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TRADUCCIÓN

NO AUTORIZADA DEL LIBROPSYCHOLOGIE CLINIQUE ET PSYCHOPATHOLOGIE DE


CATHERINE CHABERT Y BENOIT VERDON
PARA USO EXCLUSIVO DE LA MAESTRÍA DE LA UNIVERSIDAD DEL NORTE GRUPO DE BOGOTÁ
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Organizaciones Neuróticas en Adultos

Clásicamente las organizaciones neuróticas se definen:


Una afección psicógena donde los síntomas son expresiones simbólicas de un
conflicto psíquico que encuentra sus raíces en la historia infantil del sujeto y
constituyen compromisos entre el deseo y la defensa. (Laplanche y Pontalis
1967)

La idea de la psicogénesis es que no se reconoce el origen de la enfermedad


neurótica en la lesión del sistema nervioso (organogénesis) sino en la visa
psíquica del paciente: sus propias potencialidades de una parte, su manera de
tratar los conflictos en él y con los otros, por otra parte.
La neurosis se refiere a la historia infantil del sujeto. No se trata de la infancia tal
como esta se desarrollo y podría ser reportada por un testigo, sino por la
vivencia del sujeto mismo (sin que el pueda acordarse de todo, lejos de ahí, no
se trata de una vivencia consciente), diversas fases de construcción de su
identidad y de su aparato psíquico, y de atravesar más o menos bien diversas
problemáticas cruciales del desarrollo, especialmente psicosexuales (los
estadios oral, anal y fálico, la posición esquizoparanoide y la posición depresiva,
el Edipo, el periodo de latencia, etc.). La historia infantil es por principio hecha
de una reconstrucción imaginaria de hechos y vivencias fantasiosas, no es una
inscripción pasiva, sino una elaboración activa que ocupa un lugar y una función
para el sujeto y a es la vez propia y ligada a la realidad exterior, evento extraño.
En el a posteriori en la adolescencia o en la vida adulta, en al devenir de la
historia de cada uno, esas problemáticas infantiles son susceptibles de ser
removilizadas, reactualizadas y de testimoniar dificultades de elaboración que
permanecen más o menos silenciosas, de una organización frágil del conflicto,
del Yo, de las identificaciones y de las relaciones con los objetos.

El carácter simbólico de la expresión sintomática supone un trabajo psíquico de


traducción, es decir que el conflicto psíquico, para poder expresarse, se

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desarrolla sobre otra escena: sobre el cuerpo (en la conversión histérica), sobre
la relación inquietante sobre un objeto temido(en la fobia) sobre un ritual que
cumplir (en la neurosis obsesiva). Mostrado así, el conflicto se le escapa al
sujeto: su contenido desplazado le es inaccesible (el vinculo no es inmediato ni
fácil de entender entre por ejemplo, las prohibiciones de la satisfacción sexual y
una rumiación de seguimiento de cifras). El síntomas tiene un valor de
compromiso entre diferentes exigencias que animan el conflicto psíquico: es
lugar de sufrimiento y lugar de gozo, enmascara y expresa todo a la vez el
conflicto, porta la huella del conflicto y substituye simbólicamente aquello que
sería su satisfacción real.
En la neurosis el conflicto es intrapsiquico. Lo que no quiere decir que rompa
con la realidad externa, principalmente con eventos de la vida que puedan
sobrevenir: de una parte, los síntomas utilizan esa realidad externa, de otra parte
los contenidos infantiles evocados anteriormente encuentran la realidad externa
que puede frustrarlos y contra el cual no puede reaccionar. La instancia
psíquica del Yo, se sitúa justamente en la interfase de dos dinámicas
fuertemente diferentes. La idea de una dimensión extrapsiquica del conflicto
significa muchas cosas, en ligazón con la existencia entre dos limites, entre el
adentro y el afuera (realidad interna, realidad externa) la otra entre dos partes
del adentro (el sistema preconsciente/consciente y el sistema inconsciente, las
instancias).
- El conflicto se moviliza especialmente entre dos instancias; el superyo y el
ello. Cada una de ellas reinvidica ser satisfecha: el ello portador del
deseo, el superyo portador de la templanza y su prohibición. Más o
menos capaz de trabajar juntos de manera reconciliada y armónica ello y
super yo imponen al Yo un tira y afloje donde este apenas puede
satisfacer sus exigencias contrarias, de otra manera , el precio es la
construcción sintomática. Sobre la negatividad de los síntomas (déficit
funcional, angustia, sufrimiento) se esconde el placer disfrazado al cual el
paciente puede tener muchos problemas para renunciar; se habla
entonces de beneficios secundarios del síntoma. Sin embargo el

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compromiso no es totalmente satisfactorio: el síntoma no es sino
frecuentemente un sustituto, una tal substitución es raramente benéfica
en su totalidad.
- El investimiento de la realidad releva el juego entre el principio de placer y
el principio de realidad. En la neurosis el funcionamiento psíquico no
niega la realidad, pero no puede integrar un elemento doloroso: reconoce
esa realidad para huir de ella inmediatamente, la evita. “la neurosis no
niega la realidad, escribe Freud, la neurosis no quiere solamente saber
nada de ella” (1924) . La represión es movilizada para mantener fuera de
la realidad los elementos displacenteros. En la neurosis, los mecanismos
de defensa tales como la escisión y la proyección, la renegación y la
idealización son menores. La represión, la negación, el aislamiento y
otros mecanismos de defensa neuróticos consisten en operaciones
psíquicas que soportan representaciones y no sobre la realidad.

La angustia de castración y Complejo de Edipo


La angustia que prevalece en las neurosis es llamada la angustia de
castración: es una angustia ligada a la fantasía de un castigo, de una
venganza como amenaza o sanción por deseos o prohibiciones. La
culpabilidad y/o el sentimientos de impotencia y de incompletud están muy
presentes en la dinámica psíquica de la neurosis y con frecuencia son fuente
de sufrimiento. Son huellas del conflicto psíquico que Freud llamo el conflicto
Edipico, el cual pone delante de la escena fuertes problemáticas de atracción
amorosa, de celos, de deseos de poseer y expulsar, pero también las
prohibiciones de satisfacer esos deseos, y de invitación o de obligación de
renunciar y desplazar su deseo en otra parte. La castración significa
limitación no destrucción
En la neurosis el conflicto edipico pone adelante la importancia de las
identificaciones sexuales y de la dificultad para hacer la escogencia de un
objeto de amor. No es la unidad de la persona en su integración corporal y
psíquica que es cuestionada (ese es el caso de la psicosis), sino la

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escogencia imposible de una identidad sexual estable y definida. El paciente
neurótico no se confunde con uno de sus padres, tiene la dificultad para
escoger y tomar el lugar de uno o el otro en el seno de una triangulación
estructurante por la diferencia de sexos y de generaciones. Los movimientos
de regresión y fijación a los estados pregenitales, movilizan pulsiones
parciales, son defensas contra la problemática edípica que sigue siendo
organizadora de la psique y de sus conflictos.
Esta dificultad para establecer escogencias esta ligadas al hecho que toda
escogencia implica una renuncia. Habitada por una bisexualidad psíquica
estructurante – que no ofrece a priori potencialidades identificatorias
variadas, el paciente neurótico querría tenerlo todo y poseerlo todo, pero se
confronta a la realidad que le devuelve que eso es imposible. En efecto, la
intensidad de sus deseos le conduce a vivir la presencia de muchas
personas amadas como una escogencia complicada: el amor sentido por uno
le significa el riesgo de menos amor por el otro, y el temor de ser uno mismo
menos amado si otra persona esta presente. Deseo, celos y culpabilidad,
enfocado por el Ello y el Superyo, pueden tejer dilemas, conflictos y
sufrimientos intensos.

La histeria
La histeria es descrita desde la antigüedad y parece ser conocida desde
siempre. Por lo tanto, se convierte en una de las organizaciones
psicopatológicas que suscitan mayores controversias, que están entre
fascinación y dificultad, hasta impotencia, para comprenderla y para hacerse
cargo de ella. Sus síntomas son inconstantes en el tiempo y en sus
manifestaciones: cambian de acuerdo al hilo de la época y han despertado
siempre la curiosidad de los médicos, de sabios, de religiosos, hasta de los
poderes públicos. De buena gana descrita por lo femenino (histeria viene del
griego austera que significa útero) en parte porque uno la encuentra más en

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mujeres que en hombres, la histeria está muy ligada a la cuestión femenina, de
la seducción, de la pasividad, cualquiera sea el sexo del paciente.

Clínica de la histeria
Caracterizada por un queja ruidosa dirigida al otro, queja que exhibe la
insatisfacción y el estar-mal, la clínica de la histeria se caracteriza por la
dramatización, la intensidad de su sensibilidad y de sus reacciones a los eventos
susceptibles de fragilizar su equilibrio. Se ha llamado histrionismo al deseo de
llamar la atención del otro y de complacerlo. Con frecuencia, esto va a la par
con una exageración de pruebas, de afectos positivos o negativos, una
dimensión espectacular de puesta en escena de sí (teatralismo), en efecto una
erotización apoyada en relaciones que buscan seducir al interlocutor. Así la
histérica se mete en situaciones tales como vínculos amorosos con personas
inaccesibles, que no convienen y que no pueden sino decepcionar, exponiéndola
al deseo y a la frustración, a la exaltación y al desencanto, a la imposibilidad de
ser satisfecha por el otro.
La labilidad afectiva (gran sensibilidad a las gratificaciones y a los desacuerdos,
oscilaciones rápidas de un afecto al otro) la sugestionabilidad, los cambios de
actitud, de pareja van a la par con conductas a veces impulsivas, de apego , de
rupturas, de evitación o de aislamiento. Esta dependencia afectiva puede
conducir a ciertos pacientes a una perdida de autonomía material y psíquica
grave: evitación de conflictos, crisis de cólera, búsqueda de relaciones
románticas idealizadas, deseo y el mismo tiempo incapacidad de encontrar el
mejor lugar posible en el campo del deseo del otro, búsqueda de un otro que
tranquilice y asegure, imposibilidad de satisfacer las exigencias profesionales, de
la realidad conyugal y familiar cotidiana, todas las situaciones que testimonian
no solamente una ausencia dolorosa de realización del deseo, pero también del
rol jugado por movimientos inconscientes que se oponen a su realización. N
fuerte sufrimiento depresivo puede entonces existir, se despliega brutalmente
con llanto y quejas, e investimiento importante del llanto delante de alguien, o de

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manera enmascarada, minimizando, desplazada sobre una insatisfacción
indispensable.
En contraste con cierta dimensión exacerbada de ciertas manifestaciones
relacionales, es decir sintomáticas, se observa lo que se denomina la bella
indiferencia de la histérica, que reivindica el no estar inquieta, en efecto no
parece desconcertada por las dificultades relacionales, amorosas, afectivas o los
trastornos somáticos que presenta. Se encuentra también una plasticidad
somática: los trastornos pueden aparecer y desaparecer a discreción de los
interlocutores; el deseo de agradar, de piedad, de suscitar el interés científico o
afectivo del otro puede hacer por la utilización de síntomas, de forma destacada
o al contrario en forma enmascarada, obligando al interlocutor a investirlos más.
Además conjuntamente a la erotización de las relaciones, se puede notar
trastornos sexuales importantes (dolor a la penetración, frigidez, impotencia,
eyaculación precoz), un evitamiento, un disgusto, una insatisfacción, ligada a las
relaciones sexuales: el paciente despierta el deseo del otro pero se escapa a la
concretización de su deseo.
Raramente es al psicólogo o al psiquiatra a quien la histérica dirige su malestar y
sus síntomas. Con frecuencia, es remitida por un médico que se siente
impotente para tomar a cargo los trastornos somáticos cambiantes y múltiples,
de los cuales no sabe la causa.
Expresión Somática
Los procesos psíquicos en la histeria privilegian las manifestaciones físicas que
va a movilizar el cuerpo en la relación con el otro y como fuente de placer. Estos
trastornos revelan lo que se denomina la conversión histérica (en el sentido de
que los procesos psíquicos son desplazados y convertidos en el cuerpo). Si se
pueden observar modificaciones fisiológicas transitorias, no hay en la histeria
lesiones orgánicas subyacentes atribuibles al solo hecho del hecho conversivo
(pero esto no impide que trastornos somáticos participen de una patología
orgánica puedan sobrevenir en los pacientes histéricos) Con frecuencia se
observan, aunque pueden potencialmente variar hasta el infinito:

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- Trastornos de la motricidad y del tono muscular. Charcot describió crisis
histéricas espectaculares, parecidas a las caídas epilépticas (sin embargo
sin morderse la lengua, ni perder el control de esfínteres, ni brutalidad en
la caída) convulsiones desordenadas, contorsiones, grandes movimientos
raros y clownescos, agitaciones o inmovilidad, actitudes pasionales de
éxtasis, de orgasmos o de terror, raras en nuestros días. Se observan
más frecuentemente aquello que se denomina formas degradadas de
estas crisis epilépticas: temblores, convulsiones, contracturas, calambres,
espasmos, tos intensa, debilidad muscular y astenia, o dificultad para
permanecer de pie, para caminar, para coordinar movimientos (Aspasia-
abasia) pseudo parálisis (paresias) que no respetan las leyes de la
neurología.
- Trastornos sensitivos, especialmente dolores muy frecuentes en nuestros
días (hiperestesias: sensibilidad exagerada, algias: dolores difusos),
cambiantes o fijos, agudos o sordos, que pueden ir y venir, así como
trastornos de los órganos de los sentidos (visión borrosa, pseudo
ceguera, pseudo sordera, o escotoma (la no visión de alguna cosa del
entorno o del medio que es percibida)
- Trastornos neurovegetativos: trastornos cardio-vasculares (palpitaciones),
trastornos urológicos y ginecológicos (quemaduras por micción,
menstruaciones irregulares (ausencia o abundancia), hinchazón
abdominal, nauseas y vómitos que evocan un embarazo) trastornos
gastrointestinales (nauseas, diarreas, dolores)
Estos diversos trastornos que se desarrollan a través del cuerpo, impiden
que el sujeto estar “normalmente” en una relación con el otro, ya que hay un
impedimento para encontrar o desviar su atención y su investimiento en el
otro y no en sus síntomas. Freud sostenía que las fantasías que están
puestas en escena, retorno de lo reprimido son “traducciones en lenguaje
motor”; Lacan dirá que la histeria “habla desde su carne”. La negligencia de
la dimensión psicopatológica de esos trastornos pueden conducir a los
equipos médicos a movilizar exploraciones profundas, permitiendo al

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paciente histérico obtener cuidados sostenidos, o suscitar rivalidades entre
los equipos, suscitar curiosidades científicas, poniendo al equipo médico en
fracaso.

Trastornos Psíquicos
Los procesos psíquicos involucrados en la histeria, despliegan igualmente
síntomas en la esfera psíquica. De manera frecuente repentinos y
transitorios, el paciente histérico puede presentar una alteración importante
de conciencia, de vigilancia, de comportamiento. Se pueden encontrar:
- trastornos del pensamiento
- propensión a estados crepusculares
- trastornos de la identidad y de la conciencia de sí mismo:
despersonalización y desrealización, fugas psicógenas
La Neurosis Obsesiva
La personalidad y la neurosis obsesiva privilegian la verificación, el ritual, la
rumiación, el discurso más abstracto. Esta rigidez, gran herramienta en ciertas
actividades escolares o profesionales que exigen organización y fuentes de la
perfección, precisión y justicia, gusta del análisis y de la síntesis, puede volverse
en ciertas personas la huella de una restricción dolorosa contra la que el sujeto
se agota luchando.

Clínica de la Neurosis obsesiva


La neurosis obsesiva se caracteriza por una erotización del pensamiento y no
del cuerpo relacional, la cual aparece más bien desierto de sus pasiones. No es
solamente, dice Freud, el contenido del pensamiento lo que es excitante y
buscado, sino el hecho mismo de pensar. Se asocia por otro lado a la
satisfacción sentida tener una reflexión con la satisfacción carnal. El sujeto
obsesivo puede presentarse de manera rígida, habiendo preparado hasta una
exposición sintética y construida de su sintomatología y del curso de su vida,
escogiendo las palabras, con parsimonia o volubilidad, pero de manera precisa y
ordenada. De allí la importancia de estar atento a discretos signos que

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testimonian un cierto placer al encuentro con el clínico (como el calor de una
mirada, una sonrisa un poco coqueta). Ciertas conductas cotidianas pueden
también evocar los rasgos de carácter obsesivo: la puntualidad, la preocupación
del orden y la limpieza, el horror a los residuos y a la preocupación de la
economía (confinada a veces a la avaricia), el placer de coleccionar y de
mantener, un gran sentido del deber, de la moral, del dominio y del control de sí
mismo, pero también la obstinación (autoritarismo, perfeccionismo). Este rigor,
que no es en sí patológico, es con frecuencia defensivo contra placeres
inconscientes ligados al desorden y a la agresividad, a la sexualidad y a la
suciedad. Estos rasgos de personalidad, tienen especialmente su raíz en las
fijaciones de un estadio pregenital del desarrollo de la psicosexualidad, el
estadio anal. Si ciertos pacientes parecen reivindicar su modo de
funcionamiento, lo valorizan por su dimensión moral, no hay que minimizar el
sufrimiento psíquico que puede estar ligado a una dimensión incoercible,
obligatoria y constreñida de automatismos, así como la lucha exigente y
agotadora que trata de oponerse. Los pacientes pueden disfrazar sus trastornos
aunque reconocen la dimensión mórbida, pero no sufren menos: mas allá del
retorno de la agresividad contra si mismos inherente a la culpabilidad y del
malestar en consecuencia, se puede observar una sensibilidad importante a la
amenaza de la perdida de amor del objeto, por el hecho del odio que sienten el
sujeto, y la culpabilidad asociada. Una autentica autodesprecio (desestima) del
sí mismo puede desplegarse, vinculado a la severidad del superyo. La aparición
de un afecto triste, de lagrimas, puede sin embargo testimoniar un bamboleo,
bienvenido, de la defensa a veces demasiado rígida.

Obsesiones
La obsesión – del latín obsederé que significa “sitiar”- es una idea intrusiva que
ocupa y acapara la atención del sujeto. Fácilmente reconocida como absurda, o
reprobable y con frecuencia denunciada como parasita y punible, la idea
obsesiva se impone al sujeto y necesita de su parte una lucha considerable para
tratar de llevarla a cabo. El paciente ya no permanece más sujeto de su deseo y

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tampoco es un objeto manipulado por el deseo de otro , él tiene conciencia del
hecho que participa del fenómeno con su propia realidad (lo que lo diferencia de
la obsesión y el automatismo mental del delirio esquizofrénico). Hasta que la
obsesión no esté ligada a un evento que justifica la monopolización transitoria de
su mente (preocupaciones ligadas a un examen, a una querella) se volverá
repetitivo, constante incluso estereotipado, la idea obsesiva se vuelve una
obsesión, marcada por la rumiación, la duda, la verificación incesante.
Se distinguen tres tipos de ideas obsesivas:
- la obsesión ideativa: el sujeto es asaltado por cuestionamientos más o
menos estériles y absurdos donde hay que encontrar una explicación,
demostrar una lógica y un buen fundamento (el sentido de una palabra,
un nombre, de un concepto metafísico que con frecuencia concierne a un
hecho desconocido como la muerte), preocupaciones acerca de su papel
en una situación y las consecuencias que éstas pueden tener (oponerse a
alguien en una reunión, haber olvidado cerrar el gas, no haber estado lo
suficientemente concentrado en el calculo de una suma y miedo a
haberse equivocado, no haberse lavado las manos después de haberse
masturbado y el miedo de haber dejado embarazada a la mujer a quien
se le dio la mano) o pensamientos o imágenes crudas (injurias, groserías,
imágenes obscenas o pornografía)o la lucha contra estas (imágenes y
pensamientos religiosos, morales, de buena conducta). Con frecuencia,
estas obsesiones luchan contra fantasías agradables que conviene
sancionar.
- Las ideas fóbicas: si la angustia fóbica implica evitar un lugar o un objeto
fóbico, la obsesión es la angustia ligada a la idea misma: el solo hecho de
pensar un objeto o a una situación ocasiona la angustia, de modo que la
evitación no tiene ningún rol de apaciguamiento y que la angustia es
permanente. Se desarrolla con frecuencia la fobia alrededor de
contagiarse de una enfermedad (nosofobia) sobre todo en el caso de
contactos (enfermedades sexuales de transmisión) evolucionando a

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lugares sucios, de estar en contacto con gérmenes, por ejemplo frente a
frente (asociado a la ereutrofobia: fobia a ruborizarse).
- Las obsesiones impulsivas: también llamadas fobias de impulsión, se
muestran sobre la forma de miedo del sujeto a actuar mal contra él
mismo (botarse al vacío) o contra los otros, de forma agresiva o sexual
(herirlos, acariciarlos)contra su voluntad y contra la del otro. El sujeto es
embrujado por la idea de no poder controlar en él un desbordamiento que
le hará plantear un acto inconveniente (haciendo comentarios sacrílegos
o tener pensamientos eróticos en un lugar religioso, hacer gestos
obscenos en público. Tal angustia se desarrolla sobre un modo obsesivo,
especialmente cuando se nota que el sujeto desarrolla medidas más y
más complicadas para luchar contra la angustia que le abarca. El paso al
acto temido es rarísimo.
Lo que es significante aquí es, sea la dimensión anodina de la idea que
obnubila al sujeto, sea su dimensión fundamentalmente molesta, chocante
las convicciones (ideas sucias, moralmente condonables, ligadas a la
sexualidad, a la violencia, al logro de lo sagrado). Se trata de un retorno de
lo reprimido, es decir que los pensamientos molestos que han sido
defensivamente reprimidos resurgen sobre la forma de síntomas. Los
rituales aparecen entonces con frecuencia en un segundo tiempo, con el fin
de luchar contra las obsesiones, como una forma de conjuro.

Compulsiones y Rituales
Las compulsiones son gestos, actos, o pensamientos que el sujeto no puede
impedir cumplir. A diferencia de las obsesiones impulsivas, el acto
compulsivo , así sea contradictorio y fuerte, no es perturbador en si mismo, ni
inconveniente: se puede tratar de actos mentales (pensar una serie de cifras
– aritmomania – o de palabras – onomatomania – decir una plegaria un cierto
numero de veces) un comportamiento (tocar un objeto como un amuleto, no
caminar sobre las líneas en la calle, verificar rápidamente pero
sistemáticamente el lugar adecuado de ciertas cosas).

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Los rituales son más complejos, lleno de ceremonias, a veces largas y
sofisticadas – al punto que Freud hablaba de la neurosis obsesiva como una
religión privada y corren el riesgo de volverse pronto tan incoercible como las
obsesiones contra las cuales lucha. La restricción a la cual se obliga el paciente
(para vestirse, lavarse, salir de su casa, dormirse ) puede parecerle absurdo, sin
sentido y excesivo, pero no está menos obligado a hacerlo, so pena de un
aumento de la angustia. Con frecuencia el ritual debe ser realizado y terminado
de una cierta manera, según un orden fijo, imprescriptible, y de manera repetida.
Cualquier error invalida el progreso de la ceremonia y genera que está deba
volver a comenzarse. Ninguna otra actividad puede ser considerada y realizada
antes de haber cumplido con el ritual. El sujeto tiene, así la impresión de poder
dominar sus obsesiones: ocuparse de otra cosa, pensar menos en ellas (las
obsesiones). Es la meta evidente de las verificaciones nuevas (un calculo,
cerrar una puerta, mirar el buen lugar de los objetos, limpieza o arreglo de un
lugar) que puede tomar un tiempo y una energía considerable. Los rituales
remplazan y apaciguan la invasión (usurpación) obsesiva, pero al mismo tiempo
mantiene en forma conjunta la dinámica de restricción: un ritual puede
enraizarse y volverse una nueva preocupación, contra la cual un nuevo ritual,
más complejo, puede desarrollarse. Este puede meterse en una mala dinámica
familiar, el entorno del paciente, esta con frecuencia puesto a contribuir de
manera tiránica, de suplica o agresiva con el ritual: no poder salir, no querer
molestar, o ayudar a efectuar rituales sofisticados. Este es uno de los beneficios
secundarios que no se deben olvidar.

En el DSM se encuentran trazos de la neurosis obsesiva (jamás nominada como


tal) en los “trastornos obsesivos compulsivos” (referido entre los trastornos
ansiosos), y la personalidad obsesivo compulsiva.

Los componentes fóbicos

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Fobia viene del griego probos que significa “miedo”, “vuelo”. La palabra es
utilizada para dar cuenta del peso de la aprehensión y de la evitación que
caracteriza esta angustia especifica. Con frecuencia, la dimensión fóbica de una
neurosis participa de una organización más amplia histeria (forma histerofóbica
(Freud la llamo histeria de angustia)) u obsesiva (forma foboobsesiva), pero
existen casos de fobia “pura”.

Con frecuencia, los sujetos neuróticos fóbicos reconocen la dimensión


exagerada de su angustia, pero está no impide en nada el surgimiento de
trastornos del todo desagradables e invalidantes (a veces violentos en el caso
de ataques de pánico) que resultan del encuentro, o la anticipación que causa
un estado de alerta de bajo nivel. EL sufrimiento depresivo y narcisista es con
frecuencia importante y no es raro que el paciente consuma sustancias
psicoactivas, especialmente el alcohol, para darse coraje y desinhibirse.

Clínica de la fobia

Tres formas de fobia se encuentran habitualmente:


- la fobia social: se caracteriza por una angustia suscitada por una situación
donde el sujeto es objeto de atención de otros (hablar, beber, comer delante de
otras personas, sonrojarse, ir al baño cuando otras personas lo saben o están
cerca). La persona aprehende a hacer algo embarazoso, inadecuada, por no
estar a la altura.
- la agorafobia: agora es una palabra griega que evoca un lugar de reunión de
un grupo, de una multitud. La angustia agorafóbica es la angustia despertada
por la idea o el acto de encontrarse en un lugar publico de donde puede
demostrarse que es difícil escapar del hecho de la densidad de la población
presente (plazas, transporte publico, centros comerciales, salas de espectáculo).
- la fobia simple: se trata del miedo, con frecuencia aislado, de una situación o
de un objeto preciso. Ciertas fobias se integran a un cuadro más extenso de
agorafobia, en caso de un miedo a un transporte preciso o a un lugar cerrado

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(claustrofobia), algunas son muy dirigidas, tales como la zoofobia (miedo a
ciertos animales) y la acrofobia (miedo a las alturas, a mirar por una ventana
alta, o montarse en una silla.

Ciertas fobias vienen de la infancia y perduran en la edad adulta, Otras


aparecen en la adolescencia o en la edad adulta, Hay fobias muy dirigidas que
no molestan sino un poco en la vida cotidiana, mientras que otras comprometen
gravemente la adaptación del paciente.

Las fobias raras (miedo a los colores diferentes al negro) o asociado a ideas de
poder maléfico de objetos fóbicos que se vuelven persecutorios, o también
fobias concernientes a la imagen del cuerpo (dismorfofobias: angustia a ver si
cuerpo transformarse, quejas a propósito de la fealdad que parecen poco
convincentes para el interlocutor ) nos hacen preguntar si no hay una
organización psicótica subyacente, especialmente una esquizofrenia.

En el DSM, se encuentra los rasgos de las fobias como “trastornos de pánico”,


“agorafobia”, “la fobia social, “ la fobia especifica”.

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