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MI ANÁLISIS

La película de estructura más clara. Aunque hay opiniones para todos los gustos, yo diría que
cualquier espectador mínimamente atento coincidiría en que los dos saltos en el tiempo son
los dos puntos de giro de la trama, los dos momentos en que todo cambia de manera
inesperada.Evidentemente, que una estructura sea sencilla no quiere decir, ni mucho menos,
que la historia sea poco interesante. En este caso pasa, en mi opinión, todo lo contrario.

Cuando suenan las campanas de la medianoche, como en algunos cuentos, se hace realidad el
sueño de Gil: viaja a los años 20 y se codea con los artistas que idolatra, principalmente, el
sueño de Gil hecho realidad. Rodeado de artistas que aprecian su trabajo y de una maravillosa
mujer que le quiere, Gil parece decidido a huir hacia atrás en el tiempo. Pese a parecer
imposible, su objetivo, vivir como un escritor de los años 20 en París está a punto de hacerse
realidad. Aún sin romper explícitamente, Gil parece decidirse por abandonar a Inez. Opta por
Adriana.Todo parece positivo para Gil en este instante. Sin embargo, llega un nuevo giro: el
salto a la Belle Époque, el periodo histórico preferido por Adriana hace que ésta opte por
permanecer en esta época.

En la escena clave del Moulin Rouge, Gil se da cuenta de algo que siempre había preferido
ignorar: la vida es siempre insatisfactoria, cualquier periodo de tiempo es triste o aburrido si lo
comparamos con los mundos irreales que forja nuestra imaginación. Su tiempo es el siglo XXI,
por prosaico que le parezca

Nathalia serrano López