relaciones de parcntesco. A; consecuen
cia de tales reconocimientos puede asegurarse la existencia de un tronco
lingliistico hurro—e1amico‘ hasta el IV milenio, y sus intimas relaciones
con otras lenguas aun hoy existentes en el Caucaso, ante todo con el gru
po meridional o cartvélico de las lenguas caucasicas (Georgianos, Min
grelios, etc.), ademas, segén parece, también con los grupos caucésicos del
Noroestez. La sistematizacion genética de las lenguas caucasicas actuales
es todavia un problema espinoso, ya que las mezclas milenarias han bo
rrado los prototipos. Sin duda debe contarse con la posibilidad que en las
lenguas caucsisicas se han fundido dos troncos lingiiisticos. La separaci6n
historico-lingiiistica es por lo tanto mas dificil, puesto que se tfata indu
dablemente de tipos de lenguas muy antiguas, a las cuales habra que acer
carse con métodos distintos de los que usamos para las lenguas de flexion
mas evolucionadas.

Con ello hemos llegado a un punto que hace necesario hablar del pue
blo de Khati, es decir de los Khatianos. Consta que la primitiva poblaci6n
del Asia menor media se llamo a si misma con este nombre, y que a los
Hetitas`les fuera dado erréneamente este apelativo por la Biblia y por los
Egipciosg si los Hetitas se han llamado a si mismos Kunixivx o Ne.ria.r, eso
_todavia no puede ser afirmado. Para distinguir a los Khatianos clatamen

1. Se podria denorninarlo también segfm los Rusos 'yafético' y segfm los franceses, ‘asi5.·
I mco'..Per0 ambas adjunran también cl Khatico, que segun el estado actual de Ia investigacibn
no deja reconocer conexiones con las lenguas hurro-elamicas. Por ello es mejor reservar lan
eicpresnones asnanico y yafético para casos en los cuales no pueda hacerse una clara diferencia
cnén. Ello nos servira mis adelante.
2. V·éase R. IBLBICHITBINBR, Kaulumxvélker en "Reallexikon der Vorgcschichte" VI, p
249 y Du kun/uxucbr Spracbgruppc en "Anthropos" XXXII, 1937, p. 61.
118
te de los Hetitas, algunos han dado el nombre de Protokhati a los prime
ros; pero no es necesario, ya que Khatiano y Hetita son mombres que se
distingucn con facilidad. Es notorio que su lengua tiene caracteres de pre
fijacion, aun cuando se desconoce mayormente el idioma. Uno de sus
elementos mas notables es la silaba antefijada Ie- para la formation de
plurales. Ademas pudo comprobarse que el sufijo -:1- en nombres topo
nimicos del tipo ¢AAl%GQVGOG6Q (pero no en nombres como Azigroon)
debe adjudicarse a la lengua khatical. Con ellos se prueba la dispersion
de Khatianos por todo el Egeo, sobre la cual hablaremos en el proximo
capitulo. Sin embargo, ya aqui debemos hacer resaltar que, segun una an
tigua tradition, el héroe eponimo de los Lélegos, Aéleysg, se ha llamado
- Lex. Segfin esto, Lélegu es una formation de plural khatica. Los Lélegos
fueron considerados por los Griegos como uno de los primeros pueblos
colonizadores de sus tierras, aun cuando no supieron mucho de aquéllos.
Pero poscemos una noticia, segun la cual estaban establecidos en el Sud
oeste del Asia menor, en los alrcdcdores de Halikarnassos, todavia en
tiempos hjstéricos, bajo el yugo de los Carios. Ello habla en favor de la
conception segnin la cual los Lélegos son una capa de poblacion muy an
tigua; han sido sin duda dominados por los Carios belicosos, y reducidos
a servidumbre. Si agregamos que en el Oeste del Asia menor’ y en el Egeo
se han comprobado varias relaciones entre su material lingtiistico y el
Khatico, podemos entonces hablar con certeza de una familia lingiirrica
lélego-lzbéricu. La familia de lenguas mjcroasiaticas, establecida por Krctsch
mer, no coincide con ella, pero fué una genial anticipation de la mis
ma, puesto que boy sabemos que los diversos elementos los cuales Krctsch
mer en aquel entonces habia reunido en un solo grupo lingiiistico, deben
ser repartidos entre varios, probablemente tres, grupos lingiiisticos: a
este cometido Krctschmer mismo ha tomado parte con sus ultimos estu
dios. La conexion del Lélego-khzitico con el grupo de lenguas caucasicas
occidentales (circasianas) es una suposici6n’, la cual no ha sido tan clara
y univocamente comprobada como la conexion entre la hurro-elamica y
las lenguas del Sud del Caucaso; pero consta sin duda un parentesco ge
neral. Digno de consideration es el hecho que Plutarco, Pump. c. 35 conozca
una etnia llamada Aflycg y que una parte de los pueblos del Daghestan
(pueblos caucasicos otientales) se llamen Lacos.
Surge aqui la cuestion de como los pueblos que se nos presentan en

1. P. Knmscnusn, en "Glotta" XXI, 19}}, p. 92 y XXIV, 1936, p. 60.


2. Compares: entre otras cosas A. Br..uM"s1~rr¤.u., Zan lc- praefix in griechircbm Orrma
en "Zeitschrift fur Orientforschung" XII, 1926, p. 64.
3. Véase sobre esto R. Buicusumsn, l. c.

119
tiempos hisroricos en el Asia menor central y oriental: los Panfilios, los
Pisidios, los Isaurios, los Licios y los Lidios, para nombrar algunos de
los mas conocidos e importantes, se relacionan con la capa lélego-kha
tica. Esta pregunta no puede afin ser contestada, sin provocar objeciones.
Ya que para muchos de estos pueblos no hay suficiente material de fuente
lingiiisrica, y alli donde lo hay, como en el caso de los Licios y Lidios,
exisre una mezcla tan grande que, aun cuando permite establecer conexio—
nes en algunas direcciones, no nos da actualmente un claro cuadro etno
gonico. Ciertamente la persona que medite ahora sobre estas cosas, hara
bien en representérselas lo mas complicadas que pueda. Ademés de las
capas de pueblos lélego-khaticos hay que tener en cuenta también las
hurro-elamicas, reto-tirrenas e indoeuropeasl. Un caso realmente inte
resante es el de los Solimios. Segun la tradition, ellos fueron los poblado
res primitivos de la Licia. Estrabon los separa de los Pisidios; Esteban de
Bizancio los estima parientes. Su region es rica en nombres toponimicos
para cuya comprension es necesaria la fuente lélego-khatica. Ya se habia
hecho notar que en Eustacio Ham. II, 6 fueron recogidos como Tlgslvuoi
y Mayerz no duda que fueron Elimios. Esta concepcion encuentra _apoyo
en un texto bilingiie licio-griego (Tit. Aria: min. I, 139 ), en el cual la pa
labra licia Hlwhmidewe es dada como equivalente de la griega EAMIAAYAI
Segun F. W. Koenig debe entenderse bajo los Hlvimi a los Solimios; de
EAMI vendria entonces el nombre de los Elamios, Elimiaiih Si decidirnos
tomar a los Pisidios, los Isaurios, los Milios y los Solimios como ramas
de un mismo pueblo (lo cual podria hacerse por muchas razones), podria
suponerse que se trata de un grupo de tribus del Sud del Asia menor, cuya
lengua mixta se acerca mas a la elamica que a la lélego-lcharica.
Hasta ahora nos hemos limirado a presentar las condiciones étnicas
del Asia anterior en base a testimonios bistorico-lingiiisticos. gPuede acaso
el material arqueologico brindar algo nuevo para la clarificacion de nues—
tro problema? En razon de la extraordinaria actividad con la cual se ha
trabajado arqueologicamente en el Asia anterior después de la primera
guerra mundial, es de esperar que ello suceda. En seguida se ha rcconoci
do que las culture.: de cmimicu pintudu estaban en conexion con los pueblos
hurro-elamicos. Yo llamé a este circulo de cultura "taurico oriental" en
contraposicion al circulo cultural de ceramica pintada del centro y norte
de Grecia, al cual llamé "taurico occidental", para dar asi también ex

1. Para. esto Ruoz, cn PAu1.Y·WmowA III A, p. 108 y P. Knurscunan, Die Stullung


dar {ykiubm Sprubr en "Glorta" XXVII, 19}8, p 256 y XXVIII, 1939, p. 101.
2. Max Mun, en "K|i0" XXI, 1927, p. 301.
3. Pau:. Knncuun, en "Glorta" XXVIII, 1939, p. 115.
120
presion terminolégica a mi convencimiento del entrelazamiento interno
de ambos grupos ‘. En todo caso sustentan los investigadores, en su ma
yoria, la concepcion que las diferentes variantes de la cultura de alfareria
pintada, como se la ve en las capas de alrededor del 4000 en los yacimien
tos neoliticos del Oeste del Iran (por ejemplo, en Tepe-Sialk, Persépolis,
Susa, Tepe Giyan) y también en Mesopotamia y Siria (por ejemplo en
Tell-Halaf, Tepe·Gawra, Samarra, Karkemish, Saktche Goezue, Ugarit,
El Obeid, pero en estos yacimientos caracterizada por un periodo inicial
de ceramica monocroma), son los sedimentos arqueologicos de la etnia
de la cual han surgido las tribus hurro-elamicas. Con cierta precaution
puede considerarse a la ceramica pintada como fosil-guia para esta etnia.
Esta precaucién nos prevendra de tomar aqui en consideracion la cerami
ca pintacla de las culturas del Indus y quiza también de las del Este de Iran.
A pesar de tener ciertas relaciones hacia el Oeste, las culturas del Indus
tienen tantas cosas propias y nuevas, que bien se podra pensar en cone
xiones culturales, pero nunca en conexiones étnicas mas intimas. Idéntica
cs la relacion con la ceramica pintada de la cultura de Maadi, cerca del
Cairo, la cual pertenece a la mitad del IV milenio a. de _]. C. Ella esta en
clavada en un conglomerado puramente egipcio y permite algunas conclu
siones sobre relaciones con el Asia anterior, pero no sobre procesos étni
cos de importancia. De distinta manera hay que valorar la ceramica pin
tada de las mas bajas capas del Neolitico de Chipre, ya que aqui no hubo
importantes actividades colonizadoras anterioresz.
Naruralmente, en la explicacion étnica de todo cse complejo de cera
mica pintada no se toma solo en cuenta su pintura, sino también la forma
de las vasijas, la técnica de pintar, la eleccion de los colores y la riqueza
de motivos, todo lo cual es de gran importancia para la comprobacion.
Estas cosas no deben ser sobreestimadas, a raiz del hecho que la ceramica
pintada ocupa un area continua, pero muy extensa. Ademas es logico
que las cualidades técnicas varien con la difusién, ya sea por avance, ya
por decadencia, como la pueden ocasionar nuevas condiciones geograficas
y sobre todo la inevitable mezcla con otras etnias. No se trata solamente
del elemento cultural de la ceramica pintada. Muchas otras cosas intervie
nen, como ser: la difusion de figuras de culto femeninas de un determina
do grupo de tipos, cle sellos, 0 de ciertos utiles de piedra que acomparian
siempre a la ceramica pintada. gNo es acaso muy caracteristico que en toda
el area cultural del Africa del Norte y del Oeste de Europa influida por
las culturas egipcias primitivas y predinasticas, se note la falta originaria
1. Oswaun Mnronm, Weltgercbicbte der Steinzeir, Wien, 1931, p. 330.
2. Tb: .S`w:di.rb Cyprus Expedition, tomo I, Stockholm, 1936.
121
arte desde la Europa central y scptentrional, mientras que en Elam se
la encucntra ya en el IV milenioiy en cl Asia menor, el Egeo y la region
danubiana sc encuentra como adopcion general muy temprana?
Una cuestién mas importante para nuestro cometido es la aparicion
de ceramica pintada en Asia menor. Indudablemente ella es alli muy rara.
Como surge de la ultima investigacion del Asia menor, por Bittel, que es
su mayor conocedor, no sc han encontrado aun sitios habitados, ni tumbas
que pertenezcan a una época anterior al 3000 a. de _]. C. Ciertamente Bittel
cree que no cxisren siquiera; pero ello es includablementc un pensamiento
un poco pesimista. Ya han de aparecer, y entonces surgira también la po
sibilidad que mucstrcn una influencia de la ceramica pintada.
En favor cle ello habla, ademas de la evidencia chipriota, el hecho
que en Mersin, cn la bahia de Adalia (es decir, en el angulo sudeste de Asia
menor), se haya investigado un yacimiento que se remonta al 4000 a. de]. C.
cn el cual, después de un periodo inicial con ceramica monocrorda, aparc—
ce alfarcria pintada, en parte del tipo de Tell-Halaf, la cual debc fecharse
en una época anterior al 3500. Como también se ha comprobado en Alishar,
en el Este de Asia menor, la ccramica pintada se encuentra en un estado
de mayor 0 menor decadencia, cn lo que rcspecta a la capa mas baja. Se
tiene alli la impresion que se tratara de una ramificacion decadente. Por
otra parte, no es estrictamente necesario creer que la ceramica pintada exis
tiese en toda cl Asia mcnor. Ella pudo haberse limitado a las regiones
del Sud, atravesarla, para luego en el Oestc cruzar el mar y tomar en Gre
cia un desarrollo mas portentoso. Entonces podriamos relacionar el ele
mento elimico que se encuentra en los Solimios y parientes, con esa ola.
Hace mucho que ha llamado la atenci6n el hecho que en Siria y Mc
sopotamia del Norte, en los principios dc su evolucion, hubo una cera
mica completamente distinta. Es la llamada "monocroma antigua", que
es pulida, negra, grisacea o roja, mostrando ornatos débilmente incisos
o acanaladuras. Pero en general se impone rapidamente la ceramica pin
tada, la cual en el correr del IV`mi1enio jugara su papel al lado de la cera
mica pulida, a veces mayor, a veces mcnor. Pueden hacerse casi siempre
paralelos con la region del Este, como ser en Ugarit (Ras Shamra) hasta
los yacimientos del Sudoeste del Iran, Susa y Tepe-Giyan. Se trata, pues,
de la penerracién reciproca de dos circulos culturales en origen completa
mente distintos. La cuestién que se plantca cs saber cual cs el elemento
étnico que corresponde al tlrcula cultural del Nam dc Siria. gSe trata acaso
de los Semitas? Ello es bien posible. Aun cuando los Semitas fueron ori
ginariamentc némades del desierto, esto no quita la posibilidad que es
122
ruviesen ya en el IV milenio en el borde norte de su area de dispersion, e
vias de pasar a la 'cultura de pueblo' y `de ciudad' que pudieron absorber
de los pueblos del grupo hurro-elamico. El que no quisiera creer en lo
semitico de la cultura del Norte de Siria, puede quizas pensar que sc tra
tara de Khatianos, ya que los mismos fueron limitrofes en tiempos histo
ricos; pero ello es poco probable. Los Khatianos son indudablemente la
primitiva p0blaci6n del Asia menor central y oriental, aun cuando
no podamos captarlos historicamente hasta el II milenio, y arqueol6—
gicamentc hasta el III. Indudablemente, desde el punto de vista ar
queologico, puede adjudicarse a los Khatianos la cultura del III milenio
que se encuentra cn el Este de Asia mcnor, especialmente en Alishar, cul
tura que se presenta como prehetita. Se caracteriza por una ceramica no
pintada, roja 0 negra 0 pulida. Es de resaltar ademas la aparicion de ha
chas de piedra perforadas hermosamente trabajadas, en conexion con esta
cultura. Esa forma se consideré hasta ahora como nérdica y fué puesta
en conexi6n con la inmigracion indogermanica, la cual debe excluirse en
raz6u de la cronologia y en segundo lugar porque también aparece mas
hacia el Oestc, en la primera mitad del III milenio, por ejemplo en Thermi
en la isla de Lemmos, algo después también en Troya. Ella representa un
importante testimonio dc la conexién entre los diversos grupos de la cu1—
tura anatolia del III milenio, pero no el fmico. Para el subgrupo occiden
tal de la cultura anatolia con ceramica monocroma pulida, puede esti
marse como fésil—guia a la Scbnabclkannc (vasija con boca a guisa dc pico).
Tampoco faltan tipos parecidos en los subgrupos de la Anatolia central
y orientall. Desde el punto de vista arqueolégico puede pensarse tranqui
lamente en un parentesco étnico entre todos los subgrupos de la Anatolia,
aun cuando existi6 ciertamente una diferencia dialectal. Que el subgrupo
occidental representa la cultura de la cual fueron participes al menos los
Lélegos del III milenio, debe tomarse como seguro a consecuencia de lo
que antecede. Esto es de mayor importancia para la cuestion relativa a
la primitiva poblacién egea. A1 circulo egeo-anatélico pertenece, a pesar
de todas sus peculiaridades, Ia cultura chipriota temprana, la cual en la
isla sigue a la de la ceramica pintada. Lingiiisticamente, una mezcla de
Elfunico y Lé1eg0·khético con preponderancia de esta ultima lengua, ha
de esperarse entonces para la chipriota antigua.
Nosotros debemos echar también una mirada al aspecto racial del pro
blema. Se creyé antes generalmente que la raza braquicéfala armenoide,
la cual se distingue por la asi llamada nariz judia (Sec/Jrcmare), estaba
1. K. Brrrxt. presenta en el libro citado anteriormente tres grupos pri
tura anat6lica temprana, dentro de los euales hay mdudablemente diversas variantes ocaes.
123
intimamente ligada con la cultura de la ceramica pintada y con el tronco
lingiiistico hurro-elamico. Con respecto a este punto, las excavaciones han
traido serias dificultades. Casi todos los craneos procedentes del IV y III
milenio en Mesopotamia y en el Iran, muestran los caracteres de la raza
mediterranea, la dolicocefalia. Los pocos braquicéfalos que aparecen son,
en opinion de Vallois, alpinos. El tipo armenoide se presenta con cierta
intensidad solo en el II milenio. Contenau insiste en la presencia del tipo
braquicéfalo, en el arte sumerial. Estamos asi frente a una incognita, la
cual podra resolverse acaso por medio de la‘ investigacion futu.ra.
Resumiendo, llegamos a las siguientes conclusiones sobre la etnogonia
del Asia anterior, en el IV y III milenio. Junto a los Semitas ylos aun algo
enigmaticos Sfimeros, los cuales no nos deben interesar aqui mucho, hubo
en el Asia anterior, segun el actual estado de las investigaciones, dos etnias
que deben diferenciarse tanto lingiiisticamente como culturalmente: la
hurro—elamica y la lélego-khatica. La primera surgio de la altiplanicie del
Iran, la segunda tuvo su primitivo establecimiento en Anatolia. El ele
mento hurro-elamico, aon hoy visible en los pueblos caucasicos del Sud,
tuvo una enorme fuerza de expansion. Hasta donde llego hacia el Este,
adn no lo sabcmos. Hacia el Oeste llego indudablemente hasta el Medi
terraneo y pareceria que en dos olas principales: una mas antigua, la cual
puede rastrearse en la region de Siria con el método arqueologico y que
ademas dejo 'en la region europea testimonios historico-lingiiisticos i1·re
futables, y otra ola mas joven, la cual puede ser atestiguada tanto median
te pruebas historico-lingiiisticas, como arqueologicamente. La primera
indudablemente ha comenzado a moverse hacia el Oeste algunas ccnturias
antes del 3000 y fué originada por elemento elamico; la segunda, que po
demos designar como hnirrica, comenzo a desplegarse después del 2500 y
alcanzo a mediados del II milenio su maxima extension, cuando invaso
res indoeuropeos del Este totnaron a dirigitla. La ola hnirrica parece no
haber pasado mas alla del Asia anterior y en la misma Anatolia haber
tenido mayor influencia cultural que étnica. La ola elamica en cambio fué
de extraordinario alcance para Europa, ya que no llego aislada al Medi
terraneo, sino arrastrando probablemente a los Lélego-khatianos, los
cuales siguieron en masa cerrada, como se vera mas adelante.

1. G. Corrrmuu, Manuel IV, p. 1774. Ya en 1926 una obra argentina habia insistido
sobre la asociacion de los caracteres fisicos con los elementos de la cultura material en la anti
gua Mesopotamia e interpretado las representaciones plasticas en un sentido netamente racial;
véase el prospecto de la pag. 156 en J. Iusnnnom, La Brfinge Indiana, Buenos Aires, 1926. Im
belloni mencnona el canon braquiformo como predominant: ya en el III milenio (dinasrla sui
mera de Lagash), pero sin afirmar de modo alguno su pertenencia ala morfologia ‘armen0ide’
124
III

EI. EGEO Y LA PENINSULA BALCANICA

La aclaracion de la historia lingiiistica y étnica del Asia anterior ha


arrojado en forma extraordinaria nueva luz sobre las condiciones corres
pondientes al Sudeste de Europa. El Egeo y la Balcania nos parecen hoy
con referencia al IV y III milenio a. de]. C., en general, continuacion del
area colonizadora del Asia anterior. Los progresos que la investigacion
ha realizado en este terreno son enormes. Los Lélegos, los cuales, segun
los antiguos, se habian difundido por todo el Egeo, acaban de ser recono
cidos como parientes de los Khatianos. Kretschmerl y Brandenstein’ han
presentado testimonios historicos y lingiiisticos probatorios, como tam
bién acerca de la dispersion de elementos lingiiisticos khatianos por el
Egeo. La clasificacion del caudal de nombres prchelénicos por medio del
Lélego-khatico, esta aun en los comienzos, a pesar de los excelentes tra
bajos preparatorios de Fick, entre otros. El futuro nos traera aun muchas
novedades“. Se sospecha el origen khatico para los nombres toponimicos
provenientes del Asia menor, dc Grecia y ann de mas al Norte, que ter
minan en -vga,-ougu, los cuales podrian colocarse a la par del khético
um ¢fuente» (9)*. El prefijo 4- (4 mobile) no es enteramente claro, ya que
también aparecc en otras lenguas‘. Sin embargo podra seguirse a Kret
schmer cuando, con respecto al area egea, lo da como indicio de derivacion
khética°. Indudablemente como khaticos deberan seiialarse los casos en
los cuales aparece el prefijo del plural le-, pero tales casos no aparecen
ascgurados para cl tcrritorio grieg0"
Especialmente valiosos con el caracter de indicios para la dispersion

1. P. Kunemann, Zur uelmrm Sprncbgcxcbicbte Klcinuxim, en "Glotta" XXI, 1933, p. 76,


"Glotta" XXIV, 1936, p. 30, 218 y Di: vorgrkcbixcbm .S`pr4:b and Valkmbirbtm en "Glotta"
XXVIH, 1940, p. 231.
2. BRANDBNSTBIN, Klcinariatixclw Urxpmcbm, en P.xm.Y—W1ssowA, Suppl. VI, p. 165 y Di:
Spracbxcbicbtcn im Bmicb der A¢g4¢i.r, en "Fcstschrift fiir H. Hirt" II, p. 28.
3. Quisiera invitar a los lingiiistas a ocuparse de la derivation, todavia no aclarada su
ficientemente, del nombre de los Lacedemonios; quiza su primera parte esta en conexxon con
el nombre de los Lélegos, el cual ya habia sido puesto en conexion con los Legcs, pueblo del
Da hestén, boy llamados Laces. Seguin Pausanias IV, 1,1, Lacedemonia se llamo antiguamente
Asisyiu. Ademas consultese A. Ficz, Vorgriecbircbe Ortmamm, p
. 4. E. Fortuna., Quelle and Brurmm in Alt- Vordemxim, en "Glotta XXVI, 1938, p._178;
compérese ademas j. joucuns, en "Glotta" XXVH, 1939, p. 253, segon el cual esas des1nen·
gias significan 'eiudad'.
_ 5. Véase Amrmns en Pant.?-Wissowa I, p. 1732 para elPersa antiguo; H. Scnucnnrrr,
"cn "Mitteilungen der Anthropologisehen Gesellschaft Wien LV, 1925, p. 120 para las len
guas hamiticas.
6. P. Knzrscmmn., en "Glotta`° XII, 1933, p. 86, XXIV, 1936, p. 218
7. Véase E. Foiuum, l. c.

125
intimamente ligada con la cultura de la ceramica pintada y con el tronco
lingiiistico hurro-elamico. Con respecto a este punto, las excavaciones han
traido serias dificultades. Casi todos los craneos procedentes del IV y III
milenio en Mesopotamia y en el Iran, muestran los caracteres de la raza
mediterranea, la dolicocefalia. Los pocos braquicéfalos que aparecen son,
en opinion de Vallois, alpinos. El tipo armenoide se presenta con cierta
inrensidad solo en el II milenio. Contenau insiste en la presencia del tipo
braquicéfalo, en el arte sumeria‘. Estamos asi frente a una incognita, la
cual podra resolverse acaso por medio de la‘ investigacion futura.
Resumiendo, llegamos a las siguientes conclusiones sobre la etnogonia
del Asia anterior, en el IV yIII milenio. _]unto a los Semitas ylos aun algo
enigmaticos Someros, los cuales no nos deben interesar aqui mucho, hubo
en el Asia anterior, segun el actual estado de las investigaciones, dos etnias
que deben diferenciarse tanto lingiiisticamente como culturalmente: la
hurro-elamica y la lélego-khatica. La primera surgio de la alriplanicie del
Iran, la segunda tuvo su primitivo establecimiento en Anatolia. El ele
menro hurro-elamico, aun hoy visible en los pueblos caucasicos del Sud,
tuvo una enorme fuerza de expansion. Hasta donde llego hacia el Este,
adn no lo sabcmos. Hacia el Oeste llego indudablementc hasta el Medi
terraneo y pareceria que en dos olas principales: una mas antigua, la cual
puede rastrearse en la region de Siria con el método arqueologico y que
ademas dejo en la region europea testimonios historico-lingiiisticos irre
futables, y otra ola mas joven, la cual puede ser atestiguada tanto median
te pruebas historico-lingiiisticas, como arqueologicamente. La primera
indudablemente ha comenzado a moverse hacia el Oeste algunas centurias
antes del 3000 y fué originada por elemento elamico; la segunda, que po
demos designar como hdrrica, comenzo a desplegarse después del 2500 y
alcanzo a mediados del II milenio su maxima extension, cuando invaso
res indoeuropeos del Este tornaron a dirigirla. La ola hnirrica parece no
haber pasado mas alla del Asia anterior y en la misma Anatolia haber
tenido mayor influencia cultural que étnica. La ola elamica en cambio fué
de extraordinario alcance para Europa, ya que no llego aislada al Medi
terraneo, sino arrastrando probablemente a los Lélego-khatianos, los
cuales siguieron en masa cerrada, como se vera mas adelante.

1. G. Conrrinuu, Manuel IV, p. 1774. Ya en 1926 una obra argentina habia insistido
sobre la asociacion de los caracteres fisicos con los elementos de la cultura material en la anti
gua Mesopotamia e interpretado las representaciones plasticas en un sentido netamente racial;
véase el prospecto de la pag. 156 en _]. Imnumom, L4 Erfinga Indiana, Buenos Aires, 1926. Im
bellom menciona el canon braquiformo como predominance ya en cl III milenio (dinastia so
mera de Lagash), pero sin afirmar de modo alguno su pertenencia ala morfologia 'armenoide'.
124
III

EL EGEO Y LA PENINSULA BALCANICA

La aclaracion de la hisroria lingiiistica y étn.ica del Asia anterior ha


arropado en forma extraordinaria nueva luz sobre las condiciones corres
pondientes al Sudeste de Europa. El Egeo y la Balcania nos parecen hoy
con referencia al IV y III milenio a. de]. C., en general, continuacion del
area colonizadora del Asia anterior. Los progresos que la investigacion
ha realizado en este terreno son enormes. Los Lélegos, los cuales, segun
los antiguos, se habian difundido por todo el Egeo, acaban de ser recono
cidos como parientes de los Khatianos. Kretschmer‘ y Bra¤denstein* han
presentado testimonios historicos y lingiiisticos probatorios, como tam
bién acerca de la dispersion de clemcntos lingiiisticos khatianos por el
Egeo. La clasificacion del caudal de nombres prehelénicos pot medio del
Lélego-khatico, esta adn cn los comienzos, a pesar de los excelentes tra
bajos preparatorios de Fick, entre otros. El futuro nos traera afin muchas
r1ovedades°. Se sospecha el origen khatico para los nombres toponimicos
provenicntes del Asia menor, de Grecia y adn de mas al Norte, que ter
minan en -vga,-ovgu, los cuales podrian colocarse a la par del khatico
um ¢fuente» (2*)*. El prefijo 4- (4 mobile) no es enteramente claro, ya que
también aparece en otras lenguas‘. Sin embargo podra seguirse a Kret
schmer cuando, con respecto al area egea, lo da como indicio de derivacion
kl1atica°. Indudablementc como khaticos deberan seiialarse los casos en
los cuales aparecc el prefijo del plural lc-, pero tales casos no aparecen
asegurados para el territorio griego"
Especialmente valiosos con el caracter de indicios para la dispersion

1. P. Kmrrscmnm, Zur aclrntm .S`pr4cbg::cbicb¢e Kleiuurimx, en "Glorta" XXI, 1933, p. 76,


"Glotta" XXIV, 1936, p. 30, 218 y Di: vvrgriccbixcbm Sprub and Valkrxcbkbtm en "Glotta."
XXVIII, 1940, p. 231.
2. Bnaunsiwrnm, Kl¢i#dIi4fiI£b€ Urxpmcbm, en PAU'I.Y—WISOWA, Suppl. VI, p. 165 y Die
.S`pr4cb:cbicbtm im Bmicb der Acgaeir, en "Festschrift fiir H. Hirt" II, p. 28.
3. Quisiera invitar a los lingiiistas a ocuparse de la derivacion, todavia no aclarada su
ficientemente, del nombre de los Lacedemonios; quiza su primera parte esta en conexron con
el nombre de los Lélegos, el cual ya habia sido puesto en conexion con los Leges, pueblo del
Daghestan, hoy llamados Laces. Segfm Pausanias IV, 1,1, Lacedemonia se llamo antiguamente
Asksyiu. Adema. consfultese A. Fxcx, Voryiarbiube Orrmamen, p. 90:
4. E. Fomuuz, Quzlle umd Brurmm in Alt- Vordcroxim, en "Glotta ' XXVI, 1938, p. -178;
compares: ademas J. jouoxims, en "Glotta" XXVH, 1939, p. 253, wgfm el cual esas desmen·
qias significan `ciudad'.
_ 5. Véase Amanns en Pnuu-Wmsow.4 I, p. 1732 para cl Pers:. anuguo; H. Scuucunor,
en "Mitteilungen der Anthropologischen Gesellschaft Wien" LV, 1925, p. 120 para las len
guas hamiticas.
6. P. Kumemnn, en "G1o:ta" XII, 1933, p. 86, XXIV, 1936, p- 218
7. Véase E. Foiumu, l. c.

125
de los Lélegos son ciertamente los nombres toponimicos en -czooog, qooog,
los cuales no solamente aparecen en Asia menor y Grecia, sino también
en la peninsula Balcanica y a lo largo de la costa del Ponto hasta la des
embocadura del Danubio. Recuérdese a Euluvonooog en la costa pontica
y a los dos ’O&qoo6g en tierra rusa y bnilgara. Los ejemplos podrian mul- —
tiplicarse facilrnente. Aqui quisiera seiialarles, muy lejos hacia el Oeste,
en Iliria o Macedonia, a ’Qgy1]oo6g. Entre los nombres toponimicos de
la Tracia y de la Iliria podria encontrarse mas material pre-indoeuropeo
relacionado con el Lélego-khético, pero es necesaria una mayor acumu
lacion de datos y la investigacion de los mismosl. El nombre de los Li
burnos iliricos parece incluso contener el prefijo de plural khatico, si se
le compara con el nombre de la ciudad liburna Bumum’. Los tcstimonios
lingiiisticos permiten, como acaba de verse, la suposicion que los Lélegos
han tenido un papel preponderante en toda la Balcania en los tiempos
pregriegos, pretracios y preiliricos.
No solo Lélego—khatian0s, sino también miembros del trondo linguis
tico hurro-elamico han llegado a la peninsula- balcanica. Kretschmer a
raiz de ciertas formas lingiiisticas llego ya en 1933 a la conclusion que,
junto a la lengua prefijadora, es dccir, la que forma la flexion por medio
de prefijos, debio existir en el Asia anterior y en el Egeo una segunda len
gua primitiva sufijadora, de origen n0—indoeuropeo, y ya penso en el gru
po caldico, hnirrico y quiza el elamico. Que realmente los Elamitas hayan
llegado a Grecia, es comprobado por la frecuente aparicion del nombre
de los Elimios. Hubo una region llamada °E7wpiu en Arcadia, una segun
da en el Haliakmon superior, lindando con Tesalia; hubo ademas en algu
na parte del norte de Grecia una ciudad de igual nombre, un °E}c6pvtnv
en Eubea, y °E}»vp1d3t0u aparecen como un grupo del Epiro. A ello se
agrega ademas una Eolvpia, en la bahia Thermaica. Con cuanta serie
dad hay que tenet en cuenta los nombres que nos transmiten las tradi
ciones, nos lo Prueba la aparicion de Elimios en Sicilia, indicio de suma
importancia si se los compara con los Elimios de la Grecia. Ello permite
aun la suposicion que nucleos étnicos elamitas se conservaran hasta un
tiempo relativamente tardio en Grecia’, lo que hace prever que pueda
1. Consfnltese sobre los restos lingiilsticos pre-indogerminicos de Iliria y Tracia a N. jon.,
en "Reallexikon der Vorgeschiehte" VI, p. 47 y XIII, p. 297. No puedo aceptar la suposicion
de join., que el sufijo -ma: también en estas lenguas indoeuropeas fuese aetivo en la produc
cron de voces toponimicas.
2. El trabajo que se ocupa in axtmxa de esta cuestion no me es asequible; P. Szox, en "Ar
chiv zu arbansku starinu", etc. I, p. 17.
3. No quisiera tratar aqui a los Taurios y Maiotes de Crimea y del Mar de Azov. Sin em
bargo su nombre, y todo lo que de su cultura nos hs sido transmitido, da la impresion de que
estuviera en conexion con los pueblos del Asia anterior, posiblemente con los Hurro-elamios,
126
ser hallada gran riqueza de nombres de origen elamico. En este sen
tido, excepcion hecha de las evidencias publicadas por Kretschrner,
adn no se ha determinado mucho. Existen grandes dificultades para ase
gurar la presencia de top6nimos que procedan del Elamieo, ya que el an
tiguo Elamieo es poco conocido. Si podra llegarse a ello con la ayuda del
Hfirrico, al cual se le conoce bastante bien, es un poco dudoso, pero no
del todo imposible. E1 Hiirrieo mismo no tuvo probablemente importan
cia en Grecia; como ya lo he mencionado, no tenemos indicios para suponer
que se haya extendido mas alla del Asia anterior. En conexion con esto
quisiera llamar la atencion de los lingiiistas sobre un tipo de toponimos y
étnicos el cual se extiende desde la Mesopotamia hasta Espana y que me
receria una investigacion mas profunda. Me refiero a la siguiente lista
provisional, que indudablemente puede ser muy enriquecida. Elijo el
nombre Kim: como paradigma terminolégico, porque se encuentra dis
perso en toda el area asianica y mediterranea, y tiene estrccha relacion
con la lengua de los Elamitas (Kissios).

NOMBRES DEL TIPO KISSA

(C = crunan, L = Luon, R = aio, T= nina)

Forma: rmcillux Derivacimu _y compvxicivmx

ARRA

°AQgu - L, Syria septentr. °AQQ'r|){_0i - T, Maiotia


'AQQT] - L, Arabia septentr. Arrapa - C, Syria septentr.
'Aggu. - L, Illyriz JAQQGVC. - C, Chersonncsus, Thraeia
Arros - L, Callaeei, Hispania Tar:. Arretium - C, Etruria
Arriaca - C, Carpctani, Hispania Tarr.
Arroni · C, Astures, Hispania Tarr.
ASSA
’Aoou - L, Pisidia ’Aooegng - L, Lyeaonia
'Aqgég (fl) - C, Mysia (Treas) ’Aocrr|cro6g - C, eerea de Miletos, jonia
'Aocog (6) - C y R, Phoeis "Aoowgov - Monte, Samos
"Aoog - C, Creta, Chaleidice 'Hocnoi I - Etnieon de 'Aooog
Assos - L, Epirus .H6Gl0t - T, Loeris ozol.

_ 'Aoodw - C, Bastetani, Hispania Tarr. I ’Aoo·§o;, 'Aooogog


e onia

Asscconia - L, Callacci, Hispania Tarr.


"Aootugog, "Acnmgog - C, Sieuli, Sieilia

euya gran importancia en el Sur de Rusia ya se demuestranen las numerosas partieularid


de influencia matriareal no~indoeuropeas de los Eseitas y Sarrnatas. Existen tambnen rnuehas
relaeioncs lingiiistieas. El nombre de los Taurios habla por si mismo, en el de los Maiotes se
encuentra el de Ma "madre de Dios"; véase la noticia en Plin. VI, 20, segfm laeual la Moum
se llama mrmrunda en Escitico, palabra que siguificaria "madre de los mares (Hnruzuaxsrn, en
PAULY-Wmowa XIV, p. S90).
1. Véase P. Kmrrscnzivmn, en "Glotta" XXVIII, 1940, p. 252.
127
Forma, _,,,,,;[],, Derivacioncr _y camporiciouu

BALLA-PALLA
O5dMu, Balla - C, Macedonia Hullcivtnov - C, Arcadia
06dMu - C, 'I'hracia H<1Mr]v·r| - Demos, Attica
Hdllu - C, Corsica Hulllfyvn - Cabo, Chalcidicc
Buliuvtwoi - Etnicon, Corsica
Palania - C, Corsica
IIuMuv1:io. - C, Vaccaei, Hispania Tarr.
BARRA--PARRA*

Bdgoog - Finca, Samoa Huogaoio. · C, Argolis


Barra - Isla, c. de Brundisium, Italia merid.
Parra - C, nombre antiguo de Comum, Italia
septentr.

BASSA

Bdoon - L, Castellani, Hispania Tarr. I Bucrcuonvol ·T, Colchis


Bassania - C, Illyria merid.
Bassiana - L, Pannonia inf.
Bassiana - L, Pannonia sup?
BELLA-PELLA‘

Pillatu (Pillutu) - C, Assyria (inscr. cuneif.) Pellaeus pagus- Susiana, muy probabl. Pillatu
Pele (= Pillatu?) - C, Susiana (Amm. Marc.) HsM.dv¤., Hullrjvq - C, Arcadia
Hélln - C, judaea I`IéM.uvu(1:d) - L, Mcssenia
Hjlq - Isla, c. dc Smyrna, Tonia Helldvu., I`Is}iH|v‘n - C, Laconia
Héln - C, Thcssalia (dos veccs) Pellena - R, Bruttium
Hélduq =I`IsMdvu - C, Achaia
I`léMu - C, Macedonia
Bella - D, Sardinia
Belli ·T, Ccltibcri, Hisp. Tarr.
BENNA
Bévvu - Phyle, Ephesos Bzvvutbg xékrrog - Bahia en el pals dc los
Bévvu, Bévu, Baivu - C, Thracia Beni, Thracia, o c. de Ephesos?
Beni - T, Thracia

BERRA-PERRA
Hfyqci - C, Pisidia Bsggdblcbiov - L, e. de Mylasa, Caria
Héoqn - C, Syria Bég(g)01u - C, c. de Aleppo, Syria
Béong =Beroe? - Castillo, Thracia Hsggi6uu - Demos, Attica
Bfyqog - C, Thracia I`Icq(g)u1B0£ - T, Thessalia
H€Q(Q)0lG, Bsgéq - C, Macedonia
Beroe - C, Thracia
Berae - C, Moesia
Berense castellum Limicorum - Castillo, Ca
llaccia, Hisp. Tarr.
Brjomvcg - T, Celtiberi 0 Celtae, Hisp. Tarr.
Bcrracus vicus - L, Gallia (Indre-ct-Loire)

1. Muy probablemente es idéntica al espanol 'parra', que segnn W. Mann-Lunn, en


l Roman.~Etym. Woerterbuch", N° 6252, es palabra prermmana.
Z. Buddut L, Arcadia, pertenece naturalmente al griego Bijddul, pidddt que alg- "
I I mfnca "barranc0 aelvatico
3. El origen indoeuropeo cs improbable, a ralz de su dispersion asiatica. Serla posiblc
compararla con gr. 1:éMu 'balde', 'eubo’ (para leche); v. P. Knancnnn, cn "Gl0tta'
128
Fawn: mmllu
D,,;,,“,,,u, J N,-pomwml

PYRRA
H¤g<>@¤ - €· €=r{¤ Pyma - T, Illyria
Sa
tgg; : HUQHVT] - C, Pyrenaei, Hispania Tarr.
Héggu · C, Euboia
Hnigou - C, Phokis
Héggu - C, Thessalia
BILLA
Billis Btlluiog - R, Bithynia Boulwoi - T, Illyria
Boivhg - C, Phocis
Bulb; - C, Elimeia, Macedonia
BvMig, B0v7»Mg - C, Epirus
Billu - C, Marmarica, Africa
DARRA-TARRA
Tdggu. - C, Caucasia Tariana - C, Susiana
Darcs - R, Persia merid. Adguou - L, c. Bagistana, Persia occid.
Augu - Fortaleza, Persia septentr. Tharrana, Tarana - L, Mesopotamia
9ug(g)c6 - Isla, Bahia Persa Augdvwou - C, Armenia Major
Augu - Fortaleza, Mesopotamia Auguvuhig - L, Armenia Major
Tdggu - C, Lydia Auguoog - C, Isauria
Tciggu - C, Creta Gdgvuu - L, Caria
Aciggcu - T, Arabia merid. Tarraeina - C, Etruriaz
Tara - R, Dalmatia Tarabanii - T, Corsica
Tara ·R, c. de Tarentum, Italia rnerid} I Tarantasia, Darantasia - C, Alpes Graiae,
Tuggui, Gdggog, Tarri - C, Sardinia Liguria
Tarus · R, Italia septentr. Tarraco - C, = Terragona, Hispania Tarr.
Gaetuli Darae - T, Africa occid.
Daras · R, Africa occid.

DELLA

Aéillot - Lagos volcanicos, Sicilia Tellenae - C, Latium


Télu ° - C, Vaccaei, Hisp._Tarr. Tellegate - Aldea, c. de Bergomum, Insubri,
Italia sept.
Telonum - L, Tarbelli, Aquitania
Telenum · L, Gallia Lugdun.
DERRA

Aéggng - Cabo, Chalcidice Asggutoi, Aegautoi - T, Thraeia merid.


Aégng - L, Thracia, orilla merid. Derronikon- Ernicon, Thracia (inscr. monet.)
Aéggu, Aéggng - Cabo, Marmarica orient., I Derini, Deretini = Derrii? -T, Illyria
Africa Derriopes - T, Dalmatia, Illyria
Derrii = Deuri? - T, Dalmatia, Illyria

XXX, 1943, p. 171; con gr. néllog, vrékiog, rcsliwog, Hélrmp ‘negruzco‘, voz que segun
Krurrscrmnn, en "Glotta" XI, 1921, p. 277 es probablemente pregriega, pero segun "Gl0tta'
XXVIH, 1940, p. 237 seria incloeuropea; n:éM».u = Mfiog ‘piedra’ (I-Iesych)., tal vez em
parentada con el aleman "Fe1s`
1. Véase P. Knmscnuzn, cn "Glotta" XXX, 1943, p. 106, segiin el cual los nombres
Tara, Tarmrum, etc., serian retotirrenios. Es muy probable que raices de diferente orrgen se
crucen en los nombres de este grupo.
2. N0 he visto el articulo de C. Barnsu, Tarmcirm-Tarraca ¢ alcuni rmmi rapmimi del nua
va Lazio, en "Studi Etruschi" VI, p. 287.
3. Ptolemaios tiene 1"éMu.

129
Forma: rmcillur Derivacimu y compositions:

TISSA

Tlacu - C, Sieilia Tioutov Goo; - Castillo, peninsula Mag-nesia


Tlooog, Ti1:l;0., Tisia - R, Tisza, Dacia
HBLLAI

'Ellu - Paisaje y L, Asia, Pontus Fili? -T, Persia occid:


'EMo. - Hellespontus p`E}. qvcg - T, = Graeci
'Ellriv - C, Cre-ta’ 'Elloancio. - Paisaje, Euboia
'Eltlu - Templo del Zeus cle Dodona °EM.o:n:£u - Paisaje, Dolopia
°EM.0i, Eéllou - T, c. cle Dodona, 'Elloniu - Paisaje, Epirus
°EMtug - Paisaje, Phtiotis Hellana - L, c. Florenza, Etruria
Holt; 'Ellqvsg, Helleni‘- C, T, Hispania
Tarr.

HENNA
Henna, Enna“ - C, Sicilia I °Ew1]10£ - T, c. Miletus, jonia
HYLLA°

'Ylkog, °Ylog, °Y1ug · R, Lydia (dos I 'Ylloéultu - L, Caria n


veces) 'Ykldgnpu (td) - C, Caria
'Ykseg - T, Cydonia, Creta 'YMu¢6g - R, c. Troizenai
'Yllsig · Phyle, Dori (varias veccs)
'YM.o¤. - T, Illyria
ISSA

'Io06g, Icooi - C, Cilieia 'Avuoou - L, en cabo aislado, Lesbos


Issoi - T, Sarmati, teiritorio del Taurus I Isscdones - T, Scythae, Sarmatia magna
'Ioou, Iooug - nombre antiguo de Lesbos
'Icrog - Lugar santo y C, Boiotia
Issa" - Isla, = Lissa, Adria
Issa - C, en una isla, pais de Sabini, Italia
KALLA

Xdln - L, Mesopotamia orient. Knklmvittg, Xuilcnving - Paisaie de Xcilu


Kalcs, Kd.l».A.TIT0l - Puerto y R, Bithynia I Mesopotamia orient.
Kdllug - R, Euboia Kulltuonov - Castillo, Phrygia
Kdlig - Castillo, Illyria Knlliugu (td) - C, Locris
Kdlltutng - C, Scythia Minor, Thracia

1. Este grupo merece especial atencibn, ya que a él pertenece el nombre de los Helenos.
Como cs sabido la derivacién de este gentilicio no esté. aclarada satisfactoriamente. Creo po
sible que se derive de u.na raiz pre-indoeuropea. Deberé verse al mismo tiempo el nombre de °
la diosa griega EM.0Jtig en el articulo de A. Lum: H:llo:·H¢llati:, en "Zeitschrift f. klass.
Phil." XLVI, 1928; el cual no me es ascquible.
2. Segfnn P. Knurracmrn, en "Anzeiger d. Akad. Wiss. Wien Phil. hist. Kl." 1946, p.
93, es, al igual que los demés topénimos con la desineneia -·r|v, de probable formacién pelas
ga (retotirrena).
3. Entresaco este nombre del Manu] (IV) de G. Comnuau, reproducido en la pl. H, mapa
de la antigua Asia anterior segén R. on Mncqunmna, en "Mémoires cle la Delegation en Perse"
XXIX, p. 140.
4. Véase P. Kumcnmut, en "Glotta" XXIV, 1936, p. 220, 234.
5. Como lo prueban los petroglifos, la mejor forma de escribirlo es Henna.
6. La palabra griega Glu], ‘madera', 'maderamen‘ no debe tenerse en cuenu. aqui.
7. Véase también el grupo Liru.
8. Entre los nombres griegos puede servir quizas xukog, ‘hermo•o‘ para la derivaeién.
130
Fmnat untillu
Derivuianu J tmpqntimm

KARRA-GARRA*

Kogan ndaput - L, Persia occident. Carastasei - T, Caueasia


Kuggut - C, Mesopotamia Cataeeni - T, Samniutn, Italia
Carta - C, Arabia, orilla orient. Catacca - L, Catpetani, Hisp. Tart.
Carta - L, Palestina
Carae - C, Celtibeti
Cartuca - L, c. de Munda, Hi.sp. cit.
Carasa - L, Aquitania
Cara - L, Hisp. cit.
Garta - L, Pytenaei, Hisp. Tart.
Gatta - L, Mautetania

KASSA

Ka§§u - T, Persia occid. (inset. cuneif.) | Ktiooiot, Kooooio., Kciomoi = Ka§§u’


Ktiout - L, Cilicia Kdoiog - R, Albania, Caucasia
Kdou - L, Catia Kcionov 6gog - Monte, c. de Seleueia, Svtia I
Kdoog - C, Petsis Kooowitng - R, Thraeia
Ktioog, F; - Isla, Sporades Kocuouou, Kéovgog - Isla, e. de Pantele
Kéoou - C, Oenottia, Italia merid. ria, Italia merid.
Koooo., Cosa - C, orilla dc Ettutia Kuoootig - Manantial, Delphi
Cassa Chetsonnesus - C, boca del Ebro, His- I Kuootimct - C, Molossia, Epitus
pania Tart. Kuocnovtulu · Paisaje, Epirus
Caspiana - Paisaje, Lusitania
Kécotov, Koootciw, Cossio - Vasates, Aqui
tania

KILLA°

Killa. - C, Lydia K nlldviov neoiov - Llauuta, Phtygia


Killa - C, Troas K1illuv8og - L, Catia
Kiillor., Killsau - L, Attica Killuiog · R, e. Killa, Troas
Kvllfyvn - L, Aiolis, Asia Minot
Kvllhvn - Puerto, Elis
Kvllflvr] · Montana, Arcadia

1. Se trata aqui de uu grupo de nombtes que meteciera ya rnuchas vcces la ateneién;


compatese con G. ALEIO, Ln but indmmpm K4r(r), G¤r(r}a, 'pietm', en "Studi Etruschi’
IX, 1935, p. 133; X, 1936, p. 175; W. Munn-Lumu, eu "Roman Etym. Woettetbuch" N° 1673
b. Muchas veces se hace también la comparacién con carau-, asi como apatece eu Kuguouciyxog
690; los "Karawankeu" de hoy en dia, y que suele aparecet ftecuentement: en toponimicos
espaiioles (comparese con R. Msunubuz Pmlr., en Ampuriax II, 1940, p. 10). Kiuuu piensa aqui
en una palabta ilirica, pero lo uno no excluye lo otto, ya que el Ilirico estaba impregnado de
palabras asisiuicas. Eu nuestra lista apatecen en forma senalada siempre nombtes iliricos (jun
to a ttacids) como emparentados con los asianicos.
2. Wmssacn en PAULY-WIQOWA XI, p. 1499 habla en contra de la telacién entre Kartu,
Conaci y los Caspios y los Elarnios, la cual habia sido sustentada por G. Huasmo. Pero hoy
ya patece ser reconocida easi totalmeute. B. Hnozmr en su comparacion con la antigua hanuta
oriental, Kusu patece no haber encontrado amigos eu ninguna parte.
3. La glosa xillog "asno que eabalga" no sigue aqui muy lejos. Bonus, en PAULY-WIS
sowl X.I, p. 391 juzga a estos nombtes de otigen ptegriego. A. Fxcx, I’ar_grie:bi.r:b¢ Orrmamm
93, considera a Kyllene, a pesar del griego otvllig cutvo, como pregnego, en taz6u del Ky
llaudos cario.

131
pmml _,m;jl[,;_; Derivucimu J compariciomx

KISSA
Cissi montes - Montafnas, Caucasia Kwosgoi':0a’ · Isla, Caria
Klooa - R, Colehis Ktootout - L, Lydia
Kiooot, Klootoi - T, = Elymi Cissianti - T, Maiotia
Kiooot-T, Pontus, Susiana, orilla orient. I -K•.oooGoa - Manantial, c. de Haliartos,
Kiooog, Kiooag — R, misma region Boiotia
Kioooug, Cissus - L, jonia, Asia Minor I Cissimbria - C, Celtici, Hisp. Baer.
Knooog - R, Lydia
Kiooa - Manantial, c. de Mantinea, Arcadia
Ktcoég, Ktttog - C y montaiia, Thessalia
Kiooég - R. Phrourion, Thracia
Klooa - C, Chersonnesus, Thracia
Kioou, Cissa, Gissa - Isla, Histria, Adria
Cissa, Gissis- C, nombre antiguo de Tarra
gona, Hisp. Tarr.
Ccsse - muy probable la misma (inscr. monet.)
Ciési - T, Mauretania, orilla oricnt.
KORRA

Kogou - L, Armenia Mayor


KIRRA-KYRRA
Kigga, Kniggu - Puerto, Phocis
Kéggog - C, Bottiaia, Boiotia
LESSA

Aioou - L, Argolis Lesora - Monte, c. de Nimes, Gall. Narb.


Lesis saltus- Aemilia, Italia septentr. I Lesura*‘ - R, tributario del Mosela
Aiwa -L, Sieilia Aéuongu, Adccigu - R, Hispania, orilla
orient.

Asovgég - C, I-Iispania, orilla orient.


Lassunni - T, Aquitania
LISSA
Alcoa, Aiooat - L, Asia Minor, merid.
occid.
Avooév 590; - Montana, Lydia
Alocru, Aiooog - C, Creta
Atcr0‘hv‘ - Cabo, Creta
Lissac - C, Thracia
Lissus - R, Thracia
Lissus - C, Dalmatia
Lissa‘ - Isla, Dalmatia
Lissos - R, Sicilia

1. Los toponimos griegos pertenecen posiblemente a gr. xiocog ‘hiedra', xioon ‘arren
dajo', pero la mayoria de los mismos es sin duda de origen asianico. En cambio se puede com
parar muy bien con la glosa caria yioou 'grava', 'casquiio' (la cual segnin P. Knxrtcnun
esté tal vez emparentada con la palabra alemana Kiu, 'casquijo'). La madre dc Memnon, le
gendario rey y fundador de Susa, lleva el nombrc Kissia (scgfnn Esquilo).
2. Segfm W. Bnawnnurrnm, en P.4¤ur-Wmowa, Suppl. VI, p. 171 es un nombre cario;
Bunncuunn, en PAULY·WIB|0WA XI, p. $18 atrae mas al gr. xlooeqog "piedra pémez"
3. Segfm PAULY·WIHOWA XII, p. 2638, es llgur con refercncia a Lesora, ctc.
4. Compares: p. 130 nota 2.
5. Sobre las relaciones exisrentes entre 1::1, hoy en italiano Lina, en eslavo Vi: y Liu;

132
Fanru: mnrillar
Deriwcienn j w»p,;;¢-5,,,,

MALLA
MdA·(A-)0§ - C, Cilicia MdAA.¤6u L Arabia orilla 0 ' ` v » FICHE
· - .gL}iEtia
. . . %gi‘:€,1?{?}?-L,.Pmdm
. M°m)°`° `C’ P°"h“°b“°· T"°"“““
Mti7.}.u - C, Creta
ad Mallias - L, c. de Nicotéra, Italia merid.

MASSA
Massa Vecernensis · L, Etrutia Maooufidtcu - T, Elymaia, Persia
Massa - R, Libya. occident.
Muoouyémn - T, Scyrhae Sarmatia magna
Muo‘(o)u¢vu.og - Montana, Lycia
Masanovada - C, Caria
Muoooliug - R, Creta
Muoouliu - C = Marseille, Gall. Narb.
Muouiovlioi - T, Africa occident.
NURRAI

Ndigo. - Castillo, Cappadocia


Nurta, Nura, Nota - L, Sardinia (tres veces)
Nura - Isla. = Menorca, Baleares

NISSA-NYSSA2
Nvoou, Nuou - C, Cappadocia
Nivou - C, Scythopolis, Palestina
Nico. - C, Caria.
Niou. - C, Boeotia (Homeros)
Niccog - C, Chalcidice

SALLA°

Zola - C, Armenia Major Zdlucg, Salluvii - T, Liguria


Edlot, td - C, Phrygia 0 Lydia Saluie - C, = Saldubia = Zaragossa, Hisp.
Salla, Sala - L, Pannonia Tarr. (inscr. monet.)
Sala - L, Hisp. Baet. turma Salluitana - Soldados romanos de la
Sala - L, Mauretania, orilla occident. region de Saluie (inscr. de Ascoli)
SARRA

Ecigog - R, Asia Minor merid. orient. | Etigtoi - C, Catia


Ecigog - Isla, c. de Carpathos
Satona - Isla, Liburnia
Satrum - C, Aquitania, Santoni
Sarra- C, Vazitani, Byzacena, Africa

hoy en italiano Em, en eslavo Iz se ocupa P. Sxox, Zum inrula-Problem, en "Glotta" XXV,
1936, p. 217. Seguin él, Issa aparece solo en tiempo postromano en la forma Lissa, por lo eual
pudiera pensarse que L es aqui un articulo romano. Lissa en la costa dalmata (cerca de Zara)
es por el contrario anterior, por lo cual la L no puede ser aqui un articulo. Sxox para Lissa
piensa en un Ina con prefijo ilirico 0 preilirico. La caida de la L en Lina, Era, Iz la considera
Sxox como u.na confusion con el articulo italiano.
1. Véase A. Scuutrrzu, en "Klio", I, 1930, p. 42I.
_ _ l _ _ 2. Los toponimos Nyuor, N_y:.r¤, ligados con el mito.de Qiomsos estan ormtidos.
V 3. A veces aqui puede atraerse la raiz indoeuropea contenida-en la palabra griega ul,
Iat. ml, 'sal'

133
Forma: rmcillar Deriwciemu _y comparicipmr

SELLA

Zéllug, Eélug, Aélug -R, c. Apameia Esllaoiu


I Ezluov - L, Pamphylia
- C, Laconia
Eéllu, Eélug - R, Messenia
Sellus — Monte, Hisp., orilla orient. Eellnttxfl - Paisaie, Thracia, orilla orient.
Selli - L, Pictones, Gallia Sellium - L, Lusitania

SIRRA-SERRA

Serri - T, Caueasia Zeqgsbdvuov Goo; - Cabo, Sardi


donia
_ Serrorum montes - Montana, Moesia
SILLA

Zilla. - R, Parthia Eilluov - C, Pamphylia


Eilu.’ - Montana, Bruttium Eilluov, Eilleiov - C, Phrygia
Zilluog - L, c. Smyrna, jonia
SINNA

Eiwu - C, Mesopotamia (dos veces) | Eivvuxu (1H)- regi6n montanpsa, Mesopota


Zwvi - Castillo, Phoenicia mia

Pagus Sinnensis - Paisaje, c. Velleia, Italia


Sinnius - L y R, Italia septentr.

Los nombres dc esta lista estén rclacionadcs tauto por sus caractercs
fonéticos como por su formacion morfologica. De seguro no proceden todos
de una misma capa lingiiistica antigua. Contienen probablemente clemen
tos semiticos, libicos e indoeuropeos. Por cierto corresponden en general
a la misma capa asianica y en particular al grupo hurro-elamico. Los
nombres gentilicios elamicos estzin formados sobre el mismo molde: Kursu,
Lullu, El/i, Halle, Hurru. También sc encuentran muchos nombres topo
nimicos de la misma especie hacia el Este del Asia anterior, desde la Su
siana hasta el Caucaso; se los puede incluir sin duda en el tronco lingiiistico
hurro-elamico. Asi quiza pueda explicarse que un nombre como Parrlmibai
sea un simple Permi— con el sufijo del plural elamico. En favor de ello ha
bla el earacter arcaizante de los Perrhaiboi, conocido ya por los Griegos,
yel haber sido sfxbditos de los Tesalios.
A raiz de todo ello una de las tareas principales de la futura investigacion
lingiiistico-etnogonica del Sudestc curopeo ser:1 la de separar el material
lingiiistico hurro-elamico del lélego-khatico, para prescindir, al menos
para esta region, del ambiguo concepto de "asianico" ‘. Esto puede lo
1. Véase también el grupo Holla.
2. {Lat.: rilvu?
3. Un elemento espeelficamente egeo, tal cual lo postula W. Biuunaurrniu, en Pauur
Wmowa, l. c., no lo hubo nunca; véase cl comentario eritico de]. Fxusmucn, en "Indogerma
machen jahrbuch" XX, 1936, p. 324. Brandenstein por una parte no ve el elemento burro
134
grarse unicamente paso a paso, y esta condicionado en gran parte al ade
lanto de la investigation de las lenguas en el territorio nuclear del Asia
anterior. Hay ademés una circunstancia que pesa y dificulta mucho. Kret—
schmer ha establecido en sus ultimas investigaciones ‘ un nuevo tronco
lingiiistico, al cual designa con el nombre de rata-rirrma. Incluye en este
tronco el Pelasgico, el Tirreno, el Etrusco y el Rético. Segun él se trata
de un grupo cercano a las lenguas indoeuropeas, que debc ponerse en co
nexion arqueologica con el circulo de cultu.ra danubiano. A pesar de las
objeciones de W. Schmidt ’, me parece muy sostenible esta teoria. Por
mcdio dc ella se subsanan, entre otras cosas, las dificultades que reinaban
cn la cuestion etrusca. No cabe duda que el Etrusco contienc cicrtos cle
mentos que estén en alguna relacion con el Indoeuropeo, pero no son ele
mentos de préstamo (Lebngut), ni verdadcramente indoeuropeos. Esto lo
ha demostrado Kretschmer con éxito, hasta la evidencia. Por lo cual no
aparecen justificadas las posiciones dc aquellos investigadores que han
dado nucvos honores a la antigua concepcion que los Etruscos fuesen
Indoeuropeos, y tampoco 1a que los incluye en los pueblos asiénicos.
Los Etruscos ocupan mas bien una position intermedia entre los dos gru
pos, del mismo modo que el circulo dc cu.ltura danubiano se encuentra si
tuado entre el nordico-indoeuropeo y el egco, recibiendo las influencias
dc ambas partcs. A pesar de ello, tampoco cs conveniente pensar con Kret
schmer en una unidad lingiiistica "protoindoeuropea" de la cual habrian
surgido por division el Indoéutopeo y el Reto—ti1·reno. Debe pensarse mas
bien que, al igual que cn las lenguas indoeutopcas particulares, cxiste en
los grandes grupos lingiiisticos del mundo antiguo una correspondencia
encadcnada. Cada eslabon esta enlazado al otro, no ya cn el puro sentido
lineal, sino también en sentido radial. Los determinismos geograficos, asi
como la evidencia de que todas las grandes familias lingiiisticas del mun
do antiguo dcbcn tener en comun ciertos subrmzta genéticos (lo que en la
actualidad es ciertamente més demostrable por los medios arqueologicos
que por los lingiiisticos), no permiten otra posibilidad logica.
Con esto nos hemos `colocado en cl tcrrcno de la arqueologia, que en
Grecia puede enconttat concordancia con los resultados de la lingiiistica,
y que ademas permite llegar a nuevas conclusiones. Hay en el Egeo dos
culturas que llegan hasta el IV milenio. Una es el Neolitico cretense, y la
clamico en el Egeo y por la otra parte arribuye al Egeo caracteristicas lingdisticas que son
dc origen reto-tirrenas, como por cjemplo la aspiracion de las tenues.
1. P. Kmrrscuusn, Di: vorgriecbirclzm Sprucb- und Valkrrcbicbtm, en "Glotta", XXVIII,
1940I lxg
2lVifnnggznuxnr, Raum unl Vxlker in Vargucbicbtr und Gucb
Luzcrn, 1946.

135
otra el llamado Neolitico tesalico, que mas exactamente se denominaria
griego continental. El Neolitico cretense 10 conocemos sobre todo por
Cnossos, en donde la mitad del cnorme conjunto de capas (mas o menos
7 m) pertenece a la pura edad de piedra. Se trata pues de una secuencia
Ia cual es substituida alrededor del 2600 por la cultura minoica temprana.
Es posible calcular, aproximadamente, cl comienzo del Neolitico cretense;
la potencia de las capas demuestra que se lo debe colocar mucho antes del
3000. Sobre el origen del Neolitico cretense se ha discutido mucho. Quien,
como yo, ha tenido la oportunidad de cotejar la ceramica negra de Cnossos
con la de Tell jedeideh, al Norte de Siria, no vacilara un momento en re
conocer la conexion de ambas culturas. Hay ademas otras relaciones con
Siria. Si nosotros tcnemos derecho de calificar la cultura del Noroeste de
Siria de aquel tiempo como semitica, debe haber sido semitica también
la mas antigua poblacion cretense. No es dc esperar que esta capa antigua
pueda ser esclarecida lingiiisticamcnte, ya que la ocupacion posterior fué
dcmasiado intensiva y ademas debe contcntarse con una pequena inmigra
ci6n semita en tiempos del mayor auge del comercio fenicio. Separar los
dos periodos por medio de nombres seria muy dificil. Naturalmente la de
rivation que se hacia del caudal de nombres griegos y cretenses del Semi
tico cn el siglo x1x, ha sido superada.
El Ncolitico continental griego, llamado por mi "taurico occideutal"
(wcsttaurixcb) comienza ya en la primera etapa (cultura de Scsklo) con cier
tos indicios de mezcla. En el Norte de Grecia, en los tumulos habitados,
aparece una cerémica primitiva torpemente adornada por presién e inci
siones de las ufias, la cual cs posiblemente la mas antigua, pero también
suele aparecer mas’ta1·de. Ella nos senala una corriente a través de Italia
originada en el Africa libica 1. Esta serie antigua probablemente no tiene
gran importancia etnogonica. Tal vez contemporanea con ella aparece una
hermosa ceramica roja pulida, quizés anterior a la pintada. Estas cuestio
nes cronolégicas lamentablemente no se dejau precisar. En todo caso, la
ceramica pintada juega un rol preponderantc en la evolucion del Neolitico
griego, y su conexién con la cerémica pintada del grupo "taurico oriental"
(wtmurixcb) es tan verosimil, que nos parece no muy aventurado ver en
ella el equivalente arqueolégico de la migration elamica. Esta ultima debe
fecharse por las razoncs mencionadas en la segundaimitad del IV milenio.
No es posible atribuir origen elamico a otros complejos griegos posteriores,
1. Comparese L. B. Bun, Oli xcavi della Cawmu delle Arm: Candid:. Parte I, eu "Coll.
di monogr. preist. ed arch. Ist. Studi Liguri", Bordighera, 1946, p. 257 ff. N. Vnmm, Da:
udriurixcbe Gabier in der Var- and Fruebbmnzezeir, en "Lunds Universitets Arsskrift" XXXV,
1939. coloca esta ceramica en una cultura 'adriatica`, que en cse scntido nunca existi6. Ante
todo no puede decirse que la ceramica proviene del Norte, como pretende Valmin.
136
cuyas ctapas culturales y arqueologicas son muy conocidas. Como los
Elamios debcn haber venido a través del Asia menor —sobrc cuyo escaso
testimonio arqueologico ya hemos hablado— es muy posible que arras
trasen elementos étnicos lélego-khéticos. La ceramica rojo-pulida y a
veces ncgra, abundante en la Grecia neolitica confirma esa suposicion.
Como en el Asia anterior, asi también en Grecia la ceramica pintada se
divide en numerosos grupos estilisticos locales. En un estilo de la segunda
etapa (alrededor del 2600), que es denominado Dimini por el lugar del
hallazgo principal, en Tesalia, se presenta un nuevo motivo ornamental
de ganchos en espiral. Ellos muestran una cierta, aunque pequeiia, influen
cia del circulo cultural danubiano, al cual le es caracteristico el motivo
ornamental en espiral y el meandrico 1. Kretschmer ve en ello sefiales
de una inmigracion pelasgica, que puede reconocerse para Tesalia aun en
tiempos historicos 2
Es de-suma importancia etnogonica, el que la cerémica pintada se ha
ya presentado con una técnica perfecta y con formas ciertamente venidas
del Sud, en la region que va de ·Nis’ (Bubanj, etc.) hasta el Danubio cerca
de Belgrado (Vinca y Staroevo), no mucho mas tarde que cn Grecia; esta
ceramica debe haber sido traida por el mismo elemento étnico, aqui como
en Grecia i*
La cultura de Staroevo, la cual aun no conocemos debidamente, debio
ser de extraordinaria importancia para toda la evolucion cultural neolitica
de Europa central y del Norte. Ella transmitio alrededor del 3000 gran
des influencias de la cultura elamica en toda la region danubiana. Por este
medio tal vez esta region por primera vez recibio la cultura neolitica; esto
es, la cultura de aldea (Dajkultur) neolitica se ha constituido en ella por
efecto de esas influencias orientales. La ceramica pintada se difundio desde
aqui hasta Bohemia y Moravia a menudo con técnica fina y otras veces
algo tosca. Por otra parte la decoracion de meandros y espirales, creacion
principal del circulo de cultura danubiano, emigro hacia el Sud, donde
fructifico abundantemente en las Cicladas y en especial en Creta: un fuerte
argumento para la teoria pelasgica de Kretschmer. Si es verdad que pare
jas de nombres como Tauru:-Taucm son debidas a una transmision del Asia
1. Esa influencia del circulo danubiano en el Egeo la destaco, principalmente F. Matz
ultimamenre en la obra, Da: mu: Bild der Antik: I, 1942, p. 13 ff.
2. Pero Kretschmer va demasiado lejos, cuando considera a la poblacion de la cultura
de Dimini como pelasga. La influencia danubiana se restringe finicamente a ciertos ellementos
del esrilo ornamental. Debe tcnerse aqui en cuenta, que la espiral conrmua, al contrario de las
Cicladas y dc Crera, no se ha impuesto cn la cultura. de Dimini.
i I 3. V. Fnwxss, H. Gommau, R. W. Emucn, Excavations at 5`tartzua, en "American School
of Prehistoric Reasearch", Bull. IX, 1913, p. 33; V. Fnwxas, l. c. XII, 1936, p. 19; A. Onssicn- "
Snavnncn, Bubmj, cn "Mirreilungen d. Praeh. Komm. d. Akad. d. Wiss. Wien, IV, 1940, p. 1.
137
a Europa, podemos contar con la posibilidad que fuesen efecto de esta
corriente elamica, sin excluir del todo introducciones mas tardias. La cul
tura de la ceramica pintada comenzé a declinar lentamente en Grecia des
pués del 2500. Con mayor tenacidad se mantuvo en algunas partes del
Norte de Grecia y Macedonia, quizas no por azar en las mismas regiones
donde en tiempos histéricos se hallaron fuertes reminiscencias de la cul
tura preindoeuropea.
La causa de este acontecimiento fué una nueva inmigracién, proceden
te del Asia menor. Se trata de la ya mencionada Scbnabalkanncnkultur, co
munmente llamada cultura egeo-anatélica o simplemente egea. Se nos pre
senta en una serie de subgrupos, de los cuales el anatolio occidental es el
mas anriguo, bien conocido en I-Iissarlik (Troya) y Thermi en Lesbos.
Se inicia qujza ya alrededor del 2800. Del subgrupo cicladico temprano no
sabemos mucho. Ricamente desarrollada fué la cultura minoica temprana
en Creta, la que rapidamenre seha de convertir en una cultura de ciudad
(5`mdtkulrur}. Su comienzo no puede ser anterior del 2600. Mis tardio aun
es el comienzo de la cultura heladica en el continente, y tal vez al mismo
tiempo comenzé el subgrupo macedénico. Fueron khatianos los portado
res de esras distintas variantes de la cultura egea, cuyas singularidades
estaban condicionadas en parte por el distinto Jubrtratum y en parte por
las disrintas vecindades, pero también por diferencias dentro de las nuevas
capas de inmigrantes. Ya se ha dicho que en la misma Asia menor se dis
tinguen tres grupos principales de cultura khfntica.
La inundacién del Egeo vino especialmente por parte del grupo del
Oeste, pero también tuvo una importante intervencién del grupo central.
Si nosotros designamos a esta migracién con el nombre de los Lélegos,
no hacemos mas que generalizar una pequeia parre del movimiento, dan
do el nombre de una tribu, casualmente conocido en las fuentes. En todo
caso erau Lélego-khaticos, los cuales posteriormente fueron durante mu
cho tiempo el elemento étnico decisivo en el Egeo, hasta que a partir del
1800 fueron rechazados paso a paso por los Protogriegos. Asi como en el
IV milenio los Elamios habian arrastrado elementos khéticos, también
los Lélegos pudieron arrastrar en el III al elemento clamico que habia que
dado en el Asia menor, y quiza también al hfrrrico, si éste ya habia avan
zado lo suficiente en aquel entonces hacia el Oeste. Con toda certeza la
influencia cultural hfirrica debe haberse puesto en contacto con la pobla
ci6n khatica del Asia menor muy tempranamente, y ejercido mas tarde
una gran influencia también en el Egeo, Pues la misma esta impregnada
de elementos culturales hurricos, especialmente en la esfera religiosa. No es
nada simple hacer la division de bienes culturales, sociales y espirituales
138
de ambas grandes etnias asianicas. Asi aun hoy, por ejcrnplo, no podemos
decir si el derecho matriarcal preindoeuropco del Egeo fuese caracteristico
de uno 0 de otro, 0 de ambos. Creo probable 10 ultimo, pero pudo haber
formas diversas del derecho matriarcal.
Ya en 1925 reconoci que la llamada cultura dc Vinca no era de origen
danubiano, sino egea. Investigaciones aun inéditas de V. Milojcic, el ma
yor conocedor de estos problemas, han confirmado mi conception. La cul
tura de Vinéa Ib se caracteriza en especial por u.na ceramica lisa pulida,
muchas veces negra acanalada la que también suele aparecer en Grecia
y Macedonia, justamente antes de la aparicion de la tipica Scbnabelkanm.
Parece que se tfzta de la irradiacién de un grupo especial de Asia menor.
En la etapa posterior aparecen en todo e1N0rdeste balcanico, hasta pro
fundamente en Rumania, 5'cbnubclkumun degeneradas y otras formas cgeas,
cn especial el Scblaucbkrug (arkas), manifiestamente originada por la in
fluencia cultural egea, pero en concxion con la ceramica del circulo danu
biano. La cultura dc Sveti Kirillovo, la cual ha podido reconocerse cn va
rias partes del Sud de Bulgaria, ya debe ser designada como egea, tan cscasa
es aqui la contribucion danubiana; la cultura de Veselinovo que le sigue
y cac alrededor del 2000,11eva las mismas caracteristicas. Lo que se encuen
tra en elementos lingiiisticos lélego-khaticos cn el Norte de la Balcania
debe ser puesto indudablemente en conexion con estas culturas.
Asi podemos decir, en resumen, que en la Grecia continental, prescin
diendo quizas de elementos africanos antiguos, el pueblo elamico ha juga
do un rol principal, posiblemente con influencias lélego-khaticas, antes y
después del 3000. En Creta, por el contrario, debe colocarse quizas en pri
mer término una capa semitica. Elamios y Semitas del Egeo fueron domi
nados luego por la gran migracion lélega que comienza alrededor del 2500.
Esta también abarc6 todo el Norte de la peninsula Balcanica. Pero debe
suponerse que en Grecia se han conservado largo tiempo restos elamicos.
En Creta no se puede contar con una mayor influencia elamica, aun cuan
do haya sido arrastrado algo con la ola lélega. En las Cicladas resalta en
especial la lélega hasta donde llega nuestro actual conocimiento. Pero
cs posible que investigaciones lingiiisticas y arqueolégicas posteriores des
cubran mas tarde la presencia de elementos elamicos. Al parecer en mu
chos lugares se han introducido astillas reto-tirrenas, antes de los Indo
europeos; pero aun es convenient: cierta reserva en este problema. Los
Pelasgos y los Tirrenos no deben ser considerados asianicos, si Kretschmer
tiene razén, en lo que concierne a su primer origen.

139
IV

SICILIA, PENINSULA APENINICA, LIGURIA

E1 movimiento de los pueblos del Asia anterior hacia el Oeste de ma


nera alguna se detuvo en la peninsula balcanica. Si tornamos nuestra vis
ta hacia Italia, obtenemos prontamente el testimonio de la presencia de
Elamios en Sicilia. Ella refuerza naturalmente también nuestra concep
cion referente a Grecia. Los Griegos se encontraron al colonizar la isla
con un pueblo, en el Noroeste, al cual diferenciaron netamente de los Si
canos y Siculos. Lo llamaban Elimios, °'E}wp101‘. Debieron haber averi
guado el nombre de los Elimios de ellos mismos, puesto que en aquel en
tonces no habia seguramente en Grecia quien pudiera establecer la conexién
con los viejos Elamitas, es decir Elimiqs, de la lejana Susiana de Persia.
Sin embargo aun se recordaba que este extraiio pueblo siciliano era ori
ginario de Asia. Ello surge de las tradiciones que se tejeqvalrededor de
los Elimios. Con el correr de los tiempos fué olvidado ciertamente cual
era su verdadero origen, y como era costumbre en aquel entonces, se los
puso en relacién con la caida de Troya y de los Frigios. Nosotros empero
podemos demostrar sin lugar a dudas, por medio de la investigacion lin
giiistica, su filiacion elamica. Las colonias elamicas mas importantes que
aun existian durante la colonizacion griega fueron las ciudades de Entella,
Eryx y Segesta. De la ultima existen monedas acuiiadas tempranamente, las
cuales muestran de un lado inscripciomes como EFEETAION, y del otro
EEFEZTAZIB, EEFEETAZIBEMI. Se trata indudablemente de la ins
cripcion griega y nativa, respectivamente, en el anverso y el reverso de la mo
neda. La inscripcion elimica durante mucho tiempo fué un enigma, ya que
no se sabia qué hacer con las terminaciones en -ib e -ibemi,· por lo cual tam
bién se ensayo leerlas de otra manera. Hoy sabemos que se trata de sufijos
elamicosz. Ello demuestra que los habitantes de Segesta hablaban aun ela
mico en el 500 a. de]. C. En conexién con esto es de observar que'Ammianus
Marcellinus (19,2) conoce una tribu de Persia, Segextuni, hecho pasado
por alto hasta ahora. Hay también en gran cantidad otros materiales
lingiiisticos que nos conducen en la misma direccién y nos demuestran
ante todo una mayor dispersion elamica en Sicilia. Vayan aqui solamente
un par de ejemplos. Al Oeste de la isla se halla situada la ciudad de

1. Compares: con Hununu, en Pauur-Wmowa V, p. 2467 Elymi; F. Dum: en "Reallexi·


lcon der Vorgeschichte" XII, p. 123 y ademas las exposiciones de Kiurrscuusu en "Glotta"
XIV, 1925, p. 301.
2. El sufijo elamico -rru, del cual se trata aqui seguramente, sirve para la designacion de
obietos. 5`zgmwgibemj siguifiearia entonces ‘el pals de los de Segesta'.
140
A1}.1$f$q y el cabo Athiftlunov, en los cuales volvemos a encontrar el nom
bre de los Lullubi, a quienes ya habiamos conocido como tribu norela
mica de los montes de Zagros. El nombre de Eryx se presenta dos veces
mas en Sicilia; como nombre de ciudad Egnlm] cerca de Gela en el Sud
de Sicilia y como nombre de rio Egtiung. Cmzurip.1, en la Sicilia central,
pareceria contener el plural sufijo elamico. Deberan recordarse aqui tam
bién los nombres del tipo de Kino, los cuales no son nada raros en Sicilia,
como Henna, Tina, Della. El extrafio y arcaico culto de los dioses Pali
cos de Henna, puede muy bien relacionarse con el Asia anterior. Estos
testimonios lingiiisticos son valiosamente complementados por la noticia
de Hellanikos, segun el cual los Elimios fueron ahuyentados de la Italia
meridional por los Enotros (Omarri), como primero de los pueblos que
llegaron de Italia a Sicilia. En todo caso hoy es imposible hacer venit a
los Elimios de la Liguria, como pretendian Nissen y Schulten. Ciertamen
te hay intimas conexiones entre los Elimios y los Ligures, pero ellas corren
de Sud a Norte y no al revés, como ya veremos mas adelante. El historia
dor de Sicilia, Filisto, llama Ligios a los inmigrados conducidos por Sike
los, hijo de Italo, los cuales habrian huido de Italia bajo la presion de
los Umbros y Pelasgos. Se ve que este autor opina mas 0 menos como
Hellanikos, y unicamente llama Ligios a los Elimios. Nosotros veremos
mas adelante que los Elimios y Ligios, ambos pueblos del Asia anterior,
han emigrado posiblemente juntos, y por ello ya no nos sorprendera esta
confusion. La cronologia de los autores antiguos evidencia, como puede
comprenderse, una confusion irrernediable. Ellos no tuvieron idea de la
antigiiedad y secuencia de las migraciones, au.n cuando poseian de las
mismas muy buenas tradiciones, por lo cual construyeron, en parte lle
vados por miras politicas (también en aquel entonces se discutia quién
habia estado en un lugar por primera vez), un cuadro historico que en
tremezclaba lo falso a lo verdadero. Max Mayer ya ha establecido con
aproximacion el orden referente al Sud de Italial. Basandose en el casi
legendario pueblo de los Mogyqteg (también Morgenes) y en su rey Mor
ges, deduce que los Morgetes no son otra cosa que los Elimios del Sud
de Italia. La expulsion de los Morgetes de la Italia meridional y su pa
saje a Sicilia, se ha comprobado por intermedio de la investigacion topo
nimica. En el Bruttium hubo una ciudad llamada Morgention, Morgentia,
otra también en el Este de Sicilia, Morgentia, Morgantine; si Morgyna,
igualmente situada en Sicilia, puede identificarse con las anteriores, ya
es imposible comprobarlo. En todos estos casos se trata de lugares pre
1. Max Mann, Malfetra und Maura, Leipzig, 1924 y Die Mvrgctm en "Kli0" XXI, 1927,
p. 288; ademas su articulo Margctu, en PAu1.Y-W1ssowA Supl. VI, p. 530
141
historicos desaparecidos, los cuales son mencionados por Esteban de Bi
zancio, quien hace fundar al rey Morges la ciudad de Galarina en Sicilia.
Mayer ademés seiiala la relacion entre el nombre de Morgetes con Amor
gos, la conocida isla egea, sin saber nada de la 4 mobile del Khzitico. Aludio
ademés a una figura legendaria cretense, Morgos, y a una glosa de Hesy
chios, segon la cual uogymov significa 'parra'. El a mobil: sefialaria que
el tronco marg- es mzis bien de origen lélego-khatico. Con la fijacion co
menzada ya en el Asia anterior y acentuada en el Egeo, entre los Elamios,
Elimiosqy los Lélego-Khatianos, existe sin duda la posibilidad que una
raiz lélega se presente en la lengua elimica. En general, es dificil distin
guir uno del otro a los dos grandes grupos asianicos, en la porcion occi
dental de su dispersionl.
En sus consideraciones, Mayer, trac a la luz un segundo pueblo des
aparecido, los Amineos, =A1.llVGIOl.;SCgl1H Arisroteles han inmigrado a
Italia desde Tesalia, lo cual nos hace sospechar que fuesen preindoeuro
peos. Una region de Apulia se llama, segon una glosa de Hesychios, Ami
naia. El vinum Aminamm era famoso entre los Romanos. A raiz del testi
monio aristotélico, ya no se puede sostener la opinion que el pueblo ami
naico —como se dijo’— se habia inventado onicamente para honrar ese
vino. Podria piesumirse, mas bien, que esta corriente asianica trajese con
sigo a Italia la viticultura. Una investigacion mas exacta podra encon
trar, quizas, en Italia un mayor nomero de estos restos étnicos. Recuerdo
aqui al pueblo de Asili, nombrado fmicamente por Silius Italicus, al cual
E. v. Norden designa como de origen preindoeuropeoa, y ante _todo a
ciertos muy extraiios nombres de las ciudades primitivas del Lacio, men
cionados por Dionisio de Halikarnassos. A un nombre toponimico como
Tiora Matiene debe prestarse toda la atencion, y me parece que seiala
directamente hacia el Asia anterior. Bajo ningun concepto comparto la
opinion que Dionisio de Halikarnassos haya inventado estas cosas. A la
luz de los ultimos conocimientos, su prehistoria de Italia adquiere un
mayor interés y debe scr revisada nuevamente con vistas a su contenido
historico.

Debemos plantearnos ahora la pregunta si en el Sud de Italia, en Si


cilia y en las demés islas del mar Tirreno pueden comprobarse historica
1. Los nombres que aparecen en el Oeste de Europa terrninados en -mu se pueden atribuir
en parte al elemenro lélego. Existen sin embargo tarnbién otras probabilidades, ante todo la
adoption secundaria de este sufijo por los Griegos. Con respecto a Sicilia se puede pensar t3.1Il
bién que nombres como éstos pertenecen a la époea minoica tardia, puesto que, segnfm testimo
mos cle la leyenda y la arqueologia, la Sicilia sufrio una invasion cretense (el rey Minos pare
ce haber muerto en Sicilia).
2. Hununw, en Paumr-Wissowa I, p. 1835.
3. E. vou Noqnnw, Alt-Gmnaniu, Leipzig, 1934.
142
0 linguisticamentc elementos étnicos africanos. Algunos autores an
sefialaron a los Sicanos como poblacion autoctona de la isla. Asi lo hizo
Timaios, quien objcta la teoria de Filisto y Eforo, segun la cual los Si
canos fueron Iberos. Algo parecido afirma Tucidides, siguiendo a An
tioco de Siracusa, segun el cual los Sicanos eran originarios de la regio
del rio Sicanus en el Sudeste de Espana, y fueron ahuyentados de al
los Ligios. Esta idea hay que tomarla conmucha precaucion, ya que fué
ciertamente influida por motivos politicosl. Si realmente los Sicanos hu
biesen venido deEspai'1a, se habria tratado por cierto de un
.que, como refugiados, no p0d1an adquirir la importancia que seguramente
tuvieron en cierta época. Tampoco se habria llamado a la isla, en la pri
mera mencion de la Odisea, con el nombre Emuviq. Sea como fuere, lo
seguro es que en Sicilia existe una serie de nombres toponimicos que son
de mas 0 menos clara filiacion hamitica. Schulten los ha reunido en Nu
mantia I. Estan muy dispersos por toda la isla. Esto excluye una fuerte
inmigracion de elementos hamiticos en tiempos postneoliticos. Por otra
parte, las noticias cle los antiguos no dejan lugar a dudas sobre la gran
antigiiedad de los Sicanos, enemigos a muerte de los Sicu1os*. La afirma
cion de Diodoro, segfm la cual los Sicanos han poscido alguna vez toda
la isla, uede ser mu bicn cierta. La Sicilia tuvo ues una blacion afri- Y
cana, hamitica occidental 0 rotolibicas. ue la misma fué mas anti a Su
que la elimica, se puede comprobar unicamente por via arqueolégica.
En lo referente a Cerdeiia Cérce a, los hechos son mu seme`antes‘. Y Y
Hay nombres africanos, aun cuando escasos; mas una tardia inmigracion
africana es aqui aun memos probable que en Sicilia.
Uno de los pueblos primitivos de Italia son los Ligures, acerca de los
cuales la disputa no tiene fin. Pero me parece que en la actualidad el pro
blema puede ser clarificado ampliamente. Lo que se dice por los historia
dores acerca de su aspecto y ser, nos indica —sin lugar a dudas— que en

1. Comparese con R. MBNENDBZ y Pnmwo, en "Ampurias" II, 1940,p. 8.


. 2. La semejanza de nombres en arnbos pueblos parece ser una easualidad. No se excluye
sin embargo la posibilidad de que ambos nombres hayan `temdo una raiz comun de origen asia
nico. En favor de ello habla su ausencia en Europa media, mientras que la encontramos en la
Balcania y varias veces en Grecia (Emsldu, Eimvog). Frcx, Vorgriecbirrbe Ortmmm considera
a Eimvog como pregricgo.
_ _ _ 3. Evito la expresién ‘libio' para estos ticmpos tempranos. Lapresenciade los Libioslno
. puede comprobarse antes del final del II milenio a. de_].C., por medio de mscripcioues egipcias.
'La extension de su nombre a toda la poblacién hamitica occidental en el Norte de Africa fué
realizada por los escritores greeon-ornanos. De por si los Lrbios no fuer-on_mas que una deilas
tribus hamirjcas occidentales, aun euando probablemente lalde mayor importancia; quizas
el nftcleo rector de una gran unidad politica en el Este del Aafrica del Norte. Sm embargo pue
de llamarse Protolibios a los Hamitas oeeidentales prehistbricos.
l U _ 4. M. L. Waomsn. Ueber die vorrimiulrm Bumndttilz de: 5`vrdurbm, en Archivum Ro
manicum" XV, 1931, p. 207.

143
ellos habia mucho de preindoeuropeo. Culturalmente no muestran rasgos
indoeuropeos, ni en tiempos tardios. El escaso material lingiiistico, en
especial los nombres toponimicos y de personas, dejan reconocer impor
tantes componentes indoeuropeas en la lengua de los Ligures. Parecen ser
de origen véneto-noriliricol, pero a su vez debe tenerse en cuenta —natu—
ralmenre—- también el Italico (gUmbro?, gAmbronico?’), y en particular
medida el Celta.
La cuestion es saber si estas correlaciones permiten, 0 no, considerar
al Ligur rardio como lengua indoeuropea independiente. Esto lo podemos
dejar aqui en suspenso, ya que no nos interesan los Ligures del I milcnio,
sino los del III, es decir, los Ligures anteriores a la penetracion indoeuro
pea. Con el fin de obtener cierta claridad terminologica, podemos llamar
a los mismos, Protoligures. Eran un pueblo mixto, compuesto de elemen
ros protolibicos y elamicos. No olvidemos que en todas partes donde se
presentan los Elamios en Occidente, puede existir también un contingente
lélego—khatico. Adcmas se debe pensar aca en una contribucion del ele
mento rético, puesto que los Retos son los vecinos del Este inmediatos
a los Ligures. La delimitacion fronteriza entre ambos pueblos no dcbc
haber sido siempre muy facil ya en la época romana, especialmente
después de la superposicion de los celtas. Como hcmos visto, Krctschmer
ha reunido en un nuevo tronco lingiiistico, radicado en la region danu
biana, a los Retos, Pelasgos, Tirrenos y Etruscos, a los cuales habra que
agregar también a los Eugancos, la semilegendaria poblacion primitiva
de la Venetia, que se encucntra en estrecha relacion con los Retos. Nos
otros no queremos trabajar con este complejo de problemas. Si Kretsch
mer estuviese en lo cierto, los Retos y todos sus parientes no serian ya
pueblos originarios del Asia anterior, sino Europeos, aun cuando iniluidos
por Asianicos, como ya se seiialara mas arriba.
Schulten en Numanria I, ha intentado dar e1 testimonio lingiiistico
para demostrar la existcncia de un elcmento hamitico occidental en el
Protoligur, por inrermedio de la confrontacion de algunas concordancias
ligur-africanas: los resultados son escasosi'. Mas claras son las relaciones
con el Asia anterior, aun cuando sc hayan investigado insuficientemente.
1. Esro ha qucrido demostrarlo P. Kiurrncnun, Du vorgriecbircbm Sprncb- und Valkmbirb
rm, en "Glorta" XXX, 1943 dando asi un valioso complemenro a la obra de J. Poxomsnr, Zur
Urgutbicbte der Kzltm und Ilbrrier, en "Zeirschrift f. celt. Philol". XX, 1935-36 p. 315 Y 489 Y
XXI, 1938, p. $5. Pokorny no hace la separation entre Ilirios del Norte y del Sud, es decir
entre los verdaderos llirios que poseen una lengua mum y los Ilirios del Norte, que a la par
de los Véneros deben contarse en el grupo hmmm.
.2. Compares: con R. Mnwaumzz PIDAL, 5`abra cl rubxtrata mediterrdma orimrnl, en "Am· "
puriasIl, 1940, p. 1},
3. Véase también W. Oni., Liguxtiu en "Zcitschrift f. Orts¤amc¤forschu¤g"
144
Varios aurores, sin embargo, han recordado a menudo que los nombre;
de las tres ciudades elimicas de Sicilia, vuclven a encontrarse en Liguria
El rio Evtéllu en Liguria (sun hoy dia asi llamado cn Sestri) se lo encuen
tra escrito en las fuentes también °Evtd}Ju1 y°'Av1:aMu, nombres en los cua
les no se trata de transcripciones erréneas, ya que las diversas formas son
debidas probablemente a u.n sonido intermedio entre a y a; cornpérense
con "Eysctu, Afyectu, Segesta en` Sicilia; Ailcxpiicu junto a Eldptoa. El
nombre de ciudad °'EgvE se encuentra en Liguria en forma igual o en la
otra °Eg15m], Erucus. Segesta es la boy llamada Sestri. En la Gallia Lug
dunensis tenemos ademas a Aquae Segeste. El nombre aparece también
bajo la forma Zsysowrmvj en el Este de Pannonia. Ello no nos puede sor
prender si recordamos lo que se ba dicho sobre la influencia cultural
elamica en la region danubiana. La Gallia Narbonensis tienc un Mor
ginum.
La ruta que los Elimios han scguido en su migracién, los habré lleva
do seguramente a través de Cerdefna y Corcega. El nombre de la isla, Cer
denia, Ectgocb, se vuelve a encontrar como nombre de rio en el Asia menor
junto a di Zcxgoeig, el viejo Sardes de la Lidia; E¤.g5·q0cr6g, una ciudad
de la Misia, Z0zg5f|vn, una montana de la Misia, etc. Los nombres Sordi,
Sordones también escrito Sardones, seguramente ligures, pueden agregar
se a la lista, ademas del nombre de los Sardiates iliricos en Dalmacia. La
Cerdeiia nos brinda una serie de topénimos que coinciden con los del
Asia anterior; entre otros también los del tipo de Kissa. Lo mismo sucede
en Cércega. Pero no nos detengamos en ello, y seialemos unicamente que
el nombre de u”iK0gcm<.ailol1evan algunas pequeiias islas situadas en el
Egeo, entre las de Mynos, Leros y Kalymnos.
Finalmente debemos ocuparnos del nombre de los Ligmu, Ligurer, en
griego Aiyvsg. En el ejército de jerjes encontramos este nombre sefnalan
do una tribu del Asia menor junto a los Mariandynos, Matienos y Sirios.
El mismo nombre se presenta otra vez cn la Kolchis y es puesto en relacion
con los Leki—Lesgios*, identificacién que me parece algo dudosa. La
raiz Ligu- se presenta también en Grecia: Avyuuiliom] en la Achaia Phthi
otis, Ligynae en Tesalia. Exceptuando a los Caucasistas, se ha tomado
sonriendo estas semejanzas de nombres, interpretandolas a menudo como
meras casualidades, lo cual pudo ser a veces. gSera tarnbién exacta esta
interpretacion cuando, en un caso como el nuestro, se multiplican las coin
cidencias?Todos los nombres de los pueblos importantes de la Europa occi
dental —E1imi0s, Ligures, Iberos, Vascos- los volvemos a encontrar en

1. Seunmu-Nsnuuo, en "keallexikon d. indogcrm. Altertumskunde" I, p. 590.

145
el Caucaso y en el Zagros como nombres de tribu; muchos `otros nombres
de tribus del Mediterraneo occidental y central los encontramos en topo
nimicos del Asia anterior, y viceversa (sea aqui también mencionado el
nombre de los ligures Taurinos), y todo esto gsera debido a una simple
casualidad? Nos parece completamente imposible a raiz de los testimonios
historicos, lingiiisticos y arqueologicos que poseemos referentes a la mi
gracion elimica a Sicilia.
Debemos tener en cuenta una circunstancia que ya ha sido tocada va
rias veces. En la migracion de pueblos asiénicos hacia el Oeste durante
el IV yiIII milenio, no se ha tratado unicamente de los Elamitas, sino que
fue un proceso mucho mas complejo: fué toda una gran migracion, de la
cual participaron muchos pueblos y tribus. Si es acertada nuestra concep
cion, de que en Asia menor y Grecia ha tenido lugar una cierta mezcla
de etnias hurro-elamicas y lélego-khéticas, debemos contar también con
que en los grupos que migraron hacia el Oeste, se hablaron idibmas que
bajo ningun aspecto eran idénticos. La averiguacion realigada indicaria,
en general, que los Elamitas, en el sentido mas amplio de la palabra, fue
ron los que estuvieron mayormente rcprescntados. Sin embargo, ya ellos
mismos poseian diferenciaciones dialectales, y a ellas debenagregatse las
influencias lélego-khaticas. Esto explica sin mas el enredo existentc, en
el terreno lingiiistico, en el Oeste del Mediterréneo, confusion que fué
aumentada por intercalaciones del rubxtratum africano. Podria pensarse
igualmcnte que, si en esta mjgracion intervino la tribu de los Ligios (no
importa si su origen fué elamico 0 khatico), los Ligios que aparecen en
Italia meridional y en Espafia no deben tener necesariamente su origcn en
la Liguria, y pueden ser muy bien ramas separadas del tronco general.
Igual cosa sucede por ejemplo, con los Boii de la llanura del P0, que no
se destacaron de los Boii de Bohemia, sino vinieron de modo independien
te, desde Francia. En consecuencia, no podemos aceptar la idea de los
investigadores que sustentan que cn las fuentes sobre Espana, la trans
ctipcion de Ligyes y Ligusticus debe ser mirada como erronea e interpre
tada por Libyes y Libusticusl. Tampoco resulta aceptable la teoria de

1. _]. Poxoumr, en "Reallexikon der Vorgcschichte" VI, p. 1 y A. Bn·r¤¤1.0·r, Lu Li


guru, cn "Rev. arch.", 1933. Ambos parecen no haberse dado cucnta de que el adjetivo para
Libyes, suena 7L1Buxog como era de esperar. De Liguru, Liguu: pudo formarsc Liguxrimu, mien
tras que de Libya no, ya que no existen una forma en *Libur¢r. Por lo que hasta ahora he visto,
solamente pudo dernostrarse la existeucia del adjetivo Libunimu y es u.ua tardia Epiklesis de
Apollo en el cabo Pachyuos situado en la punta Sud de Sicilia. En este caso no debe suponersc
una transcription erronea de Ligustinus, sino que sc trata probablemente de una formacion
analoga. Los AtBu01:Iv01 en la Kolchis podran ser puestos en conexion con los Libui, Libici,
Azbéuiot de Liguria, aun cuando aqui no pareciera tan irnposible la transcription erronea
de Atyvcrtlvot.

146
Schulteu y otros, que consideraron a los Ligures como a la poblacion pri
mitiva de toda Espafia. Lo mismo vale para Italia.
Analogamente a lo que hizo Brandenstein para el Mediterraneo orien
tal, postulando un elemento egeo que no existe, también para el Oeste
hay la tendencia, partiendo desde Italia y Francia, a imaginar una capa
primitiva 'mediterranea'. Se establecen asi raices de palabras como KAL,
las que se someten a las modificaciones mas inverosimiles por medio del
cambio de consonantes en las raices, las cuales son reemplazadas por otras,
estableciéndose asi bases de igual valor, como Kor, Gal, Gor, Q4! (Kwai),
Qor (Kwor), Gwal, Gwar, Yol, Yor y también Al y Ar, a causa de la caida
de la consonante inicial. Por geminacion se producen entonces Kama, Gorm;
afiadiendo sufijos, para lo cual sirven todas las consonantes oclusivas,
también algunas continuas como w, m, n, y (no sé por qué no también las
otras), se producen derivaciones como Alb-, Arm-, Kolp-, Karp-, Korb, Golp-,
Golb-, etc. Puede caerse también la vocal radical y agregarse el sufijo a
las formas Kl-, Kr-, Gl-, Gr-, con la ayuda de una vocal de union, encon
trandonos asi repentinamente frente a un Kl-Ap, Kl-Ab, naturalmente tam
bién un Kl-App y un Kl-Abb. Gl y Gr pueden cambiarse en L y R, asi que
KAL y KAR suenan finalmente L-op(p), R-op(p), L-on, R-xml. Con ele
mentos tan imaginarios se trata. de resolver los modernos toponimos y
ciertamente en contra de toda sana metodica, sin consultar —lo que es
PCO1'* la historia evolutiva de cada nombrez. Para estos investigadores
no existen las leyes normales del sonido. En lugar de ellas construyen una
armazén metodica que en la realidad es puro arbitrio. Las fuentes de esta
tendencia descaminada son variadas. Nosotros no necesitamos tratarlas
mas de cerca. Sea destacada unicamente aquélla que descansa en el propo
sito de construir un equivalente lingiiistico para la raza mediterranea.
Este intento no vale mas que el otro de querer reservar un determinado
tronco lingiiistico para la raza nordica, puesto que el origen de la raza
mediterranea como el de la nordica, se situa en un espacio de tiempo que
no nos es asequible historico-lingiiisticamente. jQuién sabe si alguna vez
podra lograrse la identificacion lingiiistica de esas capas! Para ello deberan
tomarse otros caminos que los que acabamos de objetar. Ante todo debe
1. De todos estos glosemas un solo grupo tiene realidad, y son las formaciones como
KA.R.R.A, GARRA. Facilmente se puede ver que van juuto a los toponimos del tipo de Kissa.
Con esto se ve ante todo que son palabras elamieas. Su historia evolutiva debera descansar en
un periodo lingiiistico al cual boy todavia no se ha llegado.
P 2. El extremo ejemplo, de donde he entresacado algunos casos, lo ha dado P. Poucm
A propos do "KAL", Etude do roponommtque Pr!-Indoeuropimnc, en Anales del Instituto de
Lingiiistica" IH, Mendoza, 1945. Ya que la ciencia y los circulos cientificos de la peninsula
ibérica y de Iberoamériea. no se han eontagiado de estos errores, manteniéndose libres de
ellos, quisiera advertirles de esta obra expresamente.
147
ser claro para los investigadores participantes, que los pueblos que pre
eedieron inmediatamente a los Indoeuropeos en el Mediterraneo no cons
tituyen una masa étnica vaga e indeterminada a la cual pueda colocarse
cerca del Paleolitico y al comienzo de la diferenciacion lingiiistica del
Hama mrapum:. Sus lenguas, en cambio, evidcncian la clara diferencia
cion que es propia de pueblos en un alto estado de cultura, aun cuando
separados de la region de partida, y retornados en cierta medida a un cs
tado de rudeza. Se trata de Semitas, Hamitas, Elamios y Lélegos y tribus
emparentadas. Uma investigacion metodica puede partir unicamente de es
tas individualidades étnicas. Cuando sepamos alguna vez lo suficiente de
las dos ultimas en sus relaciones con las dos primeras, entonces obtendre
mos como resultado que ya no es necesaria la suposicion de un elemento
lingiiistico mediterréneo, sino que hay que suponer solamente una` mayor
antigiiedad historico—lingiiistica del grupo 'asianico’. Partiendo de aqui
podremos intentar dar al*gunos pasos en aquella obscuridad que emmelve
la evolucion de las lenguas del tronco racial blanco. ,
La temprana edad de piedra de Italia, que comienza en la primera
mitad del III milenio, esta en sus comicnzos iutimamente ligada con la
evolucion cultural del occidente europeo, y ésta a su vez con el Norte de
Africa. Esto lo sustenté hace tiempol y hoy ya nadie lo discute. Asi po
demos hablar de un circulo cultural del Oeste europeo en el Neolitico, en
un mismo sentido que cuando hablabamos del circulo cultural danubiano,
0 del nordico. Se trata de las tres grandes culturas agricolas del Neolitico
curopeo. Los paralelos llegan aun mas lejos. La cultura danubiana, como
hemos visto mas arriba, ha sido grandemente fecundada por los arcaicos
centros asianicos dc progreso cultural, y quizas rccién despertada por los
mismos. El Oeste europeo, en cambio, depende mayormente de la segunda
region de progresos culturales, el Egipto’. El mismo significado, que debe
adscribirse al mundo egeo para los paises danubianos, 10 tiene Africa del
Norte con respecto a las regiones mediterraneas occidcntales y atlanticas:
el de mediador de las influencias culturalcs; con la diferencia que sabcmos
mucho menos del Neolitico del Africa del Norte, que lo que sabemos acer
ca de Asia menor y Grecia. Naturalmente, no puede haber dudas que las
varias regiones situadas entre el valle del N ilo y el océano Atlantico fuesen
ocupadas por distintos grupos culturales, aun cuando de cercano paren
1. M. l-lommns-O. Mnrnum, Urgucbicbre der bildmdm Kumr, 3* edicion, Viena, 1925,
p. 704; O. Muuomu, Weltgurbirbte der Sreinzeit, Vicna, 1931, p. 38.
2. O. Munoum, Di: curapuzirrbm Bzzicbungm der Kultur von Mzrimdz-Bmiralamr, en "An·
zciger d. Alcad. d. Wis:. Wien" LXVII, 1930, Di: vualitlrixrhc Anrizdlimg von Merimde-Bmixr
Iam: und ibn Bedummg fuer Jia Entwicklrmg dn Nmlitbikum in lVut¢:¢rap¤, en "Proceedings of the
1, Intern. Congr. of Prch. and Protohist. Sciences". (London, 1932), Oxford, 1934.
148
tesco. A causa de ello las irradiaciones hacia el Sud europeo no han sido
todas iguales. Italia recibio impulsos culturales especialmente desde la
region de Tl/IDCZ. El Neolitico siciliano y el de la Italia meridional comicn
zan con formas que cstan en intima conexion con la cultura de Rcdeyef,
de Tfmez. La cultura de Redeyef se caracteriza por una ceramica que en
lineas gencrales es bastante primitiva; no esta pintada, pero sustenta una
abundante decoracion incisa de diversas formas, lineas curvas cn zig-zag,
impresioncs a presion del borde de valvas, etc. Lo mismo se encuentra en
la Italia media, la Liguria y en la region de la desembocadura del Roclano,
como lo demuestran las recientes investigaciones de Breal. El material
encontrado cn la cueva de Arene Candide es espccialmente valioso, ya que
existe una estratigrafia inobjetable. La ceramica de incision descansa aqui
inmediatamente sobre el Mesolitico.
El testimonio arqueologico establece, fuera de dudas, que la ‘neoliti
zacion' de Italia ha procedido dc Africa, es decir, de la etnia hamitica oc
cidental, a pesar del escaso testimonio lingiiistico referente a tal origen.
Quedan de este modo justificadas ciertas noticias de los antiguos, como
por ejemplo la referente a Sicilia, cuyos Sicanos deben ser ligados proba
blemente con aquella cultura. Ya mas tarde es imposible averiguar arqueo
logicamente inmigraciones proveuientes del Africa en Italia y las islas.
Luego sigue en Italia un periodo de maxtima influencia del Este. Ella
proviene cle dos fuentes distintas. Una fué la mas arriba mencionada cul
tura de Dimini en Grecia, en la cual se combinan el antiguo estilo pintado
con formas meandricas y en cspiral. Ceramica de este tipo fué también
encontrada en Leucade y transportada de alli a la islas Trémiti en la costa
italiana del Adriatico, como lo atestiguan los resultados de las excaga
ciones. La misma actuo como estimulante en la Italia meridional, en la
cual durante cierto tiempo se produce al lado de la antigua ceramica in
cisa, una rica ceramica pintada, adornada escasamente com elementos en
cspiral. Desde la Italia meridional la pintura se ha trasladado a Sicilia,
en donde se produce su incorporacion a la cultura Stentinello. Es, pues,
la clara expresion cultural de una migracion de pueblos, es decir, de los
Elimios, y respectivamente los Morgetes, Ligios, etc.
Esta migration esta muy bien testimoniada historica y lingiiisticamen
te, pero no datada. Por intermedio de la arqueologia se podra ahora de
terminar también la edad de esa migracion. Considerando que la cultura
de Dimini desaparece alrededor del 2500 a. de]. C., ya en cse tiempo habria
comenzado la invasion de Italia. También aqui, como en todas las migra
1. L. B. Brun, Gli mwi vullu Cawnw dell: Arm: Candida. Parte I (Oollezione di monogra
fic preistoriche ed archeol., ed. dall' Istituto di Studi Liguri), Bordighera, 1946, p. 257 y sig.
149
tiones de pueblos, no debemos tontar ton un solo avante, sino ton una
serie de olas de las tuales partitiparon distintos grupos. La tultu.ra Sten
tinello fué entontrada esentialmente en el Norte de la isla. Hay, sin embar
go, también teramita pintada en otras partes de Sitilia, espetialmcnte en
el Este]. Trefontane posee una teramita tritroma que retuerda fuertemen
te la de Dimini. El grupo de Calafarini es mas reciente que el de Stenti—
nello y atusa aun estasa pintura roja. Alrededor del 1900 florcte una vez
mas la teramita pintada en la tultura de Castelluccio. Esta tultura posce
tiertas relationes espetiales ton el mundo egeo, como por ejemplo obje
tos de adorno en hueso semcjantes a los de Troya. Pero no treo que esas
relationes hagan probable la suposition de una inmigration propia del
Egeo en este tiempo, sino que se trata simplemente de tontatto cultural.
Seguramente debc ser tonsiderada como una tultura dc protedencia asia
nita. La designation de{Qrsi, tomo tultura situla I debe ser dcsestimada
si sc quiere ver en los Situlos a un pueblo italito, 0 indoeuropeo en general,
lo que es lo mas probable. La tultura de Castelluccio no tiéne un taratter
europeo-central, ni indoeuropeo.
La lingiiistita y la arqueologia, como se ha visto, demuestran que hu
bo un tiempo en el tual la isla de Sitilia estaba inundada dc Asiénitos.
Con respecto a Cerdciia y aun mas a Cortega es aon hoy imposible esta
bleter sufitientes equivalentes arqueologitos para la determination lin
giiistita de la ola asianita, porque es todavia insufitiente la investigation.
En tambio, hay datos abundantes para la Liguria, y en menor numero
para las islas Lipari. En la tueva de Arene Candide se ha cntontrado
material teramito de Stentinello; ademas, se presenta aqui una alfareria
pintada, para la tual Brea entuentra unitamente paralclos en el Egeo’.
Una segunda fuente de influentias orientales, ton refcrentia a Italia,
la tonstituyen los paises danubianos. La gran tultura danubiana ejertio
su influentia, naturalmente, sobre la Italia septentrional y sobre la zona
adriatita de la Italia central. La mas antigua tultura apeninita es segun
Breaa en gran parte dependiente del subgrupo danubiano que floretio
en Eslavonia, Bosnia y Scrvia (Butmir, Vinoa II, ctt.)*. Decoration en
espiral, tcramita pintada y adorno personal dc Spaudylur, etc., lo confir
man ton toda evidentia. En la Venetia y cn la Emilia las tonditiones tro
nologitas aun no han sido atlaradas totalmcnte. También aqui, empero,
paretc que estamos frente al tomicnzo dc una fuciu dc la Europa ottidcn
_ 1. Sobre el Neolitico dc Sicilia compares: C. e I. Cnici, en "Reallexikon der Vorgcs
chichze" XII, p. 188.
2. L. B. Bun, l. t., p. 296 y sig.
3. L. B. Bun, I. t., p. 284 y 299 sig.
4. Honnmu-Mnuonw, l. c., p. 786.
tal, y la corriente de cultura danubiana debt haber llcgado mas tarde.
Vino a través de Istria y Carintia. junto a otros elementos, el hacha tipi
ca dc la cultura danubiana, el llamado Scbubleirrenkcil esta muy bien rc
prcsentada en la Emilia. Vasijas con orificios cuadrados, cuyo origcn pa
rece ser de Hungria, son abundantes desde Venecia hacia el Oeste y ca
racterizan la capa de ceramica pintada de Arcne Candide. De igual origen
son las pintaderas, tan abundantes en las cuevas ligures. En Liguria se
han enconrrado, no solo culturas de procedencia africana, europea occi
dental y asianica, sino también danubiana. Las relaciones peculiares entre
los Ligurcs por una parte y los Retos y Euganeos por la otra, quedan asi
bien explicadas. Rcsulta ademas atestiguada la afirmacion hecha desde
tan largo tiempo por Dionisio de Halikarnassés, y tan poco tenida en
cuenta, segun la cual los Pelasgos han tenido en Italia septentrional un
papel muy importante. Estos Pelasgos son idénticos a los Euganeos y a
los Retosl.

Durante el tiempo entre el 2000 y el 1800 a. de]. C. pueden averiguarse


en Italia las primeras influencias de la cultura nordica, 0 indoeuxopea.
En este lugar no necesitamos ocuparnos de ella. Debemos en cambio ocu
parnos de la presencia de la cultura del vaso campaniforme en Italia. Pues
ésta proviene de Espafia y, como veremos mas adelante, esta en intima
relacion con las manifestaciones culturales de la peninsula ibérica depen
dientes del Asia anterior. Se han clasificado hasta ahora cuatro grupos
de la cultura del vaso campaniforme en Italia: una en el Oeste de Sicilia
(grupo de Villafrati), otra en Cerdefia (con los dos subgrupos de Sassari
y Cagliari), una en la costa de Toscana (Cueva A1l'Onda) y la ultima
cerca de Verona (grupo Remedello) en la Italia septentrional. E1 modo
como se presenta la cu.ltu.ta del vaso campaniforme en Italia, en peque
1"ias areas aisladas, habla de una difusién realizada de manera muy irregu
lar. Diremos sobre esto algo mas, cuando hablemos sobre la peninsula
ibérica. Aqui debe sefialarse fmicamente la posibilidad de relacionar la
presencia de los vasos campaniformes en Sicilia con la afirmacién de Tu
cidides, segén la cual los Sicanos eran originarios de Espaiia. Podria ha
berse tratado de un acontecimiento secundario, por ejemplo de un com
bate entre tribus parientes. Puesto que en el 2000 a. de _]. C., los Ligios
(Protoligures) estalpan en el Sudeste de Espafia, debieron poseer también
la cultura del vaso campaniforme. He seiialado, mas arriba, que la noticia
1. Muchos investigadores ya no consideran, como lo hiciera Livio y Iotros, a los Retos
como fugitivos de origen etrusco; a raiz del analisis moderno de sus incripciones se los con
sider: descendientes de una capa mucho mas antigua, segfu: Kretschmer también en la Italia
septenrrional, como en el Egeo. Por lo demas lo uno no quita lo otro. Los Euganeos pueden
ser de riempos neoliticos; los Retos, en parte por lo menos, pueden ser mas tardios.
151
de Tucidides debe tomarse con destonfianza. Los demas grupos dc las to
lonias de esta cultura en Italia, con exception quiza de la de Cerdeiia, eran
demasiado exiguos para ocasionar una influentia mas duradera en la ve
cindad, aun cuando debio tratarse de una capa tonquistadora y enérgica.
Ella deja en la cultura italiana continental escasa huella (contrariamente
a la Europa central, en la cual se advierte la influencia del vaso campa
niforme hasta la temprana edad de bronte). Laviosa-Zambotti tree por
cierto que la cultura de Polada de la temprana edad de bronce en cl Vé
neto procede de la cultura Remedellol. En todo caso la prescncia de los
vasos campaniformes en distintas partes de Italia nos muestra las com
plicationes ton las cuales hay que contar.
Merece también arention la cultura de Lagozza, la cual en Arene Can
dide sigue a la capa influida por la egeo-danubiana. Se puede decir que
ella representa a la cultura neolitica tardia de Liguria, tanto en tierra
francesa como en la italiana. En el estado tardio, ya declinante, pudiera
aim representar también la temprana edad de bronte de esa region. La
viosa-Zambotti ha demostrado que esta cultura se entuentra en conexion
con la cultura de Cortaillod de los mas antiguos palafitos suizos, con el
Neolitito de las cuevas frantesas del Sud y con la cultura francesa central
de Camp-de-Chasseyz, es decir, que posee esencialmente un caracter eu
ropeo occidental. Sc habria producido, en consecuencia, una reaction con
tra el desborde egeo-danubiano. Si es dcbido unicamente a las relaciones
culturales, 0 bien a una nucva inmigracion, itodavia no puedo discrimi
narlo. La interpretation lingiiistita de estos hechos es aim imposible. En
todo caso, los testimonios lingiiisticos demuestran que no han sido bo
rrados los elementos asianicos. Por otra parte, la extraordinaria superpo
sicion indoeuropea sufrida por los Protoligures desde cl final de la edad
de bronce, hace sumamente dificultosa toda clarification de los hechos.
La peninsula apeninita, la Liguria y las islas del mar Tirreno han te
nido en sus principios _SCgll1D testimonian las fuentes— una poblacion
que ha vcnido desde Africa, y que por lo tanto era de origen hamitico ot
cidental. Alrededor del 2500 se le sobrepuso una ola de inmigrantes asia
nitos, entre los cuales jugaban un rol principal los Elimios y los Ligios.
Es posible que el camino empleado los llevara a través de la Italia meri

1. Pu LAviosA-Zaunorri, L; pii antirbr culture agricola europa, p. $0; La Jtaxiaru li Loan


ml Trmfinu r lama imporrarqa in rappvrta alla prcirtoria atuiua, cn "Arch. per l'Alt0 Adigc"
XXXVII, 1942, p. 39].
Z. P. Lavxosa-Zaunorrr, [4 uramica di Layqa e la civiltd palafitticala iraliana, en "Bull.
di Palemol. ital" III, 19j9, p. 61, IV, 1940, p. 83; Civiltd palafitticala lombarda a civiltl di Go
larércacnggliv.
bi arch. dell'anriea tina e dioeesi di Como" 19§9; com
152
dional, Sicilia, Cerdeiia, Corcega y Liguria, pero es muy probable
hayan existido conexiones inmediatas entre Sicilia y Liguria. Una mas
tardia migracion proveniente del Africa no se puede reconocer, pero
en cambio una de Espana; para la Liguria una de Francia o de la region
de los palafitos. En Sicilia el elemento elimico se ha conservado bastante
puro y pudo quiza por ello llegar hasta el periodo historico; en el resto
de Italia se ha mezclado con el africano, creando nuevas etnias, las cuales
han sucumbido todas bajo el diluvio indoeuropeo, con excepci6n de los
Protoligures, que sobrevivieron por lo menos parcialmente en los Ligures
historicos.

ESPANA

Con excepcién de los caucasistas, no hubo durante largo tiempo quien


dudara del origen africano de los Iberos, es decir de los pueblos surgidos
del gran grupo europoide de los Hamitas occidentales. Mientras la iden
tidad de nombres con los Iberos caucasicos fué estimada una casualidad,
se di6 mayor fuerza al hecho que existiera en Mauretania una tribu, los
Nektiberos, cuyo nombre contenia el mismo elemento. Los caucasistas ex
plicaban esta circunstancia diciendo que probablemente también el Africa
del Norte habia sido influida por las lenguas caucasicas, suposicién que
va tomando mas y mas arraigo. Ya Huebner expreso la hipotesis que pu
dieron haber ido Iberos de Espaiia al Africal; este parecer lo comparte
Trombetti, cuyas intuiciones eran generalmente mejores que sus demos
traciones. Trombetti habla explicitamente de una capa vasco-caucasica 0
ibero-eaucasica. Sostuvo ademas que los elementos hamiticos eontenidos
en el Vasco son mas cercanos al Hamitico oriental (Kushitico), que al
Hamitico occidentalz, basandose ante todo en las investigaciones de Schu
chardt°. Por su parte Gomez Moreno opina que, si en realidad existc en
Espaiia y Africa una capa comun que. pueda atribuirse al Ibérico, ella de
ningun modo es hamitica (libica)‘. Mas tatde Zyhlarz, uno de los mejo
res conocedores de las lenguas hamiticas, ha encontrado- en el analisis

1. E. Hunmu, Monumenta lingua: Ibericae 118, Berlin, 1893.


2. A. Tnoussrrr, L: origini della lingua bums, 1925.
3. H. SCHUCEARD'1', Zur metbvdircbm Erforrcbung der Spracbvenvandrrcbnfr (Nubirtb usd Bvi
kinb), en "Rev. intem. de. Et. Basques" VI, 1912, p. 267 y Bmkircb-bumirircbe Wortvergleklumyn,
l. c. VII, 1913, p. 289.
_ _ 4. M. Gémzz Monuuo, Sobre la: Ibero: _y iu [mgm, en "Homenaje ofrecido a Menéndez
Pidal" IH, 1929, p. 494.
153
de inscripciones ibéricas, que ellas indudablemente no pertenecen a lengua
alguna libica; mas no se atreve a decir, ya que desconoce las lenguas cau
césicasl. Tovar cree sin embargo poder oponerse en parte al punto de vis
ta de Zyhlarz. Cuando éste dice, con respecto a la lengua vasca, que esti
fuertemente iberizada, es decir llena de palabras hamiticas y africanas cn
general, se ve claramente que cousidera a la lengua ibérica como u.na len
gua hamiticai'. Lo mismo acontece con Pokorny, el cual define al Vasco
como lengua mixta caucaso-ibérica, originada por el hecho que los Iberos
(hamiticos) vencieron a la anterior poblacion (caucasica), imponiéndole en
gran parte su idioma“. Veremos mais tarde que lo cierto es justamente al revés.
Las vacilaciones existentes en la investigacion lingiiistica reference a
la cuestién de los Iberos, se engendran del hecho que los unos ven en ellos
una conexion africo-libica, mientras la misma es puesta en duda por los
otros, que creen mas probable una conexién con los pueblos del Caucaso.
Si esta ultima concepcién no ha logrado mayor consistencia, se debe a
varias razones. Primera, el conocimiento incompleto del ibérico, deplo
rado ya por Tovar, hecho que en parte puede ser mitigado recurriendo a
la investigacién toponimica; segunda, la dificultad de colocar a los Iberos
y a los Caucasicos en conexion histérica. Nadie, en efecto, ha logrado
imaginar de qué modo y cuando pudieron haber venido a Espana o al Sud
de Francia pueblos emparentados con los Caucasicos. Bosch-Gimpera, cuyo
mérito en la investigacién prehistorica no puede tener mengua alguna,
ha tomado en sus investigaciones etnog6nicas‘ referentes a los Iberos y
Vascos una posicién que no podia favorccer la solucién del problema.
En oposicion a su parecer existen suficientes motivos, tanto historicos
como lingiiisticos y arqueolégicos, quizés también antropologicos, que
atestiguan una inmigracién hacia el Oeste de Europa de pueblos proce
dentes del Asia anterior (caucasicos 0 asianicos).
Estas posibilidades volveremos a examinarlas paso a paso. Ya habia—
mos visto que los Elamios, mezclados con otras tribus, habian llegado
hasta Sicilia y Liguria. Estos hechos comprobados histérica, lingiiistica
y arqueolégicamente con toda evidencia, ya no hacen aparecer tan enig
matica la llegada de elementos del Asia anterior a la peninsula ibérica.
Ciertamente por via historica ya no se puede averiguar mas, pero quiza
se pueda encontrar algo histérico rastreando los mitos, como por ejemplo
l. E. Zvutnz, Zur angcblirbm Verwmdtrcbaft de: Barkirrbm mit nfri/wnircbm 5`pracbm,
en "Praehistorische Zeitschrift" XXIII, Berlin, 1932.
2. A. Tovn., l. c., p. 14}.
3. _]. Poxonmr, en "lleallexikon der Vorgeschichte" VI, p. 5.
4. Lols trabajos de Bosca Gnmrmu referentes 1 esto han sido enumerados en muchas par
tes, especialmente en su compendio citado al comienzo.
154
cl de la princes: Pyrene, de la cual tomarian su nombre los Pirineos.
epemplos son el ciclo de leyendas alrededor de Tartessos y los cuen
Hercules. Me hmito a someter a personas mas Competentcs la revision de
material ba]0 este punto de vista. Aqui, ante todo, nos concentraremos
sobre los resultados obtenidos en las investigaciones linguisticas.
Schulten ha publicado dos trabajos, en los cuales intenta demostrar la
existencia de una colonization intensiva de Espana por intermedio de los
Etruscosl. El que lee atentamente ambos trabajos llega a la conviction
ue Schulten a rta muchas ideas ciertas valiosas ro u ` Y . P6 q e as rmsmas
no siempre han sido hondamente meditadas ni maduradas. En parte ello
es debido al escaso contacto que se tiene con los progresos hechos por la
historia y lingiiistica asianica. Schulten no hace una exacta diferencia
cion en lo concerniente a la inmigracion de Asianicos, Tirrenos y Etrus
cos, asi como tampoco tiene en cuenta la mutua relation existente entre
esos pueblos. La extraordinaria cantidad de material que acumula demues
tra primeramente que han llegado auténticos Asianicos a Espana, es decir
integrantes del tronco lingiiistico hurro—elamico, y con ellos probable
mente también Lélego-khatianos, quizas también Reto-tirrenosz. En su
segundo trabajo ante todo intenta demostrar que al final del II milenio
antes de J. C., los Tirrenos llegaron a Espana y fundaron el reino de Tar
tesos. Segun él, el alfabeto usado en ciertas inscripciones de Lusitania ay
de Bética, es el de la antigua escrituta Tartesia, continuation de un antiguo
alfabeto tirreno, el cual se habia formado en la jonia microasiatica. Se
gun Schulten la lengua de las inscripciones lusitanas es la tirrena. Kret
schmer se inclina a aceptar este niltimo punto". Gomez Moreno se envuelve
en altivo silencio sobre las teorias de Schulten‘. Sin embargo también
él dice que la escritura tartesia es de un tiempo "cuando suena en el
oriente el nombre de turtot y mrtit para designar nuestros tartesios"
También Gomez Moreno niega el origen fenicio de este alfabeto, au.nque
en lo demas expone opiniones completamente distintas de las de Schulten:
1. A. Scmrtsmu, Di: Errutkzr in Spanien, en "Klio", XXXII, 1930, p. 365 y Lat Tirtma:
m Etpaia, en "Ampurias" II, 1940, p. 33 (lo mismo en aleman, "Klio" XXIII, 1940).
2. La influencia danubiana en la cultura de Dimini en Tesalia es escasa ciertamente,
pero no excluye la posibilidad de que hayan llegado elementos reto-tirrenos, naturalmente
en esczso nfnmero, con los hombres de Dimini, hurro-elamicos, que vimeron hacia Italia. Ya
cn Italia misma las etnias danubiana y asianica han estableeido un mayor contacto, X no so
lamente en la Liguria, donde consta arqueolégicamcnte, sino tatnbién en Italia meridional,
en donde estas relaciones deberan investigarse con mas detention. Por lo cual, elementos reto
tirrenos pueden haber llcgado juntamente con los Asninicos en occ1dente.·Sera casi impo
sible sepatar este grupo del grupo tirrcno inmigrado en los tiempos mas recientes.
3. P. Kunrscnusn, en "Glotta" XXX, 1943, p. 213.
l _ 4. M. Gémzz Monsuo, Lat lmgwt bitpahicat, en "Bol. d. Setmnano deEst. de Arte y
. Arqucologia", Valladolid, 1941-1942, XXVIII-XXX y [4 etcritura rbinm, en Bol. de la Real
Academia de la Hist." Madrid, 1943, p. 251.

155
"una escritura acaso la mas vetusta entre las lineales de cepa cretense
—dice— anterior de seguro al alfabeto fenicio y, desde luego, a todos los
europcos, siguiéndole directamente, como filiacion suya, el ibérico". Su
interpretacion de los signos es muy distinta de la de Schulten. Para nos
otros el problema tiene interés en lo que atafie a la cuestibn si el alfabeto
tartesio puede ser considerado como un testimonio para una inmigracién
proveniente del Egeo, durante el II milenio. Gémez Moreno opina favo
rablemente. Segun nuestra estimacion, el alfabeto de Tartesos puede ser
consideradosin mas como una creacion local, que tuvo lugar en el tiempo
de los viajes comerciales de los Fenicios. Gomez Moreno no objeta que
se hayan utilizado muchos signos fcnicios. Que junto a ellos también apa
rezcan otros egeos no es de extraiiar, si no se olvida que los Fenicios tu
vieron factorias en Creta y en otras partes del Egeo. En sus viajes a través
del Mediterraneo occidental habian venido seguramente con ellos gente
de la mas diversa procedencia. Estos casos nunca pueden representarse tan
extraordinariamente complejos, como realmente lo son. Para una coloni
zaci6n de Espafia prefenicia, después de la migracién elamica no hay su
ficientes puntos de apoyo. Debe excluirse bajo todo aspecto el alfabeco
tartesio como testimonio para la hipotesis tirrena de Schulten. Sus lec
turas de las inscripciones lusitanas suscitan dudas. Si suponemos su vera
cidad, nos extraia por ejemplo que no se presente ningfm sonido f, el cual
era seguramente propio de los Tirrenos. Resta entonces muy poco que ha
ble en favor dc la concepcion de Schulten, quiza el nombre del rey Ar
ganthonios, el cual en efecto puede ser tirreno, y la relaci6n del nombre
Turtuar, Tam: con Tuna, que fuera punto de partida de los Tirrenos, lo
cual es muy posible en vista de las formas de nombres como Turdemni,
Turtmmi. Argumentos como éstos certifican unicamente que los Tirrenos
han participado de alguna forma de los viajes a Tartesos. A pesar de lo
cual, debe tenerse muy en cuenta la cuestién de los Tirrenos. No es impo
sible que alguna vez sea solidamente fundamentada.
La intencion principal de Schulten, de demostrar que los Etruscos ha
bian invadido Espaiia viniendo de Italia, y se quedaron como capa seiio
rial para bcneficiarse de las riquezas mineras, puede considerarse como
fallida. Si los Etruscos en época tan tardia —se trata del periodo alrede
dor del 7<X)-520- hubiescn jugado un papel tan importante en Espafia,
scguramente la tradicion lo hubiera mantenido vivo. Schulten tampoco
puede prescntar elemcntos lingiiisticos indiscutiblemente etruscos. Las
pruebas aducidas por este autor nos seiialan, como ya hemos dicho, una
inmigracion arcaica de pueblos asianicos. Uno que otro indicio puede
cstar en conexion con la inmigracion tirrena, como quizas también el
156
nombre de 5`agsutsm, cuando se lo pone en relacion con Zokynrbu. El dato
dc los historiadores antiguos, que los Cartagineses habian impedido p
las columnas de Hércules a los Etruscos, nada demuestra en favor de la
hip6tesis de Schulten, asi como tampoco una eventual influcncia artistica
de Etruria sobre los monumentos de artes locales. Schulten por lo demas
ha comprendido que su material de prueba no puede, indudablemente,
referirse a los Etruscos ni a los Tirrenos, sino que repetidamente seiiala
hacia el Asia menor, es decir, testimonia la inmigracion asiinica. Sus
etimologias de topénimos espaiolcs derivadas de nombres etruscos de
personas, no son indudables y a veces resultan forzadas. Esos top6nimos
encajan facilmentc en la gran capa de nombres diseminados por todo cl
Mediterraneo, cuya fuente esta en el Asia anterior.
No queremos repetir este testimonio aqui, pero si completarlo con al
gunos indicios. Ante todo tendremos en cuenta el nombre mismo de los
Iberos. Como ya hemos mencionado, los volvemos a. encontrar en el Cau
caso. Seguin los caucasistas hay alli una base ber/mer‘, que también se en
cuentra en el nombre de los Imeritinos. Segun joscfo Flavio fueron des
cendientes de los Iberos los Tabal, hoy dia llamados Mingrelios’. Con el
dificultoso nombre de Tarrmw no necesitamos ocuparnos aqui. En nues
tro cuadro es una singularidad sin importancia. Quiza su sufijo -:::0:, no
sea otra cosa que un producto de compensacién tardio, o debido a elemen
tos llegados con los Fenicios. La aparicién de otro nombre tipico del Asia
menor en el interior de la peninsula, en donde no hubo colonizacién de
la costa, es mucho mas notoria y resulta un apoyo para la suposicion de
la gran antigiiedad del nombre de Tartumr, el cual procederia del tiempo
de la migracion elamica. Se trata del Tcrmu, arevaco, que también suele
presentarse como Tcrmurc, Tarmrmtla y Tarmermr, es decir ya con tres su
fijos distintos junto a la forma pura. Este cambio no es debido a los au
tores antiguos, y, como en muchos casos parecidos (tal es también el de
Tartuxas), puede suponerse debido a distintas formas del nombre, en una
region donde hay mezcla de poblaciones. Temzeua: aparece dos veces en
Pisidia. Ademas la raiz term- abunda en topénimos del Asia menor; Ter
mmz, ciudad caria; Termilc, lugar cario; Termerian, cabo en Caria; Termmx,
montaiia cerca de Esmirna; Termiln, nombre local de los Licios. Termu,
Termcmu puede considerarse entonces como lélego-khatico. Los sufijos de
las otras dos formas, segun concepcién de Kretschmer serian de la lengua
reto-tirrena y seiialarian asi la presencia de este clemento en el interior
de Espafia. Otros pensaran mejor en el Ilirico o en el Véneto. Los Areva
1. R. Bnmcunmimm, en "Festschrift f. W. Schmidt", Wien, 1928, p. 7.
2. R. Bmrcasnrxsn, en "keallexikon der Vorgeschichte" VI, p. 252.

157
cos fucron Ccltibcros. gQué forma habrén prcfcrido cllos? El porvcnir més
brillamc cntrc todos los uombrcs dc la. peninsula ibérica lc cupo a la desig
nacién regional Hixpanm. La b es, probablemente como cn los casos dc
Hixpalig Hébem; y otros muchos, un agregado dc los zutorcs antiguos
(compérese sin embargo pag. 190). Tcnemos cntonccs una forma original
en Irpmziu, Ispalir, junto a la cual esta a veces rambién Spania, 5`palir.
Parece ser el mismo caso de Irbarcu, Barca y ocros parecidos, que encontra
mos en Schulren, Nummztia I. Esa i- protética no solamcnte es considera
da por lo comfm como caracteristica de la lengua ibérica, sino también
como restimonio de sus relaciones africanas. Por ello debemos volvcr sobrc
esco orra vez con mayor derenimienro. Aqui sera examinado énicamentc
si en Hirpunia e Hirpali: hay realmente una i- protética, 0 si la i- perte
nece a la raiz. En este nilcimo caso, cs bien posible que posteriormente pre
valeciese una erimologia errénea que dié lugar a las formas Spania y .S`puli.r,
en base a analogias. Si recordamos que tenemos en Armenia mcnor un
Irpa, en Licia una Irpadé y en Asia menor (en la cual se mantuvo con fre
cuencia la aspiracién inicial de la lengua hurro-elamica) se pfcsenta tam
bién un Hirpa, enronces se preferira la scgunda posibilidad. Irpinum (Car
petani) y .S`p4llmJe: (Canvmtus cacmruuguxtrnxix) pucden agregarse aqui
también. No nos parece insubstancial la frecuente aparicién dc nombres
del ripo dc Kirm en Espafna, sobre todo cl dc Kirm y Cana. También qui
siera subrayar los nombres formados con la voz Alba. Schulten no los
prescnta en sus paralelos con nombres del Asia, quizas porque no quiso
privarse dc tamafxa pieza fundamental para su l1ip6tesis accrca dc los Li
gurcs. Pero nosotros debemos tomar los hcchos tal cual sc presentan. Gar
cia y Bellido sin duda tiene razén al considerar a los Albioncs del Noroestc
de Espafia como un pueblo no—indoeuropeo, que esta cn conexién con los
pueblos 'medirerraneos` (léase asianicos)‘. La lista que sigue habla de
por si claramcnte, aun cuando no puede tener la pretension de ser completa:
Album, ciudad en el Caucaso Alba Pampeia, ciudad de Liguria,
Albarmi, tribu caucasica Alba Augurta, ciudad de los Elycoci en la
Albunur, rio del Caucaso, Gallia Narb.,
Alba, ciudad en Creta, Alba Dacilia, lugar de la costa ligur.,
Albani, los Albancscs actuales, Alba Helvbrum, ciudad de la Gallia Narb.,
Albanum, lugar en la Pannonia inf., Albany: pagu: Bmwmtanorum.· QL, IX, 1455,
Alba julia, ciudad cn Apulia, cn la Tabula alinuataria Ligurum Barbie
Alba Longo, ciudad en cl Lacio, mmm,
Albula, antiguo nombre del Tiber, Albici, tribu de la Gallia Narb.,
Alba, rio de Sicilia Alba, ciudad de los Varduli en Hisp. cit.
Alba Tuczur, ciudad de los Aequi, Albianu, tribu del Noroeste espanol,
Album Ingaunum, ciudad de Liguria, Albula, ciudad en la Mauretania,
Album Inrimilium, ciudad de Liguria Albion, Britannia.

1. A. Glitch y Banuuo, La: Albinm dd Nam do Erpaila, en "Emerits" XI, 1943, p. 418.
158
El nombre de los Morgetes aparece quizas también en Murgu del Sud
dc Espana, lo cual hablaria mucho en contra de una derivacion indoeuro
pea de Morgetes (véase cap. IV, pags. 141-2). La raiz aparece otra vez entre
los Celtas del Sud de Espana en el extrano toponimo Lacimurgi; aun cuando
tampoco aqui se lo considerara como célticol. Con Lam; Ligwrinur apa
rece profundamente en el Sud de Espana el nombre de los Ligures. Cual
es nuestra posicion acerca de ello ya la hcmos expuesto. Pero sea aqui
nuevamente precisada: cuando se nombra ailos Ligios o Ligures en Es
pana, ello no testimonia la existencia de unapoblacion ligur primitiva
en toda la peninsula, aun cuando tampoco debe atribuirse a transcripcio
nes erroneas, y mas bien a la presencia de restos protoligures venidos con
la migration elamica a Espana.
A1 contemplar el mapa de Schulten en su trabajo sobre los Etruscos
en Espana, se podria llegar a la creencia que la masa de nombres asianicos
se limita esencialmente a la costa Sud y Este. Seguramente estuvo alli
muy representada la toponimia asianica, puesto que tuvo lugar en esa
costa el primer empuje de los inmigrantes asianicos. El cuadro general, sin
embargo, puede resultar enganoso porque la sobreposicion del contingente
incloeuropeo ha tocado desigualmente las porciones interior, oriental y
septentrional de la peninsula; contingente que en parte era céltico y en par
te precéltico. Como justamente nos ensena el caso de los Albiones, los
pueblos del Asia anterior tomaron pie también en el Noroeste de la penin
sula. Alli pueden igualmente comprobarse sus bienes lingiiisticos, como
lo ensena nuestro indice de nombres del tipo de Kirm. Una revision mas
detenida traeria aun muchos hechos.
Ciertamente no existe razon alguna para negar la existencia de com
ponentes africanos en la lengua ibérica, pero considerar que la lengua ibé
rica fuera una lengua hamitica es un absurdo. Schulten, que sostenia este
punto de vista tan extremo en Numzmtia I, tanto que consideraba africa
nos a los Ligures, llegados con anterioridad, ha hecho précticamente una
total retirada en sus trabajos sobre los Tyrsenos y Etruscos de Espana.
Muchos de los nombres que antes ponia en relacion con el Libico, en esos
trbajos figuran conexos con el Etrusco y el Asia menor, y también al
gunos con el Africa del Norte y Sicilia. En la mayoria de los casos tendra
razon; pero tampoco se debera ir muy lejos en este sentido. En Mesopo
tamia y mas aun en Siria vivian también Semitas, no debiendo perderse
de vista que los nombres de esa region no son necesariamente asianicos.
Por esta razon yo no contaria a Tbapxakur, como lo hace Schulten, entre los
1. Una derivation céltica inrenta F. Rmuzzo, en "Riv. Indo-Graeco-Italica" VIII, 19245
compérese con H. Kama, en "Glotta", XX, 1932, p. 189.
159
testimonios asianicos, ya que habla en contra la 9. En Espana se presen
ta un caso parecido en Hippo, la cual aparece dos veces en la Bactica y en
tre los Carpetanos, repitiéndose en Africa algunas veces. Podria tratarse
de un nombre africano antiguo, aun cuando es sospechoso de ser fenicio.
Pero gpodra contarse con la existencia de topénimos fenicios tan adentro
del pais, como entre los Carpctanos? Este punto de vista vale también
para cl Bilbili: de los Lusones, parecido a nombres como Silsilix (Baja Nu
bia). Estamos quizas frente a la capa basica africana del Ibérico. E1
nombre de Ilibcrri: se valor6 siempre como un especial testimonio que
corroboraba las relaciones entre los Hamitas occidentales con Espana y
el Sud de Francia. Ili< iri se coloca al lado del semitico ir "ciudad", bmi
junto al vasco bmi "nuevo", voz que también en Copto (Egipcio reciente)
significa la misma cosa. Todo junto Iliberri: significaria "ciudad nueva",
una etimologia razonable en lo del sentido. Ili, iri no s6lo encuentra sus
equivalentes en el Semitico, sino también en el Sumero uru, ciudad; tam
bién una palabra khatica entta en la comparacion, um "ciudad" (algo du
dosa) y finalmente tenemos la palabra ur (dravidico) que también signi
fica "ciudad". Se trata, evidentemente, de una antigua palabra cultural.
La vocalizacion existente en la lengua ibérica corresponde ciertamente a
la lengua semitica, por lo cual queremos conccder que ése sea su origen.
Hay ademas en Espana otros toponimos compuestos con ili. Aqui corres
ponde quizas la algo obscura °El1B1Ggyr] de Hekataios, la cual es colocada
por Schulten junto a la mas tardia Iliturgi:. Ilipula esta representada en
el Sud de Espana cuatro veces, entre ellas una vez como nombre de mon
tana. A lo mejor es diminutivo de Ilipa, y en este caso es dudoso que
se derive de ili. Entre los Contcstanos tenemos también un °l7uw.Eg de
origen dudoso. Todos estos nombres debieran ser investigados en un solo
conjunto. Probablemente se presentarian entonces muchas sorpresas. Con
los nuevos conocimientos de la investigacién lingiiistica en el Este del
Mediterraneo y en el espacio del Asia anterior, aun nadie se ha acercado
a estos problemas.
A pesar de ello, no puede dudarse de los componentes africanos en la
lengua ibérica. La explicacion dada por Tovar de ibér. ebay:-m, como "pie
dra de", habla de por si; ya que esta fundada en la combinacion de para
lelos libicos y semiticos. Ella arroja también un poco de luz sobre la con
formacion interna de la lengua ibérica. Zyhlarz, como ya hemos mencio
nado, le niega toda re1aci6n con la lengua hamitica occidental; Tovar cree
salvarla en algo, aun cuando no rechaza completamente el punto de vista
de Zyhlarz. Un rol importante ha jugado en las consideraciones sobre el
origen africano de la lengua ibérica, la cuestibn de las diversas protéticas,
160
ante todo la de la I- y la de la 4-, las cualcs en las lenguas hamiticas y su
danesas forman una espccie de articulo‘. En Berber la protesis suena, se
giin Schuchardt, masc. sing. (u) 4-; fem. sing. :4-; masc. plur. i-; fem. plur.
ti-; i- y ti- se usan también en el singular. Por lo cual Schuchardt com
para la palabra libica T-illi-b4ri.r con la ibérica Il(l)iberri.r’. I-B4rc4 esta
junto a B4rc4, etc. En lineas generales podria hacerse valer esta aparicion
en Espaiia como una caracteristica de la influencia hamita occidental,
aun cuando este elemento es de caracter ambiguo. En la lengua khatica,
ri- por ejemplo, es un prefijo con funcion pronominala. La i- protética sc
prescnta frecuentcmente, con un uso puramente eufénico, como sucede en
la lengua elémica antes del sonido .r‘. La valorizacion del prcfijo 4- es
aun mais dificultosa, puesto que, como ya lo hemos visto, es también una
caracteristica de la lengua lélego-khatica, aun cuando tampoco falte en
la irania. Casos como el de Tagux-/1tt4gu.r y Turi4-Aturux, se podrén consi
derar mejor refiriéndonos a su raiz. El ampliamente difundido nombre de
rio Tum: tiene un probable origen asianico.
Todo considerado, podemos decir con raz6n que los indicios que ponen
al Ibérico al lado de las lenguas asianicas, son de mucho mayor peso que
los de su derivation africana. En el sentido fonético la ausencia de un so
nido f habla muy en contra de la supremacia de la ini1uencia africana,
ya que las lenguas hamiticas, inclusive la egipcia, son expresamente lenguas
f ‘. No quiero decir con ello que deba excluirse en absoluto una contribu
ci6n de lenguas africanas.
Es natural que la influencia asianica en la peninsula se haya impuesto
con diversa intensidad; ademas en las diferentes provincias se establecieron,
segnin mi opinion, distintas tribus asianicas, con desiguales grados de pa
rentesco reciptoco. Consecuentemente, no se puede esperar que se haya
difundido en la peninsula una lengua totalmente uniforme°. Dcbc supo
1. H. Scuucnaunr, en "Wiener Zeitschrift f. Kunde d. Morgenlandes " 1908, p. 246;
1912, p. 23 y en "Mitteilungen d. Anthrop. Ges. Wien" XLV, 1915, p. 120; Poxoxxn, en
"Reallexikon d. Vorgeschichtc" VI, p. 7.
_ _ 2. Schuchardt considera a la i- de lllibmi como protética, porque aparcce tammén un
Pero este KCSEIHIOIIIO PIOVICHC de CICEDPOS g6(1COS Y hay QLIC CXPllC2I'lO [3.1 ve
logia de la pareja I:p4ni4 y .S`p4ni4, sobre la cual hemos hablado mas arriba. S1 Labem fuera
una forma auténtica, la derivacién dc iii ‘ciudad' caducaria; se la podria comprender, cntonces,
como Li-bumi.
3. E. Fomum, en "Glorta." XXVI, 1938, p. 197.
_ __ __ 4. E. Locxsn, Bcmerkxmgm zu oimr griccbixcb-/zl¢in4::2:ti:c}1:n Lauxerrclmnmag
XXV, 1931, p. 167.
_ 5. Tardias inscripciones suribéricas como la de Hunmmn, Mon. Ling. Ib. N° XLIV
Castulo, que comienza con m. falvi. g4ra.r4, no certifican nada, puesto que aqui pudieron in
troducirse facilmente palabras romanas y sobre todo nombrcs (como cn el caso ptescnte
Fulvius).
_ 6. Estrabén III, 1, 6 dice expresamente que los Turdetanos no poseen la misma lengua
que los dcmas ibcros, por lo dcmas estos ultimos no bablan un idioma complctamente nnitano.
161
nerse desde un principio una abundante articulacion dialectal, la cual con
cl correr de los tiempos debera haberse intensificado a raiz de su evolu
cion interior. Por lo cual seria un milagro si se notasc, en el comienzo del
tiempo historico, la existencia de una fuerte unidad dcntro de las lenguas
no-indocuropeas de Espaiia. Debemos estar satisfechos, al contrario, si
podemos reconocer grandes grupos y separarlos del Indoeuropeo. Ademas
debe contarse con la existencia de tribus preindoeuropeas, las cuales no
fueron tocadas por la inmigracion asianica. Aun no se pudo reconocer a
estas ultimas lingiiisticamentel. En cambio, dentro de las tribus influidas
por los Asianicos puede determinarse una clara diferencia entre un grupo
del Norte y otro del Sud. A los primeros se les puede llamar Iberos en el
verdadero sentido, y a los oltimos Tartesios, porque encontraron en
Tartcsos un centro politico al cual se incorporaron. Pero no debemos
olvidar que el reino de Tartesos es una formacion tardia al igual que su
escritura, y por lo tanto no nos puede informar sobre la situacion existen
te en e1 III y II milenio a. de ]. C.“. Para evitar cualquier falsa interpre
tacion, dejaremos de lado el nombre de los Tartesios aqui, y hablaremos “
unicamente de Iberos del Norte y del Sud. Con ello suponemos ya como
cierto un intimo parentesco entre ambos grupos ibéricos, el que, sin embar
go, necesita demostracion. Esperamos que en lo sucesivo logremos pre
sentarla. A la capa primitiva comun del III milenio, de que ambos han
surgido y posiblementetambién otras ramas que ya no pueden individua
lizarse— la llamaremos protoibera o hispana, expresion que nos parece
adecuada para nuestro fin.
Avieno trac el dato que los Iberos salian de la region del rio Tinto,
que también se llamo alguna vez Ibmu. Esta noticia es desestimada por
muchos. Se considera a los Iberos de esa region como intrusos tardios que
fueron alli a raiz de la mineria. Esto resulta increible, porque la potencia de_
Tartesos lo habria impedido ciertamente. También cl nombre Iberu: del
rio habla en contra de tal hipotesis, puesto que los nombres de los rios
no suelen cambiar tan facilmente. No veo por ello motivo en dudar de
la vieja tradicion. En general soy partidario de que se preste crédito a
las tradiciones, siempre que no existan razones de fuerza mayor que obli
guen a lo conrrario. Que el foco evolutivo mas antiguo de los Iberos se
encuentre en la Espaiia del Sud central, me parece comprobado por razones
arqueologicas, sobre las cuales hablaré posteriormente con mas detalle.

Naturalmente seria falso romar estas palabras en sentido estricto, y considerarlos como idio
mas tozalmente distintos.
1. Véase, sobre los Cantabros, pig. 170.
2. En forma parecida _]. Cnc BAno_)A, Lv: pueblo: de Expuiia, l. c., p. 164, nots 71.
162
Queremos demostrar, aqui, que a nuestra concepcion sobre el intimo
parentesco entre los Iberos del Sud y del Norte no se oponen las conside
raciones lingiiisticas. Existirian, si hubiese entre las lenguas del Sud y del
Norte tan grandes diferencias que no se pudiera pensar en un comon origen
de las mismas. En este caso no seria licito hablar de una lengua ibérica
meridional, y dcberia darse a esa lengua un nombre distintivo, quizas el
de lengua tartesia, sin excluir con ello que pudiera tratarse de una lengua
hermana de la ibérica.

Gomez Moreno se ha ocupado de las relaciones entre las lenguas


ibéricas del Norte y del Sud', llegando a la conclusion que existen dife—
rencias, tanto lexicales como fonéticas, aunque "no satisface para acre
ditar diversidad a fondo entre ibérico y tartesio en cuanto a su lengua"
gComo se comportan entre si estos grupos de lenguas? En lo referente a
los toponimos, existen claras relaciones entre las raices de las palabras,
las cuales, como asegura Gomez Moreno, no se basan en un rubrmzrum li
bico comnin, aun cuando aparezcan en Africa, como tarnbién en Aquitania
y Liguria. Un ejemplo oportuno es la serie: Ilurcix (vasco), Ilarci (bastet.),
Ilurgix, Ilurgan, Ilura (turdet.), Ilura (laiet.), Ilura (aquit.), Ilurbida (carpet.),
Ilzr:0 (conv. caesaraug.), a lo cual se agregan los nombres de los dioses
noribéricos Ilura e Ilurbcrrixo. Mas imponente adn es la serie: 5'egia (vasco)
5`egida (arev.), 5`egida (turdet.), Segida (célticos), Segimmon (turmodig.),
Scgim (bastet.), 5`egara (aquit.), Segurio (Narb.), Seguria (ligur), Segmini
(Alp. Cort.) Segurtera (Narb.), Segavia (baet.), Scgavia (arev. o vacc.),
5`zgmzii (Alp. Cort.), 5`qgantia (arev.), Segantia (vardul.), etc., con ramifi
caciones hasta Bretafna; los nombres de Segesta mencionados mas arriba
pertenecen a la misma serie y aseguran el caracter no-indoeuropeo de este
grupo. Entre los toponimos del Sud sobresalen los sufijos en ip-; Amtirpi,
Acinipo, Baerippa, Ccdripa, Sixipa, etc. En el Norte son mas escasos, pero
no estain ausentes del todo: Olisipa (lusit.). gPuede pensarse aqui en un
sufijo de plural elamico como ocurre en Sicilia? La inscripcion Saitabi en
una moneda, para la ciudad de Saembi (contest.) situada en el extremo
Sud del Norte ibérico, hace lugar a esta suposicion, si podemos relacionar
1. M. Gommz Mommo, Sabre la: Ibcrar y ru lmgua, en "Homenaje ofr. a Menéndez Pi
V dal" HI, 1925, p.` 491 y La: lmgum birpdnimr, l, c., p. 4. En el primero de los trabajos [nen
cionados su posicion frente al problema del par-enteseo entre la lengua tartesia y la ibérica,
es visiblemente mas positivo, que en el segundo. Esto pareciera estar en conenrion con sus re
C-1CI]fCS 1ElVCSE1g3.ClODCS sobre la ¢SCl'1[l11'2. lC2.l'T.`€$l2., la cual, COITIC1 y2.'
por él en relacion con la escritura cretense-ehipriora, y segun mi opinion, considerada eierra
mente demasiado antigua. Como ya se sefnalara, la eseritura tartesiano demuestra nada en lo
que se refiere a las tempranas edades del bronce y de la piedra. La circunstancia de que fue
adoptada y perfeccionada por los Noriberos, aun cuando ellos no deseonocian el alfabeto
griego, habla eierramente mas en favor de una eonexion intima con los Suriberos.
2. La: [mgm.: birpénimr, p. 5.

163
cstc nombre dc ciudad com cl dc la tribu dc 10s .S`ui:4¢, que sc cncucutrzn
cn las ccrcznias iumcdiatas dc la Elymais pcrsa. [Compércsc con csto Sm
labi: (lusit.), 5`ambi: (vacc.)]. Por 10 dcmés, 10s t0p6¤im0s ¤0r— y suribé
ricos ticucu cn comniu muchos sufijos. Prcscindicudo dc cllos, quc scm co
rricutcs también cn otras lcnguas, y por 10 tamu dc variada siguificacién,
hago rcsaltar algnmas formas mcnos comuucs.

Sufijo | Suribéricc Noribéricc

.5,. I gabrum Carmsbrm (carpet.)


C irimbrium Lambri: fcalacc.)
-1ld Atcgun Budua (lusit.)
Mantua (carpet.)
Turngzm (calacc.)
Mmm Ccalacc.)
.];. I polcabultola Tirulm (carpet.)
Obulu Omwialm (carpet.)
4;} Corduba Tacubi: (lusit.)
I ponubu Ivldubn (ilcrg.)
Salduba Udubo (rio, cdct.)
Bvlgedn (arcv.)
-iJ», -:d¤ [ Segidu Segida (arcv.)
lluréida (carpet.)
Tbermidu (carpet.)
-el-, -il— I Buch}: Amreli (vasc.)
Cypula (moribcr.)
Ornli: Ocilix (bell.)
-ura I Andurn Uduru (iacet.)
Miaccuro (carpet.)
Blaberuru (indig.)

Si pasamos ahcra a considerar los nombres de personas, a los cuales


sc dedicara especialmente Gomez Morenol, podremos adherirnos a 10
formulado por este autor, que ambas filas muestran semejanzas notorias,
aun cuando palidasz "como si la distancia e influjos extraiios hubiesen
diversificado mas y mas lo que pudo ser lengua ninica primitiva". Las
correlaciones en las raices son mucho menores que en los toponimos. Lo
cual se comprende muy bien, ya que los topénimos son un elemento con
servativo, mientras los nombres de PCTSODZS son un elemento muy cam
biante en la historia de la lengua de un pais. Estos filtimos cambian a veces
segun las modas, las cuales dependen la mayoria de las veces de las con
diciones sociales. Hay sin embargo algunas coincidencias entre los nombres
ibéricos de personas del Sud y Norte. El nombre .S`0.rimiIu.r aparece en BID
bas partes; el Arullur noribérico y cl Attirmv, Anim suribérico {micamente
estan separados por cl sufijo. El nombre femenino del Norte Urclurmlli

1. M. Géunz Monuuo, Sobre In Ibaru, I. c., p. 482, 491.


164
podra ser separado dificilmente en su primera parte del nombre masculino
del Sud Urcbail; en su segunda parte se ve el nombre femenino suribérico
Titilicurisn. Al nombre V(?)clga¤m, conservado incompleto, correspo
en el Sud Vclaunix, Velgaua. Mas sobresalientes son las coincidencias de
los sufijos. En el Norte hay nombres como Albmrm, Ordmnax, Tonivuw,
Turimnm en el Sud Atzmnn, Anirma, Simnna, Uprmm. Ya que en el Norte
yunto a Ordcnnu, se encuentra Ordumclcx, se ticne la impresion que los
nombres en -mnc.r, -irmu.r son formas abreviadas, lo cual valdria también
para el Sud'. En todo caso, el Norte y cl Sud concuerdan en la formacion
de I'1OI`I1l)I'CS, al CO11SC1f\111'lOS 3 IIlCl1l.1dO COD dos VOCCS, I11lC[l[I'2.S
los forman con una voz onica, como Urgidur en el Norte, Urcixmr en el Sud.
En estos nombres el sufijo -dar, -mr ticne quizas el mismo significado que
en las inscripciones de las monedas, en las cuales encontramos anrgimr,
raimbiemr, lo que podriamos interpretar como "dc Arse", "de Saitabi",
cspecialmente si meditamos que bilbotar significa aim l1oy en dia en vasco,
'de Bilbao"”. Teniendo cn cuenta el escaso material que esta a nuesu-a
disposicion, son coincidencias harto significativas. Las cuales podrian
ser muy enriquecidas si se hiciese la comparacion entre los toponimos y
los nombres de personas con referencia a sus raices y sufijos.
En lo que respecta a los hechos fonéticos, se comprueba la ausencia
del sonido f en ambas partes y la de un signo para la b (cxcepto en la cla).
Gomez Moreno da como caracteristico del Suribético: '“el abundar grupos
1. La semejanza de todo el grupo de estos nombres con los nombres de personas etrusco
latinas es muy llamativa. Compares: etr.-lat. Acmma, .S`i.rmn¤, .S`i.t¤mu, Artmniur, Turmniu:.
Scnursrsu, Die Erruskzr in .S`pmzim, p. 412, considera también a los nombres de este tipo nor y
suribéricos de los tiempos del Imperio, como etruscos, mas aim, crce demostrar cn otros nombres
de personas, rclaciones etruscas. Pero cn los casos como Ordumu a Ordomelu, Belemm a Belu,
me parece que habria otra solucion, la misma que en los toponirnos: una fuenre comufm en Asia
rnenor. Nombres terminados en -4mm, -mn4, mma son muy frecuenres en Asia menor, y eomo
en el Etrusco 0 en el Hispano estos nombres de personas pueden ser masculinos 0 femeninos.
Todavia no se pudo, sin embargo, hacer una separacion neta del patrimonio lingiiistico asia
tico e indoeuropeo. E. Fomuzn, Quelle und Brunnm in Alt-Vardmuim, en "Glotta" XXVI, 1938,
p. 179, crec poder atribuir arimza 'fuente', nombre que aparece unas veces designando ciuda·
des del Asia rnenor, en las cuales se adoraba la gran diosa Arinna, a la lengua lovica, pero no
excluye la posibilidad de que fuera dc origen protokhatico. Cuestiones como éstas probable
mente no pueden resolverse con los medios de la etimologia, por lo menospor ahora, porque
rposiblemcnte existe una raiz comfm antcs de la evolucion de los troncos lmgiiistieos.
· 2. El mismo elemento forrnativo existe probablernente tarnbién en la palabra griega
xuooitsgog 'esta50’, la cual hasta. ahora solo pudo ser explicada suficienternente, por me
dio del Elamico; Iuzui-nr signifiearia ‘el (metal) de Kassi' (suponiendo que el estaiio que re
cibian los Surelamios viniera del pais de Kassu). El nombre de las Cassitérides, en el cual pa
tece haber partieipado también Espana de alguna rnanera, ha sido formado ciertamente no
antes de la época griega, es decir no demuestra en absoluto la Pl`C$CHCl1dCElBmlOS en el occi
·'.dente. Por el contrario, puede eonsiderarse el uso del sufijo -rur en el Hispamco ly en el V
Icomo un indicio valioso para establecer su conexion con el Ela.m1co.§obre sufiyos emparenta
.dos con el Indoeuropeo y el Etrusco, cornparese P. Kazrscmran, en Glorta XXVIII, 1940,
p. 262, nota 1. También aqui se, trata probablernente de 'un caso que retrocede hasta tiempos
anteriores a la evolucion de los grandes troncos lmgiiisticos de la raza blanca.

165
cstc nombre dc ciudad con cl dc la rribu dc los Jaime, que sc cncucmran
cn las ccrcauias inmcdiatas dc la Elymais pcrsa. [Compércsc c0¤ cstc Sca
labix (lusic.), 5`ambi: (vacc.)]. Por 10 dcmés, los topémimos nor- y suribé
ricos ticucn cu comnin muchos sufijos. Prcscindicndo dc cllos, quc son cc
rricutcs mmbién cu otrzs lcuguas, y por 10 unto dc variada. siguificacion,
hago rcszltar algunas formas mcnos comuncs.

Sufijo [ Suribérico Noribérico

I gabrum Camubrm (carpet.)


Ciximbrium Lambri: fcalacc.)
-144 Ategua Buiua (lusit.)
Mantua (carpet.)
Turagua (calaec.)
Merua (czlaec.)
I palcabulcala Tirulca (carpet,)
Obulco Otxavialra (carpet.)
4;} Cordubu Tacubir (lusit.)
I ponuba Saldzba (ilerg.)
Saldubn Uduba (rio, edct.)
Belgeda (arev.)
-iJ», -:d0 I Scgida Scgida (arcv.)
llurbida (carpet.)
Tbermida (carpet.)
-cl-, -iI- I Buebaln Arareli (vasc.)
Cyprela (noribcr.)
Orcelir Ocili: (bell.)
-um I Andura Udura (iacct.)
Miarcura (carpet.)
Blaberura (indig.)

Si paszmos ahora a considerzr los nombres de personas, a los cuales


se dcdicara especialmente G6mez Morenol, podremos adherirnos a l0
formulado por este autor, que ambas filas muestran semejanzas notorias,
aun cuando palidasz "como si la distancia e influjos extraiios hubiesen
diversificado mas y mas lo que pudo ser lengua {mica primitiva". Las
correlaciones en las raices son mucho menorcs que en los toponimos. Lo
cual se comprende muy bien, ya que los roponimos son un elemento con
servativo, mientras los nombres de personas son un elemento muy cam
biante en la historia de la lengua de un pais. Estos fnltimos cambian a veces
segfm las modas, las cuales dependen la mayoria de las vcccs de las con
diciones sociales. Hay sin embargo algunas coincidencias entre los nombres
ibéricos de personas del Sud y Norte. El nombre Sasimilar aparece en am
bas partes; el Atulhu noribérico y el Attirma, Anita suribérico (micamente
estén separados por el sufijo. E1 nombre femenino del Norte Urcbaxmlli

1. M. Glmaz Moanuo, Sobre lo: Ibm:. l. c., p. 482, 491.


164
podra ser separado dificilmenre en su primera parte del nombre masculino
del Sud Urtlmil; en su segunda parte se ve el nombre femenino suribérico
Titilicutim. Al nombre V(?)elga1m, conservado incompleto, correspond
en el Sud Velaunir, Velgsu. Mas sobresalientes son las cointidencias de
los sufiyos. En el Norte hay nombres como Albmem, Ordermar, Tmimw,
Turimrmr; en el Sud Atqnna, Aninrm, 5`immm, Uprmna. Ya que en el Nor
junto a Ordmnu, se encuentra Ordumelu, se tiene la impresion que los
nombres en -mm.r, -irmu.r son formas abreviadas, lo cual valdria también
para el Sud'. En todo caso, el Norte y el Sud concuerdan en la format.ion
de nombres, al constituirlos a menudo con dos voces, mientras otras veces
los forman con una voz {mica, como Urgidur en el Norte, Urcismr en e1 Sud.
En esros nombres el sufijo -d4r, -mr tiene quizas el mismo significado que
en las inscripcioues dc las moucdas, cn las cuales cncoutramos arrgitar,
mimbierar, lo que podriamos initerpretar como "de Arse", "de Saitabi",
especialmente si meditamos que bilbotar significa adn hoy en dia en vasto,
‘de Bilbao"? Teniendo en cuenta el escaso material que esta a nuestra
disposition, son coincidencias harto significativas. Las cuales podrian
ser muy enriquecidas si se hiciese la comparacion entre los toponimos y
los nombres de personas con referencia a sus raices y sufijos.
En lo que respecta a los hechos fonéticos, se comprueba la ausencia
del sonido f en ambas partes y la de un signo para la b (excepto en la cb).
Gomez Moreno da como caracteristico del Suribérito: "el abundar grupos
1. La semejanza de todo el grupo de esros nombres con los nombres de personas etrusto
latinas es muy llamativa. Compares: ctr.-lat. Arcmna, Sirenna, .S`i.mnn¤, Arrmniur, Turmniu:.
Scnuuim, Di: Etrurker in 5`panim, p. 412, considera también a los nombres de este tipo nor y
suribérieos de los tiempos del Imperio, como etruseos, mas aun, cree demostrar en otros nombres
de personas, relationes etruscas. Pero en los casos como Ordmnu a Ordmeler, Bzlemm a Bzlu,
me parece que habria otra solution, la misma que en los toponimosz una fuente comfm en Asia
rnenor. Nornbres terminados en -4mm, -mn4, Jima son muy fi-etuentes en Asia menor, y como
en el Etrusco 0 en el Hispano esros nombres de personas pueden ser masculinos o femeninos.
Todavia no se pudo, sin embargo, hater una separation neta del patrimonio lingiiistico asia
tico e indocuropeo. E. Foiuum, Quclle um! Brunnm in Alt-Vordzrurim, en "Glotta" XXVI, 1938,
p. 179, cree poder atribuir arimxa 'fuente`, nombre que aparece unas veces designando ciuda
des del Asia menor, en las cuales se acloraba la gran diosa Arinna, a la lengua hfwita, pero no
cxcluye la posibilidad de que fuera de origen protokhatico. Cuestiones como éstas- probable
mente no pueden resolverse con los medics de la etimologia, por lo menos por ahora, porque
posiblemente existe una raiz tomitn antes de la evolution de los troncos lingiiisticos.
2. El misrno elcmento formativo existe probablemente tarnbién en la palabra griega
xuooiteoog 'estafio', la cual hasta. ahora solo pudo ser explicada sufitientementc, por me
dio del Elamico; karri-m sigiifiearia ‘el (metal) de Kassi' (suponiendo que el esrafio que re
cibian los Surelamios viniera del pais de Kassu). El nombre de las Cass1tér1des,en el cual pa
·rete haber participado también Espafia de alguna manera, ha sido formado ciertamente no
antes de la época griega, es detir no demuestra en absoluto la presentia de Elamios en el occi
dente. Por el contrario, puede tonsiderarse el uso del sufiio -mr en el Hispénicoy en el Vasco,
ucomo un indieio valioso para establecer su conexion ton el Elamico. Sobre sqfiyos emparenta·
dos con el Indoeuropeo y el Etrusco, comparese P. Kiurrscmaan, en "Glotta XXVIII, 1940,
p. 262, nota 1. También aqui se_ trata probablemente de un caso que retrocede hasta tiempos
·anteriores a la evolution de los grandes troncos lingiiisticos de la raza blanca.

165
de rc y rg, asi como la reiteracion de silabas seguidas con J, t y sobre todo
n". En esto existiria una coincidencia con inscripciones eteocretenses:
"donde también se dan contactos de consonantes oclusiva y continua,
frecuentes en lo andaluz y extraiios a lo ibero-vasco". En lo referente a
los primeros dos hcchos, no estan ausentes totalmente en el Noribérico,
como lo demuestran ciertos nombres tipicos: el nombre de tribu Ilergmr,
Ilercaancr, el nombre de ciudad Ergavica, y los nombres depersonas Urgidur,
Turcimdin, ademas Bmtagaunini (el cual recuerda especialmente a los nom
bres del Sud —quiza sea de ese origen, sobre 10 cual sefjalaria la primera
parte de la palabra, si tuviera relacion con el toponimo suribérico Barti).
Gomez Moreno ha comprobado que la inscripcion de Alcoy noribérica
participa de tales caracteres. Por otra parte no pudo constatar que la union
entre oclusiva y consonante sea muy frecuente en la lengua suribérica.
Se presentan nombres como Icrmir e Ildram, pero son aislados y en lo re
ferente a su certeza me parecen de una transcripcion un poco dudosa. Casos
como Igabrum, Qirimbrium que hemos visto al hacer la comparacion de
los sufijos, no dejan de tener sus correspondientes en el Norte. Por lo cual,
me parecc no existe una gran diferencia fonética entre el Nor- y el Suribé
rico. La indicacion de Gomez Moreno, que la lengua suribérica, a raiz de
condiciones culturales especiales se acercaria mas a las lenguas mediterra
neas orientales que la noribérica, no se puede sostcner ni arqueologica, ni
lingiiisticamente.
En estos intentos, creo yo, ha seguido una senda equivocada. Ha com
parado las lenguas eteocretense, etrusca y lemno-tirrena con la ibérica,
llegando a la opinion muy cierta de que existen amplias diferencias‘.
"Qué relaciones hubiera entre las hablas egeas y la ibérica parecc rastrear
se en sentido negativo", dice él acertadamente. Paso por alto sin embargo
el hecho que las lenguas tirrena y etrusca no son lenguas egeas antiguas
y que la eteocretense esta tan llena de elementos extraiios, especialmentc
pelasgos (es decir de una lengua emparentada con la tirrena y etrusca),
que no pueden considerarse como representantes integrales de las primi
tivas lenguas egeo-asia¤icas’. E1 Eteocretense podria con derecho consi
derarse como protolicio. La fonética del Nor- y Suribérico, en tanto se
puede apreciar, es muy semejante a la de las verdaderas lenguas asianicas
y pudo ser en origen completamente idéntica.
Si sumamos lo dicho hasta ahora, llegamos al doble resultado que la
lengua ibérica es muy semejante a las lenguas asianicas, entre ellas espe
cialmente al Elamico, y que ambos grupos hispanos son emparentados
1. M. Gomzz Monuo, La ucriturn iblrica, l. c., p. 267.
2. Compares: con P. Kmmcnun, eu "Glotta" XXVIII, 1939, p. 108.
166
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_— ? 2 §_§_g$_§}_;,_g;9:_
de Espafna mcn 'u das an
las hnntcs antiguas

F10. 5. — Mapa csqucmatico que indica la p0sici6¤ territorial dc los primcros pucblos histéricos
E_ dc Espaiia, scgfm los gcégrafos griegos y romanos, rcproducido dc la obra de P. Aguado Blcyc.

intimamcntc uno con 0tr0. La mcdida dc Ia analcgia y rcspcctivamcutc dc


la difcrcncia, ya casi pucdc aptcciarsc. Es posiblc quc sc tratc dc una difc
rcucia dialcctal, suposiciéu mas quc suficicntc para satisfaccr cl juicio dc
Estrabéu sobrc las condicioncs lingiiisticas cn Espaia.
Eu c1N0rtc dc Espaiia, cntrc 10s Callaaci y los Noribéricos, sc simian cu
ticmpos histéricos vatias tribus cuya pcrtcncncia étnica cs discutida. COI].
ta11d0 dc Estc a Ocstc, sc trata dc las siguicntcs: Iaccmni, Vuxcanex, Var
duli, Carixti, Autrigams, Cantnbri y A.rtur¢.r. gHasta qué puuto las podcmos
adjudicar a los Ibcros, a 10s Aquitanos, a 10s Imdccuropcos 0 al grupo
prcibérico? Esta prcguuta pucdc coutcstarsc muy divcrsamcntc. Gémcz
M0rc110 ccnsidcra a 10s Iacmmi y a los Vmcme: como Ibcros, a las dcmas
tribus como fudocuropcos, pcro 110 como Ccltas, y si quizés cvcutual
167
mentc como Ligures, los cuales son para él también Indoeuropeos, que han
tomado pie en tiempos relativamente tardios en la region cantabrica y
en el centro de Espana. Canrabri, Axturu, Vettanu, Lusitani, Carpmmi
Vaccaai deben pertenecer a los mismos. Posiblemente hoy dia Gomez Moreno
ya no sostenga mas esta concepcién. En tanto han llegado Indoeuropeos
precélticos a Espana, éstos no son Ligures (es decir Protoligures indoeuto
peizados), sino orras tribus, no importa que se las llame, con Pokorny, Ili
rios, con Kretschmer, Vénetos 0 con Menéndez Pidal, Ambrones. En el
mapa etnogonico de Espana hccho por Bleyel todas estas tribus han sido
dcsignadas como preibéricas, con excepcién de los Cantabros, los cuales
figuran integrando a los Iberos,
Si tomamos ahora en examen las tribus masoricntales, los Iacctani o
Acetani y los Vaxcanu, destacaremos que justamente estas dos tribus poseen
nombres que vuelven a encontrarse en Aquitania. Sobre los nombres de los
Iacetani se hablara mas ampliamente en el préximo capitulo; aqui antici
paremos que podria ser idéntico con el de los Aquitanos. El nombre de
los Vaxcanu fué identificado con el aquitano Aasci, el cual es ninicamente
enriquecido con el prefijo a- (a-vasci), como ya habiamos visto mas arriba.
Tovar intenta establecer una derivacion indoeuropea del nombre? Parte
de las inscripciones en monedas, las cuales son seguramente las mejores:
BASCUNES, BARSCUNES. Ellas hacen posible la derivacién de *bbar.r
indoeuropeo y su explicacion de "montaneros", "altaneros". Me parece
sin embargo que la forma bamcune: es explicable también desde el punto
de vista de los caucasistas. Segun estos ultimos la raiz ba: deriva de b¢r/ bar,
siendo asi posible la gestacion de una forma hibrida: Lana.
Tcniendo en cuenta el parentesco primitivo y las relaciones postcriorcs
entre los Aquitanos y los Iberos, es naturalmente un problema casi inso
luble el establecer un juicio definitivo sobre el grupo al cual pertenecen
los Vascanu y los Iacmmi, a pesar de la importancia de la identidad de
nombrcs. Con referencia a los Iamani, la situacion geografica habla en
favor de una mas intima relacion con los Aquitanos. La afirtnacion de
Bosch Gimpera, que ellos llegaran no antes del III milenio, a través de
los Pirineos, no es posible comprobarla. Si tuviéramos el derecho de con

1. P. A. Buwn, Manual de Hirtoria de Erpaiia I, Madrid, 1947.


2. A. Town, Errada actual de la; zrtudiax do filulogia eurklrira. San Sebastian, 1948, p. 17.
3. La gran volubilidad de los sonidos caucasicos resulta indudablemente sospcchosa al
_ .lingiinsra educado en el estudio de la familia indoeuropea. Pero ella esta fuera de dudas en
Ia region de la historia asianica. Recuérdesc el caso ya tratado de, 5`o{ymai.· Tzelymai: Elimiai;
lal dimorfnsmo del titulo regio de los antiguos Hetitas: Tabarna, Labama (el cual ciertamente
no es indoeuropeo): al frecuente cambio de las iniciales b y m, en nombres del Asia menor,etc.
Con referencna a los eambios de r y I, compares: empero P. Kn¤·rsc¤-msn, en "Glotra" XIX,
1931. p. 279.

168
siderar a su capital [acm como si fuera I-acm, es decir con i protéti
esto los acercaria mas a los Iberos. Por cierto en el Aquitano no pode
asegurar ningnin caso de i protética. Los demas toponimos de los Iaceta
nos y Vascones muestran muchas relaciones con la region aquitana, pe
los casos mas claros que se presentan pertenecen igualmente a los Iberos;
por lo cual es mas exacto decir que son patrimonio cornon de todas esas
lenguas. Cie1tamente• aqui deberia hacerse una investigation mas exacta
que la que yo pueda hacer en este momento. En lo que se refiere a los nom
bres de personas, mellama la atencion que en Aran se encontraron dos
inscripciones en piedra, netamentc aquitanas: Lurbcrrexa y Andmxa; quizé
también pertenezca aqui el nombre Homuma, de una inscripcion de Un
castillo. Otra observation me parece esencial: la region noribérica tiene en
comon con Aquitania algunos nombres, pero ellos faltan al sur de Espana,.
Ejemplos son los nombres que contienen la voz Tarmc y Bclex (Belo:) que
probablemente se conectan con nombres de dioses. Pucde suponerse, enton
ces, que en la region situada entre el Ebro y los Pirineos tuvo lugar una
cierta mezcla entre elementos aquitanos e ibéricos. En la parte occidental
tenia ciertamente la supremacia el elemento aquitano, mientras que en la
oriental predominaba el ibérico. Quién estuvo primeramente en la parte
occidental (es decir en Ia region iacetano-vascona), si los Aquitanos o los
Iberos, o si fueron grupos ya en origen hibridados, es una cuestion ardua,
la cual hoy dia no puede resolverse, y quizzi, por via puramente linguisti
ca, nunca.

En lo que se refiere a los vecinos occidentales de los Vmcanu, los Var


duli, los Carixti (también llamados Carietu), los Aurriganu (también lla
mados Aurriwnu) asi como los Canmbri, quicro seiialar expresamente que
las amistades 0 enemistades transmitidas por via historica, no tienen valor
alguno para la designacion étnica. El nombre de los Carirti vuelve a en
contrarse en Liguria y en Grecia. Livio llama a ciertos Ligures Caristi; un
lugar ligur Sratellatur llamose Curu.rtu.r; K cigvotog era un lugar en la Argolis,
ciudad muy conocida de la extremidad sur de Eubea, con abundantes mi
nas y canteras de marmol. También el nombre de los Varduli puede ser de
origen oriental; entre los abundantes testimonios entresaco onicamente el
ilirico (V)ardi4:i en Ia Balcania y el rio Verdana: en el Céucaso. El nombre
de los Autrigones puede estar en conexion con Autmcu, una ciudad de los
Arevacos celtiberos, ademas con el nombre de rio Autm, antes llamado
Autum y hoy en dia Eure y con la palabra celta Aurriacum, Chartres de
hoy. Si se trata de una raiz indoeuropea o pre-indoeuropea, debo dejarlo
sin resolver. En cuanto al nombre de la rribu de _los Autrigones, puede
tratarse en todo caso de una voz tomada de los Celtas. Entre los nombres
169
de ciudad de los Autrigones se encuentran algunos de formacion netamente
celta, como Dmbrigu. Ademas se encuentra aqui el nombre Uxuma Barca,
cuya segunda parte puede considerarse ibera y por cierto de origen afri
cano. Gomez Moreno ha demostrado que los Varduli, Gmini y Aurriga
rm con referencia a los nombres de personas estén en intima conexién con
la region central de Espafia y pertenecen por lo tanto a una zona donde se
encuentran muchos elementos indoeuropeos, en parte celtas y en parte
preceltas. Las tres tribus nombradas han sido ciertamente mestizas, y su
determination lingiiistica en particular es dificil de determinar. En sentido
general, puede suponerse que se inclinaron mayormente hacia lo Indo
europeo.
De otra forma se presentan las cosas entre los Cxintabros y los Astures,
scguramente emparentados con ellos. Se encontraban en regiones netamen
te montaiiosas y estaban por lo tanto mas protegidos contra conquistadores
extraiios. Al nombre de los Cantabros suele también darse derivacion in
doeuropea. Cantabria y también Asturia presentan unos topénimos celtas,
pero ello no demuestra el caracter indoeuropeo de estas tribus. Entre los
Cantabros existia un matriarcado especialmente pronunciadoz esto habla
en favor de su caracter no-indoeuropeo, pero nada dice con respecro al
grupo no-indoeuropeo de que se trata. Los Protoiberos han recibido ele
mentos matriarcales scguramente de dos direcciones, de los Asianicos y
de los Africanos; los Hamitas orientales son, como es notorio, intensamente
matriarcales. Los exponentes arqueologicos nos demostraran que los Afri
canos han estado en Espafia antes que los Asianicos, por lo cual se podria
contemplar a la poblacién montafnesa cantabra como resto de la mas an
tigua poblacion preibérica. Sus toponimos son poco claros. Otmvialca per
tenece quizas a Orabmz, Omgua (edetano), al nombre de persona Omcilius
(llerda) y quizé también a Hamrri: (aquit.). La terminacién -0lc- la hemos
encontrado ya en el Suribérico, pero con ello no hemos obtenido aun el
testimonio de que los Cantabros y los Astures bayan sido Protoiberos ya
que ello requiere la prueba de que existen elementos asianicos en sus to
pénimos. Este testimonio no lo puedo presentar en la actualidad con el
material que esta a mi disposicion. Consecuentemente, debo dejar sin
respuesta por ahora si los Céntabros fueron Hispanos 0 Prehispanos. Para
nuestro razonamiento el hecho no tiene mayor importancia, y lo he to
cado aqui unicamente por su interés metodolégico.
Debemos echar también una mirada sobre el antiguo y honorable pue
blo de los Vascos. Nadie duda ya que derivan de la tribu de los Vnxcvnu,
cuyo nombre llevan, aun cuanclo otras tribus hayan participado de su for
maci6¤. El nombre con el cual designan a su propia lengua, iurtaro, esta
170
en conexion con la palabra aquitana Anti, lo cual podria ser un testi
monio para comprobar la intima union entre Vascos, V ascones y Aquitanos.
Nadie discutira hoy que la lengua vasca tiene relaciones intimas con las
lenguas del Caucasol; nadie dudaré que ellos son el ultimo resto de la po
blacion preindoeuropea de esta parte de Europa. Las dudas anteriores han
sido desvanecidas ante la evidencia lingiiistica, aun cuando la aclaracion
del problema sobre la·migraci6n asianica a través de Grecia e Italia, que
hemos hecho en este trabajo, no habia sido dada en parte alguna. La hi
p6tes1s africana que predominara durante cien afios ha sido excluida para
los Vascos y sera también prontamente abandonada en lo que se refiera
a los Iberos. Pronto ya nadic dira que los Vascos fueron una mezcla de
pucblos caucaso-ibéricos, como si los Iberos hubieran sido africanos, sino
que se deberé admitir que ya los Iberos habian sido una mezcla de pucblos
asiano—africanos, o si se prefiere, una mezcla caucaso—berbérica, pero con
mayoria de elemento caucasico. Trombetti tenia completa razon con su
designacion de pueblo vasco-caucasico o ibero—cauc5.sico. Esto no es in
validado por el hecho que el vocabulario vasco contenga algunos elemen
tos africanos. La antigua lengua vasca contuvo también algunos de estos
clementos, provenientes en parte de la lengua ibérica y en parte de la aqui
tana. El Vasco se encuentra, también por la fonética, muy distante de la
lengua libica-bereber, asi como el Ibero y el Aquitano, a raiz de la ausen
cia primitiva de la f. Por la conformation interna, la lengua se ha mostra
do netamente cauczisica. Las escasas relaciones lexicales con la lengua
hamitica no pueden influir, ya que se le oponen muchas mas caucasicas. El
numero de voces indoeuropeas en el léxico vasco es mucho mas considera
ble, y a ello se debe que alguien se sintiese autorizado a incluir al Vasco
en las lenguas indoeuropeasz.
La ausencia de la f une las lenguas ibérica, aquitana y vasca en un
solo grupo linguistico, en el cual posiblemente también tuviera parte el
Protoligur. La ausencia de la f es también peculiar a las lenguas asianicas.
En la medida que se presentan las cosas, se trata de lenguas que no hacen

1. Debo ahorrarme aqui de citar la abundance bibliografia pertinente; me limito a se·


lEalar unicamente el nuevo trabajo de N. M. Houma, Ibera-Caumriau ar n Lmgusmc Type, en
"Studia linguistica", Lund I, 1947, p. 11.
__ _ 2. F. C. Gmsona, El enigma del Varcumcz arm la: lmguur indoeurapmr, _en Revista dc
filologia espafnola" XXX, 1944. Se encuentran enlél, p._137, 139, los testimomos que el an
tiguo Vasco no poseia la f. Aun cuando su intention principal era demostrar que el Euscaro,
aun no perteneciendo al grupo linguistico indoeuropeontiene con ·él vmculos estreehisimos,
procediendo sin duda de un mismo tronco comun y dCblCI1dO· considerarse como idiom:. he
mmo del indoeuropeo", es equivoeada, riene sin embargo elllibro el gran mérito de. presenta
una riqueza de material etimolégico util para las relacioncsindoeuropeas con- el leitico Xasco,
el cual en parte ba sido fonéticamentc bien tratado. Es u.n hbro en el cual la mvestigacion fu
tura podra encontrar mucho.
171
diferencia entre consonantes sordas y sonoras. Probablemente con una
revisiénimas prolija se demuestren mayores coincidencias fonéticas. La au
sencia del sonido f las difiere netamente por una parte de las lenguas semito
hamiticas y por la otra de las reto—tirrenas. Los Italicos y los Vénetos fueron
por cierto, entre los Indoeuropeos, poseedores del sonido f desde tiempos
remotos. Por lo cual las lenguas carentes de f se encuentran situadas como
una cufna entre las otras. Esta cuiia se ha movido a través del Mediterraneo,
en un tiempo que es determinado arqueologicamente como la segunda mi
tad del III milenio: es la cufia de lenguas asianicas.
No debe pasarse por alto aqui que ya anteriormcnte habia sido muy
nombrada una tercera componente del Vasco, la altaica. Su importancia
para la lengua vasca intento demostrarla ultimamente Fouchél. Pero debo
declarar, conjuntamente con Tovar, que sus testimonios lingiiisticos no
son convincentes. Aun cuando ciertos casos muestran la existencia de co
nexion, cabe también la posibilidad de otras explicaciones. Fouché mismo
subraya que las lenguas asianicas muestran ciertas relaciones altaicas,
especialmente el Sumero. gPor_ que entonces las partes del vocabulario
vasco que tienen sus equivalentes en el altaico, no pueden haber viajado
por via asianica hacia el Occidente? Para mayor scstén de su teoria, Fouché
prescnta también testimonios antropologicos y arqueolégicos. Mas tarde
tendremos oportunidad de demostrar que los mismos son insostenibles.
Cuando estudiamos el proceso de la sobreposicién de capas, cuando
éstas son muy bien conocidas historica y lingiiisticamente, podemos averi~
guar que un grupo seiiorial conquistador, cuando tiene alguna importancia
numérica, consetva en lo esencial su propia lengua, pero nunca en una forma
tal, que quede inmune de la influencia lingiiistica del pueblo sojuzgado.
Se conservan ante todo por un lado la parte sintactica y por el otro la foné
tica. Esto tiene sus buenas razones, pucsto que la forma interna de una
lengua esta en conexion con la herencia psiquica, y la parte fonética con la
fisica. Mucho menos persistente resulta la morfologia, la que, cuando la
lengua es influida por un pueblo subyugado, puede sufrir modificaciones.
El léxico es muy susceptible de toda influencia, lo que es ciertamente muy
natural, pucsto que el conquistador aprendera a llamar las cosas nuevas
con que viene en contacto, por el nombre con el cual son designadas por
los subyugados. Adaptara unicamente las palabras a su fonética particular.
I. P. Foucr-ié, A prapa: dc Farigim du burqru, en "Emerita" V, 194}, Supl. Es un rraba]0
¤eme)ante al presente, que rrara de fundamentar la influencia asiénica en la peninsula ibérica,
basado en el testimonio de la combination de todas las fuentes. En muchos puntos estoy de
acucrdo con liouche, pero debo declarar ciertamentc aqui que Ia utilizacibn de topénimos m
dernos sm diserimmacion y sin un anterior estudio de la hisroria evolutiva de cad: uno dc
ello:. cs aumamentc dudosa.

172
Cuanto mayor sea la altura cultural del pueblo sojuzgado, tanto mayor
sera el caudal dc palabras que transmitiri el venccdor. Tenienclo en cuen
ta la inclination sincrética de las religiones paganas, los nombrcs de dioses
que comunmente traen consigo los conquistadores, no son obice para que
a su vcz incorporen otros facilmente. En la naturaleza misma de las cosas
sc encuentra la explicacion del hecho que los topbnimos antiguos se con
serven por regla genefal, no quitando la creaci6n de otros nuevos, cuando
existieran causas especiales. Como es notorio, se conservan con mayor
tenacidad los nombrcs de rios, y se cambian mas facilmente los nombrcs de
ciudad. Rapidamente suelen desaparecer los nombrcs de personas de la
capa sojuzgada, porque al adoptar nombrcs de la capa seiorial, se logra
a mcnudo una elevacion social. Ejemplos muy claros brindan, para estas
leyes, las lenguas hetita, griega y latina. Empleando estas leyes con res
pecto a Europa occidental, dan como resultado justamente lo contrario
dc lo que supusiera Pokorny. La capa conquistadora, que conservo sus pe
culiaridades fonéticas y la forma interna de la lengua, fueron los Asiénicos;
la capa sojuzgada fueron los Africanos. Los testimonios arqueologicos de
que nos ocuparemos a continuacién comprueban este estado de cosas sin
lugar a dudas. En lo que se refiere al Paleolitico y al Epipaleolitico, la mas re
ciente investigacién espaiiola pudo averiguar que la concepcion sustentada
por Obermaier referente a la division cultural de la peninsula en dos partes,
una del Norte, franco—cantabra, en conexion con Europa y la otra del Sud,
capsiense, relacionada con el Capsiense del Africa, es falsa. Martinez Santa
Olalla, Almagro, Pericot y otros lo han demostrado a suficiencia, con lo
cual naturalmente no se pretende negar que laslinfluencias africanas hayan
alcanzado a Espana también durante el Paleolitico superior. Pero en lo
esencial toda la peninsula miraba hacia Europa en el sentido cultural. El
Paleolitico superior terminaba con el Asiliense, que mostr6 su esplendor
especialmente en el Norte de Espana, para extinguirse luego, antes de co
menzar el Neolitico. junto al Asiliense surge en Portugal -y el Norte de
Espaila, y también en los alrededores de Biarritz, la cultura primitiva de
pescadores del Asturiense, cuyo origen aun no esta explicado, pero cuya
confluencia en la cultura agricola del Neolitico puede establecerse con
claridad. Como tercer elemento se agrega en el Epipaleolitico el Tardenoi
siense, de seguro origen africano, ya durante el Asiliense, como lo demues·
tran las influencias recibidas por este ultimol. He intentado demoscrar

1. El ensayo de E. Mmaczn, Zur Alrmfrage du Caprien, m "Forsch. z. Vor- und Frueh


geschichte a. d. Mus. vorgesch. Altert." Kiel, VI. Neumiinster, 19}8, para dernostrar que el
Tzrdcnoisieuse CUFOPCO CS HD2 Cl1lIL\1'3 2\1\'6CIOD$, pl.1CdC SCI COlJ$lCl¢l'2·d0 \iIIIlC3IDC
una desviacibn.

173
que antes del comienzo del verdadero Neolitico espanol, habia tomado
ien la peninsula una cuarta cultura, la de las hachas cilindricas del Pro
pe
roneolitico (Walzmbeilkulmrf. No dejo de ver que la mayoria de estos
clementos pudieron llegar posteriormente, con las mas tempranas influen
cias del pleno Neolitico egipcio-africano. En todo caso la aparicion de
hachas de rodados e incluso de hachas completamente pulidas, asi como
de la ceramica, en las capas preneoliticas de la Europa occidental y septen
trional, pareciera indicar un avance de la cultura de hachas cilindricas
aun durante el Epipaleolitico. Las circunstancias etnogonicas de Espana
y del Sud de Francia eran muy complicadas antes del comienzo del ver
dadero Neolitico, segun lo indican los testimonios arqueologicos. Algo
semejante sucedi6 en Italia. Si omitimos hablar acerca de estas cosas alli,
fué porque tenemos la conviccién de que la influencia de los restos paleo
liticos locales sobre los tiempos posreriores fué muy débil, tanto en sen
tido cultural como etnogénico, en aquellas partes dondc pudieron desarro—
llarse plenamente los pueblos y culturas netamente neoliticas. Esto acon
recié en las peninsulas del Sud europeo. Ademés hay que considerar que
la masa numérica de los pueblos cazadores y pescadores epipaleoliticos,
con su economia extensiva, debio ser siempre muy reducida, y también
en circunstancias y condiciones prehistoricas seguramente menor que la de
los pueblos agricolas. Creo por lo tanto que en las consideraciones acerca
de la etnogonia del Sud de Europa puede prescindirse en general de las ca
pas basicas paleo-epipaleoliticas. Debemos conformarnos con tener cn
cuenta su existencia y no olvidar que la poblacién posterior conserva algo
de esas capas. Pero hacer fluir de ellas una cualquiera de las poblaciones
posteriores, lo considero equivocado. Ello vale particularmente para la
hipétesis vasca de Bosch Gimpera.
Bosch Gimpera ha analizado exactamente —ya en su primer ensayo—
las culruras del Neolitico espanol; ya solo se necesita algun retoque. Ante
todo certifica que la Peninsula Ibérica pertenece al circulo cultural europeo
occidental, es decir, a aquella unidad cultural que estaba formada en el
Neolitico por Italia, la Peninsula Ibérica, Francia, Suiza, Inglaterra e Ir
landa. Ella sufrio durante el Neolitico temprano invasiones de disrintas
partes, sin que sufriera esencialmente la unidad cultural de la Europa oc
cidental. El fundamento de esta unidad la forman, a la terminacion del
Mesolitico, las influencias culturales provenientes del Africa, que se intro
ducen en las dos peninsulas occidentales del Sud europeo. Como ya pudo
averiguarse en las consideraciones acerca de las circunstancias arqueologicas

1. Ouw.¤u.¤ Muwonm, Wzltlgucbicbtr der Iteinzcir, p. 275.


174
de Italia y de Liguria, las olas culturales africanas han llegado de distintas
partes y naturalmente también en tiempos distintos. Egipto ha jugado cn
este caso un rol importante, en lo que respccta a Espaial, pero fué una in
fluencia indirecta. Por cl contrario, dcbe suponerse que los impulsos cul
turales que recibiera Espaiia del Noroeste de Africa’, y a los cuales se debe
la ncolitizacion de la peninsula, han sido aportados por un inmigracion.
Martinez Santa-Olalla habla de una cultura hispano-mauretana. Sus por
tadores pudieron ser ninicamente los Hamitas occidentales, habitantes neo
liticos del Africa del Norte. juntamente con restos de tiempos anteriores,
han formado la base para la poblacion neolitica de la peninsula. En lineas
generales se crata de una cultura simple, con ausencia de metales, carac
terizada por una ceramica de puntos incisos y que por su naturaleza esta
cmparentada con la cultura neolitica mas antigua de Italia. En Espaiia
esta relacionada especialmente con las viviendas en cuevas. junto a la cul
tura de las cuevas aparece, en una region muy pequena de Almeria, un
grupo especial mas avanzado. Pero también la cultura de Almeria, repre
sentada especialmente por el yacimientode El Garcel, tiene caracteristicas
nctamentc africanas, las cuales sin embargo deben provenir de otra fuente.
Pareciera que ella ya utilizaba las minas de cobre. Segfm Martinez Santa
Olalla la cultura neolitica mas reciente de Espaiia, la que él llama ibero
sahariana, se basa en lo esencial en el grupo de Almeria, por lo que concier
ne a su componcntc africana. Bosch Gimpera creyo distinguir una tercera
facie: cultural del Neolitico antiguo en la Peninsula Ibérica: la cultura
megalitica portuguesa. Su aceptacion seria justificada, si los megalitos se
hubieran originado alli, vale decir si Portugal hubiese sido realmente el
punto de partida del movimiento megalitico, lo cual fué aceptado por i
algunos investigadores. Concediendo que los megalitos tienenonico ori
gen —esta concepcion es segfm nuestra opinion la mas acertada—, se podra
tomar en cuenta unicamente como region de partida a Palestina y a la
region oriental del Jordan. Puesto que Stékélis pudo comprobar por in
termedio de excavaciones, que los megalitos aparecen ya alrededor del IV
milenio‘*, es decir mucho antes que en cualquier otra parte. Posiblemente
éstos atravesaron Egipto y Africa del Norte (para lo cual existen ciertos
1. Compares: con la bibliografia citada en el capitulo primero, ademas a _]. Mnriunz
SANTA OLALLA, Exquemu pulemalégiw de la pmlmulu bixpinica, 2* cdic. Madrid, 1946,
VALBRO APARISI, El mal/rica exparial _y Ju: relacimu, en "Cuaderuos de historia primitivaI,
19465
, . _ . 2. O. Mnucmu, Egipta _y la peninsula ibirim, en "Corona dc estudios, etc." I, M
1940, p. 167
. _ _ 3. M. Sréxéus, Lz: monument: mégalitbiquu de Palértim, en "Arch. dc llnstitut de pa
léont. humainc" XV, Paris, 1935. Rcspecto al problema dc los megalitos cspaiiolcs com
parese especialmente con M. Atmacno, "Ampurias" IV, 1942, p. 235.
175
puntos de apoyo) y de alli regresaron a Espana. Si aparecieran las formas
mas primitivas en Algarve, se la podria considerar como punto de partida
de los megalitos en la Peninsula Ibérica, pero ellas se encuentran mucho
mas al Norte. No es probable que hayan llegado primeramente alli, a
pesar de la gran dispersion maritima que tuvieron los megalitos. No me
parece completamente esclarecida aim la cuestion. Sin embargo, hay que
tener cn cuenta la posicion mas reciente adoptada por la investigacion
espanola, que considera a los megalitos portugueses como una forma sim
plificada de las mas evolucionadas del Sud de Espana. Con esto debera
dejarse de lado la suposicion que consideraba una temprana cultura me
galitica en Portugal.°Para nuestro fin, esta discusion tiene, por lo demas,
cscasa importancia.
De mayor interés, por el contrario, cs la correccion efcctuada por espe
cialistas franceses, a la articulacion de las culturas de Bosch Gimpera.
Poisson se ha alzado contra la posicion de Bosch Gimpera, de que el Neo
litico francés del Sud sea onicamente una parte integrante del espanoll.
Segnin Bosch Gimpera no solamente es caracteristica, para el Neolitico
espanol de las cuevas,_la ceramica a presion y la de puntos incisos, sino
también la que lleva adornos plasticos (decoracion en relieve)”. Esta
ceramica con decoracion en relieve, segim Poisson, no tomo el camino de
Espana a Francia, sino justamente el inverso. Es la ceramica de los anti guos
palafitos suizos, y, segfin Pia Laviosa-Zambotti, de la misma también
deriva la ceramica de Lagozza eneolitica, en Italia Septentrional. La con
ception del critico francés puede ser falsa o verdaderaag ella no modifica
en nada cl hecho fundamental, que realmente se trata de un grupo cera
mico de la Europa occidental, emparentado con el de puntos incisos de
Espana, cuya fuente también habra que buscarse cn el Africa del Norte.
Precisamente este material tenia yo presente cuando hablé de las intimas
relaciones existcntes entre cl Neolitico europeo occidental y Ja cultura de
Merimde-Benisalame en el delta cgipcio‘. Por lo cual me parece que Fou
ché esta completamente errado cuando coloca la cultura de ceramica en
relieve en relation con la migracion de elementcs raciales alpinos del Asia,

1. G. Poisson, Lu civilimriemx néalitbiquu or hilalirbiguer de In Fmnca, cn "Rev. A¤thr0p°'


XXXVIII, 1928, p. 239, 368 y XXXIX, 1929, p. 45.
2. Por lo demés, se ha comprobado que una parte de la cerimica de relieve considerada
por Bosch Gimpera como neolirica, es en realidad del tiempo de l-lallstatt; por lo cual existe
la nccesidad de hacer nucvas investigaciones sobre este punro.
3. j. SAN Vnzno Annu, l. c., p. 29, la refuta.
4. O. Menghin, Dir eurapueixrlvm Bqiebungrn der Kultur vm Merimde-Bmimlosu, en "Anzei
ger der Akad. cl. Wissensch", Wien LXVII, 1930, p. 74 y Die nealitbinbe Amiedlung van Marin
da-Bmixalumr und ibn Brdeutung fuer die Entwicklung de: Nralirbihumx in Wcxteuropo, en "Proc.
I. Intern. Congr. of Preb. and Protohist. Sciences", (London, 1932), Oxford, 1934, p. 177.
176
y hace fluir las supuestas componentes altaicas del Vasco de este complejo.
El origen de los alpinos es adn oscuro. La aseveracion de quc cllos fueran
la raza dc los palafitos no es exacta. Pucde considerarse seguro que faltan
casi tot almente en la Europa oriental, por lo cual el pensamiento de Fouché,
de que pudieron haber llegado a través de la Balcania no puede sostenerse.
La (mica teoria posible sobre la inmigracion de los Alpinos es relacionada
con la mas arriba mencionada cultura de hachas cilindricas (5`cbwdruzicb
torkultur, cultura de la cria de cerdos), es deci-r con un movimiento epipa
leolitico—protoneolitico. La ruta migratoria seria la siguiente: Asia
anterior, Africa del Norte, Espaiia, Francia; y la cronologia alrededor del
VI—V milenio a. de]. C. Que estos hombres puedan determinarse linguis
ticamente, no lo creo muy probable. Altaicos en el sentido que se le diera
posteriormente no creo que lo hubo en aquel entonces, unicamente quizés
Protoaltaicos. {Pero qué utilidad tiene hoy en dia fantasear sobre estas
cosas? Preferimos establecer que ni con la ayuda de la cultura con ceramica
de relieve del Neolitico, ni con la cultu.ra de las hachas cilindricas
del Protoneolitico, se puede establecer una base arqueologica para las
relaciones altaicas del Vasco. Sin embargo, estos testimonios arqueologicos
nos llevan a comprender que la unidad cultural del Occidente europeo, en
el Neolitico mas antiguo, es relativag es decir que aun en el mismo suelo
espafnol, debe contarse ya con diferencias lingiiisticas, antes de la llegada
de la inmigracion asianica.
El segundo periodo principal del Neolitico en Espana, el Eneolitico,
se caracteriza por la cultura del vaso campaniforme. El vaso campaniforme,
segén De Castillo, ha evolucionado en Andalucia meridional de la cerami
ca proveniente de la cultura de las cuevasl. Su dispersion a través de toda
Espana tuvo lugar muy rapidamente. Al mismo tiempo puede observarse
una elevation conjunta de la cultura de la peninsula. Ella se manifiesta
especialmente por las grandes tumbas en forma de cupula y por la adop
cion del trabajo en cobre. Todo esto nos lleva a una pregunta: gse trata
aqui de procesos puramente internos de Espana, o existen influencias fo
raneas, quizés nuevos inmigrantes?

1, O. Montelius hizo derivar en aquel entonces al vaso campaniforme de Egipto. Lo


coloeo en relacion con un vaso en forma de tulipa, pulido y que presentaba una decoracion
incisa, vaso del cual se conocia solo cse ejemplar y sin la especificacion del lugar de hallaago.
Hoy sabemos que este material es caracteristico para el Tasiense. La tasiensel es la mas antigua
cultura neolitica del Egipto medio, y presenta claras relaciones con la merimdiense, pertenc
ciendo al igual quc esta dltima al principio del IV milenio; consultese Gin! Bnumou, Mar
ruyddu and rb: Turion Culture, London, 1937. Una conexion entre el vaso tasiense y'el vaso cam
paniforme, puede existir s6l0 en cuanto ambos son productos de culturas,· en cierta manera
emparentadas. Esre pai-emeseo se presenta muy claramente en la eonsn-uee¤6¤ arquitectomc
de los vasos, a la que C. Schuchardt llamara muy acertadamentc estilo de bolso
177
La mas antigua investigation efectuada en tierra espafnola por los her
manos Siret, ha estimado en mucho la influencia oriental en el Neolitico
de la peninsula, a pesar de contar a menudo con testimonios poco convin
centes. El combate contra le mirage oriental efectuado en Viena por Matthaeus
Much y en Paris por Salomon Reinach, trajo como consecuencia un fuerte
regreso de esas concepciones. C. Schuchardt, en Berlin, llego finalmente
tan lejos, con especial atencion a la peninsula ibérica, que considero al
Egeo como dependiente en muchos puntos del Occidente, especialmente
con referencia alas construcciones megaliticas. No existian consideraciones
cronologicas para este autor cuando defendia una de sus ideas mas queridas.
La investigation mas reciente ha llegado a otros resultados, como surgeu
del examen compendioso de la antecitada escucla de Barcelona y de diver
sas investigaciones de otros arqueologos espai:'1oles‘, especialmente por la
presentation monumental de las tumbas megaliticas hechas por los con
yuges Leisnerz. A raiz de las tumbas en cépula y de los extraordinarios
trabajos en cobre hechos con mineral local, comienza la aparicion de gran
cantidad de nuevos tipos, que hablan de una mayor o menor influencia
mediterranea oriental. Asi por cjemplo Leisner llamo la atencion sobre la
articulacion de los elementos en las pinturas de las tumbas megaliticas de
Pedra Coberta (La Coruiia) que en un todo se asemeja a la ordenacion
egea“. Ya Déchelette habia reconocido que la plastica de los idolos era
en parte de procedencia mediterranea oriental". Un idolo con la represen
tacion del triangulo sexual en una tumba megalitica de Almizaraque“,
no puede ser imaginado sin moldes egeos. También las joyas muestran
muchas influencias egeas, aun cuando el material empleado: oro, cobre,
marfil y quizas también el callair, sea de origen autoctono o bien africano.
La tumba de cépula es por sus formas arquitectonicas con toda seguridad
una copia de la Tholos egea, mientras que la técnica de las construcciones
megaliticas parece haber venido, como hemos oido, de Siria a través de `
Africa y posiblemente con la participacion de Italia; ya que el Egeo no
tiene construcciones megaliticas. También el repentino comienzo de la
extraction del cobre y de su elaboracion, y en general la clevacion total

1. Comparese especialmente con B. Silnz Mantis, Nueva: preceikrmx cbipriarar de lo:


gzlux plaza.: de la culrura iberarabariaru, en "Act. y Mem. Soc. E
2. G. y V. Lmsunn, Die Megslitbgraeber Jer Iberircberr Halbiruel I, Der Suelen, en "Roem.
German. Forschungen" XVII, Berlin, 1943. Esta obra, con exception de escasos ejemplares,
ha quedado clestruida a raiz de los bombardeos aéreos.
3. G. Lmsuan, Die Malereirr de.: Dalmevu Pedro Coberta, en "lpek" IX, 1934, p. 23 Y Nueva.:
pinrura: rnegalirirar en Erpuia, en "lnvest. y Progr." VIII, 1934, p. 146.
4. Décnunsrra, en "L'Anthropologie" XXIII, 1912, p. 33.
5. R. Mrméunaz Pmn., Hixrvria do Erpsria, l. c., p. 558, fig. 458.
178
muy visible de la cultura, han de ponerse seguramente en relacion con l
mlluencia oriental. Esta ha podido venir unicamente a través del mar.
Se uene con ello la prueba que los hombres han estado en relaciones inme
diatas, sea que los habitantes de la peninsula llegaran a Oriente, sea
hombres del Mediterraneo oriental llegaran a la peninsula. Las conditio
nes arqueologicas hacen mas probable lo ultimo, sobre todo, la aparicion
de ceramica pintada en'medio del complejo cultural recién descripto. H
en la Espana meridional mayor cantidad de ceramica pintada de la que
scguramente se sospechabal. Quizas alguna. vez se cncuentre la misma
también mas al Norte. Hasta ahora, como he podido entrever por la bi
bliografia, abunda en todo el Sud de Espana, desde Murcia hasta Portugal.
Existen diversas clases; en el subgrupo de Los Millares, por ejemplo, las
hay pintadas de rojo, azul y verde; es un material cuya técnica ya muestra
una conformacion autoctona. Ella se encuentra sin transicion al lado de la
cultura del vaso campaniforme. Lamentablemente faltan en un todo las
reproducciones, que nos permitirian hacer un analisis artistico de la cera
mica pintada dc la peninsula.
La cuspide del florecimiento de la cultura del vaso campaniforme en
Espana tuvo lugar entre el 2300 al 1800. Hablose mucho de una invasion
guerrera de Sargon el Viejo, de Agadé, al cual la cronologia moderna co
loca entre el 2251 al 21962. Pero esta invasion de Espana es imposible.
Para explicar la elevacion cultural de Espana basta la suposicion de una
migracion de pueblos asianicos, procedente de focos secundarios de la
Italia meridional y de Siciliaa. Poseian evidentemente ann la suficiente
energia para proseguir su marcha hacia Occidente y asentarse alli como
capa senorial sobre la primitiva poblacion africana. El embate de los in
1. Puede formularse ciertamente aqui, la pregunta: éhasta qué puuto puede considerarsc
un argumento en favor de la migracion de pueblos asianicos, la caracteristica de los vasos pin
tados, rambién los de Espana? Naturalmeute no debe hacerse derivar todos los vasos pin
tados de una fuente uniea, y solo puede suponerse una eonexién, cuando existeu en su favor
también otros motivos. En nuestro caso estos motivos son de indole cronologiea y geogrzifica.
Por una parte se ti-ata en Espana del mismo tiempo en que aparecen los vasos piutados eu la
Baja Italia, Sicilia y Liguria, regioncs en las cuales la ceramica pintada es de dependencia egea,
asegurada por caracteristicas estilisticas; por la otra, esta también la continuidad geografica,
ya que debe suponerse ciertamente una comunicacion maritima entre Sicilia y Espana eu tiem
pos neoliticos. A eventuales diferenciaciones técnicas en la pintura deb: concederse escasa im
portancia. Ya que se eneuentran en la zona danubiana, por ejemplo entre la Balcania y los
‘ Sudetes, grupos eulturales intimamente emparentados, iumediatamente veci¤os_y eoutempo
raineos, o también cn dos capas superpuestas del mismo grupo cultural, técnicas pictoricas muy
disrintas. En rérminos gcnerales, puede afirmarse que la técnica de la pintura decae, cuanto
mayor es su alejamiento del centro de irradiacion. Por lo cual no es de esperar que en Espana
haya alfareria barnizada o ceramica pintada anres de su coccion.
2. Comparese COD A. Sc1·1u1.·m1~1, Terrzsmx, 2** ed., Madrid, 1945.
3. A. Gncia Bnurno, Hirpania Gram: I, Barcelona, 1948, toma escasa cuenta de esto,
ya que es muy escéptico frente a la suposicion de las relaciones mediterraneas orientales con Es

179
migrantes debio haber tocado primeramente el Sureste dc Espaiia, ya sea
p or puras razones geograficas, ya en razon de sus yacimientos de cobre.
Se crataba, pues, de la region de Almeria y de su inmediata vecindad, la
cual formara el centro de los nuevos dominadores. Fouché supone que en
el Suroeste de Espana tuvo lugar un segundovdesembarco, independiente
mente del primero, 10 cual es muy posible. Si de acuerdo a los resultados
de la investigacion espaiiola, la ceramica campaniforme tuvo su origen
en Andalucia, puede considerarse su abundante decoracion incisa 0 impresa,
que sale completamente de lo comnin en Espafia y también del marco ge
neral de los circulos culturales del Occidente europeo, como una conse
cuencia de las sugerencias artisticas del Oriente y al mismo tiempo como
una reaccion del elemento nativo. La dispersion de la ceramica campani
forme y de la cultura relacionada con la misma, en casi toda la peninsula,
es del mayor interés etnogonico. Ya que la cultura del vaso campaniforme
parece ser la sintesis de lo nativo antiguo y de lo nuevo recién llegado;
mezcla de culturas, cuyos componentes fueron la poblacion primitiva afri
cana bajo la direccion asianica. Era, por lo menos en el Sud de Espafia,
como es de esperar en tales circunstancias, una neta cultura guerrera, y asi
lo demuestra cabalmente la cantidad de armas que sc han encontrado, y
ademas las fortificaciones, que en el Neolitico antiguo se desconocian.
La capa dominadora dejo de conservar prontamente muchas de sus parti
cularidades, como por ejemplo la ceramica pintada, que desaparece rapi
damente. Pero era lo suficientemente fuerte para imponer los caracteres
fundamentales de su lengua. Bajo cuales circunstancias y leyes tuvo lugar,
lo hemos dicho mas arriba. Segun De Castillo la ceramica campaniforme
se impuso en la region de Almeria un poco mas tarde que en el ccntro y el
Oeste de la peninsula. Ello responde completamente a lo que podiamos
esperar, si nuestras concepciones son verdaderas. Justamente en la region
de la entrada de la migracion asianica pudo sostenerse su cultura mas re
ciamente. La investigacion mas exacta de la ceramica pintada de Almeria
nos mostrara, quizés, algunos datos mas en esta direccion. Bosch Gim
pera tenia cornpleta razon al adjudicar a la cultura de Almeria una
importancia especialisima para la ctnogonia de Espaia. Lo que no pudo
ver él en su tiempo, fué cl hecho de la gran influencia asianica medite
rranea oriental sobre esta cultura. La identificacion de los mas antiguos
Iberos, considerado como un pueblo hamitico, con los portadores de
la cultura de Almeria, al modo de Bosch Gimpera, me parece impo
sible. Pero aqui debera buscarse el punto donde cstablecicron contacto
por primera vez Asianicos y Hamitas occidentales. Posiblemente las pri
meras rclacioncs hayan sido hostiles. Para la formacion del pueblo mcstizo
180
de los Protoiberos, 0 Hispanos, se necesito logicamente cierto tiempo.
Seguin evidencian las circunstancias arqueologicas, puede suponerse que
la mezcla dc ambas etnias tuvo lugar primeramente en tierra andaluza.
De aqui conquisté répidamente el centro, Oeste y Noroeste de la peninsula,
luego el Noreste y finalmente el Sudeste, es decir la region de Almeria,
donde habiase efectuado el primer contacto.
Considerada esta evolucion, no puede esperarse naturalmente que se
haya producido en todas partes una mezcla uniforme. Por el contrario,
se habran producido las mas variadas gradaciones. Estos hechos, conjun
tamente con los posteriores procesos etnogonicos, explican suficientemente
por qué es tan dificil aclarar las condiciones lingiiisticas de la peninsula
en lo concerniente a los tiempos historicos. Entre las evoluciones poste
riores tiene una importancia especial la cultura de El Argar. Su culminacién
corresponde mas 0 menos a la media edad del bronce de Europa central
y puede colocarse entre los anos 1500 a 1200. Nuevamente ha partido de
Almeria y se dispersé por casi toda Espana, siendo llevada al parecer por
un pueblo muy fuerte y homogéneo. Si tenemos raz6n en considerar a Al
meria como puerta de invasion oriental en el HI milenio, puede entonces
suponerse que la mezcla que tuvo lugar alli contuvo el mas alto porcentaje
de elemento asianico. La dispersion de la cultura de El Argar debe haber
causado por 10 tanto un aumento dc influencias asianicas en las demas
partes de la peninsula. El contenido de la cultura de El Argar no me parece
suficiente motivo para la suposicién de una nueva ola inmigratoria asia
nica proveniente quizés de Sicilia; en cambio existian seguramente rela
ciones con el Este. Nuevamente vemos cuén complicados fueron los hechos
cn los cuales descansa la conformacion étnica de la antigua Espana. Pues,
si nuestras concepciones son acertadas, podemos contar con una capa an
tigua protoibérica —el pueblo de la ceramica campaniforme— y una capa
protoibérica mas reciente —-el pueblo de la cultura de El Argar. No antes
de que se cumpliese la amalgama de estos dos grupos, podemos pensar en
la formacién de los Iberos historicos. Me alegra averiguar que en mi va
lorizacién ctnogénica de las culturas del vaso campaniforme y de El Argar,
asi como de la cultura de las cuevas en la medida en que se refiere a su
caracter hamitico, haya llegado independientemente de Fouché a concep
ciones que se desvian de las suyas solamente en algunos matices.
Los testimonios arqueolégicos presentados tienen naturalmente intima
relacién con la cuestion de origen de la etnia de los Vascones y Vascos.
Bosch Gimpera ha sostenido en muchos trabajos sobre esta cuestion, la
teoria que los Vascos son los descendientes de la poblacion primitiva pa
leolitica de la region occidental de los Pirineos. A raiz de esto deberia
181
nsarse en el Asturiense, que, como ya hemos visto, ha desembocado
en el Neolitico y florecio en los alrededores del golfo de Vizcaya, ya que
el Asiliense y el Tardenoisiense son de escasa importancia para esta cuestion.
Llego a esta conclusion indudablemente a raiz de su conviccion de que
existiera un aislamiento lingiiistico total del Vasco y de la imposibilidad
de explicar las influencias de los pueblos asiano—caucasicos sobre la penin
sula ibérica. Pero desde el punto de vista lingiiistico el parentesco de Cau
casicos y Vascos es hoy un hecho, y su fundamentacion arqueologica se
presenta muy probable, como surge de las consideraciones anteriores.
Ademas, debe considerarse como poco atendible que una etnia tan tenaz
como lo es la vasca, haya surgido de un pueblo asturiense que presenta
ran escasas condiciones. Debc haber seguramente otra explicacion. Bosch
Gimpcra aduce también como sostén de su teoria, que en la region vasca
de Espana faltan los hallazgos del mas antiguo Neolitico, con escasas ex
cepciones. Puede tratarse aqui onicamente del estado incompleto de las
investigaciones. Aun cuando fuera establecida la falta de hallazgos, no
seria motivo suficiente para aceptar la teoria de Bosch Gimpcra. En los
Pirineos occidentales la cultura neolitica empieza, en general, con la cul
tura megalitica pirenaica, la cual ya tiene ceramica campaniforme. Cuando
Bosch Gimpcra dice‘ que la etnia vasca se ha originado a raiz de las
fuertes iniluencias de las tribus vecinas del Oeste (elementos invasores de
la provincia de Santander, con cultura dc las cuevas), del Este (grupo de
las culturas de las cuevas de Cataluiia), del Sud (cultura de Almeria de
Aragon) cruzadas con otras de Portugal y Asturias (tumbas megaliticas),
sobre los rcstos de la poblacion paleolitica, se debe objetar que tal varie
dad de influencias comprueba el rol predominante de los elementos neoli
ticos, es decir los Protoiberos, contrariamente a lo sostenido por Bosch
Gimpcra, que nos habla de elementos paleoliticos.
Bosch Gimpcra establece, dentro del grupo megalitico cultural de los
Pirineos, dos subgrupos, uno occidental y 01:0 oriental, que se extienden
ambos en los dos lados de los Pirineos. Esto haria posible considerar al
grupo occidental megalitico simplemente como el cquivalente arqueolo
gico de los Aqujtanos y Vascones. Pero De Castillo separa ahora un grupo
al Sud y otro al Norte de los Pirineos. Segun él, el grupo del Sud esta basado
preferentementc en la cultura de Almeria, a pesar de los elementos mega
liticos que contiene, pasando por encima del grupo de Cataluna y en un
menor grado se basa en la rama central de la cultura del vaso campanifor
me; la ceramica campaniforme del Norte de los Pirineos se basaria en este

1. P. Bosca Gmvsu, en "Mitteilungen d. Anthrop. Ges. in Wien", LV, 1925, p. B1.


182
caso en la catalana sudpirenaica, es decir que derivaria de las fuentes de
Almeria. Si esto se confirma, quiere decir que el grupo que atraveso los
Pirineos, fué el que era mas asianico. La opinion dc De Castillo es que sc
trate unicamente de una influencia cultural y no de una diseminacion del
pueblo de Almeria; esta demas el decir que esto es naturalmente insoste
njble. De Castillo mismo hace derivar de las cultutas megaliticas y campa
niformes norpirenaicas, la ceramica campaniforme francesa septentrional
y la renana, con lo cual él mismo no duda de apelar a una mi gracion. (Dada
la dispersion salteada de la cultura del vaso campaniforme, toda otra ex
plicacion seria imposible, aun prescindiendo de los demas indicios, ante
todo la homogeneidad racial del pueblo que representaba esta cultura).
Por lo cual, no solo la cultura del vaso campaniforme, sino también el
pueblo, deben haber venido de afuera a la region de los Pirineos. En caso
que ese pueblo penetrara por la region del Golfo de Vizcaya, que en aquel
entonces adernas de estar escasamente poblada, tenia una poblacion costera
retrograda en el sentido cultural, se explicaria facilmente el hecho que el
caracter asizinico de esas tribus fué mas pronunciado que en otras regiones,
en las cuales tuvo que amalgamar la antigua subcapa hamitica occidental.
Habra que esperar nuevas aclaraciones arqueologicas, antes de definirse
en estas cuestiones. Hasta ahora los testimonios arqueologicos se rela
cionan y complementan muy bien con los resultados de las investigaciones
linguisticas.
No puede ser mira de este trabajo perseguir la dispersion de la cultu
ra del vaso campaniforme a través de las otras regiones de Europa. Por lo
demas esto ya fué muy bien hecho por De Castillol. Completando, habra
que agregar, que segon los trabajos del investigador esloveno Lozar, que
aparecieron durante la guerra, puede observarse una fuerte influencia de
la cultura del vaso campaniforme en el conocidisimo grupo eneolitico de
Laibach (Carniola), con lo cual también esta demostrada la existencia
de la corriente hispénica en las puertas de la Balcania.
Solamente una palabra mas querria decir sobre la importancia linguis
tica y etnogonica cle la migracion de la cultura del vaso campaniforme con
respecto a Europa. Si es cierto lo que atestiguan todos los sintomas, esto
es, que se trata de una verdadera migracion de pueblo (sobre cuyas causas
no necesitamos extendernos aqui), no existe dificultad en admitir que ella
ha transmitido mucho material lingiiistico protoibérico, es decir esencial
mente asianico, y en parte también hamitico occidental, a toda la Europa
occidental y central. Si ya se habian introducido elementos asianicos en
1. A. mz CASTlLLO—YU'l.RI'l.'A, L4 cultura del van campanifarmc, Barcelona, 1928 y cn R. Mn
Nérmaz Pmn., Hixtariu de Erpaia, I.

183
el circulo cultural danubiano (ver cap. III), el pueblo caracterizado por la
cultura del vaso campaniforme vi6 aumentar dichos elementos a raiz de
tal migracion. Nombres asianicos de rios y tribus en el N oroeste de Europa
ante todo en Ing1aterra— asi como en la Europa central, y también fuera
de la zona de ceramica pintada, ya no son hoy dia, desde el punto de vista
histérico, ningun enigma.
La reciente exposicion de la Paleoantropologia de la peninsula ibérica
hecha por Hoyos Sainzl invita a tocar la cuestion de las razas. Espana
estaba habitada al final del Paleolitico por razas dolicocéfalas. Para el
tiempo inmediatamente preneolitico Hoyos diferencia a la raza de Cro
magnon, el tipo libio-ibérico (al cual puede considerarse como una varie
dad del tipo mediterraneo) y el negroide, junto a unos protobraquicéfalos.
Estas razas han pasado también al Neolitico, pero en él los negroides han
sufrido una fuerte limitacion. En cambio, en el Neolitico se han agregado
nuevos tipos de razas, dos dolicocraneas y dos braquicraneas. Las doli
cocrzineas estaran posiblemente en conexién con el aporte africano. Los
braquicraneos se dividen cn dos tipos: uno "andaluz" y otro "asturiano"
Para los tipos braquicraneos de Alcolea, cerca de Cérdoba, y los de Cien
pozuelos supone Hoyos Sainz un origen proveniente de los braquicraneos
preneoliticos. Esto podria significa: que los braquicraneos neoliticos de
Espana, aun en medio de la cultura del vaso campaniforme, a la cual per
tenccen tanto los craneos de Cicnpozuelos, como los de la nueva raza de
tipo "andaluz", no pueden hacerse derivar de un origen uuico. Creo que
Hoyos Sainz presta escaso cuidado a las conexiones culturales. Por lo de
mas, es de la opinion que los mas recientes braquicraneos de Espana se ori
ginaron en los elementos que han llegado al pais como fundadores de la
rica cultura minera eneolitica. Nada dice acerca de una conexién con las
razas braquicraneas del Asia anterior. A pesar de lo cual, se piensa cn las
mismas en esta ocasion, ya que los recién llegados fueron nuestros Asia
nicos. Pero con ello cstamos nuevamente frente al problema que habiamos
tratado someramente en el 2° capitulo: gexistieron realmente ya en el III
milenio a. de _]. C. razas braquicéfalas en Asia anterior? Segun los hallazgos
no, en cambio segun las representaciones si las hubo: lo que significa que
existieron cierramente. Si contcmplamos a los pueblos de la cultura del
vaso campaniforme de la Europa central y de Inglaterra, el problema vuel
ve a complicarse. Estos pueblos son, como ya es notorio, de una extraordi
naria unidad racial. Pero en vez de acercarse al tipo racial del Asia anterior
(a la raza "armcnoide"), lo hacen a la dinarica, es decir la que se encuen

1. L. nu Ho1ro• Salnz en R. Msubunnz Pmn., Hirtariu dz Expuia I, p. 179, 234.


184
tra en la Balcania noroccidental y en las regiones alpinas orientales, al
tipo humano comnlumente de alta talla, con el occipucio aplanado a
tamente, caracter que no es constante en el pueblo de la cultura del vaso
campaniformc. {Cui! es el origen de la raza dinarica? Aichel intento de
mostrar su existencia ya en el tiempo preneolitico de la Europa septen
trional‘. Si esto fuese cierto, seria dificil explicar de qué modo la misma
se uni6 justamentd con la cultura del vaso campaniforme. Por mi parte,
me inclino hacia la suposicién que el tipo dinarico procede de una cruza
de la raza "armenoide" con una raza europoide alta y dolicocéfala. Un
tipo como éste pudo haberse desarrollado en Espafia sin ninguna dificultad.
En todo caso, debe tenerse presente la posibilidad de que el hombre de
la cultura del vaso campaniforme tenga algo que ver antropolégicamente
con la raza "armenoide"
Las inducciones de este capitulo nos han llcvado al convencimiento
que Espana, al igual que el resto del occidente europeo, presentaba origi
nariamente culturas que muestsran intimas relaciones con el Norte de Africa.
Cuanto mas se avanza hacia el Sud, tanto mayor es la probabilidad de que
hubo verdaderas inmigraciones. También los hechos antxopologicos llegan
al mismo resultado, al indicar nuevos tipos dolicocéfalos. Espana debe
haber recibido una poblaci6n semejante a la de Italia y del Sud de Francia,
que de alguna manera debera ponerse en contacto lingiiistico con los Ha
mitas occidentales. En la segunda mitad del III milenio penecraron en la
peninsula Asianicos, y quiza también elementos reto-tirrenos, bajo la con
ducci6n de grupos elamicos. Posiblemente los Asianicos hayan traido con
sigo tipos raciales "armenoides". Partiendo de Almeria crearon en el sur
de Espaiia una cultura elevada. La cultura del vaso campaniforme de An
dalucia es el sedimento arqueologico mas antiguo de la sintesis de ambos
pueblos. Lingiiisticamente debi6 haber tenido cl elemento asianico la su
premacia. Se trata de la capa mas antigua de los Protoiberos, los cuales
se han impuesto en la mayoria de las regiones de la peninsula. No obstan—
te, pudieron conservarse junto a la misma restos de la poblacién primitiva
hamita occidental, hasta la llegada de los tiempos historicos. No existe
motivo a1gu.no para llamarlos Ligures, como corresponderia a la concep
ci6n de Schulten. Aun cuando esta capa existia también en la Liguria, los
Ligures son, segun todas las apariencias, la tribu asianica a la cual debe
atribuirse la asianizacién de la Liguria. La apaticién del nombre de los

1. O. Atcmu., Der dmtrcbe Mmxcb, Jena, 1933.


2. Quisiera ahorrarme aqui especulaciones sobre la antropologia de los Vascos, los cua
les eiertamente son braquicéfalos. El que se interesara por estc punto, encontrara abundant:
material en P. Foucmi, l. c.

185
Ligios en Espaiia puede explicarse en el Sud de la peninsula de esta manera:
qgue llearan alli en el Neolitico parces de tribus ligias. Por lo demas, to
davia no ha podido demostrarse con toda seguridad la existencia de tribu
alguna preibérica, es decir hamita occidental, en los tiempos historicos
de Espaiia. Quizé se logre esto mas adelante, por medio de la combinacion
razonada lingiiistico-arqueolégica. El pueblo de la cultura del vaso cam
paniforme ha ejercido una influencia intensa sobre la region oc- idental
de los Pirineos espaiioles. En tiempos histéricos se encuentran alli los Var
canu; es muy posible que los pueblos de la cultura del vaso campaniforme
representen su capa basal. No debe pasarse por alto que la cultu.ra del vaso
campaniforme sur- y norpirenaica tienc una intima conexién con la facie:
del vaso campaniforme de Almeria; lo cual por una parte nos seiiala una
base asiénica muy intensa, y por la otra determinadas relaciones con la
etnia aquitana. Por lo cual, puede asignarse a los Vaxcaner una posici6n
intermedia entre los Iberos y los Aquitanos. El pueblo de cultura de El
Argar, la capa mas reciente de los Protoiberos, ha distribuido nuevamente
bienes lingiiisticos sobre la peninsula. Segun cl estado actual de la inves
rigacion, esa capa no ha llegado a la region vasca. Innumerables circuns
tancias deben haber producido apreciables diferencias dentro de las etnias
protoibérica e ibérica: la diversidad del fundamento paleoepipalcolitico,
las diferencias tribales demxo de la masa inmigrante africana y asizinica,
la diversidad de las condiciones de mezcla de las principales componentes
de los Protoiberos, cl diferente grado de intensidad con el cual éstos se han
diseminado sobre la peninsula en sus dos capas (la mas antigua y la mas
reciente), reciprocas acciones y sobreposiciones, finalmente confluencias
extranjeras en tiempos posteriores, de fuentes reto—tirrenas, indoeuropeas
y fenicio-pninicas.

VI

AQUITANIA

Debemos omparnos ahora solamente del ultimo gran grupo étnico no


indoeuropeo de la Europa occidental, los Agl.1`itia.hos‘. Consultando las
fuentes antiguas puede reconocerse que su territorio debi6 ser mas extenso.
Fué luego reducido cspecialmcnte por los Celtas, los cuales se introdujeron
en el Este como una cuiia entre los Aquitanos y los Ligures y también pre
1. Cano Bn.ojA, Lo Aquitaniuy la: nuew pueblo: en "Arch. Esp. de Arquc0l.`°, N° SS,
Madrid, 1944.

186
sionaron desde el Norte. En la Provenza Ligures y Aquitanos sufrieron
ya desde el VI siglo el empuje de los lberos. Si las tribus de los Sordmm
y Eliigyci que moraban en la costa pirenaica oriental (ciertamente Ligur
de acuerdo con testimonios antiguos), estaban establecidos alli desde
o llegaron mas tarde, queda aun por resolver. En todo caso no debio existir
originariamente un limite estricto entre Aquitanos y Ligures; si lo hubo
entre los Aquitanos e Iberos es mas dificil de contestar, puesto que entran
en juego los Pirineos como pared separatoria. Pero lo que hemos expuesto
en el capitulo anterior sobre los Vacczmu y los Iacerani habla en su contra.
Los Aquitanos es el ninico gran pueblo occidental cuyo nombre de
primera impresion pareciera tenet una derivacion indoeuropea; pero no
puede excluirse que incurramos en una falsa derivacion léxica. La suposi
ci6n que se tratc de una etimologia popular basada en el vocablo aqua, pa
rece muy cierta, ya fuese romana, ya prerromana. En el sur de los Pirineos
junto a Iacctaui se presenta Acctani, y ésta es quiza la verdadera forma del
nombre. La raiz aci-, acc- se puede seguir abundantemente desde el Cauca
so hasta Espana y Mauretania, por ejemplo °Axiv0totg‘ rio en Colchis,
°Amlto·qv11 paisaje en Armenia, Amulaiwv ciudad en Frigia, "Amgig rio
cn Lucania, "Axtg rio en Sicilia, °Amt{ ciudad de los Basrcrani, Accian,
antiguo nombre del lago de Ginebra. La capital de los Iacetanos, Iacca,
puede hacerse derivar quiza de I-acca y estar en conexion con el Acci del
Sud de Espana, lo cual equivaldria quizas al Acerani y al Iacerani.
Mas convincentes son los nombres de algunas tribus aquiranas. En
cuanto al nombre Auxci, de la tribu principal de los Aquitanos, muy cono
cida es su derivacion del nombre °ABdo·yot, o Abasgos del Caucaso, hoy
Ilamados Abchasesl, a través de la forma a-batgi. Un caso muy interesante
se presenta con el npmbre de los Béflgvncg. .Son nombrados primeramen
te por Eforo, como tribu que estaba situada al Norte de los Pirineos. En
Avieno aparecen bastante al Sud de Cataluna los Berybracu, que segun el
nombre parecen celtas. Schulten los identifica con los primeros; supone
que los Bebqkcr de Eforo se han engendrado por la asimilacion del nombre
de los Bcbryku frigiosz. Lo creo completamente imposible, puesto que com
paraciones tan amplias no cabian dentro del espiritu de los autores griegos.
Por el contrario, soy de la opinion que los Bcbryku de Frigia y de Aqui
tania son la misma tribu, al igual que los Ligyi de la Liguria y del Asia
menor, los Abaxgi de Aquitania y del Caucaso, los Ibcri en Espana y del
Caucaso. Los Babgyku ponticos son un pueblo muy antiguo que esta en
conexién con el mito de los Argonautas y que desaparece tempranamente

'1‘,1Bii]ir(i`;it{Il-iil[A
la.;;;i:.·1T1:i::, Ai:I:riI'l?:aa·f3m?;§ilgttz I·lisp. nt." I, Barcel
187
en la Historia. E1 culto del falo bébrico en Lampsakos y los abundantes
mitos tejidos alrededor de los Bcbryku tcstimonian que se t:rat6 dc una tri
bu que integraba el circulo cultural del Asia menor. Esto no demuestra
necesariamente un origen no—indoeuropeo, porque ellos pudieron ser no
obstante Frigios, como lo supuso Estrabon. En Europa el nombre de los
mismos es comparado con cl de Bibcr y los llaman la "tribu de los Biber"
Esto resultaria desde el punto de vista del sentido muy posible, pero etimo
logicamente ya es menos admisible, y a ello se agrega que tenemos una
glosa de Hesychios, segun la cual Bé[3g*uE significaria 'bueno', 'hermoso',
nombre muy- adecuado para una tribu. Esta palabra, conjuntamente con
BsBgoi'1 de un fragmcnto de Hipponax induce a sospcchar un origen
"1idio-cario", es decir, en expresion actual, asianicol. Como se ve, hay
mucho que hablar en favor del origen asianico de Bebrgykzr. Otra tribu se
llama Bigenioncr, nombre que deriva dc la capital Bigorra, Bcgarm, a la cual
se le agrega el de la ciudad Biyoogu, situada entre los Oretanos suribcros.
La segunda parte del nombre se presenta también en el de la ciuclad aqui
tana Culagarrix, a cuyo nombre corresponde cn la lengua dc los Varcomr
antiguos un Calagurrir. Seguin Pokorny deberia compararse Bigarm con la
palabra vasca ibai 'rio' y con gorri, 'rojo', de lo cual resultaria que Cala
garri: significa ‘rio rojo'; en Cnlagarrir se presentaria también la palabra
arabe gal}, que significa 'castillo', con lo cual obtendriamos 'castillo
rojo'; Pokorny compara garri con la palabra érabc harm, que significa 'ser
ardiente’, lo cual no convence. Pero el lam.: Bigarriticu: (gsera el lago
Ostrovo?), situado en la Eordaea de Macedonia, ocasiona a los intentos
de derivacion semito-hamita, dificultades casi insalvables. La tribu de
los Garurmi, Garumni pertencce naturalmentc al nombre dc rio Garunna,
Garumna. La raiz de la palabra aparece también en el nombre de la tribu
ligur Guruli y el sufijo cn el nombre tribal aquitano Lanmni, quizas deri
vado de Lammni, y en Radurmm, la Roanna de hoy, entre los Scgusavios,
tribu celtificada en la Gallia Narboncnsis. E1 sufijo —vuv0t, —ovg.wu apa
rcce en los nombrcs de ciudad egcos y del Asia mcnor, como por cjem
plo, Acbgvpwu (Caria), Mulhipva (Lesbos), Amtduvov (Greta). Parc
ciera cstar en conexién con la palabra clamica umm: 'ciudad' y con la hurri
agnini 'ciudad'”. El nombre de los Gabali, Gabalu celtas 0 ccltificados, que
habitan cn Aquitania apatcce cn Oriente muchas veccs: K0iBuM0t region
de Armenia con minas dc oro KdB0zA0z, I`d[30¢kc1 ciudad en la Lidia, K0i[3c1l0
ciudad dc Sicilia. De esta mancra, sc podrian trazar adn muchos paralclos.
Pero queremos afnadir fmicamcntc el nombre dc Ia tribu aquitana Bclmdi,
1. M. Lamnamz, en "Glotta" VI, 1945. p. 5.
2. W. Bnanoausnm, cn Pauur-Wmow.4, Suppl. VI, p. 173.
188
el cual nos hace recordar a los Pelcdmm celtiberos y que tiene ademas cn
la figura de culto Belmdip del Asia menor su correspondiente, pero e
significado mas exacto no puedo perseguir por carecer de la bibliogra
necesarial.

Entre los toponimos aquitanos me parece merecer una consideration


especial el de Elimb¢rri( 1), capital de los Ausci. Generalmente se le consi
dera idéntico con Ilibcrri. Se pasa por alto que en este caso los manuscristos,
sin excepcién, traen la forma con rn; el mas veraz manuscrito de Mela trac
un Eliumbcrri: y hasta las formas mal escritas de Ptolomeo presentan la
forma Climbmi:. La m pertenece entonces indudablemenre a la raiz, ya
que explicar eufénicamente su presencia, no parece justificado; gpor qué
no se presento en los demas toponjmos de Ilibcrri? Tendriamos entonces
aqui un "nuevo Elim" ante nosotros y con ello aparece otra vez en medio
de Aquitania el nombre de los Elimios. Que exista la posibilidad de la
forma Elim como nombre de una ciudad, lo prueba el mito siciliano de
Elimos, héroe eponimo de los Elimios, que habria fundado cerca de Dre
pana una ciudad llamada Elimz. Véanse ademés los nombres aquitanos
de la lista de las voces del tipo de Kissa.
Inscripciones en piedra se encuentran en Aquitania con varios nombres
de dioses y personas de los tiempos romanos, los cuales proceden de la an
ti gua poblacion prerromana. Ellas ofrecen muchas veces palabras extraiias,
que en parte nos resultan completamente misteriosas, como por ejemplo
el de la divinidad Heraurcarritrcbc, cuya porcion media nos recuerda el gmri
de varios topénimos. El nombre de persona Senirennix nos recuerda al dios
local Tmnu, de la isla egea Ténedos“. Por lo demas se tiene la impresion
de que los nombres de personas aquitanos e ibéricos estén muchas veces
formados con nombres de dioses (voces teoforas). Belex era una divinidad;
entre los Noriberos aparece Bale.: como un nombre de persona y en pala
bras compuestas se encucntra a ambas formas abundantemente entre los
Aquitanos y N oriberos. Esto es a la vez uno de los tantos testimonios para
verificar las relaciones intimas entre Aquitanos y Noriberos en lo que
respecta a los nombres de personas. Caro Baroja nos brinda un cuadro muy
c6m0do, dividiendo el material en cuacro grupos: vasco, aquitano, pire
naico-ibérico e hispano-antiguo; lamentablemente en el ultimo grupo no
hace la diferenciacién entre Nor y Suribéricosi Pero no existen dudas de
que las relaciones alcanzan hasta el Sud de Espana. Tenemos por ejemplo:

1. _]. Karr., Die Kulre Lydim: en Pavur-Wrssowa XIII, p. 2143.


2. PAULY·WISSOWA V, p. 2467.
3. A. Lnsxv, en PAULY-Wrssowa V, p. 502.
4. Cano Bnoja, La: pueblo: de Exparia, l. c., p. 152.

189
gquit, Tipiluxa frente a suriber. Tirilicum Cy iunto a ésta los nombre; d
eiudad nor- y suribéricos de la misma raiz que hemos seiialado mas arriba:
aquit. Baigarrixa, aquit. Bauirine, suriber. Buc.ri.rc¢rri.r También hay su
fijos comunes, ante todo no falta en el Aquitano el sufijo -mr, cuyo sig
nificado hemos explicado mas arriba. Una caracteristica de la lengua aqui
tana, que no poseen las lenguas de la peninsula ibérica, es cl sufijo -xa y
las terminaeiones finales de las palabras en x. Para la x los alfabetos de
la lengua ibérica no poseen signo; semejante es el caso de la b, la cual apa
rece muchas veces en los nombres aquitanos: Hotanix, Harbelcx, Harm;.
Al enconcrar en el Ibérico Omcilim, Araum, se justifica la suposicion que
los Protoiberos conocieron la b consonante, aunque se perdiera en la ge
neralidad de los casos. La pali: Hcllmu en Lusitania, donde todavia
se conserva (quiza también Hispania, Hixpalix) parece hablar en favor de
Ia. misma.

La participation africaua en el Aquitano no puede determinarse por


medio de comparaciones ibero-aquitanas, puesto que éstas pueden ser tan
to de origen hamita como asianico y, con referencia a las condiciones de
mezcla de ambos elementos en el Ibérico, con mayor probabilidad asiénicos
que hamitas. Deberan aducirse comparaciones que establezcan de modo
indudable el origen hamita. A1 adoptar este criterio riguroso desaparece
cn mucho la participacion africana en Aquitania. Dejemos pasar a Ilibm·i(.r),
a pesar de ciertas dudas, como scmito-hamitico, y consideremos la iden
tidad del nombre aquende y allende los Pirineos. Surge la cuestion, si no
es una importation tardia el Iliberri de Francia. Ya que los Iberos han in
vadido la Francia meridional en cl VI siglo, pasando a través de la punta
oriental de los Pirineos, e imperaron alli durante cicrto tiempo. E1 Iliberri
de Francia se encuentra justamente en la region de invasion, situada en la
provincia de los 5`ardanu ligures. Por lo cual Ilibcrri (que aparece mencio
uado por Livio también quizas equivocadamente como nombre de rio) no
debera considerarse integrante del patrimonio lingiiistico aquitano. Con
respecto a la palabra garri, que aparece frecuentemente en toponimos y en
nombres de personas aquitanas e ibéricas, no se puede hacer mucho; desde
que hemos seiialado la correlacion macedonica, nadie la considerara como
africana. Parece tener mejores probabilidades el nombre aquit. Bclcx, iber.
Bela: que se encuentra en nombres de dioses y dc personas en forma aislada
0 en composicion, ya que Ia palabra vasca con la cual fuera comparado,
bcltz "negro", ha sido correlacionada por Pokorny con la palabra bereber
bm—id, "es negro". Sin embargo nosotros en el cap. III hemos presenta
do la palabra griega :téM0<; y ademas :téM1og, zréloxp, las cuales todas
significan 'negro', negruzco'. La palabra pudiera resultar entonces in
190
doeuropea. El nombre aquit. Bvcco, ibér. Bocuu, se lo considera general
mente, a raiz del rey Numida Bvccbux, como de caracter africano, pero gno
se tzratara aqui también de una importacion reciente? A la lengua aquitana
parece faltarle también la i protética, puesto que I-4::4, I-amen: pueden
scr engendrados por la mezcla ibérica, si queremos considerar a los Iacetani,
Acetani como parientes cercanos de los Aquitanos. En resumen, hay es
casa seguridad acerca de la relacion intima entre los Aquitanos y los Ha
mitas. Si hay una cantidad de correlaciones entre el Aquitano y el Ibero,
cs causada principalmente por la capa asizinica. Haciendo, sin embargo,
una investigacion mais cuidadosa se encontrarian probablemente elcmentos
hamitas afluidos en la remota época de formacion de estas lenguas.
Seguin nuestra opinion, la lengua aquitana es una lengua independiente,
a la cual no es posible identificar ni con el Ibérico, ni con el Protoligur.
Esta emparentada con ambas, especialmente por medio de la capa asiénica.
También una componente africana comun debe suponerse, aun cuando se
la pueda fijar solamente con dificultades desde el punto de visra lingiiistico.
La lengua aquitana aparenta tener un carzicter mas puramente asianico
que la ibérica.
En lo que se refiere al aspecto arqucologico del problema aquitano,
no hay mucho que decir. Nos encontramos aqui en una region intensamente
cubierta por la cultura del Paleolitico superior, la cual en Aquitania se
extinguio con un proceso semejante al de la region pirenaica espaiiola.
Por esto también aqui nada habla en favor de una mayor importancia de
la poblacion paleolitica en el desarrollo posterior. El Proto-neolitico
esta representado en el Dep. de Ariege en una forma muy especial por el
Arisiense de la cueva de Mas d'Asil. Segnin mi parecer se trata de una fader
de la cultura de las hachas cilindricas.—En la region pirenaica occidental
nada se encuentra que estuviera relacionado con el Arisiense, y el Neoli
rico antiguo esta también escasamente representado. Posiblemente se trare
de lagunas de la investigacion. Los arqueologos franceses antiguos han
concedido escasa importancia a las capas posteriores de las cuevas, embe
bidos en el éxtasis de la contemplacion del Paleolitico del pais. De esta
forma se ha perdido mucho, entre otras cosas el material neolitico de la
cueva de Espélungues en Lourdes, unico hallazgo de esta region del cual
tenemos noticia a través de Bosch Gimpera. Que la cultura neolitica re
ciente de Aquitania, caracterizada también por megalitos y vasos campa
niformes, debio suceder a una cultura europea de distinta formacion, lo
demuescra quizés la ceramica que se encuentra ju.nto a los vasos campa
niformes en lastumbas megaliticas de la Halliade (H-tes Pyrenees). En la
region pirenaica oriental abunda la cultura de la ceramica en relieve. En
191
Bramabian, Dep. Gard, hasta se ha encontrado ceramica pintada, para
la cual Brea supone la existencia de un parentesco con otra semejante en
contrada en la Grotra delle Arene Candide‘. Nadie querra creer que éste
es el unico yacimiento de ceramica pintada que existiera en el Sud de Fran
cia; debe suponerse, en cambio,‘que también en este caso la investigacién
adolece de lagunas. Vemos entonces que la ola asianica, sea a través de
Liguria, sea por la Italia meridional 0 Sicilia, ha llegado hasta el Rédano.
Por lo cual la Aquitania, no solamente ha recibido influencias asianicas
por intermedio de la cultura espailola del vaso campaniforme, sino que
recibié también inmigracion asianica directamente desde el Sureste, es
decirde elemento asianico relativamente puro, en especial de parte de los
Elamios, que eran los dirigentes en esas migraciones. Esto explica el nom
bre de la capital de los Auxci y también la escasa influencia africana exis
tente en Aquitania. Lo ultimo podria estar condicionado también a la
escasa poblacién de la region en tiempos de la cultura de la ceramica en
relieve, si ello se confirmare.
Que la cultura del vaso campaniforme, del circulo norpirenaico al igual
que del surpirenaico, llegara segun la concepcion de De Castillo princi
palmente del Sureste espanol, es decir del sector de Almeria-Los Millares,
ya lo hemos mencionado mas arriba. También esto habla, en sentido ar
queologico, en favor de un pronunciado caracter asiénico del Aquitano.
La cultura de El Argar no ha traspasado los Pirineos, y la Aquitania re
cibi6 seguramente durante el periodo del bronce mas bien influencias de
culturas y len guas indoeuropeas, que de ibéricas. Las relaciones culturales
que eventualmente se presenten entre la Aquitania y el Norte de Espana,
entre los aiios 1200 y 600, seran preferentemente originarias de focos euro
peos occidentales y centrales, los cuales pueden considerarse como indo
europeos, pero de caracter pre- o protocéltico. La irrupcién ibérica en los
Pirineos durante el VI siglo puede fijarse arqueologicamente en forma muy
clara. Sin embargo, no hay motivo para considerarla como ejerciendo una
especial influencia lingiiistica en la Aquitania, ya que no toc6 en realidad
a la verdadera Aquitania. En general también la arqueologia habla en fa
vor de una independencia del Aquitano frente al Ibérico.

1. _]. B. Bun, l. c., p. 296.

192
VII

RESUMEN: LAS MIGRACIONES ELAMICA Y LELEGA

En los tapitulos antcriores se intenta reconstruir dos grandcs sutesos


historicos, detisivos para la conformation étnita del Sur de Europa; la
migration elamica y la lélega.
La migration clamita efettuose en tres etapas principales. La primera
tae en la primcra mitad del IV milenio a. de C. Partio, como puede rc
tonoterse por la dispersion de la teramita pintada, del foto originario de
los grupos étnitos hurro-elamitos establecidos en las mesetas del Iran y
los llevo a otupar las regiones montafiosas en el Ocste de Mesopotamia,
asi como todo cl Norte de Siria, llegando hasta cl Mediterranco. Alli se
encontraban probablemente Semitas, quizés también Khatianos. Todavia
no cstamos en tonditiones de limitar el habitat de cstos tres pueblos ton
mayor exactitud. En todo taso, cstos limites deberan bustarse por un lado
en alguna parte de la region montafiosa iranio·armenia y por el otro en el
Norte de Siria. Las influentias semitas que pudieron retibir cn aquel en
tontes los Elamios, no estamos en grado de determinarlas con exattitud.
Las tonsecuentias culturales de la migration elamita pueden retonotcrse
aun en Palestina (Tell el Ghassul) y en la cultura egiptia dc Maadi. Toda
via no pudo ser cstabletido si llegan a través del Delta hasta la Libia, por
que de esta region no tenemos hallazgos.
La segunda etapa pertenetc a los niltimos siglos del IV milcnio, y llevo
a los Elamios a Chipre y a Gretia. Naturalmente, no pudieron dejar de
lado el Asia menor, pero todavia faltan testimonios tlaros que sefxalen su
colonization en el tiempo de referentia. Existe en cambio el nombre de
los Elimios (Solimios), por lo tual puede suponersc que una parte de los
pueblos del Sud del Asia menor se derivan de esa tapa. En Gretia puede
fijarse muy bien la presentia de los Elamios, lingiiistica y arqueologica
mente (el nombre de los Elimios, algun otro elemento lingiiistito elamico,
ante todo toponimos del tipo de Kissa, tulturas ton ccramica pintada).
Hay que suponer que los Elamios arrastraron tonsigo elementos khétitos
arrancados del Asia menor.
El tomienzo de la tertera etapa debe tolotarse alrededor del 2500. Par
tiendo del foto setundario en el Norte de Grecia, los Elamios, probable
mente meztlados ton los Khatianos, llegan por una parte hasta el Danubio
y por la otra hasta la Italia meridional (teramica Dimini de Tesalia en las
islas Tremiti, teramita pintada del tipo Molfetta, los Morgetes) y de alli
pasan aSitilia, donde se los puede testimoniar historica, lingiiistita y ar
193
queologicamente con la mayor claridad (nombre Elimio, abundante pa
trimonio lingiiistico elamico, culturas con ceramica pintada). De aqui
se han dispersado rapidamente hacia Liguria, Hispania y probablemente
también a Aquitania. Ello se demuestra por la aparicion de numerosos
nombres de uibu asianicos que conservan a veces su valor gentilicio y otras
sirven como toponimos, por muchas otras coincidencias de nombres, ade
mas por el caracter lingiiistico del Ibérico, Aquitano y Vasco en lo referente
a fonética y a la construccion del discurso, asi como por las ultimas irra
diaciones de la ceramica pintada. El mbrtratum era en toda la region euro
pea occidental de procedencia africano-hamita. Segun esto, el Protoligur,
el Hispano y el Aquitano han sido desde un comienzo lenguas mixtas, en
las cuales sin embargo predomino el elemento asianico, es decir el de la
capa dominadora. Podrian unirse estas tres grandes lenguas antiguas del
Occidente europeo en un grupa lingziirtica arianica accidental. Siguiendo el
principio par: major trabit minvrem, podria designarsela simplemente como
rldmica-accidcntalcr.
Todavia no puede juzgarse en qué medida recibiera el Africa del Norte,
desde el Bajo Egipto, Italia y Espana, elementos asianicos, y debera ser
investigado con mayor intensidad. En todo caso, ciertos indicios lingiiis
ticos, arqueologicos y antropologicos sefialan desde ya como cierto este
ttaslado. Pero la corriente asianica no tuvo la suficiente fucrza, para llegar
a producir en Africa los mismos efectos que hemos averiguado en Europa.
Los habitantes _del Africa del Norte permanecieron lingiiistica y cultural
mente Hamitas occidentales.
De extraordinaria importancia para la historia étnica de Europa fué,
en cambio, la migracion de los pueblos de la cultura del vaso campanifor
me, es decir los Protoiberos o Hispanos, que partieron alredcdor del 2000
de Espafia. Podria considerarse esta migracion hispana como cuarta ctapa
de la migracion elamica. Ella no solamente ejercio la mayor influencia
sobre el génesis de la etnia aquitana y vasca, sino que también tuvo mar
cada influencia sobre el resto dc Europa. La dispersion de la cultura del
vaso campaniforme, llevada por un pueblo racialmente muy uniforme, deja
fuera de dudas que alguna vcz seoescucharan sonidos hispanos también
en Sicilia, Cerdeiia, Etruria, en el Adige (Etsch), en cl Rodano, en la Bre
taiia, en el Sena, Oise y Marne, en el Rhin, en el Danubio desde sus fuentes
hasta Hungria, en la Sava superior, en el Elba, en la parte superior del
Vistula y del Oder, y sobre todo en Inglaterra, donde hubo posiblemente
ciertas modificaciones a raiz de la influencia de pueblos indoeuropcos
(pueblo de Zemmbeclaer) con los cuales sc han cruzado los pueblos de la cul
tura del vaso campaniformc del Norocstc dc Alemania y Holanda. El viejo
194
nombre de Inglaterra, Albion, evidentemente idéntico al de los Albio
nes de Espana, se aclara muy facilmente desde estos puntos de vista, asi
como muchas cosas del patrimonio lingiiistico de la Europa meridional y
occidental, enigmaticas hasta ahora, que seialan hacia el Asia anterior.
La migration lélega fué menos amplia, pero en ca.mbio decisiva para
la época prehelénica de Grecia, y con ello —naturalmente— para la for
macién del pueblo heleno. Si los Elamios arrastraron consigo elementos
khaticos, debe suponerse lo inverso en el caso de la migracion lélega; pero
la preponderancia la llevaban ahora. los Lélego-khatianos. Ocuparon pri
meramente el mundo insular egeo y la isla de Chipre, y llegaron hacia el
2500 a Creta y a la region continental griega, como lo demuestran los ha
llazgos arqueolégicos (5'chnabelkanmnkulrur). Es muy posible que la ter
cera etapa de la migration elamica que se efectuo durante el tnismo lapso,
haya sido motivada por presién de los Lélegos. Elementos khaticos asimis
mo han avanzado mucho hacia la parte septentrional de la Balcania. Con
las ramificaciones de la migration elémica llegadas anteriormente forman
alli el rubxrratum prerretotirreno y preindoeuropeo de los Ilirios y Tracios.
Al parecer, a Italia no llegé la migration lélega. Al final de la cultura
minoica de Creta, de 1400 a 1200, llegose entre Sicilia y la Thalassocracia
de Creta a discrepancias politicas, como lo testimonian las tradiciones
semihistéricas, asi como hallazgos arqueolégicos, hecho que muy proba
blemente causo la instalacion de elementos cretenses en Sicilia. Los Cre
tenses de aquel entonces, los Eteocretenses como los llamaba Homero,
eran en su esencia seguramente aun Lélegos, si bien modificados por
influencias extranjeras, en especial la sufrida por parte de los Pelasgos y
quiza también por el mbrtmtum neolitico de probable origen semira.
El cuadro aqui esbozado acerca de las migraciones asianicas ocurridas
en el Mediterrzineo, no es fundamentalmente nuevo, porque se basa —como
lo dijera ya en la introducci6n— en investigaciones y monografias prepa
ratorias que he sefialado de manera muy incompleta. Nueva es unicamente
la estructura de conjunto en que hemos colocado y relacionado los resul
tados particulates. Esperamos que nuestto ensayo resulte aceptable y con
vincente, aun cuando hayamos podido pronunciar aqui o alla algun parecer
erréneo. El interés que mas nos ha movido al escribirlo es el de sefialar a
los investigadores unos puntos de vista generales que son los mas apropia
dos para colocar la indagacién en un plano realmente modemo, que es
efecto a su vez de los resultados que acaban de aclarar el caleidoscopio de
la Etnogonia del Mediterraneo. Nuevamente tiene la palabra la investiga
ci6n especializada.

195
llc la Estatura Humana
Su rcivindicacién c0m0 clemento m0rf0I6gic0 y clasificatorio
por J. IMBELLONI

VARIACIONES DE LA ESTATURA Y SUS CAUSAS

La estarura de los grupos humauos ha ocupado eu los ultimos tiempos


el puesto de delantera absoluta entre los caracteres objetados por la "es
cuela ambientalista" y por las estrietamente emparentadas con esa ten
dencia. Como elemento morfologico ha caido tan bajo por obra dc tales
sectores, que es eomun leer en libros destinados ala ensefianza eondenaeioues
no memos explicitas que la siguieutez "m la actualidad cs un raxga que la
cxpcrimcia ha demaxtrada Jer dc un valor rclativammtc limimda m la mm: clari
fiC4f0fidn,' Kroeber, 1923, p. 37*.
La lejana. raiz de este descrédito se remonta a un movimiento de ideas
que se cumplio en los gabiuetes antropolégicos y estadisticos de Europa
a lo largo de todo el siglo pasado. Se comenzo por prestar atencién a las
variaciones de la talla que algunos valientes observadores habiau empezado
a sefialar en el seno de un mismo grupo nacional, aprovechando para ello
las registraciones oficiales de la leva militar en cada uno de Ios paises en
que el investigador operaba. Después de dejarse impresiouar cou alguna
demasia por los prospectos muméricos de tales variaciones, que luego fueron
cominuados en cérceles, escuelas y talleres, los antropélogos sufrierou Ia
accién de un impulso irresistible, el cual les exigié que descubrieseu las
causas que producian las dichas variaciones.
La persona que se tome la pena de recorrer las péginas de los tupidos
volnfnmenes dc las revistas y bolecines de aquellos tiempos, cuyos titulos

1. Knosmm, A. L.: Antbrapoloy; N. York, 1923.

196
venerables nos traen a la memoria los nombres de los Maestros de la
mera época — cosa que nos resulta siempre deleitosa, y de provecho
podra reconocer con facilidad que una gran parte de las contribucion
discusiones de la vieja antropologia estuvo consagrada a este fin.
Como consecuencia de tan durable preocupacion, la ciencia de fin del
siglo nos ha legado gran variedad de explicaciones: que la talla aumenta
y disminuye en funcion dg la riqueza y la miseria, segun la formula de Vi
llermé, Riccardi, Houzé y Lagneau‘, de la posicién social y de las profe
siones, Bertillon, Olorizz, de la latitud, Buffona, de la altitud sobre el nivel
del mar, d'Orbigny, Pittard‘; que los encausados y presidiarios son de
menor estatura que los libres, Roberts y Rawson°; que los habitantes de
las ciudades son mas bajos que los campesinos, Ranke, von Buschan, Wei
denreich°; que los habitantes de los distritos de montana tienen tnenoi
estatura que los de las llanuras, Virchow, en parte Collignonl; que la es
tatura cambia de conformidad con la cantidad de calcio que contienen las
tierras, y por ende del medio geolégico, Durand de Gros“; y poco tiempo

1. Vinuuné, L. R.: Mfrnoire Jar la taille de l'I1ornrne en France; en "Annales d'hygiéne pu


blique et de médecine legale", tomo I, Paris 1829. — Riccnni, P.•.o1.o: Srarura e eondigione ro
ciale rtudiate nei Bolognesi contemporanei; en "Archivio per l'Antr0p0l0gia e l'Etnologia", vol.
XV, Firenze, 1885, pp. 97-125. — Houzé, E.: La taille, la eirevnférerzce tboraeique ere. Ver la nota
de pag. 210.-Lnommu, Gusravnz [Dixcuuion .rur la taille de: Paririenr]; en “'Bulletin Société
d’Anthropologie", tomo XI (3* Serie), Paris, 1888, pp. 174-176.
2. BER'l'ILLON,JACQU'BS1 Taille, articulo del "Dictionnaire encylopédique des sciences mé
dicales" de Dcchambre. — OL61uz Y Aommzna, Fxnmucoz La ralla bamana en Expaia, Madrid
1896.
3. Burrow, Gnonou Louis Lucuncz articulo Homme, tomo II de la edici6n Sonnino, pag. 303.
4. D'ORBlGNY, ALci1:•¤s: L'Homme Américain de l'Amérique méridionale; Paris, 1859. — Pir
'rA1u:>, Euoirmz Influence du milieu géographique mr le développement de la raille bumaine; en "Comptes
rendus de l'Association franc. pour l’avancement des sciences", Congreso de Lyon; Paris, 1906.
5. Romurrs, Cn. Y RAwsoN, R. W.: Final Report of the antbropornetric committee of the Brit.
Auoe. for the advancement of J`:. for 1882-3; Londres, 1884.
6. Ramen, jonammsz Der Menre}1; Leipzig, 1887, tomo II, ver pag. 109 sgg.; en la edicién
italiana: L'Uomo; Torino 1892, tomo II, pp. 119 sgg. — von Buscmm, Gannon: Kérperlange.
Wzivmmmcu, Fmmz: Rane and Kirperbaa; Berlin, 1927. — Del mismo autor: Grandlagen der
kirperlieben Erziebung; Stuttgart, 1935.
7. Vmcuow, RU¤0r..r·: en Ranke J., obra citada, ibidem. — CoLL1oN0r~r, Rnré: Antbropologie
Ju Sud-overt de la France; en "Mémoires de la Soc. d'Anthr0p. de Paris", tomo I (3° Serie); Paris,
1894; pp. 67-111 (véase pag. 93). Collignon sostiene que en las llanuras las tallas son bastante
elevadas y en las altitudes medianas la estatura es pequciia, mientras en las grandes elevaciones
es muy alta.
_ 8. La memoria leida por Dunnrn mz Gnos en 1868 (sesién del 6 de liebrero) se hizo famosa
por la energia con que afirmaba la acci6n prominent: del medio geolégico. El autor habia ele
gido como imbito de estudio el departamento francés del Aveyron, dividido, por la naturaleza
de los terrenos, en dos sectores que reciprocamente se yuxtaponen, el lf ealcai-eo y el 2° cristalino
(gneis y granito). Con firmeza ann mayor en la sesion del 2de Abril del mismo aiio, Durand
.i.nsisti6 en atribuir a esta diversidad geolégica las caracteristicas corporales que describe como
propias de los habitantes de la zona calcérea en oposicibn a los de la zona cristalina: los pri
meros vigorosos, grandes, de buen aspecto, y los segundos endebles, flacos, angulosos mas
bien cortos de estatura. Ambas memorias de Durand son la exaltacién de la tesis. Es lastima
grande que entre las mil diferencias por él denunciadas figure también la de la lengua y de la
197
después se formulo que esta en dependencia del grado de la iluminacion
solar de las pendientes montanosas, Pittardl. Todas estas °explicaeiones'
venian por regla acompafnadas por sendas tablas estadisticas y demas apa
ratos comprobatorios.
SLI valor d€ID.OSf1'2.lI1VO CS .I12.1'[O dCSIgl.l31. En SU IDZYOI PZICC HO I'13.CCD
mas que desmenuzar los variadisimos aspectos de un mismo fcnémeno su
ficientemente conocido por todos, cual es el grado de nutricion y sanidad
fisiea propio de individuos, familias y clases profesionales y soeiales, el
que realmente puede engendrar, cuando sea negativo, estados de inferio
ridad somatiea facilmente sensibles dentro de un grupo racialmente homo
géneof Que los recluidos en las carceles sufran consecuencias adversas en
tal sentido, es una verdad de Monsieur de la Palisse. Lo mismo digase de
los afeccados por la miseriaz. Que las aldeas fundadas en suelos calcareos
tengan a su disposicién mejor alimentacion que las que se levantan en

pronunciacién, mas apta para un estudio etnogonieo que para sostener la influeneia de la
geologia.
_ · En los tiempos mas pr6ximos a nosotros, un escritor norteamertcano, G. Fnwxu, ha afir
mado que las gentes que viven en terrenos ealeareos son mas pesados, aunque no siempre mas
altas que las que viven en regiones de rocas cuarciferas.
No dudamos, de manera teérica y general, de la influencia que puedan desempeiiar ciertos
terrenos inaptos para la agrieultura sobre el estado fisico de los habitantes, pero al formulat
una dependencia fatal y directa es necesario presuponer que el radio de las operaciones de com
pra, canje y comercio de los alimentos sea redueido a cero, condicién que, si pudo realizarse
en organizaciones econémicas y soeiales de absoluta primitividad, esta muy lejos de corres
ponder al sistema de nuesttas actuales sociedades.
Es interesante recordar que las ideas de Durand de Gros no persuadieron plenamente a los
miembros de la Société d'Antbrapolagie. Seis aiios después, en 1894, Co1.uo1·1oN al estudiar las
tres razas principales de Francia, y al teconocer que todas habian resentido el efecto de una
especie de detencion del desarrollo, afirmaba, después de sopesar todas las posibles causas de
este detenimiento, incluso la geolégica, que "na eJtaba por nada en dependencia de la naturaleza
de la: aflararnientu calcareot a graniticu del terrenb, ya que Jabre el granitu Je encuntraban igualrnenh
pablacivnu de alta talla y atrar de baja utatara y que Jabra lusterrenu caleareaJ Jucetlia la rni.rma caJa"
La eausa verdadera, segun Collignon, fué de caraeter econémico, y bien lo afirma al decir que
cse detenirniento del desarrollo "Je liait itrviterncnt J la rniJ?ra"
Bibl. Dunnm nn Gxos; [DiJcuJJion Jar l'influence du milieu] en "Bull. Soc. Anthto .",
torno III (2° Serie), Paris, 1868, pp. 141 y 228. — Del mismo autor
la misma revista, tomo XI (3* Serie), Paris, 1888, p. 780. — Fnwxs, Guam: The influence of
geology on human dewlaprnenn en "I-Iolmes Anniversary Volume", Washington, 1916; pp. 123-131
(véase pag. 127). — COLLIONON, Rami: Antbnpalagie du .S`ud-aunt de la France; en "Memoires
de la Société d'Anthropologie de Paris", t. I (3* Serie), 1894; pp. 67-111 (véase pag. 89).
1. Prrrann, Euoiua: La taille burnaine en .S`aiJJe; en "journal de statistique suisse", tomo
XLIII, 1907. (Véase partieularm. el trabajo de este mismo autor eitado en la pag. anterior).
2. La pr1mera ocasién en que esta vetdad de observacién fué aclarada cientifieamente,
esto es, mediante registraciones numérieas y prospeetos estadisticos, perteneee_ a los tiempos
napoleonicos. Hemos releido recientemente el estudio de L. R. Vu.r..¤1ma, que lleva la fecha
venerable de 1829; en cuanto a la masa de datos que alli se valorizan, se remontan a las levas
mtlntares de 1816-23. Los barrios de Paris que btindaban el mayor mimero de tallas altas etan
ilos prefendos por la gente rica y la burguesla. Cineuenta aiios mas tarde la "Revue d'Anthro- "
polog1epublieaba un nuevo prospecto de las tallas de los conscriptos de Paris, correspon
duetnte al ailo 1881, compilado por P. Tovmno, el cual, viendo que los guarismos no pareclan
refnrmar la mterpretactén de Villermé, propugnaba la idea de una especie de densificacion local
198
regiones graniticas, no ofrece dificultades para entenderlo, y por orra parte
SC CC1l`lOCCD 2.lgLlI'1OS CSf2ClOS P3,[Ol6g1COS OC1$lOI'13t
de CICFCOS 1\lg2l’CS, dCCC1'ID1D2.Cl2.S 2 SU VCZ pOl’ 12. €S[I'UC[\.1l
del rcrreno. Tampoco hay objccion para las aldcas que por esrar encla
vadas en el fondo dc vallcs profundos, como sucede a mcnudo en Suiza,
no gozan dc los rayos solares sino pocas horas del dia. En la diferencia
entre ciudad y villorrio rqsulta — en cambio — objetable la formula dc
von Buschan y Wcidenreich, pues en Inglaterra Beddoe ha encontrado lo
COD[I'2.I'10, esto CS, (IUC IOS C2.ED.PCS1DOS SOI] 11155 altos ql.1C 105 h3.b1E
las ciudadesl

de una raza albgena. De ahi una polémica muy feeunda, cuyo broche es la magnifica memoria `
de P. Mauouvmnnz 5ur la mill: dc: Parixirax, en "Bull. Soc. Anthrop.", romo XI (3* Serie),
Paris, 1888, pp. 156-174, enque la observacién de Villermé queda definirivamenre confirmada.
. Pero- ella no habria renido eficacia general, si no se hubiese producido la coincidencia con
observaciones realizadas en campos mas amplios que una sola ciudad, y en otras naciones del
mundo.
1. Esta de la difereucia entre la talla de los ciudadanos y la de los campesinos es una his
toria que seria largo seguir paso a paso, pero ciertamenre provechosa, por cuanto evidencia
la falacia de muchas disposiciones raciocinantes, desmentidas luego por el simple reconoci
miento de los hechos. El astronomo y estadista belga Anouo QUBTBLET habia ya encontrado,
para Bélgica, que los conscripros de la ciudacl eran mas altos que los del campo, con una dife
rencia dc 2 a 3 cms. Poco después Ranke afirmaba que también en Baviera la talla en las ciu
daclcs era mayor que cn los distritos campestres. Bollinger acepta el resultado de Ranke, que
adquiere para esros autores un valor general.
Pero he aqui que, ya en 1870, Bannon encuentra que en Lnglaterra sucede lo conrrario,
pues la talla inferior pertcnece a la ciudad. Y como Beddoe ha arribuido este resultado a las
condiciones higiénicas desfavorables y al abuso del alcohol y del tabaco, cosas que son mas
frecuentes en el ambiente de la ciudad, he aqui que Rosmuss se pone en condiciéu de evadirse
del ambiente memos sano, y confronta las clases bienestantes de la campaiia con las de la ciuclad;
su resultado confirma que son mas alras las campestres.
En tiempos mas rccientes hemos comprendido que con una busqueda tan unilateral s6lo
podia llegarse a resultados contradictorios. Hozxmas observé que convenia asociar la estatura
con otros caractcres morfolégicos, p. ej.: con el Indice cefalico. Vi6 que a menudo, en cierras
regiones, la dolicocefalia y la mayor estatufa se condensan en las ciudades. To1>m.um agrego
uno de los caracteres pi gmenrarios; en efecto explicaba lo referido por Quételet en Bélgica con
la idcntificacion dc una raza alta, dolicocéfala y rubia, de mayor iniciativa en los negocios,
que habria abandonado la quietud del campo en manos de otra raza de menor talla, menos doli
cocéfala y morena, de caracter menos aventurero.
_ Hoy no podemos conformarnos tampoco con esra visi6n en una gran cantidacl de casos,
los cuales evidencian una complejidad que habria pasmado a nuestros antecesores. He aqui
lo que acaba de dilucidar Luunmnz con respecto a Noruega, donde Anno y Blum encontraron
cn las ciudades tallas menores que en los disrritos campestres. Nos dice Lundman que esos auto
res hicieron sus observaciones en la época inicial de las industrias, cuando se empezaba a ins
talar en las ciudades noruegas las grandes plantas industriales. Hoy las tallas de los habitantcs
de las ciudatlcs son las mas altas de todo el pueblo noruego, a raiz de la enorme mejora del es
tado social del obrero. Mientras en 1902 la diferencia era de 2 a 3 mms. negativos, en 1937 resulr
ser de 9 mms. positivos, con tendencia a aumentar. En EE. Ul}. Bmw ha podido conlvencerse
de que los agriculrores del campo son en algunas regiones, p. e). en Charlottesville (Virginia),
mas altos que los mercadercs y empleados de la ciudad, y en este caso no atribuye a la alimen
taei6n la diferencia dc estarura.
_ i I Bibliografia citada: Quérunr, Anoumnz Antlzrapomirrir an mmw der dsffermtxl fueu
I`Hamrru; Bruxelles, 1871.—Bs¤¤o¤, Joram: On tb: stature and bulk of Man m the Brztub ulex; en
"Memoirs Anthrop. Society of London", vol. HI (1867-69), p. 532. — Ronmrrs, Cn.: A man
199
En cuanto a la difcrencia entre montafia y llanural, la Icy que afir
maran Rankc y Collignon para Europa sc Vc a mcnudo dcsmcutida cn la
realidad dc los hcchos, por la sencilla razon que dichos autorcs habian
dcscuidado las claras enscfnanzas de Ia historia antigua y mcdiocval euro
pca, que registra cl continuo Hujo dc pueblos alégcnos, los cualcs rchuycton
las ciudadcs y eligicron las campinas para sostencrse cn los castillos, micn
tras en ottos lugarcs otros invasorcs, pcnctrados dcsdc los litoralcs, pro
vocaron la scgrcgacion dc Ilos nuclcos vcncidos en la cima dc las colinas
y a veces cn los valles angostos de alta montaiia. En cuanto a América,
supongo que muy dificil debc rcsultar hoy dia encontrar bases objctivas
que comprucbcn la afirmacion dc d'Orbigny’, que los Peruanos debiesen
su pequciia talla al hecho dc habitat tierras elevadas, y los Patagones tu
vicscn cn cambio cstaturas casi gigantcscas a causa de vivir cn ticrras bajas.

of Antbrupomct;-y; Londres, 1878.-Del mismo autor: Obra citada cn la pig. 197.—Honm~ma, M0


1u·rz: Der Minrcb; edici6n italiana L'Uoma, rraria naruralc c prcirtaria, Milan, 1912 (véase vol. I,
pag. 110). —- TOPINARD, P.•.u1.: Elémmt: d`Anrbr0p0logic Généralc; Paris, 1885 (véasc p.
LUNDMAN Bnrnr., : U cbc: di: Kirpcrbcibcnstcigcrung in dm nordircbm Linden: nar}: dem Wclrkricge; en
"Zeitschrift fiir Rassenkundc", tomo XI, Stuttgart, 1940, pp. 1-5.- Bam, Ronmrr B1mNm·r:.S`ra
xurc in Old Virginianr; en "]ourna1 Physical Anthropology", vol. XV, Filadelfia, 1931, pp. 355-419.
1. El gran Vrncnow habia comenzado por dar a la menot Cstatuta de los distritos de mon
tana una interpretation patolégica. Tomando inspiracibn de la frecuencia de desarrollos defec
tuosos en ciertas regiones montaiiosas de Europa, sostuvo que los rnontaieses sufren la accién
de su ambiente no s6lo en la production del cretinismo, sino también en mas limitados dete
nimientos del desarrollo, peculiarmente en el de la talla. Mediante observacionesnumetosas
y diligentes en dos cantones de Suiza, el médico ginebrino Duuam ha comprobado que no es
legitimo aseverar un cambio de talla paralelo al aumento 0 disminucion de la cuota de altitud,
ni en lugares, como en la region de Friburgo, donde existen diferencias generales de 450 y 2.000
m. (el autor se funda en la talla de 11.500 conscriptos). Duunrr, P. L.: Dc la raillc maymna dc:
babirant: du canton dc Gmivc; Ginevra, 1867. —Dcl mismo autor: Dc la taillc mvycnnc dc: babitant:
du canran dc Fribaurg; en "Bull. Soc. Anthrop.", tomo IV (2** Serie), Paris, 1869, pp. 465-475.
2. La idea de ¤`O1m0NY, por cierto muy original, es que la especie humana sigue la regla
observada en las plantas, cuya altura es minima en la cirna de los Andes, para aumentar progre
sivamente al paso que se baja a las llanuras de la Pampa (obra citada en la pig. 197; véanse pags.
47-52). Niega d'Orbig·ny que ejerzan influencia alguna en la talla ni el frio, ni el calor, y tam
poco la carestia 0 la abundancia de alimentos, porque todo es cuestibn de la rarefaccién 0 den
sidad del aire, y por consiguiente de la altitud sobre el nivel del mar. En lo alto dc la Cordillera
coloca uno de los extremos de su escala, el minimum, reptesentado por los Atacameiios, Aymara
y Qhééua con el promedio de 1.600 mm., y en la orilla del océano Atlantico el otro extremo,
0 maximum, teptesentado por los 1.730 mm. de los Patagones. Entre unos y otros se yuxtaponen,
pn qrdenprogresivo,
d a a mu . los pueblos intermedios, siempre mas elevados
Irie aqui una de las expresiones antropogeograficas mas extravagantes del espiritu de legi
feracién que es natural en el hombre, aun en el caso que se ttate de un naturalista tan estimablc
como d'Orb1gny. Existen en la jerga cientifica de los manuales otras mil de igual inconsistencia,
porque de ordinario la complejidad de los hcchos que conciemen directamente a la humanidad
es subestimada por los que pretenden explicarlas partiendo del tetreno de otras ciencias que no
sean lasespecificas del Hombre.
lFacil le resulta a PAUL TOPINARDI Etude mr la taille, en "Revue d`Anthr0pologie", com
V, Paris, 1876, pp. 54-B3, aducir que en las monradas de Escandinavia no disrninuye la elevada
estatura de los Noruegos, que los muy altos Todas habitan los montes Nilghiris, etc.
Mas toda esa erudicion geografica no hace falta, y es suficicnte rccordar que d'Otbigny
ha hecho caso omiso de los Peruanos de la costa.

ZOO
Los antropologos que en la América del Norte han venido trabajando
en la huella de Boas y Hrdliéka, adaptaron desde un principio con gran
fervor las directivas metodicas y la tonalidad espiritual que se demostraron
tan fecundas en la actividad de los investigadores de Europa cuya lista
acabamos de reseiiar, y muy pronto el asunto de la distribution de la es
tatura en América se ha transformado en el capitulo mas remunerativo de
la environmentalist scbool.

El resorte comparativo que, ya a partir de 1869 empleado empirica


mente por Gouldl, debia bien pronto transformarse en el método obligado
de tales demostraciones, consiste en deducir la diferencia entre la estatura
de los hijos de inmigrados europeos, nacidos en Estados Unidos, y la del
grupo nacional de donde proceden, medida en el territorio de origen.
Todos recuerdan el éxito sensacionalista que obtuvo en 1911-12 el fa
moso Report presentado por Franz Boas a las autoridades norteamericanasz.
Se anunciaba en él que los hijos de inmigrados de la Europa central (judios
y Bohemos) al nacer y vegetar en territorio de EE. UU. adquirian una
talla algo mayor que la de su pueblo. Boas explico al principio este au
mento como efecto de la mejor alimentacién de que tales hijos de inmi
grados disponen en la ciudad de Nueva York y su zona inmediata (lo que
no podia aclarar, en cambio, la merma de la estatura obscrvada en los hijos
de inmigrados del Mediterraneo, especialmente los Sicilianos); pero luego
tcrmino por decidirse en favor de su acariciada idea que el cambio de la
forma corporal es producido por una especie de 'energia niveladora' propia
del ambiente americano, que se revela en la tendencia a formar su peculiar
homotipo: the approach to a uniform general tjype.
En la América del Sud tenemos el estudio del profesor Stolyhwo'
presentado en tiempos mas recientes al Congreso de La Plata (1932), en
que se enuncia el crecimiento de la talla de los Polacos inmigrados al Brasil
(Estado de Parana). Stolyhwo se sitnia entre los autores mas imparciales
y pundonorosos en este asunto tan controvertido. Premite que 'ni siquiera
puede pensarse' que los caracteres cuantitativos absolutos, de la clase de
la talla, dependan dc una sola o de pocas causas, mas que de una compleja

1. Gou1.¤, Bnujmiu A.: Inoertigatiom on the military and antbropologieal rtarimkr of Amer.
roldierr; New York, 1869.
2. Boas, Fnnuz: Abrtraet of the Report on changer in bodily form of dereenderm of Inmigranrr;
en "The Inmigration Commission", Washington 1911. — Del mismo autor: Changer in rbe
bodib form of dereendmn, ere.; New York, 1912.
_ _ _ 3. Sroumwo, Kazruisnzz La influeneia del medio de la América del Sur robre la va
de la errarura bumana; en "XXV Congreso Intern. de Americanistas, La Plata 1932, tomo ·I,
pp.den
bei 69-74. — Emigranten
polnitebm Del mismo autor:(Brarilien);
in Parand Korpergrorre, ibre Vererbung
in Verhandlungen der Gesescat und
ur
Physische Anthrop.", 1932.
201
En cuanto a la difcrencia entre montana y llanural, la ley que afir
maran Ranke y Collignon para Europa se vc a menudo dcsmentida cn la
realidad de los hechos, por 1a sencilla razén que dichos autores habian
descuidado las claras enseiianzas de la historia antigua y medioeval euro
pea, que registra el continuo flujo de pueblos alégenos, los cuales rehuyeron
las ciudades y eligieron las campinas para sostenerse en los castillos, mien
tras cn otros lugarcs Ottos invasotcs, pcmcttados desde los litorales, pro
vocaron la segregacion de los nficleos vcncidos en la cima dc las colinas
y a vcces en los valles angostos dc alta montaiia. En cuanto a América,
supongo que muy dificil debe resultar hoy dia encontrar bases objetivas
que comprueben la afirmacién de d'Orbigny’, que los Peruanos debiesen
su pcqueiia talla al hecho de habitat tierras elevadas, y los Patagones tu
viesen en cambio estarutas casi gigantescas a causa de vivir cn tierras bajas.

of Antbropommgy; Londres, 1878.-Del mismo autor: Obra citada m la pug. 197.—Ho¤ums, Mo


nrrzz Der Mmxrb; edici6n italiana L'U0mo, rtoria natural: r prcixtoria, Milan, 1912 (véase vol. I,
pag. 110). — TOPINARD, PAUL! Elémmtr d'Antbrapalagi¢ Généralr; Paris, 1885 (véase p.
LUNDMAN Bmrru, : Urbzr di: Kérperbébenstaigzrung in dm nordircbm Lindem nach dem Wcltkricgc; en
"Zeitschrift fiir Rassenkunde", tomo XI, Stuttgart, 1940, pp. 1-5.— Baan, Ronan BBNN`B'1’l.'2s¢¤
ture in Old Virginiam; en "joumal Physical Anthropology", vol. XV, Filadelfia, 1931, pp. 355-419.
1. El gran Vuzcnow habia comenzado por dar a la menor estatura de los distritos de mon
taEa una interpretacién patolégica. Tomando inspiracion de la frecuencia de desarrollos defec
tuosos en ciertas regiones montaiosas de Europa, sostuvo que los montaiieses sufren la accién
de su ambience no solo en la produccibn del cretinismo, sino también en mas limitados dete
nimientos del desarrollo, peculiarmente en el de la talla. Mediante observacionesnumerosas
y diligentes en dos cantones de Suiza, el médico ginebrino Duunrr ha comprobado que no es
legirimo aseverar un cambio de talla paralelo al aumento 0 disminucion de la cuota de altitud,
ni en lugares, como en la region de Friburgo, donde existen diferencias generales de 450 y 2.000
m. (el autor se funda en la talla de 11.500 conscriptos). Duunrr, P. L.: De la mill: maymne du
babitant: du canton dc Gmiue; Ginevra, 1867. —Del mismo autor: De la taille maymne du babitant:
du rantm de Fribaurg; en "Bull. Soc. Anthrop.", tomo IV (2* Serie), Paris, 1869, pp. 465-475.
2. La idea de D’Ol.BlGNY, por cierto muy original, es que la especie humana sigue la regla
obscrvada en las plantas, cuya altura es minima en la cima de los Andes, para aumentar progre
sivamente al paso que se baja a las llanuras de la Pampa (obra citada en la pag. 197; véanse pags.
47-52). Niega d'Orbigny que ejerzan influencia alguna en la talla ni el {rio, ni el calor, y tam
poco la carestia o la abundancia de alimentos, porque todo es cuestion de la rarefaccion 0 den
sidad del aire, y por consiguiente de la altitud sobre el nivel del mar. En lo alto de la Cordillera
colocauno de los exrremos de su escala, el minimum, representado por los Atacameios, Aymara
v y Qhésua con el promedio de 1.600 mm., y en la orilla del océano Atlantico el otro extremo,
o maximum, representado por los 1.730 mm. de los Patagones. Entre unos y otros se yuxtaponen,
pn qrdenprogresivo,
da a nru . los pueblos intermedios, siempre mas elevados a
Ijie aqui una de las expresiones antropogeograficas mas extravagantes del espiritu cle legi
ferac16¤ quees natural en el hombre, aun en el caso que se trate de u.n naturalista tan estimable
. como d’Orb1gny. Existen en la jerga eientifica de los manuales otras mil de igual inconsistencia,
porque de ordmarno la eomplejidad de los hechos que conciemen directamente a la humanidad
es suliesumadapor lgsque prgtenden explicarlas partiendo del ter
flsean as especi icas e Hom re.
Facil le resulta a Pau;. Tovmmm: Etude mr la taille, en "Revue cl`Anthrop0l0gie°', t0l‘¤0
V, Paris, 1876, pp. 34-B}, aducir que en las monraiias de Escandinavia no disminuye la elevada
estatura de los Noruegos, que los muy altos Todas habitan los montes Nilghiris, etc.
Mas toda esa erudicion geografica no hace falta, y es suficiente recordar que d'Orbigny
ha hecho caso omiso de los Peruanos de la costa.

200
Los antropologos que en la América del Norte han venido trabajando
en la huella de Boas y Hrdlicka, adaptaron desde un principio con gran
fervor las directivas metodicas y la tonalidad espiritual que se demostraron
tan fecundas en la actividad de los investigadores de Europa cuya lista
acabamos de reseiiar, y muy pronto el asunto de la distribucion de la cs
tatura en América se ha transformado en el capitulo mas remunerativo de
la enoironmentalirt rchool.

El resorte comparativo que, ya a partir de 1869 empleado empirica


mente por Gouldl, debia bien pronto transformarse en el método obligado
de tales demostraciones, consiste en deducir la diferencia entre la estatura
de los hijos de inmigrados europeos, nacidos en Estados Unidos, y la del
grupo nacional de donde proceden, medida en el territorio de origen.
Todos recuerdan el éxito sensacionalista que obtuvo en 1911-12 el fa
moso Report presentado por Franz Boas a las autoridades norteamericanasz.
Se anunciaba en él que los hijos de inmigrados de la Europa central (judios
y Bohemos) al nacer y vegetar en territorio de EE. UU. adquirian una
talla algo mayor que la de su pueblo. Boas explico al principio este au
mento como efecto de la mejor alimentacion de que tales hijos de inmi
grados disponen en la ciudad de Nueva York y su zona inmediata (lo que
no podia aclarar, en cambio, la merma de la estatura observada en los hijos
de inmigrados del Mediterraneo, especialmente los Sicilianos); pero luego
termino por decidirse en favor de su acariciada idea que el cambio de la
forma corporal es producido por una especic de `energia niveladora' propia
del ambiente americano, que se revela en la tendencia a formar su peculiar
homotipo: the approach to a uniform general type.
En la América del Sud tenemos el estudio del profesor Stolyhwo'
prescntado en tiempos mas recientes al Congreso de La Plata (1932), en
que se enuncia el crecimiento de la talla de los Polacos inmigrados al Brasil
(Estado de Parana). Stolyhwo se situa entre los autores mas imparciales
y pundonorosos cn este asunto tan controvertido. Premitc que 'ni siquiera
puede pensarse’ que los caracteres cuantitativos absolutos, de la clase de
la talla, dependan de una sola o de pocas causas, mas que de una compleja

1. Gounn, Bsujnniu A.: Investigation: on the military and anthropological rtatictxcr of Amer.
.roldier.r; New York, 1869.
_ 2. Boas, Fiuuz: Abrtract of the Report on changer in bodily form of detcendentr of Inmigrantr;
en "The Inmigration Commission", Washington 1911. — Del mismo autor: Change: in the
bodib form of descendentr, etc.; New York, 1912.
_ _ _ 3. Sroumwo, Knzxmimnzz La influenria del medio de la América del .S`ur robre l
de la ertatara humana; en "XXV Congreso Intern. de Americanistas, La Plata 1932, tomo ll,
pp.den
bei 69-74. — Ernigranten
polnixcben Del mismo autor:
in Parand Kirpergroue,
(Bratrilien); ihre Vererbang
in Verhandlungen der esescat urund A
Physische Anthrop.", 1932.
201
serie de factores cuyo efccto cs acumulable, como lo demostro el finlandés
Kaarlo Hildénl en 1929. Debo agregar que el sueco H. Lundborg ha asen
tado la misma doctrina sobre las causas que influyen en la estatura, al
clasificarlas en tres categorias: 1°, factores biologicos; 2°, factores de se
"n ° influencias del °medio', asi nando a los rimeros la herencia, ecc1o y 3 , 8
mestiza'e la endo amia, etc., ue son todos de naturaleza enética, c 1 . 8 <1 B Y
a los ultimos la nutricion, la higiene general, el deporte, el clima, etc.,
que son de naturaleza mesolégica ffisiologica 0 social). Es imposible
dice - precisar la medida en que cada una de esas fuerzas coopera al efecto
final, pero concluye por reconocer que la herencia actua de manera pre
ponderante. Tarnbién 0tro autor sueco, el ilustre anatomico de Upsala
J. 'W. Hultkrantz, acompaiia a Lundborg en el rechazo de la exagerada
valuacion del milieu?
En cuanto al mecanismo hereditario, Stolyhwo recuerda que no puede
boy desatenderse la cnseiianza de Davenporta, el cual habia proclamado
ya desde 1917 que no es correcto hablar de factores que influyan en la talla
de modo integral, pues la estatura del hombre reprcsenta la suma de cuatro
partes de su organismo (cabeza, cuello, tronco y piernas) y cada uno de
estos segmentos obedece a factores hereditarios independientes. A pesar
de que esta formulacion cncontrase poca simpatia en algunos circulos cien
tificos, en ticmpos mas recientes una abundante masa de experiencias en
el campo de la genética ha logrado confirmar el descubrimiento de Daven
port (del que hemos de ocuparnos mas adelante con mayor atenci6n). En
las discusiones sobre la cstatura su efecto mas visible ha sido descruir la
inadecuada simplificacién metodica de antaio, y trasladar el problema
a su propio terreno, que por cierto presenta ahora sobrados motivos dc
complicacion.
Para Stolyhwo, la causa mas evidente del aumento de estatura regis
trado en Brasil consiste en el cambio de alimentacién, pues el elemento
polaco que emigra hacia América se componc sobre todo del proletariado
campestre y urbano, que cn su pais se alimentaba pobrcmente y no podia
alcanzar la plenitud del desarrollo fisico, mientras en el estado de Parana
consiguio cierto bienestar y la posibilidad de alimentarse adecuadamentc.
Afnade, sin embargo, que la participacion del medio en la provocacion de

1. Hiuaéu, Knnw: Zur Kmnmiu der Erbfaktorm dor mmxcblicbm Numfvrm; in "l·Icrc·
dl nas", tomo XIII, 1929.
2. Huurxnnrrz, W.: Uabar di: Zunubnu Jer Kirprrgriru in Scbmdm in dm johns 1840
1924; en "Nova Acta Scient. Physic.", vol. cxtraordinario, Upsala, 1927. — Luwnnoim, H.:
Ver rcsumen de aus ideas en L`E:p)c¢ bumairu, pmplu at rau.r; "Encycl. Frangaise", como VII,
Paria, 1936, en lan pagina; 6 y 7 de 7-S5.
3. Dwsuvorr, C. B.: Ver nota de pag. ZJO.
202
variaciones de la estatura no se manifiesta siempre y exclusivamenre en
aumentos, y puede ser por completo distinta. Por otra parte, aconseja no
descuidar el proceso de seleccion que es propio de los nucleos inmigrado
puesto que en general los individuos que se desplazan de su tierra consti
tuyen un material humano exento de enfermedades y debiliramiento orga
nico, y ademas provisro de cualidades apropiadas para la accion; empren
dedor y expediro, en suma, con referencia a la masa de origen, representa
una uleccién paxitiva en lo organico no menos que en lo psiquico. Su
luego orra observacion di gna de nota, al mencionar que las uniones matri
moniales realizadas eu América entre hombres y mujeres inmigrados de
i gual nacionalidad, tienen generalmente, en lo de la seleccion sexual, mayo
amplitud que en el lugar de origen, puesto que se cumple una especie de
exogamia, por medio de la elecciéu de la mujer nacida en las provincias
mas racialmente disimiles y mejor dotadas con respecto a los caracteres
corporales. En los paises de inmigracion, los Polacos rubios y bajos del
Norte (Hama balricux) prefieren unirse a las j6venes alras y morenas de las
provincias sureiias (H. dinaricur), asi como — agregamos nosorros — los
Italianos de Sicilia y Apulias (H. mcridimmlir) eligen a menudo a las rubias
y corpulentas mujeres lombardas o a las csbelras véneras (H. alpimu y H.
dinaricu:).
Con referencia a los ejemplos recogidos en los paises orientales del Asia:
_]a.p6n, China e India, cuando Ealzl nos indica que el tipo japonés llamado
Cbarbiu, de talla mayor, pertenece a las clases ricas, y el Satguma, brevi
soma, a las clases populares, no dejaremos de tener presente que el primero
se encuentra mas densificado en las regiones septentrionales, y el segundo
cn el grupo Liu-kiu, las islas Kiu-shu, Shikokiu y en la poblacion campes
tre de las peninsulas meridionales de Hondo, 0 isla grande. (El mismo
término Satzumn, lejos de ser sinonimo de 'hombre bajo', es el nombre de
una provincia de las islas meridionales). También en la China, Legendre’
ha seiialado la distincion entre la talla alta de las clases elevadas y la baja
de las clases populares, pero del mismo modo se impone plantear alli el
problema de los antecedentes hereditarios; sin rerroceder a cero el aporte
ortogénico de las condiciones sociales, de higiene y alimentacion, que en
todas partes del mundo tienden hacia la especializacion de una clase soma
ticamente privilegiada, meditaremos sobre el hecho positivo que, en ambas
naciones asiaticas, al lado de las diferencias en la estatura, se han compro

1. Banu, E.: Mmrcbenrarren Ort-Arimx, mit rpecieller Rrirbirbr auf fopen; cn "Verhand—
lungen d. Berliner Gesells. f. Anthr. Eth. u. Urg.", aio 1901, pp. 165-139.
I 2. Lscssrmzs, A. F.: L: Fur-Wen rbirmix; Paris, 1911.- Del mismo autor: Il ny 4 pa: do
nm june; en "Bull. Soc. d’étude des formes humaines" N° 3, Paris, 1924.

203
bado también notablcs caractcristicas dcl csquclcto facial, priucipalisima
la discincién cncrc las nariccs largas y rcctas dcl tipo rcfiuado y las cortas
y deprimidas quc son propias dc] tip0 p0pu1a1'. Y cuando Iccmos quc eu
la India las castas supcriorcs ticncn cucrpo clcvado y csbclto, cl cual las
discingue dc las castas infe
riorcs, rccordaremos quc cl
priucipio fundamental dc la
divisién dc casras, mcjor dc
nominadas ‘c010res' (sans
criroz mma) consisrié en la
dosificacién del elcmcnto al
to y de lengua sanscrita cn
su hibridacién con cl subs
rrarum dravidico, por 10 cual
H. H. Risleyl, autor dc una
0bra famosa sobre los habi
tantcs dc la India, pudo afir
mar cn su monografia sinté
tica de 1891 (pag. 259) que
"la camunidad de ruza, _y na,
coma a mmuda .r¢ afirmara, In
cvmunidad do aficia, cx cl prin
cipia rmlmcntc dominant: del
Jixtcma do la: cnxtas". Agté
guese que también aqui el
Fig. 1. - Diagramas dc la variacién cu altura y a.¤chu indice nasal acompafxa fiel
ra dc la nariz cn habirantcs dc Madras, scgdn la 0bra mente la estatura, no ya en
dc Thurston.
1·elaci6n con las condiciones
La linca superior sc rcficrc 2. Brahmanes dc las clascs
mis pobrcs, la. linca. media a parias Tamil y la infede riqueza 0 pobreza, sino
rior a pzrias Paniyan. Eu cada linca cl diagrarna dc
con la pr0p01·ci6n de sangre
la. izquicrda rcprcscnra nariccs cuy0 iudicc cs miuimo,
y cl dc la. dcrccha cl miximo y cl central cl respec europoidcz véase en el pros
rivo promedio.
pecto de Thu1·st0n” que la
nariz del paria Tamil y del Panigani (grupos del Sud, de procedencia dra
vida) es ancha y corta, mientras la de la casta Brahman se eleva en altura y
restringe en anchura, aun cuando sea observada (como lo hizo Thurston en
la ciudad dc Madras) en las familias mas pobres de la casta Brahmanica.

1. Risuzar, H. H.: Tbe people of India; Londres. 1915.-Del mismo autor: The study of Ethno
logy in Indio; en "journal Anrhr. Institute of Gr. Br. a. Ir.", vol. XX, Londres, 1890, pp. 235-263.
2. Tnunsrou, Encnz Antbropology of the Todae, Bmbmane, Pollie etc.; en "Madras Gover
ncmcnt Museum Bulletin", vol. II, Madras, 1896 (ver pag. 63).
204
En todos esos ejemplos la presuncion de variaciones debidas al ambiente
dcbc ceder lugar al contralor de las causas procedentes dc la hercncia de
Rcsumiendo, la mayor parte de las tentativas que hemos reseiado —— las
cuales se propusieron una tras otra, y cada una en oposicion a la otra, brin
darnos la 'explicaci6¤' de las variaciones intrarraciales de la talla, y a veces
incluso de las interraciales — forman una historia muy parecida a la de las
tentativas para cuadrarl el circulo y producir el movimiento perpetuo.
Muy pocas han quedado bien plantadas, y nos sirven aun hoy como puntos
de vista particulares; asi, p. cj., las que ilustran el efecto del empobreci
miento somatico procedente de determinadas condiciones de vida anti
higiénica y de hipoalimentacién. En cuanto a las famosas 'leyes' formu
ladas con el fin de expresar la estricta dependencia que vincularia la esta
tura a la latitud, a la altitud sobre el nivel del mar, a la vida urbana 0 cam
pestre, de montaiia 0 de llanura, etc., el lector sagaz ya ha podido formarse
la certidumbre que, a pesar de verlas formuladas en general con aparente
rigor logico, métrico y estadistico, fallan a causa de la limitacién del am
bito y la escasez relativa de casos que sus autores tomaran en examen. Se
encuentran fundadas sobre series de varianre: a menudo locales, y de todos
modos absolutamente incapaces de representar la variable. Su autor las
ha tomado como base para una generalizacion desmesurada, sin tener en
cuenta para nada que esas contadas observaciones forman u.na porcion
insignificante, en muchos casos una modalidad especializada, de la varia
disima casuistica de combinaciones y posibilidades que seria necesario reunir
para representar convenientemente al complejo muestrario de cada feno
meno, 0, segun el lenguaje estadistico, su peculiar univerxum.

II

EL PROCESO METASOMATICO Y SU ALTERNANCIA

Un nuevo factor, que trac a este terreno mayor complicacion, es el cons


tituido por el hecho que en un cierto numero de naciones se ha notado,
en épocas recientes, un sensible aumento en la estatura general, denun
ciado por las estadisticas militares, escolares, etc. En Suecia la talla ge
neral ha aumentado 1,8 cms. del aio 1841 al 1894 (Hultkrantz) y 1,9 cms.
de 1915 a 1936 (21 afios) segun Lundman; en Noruega 1 cm. Qreclutas) del
aio 1850 al 1893 (Arbo); en Dinamarca 3,7 cms. (conscriptos) del aio 1852
al 1904 (Mackeprang); en Suiza la estatura general ha aumentado en tod
los cantones (Pittard); en el Japon hubo en los conscriptos un aumento
205
de 3,23 cms. desde 1892 a 1926 (Le Blanc); en `Estados Unidos de Norte
América los inseriptos de la Universidad de Cincinnati aumentaron 2,4
cms. en el periodo 1916-1936, segun Chenoweth y Canningl
Tales aumentos de la talla obedecen evidentemente a la honda trans
formacion sufrida, en sentido favorable, durante el niltimo periodo histo
rico (puede decirse, durante todo el si glo XIX y el primer tercio del xx)
en materia de higiene, en la cantidad y especialmente variedad de alimen
tos, facilidades de transporte y consecutiva mayor amplitud selectiva en la
union sexual y el nivel general del 'standard' de vida. Este cambio ha sido
mas o menos intenso y durable en las diversas naciones civilizadas del
mundo’ y ha puesto en movimiento distintos resortes vegetativos y selec
1. LUNDMAN, B¤n·rrL_].: Ueber die fvrtgueqte Zunabme der Kirperbibe in 5`cbweden 1926 bi: 1936
en "Zeitscbrift fiir Rassenkuncle", t0m0 IX, Stuttgart, 1939, pp. 166-271.—H¤LrxmAN·rz, W,
Om :ven:karne: Krvpp:langd, ett bidrag till Sverige: antbrapvlvgi; en "Ymer", Estocolmo, 1895.
Amo: Iagrtagelrer vver den mandlige nor:ke Befvlkning: Hvideforlwld etc.; en "Norsk. Magas. f. La
eidenskben", romo LVI, Kristiania, 1895, p. 497. - MAcmu·¤..ANG, ED.: De Vaernepligtige: le
gem:hvj:le i Danmark; en "Meddelelser om Danemarks anthropologi", tomo I, Copenhague, '
1907. — Prrnnn, E. y Mum Dsuaimaenz Uaugmenrarivn de la nature en .Sui::e au caar: de vingr
einq am; en "journal de statistique er Revue économique Suisse". — Hnnuxéa, Ami: Pb_y:ical
Antbrapvlvgy af the Old American, II 5'tarure; en "Amer. Journal of Phys. Anthrop.", vol. V, Fi
ladelfia, 1922, pp. 209·35.—L¤xrmz, P. sr M.u.r.0·r, ].: Le: Race: Hvmainu, Paris, 1936; ver pag.
41. — LB Br..4uc, T. The beigbt: vfyvutb: in japan; en "Toholcu Imperial Univ., Report Sc.
Biol.", tomo HI, 1928, pp. 679-687. — Cnswowaru, L. B. y Cnrmuo, R. G.: Tb: rrarure af men;
en "Science", vol. XCV, 1942, pp. 648-649.
Conviene tener presente en todo momento que todas las cifras (tanto las estaturas como las
diferencias) que figuran en estas paginas representan media: aritmirica:.
Tampoco hay que tomar la frase "aumento de la talla" en un sentido pleno, pues se trata
de aumentos en las cifras del promedio. Me explico mejor: la costumbre de tratar con medias
aritméticas nos induce a veces a tomar cierras expresiones nurnéricas como enridades concretas,
mientras son simples figuras ideales creadas para expresar la conducra ripica de una serie de
variante: 0 de una variable.
En el caso que aqui tratamos, no debe entenderse que se elevan en masa todas las variantes
que constiruyen el conjunto de las estaturas individuales de una determinada nation. Hablando
de dos bosques de abetos, cuando se dice que el bosque A es de mayor altura que el bosque B,
de modo alguno se debe enteuder que en A se ha superado la altura maxima de los abetos adul
tos, sino que un mayor nvimero de plantas se aproxima a este valor maximo; orra cosa muy
distinta seria dccir que un bosque de abetos es mas alto que u.n bosque de robles, de pinos 0 de
otra especie forestal.
Este parangén tiene la ventaja de volver inteligible la doctrina sustentada por Lxvx para
explicar en qué modo se realizan las influencias que modifican la estatura individual. Segiin
este agudo anrropologo, la estatura tiene asignado para toda persona un 'determinaclo' limite,
y este 'determinismd obedece a fenomenos hereditarios (familia, raza). Cuando en el contomo
de esa persona no se manifiestan influencias desfavorables y permanecen solo las favorables,
la accion de estas éltimas se desarrolla fmicamente en permitirle alcanzar aquel limire prefijado,
y en el menor tiempo; no pueden, en cambio, forzar la estatura mas alla de ral limite. Se infiere
ques6lo las influencias desfavorables modifican la estatura dc un modo directo. En cuanto a
·las ilnfluencias favorables, ellas no haeen mas que eliminar, o compensar, la eficacia de las con
trarias (obra citada en la nota de pag. 216., véase pag. 117).
listas fnltimas proposiciones de Rmonro Livn son dignas de nuesrra mayor atcncion, y nos
referircmos a ellas cuando tratemos de ampliar el campo de estudio mas alla de lo individual
para abordar las modnficaciones de la estatura media de un grupo humano, 0 de una ¤aci6n.
2. Una mformac16n periodlstiea (diario La Razin, martes 6 de Mayo, 1947) nos refiere
que la talla del conscripto argentino (aio 1924) comparada con la de 1891, revela que en esos
206
tivos, de manera que las explicaciones dadas en cada caso por cl especia
lista que lo estudiara no siempre coinciden una con otra en el aspecto cir
cunstancial, aunque todas queden comprendidas en el conjunto de las causas
fisiologicas y selectivas quc acabamos de mencionar.
Pero he aqui que, para engarbullar aun mas esta madeja, ha surgido la
opinion que el aumento de estatura, junto con otras mejoras somziticas
y morales, ha de continuar indefinidamente, con mayor 0 menor inten
sidad, en la trayectoria futura de la humanidad. No sabria condenar lo
suficientc esta presuncion, que tiene su_raiz en el vago sentimiento de por
venirismo y 'pr0gres0` qu? se encucntra arraigado en la cultura general.
En EE. UU., por ejemplo, ya se ha notado, en ciertas regiones y en deter
minados sectores de la poblacién, el cese del aumento de la estatura. Los
reclutas de la guerra 1939-45 (dos millones de jovenes) tenian exactamente
la misma talla que los jévenes cnrolados cn la guerra 1917-18 (Rowntree,
1941), mientras-han resultado, en cambio, de mayor peso corporal: exacta
mente, Kgs. 3,628 mas pesados que en la guerra anterior, y 6,350 mas que
los soldados de la guerra civil del aio 1865*.
En cuanto a la estatura indigena en general, los escritorcs que en Norte
américa se ocupan de la distribucion de los caracteres corporales no usan
gastar muchas paginas con la talla. Parece que en esa literatura se ha im
puesto definitivamente el criterio que las influencias del ambiente en la
talla ejercen un poder extraordinariamente mas vigoroso que el factor here
dabilidad. He aqui una semblanza de esta vision, comprimida en un pa
rrafo del difundido manual de Kroeber (1923) citado en las primeras lineas
de este escrito: "Do.r raza: pueden diferir ana a'e la otra, cuando mar, de sm
par de palgada: por efecto de la traemiribn bereditaria. Siu embargo, .ri toa'o.r lo:
indivielao: de la raza mar baja ron alimentado: adecuadammte _y colorado: en rm
ambiente favorable, _y todo: los a'e la raza ma: alia rometidor a una alimerztaeion
inruficiente _y a trabajo excerivo, la raza que por .ru naturaleza era ma: baja puede
actualmente Jobreparar a la otra" (p. 37).
Se trata, evidentemente, de la generalizacion desmesurada de un fen6
meno ya bien conocido por ‘Weissemberg, Scheidt, Fischer, Lebze1ter“
y otros muchos fisiélogos y antropélogos, el que consiste en la reduccién
33 aiios se ha producido un aumento medic de 26 mms. Los datos se dan como proccdentes
Instituto Etnico Nacional de esta ciudad.
1. Rowzrrmzs, L. G.: en "Science", vol. XCIV (1941), pp. 552-553. Los resultados dc
este autor sobre dos tnillones de soldados nortcamericanos se encuentran re
l17`n$;s@ii.11g%. :%; Waebstxm de: Merucben nacb Alter, Geu
dc iATsa1
dict: und Forschungen zur Menschen u. Vélkerkunde", tomo V1II, Stuttgart, 1911.‘·‘SCH
Wrurrzxz Eiufibmng in die rearurwiexenrcbaftlirbe Familimkumle; in "Familien Anthropolog
Munich, 1923.——Fxsc¤.1¤1, Enom: Die Rarrermuterrebiede de: Memcbm; en Menschhche Erb
207
de la altura corporal de los sectores de un pueblo (aun fuese de alta esta
tura) que hayan sufrido empobrecimiento organico relativamente durable.
En las frases arriba citadas, Kroeber ha intcntado brindarnos un criterio
de proporcionalidad entre el coeficiente de la influencia racial y el de la
influencia ambiental, y, como hemos visto, su opinion gravita con todo
su peso en el plato de la balanza que mide la energia modificadora del ‘me
dio'. Cabe mencionar a este respecto las observaciones de von Verschuer,
realizadas siguiendo la conducta somatica de mellizos que durante su tierna
edad fueron separados uno del otro y llcvados a vivir en ambientes dis
tintos. Sus indagaciones han conducido a dicho autor a afirmar que, si se
representa con 100 el total de las causas que determinan la variacion de la
estatura, solo 37 partes corresponden a la participacion del ambiente, con
tra 63 que son debidas a la herencial.
Llegados a esta altura dc nuestra exposicion, se impone que hagamos
una breve pausa con cl fin de ordenar las ideas, que sc encuentran even
tualmente algo disociadas después de pasar en reseiia el farragoso conjunto
de observaciones, interpretaciones y presunciones que integran la literatura
sobre la talla.
De todas las principales tendencias hemos hecho mencion, delineando
sobriamente para cada una las obieciones criticas de mayor peso.
Unicamente hemos omitido a los autores y las formulas que del factor
hereditario han hecho algo intocable, en el sentido que dudar un solo
instante de su omnipotencia y estabilidad constituya un sacrilegio. "La
talla del bombre en ningdn caso es la expresién de la rniseria o de la riqueza, sino
sobre todo es consecuencia de la raza; en otras palabras, es efecto de la berencia"
asegura Boudin?. Aun mas intolerante, mas absolutista, es el veredicto
de Broca: "La estatura, considerada de un modo general, no depende de la altitud,
ni de la latitud, ni de la miseria, ni de la riquega, ni de la alimentaeion, ni de
otra alguna de las condiciones que ban sido invocadas. Despuis de esta: elimi
naciones sucesivas, be sido llamado a reconocer la influencia de un dnieo factor:
la berencia racial"

Es hasta cierto punto explicable que Boudin y Broca prorrumpiesen

kcitslehre", Munich 1923. — Lunzavmn, V1c·ron: Konstitution und Russe; en el manual "Die
Biologie der Person", Viena, 1926.
1. von Viuucsunn, Oman: Social: Urnwelt und Vorerbung; in "Ergebnisse der Sozialcn
Hygiene und Gesundheitsorge", tomo H, Leipzig, 1930.-Del mismo autor: Die Erbbedingtbeit
des K¢gge;¤;:;eb.¢rum:,· en "Zeirsehrif: f. Morphologie u. Anrhrop
pp.
Bouom, _]. Cu. M.: Etudes etbnologique: sur la eaille et le paid: de l'bm
des Mémoires de Médecine, Chir. etc. militaires", tomos IX y X, Paris, 1936.
3. Buoca, PAUL: Nouvelle: recherche: sur Fantbropologie de Ia France en glnlrule etc.; memoris
Ieida en la Soc. de Antrop. en 1866.
208
en cxclamaciones tan intransigentcs, cxasperados por una tendencia cien
tifica que, olvidando cl sentido de la proporcion, insistia cn su época
exagerado fervor en los cscasos milimcrros dc la difercncia intranacional
0 intrarribal, mientras ellos mismos, con amplia mirada discrimiuatoria,
buscaban reconstruir el panorama de la morfologia diferencial dc las razas
del orbe. En cuanto a la severidad exclusivista, seria injusto reprocharla
unicamente a Boudin y l3roca, ya que hemos avcriguado, en las paginas
que anteceden, que todos, incluso cl apacib1e,d'Orbigny, habian afirmado
reciamente su propia doctrina y rechazado contemporineamente las ajc
nas cou ademén severo, a veces acompafsiado por el sarcasmo.
En lo que concierne a nosotros, de ningnin modo podremos, después
de los hechos averiguados durante los ultimos cincuenta afios, adoptar
una posicién tan rigida como es la que dictara las formulas de Boudin y
Broca. Admitiremos que, aun _.riendo la herencia en gran rnedida el may prepon
derante factor que moldea la exratura de un iudividuo, asi como de uu grupo
humano orgénico, no bay razon para denegar la influencia pertnrbadora de otra:
caum:. Son éstas aparentemerite muy variadas, pero con facilidad puede
apreciarse que en gran mayoria responden a un unico mecanismo fisiolo
gico general, que conxixre en provocar el detenimiento del dexarrollo o un procexo
de decaimiento somérico Qfalta de aeraciou o de insolacion; trabajo excesivo,
inactividad muscular, estados morbosos, abusos, intoxicaciones, ponosis
propias de particulares oficios, iucluso cl sedentarismo, etc.), pero espe
cialmente alimeutacién defectuosa (insuficiente, inapropiada, unilate
ral, etc.),
No lcs escarimamos a los 'ambienta1istas' 1a ivoluptuosa satisfaccién de
que a este conjunto se le aplique, a guisa de rétulo, la tan iclolatrada pa
labra 'milieu’, porque las palabras, en este asurito, tienen para nosotros
muy poco interés. Mas insistimos en la determinacién precisa de Topinard,
contenida en una frase impecablez "L'action de: milieux, xomme route, Je
produit par Fintermédiaire de la xanré"
Pero nuestra polireue terminologique no podria ocultar de modo alguno
que influyen sobre la talla ciertos factores irreductibles a la férmulaambien
talista, cuyo mecanismo nos conduce a otros terrenos, porque perteueceu
a los fenomenos genéticos y a los selectivos.
Sorprendido Boas2 al encontrar la estatura de los Indios half-blood:
mas elevada que la de los Indios pu.ros, y después de averiguar que la m
tizacion se habia operado por medio de hombres blancos de nacionalidad
1. Tomnmm Pam.: Etude mr I4 eaille ya cirado (nora 2 dc pig. 200); véase pag. 51.
2. Bon, Fninzz The Half-Blood Indian, an antbrapomerrie nad]; cn "Popular Science Mo
tly", 1894, pp. 761-770.
209
francesa, cuya estatura — insiste — es menor que la india, proclama en
1894 que se trata de un ratber unexpected reralt ya que the offspring exceed bot}:
armtal form: in size. Todavia no ha sometido Boas todo su raciocinio a
la tirania de la tcsis que predicaré en 1911, y bien puede explicar cl 'curioso
fq_·¤6me¤o’ que ha seiialado, diciendo que "patcce que la mcstizacién time
un cfecto favorable sobre la raza’
No sc engaftaba Boas cn esta admisién de 1894, cxcepto que en la inter
Pf¢t2,C16[1 I'1gl1I'OS2IDC!]fC OP[1m1Sf3l, PUCSEO ql1C 110y CODOCCIDOS
mero dc comprobaciones, también en otros campos de la herencia. En la
nomcnclatura genética es ordinario el empleo del término betero.ri.r, que es
l'CfCf1dO 2. 105 cfectos q\1C SC PI'Odl1CCD, P2.I'EiCl112I'IIlCDEC CD 12. estatura Y CD.
el peso, como consecuencia dc ciertas hibridaciones dc plantas y animales.
Estos efectos, que los genctistas de lcngua inglesa prefiercn indicar con

1. Fnuz Boas estaba temperamentalmente predispuesto a favor de una interpretation


univocamente optim.ista de los efectos de toda mezela de razas, aun de los dudosos, y en ello
no se cncontraba solo, pues lo acompaiiaban los panegiristas del cruce racial, salidos en tren
de represalia contra los panegiristas de la pureza racial (dos férmulas irreconciliables de la li
reratura de los ultimos 50 aios, que se encuentran boy superadas por nuestra posicién, mas
naturalista y menos apasionada, la cual ha terminado por descubrir que ambos bandos estaban
siempre mayormente alejandose de las verdaderas bases del problema).
En lo que concierne a la talla mas alta, sabemos que no hay dereeho a afirmar en todos
los easos que se trate de una ventaja fisiologica. En Toviwaim (1885, pig. 451) se vislumbra
la duda si toutefoi: Ia baste taille ripond J une tertaiue eapérimré pour le rette (véase también pigs.
455-6). Es que ya las primeras estadlsticas militares de EE. UU. habian llamado la atencién
sobre el hecho que en el total de 10.876 soldados blancos con la elevada estatura de1.705 mms.,
1.605 no preseutaban éptimas condiciones de sanidad (Goum) y que frente a 2.301 individuos
con 1.696 mms. de ta.l1a media presentados a la leva y aeeptados para el servieio militar, hubo
1.134 con talla superior (1.699 mms.) que debieron ser reehazados por mala salud.
Pero nadie ha tratado este tema con mayor dedication que el médico y antropélogo belga
E. Houzé, en su memoria de 1887, cuya finalidad fué investigar las correlaciones de la estatura
con la tuberculosis pulmonar. Houzé confirma la indicacién de Gomswmn, que entre los ins
criptos afectados de tisis y los inscriptos sanos, la talla es superior en los primeros, y se acom
paEa con perimetro torécico deficiente; de todos modos, insiste en la norma de que se coordene
con la medicion de la talla la del perimetro del tbrax y el angulo xifoideo, porque la sola me
dida de la altura corporal nada dice en cuanto a la aptitud y vigor vital. Se trata de formula
eioues que, iunto con la afirmacién que la eircunferencia toracica esta en relation inversa con
la estatura (ley de Goi.m·rzm y I-Iouzh), debemos considerar como otras tantas aproximaciones
a la doctrina formulada mas tarde p0I' Ds Grovmm y luego refundida por Knswscmmn, Patron
y Viota, que nos expliea la posicién reciproca, en un mismo grupo humauo, cle las formas es
peeializadas haeia el polo asténieo 0 el picnico.
Lo que interesa mayormente en este lugar, es la observacién que las extremes constitu
ciones longilineas que De Giovanni distinguio por su afinidad patolégiea, Habits.: pbtbyricuc,
se ven incrementadas en particulates paisajes geografieon y climaticos, especialmente a orilla
de grandes rnasas de agua dulce y en ambientes habitualmente saturados de humedad. Houzé
ba encontrado este fenémeno en el sector noreste de Bélgica (Anversa y Limburgo). En la Argen
tma habrla que ejercer seriamente la atencién sobre la frecuencia de los individuos longilineos
y asténieos en los centros habitados del bajo Uruguay y en general de la Mesopotamia meridional.
Houzlz, E.; La taille, la circonflrevue tlvoracigue et lbmgle xipboidim de: Flamaudr et de: Walloru;
rapport de ce: troir rbvractiret avec In tuhreulon pulmoruire; en °`Bu.lletin Soc. d`Anthr0p0l0gle
Bruxelles, tomo VI, Bruxelles, 1887, 27B·w4.*GOLDITB1N, En.: Det circonfirmeu du thorax
tf Je hw rapport 3 I4 taille; en "Revue 'Anthropologie", tomo VII (2* Serie), Paris, 1884, pp.
460-485.

210
el término bybril vigor, son transitorios, y ya en la segunda g
cruzada tiende a restablecerse la normalidad, como lo
mentos de laboratorio.

Otra observacion, contenida ya en la afirmacién de Gou


los soldados de EE. UU. nacidos en aquella nacién tenian may
que sus propios padres, los Irlandeses, Alemanes y Franceses enrolados
en el ejército norteamericano, y mayor que los ciudadanos de estas n
cionalidades medidos en las patrias respectivas, reclama que la desd
cn dos pattcs, S1 qucrcmos aprovcchar los datos que nos brinda
lado la gcnética y por el otro la estadistica demogréfica.
La primera comparacién (nativos con inmigrados) nos trac a la me
moria los inapreciables corolarios de von Verschuer, quien acaba
cn cla.r0 que no se mantienen constantes, ni iguales, en todos los pe
de la vida los cfectos del ambiente sobre el desarrollo humano, ya
nuestro organismo se manifiesta mayormente maleable en una edadz q
ciertamente ha sido superada por la generalidad de los liombres que
a América como inmigrantes.
En cuanto a la segunda comparacion (extranjeros medidos en EE. UU.
y en su patria dc origen) hay que considerar ante todo el significado des
igual de tales mediciones, en el aspecto fisiolégico, ya que es sabido que
en EE. UU., antes que se organizara en tiempos muy recientes la cons
cripcion obligatoria, las operacioncs de leva comprendian individuos de
edades muy variadas, generalmente superiores a los 19-20 3508 de los cons

1. Entre las experimentaciones realizadas en los laboratorios de genética con respecto


a nuestro tema, hay que nombrar las de Puxwzrr y Bnumr (1918) y de Cans (1922) mediante
la hibridacibn del conejo de Polonia (muy pequeio) con el de Flandes (gigante) y de Livxsn
(1930) con tres elases de ratas. También Gum (1931) efectué hibridaciones entre el rat6n do
méstico y el asiético, de tamaiio bien distinto.
_ Todos estos autores averiguaron los efectos de la Iuterui: en los descendientes hibridos;
ellos desaparecen por regla en la segunda generzcion. Han averiguado al mismo tiempo que el
arresto del desarrollo es caracteristico de las formas breves, mientras que en las corpulentas
el creeimiento es no s6lo mas intenso, sino. mis duradero.
Ptmmrrr, R. C. y Bunn, P. G.: Gemtie .rt1die.r in rabbits; en "_]0uma1 of Genetics':, vol.
VIII, 1918, pp. 1-25. — Cnsru, W. E.: Genetic rtudiex in rabbit: and rutx; N° 320 publicacibnde
llz "Camegie Institution", 1922; 55 pp. — LIVBAY, E. A.: A1: experimental xtudy of bybridwg
-or lveterui: in mtr; en "Genetics", vol. XV, 1930, pp. 17-54. — Gruum, C. V.: Sxze mbmtunee
and growth in 4 mare xpeciu tran; en "_]0u1-nal exper. zoology", vol. LIX, 1931, pp. 213-245.
Gyms, RnG1N.u.¤ Ruc0r.¤: Hamm gmetiu; New York, 1946, 2 vol., 1518 pp. Véasc en la pag.
-1314 y sigs. un acabado resumen de los resultados de la genética experimental.
2. Reeordemos que von Vnxscnumt se eoloeé en eondidones sumamente aptas para captar
adecuadamente los influjos externos, sin peligros de myolucrar la influencia delgene, pues
. investigé en los mellizos el cfccto dc su desarrollo en ambientes d1st1.ntos(véasela cita en la no
_ta de pag. 208). Von Verschuer enc0ntr6 que la relativa pasividad a las mfluencias exteriores tie
ne principalmente dos periodos, que son los primeros dos aiios de laexisteneia y el comienzo de
hla. pubertad; los efectos hereditarios, en cambio, eumplen su mision parucularmente entre el
tercer aio y el décimotercero.

211
criptos europeos‘. En segundo término, las registraciones de leva en Fran
cia, Alemania, etc., comprenden a todos los inscriptos que se presentan
al llamado obligatorio, sin excepciones, mientras que ante las comisiones
de leva de los paises con ejércitos de voluntarios desfilan unicamente in
dividuos que se consideran aptos, y éstos representan el producto de una
seleccion, que por ser autodiscernida no es menos efectiva.
Por fin, ya en los prospectos estadisticos de Gould se pudo averiguar
que los Norteamericanos nativos enrolados fuera de su pr0pi0 lugar dc
nacimiento después de haber tenido larga estada en el nuevo domicilio,
tenian una altura mayor que los enrolados en el antiguo lugar de origen.
Verbigracia, los ciudadanos nacidos en el estado de Nueva York, pero
domiciliados y enrolados en otro estado de la Union, arrojan (en media
aritmética) una diferencia positiva de 1,52 cms. a los 20 anos, 1,34 a los
23, etc., con respecto a los ciudadanos de aquel estado que no se desp1a—
zaron de alli. El hecho de por si no dejé de intrigar a sus primeros obser
vadores, como puede averiguarlo cualquiera al releer las numerosas, casi
tumultuosas explicaciones que sugiere Topinard en su conocido manual
de 1885; pero mucho mas inesperado resulto el saber que las diferencias
causadas por el desplazamiento de un lugar a otro no cambian de inten
sidad con el aumento de la distancia, porque el aumento de la talla, segun
el enunciado que resume Topinard’, se produce tanto al pasar de Ohio a
Indiana (dos estados colindantes) como al dejar Nueva Inglaterra 0 el
estado de Nueva York para el Far-West.
Estos resultados han sido confirmados, de un modo general, por otros
autores recientes. Goldstein, por ej., al medir los mejicanos arraigados

1. Los prospectos de Gouu: comprenden hombres de todas las edades, desde los 18 aios
hasta los 35 y mucho mas. Ahora bien, el crecimiento sornatico humano es un proceso que de
ningun modo puede considerarse cerrado a los 20 aios, edad que en las registraciones de leva
de las naciones europeas queda, por asi decir, fotografiada. La cifra maxima de la estatura se
eneuenrra indicada por las disrintas estadisticas naeionales entre 29 y 34 afios, pero no todos
los pueblos la alcanzan en el mismo periodo de la vida individual. De ahi se deriva la exigencia
teérica que un prospecto comparativo no deba eonsiderarse perfecto si las tallas son medidas
en varios grupos humanos con igualdad de la edad de los individuos, pues habria que medirlas
en los respeerivos punros de madurez somaziea, y ésra se produce deutro de cada grupo en pe
riodos distintos. En los Alemanes, por e]., la ralla aumenta de 21 a34 aiios solamente en 2 mms.
y en los Franceses en 3 mms., pero en EspaEayNoruega en 10 mms. y en el Canada en 27 mms.
En consecuencia, si se mide un numero suficiente de individuos de estas cinco naciones, en la
edad militar y trece aiios después, se obtienen prospectos que no proporcionan una idea con
gruente de las relaciones reciprocas.
4 la: 21 did! 4 la: 31-34 E60!
Alemanes. 1694 mms. 1696 mms.
Franceses 1688 • 1691 »
Escandinavos . 1708 » 1718 »
Espafioles 1674 · 1684 »
Canadienscs . 1702 r 1729 »
2. Tovnuun, Pam.; Elfman, m-. (ver nora de pig. 200); pigs. 451-2.
212
en Texas, EE. UU., ha encontrado a los varones 2 6 3 cms. mas
sus padres y a las mujeres 1,86 mas que sus madrcs, segun las medicione
operadas en la patria de origenl
Lo mas dificultoso, sin embargo, no consiste en el acopio de datos,
smo en su interpretacién. Observo que el predominio de la ilusion ambien
talista ha inducido a la mayoria de los autorcs a resolver en su favor las
circunstancias numéricas, fisiologicas y estadisticas aportadoras de duda:
t0da vez que sc prescntabau dos 0 tres explicaciones mas 0 IIICDOS
sibles, han adoptado sistematicamente aquélla que favorecia la doctrina
del milieu, atm cn casos como los citados por ultimo, cuyas caracteristicas
hablan claramente en pro del mecanismo selectivo y de las cualidades de
Cxccpc16n que detcrmjuan en una masa cl coagulo de minorias energética
y méviles capaces dc afrontar la incertidumbrc de un movimiento migra
torio’. En segundo término, es de objetar el hecho que hayan clasificado
bajo el rétulo univoco del milieu también los procesos o influencias que
estan claramente situados en la esfera del genetista, del demografo y del
estadista, lo quc dcbia producir necesariamente confusiones, por el viejo
Vinculo quc unc cl término environment cou los conoeptos gcograficos.
Acabamos de`resei:'1ar los motivos por los cuales no podiamos expresat
nos hoy con la rigidez de Boudin y Broca, cuando afirman la ‘inquebran
table', `absoluta° y `u.inica' accion del factor hereditario. Esos autores no
conocieron los resultados de la genética, ni tuvieron posibilidad de ejercer
1a critica tazouada dc las ideas dc sus contcmporaneos. En cuanto al au
mento general de la estatura en muchas naciones del globo, este hecho
era desconocido en la época de Broca. Debidamente averiguado boy dia
1. Gotpsrnm, Mncus S.: Dernograpbie and bodily cbanger in dercendentr of Mexican immi
grant: witb comparable data on parent: and cbildren in Mexico; publicacién del "Institute of latin
amer. studies" de la Univ. de Texas, Austin, 1943, 103 pp.
2. Muchos son los autores que han recordado la influencia del factor selectivo en la com
posicién del flujo migratorio, ya sea el que saliendo de los puertos europeos se dirige a poblar
las tierras amcricanas, ya el quc forma las migraeiones intracontinentales cn Eur0pay time
·rica, y el que tepresenta la circulacién interior de un mismo estado. Sromrnwo, por cy., justi
precia la intensidad de los que llama "los distintos procesos peristéticos de seleccion" en sus
efectos sobre la estatura de los Polacos del estado de Pai-ana (Brasil), los cuales ya en el acto
de dejar su tierra constituyeron un ‘material seleccionado' en el sentido de la sanrdad fisica
y del desarrollo somatico Cmemoria de 1932 citada en la pag. 201, pag. j2—3).Tamb1enes men
’cionada la seleccién positiva que fltablie en faoeur der mieux doue': en Topmard, 1885 (pag.
El reverso de la medalla, es decir el efecto negativo representado en la poblacion residual de
una nacion, después de la salida de rcpetidos cnjambrcs emigratorios, lo ilustra L. Vaupnn
mmannz al describir el empobrecimiento demografico del pals de Flandes por haber enviado
durantc cl Medio Evo gran nnmero de colonias en todas direcciones y luego en el siglo xvi por
h2.bCl' gl'3D D{11Il€I`O de PCI'SOD3S> ¢IIllDCD[CS PCI'SCg|.l1dZS POF la IDql.11SlC1OD, q|.I
giaron en el extranjero: se produjo una "verdadera seleceién natural por cuyo efecto la raza
quedé empobrecida y privada de sus mejcres elemcntos"
_ I L. Vmnmnunsu: Ver extraeto en Houzé, E.: La raille, cit. en nuestra nora de pag.
210; p£gs. 280-1.

213
por medio de testimonios fehacientes, ha producido una impresion in
tensa en el espiritu de los investigadores, impulsando en particular medida
su tendencia de generalizacion.
Considerado mas sutilmente, este 'hecho nuevo` preseuta algunos as
pectos que nos exhortan a interpretarlo con mayor sutileza.
Por 10 pronto, nada autoriza a profetizar que por su causa ha de desapa
recer la diferenciacion de los grupos raciales. Si se establece — como es
riguroso — que el aumento de talla observado en pueblos que no registrar:
migraciones, ni hibridismos, ni cambio de bubimt, obedece exclusivamente
a factores higiénicos y nutritivos que han entrado a actuar principalmente
en el siglo xxx, habra de considerarse la eveniencia de que llegue — tarde
0 temprano — el dia en que el impulso mayorativo observado en los cien
aiios que van de 1840 a 1940 haya ejercido su acciou sobre todos los pueblos
civilizados. Y bien, eu cse momento podra observarse el mismo resultado
que se produce en una muchedumbre 0 un teatro al levantarse todas las
personas — altas y bajas — en la punta de los pies.
Esa consideration, aunque perfectamente logica en sus premisas y en
sus conclusiones, no sale — sin embargo — del qampo teorico. La expe
riencia concreta de la marcha historica del mundo y de sus bruscas e ines
peradas alternativas nos ha enseiiado que los proccsos de esta indole, por ser
estrictamente depeudientes de la rcalidad economica y politica de cada pue
blo, nunca han logrado realizar sus posibilidades hasta cl cumplimiento final
de la gradiente, y nos presentan mas bien una serie de desplazamicntos cuyo
signo se iuvierte a intervalos relativamente regulates: una liuea en zig-zag.
De modo alguno es un misterio que esta dolorosa postguerra nos brinda
la evidencia de un retrocesol. Para todos los pueblos civilizados del globo,
con cxccpciones parciales en dos naciones vencedoras y cn 11110 que otro

1. Cuando Vxtunué, al final del primer tercio del siglo xxx, afirmaba que la cstatura
de un pueblo aumcnra en funcion del bienestar, mejor dicho, on raixon irwrrrt du prints, faxiguu,
privarinu eprauwl: dam fmfmt er la jmum, tenia ante la vista las conseeuencias de las guerras
napoleonicas, que habiau ya trauscurrido desde una década, sin producir un descalabro com
parable con las guerras de ambos Luises, nv y xv. Estamos por ello seguros de que Villcrmé
no se formaba la menor idea de las condiciones que presentarian los pueblos europeos después
de las dos guerras de esta primera mitad del siglo xx, ni podia adivinar en qué mcdida los ciu
daclmos de gran nfuuero de naeioner experimentariau las "penas, fatigas y privaciones" cuya
mtensndad — como reza su formula — es el Indice de la disminuciou de la talla.
De los efectos de guerras sangrientas y largas 0 de invasiones tumultuosas quedan en la
_ Iiterarura bistoriea muchas meneiones mas 0 menor indirectas, pero muy eontadas son las des
cripciones conducidas con preocupacion cientifica.
No es rampoto netesario que se produzeau guei-ras 0 invasiones, para que se presenten en
la historia de un pueblo lan caracteristicas de que hablamos; es suficiente un simple cambio
leconormco-industrial, como por ej. la introduction de las maquinas de tejer, que desarticularon
el aresanado de Flandes en el breve lat0 de 3 anusde 1845 a 1847trajeron la miseria mi
t(p, , y s horrible, acompanada por fenomenos e carestla y mor
deruvreran lon telares de los miles de hogares de cada aldea, para que los brazos de artesanos
214
afortunaclo no-beligerante, se ha abierto una época de disminucion ace
lerada de la talla, junto con el empobrecimiento de los mas importa
fenomcnos vitales, y esta fase, que llamaré carmamérica, cuya inrensida
recucrda los asolamientos mediocvalcs del si glo v, del ix y del xiv (
SC l1ID.1[31'Ol1 por OU'2. parte 3 PCQIICDZS POICIOHCS dc EU
d\1I'2.I' UD EICIDPO H13.S 3.Il1pl10l. No CS 3.VCl1[ll1'2.ClO 2.f

yinection
horrelanos
tioidea quecayesen en laa inaccion,
en 1846 se asocio yr, combinado
la inedia, sus efectos con la
produjeron la muerte pérdida
de 95 OOO d
individuos
earacta suplementarios
y crua e un a la cuota
antropologo (J. BBKTILLON) y ennormal.
documentos Sidelno fuerabelga,
gobierno queesta
estas
riamos tentados de pensar en exageraciones de los cronistas.
Otra descripcion autorizada de un proceso analogo, es la quc escribio Ausé Iwauowsxr
dando cuenta de los efectos del hambre en Rusia después de la segunda década de este siglo
También alli el periodo algido tuvo la tluracion de tres aios, y determino un cambio notable
cn la complexion de los ciudadanos. Iwanowsky, en combinacion con sus colegas de los prin
cipales centros de Rusia, pudo seguir los efectos fisiologioos de la carestia mediante observa
ciones periodicas, acompaiiadas de mediciones antropométricas, que se siguieron eada seismeses
(en todo 6 registracioues consecutivas); se tuvieron en cuenta las poblaciones de 14 gubmniar
y 2 territorios, por un total de 2.114 individuos. Limitandonos a lo que constituye nuestro rema,
Iwanowsky encontro una disminucion de 47 mms. (promedio) en la cstatura delos Grandes
Rusos, 42 en los Rusos Blancos, 39 en los Ucrainos, etc.; notabilisima fué la disminucion de los
Tatares de Crimea, valuada en 61 mms. En cuanto a los demis efectos fisiologicos, se trata de
manifestaciones de gran momento, que indiean un descalabro orginico ingeutisimo.
Houzé, E.: La Mille, ctc., citado en nuestra pag. 210; véase pigs. 283 y sigs.—IwAnows:1,
ALBE: Di: mtbropomarriscbm Vrrdnderungm runixcbm Vilker unter dem Eiuflurr der Hungr.·r.mat;
en "Archiv f. Anthrop.", vol. XX, Braunschweig, 1925. PP. 1-12.
1. Algunos indicios sobre la duration de una fase camxomdtica los podemos deducir de la
memoria de E. Houzé (citada en la pig. 210; ver pigs. 281-285), aurique deba recordarse que la
caresria de Flandes duro apenas tres aiios en su periodo critico (1845-47), y que, ni pot inten
sidad ni por extension, pueden emparejarse sus efectos con los de la guerra de 1941-44, los cuales
se han continuado casi sin solueion en estos afios de la llamada postguerra. Ya nos habia refe
rido _]. BBRTILLON que la poblacion de Flandes disminuyo en los primeros tres anos 38 mil
habitantes en/la porciou occidental y 25 cn la oriental; que el curso normal de la poblaeion del
pais pcrdio, ademis de los 95.000 decesos suplementarios, también 27.000 nacimientos que no
tuvieron cfecto, porque, segfm el apotegma de Bertillon, la faim nhngmdn par. (lwauowsgv
explica el mecauistno de la disminucion de nacimientos: durante la carestia, el pueblo ruso perdio
casi totalmente la atraccion sexual; las sefnoras y las jovenes vieron cesar sus reglas, y aumen
taron en gran medida los natos-muertos, los nacimientos prematuros, los abortos y los neonatos
anomalos. Las mismas caracteristicas se han notado en algunos pueblos de Europa asolados
por el hambre a causa de la guerra éltima; en este misrno tomo se publiea una mencion del pu
blo de Grecia). Agrega Houzé que durante un largo periodo la poblacion quedo aplastada en
su descendencia'. Lois niios nacidos durante el periodo agudo de la crisis se presentaron, natu
ralmente, a los consejos de revision veinte aEos después, y los registros de la conscripeion con
servan las pruebas del decaimiento organico de esa juveutud castigacla. En una sesion de la
Sociedad de Antropologia de Bruselas, el doctor Houzé pronunciaba las siguientes palabras;
"La herencia se esfuerza para devolver el vigor a los descendientes de los robustos comuneros
flamencos, pero ella no ha logrado rodavia borrar el doloroso periodo de deterioro fisico ,
y esa sesion fué celebrada -— notese bien —— el dia 27 de Novicmbre de 1887, cs decir, cuarenta
anos después del infortunado 1847.
_ _ P _ _ _ En lo del mecanismo que produce el empobrecimiento somatico, parece que sientpre
se confirman las indicaciones de la vieja antropologia. Seguin ellas, toda perturbacion en e
periodo critico del crecimiento, o detention del mismo, produce efectos que el proceso vege
tarivo subsiguiente no podra compensar de modolalguno. Téngase presenterque, dentro
actividad integral de los tejidos, exrendida del nacimiento a los 34 anos, conocense dos
de mis intenso trabajo organico, que son el 1° y 2° ai:io de vida y la crisis de la pubescencia.
215
efecto anular por completo los dos 0 tres centimetros de aumento vege
rativo ganados en el periodo anterior, es dccir en la fase anaromatica 1840
1940, para cercenar luego en igual 0 mayor medida la cstatura media de
las naciones castigadas. En un dilatado marco historico, no es imposible
que las posiciones se inviertan, pucs en cuestiones de esta indole se ha veri
ficado siempre la exactitud del badie mibi, tra: tibi. (En cierto sentido,
es exacto dccir que las grandes calamidades de las naciones muestran tener
una regularidad pendular analoga a la de las leyes compensatorias de todo
movimiento ondoso de la naturaleza, y no es de seguro imputable a su
uestas i orancias de los anti os el hecho ue esta conce cién se cn- P gn cl
cuentre expresada. con accnto seguro eu el pcusamiento de la antigiiedad
clasica: ver el dialogo Timaias, 23 a).
Llegamos, en definitiva, a la admisién que el complejo de factores
los cuales en lo individual modifican la cstatura (selectivos, profesionales,
etc.), producen variaciones rimultzineas con respecto a la norma hereditaria,
mientras los factorcs gencralcs que actuan e¤`l0s gtaudes grupos <CCOl16·
micos, politicos, etc.) sc manifiestan eu una serie de variaciones Jucuivas
de signo alternado, suerte de palpitaciones ritmicas a derecha e izquierda
del valor central de la talla peculiar de cada grupo.
Rigidamente hablando, no existe una estatura absolutamente fija de
t r mo 1 d1 id 1 n 610 orque 1 1 d d 1no or nues to 0 anis -11 `v` ua , 0 s va1"a. con a c a , si
que esta sujeta a cambios que dependen de las estaciones, e incluso de las
horas del dial. Algo parecido y en mayor escala sucede en los pueblos,

1. Es notorio ue la cstatura individual sufre los efectos de causas fisi016 icas atol6· *1 8 Y P
_ _ _ _ gicas que la hacen varrar ya de manera rransitoria, ya permanente.
Para explicar las variaciones pasajeras R. Lrvr cornienza por recordar que la distancia entre
el vertex y el calcaneo no esta llenada por un todo 6seo y rigido, pues entre los segmentos éseos
se interponen pequenas capas de tejidos mas 0 menos elasticos, en gran numero. En primer
lugar, los tejidos blandos y la piel situados debajo del calcaneo y arriba del craneo. Luego, las
capas carrilagineas que constituyen las siguientes articulaciones, empezando desde abajo: cal
tanw-artragalica, tibia-axrragalica, radilla, articulacién tracantérira, racro-ilfaca, Jacral, 23 articula
cirmu intcrwrtcbralu y finalmente la arripim-arlénrira; en total 30 articulaciones. Es sabido que
las mas sensibles a la presion son las articulaeiones intervertebrales, a cuyo efecto hay que agre
gar la facultad elastica de los meniscos fibro-cartilagineos situados entre una y otra vértebra,
cuyo espesor es considerable, pues forman en total una altura igual a 1/4 de la altura del raquis.
Livi, llmouoz aintrapamerria; Milan 1900; véanse pags. 0-11 y 117.
' A la importancia de tales espesores de mareriales relativamente blandos, as1 como a la
presencia de la curvatura anrero—p0sterior del espinazo en 3 arcos céncavos y 2 eonvexos, es
debida la propiedad que tiene la cstatura de variar con determinada intensidad individual, en las
varias horas del dia y con las varias estaciones del cuerpo, sin hablar de los efectos de la vejez.
Gencralmente se calcula en un cm. el alargamiento de la talla cuando el cuerpo del viviente
pasa de la estacion erecta a la de reposo, acostada en una superficie horizontal, sin contar el
efecto de unreposo duradero, que permite a los meniscos intervertebrales recuperar su altura
rnormal, haerendo que nuesrra cstatura sea mayor a la rnanana, euando nos levantamos, de 2
3 3 cms.Se entiende que la mayor entidad del achatamiento de los discos y la mayor curvatura
'del raquis dependen del estado de cansancio flsico, y éste a su vez del esfucrzo a que nos hemos
sometido durante el dia (transporte de cargas pesadas, marehas, etc.).
216
de modo especial entre los recolectores. No pocos cxploradores, viaj
por el Chaco argenuno y el pa.raguay0, han observado que si se rnide
distancia de u.n0s mcscs cl mismo grupo indigcna, se cncucntran Va
sensiblemente desiguales, potque durante el periodo de abundancia en la
pcsca y la caza csas ttibus usan alimcntatse con exagcracién, para com
pensar los padecimientos de la escasa dieta vegeral (unas cuanras hierbas
y hojas) que lcs ofrece la cstacién dc penuria, en que su organismo visi
blcmcntc sc empobrece y Contrac. Duranre cl 3.50, pucs, la complexio
de tales pueblos preséntasc en cierta medida inestablc, y por lo tanto su
V2..l.Ol.' III.é(l.'ICO 2bSOl\1IO ZPZICCC POCO COI1Cl\1yC11CC.
Y sin embargo hablamos corrientemente, incluso legalmentc, de la
esrarura individual, con tacira admision de un cierto numero de causas
perturbadoras, mas 0 menos transitorias y compensatorias. Del mismo
modo, y con analogas admisiones, hemos de conrinuar hablando de la
esrarura de lll] Pl1CblO, 1'CP1'CSC[1E3d2 Y2. POI el P1'OI11CCll0, Y2. POI l2 f
cidii dz frccumciar 0 la narma, con finalidad desctipriva y morfologica, uti
lizable como elemento clasificatoriol

1. Si el lector tiene la amabilidad de llamar a la memoria los concepros que informan


la nota de pag. 206, incluso las comparaciones entre los bosques de abetos A y B, y de éstos con
bosques de robles, pinos, etc., le resultara facil valuar qué significado y efieacia debe atribuirse
1° a la accion kutuxomdtica, cuyo efecro es disminuir la esrarura y en general la corpulencia media
— de un grupo humano 0 de u.na nation, y 2° a la accién opuesta, 0 amuomdrita.
Un engaiio puramente verbal, eonvertido facilmente en error de pensamienro, ha inducido
a mucha genre en la creencia que, de un modo real, el aumento de la cifra media de un grupo
signifique que los individuos que lo componen se hayan estirado en altura mas alla del valor
maximo que la ralla antes renia en ese mismo grupo. De ahi se ba llegado a la idea que la talla
humana aumentase constantemente desde los tiempos antiguos, y siempre mas aumentare en
el futuro. Personas muy serias, y no pocas de alta preparacién cientifica, traen como prueba
del progresivo estiramiento de la humanidad, algunos episodios sacados de la sabiduria popular
0 de las gacetas. Nos dieen, por ej., que en la exhibicién celebrada en la ciudad de Bristol en
1932 para pasar en reseia los trajes de las épocas hisréricas, ninguna de las seiioras presentes
l0gr6 calzar los zapatos femeninos de 1780; que en la eatedral de Canterbury esta. colgada la
runica del llamado Black Prince, de tan diminuras dimensiones que parece la vestidura de u.n
adolescente. Este movimienro de ideas llevaria a admitir como ciertas las narraciones legen
darias basadas en la creencia que nuestros antepasados fueron de esrarura minuscula; de ellas
se ocupa en su curiosa monografia DAs1·m2, A.: Tb: stature of num at variou: cpocbr; traducido de
francés en "Am. Report of Board of Regents, Smiths. Inst.", Wzishington, 1904, pp. S17-532.
Se ve alli que esta presuncién lilipuriense esta abundanremente conrroverrida por la creencia
opuesra (mas generalizada en la lireratura universal), que nuestros antecesores fuesen en cambio
dc c0mplexi6n giganresca. Tal alternativa tiene sus raices en u.na bien conocida bipolaridad
propia de la mas intima psicologia de nuestros semejantes, la que se hace visible en toda Wel
ranxcbauung, y graciosarnente esta refundida en los enanos y los gigantes de Gulliver. Por mi
parte, siempre me he resistido a pensar que dentro de algunos siglos los _h0mbres habran ad
rid0 una corpulencia enorme, y que en eambio los contemporaneos de Agamenon y Tulo Osti
fueron enanos, porque ello esta en contra de todo lo que noslensenan las tumbas, armaduras,
monumenros y esqueletos (véanse los de las grutas deLig‘ur1a).
_I [ Menos sensacional, pero mas conforme eonlel sentido naturalista de la antropologia
ctiterio estadistico de la demografia, es la doctrma que enunciamos, es decir, que debemos su
poner para un grupo humano organico la exisrencia de un limite del desarrollo corpéreo
vidual, llmire que le es propio a cada grupo, y esta detcrmmado por condiciones hereditarias
2].7
Sostener que no puede hablarse de la estatura tipica de un pueblo, por
el solo hccho que suele exagerarse el significado de sus variaciones en la
talla (que mas propiamente llamaremos fluctuaciones metumméticax), re
sulta ser una conducta de todo punto de vista obcecada, y sobre todo in
genua, si se medita que incluso las modificaciones debidas a una misma
causa externa, lejos de manifestarse con idéntica intensidad en todos los
individuos que las sufren, muestran con la elocuencia mas palmaria estar
supeditadas al factor racial, como lo ha comprobado — muy a pesar de
sus intenciones netamente antihereditarias — Alec Iwanowsky en su me
moria sobre los efectos desiguales que tres a5os de carestia y hambre pro
dujeron en la talla de las distintas razas que componen la poblacion rusa
(véase nuestra nota de pag. 215).

III

DISTRIBUCION DE LA ESTATURA EN AMERICA

Después del examen de los aspectos interpretativos dc la cuestion, al


proponernos ahora considerar la distribucion americana de la estatura,
no seguircmos — naturalmcntc — a aquellos autorcs cu cuyo espiritu ha
prcdominado por una parte una exagerada valuacién teorica de las varia
ciones de la talla en un mismo grupo humano, y por la otra el presupuesto
intransigente de la unidad somatica fundamental de todos los habitantes
indigenas del doble continente, cuyas actuales desemejanzas serian el pro
ducto de adapraciones al ambiente.

que represenran el equilibrio subsiguienre al largo conflicto de los genes raciales, sin excluir
las modifieaciones adquiridas y esrabilizadas a lo largo de la historia de sus adapraciones. Los
individuos que en cada conjunto se suscraen durante su crecimienro a toda clase de influencias
adversas, alcanzan naturalmenre ese canon; los demas, en carnbio, sufren perturbaciones que
facilmente se evidencian en la ralla. Los influjos desfavorables acarrean en mayor numero per
rurbaeiones tendientes a producir las tallas mas bajas de la escala especifica; recordemos que
los médicos militares Dre:. Mnnmn y Houzé han insisrido en el hccho que las estaturas ml
nimas corresponden a inscripros afecrados por vicios corporales evidences; "basta asisti:
—dicen—una aola vez a un consejo de leva, para convenccrse de e110".En el apice opuesto de la
escala, en cambio, la accibn de las influeneias adversas se manifiesta fmicamenre con peculiares
coustrucciones corpéreas de talla sumamenre elevada, las cuales responden a individuos del
upo asténico longisoma, el mismo que Da Grovaum elasificara bajo el rubro de babim: pbtby
xinu. Quando en un pueblo determinado disminuyen diehas causas desfavorables, se enriende
con facilidad que aumenta el numero de individuos los cuales en su desarrollo se acercan al li
mite especlfico, 0 lo alcanzan por completo. Al paso, en cambio, que las influencias desfav0·
rables se mulriplican, crece en cada pueblo el nurnero de los individuos cuyo desarrollo se ale}:
progresivamente del llmire respecrivo. En este ultimo caso es corriente que la media aritmética
de la talla seflale valores siempre mb bajos, mientras que en el primero sus cifras se elevan,
dandonon la ilusion de un estiramienro que sobrepase el optimum peculiar del grupo considcrado.
218
Leemos, p. ej., en la monografia de Bean (1931) que las estaturas
cializadas (es decir, las mas distantes del supuesto canon comun, que
la talla mediana del complejo indio) deben haberse estabilizado por e
de causas putamente geograficas, 0, mejor dicl1o, climaticas, como ser el
frio, la altitud, la latitud y el ambiente marino. El bosque tropical, seg
este autor ‘, disminuye la estatura, y el mismo efecto lo ocasionan el frio
artico y el desierto. En cambio la zona templada produce un aumento de
talla, porque facilita una vida activa y esta provista de un mayor surtido
de alimentos. Los ambientes marinos ejercen por su parte una accion re
ductiva, y asi el alimento proporcionado por el mar. Todas estas formulas
(que no constituyen el resultado de sus estadisticas, sino una especie de
introduccién teorica que ocupa las primeras pziginas) pueden muy bien
lograr la aprobacién de ciertos lectores, porque se dirigen a su common
cmu y le brindan una explicacién sencilla del mapa de estaturas. Pero
cuando de las formulaciones generales pasa el autor a la mencion particular
de los fenémenos de distribucion, se ve costrefiido a afirmar, por ejemplo,
que los pueblos de alta talla de la Argentina austral gozaron de alimentos
abundantes (cuando justamente los mas altos, Tehuelche y Ona, han pa
decido continuamente por la escasez del guanaco), sin poner ahora en la
cuenta que los Bororé, pueblo altisimo del Matto Grosso, viven en plena
_selva tropical (mienrras Bean asevcra que el bosque del trépico achica
la estatura), ni muchas orras incongruencias similares.
No dejaremos de hacer resaltar, por una elemental exigencia de hon
radez, que Kroeber dc ningun modo ha llegado hasta reducir a cero la in
fluencia transmitida por los genes, como lo hacen en general los 'ambien·
talistas' mas empecinados. Representaciones ejemplares de tal corriente
especulativa son los mapas de Wissler, autor que tiene el mérito de haber
dedicado a la explicacion de la distribucién de la talla en América del
Norte un nuttido numero de paginas de su segundo libr0’, verdadero 'tes
tamento' de la mvironmcntolict school (pp. 118-121 y 127-179 de la obra de
1926).
Dibuja este Autor dos mapas parciales, uno ipara el sector Sudoeste
y otro para el Centro de la América del Norte, con el intento de demosrrar
que las estaturas altas se sitxian en el punto medio de dichos sectores, va
riando luego gradualmente en dos zonas periféricas decrecientes propias
de cada ambito, de donde deduce que la talla, asi como los demas carac
teres somaticos y también los patrimoniales (costumbres, fiescas, inven
1. Bmw, Ronnnr Brmurrrz obra citada en la nota de pag. 200.
· 2. Wmum, Cunt: Tb: relation of Narnre to Mon; New York, 1926. — Del mismo autor:
The american Indian; New York, 1922.

219
cioncs etnolégicas) sc disponcn a rnanera dc ptovincias gcogrzificas inde
pendicntcs, cuy0 origcn csté intimamcntc ligado a l0s ambicntcs respcctiv
Ninguna clificultzd tcnemos cn adnaitir, cn lo somético asi como cn 10 cul
tural, que alredcdor dc centtos nctamentc dcfinidos sc fotmcn haloncs

0 0§rx
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F10. 2. - Distribueién de las cstaturas de 10s indios de la rcgién central de la América del
Norte, segfm Wisslet, 1926, pag. 120
a) tallas de 173 a 175 cms. b) tallu dc 171 a 172 cms. c) tallas de 168 a 170 cms.

concéntricos de irradiacién, l0s cualcs mucsttan cl efecto de la difusién


de dctcrminadas propicdadcs. La irradiacién dc una propiedad somética
0 psiquica alredcdor de un pequcio circul0, en los casos diminutos, 0 a 10
largo dc una faja, cn 10s casos mas amplios, cs el efccto de un p1·0ccs0 que
cn antr0p0l0gia bi0l6gica llamamos memmarfixma y en anttopologia cultural
denominamos acultumcién. L0 que ante t0da 0tra c0sa importaba establecer
220
0 0 } "<·

Fm. 3. -Distribuci6n dc las cscaruras dc los indios cu Ia rcgién Sudocsrc dc Noncaméri


cz, scgfm Wisslcr 1925, pig. 119
a) tallas dc 172 z 175 cms. c) tallas dc 168 a 169 cms.
b) tallas dc 170 a 171 cms. d) tzllas dc 163 a 167 cms.

221
criticamente, en el desarrollo especulativo y cartogréfico de Wissler, era
la época en que tomo asiento definitivo cada una de las diferentes tribus
que a raiz de la yuxtaposicion territorial integran estos mapas. Si asi lo
hubiese hecho el autor, si por un solo instante se hubiese preocupado del
‘facror tiempo', se habria convencido facilmente de que estas imagenes
cartogréficas representan estados recentisimos y pasajeros de agrupacion
territorial. Hacen pensar en las fotografias instantaneas de una plaza 0
mercado donde hierve una muchedumbre en continuo movimiento. Véase,
por ei., el mapa wissleriano del sector Sudoeste de Norteamérica, y com
paresele con la imagen cartogréfica del mayor Powell: jqué honda diferen
cia! Ahi mismo donde el primero exhibe unas curvas de nivel que indicarian
Ia estabilizacion de una forma aguda de conformation somatica (estatura
elevada) y la respectiva irradiacion por ondas concéntricas, a guisa de los
circulos que vcmos formarse en las aguas de una laguna, el mapa de Powell
nos ofrece el espectaculo de una sucesion incesante de siempre nuevos pue
blos que llegan mas o menos tumultuariamente, desde el Norte y el Nor
oeste, con sus lenguas distintas, sus propias costumbres y, naturalmente,
sus peculiares constituciones organicas, para infiltrarse, y a veces dominar
por entero, en la masa que localmente representaba la ultima capa antigua
(cuyos xubrtrara profundos tuvieron verosimilmente una scdimcntacion no
menos compleja).
En lo que respecta a los Cheyenne y Maricopa, cuyo cspacio Wissler
indica como foco de las altas estaturas, todos saben que nada hay en comun
cn la historia étnica de esas dos agrupaciones, y que cada unalde cllas se
remonta a distintas épocas del proceso migratorio hacia el Suroeste. Los
Maricopa pertenecen a la familia linguistica Yuma, establecida ya antigua
mente entre el Colorado y el Gila, con economia elevada, agricultura in
tensiva y altisimo desarrollo de la alfareria fina. En cambio los Cheyenne
han llegado ultirnos a la region, en época reciente, y pertenecen al `stock’
Algonkin, cuya civilizacion es menos refinada; el Mayor Powell, que tcnia
bien desarrollado el sentido cinético del verdadero etnologo, los define
como "la vanguardia del desplazamiento algonkin en direccion al Sur
oeste

gDe qué manera puede justificarse la elaboracion estadistica de una


masa de datos cuya agrupacion obedece a causas tan dispares? Que en un
mercado puedan formarse — por azar — grupos circulares dc individuos
dispuestos simétricamente alrededor de un centro, con respecto al grado de
un caracter cualquiera (riqueza, vestido, colores, etc.) es cosa no del todo
imposible, pero cs terminantemente excluido que de ello pueda inferirse
algo positivo. Mas ga qué seguir? Decididamente, seria vano intento per
222
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F10. 4. - Distribucién dc los grupos zborigcncs cn lz zona Occidental y Central dc Norte Amé
rica, scglm cl mzpz del mayor Powell, 1915, publicado por Tb: Gzagrapb. Review, cnero 1911
Los grupos racialcs cstén indicados por cl rzyzdo: 1, grupo Shoshoni y rcspcctivamcnac
Siux; 2, Szlish; 3, Athabaskz; 4, Algonkin y rcspccrivamcntc Kaddo.
Las flcchas indican las dircccioncs dc marcha dc cada. migracién.

223
suadir a los 'ambientalistas'. Quien estudia con atencion semeiotica su
mvdu: opcmndi, pronto se convence de que su raciocinio actoa en un plano
preestablecido. La mas pobre sensibilidad para el factor `historico', 0 de
estratificacion, y una opacidad absoluta para el scntido de `circulacion'
de bienes y hombres en la superficie de la tierra, constituyen sus caracte
risticas 'negativas' mas agudas. Por otro lado, sus afirmaciones 'positivas'
mas vehementes son el concepto de la decantacion de los caractcres dentro
de cercados geograficamente preordenados (suerte de casilleros de pre
destinacion diversiva, dispuestos para alegrar la vida terrestre con el as
pecto de la variedad). Hay algo mas repugnante a la indole biologica que
forma la base de estos problemas, y consiste en la presuncion que cl coefi
cicntc de reactividad autonoma que es propio del organismo humano,
de ningun modo pueda exceder, en medida, el de los cuadrupedos, reptiles,
insectos y vermes, sin excluir las hietbas y criptogamas.
Estoy seguro de que una conciencia menos apriorista, acompaiada
por el habito de cscudriiiar acuciosamente los fenomcnos de estratificacion,
puede conferirnos — en cambio — una claridad de vision realmente salu
dable, en la elaboracion técnica e interpretativa de los datos reunidos en
un determinado ambito de la tierra.
Sin salir del tema de la talla, creo habcr indicado, en mi obra dc 1941,
de qué manera conviene operar en la tarea de ilustrar su distribucion en un
sector tan amplio como la Amazonia, que comprende mas de un tercio de
toda Sudamérica. Vamos a reconstruir el procedimiento empleado y a
resumir las conclusiones alcanzadas en cse trabajol.
Comencé por aislar las areas pequeiias — pero asaz numerosas — de
tribus que actualmente viven en lo mas tupido de la selva brasiliana, ya
en grupos nutridos, ya en hordas aisladas, dirtinguiéndorc por la pobrcza
de su patrimonio cultural con respecto a los grandes pueblos agricultores
que dominan cl espacio amazonico (Tucano, Aruaco, Caribe y Tupi) por
el hecho: 1°, de hablar lenguas aisladas; 2°, de conservar—apartando las
contaminaciones -— un caracter economico arcaico basado en la recolcccion
de bayas, ramas y raices y con exclusion de toda clase de plantaciones;
Y 3°, por la ausencia de la hamaca y la canoa, objetos que para sus vecinos
agricultores forman una verdadera constante etnografica. Tanto el blanco
como el indigena distinguen con instinto infalible esta poblacion inferior.
Para el blancoson Indios sin morada fija y sin habitaciones dignas de tal

1. Iunatrom, josh: Gli Arruzzmiri; constituye el cap. XII del III tomo de la 0bra "Razze
e Popoln della terra", dirigida por R. Biasutti, Turin, 1941, pp. 516-551.- Del mismo autor:
I · papoli rurrnglitari della rcudo brurilinno, della Forum e del Cinco, gli uurtrali ed i marginali del Po
rrfm; cap. XIII de la misma 0 bra, tomo IH, pp. 552-594.
224
nombre, esto es, creaturas propias del bosque: Indio: la nano. Para el indi
gena agricultor son el objeto de una persecution implacable, y reciben el
tratamiento propio dc animales salvajes. Siervos en los trabajos de la plan
taci6n y de la casa, carne de mercado en el comercio con los blancos (los
Caribes, en particular, vendieron millares de individuos a los plantadores
de la Guayana y del Brasil), con mucha propiedad P. Ehrenreich los deno
mina 'los Ilotas de la selva'.
No existe dificultad alguna, por parte del anu·op6logo, en reconocer
en estos grupos los residuos de antiguos pueblos, que sobreviven aqui y
alla, en tan amplio teatro, casi para testimoniar la existencia de una capa
de poblacion ciertamente amplisima en cuanto al espacio, mas primitiva
en lo cultural, y anterior, en el tiempo, a la de los Amazonidos actuales.
Esos grupos vestigiales (Macu al Norte del Amazonas, entre el rio Negro y
el Yapura; Mura al Sur del gran rio con centro en el Madeira; Sciriana y
Balcaua en el curso del Uaupés; Huhuten en el del Ajary; Uitoto del alto
Amazonas, hoy en parte regenerados; Trumai del Xingu; luego Sirioné
del lado boliviano, Curungua del ecuatoriano y Guayaki del paraguayo,
etc.) se distinguen no menos netamente por sus caracteres biologicosz por
el color del cutis sensiblemente mas obscuro que el de los vecinos agri
cultores, y u.nas pocas veces mas claro, por los lineamientos mas desagra
dables y rudos, la nariz con aletas carnosas e hinchadas y, sobre todo,
por una sensible diferencia en la estatura, pues sus promedios oscilan alre
dedor de 1.500 mms. y son aun menores en las tribus exentas de contami
naciones.

Después de separada esta poblacién vestigial, sin duda alguna la mas


interesante en la tarea de captar indicios sobre los primeros habitantes de
tan inmenso teatro continental, dirigi mi atencion hacia la capa menos
profunda, la cual ha llenado hasta ayer, y llena adn parcialmente, la super
ficie de la Amazonia, y se compone — ademas que de los Tucano — de las
tres mayores agrupaciones denominadas, en raz6n de la lengua que hablan
Caribe, Aruaco y Tupi, las dos primeras dominantes al Norte del gran
drenaje y la ultima entre el Amazonas y la region del Plata en sentido amplio
(exclusion hecha, naturalmente, del amplio Plzmalto oriental del Brasil
y de su borde maritimo inmediato).
Dc los A.ru‘aco y Caribe se dice generalmente que su talla es propia de
hombres bajos y medianos, porque oscila en los segundos entre 1.560 y
1.610 mms. yen los primeros entre 1.550 y 1.645 mms., con variaciones que
aparentemente se presentan del todo irregulares. Sin embargo, una mas
atenta discriminacion de cada tribu en sus localizaciones territoriales y
gentilicias, me puso en condiciones de demostrar que en esta pretendid
225
suadir a los 'ambicntalistas'. Quien estudia con atcncion scmeiotica su
modu: opmmdi, pronto sc convcncc dc que su raciocinio actua cn un plano
prccstablccido. La mas pobrc scnsibilidad para el factor 'historico', 0 dc
cstratificacion, y una opacidad absoluta para cl scntido dc 'circulacion’
de bicncs y hombrcs cn la superficic dc la ticrra, constituycn sus caracrc
risticas “ncgativas' més agudas. Por otro lado, sus afirmacioncs 'positivas°
mas vchcmentcs son el conccpto dc la dccantacion dc los caractcrcs dcntro
dc ccrcados gcogréficamcnte prcordenallos (sucrtc dc casilleros dc pre
dcstinacion diversiva, dispucstos para alcgrar Ia vida tcrrcstrc con cl as
pccto dc la varicdad). Hay algo mos rcpugnantc a la indolc biologica quc
forma la base dc cstos problcmas, y consistc cn la prcsuncion que el c0cfi—
cicntc dc rcactividad autonoma que es propio del organismo humano,
dc ningun modo pucda cxccdcr, cn mcdida, cl dc los cuadrupcdos, rcptilcs,
inscctos y vcrmcs, sin cxcluir las hicrbas y criptogamas.
Estoy scguro dc quc una concicncia mcnos apriorista, acompafiada
por cl hébito dc cscudriiiar acuciosamcntc los fcnomcnos dc cstratificacion,
puede conferirnos — cn cambio — una claridad dc vision realmcnte salu
dablc, cn la claboracion técnica c intcrprctativa dc los datos rcunidos cn
un dcterminado émbito dc la ticrra.
Sin salir del tcma dc la talla, crco habcr indicado, cn mi obra dc 1941,
dc qué manera convicnc opcrar en la tarca dc ilustrar su distribucion cn un
scctor tan amplio como la Amazonia, quc comprcndc mis dc un tcrcio dc
toda Sudamérica. Vamos a reconstruir cl procedimicnto cmplcado y a
rcsumir las conclusioncs alcanzadas cn csc trabajol.
Comcncé por aislar las areas pcqucfias — pero asaz numerosas — dc
tribus que actualmcntc vivcn cn lo mas tupido dc la sclva brasiliana, ya
cn grupos nutridos, ya en hordas aisladas, dirriuguiéndosc por la pobrcza
de su patrimonio cultural con respccto a los grandcs pucblos agricultorcs
quc dominan el cspacio amazonico (Tucano, Aruaco, Caribe y Tupi) por
cl hechos 1°, de hablar lcnguas aisladas; 2°, de conservar—apartando las
contaminacioncs — un carzictcr cconomico arcaico basado cn la recolcccion
dc bayas, ramas y raiccs y con exclusion de toda clasc dc plantacioncs;
Y 3°, por la ausencia dc la hamaca y la canoa, objctos que para sus vecinos
agricultorcs forman una vcrdadera constante ctnografica. Tanto cl blanco
como cl indigena distingucn con instinto infaliblc esta poblacion inferior.
Para el blancoson Indios sin morada fija y sin habitacioncs dignas dc tal

1. Innsuom, José: Gli Arruzzonici; consrituye el cap. XII clel III romo cle la obra "Razzc
e Popoli della rerra", dirigida por R. Biasutri, Turin, 1941, pp. $16-551.- Del mismo autor:
I Ipopoli rurgoglitori dello .r:udo bruriliuno, della Forum e del Cinco, gli nunrnli ed i mcrginali del Ps
ufico; cap. XIII de la misma 0 bra, romo III, pp. 552-594.
224
nombre, esto es, creaturas propias del bosquez Indio: do num. Para el indi
gena agricultor son el objeto de una persecucion implacable, y reciben el
tratamiento propio de animales salvajes. Siervos en los trabajos de la plan
tacion y de la casa, carne de mercado en el comercio con los blancos (los
Caribes, en particular, vendieron millares de individuos a los plantadores
de la Guayana y del Brasil), con mucha propiedad P. Ehrenreich los deno
mina 'los Ilotas de la selva'.

No existe dificultad alguna, por parte del antropologo, en reconocer


en estos grupos los residuos de antiguos pucblos, que sobreviven aqui y
alla, en tan amplio teatro, casi para testimoniar la existencia de una capa
de poblacion ciertamente amplisima en cuanto al espacio, mas primitiva
en lo cultural, y anterior, cn el tiempo, a la de los Amazonidos actuales.
Esos grupos vestigiales (Maco al Norte del Amazonas, entre el rio Negro y
el Yapuré; Mura al Sur del gran rio con centro en el Madeira; Sciriana y
Balcaua en el curso del Uaupés; Huhuten en el del Ajary; Uitoto del alto
Amazonas, hoy en parte regenerados; Trumai del Xingo; luego Siriono
del lado boliviano, Curungua del ecuatoriano y Guayaki del paraguayo,
etc.) se distinguen no menos netamente por sus caracteres biologicos: por
el color del cutis sensiblemente mas obscuro que el de los vecinos agri
cultores, y unas pocas veces mas claro, por los lineamientos mas desagra
dables y rudos, la nariz con aletas carnosas e hinchadas y, sobre todo,
por una sensible diferencia en la estatura, pues sus promedios oscilan alre
dedor de 1.500 mms. y son aon menores en las tribus exentas de contami
naciones.

Despuési de separada esta poblacion vestigial, sin duda alguna la mas


interesante en la tarca de captar indicios sobre los primeros habitantes de
tan inmenso teatro continental, dirigi mi atencion hacia la capa menos
profunda, la cual ha llenado hasta ayer, y llena aon parcialmcnte, la super
ficie de la Amazonia, y se compone — ademas que de los Tucano —— de las
tres mayorcs agrupaciones denominadas, en razon de la lengua que hablan
Caribe, Aruaco y Tupi, las dos primeras dominantes al Norte del gran
drenaje y la ultima entre el Amazonas y la region del Plata en sentido amplio
(exclusion hecha, naturalmente, del amplio Planalro oriental del Brasil
y de su borde maritimo inmediato).
De los Aruaco y Caribe se dice generalmente que su talla es propia de
hombres bajos y medianos, porque oscila en los segundos entre 1.560 y
1.610 mms. yen los primeros entre 1.550 y 1.645 mms., con var1ac1ones que
aparentemente se presentan del todo irregulares. Sin embargo, una mas
atenta discriminacion de cada tribu en sus localizaciones territoriales y
gentilicias, me puso en condiciones de demostrar que en esta pretendida
225
variabilidad rim leg: existe una gradienre, ya que las estaturas mas redu
cidas son propias de los grupos norreamazonicos, mientras las altas se hacen
siempre mas frecuentes a medida que progresamos hacia el Sud.
En efecro, los Aruaco de la Guayana septentrional miden 1.550 (pro
medio), el grupo del rio Branco (Aruaco centrales) 1.594, Y el grupo del
alto Xingu entre 1.640 y 1.645. Los Caribe, por su parte, que en las Gua
yanas miden de 1.566 a 1.572, alcanzan en el alto Xingo el promedio rela
tivamente elevado de 1.610 mms. La tercera componente, formada por los
Tupi, cuyos promedios mcnorcs son 1.580 y 1.600 mms. (Mundruku) y
1.580 (Aueto), arroja 1.606 entre los Parenrintin y 1.643 entre los Cama
yura del Xingu. En cuanto a una de sus secciones, los Guarani, miden éstos
1.530 en el estado de San Paulo y 1.620 en el Paraguay; se entiende que
hemos excluido de nuestros guarismos a los pueblos 'guaranizados’: tanto
los de mayor talla representados por los Chiriguanos, 1.634, como los de
talla mezquina, representados por los ya nombrados Guayaki y los Cain
gua, de cstatura bajisima, que pertenecen racialmente a orros nocleos y
aprendieron a hablar el Guarani por aculturacion.
Una vcz comprobada la universalidad de esta gradiente en lo que res
pecra a la cuenca del Amazonas, y alejadas todas las circunstancias 'histo
ricamente' explicables que intervienen para dar al fenomcno distributivo
su aspecto caprichoso e irregular, me quedaba por deducir de tal panorama
no solo las causas que lo produjeron, sino — por oltimo — los indicios
capaces de arrojar luz sobre el proceso del poblamiento continental. justo
es decir que no me limjté al simple indicio de la estatura, sino interrogué
la conducta de los principales caracreres morfologicos, crancales y faciales.
Los Aruaco de las Guayanas miden 82,6 de I. ccf. hor.; los Aruaco cen
trales 80; los Aruaco del Xingu 78 (Mehinaco) y 77,5 (Paressi). En cuanto
a los Caribe, que en las Guayanas arrojaban 81, en el Xingu solo miden 79
(Bacairi). Vemos, pues, con suficiente claridad, el transito desde formas
cefalicas de canon braquioide hacia formas dolicoides, y — podriamos
agregar — de narices relativamente breves a otras mas alargadas, y ambas
gradientes acompafnan el climax de la estatura, a medida que del borde
septentrional de la Amazonia descendemos hacia el borde meridional,
ampliado por el sistema del Parana medio e inferior.
gComo explicar estos hechos de observacion, y — mas importante adn
como utilizarlos? No puede negarse que un aparente derecho asistia a quien
se hubiese derenido ante el hecho que el camino recorrido por nosotros
represenra una especie de unidad geografica: la depresion amazonica. 5Qué
ocasion mas brillanre para encarar la unidad de la conforrnacion humana
como funcion dirccta de la unidad del `medio'l jo, en cuanto a la gra
226
dicntc obscrvada, para construir un mapa dc curvas dc cstaturas concén
tricas alrcdcdor dc un punto situado cn la Patagonia, quc rcprcscntara
cl fam: dc las cstaturas altas! Por mi cucnta, nunca mc dctuvc cn cstas cs
pcculacioncs. Cultor dc la scvcra antropogcografia quclfué prcpia d
ri0d0 agudamcntc critico-histérico dc Ratzcl, por nada dcsprccio los in
flujos dcl paisajc y dcl clima, pcro mi cxpcricncia mc ha dispucsto a mira
los cfcctos gcograficos sobrc la distribucién humana, dc un pumo muy
distinto dcl quc prcficrcn los dctcrministas dcl ambicntc. Los scctorcs
gcograficos dc ningfm m0d0 son los agcntcs quc construycn y condicionan
las culturas y los 'tip0s' dc la humanidad, como cl10s afirman con incfablc
cntusiasmo, sino los quc atracn, limitan 0 prohibcn las migracioncs huma
uas. Sc cnticndc quc, al término dc un ciclo dc cstratificacioncs patrimo
nialcs, Ia cultura y cl 'tip0` dc los quc habitan un ccrcado gcografico qucdan
dctcrminados dc m0d0 cstablc, y cllo llcga a prcscntar la aparicncia dc una
prcdntinacién dc] ambicntc, quc cs conccpto mcramcntc mctafisico. Idénticos
critcrios son validos para cxplicar la fijacién dc caractcrcs biolégicos cn
una zona dctcrminada.

La dcprcsién amazénica, cntcndida cn su cxprcsién gcogréfica mas


gcncral, ha brindado las ccndicioncs prcvias para la dispcrsién casi iii
mitada dc los pucblos agricultorcs dc lcngua Caribc, Aruaco y Tupi, dcsdc
los limitcs mas scptcntrionalcs dc tan inmcnso tcatro hasta 10s mas mcri
dionalcs, com cxtcnsién a la cucnca austral, cn cicrtc m0d0 comuuicantc.
E1 mas importantc, cl fmico mcdio dc circulacién dc csos agricultorcs iufc
riorcs, cs la canoa. Los grandcs rios navcgablcs, las lagunas, y una rcd
complicadisima dc canalcs intcrcomunicantcs, quc son propios dc la dc
prcsién amazénica, han brindado cl mcdio para una circulacién dc hombrcs
y patrimonios cuya vastcdad no ticnc rivalcs cn cl mundo, Ia cual sc ha
rcalizado ninicamcntc por via hidrica. 8610 dc csta mancra sc cxplica la
multiple scric dc subdivisioncs tribalcs y las rcspcctivas marchas aisladas
por dcccnas dc gradcs cn latitud y longitud, quc rcvcla cl mapa gcntilicio
dc Aruaco y Tupi cspccialmcntc; cn cuanto a cstos niltimos véasc la rccons
truccién dc sus ldcsplazamicntos rccicntcs cn la rccomcndablc monografia
dc Métraux, 19271
Pcro csta humanidad, quc cn mi nomcnclatura sc catactcriza por posccr
la cultura amazénim c intcgrar cl conjunto racial dc 10s Amazénidar, no
cncontré vacio cl tcrritorio quc iba ocupando. 3Qué sc hizo dc los mas
antiguos habicantcs? Lcs succdié 10 quc ocurrc a todas las poblacioncs

1. Mérxaux, Amman: Lu migration: lvirtariquu de: Tupi-Guormi; en "journal Société


Américznistcs dc Paris", como XIX, Paris, 1927; pp. 1-116.
227
ue sufren una invasion, incluso en los tiempos modernos: incorporarse
on parte en la substancia fisica del recién llegado, mediante la hibridacio
en parte arrincoriarse, cuando es posible, en sectores de refugio que para
el invasor no ofrecen atractivos, y en tercer lugar dispersarse en minnisculos
grupitos sobrevivientes, a guisa de pequeiias gotas aisladas. Idéntico des
tino tuvieron los mas antiguos habitantes de la Brasilia. Por una parte,
el gran macizo del escudo brasiliano quedo aislado de la activa circulacibn
de la region tropical boscosa que tiene por medio especifico a la canoa, y
se enquistaron alli los pueblos Ges-Tapuya entre las rocas cristalinas del
Plrmalra (gdeterminismo geologico, diria un ambientalistal). Por la otra,
una porcion de areas aisladas y comprimidas de todos sus costados por los
éltimos ocupantes (arrinconamiento fragmentario, continental) preser
vo una cantidad de hordas, numéricamente exiguas, de la antigua ma
sa humana, en que reconocemos tanto a elementos laguidos (de canon
cefalico acro-dolicomorfo intenso) como a Fuéguidos (de canon tapein0·
dolicoide).
No seria completa esta reconstruccién, y ademas no nos explicaria la
enunciada gradiente de caracteres tales como estatura, forma cefalica,
nasal, etc., si no admitiéramos que, prescindiendo de ambas poblaciones
de hombres bajos, Lagoides y Fuegoides, la capa de agricultores tuvo que
encontrar establecido en la Amazonia meridional un tercer grupo humano
cuya caracteristica era una estatura asaz elevada. No he tardado en conven
cerme de que el area de los Pampidos, restringida aparentemente a la lla
nura y estepa argentinas y a la sabana chaquense, se extendia originaria
mente mucho mas al Norte de sus limites actuales, pues comprendia una
no escasa porcion de la selva brasilia. Dificil resulta actualmente con
testar de un modo irrefutable a la pregunta gde qué manera influycn, y
con qué mecanismo operan, en estos casos, la capa subyacente y las su
perpuestas, en la elaboracion morfologica de la resultante, 0 Jupcrstraturn?
Yo no quiero minimamente mostrar a los lectores que pretenda dictaminar
si dicha transformacion se realiza por medio de la intrusion puramente
numérica de tallas distintas, la que altera las medias, 0 por medio de la
hibridacion, que introduce la virulencia de un gene dominante, 0 de otras
acciones reactivas mas inmcdiatas, como ser el tan mentado hybrid vigor,
ni decidir en qué medida reciproca ellas operan, en el caso que sus efectos
resulten acumulativos. S6lo me incumbe contestar aqui que las formu
laciones de tipo te6rico en ningun momento tienen una fuerza comparable
con las observaciones estrictamente concretas, con la existencia, p. ei.,
de un grupo de hombres altisimos y muscularmente bien dotados como
cs el Bororo, en pleno Matto Grosso. Su talla, que del promedio de 1.737
228
mms. (Ehrem·eich‘) se eleva al de 1.760 (Colbacchi¤i’), su craneo enor
mementc desarrollado, con longitud max. de 184 a 204 mms. (S¢rgi’),
nos indican claramente que este pueblo representa un rémoin de la antigua
capa amazoma de Pampidos, cuya gravitacion fué ciertamente mas intensa
en su porcion meridional.
En el caso de los B0ror6 estamos fremtc a una yuxtaposicion (que a su
vez represeuta el efecto mecanico de un arriuconamiento periférico); en
el caso de las masas Aruaco, Caribe y Tupi cuyos caracteres hemos visto
aumeutar de Norte a Sud, tenemos las consecuencias de una superposition,
ya sea genotipica, ya puramente estadistica, ya ambas a la vez.
De todos modos, uuestro analisis nos ha puesto en condiciones de tocar
con la mano, por medio de u.¤os pocos caracteres seriales, la existcncia
de las siguieutes capas que en épocas sucesivas han poblado el teatro ama
z6¤ico: I, cl mas profuudo mbxtrutum Fuéguido y Laguido, en parte yuxta
pucsto y en parte hibridado; H, el mbstrorum Pampido que ha atravesado
por la Amazonia, dejando mayor densidad de residuos en la parte meridio
nal y III, el xuparxtratum de Amazénidos que ha cubierto toda la cuenca,
cou excepciéu de los cercados de arrinconamiento. Algunas de estas cir
cuustancias se vislumbrau en el mapa de las estaturas sudamericanas de
Morris Stcggerda 1943*, a pesar del criterio friamente coutable que se ha
scguido en esta compilaciou, desprovista de todo asomo iuterpretativo.

IV

LOS INDICES DE LAS PROPORCIONES CORPORALES, COMO


EXPRESION ANALITICA DE LA ESTATURA

Mas supougamos por un instaute que se hubiese comprobado de modo


definitivo que la estatura 110 ofrecc ventaja alguua en la clasificacién de
los pueblos, asi como lo hemos leido eu las formulacioues de los autores
que sobrevaluan en gran medida la energia de los factores ambieutales y
al mismo tiempo reducer: a cero la propiedad conservativa (memoria} del
plasma germinal, que el geuetista ve coufigurada en la estructura de los
cromosomas.

1. Eunmnmcu, PAUL? Antbropologixcbc Studim dber di: Urbrwobner Braxilimr, vomebm


dor Sraatm Marta Grono, Goyaz und Amazonas; Braunschweig, 1897.
' 2. Couaaccumx, D. A1~rromo:IBoror6 orimrali (0rar:mugudo§¢) del Mano Gro
3. SnotGimnvs: Hominidac: L'Uomo; Turin 1911 (vease pag. 392).
, '_ 4. Monms Srnooimna: Statun of South American Indiaru; eu "Amcricau Journal of Phys
Anthrop.", vol. I (Nueva Serie); Filadelfia, 1943; pp. 5-20.
229
Quedarian siempte otrcs medics adecuadcs para seguir apreciandc la
fuerza de la herencia, principalisima la observacion dc las prcpctcicnes
ccrpcrales. Es sabidc que la simple estatura, siendc el resultado bruto
de la suma de muchcs scctcrcs clcl crccimientc, forma asi como una cuun
ciacion cruda e imperfecta del desartollc del individuc. Ya fué anctada,
en las péginas antericres, la opinion de Davenpcrc‘~ al prcpositc de la
independiente aptitud variativa que pcseen las distintas partes del cuerpc,
propiedad que se engendra asu vez del hechc que cada sector del mismc
esta scmetidc a influencias hereditarias distintas.
Una -manera de ccmprcbar algunas de las bases rcales en que rcpcsa
esta opinion, ccnsiste en dejar de lado la apreciacion sintética ccnstituida
por 'la ta1la' dc lcs pucblcs, para ensayar lcs medics analiticcs capaces
de revelarnos las ‘prcpcrcicnes corpotales’. Mientras la talla era u.na sim
ple lcngitud c diémetro — en todo casc una medida absoluta — escs me

1. Este fecundo y agudo autor fué el pri.tnero en formular la idea que la talla no debe ser
ccnsiderada como un todo fmico, sino como la suma de cuatro sectores, constituidos por las
alturas de la cabeza, el cuello, el tronco y los miembros inferiores; demostro, con larga cosecha
de materiales, que entre ellas existen ciertas correlaciones naturales, mas su desarrollo puede
ser modificado por factores que reducen el crecimiento de determinados segmentos. Corolario
directo de estas nuevas concepciones es la existencia de dos clases de influencias; las unas de
carictcr general, que interesan al cuerpo como un todo, y las otras de naturaleza particular,
cuya action se ejerce sobre uno c mis segmentcs por separado. En 1924 sus ideas fueron apo
yadas por A. ]. Hnms, quien se dedico especialmente a describir la relacion numérica que de
sigua la altura relativa de los miembros con respecto a la talla total; confirmo, ademas, la inde
pendencia de los factotes que gobiernan el crecimiento de los diversos segmentos. Pocos aiios
mas tarde les seguia el descriptor de los mestizos de la isla de Kisar, E. Rommw.u.¤·r, quien
insistio en la exigencia de analizar la estatura en sus cuatro oomponentes, a pesar de las difi
cultades que acarrea la posibilidad que cacla sector obedezca a facrores hereditarios particulates,
indepcudientes uno del otro.
Mientras tanto los laboratorics de genética, interesados en la comprcbacion experimental
de esa reoria, venlan producicndo las publicaciones de SBWALD Wmorrr, C. V. Guan y F. B.
Suumu.
El primero encontro que, aunque en conejos y aves predomine la action del factor general,
se deja sentir también la de otros factcres que influyen directamente sobre el desarrollo de la
cabeza, de las piemas (a veces solo de las posteriores) y de las alas en los volatiles. Green por
su parte demostro que en la hibridacion de especies distintas de ratas, la largura del fémur y
de la tibia y la talla se comportabau como efectos asociados, pero la cabeza era independiente.
Sumner, operando con una especie americana de raton, llcg6 a la conclusion que hay que tener
en cuenta tanro los factores generales, como los particulates. A igual resultado acaba de llegar
Sn·n.u~ms:ov recientemente, operando con conejitos de India. De todos estos experimentos brinda
adecuada infomation el utilisimo e informado manual de R. R. Gnu citado en nuestra nots.
Bibl.: DAvm~n>on·r, C. B.: Inheritance of ttature; era “Genetics" vol. II, 1917; pp. 313-398.
Rommw.u.m·, Enrrr: Die Meetizen auf Kirar; Batavia, 1927.- Hmmm, J. An·r¤r.m: On tbe rela
tienrbip between the ttateere and the lenlgtb of the appendage: in enan; en "Amer. Naturalist", vol.
HI, 1918; pp. 254-271. — Wuonr, Snwnr.: On tbe nature of eize fartort; en "Genetics°' vol. III,
1918; pp. 367-374. — Giunm, O. V.; Size inheritance and growth in a rneuee rpecier tran; en "journal
of Exper. Zcclogy", vol. LIX, 1931; pp. 213-245 (ademas, ctras monograflas mas recientes).
Sumrwn, F. B.: The partial genetical independence on eige of the variant part: of the bed]; en "Pro
ccednnlge Nat. Academy of Sciences", vol. X, 1924; pp. 178-180. — Srnwmzov, H. H.: Skeletal
varuteon: in guinea piy and ebeie inbeeieaeeee; en "_]oumal of Msmmalogy", vol. XXIII, 1942;
pp. 65-75.

230
dios son. cocientes y relaciones, cs decir, fruto de un juicio com
Hay indices mtramcmbrales, como el I. tibio-femoral, el I. radio—h
etc., c indices intermembrales, como el I. humero—femora1, etc., l
relaciones entre cada uno de los miembros y el cuerpo total. En l
concicrnc al lvivo, la antropometria incluyc dos mcdiciones que pres
un gran servicio en este sent1do: una es la llamada bruza, 0 `gran envcr
gadura , quc se mide entre las puntas de los dedos medios de ambos brazos
extendidos, y otra es la altura del individuo sentado en un banquito d
u.n0s 40 cms., cifra quc se resta, naturalmente, una vez efectuada la me
dida. De la braza, en comparacién con la talla, se obtiene un simbolo
indirecto) del desarrollo de los miembtos superiores. De la ralla-renmdn
se obtiene una rcpresentacion numérica de la altura relativa de los miem
bros infcriores, suficientemente aproximada.
Esta ultima relacién es el Indice Jkilica, preconizado pot F. von Lus
. chan, que se calcula de modo muy simple tall - t d >< = Index
ta a

y es un auxiliar utilisimo en el tratamiento somatolégico de los grupos


humanos, porque reprcsenta el porcicnto ocupado por el conjunto cabeza
cuello-torso con rcspecto a la estatura total. Cuanto mas alta es la cifra
del indice, tanto mayor cs la altura relativa del torso, y por ende la reduc
ci6n de las piernas, caracter que es denominado braquiskelia. Ha habido un
antropélogo norteamericano quc mucho ha trabajado en Sudamérica y
con éptimo método, William Curtis Farabee 1, quien nunca en sus tablas
de medidas olvidaba registrar la talla-sentado, intuyendo sin duda el alto
valor discriminativo que terminaria por reconocérsele. Ya Krone’ y Ran
ke“ habian medido esta altura en los grupos de indigenas sudamericanos
mas alejados del blanco. Entre los modernos, hay las cifras de Sullivan‘
para los Sioux, cle Starrs y Dee QWilliams° para los Mexicanos actuales
y respectivamentc los Yucatecos. Pero estamos muy lejos de haber explo
'tado convenientemente este utilisimo medio comparativo, que tiene la

1. Fnnmz, Wuuan Cmrns: The central Arawakr; "Anthrop. publ. of the Univ. Museum,
Univ. of Pennsylvania", vol. IX, Filadclfia, 1918.- Del mismo autor: Indseu Tube.: of Euneru
Peru; en "Papers ofthe Peabody Mus. of Am. Arch. a. Ethn."; vol. X, Cambridge, Mass., 1922.
Del mismo autor: The cmrral Caribe; "Anthropol. publications of the Univ. Museum, Univ.
of Pennsylvania", vol. X, Filadelfia, 1924.
_ _ _ _ _ 2. Known, Ricnnm: Die Guarany-Indianer de: Aldmmento do Ria Irutm; cn ‘M1tte1lungen
der Anthrop. Gesellsch. in Wien", tomo XXXVI, Viena, 1906, pp. 130-146.
l U 3. Rants, Kiuu. Enum': Antbrapalogixcbe Beubvclmmgen uu: Zmtrulbranlam; en Abhand
lungcn der K. Baycrischen Akademie der Wissensch.", II Klasse, tomo I, Munchen, 1907
4. Sunuvau, Lms R.: Anrbrupmetry of rbe 5iawn rriber; en Anthr0p. Papers Amer. Mus.
Nat. Hist.", vol. XX.UI, New York, 1920; pp. 89-174.
I _ 5. Sinn, Fnnnmucz: Plvyxieal elmracrer: uf Indmru af Sautbem Mexico; Chicago, 1902
6. Wumnns, Gannon Du: obra citada en nuestra nota de pag. 241.

231
ventaja de asociar la gran facilidad con que se recaba, con su extraordinaria
significacién, Ia que en cierto sentido lo pone muy por encima de la mism
estatura. Listas mas 0 menos amplias, con cifras de todos los continentes,
fueron publicadas en el conocido manual de Martin y luego por R. B. Bean
en su articulo dedicado al Indice skélicol. E1 antropologo que 11am6 con
mayor empeiio la atencién sobre su capacidad clasificadora, fué Giuffrida
Ruggeri; este dltimo propuso la subdivision de los valores del siguiente
modo:
macroxkelfu x — 51,0
muoskclia . 51,1 — 53.0
braquiskclfa ...... 53,1- x

reservando para los indices inferiores a 48,0 la denominacion de bipcrma


croskolio y para los superiorcs a 55,0 la de bip:rbmqui.rk¢l:'a; reuni6 ademas
los indices de 248 pueblosz. Ya anteriormente (1912) R. Biasutti habia
explicado la utilization del Indice skélico y buscado interpretaciones gene
rales para su distribucién en el espacio. Volviendo mas tarde sobre el mismo
propésito, e1 profesor Biasutti ha presentado en 1938 a la Sociedad de An
tropologia de Florcncia un mapa de la destribucién del I. skélico en todo
el mundo, analogo a sus universalmente apreciados mapas de 1912, los que
pusieron al alcance de todo antropologo la distribucionl mundial de los
caracteres somaticos". Por el brevisimo resumen que pub1ic6 el Arcbioio
de la sociedad florentina, he comprobado que Biasutti — apartando las
proporciones exagcradas de los Esquimales — juzga poco amplia la excur
sion americana: “tanto en el Norte, como en el Sud, América brinda con
mayor frecuencia los valores mas altos de la clase intermedia". Debo acla
rar que, si por una parte la dominante muoxkclfn americana puede scr for
mulada en un trabajo que englobe los demés continentes, cuando nos apar
tamos dc una vision tan amplia, para enfocar solamente a América, vemos
en cambio que existen zonas de aguda macroskoliu y otras de no menos defi

1. Mnrm, Runou: Handbook der Anrbropologie; Jena, 1914; Scgunda edicién en 3 vol.,
1928 (véase vol. I, pag. 412). — Bmw, Ronnnr Bnmnrr: Tb: sitting height; en "Amer. journal
Physical Anrhrop.", vol. V, Filadelfia, 1922; pp. 349-390.
2. Gnurnma Ruoomu, V.: Doc1»·mmri:uIl`Indic¢ xcbelico; en "Rivista di Antropologia",
vol. XX, Roma, 1915-16.
3. Busurrx, Rnmnoz Pruentuzioru di wm curta della dirtribuzione d:lI'Indic¢ Jcbelica; eu
"Archivio p. l'Antropoloia e l'Etn.", vol. LXVIII, Florencia, 1938; pp. 373-5. Del mismoz
L'UmnirJ urruole, i ooromri xomarici; en la obra "Le Razze e i Popoli della terra",Torin0, 1941;
vol. I, cap. 6°. En la pagina 199 y sig. vuelve Biasutti sobre la distribucién mundial del Indice
skélico, y publica una can-ta (mapa N° 8) en que Sudarnérica esta cubierta por el rayado que
indica mesoskelia (fuera de dos diminutas areas peruanas). Las primeras ideas de Biasutti sobre
el fen6me¤o de distribucién figuran ya eu su magnifico trabajo 5`ndi xulla dinribuzioru dai on
mmri e dei tipi nrropologici; cn "Mernorie Geografiche", tomo VI, Florencia, 1912.

232
nida brquirlulla. Por lo que concierne a mi experiencia personal, he tenido
la sorpresa de medir a Indios con el indice mas alto y el mas bajo mundial—
mente conocidos (sin alejarnos de la Pampa y el Chaco, he obtenido 55,5
en los Araucanos del lago Lacar que dirige el cacique D. Francisco Curru
huinca y cn varios Araucanos de la Pampa, y 46,0 en individuos del grup
chaquefio de los Maca).
Antes de considerar las variaciones del I. skélico, sera oporruno regis
trar los valores obtenidos por dos infatigables investigadores del indigena
sudamericano, los cuales emplearon técnicas distintas en la apreciacion
relativa del desarrollo del busto. Ehrenreich calculo la dimension relativa
de las piernas (con respecto a la talla = 100) sirviéndose de la altura del
trocanterl, y es menesrer restar cada una de sus cifras al numero 100, para
couseguir el valor `complementario' que represente el desarrollo relativo
del busto con respecto a la talla (véanse las cifras de la ultima columna a
la derecha de nuestro’ prospecto correspondiente). Lehmann-Nitsche adopté
dos técnicas, consecutivamente’. Para la serie Ona se sirvié de la talla
smrada, de manera que su resultado puede figurar con todo derecho en
nuestra tabla del I. skélico; para las 4 series de Chaquefios, en cambio,
utiliz6 la altura cabeza-cuello-rronco, deduciéndola de la altura del tro
canter mayor, y por lo tanto sus indices son comparables con los valores
`comp1ementarios' de las cifras de Ehrenreich.
Supcrfluo es decir que estas técnicas de ambos autores brindan valores
que no pueden ser objeto de una confrontacién rigurosa con los del I. ské
lico, por la sencilla razon que al medir la talla-sentado se obtienen dimen
siones del busto algo mayores que el 'complemento' de la altura trocan
terlca.

Sin embargo, no renunciamos a insertar las dos tablas que siguen, por
la circunstancia que, haciéndolo, rechazariamos todo medio de avaluar
de modo aproximado —— las proporciones de pueblos como los Bororo,
Botocudos, ctc., de los cuales es dificil actualmente obtener datos métricos
mas satisfactorios.
Pasemos ahora a reu.nir en un prospecto, ordenados por el valor pro
gresivo de cifras, los datos sobre el I. rkilica de los pueblos sudamericanos,
claborados por medio de la crtarura-rcnmda, cuyo conjunto forma un mater
1. Emunrnmcu, PAUL! Aruba-apalag. Studien, err., obra citada en nuestra pag. 229 (v
pigs. 108-109). — Del mismo autor: Ueber di: Bataruda: brariliani
Santa und Minor Garda; en "Zeischrift fur Etlmologie, ctc. , tomo 19, erip, , pp. .
2. Lxrmauu-Nrrscuiz, Romuvro: Ertudiar anrrapalégicar sobre Ia: Omar; cu ' Anales del
sc0 dc La Plata", tomo H, 1927; pp. $7-99. - Del mismo autor: Ertudzurlfnhapalégxcor
Cbiriguonor, Cbmm, Maura; y Toby; en "Anales del Museo de La Plata , tomo I, 1907
53-149.

233
vAL01ms 0n·rm~n1>0s pox PAUL EH1zE1~mmcH EN vmuos puznnos DEL umxsu.
a. ¢.rr4tura,‘ b, ultum relativu del tracdnter; C, valor complementario)

1897 10 j Bacairi . 1.608 mm. 52,1 47,9


1897 Cayapé 1.676 52,1 47,9
1897 14 Camayura . 1.643 52,0 48,0
1897 Nahuqua 1.687 51,8 48,2
1897 Parcssi 1.605 51,8 48,2
1897 12 Karzyé 1.689 51,8 48,2
1897 20 Bororé 1.737 51,2 48,8
1897 Yamzmzdi 1.598 51,1 48,9
1897 14 Auct5 1.529 50,5 49,5
1897 Mchinakni 1.629 50, 5 49,5
1887 10 Botocudos . 1.585 49,8 50,2
1897 Ipuriua . 1.587 49,6 50,4

vamxuzs onrzmnos Pon 11. L1zm1ANN—mrscHB BN wuuos Pumanos mu. cuaco

(a, utatura y C altura rclativa del cmjrmta cabeza-cucllo-trance)

1908 40 d` Chiriguano ..... 1.634 mm. — 48,2


1908 20 » Chorotc 1.616 » 47,8
1908 20 » Toba . 1.698 » — 47,2
1908 30 » Mataco 1.638 » — 46,6

no indifcrcntc. Acaso fucra dcscablc quc cada una dc las scrics comprcn
dicsc un nfnmcro dc iudividuos mas 0 mcnos igual, pero cstc duiderarum
no pasa dc scr algo ambicioso, porquc no ticnc cn cucnta las condicioncs
dc las varias tribus, alguna dc cllas dc accrcamicnto dificil, y a vcccs 'al
zada' contra cl blanco. No sc olvidc tampoco cl papcl jugado por las rcac
cioncs psic016gicas`dcl Indio, al vcrsc solicitado por cl viajcro armado
dc sus iuscrumcntos dc aurropomccria. Figurau cn cl prospccto unas pocas
scrics formadas por cscaso m’1mcro dc individuos, pcro la gran mayoria
supcra la dcccna. La mas numcrosa cs la dcl pueblo Toba dcl Chaco, cuyos
291 iudividuos varoncs fucron mcdidos por cl cutonccs mi discipulo Os
valdo L. Paulorri durancc cl vcrauo dc 1942*.
eQué uso harcmos dc cstc prospccto? Por cicrto no lo harcmos scrvir

1. Pauwrn, Osv.u..r>o L.: Cmtribucimu a la xonatolagla do Io: indlgmn dal Clnm: I. Ln


Tvh; cn "Ruuz", mmol, Buenos Aires, 1948; cs cl primer trabajo que sc publica cn cstc volumcn.
234
para la construcciéu dc uu aparato cstadistico 1 guisa dc scriacién, que
nos dariz cl I. skélico 50,9 (Aruzco) como valor central dcl sisrcma, y nun
mcnos dcducircmos quc 10s Aruzco fucscn cl modclo uniformc dcl Indio,
cl quc habriz sufrido alccracioncs cn los dcmés sccrorcs, por cfccro del
clima. y los alimcntos (algo parccido, cs decir, lz proccdcncia de rodas
las razas sudamcricmas, cxccptuados los Collas, dc la nimica raiz Aruzca,
lo ha afirmado P0suansky‘, pero no es mis que una solucién amaunre
del problem:). Tampoco lo aprovccharcmos para deliuear, siguicudo cl
cjcmplo de los 'ambicmtalistas', una irradiaciou de valorcs méximos y
miuimos hacia zonas gradualmeute alejadas de un foco central, a guisa
de las ondas dc una laguna, con el fin dcmostrativo de prcsentar a los pue
blos macroskélicos y a los cxccsivamentc braquiskélicos como productos
de `segregaci6n' y 'especia1izaci6n’ cuya existencia fuese dcterminada por
un °uvdyxq biolbgico y matemético. No es propio de nuestro temperamcnto
quicro decir que nuestras cxigencias dc autocritica nos lo impidcn
aceptar que de la forma somatica de un Trumai 0 un Caribe pueda habersc
engendrado ocra forma tan antitética como cl Boror6 y el Macé.
Nos dedicarcmos, sjmplcmente, a considcrar los fenomenos ‘arquitcc
t6n.icos' del cuerpo humano en conexién con la disrribucion territorial
y con la historia de los movimientos étnicos del continente Sud, ya sean
los documentos por Cronistas y viajeros, ya los que se deducen por los
métodos reconstructivos de las ciencias antropolégicas.

vanoxns DB LA TALLA (a) Y nm. imarcn szémco (d)


I. Pueblo: dc camtruccién mucruxkélica ,

1939 17 J Macé. 1.720 mm. 48,4 Imbelloni


1940 4 Mocovi . 1.703 48,7 Paulotti y Dembo
1940 3 Chulupi 1.683 49,7 Paulotti y Dembo
1942 291 Toba 1.678 49,6 Paulotti

1939 12 Nambicuara ...... 1.629 50,2 Vellard


1907 Trumai 1.595 50,6 Ranke
1922 Uitoto 1.620 50,7 Farabee
1918 10 Mapidian . 1.615 50,7
1918 Taruma 1.596 50,9
1922 14 Shipibo . 1.568 50,9
1922 Orras tribus Pano . 1.596 50,9

1. Posuamn, An·r¤u1z: Anrropalaglu y Sacialngfa dc lm- razor interaudinu _y do In regime:


•d_1•:•-mtu; La Paz (Bolivia), 1937; 150 pigs. (véase pig. 14).
235
II. Pueblo: de camrruccidn muaxkilica

Farabcc
1922 J Machcycuga ..... 1.610 mm. 51,1
18 1.559 50,1 Ferris
1921
1924 64 Carib: ccncralcs .. 1.574 51,5 Farabcc

1907 Auct6 1.580 51,4 Rankc

1907 Nzhuqua 1.618 51,8 Rank:

1927 20 Ona 1.741 51,8 Lehmann-Nitschc


1940 11 Guarayo 1.628 51,9 Paulocri y Dcmbo
1934 Mataco (Vcjoz) .. 1.652 51,9 Imbclloni
1939 » (Tcuc0 y
Bcrmcjo) 1.666 51,8
1918 Vapisiama. . 1.573 51,9 Farabcc
1936 28 Barama 1.562 51,1 Gillin
1891 26 Yémaua. 1.571 52,7 Hyadcs

III. Puebla: do cansrruccién braquixkilim

1933 J Aymara 1-599 mm. 53.1 Rouma


1907 104 1.601 54,0 Chcrvin
1933 245 Qhésjua 1.601 53,2 Rouma.
1907 67 1.604 52,9 Chcrvin
1921 79 1.584 52,5 Ferris
1922 23 Piro (Urubamba). . 1.613 53,8 Farabcc
1935 10 Amucaucs (Chile). 1.598 53,1 Imbclloni
1941 10 » dc lz Pampa . 1.592 54,2

Quc cstas cifras nos brindan una base disccmitiva aprcciablc, 10 hz dc


ver toda persona que nos acompaiie para considerar el modo c6mo se agru
pan los varios conjuntos raciales a lo largo de la escala progresiva de va
lorcs del I. skélico.
Las construcciones corporales mas esbeltas de Sudamérica pcrtenecen
a cuatro pueblos del Chaco argentino-paraguayo: los Mocovi, Chulupi,
Toba y en modo particular los Macé. Son estos ultimos los hombres de
mas armonica complexion entre los indigenas, y por la estatura s6lo tienen
rivales en los Bororé del Matto Grosso y en los Ona de la Tierra del Fuego,
algo mas corpulentos. Por otta parte, este grupo chaqueio dc elevada
talla y alto dcsarrollo relativo dc los miembros inferiores forma con los
nombrados Boror6 y los Ona una unidad facilmente reconocible: son los
ultimos sobrevivicntes de la gran familia de los Pampidos, que otrora
236
cubria la mayor parte del continente a Oriente de la Cordillera, desde la
Fuegia hasta el Brasil. He omitido en el prospecto el indice de otras tribus
chaquciias, por ser poco numerosas las series de individuos medidos
estamos en condiciones de afirmar que también los Pilaga y Vilela se co
locan en el grupo de las complexiones elcvadas y makroskélicas del Chaco
(entre 48 y 49.7).
Procediendo hacia las cifras mayores, merece una atencion seialada el
indice de la tribu Nambicuara, 50,2, que cl doctor jehan Vellard ha vi
tado recientemente — a costa de muchas penurias — en el centro del Matto
Grossol. Ellos son, junto con los Botocudos (hoy en camino de extincion
en el corredor atlantico del Brasil) los vestigios vivientes de las mas anti
guas capas de la poblacién sudamericana. De los Botocudos poseemos
ninicamente la preciosa tabla de mcdidas de P. Ehrenreich, que determina
su altura trocantérica relativa en 49,8, la que tiene por complemento 50,2.
Pertenecen al mismo grupo de poblacioues arcaicas también los Trumai
del Alto Xingu, con I. skélico 50,6 y los Auet6, con 51,4 a pesar de su acul
turacién lingiiistica, pues actualmente hablan un dialecto Tupi. (Instruc
tivo, para averiguar el comportamiento reciproco de ambas técnicas, es
el doble dato de los Aueto, que pone al lado de esta cifra el complemento
de la altura relativa trocantérica de Ehrenreich: 49,5). También los Ma
kushi del Yapura, con su I. skélico 50,7, se colocan en este grupo anticuado;
son mas conocidos por el sobrenombre de Uitoto 'el despreciable enemigo'
con que los apellidaron los Caribe, sus persecutores implacables, que du
rante mucho tiempo usaban venderlos como esclavos a los plantadores
blancos. Todos, en conjunto, se distinguen también por su estatura baja,
que ya por si misma`los diferencia del grupo del Chaco, prescindiendo de
las proporciones corporales. Por su talla y por el indice la tribu de los
Uitoto, fuertemente mestizada, constituye una especie de mai:-d'1mion para
pasar al tercer grupo, el de los pucblos Amazonidos propiamente dichos,
los que se indican generalmente por el nombre de sus cuatro mayores fa
milias lingiiisticas: Pano, Caribe, Tupi-Guarani y Aruaco.
Siguiendo siempre el orden progresivo del I. skélico, encontramos ahora
la masa formada por esos Amazonidos clasicos: su punto de concentracion
es la cifra 51. He aqui en primer lugar a los Aruaco centrales de Farabee,
Mapidian y Taruma, cuya excursion se encuentra comprendida entre 50,7
y 50,9); luego los Aruacoz del Peru oriental: Macheyenga del rio Tambo

1. Vzunn, Jmnuc Cifru gentilmcnte comunicadas al autor de esta memoria, junto


con otros valores métricos de tres grupos Nambicuara (Taganam, grupo del rio Roosevelt,
y Sabané; el niltimo es una fraccién septcntrional).
2. Todos estos valores proceden de la obra. de Fxmamm 1918 y 1922, excepto los que co
237
51,1 y del rio San Miguel 50,1*. La familia Pano figura con los Shipibo:
50,9. En cuanto a los Caribe, la tribu Barama de la Guayana britanica
no supcra esas cifras, con su indice 51,1 estimado por Gillinz, mientras
los 64 varones de las tribus Caribe centrales medidas por Farabee dan
el promedio 51,5. No menos interesante resulta ver que los 65 individuos
masculinos de otra tribu Caribe, estudiados por Ranke en las fuentes del
Xingu, le han dado 51,8. Todos los Amazonidos, eu cuanto a la talla, se
mantienen comprendidos entre 1.550 y 1.620.
Ya hemos mencionado a los Ona, niltimos representantes australes dc
la gran masa de Pampidos, la que en el extremo Norte preserva un reducto
conservativo en el Matto Grosso, con los Boror6. En lo que respecta al
amplio trecho intermedio, tenemos el dilatado territorio del Chaco, cuyas
cifras figuran en nuestro prospecto, y el conjunto de los pueblos extin
guidos de la Pampa argentina y mesetas de Patagonia, del que solo cono
cemos la estarura tipicamente pampida. ;Lastima grande es que nos falte
toda medicion de los Tehuelche! Tuvo ima vez el incansable profesor Leh
mann-Nitsche la oportunidad de medir a tres individuos de esta tribu,
el cacique Casimiro y los jévenes Bonifacio y Colojo, pero no bien habia
relevado la talla, la altura del esternén y del ombligo, el gigantesco cacique
"casi se abalanzo sobre mi como toro" — dice la nota de 1916 — y Boni
facio y Colojo a duras penas lograron sosegarlo‘*. Los 20 Ona de este autor
tienen el I. medio 51,8. Ha medido un mayor numero de individuos el P.
Gusinde, pero no he logrado hasta este dia consultar el tomo III de su
gran obra sobre la Tierra del Fuego; probablemenre la cifra de Lehmann
Nitsche sufrira enmendaciones". En cuanto a los Bororo, s6lo disponemos

rrcsponden a los indios Macheyenga del rio San Miguel, que pertenecen a Fmuus (véase nota
siguientc).
1. Fmum, H. B.: Antbrqpalagical xtadier m the Quirbua and Maclviganga Indianr; en "Trau
sactions Connecticut Academy", vol. XXV, New Haven; 1921; pp. 1-92.
2. Guam, jomaz Tb: Barama river Carib: of Bririrb Guyana; en "Papers Peabody Mus.
of Amer. Arch. and Ethn.", vol. XIV, N° 2, Cambridge, Mass.; pp. XIV-274.
3. Lmanarm-Nrncna, Ronarro: Tru india: Tcbrulrbr; en "Revista del Museo dc la Plata",
tomo XXII], La Plata, 1916; pp. 192-195.
4. Gurmms, Maauu: Di: Fuurlaud-Indiavur; vol. III, 2* Parte: Anrlvropalagir; Vic
¤¤. 1939.
He logrado posteriormente consultar el trabajo de Gusinde, por habérmelo enviado en
préstarno el bptimo Prof. Dr. Carlos Henckel, histblogo de la Universidad de Concepcién (Chile).
Infortunadamente, Gusinde adopta una técnica muy distinta para medir la largura del -miem
bro inferior, lo que hace incomparables sus datos (de 24 varones éellcnam). De las cuatro medi
das que se conocen para ese fin; 1' altura del punto ilia-rpinalc, rebajada dc 40 mms.; 2'* altura
del rruarmr major; 3* suma del femur + tibia y 4* diferencia entre la talla total y la talla-sentado,
Gusmde ha preferido la primera, abandonada desde gran tiempo por su elevada incertidumbre.
Por otra parte, Gusinde no ticne mucha fe en la importancia del Indice slcélico, y toma la me
dnda ¤6lo para llenar la planilla métrica. No ignora por cierto que el factor récnica es esencial
en este problema, pues transcribe la aurea maxima de Martin, que "Las diferencias raciales de
Ia altura relativa de la piema deben atribuirse [en gran parte] a la diversidad de las técnicas
238
hechas las debidas correcciones — a 50,8 mas 0 menos del I. skélico.
De la comparacion de los indices obtenidos con ambas técnicas, deduzco
que al valor complementario de la cifra de Ehrenreich debcn sumatse 2 a
3,5 unidades para obtener el indice skélico.
El sector del Chaco argentino-paraguayo merece, por su parte, algu
consideraciones. Ya es bien sabido que por la historia de sus patrimoni
culturales, el Chaco representa un tipico territorio de atraccion y rece
de los elementos de varias culturas: las andinas al Oeste, las amazonicas
al Norte y las pampeanas al Sur, omitiendo las especificaciones mas par
cularizadas. Con palabra expresiva se ha denominado al Chaco un ‘em·
budo' cultural. No es menos evidente que puede llamarselo también una
cspecie de 'embudo' racial, con el aditamento que los grupos humanos del
Chaco han mostrado una energia cinética extraordinaria, y desde épocas
historicamente documentadas han realizado sin cesar desplazamientos de
Norte a Sud y viceve1·sa. Es casi un milagto que se sostengan aim en vida
consociada grupos sobrevivientes de la antigua formacion pampida, con
sus estaturas elevadas y bajo I. skélico, y son las bellas razas makroské
licas chaqueias de que hemos hablado al iniciar esta resefna. A su lado
abundan grupos ampliamente metamorfizados, o simplemente mezclados
(que son conceptos muy distintos) cuya estatura disminuye varios cen
timetros en los promedios, mientras sube el I. skélico, y otros que son
francamente de origen amazonico, llegados en épocas mas o menos recientes
y relativamente aculturados, sin incluir a las mas remotas formaciones,
de caracter arcaico. Dejando de lado a los Caingua; talla 1.587*; y los
Guayaki, talla 1.5452; que solo por efecto de una dominacion lingiiistica
hablan el Guarani, y los ultimos lo estropean, mencionaremos a los Chiri
guano y Guarayo que claramente proceden de la Amazonia. Los Chorote
son una de las tribus mas bajas del Chaco, y los mismos Mataco al lado
de individuos altos y esbeltos presentan otros bajos y rechonchos, con
excesivo desarrollo del torso, y por consiguiente de elevado I. skélico.
La ultima cifra de la II division pertenece a los Yamana; con su indice
mas braquiskélico (52,7) acompaiado por muy exigua ta1la,_ representan
la complexion tipica de los canoeros del Estrecho.

cmpleadas, asunto que adn hoy permancce dificultoso". (Munn, Jfandbucb, arc., 2° Ed., pig.
411-12). Es una verdadera lastima que una obra tan cuidadosa y util como la de Gusindc no
llcve las cifras del Indice skélico correspondientes a la 4* técnica, la {mica que actualmente
brinda pcrspecrivas halagiieiias para la mor-fologia y la comparacion.
_ _' H __ 1. Hmxs, Wnmaz Do: aio: mtr: la: Indio: Caingué; de proxima aparicion en Runa
2. nu Kam, Hiumama: Caracréru plyxiquu du Guayuquix; en "Anales del Museo de La
Plata", como I, La Plata, 1897.

239
Sip embargo, la verdadera braquiskelia, con indices superior-es a 53,
la encontramos — en la III division — como carécter distintivo de otra
agrupacion humana: los Andidos, cuya posicién en la gradiente del cuad
integral es inconfundible e intergiversable. En primer Iugar los pueblos
historicos de Bolivia y Peru: Aymara y Qhésua. Para los Qhésua, la serie
mas atendible, por el mimero de individuos examinados, (tres veces ma
yor que la serie de Ferrisl y la de Chervinz), es la de Rouma', con
53,2. En el macizo cordillerano del Urubamba, hacia el Oriente, se con
servan indices braquiskélicos en u.na tribu de habla aruaca, seguramente
mestizada con elementos locales andidos‘.
Vienen ultimos los Araucanos, que en Chile se mantienen fieles al canon
general de los Andidos, mientras lo superan en varias unidades en la Pam
pa. No rechazo de antemano que en las proporciones corporales del Arau
cano de la Pampa, haya influido el factor 'segregacién', pero no ya del
tipo conceptual que esta tau en boga entre los 'ambientalistas', porque
no veo de qué manera el paisaje pampeano haya podido influir (ni clima
tica ni economicamente) sobre su organismo; por otra parte la alimen
tacion de los pocos residuos argentinos es sin duda mas abundantc y nutri
ficante que la dieta tradicional que el mismo pueblo tenia en tierra
chilena. Me inclino a reconocer, en cambio, la fuerza de otro factor general
mente descuidado, pero importantisimo, que consiste en la forzada y per
sistente endogamia, que a su vez es efecto de la reduccién numérica de los
escasos grupos supervivientes.
Si a la masa brevisoma y braquiskélica de los Andidos de Sudamérica
queremos eucontrar correspondencias en el resto de América, tendrcmos
que remontarnos a los sobrevivientes de las poblaciones antiguas que han
quedado en Medioamérica: Tzotzil 53,20 y Tzendal 53,30 (ambas series
de Starr). Los Maya, con 51,7 (Starr), muestran un tipo refinado, con
respecto a los demés Istmidos. También en México las poblaciones mas
anti guas, que se vieron sumergidas por los oleajes de pueblos Nal1ua-hab1an
tes, tuvieron una construccion analoga, al limite de la braquiskeliaz Huax
teca 52,8 (Starr); Pima 52,9 (Ten Kate).
En lo que respecta a la doble inmigracién Nahua (la de lengua Nahuat,
llamada generalmente de los Tolteca y la de lengua Nahuatl, o Azteca),
fueron ambas de procedencia Shoshoni. El tipo original Shoshoni esta

1. Fsnms, H. B.: Tb: Indian: af Cuzca and tb: Apurimac; en "Memoirs of the Amer. Anthrop.
Association", vol. III, Lancaster, Pa; pp. 59-148.
2. Cnunvm, Ann-run: Antbrvpolagic bolivimm, 3 tomos; Paris, 1907.
3. Rouwu, Gsonons Quitclwuur at Aymarar; Bruxelles, 1933.
4. Funny, W. Curran: monografia de 1922.
representado hoy por los nucleos que han quedado en el Norte, cuyo indice
es 52,2 (Boas l). Es necesario prevenir al lector — en este delicado asunto
sobre una equivocacion harto curiosa que se encuentra registrada en la
literatura cientifica reciente. Se trata de un especialista modemo, quien
ha reunido varias cifras del I. skélico, extractandolas de Starr, Sullivan,
etc., y especialmente de la tabla del manual de R. Martin, pero sin tomarse
la molestia de consultar a los autores originales. Puede leerse en el pros
pecto de la pagina 60 de la reciente monografia de George Dee Williamsz
sobre los mestizajes yucatecos, que los Nahua tienen el I. skélico 51,80.
Ya a primera vista ese dato me parecio sospechoso, atendiendo al valor
de Shoshoni, Pima, etc. Ademas, no podiamos comprender en qué pueblo
viviente se hubiese medido el caracter del conjunto Nahua que — como
se sabe — comprende a los antiguos pucblos del grupo lingiiistico Nahuat
Nahuatl anteriores a su especializacion. Pude comprobar luego, mediante
la consulta de las fuentes, que el autor transcribio Na/ma en lugar del exacto
nombre Nabaqua que se encuentra registrado en la lista de Rudolf Martin,
II ed., pag. 339 del t. I, porque presumié que se tratase de un error de grafia
del renombrado manual. Es este nombre el gentilicio de una fraccion del
pueblo Caribe establecida en las fuentes mismas del rio Xingu, donde fué
estudiada por Ranke en 1905, quien obtuvo precisamente 51,8 como pro
medio del I. skélico de 65 individuos de sexo masculino. {Esta cifra nada
tiene que ver — por supuesto — con las migraciones Sl1oshoni-Tolteca
Azteca hacia México!
En cuanto a los Indios septentrionales, se destaca a primera vista el
contraste entre las proporciones corpéreas comunes al grupo Athabaska
y a los Indios del Noroeste, de piemas cortisimas, y las del grupo Sioux,
de piernas largas. Arrojan estos ultimos, estudiados por Su1livan’ en
amplias series (540 individuos), el I. skélico 51,4 que es clasico para una
relevante porcién de los Pampidos de Sudamérica. Los Athabaska, en
cambio, arrojan 53,9 en las tribus del Norte medidas por Boileau Grant
(Chippewa)‘. De nada les sirve haberse desplazaclo hacia el Sud, porque
la tribu Athabaska de los Apache‘, en pleno desierto mexicano, conserva

1. Boas, Fnauz: Zur Antbropologic der nordamerikanircbe Indiancr; en "Verhandlungen der


Berliner anthrop. Gesellschaft", t. XXVH, Berlin, 1895, pp. 366-411.
2. WILLIAMS, Gannon Dun: Maya-rpanirb cro.•·.r¢: in Yucatan; en "Papers Peabody Mus.
of Am. Areh. a. Etl1n.",vol. XIIIN°1; Cambridge, Mass., 1931; pp. xv-256 (véanse las pags.
60 y 61).
3. SULLIVAN, Luis R.: obra citada en la nota de pag. 231.
l 4. Bou..¤A¤ Gnnrr, C.: Antbropometric of Cbippewjan and Cm Indian: of the rmgbboarbood
of Lak: Atbabacka; en "Natur. Mus. of Canada", Bull. N° 64; Ottawa, 1930.
5. Himueza, Auf : Physiological and medical oburoarion: among rb: Indtanr of Ioutbwcsrcm
United State: and North Mexico; en "Bull. 34, Bureau of Amer. Ethu.", Washington, 1908.

241
el indice 53,2 (Hrdliéka). Es sabido que varios autores estiman la inmi—
gracion Athabaska como la mas reciente hacia el territorio de los EE. UU.,
y orro tanto creemos de los Indios del Noroeste.
En lo que concierne a los Esquimales, los antiguos relevamientos de
Stone publicados por Boas (1901) nos dieron a conocetl -el I. skélico de
los Nunatagmiut (en el rio Noatak, Alaska) en 53,5 Y de los Koukpag
miut (boca del rio Mackenzie) en 52,6. En 1930 una publicacion de Hrdlic
ka nos brindo los resultados de Collins y Stewartz en siete localidades
del borde y las islas occidentales de Alaska, cuyos indices skélicos mas
culinos son 53,55; 53,95; 55,69; 55,70; 55,06; 54,08 y 54,13; éstas son las
cifras mas altas que se conocen en el mundo enteto.
En los Esquimales, ademas, cobra gran interés el conjunto de los indices
intramembrales (I. radio—humeral e I. tibio—femoral), cuyas cifras nos
obli gan a pensar, de acuerdo con la idea de Davenport y Rodenwald, en la
transmisién independicnte dc las propiedades de las porciones proximal y
distal de ambas extremidades. Véase en Hrdlicka el I. radio-humeral de los
ya nombrados grupos masculinos esquimales: 74,5; 75,2; 75,4 y 75,4, cuyo
promedio general es 75,1. Considérense igualmente las cifras del I. t1b1o
femoral en los mismos cuatro grupos masculinos: 79,7; 79,9; 81,7; promedio
general 80,4. Para el fin de establecer un juicio comparativo, pueden con
frontarse estas cifras con la de los Chaqueilosz

I. radio·lmmcrol I. tibiwfcmoral
Esquimales (Hrdlicka) 75,1 80,4
Chaqueiios (Lehmann—Nitsche) 79,0 88,1

Estos valores diferenciales, agregados a los del I. skélico, constituyen


naturalmente—el golpe de gracia para la anticuada teotia del parentesco
de los Esquimales con los Pampidos. N acio esta idea en la mente de Testuta,
y luego encontré eco en las obras de Sollas*, pero ambos habian partido
de un punto de vista unicamente craneologico: les parecio urgente deter
minar a toda costa en el hemisferio americano el protomodelo craneal de
todos los pueblos dolicocraneos de América. Mas tarde la identificacion

1. Boas, Fmmz: Stone': mcarurcmmtr of notiwr of thc N. O. Torritoricr; en "Bull. Ame. Mus.
Nat. Hist.", vol. XIV, New York, 1901; pp. 53-68.
2. Hn.nuEzA, Anne: Anthropological :urw_y in Alaxlu; cn "46° Annual Report Bur. Am.
Ethnol.", Washington, 1928-29; pp. 19-374 (véase pag. 251).
.3. Tsrrur, L.: Rccbcrcbc: untbropologiquu mr lc Jquclcttc quatermsin dc Cbanccladr; en "Bu
llcun dc la Société d'Anrhropologié de Lyon", tomo VIII, Lyon, 1889; pp. 131-246.
4. S0u..n, W. j.; Ancient Huntm and their modem reprmntutiwu 3* eclicion, Londrcs, 1924.
xxxvi-697 pp,

242
del Esquimal con el Paragon encontro pleno favor en el cuadro etnogonico
de Sergi'. Lo tragico de la teoria consiste en que el canon somatico esqui
mal indica un desarrollo intenso del craneo y el torso, con pobreza extrema
de los miembros superior e inferior (desarrollo corporal dpica-cmrmlizada}
mientras los Patagones y Chaquefios por una parte y los Algonkin por la
otra indican un desarrollo dirrulizuda.
Ya en la antigua literatura habia intentado Topinard simplificar el
cuadro etnogenético de América imaginando que este hemisferio fuese
habitado por una poblacién dolicocrania mas o menos uniforme, represen
tada por el conjunto que denomina Eskimo-Paragon, con atencién a ambos
nucleos extremos? La continuidad de este conjunto habriase interru.m·
pido por la intrusion, a guisa de cuisia, de la poblacién braquicrania llegada
del Asia. Sin embargo el mismo Topinard sc di6 cuenta de que esta h.ip6
tesis no llegaba a explicar la existencia de los muchos pueblos americanos
de complexion longisoma, y en un instante de clarividencia autocritica
advirti6 1a improbabilidad de que la construccién somatica de los Esqui
males tuviese conexiones estrechas con las de los demés pueblos dolico
cranios de América, cuya arquitectura obedecc a un canon diametralmente
opuesto°.
En realidad de verdad, los pueblos americanos de alta estatura con
desarrollo del miembro inferior relativamente elevado y forma cefalica
alargada y angosta, han constituido en todo momenro el punto algido de
las hipétesis etnogonicas, cuando éstas se creian obligadas a no trans
poner de manera alguna las fronteras de América y el sector Norestc del
Asia continental.

1. Sum G¤u·sm>1>¤: Hominidae, obra citada en la nota de pag. 229 (véase pig. 273).
2. Torniann, Pau].: L'Anrbrap0l0gi¢; Paris, 1879 (véasc pig- "‘ D9! mlsmo autor:
[Dixcvnion mr lu Fuégim;] en "Bull. Soc. Amhrop.",vol. IV (P Serie), Paris, 1881; pp. 7
(véa
ii Pam.: Elémenr: J'Am·bmp¤l. gin.; 1885, obra citada en la nota de pag. 2
(véase pag. 469).
243
el indicc 53,2 (Hrdliéka). Es sabido que varios autores estiman la inmi
gracion Athabaska como la mas reciente hacia el territorxo de los EE. UU.,
y otro tanto creemos de los Indios del Noroeste.
En lo que concierne a los Esquimales, los antiguos relevamientos de
Stone publicados por Boas (1901) nos dieron a conocerl -el I. skélico de
los Nunatagmiut (en el rio Noatak, Alaska) en 53.5 Y de los Koukpag
miut (boca del rio Mackenzie) en 52,6. En 1930 una publicacién de Hrdlic
ka nos brindo los resulrados de Collins y Stewart? en siete Iocalidades
del borde y las islas occidentales de Alaska, cuyos indices skélicos mas
culinos son 53,55; 53,95; 55,69; 55,70; 55,06; 54,08 y 54,13; éstas son las
cifras mas altas que se conocen en el mundo cntero.
En los Esquimales, ademés, cobra gran interés el conjunto de los indices
inrramembrales (I. radio-humeral e I. tibio—femoral), cuyas cifras nos
obli gan a pensar, de acuerdo con la idea de Davenport y Rodenwald, en la
transmisién independiente de las propiedades de las porciones proximal y
distal de ambas extremidades. Véase en Hrdlicka el I. radio-humcral de los
ya nombrados grupos masculinos esquimalcs: 74,5; 75,2; 75,4 y 75,4, cuyo
promedio general es 75,1. Considérense igualmente las cifras del I. tibio
femoral en los mismos cuatro grupos masculinos: 79,7; 79,9; 81,7; promedio
general 80,4. Para el fin de establecer un juicio comparativo, pueden con
frontarse estas cifras con la de los Chaqueiiosz

I. radio-bumeral I. tibiwfemoral
Esquimales (Hrdlicka) 75,1 80,4
Chaqueiios (Lehmann-Nitsche) 79,0 88,1

Estos valorcs diferenciales, agregados a los del I. skélico, constituyen


naturalmente -—el golpe de gracia para la anticuada teoria del parentesco
de los Esquimales con los Pampidos. Naci6 esta idea en la mente de Tcstut“,
y luego encontr6 eco en las obras de Sol1as‘, pero ambos habian partido
de un punto de vista unicamente craneolégicoz les parecié urgente deter
minar a toda costa en el hemisferio americano el protomodelo craneal de
todos los pueblos clolicocraneos de América. Mas tarde la identificacion

1. Bon, Fmmz: 5`tone': measurement: of notice: of the N. O. Territoriet; cn "Bull. Ame. Mus.
Nar. Hisr.", vol. XIV, New York, 1901; pp. 53-68.
2. HRDLIEKA, A1.¤E: Anthropological nerve] in Alutb; en °'46° Annual Report Bur. Am.
Etl'u10l.°`, Washington, 1928-29; pp. 19-374 (véasc pig. 251).
.3. T¤.rru·r, L.: Recbercbe: untbropologiquer ner le rquelette quaternaire do Cboncelade; en "Bu
llctm dc la Société d'Anrhropologie de Lyon", romo VIII, Lyon, 1889; pp. 131-246.
4. SOLL.u, W. Ancient Hunter: and their modern repretentstiwt; 3* cclicibn, Londres. 1924,
xxxvi-697 pp.

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del Esquimal con el Paragon encontro pleno favor en el cuadro etnogonico
dc Sergi‘. Lo tragico de la tcoria consiste cn que el canon somatico esqui
mal indica un desarrollo intenso del cranco y el torso, con pobrcza cxtrema
de los micmbros superior c inferior (desarrollo corporal épico-centraliuda)
mientras los Patagones y Chaqucios por una parte y los Algonkin por la
otra indican un dcsarrollo dirtalimda.
Ya en la antigua litcratura habia intentado Topinard simplificar el
cuadro ctnogenético de América imaginando que este hemisferio fucse
habitado por una poblacion dolicocrania mas 0 menos uniformc, represen
tada por el conjunto que dcnomina Eskimo-Paragon, con atencion a ambos
nucleos extremos? La continuidad dc este conjunto l1abriase.intcrru.m·
pido por la intrusion, a guisa dc cufia, dc la poblacion braquicrania llegada
del Asia. Sin embargo el mismo Topinard sc dio cuenta dc que esta bipo
tcsis no llcgaba a explicar la existencia de los muchos pucblos amcricanos
de complexion longisoma, y en un instante dc clarividcncia autocritica
advirtio la improbabilidad dc que la construccion somatica dc los Esqui
males tuvicsc concxioncs estrcchas con las de los clcmas pucblos dolico
cranios dc América, cuya arquitcctura obcdccc a un canon diametralmentc
0pucsto".
En rcalidad dc verdad, los pucblos amcricanos dc alta estatura con
desarrollo del micmbro inferior rclativamente clevado y forma cefélica
alargada y angosta, han constituido cn todo momento el punto algido de
las hipotesis etnogonicas, cuando éstas sc crcian obligadas a no trans
poner dc mancra alguna las frontcras dc América y cl sector Norestc del
Asia continental.

1. Sum Gxusnmmz Hminidae, obra cirada en la nota de pig. 229 (véasc pig. 273).
2. Tomninn, Pam.: L'Ar1rbrvpvlagi:; Paris, 1879 Cvézsc pig- _ DCI m*$m° ****0**
[Dirouuiun rur lu Fuégimr] en "Bull. Soc. A.ntl1r0p.",v0l. 1V(3‘ $¢l'i¢), Pifls. 1881; PP- 774-7
(Vez
? Pwr.; Elémum J'Aur/mppl. gin.; 1885, obra citada en la nota de pig. 200
(véase pag. 469).
243
E tractos v Contribuciones X

ANTROPOLOGIA DEL DEPORTE

Orientacién deportiva, rendimiento dep0rtivo.— El atleta y la mdquina.


La ddversidad fortuita. — Estadlstica del rertdimierlto y fichas perso
nales. — Perfiles grdficos. — Atletas y no atletas. — éEa:iste el atleta
completo? — Deporte y esplritu apollneo. — Pueblos jévenes y pueblos
viejos. — El deporte de la decadencia. — El profesionalismo.

Por su gran interés y el claro juego de las opiniones y comproba


ciones en que se asientan, hemos con