Está en la página 1de 2

MIS TESIS SOBRE EL PAPEL DE LA SEXUALIDAD EN LA ETIOLOGÍA DE LAS NEUROSIS 

La teoría de las neurosis ha tenido un desarrollo y ha modificado su curso. Desde siempre se supo que 
la sexualidad tenía importancia en la causación de la enfermedad, pero no se hallaban activos en 
todos, ni tampoco les había dado un papel fundamental. 
Primero me sorprendió que los neuróticos presentan gruesas perturbaciones en su “vita sexualis” y 
mientras más investigaba esto mas advertí que todos los humanos ocultan la verdad en asuntos 
sexuales, también descubrí factores patógenos. 
La forma de contracción de la enfermedad evidenciaba un vínculo con el tipo de padecimiento sexual. 
En la neurastenia de masturbación o poluciones y en la neurosis el “coitus interruptus”, la excitación 
frustránea y otros relacionados con la insuficiente descarga de libido. 
Junto a Breuer la concepción que habíamos formado fue: los síntomas histéricos eran efectos 
persistentes de traumas psíquicos, ​particulares condiciones impidieron la elaboración consciente de 
las masas de afecto que les corresponden y por eso ellas se facilitaron una vía anormal en la 
inervación corporal.​ Por la aplicación de procedimiento catártico se rastreaban los traumas psíquicos 
de que derivan los síntomas histéricos, al final se llega a la infancia del enfermo y concierne a su vida 
sexual. Así parecía establecida la importancia de las vivencias sexuales, uno de los pilares de mi teoría. 
Entonces la causa de las neurosis reside en las vivencias de la primera infancia​.  
La histeria (def) es la expresión de un comportamiento particular de la función sexual del individuo y 
ese comportamiento ya estuvo marcado de manera decisiva por las vivencias que se recibieron en la 
infancia.​ En los años 1895 la tesis era: dada una vita sexualis normal, la neurosis es imposible. Hoy 
(1906) sigo considerando que esta tesis no es incorrecta, pero 10 años de investigación me crea en 
condición de corregirme, he aprendido a resolver muchas fantasías de seducción considerandolas 
como unos intentos por defenderse del recuerdo de la propia práctica sexual (masturbación infantil, 
que está dentro de la vita sexualis normal). Por lo tanto quedo en la siguiente intelección:​ la practica 
sexual infantil marca la dirección que seguirá la vida sexual tras la madurez.​ Este esclarecimiento 
corregir mis errores iniciales.  
Entre los síntomas y las impresiones infantiles (en otro texto: fijaciones de la libido) se intercalaban ​las 
fantasías​ (invenciones de recuerdos) producidas en los años de ​la pubertad, se construyen a partir de 
los recuerdos infantiles y se transponen directamente en los síntomas​. Solo al introducirse las 
fantasías se hicieron transparentes las ensambladuras de la neurosis y su vínculo con la vida del 
enfermo. 
Al derribar la supuesta frecuencia de la seducción infantil, corrió la misma suerte los influjos 
accidentales que afectan la sexualidad. Yo había pretendido atribuir a aquellos el papel principal en 
la causación de la enfermedad, creía entonces que la conducta pasiva frente a esas escenas 
proporcionaba la histeria mientras que la conducta activa daba por resultado la neurosis. Al ceder 
terreno los influjos occidentales del vivenciar, los factores de la constitución y de la herencia 
reafirmaron su primacía. Pero con una diferencia: la constitución sexual reemplazó a la disposición 
neuropática general  
Tras esta enmienda, los traumas sexuales infantiles fueron sustituidos por el ​infantilismo de la 
sexualidad. 
En 1894 y aun antes yo había indicado que ​la eficacia patógena de una vivencia estaba sujeta a una 
condición: tenía que resultar intolerable al yo, y provocar en él un esfuerzo defensivo​ y había remitido 
a esta defensa la escisión psíquica de la histeria. ​Si la defensa prevalecía, la vivencia intolerable era 
arrojada de la conciencia y del recuerdo del yo al inconsciente y regresaba a la conciencia por medio 
de los síntomas​. La contracción de la enfermedad correspondía a un fracaso de la defensa. 
Averiguaciones posteriores practicadas en ​personas normales demostraron que sus historias 
sexuales infantiles no se distinguían de la vida infantil del neurótico​ y especialmente el papel de la 
seducción era el mismo en ellas. Entonces los influjos accidentales retrocedieron todavía más frente a 
la represión (todos tenemos amnesia sobre la sexualidad infantil pero los neuróticos más). ​Por lo tanto 
no importaban las excitaciones sexuales del individuo en su infancia, sino si había respondido con 
represión o no. 
Respecto de la práctica sexual espontánea en la niñez (masturbación) era interrumpida por la 
represión. Así el individuo neurótico maduro ya traía consigo de su infancia una cuota de represión 
sexual que se exterioriza a raíz de los reclamos de la vida real, el psicoanálisis demostraba que 
contraen la enfermedad a causa de conflictos entre la libido y la represión, y sus síntomas se 
encontraban entre ambas corrientes. 
La disposición sexual constitucional del niño merece ser llamada “perversa polimorfa”​ (por lo variada 
que es) y el comportamiento sexual llamado ​normal surge de esa disposición, por represión de 
algunos componentes.​ La “norma” resultó ser el fruto de la represión de ciertas pulsione parciales y 
ciertos comportamientos de las disposiciones constitucionales bajo el primado de las zonas genitales 
y al servicio de la función reproductiva; ​las perversiones resultan de ciertas perturbaciones de esta 
síntesis por obra del desarrollo hiperpotente de algunas de estas pulsiones parciales​ ; en cuanto a ​la 
neurosis​ la reduje a (def) una r​epresión excesiva de las aspiraciones libidinosas​. Ahora bien, como casi 
todas las pulsiones perversas de la disposición infantil eran formadoras de síntomas en el caso de la 
neurosis, pero en esta se encontraba en estado de represión, puede caracterizar la neurosis como el 
negativo de la perversión. 
Hubo 2 puntos que nunca tuvieron desmentida: la sexualidad o el infantilismo. Si uno se sirve de este 
método de indagación se entera de que el síntoma es la práctica sexual del enfermo, aún los síntomas 
más complejos se revelan como las figuraciones convertidas de fantasías que tienen por contenido 
una situación sexual. 
Quien aprende a interpretar el lenguaje de la histeria puede percibir que no se trata más que de 
sexualidad reprimida